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“El Peri Em Heru”

“La salida al día” o el


Libro de los Muertos Egipcios

Sri Deva Fénix


EL PERI EM HERU
*El Libro de los muertos es uno de los textos más importantes de los
misterios egipcios. Se llama Libro de los muertos a la colección de conjuros,
escritos normalmente en un rollo de papiro, que a partir del Imperio Nuevo
se incluía en las tumbas para ayudar al difunto en su difícil camino al más allá.

En él se recogían multitud de rituales, conjuros y fórmulas mágicas para


ejercer el control consciente sobre la naturaleza.

Ese nombre es el que le pusieron los editores modernos para publicarlo,


pero el nombre original con el que los egipcios lo nombraban es Peri Em
Heru, que se puede traducir como
“La salida al día”.
día Esta expresión se refiere al abandono de la oscuridad de la
tumba por el difunto tras la resurrección y su salida a la luz en el más allá.
El "Libro de los Muertos" es una colección de
declaraciones que se incluían en las tumbas y pretendían
ayudar al difunto en su difícil camino al Más Allá y en el
juicio de Osiris.
Su título original podría traducirse como
"La salida al día" (Peri Em Heru).
“La muerte no era más que un renacimiento, al igual que
el sol sale cada día, así el difunto accedía a un nuevo
renacer”.
Estos textos representan la mejor fuente de información
de la religión egipcia y son indispensables para su estudio.
El origen se encuentra en los llamados "textos de
las pirámides", una colección de textos religiosos
que se descubrieron en la necrópolis de
Saqqara, grabados en las paredes de las
pirámides de reyes y reinas.
Este libro formó parte habitual del ritual
funerario en los entierros egipcios hasta el final
de la antigüedad, es decir, hasta el principio de la
era cristiana, y se colocaba sobre el sarcófago, o
directamente sobre la momia, o bien aparte en
un estuche especial.

