Teoría Queer: Pliegues estratégicos y prácticas identitarias Apuntes para una crítica pragmática al psicoanálisis.

Ricardo Esteves, UBA Eje Temático: Identidades Políticas Advertencia. Este texto debe ser considerado como notas, acaso un indice de algunas cuestiones fundamentales para la discusión de una teoría de género que implica una discusión política y estrategia. Deben ser consideraciones anotaciones dispersas en torno a estas cuestiones y no un texto acabado. Estas anotaciones se proponen plantear un temario y caminos para estrategias políticas disidentes. En este sentido nos interesa aquí demarcar distintos caminos para elaborar estrategias políticas que permitan la emergencia de nuevos sujetos políticos. Presentación Las ideas aquí presentadas proponen un recorrido por 1. La sexualidad y la Biopolítica, 2.Diferencia, Resistencia y Normalidad, 3. Identidades, Estrategia y Sujetos Políticos, y 4. Manada, Multitud y Hegemonía. A lo largo de este recorrido intentamos presentar una reflexión sobre el aspecto de la política que rige los aspectos vitales de las personas como la sexualidad. La utilización de tecnologías y dispositivos sobre campos como el de la sexualidad (podríamos agregar el de la locura, las drogas, etc.) implican ordenes disciplinarios y de control sobre los cuerpos. Estos ordenes normalizadores no logran cerrar, totalizar, la obediencia a sus categorías. La diferencia aparece como la experiencia de límite, del afuera, que permite cerrar una identidad. Las identidades son el efecto de afecciones y no son fijas. Esta propiedad de las identidades nos permite operar y constituir sujetos políticos. Las distintas estrategias identitarias devienen en distintos ordenes poíticos como la manada, la multitud y la hegemonía. Si entendemos la biopolitica como la forma en que se ordena la vida en tanto se ejerce un control disciplinario sobre los cuerpos, ¿que aspecto o dispositivo permite ejercer ese control de manera más profunda que la sexualidad?

Proponemos analizar brevemente los distintos aspectos que anudan la vida en los que esta implicada una sexualidad regida por distintos discursos. El matrimonio y la familia regidos por el discurso jurídico, la reproducción por el discurso de la biología, el cortejo por el discurso de la literatura, las patologías por el discurso del psicoanálisis, etc. A pesar del orden biopolítico no dejamos de encontrar la diferencia que se resiste haciendo una ilusión toda posibilidad de un dominio total de la vida. La mirada que aquí proponemos sobre la sexualidad difiere del psicoanálisis en que nos busca “entender” en términos de descubrir las causas en términos de una retórica científica. El saber en torno a sexualidad aquí propuesto tiene menos que ver con “entender” las razones que con saber operar, hacer, con ella. En este sentido, esta propuesta es una crítica pragmática al psicoanálisis basada en las prácticas sexuales que proliferan en los márgenes de las perversiones (la sexualidad patológica). Es en estas prácticas sexuales donde constituyen identidades que dan lugar a un nuevo sujeto político: las multitudes queer. La mirada anarquista -que puede circular como discurso en las multitudes queer- propone una lógica política antihegemónica, una articulación descontinua, una forma de quiebre ó fuga. La propuesta de fondo de este trabajo son los pliegues estratégicos y las prácticas políticas. Esto es ver la sexualidad como algo que no está fijo en un campo sin determinaciones Poder reapropiarnos de gestos, rasgos, prácticas, desde una reapropiación y resubjetivación. Hacer proliferar las prácticas de nuevas sexualidades, e identidades políticas. 1. Sexualidad y Biopolítica.
Ese biopoder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable del desarrollo del capitalismo; este no pudo afirmarse sino al precio de la inserció controlada de los cuerpos en el aparato de producción mediante un ajuste en el fenómeno de la poblacón a los procesos económicos. Michel Foucault “Historia de la sexualidad” La sexopolítica es una de las formas dominantes de la acción biopolítica en el capitalismo contemporáneo. Con ella el sexo (los órganos llamados « sexuales », las prácticas sexuales y también los códigos de la masculinidad y de la feminidad, las identidades sexuales normales y desviadas) forma parte de los cálculos del poder, haciendo de los discursos sobre el sexo y de las tecnologías de normalización de las identidades sexuales un agente de control sobre la vida. Beatriz Preciado: “Multitudes Queer”

