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PENTECOSTES

SEÑOR, ENVIA TU ESPIRITU, Y RENUEVA LA FAZ DE LA TIERRA

El estribillo del Salmo de esta fiesta es un recordatorio perfecto para el poder de Dios, su
mismo Espíritu. Esta es una celebración del poder y actividad de Dios entre nosotros. Nos
da una oportunidad para reflexionar sobre cómo Dios se ha movido en nosotros y a través
de nosotros.

PRIMERA LECTURA, HECHOS 2:1-11. La primera narrativa proviene de la Ley. El


Espíritu llegó a los discípulos de Jesús y cambió sus vidas. Y de esta manera, el Espíritu
cambió la nuestra. La Iglesia se ha hecho la comunidad de todos los creyentes y su
identidad original se apoya acá, en Pentecostés, día de su proclamación histórica. Por tanto
no hay cristiano que busque la salvación en forma egoísta e individual. No hay espacio para
eso en la Iglesia. Es por eso que su inicio también está marcado por el servicio a los demás,
un servicio que en este caso es anuncio y predicación, y en otros momentos son milagros y
sacramentos. Ser miembros de la Iglesia es ser comunidad de servidores.

SALMO 104: El Salmo bendice a Dios por su poder creativo. Él está en control del cosmos,
desde las especificaciones más pequeñas a la vastedad del Universo.

SEGUNDA LECTURA, 1 CORINTIOS 12:3-7, 12-13: En su primera carta a los corintios,


Pablo alienta a sus lectores a desarrollar sus dones espirituales, no para su bien, sino para
el bien de la Comunidad y, eventualmente, para el bien del mundo. No es un dualismo, ni se
trata de despreciar la carne. San Pablo nos llama a vivir la coherencia de nuestra fe en
espíritu y en la vida cotidiana. Se trata de vivir la fe en el compromiso con el hermano. Esta
fe transforma, entonces, la vida, y así también transforma el mundo entero.

EVANGELIO, JUAN 20: 19-23. ¿Cómo hace diferente el Evangelio el concepto cristiano de
Dios? El poder de Dios, su Espíritu, es un poder para perdonar. Este poder llena el vacío
entre el bien y el mal, entre las diferencias artificiales o reales y une las personas. El poder
de Dios nos da un propósito y una dirección hacia EL. Si amamos en verdad a alguien,
necesariamente, naturalmente, buscamos cumplir su palabra, sus deseos, y darle aquello
que lo contente. Y eso no es una carga, es un mandato natural. Si amamos a un amigo, no
podemos dejar de hacer lo que el amigo espera de nosotros. Así pasa con Cristo, quien nos
llama amigos, y además nos pide que lo dejemos entrar en nosotros, para que viva en
nosotros, como si fuéramos un templo.

PRIMERA LECTURA: Hechos 2:1-11

Ven, Dios Espíritu Santo

Han transcurrido nueve días entre la Ascensión y Pentecostés; nueve días durante los cuales la Iglesia
primitiva estuvo en oración. De aquí puede derivarse la práctica de las novenas.

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PENTECOSTES

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 2 De repente vino del
cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, 3 y
aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de
ellos. 4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les concedía que se expresaran. 5 Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de
todas las naciones que hay bajo el cielo. 6 Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los
oía hablar en su propia lengua. Todos quedaron muy desconcertados 7 y se decían, llenos de estupor y
admiración: «Pero éstos ¿no son todos galileos? ¡Y miren cómo hablan! 8 Cada uno de nosotros les
oímos en nuestra propia lengua nativa. 9 Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, habitantes de
Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, 10 de Frigia, Panfilia, Egipto y de la parte de Libia
que limita con Cirene. Hay forasteros que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que
aceptaron sus creencias, 11 cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas
las maravillas de Dios.» BLA

Algunos acontecimientos importantes de la Iglesia primitiva tuvieron lugar con ocasión de fiestas judías.

