CARTAS AUTÓGRAFAS DE Y PARA JOSÉ CECILIO DEL VALLE

Primera edidÓQ, 1978 Derechos reserv-ados © 1978 poc Embajada de Honth;».\s Av. Juárez 64, despacho 911 México 1, D. F. El prólogo 7 Us características de e$U edidóo seo propiedad de U EDITORIAL PORRÜA. S. A Av. República Argentina. 15, México 1. D. F. Queda hecho el depósito que ouxca la ley iMrauo EN mIxioo miNTIO IN MtXICD Edición-Homenaje de la Secritaría de Relacjonis Ermjoaisoí HoNDUtAt. CON OCASIÓN de ( IMPI.IRSE El. HICENTENARIO DI ^V NAaMlfWTO PROLOGO Gracias al denodado ímpetu epistolar de los hombres públicos de la América española de principios del xix puede reconstituirse una buena parte de la historia política, de las costumbres, de las peculiaridades de la economía, hasta de la historia natural, del estado de las ciencias y de los quehaceres de las gentes importantes de entonces. La correspondencia de esos hombres, además de ilustrar sobre su carácter, sus debilidades, su personalidad, en una palabra, nos informa respecto a los movimientos intelectuales, las inquietudes literarias, las aspiraciones políticas. Ese epistolario, bien examinado, constituye un testimonio útilísimo, un repositorio muy valioso de pensamiento. Nunca agradeceremos bastante a esos diligentes escribas su empeño de mantenerse en comunicación asidua con sus congéneres, lo que nos ha legado una información muy estimable. De ahí la necesidad de preservar ese caudal de manuscritos, de ordenarlo metódicamente, de difundirlo en cada ocasión, como

lo hace en la presente publicación la Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de Honduras. José Cecilio del Valle, nativo de Honduras, pero patricio de toda América, que hoy acabala doscientos años de haber venido a nuestro mundo, fue un prolífico y cuidadoso corresponsal, docto, puntual y exacto, que dejaba transpirar en sus cartas su apasionamiento por su tierra patria, sus inquietudes por el futuro político de la América que recién nacía, su preocupación por el ser humano de estos contornos, su tortura' íntima porque el progreso dilataba, y su admirable caudal de conocimiento científico. Criollo por excelencia pero hombre universal al mismo tiempo, multi-facético, con el alma plena de impaciencia, enamorado de la libertad, político cabal, polígrafo acucioso, americanista distinguido, tal vez demasiado avanzado para su época, con algunas inexplicables contradicciones intrínsecas, José Cecilio del Valle transita por esa interesante atmósfera de la América recién independizada —que él ayudara significadamente a liberar— ensayándose como estadista en un ambiente hostil, el de sus contemporáneos que no se resignaban a absorber sus esencias intelectuales, y tal vez por ello roído por la incomprensión, mas produciendo, como buen artífice, ideas seminales para su nación, y para toda América enVm PRÓLOGO medio de una lacerante lucha interna que se enrrcvé a través de sus misivas. Valle podría bien ser el prototipo del procer de la independencia, pues no cede en nada a los pnAombres más connotados, redentores de nuestro continente, aunque fue menos afortunado que ellos, porque le cercaba el medio, un tanto raquítico para su inmenso talento, pues era, como dice Pérez Cadalso, "el más inteligente de los centroamericanos" ^ que es decir mucho, pues es una región no escasa de ingenio. Siendo un hombre de tanta valía, de tan considerables prendas intelectuales y morales, fue injustamente postergado. Y es que precisamente por sus relevantes dotes se le miraba con envidia o bien con alanna, como peligroso para los mediocres, por su lógica inflexible, por su verbo penetrante, por su sólida honradez, por su visión poco cocnún, y por un orgullo impaciente que, bien fundado en la condenda de su valer. era su peor enemigo. Tal vez le dañaba un algo de utopía en sus móviles políticos, pero sobre todo, le gravaba

su tremenda soledad, ya que el medio no le ofrecía seguidores prestos, ni iguales con quiertes debatir, ni discípulos que recogieran sus sensatos p re ce ptos. Ello explica por qué Valle se refugió a U postre en d gabinete del científico, del investigador, dedicado a la meditadóo, y su copiota correspondencia con los sabios de entonces. José Cecilio del Valle fue pues desaprovechado, y languideció, fuera de la escena política, donde hubiera dado una contribución eminente. Pues inc u c sti onablefnente Joaé del Valle estaba superdotado para desempefiar las funciones de gobiecno más complicadas, o para ejercer las magistraturas más elevadas. Nada le resultaba difícil en esos terrerxM. Lo extnfio es <|ue lo hicieran a un lado, o que él se excluyera, y se desperdiciara lu singular talento, en instantes críticos, en que la presencia de un h ombfe asi significaba tanto para la suerte de un país. Varios e pis od i o s rcrelan ius considerables atributos de estadista. Como muestra csti oue fue el cerebro de la independencia de Centroaroérica en 1821, y « numen de su Acta de Emancipación, en donde se fijaran las ba»es para la nueva organización política de los provincias liberadas en esa región. Mis tarde enseña su extraordinaria penetración política cuarulo con espíntu sabio y previsor se opuso desde Guatemala, el 5 de enero de 1822. a U anexión de Ccntroamérica al Imperio MexicarK) Por cierto, no se han investigado del todo ni la impOftaocia de U fugaz agregación de América Central a México, ni tampoco los ifUcniOS efectos históricos de la separación de todos esos Estados, meses más tarde. Algún día habrá de dilucidarse ese interesante eveiíto histórico. Baste decir por ahora que no era tanto la cuestión de un PROLOGO DC miento territorial, sino la pérdida de una simiente valiosísima de hombres. Qué grandes hubieran sido México y Centroamérica si hubiese perdurado la unión de 1822, si Valle no hubiera persistido en su afán secesionista, y hubiera participado más en la política mexicana. Luego, Valle enseña su magnífico potencial al figurar como diputado constituyente en el Congreso de México, con hombres del tamaño de Servando Mier, de Ramos Arizpe y de otros. La independencia centroamericana era obsesión en nuestro procer, y propalaba esas ideas en el Congreso, lo cual lo

