La influencia del Hombre del Mañana sobre la cultura de masas

Fátima Ramos del Cano Carmen Rodríguez Sandianes Universidad Carlos III (Getafe) 14 de mayo de 2010 Resumen: Este trabajo se ha centrado en el estudio de la figura de Superman y su repercusión en la sociedad de masas. Para ello ha sido clave acceder a diversas fuentes de información como cómics, libros, películas, investigaciones anteriores, así como entrevistas con especialistas en la materia. Todo ello nos ha permitido dibujar un panorama en el que, tanto de manera explícita como simbólica, los mitos han calado en la cultura popular desde su aparición, hasta nuestros días. Palabras clave: Superman, sociedad de masas, cultura popular, mitos y simbolismo

Abstract: This essay is centred in the Studies about Superman figure and his repercussion in the mass society. To this study, it has been clue to consent to different information sources like comics, books, films, ancient researches, or like interviews with specialist in the subject. Everything has let us, drawing an outlook where explicitly or symbolically , myths have catch on the popular culture since their apparition, until our days. Keywords: Superman, mass society, popular culture, myths and symbolism

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1. Introducción
Los superhéroes han marcado a fuego la infancia de muchas generaciones de niños a lo largo del siglo XX, e incluso han crecido con ellos y en algunos casos aún forman parte de sus vidas. Una visión parcial hacia este mundo nos muestra un universo pueril, donde la imaginación se desborda alimentando las fantasías y sueños de los más pequeños. Seres voladores, guerreros de las estrellas, mutaciones y terribles villanos llegan las páginas de un género que fue cobrando cada vez más fuerza desde el segundo tercio del siglo. Sin embargo, si vencemos nuestras barreras mentales y nos acercamos al género con el pensamiento y la razón de la madurez, encontraremos presente nada menos que la mitología del mundo contemporáneo. No sólo veremos un reflejo de los grandes mitos creados por las sociedades humanas primitivas, sino que aparecerán reflejos de los mismos héroes de los que se aprendió hace miles de años en el pasado, y que fueron un modelo de vida. El trasfondo de la mitología griega, cuna del pensamiento y de las civilizaciones occidentales está presente como una fuente inagotable de sueños y enseñanzas, pero junto a ella brotan elementos clave de otros panteones. Sin ir más lejos, uno de los personajes más importantes de la factoría Marvel es Thor, dios del trueno en el mundo escandinavo e hijo del dios Odín. Este es sólo un ejemplo de cómo puede ramificarse este tema si profundizamos en él buscando las raíces del pensamiento humano, pero podemos ir aún más allá. El cómic del siglo XX no sólo es un entretenimiento mas o menos juvenil, sino que nos habla de la sociedad en la que nace, en la que viven sus creadores. Desde el final de la II Guerra Mundial, el siglo pasado estuvo plagado de acontecimientos que cambiaron el mundo tal y como se conocía tal sólo unas décadas antes. El desarrollo de los conflictos a escala global y los grandes avances tecnológicos se reflejaron en las viñetas, mostrando a héroes que no tenían piedad a la hora de acabar con determinados regímenes políticos o desarrollar sus poderes a raíz de fenómenos biológicos. Muchos de los grandes líderes del mundo aparecen representados junto a seres que sobrevuelan los rascacielos de Nueva York, o viajan a las estrellas buscando más poder. Poco a poco el cómic y el mundo de los superhéroes se nos muestran como un estímulo social que cala hondo en la mente de las masas, y difunde mensajes concretos que llegan al inconsciente disfrazados de héroes enmascarados. Pero por encima de todos ellos destaca un personaje que ha llegado hasta lugares insospechados, pasando a formar parte del legado cultural del siglo XX: Superman, paradigma de la justicia, el heroísmo y el valor, pero al mismo tiempo imagen del capitalismo y de la democracia estadounidense por todo el mundo. La efigie de Superman traspasó las fronteras geográficas y mentales para llevar el mensaje de la nación que había salvado el mundo por todo el planeta. A medida que la cultura norteamericana se imponía por el mundo, extendiendo su modelo socioeconómico, un héroe de otro planeta vestido con un traje azul y una capa roja se convertía en la representación de todas las virtudes de la más imperfecta de las democracias: Estados Unidos de Norteamérica. Partiendo de este conjunto de ideas,

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que exponemos aquí brevemente, nos iremos introduciendo progresivamente en un cosmos, el de Supermán y los superhéroes que ha influido decisivamente en el público general desde mediados de la pasada centuria, y veremos no sólo cómo evoluciona el personaje al tiempo que el mundo que le rodea, sino también la mentalidad social a raíz de los grandes avances impuestos tras la posguerra. Esta investigación ha surgido y se ha desarrollado en un aula de la Facultad Carlos III, en la asignatura de segundo ciclo de periodismo denominada Teoría de la Comunicación Mediática. El estudio pretende reflejar de qué manera la figura de Superman va más allá de un mero entretenimiento en formato cómic, y el papel que desempeña en el imaginario colectivo, teniendo en cuenta el proceso de mitificación para el que, creemos, fue específicamente diseñado. Para ello nos hemos centrado en tres puntos fundamentales: - La creación de un personaje que, dado el momento histórico que se estaba viviendo, se pueda identificar con la idea de Nación. - Relación directa del personaje con el mundo periodístico. - Su conversión en icono de masas

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2. Contexto histórico
Nueva York, 1933. Con una historia de Jerry Siegel y dibujos de Joe Shuster, Superman nació como un villano muy poderoso que dotado de alas volaba por una ciudad norteamericana futurista, y que sus creadores denominaron en principio “profesional evolucionado”. No fue hasta 1935 cuando se definió el personaje que ahora conocemos como Superman, el Hombre de Acero, el mito más longevo de la historia del cómic. Un género, el del cómic, cuyo origen está ligado al desarrollo del periodismo moderno. La particular guerra librada entre los dos magnates de la prensa norteamericana, Pulitzer y Hearts, fue la cuna de su aparición. Richard F. Outcault, considerado el pionero de la literatura dibujada, crea a Yellow Kid en 1893 mientras estaba bajo las órdenes del citado Hearts, con el fin de diferenciarse de su competidor y aumentar sus ventas. Hoy en día, el cómic es leído por más personas adultas que niños y, sólo en Estados Unidos, se publican más de mil millones de ejemplares al año. Pero, para entender la génesis y evolución del personaje, es necesario hacer un breve recorrido por los hitos más importantes de la historia norteamericana del siglo XX, poniendo especial énfasis en el desarrollo e influencia de los medios de comunicación de masas que experimentaron su gran despegue a lo largo de esta centuria. En 1933 Estados Unidos conocía sus cuotas más altas de desempleo (un 25%) arrastrando la crisis económica desde la década anterior1 y no sería hasta 1941, con la entrada en la 2º Guerra Mundial, cuando éstas descendieron hasta el 10%. La Gran Depresión asolaba a los norteamericanos, que se aferraban al cine2 como principal vía de escape y evasión, ayudado por el sistema creado del star system. No en vano, esa época es conocida como la “edad de oro del cine norteamericano” y es el género de la comedia la que triunfa, como remedio paliativo de la angustiosa situación económica del país. Ese martes negro, que comenzó en Estados Unidos, pronto se hizo extensible, además a casi todos los países del mundo. Por si fuera poco, Estados Unidos se encontraba en uno de los momentos de mayor auge del crimen organizado, sobre todo a raíz de la aprobación de la conocida como “Ley Seca”. La Ley Volstead supuso la prohibición de manufactura, venta, transporte, importación y exportación de licores en toda Norteamérica y los territorios bajo su jurisdicción, desde 1919 y, especialmente en 1933. Por otra parte, ese es el año del ascenso definitivo de Adolf Hitler3, el momento de su nombramiento como Canciller, cargo máximo dentro del gobierno alemán. Seis
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La tercera década del siglo XX fue denominada en EEUU Felices Años Veinte, con motivo del desarrollo económico experimentado desde 1922. Este periodo de bonanza fomentó la, inversión bursátil y la especulación en el mercado de valores hasta el fatídico mes de octubre de 1929. La caída de la Bolsa de Nueva York extendió la crisis económica por el país y fuera de éste poniendo fin al crecimiento, motivando innumerables quiebras y propiciando el desempleo entre la población. Para tratar de frenar la desastrosa situación económica, el flamante recién elegido Presidente Roosevelt puso en marcha el New Deal, un plan de recuperación que si bien no alcanzó los resultados esperados, sí marcó el camino a seguir para el futuro desarrollo de la sociedad del bienestar.
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El cine, además, hace apenas unos años (1927) que ha cruzado la barrera del silente al sonoro, y vive uno de sus mejores momentos. 3 En puntos posteriores hablaremos de la relación directa que existirá entre Hitler y el primer Superman.

