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Unidad 4: Delitos contra las personas (continuación)

Delitos de peligro contra la vida e integridad personal.

4.1. Abuso de armas Bien jurídico protegido. Sistematización.


Art. 104. Será reprimido con uno a tres años de prisión, el que dispare un arma de fuego contra
una persona sin herirla. Esta pena se aplicará aunque se causare herida a que corresponda pena
menor, siempre que el hecho no importe un delito más grave. Será reprimida con prisión de quince
días a seis meses, la agresión con toda arma, aunque no se causare herida.

El artículo abarca dos figuras distintas, por un lado, el “disparo de arma de fuego”, por otro,
“la agresión con arma”.

4.1.1. Disparo de arma de fuego. Estructura del delito. Subsidiariedad.


Agravante, atenuantes, (Ley 24.193 y ley 23.592).
Conducta: disparar un arma de fuego contra una persona sin herirla, o que le cause herida
a la que corresponda pena menor, siempre que el hecho no importe un delito más grave. El bien
jurídico que se intenta proteger en este caso es el peligro “real” (no abstracto) que implica para la
seguridad de las personas el desplegar estas conductas. “Arma de fuego” es un tipo de arma que
dispara proyectiles en virtud de un mecanismo de explosión. Existen otros tipos de armas que
disparan elementos pero que no responden a este mecanismo (Ej. lanzallamas, aire comprimido,
ballesta, arco y flecha, otros.). La intención del sujeto activo, del autor, es dirigir el proyectil en
dirección de una o varias personas creando un peligro real y concreto para ellas. La figura
requiere dolo directo o eventual, y admite tentativa.

Subsidiariedad: a) objetiva. El disparo puede ser absorbido por la propia victima (Ej. en caso de
lesiones graves o gravísimas). También puede ser absorbido por otro delito que lo contenga como
por ejemplo un disparo que es abarcado por un hecho de robo con uso de arma de fuego. b)
subjetiva. Es la intención del autor la que desplaza la figura (Ej. tentativa de homicidio). No
obstante, la intención de matar no se desprende sólo del disparo, sino de circunstancias, objetivas
–que rodean el hecho- y subjetivas –que rodean al autor-.

Veamos cómo es utilizada la figura prevista en el art. 104 del CP en un caso concreto
(“disparo un arma de fuego contra una persona sin herirla”). A tales fines se extrae parte de la
sentencia nro. 41, del 12 de octubre de 2005, dictada autos caratulados: "GAUNA CLAUDIO
ALEJANDRO p.s.a. de HOMICIDIO SIMPLE EN GRADO DE TENTATIVA" (Expte. Letra "G", N°
05/05), por la Sala Unipersonal N° 2 de la Excma. Cámara de competencia múltiple de la Novena
Circunscripción Judicial con asiento en la ciudad de Deán Funes. En esta sentencia (cuyo texto
completo se incorpora en carpeta de “Fallos y dictámenes Unidad 4”), se delimita el elemento
subjetivo de la figura, contraponiéndolo al que requiere la figura de homicidio (en grado de
tentativa).

Hechos y calificación legal:


“Mérito de la Causa: (existencia del hecho y autoría): El examen de los elementos de
prueba precedentemente enunciados me permite adelantar que el hecho tuvo existencia histórica
y que el acusado fue su autor, con la salvedad que no medió intención homicida, ni que las

