Quienquiera que sean los que me tienen en este momento de la mano, todo sería inútil sin una sola

cosa, les aviso lealmente antes de que llegue más lejos vuestra equivocación sobre mí: yo no soy quien suponéis, sino muy diferente. Pero miren con atención estas hojas, las escrutan con peligro, porque no comprenden ni a estas hojas ni a mí, ellas se evadirán, desde luego, y, después de lo cual, más aún, yo me evadiré de ustedes seguramente, en el momento mismo en que crean haberme sin duda tomado. Porque no para engañarlos he escrito este libro, ni es leyéndolo como lo alcanzarán... ... ni mis poemas causarán sólo el bien, causarán también el mal, tal vez más mal que bien, porque todo es inútil sin aquello que pueden adivinar muchas veces y no acertar, aquello que he sugerido.
Walt Whitman

1

parte 1

La Belleza del Mal

2

El ojo del búfalo
El mundo es un punto y recordar el punto es recordar que soñé estar en el mundo donde yo era el otro y el otro, que estaba contenido en el punto, no quería ser yo. No recuerdo haber despertado. Y en lo que creí una pesadilla, vi una fantástica conjunción de imágenes. Vi un seno desnudo, tunificado por fantásticos arabescos tatuados alrededor del pezón. Vi una flor excesiva, mareada y semimuerta a causa de su propio perfume. Vi a una mujer buscando a su hombre en cartas de tarot. Vi pájaros que volvían con cruces en su picos. Vi una boca abierta como el fondo de un vaso vacío. Vi en el cielo una sombra elevándose y no supe si eran cuervos o monjas. Vi a un hombre tajeando su nombre en el lomo de una bestia. Vi catedrales con vitrales sicalípticos. Vi un sauce absurdo, inclinando su melena contrariamente al río. Vi musas en jaulas cantando siniestras melodías. Vi dos días enteros, con el hastío minucioso y la sorpresa escasa. Vi recitales de poesía en clubes de piano. Vi la extraña y calma evasión de mirar el vacío. Vi el vacío y tuve sensaciones espasmódicas. Vi un cuarto lleno de calidociclos. Vi un cabello en un labio y sentí asco. Vi un hermoso tapete que decía que no hay mejor mundo que el que se inventa. Vi a mi madre y mi padre engendrándome. Vi un rostro mapeado al capricho salvaje de una navaja. Vi a Dios y a su heterónimo, el Diablo. Vi la sombra explosiva de una palmera. Vi una mujer aséptica sin la habilidad de adquirir al menos un vicio. Vi que todo lo entendía, pero no entendía no entender. Vi finalmente un párpado cerrado y era el mío. Lo abrí y no vi más.

3

El dios menor
¡Tienen que salvarme, quemando pájaros profetas y a esa mujer solitaria que ha comido piedras mágicas! ¡Armen la pira! ¡Traigan a las bestias del monte y a sus crías aún ciegas! ¡A la loba rabiosa! ¡A los falsos ídolos de madera! ¡También a la flor que ha hecho de este valle un desierto! ¡Y a ese hombre convertido en insecto! Y a la niña muerta, aún caliente. ¿Qué haré conmigo? ¡Aviven las llamas! ¡Qué devoren al mundo! Traigan al recién nacido que pronto habrá luna llena. ¡Quemen al sol horrendo! ¡A los ángeles! ¡O lo que sea! ¡Sálvenme de mi Dios, que me pide para el sacrificio!

4

Dios se apareció y nos dijo
¡Una confusión de careo! ¡La verdad toda velada! Escuchen: El por qué que les di mañana tiene amargo el perfume que enviará no llegó no hay por qué. ¿Y qué perfume tiene el amargo? ¡Ah hora infinita que ahora das alarma! ¿Es que ya terminaste ya? Les quito el por qué que les di mañana sin moño seco aluvión. ¡¿Y qué son esas lágrimas como clavos?! No hay caso. ¡Una confusión de careo! ¡La verdad toda velada!

5

Lilith busca un símbolo
No importa que sea mentira: es bello. ¡Despierta demonio! ¿No entiendes la fábula?
Abelardo Castillo, Israfel.

Después de una corta agonía Eva ha muerto en este mundo primitivo. Sin mayor esfuerzo la transformé en roca. Tengo una misión, que los Estériles llamarán irrisoriamente Pecado Original. ¡Pobre de ellos! Su esencial ignorancia no les permitirá llamarlo de otra forma. Mi regocijo crece al pensar que nunca sabrán las implicancias de mi acto dentro de los recintos divinos. Soy Lilith, fruto del mismo barro primordial que Adán y no un brote nefando de su cuerpo. Soy la enviada de Satán para corromperlo. Ahí lo veo, aún inocente en este mundo inocente, hisopado bajo la protección de su dios. Pronto borraré ese bienestar de su rostro y bordeando aquello que los Estériles llamarán tiempo, haré que aparezcan en su cuerpo profundas líneas y manchas bermejas. Sabrá por fin, ¡oh infinito placer!, lo que es la vejez y la enfermedad... Y la muerte. Yo era Lilith. Ahora soy Eva, encerrada en su curiosa anatomía humana. Es fácil adaptarse a ella y hasta me resulta agradable esta limitación corporal. ¡Soy feliz de estar limitada!... aunque no quiero ser feliz. Este clorótico cerebro ya me deleita contaminándome de sensaciones. Comienzo a mover estas piernas y me desplazo sigilosamente sobre un prado deleitoso, plagado de flores. En un hastío de insoportable belleza, arranco una de ellas, pero en su lugar crecen cuatro, que se transforman en fuentes de tinta que escriben cuatro Evangelios. ¡Basta! Mejor alejarme. ¡Ya vendrá el

6

desierto y hará de estos pétalos inmundos, secos granos de arena! ¡Ya vendrá la lengua de fuego para alimentarse de los insípidos Libros! Ahora lo veo a Adán y mientras me acerco, me mira con sus inocentes ojos humanos y me siente parte de él. ¡Eructar al pensar que Eva era parte de su costilla, falaz símbolo de la Historia! Esa absurda Historia, que estará plagada de símbolos: el Árbol de la Vida, del que nunca probé sus frutos y aun así sentí el amargo vértigo del conocimiento; la raza humana, singular arquetipo de un Plan Eterno; la Cruz, lamentable escapismo de fe para aceptar lo que nunca verán, ni conocerán, ni comprenderán. Símbolos... yo podría ser un símbolo e infiltrarme en la interminable lista que no olvidarán las generaciones. Ser un símbolo traspasa el olvido, más allá de los nombres, de las fechas, de los absurdos intentos de la memoria. Ahora entiendo: no me sirve de nada haber asesinado a Eva y ser dueña de su cuerpo. Ser Eva eclipsa mi identidad. ¡Y yo soy Lilith! ¡Primigenia y absoluta, dueña del destino aún no escrito ni pensado! Tengo que ser un símbolo y no debo tentarme dejándome invadir por esa Eva hecha a medias. Por que yo labraré el acto y será solo mío. ¡Mío! De Lilith. Y eso debe ser recordado. Por eso ahora te busco, Eva. Ahí estás, aún roca. Deja de serlo y recupera tu pobre espacio, que aquí te devuelvo tu cuerpo. Ya no me sirve. Te asigno a partir de ahora un papel: serás mi instrumento. La vida y la muerte, los sueños, los pequeños espantos y las abismales caídas; serás todo eso. Condenada por las generaciones y maldita por los pueblos. Madre del pecado, ruina primitiva, olvidada y relegada. Confieso (¡qué palabra deliciosamente atroz!) que me tienta la

7

idea de permanecer en ti y ser merecedora de todos esos dones. Pero te los dejo. Mejor aún. Eva, desde lo alto de una de las cuatro fuentes veo cómo te alejas. Ignorante de saber que estuviste muerta. Para ti fue quizás sólo un sueño, una más de las tantas nuevas sensaciones a las que te estás acostumbrando. Yo recupero mi estado volátil, que ahora presiente, capta y descubre un símbolo perfecto. ¡Oh Eva!, desde lo alto del Árbol veo cómo te acercas. ¡Tómame entre tus manos, y haz lo que la Serpiente te dice!. No me sueltes y pruébame, que sabrás lo que es la miseria y la búsqueda del paradójico perdón. ¡Llévame hasta Adán! ¡Yo soy el símbolo, la metamorfosis vegetal! ¡Soy el instrumento de perdición color Infierno, rojo fuego, sangre impura que mana de la herida orgiástica y me cubre! ¡Soy placer desgarrante en los dientes de Adán que lacera de un bocado mi cuerpo, mastica y traga condenando la especie ante su dios dormido! Ya está hecho. La Arquitectura Divina se desmorona. El horror en los ojos de Adán y su primer arrepentimiento. Me alejo con la Serpiente y disfrutamos el comienzo de otra trunca Historia.

