Premio Nacional de Crítica.

Algunos extremos de la cuerda
Por: La isla en vela. Ensayo Largo.

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ALGUNOS EXTREMOS DE LA CUERDA

Al preguntarnos qué pasa con las artes platicas en Colombia, se hace necesario girar la mirada hacia las academias e instituciones que dirigen y promueven la formación de artistas y pedagogos, teniendo en cuenta que el desarrollo de las artes no siempre esta direccionado desde las academias e instituciones, pero sabiendo que es desde estas donde se configuran ciertos imaginarios del artista y del arte que se proyectan al interior ( artistas , estudiantes de artes y profesores) y al exterior, es decir al público no especializado. Volver sobre los procesos de formación y las dinámicas al interior de las universidades e institutos nos ayuda a visualizar una pequeña pero importante fracción del panorama de la producción artística y su medio. En este caso nos situaremos en la localidad de Cali , valle del cauca, donde encontramos múltiples instituciones formadoras en este campo, tales como el Instituto Popular de Cultura(IPC ), el Conservatorio de Bellas Artes Antonio María Valencia , la Universidad del Valle y la Universidad Javeriana, las cuales ofrecen planes de formación en artes plásticas o artes visuales. La observación y acercamiento a la producción artística que se realiza en estos espacios me ha permitido distinguir dos fuertes corrientes, ambas rastreadas a partir de las temáticas, perspectivas y actitudes adoptadas por autores y reflejadas en las obras. En primer lugar aparecen producciones artísticas que aluden a temáticas y fenómenos sociales. Estos productos artísticos, que pretenden reflejar varios tipos de dichas

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problemáticas pueden tener como intención:

Hacerla visible, causar conmoción en el

espectador o, desarrollar sensibilidad y conciencia; este último punto se constituiría como un proceso realmente esencial para la apertura de nuevos diálogos que generen más que soluciones, dinámicas, o al menos disposición personal ante los conflictos. Si no existe este propósito desde la concepción del producto artístico, este cumplirá solo con la función de hacerla visible, quizá, y a veces el hecho de hacer visible una determinada situación solo la condena a su propia fugacidad, a que se anule entre la interminable lista de cosas evidentes y por hacer, o sea, termina logrando lo contrario, refundirla entre los asuntos pendientes e invisivilizarla…

Si el producto artístico y su contenido dejan por sentado mediante sus alcances

un

compromiso del autor y una intención de involucrar al público, (lo mínimo que debería haber para que interesen más activamente este tipo de temáticas) este compromiso

entonces no es solo un compromiso del autor con su obra , sino también un compromiso ético y moral con el contenido de la obra, con el hecho real que involucra este contenido y finalmente con la acción del público, pues es una producción que pretende ubicar en el hecho mismo o al menos en sus razones, concientizar, entendido esto como una interrelación de varios procesos: informar, contextualizar e interiorizar, lo que permitiría un espacio constructivo del posicionamiento del individuo ante el fenómeno o problemática.

Dicho compromiso no debe quedarse como una preocupación por señalar y reflejar la problemática contundentemente en la obra, también tiene la capacidad, necesidad y deber,
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de generar dinámicas en la sociedad que conduzcan a la búsqueda y construcción de alternativas, y sobre todo de criterios.

Lamentablemente no es eso lo que sucede con este tipo de manifestaciones artísticas, en estos casos el público sale diciendo: “este país esta llevado, aquí no hay futuro, reina la injusticia, el ser humano sí que es una cosa dañada, ya se pudrió, ¡que alguien haga algo por los niños en el choco, por el macizo colombiano, por las víctimas de la violencia!” Así estas expresiones artísticas terminan teniendo el mismo resultado que una sesión del noticiero a la hora del almuerzo, se quedan en el mero señalamiento, o aun peor, en la imposición de una visión fatalista, victimizaste, dramática, que alimenta y engorda los imaginarios cristianos e históricos que han predominado en nuestra sociedad.

Pero esto hasta ahora es tan solo un diagnóstico de los procesos de producción del arte joven de Cali, por lo tanto es oportuno rastrear las causas de este tipo de manifestaciones.

