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LA RUEDA DEL TIEMPO

de Carlos Castaneda

Citas de Una Realidad Aparte

Un guerrero sabe que él es sólo un hombre. Su único pesar es que su vida sea tan
corta que no pueda aferrarse a todas las cosas que él quisiera. Pero para él esto
no es un problema; es sólo una lástima.

Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y vanidoso. Para ser un guerrero
uno necesita ser ligero y fluido.

Cuando se ven como campos de energía, los seres humanos aparecen como fibras de
luz, como telarañas blancas, hilos muy finos que circulan de la cabeza a los
dedos de los pies. Así a los ojos de un vidente, un hombre aparece como un huevo
luminoso de fibras que circulan. Y sus brazos y piernas son como cerdas
luminosas, estallando en todas direcciones.

El vidente ve que cada hombre está en contacto con todo lo demás, no a través de
sus manos, sino a través de un manojo de largas fibras que salen en todas
direcciones desde el centro de su abdomen. Esas fibras unen a un hombre a lo que
le rodea; mantienen su equilibrio; le dan estabilidad.

Cuando un guerrero aprende a ver, él ve que un hombre es un huevo luminoso, sea


un mendigo o un rey, y no hay modo de cambiar nada; o más bien, ¿Qué podría
cambiarse en ese huevo luminoso? ¿Qué?

Un guerrero nunca se preocupa por su miedo. En cambio, él piensa en las


maravillas de ver el flujo de energía El resto son tonterías, insignificantes
tonterías.

Sólo un chiflado podría emprender la tarea de convertirse en un hombre de


conocimiento por su propia decisión. Un hombre sensato tiene que ser engañado
para hacerlo. Hay montones de gente que podrían alegremente emprender la tarea,
pero esos no cuentan. Habitualmente son rajados. Son como calabazas que parecen
buenas por fuera y luego rezuman en cuanto que las presionas, en cuanto las
llenas de agua.

Cuando un hombre no está interesado en ver, las cosas le parecen exactamente


iguales cada vez que él mira el mundo. Cuando él aprende a ver, en cambio, nada
es ya lo mismo cada vez que él lo ve, y sin embargo es lo mismo. A los ojos de un
vidente, un hombre es como un huevo. Cada vez que ve al mismo hombre ve un huevo
luminoso, sin embargo no es el mismo huevo luminoso.

Los chamanes del México antiguo dieron el nombre de aliados a inexplicables


fuerzas que actuaban sobre ellos. Les llamaban aliados porque pensaban que podían
usarlos a su gusto, una idea que demostró ser casi fatal para aquellos chamanes,
porque lo que ellos llamaban aliado es un ser sin esencia corpórea que existe en
el universo. Los modernos chamanes de hoy les llaman seres inorgánicos.

Preguntar qué función tienen los aliados es como preguntar que hacemos los
hombres en el mundo. Estamos aquí, eso es todo. Y los aliados están aquí como
nosotros; y puede ser que ellos estuvieran aquí antes de nosotros.

La más efectiva manera de vivir es como guerrero. Un guerrero puede preocuparse


y pensar antes de tomar una decisión, pero una vez que la toma, él va hacia
adelante, libre de preocupaciones y pensamientos; habrá un millón de decisiones
más todavía esperándole. Ese es el estilo del guerrero.

Un guerrero piensa en su muerte cuando las cosas se hacen poco claras. La idea
de la muerte es lo único que templa nuestro espíritu.

La muerte está en todas partes. Pueden ser las luces delanteras de un coche en
lo alto de un cerro detrás en la distancia. Pueden permanecer visibles por un
tiempo, y desaparecer en la oscuridad como si hubieran sido barridas; para
aparecer en otro cerro, y luego desaparecer otra vez.

Esas son las luces en la cabeza de la muerte. La muerte se las pone como un
sombrero se lanza a galope, ganándonos terreno, cada vez más y más cerca. A veces
apaga sus luces. Pero la muerte nunca se detiene.

Un guerrero debe saber primeramente que sus actos son inútiles, y sin embargo
debe seguir como si no lo supiera. Eso es desatino controlado de un chamán.

Los ojos del hombre pueden realizar dos funciones: una es ver energía en general
como fluye en el universo y la otra es mirar cosas en este mundo. Ninguna de esas
funciones es mejor que la otra; sin embargo, entrenar los ojos sólo para mirar es
un vergonzoso e innecesario desperdicio.

