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CUENTOS COMPLETOS DE BERNARDO COUTO CASTILLO LA VIDA DE UN ARTISTA. (Diario Del Hogar. 22 de junio de 1893).

Alfonso de *** es uno de los hombres más desgraciados que en mi vida he conocido, ___ desde muy joven por el arte muy especialmente por la literatura arrastra una existencia de continuo dolor. Tenía un culto excepcional por todo hombre de letras, y muy especialmente por aquellos que han tenido duras pruebas, recuerdo perfectamente la dolorosa impresión que en su ánimo operó la muerte de Julio Goncourt, durante varios días se le vio continuamente triste y abatido: “ese es mi porvenir” decía amargamente. Había heredado de su padre una modesta renta, jamás había querido seguir otra carrera que la de las letras, y con lo heredado vivía modestamente, sin más goces, sin más aficiones que los que su vida de labor literaria le proporcionaban, todo su carió, todas sus afusiones se hallaban concentradas en sus libros, los quería como individuos de su familia, como seres reales y humanos. Sin embargo, la suerte para él fue bien injusta, continuamente escribiendo no logró que sus trabajos salieran a la luz, rodaron por todas las redacciones sin que las publicasen. Habitaba en una casa baja, compuesta de tres piezas, la primera una sala de regulares dimensiones, cubierta de objetos de arte, algunos de ellos de gran valor; la segunda, en la que trabajaba, llena de estantes con una riquísima biblioteca, una gran mesa en medio, llena de notas y volúmenes abiertos, rodeada de humo siempre, y por fin; la última en que dormía. Por toda la casa se hallaban diseminados volúmenes, todos los muebles se hallaban invadidos por folletos y periódicos, los retratos de los grandes autores adornaban las paredes. Todas las noches nos reuníamos diez o doce amigos que discutíamos hasta muy tarde, muchas veces hasta la madrugada, ¡Pero vaya si era alegre salir en compañía de buenos chicos! Ahí había de todo, una pequeña parte de bohemia que pinta Muerger, pintores, escultores, estudiantes, periodistas y algunos políticos. Con las pipas en las bocas y discutiendo de literatura, armando una algarabía de todos los diablos, hemos pasado horas verdaderamente agradables. Tenía Alfonso un gusto especial por Vítor Hugo, Alfredo de Musset, Gautier y otros pertenecientes a la pléyade del romanticismo aunque había algunos partidarios de Daudet, Zolá, Pereda, Galdós, con lo que se promovían acaloradas discusiones. Alfonso durante esas reuniones nos leía sus trabajos, siempre confiando, después de esperar en vano la publicación del último trabajo remitido, volvía a su mesa esperando que el próximo gustaría. Durante diez años se mantuvo firme, sin desmayar, confiando siempre. En los últimos dos años de su vida ya no tenía confianza, le instábamos a que trabajase y lo hacía pero no con ese ardor del principio, desmayaba. En las reuniones no lo encontrábamos tan alegre, a menudo su frente se nublaba y teníamos horas de profunda melancolía, nosotros para alentarlo le recordábamos las duras pruebas de muchos escritores, a pesar de que no tenía mucha afición de Daudet, uno de los libros que constantemente veía sobre su mesa eran los “Treinta años de París” y los “Recuerdos de un hombre de Letras”; cuando leía lo amargo de los comienzos, tomaba fuerzas y trabajaba con algún entusiasmo, pero al ver que sus trabajos permanecían obscuros caía en una gran postración, en nuestras discusiones no entraba ya, nos oía tendido negligentemente en un diván, con la pipa en los labios y contemplando el humo o el retrato de algún escritor. Poco tiempo después cayó enfermo, se hizo llevar a su alcoba sus libros favoritos, sobre la cama había un gran número de papeles, tenía el presentimiento de su muerte y quería rodearse de cuanto le era querido, sus amigos le acompañábamos la mayor parte

del día, promovía discusiones para oírnos y una vez entabladas, permanecía silencioso escuchándonos. Cuando la fiebre se apoderó de él, en su delirio continuamente citaba libros y autores, y un verso de Musset a menudo recitaba: Plantad en mi tumba amigos Un sauce cuando yo muera; Me gustan sus ramas lánguidas Y su palidez intensa, Y será leve su sombra A la tierra donde duerma. El mundo no existía para él sino en los libros, a todo lo demás se hallaba indiferente. Una mañana lo hallamos en un estado bien alarmante, entre los que ahí nos encontrábamos había dos jóvenes médicos que intentaron prodigarle los auxilios de la ciencia, fue inútil, “el poder del destino es inevitable- decía- vuestra ciencia sólo me prolongará la vida unos instantes, dejadme morir. En eso entró uno de nuestros amigos radiante de gozo con un periódico en la mano: - Eh, Alfonso, ve tu artículo que escribiste hace dos meses, lo ha publicado, probablemente no teniendo que poner, todo el mundo habla de él. Alfonso escuchó tan grata nueva, indiferente como si lo que toda su vida había esperado no le importara. Otros amigos llegaron y todos repetían la noticia. Después de un rato de silencio exclamó con un acento de profundo dolor: ¡Es demasiado tarde! un sollozo le contestó; nos miró amargamente, contempló por última vez cuanto ahí había, sus libros, sus papeles y tendiendo su mano hacia nosotros ¡expiró! * * * Días después sus obras eran muy solicitadas y las buscaban con ahínco. LOS DOS COLABORADORES (Diario Del Hogar, Semblanzas Artísticas 29 de junio de 1893) Se conocieron muy niños, cuando la vida no tenía para ellos, sino juegos y risas, cuando las flores de su senda aún no se tocaban las espinas, sin que el primer pesar se los hubiese amargado. Ambos tenían el mismo carácter, melancólico, soñador, en las horas en las que sus compañeros se entregaban a los juegos bulliciosos, ellos siempre unidos se retiraban al fondo del jardín, y ahí permanecían largo tiempo, siempre silenciosos dando libre cursos a sus pensamientos. Las amistades del colegio, aunque generalmente son las más sólidas, están expuestas a romperse por la separación alfil de los cursos. Así pues, Alfredo y Jorge (que así se llamaban los niños de quien vengo hablando) después de dos años de la más cordial amistad, tuvieron que separarse. Al principio se vieron de tarde en tarde, ero cuando se fueron a habitar distintas ciudades, sus relaciones se cortaron, sin que por esto se olvidaran, su simpatía y su cariño había echado profundas raíces. Una noche, en una velada fúnebre, que se verificaba en memoria de un eminente escritor recién muerto, en medio de negros crespones, y hermosas coronas, cerca de las cenizas de un gran hombre, se encontraron después de seis años de no verse. Las expansiones que por lo común acompañan éstos encuentros, no les fueron permitidas por las circunstancias, el recogimiento que reinaba en el salón, el respeto que se debía a un cadáver, y aún cierta emoción cuando éste es de algún ser privilegiado hizo que sólo se

cruzaran unas palabras. El silencio se rompió, un orador deupó la tribuna, y comenzó a hablar, lentamente la inspiración fue cundiendo, de sus labios partían sonoras y arrogantes frases que tenían suspensos los ánimos a medida que las palabras salían, la figura del ilustre muerto a quien encomiaba se engrandecía hasta tornar colosales proporciones. Cuando terminó el discurso sonaron atronadores aplausos de admiración de su auditorio. Alfredo y Jorge, profundamente emocionados se contemplaban mutuamente absortos, se hallaban pálidos por la emoción, y sus corazones latían con la violencia de un artista al contemplar una obra maestra, o de un enamorado. Acorde notas de una marcha funeral rompieron nuevamente el silención, era aquello una apoteosis sublime y en la que parecía que la cenizas tomando forma iban a remontarse, rodeados de una aureola de gloria. Jorge y Alfredo nada oían ya, su imaginación volaba por el dulce mundo de los ensueños y conquistaba para ellos, triunfos semejantes. Cuando salieron una sola idea les dominaba, dedicarse a la literatura, luchar por obtener lauros y aplausos iguales a los que de tal modo los absorbían. Uniéronse, y juntos comenzaron a trabajar. Tres años estuvieron estudiando constantemente, y al fin de ellos principiaron un drama. Todo el día y la mayor parte de la noche la pasaban sobre la mesa de trabajo, y cuando se retiraban a descansar, seguían mentalmente discurriendo par el engrandecimiento de la obra, no vivían sino para ella, hasta sus menores pensamientos le dedicaban. Vivían retirados en el campo, lejos del bullicio mundano, sin que pudiera estar el uno sin el otro, se habían acostumbrado a comunicarse todos sus pensamientos, y se hallaban de tal manera identificados, que les era imposible la vida separados. Cuando hubieron terminado su drama, se trasladaron a la capital. Ahí empezó una nueva serie de luchas; el empresario, el director, los actores, todos ponían un sinnúmero de dificultades; pero ellos siempre adelante, con una firmeza y una constancia sin igual, vencieron. El día del estreno llegó. Desde muy temprano estaban en el teatro, aunque aparentaban mucha tranquilidad, se hallaban muy lejos de tenerla, ya oían grandes aplausos, su nombre proclamado por todos lados, coronas adornando sus frentes, qué se yo cuantas cosas más se forjaban su imaginación, todo lo que un padre pueda desear para su recién nacido, de improviso cambiaba la escena y su pieza era silbada, comunicábanse mutuamente sus temores y en vano pretendían alentarse. La terrible hora sonó, la obertura que antecede al espectáculo les parecía interminable. El telón se alzó y ellos ocultos tras los bastidores veían impacientemente desarrollarse su pieza, los personajes que su imaginación forjara los encontraban ahí reales y sentían un mudo placer, que expresaba ardientes miradas que uno al otro se cruzaban. El primer acto concluyó y una lluvia de aplausos hirió dulcemente sus oídos. Al terminar el segundo, los aplausos aumentaron y fueron llamados a escena. Al presentarse dos jóvenes de diecinueve años, pálidos y turbados por la emoción, el entusiasmo no tuvo límites, ellos no cabían en sí del gozo; cuando todo hubo terminado y se encontraron nuevamente en su casa, era tal su emoción, que se arrojaron uno en brazos del otro: “siempre, siempre seremos hermanos” exclamaron, y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Poco tiempo después sus nombres ya eran populares, las nuevas piezas que asieron en escena tuvieron el mismo éxito, y ellos eran completamente felices, su sueño dorado se había convertido en realidad. Una noche en que confiaban más que nunca en un nuevo éxito, se encontraron con todo lo contrario, la rechifla fue general, y en el tercer acto el teatro se hallaba vacío, ellos pálidos, anonadados, sin comprender lo que pasaba, se contemplaban mutuamente, una mirada de odio se encendió y Alfredo con gran ira dijo a Jorge: “Tú has tenido la

Los periódicos se descargaron por completo sobre los infortunados autores. a menudo les sucedía volverse para comunicar un pensamiento y palidecer. pero al cabo de ellos se entregaba con pasión a su trabajo. su melena en bucles cayendo sobre sus anchos hombros. y su posición pecuniaria no era mala. mientras los demás discutían. y eso era gastar. me instalé en una mesita al lado de su caballete junto a una gran ventana que caía a un hermoso parque. que al caer dio sobre una piedra y quedó muerto. ¡proyectos bellos y sonrientes de la juventud! Era un buen muchacho. . volvíamos casi al amanecer. la has ideado”. él correctamente vestido. Sin que se apercibiese de ello. me ha hecho pasar horas de un encanto sin igual. la existencia les era monótona. cada día más triste y lúgubre. lo amaba con pasión. que como ya había prosperado. el otro lo rechazó bruscamente y se separaron. Semblanzas Artísticas 13 de julio de 1893). tomé la costumbre de irme a trabajar a su taller. y en esos días buscaba cuatro o cinco amigos tan locos como él. se marchó a Roma. cuando volvió era todo un artista. venía loco de gusto a comunicármelo. en las paredes se hallaban toda clase de armas. ¡era su primer amor. Una vez que hubo concluido sus estudios. A José Peón del Valle Le conocí hace muchos años. y se le pronosticaba un brillante porvenir. con su cazadora de peluche negro. con la misma tenacidad. Varias veces al salir de la escuela de Bellas Artes me fue a buscar y hemos departido amistosamente largas horas. Marchóse Margarita (que era el nombre de la joven) a un largo viaje y un malestar inexplicable se apoderó de él. EL ÚLTIMO PINCEL (Diario Del Hogar. tendido a lo largo de un diván. sus últimas palabras dichas con un acento desgarrador: “siempre. Era joven y ardiente. el más tierno. (Diario Del Hogar. Alfredo se lanzó sobre Jorge y de un golpe lo derribó en tierra. cuando algún cuadro suyo era elogiado. rompiendo una vida que para ellos era preciosa y con ella muchos proyectos y ensueños. y apurando sendas tazas de café. su corazón no latía sino por el arte. su corbata papillón. se hallaba lujosamente puesto. siempre seremos hermanos”. pero él no lo creía así. una profunda tristeza se apoderó de ambos. Por entonces. ahí nos comunicábamos nuestros proyectos. no bien asomaba el sol se instalaba frente a su cuadro. después de descansar un momento volvía a él. y como Alfonso *** descansase bajo la losa funeral. Alfredo unos meses después moría víctima de los más crueles remordimientos en la más profunda desesperación. en su casa. desde que vivían separados. cuando la joven volvió. Sin embargo. ENTRE EL ARTE Y EL AMOR. en un salón conoció [a] una bella joven que le simpatizó mucho. hablando de él se exaltaba. Sus visitas las hizo con más frecuencia que antes y unos meses después le declaró su amor. la visitó varias veces. y él todo lo contrario. al principio entregóse al trabajo con exageración. lentamente se fue enamorando. y le profesaba cariño. dejaba de trabajar durante ocho días. Empezaba a fastidiarse del trabajo y a abandonarlo. durante las reuniones nocturnas varias veces nos retiramos a un rincón. y la pipa en los labios. pero el afecto de la amistad. el más grande de los amores! Sus cuadros se vendían bien. Como yo fuese muy perezoso. se reunía conmigo en su taller. antes que la muerte nos arrebatase a Alfonso ***. 6 de julio de 1893). y el furor del uno contra el otro aumentaba. Una noche se encontraron. se dedicaba a la pintura.culpa. y hasta que le faltaban fuerzas para sostener el pincel no lo abandonaba. grandes armaduras decoraban la entrada.

haciéndole pensar inevitablemente en ese -más allá-. con un aspecto grave que me hizo reír..porque he tomado una resolución que no deja de ser grave. Nuestro amigo Gustavo se hallaba contentísimo. . En la tarde permanecía en su taller: muchas noches. de costumbres más puras. y hasta donde se pudiera arrancarle la idea de la joven. cerca de ella corría un río y el bosque nos enviaba sus perfumes. Unos días después lo encontré sumamente abatido. a su mente había vuelto el recuerdo de la joven amada. o una tierna pareja de enamorados. y apareció Margarita. veíamos su ruina y así se lo dijimos. En el taller. en la que me rogaba lo viese a la mañana siguiente. durante la hora del crepúsculo.. suspenden sus cantos. En tanto ella avanzaba con un libro en la mano. las argentinas nubes son envueltas por una negra gasa. y la púrpura del cielo. sin abandonar la pipa. cuando llegué se hallaban ya varios amigos. El estupor se pintó en todos los semblantes. sencillas y patéticas como el canto del ruiseñor. escuchábamos las suaves ondulaciones de la corriente al deslizarse. cuando vuelve del trabajo. Resolvimos que fuera a habitar al campo. Gustavo contemplaba ese espectáculo al que se hallaba habituado. comprendió que iba a caer. pero él nos manifestó que su resolución era inquebrantable. pues era el invierno. se hallaba cerca de otra más grande que por entonces se encontraba deshabitada. y que si se hallaba dispuesto a abandonarlo obtendría su mano. un pequeño caballete de armarse. en el que nuevamente me había instalado. con los utensilios de labranza en la mano. en ese infinito que tras la copa de vapores se oculta. y parece que arrebatados contemplan el grandioso espectáculo del astro rey que cae de su trono para al día siguiente elevarse con la misma imponente majestad. brota el ángelus.Nos comunicaba a sus amigos todas sus determinaciones como las hubiese comunicado a miembros de su familia. he resuelto casarme. cuando levantó su vista. para estar con él. diariamente trabajaba seis horas y parecía que había olvidado su amor. y por lo pronto renunció a ella. Gustavo dejó de pintar y la miraba acercarse lentamente. infórmeme acerca de su unión. Una noche recibí una tarjeta. y atracando cerca del bosque pintaba alegremente. la melancolía se apodera de él. y le había contestado que el arte no daba para las necesidades de su hija. se hallaba triste. como se mira el peligro que se acerca. el sol va descendiendo lentamente. La puerta de la casa que se hallaba al lado de la suya se abrió. los pájaros que alegres saltan de rama en rama. se había dirigido al padre de Margarita. le escogimos una pequeña casita que parecía hecha expresamente para un artista. sin apercibirse de él. la miraba temblando. se reconcentra en el pensamiento de la divinidad. en las mañanas se embarcaba en una pequeña lancha que había comprado. trabajaba. el campesino. su rojiza claridad se apagaba por instantes y a lo lejos los luceros asomaban: la noche se acercaba y ya cubría la tierra con su manto. sin embargo. Así pasamos todo el invierno el verano se llegó. era el mes de mayo. lo veía tendido en el diván. salíamos y tendidos sobre el césped. los de mayor intimidad. Después que tomamos asiento. cuando la luna nos enviaba sus pálidos rayos. comenzó a hablar: -Os he reunido -nos dijo. y brotan de su pecho estrofas viriles y místicas. llevaba su obra. y soñaba en la dicha del hogar. que no iba a resistir y que el amor triunfaría del arte. Cuando al caer la tarde. con más melancolía que de costumbre. ante ese sublime espectáculo. pero poco. Naturalmente su orgullo artístico se sublevó ante esto. Gustavo pintaba una tarde alegremente en la campiña. Habitaban ahí durante el verano y en esa mañana había llegado. sobre la conciencia del hombre se desparraman pálidos tintes. y los cánticos de los pajarillos. Unos pasos le faltaban para chocar con el cuadro. su mirada se encontró con la del que amaba. El sol enviaba sus últimos rayos.

el arte al que amaba con una pasión loca. el arte al que le dedicaba su vida entera. el destino inevitable. en un pequeño pabellón del cual partían las celestes armonías que de tal modo hechizaban a los habitantes del bello y poético pueblecillo ***. el ambiente fresco y perfumado de la noche nos rodeaba. cuando ante su vista aparece una obra de arte.el destino. el gemir de una tierna virgen. el joven compositor. padecía la nostalgia del arte y se lamentaba tristemente. en la casita tomada para huir del amor.Gustavo no pudo contenerse ante la mirada suplicante de la joven que veía tristemente la pintura. mi corazón latió con gran violencia. Una vez en su vida había amado a una mujer. la luna nos enviaba su palidez. cuán amargas eran las melodías de Luis ***.10 a su . permanece ante ella. una sonrisa nunca pudieron obtenerla. ¿Quién la producía? El arte. de una mirada dulce. habitaba constantemente en el campo. a cada momento escuchábamos el chasquido que en el agua producían los cisnes. Una vez llegué a decirle: -Tú los has querido. a la edad en que el Dante se enamoró de Beatriz. pero jamás lograron arrancarle una mirada. -Soy tuyo. siendo muy niño. El día de la escena antes descrita un negocio me había llamado a la Capital y tuve que permanecer varios días. una cruel angustia. Cuando vi a mi amigo se había casado. y los árboles eran dulcemente mecidos por el viento. realmente el que de tal manera interpretaba el dolor debía sufrir profundamente. expresaba aquella sublime música el lamento de un ángel. parecía sufrir mucho y así era. Nos hallábamos en el parque de Luis. y muerto para siempre. no -replicó amargamente. y desde entonces. y al separarse involuntariamente un suspiro se escapa de su pecho. no hablaba con nadie. No. exclamó. sentía un gran peso sobre mi pecho. sus embriagadores perfumes. De tarde en tarde veíamos a Gustavo. la escena era lo más propio para conmover. y momentos después las lágrimas corrían por mis mejillas. las flores nos comunicaban sus suaves. fascinadora e irresistible. la vida no existe en su corazón. cuando me presenté en su casa todo rastro de pintura había desaparecido y nosotros los seguimos. Luis era un bello mozo. para gemir. es la ofrenda. la contempla tristemente largo rato. nada más que tuyo-. sin embargo no era feliz. tenía todo el cariño de su esposa. a lo lejos. de una palidez marmórea. es la lágrima derramada por ese dulce pasado. EL IDEAL (El Diario del Hogar. su amargura aumentaba diariamente. la enterró con el arte que yace muerto. Semblanzas Artísticas. llena de encanto y seducción. ¿Y hoy? Sólo vive de recuerdos. brillaba la luz. en la que Byron forjó su pasión por María Duff. ¡Era ella quien le arrebataba el ser amado! Él lo comprendió. encerraban en sí todo un mundo de tristezas y desventuras! Una vez lo he oído y creo jamás lo olvidaré. *** Poco después tuvo un hijo. trabajaba no sé que especulación financiera y poseía riquezas. los ruiseñores cantaban a nuestro lado. tenía suspensos los ánimos de cuantos ahí nos encontrábamos no existíamos en ese momento sino para escuchar. tierno y arrullador y en el que su vida se deslizaba tranquila y apacible. 3 de Agosto de 1893) ¡Cuán tristes. todo este encanto de la naturaleza mezclado con la profunda melancolía que el instrumento esparcía. sentí una gran conmoción. no bien las primeras notas vibraron. de cuando en cuando se escuchaban sollozos mezclados con notas. de una sonrisa profundamente amarga. que era su único sueño. al interior de su hermosa quinta ninguno había penetrado. situado en los alrededores de la Capital. se hallaban enamoradas. Por demás. Las muchachas del pueblo desde que él se instaló ahí.

se retiraba a su gabinete y lloraba mucho. este silencio atraía involuntariamente. para Haydn. EDUARDO (El Diario del Hogar. o más bien. los sollozos más profundos. eran más amargas. el ideal destruyó al artista. las antigüedades también abundaban y había una colección de grabados costosísima. y que Edmundo Goncourt los pagaba magnánimamente. La habitación era de un estilo completamente moderno. esta colección únicamente la tenía Eduardo por imitación. que la sublime inspiración se dejó oír. su admiración para los genios. producir una gran obra. su amor fue para él sublime arte musical. el silencio. sus partituras en las que expresaba todo lo cruel de su existencia en una forma tan bella. su brillante techo de pizarra. la tristeza que entonces se apoderaba de él era inconcebible. le daban un aspecto singular. momentos después se sorprendían al escuchar el concierto más bello y a la vez más triste que hasta entonces habían oído. un profundo dolor. Luis se había puesto a tocar un melodía de Beethoven. Él era compositor músico. Semblanzas Artísticas 10 de Agosto de 1893) Era deliciosa esa mansión. Lentamente iba desfalleciendo y su encanto por el arte minoraba al ver que no podía producir como había soñado. para Chopin. y su idea dominante le hizo gemir. su vida no podía ser más amarga. por el gorjeo de los pajarillos. y no quiso ser menos. perseguido por la fatal idea de sobreponer su nombre al de los primeros genios. con nombre. así el genio. Tenía elementos con los cuales podía ser feliz. amado de todas las mujeres. o el chisporroteo que con sus blancas alas producían los cisnes al mecerse blanda y majestuosamente en el lago. El interior era un verdadero museo. en el césped. pues era conocido. sabía que formaban la delicia de Sardou. hiriendo la vista. por vanidad.pasión se interpuso el cruel destino. con las pinturas y esculturas no sucedía lo mismo. antes de morir tendió su vuelo hacia la gloria. para Bellini. un bienestar inexplicable. desde ese día. verdaderamente producía una amargura sin límites. fue como una ave herida que antes de caer describe una parábola. que popularizara su nombre por completo. toda la humanidad. lloró en vano su amor y juró amar únicamente al arte. resplandecía con el sol. poseía una galería artística en la que había lienzos cuyas firmas arrancaban miradas de envidia a más de un rico amateur. De día en día su tristeza aumentaba. que sobrepusiera a todos los músicos. . para Beethoven que era a quien prefería. Esa noche fue la última que el patético lamento. Escribió mucho y mientras más producía. sus grandes ventanas cubiertas de enredaderas que las cubrían hasta la mitad. fue un supremo esfuerzo que le causó la muerte intelectual. y el desprendimiento que usaba para adquirir esas obras fue lo que lo condujo a la ruina. en esa especie de tumba donde yacía el arte muerto. reinaba en ella una tranquilidad. tenía gran talento sólo que descuidaba mucho su arte. lo encontraba más malo. expresó su dolor en la partitura. y sin embargo. pues tenía verdadera pasión. y fue tan grande. y era bien triste ver a ese genio tendido constantemente. sin que quedara de su antiguo talento el más leve rastro. únicamente interrumpido por los árboles que el viento mecía. se paseaba con rapidez por la habitación y las más negras ideas tomaban forma en su imaginación. no bien tomaba una partitura de otro autor encontraba la suya detestable. tan intenso que la razón abandonó para siempre su cerebro.11 una idea se apoderó de su cerebro. Desde entonces un silencio funeral reinó en esa mansión. fue un destello del genio que próximo a morir esparció sus últimos arranques que fueron magistrales. Una noche los vecinos escucharon los más desgarradores lamentos. las mujeres murieron para él. su culto. con riquezas. En medio de las anchas calzadas del jardín tropezaba uno a cada momento con hermosas esculturas o artísticos jarrones descansando sobre pedestales de gran valor.

a consecuencia de esto tenía que hacer un nuevo trabajo. trabajaba con lentitud. era rico y no se preocupaba por el dinero. disponiéndose a trabajar. su orgullo artístico. cuántos de esos seres que se llaman artistas. todas sus antiguas dotes habían muerto. excusado es decir que la silba no pudo ser más ruidosa. pues había seguido el precepto del inolvidable Aramís. no se podía dedicar puesto que necesitaba dinero. su humor alegre había desaparecido por completo. o más bien. era otro hombre. pero nunca empezaba. y mazurcas. fustigado por el hambre es cuando ha muerto el artista. recogía una escasa retribución que al momento gastaba. y por lo tanto mucho tiempo. y trabajando en la música muy rara vez. -La necesidad. él esperaba el éxito en un café cercano al teatro. Una mañana se trasladó a su casa de campo. producía cuando me hallaba inspirado.nos decía. Al poco tiempo. se presentó en público. Cada tres días presentaba a una casa editorial un nuevo trabajo. en efecto. para recoger algo en las adversas-. entonces le metieron a la cárcel y a los cuatro días presentó toda la obra. Se había encerrado con la intención de concluir su obra y le fue imposible. no tenía gusto. únicamente por salir del paso. mientras tuve dinero y por lo tanto no me hallaba constantemente acosado por la necesidad. que requieren mucho reposo y meditación. muy al contrario. por ganar algo. aunque fuese en menor escala. piezas de un valor artístico nulo. sin hacer el menor caso de Eduardo que no podía impedirlo. a la puerta de su casa siendo propietario únicamente de su ropa y unas monedas en el bolsillo. dedicóse a trabajos pequeños. durante muchos meses no se le veía. esto es: -sembrar mucho en las épocas de prosperidad. se consoló de la pérdida de sus pinturas. que hacía sin pensar. Se halló. tenía el proyecto de hacer una gran obra. Al cabo de tres años se hallaba completamente arruinado. y se dedicó nuevamente a gastar viajando. con conciencia. no era otra cosa que un mal fabricante de música. se llegó un día en que sus acreedores se trasladaron tranquilamente a su casa de campo acompañados de unos agentes de la justicia y comenzaron a descolgar cuadros. había comenzado su ópera de la que hizo la obertura y salió una obra maestra. Su alegría y buen humor no acababa por esto. se conformó con eso. y con las cuales en lugar de progresar retrocedía puesto que le embotaban el gusto. al cabo de ellos. Eduardo se dirigió a él irónicamente y pugnando por contener la risa. pálido. cuando vio salir al autor del libreto pálido y mirándolo con cólera. de la que antes era tan delicado. yo que me decía todo un artista y que no trabajaba por temor de ultrajar al arte-. y tuvo que entregarla por completo a sus numerosos acreedores. Le dieron el encargo de hacer música para una zarzuela. pues. le parecía muy graciosa su posición y se divertía de ella. comenzó a echarse deudas viviendo a lo grande. sin preocuparse en lo más mínimo de su reputación artística. y no trabajó en mucho tiempo.por entregarse a su manía de coleccionador. terminando su ópera. se llegó el día de la entrega y no tenía hecho nada. dejándolo siempre para más tarde. desde que he tenido que hacerlo diario. Por entonces heredó una modesta renta y cuando supo que decían que no era artista. Encerróse por completo. careciendo por completo de sentimiento.es lo que ha operado este cambio en mí. Sin embargo. se refugió en la casa de uno de ellos. Sólo que a esas obras concienzudas. ¡Es verdad. no podía hacer nada grande. única que le quedaba.en fabricante de vals. se propuso probar lo contrario. continuamente triste y abatido. Como tenía muchos amigos. entonces pensó en el arte. sólo que como ya no poseía sino unas fincas y sus objetos de arte que se hallaban muy lejos de carecer valor. cuántos talentos mueren embotados por la terrible e imperiosa necesidad. pues no podía prescindir de sus antiguos hábitos. -héteme aquí convertido –decía. pagándole bastante bien y adelantado. estaba transformado. que debían habitar un mundo . así es que no trabajaba. el artista había muerto.

mueren careciendo de su sentimiento artístico! La mayor parte de las veces subsiste el hombre ¡ay!. se dedicó a satisfacer sus caprichos. por aquello para lo que ha vivido. la savia de su vida. al salir del taller. les ofreció trabajo en su taller. y sus brazos blancos y bien torneados se estiraban perezosamente. dejaban caer el cabello sobre los hombros. Estas niñas eran hijas de un empleado cuyo suelo era bien crecido. La muerte esa visitante lúgubre con la que jamás se cuenta y que siempre se halla a la puerta de todas las moradas. era el medio de sustraerse a la clase que la Señorita debía dar. se presentó al fin. su antigua modista. todo fue desapareciendo. quedaron azoradas. el que bastó únicamente para los funerales y para que las jóvenes pudieran seguir su vida de lujo tres semanas. un gomoso se acercó a ellas. del trono del arte. diariamente había a su mesa un buen número de amigos. siendo aquello para ellas una cosa inexplicable. elegantes . abandonaron ambas al honrado taller. muy triste. como sucede cuando acaba de pasar una catástrofe que jamás se espera. y no teniendo otro recurso lo aceptaron. cuidaban con esmero de oprimirse la cintura. compadecida de ellas. Una ocasión. los muebles. ninguno se dio cuenta de lo sucedido. pero desgraciadamente el artista muere. ¡oh! y es triste. cuando salían y contemplaban sus bellos trajes ya deshilachados. pronunció unas palabras al oído de Julia. cuidaban de que la hechura de sus botas fuese elegante. Al pronto. y muere de una manera terrible. comían y cenaban allí. pues la forma del pie era de lo que más las preocupaba. desaparecieron y una mañana se encontraron las dos niñas con la triste realidad de que el dinero hubiese tocado a su fin.poblado únicamente por perfumes y flores. Eran bien desgraciadas teniendo que trabajar. quien vaciló un instante y se fue con él. que con el loable pretexto de consolar. por objetos bellos y sublimes. LAS DOS HERMANAS (El Partido Liberal. se entretenían más de una hora frente a los grandes espejos biselados que adornaban su habitación. se encontró con otro individuo. de que su pecho sobresaliera arrogante. los amigos recogieron el poco dinero que en su mesa dejaba el difunto. descender de ese trono. a pesar de no tener sino trece años la una. dejaban descubierto su blanco cuello. y desembarazaban sus rubias cabelleras de los numerosos pequeños aparatos que empleaban para obtener que permaneciesen rizadas. Nunca tuvieron un día tan terrible como aquel en que se encontraron únicamente con los ricos vestidos que tenían puestos. trajes. subsiste como un rey destronado. y todo el dinero que su trabajo le producía lo empleaba en ello. que cocer todo el día. y doce su hermana. Luisa la siguió. que no eran pocos. las lágrimas rodaban por sus mejillas. estupefactas. los encajes. Habiendo perdido a su esposa cuando sus hijas eran muy pequeñas. Los argénteos botes de perfumes. concluido el corto haber. deteniendo con su yerta mano las palpitaciones del corazón. y pasando por muchas aventuras han vuelto a tener galanos. en medio de los ropajes y el desorden de aquella casa arrebatando al jefe. que no debían estar sometidos a la realidad de esta monótona existencia. abandonado por aquello que ha sido su ensueño. en seguida. y pasó con aquellas niñas que nunca se habían tomado el trabajo de pensar en lo frágil de la existencia. devorado por el Monte de Piedad. cuando veían las botitas de rica piel zurcidas. Cuentos del Domingo 3 de Septiembre de 1893) El primer pensamiento de las dos niñas cuando al levantarse arrojaban las sábanas lejos de sí. un absurdo.

se aproxima. hasta que cansados sus amigos la dejaron caer vacía. el mentir. cuando los pocos amigos que tenía trataban de disuadirlo de su próxima unión. diciendo con fingido acento de dolor:. y se casó en efecto. después ella. la intemperie. ellas. para vivir necesitaba vagar. vistiendo un traje que cuando menos le ha servido a tres personas antes de llegar a su poder. tuvo que trabajar doble que lechar. mirada vaga y sonrisa siniestra. cambiaba al instante de idea y no veía más que la sonrisa de su amada. pero desde la muerte de su padre. cuyo indefinible rostro es el mismo desde hace veinticinco años. con la cara oculta en un bosque de barba hisurta y desaseada. con largos cabellos de indefinible color. las noches pasadas a la intemperie. uno de esos innumerables tipos. del que debía encargarse el marido. Y ese hombre. Las economías de ella y los donativos de los amigos suministraron lo suficiente para la boda. llegando a su casa fatigado. Cuando su imaginación comenzaba a presentarle el problema de su existencia. acostumbrados a no luchas cuando se encuentran en un borrascoso mar. cuando alguno les recuerda el nombre de su padre y reprocha la vida en que se han lanzado. Él era uno de tantos desarrapados. procurando nuevas víctimas. hasta estar sentado le era imposible. que los envuelve. pero a la muerte del autor de sus días. pues. Su primer movimiento. Volvieron las horas sombrías. nada he conseguido. acostumbrado a su constante movilidad de vagabundo. inventan. la piedad y el compañerismo pusieron en ella unas monedas. tenía tal fe en el amor. el instintivo fue alargar la mano. sin dejar por esto sus correrías. envejecidos a esa edad. inaugurando su perdición. y lucen sus pequeños pies. haciéndolo estudiar medicina. el sol. Su padre había tenido algunos recursos y lo educó. de continuo. ni en el sombrío porvenir. generalmente llenos de vicios los encontráis en los umbrales de las casas implorando el socorro de aquellos a quienes conocieron en épocas remotas. quedó en medio de la escabrosa senda. que llega en el mayor desorden al pecho. que ostentan con orgullo. y los arrastra. Gozó él de unos días de indolencia. Cuentos del Domingo 10 de Septiembre de 1893) Nos amamos era su única contestación. con el cigarrillo constantemente en los labios recorren las calles a toda hora del día y de la noche. y llevaban la barba menos descuidada. para poder arrancar una peseta a los incautos. ni extender siquiera el brazo para tratar de contener la ola de la miseria que avanza. toda raída y hecha jirones. ESBOZO DEL NATURAL (El Partido Liberal. Luis se llamaba el individuo en quien me ocupo. aunque se propia apatía también ha contribuido a recopilarlas en la terrible vida que llevan. Nuestro hombre era. contestan brevemente: Él tuvo la culpa que así nos educó. uno de esos vagos vagabundos con quienes la suerte ha sido bien ingrata. fingen enfermedades y defunciones. Decrépitos.“Cuánto he trabajado y nada. que permanecer las noches enteras cosiendo. sin que en sus rostros se note la más mínima alteración. que no se fijaba en las terribles luchas de la vida. y su argumento era tan poderoso para él. ni el doloroso presente. Le dieron un empleo. la infeliz. y que generalmente es una levita cruzada. Su madre le dio una pequeña cantidad. al lado de la vacilante luz de una vela de sebo para poder proporcionar el alimento. con la que abrió un estanquillo. pretendía casarse. después de haber satisfecho sus vicios. los días pasados a la zaga de antiguos compañeros. pues se acostumbró a tender solícito la mano. y al día siguiente. su rostro y su ternura. Una humilde costurerilla unió su suerte a la de él. el tiempo pasa sobre ellos sin dejar ninguna huella. su constante husmear. cuando poseían una regular levita. sin saber adónde dirigirse. vuelven con la misma historia. Pero imposible que permaneciera ahí. en situación semejante.botas.” . Entonces comenzaron sus apuros y sus correrías. su vida errante los pone en un estado lamentable. limpiándose el sudor. en el dintel de una puerta o sobre la fría banca de un paseo público. había cobrado tal horror por el trabajo. que pasaba las horas dando vueltas por la oficina.