2, 1. Pentecostés –en griego: la cincuentena –era la fiesta llamada “de las semanas” en la Biblia hebrea,
siete semanas –cincuenta días –después de la Pascua.

Aunque era una fiesta agrícola, ganó una asociación con la recepción de la Ley en el Monte
Sinaí. Aunque la fiesta empezó a perder su importancia agrícola en el período inter-
testamental –300 a. C. a 100 d.C., la mayoría de los estudiosos creen que esta conexión
finalmente fue hecha después de la destrucción del Templo en el 70 d.C. Pentecostés era
una de las tres fiestas que alentaba a la peregrinación. Lucas cambia esta fiesta por la
recepción del Espíritu por los Cristianos.

2, 2. "llenó toda la casa donde estaban". El aliento de Dios llenó la casa como un viento
poderoso, y una nueva vida comenzó en los discípulos de Jesús. Se supone que era una
sesión o reunión educativa. Por lo tanto, Lucas pintó a los discípulos como estudiantes del
Espíritu.

La respiración y la vida van de la mano. Mientras que podríamos tomar ambas por sentado,
neguemos nuestro respirar y nos llenaremos de pánico. Para los pueblos antiguos, la
respiración era la señal del Espíritu, la fuerza de la vida de una persona. De hecho, spiritus
–en latín, pneuma –en griego, y ruah –en hebreo, todas son palabras que significan respirar
y espíritu.

Cuando se aplica a Dios, estas palabras significan brisa o viento; muchas personas antiguas
creían que los vientos eran el resultado de la respiración de Dios. Y, por la respiración, Dios
daba la vida. En Génesis 1:2, Dios sopló su espíritu sobre las aguas como un viento
poderoso y comenzó la vida.

2, 3. Luego, las llamas se repartieron sobre los discípulos como un fuego impulsado por un
viento. Se trata de una señal para la iluminación –el fuego en la mente, y de la pasión –
fuego en el vientre.

2, 4-6. Con conocimiento y motivación, los discípulos de Jesús difundieron las Buenas
Nuevas a los demás de manera que se entendían claramente.

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2: 5 "de paso en Jerusalén" es un término suelto para indicar que no eran residentes. Lucas
había interpretado la ciudad con un sabor cosmopolita y como una parada de la
peregrinación. La multitud podía estar formada tanto por locales y visitantes. El punto de
Lucas no era la composición de la multitud, como lo era la importancia universal de la
misión y el mensaje.

2, 6. Los oían hablar en su propia lengua... Lo importante no es tanto que los Apóstoles se pongan a
hablar lenguas extranjeras, sino que todos esos extranjeros escuchen en su propio idioma esta
proclamación de las maravillas de Dios. Dios mismo es quien pone el fundamento de cualquier
evangelización: los convertidos a la fe no tienen que renunciar a su lengua o cultura para entrar en la
Iglesia, como debían hacerlo los prosélitos judíos. Muy por el contrario, Dios quiere ser alabado y
bendecido por todas las lenguas y por todas las culturas, ya que así se hará visible la diversidad de los
miembros en el cuerpo de Cristo –1 Corintios 12,12.

2, 7-11. Como un centro de culto en un día de gran fiesta, Jerusalén crecía con los
visitantes de todas partes del mundo conocido. Estos visitantes –mezclados con los
lugareños, se reunieron y escucharon la proclamación de los grandes Hechos de Dios en sus
lenguas nativas.

En el primer Pentecostés de los Cristianos, Dios sopló su espíritu y cambió a los discípulos
de Jesús. Ellos eran nuevas criaturas, porque el espíritu mismo de Dios moraba dentro de
ellos. Con sus palabras proclamando los portentosos actos de Dios, los discípulos de Jesús
soplaban el Espíritu de Dios en otros. Todo el pueblo de Dios estaba reunido en asamblea.

Este “Pentecostés” anunciado por Jesús es el acto de fundación de la Iglesia, que toma el lugar de Jesús
en el mundo y en la historia. Esta efusión del Espíritu, que revistió una importancia excepcional, sólo fue
la primera de muchísimas experiencias espirituales personales o colectivas –Juan 20,22; Hechos 10,44 y
Hechos 19,6.