hizo peligroso para el régimen de Iturbide, que lo redujo a prisión en agosto de 1822, junto con varios diputados, acusándole de conspirador. En el Convento de Santo Domingo, donde estuvo detenido. Valle acrisoló sus pensamientos, y cuando fue liberado por el propio Iturbide, a principios de 1823, en momentos en que se veía venir el triunfo de la República, tuvo que aceptar la Secretaría de Relaciones Exteriores, como mal menor, puesto que ejerció por unas semanas, mostrando competencia y lealtad en el cargo. Caído Iturbide en marzo de ese año, Valle se reintegró al Congreso, en donde emite un profundo y espectacular discurso —en abril de 1823— clamando por el retiro de las tropas mexicanas de Filisola destacadas en Centroamérica, señalando que era artificial la agregación, propugnando por una federación de todos los Estados de América, e invocando una vez más la liberación de esas provincias. La actuación de Valle, pues, fue si no el factor determinante, por lo menos uno de la mayor relevancia para la separación de Centroamérica el 12 de abril de 1823, confirmada por decreto del gobierno federal mexicano de agosto 20 de 1824. Para bien o para mal, y con la generosidad del gobierno mexicano, aquellos pueblos del Istmo alcanzaron su emancipación desde entonces, tropezando con muchas dificultades para afianzarla. Más de siglo y medio han tenido que esperar esas provincias para comenzar a ver realizados los ideales que perseguían los patriotas de entonces, para reunir los fragmentos que dispersó la continua intriga política. Todavía Valle mostró su poderosa influencia intelectual, al participar destacadamente en las labores del Congreso mexicano, especialmente, en el proyecto de Constitución Federal de ese año, en lo cual exhibió madurez, sabiduría y penetración política. En varias de las partes de este documento se percibe la influencia de las ideas del patricio americano. Cumplido su sueño de independizar a su América Central, José Cecilio del Valle regresa a Guatemala el otoño de 1823, todavía poseído por el élan político, y obtuvo ser nombrado miembro de un triunvirato que dirigía la fugaz Unión Centroamericana, y a poco figura como candidato triunfador en 1824, mas la política le jugó una mala pasada, se anuló su elección, y se erigió su adversario Manuel Arce. G)n ese golpe, Valle se aparta de la política por un tiempo. Puede observarse aquí el drama del intelectual, cercano a cumplir sus sueños de estadista, a quien la maniobra politiquera lo deja a un lado y le obliga a dejar la palestra por

un tiempo, para sumergirse en las deodas naturales, con breves incursiones en la política, pues aparece cocdo diputado al Congreso en 1829. Otra vez vuelve Valle a tomar en serio la lid política, y en 1830 se enfrenta en las elecciones presidenciales con el caudillo Monzán, que lo derrota ampliamente, saliendo otra vez José Cedlio de la escena política, volviendo a sus quehaceres de investigador, y a cartearse con el mundo científico de entonces. Mostrando su desdén por la política. Valle rechaza sucesivaniente las embajadas de Londres, en 1825 y de París, en 1831 — con el pretexto de mala salud— y en octubre de ese último año, rehusa la presidencia de la G>rte Suprema.' El investigador podría preguntarse si esta abstención no era acaso hija del orgullo herido. £1 despego de José Cecilio del Valle hada la cosa pública, real o ficticio, se acentúa al final y en ocasiones parece obtesión. El 26 de julio de 1833 escribe a Flores Estrada: "El Preskfeole ha dejado el mando, y parece que no volverá a tomarío." El Coogicio me o ombió Vicepresidente: Ya hice tres renuncias, y al fin se ha aceptado la tercera. .. yo no tengo otra ambición que la de cultivar mis caras dencias. Yo me abrazo con ellas: vivo para ellas, y sentiré morir por ellas. . .• Con su prestigio incólume y mis bien acrecentado por sus profundos y creativos estudios figura de nuevo en las elccdooes de 1834, en Us que obtiene postumamente la presidenda, cuando te hibb apagado la llama de su vibrante espíritu. "Su muerte cubrió de grtodes tombns el alma de Ccntroamérica" ha dicho el otro insigne Valle, Rafael Helio-doro, como él, hondureno y mexicano a la vei.* Se fue una gran oportunidad. El ejemplo para la posteridad de uo intelectual de tanto valer dirigiendo un ensayo de federadÓQ sentado un ejemplo, difícil de igualar en la región y en d La educación, las ciencias, la economía, la política intemadonal, U propia organización interna de los países hubiesen sin duda redbido un grande y sano impulso, bajo su noble y bien intencionado inflnio. 3 Véanse comunicación de julio 8 <k 182). <ic 11 «k tmtm 4t lt5t. •! de Relaciones, y de noviembre 2 de 1851. al oumdo mocUóo. 3 Carta a Alvaro Flores Esuada, devle CuJtcauLa, iulio 26 ik IS5Í.

