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Los vándalos fueron un pueblo germano

de Europa central, su lengua pertenece a la


rama germánica oriental que habitaban las
regiones ribereñas del Báltico (en la zona
de las actuales Alemania y Polonia).
Origen de los vándalos

Los lugiones o vándalos ocupaban el territorio al oeste


del Vístula y junto al Oder, hasta el norte de Bohemia.
La palabra vándalo parece tener un doble significado y
querría decir «los que cambian» y «los hábiles»,
mientras que su otro nombre, lugios o lugiones,
también con doble significado, querría decir
«mentirosos» y «confederados». Parece ser que al
principio las tribus de los vandulios (o vandalios) y la
de los lugios (o lugiones), junto con las de los silingos,
omanos, buros, varinos (seguramente llamados
también auarinos), didunos, helvecones, arios o
charinos, manimios, elisios y naharvales correspondían
a pequeños grupos de origen similar, integrando otra
rama del grupo de los hermiones, que formaron
después un gran grupo identificado generalmente
como lugiones, cuyo nombre predominaba para
designar a todos los pueblos componentes incluidos
los vándalos. Pertenecieron a los pueblos
germánicos bárbaros, que los romanos
reconocían como tales por vivir fuera de las
fronteras de su imperio. Originarios de la
zona del Báltico, en la actual Dinamarca, la
invasión de los godos, en el siglo II, los
hizo migrar hacia el sur, buscando refugio
en las orillas del Mar Negro. El nombre de
vándalos lo adquirieron al fusionarse en
esta época con otras tribus. En el año 167,
junto a otros pueblos bárbaros atravesaron
el río Danubio y se establecieron en sus
márgenes, en Panonia (Hoy corresponde al
oeste de Hungría y este de Austria). Este
grupo era el de los vándalos silingos.
Otro grupo de vándalos, llamados
asdingos, se dirigieron hacia Dacia
(Actualmente Rumania y Moldavia)
ubicándose primero en el sur y luego en el
oeste. Los godos y los asdingos pelearon el
año 275, por posesiones territoriales,
siendo los vándalos derrotados, y
sometidos por los godos. Una parte de ellos
pudo escapar, y radicarse en Panonia,
junto a los cuados, otro pueblo germánico.
Dos siglos después, atacaron las Galias
(406) junto a los suevos y un grupo de
alanos occidentales, y tres años más tarde
ya unidos los vándalos, se asentaron en
Hispania como federados del imperio
romano.
Los alanos ocuparon las provincias de
Lusitania y Cartaginense, los vándalos
silingos se asentaron al sur, en la Bética
(actualmente, sur de Badajoz, Andalucía, y
la parte sureste de Portugal) los suevos en
la costa de Galicia, siendo ocupada el resto
de Galicia por los vándalos asdingos.
En el año 412, el rey alano Atax se apoderó
de Mérida, pero en el año 418, Atax murió
en lucha con los visigodos, quienes
también derrotaron a los vándalos silingos
en el 417, quedando subsistentes solo los
vándalos asdingos. Los alanos occidentales
nombraron como su propio rey, en el 419,
al soberano vándalo asdingo, Gunderico,
que reinaba desde el 407, y casi todos los
alanos, junto a los vándalos, se
establecieron como federados en la Bética,
debiendo combatir en el año 422 contra los
romanos que querían reconquistar el
territorio, al mando de Flavio Castino. El
triunfo sobre los romanos, hizo crecer el
poder vándalo, que fue reconocido por el
emperador de Oriente, Valentiniano III, en
el año 422.
Saquearon Cartagena y tomaron puertos
mediterráneos, creando una flota
poderosa. En el año 426 se apoderaron de
Sevilla. Allí murió Gunderico, en el 428,
sucediéndole su hermano Genserico. En el
año 429, desde España, donde destruyeron
la cultura romana. Se desplazaron los
vándalos con rumbo a África, hacia el este
cartaginense, apoderándose de las tierras
que les quitaban por la fuerza a los
terratenientes romanos. Agustín, obispo de
Hipona (San Agustín) falleció un año
después, viendo como los vándalos se
apoderaban de su ciudad.
Su fragor destructivo, asigna actualmente
el nombre de vándalo a quien comete actos
graves contra la propiedad ajena.
El Imperio Romano de Oriente, no pudo
impedir la apropiación territorial por parte
de los vándalos, pues también debían
luchar contra el azote de Atila.
