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En 1933 Hitler alcanzó el poder en Alemania y, con Mussolini, firmó el pacto AntiKomintern para acabar con el comunismo, tanto

en sus propios países como en el exterior, es decir, en la URSS. Para ello crearon, bajo el mando de R.Gehlen, una vasta red de infiltración, espionaje y destrucción muy ramificada. Entre 1936 y 1939 el NKVD, la policía soviética, la desmanteló parcialmente, pero con la invasión y la guerra, fue de nuevo reconstruida. Tras la guerra mundial, Estados Unidos cobijó a los miembros de aquella red nazi para utilizarla de nuevo contra la URSS y los países del este en la guerra fría. Sostuvieron a los movimientos nazis en aquellos países y crearon nuevas organizaciones que se han mantenido hasta la actualidad bajo el paraguas de la OTAN, con el nombre de Gladio. Tras los demócratas que se opusieron al socialismo en los países del este estaban las viejas redes de saboteadores nazis, luego puestas bajo la tutela de Estados Unidos, que son quienes las siguen alimentando. Por eso la política actual de esos países es una continuación de la política imperialista de Estados Unidos, como han puesto de manifiesto enviando tropas a Irak en apoyo de sus amos. En 1997 Alemania reveló que aún seguía pagando pensiones a 50.000 antiguos miembros de las SS o a sus herederos diseminados por casi todo el mundo. De ese modo, la viuda de Reinhard Heydrich (el arquitecto de la solución final) o Heinz Barth (uno de los responsables de la masacre de Oradursur-Glane) continúan recibiendo sueldos del Estado alemán, a pesar de sus crímenes. El caso de Rumanía es sintomático: el 18 de febrero de 2006, pocos días antes de ingresar en la Unión Europea, el comunismo fue allá oficialmente proscrito y condenado. Pero a finales de febrero, ya dentro del club europeo, los nuevos demócratas rumanos rehabilitaron al mariscal Ion Antonescu, el mariscal fascista aliado de Hitler que gobernó Rumanía durante la II Guerra Mundial. Había sido detenido, condenado y a muerte y ejecutado en 1946 por crímenes contra la humanidad. Ahora los demócratas nos dicen que era inocente de todas aquellas acusaciones. También eran inocentes otros 20 ministros de su gobierno, entre ellos Horia Sima, jefe de la Guardia de Hierro igualmente rehabilitados, de manera que los 300.000 antifascistas que murieron en sus campos de exterminio se murieron ellos solitos. No es difícil de comprender que el giro a la historia tiene que ver también con que los nuevos nuevos demócratas rumanos hayan autorizado a los Estados Unidos la instalación de campos de concentración sobre su suelo, esta vez para encerrar a los irakíes (ver el artículo Estados Unidos instala bases militares en Rumanía). Esta cadena de revisiones históricas no tiene fin; acabará con el encumbramiento del mismo Hitler, el magistral arquitecto de la Europa unida (ver el artículo La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad). La nueva Estonia democrática inauguró un monumento a la memoria de las SS Los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) también fomentan el resurgimiento de las tenebrosas fuerzas neonazi. Todo esto ocurre después de ingresar a la Unión Europea sin que esta comunidad de Estados haya dicho absolutamente nada por el momento. En Estonia la provocación se consumó el 8 de mayo de 2005, día en que se celebró el 60 aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre el fascismo en la II Guerra Mundial. Ese día, en Tallin, capital de Estonia, se inauguró un monumento a todos aquellos que se alinearon al lado de la Alemania hitleriana durante la guerra. Al igual que otros Estados de Europa central y oriental, Estonia está gobernada por personajes formados por los servicios secretos de Estados Unidos durante la guerra fría. En aquella época el espionaje imperialista salvó a los criminales de guerra nazis de la región de ser ajusticiados para