* Prólogo a la cdiciiSn -ic Ctrt^t Jt Jote Cecilia Jft V'sU*. 1963. página XIV. Valle además sobrepasaba el cerco de su región, pues su pensamiento era hemisférico y universalista. Concebía a la América unida toda, a través de un congreso federativo, continental. En una de sus cartas «cpresaba:^ "La América será desde hoy mi ocupación exclusiva. América de día cuando escriba. América de noche cuando piense. El estudio más digno de un americano es América." Tuvo una visión muy certera de una unión de Estados americanos, una alianza para auxiliarse todos los Estados en las amenazas de afuera y en las divisiones internas, una especie de lo que andando el tiempo sería el Tratado de Río de Janeiro de 1947, mas en el esquema de José Cecilio del Valle, de 1822, la fuerza colectiva se limitaría únicamente a obligar a que las diferencias se resolviesen pacíficamente por los tribunales de los Estados contendientes, y a compelirlos a acatar la decisión judicial así obtenida. El patriota hondureno proponía, además, en su diseño que se concluyese entre las naciones de América un tratado general de comercio, con un sistema de preferencias. Pensaba que a través de esa federación se crearía un sistema americano auténtico, o sea "la colección ordenada de principios que deben formar la conducta política de la América". Valle era pues en cierta forma, un predecesor de Simón Bolívar en su pensamiento continental, mas un Bolívar sin espada, y sin el eco que había encontrado el Libertador, por la oportunidad y la difusión de su prédica. Es un gran precursor, malogrado por la intriga tropical y por la indiferencia de sus contemporáneos. Cuando se releen los escritos de Valle, cuando se examina la correspondencia de ese pensador, cuando se valoran sus actos públicos y cuando se confronta todo ello con la revuelta escena centroamericana de su época, y la pequenez de sus competidores, puede uno dolerse de que un hombre tan grande de alma y de talento no hubiese sido colocado en ios primeros puestos de gobierno. La fatalidad quiso negarle la oportunidad de demostrar su valimiento y su noble intención. Puede especularse lo que hubiera sido de la federación centroamericana encabezada por un procer idealista como José Cecilio del Valle. Tal vez hubiera perdurado esa unión sin despedazarse, bien integrada. El epistolario que aquí se reproduce no cubre roda la correspondencia de José Cecilio del Valle, sino sólo lo que ha podido locahzarse hasta ahora. Comprende el grueso de las cartas de Valle en el periodo de 1821 a 1834, o sea, cubre los últimos trece años del patricio. Aún queda mucha correspondencia del infatigable sabio por localizar. Sin embargo esta colección

ilustra grandemente sobre las preocupaciones intelectuales políticas, económicas y cientificas de Valle, pues sabía Xn PROLOGO volcarse en sus comunicaciones. Enmedio de los temas dentífioos más abstrusos salta la inquietud política, a cuyo adcate no podía escapar. Puede notarse en estas cartas de José Cedlio del Valle la persistencia de algunos tópicos que le abrasan. Uno de ellos, ejemplar y reiterativo, es la educación y sus benefidos "que hace avanzar de prisa a los pue^ blos". Otro es la impacienda por poner a América a la par de Euxopt, pues no se resignaba a esa disparidad. Uno más es su intensa preocupación por la economía, que manejaba con gran soltura y desde luego, otra más son las expresiones de su quehacer dentífico tan formidable, que aparece a cada paso, en todo su intercambio epistolar. Sus ideas sobre la educadón son muy sensatas y pertinentes, además de avanzadas. De ella dice "es el gasto primero que debe hacer una municipalidad que conoce todos los valores de la primera enseñanza: es el que puede produdr más bien y formar más dudadanos". (Carta al Secretario de la Munidpalidad de Guatemala, 24 de abril de 1826.) Reitera esa inquietud al corresponder con la Sociedad de Instrucción Elemental de París, de la que fue miembro a propuesti de su amigo londinense, el G>nde de P^chio, y que estaba encaminada "a mejorar los destinos del género humano". Valle dice el 20 de mano de 1827, con gran intuición: "Los hombres ignorantes son instnunen* tos de sus mismas desventuras. De ellos se sirve la tiranía para destruir la forma de gobierno que los protege, y establecer oCim <]iie k)t oprioM. De ellos se vale el fanatismo pgmi proscribir a los sabios <|Qe los instruyen ... La ilustración es el origen primefo de todo bien. Procurar el de los pueblos es abrir la fuente de donde fluyen todas sus vcoturas: es trabajar por su felicidad y mejorar los destinos del féneco bumaoo**, y más de dos años después, insiste ante esa prcstísta^ iodedad, a U que dirige una comunicación el 19 de octuore «r 1829: "AAos hi que conozco la importancia de la educación, especialmente en América. Cada día me convenzo más de su necesidad en esta República, menos adelantada ciue otras en las ramas precisas de instrucción. El sisiemt adoptado de gobierno exige muchos fundonarios ilustrados y morales; j no es posible suponer tantos hombres de luces en unas