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años después comenzaba la II Guerra Mundial, la más sangrienta y con más pérdidas humanas acontecida hasta el momento. Esta contienda finalizaba tras la rendición de Alemania y la decisión, por parte del Gobierno de los Estados Unidos, de bombardear las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que en la Primera, la información fue suplantada por la propaganda en los países participantes. Pero mientras en Europa la prensa de algunas naciones beligerantes pasó penalidades por la censura, la de EEUU, al hallarse lejos del centro de operaciones, se benefició de un progreso estable y continuo. Desde 1945 a 1970 se vive una etapa de expansión económica que repercute en el desarrollo del sector informativo y los medios de comunicación. Los Estados defienden la libertad de expresión y, al mismo tiempo, establecen normas de control de los medios. Paralelamente, se convierten en dueños de diarios, emisoras de radio y cadenas de televisión públicas. Sin embargo, el desarrollo de los medios audiovisuales de masas, con la penetración de la radio primero, y de la televisión después, en prácticamente todas las casas del mundo occidental, produjo una importante reducción de la demanda de información escrita. En los primeros años de vida de la radio, los contenidos se limitaban a lecturas de textos literarios, publicidad y música. Sin embargo, en los años 30 se fue profesionalizando a todos los niveles, lo que permitió atraer importantes inversiones publicitarias. Las mejoras técnicas contribuyeron a aumentar notablemente la calidad de la emisión y de la programación: la aparición del registro sobre disco de vinilo dio paso al diferido, y a la posibilidad de realizar conexiones en directo, que llevó a la radio a consolidarse como un medio de masas con un tremendo potencial. Al mismo tiempo, el desarrollo de nuevos géneros como las soap-operas (seriales melodramáticos) o los radiogramas contribuyó a enriquecer notablemente los contenidos y puso de manifiesto la fuerza dramática y persuasiva del nuevo medio. En cuanto a la televisión, aunque raras veces se habla de ella antes de la Segunda Guerra Mundial, lo cierto es que las primeras emisiones experimentales datan de finales de los años 20 y las primeras emisiones regulares de mediados de la década de los 30. El primer emisor regular, el Centro Paul Nipkow ofrecía servicios en Berlín desde marzo de 1935, siendo el Ministerio de Propaganda el responsable de sus contenidos. Estas primeras emisiones se basaban en filmaciones tomadas del cine, espacios dramáticos y charlas en el estudio. Mientras, en la costa este de USA se localizaban en torno a 1940 casi una veintena de emisoras experimentales. En los años 50 comenzó a desarrollarse en EEUU, quitando, en un primer momento cierta primacía al cinematógrafo. La televisión supuso un antes y un después en lo que a los mass media se refiere y, a día de hoy, continúa siendo el medio de mayor repercusión e influencia en la sociedad. Los años que siguieron a la II Guerra Mundial estuvieron marcados por el deseo de crear un nuevo orden que lograra eliminar los errores del pasado. La Organización de las Naciones Unidas se fundó con la intención de preservar la paz y el orden mundiales sustituyendo a la Sociedad de Naciones, aunque pronto quedó demostrado que el mundo no estaba preparado para tal hermandad.

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Los Estados se dividieron en dos bloques enfrentados por razones políticas e ideológicas, con dos superpotencias al frente de cada uno de ellos que determinaban los designios del resto de los países alineados: EEUU a la cabeza del capitalismo y la URSS liderando el comunismo mundial. Ambos se enfrentaron en varios lugares del mundo de forma diplomática e incluso militar, aunque nunca lo hicieron de un modo directo teniendo en cuenta que la presencia de las bombas atómica primero y de hidrógeno después en los dos bloques, actuaba como medida de disuasión. La primera batalla de la llamada Guerra Fría tuvo como escenario Corea, un Estado dividido entre el norte pro-comunista y el sur apoyado por la alianza occidental. EEUU no sólo recurrió a las armas para ganar apoyos sino que también promovió políticas para tratar de frenar el avance del comunismo en Europa, como fue el caso de la Doctrina Truman, la cual, a partir del Plan Marshall desarrolló un programa de ayuda económica favorable a los países que necesitaran salir de las cenizas de la guerra. De esta forma, Occidente sumó partidarios a su causa, aceptando una vinculación con Norteamérica que se prolongó durante décadas, de modo que desde las altas esferas de la URSS se dio la orden tajante de que ningún país del bloque comunista aceptara semejante ayuda. A través de la Guerra Fría, los Estados Unidos se convertían en el faro mundial del capitalismo occidental, exportando su modelo de vida consumista y el llamado Estado del Bienestar, en el que el gobierno se asegura la intervención en el desarrollo de sus ciudadanos mediante leyes sociales que garantizan su progreso. La tendencia a “cosificar” el bienestar fue una constante en las sociedades capitalistas de la posguerra. La década de los años cincuenta fue testigo de alguno de los momentos más duros de la lucha anticomunista, como la caza de brujas promovida por el senador McCarthy. La influencia americana motivaba cambios globales, pero en su seno la propia sociedad estaba experimentando un proceso evolutivo. Uno de los mayores avances fue la lucha de la comunidad negra para poner fin a la disgregación racial, con grandes líderes como Martin Luther King o símbolos de la talla de Rosa Parks. Pese a ello fue un proceso costoso y mucho más lento en los estados sureños que en el norte. Los años sesenta despegaron con el mandato del demócrata J.F. Kennedy, una esperanza de progreso para unos, y un idealista para otros. Fue precisamente durante su gobierno cuando se vivió uno de los momentos más delicados en el equilibrio de fuerzas mantenido durante la Guerra Fría: la crisis de los misiles de Cuba. La victoria de Fidel Castro convertía a la isla en un refugio comunista a las puertas de Estados Unidos, y ya se había fomentado un golpe de Estado mediante el desembarco en Bahía Cochinos. Pero el conflicto estalló cuando la inteligencia norteamericana descubrió bases de misiles soviéticos en Cuba. Desde ese momento transcurrieron varios días en los que la diplomacia y el sentido común evitaron lo que sin lugar a dudas habría sido una catástrofe de carácter planetario motivada por el hipotético conflicto nuclear. La guerra real siguió siendo protagonista en Asia, esta vez bajo la forma del conflicto de Vietnam, donde Estados Unidos permaneció más de una década desplegando armas y soldados sin obtener resultados evidentes. El progresivo fracaso bélico se fue transformando en pesimismo social. Además, el empleo de armas químicas y los efectos que éstas tenían sobre la población local, mujeres y niños vietnamitas,

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mostrados al mundo a través de los medios de comunicación, hicieron de esta guerra un encuentro altamente impopular. Las protestas pacifistas fueron una constante en la nación americana, sin duda bajo la influencia del movimiento hippy, hasta que a principios de los años setenta los últimos soldados presentes en Vietnam abandonaron su causa. Fue precisamente bajo la tutela de la Administración Nixon, cuando EEUU dio un golpe de efecto en el transcurso de la Guerra Fría al lograr que los tripulantes de la misión Apollo 11 se convirtieran en los primeros seres humanos en pisar la Luna. En los años setenta el país vivió una nueva crisis económica a raíz del embargo petrolífero impuesto por los países de la OPEP4, pero siguió demostrando su importancia mundial al estar presente en los grandes conflictos internacionales al actuar como mediador en el enfrentamiento entre los países árabes e Israel. Ronald Reagan llevó al partido republicano de nuevo al gobierno en la década siguiente, un periodo en el que volvió la tensión con la URSS, se frenó del golpe el programa espacial de la NASA a raíz de la explosión del trasbordador Challenger en 1986 y se sufrió una nueva decepción económica. Los republicanos continuaron al frente del gobierno al principio de los noventa con la figura de George H.W. Bush, siendo testigos del nuevo rumbo encarado por el mundo con la desintegración de la URSS y el triunfo del capitalismo como modelo económico a nivel mundial.

3. Los mitos en la Sociedad de Masas Los hombres del pasado no comprendían el mundo que les rodeaba. No podían explicarse cómo el día sucedía a la noche, cómo por momentos el frío helaba sus cuerpos y tiempo después el calor los reconfortaba, ni cómo ni por qué algunos de los miembros de la comunidad se desvanecían muertos para nunca despertar. En un momento concreto de la evolución, una idea se activa en el cerebro de los hombres
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Organización de los Países Exportadores de Petróleo.

