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APUNTES

DE

TRABAJO

DERECHOS HUMANOS

NO 001 - MAYO 2011UNIVERSIDAD LIBRE S ECCIONAL CUCUTA

GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE DERECHOS HUMANOS IDH SEMILLERO DE DERECHOS HUMANOS “GERARDO MOLINA”

Autoridades de la Universidad Libre Presidente Nacional: Francisco Sierra Reyes Rector Nacional: Nicolás Zuleta Hincapié Presidente Seccional: Holger Cáceres. Rector Seccional: Iván Vila Casado. Decano Facultad de Derecho: José Vicente Carvajal. Centro de Investigaciones: Darwin Clavijo. Director Jaime Alberto Gómez Montañez Editor: Universidad Libre Seccional Cúcuta ¡Cúcuta la Libre y yo un solo Corazón! Editorial FUNDAMENTACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Jaime Alberto Gómez Montañez, Docente Investigador Unilibre Cúcuta. Desplazamiento Forzado, miradas institucionales y no institucionales Dierman Patiño Coordinador del PAJPD Consultorio Jurídico Universidad Libre Seccional Cúcuta LA JUSTICIA TRANSICIONAL EN COLOMBIA Yefri Yoel Torrado Vergel Estudiante 5 Año Derecho TRATA DE PERSONAS: NUEVA ESCLAVITUD Julio César Osorio Gélvez Auxiliar Investigador Grupo de Investigación Derechos Humanos IDH DERECHOS HUMANOS Aldo José Jaimes Docente Investigador Universidad Libre sdhgerardomolina@unilibrecucuta.edu.co Sdhgerardomolina.blogspot.com 30 26 18 11 4 3

Editorial
a presente publicación tiene como propósito central propiciar un espacio que permita el debate y la reflexión en torno al tema de los Derechos Humanos, indagar sobre sus presupuestos con el fin de superar, en lo regional, la debilidad argumentativa, a través de un proceso dialéctico y pluralista.

Edición 01 Mayo 2011

Este propósito se encuentra respaldado en las políticas académicas impulsadas por las autoridades de la Universidad Libre, Seccional Cúcuta, y coincide, Colaboradores: además, con el trabajo que adelanta el grupo de investigación IDH y del semillero de Derechos HumaJulio Cesar Osorio Gélvez nos “Gerardo Molina”, adscrito a la Facultad de Derecho de la misma institución. La periodicidad con Bibian Walteros que aspiramos producir esta publicación es trimesLiseth Pallares tral, en versión impresa y virtual.
Viviana Rodríguez

Tiraje 1000

Portada: Cuadro Guayasamin Contraportada: Afiche Congreso DDHH

En esta edición hemos seleccionado una serie de artículos variados que desde una visión socio-jurídica buscan reflexionar sobre temas de interés de sus autores y que nos permiten compartirlos con la comunidad académica. El ideal de los Estados y pueblos que se expresa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos es la convivencia fundada en el respeto de todos los seres humanos, por su dignidad, libertad, igualdad y reconocimiento del pluralismo del ser, de su pensamiento y de su acción en todas sus manifestaciones, utopía que queremos compartir en las presentes páginas.

Diseño: Cesar Osorio Eliana Vega

FUNDAMENTACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
Jaime Alberto Gómez Montañez, Docente investigador Unilibre Cúcuta.

os Derechos Humanos tienen una construcción y fundamentación utópica, en el entendido de que la “utopía es el nombre para el gran poder de la imaginación, el cual encuentra el futuro latente en cada producto cultural y preserva la semilla del entusiasmo radical en cada ideología que critica” (Douzinas Costa, 2008). Utopía soportada en un sistema básico de valores, tales como: la libertad, la igualdad y la seguridad; valores éticos que sustentan la modernidad y que nos ofrecen paradigmas de abstracción e idealización de la buena vida. De allí, se pueden deducir criterios de inclusión o exclusión social de acuerdo a la ponderación y a la racionalidad que se les quiera atribuir. Las aproximaciones conceptuales sobre los Derechos Humanos son diversas, tiene raíces históricas y políticas que toman como base las diferentes sociedades, en cuyo punto de partida se articulan los factores de tiempo y espacio, que son los que le dan forma concreta, y a la vez permiten observar la variada expresión de la condición humana, a partir de realidades sociales e ideológicas, en el entendido de que la ideología es un sistema de concepciones y valores acerca de lo que es el hombre, ya en su dimensión ética, política y jurídica.

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Ambiente ideológico que no está exento de tensiones, por la diversidad de visiones que se tiene del ser humano y su ligazón con las instituciones que regulan cada sociedad, en especial, del Estado como cuerpo político que orienta y regula las relaciones colectivas e individuales en el campo público o privado, cuya función principal es tratar los conflictos y garantizar la convivencia pacífica. Acciones que requieren estar cimentadas en la legitimidad del poder político a través del derecho, en especial, en la teoría de los Derechos Humanos. Ha causado euforia, desde mediados del siglo XX y lo corrido del XXI, el tema de los Derechos Humanos, lo cual ha conllevado un uso generalizado del vocablo, e incluso a un abuso lingüístico del término, sin que aún se pueda perfilar o llegar a un consenso sobre su contenido, toda vez, que el debate existente está marcado por una vaguedad conceptual y una proliferación de conceptos afines, tales como: derechos del hombre, del ciudadano, del trabajador, derechos individuales, naturales, derechos subjetivos, libertades básicas, derechos fundamentales, etc. (Pérez Luño: 2004). El término siempre va acompañado de emotividad, cuya carga ética y valorativa lo vuelven subjetivo e inconveniente para su definición, como lo señala Ligia Galvis (1996): “En materia de Derechos Humanos es difícil y hasta inconveniente establecer una definición de estos derechos”. También hay que tener en cuenta la llamada “retórica de los derechos” o “hipertrofia de derechos” ya que su crecimiento ha corrido más de prisa que la elaboración teórica y salta la preocupación de que se produzca una imparable inflación de derechos. Sin embargo, “los Derechos Humanos son el lenguaje en el que las personas hablan acerca del mundo y de sus aspiraciones…..un nuevo ideal ha triunfado en la escena global mundial: los derechos humanos…..han ganado la batalla ideológica de la modernidad” (Douzinas Costa, 2008). Los Derechos Humanos encarnan valores construidos por la filosofía humanista. Independientemente de su nombre y contenido, el debate nos lleva a que de este esfuerzo sobre su fundamentación podamos rescatar que cobra actualidad y relevancia práctica el reconocimiento de la persona humana, su dignidad, como valor intrínseco de lo humano; ya que el contenido material de los Derechos Humanos es idéntico al contenido de la dignidad humana, como valor básico de los derechos a partir de su reconocimiento universal.

