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ESTUDIOS NORTEAMERICANOS No 18 - Agosto - Diciembre 2008 [41-55] ISSN 0717-3350

ALFRED SCHÜTZ Y LA ACCIÓN SOCIAL COMO PROYECTO INTERSUBJETIVO1 ALFRED SCHÜTZ AND THE SOCIAL ACTION AS AN INTERSUBJETIVE PROJECT
Mag. Solange Cárcamo Landero Universidad Católica de Temuco Temuco, Chile scarcamo@uct.cl

RESUMEN: Este artículo presenta un análisis del concepto de acción social propuesto por Alfred Schütz, considerando algunos hitos biográficos relevantes de su vida en Estados Unidos de Norteamérica. En este sentido, se comenta su artículo El forastero, destacando la capacidad de este filósofo social para incluir sus nuevas vivencias biográficas en el marco de sus reflexiones fenomenológicas. Asimismo, a partir de la concepción del tiempo en la sociología de A. Schütz, se propone conceptualizar la acción social como proyecto intersubjetivo; evitando con ello posturas objetivistas y subjetivistas al momento de desarrollar investigaciones sociales. Palabras Clave: Alfred Schütz - Acción Social - Proyecto Intersubjetivo - Tiempo - El Forastero. ABSTRACT: This article, which considers some of Alfred Schütz`s outstanding biographical facts, presents an analisys of the social action concept proposed by Schütz. In this sense, the article speaks about The Stranger. This paper emphasizes social philosopher`s capacity to incluide his new biographycal experience in his phenomelogycal reflections. In the same way, starting from time conception in Schütz`s sociology, I have proposed to understand the social action as an intersubjetive project,

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which avoids objetive and subjetive perspective in social research. Key Words: Alfred Schütz - Social Action - Intersubjective Project - Time - The Stranger.

I. INTRODUCCIÓN Esta ponencia tiene como objetivo analizar algunos aspectos del concepto de acción social propuesto por Alfred Schütz (1899-1959); conceptualización que es relevante en el campo de las ciencias sociales contemporáneas que se ocupan del estudio de la diversidad de formas que adopta la vida humana. La formulación que hace Schütz del concepto de acción permite apreciar con gran nitidez que el estudio de la vida social no puede excluir al actor de carne y hueso que habita el mundo cotidiano, ya que como agente de dicha acción está implicado de forma decisiva en la construcción de la realidad que se pretende estudiar. En este sentido, Schütz señala: “...siempre podemos volver al hombre olvidado de las Ciencias Sociales, al actor del mundo social cuyas acciones y sentimientos están en la base de todo sistema”2. Este olvido, del cual Schütz nos advierte, puede ser superado si nos apropiamos de su concepto de acción y lo incorporamos al momento de interpretar el curso de los procesos sociales. En la primera parte de este escrito se presentan algunos hitos relevantes de la vida que –como forastero- desarrolló Schütz en Estados Unidos de Norteamérica. Se destaca su apertura a nuevas ideas y experiencias, así como también su capacidad de incluir las nuevas vivencias biográficas en el marco de sus reflexiones socio-fenomenológicas. En la segunda parte, se desarrolla el análisis de la acción social, especialmente a partir del interesante estudio que realiza Pablo Hermida Lazcano sobre el tiempo en la sociología de A. Schütz. Finalmente, se concluye que es relevante conceptualizar la acción social como proyecto intersubjetivo, porque ello evita posturas objetivantes, estáticas y unilaterales al momento de interpretar los procesos y actores sociales.

