Comentario sobre LA VERDAD RACIONAL EN ZUBIRI En la experiencia, la intelección racional encuentra que el esbozo de posibilidades coincide o no con la realidad

campal. Ese encuentro es justo la verdad de la intelección racional. Zubiri analiza ese encuentro en tres pasos: - La verdad de la razón como encuentro. - Su esencia formal - Su intrínseco momento estructural Aunque la estructura tempórea de la intelección racional ha quedado ya suficientemente explicitada a lo largo de este capítulo, no obstante veremos muy brevemente su vigencia en el ámbito de la verdad racional. 4.1.-La verdad como encuentro Como es su costumbre, Zubiri vuelve a plantear la cuestión desde su base. Así pues lo que sea la verdad racional ha de entenderse desde el ámbito más amplio de la verdad intelectiva. Resumiendo: en primer lugar tenemos el primario modo de verdad, la verdad real. En ella la realidad verdadera en la intelección en y por sí misma de modo unitario, es verdad simple. Desde esta verdad se abre, en y por la intelección campal, el segundo modo de verdad: la verdad dual que es ya verdad en coincidencia, y esta coincidencialidad puede revestir tres formas. Dos de estas tres formas pertenecen a la intelección en logos: la primera es la verdad como autenticidad en la que lo real coincide con la simple aprehensión, la segunda es la verdad como veridictancia en la que lo real coincide con la afirmación; pero como la cosa real ya inteligida en logos "da que pensar", esto es, es llevada a ser inteligida en razón, entonces se genera una tercera forma de verdad dual, la verificación, en la que la cosa ya campal coincide con el esbozo buscado en la profundidad: es la verdad como encuentro. Recordemos que toda verdad es esencialmente intelectiva y consiste radicalmente en el estar presente lo real en la intelección. Sólo hay verdad, pues, en el ámbito de la actualidad intelectiva: es lo que la actualización da a la realidad. 4.2.-La esencia de la verdad como encuentro En la verdad racional lo real verdadera en forma de verificación. Se trata de un encuentro que se va haciendo, del encuentro de algo que se busca intelectivamente, en actividad pensante. Zubiri aclarará, por tanto tres cuestiones: qué es verificación, cual es su estructura formal y, en qué consiste el orden de la verdad racional. 4.2.1.-La verificación La verificación es el encuentro de algo que ya se buscaba. Lo que se buscaba era el fundamento de la realidad campal en la respectividad mundanal. Ese fundamento se actualiza en el esbozo de posibilidades. Lo buscado es, pues, el esbozo. Pero como el esbozo debe someterse a una probación física, esto es, a experiencia, resulta que el encuentro será precisamente en el cumplimiento (o no) de lo esbozado. Se trata del cumplimiento de lo que "podría ser" en lo que "realmente es". 1

El cumplimiento se actualiza como verificación, como un verum facere, esto es, se trata de algo que tiene que hacerse. Y ese hacerse lo es en la línea de la actualización, no en la línea de la actuación, por eso puntualiza Zubiri: "No se trata de un transcurso temporal, sino de un transcurso de índole meramente actual". (IRA 264) El hacer consiste en "estar constituyendo" lo real mismo en actualidad intelectiva en profundidad. Es la actividad del pensar como constituyente de lo real actualizándolo desde su fondo mismo. Lo que se hace actual es el cumplimiento mismo, por eso lo real se actualiza ahora como "fundamental". Lo que se hace es el verum. El verum no atañe sólo a lo inteligido, sino también a la intelección misma: el verificar es un cotranscurrir, una co-actualización transcurrente y fundamental. En tanto que coincidencial la verificación es verdad fundada en actualizaciones previas, no es verdad primaria. La verdad racional está determinada por lo real precisamente por ser actualización de lo real. Es, pues, lo real lo que da razón. Verificar es justo ese "dar razón" las cosas reales. 4.2.2.-Estructura de la verificación La verificación posee una compleja estructura que solamente exponemos en sus líneas más generales, pero que dejan ver muy bien su estructura tempórea subyacente. En primer lugar, dice Zubiri, la verificación tiene un momento de necesidad: es necesario que la cosa se verifique sea positiva sea negativamente. Esa necesidad se funda en la misma fuerza coercitiva de la realidad que nos lleva en el "hacia" a la intelección racional misma y a su modo de verdad. En segundo lugar, la verificación posee también un momento de posibilidad y no sólo en el sentido negativo que el concepto de posibilidad conlleva, sino fundamentalmente en sentido positivo de hacer posible: de posibilitación. Verificar es traer el mundo al campo, pues bien, eso sólo es posible en y por la identidad real y física del momento de realidad que abarca tanto el campo como al mundo. El campo es el mundo sentido y el mundo es el campo pensado: allí donde el campo se abre al mundo en y por el "hacia" sentido, allí es donde se posibilita también la vuelta del mundo esbozado al campo sentido, y en esto consiste la verificación. El fundamento último está en la respectividad trascendental de la realidad: en su apertura. El "por" inquiriente de la intelección racional bucea en la apertura de lo real, se trata de ver ahora su impleción. El "por" es siempre un "por qué", pero así como el "por" es dato de realidad abierta, el "qué" es algo constituido y sólo éste necesita ser verificado. El "qué" es lo que "llena" la apertura del "por", pero no lo hace unívocamente. La impleción del "por" por el "qué" no puede ser unívoca porque se trata de una impleción en transcurso: la impleción como verificación tiene un intrínseco carácter dinámico. Verificar es siempre y sólo "ir verificando", eso es la experiencia. El dinamismo es el tercer momento de la verificación. La verificación como dinamismo verificante posee tres caracteres esenciales. Primeramente debe tener el carácter de suficiencia. El esbozo ha de poder mostrar una cierta suficiencia frente a la cosa campal que quiere fundamentar. Esa suficiencia puede tener, y tiene de hecho muchos modos y grados, suficiencia no es totalidad. Pero la verificación en tanto que dinámica posee el carácter de excedencia. Se basa este carácter en la excedencia del mundo con respecto del campo, por eso la intelección racional fundamenta lo campal justo excediéndolo, abriéndolo al mundo. En esta línea la verificación se revela como intrínsecamente 2

provisional. La provisionalidad consiste en la siempre parcial inadecuación entre el esbozo excedente y la realidad campal. Dice Zubiri gráficamente: "Claro está, ni la línea de la suficiencia ni la línea de la excedencia son verificaciones absolutas sino una marcha hacia una verificación en lontananza". (IRA 271) No se trata ahora de aquella provisionalidad del juicio y de su estructural inadecuación, se trata de una provisionalidad y una inadecuación más radical por tratarse de una verificación en marcha racional en profundidad mundanal. Precisamente por realizarse esta verificación en marcha, posee el carácter de tanteo. La intelección racional nos da solamente la realidad en tanteo. No hay, pues posesiones absolutas, sólo realidad tanteada. El dinamismo de la verificación, en sus caracteres de suficiencia, excedencia y tanteo, obligan a Zubiri a considerar especialmente tres aspectos fundamentales de ella. En primer lugar constata Zubiri que es imposible verificar a una el cumplimiento de lo esbozado en la cosa real y la razón del esbozo mismo, con lo cual la razón, en cuanto esbozo y en cuanto verificación, queda siempre abierta a ulteriores esbozos y verificaciones. En segundo lugar constata Zubiri que la mayoría de las intelecciones racionales no son absolutamente verificables. Y que por ser progresiva la verificación, ésta admite grados. El mundo de la razón es sólo el mundo de lo razonable, de lo abierto. En este sentido dice Zubiri que no se trata de que lo esbozado contenga sólo partes, sino que tiene parcialidades. El esbozo es siempre y sólo parcial, y en este sentido es "viable". La verificación es siempre aproximativa. En tercer lugar constata Zubiri que no todo esbozo es verificable. Lo inverificable puede mostrar la realidad como vacía, pero eso no es lo esencial porque lo inverificable no es la pura negación de verificabilidad, sino que es la apertura a otros posibles tipos de verificación. Es lo que Zubiri llama la dialéctica de la verificación. Esta se mueve entre la sugerencia y el esbozo, entre lo verificable y lo inverificable, abriendo posibilidades a nuevos esbozos y a nuevas verificaciones, por eso esta dialéctica constituye ese momento de la intelección racional que se llama progreso. 4.2.3.-El orden de la verdad racional Zubiri va a tratar este punto en dos partes. Primeramente abordará el tema del carácter de la verdad en tanto que racional, y en segundo lugar nos dirá en qué consiste el orden racional. Zubiri delimita lo que él entiende por lo "racional" como carácter de la verdad en el marco de la polémica con Leibniz. Leibniz distinguía entre verdades de hecho y verdades de razón. Las primeras son verdades contingentes, las segundas son verdades eternas. Para Zubiri no sólo la distinción de verdades que hace Leibniz, sino sus mismos presupuestos son inaceptables. No entraremos en la discusión, bástenos con constatar que para Zubiri la dualidad en el ámbito de la verdad tiene su fundamento en la doble respectividad campal y mundanal en cuanto diversamente actualizadas en la intelección, y que esa dualidad remite a una primaria actualización intelectiva que no es sino la verdad real. Si hay, pues, un orden de la verdad racional, éste es un orden fundado en la realidad misma, y no es otro que el orden de la realidad mundanal racionalmente actualizada. Y esa actualización racional, en tanto que verdad, es formalmente dinámica y abierta. Lo acabamos de ver.

