Sal de tu tierra

"El Señor dijo a Abrám: "Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, y vete al país que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo; te bendeciré y engrandeceré tu nombre. Tú serás una bendición: Yo bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán bendecidas todas las comunidades de la tierra". Abrám partió, como le había dicho el Señor." (Gén 12, 1 - 4a) ... aguantar el vacío

Testimonio N° 219 Martín Königstein ss.cc. La siempre nueva llamada a ser discípulos/as para ser enviados/as (misioneros/as) invita a pensar en un cambio de lugar, a dejar atrás el mundo conocido y habitual con sus seguridades y rutinas, a renunciar a lo alcanzado con nuestros esfuerzos. Es una invitación a partir hacia lo desconocido, lo nuevo, lo incierto. Re-novación, re-estructuración, re-fundación, todas estas palabras que hemos escuchado muchas veces en este último tiempo en la Vida Religiosa (pero no sólo en ella), nada de todo esto es posible sin renuncia, sin una apertura a lo nuevo. En Egipto quedaron las ollas de carne y cebollas, los pescadores abandonaron en la playa sus botes y las redes, Francisco en la plaza frente al palacio del obispo de Asís devuelve su ropa a Pietro di Bernardone, y desnudo se dispone a lo que el Señor le quiere dar. Para profundizar en el tema del cambio de lugar, para poder ver lo nuevo que está brotando, propongo fijarnos en la figura de Abrahám e invito hacerlo contemplando una imagen, una pintura. Te propongo meditar con la pintura. Para esto es conveniente tenerla delante de ti para poder contemplarla largamente, tranquilamente. (La encuentras en la página web de CONFERRE: www.conferre.cl entrando por el link de "Revista Testimonio"; luego "Revistas 2007". Hay un link para descargar la imagen. Así la puedes imprimir en colores o también proyectar con una proyectora multimedia, sobre todo cuando quieren meditar en grupo o comunidad.) Tanto si haces retiro sólo/a como si lo haces en comunidad te pueden servir estas preguntas para acercarte y "entrar" a la pintura: ¿Qué veo? Recorro con la vista la pintura, expreso espontáneamente lo que veo, me doy cuenta de los detalles. Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss) Página 1 de 7

Entro más al detalle. Descubro el lenguaje de las formas, de los colores, de los "movimientos". Me doy cuenta de lo que quieren expresar las actitudes corporales, del significado de la vestimenta. Veo las líneas, la geometría del cuadro, la disposición de espacios. Me doy cuenta lo que el cuadro evoca en mí. ¿qué asociaciones, recuerdos, sentimientos surgen en mí? ¿El cuadro es interesante para mí? ¿me produce rechazo? Me concentro más en el contenido. ¿Qué significa el cuadro? ¿cuál es su temática? ¿cuál es la visión de la fe que aquí se expresa? ¿qué experiencia de vida se refleja en esta pintura? Me identifico con el cuadro. ¿El cuadro me atrae? ¿me entrego a lo que aquí está representado? ¿dónde me ubico en el cuadro? ¿el cuadro es capaz de transformarme? ¿cómo me trata el cuadro? Nuestro cuadro es una miniatura tomada de una obra que en su conjunto se llama “Génesis de Viena”. El “Génesis de Viena” debe haber sido una edición artística de la Biblia, de la que se conservan 24 hojas escritas y pintadas por ambos lados. Son hojas de pergamino teñidas con púrpura, escritas a mano y con letras de oro o plata en su mitad superior, la mitad inferior ilustra con miniaturas el texto bíblico, casi a la manera de las “tiras cómicas” de hoy. La obra se llama “Génesis de Viena” porque los textos que se conservan son casi todos del libro Génesis y se conservan hoy en la Biblioteca Nacional de Viena. Abraham se ha levantado y salió de la casa, a sus espaldas está la puerta que sigue abierta. Abraham está delante de la puerta, afuera, pero podría volver a entrar a su casa, a la seguridad y los éxitos alcanzados. Abraham escuchó la llamada que sobrevino de noche. Abraham escuchó la llamada porque su mente y su corazón no estaban enteramente ocupados por ruidos, sentimientos, miedos que giran en torno a su persona, en torno a su propio yo. Había espacio, había libertad en Abraham para poder escuchar la llamada. La llamada no vino de su propio interior, tampoco del interior de la casa. La llamada venía desde arriba, o sea desde afuera, desde fuera del mundo habitual, desde fuera de su realidad auto-construida. Pero la llamada lo alcanzó en su realidad, en su mundo y lo llamó a salir, “... y lo llevó fuera” dice el texto bíblico. Abraham salió, se levantó y salió de su casa porque se dejó interpelar por esta llamada, sin pedir o dar explicaciones. Abraham dejó atrás lo que había alcanzado, lo que había ganado con su esfuerzo, lo que le daba seguridad.

Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss)

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Y afuera ¿qué? ¿Qué tiene por delante? ¿En qué se metió? Abraham tiene delante de si la nada, el vacío. No hay casa, ni palacio, ni reino, ni paraíso, ni nada que podría ser o aparecer atractivo, nada. Sólo el suelo, que representa el mundo en que todo esto ocurre, el suelo que él mismo pisa. Abraham pisa firmemente este suelo, no despegó (no perdió el contacto con el suelo) al oír el llamado, no hay muestras de que se haya alejado de la realidad, ni hay indicios de gran entusiasmo. Está con los dos pies en la tierra, los dos pies pisando firmemente, los dos pies juntos. El camino desde su cama hasta las afueras de su casa, delante de su puerta, es su vida cotidiana. Pero delante de él no hay nada más que el vacío. ¿Quién no volvería ante esta perspectiva hacia adentro? La puerta sigue abierta. Abraham no se vuelve, permanece con aquel que lo llamó fuera. Permanece de pie, un poco inclinado hacia adelante, los brazos extendidos, como para acoger o recibir algo. Abraham puede acoger o recibir porque abrió la puerta, abrió el corazón. Abraham está enteramente presente, toda la figura indica presencia, atención. Abraham es alguien que acoge, que recibe. Es su manera de ser y no una actividad momentánea. No está claro lo que espera recibir. ¿Un regalo? ¿Una carga? Pero no hay más que el vacío delante de él. Abraham no puede ver lo que habrá o sucederá en el camino, no lo puede ver, no lo puede calcular o programar, no lo puede hacer. Abraham sólo recibe. El regalo es el vacío. ¿Un regalo absurdo? Abraham ha recogido su vestimenta, de tal manera que cubre sus brazos extendidos y deja en libertad a sus pies, en libertad para caminar. ¿A dónde irá? Pero (aún) no camina. No comienza por moverse, no es activista. No es necesario que siempre pase algo. Antes de echar a andar, está parado ahí, firme, atento, escuchando, mirando ... Su barba blanca indica que es viejo en años y sabiduría, tiene experiencia, sabe lo que hay que hacer. Pero no parte andando, permanece, acoge, escucha y mira atentamente, aguanta.

Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss)