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II. ALFRED SCHÜTZ Y SU CONDICIÓN DE FORASTERO EN ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA En el contexto de este congreso, cabe destacar que este filósofo de las ciencias sociales, de origen austríaco y nacionalizado estadounidense en 1944, dejó su país antes de la ocupación nazi. Emigró a Estados Unidos en 1939, en donde al poco tiempo ocupó un cargo en la Facultad de Graduados de la denominada “Universidad en el exilio”; la Nueva Escuela de Investigación Social de Nueva York. En este nuevo contexto Schütz pudo establecer y mantener lazos con otros colegas inmigrantes, discípulos de Husserl como, por ejemplo, Aron Gurwitsch; quien desarrolló todo un pensamiento fenomenológico sobre el mundo de la vida como mundo cultural3. Asimismo, en este nuevo ambiente intelectual A. Schütz encuentra a importantes pensadores norteamericanos que le permiten ampliar y articular sus ideas; las cuales, si bien son herederas de su tradición europea, no se cierran a las experiencias de su nueva vida en Estados Unidos. Así, durante su residencia en este país, retroalimentó de manera crítica su pensamiento con las conceptualizaciones de importantes pragmatistas como: W. James, J. Dewey y G.H. Mead, entre otros; cuyos aportes le permitieron situar su análisis del significado de la acción social, enriqueciendo su dimensión intersubjetiva tanto desde la perspectiva de la interacción como desde el punto de vista del rol de la negociación y de la comunicación en la constitución de contextos de sentido4. Cabe destacar también a su discípulo Thomas Luckmann quien, además de continuar desarrollando la línea de pensamiento sociofenomenológico, tuvo un rol muy importante después de la muerte de Schütz; al encargarse de dar ordenamiento definitivo a sus últimas investigaciones y completar las partes inconclusas. Resultado de ello, es la publicación del libro Las estructuras del mundo de la vida. En el prólogo de esta obra, Luckmann señala: “En cierto sentido, este libro es la Summa de la vida Schütz, y como tal es suyo exclusivamente. En otro sentido, es la culminación de la obra de muchos autores, entre los cuales Schütz es el

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más importante y yo apenas el último. Sin embargo, el análisis de las estructuras de la vida cotidiana no termina aquí. Es la interminable tarea de una philosophía perennis y de una teoría histórica de la sociedad.” Al relacionar la vida y obra de A. Schütz se puede apreciar que su experiencia de forastero en Estados Unidos fue muy significativa. Esta vivencia es un hito biográfico relevante, a partir del cual desarrolla una interesante reflexión que plasma en uno de sus ensayos titulado precisamente así: “El forastero” o “El extraño”. En este escrito de psicología social se aprecia la importancia que tiene tematizar lo obvio, especialmente, para un investigador de orientación fenomenológica. Desde esta perspectiva tematizar lo obvio significa poner entre paréntesis la realidad social cotidiana que de manera natural los seres humanos asumen como algo dado. Así, lo obvio cuando es analizado sistemáticamente permite desvelar aspectos centrales para la comprensión de la vida social5. En “El Forastero” Schütz nos presenta a un actor social cuestionador de un mundo rutinizado, cuyo rol crítico de la cotidianeidad surge porque no comparte con el resto de la comunidad el mismo tipo de conocimientos y experiencias: forastero y comunidad difieren en el acervo de conocimiento a mano que guía la acción y el conocimiento en cada momento. Dado que no comparte este conocimiento, el forastero experimenta la realidad confiable y rutinizada de la comunidad como un mundo amenazador y problemático. Este actor social no puede actuar de buena fe, confiado y esperanzado; apostando confiadamente por la continuidad de un mundo social básico. Por el contrario, en cada momento experimenta la precariedad constitutiva de lo social, la fragilidad de las acciones humanas y de las interacciones sociales. No puede dejar de percibirlas de esta forma, porque su situación permanentemente lo arroja al vacío de la extrañeza; al vacío de la ajenidad que le provocan las acciones sociales cotidianas plenas de sentido que realizan los otros, pero que el no puede comprender. Como cualquier forastero o extraño, Alfred Schütz se ve obligado a orientarse, a definir la situación, en un mundo vital-cultural ajeno, ra-

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dicalmente distinto al propio (Viena-New York). Sin embargo, Schütz fue capaz de resignificar esta experiencia adversa y crítica como una oportunidad para entrelazar su vivencia concreta de la extrañeza con su teoría social. Así, en “El forastero” describe lo que ocurre cuando las personas que llegan a vivir a un país nuevo se encuentran con que su conocimiento básico e indefinido deja de funcionar y tienen que aprender, necesariamente, un nuevo patrón cultural: “... la pauta cultural del grupo abordado es, para el forastero, no un refugio, sino un campo de aventura; no algo que va de suyo, sino un tema cuestionable de investigación; no un instrumento que le permite desentrañar situaciones problemáticas, sino, en sí misma una situación problemática y difícil de dominar”6.

