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PONTIFICIA UNIVERSIDAD GREGORIANA

INSTITUTO DE ESPIRITUALIDAD

La didáctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Un aporte a la pedagogía ignaciana.

Director: P. Manuel Ruiz Jurado s.j.


Autor: P. Juan Pablo Cárcamo Velasco s.j.

Tesis para obtener el grado de Licencia en Teología Espiritual.

- Roma, Abril 2002 -


2

Al Padre Manuel Ruiz Jurado s.j. y


a todos los “maestros y maestras”, que como él,
dedican tiempo y cariño
a sus alumnos.

ÍNDICE GENERAL:

INTRODUCCIÓN..........................................................................................................4

BIBLIOGRAFÍA............................................................................................................9

PRIMERA PARTE:
¿QUÉ ENTENDEMOS POR DIDÁCTICA?.................................................................16

Capitulo primero:
Clarificación de conceptos: Vocabulario.......................................................................16
1.1. Pedagogía................................................................................................................17
1.2. Metodología............................................................................................................18
1.3. Didáctica.................................................................................................................20
3

Capítulo segundo:
La Didáctica y la Enseñanza..........................................................................................26
2.1. El contexto de aplicación de la Didáctica...........................................................27
2.2. Los actores de la Didáctica.................................................................................28
2.3. Los “Recursos (medios) Didácticos”..................................................................30
1.1. El cuerpo.................................................................................................32
1.2. El gesto...................................................................................................33
1.3. La palabra hablada..................................................................................34
1.4. La escritura.............................................................................................35
1.5. El libro....................................................................................................36

SEGUNDA PARTE:
LA DIDÁCTICA EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO........38

Capítulo primero:
Gérmenes de la “didáctica” de los “Ejercicios Espirituales” en la experiencia..........38
formativa de Ignacio de Loyola.

Capítulo segundo:
La “didáctica” presente en los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio....................44
2.1. El contexto de aplicación de la “didáctica” en los “Ejercicios”........................45
2.2. Los actores de la “didáctica” en los “Ejercicios”...............................................56
2.3. Los “recursos didácticos” de los “Ejercicios”.................................................68
1.1. El cuerpo como “recurso didáctico” en los “Ejercicios”.......................70
1.2. El gesto y su función didáctica en los “Ejercicios”...............................80
1.3. La palabra hablada y su rol didáctico en los “Ejercicios”......................85
1.4. La escritura como “recurso didáctico” en los “Ejercicios”....................92
1.5. El libro y su rol como “recurso didáctico” en los “Ejercicios”.............96

CONCLUSIÓN...........................................................................................................100

INTRODUCCIÓN:
Hablar hoy en día del apostolado educativo de la Compañía de Jesús no es fácil. Se
debe tener en cuenta los cambios que ha sufrido la “manera de proceder” a nivel educativo de
los jesuitas y todas las innovaciones que en estos últimos años ha experimentado esta misión,
al interno de la Orden.
Ya desde los tiempos de Ignacio, se hablaba de una pedagogía propia de los jesuitas.
Pero ¿se puede hablar de una “pedagogía ignaciana”? ¿qué significa que una pedagogía pueda
ser ignaciana? ¿ es que Ignacio creó una alternativa a tantas otras y que aún hoy tiene
vigencia?

En el año 1986, por una previa inspiración del P. Pedro Arrupe s.j., se publicó el
documento llamado: Características de la Educación de la Compañía de Jesús. Este
documento, que por vez primera fue generado no sólo por jesuitas sino también con el valioso
aporte de colaboradores laicos, venía a responder a una acuciante urgencia: actualizar la
conocida; Ratio Studiorum que vio la luz ya en el primer siglo de la Compañía de Jesús, como
modelo universal de formación, para quienes ingresaban a las aulas educativas de los jesuitas.
4

Era el “primer modo de proceder educacional” distintivo de la orden. Este documento ha


tenido, y aún tiene en cierta medida, un peso histórico no sólo ligado a los jesuitas sino a la
Iglesia universal y al progreso de la cultura en todo el mundo. Pero los “signos de los
tiempos” invitaban a actualizar esta genial obra pedagógica. Por esto nace el documento
anteriormente mencionado del año 1986.

La Ratio Studiorum permitía tener un currículum universal de formación para todas las
instituciones educativas de los jesuitas. Pero hoy es imposible conservar esa universalidad.
Sin embargo, era necesario no perder una pedagogía organizada sistemáticamente cuya
“manera de proceder” fomente una visión común del educar contemporáneo de los jesuitas y
sus colaboradores.
Con el pasar de los años, Las Características de la Educación de la Compañía de
Jesús generó tal respuesta positiva, a nivel universal, en las instituciones educativas, que este
ideario se vio impulsado a hacerse “práctico” y “asequible” a todos aquellos que, según el
espíritu de la Compañía, día a día deben entrar en un aula de clases y relacionarse
intensamente con diversos tipos de circunstancias y personas. Así es como viene publicado,
en el año 1993, otro documento: La Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico
(también llamado: P.P.I. o Paradigma Pedagógico Ignaciano).

Este paradigma pedagógico que se ha propuesto para todas las instituciones


educacionales ligadas a la misión de la Compañía de Jesús, comporta un modo y proceso
didácticos peculiares. Éste se hace parte del currículum general, más que como nuevas
materias o contenidos, como la exigencia que ha de tener de fondo los valores y el
crecimiento personal, propios de una educación cristiana en el espíritu de la Compañía de
Jesús.

Así va apareciendo una peculiaridad de esta pedagogía ignaciana: ella está movida y
animada por la fe. Una fe de tal manera rica que permite, incluso a aquellos que no la
comparten, de adherirse a esta aventura por su profunda inspiración humana. Aquí es donde
hace aparición su creador: Ignacio de Loyola. Es una pedagogía humana; pues su persona y su
historia toda se ve reflejada en esta pedagogía; y es divina, pues se pueden ver con claridad
las gracias recibidas por el santo puestas al servicio de los demás.

La pedagogía de Ignacio es ecléctica: usa y selecciona diversos métodos de enseñanza


y aprendizaje. Él mismo adaptó los métodos que conoció como estudiante en Paris. Desde
entonces los jesuitas siempre han estado en diálogo con las ciencias de la educación; para usar
lo bueno, mejorar lo mejorable, evitar lo negativo, enriquecer lo ya existente y proponer
nuevas alternativas que vayan en ayuda a los fines de la educación de la Compañía de Jesús.
Necesitamos ahora aclarar por qué la llamamos, a esta pedagogía, “ignaciana”.
Ignaciana es por su autor: Ignacio. Ignaciana es también por su fuente experiencial: el libro de
los Ejercicios Espirituales: espejo de la experiencia espiritual y humana de san Ignacio.
Ciertamente que se pueden reconocer otras fuentes para esta pedagogía en las obras de
Ignacio de Loyola (p.e. Constituciones, Cartas). Pero cuando nos referimos a un paradigma
característico de esta pedagogía, necesariamente tenemos que referirnos a su fundamento
experiencial: el libro de los Ejercicios.

Sabemos que el texto creado por Ignacio, jamás fue pensado para ser leído. Su
intención más profunda era ser un “manual” de apoyo para quien daba los Ejercicios a otro y
no para ser usado por el que se ejercita. Es más que una mera suma de actividades a nivel
cognoscitivo o de prácticas devocionales; son ejercicios del espíritu, que implican al cuerpo, a
5

la mente, al corazón y al alma de la persona humana. Éstos ejercicios no sólo presentan


pasajes bíblicos a meditar o contemplar, sino, además, invitan al ejercicio de todas la
facultades del alma para “buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida”.
Podremos, entonces, hablar de una mistagogía ignaciana, que inicia al que la sigue a entrar en
el misterio revelado cristiano por su práctica guiada.

Para Ignacio, la savia vital de los Ejercicios Espirituales, es el encuentro entre el


individuo que se ejercita y el Espíritu Santo. Por eso no sorprende encontrar orientaciones que
van en ayuda para guiar a otros a través del proceso portador a ese encuentro. En ellas vemos
una actitud pedagógica rica de elementos que van más allá de un “informar” a un estudiante, o
ejercitante, hacia el encuentro con la Verdad; es más bien un facilitar, un poner, un mediar, un
ayudar, etc. Y todo esto inserto en un sistema brillantemente pensado.a

En el documento de la Pedagogía Ignaciana: Un Plantemiento Práctico, se establecen


con claridad los elementos del paradigma pedagógico ignaciano que sugen del “modo y
orden” de los Ejercicios Espirituales: a saber, Contexto, experiencia, reflexión, acción y
evaluación. A través de éstos se va haciendo una relación con la problemática educativa en
cuanto tal, aplicada al contexto escolar. El texto va explicando cada uno de los elementos
arriba mencionados, viendo cómo aparecen en los Ejercicios y aplicándolos al proceso de
enseñanza-aprendizaje en que están implicados el educador y el educando; paragonándolos,
con el que da los Ejercicios y el que los recibe.

Mi trabajo quiere ir a enriquecer aún más este diálogo entre los Ejercicios Espirituales
de San Ignacio de Loyola y la pedagogía ignaciana que surge de ellos, especialmente
manifestada en las llamadas “Anotaciones para tomar alguna inteligencia en los ejercicios
espirituales que se siguen, y para ayudarse, asi el que los ha de dar como el que los ha de
recibir”(Ejercicios Espirituales n°1) y en otras partes del libro. Deseo contribuir a ese
matrimonio en vías de consumación entre la “espiritualidad” y la “pedagogía”.

Son tantos los educadores que sienten un cierto “abandono de lo práctico” de parte de
los Directivos de las instituciones educativas jesuitas o asociadas a ellas. Está claro el
“paradigma”, se dice. Estan claras las “ideas” se insiste; pero se preguntan: ¿cómo hacer
prácticas estas ideas? ¿cómo aplicarlas en aula y a la hora de enseñar una materia específica?
En parte el documento de la pedagogía ignaciana (P.P.I.) va en respuesta a esas cuestiones. Sin
embargo, mi trabajo quiere aportar una mirada, tal vez, algo nueva. Una mirada desde una
ciencia pedagógica, que a mi entender, va en respuesta a esa sensación de abandono práctico:
LA DIDÁCTICA.

La “didáctica”, como ciencia pedagógica, va en ayuda de la “aplicación” de los


métodos educativos. Los Ejercicios, en cuanto método, en cuanto camino para llegar a un fin;
posee una riqueza “didáctica” única, muy útil a la hora de la aplicación al ámbito educacional.
Por esto es por lo que en mi presentación quiero demostrar la presencia de esa ciencia
“didáctica” en el libro de los Ejercicios Espirituales.

Mi método de trabajo será, en la primera parte, presentar la “didáctica” directamente


entendida desde el ámbito de las ciencias educativas. Para ello comenzaré haciendo un

a
Caracteríasticas de la Educación de la Compañía de Jesús (1986), (Coordinación Nacional de Educación
Colegios y Escuelas de la Compañía de Jesús, Santiago-Chile, 1998); La Pedagogía Ignaciana: Un
Planteamiento Práctico (1993), (Coordinación Nacional de Educación Colegios y Escuelas de la Compañía de
Jesús, Santiago-Chile, 1998).
6

vocabulario para ubicarla en su justo lugar y no confundirla con otros términos, también
presentes en dichas ciencias. Una vez hecho el vocabulario, deseo explicar científicamente
cómo se entiende la “didáctica” en el contexto de la enseñanza. Para esto hablaré del contexto
de aplicación de la “didáctica”, los actores y los recursos. Hasta aquí lo estrictamente ligado al
plano educativo.

En la segunda parte, habiendo clarificado los términos y sus significados, realizaré una
mirada retrospectiva de esta ciencia de la “didáctica” hacia los Ejercicios Espirituales, de tal
suerte de poder descubrir en detalle cómo San Ignacio posee un “genio didáctico” ya antes
que la misma ciencia didáctica, en cuanto tal, viera la luz. De modo que analizaré el contexto
de aplicación de los Ejercicios, los actores en juego en el proceso y finalmente, los “recursos
didácticos” de que se vale Ignacio en su libro: el cuerpo, el gesto, la palabra hablada, la
escritura y el libro.

Si al final de mi tarea el lector, más aún si es un enseñante, siente una mayor sintonía
con lo “práctico” que poseen los Ejercicios Espirituales a la hora de ponerse a la búsqueda y
encuentro de la Verdad ; y se siente motivado a pensarlos y actualizarlos en su labor cotidiana
de educar, me daré por contento.

Que la Virgen Santa, intercesora primera en el proceso del nacimiento de los


Ejercicios, ruegue por nosotros para ir enriqueciendo cada día más esta gran misión de educar
ignacianamente.

BIBLIOGRAFÍA:

Diccionarios y Enciclopedias:

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PRIMERA PARTE:

¿QUÉ ENTENDEMOS POR DIDÁCTICA?

Capítulo primero:

Clarificación de conceptos: vocabulario.

Mi trabajo, como lo dice su título, está básicamente centrado en el ámbito pedagógico-


espiritual. Sin embargo, muchos autores espirituales usan los términos propios del ámbito
educativo sin un claro conocimiento de las sutiles y no poco importantes diferencias que ellos
contienen. Usar indistintamente términos como: pedagogía, educación, metodología y
didáctica, puede llegar a provocar serias confusiones y malos entendidos cuando se quiere
acceder a un conocimiento profundo de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
desde la óptica pedagógica.

Leyendo diversos escritos me he dado cuenta que muchos estudiosos, que conociendo
muy bien el ámbito teológico y sus afines en relación a los Ejercicios ignacianos, usan
indistintamente los términos arriba mencionados sin tomar conciencia que ello puede conducir
a confusiones y malas comprensiones de la intelección teológica, sobre todo a quienes desean
profundizar en la hoy llamada “Pedagogía Ignaciana”. Así como a nivel teológico se exige
seriedad intelectual, es decir, el uso de términos adecuados con sus significados reales y
avalados, vale de igual modo para el ámbito de lo pedagógico. Se debe tomar en serio el
vocabulario que se utiliza teniendo claro qué queremos decir con la palabra que usamos; más
aún si nuestra especialidad no corresponde directamente a la pedagogía y queremos valernos
de ella para hacernos comprender en el ámbito teológico-espiritual.

Un primera aproximación al vocabulario pedagógico nos muestra una cierta dificultad


en la definición de los términos. Tal vez por ello se usan indistintamente. Sobre todo llama la
atención lo similar que son la “metodología” y la “didáctica”. Pero con todo, no son iguales.
Por esto es por lo que deseo presentar este vocabulario tratando de aportar algo a una mayor
claridad.

1.1. Pedagogía1:

En opinión de diversos investigadores el hacer uso del sentido griego de la palabra


“pedagogía” (“del griego pais-paidos (niño) y ago (conducir), que significa guía o
conducción del niño”2), basta para clarificar el término. El problema es que el verdadero
significado necesita algunas puntualizaciones: primero, hablar sólo del “pais”, el niño, como
el único referente; hoy es muy limitativo. Baste recordar la educación a diversas etapas de la
vida. En segundo lugar, el “ago”, aunque tenga que ver con nuestro tema, hay que ubicarlo,
1
FLORES D’ARCAIS, G., “Pedagogía”, en Diccionario de Ciencias de la Educación, (Ediciones Paulinas,
Madrid 1990)1434 – 1464.
2
MARTÍN RAMIREZ, J.,“Pedagogía”, en Gran Enciclopedia Rialp (G.E.R), t.XVIII (Madrid 1974) 143.
11

más bien, en la “educación”. Pues la “pedagogía” es conocimiento, es decir, teoría; no la


acción misma (el hecho educativo).

De todas maneras y a pesar de las dificultades a nivel lingüístico de distinguir


“educación” de “pedagogía”, la diferencia está esencialmente en que la primera dice relación
con la praxis y la segunda con la teoría. Es interesante aclarar que en este plano es posible y
real una educación sin pedagogía, así como una teoría pedagógica sin su correspondiente
hecho educativo. Esto se comprueba en maestros que no tienen, en sus teorías, ninguna
preocupación por la efectividad. Baste mencionar lo que dice la propuesta educativa de
Rousseau
en su “Emilio”3, donde lo absoluto se ubica tan lejos de las posibilidades reales de su
concreción. Él no pretende decir lo que se puede realizar, sino más bien hablar de la “bondad
absoluta del proyecto”.
El objetivo de la “pedagogía” es el de clarificar y aclarar acontecimientos educativos
en un grupo social, o en personas, en un período determinado y en un lugar específico.

No se debe olvidar que la “pedagogía” ha sido llamada la “ancilla” de las otras


ciencias. Esto mismo ha hecho buscar su talante autónomo y su estatuto epistemológico para
legitimarla como ciencia independiente. Ella ha sido vista, y sigue siéndolo, como
dependiente de las otras ciencias (teología, filosofía, psicología, sociología). Por ello debe ser
entendida, más que un saber, como un instrumento o como un medio para la realización
práctica, poniendo así de manifiesto su función operativa. La “pedagogía” tiene por tarea
primaria la de guiar la reflexión, dar las pistas y orientar hacia los fines en una seria reflexión.
Con lo cuál debe ayudar a clarificar el dónde, el cómo, el para qué y clarificar el quién. Pero
para esto debe servirse, ineludiblemente, de las otras ciencias, pues a ella se reserva
fundamentalmente su rol instrumental.

1.2. Metodología (de la educación)4:

Consecuentes a un proceso deductivo, entramos ahora en un área más específica de la


“pedagogía”: la “metodología”. Con éste término se está incluyendo la reflexión teórica del
método (= camino) que debe ser diferenciado de lo que llamamos “metódica”, que entra más
bien en relación con lo práctico-aplicativo. “La metodología pedagógica en su significado más
general es el discurso concerniente a los procedimientos (el camino que hay que recorrer) que
lleva a cabo la educación5 para alcanzar sus objetivos, y dado que éstos se consideran
generalmente como objetivos pedagógicos o como objetivos didácticos, algunos estudiosos
consideran que se puede usar el término metodología en referencia a los primeros y el término
didáctica para los segundos”6 (de esto hablaré más adelante en el trabajo).

El momento de la “metodología” es el momento de la racionalidad operacional de la


acción y del proyecto completo. No es simplemente una racionalidad abstracta, sino una real y
relacional. Sólo así la “metodología” puede poner en juego todos los factores que intervienen
3
“El Emilio o De la educación del ginebrino Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) es ciertamente la obra con la
que la pedagogía moderna conquista su total autonomía. La obra, aparecida en 1762, que no es un tratado
orgánico, sino, como ha sido interpretado, novela pedagógica, utopía y reflexión autobiográfica, revela, más allá
de sus paradojas, o tal vez a través de éstas, la preocupación fundamental de definir o diseñar el ámbito de una
ciencia de la educación” , voz “Rousseau”, en Diccionario de Ciencias de la Educación (Ediciones Paulinas,
Madrid 1990) 1605 – 1606.
4
FLORES D’ARCAIS, G., “Metodología de la educación”, Art. cit., 1307 - 1318.
5
Ver arriba la diferencia entre “educación” y “pedagogía”.
6
FLORES D’ARCAIS, G., Art.cit., 1307.
12

en el proceso: sean éstos los sujetos realizadores, los contenidos, los fines y sentidos, los
medios y los procedimientos, los procesos y sus evaluaciones7.

La “metodología pedagógica” es la reflexión acerca del método. No enseña métodos,


sino que da los elementos para la investigación y discusión en la aplicación de ellos. La
“metodología pedagógica” es el lugar donde la pedagogía se transforma en ciencia autónoma
de la educación. “Es la investigación científica que discute y define los métodos (o más
ampliamente los procedimientos racionales) de las operaciones directas a intervenir,
proyectar, hacer, verificar en los hechos y en los actos educativos”8.

De este modo se hace evidente que la metodología de la pedagogía tiene que situarse
en el marco metodológico más amplio propio de toda ciencia humana. Por esto es por lo que
el “argumentar”, y no el “demostrar”, se hace método esencial y primero para entender el
proceso educativo. Sólo a través de este “argumentar” se puede realmente salvar la libertad
que es la condición de posibilidad de la realización de un hecho verdaderamente educativo.
Si ya hemos definido y entendido la “pedagogía” como la doctrina “para” el actuar
educativo, es ineludible que su metodología debe tener en cuenta lo concreto, la puesta en
escena de ese acto en una situación concreta: “la que puntualiza las “posibilidades” efectivas
de obrar del educando (edad, condiciones psico-socio-culturales, instrumentos a disposición,
etc.) y que reconoce analíticamente los objetivos a realizar. En suma, se trata de buscar aquel
“método”, y también los procedimientos, los instrumentos y las modalidades que parecen
resultar más idóneos – una hipótesis de trabajo fundada racionalmente – para llegar al
resultado previsto”9.

Todo esto nos lleva a concluir que el ámbito propio de la “metodología pedagógica”
obliga a rechazar todo “espontaneismo”, como también las pretensiones tiránicas de un
“tecnicismo” que lleva a una organización ingenieril del proceso educativo, rígida, agobiante,
cerrada y centrada en un eficientismo; llevando a una perdida de sentido de la vida y a un
gusto de vivir. Si aceptamos que la educación necesita de un método, éste debe fundarse en el
ser humano, teniendo por norte la vida y la valorización del mismo y no simplemente un
instrumento asfixiante e esclavizador10.

1.3. Didáctica:

Es el turno de nuestro tema central: la “didáctica”. Como se ha visto, hemos ido


procediendo desde lo universal a lo particular: de la “pedagogía” a la “metodología” y ahora a
la “didáctica”. Las dos anteriores han requerido de una confrontación con aquel concepto con
el cual se relacionan ( y a veces se confunden), o del cual se hacen actualización y aplicación.
Para explicar la “didáctica” en toda su profundidad será necesario ponerla en diálogo con la
“metodología pedagógica”; para diferenciarla y para ver su complementariedad, especificidad
y misión propia.