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como si fuera un interruptor, y empiezan a tener conciencia de sí mismos, de lo que les rodea y del más allá. Al abrigo del fuego y de los primeros poblados surgen los mitos, relatos que explicaban el funcionamiento de la maquinaria natural, el sentido de la existencia y la respuesta a la muerte. Aquellos primeros relatos transmitidos de forma oral entre generaciones dieron un sentido al mundo, se convirtieron en historias sagradas por encima de los cuentos y las fabulaciones, y se adornaron con héroes que encendían la imaginación y la fe de los oyentes. El mito era algo verosímil en la mente de quienes lo habían creado, y si bien no podemos darle una apariencia de realidad, también es cierto que no debemos pensar que se trataba de ideas totalmente inventadas. En cada rincón del mundo, desde América a Oceanía, desde África al norte de Europa encontramos mitologías con las que las diferentes culturas explicaban el origen del mundo y los dones de la naturaleza. Si los griegos veían rayos de luz caer sobre la tierra era porque desde su trono en el Olimpo Zeus estaba encolerizado; si los pueblos escandinavos pisaban tierra firme, era gracias al árbol Yggdrasil cuyas raíces sostenían al cosmos, y si el sol salía cada día por el horizonte para los egipcios, era porque Horus lo guiaba en una barca por el firmamento. Dentro de los mitos hay varias enseñanzas y diversas interpretaciones, desde las pseudohistóricas (relacionadas con el surgimiento de las civilizaciones), a aquellas que trataban de explicar el comportamiento o los sentimientos de los hombres, sin olvidar el simbolismo que es una constante dentro de la mitología. Los mitos mostraban el mundo imaginado por los hombres, calmando así su necesidad de conocer, dando sentido a su vida, orden a la sociedad y una esperanza para el momento de la muerte. Pero con el paso de los siglos y de las generaciones, los relatos se fueron enriqueciendo, surgiendo nuevos personajes con formas humanas o animales, seres benéficos pero también oscuros que planteaban una constante lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Los mitos así, adquieren un nuevo significado que no sólo es el dar a conocer la causa de los fenómenos, sino también ofrecer una enseñanza. Nacen los héroes, presentes también en todas las mitologías. Seres fantásticos con grandes poderes, hijos de dioses o emparentados con las divinidades y los demiurgos, capaces de grandes hazañas. ¿Es acaso Heracles el espejo en el que se miraban los hombres, Arturo de Bretaña el gobernante deseado por cualquier reino, o el hindú Rama un modelo de valor? Rastreando las mitologías de la Antigüedad, vemos cómo nuestros antepasados ensalzaban los grandes valores de los hombres y les daban forma de personajes, casi siempre con aspecto humano, porque de esa manera se convierten en uno más entre nosotros. A medida que el tiempo avanzaba, y un siglo sucedía a otro, estos cuentos de héroes y villanos, estas enseñanzas que explicaban un mundo aún demasiado incomprensible, se fueron transformando, hasta que llegó el momento de plasmarlas por escrito. La mente de los hombres no siempre es de fiar, y el relato narrado a un hijo podía variar cuando éste se convertía en anciano. El desarrollo de la escritura, siempre destacando como uno de los grandes avances de la humanidad, unido al deseo de conservar las tradiciones de otros tiempos, llevó a las clases dirigentes a ordenar a sus

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escribas el registro de estos relatos, y gracias a ello en buena medida han llegado hasta nuestros días. Pero el gran cambio llegó en Grecia, en el siglo VI a.C. Fue entonces cuando un grupo de gente empezó a pensar que aquellos relatos no satisfacían su necesidad de saber, no justificaban las explicaciones y enseñanzas implícitas en el texto. Es un momento clave en el desarrollo humano, tanto como aquel en el que los hombres adquieren su conciencia creativa. Los pensadores griegos nos dieron lo que se ha venido llamando “el paso del mythos al logos”, la transición desde una forma de pensar establecida hacia otra en la que nada se da por supuesto, en la que la experiencia, la investigación y la comprobación lo son todo. A partir de ese momento, el desarrollo cultural fue imparable: filosofía, tecnología, matemáticas, y un sin fin de avances que desde el núcleo heleno se extendieron por buena parte de Asia gracias a Alejandro Magno y a sus sucesores los Diádocos, y por la cuenca del Mediterráneo a raíz de las conquistas romanas. Pero no debemos pensar que con el desarrollo de la razón se enterró la mente creativa de los hombres. En las siguientes etapas históricas aparecieron fábulas y narraciones que hablaban de grandes peligros, que explicaban lo que aún era desconocido o que recogían las hazañas de guerreros invencibles. La Edad Media europea fue un terreno abonado para los relatos, para los grandes héroes que en pos de un ideal manejaban su espada como si fuera una prolongación de su brazo, para los grandes santos que precisamente por su virtud eran premiados a los ojos de Dios. La ciencia y el conocimiento siguieron avanzando, pero no por ello los marinos que acompañaban a Colón en su primer viaje en busca de las Cipango y Catay, se sintieron aliviados al llegar al mar de los Sargazos, sino que al contrario, recordaron las advertencias de quienes se negaban a navegar mar adentro por culpa de aquellos mitos y leyendas sobre seres marinos y monstruos que custodiaban el fin del mundo conocido, aquel lugar hacia el que jamás había que internarse. En relación con esta idea podemos hacer referencia a un nuevo mito, aquel que hablaba del paraíso divino en la Tierra, relacionado desde el primero momento con el Nuevo Mundo. En los siglos posteriores y sobre todo merced a la literatura surgieron nuevos mitos. Hay que tener en cuenta que en todo mito hay una parte irreducible llamada mitema, que es la enseñanza oculta tras el relato. Ese mitema, ese mensaje se va a repetir constantemente, aunque las historias se disfracen de los motivos más diversos. Por muy extraño que pueda parecer, el mitema, ese mensaje final que ya se escondía en los relatos de la Antigüedad ha perdurado hasta nuestros días, y es desde principios del siglo XX cuando la figura clásica del héroe invencible, del reflejo en el que los hombres se miran, se presenta de un modo distinto a través del cómic, lo que muchos han llamado “el noveno arte”. El cómic se ha extendido por todo el mundo como un fenómeno que sobrepasa el ámbito infantil, y hoy en día se ha convertido en poco menos que motivo de culto para muchos adultos. Quizá uno de los mayores responsables del éxito sea el personaje protagonista de nuestro estudio, un ser de otro planeta dotado de poderes extraordinarios, y con una influencia social de tal calibre que ha sobrepasado el límite del dibujo y el papel para pasar a formar parte del universo de los héroes con mayúsculas de la humanidad. Superman es un semidiós surgido de la mente de dos jóvenes con una ambición irrefrenable, que con el tiempo se ha ido rodeando de su

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propio mundo, de su propia leyenda, hasta dar lugar a un personaje mitológico, en torno al cual convergen varios mitemas. Quizás podamos empezar hablando de su mundo, un planeta muy lejano pero que ha llegado a niveles de desarrollo inimaginables, no sólo a nivel tecnológico, sino también mental y espiritual. Los habitantes del planeta Kriptón son seres hiperdesarrollados culturalmente, hasta un extremo tal, que un simple vistazo a este rincón del universo nos hace pensar en el mundo perfecto imaginado por muchas civilizaciones. Si bien es el objetivo al que deberíamos aspirar, en Kriptón se da la curiosa paradoja de que su propio desarrollo es lo que les lleva a la destrucción. Es precisamente ese momento, perdida ya toda esperanza para los habitantes del planeta, cuando el prestigioso científico Jor-El decide salvar la vida de su hijo arrojándolo fuera de allí. El pequeño Kal-El (nombre kriptoniano de nuestro protagonista Superman), es depositado en una lanzadera espacial y enviado al lejano y atrasado planeta Tierra, donde será criado como uno más entre los hombres. Esta historia ya nos sirve como nexo hacia las mitologías del pasado, pues una de las características de los grandes héroes es que no suelen empezar su vida con buen pie. Muchos de ellos fueron abandonados, y recogidos por unos padres piadosos que les criaron salvándoles de un futuro incierto. Uno de los casos más conocidos es el de los gemelos Rómulo y Remo, abandonados por su madre y criados por una loba que los amamantó desde niños. Dentro del mundo griego el propio Zeus fue abandonado por su madre para aplacar los deseos antropófagos de su padre Cronos, y Perseo, quien cortaría la cabeza de la gorgona Medusa estuvo cerca de la muerte cuando fue encerrado en un cofre y arrojado al mar. La lista es interminable: el hindú Krishna fue abandonado siendo un bebé para evitar que se cumpliera una funesta profecía, una historia que se repite en la persona de Ciro el Grande, todopoderoso rey de Persia. Si buscamos otros ejemplos en los que aparece este mitema los encontramos en algunos cuentos populares europeos como el de Hansel y Gretel o el relato francés de Pulgarcito, donde vemos en todos ellos la misma separación entre el niño y sus progenitores. Cuando llega al planeta Tierra, Kal-El es recogido por una familia de granjeros, los Kent, que le enseñan cómo debe vivir entre los hombres. La historia moral está presente a lo largo de toda la educación del joven Clark Kent, insistiendo en la idea de que sus poderes deben ser usados para ayudar a los demás y nunca en beneficio propio. Es la idea del poderoso responsable, de quien tiene un don que se le ha otorgado, y debe utilizarlo para hacer más fácil la vida de quienes le rodean. Para ocultar su poder y proteger a sus seres queridos se crea una doble identidad: Superman es el héroe perfecto admirado por todos, mientras que su alter ego, Clark Kent es un hombre marginado y torpe que trabaja en un periódico. Cada vez que vemos cómo Superman interviene nos deja una enseñanza, una moraleja que muestra el camino correcto a seguir. A pesar de su poder, de su gloria y de la admiración que despierta, Superman es un extraño en este planeta, el único de su especie y como tal, da paso a uno de los mitemas universales: el de la búsqueda de sí mismo. Un ejemplo muy conocido nos lo ofrece el mito griego de Edipo Rey. Edipo, abandonado por los reyes de Tebas crece junto a los señores de Corinto, hasta que una profecía terrible le anuncia que se casará con su madre tras matar a su padre. Huyendo de allí para evitar tan terrible mal, no se da cuenta de que lo único que consigue es acercarse a su destino, cumpliendo los nefastos augurios, hasta que sabe quién es y lo que ha hecho. En el caso de Superman, busca sus orígenes en el Palacio de la Soledad entre los hielos polares, donde la tecnología que ha

