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El Judaísmo, el Cristianismo, el Islamismo Atisbos de la reencarnación también son comunes en la historia del judaísmo y del antiguo cristianismo.

Información acerca de las vidas pasadas y futuras, se encuentran en la cábala, que, según muchos eruditos hebraístas, representa la sabiduría oculta de las Escrituras. En el Zohar, uno de los principales textos cabalísticos, se dice: "Las almas tienen que volver a entrar en la substancia absoluta de la cual han emergido. Pero, para lograrlo, deben desarrollar todas las perfecciones, cuyo germen está plantado en ellas mismas; y si no han cumplido esta condición en una existencia, tienen que comenzar una segunda, tercera, etc. vida, hasta adquirir las cualidades que las capaciten para volver a unirse a Dios.'' Según la Universal Jewish Encyclopedia (Enciclopedia Judía Universal) los judíos hasíadicos comparten las mismas creencias. En el siglo III de la era cristiana, el teólogo Orígenes, uno de los padres de la primitiva Iglesia Cristiana, y uno de sus más insignes eruditos bíblicos, escribía: "A causa de alguna inclinación hacia el mal, ciertas almas... entran en cuerpos, primero de hombres; después, debido a su relación con las pasiones irracionales, al terminar el período de vida humana que tenían asignado se transforman en bestias, desde donde se hunden hasta la condición de... plantas. Desde allí surgen nuevamente pasando por los mismos estadios, hasta ser restituídos en su lugar celestial.'' Incluso en la Biblia hay pasajes indicativos de que Jesucristo y sus discípulos tenían conciencia de la reencarnación. Por ejemplo: "Al pasar Jesús, vió a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos diciendo: `Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?' Respondió Jesús: `No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él''. Ahora bien, si el hombre hubiese nacido ciego a consecuencia de sus propios pecados, tendría que haberlos cometido antes de nacer, es decir en una vida previa. Y Jesús no rechazó esta sugerencia. El Corán dice: "Y vosotros estábais muertos, y Él os trajo nuevamente a la vida. Y Él os hará morir, y os traerá nuevamente a la vida, y finalmente os llevará a Él mismo.'' Entre los seguidores del islamismo, los sufís, especialmente, creen que la muerte no es una pérdida, porque el alma inmortal pasa continuamente por diferentes cuerpos. Jalalu 'D-Din Rumi, un famoso poeta sufí, escribió: Yo morí como mineral y me transformé en una planta, Yo morí como una planta y me elevé al animal, Yo morí como animal y fuí hombre. ¿Por qué habría de temer? ¿Cuándo fui menos por morir? Las intemporales escrituras védicas de la India confirman que el alma, cuando se identifica con la naturaleza material, toma una entre 8.400.000 formas y, una vez encarnada en una determinada especie de vida, evoluciona automáticamente desde las formas inferiores a las superiores, obteniendo finalmente un cuerpo humano.

Así pues, todas las principales religiones occidentales —el judaísmo, el cristianismo, y el islamismo— tienen claras ideas de la reencarnación entretejidas en sus enseñanzas, a pesar de que los guardianes oficiales del respectivo dogma las ignoran o las niegan. En circunstancias que hasta hoy permanecen sumidas en el misterio, el emperador de Bizancio, Justiniano, en el año 553 prohibió las enseñanzas de la preexistencia del alma en la iglesia católica. En esa época, numerosos escritos eclesiásticos fueron destruídos, y muchos eruditos creen que las referencias a la reencarnación fueron expurgadas de las escrituras. Las sectas gnósticas, aunque severamente perseguidas por la Iglesia, lograron mantener viva la doctrina de la reencarnación en Occidente. (La palabra gnóstico se deriva del griego gnosis, que significa conocimiento). Durante el Renacimiento, se reavivó el interés público por la reencarnación. Una de las figuras prominentes de aquella época fue el destacado filósofo y poeta italiano Giordano Bruno, a quien la Inquisición condenó finalmente a morir en la hoguera por sus enseñanzas acerca de la reencarnación. En las respuestas finales a los cargos que se le imputaban, Bruno, desafiantemente, proclamó que el alma "no es el cuerpo'' y "puede estar en uno u otro cuerpo, y pasar de un cuerpo a otro''. A causa de la persecución efectuada por la Iglesia, las enseñanzas de la reencarnación se refugiaron entonces en un profundo secreto, sobreviviendo en Europa en las sociedades secretas de los Rosacruces, Francmasones, Cabalistas y otros.