Móvil

Sergi Belbel

Escena 1 (2) Estación de tren. Sara y Rosa

Sara : Llegamos tarde. Rosa: No llegamos tarde. Sara: ¿Qué andén es? Rosa: Míralo allí. Sara: Dónde. Rosa: En el panel. Sara: ¿Qué panel, todo está lleno de paneles, qué panel? Rosa: Aquél. Sara: Muy bien, ya lo estoy mirando. ¿Y qué? Rosa: Destino aeropuerto. Andén tres. Sara: ¿Tres? Rosa: Tres. Sara: ¿Seguro? Rosa: Ponte las gafas. Sara: ¿Por qué no vienes conmigo? Rosa: Y dale. Que no.

Sara: Yo me voy a casa. Rosa: ¡Mamá, por favor, basta ya! Sara: ¡Si hace veinte años que no viajo sola! ¡O treinta! Rosa: ¡Mira! ¡El andén tres es por ahí! Sara: ¡Ay, no sé que hacer! No lo tengo claro. Rosa: La pasarás bien. Y no vas a estar sola. Toma. Sara: ¿Esto qué es? Rosa: Un regalo, un buen regalo. Para ti. Ábrelo. Sara: ¿Qué es? Ay, que nervios. Rosa: Estés donde estés, cuando tú quieras, no estarás sola. Sara: ¿Eh? ¡Un celular! REGALO?! (pausa.) ¡¿ESTO… TE PARECE… UN BUEN…

Escena 2 (2) Dos carros separados a kilómetros de distancia. Claudia conduce uno. Jan, el otro. Hablan por celular en la modalidad “manos libres”.

Claudia: Tienes que mirarme los modelos de celulares de última generación, los que todavía no hemos ni sacado al mercado, éste que llevo es una mierda, me lo diste hace tres meses y ya se ha vuelto viejo; hay un montón de cosas que pueden hacer mis amigas con los suyos y que el mío no puede hacer, ¡QUÉ VERGÜENZA! No puedo andar por ahí con un cacharro como éste, ¿no lo entiendes?; que mis amigas, que no son nadie, ya tengan modelos muy superiores

al mío es algo totalmente INADMISIBLE, o sea que ya sabes lo que debes hacer, ¿te ha quedado claro?, ¿eh?, ¡¿me oyes o no me oyes?! Jan: Sí. Claudia: ¡Como no dices nada! Jan: Te estoy escuchando. Claudia: ¿Dónde estás, que hay tanto ruido? Jan: En… en casa…trabajando…tengo puesto el manos libres… Claudia: ¿Trabajando?... Jan: …por eso no se oye muy bien. Claudia: ¡¿Trabajando… en qué?! Jan: ¿Qué quieres? ¿Qué te consiga un celular nuevo? Claudia: ¿No puedes desconectar el “manos libres” y hablar por el auricular, que no entiendo nada de lo que dices? ¿En qué estás trabajando? Jan: ¿Qué quieres? ¿Que te consiga un celular nuevo? Claudia: Y que me lo traigas inmediatamente a casa. Lo necesito para dentro de una hora. Me voy de viaje. Y quiero uno que haga fotos de alta resolución porque la cámara que me regalaste con el dinero que te di tiene un virus o yo qué sé qué que le entró cuando le mandé a mi amiga Beti las fotos del último viaje por email y al responderme ella, la muy imbécil me envió una especie de bomba destructiva oculta que se coló en el disco duro de la cámara, y ahora la cámara, en vez de disparar fotos, hace un ruido como de mala digestión pero en metálico y hace píiiif y se muere. ¡Ah! Y que tenga también agenda incorporada, así me ahorro llevar encima la palm. Y que sea tribanda, con bluetooth, USB, puerto de infrarojos, y con GPRS y GPS, por supuesto, que ya me dirás cómo me oriento yo en Singapur y en Seúl. ¡Ah! Y otra cosa. Tienes que acompañarme al aeropuerto.

Jan: ¿Quéee? ¡¡Si te dije que me iba al campo!! Y antes voy a ver un piso que está en venta y que promete mucho… ¡Si…si… prácticamente estoy a… a punto de coger el carro! Que te lleve tu chofer. ¡Además, mi carro está fatal, tiene el motor hecho una mierda; Y TU LO SABES PERFECTAMENTE, siempre que subes en él me dices: ¡“Vaya mierda de carro que tienes”! Lo siento, no puede ser, tengo que ir a… Claudia: Me importa un carajo a dónde quieras ir, tú esta tarde me llevas al aeropuerto que yo no puedo arrastrar maletas. Y mi chófer ideal eres tú. No hay otro mejor. Además, no se te ha perdido nada en el campo, no sé porque narices tienes que ir al campo, ¡precisamente ahora! ¿Y con quién vas a ir al campo, si puede saberse?, porque solo no vas a ir al campo, ¡¡¡SI TÚ ODIAS EL CAMPO!!! ¿Y qué piso dices que vas a ir a ver antes? Pero, ¿qué dices? ¡Estás loco! ¡¿POR QUÉ COÑO QUIERES IR A VER UN PISO TÚ, AHORA, EH?! ¡Y NO VUELVAS A HABLARME DE TU CARRO CON ESAS INDIRECTAS, QUE YA SÉ POR DÓNDE VAS! Jan: ¿Cuántos días estarás afuera? Claudia: Todavía no lo sé. Depende del tiempo que tarde en convencer a los coreanos que se ajusten el precio de la fusión, se han vuelto locos con la última oferta que nos proponen. Vaya unos…también. Con la técnica de la hormiguita… se te van colando por el oído sin que te des cuenta y a la que te despistas ya te han construido un hormiguero entero en medio del cerebro. Pero a mí no me conocen. Ni a mí ni a mis métodos… insecticidas, ¡ja ja ja! ¿Por qué quieres saber cuánto tiempo estaré afuera? ¿Me echarás de menos? ¿Quieres venir conmigo, mi amor? Jan: No. Tengo trabajo. Lo siento. Tengo que dejarte. Luego te llamo. (Cuelga. Aprieta un botón del celular. Se oye una voz metálica: “Buzón de voz de…” y luego una voz de mujer, muy sensual: “…Sonia, deja tu mensaje.”) ¡¡¡¿POR QUÉ NUNCA CONECTAS EL CELULAR, JODEEEEER?!!! (Da un giro adelante y frena bruscamente.)

Claudia: (Al mismo tiempo, refiriéndose a Jan) ¿Trabajo? ¿Trabajo, tú? ¡ME CAGO EN LA MADRE QUE TE PARIÓ, IMBEEEEECIL! (Toca el claxon frenéticamente.)

Escena 3 (1) Un aeropuerto. En un rincón, Sara, con el celular en la mano, no para de moverse ridículamente por el espacio, buscando la mejor cobertura. Al final, después de probar cuatro o cinco sitios y posturas, la encuentra. Pulsa un par de teclas. Habla casi a gritos y sin apenas respirar.

Sara: ¡Niña! ¡¡¡Niña!!! ¡¡Hola, soy yo!! ¡Sí, sí! ¿Eh? ¡¡¡¿Qué?!!! ¡¡¡¿Qué grito mucho?!!! ¡¡¡Pero si yo a ti no te oigo!!! Nada, que quería decirte que… que… mira la hora que es y todavía estoy en el aeropuerto…Nada, que el tren ha llegado muy bien, sí, sí, ¡mucho mucho, puntual, limpio, agradable, perfecto!, pero así que he puesto los pies en el aeropuerto, mi niña, ay, niña, qué mal funciona todo, ¡una cola para facturar la maleta!, ¡y una gente tan maleducada!, mira, no te digo nada más porque luego me dices que todo lo veo negro y me quejo de todo, pero, ¡¿cómo no voy a quejarme, si resulta que el avión que tengo que coger lleva siete horas de retraso?!, ¡SIETE HORAS, NIÑA, SIETE HORAS! Y me he dicho a mí misma, me digo: ¿qué hago yo ahora siete horas aquí tirada en el aeropuerto sin hacer nada? Y tal como me lo he dicho se lo he dicho así mismo a una señorita de éstas con uniforme, guapa guapa como una modelo, monísima, con el cabello largo, rubio y brillante y unos ojos color de miel en forma de almendra gigante, preciosa, una muñeca, una miss; y va ella y me dice: “Y a mí qué me cuenta, señora, bastante trabajo tengo yo aguantándoles a todos ustedes”; sí, sí, con esta voz asquerosa, sí, tal como lo estás oyendo, “bastante trabajo tengo yo aguantándoles a todos ustedes”, que parecía un travesti o un camionero y entonces yo, ¿sabes lo que he hecho, mi niña? ¿sabes qué? Me acerco a ella y le digo, le digo: “Oiga, señorita, usted es una de las mujeres físicamente más

hermosas que he visto en mi vida, pero por guapa que sea, así que le diga “te quiero” a un hombre, la dejará a usted tirada en un plis plas, ¡porque tiene usted una voz espantosamente fea y además le apesta el aliento!” ¡Ja ja ja! Y se lo he dicho a gritos. ¡¡A GRITO PELADO!! PARA QUE LO OYERA TODA LA GENTE DE LA COLA, ¡¡”LE APESTA EL ALIENTO”!! ¡Ji ji ji! Y por si fuera poco, al acercarme a ella, me he dado cuenta de que se había operado la nariz, los labios y los pómulos, y he añadido, gritando aún más, y vuelta ya del todo hacia la gente de la cola: “¡Y MUY MONA Y TODO LO QUE QUIERAN PERO ESTÁ OPERADÍIIISIMA!” ¿Y sabes qué ha hecho la gente de la cola? ¡ME HAN APLAUDIDO! Sí, niña, sí, ¡me han aplaudido a mí! ¡Ja ja ja! ¡Hacía tanto tiempo que no me aplaudía nadie…! ¡Veinte años, por lo menos! Eso. ¡O treinta! ¿Eh? ¡¿EHHH?! ¿Qué dices? ¡Es que no te oigo! ¡Ah, que sí, que no, que todavía no acaba ahí la cosa, que quiero decir que todavía no te he dicho por qué te llamaba! ¿Por dónde iba? Ah sí, que nada, que siete horas, niña, siete horas de espera y de eso ya hace casi seis y tres cuartos, quiero decir que embarco dentro de un cuarto de hora y, ¿sabes lo que he hecho, finalmente, en estas seis horas y casi tres cuartos? ¡ME HE “comido” LAS INSTRUCCIONES DE TU CELULAR! ¡Qué pasada, mi niña, un celular alucinante! ¡Se pueden hacer tantas cosas con él! ¡Uy, ya tengo todos los números de la familia memorizados! El tuyo lo he puesto el primero en la lista. Nada más apretar dos botoncitos me sales tú. Y espera, que cuando me entere de cómo funciona la videocámara, en la próxima llamada, ¡nos vemos y todo! ¡Eh? ¿Qué el tuyo eso no lo puede hacer? Uy, no, mi niña, no, eso no me lo digas, ay, que disgusto, no puede ser, ¡cómprate uno nuevo como éste inmediatamente! Pues nada, mi niña, que te llamaba para decirte que por fin voy a embarcar y que perdóname por haberme comportado tan mal contigo en la estación y que gracias, cariño, gracias por este regalo maravilloso, el celular y… y… el viaje. Bueno, por ahora, el viaje no tiene nada de maravilloso con todo este lío del aeropuerto, pero el celular sí, vida mía. ¡Ay, qué feliz me siento sabiendo que puedo llamarte a cualquier hora y en cualquier lugar sólo apretando un botoncito! O dos. Eso hace que disminuya mi nivel de ansiedad porque antes, niña, me ha entrado un ataque cuando estaba en la cola para facturar rodeada de

gente apestando a sudor, agotados, asqueados, con esos carros llenos de maletas y bolsas y paquetes y perros enjaulados, y gentes de todas las clases y de todas las edades –porque ahora esto de los aviones es tan barato que los aeropuertos ya no son lo que eran y ahora cada aeropuerto es como el mundo entero pero en pequeño, con sus desigualdades, sus multitudes de todo tipo, color y olor, y sus injusticias- y, “¡vamos!”, todo el mundo de aquí para allá sin parar y un grupito de azafatas riéndose en un rincón, como burlándose de nosotros, entonces, niña, mi nivel de angustia subía como los jumbos, y nunca mejor dicho porque los veía despegar tras los cristales de la terminal y voy y me digo: “tranquilízate, respira, no pasa nada, es un ataque de ansiedad y ya está y ahora, para calmarte, en lugar de tomarte la pastilla, llama a la niña”, pero en ese momento yo no sabía cómo funcionaba el chisme este, quiero decir que todavía no me había “comido” las instrucciones del celular y por eso no te he llamado antes y he acabado tomándome la pastilla y al cabo de unos minutos es cuando me he peleado con la azafata y te llamo ahora, seis horas y pico más tarde, cuando ya sé cómo funciona este aparatito tan maravilloso que es capaz de hacer un montón de cosas; y te llamo para agradecerte todo esto, no el desastre del aeropuerto, sino que me dejes llamarte cuando me siento sola, porque yo me siento muy sola, hija mía, pero ahora un poquito menos que hace siete horas porque te oigo y sé que estás ahí, muy cerquita de mí; y eso me calma tanto o más que la dichosa pastilla. Ya está. (Breve pausa en la que Sara respira por fin.) ¿Y tú? ¿Tú cómo estás, amor mío?

Escena 4 (1) Otro lugar del aeropuerto. Claudia habla por el celular a un buzón de voz.

Claudia: No lo coges porque has visto mi número en la pantallita, ¿verdad? Muy bien. Hay retrasos en todos los vuelos y no sé cuántas horas voy a tener que quedarme aquí. O sea que si nos dicen cuatro horas o más, ya estás dando media vuelta estés donde estés cuando oigas este mensaje y vienes a buscarme porque no pienso quedarme aquí perdiendo el tiempo y me llevas al centro y compro un par de cosillas que me faltan y que no hay manera de que encuentre en estas tiendas horripilantes para turistas del aeropuerto abarrotadas de gentuza. Y si dentro de cinco minutos todavía no me has llamado, te dejaré el buzón de voz colapsado de mensajes porque pienso llamarte cada treinta segundos y el porsche te lo comprará tu tía y ya puedes irte despidiendo del piso ese que quieres comprarte. O sea que ya sabes lo que tienes que hacer. Un beso. Te quiero. (Cuelga, malhumnorada.)

Escena 5 (1) Rosa, en una habitación vacía. Está desnuda, envuelta en una toalla, en cuclillas, con el teléfono en la mano.