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llegado con él desde su planeta le sirve para descubrir su verdadera personalidad, y buscar su propio camino. Podemos ir aún más allá y registrar un nuevo ejemplo de mitema en la historia de Superman: el del regreso de la muerte. Sólo un puñado muy pequeño de héroes ha conseguido entrar en el más allá, y lo que es más importante, regresar. Este quizás sea uno de los poderes supremos. En Grecia es una hazaña lograda por el gran Heracles, quien en uno de los Doce Trabajos descendió al reino del Hades para apresar al can Cerbero. Otro griego que lo consiguió fue el músico Orfeo, quien descendió al inframundo para rescatar a su amada Eurídice, aunque no logró su objetivo. Dentro de la mitología mesopotámica, es necesario hablar de la epopeya de Gilgamesh, uno de los relatos más antiguos de los que tenemos constancia, en el que el rey de la ciudad de Uruk entra en el más allá sin estar muerto. Superman no desciende a los infiernos de la misma forma que lo hacen los héroes citados, pero sí ha sido capaz de burlar a la Parca en varios relatos acerca de la muerte del llamado “Hombre del Mañana”. Quizás el caso más claro es su enfrentamiento con la bestia Doomsday, de la que sale vencedor pero a la vez derrotado, y es enterrado entre honores recibiendo alabanzas de toda la humanidad. En conclusión, después de este rápido repaso por las mitologías más conocidas y destacadas del mundo antiguo (de las que nos hemos dejado por el camino cientos de relatos), hemos podido conocer las características de los mitos primigenios y el mensaje intrínseco que en ellos se esconde, el irreducible mitema. Los mitos fueron una forma de explicar el mundo a través de relatos que las primeras sociedades humanas creían con sentido religioso, que con el paso del tiempo fueron desarrollándose y que incluyeron a algunos héroes mas o menos humanizados que eran el ejemplo al que debían llegar los hombres, aunque éste sólo fuera un modelo utópico. Los mitos explicaban todo cuanto podía verse a través de los ojos, e incluso algo más, el mundo de la muerte. Con el desarrollo de la razón, el logos griego, el mito fue perdiendo fuerza pero siempre ha existido a pesar del paso de los siglos. Leyendas populares, historias relacionadas con la fe, formas de explicar todo lo que aún no conocemos y que nosotros mismos las creemos porque las hemos inventado. Así, los héroes del pasado, los que habitan en las tablillas de arcilla, en los papiros y en los pergaminos tomaron la forma de súper hombres del presente, y bajo la apariencia infantiloide que desprende un personaje con capa o antifaz, se esconde un trasfondo mucho más profundo, que hunde sus raíces en los orígenes de la civilización. Superman es aquello que muchos habrían querido ser. Representa el poder, la fuerza, la ambición, pero también el respeto, la humildad y la esperanza más allá de las ideas de defensa de la nación americana. ¿Quién no ha soñado alguna vez con volar por encima de las nubes sintiendo el aire sobre la cara? Su historia, al igual que la de otros héroes nos puede servir para imaginar aquello que aún no conocemos, aquello que aún no podemos explicar, así que teniendo presente el trasfondo de la intención del mito, quizás debamos pensar que en algún lugar del universo infinito existe un mundo perfecto parecido al planeta Kriptón.

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4. Aparición de la figura de Superman
Jerry Siegel (Cleveland, 1914) y Joe Shuster5 (Toronto, 1914) eran grandes fans del emergente género literario que se conocería como ciencia-ficción. Juntos publicaron un buen número de revistas del género como aficionados, hasta que, en enero de 1933 crearon a su propio personaje. El relato supone la primera utilización conocida por su parte del término “superman”, a pesar de que, por aquel entonces, su protagonista era un
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Joe Shuster dibujó Supermán hasta 1947 y perdió la vista en los momentos finales de su carrera, no sin antes asegurarse un lugar dentro de la historia de la cultura americana.

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villano. De hecho, en la primera historia, titulada “The Reign of the Superman” 6, publicada en una revista editada por el mismo Siegel 7, mostraban a un personaje malévolo que, dotado de alas, volaba por una ciudad norteamericana futurista. Reconocen que la idea primitiva la sacaron de una frase de Adolf Hitler, cuando anunció que iba a crear una raza de superhombres. De este modo, Siegel 8 y Shuster comenzaban una larga andadura para abrirse paso en el complicado mundo editorial. Ese mismo año, Siegel conoce la publicación de las aventuras del considerado como primer héroe de ficción creado en exclusiva para el formato revista por Norman Marsh: Detective Dan, Secret Operative9, y decide, junto a Shuster, probar suerte en ese formato. En esta versión de 1933, Superman no tiene aún su traje característico y es más un hombre de acción que un auténtico superhéroe, y, aunque su trabajo gusta más en las editoriales, ninguna compañía quiso apostar por los autores, a los que aún no consideraban fiables. Cuentan que entonces Shuster, enfadado, hizo añicos todas las páginas, y es por ello que, a día de hoy, tan sólo se conserva la portada 10 de aquella frustrada publicación. Lejos de desistir, la pareja decidió, ya en 1934, que un superhombre benévolo sería más atractivo y, juntos, definieron al “auténtico” personaje de Superman. En su intento por dotarle de mayor carisma, decidieron que debería ser más humano, enamorarse, ser en cierto modo vulnerable y tener sentimientos más intensos para con sus vecinos, respondiendo su nuevo eslogan a la frase: “el campeón de los oprimidos”. Para el personaje de su némesis, idearon un malechor calvo y con cierto sentido del humor, de nombre Lex Luthor, y una serie de personajes que solamente se movían furtivamente por las noches. A pesar de ser rechazados nuevamente en casi todas las editoriales del país, entablan relación con “Major” Malcolm Nicholson-Wheeler, propietario de National Allied Publications, una de las tres compañías que más tarde se fusionarían para dar lugar a DC, y debutan profesionalmente en New Fun, the Big Comic Magazine (con fecha de portada de Octubre de 1935) con los personajes de Henri Duval y Dr. Occult11, aunque seguían firmando bajo pseudónimo. Con el tiempo, National Allied Publications12 se muestra interesada en la compra de su más preciado personaje, pero no será hasta 1938 cuando finalmente, se llegue a un acuerdo común. Siegel y Shuster trasladaron entonces sus tiras de prensa al formato comic-book en una historia de 13 páginas y recibieron, por las páginas y los derechos sobre el personaje, unos 130 dólares. Su sueño se hizo realidad en abril de 1938. A pesar de la falta de calidad, la primera tirada de 200.000 ejemplares se agotó inmediatamente, aunque Superman no volvió a ocupar la portada de “Action Comics” hasta que no sale a la venta el ejemplar número 713, y no se convertirá en lo habitual hasta el 19. Aún así, el número de tiradas no aumentó hasta el número 4, pero desde ese momento la tirada subió hasta un millón de ejemplares al mes. Este superhombre había convertido los cómic-book en un gran negocio.
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Anexo 1 Siegel es considerado como el artífice de la primera fanzine del género 8 En ese momento firmaba bajo el pseudónimo de Herbert S. Fine 9 Anexo 2 10 Anexo 3 11 Anexo 4 12 Más tarde conocido simplemente como "DC Comics" 13 Anexo 5

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Un año más tarde, en enero de 1939, Superman volvía a sus orígenes, y comenzaba a publicarse en formato tabloide14, aunque, gracias al éxito que cosechaba cada día, ese mismo verano consiguió obtener su propia cabecera, que continuó alternando con su publicación en los periódicos.

Primer número de Superman en la serie Action Comics (1938)

Primera cabecera exclusiva para los cómics de Superman

En 1940 Superman ya es todo un fenómeno de masas, comienza la producción de merchandising y cuenta con su propio serial radiofónico. Será dentro de este contexto, el radiofónico, donde surjan algunas de las frases más famosas adjudicadas al héroe15 o aparezcan personajes o elementos clave que serán incorporados con posterioridad al cómic, como Perry White, Jimmy Olsen o la kryptonita.

En las primeras historias de Supermán, Kryptón era un planeta que formaba parte de nuestra propia galaxia, posiblemente bajo la influencia de los descubrimientos astronómicos que se estaban llevando a cabo en este siglo y que habían disparado el interés por la ciencia-ficción. Krypton era un mundo ideal, mucho más avanzado que la Tierra en 1938, un lugar en el que la tecnología había alcanzado niveles asombrosos. Allí seres de apariencia humana habían logrado la perfección física y mental, hombres y mujeres por igual. Era un planeta de superhombres. Pero aquella raza superior estaba condenada. Al principio fueron unos temblores los que anunciaron la catástrofe, haciendo estremecer las Torres de Krypton. Habían conquistado el planeta y lo habían sometido a voluntad, pero la naturaleza se estaba
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Anexo 6 Look! Up in the sky! It's a bird! It's a plane! It's Superman!"