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Su formulación está ligada al proceso histórico, desde la visión europea (euro centrismo), como un etnocentrismo universalizado que se quiere imponer como dominio real a escala universal. Sólo a partir de un tiempo para acá, llamado modernidad, podemos abordarlo de manera apropiada. A mediados del siglo XX se erigió como el único fundamento para poder traspasar las fronteras culturales, pasando la DIGNIDAD HUMANA a ser el epicentro de la garantía de reconocimiento y afirmación de la persona humana. Ha triunfado un nuevo hegemonismo mundial: el “euro centrismo”, -como decía José Martí, piensa que “el mundo entero es su aldea”-, afectando no sólo a las culturas no occidentales, sino al propio occidente. Frente al tema de la dignidad humana se coincide en que su historia está estrechamente ligada al cristianismo, fundamentado en que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de dios, dotado de razón y libre albedrío, es decir, de libertad o autonomía, y que todos somos iguales ante dios. El cristianismo hace suyo los postulados del humanismo iusnaturalista del estoicismo griego (derechos naturales del Hombre). Entre los primeros exponentes del sincretismo religioso y filosófico, Giovanni Pico Della Mirandola (1463-1493) acogió al hombre como una obra de naturaleza indefinida, en uno de sus trabajos más conocidos: “Oración sobre la dignidad del hombre”. Aportes que contribuyeron al desarrollo de la teoría de los derechos naturales del hombre en los siglos XVII y XVIII. Llevados posteriormente a ser consagrados en la declaraciones burguesas y en el derecho positivo (ley), donde el poder estatal se halla jurídicamente obligado a preservar la dignidad humana y a protegerla como parte de la existencia individual y la garantía de la persona humana a no ser degradada por constituir parte de su naturaleza, sin importar sus imperfecciones e insuficiencias o su capacidad. La teoría de los Derechos Humanos tiene un contenido abierto, dinámico y posee fisuras como parte y producto del desarrollo social. Su estudio podría ser analizado desde tres dimensiones, entre otras: el ético, el político y el jurídico. La perspectiva ética está soportada en la modernidad, que encuentra en la secularización (secularización de la cultura a partir del humanismo del renacimiento) de la regulación de la convivencia pacífica y del ejercicio del poder, la consolidación de un Estado laico que relega la religión a un asunto pri-

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vado, cuya decisión corresponde a cada persona, en una sociedad que promueve hombres libres e iguales. El hecho evidente del multiculturalismo -requiere respuestas, como la alteridad-. Se plantea la neutralidad ética del derecho. “Los Derechos Humanos pasan a ser la “ética” de una misión “civilizadora” contemporánea que propaga el capitalismo y la democracia a las tinieblas más oscuras del planeta” (Douzinas Costa, 2008). Desde la perspectiva política, los Derechos Humanos se fundamentan en reinvidicaciones sociales emancipatorias, como instrumento crítico al poder estatal, al statu quo y de exigencia en las actuaciones de los poderes públicos. El Estado adquiere la obligación y la responsabilidad de respetarlos, hacerlos respetar y la garantía de satisfacción (últimamente se debate que la responsabilidad debe aplicarse a ciertos poderes del sector privado, especialmente a empresas transnacionales). Reivindicaciones que están en función de las luchas políticas encaminadas por las transformaciones sociales, políticas y económicas que predominan en la realidad o por el contrario para conservar el statu quo. Y, desde la categoría jurídica, los Derechos Humanos son verdaderos derechos exigibles al Estado, que transitan por el reconocimiento en el Derecho Internacional Público, que ha contribuido a su positivación internacional a través de declaraciones o pactos. Además, del reconocimiento en los ordenamientos nacionales que en su gran mayoría han sido llevados a la categoría de derechos constitucionales fundamentales. El sustento del ejercicio de los derechos comporta “deberes” para sus titulares, que se expresan en el respeto de la dignidad y de los derechos de los demás. El triunfo del liberalismo y del humanismo jurídico llevó a recuperar un profundo sentido de lo humano con la afirmación y proyección de los valores humanos universales, al convertir al hombre en el centro y en el fin del derecho, que afianzó la teoría de los derechos humanos a partir de la cultura occidental, donde los derechos humanos son sinónimos de ser humano, como un logro de la construcción política, a pesar de la diferencia entre lo real y lo ideal, porque se soportan en relaciones jurídicas abstractas y pasan a ser el instrumento principal para legitimar el nuevo orden después de la Segunda Guerra Mundial, un hombre moderno, como individuo soberano. Es el triunfo del li-

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beralismo político, como progenitor de los derechos de la burguesía y de los derechos humanos de la filosofía liberal que se sustenta tradicionalmente en la doctrina del derecho natural. Cultura de los derechos humanos: Los derechos humanos nacen como un arma de resistencia ante el poder omnipotente del Estado, y hoy se desarrollan en él, pues hacen parte de sus obligaciones internacionales. Importante reconocer que estamos en un proceso evolutivo en lo que se quiere llamar “cultura” de los derechos humanos, como un ideal que se desea interiorizar en cada individuo, más allá de la institucionalidad. Tema ligado a los Estados liberales que asumen la cultura jurídica cosmopolita, cuya base soporta el derecho constitucional, que a su vez, se fundamenta en la pluralidad política, étnica, cultural y el reconocimiento de los derechos fundamentales. En el entendido que el derecho hace parte del mundo de lo cultural y que la cultura está contenida por conceptos condicionados en el tiempo y en el espacio, por la variación que produce la realidad, Peces Barba (1991), dirá: “La cultura es histórica, estable y cambiante al mismo tiempo y tiende a objetivarse, aunque nunca se puede separar del hombre que es su motor de movimiento”. El derecho no es una categoría suprahistórica, éste adopta formas históricas concretas y, por lo tanto, los derechos humanos deben verse desde esa perspectiva histórica, como los define, Pérez Luño (2004): “Son aquellos que protegen al individuo en lo referente a la vida, la libertad, la igualdad a su participación política o social, o cualquier otro aspecto fundamental que afecte su desarrollo integral como persona”. Como se observa, la definición contiene elementos que la ubican en una sociedad moderna liberal y democrática. El derecho no es ajeno ni independiente de las formas de organización de la sociedad, siempre interviene el derecho en el sujeto libre y lo somete al derecho. Bien, como discurso de legitimación

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de la dictadura o de la democracia, en este contexto el hombre es un ser que hace y se hace en la historia y, de allí, el derecho como regulador de la conducta social. La dimensión de lo cultural permite la oportunidad de indagar por el reconocimiento lento y paulatino que se ha venido haciendo de los derechos del hombre y de la mujer, comprendidos en el ideal jerárquico normativo Kelseniano de un deber ser, o ideal social del Estado moderno en su interacción en el sistema interestatal, en contraste con la realidad que la tozuda vida diaria muestra, que es el permanente y sistemático atropello a la dignidad de las personas y de los pueblos, como una constante diferencia profunda entre el discurso y la práctica. Recientemente, los Derechos Humanos adquieren importancia en la filosofía del derecho y en la práctica política, como legitimadores del poder, cuyo proceso Conrado Hesse (1996) resalta como: “Un rango importante de nuestra época es la significación cada vez mayor de los derechos fundamentales” que gran parte de la doctrina los ubica como aquellos derechos humanos positivisados a nivel interno por los Estados y ligados a las declaraciones o pactos internacionales sobre derechos humanos. El análisis se halla vinculado de manera recurrente a la necesidad de ampliar su conocimiento, brindar luces a las personas y grupos en situación de vulneración, exigir el respeto por parte de las personas encargadas de garantizar su cumplimiento, y la utilización de las acciones en las instancias de protección judicial, hasta llegar a que sean un lugar común para los operadores jurídicos. Desde la óptica de los defensores de derechos humanos no basta conocer el contenido de los Derechos Humanos y sus formulaciones jurídicas abstractas, propias de la universalización abstracta del iusnaturalismo, es necesario que trascienda este conocimiento en el cambio social, en el comportamiento de la conducta humana y en la práctica cotidiana de sus instituciones, es decir, que se interiorice en el tejido social para que contribuya como mecanismo de promoción e impulso de las transformaciones políticas, sociales y económicas

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que hagan efectiva la universalización concreta. Convertirlos en práctica poderosa de las exigencias sociales de la persona humana en su calidad de individuo o colectivo, manteniendo la utopía para que la humanidad pueda determinar su propio destino. Estrechar la brecha de la teoría y la práctica, tal como Bobbio lo manifiesta: “Para proteger los derechos humanos no basta con proclamarlos; de lo que se trata más bien es de saber cuál es el medio más seguro de garantizarlos, para impedir que a pesar de las declaraciones solemnes, sean continuamente violados”.