III. EL SENTIDO DE LA ACCIÓN SOCIAL: EL PROYECTO Schütz es conocido mundialmente como fundador de la sociología fenomenológica y como tal es un referente ineludible en el desarrollo de investigaciones sociales de carácter interpretativo. Situado en la tradición de la sociología comprensiva weberiana, a la cual da una fundamentación fenomenológica, parte de la certeza de que los postulados de objetividad científica en el ámbito de las ciencias humanas, si no reconocen el sentido que los propios actores atribuyen a sus acciones, caen en la construcción científica de un mundo excesivamente desvinculado del mundo social. Una de las premisas fundamentales de su pensamiento consiste en la centralidad otorgada al sentido subjetivo de las acciones (sociales), el cual surgiría desde la vivencia de un tiempo interior articulado con un tiempo exterior, tiempo del mundo, de la sociedad7. De este modo, en el pensamiento de Schütz tanto el significado que las acciones tienen para los propios agentes que las realizan como las dimensiones temporales de la vida social son elementos fundamentales que se entrelazan, constituyendo una categoría que permite caracterizar la acción como proyecto intersubjetivo. En este sentido, cabe destacar que para Schütz

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es relevante pensar la acción como proyecto, ya que es éste precisamente el que origina el sentido subjetivo de la acción: “...el proyecto no es nada más ni nada menos que la acción misma concebida y decidida en el tiempo futuro perfecto. Así, el proyecto es el sentido primario y fundamental de la acción”8. Desde la perspectiva socio-fenomenológica la acción humana es siempre intersubjetiva y se caracteriza como un proceso temporal que irrumpe en el curso de los acontecimientos del mundo. De este modo, aprehender la definición que Schütz nos entrega acerca del sentido subjetivo de la acción exige considerar la vivencia del tiempo interno que interfiere al momento de proyectar las acciones. Para Hermida Lazcano, “Schütz caracteriza la corriente temporal interna como un flujo ininterrumpido donde pasado y futuro se entrelazan a través de un presente que no es puntual sino denso, el presente especioso. La continuidad de este flujo temporal interno garantiza el que las experiencias nunca existan aisladas, sino sumidas siempre en contextos de experiencia que miran al pasado y al futuro”9. Si se considera el carácter irreversible del tiempo interior y el sentido subjetivo de la acción como significado-a-que-se-apunta, es posible comprender el carácter fundamentalmente proyectivo de toda acción social. De este modo, se puede afirmar que cada acción es un proyecto porque la irreversibilidad del tiempo interno conlleva, necesariamente, a una incesante transformación de las experiencias y vivencias (acervo de conocimiento) que influyen decisivamente a la hora de proyectar y decidir. Así, la acción como proyecto o el sentido subjetivo de la acción es, necesariamente, un proyectar. Esto significa que la acción social siempre es un proyecto de acción que es “obra mía propia”, en el sentido de que es mentalmente imaginado en el tiempo interior como si ya hubiese pasado. Así, Schütz señala: “...los diversos proyectos de mis acciones futuras no coexisten en simultaneidad en el tiempo externo: mediante sus actos imaginativos, la mente crea sucesivamente en el tiempo interior los diversos proyectos, abandonando uno en favor del

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otro y volviendo al primero o, más precisamente, recreándolo”10. La acción social como proyecto, es decir, como actividad en curso y no como obra ya realizada, siempre es una construcción que surge a partir de una toma decisiones sobre posibilidades futuras. De este modo los actores sociales, si bien se apoyan en una mirada reflexiva sobre actos pasados, fundamentalmente son agentes que miran hacia el futuro; agentes que al proyectar se basan en anticipaciones abiertas o vacías, que podrán o no verse confirmadas tras la consumación del acto. Situación que marca la diferencia entre acción como proceso-quehacer y acto como resultado-producto; lo cual es fundamental para comprender el devenir de las sociedades como procesos dinámicos e intersubjetivos, abiertos a la imaginación y agencia de los seres humanos en su mundo vital.