Hubo una ocasión en que se trató de dar a Enrique como premio a su trabajo y mérito.La infeliz mujer era la que sufría. quemados por el sol. su odio por este era increíble. fría. veía con desprecio a ese moscón que zumbaba a su lado sin poderlo herir. vaticinando a su autor un éxito completo. calumnió. que con sus miradas de reptil hubiera querido tragarlo. y con el estoque en la mano. tiritando de frío. devorando a los incautos. y con ellos los trabajos. Cuentos del Domingo 24 de Septiembre de 1893) No se podía negar que Rafael tenía cualidades.. el nocturno guardián los levanta. iluminaban de cuando en cuando los vacilantes resplandores de la vela. al momento la envidia lo atormentaba. y a pesar de todo. cuantos rastreros medios le inspiraba su pobre mente. clavó sus moribundos ojos en el cielo. Cuando a su vista apareció el precioso grupo . se dejan caer donde el sueño se apodera de sus cansados miembros. y cuando la noche los sorprende. mientras su marido vagaba. y no lo encontró. entregado a su trabajo. era únicamente por ellos. refugiándose en la muerte. Luego los hijos aumentaban. era ella víctima del excesivo trabajo. lo encontró negro. Lo buscó con los ojos. lo hizo penetrar en su estudio demostrándole no temer sus venganzas. vegetan errantes como aves carnívoras. ella dejó de existir. Rafael permanecía oculto y todos comprendieron que meditada algún proyecto. sus ilusiones muertas al día siguiente de éste. que nunca pudo ejecutar. se ocultaba para que sus hijos no la viesen llorar. su desahogo antes del matrimonio. LA VENGANZA (El Partido Liberal. que conserva su sonrisa de resignación. y cuando alguno de ellos alcanzaba un triunfo. encontró el pálido rostro de un cadáver iluminado por el fatídico resplandor de una pobre bujía que las caritativas manos de una vecina habían encendido. era necesario que presentase un trabajo. Después. tantos ponía en ejecución. y los cerró. era tal su egoísmo que jamás prestaba ayuda. cuyos rostros ya marchitos. era demasiado pequeño. en su boca constantemente se hallaba la falsa sonrisa. la tisis se desarrollaba. después la misma vida: sus correrías cotidianas acompañado de sus cinco hijos. Ya la tos repercutía en su pecho como en lo profundo de una cueva. Enrique. en el perpetuo sueño.. una cátedra. y éstos podían pisotearlo: sin embargo. en los más humillantes. . inventó falsedades. al hallarse a su lado los adulaba. helados por la noche. examinó el estudio y pudo ver una ventana que se hallaba en el techo y que daba a la azotea del edificio. cuando hizo este descubrimiento. Para que le dieran la clase. y si veía con terror acercarse la muerte. muy negro. de sus labios jamás salió una queja. sin reparar en los más bajos. que su talento artístico era elevado. meditando ruines venganzas. abrazó a sus hijos. a todos sus compañeros los criticaba a pesar de que. lo pude ver oculto. una vez que Enrique entraba a un pasillo que conducía a su estudio. en el eterno olvido. Los años transcurrieron sin que jamás pudiera perjudicar en lo más mínimo a sus compañeros. Enrique jamás hizo caso de sus ruines venganzas. el menor descuido de su presa. recordó todo su pasado. Gimió. este desprecio exasperaba aún más a Rafael. recorrió con la vista la habitación húmeda. en una palabra. se llamó asesino. Entre sus compañeros había uno de gran talento. contempló a sus pequeños hijos acurrucados en un rincón. que todos los que tuvieron ocasión de ver encontraron perfecto. para poderle desgarrar con sus uñas. elegido un grupo escultórico. él esperaba como el gato en acecho. para caer sobre ella. lo compadecían y se contentaban con despreciarlo. dan unos pasos y vuelven a caer. espiando por una rendija. sonrió maliciosamente y se apresuró a salir. como todo un cobarde. Cuando él llegó. al lado de sus bustos. inmediatamente la envidia surgió. una mirada de odio brilló en sus ojos. pero ninguno de sus compañeros le podía ver. y es su vida caer y levantarse. e involuntariamente brotó una lágrima. constantemente en su estudio. permanecía largas horas en el fondo de su estudio. esto lo hacía más repugnante. Ésta no se hizo aguardar: un día. Sus lágrimas reunidas cayeron unidas y ardientes sobre la difunta.

cuando contempló la pesada piedra levantó sus llorosos ojos al cielo y sin fuerzas cayó desplomado. procuró erguirse pero le fue imposible. y cuando vio el grupo concluido. el padre de éstos al más desinteresado de los hermanos. su robusto brazo contribuía en gran parte a proporcionar el alimento cotidiano. . si los clava en el suelo. él perdía su obra. encorvado. rompiendo la espina. le dejó para siempre inclinado como perpetuo signo de ignominia.y después olvidando las circunstancias y el lugar. ante su yerto cadáver. vedlo avanzar miserable. 1° de Octubre de 1893) El tío era el que sostenía a la familia. Cuentos del Domingo. los sobrinos perdieron al más cariñoso de los tíos. apareció Rafael. tranquilo y confiado. en una estancia invadida por el frío que la muere trae consigo. sus amigos le veían con verdadera pena. y si alguno de sus antiguos compañeros le percibe. todo lleno de pavor. el muchacho salió del pueblo cabalgando sobre una mula. sembró en ésta el terror y la desolación. pues. la mirada que todos le enviaron le acabó de convencer del profundo desprecio que a todos esos bellos corazones inspiraba. Su entierro fue suntuoso. fue a reunirse con las tropas del Empecinado. a su lado se hallaba cuando viendo irremisiblemente perdida su existencia. en vísperas de ser presentado. se fue entusiasmando al narrar a su hijo la historia de sus antepasados. Ahora. encanecido por el remordimiento. cuando la muerte sentó sus reales en su hogar. la rompió en mil pedazos. encontró conveniente poner en ejecución su cobarde proyecto. todo se le antojaba peligros. SIN TÍTULO (I) (El Partido Liberal. encorvado. Cuando al día siguiente. una vez ahí. al levantarse sintió en el pulmón un terrible peso. cuyas llamas que eran mecidas de vez en cuando por el helado viento que penetraba. Enrique. con el corazón roído por los más crueles remordimientos sin poder alzar jamás la cabeza. Entre tanto. él se hallaba como un padre a la muerte del hijo más querido. abrió la ventana y dejó caer la piedra que al dar de lleno sobre la escultura. Desde ese día una mortal tristeza se apoderó de él. al voltear una esquina. el peso de la piedra. se aparta como si pasase al lado de un animal venenoso. en sus oídos resonaban aún entusiastas gritos y a cada momento entonaba el célebre estribillo: La Virgen del Pilar dice: que no quiere ser francesa. arrancándolo del seno de la familia de su hermano. si alza los ojos al cielo lo ve idéntico al de la noche de su asesinato. Amparado por las sombras de la noche se dirigió a la azotea llevando a cuestas una pesada piedra. se echó a rodar por un despeñadero. el vago resplandor de cuatro cirios. Su abuelo había valerosamente defendido el parque y salvado con mil dificultades de la matanza del 2 de mayo. El entusiasmo hizo que ese rudo campesino no hiciese casi una epopeya del pueblo español. así. En su mula se figuraba formar parte de un valeroso escuadrón. todos los artistas seguían su féretro. llamó el padre a Juan. durante la invasión de las formidables huestes del águila que había de morir en la roca de Santa Elena. ve los rotos fragmentos del grupo.Estuvo durante algún tiempo al acecho.le dijo. temblando como el vil asesino al cometer su delito. Al penetrar. su alma más querida. el más terrible y doloroso grito se escapó de su pecho. condujo a su estudio a la comisión nombrada para juzgar su obra. esa profunda tristeza no tardó en causarle la muerte. Ahí mismo. y a semejanza del andante caballero de la Mancha. el mayor de sus hijos:. uno a uno los pedazos de su grupo.Irás a las Américas.

hallándose rico. enriquecido. y lleno de confianza en el porvenir. se alejo del muelle. ¡Que viaje tan distinto al primero! Ahora tenía un lujosos camarote. y realmente oprimía la gruesa cadena de ojo. se marchaba traspasando la tienda. Establecería una gran tienda y. que gustoso le dio trabajo. Desde es día su mente no se ocupaba de otra cosa que hacer proyectos. ya rico. estaba. como los del propietario del vecino empeño. Cuando reclinado en la barandilla de cubierta vio alejarse las costas de España. y hubo que dejarlo para tres años después. y en la noche. ese perpetuo encierro le era insoportable.. entonces tirándose en la hamaca. Ahora no pensaba en matar franceses. y. y a permanecer durante las noches que la Luna iluminaba con sus melancólicos rayos. lo que es más. escuchando el murmullo del arroyo al deslizarse por entre las guijas. dentro de sus lujosos estuches. durante mucho tiempo tuvo ese cargo. como vulgarmente dicen. Pertenecía a una familia de honrados labradores. se encontraba rico. y el propietario convencido de su honradez. en sus dedos brillaban las sortijas de diamantes que cuando dependiente soñara. eran objeto de su codicia. y. a ver tendido en el césped. Hecho balance fue llamado por el patrón:. y después nuevamente las lágrimas volvían a sus ojos. a menudo sus ojos se inundaban de lágrimas. y traer a sus hermanos para colocarlos. llegando a poseer tres casas de préstamo. no pensaba sino en volver a su querido pueblo. En dos años dobló su capital. satisfecho de la vida. . Al salir del barco. Los primeros días permaneció muy triste. durante el crepúsculo matinal. siendo propietario de quinientos cuarenta pesos.le dijo. en fin. metalizado. era aquella en que la música del vecino cuartel alegraba a los vecinos tocando arrebatadoras danzas. tendido. y despidiéndose de él. le cedió la negociación. permaneció en ella hasta su llegada a Veracruz. su entusiasmo terminó. el propietario. En el empeño llegó a ser el primer dependiente. volvió a entregarlo al patrón. Se le ocurrió más tarde hacer un viaje a su pueblo.De sus bélicos ensueños sacólo su llegada al puerto en que debía desembarcarse en calidad de emigrante para México. pasaba las horas reclinado en el mostrador: acostumbrando a sus correrías campestres. y otras piezas por el estilo que le recordaban su pueblo andaluz con su proverbial alegría. Soñó tener anillos de diamantes. Al año siguiente. la muerte de su tío obligaba a su padre a separarse de él. Él había creído que llegando ganaría mucho dinero. las lágrimas inundaron sus mejillas. contempló nuevamente el lejano horizonte y no encontrando sus queridas costas. pero al ver pasar los mese enteros sin recibir más de una peseta de tarde. Ya no pensaba en su patria. la única hora que para él no le era pesada. el sueldo mensual había sido el doble. Cuando hubo llegado a la capital. sino en nuevas especulaciones. aunque es cierto que sus ambiciones crecieron en mayor proporción: las piedras preciosas que en el escaparate veía. aparecer radiante el Sol y saludar con sus primeros rayos la dorada mies. se presentó al dueño de una tienda de barrio.Has ganado. nadaría en la opulencia. y como hemos dicho antes. con el objeto de llevar recursos a su padre.quince pesos mensuales y posees ciento ochenta. y así fue tirando hasta llegar al fin del año. con los cuales creía poder comprar el mundo. esa nueva vida. sus deseos más pequeños estaban colmados. Comenzaba a hablar de volver a su patria. y cuando éstas eran sólo un pequeño punto en el horizonte. su desaliento creció. que Juan hizo prosperar más y más. aseguraría su reloj con una gruesa cadena de oro. pero sus negocios no se lo permitieron. iría a su patria. el muchacho no quiso permanecer al servicio del nuevo patrón y se fue al vecino empeño. pidió su dinero para parparlo. clavó sus lloros ojos en el rojo pabellón español que majestuoso ondeaba en el mástil. Poco faltó para que el suelo se le hundiera al muchacho. lo que lo alentaba para el trabajo. temiendo perderlo.

puesto que para él. Entre todos esos valientes que dormían tranquilos con la satisfacción de haber cumplido con su deber. volvió a derramar lágrimas tan amargamente como las que vertió cuando su partida. y él era quien villanamente los entregaba. había sepultado una bala en el pulmón de su jefe. y los soldados. Cuentos del Domingo 8 de Octubre de 1893) Las últimas fogatas se habían apagado. que era extraño en su país. abrumados de cansancio por la reñida escaramuza de la tarde dormían rodeados de tinieblas. cuando guardaba el ganado del tío. reinaba ahí la soledad. la indiferencia más completa. entonces. había vendido al enemigo los proyectos que. Durante la escaramuza. y se volvió a México. sobre su negra conciencia tenía que pesar. . EL TRAIDOR (El Partido Liberal. ninguno supo darle razón. era muy entrada la noche. De los pocos habitantes que quedaban despiertos. también es verdad que casi todos habían muerto. y por detrás. todo lo que amaba había desaparecido. iban ahí mismo a morir. y si la patria perdía sus mejores hijos. se informó por su familia. Se encontraba a sí mismo monstruosos. traidoramente. Sus bravos compañeros. y un extraño salió a abrirle. Toda esa sangre. las tiendas se hallaban tendidas. el silencio era únicamente interrumpido por el monótono ¡alerta! de los centinelas. al Juanillo de otros años. los que tranquilos habiendo llenado su deber dormían. había villanamente sorprendido. oculto tras los pliegues de la tienda del general. llamó. en medio de la profunda oscuridad de la noche. había uno al que los remordimientos acosaban terriblemente. estaba olvidado. Se llegó a la puerta de su casa. ninguno reconoció en ese opulento señor. sus nervios se crispaban y la palabra traidor resonaba constantemente en sus oídos. era él quien lo ocasionaba. luchando por la patria. o el aterrador graznido de las aves carnívoras. las balas enemigas no habían podido hacer daño a esas bellas almas.Cuando llegó a su pueblo.

vienen a caer. y a él se dirigió. en el que se retrataba lo negro de su alma. temblando. con un aspecto verdaderamente diabólico. y al ocultar bajo ellas su pálido semblante. temblando. la palabra traidor resonaba siniestra en sus oídos. el campo en el que dormía tanto valiente. levantó sus ojos al cielo y lo encontró rojo. avanzó. Por fin. contempló un momento su obra. . el abultado seno palpitante. El eco únicamente contestó. debía repodar. vedlas arrastrar en su furia los yertos cadáveres. de perlas. pasa huye.Se retorcía en su lecho. un vil traidor. huyeron lanzando aterradores graznidos que parecían decir ¡Traidor! ¡Traidor! ¡Traidor! DELIRIUM A Manuel Gutiérrez Nájera / Tributo de admiración. pasa. que aletargada. el traidor había encanecido. hace a mi mente despertar del letargo en que yace. la dorada cabellera suelta provoca al placer. incitas al vicio. ha despertado mi imaginación adormecida. lo veía rojo. en mi cerebro comiénzanse a mover las ideas. la sangre teñía el verde campo del mismo color. vio el precipicio rojo. el que conduce a la muerte. y fuera de sí. evocados por mí comienzan a pasar Ved allí en primer término. era demasiado tarde. sus ojos casi se le salían de sus órbitas. El enemigo silenciosamente se había acercado. huyendo hasta de la misma sombra. luchan. los centinelas sorprendidos El Sol apareció rojo. el ardiente serrallo. con paso rápido. Cerca de ahí. después de luchar largo rato. Ved allí las rugientes olas elevarse. sacó la pistola y… se detuvo. al abrir los ojos y clavarlos en el cielo. varios tiros. mientras su dueña. convertidas en perlas. se arrancan las plumas y sus gotas de sangre. advertir a sus compañeros la traición. Las dos aves que lo seguían se acercaron. rojo el campo. pero al ver su semblante lívido. ved a las blancas gaviotas defender a las diosas de las negras carnívoras aves que pretenden arrojarse sobre las ninfas a las que desgraciados amores han dado muerte. ¡Diosa voluptuosa. pero la voz se ahogaba en su garganta. que mis ojos no tropiecen más contigo voluptuosa diosa. la bella sultana resalta con su marmórea desnudez sobre el rojo tinte que predomina en la habitación. convertidas en el espacio en dolorosas lágrimas. desencajado. el compañero del poeta. la sultana tendida en persa diván. pasa! + El opalino líquido. sobre los yertos y pálidos cadáveres. no era donde él. que traído de Oriente ondea lento en afiligranada y pequeña taza. las fantásticas querellas y embriagadores ensueños que dormían. la cintura oprimida por cintas de diamantes. quería gritar. era indigno de ello. a su lado la gacela favorita adormecida por el humo del opio cabecea perezosa. de turquesas y rubíes. donde la trompeta de la gloria hacía vibrar sus acentos. vacilaba y cuando se atrevían todo temblando. rojas sus manos. dos aves siniestras lo seguían. disparó. (El Partido Liberal. y el graznido de dos aves negras que lentamente se acercaban se le antojó a él que decían ¡tarde! ¡Tarde! Es verdad. había un inmenso barranco. lanzó una terrible maldición y se precipitó en el espacio. Cuentos del Domingo 15 de Octubre de 1893) El líquido de exótico color.

endulzando los últimos años de mi vida. o bien melancólicos emblemas de la esperanza que murió ya en mi pecho. su sombra en mi tumba me espantaría. del león vencido. que se encuentran en antiguos monasterios. el suspiro del amante y el sonoro beso de eterna despedida. la salud. queda a mi lado. en blanco túmulo de mármol. no me abandones. arrástralos. que crecéis. os eleváis y os perdéis. el dulce Tekay "que tiene el color y el precio del oro". muere. adormecedme y haced que en mi memoria muera el triste recuerdo del pálido sauce. que yace yerta en mi corazón. ambos ascendieron a la morada del eterno amor. + Fatídico sauce. embriagadme con vuestro olor. rodeada de olorosas flores que perfuman el ambiente y los pálidos rayos de la luna iluminan. Cuentos del Domingo 22 de Octubre de 1893) Los dos se amaban y ambos bajaron a la tumba. quedad! ETERNA UNIÓN A mi buen amigo el poeta Manuel Larrañaga Portugal (El Partido Liberal. el furioso grito del héroe. yace entre la hiedra. quédate tú que traes la dulce e inmortal poesía. ya escucho el lejano grito del guerrero. muy lejos esa dulce música que hace brotar en mis ojos la perdida lágrima. y ya escucho las czardas de los tziganos. lúgubres sauces. los dorados rayos del Sol los pálidos de la Luna. aleja el ajenjo que arrastra mi imaginación y oculta el Tekay que me hace gemir al escuchar los desgarradores acentos del domado pueblo. huid! ¡Nubes plomizas. triste y único compañero que en el no ser existes.¡Olas gigantescas. Estas palabras dichas por misteriosa voz. de cuando en . arrastrad los fríos cadáveres. aleja de mis llorosos ojos tu intensa palidez. arrástralos¡ + Dulce viento de la mañana acaricia mi frente. vosotros que separáis de la tierra lo que existió. la inspiración. que sobre el azulado cielo o destacáis. sofoca con tu crispada mano el lamento del vencido. tú que eres el hijo predilecto de la naturaleza. que das sepultura a las muertas hojas. envolved en vuestras brumas la gaviota y el negro cuervo. arrastra lejos. tú que traes los tiernos amores. y queda tú. ocultad el sauce. Ella reposaba a su lado. queda. pasada titiritando de frío sobre la helada lápida de perdida tumba en el cementerio. hace que mis sordos oídos despierten de su letargo. joyas arqueológicas. temblando miraba las siluetas de blancas cruces. al que dirigí mis trémulos pasos. los dulces lamentos de la virgen. la vida. constante tormento del ser humano. huid! + El vino de la Hungría. ¡Muerte. ¡Mármoles. ¡Viento matinal. el doloroso gemido del vencido. rosas perfumadas. huid. quedad. Era un soñador el amante. mesa mis largos e hirsutos cabellos. huid. la argentina risa de sonrosada campesina. y sin duda por eso a su tumba no se acerca ni una golondrina. huid. vibraron sonoras y armoniosas en mis oídos. dame la dulce inspiración que traes contigo. uníos a mi dicha. Cuando en mi tumba desatéis vuestro broches no me creeré tan solo ¡venid!. refresca mi ardiente cabeza constante. emblemas de la vida. penetra bajo la fría losa. el murmullo del arroyo. ángeles de alas extendidas. eternamente. oculto por verdosas plantas que hacen aparecer su sepulcro como uno de esos monumentos. símbolo de lo eterno. arrastra con tu frío sudario al tzigano. en una oscura noche. queda a mi lado. ocultadlo! Blancas guirnaldas de perfumadas rosas. noche terrible. ¡Rosas purpurinas. no dejes que el negro café traiga a mi mente voluptuosas danzas. venid! Uníos al viento de la mañana. ¡venid! Rosas purpurinas. y el grito del vencedor. Yo. los idilios campestres. en mi exaltada imaginación se desarrollaba ya toda macábrica danza y dantescas visiones soñadas me llenaban de pavor.

y me era imposible. la ves con ese rostro tan dulce. las hojas y las flores eran dulcemente mecidas. levantarme.. MI AMBICIÓN (El Partido Liberal. cayendo sobre el ataúd. que ya perdí. ¿Lo ves? ¡Ay! ya se acerca. enseñadme vuestra podredumbre. destilando amarillo y asqueroso líquido! ¡Seres que sin vida reposáis. chupaban mi sangre que. + ¿No ves allí a lo lejos. un amigo que me envuelva. entusiasmado. Un ruido extraño me sacó de esa horrible pesadilla. Porque a ti. llenaba el espacio . grité con voz terrible que llenó el cementerio: "¡Muertos. ¿lo ves cómo me toca? ¿Has visto que es mi amada. únicamente conservaba el oído. se aspiraba un embriagador perfume. su luz era ofuscada.cuanto el aterrador graznido de solitaria ave. los dos amantes. con inmortal amor? ¿La ves con esos ojos tan pálidos. que toca mi yerto corazón. la de ella se había convertido en un manto de marmóreo crespón que la envolvía. ¡ay! amigo mío.. Cuentos del Domingo 29 de Octubre de 1893) Lo único que ya deseo es un sudario en que dormir. una mano que estrechar. venid! El eco.. al perderse su grito repetido por el eco. me hacía temblar. aléjalo. roían mi carne. venid. testigos de otros ya perdidos hechos. en esta oscura noche despertarse un lúgubre fantasma que sus pasos encamina hasta aquí? ¿No lo ves acercarse?. antojóseme que todos los muertos a una voz me llamaban. y después. angelical? Mas. lentamente fueron elevándose y se perdieron cerca de la luz que dorando los campos aparecía radiante y sublime. juntos. y esto hacía más pavorosa mi situación. el fúnebre eco repitió un siniestro ¡venid! Que resonó terrible en mis oídos. mis ojos eran arrancados y mi cerebro se disolvía. volvíame la tranquilidad. mi cuerpo quería temblar y le era imposible.. y parecía que los ángeles de piedra tendían el vuelo. escuchaba las hojas ser mecidas.. quería gritar. ¿no has visto lo que tú eres? ¿No has visto que es la muerte la que viene ya por mí? ¿No sientes ese frío que consigo trae? ¿Has visto cuán se acerca con majestuoso andar? . Fuera de mí. quiero ver vuestras carnes agusanadas. formaba un lodo asqueroso. tan bellos.. por mi helado cuerpo anidaban bandadas de gusanos. La Luna se iba perdiendo. loco. ya tiemblo. la piedra que cubría al soñador había saltado rota en mil pedazos. Te amaré como el ideal. Me vi envuelto en blanco sudario. se alejaron. que ya voló.. amigo mío. quería gemir y no tenía lágrimas. al alejarse.. te amaré como a la fe. la que su rubia cabellera reclina aquí en mis hombros. hijos de otras edades. narradme vuestros dolores. sudario de muerte que me envolvía. amigo mío. defenderme de tanto enemigo.

una de tantas en que el deseado reposo se muestra esquivo. Cuentos del Domingo 5 de noviembre de 1893) Aquella noche. y con el objeto de hacer huir de mi alocada mente. por no poder emprender su habitual viaje al mundo de los sueños y del olvido. el sudor corría por mi frente y la fiebre se apoderaba de mí. ENVÍO Antes que el último estertor me obligue a caer. lo leía en voz alta. tiende tu mano a mí ¡OH amigo! Escúchame: cuando ya muerto. Este deseo se transformó en pasión. EL ENCUENTRO (El Partido Liberal. más crecía mi admiración. en esas en que el infelice mortal se encuentra tan agitado e impaciente. ya cesa su tétrico cantar. en manía. escucha. un detalle de su existencia. Mis sienes ardían. un clavel rojo lleva hasta allí. más me entusiasmaba. es él a quien más amo. Lentamente el interés se fue despertando hasta el punto que fue imposible dejarlo. si aún . entusiasmado. ¿cómo ha podido permanecer olvidado? Aquel libro me condujo al conocimiento de los demás salidos de la pluma. busqué con ahínco todo lo brotado de tan bello talento. ¿Quién -me decíapodrá ser el autor de obra tan bella?. ¡era sublime!. el que con su color simboliza la sangre.Mírala cómo oprime mi pobre corazón. cual la pena. mi ahínco por conocer algo de la vida del autor. sí. intentando hacer morir fantásticas y aterradoras pesadillas que en la oscuridad veía. tomé el libro comprado esa misma tarde y comencé a leerlo. y mientras más trabajos leía de él. las vanas visiones que de ellas se apoderaban. cual la sangre. roja y negra. él que es mi vida. y sobre todo. y no pensaba sino en averiguar algo relativo a él. el lugar de su nacimiento. bajo la tierra duerma.

al escuchar vuestro nombre. tenía la idea del libro. después de almorzar con un amigo que habitaba en el campo. de barba enteramente cana que caía negligentemente sobre su ancho pecho. me horroriza.Este joven. tanto lo había buscado en vano. cuando la fiebre creadora se apoderaba de mí. huyendo precisamente de mis libros. el cariño real se extinguía. nunca me habré arrepentido bastante de haberlos hecho. me hallaba cual si un ser sobrenatural hubiese aparecido repentinamente ante mí. los que contemplan el trabajo de un artista. nada es más horrible que esa vida. Me entregué a ella con pasión. Mi vida pasada. todo. y muchas dolorosas encarnaciones que ha brotado llevándose . El desaliento se iba apoderando de mí. Era como mi sombra. infinidad de veces he caído sin fuerzas al levantarme de ella. sólo tenía lágrimas o risa para mis personajes. casi me mataba. no puedo recordarla sin terror! Luego. vuestros escritos me han impresionado sobremanera. me identificaba de tal modo con ellos. -Caballero.dije un poco repuesto ya. Los que leen las obras de un escritor.vivía. Cuando comenzaba un trabajo. todo me parecía cien veces mejor que mi trabajo. después de un instante de silencio.añadió. a toda hora a todo instante. cuando como un loco entré al chalet. Entonces venían las desesperaciones de la impotencia. desde que el día clareaba. continuó con exaltación. En su rostro se notaba el disgusto. las plumas jamás toco. que la recuerde. me tenías sobre la maldita mesa. suplicando al dueño dispensase nuestra brusca e intempestiva entrada. Tanto.León R*** No bien escuche este nombre. paseando alegremente me detuve ante una pequeña casa cuya esbelta arquitectura me llamó la atención. un artículo. que tenía días de odiar profundamente o de amar con pasión loca. al escuchar vuestro nombre. absolutamente nada. me olvidaba de todo. para todos era completamente desconocido. ¡Qué época más terrible. El me miraba asombrado. ni un escrito. Mi amigo. para que comiese. Yo por ellos he sufrido horriblemente. no pude articular una palabra. en mi casa no encontraréis nada. Sí. señalándome. las pisoteaba. según lo requerían las circunstancias. y a todo esto mi vida se consumía inútilmente. -No puedo negaros que realmente no es enojoso el motivo por el que me buscan cuando me oculto. sin que yo acierte comprender el motivo. cualquier otro dato. Yo. y siempre me he encontrado con el misterio más profundo. pero yo. tomó mi mano y me hizo sentar a su lado.¿Quién habita este chalet? Pregunté con curiosidad. el desaliente. que ofendía la razón y la lógica. se ha lanzado hacia aquí como un torbellino. os repito. La puerta se hallaba abierta. . desgarraba mis páginas. Creía que mi trabajo era una solemne tontería. jamás se figuran todo lo que encierra. ¡Me era tan doloroso pensar que hombres de tan gran talento permaneciesen en un olvido tan completo! Había casi abandonado mi idea. no había poder humano que me arrancase la pluma. . olvidaba a mis padres. que me parecía que iba a huir.. era preciso que la necesidad fuese imperiosa. trató de contenerme. pero sois uno de los hombres que más admiro. cuando concluía. y hoy. jamás me abandonaba. largo tiempo he buscado. y luego ¿Para qué? Para que al día siguiente de mi entierro no sepan ni que existí. en la calle. ni un libro. le tengo horror. ¡De esos malditos libros! Ah. en el lecho. cuando un día. son mi continua pesadilla. todo sorprendido. cualquier cosa que leyera. pero me era imposible. sin hacer caso de sus razones y seguido por él entré hasta un vasto salón adonde me hallé ante un anciano de severo rostro. nacía otra idea que me atormentaba tanto o más que la anterior. i un periódico.dispense mi osadía. por mi parte. he esperado esclarecer todas mis dudas y se cumple mi deseo. una colección de impertinencias. y no me tomé ni la molestia de llamar. Mi amigo tomó la palabra. todos los dolores que arranca.

que me de más compasión que un artista que dedica su vida a sus trabajos. han de ser mis únicos y constantes compañeros. . Luche largo tiempo pero al fin. Envío. cuando lo haya desagarrado por completo. anonadado guardé silencio.continuó. al menos. ha de dar salida a la corona de laureles que ambiciona ceñir mi abatida frente. Recogí todos mis volúmenes. Cuando veo una pintura. y cuando estuve restablecido. me hallaba constantemente en el trabajo. -No hay nada. mueren en el profundo olvido. menos en libros. llevaba yo en el alma la desesperación SIN TÍTULO (II) (El Partido Liberal. al calor de esa lámpara cuyo líquido se consumí con mi vida. se había unido a otro y yo me desposé con la desesperación. pensaba en todo. la mayor parte. Muy pocos se libraron del fuego. y al salir de ella. Cuando hube concluido. que conduce el paladar y desgarre las entrañas. una noche. Ella cansada de esperarme. Cuentos del Domingo 12 de noviembre de 1893) Si la corona de crueles espinas que hiere constantemente mi corazón. no lo invadirá el olvido. entonces dad a mis labios la fatal copa. que hieran las espinas. Cuando la llama era más ardiente. Al llegar aquí. Éstos. las he arrojado al fuego. no escribía ni una letra. y esos son mi continua pesadilla. repetirán mi nombre a sus hijos. toda esa época la dediqué a amar.parte de mi vida. sin saber cómo. vacié las libretas de ello. no olvidarán los beneficios que les haga. como el de un protector. empezó a arder mi cabeza. hoy dedico mi existencia a hacer bien a los humildes campesinos que me rodean. Permanecí inmóvil. pues durante la enfermedad mi pasión había renacido más vigorosa aún. me lancé en busca de mi amada. mi pasión fue loca. no puedo menos de regocijarme por haber abandonado esa vida. Hubo una ocasión en que dejé de escribir por mucho tiempo. Soy feliz. Estaba enamorado y me entregué a una orgía de pereza. Pero si siguiendo mi terrible sino. convirtiendo mis ideas y mis dolores en un puñado de cenizas. Cuántos de ellos. Un estuve sin salir de mi gabinete. una enfermedad se apoderó de mí. como la de ninguno de mis héroes la había sentido. se detuvo dominado por la agitación y recorrió con pasos agitados la estancia. una escultura venderse a vil precio: cuando quizás ha costado la vida al autor. y lo único que enturbia mi dicha son los ejemplares que se libraron de la hoguera. ahí dormía y comía. no podía dar crédito a lo que escuchaba. bullía en ella una nueva novela. y la monotonía que me abruma. y fueron a unirse con las frías cenizas de mi amor. me senté a la mesa. como si tuviese horror por el trabajo. que desgarren hasta que me ciegue el dolor. Permanecimos largo rato en aquella casa. el olvido que me aterra.

que al escuchar dolientes quejas. porque tú nunca comprenderás al que ama. el viejo marino retirado a causa de sus años. a una hoguera arrojadme.¡OH humanidad. En el islote. Vienen las horas/ que nos sonríen/ vienen las horas/ que vemos ir/ queda en el alma/ llanto que pasa/ dolor que queda/ negro existir/. Cuentos del Domingo 19 de noviembre de 1893) PÁGINAS muertas/ Páginas negras/ de mi existencia/ horas mortales/ horas de tedio/ que me abrumáis…/ Los sueños pasan/ las dichas vuelan/ y el tedio queda/ queda a mi lado/ con negro afán/. llevas la mano a los oídos cubriéndolos. Cuentos del Domingo 3 de diciembre de 1893) Desde el puerto se descubre el solitario y pequeño islote en que se alza severo y majestuoso el faro que en las tempestades presta sus servicios a los bravos marinos. como salvaje gaviota que forma su nido en una roca . El profundo tedio que me aqueja ¿Quién lo podrá domar? Y el hastío profundo que me mata ¿Quién lo reemplazará? Ninguno. y si acaso hasta ti llega el perdido eco de un gemino. No guarda mi memoria acongojada ni un recuerdo que me haga sonreír. porque jamás puedes comprender la sed insaciable que mi alma siente por la gloria. se pierdan en la mar. Cuentos del Domingo 26 de noviembre de 1893. Y al fin morimos/ sin ver la dicha/ nos encontramos/ al despertar/ de un dulce sueño/ sin fe ni amor/. firmado como ZILAH) De esos ensueños dulces de otros tiempos. La tierra par mí no tiene nada ni in rincón do dormir. al que ambiciona. sepultándola a sus pies en el fondo misterioso. SIN TÍTULO (III) (El Partido Liberal. Luego vienen/ horas sombrías/ negros ensueños/ triste letargo/ cruel despertar/. tú. SIN TÍTULO (IV) (El Partido Liberal. de ese sonreír. La sed insaciable que yo siento de cosas vagas y sin forma ¿Quién la podrá llenar? Cuando mi cuerpo sucumba al rudo golpe del dolor. que mis cenizas a merced de los vientos. HEROÍSMO CONYUGAL (El Partido Liberal. y rugiendo pugna por desembarazarse de su leve cerca. rompiendo el freno. sonríe! Ríe. no ha quedado en mi pecho dolorido. allí. que nunca comprendes el dolor. sino el sufrir. ¡Ay! Pero el salvaje mar a veces. quienes dominando el inmenso océano. navegan sobre sus superficie cual sobre un domado corcel. Luego se llegan/ fantasmas negros/ visiones negras/ negro existir/. Aquí a mi lado/ sólo las sombras/ los tristes cantos/ muertes horribles/ historias tristes/ funeral salmo/ ha de quedar/. Fugaces sueños/ que no alcanzamos/ gastan la vida/ gastan la fe/. y ni una flor marchita contemplarme me es dado. al pie del faro se eleva la pequeña casa de Pedro.