La palabra “didáctica” viene del vocablo griego didaskein, que significa enseñar.
Además existen otras palabras en griego relacionadas con ésta, como son: didaskalía,
7
GIANOLA, P., “Metodi educativi”, in Dizionario di Scienze Dell’Educazione (Editrice Elle Di Ci – Editrice
Società Editrice Internazionale , Torino 1997) 686 – 689.
8
“È la ricerca scientifica che discute e definisce i metodi ( o più largamente i procedimenti razionali) delle
operazioni dirette a intervenire, progettare, agire e verificare nei fatti e negli atti dell’educazione” GIANOLA, P.,
“Metodologia Pedagogica”, Art.cit., 691.
9
FLORES D’ARCAIS, G., Art.cit., 1310.
10
Ib., 1318.
13

didaskálos, etc. Ya el gran estudioso Juan Amos Comenio11 en el inicio de su visionario libro
titulado “Didactica Magna” define la “didáctica” como sigue: “Didáctica suena lo mismo que
arte de enseñar”. De aquí que es universalmente aceptada su definición como “ciencia de la
enseñanza”. En cuanto tal, tiene que ver con todo lo que se relaciona con la escuela y por
tanto se subdivide en “didáctica general” (cuando se refiere a lo propio de la escuela: a su
sentido, a como debe ser organizada, a los métodos y a los medios) y en una “didáctica
particular”(que se refiere a las materias específicas de la enseñanza: idiomas, ciencias, artes,
etc.)12.

Desde Comenio la “didáctica” ha sufrido, como disciplina, una profunda evolución


hasta fijar sus contenidos frente a otras ciencias muy afines. El año 1628, fecha de publicación
de su gran obra, marca el inicio de una de las ciencias que luchará con más fuerza por abrirse
paso en el campo de los conocimientos pedagógicos. En estos siglos posteriores, y hasta
nuestros días, podemos distinguir en la historia evolutiva de la “didáctica” tres tendencias o
acentos, que vendrían a ser tres etapas de su evolución: “Corriente formalista”; “Corriente
psicologista” y “Corriente orientadora y tecnológica”.

La “Corriente formalista” es una tendencia de la “didáctica” en la que es vista sólo


centrada en la enseñanza; apareciendo así exclusivamente aplicada en el ámbito de las
instituciones educativas. De ahí que usamos el nombre de “centros educativos”; siendo éstos
el contexto exclusivo donde se desarrolla. A partir de lo anterior, se puede concluir que la
“didáctica” estaba centrada en el maestro, en darle un apoyo en su proceso de enseñar. Esta
corriente tiene una notable fuerza en el siglo XVII.

La segunda corriente mencionada; “Corriente psicologista”, que la podemos ubicar en


los albores del siglo XX, surge gracias al inmenso desarrollo del conocimiento del fenómeno
del aprendizaje gracias a los progresos de la ciencia psicológica. Por esto es por lo que la
“didáctica” pasa a centrarse en el alumno y en su modo de “aprender”. El protagonista cambia
en esta corriente. Es ahora el discente el verdadero agente de su proceso de aprendizaje. Se
vive un proceso de cambio de una enseñanza que se adaptaba al “alumno medio” (Corriente
formalista) para transformarse en una enseñanza “a la medida” del estudiante, teniendo en
consideración: sus aptitudes, madurez, capacidades, intereses y tiempo. Por lo tanto lo que se
facilita es el aprendizaje del estudiante. Es así entendible por qué esta “didáctica” es llamada
“psicologista”: su fundamento está en la psicología.

Finalizo esta presentación con la “Corriente orientadora y tecnológica”. Esta última


corriente, muy presente en nuestro tiempo, es más bien ecléctica, pues ocupa lo positivo de las
dos anteriores y las supera haciendo de ellas una síntesis. El comportamiento didáctico toca a
los dos agentes, pero pone una especial atención en facilitar ciertas técnicas al enseñante para
conducir de la mejor manera su trabajo de enseñar. Esta nueva orientación “didáctica” tiene
una especial atención por la formación de los enseñantes13.
11
“El bohemio Juan Amos Komensky (1592 – 1670) – en latín Comenius – es el pedagogo que , mientras recoge
y sintetiza toda la experiencia humanístico-renacentista, abre el camino a la constitución científica y autónoma
de la pedagogía moderna. (...) Su profunda fe religiosa, no exenta de vigorosos acentos místicos – por los que él
sufre persecuciones y el exilio -, se une, en su pensamiento y en su obra, a una exigencia profunda de
conocimiento científico, que le lleva al estudio, a la investigación y a la experimentación de sus propuestas
educativas en toda Europa. Si la Didactica Magna es la obra que más que ninguna otra le hace famoso aún hoy
día, no se deben olvidar otros escritos en los que se muestra innovador decidido de métodos didácticos y de
propuestas educativas: la Janua linguarum reserata, la Linguarum methodus novissima, el Orbis sensualium
pictus y la Pansophia”. FLORES D’ARCAIS, G., “Comenio J.A..”, Art. cit., 351 – 352.
12
TONINI, Q., “Didattica”, in Dizionario Illsutrato di Pedagogía, t. I (Milano, s.d.) 467 – 470.
13
SOLER FIÉRREZ, E.,“Didáctica”, en Gran Enciclopedia Rialp (G.E.R), t.VII (Madrid 1972) 683 – 686.
14

Mi trabajo será realizar una mirada retrospectiva desde una óptica centrada en las tres
corrientes, pero con una mayor inspiración en la tercera. No debemos olvidar que como
ciencia en cuanto tal, la “didáctica” nace, como arriba dije, con Comenio en el siglo XVII,
posterior a la redacción de los Ejercicios Espirituales. Esto mismo realza la genialidad de la
obra ignaciana, que como veremos, muestra un Ignacio que se adelanta a su tiempo en el tema
didáctico.

Es pues, la “didáctica”, una disciplina pedagógica que se dedica al estudio del proceso
de la enseñanza. Por esto es por lo que viene generalmente considerada como una ciencia
“práctico – presciptiva”, es decir, una ciencia que se centra en el dar fundamento y orientación
a la acción de la enseñanza. Ella sería la teoría que estudia el acto didáctico14.

Si la educación en su sentido lato es un proceder hacia lo más, ella necesariamente


tiene que recorrer un camino. Para ello es necesario que use de medios e instrumentos
adecuados para llegar a su objetivo. Pero como podemos constatar de lo que hemos dicho
hasta ahora, ella puede ser fácilmente confundida con la didaxis, metódica y metodología. “Si
ésta última , como sugiere la misma palabra, es un discurso sobre el método (camino), y es un
discurso asumido ya por el filosofar, ya por las ciencias del hombre y de la naturaleza, y por
tanto también de la pedagogía, dentro de este discurso se colocan inevitablemente aquellos, en
un cierto sentido más limitados, que conciernen a la didáctica y a la metódica”15.

Dada la dificultad de nuestra investigación para poder definir bien el campo de cada
una, creo que puede ser de gran ayuda, para distinguir la “metodología” de la “didáctica”,
atribuir una función estratégica a la primera; y una tarea táctica a la segunda. Este lenguaje
militar no debe llamarnos la atención pues ya ha ido ganando ciudadanía en nuestro lenguaje
pedagógico, sobre todo, cuando queremos referirnos a las “estrategias pedagógicas” tanto
usadas en la teleología pedagógica.

Para aclarar estos dos términos militares que, como la “metodología” y la “didáctica”
son distintos y complementarios, vamos ahondar en estos dos conceptos desde el punto de
vista específicamente militar. Con esto podemos, de ahora en adelante, tener algo más claro
qué queremos decir cuando hablamos de la “metodología” y cuando hablamos de la
“didáctica”. Comencemos con la definición de “Estrategia Militar” (la que hemos relacionado
con la “metodología”) según los especialistas del tema:

“Estrategia Militar: Generalidades: La estrategia es una de las partes de que


consta el arte militar (...). Durante mucho tiempo se identificó el concepto de Arte
Militar con el de Táctica, al que se le daba gran alcance, hasta que en el S XVIII, con
Federico II de Prusia, reapareció el término estrategia, olvidado desde los griegos,
sustituyendo a la llamada «táctica sublime»; alta táctica que según Napoleón era «la
parte divina del arte de la guerra». A ambas añadió el general Francés Jomini (1779 –
1869) la discutida logística y modernamente se ha querido que la orgánica y la
didáctica constituyan la cuarta y quinta ramas, siendo más bien disciplinas de tiempos
de paz (...).

14
PELLEREY, M., “Didattica”, in Dizionario di Scienze Dell’Educazione (Editrice Elle Di Ci – Editrice La
Società Editrice Internazionale, Torino 1997) 289 - 293.
15
FLORES D’ARCAIS, G., “Didáctica”,en Diccionario de Ciencias de la Educación (Ediciones Paulinas,
Madrid 1990) 486.
15

La concepción moderna de la estrategia: (...) la estrategia moderna, en sentido


amplio, comprende un tríptico de disciplinas difíciles de aislar, que se complementan:
la política, para la conducción de la guerra; la estrategia en el sentido clásico para la
conducción de las operaciones; y la táctica, para la acción directa de las tropas. Los
conceptos más modernos sobre estrategia fueron formulados por el general francés A.
Beaufre en 1963. Para Beaufre, la estrategia no es una doctrina única, sino un método
de pensamiento que permite jerarquizar los hechos para elegir los procedimientos más
eficaces. A cada situación corresponde una estrategia particular y la mejor en una de
aquéllas puede ser detestable en otras.”16. (el subrayado es mío).

Veamos ahora el término “Táctica Militar”, que como arriba dije, hemos asociado al
de “didáctica”:

“Táctica Militar: Conceptos y definiciones: Si hoy no es muy fácil distinguir la


táctica de la estrategia operativa (puramente militar, por oposición a la estrategia
política), tampoco lo es distinguirla de la técnica. La táctica, en su aspecto más puro,
funcional y definitivo, es la técnica de combate. Quizá la definición más sencilla y
clara de la táctica es: «disposición de las tropas para el mejor empleo de las armas», la
cual tiene también algo de común con la estrategia, a la que se acerca aún más el
criterio moderno, muy convincente y completo, que desde 1913 hasta nuestros días,
mantenía el reglamento táctico español, recogiéndolo del Marqués del Duero:
«Táctica es el arte de disponer, mover y emplear las tropas sobre el campo de batalla
con orden, rapidez y recíproca protección, combinándolas entre sí con arreglo a la
naturaleza de sus armas, y según las condiciones del terreno y disposiciones del
enemigo». Concepto éste muy completo y expresivo, que encaja bien en la etimología
griega de tactos: ordenar, poner en orden.

Otra definición clásica y escueta es la de Clausewitz: «Táctica es la teoría del


empleo de las tropas en el combate» o «el conocimiento de las maniobras y su
aplicación según las circunstancias y localidades» (...) pero queda siempre como una
rémora su distinción de la estrategia. El General López Muñiz da por concluso el
problema diciendo: «Táctica es el arte de ganar batallas. Estrategia es el arte de ganar
las guerras». Eduardo Sáenz Araoz concluía: «la abundancia de definiciones obedece
al error de querer establecer una división lineal entre estrategia y táctica, como si
fuesen independientes en tiempo y espacio y no pudiesen simultanearse sus acciones».
También dijo Jomini que la táctica es una parte de la guerra quizá imposible de sujetar
a reglas fijas (...). Porque en la táctica se debe desechar toda rutina extraña a sus
fundamentos, que son las armas y el terreno.

La táctica encierra una aparente contradicción. Mientras en lo superior exige


una perpetua y flexible variabilidad, requiere, por otra parte, que sus formas y acciones
elementales se mantengan fijas y reglamentadas. Villamartín, el primer tratadista
militar español del siglo XIX, explicaba que cuando el general vacila entre poner sitio
a una plaza o llevar la guerra a otro lado, resuelve un problema estratégico. Cuando
después duda, a la vista del terreno, qué tropas escoger, cómo combinar la acción de la
infantería, en cuántas columnas atacar, o qué altura será ventajosa para sus fuegos, está
introduciendo al plano táctico la idea estratégica. Dudará si atacar uno posición o otra,

16
GÁRATE CÓRDOBA, J.M.,“Estrategia Militar” en Gran Enciclopedia Rialp (G.E.R), t.IX (Madrid 1972)
397 – 399.
16

pero una vez decidido, la táctica le advierte si ha de preferir el cañón o el obús y si ha


de emplear o no tropas ligeras (...). Como estos hechos son consecuencias de las
propiedades de las armas y el terreno, hay para ellos reglas a las que no se puede faltar,
por eso la táctica es mucho más concreta que la estrategia.(...)

Decía Montgomery «Estrategia es el arte de conducir la guerra, táctica es el


arte de combatir» (...) Un objetivo puede ser muy deseable estratégicamente, pero lo
que es estratégicamente deseable debe ser tácticamente posible con las fuerzas y
medios disponibles”17(los subrayados son míos).

Con Eduardo Sáenz Araoz, arriba citado, que dice: “la abundancia de definiciones
obedece al error de querer establecer una división lineal entre estrategia y táctica, como si
fuesen independientes en tiempo y espacio y no pudiesen simultanearse sus acciones”,
podemos arriesgarnos, a partir de las definiciones militares, a concluir que la “didáctica” es la
puesta en práctica de la “metodología”. Vale decir, que la “didáctica” busca los medios
concretos (discernidos) que llevarán a buen término los fines deseados de la acción
pedagógica prevista por la “metodología”; y que tanto la “didáctica”, como la “metodología”
se complementan tanto en el tiempo como en el espacio, para la prosecución del fin deseado.
Capítulo segundo:

La “Didáctica” y la enseñanza.

Para focalizar este estudio en nuestro tema de la “didáctica” (que como ya hemos
sostenido, concierne al modo de proceder, con lo cual debemos distinguirlo también de los
recursos, del material didáctico así llamado) nos basamos en el ya mencionado pedagogo
Comenio para quién la “didáctica” es “investigar y hallar el modo por el cual los enseñantes
enseñen menos y los alumnos aprendan más; según el cual en las escuelas haya menos ruido,
menos tedio, menos fatigas inútiles y más recogimiento, más afecto y un aprovechamiento
más sólido. Así pues, parece que, cuando se habla de didáctica, debemos referirnos a aquel
momento del proceso educativo que atañe a la enseñanza tal como se lleva a cabo en la
escuela”18.

Esta definición nos permite aún más ir delimitando el ámbito propio y característico de
la “didáctica”, en especial si queremos distinguirla en su peculiaridad de la “metodología”.

La “didáctica” se relaciona con la escuela como una estructura organizada que tiene
por fin el arte de enseñar - aprender. La enseñanza, aunque parezca de perogrullo decirlo,
debe ser educativa. El problema, que vemos aún en muchas instituciones educacionales, a
todo nivel, es que éstas son meros centros informativos, nocionistas o enciclopedistas, por lo
tanto se tiende a la mera repetición y al aprendizaje memorístico. Aquí es donde la “didáctica”
aparece con una función crítica.

T. Barth, en su libro Principios de pedagogía y didáctica, de 1960, quiere distinguir la


pedagogía, como parte de la teoría general de la educación, según en nuestro vocabulario
hemos afirmado, de la didáctica, como esencialmente relacionada a la teoría general de la
enseñanza, que vendría a ser la acción misma del enseñar. Él precisa “(...) La didáctica

17
GÁRATE CÓRDOBA, J.M., “Táctica Militar”, en Gran Enciclopedia Rialp (G.E.R), t.XXII (Madrid 1972)
27 - 29.
18
FLORES D’ARCAIS, G., “Didáctica”,en Art. cit., 486.
17

general tendrá tantas partes cuantas son las condiciones de una enseñanza eficaz. Una parte de
estas condiciones reside esencialmente en el alumno, en sus facultades psíquicas: intuición,
atención, memoria, juicio, habilidad y la así llamada cultura formal. La otra parte reside en el
maestro, en la organización que él hace de la enseñanza. Ésta concierne tanto al programa
como al procedimiento(...)”19.

Propio es, por lo tanto, como ámbito de la “didáctica” la escuela y su función de


enseñar. Ella ayuda a concretizar los objetivos que la institución se propone y a buscar los
medios aptos para hacerlos realidad. Pero la escuela no es un ente abstracto, está compuesta,
como se dijo, de dos actores que le dan vida y coherencia a su función: El educador y el
educando. Agentes que dan sentido a los medios de que se dispone para el arte de enseñar.

2.1. El contexto de aplicación de la “Didáctica”.

Todo proceso educativo humano inevitablemente está “situado”. Este lugar, este
sistema que pone en movimiento los diversos elementos y factores en juego, que he
denominado como “contexto de aplicación” del tema que nos concierne, es identificado desde
muy antiguo como la “escuela”. En el capítulo primero ha sido insinuado, ya en parte, qué
entendemos como el rol y significado de la escuela para la “didáctica” y de la “didáctica” para
ella.

Extendámonos algo más. Hemos demostrado y verificado, que la “didáctica” tiene


mucho que ver con la “enseñanza” (ver introducción a este capítulo), por ende su “medio”
privilegiado es la escuela, es decir, aquella institución donde se da lugar el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Es tarea, por tanto, de la “didáctica” enfrentar los problemas y
desafíos propios que conlleva el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje mediante la
referencia a todos los elementos que entran en juego, es decir: al maestro y al alumno, pero
también a todos las “dimensiones cronotópicas” en las que este hecho se da. Esto implica los
horarios y las clases o como ellas se quieran denominar. Y junto a éstas, aparecen en el
proceso “las materias o disciplinas de estudio o argumentos de investigación que constituyen
el qué del enseñar-aprender. Es verdad que la didáctica parece dar mayor realce al cómo (del
enseñar y del aprender), pero es verdad que el cómo está demasiado ligado al qué y también al
por qué”20. Todo esto salvaguarda de caer en un “didactismo” que lleva al terreno de lo
abstracto perdiéndose en los preceptos formales del proceder; justamente aquello que es lo
contrario a la verdadera “didáctica”.

Finalmente, en relación al contenido de la enseñanza-aprendizaje, se ha usado hablar


de una didáctica especial, que es propia de cada materia o disciplina enseñada, la que se
distingue de la llamada didáctica general que tiene que ver con la organización formal “de la
organización, de la instrucción y de la escuela”21.

2.2. Los actores de la “Didáctica”.

Casi parece obvio citar a los actores de este arte educativo: el educador y el educando,
pero sin ellos nada de esto tendría vida. Por ende la “didáctica” debe proceder de manera que
el proceso educativo tenga por finalidad el alcanzar el mejor aprendizaje que esté al alcance.
Para el logro de esta finalidad es clave remitirse a la experiencia, experiencia que ha de ir

19
Ib., 487
20
FLORES D’ARCAIS, G., “Didáctica”, en Art.cit., 488.
21
Ib., 488.
18

direccionada a las cosas. Pero este fin no debe ser buscado a través de un procedimiento de
tal manera prescrito, lleno de rígidas reglas y normas, que se pierda la clave de la “didáctica”,
esto es: ella es una indicación, una propuesta de procedimiento en el proceso de enseñanza-
aprendizaje que se debe discernir para finalmente elegir cuál es más acorde a la naturaleza
humana, tanto la del docente como la del discente, que está en juego en este proceso. Ella no
puede ser vista como recetas válidas universal y generalmente para todos los casos y todas las
situaciones educativas.

Si hemos estado hablando en las secciones precedentes de la “didáctica” como una


“táctica” educativa, es imprescindible que el proceso esté siempre en relación con la situación
en el cual está inserto el educando y no a la educación sin más. Pero ello, otra vez, no quiere
decir que se invita a una improvisación u ocasionalidad del momento, dando carta de
ciudadanía al inmediatismo e esponteneísmo, tan dañino en el proceso educativo y en la
relación entre el educador y el educando. La educación en su conjunto, y no solo aquello que
tiene que ver directamente con la enseñanza como proceso, está marcado por la
intencionalidad. Ella obliga a que el procedimiento sea comparado y verificado con los
objetivos que se persiguen.

Podemos ahora profundizar más en los actores en juego de este proceso de enseñanza-
aprendizaje, después de la exposición anterior, para aclarar lo que clásicamente se ha visto:
que el problema didáctico está en la relación entre el “maestro y el alumno”.

Clásicamente se ha concebido esta relación como la de un sujeto maduro, capaz de


introducir a otros en el saber y en la virtud, que ayuda a uno que es inmaduro, pero abierto a
alcanzar los mismos fines, en la medida de lo posible. Pero hoy, con el avance de las ciencias
pedagógicas y en un mundo moderno y tecnológico, se ha comenzado a criticar esta
perspectiva autoritaria de la visión clásica antes mencionada. Como telón de fondo está la
creciente importancia de la comunicación y la participación en el proceso de enseñanza-
aprendizaje.

Estamos insertos, en nuestros días, en una consideración más de conjunto del proceso
educativo. Vale decir, el acento se ha desplazado hacia una mirada global, de totalidad, que da
al rol del maestro una presencia menos directiva, pero más inserto en un “sistema”, es decir,
en una unidad que se interrelaciona en su complejidad a través de sus diversos elementos y
factores que entran en juego y se influencian recíprocamente22. Todo esto obliga, además, a
tomar en cuenta al alumno en cuanto a su “totalidad” personal; sea dentro como fuera del
ámbito escolar formal.

2.3. Los “Recursos (medios) Didácticos”.

Ya hemos hecho un recorrido de clarificación de lo que entendemos por “didáctica”, el


ambiente o lugar dónde principalmente se desarrolla y los agentes implicados. Ahora es el
momento de ir a terrenos más prácticos, pues como hemos visto, la “didáctica” ayuda a
discernir los medios e instrumentos más adecuados para el acto educativo. Esos medios
deben ser aplicados según los sujetos y sus posibilidades, según el objetivo que se busca y
finalmente según la elección realizada por el enseñante a partir de los elementos anteriores. La
“didáctica” es una ciencia práctico-prescriptiva que orienta y fundamenta la acción de la
enseñanza. Para ello se vale de medios y recursos concretos.
22
FLORES D’ARCAIS, G., “Didáctica”, en Art. cit. ; AMPLATZ C. y LAENG M., “Recursos Didácticos”, en
Diccionario de Ciencias de la Educación, (Ediciones Paulinas, Madrid 1990) 491 – 507.
19

Cuando hablamos de “recursos didácticos” nos referimos a todos los materiales o


instrumentos que podrían ser de utilidad en la intervención educativa a todo nivel. Todo
aquello que facilite o ayude al proceso de enseñanza-aprendizaje. En la actualidad de habla
de “subsidios didácticos” o de “audiovisuales”. Sea como sea, además con una mirada
retrospectiva, los “recursos didácticos” se destacan como aquellos que hacen más fácil y
eficiente el proceso educativo en la prosecución de los objetivos previamente propuestos.

Todo “recurso didáctico” debe estar inserto en una organización o en un contenido a


transmitir, o en objetivos bien delimitados y clarificados. Aislados del sistema, pueden incluso
llegar a ser contraproducentes. Uno de sus peores enemigos es el espontaneísmo. Actualmente
hay mucha frustración en este tema del uso de los “recursos didácticos”; pues no se sabe bien
cómo insertarlos correctamente, como un medio de apoyo en el proceso de enseñanza-
aprendizaje.