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pequeñas lesiones que presentó la victima hayan sido consecuencia de los disparos de arma de
fuego. En efecto, la plena acreditación del hecho y la participación del imputado Gauna no ofrecen
mayores dificultades probatorias, toda vez que contamos con los firmes dichos de los jóvenes
agredidos, Erika Aliendo y José Santi quienes brindaron un pormenorizado relato del suceso cuya
autoría adjudican a Gauna. Bien se puede inferir de estos dos testimonios que el imputado, ex
novio de la joven Aliendo, movido por el rencor y despecho en razón de que ésta había entablado
nuevas relaciones sentimentales con Santi, y en ocasión en que ambos se encontraban sentados
en la puerta de la vivienda de la novia se acercó hasta una distancia entre los dos y tres metros y
extrajo un revólver calibre 38 con el que efectúo primero dos disparos de arriba hacia abajo que
pasaron a escasa distancia de los jóvenes, sin dar en el blanco, incrustándose en la pared de la
vivienda, a la altura del zócalo, según muestras las fotografías de fs. 68, 70 y 71 para luego
efectuar dos disparos más hacia la casa en donde se había refugiado Erika, los que también
terminaron uno en la pared a la altura de la chapa que individualizaba el número de la casa (ver fs.
73) y el otro en el marco de la puerta de entrada (ver fotografías de fs. 74/75), para finalmente un
quinto disparo dirigirlo hacia el joven Santi cuando escapaba del lugar intentando ponerse a
resguardo (Ver fotografía de fs.77). Cuadra destacar por cuanto se trata de una cuestión fáctica
que la finalidad de matar que le atribuye el documento acusatorio se desvanece al examinar las
circunstancias objetivas que rodearon la balacera. La corta distancia hacia las víctimas en que se
colocó el agresor, entre dos y tres metros, para efectuar los dos primeros disparos, plantea el
siguiente interrogante: ¿Porque razón no dio en el blanco?, si efectivamente el tirador se ubicó en
la posición que da cuenta la fotografía de fs. 69, vale decir, bien parado, frente a la víctimas, las
que conformaban un blanco fijo. La respuesta al interrogante planteado, conduce a mi modo de
ver ha sostener la falta de intención de matar en la actividad final del acusado. Abonan esta tesis,
las declaraciones de los testigos Luis Alfredo Gariglio, policía, quién confeccionó el Acta de
Inspección Ocular de fs. 3 y el Croquis de fs. 4, y de su colega Carlos Andrés Soria, especialista
de la sección Huellas y Rastros, quién tomó las fotografías agregadas a la causa e incorporadas al
debate, los que fueron contestes en afirmar que por las comprobaciones efectuadas en el lugar
del hecho (ubicación del tirador respecto a las victimas, y huellas dejadas por los disparos),
resultaba evidente que no quiso dar en el blanco, ya que era más difícil errar que acertar. En igual
sentido declaró el joven Santi. Finalmente resta considerar si las pequeñas lesiones que presentó
la víctima Erika Marisel Aliendo (de piel en hombre izquierdo y tercio antero superior de brazo
izquierdo) según el certificado médico obrante a fs. 9 puede atribuirse a uno de los disparos de
arma de fuego efectuado por Gauna como lo sostiene la acusación. La prueba aportada para
resolver esta circunstancia fáctica resulta de una insuficiencia patente, deficiencia probatoria que
me impide compartir la postura del señor Fiscal de Cámara. Ni del certificado enunciado, ni del
testimonio del médico que lo emitió, Pablo Semeniuk, se puede inferir que dichas lesiones sean
compatibles con las producidas por el proyectil disparado por un arma de fuego, en este caso de
un revolver de grueso calibre (38), cuya aptitud para su uso especifico no se ha sido puesta en
tela de juicio por cuanto la pericia balística de fs.86/89 disipa toda duda al respecto. Sin embargo
sobre la naturaleza del elemento empleado para producir la lesión, peligro de vida, inhabilitación
para el trabajo, tiempo de curación otros., circunstancias que de rigor deben investigarse con el
aporte de la medicina legal, nada se ha dicho en la causa, por el contrario el Dr. Semeniuk se
limitó a consignar sólo la presencia de una "herida de piel en hombro izquierdo" y en brazo del
mismo lado, refiriendo al tiempo de prestar declaración que dado el tiempo transcurrido no podía
afirmar si era de arma de fuego (ver fs. 90), que se trataba de una herida superficial, sin
trascendencia (ver fs. 253 vta.). Como corolario de todo lo expuesto tengo por acreditado el
siguiente HECHO: En la medianoche del diez de enero de dos mil cinco, el prevenido Claudio
Alejandro Gauna munido de un revólver calibre 38, marca "Taurus", cargado con seis proyectiles
aptos para su uso especifico que ocultaba entre su ropa, se apersonó hasta el frente de la
vivienda sita en calle Hipólito Irigoyen N° 692 de la localidad de San José de la Dormida (Depto.
Tulumba, Pcia. de Córdoba), en donde se encontraba su ex novia Erika Aliendo sentada en la