*Su finalidad era la misma que la de los textos de


las pirámides y los textos de los necrologicos, a
saber, dotar al difunto de recursos mágicos para
volver a vivir tras la muerte, y superar en pleno
uso de sus miembros y facultades los diversos
obstáculos y amenazas que encontraría hasta
llegar a los paradisíacos Campos de Iaru o
campos de los juncos,
juncos donde gozaría de una
existencia dichosa en compañía de los dioses y de
los demás bienaventurados en el caso de que
superara la prueba del juicio de Osiris.
Los textos se encuentran agrupados en columnas y separados por líneas
divisorias.
Las fórmulas o pasajes son fórmulas o "declaraciones" orales que empiezan
todas con la frase "palabras para ser dichas" de cara al juicio de Osiris o
"picostasia".
En ese momento la resurrección estaba limitada solo a la realeza, pero
posteriormente fue ampliándose a la nobleza, dando lugar a los "Libros de
los Sarcófagos".
Durante el Reino Nuevo se produjo una "liberalización" definitiva de los
rituales de resurrección y entonces el pueblo podía acceder a las fórmulas
sagradas siempre y cuando pudiese pagarse el proceso de momificación y
algún pasaje de recitaciones que le permitiesen vencer todos los males que
pudieran surgirle en su peligroso viaje por el Más Allá.
El texto incluye conjuros para lograr que el difunto recuerde su nombre, impedir
que se le arrebate el corazón, rechazar al cocodrilo, la serpiente, los gusanos y el
necrófago que amenazarán con devorarlo, no morir por segunda vez, no caminar
con la cabeza baja, no comer excrementos, conseguir instrumentos de escritura,
conseguir una barca, viajar en la barca de Ra, relacionarse con los diferentes
dioses, etc.
Así sabría en todo momento lo que debería hacer y decir en el más allá para salir
airoso de todas las pruebas,
vencer todos los peligros y llevar una existencia feliz.
Pero el libro no sólo comprende fórmulas para superar el juicio de Osiris, sino
también pasajes para que el difunto reconozca a los dioses que le serán
favorables o para que pueda orientarse en su viaje por "las regiones de la duat
(oscuridad)", las infradimensiones. El gran parecido que guarda con el Bardo
Todhol tibetano es la razón de que a los dos se les haya dado el mismo nombre,
simplemente Libro de los muertos.
Los egipcios fueron un pueblo elevado capaz de ver la
auténtica realidad de la muerte. Para ellos no era más
que un renacimiento:
“Al igual que el sol sale cada día después de haber caído
en el oriente, así el difunto accede a un nuevo renacer
después de la muerte”. Ya desde el comienzo de su
historia poseían el conocimiento superior de los
misterios de la muerte.
Podemos situar el origen del Libro de los muertos
teniendo en cuenta los períodos históricos que se han
establecido. Éstos dividen la historia de Egipto en tres
etapas de esplendor y varias otras intermedias.
Durante el reinado de las primeras dinastías, en lo que
se conoce como Imperio Antiguo, hacia 2700 a.C., el
conocimiento y uso de estos conjuros estaba limitado
sólo a los seres de mayor altura espiritual: los Faraones;
estos textos, que se encontraban inscritos en la pared, se
llaman textos de las pirámides por el hecho de que
fueron encontrados en las paredes de determinadas
cámaras de las pirámides, sobre todo en las del recinto
arqueológico de Saqqara.
Y es que realmente el antiguo Egipto era una cultura próspera cuyo sistema de
gobierno era la teocracia, es decir,
el gobierno de los dioses.
Los faraones eran auténticos dioses encarnados que se convertían en garantía de
la redención y auxilio divino. Eran grandes maestros que guiaban el destino
político y espiritual de su pueblo.
Más tarde, con la llegada del período que se conoce como Imperio Medio,
hacia 2000 a.C., fue ampliándose el uso de los conjuros a la nobleza, dando
lugar a los libros de los sarcófagos.
En este momento ya se inscribían en la superficie de los sarcófagos de los altos
dignatarios.
Al fin, durante el Imperio Nuevo, hacia 1550 a.C. se extendió definitivamente
su uso. Entonces todo el pueblo pudo acceder a las fórmulas sagradas, y pasó a
escribirse sobre el rollo de papiro.
En este caso, el texto se solía acompañar, igual que en las inscripciones antiguas,
de viñetas que ilustraban el proceso de la muerte desde la momificación hasta la
llegada al mundo del más allá.
Y esta última forma es la que dio lugar al Libro de los muertos tal y como lo
conocemos hoy día: una recopilación de fórmulas, ofrendas y rituales que hacían
posible la salvación del difunto.
En realidad sólo se llama, Libro de los muertos a esta última forma en que
aparecieron los conjuros durante el Imperio Nuevo, cuando se estandarizó el uso
del papiro enrollado y su presentación.
En los papiros los textos están agrupados por columnas y separados por líneas. Las
fórmulas o pasajes son declaraciones orales que empiezan todas con la frase
"Palabras para ser dichas"
(de cara al juicio de Osiris).
Durante mucho tiempo no se tuvo un texto único: los diferentes ejemplares
encontrados podían diferir unos de otros y a veces se trataba de grandes
diferencias, tanto en el número de las fórmulas que contenían como en el
orden en el que estaban dispuestas.

Podíamos encontrar un libro compuesto por 70 fórmulas como otro que


incluyera 120.
Sólo en época tardía, 650 a.C., alcanzó el Libro de los muertos una
redacción más o menos homogénea, quedando fijado definitivamente el
orden de los capítulos o conjuros.