Por tanto, una correcta utilización de ellos en modo sistemático y correcto, como
recursos de refuerzo del proceso de enseñanza-aprendizaje, debe tener en cuenta todo aquello
que entra en juego en la fase operativa: ambiente, personas, objetivos a alcanzar y lograr, los
contenidos que se deben transmitir y las modalidades de uso. Por ello deben estar insertos en
un proceso global, si realmente se quiere que sean útiles y significativos. A toda costa se debe
evitar el considerarlos aisladamente, como independientes del proceso formativo. Todo esto
obliga para quien hace uso de estos “recursos didácticos” un conocimiento suficiente de sus
peculiaridades, una capacidad de optimizar al máximo sus posibilidades didáctico-
pedagógicas, para así utilizarlos en el momento y modo justo y correcto en orden a su buen
aprovechamiento23.

El tema de los “recursos didácticos” ha sufrido una enorme evolución estos últimos
años, sobre todo con la aparición de los medios audiovisuales y el computador. No vamos a
centrarnos en estos medios tecnológicos actuales, pues nuestra mirada se alejaría del tema que
nos entretiene y que es: “La Didáctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio”. Más
bien elegiré algunos de ellos, dentro de la inmensidad de posibilidades, que tienen más que
ver con “instrumentos” que cumplen la función de “medios”. Vale decir; éstos no se entienden
aisladamente sin ser relacionados con claros “fines” a alcanzar. Los fines son metas que se
deben lograr o valores a identificarse; y los medios o los recursos son objetos, situaciones o
procesos aptos para alcanzar dichos fines. Estos “instrumentos” pueden ser distinguidos entre
naturales y artificiales, y reciben su identidad en función de su uso en el proceso educativo.
Todos ellos están al servicio de una “comunicación”. Deben, pues, estos “recursos” en su
variante de “instrumentos”, portar en sí mismo a un encuentro y a un diálogo abierto. Por eso
seleccioné: el cuerpo, el gesto, la palabra hablada, la escritura y el libro; pues, dentro de las
alternativas, son los más ricos a nivel comunicacional. Dejamos de lado las “técnicas” que
tienen que ver con los modos de proceder para el uso de esos “instrumentos”, y las
“tecnologías” que se refieren a la reflexión sistemática sobre éstas24.

Procederé realizando un presentación de los antecedentes históricos de estos


“recursos” haciendo un recorrido histórico-descriptivo de los mismos, que nos ayude a
reconocer aquellos presentes en el libro ignaciano, y que aún hoy tienen una especial
23
ZANNI, N., “Mezzi Didattici”, in Dizionario di Scienze Dell’Educazione (Editrice Elle Di Ci – Editrice La
S.E.I , Torino 1997) 694 - 698.
24
AMPLATZ, C. y LAENG, M., “Recursos Didácticos”, en Art. cit., 502-503.
20

vigencia, por ser recursos de gran valor didáctico, válidos por sobre todo tiempo y lugar, y por
su profundo carácter antropológico.

2.3.1. El cuerpo.

El “cuerpo” aparece como el primer “recurso didáctico”. Si nos aproximamos a través


de un estudio etnológico de las sociedades primitivas, encontramos cómo las sociedades
antiguas iban desarrollando el proceso didáctico en las más variadas formas. Si se piensa, por
ejemplo, en qué manera estas sociedades han logrado transmitir sus tradiciones, su arte
figurativo y sus costumbres, no deja de llamar la atención que todo esto se hizo realidad
esencialmente, porque el hombre de aquel tiempo supo utilizar educativamente el instrumento
más a mano que la naturaleza le había regalado: el “cuerpo”, su propio cuerpo; su
movimiento, su posición, su ambientación. Pero también con el “gesto” y la “voz” (“la
palabra hablada”) supo transmitir sus riquezas culturales por medio de otras formas
“expresivo-comunicativas” como los escritos, las representaciones, etc,.

En ese tiempo el cuerpo recibía una atención especial como el medio más importante,
en esas sociedades, para la preparación a la vida adulta. El cuerpo pasa a ser el medio
educativo por excelencia para el aprendizaje de la caza, de la defensa, de la construcción de
sus hogares, de la producción del vestido, de las relaciones sociales equilibradas y justas, del
desarrollo de la familia y también como expresión de la creatividad.

2.3.2. El gesto.

Hemos mencionado que una de las formas de transmisión de cultura en su forma


expresiva-comunicativa es el gesto. ¿Por qué es un “recurso didáctico”?25.

El gesto, en sus manifestaciones más elementales, como un “recurso didáctico”, se


manifiesta y se inserta como “conjunto de movimientos, actitudes y comportamientos que el
joven observa, para imitarlos, en su participación en la vida de los adultos”26.

Muchas otras expresiones, en aquellas culturas de las sociedades primitivas,


manifiestan una importancia determinante para la educación del joven. Por ejemplo: “los
ejercicios físicos” que direccionados a la caza, la pesca, etc., buscan el robustecimiento y la
preparación a las fatigas. También el juego cumple una función esencial en la sociedad, el que
junto a la danza, se ocupa como “recurso didáctico” para la educación de la higiene, para la
comunicación entre los pares, y entre hombres y mujeres. Pero sobre todo el “gesto” está
centrado en la educación religiosa, formando parte esencial de las “funciones celebrativas y
propiciatorias”. Muchos de estos “gestos” cumplían además la función de “ritos de la
pubertad”.27

2.3.3. La palabra hablada.

25
AMPLATZ, C. y LAENG, M., “Recursos Didácticos”, en Diccionario de Ciencias de la Educación,
(Ediciones Paulinas, Madrid 1990) 491 – 507.
26
Ib., 492.
27
Ib., 492.
21

“Los sonidos desarticulados siguen siendo durante mucho tiempo, junto con la mímica
y los gestos, los recursos primarios para la transmisión de experiencias(...)”28. Pero, con la
extensión de la “palabra hablada”, vale decir el lenguaje verbal, la palabra no se hace esperar
en hacer parte del proceso didáctico debajo de múltiples y diversas formas, “que se pueden
reconducir en el conjunto, ante todo, a las conversaciones y a los discursos que el muchacho
tiene con los adultos para aprender a viva voz la experiencia y la sabiduría”29.

Es interesante resaltar que las historias, las leyendas y las narraciones que el muchacho
escuchaba; estaban en relación a la vida de todos los días, al nombre que recibió de sus
progenitores, a la de sus seres más cercanos – la familia -. Ellas le sirven al joven para
aprender y conocer acerca de las tradiciones de su pueblo de origen.

Pero no termina aquí el valor de la “palabra hablada” como “recurso didáctico”. Ella
también tenía que ver con lo disciplinario en las sociedades primitivas. “De hecho son ante
todo las alabanzas por parte del grupo, por un lado: el menosprecio y la puesta en ridículo del
muchacho, por otro, los que son considerados como el premio y el castigo más eficaces para
motivar y reforzar el aprendizaje”30

Un peso considerable del proceso didáctico los tienen los mitos de la tribu. A ellos se
le reconoce una valor educativo que mueve al hombre primitivo a no ver la realidad
desarticuladamente sino, con una articulación que le permite explicar la entorno que lo
circunda, de tal manera de actuar sobre esa realidad para transformarla a su beneficio. Sobre
todo, cuando éstos tenían que ver con los elementos de la naturaleza. En este nivel, se podría
insertar el uso de la imaginación-creativa que ayuda al desarrollo de estos mitos.

Finalmente, entre los medios de la transmisión oral de las tradiciones de los pueblos
primitivos podemos encontrar los “dichos, proverbios, poemas y canciones, donde las mismas
técnicas particulares de combinación, escansión y modulación” cumplen una genial función
didáctica para la facilitación de la memorización de los contenidos: una función
nemotécnica31.

2.3.4. La escritura.

Otro “recurso didáctico” esencial en el proceso educativo es la “escritura”. En lo más


profundo de la acción didáctica se busca que el cúmulo de experiencias no se pierda con el
individuo singular. Con el “gesto” y la “palabra hablada” corren el riesgo de perderse en el
breve espacio-tiempo en que son usadas; quedando sólo en la existencia del momento fugaz
en que median la relación educativa vivida por los interlocutores más directos. Se hace el
esfuerzo de mantenerlas vivas a través de la tradición oral, siempre frágil y caprichosa en la
conservación del recuerdo.

Por eso ya encontramos, en grupos de muy antigua existencia – edad de piedra - el uso
de dibujos y diversos diseños escultóricos en cuevas. Son recuerdos vivos de diversos ritos y
tradiciones de la comunidad. A través de ellos, el hombre quiere perpetuarse en la expresión
de su pensamiento a través del tiempo y del espacio. Este es, podemos afirmar, un primer
antecedente de nuestra “escritura”.

28
Ib., 493.
29
Ib., 493.
30
Ib., 493.
31
Ib., 493.
22

En el cuarto milenio antes de Cristo, sobre todo en la llamada “cultura de los


amanuenses”, en el cercano oriente, es donde la escritura va asumiendo un rol de primera
importancia en el campo educativo. Con ellos empieza a cumplir la “escritura” una función
social vital; pues quienes adquieren el arte de la “escritura” comienzan a cumplir, además,
funciones reales y sacerdotales, transformándose en un grupo de poder, dado el manejo de
este “secreto”. Por lo tanto, la escritura pasa a ser el medio de instrucción y transmisión
esencial de cultura. Pasa a ser el medio privilegiado de enseñanza para la transmisión cultural;
y esto hasta nuestro días32.

2.3.5. El libro.

Entramos en una etapa conclusiva de esta primera parte de mi trabajo, en la que me


referiré al último gran “recurso didáctico” elegido, que aún en medio del inmenso avance
tecnológico en el mundo audio visual, no ha perdido su fuerza didáctica.

Si para poder interpretar la “escritura” se hizo necesario el enseñar la “lectura”, ello


significó buscar “recursos didácticos” adecuados para ello. Así es como en las escuelas de la
antigüedad usaron las “tablillas” y los muy conocidos “papiros escritos” para que el alumno
los copiara. Es interesante ver la evolución de estos papiros, que ya en la época helénica
llegaron a tener un tal tamaño – 16 folios unidos unos a otros y enrollados simultáneamente a
un palito de madera – y por la dificultad de su uso, que pasaron, en especial en la educación
de los más pequeños, a ser el “libro” del maestro, en vez del uso directo por parte de los
alumnos.

Se podría hacer un largo estudio acerca de la evolución y uso de estos “papiros” a lo


largo de la historia; pero en relación a lo que nos entretiene, la difusión de estos textos
respondía a la necesidad de la transmisión de los conocimientos, y también a su difusión a un
más amplio público, que el de los “libros” materialmente entendidos.

La extensión y difusión, sobre todo en lo referente a textos educativos, para los niveles
inferiores de la educación, se dará especialmente a partir de “las orientaciones didáctico-
prácticas de los humanistas hasta el comienzo del moderno arte editorial escolar, con la obra
de los jesuitas y de los jansenistas. Será, sobre todo a través de la invención de la imprenta en
el siglo XV33, hecha posible por la invención de la metalurgia; y, poco a poco cada vez más
perfeccionada por la tecnología moderna , resolverá definitivamente el gravoso problema de
la falta de textos y de su elevado coste (...)”34.

Por tanto el “libro”, recibiendo el nombre que sea ( “tablillas”; “papiros” o libros de
diversa confección hasta su difusión gracias a la imprenta ) ha cumplido una función esencial
en la transmisión de contenidos, vital para el proceso de enseñanza-aprendizaje.

32
Ib., 493 – 494.
33
Vale destacar que la primera edición de imprenta del libro de los Ejercicios tiene por fecha el año 1548.
34
“Recursos didácticos”, Art.cit., 498.
23

SEGUNDA PARTE:

LA DIDÁCTICA EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE


LOYOLA.

Capítulo primero:

Gérmenes de la “didáctica” de los Ejercicios Espirituales en la experiencia formativa de


Ignacio de Loyola.

“No despreciéis el recuerdo, muy oportuno, por demás, del camino recorrido.
No retrasa vuestra carrera, sino que la dirige: el que olvida el punto de partida pierde
fácilmente la meta”35.

Con esta cita de la alocución del Papa Pablo VI, con ocasión de la reunión de médicos
pertenecientes a la “Union medicale latine” tenida a Roma, deseo expresar el sentido de este
primer apartado de la segunda parte de mi trabajo.

Necesario es, después de haber someramente estudiado qué significa la “didáctica” en


el contexto de las ciencias de la educación, realizar una mirada al proceso formativo, en sus
dimensiones humana e espiritual, del autor del libro de los Ejercicios; para desde este
trasfondo poder ver los primeros gérmenes de vida de la “didáctica”, presentes en la
experiencia de Iñigo, los cuales tomaron finalmente cuerpo en la redacción de su escrito.

La pedagogía que estudiaremos, a la cual la “didáctica” presta su servicio, podemos


llamarla con todas las de la ley: “pedagogía ignaciana”. Ignaciana al cien por cien pues está
fundamentada, identificada, hecha y confeccionada a la medida de su fundador: San Ignacio
de Loyola.

Sin su persona, su vida, sus experiencias, su formación humana e espiritual, sus


vivencias místico-ascéticas, sus estudios y su sentido apostólico no podríamos llamarla
“Ignaciana”. Ella es su fotografía.

Es interesante destacar que San Ignacio, respecto a su pedagogía, es discípulo y


maestro al mismo tiempo. Esto es poco visto en el medio educativo. En cambio Ignacio dice
y escribe aquello que el mismo primero vivió, pensó y experimentó como discípulo y como
maestro de sí mismo.

35
PABLO VI, Alocución de 21-3-1964. Cfr. Ecclesia, n° 1.186.
24

Toda esta experiencia pedagógica se vio volcada en su libro de los Ejercicios


Espirituales. Ellos son una escuela de formación espiritual. Ignacio de Loyola es el fruto de
una síntesis y unión de dos extremos. Él mismo experimentó dos extremos en su propia vida y
modo de pensar: síntesis de una vida auto-referente que pasa a consagrarse al servicio de los
demás y síntesis de dos mundos; el medieval y el renacentista.

Él y su pedagogía actualizan el idealismo religioso del heroísmo y generosidad hasta


el extremo, tan propio de la Edad media; y, por otro lado, los trazos de un Renacimiento
marcado por el realismo práctico y la amplitud de miras, tanto en las ciencias como en el
pensamiento humano.

Su pedagogía es una síntesis maestra entre lo que es absoluto e inmutable como es el


fin, la meta, el ideal y aquello que es variable, mejorable, relativo y libre como es el ser
humano. Se ponen en juego el elemento Divino y el elemento humano en un diálogo
maravilloso marcado por la libertad de ambos.

Ignacio en su pedagogía es claramente “finalístico”; vale decir, sus fines y objetivos


están claramente delimitados desde un principio. Pero esto no deja de conjugarse y
sintetizarse con una pedagogía claramente “personalística” que pone una especial atención a
los agentes del proceso: maestro y discípulo. En este sentido la pedagogía ignaciana en su
sentido finalístico es una pedagogía de fines y medios. Su fin último es el fin último del
hombre: unirse a la voluntad de Dios.

Para llegar a esta maravillosa síntesis, Ignacio de Loyola, o en aquel momento Iñigo
López de Loyola, recorrió un largo camino que desembocó finalmente en su conversión; lo
que también significó un proceso de profundo crecimiento. En este tiempo, previo y durante
su conversión, Ignacio va recibiendo los primeros elementos pedagógicos propios de su época
–sean culturales que de la acción directa de Dios en su persona-, los cuales fueron gestando
los primeros componentes de una “pedagogía”, en el sentido científico de la palabra, y de una
de sus ciencias auxiliares, como la que nos entretiene: la “didáctica”.

Pocos hombres en la historia han tenido desde su infancia una vida y experiencia tan
variada como San Ignacio de Loyola. Y menos de ellos habrán tenido esa capacidad de auto-
análisis y reflexión psicológica sobre los influjos que ella tuvo. Así se logra intuir fácilmente
el porqué de la riqueza de su síntesis36.

Iñigo es hijo de su tiempo37. Y de niño bebió de los ideales pedagógicos del Medioevo.
Éste se distingue por la diversidad de ideales educativos, pero insertos dentro de una única
visión del Cristianismo en relación a la vida. El hombre es visto como un caminante que se
dirige a la meta, es decir, una vida en que su vector apunta a lo Divino, a un acercarse a Él.
Ese es el ideal supremo. En este contexto la educación se acerca a su perfección cuando es
capaz de hacer vivir al hombre de una manera dirigida hacia Dios. Así el modelo viviente de
este camino es Jesús. No se le entiende sólo como un predicador de doctrina, sino como un
ejemplo a imitar. En todo esto la “Creación” aparece como camino, escala, de subida hacia
Dios.

36
BERTRAN QUERA, M., “Los principios de la primera pedagogía de los Jesuitas”. Resumen de la tesis
presentada para el grado de Doctor en Filosofía y Letras (Barcelona 1967).
37
Ignacio nace en Loyola, probablemente antes del 23 de octubre de 1491 y muere en Roma el 31 de julio, al
amanecer, de 1556, cfr. SAN IGNACIO DE LOYOLA, Obras (B.A.C., 6 ed., 1997) 45-59.
25

En este período se inserta el ideal feudal de la caballería. Aparece hacia el siglo VIII.
Manifiesta todo su esplendor en el período de la cruzadas y la reconquista de España. La
caballería es un ideal de vida y toda una escuela de formación y vida, porque el joven noble
debía cumplir una serie de etapas, de iniciaciones diríamos, muy claras que constituyen su
currículo de estudio. Ya cumpliendo los siete años comenzaba una preparación física intensa y
en las artes liberales. Cuando cumplía los doce años, eran enviados a una familia feudal de
amigos, o a la corte soberana, donde eran llamados: “pajes”. En ese tiempo aprendía las
normas y tradiciones caballerescas, los usos y costumbres de la corte, la obediencia a su señor,
el respeto a los preceptos de la Iglesia y la generosidad hacia todos. Cuando cumplía los
catorce años, pasaba a ser “escudero”. Es la etapa del aprendizaje del arte de la guerra;
acompañaba a su señor a la guerra, se entrenaba en el manejo de la armas y era probado en el
valor y la fidelidad. Finalmente, y no antes de cumplir los veintiún años, si su señor lo
consideraba digno, recibía la espada y el título de “caballero”, mediante una ceremonia
religiosa llena de símbolos: lavado, vela de armas, los colores de las vestiduras, la investidura.
Con solemne juramento se comprometía a proteger a la Iglesia, las viudas y los huérfanos; a
obedecer al soberano y a dar la sangre por los hermanos.

El espíritu de la caballería es representativo de la Edad Media: aventura, afirmación de


la propia personalidad individual, y el no exceso de atención por las comodidades. A este
espíritu se une la función pedagógica de la caballería, que se presenta como el valor más alto
puesto al servicio de los grandes ideales: la fe, la Iglesia, el Rey, la dama, la defensa de los
más débiles y la liberación de la tierra santa.38

¿Cómo no reconocer los ideales de Ignacio en todo lo arriba dicho? ¿cómo no


reconocer rasgos de ese proceso de formación en sus Ejercicios Espirituales? Todo esto
comenzó en su casa y se completó cuando Iñigo se trasladó a Arévalo. Para él fue un pasar de
la “Casa-Torre” al ambiente de un palacio real, junto a D. Juan y Dona María, donde Iñigo
vivió desde su infancia hasta bien cumplidos sus años juveniles.39

“De la convivencia de Iñigo de Loyola durante tantos años en el seno de la


familia Velásquez de Cuellar, de su trato filial con Don Juan y Doña María, de su
familiaridad con los hijos de la casa, sobre todo con los varones; de su educación con
sus preceptores y capellanes, de su experiencia de armas, caballos y torneos; de su
conocimiento de libros y cartapacios; de su instalación entre objetos ricos y artísticos;
de su trato con servidores y criados, sacó Iñigo aquellas cualidades que certeramente
menciona Pedro de Leturia: “Corte sí, señoril, cierto aire de distinción áulica,
ambiente literario y musical del que derivó su afición a la pluma y a la música”40.

Aunque Iñigo no fuese armado caballero en modo formal, volcó y expresó toda su
formación en el ideal caballeresco, con el hecho de realizar la “vela de armas” espiritual ante
la “Virgen de Montserrat” (Autobiografía 17-18). Pero ahora con un nuevo “Señor” y una
nueva “Dama”41.

38
BARAVALLE, G., La pedagogia nel suo sviluppo storico, vol. I (Edizione Paoline, Roma 1970).
39
A.A.V.V., Ignacio de Loyola en Castilla, (Valladolid 1989) 51.
40
FERNANDEZ MARTÍN, L., El hogar donde Iñigo de Loyola se hizo hombre. 1506-1517. AHSI., XLIX
(1980) 53. Cfr. DE LETURIA, P., El gentil hombre Iñigo López de Loyola en su patria y en su siglo (Barcelona
1949) 74-78.
41
GARCIA MATEO, R., Ignacio de Loyola. Su espiritualidad y su mundo cultural, (Mensajero, Bilbao 2000)
31.
26

Baste con esto para ver su formación medieval. Ya como “peregrino”, y en pleno
cambio epocal, Ignacio recibe una formación académica en Barcelona, Alcalá, Salamanca y
Paris y, en ésta última, en los Colegios de Monteagudo, Santa Bárbara y Santiago; gracias a
los cuales recibió fuertes influjos en su futura pedagogía.

Las ideas y proyectos de Erasmo y Vives debió de conocerlos. Le pusieron


verdaderamente a prueba sus ideales y sentimientos. De ellos aprovechó lo mejor y se alejó de
lo que dañaba, o no era aceptado por la autoridad de la Iglesia. Hizo su síntesis propia.

“Así al contacto real con la mentalidad humanista clásica de Erasmo y con la


actitud pedagógica de Juan Luis Vives, fue San Ignacio de Loyola perfilando sus
propias ideas pedagógicas primero de firme ortodoxia cristiano-tradicional en la
doctrina; segundo de franca aceptación de una nueva pedagogía basada en la
aproximación del maestro al alumno como persona individual; y como tercer
elemento, de una metodología cada vez más aplicada y eficaz”42

Podemos ir concluyendo este capítulo diciendo que todo este camino de crecimiento
humano se vio reflejado de algún modo en el proceso de formación del libro de los Ejercicios
Espirituales. Él mismo nos cuenta a través de Goncalves da Cámara:

“Yo, después de contadas estas cosas, el 20 de octubre pregunté al peregrino


sobre los Ejercicios y las Constituciones, deseando saber cómo las había hecho. El me
dijo que los Ejercicios no los había hecho todos de una sola vez, sino que algunas
cosas que observaba en su alma y las encontraba útiles, le parecía que podrían ser
útiles también a otros, y así las ponía por escrito, verbi gratia, del examinar la
conciencia con aquel modo de las líneas, etc. Las elecciones especialmente me dijo
que las había sacado de aquella variedad de espíritus y pensamientos que tenía cuando
estaba en Loyola, estando todavía enfermo de una pierna...”(Autobiografía 99)43.

