Carnaval: de fiesta popular a diversión burguesa

Martes era, que no lunes, Martes de Carnestolendas, Víspera de la Ceniza, primer día de Cuaresma. Ved qué martes y qué miércoles, Qué vísperas y qué fiesta; El martes lleno de risa, El miércoles de tristeza.

Por qué don Carnaval
El presente trabajo aunque escueto tratará de abordar lo que representó, y sobre todo visualizar cómo se realizaba el carnaval en la ciudad de México y su periferia en el período de una década, desde la guerra contra Estados Unidos hasta el ascenso del gobierno triunfante de la revolución de Ayutla . ¿Por qué esa época? Como mencionaremos más abajo, las carnestolendas fueron paulatinamente perdiendo su sentido original debido a los castigos impuestos, ya fuera por autoridades eclesiásticas o civiles, a quienes participaban en ellos. Con esa censura el carnaval perdió poco a poco todo su carácter contestatario, y al extirparle esa esencia no tardó en pasar a formar parte de las filas de las diversiones burguesas o de las élites. Observaremos también cómo la despresurización social que tenía lugar gracias al carnaval, que se encontraba en vías de desaparición, iba encontrando cauce en otras diversiones, pero no con el mismo carácter de las carnestolendas, y en todo caso algunas de ellas también fueron reprimidas . Las reprimendas al carnaval, en el período elegido, ya no vinieron por parte de la Iglesia, como antaño, quien era la principal represora, sino que ahora eran las autoridades civiles quienes con más afán atacaban esas fiestas populares, principalmente a la antesala de la cuaresma.

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Hemos decidido dedicar este análisis a tal período por la razón que nos da Juan Pedro Viqueira en su libro ¿Relajados o reprimidos?, donde hace mención al poco desenvolvimiento que tuvo la manifestación popular durante las primeras décadas del México independiente, y su reaparición durante la década de los 40 del siglo decimonónico. Pero bien menciona él que su aparición fue simplemente una pálida copia del original. En el presente demostraremos con algunas fuentes de archivo esa afirmación, o en su caso refutarla. En el trabajo abordaremos un sistema comparativo del carnaval y trataremos, en estas pocas líneas, de demostrar o rechazar la tesis con la que culmina el apartado de carnaval del libro ¿Relajados o reprimidos? Pues veremos que en todo caso, si las carnestolendas no desaparecieron , su sentido original sí. Nos apoyaremos en algunas fuentes de primera mano y otras secundarias para mostrar cómo es que el carnaval pierde gran fuerza y cómo se convirtió en una parodia de lo que era y más aún, que al haber mermado la fiesta del carnaval, su antípoda, la cuaresma, murió con él.

Del vulgo al burgués
Don Carnaval contra doña cuaresma. Ése ha sido uno de los temas sobre los cuales han versado los estudios en lo relativo a aquella época del año en que el desenfreno era total y la inversión de roles era la premisa. En diferentes estudios los ponen como la contradicción misma, elementos enemistados y contrapuestos: si uno, el carnaval, era la libertad, el otro, la cuaresma, era la censura y la prohibición. Pero realmente los dos se necesitaban. Uno era la vitalidad del otro. En el siglo de las luces observamos claramente los intentos que se hicieron por acabar con el carnaval, edictos, cédulas y bandos iban encaminados a detener de tajo la celebración popular en la cual no se veía más que una práctica de

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ritos paganos, que atentaban contra el dogma católico. Su prohibición se realizaba con castigos ejemplares tanto económicos como físicos y morales. El carnaval en la ciudad de México comenzó a marchitarse cuando las reformas borbónicas se implementaron en la Nueva España, e iniciaron con el combate a las fiestas populares, tradiciones y celebraciones de las comunidades indígenas. Estos ataques asestados durante aquel período fueron tan duros y demoledores que hicieron al carnaval perder gran parte de su función social, pues actualmente los estudios realizados demuestran que era una válvula de escape a la cotidianidad de la vida, a su con stante sometimiento y represión por parte de los poderes establecidos, especialmente de la Iglesia. Hay autores que consideran que durante la centuria anterior a la independencia el decaimiento del carnaval va en aumento, hasta casi hacerlo desaparecer, pero en la dualidad que era, su contraparte, la cuaresma, se va con él. Por otra parte hay autores que mencionan que el carnaval no perdió mucha fuerza, pues a mediados del siglo decimonónico siguió celebrándose, y se sustentan en la existencia de bandos y actas que demuestran su prohibición, o en su defecto reglas de comportamiento para la época de carnestolendas, que cada año mandaba a colocar el Ayuntamiento del Distrito Federal. Pero en ellos mismos se observa su decaimiento, pues muchos de los bandos mandados a colocar no variaban de un año a otro, sólo se acomodaba de distinta manera, lo cual nos demuestra que no existían los excesos de antaño en los cuales había que anotar nuevas indicaciones.