Es una conclusión evidente que de una historia de la sexualidad se desprenda la noción de biopolítica. ¿Que aspecto o dispositivo permite ejercer ese control de manera más profunda que la sexualidad? ¿Que mejor manera de imponer orden en una población, controlar sus cuerpos?¿Que mejor manera de controlar el cuerpo viviente, de ordenar su espacio, su forma de relacionarse con otros cuerpos; de distinguirlos y disciplinarlos, (disponer de la vida) que la sexualidad? El biopoder pensado como forma de controlar disciplinariamente los cuerpos a través de políticas que disponen de la administración y mantenimiento de la vida, como la natalidad, la vivienda, la salud pública, etc. La biopolítica es la forma en que se ordena la vida de una población mediante distintas tecnologías que disciplinan los aspectos básicos de la existencia de las personas. Para Agamben la biopolítica es la forma inmanente y teleológica de la soberanía política que se genera en torno a la nuda vida. Para Foucault es una invención reciente (siglo XVIII) que comienza a utilizar el poder y el saber a través de técnicas políticas para ordenar fenómenos propios de la vida. Mientras que para uno la biopolítica es como una forma sagrada de la soberanía para el otro es solo una tecnología discontinua, sin centro, es decir, contingente. En lo que estos dos autores están de acuerdo sobre el biopoder que gestiona los procesos vitales es el papel que juega el sistema jurídico1 en la instauración de este orden. Foucault insistiría en la importancia que tiene la ley incluso para castigar con la muerte a quien no la obedece. Esta es la forma más clara de ver como operan los discursos como mecanismo de sujesión. En tal caso la sexualidad aparece como un campo regido por una serie de discursos que restringen y regulan (el acceso y uso de los placeres, además de dar forma) a sus prácticas. Por ejemplo, el sistma jurídico reglamenta el matrimonio y la vida familiar; el discurso de la biología regula la reproducción; el discurso de la literatura el cortejo, el discurso del psicoanálisis la sexualidad infantil y las patologías; el discurso de la pornografía que ilustra las formas de la heronorma. La forma discontinua en que estos discursos ordenan distintos aspectos de la sexualidad muestran como esta se encuentra estratificada en nuestras prácticas
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“Tanto en el tema general de que el poder reprime el sexo como en la idea de la ley constitutiva del deseo, encontramos la misma supuesta mecánica del poder. (...) sería un poder que sólo tendría la fuerza del "no"; incapaz de producir nada, apto únicamente para trazar límites, sería en esencia una antienergía; en ello consistiría la paradojade su eficacia; no poder nada, salvo lograr que su sometido nada pueda tampoco, excepto lo que le deja hacer. Finalmente, porque se trataría de un poder cuyo modelo sería esencialmente jurídico, centrado en el solo enunciado de la ley y el solo funcionamiento de lo prohibido. Todos los modos de dominación, de sumisión de sujeción se reducirían en suma al efecto de obediencia”M. Foucault “Historia de la sexualudad” p50.

vitales cotidianas. Esto no en un sentido pansexual freudiano, donde el principio del inconsciente opera articuladamente con el aparato psíquico, sino discontinuo. Mientras que en uno la sexualidad es el resultado del choque entre dos fuerzas, un ello desbordante y la represión que contiene y da forma a las pulsiones, en otro es resultado de múltiples operaciones que operan en distintos estratos y utilizan distintos dispositivos para en definitiva controlar disciplinalmente a los cuerpos. El campo de la sexualidad en Foucault no tendría un dominio específico, sino que cada dominio debe regular algún aspecto de la sexualidad, como pueden ser, la escolaridad, el ejército, la iglesia, el matrimonio y claro está, la producción de mercancías y materia viviente. La clave de la eficacia biopolítica es que no hay ordenes gerárquicos entre los discursos que regulan la vida. No es posible, en sentido bolchevique clásico, tomar el poder en alguna de estas esferas con fines emancipatorios. Las esferas -del derecho familiar, la biología, la literatura, la pornografía- son autónomas. Estos poderes no emanan de un centro, una teleología o una soberanía necesaria. Son el resultado de prácticas sedimentadas, operaciones que constituyeron su poder en el acto de instaurar por medio del discurso control sobre los cuerpos. Esto es, este orden no surge de poderes metafísicos sino de poderes locales que se instauran en nudos concretos logrando con su circulación redes que contienen estas prácticas. En definitiva podemos pensar que no estamos sujetados -al menos respecto de la sexualidadde un discurso, sino de una serie de discursos autónomos. Aún así estos discursos generan un efecto de superficie que nos permita caracterizar una sexualidad; que aunque esté fragmentada en una infinitud de aspectos, se impone como hegemonía dentro del matrimonio y en su forma heteronormativa. A la luz de los acontecimientos recientes de la inclusión del matrimonio igualitario, podríamos decir que esto no afecta demasiado este esquema porque sigue manteniendo la forma del matrimonio (regido por el mismo derecho de familia). Esto sigue manteniendo las prácticas bajo la tutela y control del derecho de familia. Estas tecnologías, el derecho familiar, la biología, la literatura del romanticismo, operan como dispositivos de control en distintos aspectos del campo de la sexualidad. De esta manera estos discursos establecen una serie de pautas que dan forma a una sexualidad que garantice un orden para el mantenimiento de la vidda. En muchos sentidos este orden posee rasgos hobbesianos en el sentido que la unidad del cuerpo político debe hacerse al precio de todos nuestros derechos salvo uno: la vida. La implicación biopolítica en la sexualidad está en su constructo; la forma en que hacen pasar por natural, justificado por la ciencia, la literatura, el psicoanálisis, las necesidades de la