Tomaron Argelia y la zona norte de
Marruecos (actuales) en el año 435,
estableciendo su capital en Cartago, que
lograron anexar en el 439, dominando el
comercio del mediterráneo occidental.
Sin embargo los vándalos aportaron su
cultura, y dieron origen en Cartago a una
Corte de vasta cultura, donde se destacó el
poeta latino Luxorio.
En el año 477, su pillaje les condujo a
saquear la península itálica, incluyendo
Roma. El poder militar vándalo, sin
embargo, necesitaba reyes fuertes, que no
se hallaron en los sucesivos monarcas,
cuyo poder se fue debilitando, sobre todo
por su oposición a la iglesia católica, a
quien confiscaron sus bienes, para cederlos
a la iglesia arriana, lo mismo que a los
nobles residentes en la zona, oponiéndose
a la propia nobleza vándala, para
conformar una corte adicta.
El rey Genserico, modificó el sistema
sucesorio, estableciendo como primeros en
la línea de sucesión a los colaterales
(hermanos) previo a la línea descendente
(hijos). A la muerte de Genserico, le
sucedió su hijo Hunerico en al año 477,
quien en el año 484, suprimió la religión
católica, imponiendo solo la arriana. Los
principados bereberes, de población
autóctona, mientras tanto, cobraban más
poder, en las zonas montañosas.
El prefecto pretoriano, Ciro, a mediados del
siglo V, amplió las nuevas murallas de la
ciudad de Constantinopla para proteger sus
costas de la piratería de los vándalos.
El rey Trasamundo, a fines del siglo V,
contrajo enlace con la hermana de
Teodorico, rey de los ostrogodos, que se
proclamó rey de Italia en el año 494, y
ansiaba crear alianza con otros pueblos
germánicos. Pero los vándalos ya no
podrían superar su profunda crisis.
El rey Hilderico, que gobernó entre los años
523 y 530, viendo que la política de
oposición a la iglesia católica, solo conducía
al colapso de su pueblo, intentó acercarse
a la iglesia católica, a la que le devolvió sus
propiedades, lo que le valió el descontento
de sus propios soldados, quienes lo
asesinaron, nombrando el año 530 a
Gelimer, que siguió con la política opositora
de clero católico.
Justiniano en su empresa de reconquistar
los antiguos límites del imperio romano
arrebatados por los pueblos bárbaros,
envió a Belisario, quien sin demasiado
esfuerzo recuperó las posesiones que
detentaban los vándalos.
La llegada de los godos los obligó a desplazarse hacia
el sur y a asentarse en las riberas del mar Negro,
siendo por tanto vecinos y en ocasiones aliados de los
godos. Durante el siglo I, las tribus del grupo de los
lugiones o lugios (incluyendo entre ellas a las tribus de
la rama de los vándalos) estuvieron en guerra
frecuente con los suevos y los cuados, contando
ocasionalmente con la alianza de otras tribus,
especialmente los hermunduros. A mediados de siglo
derrocaron a un rey de los suevos, y en el 84 d. C.
sometieron temporalmente a los cuados. Durante parte
de este siglo y en el siguiente, se fusionaron las
diversas tribus de lugiones y dieron origen a un grupo
mayor, conocido por vándalos.
Los vándalos en la península Ibérica, en el siglo V.
En tiempos de las Guerras Marcomanas ya predomina
la denominación de vándalos y aparecen divididos en
varios grupos: los silingos, los lacringos y los
victovales, estos últimos gobernados por el linaje de
los Asdingos (Astingos o Hasdingos), y cuyo nombre
evocaba su larga cabellera. Junto a los longobardos,
los lacringos y victovales o victofalios cruzaron el
Danubio hacia el 167 y pidieron establecerse en
Panonia.
Los asdingos o victovales, dirigidos por Rao y Rapto
(cuyos nombres son traducidos como «tubo» y
«viga»), no fueron admitidos en Panonia (donde se
habían establecido longobardos y lacringos), por lo
que avanzaron hacia el año 171 en dirección a la parte
media de los Cárpatos durante las Guerras
Marcomanas, y de acuerdo con los romanos se
instalaron en la frontera septentrional de Dacia. Más
tarde se adueñaron de la Dacia Occidental. Al parecer,
los vándalos quedaron divididos únicamente en
asdingos (o victovales) y silingos, desapareciendo -
mezclada entre ambos grupos y con los longobardos -
la tribu los lacringos durante el siglo III.
