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Cómo detectar actitudes mentirosas?

El mundo laboral nos enfrenta diariamente con mentiras de colores, formas y tamaños surtidos. Cómo detectarlas. Consultora Fénix Proyectos Autor: Alba Romero Auténticas “epopeyas” investigativas llevadas a cabo por Paul Ekman, Wallace Friesen y Carroll Izard en numerosos países y culturas –occidentales y no occidentales, alfabetizadas e iletradas– han probado que los seres humanos venimos dotados de un mecanismo natural para la expresión corporal de emociones básicas: alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa, disgusto, desprecio. Pero, por otra parte, un componente cultural se ubica en los segmentos previos y posteriores a la expresión en sí, esto es, en la definición de los “disparadores” de la emoción (elementos que pueden ser disparadores en una cultura podrían no serlo en otra) y en la regulación de cómo tales emociones deben ser socialmente “administradas” (controladas, manipuladas o enmascaradas). Así pues, si bien existen elementos panculturales (universales) en cuanto a la expresión de la afectividad, las reglas que hacen a su exposición pública son variables culturalmente y pueden ordenar su desintensificación o su intensificación, su neutralización o su enmascaramiento. Los animales también recurren al enmascaramiento por motivos ligados a la supervivencia. Tienden a ocultar el dolor, por ejemplo, porque ello los tornaría víctimas potenciales de sus predadores. Los seres humanos hacemos algo parecido. Como comenta Judi James, “al igual que los personajes de la era victoriana cuando cubrían las patas de las mesas y las sillas, los seres humanos dedican grandes esfuerzos a no mostrar sus emociones ‘desnudas’, a no ser que se encuentren en un partido de fútbol”. Ello nos ha convertido en unos mentirosos muy prolíficos. Están presentes en las entrevistas de selección de personal, en las instancias de resolución de conflictos, en las interacciones departamentales y reuniones de equipo, los informes de rendimiento, la atención al cliente. Las mentiras triviales son fáciles de decir y difíciles de detectar: como no hay mucho en juego, el lenguaje corporal no suele traicionar. En cambio, cuando las consecuencias pueden ser significativas, el lenguaje corporal delata la incongruencia, ya que la emoción en juego genera múltiples efectos imposibles de controlar satisfactoria y completamente, al tiempo que el esfuerzo por disimular tales signos interfiere con la habilidad de conducirse en forma “normal”. Es fundamental establecer una “línea de base”, identificar la forma habitual de habla y gesticulación de la persona evaluada. Las personas que mienten suelen brindar respuestas breves y acotadas, omitiendo detalles. Al mentir, suelen formularse oraciones con una gramática inusual y reiteración de negativas. A veces, también, se contestan las preguntas con otras preguntas. Las mentiras se formulan en secuencia cronológica. Relatar la historia de atrás para adelante o efectuar saltos temporales resulta difícil para quien miente. Suelen evitarse los pronombres personales y se reemplazan por expresiones generalizadoras: uno, todos, nadie (distancia semántica). Es probable que la tensión ejerza efecto sobre las cuerdas vocales elevando el tono de la voz. Usualmente disminuyen los gestos ilustradores (batutas, deícticos, ideográficos), se incrementan los adaptadores (manipulación de objetos o del propio cuerpo) y aparecen “emblemas invertidos” (asentir con la cabeza mientras se verbaliza un “no”). El parpadeo suele hacerse más intenso, llegando al bloqueo visual transitorio. Tragar, encogerse de hombros o fruncir los labios son también reacciones frecuentes. Se puede mentir para evitar un castigo, proteger a alguien o a uno mismo, ganar admiración, resguardar la privacidad, evitar situaciones incómodas, ser corteses o, incluso, disfrutar del desafío. La determinación de esa finalidad será el siguiente paso en la investigación.