Rosa: Mal. Muy mal. (Pausa.) Da igual, ahora no es el momento. (Pausa) Que no. (Pausa) Sí, por su culpa. (Pausa) Sí, ¿por qué no?, quizá también por mi culpa. (Pausa) Pues… que me ha dejado. Y se lo ha llevado todo. (Pausa) EL MUY CERDO SE LO HA LLEVADO TODO, ¡¡TODO!! ¡Todo lo que habíamos comprado juntos, las fotos, los muebles, los libros, los discos, nuestros recuerdos! (Pausa) Aprovechó que estuve contigo todo el día para hacerte compañía antes de que te

fueras de viaje y ya lo ves, al regresar de la estación, ya no había nada, ¡nada, nada!... Lo tenía programadísimo. (Pausa) Claro que puede hacerlo. (Pausa) Guarda todas las facturas de todo lo que se ha llevado ¡Y TODAS LAS FACTURAS ESTÁN A SU NOMBRE! (Pausa) No, no, de verdad. No sé por qué te lo cuento, no quiero amargarte el viaje. Estoy bien. Y me lo esperaba. Tarde o temprano tenía que pasar. (Pausa) Estoy muy bien, ¡vamos, embarca ya! (Pausa) ¿Qué es ese ruido? ¡¡¿Mamá?!! ¡¡¡¡Mamá!!!!

Escena 6 (1) Jan, en una habitación vacía. Habla por el celular.

Jan: No te he llamado antes porque estaba visitando el piso por si me decidía a comprarlo o no. (Pausa) Eso, “que me lo compres”. (Pausa) ¿Tanto tiempo? (Pausa) Es que me va fatal. (Pausa) Eso seguro que lo encuentras en el Duty Free. (Pausa) No pienso volver al aeropuerto, ¿no has visto cómo estaba el tráfico? (Pausa) ¡PUES NO ME REGALES NADA, “hostias”, ME IMPORTA UNA MIERDA, SI EN REALIDAD LO QUE PRETENDES CON TUS REGALOS ES ESCLAVIZARME CADA VEZ MÁS, “joder”, ¿NO DEJARÁS NUNCA DE MARTIRIZARME? (Pausa) No grites, que te oigo perfectamente. (Pausa) Ahora no…no…¡¡¡QUE NO ME GRITES!!! (Pausa) ¿Eh? ¿Ehhh? ¿Quéee?... ¿Qué dices?... ¡Pero, ¿qué pasa?!... ¿Por qué corres?, ¡no te entiendo! ¿Qué? ¿Quéeee?! (Se le corta la comunicación. Llama. Le sale una voz diciendo que las líneas están interrumpidas. Se asusta.)

Escena 7 (1) Habitación vacía. Han pasado algunas horas. Rosa, vestida, con el celular en la falda, mirándolo, nerviosa. Al cabo de unos segundos, el celular suena. Mira la pantalla, no sabe quién es, pero lo coge en el acto.

Rosa: ¿Quién es? Sí. Sí. Si, es mi madre. ¿Cómo?... ¿Eh? (Pausa) ¡¡¿Y no puede usted decirme nada más?!! ¡¡¿Cuánto más tarde?!! (Le cuelgan.) ¡Mierda! ¿Qué hago yo ahora? ¿Qué hago? ¡¡¡QUÉ HAGO!!!

Escena 8 (1) Habitación vacía. Jan pulsa teclas de su celular hasta que encuentra por internet via satélite un canal de noticias. Jan escucha atentamente. No llegamos a entender las palabras ni vemos las imágenes, el sonido sólo le llega audible a él, pero se oye un reportero y, de fondo, gritos, voces y muchas sirenas de policía y de ambulancia. Jan está muy serio. Apaga el canal y aprieta un par de teclas del celular.

Jan: ¡Sonia! ¡Sonia! ¡Menos mal que tú si tienes cobertura! ¿Has visto las noticias? ¡¡¡¿Sabes lo que ha pasado en el aeropuerto?!!! (Pausa) ¡¡¡PUES YO ESTABA HABLANDO CON ELLA CUANDO HA PASADO, “QUÉ FUERTE”, ELLA ESTABA ALLÍ MIENTRAS HABLÁBAMOS Y SE NOS HA CORTADO LA COMUNICACIÓN, ¿QUÉ PUEDO HACER?, POR FAVOR, “NENA”, AYÚDAME…! (Pausa) ¿Qué llame a la policía? No se me había ocurrido, huy, sí, que lista, ¡¡¡PERO SI NO HE PARADO DE HACERLO Y ME SALE UNA VOZ DICIENDO “LINEAS COLAPSADAS”, -COÑO-!!! ¡Y han suprimido la cobertura en la zona del aeropuerto y no puedo comunicarme con ella! Ésa no es la clase de ayuda que

necesito, ¡¿NO LO ENTIENDES?! ¿Y si está muerta? ¿Eh? ¡¡¡¿Y SI ESTÁ MUERTA, “JODEEER”?!!! ¿Qué hago yo ahora, eh? ¡¿Qué hago, dime?! ¡SI ES LO QUE HE ESTADO DESEANDO MEDIA VIDA, “HOSTIAS”! ¿Lo entiendes… ahora? ¡¿Cómo voy a poder vivir a partir de ahora con este remordimiento dentro, eh?! (Se echa a llorar, desconsoladamente.)

Escena 9 (1) Recepción de un hotel. En un rincón, sentada, Sara. Lleva un vendaje en la cara. Habla por el celular.

Sara: Rosa… Ha sido horrible, hija, pero estoy bien, te ha llamado la policía, ¿verdad? (pausa) Si, me ha atendido un hombre muy amable. (Pausa) Que sepas que no me he hecho nada y estoy bien. (Pausa) ¿Qué? (Pausa) ¿Ya? (Pausa) ¿Y qué han dicho en las noticias?, porque a nosotros nadie nos ha explicado nada. Hasta hace unos minutos no nos han dejado marchar, imagínate. Y sólo hace un par de minutos que vuelve a haber cobertura. (Pausa) Ah, ¿eso han dicho? (Pausa) ¿Cuántos muertos? (Pausa) Imposible. Si yo no he querido mirar y he corrido como una loca y debo haber visto el triple de lo que dices y creo que por eso he perdido el conocimiento. (Pausa) Era… era… no sé cómo decírtelo, tengo muchas ganas de llorar, mi vida, pero no voy a hacerlo. Era… como en la televisión. Pero, además de la vista, también estaba el tacto y el calor y sobre todo los olores y con el sonido muchísimo más alto. Pero yo no estaba nerviosa. Mientras corría entre la gente aterrorizada, sólo pensaba en una cosa, Rosa, en ti, en cuando naciste, veía tu carita preciosa de bebé y volvía a oír tus últimas palabras “estoy muy bien, ¡vamos, embarca ya!” y pensaba: No, no me da la gana de morirme sin ver cómo sales de este agujero negro, como sales tú y también como salgo yo. Y eso me serenaba porque lo que iba viendo mientras tanto era…

y la gente me empujaba… y… Es igual. No quiero hablar de ello. Sólo me he hecho un rasguño sin importancia en la cara y estoy muy bien. Te quiero mucho, hija; y sé que soy una carga para ti, sobre todo desde que me dejó tu padre, pero no vengas a buscarme. Es lo mejor para ti y para mí. Que nos separemos una temporadita. Y con lo que acaba de pasar, lo he visto muy claro. Ya sabes que yo no creo en las revelaciones y en las cosas esas esotéricas; y no sé si ha sido el shock o qué, pero he tenido una revelación: un poco más y me muero allí reventada o asfixiada o pisoteada como toda aquella pobre gente; y, ¿sabes por qué sobrevivo? ¿No lo sabes?...¡POR TU CELULAR!, sí, hija, gracias al celular que me has regalado. Para buscar cobertura para llamarte, me he alejado del grupito de gente donde ha ocurrido todo. Y por eso estoy viva. Gracias a ti. ¿Es o no es una revelación? SÍ, ES UNA REVELACIÓN. Tú estás ahora fatal con lo que acaba de pasarte. Y yo me siento un poco responsable de tu ruptura con tu… con tu amigo. No, no, cállate, ¡sí que es importante!, ¡Cállate! Es importante. Y quiero hablar de ello. Sí que es el momento, ¡Pero ¿NO TE DÁS CUENTA DE QUE TODO LO QUE NOS ESTÁ SUCEDIENDO ESTÁ CONECTADO?! No digas nada. Cállate y escúchame. Me dedicabas demasiado tiempo a mí y demasiado poco a él. Por mi egoísmo. Y sé que actuabas así por lástima porque te fastidiaba tener que estar por mí y sacarme a pasear para que se me pasaran las ganas de morirme. Y ahora lo veo todo mucho más claro. Hoy, cuando he estado a punto de morirme, no porque yo lo quisiera sino porque lo deseaban… otros. Yo tengo parte de culpa. De lo que te ocurre y de cómo eres. Mi egoísmo. Pero se acabó. No quiero que vengas a buscarme. He sobrevivido a mi tragedia íntima y ahora a… a la tragedia del mundo. Soy una mujer afortunada. Eso es lo que pienso ahora, después de lo que acabo de vivir. Seguiré adelante con el viaje como si no hubiera pasado nada. El psicólogo con el que acabo de hablar cree que esa es una buena manera de actuar. Y por eso te llamo. Las aseguradoras no van a cubrir los gastos. Pero debe de haber sido grave porque los del servicio de asistencia nos han dicho que el estado se va a hacer cargo de la noche o noches de hotel que sean necesarias hasta que vuelvan a abrir el aeropuerto. (Pausa) Sí, estoy en uno de ellos. Un hotel normal, de esos que están al lado de los aeropuertos, todos son

iguales. (Pausa) Todos son iguales. (Pausa) Tendré pesadillas toda mi vida. Tendré que irme acostumbrando. (Pausa) ¿Qué está pasando en el mundo, hija mía?, ¿qué hemos hecho mal para que todo tenga que ser odio, violencia y terror? (Sus tripas emiten un ruido. Se mira la barriga.) ¡Huy! No te lo vas a creer. Tengo hambre. Luego te llamo. (Desconecta el celular y se queda absorta.)

Escena 10 (1) Vestíbulo del hotel. Claudia toma un té mientras habla por el celular.

Claudia: Hace ya dos horas que tendrías que estar aquí. (Pausa) ¿Controles? ¡¿Qué controles?! ¡No me vengas con tonterías, tú eres alto, rubio, con los ojos azules, la piel más blanca imposible, ¿cómo quieres que te detenga a ti la policía?! ¡Pues métete en la “cuneta” y sáltate la cola, “joder”! ¡YA ESTOY HARTA DE ESTAR AQUÍ ESPERANDO YO QUÉ SÉ QUÉ, EL APOCALIPSIS, EL JUICIO FINAL O EL FIN DE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL, MECAGOENDIOS!, ¡VEN AHORA MISMO A BUSCARME O YA PUEDES DESPEDIRTE DEL PORSCHE QUE ME PEDISTE QUE TE REGALARA, PORQUE ERES TÚ QUIEN ME LO PEDISTE O SEA QUE SI ALGUIEN TE ESCLAVIZA ERES TÚ A TI MISMO Y NO YO! (Cuelga) Maricón. Mira el celular fijamente. Se concentra. Pulsa una tecla. Duda. Se debate entre pulsar o no otra tecla. Mira a su alrededor. Está a punto de echarse a llorar. Decide no pulsar la tecla. Deja el celular.

Escena 11 (1) En el carro. Jan al volante. Mira el celular y marca un número. Habla por el auricular, sin el “manos libres”. Le cuesta conducir y hablar al mismo tiempo.

Jan: Oye, nena, seré breve, que… mira, lo siento, que… que tengo que ir a verla. Que no la puedo dejar tirada, ahora… Sí, sí, ya sé que no se ha hecho nada y que sólo quiere llamarme la atención y que te había prometido que estos días tú y yo estaríamos…, pero… ¿qué quieres?, ¿Qué lo pierda todo? Porque si se vuelve aún más “pirada” de lo que está con lo que ha pasado, es capaz de dejarme en la miseria. (Pausa) He… he estado pensando con calma y no puedo renunciar tan fácilmente a… a todo lo que tengo. (Pausa) Está bien… todo lo que tenemos. (Pausa) ¡¿Qué?! Sonia, no… ¡Eh, eh, Sonia! ¡¿Quéee?! ¡¡¿PERO POR QUÉ ME DICES ESTO PRECISAMENTE AHORA?!!... ¿Qué? No… Déjame habl… ¡¿Qué?! PERO PONTE EN MI LUGAR, ¿¡TÚ NO HARÍAS LO MISMO?! ¡Sí, claro, ya sé que no se puede comparar, las relaciones personales nunca pueden compararse, cómo no! Las mías, una puta mierda y las tuyas estupendas y maravillosas; y ella es un monstruo que no se merece ni que la miren de cara, pero… (Pausa) ¡¡PUES TE JODES!! Te guste o no, me guste o no, esa bruja es mi… Mira, ¿sabes lo que te digo?: ¡QUE ERES PEOR QUE ELLA Y QUE TE VAYAS A LA…(Unos faros le iluminan la cara bruscamente.) MIERDAAAAHHH!

Escena 12 (1) Rosa, vestida, en la habitación vacía, sentada en una silla. Tiene el celular en la mano. Pulsa una tecla. Le sale un buzón de voz.

Rosa: Soy yo. ¿Has desconectado el celular? He visto más imágenes en la tele. (Pausa) ¿Seguro que no quieres que vaya a verte? (Pausa) Llámame cuanto

antes. (Pausa) Un beso. (Cuelga. Marca otro número.) Hola. Bien. No, no quiero nada. Bueno, sí. Hay un par o tres de libros que no te has llevado. Ah, muy amable. No. Estoy bien. Sólo quería decirte… Da igual. Bueno. Mi madre estaba en el aeropuerto. Sí, muy cerca. No, por suerte no se ha hecho nada. Pero por poco no se muere allí, como el resto. (Llora en silencio. Tose para disimular.) No te molestes. En serio, no, no te creas que quiero que me compadezcas por nada. Estamos muy bien las dos, no te preocupes. (Pausa) Sí, estoy… con ella y… y te manda recuerdos. No, ahora no puedo pasártela, está con… con la policía… La están interrogando porque…lo ha visto todo y… (Pausa) Estamos en… en un hotel cerca del aeropuerto… un hotel normal, todos son iguales… ¡y yo qué sé cómo se llama, ni me he fijado! (Pausa) No… no…¡que no! Además, he… he decidido irme con ella de viaje… Sí, acabo de comprar el billete. (Muy serena.) Hemos hecho bien dejando lo nuestro, has hecho bien marchándote de casa definitivamente. Ya te llamaré. (Cuelga. De repente, grita.) ¡¡¿POR QUÉ NO LE HABRÉ DICHO DE VERDAD PARA QUÉ LO HE LLAMADO?!! (Mira el celular.) ¿Sabes lo que quería decirte, cabrón? QUE ERES EL HOMBRE MÁS REPUGNANTE QUE HE CONOCIDO EN TODA MI VIDA Y QUE TE ODIO, TE ODIO, ¡¡¡TE ODIO!!! (Empieza a escribir un mensaje en el celular. “Esto s l k sient x ti: TE ODIO” Le sale en pantalla: “¿Enviar mensaje ahora?”) ¡Sí, sí, sí, LO ENVÍO!!,¡¡NO!! ¡NO LO ENVÍO!, además, a lo mejor le encanta que le diga que le odio. No, no, le hará daño. VAMOS, HAZLO, SÍ… (Pulsa la tecla OK.) ¡ Síiii! (Pausa) ¿Qué he hecho? (Lanza un grito espeluznante y arroja el celular al suelo. Luego, mira al suelo y se calla. Coge el celular. Está completamente roto. Se echa a llorar.)