El carnaval
El carnaval surgió como rompimiento a las normas establecidas por el cristianismo. Fue una válvula de escape para mantener sana a la sociedad que se encontraba encajonada, y a la cual se le intentaba extirpar sus creencias

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prehispánicas. Las carnestolendas eran una dosis de catarsis para soportar durante el resto del año la miseria y la pesada losa impuesta por las élites. El carnaval aunque traído por los españoles, al igual que la religión cristiana, se mezcló con las tradiciones naturales de aquí, por ello en los desfiles de carnaval abundaban los simbolismos ³paganos´, mismos que después fueron utilizados como pretexto por las autoridades para irlo censurando. Ya bien menciona Juan Pedro Viqueira y también Cristina Oehmichen: ³el carnaval empezó a ser combatido por los poderes civiles y eclesiásticos de la Nueva España a finales del siglo XVI («) [y] entre los motivos esgrimidos para [detenerlos] se encuentran los desórdenes masivos provocados por los participantes, así como las actividades paganas e idolát ricas que eran atribuidas a los indios´1, pero en realidad sólo eran pretexto para detener el carácter crítico y contestatario del carnaval, esa llave que dejaba escapar un poco de la presión causada por la cotidianidad. El autor de ¿Relajados o reprimidos? nos menciona que el carnaval empezó a ser castigado porque los participantes realizaban ciertas ofensas y burla a los poderes establecidos. En pocas palabras el carnaval intentaba ³ ritualizar el momento más importante del año (...). Su importancia está en la batalla entre la muerte y la vida («) de asegurar la fertilidad del mundo («) lograr que la muerte se convierta en resurrección, requiere la totalidad de fuerzas humanas y sobrehumanas y la concentración de los rituales mayores´2 por ello las tradiciones cristianas se amoldaron muy bien a las prácticas de los antiguos mexicanos o viceversa. Pero qué es el carnaval, según la definición del diccionario nacional de Joaquín Domínguez Ramos el carnaval es el tiempo de fiestas y diversiones que precede a la cuaresma, y en el cual se entrega el mundo a disfraces, bailes, máscaras, etc. 3 Y el diccionario castellano de Esteban de Terreros y Pando lo define así ³ [son] los días que hay desde pasando los Santos Reyes hasta
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Cristina Oehmichen, ³El carnaval de Culhuacán: expresiones de identidad barrial´ en Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, Colima, año/vol. IV, número 13-14, 1992, Universidad de Colima, pág. 171. 2 Ileana Azor, los carnavales en México. Teatralidades de la fiesta popular, pág. 61. 3 Ramón Joaquín Domínguez, Gran diccionario clásico de la lengua española (2 vols.), 2 ed., Madrid, establecimiento léxico-tipográfico de R. J. Domínguez, MDCCCXLVII, pág. 345.
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cuaresma («) y que algunos toman el carnaval por sólo los tres días precedentes a la Cuaresma´4, el mismo autor
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nos

menciona

que

carnestolendas es el martes de carnaval, de carnal.

Podríamos completar la definición con lo escrito por Cobarrubias en su Tesoro de la Lengua Española al mencionar que ³también llamamos carnal el tiempo del año que se come carne, en respeto a la cuaresma y los días cercanos a ella llamamos carnaval, porque nos despedimos de ella, como si le dijéremos, carne vale, y por otro nombre carnestolendas ´.6 Según esas definiciones el carnaval es la antesala de la cuaresma y es el tiempo de despedirse de la carne y de los placeres de la vida, para guardar penitencia. Pues era justamente esa celebración popular en la que las personas buscaban invertir el orden de las cosas y desatar su locura, e igualmente eso fue lo que ocasionó que se fueran prohibiendo, y para lograrlo se fueron castigando y vetando determinadas cosas durante todo el siglo XVIII, y posteriormente se adaptaría a la forma burguesa. ³Ya adelantado el siglo XIX («) el carnaval en la ciudad de México no se recuperó, su resurgimiento («) no fue sino una pálida copia, una desnaturalización burguesa («) su celebración se redujo entonces a elegantes bailes de máscaras, concurridos por lo más granado de la sociedad´.7 Otro método que también sirvió para extirpar los excesos de las celebraciones del carnaval fue que en esas temporadas empezara a haber ³variadas distracciones para los habitantes de la ciudad´ 8 con artistas callejeros, músicos, etc. Esto lo podemos comparar con dos situaciones, una es la que nos ofrece el libro El carnaval en México, donde nos menciona, hablando del carnaval:

Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano con las voces de ciencia y artes y sus correspondientes en las tres lenguas, francesa, latina e italiana (3 vols.), Madrid, imprenta de la viuda de Ibarra, hijos y compañía, MDCCLXXXVI, pág. 363. 5 Ibíd., pág. 364. 6 Sebastián Cobarruvias Orozco, Tesoro de la lengua castellana, o española, Madrid, Luis Sánchez impresor del rey N. S., MDCXI, pág. 203. 7 Juan Pedro Viqueira, ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces, 2ª reimpresión, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, pág. 148. 8 Ibíd. pág. 149.
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³En la época colonial, no sólo se improvisaban mascaradas para celebrar el cumpleaños de los reyes, canonización de algún sa nto, dedicación de los templos («) los disfraces representaban personas de calidad, históricas, bíblicas o mitológicas, ridiculizando a veces a gente de alcurnia o de gobierno («) la comparsería se entregaba a brazos de µmomo¶ con gran regocijo que rayaba, casi siempre, en desacatos y ofensas, y hasta graves injurias, al grado que las justicias tenían que intervenir para impedir tales desacatos ´.9 Se menciona que en la Colonia hubo siempre ese ímpetu y organización propia del populacho que no pedía permiso para realizar ³su´ fiesta, y vemos que en la década de los cuarenta del siglo XIX, se tenía que elaborar una carta para pedir permiso para realizar alguna actividad , así lo hacen constar varias peticiones como la de la empresa La Compañía empresarial del principal que solicita licencia para dar unos bailes de máscara en el próximo carnaval. 10 Así como la compañía, varias personas solicitaban permiso para realizar sus presentaciones. Al hacer las solicitudes y anunciar los lugares donde se realizaba los eventos, dejaban completamente alejado al carnaval de su lugar originario, ya que los bailes de máscaras muchas veces tenían un costo nada accesible al vulgo. Observamos también con ello que los bailes y muchas de las diversiones que se hacían para paliar la extin ción del carnaval se realizaban en lugares que la élite solía concurrir como lo eran el teatro principal y el teatro de Santa Anna .11 Pero la expedición de licencias para ofrecer dife rentes entretenimientos no quitaba que se cometieran ³excesos´, por los cuales el ayuntamiento del DF emitía año con año reglamentos que en realidad no variaban mucho, pareciese que fueran copias simplemente ; entre las cosas que se decía en ellos era: ³la prohibición de vender bebidas embriagantes, entrar al salón con armas o bastones´, además de amenazar a los que incurrieran en una falta:
Haydée Quiroz Malca, El carnaval en México, abanico de cultura, México, Conaculta, 2002, pág. 48. Archivo Histórico del Distrito Federal (de aquí en adelante AHDF), Diversiones públicas, vol. 798 exp. 113. 11 AHDF, Vol. 798 exp. 136.
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³Serán detenidos por la policía y puestos a disposición de la autoridad, todos aquellos que con motivo de la fiesta tiren piedras o cualquier otra cosa, con las que lastimaban a las personas y los que se valían del disfraz para decir insultos, palabras indecentes o asuntos que perturben la tranquilidad de los asistentes´ del mismo modo señala que serán acreedoras a encierro las personas que ³solas o en grupo entren a las casas a robar´. De igual manera sostiene: ³las cantinas que con el permiso correspondiente se colocaban fuera o dentro de los teatros donde se realizaban los bailes de máscaras, cobrarían el precio normal de la bebidas y pasando la media noche podrán subir un poco´.12 Ahí vemos cómo se contradecían las mismas autoridades, ya sea por falta de voluntad, por la corrupción o porque ellos también ganaban con la venta de las bebidas alcohólicas durante los bailes de máscaras, pues mientras en unos bandos prohibían la venta o entrada de personas en estado de ebriedad , por el otro mencionan que sí se venden y se castigará a quien venda más caro. Pero con esas medidas se intentaba limitar los daños o procurar que ocurriera el menor posible en tiempos de carnaval, sin esas limitaciones o reglas, seguramente el carnaval se hubiera ido recuperando. Algunos de los que se quejaban por los mínimos excesos cometidos, si los comparamos con otros tiempos, eran los religiosos y las autoridades civiles, pues eran quienes recibían las burlas, ofensas e insultos , ya que si bien se castigaba a quien usara trajes, máscaras o que hiciera alusión a alguna autoridad, ellas se seguían manifestando , por ello mismo se seguía censurando y castigando con severidad. Veamos ahora cómo es que en realidad esa s plétoras podrían estar infladas o eran vistas con horror sin serlo tanto, ya que existen descripciones del carnaval por gente de la élite, ello nos puede dar una visión de lo que sucedía en esa época.