De este vital testimonio podemos colegir que el libro vivió toda una evolución
recibiendo incluso sus últimos retoques, como sabemos, cuando su autor estaba en su plena
adultez. Es un libro que se enriqueció de mil maneras; pues recorre un amplio marco de la
historia de su creador. Ignacio mismo se siente enseñado en este crecimiento espiritual cuando
dice en la misma Autobiografía: “En este tiempo (el de Manresa) le trataba Dios de la misma
manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole...” 44. Ignacio posee un
depósito de experiencia, que se ha ido cristalizando en el tiempo, y actúa como punto de
referencia a la hora de aplicar lo vivido a otros. Los Ejercicios aparecen atravesados por una
serie de procesos que primeramente fueron vividos por él mismo. Éstos reflejan a un Dios
pedagogo que hace un trabajo de joyería en el corazón de Ignacio. Toda su pedagogía está
expresada en ese “modo y orden”45 que son el alma de la experiencia Ignaciana46.

Capítulo segundo:

La “didáctica” presente en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

42
BERTRAN QUERA, M., Op.cit., 13.
43
Traducción española tomada del original italiano en IGNACIO DE LOYOLA, Op.cit., 175.
44
Autobiografía 27.
45
Ejercicios Espirituales 2,1.
46
RUIZ PÉREZ, F.J., Teología del Camino, Col. Mensajero-Sal Terrae n°22 (Bilbao-Maliaño 2000).
27

El libro de los Ejercicios apunta a un objetivo espiritual-sobrenatural: la entrega


personal, libre y amorosa, a Jesucristo y su misión. Esta elección debe ser realizada en plena
libertad y sin ninguna influencia de algún tipo de afecto desordenado. Clave es, por ende,
dominar la propia naturaleza egoísta y soberbia. Aquí es donde la pedagogía presente en el
texto encuentra su fin y su meta. Teniendo esto claro, es cuando la “didáctica”, como parte
esencial de la pedagogía y distinta a ella, viene a ayudar a encontrar los medios - y su
utilización - más eficaces para alcanzar dicho fin. Es interesante ver cómo los Ejercicios
están marcados por una pedagogía «para» la libertad y no «por» o «en» la libertad. Es decir, la
libertad aparece como la meta y término, más que como el camino o medio. Decir esto es
clave para entender toda la “didáctica” presente en los Ejercicios, pues ella está en exclusivo
servicio para dar los medios y sus usos más acertados, según las diversas personas y
circunstancias, para alcanzar ese fin. Ante todo: “Es una pedagogía, pues, que realiza
didácticamente el aforismo «non multa, sed multum». De ahí que no lleve a la brillantez ni
extensión de conocimientos, como otras, sino a la solidez, a la profundización y
fundamentación del saber”47.

Estos Ejercicios Espirituales son un manual práctico para quien quiere vivir la
experiencia. En este sentido: entra a realizarla quien libremente lo decide con “ánimo y
generosidad”. En éstos todo va dirigido hacia la acción (elemento fundamental de la
“didáctica”): son “ejercicios”. Todos ellos están marcados por una “actividad enfocada”,
hacia el fin que ya hemos expuesto48.

No podemos olvidar, que al ser su objetivo espiritual-sobrenatural, estamos delante


más bien de un manual “mistagógico”. Por ende, su “didáctica” esta marcada por esta
introducción a un misterio; que es el encuentro de dos libertades: la de Dios y la del hombre.

En la primera parte de este trabajo expuse qué entiendo por “didáctica” y su partes.
Ahora haré una presentación de los elementos didácticos que están presentes en el libro de los
Ejercicios. Hemos de recordar que, como ciencia, nace posteriormente al texto que nos
interesa; por eso, llama más aún la atención cómo Ignacio ya manejaba sus elementos
esenciales de una manera magistral.

2.1. El contexto de aplicación de la “didáctica” en los Ejercicios Espirituales.

He explicado que en la “didáctica” el contexto de aplicación es la “escuela”. Con esto


se incluye además de los actores del proceso educativo -que veremos con más detalle en la
siguiente sección- , todas las dimensiones espacio-temporales (cronotópicas) con sus desafíos
y problemas; además de los qué, los cómo y los por qué. Finalmente explicamos brevemente
que ella se divide en “general” y “particular”. Busquemos este “contexto” en los Ejercicios.

Ignacio tiene una clara visión humana ligada al espacio y el tiempo. Por eso él no deja
de preocuparse por toda una suerte de elementos medio ambientales y corporales para que
todos ellos confluyan en servicio del fin que se busca. Todas la coordenadas humanas son
aprovechas para una finalidad espiritual. Es todo el sujeto, tanto en lo externo como en lo
interno, el que entra en juego. Cambiando el espacio y el ritmo de vida, se ponen los medios
facilitadores para poder objetivarse a sí mismo y así poder saber usar de la potencias naturales
que Dios nos dio.49

47
BERTRAN QUERA, M., Op.cit., 23.
48
Ib., 25.
49
DOMÍNGUEZ, C., Las anotaciones a los EE.EE y el Psicoanálisis: I y II., Manresa 60 (1988).
28

Es tradición de la ascética cristiana el llamado “recogimiento”, que tiene por finalidad


regular nuestras facultades, para ayudarnos a eliminar impedimentos que nos alejen de la
concentración y así nos permitan un diálogo centrado con el Señor. A esto también se le
llama: “desierto”, como sentido simbólico del lugar del encuentro con Dios. Es vital la
creación de un “clima” para que así el hombre pueda “oírse”; tome conciencia de su
existencia y la de su prójimo. Ese “clima” le facilitará el autoconocimiento, le hará tomar
conciencia que no está solo y que no está perdido.50

Cuando Ignacio quiere referirse a los Ejercicios en su perfección dice, en la anotación


20 de su libro51, que el que realiza los Ejercicios tome una habitación distinta, se aleje de
amigos y conocidos; para que se ubique en una condición totalmente distinta de su vida
cotidiana, que le ayude a una verdadera soledad y cuanto más mejor:

“[20] 20ª La vigéssima: al que es más desembarazado y que en todo lo possible


desea aprovechar, dénsele todos los exercicios spirituales por la misma orden que
proceden; en los quales, por vía ordenada, tanto más se aprovechará, quanto más se
apartare de todos amigos y conoscidos y de toda solicitud terrena; assí como mudándose
de la casa donde moraba, y tomando otra casa o cámera, para habitar en ella quanto más
secretamente pudiere; de manera que en su mano sea cada día a missa y a vísperas, sin
temor que sus conoscidos le hagan impedimiento. Del qual apartamiento se siguen tres
provechos principales, entre otros muchos: el primero es, que en apartarse hombre de
muchos amigos y conoscidos y, asimismo, de muchos negocios no bien ordenados, por
servir y alabar a Dios nuestro Señor, no poco meresce delante su divina majestad; el
segundo, estando ansí apartado, no teniendo el entendimiento partido en muchas cosas,
mas poniendo todo el cuidado en sola una, es a saber, en servir a su Criador, y aprovechar
a su propia ánima, usa de sus potencias naturales más libremente, para buscar con
diligencia lo que tanto desea; el tercero, quanto más nuestra ánima se halla sola y
apartada, se hace más apta para se acercar y llegar a su Criador y Señor; y quanto más así
se allega, más se dispone para rescibir gracias y dones de la su divina y summa bondad.”52

Ninguna de las recomendaciones puestas por Ignacio están ordenadas a sí mismas, con
eso se evitan fanatismos y exageraciones.. Todo tiene un fin espiritual. La soledad que
recomienda es también material, pero toda ella dirigida a una soledad espiritual.

Recomienda además quitar todo aquello que pudiese turbar el alma, todo pensamiento,
aunque sea bueno, que venga a distraer este estar “centrado” en aquello que lo ha de ocupar.
Debe de ser evitado el: “... querer pensar en cosas de placer ni alegría...” [EE.78], cuando se
está meditando, por ejemplo, sobre el pecado; y debe además evitar adelantar las cosas, no
queriendo saber lo que viene, como paso siguiente, en su proceso de oración: “Al que toma
exercicios en la 1ª semana, aprovecha que no sepa cosa alguna de lo que ha de hacer en la 2ª
semana; mas que ansí trabaje en la 1ª para alcanzar la cosa que busca, como si en la 2ª
ninguna buena sperase hallar.” [EE.11]. Más aún, Ignacio insiste en que dentro de la llamada
“Semana” quiere que sólo se concentre en el misterio o verdad que está meditando o
contemplando, evitando así una dispersión: “...Primera nota: es de advertir para toda esta
50
IGLESIAS, I., Elementos Instrumentales de la experiencia de Ejercicios Ignacianos, Manresa 60 (1988).
51
Es importante saber que Ignacio menciona diversas modos de desarrollar sus Ejercicios, según personas y
situaciones personales. Esto se puede ver en las anotaciones 18 y 19 de su libro. Pero para mi trabajo nos
basaremos en la número 20, donde Ignacio expresa en profundidad y acabadamente su ideario.
52
De ahora en adelante me referiré a los Ejercicios Espirituales con la sigla EE entre corchetes [ ]. El texto en
español está tomado del “autógrafo” que aparece en SAN IGNACIO DE LOYOLA. Op.cit., 220ss.
29

semana y las otras siguientes, que solamente tengo de leer el misterio de la contemplación que
inmediate tengo de hacer, de manera que por entonces no lea ningún misterio que aquel día o
en aquella hora no haya de hacer, porque la consideración de un misterio no estorbe a la
consideración del otro.” [EE.127]53.

Profundicemos en este “contexto”, analizando algo más cómo se comprende el


espacio-tiempo, siendo éste vital como medio didáctico para alcanzar el fin. En relación al
“espacio”, salvo el físico arriba mencionado, no se describe literariamente casi ninguno. Lo
que suele llamar “composición de lugar” son más bien descripciones, que cumplen una
función de construcción imaginaria, en ayuda de la meditación. Facilita la construcción del
lugar para la persona, que primero se debe situar ella misma “viendo el lugar”. Estas
indicaciones forman parte de los llamados: “Preámbulos”54. En esta “composición viendo el
lugar”, como aparece textualmente en el libro, se presentan someramente los espacios “de
orden geométrico”, que para nosotros pueden parecer algo innecesarios, pero que no se
pueden obviar, teniendo en cuenta que todo está centrado en el hombre. Algo tan propio del
Renacimiento; que vio gestar este libro y madurar a su autor. El hombre real está en un lugar,
en este mundo temporal, mientras se mueve en el espacio.

En relación al “tiempo”, la primera manifestación aparece en la anotación cuarta,


donde habla de todo un proceso que se desarrolla en “cuatro semanas” [EE.4]. Ello no
necesariamente significa: una semana igual a siete días. Pero con esto establece el tiempo
objetivable y mesurable y sus posibilidades de variación, según lo requiera la experiencia. Es
así un tiempo llamado “vivencial”. En la llamada “Primera Semana”, no nos encontramos con
indicios temporales concretos: no hay personajes históricos que se contemplan en su figura y
acciones o palabras: sino que como existen dos tipos de meditación una “invisible” y la otra
“visible”. Esta ausencia de indicadores temporales visibles centra el trabajo en la vida del que
se ejercita.

El tiempo como disposición a la meditación o contemplación, también le pertenece un


tiempo concreto y bien especificado:

“El primer exercicio se hará a la media noche; el 2°, luego en levantándose a la


mañana; el 3°, antes o después de la misa, finalmente que sea antes de comer; el 4°, a
la hora de vísperas; el quinto, una hora antes de cenar. Esta repetición de horas, más o
menos, siempre entiendo en todas las 4 semanas, según la edad, disposición y
temperatura, ayuda a la persona que se exercita, para hacer los cinco exercicios o
menos.”[EE.72].
Cada ejercicio contiene, pues, lugar y tiempo, y los intervalos entre ellos no concurren
como una ruptura, sino todo lo contrario, ayudan al proceso lógico del retiro. Es más, ellos
sirven para la relajación, revisión, etc. Y se han de acomodar pedagógicamente a las
necesidades circunstanciales del que se ejercita.

También encontramos otro elemento temporal claramente mesurable que aparece en


los Ejercicios; es la insistencia que pone san Ignacio en que cada “ejercicio” de oración dure
una hora entera: “12ª La duodécima: el que da los exercicios, al que los rescibe ha de advertir
mucho, que como en cada uno de los cinco exercicios o contemplaciones, que se harán cada
día, ha de estar por una hora, así procure siempre que el ánimo quede harto en pensar que a
estado una entera hora en el exercicio, y antes más que menos...”[12 y cfr. 13 y 128]. Aquí se
53
CASANOVAS, I., El método de San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, Manresa (1927) 97-102.
54
[EE.47,56,91,103,112,138,151,191].
30

confirma este tiempo “vivencial” arriba dicho, cuando Ignacio habla de lo fácil que es
perseverar, cuando se está consolado y lo difícil en su estado contrario. Se confirma que el
tiempo es relativo. Toda esta insistencia en la fidelidad horaria va a que se logre satisfacer la
persona, para que llegue verdaderamente al goce de lo que hace y encuentre lo que busca.[cfr
EE. 12 y 13].

Todo el tiempo está dedicado a una radical vida espiritual que, en los Ejercicios, se
desarrolla a través de una continuada relación con el Señor: meditaciones, contemplaciones,
repeticiones, resúmenes, aplicaciones de sentido, modos de orar, interrumpidos por tiempos
de pensar por momentos o todo el día a través de los coloquios y todo ésto “ambientado” en
un profundo recogimiento.55 Además, Ignacio pone una nota en la segunda semana
[cfr.EE.133], en que aclara que es necesario que se le dedique un tiempo concreto a la
preparación de la oración y no se olvide de evaluarla, al finalizar la misma, donde
expresamente habla de “... después de acabado el exercicio, por espacio de un quarto de hora,
quier asentado, quier paseándome, miraré cómo me ha ido...”[EE.77].56

Cada “semana” y cada “ejercicio” tiene su propia autonomía que va enriqueciendo el


proceso total, pues enlaza las distintas partes, dándole una coherencia de progresión y
profundización en “espiral”.

Otro “indicador” temporal, que aparece por vez primera en la “Segunda Semana”, es
el que nos dice el “1º preámbulo. El primer preámbulo es traer la historia de la cosa que tengo
de contemplar;...”[EE.102] y éste se inscribe en un momento histórico concreto al invitar al
ejercitante a considerar el acontecimiento [ídem]. Es decir, no se habla de un tiempo en
abstracto, sino de un donde y cuando se tuvo lugar ese hecho histórico que estoy
contemplando, en este caso se refiere a la Encarnación del Señor, ubicable en el tiempo y en
el espacio.57

Aquí entramos en una riqueza “didáctica” de los Ejercicios en lo tocante al “contexto”:


es la historia. El peso de la historia es vital en los tiempos de oración de los Ejercicios: “No
se oran ideas, ni se lee historia; se contemplan creaciones (ideaciones) subjetivas, se bucea en
el sentido de la historia....se compromete con la historia en una decisión personal; contrastada
con Dios, que ha de hacer historia...”58

Este “primer preámbulo” pareciera que es meramente una propuesta del método. Pero
hay mucho más junto a él. Debemos mirar la segunda anotación [2], donde se repite: “narrar
fielmente la historia”, “tomando el fundamento verdadero de la historia”, “declarar o sentir la
historia”, “declarando y ampliando el sentido de la historia”. Todo esto nos demuestra la vital
importancia que tiene la historia en el proceso de los Ejercicios, como “contexto” para
alcanzar el fin que se busca. El que da los Ejercicios debe conocer bien la historia, como ha
sido revelada en las Sagrada Escritura, respetarla y transmitirla al que se ejercita como ella es.
La historia en la experiencia ignaciana es el “humus”, la clave de todo el proceso. Es más, el
desvirtuarla, manipularla, exagerarla o sus contrarios, puede desnaturalizar la dinámica
interna de los Ejercicios Espirituales. Lo demuestra la cantidad de veces que es mencionada
en la experiencia completa.59
55
CALVERAS, J., Qué fruto se ha de sacar de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio (Librería Religiosa,
Barcelona 1950).
56
CASANOVAS, I., Op.cit. 289-297.
57
GARCIA MATEO, R., Op. cit., 293-297.
58
IGLESIAS, I., Op.cit., 242.
59
[EE. 2,1; 2,2; 2,4; 102,1; 111,1; 137,1; 150,1; 191,1; 201,1; 219,1]
31

La memoria juega aquí un rol esencial. Es la que permite abrir las puertas y poner en
marcha el proceso discursivo y contemplativo de la historia, facilitando así el encuentro con el
Dios vivo y verdadero. “La historia se hace así omnipotente como un humus viviente, una
atmósfera, no en la que el proceso se ahoga a sí mismo; sino como una corriente de la que se
nutre todo el proceso, más aún, que hace que el proceso sea, y haga historia”60

Cuándo Ignacio está sugiriendo “la historia que tengo que contemplar” [EE.102] y
además “como si presente me hallase” [EE.114] nos indica el sentido didáctico que tiene esta
“historia”. Ella busca implicar al ejercitante, hacerlo un actor vivo, metiéndose en esa historia;
dejándose “afectar” por ella. Esta historia es la “Historia de la Salvación”; que es historia
universal y que se hace personal en el proceso de los Ejercicios. Toda esta historia de
salvación, ya desde la Encarnación [EE.101], es concreta y temporal, el que se ejercita la mira
desde la óptica del “por mí” [EE.104]. Por eso, como arriba decía, “traer la historia” conlleva,
que el ejercitante se mira a sí mismo dentro de este proceso, como un actor, de eventos reales
de gracia Salvífica y de pecado que es nuestra historia. Pero, al ser actor, la asume y asimila
como propia. Es una historia que acontece en el ejercitante, pero él necesita tomar conciencia
de esto para poder captar su significado y no enredarse en sí mismo. Todo esto tiene sentido,
en cuanto que la historia debe ayudar a entrar en el substrato inconsciente, para comenzar un
camino hacia la conciencia. Así la clave de lectura del proceso bien realizado en este “traer la
historia”, es cuando el ejercitante llega al “conocimiento”, “conocimiento interno”, “sentir” la
propia historia [EE. 43 y 63]. Así es como la historia se convierte en “Epifanía” de Dios, que
permite al hombre comprenderse y aceptarse.61

La memoria en este proceso, algo ya mencioné, cumple una vital función de


desbloqueo y de “toma de conciencia”. La memoria nos ayuda a evocar pensamientos, deseos
y sentimientos. Por ello lo que se busca en el proceso de memorización en los Ejercicios,
cuando se está trabajando en la propia historia, vista en este contexto de salvación, es ir a
aquellos recuerdos no neutros, sino a aquellos que tienen significación para el ejercitante. Por
esto es por lo que el acto de recordar posee un valor como medio para poner en orden nuestra
vida.

Quién desea cambiar, “ordenarse”, no puede olvidar sus comportamientos pasados.


Esto nos ayuda a ser más concientes de lo que vivimos o hemos vivido. Además que el acto
de recordar ayuda a desarrollar una conciencia de la propia identidad y una mayor conciencia
de los favores recibidos de parte de Dios. La primera semana de los Ejercicios invitan a una
“memoria” de los propios pecados pasados [EE.56], pero jamás Ignacio nos deja mirarnos
solos, pues sabe los riesgos que eso puede implicar. Nos pone delante del Cristo crucificado
que dialoga con nosotros [EE.53]. Ese es un aspecto que ya nos hace sentir el deseo de
agradecer, a pesar de nuestra “historia de pecado”, y de cambiar, pues esto es “por mí”. Junto
a esto, en la última parte de proceso de los Ejercicios, “La contemplación para alcanzar
amor”, también la memoria tiene una función vital. Ella nos ayuda a tomar conciencia de los
beneficios recibidos de creación, redención y gracias personales [EE.234] Pero en esta
contemplación la memoria adquiere una especial relevancia pues es puesta junto a la
inteligencia y la voluntad y con ellas se entrega toda entera al Señor: “Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad...”. Gracias a la memoria
surge espontáneamente la entrega, en una manera inteligente y llena de deseos santos de

60
IGLESIAS, I., La historia en los Ejercicios (“el primer preámbulo es la historia”), Manresa 61 (1989)123.
61
Ib., 124-130.
32

darse, pues se es conciente de todos los beneficios recibidos. Es una acción de gracias
concreta.62

Todo lo anterior sólo se entiende si se ha logrado, por gracia divina, “un sentir y gustar
de las cosas internamente”[EE.2]. Un saborear, un gozar de las cosas: una devoción interna
verdadera, en el lenguaje de Ignacio. Y esto es lo que satisface el alma.63 Este “sentir” es otro
elemento clave de nuestro contexto de aplicación de la “didáctica”. “Sentir” aparece 33 veces
en los Ejercicios. Ignacio da gran importancia al plano de los afectos. Este sentir lo relaciona
con el entendimiento, pues todo “sentir” posee un sentido, vale decir, un significado. Por eso
Ignacio muestra aquí una clara visión del hombre, donde para él conocimiento y amor son el
centro del ser humano, son ese “espacio” interior donde se realiza el diálogo y el encuentro
con Dios; donde se “escucha” y “siente” la propia vocación personal. Podríamos aquí hablar
del “corazón” en sentido bíblico de la palabra. Es toda la persona, la que entra en juego en ese
diálogo y es toda ella invitada.64

Todo este “contexto” interno e externo, con sus espacios y tiempos y sus dificultades e
riquezas inherentes no pueden realizarse sin una “actitud” fundamental del sujeto. Para poder
tomar conciencia de la acción de Dios en nuestro mundo afectivo, el hombre ha de poner los
medios: “disponerse”. Esta el la clave de la quinta anotación: “ ...al que rescibe los exercicios
mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor,
ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de
todo lo que tiene se sirva conforme a su sanctísima voluntad.”[EE.5].65 Esto lo
profundizaremos dentro de poco, pero junto a esto hay otro elemento esencial en esta
disposición: la “confianza”. Jugo vital para que los elementos del contexto de la didáctica
puedan empezar a funcionar. Ignacio lo deja muy bien establecido en el “Presupuesto”, donde
dice:

“Para que así el que da los exercicios espirituales, como el que los rescibe, más
se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser
más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede
salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta,
busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve”.[EE.22].