8

El hombre anterior a Adán
Aunque es inevitable y esto mismo lo perdura y lo mantiene vivo, es vano seguir pensando a Hercus, el hombre anterior a Adán. Las colosales distancias de mi reino no admiten su cabida. Ya ni el subterfugio de estos pensamientos lo justifican y es válido afirmar que el Todo se enriquecería con su ausencia. Y también mi condición de omnisciente dios. Es vano seguir pensando a Hercus, el hombre que se atrevió a cuestionarme. Es falsa su permanencia. No existe y no debe existir. Así como el agua elemental se escapa entre los dedos, su historia en mi universo se marchita. Ya no tengo la forma de sus rasgos y nadie sabrá jamás las características de los mismos. La reposada contemplación de la anatomía de Hercus elucidaría formas divinas de proceder, pensar y responder. Esa sabiduría es un don vedado para la semilla de Adán y esa irónica ignorancia me mantiene vivo. Hercus, el fallido arquetipo del hombre. En los primeros instantes de pensamiento me dijo: - Yo, a través de mi descendencia, quiero ser inmortalmente bello. Y así hice transitar por su conciencia los arquetipos de belleza de ojos, nariz, boca, mentón, espalda, pecho y estómago, extremidades, labios, cabellos y tonos de voz. La sutileza de los gestos y las más finas expresiones. La refinada geometría de uñas y pestañas. Hercus pudo contemplar infinitas variaciones. Y después de un transitar intemporal dijo:

9

- Pero Señor, ¿a qué clase de belleza te has referido? Y así, humillado, di fin a Hercus.

10

El sueño de Hercus
A la noche del cuarto día soñó la arquitectura del pétalo de una flor y el aroma del magenta, la divergencia del alma y del espíritu, del sudor y de la lágrima. Soñó a Dios y a su holograma, el universo. Soñó a los hombres y no se vio entre ellos. Así supo que era un ángel.

11

El vértigo lateral
Acostaban a sus víctimas y las adormecían con su aliento. Luego las excitaban para aumentar sus pulsaciones. “Prácticas de vampiros” – M. B. – Siglo XVI

Átomos de cristal invertido ignoran la imagen de mis labios sobre el cuello tibio, la vena orgánica, el río subterráneo que pulsa y se apaga. Mi mano el presagio de una garra un ala degradada explora la hierba húmeda. y refugia su dedo en un páramo oscuro, un túnel escondido un puente hacia el olvido Vena pulsante, dedo que se esconde y aparece al mismo ritmo que el latido. La música que comprime mis labios

12

es la música del río, de su fondo de piedras que se arrastran. de piedras que se arrastran en giros oblicuos y... los dados del destino siguen girando y no muestran la cifra que nos define gobierna la intrínseca naturaleza y su marea de instintos nos acuna y duerme Duerme pitonisa y sueña la vigilia del placer. Deja brotar el néctar de piel, de susurro resbaloso. La vena caudalosa aligera su corriente y el dedo que es garra no se detiene. si la corriente que declina río abajo me llevara a la muerte que no alcanzo ¿seré juzgado por la sangre que gotea, por la melancolía de no ser lo que no he sido? Arde tu piel sobre mis labios arder en las llamas circulares que se cierran sin límite ni arrepentimiento El gemido no despierta… te transporta por países de espasmos desganados. Susceptible al tacto te arqueas deliciosamente

13

y la vena se inflama caliente y voluptuosa. Tu noche se desgaja entre muslos angulosos. el espacio de lo que no se nombra lo filoso que callamos y que hace eco en la conciencia Mis labios se apartan del cuello tibio. abandono lábil del goce labial Mi boca se abre. Filoso marfil viola la carne y traga la eternidad ausente de cambios y redenciones la infinitud flotante en su contorno y traga el tiempo exangüe que escupe el ser el sacrificio de la noche la sangre revoltosa los átomos de la muerte los restos de piel de un cuerpo un universo un Dios que se enfría.

14

Quintos Infiernos
AyAyAy quintos infiernos ¡te estoy viendo! AyAyHay babosas que no funden profundidad de garganta oscuridad de iris cuervos. AyAyHay espasmos que crujen humedad de pozo nervios. AyAyAy quintos infiernos ¡te estoy viendo! Negacidad Nublicidad ¡Negado! Orbe quinto, mi Rey sulfúrico ¡existes! ¡Repentino cansancio onasexual! causa mirarte. ¡Remolino sofocando pensamientos! causa alucinarte orbe sulfúrico, mi sucio Rey, te veo. ¡¿Turicidad de ángeles y santos?! ¡Malvenidos! ¡¿Aparicidad auditora de Dios?! ¡Hasta a los santos aterra verlo como un astro de luto! Don valioso, mi Rey, quintos infiernos. ¿Qué me verte hizo en intoxicados reflejos? ¿Qué me lamerte hizo en el sexto sacramento? ¡Ya sé! El sofocancio sarcasmo otro oscuramento

15

me hizo alucinar un oasis estéril. AyAyAy quintos infiernos ¡estoy viendo la falla magnética que se abre! AyAyHay un feto etéreo ¡el engendro del sexto infierno! Orbe sulfúrico, mi Rey, maldito. Cejas como arcos. Pestañas como clavos. Ojos como faros. Narices como ganchos. Bigotes como pastos. Labios como anos. ¿¡Millones de escamas!? Don valioso, mi Rey, quintos infiernos ¡Ya sé! Para alargar la fiesta te has cosido nuestras lenguas ¡y así multiplicas blasfemias! Orbe quinto, mi Rey sulfúrico te veo, te veo, te veo, infinito.

16

Eternamente condenado
Cinco líneas. Tres profundas. Un delirio de vidas pasadas, que ahora se repite como el filo de un ciclo. Y nadé hacia lo santo. Y nadé hacia lo puro. Y volví a la vida. Cinco veces. La duda que se instala. La respuesta ausente. Una vez más recorro el camino de la higa o la locura. Presiento la razón. Eternamente condenado. La sangre y el filo. Un trazo tenue (pero perceptible) la sexta línea en mi muñeca.

17

Explicación de un acto
para Mara

Morir. Un tenue hilo cortado. Una caótica retahíla. Morir. Una transición... y regresar. ¿Un motivo? ¿Una aspiración? ¿Un móvil? ¿Una obra inconclusa? Tardía conciencia del error. Hemos vuelto. Nuestra vida futura se proyecta previo al instante de nacer. En vano un paso atrás. Hemos decidido el retorno. Pero hemos visto el error: la misma recurrencia y hastío, la misma vida de onerosa monotonía. Por eso lloramos.

18

Dopámbulo
Madre, alejáme con tu sutil encanto de la pena, el dolor y el espanto. Me has visto desbautizarme en el río. Me has visto harinar y aspirar huesos buscando visiones mortuorias. La uña encarnada del Maligno duele gusta duele y el río impuro corre tan eterno como el silencio de Dios. Me has visto levitar como los pájaros. Me has visto pronunciar sentencias alejado de religión, credo, moral o Dios. ¡Me has visto ser Artaud! ¡Me has visto Madre, ver! Pero mi cuerpo ahora es como un duelo, busca sin descanso la huella del perdón. Aunque es la sombra cubriendo los pétalos la que los hace tan bellos... tan bellos. Madre, alejáme con tu sutil encanto de esta rancia y recurrente manía de buscar y encontrar sabiduría en la pena, el dolor y el espanto.

19

Hippocrene

En cada nó un peldaño has de trepar hasta llegar a la cima, a la sí. Que aborta el nó y resbalas y caes y ca. Cada nó. Y subes sobre ellos y más todavía hasta llegar pecando a las sí-ete. Pero de nuevo el sí numeroso que inmola el más matemático. ¿Pero duele más o duele menos? Me-nós. Más-nós. Como peldaños. Hasta llegar al sino. Al inos. Al nios. A Dios.

20

El Leviathan
Los sectarios, de paso por de templo de Tzebgnán, habían logrado dar, al menos por unos segundos, con un ejemplar prohibido de la biblioteca que hablaba del Leviathan, animal cuya curiosa anatomía demostraba que la Obra del Señor era irracional. De inmediato, deseosos de dar con él, se abocaron a profundas investigaciones, y en forma minuciosa descubrieron y descartaron geografías dónde podían encontrarlo. Al final, la conjunción de unos astros con velada magia sobre los símbolos del ejemplar prohibido les revelaron el sitio buscado. Junto a un grupo de fámulos emprendieron el viaje hacia el lugar, que era de montañas. Al llegar, se internaron en una cueva y al final de la misma creyeron escuchar un respiro, un gruñido. Amilanados, se acercaron silenciosamente con antorchas en las manos y vieron de pronto contra la pared de la cueva la forma del Leviathan, que no era ni más ni menos que roca cristalizada que como un espejo les devolvía la imagen de ellos mismos.

21

La hoguera
Una mujer inmaculada sueña con un hombre. Él la mira. Sus ojos la embriagan de inesperado deseo. Ella intuye, con miedo, una terrible agorería. Entonces evita, elude, esquiva, rechaza y miente, pero al final sucumbe. Despierta y en la humedad encarnada que mancha la sábana, descubre dibujado el rostro de Jesús.

22

Conversaciones con Sabio, en una siesta de otoño comiendo mandarinas
I Recuerdo una fila interminable de almas. Llego ante un anciano que me dice: - ¿Dios existe? Me apresuro a responder, pero con un gesto me detiene y me dice: - Si respondes que “Sí”, te prometo la Nada. Si respondes que “No”, te prometo el Infierno. Enmudezco. Detrás mío, escucho la voz firme de Sabio que dice: - No.

II – Epígrafe “La figura dijo: Yo fui un confesor y soy un santo: los siglos pasan e invariablemente, sempiternamente, ¡sostengo en la mano esta paloma y me inunda un éxtasis idéntico! Ningún color modifica esta luz para siempre blanca; ninguna sensación sacude mi ser para siempre inmaculado; e inmóvil en la bienaventuranza, siento que la monotonía del Cielo me pesa como una plancha de bronce. ¡Oh! ¡Ojalá pudiera yo caminar a grandes pasos por las diferentes imperfecciones de la tierra, o bracear bajo distintas variedades de dolor en las llamas del Purgatorio! Amaro murmuró: ¡Qué bien hacemos nosotros pecando!” (“El crimen del padre Amaro” – Eƒa de Queiroz)

23

III Recuerdo otra fila interminable de almas. Llego ante el mismo anciano que me dice: - Amaste la ciencia pero viviste sin creer, ¿qué eliges?: ¿gozar de la plenitud de la fe y creer sin ver en un Paraíso eterno o el conocimiento completo de todos los misterios del universo para saborearlos en el Infierno? Enmudezco. Detrás mío Sabio me susurra al oído: -¿Me acompañás al Infierno?