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rebelando. Sólo un hombre comprendió de verdad lo que estaba sucediendo, un científico llamado Jor-L, padre de nuestro superhéroe. Cuando conocimos al niño que había de convertirse en Supermán era sólo un bebé recién nacido y sin nombre. No sería hasta 1957 cuando los aficionados que seguían sus aventuras conocieron su verdadero nombre, el nombre que le habían puesto sus padres kryptonianos. El nombre de su padre entonces ya había evolucionado de Jor-L a Jor-El, y de esta forma su hijo se llamó Kal-El, que en el idioma de Kryptón significa “El Niño de las Estrellas”. Temiendo la desintegración del planeta, Jor-L había diseñado una pequeña maqueta experimental de las inmensas naves que debían haber sido construidas para evacuar a la población del planeta hacia la seguridad de otros mundos. Pero la ciencia oficial rechazó sus teorías y no hicieron caso de sus avisos. La maqueta, completamente terminada y en perfectas condiciones de funcionamiento era demasiado pequeña para albergar a toda la familia, de modo que Jor-L decidió colocar al bebé en la mini astronave y lanzarlo al espacio, esperando que pudiera llegar hasta la Tierra16. Una vez ha llegado a la Tierra, es encontrado por una pareja a la que, al principio no se identificará, aunque más tarde serán llamados Jonathan y Martha Kent. Éstos le darán el nombre de Clark Kent, y desde un principio será advertido sobre la necesidad de mantener sus poderes en secreto. Una vez instalado en la ciudad de Metropolis, Clark encuentra trabajo en el Daily Planet, donde conoce a la protagonista secundaria que más tiempo le ha seguido a lo largo de la serie: Lois Lane. Con el tiempo se nos rebeló que Kryptón había sido un planeta gigantesco, mayor aún que Júpiter, y que la enorme fuerza de Supermán se debía a esto. Unos músculos que habían evolucionado hasta poder vender la gravedad monumental del planeta resultarían titánicos en la Tierra. De la misma forma, Supermán podía volar, ya que la gravedad de nuestro planeta no podía detenerle. La invulnerabilidad era una cualidad heredada de su raza. En esta primera década evolutiva en la que aún se estaba creando la mitología de Supermán, su planeta natal fue cobrando fuerza dentro de la historia. Así en 1949 se encuentra por primera vez con un fragmento de su planeta, que fue pintado de color rojo, y constituiría la peor amenaza del héroe durante el resto de su vida. Con respecto al villano principal de la historia, Lex Luthor, el más demente entre los científicos locos, no sólo descubrió la amenaza que suponía para la vida de Supermán el uso de la kryptonita, sino que incluso fue capaz de sintetizarla en su laboratorio. Como el planeta Kryptón y la kryptonita habían cobrado tanta importancia, no pasaría mucho tiempo hasta que Supermán se encontrara con algunos supervivientes de su raza. En un número de agosto de 1950 se enfrenta a tres criminales kryptonianos, a quienes Jor-El había puesto en órbita, con lo que se libraron de la destrucción del planeta. Por si esto fuera poco, Jor-El se convirtió en un científico que impartía justicia como si fuera un juez supremo. La leyenda progresaba, y en el padre de Supermán podíamos ver al mismísimo Albert Einstein aplicando la justicia más avanzada. En la década de los años 60 se empieza a destacar el papel de Supermán como un extranjero que ha perdido la herencia de su raza. En un intento desesperado por
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La justificación que se da sobre la elección de la Tierra como destino es la posibilidad de que el pequeño crezca como uno más entre los humanos, gracias a que las características del entorno terrestre permitían el desarrollo de sus poderes pasando desapercibido.

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modernizar su imagen, Clark Kent abandona la redacción del Daily Planet. El periódico había sido absorbido por Norman Edge, una especie de mezcla entre Rupert Murdoch y Vito Corleone. Clark se convirtió en un periodista televisivo y presentador de las noticias en la cadena WGBS. Supermán está próximo a cumplir un siglo de vida, y ha sufrido muchas evoluciones. Ha sido emblema y símbolo de una nación poderosa, pero ha caído en los mismos errores que ha cometido esa nación: la arrogancia, la elegancia pretendida, y la cultura hacia el gran ídolo con pies de barro.

5. . Superman como icono en la Sociedad de Masas
Como corresponde a un personaje cuyas empresas habían de convertirse rápidamente en leyendas, los orígenes de Superman fueron a la vez humildes y cataclísmicos. John Byrne Los autores reconocen que, a la hora de concebir tanto a su personaje estrella como a su alter ego, se basaron entre otras cosas, en el creado en 1931 por Philip Wylie en su novela “Gladiador17”. Su protagonista tiene superfuerza, supervelocidad y piel a prueba de balas. Tendrían también influencia personajes como Tarzán (creado en 1912),
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Anexo 7

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o algunas de las star system 18más destacadas del momento, como Douglas Fairbanks Sr 19 o Harold Lloyd20, algo que no hizo sino facilitar la rápida incorporación de su personaje al imaginario colectivo. Incluso el nombre elegido para la versión humana del superhombre, Clark Kent, proviene de la unión de dos de los actores más representativos del cine del momento, Kent Taylor y Clark Gable. Este último, acaba de estrenar en 1934 “Sucedió una noche” en la que en una de las secuencias, decide prescindir de su camiseta interior. Tal era su influencia mediática, que parece ser que a un mes de estrenarse, la venta de éstas bajó de manera considerable. Sigal y Shuster, conocían pues lo ventajoso que podría resultarles emplear dicho nombre. Lois Lane21, la que se convertiría en compañera de Clark y esposa de Superman, puede tratarse de una de las primeras muestras de asimilación de la incorporación de la mujer al mundo laboral. Lois trabajará como reportera en el Daily Planet, e incluso su trabajo tendrá un peso mayor que el del resto de compañeros. Es la reportera estrella del periódico, y a ella irán a parar las noticias de mayor envergadura. Es significativo también, teniendo en cuenta el momento histórico en el que nos encontramos, que Lane no perderá nunca su apellido de soltera, algo inusual hasta en nuestros días. Parece ser que su apariencia física estaba basada en una modelo contratada por los autores, Joanne Carter, que finalmente se convertiría en mujer de Siegel. Es necesario también hacer referencia a los puntos en común entre Superman y el Superhombre de Nietzsche, sobre todo desde el punto de vista de la moralidad. En 1938, el movimiento nazi estaba en plena efervescencia, y no habían dudado en hacer su propia interpretación sobre el concepto nietzschiano de Superhombre22, el Übermensch. Es entonces cuando Actions Comics pone a la venta el primer número de su superhéroe particular. La conexión Superman-Nietzsche, muestra que un ser con superpoderes no deja de ser un dios entre los hombres, un superhombre al estilo nietzschiano, y los jóvenes judíos americanos serían pronto las primeras víctimas a las que ayudar, aunque poco a poco decidieron que la Humanidad entera era una mejor opción y los villanos podían ser algo más que solamente nazis vestidos de negro. Retomando la relevancia de “lo moral” en la génesis del personaje, está su capacidad de ejercer el bien a nivel cósmico, y su dedicación al bien de la humanidad. Por el contrario, decide ejercer su actividad a nivel local, un lugar en el que, por lo menos en un principio, “tan sólo” hacía frente a delitos menores 23, muy acordes con la sociedad de la época. Era el héroe de la Gran Depresión. No en vano, Siegel y Shuster estaban empapados por la cultura popular del momento y la mayor parte del mercado del ocio de la época estaba basado en la figura de un héroe en su lucha contra el mal. Eco habla de de un Superman como ejemplo perfecto de conciencia cívica, completamente separado de la conciencia política. “El civismo de Superman es
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"Leía montones tremendos de pulps, y Joe y yo prácticamente vivíamos en las salas de cine" Jerry Siegel 19 "Las películas fueron la mayor influencia para nuestra imaginación: especialmente las de Douglas Fairbanks Sr." Joe Shuster 20 Anexo 8 21 Anexo 9 22 Anexo 10 23 Siegel se vio profundamente marcado por la pérdida de su padre, fallecido de un ataque al corazón como consecuencia de un atraco en su tienda, por lo que es bastante habitual encontrar tiras en las que Superman acabe con este tipo de delincuentes.

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perfecto, pero lo ejerce y configura en el ámbito de una pequeña comunidad cerrada. Si el mal asume el único aspecto de atentado a la propiedad privada, el bien se configura únicamente como caridad. Ésta simple equivalencia bastaría para caracterizar el mundo moral de Superman”. En cuanto al nombre de la ciudad en la que nuestro héroe habitaba (que nuestro héroe salvaguardaba), parece indiscutible el homenaje que los creadores de cómics hicieron a la futurista “Metrópolis24” de Fritz Lang, en la que se mostraba una sociedad completamente subordinada al trabajo, y a las máquinas como verdaderas devoradoras de su felicidad. Y es que, la sociedad que convirtió a Superman en un auténtico mito, tenía un marcado carácter industrial, por lo que, era necesario para ello que encarnara, además de todos los límites inimaginables, las exigencias de potencia que el ciudadano vulgar alimenta y no puede satisfacer. Fundamental a la hora de dar forma a su personaje fue también la elección de su vestuario, ya que los autores decidieron tomar, nada más y nada menos, los colores de la bandera estadounidense para la versión heroica del personaje. Toda una muestra de patriotismo por su parte, pero también de querer, dotarle y convertirle en el símbolo de los Estados Unidos, de toda una Nación, que, en ese momento, requería de esa fuerza25.

