Po esía

Com prom is o

L uis Á ngel B a rq uín

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a mis amigos y amigas a la Escuela Wu Chi

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ÍNDICE
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01. 02. 03. 04. 05. 06. 07. 08. 09. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. Compromiso A través de tus ojos Aceptación Actitud Alegría Amar Atención Ayudar Búsqueda Caminando Cariño Carta Cero Claridad Comprenderte Con pausa, sin prisa Confianza Contigo Corazón Cuaderno Descartes Deshojado Desnudo Disfrutando Dos alas blancas de mariposa El beso El esfuerzo animado El paseo El tiempo quieto El tren Elegía Encuentro Equilibrio Escuela Esencia Forma Futuro Inteligencia 09 10 10 11 12 13 14 15 15 16 16 17 19 20 20 21 21 23 23 24 24 25 25 26 27 28 29 30 31 31 32 33 34 34 36 36 37 37
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39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 59. 60. 61. 62. 63. 64. 65. 66. 67. 68. 69. Intuición La mujer paralela Libertad Limpia Luz de marzo (V) Música Nada Nuevo y eterno Oración Palabras para el amor Paloma Para ti Para... Poesía Predicciones Preliminares Qi Gong Reflejo Ruiseñor Ser Será más fácil Si no permites... Sin motivo Sueño Tao Tiempo Tu soneto Tu tiempo y tú Viajera del instante Lejos iremos, iremos juntos El amigo que vino del frío (IV) 38 39 39 40 41 41 42 43 44 45 46 47 47 49 49 51 51 52 52 53 54 54 55 56 56 57 57 58 59 60 61

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01. Compromiso ¿Y qué dejaré detrás, a mis espaldas, el día en que mi vida no sea mover, conservar, un cuerpo coyuntural, defender estas razones, castillos de arena seca, que nunca han sido siquiera míos, sólo préstamos a donde me hizo subir la ignorancia, mi escalera? ¿Dejaré palabras que, destinadas al olvido, dormirán en los cuadernos -ya no míos-, soñando ser despertadas por unos ojos, por labios, curiosos, por un error? ¿O dejaré gestos torvos, traiciones, guiños de plástico, corazones dibujados sin una gota de sangre, ni de roja tinta, en ellos? ¿Dejaré desvencijados sueños, antaño quimeras, o acaso nubes de polvo sobre un desierto sin sol? ¿Y qué podría dejar de mi verdadero ser, huraño para mí mismo, tras de mi paso por este camino, tierra pisada?... …Algo que hablase de mí mas sin nombrarme: un anhelo, muy en ti, de leerme entre palabras, de mirarme entre reflejos, de buscarme entre recuerdos, de escucharme entre latidos… … regalos que yo, borrado, te hubiera dejado con intención, o sin ella… 9

…Algo, algo por lo que quisieras vivir mi muerte, muriéndote donde yo, vivo, esperase sin prisa a que tú llegaras, donde estuviera mi pausa, la pausa de estar contigo, libre pausa, compromiso. 02. A través de tus ojos A través de tus ojos, Dios mira el universo. No lo sabes aún, ni lo sospechas. No eres tú quien me mira sino Dios, y el mismo Dios te mira por mis ojos. Dios se mira a sí mismo desde extrañas pupilas, flores todas del ojo universal; consciencia que, mirando de otras formas sin ser nada consciente del milagro, conoce más el mundo, lo mece, se deleita, seduce nuevos iris para cruzar su centro y ver todo, otra vez, puro, nacer. 03. Aceptación ¿Cómo sabes que no eres perfecto, total, bello? ¿Por qué no pruebas a ser tú mismo, tan cuerdo y tan loco? Cuando llegues al sitio que quieres, ¿serás feliz?, ¿más que ahora? ¿Qué tiene de erróneo, de insensato, disfrutar a cada instante? ¿Sabes dónde se encuentra el lugar donde eres ya rey o reina? ¿Debes algo a la vida, a la muerte, al cielo, al mar, a los hombres? Si no intentas cambiar lo de afuera, ¿sabes lo que ocurre? Si te sientas a mirar al río pasar, ¿se hace tarde?

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¿Por qué quieres seguir con la lucha donde siempre pierdes? Hablo solo: las mismas preguntas que lanzo a las nubes, siempre vuelven a mí con fragancias de flores y estrellas que así me responden. 04. Actitud Entre todos los rostros, posturas y miradas, sonrisas, gestos, dudas, una gracia se yergue, niña clara, y contempla el momento que nace… … y se hunde. El silencio la atrae hacia su núcleo. Ella vibra y expande lentamente la vida por doquier, encendiendo el presente de nuevo, como hizo tantas veces… Se acerca a las personas de forma delicada, sin voz ni movimiento, amando su dolor, escuchando su grito -ahogado tanto tiempo-, besándoles el alma… Sus canciones de cuna dan el sueño a las plantas. Con sus lágrimas, riega la tierra que las nutre. Sin ruido, se despide, entre sueños, de ellas… Cuando apenas intuyen que ella está de vuelta, los animales notan cómo el aire se enciende disipando las nubes, cómo crece la hierba, cómo huelen las flores, cómo el río se alegra…

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Y juega con los niños. Hecha mano y juguete, los vigila, protege, y alienta su pureza. Con hilos invisibles los sostiene un instante para que aprendan solos a caerse, y alzarse más ágiles aún… Entre todos los suyos -miradas, dudas, gestos-, ella sigue creciendo, contemplando más mundo cada vez, desde el ático azul y universal donde anhela vivir, y amar, eternamente… Ella siempre se inclina hacia el lado más débil. Cada día, desnuda, recuenta sus pisadas: abandona las falsas, rehace las auténticas. Dilata sus pupilas, y refleja en su fondo, espejo celestial, las luces que la guían. 05. Alegría ¿Alegre? Una palabra, afuera, una sonrisa adentro, no me sirven para alzar la alegría. ¿Alegre? Quizá baste un tris de claridad para ver la tristeza al revés, y danzar. ¿Alegre? ¿Acaso el cielo dejó caer anoche sobre la tierra un obsequio para el hombre?

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¿Alegre? Demasiados placeres, reglas, credos… sin ver que entre los dedos se escurre el agua, el tiempo. Alegre: disfrutando de flautas y de flores, de estrellas susurrándome el tacto de tu nombre. ¡Alegre, estando solo o en medio del mercado! ¡Alegre para ti, y para mí, a tu lado! ¡Alegre en las laderas del sufrimiento humano, desde la nívea cumbre al valle abandonado! Alegre cuando llegas, te quedas, o te vas. Alegre si regresas o si no vuelves más. 06. Amar Si te aman, aunque sientas un desierto crecer bajo tus pies al caminar, terminarán las flores por brotar en él, y en ti el amor, antaño muerto. Y si amas, aunque el cielo esté cubierto de nubes que custodian el azar, fundiendo tu mirada con el mar, verás en tu interior un cielo abierto. Y si os amáis, no os hará falta abrir las ostras del placer, para gustar del más puro sabor en compañía. Lejos o cerca, amar logra fundir en un abrazo tierno -nuestro hogarla piel de dos, con única alegría.