producción, las formas de la sexualidad marital y heteronormativas. Aunque la biología nos señala la marca indeleble del sexo, somos concientes del indicador, el código de comportamiento que distingue los géneros. uello tan evidente -la diferenciación sexual- muchas veces no es tan evidente y solo se puede sostener como una “representación”, como una representación de teatro, como una performance, desplazando aquel símbolo, la marca natural (que en principio actuaría de forma de sobredeterminación indeleble) suficiente y necesaria, por un ritual, un código de comportamiento, en términos rudimentarios: un aparato ideológico, una tecnología de control. Como si una “senorita” se es más por su modales que por su difirenciación biológica. Casí como si pudieramos, castrando a un varón, hacer de él una fantástica senorita. Esta transformación se lograría -más que por cumplir con los requicitos biológicos- si este sujeto pudiera adquirir e interpretar este código de comportamiento. La diferenciación sexual, biológica, genital, como aquí la queremos presentar, no es un aspecto ontológico de la sexualidad (como una sobredeterminación polar, masculina-femenina, activapasiva ) sino accesorio, de un proceso de territorritorialización en torno a un serie elementos que se caracterizan como masculinos y femeninos. Por ejemplo, el rosa es un color femenino y el azul masculino, los deportes son masculinos y la costura femenina,las mujeres son mejores para criar a los hijos y los hombres para traer ingresos al hogar, los hombres son fuertes y las mujeres delicadas. A pesar de esto hay muchos hombres delicados y muchas mujeres fuertes. Que sucede entonces cuando estas series no se mantienen? Que sucede cuando lo masculino y lo femenino no se mantienen dentro de estos territorios cercados, dentro de estas series binarias? La pregunta aquí es: Que es lo que se resiste a este orden biopolítico? Por otro lado: Que es esto que desborda la teoría freudiana, que le cuesta clasificarse en la matriz freudiana masculino-femenino / heterosexual-homosexual y le queda sino, la categoría polimorfa de las perversiones2. Estos interrogantes buscan senalar aquello que se resiste a estas formas, que no puede ser suprimido, y se manifiesta desterritorializando los espacios de la masculinidad y femineidad, abriendo nuevas posibilidades para establecer otras series e identidades que simienten un nuevo terreno para política. La pregunta sobre la resistencia, sobre aquello que se desplaza de las categorías establecidas de la sexualidad, el deseo, la política, tienen su fundamento en las formas que se le intentan imponer. En algún sentido preguntarnos sobre la resistencia es interrogarnos sobre “lo nomal”,
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Que la teoría freudiana, a pesar de no tener prejuicios, la categoriza como las sexualidades que no son normales.

ese espacio que se extiende uniformemente en todos los estratos, naturalizando las formas de un sistema de dominación particular. Desde algunos puntos de vista3 es esta resistencia, la diferencia o el afuera, lo que constituye la “normalidad”, el “adentro”. Esta diferencia, esta mirada del afuera, es lo que puede brindar una idea de complitud, de límite o frontera de lo “normal” o “adentro”. Esta diferencia, este resto, que no puede ser subsumido en la idea del “adentro”, el “nosotros”, es lo que pone en evidencia la imposibilidad de cierre, sutura, de una hegemonía: de los discursos que establecen un orden sobre las cosas y control disciplinario sobre los cuerpos. Más allá del origen ontológico de esta diferencia -en el mismo juego diferencias que posibilitan la significación (que necesariamente debe quedar abierta) ó la posibilidad de representarse como complitud a partir de un elemento ajeno al conjunto que traza el limite, ó porque no, el caso patológico, deviado- nos interesa pensar en esta como algo que irrumpe atravesado por distintas lógicas, que es estratificada, rizomática y contingente. Una diferencia contingente, anárquicamente distribuida, ramificad y discontinua. Esto es asumir los ordenes biopolíticos, las hegemonías, son formas que invisibilizan (en distintos niveles) estas diferencias naturalizando situaciones, discursos, que legitiman los regímenes que gobiernan nuestras vidas. Estos discurso logran encarnar ficciones sobre los ordenes del mundo, ocultando estas diferencias, simulando continuidades estables en terrenos irregulares. 2. Diferencia, Resistencia y Normalidad
Ahora bien, la palabra diferencia [différence] nunca ha pedido remitir así a diferir como temporización ni al desacuerdo [différend] como polemos. Es esta pérdida de sentido lo que debería compensar -económicamente- la palabra différance (con a). Ésta puede remitir a la vez a toda la configuración de sus significaciones, es inmediatamente e irreductiblemente polisémica y ello no será indiferente a la economía del discurso que trato de sostener. J. Derrida “La Différance”