El relato da a entender que las señales exteriores de ese don del Espíritu fueron sólo señales: lo esencial
fue el perdón de los pecados –Juan 20,22 o la reconciliación con Dios –Romanos 5,1; dos expresiones
diferentes para expresar una transformación interior, que al mismo tiempo es el descubrimiento del
Dios Amor.

Muchos lectores se desconciertan ante esa manifestación de la que no tienen experiencia. Sin embargo
el don de lenguas prosigue otorgándose en los medios carismáticos. Son alabanzas a Dios en lenguas
que se ignora; justamente hay en Jerusalén judíos de todos los países que han llegado a celebrar la
fiesta, y también prosélitos, simpatizantes del judaísmo que vinieron a “adorar a Dios” en aquel lugar.
Todos ellos son capaces de reconocer las lenguas locales mencionadas aquí.

Como el lugar donde habita el Espíritu de Dios, nosotros somos sus instrumentos en el
mundo. Lo que creemos, y decimos y hacemos propaga la vida de Dios dando aliento a
otros. ¿Cómo medimos este privilegio y responsabilidad?

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PENTECOSTES

Salmo 104

El universo alaba a su creador

—El creyente contempla el universo, obra de Dios, y se llena de admiración y de optimismo.


Todo viene de Dios, pero también todo existe para el hombre y Dios ahora está acabando su
creación por el trabajo de los hombres y la irradiación de sus testigos. «Envía tu Espíritu, que
renueve la faz de la tierra.»

1 ¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Eres muy grande, oh Señor, mi Dios, vestido de
gloria y majestad, 2 envuelto de luz como en un manto! Tú despliegas los cielos
como un toldo, 3 construyes sobre las aguas tu piso alto. Tú haces tu carro de las
nubes y avanzas en alas de los vientos. 4 Tomas de mensajeros a los vientos y
como servidores un fuego en llamas. BLA

El Salmo 104 es una declaración del maravilloso poder de Dios. Su inicio –104:1-4, y su
final –104:31-35, alababan a Dios por su poderosa revelación. Observa que son alabados
los medios de la revelación y no el contenido: los "vientos como mensajeros" y el "fuego
como servidores –ministro". El temblor de la tierra y el fuego en la montaña se refieren a la
experiencia en el Monte Sinaí, cuando se formó la nación. Estas manifestaciones dieron
como resultado el Pacto Mosaico y la Ley. También reflejaban el poder que YHVH tenía
sobre la creación; observa que la imagen de la corte celestial se coloca sobre la creación –
es decir, "sobre las aguas", no en el orden natural –como hacías los vecinos de Israel. Dios
usa los eventos de la naturaleza para sus propios fines. Estos son razones para bendecir a
Dios a lo largo de la vida.

5 Pusiste la tierra sobre sus bases, por siempre jamás es inamovible. 6 La cubres
con el manto de los océanos, las aguas se han detenido en las montañas. 7 Ante
tu amenaza emprenden la fuga, se precipitan a la voz de tu trueno; 8 suben los
montes, bajan por los valles hasta el lugar que tú les señalaste; 9 pusiste un límite
que no franquearán, para que no vuelvan a cubrir la tierra. 10 Haces brotar
vertientes en las quebradas, que corren por en medio de los montes, 11 calman la
sed de todos los animales; allí extinguen su sed los burros salvajes. 12 Aves del
cielo moran cerca de ellas, entremedio del follaje alzan sus trinos. 13 De lo alto de
tus moradas riegas los montes, sacias la tierra del fruto de tus obras; 14 haces
brotar el pasto para el ganado y las plantas que el hombre ha de cultivar, para
que de la tierra saque el pan 15 y el vino que alegra el corazón del hombre. El
aceite le dará brillo a su rostro y el pan fortificará su corazón. 16 Los árboles del
Señor están colmados, los cedros del Líbano que plantó. 17 Allí hacen sus nidos los
pajaritos, en su copa tiene su casa la cigüeña; 18 para las cabras son los altos
montes, las rocas son escondrijo de los conejos. BLA