Escena 13 (2) Vestíbulo del hotel. Claudia habla por el celular. Copas vacías en una mesita. Sara entra comiéndose un bocadillo con avidez, casi devorándolo, se sienta a unos metros de ella y la observa.

Claudia: ¿Un accidente? ¡Anda ya, por lo menos búscate una excusa no tan trillada, por el amor de dios! No. NO. NO. No, ¡¡QUE NO!!, ¡basta ya de mentiras! Pediré que me traigan un taxi y me iré de aquí yo solita. Como ni siquiera me consideraban herida leve, ni testigo, ni nada, ¡vamos!, ¡me dejan tirada y que me las arregle! Y les he dicho que yo no tenía ningún inconveniente en quedarme en un hotel, pero no en éste; y les he pedido educadamente que me cambiaran de hotel porque éste es una mierda y no tiene ni pizca de gracia en la decoración, ni en la arquitectura ni en nada y me han dicho que no. ME HAN DICHO QUE ME LAS ARREGLE YO SOLITA. Y MIENTRAS TANTO, TÚ BUSCANDO EXCUSAS BURDAS Y BARATAS PARA VENIR A RECOGERME LO MÁS TARDE POSIBLE. (Pausa) ¿No me engañas? (Pausa) ¿Te has hecho daño? (Pausa) Ah, menos mal. ¿Y el carro? (Pausa) ¡¡¡¿Quéeeee?!!! ¡¡¿Y QUIERES QUE TE REGALE UN PORSCHE PARA QUE LO DEJES TAMBIÉN COMO UN ACORDEÓN?!! ¡¡IMBÉCIL!! (Pausa) ¡Ah, y encima tengo yo la culpa! (Pausa) ¿El celular? (Pausa) ¡PERO, ¿NO SABES QUE NO SE PUEDE HABLAR CON EL CELULAR EN LA MANO Y CONDUCIR AL MISMO TIEMPO, “Huevon”?! ¿NO SABES QUE PARA ESTOS CASOS EXISTE UN BOTONCITO QUE SE LLAMA “MANOS LIBRES” , IDIOTA? (Pausa) ¡¡PERO AHORA YA TENGO EL CELULAR NUEVO Y TE OIGO PERFECTAMENTE HASTA CUANDO ME HABLAS POR TU “MANOS LIBRES”, ESTÚPIDO!! ¡¡NO TARDES!! (Cuelga) Lo mataría. (De repente, toda su fortaleza se derrumba y está a punto de llorar. Se da cuenta de que Sara la está mirando.) ¿Por qué me mira? Las dos mujeres se miran a los ojos. Se echan a llorar las dos, casi simultáneamente. Sacan pañuelos y se suenan. Casi simultáneamente. Se miran. Se ponen a reír simultáneamente. Dejan de reír. Vuelven a llorar.

Escena 14 (1) Habitación vacía. Rosa, con un paquete desenvuelto en el suelo, acaba de leer un libreto de instrucciones mientras manipula un celular de última generación que se acaba de comprar. De repente, suena una musiquita estrafalaria. La están llamando. Responde.

Rosa: ¿Sí? Ah, sí, gracias. Sí, Sara, de nombre. (Pausa) ¿Hotel…? Sí… sí… Gracias. (Apunta una dirección en un papel.) Soy su hija. ¿Pueden acompañarme hasta el hotel? Ya. No se preocupe, lo entiendo. Gracias. (Cuelga. Piensa algo. Marca un número. Le sale el buzón de voz. Hace una mueca.) Mamá. ¿Por qué tienes conectado el contestador? ¿Estás durmiendo? ¿O estás hablando con alguien? Acaba de llamarme la policía y me han dicho dónde estás. Como tú no has querido decírmelo… Estás bien, ¿verdad? Quería decirte que… que te he hecho caso y me he comprado el celular nuevo… El número es el mismo, pero a partir de ahora, si quieres, y si me aclaro yo también con las instrucciones, nos podemos ver y todo y… Llámame en seguida. (Cuelga. Piensa. Parece dudar, nerviosa. Marca un número.) Hola. (Pausa) No, no mucho. (Pausa) En realidad, estoy mal, muy mal, fatal. (Pausa) Porque mamá… No. No, no es nada de eso, escúchame… Mamá estaba en el aeropuerto cuando ha pasado… (Pausa) No, está bien. O eso es lo que ella dice. No me ha contado nada, dice que no está herida y ya está. Está en un hotel cerca del aeropuerto, donde han evacuado a heridos y a gente que se ha quedado sin saber a dónde ir… No. ¿Yo?... Claro que quiero ir con ella, pero es que me ha dicho… (Pausa) Papá, por favor, te juro que es verdad, ¿cómo quieres que mamá se invente…? ¡Papá! (Pausa) ¡Porque se iba de viaje y estaba en el aeropuerto a punto de embarcar! (Pausa) Sí, se lo regalé yo. (Pausa) ¡Eh? ¿Quéee?...PUES PORQUE ME DIO LA GANA, (HOSTIA)!, ¡¡SE HA QUERIDO CORTAR LAS VENAS DOS VECES EN UN AÑO Y HACE TRES MESES POR POCO NO SE TRAGA UN POTE DE PASTILLAS ENTERO!! (Pausa) Sí, claro, para llamar la atención y nada más ¡¡PERO AHORA HA ESTADO A PUNTO DE MORIR REVENTADA EN UN ATENT…!! (Pausa)

¡¡¡¿Cómo te atreves a decir eso?!!! (Se aparta el celular del oído, murmura: “¡ahora verás!”, pulsa un botón y se vuelve a poner el aparato al oído.) ¡¡¡TÚ LA HAS DEJADO TIRADA Y SOY YO QUIEN SE CARGA EL MUERTO SOLITA, MIERDA, MIERDA, MIERDA!!!, ¡Y EL OTRO IMBÉCIL ES COMO TÚ O PEOR TODAVÍA Y AHORA RESULTA QUE EL MUY HIJO DE PUTA TAMBIÉN ME HA DEJADO TIRADA A MÍ PORQUE ME DICE QUE NO LE DEDICO LA ATENCIÓN QUE SE MERECE Y QUE ESO HACE QUE ANDE TODO EL DÍA ESTRESADA Y ÉL SE PONE NERVIOSO Y YO ME PONGO AÚN MÁS NERVIOSA AL VERLO NERVIOSO Y QUE POR ESO ME DEJA; Y SEGURO QUE ES UNA EXCUSA BARATA PORQUE SE HA COLGADO DE UNA ALUMNA SUYA Y SE LA QUIERE TIRAR SIN INTERMITENCIAS Y SIN REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA, PORQUE LO QUE ES TIRÁRSELA, APUESTO LO QUE SEA A QUE SE LA HA ESTADO TIRANDO TODOS ESTOS MESES; Y ÉL ME DICE QUE ME ABANDONA PORQUE NO QUIERE VERME SUFRIR DE TANTO QUE ME QUIERE, ¿SERÁ CÍNICO?, LO MISMO QUE LE HICISTE TÚ A MAMÁ Y LA MISMA EXCUSA QUE LE DISTE, ¡¡¡IMBÉCILES!!! ¡¡IMBÉCIL TÚ E IMBÉCIL ÉL, PORQUE ENCIMA VA Y ME DEJA EL DÍA QUE MAMÁ ESTÁ A PUNTO DE MORIR EN UN ATAQUE TERRORISTA; Y LOS DOS SE QUEDAN TAL CUAL PORQUE LES DA LO MISMO A LOS DOS LO QUE LE PASE A ELLA Y A MÍ, ESTÚPIDOS, SI ELLA ESTÁ BIEN O MAL Y SI YO ESTOY A PUNTO DE VOLVERME LOCA Y TIRARME POR UNA VENTANA!! ¡COMO YA NO ESTAMOS JUNTOS Y YA NO LES SERVIMOS PARA NADA, ¿QUÉ IMPORTA SI ESTAMOS BIEN O MAL, NO?! ¡¡¿POR QUÉ TENDRÍAN QUE PREOCUPARSE POR NOSOTRAS SI YA NO LES SERVIMOS PARA TIRAR, VERDAD? YA NO TENEMOS NADA QUE OFRECERLES Y HAY OTRAS “TIPAS” MÁS TONTAS, MÁS JÓVENES, MÁS TIERNAS Y MENOS HISTÉRICAS QUE SE LAS MAMARÁN SIN QUE TENGAN QUE TRABAJARLAS, EH?!! ¡Es eso, ¿verdad?! Esta es tu puta verdad y la del otro imbécil, ¿no? ¡¡TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES, EL POCO CEREBRO QUE TIENEN LO TIENEN DENTRO DE LOS HUEVOS, HUEVOS!!, ¡¡¡ME CAGO EN LA TESTOSTERONA!!! ¡Y ME CAGO EN EL DÍA “QUE SE LA METISTE A MAMÁ” Y LA FECUNDASTE, CABRÓN,

ESPERO QUE POR LO MENOS DISFRUTARAS AQUELLA NOCHE Y QUE POR UN DÍA SIRVIERAS PARA ALGO E HICIERAS DISFRUTAR TAMBIÉN A MAMÁ, PORQUE A PARTIR DE ENTONCES SÓLO HAS SIDO UN ESTORBO Y UN CERO A LA IZQUIERDA; Y NOS HAS AMARGADO LA VIDA, A MAMÁ, A MÍ, Y TAMBIÉN A TI MISMO, HAS SIDO UN CERO A LA IZQUIERDA COMO PADRE, COMO HOMBRE Y COMO PERSONA; Y A PARTIR DE HOY NO ME CREERÉ MÁS TUS MENTIRAS Y NO QUIERO VERTE MÁS, ¿ME OYES?! ¡¡NUNCA MÁS!! (Cuelga y va a tirar el teléfono al suelo pero recuerda que es nuevo y se contiene. Lo mira. Hablando al celular.) Si no andara justa de dinero, te destrozaría a ti también y me compraría otro, con más “prestaciones” y todo, ¡pero no puedo!, ¡¡¡Aaahhh!!!

Escena 15 (2) Vestíbulo del hotel. Sara, sentada en una mesita. Mira su celular. Ve que lo tiene desconectado. Piensa en su hija. Lo conecta. Entra Jan. Lleva un vendaje en la cara, justo en el mismo lugar que Sara. Busca a alguien con la mirada. No lo encuentra. Sara, que estaba a punto de llamar por teléfono, deja de hacerlo y lo observa. La visión de Jan lo deja absorta y no sabe por qué motivo. Tal vez por la coincidencia de los vendajes. Jan llama por el celular.

Jan: Ya he llegado, estoy en el vestíbulo del hotel, ¿no habíamos quedado aquí? ¿Dónde estás? ¿Lo haces a propósito para castigarme o qué? ¡Conecta el celular, por favor! (Cuelga. Marca otro número. Buzón de voz.) Sonia, soy yo. Oye, por tu culpa he tenido un accidente. Me he dado un golpe en la cara pero ahora estoy mejor. Me salía mucha sangre y por suerte estaba muy cerca del aeropuerto y me han atendido en seguida en uno de los hospitales de campaña que he instalado. deben haber creído que yo… era uno de los que estaba en… En fin, que… he

visto cada cosa… Es igual. Ahora estoy bien. Nada, que este mensaje es para decirte que… he tenido tiempo de pensar en lo nuestro y… y quiero que lo dejemos. Yo… yo creo que a ella no la voy a dejar nunca… No podré. Además, yo no… lo siento, mira… es que yo… oye, que yo… no te quiero. Y se acabó. Lo siento. Si quieres, llámame, pero preferiría que no lo hicieras. Adiós, Sonia. (Cuelga) Jan se da cuenta de que Sara ha escuchado involuntariamente la conversación. La mira. No sabe cómo reaccionar y sonríe, dulcemente. El celular de Sara rompe la magia del momento al emitir dos musiquitas. Sara mira el celular y no sabe qué hacer. Luego, mira a Jan y sonríe, dulcemente. Sara: Tararí, tarará… En las instrucciones no decía que tenía que hacer cuando sonara esta musiquita. Jan: Creo que significa que tiene dos mensajes. Sara: (Mirando la pantalla.) Sí, tiene razón. Lo dice aquí. Los de mi hija. Jan: ¿Lo ve? Sara: ¿Usted no estaba allí? Jan: (Pausa) No. (Ve que Sara le mira el vendaje.) Esto me lo he hecho yo con mi carro. Sara: Qué casualidad, nos hemos hecho daño en el mismo sitio. Jan: Sí. (Pausa) No, en el mismo sitio no. Sara: Qué más da. ¿Acaso importa? Jan: No lo sé. (Pausa). ¿Se encuentra bien? Su hija estará muy preocupada por usted, supongo. ¿Necesita alguna cosa? Pausa. Sara mira a Jan y no contesta. No puede hablar. Él no puede sostenerle la mirada y la dirige a ambos lados, buscando.