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Anexo 9 Influenciado por el movimiento pacifista que en ese momento inundaba las calles norteamericanas, Superman nunca se extralimitó en el uso de sus poderes. Mejor dicho, tras mostrarnos a un Superman terriblemente arrepentido tras acabar con la vida de varios kryptonianos que amenazaban con acabar con la Tierra, Superman se hace la firme promesa de no volver nunca a matar. Y eso hace.

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momentos de convulsión política, ya se sabe que la unión hace la fuerza, y Superman pretendía convertirse en la pomada que calmaba la incertidumbre del momento. Nadie como los americanos para hacer de la necesidad virtud. Resulta paradójico ver como en los cómics del momento se retrataba a los convecinos de Clark Kent en contrapicado, buscando con la mirada la llegada del superhéroe, su descenso desde las alturas. El pasado 11 S Estados Unidos se topó con un pedazo de la peor kriptonita, y, cosas del destino, también llegó volando. John Carlin describió ese momento de la siguiente manera: “Su” 11 de septiembre: El asombroso descubrimiento ha sacudido la sensación de mastodóntica invulnerabilidad de los americanos, les ha mostrado que el mundo era un lugar más peligroso y complejo de lo que imaginaban, ha introducido en su psique colectiva una sensación de precariedad y un elemento de miedo que antes no existían. Por eso no hace falta ser historiador, ni astrólogo para predecir que los increíbles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 marcarán un antes y un después en la vida americana. Ni la política estadounidense, ni la visión que tienen del resto del mundo y cómo relacionarse con él, ni sus actitudes y valores, volverán a ser jamás los mismos26." Adrián Sotelo añadiría que "...lo que es irreversible por primera vez en la historia de los Estados Unidos (desde la simbólica "invasión" del imperio por Pancho Villa), es la pérdida de la presunta invulnerabilidad de ese país, tal y como lo propagandizaban todos los días sus medios de información y comunicación, así como todo el aparato de seguridad e inteligencia y que tenían expresión mediática sobre todo en la TV y en el marketing cinematográfico de Hollywood: los rambos venciendo a las "fuerzas del mal", el héroe Bruce Willis (Duro de Matar, que protagoniza al personaje
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John Carlin, "El fin de una era", El País, Madrid, 20 de septiembre de 2001.

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John McLane "...dotado de una rara fuerza física, una sonrisa serena, un corazón divorciado y testarudez que roza la locura, éste es un hombre que puede enfrentar -mejor dicho: tiene que enfrentar- verdaderos ejércitos de terroristas con puro ingenio y resistencia...") alcanzando corriendo y trepando en pleno vuelo a un Boeing para desactivar bombas y vencer a los terroristas en un edificio sitiado por ellos. Personajes invencibles como el Superman gringo o el Batman surcando los cielos de New York ("ciudad gótica") y de los Estados Unidos para vigilar y castigar y vencer a los "malosos", etcétera. Todas estas figuras mitológicas construidas ad hoc por el imperio yanqui encaminadas a mostrar su invulnerabilidad, que ni siquiera en las películas resultaba violada27."

Tal vez por eso, los norteamericanos quisieron aferrarse a la figura de Obama como nuevo héroe, como nuevo icono mundial.

En cuanto al emblema elegido, a día de hoy, si alguien ve una S roja, sobre un pentágono invertido con el fondo amarillo, sabrá de antemano, que se encuentra ante el símbolo de Superman; icono único en América. Él fue el primero en tener un símbolo propio y el primero en lucirlo en sus vestimentas. Este símbolo, implica poder y éxito y por ese motivo, se decidió que Superman debía llevar uno en su pecho. Le siguieron otros superhéroes como Batman, Flash, Spiderman, los Cuatro Fantásticos…y por ese motivo, cuando se utiliza el término “Superhéroe”, la gente piensa en un ser con una capa, mallas y algún icono en el pecho. En sus comienzos, no se consideró que dicho emblema, fuera parte imprescindible de su traje, no obstante, con el paso del tiempo resultó ser algo fundamental del personaje. En su forma más antigua, puede verse una S roja sobre el fondo amarillo, pero la letra como tal, ha variado notablemente desde aquellos años 30. Además, el pentágono, aparece abierto en los laterales, dejando más bien, forma de escudo. Éste, representaba la forma de una insignia de policía oficial. Del mismo modo que ocurre con el emblema, sucede también con el traje de Superman
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Adrián Sotelo Valencia. "Dos torres, un terrorismo: Crisis de hegemonía del imperio norteamericano". Edición del autor en Internet. México. UNAM. 26 de septiembre de 2001

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ya que se creó gracias a la inspiración que tuvieron Siegel y Shuster en las películas de “La Máscara del Zorro” o “Robin Hood”. Al principio no se le añadió capa, pero después se pensó que ese detalle, le añadiría algo más de personalidad y dinamismo cuando se moviese o saltase. Cuando idearon el emblema se dieron cuenta de que es la inicial de los apellidos de ambos. Las aventuras de Superman se escribieron en la época en que Estados Unidos y Europa se definían en función de lo que John Dewey llamaba, en 1930, el “corporativismo dominante”, es decir, la época en la que dominaban las “grandes corporaciones” (como el mismísimo rotativo en el que trabajaba Clark Kent) o las grandes maquinarias administrativas cuyo principio había descrito Max Weber a comienzos del siglo XX en términos de “pirámide burocrática28”. El héroe de estas gigantescas máquinas de producción era el que se alojaba en la llamada carrera, signo de un progreso que un individuo podía alcanzar en el interior de tales corporaciones. Aunque lo cierto es que, en la cultura popular, se era plenamente conciente de la dificultad, fantasía o milagro que suponía el paso de profesional a director de la empresa. Superman encarna a la perfección esta inquietud ante el grado de penetración de los intereses privados de la corporación empresarial en los intereses públicos de la maquinaria administrativa del Estado, al que cualquier ciudadano común de la época aspiraba. Al igual que Lex Luthor, los grandes industriales y comerciantes de este periodo (Ford, General Motors, Compañía de Telégrafos y Teléfonos americana…) estaban directamente implicados en el gobierno de las ciudades (a cambio de los beneficios fiscales que obtenían mediante su implantación levantaban hospitales, bibliotecas, museos…) e intervenían en las elecciones mediante la financiación de las campañas. Los rascacielos, que a menudo sirvieron a Superman como lugares de reposo momentáneo u observatorios, son uno de los grandes símbolos de este tiempo, de sus miedos y de sus esperanzas (representando el triunfo del capitalismo y, por ende, de todos sus factores y protagonistas), y los ascensores, capaces de elevar a los individuos hasta alturas antes insospechadas, son la señal de las antes citadas carreras, que era posible realizar a lo alto de aquellas maquinaras administrativas, desde la nada hasta las cumbres. Completar esa ascensión significa llegar a ser alguien y haber hecho algo grande. En estas condiciones, la fábula de Superman cumple, en efecto, los requisitos de invocar una fuerza superior, capaz de resolver los problemas por inmensos que sean. Este tipo de fantasías, tan agradables para las masas, presentan como resueltos (ficticiamente) problemas reales de grandes dimensiones, algo en lo que Umberto Eco ve la dimisión de la acción por parte de las masas, una perezosa política, que las inclinaría a imaginar los problemas como ya resueltos para así no tener que planteárselos e intentar encararlos.

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Weber, a través de la teoría de la jerarquía de autoridad establece los diferentes grupos en los que divide a los cargos y funciones de control, protegiendo a los subordinados de la posible acción de sus superiores, al estar sus acciones limitadas dentro de un conjunto mutuamente reconocido de reglas. Todo ello, según el autor, desembocaría en el desarrollo de una economía capitalista o la expansión de las tareas administrativas del Estado Moderno.