Desplazamiento Forzado, miradas Institucionales y no institucionales
Dierman Patiño Coordinador del PAJPD Consultorio Jurídico Universidad Libre Seccional Cúcuta

Luego de casi seis años de haberse declarado el estado de cosas inconstitucional en materia de desplazamiento forzado por la Honorable Corte Constitucional, la cual señaló “ la existencia de un estado de cosas inconstitucional en la situación de la población desplazada debido a la falta de concordancia entre la gravedad de la afectación de los derechos reconocidos constitucionalmente y desarrollados por la ley, de un lado, y el volumen de recursos efectivamente destinado a asegurar el goce efectivo de tales derechos y la capacidad institucional para implementar los correspondientes mandatos constitucionales y legales, de otro lado” (Sentencia T-025 de 2004) y de constatar la “persistencia del estado de cosas inconstitucional” (Auto 08 de 2009), se sigue evidenciando la enorme incapacidad del Estado colombiano para darle un tratamiento, una solución de fondo y oportuna a las víctimas del delito de desplazamiento forzado de miles y miles de familias como resultado del conflicto armado que vive el país.

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Ante la presencia de los enérgicos pronunciamiento de la Honorable Corte Constitucional en relación con la situación de cientos de familias que han tenido que perderlo todo, quedando en un estado de indefensión y vulnerabilidad, debemos hacernos varias preguntas al respecto. Por ejemplo, preguntarnos sobre el papel y la actitud del Estado en la garantía de los derechos fundamentales de las personas víctimas del desplazamiento forzado. La Honorable Corte Constitucional, desde una perspectiva de derechos, ha asumido su correspondiente postura jurídica, reflejo de ese espíritu liberal sobre el cual se edifica la Constitución de 1991, pero a pesar de ello la respuesta del estado es bastante limitada y desproporcionada respecto a la realidad, desde las instituciones del Estado encargadas de brindar esa atención inmediata a estas personas en procura del restablecimiento de sus derechos fundamentales, como es el caso de la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional – Acción Social, la cual coordina el Sistema Nacional de Atención Integral a Población Desplazada - SNAIPD, cuyo director el doctor Diego Molano Aponte en la audiencia pública de seguimiento de las órdenes dadas por la Corte Constitucional en materia de políticas públicas en atención a la población desplazada, celebrada el día 20 de mayo del año 2010 se permitió señalar con respecto al proceso de exigibilidad de derechos llevado a cabo permanentemente por parte de la población desplazada que “Lo que nosotros hemos evidenciado en el país es que tenemos que hacer un frente común hacia un grupo que se ha convertido en mercaderes de las víctimas del desplazamiento, se han dedicado a organizar trámites, a manipular a la población que es verdaderamente desplazada para utilizar estos instrumentos jurídicos, como las tutelas masivas, para hacer presiones y solicitar ayuda” […] Debemos avanzar en el cambio de regulación que no genere incentivos perversos para los tramitadores” (http://www.accionsocial.gov.co/cont), siendo esto una clara manifestación de inconformismo hacia estas personas y sus legitimas asociaciones en este proceso tortuoso que se ha convertido el pedir al Estado la garantía de sus derechos a partir de su condición de victimas del delito de desplazamiento forzado, tipificado en nuestro ordenamiento jurídico . La incomodidad hacia los mecanismos jurídicos Ante la ausencia de la garantía de sus derechos, las víctimas del desplazamiento forzado, por parte del Acción Social y de las demás instituciones del

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SNAIPD, han formalizado la exigencia de estos derechos a través de mecanismos legales como el derecho de petición, recurso de reposición, apelación, acción de tutela, acciones populares y de grupo, revocatoria directa, entre otros, como única manera de tratar de asegurar su garantía. El problema en este sentido toma distintas connotaciones. Las personas víctimas de desplazamiento deben cargar con la tragedia de tener que abandonarlo todo para proteger su integridad física y la de su familia, en el caso menos doloroso; en el otro caso, huir dejándolo todo atrás y cargar con el dolor de la pérdida de un familiar querido, para llegar a una ciudad cualquiera, enterarse de que su situación de sufrimiento es un delito, pero no un delito cualquiera, sino un delito de lesa humanidad, señalado y reconocido así en el ámbito internacional e introducido en nuestro ordenamiento jurídico, conocer además de la responsabilidad que le asiste al Estado de atender de manera urgente su situación de vulnerabilidad absoluta como lo ha señalado la Honorable Corte Constitucional en la Sentencia T-025 de 2004, esto por supuesto pensando positivamente, imaginando que tienen la posibilidad clara de conocer de su situación como víctimas sujetas de derechos y de la responsabilidad directa del Estado en el restablecimiento de los mismo. Paradójicamente, Colombia posee un amplia normatividad que le reconoce los derechos a las personas en situación de desplazamiento forzado, el problema radica en la incompatibilidad que resulta contrastar ello con la realidad vivida cada día por estas personas, cuya única posibilidad de que se garanticen sus derechos reconocidos se encuentra en los mecanismos jurídicos, entre ellos el más significativo e idóneo para exigir derechos fundamentales, el cual sin duda alguna no deja de ser la Acción de Tutela (Art. 86 de Constitución) , señalada por la Corte Constitucional para este caso de tal manera: “…la acción de tutela procede como mecanismo de protección de los derechos fundamentales de las personas en situación de desplazamiento forzado…”(Sentencia T-328-2007). Es claro afirmar, entonces, que hay una amplia dimensión jurídica y es allí donde más se ha avanzado en la causa de las personas en condición de desplazamiento. A partir de las providencias de la Corte Constitucional que ha incorporado materialmente al sistema nacional postulados Internacionales en esta materia, a través del Bloque de Constitucionalidad, así mismo a través de esta vía jurisprudencial el tribunal Constitucional ha identificado las falencias a nivel estructural del Sistema Nacional