Un guerrero vive actuando, no pensando en actuar, ni pensando en lo que pensará


cuando haya terminado de actuar.

Un guerrero elige un camino con corazón, cualquier camino con corazón, y lo


sigue; luego se alegra y ríe. El sabe, porque ve, que su vida se acabará
enteramente demasiado pronto. El ve que nada es más importante que ninguna otra
cosa.

Un guerrero no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni país; él tiene sólo vida


que vivir, y bajo esas circunstancias, su único lazo con sus semejantes es su
desatino controlado.

No siendo nada más importante que ninguna otra cosa, un guerrero elige cualquier
acto, y lo realiza como si le importase. Su desatino controlado le hace decir que
lo que él hace importa y le hace actuar como si le importara, y sin embargo él
sabe que no es así; de modo que cuando acaba sus actos, se retira en paz, y si
sus actos fueron buenos o malos, o funcionaron o no, no forma parte de su interés
de ningún modo.

Un guerrero puede elegir permanecer totalmente impasible y no actuar nunca, y


comportarse como si ser impasible realmente le importase; él podría ser
legítimamente verdadero en eso también, porque ese podría también ser su desatino
controlado.

No hay vacío en la vida de un guerrero. Todo está lleno hasta el borde. Todo
está lleno hasta el borde y todo es igual.

Un hombre común está demasiado preocupado con querer a la gente o con que le
quieran a él. Un guerrero quiere, eso es todo. El quiere lo que o a quien quiere,
por el gusto de hacerlo.
Un guerrero asume responsabilidades por sus actos, por el más trivial de sus
actos. Un hombre ordinario actúa sus pensamientos y nunca asume responsabilidades
por lo que hace.

El hombre ordinario es victorioso o derrotado y, dependiendo de eso, se


convierte en perseguidor o en víctima. Esas dos condiciones prevalecen en tanto
uno no ve. Ver disipa la ilusión de victoria, derrota o sufrimiento.

Un guerrero sabe que está esperando y qué es lo que está esperando; y mientras
espera no quiere nada, y así cualquier pequeña cosa que tiene es más de lo que
puede tomar. Si necesita comer encuentra un modo, porque no está hambriento; si
algo hiere su cuerpo encuentra el modo de detenerlo, porque no tiene dolor. Estar
hambriento o tener dolor significa que el hombre no es un guerrero; y las fuerzas
de su hambre y su dolor lo destruirán.

Negarse uno mismo es una entrega. La entrega de negarse es con mucho la peor;
nos obliga a creer que estamos haciendo grandes cosas, cuando en realidad estamos
sólo fijados dentro de nosotros mismos.

El intento no es un pensamiento, un objeto o un deseo. El intento es lo que


puede hacer a un hombre triunfar cuando sus pensamientos le dicen que está
derrotado. Opera a pesar de la entrega del guerrero. El intento es lo que lo hace
invulnerable. El intento es lo que manda a un chamán a través de un muro, a
través del espacio, al infinito.

Cuando un hombre se embarca en el camino del guerrero se hace consciente, de una


manera gradual, de que la vida ordinaria ha sido dejada atrás para siempre. Los
medios del mundo ordinario ya no son un amortiguador para él; y debe adoptar un
nuevo modo de vida si quiere sobrevivir.

Cada trocito de conocimiento que se hace poder tiene a la muerte como su fuerza
central. La muerte da el último toque, y lo que es tocado por la muerte realmente
se hace poder.

Sólo la idea de la muerte hace a un guerrero suficientemente desapegado de modo


que es capaz de abandonarse a cualquier cosa. El sabe que su muerte está
acechándole y no va a darle tiempo para aferrarse a nada, así que prueba, sin
ansia, todo de cada cosa.

Somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a inconcebibles


nuevos mundos. Un guerrero que ve energía sabe que no hay fin a los nuevos mundos
para nuestra visión.

La muerte es un torbellino; la muerte es una nube luminosa en el horizonte; la


muerte soy yo hablándote; la muerte eres tú y tu bloc de notas; la muerte no es
nada. !Nada! Está aquí y sin embargo no está aquí en absoluto.

El espíritu de un guerrero no está engranado para entregarse y quejarse, ni para


ganar o perder. El espíritu de un guerrero está engranado sólo para luchar, y
cada lucha es la última batalla de un guerrero sobre la tierra. Así, el resultado
importa muy poco para él. En esta última batalla sobre la tierra un guerrero deja
su espíritu fluir libre y claro. Y mientras mantiene su batalla, sabiendo que su
intento es impecable, un guerrero ríe y ríe.