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PENTECOSTES

104:5-18 presenta la noción del poder creativo de un habitante del desierto. ¿Cómo supo el
autor Israelita que YHWH era Dios? Controlaba el agua. Después de "fijar la tierra hasta sus
cimientos," Dios separó y canalizó el agua con el pronunciamiento de su Palabra –el divino
"rugido" y el "trueno" en 104:7; compara estos versos con Génesis 1:1-10, cuando separó
las aguas con su soplo –traducido como "poderoso viento" en algunos textos. En la montaña
o abajo en la quebrada, en el lago o río abajo, en la Bahía o en los mares, el agua no se
movería sin la aprobación de Dios. YHWH controla el agua para beneficio de su creación.
Los animales son refrescados, la humanidad goza de los frutos del flujo del agua. El control
de Dios del agua demostró que tenía un lugar para cada criatura en la naturaleza.

19 Pusiste la luna para el calendario y el sol que sabe a qué hora ha de ponerse.
20 Tú traes las tinieblas y es de noche, en que rondan todas las fieras de la selva;
21 rugen los leoncitos por su presa reclamando a Dios su alimento. 22 Cuando el
sol aparece se retiran y vuelven a acostarse en sus guaridas; 23 el hombre
entonces sale a su trabajo, a su labor, hasta que entre la noche. BLA

104, 19-23. Para los Israelitas, Dios también controlaba la luz y la oscuridad. Dios
controlaba el ritmo del día y de la noche, sea en los ciclos celestes de la Luna y el Sol, o en
los patrones del despertar y el dormir del reino animal.

24 ¡Señor, qué numerosas son tus obras! Todas las has hecho con sabiduría, de
tus criaturas la tierra está repleta! 25 Mira el gran mar, vasto en todo sentido, allí
bullen en número incontable pequeños y grandes animales; 26 por allí circulan
los navíos y Leviatán que hiciste para entretenerte. 27 Todas esas criaturas de ti
esperan que les des a su tiempo el alimento; 28 apenas se lo das, ellos lo toman,
abres tu mano, y sacian su apetito. 29 Si escondes tu cara, quedan anonadados,
recoges su espíritu, expiran y retornan a su polvo. 30 Si envías tu espíritu, son
creados y así renuevas la faz de la tierra. 31 ¡Que la gloria del Señor dure por
siempre y en sus obras el Señor se regocije! 32 él, que mira a la tierra y ésta
tiembla, y si toca a los montes, echan humo. 33 Al Señor quiero cantar toda mi
vida, salmodiar para mi Dios mientras yo exista. 34 Ojalá que le agrade mi
poema, yo, como sea, me alegro en el Señor. 35 ¡Desaparezcan de la tierra los
pecadores y que no existan más los malvados! ¡Alma mía, bendice al Señor! BLA

104, 24-26. En fin, Dios iba a ser alabado por el orden de la creación. El autor se maravilla
en la plenitud de la creación; todas las cosas tenían un lugar para vivir y moverse.

104, 27-30. Con Dios, hay bendición y vida; sin Dios, no sólo hay algo que falta, sino que
hay un vacío.

104:30 estrechamente hacen paralelo con Génesis 1:1-10. Dios enviaría a su Espíritu sobre
la tierra y lo renovaría; a la vista de los cristianos, este verso hace el Salmo perfecto para la

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celebración de Pentecostés, cuando Dios envió su Espíritu sobre los Apóstoles y comenzaron
la creación de un nuevo pueblo, la Iglesia.