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07. Atención Como te miro, he de mirarlo todo: sin recorrer un trazo, sin admirar un punto, sin elección. Mis ojos no se mueven, -la luz del interior los paralizasu mundo se deshace, y un ámbito de sombra se hace dueño de todas respuestas. Dentro y fuera, silencio. Pensamientos rebeldes y marcados aún luchan por su vida... ...estoy en cada calle, en cada pájaro, en cada corazón, en cada árbol, en cada manantial y en cada pozo, sin dar un solo paso, sin pensar. Algo está sucumbiendo al beso de las brasas que acarician mis muros sin resquicio... ...El centro se sitúa en equilibrio con el resto del círculo. Los precipicios juntan sus caídas abiertas y absorben a la par la trayectoria de mi deseo. Hay pulso, hay pura vibración sin un sentido, una inmensa pupila y una huella dichosa porque ignora qué dedo la engendró.

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08. Ayudar Ayudar. Cuando el hombre lo pide con sus ojos, si en sus venas el corazón palpita con humildad, y el alma, rendida, lo contempla, ¡ayúdale, no esperes! Ayudar. En las horas frenéticas, sin aire, cuando la vida nunca le sucede, y una sombra persigue al hombre cuando duerme, ¡acércate y ofrécete ! Ayudar. Si te sobran minutos de silencio, panes tiernos, macetas de petunias, claridades…, y el hombre tiene sed de esas cosas, ¡compártelas con él! Ayudar. Al que cierra sus sentidos al mundo, al ignorante de su propia luz, esclavo del deseo, y al que jamás sonríe, ¡sonríeles y aguarda! Manos limpias, abiertas, un eco, la atención, un gesto delicado, y la palabra nacida del encuentro sin miedo, son milagros para el dolor del hombre. 09. Búsqueda Despierto, avanzas o detienes tu marcha. En tu sendero lo aprendes todo, y todo te revela su tacto, su fragancia, su secreto: enigma hecho pedazos. Vas buscando ese hueco de la gran vida, en que tu vida encaje como un fragmento que se sienta inmenso, latiendo juntos -parte y todo, ¡al fin!al cardiaco compás del universo. 15

En los espejos limpios de los seres corrientes, va naciendo una imagen de ti, nítida y nueva, algo que es tuyo y que tú ves en ellos: el lienzo blanco donde el arte duerme. En el silencio, tu oído pesca la canción que anoche nadaba, escurridiza, por tu sueño. Tienes tu cuerpo en una mano, y tienes en la otra mano, el fuelle de tu aliento. Repartes los dos pesos con destreza. Un equilibrio pasa por tu centro. Algo te impulsa, flecha y arco: sales de ti en tu busca, viejo aventurero, con el leve candil de tu sonrisa pero sin señas de tu paradero. 10. Caminando El olor de las flores, su color, las nubes, lentas, grises, la tierra del sendero, la canción inaudita de los árboles, el avance intuitivo, inquebrantable, de las aguas del río, las alas de los pájaros, el aire que hace feliz su trino, las rocas, centinelas sobre la hierba, la sed entre los labios y la lengua, las piernas y los pies, cansados, libres, dignificados, y el tacto de la luz, guían el paso, atento, caminando. 11. Cariño El cuerpo entero ofrenda, en un solo latido, el corazón al corazón total del universo. El alma -vacío fértil, madre-, sin esfuerzo, se llena, de repente, de gardenias, de valses y boleros, de siluetas 16

que, gráciles y lentas, danzan, y luego se desvanecen a la vez. La mente, mejor dicho quizá, su movimiento, se hace pesado, tosco, perezoso, y deja espacios y pierde instantes, para el frescor, para el cariño, blancos, risueños. Llegan pulsos de sangre a través de la noche más oscura o del más claro día, que mojan y empapan, los espacios e instantes para el frescor, para el cariño, blancos, que ríen. Allí encuentra algo de mí, que no soy yo, el semblante sin rasgos de mi alma, que habita tras los pulsos de sangre de este cariño, mío y ya de todos, rojo contra el azul de mi desvelo. 12. Carta Para envolverte con los silencios de las palabras que no te dije; para olvidarme de los recuerdos que de ti tengo, y descubrirte. Para encontrarte, con dedos limpios, sobre el papel, bajo la pluma, y recorrerte, y acariciarte de otra manera, para sentirte.

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Para perderme de noche y día por tus imágenes, para soñarte; para escucharte, para mirarte, para apreciarte, para vivirte. Para intuirte, con otras brújulas, cuando te acercas sin hacer ruido; para esculpirte sobre el presente, o moldearte con fuego y nieve. Para llevarte en mi bolsillo a todas horas y en cada sitio, y conservarte tierna y afable, ágil, rebelde, frágil y fuerte. Para enviarte hacia la dicha hecha de cuentos y de poesías; para abrazarte con otra piel y en otro tiempo y en otra parte. Para expresarte lo que me expresas, sin darte cuenta, con tu presencia; para decirte lo que no pude, lo que no supe: para escribirte.

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13. Cero -Wu Chia la Escuela Wu Chi Sólo un cero puede amarte, conocerte, saber, de verdad, qué vigas te equilibran, que pilares te sostienen sin esfuerzo. Sólo un cero, representante no electo de los sin número, sabe cómo te sientes a veces: ágil, sin huella, desnuda. Un cero puede mirarte desde dentro, hacerse chico, diminuto, un punto sólo, ser tu centro. Un cero puede abrazarte inmensamente, ser tu sombra, acompañarte sin que puedas darte cuenta, como el aire. Sólo un cero entiende tu soledad, y hace una fiesta con ella; Sólo él busca y disfruta tu ausencia. Un cero vela tu sueño cuando la luna se esconde. Un cero te abre las alas del futuro. Un cero pone en tus manos el espacio donde puedes refugiarte cada día. Sólo un cero te ha querido desde siempre, sólo en él te sientes llena, sólo en él todo es posible, sólo él no te lastima. Sólo él, un hueco, nada, sólo un cero.

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14. Claridad Te falta ya muy poco, una pizca separa tus pisadas del instante sin precio… …un paso más, y es tuyo por un día, redondo obsequio azul, el gozo que no pesa: claridad. Observas, miras con una luz en ti la luz –la luz te acoge-, te haces caricia y beso, leves gestos, para asombro del aire, que te posa sobre una de sus nubes, la más ágil: eres ya voluntad de movimiento, precisa nadadora sin brazos, voladora sin alas, caminante sin pies; viajas muriéndote más y más en el aire, donde naces. El color se disuelve, desvanece su textura en los ángulos, recoge contornos descubiertos, deshace superficies y límites, y todo se distingue –no hay pupilasa miles de kilómetros cual si fuese cercano: claridad. 15. Comprenderte El que quiera de veras comprenderte, que se acerque, un instante puro, a ti. No con el cuerpo sólo, que no es poco, con el alma también. Pero, además, que se acerque con peso en los zapatos, el peso de su sangre toda entera, queriendo sostener en dicho instante el peso de la tuya -toda, todasobre su acompasado corazón.