IV. TEMPORALIDAD SOCIO-FENOMENOLÓGICA Y MOTIVOS QUE GUÍAN LA ACCIÓN SOCIAL Schütz señala que el sentido subjetivo de las acciones se alcanza al indagar los motivos que la guían. Al respecto distingue entre motivos-porque y motivos-para; distinción que se aprecia a través de la estructura temporal que los constituyen. Según nuestro autor, lo social sólo puede ser comprendido al re-describirse como una amalgama de actividades humanas; las que, a su vez, se comprenden sólo si se desvelan estos dos tipos de motivos. Los motivos-porque apuntan al pasado, a actitudes y experiencias pretéritas que se cristalizan en principios, gustos, hábitos, entre otros11. Por ejemplo, el agresor maltrata a su víctima porque sufrió en su niñez maltrato reiterado por parte de otros. Como este tipo de motivos apunta hacia experiencias pasadas, sólo pueden surgir en una mirada retrospectiva. A su vez, los motivos-para apuntan al futuro, son el objetivo o el propósito que se pretende alcanzar por medio de la acción. Por ejemplo, el agresor maltrata a su víctima para vengarse. Evidentemente, los motivos-para se relacionan con la acción proyectada

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y se gestan en estrecha interconexión con otras acciones proyectadas, configurando diferentes sistemas de planificación subjetiva interdependientes (p.e. planes de vida, planes para el trabajo). Desde esta perspectiva las relaciones sociales pueden concebirse como un entrelazamiento más o menos exitoso de motivos que guían las acciones de los diferentes actores que las llevan a cabo. Según Schütz se da una conexión intersubjetiva de motivos que son el prototipo de toda relación social: “Si imagino, proyectando mi acto, que usted comprenderá mi acto y que esta comprensión lo inducirá a reaccionar, por su parte, de cierta manera, anticipo que los motivos-para de mi propia actuación se convertirán en motivos-porque de su reacción, y viceversa”12. A su vez, Schütz concibe las relaciones sociales como juegos de coordinación temporal que se originan a partir de la interacción cara-a-cara o relación Nosotros. El aquí y el ahora que cada actor social vivencia se constituye en el origen y en el elemento ordenador de otros ámbitos de interés y relevancia social. Es decir, el aquí y el ahora es el tiempo-lugar desde donde derivan otras interacciones, siempre secundarias. Estas coordenadas de intimidad e inmediatez permiten desarrollar una estructura del mundo social de la vida cotidiana según jerarquizaciones temporales (y, por lo tanto, espaciales): aparece el mundo de mis semejantes, el mundo de mis meros contemporáneos, el mundo de mis predecesores y el mundo de mis sucesores. Cada actor es un coordinador de tiempos, interior y exterior. Así, dos sujetos en una relación cara a cara deben coordinar sus respectivos flujos de tiempo interno y, a su vez, articularlos con las pautas de tiempo exterior común a ellos. En las relaciones indirectas con nuestros meros contemporáneos la coordinación directa de nuestro flujo de tiempo interior es pensada en función de la confianza en un tiempo intersubjetivo compartido, en la confianza en la continuidad y estabilidad relativa del estado del mundo y en la confianza de nuestros modos típicos de proceder dentro de él. La relación con nuestros predecesores o antepasados se articula con nuestro tiempo interior a través de la recreación de sus