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A la tajante distinción de Leibniz entre verdades contingentes y verdades eternas, Zubiri contrapone, desde sus presupuestos, un ámbito abierto de verdad en el que se va verificando dinámicamente la realidad en su "duración" transcendental, en su "siempre". Respecto al orden de la verdad racional en cuanto orden la posición de Zubiri es la siguiente: la intelección racional se mueve entre el campo y el mundo constituyendo el mundo su dirección primaria. El mundo, por su parte, no es sino la unidad de respectividad de la realidad misma. Pues bien, todo buscar inquirientemente en esa respectividad implica hacerlo también respectivamente. Así, la intelección racional implica una respectividad de intelecciones racionales, y esa respectividad es justamente lo que constituye el orden de lo racional. Este orden posee dos caracteres esenciales: en primer lugar es un orden de excedencia porque el mundo excede al campo; pero es también excedente dentro del ámbito de lo racional mismo, y esta interna excedencia respectiva es la que le constituye como sistema. El orden de las verdades racionales es, pues, excedente y sistemático. Ambos caracteres se fundan en la respectividad mundanal como ámbito de verdad racional. 4.2.4.-El carácter intrínseco de la verdad racional La verdad racional es verificación, y esa verificación se realiza como encuentro y cumplimiento. La unidad de encuentro y cumplimiento nos permitirá ver el carácter intrínseco de la verdad racional. a.-La verificación como encuentro. La verificación como encuentro consiste en ser confirmación constituyente. Este modo de verdad difiere de los modos anteriores de verdad: la verdad como veridictancia, como autenticidad o como pura ratificación en el caso de la verdad real. La verdad real consiste en ser mera ratificación de lo real presente en la intelección, en cambio la verdad dual en sus modalidades de autentificación y veridictancia no son sino verdad en la línea de la constatación, en cambio esta verdad dual que es en encuentro lo es confirmando constituyentemente la inserción del esbozo en la realidad campal. Sin embargo, la verdad racional no sólo presupone los modos anteriores de verdad, sino que los incluye porque formalmente se funda en ellos. Como la verdad en encuentro incluye la verdad campal y ésta es la verdad del logos, Zubiri va a conceptuar a esta verdad en encuentro como verdad lógica. No es, lo confiesa el mismo Zubiri, una expresión feliz por los equívocos a los que puede inducir. Que la verdad en encuentro sea lógica no significa otra cosa sino que se trata de un encuentro logrado constituyentemente de lo que lo real campal "podría ser" en el mundo: es ser intelección fundamental. b.-La verificación como cumplimiento. Lo que se cumple es lo esbozado. Lo esbozado tiene el carácter de lo irreal. Lo irreal en intelección racional se articula como ámbito de posibilidades. Lo esbozado es, entonces, sistema de posibilidades. En tanto que sistema de posibilidades lo esbozado es libre creación y en tanto que creación el sistema se constituye por apropiación. Así lo esbozado consiste en ser apropiación de posibilidades. De este modo la intelección racional se realiza como cumplimiento de las posibilidades apropiadas en la libre creación del esbozo. Ahora bien, el cumplimiento consiste en la actualización de lo real según mis posibilidades esbozadas. El "mis" dice ya apropiación. Esta actualización es entonces algo más que un "hecho", es un suceso y lo es por ser actualización realizada de posibilidades, por ser posibilidad posibilitante. Esto es lo que para Zubiri constituye la esencia de lo histórico. En este sentido la verdad racional tiene para Zubiri, en tanto que cumplimiento, estricto carácter histórico. Se trata de un carácter estrictamente estructural de la intelección racional. No significa, por tanto, que lo histórico de su verdad consista en 4