La referencia a la deconstrucción a través de la différance remite a recapitular la cuestión de la resistencia a la “normalidad” planteada anteriormente. Llegamos aquí preguntándonos sobre la diferenciación sexual, una marca (supuestamente) escencialmente establecida por la biología y establecida como norma. Como implicamos anteriormente esta diferencia no esta establecida por una sobredeterminación natural como es construida a partir de distintos dispositivos, o a partir de las cristalizaciones de los discursos sobre la masculinidad y femineidad.En este sentido la masculinidad y la feminidad no son tanto un efecto biológico como discursos sedimentados en las
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Tanto de la deconstrucción de J. Derrida y la teoría de la hegemonía de E. Laclau

prácticas cotidianas, son representaciones como en una obra de teatro, performances, que en definitiva funsionan como signo de esa diferencia. Esto es, la diferencia es un efecto posterior a esa “sobredeterminación” natural del género en sentido biológico. Algo así como si el género -en su determinación singular- fuera la envoltura (significante) dada por la exterioridad de la interpretación4 (la performance) de un signo de masculinidad o feminidad. Pero como esta masculinidad y feminidad no son fijas, no son la repetición de una imagen escencial, una potencia pura, el umbral entre estos dos territorios es abierto y permeable. La diferencia es tanto la lógica de la distinción como el principio de los singular que escapa a la clasificación discreta. Esta fisura entre las categorías excluyentes pero no exhaustivas, existen series, con sus significantes amos que logran hegemonizar la masculinidad y femeneidad. Este acto hegemónico crea la ilusión de cirre, de una masculinidad y femineidad fija, normal, que acepta variaciones de lo que aprece como lo mismo.. Esta sexualidad hegemónica, necesariamente debe excluir los elementos que no se corresponden con las series de atributos articulados en la cadena fijada. La exclusión de un elementos “extraño” es una necesidad constitutiva de estas identidades. Es a través del elemento excluido que se establece la frontera que da cierre, complitud a la identidad. Las formas excluidas en esta dicotomía masculino/femenino, lo que se resiste a esta clasificación, a esta pretensión de totalización del campo de la sexualidad,que aparece como exterior, trazándo el límite de su identidad, sera clasificado como anormal. El esquema polar del psicoanálisis, -masculino/femenino, heterosexual/homosexual- se enfrenta con una resistencia extensa y heterogenia que clasificada en la categoría de las perversiones y caracterizadas como formas patológicas. Esta resistencia al discurso del psicoanálisis, las sexualidades “perversas”, los transgéneros, las androginias, los fetichismos, los grupos de lesbianas butch y gays osos y vikingos, los barebackers, presentan un terreno que no se entrega con docilidad a las categorías freudianas. Por otro lado también hay en Foucault una resistencia a continuar su historia de la sexualidad a la era del psicoanálisis. De pensar las sexualidades en la era de la despatologización de la homosexualidad, de la sexualidad infantil, de la puesta en discurso del sexo, del discurso del deseo como falta. En este proyecto se podría haber senalado la diferencia, la resistencia, a ese discurso del psicoanálisis. Los anormales en la era contemporánea, las sociedades de control. Esta resistencia, que se opone a ser integrada en la totalidad hegemónica como una diferencia, plantea algo irreductible al análisis. Esto significa que estas cuestiones desbordan el camino del análisis. Estás identidades no buscan ni una entrada ni salida de análisis. Tampoco representan su falta. Se encuentran afuera. Escapan a su lógica. La continuidad que presenta el psicoanálisis con la era victoriana es la voluntad de saber. El psicoanálisis no deja de ser uno de esos discursos sobre el sexo que intenta racionalizar, explicar los impulsos que forman nuestros deseos, inclinaciones y personalidad. Es un discurso que articulan la fórmula saber/poder que encarna el analista.