Sara: ¿Busca a una señora rubia de mediana edad, muy elegante? Jan: ¿Eh? Sara: ¿Una señora que se altera mucho cuando habla por teléfono? Jan: ¿Perdón? Sara: Se ha marchado hace un momento. Me ha dicho que si veía a un hombre joven buscándola, muy atractivo, y eso me lo ha remarcado con mucho énfasis, me ha dicho: “muy muy atractivo”, que le diga que la espere aquí, que subía a la habitación y regresaba en seguida. Tiene que ser usted. Hasta ahora sólo han entrado policías y periodistas, y todos ellos muy pesados, buscando testigos, imágenes, grabaciones, pesados, pesados y morbosos; y feos, todos ellos muy feos, o, como mínimo, y por supuesto, ninguno tan atractivo como usted. La mujer que busca tiene razón. Incluso diría que se queda corta. Perdone mi atrevimiento. Jan: ¿Por qué ha subido? Sara: Creo que ha ido a retocarse, ha estado llorando un buen rato y se le ha corrido todo el maquillaje. Jan: ¿No se encuentra bien? Sara: No sé qué es lo que habrá visto ella, pero si ha sido lo mismo que he visto yo, le aseguro que bien bien no creo que se encuentre ni hoy ni nunca más en la vida. Jan: ¿Estaba con ella cuando ha sucedido? Sara: No. Nos hemos encontrado en el autocar que nos ha traído aquí. A este hotel sólo han trasladado a los heridos más leves. Los que en teoría no nos hemos hecho nada y no podemos regresar a casa por nuestros propios medios. Han ido haciendo grupos de gente y a unos nos han llevado a un sitio y a otros a otros. Luego estaban los que no iban ni a ningún grupo ni a ningún lado. Los que no se movían del suelo. Creo que yo… y la mujer que busca, hemos ido a parar al mejor

de los grupos. Por suerte. O por desgracia. Qué curioso, ¿quién debe de haberlo decidido? Este grupo va a ir al hotel tal y este otro grupo al hotel cual y el otro… ¿y en función de qué?... Supongo que de la gravedad y de la distancia. Este hotel es el que más lejos queda del aeropuerto. Es normal que a los que estemos mejor nos traigan aquí. Menor gravedad, mayor distancia. Y a la inversa. No quiero ni imaginar cómo deben de estar los hoteles que quedan más cerca de los terminales. Llenos de gente mutilada y… Da igual, ¿qué puedo decirle?, si con las palabras hay cosas que no… (Pausa. Fría.) ¿Sabe?, mientras corría, he visto a una niña en el suelo, boca abajo, sin una pierna. Y estaba viva y gritaba. Y he querido detenerme para intentar ayudarle, pero los que corrían detrás de mí me empujaban y no he podido hacer nada. Y un par de metros más adelante he tropezado con algo y era la pierna de la niña, con el zapatito puesto. Y me he agachado y la he cogido, he cogido la pierna cortada; y me he quedado quieta un buen rato sin saber qué hacer, si llevársela o no; y me han vuelto a empujar y he dejado caer la pierna y me he echado a correr sin saber a dónde ir y creo que iba gritando: ¡¡¡TENGO QUE LLEVARLE A ESA NIÑA SU PIERNA, TENGO QUE LLEVÁRSELA!!! Creo que ha sido entonces cuando me he desmayado y alguien me ha cogido en brazos, un ángel de la guarda, porque si llego a quedarme allí, tal vez habría muerto pisoteada por la gente que corría enloquecida. Y me he despertado en otro lugar del aeropuerto, donde ya habían empezado a instalar los hospitales de campaña. Usted ha estado en uno de ellos, ¿no? Pero más tarde. No debe de haber visto cómo nos repartían en grupos… Por un momento me ha recordado las imágenes que todos conocemos de los deportados… Han ido haciendo grupos según la gravedad de las heridas, supongo; y a mí me ha tocado el grupo de la gente más… más entera; y nos han metido en un autocar y allí es donde la he visto por primera vez. No se preocupe por ella, joven. No se ha hecho nada, ni una herida, ni el más leve desgarro en el vestido, estaba impecable, guapísima, elegantísima, sin un cabello despeinado, seguramente estaba lejos de donde ha ocurrido todo. Por lo menos, estoy segura de que yo estaba mucho más cerca de la explosión que su mujer… He visto a tanta gente muerta. Perdóneme. (Llora)

Jan: ¿Mi mujer? Sara: Qué suerte tiene. (Pausa) ¡Es usted tan atractivo! Sara coge las manos de Jan con fuerza y lo abraza sin dejar de llorar. Cada vez más intensamente. Le acaricia la cabeza con las manos. Le da besos. Jan no sabe cómo reaccionar.

Escena 16 (4) Habitación vacía. Rosa, con una botella. Ha estado bebiendo un poco y sonríe. Empieza a pulsar teclas de su nuevo celular. En el vestíbulo del hotel, Claudia ve a Sara abrazándose a Jan con fuerza, durante bastante tiempo; intensamente y con lágrimas en los ojos, como una amante que no quiere desprenderse de su enamorado. Claudia está perpleja y realiza esfuerzos por contener el llanto. No sabe qué hacer. Sara nota una presencia, levanta la vista y ve a Claudia. Suelta a Jan instintivamente, se levanta, incómoda, y se aleja de él. Mira a Claudia y desaparece. Sara ha dejado olvidado su celular muy cerca de Jan, el cual no ha percibido todavía la presencia de Claudia. En la habitación, Rosa pulsa una tecla del celular y se lo enfoca a la cara. Está muy seria, pero vuelve a pulsar otra tecla, sonríe y se desplaza de un lado a otro por la habitación, enfocándose de maneras diversas, jugando con la cámara. Esta absolutamente encantadora.

Rosa: Hola, mamá. Este celular es increíble. Te estoy dejando un mensaje de voz pero también con imagen y cuando acabe de grabarlo, te lo envío. O sea que mira la pantallita de tu celular y me verás a mí. En la tele acaban de decir que podrán

abrir el aeropuerto mañana por la mañana. O sea que te llamo para desearte buen viaje. Qué divertido que podamos vernos, ¿eh? Así, además, podrás enviarme las imágenes de los sitios que vayas visitando y compartiremos juntas tu experiencia…(Pausa. Seria, contenida.) He estado dudando si ir a verte a ese hotel donde estás antes de que te marches. A mí me encantaría pero como tú no quieres… ¿Y si voy? (Pausa) Ya sé que soy pesada pero… suerte que estás viva, mamá, no sé que habría hecho yo si… (Pausa) Hoy… durante todas estas horas, he estado recordando… nada, una tontería que no sé que tiene que ver con lo que te ha ocurrido… un día me dijiste… “no busques nunca al príncipe azul, no existe”, yo era tan pequeñita… y veía como tratabas a papá y cómo lo mirabas siempre: “Me dice que no existe, y ella ha encontrado a uno”… Pues no. Ni él lo era. ¿Sabes lo que he hecho, mamá…? No, basta, no quiero dejártelo en un mensaje, oh, ¡qué nervios! Ya te lo contaré. Un beso, te llamo luego.” (Mira la pantalla del celular. Pulsa una tecla. Envía el mensaje. Piensa algo. Mira el celular. Pulsa un par de teclas y se pone a jugar a marcianitos. Sonidos de explosiones de bombas y de gritos de gente que provienen del juego del aparato. Ella juega cada vez con más pasión. Va matando a marcianitos que, al morir, chillan cada vez más fuerte.) ¡¡MUÉRETE, ¡Ahhhh! En el vestíbulo del hotel, el celular de Sara vuelve a emitir una musiquita. Acaba de recibir un nuevo mensaje. Jan mira el celular de Sara. Lo coge. Mira en dirección a donde Sara acaba de salir. No la ve. Duda si mirar o no el mensaje de su celular. Siente curiosidad, pero acaba no haciéndolo. A algunos metros, sin ser vista por Jan, Claudia ha conectado su celular y oye el mensaje que antes le dejó Jan: “Ya he llegado, estoy en el vestíbulo del hotel, ¿no habíamos quedado aquí? ¿Dónde estás? ¿Lo haces a propósito para castigarme o qué? ¡Conecta el celular, por favor!”. Mira a Jan, que sigue sin verla. Decide enviarle un mensaje escrito. Pulsa teclas mientras deletrea en voz baja. Claudia: ¡E-S-T-O-Y D-E-T-R-Á-S D-E T-Í, I-N-Ú-T-I-L! (Envía el mensaje. BESTIA ASQUEROSA, MUÉRETE, MUÉRETE, MUÉRETE!!

Camina hacia Jan, lentamente.)

En la habitación, Rosa juega a marcianitos. Suena una voz en su celular: “Todos muertos. Primer nivel superado. ¿Quiere seguir jugando?”. Rosa: ¡¡¡Síiii!!! (Voz: “De acuerdo, prepárese para el nivel dos, no será tan fácil.” Ella juega, con furia. Ruido de bombas.) ¡¿ESTO ES LO QUE LES GUSTA, ASQUEROSOS DE MIERDA?! ¡¡¡¿JUGAR A BATALLITAS A VER QUIÉN DESTRUYE MÁS?!!! (Le entra un ataque de rabia y está a punto de arrojar el celular al suelo. No lo hace. Ríe, un poco histérica. Piensa algo. Se echa a llorar. Mira el celular. Ve que en la pantalla hay algunas motas de polvo. Limpia la pantalla del celular con gestos precisos y delicados. Se concentra cada vez más en ello y deja de llorar.) Te llamo… ¡Ahora! En el vestíbulo del hotel, suena una musiquita que proviene del celular de Jan. Él lo mira y lee. Se gira.

Escena 17 (2) Vestíbulo del hotel. Han pasado unos segundos. Jan, solo, sentado, mirando a Claudia, que está de pie, por detrás de él. Tras unos instantes sin decirse nada, Claudia le arrea una solemne bofetada. Claudia: ¿Qué hacías abrazándote a esa mujer aquí, en medio de tanta gente? ¿Te importa más una desconocida que yo? (Jan se levanta y hace ademán de marcharse.) ¿A dónde vas? Jan: ¿Incluso en un momento así, nunca te olvidas de retocarte el maquillaje? Claudia: Yo te quiero mucho, mucho, ven aquí y abrázame como abrazabas a esa… a ese vejestorio, no puedes ni imaginarte el infierno que acabo de vivir, perdóname, amor mío, perdóname, son los nervios, los nervios y nada más, los nervios nos empujan a hacer y decir tonterías, sin los nervios todo sería tan distinto; además, ¡¿QUÉ HABRÍAS HECHO TU EN MI LUGAR, EH, IMBECIL?!,

¡LLAMARME EN SEGUIDA PARA QUE VINIERA A BUSCARTE Y YO NO HABRÍA TARDADO SIETE HORAS SINO SIETE MINUTOS, “CABRONAZO”!, Y TÚ TE HABRÍAS LANZADO A MIS BRAZOS LLORANDO COMO UNA NIÑA INDEFENSA Y COBARDE, ESO SI HUBIERAS SOBREVIVIDO, PORQUE ERES TAN PUSILÁNIME QUE HABRÍAS SIDO INCAPAZ DE MOVERTE Y TE HABRÍA APLASTADO LA MUCHEDUMBRE QUE CORRÍA DESPAVORIDA BUSCANDO AYUDA, ATACADA DE NERVIOS, ¡¡¡DE NEEEEEERVIOS!!! Porque a mí me ha entrado un ataque de nervios, sí, pero, ¿cómo te crees que estaba el resto de la gente, mejor que yo? Pues no, peor, ¡MUCHO PEOR! Y, para que lo sepas, a pesar del ataque que estaba sufriendo, ¡HE AYUDADO A DOS PERSONAS A LEVANTARSE DEL SUELO Y LOS HE ACOMPAÑADO A UNA SALIDA DE EMERGENCIA! O sea que hago muchas más cosas de las que te crees, además de retocarme el maquillaje, estúpido. ¡Y no me estaba retocando el maquillaje, cínico, más que cínico, estaba CAGANDO, que desde que ha sucedido todo esto, me ha entrado una cagadera espeluznante, DE NERVIOS, POR SUPUESTO, porque no tengo nada en el estómago y no hago más que cagar cada diez minutos y no cago nada sólido, solo cago agua sucia parduzca y apestosa y debo estar toda deshidratada y no hay nada peor para la piel que estar deshidratada y es por eso y sólo por eso por lo que he tenido que ponerme crema hidratante en la piel y por eso parece que voy maquillada! Y ahora, ven aquí y abrázame, idiota, porque no sé qué haría yo sin ti. (Lo agarra de un brazo, tira de él y lo abraza con fuerza.) Vida mía. Suena un celular. Es el de Sara, que Jan tiene aún en la mano. Jan: Es el de aquella mujer. Claudia: La vieja que abrazabas. Jan: No creo que sea mucho mayor que tú. Claudia: ¡Ja ja ja!, me encantas cuando bromeas, te quiero tanto, amor. ¡¿Qué haces?! ¡¿Lo vas a coger?!

Escena 18 (3) Habitación vacía. Rosa, con el celular. Espera que contesten. En el vestíbulo del hotel, Jan con el celular de Sara en la mano. Descuelga. Claudia lo mira severamente y, tras esperar un tiempo y al ver que Jan no le hace caso, se marcha, furiosa. Jan escucha cada vez más atentamente la llamada de Rosa. Rosa: Hola, mamá, no, mamá, no digas nada. (Jan reacciona rápidamente y pulsa un botón del celular que grabará la conversación.) No voy a ir a verte y dejaré que te marches. He… he… No digas nada, mamá, por favor, no hables, haz un esfuerzo, ya sé que te cuesta, que desde que papá te dejo, lo que más te consuela es hablar y hablar sin parar y nos inflas la cabeza a todos y sobre todo a mí y por eso tengo estas migrañas tan fuertes cuando estoy contigo, pero ahora déjame a mí, por favor, que si no hablo no es porque no quiera; yo soy hija tuya y esto de hablar por los codos lo llevo en los genes, aunque últimamente reconozco que no lo practico mucho, sobre todo contigo, por lo tanto, ahora, muérdete la lengua, mamá y déjame hablar a mí y que te cuente… ji ji ji… perdona, he tenido que beber un poquito para poder llamarte y tengo la cabeza un poco… que me da vueltas, mamá, mamá… he… he llamado a papá y le he dicho…, él primero no me creía, mamá… le he contado lo que te ha sucedido y además… le he dicho cosas horribles POR PRIMERA VEZ EN MI VIDA, MAMÁ, LO HE MANDADO A LA PUTA MIERDA, ¡OH, ME HUBIERA GUSTADO TANTO QUE LO OYERAS! Y como eso es lo que he pensado nada más notar la descarga de adrenalina al hablar con él y empezar a vomitárselo todo, he pulsado unos botoncitos del celular nuevo que me he comprado, que es un modelo muy parecido al que te he regalado yo; y lo he hecho, ¡¡¡LO HE GRABADO TODO PARA QUE LO ESCUCHES!!! ¡Y tienes que escucharlo porque sé que si te lo cuento yo, no me vas a creer! Escucha, mamá, escucha lo que le he dicho a papá: (Mira el celular y pulsa una tecla varias veces, luego otra. Oímos con voz metalizada: “TÚ LA HAS