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Abraham mira hacia arriba. Sin miedo, sin ansiedad, con los ojos bien abiertos mira la mano extendida. En la parte superior del cuadro un pedazo de cielo se introduce en el mundo de Abraham. No todo es tierra, no todo es limitado, precario, no todo es humano. Para este hombre existe Dios, y Dios no como una experiencia fugaz y pasajera. Este encuentro con Dios le marca enteramente, definitivamente. Este cielo que se introduce en el mundo de Abraham tiene dos aspectos: El cielo se revela, se deja ver, no es una ilusión que nace en su propio interior, este cielo es algo que Abraham no puede inventar ni imaginar. ¿Cómo inventar a un Dios como Él que se revela aquí? En este cielo, que es como un paño, un trozo de género, aparece la mano de Dios. Esta mano es símbolo de Dios que actúa en la historia y en el presente de cada ser humano. Aquí actúa Dios, no el ser humano. Esta mano indica hacia adelante, hacia el espacio abierto, hacia el vacío. Curioso, Abraham es invitado hacia el vacío!? A un Dios así no se puede inventar. Abraham, sin indicio de desconcierto o perplejidad se dispone a caminar por este camino. Un camino donde no hay nada que descubrir, nada que ver, nada que hacer. El 2º aspecto de este cielo es que no está vacío, el cielo no está vacío, está lleno de estrellas, lleno de luz. Esta plenitud del cielo está en contraste con el vacío que tiene Abraham por delante. Este contraste nos invita a entrar en mayor profundidad que se nos abre al contemplar el cuadro. Aquí hay una relación dinámica entre: la mano de Dios en el cielo estrellado - Abrahám que sale de su casa y está delante de su puerta - el vacío delante de Abraham. Un triángulo dinámico que nos invita a ahondar, a profundizar. Abraham se enfrenta a estos dos polos: a) la mano de Dios, la plenitud de Dios, la acción de Dios y b) el vacío. El vacío es el tema existencial al que se enfrenta Abraham, es el tema existencial de todo ser humano, de todos nosotros y también de nuestras comunidades. El vacío aparece de diferentes maneras: fracaso en lo profesional, en una relación, en un proyecto que me significaba mucho, pérdida de reconocimiento público o prestigio o influencia, falta de vocaciones y envejecimiento de las comunidades, etc Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss) Página 4 de 7

rutina, aburrimiento en el camino elegido (opción vocacional) pecado y culpa pérdida de sentido, dudas ¿Hay un vacío más grande que aquel al que se enfrenta Abraham cuando le exigen sacrificar al hijo de la promesa, el heredero legítimo? La reacción natural frente al vacío es el horror (“horror vacui”). Parece que espontáneamente la naturaleza tiende a llenar los vacíos que se producen. “El vacío produce vértigo y miedo, rebeldía desesperada, primero y luego resignación como producto del cansancio”. (Simón Weil) El ser humano tiene una gran capacidad de llenar vacíos con su imaginación. Somos muy creativos para rellenar vacíos. Nos parece indispensable ahuyentar el vacío. Somos creativos en esto: nos refugiamos en actividades, nos amargamos culpamos a otros por el fracaso retrocedemos y volvemos a recetas antiguas, las que nos dieron buen resultado en el pasado y buscamos las mismas soluciones a los mismos viejos problemas ponemos más de lo mismo Y justamente aquí está la raíz del problema: buscamos una solución a nuestro vacío y en realidad lo que hacemos es tapar o llenar el vacío y el “relleno” que encontramos no es ni solución ni salida sino causa de la enfermedad que queremos sanar. Blaise Pascal decía una vez: “He descubierto que toda la infelicidad de los seres humanos parece tener una última fuente y raíz: no son capaces de permanecer en silencio en su cuarto.” La mano de Dios indica a Abraham un camino hacia el vacío. Dios llama a Abraham sacándolo de las seguridades y costumbres de su casa y lo enfrenta a la nada. La nada que todos conocemos de alguna manera. Abraham podría retroceder y volver a su mundo, la puerta sigue abierta. Pero huir del vacío es huir de la propia realidad, es huir de si mismo. Cuesta enfrentar y aguantar la propia verdad, desnuda y sin maquillaje. Activamos nuestra imaginación, encontramos mil razones, justificaciones, actividades que todos sólo pretenden hacernos olvidar el vacío. Nos aferramos a cosas, costumbres, instituciones para evitar el vacío. ¿Qué significa la mano de Dios que indica como camino el vació, invita a admitir el vacío?

Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss)

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En verdad no avanzo en el camino si no admito o acepto mi realidad, si no enfrento y asumo lo que soy en verdad. ¿De dónde sacar la fuerza para asumir el vacío? Aceptar el vacío, aguantarlo y no huir, significa abrir espacio para la gracia de Dios. Todo tiene que volverse nada para mí, para que Dios pueda ser mi todo. O para decirlo en palabras de Charles de Foucauld: Tengo que vaciar la pequeña casa de mi ser para que Dios la pueda llenar enteramente. En el vacío, en la impotencia, en la cruz encontramos auténticamente a Dios. Esto no es imaginación, nadie se imagina a Dios así, nadie se inventa la cruz, y si es imaginado o buscado no es la cruz. La cruz - el vacío me confronta con la realidad, mi realidad, la realidad de otros/as. La fe pasa por la realidad y no es un bypass a la realidad. Creyente es alguien que está con los dos pies en la realidad, como Abraham en nuestra imagen. Y cuando el vacío significa que también he dejado a un lado mis imágenes de Dios, cuando estoy vacío de todo lo que me puedo imaginar de Dios entonces estoy libre para acoger y recibir la plenitud de Dios vivo porque ya no hay ídolo hecho por manos humanas que reemplaza a Dios y toma su lugar. En el aguantar el vacío está la fuerza de la fe. Dios nos habla e interpela desde la realidad verdadera, no desde aquella realidad que nosotros imaginamos. Enfrentar el vacío nos abre a la plenitud de Dios. Para concluir: El cambio de lugar al que nos obligan las circunstancias de nuestro presente puede producir en nosotros este vértigo del vacío (“horror vacui”) del que hemos hablado y ciertamente tenemos las tentaciones de llenar este vacío. Estamos invitados a des-centrarnos de nosotros mismos, de la búsqueda de nuestros proyectos, de nuestros miedos, de nuestras realizaciones para poder centrarnos en Dios, en su proyecto, en el Reino de Dios y su perfecta justicia, y veremos como todo lo demás se da por añadidura. Y esto es al mismo tiempo centrarnos en el ser humano, en la humanidad, en el grito de la humanidad. El cambio de lugar puede ser entonces renunciar a confiar y a fijarnos en el quehacer, en nuestras funciones, en la utilidad que prestamos, en el rendimiento y el éxito y podremos comenzar a fijarnos cómo ser contemplativos/as, compañeros/as y compasivos/as en medio de una humanidad que nos desafía e interpela desde temáticas como estas: • • El creciente individualismo que redunda en una soledad cada vez más grande de las personas; la búsqueda de sentido e interioridad en el contexto de una vida fragmentada; Página 6 de 7

Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss)

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la temática del género (reciprocidad entre varón - mujer); la justicia, y sus requerimientos en la vida cotidiana; la conservación de la creación (ecología); la necesidad de humanizar el consumo de bienes y de atrevernos a una nueva ascesis; la promoción de la paz, frente a tanta violencia en todos los niveles de la vida humana urge promover una ”Cultura de la Paz”; la necesidad de ahondar en una cultura democrática, frente a poderes “fácticos” y la prepotencia de la tecnogracia la presencia de minorías culturales y étnicas, sexuales y sociales comúnmente marginadas y explotadas, doblemente excluidas; y otros más ...

Si miramos con atención podemos reconocer el grito de nuestro propio corazón en este grito de la humanidad. O sea, no somos diferentes a los demás seres humanos, más bien somos “hermanos/as de sangre, somos hermanos/as de un mismo destino” (Madeleine Delbrêl). Lo que importará a futuro es lo que somos en relación con todos los seres humanos, y lo que somos en presencia de Dios. Si aguantamos el vacío podrá nacer del vacío el anhelo. El anhelo nos mostrará el camino de Dios que siempre es el camino al corazón del hermano, la hermana. Podremos cantar con la comunidad de Taizé: "De noche, iremos de noche, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra, sólo la sed nos alumbra." Aspectos para profundizar (sólo/a o en comunidad: ¿Qué o quién está ocupando mi corazón? Ser y hacer, ¿cómo logro / logramos el equilibrio? Aguantar, ¿cuánto soy capaz de aguantar? ¿Puedo aceptar tranquilamente que sea Dios el que actúa? ¿Qué me sucede con el vacío?

Retiro: Sal de tu tierra (Gen 12, 1 ss)

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