estar en la historia o cosas semejantes. La historicidad es aquí sólo un modo de actualidad intelectiva. Tampoco lo histórico dice decurso temporal alguno: se trata de puro estar en actualidad posibilitada y en actualidad cumplida. Pero como, en la verificación, confirmación y cumplimiento son inseparables, resulta que la verdad racional es simultáneamente lógica e histórica. c.-La unidad de la verdad racional. Es lo dicho: la unidad de la verdad racional es "a una" lógica e histórica. Zubiri la conceptúa así: "Es la identidad radical y formal de lo lógico y de lo histórico en toda intelección racional". (IRA 306) Esa identidad transparece en toda la marcha de la intelección racional que buscando encuentra y encontrando busca, que confirma posibilitando y posibilita confirmando, que es lógicamente histórica e históricamente lógica. Lo racional es, pues, lo real encontrado como confirmando su intrínseca posibilitación. La identidad lógico-histórica articula toda la actualidad de la intelección racional precisamente como actualidad problemática. El problematismo de la actualidad racional no es otra cosa que el mutuo recubrimiento de lo lógico y lo histórico de la misma actualización, su intrínseca co-determinación. El problema es así la unidad radical y formal de lo lógico y de lo histórico de la verdad racional. Pues bien, como conocer es inteligir lo real en esbozo, en verificación resulta que todo conocimiento es también unitariamente lógico e histórico en el sentido antes explicado. Por eso mismo el conocimiento no es sino mero sucedáneo de la intelección en aprehensión primordial. Donde la primordial aprehensión de realidad no llega, allí marcha el conocimiento, pero sólo en esbozo, sólo lógica e históricamente, sólo inquirientemente, sólo problemáticamente. La verdad como verificación es verdad fundada en la verdad campal y ésta lo es en la verdad real. En última instancia toda verdad brota de esta verdad real y a ella vuelve. Es en ella donde encuentran el sentido de su movimiento o de su marcha. Veamos ahora la estructura tempórea de la verdad como verificación. d.-Temporeidad y verdad racional Para Zubiri la verdad es siempre y sólo verdad en el ámbito de actualidad intelectiva. La verdad racional no es la excepción. Por eso, lo primero que hace Zubiri al abordar el tema de la verdad racional es situarla en el ámbito de la intelección. La verdad racional es reactualización respecto de la verdad campal y, fundamentalmente respecto de la verdad real. El encuentro en que la verdad racional consiste es un encuentro en ámbito de actualidad, es un encuentro actualizado. Actualidad es "estar presente" lo real en la intelección. Esa presencia del "estar" no es sino su "siendo" tempóreo cuya estructura es "ya-es-aún". Esta estructura tempórea se modaliza a medida que se modaliza la intelección misma. Así, en aprehensión primordial de realidad la faz dominante de su estructura tempórea será el "ES" y quedará como "ya-ES-aún". En intelección campal la presencia de su actualización como ámbito estará dominada desde su momento de anterioridad y quedó como "YA-esaún". Y en intelección racional, lo hemos visto ya, la faz dominante de su estructura tempórea es el "AUN" con lo que su expresión queda como "ya-es-AUN". La temporeidad de la verdad racional está pues expresada en esa estructura "ya-es-AUN". Para simplificar diremos que la temporeidad de la verdad racional está en el "AUN", pero siempre hay que entender ese "AUN" con su imprescindible estructura "ya-es".