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La interpretación del sujeto en el sentido de una puesta en escena. Interpretar una pieza de música, una obra de teatro. Lo que inglés se podría designar con “play”.

La propuesta de Foucault -intuimos- propone otro uso del saber. Ya no un saber racional, un saber como el discurso del psicoanálisis sino un saber hacer. Esto es un saber /poder creador no especulativo. . Un saber que no busque elaborar o analizar como un saber que pueda hacer uso de la sexualidad para construir identidades. Esto es utilizar la sexualidad como fueza creativa y generadora de identidades. Proponer otro uso de los placeres. Aquí el saber tiene que ver con una capacidad espontánea mas que con la especulacion analitica. El saber como poder hacer algo con lo propio, saber usar. y no descubrir los origenes ocultos, las causas y razones de una condición.

3. Identidades, Estrategia y Sujetos Políticos
La capacidad y voluntad de resistencia no son un regalo del cielo, sino que requieren una serie de transformaciones subjetivas que solo derivan de las propias luchasy que pueden afectary que pueden perfectamente frustrarse. E. Laclau “Debates y Combates”

Aquí la pregunta sobre como articular, a partir de las identidades, estrategias que puedan constituir un sujeto político; no debería adelantarse a la pregunta sobre las prácticas y las identidades. Esto, de alguna manera, implica priorizar el particularismo por sobre lo que en definitiva es un efecto residual de estas articulación que dan como resultado al sujeto. Las practicas identitarias, -prácticas sexuales, discursivas, compromisos militantes, de resistencia- ese entramado anárquico que en muchos casos esta dadas por las circunstancia, son la sustancia de los sujetos y sus articulaciones políticas. Las identidades no son el resultado de una sobredeterminación, ni biológicas, ni económicas, sino el resultado de afinidades y afectos, exclusiones y pertenencias, que se fijan en juego de continuos desplazamientos. Las identidades no son definitivas en tanto se encuentran en juego constante de cercanías, afinidades, exclusiones y marginaciones. Esta discresión en las identidades implica que incluso las identidades pueden no ser coherentes. Por ilustrar con un ejemplo, un sujeto que se reconoce como homosexual y católico (esto en distintos grados, ej homosexual militante y católico devoto) pone de manifiesto la presencia de elementos contradictorios en una identidad a nivel individual (a pesar que todo proceso de indetificación individual implica una proceso social5). En terminos generales y para resumir algunas cuestiones sobre las identidades, desde una perspectiva psicoanalítica podríamos decir: • Las identidades no son racionales, sino que se desarroll an a partir lo afectivo (contenido sexual). • Las identidades son inconsistentes. No pueden presentarse de forma acabada ni plegarse sobre algo fundado en lo Real. Esto es casi lo mismo que decir que no pueden haber identidades puras. • Todo proceso de identificación implica al mismo tiempo una fraternización y exclusión. Esto hace que los procesos de identificación en el fondo
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Freud, “Psicología de las masa y análisis del yo”