provincias (|iie acab;ui de salir del caos de obscuridad donde las turo tres siglos d genio español... La educación es la primera necesidad de estos pueblos." En el intervalo, en una misiva a José J. Mora dd ) de |ulio de 1826, expresa que los hombres que cultivan la ciencia con ardor son los primeros en su escala. "Vo \co en ellos d origen de lodos lot bienes porque la ilustración es para mí la fuente de donde fluyen cuantos pueden gozar las sociedades. .." A su amigo, el barón Alexander Von Humboldt, que f\ie un espíritu receptivo de los pensamientos de Valle, le escribe d 29 de octiiPROLOGO xin bre de 1829 diciéndole que la educación "es la necesidad primera de la república. Yo he escrito sobre ella la memoria que tengo el honor de someter al juicio respetable de usted. Si no ofrece pensamientos nuevos, acredita al menos la voluntad ansiosa del Bien General. Es grande la falta de hombres ilustrados. La América será víctima de la ignorancia y pasiones si sus gobiernos no piensan seriamente en la educación, descuidada hasta ahora por ellos". Se dirige en 1827, en febrero, a Vicente Cervantes, expresándole la decepción por los atropellos a los esfuerzos para crear instituciones de cultura, y su amargura se refleja en esa epístola. Ahí describe la suerte de aquéllos que, dedicados a mejorar la cultura de su país, sólo encuentran incomprensión de, los políticos gobernantes. Los párrafos de Valle son bastante conmovedores: "Lo creerá usted, señor Cervantes! cuando yo era individuo del Poder Ejecutivo me interesé en que la juventud tuviera una clase de Botánica. Hablé con ese fin al único que podía dar lecciones: di algunos libros para la instrucción de los alumnos: mandé hacer de mi bolsillo sin gravar a la Hacienda; bancas, mesa y estantes: adorné la clase con las catorce tablas que formó usted; y ofrecí costear un hortelano que llevase vivas las plantas que pidiese el profesor; comenzaron las lecciones deseadas: dos alumnos fueron distinguidos por su aplicación; y yo me complacía en un establecimiento que prometía tantas ventajas. Pero apenas cesé de ser individuo del Poder Ejecutivo, el gobierno llamó al profesor: le dijo que se necesitaba la pieza donde daba las lecciones: no le proporcionó otra para darla: las bancas de los alumnos son destinadas para asientos de los soldados de guardia; la mesa del profesor sirvió a la cocinera de palacio para hacer pasteles; y el secretario publicó después en su Memoria para cohonestar sin duda unos procedimientos tan poco dignos, que

la clase de botánica no correspondía al gobierno federal, sino al del Estado." Lo malo está en que no obstante el largo tiempo transcurrido, todavía se encuentran ejemplos similares en nuestra época, en algunos de nuestros países. Aún perdura el menosprecio al intelectual diligente, al educador dedicado. No obstante los fracasos encontrados a cada paso, José Cecilio del Valle no desmayaba, y mucho era su empeño para elevar el índice cultural de su adorada Centro América, y todavía en 1830 le escribe a Alvaro Flores Estrada: "Los sabios son para mí los primeros seres de la especie humana." ., , . , En ese mismo año se duele de la falta de educación de nivel superior, y machaca sobre el tema con gran verdad. En una larga, inte-resaiite e ilustrativa carta al Conde Pecchio, del 24 de marzo de 1830, le revela- "El alma se afecta de sentimientos muy tristes al considerar tantas órdenes de empleos en esta República, y la falta absoluta de educación necesaria para formar hombres capaces de servirlos. La ley PRÓLOGO exige multitud de legisladores, consejeros, presidente, vicepresidente, jefes de Estado, vicejefes, magistrados, jueces, intendentes, etc.. y no hay una sola aula ni de la ciencia legislativa, ni de la ciencia de los gobiernos, ni de economía política. Lo más olvidado es el sistema de educación. Se cree preciso el arte de los zapateros pora hacer un par de botas, y no se juzga necesario el de los legisladores para dictar una. ley, ni de los gobernadores para dirigir una nación o Estado." Podemos, preguntarnos si hemos avanzado desde entonces, y si aún habiendo aulas, éstas son lo suficientemente idóneas para proveer los cuadros dirigentes de nuestros países de la América Latina. También la educación superior le interesaba sobremanera, pero además, las ciencias constituían su predilección, a juzgar por lo reiterado de las menciones en sus cartas. En 1824 le vemos escribiendo ansiosamente al sabio mexicano don Andrés Manuel del Río envündole minerales para clasificación. Su desesperación manifestada en su cmiti a este investigador en 1827 ponqué a Guatemala "que tenía gran<fes ce-cursos por explotar, no llegaban los botánicos, a st rónomos, geógra f o s y naturalistas" es prueba de que le afectaba cualquier cosa que impidiera el desarrollo científico. Su admiración por las dendas es infinita. El 3 de agosto de 1827 dice a González y Saravia