El poder de Dios es impresionante. Como personas viviendo en tiempos modernos, quizás


no estemos abrumados con la noción de que Dios es Dios porque él controla el flujo del
agua o los ciclos de luz y oscuridad; sin embargo, nosotros podemos maravillarnos del
poder de Dios en los miles de millones de galaxias que él creó. Como los Israelitas,
podríamos pensarnos o vernos pequeños en comparación con la presencia y el poder de la
naturaleza que Dios creó. Y, como los israelitas, considerar que nuestro Dios es un creador
benevolente. El da orden a todas las cosas para su gloria y nuestro bienestar. Estamos para
alabar a Dios por su poder y amor.

Toma tiempo esta semana para considerar tu puesto en la creación de Dios. ¿Cómo te ha
bendecido Dios con las plantas y animales que te rodean? ¿Cómo Dios te da esperanzas en
el flujo de los días y las noches, o en el ciclo de las estaciones?

Segunda Lectura: 1 Corintios 12:3-7. 12-13

Unidad en la Diversidad: un solo Espíritu, un solo Señor, un solo Dios.

Un solo Espíritu...un solo Señor...un solo Dios. Dios es la fuente de todos los dones y el modelo de todo lo
que vive y existe, pues es en él, en primer lugar, donde se concilia la diversidad y la unidad.

Unidad en la diversidad. Piensa en la cultura multicultural que ahora vivimos. No sólo nos mezclamos
racial y étnicamente, también tenemos muchas expresiones de tradición e idioma. En el pasado, tales
diferencias se habrían mantenido separadas en el gueto por dos generaciones hasta que hubiese
asimilación cultural. Pero, con los muchos y variados medios de comunicación, nuestras diferencias son
mucho más evidentes, incluso amenazantes.

3 Ahora les digo que ninguno puede gritar: «¡Maldito sea Jesús!» si el espíritu es
de Dios; y nadie puede decir: «¡Jesús es el Señor!», sino con un espíritu santo. 4
Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. 5 Hay diversos
ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Hay diversidad de obras, pero es el
mismo Dios quien obra todo en todos. 7 La manifestación del Espíritu que a cada
uno se le da es para provecho común.

12 Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean
las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo. 13 Hemos sido
bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos
judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu. BLA

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El Espíritu Santo revela su presencia en la Iglesia de Corinto mediante los dones espirituales que
comunica a los creyentes. Todos se maravillan cuando alguien, poseído por el Espíritu, se pone a alabar
a Dios con palabras que nadie entiende. Pero más todavía sienten la presencia de Dios cuando un
profeta revela a alguno de ellos lo que pasa en su interior, o cuando comunica un mensaje particular de
Dios para tal o cual, o para la comunidad.

Pablo interviene de dos maneras: primero para poner orden. En la exaltación frenética de sus fiestas, los
paganos perdían el dominio de sí mismos; en cambio el Espíritu Santo nos hace más responsables.
Cuando un exaltado llegaba a decir cosas insensatas o hirientes, era prueba de que no estaba inspirado.

Pablo muestra diferentes aspectos de los dones del Espíritu –que a veces los denomina carismas.
Son dones; esto es evidente si se trata de hacer milagros. Pero también son ministerios, o sea, servicios,
como es el caso para la dirección de la comunidad. Por último son obras de Dios.

La imagen de la Iglesia hasta ahora desactualiza nuestra cultura, pero las tensiones que
enfrentamos eran reales para los de Corintios. Había diferencias de clase y étnicas en la
Comunidad; pero, además, habían muchos comportamientos diferentes que manifestaban "dones
espirituales". Pero, a diferencia de algunos comentaristas modernos que buscan fomentar las
diferencias sobre la unidad o suprimir las diferencias en aras de la unidad, Pablo alentó estos
comportamientos "espirituales" como un signo de la presencia de Dios. Profecía, expresiones de
sabiduría, hablar en lenguas, la enseñanza, todos eran diferentes dones del espíritu para el bien de
la Comunidad. Observa que Pablo señaló a cada uno en la comunidad como personas con Dones
espirituales. Él implicaba que el uso de tales dones debía ejercerse, no suprimirse; al mismo
tiempo, se refirió a la razón por la que recibieron los Dones: el bien de los demás. Los Dones no
debían ser un signo de auto-glorificación, no, eran para ¡la gloria de Dios!