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Puede parecer que Siegel y Shuster se adelantaron a la teoría de usos y gratificaciones, enunciada y consolidada por autores como Katz o Blumler en la década de los 60. En ella, se habla de un receptor que selecciona los estímulos a los que quiere responder, dependiendo de sus valores, intereses o funciones sociales. De este modo, los lectores de Superman podían soñar con sufrir una transformación como la de Clark Kent, con pasar de ser un tipo tímido, torpe y poco valorado a un superhombre, en la proyección, al fin, de lo que querían ser. Es por ello que Eco, define la mitificación como “simbolización inconsciente, como identificación del objeto con una suma de finalidades no siempre racionalizables, como proyección en la imagen de tendencias, aspiraciones y temores, emergidos particularmente en un individuo, en una comunidad, en todo un período histórico”. Los símbolos en la cultura de masas, se basan, parafraseando al autor en “la identificación privada y subjetiva entre un objeto o una imagen y una suma de finalidad, ya consciente, ya inconsciente, de forma que se realice una unidad entre imágenes y aspiraciones”. Sin embargo, y esto resulta fundamental en el caso que nos concierne, también es necesario que el mito pueda ser identificado por sus lectores, que puedan verse, como antes hemos dicho, reflejado en él. Clark Kent personifica al lector medio asaltado por los complejos y despreciado por sus semejantes y al que, tan sólo la secreta esperanza de que algún día podrá llegar a convertirse en alguien a quien alaban y admiran, le mantiene con vida. Eco añade al respecto cómo el “personaje mitológico de los cómics debe ser un arquetipo, la suma y compendio de determinadas aspiraciones colectivas”. Pero para ello, será necesario que el lector o el público en general puedan reconocerlo fácilmente. Todo ello se cumple en el caso de nuestro superhéroe, pero los guionistas, encontraron su Talón de Aquiles, precisamente, en la falta de él. Es, en principio, un héroe sin adversario, y por ello fue preciso enfrentarle a una serie de obstáculos, como la aparición de la kryptonita, que en cierto modo, ponían en vilo, de vez en cuando, al apasionado lector. Y es que, Superman posee las características del mito intemporal, pero es aceptado únicamente porque su acción se desenvuelve en el mundo cotidiano y humano de lo temporal y lo conocido. El “problema” de la temporalidad es resuelto, como bien explica Eco gracias a que sus guionistas idearan “una solución mucho más sagaz e indudablemente original. Todas sus historias se desarrollan dentro de una especie de clima onírico (completamente inadvertido para el lector), en el que aparece muy confuso aquello que ha sucedido antes y lo que ha sucedido después y el narrador reemprende una y otra vez el hilo de la narración, como si hubiera olvidado decir algo, y deseara añadir algunos detalles a lo dicho”. Otro de los puntos clave a analizar era el porqué el alter ego de Superman, había elegido el periodismo como medio de vida. A continuación, y con el fin de intentar comenzar a dar respuestas recogemos un extracto de una de las tantas entrevistas que los autores concedieron: Cuando estudiaba en el instituto, pensaba que algún día podría convertirme en periodista, y me gustaban varias chicas atractivas que, o bien no sabían que yo existía, o no les importaba. Así que se me ocurrió: ¿qué pasaría si yo fuese realmente tremendo? ¿Qué pasaría si fuera capaz de hacer algo especial, como saltar sobre edificios, o lanzar coches por los aires, o algo así? Una noche, en la que me estaban viniendo todas las ideas, se me ocurrió el concepto de que Superman podría tener una

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identidad dual, y que en una de sus identidades podría ser sumiso y apacible, como era yo, y llevar gafas, como yo. La heroína, que ideé como una especie de chica periodista, pensaría que él era una especie de gusano; pero estaría loca por el personaje de Superman, que podría hacer todo tipo de cosas fabulosas. En realidad, ella estaba coladísima por él, y la gran broma era que el tipo por el que estaba loca, también era el gusano que despreciaba.

Tal y como ya introdujimos en el contexto histórico, los cambios y transformaciones que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XX en los medios de comunicación de masas fueron verdaderamente extraordinarios. La época de la posguerra arrancó en Europa y en los EEUU de América con estructuras informativas particulares, construidas de acuerdo con las organizaciones políticas de cada estado, sus sistemas económicos y sociales, y sus costumbres y tradiciones culturales. La enorme extensión geográfica de los EEUU contribuyó además de manera decisiva al hecho de que la estructura de su prensa haya sido siempre fundamentalmente regional. Sólo algunos periódicos editados en las metrópolis gozan de tal prestigio que extienden su circulación por todo el territorio. Destacan nombres como: “USA Today”, “The Wall Street Journal”, “Los Angeles Times”, “The New York Times” y “The Washington Post”. Clark Kent es contratado por el diario local de Metrópolis, en calidad de corresponsal en el extranjero. Ejerciendo como tal, y en búsqueda de la última hora informativa, y de las investigaciones más jugosas, podría justificar sus ausencias, y su presencia en todos los focos de noticia, que en otro caso y con otro puesto de trabajo, le supondría mayores problemas. Además, el periodismo se viene a mostrar como un símbolo de esperanza por parte del ciudadano, acostumbrado a que sea la prensa y no el gobierno quien destape los negocios sucios de los poderosos. Con respecto al nombre elegido para el ficticio periódico, en un principio recibe el nombre de “The Daily Star”, en clara referencia al diario para el que Shuster había trabajado, el “The Daily Toronto Star”. No fue hasta 1940 y a petición de la DC, cuando los autores modificaron el nombre de la cabecera y pasara a denominarse “The Daily Planet”. En los cómics, aparece como un periódico de tirada nacional del mismo calibre que el mismísimo “New York Times” y cuya primara tirada no se produce hasta 1775 con un editorial de George Washington.

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El 21 de enero 1972 DC Comics declaró Metrópolis (pueblo localizado a las orillas del Rio Ohio y limitando con Kentucky y con una población de aproximadamente 7.000 habitantes) "Pueblo natal de Superman". A partir de entonces, se coloca una gran estatua del héroe, un pequeño museo, un periódico de nombre “The Daily Planet” y se celebra anualmente su llegada a la Tierra.

6. Conclusiones
El superhéroe representa al vigilante perpetuo, el guardián que observa y mantiene el orden mientras la gente común sigue viviendo su día a día. Estas ideas tenían vigencia en las décadas pasadas, pero al igual que las sociedades evolucionaban hacia modelos en los que el pueblo buscaba mayor participación, surgió la pregunta clave: ¿quién vigila al vigilante? Los superhéroes estaban del lado del bien siempre que ese lado fuera el nuestro, y a menudo ellos eran los únicos que llegaban hasta donde ni la ley ni la autoridad podían hacerlo. Pero en el último tercio del siglo el cambio en la mentalidad social se traslada a la figura de los héroes. Como si la mentalidad de las masas hubiera alcanzado una nueva fase de madurez, se considera no sólo que los guerreros vestidos con mallas forman parte de otro tiempo, sino que incluso se empiezan a cuestionar sus hazañas. En función de sus gestos, los héroes serán considerados aliados o enemigos. Quizás uno de los más destacados es el que tiene relación con su doble identidad. Salvando casos conocidos como los de Superman, el Dr. Manhattan de Watchmen, Supergirl, Wonder Woman o algunos de los X-Men, la mayoría de ellos guardan una identidad secreta. Los personajes mitificados se ocultan tras una máscara que esconde su verdadero rostro, que no les muestra al mundo tal y como son. Es una forma de proteger no sólo su intimidad sino también la vida de aquellos que están a su lado. Como si se tratara de las grandes estrellas de la actualidad, gobernantes o ídolos de cualquier tipo que pretenden mantener su vida privada al margen de la pública, los héroes no siempre querían ser reconocidos, y mantenían un comportamiento diario a menudo monótono opuesto a las grandes aventuras del héroe. No obstante, esta idea en principio inocente provocó algunos quebraderos de cabeza en los tiempos más recientes. La gente reconoce que ellos son superiores, capaces de hazañas imposibles para el resto de los mortales y por ello son admirados, pero no quieren que se escapen del control de un ser superior: el Estado. La base de los estados democráticos es que el poder reside en el pueblo, y sólo la colectividad tiene la capacidad de dirigir el rumbo de la nación a través de la elección de sus representantes. Los representantes crean las instituciones por medio de las cuales se manifiesta ese poder, y éstas son las que controlan que todo funcione siguiendo las
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pautas marcadas. Sin embargo cuando aparece un personaje poderoso, que oculta su identidad tras una máscara y que se niega a aceptar las leyes impuestas por la sociedad surge la desconfianza. Hemos visto cómo Superman muestra su rostro e interviene ante las Naciones Unidas para tomar determinadas decisiones mundiales, pero también como Batman era perseguido al negarse a revelar su verdadera identidad. Hoy en día ya no buscamos un referente de los héroes en seres voladores, enmascarados ni con disfraces de colores, sino en personas cercanas a nosotros mismos que representen ciertos valores. Nuestros gobernantes, ídolos deportivos, musicales etc., son admirados por lo que representan o por la capacidad que tienen para lograr unos u otros objetivos, pero esta admiración cambia cuando se escapan del control de las leyes. A pesar de que sabemos que es un pensamiento utópico, queremos vivir en una sociedad igualitaria, en la que los héroes estén tan controlados por el Estado como nosotros mismos, y en el momento que esta idea falla, los convertimos en enemigos. El disfraz del héroe, del pasado y del presente los muestra como no son, como algo alejado del mundo terrenal, pero también lo hace reconocible. Del mismo modo que el uniforme de un militar lo identifica con una determinada sección del ejército, al ver un traje azul con una capa roja o una armadura negra, sabemos perfectamente a quienes nos estamos refiriendo. En relación con esto, el emblema del héroe es algo inseparable de su figura. El emblema lo hemos viso presente a lo largo de la historia identificando a estados, reyes, ejércitos, familias nobiliarias, instituciones, pensamientos e ideologías, pertenencia a un determinado colectivo etc. Emblema y uniforme es lo que el héroe muestra al mundo, y a menudo hace referencia a algunos elementos de su pasado, de su personalidad o de su poder. Los poderes definen al héroe. A menudo son una habilidad que les ha llegado de un modo totalmente involuntario, bien por nacimiento o por accidente, pero sin ellos serían uno más entre nosotros. Lo que admiramos de ellos son sus valores y lo que pueden llegar a hacer con sus poderes. Superman sin sus poderes sobrenaturales no sería más que un simple hombre luchando por la justicia en el mundo. Como su poder o habilidad es un regalo, deben ofrecerlo al resto de la Humanidad del mismo modo, sin pedir nada a cambio. A menudo el superhéroe tiene una relación directa con la naturaleza. Es protector del ecologismo, controla las fuerzas de la naturaleza o recibe algún poder procedente de ella. Sabe que sin el mundo que le rodea no es nada, del mismo modo que un líder sin apoyo no puede mantenerse en el poder. Es por esto que se pueden acompañar de animales, de oráculos naturales o de habilidades reservadas exclusivamente para los hijos de Gaia, como la capacidad de volar o respirar bajo las aguas. El héroe mostraba su humanidad al retirarse la máscara, y nos dejaba ver su alma mortal, sus problemas personales y sus inquietudes. La soledad es una característica constante de quienes están en lo más alto, y en el caso de los superhéroes lo volveremos a ver. A pesar de que mantienen vidas más o menos integradas con el resto de la humanidad, a menudo lo que más desean se encuentra demasiado lejos de sus posibilidades: el amor. Los grandes relatos cuentan con un caballero y una dama, herencia de la Antigüedad al hablar de las mujeres que esperaban la llegada de los

