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Kelsey Harper Dr. Flores-Cuautle Spanish 631 18 de abril de 2011 Una resistencia inútil: La lucha incansable del hombre por controlar la naturaleza El hombre muerto por Horacio Quiroga presenta el conflicto entre los hombres y la naturaleza que ha existido desde el comienzo del mundo. En este ensayo será discutido cómo el autor utiliza su obra para construir una lección universal: Los esfuerzos humanos y el intento de controlar la naturaleza son una resistencia inútil, pues la naturaleza tiene frente al hombre una actitud indiferente. Quiroga subraya este tema repetitivamente en su obra por medio de varias leyes que se encuentran a lo largo del texto: las de la naturaleza—que parecen absolutas dentro del texto— y las leyes que definen las relaciones dadas entre los seres humanos y la naturaleza. En otras palabras, podemos decir que la primera ley sería que la naturaleza siempre ha sido y siempre será una fuerza poderosa, silvestre, inesperada e imposible de cambiar; la segunda sería que los hombres son creaturas bastante rutinarias e inferiores a la naturaleza a pesar de su deseo inherente por controlarla y nunca lograrlo. Discutiré en este ensayo la manera en que Quiroga utiliza un lenguaje repetitivo para acentuar las expectativas de los seres humanos de que la vida debería ser repetitiva y rutinaria. También destacaré la forma en que este lenguaje contrasta considerablemente con las características de la naturaleza y la primera ley que ya he mencionado. Explicaré cómo el gran énfasis que hay en los hechos del hombre en esta historia se relaciona con el tema principal.

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También me enfocaré en el énfasis que se le da a la indiferencia que tiene la naturaleza con respecto a los esfuerzos de los seres humanos. La trama de El hombre muerto se centra en un evento trágico que acaba con la vida de un hombre cuyo nombre no sabemos. Más específicamente, se puede interpretar este evento como el hecho principal que explica el tema—no es tan solo una tragedia, sino que es un cambio que rompe con lo rutinario y lo esperado en la vida de una individual. Se presenta la repetitividad como un elemento que caracteriza la vida humana. Tales características inherentes de los seres humanos son subrayadas a lo largo de todo el texto; hay una gran tendencia hacia el orden, lo rutinario y lo esperado. La lectura apoya esta perspectiva por medio del estilo de escritura. Por ejemplo, el uso de palabras y frases como “todos,” “siempre,” “el mismo,” y “uno de tantos” se repiten una y otra vez en el texto y forman una estructura que explica las expectativas de los seres humanos (Quiroga 82). Después del accidente que causa una muerte prologada y dolorosa, el protagonista empieza a reflejar en su vida y su rutina diaria: “¿No viene todas las mañanas a limpiarlo?” y luego observa que sigue “todo, todo exactamente como siempre” (Quiroga 81). El hombre describe un muchacho que “pasa todas las mañanas…siempre silbando”, “el muchacho de todos los días” (Quiroga 82). Aún en sus momentos finales sigue pensando en los quehaceres rutinarios que le faltan cumplir: “el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar” y “El mango de su machote (pronto deberá cambiarlo por otro; tiene ya poco vuelo)” (Quiroga 82). Una oración en esta obra mejor resume y explica el tema de la repetitividad: “Todos los días, como ése, ha visto las mismas cosas” (Quiroga 82). El accidente crea una ruptura en la rutina diaria—una ruptura que causa el protagonista a contemplar los eventos rutinarios de su vida antes del accidente y darse cuenta de que este evento inesperado puso un alto súbito a la rutina con que se había familiarizado tanto.

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Según el texto, otra característica de los seres humanos es que se afanan mucho para controlar la naturaleza, una característica que luego analizaré más profundamente. Primero hay que establecer la personalidad de la naturaleza descrita en esta obra y como actúa como una fuerza superior a los seres humanos. El primer versículo del libro de Génesis que explica la superioridad de la naturaleza como es evidente en esta obra de Quiroga: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra” (Génesis 1.1). Aunque no mencionado en el texto, este versículo establece un modelo que explica el rol de la naturaleza que Quiroga describe en El hombre muerto y crea la base de la jerarquía que existe entre los hombres y la naturaleza. La naturaleza vino primero; existía antes que existieran los seres humanos—una de las razones por la cual la naturaleza mantiene una posición superior a la de los hombres. Ya hemos visto que la vida del ser humano es repetitiva, rutinaria, y planeada. Al contrario, la naturaleza es espontánea, silvestre e inesperada. Quiroga describe la naturaleza en cierta manera que destaca el poder y el carácter inmutable de ella. El hombre trabajaba en un área donde “abundaban las chircas y malvas silvestres.” Es una descripción de un lugar inhóspito; volvemos a esta imagen de la naturaleza inhóspita cuando el protagonista trata de tenderse en la gramilla. La gramilla, que antes del accidente del hombre era un lugar para el descanso y la relajación. Después del accidente, se ve la gramilla desde otra perspectiva. Ya no es un lugar sereno para descansar, sino que es un lecho de agonía donde se espera la muerte. Mientras el hombre está muriendo, está enfatizada la tendencia de la naturaleza de seguir adelante constantemente. El protagonista se siente como si hubiera pasado toda una vida mientras está tendido y muriendo en la gramilla, pero “el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro” (Quiroga 82). Luego el texto dice “Nada ha cambiado. Solo él es distinto” (Quiroga 83). La naturaleza sigue; no cambia para mejor acomodarles a los seres humanos. El autor describe la