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Archivo General de la Nación de México (de aquí en adelante AGNM), gobernación, vol. 431, exp. 4.
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Pondremos algunos ejemplos de cómo es que veían el carnaval las personas que no eran habitantes de la ciudad de México, en especial de extranjeros que estaban acostumbrados a otros aires, por ejemplo una crónica hace alusión al carnaval de la siguiente manera :13 ³Una de las épocas del año más alegres que hay en México es el Carnaval; y aunque las diversiones no son tan numerosas ni espléndidas como en Roma y Nápoles, hay en esta población juiciosa y recatada más exuberancia de vida y más demostraciones públicas de alegría y placer que en cualquier otra época del año« ´Los teatros se transforman en salones de baile y los adornan a gusto por lo común («) desde hace unos pocos años los elegantes se han abstenido de tomar parte en las ruses de las mascaradas; y han dejado el campo libre sobre todo a los pasteleros, modistas y peluqueros franceses de la calle de Plateros ´. Por su parte Madame calderón de la Barca, esposa del primer emba jador español en México mencionó: ³El carnaval no fue muy alegre, excepción hecha de los bailes de máscaras y los lucidos paseos («) se celebraron tres bailes de máscara («) entre las mujeres dominaban los dominós, adoptados por más encubridores, pues se estima en poco asistir a estos bailes («) [hay mujeres] vestidas de hombres («) y muchos hombres vestidos de mujeres; y poblanas de antifaz, sin medias y con faldas demasiado cortas; caballeros armados («) la música era muy buena, y los que bailaban, valsaron y galoparon, y die ron vueltas por la sala como furias´.14 Por su parte un mexicano liberal como Guillermo Prieto observó bien el cambio que hubo en el desenvolvimiento del carnaval ya que inicia una crónica resaltando las peculiaridades del carnaval, dando un par de palabra s a su
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Citado en Haydée Quiroz Malca op. cit., pág. 54. Ibíd. pág. 55.
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origen el cual describió como alborotador de conciencias, escandalizador de ancianas y sembrador de inquietudes en el corazón de las familias, por su parte caracterizó el período que nos corresponde de la siguiente manera: ³Corrieron los tiempos; las comparsas se organizaron; ya no eran vestidos de papel ni de cucharas, ya no panadero s y léperos, eran parejas con ricos vestidos de fantasía, descendiendo de los trajes de moros, de chinos y las carretas de moros, («) máscaras y comparsas, como hemos dicho, se solazaban en las casas particulares, conservándose mucho tiempo memoria de las recepciones en los grandes salones de las Casas de Monedas («) las fiestas callejeras del carnaval se reducían a retozos más o menos groseros, con el pretexto de quebrantar cascarones de tizar, de salvado, de miel y aguas pestilentes, y entre la gente bien educada, lanzar flores, aguas de olor y agasajos´.15 Por su parte otro personaje importante en la historia de México pero del bando conservador, Antonio García Cubas, manifiesta que en los carnavales durante la década de los 40 y 50 ya no eran los indios quienes lo s llevaban a cabo, ni siquiera eran un componente importante, pues ya no cometían los excesos de siempre, sino que salían a la calle a danzar alegremente y h acían bonitos carros alegóricos. ³La animación y la alegría que reinaban el domingo y martes de carnestolendas eran extraordinarias. Las calles se hallaban henchidas de gente que se dirigía al Paseo de Bucareli por las tardes, y a los portales y calle Vergara por las noches, para divertirse con los enmascarados («) por la noche la fiesta era más animada [«] si grande era el gentío que invadía los portales y las calles principales de la ciudad ´.16 Vemos con esos ejemplos que es verdad q ue el carnaval en la ciudad de México inició su debacle y pasó a formar parte de las diversiones de clases altas, a tal grado que diferentes personalidades hicieron alguna referencia a él.
15 16