Sin embargo, ninguno de los ejemplares hallados en las tumbas contiene la


totalidad de las fórmulas conocidas.
El papiro de Ani es una de las versiones más completa y más conocida, pero
existen otros muchos papiros de los que se ha traducido.
El libro actual completo consta de aproximadamente 190 capítulos o conjuros que
han sido recopilados y numerados por editores modernos de entre todos los
papiros encontrados.
El libro hace un repaso a todo el proceso de la muerte, pero en ese
proceso intervienen numerosas divinidades de la religión egipcia
que tienen un papel concreto. Como su propio nombre indica, Peri
Em Heru, el libro nos va a describir el proceso completo por el
cual pasa el alma que ha de renacer de nuevo o fundirse con el
Absoluto; eso dependerá de que pase victoriosa o no por el juicio
de Osiris, que es el del Tribunal del Karma. Y, a la vez que hace
eso, nos explica los rituales que los egipcios realizaban para ayudar
al difunto.
El proceso del difunto empieza con la momificación.
La momificación o embalsamamiento era algo fundamental,
necesario para pasar todas las etapas del viaje al más allá. Cuando
una persona moría, el difunto era trasladado a un Ibu; éstos eran
los lugares acondicionados para realizar la operación de
embalsamamiento y su nombre significaba curiosamente
“la casa de la vida”.
Encima de las vendas se ponían los sarcófagos,
destinados más que al intento de que el
difunto fuese reconocido en el Más Allá, a
servir como sustitutos del cuerpo en caso de
destrucción de la momia, y como protección
de los vendajes, evitando su destrucción.
En las tumbas y junto con el difunto se
colocaban figurillas de madera, denominadas
"ushebtis" destinadas a servir al difunto. Dichas
figurillas o "respondedores" llevaban grabadas
pasajes del "Libro de los Muertos" y eran
como sustitutas del cuerpo para ayudar al
muerto en los trabajos del Más Allá y
refrescarle la memoria ante Osiris.
Los Ibus siempre estaban situados en la orilla
occidental del Nilo, igual que las necrópolis.
Esto se debía a que los egipcios asociaban el
occidente con la muerte, por la razón de que
el occidente era el lugar del ocaso, por donde
moría el día.
Desde el momento en que llegaba la muerte, el difunto estaba
siendo custodiado por Anubis, que le acompañaba en su
proceso.
La parte espiritual del fallecido tenía que estar presente durante
la momificación contemplando todo lo que ocurría.
Los egipcios distinguían varias partes espirituales,
entre ellas el Ka y el Ba:

El Ka es un doble del cuerpo físico. Es el cuerpo astral.


Por ser también el cuerpo de deseos se le representaba como unas manos
extendidas hacia arriba recibiendo las ofrendas que los familiares les
llevaban a la tumba.
A nivel popular se pensaba que el Ka no se separaba jamás del cuerpo y lo
acompañaba en la tumba.
Allí se alimentaba con los alimentos que le llevaban como ofrenda los
familiares.
El Ba es la parte más interesante en el proceso de la muerte.
Es el cuerpo mental y a nivel popular se la identificaba con el alma
propiamente dicha.
Se representaba con un cuerpo de halcón y cabeza humana.
Éste solía ausentarse por mucho tiempo de la tumba volando, pero pasase
el tiempo que pasase, siempre volvía a la tumba.
El último viaje del difunto empieza con la separación del Ka
espiritual del cuerpo material.
El Ba abandona la vida terrena y se cierne en el aire,
desorientado, en torno al cadáver.
Entonces la piadosa Isis le acoge amorosamente bajo sus
grandes alas y lo pone bajo la protección del sabio dios
Anubis, para que alivie su dolor y le sirva de guía y sostén
hasta el juicio divino de Osiris
El embalsamamiento