24

La belleza del Mal
Un lecho de muérdagos y espinas me hace sospechar la cercanía de un llanto impregnado de elegía del que vive postrado de rodillas y que ruega en vano al cielo el cándido y apocalíptico perdón que elimine por siempre la atrición y lo eleve al fin de este subsuelo, donde habita Lo Íncubo Maligno, donde crece lo inverso y el antípoda Árbol de la Vida y la omnímoda malicia que acucia y Lo hace digno del arder glamoroso de las almas, de la insidia y del befo iconoclasta, que reza y que postula en lengua casta que vives si Lo odias y mueres si Lo amas.

25

Mina
Oh Mina, ¡soy yo!, tu amado desmirriado que te cuida de demonios invisibles. ¡Para arrastrarte a las sombras de la orgía me infectan con infectan con abulia me adormecen con adormecen con ajenjo me ensordecen con su bulla! ¡Afuera mancebía de íncubos y súcubos! ¡No los huelas, su sudor apesta! ¡No los mires, su sudor apesta! Se retuercen con los ojos dilatados y copulan como animales debajo del livor de las sábanas copulan como animales colgados de la araña como animales detrás de los espejos copulan. Pero Mina, ¡¿qué te pasa!?, tu carne los reclama. ¡Como llama resplandeces! Y tu cuerpo cuerpo se duplica y pide pide que lo calmen calmen y lo cubran con invites de hartazgo con dones desvariados con relinchos desbocados y tu carne inflamada se triplica y febril y febril y febril. Oh Mina ¡no busques los frutos del placer seco! ¡No busques la cornucopia del maligno! ¡Los frutos del no busques seco!

26

¡El maligno y su cornucopia no busques! Su atroz atributo te dará muerte y en tu cuerpo su semilla arderá como un fruto de fuego y de nequicias. ¡Busca nuestra época, la feliz! cuando el mundo regalaba sus leticias y los dioses nos brindaban su vendimia y la vendimia nos regalaba sus dioses y los dioses nos regalaban el mundo y el mundo nos regalaba sus leticias. ¡Afuera mancebía de demonios que te claman! ¡Mueran de abstinencia ante mi arrostrar! ¿Dónde Dónde el agnocasto que te calme? ¿Dónde Dónde el manantial de perfumes que te salve? Oh Mina, las fuerzas me abandonan. Los demonios vampiros ya beben de tu ya beben de tu ya beben de tu cuerpo. Y tú ríes y ríes y ríes.

27

¿Cuál será el nuevo nombre que me darán? Beatos, ¡si supieran lo que significará pronunciar ese nombre! ¿Para qué los rezos? Mejor callen. Y resignados, escuchen.

El Nacimiento d.C.
¡Cantemos todos el Tedéum! ¡Agradezcamos, hermanos, esta dicha! La baba de la humanidad te ha depositado ante las puertas de la abadía. Curiosos las hemos abierto (¡después de tantos años!) para descubrir tus manos como frutos fermentados de cópulas sucesivas. Ah, esas manos... por ellas desgarraremos felices y espantados las telarañas de nuestros libros de exorcismo. ¡Aunque espiritados, hemos ultrajado furibundos el tabernáculo! Y así... sí, así te hemos puesto sobre la paterna para lavarte con el vino olvidado y avinagrado de la píxide. Hemos resistido la tentación de untarte con el crisma. ¿Para qué extinguir de tu pelaje la llama? Y no sólo eso. Hemos visto en tus ojos aún hinchados por el parto reciente, el carbúnculo de los paisajes de los que hablaban los boscos y que buscábamos sin encontrar en nuestras peores pesadillas. Aún no repuestos de nuestra suerte,

28

¡agradezcamos, hermanos, esta dicha! Y observemos: en tu boca habita esa mueca gélida y desdentada como el tiempo. ¡Ay, fuera de sí, enajenados de placer y espanto descubrimos en tu cuerpo el legado de la anatomía perfecta del azufre y su plaga! Las uñas impares, los ángulos negativos de las articulaciones, las segregaciones, la voluta invisible de la pupila, los rasgos que refutan y quiebran el cristal cándido. ¿Ya hablamos de los ojos? No dijimos lo suficiente. Pero mejor tu desprecio de virgenloba y esos movimientos inopinados que despiertan al universo amodorrado por tu ausencia. El fámulo de la noche te ha depositado en la abadía. No hay que preguntarse cómo apareciste envuelta en el sudario. Los perros al olerte han iniciado ritos orgiásticos y ahora aúllan pegados y siameses. La cruz milenaria se ha astillado. El pantocrátor del iconostasio se ha velado. Todos hemos despertado al respirar tu aliento invertido. Te criaremos hasta que estés lista para soltarte al mundo. Debes ser ella, ¡tienes que ser ella! la niña de piel negra que predice el Libro, el portentoso ser que justifica el Bien, la continuidad de la malicia que equilibra y nos salva. ¡Cantemos todos el Tedéum, recemos el descredo! ¡Agradezcamos, una vez más, esta dicha! ¿Dónde pusimos las doce vides y las hostias? ¡Alientodedios, sacrifiquen ya mismo al cabrito mamón!

29

¡Bienvenido el cambio fascinante de los días batalla de la luz y de la sombra! ¡Aquí el descubrimiento de un nuevo estertor! ¡Allá la convulsión de un antimilagro trascendente! Ah hermanos, que días gloriosos nos esperan...

30

Las vírgenes suicidas

- Todo aquel que intente suicidarse será castigado. - ¿Con qué? - Con la muerte.

Más tarde te hablaré de cómo ellas, sin quererlo, han invocado a la Bestia que regresa. Y también del pájaro que se ha posado sobre los cuerpos. Sí, aquel, el de pecho negro, con la sangre apelotonada en sus plumas. Más tarde, no ahora, te contaré del fuego que encendieron y del terror que sintieron al ver que sus sombras tenían la forma indelicada de un talismán en la mano cerrada de un muerto. Ya hablaremos de eso y de mucho más; ahora acompañáme hacia ese claro del bosque. Desde ahí podremos ver mejor la escena. Pero por ahora no hagás más preguntas. Ya casi es medianoche. Sentémonos y guardemos por un rato silencio... me aterroriza el deleite de saber la cantidad de arcanos que voy a enseñarte esta noche. Vení, acercáte. Contemplemos, por unos minutos, antes de descolgar los cuerpos, el mondo misterio de la belleza. Existe un fino goce estético en los despliegues de la violencia. La belleza irrumpe, inevitablemente, hasta en las manifestaciones del mal. La inmaculada blancura de la hostia tiene mucho que envidiarle a la honda palidez del rostro de Agustina, la más pequeña. Incluso más: ¿ves los tímidos matices de violeta, apenas perceptibles, que comienzan a pintar los delicados labios? Sí, es cierto, en las uñas el violeta ha ganado más hondura, aunque la luz pálida de la luna destiñe apenas el brote casi obsceno de las falanges y torna el rojo de la sangre en un rosa exangüe... pero alejémonos un poco

31

más, así captamos mejor la desnuda elegancia de los tres cuerpos. El silencio del bosque es perfecto. Y esta brisa nocturna, tan suave... Agustina se mece un poco más que Iris y Celina. Es que la soga es más larga... pero las tres apenas rozan con sus pies las hojas secas del piso. Es cautivante esa rígida languidez que toman los cuerpos cuando abandonan la blanda vitalidad de las poses. Esa finura de las extremidades que cuelgan, esas terminaciones... lástima los perros, ¿pudiste encerrarlos?... pero no los castigaremos demasiado. Sus feroces ladridos hicieron que las tres se decidieran y salieran corriendo hacia el bosque, para ocultarse en la espesa oscuridad, tratando de aferrarse a ella como un feto. Sigamos observándolas. ¿Te habías imaginado esta sublime posibilidad de indagar los límites de la belleza? Es un cuadro más exquisito y particular que cualquier otro. Valió la pena inducirlas a que hicieran esto. Después te contaré de las técnicas, de los pequeños desvíos amorales, de las sutilezas psíquicas y los minuciosos espantos nocturnos. Todo eso hizo que antes de la medianoche las tres tomaran el cuchillo con mango de cuerno de macho cabrío y se miraran semidesnudas, de cuerpo entero, al espejo que duplicaba la habitación. ¿Qué vieron?... al principio vieron a tres niñas semidesnudas con un cuchillo, qué más... pero al instante, en un reflejo involuntario, vieron la resignación del metal, que sabía que en ninguna de esas manos pueriles encontraría la voluntad que lo justificaría. No había una muerte ajena por descubrir, mucho menos un suicidio por concretar. Pero esta última imposibilidad las provocó. ¿Quién podía imaginar la maravillosa perversidad que ya había germinado en ellas?... No usaron directamente el cuchillo. Con él cortaron las

32

sogas y lo tiraron al río, para que su tenue esperanza se oxidara en el fondo. Dije semidesnudas. Venían del bosque. Habían amarrado a una rama las tres sogas, después de provocarse y acariciarse. Dije bosque. Venían proponiéndolo para volver esta noche, para animarse. Dije noche. Venían de saltearse varias, leyendo unos libros que había dejado en su habitación. Estaban encantadas con uno que hablaba de puñales y de ritos. ¿Dije que se habían levantado tarde? No importa: habían soñado que se miraban al espejo, sosteniendo decididas un cuchillo con mango de cuerno de macho cabrío. Pero he hablado demasiado. Ahora, hasta casi me molesta tu presencia... sería mejor que te perdieras por un rato en la noche. Me quedaré contemplando la escena, buscando un goce más íntimo. No te preocupés, yo descolgaré los cuerpos y haré el resto... pero, ¿porqué te asombrás de que haya ahora sólo dos cuerpos colgados?... ¿qué dónde está Agustina?... no, los perros están bien encerrados... ¿entonces?... ¿es que acaso no podés entenderlo?... es muy simple: Agustina ha descendido. ¡Vamos, no corrás, no vayás a buscarla!... ahí viene hacia nosotros. No preguntés cómo ha descendido, ni cómo pudo descolgarse. Sólo observá el cuchillo en su mano, la soga en la otra. ¿Qué si volveremos a matarla?... ¡pero qué torpe he sido, mi virginal discípula!... ¿es que olvidé mencionarte que tu suicidio es también parte del rito?