Es un principio vital de toda relación humana. Es cierto que este texto nace en un
contexto histórico, que tenía una seria desconfianza frente a los Ejercicios Ignacianos; pero
quedó una genial intuición, clave para que el “contexto” de la didáctica pueda funcionar.

Esta actitud de confianza, esta apertura de base de los agentes del proceso, es esencial
para entrar en una relación personal que posibilita el diálogo con el Señor. Es decir en este
“contexto” aparecen tres niveles de comunicación: Uno, el del escritor del manual, es decir
Ignacio, con el que da los Ejercicios; otro, el de quien los da con el que los recibe: el que se
ejercita; y el último, el del diálogo entre el Creador y su criatura. Para este último, los
“coloquios”66 que propone Ignacio son esenciales.67 Junto a los “coloquios” debemos incluir

62
KIJM, J.M., Les Exercises Spirituels et la Mémorie, Cah. Sp. Ign., 10 (1986) 41-56.
63
BASABE, E., Las veinte anotaciones de los Ejercicios, Manresa 19 (1947).247-339.
64
MELLONI, J., La mistagogía de los Ejercicios, Col. Mensajero-Sal Terrae n°24 (Bilbao 2001)29-93.
65
TEJERA, M., Los Ejercicios, algo más que un manual de acción metódica, Manresa 61 (1989) 94.
66
[EE. 53,61,71,109,117,118,126,147,156,159,198,199,225,237, etc.]
67
REMMERT, G., El diálogo como marco de los Ejercicios, Manresa 48 (1976) 227-228.
33

las “oraciones preparatorias” y las “peticiones”, como partes, como atmósfera interior que
facilita éste dialogo interior.68

Finalicemos este apartado explicando brevemente dónde están presentes la didáctica


general y las particulares; propias del “contexto” de aplicación, que aparecen en los
Ejercicios.

El marco general, el fin a lograr, de toda la experiencia está expresado en el “Principio


y Fundamento”:

“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro
Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son
criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es
criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan
para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es
menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a
la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no
queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que
deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente
deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados”. [EE.23].

Esto texto va a explicar el título de la experiencia: “EXERCICIOS ESPIRITUALES


PARA VENCER A SI MISMO Y ORDENAR SU VIDA, SIN DETERMINARSE POR
AFFECCION ALGUNA QUE DESORDENADA SEA.” [EE.21]. Es vital que si el ejercitante
está siendo invitado a vencerse a así mismo y a ordenar su vida, sepa desde un principio hacia
dónde va y que ponga todo de su parte para lograr ese fin. Es lo que aparece expresado en el
“Principio y Fundamento”.

Todo este marco general, esta didáctica general, que tiene que ver con la
“organización” de toda la experiencia, será alcanzado, a través de las “Semanas” que pasarían
a ser las etapas “particulares”, que van encadenadas unas a otras para llegar al fin, al modelo
pretendido. Por esto es por lo que el fruto de la primera semana ha de ser una contrición
profunda, un dominio sobre la sensualidad y una purificación de vida. Las semanas Segunda,
Tercera y Cuarta van cada una profundizando el encuentro con el modelo, Jesucristo, que en
su misericordia nos ha sanado y ahora nos llama a su seguimiento. Pero Ignacio muestra, en el
proceso, hasta qué nivel se debe llegar en la identificación con el modelo, y para ello la
dinámica propia de cada semana tiene algo de peculiar y de proyectivo a la siguiente. Todo se
concluye en ese cómo de la nueva organización vital, reencontrándonos con el objetivo a
alcanzar, que reaparece en la “Contemplación para alcanzar amor”[EE.230-237].69

2.2. Los actores de la “didáctica” en los Ejercicios Espirituales.

En parte ya han ido apareciendo en el apartado anterior, como es obvio, pues el


“contexto” entre otras cosas está compuesto por los actores principales de este proceso de
enseñanza-aprendizaje. Sin ellos no cobraría vida ni tendría sentido lo que se desea.

68
IGLESIAS, I., Elementos Instrumentales..., Op. cit., 238-239.
69
CALVERAS, J., Op.cit.
34

Hablamos, pues del educador y del educando en términos actuales. En los Ejercicios
Espirituales el primero es denominado: “el que los da” y el segundo como “el que los recibe”
o “el que se ejercita”70. El sentido de la relación de ambos en este proceso educativo es usar
de la “didáctica” de tal suerte de lograr el mejor aprendizaje. Para ello se requiere un buen
conocimiento del educando, una buena preparación del educador, una capacidad de
adaptación a la situación actual del alumno, sin por ello dejarse llevar por el espontaneísmo, y
sin olvidar cuál es el sentido o el fin de todo. Todo esto enmarcado dentro de una buena
comunicación mutua, que implica a los dos, como dentro de un “sistema”.

En los Ejercicios esta relación entre el que los da y el que los recibe aparece con
mucha claridad, y, con todos los elementos que le proporciona la “didáctica” para alcanzar el
fin de ellos a través de esa relación mutua.

La novedad principal que presenta la obra de Ignacio es, como expliqué en el apartado
anterior, que los actores de esta experiencia mistagógica, no son sólo dos. Está de por medio
el actor principal, el “Creador”: Dios. La relación tiene tres momentos como dijimos: Ignacio,
como redactor de la obra, con el que los da; el segundo, entre el que los da y el que los recibe;
y el tercero, entre el que los recibe y su “Criador y Señor”[EE.5]. Con todo, el texto tiene dos
protagonistas claramente visibles: el que los da y el que los recibe, y uno invisible, al que los
dos deben estar atentos, porque es el decisivo protagonista.

El modelo de relación, presente en los Ejercicios, está claramente inserto en una


pedagogía fundamentalmente interpersonal. El perfil, rol y modos de actuar; digamos la
puesta en práctica (didáctica) del proceso ejercicial aparecen principalmente definidos en las
veinte anotaciones introductorias a los Ejercicios y en las reglas de “discreción de espíritus”
tanto de la primera como de la segunda semana.71 Pero están ayudados en cada paso del
proceso por las normas que va dando en los momentos oportunos el autor del método, en su
libro.

El papel “psicopedagógico” del que da los Ejercicios debe ser el de facilitar, poner
todos los medios a mano, para que se realice el encuentro dialogal entre Dios y el ser humano
lo mejor posible y sin engaño. Debe ser un apoyo en el discernimiento de la verdadera o falsa
presencia y acción de Dios en el alma del que los recibe, con una profunda atención a los
influjos procedentes del inconsciente de la persona y del obrar del “mal espíritu”, usando las
mismas palabras de Ignacio.

El que los da está al servicio del que los recibe para que éste pueda llegar a realizar
una correcta “elección”, sin intrometerse, sin presionar en esa decisión a la que el que los
recibe quiera llegar: abrazar la voluntad de Dios en la disposición de su vida. Debe facilitar
una generosa respuesta a la voluntad de Dios. Por otra parte, el que recibe los Ejercicios debe
poner de su parte, es decir debe “trabajar” para alcanzar y conocer esa voluntad de Dios,
liberándose de todas aquellas cosas que se lo impiden y que Ignacio llama “afecciones
desordenadas”[EE.1]. Pero esta tarea no concluye en la liberación de los obstáculos. Debe
cambiar su “objeto de amor”, que era él mismo, para plantarlo en la persona de Cristo, digna

70
Esta cuestión de los términos que cada uno recibe ha tenido muchos cambios estos últimos tiempos. El más
tradicional ha sido el denominarlos como “director y dirigido” respectivamente. Pero también hay
denominaciones tales como: “acompañante y acompañado”; “guía y guiado” etc. Para no complicarnos con el
lenguaje, en mi trabajo ocuparé los mismo términos de San Ignacio: “el que los da y el que los recibe o el que se
ejercita”.
71
[EE. 313-336]
35

de imitación e identificación. Analizaré cada uno de los “actores” por separado para facilitar
su estudio.

“El que los da” tiene claras orientaciones “didácticas” dadas por Ignacio. Ellas son en
resumen: conocer bien al que los recibe, adaptarse y acomodarse a su manera de ser, ayudar
a centrarse en la búsqueda de la voluntad de Dios y apoyar y facilitar el trabajo del que los
recibe alejándole de todos impedimentos y engaños e indicándole los medios más
convenientes en cada paso.

El conocimiento en profundidad del que los recibe Ignacio lo enmarca bien en la


anotación décimo séptima:

“17ª La décima séptima: mucho aprovecha, el que da los exercicios, no


queriendo pedir ni saber los propios pensamientos ni peccados del que los rescibe, ser
informado fielmente de las varias agitaciones y pensamientos, que los varios spíritus le
traen; porque, segun el mayor o menor provecho, le puede dar algunos spirituales
exercicios convenientes y conformes a la necesidad de la tal ánima así
agitada.”[EE.17].

La clave de esta anotación no es la curiosidad del que los da, sino el ayudar a la acción
de Dios, y a descubrir la manifestación de su voluntad, a través de las “agitaciones y
pensamientos”, de las mociones.

El sumo respeto es otro factor presente en las instrucciones que se dan al que da los
Ejercicios. Un respeto a la persona del que se ejercita y sobre todo a su libertad. El ideal es
que todo vaya bien con la colaboración del que los recibe; pero con todo, si es necesario,
cuando las cosas no van alcanzando el fruto esperado, es el momento de una cierta
“intervención” a través de algunas preguntas. Lo vemos en su anotación sexta:

“6ª La sexta: el que da los exercicios, quando siente que al que se exercita no le
vienen algunas mociones spirituales en su ánima, assí como consolaciones o
dessolaciones, ni es agitado de varios spíritus; mucho le debe interrogar cerca los
exercicios, si los hace a sus tiempos destinados y cómo; asimismo de las addiciones, si
con diligencia las hace, pidiendo particularmente de cada cosa destas.”[EE.6].

Otros consejos que implican mayor intimidad con quien los recibe, Ignacio los expresa
en las siguiente anotaciones: En la octava anotación dice: “...según la necesidad que sintiere
en el que los rescibe...podrá platicarles las reglas...”[EE.8]. También en la anotación novena:
“... si es persona que en cosas spirituales no haya sido versado....no le platique las
reglas...”[EE.9]. Otro tanto se capta en la anotación décima, cuando dice: “quando el que da
los exercicios siente al que los rescibe, que es batido y tentado... entonces...”[EE.10].
Finalmente en la decimocuarta concluye: “el que los da, si vee al que los recibe que anda
consolado y con mucho hervor, debe...(...) y quanto más le consciere de ligera condición,
tanto más le debe prevenir y admonir. (...) mucho debe de mirar la propria condición y
subiecto...”[EE.14]. Todo esto que Ignacio recomienda, supone informarse e interrogar, si es
necesario; pero requiere la aceptación y colaboración del que los recibe. No puede haber
curiosidad, ni violencia. Sumo respeto para lograr el fin que se pretende en los Ejercicios.
36

El segundo elemento que mencionamos del modo de proceder del que da los
Ejercicios es adaptarse y acomodarse a la manera de ser del que los recibe. El principio que
está detrás es el de “la adaptación y acomodación”:

“8ª La octava: el que da los exercicios, según la necesidad que sintiere en el


que los rescibe, cerca de las dessolaciones y astucias del enemigo, y así de las
consolaciones; podrá platicarle las reglas de la 1ª y 2ª semana, que son para conoscer
varios spíritus”[EE.8].

Leyendo el texto anterior podemos ver presente esa adaptación y acomodación a las
necesidades personales del que se ejercita, según su momento y manera de ser. Esto queda
iluminado, cuando Ignacio aconseja al que da los Ejercicios de dar sólo aquello que el que los
recibe puede “asimilar y entender”:

“9ª La nona es de advertir, quando el que se exercita anda en los exercicios de


la primera semana, si es persona que en cosas spirituales no haya sido versado, y si es
tentado grosera y abiertamente, así como mostrando impedimentos para ir adelante en
servicio de Dios nuestro Señor, como son trabajos, vergüenza y temor por la honra del
mundo, etc.; el que da los exercicios no le platique las reglas de varios spíritus de la 2ª
semana; porque quanto le aprovecharán las de la primera semana, le dañarán las de la
2ª, por ser materia más subtil y más subida que podrá entender.”[EE.9].

Este principio de acomodación y adaptación está para mejor provecho del que los
recibe. Se quiere evitar además todo aquello que pueda dañar a su persona y su proceso. Todo
esto está invitando al que los da, a estar muy atento al momento personal del que los recibe,
para aplicar lo que es justo y adecuado a su persona y situación. El rol del que los da se
actualiza, cuando verdaderamente lo necesita el que se ejercita. Lo dice Ignacio claramente en
la anotación décima:

“10ª La décima: quando el que da los exercicios siente al que los rescibe, que
es batido y tentado debaxo de especie de bien, entonces es propio de platicarle sobre
las reglas de la segunda semana ya dicha...”[EE.10].

Esta necesidad de explicaciones (como la de un educador) se hace especialmente


acuciante, cuando el que los recibe se encuentra en un estado de desolación espiritual, sobre
todo en los primeros días de la experiencia. Él debe ayudar al que los recibe a entender qué
está sucediendo en su interior y a aclarar términos. Para ello Ignacio pone las catorce reglas
primeras de discernimiento de espíritus, que corresponden a la primera semana de los
Ejercicios:
“Reglas para en alguna manera sentir y cognoscer las varias mociones que en
la ánima se causa: las buenas para rescibir, y las malas para lanzar; y son más proprias
para la primera semana”[EE.313].

Y cuando ya se ha hecho un cierto camino le recomienda al que da los Ejercicios de


explicar las reglas de segunda semana:

“Reglas para el mismo efecto, con mayor discreción de espíritus, y conducen


más para la segunda semana”[EE.328].
37

Para nuestro tema, interesa destacar aquí cómo el que da los Ejercicios debe aplicar
estas reglas. Vale decir, se le invita a no aconsejar, ni ordenar, ni amenazar. Debe iluminar e
ilustrar, clarificando la situación. Por eso en la regla cuarta de la primera semana, comienza
clarificando términos: “llamo desolación...”[EE.317]. Propio es del que da los Ejercicios,
como un maestro que es, iluminar la ruta e guiar y orientar al que los recibe según su
condición personal, señalándole los pasos a dar, según si está consolado o desolado. Baste
indicar la regla undécima de la primera semana:

“La undécima: el que está consolado procure humiliarse y baxarse quanto


puede, pensando quán para poco es en el tiempo de la desolación sin la tal gracia o
consolación. Por el contrario, piense el que está en desolación que puede mucho con la
gracia sufficiente para resistir a todos sus enemigos, tomando fuerzas en su Criador y
Señor.”[EE.324].

Finalmente es misión del que da la experiencia el prevenir. Prevenir respecto de tomar


decisiones apresuradas, hacer “voto o promesa”, cuando está en consolación, además de
alertarle de las posibilidades reales del actuar del demonio y sus tácticas a evitar.
Otro aspecto del modo de proceder del que da los Ejercicios es ayudar al que se
ejercita a “buscar y hallar la voluntad de Dios”. Su rol es como el de Juan Bautista. Preparar
los caminos y aplanar el terreno, para facilitar el encuentro. Es un rol meramente auxiliar.
Debe permitir el encuentro inmediato no tanto con él, como el del “el Creador y su criatura”
[cfr. EE.15].

En esto mismo debe ayudar a que el que recibe los Ejercicios busque la voluntad de
Dios y no la propia voluntad . Ni tampoco el que los da debe sustituir al que se ejercita ni a
Dios. Citemos la anotación decimoquinta, clave de lo anteriormente dicho:

“15ª La décima quinta: el que da los exercicios no debe mover al que los rescibe más a
pobreza ni a promessa, que a sus contrarios, ni a un estado o modo de vivir, que a otro.
Porque, dado que fuera de los exercicios lícita y meritoriamente podamos mover a
todas personas, que probabiliter tengan subiecto, para elegir continencia, virginidad,
religión y toda manera de perfección evangélica; tamen, en los tales exercicios
spirituales, más conveniente y mucho mejor es, buscando la divina voluntad, que el
mismo Criador y Señor se communique a la su ánima devota, habrazándola en su amor
y alabanza y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle adelante. De manera
que el que los da no se decante ni se incline a la una parte ni a la otra; mas estando en
medio, como un peso, dexe inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la criatura
con su Criador y Señor.”[EE.15].

De aquí podemos decir que para que el que da los Ejercicios, cumpla correctamente su
rol de mediador, también debe alcanzar esa “indiferencia”, clave de todos los Ejercicios. Es
decir, se le está pidiendo una “mortificación” de sus propios sentimientos, un evitar sus
propios juicios y su voluntad. De ninguna manera debe suplir la decisión personal del que los
recibe. Debe dejar a Dios actuar directamente con su criatura. Y si logra aquello, puede decir:
¡misión cumplida!

El último elemento mencionado como rol del que da los Ejercicios, es el promover el
trabajo personal. Él nunca debe suplir la labor interior y personal del que recibe la
experiencia, pues la clave de la “didáctica” ignaciana es la “actividad interna” del que los
recibe.
38

Su actividad interna es doble: despejar el terreno quitando impedimentos –


“affecciones desordenadas”-, y buscar y hallar la voluntad de Dios. Se trata pues de enfocarse
todo entero a este objetivo. Por esto es por lo que el rol del que los da es promover esta
actividad, ayudando a la concentración y a la aplicación de una serie de sugerencias que
ayudarán a alcanzar este fin. Con ello se reafirma más la necesidad de conocer bien al que se
ejercita.

“El que los recibe”, a quien podemos nominarlo como el educando, o “el que se
ejercita”. Es un primer requisito para recibir los Ejercicios que se presente como persona.
Además debe estar dispuesto a abrirse al que los da, para que así pueda recibir esa
acomodación. Debe, finalmente, desear buscar la voluntad de Dios y poner de su parte al
trabajo para el logro de este objetivo. Entrar con gran ánimo, generosidad y confianza.

Ignacio quiere que el que recibe los Ejercicios se vea atraído por una cierta luz. Vale
decir, en un cierto conocimiento de la situación de su alma y de su conciencia. Así que para el
aumento de este conocimiento, y para su autenticidad ante Dios, el que se ejercita debe poner
trabajo de su parte para lograrlo. El que los da le ayudará a realizarlo, pero no lo puede
sustituir en eso. Ya desde la primera semana se comienza un profundo trabajo de
introspección, que por momentos puede encontrar sus dificultades y hacérsele realmente duro.
Por eso Ignacio sugiere que se le expliquen las reglas de primera semana.
San Ignacio quiere un autoconocimiento a la luz de Dios, en esta primera etapa, de su
estado anímico, de sus “sentimientos” y actitudes, de su realidad profunda; pero esto debe ser
alcanzado a través del ejercicio espiritual personal. Con esto, el que se ejercita será más
capaz, en adelante, de enfrentar con mejor dominio sus estados anímicos. Una vez superada
esta etapa “purificativa”, la labor de autoconocimiento espiritual será más compleja. Ignacio
propone, no ya sólo un conocimiento más profundo de su nivel “sensitivo-emotivo”, sino que
ahora profundice espiritualmente en su nivel “ideativo-intelectual”; que distinga sus
pensamientos, y aun luces o mociones superiores, para ver de dónde provienen para así
aceptarlos o rechazarlos. Aquí se aconseja la explicación de las reglas de segunda semana, que
son de materia más sutil. Todo esto no puede hacerlo solo el que los recibe, es indispensable
la experiencia y guía del que los da. Pero para ello debe “abrirse” a quien lo está ayudando.

Inútil será la “acomodación” del que los da, si no sabe qué esta pasando con el que los
recibe. Debe haber una libre apertura de su interior, para dar a conocer sus estados de ánimo,
sus pensamientos y agitaciones para así ser ayudado, como dice la anotación decimoséptima:

“La décima séptima: mucho aprovecha, el que da los exercicios, no queriendo


pedir ni saber los propios pensamientos ni peccados del que los rescibe, ser informado
fielmente de las varias agitaciones y pensamientos, que los varios spíritus le traen;
porque, segun el mayor o menor provecho, le puede dar algunos spirituales exercicios
convenientes y conformes a la necesidad de la tal ánima así agitada.”[EE.17].

La suposición presente en todo esto es la corresponsabilidad del que recibe los


Ejercicios. Pero esto no anula la presencia y responsabilidad del que los da. Necesitamos un
maestro y un guía; más aún, cuando estamos caminando por la vía del Espíritu. Interesante
señalar cómo el “mal espíritu” tiene una especial preocupación de evitar que este requisito de
apertura se realice en el dialogo de ambos. Lo advierte ya Ignacio en la regla trece de las de la
primera semana:
39

“La terdécima: assimismo se hace como vano enamorado en querer ser secreto
y no descubierto: porque así como el hombre vano, que hablando a mala parte requiere
a una hija de un buen padre, o una muger de buen marido, quiere que sus palabras y
suasiones sean secretas; y el contrario le displace mucho, quando la hija al padre o la
muger al marido descubre sus vanas palabras y intención depravada, porque
fácilmente collige que no podrá salir con la impresa comenzada: de la misma manera,
quando el enemigo de natura humana trae sus astucias y suasiones a la ánima justa,
quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto; mas quando las descubre a su
buen confessor o a otra persona spiritual, que conosca sus engaños y malicias, mucho
le pesa: porque collige que no podrá salir con su malicia comenzada, en ser
descubiertos sus engaños manifiestos.”[EE.326].

Parece que es tan clave esta “transparencia” que bien merece un “tiempo” de atención
del enemigo de la naturaleza humana.

Otro elemento que se le pide al que recibe los Ejercicios es una “docilidad y sumisión”
a la voluntad del Señor. Todo debe procurar hacerlo para “servicio, honra y gloria de su divina
majestad”[EE.16]. Pero más claro aún aparece esto en la “oración preparatoria” llamada por
Ignacio: “la sólita”. En ella se arraiga cada vez más una disposición a ordenar todo el trabajo a
la “gloria de Dios”.

“Oración. La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para


que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en
servicio y alabanza de su divina majestad” [EE.46]

Finalizo este apartado de los “actores” con el último elemento esencial que se le pide
al que recibe los Ejercicios: “la actividad y le trabajo interno-personal”. La docilidad para
dejarse llevar a través de las diversas experiencias y modos de orar. Para dejarse orientar en su
actividad.