reclutarlos en la lucha contra el socialismo (ver el artículo Las líneas de ratas). Estonia también es miembro de la Unión Europea a pesar que festeja los crímenes contra la humanidad perpetrados por los nazis, además de discriminar igualmente a su propia minoría ruso parlante: casi 30 años después de la desaparición de la Unión Soviética, alrededor de 150.000 estonios de lengua materna rusa siguen esperando para obtener la nacionalidad estonia. Esta celebración en Estonia tendrá sin duda graves consecuencias para el porvenir de las relaciones ruso-estonias. Así lo ha estimó en una entrevista a la agencia de noticias RIA Novosti, el presidente para asuntos internacionales de la Duma (Parlamento ruso), Konstantin Kosachev, que consideró la iniciativa estonia como una provocación. Letonia festeja la memoria nazi Con la caída del telón de acero, el MI6 y la CIA tomaron el control de Letonia, donde gracias al caos post soviético, colocaron a sus hombres a la cabeza del Estado, a los que la población decepcionada del país alude como la banda de extranjeros. Un ejemplo de ello es la Oficina de Protección de la Constitución (SAB), encargada sobre todo de defender la democracia, que está dirigida por Janis Kazocinu que, en realidad, es un general del ejército británico, transformado en agregado militar en Riga durante la independencia, luego adjunto del jefe del Estado Mayor. Sólo adquirió la nacionalidad letona en ocasión de su nombramiento. Desde principios de la década de los noventa los viejos legionarios nazis vienen organizando desfiles en la ciudad de Riga, capital de Letonia, país incorporado a la Unión Europea y que antes de la caída del telón de acero era una república soviética. Pero la de 16 de marzo de 2005 fue un poco especial porque fue la primera que se celebró después del ingreso del país en la Unión Europea. La manifestación conmemoraba al honor de los nazis y fascistas locales que lucharon en la II Guerra Mundial en las filas de la Waffen SS. Los veteranos de la legión letona nazi de las SS desfilaron por las calles céntricas de Riga, acompañados de sus cachorros neonazis. Una manifestación similar se celebró también en otra ciudad letona, Liepaja, con el consentimiento del ayuntamiento durante la cual los admiradores de la Waffen SS hicieron el saludo brazo en alto y corearon a gritos el ¡Heil Hitler!. El ministerio del Interior de Letonia anunció que las medidas de seguridad se incrementaron durante el desfile de los legionarios. Se establecieron patrullas policiales reforzadas en el centro de Riga para custodiar varios lugares importantes relacionados con la historia de la II Guerra Mundial, entre ellos, los cementerios judíos, el monumento a los libertadores de Riga, así como otros sitios conmemorativos. Las personas que protestaban pacíficamente contra el desfile nazi fueron brutalmente reprimidas y veinte de ellas sometidas a interrogatorio. Dos organizaciones de la comunidad rusa de Letonia habían solicitado permiso en más de una ocasión para realizar una manifestación en el mismo lugar y a la misma hora que los desfiles de los legionarios nazis para protestar contra la exaltación del nazismo en Letonia y las autoridades de ambas ciudades se lo denegaron. La prensa burguesa presentó las cosas a su manera. Según la agencia de noticias France Presse, por ejemplo, la manifestación era una conmemoración de los antiguos combatientes letones enrolados por la fuerza durante la Segunda Guerra Mundial en las filas alemanas de los Waffen SS y se trataba