'Todo es pequeAo al lado de las ciencias." El tema se encuentra presente en la mayoría de sus escritos. £1 paquete de cartas intercambiadas con el general mexicano Manuel Mier y Terán es muy ilustrativo, porque a la vez que '■npffff el pcnsa> miento del sabio centroamericano pone de relieve aspectos descoood* dos de la personalidad del general Mier y Terán. En diciembre de 1827 se dirige al mexicano recomendándole cómo hacer obtenracioncs científicas en el viaje cnie éste debe emprender para reconocer la frontera Norte de México, de acuerdo con el Tratado de Oils. Le insta para que en el Diario "cada hoja fuese dividida en tantas casillas o columnas como fuesen las clases de observaaones que el viajero se propusiese hacer: 2^ que en la primera, destinada a obierraciones metereológiCBS, te sasen la temperatura, elexación sobre el nivel del mar, etc., de los o lugares principales del derrotero: 3* que en la teguoda, dertiñüfa a observaciones mineralógicas, se manifiesten las fHTTfff de rocas en las montañas del tránsito: 4' que en la tercera, *¿-t^i***^ a observa* ciones botánicas se indicasen los géneros o especies de vegetales que se viesen sucesivamente en el camino: y que en la cuarta, destinada a observaciones zoológicas, se diese nocida de los géneros y ffpmrt de animales que viesen en el territorio que atravesase: 6* que en la destinada a observaciones geográficas, se fijasen las pftfioftnft y 7' que en la sexta se expresen las horas, días y lugares en que le hkk las observaciones respectivas". ^ Al parecer, Mier y Terán le inspiraba afecto y confianza a la vez, a juzgar por el tono fraternal y afectuoso de las cartas y el grado de confianza y llaneza. Interesado como estaba Valle de las cosas de México, y mostrando un conocimiento profundo sobre el tema, envía una nota a Mier el 3 de agosto de 1827, muy ilustrativa, y desde luego, de enorme interés para nosotros. Ahí dice: "Recibí la relación del viaje al Popocatépetl de los señores don Guillermo'y Federico Glennie. La he leído con interés porque lo tiene muy vivo para mí todo lo que dice relación a la Naturaleza y a la América, parte hermosísima de la Naturaleza. Son ya cuatro los viajes a tan espectable volcán: el de Ordaz, el de Montano, el de Humboldt y el de Glennie. El primero no llegó al cráter según escribió Cortés a Carlos V: el segundo trepó a él según dicen los historiadores Herrera y Clavijero; pero no midió su altura ni tendría los instrumentos y conocimientos necesarios para medirla: el tercero, que no dice en su Ensayo sobre Nueva España, si subió a la cima, la midió geométricamente y la fijó en 5,542 varas castellanas: el cuarto la calculó por medio del barómetro y dice que es de 6,438. Vea usted con qué lentitud marchan las ciencias! En tres siglos no

se han hecho más que cuatro viajes. Yo al menos no tengo notícía de otro. Y después de tan dilatado espacio de tiempo no sabemos entre resultados tan diversos cuál es el verdadero, o si ninguno de ellos debe serlo. Pero ya somos independientes: Ya podemos continuar libremente todos los conocimientos. Algún día tendremos Sauusu-res que hagan viajes repetidos a nuestros Alpes. Quiera usted entre tanto, darme alguna idea de los señores Glennie y de la confianza que merezca el barómetro de que se sirvieron en su viaje. Es muy grande la diferencia entre su cálculo y el del señor Humboldt, cuyo saber tiene tantas pruebas que lo acreditan." Su interés por la expedición de Mier y Terán siguió en aumento, y excitado escribe a éste el 18 de abril de 1828, pidiéndole que no deje de tenerle al corriente. Señala: "Seis meses ha que en su aprecia-ble de 27 de octubre último me anunció su partida de México a las fronteras del Norte. Ya estará muy avanzada su comisión: ya habrá hecho diversas observaciones, y determinado distintas posiciones. Yo exijo el cumplimiento de su palabra. La empeñó prometiéndome avisos de su marcha y noticias de lo más digno. El diario de su viaje será precioso para mí. Quiera tomarse el trabajo de enviarme copia de él. Mis deseos son inmensos cuando se trata de sus progresos. A más de las geográficas y astronómicas que usted sabrá hacer, querría también eozar de las botánicas del señor Berlandier, usted ha excitado mi curiosidad diciéndome que es discípulo del gran Decandolle." El entusiasmo por los descubrimientos, casi juvenil, no abandona a nuestro héroe, no obstante las múltiples ocupaciones que le acosaban por esas épocas. En medio de los graves asuntos públicos de Ccntroamérica no olvidabA ni las letras, ni las ciencias, ni la filosofía. G)nx) el gran Humboldt icoODOCe, en su carta de 30 de noviembre de 1825: "Qué dulce es para mi saber que la misma persona que ha tomado parte tan activa en la regeoendÓQ de Guatemala ama la filosofía de su patria, mide las montañas por medio de barómetro, o la determinación, muy delicada, dd grado de ebullición." Y eso no era un mero cumplimiento, pues d barón era muy objetivo. £n noviembre de 1829 Mier, cerciorado de que se ha cxtraTÍado una larga carta que escribió a principios de ese año, lo lamenta, y le narra que tuvo que suspender su avanzado viaje de reconocimiento de la frontera, como jefe de la Gxnisión de Límites para venir a Tampico a combatir a Barradas, el español invasor de México, quien fuera vencido. Termina este interesante encuentro epistobr con una misiva del 3 de abril de 1830, en la que Valle le comenta la