DEJADO TIRADA Y…”. Rosa pulsa otra tecla para avanzar.) Espera que avanzo y te pongo lo bueno… (Pulsa otra tecla. Oímos: “ ME CAGO EN EL DÍA QUE EN QUE SE LA METISTE A MAMÁ” Y LA FECUNDASTE, CABRÓN, ESPERO QUE POR LO MENOS DISFRUTARAS AQUELLA NOCHE Y QUE POR UN DÍA SIRVIERAS PARA ALGO E HICIERAS DISFRUTAR TAMBIÉN A MAMÁ, PORQUE A PARTIR DE ENTONCES SÓLO HAS SIDO UN ESTORBO Y UN CERO A LA IZQUIERDA; Y NOS HAS AMARGADO LA VIDA, A MAMÁ, A MÍ, Y TAMBIÉN A TI MISMO, HAS SIDO UN CERO A LA IZQUIERDA COMO PADRE, COMO HOMBRE Y COMO PERSONA; Y A PARTIR DE HOY NO ME CREERÉ MÁS TUS MENTIRAS Y NO QUIERO VERTE MÁS, ¿ME OYES?! ¡¡NUNCA MÁS!! ” (La cara de Jan escuchándola es, a estas alturas, un poema.) ¿Qué te parece, mamá? ¡Me he atrevido a hacerlo, lo he hecho, después de tantos años ciega por su culpa, porque hoy me he dado cuenta de que es por culpa suya y no tuya por lo que los hombres me abandonan, mamá!, porque yo estaba muy colgada por papá, mamá, mucho más de lo que te imaginas, mamá… ay… ay… mamá, que estoy muy blandita, yo que siempre soy tan dura, mamá, que estoy un poco borrachita… es que creo que yo sólo me enamoro de los que se parecen a él, no físicamente, sino como persona, como hombre, con aquella seguridad y aquella fortaleza de papá, mamá, que me enamoro de los que son como él y por eso todas las relaciones me salen fataaaaal, y con lo que te ha sucedido en el aeropuerto, mamá, yo también me he puesto a pensar y a pensar y he pensado ¡A LA MIERDA TODO!, ¡A LA MIERDA TODOS LOS HOMBRES, A LA MIERDA LAS RELACIONES, A LA MIERDA LA SOCIEDAD, A LA MIERDA LA CIVILIZACIÓN Y VIVAN LAS MUJERES Y SÓLO LAS MUJERES; Y MI MADRE LA PRIMERA DE TODAS, POR “Pesada” QUE SEA, SE ACABÓ VIVIR EN ESTE PUTO MUNDO DE MIERDA EN QUE SÓLO MANDAN ESA CLASE DE HOMBRES FUERTES Y SEGUROS COMO PAPÁ, COMO LOS NOVIOS QUE HE TENIDO, QUE SON TODOS IGUALES, COMO ESOS ASQUEROSOS POLÍTICOS QUE NOS GOBIERNAN, QUE ELLOS DICEN QUE DETESTAN CUANDO SON IDÉNTICOS; TENEMOS QUE HACER NUESTRA REVOLUCIÓN Y DEBEMOS HACERLA YA, CADA UNA CON SUS PROPIAS ARMAS, POR PEQUEÑAS QUE SEAN! Y he

decidido por fin hacer mi pequeña revolución para cambiar este maldito mundo de mierda aunque sea con un minúsculo, insignificante granito de arena; y lo he hecho diciéndole a papá lo que acabas de oír y me he quedado muy tranquila y ahora me siento feliz, mamá, feliz… ay, que sólo puedo hablarte así si no te veo la cara, mamá, que cara a cara creo que no podría decirte nada de esto… porque aunque yo siempre te ponga la cara larga cuando nos vemos, yo te entiendo, mamá, entiendo muy bien todo lo que estás pasando y quiero ayudarte y quiero que me ayudes, ay, mamá, suerte que no te has muerto, mamá… ay, mamá, tengo unas ganas de llor… pero no, que todavía no he acabado, que lo que en realidad quería era hacerte una pregunta, mamá, y es esta: …¿crees que ahora ya puedes…? Ay… mamá… mamá… que voy a llorar… ¿crees que puedes… que por fin puedes sentirte… un poco…? Ay, que no voy a poder decírtelo, ay… ¿Qué puedes… sentirte un poco orgu… ahhh…orgullo… osa… de… de … mí? (Estalla en llanto. De repente, se contiene.) ¿Por qué en estas situaciones nos volvemos todos tan ridículos? (Pausa) Soy patética. (Pausa) Pero tengo razón. (Pausa) Mi granito de arena. Ya está. (Pausa) ¿Qué, mamá? ¿Qué tienes que decirme? Jan: (Apuradísimo, en un susurro.) Mmm… Bf… Nnnn… Jjj… (Decide no decir nada.) Rosa: Bueno… no pasa nada. Entiendo que no digas nada. Perdóname si te he agobiado aún más, mamá. Necesitaba contártelo. (Pausa) ¿He hecho bien, mamá? ¿He hecho bien? Jan: (Susurrando) Ssss…íii… Rosa: Gracias, mamá. Llámame luego. (Cuelga) A Jan le ha entrado un interés brutal por conocer a esa mujer. Mira el celular de Sara. Empieza a teclear. Saca su propio celular del bolsillo. Copia el número de Rosa en su celular. Rosa se ha quedado extrañamente intranquila. No es normal que su madre no le haya devuelto ni una sola frase a modo de réplica.

Escena 19 (2) Vestíbulo del hotel. Jan y Sara cara a cara. Ella tiene su celular en la mano.

Sara: ¿Y por qué lo ha cogido? Jan: Creía que podía ser importante, dada… la situación. Sara: ¿Y qué le ha dicho? Jan: ¿Yo? Nada. Sara: No. Ella. Jan: (Después de un silencio) Nada. Sara: ¿Nada? Jan: Nada. Sara: ¿Nada de nada? Jan: De nada. Sara: ¿De nada de nada? Jan: De nada de nada. Sara: Ya. ¿Y por qué me mira así? Jan: ¿Yo? Sara: ¿Quién, si no? Jan: ¿Cómo la miro? Sara: Como si… como si… no sé, su… ¿puedo tutearte?, tu mirada me incomoda, como si… es que realmente tienes unos ojos muy… me miras como si… como si

me conocieras por dentro. Y me gustaría… me gustaría pedirte disculpas por mi actitud de antes. ¿Me perdonas? Gracias. Espero que aquella… aquella señora… tu… tu… lo-que-sea… también me disculpe. Y que cuando vuelva a bajar de su habitación no vuelva a mirarme con esa mirada de odio. Necesitaba un abrazo de alguien, fuera quien fuera; y ya está, es normal, no pretendo nada de ti, joven, has sido muy amable conmigo y te lo agradezco en el alma. Y no te niego que a una cierta edad, una mujer como yo todavía sueña que abraza a un chico joven y guapo; y lo he hecho y me he sentido muy bien. He cumplido uno de mis sueños más idiotas de mis últimos diez o veinte años, ¡ji ji ji!. Y ahora dime que te ha contado mi hija, por favor, tal vez las palabras acaben por no expresar nada, pero los ojos no engañan y por eso sé que mi hija te ha dicho algo para mí. Jan: Yo no he hablado con ella. Sara: Pero ella si que ha hablado contigo. Jan: No, conmigo, no. Con usted. Sara: ¿Conmigo? ¿Y qué me ha dicho? Jan: ¿Quiere que se lo diga? (pausa) ¿Si o no? Sara: (Después de pensarlo) No. Jan: Mejor. Me costaría bastante reproducírselo tal cual. (pausa) Pero se lo he grabado. Puede escucharlo cuando le plazca. Este modelo de celular es muy avanzado. La grabación se realiza a través de un sistema muy sencillo, ya no es como antes. Tecnología de punta, si señora; y un diseño ultra moderno. ¿Quién le ha comprado este teléfono? ¿Ella? Su hija tiene muy buen gusto, felicidades, por la hija que tiene; y que conste que esto no se lo dice un cualquiera, ¿eh, no, no; ¿sabe…aquella señora? Pues… aquella señora no es mi mujer, ni mi lo que sea, es la presidenta de honor de la empresa que fabrica estos “cacharros” de tecnología de punta y diseño ultra moderno desde que mi padre se murió, aunque ella no entienda un carajo de tecnología, bueno, ni de tecnología ni de casi nada, sólo entiende de negocios, lo cual significa que es muy lista pero muy inculta, o

sea que soy su hijo y no su lo que sea aunque por mi aspecto parezca su amante, o un prostituto de mujeres ricas, alias, gigoló o chulo, o puto en lenguaje vulgar, trabajo duro pero nada desagradable, eso si; y trabajo que, no se lo niego, practiqué hace algunos años. Yo tal vez se cosas de usted y ahora usted sabe alguna pequeña cosa de mí. Y ahora… ¿quiere escuchar ya lo que le ha dicho su hija? (Le coge el celular, pulsa algunas teclas, oímos, en “manos libres”: “No voy a ir a verte y dejaré que te marches. He… he… No digas nada, mamá, por favor, no hables…” Sara aprieta una tecla y detiene la grabación) Si. Aunque yo lo haya oído, tiene el derecho del mundo a escucharlo sola. Soy muy respetuoso con la intimidad de los demás. Y muy educado, como resultado de mi educación de hijo de padre multimillonario. Y si la hija de puta de mi madre vuelve a mirarla con usted con esa mirada de odio no se preocupe, no tiene ninguna importancia, recuerde que ella es solo eso: Una hija de puta, tal como suena, sí, la hija tuvo algo mas de suerte que la puta barata de su madre y se convirtió en puta de lujo de jovencita y años mas tarde dio el braguetazo del siglo casándose con mi padre y teniéndome a mi; y como nací macho, consiguió lo que deseaba y se hizo ligar las trompas porque no quería tener mas hijos, porque los niños la ponen histérica porque dice que no los entiende, ¿qué no existen madres que detestan a los niños? Pues claro que sí, la mía sin ir mas lejos. O sea que estuve quince o dieciséis años de internado en internado; y guardando sólo buenos recuerdos de mi padre cuando salíamos a navegar los dos solos, en velero, una vez al año, (en Mallorca, que es un sitio que esta por ahí abajo). Pero desde que dejé de ser un crío y desde que papá murió, la puta, que se lo “montó de cojones" para conseguir el control de todas sus empresas ampliando el círculo de amistades de mi padre e intimando muy especialmente con algunas esas amistades suyas, se me ha pegado como una lapa, no vive, no duerme, no da un paso si no es para joderme y no cambia de manera de ser aunque el destino le arroje una bomba encima, ¡qué lástima que el destino se equivocara unos cuantos metros! Nada, señora, que ahora ya sabe más cosas de mí y así estamos empatados y se equilibra la balanza; y ahora, escuche con calma a su hija, porque creo que es importante lo que le dice. (Hace ademán de irse)

Sara: No, ¡No! (Pausa) ¿Te importaría volver a escucharlo, pero esta vez… conmigo? Jan se sienta a su lado, Sara pulsa una tecla del celular. Seguimos oyendo la voz de Rosa: “…haz un esfuerzo, ya se que te cuesta que desde que papá te dejó, lo que más te consuela es hablar y hablar sin parar… etc.” Jan y Sara se miran fijamente a los ojos. De repente, Jan detiene la grabación Jan: Cuando acabe de escucharlo… ¿puedo pedirle un favor?

Escena 20 (4)

Hotel. Vestíbulo. Jan con su celular. Busca un número en la pantalla. Mira a Sara y asiente. Sara pulsa una tecla de su celular. Habitación vacía. Suena el teléfono de Rosa. Ella, que estaba medio dormida, contesta. Jan pulsa una tecla de su celular. Suite de hotel. Se oye el celular de Claudia. Ella, que estaba durmiendo, contesta. Las réplicas son simultáneas o se superponen. Sara habla con Rosa. Jan con Claudia.

Rosa: Hola, ¿pasa algo? Sara: No, mi niña, nada… pero no cuelgues… Claudia: ¿Qué quieres? Sara: …no pasa nada… Claudia: ¿Por qué me llamas, dónde estás?

Jan: Mamá, debo decirte algo. Rosa: ¿Hay algún problema? Claudia: ¿Te has largado del hotel? Jan: No. Oye mamá. Tengo que decirte una cosa importante, no cuelgues… Sara: Escucha bien, ¿eh, niña?, quiero que oigas a este chico que va a hablar con su madre… Rosa: ¿Qué? Claudia: ¿Pero dónde estás? Sara: … Ya te lo contaré mas tarde… Jan: ¡En el vestíbulo! Rosa: ¿Un chico que habla con su madre?... Claudia: Si estás en el vestíbulo, sube a mi habitación... Rosa: … pero mamá, ¿y eso a mí que carajo me importa? Claudia: … y dímelo a la cara, eso tan importante que quieres decirme. Rosa: … ¿de verdad que estás bien? Sara: Si. Y ahora cállate niña, cállate y escucha. (Sara pone el celular cerca de la boca de Jan y asiente.) Jan: Mamá, esto es lo que quería decirte, cállate y escucha. (A gritos) ¡¡ME CAGO EN EL DÍA QUE PAPÁ “TE LA METIÓ”, MAMÁ, Y TE FECUNDO, HIJA DE PUTA, ESPERO QUE POR LO MENOS DISFRUTARAS AQUELLA NOCHE, COSA QUE DUDO, Y QUE COMO MÍNIMO HICIERAS DISFRUTAR A PAPÁ, POBRE, QUE NO SE QUE CARAJO LE DABAS APARTE DE SEXO PARA QUE ESTUVIERA TAN COLGADO POR TI, PORQUE A PARTIR DE ENTONCES HAS SIDO UN ESTORBO Y UN CERO A LA IZQUIERDA: Y NOS HAS AMARGADO

LA VIDA, A PAPÁ, QUE ACABASTE MATANDO, A MÍ Y A TI TAMBIÉN, HAS SIDO UN CERO A LA IZQUIERDA COMO MADRE, COMO MUJER Y COMO PERSONA; Y A PARTIR DE HOY ME OLVIDO DE TI; Y TUS REGALOS TE LOS PUEDES METER POR EL CULO Y NO QUIERO VERTE NUNCA MAS, ¿ME OYES?, NUNCA MAS!! Rosa: Pero mamá… mamá… ¿esto qué es? Claudia: (Que no ha parado de emitir sonidos, exclamaciones y gritos ahogados mientras hablaba Jan, sin poder articular una palabra entera) ¡¡¡¡DONDE SE HA VISTO UN HIJO HABLÁNDOLE ASÍ A SU MADREEEEEE?!!!! ¡¿Eh?! Jan: Espera, que no he acabado. ¿Sabes lo que te digo? ¡A LA MIERDA TODO, A LA MIERDA MUJERES COMO TU Y COMO SONIA, A LA MIERDA LAS RELACIONES, A LA MIERDA LA SOCIEDAD, A LA MIERDA LA CIVILIZACIÓN, Y VIVAN LAS MUJERES COMO LA SEÑORA QUE HAS VISTO ANTES Y SÓLO LAS MUJERES COMO ELLA, SE ACABÓ VIVIR EN ESTE PUTO MUNDO DE MIERDA EN EL QUE SÓLO MANDAN LAS MUJERES COMO TÚ, Y COMO TODAS LAS QUE ME HE TIRADO O ME HAN TIRADO A MI TODA LA VIDA, QUE TODAS SON IGUALES, IGUALES QUE ESOS HOMBRES FUERTES Y SEGUROS Y QUE TODOS ESOS ASQUEROSOS POLÍTICOS QUE NOS GOBIERNAN, QUE DICES QUE DETESTAS Y QUE ACABAS IMITANDO; TENEMOS QUE HACER NUESTRA REVOLUCIÓN Y DEBEMOS HACERLA YA, CADA UNO CON SUS PROPIAS ARMAS, POR PEQUEÑAS QUE SEAN!, y arma hoy es ésta, mamá, este celular desde el que te hablo y que me esta permitiendo decirte todo lo que siento sin que me aterrorice la cara que me pongas. ADIÓS MAMÁ, NO ME BUSQUES, SE ACABÓ, DESHERÉDAME YA DE UNA PUTA VEZ; Y DEJA DE CONSIDERARME HIJO, CRÍADO, SOMBRA, ESCLAVO Y LO QUE SEA, NO QUIERO SABER NADA DE TI NUNCA MÁS. Y eso es todo. Adiós. (A Sara, acercándole el celular a la boca) Dígale adiós. Sara: Adiós, señora.