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hombres de la guerra, o de la Edad Media al hablar del Amor Cortés. La dama es uno de los contrapuntos del poderoso, quien le ayuda a mantener los pies en la tierra, y quien crea una tensión amorosa que suele resolverse a favor de los dos. Clark Kent y Lois Lane o Peter Parker (Spiderman) y Mery Jane son quizás los ejemplos más conocidos. Al igual que al amor, los héroes se aferran a sus familias, a su infancia, al pasado remoto muchas veces cruel. Los padres de Bruce Wayne (Batman) fueron asesinados cuando él era sólo un niño, y Peter Parker vivió en su propia piel las consecuencias de eludir su responsabilidad ser asesinado el tío que le había criado como si fuera su propio Padre. En el caso de Superman, con el desarrollo de su leyenda al pasar los años vamos descubriendo cada vez más aspectos relacionados con su mundo del planeta Krypton, conocemos a su familia, el funesto destino de su hogar y el modo en el que llega a la Tierra. Pero para Superman cada visita a sus padres significaba rememorar los años vividos en el poblado de Smallville y en la granja de los Kent. Por estar integrados dentro de las sociedades humanas, los héroes mantenían unos dogmas morales que pretendían extender entre los ciudadanos a cualquier precio. Cada héroe tiene unas características determinadas que lo convierten en el paradigma de un conjunto mucho mayor, y que a menudo se extienden por el relato del cómic. Batman es el murciélago, la noche, la oscuridad y el sigilo. Muy pocos lo han podido ver en la espesura, y cuando lo han hecho no es más que una sombra. Su mundo en el de las tinieblas, y cuando se necesita su ayuda es llamado mediante una señal luminosa proyectada en el cielo. Vive en la ciudad de Gotham, donde la corrupción política campa a sus anchas generando una sociedad casi apocalíptica, un mundo decadente y gris que se intenta recuperar. Batman trata de transformar su universo en algo mejor, pero en el caso de Superman el objetivo es distinto. Ambos mitos forman parte del universo de DC Comics, pero Superman de alguna forma es la oposición al Caballero de la Noche. Él es la luz, es el símbolo de un mundo que progresa, de una sociedad victoriosa que avanza hacia nuevos rumbos. Si Batman se mueve entre tinieblas, Superman busca el brillo del Sol, cuya energía alimenta las células de su cuerpo. Él no aspira a modificar los cimientos de la sociedad americana, que tras salir victoriosa de la II Guerra Mundial se considera casi perfecta, sino que trata de reestablecer el orden cuando éste se ve alterado. El modelo político que vemos en Batman aspira al cambio, pero el de Superman busca la permanencia. Sin embargo en el mundo del cómic la política siempre ha estado presente, bien por influencia del momento en el que es elaborado o por el pensamiento de los creadores. Podemos ver ideas anarquistas o incluso totalitarias (casi siempre relacionadas con los villanos a los que hay que detener), pero muy pocos son los superhéroes que no muestran una intención política en su relato. El mundo de los villanos nos ha dejado una evolución tan compleja como el de los héroes, y a menudo relacionada con el proceso histórico en el que se vive. Si bien al principio de los relatos los villanos no pasaban de ser seres ambiciosos con connotaciones cómicas, el paso de las décadas ha provocado que sus personalidades se vuelvan cada vez más complejas y que casi nunca hablemos de infames completamente malvados. La evolución histórica nos deja abundantes ejemplos de que los malos no lo son tanto ni tampoco los buenos siempre muestran el camino a seguir. Para poner fin a la II Guerra Mundial se firmó un pacto entre los presidentes de EEUU Roosevelt, el Primer Ministro Churchill y el padre de la patria soviético Stalin. Sin embargo, con el

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paso de los años Stalin se mostró como un dictador cruel y un enemigo de la libertad representada por las democracias occidentales. Sin ir más lejos el actual problema del extremismo musulmán fue fomentado por los Estados Unidos desde el momento que la URSS trató de invadir Afganistán en la década de los años ochenta. Aquellos que hoy son enemigos ayer eran aliados. El mundo del cómic a menudo es un espejo de la sociedad, y en este caso el universo de los villanos nos deja abundantes ejemplos de seres que han visto variar su comportamiento. El Jóker de Batman es un ser tan perturbado como el Duende Verde de Spiderman. Magneto de X-Men muestra la personalidad del enemigo cruel y del sabio que ha visto truncado su camino en la vida, y si nos trasladamos a Metrópolis vemos cómo poco a poco la personalidad de Lex Luthor se vuelve más compleja y en ciertos momentos tiene muestras de clemencia.

Pero el cómic no sólo le teme a los villanos, sino que también a los grandes males de la sociedad. Ya hemos visto cómo afecta a las historias la evolución política de los estados, pero el desarrollo científico no se queda atrás. Con los primeros pasos en el control de la energía nuclear vimos cómo a Peter Parker le picaba una araña radiactiva convirtiéndolo en Spiderman, cómo en el cómic Superman lleva a cabo cientos de experimentos en el Palacio de la Soledad y construye cíborgs, o cómo Batman se aprovecha de los avances punteros de la tecnología. El universo también se abre con los avances científicos y el descubrimiento de nuevos mundos, muestra también de que los autores buscan temas contemporáneos al tiempo del lector. A medida que nos acercamos a los momentos finales del siglo, la concepción del cómic evoluciona dentro de la sociedad. Previamente veíamos cómo cambia la idea del superhéroe, cómo se ridiculiza a los personajes con mallas y se buscan nuevos referentes. Sin embargo, es e la década de los años ochenta cuando aparecen dos obras mucho más maduras que marcarán una modelo a seguir en el desarrollo de la narración para el futuro: El Señor de la Noche, de Frank Miller y Watchmen, de Moore. Especialmente en esta última se analiza el símbolo del héroe en la sociedad y su evolución, los momentos de gloria y también la decadencia. Nos muestra a los nuevos titanes desde la perspectiva de la humanidad, desde la imagen de la soledad, el alcoholismo o la vejez. Además veremos cómo ahora más que nunca los límites entre el heroísmo y la maldad aparecen tremendamente difusos, siendo difícil explicar el nuevo concepto de villano. En los últimos años el ejemplo que se ha seguido es el de Miller y Moore, historias mucho más maduras y elaboradas son un simbolismo profundo y conmovedor que alcanza uno de sus momentos supremos con la muerte de Superman, una serie de ejemplares que se aupó hasta las listas de ventas de los más vendidos de todos los tiempos. La necesidad de héroes siempre ha estado ahí, y ante la falta de nuevos personajes que movilizaran a las masas como lo hicieron los clásicos se ha optado por continuar reinventando a los Superman, Spiderman, Batman, X-Men, Flash, Daredevil, etc. Recientemente el cine ha recurrido de nuevo a ellos, con ejemplos demasiado simples o incluso patéticos, y obras dignas de los ejemplares gráficos. Pero el mundo de los superhéroes siempre permanecerá presente, porque es un incono del siglo XX y un modelo evolutivo de la sociedad occidental, porque esconde un significado tan profundo que lo relaciona con las grandes leyendas del pasado y porque convierte en realidad los sueños y esperanzas de miles de personas que buscan una vía de escape al tiempo en el

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que vivimos. Quienes no sean capaces de comprender la magnitud de este universo que ya forma parte inseparable de nuestra cultura, y que incluso se ha bautizado como noveno arte, deberían reflexionar respondiendo a la pregunta que en su momento se hizo la mismísima Lois Lane: ¿Por qué el mundo necesita a Superman?

6. Anexos

Anexo 1

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Anexo 2

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Anexo 3

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Anexo 4

31

Anexo 5

32

Anexo 6

Anexo 7

33

Anexo 8

Anexo 9

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Anexo 10

Anexo 11

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