invasión a México, y le requiere que le remita semillas de los vegetales provechos» que sin duda hubiese encontrado en sus viajes. Madücando li cin| >fe en fos temas. Como se sabe, en 1832, Mier y Terán se suicida inexplicablemente en Padilla, en la misma habitación en que pasara sus últimas horas Agustín de Iturbide, antes de su ejecución. Es probable que Valle haya sido uno de sus últimos corresponsales. La economía poh'tica le cautivaba también, y sabia desempeñarse en ella con éxito. Tenía una idea bien sentada dd desarrollo de su pueblo, y de los medios con que éste podría lograrse. Además de sos escritos, panfletos y discursos, sus cartas son un Índice elocuente de su profundo conocimiento de esta cienda, y de su interés por todas Us cuestiones económicas de la época. Así, en un mensaie a Rocafuerte, del 10 de julio de 1825. anhela: "Quiero que tenga crédito mi patria, que vengan de Europa hombres útiles; y que avance por los que vengan en ilustración y riqueza..." A José Joaquín de Mora le hace ver. el 5 <le julio de 1828: "Hay inmensidad en los recursos naturales de esta Repóblica. Es felii su posición geográfica: Son fecundas las tierras, diventt las temperaturas, prodigiosa la vegetación, ricas las montañas, grande J mair i tH O aa U Naturaleza. Pero todavía no la ha cultivado la mano r^^tffffff dd arte..." Abunda Valle en esto mismo al dirigirse a Flofct Estrada, d 27 de octubre de 1829: "Existen en ella —en CentroamécicB— fecundos de riqueza. Tenemos en su tierra áreas fértiles, en so ñas minerales ricos, en sus climas diversidad de t em p eraturas. tenemos los hombres necesarios para servir los empleos que debe en el sistema adoptado..." PRÓLOGO xvn Y en la que probablemente haya sido la última carta que escribiera, enviada a Alvaro Flores Estrada, sin fecha, pero que seguramente es de prmcipios de 1834, dice a este economista que el Derecho y la Economía deben marchar muy del brazo, pues "la jurisprudencia que manifiesta lo que es y debe ser la ley no puede llenar su interesante objeto si no es guiada por la Ley de la Economía Política. Sólo esta ciencia puede darle las necesarias para distinguir las leyes que influyen en el atraso o progreso de las riquezas". Juiciosa observación, que expone la avanzada mente de José Cecilio del Valle, cuando apenas si acababa de nacer la ciencia económica.

Se pronuncia Valle por la libre importación de elementos culturales y de utensilios. Dice a Behr, en 1827, que desde 1822 logró que se adoptase un artículo en el Arancel de Aduanas, señalando que era libre de derechos la importación de libros impresos o escritos, empastados o no empastados, de instrumentos útiles para las ciencias, de papeles de música escritos o impresos, de instrumentos o máquinas útiles para la agricultura, minería, artes y oficios. Hoy día, casi a fines del xx, hemos retrocedido y los expertos de última hora gravan los libros, o prohiben su importación, con pretextos económicos no convincentes, sin tomar en cuenta lo que significan en el desarrollo cultural y político del país. En la voluminosa correspondencia con el Conde Joseph Pecchio, que abarca varios años, hasta la muerte de este personaje, es donde se encuentran muchas luces sobre su preocupación por la economía. Le urge para que le haga llegar su obra en torno a la economía pública en Italia, donde al parecer abundaban los economistas, y le encarga le remita otros libros caros sobre el tema, de los autores: Goia, Senovesi, Palliani, Verri, Beccaria, Mengattí, Filangeri, Pioia. Valle leía con facilidad el inglés, el francés y el italiano, y conocía algo de alemán y de latín. A este mismo corresponsal le confía, en marzo de 1828, todo lo que le atrae de la Economía Política: "Yo también doy mis respetuosas aten-dones a tan sublime y provechosa ciencia. Cada año voy en diciembre a una hacienda (Terme) que tengo a 16 leguas de esta ciudad. Allí, solo con la Naturaleza y mi pensamiento, fijo éste en algún objeto que pueda ser útil. Quise en uno de estos viajes contemplar toda la importancia de la Economía Política en estos países. Vi a la América como un depósito grande de riquezas escondidas en su seno: conocí que la ciencia de la producción, distribución, consumo de la riqueza es una de las primeras que deben cultivarse en ella: quise inspirar el gusto de su estudio hacer agradables sus principales verdades, popularizarías y daries algún atractivo; y escribir con este fin una obrita que todavía no ha acabado de imprimirse." La correspondencia que tuvo coo el señor Barrio, residente en México, en los años 1827 a 1830 constituye el lote más copioso de caitas. Esta parte del epistolario contiene bastante informadóo sobce d México de entonces y es un apoyo para el investigador de los s u ces os de esa época. Valle se muestra muy conocedor de la suerte de onestia República. Es particularmente relevante el intercambio sobre doo Carlos Maiia de Bustamante, "sujeto a quien debe