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verja junto a su actual novio José Augusto Santi. Movido por el rencor y el despecho hacia la
nueva pareja y tras acercarse hasta el cordón de la vereda ubicándose de frente a los nombrados
a una distancia aproximada entre dos y tres metros, extrajo el arma que portaba y apuntando
hacia los jóvenes efectúo dos disparos de arriba hacia abajo que pasaron a escasa distancia, sin
dar en el blanco, incrustándose en la pared de la vivienda, a la altura del zócalo, para luego
efectuar dos disparos más hacia la casa en donde se había refugiado Erika, los que también
terminaron uno en la pared a la altura de la chapa que individualizada el número de la casa y el
otro en el marco de la puerta de entrada para finalmente un quinto disparo dirigirlo hacia el joven
Santi cuando escapaba del lugar intentando ponerse a resguardo sin herirlo. Vale decir que el
hecho acreditado resulta sustancialmente coincidente con el contenido en la pieza acusatoria
originaria, con exclusión de la intención homicida allí contenida y de las lesiones leves que
presentaba la joven Aliendo, que no pueden atribuirse con certeza al accionar del acusado. En
consecuencia dejo así fijado el suceso acreditado (CPP art. 408 ic. 3) y contestada la primera
cuestión planteada. A LA SEGUNDA CUESTION PLANTEADA DOY LA SIGUIENTE
RESPUESTA: Conforme a las circunstancias fácticas fijadas al resolver la cuestión precedente, la
intención homicida por parte del imputado ha sido descartada. Para mayor fundamento acerca de
la condición subjetiva de la tentativa de homicidio, me remito a mi voto en la causa "Camaño"
(Sent. N° 3 del 22/12/92) y en igual sentido a la causa "Barrera" (Sent. Crim. N° 6 del 21/03/02,
Sala Unipersonal N° 1) ambos de este tribunal, pronunciamientos en donde se adhiere a la
doctrina que sólo admite dolo directo en la tentativa (Núñez y Fontan Balestra). Sin embargo no
puedo desconocer que hoy, parte de importante doctrina considera que el dolo de la tentativa no
se diferencia del dolo del delito consumado, vale decir que si para la consumación es suficiente
con el dolo eventual, también será suficiente para la tentativa (Conf. Bacigalupo, Lineamientos de
la Teoría del Delito, 3er. Ed. Hammurabi, pags.154/155). Desde este último punto de vista, en el
sub judice no podemos afirmar que el acusado Gauna se haya representado como posible o
probable la realización del tipo de homicidio, precisamente por todas aquellas circunstancias que
rodearon el iter criminis. En efecto, si pese al alto poder de fuego del arma empleada; a la escasa
distancia en que efectúo los disparos y a la trayectoria de los mismos, no dio en el blanco, resulta
evidente que no medio propósito homicida, máxime cuando ningún obstáculo ajeno a su voluntad
le impedía su consumación. Como corolario de todo lo expuesto la conducta del encartado Gauna
configura el delito de Abuso de Armas reiterado (dos hechos) en los términos del art. 104 primer
párrafo del C.P. que reprime al que disparare un arma de fuego contra una persona sin herirla.
Que en la emergencia ha mediado concurso real (C.P. art. 55) por cuanto primero dirige su arma y
dispara en contra de la pareja de novios, lo cual configura un hecho, y luego al huir del lugar el
joven Santi, le apunta y efectúa el último disparo, por ello es que se configuran dos hechos
independientes, que se concursan materialmente. Dejo así respondida la segunda cuestión
planteada…”.

4.1.2 Agresión simple con toda arma. Estructura del delito. Agravante
y atenuantes.
Art. 104… Será reprimida con prisión de quince días a seis meses, la agresión con toda arma,
aunque no se causare herida.
Art. 105. Si concurriera alguna de las circunstancias previstas en los artículos 80 y 81 inciso 1,
letra a), la pena se aumentará o disminuirá en un tercio respectivamente.