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16. Con pausa, sin prisa …Esta noche sigo con pausa, sin prisa -como tu sonrisa-, contemplando estrellas… …Un deseo abrigo: que me dejen, ellas, señas del amigo -¿eterno?, me digoque graba sus huellas de fuego en el velo de sombra del cielo… …Con su luz amante, alumbra este instante, eterno testigo -¿único?, me digocon pausa, sin prisa, -como tu sonrisade que estás conmigo. 17. Confianza Confiar. El futuro, ya mi amigo, me deja, cuando está de visita, una carta sin letras junto a mi corazón, feliz destinatario. Pretende que la escriba, que en su nada dibuje -pincel, caligrafíalas sinceras respuestas que la sangre pregunta agitando mi mano. El pecho se abre: el aire, azul completo, en él penetra, fluye y abre canales, versos, sueños, cerrados por el miedo… …circulación primera. Debilísimo, escucho -afuera, adentro, en todoapenas un sonido, vibrante casi; y una 21

seda lo besa, cuida de que se haga más grande, va cediendo a su empuje paulatino y hambriento, pajarillo que nace, pajarillo que hace su nido en mis oídos… …Deja el nido, curioso, vuela entre mis orejas, recorre velozmente el ámbito variable que angula mi mirada. Me dicta, sin descanso, palabras decisivas, silencios elocuentes, reseñas musicales, poemas que son alas, alas que son las guías del liviano viaje: el ánimo, el buen rumbo, y el equipaje mínimo. En cualquier hueco, torre, rincón, baúl, vitrina, detrás de esa cortina, tras un velo cualquiera, bajo cualquier ventana o sobre cualquier mesa, dentro de cualquier pozo, corazón, cueva, nube, cerebro o madriguera, el pajarillo encuentra preludios ignorados, inacabados prólogos, promesas en oferta, sandalias no estrenadas e invitaciones varias, exentas de secuela, y todas las recoge bajo sus alas mágicas.. …y como naipes blancos de su única baraja, jugando va conmigo, con ellos, la partida que destapa las bazas del amor: confianza

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18. Contigo Sabrás que estuve, blanco y suspendido cual un copo de nieve, por tu sueño. Sabrás que he estado, en un ayer pequeño, cual eco a flor de piel de tu latido. Sabrás que sombra de tu cuerpo he sido, que fui reflejo de tu amor, y dueño de aquella flecha que, con dulce empeño, honda clavaste en corazón herido. Sabrás que soy la huella de tu paso, que de tu medianoche yo soy Luna, y Sol cautivo de tu mediodía. Sabrás sin duda, en éxito, en fracaso, sabrás, viviendo pobre o con fortuna, que soy contigo, siempre, vida mía. 19. Corazón Pon tu mano extendida sobre tu corazón: siente cómo palpita feliz si reconoce, tras el cálido pulso, la huella deliciosa que se hundirá en el pecho y extenderá la sangre. Tu corazón reclama un aire limpio, un ritmo musical, un reloj que dé sólo el presente, una pura emoción, henchida de poesía, y una flor sin cortar, que regarán tus lágrimas. Corazón, rebosante cuando el alma descansa, alimenta su nada y florece en silencio. Corazón, una herida cerrándose al pasado cuando pasa por ella mil veces su dulzura. Ojos grandes, abiertos hacia fuera, hacia dentro, que borran la ilusión de un mundo dividido, que miran y reflejan a millones de ojos tan grandes como ellos, encendiendo el espíritu. Quisiera que escuchases la voz del corazón: del tuyo, íntimo amigo de la naturaleza, del otro, amigo noble que extiende al fin su mano, tan cerca de la tuya, sobre tu corazón.

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20. Cuaderno Blanco… A veces, con rayas paralelas; a veces, con cuadros. Blanco. Un espacio, un tiempo de espera, y el contacto con las voces que me quieren, o la ausencia de lo que pudo haber sido expresado: blanco. Blanco: en ti todo está desnudo, escondido, y ordenado de otra manera –quizá por Dios, por la nada acaso-. Negro y blanco: sobre tu piel, son los trazos de la tinta, los atajos que me llevan, por tu alma, a mi alma, donde pesco, silencioso, silenciosos peces negros, peces blancos. Blanco… 21. Descartes Amaré todo aquello que no quieras. Lo que ya no te guste, me lo quedo. Si desechas temer, guardo tu miedo. Andaría los pasos que no dieras. Dormiría en tu sombra, si lucieras. De la red que te escapas, jamás puedo. Al desvío que tomas, yo no accedo, y abriría esas puertas que no abrieras. Me tropiezo en la piedra que soslayas, voy jugando con naipes que rehuyes, colecciono esa idea que desdeñas. Tus palabras son mías cuando callas, sólo engullo los peces que no engulles, y despierto entre velas cuando sueñas. 24

22. Deshojado -El Árbol del Qi Gong (pronunciado ‘Chi Kung’ ) y del Tai ChiCual árbol que en invierno luce su alma desnuda y al viento entrega su silencio blanco, me desprendo de voces y, sereno, sosiego la incertidumbre de mi pié descalzo. Un remolino envuelve mi soledad y posa algunos pensamientos y hojas muertas sobre la tierra, cerca de mi raíz del tiempo, donde las horas rompen sus esferas. La lentitud se expande por momentos sin nombre, y agradece el cobijo del presente. Más tarde, ha contraído su círculo el espacio, y su ámbito anular ciñe mi frente. El crepúsculo llega con su lámpara vieja, coloreando vagamente mi rostro. Deshojado del hábito, y erguido aún, saludo al despertar desde un nudoso tronco. 23. Desnudo Entre tus brazos, puedo ser yo mismo: un niño, un hombre, un ser hecho de dudas. Cuando, sin desvestirte, te desnudas, desnudo mi intención sobre tu abismo. Ajenos al rencor y al fatalismo, anudo mi sentir al tuyo, anudas el tuyo al mío… entonces, me saludas con alma y corazón: tu virtuosismo. Entre tus brazos, no me falta nada, tu vida es ya mi vida, y si me muero, seré parte de ti, mi muerte amada. Y te descubro al ver el mundo entero entre tus brazos: pierdo la mirada en tu mirada, y ciego, al fin, te quiero.

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24. Disfrutando Disfrutar es soñar cada vez más despierto, sin que acabe la sensación de ir tras lo soñado, que se deja alcanzar y conocer de cuando en cuando y siempre por sorpresa, para luego escapar no muy lejos, a un sueño de distancia. El hueco de mis manos va recogiendo espacios diminutos, cucharadas y pizcas, inéditas caricias, volúmenes de perlas, sombras densas, para amasar un sueño, el sueño que se roza y que se aleja. El sueño marca un ritmo: para seguirle, basta con sentirse uno con él, no verle muy lejano, no pisar sus talones, conocerle y olvidarle después, seguir amándole para sembrar su imagen en mi alma, que se hará luz y sangre cuando surja de nuevo, entre las sombras, sin aviso, su encanto. Sueño a veces que pierdo en otro sueño el sueño del disfrute, olvidando mirar dentro del alma la imagen suya que sembré aquel día para, así, recordarle y rescatarle y traerle ante mí, ágil y nuevo, para otra vez seguir sus pasos, guías que sonríen, sin labios, a mis ojos.