. como él decía. que era lo que le daba aliento. o bien a los pálidos rayos de la luna me narraba recuerdos de su niñez. todo un grueso volumen de anécdotas. eso no me es dado a mí el hacerlo. que conmovido y lloroso me narró en uno de nuestro paseos que actualmente hacíamos en una pequeña lancha alrededor de su islote. ensueños y renunciando al bello porvenir que el comercio le brindaba. invitaba a mi piloto a apurar un vaso de gim. partió al Brest.barrida por las olas. ¡horas nunca olvidables que se destacan luminosas en el negruzco fondo de la monótona existencia! Horas de entusiasmo en que un anciano. lo veía con el ancho busto reclinado en el alféizar de la ventana. su amor al mar. y negras ojeras circundaban sus párpados. me hacía trepar a las rocas donde permanecíamos horas enteras. ocultándose en un navío de guerra. él es quien me lo ha hecho nacer. y ahora mismo. de cuantos que me hacían permanecer estupefacto escuchándolo. joven inexperto. Entresacada de todas sus rudas narraciones. pretendiendo consolarse allí de sus desventuras amorosas. mundos de soñador. comunicaba a mí. que aspirar el olor de la mar. aún recuerdo tus narraciones. tomándome del brazo.Sí. allí. niño. Pedro era hijo de unos comerciantes bretones. con la mente vuelta hacia otros mundos. Que amas los poetas. comunicándome su fuerza y su ardor. es un resumen de su existencia o más bien. harás un poema digno de la hazaña. ha atracado su ya destrozada barca. el detalle de un naufragio. que han de ser arrastradas. las lágrimas saltan a sus ojos y contesta con gritos de entusiasmo. tú a quien a menudo sorprendo con la mirada vaga. trepado sobre los mástiles ha saludado. las tierras que navegando han aparecido ante sus ojos. engañado por ella huyó de su pueblo abandonando padres. como le saludan hoy a él. abrumado por los años y la fatiga. por hábil piloto que con su vigoroso brazo vencía las duras olas. han de perderse entre las densas rumas del olvido. gritos juveniles que el amor hace renacer en su pecho. pero desgraciadamente no puedo hacer un poema digno de ella. que te voy a referir. una página de su vida. una dolorosa impresión arrancada. aún paréceme escuchar tu voz cascada. contemplando el mar ¡su adorado mar! Al verme sonreía bondadoso. las dulces horas pasadas a su lado. tan ruda y desaliñada como las del buen viejo. Siempre que conducido hasta su solitario islote. cuando fue sacado de la bodega. buen viejo. y sonriente contempla al pasar los navíos que con sus velas desplegadas parecen enviar un saludo al viejo marino que tantas veces. aventuras de a bordo. enamorado precozmente de una bella muchacha de su pueblo. paréceme escuchar su voz cuando me decía: “al poco tiempo amé ese océano como . ahí contemplábamos el inmenso. se hallaba casi muerto de hambre. buscó el sitio donde el viento ruge con más fuerza y donde las olas se elevan bramando a mayor altura. hoy hablo de la hazaña.Tú. no. lo que le comunicaba vida. él que lo adoraba. no olvides el heroísmo de esa mujer. Ese amor que mi pecho encierra desde muy niño por el océano. ¡Con qué alegría he contemplado durante largos y hermosos años. su rostro se encontraba lívido. al escribir estas páginas que el helado viento agita. doy ésta. cuando alguna azul gorra o un pañuelo es mecido en el aire y parece querer volar hacia él. quisiera que a través de mis páginas se trasluciera lo lóbrego de una tormentosa noche de mar. el inextinguible océano. pero no. buen viejo. conserva los recuerdos que hoy te narro. su cariño por los seres bueno y leales. Pedro. a ese buen viejo! Recuerdo como si fuese ayer. fue admitido como grumete. contemplábamos los diversos y bellos tintes que durante la hora del crepúsculo tomaba la capa celeste. hagas cosas bellas. perdida. Recuerdo que me decía: . y su horror por el vicio y la maldad. sumido en éxtasis dulcísimo. que volaban rápidas como la dicha. tal vez más tarde hagas poesías. quisiera que estuviera imperando de tus canciones.

si llegaban. nuevamente se llega una ola. sus miradas al marido. sin vacilar. el que te ofrecí narrar. una maldición. él se mostraba inquieto. tenían que volverse. si son ellas las que han arrullado mis ensueños”. que después de haberme dado la vida. era para estrellarse contra el duro casco del navío. una furiosa tormenta. una lucha imposible. pero sus fuerzas se agotaron. sin despegar la mirada de su esposa. entonces se trabó una lucha terrible. sacáronme a la inmensa superficie. sin embargo. no queriendo despertarlo de su sueño. El océano negro. lo arrastró. venía una ola y él firme. logrando únicamente dar más víctimas al sangriento mar. más misterioso? LA NOTA AGUDA . recibía el golpe. y cómo no le he de amar. se desencadenó un terrible temporal. Ya casi al anochecer. él no emprendió más la lucha. tenía un presentimiento que lo abrumaba. y se dejó llevar. Un ola negra. “Pero el recuerdo que conservo más doloroso. rabiaba. le vimos desaparecer. y cuando hube recobrado ambas facultades. me vi tendido en una hospitalaria playa y era dulcemente mecido por pequeñas olas. “En mi segundo naufragio fui más desgraciado arrancado de la cubierta por traidora ola. y dándole un golpe. pugnaba por avanzar. al que amaba como a un hermano. era sublime ver a ese hombre luchar él sólo contra el elemento furioso. nunca he visto elevarse las olas a mayor altura. en lo. a pesar de hallarnos próximos a atracar. pasaban furiosas bramando sobre nuestras temblorosas cabezas. presentaba el pecho. y ya casi al tocar la rada. “La primera vez que naufragué perdí las fuerzas y el conocimiento. cuando extendía el brazo. en lo más callado.amigo mío ¿no es más bello morir a manos de lo más grandioso que existe? ¿No es sublime morir vencido por el elemento más fuerte. mi amigo contemplaba lloroso la silueta de su esposa que en la rada enviaba sus lágrimas al mar. “La esposa. lanzó un gemido. más terrible? ¿No es más bello reposar en lo más profundo. era arrastrado y nuevamente volvía a la lucha. reunidos. unas olas me arrastraban hacia el fondo. deben reposar. y sus plegarias al encapotado cielo. las olas envolviéndonos. arrastró a mi compañero. me volvían el sentido y la tranquilidad con sus halagadoras caricias. Es allí donde yo quiero dormir -continuó diciéndome. mis constantes salvadoras. al verlo desaparecer. barriendo al que a su paso encontraban. se arrojó en pos del dueño su vida. hasta que me condujeron sano y salvo hacia un navío que me dio generosa hospitalidad. era dulcemente mecido por una ola. ocurrió hará unos quince años. con lentitud. cómo no amar estas olas que tantas veces me han salvado la vida. Un momento después aparecía el cadáver del pequeño flotando.jamás había soñado amar. “Nos hallábamos frente a un pequeño islote. el cielo sin una estrella. pero bien pronto mis fieles amigas. heroico. en el que habitaba un compañero mío. una ola monstruosa. tomó al pequeño en sus brazos y sin detenerse un instante. lo conducía la gruta marina donde sus padres. un instante después su lívido rostro y sus crispadas manos asomaron. Las lanchas que intentaba mandar en nuestro auxilio. no tuve tiempo más que para asirme de un carcomido mástil que flotaba.

. yo os lo juro. ese gemido que la hace temblar. escudriña con marcada ansiedad ambas extremidades de la angosta y oscura calle. sale de la odiosa taberna.CONTORNOS NEGROS I A Alberto Leduc (El Partido Liberal. vuelve sin rescatar un céntimo. del niño. la aguda y penetrante.. ………………………………………………………………………………………………………. porque el padre… tiene sed… Un chiquillo. Había momentos [en el padre] en que su corazón sentía un horrible peso encima ¡era tan cruel no sólo beberse su jornal. un chiquillo que gime. Dice la madre a sus llorosos hijos. cuando el maldito vicio no lo domina! ¿Qué hará si ella le falta? Y se detiene. Los ojos de la infeliz no se apartan de la opaca lucecilla. 17 de diciembre de 1893) Bajo el ennegrecido pórtico de antigua iglesia se detiene una infeliz. A casa momento sus manecitas tiraban de las rudas del padre. pequeñuelos! ¿Tenéis hambre. deja caer pesadamente su ruda mano sobre la tierna mejilla. a este vaso siguen otros. como no aparta la vista del fuego el desgraciado que ve su fortuna devorada por las llamas ¡Pobre infeliz! ¡Cómo separar los llorosos ojos si ese maldito antro es el que traga el salario del marido. y llora de hambre.. sí pequeñuelos. que tiembla. pero al llegar al fin de la calle vuelve el rostro. La mujer de mirada siniestra. ¡Sí. tan cariñoso con los hijos. La madre lo ve. en la que aún se notan las señales del rudo y brutal golpe. esa nota. torna sin el padre. para calentarlos y para engañar la devorada necesidad. solloza profundamente queriendo ahogar sus gemidos. incitándolo con sus calorosos vapores. interroga. podréis pasároslo sin él. que oye a lo lejos a la madre y suspira. sucia lamparita de gasolina. lo atraía. y los niños lloran pidiendo pan. temblando de frío. y entonces. a su boca lleva los helados dedos. que gime a causa del frío. trae el infeliz una mejilla roja. Enviado al lado del padre con el objeto de ver si lo trae con sus súplicas. pendiendo de mohoso alambre. lleva en sus débiles brazos un niño. quería marchar al lado de su hijo. pobre.Marchémonos. y oyen voces acaloradas. ¡Es tan desgraciado! ¡Tan bueno con la esposa. de allí parten desvergonzadas carcajadas. calle de barrio en que se agita. queréis pan? Pues bien. tendréis pan. sus ojos se llenan de lágrimas y se detiene. la que más terriblemente le hace escuchar esa débil nota escapada de inocentes pechos. Y camina. ella indignada ante las lágrimas de los pequeños. reposando ante él. sí.si yo gano lo bastante. Además esa. …………………………………………………………………………………………………………. a lo lejos. contempla. pero el líquido embriagador. sino arrancar por la fuerza a su mujer lo ganado por ella!. mirada llorosa. quien tenía instantes de vacilación.. cuando ya el alcohol impera en él. cubierta de miserables harapos.. amarillenta y trémula luz. lo aguarda impaciente. solloza. le detiene. ese débil lamento que constantemente resuena en sus oídos! …¡Pan! ¡Hambre! . señal que la madre cubre de besos y baña de lágrimas. le faltan fuerzas para abandonarlo. no volveremos a su lado. Cuentos del Domingo. con cabello desarreglado y a merced del viento que lo agita. Allá. la aguda nota: … ¡Pan! … ¡Hambre!. El niño se llegó hasta ella y faltándole las fuerzas para hablar. en un momento en que el niño pretende llevarlo consigo. hijos míos. se contentó con oprimir la mano de su madre. de esa baja puertecilla escapa ardiente y nauseabundo vapor. que la hace llorar y mirar desesperada al cielo. y todos los sábados se escucha en el mismo ennegrecido pórtico de vieja iglesia. que esparce. se levanto ¡Pero ay! Una ráfaga de viento ha entrado y el olor alcohólico le ha llegado a la cabeza y se deja caer apurando el vaso… Está todo perdido. se ve brillar una luz. quiere abandonarlo y no puede. El próximo sábado la escena se repite. suplicante. . el que arranca a los pequeñuelos el mendrugo conquistado con el sudor de la pobre madre! ¡Cómo apartarlos su esa inmunda bacanal es la que arranca a la madre el grito del dolor..

puede ser… ¡Tal vez un milagro! El Dios bondadoso no abandona a los buenos niños. sus bolsillos se hallan vacíos. jerga indecente de taberna. de callejuela. si bien sabe que no ha vendido un solo periódico. su mirada es vaga. La bulliciosa ciudad duerme. Ésta no se hace esperar. su mente entreveía ya unan noche helada. camina con lentitud. tan nauseabundos. Busca abrigo donde las sombras son más densas. pero ésta. abatida. o bajo las penetrantes garras de la policía. que inmóvil. sus bolsillos se encuentran vacíos. haciendo que se detenga. han reconocido que las monedas aquel día no proporcionarían más alcohol. Una ráfaga de helado viento le hace sentir el abrumador frío de la invernal noche. sus temblorosos labios murmuran palabras sin sentido. sólo posee unos periódicos que no le ha sido posible vender ¡Que culpa tiene si el día ha sido malo! Las ventas de la mañana fueron escasa. que nuevamente vacila y a pesar de todo lo que se le espera. pugnado por contener las lágrimas aguarda la señal de que salga. después de que su corazón ha sangrado y dejado escapar todo el dolor contenido. Al traspasar el ennegrecido umbral siente aún más frío ¡es tan lóbrego su miserable cuartucho! Hay en él olores tan mareantes. El niño. duda si entrar. ¡Es tan cruel el viento para los miserables! ¡Tan amargo el invierno para los que carecen de un triste harapo con el que cubrir sus temblorosas carnes. sale con lentitud. si no con cariño. dirigiendo su humilde mirada a su madre. no lo ve. se detiene. quejas. la oscuridad más profunda. inyectados. sobre duras piedras. En su mirada baja. tal frío y crueldad cuando no lleva monedas con las que saciar el terrible vicio. mirada que envuelven los vapores de la embriaguez. después que sus ojos han derramado llanto. que siente pavor… Registra los desgarrados bolsillos por décima vez. cuyos miembros tiemblan. cuando era muy pequeñito y aún lo acariciaba… pero no. y vacila. en su actitud humilde. su madre se lo ha dicho. a no penetrar. sólo se escuchan rápidas pisadas de paseantes retrazados. se han clavado en él. y el niño sale. al menos no le rechazarían bruscamente. temblando penetra. que tiembla. la esperanza de que. él ha ofrecido. las de la tarde nulas. toma fuerzas para penetrar… Pero no. unos míseros céntimos habrían hecho que se le recibiese. donde los lugares son más solitarios.CONTORNOS NEGROS II A Francisco de Olaguíbel (El Partido Liberal. reclinándose en el duro tronco de un árbol. ha suplicado. a pesar de que sus ojos se clavan en él. sobre el desnudo hombro del niño. Unos ojos vidriosos. Sería tan poco con lo que él podría descansar de las fatigas del día. en su andar lento. sí. se decide a volverse. y por fin. y que hace que los transeúntes vuelvan el rostro para mirarlo. Cuentos del Domingo 24 de diciembre de 1893) El infeliz niño al hallarse frente a su miserable y lóbrega morada. los transeúntes más escasos… Se deja al fin caer extenuado sobre el húmedo césped. la trémula mano del padre señala la carcomida puerta. en los periódicos que se ocultan bajo el brazo. Sin embargo. lamentos. unos ojos que podríamos llamar alcohólicos. términos asquerosos de plazuela. El padre levanta el brazo y lo deja caer con toda la brutal pesadez que la bebida le da. se lo ha dicho en otros tiempos. Penetra temblando. El niño se dirige al jardín que rodea la catedral. afortunadamente el foco de luz que debería alumbrar ese espacio se . la esperanza aún ha huido.

todo lo ha olvidado. mientras ella duerme. cuando se halla convencido de la realidad. tan bello. sonrientes durante la noche. y en el que ve todo envuelto en una especie de azulado humo. sus símbolos de fe. sobre mullida pluma cubierta de pieles y encajes. le habla. la dolorosa realidad va siendo envuelta por las brumas del sueño. El niño duerme por completo. la poesía más bella al lado de la prosa más vulgar. y sus bajorrelieves. en Navidad. ya el agudo chirrido de pesado tranvía al correr sobre enmohecido riel. Cuando ha salido por completo del sueño. El sol. rompiendo el denso manto de tinieblas que lo envolvía. alto muy alto. le parecen sonrientes. toman matices claros. cubierto de miserables harapos. El cielo se va aclarando por instantes. con los pies y gran parte del cuerpo desnudo. El silencio que antes reinaba en la ciudad se va lentamente rompiendo. desgreñado. soñando con el buen viejo que. Ante su mirada se elevan majestuosas estatuas en piedra. sus miserables harapos. Se ve alto. lo ve. severas e imponentes con toda la gravedad de sus años. sin embargo. parte sueño y parte realidad. ¡El niño ha despertado. iluminado por un rayo de pálida y fantástica luz. obispos de elevadas mitras. siempre amarga. le da calor con sus delgados brazos. mezcla confusas de cosas fantásticas y cosas reales. las despojadas ramas de los árboles se le antojan cubiertas de fresco y verde follaje que le da sombra y abrigo. sus ojos entreabiertos son heridos por el sol! Es tan cruel el frío y era tan agradable el calorcito allá arriba. más aún. Amanece. y que duerme al abrigo de caliente chimenea. el ruido producido por los botes al chocar entre sí. todo lo que decora el frontón de la catedral. ha dejado caer sobre el niño su soporífero manto. de la que durara momentos antes de buscar bajo su brazo los periódicos para comenzar a vocearlos… . aparece. sólo que la imagen se mueve. tan regio el ropaje. como velado por transparente manto por diáfana gasa. aunque todavía a medias. su graves estatuas. más bien. o el monótono paso de una mula que hace sonar los cascabeles que ostenta su collar. todo lo abrumador de su penosa situación ha huido. el frío es horrible. las severas estatuas de ennegrecida piedra. el infeliz gravita medio dormido en ese mundo. siempre vulgar. a su lado hay estrellitas muy pequeñas con las que juega… y un calorcito tan agradable. se encuentra al lado de una imagen que su madre lo llevaba a ver en otra época. austeras. sus entrecerrados ojillos ya sólo ven lo bello. amistoso compañero.encuentra apagado. la naturaleza siempre cubierta de poesía. casi dudando. y sólo imprudentes rayos de pálida Luna se filtran a través de las escasas hojas que el invierno no ha arrebatado. se han tornado en graves. ha de venir con dos ángeles cubiertos de juguetes que al día siguiente encontrará debajo de su cama. lugar que parece hecho exprofeso para un poeta o un paseo de enamorados. su sueño es dulce. lo mismo del opulento magnate que del mísero mendigo. y se escucha el lento rodar de un carro que reparte leche. santos cubiertos de polvo. con el cabello sucio. ha muerto. ya el grito de temprana vendedora ambulante. el sueño del infeliz niño es el de la infancia. como el de sonriente niña. en todo contrario a su estado. siempre variada y hermosa. a la sombra de un árbol presenta hermosa todas sus hojas que el invierno no ha osado arrebatar. se hallan rodeados de nubes blancas y doradas. muy alto desde donde las inmensas torres de la catedral se ven pequeñitas. La cariñosa imagen ha huido. semejante al de la dorada alcoba. Cada instante suben más. su sueño es dulce como el de enamorado poeta. El sueño. las imágenes de piedra. con extrañeza. el mundo. hermosos. frente a frente al templo con sus vírgenes. qué caprichoso contraste presenta el niño. y durmiendo sobre el césped. se pierden poco después. Qué raro. al lado de la realidad de la monótona existencia.

orgullosa. una serie de tiernas despedidas. se alejan a lo desierto. no sin despertar antes a los escasos habitantes del pequeño pueblo de *** en una choza reducida. ellos. sollozos. a los que se han salvado de este terrible naufragio. no queriendo sobrevivir a la total ruina de sus magnates. pertenecen a una raza de héroes. ¡Y ved en lo que ha degenerado! Sin embargo. saben mostrarse nobles en la caída. Tal bullicio lo motivaba un hombre bajo. denunciando la pureza de la raza. ¿Pero qué he hecho yo? Y dirigiéndose esta pregunta que toda la humanidad se dirige. sus periódicos que son todo para él! ¡Imposible! Es una realidad triste. los cuales eran. recordando encargos. altaneros en su humildad. y risas mezcladas con atipladas infantiles voces. como avergonzados. ¡Se halla tan debilitada la infeliz raza! ¡Es tan raro encontrar en ella el aplomo. enviando sobre el campo debilitada pálida y tenue luz. endureciéndose. a pesar de hallarse en el suelo nativo. altiva. de tez fuertemente bronceada. los hombros caídos. amarga. pues hasta los elevados ahuehuetes de sus antepasados han muerto. débil. puesto que de la antigua ¿qué queda? Mas ¿A qué evocar recuerdos de tiempos que han muerto? Es penoso remover ruinas. desesperante. como toda población. vegetando patriarcalmente al lado de sus animales. de facciones bruscas. y si ese polvo de cuatro siglos. oscura. sobre soberanos caídos de su trono. a mi mísero resto de opulencia azteca. se ocultan porque de todo carecen. de aspecto humilde. “llevan sobre sí el polvo de cuatro siglos” ha dicho Puck. dueños en otros tiempos de innumerables riquezas. no mendigan. ellos. confundiéndose con el cacarear de las gallinas que reñían en el corral. la cabeza inclinada. cuando los roncos o agudos cantos de los gallos fueron perdiéndose. pero cierta. bajo la sombra de raquítico arbolillo. no imploran compasión. poseedores de inmensos bosques. desde meses atrás. a los que viven olvidados. no han podido crecer en medio de un ambiente para ellos envenenado.Se estremece de pies a cabeza. su rudo peso los hace inclinarse. los abate cada día más. de misterio y desgracias. ¿Era el ciento que al mecerse durante la noche sobre él los arrebatos? ¿Era malvada y cruel mano? Preguntas eran a las que el niño sólo pudo responder – No. Cuentos del Domingo 31 de diciembre de 1893) Cuando los primeros aculados tintes del matinal crepúsculo comenzaron a aparecer. el malicioso duendecillo de “El sueño de la noche de verano” lo ha dicho el ilustre escritor que se oculta bajo este simpático pseudónimo. a los que no se consuelan ni . el Robin. se perdió por las calles de la populosa ciudad. ¡No es posible. el buen chico. de soberanos palacios. Se ocultan. la única idea de los inocentes chiquillos. más bien. como mirada de desterrado. se resignan a vivir olvidados y ocultos en sus montañas. de mirada vaga. de miserable aspecto. de dilatadas llanuras. de andar lento. es hoy pesada mole que los doblega. completamente lampiño. porque son ellos los dominadores dominados. sin fijarse en objeto alguno. la fatalidad que me persigue. todos son el mismo: la cabeza inclinada. ellos sólo reverdecían y daban sombra. es la desgracia. sus ojos lo engañan! ¡Perderse su mísero mendrugo de pan. severas. delgado. cansado. en sus miserables guaridas. vuelvo a mis despojos. llena. CONTORNOS NEGROS III A Balbino Dávalos (El Partido Liberal. amparados por otra naturaleza. se contentan. bañada siempre en lágrimas. su último recurso! ¡La entrada a su casa. comenzaron a escucharse.

haciendo prodigios de economía.en todo huyen de la civilización. sobre envejecido altar. blancas los hombres. El día 12 de diciembre se acercaba. . su lengua que no es la que España nos ha legado. con débiles mantas. amarillas y gruesas velas. en el que aún hay algo dulce. que les ha arrancado su felicidad.se consolarán jamás. a los pies del cerros se alza la iglesia. Juan y sus cuatro compañeros salieron después de haber satisfecho el gasto de la noche. Los que quedan – que no son pocos. ahí. envolvían opacaban los objetos. lo acompañaron hasta la falda de la cordillera en que se hallaba situado el pueblo. recordando la antigua variedad. los chiquillos sucios y harapientos. los caballos. de variados colores las mujeres. tenían que detenerse con frecuencia a causa de los numerosos caminantes.se realizaba en éste. la visita a la virgen. sólo conocida y realizable por ellos. en tanto tiempo no la habían visitado que su protección se alejaba. y el viaje. no obstante que los campos habían sido devastados. no tan brillantes. la perdida riqueza. tantos años frustrada para Juan. únicamente cubren su cuerpo con ligeros lienzos. tampoco aceptaron la otra. siendo para otro más fieles. aunque no matices tan claros. en cuyo negruzco fondo. las mulas. pues. su vestir es diferente. en busca de una cerería y un figón.era su nombre. oscuros. como si ellos también se enlutasen. en él sólo había largas cuadras en las que reposaban. con los que han muerto. Juan acompañado de cuatro amigos con los que había adquirido relación en una noche de las pesadas y largas que tendido en la orilla del camino había pasado. aunque eran raros éstos. y a lo largo. que escrito con grandes y negras letras se veía en la puerta. El despertar fue tan brusco como el lecho. la peregrinación al santuario. para las ceras y algunos encarguillos. cuando su charla les dio a conocer que el objeto de su marcha era el mismo. al fin de la calzada. Su mujer. los tranvías. algo tierno. sus costumbres no son las mismas. los que ahí dormían lo hacían tendidos sobre el duro pavimento. se disponía a emprender el largo viaje. que llenos de gente pasaban veloces a cada momento. sólo que una vez habilitados de gran cantidad de largas. a pesar de que la cosecha se había perdido. la usurpadora. ráfagas de helado viento que penetraban por la ancha puerta abierta del todo hicieron estremecer todos los cuerpos. lejos. ¡ay! Más les hubiera valido naufragar con los otros. indudablemente. una marcha singular. La larga calzada que los conduce a Guadalupe era intransitable. tan vivos. Después de esta peregrinación. a uno que como desde hace pocos días un célebre escritor que antes he citado. han tratado de conserva la sencillez de sus antepasados. a uno perteneciente a la abatida raza. confundidos los hombres con mulas y asnos. o los humildes borricos. nuestro hombre. con la cabeza sobre el brazo o el sombrero. un desgarrado mástil al que acogerse en su naufragio. allá. serían abundantes. las cosechas no se perderían. en cuyo centro un tubo de gas dejaba escapar pobre fulgor. vistiendo una especie de blusa del mismo color. sobre el altar se ve cubierto por ennegrecido cristal la imagen aparecida a uno de ellos.de muchas leguas-. sino opacos. a medida que descendían su marcha fue siendo más rápida. se unieron para hacerla menos monótona. se olvidaron en su alegría hasta de buscar el figón en el cual debían almorzar. hasta convertirse en un monótono trotecillo. vendiendo algunos animales. iluminado en el día de la ceremonia por millares de temblorosas lucecillas que despiden más negro humo que la luz. como mantas y cuentas de vidrio. Así.si es que se le puede dar ese nombre-. no. Después. elevándose majestuosa sobre el empinado cerro. se descubre la torrecilla de una iglesia. nubes de blanco polvo elevándose por lo alto. pudo reunir el dinero para el viaje. La noche de la llegada la pasaron en un infecto mesón que pomposamente se adornaba con el título de “Hotel”. no han hecho santo porque hasta en eso han sido desgraciados. Comenzaba a dormir la ciudad iluminada en esa parte por opacos faroles.

En la pequeña calle que conduce hasta el santuario, la aglomeración era aún mayor, las casas ostentaban gallardetes, banderolas, farolitos, imágenes de la virgen, de algunas salían acordes sonidos de musicales cuerdas, o bien el ronco sonido de un tambor, haciendo eco al agudo de un platillo. En todo el largo de la calle puestos ambulantes de rojos manjares, o el vaporoso y banco líquido; todo es blanco en este día, las ceras, los vestidos, la bebida, todo ello del color de la pureza aunque poco es puro, como algunas damas visten de blanco, a pesar de no ser la pureza con la que se han desposado. Nuestro hombre, al que sus cuatro compañeros no abandonaban, logró, después de constantes esfuerzos, de largo esperar y de no pocos estrujones, penetrar al santuario, no sin que al pasar el umbral, al hallarse bajo el techo del templo, su primer movimiento, el instintivo fuera de retroceder; y en verdad, no era para menos, el calor lo sofocaba, el negro humo que invadía el templo hacía que sólo se viesen pálidas y moribundas lucecillas, sin embargo, una vez repuesto, se postró de hinojos, permaneciendo largo rato inmóvil, sin despegar la mirada del negruzco fondo, no veía nada, pero su fe le mostraba, las nubes de humo, todo un mundo, un mundo de cosas vagas e indefinidas, que por lo mismo que no puede soñar, un aun imaginarse, le atraen; cuando su vista algo acostumbrada ya al negro humo, pudo penetrar las sombras y cuanto en parte se habían disipado, pudo ver, allá a lo lejos, un manto azul, pero un azul no como el soñado por él, un azul envejecido, opaco, tirando a negro, y al que las amarillentas claridades le daban un extraño aspecto. Por todas partes se veían velas y flores, flores raras, no rosas ni violetas, no camelias y claveles, son esas flores, demasiado civilizadas, se han mezclado demasiado con la sociedad para que las depositen ante su madre, no, llevan flores que sólo crecen al borde de los caminos, entre las grietas de las montañas, al lado de sus chozas, flores salvajes que ellos aman, porque solitarias y pobres y humildes son, y enlutadas en sus matices. Cuando hubo salido, cuando todas las oraciones y las súplicas que llenaban su pecho hubieron escapado, entonces comenzó, guiado por sus cuatro compañeros, a beber; ellos insistían en que bebiese y en pagar; el líquido blanco llenaba su cabeza ¡Es tan traidor a pesar de su blancura! Cuando ya turbado y tumultuoso era dominado por el líquido embriagador, sus temblorosas manos registraban los bolsillos, encontrando sólo dos o tres monedas de plata, pero los grandes, los pesos que ocultaba para los encargos, para las doradas y azules cuentas de vidrio, ¡esos habían desaparecido! Su rostro, de rojo, en que el alcohol lo había puesto, tornose en negro por la cólera, y tomando a dos de sus acompañantes medio borrachos ya, por el cuello, con brutal fuerza, los lanzó por los bordos de la banqueta. Ellos que no esperaban tan repentina agresión, no se pudieron sostener y sus cabezas dieron pesadamente contra las duras y afiladas piedras, quedando inmóviles, el uno sin sentido, el otro desangrándose horriblemente. Sus compañeros, al ver esto, sujetándolo fuertemente, lo entregaron a la policía. Los días transcurrían, los meses pasaban veloces, y Juan no volvía a su pueblo. Diariamente, cuando el Sol asomaba, la esposa solitaria y los cinco hijos, abandonados, se dirigían al pie de la cordillera, al lugar donde en otro tiempo los hijos habían dado al padre la postrer despedida, y diariamente tornaban a su mísero albergue sin él, volvían silenciosos, más silenciosos que antes y se entregaban a sus labores; a pesar de esto, la escasez era cada día mayor; la miseria hacía cada día mayores estragos, pero, no obstante, no obstante de que los mese transcurrían sin que él volviese, nunca dejaban de esperar, no pasaba día alguno, sin que heridos por los rayos del Sol, descendiesen por la empolvada y angosta vereda, a la Virgen se lo enviamos - decían- la Virgen nos lo devolverá. Una helada mañana, en la que como de costumbre, esperaban al pie de la montaña, vieron llegar, cubierto de harapos, encanecido, con una pierna vendada, avanzando con lentitud, casi arrastrándose, un miserable, un despojo humano, un esqueleto cubierto de rugosa piel, ¡era él!, él que tornaba seis años después de su

partida, cuando los hijos pequeñitos eran muchachos ya crecidos, volvía de pasar seis años en ele húmedo calabozo de una prisión; en ella, días antes de recobrar la tan ansiada libertad, fue cruelmente herido en una pierna, si embargo, él se puso en camino. Sus hijos, su esposa, todo el pueblo cariñosamente salió a recibirle, como si sólo hubiesen transcurrido unos días de ausencia. Volví, no traía las azuladas cuentas, pero traía lágrimas y canas; él no tiene fuerzas para quejarse y su herida pierna agravada con la larga marcha, sangraba horriblemente. Cuando tendido en su duro lecho le habían aplicado las primera curas, la afligida esposa con lento paso descendía nuevamente, y una vez en la orilla del camino, quedó largo rato inmóvil, contemplando el gris horizonte, queriendo con su débil mirada penetrar el vacío, llegar a la maldita ciudad, incendiarla con el fuego de su mirada, “enseñando los puños al enemigo, que las provincias cargan con todas sus cóleras”; y si no diciendo, sí pensando como la provinciana Baudet, al dirigirse con todo el odio posible a la ciudad: ¡Oh ce Brris... ce Baris ce qu’on lui donne ert ce qui il nous renvei.¡Ah! hubiera podido decir: ella, lo sentía. ¡Ese México, ese México: lo que damos y lo que nos devuelve!