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Frente a la estricta presencia de la aprehensión primordial de realidad conceptuamos las dos reactualizaciones suyas como un "estar ausente". No se trataba, lo explicamos ya, de ausencia de realidad, sino de realidad en ausencia: es un "estar ausente", no un "no estar". Pues bien, la verdad racional como encuentro es una actualización que tempóreamente consiste en "estar ausente". Esa ausencia no es sino el carácter tempóreo de la limitación del conocimiento; en estricta presencia no hay, ni habría, necesidad alguna de conocimiento. Este se da sólo en limitación, en búsqueda, en parcialidad. Dice Zubiri: "Un conocimiento exhaustivo de lo real no sería conocimiento. Sería intelección de lo real sin necesidad de conocimiento. Conocimiento es solamente intelección en búsqueda". (IRA 262)

La búsqueda se realiza en ámbito de lo que "AUN" no se tiene. Ese "AUN" es la faz tempórea dominante de toda verdad racional. Es un "estar", porque es presencia en actualidad, pero es "ausente" porque lo es en "AUN". El "AUN" domina pues, el ámbito de la verificación, porque ésta se realiza desde el esbozo de posibilidades, desde lo que la cosa real "podría ser". Las "posibilidades" y el "podría" indican ya claramente su carácter de "AUN", de ausencia. Pero no se trata de un "AUN" que suponga un puro moverse en el vacío: la verificación efectivamente se va haciendo, se va realizando en un transcurso, dice Zubiri, de "índole meramente actual", no temporal. Tempóreamente se trata de la estructura completa del "AUN": el "ya-es-AUN". El "ya-es" constituye la apertura del "AUN" hacia su apoyo primeramente y a su transcurso en segundo lugar. Su apoyo, que no es otra cosa que lo real campalmente inteligido, y su transcurso que posee dos momentos, el de la elaboración creadora del esbozo y el de su experienciación. El momento tempóreo del apoyo es el "ya" por lo que las cosas campales "ya" se orientan, "ya" se ponen en "ob", "ya" se han transformado en sugerencia o en sistema de referencia. En definitiva, "ya" han entrado en el dominio del "AUN". El "es", por su parte, es el momento tempóreo del transcurso mismo, su especial momento de presencia: en él se mantiene, actualizándose, el esbozo de posibilidades. Es un "es" tenso, arriesgado entre su apoyo en "ya" y la apertura abismal del "AUN". El "es" también es el momento del transcurso experiencial que vuelve desde el "AUN" al "ya". El "es" es dónde el verum-facere se va haciendo. Todas las formas gerundivas que Zubiri usa para conceptuar verbalmente la intelección racional y su verdad, no son sino el "siendo" de ese "es". Un "siendo" que, precisamente por estar dominado desde su "AUN", es un "siendo ausente", un "siendo" presente pero no estrictamente, un "siendo" que no es más que apertura de la apertura con mayúscula que es el "AUN". Justo por eso permite, temporeamente, el juego de la libertad creadora del esbozo y de su verificabilidad. Se trata de un "es" situado entre su apoyo en "ya" y su apertura fundamental en "AUN" que en su segundo momento, el de verificación, revierte sobre su apoyo originario lo real primordialmente aprehendido. La estructura tempórea de ida y vuelta queda manifestada en la estructura misma de la verificación que, en sus tres momentos esenciales de dinamicidad, de necesidad y de posibilitación, va realizándose vehiculada en el "hacia" que, no lo olvidemos, es forma de presentación y dirección de la fuerza coercitiva de la realidad. Así presentación y dirección en "AUN" constituyen lo tempóreo de la verificación misma: su "ya-es-AUN", esto es, su dinamicidad. Pero también la fuerza que subyace en la necesidad de verificación posee el mismo fundamento: el "hacia" y por tanto, su misma forma tempórea. Lo mismo cabe decir de su momento de posibilitación. Los caracteres que atribuye Zubiri a la dinamicidad de la verificación dejan ver también con claridad el dominio tempóreo del "AUN". En primer lugar está la suficiencia que no es en ningún caso sinónimo de totalidad, por lo que admite modos y grados; sólo en "AUN" tempóreo son posibles esos modos y grados. Y como el "AUN" "siempre" es "AUN", impide, por así decirlo, la totalización. Lo mismo vale para la excedencia como carácter de la verificación: el "ex" de la excedencia apunta a la mayor amplitud respectiva del mundo con respecto al campo, con lo que toda verificación tiene que ser siempre estructuralmente provisional. La provisionalidad de la verificación como tal trasluce, tal vez como ningún 6