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25. Dos alas blancas de mariposa Sabré, al instante, si tienes frío, si en ti se queman antiguas frondas. Veré de pronto tu sufrimiento desvanecerse, o hacerse roca. Cuando deambules, si te extravías, si al fin te encuentras, cuando estés sola, si te sonríes o lloras, triste, o ama tu pecho, oiré sus notas. Los mismos pájaros que cada noche, cuando tú duermes, trinan sus coplas, sus melodías me entonarán cada mañana, volando en ronda. La luz, cartera vertiginosa, traerá reflejos, entre sus ondas, de manantiales, sonrisas, nubes, flores y estrellas, que en tu alma brotan. La misma luna, suave y redonda, será más suave sobre tus rosas. Será la brisa la embajadora de tus fragancias para mis horas. Y el eco mismo tendrá por norma darme las nuevas 27

de tu persona. Y el mismo mar, entre sus olas, vendrá escuchando tus caracolas. Sabré, al instante, tras unas horas, o unos minutos, todas tus cosas. Veré en tus ojos, borrando sombras, dos alas blancas de mariposa. 26. El beso No te busqué, no me buscaste: nos encontramos… A cualquier hora y en cualquier parte, ambos, tú y yo, fuimos mitades que nos sentíamos cual alas huérfanas de un mismo ave volando a tientas, besando el aire -ebrio de estrellas, tierno de nubes, suave de valses-, uno del otro cerca, muy cerca, casi mirándonos, casi rozándonos, unidos por, viajando para, ser uno sólo, sólo el destino del mismo pájaro… Cuando él posó su leve peso -anatomía de alas trenzadas con mil azares, metas y dudassobre la tierra 28

de aquél momento, por fin sus alas se conocieron… Se adivinaron en el contacto de un mismo cuerpo desde sus lados, para que el ave, para que el pájaro -tú y yo, dormidosse despertase, fuera consciente de las dos alas, de sus mitades, nacidas para volar a un tiempo, besar el aire, y sin embargo para encontrarse -cuando se posan todas las metas, dudas y azarescara con cara: para besarse. 27. El esfuerzo animado Como la vela, que recoge el viento, cual el pedal, que al giro se dedica y el fruto de su gesto multiplica, cual remo, que da cauce al movimiento… Cual ilusión, que vive en el intento, como la llama, que en su luz se aplica, cual ave, que al volar se significa, cual eco de regreso hasta su aliento… Cual lluvia que ahora es ola, y luego, nube, como flor que ahora es polen, luego, miel, cual mañana que, tarde, se hará noche… Como el jinete, que al corcel se sube, cual sueño del color en el pincel, … …, es ánimo el esfuerzo sin derroche.

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28. El paseo Soñé, mucho después de morir y mucho antes de nacer, que era yo, mi verdadero yo, un paseante por la eterna vida del momento único, retenido presente por no sé qué mano universal, siempre actual presente, simultáneo en tierra y raíz, tronco y hojas, y carnoso fruto, siempre en rama. Y soñé, como sueñan los ángeles con la tierra prometida y anhelada, que todo era un paseo sensitivo, sin cuerpo, por una senda parda, sobre naranjas, rojoscuras y doradas hojas, en un crujir feliz, majestuoso, por el centro de una infinita cúpula, que el azul redondeaba en inmensa órbita. Fue la vida que soñé, despierto, en un limbo de almohadas verticales, de posibilidades, todas convertidas en la cadencia del disfrute amplio, de un sentir las no-piernas paseantes, de un intuir que los aireados no-brazos eran alas, de un saludar con la no-cabeza a cada cosa, todas y cada una, contenidas en este celestial, mas terrenal, paseo del todo conocerlo un solo instante, para después, y como antes, ser paseo del olvidarlo todo, en un olvido solo.

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29. El tiempo quieto a José Sánchez García, mi maestro de Tai Chi El tiempo quieto lo contiene todo: herramienta y madera, barro y fuego, … Y todo lo que da, lo quita luego pero deja probar, de cualquier modo. Aprender a arrastrarme por su lodo o a volar por su cielo - todo en juego -, es igual cuando sé qué es lo que entrego y si busco camino o acomodo. El tiempo quieto vibra en mis raíces, dona a mi tronco un sano corazón, prende en mis hojas una luz dorada. Con un mapa de alegres cicatrices y un gran pan de silencio en mi zurrón, viajaré hasta el umbral de su morada. 30. El tren Es una larga curva preñada de infinito, que obtiene de sus márgenes velocidad sonora. Persigue el horizonte con la ilusión que explora, abriendo, a las imágenes, los ojos despacito. Donde la vista falla y se desploma el grito, el tren siente la flecha de su locomotora, y avanza como libre cadencia que enamora al alma que descubre libertad en su mito. Una herida de acero va rasgando el paisaje, penetrando en su entraña de tierra y de misterio, cual cuchillo de muerte que surcase la vida. Y al llegar a destino, se hace luz el mensaje cuando abro mi maleta, y huele a cementerio, y entiendo que no hay meta ni punto de partida.

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31. Elegía a Aida, mi madre La flor morena de tu sentimiento halló reposo lejos de mi tierra, en un nuevo jardín de Luna y viento. El cuerpo, herido en implacable guerra, sus jirones, con sangre de alambrada, y, entre labios, los dientes de una sierra, te resististe con pasión, callada, con sonrisa ceñida de hermosura y andamio de cristal en tu mirada. Aun en tu lecho, fuiste la frescura desprendida del fuego que quemaba tus llagas en braseros de locura. Madre y señora, la creación silbaba con flautas de ilusión y de alegría al ver que tu canción se reflejaba en lienzos de color y de armonía, en paños que bordabas con esmero y en platos desbordados de poesía. Ya me falta tu tacto, tu sincero trinar de fiel paloma protectora con las frondosas alas de un te quiero, sembrado, por tus labios, cada aurora. Ya me falta tu gracia, tu sencilla caricia de jazmín arrulladora, me falta tu reloj en tu mesilla, me falta tu salero en tu cocina, me sobran tanta hiel y pesadilla. De mi cuarto el rincón no se ilumina, perdido ya entre sombras de ceniza, desnudo de tu luz, fuente divina. Por las horas me arrastro, se eterniza tu ausencia en amargura, que asesina cada flor de mi aliento. Cada triza de mi enjuta ilusión, se difumina por paisajes sin risa ni horizonte. 32

Un dolor funerario me extermina y, en aullidos, me eleva hasta tu monte de calvario, de hienas, de cipreses, de sombras en confín para que afronte la muerte de tus días, de tus meses, la muerte de tus años venideros, comida de gusanos y ciempieses. De la Vida abrasado por los Fueros, sin lograr afrontar lo inafrontable, sin piel ni rostro, ya sin derroteros, te seguiré soñando, inabarcable, te llenaré de lágrimas el cielo para húmedo tornarlo y, navegable, a ti llegar, bogando, en mi consuelo, desembarcar en brazos de tu aliento y, desnudo, dormirme en tu pañuelo para volar por tu Luna, con tu viento. 32. Encuentro La luz del día llega hasta unas manos trémulas y con arrugas, y habla con ellas, las explora: amante, vive en ellas. Las manos, tacto y alas de un pájaro sin nido, encuentran en la luz su hogar, su plenitud final, pura presencia. Luz y manos, creando un solo sueño: el hombre que vuela, que ilumina su espacio con su tiempo, que aclara lo que toca.