CONTORNOS NEGROS IV (El Partido Liberal, Cuentos del Domingo 28 de enero de 1894) Diariamente, cuando el Sol se ocultaba, tan luego como las sombras comenzaban a vagar, para momentos después apoderarse del trono abandonado por el desterrado día, en el mismo instante en que la lúgubre voz del eco repetía, haciendo vibrar por toda la población, la última profunda campanada del toque de oración, los habitantes concurrentes que daba a un cafecillo que daba frente a frente a una dura reja que guarda los pesados muros de la espalda de la catedral, los concurrente que orgullosamente se sentaban en sus desgarrados y sucios banquillos, podían escuchar distantemente unas pisadas rápidas que se acercaba, para enseguida ver aparecer y sentarse en la mesa más próxima a la puerta, una mujer alta, delgada y enfermiza, de esbelto talle, andar altivo y majestuoso, porte distinguido aunque pobre vestir, a pesar de que, sus delicadas maneras indicaban ser los restos de un naufragio y que las críticas circunstancias en que se hallaba no eran las habituales. En su rostro de líneas puras asomaban ya arrugas, su frente amarilleaba siendo sus ojos rodeados de negro círculo, aunque bien pronto se notaba que estos estragos se debían, no a la escarcha del tiempo, sino a la implacable mano, y los sombríos terrores del sufrimiento y la amargura. Acompañábala constantemente una niña de seis años, vestida como ella, pobremente, aunque con irreprochable limpieza a menudo, en el corto espacio que permanecían en el cafetín, sus rosados labios se tocaban; la niña correspondía a estas caricias, a estas efusiones sólo propias de una madre, dándole a beber en su propia taza, y la madre la llevaba a sus labios, sin tocar el contenido, no queriendo disminuir el pobre alimento de su desgraciada hija. Poco después escuchaban las pisadas que huían, un clic- clac que se perdía entre los innumerables ruidos de la populosa metrópoli, dejando en el ánimo una impresión de melancolía de la que brotaba la estrofa del poeta de Les moureuses Je songe que tout doit finir

Meme un poeme d’humuriste Clic clac. Et qu’on jour prochain peut venir Ou je serais bien seul, bien triste Clic clac. Y para esos débiles seres, el día solo y triste de que nos habla el poeta, habían empezado tres años antes, cuando el marido dejó a una esposa por correr en pos de una actriz de segundo orden, desde que l padre, insensible a las sonrisas infantiles, abandonó a la dulce niña por huir tras la amargura y el peligro, y ese largo día era cada vez más eterno, más negro, más lúgubre. La infeliz madre acostumbrada al desahogo, al lujo, consumía su existencia en el banquillo de un taller de modas, sola, con la cabeza inclinada sobre el lienzo y la imaginación tan activa como su aguja, a veces, cuando hasta ella llega el ruido de las aventuras de alguna de sus compañeras y trataban de iniciarla en sus intrigas, levantaba la cabeza y hacía enmudecer a la que tal cosa osaba, el pan que a su hija alimentara debía ser dulce como el de la pureza y la honradez, y jamás lo llevaría a sus tiernos labios amargado por la vergüenza y el reproche. Tres años hacía que esta vida no se alteraba, tres años que esperaban con resignación el momento en que, la muerte, envolviéndolas entre los negros pliegues de su manto las sumergiera en el eterno olvido, en el sueño dulce que carece de la amargura del despertar. Abrumada por el terrible peso de sus dolores, penetró a su taller el último día del tercer año de su abandono, ahí, como de costumbre, permaneció en su rincón, más abatida aún, con la cabeza más baja, con la mente más lejos, ansiando la hora de la salida. Su hija, su querida niña, la aguardaba impaciente, aquel día, con la gratificación de fin de año, esperaba le compraran una muñeca que su madre vestiría, y ella, la cariñosa madre, sonreía en medio de su dolor al adivinar el gozo de la pequeña, le parecía estaría viendo con su plácida sonrisa y sus inocentes preguntas, y más sonreía en medio de su amargura, sin que por eso la aguja dejara de moverse con rapidez al atravesar el lienzo, con lentitud al estirar la larga hebra. El reloj de ébano que de coraba el salón de recibimiento dejó oír sus campanadas, seguidas del agudo canto del pajarillo que en lo alto asomaba, y una a una las obreras fueron saliendo; al pasar ante el mostrador recibían el salario acompañado de la gratificación de año; llegó por fin su turno a la impaciente madre. Sólo que cuando la fatalidad marca con su negro sello es inexorable. Junto con su salario, junto la gratificación tan deseada por la niña, recibía la triste nueva de que, a causa de la escasez de trabajo se le suspendía. Con lentitud, esperando allá en el fondo de su herido corazón que la llamaran, que le dijeran que todo era una farsa, que tenía aún su rincón y su banquillo, salió del taller, pero no, ni la llamaron ni volvió a sentarse en su banquillo ni a soñar en su rincón. Hay días monótonos, amargos, que vemos nubes negras y lluvia sobre nuestra cabeza, que nos parece ver todo negro como el fango que cubre la calle que pisamos, y ese último día del año para la infeliz madre se acumularon todas las negras brumas, los genios de la desgracia dejaron caer sobre ella su cruel y pesada mano, la enlutada virgen de la tristeza apareció ante ella con todas las aterradoras visiones que la acompañan, y por último, para aumentar su amargura, el terrible monstruo de los recuerdo la bañó con su venenosa hiel. No bien hubo traspasado el umbral de su habitación, se encontró con el propietario que cobraba dos meses y exigía la desocupación; con su habitual resignación dio todo el dinero, con gran asombro de la niña, que la contemplaba tristemente; contemplación que la hizo volver el rostro y encajar una lágrima más. Salió dejando a una vecina sus objetos, y como de costumbre dirigió sus lentos pasos al cafetín; pero cuando se disponía a entrar recordó que nada le quedaba y siguió a

sobre la banqueta de piedra que sostiene la reja que rodea la espalada de la catedral. viento helado. la primera que a tu paso has encontrado. Al verla dormida. tengan en el corazón desgarrones tan grandes como los que se ven en los harapos de los miserables. Después de vagar por primera vez en su vida. LA PERLA Y LA ROSA A Octavio Barreda (18 de febrero de 1894 El Partido Liberal) Después de haber pasado la noche a la intemperie.lo largo. dijo (a) la niña: -Como tú te quejabas hace un momento de lo amargo del destino. enriquece. que hace temblar a los desheredados de la fortuna. porque lo que la animaba había desaparecido como despareció para siempre su razón. En esto pasaba al lado de una gran rosa que se mecía en su rama. de lo abrumador del paso de la existencia. que fue a caer sobre la flor convirtiéndose en blanca perla. y al ver perderse la perla entre los pétalos de la rosa. se levantó súbitamente y escudriñando ambas extremidades de la calle sólo vio la amarillenta y moribunda linterna de un guardián. Era éste su marido. el primero que a su paso encuentra. y preguntábase: ¿por qué hay desgraciados? ¿Por qué hay miserables que no pueden llevar a sus labios sino endurecidos mendrugos de pan? Pensaba que tal vez aquellos que portan carruajes y visten suntuosas prendas. sin haber notado que desde una hora antes un hombre la seguía de lejos. sólo falta que el destino guíe. como ha guiado a la rosa. paseaba la abandonada niña por un vasto jardín. que bruscamente rechazado por la actriz y con el cobarde deseo de vengarse en alguien seguía a su indefensa esposa. se quedó dormida. a tan altas horas de la noche. con precaución se acercó. Quejábase a pesar de su corta edad de la amargura de la vida. lentamente. sacudiendo con toda su fuerza la helada reja. hacia tu perla. asomaba entre hojas verdes una blanca violeta. y me pregunto: ¿Por qué sólo a una. volvió a la misma calle cuando cerraban el café y sentándose en frente. enriqueces con el llanto de tus ojos? Así la diosa fortuna. sólo a uno. calor que abrasa. levantaron un cuerpo ardiendo en calentura. y tomando a la niña que a su vez se hallaba en los brazos del sueño. me quejo yo. después de haber sentido mecerse sobre el cuerpecito todos los helados vientos de la noche. Cuando a madre despertó sin sentir el infantil aliento que le comunicaba vida y le daba resignación. el viento que la hacía agitarse hizo temblar a la niña arrancando a sus ojos una lágrima. un cuerpo sí. Al lado de la rosa. Los que acudieron al ruido producido por su caída. entonces. se quejaban de que hubiera invierno. huyó rápidamente. . levantó los ojos clavándolos siniestramente sobre un altorrelieve que a su cabeza se hallaba y en cuyo centro se destacaba un cordero y prorrumpiendo en profunda y estridente carcajada que hizo estremecer a los que la escucharon cayó al suelo desplomada.

UN MALOGRADO (Publicado por Alberto Leduc en El Universal el 26 de agosto de 1901) Estoy engolfado en clásicos franceses aunque no por eso abandono a mis modernos, sobretodo a Dumas hijo. Estudio por ahora un libro hermoso: Historia de la literatura por Doumic, crítico en la Revista de Ambos Mundos y muy apreciado aquí, estudio Moliere, Corneille, Racine, Boileau, y la Rochefoucauld, estos cinco en particular. Moliere es para mí perfecto, sus piezas me llenan de una admiración no sentida hasta hora y al mismo tiempo de tristeza. Sí, para mí Moliere es un gran triste, su risa es risa que llora, la risa del que ha llorado mucho, es profundamente humano, detrás de casa una de sus carcajadas, hay un gran dolor oculto. Oh, sí, Moliere fue en todo grande, hasta en su muerte, piense usted en esa escena del supremo trance de su vida, cuando agonizaba, mientras en el teatro público frenético se desbordaba en risas y en aplausos. Corneille es magistral, pero algunas veces demasiado severo, demasiado duro como diría un pintor. Racine sí que es sublime, dulce, poeta en todo… hasta en sus asuntos. Boileau para mí es un herrero que a fuerza de forjar y forjar llega, en él se ve trabajo, trabajo siempre, pero no esa rara espontaneidad del verdadero genio, a Boileau se puede llegar a fuerza de labor y energía, a Moliere y a Racine nunca se llega, en el uno hay trabajo, es un constructor de ruinas perfectas, cierto, pero a veces no muy poéticas, Moliere y Racine son genios de esos que sólo una vez bajan a nuestra pequeña y miserable tierra. Otro asunto en el que estoy procurando ponerme fuerte (indulgencia por la frase) es en crítica y el Bourget de la Psicología contemporánea es el Bourget que prefiero; Lemaitre me seduce así mismo, pero poco, como Paul de St. Víctor, aunque espero encontrar muchas sorpresas en St. Beuve al que aún no conozco. Supongo que habrá usted sabido el fracaso de una pieza de Richepin que era algo como El rey que rabió. Richepin ha perdido mucho de reputación con esta obra. Aquí en general, lo tienen por un farsante. En el teatro moderno el que verdaderamente vale y quien pasará a las reputaciones inmortales es Alejandro Dumas hijo; es el verdadero Hércules del teatro francés, pues Sardou a quien tanto bombo se le hace no vale casi nada y si no dígame usted si es posible clasificar entre sus obras la obra maestra. No la hay, todo es mucha paja, mucho enredo, mucho nudo, y en el fondo nada. Díganlo si no, Madame St. Gené, Patrie y otras muchas, sin embargo, algo de lo suyo tiene valor. Coope ha tenido últimamente un ruidoso éxito con su Severo Torell que es precioso. BERNARDO COUTO CASTILLO.

LA CANCIÓN DEL AJENJO Poemas Locos Dedicado a José Juan Tablada (Revista Azul 31 de marzo de 1896)

Una noche, como mi espíritu estuviera nublado y mi corazón lleno de angustia y no encontrando –pues nunca encontré la encontré- la calma que abatido y enfermo necesito, he aquí lo que escuché, brotando del vaso, donde las gotas caían lentas y opalinas. “Yo soy para ti, poeta, desheredado o afligido, la sesada ambrosía del olvido –del olvido donde se hunden los dolores. “Yo, la verde diosa de la quimera, yo, quien a tu mente, hoy oscurecida por el pesar, da los ensueños color de rosa, los exotismos, los refinamientos de la ilusión. Yo puedo hacerte ver –como a Fausto el maravilloso espejo- la mujer, que si tu destino fuera menos cruel, te amaría.

“¡Yo, perla de ópalo, caigo gota a gota, gota a gota con triste ritmo –algo del ritmo de una campana tocando a funerales- y al hundirme en el fondo del vaso formo vapores azulados, nubes azuladas de donde surgen las quimeras que la vida –duro fardo- jamás pudo darte! “¡Yo soy la diosa verde de la quimera! “¡Soy noble y compasiva, jamás abandono a quien me llama. Cráneos vacíos, cráneos sin ojos, que hoy ruedan en el polvo de los osarios, cráneos que decirte pudieran de cuántos sueños los poblé! ¡Cadáveres existen que sin mí, sacudidos estarían aún por alas poderosas y brutales, por las inflexibles alas del negro cuervo de la desventura! “¡Y también, cuando el inevitable momento al que a cada paso nos acercamos llega, a cuándo dio mi amargura el valor para sentir y bien acoger a la Todopoderosa! “¡Soy amarga, pero mi amargura endulza los espíritus de hiel, yo doy la dulzura del no sentir, del no pensar, del no llorar.” ¡Entonces, mis ojos tantas noches abiertos por el insomnio, tantas quemados por la calentura, se entrecerraron; y del fondo del vaso donde las gotas formaran al caer –al caer con ritmo pertinaz como mi desgracia- nubes azuladas, destacándose del trono de ágata, brotaron extendiéndose alrededor por mí –feliz tropel- todas las deidades de las que mi estrella sin brillo, me separó. Doncellas castas que me hubieran amado, cortesanas que con sus caricias, corrompiéndome, divinificaran mis sentidos; vírgenes de voces puras que adormeciéndome hubieran llevado flores, ángeles que me hubieran salvado. – Las visiones iban y volvían, circulaban alrededor de mi cabeza, tristes las unascon la tristeza de los destinos no cumplidos –riendo las otras, con risas guturales y lascivas, con la pacífica sonrisa de la inocencia otras; y la visión iba, volvía, desarrollándose, como en el fondo del vaso se desenrollaban las azuladas nubes, nubes de quimera, al brotar y desprenderse del trono de ópalo! Y del fondo de mi conciencia, gritó una voz -¿fue una voz?- una voz como nunca más he oído, como nunca más oiré, pues el espanto me helaría, una voz -¡oh, sí fue una voz!- la que gritó: ¡Insensato! Del fondo de ese vaso levántase irguiéndose y desenrollándose la verdosa serpiente del deseo –la serpiente de los ojos de zafiro –la serpiente del deseo de lo imposible, porque tu destino, ¡para siempre te separó de todas las venturas! La visión se perdió; la negrura de mi espíritu fue mayor, mi tristeza más grande, porque había visto, lo que nunca podré tener, lo que mi estrella no fuera tan opaca, hubiera sido mío.

HORAS DE FIEBRE Dedicado a Ciro B. Ceballos. (El Nacional. 14 de agosto de 1896) En los palacios habitados por la fiebre se desarrollan escenas de incomprensible variedad y fantasía. Y digo palacios, por que las cabezas de los enfermos se vacían al ser invadidas por la calentura de sus habituales habitantes, para dar entrada a la rica, a la omnipotente visión y se convierten en alcázares gigantescos donde reside la Todopoderosa. Cuando las ideas pobres, las estúpidas rivalidades, las mezquinas preocupaciones salen, comienzan a llegar habitantes severos como burgomaestres juguetones, pequeños puchs que saltan en los ramos de papel tapiz o danzan atropelladamente al pie de la

cama. Se mezclan en confuso desorden los graves y los risueños, los duendes y los sepultureros, los que ríen y los que lloran, sólo que unos están cerca, pasean a nuestro lado, nos hacen gestos, tocan la barba de las personas grandes, mientras que otros, los lúgubres, los que escaparon del dominio de la pesadilla, los que tienen alas negras ante la luz azulada de la veladora, esos se mantienen a lo lejos, moviéndose vagamente, no queriendo acercarse y confundirse con los caprichosos y los alegres. No entréis bruscamente en los cuartos de los calenturientos cuando los veáis postrados, no temáis dejarlos solos, pues les sobra compañía, dejadles la media luz donde abunden las sombras, sin asustar las mariposas coloridas que se agitan alrededor de la cariñosa veladora. Los rayos color de rosa que de ella parten, se multiplican, se extienden, son vías por donde corren muchos ensueños, muchas visiones. ¿Ensueños? ¿Visiones? ¡Oh, no! Ellos han existido, los bulliciosos compañeros de mi enfermedad, los lindos rostros y ¡ay! También los fúnebres sepultureros que veía allá muy lejos, fuera de los rayos de color de rosa. ¿Por qué no estar en comunión con ellos, espíritus alados, cuando ya mi inteligencia y mi memoria se habían apartado por completo de la tierra? Sí, conmigo habéis vivido, juguetones duendes que cruzabais por las paredes de flor en flor. Y exististe también, ¡oh momento sagrado! Cuando pálido e inmóvil sobre los almohadones no vivía para el mundo. En regiones ardorosas velaba mi espíritu escapado durante la fiebre de su fría y habitual arcilla. Exististe, figura entrevista en un cuadro de museo, y fija desde entonces en mí exististe, tomaste la vida, la vida calenturienta de las visiones; viéndome cerca de ti, te dejaste ver, no ya muda e insensible dentro de tu opaco marco, sino real y verdadera, tal como lo debiste ser en los lejanos tiempos que viviste. Y te vi princesa escapada de un palacio, moza alegre sirviendo a hombres de armas, esposa de ilustre guerrero, abandonándolo todo por venir al que siglos después se enamorara de ti. Yo vi brillar tus ojos vagamente, vi entreabrirse tus labios y acercarse a os míos ardientes y postrados. Vi tu egregio busto inclinándose, pero ¡ay!, ¡cómo desapareciste cruel!, con los parpadeos de la amante veladora. ¡Tú sólo podías brillar dentro de sus rayos color de rosa, dentro de sus rayos de ensueño, y cuando ellos se opacaban, cuando ellos palidecían tú también te opacabas y te desvanecías! Monstruosos personajes escapados de los antros de pesadilla, no la toquéis, ella es sagrada y ha surgido en el palacio habitado por la fiebre para consolar al pobre enfermo. No os acerquéis negros sepultureros que un día –muchos años antes de que yo viniera al mundo- la arrebatasteis a la tierra; dejadla, ha nacido de nuevo para venir a mí; de la fiebre nació con la fiebre dejadla. ¡Pero no! Sus frías manos la tocan, la arrancan del rayo color de rosa, la arrebatan, y allá lejos, en el fondo del cuarto, donde las sombras reinan, sólo acierto a ver un cráneo, un esqueleto… nada. Los duendes se agitan, las alas negras, alas de murciélago, cubren la veladora. Yo me levanto de mi postración. ¡Dios mío! ¡Cuánto sudor en mi frente! Julio de 1896

LAS MADONAS ARTIFICIALES Para Amado Nervo (Revista Azul 30 de agosto de 1896) Regarde-moi, je suis celui que tu ignores, le plus grand de tous, le seul que tu puisses aimer, pauvre femme, car je l’affirme, que tu ne me conaîtras jamais, jamais.

para cuando aspiro a lo brillante. otras son pálidas e interesantes. las he visto. con palideces cloróticas. poblando de delicias mi sueño. uno de esos pies que inspiran tentaciones de cogerlos como preciosa alhaja y huir con ellos muy lejos. dejando tras sí estelas de deseos. del humo del cigarro o de las sombras de la pieza. y con miradas en las que hay irradiaciones del ajenjo. De sus labios. satisfacciones de un momento. buscando una silueta. el corazón da alegres saltos. Poseo madonas a quienes adoro y que todos vosotros conocéis. las enriquezco. pláceme bautizarlas yo mismo. ellas son las predilectas. el ánimo brumoso. en la noche. al calor de la lámpara amiga. revestirlas a mi capricho y amarlas. doy tesoros de ternura y de abnegación. las piernas aceleran ligeras su marcha para ir y verla y alimentar la quimera con el descuerdo de la expresión de su rostro o del brillo de su mirada. el cuerpo lacio. se cree ver surgir la figura tierna. la alentadora la que copia los versos que yo escribo. todas las que al pasar ante mí revisten las formas de ciertos sueños míos. inclinando ligeramente su cabeza de . las amadas de mi imaginación. los besos dados y devueltos. esbelta entre todas. o en la noche al adormecerme y verlas. para cuando el alma ya herida. para cuando del humo de mi cigarro brotan parejas brillantes. para cuando sólo aspiro a la calma de las sombras y el silencio de los templos. al descender profana ese lindo pie tocando la arena del parque. además de los goces intelectuales y de los imaginarios. Yo ignoro el nombre de muchas de mis madonas y quisiera ignorar el de todas. Luego. para cuando siento crecer la nostalgia de la grandeza y pienso en príncipes wagnerianos y en rítmicas valkirias. donde el ir y venir de brillantes trajes y el constante mariposeo de colores y de cabelleras produce mareo. Las poseo místicas consoladoras. las miradas que se han recibido. a lo ruidoso. ángeles guardianes. tal como a mi caprichoso ensueño place verla. las desconocidas. se reproducen y se coloran como a través de un prisma. y con una sonrisa me recompensa. en el cuadro de la ventanilla de un coche. Surge la primera y la más brillante. toda una serie. los apretones de mano. pequeñas delicias. la imaginación las alimenta y las hace ser siempre buenas y las viste de espléndidos ropajes. sólo salen las palabras que yo amo y a sus almas que ya creo ver retratadas en sus rostros. distinguiéndose por su elegancia y sus señoriales maneras. aquellas a quienes tal vez no volveré a ver nunca. para cuando en mi cerebro resuena la danza. Ellas. Ellas me dan. en la alfombra del baile o en el tapiz de hojas de un paseo. en realidad. Ella es la confidente. la que en los ratos largos y frecuentes de desaliento me invita al trabajo con una mirada. paráfrasis por Jean Lorrain) No soy muy rico. ir acechando una mirada. la princesita. amante. las he fijado en mi mente para luego crearlas a mi antojo. con labios de perdón y de dulzura. ¡Y son éstos los mejores amores! La imaginación les dio forma y vida. en cualquier parte. las hago tal como yo hubiera querido encontrarlas. Ahí. y cuando se cree distinguirla a lo lejos. y que sus nombres tengan el don de despertar todas las virtudes y todos los sabores que mi ambicioso ensueño les dio. Las he visto en un rincón de una calle. que al descender del carruaje muestra el más leve pie. bajo mi lámpara. Y la poseo también compañera ruidosa a veces y a veces triste. Unas recorren los parajes elegantes con una mirada alta y el aire vencedor. como es la de correr tras la casualidad de un encuentro. marcha altiva. Las poseo para todos mis estados de ánimo. las que pasan como una visión. Y así. y que me amen sin tan siquiera sospecharlo.(BAUDELAIRE. no son más que sombras pasajeras en las que están encerrados muchos ensueños que se multiplican. ¿Dónde? Por todos lados. Y nada es más dulce que las entrevistas.

Luego. poeta! Despierta soy la ausente. con la otra me señala la cruz. oír de tus labios altivos. al reflejarse en sus cabellos. me entusiasma y conmigo se entusiasma y celebra cuanto yo hago. Del paladio de la fantasía sale molesta. producen irradiaciones de divina luz que rodean su faz como un nimbo. fijos los amantes ojos sobre las heridas de un Cristo. castillo de Cuento de Hadas. sentirte después fatigada. mientras la danza se pierde o se suaviza. sintiéndonos mecidos. la enferma. quisiera avanzar hacia ti. los cirios. no bajo el estruendo de las fanfarrias ni el gorjear del minueto. la miran un rato suplicante y de nuevo se abaten como abrumados por tanta grandeza. se levanta Chapultepec al brillo postrimero de la tarde que va a morir. arrollados por el torrente de la danza. ahí. la que viene a mí en todos mis dolores y en todos mis hastíos. Veremos nuevas rosas cubriendo la pradera Y atravesando lentos el amplia carretera Cargados ya de mieses los carros crujirán ……………………………………………………………. Peruginos y Boticcelis. la vi infinidad de veces siempre sonadora.Venus. y mientras con una mano toma la mía. Sun alejarse del altar. Otras veces princesa. clavando sus ojos en los míos. pintado de Lebrun. Me acoge cuando cansado de la vida y de mí. inclinarme . ha vigorosas formas de ensueño. ella me guía a través de santuarios llenos de Fra Angélicos. cuando profunda reverencia la saluda. vibrando a los lamentos de un órgano o de un cántico sagrado que cual incienso. no entre el humo de polvo que el carruaje levanta al arrancar hacia allá donde. vestida de muselina. arrodillada al pie de los altares. Muy pronto los cristales de la fuente En la marmórea taza cantando bullirán. princesa! El sueño que haces nacer cuando siento en mí la nostalgia de lo grande. mientras las luces se agitan y parecen acompañarnos en nuestro vertiginoso último arranque. A través de su finísimo cutis se ve latir la sangre azul. me infunde serenidad. sin perderse nunca. murmurando a mi oído sentencias de Kempis y versículos de los Profetas. siempre con un libro en la mano. Con ella sueño místicas peregrinaciones. ahí. gira y se eleva hasta la nave. “Graciela” y la misteriosa Ligeia de Poe. me mira. donde en cada ligera silla hay pastorales de Watteau. desfalleciente. La compañera surge de entre un grupo de creaciones de poetas. y muchas veces la vi avanzar apoyada en mi brazo. Y así va y viene. a pesar del túmulo de colores y bellezas. cuando creo verte en coqueto salón Luis XV. Tal es ¡oh. haciéndome sentir la delicia de no estar solo y murmurando a mi abatimiento: ¡Despierta ya. volverte a tu sitio. palabras que sólo los favoritos de Catalina de Rusia e Isabel de Inglaterra pudieron oír. la virgen de los cabellos de oro vive en el reposo de las media sombras. ¡Enlútese en buena hora la gran naturaleza! ¿Hay una primavera mejor que la belleza? ¿Hay pájaros que canten cual canta mi laúd? . la clorótica virgen de cabellos de oro. Aubin. donde cada rostro recuerda pasteles de St. La vi en una ventana. “Beatriz”. y al recordarlo apareces. Ella me hace amar lo puro amándola a ella. sus ojos van a la imagen como si fuera a orar. grave y solemne siempre. La vi también tan sólo un momento. besar tus manos y recoger una de esas miradas que hacen inclinar mi frente y mis ojos clavarse en la punta brillante de tu satinado pie. sentir la violencia del latir de tus senos. princesa. no bajo la sombra de los parques tumultuoso. ella me hace sentir todo lo grande del dolor y todo lo ínfimo de las pasiones. donde en el Plafond. arrostrar el brillo de tu soberana mirada. pálida. ahí. ahí me apareció mi segunda madona. tomarte entre mis brazos e ir. No. sacudidos.

pues. Seguid siendo las Reinas de mi Paraíso artificial. ni aún tan siquiera verlas demasiado cerca. a mi compañera en su ventana ojeando un Poe ilustrado por Manet. cuando me adormezco. ¿Les amaría como las amo si todas las gracias de que las revisto y todos los dones con los que las orno hubieran pasado la frontera de lo imaginario? Seguramente no. que me inspiran deseos más vivos. por el lúgubre y cruel eco del inexorable ¡Jamás! del Cuervo. ¿Habéis existido? En forma. 5 de septiembre de 1896) . al menos. más humanos. todas tres. y por lo mismo no pueden tronar cual vosotras tres en lo más puro y en lo más alto de mi ensueño. Temo por mi pobre ensueño. Sueños tengo también de puestas de sol maravillosas contempladas al tiempo que la música de Schelay o la de D’Annuzio respondía y daba forma a tristes pensamientos. sí. en las iglesias. recuerdos de tardes pasadas con Ulalumes y de fatídicos presentimientos dados por el eco. En lo alto. Todas las tardes veo a mi Princesita en su carruaje. a veces se mecían. la Luna parecía mirarnos con su gran ojo profundo. Paso a su lado. temo no verlas más bajo la luz de mi lámpara o en las sombras de mi alcoba. pertinaz como el de un muerto. pero ni quiero hablarles. Y ahora volved todos al antro del ensueño donde vivís. DÍA BRUMOSO (Monólogo de triste (El Nacional. sigo amándolas y con ellas seguiré soñando. con otras menos castas y menos bellas. Seguiré amándolas a solas y en silencio y eternamente ignorarán mi pasión. Seguid. como despertando a su voz. como abanicándose a su paso. sonrío a los ensueños donde ellas figuran.¡Que en el cristal se cuajen las gotas de la lluvia! Mientras mi cuello ciña tu cabellera rubia ¡Un sol en nuestras almas hará la juventud! La música del poeta unida a la de su voz daba a mi alma vibraciones nuevas y nuevos estremecimientos. las hojas crujían a veces. a la virgen de los cabellos de oro. no quiero conocerlas. con otras que surgen en otros momentos y que en las sombras me esperan.

hecho para dos. con disgusto. allá una caricia. vienen a sacarme de negros sueños. el cielo se ha velado con oscuridades vaporosas. le lecho hasta el que. que vaga de estancia en estancia cono un alma en pena. Salgo al campo. hacen abrir mis ojos. húmedos todavía de los besos a cuyo calor durmiera. que mi alma harto velada está. sobre la hierba mojada. Y este día será menos desgraciado y pesará menos sobre mí. qué haces solo. Luego un sinnúmero de objetos. recibí un beso. sólo siento ruinas en mi interior y sólo ruinas quisiera ver a mí alrededor. su mis paso no irán ya acompañados de otros pasos ni será compartida la sombra? Todo puede acabar.Los primeros rayos de luz que filtrándose por las persianas y formando anchas líneas luminosos sobre la alfombra. si lo único hermoso en tu vida era ella!” Y así camino. Ahí. . Yo quisiera la destrucción universal. tenues. lo sabroso de su sonrisa… Hoy sólo reflejan un rostro pálido y huraño. los pisos crujían a su paso retozón. extendiéndose. antes estaba llena de la música de su risa y del aleteo de su bata. el lindo pájaro a quien encerrabas. apoyando en mis piernas su cabeza de pájaro travieso que mis dedos peinaban. sí. ¡Pero no! El día ha amanecido brumoso. es mejor. las mieses se han inclinado abatidas. ha recobrado su libertad. la carretera ha quedado vacía. ¿Para qué los claros días calentados por los soles de oro? ¿Para qué la abundancia de la vida y la proclamación de la alegría? ¿Para qué la brillante cinta de la carretera. naturaleza. la sonriente alegría de los campos. ¡cómo puede haberla en mi rostro cuando mi cerebro arde y mi alma está árida y seca! A cada paso un recuerdo. un cajón entreabierto. Yo despertaba y la veía dormir. me atormentan. claman ¡libertad. se hunden en el lodo. se ensucian. un zapatito charolado de alto tacón. donde abunden los colores y donde fulgure el oro fundido. camino muchas horas. y de cuando en cuando alzo el rostro para recibir su frescura. Ellos inspiran ideas de libertad. todo hundirse. bajo la lluvia. libertas!. todavía ayer. En mí hay destrucción. la vuelta a la nada. por todos lados algo me hablaba y me dice: “¡necio. vagaban en el sueño que daba una sonrisa a sus labios. Quelle est cette langueur Qui penetre com coeur ? Largo rato quedo apoyado sobre el alféizar. para qué vives. negra. hablan de campos amplios y de dilatados horizontes. Y la casa toda es inmensa. de la libertad que ella ha recobrado! Decididamente esto me hace mal y me retiro. ¡frescura!. la mirada perezosa y desconfiada de las vacas me atrae. los montes. o quién. ligeramente azulados. bajo ese árbol inclinado como para volver a la tierra de donde brotara. sonde resuena la galopante canción del látigo y dan sombra los árboles? ¿A qué todo esto. un lazo caído. mis pies doblegan la hierba húmeda. los campos están húmedos y despiden olor de playa. llegaba un dorado rayo a despertarme. ¡Ideas de libertad. la magnificencia en todo cuanto rodea mi decaimiento y mi miseria. Los lejanos montes. la lluvia va cubriendo el paño de mis ropas. llenos de soledad y de mudas angustias. lo primero el lecho ancho. cae! Forma montes de lodo. Pero qué cosa más insoportable que la casa vacía. lodosa. como mi felicidad y mi alma se han hundido. el canapé donde se recostaba. Me levanto con pereza. regocijándome en el duelo que envuelve lo que ante mí se extiende. la ironía de un esplendor de cielo. los espejos reflejaban la blancura de sus dientes. vélate. queriendo adivinar quiénes. temiendo encontrar después de las soñolientas tristezas de la noche. y viudo de lindo pie a quien albergara. ¡Lluvia. puesto que responde a mi estado de alma: Il pleura dans mon coeur Comme’il plent sur la ville. una flor por ella regada diariamente. sobre el lodo.