En este caso se castiga toda agresión con arma, aunque no se cause herida. Al igual que
la figura anterior, se trata de un delito formal y de peligro, que se consuma con la agresión misma,
y que se excluye por resultado que cause lesión o su tentativa. Para Núñez requiere dolo directo,

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y es incompatible con culpa o dolo eventual. Armas son tanto las propias como las impropias. Son
“propias” los instrumentos destinados para el ataque o la defensa. Son “impropias” los
instrumentos susceptibles de aumentar el poder ofensivo por el uso que se le de (básicamente,
cualquier elemento). Se requiere que el elemento posea alguna capacidad ofensiva.
El tratamiento de las agravantes y atenuantes deben ser estudiados del Manual.

4.2. Abandono de personas. Bien jurídico Protegido. Sistematización.


Art. 106. El que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de
desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que debe
mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será reprimido con prisión de dos
a seis años. La pena será de reclusión o prisión de tres a diez años, si a consecuencia del
abandono resultare grave daño en el cuerpo o en la salud de la víctima. Si ocurriere la muerte, la
pena será de cinco a quince años de reclusión o prisión.

Art. 107. El máximum y el mínimum de las penas establecidas en el artículo precedente, serán
aumentados en un tercio cuando el delito fuera cometido por los padres contra sus hijos y por
éstos contra aquéllos, o por le cónyuge.

Este capítulo refiere a figuras en donde la acción resulta creadora de un peligro para la
integridad física de las personas.

4.2.1 Colocación en situación de desamparo. Estructura del delito.


La conducta típica es “poner en peligro la vida o la salud de otro”. Luego enumera una
serie de modalidades (…sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la
que debe mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado…). El desamparo
requiere dolo (admite dolo eventual), es decir, conciencia y voluntad de abandonar. Es un delito de
peligro concreto, y admite tentativa.

4.2.2 Abandono a su suerte. Estructura del tipo penal. Agravantes de


ambos tipos.

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Exposición a peligro por abandono de una
persona a su suerte

Abandono a su suerte a una persona incapaz de


valerse a la que el autor debe mantener o cuidar

Abandono a su suerte a una persona incapacitada


por el propio autor

Sujeto activo y pasivo sólo pueden ser personas vinculadas por un deber jurídico derivado
de la ley (deber de los padres del menor con respecto a sus hijos), de una convención (por
ejemplo el guía de montaña), de una conducta precedente (autor que genera un peligro que luego
debe neutralizar). El sujeto pasivo –cualquiera de los mencionados- es incapaz de valerse, no
puede gestionarse o proveerse su manutención o cuidado. El abandono se logra tomando
distancia de la víctima, o manteniéndola, pero sin prestar ayuda o sin desarrollar la conducta que
el sujeto activo debería desplegar. No se configura el hecho si el sujeto pasivo puede valerse por
sí mismo, o si terceros pueden auxiliarlo o ayudarlo (su vida no corrió peligro).
Se incurre en el segundo supuesto “abandono a su suerte a una persona incapacitada por el
propio autor”, cuando el sujeto activo, después de haberlo incapacitado, se desentiende de una
manera tal que, con arreglo a la incapacidad sufrida y las circunstancias del caso, crea un peligro
para la vida o salud de la víctima.
Se requiere dolo, admite el eventual, y la tentativa. El tratamiento de las agravantes y atenuantes
deben ser estudiados del Manual.

4.3. Omisión de auxilio.

4.3.1. Concepto.
Art. 108. Será reprimido con multa de $ 750 a $ 12.500, el que encontrando perdido o
desamparado a un menor de diez años o a una persona herida o inválida o amenazada de un
peligro cualquiera, omitiere prestarle el auxilio necesario, cuando pudiere hacerlo sin riesgo
personal o no diere aviso inmediatamente a la autoridad.

4.3.2. Estructura del tipo penal.


Es un delito de pura omisión, formal y doloso, no admite tentativa, y se consuma con la
omisión. No se agrava por los resultados dañosos que pueda sufrir la víctima. El dolo requiere
conocer la situación de peligro, y no prestar el auxilio o dar el aviso a la autoridad conforme se
expone en el artículo.