otro carácter suyo, su temporeidad dominada por el "AUN": la verificación siempre queda "AUN" abierta. El "AUN" tempóreo impide que la verificación sea absoluta. Consecuencia de esta provisionalidad es el modo como la realidad es actualizada en razón: en tanteo. Se tantea lo que "AUN" no se posee del todo. Pero esta negatividad del "AUN" queda todavía más remarcada, si cabe, en las consideraciones que hace Zubiri tras caracterizar a la verificación en su dinamismo por su suficiencia, su excedencia y su tanteo. Estas consideraciones son tres: 1. es imposible verificar "a una" el cumplimiento de lo esbozado y la razón del esbozo; 2. la razón es siempre y sólo lo razonable, lo abierto; 3. no todo esbozo es verificable, lo cual deja abiertas las puertas al progreso. El "AUN" impide temporeamente la inclusión unitaria de cumplimiento y su razón; lo razonable no es sino la razón dominada por el "AUN"; y el progreso sería imposible sin la apertura dominante del "AUN". En lo que toca al orden de la verdad racional hay que decir que en tanto que orden excedente y sistemático, se sitúa en la ausencia tempórea que, como ámbito de actualidad, ha abierto la misma intelección racional. Esta apertura se funda en la respectividad de lo real, en el mundo. Se trata del "estar ausente" propio del mundo intelectivo. Zubiri abordó el tema del mundo intelectivo en el ámbito del logos, al tratar del ser de lo afirmado. Ahora no se trata del ser de lo afirmado, sino que éste queda incluido en el orden del ser de lo racionalmente inteligido. Es un auténtico orden porque se funda en respectividad mundanal e inaugura nuevas líneas de respectividad en tanto que actualidad intelectiva real. Ese nuevo orden consiste en reactualización de respectividad mundanal como fundamento de respectividad campal. Como el mundo excede al campo, el orden de la verdad racional será excedente, y por ello mismo sistemático. La sistematización no es sino la ordenación de su interna excedencia. Su ausencia tempórea no consiste sino en su propia presencia dominada por su apertura en "AUN". Tiene para nosotros un relativo interés la polémica de Zubiri con Leibniz con ocasión del establecimiento del orden de las verdades. No vamos a entrar aquí en la confrontación entre dos sistemas filosóficos de tan diferentes presupuestos. Bástenos con constatar simplemente su respectiva posición sobre el orden de las verdades. Para Leibniz hay verdades de hecho y verdades de razón: las primeras son contingentes, las segundas son eternas. Leibniz establece una radical distinción entre tiempo y eternidad: hay verdades temporales y verdades eternas. Zubiri desmonta por todos sus supuestos esta articulación de tiempo y verdad, pero lo que nos interesa es la alternativa que Zubiri propone. Para Zubiri no hay más que verdad que la actualizada intelectivamente, y esta actualización se remite tanto en su origen como en su término a lo que el mismo Zubiri ha conceptuado como verdad real. Pero verdad real no es verdad total, es la verdad propia de la primaria modalización de la intelección. Para una inteligencia sintiente la verdad es siempre y sólo verdad abierta. La apertura tempórea de esa verdad es el "ya-es-aún", el "mientras" o el "siempre" como presencia de lo real "en cuanto estar" en la intelección. Tal vez no pueda decirse que toda la verdad sea temporal, pero sí puede afirmarse que toda verdad es tempórea: es en "mientras". La problemática eternidad de las verdades de razón tiene que pasar por su propia temporeidad, por su "ya-es-aún" posiblemente intensificado por la actualización del proceso intelectivo que al ser recorrido transforma el "ya-es-aún" en "YA-ES-AUN" donde cada modalización intelectiva ha enriquecido el conjunto. Pero también ha intensificado su problematismo. Entre tiempo y eternidad, dejemos su mal planteamiento, no hay corte sino, en todo caso, la unidad distensa propia de la formalidad de realidad con la que ambas son aprehendidas cada una a "su" manera. Si pudiera hablarse de eternidad, ésta no sería aprehendida sino en el tiempo mismo, y en virtud de la estructura tempórea de la realidad actualizada. Es más, como la forma primaria de la intelección exige la presencia estricta, será en esa presencia donde deberán translucirse tanto lo que llamamos tiempo como lo que llamamos eternidad en implicación mutua. Será el camino (tempóreo) de la teología de Zubiri.