Esta es la clave “didáctica” de todos los Ejercicios. Se requiere, en este plano


espiritual, la cooperación de la naturaleza humana con el fin de alejarse y renunciar a todo
aquello que dificulta el tener como único amor fontal a Dios.

En orden a esto se exige al que recibe los Ejercicios poner toda su voluntad y querer
en el trabajo. Ya en la anotación veinte pide un serio esfuerzo de alejarse de su vida cuotidiana
para estar más centrado en el trabajo a realizar. Además le pide una clara actitud de entrada:
“ofrecer todo su querer y voluntad”. Es una entrega total de sí y de sus cosas. Lo expresa
claramente Ignacio en su anotación quinta:

“5ª La quinta: al que rescibe los exercicios mucho aprovecha entrar en ellos
con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y
libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se
sirva conforme a su sanctísima voluntad.”[EE.5].

Toda esta actividad debe estar observada y ayudada por el que da los Ejercicios. Los
roles del que da (educador) y del que se ejercita (educando) son complementarios en la
40

prosecución de la meta a alcanzar. Es una relación de profunda interacción, que invita


necesariamente a abrirse a ese omnipresente tercero: Dios.72

2.3. Los “Recursos Didácticos” de los Ejercicios Espirituales.

Hemos ya recorrido el “contexto” de la didáctica y su “actores”. Ahora es el momento


de profundizar en los medios que usa san Ignacio para poner en ejecución esa didáctica. A
éstos la “didáctica” los ha denominado los “Recursos Didácticos”. Nos referimos con ellos a
todos aquellos “instrumentos”, ya explicados, que ayudan a la prosecución del fin buscado.
Aquello que facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje. Estos recursos deben estar insertos
en un proceso bien organizado, con objetivos claros y definidos, o, si no, degeneran en su
función. Se debe tener muy en cuenta todo lo que se pone en juego en su fase operativa:
ambiente, personas, objetivos y proceso global. No pueden ser tratados aisladamente. Esto
obliga a quien los usa a un profundo conocimiento de los mismos.

En los Ejercicios existen dos palabras claves para poder usar correctamente estos
“recursos didácticos” presentes en todo el proceso de la experiencia. Ellas son: “modo y
orden” [EE.2] en el ejercitarse.

En la historia del dar los Ejercicios este “modo y orden” ha vivido diversos acentos.
Unos más literales o de aplicación rigurosa, y otros de un espontaneísmo carismático y
subjetivo de quien da los Ejercicios a otro.

“Modo y orden”; propuesta adaptadora el primero de estos términos; y medio


regulador el segundo. Piden un conocimiento profundo de quien da los Ejercicios. Debe
dominar muy bien el proceso. Esto por el inmenso abanico de posibilidades de aplicación y
adaptación que contiene la experiencia. Debe conocer muy bien sus posibilidades y sus
riesgos, debe demostrar capacidades personales en su aplicación, sobre todo, porque se hace
parte del “sistema”. Su persona no es ajena a lo didáctico.

“De la falta de un “orden” objetivo elemental puede derivar una degeneración


personalista y subjetiva en la que el que da los Ejercicios se convierta (convierta su vivencia
personal) en principio ordenador. De la falta de un “modo” puede derivar un rigor literalista y
tecnificador, una especie de “sacramentalización” (...) que privaría a los Ejercicios de su
adaptabilidad (...) “Modo y orden” se necesitan mutuamente y se realizan en la mayoría de los
casos tensionalmente (...) Dosificar la tensión que se supone, condiciona el buen “ser” de los
Ejercicios.”73

Los Ejercicios poseen un inmenso arsenal de “recursos didácticos”, pero es clave saber
disponerlos y usarlos de la manera más adecuada para la consecución del fin predeterminado.
Esto mismo supone una selección y disposición de los mismos, que requieren conocimiento
profundo de sus fuerzas y posibilidades.74

“Orden” es entendido como una suma de diversos elementos de contenido (de tipo
racional o afectivo) y de recursos, sean “psicológicos” que “materiales” (tiempos, lugares,

72
BELTRÁN QUERA, M, Los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: un método dinámico e interpersonal de
pedagogía religiosa, Espíritu 17 (1968) 47-63.
73
IGLESIAS, I., Dar “a otro modo y orden”(Ex. 2), Manresa 61 (1989) 357-358.
74
CALVERAS, I., Qué fruto..., Op. cit., 20
41

posiciones, etc) todos ellos dirigidos a alcanzar una finalidad, un objetivo; que cumple la
función de principio de ordenador de los mismos y que les da su justificación. Han de ser
sistematizados en forma procesual y dinámica, no en modo preconcebido; sino por
experiencia de aciertos y errores y organizados por una estructura lógica interna. La
experiencia personal del que da los Ejercicios pasa a cumplir un rol esencial y objetivador en
el encuentro entre el “Criador y la criatura”, siempre nuevo y particular. Y el “modo” aparece
aquí como la concreta aplicación del “orden”, según un determinado sujeto que lo aplica: el
que los da, lo adapta todo a las particulares circunstancias del que se ejercita.75

Los “recursos didácticos” que están presentes en los Ejercicios ignacianos de una
manera maravillosamente provechosa son: el “cuerpo”, que se relaciona entrechamente en el
“gesto” y la “palabra hablada”, la “escritura”, y finalmente el “libro”. Analizaré cada uno por
separado.

2.3.1. El cuerpo como “recurso didáctico” en los Ejercicios Espirituales.

El cuerpo aparece como el primer gran “recurso didáctico” en la historia de la


humanidad. Ya desde la sociedades primitivas se ve como era expresión de vida, transmisión
de cultura y medio de enseñanza. A través del “gesto” y de la “voz” (palabra hablada),
cumple funciones expresivo-comunicativas que fueron vehículos esenciales de dicha
transmisión. En esta primera parte, me centraré en el cuerpo físico propiamente tal, para
después analizar sus expresiones más finas. El cuerpo, como veremos en la obra Ignaciana,
tiene una función vital a la hora del diálogo con Dios y consigo mismo, de parte del que
recibe los Ejercicios Espirituales. Él mismo es medio de comunicación y expresión de
diversas dimensiones humano-espirituales.

Ignacio, como buen maestro, lleva al que recibe los Ejercicios a ubicarse en un
“clima” ideal para ese encuentro inmediato con Dios [Cfr.EE.15]. Busca crear un ambiente
que ayude a no tener “el entendimiento partido en muchas cosas”, a prepararse “para se
acercar y llegar a su Criador y Señor” [EE.20]. Provee, las medios adecuados para que el que
realiza la experiencia pueda “oír” la voz de Dios en su corazón, en el silencio. Sabemos que
el orante es un ser situado en la realidad de la vida, en la coordenadas de “tiempo y espacio”,
como hemos analizado. Con esto se asegura que la experiencia de Dios sea real, “encarnada”
en la realidad misma. De ahí su preocupación de dar una serie de “consejos”, para usar este
“recurso didáctico”, para “mejor hacer los exercicios y para mejor hallar lo que se
desea”[EE.73]. A éstos Ignacio los llama: “Addiciones”.

Estas “addiciones”, miran a los ejercicios en particular y la experiencia en general,


pues para Ignacio en sus Ejercicios, es el hombre entero quien entra en juego en este
encuentro. No van en ayuda a favorecer solamente la hora particular de meditación o
contemplación sino a que se mantenga, el que recibe la experiencia, en un “medio ambiente”
apropiado, a lo largo de toda la jornada, semana y mes completo.

Aunque se llaman y son Ejercicios Espirituales entra en juego en ellos toda la persona:
mente, voluntad, deseos, afectividad, sentimientos y corporalidad. Los factores externos que
piensa Ignacio, van en ayuda al encuentro interno, a ese “silencio” del corazón que facilita el
escuchar la voz de Dios.76

75
IGLESIAS, I., Op.cit., 364
76
TEJERA, M., Para adentrarse en la experiencia de Ejercicios: las adiciones [73-81], Manresa 69 (1997) 117-
119.
42

Las “addiciones” para el uso de cuerpo como “recurso didáctico”, tienen en cuenta la
unión “substancial del cuerpo y alma”, en una unidad de naturaleza; y, por tanto, “la
interacción psico-física de los ... estratos inferiores sobre los superiores y de éstos sobre
aquellos, pues todo el trabajo de los Ejercicios va a esto: estructurar en perfecto orden todos
los estratos de nuestra personalidad [EE 1,21,233].”77

Así podemos entender lo que significa para Ignacio el “Subiecto”: es esa unidad de la
persona que está recibiendo la experiencia. Toda ella. Por ello el “recurso didáctico”, que
aparece, va en ayuda de la prosecución de lo que hoy día se ha dado de llamar una “ecología
espiritual”. Se busca unificar al sujeto, consigo mismo y con su entorno, para facilitar la
disposición al encuentro que siempre es iniciativa primera de Dios.78

Siendo Ignacio un verdadero guía y educador, no deja a la suerte de la espontaneidad


del que recibe los Ejercicios, que aún no conoce los recursos por experiencia propia, sino que
le propone los que puede usar para que sea posible una elección que vaya en ayuda de
alcanzar el objetivo buscado. Ignacio quiere unir lo que estuvo unido cuando Dios lo creó,
recuperar esa armonía graciosa de “cuerpo-espíritu”.79 Por esto es por lo que los Ejercicios
pueden ser denominados como “corporalmente espirituales cuando el cuerpo se integra y se
hace biopsicológicamente lugar y raíz de la conciencia”80. Pero Ignacio no se queda ahí.
Como ya mencionamos, para él es todo un clima que se pone en juego, por eso recomienda
poner atención a que no se “corrompa el subiecto” [EE.84] y a poner cuidado en el dormir y el
comer, las denominadas “mudanzas corporales” [EE.84], para ayudar al discernimiento y así
dar lugar a que el Señor se pueda manifestar y ser reconocido por el que se ejercita.

Aquí, el que da los Ejercicios cumple una función vital como maestro y guía de la
experiencia. Él debe “enseñar a orar corporalmente”. Es una responsabilidad que va más allá
de dar unas simples indicaciones o consejos prácticos; debe poseer un profundo conocimiento
del ser humano que se pone en oración. Muchas veces por falta de esto, aparecen dificultades
profundas en la oración tales como: agotamientos, aburrimiento, abandonos, etc. Y peor aún;
exageraciones y confusiones que pueden desvirtuar la experiencia.81 Éste es un punto
altamente delicado, que merece una seria preparación del que los da, habiendo experimentado
personalmente, en primer lugar, e informándose de las riquezas y riesgos que puede encontrar
en otras tradiciones, tanto cristianas como no cristianas, para ayudar en esta área al que recibe
los Ejercicios.82

Detallemos algo más en concreto las “addiciones” que van directamente en ayuda de
las disposición “corporal” en sus diversas dimensiones.

En la primera adición [EE.73] dice: “ya que me quiera dormir...” Se pone aquí una
atención al último acto, de conciencia, del día; para “dejarlo en los umbrales de la
conciencia”, de tal manera que, entre el comenzar a dormir y este acto conciente no exista
nada en medio, ningún otro pensamiento, de tal suerte que al día siguiente, cuando el que
77
ESPINOSA, C., Sicología de las adiciones, Miscelánea Comillas 33 (1960) 179.
78
IGNACIO, I., Elementos instrumentales...., 245.
79
BALLESTER, M., Una lectura corporal de los Ejercicios, Manresa 61 (1989) 152.
80
GARCÍA MONGE, J.A., Los Ejercicios corporalmente espirituales, en A.A.V.V., Psicología y Ejercicios,
Col., Mensajero-Sal Terrae, n°5. (Mensajero-Sal Terrae, Madrid 1990) 296.
81
Ib.,306.
82
CONGREGAZIONE PER LA DOTTRINA DELLA FEDE, Lettera “Orationis Formas”, 15 ottobre 1989
(Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1991)
43

recibe los Ejercicios se despierte, se vea afectado por ese pensamiento permitiendo un
acercamiento fácil hacia el Señor. Continúa el texto: “...por espacio de un Ave Maria”. Vemos
aquí a un Ignacio que piensa hasta en los mínimos detalles: el tiempo tiene su importancia.
Hay personas que se quedan “pegadas”, “adheridas” sin control y con eso el descanso
comienza a verse disminuido, con la consecuencia nerviosa esperable para el día siguiente. Lo
puso por propia experiencia. “Y a qué”, pues todo debe ordenarse al fin y éste debe ser traído
a colación con regularidad, para no perder el fruto peculiar que se busca en la meditación o
contemplación que se realizará. Esto va a cooperar con el “clima” a que nos hemos referido.
Y concluye: “...resumiendo el exercicio que tengo de hacer”. “Este resumen de la meditación
queda en el preconsciente, aflora al consciente inmediatamente al despertar y ambienta al
alma desde el primer momento disponiéndola para acercarse a Dios.”83

La segunda adición [EE.74] contiene un deber negativo y otro positivo. El primero se


recomienda a la mañana: “no dando lugar a unos pensamientos y a otros”; y el segundo:
“advirtiendo luego a lo que voy a contemplar”. Se le puede criticar a esta primera parte de una
sobredosis de voluntarismo, que seguramente no bien usada puede portar a tal peligro. Pero es
necesario continuar leyendo el texto para ver cómo Ignacio va en ayuda a esta disposición
voluntaria con una imagen que le lleva a alcanzar la afectividad: “....trayéndome en confusión
de mis tantos pecados, poniendo exemplos, así como si un caballero se hallase delante de su
rey y de toda su corte, avergonzado y confundido en haberle mucho ofendido, de quien
primero rescibió muchos dones y muchas mercedes; asimismo, ...y con estos pensamientos
vestirme, o con otros, según subiecta materia”. La imagen provoca fácilmente una serie de
sentimientos y se logra un equilibrio entre lo volitivo y lo afectivo, esencial en el proceso de
los Ejercicios como predisposición para el día de oración.

En la tercera adición [EE.75], Ignacio invita a entablar una clara relación entre lo
religioso y el estado psicológico: “Alzado el entendimiento arriba”. Con la ayuda de la gracia,
que se supone, el ser humano entra en un ambiente claramente espiritual, pues el yo humano
se experimenta concientemente delante del Tu divino. Así es como espontáneamente nace un
necesario acto “físico” y “psíquico” concreto de reverencia delante de la inmensidad del
Misterio en el que el yo se reconoce inmerso. Es, pues, consecuente hacer una reverencia, que
es juntamente acto de respeto y de amor, expresión de la profunda humildad de la creatura
delante de su Creador: “...considerando cómo Dios nuestro Señor me mira, etc., y hacer una
reverencia o humiliación.”

La cuarta, [EE.76], es la adición, podríamos decir, más atenta al rol que juega el
cuerpo en este clima espiritual: “4ª addición. La 4ª: entrar en la contemplación, quándo de
rodillas, quándo prostrado en tierra, quándo supino rostro arriba, quándo asentado, quándo en
pie, andando siempre a buscar lo que quiero. En dos cosas advertiremos: la primera es, que si
hallo lo que quiero de rodillas, no pasaré adelante, y si prostrado, asimismo, etc.; la segunda,
en el punto en el qual hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin tener ansia de pasar adelante,
hasta que me satisfaga”. Aquí Ignacio le da al cuerpo su justo rol. “Como los sentimientos
provocan actitudes, así las actitudes , en virtud de la interacción psico-física, provocan
sentimientos, y siendo éstos de gran valor en Ejercicios, para llegar al “conocimiento interno”,
que descendiendo de la mente llena todo el hombre (...) adoptar, por tanto, las actitudes físicas
que más favorezcan tales sentimientos”84

83
ESPINOSA, C., Op.cit. 180.
84
Ib., 183.
44

Junto a esta clarividencia del rol que juega el cuerpo como una especie de
“sacramento” del interior del hombre y viceversa, de ayuda a radicar sus actitudes internas en
la realidad total del ser humano, se percibe de nuevo esa capacidad de respetar la peculiaridad
de cada uno y aquello que más le puede ayudar a la prosecución del fin buscado. “Andando
siempre a buscar lo que quiero”, muestra la parte humana que desea, que busca, que quiere,
subordinando los medios al fin. Para Ignacio este aspecto de la voluntad es tremendamente
eficaz para formar el carácter y para disponer los medios más adecuados para encontrar lo que
Dios quiere. Y todo se concluye en el reposo y en el goce espiritual: “ En el punto en el qual
hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin tener ansia de pasar adelante, hasta que me
satisfaga”. Aquí se ve la maestría Ignaciana que une el reposo físico (la posición que permite
estar más descansado, y por ende más tiempo real) con el reposo espiritual.

Saltamos algunas adiciones que tienen más que ver con materias que ya hemos tratado
arriba y nos centramos en la séptima adición, que va en ayuda de la creación del “clima”. Ésta
aparece no sólo aquí en la primera semana [EE. 79.], sino que también la encontramos en la
segunda semana [EE.130] y en la cuarta [EE.229]. Como “recurso didáctico” el ambiente
donde de encuentra el que recibe los Ejercicios va en ayuda de la formación de sentimientos.
No sólo, desde dentro Ignacio está atento a alcanzar lo afectivo, sino que también cree
firmemente que el entorno ecológico tiene un fuerte influjo. “7ª addición. La 7ª: privarme de
toda claridad para el mismo effecto, cerrando ventanas y puertas el tiempo que estuviere en la
cámera, si no fuere para rezar, leer y comer.” Ignacio está pensando en tiempos en que se
meditan los pecados o la Pasión. Por ello cree que la oscuridad ayuda al recogimiento y a la
aspereza, como lo que se está meditando o contemplando. Se puede además suponer que se
debe realizar su contrario cuando se medita, por ejemplo la Resurrección, como claramente lo
dice en la cuarta semana [EE 229], que será buscar luz , abrir ventanas. Ponerse en contacto
con el buen clima y la vida.

“8ª addición. La 8ª: no reír, ni decir cosa motiva a risa.”. Esta octava adición [EE.80]
toca uno de las experiencias más propias de ser humano: la risa. Ella significa tantas cosas,
pero también físicamente es uno de los ejercicios físicos que más partes del cuerpo mueve.
Aquí Ignacio la quiere frenar, pues no debemos olvidar que estamos en la primera semana,
para evitar la dispersión del que recibe los Ejercicios. La risa puede ser nerviosa, reacción no
controlada, y superficializar lo que ha de ser serio.

La novena adición [EE.81] va a cerrar el ciclo de los sentidos que ayudan más, a la
concentración o dispersión, de la persona que ora. “9ª addición. La nona: refrenar la vista,
excepto al rescibir o al despedir de la persona con quien hablare.”. La vista es una de ellos y
tiene un vital influjo sobre los demás sentidos. La vista sirve para aplicar la atención al
exterior y buscar el contento o apoyo, fuera de la reflexión; o impedirla con la divagación
externa. “El recogimiento exterior es causa del interior, también el interior invita al exterior,
donde se puede ver qué ejercitante está haciendo bien los Ejercicios, y quien no”85

85
Ib.,189.
45

La décima adición [EE.82-86]86 y sus respectivas explicaciones y matizaciones es la


más larga de todas, donde Ignacio pone su atención en la penitencia exterior que surge de la
interior. Da consejos claros de acción, tanto para poderla ejercitar en el comer, el dormir, o
sobre el dolor del cuerpo etc.87, todo ordenado al fin que se busca: dominar las inclinaciones
desordenadas al placer para someterlas al servicio del espíritu, reparar las injusticias ya
causadas, y alcanzar gracias de Dios, todo por unión a los méritos de Cristo que las hacen
válidas; con disposición a la escucha de Dios, y según la persona que la realiza. San Ignacio
sabe que el hombre peca en su ser total, y se ha de convertir con su ser total, en la unidad
anímico-corporal de su persona. Él sabe bien los riesgos que puede contener la exageración y
el descontrol de estas penitencias. Es clave que el que da los Ejercicios tome un rol activo en
su uso.

Pero sobre todo considera indispensable las motivaciones cristianas que aduce para su uso.

La riqueza en el uso del cuerpo, como “recurso didáctico”, no acaba aquí. Claramente
las semanas desde la segunda a la cuarta han de tener sus efectos corporales, puesto que el
centro está puesto en el misterio de la Encarnación, Muerte y Resurrección de Jesucristo. El
hombre en todo este proceso toma clara conciencia que es “un cuerpo redimido, juntamente
con el alma, en Cristo y con Cristo. (...) San Ignacio invita al que se ejercita a corporeizar y
encarnar su oración, por medio de las composiciones de lugar”88

86
Pongo aquí el texto directo de esta adición, por lo poco conocida que es y por la riqueza que contiene:

“[82] 10ª addición. La décima addición es penitencia, la cual se divide en interna y externa. Interna es, dolerse de
sus pecados, con firme propósito de no cometer aquellos ni otros algunos; la externa, o fructo de la primera, es
castigo de los pecados cometidos, y principalmente se toma en tres maneras:

[83] 1ª manera. La 1ª es cerca del comer, es a saber, quando quitamos lo superfluo, no es penitencia, mas
temperancia; penitencia es, quando quitamos de lo conveniente, y quanto más y más, mayor y mejor, sólo que no
se corrompa el subiecto, ni se siga enfermedad notable.

[84] 2ª manera. La 2ª: cerca del modo del dormir; y asimismo no es penitencia quitar lo superfluo de cosas
delicadas o moles, mas es penitencia, quando en el modo se quita de lo conveniente, y quanto más y más, mejor,
sólo que no se corrompa el subiecto, ni se siga enfermedad notable, ni tampoco se quite del sueño conveniente, si
forsan no tiene hábito vicioso de dormir demasiado, para venir al medio.

[85] 3ª manera. La 3ª: castigar la carne, es a saber: dándole dolor sensible, el qual se da trayendo cilicios o sogas
o barras de hierro sobre las carnes, flagelándose, o llagándose, y otras maneras de asperezas.

[86] Lo que paresce más cómodo y más seguro de la penitencia es, que el dolor sea sensible en las carnes, y que
no entre dentro en los huesos de manera que dé dolor y no enfermedad; por lo qual paresce que es más
conveniente lastimarse con cuerdas delgadas, que dan dolor de fuera, que no de otra manera que cause dentro
enfermedad que sea notable.