El Espíritu da lo que la Iglesia necesita en un lugar y momento determinados. Y por eso, basándonos en
este texto, entendemos cuáles eran los anhelos —diferentes a los nuestros— de la Iglesia de ese tiempo.
Ahora el Espíritu recuerda a la Iglesia su misión en el mundo. Los mejores entre los creyentes poseen
dones espirituales que, sin producir aparentemente milagros, se manifiestan a través de una vida
fecunda y ejemplar. Pero en los primeros tiempos, al igual que en tierras de misión, los nuevos
convertidos descubrían primero las maravillas que Dios realizaba en medio de ellos.

Si Pablo dijera que estos ministerios provienen únicamente de Cristo, se podría pensar que todo en la
Iglesia pasa por los que dirigen en nombre de Cristo y que han sido considerados a veces como sus
«vicarios». Pero esos dones y esos ministerios son asimismo obra del Espíritu. El Espíritu sopla donde
quiere; multiplica sus dones y sus inspiraciones entre los simples fieles y renueva a la Iglesia sin tomar
demasiado en cuenta las opiniones y los proyectos de la jerarquía. La misión de los ministros –obispos,
sacerdotes o laicos, no es tanto de dirigir cuanto de discernir la acción del Espíritu en las personas y en la
comunidad.

Al igual que los corintios, todos tenemos dones para ofrecer para el bien común y la alabanza de
Dios. La manera cómo los utilizamos, sin embargo, determina su eficacia, y nuestra intención.
¿Nuestros dones unen o dividen? ¿Demuestran que somos uno en el cuerpo de Cristo? ¿O bien,

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que revelan las divisiones que rompen el rostro de la Iglesia? El espíritu nos dio sus dones,
usémoslos sabiamente.

¿Qué dones aportas a la Iglesia? ¿Cómo puedes ayudar a construir la comunidad? ¿Cómo
pueden tus dones y servicio dar alabanza a Dios?

EVANGELIO: Juan 20:19-23

El Espíritu Santo, la fuerza del Perdón

El Espíritu Santo que se encuentra en el Cristianismo nos refleja la naturaleza dual de la fuerza
impersonal. ¿Por qué? El Espíritu Santo nos trae amor y esperanza. El amor y la esperanza no
tienen un lado oscuro. Y, tanto el amor como la esperanza comienzan con el perdón.

El Espíritu Santo al que le rendimos culto, el Espíritu Santo que poseemos, es el Espíritu del
perdón divino.

Al igual que muchas otras narraciones de la resurrección, Juan divide este pasaje en dos bloques:
la aparición del Señor resucitado y la Comisión de los discípulos. Para Juan, el soplo del espíritu
fue la señal y la sustancia de la Comisión.

19 Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos
por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso
de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» 20 Dicho esto, les
mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
BLA

Los discípulos se dieron a la fuga la noche del arresto, pero eso no significa que se hubieran
dispersado. Reaccionaron y se reunieron; es posible que la familia de Jesús, obligada a respetar
los ritos funerarios, haya desempeñado en ese momento un rol importante. Las puertas cerradas
no quiere decir que estuviesen asustados sino que se habían tomado precauciones.

20, 19. La escena en el Evangelio abre con el miedo y el temor por parte de los discípulos de
Jesús. Juan escribió originalmente "por miedo a los judíos…" Claramente, Juan se refirió a los
líderes judíos, especialmente a los fariseos.

También hay que señalar la relación entre la comunidad de Juan y las sinagogas judías lideradas
por los fariseos. En ese tiempo que Juan escribió su Evangelio, los cristianos judíos habían sido
excomulgados por su creencia en el Mesías. Condenados al ostracismo y socialmente
perseguidos, algunos cristianos reaccionaron temerosos, mientras que otros audazmente
proclamaron el Evangelio. Los primeros cristianos necesitaban una sensación de paz divina

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como sentido de estabilidad. A través de las palabras de Jesús, la "Paz" fue la oración de Juan
por sus lectores.