33

Fretum (Ultimo acto)
(con curiosidad) ¿Quién eres? ¿Un eco o una imagen? Tu color no revela eternidad. Tu mover simula las fracturas del templo. Ven, escucho tus palabras. ¿Fuiste o pretendes ser un ángel? (desafiante) No soy ni pretendo ser un ángel. Sí la muerte preñada por Dios que aborta un engendro que no muere. (repentinamente alarmado) ¿¡Quién eres!? Tu falsedad es ambigua como el ámbar de tus ojos. ¿Me repites o profetizas? Desconfío de tu lengua meliflua. Mi nombre es Jesús. ¿Todavía sufres? (estallando) ¡Sufro historias tan flatulentas que huelen como las lenguas que les dan vida! ¡Profetizo el delicioso terror al descubrir tu rostro embellecido por la tiniebla! (con profunda calma y lástima) Pero, ¿quién eres? ¿El hueso de una virgen? Tu color revela ingenuidad. Tu saber no fractura los cánones del templo. Ven, repite tus palabras. ¿Eres o pretendes ser el Ángel?

34

(profundo silencio) (casi inaudible, con un leve quiebre de tristeza) No soy el Ángel. Pero tampoco sé quien soy. Quise ser el grano y el orujo. Quise ser lo inconfesable. En la astilla del hueso no estoy yo, está el otro: la máscara de Dios la mujer mi heterónimo que escupe palabras y provoca. Mi forma de luz encerró sombra, mi color inmaculado encerró carroña, mi voz más dulce pudo ser la más violenta, mi imagen de cordero pudo ser mefistofélica. ¡Perdóname Jesús! ¡Sálvame de estas máscaras! ¡Sálvame de la belleza del Mal! Soy un horror estupendo, ¡soy un charlatán tratando de engendrar la raza con la palabra! No soy el Ángel, mi Jesús. Pero ahora sí sé quien soy. Sólo un poeta, que duda y se atormenta. (Se baja lentamente el telón) (Nadie aplaude)

35

parte 2

La Secta de las Variaciones

36

Violentamente feliz
Violentamente feliz ¡arriba el cuero! aquí me ves desnudo sin párpados supermuerto sin respirar dilatadas mis pupilas por el sol abandonado a las aguas del río y arrastrado desde el mar violentamente feliz con sus olas de cadmio y vapores corrosivos ¡ahora subo por el río! mi cuerpo va golpeando las piedras de la orilla y machucado se ahoga en esta carcajada convulsiva ¡todo es perfecto! el sol es tan brillante que grito ultranervioso y se me desprende la lengua ¡oh! violentamente feliz y me observás aterrada y te escupo mi encía con algunos dientes y sigo riendo y sigo subiendo y lleváme río caudaloso y revolvéme violentamente feliz en tus rápidos y calmá esta fiebre que la maldice y la invoca ¡lo olvidé: violentamente feliz! voy rascándome los costados y riendo con flemas en los ojos mientras una arcada electrizante de mineral me recorre y chapoteo reventando mis ampollas y los callos de mi alma quiero desprenderme de tu recuerdo y lacero la materia que reniega de olvidarte violentamente feliz quiero renacer violento y feliz con ansiedad de amar a otra ¡pudríte en tus armarios seguros! y sigo subiendo empujándome de unas cortaderas de la orilla y me tajeo la mano ¡todo es tan perfecto que parece irreal! violentamente feliz me desangro a la velocidad de la corriente ¡que me lave y se quede con el olor de tu cuerpo! me da convulsiva rabia tener esta mano y que repita tus contornos y la forma de tus pezones ¡si pudiera masticarlos! pero ya no tengo dientes y ¡oh! ¡la sonrisa es más amplia! ¡qué hermoso descubrimiento! quiero seguir riendo aunque mi cabeza golpee verde y sofocada y se me corte la risa y escupa agua y flema y siga riendo y vomite llanto pero ¡violentamente feliz! voy a olvidarte mujer voy a olvidarte

37

Violentamente, sí
Y al medio del pecho, ya ves, al medio con d de des-azón que chorrea, pero no. A los costados ¿o al medio? Quién sabe o qué importa. La pena existe. Y lo único que queda se brota en tu pecho en dos cimas fastuosas. Nieve que chorrea, pero no. ¡Pero sí! Violentamente, sí, bebo.

38

Frases conteniendo la violencia
Un cabello, una uña en blanco. Restañar en rojo y en vano. El ruido delator de un cuerpo llegando a su fin. El contraste de palidez suicida. Frases sin sentido conteniendo la violencia. Tomaste sólo tres ropas. Nada predecible. Y aquí estoy. Almanaque delator de tu ausencia. Nada queda... un cabello. Y restañar frases sin sentido conteniendo la violencia.

39

Vas buscando un río. Vas buscándola. Borracho, zigzagueando por la orilla has labrado sin querer el nombre que has perdido. El río es la húmeda cicatriz que te lames. Hay ganas de una lengua enloquecida trenzada con mi lengua enmohecida Hay ganas de más río, de mujeres. ¡Mil senos como mil frutos se te niegan! Pero: el cruel mordisco del destino aún te busca cuando el suspiro es música de tu íntimo lamento. Y el verso (no menos) abona sus lunares. Pero: hembra es sombra que se esconde. Para siempre.

Hembra es sombra que se esconde
Terminó la tarde, tu gran demora. No iremos de nuevo al choque de los cuerpos. Ya dije: es tarde para esperar la noche. Volvamos por la huella que nos trajo. Caminemos hacia atrás1. Volvamos por la huella que nos trajo.
1

Y el reloj marca las doce, las once, las diez. El estribillo busca el primer acorde. El placer inyacula y el poema retrocede.

40

Ya dije: es tarde para esperar la noche. No iremos de nuevo al choque de los cuerpos. Terminó la tarde, tu gran demora. Cada puntada del hilo que nos unía se ha roto y la muerte de ahora espera el nacimiento de otra primera vez. Hiperfecta mujer y perfecta antigonía del llanto y del pétalo que exprime un néctar aún más exquisito que esta lágrima página.

41

Plumatizada se echa a volar
Mira: va de luna chorreante y se divierte en trenzas cascadas y peñascos de luna que va o viene al abrazo... ¡por fin! No te suelto. No me sueltes. Pero ¡mira! va de arrastrarse y viene casi volando a ras para el beso. Y un hilo de saliva que la sostiene como un volantín. Y volemos siempre. Y miremos la fantástica retina. Y bebamos de los labios del deseo que se abren en vertical sonrisa. ¡Ahí yo entro!

42

Calidoscopio
Descripción clínica Un cuerpo negro es un objeto que absorbe la luz cuando ésta incide en su superficie. Al absorberla, no la refleja; entonces el cuerpo se torna invisible. No existe un cuerpo negro perfecto en la naturaleza. Es un objeto vedado a los hombres. Pero se puede “construir” un cuerpo que se aproxime a un cuerpo negro. Consistiría en una caja cerrada, supongamos de forma cilíndrica, con una temperatura uniforme en cada una de sus caras. El cuerpo negro sería la parte interior del cilindro. Para poder verlo, se debería hacer un pequeño orificio, de forma tal que la cantidad de energía perdida por allí fuera insignificante. El cilindro podría ser ocasionalmente una torre cerrada en su parte superior, con una pequeña hendija en la unión de uno de sus ladrillos. O podría ser una burbuja opaca, defectuosa en un punto. O un calidoscopio. A partir de aquí... se derrumba la física. Descripción con predicción de irrealidad Una tarde de primavera, un hombre de ojos cansados, la sonrisa despareja y la cabeza afiebrada encontrará en un pliegue de su mano un calidoscopio. No querrá saber nada de cuerpos negros ni del sugestivo orden de las leyes físicas. Querrá saber del vértigo de las sorpresas. Y del ansia de repetir mundos. ¿Qué albergará ese cilindro que al girar transmuta la geografía de los cristales?