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Finalmente veamos brevemente la temporeidad implicada en lo que Zubiri llama el carácter intrínseco de la verdad racional y que consiste en ser en formal y radical unidad de dos caracteres suyos: la verdad racional es "a una" lógica e histórica; es cumplimiento y encuentro, es confirmación y posibilitación. La verdad racional es lógica porque siempre consiste en ser un encuentro, y es histórica porque ese encuentro lo es por apropiación de posibilidades: como cumplimiento. En un momento dado Zubiri niega el carácter temporal y tempóreo de la historicidad de la verdad racional, dice: "Y la historicidad de la verdad racional no consiste por tanto en decurso, ni tempóreo ni temporal, de una actualidad, sino que consiste en un modo de constitución de la actualidad de lo real: en ser actualidad posibilitada, actualidad cumplida". (IRA 304) Que en el análisis de Zubiri la historicidad de la verdad racional carezca de carácter temporal es obvio. Se trata de un análisis estructural y no talitativo de la intelección. Pero que carezca de carácter tempóreo es imposible. La historicidad, sólo por ser modo de constitución de actualidad, es modo de constitución de estar presente, y como tal presencia posee estructura tempórea. La afirmación de Zubiri negando carácter tempóreo a la historicidad de la verdad racional constituye a nuestro juicio una inexactitud, seguramente provocada por el deseo de insistir en la ausencia de carácter temporal en esta historicidad. La unidad lógico-histórica de la verdad racional tiene efectivamente carácter tempóreo y la dualidad de su expresión manifiesta ya el mismo carácter dual de su estructura tempórea: la de "estar ausente", o si se quiere, la de la presencia en ausencia, o la de la presencia del "ya-es" dominada desde el "AUN". En esta línea cabría preguntar si el carácter histórico de la verdad racional no podría extenderse a la verdad campal e incluso a la verdad real. Creemos que podría responderse afirmativamente por dos motivos: en primer lugar porque ambos tipos de verdad previos a la verdad racional poseen temporeamente su estructura abierta en "aún" aunque sin dominio de éste sobre la estructura tempórea. Y en segundo lugar porque Zubiri atribuye el carácter de histórico a la verdad racional sólo en cuanto ésta consiste en ser apropiación libre de posibilidades, lo que la convierte en "suceso" y en esto radica la esencia de lo histórico. Pero también lo histórico es transmisión tradente: es entrega. Y esa entrega es la que en definitiva posibilita también la verdad campal, no ciertamente en cuanto surge y vuelve a la verdad real, sino en cuanto necesita intrínsecamente de la "entrega" para elaborar las simples aprehensiones. Dicho de otra forma y con un ejemplo simple: en el caso de precepto y del juicio posicional. Si abro la ventana y digo (¡Fuego! puedo hacerlo sólo si alguien me ha enseñado a decirlo, sólo si estoy en una tradición. Es el pasado que decía Zubiri, y que no siempre se identifica con "mi" pasado sino con lo pasado que se me ha entregado. Tal vez Zubiri incluya esta otra vertiente de la historicidad en su conceptuación de la verdad racional como verdad lógica. En todo caso no lo explicita. Es más difícil atribuir carácter de historicidad a la verdad real, no obstante si se acepta que la verdad dual es despliegue de verdad real, entonces de algún modo la historicidad deberá estar incoada en la verdad real. Tal vez la incoación no esté sino en la mera apertura de su estructura tempórea dominada por la estricta presencia del "ES": el "ya-ES-aún". Termina Zubiri su análisis sobre la verdad racional insistiendo en el carácter limitado del conocimiento: éste no es sino sucedáneo de intelección en aprehensión primordial. El conocimiento participa del carácter lógico-histórico de su verdad racional, se realiza en estructura tempórea "yaes-AUN", en un "estar en ausencia" que proviene y tiende a la presencia de lo real.

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En su retorno, la presencia vuelve a ser aquello a lo que el "AUN" apunta, aquello a lo que está radicalmente abierto. El "AUN" recubrirá ahora el "ES", pero no totalmente. El tríptico se cierra, su estructura tempórea es ahora "YA-ES-AUN", los diferentes dominios de sus diversas fases han intensificado la expansión de la estructura. Hemos de ver ahora en qué consiste esa intensificación tempórea. Veamos como Zubiri describe su tríptico en un texto conclusivo: "La intelección comienza en aprehensión primordial, y fundada en ella queda activada en razón cognoscente, cuya verdad racional consiste formalmente en reversión a aquella aprehensión primordial, de la que en última instancia nunca se había salido. La razón es razón sentiente, es modulación de la intelección constitutivamente sentiente. De ésta nace, en ella se mueve, y en ella concluye. En el mismo caso está, como vimos, el logos por ser sentiente. Esto manifiesta que tanto la razón inquiriente como la intelección campal del logos y como la aprehensión primordial de realidad, a pesar de su intrínseca diferencia esencial, constituyen sin embargo una profunda unidad, la unidad de la intelección sentiente. De esta suerte, el análisis de la modalización de la intelección pone ante nuestros ojos la unidad profunda de esta intelección. De ella hemos partido. Por esto, al final de nuestro análisis bueno será volver a la unidad de la intelección, como conclusión general de todo el estudio". (IRA 317)

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