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de Atención Integral a la Población Desplazada (SNAIPD), a partir de las opiniones de organizaciones sociales, recomendaciones y de un proceso minucioso de seguimiento que ha permito medir el avance del gobierno en esta materia. En lo local son notorias las dinámicas alrededor de la exigibilidad de los derechos de las personas que llegan en situación de desplazamiento. Las organizaciones de población desplazada y organizaciones no gubernamentales tienen agendas definidas en lo jurídico que articulan con lo político, para intentar generar mayor impacto y alcanzar objetivos en procura de mejorar las condiciones de vida de esta población. El papel de los PAJPD en la exigencia de los derechos de la PD. Las personas en situación de desplazamiento forzado enfrentan un grave problema de desprotección y vulnerabilidad de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales como lo hemos venido planteando. Estas familias o poblaciones carecen de la información y de los medios económicos para usar las herramientas legales y jurídicas que permitan exigir sus derechos y acceder a la administración de justicia. Encontramos, entonces, en el panorama nacional otro tipo de ofertas de tipo jurídico desde una perspectiva de derechos. Una de esas experiencias que prestan atención jurídica a la población en situación de desplazamiento forzado y promueven la defensa de los derechos humanos, son los “Programas de Atención Jurídica a la Población Desplazada”, apoyados y acompañados por el Consejo Noruego para Refugiados – NRC y ACNUR, que han sido el apoyo fundamental en el acceso a derechos y, en últimas, la única posibilidad de que las víctimas del delito del desplazamiento forzado exijan y materialicen los mismos. Estos programas conformados por estudiantes de último año de Derecho, quienes desarrollan allí la práctica jurídica, tienen ciertas facultades para actuar y asesorar jurídicamente a estas personas, como lo ha señalado la Corte Constitucional en la sentencia C-143 de 2001, refiriéndose a sus alcances de la siguiente manera:“La posibilidad de litigar en causa ajena, para quienes

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aún no ostentan su título de abogados, y están en los últimos dos años de la carrera, se circunscribe a quienes pertenecen a un consultorio jurídico que tutela, guía y supervisa su actividad, y con el único objeto de brindar posibilidades de acceso a la administración de justicia a quienes, por su situación económica, requieren ese apoyo de las instituciones educativas en el campo del Derecho” (Sentencia C-143 de 2001). Siendo así, los PAJPD han jugado un papel determinante en el proceso de acceso y exigibilidad de los derechos de la población en situación de desplazamiento forzado, desde los cuales se ha acompañado y asesorado jurídicamente a estas personas que para la institucionalidad son en la mayoría de los casos estadísticas mal elaboradas y tendenciosas, en la actualidad son 12 Universidades las que cuentan con este programa al interior de sus Consultorios Jurídicos entre las cuales se encuentra la Universidad Libre, Seccional Cúcuta. Los discursos institucionales y la perspectiva de derechos A lo largo de estos últimos años se han utilizado todo tipo de calificativos por parte del gobierno para referirse a las víctimas del desplazamiento forzado, discursos que no se asumen desde una perspectiva de derechos y por el contrario se dedican a estigmatizar a esta población, al llamarlos mafias, impostores, etc.; estos planteamientos que reflejan una posición gubernamental sobre el desplazamiento dejan ver la manera como está ideado el SNAIDP, y por consiguiente la política pública de atención a PD. Convertir las excepciones en regla general hace parte del ejercicio de estigmatización adelantado por la propia Acción Social. No es difícil encontrar funcionarios que reproduzcan este tipo de discursos que desconocen la condición de víctimas de las personas desplazadas por la violencia y por lo tanto conducen e inducen al resto del población a una discriminación sistemática y colectiva. Analizando este tipo de contextos podemos señalar que uno de los frutos más violentos de la privación de los derechos en una sociedad política es la aparición de prejuicios y estigmas que afectan, excluyen, invisibilizan y discriminan en el contorno comunitario e institucional. Entonces las personas que se han visto en la obligación de desplazarse por la violencia, son pensadas en

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algunas instituciones gubernamentales y sectores sociales como “extraños” de la zona o “migrantes pobres” acompañados de prácticas culturales y sociales distintas y que llegan a disputar los derechos y beneficios sociales de los miembros del municipio receptor. Así se ha empezado a fundar en Colombia una lógica impuesta a la sociedad por lo gubernamental, insinuando que el pasado y el presente de la violencia está adscrito a unos y no a todos y todas los colombianos como realmente es o debería ser percibido. Se construye entonces una ciudadanía de segunda clase, contraria a los valores constitucionales de la dignidad humana y la igualdad. Esta situación es frecuente en el país, más grave aun cuando es la propia institucionalidad e instituciones gubernamentales las que abanderan y generan las condiciones para que esto se dé y se reproduzca socialmente. Pero Colombia no es el único caso, también sucede en distintos lugares del mundo donde se presentan desplazamientos de comunidades y familias por la guerra, por eso no es una simple coincidencia que el primero de los principios rectores de los desplazamientos internos establezca que: “Los desplazados internos disfrutarán en condiciones de igualdad de los mismos derechos y libertades que el derecho internacional y el derecho interno reconocen a los demás habitantes del país. No serán objeto de discriminación alguna en el disfrute de sus derechos y libertades por el mero hecho de ser desplazados internos” (Principios rectores de los desplazamientos internos, principio 1), estableciendo una prohibición explícita de la discriminación. El desplazamiento produce en la conciencia pública dominante un desarraigo o separación de las personas víctimas de su pertenencia a la comunidad política, convirtiéndola en una “apátrida” en el sentido que lo entiende Hanna Arendt, como la exclusión de la sociedad y la imposibilidad de ejercer la ciudadanía como “el derecho a tener derechos”. Esta situación descrita requiere medidas de carácter público contra la discriminación en el marco de la superación de la situación de desplazamiento y de víctima; cambiar patrones socio culturales, discriminatorios y violentos no es una tarea sencilla, no obstante, en el marco de un componente contra la discriminación en la política pública de atención a la población en situación de desplazamiento se hace urgente diseñar mecanismos para detectar y atacar la discriminación y la injusticia, en el marco de lograr una aceptación de la comuni-

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dad receptora, libre de exclusión y rechazo y con oportunidades de recuperación moral, social, política y económica, además de contrarrestar las posiciones de funcionarios del gobierno que permean las lógicas institucionales. Por consiguiente, es importante considerar que la no discriminación a las personas desplazadas pasa por reconocer comunitaria e institucionalmente la violencia que sucedió y las consecuencias que ocasionó; esta comprensión de la situación del desplazamiento forzado permite un “cambio estratégico”, pues aumenta la capacidad de transformación de los prejuicios. En conclusión, el desplazamiento forzado lleva a una expropiación de “poder político originario” en la comunidad, creando prejuicios y preconcepciones discriminatorios y violentos contra las personas que lo padecen, invisibilizando su condición de víctima de una violación sistemática de sus derechos humanos y cambiándola por una imagen de “pobre” y “beneficiario” de la sociedad. En este contexto, el reto que subsiste por parte de los PAJPD, es cómo cambiar estas concepciones en el marco de un componente contra la discriminación en la política pública de atención al desplazamiento, para que, de un lado, se reconozca el pasado de violencia y terror conjunto y, de otro, se permita incluir plenamente a la PD en la comunidad política.