43

El hombre verá un prado interminable, un prado interminable, un prado interminable, un prado intermin... y montañas de pendiente negativa. Verá un arroyo que busca su fuente, un arroyo que busc... Verá un desoxid... Verá un cáust... un desierto, el desierto, otro u otro u otrouotruotrouotrouotro el mismo desierto de arena especular. Más montañas nevadas en su base y un río que escapa del mar, que escapa del mar. Verá el mar, verá por fin el mar, el interminable m... prado interminable, el mar y su apocalíp... Verá el apocalip... ¿Hay leyes para describir este desorden?. El hombre sabe que es más alentador dejarlo a la extravagancia del azar. El caos gobierna en cada pequeño giro. Una vuelta completa no garantiza la visita al mismo mundo. Son infinitos. Hechos de cristales y de espejos que reflejan esos cristales y los convierten en mosaicos de acíclicos paisajes. ¿Acaso en un movimiento infinitesimal no particionó Escher la superficie, mezclando ángeles con demonios? ¿Acaso en movimiento otro de nuevo infinitesimal Escher con demonios superficie particionó ángeles mezclando? Imposible volver atrás. Los ángeles y demonios ya se han ido. Imposible volver.

44

Descripción de revolución de... scripción de revolución de... scripción de revolución (Primera imagen) Geometría abstracta (izquierda) (derecha) La curva en el centro el centro sin curvas la línea en el límite la línea sin límite (giro completo) Derrumbe de cristales del límite brotan dos líneas. el límite real no existe. La curva se cierra: círculo la curva se abre: derrame de negros cristales de azules cristales Tangente las líneas. Líneas lánguidas Círculo cercado. sobre la pendiente. Un ojo Una lágrima Geometría completa (Ultima imagen) Descripción psíquica De las muchas cosas que condensan el cosmos y que nos insinúan irónicamente el infinito, pensemos en algunas. Pensemos en el pensamiento y sigamos pensando en la cordillera, en la vasta duda, en la llanura. No dejemos de pensar en el mar, en el acunamiento de una hilera de álamos, en la tempestad existencial, en los pliegues estrellados de la noche, en el diálogo interno. Pensemos e imaginemos y no paremos nunca de pensar en un calidoscopio, que despliega una prodigiosa repetición que se extiende hacia sus bordes, pero no vemos los bordes. Queremos que continúe, que traspase nuestras manos y que pueble el cosmos como un tapiz fantástico. Un nuevo giro nos mueve la retina. ¿Quién cambia, nosotros o los cristales?

45

Los árboles
Otra vez la brisa que mece los árboles. Míralos. Tanta lentitud los eterniza. Quisiera cambiar el sonido de sus hojas por un acorde de vertiente. Esta triste existencia los reclama, el giro incesante de la tierra... ¿los alcanza? Ahora aspiro muy profundo. La mañana se desplaza y los pájaros despiertan de un sueño teológico. Quisiera entender su canto de mil años. Ellos saben.

46

La noche
Sola en la tarde, el alma reposa embriagada por la sombra de los álamos. Las siluetas cada vez más se oblicuan y en ese lento estirarse se aniquilan y se pierden. Me alivio al ver la luna y pienso: “La noche ya está instalada. Mientras los hombres desconozcan el contraste entre el negro y el negro, seguiré siendo en ella una sombra”. Una luciérnaga la desafía, infinitesimal retarda su llegada y al mismo tiempo la anuncia. Una cortadera tajea el río interminable. En la herida implosiona un universo, las estrellas ondulantes sangran noche y tiempo. Lunares en la espalda femenina de la noche, fuegos lejanos de lenguaje parpadeante. Cuando mi mirada se detiene en el río, descubro galaxias que se mecen en las aguas. El río se mira en mi retina y supernova dos astros ahogados en el fondo. Tus ojos. Pronuncio tu nombre y aparece el eco, como una eternidad que se degrada, busca extenderse en nuestro amor y lo envidia.

47

Por fin tu rostro inmortal me acompaña como imagen de la noche, convertida ahora en perfume, en tacto.

48

Tarde de invierno
Tarde de invierno cuando los libros no explican la flor marchita. Desciendo a tu rostro de belleza rotunda. La puerta se ha cerrado. Y el descenso y el viaje y las lágrimas restituyen esa puerta. En el epicentro de mis cejas también se ha cerrado el párpado. Ciego busco una luz que me despierte. Busco la adormidera y la melancolía que silbabas cuando regábamos la flor marchita. Tarde de invierno. Estaba lamido por el frío. Y si la noche caía, su lengua abría mi pecho traspasándolo de estrellas.

49

Charlas de hospitales
Una distorsionada taza de café. Un letargo con Borges. Y él que me habla de Patagonias. ¡Terrón rebelde, disuélvete! ¡De muerte y de sangre! Y aunque se esfume Baruch, los espejos y el laberinto, oh, amada tierra, miro las cosas, y un irrespirable pecho que está abierto. (Si lo supieras no atormentarías sus oídos, ni su rostro, ni la llama de su vida).

50

Escena episódica de un hombre que iniciará su aventura
¡Sacarte con furia por el pecho y aguantar este baguaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal grito ensordecedor que quiere escapar de mi garganta! O sacarte suavemente, como a esas soledades que nos llevan al reproche, y tomarte sutil entre los dedos para que tu desprendimiento sea como un susurro. ¡Pero mejor sacarte con la furia de un océano eléctrico tensionando hasta el corte la ultima fibra de la conciencia! O mejor sacarte suavemente, como el hedonismo de las relecturas, como la tristeza del pobre, como la evasión de las olas. ¡Sí! ¡Sacarte con furia! ¡y arrojarte vehemente contra el muro y que tu ácido olor queme las entrañas y purifique! ¡Sí! Sacarte con la felicidad de ese octubre en que el mundo se ofrecía. Con el gesto trémulo de las nubes que el viento hace ondular en el charco. Sacarte con o sin violencia. Sacarte por fin, monotonía.

51

La fábula de Antonio
Nunca supo si el perro siguió a la mujer o si la mujer siguió al perro; el hecho es que los dos lo abandonaron. A partir de ese día comenzó a acariciar los árboles. Así descubrió el contacto desprovisto de deseo y lo puro de cada aspereza. Una tarde, reposando bajo la higuera y abandonando por un momento su mano en una caricia ausente, se prometió, encandilado quizás por algún anhelo de eternidad, que cuando los árboles murieran, lloraría las lágrimas que se había ahorrado por la partida del perro y la mujer. Esa noche lo visitó la Sombra y apagó sus ojos secos, como hojas.

52

¿Qué fin tendrá este viaje? En carrera enloquecida escapan los caballos…

Los caballos de Adán
¡Oh, el animal del cielo! Invisible. ¿Escuchas pasar las nubes por su cuerpo? Lo atraviesan en suaves suspiros, con una nota liviana lo visten... El rocío repite la nota en burbujas radiantes. ¿Escuchas las estrellas desbordar en cascadas por su cuello? Calla el silencio. Gravita sonoro el contorno invisible en mibles acordes, en blando constante, en flamear de banderas, en fluir manantial, en flojo aleteo de tarde. Así corre hacia lo alto el animal del cielo. De repente, el ruido áspero del animal terrestre y sus crines ferrosas, de metal chirriante. ¿Escuchas su ruinosa carrera hacia el fango? ¿No estremece su fondo chorreante, su chasquido roto? ¿Escuchas la ronquera de sus ancas, su relincho borracho ahogado en flemas? ¿Escuchas su olor rancio de changoza acidez? ¡Oh, el animal del cielo! Invisible. ¿Lo escuchas respirar los frutos de los prados celestes? Sus ojos parpadean

53

aplaudiendo planetas de origen platónico. Hacia lo alto busca la oscilación sonora, la melodía pulsante del universo y colmado de éxtasis se acuna en ese concierto de uniformidad de roces, de hojas cantadas por el viento, de coro de bosques, de silbidos tenues en orificios rocosos que crepitan con la luz empujada por la brisa. De nuevo el animal terrestre, opaco. Ama el zumbido de los insectos que orbitan sus pestañas, el hipo de las criaturas, el trémulo infecto. Su cuerpo es la nota que baja y anuncia un desenlace atroz. Como telas rajadas chorrea su baba en jirones y el tajo del fango jura en aullidos el poder de la zanja. Su trote de arcadas, la sed que se traga las sonoridades impuras, se sacia con el gemido agónico de los enfermos, con el borborigmo que culmina en gases roncos con los sonidos de acento apocalíptico.
(a coro con Leopoldo Marechal)

Terminaré y empezaré este viaje mil veces abandonado a la suerte de los potros. ¿No ves que son hermanos, no ves que son siameses? ¿No ves que uno no vive sin el otro?

54

Vórtice de tinta
Escribo porque busco en la noche muda la desnuda verdad que comprende el universo. Escribo y acaricio el anverso y el reverso del libro simétrico que aturdirá la duda. Escribo al impalpable borde que se esconde en lo que escribo. Escribo porque me obliga tu ombligo. Escribo por la belleza del horror, por la sombra del postergado amor, por la luz de tu glacial delicadeza. Escribo por el horror de tu belleza. Escribo aunque estoy seco porque no hay eco por lo que escribo. No importa; aunque parece que lo que decrece sin fin, implota. Escribo lo absurdo, la realidad. Escribo para Dios o la serpiente, para la muerte, para la indescriptible suerte de no ser por un rato yo. Escribo la página en blanco por el flanco de lo que escribo.

55

Escribo por la asfixia de la galaxia. Escribo porque el pájaro que busca el alba no sabe que escribo para buscar la calma. Escribo por el frenesí de esa rama que tu violento pestañear agita al retener una lágrima. ¿No basta escribir la línea de tu cara, la grieta que deja el silencio cuando con singular desprecio me cubres con otra máscara? Escribo porque la soledad esconde la verdad de lo que escribo. No importa; porque parece que lo que crece sin fin, explota.

