PRINCIPIOS DE LA FENOMENOLOGÍA Ir a las cosas mismas Los conceptos lógicos, como unidades válidas del pensamiento, tienen que

tener su origen en la intuición. Deben crecer por abstracción ideatoria sobre la base de ciertas vivencias y aseverarse una y otra vez por la repetida realización de esa abstracción; deben aprehenderse en su identidad consigo mismos. O dicho de otro modo: no queremos de ninguna manera darnos por satisfechos con «meras palabras», esto es, con una comprensión verbal meramente simbólica, como la que tenemos por de pronto en nuestras reflexiones acerca del sentido de las leyes establecidas en la lógica pura sobre «conceptos», «juicios», «verdades», etc., con sus múltiples particularizaciones. No pueden satisfacernos significaciones que toman vida –cuando la toman– de intuiciones remotas, confusas, impropias. Queremos retroceder a las «cosas mismas». IL1, p 218 El principio de la falta de supuestos Una investigación epistemológica, que seriamente pretenda ser científica, tiene que satisfacer –como muchas veces se ha hecho notar– al principio de la falta de supuestos. Este principio empero no puede, en nuestra opinión, querer decir otra cosa que la rigurosa exclusión de todo enunciado que no pueda ser realizado fenomenológicamente con entera plenitud. Toda investigación epistemológica ha de llevarse a cabo sobre la base puramente fenomenológica. IL1, pp 227-228 El principio de todos los principios Pero basta de teorías absurdas. No hay teoría concebible capaz de hacernos errar en punto al principio de todos los principios: que toda intuición en que se da algo originariamente es un fundamento de derecho del conocimiento; que todo lo que se nos brinda originariamente (por decirlo así, en su realidad corpórea [en persona]) en la “intuición”, hay que tomarlo simplemente como se da, pero también sólo dentro de los límites en que se da. Ideas I, p 58 El principio de la evidencia Gracias a la previa labor hecha –más bien rudimentariamente indicada que explícitamente ejecutada– hemos ganado en claridad hasta tal punto, que podemos fijar un primer principio metódico para toda nuestra marcha ulterior. Es patente que, en cuanto filósofo en cierne, y como consecuencia de tender al objeto conjetural de una auténtica ciencia, yo no puedo formular o admitir como válido ningún juicio que o haya sacado de la fuente de la evidencia, de «experiencias» en las cuales me estén presentes las respectivas cosas y hechos objetivos «ellos mismos». Cierto que también en este caso he de reflexionar en todo momento sobre la evidencia correspondiente, sobrepasando su «alcance» y haciéndome evidente hasta dónde llegue, hasta dónde su «perfección», el efectivo darse las cosas mismas. MC, p 54

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