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33. Equilibrio Si quiero ser feliz adentro, escruto afuera un eco de mi centro; pero si ser dichoso afuera es lo que quiero, adentro planto un árbol que dé fruto. Si afuera tiemblo, adentro no me inmuto. Si agosto me arde adentro, afuera enero refresca mi semblante. Si prefiero penar afuera, adentro yo disfruto. Y si en la calle te odio, te amo en casa. Si te hablo en casa, mudo en la plazuela me encontrarás. Si por la noche huyo, de día preso estoy. Si es densa masa mi ser de noche, por el día vuela. Si me estanqué en tu piel, en tu luz fluyo. 34. Escuela a la Escuela Wu Chi Fuimos niños: acudimos -¡hace mucho!a la escuela con los ojos abiertos, y el corazón en las manos. Niños fuimos: la mochila era ligera, eran pocas las ideas, y el asombro, cotidiano. Fuimos niños: en un aula, los maestros, pocas veces acertaron con nosotros, enseñándonos con la luz de su presencia, además de las lecciones, a querer, a compartir, disfrutar, a sentir sin compararnos, y a buscar nuestro camino, ¡el camino!, sin atajos, ni desmayo; los maestros, muchas otras –demasiadasno atinaron, 34

cargaron nuestros bolsillos, mochilas y corazones, con premios o con castigos, con órdenes o promesas incumplidas: daño y daño. Ahora, somos niños a veces en sueños, o cuando el tiempo nos deja regresar por un momento, unas horas, al juguete, a la canción y al encanto de las tardes de ojos grandes, sin destino ni fracaso. Ahora, un eco, una alegría remota, y una chispa de luz, quieren avisarnos, recordarnos que el niño que fuimos, sigue esperando a que un día, no lejano, lo añoremos, lo busquemos, lo encontremos, lo besemos, lo llamemos por nuestro nombre, escuchando atentamente su voz… … Y cogiéndole la mano, acudamos a esa escuela del futuro y del pasado, donde se pueda aprender de todo y todos, sin bancos, ni pizarra, ni mochila, ni deberes, respirando sin esfuerzo, dibujando en un papel, unos labios, o en la palma de la mano, los hilos que unen las cosas, cuidando cada mirada, cada nota y cada paso, disfrutando de estar vivos como niños, celebrando.

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35. Esencia En cada nota de tu voz; en esos gestos que dejas en el aire; en cada destello que desprende tu mirada; en el sabor a lluvia de tus besos; en en en en el relámpago de tus excesos; la escasez divina de tu nada; el silencio de tu madrugada; tus pirámides y en sus accesos;

en la ternura con que te despides; en el temblor de hojas que te anuncia; en el pulso de amor de tu presencia; y en el tacto preciso con que mides cada palabra que tu ser pronuncia; siento tu alma latir, hallo tu esencia. 36. Forma -Tai Chi; Introducción a la Forma de Yang Chen Fu de 108 movimientos– La esencia está madura: se divierte cuidando de la forma… … Su energía circula; o se detiene y, por amor, rebosa. El cauce del presente hace sutil la pausa. Sin demora, al viajero conduce con su leve y mágico timón sobre las olas de una mar sin orillas. En mi vientre, una estrella sin luz abre su boca: mi vida entra en mi muerte; la forma, en la no-forma.

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37. Futuro Ahora, por fin, te llegan mis palabras. Lo hacen, cansadas del viaje. Saben que tú tal vez no quieras escucharlas. Quieren tan sólo hablarte con la luz de la estrella que miras esta noche. En esta oscura noche, mis palabras no logran expresar su peso, y vuelan como pájaros muertos hacia ti, confiando en nacer en tu mirada. No me ves. No me hueles. No me tocas. Una parte de mí se hace silencio y estremece mi piel por un instante… …instante que en tu pulso hace su nido para que, así, tu corazón lo sienta. Mis palabras son tuyas ya. Viajaron, como el amor, en busca de otro dueño. 38. Inteligencia a Manuel, mi padre Como el cielo, nunca mengua ni crece. Es semilla y es árbol, a la vez, y es el don de la eterna madurez que a sí misma se nutre y embellece. No es de nadie y a todos pertenece. En la noche es brillante desnudez, por el día es desnuda brillantez, y a la postre su llama prevalece. Desde el reino feliz del corazón, llega al punto, con nuevas soluciones, cual amiga infalible en la emergencia. Mensajera de Dios en la oración, lo ven todo sus altas intenciones. En silencio la oirás: inteligencia.

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39. Intuición a Jesús Conde Lorenzo Si sientes que vigilan tus pasos las estrellas, que múltiples y mínimos milagros se acercan y te besan; si encuentras melodías dormidas en las teclas de tu piano; entonces, ten presente que la intuición despierta. Si posas tu pureza, intacta, en las camelias, y las camelias posan en tu fondo sus ánimas de seda; si habitas, de repente, praderas y cavernas, olas y nubes; ten presente, entonces, que la intuición despierta. Si lágrimas perdidas a tu mirar regresan, y aclaran tu pupila, y ves el mundo llorar, por vez primera; si amigos y enemigos confunden su silueta, y aprendes de tus sueños; ten presente que la intuición despierta. Si esperas el otoño, y si el invierno anhelas; si aguardas el verano, si hay deseo, en ti, de primavera; si giras, y en las vueltas no pierdes la cabeza; si en círculos caminas, mas en círculos tu corazón no encierras; si tienes en tus manos un arco y una flecha, y el tiempo se ha parado; ten presente que la intuición despierta.

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40. La mujer paralela a la mujer amiga, constelación paralela de mi Ser. Llegaste a mí por tus desnudos ojos, cálidos y brillantes cual luceros de un íntimo cielo, al que tus sinceros latidos de amapola dan sus rojos. A ti llegué, arrastrando mis despojos, raídos por la fiebre, y derroteros de plata malgastados; tus primeros rayos de Sol fundieron mis cerrojos. Mujer amiga, magia paralela, con tus mimos de luz prendo mi vela de frágil sentimiento vulnerable… No sentiré ya más el miserable vagar de amargo rumbo: por tu orilla, la amistad, ¡agua de oro leve!, brilla. 41. Libertad La libertad no es mi fin, es mi medio: me libero para llegar hasta aquí, aquí acaba mi sendero, mediante mis propios pasos -pasos que no dejan huella-... …y te encuentro. Encuentro la inmensidad del universo en tus ojos, y un ‘te quiero’ que no es tuyo y que no es mío, es un querer todo entero. En tu llama, que hago mía, voy quemando mis pretextos con libertad, y mi llama es tu llama ya sin ellos, en el fuego. Tengo una quietud y un silencio -alma sin eco, desnuda-, para llenarlos de amor como se llena un espejo: con claridad, sin esfuerzo. 39

Quiero estar, quiero ser en ti de nuevo, quiero que seas en mí, sin propiedad entendida en la entrega, sin un dueño. Libertad para soñar, soñar para ser ligero, ligero para volar, volar para estar despierto, despierto para ser uno contigo, para quererlo. 42. Limpia al alma, mi vacío Como la aurora fresca y decisiva - cuando tu claridad será mi peso -, cual la ideal semilla de tu beso viajando, por mi boca, a la deriva; cual la virtud - que nunca se cultiva -, la libertad del vuelo, o como eso que de mi corazón escapa ileso, dejando a mi razón de sí cautiva; como la estrella que la madrugada deja caer en gotas de rocío, como la luz que tiembla en la mirada y da a la piel su flor de escalofrío, como el alma del mar, inmaculada, eres ¡tú, mi alma!, limpia, mi vacío.