56

El pozo del asco
Lunes cuando la realidad se muestra y los sueños del poeta despiertan a la atroz pesadilla del lunes. Si volviera el domingo híbrido o mejor aún el sábado o mejor aún el viernes que todo lo promete. Lunes con la leve dosis de anestesia en la muela podrida de la Bestia. Si volvieran los sueños del poeta a ocupar cada una de las horas sin saber cuándo es lunes o siesta. Sólo la página en blanco. Y el fantástico abismo del trenzado de los símbolos que no saben de lunes siesta o domingo.

57

Esta vez, hondo
Siesta La íntima y marchita soledad del poeta poblada de minutos de sonora alborada escuchando la alameda crecer. Sin vergüenza de su desnudez el poeta se desviste en palabras. Y escribe: La hoja del álamo enamorada de la piedra del fondo espera sin prisa que el río se seque. Noche Una magnolia contiene la tristeza del poeta. Como agua hilada, así escribe: La luna en el cielo como un sello. Cruzan golondrinas en forma de verso. Y es tan honda y débil su soledad susceptible a presencias. Es tan grave su impersonalidad forjada en carencias. Lluvia Se sufre por la gota que recorre la hoja. Se piensa que no existe. Y la gota ya no es gota y la hoja ya no es hoja.

58

Todo es lluvia que se sufre y que se piensa. Pero sí existe. Y la soledad aún acecha en la negación del poeta. Pero algo ha cambiado. Hoy La íntima soledad del poeta se marchita. Te ha mirado. Lo has mirado.

59

Manuel Blondy, músico de la carne y poeta sanrafaelino, que buscó la inspiración en las pesadillas y en un extraño brebaje a base de jarillas (la receta alucinógena, de gran poder creativo, puede consultarse en su libro “El tercer ojo del poeta”), mantuvo una larga enemistad con A.B., del cual se burlaba de su inocentismo y su falta de C.. En “Pequeña biografía de cuatro tomos” relata (cabe sospechar con falsa idolatría) sus ceremonias nocturnas, sus escalorfríos, el asesinato accidental de su esposa y la iniciación de la señorita Gi, tan inspirada y gintonizada. En sus últimos años, recluído en una finca de Las Paredes, escribió poemas omnisexuales. Ahí lo conocí. Murió ahogado con un carozo de durazno, mientras recitaba en una sobremesa.

Las aguas tibias del remanso embebidas de jarilla silvestre de la orilla
(Extraído de su recetario “Pedagorgía”)

- ¡Es increíble lo que puede hacer este replicante!... Imagináte que la palabra cielo la transformó en ciorán… Podemos enfatizar las metáforas, derivar hacia los extremos la poemanción, valiéndonos de mis antileyes poéticas. O disponer alternadamente entre sílabas, repeticiones monocordes, lentas velocidades y asperezas... ¡las posibilidades son infinitas! Y mirándome agregó: - Capelli, ¿habías escrito algo?… dejáme leer… La Perla Oscura Engendrada en el vientre de una perra, forjada en los jardines, bajo tierra: la Perla Oscura que oculto bajo la lengua.

60

En un beso que me diste te la he dado. Perdido por el mundo. Por el mundo rescatado. La Perla Oscura que escondes entre las piernas. Los vicios perduran en los pliegues de la sábana. Los días son noches cuando llega la mañana. La Perla Oscura permanece en tu mirada. - Bueno... el poema es indeclinablemente... malo. Pero ahora dejemos que el replicante lo transfigure... Un poco de espesa imaginación y ondulante insomnio nos guían; el frente transpirado, tu pecho, mi lengua ávida de invaginación. Oh, beber la perla fosforescente y boca abajo vaselinar y egozar de tu espalda llena de lunares. Con la uña volatizar tu escama (platinada) con ríos lubricados. Y desafiando los mántricos delirios lleguemos engomados, exhaustos y pegadas las bocas chopengarnos arqueados, obtusos, angulados. Demora la caída, inmóvil. ¿Dónde el borde de pasado virginal? ¿Dónde la inocencia pronto carcomida? ¿Dónde el humo de nieve, el agua?

(Manuel Blondy y su replicante yacen sepultados debajo del Río Atuel. Los poetas mediocres beben el agua del río para inspirarse)

61

Su Existencia y el Extraño I – El Extraño
Luego de varias lunas siguiendo el rastro del último semental alazán (admiremos las obras de Alá, a pesar de que Él mismo las considere nada), lo encontré bebiendo de las aguas de un manantial. En silencio me fui acercando y cuando ya estaba a unos pocos pasos para darle lazo, a través de los juncos de la orilla, la vi. Allí desnuda, su Existencia, la princesa del Reino, se daba un baño y se abandonada a la caricia de las aguas. Inmediatamente me vino la urgencia de la descendencia. Viendo su guedeja flotando en la corriente, mi sangre se arremolinó. En dos veloces trancos avancé hacia el semental y lo monté increpándolo hacia las aguas. Aunque salvajemente se arqueaba y relinchaba, busqué saciar la urgencia de mi elevado entusiasmo. En erráticos círculos acosé a su Existencia, cuyas manos desesperadas trataban en vano de ocultar sus fantásticos dones. Y mientras la fiebre me enceguecía y el semental enloquecía, su cuerpo ondulado bajo el agua buscó ocultarse entre los juncos de la orilla, que trémulos y excitados por la escena, trataban de beber el agua perfumada. Así logró escapar. Pero la seguí hasta el palacio. Y sin que nadie lo notara, me deslicé hacia sus íntimos confines (pero mi corazón es fiel a Alá, ya que Él permanece).

63

II - En los íntimos confines
Lánguida sobre el brocado su Existencia se recuesta y descubre su espalda de encantos reales. Tímidos velos no ocultan las curvas mansas que orillan sus caderas. Su ombligo besa la seda. Ha escapado de la fiebre de un Extraño, que ahora rijoso la observa desde la sombra, tejiendo postergados anhelos con la herida del deseo (que se abre en la noche y sangra lo impuro y opaco de la luz).

III – Su Existencia
He disimulado bien mi sorpresa y temor ante el Extraño. Hacía rato que lo espiaba, mientras intentaba atrapar al semental. El magnífico animal se había detenido a beber de las aguas del manantial, pero demasiado alejado de donde me bañaba. Por lo que nadando suavemente, me acerqué hacia él y me mantuve a una distancia más favorable para propiciar el encuentro. Paciente en la

64

espera, sucumbí a la caricia de las aguas. Desnuda me abandoné al undoso placer, contoneando mi cuerpo en misteriosa fluidez. Mi liviana presencia sutilizaba el paisaje y mi negra guedeja se arrastraba en la corriente como algas oscuras de un submundo acuático. Yo era como una sílfide encarnada en mujer. No tardó en descubrirme y mi cuerpo ondulado bajo el agua palpitó en sus pupilas. Y aunque veloz me precipité hacia los juncos, demostrando espanto y pudor, no dejé de observar su cuello como una columna adornada con arabescos de venas inflamadas por la sangre urgente. También sus brazos, capaces de ultrajar sin rubor la virginidad de la tierra y su amplio pecho, desafiante del viento turbio del dilatado desierto. ¡Cómo no notar la prodigiosa arquitectura de sus muslos increpando al semental! ¡Su espalda arquetípica, capaz de humillar al látigo! Mientras me rodeaba en imperfecta geometría, noté que cada músculo de su cuerpo contaba la historia de sus generaciones. Así supe que era el último de su estirpe y que su ceremonia no era otra que aquella que buscaba y prometía descendencia. Por eso me ha seguido y ha logrado ocultarse entre el cortinado. Ahora me observa recostada sobre la seda, paladeando el sabor de mi imagen. Aquí dispuesta, lo espero.

65

IV - El sabor de la imagen
Lánguida sobre el brocado su Existencia parece dormida. Su ombligo besa la seda. Sobre la espalda descubierta de encantos reales una suave cascada de luz borbotea y estanca remolinos en el remanso de su cintura. Avanza el Extraño embriagado de esa imagen. Como un talismán hecho de frenesí y de locura, el tiempo se detiene y promete el magnánimo tacto de la espalda, la carne tempestuosa, el costado ondulado y la suavidad elegante del goce. Desbordado de locura y de deseo el Extraño cae de rodillas con los ojos seducidos.

66

Enajenado de sabor preanuncia el abandono de este mundo y recibe el dolor que lacera, el desgarro de lo que no será, el puñal del guardia que raya su garganta.

(No intentes entender los destinos que ha marcado Alá.
Si intentas comprenderlo, pierdes la razón. Si intentas verlo, te pierdes a ti mismo. )

67

Poema que asciende en caída (y vuelve a caer)
La luz de la mañana ilumina el cuarto. Tu boca ahogada y entreabierta desborda en un gemido mudo. Piel color café, piel color sombra, con los ojos cerrados te reinvento al tacto. Entrelazados los cuerpos las pestañas. Recorro a tientas tus pupilas. No saberte imagen, sólo forma. Con un roce adivinarte quererte la misma quererte otra. Ahora mis dedos bajan por la suave pendiente. Te respiro profundo. Me hundo en tus labios y nado en la espesura del aroma viscoso de su jugo. Mis labios resbalan por el deseo amorfo de tus otros labios. Y allí entro, desgarrando con un lamido un latido de tu eternidad. De nuevo el sonido ahogado de tu boca. El abismo y su vertiginosa caída nos espera. Pegados los sexos morimos instantáneamente, resucitados por gemidos robados que se agigantan en cada garganta. Eco grave Eco agudo Enfrentados se apagan en el hartazgo sin tregua.

