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EL AZUD DE LA MARQUESA DE CULLERA CUYA DEMOLICIÓN IMPULSA LA CONFEDERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL JÚCAR ES DEL SIGLO XVI El hallazgo en el Archivo

de la Diputación Provincial de Valencia de los proyectos de intervención ejecutados sobre el molino y el azud de la Marquesa en 1864 y 1865 deja fuera de toda duda la antigüedad del azud y el interés patrimonial del enclave. El 6 de julio de 1864 el abogado Gerardo Estellés, apoderado general de Pascual Mercader y Roca, Marqués de Malferit, propietario del “Molino Grande” de Cullera, solicitó al Gobernador Civil de Valencia autorización para llevar a cabo la reedificación del ingenio hidráulico, presentando por duplicado un proyecto firmado por José Calvo, arquitecto de la Real Academia de San Fernando, integrado por una memoria manuscrita ilustrada por cuatro planos que detallan el estado anterior y posterior a la intervención proyectada. La memoria incluye una “Reseña histórica del molino actual enumeración de las malas condiciones con que cuenta para la elaboración y obras que se tratan de practicar” y unas “Ydeas generales sobre el sistema de construcción que deberá rejir en la reedificación del Molino Grande situado en el término de Cullera, propiedad del Excmo. Sr. Marqués de Malferit”. El arquitecto afirma que el molino existía con anterioridad a 1584, por encontrarse mencionado en el testamento elaborado en dicho año por su entonces propietario, Lluís de Vich i Ferrer, barón de Llaurí, Beniomer, Beniboquer i Matada, hijo del famoso embajador en Roma de Fernando el Católico y Carlos I. Precisa también que “la disposición de las muelas” (cuyo número ascendía a seis, tres arroceras y tres harineras) “es la primitiva”. El proyecto tenía como objetivo obtener mayor rendimiento del caudal a disposición del ingenio hidráulico, capturado por “una estensa presa o azud construido… con el objeto de dirijir todas las aguas del dicho río al mencionado molino, por medio de un canal abierto en terreno propio y sin otro objeto”. Del molino original únicamente quedarían sus cimientos, con la salvedad de “aquellos puntos donde haya que cimentar de nuevo”. El nuevo molino contaría con nueve muelas (seis arroceras y tres harineras) merced a un diseño optimizado de la balsa, el aliviadero (“derramador”), los canales y las cámaras motrices (“carcaus”). El diseño se inspiraba en la tradición científico-técnica fundada en la Architecture hydraulique de Bernard Forest de Bélidor (París, 17371739) y la propia práctica del arquitecto, que declara haber reedificado tres molinos en Valencia y su huerta, con resultados “muy [h]alagüeños, reales y efectivos”. El proyecto de 1864 no proponía modificación alguna en el azud o el canal derivado del mismo (el “Riuet”); pero los efectos de la “riuada gran” o de San Carlos, acaecida la noche del 4 al 5 de noviembre, forzaron al marqués de Malferit a incurrir en gastos imprevistos,

impulsando la urgente ejecución de “obras de reparación y conservación” en el azud, según proyecto José Calvo presentado para su autorización al Gobernador Civil por el procurador del marqués el 21 de febrero de 1865, que asimismo consta de memoria manuscrita y cuatro planos del estado anterior y posterior a su ejecución. El Boletín Oficial de la Provincia de Valencia publicó el 26 de febrero la solicitud de autorización “para verificar ciertas obras de fortificación o defensa del azud del molino”. En su nuevo proyecto, el arquitecto afirma la existencia del azud con anterioridad a 1584 por idéntica razón a la empleada al justificar la antigüedad del molino. Describe la presa como de “407 metros de longitud” y de “ligera construcción” (“de simples tabliestacados y pilotaje relleno de mampostería en seco la mayor parte”). Indica también que presentaba pérdidas de escollera “en su frente o paramento exterior, aguas abajo” y acusaba en general el efecto de numerosos impactos de los maderos transportados río abajo por el río a lo largo de sus cuatro siglos de historia. El azud, no obstante, debió resistir bien el embate de la tremenda riada de 1864, puesto que el motivo de la redacción del nuevo proyecto no era la rotura o amenaza de rotura de la barrera transversal erigida en el río desde hacía siglos, sino la amenaza de colapso del terreno donde se apoyaba el azud por el noroeste, en la margen derecha, conocido como “campo de la Madera”: punto que ya había sido reforzado en 1830 mediante el hundimiento de cinco barcas “rellenas de escollera” y la construcción de un muro. De hecho, el proyecto se concentra en el refuerzo de los estribos del azud, para lo que propone la construcción de sólidos muros dotados de contrafuertes en los terrenos donde se apoyaba la presa, a ambos lados del río. José Calvo fundamenta los cálculos de su diseño en la “Note sur les ponts en maçonnerie” publicada en 1854 por el ingeniero francés M. l’Éveillé. Los magníficos planos que ilustran los proyectos de 1864 y 1865 se encuentran publicados en la obra de F. Sanchis, A. García, M. J. Rodríguez y J. V. Rodríguez Mapas y Planos (1678-1884), publicado en 2010 por la Diputación Provincial de Valencia en formato libro y DVD. ---0--Desde la óptica de los incuestionables valores patrimoniales de orden cultural del sistema hidráulico del azud y el molino de la Marquesa (cuya denominación tradicional era, significativamente, molí Gran), la documentación exhumada deja fuera de toda duda los siguientes aspectos: (1) El azud que proyecta demoler la Confederación Hidrográfica del Júcar es el del molino que indiscutiblemente existía en fecha anterior a 1584 (cuando Lluís de Vich fundó un vínculo testamentario sobre la propiedad), reforzado por la intervención de 1865 (esta intervención no construyó un azud “ex novo”, sino que reforzó sus puntos más