sean políticos. • Las identidades no pueden ser suprimidas. La represión como estrategia defensiva no puede bloquear el retorno de lo reprimido de manera eficiente. • La re- subjetivación de la política debería hacer posible una articulación equivalencial que preserve las singularidades identitarias que se constituyen en las demandas diferenciales creando un nuevo sujeto político. • Lasidentidades poseen un elemento trágico. Así como en los mitos como el de Edipo, el Sujeto está entregado a un destino sobre el cual no tiene ningún control.6 Estos procesos de constitución de las identidades (colectivas) junto a las articulaciones de tipo hegemónicas son las que constituyen a los sujetos. Entendemos como sujeto a una posición en un enunciado. El sujeto es un efecto de la enunciación (y no el correlato, la superficie de un fenómeno, un grupo agregado o una entelequia). Sujeto es aquel que se presenta en un enunciado. Vale decir que ocupa una posición de sujeto en un enunciado. Por eso cuando hablamos de sujetos políticos nos referimos a la voz de un régimen, al discurso dominante, aquel por quien se gobierna. Por eso podríamos decir que el sujeto político de la monarquía es la realeza, el sujeto político de la democracia sería la burguesía (o de las oligarquías diría Ranciere), y el sujeto político del populismo es el pueblo. Esto plantea que el sujeto es posterior al fenómeno de enunciación un efecto residual del mismo. El sujeto es un residuo del proceso de enuciación de un nosotros compartido. Como venimos sosteniendo, estas identidades, aunque articuladas hegemónicamente, son inconsitentes, irracionales, fraternarles y de exclusión, y también trágicas. Como senalamos en el punto anterior, queremos destacar la diferencia (y la importancia) entre querer entender y saber usar. Esta descripción de las identidades y los procesos de constitución de los sujetos políticos no tiene fines pedagógicos, como si entender que es una identidad, un sujeto y como se constituyen como si fueran en sí mismos condiciones suficientes y hasta necesarias para que los sujetos políticos existan. Esto planteado desde el punto de vista estratégico para la construcción de formas de poder, en tanto fuerzas positivas, que permitan constituir espacios de enunciación o decibilidad. La clave para una estrategia política, está menos en entender las teoría del sujeto que en como nosotros logramos identificaciones que permitan articular equivalencialmente identidades diferentes. Esto en terminos concretos implica operar con los distintos tipos de pliegues, emplazamientos, que podemos hacer con nuestra propia identidad. Esto en muchos sentidos significa ser opaco. Es decir no dejar ver a través nuestros. No permitir ver quien realmente se es (como si definir esto para empezar fuera de por sí fácil) . Esto en términos estratégicos significa desempenar distintos papeles (nuevamente: como en una obra de teatro) y crear el efecto del “personaje”. Esto, en términos ideales, significaría, en caso de caer en manos del enemigo, aparentar ser un amigo para no ser ejecutado7. De ahí es de donde proviene la expresión de Zizek “El sujeto: aquel secreto judío cicrcunciso”. Nunca podemos dar cuenta en términos “objetivos”, si el sujeto es quien dice ser. No podemos comprobar fehacientemente si una
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Ver R. Esteves “Diez cosas que siempre quiso saber sobre el post-estructuralismo y nunca se animó a preguntar”. 7 “Oh amigos, no hay amigos” Cicerón.

persona está circunsidada. En tal caso podríamos decir lo mismo del sexo. Sí lo que define el sexo son los órganos genitales, pocas veces podemos comprobar por ese medio el sexo de la mayoría de la gente que nos rodea. Y más allá del margen de la normalidad (y sin siquiera entrar en el campo del transexualismo y travestismo) muchas veces nos preguntamos por lo genitales de personas andróginas, varones feminizados o mujeres masculinizadas, como sí sus características naturales de género se encontraran en contradicción con su género. Esto es mujeres que podrían pasar por varones y viceversa. En cualquier caso las identidades poseen un elemento contingente y un elemento de lo que uno hace de la propia identidad. De alguna manera lo que uno hace de la propia contingencia. En la misma línea que planteamos de saber vs. saber hacer, podemos distintguir que no es lo mismo entender la teoría de la diferencia que saber que hacer con ella, esto en términos políticos. En principio la teoría de la hegemonía, plantea la articulación equivalencial de elementos difenrentes. Esto es, que distintas identidades logren identificarse con algo manteniendo su singularidad. La pregunta es que hacemos con aquella diferencia irreductible que escapa a esto, que se resiste la adaptación, la integración a esta nueva identidad? Porque la teoría de la diferencia es muy abierta a lo singular, sin embargo a veces olvida que estas singularidades que se resisten agrietando el discurso hegemónico, posee una lógica propia que también traza su propio límite. Concretamente hablamos de ciertas formas de anarquismo. Aunque estas formas parecen anacrónicas, son una realidad muy concreta en Grecia, y con sus variantes en Espana con los indignados del movimiento 15-M. Grecia es sin duda un ejemplo más paradigmático que el de Espana, por el protagonismo de un movimiento anarquista, que más allá de sus corrientes históricas, contemporáneamente presenta una facción joven espontánea al estilo sex pistols de “i wanna destroy the passer by”. Ese tipo específico de anarquismo no busca crear una nueva hegemonía. Simplemente no quiere formar parte de una hegemonía. En el caso Espanol, aunque es evidente que los indignados no están pidiendo escáneos en el parlamento, buscan otra hegemonía, una lógica política en la que ellos, esa posición de sujeto que construye este movimiento de protesta, surja como sujeto político. Esta es la diferencia entre estas distintas estrategias, acaso formas de resistencia. En resumen procesos de identificación que generan a los sujetos pueden dar distintas formas solidaridades políticas, como la manada, la multitud, y la hegemonía.