En la práctica popular del embalsamamiento se


realizaba el siguiente proceso.
Al morir, al difunto se le cerraban los ojos y la boca, y el
alma quedaba en una especie de estado de coma
mientras permanecía en el Ibu.
Allí se recostaba el cuerpo en una mesa que simulaba la
forma de un león, con garras en las patas, una cabeza e
incluso un rabo, y durante cuarenta días era sometido a
varias operaciones antes de llevarlo a la tumba.
Una de las primeras cosas era sacar el cerebro de la
cabeza.
Para ello no abrían el cráneo, sino que con un
instrumento que introducían a través de la nariz, lo
licuaban para que pudiera salir líquido por los orificios
nasales.
Después se sacaban del cuerpo ciertos órganos vitales
que se sumergían por separado en aceites y eran
perfumados para que resistieran el paso del tiempo.
Esos órganos eran siempre los pulmones, los
intestinos, el estómago y el hígado. Luego, cada uno de
esos órganos se introducía en un pequeño recipiente
llamado vaso canope.
canope Hay que decir que el corazón se
dejaba intacto, ya que éste tenía un papel fundamental
en el juicio de Osiris, como veremos luego. Los vasos
canopes eran cuatro, con nombre propio cada uno, y
sus tapas representan a cuatro divinidades:
*Gebehsenuef, era el vaso destinado para los intestinos
y su tapa reproducía la cabeza de Horus, es decir, la de
un halcón.
*Duamutef contenía en su interior al estómago y la
cabeza de la tapa era la de Anubis, la del chacal.
*Hapy era el vaso de los pulmones y la cabeza era la
de un babuino, que es la del dios Hapy, divinidad que
personificaba al Nilo durante las crecidas.
*Imseti, que estaba reservado para el hígado y su
cabeza era la de un hombre.
Una vez que se hacía esto se cubría el cuerpo con natrón,
natrón
una sal de la zona que tiene la propiedad de
absorber gran cantidad de humedad.
Así permanecía durante días hasta que se deshidrataba por completo, y la piel y los
tejidos quedaban como el cuero,
oscuro y duro.
Después se lavaba, y limpio ya el cuerpo se le comenzaba a envolver con vendas y telas
de lino. Sobre el cuerpo se le ponían amuletos y joyas, y también entre las vendas se
dejaban objetos. Entre ellos se pueden encontrar representaciones del Ba,Ba o de Khepri
(escarabajo), brazaletes, etc.
Una vez completo todo el proceso, todo había transcurrido en el mismo sitio: la mesa de
la casa de la vida,
vida y Anubis mientras tanto había estado animando al fallecido y
participando en el proceso de momificación. Famosas son las múltiples imágenes en las
que aparece Anubis inclinado sobre la momia imponiéndole las manos en el pecho y el
estómago.
Una vez completada la momificación, se
colocaba una mascarilla cubriendo la cara
del difunto y se le introducía en el
sarcófago.
Ya estaba listo para sacarlo del Ibu y
trasladarlo a la tumba, para lo cual se
acompañaba de un gran cortejo que le
trasladaba hasta el lugar de su descanso.

En la procesión funeraria, el sarcófago se


trasladaba sobre una pequeña carroza.
Detrás de ella iba una más pequeña con los
vasos canopes.
A las carrozas con los restos mortales les
seguían otras con ofrendas de todo tipo.
Y entre la multitud que asistía al sepelio
estaban las características plañideras,
mujeres a las que se les llamaban para que
acompañaran con sus llantos al cortejo.
Proceso espiritual del difunto
Y por fin la momia llegaba al lugar donde debía ser enterrada y es en este momento
donde empezaban realmente sus procesos de la muerte. El momento cumbre del
enterramiento es la ceremonia ritual de la apertura de la boca y los ojos, en la que al fin
la parte espiritual sale del cuerpo definitivamente para pasar por sus propios procesos
íntimos.
Entonces el Ba y Anubis se dirigen juntos hacia los confines del mundo, hacia una de las
cuatro montañas que sostienen el cielo donde está la ciudad sagrada de Osiris. Pero antes
de llegar tienen que atravesar el reino tenebroso de Duat. Allí está el río del Hades,
surcado por la gigantesca serpiente Apofis,
Apofis enemiga de Ra, Ra y lo atraviesan con la barca de
Khepri el dios escarabajo y finalmente la barca entra en el corazón de los infiernos. En
este lugar el alma tiene que presenciar espectáculos horribles y ser acosada por multitud
de enemigos de Osiris, pero para protegerle le acompaña Anubis, que le sostiene entre
sus brazos.
Una vez que salen del reino de Duat el difunto pasa algunas pruebas más y llega al
momento culminante de su viaje por el más allá: es entonces que penetra en el salón
del juicio de Osiris en cuyo centro se yergue una inmensa pirámide.
El difunto sube ayudado por Anubis y se ve frente al proceso de la psicostasia o el
pesaje del alma, donde se le pesará el corazón para dar cuenta de sus buenas y
malas acciones.
En la psicostasia están presentes: Osiris presidiendo el juicio,
que es el Padre Interno; junto a él están Isis (la Madre Divina)
y Neftis;
Neftis los 42 Jueces del Karma,
Karma ante los que hace la
confesión y quienes revisan nuestras acciones; Anubis que es el
que pesa el corazón; Thot es el Escriba; Maat,
Maat que es la Diosa
de la Justicia, está en el otro plato de la balanza; Ammit,
Ammit bestia
infernal, cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y patas traseras
de hipopótamo; el Ba, que es la parte espiritual del difunto que
debe de estar presente durante el juicio.
*Finalmente, si durante el juicio, cuando el corazón del difunto
es colocado en el otro plato de la balanza, ésta se queda en
equilibrio, el difunto habrá salido justificado y resucitará, pero
si no es así, como nos pasa a casi todos, si las malas obras
pesan más que las buenas, entonces el corazón se lanza a la
bestia Ammit, que lo devora. Pero para el hierofante, que
había sido capaz de declararse inocente en la Confesión
Negativa, se le permitirá el acceso a los Campos de Iaru, los
luminosos campos de cultivo donde trabajará feliz junto al
resto de bienaventurados hasta que por fin pueda fundirse con
el Absoluto-.
Fragmento del Libro de los Muertos. Papiro de Ani