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La razón de la existencia de la figura está dada por el deber de solidaridad social, de ayuda
y asistencia mutua que nos debemos por ser miembros de la sociedad. Sujeto activo puede ser
cualquier persona, y pasivo los enumerados en el artículo. El autor omite prestar auxilio, pudiendo
hacerlo, y dar aviso inmediato a las autoridades. El autor no delinque si al auxiliar concurre para él
un “riesgo personal”. Ahora bien, para ese caso la ley prevé la obligación de “dar aviso inmediato
a la autoridad”.
El delito se consuma con la omisión, y no se requiere un resultado distinto a la misma
situación de peligro. Se tiene por consumado aunque la víctima haya sido socorrida por un
tercero.
Veamos cómo es utilizada las figuras previstas en los arts. 106 y 108 del CP en distintos
supuestos extraídos de fallos dictados por la Cámara Nacional en lo Criminal y Correccional
Federal.
Hechos y calificación legal:
1) “,,, Dos son las imputaciones que se han formulado. Una relacionada con una presunta mala
praxis en la que habrían incurrido los médicos que atendieron a la víctima en la clínica y otra
referida al abandono de persona que se atribuye al chofer y camillero. Si bien han sido
motivo de análisis esas dos situaciones de hecho, descartándose su posible concurrencia en el
caso, en lo que respecta a la primera (mala praxis) el juez de grado no ha individualizado de un
modo concreto sobre qué personas recaía esa imputación, sino que sólo realizó en los
considerandos manifestaciones genéricas en tal sentido. Y esa deficiencia se torna más
evidente en la parte resolutiva, donde únicamente dispuso el sobreseimiento del chofer y
camillero, quienes resultan ajenos a todo lo concerniente a la atención de la victima en la
clínica, en tanto sólo se les atribuyó el delito de abandono de personas (art. 106, CP). Así, nos
encontramos ante un vicio de entidad que trae aparejado la nulidad de la resolución
cuestionada, toda vez que la individualización de la persona sobre la que recae el reproche
penal es un requisito indispensable para el dictado de un auto de sobreseimiento, conforme la
regulación que sobre ese acto procesal prevé el CPPN. (art 334 y sgts.). "La indicación del
imputado a quien beneficia [el sobreseimiento] deviene indispensable. El efecto de la
forma anticipada de concluir el proceso penal no se extiende 'erga omnes'. La nueva
persecución (art. 1°, última oración) sólo se impide respecto de aquel que resultó amparado
por el sobreseimiento". Conforme básicos principios constitucionales, la imputación es individual
y dirigida a personas concretas, extremo que al no haberse cumplido implicó una vulneración a
los derechos de esos Sujetos. Sin esa precisa determinación de la identidad de las personas
sobre las que recaía la imputación por mala praxis, se las ha privado de la posibilidad de
ejercer su derecho de defensa (art. 18, CN), ya sea en la instancia anterior o ante esta instancia.
En consecuencia, habrá de decretarse la nulidad de la resolución. No obstante la decisión
nulificatoria, por motivos de economía procesal, cabe hacer referencia, al menos en líneas
generales, al sobreseimiento dispuesto respecto del chofer y camillero en orden al delito de
abandono de personas (art. 106, CP). El deber especial que recaía sobre los imputados sólo
estaba constituido por la obligación de trasladar a la víctima desde el sanatorio hasta su
domicilio; es decir, la posición de garantes que tenían respecto de la víctima, cuya fuente era el
contrato que unía a la obra social de aquélla con la empresa propietaria de la ambulancia, sólo
comprendía esa obligación, que cumplieron satisfactoriamente, por lo que debe ser descartada
la figura penal mencionada. Sin embargo, a partir del momento que los imputados arribaron al
domicilio de la víctima su deber para con ella pasó a ser el general de solidaridad de asistir a
otro, que le corresponde a todo ciudadano, y que está previsto en el art. 108 del CP (omisión
de auxilio), hipótesis delictiva que, en principio, no podría ser descartada. Ello por cuanto se
encontraban en presencia de una persona que estaba amenazada por un peligro (en el caso
para su vida), situación que no podían alegar desconocer por carecer de conocimientos
médicos (recuérdese que se trataba de un chofer y un camillero de una ambulancia). Ello, no
sólo por la particular situación de la damnificada, que era una paciente que acababa de ser