usted conocer, y que aquí ha caído en ridículo —dice J. M. Barrio en julio de 1828—. Es un bombee incomprensible. Ya publica que ha tenido revelaciones y aparidooes de San Juan Nepomuceno, y ya tiene rasgos de filosofía. Lo que la referida obra —las campañas de Calleja— tenga suyo, será insignificante, los documentos sí serán interesantes". Valle tiene también una pobre idea de Bustamante. En su carta de 3 de agosto de 1828 dice con graoeio: "Conocí mucho a éste —Bustamante— y le oí discunot ctemot en d Congreso. Hubo día en que pidió la palabra, y ánpoét preguntó cuál era el asunto de que se trataba." Hablan ambos, Valle y Barrio, en sus cartas del libro del abate Pradt Concordat de fAmeriqmt, que tanto alabara el padre Serrando Mier, pero que merecía la crítica general, por lo ampuloso e inexacto. Discuten la situación política mexicana. Barrio le hace llegar las me» morías de los ministerios, y le tiene al punto de CDOiipindonea, moti-nes, alzamientos y cambios de gobierno. Le comunica loa m in o re s de la expedición de Barradas, "para imponer en América al p rinci p e Francisco". Valle, siempre pendiente, le hace llegar el Ftétii Í€ Dnk Jkt Ctm» de F. de Martens, por aquel entonces una obra focm i da b lc, J pronto caída en desuso. Discuten libros, hablan de ciencia, especialmente de Botánica; y es admirable el continuo flujo de misivas, no obüanle las tremendas dificultades para comunicarse. Es curioso observar un hábito especial de Valle, pues casi todas sus cartas a Barrio están fechadas k» días tres del mes respectivo. <.Qué calendario segub? Barrio le expresa —el 29 de agosto de 1827— oue ''la miiu Valenciana, en mi concepto ya no sirve más que para la hiHoria" (í) Y sigue dando noticias angustiosas de México, de su irKap«cidad para l<^fíxt las deudas de ios préstamos forzosos, del plan mexicano par» invadir La Habana, etc. Toda esta correspondencu canjeada es uCillsana para d investigador de la historia de México por esos aik», ad»^ de que resulta muy amena. Poseía Valle una excelente percepción de las cosas pollCicM, nacionales como internacionales, que manifiesta en varias de Mt nicaciones. En su carta del 5 de agosto de 1827 a Miguel Goaáltt Saravia, habla del proceso mexicano de liberación. Dice en ese k^tf: proer^XnL "?"ir '■""^^ -1"^ ^^y' desconfianza, y que haoa

muv^o ll a^uw ^ ' ™' P'™"'" '¡^ "l^rtad. Importa esto dS^cklu e¡^,rT T "° P'"" "° '"'*" ^"°' •"i^'"°^ 1^^ consecuen-oei hombre o los movimientos de su corazón. El primer paso de los ^^ZlT ^''a'T '"<í^P-*-'es en 1810 y^ste aSo fue una mas avanzado En e decreto constitucional de Apatzingán declararon que tuviesen carta de naturaleza. Posteriormente en la Constitución de 1824 se exigieron para ser diputado-senador más calidades en los que no »n americanos que en aquéllos que lo son: Se declaró que los nacidos en Esf«uia no pueden ser Presidentes, ni Vicepresidentes de la República ni individuos de la Corte Suprema de Justicia, ni Secretarios de Des-pacho. También se advierten sus juicios políticos en la carta de 3 de octubre de 1827 a Alvaro Flores Estrada: "Usted desea el bien universal de todos los pueblos. Voy a indicarle alguno de mis pensamientos. La libertad tiene en Europa muchos enemigos. Los reyes absolutos, los poco justos y los aristócratas preocupados han formado una liga poderosa: han meditado para sofocar las instituciones liberales, el plan de pres^ tandas o auxilios mutuos los de las naciones donde no quieren que exista; y emplean para este objeto las fuerzas de los tronos, la riqueza de la aristocracia, las arterias de la intriga. No puede un pueblo dar un paso a la libertad sin verse al momento amenazado por los gobiernos de otros pueblos que no representan el principio de no intervenir en una nación en los negocios de otra. En las Américas donde no hay grupos odiosos de monarquías despóticas, sino constelaciones brillantes de Repúblicas, no existen obstáculos tan grandes. No hay en ella reyes absolutos: poco justos; y la aristocracia civil es menos pudiente. La regeneración política es más fácil en el nuevo que en el antiguo mundo. Yo quisiera que todos los amigos ilustrados de la libertad residentes en Europa trabajasen desde ahí en auxiliar la de América de todos los modos posibles, con sus relaciones, sus correspondencias, sus obras y sus periódicos. La América libre, rica y poderosa protegería a su vez la libertad de Europa: auxiliaría a las que la desean o trabajan por ella; y los pueblos podrían al fin darse, por medio de sus representantes, las constituciones que juzgasen convenibles." Sus juicios sobre lo que ocurre en la América, pero especialmente en su región, son muy acertados. Le expresa a Flores Estrada, el 26 de julio de 1833, ya en plena madurez, y desde la serenidad del crepúsculo: "La América es en lo político, lo mismo que en lo físico: la