Jan: (Cuelga y desconecta el celular) ¡Ya está! ¡Hecho! (Da Sara un beso en la boca) Claudia: ¡¿Eh?! ¡No me cuelgues! ¡¡No me cuelgues!! ¡¡¿Quién ha dicho “adiós señora?!! (Ella lo llama) Sara: (Habla por su celular con Rosa que está alucinando) ¿Qué? ¿Qué te ha parecido? Jan: Ah… Me siento tan bien. Rosa: Mamá, mamá, por favor, ¿qué ha sido eso? ¡Era yo con… con voz de hombre! Sara: Es un regalo, hija, un regalo mío para ti Jan: (Se acerca al celular de Sara y habla al aparato) Otro granito de arena (Se aparta del celular) Rosa: ¿Eh? ¿Quién es? ¿Qué quiere? Mamá, ¿QUIÉN ES ESE HOMBRE? ¿ES EL MISMO QUE HABLABA ANTES? ¡¡NO ENTIENDO NADA!! Sara: Luego te llamo y te cuento con calma. Hay otra cosa que debo hacer (Cuelga y mira a Jan.) Claudia: (Habla al buzón de voz del celular de Jan) Conecta el teléfono inmediatamente si no quieres que baje y monte un escándalo en el vestíbulo del hotel, asqueroso repugnante, mala persona, que me has estado chupando la sangre y mal gastando el dinero de tu padre desde que se murió sin hacer nada de provecho en la vida…,¿y tu me dices a mi que soy un cero a la izquierda? ¡Ja! Sara: (A Jan) Un granito de arena… A mi también me gustaría… (Le acaricia la cara. Jan la mira fijamente) ¿Puedo pedirte yo ahora un favor a ti? Claudia: ¡¡TÚ ERES EL CERO A LA IZQUIERDA, TÚ, NIÑO MIMADO ASQUEROSO, QUE NO HAS TENIDO QUE LUCHAR POR NADA EN LA VIDA,

YO POR LO MENOS SALÍ DE LA NADA Y AHORA TENGO UNA FORTUNA GRACIAS A MI INTELIGENCIA Y A MI SENSIBILIDAD…!! Jan: No diga nada. No me pida nada. No es necesario. Lo haré con mucho gusto. Lo haré porque yo quiero. Y soy sincero. Vámonos. Jan coge a Sara de la mano y salen. Rosa, en su habitación, repasa mentalmente lo que acaba de oír y se ríe. Luego deja de reír y se queda muy seria. Acaba poniéndose nerviosa. No ha entendido nada. Claudia: …¡¡¡PORQUE YO SOY SENSIBLE E INTELIGENTE AUNQUE NO LO PAREZCA Y POR ESO HE ACABADO SIENDO TAN FELIZ EN ESTA PUTA VIDA, ¿SABES IMBÉCIL? PORQUE YO HE SIDO FELIZ, FELIZ, INMENSAMENTE FELIZ Y TU SERÁS UN AMARGADO, UN INÚTIL Y UN MIERDA EL RESTO DE TU VIDA!!!. (Se echa a llorar) Jan, cariño mío, no me hagas esto, no me dejes, eres lo único auténtico que tengo en la vida, pequeñín, si he hecho algo mal y te he hecho daño, perdóname, perdóname… (Pausa) Jan, acabo de tener una pesadilla horrible. He soñado que estabas muy cerca de donde ha estallado la bomba y no te encontraba y te buscaba y te buscaba y sólo encontraba tus restos esparcidos por el suelo y los iba recogiendo, ahora una mano, ahora un brazo, ahora una de tus piernas, tan bonita que era ¡y mírala ahora!, cortada, con las venas reventadas, medio chamuscada y sin vida; y te iba metiendo enterito…, metía tus trocitos en una bolsa de plástico del Duty Free y luego llegaba a esta misma habitación de hotel e intentaba reconstruirte trozo a trozo…, ¡con “cola de impacto”! Y lo conseguía, pero te habías convertido en un monstruo y querías devorarme y ha sido entonces cuando ha sonado el celular y me has dicho… esas cosas horribles. ¿Y si no me he despertado y tu llamada forma parte del sueño? Si, debe de ser eso. Si, tiene que ser eso. ¡Te quiero tanto, amor de mi vida! Cuando oigas el mensaje, llámame, pequeñín. Jamás habrá en el mundo nadie que te quiera más que yo. (Cuelga) Rosa piensa algo, coge ropa de abrigo y sale de la habitación.

Claudia cierra los ojos y parece dormirse. Puede que hasta emita un ligero ronquido. De golpe, abre los ojos. Mira el celular, que aún tiene en la mano. Se echa a llorar.

ESCENA 21 (2) Habitación de hotel. Sara y Jan, cara a cara.

Sara: Esto no tiene ningún sentido. (Pausa) Y ahora, ¿qué? Jan: Las cosas no siempre pasan como queremos… o soñamos. Y a veces, además ocurre una catástrofe. Esperada o no. Qué más da. (Pausa) De todos modos… alguna vez… sí que pasa lo que queremos. Incluso en mitad de una catástrofe. ¿Tiene algo que ver una cosa con otra? Sí. O no. Es igual. Pasa. Y se acabó (Pausa) Y ahora, desconecta el celular. Sara: (Lo hace) Ya está. Desconectado. Jan acerca su boca a la de Sara.

ESCENA 22 (2)

Vestíbulo de hotel. Claudia con su celular en la mano y una copa en la otra. Ha estado bebiendo. Llega Rosa. Busca con la mirada a ambos lados. Ve a Claudia. No le da más importancia. Se sienta. Claudia deja un mensaje.

Claudia: ¡Ya me imaginaba que volvería a salirme el contestador! ¿DÓNDE TE HAS METIDO? ¡¿Te has marchado del hotel?! ¿Ha tenido algo que ver en todo lo que me ha dicho la vieja loca esa, “majara” perdida, que te metía la mano como una mona en celo y que me ha dicho “adiós señora” con una sonrisita estúpida que me han dado ganas de romperle la cara? ¡¿Te ha hechizado o te ha echado un maleficio o qué?! ¿Te ha ido con ella? ¿Con una desconocida con cara de inculta y amargada y llena de arrugas que ya tiene un pie metido de lleno en la tercera edad?! ¡¿También te la vas beneficiar a ese vejestorio?! SI NO TENDRÁ CON QUÉ PAGARTE, ESA MUJER NO TIENE UN CÉNTIMO! He pedido en recepción que me den el número de su habitación, ¡¡PERO NO SÉ NI CÓMO SE LLAMA!! Y se la he descrito muy amablemente al recepcionista y el recepcionista ¡ME HA MANDADO A LA MIERDA! ¡¡ME HA MANDADO A LA MIERDA, A MÍ! Y LE HE DICHO “¿SABE CON QUIÉN ESTA HABLANDO JOVEN?” y él, un recepcionista, UN SIMPLE RECEPCIONISTA DE BAJA CALAÑA ME DICE: “¡NI LO SÉ NI ME IMPORTA, SEÑORA, PARA MI COMO SI FUERA LA REINA DE SABA!” ¡PERO, ¿QUE LE PASA A LA GENTE?! ¡¿QUÉ SE CREAN QUE EL MUNDO SE ACABA ES UNA EXCUSA PARA COMPORTARSE COMO ANIMALES?! ¡¿Y POR QUÉ TODO EL MUNDO ME MANDA A MÍ A LA MIERDA?! ¡PORQUE ACTÚO COMO SI NO HUBIERA PASADO NADA Y SIGO SIENDO LA MISMA DE SIEMPRE? ¿POR ESO? ¡¡¡¿PERO QUÉ QUIERES QUE HAGA SINO?!!! La única arma que supongo que me queda es seguir siendo LA MISMA DE SIEMPRE, ¿no? Es mi manera de hacer la… la… contrarrevolución. Yo estoy viva. Yo soy yo. Yo puedo cambiar, si. Pero… ¿por qué debería hacerlo? ¿Cambiar no es entrar en el juego? Y si cambio… ¿se acaba así la destrucción? ¡No! ¿No te das cuenta? ¡La destrucción forma parte de todo, de los animales, de las estrellas, de ti, de mí, de nosotros! Tú también has querido destruirme. También llevas dentro de ti el virus de la destrucción. Y hoy ME HAS DESTRUIDO PARA SIEMPRE. Y que sepas que me merezco todo lo que me has dicho, por supuesto. Lo reconozco. Me lo merezco. Pero tú tampoco has sido valiente para enfrentarte a mí, nunca lo has sido hasta ahora. Sólo me lo insinuabas con tus eternos silencios. Y cuando por fin lo has decidido, lo has hecho… por teléfono.

Porque a la cara serías incapaz de decirme lo que me has dicho, ¡GALLINA! (Rosa escucha ahora atentamente) Siempre serás un cobarde. Admítelo. Y a mi los cobardes siempre me han dado lástima. Y rabia. La cobardía es el peor de nuestros defectos. Te quiero pero no me gustas porque eres cobarde. Bueno, hoy has dado un pequeño paso y te quiero igual y tal vez me gustas un poquitín más. Pero sigues sin gustarme. Porque yo soy UNA SUPERVIVIENTE. Y tú no lo serás nunca. Tú eres una victima. Yo tiro del carro. Tú te dejas llevar. Y siempre será así. Y siempre nos necesitaremos porque si yo quiero tirar del carro y no estas tú subido a él para que yo lo arrastre, entonces, ¿por qué tendría que tirar del carro? ¿Crees que es precisamente hoy cuando toca desmontar lo que hemos construido? Perdóname. He bebido. (Pausa) Me has mandado a la mierda y estoy en ella y lo has hecho por teléfono y yo también y desde la mierda te llamo. (Pausa.) Y ahora… ¿qué? (Pausa.) ¿Qué pasará? (Pausa.) Nada (Pausa.) ¿Me llamarás, amor de mi vida? … ¿Hijo? (Al oír la palabra “hijo” Rosa reacciona inmediatamente y mira a Claudia con súbito interés.) Un besito de quien más te quiere. Un besito de mami, ¿te acuerdas?, como cuando eras pequeñín: “¡muá!” , y ahora uno de esquimal… con la naricita… “ñi, ñi, ñi”. Yo, a mi manera, horrible siempre, siempre te he querido. (Cuelga. Está a punto de echarse a llorar. Ve que Rosa la está mirando alucinada) ¿Qué quiere? Rosa: (Después de una pausa) Usted es… ¡la madre! Claudia: ¿Eh? ¿La madre de quién? Rosa: ¡La madre del chico que la ha mandado a usted a la mierda por el celular copiando cómo yo he mandado a la mierda a mi padre por el celular! Claudia: ¡¿SE PUEDE SABER DE QUE ESTAS HABLANDO, GUAPA?! ¡¿Y TÚ DE DÓNDE SALES AHORA Y QUIÉN “COÑO” ERES? Rosa: ¿Cómo se lo diría…? Supongo que soy… la hija… de la desconocida… “majara”, amargada arrugada loca que está a punto entrar en la tercera edad que ha lanzado un maleficio y ha estado metiéndole mano como una mona en celo a

su… ¡¡¿METIÉNDOLE MANO… A… SU… HIJO?!! (La mira) ¡¡¿Qué ha querido decir con eso de “también te la vas a beneficiar”?!! Ambas mujeres se miran. Pausa. Sacan los celulares. Se miran. Dicen al mismo tiempo: Claudia: ¡Dame inmediatamente el número del celular de tu madre! Rosa: ¿Me puede dar, por favor, el número del celular de su hijo?

ESCENA 23 (2) Habitación de Hotel. Jan y Sara acaban de hacer el amor. Se están vistiendo. A pesar de la diferencia de edad, hay una atmósfera relajada y sensual. Sara sonríe a Jan. Él también sonríe. Sinceramente, sin fingir.

Sara: Supongo que ahora es cuando tocaría… regalarte algo, por decirlo de un modo suave. Jan: Aquello fue hace años. Y he exagerado un poco Sara: Ya. No me refería a eso, lo digo en serio, me encantaría regalarte alguna cosa. Tú… (Sonríe dulcemente)… me acabas de regalar… no importa… quiero hacerte un regalo, pero yo no tengo… vaya, que no se me ocurre nada… Da igual Jan: ¿Quieres que hablemos? Sara: ¿De qué?

Jan: No lo sé. De ti. No se quién eres Sara: No. No. Y claro que sabes quien soy, soy… una… una mujer normal y corriente. Mayor. Y ya está. (Pausa) Gracias. No quiero hablar. No puedo… (Pausa.) Sólo quería decirte eso, en serio, gracias. (Pausa) ¿Puedes marcharte por favor? Jan: Como quieras Sara: ¡Espera! Jan: ¿Qué? Sara: No quiero que te vayas sin… Espera. (Se incorpora y coge el celular. Empieza a teclear) Acércate. No. (Ha encontrado algo en el celular que la hace dudar y ponerse nerviosa.) No, esto no, no tienes que ver esto… (Muy nerviosa) Todavía no lo he mirado ni yo y no se si tendré el valor para… Basta. Pero esto de aquí… (Se calma. Pulsa más teclas) No sé si… Es que no me gustaría que te marcharas sin… sin ver a… mi hija… Y no sé por qué, vaya tontería, ¿eh? Ji ji ji… Siempre me ocurre lo mismo, en cuanto entablo amistad o mantengo una relación con alguien, siento como… la necesidad de enseñarle a mi familia, a mi… no, a él ya no. ÉL YA NO EXISTE, YA NO EXISTE POR SUERTE Y ESTOY CONTENTA. Mi hija. Ella es la única familia que me queda. Y contigo… no es que haya entablado amistad pero sí que hemos… ¡MANTENIDO UNA RELACIÓN! ¿No? Ji ji. Por lo tanto… Ya conocías su voz, por el celular, pero no su cara; y ahora la verás. Mírala. Es ella. (Le alcanza el celular) Jan coge el celular de Sara. Ve y oye a Rosa, cuando dejo a Sara el mensaje con imagen: “… He estado dudando si ir a verte a ese hotel donde estás antes de que te marches. A mi me encantaría pero como tu no quieres… ¿Y si voy? Ya sé que soy pesada, pero… suerte que estás viva, mamá, no sé qué habría hecho yo

si… Hoy… durante todas estas horas, he estado recordando… nada, una tontería qué no sé qué tiene que ver con lo que te ha ocurrido… un día me dijiste… “no busques nunca al príncipe azul, no existe”, yo era tan pequeñita… y veía como lo tratabas a papá y cómo lo mirabas siempre: “Me dice que no existe y ella ha encontrado a uno”… Pues no. Ni él lo era. ¿Sabes lo que he hecho, mamá…? No, basta, no quiero dejártelo en un mensaje, oh, ¡que nervios! Ya te lo contaré. Un beso. Te llamo luego” Jan mira absorto la pantalla. Cuando se acaba el mensaje mira a Sara. Sonríe. Sara: Y me lo contó. (Pausa) Pero primero y, en directo, te lo ha contado a ti. (Pausa) ¿Esto… te parece… un buen… regalo?