[87] 1ª nota. La primera nota es que las penitencias externas principalmente se hacen por tres effectos: el
primero, por satisfación de los peccados passados; 2º por vencer a sí mesmo, es a saber, para que la sensualidad
obedezca a la razón y todas partes inferiores estén más subiectas a las superiores; 3º para buscar y hallar alguna
gracia o don que la persona quiere y desea, ansí como si desea haber interna contrición de sus pecados, o llorar
mucho sobre ellos, o sobre las penas y dolores que Christo nuestro Señor passaba en su passión, o por solución
de alguna dubitación en que la persona se halla.”
87
BALLESTER, M., Op.cit.,151.
88
Ib., 155.
46

Todos los Ejercicios son una clara manifestación de la dimensión terrenal del hombre:
su realidad encarnada, los mandamientos, la aberración de sus pecados, el significado de las
palabras, el ritmo respiratorio y todos los sentidos del cuerpo puestos en juego. Aquí nos
encontramos, al concluir las semanas, con los llamados: “Tres modos de orar”[EE.238-248].
Modos que ejercitan la somatización del espíritu, de la gracia. Todo lo humano ha de entrar en
una relación dinámica entre lo interior y lo exterior, que revela al hombre nuevo salvado por
Jesucristo. Un hombre “trasfigurado” por todo el misterio pascual. “Entonces la respiración
respira al Espíritu, las palabras dicen el Verbo y la observancia de los mandamientos, y los
sentidos expresan el amor al Padre.”89

Son muy pocos los autores contemporáneos de Ignacio que den tanta importancia al
cuerpo como “recurso didáctico” para alcanzar los objetivos puestos. Hemos descubierto sólo
algunos pormenores, tanto corporales como ambientales, que favorecen la experiencia de
oración.
2.3.2. El gesto y su función didáctica en los Ejercicios Espirituales.

El gesto es un medio eficacísimo de transmisión cultural y religiosa desde muy


antiguo en la humanidad. En cuanto tal, se manifiesta por medio de formas “expresivo-
comunicativas”. El gesto está vitalmente relacionado con lo corporal, que ya vimos arriba,
pero ahora lo vamos a identificar más con aquellos “movimientos, actitudes y
comportamientos que el joven observa, para imitarlos...” como lo explicité, en la primera
parte de mi trabajo, al explicar lo que significa cada “recurso didáctico”.

Con el gesto debemos hilar más fino a la hora de buscar su presencia como “recurso
didáctico” en los Ejercicios Espirituales. En esta parte no me voy a referir a gestos corporales
que ya fueron tratados, sino más bien a otras diversas dimensiones “gestuales” que usa
Ignacio, como “recursos didácticos”, para ayudar al que recibe la experiencia a alcanzar el fin
deseado. Ya no serán dimensiones materiales de lo corporal, sino más bien elementos
literarios y espirituales que ayudarán al que recibe los Ejercicios a alcanzar ese “conocimiento
interno” que lo llevará a desear cambiar e imitar el nuevo modelo: Cristo.

Para que algo o alguien logre atraer la atención y posteriormente el deseo de imitarlo,
es condición conveniente que esa cosa, o persona, sea digna, y realizable su propuesta. Si un
sujeto logra entablar una relación con esa persona, logrará un adhesión profunda e
incondicional; sobre todo si sus cualidades son modélicas.

Pero para que haya verdadera imitación, debe estar en juego la afectividad. Y en esto
los Ejercicios son muy ricos. Lo “didáctico” que contienen los Ejercicios está en que la
imitación no es meramente exterior. Ignacio sabe que el ser humano – y también las antiguas
culturas – tiene un instinto natural a la imitación. Por esto es por lo que Ignacio presenta una
serie de imágenes, modelos y hechos; tanto del mismo Cristo [EE.261-312] como de otros,
dignos de ser seguidos o rechazados [EE 50-52] respectivamente.90

En el uso de imágenes, san Ignacio llama fuertemente la atención por su sencillez. A


veces algunos detalles sugeridos son solamente un impulso, una pista para la imaginación del
que recibe la experiencia, de tal manera que pueda hacer él mismo la influencia en su
conducta. En esa “pobreza” y “sencillez” está su riqueza “didáctica”, pues cree en la
capacidad humana y en la obra de Dios. “La parquedad con que dibuja las imágenes
89
KOLVENBACH, P-H., Imágenes e imaginación en los Ejercicios Ignacianos, C.I.S. 18 (1987) 27.
90
GARCIA MATEO, R., Op.cit., 307.
47

inductoras con que el ejercitante debe comenzar sus ejercicios cuotidianos, se explica
perfectamente por un conocimiento experimental del valor que tiene la creación personal,
espontánea y libre de las imágenes que el mismo sujeto hará con ayuda de la gracia divina.
(...)La razón(...): no influir como un peso sobre el ejercitante, no predeterminar” 91, sino dejar
que Dios determine en su criatura lo que El desea que haga.

Ignacio se vale del recurso de una diversidad de “géneros literarios de índole


alegórico, que ponen de relieve, como en un cuadro-síntesis, el dramatismo de las fuerzas
subterráneas que actúan en ella y en cada ser humano.”92 Podemos citar como ejemplos: “Las
Banderas” [EE.136-147] y “Los Tres Binarios” [EE.149-157]. Los Ejercicios son una
inmensa cantera de imágenes: desde el juez, el padre, el trono... y el Rey temporal [EE.91]
hasta las dos meditaciones arriba mencionadas. Desde el “perverso caballero”[EE.94] hasta el
hacerme como un “pobrecito y esclavito indigno”[EE.114]; y las imágenes que evocan las
“composiciones viendo el lugar” que ya analizamos93

Profundicemos en uno de estos lenguajes simbólicos, de gran fuerza, además, en la


tradición cristiana: la parábola. Es una particular narración simbólica que explica una realidad
que no es directamente lo que se esta expresando, sino que la trasciende, ayudando así a
comprender el mensaje que se desea transmitir.94 Una de las parábolas tipo de los Ejercicios
es la llamada “EL LLAMAMIENTO DEL REY TEMPORAL AYUDA A CONTEMPLAR
LA VIDA DEL REY ETERNAL”[EE.91].

Las parábolas refuerzan actitudes y suscitan de las más diversas reacciones, como
podemos verlo en los Evangelios. La parábola que nos entretiene suscita espontaneamente
nuestros sentimientos correspondientes. No desea dar autorizaciones o permisos, y menos aún
señala a ninguna persona en particular, sino al que la aplicará el que la entiende, con esto va
haciendo que el que recibe los Ejercicios reconozca que está realizando un acto libre, y lo va
realmente alcanzando. “...efectivamente en la parábola se está imponiendo un influjo, una
presión: la de una alternativa, de una opción preferencial, la de un camino. Aquí el de Jesús, el
pobre e humilde Jesús. ¿Será por eso por lo que las parábolas aparecen en Ignacio a la hora
de tomar una decisión?”95

Ni siquiera aquí se detiene Ignacio en el uso del gesto como “recurso didáctico”
expresado a través de las imágenes a contemplar para evitar o imitar.

Ya hablé cómo, en la primera semana, pone ejemplos bien concretos a no “imitar”: los
ángeles soberbios, y Adán y Eva al pecar [EE.50-52]. Pero en el empleo de recursos
imaginarios realmente geniales, no podemos dejar de mencionar la “meditación del
infierno”[EE. 65-72]96. Hoy bastante abandonada por algunos que dan los Ejercicios, debido a
91
GIL, D., Imaginación y localización. Algo más sobre la composición de lugar en los Ejercicios, Manresa 43
(1971) 233.
92
IGLESIAS, I., La historia... Op.cit., 124.
93
KOLVENBACH, P-H., Op. cit., 11.
94
BUSTO, J.M., Sobre parábolas y ejemplos, Manresa 67 (1995) 115.
95
GARCÍA HIRSCHFELD, C., La Parábola del Rey Temporal, Manresa 67 (1995) 128.
96
“[65] QUINTO EXERCICIO ES MEDITACION DEL INFIERNO; CONTIENE EN SI, DESPUES DE LA
ORACION PREPARATORIA Y DOS PREAMBULOS, CINCO PUNTOS Y UN COLOQUIO. Oración. La
oración preparatoria sea la sólita.

1º preámbulo. El primer preámbulo composición, que es aquí ver con la vista de la imaginación la longura,
anchura y profundidad del infierno. 2º preámbulo. El segundo, demandar lo que quiero: será aquí pedir interno
sentimiento de la pena que padescen los dañados, para que si del amor del Señor eterno me oluidare por mis
48

deficiencias en la fe, o a un desconocimiento de su contenido y de sus posibilidades. Quiere


Ignacio lograr en la primera semana, como se ve en la petición [EE.65], un sentimiento de
pena, de abominación de todo pecado y de las causas de mis faltas. Para esto lo hace
“descender” con la imaginación al valle de un destierro entre feroces animales, y al infierno.
Ya aparece una imagen que mueve a la evitación pues está debajo, en lo oscuro, en lo que hay
que evitar. Llama la atención la hora en que invita a hacerla: “el primer exercicio se hará a la
media noche....”[EE.72]: creando así las condiciones más facilitadoras. Y finalmente
proponiendo una serie de imágenes que activarán en el que se ejercita unos sentimientos
profundos que lo portarán, aun en caso de faltarle otros motivos superiores, a evitar recaer en
sus pecados, que lo pueden portar a la experiencia infernal, y a desear que nadie se ponga o le
ponga en ese camino.

Por otro lado, los ejemplos de la vida de Cristo (que se contemplan en la segunda,
tercera y cuarta semanas, indicados en los números: [EE.261-312] ), y de la Virgen María, van
ayudar a la adhesión filial y amorosa, y a poder tomar más profunda conciencia del desorden
de las propias acciones. “Mirándolos, contemplándolos, oyendo lo que dicen y considerando
lo que hacen, y reflictiendo constantemente sobre nosotros mismos, para sacar algún
provecho, como para cada punto prescribe san Ignacio [EE. 106-108; 114-116; 122-125]. No
podremos menos de ir descubriendo deficiencias en nuestras obras, que nos parecerán menos
tolerables puestas en parangón con la santidad de nuestro Capitán....”97 y los atractivos de
Nuestra Señora.

faltas, a los menos el temor de las penas me ayude para no venir en pecado.

[66] 1º puncto. El primer puncto será ver con la vista de la imaginación los grandes fuegos, y las ánimas como en
cuerpos ígneos.

[67] 2º El 2º: oír con las orejas llantos, alaridos, voces, blasfemias contra Christo nuestro Señor y contra todos
sus santos.

[68] 3º El 3º: oler con el olfato humo, piedra azufre, sentina y cosas pútridas.

[69] 4º El 4º: gustar con el gusto cosas amargas, así como lágrimas, tristeza y el verme de la consciencia.

[70] 5º El 5º: tocar con el tacto, es a saber, cómo los fuegos tocan y abrasan las ánimas.

[71] Coloquio. Haciendo un coloquio a Christo nuestro Señor, traer a la memoria las ánimas que están en el
infierno, unas, porque no creyeron el advenimiento, otras, creyendo, no obraron según sus mandamientos,
haciendo tres partes: 1ª parte. La 1ª, antes del advenimiento.

La 2ª en su vida.

La 3ª después de su vida en este mundo; y con esto darle gracias, porque no me ha dexado caer en ninguna
destas, acabando mi vida. Asimismo, cómo hasta agora siempre a tenido de mí tanta piedad y misericordia,
acabando con un Pater noster.

[72] Nota. El primer exercicio se hará a la media noche; el 2, luego en levantándose a la mañana; el 3, antes o
después de la misa, finalmente que sea antes de comer; el 4, a la hora de vísperas; el quinto, una hora antes de
cenar. Esta repetición de horas, más o menos, siempre entiendo en todas las 4 semanas, según la edad,
disposición y temperatura, ayuda a la persona que se exercita, para hacer los cinco exercicios o menos.”
97
CALVERAS, I., Op.cit., 220.
49

2.3.3. La palabra hablada y su rol didáctico en los Ejercicios Espirituales.

Este “recurso didáctico”, la denominada “palabra hablada” en el lenguaje de la


“didáctica”, también tiene mucha relación con el “cuerpo”.

La “palabra hablada” cumple, como “recurso didáctico” un rol esencial. Es, junto con
los “gestos”, trasmisora de experiencia y sabiduría. La “imaginación” cumple en todo este
proceso de transmisión un rol didáctico esencial siendo parte de la “palabra hablada” y
creando los esquemas en que la persona se proyecta en su futuro. Los Ejercicios, en
continuación con el apartado anterior, usan de este “recurso didáctico”, la imaginación, en
modo muy profundo.

¿Qué es la imaginación? El P. Kolvenbach en su estudio acerca del rol de la


imaginación en los Ejercicios Espirituales nos da la clave teórica para entender este fenómeno
humano: “...entiendo por imaginación la capacidad de la mente humana para producir,
conservar, reproducir, combinar y crear imágenes, aún en la ausencia de los objetos.” 98.

Para comprender la imaginación y su rol didáctico en los Ejercicios no debemos


olvidar que, a pesar de su importancia, debe ser siempre controlada; pues podría llevarnos por
vías equivocadas y nada en relación con las experiencia entre manos. Sin embargo, Ignacio la
valora enormemente. Lo sabemos por lo que estudiamos respecto a su período de formación
juvenil, en que recibió todo ese influjo medieval, rico en el uso de este recurso. Él quiere que
todo el hombre vaya al encuentro de su Señor, y si dejamos fuera una de las dimensiones más
humanas, limitamos la riqueza del dinamismo espiritual. Con todo, él mismo en su camino de
crecimiento en la fe y vida espiritual se da cuenta de su “ambivalencia”, pues el mal espíritu
puede valerse de ella como nos dice él mismo en las reglas de discernimiento de la primera
semana: “ La primera regla: en las personas que van de peccado mortal en peccado mortal,
acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar
delectaciones y placeres sensuales, por más los conservar y aumentar en sus vicios y
peccados;...”[EE.314].

En los Ejercicios Espirituales, Ignacio toma distancia del abuso de la imaginación tan
propio de aquel tiempo, del que ya hablamos, de su vida formativa. Su ambiente pecaba de
exceso. Pero de todas maneras, en meditaciones como la del “infierno”[EE.65-72] y en las
contemplaciones y aplicación de sentidos, invita a entrar en estos misterios, explícitamente
con la “vista imaginativa” [EE.66 y 112]. Ella cumple una función espiritual vital de acceso a
este ejercicio y no le fija grandes límites, ni la esclaviza en las contemplaciones a imágenes
impuestas; sino sugestivas, abridoras del deseo, como podría afirmar seguiendo el apartado
precedente. Su creer en la imaginación como “recurso didáctico”, para alcanzar el fin
buscado en el ejercicio, lleva a Ignacio a imponer un modo de emplearla “con toda reverencia
y acatamiento posible”[EE. 114]. Todo se inserta en una sugerencia que invita a discernir.

Si miramos el vocabulario de los Ejercicios nos encontraremos con gran cantidad de


palabras que se relacionan o se abren a la imaginación. Ella es “mediación entre el cuerpo y el
alma. La imaginación tiene sus raíces en la corporeidad, aunque se abre y debe abrirse, a lo
espiritual.”99 Como también desde el espíritu proyecta al hombre para realizar sus ideales en
98
KOLVENBACH, P-H., Op. cit., 11
99
Ib., 19.
50

el espacio y tiempo del cuerpo. Por esto es por lo que Ignacio no hace una especial distinción
acabada, cuando habla de la “mirada imaginativa (de lo invisible) o la mirada de la
imaginación (del lugar corpóreo)” [cfr.EE.47]100, y entre lo visible y lo invisible, lo corporal y
lo espiritual; pues propone “gustar con el gusto cosas amargas, así como lágrimas” [EE.69].
Ni distingue entre la capacidad de la imaginación para reproducir imágenes de las sensaciones
corporales y la capacidad sobrenatural de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) de
abrirse a gustos del espíritu: como “la suavidad y dulzura de la divinidad del alma y de sus
virtudes...”[EE.124].

También debemos recordar las imágenes infernales. Por eso es que pone mucha
atención en controlar la imaginación [cfr. EE 74 y 82] para que no degenere en alucinaciones
y exageraciones. Pero con todo no la “elimina (...) porque la imaginación permite verme
[EE.58] (...) y sobre todo ver al Señor [EE.214]”101.

Cree tanto Ignacio en este recurso que da algunas sugerencias para el ambiente de
oración, como ya hemos dicho: “...cerrando puertas y ventanas” [EE.79] y “usar de buenos
temporales o diversos” [EE.130] para disponer nuestro sentidos, que después de haber
sugerido “escenas evangélicas”, irán en ayuda a la imaginación del orante. Por otro lado, “la
función creadora de símbolos, propia de la imaginación confiere al que contempla, capacidad
para transformase en Evangelio...”102. Las fuerzas de la imaginación nos hacen estar
verdaderamente “presentes” delante de la Divina Majestad; pues ella nos ayuda a entrar de
todo corazón en el misterio que contemplamos. La imaginación nos ayuda a evitar esta natural
tendencia a encerrarnos en nosotros mismos en un narcisismo dañino. Ella nos hace salir de
nosotros, viajar, estar presentes de corazón – es decir toda la persona- en los lugares que
contemplamos y además nos permite encontrar a Cristo con su gracia.103

Como seres materiales que somos, necesitamos de un recurso que nos permita entrar
en la esfera de la realidad espiritual de Dios. La imaginación está tan ligada al acto de fe, y al
mundo religioso en general, como lo están la memoria, la inteligencia y la voluntad. Para ello
las imágenes, los símbolos y los mitos son de gran ayuda, como se ha visto en la historia de la
humanidad. Y para alcanzarlos, la imaginación es el gran “recurso didáctico”, que Ignacio
magistralmente nos ha legado. 104

El P. Calveras en su trabajo en torno a los “cinco sentidos de la imaginación en los


Ejercicios san Ignacio”105, nos aporta algunos elementos más para enriquecer nuestra
comprensión sobre la imaginación. Dice que en los Ejercicios se habla de “sentidos de la
imaginación” [EE.121] o meramente de “sentidos”. Su puesta en acción es definida como el
acto de “imaginar” [EE.50,140,143,314]. Cuando se especifica el sentido de la vista, se le
100
“El primer preámbulo es composición viendo el lugar. Aquí es de notar, que en la contemplación o
meditación visible, así como contemplar a Christo nuestro Señor, el qual es visible, la composición será ver con
la vista de la imaginación el lugar corpóreo, donde se halla la cosa que quiero contemplar. Digo el lugar
corpóreo, así como un templo o monte, donde se halla Jesu Christo o nuestra Señora, según lo que quiero
contemplar. En la invisible, como es aquí de los pecados, la composición será ver con la vista imaginativa y
considerar mi ánima ser encarcerada en este cuerpo corruptible y todo el compósito en este valle como
desterrado; entre brutos animales. digo todo el compósito de ánima y cuerpo.”

101
KOLVENBACH, P-H., Op. cit., 20.
102
Ib., 23.
103
Ib.
104
McLEOD, F.G., Uso de la imaginación en los Ejercicios ignacianos, C.I.S., 18 (1987) 31-93
105
CALVERAS, J., Los cinco sentidos de la imaginación en los Ejercicios de San Ignacio, Manresa 20 (1948)
47-70.
51

especifica como “vista de la imaginación”. Los sentidos son cinco, como podemos
comprobarlo en una revisión de los textos: [EE.121,132,134,159,226,227].

“A saber, la vista, a quien corresponde ver, mirar y considerar y imaginar


[EE.53]; el oído, o las orejas [EE.67],el olfato y el gusto, cuyos actos son
respectivamente oír, oler y gustar; por fin el tacto, a quien pertenece: tocar, besar,
abrazar, servir [EE.114]. A los cinco sentidos de la imaginación se contraponen los
cinco sentidos corporales [EE.238,247], materia del primer modo de orar [EE.
18,238,248], cuyo uso se regula en los Ejercicios con las adiciones séptima a décima
[EE.79-82], y para adelante en lo referente al gusto en las reglas para ordenarse en el
comer [EE.210-217]”.106

Todo estos sentidos están dirigidos a un amplísimo espectro de la experiencia humana:


hechos que son al nivel de la “experiencia interna natural y espiritual” y todo aquello que
entra directa o indirectamente (o por analogía) en la esfera de los “sentidos exteriores”.107

Hagamos una rápida mirada al uso de la imaginación en el proceso de las semanas de


los Ejercicios, para reconocerle su valor didáctico.

Ya en la primera semana Ignacio quiere provocar la conversión del que recibe la


experiencia a todos los niveles: intelectivo, moral y afectivo. Sea en el presente del retiro y
para el después. Para esto se vale de la imaginación, que la encontramos presente en los
preámbulos, en el primer coloquio [EE.53], en las adiciones, y en los puntos sugeridos para la
meditación del pecado [EE.55-61] y del infierno. También mueve la imaginación del que
recibe los Ejercicios, poniéndolo delante de “paradojas” que suscitan profundos movimientos
internos: “...que por un pecado mortal es ido al infierno, y otros muchos sin cuento por menos
pecados que yo he hecho.”[EE.52]. Ignacio se vale de la imaginación para poder producir una
nueva auto-imagen a que nos lleva esta conversión. Ella despierta las energías creativas del
que recibe los Ejercicios, probando grandes deseos y deseando poner propuestas concretas
[EE.58,71,98,114...].

En la segunda semana, se busca conocer a Cristo no sólo con la “cabeza” sino y sobre
todo, a nivel de la experiencia. En este sentido el recurso a la imaginación es clave. Pues
como mencionamos, nos permite “meternos” en la escena contemplada, abriendo al que
contempla a recibir gracias inesperadas, y permitiendo a toda la persona ser sensible a los
mensajes que están presentes. Con la sola razón no lo podría. Recibirá, con la gracia de Dios,
la posibilidad de estar “delante” de Jesús, conociendo rasgos de su personalidad, realizando
diálogos, etc., que irán llevándolo a un “conocimiento interno” que indudablemente lo portará
a desear imitarlo y seguirlo. Y proyectarse en el futuro con las imágenes y proyectos santos
suscitados por el Espíritu en su alma.

En las semanas tercera y cuarta Ignacio aparece muy escueto en el uso de las imágenes
e instrucciones. Sabe que la imaginación del que recibe la experiencia está en proceso
profundo de redención, por lo tanto, la sabe capaz de conducirse –nunca olvidando el
necesario discernimiento- imaginativamente en las escenas de todo el misterio pascual de
Cristo. Lo hace sufrir y dolerse con todos los personajes que están presentes, para finalmente
hacerlo gozar y resucitar con los mismos, como lo hizo Jesús. Suscitando así una profunda

106
Ib., 61.
107
Ib., 61-62.
52

experiencia de fe108, que ha de hacer de la imaginación sólo el soporte o punto de partida al


ejercicio de las virtudes teologales.