LA JUSTICIA TRANSICIONAL EN COLOMBIA
YEFRI YOEL TORRADO VERJEL ESTUDIANTE 5 AÑO DERECHO

¡El derecho procesal penal es el sismógrafo de la constitución del Estado!” Claus Roxin a justicia transicional o de transición es una figura prácticamente novedosa en lo referente a cambios normativos y juzgamientos especiales para el alcance o la transición de un estado de violencia sistemática hacia un régimen democrático y un Estado de derecho. Esta noción de Justicia opera dentro del tránsito de un período de violencia a otro de consolidación de la paz y de vigencia del Estado de Derecho, o de autoritarismo a otro de respeto al pluralismo democrático. Sin embargo, se ha hecho énfasis “en que estas circunstancias de transición no pueden conducir a un relajamiento de las obligaciones internacionales de los Estados en el compromiso universal de respeto a la dignidad y a los derechos humanos”(C-370 de 2006). Al abordar el tema de la justicia transicional, es oportuno mencionar brevemente la formación y consolidación de los derechos humanos, además de los diferentes sistemas protectores de los mismos, así como la implementación a nivel nacional de esta corriente humanizadora del derecho; posteriormente analizar cuáles han sido las dificultades en la aplicación de la justicia transicional en el Estado colombiano, cuya aplicación de este modelo reviste de una característica especial dado que las circunstancias de violencia generalizada no han cesado en ningún momento. El proceso de protección de DDHH se inicia luego de la ocurrencia de las dos

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guerras mundiales, en especial de la segunda, donde se observó una preocupación frente a las atrocidades cometidas en los combates y que conllevaron a una infinidad de vejámenes a las personas partícipes y no partícipes del conflicto. Desde ese momento se decide darle una mayor relevancia a los derechos humanos y por consecuencia la creación de mecanismos internacionales con el fin de asegurar las garantías suficientes para la adopción de imperativos jurídicos necesarios para elevar la calidad de persona y los derechos inherentes a su condición, además, de la obligación de cada uno de los Estados con sus administrados en asegurar y proteger cada uno de esos derechos; así, se abre una nueva cultura jurídica a nivel mundial de respeto hacia los derechos humanos y no la simple enunciación retórica; se requirió, esta vez, que los Estados se comprometieran por medio de tratados internacionales para asegurar su cumplimiento. Con todo esto, se ha hecho indispensable la búsqueda de la eficacia, tanto de jure como de facto del llamado Jus Cogens, es por eso que se han creado espacios que permiten el monitoreo e interpretación general, de los derechos incluidos en los tratados internacionales sobre derechos humanos o TIDH, dentro de estas instituciones encontramos los diferentes comités que hacen parte del sistema convencional de DDHH de la ONU y que su función, hasta el momento, es el de emitir dictámenes u opiniones de fondo sobre las violaciones de derechos humanos en los diferentes países partes de los diferentes convenios firmados y ratificados por cada uno, Vg. en Colombia, el legislador optó por darle carácter vinculante a las decisiones del Comité de derechos humanos del pacto de derechos civiles y políticos por medio de la ley 288/96, previa validación por una comisión nacional. Por otro lado, están los llamados sistemas regionales, creados con el fin de asegurar el cumplimiento por la vía judicial, de las obligaciones de los Estados inmersas en los TIDH, tales como: El Sistema Interamericano, Sistema Europeo y Sistema Africano de DDHH. La presión de los distintos Comités de derechos humanos, conjuntamente con la necesidad de no ser declarado responsable por violaciones a derechos humanos frente a la comunidad internacional, ha obligado al Estado colombiano a ajustar su derecho interno para acoplarlo con los estándares internacionales de DDHH, para lo cual ha buscado la armonización del sistema na-

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cional de derechos fundamentales con los derechos humanos reconocidos internacionalmente y el derecho internacional humanitario, la clara intención de esta necesidad es el Articulo 93 de la Constitución Política, el cual incluye los tratados internacionales sobre Derechos Humanos en el llamado bloque de constitucionalidad. En la búsqueda de la armonización con el derecho internacional, el derecho interno se ha visto en la obligación de hacer especial observancia al derecho penal, tanto en la parte sustantiva y procesal, ya que esta rama del derecho es la encargada de brindar la garantía de acceso a la justicia y la protección bajo la tutela legal de los derechos de las personas a nivel colectivo o individual. Ahora bien, hecho el análisis de la evolución del sistema internacional y nacional de los DDHH y el DIH, resalta la importancia que estos han tenido en el panorama normativo actual, en encaminar todo tipo de procesos en la línea de los DDHH y, los procesos de transición los cuales nombrábamos anteriormente no se escapan a este precepto, de esta manera se conformaron lo que podríamos denominar como antecedentes de procesos de transición, entre ellos, se destacan el tribunal de Núremberg y el tribunal de Tokio, luego, los tribunales ad-hoc de la antigua Yugoslavia (1993) y Ruanda (1994) como antecedentes de la propiamente llamada justicia de transición, la cual desembocó en la creación de la Corte Penal Internacional por medio del Estatuto de Roma en 1998. Actualmente, se suma a la experiencia de la llamada justicia de transición el proceso de desmovilización paramilitar, en el caso colombiano, caracterizado por ser un proceso que sus inicios no se concibió dentro de los estándares de la justicia transicional, sino que pretendió llevarse, en primera medida, bajo la forma de un primer marco normativo (la ley 418 de 1997, la ley 782 de 2002, el Decreto 128 de 2003, el Decreto 3360 de 2003, el Decreto 2767 de 2004y y la ley 1106 de 2006), caracterizado por la prevalencia de la impunidad, puesto que estas normas establecían una serie de beneficios a los excombatientes, otorgándoles un estatus político y concediéndoles indultos, suspensiones condicionales de la pena, resoluciones de cesación de procedimiento, resoluciones de preclusión de la investigación o resoluciones inhibitorias, incluso para

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delitos denominados como de lesa humanidad. Según la Federación Internacional de Derechos Humanos, este primer momento jurídico es considerado como una amnistía de facto, puesto que entregaba una cantidad de beneficios en contravía de los derechos de las víctimas, entre ellos: no se les obligó a reparar a las víctimas, ni a confesar la verdad de los crímenes cometidos, la renuncia del Estado en investigar y juzgar los actos cometidos en el periodo de actividad judicial y la previsión de que en el futuro no abriría ninguna acción penal contra ellos. (FIDH, 2007) Posteriormente, se expidió la ley 975 del 2005 o la denominada ley de “justicia y paz”, la cual marca nuestro segundo momento jurídico (compuesto también por sus decretos reglamentarios, entre ellos 44760 de 2005, 2898 de 2006, 3391 de 2006, 4417 de 2007), en el cual ya se empieza a desarrollar la necesidad de un régimen legal que permita enmarcarse en el ámbito de lo que internacionalmente se conoce como justicia transicional. Aunque la ley en su texto original, establecía unos estándares precarios para la consecución de estos requisitos mínimos para el proceso de transición, la corte constitucional mediante la sentencia C-037 del 2006 en la cual declara la Inexequibilidad de algunos artículos y declara la exequibilidad condicionada para otros, se realiza una interpretación sistemática de los tratados internacionales sobre derechos humanos y analiza algunos de los fallos más relevantes de la corte interamericana de derechos humanos para reconocer una fuente importante del derecho internacional, llamado soft law o derecho blando, que como dice Herdenger “se encuentran en una zona gris entre la proclamación sin fuerza vinculante y la determinación con efectos vinculantes”, y complementa López Medina: “sirve para evidenciar una costumbre internacional y como guía interpretativa de los instrumentos convencionales (resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y de los órganos representativos de las organizaciones internacionales y las declaraciones de las conferencias de Estados en materia de derechos humanos) y, en cuanto a tales son muy útiles ya que su contenido es más preciso, especializado y detallado que los TIDH”. (Diego López Medina y Astrid Sánchez Mejía, 2007).