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externada de un sanatorio luego de una operación que cualquiera podría catalogar como
compleja en atención a su avanzada edad (73 años), sino porque otras personas (vecinos)
que se encontraban en el lugar, que en modo alguno poseían conocimientos de medicina,
advirtieron rápidamente la gravedad de lo que ocurría. Pese a ello tenemos que, en principio, los
imputados se habrían negado a prestar el auxilio necesario (en el caso trasladar de modo
inmediato a la víctima al hospital más cercano, que, conforme las constancias de autos, se
encontraba a escasas cuadras del lugar), aún cuando ningún riesgo personal (referido
puntualmente a un daño físico considerable) les impedía llevar a cabo esa tarea. Corresponde,
declarar la nulidad de la resolución que dispuso el sobreseimiento de los imputados.
Autos: “ETCHART, Fernando A. y otro - 16/08/07 - c. 31.746”, Sala I.
2) “… El abandono de persona es un delito constituido por una acción creadora de un peligro
para la integridad física y psíquica del sujeto pasivo. Esta conducta converge en la puesta en
peligro de la vida o la salud de una persona incapaz de valerse, a la que el autor deba
mantener o cuidar o a la que el mismo agente haya incapacitado, al colocarla en situación de
desamparo o al abandonarla a su muerte. Si estos peligros no se han corrido concretamente, el
hecho es penalmente impune. La situación de desamparo se presenta cuando el autor rodea a
la víctima de una serie de circunstancias que le dificultan o le impiden obtener los auxilios que
precisa, más, aún cuando ello ocurra, no es igualmente típica la acción cuando el agente no
pone en peligro la integridad física de la persona afectada. El abandono de persona se produce
cuando se la deja privada de los auxilios o cuidado que le son imprescindibles para mantener su
vida o la integridad actual de su salud, porque la persona no puede suministrarse por sí misma
los que le son imprescindibles o se encuentra en una situación en que no pueden prestárselos los
terceros. Si la querellante recrimina al cirujano haberla dejado sin atención personalizada
luego de la intervención por haberse ausentado al exterior y no se ha evidenciado en las
constancias médicas que la nombrada se encontraba en la situación de peligro requerida por el
tipo, pues pudo ser auxiliada por el colega reemplazante y en caso de no resultar de su
confianza, por cualquier otro profesional, ha de homologarse la solución liberatoria
sustentada en el art. 336, inc. 3° del CPPN.
Autos: “FERRIOLS, Alberto - 7/07/06 - c. 28.058”, Sala IV.
3) “… El abandono de personas constituye un delito de omisión impropia cuya configuración
requiere desde lo objetivo, la puesta en peligro de la vida o la salud de una persona incapaz de
valerse, derivada de la colocación en situación de desamparo o del abandono por parte de
quien tiene la obligación de mantenerla o cuidarla y la posibilidad objetiva de evitar el riesgo por
medio de la conducta debida, y desde lo subjetivo, el conocimiento de aquellos extremos,
especialmente, de la situación objetiva de peligro concreto para la vida o la salud. Abandonar
significa colocar al sujeto pasivo en una situación de desamparo material. Ello no ocurre cuando
la víctima, de acuerdo con las circunstancias especiales del caso, pueda recibir asistencia en
forma inmediata o si el amparo puede prestarlo otra persona. Es de los denominados delitos
puros de omisión, es decir que es la inacción la que se convierte en delictiva, el sujeto activo
debe actuar por imperio legal y no lo hace, dejando de prestar los auxilios o cuidados
necesarios. Para que sea punible esta conducta se requiere indefectiblemente la comprobación
que se puso en peligro la vida o la salud del sujeto pasivo o en una situación de desamparo de
la que resulte peligro para la vida o salud, en otras palabras un abandono peligroso y capaz
de repercutir en la vida o en la integridad física de una persona. El abandono de persona
supone la existencia de un dolo en el autor referido al desamparo de la víctima y al peligro
corrido en la situación en concreto, lo que significa que a nivel
intelectual debe incluirse la representación de la posibilidad de que se producirá un peligro
de lesión al bien jurídico protegido. No basta con la comprobación de quehaceres
descuidados o negligentes, que no sobrepasan el límite de la culpa, puesto que el molde
legal en estudio no prevé la forma culposa de comisión. El dolo, directo o eventual, que exige y/o
admite la figura en análisis, no puede presumirse, sino que debe acreditarse mediante

