Consideraciones sobre “Proyecto para cárcel abandonada” de Patricia Gómez y María Jesús González

”Proyecto para cárcel abandonada” es la extensión lógica de los intereses que en los últimos años han llevado a Patricia Gómez y María Jesús González a investigar de un modo concienzudo sobre las relaciones cruzadas entre conceptos como: arte, arquitectura, memoria, archivo, documento y narración, que, en el caso que nos ocupa, confluyen en un proyecto cultural cuyas implicaciones van más allá de lo estético. Entre Julio de 2008 y agosto de 2009 estas dos artistas realizaron varias campañas de documentación fotográfica, recogida de testimonios materiales e “intervención” sobre los muros de diferentes dependencias de la Cárcel Modelo de Valencia, un edificio con más de un siglo de antigüedad que cumplió con sus funciones penitenciarias hasta el año 1993, encontrándose actualmente en fase de remodelación para uso administrativo. Las dos artistas visitaron una y otra vez las estancias del edificio hasta encontrarse con el vacío de su silencio espectral, registrando con las diferentes fases de su trabajo la deconstrucción de sus señas de identidad más significativas. Pero los diferentes espacios arquitectónicos (sobre todo celdas y galerías) a las que Mª Jesús y Patricia han tenido que enfrentarse nos confrontan con el rastro de una ausencia que nunca llega a borrarse del todo. Las estancias de la vieja prisión se nos ofrecen aquí como ámbitos indefinidos que se abren dentro de un espacio ucrónico, intemporal… como si fueran: más que “lugares de la memoria” una suerte de “no lugares”, entendidos como espacios virtuales que se perciben entre la apertura de los mismos y su clausura; entre su aparición y su borradura… Por otra parte, al tratarse de un edificio que actualmente se encuentra en proceso de mutación, se da un salto imaginario a la recreación narrativa de una indefinible temporalidad: “lo que hubo antes” frente a “lo que vendrá después”. Porque estas dos artistas han tomado el camino más difícil y se apropian de la memoria de estas estancias en el momento efímero en el que no son ni una cosa ni la otra, explorando los conflictos que el espacio y el tiempo plantean en una arquitectura humillada por el abandono. Queremos decir con esto que la nostalgia y el sentimiento de amargura, que inevitablemente proyectamos en estas piezas, es un estado de ánimo que no se dirige hacia el pasado en sí, sino más bien: “hacia las ausencias del presente”1. En efecto; Patricia y Mª Jesús se han dado cuenta de que un "lugar de la memoria"; por usar una definición que se volvió clásica a partir de la serie dirigida por Pierre Nora: es en el sentido estricto de la palabra: “un espacio que simboliza un tiempo”, es decir una transposición espacial cuya función es evocar algo que sucedió en el pasado a lo cual podríamos investir hoy de una suerte de “nuevo ethos colectivo” por medio de su reactivación cultural2. “Proyecto para cárcel abandonada“ demuestra en este sentido, que la historia no sólo se configura con datos y documentos sino sobre todo con vivencias personales y sus obras actúan en este caso, más que como un acta notarial, como “reactivador mnemónico” de cada una de las microhistorias -unas anecdóticas, otras dramáticas- que se intuyen en los muros de estos espacios. En otro orden de cosas, el hecho de que este trabajo se muestre por primera vez completo en un centro de arte contemporáneo como el DA2 de Salamanca, construido a su vez sobre una antigua prisión abandonada casi por las mismas fechas que la de Valencia, no deja de ser un ejercicio de tautología ensimismada que provocará en el espectador un fascinante efecto especular no exento de extrañeza y desconcierto, pues, de alguna manera, estas obras no se refieren a sí mismas para afirmarse positivamente, sino más bien para mostrarse en cuanto tienen de negación. Las obras de Patricia y MªJesús exploran el todo a partir del fragmento, pero lo que les interesa no es el estilo de la construcción ni su valor estructural, sino el poder significativo de los visibles deterioros de muros, puertas, ventanas y galerías y, de un modo muy especial las inscripciones y dibujos de diferentes épocas que se solapan en dichos espacios. Tanto aquellas piezas que podemos valorar en el plano documental (fotografías y estampaciones sobre tela de arranques murales), como las que adquieren una dimensión más teatral (instalaciones site specific) o performativa (vídeos), se sitúan en un territorio ambiguo en el que continente y contenido se constituyen como polos de aproximación, que, paradójicamente poseen la facultad de abrir fisuras en el ámbito de la musealidad y estimular la mirada crítica del espectador. Estos testimonios mnemónicos que ahora encontramos distribuidos por las diferentes estancias de esa “otra cárcel” que fue el DA2, son, por así decirlo, la contrapartida contemporánea de las ruinas de los románticos: “fundamentalmente residuos (…) momentos arrancados del movimiento de la historia, luego devueltos”. Lugares que: “aparecen en virtud de la desritualización de nuestro mundo, construyendo, decretando, y manteniendo por medio del artificio, la voluntad de una sociedad profundamente absorta en su propia transformación y renovación, una sociedad que inherentemente valora lo nuevo sobre lo antiguo, lo joven sobre lo viejo, el futuro sobre el pasado (…)”. Como ya no nos identificamos con el pasado como un elemento fundamental de nuestro presente, nos vemos obligados a insistir deliberada y exasperadamente en los vestigios, intentando así su permanencia puesto que dejarlos a la deriva muy probablemente significaría su desaparición… Estas imágenes reavivan en suma, el carácter simbólico de estos “lugares” que, de otro modo, el desinterés del público habría condenado al desvanecimiento o directamente a la desaparición. Como recuerda Xavier Antich3, cualquier reconstrucción es al mismo tiempo una ruina; abre espacios nuevos borrando otros, como si fuera un palimpsesto que no acaba de dejar ver la escritura nueva porque es reescritura de