de mi voz. las hojas y las bestias ríen de mí de mi triste aspecto de huraña alma en pena. Con ansia espero la noche. de sus húmedos labios hechos para halagar. Y con ansia espero la noche. ni las noches de ajenjo.¡Crueles!. no los lluviosos. la obsesión de sus bellos brazos hechos para estrechar. de nuevo la soledad. ella brotará de la copa. producirán ruido parecido al de besos. reís de mí. la ironía de los días luminosos y radiantes. como aquí me persiguen los recuerdos. pero después… después. de mi dolor. Mi lecho estará frío como un sudario y en vano querré enlazarla y en vano clamaré. me persigue en las sombras de la alcoba. con ansia y con temor. traerán la calma. la negrura y la tristeza de los brumosos. sonreirá como sabe hacerlo. será una noche de ajenjo. las gotas al caer al fondo y fundirse en ámbar. Y ni los días brillantes. [¡] ni poblarán mi soledad! UN RETRATO (Revista Azul 31 de septiembre de 1896) .

se murmuran palabras al oído. los presumidos ancianos. canciones. inclina fervorosa el cuello blanco y frágil como el lirio y desgrana oraciones ante un cristo que parece llevar en su atormentada faz el dolor de tantos siglos como tiene de edad. se afanan por encontrar las coronas que sin distinción les arrancará la muerte. que van. ya por evocaciones del pasado. los guerreros se miran asombrados por que allá en el fondo de la galería avanza lentamente un cortejo de reyes. guerreros que lucharon por el amor de una doncella. ojos que ansían colores. recitando romances a cándidos batalladores y sencillas mozas. las figuras se pierden. y mi melancolía ha crecido al pensar que la felicidad sólo depende de haber llegado un momento antes o después. ninguna tan indeleble. los reyes salen. que gustan del silencio y de las sombras. Muchas veces. de Carlos V. si en la mejilla de la bella rodaba la lágrima. murmurando nueva balada. un perfil de mujer entrevistas apenas. palabras entrecortadas. . Soñadores de hoy. me parece. hubieran podido ser recibidos por alguna princesa. Las empolvadas marquesas de Luis XV. Esas viejas camas de los museos me intrigan particularmente. almas de trovadores ideales. una alhaja. fue testigo. súplicas. caprichosamente vestidos. El guardián. luchan en una oficina amontonando números. Hombres de empresas. una mano divisada violentamente al correr una cortina. chirridos de trenes sobre el riel. en medio de torneos y conquistas. Todo me era ahí familiar. y sobre su joven rostro se hubiera clavado conmovida mirada de ricas damas. cuando su destino era ir de plaza en plaza. idean agasajos. al que con frecuencia me encaminaba cuando las sombras caían y estaba seguro de no encontrar visitantes. los muertos. pensad. Paréceme que a esa hora la soledad. y hubieran ido contentos. se confunden. ya no me temen ni les estorba mi presencia. da movimiento al brazo de una armadura o parece entreabrir as corinas del señorial lecho toscamente esculpido. me dejaba errar a mi antojo. vuelven al lado de los objetos a cuyo lado vivieron y que tal vez amaron. ¡se habrán albergado en ellas tantas alegrías y tantos dolores!. Pienso en la mañana. sin preocuparse por lo avanzado de la hora. Pero no.Las más gratas sensaciones de melancolía que he podido experimentar fueron siempre en un pequeño museo alemán. es entonces cuando he comprendido que. una grase medio oída o una nota solitaria me han llenado de extraños deseos. y los hay viejos y jóvenes. en los años que vendrán y en los que ya nosotros formaremos parte del pasado. después de preguntarme si he soñado. si sus poemas conmovían. habrán vivido y arrastrado días monótonos. aquello que hubiera podido formar nuestra dicha pasas muchas veces a nuestro lado sin que nos sea dado el poder de detenerlo. no sólo la he sentido al salir de los lugares donde duermen reliquias de otros tiempos. al dejar velar mis sueños. llegan. tampoco están ahí. de lo que hubiera podido disfrutar. sedientos de variedad. a sordos gritos. Nüremberg. ¡Una vieja cama!. crujió a convulsiones de dolor. llega diariamente. espléndidos y mezquinos. en los que ojearán mis libros. Y de todas estas sensaciones producidas. de improviso las oraciones cesan y los murmullos e suspenden. ávidos de progreso y de ciencia. oraciones. Luego. nunca pude ver los empolvados y descoloridos objetos sin extraña emoción de ternura y de tristeza. el mismo lecho que escuchó palabras amorosas y que albergó sueños de virgen. se ahogan en una atmósfera pesada. en esas edades. como la experimentada en ese mismo museo de una ciudad alemana. La anciana severa cuyos hijos murieron todos por el rey. que me conocía bien. y sentarse en sus sillas. ¿cuántas vidas piadosas o criminales se habrán extinguido en ella? Los que vuelven a la hora de las sombras a abrir sus cajones. al completar lo visto a medias. al lado de esos seres desaparecidos. cantos y juramentos. abren las portezuelas de las pintadas carrozas. La casualidad que rige los destinos es así. almas que piden creencias. se arrodilla ante un nicho gótico. grandes y pequeños. es entonces cuando mi ambición ha nacido. se desvanecen. se forman y aguardan el heroico clamor de la trompeta que no sonará más. ninguna tan profunda. los galantes. Entonces. ante un retrato de mujer. y sin embargo. Un rayo de luz que viniendo de la ventana multicolor. Muchas veces he creído oír cuchicheos. de lo muerto. grandes que dejaron los palacios por celdas frías y desnudas como tumbas. Siento que en esas edades que yo evoco. Esa extraña melancolía. compasivos y crueles. son roídas por incurable nostalgia al vagar entre trajes negros. me invade profunda melancolía. a noches de insomnio y de angustia. pienso en los que dormirán en mi lecho. reyes que emprendieron cruzadas al oír la voz de un humilde monje. Los guerreros de Francisco I. avanzada o se retira. la melancolía de las cosas pasadas. hubiera podido ser feliz. intentan rimar rondeles. avanzan en silencio. ya por fugitivas visiones. hubieran recibido por don una blanca mano tendida a sus labios.

a causa de tiempo. tiernos. Y volvía a ver el cuadro con mayor atención. harto conocía su sabor. Sus ojos grandes. en la galería de un pequeño museo. ¿pero dónde?. esbelto. confundiéndose con otras muchas telas. ligeramente malicioso se habían reflejado entre otros. los ojos grandes. acabando en exquisita barba. preguntándome “¿dónde he visto yo esta figura?”. ella con su expresión de indulgencia y con sus labios rosados que tantas frases de perdón regalaran. ella nunca. pues todo en ella me era familiar. nunca podría realizar mi ensueño. y sólo un una media luz. Ella había existido. Era ella con su mirada benévola a veces. apenas si se distinguían sus facciones. el fondo casi negro y confuso. y teniendo una expresión al mismo tiempo de ternura. rasgados. Quedaba esperando tontamente no sé qué. confundiéndose casi con el color del talle.océano ennegrecido y todo encerrado dentro de un óvalo oscuro. ¡Con que afán mis ojos la devoraban! Haberla buscado tanto tiempo para venir a encontrarla ahí. rodeada de la filigrana espumosa del encaje. y la miraba con marcada atención. ¿Dónde? ¡Dónde! ¡Ah pobre loco!. que por ser más moderna que las otras visitaba raramente. la frente ancha. esos cabellos yo los había visto y había aspirado su perfume. surgiendo de entre encajes parecidos a la espuma. envuelto y oprimido por la tela de un verde. celos furiosos contra el anónimo rival que de tantos años me había antecedido… ¡Tal vez si yo hubiera vivido entonces. y amado a seres muy diferentes a mí. de perfecto busto altamente erguida. a veces agudamente maliciosa. ya casi dominada por las sombras. a los que daba sombra abundante ceja. y había tocado su sedosa suavidad.. el cuello alto. tomar sin duda. perdida. sobre la cual se levantaba ligera masa de cabellos empolvados. y brotando se destacaba la blancura del rostro. me detuve asombrado ante un retrato. Yo me alejé. y mis ojos la contemplaban más y más y mi corazón se ensanchaba más y más. Al llegar al fondo de una galería. elevándose en elegantes rizos. la boca. casi griega. la que había hecho estremecerse y vibrar todas las fibras de mi alma. ovalado. y mi oreja creía oír aún frases de perdón salidas de ellos: el rostro todo fino. Poco a poco las sombras se fueron cubriendo. todo lo había visto mil y mil veces. Sentía un gran peso como si ese día hubiera perdido el ser más tranquilo. el talle. ella en fin. yo los había visto brillar más de una vez. ni pequeña ni grande. hecha para ser estrechada por dedos amoroso. la del busto y ligeramente la mancha grisácea de los cabellos empolvados. que hasta entonces no había visto. y en mi ánimo se despertaban los celos. para irse desvaneciendo. entreabriéndose con risa de bondad y de acogimiento. ¡Yo había llegado demasiado tarde! . había amado y había sentido muchos años antes que yo. ¡dónde tantas cosas he visto que nunca podré tener! Vaya si me era familiar.. iluminaba vagamente los objetos. Sí. apenas si resaltaba la blancura de su egregio busto. esos ojos que parecían clavarse sobre mí. parecían brotar de la negrura de la tela y envolverla. como que hacía muchos años la veía en todos mis días de tristeza y en todas mis horas de deseo. ¿cómo? No podré decirlo. y de malicia. Ella había vivido. nunca volvería y yo nunca. esos labios harto los conocía. la nariz larga. el talle oprimido dentro de la oscura tela. de sus labios de perdón. ella ante la cual sentía impulso de exclamar como Senencourt “oh femme que j’aurais aime” o más bien “oh femme que j’aime”. de sus labios sonrientes. arqueada. tal vez porque la creía imposible.Era muy tarde. todo lo conocía ya. de labios muy rosados y tenues. tintes cenizos y perderse por fin en el fondo de la tela. hubiera alcanzado la felicidad! ¡Llegué demasiado tarde! Y quedaba inmóvil sin poder alejarme. habían salido tal vez las mismas frases que yo soñé pero habían sido para otro. delgada. ¡Oh! La adorable figura de la Regencia trazada por la mano maestra de ignorado artista.

Su nariz romana. le hizo daño y la lucha comenzó. lo divino de su cuerpo. tocar sus músculos. hería haciendo destacarse la blancura de la piel sobre el rojo estanque que brotaba caliente de donde él pasaba las uñas. cuando se arrancan carnes y en la sangre que corre va y baña el alabastro de sus pies perfectos. proas marfiladas de imperiales galeras. porque si los unos acariciaban y atraían. Tuvo cleopatra muchos amantes y todos murieron. desafiar su mirada. la seda áspera de los tigres. musculosas. se iban cerrando al descender como los pétalos de un lirio. En las tardes de agosto. lo rojo de la sangre de sus heridas.CLEOPATRA Para Vicente Acosta (Revista Azul 27 de Septiembre de 1896) Ella ignoraba el porqué y si era su verdadero nombre. eran cortejos bronceados. Sus piernas. los que por sus soberanos brazos hubieran pasado aquellos a quienes su mirada esclavizara. en los crepúsculos de fuego interrogaba las nubes. Cleopatra. ligeramente curvas por su talle. entonces se sentía atraída. aspirando el humeante olor de sangre y mirando con desdén su obra. con la altanera cabeza del león que la hería. voluptuosamente se soportaría el dolor causado por la herida de sus fuertes dientes de mármol. los otros se juntaban y envolvían encadenando. Las noches tempestuosas hacían que sus pasos se abrieran. siente rozando su piel las crines erizadas de los leones. desafió la indomable mirada. Sus senos se avanzaban. Sus ojos se abrían grandes. aspiraba largamente todo perfume. Parecía que su boca y su nariz bebían. parecían hechas para huir. Su cuerpo jamás pudo soportar los estrechamientos de los trajes modernos. le tomó la crin. las provoca. se confundió con la crines. las mira a todas. largas. se clavaban fieramente y dominaban con la serenidad de su grandeza. parecida a la de un mar tranquilo. Las líneas. creía ver el entierro de los matices luchadores a la hora del crepúsculo. Todo cuanto le rodeaba le parecía pequeño y mezquino. sus soberanas formas sólo eran dignas de ser tocadas por las brisas y por las aguas. con lo delicado de su mano contrastaban sus brazos fuertes. desvanecerlos. Sus pirando se resignaba a vestir de sedas muy finas sin permitir que oprimieran nunca sus miembros Sentía irresistibles deseos de algo que no podía definir y que a su alrededor no encontraba. a los que conocieran la delicia de sus caricias. Su placer era ir y ver fieras. lucha con ellas y cuando se siente débil. luchar con los peñascos etéreo. Sus labios tenían el pliegue tiránico. confundirse con su respiración. cubrió de púrpura el cuerpo. pero desde niña la llamaron Cleopatra. sonríe cuando se muerden. Sobre los mosaicos del piso las fieras iban y venían rugiendo sordamente como a la proximidad de un peligro. los senos se agitaban con violencia. Los cabellos abundantes y negros como el dolor humano caían sobre los regios hombros. hirió el vientre que se tiño de rojo. aspiraban el aliento de sus elegidos. su mirada dilatándose hace caer las patas de la fiera pronta a saltar. la carne se estremecía… la bestia dio un zarpazo. tropeles de colores que avanzaban fundiéndose. hasta esparcirlo en el interior de su cuerpo y estremecer sus nervios con la fuerza del aroma. completamente desnuda. Luego. penetrar en el fuego de los horizontes y sentir el saetazo del postrer rayo del Sol. Cuando casi todas las fieras estuvieron muertas o heridas.¿qué les podía quedar sino el descanso de la tumba? Un día su capricho fue a domar fieras y desde entonces no vivió sino en su compañía… Por la ventana rayos de sol moribundo. como queriendo beber la atmósfera cargada. hubiera querido subir. abundantes y negros como el dolor humano. sentada sobre un escabel hace que las bestias combatan entre sí. lo aspiraba largamente hasta hacerlo pasar. Sus cabellos. sus brazos fuertes. entro de ellos se ahogaba. Cleopatra fue a él. con las patas. contrastaban con lo delicado de su mano. pesados. combate de matices sombríos. Era el único que no estaba herido. y en la negrura del cielo rasgadas por el cruzar brillante del relámpago. pero por un beso suyo. las excita. . se levantaban erguidos. cubriéndola de gigantesco casco de obsidiana. en medio de la pieza quedó un león. Cleopatra cayó a tierra la blancura de su cuerpo. sensual. batallones de llamaradas que brotaban de tronos azules. por sentir y beber su humedad.

pero sus buenos deseos se cumplen. leed a Huysmans. Los "Croquis modernos" y las "Balas negras" son las dos partes de la obra que tal vez prefiera yo. bajo la confía. entre pechos nacientes apenas y que los ligeros brazaletes ceñirían puños bien frágiles. Cleopatra se agitó. del que ya he hablado antes. la arlesiana que pasa entre las espigas. a Maeterlink. Los versos de juventud de Olaguíbel son vírgenes que llevan: ya el presentimiento de sus futuros duelos podía exclamarse de ellos con Casal. Balada roja del crimen. Ignoro si Nervo odiará. glorioso príncipe llegando de lejanas comarcas el "Oro y negro" del muy alto y señorial Francisco M. FRANCISCO M. perlas muy pequeñas y anillos muy diminutos. el soberano tedio. se incorporó. el invencible tedio. Con qué unción. Sus sueños son "albeantes" pero en esa blancura vive ya el temor de lo negro. Balada rubia donde el cognac gorjea y dice al triste "el tesoro de sus campánulas de oro". baladas donde sonríe la piedad. baladas sombrías. ella tiembla y piensa en el mistral que se acerca y silba y sacude y estremece. en los "Croquis modernos" tiene Olaguíbel notas únicas. baladas donde llora la tristeza y bosteza el tedio. y para mí una aventura. de Olaguíbel. León Clade ha dicho que los odios de los poetas son sagrados y parece haber en ellos algo de hechizo malhechor que hace concluir mal aquellos a quienes el poeta lanza los rayos de sus iras. leed su "Obsesión". a Berrearen. ORO Y NEGRO (El Mundo 9 de Mayo de 1897) No hace mucho que con su habitual florido lenguaje de poeta. entre otros ejemplares cita Napoleón III. llevan "la tristeza de los seres que deben morir temprano".abraza y da sus besos de fiebre al poeta. baladas sencillas. no parece salido de la pluma de Huysmans antes que la trapa y la brujería lo hubieran conquistado. donde la sangre brota de los senos desgarrados de la amada. después del libro cruel. En las "Baladas negras" cantan todos los tonos. desesperante. Ya. Baladas donde la enfermedad -"madona sombría y pálida". de los jóvenes maestros de este fin de literatura. Después de "Claro Oscuro" de Ceballos. áspero y desnudo como la carne desgarrada sobre la plancha del anfiteatro. y aunque el Sol se radiante y azul el cielo. nos viene. se aleja de la Farandola. En la primera. piedras delicadas que se regalan a las mujeres cuando son niñas. mirad "Las aguas fuertes" de Feliciano de Rojas y decidme si el autor del "Oro y Negro". "El amor moderno" en el que quiero detenerme más tarde y la "alcoba" y la "mística". tosca caja encontrada al azar tan pobre ¡ay! como su rico contenido. no flota en la melancolía. la pureza de los diamantes y el oriente de las perlas me era conocido. escribía Amado Nervo un artículo en el que manifestaba sus legítimos deseos de ver impresos y corriendo por el mundo los libros para él predilectos de algunos amigos suyos. con qué estremecimiento de manos. enlazó en sus brazos el cuello de la bestia. la Balada de las almas tristes y la de las "Perlas Negras". DE OLAGUÍBEL. a Rodembach. La provenzal. abrí el joyero brusco.El león bebió la sangre. lóbrega balada que solloza brotando del vaso donde se buscó el olvido. o actualmente de Bachilde: No casta hermosura ni rostro de princesa Ni ojos en donde brilla la luz de la ilusión: Satánicas beldades. Sabía de antemano todo cuanto encontrar: primero las joyas sencillas. después de las miserias vistas y expresadas en saliente y enérgica prosa. lo lúbrico y lo místico. Decidme si el "Amor moderno". perfiles de faunesa Y trágicas pupilas de ángel en rebelión. . la atrajo a sus senos desgarrados y murió estrechando más y más la cabeza del león homicida. al canto zumbador de la cigarra. Al leer los versos de Olaguíbel pienso necesariamente en los modernos maestros belgas. Sabía bien que el oro de esa Rimas temblaba en carnes muy pálidas que su brillo serpenteaba tras la filigrana de los encajes.

se ha formado en un medio esencialmente literario. el último de sus magistrales "Rondeles". ¿estáis contentos? ¿Se levanta la gosserie? Dejad que las pelucas académicas se estremezcan. Vive arrinconado en Provincia. vibrantes y soberbios De donde brota el canto sonoro de los nervios -Hechos de fibra y fósforo. un sol esplendente brotando raudo en medio del crepúsculo. engendrando su inmensa Comedia humana. entonces. en su alma se hubiera despertado el recuerdo de los viejos hechizos de las noches sabáticas. su infancia pasó entre las resonancias y las preocupaciones estériles del romanticismo: sobrino de Tablada. todas las obras del más popular de nuestros poetas o el pequeño volumen titulado Oro y Negro? . Y tenderá a sus plantas la poesía Las enfermizas flores de mis rondeles. sin embargo. Le ahuyentará la negra melancolía Y alumbrado del tedio. No creáis sin embargo al leer a Olaguíbel y sus clamores y sus llamamientos hacia el Nirvana. no. en cuyos pequeños grupos en nuestro país había de ocupar con Nervo y con Dávalos puesto tan prominente. Boca sensual y lúbrica que muerde cuando besa Con labios encendidos -flores de tentación. Si no conociera tanto a Olaguíbel. sí queréis después del poeta conocer al hombre. pálida y fría Iremos por la inmensa ruta sombría Entre un áureo repique de cascabeles Ahora. La adorada a buscarme vendrá algún día. hijo de Manuel Olaguíbel. os diré que Paco o el gosse como le llamamos. bebió desde temprano en las fuentes del modernismo. de médula y de luzY sea nuestra musa como un súcubo pálido que ahogue nuestras vidas entre su abrazo cálido mientras sucumbe el Sueño clavado en la cruz. Olaguíbel. Ahí en medio de la tristeza de las calles desiertas. decidme. Entre un áureo repique de cascabeles. los cantores del Cinco de mayo y de los listoncitos y los cielitos y las virgencitas produzcan mucho. es el más joven de los que hoy tienen un nombre en las letras. Y mi mano en las suyas. la villa muerta que inspiró a Rodenbach. muchísimo. que para siempre ha bebido la amarga hiel de la desesperanza. nunca pudo salir del cartucho donde sudaba. No me llaméis entonces. las sombras crueles Entre un áureo repique de cascabeles La adorada a buscarme vendrá algún día.No bocas ideales de sonrosada fresa. ¿qué pesará más. Y ahora. Amores ardorosos. no temáis a los canibalescos artículos de los jóvenes. al final de su volumen. -Singular contraste propio de los grandes artistas: Balzac. en la soledad de os viejos barrios tapiados por conventos. es todavía un grito de esperanzas. y tal vez subiendo a algún viejo campanario hubiera visto desfilar ante él cercándolo y envolviéndolo en sus macábricas caricias las roncas Euménides de que nos habla en su "Remordimiento". en el día no lejano de las compensaciones. el hombre que más mujeres y más mundanos ha pintado. lejos de sus amigos y de toda producción literaria. sus eternos bostezos de doloroso tedio. el ósculo gentil de la pasión. amigo Nervo. cada día más. la amada mía Me llevará a las filas de sus tropeles. es mi mejor deseo. que los poetas populares. cuando Gutiérrez Nájera tenga una estatua y se haya olvidado a Guillermo Prieto. lejos de todas las elegancias y los refinamientos que son innatos en él. a quien cupo la honra de poner al frente del Oro y negro tan artístico Propileo. al leer sus versos lo creería de raza blanca habiendo habitado largo tiempo Brugues. En donde tiembla. un canto claro y vibrante entre los gemidos de los órganos.

juguetona como muchacho travieso y vivaraz que tiene una madre buena. salta fuera. cosquillea y cubre mi cuerpo. un libro bien escogido es buena compañía. que no melancolizara ni filosofara. mi cuerpo todo siente algo extraordinario. si leyera Pablo y Virginia o Hernán y Dorotea me levantaría. corretea sobre el vientre. ¡Ser así como ella! Dormirse con pesado sueño en la noche. de todo lo que humilla y de todo lo que mancha. bajo un sauce que parece paciente pescador. me abrigo. en la orilla. cuando los árboles acabados de bañar. !Las amo! las amo con mi pensamiento que. traen demasiada pedrería y demasiado terciopelo para libremente pasear por los campos. En el campo sobre todo. tal vez porque las veo muy poco. ¡Ser así como la tierra! Lentamente. de amores en los que no hubiera engaños ni despedida. sus carreras y sus cantos me han cansado. Es dulce luego. sin las preocupaciones ni las pesadeces del día. el tejado de la casucha. limpios. algo sonriente y sano como la mañana. El agua es juguetona. cómo lo tonos del azul cambian y cómo la tierra bendice la luz soberana que la refresca. sigo mirando los movimientos de la onda o bien el paisaje reflejado. después de caminar sobre la hierba un buen rato. brillar con el alba. sus pupilas. sentarse. suele colarse dentro de los oídos o bien. inmensos pájaros caprichosos. incendiarse con la melodía. Después de un rato. e impune quiebra y juguetea con sus rayos. siéntese lleno de ideas sanas y luminosas. mis ojos se abren a la luz cuando ya el calor ahoga las estancias y el sol bruñe los pavimentos. los azules. El Mundo) (Revista Moderna en julio de 1899). Son muy raras. Las historias campestres amorosas.Y ahora esperemos los versos del maestro Balbino Dávalos (. una madre sonriente que no lo riñe y lo acaricia y lo besa. apoyar la cabeza contra un tronco y sin idea fija que trabaje. claras como el cielo que azulado miro huir sobre mí. fábulas bien compuestas de dulces vidas. dejándolo ir a su antojo. incurable noctámbulo. Sigo oyendo las pláticas y los retozos de los pájaros. Salta sobre los pechos. versos ligeros que fueran al compás de la onda y de la abeja. con pesar casi cubro mi cuerpo con ligeras telas y bajando hasta el río me entrego al incomparable placer de sentir las caricias blandas del agua que chapotea. vuelan. siento que en mí se remueve algo de bueno. siempre lo mismo. Cuando sus juegos. fresco. pero exquisitas como todo lo raro. y entonces !oh! sólo entonces amo la vida. y a lo lejos. Mis poros se dilatan. pasos de trabajadores cuando el crepúsculo vacila y así. un libro… ¡ay! Casi se necesitaría un libro especial. escuchar toques de ángelus. ir a la sombra. como si de nuevo nacieran. sí al menos con esa vaga melancolía de que siente pasar el desconsuelo . cuando los gallos cantan. las mañanas en que yo vivo. tienen todas algo de doloroso. sin desear otra cosa hasta que los siglos rodando y rodando sobre ella la usen y la desmoronen. no un libro que nos pinte la vida y nos diga sabiamente sus desolaciones y sus crueldades. ahí mismo. brillan un momento y luego cae con franca risa que canta y se repite al tiempo que se aleja con coquetas ondulaciones. Rey de los veranos. festoneando o esbozando mosaicos. deteniéndose ante alguna flor rara o en algún rincón de complicadas matas. Generalmente. huyendo de la mano que golpea. inmensas gotas. porque aparto mi vista de las míseras de todo lo negruzco. y en esas mañanas. cambiando y saltando como un pájaro. cuando los bueyes pasan perezosos hacia la inmensa hostia dorada que es el Sol. ¡ah! ¡Pero la selección es tan difícil! No un libro lóbrego ni un libro humano. ni hiciera tornarse en grave el pensamiento. algo de lo que respiran a las brisas que vienen hasta mi ventana. ola colora y la alimenta. olvido la hiel de la que mi pobre alma no es sino bolsa ampliamente repleta para mirar cómo las nubes. libro del cual estuviera vedada la tristeza. de la montaña caen como cortinajes trozos de bruma. tuercen y sacuden sus ramas y como espléndidos señores prestan su perfume. los que hablan de hadas y de príncipes son demasiado caprichosos. si no preocupado. contemplar las lejanías. tratar de distinguir algo en la montaña o simplemente oír el zumbido de las abejas y seguir en el espacio la curva que sin descanso trazan sus obesos cuerpos dorados. Los cuentos brillantes.) el Florilegio de Tablada. EL JARDÍN MUERTO (25 de julio de 1897. los penachos e los árboles y los relámpagos del Sol -porque el agua ni aun al Sol respeta. de las vagas ansiedades y temores que en mí se agitan. algo con lo que no estoy familiarizado. con el pensamiento tranquilo. La amo porque no pienso en nada. las Místicas de Nervo y la Carne del doloroso Ceballos. sin embargo. soy un enamorado de las montañas.

durante todo el año ninguna epidemia. habrá algún poeta que ignorando el dolor. ni envidia. Se detenía antes los túmulos suntuosos plegando sus labios secos con macábrico gesto. pobres y débiles criaturas. poniendo el revolver o e veneno en las manos de los cansados. acechando. haciendo sentir su imperio a todas horas en todos los lugares. la grande la Todopoderosa. rodeando todo. Quisiera algo que hiciera amar la vida. C La Alegría de La Muerte Para Jesús E. C. dominando sobre el mundo. la malhumorada la veía fríamente preguntándose si todos cuanto a habitaban podrían fácilmente caber en su tenebroso dominio y extendía su vista sobre los campos. cuando la luz celebre su apogeo y se sienta amor a la vida. ni ambición. ajeno a la queja y no teniendo nada amargo que enseñar. ninguna de esas matanzas en grande que la regocijaban llenándola de trabajo y librándola del roedor fastidio. presente. sitiando. una y múltiple. pensando en reemplazar trigos y árboles por denudas o labradas piedras y en apagar con paletadas de tierra el brillo de la ciudad. haciendo chocar los huesos de sus manos y mirando con sus miradas profundas y sin expresión las blancas pilas de sepulturas. A lo lejos. paseando su manto blanco a lo largo de las avenidas. que hiciera sentirla y desearla. sombra de Dios extendiéndose como inmensa bandera. cuando esté en su mañana. cuando aún no haya maldad. había tenido que ir de un lugar a otro.la muerte. su descontento era en verdad bien grande: desde arriba no la ayudaban. Durante toda la noche había errado de un lado al otro del cementerio. cuando los hombres sean buenos y las mujeres francas.humano rozándole. escribirá ese libro maternal para ser leído en las mañanas. se proponía trabajar duro y poblar toda un avenida . tal vez. la soberana derramadora de lágrimas el terror del pobre mundo. Para alimentar a sus gusanos. Valenzuela Nuestra Señora La muerte sentíase profundamente malhumorada. sobre los seres y las cosas. cuando de nuevo nazca esta Tierra y un nuevo sol la alumbre. ninguna guerra. afligiendo madres. confiadas a su cuidado. algo en su fin matinal. La muerte ¡La sola que verdaderamente existe! B. al retirarme expulsado por la invasión del Sol que reclama la soledad para dar su ardiente beso a la Tierra. No he encontrado ese libro y al levantarme. pienso en que algún día. los tiempos eran malos hasta el exceso. y los observaba sintiéndose llena de satisfacción al considerarse a dueña de todo lo creado. ASFÓDELOS (Agosto 1897) … Oh ¡La Muerte¡ La muerte soberana. viéndose obligaba a ahogar las súplicas y a apartar bruscamente los brazos defensores de las vidas queridas en su irritación. para nutrir la voraz tierra. acechando todo y cerrándolo cada vez en un círculo más estrecho. Al amanecer se puso en marcha razonando silenciosa. de la ciudad se levantaba luminosa polvareda. inmensamente poderosa.