Ibíd., pág. 59-61. Ibíd., págs. 62-63.
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Esto también nos remite a que el carnaval si bien estaba en agonía, existían, y si no era el caso, se crearon maneras de paliarlo, como el ya tan con ocido baile de máscara, hemos hecho referencia a la popularidad de ese evento. El detrimento del carnaval se ve en las normas prohibitivas, ya que antaño las autoridades cambiaban cada año la forma de censura y eso demostraba que se seguía realizando aunque con menos libertad, pero se realizaba, lo que nos lleva a deducir que en la época que analizamos los puntos provisorios que lanzaba el ayuntamiento eran una mera formalidad, pues desde 1847 a 1854 17 no trae cambios significativos, sino meramente diversa s maneras de acomodar el texto.

Conclusiones
Gracias a las diversas fuentes consultadas nos percatamos de varios puntos. A través de las primarias que fueron especialmente bandos y edictos, observamos que si bien no prohibían el carnaval sí lanzaban medidas amenazantes a quienes participaran en él, y sí se cometían abusos. Las fuentes de segunda mano a las que nos r emitimos hacen referencia a la evolución y censura del mismo, nos pudimos percatar de que en verdad el carnaval sufrió una transformación de fondo, pues si bien se trató de limitar seguía subsistiendo, por ello se hizo imperante mejor deslizar esa necesidad a nuevas actividades, que poco a poco fueron adoptadas por las clases altas hasta matar el origen del carnaval. Tal vez el carnaval sea el ejemplo más representativo sobre los asuntos que el gobierno y la autoridad eclesiásticas desterraron para tener un mejor control sobre la población, pero no fue el único, ya que lo mismo ocurrió con muchas otras fiestas y costumbres con tintes paganos que tendían a realizarse de manera más o menos violenta, y a los ojos de aquéllos eran manifestaciones rebeldes, que necesitaban ser opacadas, para después ser absorbida s por las élites para calmar al pueblo. Ello hoy día lo podemos observar en fiestas como el día de muertos o más específicamente con la Guelaguetza.

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Revisando las actas de bandos del Archivo Histórico de la Ciudad de México se hace constar esto.
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Hoy el carnaval sigue vivo gracias a su apartamiento de la zona centro de la ciudad de México y de otros lugares turísticos, en pueblos en el interior d e la república se ha preservado, si bien no en su totalidad, en su sentido original, conservando grandes rasgos de la época en que la inversión de roles y lo violento están de manifiesto . Y sigue siendo una catarsis de lo cotidiano.

Bibliografía
Fuentes de archivo
Archivo General de la Nación de México. y Gobernación. o vol. 431, exp. 4. Archivo Histórico del Distrito Federal. y Diversiones públicas. o vol. 798 exp. 113. o vol. 798 exp. 136.

Fuentes primarias
Cobarruvias Orozco, Sebastián, Tesoro de la lengua castellana, o española , Madrid, Luis Sánchez impresor del rey N. S., MDCXI. Joaquín Domínguez, Ramón, Gran diccionario clásico de la lengua española (2 vols.), 2 ed., Madrid, establecimiento léxico-tipográfico de R. J. Domínguez, MDCCCXLVII. Terreros y Pando, Esteban de, Diccionario castellano con las voces de ciencia y artes y sus correspondientes en las tres lenguas, francesa, latina e italiana (3 vols.), Madrid, imprenta de la viuda de Iba rra, hijos y compañía, MDCCLXXXVI.

Fuentes secundarias
Oehmichen, Cristina, ³El carnaval de Culhuacán: expresiones de identidad barrial´ en Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, Colima, año/vol. IV, número 13 -14, 1992, Universidad de Colima Quiroz Malca, Haydée, El carnaval en México, abanico de cultura, México , Conaculta, 2002, pág. 48. Viqueira, Juan Pedro, ¿ Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces , 2ª reimpresión, México, Fondo de Cultura Económica, 1995.
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