*El escriba Nebqed (dinastía XVIII) ilustrando el capítulo 125 del Libro de los
Muertos, donde el difunto declara su inocencia.
La momia de Nebqed se halla en posición vertical delante de la puerta de su
capilla funeraria , y puede observarse donde la fachada y por encima de la
puerta dos hileras de conos funerarios.
Declaración de inocencia ante el gran dios:
Palabras dichas por el Osiris,: “¡Salve, gran dios, señor de las dos Maat!
He venido hasta ti, oh mi señor, habiendo sido conducido, para ver tu
perfección.
Te conozco y conozco el nombre de los cuarenta y dos dioses que están
contigo en la sala de las dos Maat, que viven en la guarida de los pecados y
se abrevan de su sangre el día de la evaluación de las cualidades ante
Unnefer.

Mira: “El e las dos hijas, el de las dos Meret, El Señor de las dos Maat”, es tu
nombre.
He aquí que he venido ante ti y que te he traído lo que es equitativo, he
expulsado la iniquidad.
No cometí iniquidad contra los hombres.
No maltraté a (las) gentes.
No cometí pecado en la Sede del Maat.
No (intenté) conocer lo que no debía
(conocerse).
No hice mal.
No comencé el día recibiendo una comisión
de parte de las gentes que debían trabajar para
mí y mi nombre no llegó a las funciones de
un jefe de esclavos.
No blasfemé contra dios.
No empobrecí a un pobre en sus bienes.
No hice lo que era abominable a los dioses.
No perjudiqué a un esclavo ante su amo.
No fui causa de aflicción.
No hice padecer hambre.
No hice llorar.
No maté.
No di orden de matar.
No causé dolor a nadie.
No disminuí las ofrendas alimentarías de
los templos.
No mancillé los panes de los dioses.
No robé las tortas de los bienaventurados.
No fui pederasta.
No forniqué en los santos lugares del dios
de mi ciudad.
No robé con la medida de áridos.
No disminuí la arura.
No hice trampa con las tierras.
No añadí (peso) al peso de la balanza.
No arrebaté la leche de la boca de los
niños.
No privé al ganado de sus pastos.
No cacé pájaros en el coto de los dioses.
No pesqué peces en sus lagunas.
No retuve el agua en su estación.
No opuse al agua corriente ningún dique.
No quité ganado (destinado) a la comida del dios.
No apagué nunca un fuego en su quema.
No pasé por alto los días de las ofrendas de carne.
No me opuse a (ningún) dios en sus salidas
procesionales.
¡Soy puro, soy puro, soy puro, soy puro!.
Mi pureza es la pureza del gran Fénix que está en
Heracleópolis,
Heracleópolis porque soy la nariz misma del
Señor de los vientos que hace que todos los
hombres vivan en el día de la Plenitud del Ojo en
Heliópolis,
Heliópolis el último día del segundo mes del
invierno en presencia del Señor del país (y) soy
uno de los que han visto la Plenitud del Ojo en
Heliópolis.
No me alcanzará (ningún) mal en este país, en esta
sala de las Dos Maat, porque conozco el nombre
de los dioses que
están allí.
“¡Levántate, vuélvete sobre tu lecho a fin de ver la
luz del disco solar puro, en la entrada de cada
uno de tus caminos donde tu ka estime estar”!
Por más que la aparición del Libro
de los Muertos data del Imperio
Nuevo, para encontrar sus orígenes
hay que remontarse a los Textos de
las Pirámides del Imperio Antiguo y
posteriormente a los Textos de los
Sarcófagos del Imperio Medio.
Esta evolución permite que esta
colección heterogénea de fórmulas
contenga textos funerarios de todas
las épocas de la historia de Egipto.
Destacan tres versiones diferentes
del Libro de los Muertos, que se
fueron sucediendo a través de la
historia:
*La versión Heliopolitana,
Heliopolitana redactada por los
sacerdotes de Heliópolis para los faraones, se
encuentra en algunos sarcófagos, estelas, papiros
y tumbas de las dinastías XI, XII y XIII aunque
la esencia viene de escritos primitivos.
Netamente solar, promueve la teología del dios
Ra.