La esposa dormía. los cuerpos fuertes. ahogó el grito. alarmado.se decía al salir-. En la primera casa que acercó a distinguir. Ahí fue recibida como una redentora. lo que la lleno de despecho aumentando su criminal impaciencia y su fastidio.. la orquesta. Caminando. le recuerdan su existencia. . casas que parecen rostros amables. En la noche. necesito de vos.¡Llevarme un viejo que unos meses más tarde hubiera ido por sí solo. pobre muerte. pareció ligera gasa velando un cuerpo muchas veces soñado y desead en todas las horas de desfallecimiento. No. sobretodo. prolongo sus frías caricias e hizo reverencia acompañada de horrible mueca al médico que precipitadamente entraba Volvió a oprimir con más fuerza. paseó sus dedos ásperos por el hermoso cuerpo. -decididamente. un constante temblor. “Bonito nido. encontrándose a un anciano. vuestra ciencia es tan grande. antes de volver a su dominio. el gesto espantoso. Como a buen tirano. vio con placer que todo el mundo se alarmaba. llamo su atención un poco más lejos. una casa en la que todo parecía sonreír. por donde quiera que pasaba dejaba ventanas cerradas. algo atormentada por tanto llorar. pensando que todos.ya lo veremos dentro de una hora”. que en sus nocturnos paseos le disgustaba por hallarse virgen por despojos humano. le dio tiempo para llamar. sus cortinas de colores muy claros. y cuando buscaba a quien llevar consigo una vez más tropezó con un médico. le estrujó el corazón.del camposantos. los dedos fríos. Fue luego una larga sucesión de asesinatos. penetró fieramente como señora y reina. decididamente e sido demasiado buena y es preciso vengar mi torpeza. se hubo cansado. librarlo de una vida que sólo era un peso. pidió agua y polvos. Las arrugas. Y diciendo eso maltrataba al sabio. y sus enredaderas en las que ha prendidos ramilletes de floras. largos y duros como tenazas. aparecía el lecho.murmuro la visitante. parecieron suaves y blandos. las luces. los rostros jóvenes. se introdujo en el cuarto de uno que la llamaba. acercó su boca infecta para aspirar el aliento de su víctima. sus pies se enfriaban. los rostros ajados. el goce de los otros la ofendía. consolóse. Los cabellos blandos le hacen pensar en la nieve y en lo frío de sus cementerios. el manto húmedo. casas donde las abandonadas se dejaban con huraños ojos sin atreverse a hablar. llegando como una amada a imprimir el beso sagrado. rompió el hilo que a la vida lo sujetara y se alejó impávida. prodigáis tanto la salud y la vida que yo. ¡Ah! ¡Señor doctor! ¡Apresurados vamos! Seguro será para arrebatarme a algún pensionario. después de haber jugado en esa vida como juega el gato con el ratón.. la sacudió y se alejó impasible sonriendo al coro de lamentos que tras sí dejaba. Ella busca. casas que detienen al transeúnte para hacerlo envidioso. sin embargo. le ahogó de un seco y formidable manotazo. el rostro ajado. pero cuando se disponía a usarlos. La Muerte exasperada. las hay así. una ruina!. que muy ocupado con la muerte de los otros. largas letanías de rezos entrecortadas por sollozos. apenas y se ocupaba de la suya: con precipitación penetró a una botica. rió de las carreras. pidió a gritos el auxilio de un médico. el brillo de los colores. y haciendo chocar los huesos de sus manos se entró recta hasta un cuarto en cuyo fondo. soy demasiado bueno y por lo mismo demasiado estúpida. el sudario medio desgarrado. pareciéndole que de algo la despojaban. vieja y como el mundo. La muerte tocó sus brazos desnudos. la disgustada dueña del cementerio. de los frascos traídos. los seres que harán falta y sobre los que el llanto dejará su humedad. oprimió ligeramente el cuello ara procurar un apoca de ansiedad. su cabeza y sus miembros se entorpecía. con sus rejas recién pintada. El anciano pensó que en el pasaba algo de anormal. haciéndola estremecerse de frío. le estorbaba. una gran iluminación la trajo le lentamente entró a un circo. tomaron las formas de un rostro joven y piadoso. la pusieron fuera de sí. y elevado como un trueno. A las cuatro de la tarde. se turbaba su vista y un inmenso terror le invadía. Las bendiciones que ahí recibió de nuevo la disgustaron.

lo resguardaba. “Bebe” dormía risueño. la parición de un payaso blanco como ella. y su constante bullicio por el más completo silencio. pues. La lucha duró varias horas. Reíd. reíd. llevó un dedo a su frente y miró de nuevo al niño “Vamos. rostros indiferentes o imbéciles. Vinieron los dolientes. pobres fantoches. y me pertenecéis hasta que mis huesos se rompan bajo las ruinas del universo. Vino a interrumpirla en su amenazante monólogo. Vino el ataúd de la desposada cubierto de flores llenas de frescura y de vida: ironía propia de todo funeral. sin que nadie absolutamente nadie. sentía debilidad. os hace creeros libres y dueños de vosotros mismos. que al parecer era sencilla. hasta que algunos minutos después los dedos tocaban de nuevo. Cuando sentía que los pequeños miembros se helaban. “Adiós. El honor de la muerte. Pensó en los besos y las caricias que diariamente debía recibir. interrumpiría la risa y evitaría el aplauso. lo cubría con su cuerpo para evitar los abrazos de la cruel. Aunque no quería confesárselo. los poderosos que los miserables. reflexionáis. dormía descansando de sus innumerables carreras y su eterno charlar Sobre su rostro caía el resplandor de una lámpara azul. para rodear de cuidados al niño. en su ancho traje de seda ostentaba.exclamó la fúnebre espectadora. yo contendré tus risas y te haré no reír del dolor” Y saliendo fue derecho a la casa de clown. me pertenecéis desde el principio de los siglos. inmensas calaveras llorando por sus órbitas vacías. Vino el niño en su caja pequeña. pudiera librarse de su yugo. le pertenecían. ella las recibía ceremoniosamente. mi honor no lo permite” Y comenzó la obra. delicadamente bordadas. y vuestra vanidad. la madre no se cansaba nunca y la muerte se indignaba. rostros afligidos y sinceros. cuando la madre se apartó momento dejando descubierto el cuerpecito. pero la madre removía la criatura haciendo circular la sangre y la vida volvía lenta. La criminal se detuvo un momento. el niño que alegraba el hogar con lo sonoro de sus risas y la constante movilidad de su pequeño cuerpo. rostros jóvenes. enlutado escenario de silenciosa tragedia que será el ataúd. corazones inflamados y seres que esperáis la aventura. vinieron el viejo y el joven y los otros. algo así como remordimiento de arrancar un ángel tan hermoso. Fueron horas de ansiedad. ninguno de vosotros pensáis que sois míos. el hilo de vuestra vida. pero entonces no habría dolor y el triunfo no sería completo. inflamando inmediatamente. no lo fue tanto. los mismos los alegres que los fastidiados. con solo extender su mano o dar fuerza a s soplo. hubo un momento en que pensó llevarse también ala defensora.¡hola! ¿Conmigo juegas y el dolor parodias? Amiguito mío. siendo colocados a pequeñas distancias en la avenida. reíd. sus víctimas llegaron una después de otra. en las carcajadas que el padre tenia que arrancar a su humor no siempre riente. ¡Pobres locos! Yo sola soy vuestro sueño. “Bebé”. les rendía todos los honores. lo defendía. de cambiar sus facciones nunca quietas por las inalterables líneas. los diminutos puños cerrados y el aire satisfecho. aceleraba a sus sepultureros. un día antes. ella le deban su calor y cuando la respiración era difícil ella le daba su propio aliento.se dijo ¿es que por casualidad me volveré compasiva? No. está en mi manos. la cabeza pálida encerrada en su marco de cabellos rubios. el frío volvía y la palidez era más grande. recobraba vida. os movéis. Al día siguiente. todos eran carne que engordaría a sus gusanos. ¡AH! “¡Ah!. desierta y llena ahora de flores. blanca y acolchonada como un lecho. como las palabras que decían. rostros hermosos. La madre acorazaba al niño. los inteligentes que los estúpidos. . Ésta. los pequeños ojos se abrían. “¡Hola!.absolutamente todos. había dado muerte a “Bebé”. a veces los dedos fríos tocaban la piel fina. hacía remover la tierra y sonar las campanas. haced los movimientos que en mí causan espanto. y casi estuvo por retirarse. rostros de ocasión como los trajes que llevaban. Al fin venció. estúpido como el honor de los hombres. Su debilidad la detuvo. hacéis ruido. hacía gestos irónicos parodiando el dolor de una pasión no correspondida. representad vuestra comedia hasta que el sostén se rompa y os deje caer sobre el tablado frío.

con manchas azuladas. amigo mío. en el fondo de un cajón. cuando e olvido los hubiera borrado de la memoria de los hombres. Tú. dos años después. al fin encontré lo que necesitaba. meneaba los cuerpos. desbarataba los cabellos que caían a lo largo de la cara color de cera. a criatura feliz y tranquila a cuyo lado refugiarme. tolerante con mis caprichos. las flores murieron sobre las paletadas de tierra. sabiamente. ni seré el bullicioso endemoniado de entonces… ¡Ven. pero no tienen una idea del estado de excitación y de pesar en que me encuentro. el deber me exigía darle mi nombre. Ven. mis estúpidas preocupaciones se . Te exponía el caso de conciencia en que me hallaba. Esa noche. comprado por mí últimamente. iba al niño. era pensar que si todos le pertenecían en cuerpo. palpaba las manecitas que antes removieran todo. se embriagaba en su olor e indiferente se alejaba acosada otra vez por el soberano fastidio.Las cajas desaparecieron. y de nuevo. su mayos goce. y observaba atenta los lugares donde más abundaban. Cerca del cementerio los perros ladraban. el ser hecho para el amor. de su mirada serena de sus cabellos abriéndose a la mitad de la frente y descendiendo rectos sobre la s sienes. un año. la carta que aquí se lee: “Querido amigo: “Lo que te escribo va a extrañarte profundamente. A lo lejos. por completo le pertenecían un mes. siendo pasto de gusanos. cuando mis convicciones. desde hoy. a ser el compañero de otros tiempos. pues siendo ella una criatura honesta. UNA OBSESIÓN Para Jesús Urueta En un pequeño mueble Luis XV. sólo hubo silencio. de su rostro apacible. La muerte de paseo a lo largo de las tumbas. te escribo diciéndote: “Amigo. amarillento. animándolo en su obra. el mejor compañero de otros días. a hacer mis deseos. La muerte se retiró su día no era del todo malo. ven a vivir al lado mío. encerrarte en un retiro de paz y labor. abría las recién cubiertas y se alegraba viendo el cuerpo puro. encontré. como os de una virgen prerrafaelista. a lágrimas se secaron. Te hablaba de ella. el que conoció todas mis dichas y todas mis angustias. o por mejor decirlo. la ciudad mostraba sus millares de puntos luminosos brillando como estrellas en el cielo oscuro y e viento mecía las ramas que dan sombra lo s lechos a donde nunca llega el calor. sólo que ahora no reiré. pues temo por mi pobre razón harto sacudida ya! “Debes recordar que poco tiempo después de haber tú dejado la vida de alboroto y desorden que juntos arrastráramos tanto tiempo para. humilde a mis deseos y que va. eres el único que puede oír y consolar mi desolación. Pero su gran satisfacción. la luna brilló con todo su esplendor. el cuerpo joven de la desposada que un día antes dormía sobre brazos amados.

le había hablado de mí. La pobre criatura adorada. vino el despecho que quiere herir. Sabía bien que ella no deseaba sino obedecerme. es cuando se ven contrariedades e inoportunos celos. de mi pasado.oponía un todo lazo oficial y definitivo. y quien podrá obligarme. Yo quise saber. había añadido que mi intensión era hacer lo mismo con ella. de las mujeres que yo había tenido y de todo cuando yo había hecho. cuando el demonio de la perversidad se aguza más. encontré a Julia toda en llanto. y un nuevo ser se reveló ante el débil. mi asombro. y tú sabes que cuando más deseo se tiene de engañar. que para el peor de los lugares por mí designado. he sido feliz al lado de una mujer. “Tú no puedes figurarte los dos años de entera. “En vano intenté consolarla. En su mirada encendida había rencor. pues no la conociste. él. el falso amigo creado para picar como la víbora. cada hora que vuela. feliz como sólo puede serlo un hombre destinado a pagarlo inmensamente caro. dado pruebas. si no me había casado. no. con el mismo gusto. para emponzoñar y hacer la noche en nuestra felicidad. a caso tú has venido por tu gusto. felicidad que a su lado ha pasado. no. Pues bien. preocupado solamente del encanto que de todo su pequeño ser emanaba. como la espuma del agua que se agita. jamás tuvo dos veces el mismo beso ni repitió la misma caricia. cada día que se va. Yo no era lo que ella creía ni lo que ella amaba. vengarse. el mismo escéptico egoísta que tú conociste. nunca pensé en engañarla. Casarme. si hasta entonces le había negado mi nombre era para impunemente poder abandonarla una vez cansado de ella. el bienvenido que la mujer aguarda pronta a entregarse. él.yo no seré como las otras. su casa. sólo a él debo mi desgracia. tal como ahora me pasa. las mismas facciones y las mismas cosas.decía. Su madre. “¿Te acuerdas de Carlos X? A él. . ‘Te casarás conmigo. se sacudía de dolor cuando entre sollozo murmuraba esta declaración. Después de lágrimas vinieron los reproches coléricos. l sumiso. En ella si bien a la hora dada brotaron terribles como los de la verdadera enamorada. contra lo que sentía amar aún en ese momento en que la desconocía. se ve engañada totalmente. y traidoramente. ¡Tú sabes que lo busqué para provocarlo en un duelo. yo era para ella todo lo grande y todo lo hermoso. Durante los dos años que de vida tuvo mi pasión. había citado fechas. como ella era para mí todo lo adorable. el bondadoso se tornaba en la leona iracunda que sólo quiere arañar y destruir. ¡El miserable…! El que diariamente se sentaba a mi mesa sonriendo. en el que todavía tuvo la suerte de herirme. a mí no! ¡Te casarás! ¡Te casarás!’ Y este grito brotaba constantemente de su ira. había desprecio. “Murió su madre y hube de traerla a vivir conmigo sin pensar en darle estado. la mano negra que se oculta en las sombras y hiere para siempre. jamás de sus pequeños labios salieron frases vulgares: era indulgente. he quedado tal como debe haber quedado Adán después de su expulsión del Paraíso. En su pobre vida de mujer yo era el esperado. sin gran esfuerzo soportar durante dos años las mismas caricias. con el mismo entusiasmo habría salido para la iglesia. he quedado herido para siempre. todo estaba pronto a sacrificar mi menor deseo. el miserable Yago entrando en mi casa para atormentar. mi orgullo estúpido de hombre se levantó contra lo que más amaba. de completa. yo. tú puedes imaginar cuál fue. lo exigí… y supe. nunca creí que un hombre algo refinado pudiera. a mí no me engañarás ¡oh. Yo nunca creí en la felicidad. cuando a mis caricias sólo contestó con reproches. a quien debiera aniquilar tan sólo con la fuerza de mi odio! “Un día. en ella se despertó la rabia de la mujer que confiada hasta entonces. él. Con mi habitual egoísmo y abandono me dije: “Ya habrá tiempo” y la hice mía. mortal. no te asombres. él. mientras no supo. que digo. y mi orgullo. mientras no hubo quien viniera y destilara las dudas en su conciencia. jamás pasó por su mente la idea de que yo pudiera ser falso. al llegar. lamento más esos dos años y los deseo con más intensidad. el amo indiscutible.

la llamaba. y la veía. su cuerpo. salieron de labios que jamás la habían besado. y pálida. a la que caro sentía a amar más y más ahora que no existía. después de breve pausa y de dar unos pasos sin dirección. no hice un gesto. Notas quejumbrosas e irónicamente alegres de organillos. impasible. y muchos pensamientos. clamaba maquinalmente: Te casarás. en mi criminal orgullo. reproches. insensibles como los de un mármol. la veía invariable. yo… Me reí. las líneas de su perfecto cuerpo se destacaban sobre la negrura del tapiz fúnebre. los ojos siempre cerrado. “¡Una detonación. pesados. ella que debiera agitarse y moverse como los demás.“A mis palabras siguió un rato de silencio. ninguna. Me miró un instante con una mirada que nunca más he podido olvidar. Un movimiento. como e queda después de las grandes y definitivas catástrofes. una palabra. una última convulsión. “Yo revivía las escenas y las caricias de eso dos años. y porque que había hecho. al contrario. de su muerte. por no hablar detenido. sus cabellos sueltos le servían de almohada. muerta. para mí. y todo era en vano. hubieran bastado para que ella estuviera viva. no levanté el brazo para detenerla. hundida en las profundidades de su sueño. “Pensando en mi culpa. luego. fue a la mesa de noche que a su lado tenía. ¿Para ella…? “La vi salir y no tuve fuerzas para acompañarla. absolutamente ninguna fuerza. “Me arrepentía. curiosos. una súplica. la lividez cadavérica de su rostro resaltaban vivamente sobre le negro como los marfiles de una laca. prodigándome sus caricias murmurando a mi oído sus palabras amantes… volvía a verla… el mismo pliegue en su rostro. y empuñando el revólver contra mí. nido de caricias ahora fríos. resonando bruscos. mucho dar vuelta a mi cabeza a ideas y recuerdos. decisión. yo quedé aturdido. la constante desolación. Había en la expresión de esa mirada. hice un esfuerzo para arrojarle mi ironía. Leo. extendido sobre el lecho bajo de ella. ella continuaba impasible la seriedad de su rostro me decía todo lo que os separaba: ¡estaba muy lejos! ¡Yo no existía más para ella! ¡Aquella desaparición el pensar en la soledad del día siguiente y lo definitivo de su muerte me ponían rabioso. quedaba sumergida para siempre bajo la tierra y todo por no haberle hablado. La herida de la frente había sido vendada y sólo un pequeño punto rojo manchaba la seda que la envolvía. desesperado contra mi impotencia y la fuerza del que crea seres para aniquilarlos con tanta facilidad. manos extrañas cerraron para siempre su nueva morada. pero reproches llenos todavía de amor… yo no di un paso. La blancura de su manos. luego nada. Sólo tengo vagos recuerdos. inexorables en el silencio de la noche. haciendo pasar resplandores amarillos por el rostro de la muerta. tomaba su mano fría. bañándola toda! “Quién podrá exactamente describir y analiza todo lo que yo sentí esa noche al velar a la que tanto había amando. Te casarás. aletear de moscas y los toque s d la horas sucediéndose. me odiaba. no pudiendo no queriendo admitir que estuviera muerta. y qué habíamos hecho. sin decir una palabra. Los días se sucedían a los días y era en vano esperarla. volvió el cañón contra su frente. En sus pequeños labios antes tan risueños. las últimas palabras que le fueron dirigidas. daría dulzura a sus sonrisas ni brillo a sus ojos. la vi asombrada a su vez de ver levantarse un cólera contra la suya. . una fuerza contra la que ella creía tener en ese momento.. con una mirada indescriptible que me persigue en la sombra de las noches y me atormenta en los malos sueños. Los párpados cerrados apartaban para siempre de mí su mirada. Los hombres continuarían los mismo hechos. y aún parecía desafiarla con mi actitud. los mismos gestos las mismas palabras. había un ligero plegue doloroso. no recuerdo más… Ráfagas de aire entrando para mecer la luz de los cirios. con curiosidad perversa aguardaba. anonadado. nada ni nadie cambiaría y ella. los cirios prestándole luminosos resplandores y bronceando los gloriosos hilos de su cabellera suelta. y yo me precipité a tiempo aún para recibirla en mis brazos. un borbotón de sangre cubriendo su rostro.

deje la pluma y sin volverme más. . no respiraba casi.“Cuando resignado ante lo irremediable de su muerte. buscándola a mi lado como lo hacia cuando ella me acompañaba a trabajar. y de ella. volví decidido. pero no. y con frecuencia. sentiría celos. pero temiendo aún. volví al fin la cara con lentitud. comenzó ese largo vía crucis de la reconstrucción. pasé inclinado sobre la mesa muchos días y muchas noche. siempre egoísta. el crujir de un mueble. Respiré largamente. Seguí trabajando algo preocupado. abandona la casa. sentí un ligero ruido tras de mí. Después de un rato de lucha. pero la siento errando invisible a mi alrededor. trabajo siempre con el oído alerta. temeroso de encontrar algo tras de mí. comencé la larga peregrinación. insoportable angustia. miedo de la pobre suicida a quine tanto amé Tengo miedo de que vuelva. No te rías. quedando más hundido todavía en mi dolor. como estaba bastante nervioso. olvidando por un momento. y nunca podría besar y estrechar a mi mujer ni sentirla invisible entre los dos. apareciéndome como la más espantosa de las pesadillas. y sintiéndome débil. a trabajar sin descanso. “Una noche. me volví bruscamente. excuso decirte que nada encontré. después de varias horas de trabajo. siempre es lo mismo. Llegaba hasta la casa miraba las puertas cerradas los balcones vacíos. sintiendo frío en la frente fui directamente a mi cama. ven. Lo espejos no olvidaban su imagen. pero de tal manera. “Inútil es decirte que no pude dormir un momento. sintiendo consuelo. ven y líbrame de este pavor. el paso de un ratón. me atormentaban. lo que. tocaban. haciendo ruidos y esfuerzos… ¡Nada!. y sentí una ansiedad horrible. de esta constante. poco rato después sentí o creí sentir un ligero toque en el hombro. detalle por detalle. “Pero desde entonces. temeroso de sentir el golpe en el hombro o sus pasos avanzando silenciosos con preocupación: ¡Tengo miedo! “Tengo miedo. ya y desconfiado de las sombras que abundaba fuera del radio luminoso de mi lámpara. donde juntos conociéramos tantas venturas y donde tan amargos ratos pasaba a solas. me preocupa más de este drama. el menor ruido. En una palabra. sólo las medias sombras y el brillo dorado de las encuadernaciones. no. los guantes son perdían aún el molde de sus manos. pensando en que ella me advertía así cuando quería interrumpir mi trabajo. todo me sobresalta. llenando nerviosamente hojas y hojas. No estoy loco. amigo mío. de continuo errar y huir de su recuerdo como un ingrato. la espantosa revista de los objetos. no me atrevía a volver el rostro. al no encontrarla botaba la pluma. tediosos. tengo miedo. despertaban mi herida. y tengo miedo. de mi anterior felicidad. Todo me la recordada en todo la encontraba y todo estaba lleno todavía de su presencia. la sangre cubriendo su cuerpo. He pensado en casarme en traer a mi lado algo que me escude de ella. de la expresión de su ultima mirada. queriendo con l cansancio y las ideas ficticias substraerme a mi pensamiento. sí. pero entonces la visión de su cuerpo al caer en mis brazos la expresión ¡oh! Esa expresión de amoroso reproche salida de sus ojos al dejar la vida. todo diciendo el abandono la muerte. queriendo sorprender cada ruido. miedo sobretodo. Con frecuencia las mismas palabras que yo escribía. todo me producía sudores fríos y sobresaltos a pesar de cuanto razonamiento juicioso me hacía. los días en que se luchaba por no volveré al relicario donde se esconde su memoria y donde su imagen flota. miedo de ella. “Después de algún tiempo. la fatal mancha de un rojo negruzco se presentaba a cada momento resucitando la escena: No pudiendo resistir a todo esto. y las menudencia que ella había escogido en cuya familiaridad viviera. Comenzaron días largos. “Pero es al llegar aquí cuando comienza lo más negro. que nunca ni por nada me hubiera atrevido a escribirte esto de noche. el toque de las horas. que nunca puedo ni podré olvidar. quedé frío. todavía almohada que conservaban el huevo formado por su cabeza y la mancha. Sintiendo alguien a mi lado me sentiré fuerte. iba y bebía hasta embotar mi dolor.

sobre el lecho se veía un rostro flaco. como queriendo. Pero tú lo ves. no. revestirse ya del sudario. pues mis días no serían tan negros estando ella mi lado. de amarillentas livideces. la amo y la deseo como nunca. queriendo refugiarme contra ella. de ojos angustiados y húmedos que con toda la vida que en ellos quedaba. la amé mucho. según la frase de un célebre psicólogo contemporáneo. amigo mío. el sonido quejumbroso de una puerta al ser empujada por el viento…. . o no se lo que será de mí. (¿Es por el viento?) me ha hecho estremecer y enfriarse mi mente sin que pueda atreverme a volver el rostro. ÚLTIMAS HORAS Lo amarillo de la lamparilla veladora y la blancura de as ropas de la cama. se agitaban. huesosas. y con mecánico e instintivo movimiento atraían constantemente las sábanas al rostro. tarántulas desquebrajadas. me amo mucho.“No es que haya dejado de quererla. Cuando lo ojos se hacían a esa semioscuridad. era lo único que de pronto se distinguía en la vasta estancia. que se clavaban en las sábanas. se fijaban ansiosamente en la puerta del cuarto. ven. “¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! Ven. y una manos largas. “¡Lo ves! Ahora misma al escribirte. fui muy feliz y ahora es preciso que pague con el peor de los castigos: temiéndola.

¡ya! ¡se acabó todo! Tenía que suceder… y qué… ¿qué es la vida? ¿A quién dejo. todo lo que para él representaba estos dos hechos. él no tenía eco de carcajadas. y haciendo un esfuerzo pretendía dominarse. De cuando en cuando. o más bien. y en esos días recordaba su acción a cada instante. de trajes de profesores. con s voluntad y sus fuerzas todas. mezcla de piedad y de curiosidad. imberbe todavía. bostezaba con aire fastidiado. nada. agarrotadas y sucias que se extienden suplicantes al pasante. en su corazón no había nada. apenas balbuceó: . El doctor nada contestó. de los movimientos. los mismos hechos y las mismas palabras. reclamarle recibo casi. pero una ruina precedida de choque de cristales y resonancias de risas. el número de cabecitas rubias y trajes claros que rodean las mesas y los lechos y animan las estancias como parlantes ramilletes de flores. unas cantas palabras se cruzaron y los pasos fueron hacia la cama. hacérselo apuntar en un libro. qué extraño. los pasos graves del enlutado personaje fueron hacia el sillón mecedor donde un joven. cambiar su ama de llaves eran las penas de su vida. ni siquiera recuerdos. ni una mujer. donde los ojos se dilataron. la más escasa de sucesos. y a{un si hubiera podido decírselo al mismo Dios. Colocar una cierta cantidad de dinero. qué podré echar de menos después de muerto? – y en vano se convencía de que era viejo. y una voz perceptible. a su ruina tal vez. . cuidado las ceras que ardían chisporroteando. nada más. Nunca quiso formar un hogar por horror también a los gastos y alas discusiones. la más monótona de las existencias. veía mujeres espléndidas y mujeres sonrientes.En la puerta apareció la silueta del médico. capaz de desesperar al más contentadizo de los novelistas ¿Su infancia? Unos cuantos años de timidez. y repasaba lo que había sido su vida. larga figura envuelta en larga levita. la más vulgar. un sinfín de pesos que se van. ¿verdad? Otros van llevándose aunque sea ruinas. el más completo de los vacíos y sin embargo. pero fuera de esto nada cambiaba: as mismas criadas.. viendo al desechado con ese aire. pero en su rostro de impecable impasibilidad. los ojos del enfermo chispearon. dos. él no sentía en ese momento gritos infantiles. figuras de amigos que pasan. encontrar las mimas caras y contemplar los mismo idilios plebeyos. dos sucesos: la muerte de su padre. huía temeroso de los gastos. del abandono de su enmohecida concha de vieja tortuga. de mil amores lo haría.Vi… viviré… un año…. si las fuerzas fueran capaces de vencer a la muerte. no. para él. se aferraba con ansias. colocaba algunas monedas en una de esas manos trémulas. no eran para él sino un cierto número de bocas. ni de carreras. En su juventud. y casi inmediatamente después la de su madre. toman ante los forzados viajeros. eran dos noches pasadas al lado de los cadáveres. dos lugares menos en la mesa común. hubo una involuntaria mueca de lástima que hizo saltar las inquietas manos y agitarse el cuerpo esqueleteado del enfermo. gorjeos de traviesa aves que lo llamaran o lo picotearan.. se encomiaba a sí mismo. nada. recuerdos de buenos ratos que se esfuman. que huyen y huyen con asombrosa rapidez. ir a un jardín público determinado día de la semana.. nada. Sin embargo se aferraba a la vida. y en el momento de la muerte ven dibujarse rostros que sonríen o que lloran. sus placeres. doctor. darse valor. oír las mismas estridencias de una misma fanfarria. y su cabeza monologaba: . y desde entonces comer solo. para descargo de su conciencia. que aun los más acostumbrados a ver pasar la fatal línea. absolutamente nada. de que no tenía ni un hijo ni un hermano. proclamaciones ruidosas e los veinte años. con la esperanza de ser ampliamente pagado en otra vida. dar las misas vueltas. ni de porrazos. El desgraciado leía su sentencia en esa actitud. El médico permanecía inmóvil. El veía turbas de jóvenes yendo rientes. repetírselo. ¿Había querido algo en este mundo fuera de su egoísta tranquilidad?. y huía.

Y esta fue la oración fúnebre y las únicas palabras que la muerte del ben señor hiciera salir de humana boca. sus ojos tomaron a inmovilidad de ágata. una mujer que tal vez hubiera con sus cuidados prolongado sus días. pero únicamente para encontrar en la mujer una enfermera solicita.dijo el galeno. LO INEVITABLE Para Francisco M. las sábanas subieron más aún y haciendo un nuevo gesto.Tres años. las manos se agitaron nerviosas. doctor. le decía: .¡Al fin! Exclamó el imberbe sobrino que heredaba los dineros del tío sin poder contener su indiscreta alegría.. tomándole el pulso.En sus últimos años algo se arrepentía de no haberse casado. no es verdad que… Hizo un gesto de espanto. de Olaguíbel . los ojos de muerto -¡Ya está!. me casara y mi mujer me cuidará bien. nada más es. y como el médico permaneciera aún ahí.

con deseos. porque ahora soy rico. por todos lados divanes y cojines donde adormece la pereza del cuerpo. Miró su mano. ella escuchaba sin atención. perfectamente torneado. lo beso como se besa a una querida. Sentía una fatiga inmensa y una angustia más fatigosa aún. ¡Oh!. ornado hasta superfluo. levanto l cabeza y saco un puñado de oro. con ternura. con rabia. Se sintió otro. llamo a la puerta. blanco como el puñado de encajes de donde salía. mucho y desde hace mucho tiempo. con los ojos fijos en la punta de los pies charolados. En su cabeza daban vuelta ideas incoherentes. -¡Oro! ¡oro tú¡. Él no se movió. te amé y te amé de todas las maneras. l tiempo que de los labios se desprendía un “otra vez” colérico -escucha. Se sentó en un escalón.dijo el tembloroso. mucho dinero. un lecho muy baja. ¿Cómo esas gentes no lo oyeron? Detrás de la puerta vibró una voz que izo contener todo el movimiento de su sangre. blando como un lecho. te veía desaparecer y el ver tu sombra en los balcones me consolaba. desde que tomaste conmigo un vaso de champagne en la Kermesse de… Yo era pobre entonces. la vio detenidamente con ojos de terror y. primero un brazo desnudo. En su cabeza hubo ideas. el objeto e mi vida. muy coqueto. queriendo hundirse en la sombra. A su lado pasaron gentes. n el fondo. sobre una grada. que como vivaces ratoncillos jugaban sobre una piel de oso. una niña. una señora. a pesar de que en su agitación había sacado el reloj más de cien veces. Luego pasó la mano por su frente y al sentirla humedecida por el sudo. y de un movimiento parecido a estremecimiento nervioso. sin un pensamiento. reposado como el de una reina. mil monerías hechas para distraer las caprichosas miradas de la posesora. fragmentos de palabras o de actos que no podía precisar. Comprendiendo. luego un rostro hermoso. lo examinó. A lo lejos sonó una campana. después la sacudió. Mucho tiempo quizá. llegó a la puerta del cuarto.es que ahora… ahora traigo lo que tu quieres lo que necesitas.pasa. sintiéndose humillado por este examen. en estado de perfecto embrutecimiento. con amores pintados en la maderas y largo cortinaje cubriéndole como un trono. el corazón. ignoraba l ahora. sacó un puñado. la frotó contra la pared como queriendo borrar algo. contuvo el resuello. queriendo contener lo golpes que el corazón le daba. metió la mano en el bolsillo y la hundió en el oro que llevaba. hacía un ruido espantoso. otra más. sintió pasos. todo su cuerpo se estremeció. oloroso como una mezquita. seré dueño al menos como ellos lo son. tembló un momento. al tiempo que respiraba con avidez. pudo ver. llegaba a tu puerta. su corazón latía como un desenfrenado. sin noción de las cosas. y allá. ahí. y guardándolo de nuevo. resonaba en sus oídos como un golpe de martillo. y en sus labios apareció una sonrisa de triunfado. Ella lo miró de pies a cabeza. abajo se oyeron voces. Fuiste la cosa única. -¿Qué fortuna haberte encontrado sola! Y así lo estarás por muchos días. ahora traigo dinero. había sido llevado por un amigo rico y nada podía… Pero podía amarte y te amé. escondió la cabeza entre sus manos y quedó inmóvil. se detuvo para descansar. un brazo. porque ha sido mucho ¡oh!. Sus miembros todos temblaron. un sinnúmero de objetos pequeños. y procurando hacerse muy pequeño.exclamó. quiso penetrar hasta el fondo de su bolsillo con mirada de duda. ahora me toca a mí poseerte aunque no sea sino por lo mucho que te he deseado. tazas y botellas con tapones de plata. ¡Qué subida y qué caminada! Con las manos se oprimía el pecho. ¡sí!. severo y unos ojos inquisidores que se clavaban en él. no respiró pero su frente sudaba de terror. lo llevo a su labios. soy igual a los que te visitan a su antojo.Vacilando. En una pequeña mesa. lo miró. Veía . Durante el día te seguía por las calles viendo solamente tu andar lento. ¿lo recuerdas?. Un cuarto pequeño como nicho. quedó de pie. Sentada. Cuando se entreabrió.