4. Manada, Multitud y Hegemonía.
“La manada, incluso en su propio terreno, se constituye en una línea de fuga o de desterritorialización que forma parte de ella, y a la que da un gran valor positivo; las masas, por el contrario, sólo integran tales líneas para segmentarizarlas, bloquearlas, afectarlas de un signo negativo.” Gilles Deleuze “Mil Mesetas”

Teniendo esto en cuenta, los cuerpos ya no son dóciles. "Des-identificación" (para retomar la formulación de De Lauretis), identificaciones estratégicas, reconversión de las tecnologías del cuerpo y desontologización del sujeto de la política sexual, estas son algunas de las estrategias políticas de las multitudes queer. Beatriz Preciado. Multitudes Queer

Que mejor metáfora para la política que la manada? Las referencias al lobo están plagadas en la literatura politológica. Pero hay un detalle que tanto Hobbes como Freud pasan por alto, Que el lobo nunca es lobo en tanto que solo existe como manada. De la misma manera que el hueso es en tanto osario, el lobo es en tanto manada. Esta referencia al zoom politikon que implica una necesidad vital, de existir en tanto animales, en tanto especie refiere a un espacio de biopolítica. Esta forma en la que los animales de la misma especie se ordenan para subsistir -ó existir- en un espacio. El oden político se encuentra íntimamente relacionado con el sujeto, aquel lugar desde donde se enuncia el discurso hegemónico, que establece las relaciones entre las cosas y las personas, estableciendo sus formas y limites. Este oden lo podemos pensar como la lógica con la que se organiza un grupo o una comunidad política. Podríamos pensar esto como modelos, como formas de legitimidad, en definitiva, lógicas de articulación política, o maneras en las que se organiza los sujetos8. La manada es un grupo desterritorializado, nómade que no posé ni un adentro ni un afuera, posee entre-medio, como un umbral. A diferencia que la masa, donde los sujetos se encuentran indiferenciados, la manada se mantiene de una forma discontinua. Un ejemplo de esto, y a propósito de Grecia, dos punks, de dos puntos cualquiera del mundo, se encuentran e inmediatamente desarrollan una solidaridad singular y estrecha, como si estuvieran en la misma manada. El lazo de identificación es tal que se reconocen como sujeto.Otro caso singular de manadas son los Hells Angels, la banda de moticiclistas que aunque originario de los Estados Unidos posee asociaciones de motocilcistas en varios países. Está claro que nos referimos a otras formas de asociación, de orden político. Un orden que se presenta como un cuerpo sin órganos. Esto no hay partes que se pueden aislar y extirpar (la propuesta quirurgica de los regímenes autoritarios). La manada que no tiene límites fijos, tampoco tienen relaciones estables, fijas. dentro de la misma manada. El líder de la manada no lidera por cuatro anos, lidera mientras se mantiene lider, mientra mantenga la lealtad de la manada. La manada es un devenir más que un escencia. La manada es lo que deviene de ésta. Es decir la manada es el resultado de lo que el grupo hace y no de una lógica natural o necesaria. La manada es lo uno múltiple abierto.

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Aquí usamos el término sujeto en dos sentidos distintos. El sujeto, en sentido singular, la persona y el Sujeto, que es aquella posición de enunciación de un discurso hegemónico, la realeza, la aristocracia, la oligarquía, la burguesía, el proletariado, los movimientos sociales, los movimientos de género, etc. Está claro que estas referencias a los sujetos no están escindidas y su relación con las identidades han sido tratadas en el punto anterior.