Bien es sabido que las universidades públicas en Colombia han tenido una fuerte influencia de movimientos de izquierda y un fuerte accionar de los movimientos estudiantiles, así mismo se les ha atribuido, y de alguna forma se han atribuido ellas mismas, una gran relación o afinidad con movimientos subversivos, lo que hace que en la mayoría tengan una relación y asociación (reales o idealizadas) directas con la política y los conflictos sociales; esta influencia se vivió fuertemente en los años sesenta y setenta, y persisten hasta hoy en día.

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No es de extrañarse entonces que esta tradición se manifieste también en la producción artística joven que hay en la universidad pública, ni que dé tantas escandalosas vueltas alrededor de los mismos ejercicios, gritar a los cuatro vientos, señalar, indignarse y lavarse las manos. Mas no solamente en este espacio se presentan estos arranques pasajeros de salvadores del mundo, por lo cual se hace necesario pensar en una esfera un poco más amplia, ya que no se trata solamente de una conducta derivada del contacto directo o indirecto con el conflicto y las crisis social que afecta a Colombia de múltiples formas (una de las más visibles es el conflicto armado que se da en los años 50s, no quiero decir que antes no existieran conflictos sociales y violencia en este país, dato esta fecha como momento de intensificación y comienzo de múltiples formas de violencia que han ido transformándose en cuestión de forma y de autores, pero que persisten hasta hoy) en mi opinión esta conducta se deriva de la forma en que la educación y los medios de comunicación han dado tratamiento a los conflictos de violencia y a la historia del país. La enseñanza de la historia de nuestro país por medio de las escuelas (si la hay) y de los medios de comunicación, esta direccionada a la construcción de unos imaginarios y figuras patrióticas y nacionalistas, y estas figuras patrióticas son presentadas como mártires, personajes a los que “si no hubieran matado, este país habría salido adelante”. Además de estar llena de asesinatos de nuestros líderes políticos, está llena de masacres, violaciones, torturas, desplazados y demás horrores de la guerra. Teniendo en cuenta este punto es comprensible que desde muy temprano tomen forma sentimientos de impotencia, rechazo, indignación, rabia y culpa. Eso no es lo extraño, lo
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extraño y cuestionable es La obra de arte se vuelve un purgador de culpas, un jarrón donde el autor se lava las manos, los pies y la mente, y deja la responsabilidad al público. El autor ha cumplido, ha señalado. Ahora se encuentra fuera de esa masa irreflexiva e indolente, ahora posee un dedo índice para señalar a los demás, señalar lo que afuera está mal, pero se le olvida que ese dedo primero debe apuntar hacia adentro.

Por otro lado, encontramos un tipo de obras que plantean contenidos totalmente subjetivos e individuales. Este tipo de obra está sujeta a las necesidades del autor de expresar, exteriorizar y materializar sus pensamientos, emociones y sensaciones, ósea nace de las posiciones ante las experiencias personales. Es una obra desprendida de tintes sociales y políticos, lo que no la desprende de dichos contextos, ya que muchas veces surge como oposición al tipo de manifestaciones nombradas anteriormente. El lenguaje subjetivo de dichas obras plantea inconvenientes para la comprensión del público, me atrevería a decir inclusive, que es la incomprensión y el distanciamiento lo que se busca; la incomprensión no solo se da por el desconocimiento del código lingüístico, muchas veces está dada por la total contradicción de los códigos que maneja el público especializado y el no especializado. La subjetivad resulta sobrevalorada, hasta llegar a un punto donde todo vale. La búsqueda de estas obras, o por lo menos sus resultados visibles, son la transgresión y agresión al público, la provocación y el escándalo. El morbo y el choque son metas que se fijan por el afán de sorprender y desafiar a un público que es más difícil de asombrar cada día.

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Debido a la curiosidad que me suscitan las artes, sus facultades y sus personajes, he asistido a varios eventos, entregas de proyectos, exposiciones en salas, etc, efectuados por

generaciones jóvenes; después de algunas, debo admitir que se empieza a asistir con algo de aprensión y pensando : “ y ahora que, quien se va a empelotar, masturbar y/o cagar sobre que o quien”, resultándome muy normal que desde los mismos espacios académicos se mire a las facultades de artes y a sus personajes como bichos raros que hacen “cosas locas”, personajes con pintas y actitudes excéntricas, incomprensibles, de los que se puede esperar cualquier cosa . Uno lee y escucha un montón de justificaciones y explicaciones, pero a la hora de ver las caras del publico desprevenido que se despega de fichas técnicas y demás conceptualizaciones sobre las obras, uno observa un gran signo de interrogación en sus rostros, topándose también con otro tipo de público que finge entender lo que allí se presenta y lo que sucede, con la idea de que no importa mayor cosa el contenido: eso que están viendo es una expresión artística totalmente genuina y que mayor prueba de ello que la misma incomprensión, que se ve como necesaria pues es arte y el arte es una cosa elevada superior y nacida de la genialidad.