de rendir homenaje a esos soldados legionarios. La agencia de noticias francesa no calificaba de demócratas a los que se opusieron a los nazis, sino de radicales pro rusos. Según las estadísticas correspondientes a 2005, en esta nación del Báltico viven hoy 300 veteranos letones de la SS y hay varios miles más residiendo actualmente en Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña. Todo esto demuestra que los neonazis constituyen una de las principales fuerzas políticas del país con el apoyo de la comisaria europea Vaira Vike-Freibergui, luego presidenta de la República. VikeFreiberga es profesora de psicología en la Universidad de Toronto (Canadá). Su familia huyó de Letonia cuando se produjo la caída del III Reich se vinculó a los agentes nazis de las redes staybehind de la OTAN, a través de una asociación clandestina destinada a la diáspora, denominada Los Halcones del río Daugava (Daugavas Vanagi). La familia de su marido, Imants Freibergs, estuvo vinculada al MI6 en Alemania a finales de la II Guerra Mundial. Vike-Freiberga se trasladó a Riga a comienzos de 1999, adquirió la nacionalidad letona y fue elegida inmediatamente Presidenta de la República, mandato que le fue renovado cuatro años más tarde, tarea que compagina con la de rescribir la historia europea del siglo XX a su manera. Con el apoyo financiero de la embajada de Estados Unidos, en enero de 2005 el gobierno letón publicó una obra titulada Historia de Letonia: siglo XX cuyo lanzamiento se realizó durante una conferencia de prensa de la presidenta de la República. En él se puedfe leer, entre otras cosas, que el campo de concentración de Salaspils, donde los nazis realizaron experimentos médicos con niños y 90.000 personas fueron asesinadas, no era más que un campo de trabajo correctivo y que los miembros de la Waffen SS eran héroes de la lucha contra los ocupantes soviéticos. ¿ Por qué hay tanto nazi en la antigua URSS ? Desde su nacimiento en 1917 la Unión Soviética no tuvo jamás un minuto de paz por parte de los imperialistas, pero las agresiones crecieron a partir de 1933 con la llegada al poder de Hitler, verdadera punta de lanza del imperialismo contra el proletariado internacional. Los métodos favoritos de los nazis fueron siempre la infiltración y la provocación, para lo que crearon una poderosa red de espionaje en el interior de la URSS por medio de la cual planearon acabar con el socialismo desde dentro. Altos dirigentes nazis, como Alfred Rosenberg, eran prusianos de origen báltico y habían crecido bajo el antiguo imperio zarista; su formación era rusa, habían huido tras la Revolución de Octubre y siempre soñaron con volver a lo que consideraban como su país. No lo consiguieron; su red fue parcialmente desmantelada entre 1936 y 1939 y tuvieron que desencadenar la guerra mundial donde, junto a las SS, lucharon mercenarios nazis de muchos países europeos. El caso de la División Azul española no fue el único. La Wafffen SS fue calificada de organización criminal durante el proceso de Nuremberg, al igual que todas las divisiones que la integraban. En sus filas se enrolaron los voluntarios fascistas y, desde 1944, también los simples reclutas procedentes de los países ocupados por el III Reich. De las 37 divisiones que componían las SS hacia 1944, sólo 12 eran estrictamente alemanas, mientras que las demás estaban formadas por voluntarios de Dinamarca, Holanda, Letonia, Estonia, Ucrania y hasta Suecia, a pesar de que formalmente esta última no participaba en la II Guerra Mundial. Durante aquella guerra, la presencia de fascistas de los países del este europeo fue muy importante: de 900.000 Waffen SS, cerca de 150.000 eran letones, constituyendo así el mayor contingente extranjero que combatió al lado de las potencias del Eje. De acuerdo con los planes nazis, la legión letona tenía que ser desde un principio la más numerosa entre las divisiones bálticas. Todas las unidades activas de las SS y la policía letonas se incluían automáticamente en la legión y hasta pensaron formar, en el marco de la misma, una división autónoma de las SS. Los letones formaron