*La versión Tebana,


Tebana escrita en jeroglíficos (y
luego en hierático) sobre papiros, esta dividida
en capítulos sin un orden determinado, aunque
la gran mayoría tienen un título
y una viñeta.
Usada durante las dinastías XVII, XVIII, XIX,
XX y XXI
ya no solo por los faraones sino también
por ciudadanos particulares.
*La versión Saita, dio lugar a su máxima
expresión en la Dinastía XXVI de Egipto, en
donde se fijaron el orden de los capítulos, que
van a permanecer invariables hasta el final del
período Ptolemáico.
Heliópolis
Fue una importante ciudad del Antiguo Egipto, capital del nomo XIII del Bajo Egipto.
La ciudad estaba situada al nordeste de la ciudad de El Cairo (cerca del actual
aeropuerto), un poco alejada de la ribera occidental del Nilo, a la que estaba conectada
mediante un canal.

Nombre egipcio: Iunu.


Iunu Nombre griego: Heliópolis.
Su nombre egipcio fue Iunu que significa "pilar". El nombre de Heliópolis es de origen
griego y significa "ciudad del Sol", ya que la ciudad era la sede principal del culto al dios
solar Ra.
Fue una de las tres ciudad más importantes del Antiguo Egipto junto con Tebas y
Menfis.
La ciudad aparece ya nombrada en el año 3000 adC. Durante la dinastía II fue un
importante centro astronómico.
El gran sacerdote tenía el título de Jefe de los
observadores.
Durante el reinado de Dyeser,
Dyeser este título correspondía a
Imhotep
Es probable que el Templo Solar de Heliópolis fuera
similar al tipo de templos solares de Abusir,
Abusir construidos
durante la dinastía V que, hacía el año 2400 adC estableció
el culto a Ra como culto principal.

Se han encontrado restos de la muralla y de algún templo,


de los que el principal debía ser el de Amón y el de Ra. Se
conserva un obelisco de Senusert I, I dinastía XII, así como
restos de una capilla de Dyeser. Una estela de la dinastía
XVIII conmemoraba el cierre mediante muros del recinto
del templo.
También se han hallado estatuas y restos de
construcciones de la dinastía XIX.
Hacia la mitad del segundo milenio antes de Cristo, la
ciudad llegó a su máximo esplendor. Hacia el 1300 adC
alcanzó su máxima extensión; el declive comienza durante
el primer milenio.
Heliópolis fue destruida durante la invasión persa del 525 adC y más tarde
en el 343 adC.
Tras la fundación de Alejandría, la ciudad quedó marginada y fue
despoblándose lentamente.
En el siglo I adC era ya una ciudad prácticamente deshabitada. En el
siguiente siglo, la mayor parte de los monumentos fueron trasladados a
Alejandría y Roma.
El resto sirvió como cantera de materiales, empleados para construir
edificaciones en El Cairo durante la Edad Media.
SIR DEVA FÉNIX