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Esta interpretación que se hace frente al soft law, permite incluir al ámbito constitucional colombiano por medio del articulo 93 de la constitución política, los famosos derechos de las víctimas, cuyo desarrollo doctrinario y vinculante se sustenta en la interpretación de los tratados sobre derechos humanos y la aplicación de estas en el ámbito práctico, sobre todo en los derechos de acceso a la justicia, el debido proceso y a un recurso judicial efectivo. Uno de los principales documentos que incluyen los derechos de las víctimas es el conocido informe Joinet en 1991 para la hoy conocida Subcomisión para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos. En este informe se recogieron 42 principios extraídos del Derecho Internacional Humanitario, del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, de la Jurisprudencia de los Tribunales Internacionales y de la Costumbre Internacional, en el cual se pueden destacar derechos como la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición. Esta serie de principios fue la que obligó a la corte a realizar algunas recomendaciones respecto a la ley 975 del 2005 para que se respetara el derecho a las víctimas y permitir elaborar un juicio de proporcionalidad entre la necesidad de una reconciliación con los antiguos actores armados y el derecho de las víctimas; al respecto la corte dijo lo siguiente: (...)La comunidad internacional ha reconocido esta realidad, admitiendo una forma especial de administración de justicia para estas situaciones de tránsito a la paz, a la que ha llamado "justicia transicional" o "justicia de transición", pero no ha cedido en su exigencia de que las violaciones a los derechos fundamentales sean investigadas, enjuiciadas y reparadas, y los autores de las mismas contribuyan a identificar la verdad de los delitos cometidos y reciban algún tipo de sanción". (Sentencia C-037 del 2006) Desafortunadamente la aplicación de la ley de “justicia y paz” ha tenido problemas y escollos en relación a su aplicación, pues ésta ha sido entorpecida por la poca participación de las víctimas en el proceso de justicia y paz, sea por problemas de comunicación y notificación de las mismas o porque algu-

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nas de las audiencias de versión libre se realizan a cientos de kilómetros de distancia de donde ocurrieron los hechos o residen las víctimas; en las diligencias de versión libre no hay una correcta conducencia por parte de la Fiscalía en las declaraciones que rinden los exparamilitares, permitiéndoles hablar sobre lo que a ellos les convenga o lo que discrecionalmente quieran confesar; además no hay una política clara para la restitución de bienes como parte de la reparación económica. Por último, es preciso hablar sobre una serie de cambios normativos que los podríamos enmarcar en el segundo momento normativo del proceso de desmovilización paramilitar, pero que por la naturaleza de las mismas, no podríamos hablar de un avance en materia de justicia transicional, sino de un retroceso a lo que fue el primer marco normativo, una amnistía encubierta, favorable a la impunidad y contraria a los derechos de las víctimas. En primera medida, la Ley 1312 de 2009, por medio de la cual se reforma la Ley 906 de 2004, en lo relacionado con el principio de oportunidad, el cual, en pocas palabras, es la renuncia que hace el Estado a ejercer su deber de perseguir a los autores y partícipes en los hechos que revistan las características de una conducta punible, en obediencia a una política criminal, que implica primero la suspensión o interrupción de la acción penal por parte de la Fiscalía y posteriormente la renuncia definitiva a su ejercicio (Manuel Restrepo Medina, 2005); especialmente en el artículo 2 de la mentada Ley, que modifica el artículo 324 del CPP. Esta norma, además de contener una redacción ambigua y de no determinar con especificación qué tipos penales se requieren para acceder a este beneficio, no establece cuáles son los parámetros necesarios para reparar a las víctimas de dichos actos en relación con la reconstrucción de la verdad colectiva. Mediante la sentencia C-936 del 2010 fue declarado inexequible el inciso en cuestión, por considerarse que su aplicación y el procedimiento utilizado para la aplicación del principio de oportunidad vulneraba los derechos a las victimas y no otorgaba una adecuada armonización con la justicia transicional ni con la figura de amnistía o indulto, en pa-

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labras de la corte : (…)Pero tampoco se les puede aplicar el principio de oportunidad dentro de los procesos que adelanta la Fiscalía porque este principio es un instrumento que está previsto para la delincuencia y los delitos comunes, no para procesos de paz o de regularización. (Sentencia C-936 del 2010) Luego de que la Corte dejara sin efectos la aplicación del principio de oportunidad para los paramilitares, el Congreso expidió, valga resaltar, en tiempo record, una ley de tan solo 10 artículos que pretende restituir los beneficios perdidos por la consecuente declaratoria de inexequibilidad del numeral 17 del Art. 324 de la ley 906 del 2004, y que en su contenido se destaca; (i) que está dirigido a las mismas personas que la ley 1312 del 2009 destinaba como beneficiarios; (ii) el otorgamiento de suspensión de las órdenes de captura proferidas, la suspensión condicional de la ejecución de la pena por un período equivalente a la mitad de la condena establecida en la Sentencia; y (iii) la obligación de los jueces a abstenerse de dictar medida de aseguramiento preventiva a quienes se acojan a un mecanismo no judicial de reconstrucción de memoria histórica, en el cual, podrán hacer un relato de los hechos ocurridos dentro de su permanencia en el grupo armado, pero con la salvedad que las afirmaciones hechas en esa “comisión de la verdad” que afecten o vayan en contra del beneficiario o de terceros, en ningún caso, podrán ser utilizadas como prueba en un eventual proceso judicial Los postulados de la ley 1424 de 2010 violan impúdicamente los derechos de las víctimas a la verdad. Aparte de eso, el Estado renuncia a la persecución penal y la adjudicación de justicia y otorga un ambiente de impunidad al pretender que los únicos que han cometido crímenes de lesa humanidad son los 3.270 postulados que se acogieron a la ley de justicia y paz, es decir, el 11% del total de personas desmovilizadas hasta la fecha. Además, sin contar el 34% de los que se beneficiaron de amnistías e indultos previstos en la ley 782 de 2002 y el 55% que esperaba acogerse al principio de oportunidad y que a la fecha espera acogerse a esta nueva ley; es decir, existe hasta la fecha un

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total del 89% de desmovilizados que no han sido investigados debidamente por el Estado (Sentencia C-936 del 2010) Queda claro que dentro del marco de justicia transicional, la Ley 1424 de 2010, no es el producto directo de un acuerdo nacional para la búsqueda de la paz, que parta del reconocimiento de la existencia de una situación de violación masiva de derechos humanos y de la necesidad de poner fin a la impunidad, además, el legislador debe tener presente que evitando los atajos, es la manera correcta de avanzar hacia la reconciliación de las sociedades fracturadas por la violencia. Es importante ahondar esfuerzos por sacar adelante una política criminal que se enmarque en el modelo de justicia transicional, con el mayor respeto a los derechos de las víctimas de violaciones de derechos humanos y de crímenes de lesa humanidad, porque de lo contrario la Corte Penal Internacional, dentro de su competencia, se verá en la necesidad de intervenir para investigar y juzgar los crímenes que hayan quedado en la impunidad.