sobre todo la 15ª División de Infantería, que fue la unidad no alemana más condecorada de la Waffen SS. Fueron ellos quienes se atrincheraron en las ratoneras de Berlín y entablaron los últimos combates del III Reich. En su gran mayoría eran voluntarios. No obstante, en 1944, se les unieron reclutas algunos de los cuales habían sido enrolados a la fuerza. Por otra parte, cerca de 130.000 letones se alistaron para luchar contra el Eje. La mayoría combatió en el Ejército Rojo que liberó a su país del nazismo. Desde la caída del telón de acero en 1990, los nuevos demócratas de este pretenden revisar la historia y minimizar la responsabilidad de los criminales de guerra nazis, pero los hechos son concluyentes: la principal misión de la legión letona dentro de las SS era combatir no contra el Ejército regular de la Unión Soviética sino contra la guerrilla que operaba en el territorio de Bielorrusia y Rusia. Sus funciones eran policiales y represivas: detenciones, torturas y ejecuciones selectivas de aquellos que combatían por la liberación del fascismo. Sus cuarteles no estaban en el frente sino en la retagurdia... Guerra fría: los nazis a los pies de su nuevo amo En los últimos meses de la II Guerra Mundial, el contraespionaje estadounidense, la sección X2 de la OSS (Office of Strategic Services) fue encargado de localizar agentes nazis dispersos después de la retirada del Ejército hitleriano. Había que actuar rápido, antes que los movimientos de resistencia los identificasen y eliminaran. En vez de detenerlos y fusilarlos, James J. Angleton, jefe del X2 y el general William J. Donovan, director de la OSS, decidieron recuperar a estos criminales de guerra para reutilizarlos en la próxima guerra mundial contra el comunismo. Esta operación se llevó a cabo en todos los territorios anteriormente ocupados por el III Reich. Por ejemplo, los vichystas franceses fueron reclutados tras el regreso de René Bousquet, secretario general de la policía francesa colaboracionista. Los italianos, tras la del príncipe Valerio Borghese, jefe de la Decima Mas, los escuadrones de la muerte fascistas. Incluso antes de terminar la guerra mundial, los servicios secretos británicos reclutaron agentes entre los criminales de guerra nazis originarios de Letonia (especialmente miembros del Arajs Kommando) para combatir el comunismo y los infiltraron en Suecia con la ayuda del SMT, el servicio secreto local. Así se reconstruyó por completo una unidad SS de 1.500 mercenarios, bajo el mando del coronel letón Osis, con el objetivo de lanzar un ataque contra los soviéticos. En 1949, esos agentes fueron transferidos a Hamburgo (a la zona alemana ocupada por los británicos) para ser entrenados por el MI6 (Operación Jungla). Intentaron diversos lanzamientos en paracaídas y operaciones de infiltración en misiones de espionaje y sabotaje en la Unión Soviética, pero todo ello fracasó. Este método fue abandonado en 1952 para ser sustituido por las operaciones psicológicas Cuando el Eje capitula, la operación se extiende a Alemania, lo que hizo posible recuperar al general Reinhard Gehlen, jefe del servicio secreto del Ejército hitleriano en el frente del este. Después de diez meses de estancia en los Estados Unidos a cargo de Frank G. Wisner, Gehlen fue amnistiado y se le confió una nueva misión: la creación y dirección del BND, el servicio secreto de la nueva Alemania federal. Las memorias de Gehlen se publicaron en castellano en la época de Franco: Servicio secreto, se titulan. La operación fue planificada por Allan Dulles, jefe de la OSS en Suiza. Desde 1942 Dulles mantenía un doble juego con los nazis para concluir una paz separada y buscar una alianza con ellos contra la URSS. Muchos de los agentes nazis que habían participado en repugnantes acciones criminales durante la II Guerra Mundial no podían ser empleados por los Estados europeos, así que fueron colocados en América Latina, donde podían ser nuevamente reutilizados.