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43. Luz de marzo (V) Estás donde el color se despereza, cuando el amor renueva su sentido. No hay piel que no recuerde tu vestido, tul cálido que teje la pureza. Tu voz despierta a la naturaleza: polluelos, flores, risas... han nacido. El Sol da corazón a tu latido: la dicha crece, mengua la tristeza. Se extiende por doquier tu sutileza de pluma o nube, música o fragancia. El brillo de tus ojos adereza los campos y los montes. La distancia en ti se desvanece. La belleza se expresa, con humor, en tu abundancia. 44. Música a David Trinchant Legido Hoy, me siento al piano: me dice que no pulse sus teclas y que escuche, con las manos despiertas y los ojos inmóviles, las notas de una lluvia invisible que cae desde una cima nueva… … lluvia que va arrastrando con ella los perfumes que nunca se han olido, las caricias que pronto nos dejarán sus pétalos, posándose, rotundos o delicados, sobre la piel de nuestro fondo. Esas notas que llegan, y al punto desvanecen la forma que viajaba con su vuelo, en el centro de nuestros corazones, son lágrimas de - ¡tantos! seres que amaron, y aman, y amarán, sobre el tiempo.

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45. Nada Si no soy nadie, nada poseo: ni tu sonrisa, ni tu ternura, ni tus caricias, ni tus palabras… …Pero de todas, una por una, bebo y disfruto, pues son el agua con que tu espíritu riega mi alma. Si no soy nadie, no me hace falta saber que valgo, sentirme único, o hacerme digno de tu mirada… …Mas el anhelo con que respiro cuando me intuyes tras un espejo, onda y reflejo, brilla en tu cara. No tengo nada -ni oro, ni seda, ni voz, ni rango, ni pan, ni especias-, algo tangible con que obsequiarte… ...Pero quisiera este don nadie que cruza y calla, darte su nada, cielo sin tierra, su única casa. No sé contarte bellas historias, no sé pintarte flores o estrellas, ni sé entonarte canciones mágicas… …Sólo un papel blanco, muy blanco, y el tiempo eterno, 42

hoy me acompañan para escribirte mis versos: nada. 46. Nuevo y eterno Para tus ojos, flores del alma, pido un regalo, siembro un deseo de luces claras, de voces firmes, de mi silencio. Que este regalo dicte los versos que no concibo, que no te escribo, que no te leo: versos de ausencia, francos y eternos. Desde esta ausencia, libre de peso, un corazón, otrora mío, late sin sangre, y un alma, diáfana, me da su aliento. Entre mis dones, sólo el aliento que, libre, te ame, sabrá guiarte desde el desierto hacia el oasis de tu misterio. Para tus ojos, pido un regalo: puro silencio lleno de frutos de un compromiso, contigo siempre, nuevo y eterno.

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47. Oración Dime qué anhelas más hondamente… Siente primero, luego vacíate, piensa después… Y, por fin, háblame desde tus ojos -húmedos casi-, desde tus alas -casi nacientes-, desde tus pies -lindos y fuertes-, toda tú erguida sobre tu amor: ¡Dama de Dios! Seré la escucha de tus palabras, la caracola de sed, sin fondo, de tu pasión. Seré la tierra íntima y fértil, donde tus lágrimas se posarán, leves semillas del despertar: tu claridad. Seré el oído de tu silencio, ese que guardas, desde pequeña, como un juguete precioso y frágil de tu rincón. Con el que sueñas que vuelas alto. En el que nadas tu libertad. Desde el que miras y te sonríes, o creces tanto, tan alta y pura, que el universo, 44

todo ya en ti, te siente amar. Dime qué anhelas más hondamente… Tiende sus manos, ¡Dama!, hacia el Sol… Y espera siempre, donde te encuentres con tu silencio, el eco mágico y el fiel reflejo, de tu oración, mi corazón.

48. Palabras para el amor Te amo en silencio con las palabras; no, con las tuyas, no, con las mías: las de los dos. Esas palabras que construimos, que pronunciamos, sílaba a sílaba, juntos, tú y yo. Con las palabras, todo es sencillo: sentirte, amarte, sentir que me amas, tu corazón. Con las palabras, vuelo sin peso, noto las alas, firmes viajeras hacia tu voz. Sin las palabras tuyas y mías, mías y tuyas, la vida esconde la luna, el sol.

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Con las palabras puedo ser niño, puedo ser hombre, ser un poeta, tu ruiseñor… …Palabras sueltas, casi olvidadas, palabras huérfanas que adoptaremos para el amor. 49. Paloma a Amparo Blanco Gutiérrez y Belén Rey Alonso, ¿palomas? Con alas de un amor que crece y crece, subirás sin temor a la caída, apuntando tu pico hacia la vida del azul inmortal que no oscurece. Tu nobleza es un tallo que florece sin saber, sin hablar, tan escondida, que el silencio es su tierra preferida, y es la Luna, la cuna en que se mece. Siempre supe que no me pertenece tu amistosa presencia, tu regazo, fértil nido de plumas y de escucha. Y por ello, un vacío ya estremece mi soledad: te irás como un flechazo... ...me dejarás a solas con mi lucha.

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50. Para ti Ayer busqué para ti, dentro de mí, sin aliento, algo hermoso, delicado, completo, mas no hallé nada. El silencio quiso premiar la insistencia de mi anhelo, las lágrimas en mis ojos -¡tan abiertos, tan cansados!-, con un regalo: estos versos. Versos que son para ti, sin ser míos por entero; versos que son, para mí, naves frágiles por el mar de tu misterio. Encontrarte, abandonarte, son las puertas siempre abiertas de tu tiempo, y tu espacio es el mío si lo quiero sin pensarlo, si lo acepto. Para ti son estos versos, lo más bello que no tengo porque nunca han sido míos por entero, porque fueron siempre tuyos quizá sin saberlo tú, y acaso sin yo saberlo. 51. Para… Para soñar cuando despierto, quiero tus ojos; y si me duermo, busco los iris de tu silencio, que me miraron y comprendieron. Para volar cuando te quiero, basta la curva de tus pestañas, 47

que se desatan cuando sonríes intensamente, alas del viento. Para vivirte toda mi vida, vida colmada, basta tu cuerpo; y cuando muera, -muerte con vida, vida con muerte-, sobra mi aliento. Para sufrir inmensamente, basta el olvido, breve y pequeño de tu conciencia, de que te anhelo, de que respiro, de que te espero. Para viajar sin equipaje, rumbo ni guía, luz ni billete, basta tu piel -tierra, aventura de este momento-, basta mi tiempo. Para saber lo que es la dicha, lo que es la gracia, qué es el amor, vuelo en tu risa, sigo tus pasos y amo tu voz, para aprenderlo.