TRATA DE PERSONAS: LA NUEVA ESCLAVITUD
Julio César Osorio Gélvez Grupo de Investigación Derechos Humanos IDH Auxiliar Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse. Charles Baudelaire

a trata de personas es el traslado de hombres, mujeres, niños o niñas de un lugar a otro, dentro del mismo territorio o hacia el exterior, con el objetivo de utilizarlas, ofrecerlas, venderlas, explotarlas o comercializarlas, para de esta manera obtener un beneficio económico o de otra clase. Los elementos que caracterizan la trata de personas son tres: (i) la captación (mediante secuestro o engaño); (ii) el traslado (al interior de un mismo país, o entre países); (iii) la finalidad de explotación principalmente sexual o laboralmediante amenazas, violencia, coacción, etcétera. La comunidad internacional ha considerado esta actividad como una nueva forma de esclavitud, pues vulnera los derechos de los hombres, las mujeres, las niñas y los niños y los convierte de esta forma en una especie de mercancía. En Colombia, esta conducta es considerada un delito, dado que atenta contra la dignidad y la autonomía de las personas; el castigo a la persona o personas

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que la realizan es de 13 a 23 años de prisión. Las víctimas que han sido utilizadas, ofrecidas, vendidas, explotadas o comercializadas, no deben ser revictimizadas al considerarlas coautoras del delito; por el contrario, las autoridades deben brindarles protección y asistencia en el lugar donde se encuentren. Este delito existe independientemente de que la persona acepte ser tratada o comercializada; esta aceptación es irrelevante, ya que a pesar de estar conforme con la oferta o las condiciones dadas por los victimarios, lo fundamental y más importante es proteger la dignidad y la autonomía de las personas víctimas de este flagelo. Esto ocurre cuando hombres, mujeres, niñas y niños son captados por medio de publicidad, ofertas laborales, matrimonios para obtener una mejor posición social, ofertas turísticas, las cuales pueden ser con destino en el interior del mismo país o hacia fuera de éste. Los podemos clasificar de la siguiente forma: Prostitución o diferentes formas de explotación sexual: se utiliza a las personas en actividades sexuales a cambio de una retribución en dinero o de cualquier otra especie; no se puede decidir sobre el alojamiento, el descanso, ni se tiene comunicación con los seres queridos. Trabajos o servicios forzados: obligan a la persona a realizar un trabajo o servicio que no decidió, la cual tiene que desarrollar durante largas jornadas, sin un trato adecuado y sin existir claridad sobre aspectos como el tipo de contrato, los horarios de trabajo, el salario devengado y otros aspectos como descansos, prestaciones sociales, servicios de salud, etcétera. Matrimonio servil: se establece una relación de pareja en la cual una persona termina sometida a la voluntad de otra que ha pagado para conseguir ese sometimiento, viéndose la persona obligada a hacer cuanto le obliguen, incluyendo agresión física, síquica, sexual, etcétera.

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Turismo sexual: cuando trasladan a las personas a determinados sitios con el objeto de que presten servicios en actividades sexuales a turistas nacionales y extranjeros que llegan al sitio donde han sido ubicados. Para poder prevenir ser víctima de este delito es muy importante que se tenga claridad sobre ciertas características que se presentan en los casos de trata de personas, las cuales se pueden describir de la siguiente forma: · Se ofrece viajar con documentos falsos. · Al llegar al lugar de destino arrebatan los pasaportes, los tiquetes de regreso si se tiene y los documentos de identificación. · El sitio de alojamiento es el mismo de trabajo. · No se tiene contrato de trabajo. · No cumplen con las condiciones pactadas inicialmente en el contrato. · No se tiene capacidad de tomar sus propios decisiones en cuanto a comunicarse con familiares, horarios de trabajo, etcétera. · Se reciben amenazas contra la persona o contra la familia. · Obligan a las personas a trabajar en contra de su voluntad. Generalmente la captación se realiza por medio de publicaciones de anuncios clasificados en medios escritos (periódicos) donde se ofrece muy buenas prestaciones económicas dentro o fuera del país, a personas con determinadas características físicas; o mediante redes de captadores o reclutadores se aprovechan de situaciones de vulnerabilidad como conflictos familiares de adolescentes, dificultades económicas y otras situaciones que inducen a que las personas vean en dichas ofertas la solución mágica a los problemas y cuando se dan cuenta el problema se encuentra todavía sin solución y además tiene la carga de estar en un sitio extraño, siendo explotados y con miedo de las represalias que puedan tomar en caso de que lleguen a comunicarse con las autoridades o con familiares.

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Todo lo anterior adquiere una especial relevancia en ciudades como Cúcuta, situada en la frontera entre dos Estados, además de estar situados en la parte norte de Suramérica, situación que genera facilidades para el traslado de dichas personas hacia Centroamérica y Norteamérica, proveniente de África, China, y otros países donde previamente se realizó el proceso de captación; pero no solo sirve o se utiliza como sitio de paso en el traslado hacia los lugares donde han de ser explotados o comercializados, sino que también se pueden presentar procesos de captación, aprovechando poblaciones en situación de vulnerabilidad (desplazados por la violencia, personas de bajos recursos económicos), situaciones que son aprovechadas para inducirlos a través de alguna de las diferentes formas de trata de personas que detallamos anteriormente.

HISTORIA DE LOS DERECHOS HUMANOS SUPUESTO IMPLÍCITO A LA APLICACIÓN EN COLOMBIA
Por ALDO JOSE JAIMES GALVIS Docente investigador Universidad libre de Cúcuta

erechos humanos aquello que el hombre posee por el mero hecho de serlo. Son inherentes a la persona y se proclaman sagrados, inalienables, imprescriptibles, fuera del alcance de cualquier poder político, unas veces se considera que los derechos humanos son plasmación de ideales iusnaturalistas (de derecho natural).

BREVE PANORÀMICA HISTÓRICA

El tribunal europeo, cuya sede radica en la ciudad de Estrasburgo, (Francia) fundado 4 de noviembre de 1950, los estados signatarios de la Convención, adoptada por el Consejo, para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales; de la convención surgió un tratado, el cual se comprometían a respetar y proteger los principales derechos civiles y políticos del individuo.

La edad media fue una época en la que primaron los derechos estamentales, propios no de los hombres, si no de los órdenes, de los estamentos que se estructuraba la sociedad. De los derechos humanos empezó a hablarse en tanto los vínculos estamentales se relajaron, y se consolidó el Estado moderno. En sus orígenes surgieron frente a periodos de intolerancia grupos minoritarios,

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como los calvinistas franceses (hugonotes), que fueron perseguidos, reclamaron la tolerancia, y la libertad de conciencia al compás de las guerras de religión. Surgieron, en síntesis, de convulsiones colectivas. Los derechos humanos no implican una tensión entre particulares ni entre el ciudadano y el Estado. Tienen un planteamiento inspirador filosófico, así como unas garantías difíciles de aplicar cuando no son ilusorias. Se plasman, más adelante, en declaraciones de derechos, que propician el tránsito de los derechos humanos a los derechos fundamentales, dotados de garantías. La ilustración o siglo de las luces movimiento ideológico orientado a las ideas políticas y sociales a favor de ciertas libertades se inspiraban en el filosofoJohn Locke liberal inglés ideólogo de la revolución gloriosa que puso fin al absolutismo en Inglaterra; según Locke los súbditos tienen un derecho inalienable a la vida, la libertad y la propiedad que los monarcas no pueden violar y cuando lo hacen, el pueblo esta legítimamente autorizado para destruirlos. Pero las ideas que más repercutieron en los acontecimientos posteriores y que aún son vigentes son las de montesquieu, quien propuso en su obra la teoría política de “El espíritu de las leyes” la separación de los tres poderes ejecutivo legislativo y judicial, predominado el legislativo obra que se aplica en casi todos los países del mundo; Voltaire con su estilo irónico y mordaz ridiculizo a la monarquía, la sociedad y sobre todo, fue implacable con la iglesia; con sus ataques demoledores contribuyó en desacreditar las instituciones, políticas, sociales y religiosas de su tiempo. Rosseau expuso que el hombre es naturalmente bueno y que la sociedad lo corrompe: en el contrato social, afirmó que la sociedad y el estado surgieron de actos voluntarios y libres de los hombres quienes mediante un contrato delegaron sus derechos en un gobierno; por consiguiente el soberano no es el monarca si no la voluntad general del pueblo. Su teoría constituyó más tarde el fundamento de las constituciones democráticas. Este pensamiento filosófico político liberal conllevaría a la revolución francesa e independencia de la mayoría de las naciones del mundo. La revolución francesa 1789-1791 permitiría la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, por lo cual se declaran la libertad; la igualdad; y la fraternidad, y definió los derechos individuales y libertad de opinión; es de