68

La nada vencida. La nada renacida en el reposo agotado de alturas. Abrimos los ojos. Cegados por el sol de la ventana, vemos el blanco océano, probamos la sal derramada.

69

M. E.
¡Qué importa lo que digas! ¿Porqué no imaginarte como una muerta que va hacia el mar? ¿Porqué no ahogarte en el pasado de marea hidromansa? Aquí el futuro. La saliva del tiempo es un río cristalino libre de tu opaca sal. Esto fuimos: la ahogada cadencia de la noche que moría en el aroma indelicado del cuarto. La sed que se anunciaba en los cuerpos y no esperaba mucho para ser saciada. El verde sabor del té y la ropa que caía. El vino tibio pariendo galimatías. Esto fuimos: el vano desafío de las cartas marcadas por el goce. Los juegos de la noche se estiraban en los días. ¡Estabas flor tan húmeda, tan pétala! Pero te aventuraste a nadar en mi ombligo y te aterrorizó la profundidad que tenía esa noche. El agua panda de mi ombligo ahora es una nube. ¿Reconocerás el sabor de mi cuerpo cuando la lluvia moje tus labios? ¡Qué importa lo que digas! Ahora me envuelve la lluvia luctuosa. ¡Y beber el agua es tan bello!

70

Déjame convertirte en una estatua que acaricio. Déjame enterrar olas de poemas en el fondo de la noche. ¡Déjame imaginarte como una muerta que se lleva el mar! El pasado termina de morir, con sal y todo. Cerrando la cortina del cuarto indelicado doy noche, por fin, a esa ventana.

71

Lo que M. E. calla
Decir estoy sola es no mentir si vos estás. Decir sequía es hablar del río de tu cuerpo. El dolor es agua dulce. Agua dulce que beberla sería muy bello. Pero más bella es la sed, para que duela.

72

2
“Nunca confíes en los espejos. Si quieres verte, divídete. Que una mitad mire a la otra. Tengo en el sótano una espada que puede ayudarte”.
De un sueño subnarcótico de Manuel Blondy.

I – La mitad nostálgica La ceja es compuerta de la frente, agua amontonada de soledades y melodías undosas. Es un sendero de hierba negra que soporta la caída de la frente desembocada. Poblado el párpado se prolonga y tapa el iris de sombra y noche. Un solo ojo ve un mundo asimétrico, la oscuridad cristalina del río, una pared de álamos impenetrable -una luz la traspasa y los pájaros se espantan-. Un solo ojo lee las palabras desfocadas que me ocultan y delatan. Es el ojo de mi padre. El cansancio de todas las mañanas y de todas las noches. La palmada en la mejilla y la conciencia de otro día, de otro hartazgo. La nariz de mi madre. De mañanas respiradas en la almohada. El olor primitivo que relaja y calma. El olor que me recibirá después de la muerte. El olor de mi madre.

73

La lengua deforme habla un idioma nuevo y explica sin saberlo el universo. La lengua sin medida, los símbolos truncos de saliva escasa, el gorgoteo irrisorio de la verdad. ¿Qué decir con esta lengua incompleta? Decir el nombre de Dios a medias y convertir el barro en duda, crear la flor sin perfume, el cielo sin nubes nostálgicas, un dedo sin uña, un hombre sin mujer, un torbellino sin visiones, un viaje sin recuerdos, una música sin mística. Ah... el recuerdo difuso de lo encontrado. La verdad que estalla e implosiona en un silencio de noche demediada.

II – La mitad dislocada Párpados reptiles de escamas naranjas se cierran desde abajo. La ceja curvada de andamios bruscos tajea una sombra. Reprime la fiebre del ojo, el cíclope pensado a medias, estúpido de razón y de destino. La pupila dilatada en torbellinos de vómito -la caída interminable en el abismo de la locurase contrae ante el espanto de la cordura. Oh, el horror oh, la ego-nía oh, la lágrima con mitad de causa que hace surco en la mejilla. Estéril se evapora

74

y el vapor fractal se pierde en una inhalación impar y tóxica. La lengua dividida convulsiona en palabras: pseudoformacionesdezafarranchoaliento víscerapsicobióticalmanteseniega orgirotravezandovagimeduelento. Inentendibles relatos, historias que ultrajan el silencio. La mitad incompleta y negada. El mentón que distorsiona el perfil. La clave de la ignorancia opaca de muestreos y palabras. Dos y uno se confunden. Se funde lo dividido en la unión-cicatriz de la identidad. La conciencia que me descifra y se tambalea. Oh, ¿te asusto?…

75

Poética | Poética
I El rostro plano y aciago se para frente al espejo y no acusa perspectiva el respetuoso reflejo. La imagen especular lo copia desde el inverso y reniega decidida contra este cruel universo, que la destinó a existir a semejanza del rostro con el fin de remedar la anatomía de otro, sin siquiera imaginar que es imagen de una imagen que es imagen de la Imagen que... ¿será especular? _________________________________________________ que es no-imagen de la Imagen que ... ¿será para crear? sin siquiera imaginar que es imagen de la no-imagen incapaz de modelar la no-anatomía de otro que la destinó a desistir ante la ausencia del rostro y se revela vehemente contra este cruel universo La imagen especular la inventa desde el inverso desafiando con su no-imagen al diligente reflejo. Una mujer sin rostro se para frente al espejo II

76

Espera
para Paola V. , en memoria de una lágrima.

En el inicio de la tarde un hombre trenza las palabras. Un reloj marca las tres. Los días ya han pasado, y el hombre no sabe los augurios de los que vendrán. Sólo espera la forma definitiva de un verso. Mil lecturas de un poema no explican el universo. La mujer lo sabe. La palabra oculta un signo pero puede revelar la verdad. Mientras las hojas del otoño caen, la mujer espera. Y la siesta los adormece. Las formas exactas de las letras oníricas arman una línea. El hombre lee y se reconforta. La mujer lee y encuentra la respuesta. Cuando despiertan, el sol acaricia tibio.

77

El enigma sigue
Y el hombre, agotado de ultrajar lo que la tierra engendra, harto del vino y sus vendimias, harto de prodigios y de pérdidas, levanta lunáticos los ojos y descubre en las estrellas los racimos más hermosos. Y el hombre llora. Y las estrellas quieren verse reflejadas en la pureza de esas lágrimas. Traspasado de tristeza vuelve lunáticos los ojos a la tierra. Y descubre las huellas de un perro que se aleja. Y descubre cómo la sombra de las hojas de parra conspira otro universo sobre la piel de ella. Mujer. - ¿Vienes? Hombre. – Mejor me quedo acá, sentado, envejeciendo... Mujer. - ¿Cuándo el universo se atreverá a observarnos? Hombre. – Ahora es cuando no se atreve. Y la mujer sigue al perro, como imantada. Traspasada de tristeza se acerca al abismo, sólo para probarlo. Y él... nada. ¡Qué triste! Mujer. – ¿Por qué me buscas allí arriba, en las estrellas, en la lejanía sideral

78

en la oscuridad de cuervos?... Sólo mira tus pies. Ahí estoy yo, rendida... Hombre. - ¿No lo entiendes? El universo no entra en tu boca, y es dulce la espuma de los soles. La oscuridad de cuervos se despluma, y al echar vuelo, te arrastra. Mujer, no lo entiendes... Soy yo el que te mira desde abajo, inalcanzable. Y la mujer, plumatizada, sigue a los cuervos al fondo del abismo. Y el hombre, agotado del empacho que el amor reserva, harto del vino y sus orgías, harto de prodigios y de pérdidas, levanta lunáticos los ojos y descubre las estrellas apagadas, ensombrosamente oscuras.

79

Remolino 25
Un pañuelo que desconoce lágrimas. El olor de tu cuerpo que me embriaga entre las sábanas. Unas extrañas manchas en el techo, que antes eran nubes y ahora son ángeles. El sonido de un reloj lánguido o el sonido del viento, que simula un concierto en tus cabellos y que sabe, como vos y yo, de la falaz conservación de las cosas, porque fuimos y seremos pensamiento, pero seguiremos siendo: labios ansiosos de la danza viscosa de un beso, labios secos por la ausencia de un nombre, el hemiciclo del vértigo intelectual de Dios y el otro que encierra luces y ocasos, sorpresas y monotonías, sueños y vigilias, conviviendo en tenues espirales que conducen y declinan a un Punto, a un Centro.

80

La décima hoja del trébol
Muere, así son las cosas. Muere como lo hará el tiempo en un caos entrópico y regresivo. No existe ni la arena ni la clepsidra. Así son las cosas, tristes. Muere invisible. Como las lágrimas incorruptibles. Cómo la décima hoja del trébol. Muere en mi mano, ausente. Sin un gesto delator en la cara, sin un sonido que despierte a la noche. Muere al igual que el punto en que se unen los extremos. Como lo hace un libro al cerrarse. Así son las cosas, tristes. Y no habrá noches oscuras que sigan a la noche sin destino. Pero habrá un prado interminable. Y en su horizonte tendrás alivio.