La multitud por su parte es espontánea e inestable. Implica un proceso de articulación horizontal donde las diferencias se encuentran manteniendo su propia singularidad. La multitud -como propnen Negri y Hardt- surge como una resistencia al poder global del imperio. La multitud posee un fuerte elemento insurreccional, de resistencia localizada. Pero carece de poder articulatorio en términos de hegemonía, esto es, de instaurar un orden, un discurso que habilite la enunciación de todas las diferencias en un sujeto político. En la multitud lo particular solo se articula con otras particularidades sin posibilitar la emergencia de un sujeto que logre identificar las diferencias involucradas en la situación. Hardt y Negri dicen respecto a la multitud: El pueblo constituía un cuerpo social, la multitud no: es la chair misma de la vida. Si por un lado oponemos la multitud al pueblo, por el otro debemos diferenciarla de las masas y de la muchedumbre. Las masas y la muchedumbre son a menudo utilizadas para designar una fuerza social irracional y pasiva, peligrosa y violenta, fácil de manipular. La multitud es por el contrario un agente social activo, una multiplicidad actuante Esta multitud carente de sujeto, compuesta de un conjunto de identidades marginales que irrumpen en el espacio público con demandas biopolíticas, en un sentido de proliferación de la vida (o de amor) necesario frente al sofocante poder del imperio. Respecto de las multitudes sexuales, o multitudes queer, Veatriz Preciado dice: La política de las multitudes queer emerge de una posición crítica respecto a los efectos normalizadores y disciplinarios de toda formación identitaria, de una desontologización del sujeto de la política de las identidades : no hay una base natural ("mujer", "gay", etc.) que pueda legitimar la acción política. No tiene por objetivo la liberación de las mujeres de "la dominación masculina", como quería el feminismo clásico, porque no se basa en la "diferencia sexual", sinónimo de una división fundamental de la opresión (transcultural, transhistórica) basada en una diferencia de naturaleza que debería estructurar la acción política. Por su lado la hegemonía se presenta como una lógica política, una forma de articulación que busca cerrar el terreno de lo decoble en un discurso. La clave de toda hegemonía es conseguir exitosamente articular equivalencialmente identidades diferentes. Esto es fijar en un término o identidad una serie de particularidades diferentes. La diferencia no articulada constituye el afuera, el limite de esta hegemonía. La hegemonía implica un discurso y un sujeto politico. E. Laclau propone el populismo como la estrategia de radicalización de la lógica de la hegemonía. Esto es buscar un sujeto que permita un múltiple mayor de identificaciones, como puede ser el pueblo. Desde las perspectivas de las multitudes y desde el concepto de diferencia, es también comprensible esta resistencia a ser enunciado desde el discurso que pretende sutura. Aquellas identidades marginales, que en parte se identifican por esa misma marginalidad, difícilmente quieran participar de la hegemonía, a pesar que su sujeto político permite múltiples identificaciones.

El aporte que hemos introducido aqui es el de pensar estrategicamente, de manera anti-escencialista (y esto dicho desde el punto de vista de los prejuicios académicos) y más pragmáticamente. Esto es poder, en ciertas situaciones, realizar pliegues hegemónicos, manteniendo otros espacios de identificación, desterritorializados, que puedan sostener nuestras vidas en una forma que de gusto vivirlas. Por eso proponemos que tan importante como las articulaciones (en sentido hegemónicos) son establecer espacios donde se generen prácticas para otros ordeners biopolíticos. Por esto son tan importantes aquí los grupos de las minorías sexuales, porque estos están constituidos no solo por identificaciones, sino por prácticas biopolíticas. De alguna manera podemos decir que estos grupos no necesitan de una hegemonía para llevar adelante la vida que tienen. Lo mismo podría decir de los grupos de autocultivo de marihuana. A pesar de la prohibición ellos consumen y circulan sustancia. Es muy cierto que no es lo mismo ser cultivador en ordenes hegemónicos prohibicionistas, tolerantes, despenalizadores, etc. Por esto es importante que la comunidad cannabica (como cualquier otra identidad marginal) pueda hacer los pliegues estratégicos necesarios para articular su demanda en un orden hegemónico. En algún sentido la teoría populista de radicalización de la democracia debería reconsiderar su posición frente a las multitudes, en el sentido de la diferencia irreconciliable, el de las sexualidades disidentes, el consumo de drogas, el anarquismo, etc. Esto en muchos sentidos sería admitir que la teoría de la democracia radical pierde su poder marginal, y que ya no es una teoría de la resistencia, de la diferencia, sino de, claro está, la hegemonía. Conclusión. Hemos realizado un recorrido en el que intentamos ilustrar un argumento y una propuesta de estategia identitaria con foco en las diferencias, como son las “minorías sexuales”. Estos movimientos de géneros más alla de brindar un ámbito de identificación para un sujeto político constituyen el espacio para las prácticas que pueden dar sustento a ordenes biopolíticos. Comenzamos mostrando como la sexualidad es intervenido por una serie de tecnologías y dispositivos para instaurar un orden de dominio sobre los aspectos vitales de nuestras existencias. Mostramos como se articulan en estos ordenes, los sujetos y las identidades. Propusimos caminos estratégicos para realizar pliegues identitarios que permitan incluir demandas en un orden hegemónico pudiendo sostener las diferencias en prácticas concretas. Planteamos los modelos contrapuestos de lógicas articulatorias son la hegemonía y la multitud. En la hegemonía hay un intento de cierre, de establecer un orden, privilegiar un sujeto. La multitud aparece como un movimiento específica: el imperio. Lo que proponemos aquí es operar entre la lógica hegemónica sin caer en ella. Esto es construir prácticas vitales más que establecer articulaciones hegemónicas. de resistencia espontáneo, disrruptivo, discontinuo contra una dominación

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