La infiltración en América Latina se pudo llevar a cabo gracias a la ayuda del Vaticano, que compartía el mismo objetivo anticomunista (ver el artículo El Vaticano beatifica a los criminales de guerra). El Vaticano, que ya había colaborado con los hitlerianos y los fascistas italianos, también participó, pues, en esta guerra subterránea. La tarea fue realizada bajo la dirección de Monseñor Giovanni Battista Montini, futuro papa bajo el nombre de Pablo VI. En Francia, la selección de los agentes de nacionalidad alemana fue llevado a cabo en el patio del internado de Coudray-Morancez, seminario del sacerdote Franz Stock. Por su parte, Estados Unidos y Gran Bretaña firmaron un acuerdo con la Santa Sede a través del cardenal Francis Spellman para llevar a cabo esta operación, en la que estaba incluido el papa polaco Juan Pablo II, un conspirador contra su propio país durante toda la guerra fría. Durante aquella época, la paranoia de una ocupación soviética de Europa occidental, favoreció el mantenimiento logístico de un impresionante operativo militar imperialista en tiempos de paz. La idea consistía en reclutar una red similar pero a escala atlántica, con ayuda de agentes nazis experimentados en la acción secreta contra la URSS. En 1946 Truman decidió dotar a los Estados Unidos de una industria de guerra y de servicios secretos permanentes, según las orientaciones de Donovan. Al año siguiente se aprobó la ley de seguridad nacional que consolidaba en tiempos de paz un dispositivo militar que incluía una agencia de espionaje exterior, la CIA que, sin embargo, carecía de competencias para realizar operaciones encubiertas. Por tanto, según esta ley, la organización Gehlen que operaba en toda Europa del este debió ser desmantelada. Sin embargo, de manera ilegal, la CIA comenzó a sustituir a los servicios de la Marina, del Ejército de tierra y de la Secretaria de Estado. La Organización Gehlen aportó los cimientos de esta organización secreta, verdadero caballo de troya dentro de la URSS y demás países del este, suministrando especialistas en la intoxicación informativa, el sabotaje y toda suerte de operaciones clandestinas. Para los imperialistas, la nueva guerra contra el comunismo no sería de tipo convencional sino de naturaleza política, económica y psicológica. Enfrentaba a occidente con el comunismo, dando una dimensión religiosa, racista y mística a la guerra fría. Todos los medios de comunicación debían ser movilizados para que los occidentales se identificaran con el mundo libre que Estados Unidos encabezaba. El problema era que, tras la guerra mundial, los comunistas ocupaban un lugar importante en Europa occidental en el plano ideológico y político. Por tanto, era indispensable que las redes de sabotaje escaparan a la autoridad de los gobiernos que el enemigo comunista podía tomar por vía electoral en cualquier momento. Así surgió Gladio. Con ella la OTAN pensaba contrarrestar el establecimiento de gobiernos progresista salidos de las urnas, como sucedería en Chile en 1973. Para ello se firmaron acuerdos tripartitos entre Estados Unidos, el Reino Unido y cada uno de sus aliados, autorizando a Washington a actuar clandestinamente en sus territorios, sin su autorización, de manera que pudieran defenderlos de los comunistas, aunque actuaran por medios legales. En 1949, los primeros acuerdos fueron integrados en un sistema multilateral del que formaban parte Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia y Reino Unido. Todo esto estaba administrado por un comité clandestino llamado de Unión Occidental. Cuando se firmó el Tratado de la OTAN este sistema se abrió a otros países y se transformó en el Comité Clandestino de Planificación y, más tarde, en 1958, pasó a llamarse Comité Aliado de Coordinación. De esta forma las redes de espionaje nazis se integraron en la OTAN, quedando estrechamente ligadas a la política imperialista del Pentágono. Según el general Oswald Le Winter, antiguo oficial encargado de Gladio en el seno de la CIA, los protocolos secretos de la OTAN estipulan que los

Estados miembros renuncian a perseguir ante los tribunales los crímenes que sus miembros realicen. Dichos crímenes aparecían cometidos por miembros de la extrema derecha, es decir, por nazis y fascistas manipulados por la OTAN y la CIA. Pero la manipulación misma quedó siempre en secreto: la democracia y el mundo libre no podían aparecer mezclados con los nazis más sanguinarios. No obstante, hubo algunas pequeñas filtraciones periodísticas: en 1952 la prensa alemana reveló por primera vez las actividades de un grupo neonazi, el Bundesdeutscherjungend, cuyos militantes fueron armados por los servicios secretos de la OTAN. Su misión era preparar el asesinato de los principales dirigentes comunistas en caso de un triunfo electoral. Lo de Chile se estuvo preparando durante décadas... En lo que a los países occidentales concierne, todas estas redes nazis quedaron definitivamente al descubierto en 1990 cuando estalló el escándalo Gladio en Italia. Lo que nadie dijo fue que esas redes eran mucho más importantes en los países del este, que estaban operativas desde 1933 y que, tras la caída del telón de acero, son las que sujetan las riendas de sus respectivos países. Todo esto nos hace valorar aún más la importancia que tuvo históricamente la lucha sin cuartel desatada por Stalin por aplastar al fascismo que, como comprobamos, en realidad no ha hecho más que empezar.