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proyectos o intenciones, es decir, le atribuimos intenciones a sus acciones como una forma de compensar la imposibilidad de compartir con ellos un mismo tiempo exterior13. Schüzt denomina tiempo cívico o estándar al funcionamiento relativamente coordinado del mundo social que surge a partir de la intersección de estos tiempos. El tiempo cívico o estándar es el escenario de coordinación intersubjetiva de nuestros diferentes proyectos y planes de individuos. No obstante, esta interconexión no es perfectamente congruente y produce desajustes entre biografía individual y tiempo social que son experimentados como límites que en la vida cotidiana se traducen en sentimientos de impaciencia o angustia. Al respecto, Schütz habla de la conciencia de nuestra finitud temporal y el miedo a la muerte; que define como la ansiedad fundamental que surge de la conciencia de que el tiempo vital propio es trascendido por el tiempo del mundo. Al respecto señala: “En verdad, una de mis experiencias básicas es que yo envejezco. Envejezco; por ello sé que moriré y sé que el mundo continuará. Sé que mi duración tiene límites”14. Esta ansiedad fundamental unida a la conciencia de los ritmos impuestos por los tiempos corporales y sociales predetermina la relevancia y jerarquía de nuestros proyectos y, por lo tanto, ofrecen a cada actor las pautas con las cuales ir articulando su biografía. Al respecto, nuestro autor y su discípulo se preguntan y señalan: “¿Cómo se articula el curso del día, junto con sus articulaciones temporales, en el curso de la vida? ¿Cómo se constituye este sentido, con su alcance más amplio, y cómo llega a estratificarse temporalmente en las estructuras de sentido de la vida cotidiana? (...) La respuesta implica... la estructura del mundo intersubjetivo total, y la situación sociobiográfica de cada individuo, con su complejo de estructuras de significatividades, jerarquías de planes y alcances de los actos. Las categorías de la articulación biográfica no son realmente categorías de la duración interior como tal, sino más bien categorías que se forman intersubjetivamente y se establecen dentro de la concepción natural-relativa del mundo. Básicamente se imponen al individuo, y éste las interioriza”15.

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El mundo de los actores sociales es fundamentalmente un mundo de anticipaciones, de idealizaciones motivadas por el dolor y la esperanza16. Como señala Hermida Lazcano (1998), es un mundo orientado al futuro, pero está esencialmente endeudada con el pasado, a través del acervo de conocimiento a mano, socialmente constituido e históricamente sedimentado. La historicidad del acervo de conocimiento a mano de un actor determinado no es un proceso individual, sino intersubjetivo; ya que es construido a partir de las experiencias vividas y transmitidas directa o indirectamente por los demás. Por otra parte, el acervo de conocimiento está en continuo proceso de transformación y enriquecimiento con cada nueva experiencia, por lo que incluso el sentido del acto proyectado no puede ser idéntico al sentido del acto realizado, ya que la misma experiencia de realizar y consumar la acción transforma el repertorio de conocimiento y experiencia17. El análisis de la acción social como proyecto que se desarrolla a partir de un acervo de conocimiento en constante transformación, permite la aprehensión de los motivos y propósitos de los actores en términos intersubjetivos. Esta perspectiva de la acción social conlleva implícita una mirada del mundo social como “contextos de sentido intersubjetivos”. En efecto, la acción social que un individuo desarrolla asignándoles un significado está influenciada por las acciones significativas de los otros, con los cuales comparte de manera directa o indirecta. Aspectos como voluntad, raciocinio, conocimiento, creencias, son problemas intersubjetivos; cuya característica común más sobresaliente es el hecho que se constituyen en sistemas de relaciones sociales que tienen a la base acciones sociales que están relacionadas y que sólo pueden ser comprendidas como fenómeno de significado. En este sentido, la noción de acción social está gobernada por significaciones intersubjetivas. Comprender o interprertar esta significaciones requiere desarrollar un proceso cognitivo-emocional, mediante el cual se pueda estudiar un fenómeno social sin reducirlo a una simple descripción de actos, sino más bien refirirlo a las motivaciones y propósitos