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muerte del protagonista usando palabras duras y brutales: “Ha sido arrancado, bruscamente…” Una imagen de un cambio súbito y cruel está establecida, y la oración termina con la palabra “naturalmente.” Es decir la brutalidad en que el hombre ha sido arrancado de la tierra no es fuera de lo común, sino que es una ocurrencia natural, demostrando la crueldad de la naturaleza y el poder de ella sobre los seres humanos. En El hombre muerto, vemos una característica de los hombres—que son bastante rutinarios—y el texto también revela otra característica: que los seres humanos tienden a tratar de controlar la naturaleza, una meta que nunca se alcanzará y la fuente de la lucha incansable entre los seres humanos y la tierra. Se nota varios intentos por parte del protagonista de poner orden, empezando en la primera oración de la obra: “El hombre y su machete acaban de limpiar el bananal” (Quiroga 81). Hay un gran énfasis en el hecho de que el hombre hizo todo con sus propios manos: “Él mismo, al levantar el alambrado, midió la distancia” y “el potrero, que formó el mismo a azada” y la gramilla, que “plantó el mismo” y otra vez “el potrero, obra sola de sus manos” (Quiroga 83). Sus tareas son un intento de hacer una transición de lo silvestre (la naturaleza) hacia el orden. Desafortunadamente, la naturaleza es indiferente a los esfuerzos y sigue existiendo según sus propias leyes. Param observa el mismo fenómeno entre los hombres y la naturaleza: “De gran parte de sus cuentos transcurre en el medio de la naturaleza bárbara; a veces sus protagonistas son animales; y si son hombres, suelen aparecer deshechos por fuerzas naturales” (428). Por eso, los afanes del hombre producen una frustración que viene de la lucha contra las leyes de la naturaleza. Un ejemplo de tal afán es el alambrado. El protagonista levantó el alambrado como forma de controlar y organizar la naturaleza. Lo irónico es que el mismo alambrado que él levantó fue en parte responsable de causar su muerte. En el texto también vemos el intento de adueñar la naturaleza; la protagonista se refiere a “su monte,” “su potrero” y

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“su bananal” (Quiroga 83). El texto dice que antes la tierra “era capuera cuando el llegó y antes había sido monte virgen” (Quiroga 83). Es clave esta frase porque describe el estado natural de la tierra antes de que el hombre la cambiara y tratara de poner orden. Por más que los seres humanos traten, la tierra siempre trata de volver a su estado original. La obra concluye con la muerte de la protagonista y es el último ejemplo en el cuento del poder de la naturaleza sobre los seres humanos. El hombre, después de un proceso agonizante, muere tendido en la gramilla. Cerca del cadáver está su caballo que sigue obedeciendo a su dueño y no se atreve a “costear el bananal como desearía” (Quiroga 83). Después de un rato, el caballo hace lo que quiere, pasando entre el poste y su dueño, como si el hombre fuera no más que gramilla. Collard observa: “En El hombre muerto, se entrega a un juego de reflexiones sobre la insignificancia de la desaparición de un ser humano” (280). El hombre llega a su final; la naturaleza sigue igual. Quiroga presenta por medio de su obra una dicotomía entre las características de los hombres y las de la naturaleza. La naturaleza es una fuerza poderosa que existía antes de los seres humanos y que siempre los dominará. Los seres humanos tienden a trabajar apasionadamente para establecer el orden y tomar el control. La “naturaleza bárbara” (Param 428) seguirá siendo así y cualquier resistencia contra ella resultará inútil, según la estructura que Quiroga establece para explicar la relación entre hombre y naturaleza. El ultimo comentario que me gustaría compartir es un versículo bíblico que resume el tema de la lucha incansable entre la naturaleza y los seres humanos: “¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3.17-19)

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Obras citadas Collard, Andrée. "La Muerte En Los Cuentos De Horacio Quiroga." American Association of Teachers of Spanish and Portuguese 41.3: 278-81. JSTOR. Web. 11 Apr. 2011.

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NVI Biblia De Estudio / NVI Study Bible. Vida Pub, 2003. Print Param, Charles. "1. Horacio Quiroga and His Exceptional Protagonists." American Association of Teachers of Spanish and Portuguese 55.3 (1972): 428-35. JSTOR. Web. 11 Apr. 2011 Quiroga, Horacio, and Raimundo Lazo. "El Hombre Muerto." Cuentos. México, D.F.: Editorial Porrúa, 2006. 81-83. Print.

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