. olvidarse en su felicidad y no oír más es que giraba en su cerebro y no sentir más esa llama que quemaba sin que fuera posible extinguirla. no sé lo que tengo. entonces. que se la dividan. Si su vista se apartaba de ella. con irradiaciones de ópalo. todas las ideas deshonestas que había tenido desfilaron por delante. la veía con los ojos turbados y con miradas que no se explicaba si eran e recompensa o de ternura o de odio. Él pasó la mano por su cabeza alborotada. con dinero todos. veía el pequeño cuerpo revestido de encajes. al verlo entrar a tu casa quise gritar: imbécil. mía al menos mientras este oro dure… Después… e hizo un gesto vago.le dijo . La llama de la lamparilla se agitó un poco. La flor rata. pero una gritería más grande que toda la fuerza de sus pulmones y un constante sonar de oro se lo impedían. cómo permites que te la tomen. deseoso.Soñaba yo. del que había estrangulado. rompían su cárcel y de nuevo se clavaban en ella. las noches luminosas pasadas a imaginar calenturientamente una semejante a la que en ese momento se consumía torturándola. el busto y la cara saliendo de entre ellos como una flor rara brotando de entre complicadas hojas. hizo que su oreja escuchara atenta quedando cuidadosa. todas sus torturas pasadas. los rayos de ópalo temblaron en la alfombra y en los muros. buscada. ávidos. los pétalos se cerraron quedando en su inmóvil postura de rica planta decorativa. los párpados se entrecerraban como si quisieran apartarla. Los mejores momentos habían pasado.ahora eres mía. obstinadamente fija. sabía que amabas a un hombre. el crimen. negra. fatigada de besos. como queriendo fijarla en ellos para siempre. lloraba de rabia y de impotencia… Yo sabía que en ti no todo era malo. muy lejos donde nadie pueda quitársela… ¡Sabía que amabas y que no era a mí! -¡Dios mío!.dijo ella-. queriendo tranquilizarse. pero un pequeño ruido lo estremeció. de esa mujer entrevista en una Kermesse.continuó sin detenerse. luego. los malos pensamientos. a un miserable a quien muchas veces. los ojo caprichosos se habían cerrado vencidos por pesado sueño.se dijo. se aglomeraban alrededor de él que sentía los impulsos de gritar. la más reciente. que te la roben. flor de perfume envenenador como ninguno. cómo te exaltas. y cómo no estarlo hallándome a tu lado. y en la noche. al fin de todas. Ella entreabrió los ojos y lo miró. sus ojos se cerraron. En la oscuridad de la estrecha pieza sólo brillaba. Pasaban en procesión interminable todos los malos pensamientos incubados la sombra de la ida de ella. en mi cuarto de azotea. denso como las sombras. quería dormir. en su cabeza sintió algo . todas la ideas malsanas. alarmada. sonrió y de nuevo entornó los ojos. rojiza. las caricias.No. Habiendo llegado al límite de su deseo. cómo no huyes con ella. Quería dormir y el sueño se le negaba como ella se le había negado antes de aquella noche. lo cercaban. todos sus deseos y sus vanos clamores hacia ella. querida tantos días y tantas noches. Él velaba. El sueño cayó sobre ella. una pequeña lámpara. lejos.No duermes. . La obsesora procesión de figuras volvió a surgir. me siento agitado. toda la corrupción y toda la lascivia que la imagen de la mujer siete veces pecadora engendra en los cerebros azotados por el deseo. pero los ojos se obstinaban. Las figuras se aproximaban. que había un lugar sensible. mordiendo la almohada lloraba. rechazado por ella. Por su cuerpo pasó n sudor muy frío… y ese frío era el mismo del otro… del muerto. la última. de entre las sombras avanzaban mil figuras estrambóticas y disparatadas.entrar hombres. Ahora. esta vez. teniendo en su cabeza la idea fija. que podía haber. Pasaban de cuando en cuando por ellas chispas de cólera. conocidos todos.

y una cama muy pequeña.. ¿Cómo salió? ¿Cómo atravesó calles hasta llegar a ella? No lo sabía. Pasados los primeros momentos. a ti para nada te sirve y yo. su sangre hervía. con tal de venir de nuevo a verla y de nuevo olvidarse a su lado. No más noches de angustias pasadas en inútil vela con el espíritu acosado por la idea de la mujer prohibida a su pobreza. La escena fue corta. Tenía un tío. -¡Las llaves! El viejo no se movió y él oprimió. aparecido como un espectro. no puedes estar tranquilo un momento. . El viejo rió y el joven se lanzó sobre él. cerca de ella un armario. cuando los dos labios se entreabrieron. su pensamiento estallaba poniéndolo frente a frente de sí mismo encarándolo bruscamente con su acción.como un sacudir de alas. como un salvaje.No. cuando los cabellos se desprendieron en chorros de odorante oro fundido. el anciano estaba muerto. Las tinieblas rodearon la casa. oscurecieron las vidrieras. el que había quedado frío. cuando retiró las manos. sus ansiedades pasadas. de todo cuánto encontró. a enfriar sus besos o infestar su lecho de amor? Los temores crecían. oprimió. vuelto a la calma fatigosa de la alcoba. ¿no se levantaría?. Había tenido momentos de absoluto olvido. su cerebro quería romper el cráneo y saltar. ¿no vendría a separarlo. Tomó las llaves. dormitando sobre un libro. acaso? . de valores. cuando sus manos pudieron estrechar y juguetear con las manos pequeñas. salió de su escondite para ir al gran cuarto de la cama pequeña y encontrar al viejo recostado. Un cuarto grande. y si a esa hora ella hubiera pedido otra muerte. muy grande. su crimen. para saborear con tanta fuerza como la había desea la momentánea dicha actual.No estoy loco y lo quiero. el muerto. crecían con su agitación y le producían fiebre. y él. a colocarse entre ellos dos.¡Quién te abrió? . cuando entrecerró los ojos… todo lo había olvidado entonces. inspirar confianza. la mañana. esperando con siglos de ansiedad que la noche llegara. se extendieron como cortinas apagando todo. concibió la idea de matar. -¡Mi dinero!. cerrando los ojos. sólo recordaba que sus piernas se doblaban y que había bebido muchos vasos de vino. Era una mezcla confusa de temores y de reproches: el día siguiente. un viejo delgado y pequeño. si necesario era. lo invitaron y se juntaron perfumados a los suyos temblorosos. Las horas sonaron lentas en un reloj. y en lugar de salir se ocultó. había procurado estar amable. y quiero tu dinero. el encierro o la muerte tal vez… Y el otro. y con inaudita lucidez con extrema calma. para adquirir el oro que le abriera la puerta y los brazos de la deseada. lo arrojó sobre la cama.balbuceó el tío. Ella volvió a su primitiva postura y él. luego… Luego era el triunfo. y recostado. yo lo necesito. trató de dormir.Nadie. un tío viejo. Él había ido en la tarde a visitarlo y había hablado de cosas que no recordaba. se había despedido. cuando lo vio en su cuarto. sobre su cuello.. el cuarto a media luz me molesta. ¡todo! No vivía sino para el momento presente. sin vacilar hubiera ahogado al primer transeúnte. con el cuello estrujado y el pecho hundido. rico y rastreramente avaro. -Qué tienes. ¡Mi dinero tú! ¿Estás loco. y hacía él fue s maquinación. dormitando sobre un libro. levantó la rodilla poniéndola sobre el pecho de su víctima y siguió oprimiendo con todas sus garras. Era una fiebre de posesión. abrió el armario y llenó sus bolsillos de billetes. de oro. cuando ningún ruido lo atemorizó. la completa realización del deseo hacia el que durante tanto tiempo se ser había estado constantemente tendido. hasta que se cansó. sus fustigadores pensamientos.volvió a decir ella-. La luz brotó y una pequeña lámpara de cristal fue encendida. de cartas. -¿Qué quieres?. .

Víctima tal vez de ignorada maldición. lloró . a ese crimen seguiría otros. la rebelión comenzaba. arrancándole su energía con una sonrisa.Para calmarse la contempló. El día empezaba a clarear y él se sentía desfalleciente. y por más que quisiera evitarlo. lo detendrían. ni los terrores. sintiéndose hombre. obligándolo a oprimir. de sacudir ese cuerpo todo belleza y todo blanduras que dormía sonriente. decididamente era la flor rara de perfume enloquecedor. al macho. ya inmensamente abatió. una mirada. era inconsciente y sintió un poco de amor. abrazos de serpiente que lo envolvían. ¿No duermes todavía? Ven. ¿qué hay de común entre tú y yo?” Despertó. era muy bella. la rebelión de ser probo que se siente jugado. sin intensión alguna. se le antojaba que eran ésas las fuertes. otros sin que ni los fantasmas de la noche. la hubiera golpeado hasta cansarse. ¿adónde no? Días después. ahora que entre ellos había un muerto? No. sin sospechar que ese viento que la acaricia partirá envenenado de su sol contacto envenenado y envenenado. impulsado por una fuerza mil veces superior. miraba sus pequeñas manos. sintiendo quizá el odio del sexo como un simple mortal. Sintió inmoderada tentación de golpear. sentiría deseos de huir muy lejos de ella. él la amaba. ¿no había salidos de ellos la sentencia de muerte del desgraciado? En él se levantaba la cólera. había perdido para siempre… Y sin saber por qué. lanzó su anatema: “mujer. conteniendo lágrimas que ignoraba de dónde emanaban fue a su espejo. la veía con miedo. vencido. ¿La amaba? ¿Lo sentía bien ese amor. pero era imposible luchar. contempla su flor y se inclina coqueta al soplo del viento. Las gracias que lo enloquecieron le parecían astucias. pasaría noches de fiebre y de espanto a su lado mismo. esos labios. una palabra. la cólera impotente contra el animal débil que todo lo puede y que desde el principio de los siglos hasta su fin ata al hombre. burlado. y dijo. convirtiéndolo en impotente. lo enviarían de nuevo al matadero. se miró reflejada. sintió algo muy raro que hasta entonces nunca había sentido. ignorándolo casi. lo enrollaban con zalamería para apretar y extinguir. cuando Eva de… supo que el exaltado que había pasado con ella unos día. ni lo que dentro de él gritaba pudiera evitarlo. de todas las lujurias y de todo lo pecaminoso que de ella se desprendía. era detenido por sospechas de un crimen. al amo. desde que Jesucristo. queriendo vengarse. todo sería inútil. lo miró con sus grandes ojos. como la planta que se admira en el arroyo. a todos los desgraciados a quienes la mujer había perdido desde que la serpiente la tentó. se levanta el odio del sexo. admiró quizá su belleza y de todos los peligros. y como esas inmensas plantas mortíferas que cerca de algunos arroyos crecen. acércate y así podrás dormir. las caricias. un poco de ternura por el que. su perfume atraía para adormecer e intoxicar. Sí. hasta desfigurarla. y sobretodo. ya amoroso hasta la locura. al abismo. vengar al estrangulado. sin que con ningún esfuerzo sea posible evitarlo. las que habían estrechado las suyas.

y para asustar a los niños. los amenazaban con mi presencia. Hasta mí llego viniendo no sé de dónde la música de un piano que se escuchaba con recogimiento. feo. de plantas y de espigas. La luz del farol daba sobre su cuello un pequeño cuello muy blanco. de los afortunados. pero el espanto impidió su grito. Comprendí esto. El campo se extendía a mi alrededor grande. no pude alejarme. vi avanzar un bulto pequeño que cuando estuvo cerca de mí reconocí ser una niña. debe ser tan hermoso tener en las noches una mujer que haga música mientras se descansa en un buen sillón al abrigo del frío! Y seguía escuchando y pensaba en mil cosas. volvió el rostro. He aquí lo que con agitada voz decía: -Ha sido una sola vez. ni hermanos. el órgano de la iglesia al levantarse la hostia. no tenía en el mundo ni madre. quise sonreír. mendigando un pedazo de pan. miraba la llama movediza del farol y para mí murmuraba mil maldiciones. buenas comidas. al entrar en los pueblos. desde chico los hombres me señalaban riendo. como una inocente sin noción del peligro. pero a pesar de mis esfuerzos. tan breve. cuando yo he gozado al matar… Y eso fue tan rápido. asesino. les causo asco. ella quiso gritar. Sí. silenciosa y alumbrada por el farol pendiente de un alambre. proclamando la abundancia y la riqueza. olvidándome de mi hambre y de mis deseos criminales. Mis pies me llevaron a ella instintivamente. que a veces creo haber soñado. me acerqué al farol esperando al primer transeúnte para asesinarlo. La acerqué más . como escuchaba cuando era niño. ni por dinero me han querido. inmenso. Yo era entonces muy joven y nunca había matado. de tenerla en mis manos un momento como si fuera mía y la levanté en mis brazos. muy cansado y con hambre. pero cuando yo sonrío resulta un gesto que más repugnante hace mi fealdad. ni amigos. ignoro lo que pueda ser. a mí me faltaba todo. Yo escuchaba. no recuerdo con precisión lo que pasó ni dónde fue. Otros tenían casas. tostado por el sol. si miedo. de sentir contacto de sus bracitos.¿ASESINO? Para Ciro B. de una fealdad horripilante. todo estaba en silencia y yo no tenía fuerzas para dar un paso. Sus ojos inyectados tomaban expresiones varias. Una puerta se abrió. para robarlo y comer algo. Caminaba pensando en toda la negrura de mi suerte en todo lo desgraciado que era. les repugno y siempre me han rechazado en todas partes. otros tenían familia. de los bienaventurados de este mundo. Ceballos Silvestre Abad. narraba a sus amigos algunas de sus proezas. de acuerdo con su narración. durante el poco tiempo que tuve madre. nunca había conocido un placer y mis manos nunca habían tocado un objeto hermoso. arrastrándome. Una calle angosta. exuberante de vida. ¿Una mujer?. Yo me moría de hambre. muy suave y muy fino. Sentía deseos de tocarla. Nadie pasaba. Yo nunca había tenido en mis manos uno de esos nenes que forman la delicia de otros. los perros se lanzaban sobre mí para morderme y los niños huían al verme. hijos. Después. Apoyado en la pared. Me sentía muy cansado. Hacía muchos días que vagaba en busca de trabajo. creo haber andado mucho y haberme detenido muy cansado en una calle del pueblo donde todos dormían. esposa. escuchaba con delicia… ¡Pensad. en sus manos llevaba un cesto y avanzaba lentamente. mojado por la lluvia. una sola. muerto de fatiga y llevando en el alma una de esas rabias que inspiran tentaciones de destrozar todo cuanto se ve y acuchillar a cuantos pasan. Ese día era ya tarde. calor en as frías noche. lleno de árboles. yo no había comido en tres días.

su último estremecimiento. Poco a poco fui oprimiendo más fuerte… más fuerte. la carne se iba haciendo más dura. En su terror era hermosa. se enfrío… Una mano me sujeto. tener toda la delicia que hubiera podido sentir estrechando… Sentí sus músculos. Hoy todavía siento placer cuan sueño y creo oprimir. mil veces he querido apoderarme de algo. Ella estaba muda de espanto. oprimir aflojar. Oprimía y aflojaba. No pudiendo dominarme. procurando no hacerle daño. siempre! . muy abiertos. sentir aquella blandura estremecerse… ¡Agitarse en estremecimientos tan pequeños como el cuerpo inmóvil y los dedos apretados siempre. el mendigar y nada recibir… y al mismo tiempo continuaba oprimiendo. al estrechar por última vez. a dejarla quedando triste como nunca! ¡Jamás podría acariciar un niño! Iba a dejarla. Desde entonces he sentido muchos deseos. el cuello parecía de trapo. como debe ser la de los ángeles. a encerrarme para siempre en una prisión sin que pudiera volver a sentir ese goce! ¡Mi mano ruda no se recrearía más al contacto de un suave y blando cuerpo! Seguí oprimiendo con ansiedad.al farol. lo sentí que recorrió por todo su cuerpo al tiempo que su corazón no latía más. Tenía sus cabellos dorados y dejaba adivinar una sonrisa. las puntas crispadas y sucias de mis barbas lastimaron su rostro y entonces gritó al tiempo que golpeaba mi vientre con sus pies. Sícontinuó el al tiempo que llevaba un vaso a sus labios-. y sus ojos grandes. que me regocijaba. La música cesó. sintiendo extraño placer al pasar varias veces mi mano áspera y callosa por su cuellito terso como un guante. tan irresistible como aquél día. tan sólo para sentir en mis dedos la caliente blandura que nunca había sentido. como las flores. ¡iban ya a sorprenderme. continuaba oprimiendo el cutis y sintiendo contra mi pecho los golpes arrebatados de su corazón… Los pasos se acercaban. blanca como la luz. pero yo no podía. luego la llevé a mis labios. deseando arrancarles a otros que podrían gozar de ella mientras yo nunca. ¡nunca podría ni tan siquiera acariciarla! Y sentí ese último estremecimiento. sus ojitos se abrían cada vez más grandes y me miraban aterrados. me era imposible resolverme a dejarla. experimenté entonces deseos de estrecharla. cedí y la acaricié. me miraban asustados. ¡Iba a dejarla. sintiendo inefable placer cuando mis dedos se hundían en la carne. pero yo de n golpe seco la rechacé. ¡ese cuellito blanco! ¡Esa suavidad bajo mis dedos! ¡Ese placer! Tener que dejarlos para huir. ¡Ha sido la única delicia de toda mi vida! Viendo a un niño siento impulso de arrojarme sobre el de robarlo para llevarlo siempre conmigo para oprimir su cuello y hundir mis dedos en él. fue una gran delicia… ¡Oprimir! … ¡Hundir los dedos!. queriendo. y sentir una vez más el contacto de su suavísima piel. pero nunca la tentación ha sido tan fuerte. para continuar la marcha. de tocarla. pero siempre bajo mis dedos había algo de blando como terciopelo. continuaba oprimiendo. ¡Qué hermosa y qué blanca. y continuaba pasando y volviendo a pasar mi mano sobre su piel: Luego oprimí un poco. una dureza. oí el ruido de una puerta al abrirse y tuve miedo o más bien sentí tener que dejar a la niña. pero la luz del farol dio de lleno sobre su cuello blando y fino. y como los pasos estuvieran muy cerca de mí apreté con todas mis fuerzas deseando sentir su última palpitación. desprendiéndome para lanzar la niña y huir. tan imperiosa.

“En otros tiempos. yo me levanté para protestar. Las dos muertes que yo veía con más probables eran. hoy que la errónea justicia humana no tiene que intervenir más en mis asuntos. escudriñar y distinguir alo del momento definitivo que lo futuro me reservaba. al ver mi sangre fría tachada de cinismo por los periodistas. el agente del ministerio público pintaba los falsos sufrimientos de la víctima y lo monstruoso de mis sentimientos. uno de tienda de abarrotes y un distinguido prestamista. a quien apenas conozco. hacía lo imposible por probar mi locura o cuando menos atribuir mi acto a un momento de enajenación mental: creo que ante lo imprevisto de mi caso los médico hubieran fácilmente declarado a mi favor. o más bien. queriendo romper lo impenetrable. mis ojos se abrían con toda la penetración que me era posible darles. La justicia. o bien una bala alojada en mi cerebro por mi propia mano. completamente lúcida de suyo. mi abogado. “Durante el proceso –ruidoso y concurrido como no lo fue nunca un estrenoapenas si he tratado de defenderme.BLANCO Y ROJO Alfonso Castro. eso quiero dilucidarlo yo. “Cuando se habló de locura y mis antepasados desfilaron evocados por la gangosa voz del defensor. ha venido ha evitarme ese trabajo: en vez de una bala serían cinco. pesada. si soy merecedor de una pena. ver las causas que a ello contribuyeron. ha caído lenta. pues efectivamente. más precavida y dudando tal vez de mi buena puntería. ¿Por qué decidirse. mi ningún empeño de ayudarle. escribía por última vez. dictadla. en la conciencia de esas gentes se necesita estar irremediablemente loco para cometer un crimen como el mío: mis jurados quedaban estupefactos cuando con pompa de palabras y excesos de negro y rojo. en mi vida. y discutir mi caso. lo que en su profunda ignorancia del ser humano y sus aberraciones no han acertado a penetrar y atribuyen a un exceso de perversidad. . un defensor de oficio. me tenía por cuerdo. clamar venganza a nombre de la sociedad y a nombre ella. Mi abogado. ser juzgado por semejantes tipos. He oído vociferar. lo estaba particularmente en el momento del crimen. al ver mi poco.y plenamente he confesado mi crimen y sus móviles. “Pasar por un asesino vulgar o por un loco. He aquí el interesante manuscrito: “De los labios rojizos de un hombre de ley. cuando la enfermedad o el fastidio me tiraban en la cama. ha sido una ironía. verdad es que entre ellos había un dueño de dulcería. Durante las audiencias. y puesto que no trato de excusarme –añadí. que tampoco comprendía que un reo no se prestara a su propia salvación. cuando en mi celda me oía razonar. o bien un duelo buscado estúpidamente. la aguardo ahora que ya he conseguido mi objetivo. a solas conmigo. repitiéndoles que mi razón. explicármelo. en su prisión. era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba defenderme. un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada. decretando mi fin como el de un animal dañino. me tenía por el tipo acabado del insensato. lo que ni jueces ni abogados han comprendido. no sabía lo que pensar de mí. pues? “Ahora bien. y no de las pequeñas. inútil me parece querer emplear mezquinos subterfugios. he pasado algunos ratos preguntándome cuál sería mi fin. mi sentencia de muerte.

ciertos hechos. sin convicción que lo alentara. una frase ridícula oída en un sermón. y la comparación entre ellos y lo yo podía producir. pasiones que yo pretendía tener. con avidez por ver todo. el rostro hipócrita. pero incapaz de un trabajo sostenido. un sediento de sensaciones nuevas. “Llegué a comprenderlo y procuré buscarlas. Fue mi vicio y fe mi placer. de una beata. sin embargo. seguían semanas de completa continencia y reposo. Enumerar todas las crisis. yo era ambicioso y algo conocedor. con tan mala suerte que siempre.“¡Un loco. venían depresiones morales que en mis desvaríos y en mi eterno rebuscar sensaciones. libros que me turbaban. del músico o del pintor. todas las transformaciones del alma por las que he pasado. encontrarlas en todos lados y a cualquier precio. dejando que dentro de mí se fundieran a su antojo tan opuestos manjares. de la música a la escultura. marchitando mis sentimientos. “Además. razonables o absurdas. no en las mismas condiciones que otros muchos. era un predestinado. será prolijo. en fin. dejado en completa libertad. había estudiado a fondo los grandes maestros. estaba marcado para seguir esa ruta. con esfuerzo me acordaba al mes de las mujeres a quienes jurara amor eterno. me asqueaban de mí mismo. no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos. rellenaba mi cerebro de ideas opuestas. La sequedad de mi corazón era notable. no sabía nunca a dónde ir. “Como era natural. pretendía amar con locura. vagaba constantemente haciendo variar mi pensamiento a las primeras impresiones. en mí jamás hubo energía ni voluntad alguna. los enfermizos. entregándome a ella golosamente. sin embargo. o hubo sino impresiones. no lo niego. yo no sentía afecto por nada ni por nadie. Soy un enfermo. Me complacían. entre todo aquello que podía producirme una impresión. conocer todo y de todo saciarme. gemidos de órganos y murmullos de oraciones. iba de la pintura a la música. como busca el morfinomaniaco la morfina y el borracho el alcohol. veo que necesariamente debía yo llegar a él. Crecí solo. pero más evidentemente quizás. . mejor muchas veces. pienso. discurro. y nunca pude echar de menos durante media hora a la que me empeñaba en amar. sin idea fija que le sirviera de norma y estímulo para la existencia. halagaban mi imaginación despertando mis sentidos a goces raras veces naturales. de fiebres de placer. sí. cada vez fui siendo más difícil en mis elecciones y cada vez tenía que buscar impresiones más difíciles. algunos accidentes de mi vida me vienen involuntariamente a la memoria. “Quise refugiarme en el arte. evidentemente no lo soy!. En realidad. me expulsaban de ahí lanzándome en busca de otra cosa. sentir el estremecimiento creador del poeta. huía de mis camaradas de excesos. cuya pequeña llama hacia inútilmente por inflamar. y de la escultura a la poesía. los libros. un enfermo. pero un enfermo de refinamientos. y que helando mi corazón. o los defectos artísticos de una pintura. me arrojaban a las plantas de una imagen y me hacían matar los días escuchando repiques. extraños. “Erré. sin lograr encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud que como inquebrantable círculo me envolvía. estudiar y vibrar ante las grandes concepciones. iba y venía disparatando. entregado a las fantasías de mi capricho que en mis primeros años me llevó a la lectura. y obro como el común de los mortales. devoraba hojas. buscando siempre novedades. de una inquietud alarmante. mi espíritu. “Cuando pienso en mi crimen. me exaltaba. sentir pasar por mi frente algo de ese divino aliento que tan felices hizo a los grandes apasionados…Yo nada podía sentir. incansable: fueron caprichos amorosos… sin amor. a meses de orgía desenfrenada. meses durante los cuales me consumía en las locuras más imbéciles y más arriesgadas. vestalmente vulgar. cuando más seriamente esperaba creer y estar en camino de encontrar la felicidad. verdaderas o falsas. “Mi imaginación no podía estar quieta nunca. “Nací inquieto.

francesa o alemana. me huían. pinturas arcaicas o bien del más acabado modernismo. con el corazón despedazado y sangriento aun del hijo. existe una estrofa al final del soneto Le ‘Revenant’. N sus ojos había algo de intensamente dominante que envolvía y subyugaba. cuando las balas rasguen mi cuerpo. rompiendo estrepitosamente la armonía. me extasiaba con los cuentos de este maestro y particularmente con aquel en el que dos esposos riñen y mutuamente se arrojan. tan misterioso. le faltaba el sello que difiere a la francesa. soñaba con los seres demoníacos que Baudelaire hubiera podido crear. y sobresaliendo. evidentemente no lo era. los seres horripilantes. nervioso y excitable como nunca. todas sus obras: el fugitivo Lohengrin. tenía tonos únicos. a nada es comparable. los diabólicos. que yo no podía explicar ni comprender. excepción hecha de unos cuantos tan enfermos como yo. Unas veces las creía húngara. Soñaba con personajes como los de Poe. esquivaba la respuesta y yo me aventuraba en suposiciones. imposible de ocultarse. “En tal estado.cuando leía los versos del más inquietante de todos los poetas. la comprensión que yo sentía cuando sus ojos se clavaban en mí. y que siempre resonará fría. polonesa o eslava. nunca logré averiguarla. “Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro. y que me aterrorizaba al mismo tiempo que me atraía. “Los asesinos célebres. las puertas no crujían jamás. locuacidad. de andar muy lánguido y con la palidez de una margarita. las tinieblas del Crepúsculo de los Dioses y el esplendor del Oro del Rhin. del dios del Teatro Ideal. y los amigos. temerosos de ser envueltos en el torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba a mi paso. magistrales copias de Bóklin Burnejones y algunos de Dante Rosseti. ningún ruido. lo que no me fue difícil. me seducían. imperio del arte contemporáneo. “Su casa estaba toda en armonía con ella. las Walkirias libertadoras. La traté. llegué a interesarme por ella como no me había interesado hasta entonces por mujer alguna. era la sola gente ante la cual me sintiera temblar. que la hace enteramente personal. Su voz me alteraba. el español. los buscaba complicados como algunos de los de Bourget y refinados como los de d’Annuzio. cantaba el alemán y el italiano como una florentina o una hija de Hanover. en el solemne momento. indefinibles y a veces –era también una adoradora de Baudelaire. el rumor más leve era prontamente extinguido. para lo alemán le faltaban los ademanes pesados. en un prado vi por primera vez a una mujer alta.’ “De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos versos que. me sacaba fuera de mí. la idílica epopeya de Tristán e Iseult. se abofetean. dragones en fuego. Había en ella y en todo cuanto la rodeaba algo tan raro. y a pesar de mis habituales preguntas. bajo un busto en tierra cocida del monarca de Bayreut. “La nacionalidad de mi original amiga me era perfectamente desconocida. ligeramente . trágicos ademanes de marfiles o mascarones japoneses. como los de Barbey d’Aurevilly. libros preciosamente encuadernados. La rodeaban objetos raros. Hablaba correctamente. los irónicos Maestros cantores. el errante Tanhaüser. por todos lados vasos de esmalte o bien con Bacantes esculpidas contorsionando en las redondeces del mármol. cuadros con imágenes rusas en las que las vestiduras eran de metal. algo delgada. que nunca podré olvidar. un día. salmodiando: El comme d’autres par la tendrese Sur ta vie et sur ta jeunesse Moi je veux regner par l’effroi. dominando el clamor de la detonación gritarán imponiéndose y reinando por el espanto verdaderamente. expresiones de pesadilla. para ser nacida en la República. su lengua favorita era el francés y su tipo se prestaba a todas las suposiciones. yo sentía pasar por mi cuerpo algo como un soplo helado. sin acento ninguno. Procuré conocerla y entablar amistad con ella. le faltaba ingenio. la angustia. gestos macábricos. otras.“Las mujeres no podían soportarme tres días por mis exigencias. las alfombras espesas extinguían el rumor de los pasos.

lánguida como nunca. dándole clarividencia. mi bisturí rasgó prontamente sus puños. “En la noche no pude expulsarla un momento. caían como dos anchos hilos de sangre. la inicié en los goces del éter. fatigada. expresión y calor en la voz. Yo no sabía. No pudiendo sacar nada en claro. un exquisitismo como nunca me lo había pagado. como de cinco heridas. pues. desnuda. refugiado en el cerebro. un himno de la forma. sugestiva y torturante sobre nosotros. palidecía como yo lo había soñado. un arroyuelo rojo. Para mí aquello no era sino un goce supremo. Sus brazos pálidos. la sangre afluyó tiñendo las ropas que torpemente le arrancaba y por completo la extendí desnuda en el diván. mientras más tenue y más suave era la palidez de las carnes. lo que en ningún caso me hubiera detenido. llevaban atados unos largos lazos rojos que después de envolver el puño. fuego en los ojos y en los movimientos. las austriacas son una mezcla de alemanas y francesas. extendida en ese mismo diván. el fuego de su mirada vacilando en los ojos. Ella palidecía. me miró. ante aquella palidez. se tornaron lívidos mientras la sangre seguía corriendo y extendiéndose como un tapiz. desnuda. vagaba en algún Paraíso artificial. negruzca. y la idea de mi crimen nació. muy lentamente. se extendió en un diván. un himno de las formas. haciéndole todo ver y sobre todo discernir con gran superioridad. tan tenue. sus labios blancos parecían decir por última vez: Sur ta vie et sur ta jeneusse. de un rojo cada vez más vivo. tampoco lo era. y la palabra crimen la tuve por completo olvidada. me aparecía ella en la oscuridad. inmensamente ligero. . escultural. siendo la mujer alemana la misma en todas partes. cuando dormía sin sentirse criatura humana. sus labios sobre todo. rápida. “Yo la veía vaciarse. la expresión de habla y de sonrisa que caracteriza a las rubias hijas del Rhin. le faltaba vivacidad. pertinaz. ante aquella sinfonía en Blanco y Rojo. iluminando el pensamiento. una idea fantástica se fijó en mi cabeza. “Con la idea fija ya de realizar mi deseo. algo atravesó como una luz que se extingue y las palpitaciones de la sangre terminaron. no teniendo dentro de sí. moi je veux regner par l’effroi’. después que la música de Wagner hubo caído severa. blanca. me conformé y permanecí en mi ignorancia. vi a esa mujer blanca. las venas se aclaraban. extasiado. “Y yo quedaba inmóvil. la vi cadavérica. por su cuerpo pasó una convulsión. no pensé en las consecuencias. más cruel. pictórica. qué pensar: ¿italiana?. tan suavemente como cruel era la huída del rojo. de un golpe. imborrable. “Abrió los ojos. corría en hilos bañando la mano. sintiendo su cuerpo volatilizado. con palideces de luna.bruscos. demasiado delicadas para ser berlinesas o hanoverianas o hamburguesas. la vi ir palideciendo lenta. “Una tarde. eran abandonadas por el carmín. “La sangre brotaba por palpitaciones. poco graciosas para ser parisienses. “Instantáneamente. plástica. cuando invadida por profundo sueño. goteando de los cinco dedos. “Un día. más que un pequeño reflejo de vida. veía sobre el Paros de su cuerpo las líneas azuladas de sus venas y al extremo de ellas un ancho hilo de saliendo. “Sus ojos me miraban fijos. la vi plástica. las sonrisas exclusivas.

sin corazón. la sombra cubría el delito. ante la injusticia no pudo obrar. las pruebas faltaban. a quien las leyes humanas no pueden acoger. piensen en esa joven de veinte años. bajo esa máscara de dulzura. El agente del ministerio público. Las gentes sencillas encontraban una prueba de su inocencia. arrastrada y arrojada a una inmunda atarjea. hoy. libraréis muchas vidas a quienes amenazan los negros instintos de este viejo y avanzado en la siniestra vía del crimen! . Quedó en silencio un momento. los testigos han iluminado todo.Un joven. La Causa promovía ese interés novelesco de los jurados cuyo origen es el amor. sudando a cada momento. no un hombre. las pruebas son patentes.añadió levantando la voz. os pido justicia. nuevas gotas de sudor asomaron. Las gradas estaban casi llenas.que a la edad de las ambiciones nobles y los ideales hermosos sepulta un puñal en el pecho de la mujer amada.decía. hablaba.en nombre la sociedad. sin ideas nobles. y con su voz fuerte llenaba la sala de un tono declamatorio. no puede vivir en el seno de una sociedad culta. pues no merece tal nombre. lo pasó por su frente. los hechos se embrollaba. en nombre de la víctima. Señores jurados. rehacía los hechos. si a los veinticuatro años asesina a la amada. la luz se ha hecho. miró fijamente hacia el banquillo y con su voz fuerte. atraía las simpatías sobre la víctima y el odio sobre el acusado. el ánimo se subleva al pensar en el porvenir de esta mil veces infame alma. qué no será capaz de hacer más tarde.CAUSA GANADA Para José Ferrel El acusado conservaba toda su tranquilidad. una bestia sin sentimientos. exclamó: -¡Miradlo! Bajo esa apariencia humilde. Reproduzcan ustedes en su memoria la escena e la noche del veinte de enero. los debates duraban desde días antes y en realidad nada claro ni definitivo podía concluirse. señores jurados? Aquí el orador sacó un gran pañuelo rojo. pintaba lóbregamente lo negro de la historia. asesinada cobardemente. . ¡Borrando a este hombre del registro de los humanos. trabajando para alimentar a su madre enferma. rojo. los jurados la actitud de un criminal consumado. lo hundió en su cuello. pero no bien lo hubo guardado. ¿Qué no hará. bajo ese rostro casi imberbe existe un hombre peligroso. un señor grueso.