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desde donde surgen éstos. Para ello es necesario incluir en su estudio las nociones de temporalidad socio-fenomenológicas y de acervo de conocimiento, articulándolas con los conceptos de intersubjetivadad y acción proyectada18. Se debe recordar que una acción es aquella conducta a la que el actor imputa un significado o un sentido subjetivo, quedando la acción comprendida o explicada sólo cuando captamos el sentido pretendido por el actor (la intencionalidad o significación) y la situamos en el complejo contexto de significado práctico en que se desarrolla. El concepto ‘sentido’ aquí se entiende como ‘significado’, pero también como ‘orientación’, ‘dirección que apunta a un fin’, por lo que se utiliza para dar a entender la idea de ‘intencionalidad o significación’. Al respecto, García (1995) señala que: “Para hablar de intencionalidad o significación pretendida o referida a la conducta de otros, que caracterizaría a la acción social, hay que dar por supuesto un entramado de intencionalidad (individual y colectiva), unas prácticas socio-históricas y unos agentes que las constituyen al ser por ellos constituidos. Estos serían los supuestos ontológicos del sentido de la acción”. Desde esta perspectiva, toda acción social supone un marco compuesto por elementos heterogéneos: narrativas, prácticas, instituciones, leyes, normas morales, cuya significatividad depende de creencias prácticas, hábitos o disposiciones para la acción. De este modo, la acción de un individuo no es un evento aislado, no es generada por una sola persona, ni tampoco está determinada por supra-estructuras socio-culturales. Por el contrario, pasa a ser un momento de la corriente de la práctica social que tiene unos estados intencionales a los que se unen condiciones no-pretendidas y hasta desconocidas. Además, cabe mencionar al lenguaje, símbolo significante por excelencia que permite el pensamiento y, por lo tanto, la acción social. Si bien la relación entre acción social y lenguaje no se trató en esta exposición, es necesario al menos dejar planteada su relevancia, ya que el sentido de la acción depende en gran medida de lo que los agentes dicen sobre ella: La narratividad es un

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elemento constitutivo de las acciones humanas y su significado está determinado por el curso de acción en que se inscriben. V. CONCLUSIÓN La acción social es un proyecto intersubjetivo porque continuamente su sentido se transforma en función de la realización misma de la acción, la que se desarrollada con vistas a un alter-ego situado en un tiempo y espacio socio-fenomenológico. La acción es siempre un proyecto porque, incluso, en su realización aparece un nuevo motivo-para, no previsto. Ello es posible porque el acto en ejecución es un proceso de sedimentación de sentido, en donde el nuevo motivo-para, que surge desde su realización misma, transforma al antiguo. Éste puede aparecer como un nuevo motivo-porque, el cual no existía como tal al inicio de la acción proyectada. Asimismo, la acción es siempre un proyecto intersubjetivo porque tanto la situación biográfica de cada actor como su acervo de conocimiento a mano son procesos históricos e intersubjetivos, los cuales condicionan decisivamente sus interpretaciones y auto-interpretaciones; todo lo cual, a su vez, influye poderosamente en la recreación, realización y relevancia de sus acciones futuras. De este modo, una acción siempre tiene al menos un sentido, es decir, un motivo-porque y un motivo-para, en cuya construcción han participado de algún modo los otros. El sentido subjetivo de la acción aun cuando sea imaginado y realizado individualmente, en soledad o absoluto aislamiento, necesariamente conlleva una historia en donde los otros aparecen, re-aparecen y viven en nuestro recuerdo ejerciendo su influencia; aunque ya no formen parte de nuestra vida actual. BIBLIOGRAFÍA
Díaz Álvarez, Jesús. “El Mundo de la Vida como Mundo Cultural y el Problema del Relativismo. La Fenomenología de Aron Gurwitsch” En: Joan Llenares y

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Nicolás Sánchez (Ed.). Filosofía de la Cultura. Actas del IV Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica, Valencia. García Selgas, Fernando. “Análisis del Sentido de la Acción: El Trasfondo de la Intencionalidad” En: Delgado y Gutiérrez (Comps.) Métodos y Técnicas Cualitativas de Investigación Social en Ciencias Sociales. Madrid: Ed. Síntesis, 1995. Hermida Lazcano, Pablo. “Domesticando el Futuro: El Tiempo en la Sociología Fenomenológica de Alfred Schütz” En: María Luz Pintos Peñaranda y José Luis González López (Ed.) Fenomenología y Ciencias Humanas. Universidad de Santiago de Compostela: Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico, 1998. Schütz, Alfred. El Problema de la Realidad Social. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2003. Schütz, Alfred. Estudios sobre Teoría Social. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2003. Schutz, Alfred y Luckmann, Thomas. Las Estructuras del Mundo de la Vida. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2003.