ESCENA 24 (1) Exterior del hotel. Rosa, abrigándose del frío, deja un mensaje en el celular de Jan. Rosa: Mira, no sé quién eres ni que “coño” te traes entre manos con mi madre, pero como le hagas daño, te juro que te acordarás de mí toda tu vida. Estoy en la puerta del hotel. Si todavía estás por aquí, ven a verme si tienes “cojones”, y cuéntame de que se trata todo este rollo. Mido… Soy… Da igual, si sales me reconocerás enseguida por mi aspecto de loca asesina. ¡Y SI VES A MI MADRE, DILE QUE CONECTE EL CELULAR, EN LA HABITACIÓN DONDE ME HAN DICHO QUE SE ALOJABA NO HABÍA NADIE Y NO SÉ DONDE PUEDE HABERSE METIDO; Y ENCIMA, TU MADRE, QUE NO SÉ QUIÉN “Coño” ES PARA TRATAR A LA MÍA DE VIEJA “MAJARA” AMARGADA INCULTA Y… Y POBRE, ME HA PUESTO HISTÉRICA CON LAS TONTERÍAS QUE ACABA DE DECIRME! (Va a colgar. Lo piensa) Ah, por cierto, soy el original que has copiado para destrozar por teléfono a tu madre, que, la verdad, no es para tanto, debe de

ser una bruja, pero en el fondo te adora y está histérica sólo por el pánico que tiene a perderte; por mala madre que sea, tiene sentimientos como todo el mundo y no creo que se merezca que seas tan grosero con ella justamente hoy, pobre mujer, cuando acaba de sobrevivir de milagro a un… ¡¿Pero qué te estoy diciendo, si no sé no quién eres?! Mierda, ¡¿PERU TÚ QUIÉN “COÑO” ERES, SI PUEDE SABERSE?! ¿Qué le has hecho a mi madre, eh, “tío”? ¡Por lo menos, llámame, ¿no?! (Cuelga)

ESCENA 25 (3/2) Habitación del hotel. Jan está vestido y de pie delante de Sara. Tiene el celular de ella en la mano. Lo mira. Se lo devuelve. Ella lo coge. Él le da un beso tierno. Sale. Sara sonríe, relajada. De repente piensa algo y mira el celular. Empieza a teclear, buscando algo. Lo encuentra. Sólo debe apretar una tecla para ponerlo en marcha. Duda. Está cada vez más nerviosa. Inesperadamente, el celular suena. Mira a la pantalla. No sabe quién la llama. En el vestíbulo, de pie, en un rincón, Claudia está llamando a Sara. Sara en la habitación, deja lo que iba a hacer con el celular y contesta. Sara: ¿Si? Claudia: ¿Dónde esta mi hijo? Sara: Se ha marchado.

Claudia: ¿A dónde? Sara: No me lo ha dicho. Claudia: ¿Quién es usted? Sara: ¿Y usted? Claudia: Ya lo sabe, su madre. (Pausa) Usted y yo hemos estado llorando y riendo juntas, ¿no se acuerda? Sara: Sí, encantada. (Pausa.) ¿Cómo está usted? ¿Se encuentra bien? Claudia: No se cínica, señora. No. No me encuentro bien. A estas horas debería estar en Singapur y pasado mañana en Seúl. Y estoy aquí. Y no sé que será de mi vida a partir de hoy con todo lo que hemos vivido, pero lo único que sé es que a Singapur mañana yo no voy. Y la fusión con los coreanos que se vaya a la mierda y me quedo tan tranquila. Yo mañana no me voy a ninguna parte. Ni mañana ni no sé cuándo. O sea que no, no estoy bien; y déjese de ironías y vamos al grano. Qué ha pasado con mi hijo. Sara: Pues… que la ha mandado a usted a la mierda. A parte de eso, no sé nada más. Pero… Claudia: Oiga usted… Sara: Déjeme acabar… Usted mañana debe ir a Singapur. Y pasado mañana a Seúl. Para hacer sus negocios. Claudia: No.

Sara: Sí. Claudia: Si estoy hecha polvo, señora, si no puedo mas, si estoy todo el tiempo en el vestíbulo del hotel porque me da miedo volver a mi habitación porque me duermo y tengo unas pesadillas horribles y lo revivo todo y lo veo todo, ¡incluso lo que ni me atreví a mirar! ¡Me he tomado triple dosis de calmantes, señora ¿Cómo quiere usted que mañana yo…?! Oiga, ¿por qué le estoy dando explicaciones yo a usted, como si…? ¿Qué ha pasado con mi hijo? Sara: No quiere saberlo. Claudia: Si quiero saberlo. Sara: Entonces, pregúnteselo a él. Le dará otra versión. La suya. La… la real. Claudia: Me interesa conocer la suya. ¿Cuál es? Sara: ¿Es importante para usted? Claudia: Creo que sí. Mucho más que mis negocios. ¿Cuál es su versión? ¿La… romántica, tal vez? Sara: La cómica. Claudia: Mire, señora, no se quién es usted, ni qué quiere de mi hijo… Sara: No quiero nada de él, no tenga miedo. ¿Por qué le preocupa que haya estado conmigo? Claudia: Porque él… Sara: ¿Qué? Claudia: … la miraba… Sara: ¿A mí?

Claudia: Sí Sara: ¿Cómo? Claudia: De un modo… poco… normal. Sara: Ah. ¿Y de qué modo mira su hijo normalmente? Claudia: No lo sé. (Pausa) Ahora que lo dice, ni me acuerdo. Hace tanto tiempo que no me mira… Sara: ¿Quiere saber lo que hemos estado haciendo? Claudia: Si. Sara: Yo soy una mujer algo chapada a la antigua. Todavía quedan algunas mujeres así, ¿sabe?, aunque a usted le resulte difícil de creer. Y yo soy una de ellas. Más de la mitad de mi vida, treinta años mas o menos, la he dedicado exclusivamente a mi casa, a mi familia. Y poca cosa más. Hace algunos años, mi marido dejó de acostarse conmigo. Fueron años difíciles. Yo lo quería. Nos divorciamos hace poco. Para él fue tan fácil. Qué horror. ¿Por qué cuando una pareja se separa, siempre es más fácil para el uno que para el otro? Hasta cuando dicen “los dos lo han pasado fatal con la separación”, siempre hay uno de los dos que lo pasa mucho peor. Y esa fui yo. Los últimos diez años con mi marido… Diez años de… de sequía en todos los aspectos, pero sobre todo, en aquél…, son muchos años, señora. Tenía fantasías, de vez en cuando. Sueños idiotas. Y… y unos sofocos… ji ji ji. Creo que, en el fondo, supongo que he sido una mujer muy apasionada. Pero nunca había tenido ocasión de demostrarlo… ¡HASTA HOY, JA JA JA!, SEÑORA, SU HIJO ME HA REGALADO LO MÁS MARAVILLOSO QUE SE LE PUEDE REGALAR A NADIE: EL ÉXTASIS, EL PLACER, LA ÚNICA ARMA POSIBLE QUE NO QUDA, SEÑORA; ¡TODO EL PLACER QUE YO HABÍA IDO SECUESTRANDO A MI CUERPO ESTOS AÑOS, LIBERADO POR FIN GRACIAS A ÉL! Su hijo es un encanto, señora, no es tan inteligente ni tan sensible como a usted le gustaría pero tiene un cuerpo y una mirada que enamoran, señora; y es un buen chico, afectuoso y con una gran virtud: la sinceridad. Cuídelo, cuídelo

mucho, pero déjelo volar, que vuele; y usted siga con su vida de siempre, pero deje de verlo una temporadita, váyase a Singapur y a Seúl o a Honolulu o al Polo Norte o al pueblo de al lado de su casa, pero váyase y déjelo sólo. (Pausa, Claudia no le dice nada) Qué decadente, todo esto, ¿no? (Pausa) Qué extraño todo. (Pausa) ¿Sabe?, el placer… también es una explosión, a su manera. Una explosión interna que también destruye. Pero que en lugar de matar vidas, es capaz de crearlas. (Pausa) ¿Cómo ha vivido usted todo lo que nos ha ocurrido hoy? (Pausa) ¿Y cómo lo vivirá, de ahora en adelante? (Pausa) Dicen que las catástrofes pueden provocarlo, que no es nada raro. Claudia: ¿El qué? Sara: Y las muertes, y los funerales. Claudia: Provocar… ¿qué? Sara: Pues las ganas de… ya me entiende. Claudia: A estas alturas… yo ya no entiendo nada. (Pausa) ¿Es bueno en la cama, mi hijo? Sara: Buenísimo, puede usted sentirse absolutamente orgullosa de él. Buenísimo. (Pausa) Y fuera de la cama, también. Claudia: (Después de una pausa) ¿Puedo decirle una cosa? Sara: Sí Claudia: Hay algo que me preocupa. Y me está matando. No sé que hacer. Y no se lo he dicho a nadie. Sara: Qué es, dígamelo. Claudia: Es una tontería, pero… Bueno, no, no es ninguna tontería. Sara: ¿De qué tiene miedo?

Claudia: No tiene nada que ver con mi hijo… Yo… Oh, es horrible… Creo que me voy a volver loca si no se lo cuento a alguien. Sara: Cuéntemelo a mí. ¿Qué es? Claudia: (Pausa) Lo grabé todo. (Pausa) Con el celular. Sara: ¿Todo? Claudia: Todo lo que vi. Sara: (Pausa) Yo también lo hice. Claudia: ¿Eh? ¿Usted…? Sara: Es un celular tan bueno y era tan fácil. Una sola tecla. Claudia: ¿Lo ha borrado? Sara: No. (Pausa) ¿Y usted? Claudia: No Sara: Puede venderlo a alguna televisión. ¿Los ha llamado? Claudia: No quiero hacerlo. ¿Usted lo ha hecho? Sara: No Claudia: ¿Lo borrará? Sara: ¿Para qué lo grabé? ¿Por qué? Claudia: ¿Por instinto? Sara: ¿O por perversión? Claudia: ¿Lo ha vuelto a mirar?

Sara: No. Lo he intentado varias veces. La última, justo antes de que usted me llamara. No creo que pueda… ¿Cree que debería hacerlo? (Pausa) ¿Debemos hacerlo? Claudia: ¿Quiere venir conmigo a Singapur y a Seúl? Yo se lo pago todo, absolutamente todo. No voy a poder hacer nada más, nunca más, yo sola. Y si tengo que dejar en paz a mi hijo… definitivamente… entonces, yo… me quedaré… (Pausa) ¿Quiere venir conmigo? Sara: No, a Singapur, no. A Seúl, tampoco. Debe ir a esos sitios por su trabajo, ¿verdad? Claudia: ¿Qué “coño” me importa a mi el trabajo en este momento? ¿Y… y a otro sitio? ¿Quiere venir conmigo a la otra punta del mundo, al sitio que a usted le apetezca? Elija usted. Sara: ¿Cuál es el lugar a donde más ha soñado ir a lo largo de su vida? Claudia: Ninguno. Conozco prácticamente el mundo entero. Yo no tengo esa clase de sueños. Sara: No le creo. Haga un esfuerzo. Busque en su memoria. Cuando era joven, ¿qué lugar del mundo deseaba conocer? ¿Con qué sitios soñaba? Claudia: No me acuerdo, en serio, no lo recuerdo. Además. ¡¿CÓMO QUIERE QUE RECUERDE NADA DE CUANDO ERA JOVEN SI TODAVÍA SOY JOVEN?! ¿A dónde tenía que ir usted, por cierto? Sara: Tampoco me acuerdo. (Pausa) Pero usted ya no es tan joven como para no recordar. Claudia: ¿A dónde le gustaría ir? Sara: Al lugar de sus sueños. (Pausa) No. Es broma. En realidad… Claudia: El lugar de mis sueños… (Pausa) Yo no tengo sueños, yo sólo tengo pesadillas.

Sara: Entonces… vayamos al lugar de las pesadillas. (Pausa.) Al lugar donde… donde las pesadillas son…la rutina y el bienestar… un sueño. Claudia: ¿A qué lugar se refiere? Sara: ¿A qué lugar cree que me refiero? Claudia: ¿Estaría dispuesta a viajar allí? Sara: No lo sé Claudia: ¿Entenderíamos…? Sara: Tal vez. Claudia: ¿Vamos? Sara: (Pausa) No. No. Lo siento. Gracias por su invitación. Yo… yo ya lo he hecho… el viaje que tenía que hacer. Claudia: ¿No tendríamos que ir? (Pausa) Quizá deberíamos ir allí si queremos… (Pausa) Vayamos. (Pausa) ¿De qué tiene miedo? Sara: ¿Quiere que le sea sincera? En primer lugar, de usted. Claudia: Yo soy inofensiva. (Pausa) ¿Y en segundo lugar? Sara: Pues… en segundo lugar… de… (Pausa) No. No. Claudia: ¿Podemos vernos? Sara: ¿Ahora? Claudia: Si. Sara: ¿Por qué? Claudia: No lo sé. Para ver si cara a cara la convenzo… Sara: No me convencerá.

Claudia: Ya lo veremos. Yo soy muy persuasiva, cuando me lo propongo. ¿Cómo cree usted que he llegado donde he llegado, si no?... (Pausa) Y si no la convenzo, qué más da. Veámonos. ¡Ya estoy harta del celular! ¿Usted no? Sara: Si. (Pausa) Yo también. (Pausa) Aunque… (Pausa) A lo mejor podríamos… Claudia: ¿Qué? (Pausa) ¿Qué? Sara: (Pausa) Yo … (Pausa) Yo no puedo mirar las imágenes que he grabado pero creo que si podría ver las suyas. (Pausa) ¿Quiere usted ver las mías? Claudia: Si. (Pausa) Si. Sara: Dentro de diez minutos. Antes tengo que… (Pausa) Estoy en la habitación 1234.

ESCENA 26 (2) Vestíbulo de hotel. Rosa está en la puerta de espaldas. Aparece Jan, con su celular, escuchando el mensaje de Rosa (“…Mierda, ¡PERO TÚ QUIÉN COÑO ERES, SI PUEDE SABERSE?! Que le has hecho a mi madre, eh, “tío”? ¡Por lo menos, llámame, ¿no?!), y, de repente, la ve. Se queda quieto. Va hacía ella. Lo piensa. Se aleja de ella unos pasos. Mira el celular. Busca para devolver la llamada. Llama. Suena el celular de Rosa. Ella responde. Rosa: ¡Por fin! Jan: Hola. Rosa: ¿Dónde está mi madre? Estoy en la puerta del hotel.