inscripciones no acabadas de borrar del todo. (Algo especialmente evidente en los cientos de arranques que estas artistas transforman en libros). La evidencia de la desaparición y de la ruina es un modo de captura de pedazos de realidad impregnados a partes iguales de emoción y patetismo por el simple hecho de haber sido aprehendidos tanto mediante acciones que aúnan el trabajo manual con el performativo, como mediante medios mecánicos como la fotografía, pues toda fotografía, como apunta Susan Sontag4 es una suerte de memento mori. En este sorprendente -y por momentos inquietante- conjunto de testimonios materiales y fotográficos de la cárcel Modelo de Valencia nos encontramos pues, frente a ruinas de temporalidad compleja, ante las cuales la mirada poética y escrutadora- de estas artistas realiza un sugerente trabajo de “arqueología” que muestra la escisión entre pasado reciente y presente, un límite en el cual se hace visible la fractura del tiempo, su crisis... F. Javier Panera Cuevas

Mark Mark

D. Lowenthal, El pasado es un país extraño, Madrid, Akal, 1985, p. 372.

Para Pierre Nora en Les lieux de mémoire, Gallimard, 3 tomos col. Quarto, París, 1997, memoria e historia funcionan en registros diferentes: la memoria es el recuerdo de un pasado vivido -o imaginado-; es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, vulnerable a cierta manipulación, susceptible de permanecer latente durante largos períodos y de bruscos despertares. Por el contrario, la historia es una construcción siempre problemática e incompleta de aquello que ha dejado de existir, pero que dejó rastros.
Xavier Antich: “Ruina” en catálogo de la exposición Insumisiones, Santander, 2000, p, 32. Susan Sontag: Sobre la fotografía. Edhasa, Barcelona, 1981, p, 25. En un mismo sentido podríamos recordar a Roland Barthes, para quien “la fotografía no es sólo, banalmente, la fijación de un recuerdo, sino propiamente, un contrarrecuerdo que activa lo olvidado (…)” La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. París, 1980, Barcelona, 1989, p, 159.

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