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elementos de juicio probatorios idóneos que hagan surgir sin dudas razonables la existencia
de aquél. Por ello, el dolo específico que impone el tipo, demanda de parte del autor que se
desentienda del incapaz y lo prive de una protección en sentido amplio. Este delito no puede
ser cometido por cualquier persona, sino que pueden perpetrarlo aquellos que tienen un especial
deber de cuidado, quien ocupa una posición de garante, de lo que se desprende que el
sujeto activo debe mantener o cuidar a la persona incapaz de valerse. No se reúnen los
elementos del tipo penal si el imputado no colocó al incapaz en situación de desamparo, no
existió peligro para su integridad física, es decir, no se lo privó de los auxilios y cuidados
que ele eran imprescindibles para mantener su vida y su salud ni tampoco se le obstaculizó o
impidió obtener los auxilios que su condición exigía. Por ello, corresponde confirmar la
sentencia que absuelve al imputado en orden al delito de abandono de persona seguido de
muerte.
Autos: “GONZALEZ DAZZORI, Edgardo José - 8/11/05 - c. 46.202”, Sala VII.
4) “… A fin de que una conducta pueda encuadrarse bajo el tipo legal de abandono de
persona, resulta necesario que se ponga en peligro la vida o la salud de una persona, ya sea
colocándola en situación de desamparo o abandonándola a su suerte. Para ello debe realizarse
por parte de los que se hallan obligados a actuar -denominados garantes-, una conducta
que ponga en peligro a una persona que no se hallaba en esa circunstancia, u omitir
prestar toda colaboración a una persona incapaz de valerse por sí misma; impidiendo,
asimismo, que terceras personas presten la colaboración necesaria a fin de hacer cesar dicho
peligro. Si los denunciados no han colocado en peligro al denunciante, la actitud desaprensiva y
desinteresada hacia el padecimiento de su enfermedad podrá ser valorada desde el punto de
vista moral, pero si no ha creado un peligro para aquél según lo exigido por el tipo penal en
cuestión, debe confirmarse el auto por el cual se desestiman las actuaciones por inexistencia de
delito.
Autos: “L., I. S. y otros - 25/10/05 - c. 26.860”. Sala I.
5) “… Si los profesionales médicos que atendieron a la paciente en ningún momento dejaron
de prestarle la ayuda médica necesaria, no se puede encuadrar la conducta de ellos dentro del
delito de abandono de persona. Dicha figura constituye un delito de omisión impropia cuya
configuración requiere desde lo objetivo la puesta en peligro de la vida o la salud de una persona
incapaz de valerse derivada de
la colocación en situación de desamparo o de abandono por parte de quien tiene la obligación
de mantenerla o cuidarla y la posibilidad objetiva de evitar el riesgo por medio de la
conducta debida y, sede lo subjetivo, el conocimiento de aquellos extremos, especialmente,
de la situación objetiva de peligro, del deber y capacidad de actuar y de la posibilidad de
evitación del resultado lesivo. Por ello, al no poder encuadrar la conducta del Sanatorio en el
delito omisivo doloso que establece el tipo penal de abandono de persona, dado que la decisión
del Sanatorio fue de no continuar con la asistencia de la paciente una vez externada del mismo,
debe confirmarse la desestimación de la denuncia por inexistencia de delito…”.
Autos: “SANATORIO GÜEMES - 15/07/04 - c. 22.788”, Sala I.

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