A partir de 275, los asdingos se enfrentaron a los
godos por la posesión del Banato (abandonado por
Roma), mientras que los silingos, seguramente bajo
presión de los godos, abandonaron sus asentamientos
en Silesia y emigraron junto a los burgundios para
acabar estableciéndose en la zona del Meno. Sus
ataques a Recia fueron rechazados por Probo.
El rey asdingo Wisumarh (Visumaro) combatió contra
los godos procedentes del Este al mando de Geberico,
que atacaron sus territorios. Wisumarh murió en lucha
contra los godos, y los integrantes de las tribus de
vándalos que no quisieron someterse a los godos,
hubieron de pasar a territorio imperial, instalándose en
Panonia, donde también se asentaron los cuados. A
principios del siglo V habían abandonado Panonia
(como también los cuados) y se unieron a los suevos y
alanos para invadir las Galias. En las primeras luchas
del año 406 murió el rey Godegisel (Godegisilio).
Pocos años después, los dos grupos vándalos acabaron
fusionados. (unidos)
Llegaron a Hispania en 409 d. C., donde se establecen
como federados. Hacia el 425 asolaron y saquearon la
ciudad de Carthago Nova, actual Cartagena, y en el
426 tomaron la ciudad de Hispalis (Sevilla) con
Gunderico al mando.
[editar] La formación y apogeo del reino vándalo:
el reinado de Genserico

El reino vándalo en el año 455.


En la primavera de 429, los vándalos, liderados por su
rey Genserico, decidieron pasar a África con el fin de
hacerse con las mejores zonas agrícolas del Imperio.
Para ello lograron barcos con los cuales cruzaron el
Estrecho y llegaron a Tánger y Ceuta. Luego se
desplazaron al este, haciéndose, tras algunos años de
lucha, con el control del África romana y la ciudad de
Cartago que pasó a ser la capital de su reino, por tanto,
las fuentes de producción de la mayor región cerealista
del viejo imperio, que en lo sucesivo tuvo que comprar
el grano a los vándalos, además de soportar sus razzias
piratas en el Mediterráneo Occidental. Para ello
contaban con el gran puerto de Cartago y con la flota
imperial en él apresada. Sobre la base de esta última,
Genserico consiguió apoderarse de bases marítimas de
gran valor estratégico para controlar el comercio
marítimo del Mediterráneo occidental: las Islas
Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia.
En 461, el emperador romano occidental Mayoriano
reunió en la ciudad de Carthago Nova una flota de 45
barcos con la intención de invadir y recuperar para el
Imperio Romano el Reino Vándalo, ya que su perdida
significaba el corte del flujo del cereal a Italia. La
batalla de Cartagena se saldó con una gran derrota de
la armada romana, que fue totalmente destruida y con
ella las esperanzas de recuperar el norte de África para
el Imperio.
Sin embargo, el dominio vándalo del norte de África
duraría sólo algo más de un siglo y se caracterizó por
un progresivo debilitamiento militar del ejército
vándalo, una gran incapacidad de sus reyes y
aristocracia cortesana para encontrar un modus vivendi
aceptable con los grupos dirigentes romanos y por la
paulatina vida aparte de amplios territorios del interior,
más periféricos y montañeses, donde fueron
consolidándose embriones de Estados bajo el liderazgo
de jefes tribales bereberes más o menos romanizados y
cristianizados. La política de la monarquía vándala fue
fundamentalmente defensiva y de amedrentamiento
contra todos sus más inmediatos enemigos: la propia
nobleza bárbara y la aristocracia provincial romana.
Una labor de desatención social y descabezamiento
político que a la fuerza habría de afectar a las mismas
estructuras administrativas heredadas del Imperio, lo
que ocasionaría su definitiva ruina. La causa profunda
de dicha ruina no sería otra que la misma base del
poder de los reyes vándalos, el ejército, y las
exigencias del mismo.