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52. Poesía Con las palabras, ni aun haciéndolas mías, no logro hablar de ti, tan sólo apunto hacia las señas de donde estuviste, donde estarás acaso. Donde tú estás, cuando tú eres, no es un lugar, ni un momento tampoco… …es preciso morir en cada verso, en cada pausa, para encontrarte, para oírte –¡sí!por todas partes y eternamente. Sólo sé invitarte, oler tu paso, distinguir tu huella, acariciar la estela que te sigue, rozar apenas las sombras más recientes de tu mano, dejar abierto un balcón por si vuelves esta noche… …¡mujer, amiga, amada, y más amante, entrañable y extraña, fugaz a tu manera! Vuelas tan alto, tan hondo duermes, sueñas, te alejas, te aproximas, tan veloz, tan lentamente te derrites o te evaporas, eres tan ágil y con tanto peso, que sólo el alma puede ser el espejo donde ver tu rostro. 53. Predicciones Si me dejas quererte, va empujando tus velas hacia mí, sin esfuerzo, una brisa serena. Si aceptas y propagas mi amor por tus dominios, una luz, una voz, serán su estrella, su himno. Si permites que lleguen mis olas a tu arena, 49

los granos que la forman sabrán reconocerlas. Si dejas que te quiera, mi silencio vendrá, tu luna crecerá, y una flor reinará. Si dejo que me quieras sin trabas, todo puertas y ventanas abiertas, vendrá tu primavera. Si permito que un mundo -el tuyo- entre en mi mundo, serán dobles las tierras, y un cielo -el nuestro- el único. Si te dejo quererme, tu amor podrá caber en una sola lágrima que aplacará mi sed. Si acepto tu certeza y amo tu misterio, será tu ser, enigma, y tu cariño, cierto. Si te quiero, el perfume de mi piel volará, y una huella invisible en tu piel dejará. Si me quieres, amor, amor será tu piel, y amor esparcirán tus ojos por mi ser. Si dejas que te quiera, recorres la mitad de la mitad de nuestra distancia y su verdad. Si permito que llegues, y que pruebes mi canto y mi silencio, habré recorrido otro cuarto.

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54. Preliminares Nos vamos apoyando –todosen nuestros propios muertos. Crece un espeso silencio bajo los pies que intentan sostenernos. Nos vamos encontrando –todosen ámbitos que el corazón saluda, entiende y hace suyos, en cuanto se lo permitimos. Nos vamos dirigiendo –todos-, con miedo y cálida esperanza, hacia un lugar sin eco, hogar, desierto hasta que lo habitemos -¡todos!- con nuestra alma común. 55. Qi Gong -pronunciado Chi Kunga la Escuela Wu Chi, por su séptimo aniversario Sólo mirar: nadie mira -¡paradojas en los ojos!-, nada es mirado. Hay escucha sin espera del sonido, sin escape del silencio. Han perdido las fragancias sus alas por el olvido. Respirar sin distracciones, sin obstáculos, lo nuevo, es el reto, es el regalo. En las manos, un final nada concluye, un principio nada origina: el vacío llena el hueco que las une, sirve al hueco que las forma. Límites que no lo han sido jamás, hoy son hojas muertas de un árbol, joven y viejo, que no crece, que no mengua, fruto del cielo en la tierra.

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56. Reflejo al alma con que soy, con que no soy En un charco del tiempo detenido, pude ver un reflejo – mi reflejo – que no tenía rostro, era alma sola mirándome a los ojos desde dentro de este mirar. Un era que ahora es, que siempre se recuerda sin palabras, sólo con luz de aquel reflejo solo. 57. Ruiseñor a Pedro Ayerra Díaz ¿Por qué cantas, por qué interpretas, ¡amigo!, nuevas piezas, nuevos himnos, hoy, que nadie está en la calle, hoy, que llueve y hace frío? Nadie escucha, nadie mira hacia tu nido, donde limpias tu plumaje con sigilo, donde tu música alcanza nuevas notas, nuevos ritmos, inéditas armonías y compases inauditos, que florecen cada instante como lirios eternos, que aman y sueñan de tu rama suspendidos. Yo lo sé, otro amigo me lo ha dicho. Ahora sé por qué tus trinos vuelan y vibran distinto, más profundos y románticos, envueltos en un prodigio de cascadas, lagos, bosques, y castillos de altas almenas, con puentes levadizos… …Una luz te ha enamorado, una llama se ha prendido 52

en tu pecho, y tu corazón, rendido a su danza, a su calor y a su brillo, se propaga como el fuego, avanza ya como un río hacia la dama que espera tu amor como su destino, y hacia su amor, que es el tuyo, ¡tu destino, amigo mío! 58. Ser ¡Adelante, rompe la vasija en mil trozos! Ya está rota, ¡detente!... ...Ahora, hay espacio y silencio sin forma ni contenido. Escucha sin el oído, siente, estira tu tacto y palpa sin buscar nada. Estás aquí, y eres uno por primera vez... ...Y eres todo, y tú lo sabes sin pensar. Gozas del Vacío. ¡Nada! La muerte no te da miedo, paladeas tu ausencia en el tiempo. Lleno, luz eres de amor, siempre, corazón que vuelas ya.

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59. Será más fácil -despedidaAlguna vez, quizá sin avisarme, se secará la tinta de mis versos; los poemas no escritos, hacia el Sol emprenderán el vuelo. Alguna vez, el tiempo será esquivo, y no veré en tus ojos mi reflejo, ni escucharé los pasos de mi eco crecer en tu silencio. Alguna vez, el miedo se hará olvido, y quedaré atrapado en su vitrina; sentiré tu presencia en otra vida sin poder abrazarte. Alguna vez, no habrá voz que te lleve el mensaje que habita en mis palabras; te hablaré cuando cesen en tu mente pensamientos o sueños. Si me buscas y sólo está mi sombra, y quisieras sumirte en el recuerdo… …no me hallarás allí, será más fácil encontrarme en las flores, en la fresca pupila de los niños, en las piedras corrientes del camino, en la estela del vuelo de las aves o en el agua que bebas. 60. Si no permites... Si no permites que la luz de la franqueza de un amigo ilumine los rincones más negros de tu casa, esos que más temes mirar e ignoras por vergüenza u orgullo,... ...morirás angustiado, defendiéndote del ataque que nunca se produce. Si no contemplas, absorto, el leve mundo de las hojas dorándose a la luz de la tarde, y no te olvidas de todo por un rato, disfrutando como por vez primera de la música alada de los pájaros, 54

sentado en tu butaca de silencio,... ...morirás sordo y ciego, rodeado de tapias invisibles. Si no ofreces asiento, de vez en cuando, a algún extraño en tu mesa, compartiendo con él su soledad, la tuya, hasta sentir que algo os has unido en lo más hondo, hasta notar que ya lo conocías cuando erais sólo niños y jugabais en una playa limpia con las olas y el viento,... ...morirás apretando fuertemente una mano de plástico. Si no quemas cada noche, libre, en una hoguera de serenas llamas tus éxitos de cera y tus fracasos de yeso, si no encuentras placer en ser tú mismo, sin adornos, ni máscaras que velen tu sonrisa más tierna y tu llanto más frágil,... ...morirás aplastado por millones de minutos de plomo y no habrá un lecho de paz para tus huesos. 61. Sin motivo Algo me habla en un sueño… …lo sé cuando despierto. La luz entra a través de la persiana. Salgo, sin darme apenas cuenta, a la calle. Camino sintiendo cada paso. El aire es frío. Se oye ladrar a un perro. El Sol cada vez es más pálido. Cada vez hay más gente. Un silencio se enciende muy adentro y respiro sin querer, disfrutándolo. Un coche frena en seco a mi lado; de un brinco, me aparto sin pensarlo.