NOTAS
1

FECHA DE RECEPCIÓN: 30 DE MAYO DE 2008. FECHA DE ACEPTACIÓN: 27 DE JUNIO DE 2008.

Alfred Schütz. Estudios sobre Teoría Social (Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2003): 20.
2 3 Jesús Díaz Álvarez. “El Mundo de la Vida como Mundo Cultural y el Problema del Relativismo. La Fenomenología de Aron Gurwitsch” en: Joan Llenares y Nicolás Sánchez (ed.). Filosofía de la Cultura (Actas del IV Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF): Valencia, 2000): 433439. 4 Ulises Toledo Nickels. “Fenomenología del Mundo Social ¿Un Programa de Investigación Científico?” Cinta de Moebio nº 18 (2003). Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. Disponible en http://www.moebio.uchile.cl/18/ frameso2.htm 5 Al respecto, Pablo Hermida Lazcano señala: “...los análisis de Schütz en general, y su exploración del papel de la temporalidad en la vida social en particular, tienen mucho de eso que Ramos Torre (1992: XX) (...) señala como recurrente en la sociología del tiempo, a saber, “la tematización de lo obvio, de aquello que

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es tan evidente que no se toma en consideración, pero que cuando es analizado sistemáticamente desvela aspectos cruciales de la vida social”. Esta estrategia general se ve asimismo reforzada por el estudio de tipos ideales de actores sociales potencialmente disruptivos, desestabilizadores y cuestionadores de la confianza en el mundo incuestionado, tales como el forastero (the stranger) o la persona que vuelve a casa después de una larga ausencia (the homecomer).”
6 7

Schütz: 106.

Pablo Hermida. “Domesticando el Futuro: El Tiempo en la Sociología Fenomenológica de Alfred Schütz” En: Maria Luz Pintos Peñaranda y José Luis González López (Ed.) Fenomenología y Ciencias Humanas (Universidad de Santiago de Compostela: Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico, 1998): 473.
8 9 10 11 12 13

Schütz: 24. Hermida: 474. Schütz: 99. Schütz: 24-25. Schütz: 26.

Al respecto Schütz dice: “... es el tiempo interior o durée, dentro del cual nuestras experiencias actuales se conectan con el pasado mediante recuerdos y retenciones, y con el futuro mediante protenciones y previsiones. Es en nuestros movimientos corporales y mediante ellos efectuamos la transición de nuestra durée al tiempo espacial o cósmico, y acciones ejecutivas participan de ambos.” Alfred Schütz Thomas Luckmann. Las Estructuras del Mundo de la Vida. (Buenos Aires: Amorrortu editores, 2003): 63.
14 15 16 17

Schütz y Luckmann: 72. Schütz y Luckmann: 38.

Al respecto Hermida Lazcano señala: Schütz denomina acervo de conocimiento a mano al repertorio de conocimientos y experiencias que, históricamente sedimentados (sedimentación del sentido según Husserl) pueden funcionar en cada momento como esquemas de referencia para el conocimiento y la acción. En el acervo de conocimiento a mano pasado, presente y futuro se entrelazan, ya que las experiencias previas al ser rutinizadas y habitualizadas constituyen la base de interpretación del presente y del pasado y de las anticipaciones con respecto al futuro. Desde la perspectiva socio-fenomenológica, la acción es una forma de comportamiento que involucran la ejecución de un acto proyectado, es intrínsecamente significativa, pues está dotada de significado por la intencionalidad humana, es decir, por la conciencia. A su vez, desde esta perspectiva se entiende por
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intersubjetividad al proceso mediante el cual los esquemas interpretativos de cada individuo se abstraen de un contexto social sólido que se comparte simultáneamente con los otros, a través de una captación recíproca de subjetividades, que hace posible la vivencia del “nosotros” y de “nuestro mundo”.