Genserico (428-477), el auténtico fundador del Reino
vándalo, puso las bases del apogeo del mismo, pero
también las de su futura decadencia. El cénit de su
reinado y del poderío vándalo en África y el
Mediterráneo lo constituyó la paz perpetua conseguida
con Constantinopla en el verano del 474, en virtud de
la cual se reconocían su soberanía sobre las provincias
norteafricanas, las Baleares, Sicilia, Córcega y
Cerdeña. No obstante, desde los primeros momentos
de la invasión (429-430) Genserico golpeó a la
importante nobleza senatorial y aristocracia urbana
norteafricanas, así como a sus máximos representantes
en estos momentos, el episcopado católico,
procediendo a numerosas confiscaciones de
propiedades y entregando algunos de los bienes
eclesiásticos a la rival Iglesia donatista y a la nueva
Iglesia arriana oficial. Tampoco pudo destruir las
bases sociales de la Iglesia católica, que se convirtió
así en un núcleo de permanente oposición política e
ideológica al poder vándalo. Respecto de su propio
pueblo, Genserico realizó en el 442 una sangrienta
purga en las filas de la nobleza vándalo-alana. Como
consecuencia de ello, dicha nobleza prácticamente
dejó de existir, destruyéndose así el fortalecimiento de
la misma, consecuencia del asentamiento y reparto de
tierras. En su lugar, Genserico trató de poner en pie
una nobleza de servicio adicta a su persona y a su
familia. Elemento importante de dicha nobleza de
servicio sería el clero arriano, favorecido con
cuantiosas donaciones y reclutado entre bárbaros y
romanos.
Con el fin de eliminar posibles disensiones en el seno
de su familia y linaje por cuestión de la sucesión real,
suprimiendo así también cualquier papel de la nobleza
en la misma, Genserico creó un extraño sistema de
sucesión, tal vez a imitación del que pudiera existir en
los principados bereberes, denominado seniorato o
«Tanistry», en virtud del cual la realeza se transmitía
primero entre hermanos por orden de edad y sólo
después del fallecimiento del último de éstos se pasaba
a una segunda generación. Los reinados de los
sucesores de Genserico no hicieron más que acentuar
las contradicciones internas de la Monarquía, en medio
de un debilitamiento constante del poder central y su
falta de sustitución por otra alternativa.
[editar] La decadencia del reino vándalo
El reinado de su hijo y sucesor Hunerico (477-484)
supuso un paso más en la tentativa de fortalecer el
poder real, destruyendo toda jerarquía sociopolítica
alternativa. Su intento de establecer un sistema de
sucesión patrilineal chocó con la oposición de buena
parte de la nobleza de servicio y de su propia familia,
con el resultado de sangrientas purgas. El que dicha
oposición buscara apoyo en la Iglesia católica supuso
que Hunerico iniciase en 483 una activa política de
represión y persecución de la misma, que culminó en
la reunión en febrero de 484 de una conferencia de
obispos arrianos y católicos en Cartago, en la que el
rey ordenó la conversión forzosa al arrianismo. La
muerte de Hunerico en medio de una gran hambruna
testimonió el comienzo de una crisis en el sistema
fiscal del Reino Vándalo, que habría de serle fatal.
Guntamundo (484-496) trataría inútilmente de buscar
buenas relaciones con la antes perseguida Iglesia
católica para impedir la extensión del poder de los
principados bereberes, y como legitimación del Reino
vándalo frente a un imperio constantinopolitano que
con la política religiosa del emperador Zenón había
roto con el Catolicismo occidental.
Sin embargo, el reinado de su hermano y sucesor
Trasamundo (496-523) sería una síntesis de los dos
precedentes, claro síntoma del fracaso de ambos. A
falta de apoyos internos, Trasamundo buscaría sobre
todo alianzas externas con Bizancio y el poderoso
Teodorico, matrimoniando con la hermana de éste,
Amalafrida.
La crisis política del final del reinado del ostrogodo
incitó a su sucesor y sobrino Hilderico (523-530) a
buscar a toda costa el apoyo del emperador Justiniano
I, para lo que intentó hacer las paces con la Iglesia
católica africana, a la que restituyó sus posesiones.
Política ésta que no dejó de crear descontentos entre la
nobleza de servicio. Aprovechando una derrota militar
frente a grupos bereberes, esta oposición logró
destronarle, asesinarle y nombrar en su lugar a uno de
los suyos, Gelimer (530-534). No obstante, un intento
de crear una segunda monarquía vándala carecía de
futuro. Falto de apoyos y debilitado militarmente, el
Reino vándalo sucumbía ante la fuerza expedicionaria
bizantina, de sólo 15.000 hombres, comandada por
Belisario.