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¡Hay hambre!, y ese olor a guiso, abre la boca al instante. Sin prisa, asciendo la escalera de la casa. La puerta se abre, y una cuchara, hundiéndose en la sopa, promete hacerse amiga cuando se abran los labios. El silencio se enciende más adentro… y el Sol cada vez es más pálido. 62. Sueño -haikuLa noche me pesa sobre los párpados. El reloj va acopiando los segundos en un saco sin fondo. El sueño me abre su puerta de sigilo… …¡No sé cómo ni cuándo pudo engullirme su olvido esta noche pasada! 63. Tao a la Escuela Wu Chi, por su quinto aniversario Como de las dos manos que me ofrece la vida; reunidos el dolor y el placer en mi plato, los sabores completan en misterioso trato sus eternas carencias, con oculta medida. Sin opción al descarte ni suerte preferida, cuando llegan las olas, me abandono y acato su compás insondable, flotando en insensato y sensato viaje, sin tierra prometida. Inmenso y diminuto como un vaso sin fondo, el vacío me invita a saciar con su nada la ausencia de mí mismo, de un trago paradójico. Y el tiempo gira ahora, escarbando un redondo surco igual a las huellas de mi historia gastada... ... en su centro descubro la razón de lo ilógico.

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64. Tiempo No quiero percibirte sino verte desde la luz, sobre una estrella errante, perdido cual viajero del instante, allende de la vida, de la muerte. Desde ese punto, quiero detenerte. Tras el esfuerzo lúcido, extenuante, de revivirlo todo, el Todo, amante, será principio y fin para mi suerte. Ya no usaré el espacio para ir hasta su voz, para olfatear su pelo o descubrir a Dios en su semblante. Ya no seré y seré: sólo el sentir del corazón feliz de mi desvelo, será, con su sentir, un mismo amante. 65. Tu soneto Te escribo este soneto, todo tuyo. Lo intento con un frasco de tu esencia, recuerdos que florecen en tu ausencia, y pizcas de virtudes que te intuyo. El viento te dirá que es todo suyo el aire del soneto: tu presencia. El río me dirá que la cadencia de tu soneto es de agua: en ella fluyo. Mas es tuyo el soneto, y si tú quieres será del mundo entero en cuanto lo ames y poses las semillas de su vientre en cada corazón. Lo que tú eres palpita en tu soneto. No le llames si lo has perdido: él será quien te encuentre.

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66. Tu tiempo y tú a Amparo Blanco Gutiérrez, por su… º aniversario Algunas veces, veo los puentes que el futuro te hará cruzar un día, para estar junto a ti. En esa orilla, el tiempo se llenará contigo, con él te llenarás -tu tiempo y tú, ya suya-, recíprocos amados y amantes, para siempre. Será el futuro, el huerto que tus labios nombraron tantas veces en sueños. El será quien te escoja, entre todas las tímidas y nobles hortelanas, para sembrar su tierra y vigilar sus plantas… …Y sólo por amor, tomates y patatas, poemas, sanaciones, calabazas, pimientos, acuarelas, preludios, berenjenas, lechugas, óleos y tulipanes, serán obras del arte que inundará tu alma, que empapará tu cuerpo, luz y sangre, nacientes desde tu corazón: tu tiempo y tú, abrazados.

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67. Viajera del instante En ti, retorno a mí. Descubro mi rostro original en tu fugaz mirada de estrella parpadeante. He de estar atentísimo para perderme en ti, no recordar mi nombre, ser parte de tus ojos, errantes. A veces, estás quieta, fija en el hondo azul, toda sonrisa pura, serena. Otras, cruzas la vida, veloz, de muerte a muerte, rozando las auroras, besando los crepúsculos, sobre un rayo de luz. Estudio la armonía de tus pasos, intento caminar junto a ti, para saber –sin voz ni pensamiento- a dónde te diriges, de dónde llegas, así, viajera del instante, cruzando de puntillas.

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68. Lejos iremos, iremos juntos Lejos iremos estando cerca tú de mí, y yo de ti: tu mano, sobre la mía, será un fiesta; nuestro silencio, hecho de voces mudas y quietas, será uno solo, pleno y redondo como la Tierra. Iremos lejos estando juntos, ¡sí!, como huéspedes del mismo espíritu, y estando lejos, juntos iremos saboreando, uno por uno, cada kilómetro que nos separa, que nos acerca, cada minuto. Lejos iremos estando juntos, mirando –el uno del otro al ladola luna, el sol, el mar, los pueblos y las estrellas de nuestro mundo, o estando cerca -yo de ti, y tú de mí-, con tiempo para escuchar las melodías que tañe el viento y los discursos que da el desierto, que da la aurora, que da el crepúsculo. Estando lejos iremos juntos, porque seremos 60

dos corazones, la misma sangre y un solo pulso, porque el destino, que ve muy lejos desde muy alto, que sabe mucho, dará a dos árboles la misma tierra, la misma lluvia, el mismo cielo y un mismo fruto. Estando lejos, juntos iremos. Lejos iremos estando juntos. 69. El amigo que vino del frío (IV) a Luis Fernando Fernández Antón El viento del otoño se carga de hojas secas y cubre, a pinceladas de temblor, los recuerdos. Silencio. Llega el frío con algo entre los brazos: ¡un corazón, templado por la forja del tiempo! Mi corazón extiende sus dedos de oro y sangre, y toca la sonrisa del corazón viajero… … poco a poco, al calor del fuego, va cobrando su propietario forma; mi rostro, un fiel espejo. Me cuenta los capítulos de su vida en el frío, riéndose por fuera, llorándose por dentro. Vacía sus alforjas, y caen sobre la mesa la sencillez, la gracia, la paz y el alimento. Su cómplice silencio comparte la poesía que Dios nos proporciona, con mi silencio. Tengo las puertas y ventanas siempre abiertas por si él llegase -por sorpresa- triste, alegre o sereno. Él siente mis caídas y, con mis alas, vuela; yo, remo con sus brazos, y avanzo con su aliento. El viento del otoño se carga de hojas secas. Ya se unen en el alma las sombras de dos cuerpos.

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