débiles, los estribos) y por las subsiguientes obras de conservación ejecutadas por la Confederación. (2) El paisaje de ese rincón del Júcar responde al diseño materializado hacia 1545, cuando Lluís de Vich consolidó y elevó el azud de su molino para permitir la construcción de un casal de molinos arroceros junto al casal de molinos harineros de origen medieval (véase Antoni
Furió y Luis Pablo Martínez, “Assuts i molins sobre el Xúquer en la Baixa Edat Mitjana”, IV Congreso de Arqueología Medieval Española, Alicante, 1994, pp. 575586); obra de cuya existencia da fe el plano que refleja el estado del

molino con anterioridad a la ejecución del proyecto de 1864, en el que se aprecia claramente la construcción reservada a las muelas arroceras (ref. 8226). (3) El área de los estribos del azud, el tramo de río lindante con la presa, el "riuet" (la acequia del molino) y el propio molino son espacios de gran potencial arqueológico. El trasiego comercial por el Júcar y las obras de reparación ejecutadas a lo largo de los siglos puede haber dejado valiosos testimonios; sabemos que la cimentación del molino medieval demolido en 1864 se conservó en parte; y no debe olvidarse la posible conservación de trazas de la alquería, el azud de estacas y la noria de origen andalusí que acompañaban al molino medieval, según documentación de los siglos XIII a XV custodiada en el Archivo de la Corona de Aragón y el Archivo del Reino de Valencia. (4) El molino reconstruido y el azud reforzado por las intervenciones de 1864-1865 son el resultado de la aplicación de la ciencia y la tecnología hidráulica y molinera más avanzada de la época. El arquitecto José Calvo cita la bibliografía francesa puntera en ambos proyectos y ajusta el diseño a rigurosos cálculos estructurales. (5) La tecnología constructiva del azud del molino de la Marquesa o molino Grande de Cullera debe ser la misma que Francesc Giner Perepérez describe en el caso del azud de la Acequia Madre de Cullera de época foral: tablestacado y pilotaje de maderos relleno de áridos y revestido “obra de argamasa” (véase «Los riegos del Júcar en
Cullera en la época foral», en Historia y constitución de las comunidades de regantes de las Riberas del Júcar (Valencia), Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1992, pp. 345-368, referencia en p. 352).

(6) Nos encontramos, pues, ante un "fósil guía viviente" de las enormes transformaciones paisajísticas que acompañaron a la “revolución hidráulica” acaecida en la Ribera Baixa del Xúquer en los siglos XV-XVI: uno de aquellos azudes de técnica sencilla pero eficaz que permitieron sangrar el Júcar para la extensión masiva del regadío en los términos de Sueca, Cullera y los pueblos de la margen opuesta del río, dando lugar a los extensos arrozales que caracterizan a la comarca.

A la vista de la evidencia exhumada, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino y la Confederación Hidrográfica del Júcar deberían, como poderes públicos que son, promover con urgencia motu proprio la modificación del proyecto actualmente en ejecución, de manera que el azud y su entorno sean restaurados, y no demolidos, empobrecidos y desvirtuados. De esta manera darían cumplimiento al mandato del artículo 46 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos (a todos ellos) a garantizar la conservación y promover el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran. Cullera merece recuperar para el disfrute de su ciudadanía y sus visitantes este espacio emblemático de su geografía histórica. Luis Pablo Martínez Asociación para la Conservación y Estudio de los Molinos (ACEM)
<luispablo.martinez@gmail.com>