Jan: Ella… ella no sabe que estás aquí. Rosa: ¿Y tú quién eres? Jan: ¿Y tú? Rosa: ¿Me puedes explicar qué está pasando? Jan: Pues… no lo sé… que… ¿que tal vez nos estamos volviendo locos porque creemos que se acaba el mundo? Rosa: Ya. Una reflexión muy profunda, sí señor. ¡¡CON MI MADRE, IDIOTA!! ¡QUÉ ESTA PASANDO CON MI MADRE! Jan: Ah. Nada. Que se ha dado cuenta de que no, de que el mundo no se acaba. Rosa: Oh, qué bonito. ¿Y si ahora puedes decirme qué ha pasado sin la poesía barata, por favor? Jan: Pero, ¿por qué lo quieres saber? Rosa: ¡Porque es mi madre, “mierda”! ¡Llevo dos horas buscándola después de las dos horas y media que me he tirado para llegar aquí con mi carro por carreteras secundarias para evitar los controles y ahora es muy tarde y estoy cansada y sólo quiero verla para estar con ella y cuidarla y hacer que se olvide aunque sea por un momento del trauma que debe estar pasando la pobre mujer! Jan: No hace falta que grites. Rosa: ¿Está herida o no?

Jan: Un poquito. Nada. Un rasguño. Está muy bien. De verdad. No me ha parecido verla sufrir ningún trauma. Rosa: Dime el número de su habitación. Jan: No lo sé. Yo sólo sé el de la mía. Rosa: ¿El de la tuya? ¿Y a mí qué me importa? Jan: Es que tu madre está en mi habitación. Rosa: ¿Quéeee? ¡No es verdad, no puede ser! Oye, pero tú, ahora, ¿dónde estás? ¿La tienes al lado? Jan: Si. La tengo… muy cerca, sí. Rosa: ¡¡PUES DILE QUE SE PONGA, “JODER”, HACE HORAS QUE QUIERO HABLAR CON ELLA!! Jan: Ahora se pone. Y lo entenderás todo. O… o no. Nos vemos. Se pone. (Ha ido acercándose a ella, hasta que está a punto de tocarla. La toca. Ella se gira y lo ve.) ¿Te pones? Rosa no entiende nada. Lo mira y mira su celular. No sabe qué decir. Jan sonríe y pulsa una tecla del celular para cortar la llamada. Se miran, sin saber qué decirse. De repente, suena el celular de Jan. Él mira la pantallita. Jan: ¡Oh! (Sonríe.) ¡Es ella! (Responde.) Hola. (Pone el celular en el oído de Rosa.)

ESCENA 27 (3/4) Habitación de hotel. Sara, sola, hablando por su celular. Rosa en el vestíbulo, escucha lo que su madre le dice por el celular a Jan, sin dejar de mirarlo a él en ningún momento. Jan no oye nada pero le sostiene la mirada.

Sara: Antes no me he atrevido a decirte nada. Creía que no era necesario, pero… Pero sí. Lo necesito. No sé si te has marchado ya del hotel. Supongo que sí. Quería decirte… Hacía tanto tiempo que nadie me hacía sentir… Y a pesar de tu fuerza, te notaba también tan indefenso… por unos instantes, me han entrado ganas de pedirte que lo dejáramos. Era como si me acostara con… con mi… ¡ja, ja, ja, ay, qué risa!... ¡cómo si me acostara con mi hija! (Rosa no da crédito a lo que está oyendo) Supongo que a ti te ha pasado lo mismo. ¿No te parecía estar haciendo el amor con tu madre? (Pausa) ¡Qué cosas!, ¿verdad? (Pausa. Rosa esta atónita. Mira a Jan con mirada asesina) Nunca voy a poder contarle esto a mi hija. Por eso te llamo. Si algún día te encuentras con ella, porque por la cara que has puesto al verla en la pantallita de mi celular, sé que algún día la conocerás, sobre todo no le cuentes nada de lo que ha pasado entre nosotros. La pobre no lo entendería. Soy una mujer convencional y está bien que ella siga pensando que lo soy. Será un secreto entre nosotros, ¿de acuerdo? (Pausa) ¿por qué no dices nada, me estás escuchando? Rosa alarga el teléfono a Jan. Rosa: Di que sí. Jan: (Al aparato.) Sí. Rosa: “De acuerdo, será un secreto entre nosotros”.

Sara: Muy bien. Si te decides y la llamas, ve con cuidado. La pobrecita está fatal, acaban de dejarla, ya la oíste; y está completamente histérica. Hay gente que no sabe vivir sola y gente que sí, aunque cada vez hay menos de los que sí. De hecho, en el mundo en que vivimos… cada día se nos hace mas difícil vivir solos y en paz, ¿verdad?... por eso nos desesperamos tanto buscando… buscando dios sabe qué. Mi hija nunca ha sabido vivir sola, por eso siempre sale con un chico que se le pega como una sanguijuela y ya conoces a los chicos de hoy en día, les gusta ser independientes y huyen como de la peste de las mujeres absorbentes y poco frívolas como ella. Además, ya empieza a tener una edad y se da cuenta de que ya no la miran tanto como antes. Pobre Rosa, me da una lástima. Es una chica sacrificada, sencilla, romántica, moderna de aspecto, pero un poco cursi. Bastante antigua, en el fondo. Como yo. Por eso le va como le va. Y por eso no soporta estar sola. Siempre ha estado pegada a mi falda, aunque siempre discutimos; y también a su padre. A su padre sobre todo. Siempre he pensado, desde que se convirtió en una mujercita, que uno de sus sueños, pobrecita mía de mi vida, era acostarse con él. Si no hubiera sido su padre, creo que lo habría hecho. Por eso hoy debe ser un día importante para ella. Si lo ha mandado a la mierda definitivamente, y creo que lo ha hecho de verdad, ya no volverá a tener nunca más ese sueño. Como yo. Dejaré de soñar que un hombre joven y guapo me posee apasionadamente hasta llevarme al delirio. No me da vergüenza decírtelo: la realidad ha superado al sueño, ha sido infinitamente mejor de lo que jamás habría podido imaginar. Quería que lo supieras. (Pausa) Esta mañana, el fin de mundo. (Pausa.) Por la noche… todo vuelve a empezar. En la oscuridad, todo vuelve a empezar. (Pausa.) ¿Sabes lo que me ha dicho el psicólogo que ha hablado conmigo? Me ha preguntado: “¿Es usted casada señora?” “Si”, le he respondido. Mentira, claro, yo soy divorciada. Pero, ¿qué tenía que hacer? ¿Contarle toda mi vida? ¿En aquel momento? ¿Qué era entonces mi desgracia comparada con todo aquel horror? Un grano de arena. Pero en el desierto. (Pausa.) Y el pobre psicólogo me dice: “No se asuste, señora, es muy posible que por culpa del trauma que sufre por los hechos que acaba de vivir, le cueste mucho volver a su rutina diaria, pero es normal, tal vez le cueste meses. O años” “¿Qué

me está dando a entender?, le digo yo, “¿qué no podré hacer el amor hasta tan tarde? Y él se ha callado y me ha mirado con una sonrisa triste en los labios. Me encantaría volver a ver a ese chico y decirle: “Ni meses, ni años, joven, he tardado solo unas horas. Y con mi marido hacía ya diez años que ni nos tocábamos. Y no sólo eso. Sino que, además, he hecho el amor con un desconocido, joven, fuerte. Y me ha hecho unas cosas increíbles. Con las manos, con la boca, con la nariz, con los pies, con… con todo su cuerpo, musculoso y atlético… oh, no puede usted imaginarse qué cuerpo, qué torso, qué piernas, qué… ¡una delicia para la vista y el tacto, vaya!... y ha sido… ¡un “diez” para que me entienda!” ¡ji, ji, ji! La cantidad de placer que pueden llegar a experimentar nuestros cuerpos… La cantidad de sensaciones… misteriosas que nos conectan con… con… con lo que ningún científico podría explicar jamás, aunque se empeñen en reducirlo todo a una cuestión de… ¡de química! El placer es… como una espada llameante que… que te atraviesa y… y rasga el sufrimiento. Y se produce un… estallido… liberador, como si la vida diera la mano por unos instantes a otra dimensión, una… verdad fugaz e inexplicable que está… mas allá y que no podemos definir pero es… real. (Pausa) Y ésta es la única y auténtica revelación. (Pausa) Yo ya me había hecho la idea de morirme sin… Yo… yo tuve una juventud divertida, con algunas historias. Aunque bastante superficiales. Al principio, con mi marido, la pasé muy bien. Pero esta noche… Ha sido… Oh. Si mi hija supiera todo esto… Lo encontraría repugnante. (Pausa.) Pero es la verdad. Hoy por hoy, esta es la única verdad. (Pausa.) Mi granito de arena es haber tirado contigo de esta manera, y estoy encantada de haberlo hecho y perdóname que te lo diga así de claro. Ji, ji, ji… suerte del celular. Sería incapaz de decirte esto a la cara. No pienses mal de mí. (Pausa) Quiero pedirte otro favor. Me da vergüenza, pero… (Pausa.) ¿Harás también el amor con mi hija, aunque sea una sola vez, como conmigo… aunque luego no vuelvas a verla nunca más? (Pausa.) ¿Por favor? (Pausa.) ¿Lo harás? Rosa pone el celular en la boca de Jan Rosa: ¡Di: “no, no lo haré.!

Jan: ¿No haré… qué? Rosa: ¡Tú dí “no” y no preguntes! Jan: ¿No a qué? Rosa: ¡¡¡Qué le digas que no, “joder”!!! Jan: (Agarra el celular) Si, lo haré. (Pasa el celular a Rosa. Ella no lo coge. Jan tapa el auricular de celular con la mano. En voz baja, a Rosa.) Lo siento, yo nunca digo que no a nada, por principio. Rosa: ¡¡¡ERES UN CERDO ASQUEROSO!!! (Lo abofetea) Díle a mi madre, ahora cuando te pongas, ¡QUE SE VAYA A LA MIERDA Y QUE HAGA EL FAVOR DE NO VOLVER A LLAMARME NUNCA MÁS EN LA VIDA! Jan: (Sonriendo irónico) Pero… por mala madre que sea, tiene sentimientos como todo el mundo y no creo que se merezca que seas tan grosera con ella justamente hoy, pobre mujer, cuando acaba de sobrevivir de milagro a un… Rosa: ¡Oh! ¡¡¡OOHHH!!!... ¡Y tú… tú… YA ESTAS BORRANDO AHORA MISMO MI NÚMERO DE TU CELULAR! Jan: (Al celular) Un segundo, Sara… (Tapa el auricular. A Rosa) Borra tú el mío. Si lo haces tú, lo hago yo. (Pausa) Vamos, ¿qué esperas? Rosa: Eres un pervertido… decadente… inmoral… e infeliz que… que…¡Y me das asco! ¡No! Asco, no… ¡Me das… pena! Déjame en paz y lárgate! (Jan no se mueve. La mira. Ella va a volver a bofetearlo pero acaba no haciéndolo, agarra su celular y está a punto de estrellarlo contra el suelo. Suelta un grito ahogado de rabia, le devuelve el celular y da media vuelta.) ¡Aaaahhh!

Rosa sale. Jan sonríe. Mira el celular. Se pone. Jan: Sara…? Sara: ¿Sí? Jan: ¿Sabes…? ¿Sabes… qué acaban de decir en la radio? (Pausa) No sé si tendrá algo que ver con lo que me estabas diciendo, ¡ja, ja! (Pausa. Serio.) Han dicho… que las bombas que estallaron en el aeropuerto las activaron a través de un celular. Silencio Por unos instantes se oye el eco lejano de una detonación. Y gritos lejanos, ruidos diversos, sirenas, caos, confusión, atravesando el espacio como una ráfaga de viento irreal. Sólo unos segundos. Después, regresa el silencio. En la habitación, alguien llama a la puerta. Aparece Claudia. Sara cuelga. Mira a Claudia, luego a su celular y vuelve a mirar a Claudia. Claudia también tiene su celular en la mano. En el vestíbulo del hotel, Jan duda qué hacer. Mira en la dirección por donde ha salido Rosa.

ESCENA 28 (4) Rosa está en el exterior del hotel. Acaba de salir de él corriendo, jadeando. De golpe, se detiene, de espaldas al hotel. Respira profundamente para calmarse. Piensa algo. Repasa mentalmente lo que ha sucedido en las últimas horas. Gira y mira a la puerta del hotel. No sabe si reír o llorar. Pero, de repente, se da cuenta

que no le apetece alejarse de allí. Se queda quieta, como esperando que ocurra algo. Y no sabe qué ni por qué. Se apoya en una farola de la calle. Mientras tanto, en el vestíbulo del hotel, Jan decide salir al exterior. Al ir a cruzar la puerta, se detiene y piensa. Se queda quieto. Duda. Repasa mentalmente todo lo que ha sucedido. Mira su celular. Duda qué hacer. Mientras tanto en la habitación, Claudia y Sara están sentadas, cara a cara, con su respectivo celular en la mano. Se miran. Luego miran los celulares y empiezan a teclear. Ambas buscan su grabación. Sara ofrece su celular a Claudia. Ella lo coge. Claudia hace lo mismo. Sara duda. Lo coge. Cada una de ellas tiene el celular de la otra y ponen el dedo sobre una tecla. Sólo tienen que apretar una tecla para ver lo que la otra grabó. Ninguna de las dos se atreve a ser la primera en pulsar. Rosa saca su celular y busca algo en la pantalla hasta que lo encuentra. Es el número de Jan. Puede borrarlo. O puede llamarlo. No sabe qué hacer. Jan busca en el celular un número. El de Rosa. Sale del hotel mirando la pantallita y dudando si llamar o no. Llega hasta muy cerca de Rosa, pero no la ve, porque la farola la oculta. Él se detiene, sin dejar de mirar la pantallita del celular. Los cuatro personajes están a punto de pulsar la tecla “OK” del celular. Los cuatro dudan. Tensión. De pronto. Sara mira a Claudia con determinación. Y Claudia entiende su mirada. Sara: No. Claudia: No. Rosa: No.

Jan: No. Sara y Claudia se levantan. Sara lanza el celular de Claudia por la ventana. Claudia hace lo mismo con el celular de Sara. Rosa arroja su celular al suelo. Jan arroja su celular al suelo. Los celulares de Jan y Rosa van a parar al mismo sitio de la calle. Y justo encima, cayendo del cielo, aterrizan dos celulares más. Los cuatro celulares se hacen trizas. Jan y Rosa miran los celulares en el suelo, se ven, se miran y luego miran hacia arriba. Sara y Claudia miran abajo y se miran entre ellas. Rosa mira a Jan, mira al suelo y ríe.

Fin

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