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anotar el aporte del código civil de napoleón obra jurídica aun vigente que reemplazó la diversidad de derechos privados del antiguo régimen. Es preciso anotar que los derechos humanos se establecieron en el Derecho internacional a partir de la II Guerra Mundial. En primer lugar, hay que citar la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, que distingue entre derechos relativos a la existencia misma de la persona y los relativos a su protección y seguridad, a la vida política, social y jurídica; y los derechos de contenido económico y social. Son, así mismo, relevantes: la Declaración de Derechos del niño, firmada el 20 de noviembre de 1959; la convención sobre los Derechos políticos de la Mujer, suscrita el 20 de Diciembre de 1959; el pacto de Derechos Económicos, sociales y culturales y el pacto de Derechos Civiles y Políticos, estos dos últimos adoptados por las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1966. En el ámbito europeo, cabe destacar la convención Europea para la Protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales, nacida el 4 de noviembre de 1950, en el seno del consejo de Europa. En 1955 la Asamblea General autorizó dos pactos de Derechos Humanos, uno relativo a los derechos Civiles y Culturales. Ambos pactos entraron en vigor en enero de 1966, tras una larga lucha para que fueran ratificados. EVOLUCIÓN DE LAS DECLARACIONES DE LOS DERECHOS Sin duda la declaración Universal de Derechos Humanos es uno de los documentos más importantes de toda la historia de la humanidad. Integrada por los 30 artículos, adoptada en diciembre de 1948 por la ONU. Se pueden diferenciar tres fases en este proceso. La declaración de Derechos nace, por regla general, como un conjunto de teorías filosóficas. Son universales por lo que al contenido respecta y porque se refieren a cualquier hombre. Más tarde y en algunas ocasiones, las declaraciones de derechos llegan a plasmarse en las constituciones, con lo cual ganan en concreción lo que pierden

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en universalidad, quedando protegidos como verdaderos derechos subjetivos, pero solo en el ámbito del Estado que los reconoce de forma efectiva. No son así, en consecuencia, derechos del hombre, sino del ciudadano, es decir, derechos del hombre en cuanto que derechos del ciudadano de un estado concreto. Con la declaración universal de derechos humanos de 1948 comenzó una tercera fase donde la afirmación de los citados derechos se quiere a un tiempo universal y positivo. Universal, porque los destinatarios no son todos los hombres si no tan solo los ciudadanos de uno u otro Estado. Positivo, porque se entiende que comprende un proceso, concluido el cual los derechos humanos no solo serán proclamados, sino protegidos de un modo material, incluso contra el propio estado que los viole. En los 60 años de la aprobación y publicación de los derechos humanos, es de cuestionar el real cumplimiento; el cual en la cumbre de la OEAse criticó y denunció la falta de legitimación y constitucionalidad en la mayoría de los estados del mundo, cuyo principal deterioro se presenta en las dos potencias del mundo EEUU – China. En USA se cometen unos de los mayores abusos de los derechos humanos esencialmente la pena de muerte, torturas, discriminación racial laboral, abusos a carcelarios en la guerra contra Irak y Afganistán, a soldados por no ir a la guerra, prisioneros torturados y no llevados a juicio; detenciones de soldados musulmanes en la cárcel Guantamano. En China, se presenta represión torturas, hostigamientos por parte del estado a grupos minoritarios (1% de cristianos), ejecuciones y condenados a muerte, es una de las más horrorosas del mundo. El panorama de los derechos humanos en África es desolador,la xenofobia, las enfermedades como las epidemias, las pandemias, el sida que es uno de los mayores del mundo, a causa de la estructural pobreza, atraviesan todas las clases sociales, frente a la desigual realidad económica y laboral y al régimen del apartheid, hace que coexista como una de las peores economías del mundo, con el consecuente aumento de la miseria, el desempleo en zonas rurales y urbanas, como también la historia de la migración forzosa y la reubicación masiva, dado a ser una de las culturas más atrasadas y golpeadas del mundo;principalmente en Zimbabwe y Mozambique. En Haití – el Salvador, Brasil, Guatemala, se presentan diariamente

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numerosos casos de no respeto a los derechos humanos; en Venezuela y Colombia aún existe el machismo; los informes de amnistía internacional son desalentadoras. Colombia uno de los países de América Latina en que los Derechos Humanos están siendo violentados. Dentro del sistema en crisis neoliberal plutocrático rentista mafioso, pentagónico militar; evidenciado en la parapolítica, en lafalta de gobernabilidad institucionalidad y legitimidad de la nación; la ley 975 justicia y paz condujo al país al rearme o conflicto armado por grupos insurgentes y agentes con significativas pérdidas humanas desapariciones. otro fenómeno sociológico que afecta principalmente a la sociedad más vulnerable es el permanente desplazamiento y desarraigo, la violación a niño @; y los mayores reclutamientos involuntarios procedentes del Catatumbo, Nariño y Choco; así mismo la crisis humanitaria, la falta de pluralidad, la impunidad, y la corrupción; se debe añadir, que la problemática se ha ido aumentando, no como nos hacen creer los medios de comunicación colombianos, ya que los mismos estudios de la ONU confirman que Colombia tiene una grave crisis en cuanto al desplazamiento forzado. Finalmente lo fundamental es: la participación democrática ciudadana, con el fin de restaurar el concepto de nación y de Estado de derecho.

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DESAPARECIDOS
Están en algún sitio / concertados desconcertados / sordos buscándose / buscándonos bloqueados por los signos y las dudas contemplando las verjas de las plazas los timbres de las puertas / las viejas azoteas ordenando sus sueños sus olvidos quizá convalecientes de su muerte privada nadie les ha explicado con certeza si ya se fueron o si no si son pancartas o temblores sobrevivientes o responsos ven pasar árboles y pájaros e ignoran a qué sombra pertenecen cuando empezaron a desaparecer hace tres cinco siete ceremonias a desaparecer como sin sangre como sin rostro y sin motivo vieron por la ventana de su ausencia lo que quedaba atrás / ese andamiaje de abrazos cielo y humo cuando empezaron a desaparecer como el oasis en los espejismos a desaparecer sin últimas palabras tenían en sus manos los trocitos de cosas que querían están en algún sitio / nube o tumba están en algún sitio / estoy seguro allá en el sur del alma es posible que hayan extraviado la brújula y hoy vaguen preguntando preguntando dónde carajo queda el buen amor porque vienen del odio

MARIO BENEDETTI

Grupo de Investigación Derechos Humanos IDH Semillero de Derechos Humanos “Gerardo Molina”