Estos productos, totalmente contrarios en contenidos y aparentemente en actitud a los primeros a los cuales hice referencia, permiten también encontrar otro tipo de origen en el imaginario, principalmente rastreado como una herencia de las vanguardias. Como lo señala Juan José Sebreli “La incomprensión es conscientemente elegida y destinada a no desaparecer. La oscuridad no es relativa al grado de conocimiento del público, una consecuencia indeseada de la novedad, sino una condición absoluta. La vanguardia
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desprecia no solo a quienes comprenden únicamente lo superficial, lo vulgar, sino a todos aquellos que pretenden racionalmente entender lo que es profundo.” Más adelante sigue: “La oscuridad, la dificultad de la vanguardia, producen en el publico profano un profundo aburrimiento, pero una obra de arte vanguardista que se precie debe aburrir, lo entretenido es descalificado como superficial o vulgar; las obras no solo son aburridas, deben serlo. Del hecho cierto de que una obra superior puede aburrir a un público no preparado, la vanguardia extrae una falsa conclusión: la incomprensión es inherente a la gran obra de arte”

La explicación de esto también la podemos rastrear en el predominio de una mentalidad historicista que se da tanto en los estudiantes de artes como en el público, y que plantea un evolucionar lineal de las cosas. En este caso, la vanguardia se sitúa en la cabeza como la consagración del arte absoluto, que niega y reniega de todo su pasado artístico hasta el punto de que dicha visión del artista como genio, cambia de forma radical; esta genialidad ya no es ligada a virtuosismo técnico, la genialidad artística es ligada ahora a el trabajo intelectual, y una vez echada a la basura la técnica, los parámetros y puntos de referencia artísticos y estéticos se volcán totalmente a la subjetividad y al concepto. Desde este punto del arte, es difícil imaginar que puede venir después si es que puede haber algo más, esta generación se deja aplastar por su tiempo, ya que muchas veces y paradójicamente, hacer una ruptura o ir en contra de la vanguardia significaría retroceder, ser anacrónico, conservador y anticuado.

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Aunque aparentemente opuestas estas dos manifestaciones comparten rasgos comunes: la Irreflexión, facilismo, rapidez, superficialidad, la búsqueda de conmoción y choque, y el sentimiento de superioridad (ya sea moral o intelectual).

A pesar de todo esto, pueden haber otro tipo de expresiones subjetivas nacidas de la necesidad de plasmar con total sinceridad, las impresiones y sensaciones basadas en la experiencia del individuo, dicha sinceridad debe pasar por el filtro de la construcción y deconstrucción del aprendizaje y lo experiencial, es decir, debe pasar por un proceso de reflexión e interiorización, lo que hace que la expresión del aprendizaje individual tome validez para diferentes contextos, lo universaliza , lo humaniza, y lo hace susceptible a la identificación de otros individuos con la experiencia; ya que al pensar la emoción se confronta y se hace necesario la búsqueda de lo originario , lo universal , lo causal; y dado que las experiencias pueden ser las mismas, finitas pero múltiples, la riqueza la encontramos en las interpretaciones y las diferentes miradas y enfoques de los temas, la originalidad no está dada por lo novedoso de la temática, si no en el tratamiento y la visión de un sujeto sobre una experiencia, sensación, emoción o pensamiento genérico.

Este tipo de expresiones nacidas de la reflexión del oficio, del arte, de la sociedad, pero sobre todo del individuo mismo, resultan sumamente refrescantes y sobre todo nos posibilitan discutir, acercarnos, analizar, descubrir y aprender.

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Bibliografia Sebreli, Juan Jose, LAS AVENTURAS DE LAS VANGUADIAS, El arte moderno contra la modernidad, Editorial Sudamericanas, Buenos Aires, Argentina,2000

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