81

2=1 Víbora los ojos en blanco
por Camilo De Giorgis (según su íntimo amigo Dalí, “una cascada de protuberancias delirantes”)

¡Y si a abrazarme vienes cruzada de brazos poniendo como víbora los ojos en blanco! Así marcado el puño en el lomo, tu labio partido y chupando sangre, te espanto. ¿Acaso son blancos los recuerdos? ¿Acaso soy la memoria que tu silencio prefiere callar? La más poca muy poca eres porque no eres más que este poema o no más que la suma de un cero o no más quel sufrimiento del que se sabe amado. ¿Acaso no entiendes los latidos? ¿Acaso no mutilas el encanto del dolor? ¡Y si a besarme vienes arcando la arcada! Así te detengo: puño collarando tu garganta ¡ahora que no blanca pones víbora los ojos y acabas de morir sin respirar y todo! ¿Acaso sólo entonces podré verte a los ojos? ¿Acaso sólo entonces conozcas el amor? La más poca y nada más. Y así me afectas: como la resta del cero o el cero en que quedo sin ti.

82

La ilusión de quererte por un tiempo, la certeza de olvidarte con rencor. (Acaso en el fondo de este juego, hay un cero que espera por los dos).

2 = 1
Hernán Desimone + Fabricio Capelli

= Camilo de Giorgis

83

3=1 Lágrimas
por Cha de Chuparrosa (madre filipina-padre mexicano)

Paisajes internos Pisadas de arena Verrugas del tiempo ¿Recuerdas cómo era la vida que pasa? Mi triste agelasto, no has tenido demasiado. Solías ansiar el vértigo del pájaro, ahora los cuervos marean tu tumba y un océano se marchita cuando dejas caer una a una tus
Paisajes internos Pisadas de arena Verrugas del tiempo Ínfimo mar Olas de carne Desierto de sal Decadencia de un imperio Terco muñón

Lágrimas

Tus hijos ahora pisan la tierra y ven cosas que nunca han visto. Te miran a los ojos, interminablemente. Y callan. Terco muñón, ¿porqué les ocultas la cara buscando el licor de los amigos? Eso queda y eso quedará. Eso falta.
Besos caídos Agua deshuesada residual y asexuada. Sonrisa tibia Mirada azul Sueño perdido

Lágrimas

84

Dolor atrapado, redondo, conciso. El hombre desea a la mujer. La mujer desea al hombre. He aquí la experiencia. El hombre lastima a la mujer. La mujer lastima al hombre. He aquí la inexperiencia. Y hay más. Crees que te has perdido. Pero dices: “ésto es lo que soy”. De espaldas al vasto y tormentoso océano de Lágrimas Emoción en rodillas Ruinas de amor Silencio transparente Agua deshuesada residual y asexuada. ¿O será que yo también me he perdido? Las lágrimas dan nombre al Valle. He aquí lo inexplicable. Y hay más.

3 = 1
Paco Sabio + Hernán Desimone + Fabricio Capelli

= Cha de Chapurrosa

85

2=1 Ocular
por El Búho (testigo de la fantástica noche creativa en Las Paredes)

1 - El lirio en los ojos de F.
La eternidad dura una imagen, todos los reinos, todos los pájaros están en sus ojos. Es el cielo que nos revela otro mar, ese acuoso vidrio ocular, la flor, la belleza es efímera, el lirio, el iris, todo comprimido entre la nada y la flor.

2 – La magnolia en los ojos de P.
Que no se vaya jamás tu tempestad y que las pupilas no vuelvan a tus ojos. Que se queden ahí atrás, para instalar la fascinación de la búsqueda de aquello que no vemos.

2 = 1
Paco Sabio + Fabricio Capelli

= El Búho

86

La Secta de las Variaciones
para Marisa Mansilla

Los vi una noche, lucubrando en una mesa. Más tarde averigüé sus nombres. Sospecho ahora que son falsos. Las circunstancias de mi ingreso han quedado en el olvido (agoté todas las variaciones para que así fuera), lo cierto es que de a poco me fui infiltrando en la delicada trama que los unía. La Secta estaba integrada por hombres y mujeres y su número no superaba los días que tiene una semana. Me sorprendió darme cuenta de que todos obedecían a una sola persona, que era una mujer. La tarea que los justificaba era escribir el Libro de la Variaciones. Argumentaban que todo lo que es posible de escritura está agotado y que sólo merece el olvido. El olvido se postulaba como una suerte de alivio, como un avance sobre las cosas que los unían al mundo. Buscaban liberarse de toda memoria, quedarse en blanco, vacíos para la felicidad. Por ejemplo, si queríamos olvidarnos de un árbol, teníamos que escribir las infinitas variaciones de los árboles para agotarlo. Esas variaciones incluían los colores, las sombras, las distintas formas, los distintos estados del día en que se los mira, el agite de sus hojas, el ruido y el balanceo con el viento. Cuento ésto porque se me encargó la tarea de anular los árboles. Trabajé durante cinco años y llené infinidad de hojas. Finalmente me di por vencido. No había podido olvidarlos. Retomó mi tarea una de las mujeres y al cabo de 7 años más logró su objetivo. Si alguien le hablaba de los árboles, ella no entendía. Incluso no los veía. De inmediato todo el grupo se abocó a la tarea de leer lo que se había escrito para poder anularlos. Pronto, para

87

ellos, ese elemento había desaparecido. Yo, con dudas, me aboqué a la tarea de leer los infinitos manuscritos, pero al llegar a la última línea, nostálgicamente me rehusé a leer. Todo el grupo, como dije antes, se movía bajo las órdenes invisibles de una mujer. Su nombre era Ludmila y su móvil era un misterio. Tenía un cuaderno abultado, ajado y viejo. Recuerdo que una tarde de lluvia lo olvidó en la mesa. Traté de alcanzárselo y torpemente se me cayó al piso. El cuaderno se abrió y todas las hojas estaban escritas en un idioma inentendible. Ella dijo: “Es nuevo, recién comprado, por eso todas las hojas están en blanco”. Otra mujer del grupo escribía sobre aquello doloroso que nos deja el pasado. Primero había abolido la tristeza y eso la había ayudado a escribir sobre personas desaparecidas. Pero un día una lágrima se deslizó por su rostro y nadie se dio cuenta. Otra, trabajaba en el vacío del tedio. Había escrito dos mil trescientos folios y todavía no se había desprendido de esa sensación. Confesó en una noche que estaba fascinada con la luna. Al otro día le propuse una variación y le dije: “el tedio no busca otra cosa que la lucidez metafísica”. Me respondió: ¿el tedio?… no entiendo de qué me estás hablando. Y se quedó mirando la luna. Un hombre había sucumbido a alocadas variaciones con el tiempo. Había trastocado el después. Un día le propuse encontrarnos más tarde para tomar un café y me miró extrañado. Los demás también. Luego el mismo hombre empezó a trabajar la ausencia. Ludmila trató de advertirlo, pero estaba fascinado con el tema. Desapareció por algunos años y de repente regresó. Nos comentó con alegría que le había gustado mucho la reunión de ayer.

88

Pero todo empezó a desvirtuarse cuando Ludmila propuso hacer variaciones sobre el cuerpo. Al tiempo algunos no veían sus pies y otros no veían sus manos. Se fascinaban al ver el lápiz suspendido en el aire mientras escribían una línea. Yo había anulado los cabellos y las uñas y más tarde los brazos y los dientes. Para mí el mundo se mostraba de pesadilla. Entonces decidí marcharme. Pero no me dejaron y comenzaron a perseguirme. Por lo que decidí anularlos a ellos. Hoy no veo sus caras, aunque sus voces me persiguen a cada momento. Supongo que en diez años más podré librarme de ellas. Y después comenzaré con la respiración. No saben lo angustioso que es estar rodeado de cuerpos sin cabeza que respiran profundo.

89

90

Índice Parte 1: La Belleza del Mal 1 - El ojo del búfalo/3 2 – El dios menor/4 3 – Dios se apareció y nos dijo/5 4 – Lilith busca un símbolo/6 5 - El hombre anterior a Adán/9 6 - El sueño de Hercus/11 7 – El vértigo lateral/12 8 – Quintos infiernos/15 9 – Eternamente condenado/17 10 – Explicación de un acto/18 11 – Dopámbulo/19 12 – Hippocrene/20 13 – El Leviathan/21 14 – La hoguera/22 15 – Conversaciones con Sabio, en una siesta de otoño comiendo mandarinas/23 16 – La Belleza del Mal/25 17 – Mina/26 18 – El Nacimiento d.C./28 19 – Las vírgenes suicidas/31 20 – Fretum (Último acto)/34

Parte 2: La Secta de las Variaciones 21 – Violentamente feliz/37 22 – Violentamente, sí/38 23 – Frases conteniendo la violencia/39 24 – Hembra es sombra que se esconde/40 25 – Plumatizada se echa a volar/42 26 – Calidoscopio/43 27 – Los árboles/46

91

28 – La noche/47 29 – Tarde de invierno/49 30 – Charlas de Hospitales/50 31 – Escena episódica de un hombre que iniciará su aventura/51 32 – La fábula de Antonio/52 33 – Los caballos de Adán/53 34 – Vórtice de tinta/55 35 – El pozo del asco/57 36 – Esta vez, hondo/58 37 – Las aguas tibias del remanso embebidas de jarilla silvestre de la orilla/60 38 – Su Existencia y el Extraño/63 39 – Poema que asciende en caída (y vuelve a caer)/68 40 – M. E./70 41 – Lo que M.E. calla/72 42 – 2/73 43 – Poética|Poética/76 44 – Espera/77 45 – El enigma sigue/78 46 – Remolino 25/80 47 – La décima hoja del trébol/81 48 – 2=1 Víbora los ojos en blanco/82 49 – 3=1 Lágrimas/84 50 – 2=1 Ocular/86 51 – La Secta de las Variaciones/87

92