Hablamos con nosotros mismos incesantemente sobre nuestro mundo. De hecho


mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno. Y cuando terminamos de
hablar con nosotros mismos sobre nosotros y nuestro mundo, el mundo es siempre
como debería ser. Lo renovamos, lo avivamos, lo sostenemos con nuestro diálogo
interno. No sólo eso, sino que también elegimos nuestros caminos al hablarnos a
nosotros mismos. Así repetimos las mismas elecciones una y otra vez hasta el día
en que morimos, porque seguimos repitiendo el mismo diálogo interno una y otra
vez hasta el día que morimos. Un guerrero es consciente de esto y lucha por
detener su diálogo interno.

El mundo es todo lo que está encajado aquí: la vida, la muerte, la gente, y


todas las cosas que nos rodean. El mundo es incomprensible. Nunca lo
entenderemos; nunca desentrañaremos sus secretos. Así, debemos tratar al mundo
como lo que es: un absoluto misterio.

Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, ser más
importantes que el mundo. Así un guerrero trata al mundo como un interminable
misterio y lo que la gente hace como un interminable desatino.

Comentarios sobre una Realidad Aparte

En las citas sacadas de Una Realidad Aparte, el talante que los chamanes del
México antiguo aplicaban a todos sus esfuerzos intencionales comenzó a mostrarse
notablemente con claridad. El mismo don Juan me apuntó, hablando sobre aquellos
antiguos chamanes, que el aspecto de su mundo que era de supremo interés para los
practicantes modernos era la agudísima conciencia que aquellos chamanes habían
desarrollado acerca de la fuerza universal que ellos llamaban intento.

Ellos explicaban que el vínculo que cada uno de aquellos hombres tenía con tal
fuerza era tan claro y limpio que ellos podían afectar las cosas a su antojo. Don
Juan decía que el intento de aquellos chamanes, desarrollado hasta tan aguda
intensidad, era la única ayuda que los practicantes modernos tenían. Lo puso en
términos más mundanos, y dijo que los modernos practicantes de hoy, si eran
honestos con ellos mismos, pagarían cualquier precio por vivir bajo el paraguas
de un intento tal.

Don Juan, aseguraba que cualquiera que mostrara aún el más mínimo interés en el
mundo de los chamanes de la antigüedad era inmediatamente atraído al círculo de
su agudísimo intento. Su intento era, para don Juan, algo inconmensurable, del
que ninguno de nosotros podía conseguir desembarazarse. Además, razonaba él, no
había necesidad de desembarazarse de tal intento, porque eso era lo único que
contaba; eso era la esencia del mundo de aquellos chamanes, el mundo que los
modernos practicantes de hoy codiciaban más que cualquier cosa imaginable.

El talante de las citas de Una Realidad Aparte no es algo que yo arreglara a


propósito. Es un talante que salió a la superficie independientemente de mis
fines y deseos. Podría incluso decir que era contrario a lo que yo tenía en
mente. Era la misteriosa espiral de la rueda del tiempo escondida en el texto del
libro que había sido súbitamente activada, y dormitaba en un estado de tensión:
una tensión que dictaba la dirección de mis esfuerzos. En el momento de escribir
Una Realidad Aparte, en cuanto a mis sentimientos acerca de mi trabajo se
refiere, podría ciertamente asegurar que yo pensaba que estaba felizmente
implicado en hacer trabajo de campo antropológico, y mis sentimientos y
pensamientos estaban tan lejos del mundo de los chamanes de la antigüedad como
cualquier cosa podría estarlo. Don Juan tenía una opinión diferente. Siendo un
veterano guerrero sabía que yo no podía librarme de la magnética atracción que el
intento de aquellos chamanes había creado. Yo estaba sumergido en él, creyera o
no en él, lo deseara o no. Este estado de cosas ocasionó una ansiedad subliminal
por mi parte. No era una ansiedad que yo pudiera definir o concretar, o incluso
de la que estuviera consciente. Permitía mis actuaciones sin la posibilidad de
conscientemente meditar sobre ello, o buscar una explicación. Retrospectivamente,
sólo puedo decir que yo estaba mortalmente asustado, aunque no podía determinar
de qué estaba asustado.

"Los tiempos que vivimos nos exigen que seamos nuestros propios chamanes y
chamanas, unidos más que por formar parte de una misma tradición, por compartir y
mantener un nuevo intento para el ser humano."
Juanjo Piñeiro

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