Con la presencia de Jesús, el miedo se convirtió en gran alegría. La ansiedad se convirtió en


socorro. La desesperación se convirtió en reivindicación. Más importante aún, una falta de
dirección espiritual se convirtió en una sensación de profunda base espiritual. La presencia
divina se situó cerca de ellos, y con la presencia divina llegó la paz divina.

21 Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a
mí, así los envío yo también.» 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban
el Espíritu Santo: 23 a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a
quienes se los retengan, les serán retenidos.» BLA

Jesús les dice: “La paz esté con ustedes”, y eso es inmediato. Jesús dice: “Reciban el Espíritu”, y
lo reciben.

Así como en la primera creación el aliento de Dios infundió la vida al Adán, así también el soplo
de Jesús comunica la vida a la nueva creación espiritual. Cristo, que murió para quitar el pecado
del mundo, ya resucitado deja a los suyos el poder de perdonar. Así se realiza la esperanza del
pueblo de la Biblia. Dios lo había educado de tal modo que sintiera la presencia universal del
pecado.

Alguno podría extrañarse de la prioridad reconocida al perdón de los pecados. El amor no puede
nacer sin que muy pronto se experimente la presencia del pecado verdadero que por lo menos
echa sombras sobre él. Y se necesitará el perdón para que todo reflorezca.

La frase teológica clave es que los pecados han sido perdonados, indica que el pecado ha sido
perdonado desde antes del pronunciamiento de la Iglesia.

Por un lado, Jesús ya sufrió por ese pecado particular y por todos los pecados del mundo. Por lo
tanto, la declaración sería una proclamación de la Buena Nueva. Esta proclamación hace
hincapié en la actual forma de Sacramento de la Reconciliación. En el Sacramento, estamos para
celebrar el perdón de Dios, no nuestro pecado.

Por otro lado, la implicación de "pre-perdón" podría conducir a la presunción por parte del
pecador de un sentido de la predestinación bendita. Obviamente el primer sentido se entiende, no
este último. Dios hace a toda persona responsable de sus acciones, tanto del pecado y de la fe.

Primero, Jesús encargó a sus seguidores a participar en su Ministerio mesiánico. En el tiempo de


Jesús, los judíos creían que la misión del Mesías al final de los tiempos era universal. Mantenían
que el Mesías se iría fuera de Jerusalén, hacia el mundo conocido, a difundir la Buena Nueva de
la salvación y a incitar a una peregrinación masiva a Palestina. Mientras él reunía en casa a todos
los judíos que estaban extendidos en todo el mundo, él llamaría a todos los pueblos a Jerusalén

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para que, también, pudieran adorar al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. En Jerusalén, el
Mesías juzgaría esta muchedumbre masiva en un juicio final, el día de Yahveh.

La resurrección marcó el punto de partida para este proceso. Desde Jerusalén, Jesús enviaba a
sus discípulos como misioneros en el mundo conocido. Podrían testimoniar a Cristo resucitado
como la Buena Nueva de la salvación, y la buena nueva comenzaría el viaje a casa para los
judíos y los gentiles.

¿Qué sucedió en la peregrinación a Jerusalén? Hubo dos respuestas posibles. En primer lugar, los
romanos destruyeron a Jerusalén en respuesta a la revuelta judía en el año 66. Tanto la ciudad y
la madre Iglesia cristiana se tornó en escombros. La Iglesia de Jerusalén ya no podría comisionar
a misioneros.

En segundo lugar, los cristianos espiritualizaron la peregrinación. La vuelta a casa siempre


incluye el tema del arrepentimiento; el pecador que andaba lejos del lugar de la morada de Dios
daba la vuelta y viajaba de regreso. Para el Cristiano, una Jerusalén celestial se convirtió en una
morada para Dios. El pecador podía encontrar el reflejo terrenal de Jerusalén en la comunidad
local de la Iglesia. Por lo tanto, la conversión y el arrepentimiento estaban cerca de la casa.