tierra de los temblores. A la Revolución de 1826, 27, 28 y 29 que sufrió la República, siguió Iade30y31;yalade esos años ha sucedido la que empieza en el presente... Los autores de la Oxistítu-ción de Centroamérica manifestaron muy poca previsióo. Crearoo unt República Federal compuesta de cinco Erados: declararon soberanos en su administración a los Estados: no dieron, en último análisis, al gobierno de la federación otras facultades que la de cumplir las leyes, pedir consejo a los senadores que les enriasen los Estados, dar los empleos a los sujetos propuestos por los senadores que les enriasen los Estados, y mantenerse con los cupos que les enviasen los Estados, si no alcanzan, como sucede en efecto, las rentas miserables de la Federación. Dieron al gobierno nacional una existencia pcecaria, dependiente de los Estados. Los gobiernos de éstos han ocupudo las icottt de aquél: lo han obscurecido, no ha qu ed ado más que ana sombca, y no sé si aún esa sombra desaparecerá." Hay en la colección una carta muy releraole, que di^ge Valle al conde de Pecchio, el 23 de mayo de 1828. en donde hace oo '■»«'~^ muy bien fundado sobre lo .que ocurre en toda la América, •***'«"^ que no hay todavía en las nuevas Repúblicas una sola que pueda gloriarse de tener ya consolidadas sus nuevas institudoocs. Examina la situación en Buenos Aires, que encuentra deplorable, en el Paraguay, donde la política del doctor Francia es misteriosa, lo oue ocurre en Boiivia y en Perú. Oitica lo que posa en Colombia. Se refiere a México. donde nota que hay una conspiracióo maquinada por «ptftoifs y ame* ñcanos seducidos por ellos, mcluyendo a don Nioolát Bovo y que te acercaba la elección de presidente con grandes riesgot. ScAtla que CD Centroamérica continúa la guerra dvil. Habla por fio del Coopt» de Panamá, o sea el Congreso Americano de Bolhrar, que acordó iu tia^ lado a Tacubaya, pero que no había abierto hasta entonces sus iCM O iWi Indica que se ha publicado en el AgtuU Mtxttsmd, periódico que le cree ministerial, un artículo señalando que el objeto primero del G»-greso es acordar la federación de las RepúblKas y que el Estado poUtioo de éstas embaraza la ejecución de un pensamiento tan gfiode como en el de Bolívar. Y termina sentencioso: "Prro la América será libre a pesar de sus enemigos. Yo lo pronostico con dulce satislacbón. y cuando haya paz en esta República yo celebraría ver en ella al icflor Peochio para reiterarle mi amistad. Se la ofrezco desde ahora, y le prometo enviar los fastos que desea de nuestra re>olución cuai>do parta algún extranjero que pueda llevarlos con segundad." No de|a de asombrar la M^ cidad de este cuidadoso analista político de pnrKipios del siglo ^^

PRÓLOGO XXI Esta singular colección de cartas merece leerse con devoción. Trans-parcnta el espíritu sincero y veraz de un hombre superior, desinteresado, patriota, visionario y de gran calidad humana. El acopio de datos útiles que contiene es enorme. Constituye un instrumento de primer orden para entender de cerca a Centroamérica, a su historia y a sus gentes, las limitaciones de esos países, pero también su enorme potencial. El rescate que se ha hecho de esta valiosa correspondencia es muy meritorio, ya que significa un considerable auxilio para el que inquiere en la azarosa etapa en que tocó actuar a José Cecilio del Valle. Es un documento inapreciable, que habrá de renovar el interés por los estudios históricos de esa época sobre esa región. Lo interesante es que ese epistolario nos revela un hombre poco común. José del Valle fue un diligente artesano de la ciencia y la cultura, un espíritu selecto, un investigador científico acucioso, un analista político de primer orden, un inquieto promotor de la educación y de las artes y oficios, un ciudadano ejemplar, un varón de gran honestidad intelectual, y un escritor de refinada pluma. Pero sobre todo, era un hombre cabal y bueno, entregado por entero a sus semejantes, que profesaba el bien común, que ambicionaba la grandeza de su patria, que creía intensamente en su América irredenta, con fervor y profunda convicción, y estaba siempre dispuesto a entregar lo mejor de sí mismo para el esplendor de este continente. Por ello este apóstol de América, como lo llama Pérez Cadalso, merece que su pensamiento se conserve vivo, y se haga más conocido, como una hermosa e imperecedera lección, y para ejemplo de las generaciones. Los americanistas, los mexicanos, debemos homenaje a este fino y sensible espíritu, a ese impar intelectual que tanto se propuso, con singular desprendimiento, por México y por Centroamérica, y una ofrenda mínima que puede hacérsele es adentrarse en su obra y conocer mejor sus ideas. Esta compilación ayuda mucho a comprenderle y a apreciar lo que representa un hombre como él que, en medio de la frialdad y la inferencia de sus contemporáneos, no se resignó a dejar de luchar por la libertad y por la

dignidad del hombre y por la autonomía de estos pueblos. Su epistolario constituye un testimonio de su calidad de estrella refulgente en el incierto amanecer de la América Hispana, y una muestra de su intensa calidad humana. México, noviembre de 1977. CÉSAR Sepúlveda.

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