A todo lo anterior debemos añadir algunos complementos que enriquecen la


compresión de este “recurso didáctico”. Uno de ellos aparece también en los “preámbulos”, y
es la llamada: “petición”, que va en ayuda a resumir y manifestar los “sentimientos que se han
de suscitar”, por parte del que recibe los Ejercicios en la presencia del misterio a
contemplar109. Esto ayudará a lograr una actitud de profunda humildad, pues todas sus
potencialidades humanas nada pueden sin la ayuda de la gracia, pues ellas corren el serio
peligro de desvirtuar su sentido.

Hemos aludido a “la aplicación de sentidos”; que es la profundización de las


repeticiones (las repeticiones en cuanto tales, las incluiremos especialmente como parte de las
siguiente sección). El que recibe la experiencia ha ido produciendo y recibiendo una serie de
imágenes e incluso el mismo se ha metido en ellas: “como si presente me hallase” [EE.114].
“La aplicación de sentidos, que termina cada día ejercitando al sujeto a “ver, oír, oler, gustar,
tocar”, pasando los cinco sentidos espirituales de la imaginación (...), es como un remache en
esa actividad de la fantasía del ejercitante. Desde luego que no es un mero ejercicio
imaginario...”110. Pero su función no acaba aquí. Ignacio piensa en la aplicación de sentidos
como una totalidad de presencia del ser humano – como cuerpo y alma - que camina hacia su
Señor y se deja tomar por su Persona. Por eso la presentación de la imaginación es sólo
sugerida como base, en cuanto sea necesaria, facilitando a cualquier tipo de persona que
recibe los Ejercicios a realizarla, con la ayuda siempre de la gracia necesaria.111

2.3.4. La escritura como “recurso didáctico” en los Ejercicios Espirituales.

El fin de toda acción didáctica es que el cúmulo de experiencias adquiridas no se


pierda. Los recursos anteriores, teniendo de suyo gran fuerza didáctica, en los antiguos
pueblos corrían el peligro de ir desvirtuándose o perdiéndose con el paso de los años. Por esto
los estudios etnológicos han demostrado que en la edad de piedra se usaba dibujar y diseñar
en cuevas, como una manera de perpetuar el pensamiento a través del tiempo y del espacio.
Es el primer antecedente de la escritura, como ya explicité en la primera parte de este estudio.
Por lo tanto, ella ha pasado a cumplir un rol esencial en la transmisión de la cultura. En fin, el
punto central de su misión es salvaguardar el recuerdo de la experiencia vivida para
conservarla.

El “escribir” en cuanto tal, no es directamente recomendado en los Ejercicios. Sin


embargo, podemos valernos de los Directorios de Ejercicios para recabar información
respecto a este instrumento. Algunos de éstos ya fueron redactados en vida de san Ignacio;
pues sabemos que nuestro autor creyó necesario complementar sus “anotaciones” de los
Ejercicios con algunas “observaciones”, que no quedaron directamente escritas en el texto.
Algunas de estas “observaciones” fueron redactadas directamente por su persona y otras las
“dio de palabra a sus más íntimos, que las trasladaron en seguida al papel y nos las han

108
McLEOD, F.G., Op. cit. 61-79.
109
JIMÉNEZ, F., Ejercicios Espirituales y psicoterapia, Manresa 47 (1975) 237-250.
110
GIL, D., Imaginación y localización. Algo más sobre la composición de lugar en los Ejercicios, Manresa 43
(1971) 226.
111
KOLVENBACH, P-H., Op.cit. 21-22.
53

transmitido”112 Se puede adivinar un influjo, en este sentido, del valor del cuidar las
tradiciones o las experiencias y saberes, de tal manera que no se pierdan, dejándolas por
“escrito”.

Él mismo y sus cercanos estaban formados en la escuela de los Ejercicios, donde la


“fijación” de la experiencia tiene un valor de “recurso didáctico” esencial. Deben quedar por
escrito las cosas que valen para sí mismo y para otros. Por esto es por lo que uno de sus
Directorios, que se conserva en latín, dice explícitamente, como consejo didáctico, al que
recibe la experiencia: “4.° Se podrá avisar al que se ejercita, que escriba sus conceptos y
mociones”.113 Además hay otro consejo de Ignacio, digno de destacar, y que también tiene un
interesante valor didáctico, en relación al uso de la “escritura”. Escribió en su llamado
Directorio Autógrafo al que da los Ejercicios: “16. Mejor es, a quien tiene tiempo, no llevar
escriptos los puntos, sino, habiendo declarado la materia, dictárselos a él mesmo de su mano (
se refiere Ignacio al que se ejercita). Quien no tiene tanto tiempo, puede llevárselos en
escripto y dejárselos. Pero de una o de otra manera, el que da los ejercicios, declararlos
conforme al libro dellos, y dejar solamente los puntos en escripto sucintamente puestos.”114
Hasta aquí, lo que Ignacio nos lega como consejos fuera de su libro, que nos ayudan a ver
cómo la “escritura” va en ayuda tanto del que da como del que recibe los Ejercicios, para la
experiencia espiritual que están viviendo.

Observemos ahora la presencia de la “escritura” en el libro mismo de los Ejercicios


Espirituales. Para encontrar su presencia debemos ir a su objetivo, esto es: para conservar la
experiencia vivida. Es un modo de “fijar” lo vivido en la memoria del que recibe los
Ejercicios. Son tres los elementos que se relacionan con ella: el “examen”, el “reflectir” y
finalmente las “repeticiones”

Es imposible en la didáctica ignaciana prescindir de la reflexión de lo vivido. Menos


aún cuando esta acción humana ha sido parte esencial de la experiencia de vida del mismo
Ignacio. Sabemos, además, que toda ella es volcada en su libro y ella misma se hace “libro”.

Como elemento peculiar de esta reflexión en los Ejercicios nos aparece el “examen”.
Son pocos libros en la historia de la ascética cristiana que den tanto valor a este ejercicio. En
el texto hay indicados ocho exámenes al día: dos veces el examen particular, una vez, al
menos, el general y cinco veces más los que corresponderían a cada bloque de oración del día
“... después de acabado el exercicio, por espacio de un quarto de hora, quier asentado, quier
paseándome, miraré cómo me a ido en la contemplación o meditación ”[EE. 77]. Si hacemos
un simple cálculo de sumatoria podemos llegar fácilmente a dos horas dedicadas a la reflexión
de lo que se está viviendo.115 Aparece a simple vista su peso en el proceso.

El examen es un tipo de oración, no una simple introspección psicológica. Es un orar


por observación. Una observación que tiene por finalidad captar el obrar de Dios y el obrar
nuestro a su divina luz, reconocer sus “signos”, su “Palabra” y su “Voluntad”.116 Este trabajo
de puesta de atención en lo que está sucediendo, va haciendo historia y ella va comenzado a
ser significativa de pasado y futuro para el que recibe los Ejercicios, en mayor o menor
medida, cuándo éste se hace actor consciente y receptivo, deteniéndose a “fijar” lo
experimentado. Esta acción no va sólo dirigida para sí mismo, como para un gozarse de lo
112
SAN IGNACIO DE LOYOLA., Op.cit., 309.
113
Ib., 318. Correspondiente al Tercer Directorio (original en latín).
114
Ib., 313.
115
CASANOVAS, I., Op.cit., Manresa 4 (1928) 153.
116
IGLESIAS, I., Elementos instrumentales..., Op.cit., 243.
54

acaecido, sino también con un objetivo bien claro: para ser confrontada con el que da los
Ejercicios117. Es vital que estos exámenes sean compartidos, de tal suerte que puedan ser
discernidos como parte del camino de los Ejercicios. Si el que recibe la experiencia, no
“recuerda” lo que “sintió” y lo que “hizo” durante su rato de oración, bien poco podrá ayudar
el que da la experiencia a discernir lo que Dios está queriendo decir al que los recibe y
proponerle nuevo material para su oración. Además, es mejor si los escribe, como dice
Ignacio, para ir a los puntos centrales.

Añadamos algo más. Como ya comentamos, los exámenes reflejan el carácter


reflexivo del mismo Ignacio. Hombre atento a “volver sobre sus pasos”. Nuestro autor avisa
un detalle bastante interesante para aprovechar mejor este “instrumento didáctico”, cuando
propone hacer el examen “después de acabado el exercicio”[EE.77]; de suerte que no haya
ninguna otra actividad inmediatamente después de finalizada la oración. No quiere que nada
se entrometa en este proceso de salvar el recuerdo de lo vivido. Pero no se queda aquí Ignacio.
Dice: “Es también interesante notar que el "arrepentirme, para me enmendar
adelante;..."[ídem.] si por mi culpa me fue mal en la meditación, tienen el valor psicológico de
archivar en el inconsciente un reactivo estimulante o represor que actuará automáticamente
contra una posible mala actuación mía en otra hora de oración; y que el propósito de "hacer
otra vez de la misma manera", si me fue bien, refuerza mi inconsciente a favor de mi buena
actuación en adelante [EE.78,130,206,229]”.118

El segundo elemento que mencioné como “recurso didáctico” que se inserta en la


función de la “escritura”, entendida como defensa del recuerdo, es el “reflectir”. Al que
Ignacio le añade un sentido: “para sacar provecho”119. Claramente este “reflectir para sacar
provecho” es una invitación a tomar “conciencia del reflejo de lo contemplado”, que va
permaneciendo en el interno del que recibe los Ejercicios, dejándose así transformar por este
reflejo que va moviéndolo hacia el “conocimiento interno” provocador del amor y el deseo de
seguir [EE.104]. Es un “tomar conciencia también de la moción – movimiento reflejo – que
una imagen mental determinada o una palabra sugerida por las Escrituras ha provocado en mí,
para discernir, a partir de ella, la llamada o manifestación de Dios”120. Con esto algo comienza
a “adherirse” en el interior del que recibe los Ejercicios.

Finalizo este apartado hablando del último elemento de este recurso: las
“repeticiones”, que ya avisé que profundizaría, cuando me refería al recurso de la “palabra
hablada”.
Ignacio se empeña en que las representaciones de Jesús, que el que se ejercita va
contemplando, realmente se “fijen” en él, llegando al nivel de los afectos, para así sacarlo de
sus apegos a los antiguos objetos de amor y concentrarlos ahora en Jesucristo. Para alcanzar
esto, usa el recurso de la repetición, que es mucho más que una dura ascesis educativa. 121 No
basta haber alcanzado una buena relación con el Señor y un nivel de intimidad fuerte. Es
necesario conservarse en ellas y profundizarlas. Por eso los Ejercicios hacen repetir, para
recalcar ciertos aspectos que tocaron más, y que así se vayan haciendo más propios.122.

La “repetición” es un proceso de crecimiento ilimitado. Es ella típica del camino


ignaciano; pues no es una mera reiteración sino un progreso, una “nueva modalidad de la
117
IGLESIAS, I., La historia en los Ejercicios..., Op.cit., 125.
118
ESPINOSA, C., Op.cit., 186-187.
119
[EE.106,4 ; 107,3; 108,4; 114,3; 115,1; 116,3; 123,1; 124,2; 194,1; 234,3; 235,3; 236,2; 237,2]
120
MELLONI, J., Op.cit., 171.
121
DOMINGUEZ, C., Op.cit., 9.
122
IPARRAGUIRRE, I., Visión Ignaciana de Dios, Gregorianum 37 (1956) 378.
55

experiencia”123 ya vivida. Es decir hay un sustrato que va permaneciendo y creciendo gracias


a ésta. No es volver a hacer lo que ya se hizo, sino fijar de nuevo la atención con pausa y sin
prisa en aquellos puntos o aspectos que se destacan en la experiencia, ya hecha, por su efecto
positivo o negativo en la propia afectividad [EE.62,118...].

2.3.5. El libro y su rol como “recurso didáctico” en los Ejercicios Espirituales.

En la primera parte de mi estudio expliqué la evolución histórica que ha sufrido el


libro como “recurso didáctico”. Para el tema que nos toca ahora, es importante recordar que el
libro cumplía un rol difusor y extensivo del conocimiento. A nivel escolar, en el tiempo de los
humanistas, pasó a cumplir la función de texto de estudio; cumpliendo así un rol de trasmisión
de contenidos para la enseñanza-aprendizaje. Vimos también cómo fueron apareciendo los
libros del “maestro” para facilitar el proceso educativo, sobre todo de los más pequeños.

El libro como “realidad material” siempre estuvo presente en la vida de san Ignacio.
Ya desde su temprana formación tuvo conocimiento de los libros de caballería. No en vano en
su convalecencia en Loyola, lo que pidió, para aprovechar su tiempo de inmovilidad, fue leer
libros (Autobiografía 1.3-6). Ya en ese período se valió Dios de este “recurso didáctico” para
conquistar a Iñigo.

El libro de los Ejercicios nació claramente como “recurso didáctico”. Vio la luz,
motivado su autor, con una clara intencionalidad pedagógica: “algunas cosas que observaba
en su alma y las encontraba útiles, le parecía que podrían ser útiles también para otros, y así
las ponía por escrito...”(Autobiografía 99). Probablemente procedente de aquél que se llevó
consigo de Loyola, donde había escrito con tinta especial las palabras de Cristo y de Nuestra
Señora. Así comienza a nacer el “libro” de los Ejercicios Espirituales, un libro pensado casi
exclusivamente para el que los da y no para el que los recibe. Un libro, podríamos decir en
lenguaje actual, “del maestro” y para su uso casi exclusivo. Él verá qué mostrar y qué no. En
él se contiene todo el “modo y orden” [EE.2] de dar los Ejercicios completos.

El texto escrito, estudiado desde la moderna lingüística, “es un conjunto (un tejido) de
estructuras, o sea una red de relaciones entre elementos verbales autónomos; pero al mismo
tiempo interdependientes, que tienen como objetivo comunicar una información o un estado
de ánimo. Una vez hecha escritura, el texto adquiere una independencia propia, no sólo
porque el autor no esté presente en el momento de la lectura, sino además, porque el texto está
escrito en un tiempo y en una situación concretas, que no coinciden necesariamente con las
del lector. La comprensión de un texto en todas sus dimensiones es, pues una tarea mucho
más ardua que lo que una primera lectura da a entender. Sobre todo determinados textos como
el caso de los Ejercicios...”124 en que no está pensado para ser leído, sino para ser aplicado y
practicado. Al interno se contiene un discurso que invita a la transformación de vida. Pero
para ello se requiere una profunda voluntad libre de someterse a él. Es además un texto que ha
pasado por la “criba” del discernimiento. Las palabras: “le parecían útiles”, son la clave de
interpretación de ese discurso. Hay muchas cosas no dichas, pues no le parecían útiles a los
“otros”.125 Aquí nos encontramos con el alma pedagógica de los Ejercicios y clave de
interpretación para su comprensión cabal. Y como texto pedagógico que es, lleno de consejos
“didácticos” a la hora de su aplicación.

123
IGLESIAS, I., Elementos instrumentales..., Op.cit ., 251.
124
GARCÍA MATEO, R., Op.cit., 264.
125
GIULIANI, M., Escritura y silencio en el origen de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola,
Manresa 64 (1992) 285-290.
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Ya lo mencioné; la lectura entró en el espíritu de Ignacio como un gatillador de


sentimientos espirituales, que discernidos en contraste con otros, provocaron finalmente el
inicio del proceso de su propia “elección”. Por ello se explica que Ignacio proponga la lectura
de libros, a partir de la segunda semana de los Ejercicios. “2ª Nota. Para la segunda semana,
y así para adelante, mucho aprovecha el leer algunos ratos en los libros de Imitatione Christi o
de los Evangelios y de vidas de sanctos.” [EE.100].

Para Ignacio la lectura, entra en lo que él ha denominado “ejercicio espiritual” [EE.1]


que va en ayuda al descanso del exigente trabajo del que recibe los Ejercicios. La lectura “a
ratos” es una de las “espirituales operaciones” [ídem]. También encontramos una indicación
digna de mencionar, como valoración en cuanto “recurso didáctico”, donde dice: “mucho
aprovecha”. Es una “ponderación”, pero no hay una manifestación de obligatoriedad. Es un
complemento, una ayuda al proceso que está realizando el que se ejercita en la búsqueda del
fin deseado. No es otra forma de oración propiamente dicha, aunque sea “un ejercicio
espiritual”. Además se limita a indicar aquellos que están más en relación con su experiencia
personal y la que piensa que será útil también en la experiencia que está haciendo el que se
ejercita. No cualquier lectura, aunque fuese espiritual. Podría desconcertar al que recibe los
Ejercicios, contra una norma fundamental de los Ejercicios [EE.20].

Podemos concluir que la finalidad del uso de este “recurso didáctico” y su lectura es,
en primer lugar, su misión de ayuda para alcanzar el fruto de los Ejercicios. En segundo lugar,
como un aporte para un conocimiento más acabado la “vida interior cristiana” que conduce a
la elección según Cristo (esto se intuye por los textos que sugiere Ignacio de leer). Y
finalmente, un “suplir con creces” largas exposiciones y explicaciones de quien da los
Ejercicios.

Pero para todo esto es clave el criterio del que los da. Él debe conocer un buen
repertorio útil de textos que ayuden a conseguir el fin de los Ejercicios y además dejarse
iluminar por las reglas “PARA EL SENTIDO VERDADERO QUE EN LA IGLESIA
MILITANTE DEBEMOS TENER...”[EE.352-370] de tal manera de ayudar y no confundir al
que los recibe.126

CONCLUSIÓN:

126
DE LETURIA, P., Lecturas espirituales en los Ejercicios Espirituales, Manresa 20 (1948) 295-310; TONI. T.,
La lectura en tiempos de ejercicios, Manresa 5 (1929) 56-65.
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Hemos podido ver que la “didáctica” comprendida desde las ciencias de la educación
tiene , eminentemente, que ver con el terreno práctico; con la hora de la aplicación concreta
de la teoría general y del método a seguir.

La “didáctica” se hace cargo de lo cotidiano, del tú a tú del proceso educativo. Por esto
el ambiente, los actores y los instrumentos utilizados son un conjunto que no se comprende
separadamente. Escuela, profesor y alumno, y los recursos didácticos deben ser entendidos
como una unidad. Por esto hemos mostrado todo lo que cada una de sus parte significan para
así poderla comprender correctamente en su medio. Para esto fue importante aclarar su
diferencia con la teoría (pedagogía), la práctica (educación) y los métodos (objetivos en
general).

Ciertamente que esta ciencia pedagógica no es nueva. A pesar de su fecha de


nacimiento en torno al siglo XVII, sus elementos básicos estaban presentes ya en épocas
prehistóricas: siempre el hombre ha tenido que transmitir o enseñar algo a sus descendientes y
para ello se valía de una “didáctica”. Por eso hemos podido descubrir su trazos esenciales
transmitidos de generación en generación.

Parte de esas generaciones han pasado a integrarlas los primeros jesuitas; sobre todo,
San Ignacio de Loyola. Él en su genial libro de los Ejercicios Espirituales se adelanta a la
sistematización de la “didáctica” en cuanto ciencia pedagógica como tal.

En los Ejercicios hemos podido ver cómo el contexto (la escuela) se hace presente en
ese “apartarse” a un lugar para hacer el retiro; para crear el clima necesario para el encuentro
con Dios. Vimos que este contexto en el libro va más allá del espacio material, sin por eso
dejar de valorarlo, tocando las dimensiones espacio-temporales del espíritu humano (el
recogimiento, la historia, la memoria).

En seguida analizamos los personajes que entran en juego (docente-discente): el que


los da y el que se ejercita o los recibe. Definimos claramente los roles de cada uno en la
experiencia y también pudimos demostrar cómo para Ignacio toda esta experiencia está
basada en una buena intención, en un esfuerzo conciente de la necesidad de la gracia divina y
de un trato humano de profunda cercanía y delicadeza por ambas partes. Todo pensado para
facilitar el encuentro con ese tercero que es el principal de los actores: Dios.

Finalmente analizamos, habiendo primero definido el por qué seleccionamos algunos,


los recursos didácticos más universales, y de aún válida actualidad, a nivel educativo. Es así
que analizamos el cuerpo, el gesto, la palabra hablada, la escritura y el libro presentes en los
Ejercicios ignacianos.

En relación al cuerpo vimos que el ser humano es un ser situado en el “tiempo y


espacio”. Por eso la necesidad de un lugar aislado y silencioso; que ayude al silencio externo e
interno. Mostramos a su vez la importancia de usar bien de las posturas corporales que van en
ayuda de la oración formal, del uso de la respiración, del necesario descanso, de la atención a
la alimentación y de todo aquello que tiene que ver con el “clima” o “ambiente” en donde se
ora (control de la luz, lo que se mira, etc.). En fin, todo debe ser corporeizado, como nos
enseña Ignacio, en las composiciones de lugar.

El gesto, como lo descubrimos en los Ejercicios, aparece expresado a través de


elementos literarios y espirituales que van en ayuda a lograr, suponiendo la gracia divina, ese
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“conocimiento interno”, afectivo; vital para un seguimiento radical, de Jesucristo, buscado en


la experiencia. Ignacio recurre al uso de imágenes que llevarán al deseo de “imitar”.

El rol de la palabra hablada, como recurso didáctico, lo demostramos en el uso que


hace Ignacio de la imaginación. A ésta la explicamos en su contexto espiritual, valorizamos
sus riquezas y pusimos a la luz sus riesgos. También descubrimos otros elementos de la
palabra hablada como son: los “preámbulos”, la “petición” y la “aplicación de sentidos”.
Todos, como vimos, son elementos propios de este instrumento.

El siguiente recurso, el de la escritura, lo mostramos sugerido por los “Directorios” y


por la propia experiencia de vida de Ignacio, más que en el libro de los Ejercicios, donde no
está explicitado directamente. Concluimos que ese escribir es “fijar” lo vivido, por tanto los
“exámenes”, el “reflectir” y las “repeticiones” van en esa misma línea.

Finalizamos los recursos didácticos hablando del libro y las recomendaciones


concretas para uso como apoyo al proceso del que se ejercita.

Pudimos, entonces, comprobar, de nuevo, que Ignacio suponiendo lo material llega a


los niveles más elevados del ser humano con cada uno de ellos.

Podemos pues, desde ahora, también hablar de una “Didáctica Ignaciana” que vaya a
enriquecer la investigación y aplicación de la “Pedagogía Ignaciana”; tan rica y tan necesaria
para nuestras instituciones educativas y para la humanidad toda. Ignaciana por su autor e
ignaciana por su mejor creación: El Libro de los Ejercicios Espirituales.