Por lo tanto, los discípulos vieron su vocación en el plan de salvación de Dios. El Padre envió al
Hijo al mundo para llevar a todo el mundo hacia el Padre. Jesús implicaría a sus discípulos en
ese mismo trabajo. Desde que fueron testigos de Jesús resucitado, serían testimonio para otros.
Pero Jesús les dio más que ser un testigo. Él les dio el Espíritu Santo. El soplo y la orden para
"recibir el Espíritu Santo" deben verse como dos partes de la misma acción. "Ellos", los
discípulos, fueron objeto del "soplo de Jesús sobre ellos" y el objeto indirecto de lo que Jesús
dijo. Mientras Jesús soplaba el Espíritu Santo, infiere el texto, sus discípulos tomaban –
respiraban - ese aliento, tal como Jesús mandaba.

Ya hemos hablado de la conexión entre el respirar y el Espíritu en estudios anteriores. La palabra


para "Espíritu", tanto en griego –"pneuma" y en hebreo –"ruah", es la misma para respirar o
viento. Los pueblos antiguos creían que cualquier momento de aire era el resultado de la energía.
Respirar era el resultado de un poder interior, la fuerza de la vida o espíritu. Los fuertes vientos
que causaban la muerte y la destrucción eran el resultado del poder interior de Dios juzgando el
pecado. El respirar de la vida interior y los vientos violentos, creían los judíos, provenían de una
misma fuente, Dios. Así, el espíritu de Dios es una potencia que da vida y quita la vida.

Una vez que los discípulos respiraron el espíritu de Dios, compartieron el poder de juzgar del
Mesías con el poder de declarar el perdón de los pecados.

Juan 20:23 se refiere a la predicación de la buena nueva por parte de los discípulos. Los
misioneros como los Apóstoles y Pablo, proclamaban una reconciliación de los pecadores con el
padre por medio de Cristo; cuando los pecadores se arrepentían y se convertían al cristianismo,
eran limpiados en las aguas del bautismo. En el contexto de este verso, el proceso de
reconciliación comenzaba con la proclamación de la Buena Nueva –anunciar el perdón de
pecados, y continuaba con el bautismo –los pecados son perdonados.

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PENTECOSTES

Observa que el perdón comenzó en el pasado, sigue en el presente y continúa en el futuro


indefinido. En otras palabras, una vez perdonados, siempre perdonados. Pero, ¿comienza el
perdón con la declaración del predicador? No. El perdón de todo pecado comenzó con Cristo en
la Cruz. Los Apóstoles y sus sucesores proclamaron un perdón que fluye desde la muerte y
resurrección de Cristo; el pecador participa en ese perdón en el punto de arrepentimiento, de
entregar la vida a Dios.

Nota adicional: los católicos hacemos referencia a Juan 20:23, como base para el Sacramento de
la Penitencia –también conocido como Reconciliación o Confesión. En una Iglesia que es el
conjunto de los pecadores, esta percepción tiene perfecto sentido. Cristo llama continuamente a
la Iglesia para la conversión que nunca acaba, al igual que la vida cristiana es un constante
caminar de regreso a Dios. El Sacramento es una celebración del perdón de Dios en el que el
sacerdote representa a Dios y la Iglesia para el penitente. El sacerdote proclama la Buena Nueva
de la misericordia divina para el penitente, aconseja a él o ella espiritualmente y declara al
penitente perdonado. En respuesta, el penitente realiza un acto de justicia que simboliza una
apertura de su corazón a Dios y al prójimo –una acción llamada "penitencia". De esta manera, el
Sacramento recoge el Bautismo –que es el contexto original para este verso y, por lo tanto,
deriva su poder del Bautismo. El Sacramento de la penitencia, entonces, continúa el proceso de
arrepentimiento que el Bautismo pone en su lugar.

FRATER MIGUEL BONILLA www.icdcr.org 1faith1lord@icdcr.org 11