señores jurados. como a las siete de la noche. Su hija se ausentaba con frecuencia. y dirigiendo al defensor. sin aguardar a que su cólera haya pasado. en la arena se notan las huellas de un cuerpo arrastrado hasta la acequia. Gutiérrez. ¿Pero esa violencia no era un muchos casos la prueba de su dignidad? Sus compañeros lo amaban. la esperé hasta la . la madre. a un joven perteneciente al porvenir honrado en el pasado. se hubiera salvado. todo lo que ya tenía dicho. inteligente en su oficio de ebanista. salieron juntos. la llevo hacia las afueras. viene un día y asegura haber visto. una vez puesto en libertad. el acusado. se busca infructuosamente el cadáver. y como hubiera una duda fue llamada la madre de la víctima Era una anciana muy pobremente vestida. Gutiérrez la trataban bien. El agente del ministerio pidió la palabra. exaltado. Aunque oficialmente era la querida de mi defendido. sus superiores lo apreciaban. sostenía relaciones con su hija desde ocho meses antes del crimen. ¿sobre quién pesará siendo inocente? El agente replicó. volvió sólo.replico con asomo el defensor. lo que producía escenas entre ellos. después de mil inútiles pesquisas se ve obligad a ponerlo en libertad. pero no. su voz turbada resonaba en todos los rincones de la sala. parecía tener buenas intensiones y aún había llegado a dar todas sus economías a ella. señores jurados. Consuelo no volvía y yo comencé a tener cuidado. reiteró integro. las pruebas faltan. ignoraba cual pródiga de sus favores era. Nos dice que éste. el veinte de enero. pues. Era un joven delgado y pálido. ¿Podrían los jurados condenar a un hombre. lo interrogó: -¿Cómo explica usted. un hombre exaltado. su enemigo. la desaparición de Consuelo García? . algo violente. ¿quién prueba que el cadáver arrojado sea el de ella? O bien. pues. ambos parecían amarse.El abogado se levantó. pues Gutiérrez vivía en la misma vecindad. haber oído al acusado y su llamada víctima reñir. Y ustedes. en el mismo sitio.Muy sencillamente. Una noche en las afueras aparece un puñal ensangrentado. nadie. sus compañeros lo ven ser bueno para con ella.Consuelo era conocida en todo el barrio y tenía muchos pretendientes a causa de su belleza. la muerte es definitiva y derramando su sangre. La querida del acusado ha desaparecido. en cambio. como algunos han declarado. Ese día. señores juzgados. es verdad. la policía se pone en movimiento. “Las horas fueron pasando. un hombre engañado en lo que ama hiere al instante. arresta al ebanista. si el acusado es verdaderamente un criminal. con el que menos hablaba de sus compañeros. engañando al hombre que no era sino ternura para con ella. no sería más tarde para ustedes. ha vuelto a su trabajo y continuado en el aprecio de sus superiores. Teófilo Cáceres. era un trabajador activo. preguntando por Consuelo. Un día en su vida tranquila cruza una mujer. que según decía. si efectivamente fue acuchillada ¿Por qué el que tenéis delante y no otro cualquiera de los muchos. y la justicia. quedan. señores jurados. pues. se había separado de él momentos después de haber salido. desde entonces sufre. de los anónimos que se sucedían cada día? Hay un testimonio diréis. cuando las pruebas eran tan escasas? El acusado había siempre observado buenas costumbres según lo declaraban sus superiores y sus compañeros. ¿condenarían a un hombre por el sólo testimonio de su enemigo? ¿La idea de haber condenado a un inocente. excepto él. dos probabilidades: o bien a huido con uno de sus amantes de un día. tiempo tendréis más tarde para condenarlo. para que las guardara hasta el día de la boda. un constante remordimiento? ¿No es preferible perdonar a un criminal a condenar a un inocente? El perdón es noble. como se le pidiera un punto de su declaración. a los veinte años había tenido ya tres amantes e impúdica rodaba de mano en mano. Siendo culpable.

para alguno de ellos. Consuelo le volvió la espalda: él la tomó por los cabellos. y ella. la hizo volverse bruscamente y parándose delante de ella. Dios sabe de donde. añadió: . sintiéndose contenta al verlo palidecer de rabia. sonriendo a los que la cercaban. llevando dentro de sí el peso de aquella muerta. y no pudiendo más. la más insultante y él conteniéndose todavía. No escuchaba más. había comprado ese puñal. fuerzas y valor: ¡había golpeado con todas su fuerzas. la contempló tendida. pusieron preso a Gutiérrez hasta que unos meses después volvió muy pálido y cayó enfermo unos días”. ¡Ah! Le era tan difícil ocultar sus luchas intimas que el jurado se asombraba de su calma. a pesar de sus anteriores faltas. y después de atender largo tiempo a los debates. ¿Cómo? ¿Por qué? Él no podía claramente explicarlo. El defensor. estaba dispuesto a hacerla su esposa. evocó recuerdos de inocentes condenados por declaraciones de enemigos.madrugada. a inventar falsedades. Era un joven alto y delgado. en disgustarlo. una. haciéndole contestar violentamente. El acusado continuaba completamente tranquilo. usaba el pelo bastante largo. al salir de paseo. Sufría tan cruelmente en la prisión al sólo recordarla. Desde días antes ella lo exasperaba más de lo ordinario. Su falta había sido amar mucho. hermosa como nunca. y en su memoria se reproducía todo el drama. salió a buscarla volviendo dos horas después. El agente del ministerio público habló de nuevo. ella comenzó a recriminarlo. La vista del cráneo puesto sobre la mesa del juez. y él. al tenerla delante noche con noche. con toda su alma! Instantáneamente se detuvo al verla caer y. había inclinado la cabeza sin que pareciera oír más. los que se la robaban. y un pequeño bigote muy cuidado. le dijo mirándolo fijamente: -Te juro que esta noche me voy con Juan.Te ordeno no moverte. lo habían íntimamente turbado. dos. sin temor a que todo estaba desierto y oscuro. tenían maneras finas y parecía algo nervioso. Pasaban en ese momento cerca de la acequia. sostenía la inocencia.Si das un paso te estrangulo. a hora voy a buscarlo. aparentando sorpresa. y sin saber cómo. fui al cuarto de Gutiérrez. Fui la comisaría. sacó. Ciego de ira la alcanzó. porque sí. siendo su constante pesadilla. Ese día. pero no para ella. supe habían encontrado un puñal que no conocí. con más brío que antes. coqueteando delante de él para exasperarlo. su aspecto era simpático. Las nuevas investigaciones en la acequia habían producido un cráneo roto. conmovió al público y a los jurados. clamoreó: . recordando a declaración de Cáceres que la había visto alejarse riñendo una hora antes de que él volviera a su casa. . Ignoraba cómo había podido vivir hasta entonces. te lo ordeno ¿lo oyes? Por toda contestación. pero ella se complacía en reñirlo. ahí presente.dio tres pasos. Consuelo lo dominaba por completo y. tres veces. y la noche caía. él sintiéndose celoso. te… Ella río. el era criminal y había sepultado el puñal. la presencia de la madre de su amada. rió con su risa la más altanera. ganaba un gran terreno en los ánimos. le advertí que no había vuelto.

en sus horrendas pesadillas. El defensor se había turbado.. los jurados se hablaban al oído. ella no respondía.Todo su amor. ¿Ganada? Es decir. llevar en el alma la mancha horrible. los he calificado con nombre poco honrosos. frío. a todo momento. la he matado… la he matado… Ustedes deben matarme… Y se dejó caer en el banco. soy culpable del crimen. y todo esto estando solo en la tierra. dijo: -Señores. se sublevó en contra el asesinato. pero la vista del cráneo. los he ridiculizado a todos aquellos que por su propia mano se han dado muerte. era ella. la fiebre lo devoraría de nuevo y en sus pesadillas. arrastrándola como un fardo. a todas horas.. ¿tiene usted algo que añadir? El acusado se levantó. la había violado! Hasta el llegaba la voz sonora del defensor.” ¿POR QUÉ? Alberto Jiménez La carta decía: “Me he reído. En la sala resonó un murmullo extraño. pues. la había removido y parecía un saco. ¿Por qué. y hoy dentro de unos momentos. no hubiera tenido fuerzas para matarme. a tu compañero de infancia. tal vez. ¡Era inocente! ¡Iba a ver la luz del día. sintió subir a él. y siempre. tocó el corazón esperando sentirlo… no latía… se acercó a su labios… la respiración faltaba… Desesperado. Sus noches volverían a ser agitadas.. hubiera podido ser tan feliz! ¡Y ese cráneo amarillo que parecía fijar los dos huecos de sus ojos en él. lo horrorizó. las pruebas no eran suficientes. Los jurados se miraban sorprendidos. vendrás para extender sobre una cama y cubrir con la envoltura que nunca más se quita. que no la tendría más entre sus brazos. Le había dado su aliento. el criminal quedaría libre tal vez. nuevamente le era preciso volver al trabajo. frío. un nuevo motivo de pesadilla. recibía orgulloso las aclamaciones. el defensor. viejo amigo. algo abrasador. ¡OH! ¡La horrible escena! ¡Cubriéndola de besos. La cusa estaba ganada. se inclinó a su lado.dijo el presidente de los debates fijando en él su mirada tras el brillo de los lentes-. la luz calienta y reanima. reírse a veces. y al salir pensaba:”Yo. y pensando que no la vería más. el acusado levantó la cabeza. el acusado era inocente… algunos murmullos decían que la causa estaba ganada. la había llamado con los nombres más dulces. En vista de esta nueva declaración. puesto que todo lo que amaba había muerto y era él su asesino! ¡Libre! ¿Era acaso libertad la que iba a tener? ¡No era el más cruel de los tormentos el que llevaba en sí? ¿La vida? ¿Qué interés tendría para él si en todos sus momentos dulces ese cadáver se interpondría? ¡Era tan hermosa.. -Acusado. vivir? ¿Podría dar un paso sobre la tierra sin remordimientos? Un aplauso estalló en la sala. y ahora brotaba eso. El acusado salió rodeado de gendarmes. Estaba exageradamente pálido. El agente del ministerio Público triunfaba. Con la vista fija en el cráneo. de preocupaciones y de viajes . el cráneo amarillento. aparentar tranquilidad. a su cabeza aturdida. el cráneo. el proceso fue aplazado para otra vista. estaba muerta. fatigado. todo lo que restaba de ella! Él la había sepultado. creería aún abrazar y cubrir de besos aquel cadáver frío. parecía otro hombre.

esculturas y algunas páginas de muy contados libros. ¡lo que te hubieras reído! O bien: ¿contento?. y sin embargo. hablando con mejor criterio a veces que los demás. de la última novela de Bourget o el más reciente escándalo parisiense. profundamente malhumorado. o bien: ¿Contentó? Y ¡cómo no?. ¡Hombre sí!. mandaba llevar barro y me ponía a trabajar una figura. me fastidiaba. ¿Por qué no?. ni oyendo criticar a Olimpia ni obteniendo todos los primeros premios. pensé en mi mismo. cambiarse tres trajes al día. un muchacho agradable. ¡vaya si lo estoy! Mi yegua ha ganado el primer premio. sin objeto y sin duración. y perder algunos billetes en un club. sentiría el más mínimo contento. en la manera de pasar menos mal los días.y él con la más cómica de las gravedades-¿Contento?. bien visto. y. correcto. fue lo único que pude encontrar de interesante en los varios países por los que juntos paseamos nuestro afán de novedad. iba a alguno de mis compañeros de club: ¿Estas contento?. ¿conoces tú algo más estéril. tijera para todo el mundo. nos apegamos como el más delicioso y durable de los sueños “Yo. discerniendo. queriendo ser como los demás. anoche gané dos mil pesos al Bacarat. recorría las calles hastiado de su fisonomía siempre igual. maldiciendo. divertirme como los demás. más vacío y más mezquino que esos días siempre e igualmente fastidios y a los que. más inútil. donde futuros escritores.le decía. me tuteaban y acogían bien porque mi presencia era para ellos una noche en la que podían beber sin taza. al poco rato de estar en medio de esa compañía bulliciosa y sonriente. cualquier cosa. entraba a mi casa para tirarme a la cama hojear un libro y dormirme renegando de todo y de mí mismo. ni feo ni bonito. Hecho a la idea de que para nada verdadero servía a los otros. como siempre estaba al tanto del poeta al que lapidaban y de aquél al que ensalzaban no se aburrían mucho en mi compañía. Pinturas. busqué los placeres intelectuales y sólo encontré vacilación. sólo que entonces eran opuesto sentido: ¿Por qué vivía? “Efectivamente. iba allá. “A veces. “Vuelvo aquí. a algunas cantinas de segundo orden. figúrate que acabo de venir de visitar a las X: ya puedes figurarte. y testigo eres tú de mis muchas y frecuentes crisis. a pesar de todo y a pesar de nosotros mismos. convencido de que ni ganando al Bacarat. mantener un par de caballos. nunca le halle objeto a la vida. angustias y torturas en nada equivalente a los ratos de sano goce. en general. con algo de ilustración. y a fe mía que no fue por haber dejado de buscárselo. “Me encerraba a veces proponiéndome hacer algo. cuanto un hombre puede ejecutar. cuando mi día era muy negro. como me fastidiaba entre las frases y las sandeces del viejo Rendón o del elegante Gutierritos. figuré como uno de tantos de los que tiene para vivir holgadamente. que estaba destinado a contar. opinando y preocupándose por las mismas necesidades. los viajes me produjeron las impresión de la imbecilidad humana vista en diversos climas. siempre encontré que todo. Era yo un simpático. indignándome contra las viejas mendigas y contra los organillos que maltrataban mis orejas. “Pues bien. Por más que meditaba. jóvenes preocupados por rivalidades de escuela y perfectamente felices bebiendo cerveza y lanzando mordientes epítetos contra los viejos y los poetas que cantan al son de los pesos de la administración pública. por muy grande que sea. por más que trataba de convencerme y de suponerme fuerzas y méritos que soy perfectamente incapaz de tener. y luego esa Olimpia ¡es tan ocurrente! ¡Hubieras venido!. los desórdenes lastimaron mi carácter. mis sentidos y mi salud. tal vez. Cuando me cansaba de los titis sin seso que forman nuestra sociedad elegante. no sabría decírtelo. no es sino infinitamente pequeño. envuelta en telas más o menos gruesas. reírme como los demás. ¡Lo que Rendón ha rabiado! “Me alejaba con el más profundo de los desencantos. sin que yo mismo supiera lo que maldecía.“¿Por qué?. y las diatribas y lo insultos contra los burgueses continuaban más altos mientras más monedas salían de mis bolsillos. ¡ah!. habiendo siempre tenido predilección por . hablando en lenguas más o menos groseras. muchas veces me hice la misma pregunta.

temía. las que procuraban exasperarme y en mi presencia casi me engañaba. con las lágrimas en los ojos. tratando de adivinar los misterios de esa alma de mujer en formación. y por completo desprovistas de interés. de poder amar así. además. sí al ridículo. forjaba inmediatamente una historia. fue. La que no trataba de robarme asquerosamente me engañaba con cinismo. Fui duro con ella. ¿Cuántos Georges Dandin? “Todos mis amigos estaban conformes en que a mí me hacía falta una pasión. apenas si pude experimentar un poco de lástima y al mismo tiempo envidia. y para un Otelo. Como nada tampoco me había hecho sentir. pero el papel de Don Juan nunca fue el mío. todo cuanto capricho he tenido. el caso es que todas las que traté me parecieron igualmente necias. El temor del ridículo únicamente pudo detenerme. algo. diciéndole que me engañara o suplicando a un amigo la sedujera para remover algo en mí. pero ahí estribaba la gran dificultad. y en mis largos e insoportables ratos de mal humor nadie ha sido prudente como ella. yo no sentía nada. de todas quedé igualmente asqueado. Todo cuanto le he hecho. en enamorar una señorita y para con ella ratos de agradable plática. “En la calle. cuanto la he ultrajado. todos mis esfuerzos eran vanos. sino a los maridos. ¡ay. la hice salir de mi casa esperando sentir remordimiento. la extraña convicción de que no amando a esa mujer no podría amar a ninguna otra. Ignoro si sería mi desgracia o mi mala elección. volvía a mi anterior fastidio. de tal manera buena. la maltraté. los ha tolerado. llorando abundantes lágrimas cuando no lo lograba. indiscutiblemente fue ella. pero aquí amigo mío. ¡sí! Corresponder. cosa que hasta entonces con nadie me había sucedido. de tal manera amante. procuraba imaginar infidelidades por parte suya. las que juegan con los sentimientos. en fin.modelado. a ese inmenso cariño que indudablemente yo no merecía. “Me propuse quererla. sí mucha envidia. pues su imagen nunca vino espontáneamente. “Llegué al grado de pretender recurrir a lo cómico. hacía todo en cuanto de mi parte estaba por echarla de menos un momento… ¡Imposible!. estando entre amigos. aunque el fastidio acabara conmigo. amigo mío!. que nada había hecho. ansias de verla. Conocía ya. “Pensé en casarme. en fin. como un criado acostumbrado a mi servicio. mandaba la estatua el taller y la escultura al diablo. algo me seducía. Si la rechazaba de mi lado se retiraba sumisa para volver al rato con palabras que desarmaban mi cólera. absolutamente nada por ella. llegaba a convencerme de estas cosas sin sentir alguna alteración. si llegaba tarde creía ver en su rostro vestigios de un engaño. “Había al mismo tiempo en mí. jurando que no podía vivir sin mí. visto en ese momento por primera vez. ¿qué debía yo pensar? . después de unas cuantas experiencias preferí vivir solo antes que desagradablemente acompañado. “Llegó a domesticarme y a veces aún a hacerme falta. y. “Me propuse amarla. comienza la parte grave. “A los pocos meses de esto conocí Carmen: tú sabes hasta que punto esta pobre mujer llegó a enamorarse de mí. si salía un momento. como si fuera un ser enteramente ajeno a mí. a los pocos días después de fumar varias docenas de cigarrillos y de haber cambiado veinte modelos. si estaba triste. En sus labios siempre hay la misma sonrisa. que nada hacía por merecer. y más aburrido que nunca. y cuando volvió. ¿cómo diablos conseguir esa pasión? “Tuve varias queridas y. que hablara de ella dentro de mí… Durante los ocho días que estuvo fuera solo me hizo falta para cosas materiales. Una intriga con una mujer casada. la misma palabra cariñosa. aunque sólo fuera en parte. las crueles. para pensar en ella tenía que hacer un esfuerzo. Yo pensaba como ellos. si ser alguno es capaz de dar verdaderas pruebas de amor. y harto bien para mi desgracia. que me propuse amarla. sus brazos rodeaban mi cuello procurando hacerme reír.

y con la pistola cargada a mi lado y recordando a los que he ridiculizado. Trabajo me costó.“Lentamente la idea de que no tenía corazón de que estaba marchito y muerto se fue formando en mí. era yo un pequeñuelo de explosiones. no! Evidentemente a mí no me atrapará. completamente opuesta a la mía. que desolado hasta la desesperanza. pero me amaba a su manera. qué castigo pesa sobre mí que me cierra para siempre el paraíso de las ternuras. ella abrió los ojos me miró con su habitual ternura. el de un ser reconcentrado en sí mismo. ¿no es el amor? Yo soy incapaz de sentirlo. sus engaños y sus asechos. preguntándome qué sino fatal. ¡No. ¡no puedo! “Después de meditar mucho he resuelto darme muerte. No dudo que me amara. no. sus caricias a las que me es imposible contestar franca y sinceramente. pues? “¡Me amara tan siquiera a mí mismo. Yo conozco sus costumbres. De niño me intimido mi madre. una vez hombre me acostumbre a verla como un ser aparte a quien nada podía confiar ni nada pedir. no ayudaron a su desarrollo y heme aquí incapaz de llorar ante la desgracia de mis semejantes y ante las mías. la prueba es que quiero. es decir. no me enamoré de nadie y seguí viviendo si querer y sin ser querido. de rostro severo que intimidaba sin que se de su boca saliera nunca una caricia ni una palabra amable. Fui por mi camino. ¿quién podrá nunca conocer el gusano. “En tal estado. inválido. sintiera algo al dejarla para siempre… Nada he sentido. condenado a desconocer por siempre los afectos. ¿puedo esperar algo de la vida? Evidentemente no. lo mismo alegre hasta el delirio. Lo mejor. De mi padre ningún recuerdo tengo. los goces de los sentimientos no se hicieron para mí. como el total de los hombres. Quicios “Conoces muy bien lo que mi infancia fue. me han convencido de que en mí la fuente del sentimiento está agotada. Evidentemente tenía. lo único posible que hay tal vez en la vida. “He ido a su lecho. y muerta. No tuve amigos. la lepra que corroe las almas de los suicidas?” UN APRENSIVO Para Federico Gamboa -¡Oh. “Mañana reirán de mí como yo he reído de otros. sintiera por mi persona y por mis caprichos lo que no puedo sentir por los demás!. tal vez sería otro. “La siento cuando se aproxima. en mí todo era efusivo. incapaz de dar un beso sonoro que salga del alma. la fibra que se extiende y palpita atraída por otras fibras de simpatía: no la alimentaron. hice esfuerzos por llorarla pensando que tal vez había sufrido. decidido a morir. “Mi situación es claramente ésta: no puedo amar. quiero con todas mis fuerzas amar al ser que siento amaría si amar pudiera. pero no. y sin embargo. lo único dulce de la existencia me está irremisiblemente verdadero. cuando toca algún objeto. Si a mi alrededor hubiera visto cariño. ¡pero no puedo!. me atrajo a su pecho… yo me levanté sintiéndome perdido. pero hoy he llegado a ser más listo que ella. no me dejaré sorprender por la muerte!” . obligado a mentir en todo momento. te escribo esto. Volví la visa hacia el pasado buscando alguna afección sin poder encontrarla. haciendo infeliz a quien tenga la desgracia de amarme. que en el fondo de su alma se ocultaba alguna pena secreta de esas que para siempre borran la sonrisa de los labios. “La entrada de esa mujer en mi vida. ¿para qué la quiero. ni aun la fortuna de ser egoísta me tocó. es imposible. lo único bueno. de mi madre. indigente de corazón. la he besado con la esperanza de que. si las ternezas hubieran hablado en mí. cuando vaga a mi alrededor acosándome con más proximidad cada vez.

sus ojos espantosos de loco. -Pensar. en su pesadilla y creyendo escaparle. y cerrándolo en un círculo cada vez más estrecho. qué? Inmóvil. Lo único que lo calmaba era caminar. a mí. veía su rostro como queriendo convencerse de que aún vivía. desde el momento en que la preocupación de la muerte entró en él. la veía. cuando se está prevenido y se le puede huir.” Una carcajada frío siguió a sus palabras. el cuerpo inmóvil y los ojos cerrados. una y múltiple. con el cuerpo que late y marcha. Si por un momento el sueño lo calmaba. dominando sobre el mundo. completamente imposible escaparle. dentro de un mes. . insensible como esta mesa. Al cabo de algún tiempo. ellos continuarían gozando de las caídas del Sol. La imagen espantosa se le aparecía por todos lados: una mujer hermosa. si ellos se tomaran la pena de estudiarla “Ella nunca puede llegar cuando se le espera. una agitación nerviosa lo sacudía envidioso. sudando frío con el corazón latiendo vivamente. la gran canalla! ¡Nadie es maligna y mentirosa como ella! Pero a mí. de los radiosos mediodías. presente. inmensamente poderosa. la muerte soberana. la muerte. sus ojos. después de una breve pausa continuo: -Pues bien. fuerte y sano como ellos. se dilataron más. sobre los seres y las cosas. la muerte. Ellos vivirían. sentido y amado como nosotros. Otras veces se acostaba en su cama queriendo figurarse la muerte. En el fondo de mi corazón se levantaba una gran piedad al mismo tiempo que un miedo.que es imposible. sombra de Dios. queriendo dejarse sorprender. vibrarían a mil goces. creyendo que su último momento llegaba y abriendo los ojos tan grandes como podía. llegáramos a entrever la amenazadora. caminar y de prisa. Pensar que con vida. desesperado de no poder vivir sin la constante pesadilla.Con los ojos brillantes y dilatados. una noche. pensando en ella. con deseos. Para él. para ver una vez más los objetos. la muerte dominadora e invencible! Yo lo había visto llorar de impotencia. muerto. ¡Ah. nunca arrebataría a los hombres. y un día el terror de la muerte había entrado en su alma para no salir sino con su razón. no había ningún reposo. de las brillantes noches de Luna de todo cuanto amaba. la sentía. Yo conocía su historia. ni tener nada. ellos amaría. obrado bien. Él había pensado bien.y cerraba los ojos para probar el suplicio de nada ver. tocándose el corazón que creía iba a detenerse para siempre. ni a nadie dirigirse. a encontraba por todos lados. bien pronto se despertaba aterrado. todo cuanto hablaba de vida. y teniendo en el alma el espanto angustioso de la muerte. estudiaba. en su pensamiento. así habló el loco ante el cual me habían conducido. La muerte. había sido su amigo y asistido a sus horas de sorda angustia. tomando expresión sombría. procuraba detenerla a su paso.¿Qué seré. esperándola. si creía sentir alguna manifestación física. a veces. la sola que solamente verdaderamente existe. dentro de dos tal vez. nunca podrá engañarme. unas mejillas frescas. y muchas veces lo encontré extendido en un diván. comprendido. Desde entonces. extendiéndose como inmensa bandera.me decía a veces. olvidado en la mansión de las eternas tinieblas. Si caminaba en las calles. le hacía sólo ver esqueletos y tal vez su único consuelo era imaginarse muertos a cuantos veía. creyéndose condenado irremediablemente y sin poder hacer nada. con el aliento oprimido y voz profunda y convencida. la llamaba. dormiría perdido. si un día. mientras él su igual. Comprendía al mismo tiempo que era fácil ser arrebatado por la misma locura. y esperando caer a cada momento. y a veces una rabia. rodeando todo. pero si en su circulación había el más mínimo desarreglo. iba al espejo. acechando todo. saltaba. haciendo sentir su imperio en todas partes y en todos los momentos. será nada. mañana. Nada más horrible que sus noches sin sueño y sin quietud. nunca. sólo había una idea: ¡La muerte. devoraba con la vista a todos los pasantes. un espanto inmensos.

mi garganta sintió como si la oprimieran. . sorprendiéndose de verse vivo.La vista de un cortejo fúnebre o de un cementerio le ponía fuera de sí. dominarla con su astucia. cada noche acostándose con el temor de no levantarse más. mi lengua se enroscó rehusando articular las palabras que como torrente afluían a ella. sentí tentaciones de correr. de una mentira. queriendo ver si había en mí un germen de su terror y su locura. y es feliz. y al recordar el antiguo suplicio de mi amigo y su actual tranquilidad. me decía: -Tal vez la felicidad que tanto buscamos. en fin. se sentía verdaderamente morir. arrebatando su razón. en la triste casa. sólo existe aquí. porque desde ese día cree poder evitarla. EL DERECHO DE LA VIDA Para Balbino Dávalos Cuando ella me anunció bruscamente su estado. Al fin. trataba de ver hasta lo más hondo de mi pensamiento. cuando sombrío y de pésimo humor. en constante desolación y en eterno terror. arrebataba ese espanto. la locura vino a ser su Redentora. en los seres que viven de una quimera. de una locura. cada mañana. casi desesperado. Sus días corrían así. de esconderse como un cobarde a la vista de un enemigo superior. cree huirla. en los pobres cerebros desequilibrados. ¡Sería tan fácil! Y al pasar por los largos corredores. Al alejarme de mi viejo amigo. al ver otros muchos que en nuestro limitado alcance juzgamos desgraciados.

como si propagar la miseria y el dolor. durante mis años de negrura. las decepciones habían sido tan grandes.." Mi razonamiento podría aparecer monstruoso. Tuve temporadas. su cutis se llenó de pequeños puntos amarillos. líneas de perfección. los leprosos. En mis horas más negras. las bocas que se juntan. ¡Lo sentía!. como si lanzar desgraciados que atar al pesado carro de la vida. algo solemnemente disparatado que nunca había pasado por mi imaginación desde que vivía al lado de ella ¡Un hijo! Durante todo el día estas tres sílabas dieron vuelta a mi cabeza sin que me fuera posible expulsarlas. como a bestias peligrosas. las rudezas.. extraño. sin saber cómo. será muy mono y se llamará como tú. sus caderas. ¡cómo envidié a los que no son! Todas las torturas que veía a mi alrededor. Yo. porque el brillo de esas miradas. A mi alrededor veía lechos de contubernio o lechos autorizados por un representante de Dios. me sonaban. brotaría la planta raquítica o exuberante que el sol debe tostar. sentía saco y sentía cólera. único dueño. lentamente tomaba redondeces repugnantes. lo siento. los criminales. que más de una vez reproché la memoria de mis padres el haberme arrojado a una lucha vana para la que indudablemente yo no había nacido. ¿por qué? Yo mismo no lo sabía. cuando en mi ánimo había tempestad y mi estómago clamaba hambre. robándome algo del cariño del que antes era absoluto. aquella deformidad era a mi ver una profanación de la naturaleza. Hubiera querido ir y abrazarlos como hermano diciéndoles: "¡Tú. se descomponían. lo acariciaba creyendo acariciar a su hijo y en sus conversaciones no hablaba sino de él. con la mayor sencillez. debes mostrarle tus llagas punzantes. tú eres tal vez un inconsciente. aunque procuraba disimularlo. los pensamientos que palpitan acordes. por el que sin darse cuenta. caía en una existencia que ignoraba. despojado para mí de todo encanto desde que no era estéril. lo creía muy lógico. Sus palabras me hacían daño. era evidente que ella se equivocaba. Ella tal vez lo deseaba. despertaban en mí infinita tristeza. de la humedad de esos labios y de la comunidad de esos pensamientos y esas voluntades. las pruebas. Durante mis años de juventud. descomponiéndola. me golpeaban con cheque de martillo. fuera lícito y lo más honesto del mundo. tu cuerpo corroído por el mal. helar el frío. me había propuesto nunca tener un hijo. todos los gérmenes de desgracia o de corrupción que en mí pudiera haber. no podía ser. excitando la irritabilidad que se había apoderado de mí. Luego dudé. Estaba segura. viniste al mundo sin saber cómo y has matado sin saber por qué. pero no podía ser. si hasta la más secretas fibras de tu ser pudieran verse. Su andar fue torpe. Durante toda mi vida y debido tal vez a lo azaroso de ella.. debes maldecir el recuerdo del que sin saber lo que te hacía.Sí: ahora sí: estoy segura. En la noche la interrogué. de odiarla por haber recibido la misión de concebir. los hijos abandonados. que amaba únicamente por la armonía de sus formas. pobre abandonado. Su vientre fue deformándose. lástima por el que iba a llegar sin pedirlo. Ella tuvo ternezas anticipadas para esa criatura que lentamente tomaba forma dentro de su seno. te mandó aquí para desconocerte! Tú. lo esperaba tal vez. no reproducir ni legar todos los infortunios. un atentado contra lo hermoso de su cuerpo. tus fístulas infestadas. Parecían tres insectos. en mi razón aquello no podía ser. yo.obra de desolación y de lágrimas. Y también sentía piedad. que me había seducido.se llevaba a cabo diariamente. y de ahí la razón de su engaño.¡Encinta! ¡Un hijo! Estas dos palabras representaban par mí algo absurdo. desde que ese ser a quien nadie llamaba. de huir de la mujer.. verás. . Llegué a temer. las miradas que se clavan. tres moscones entrados ahí para azotar constantemente con su voltigeo las paredes de mi cerebro. quién sabe quien resultara asesino. . llegaba alterando nuestra paz. donde la obra.

yo. todas las inquietudes. sollozaba en el lecho manchado. pues. donde el pensamiento que me has dado no sea un verdugo. todo lo pecaminoso que yo llevo en mí. rota. la consecuencia. meditaba en la sombra. si heredando mi profundo disgusto por todo cuando me rodea. resonando en mí como un grito de acusación. ese pequeño animal que gemía. sus años buenos o malos. yo indirectamente ponía en su mano el fusil con el que en nombre de la patria mataría a sus hermanos. que se desgarraba los pulmones por gritar. era simplemente tan infame y tan cruel como el dar tormento a un inocente. precisa. mi hijo. sentado. fijé en él mi vista contrariada. yo el responsable de sus actos. El cuarto estaba casi a oscuras. por decreto de quién has ido a sacarme de la nada donde yo me perdía?. no sintiendo sino desprecio por mí mismo.. sus ojos entreabiertos apenas derramaron lágrimas. donde viva sin cuidados? No. me trastornaban. parecía verme con ojos de cólera. cuando sus ojos se volviesen inútilmente hacia la indiferente oscuridad de ese mismo cielo. yo a quien él podía decir: "¿Con qué derecho. A mí los remordimientos me acosaban. Yo y ella. quitándole la vida. mientras ella. de algo que nada siente. éramos ambos unidos. su pequeña garganta prorrumpió en gritos. ponía en su mano la bomba homicida que le atrajera la venganza de un pueblo. Así. muerta la madre y muerto yo. Eso era yo. donde se encuentren hermanos buenos que me ayuden.azotar la lluvia. ¡Sus puños crispados como al nacer. y más de un beso es el culpable de muchos crímenes. la madre dormía profundamente. De mi egoísmo. ni nada quiere. y en mi mente quedó inquebrantable la idea de cuanto antes y a la primera ocasión. la convicción de que el lanzamiento impune a la vida. con ojos en los que yo leía todos los pesares. donde la caricia no oculte la garra. pensando en las noches errantes que tal vez le esperaban. su corazón sangraba. la consecuencia era él. se levantaba hasta el cielo. yo el responsable. en mi conciencia había llegado a formularse clara. como si desde la luz que los hería fuese ya un sufrimiento. libertarlo. lo que había surgido de nuestro cariño y de nuestras caricias. de recompensas y de paz. Lo vi crecer. Yo lo vi. nacería una existencia llena también de tinieblas. arrastrado. Yo era el responsable de todo cuanto cometiera en la vida. maltratado por la existencia. Entonces fui a la cama donde mi cómplice dormía. lo vi. seguramente opacados por el pesar.. ¿para qué? El objeto de tu obra. ¡perseguir la escasez! De dos palabras de amor cruzadas. por protestar tal vez contra nosotros. Nació ese esbozo de criatura contorsionó sobre un lecho. En la sombra parecía gesticular un hombre. de la pasajera unión organizada en la oscuridad de la noche. . ¿verdad? Entonces. aturdida aún. era ella. yo el culpable si legándole mi sensibilidad envenenaba sus años por los impulsos del corazón. a la que llegaba llorando. de aquello en lo que yo no buscaba sino placer. ¿Por qué me has arrancado de la profunda oscuridad y la absoluta ignorancia en la que yo me hallaba? ¿Ha sido acaso para traerme a un lugar de regocijo. a través de los cristales de la ventana miraba brillar las miradas frías de las estrellas. ¿Cuál es?" Y estas palabras. contemplé fijamente al hijo. sus labios maldecían! Lo vi de otras muchas maneras.

Todo mi síntoma. el silencio. Fijé aún más mi atención esperando sorprender un murmullo lejano. el caso es que por completo me cambian. los hombres? ¿No vivía tan sólo en un sueño? Yo mismo reí de mis necias preguntas y escuché… Nada. Yo había trabajado muchas horas y al fin la fatiga me rendía. y la nueve brillaba como un inmenso manto de plata. y abriendo los ojos. Ninguno como yo comprende lo extravagante y lo inverosímil de mi narración. y como apagara la luz. y pensé en la muerte universal. Dejé mi mesa para entrar al lecho. todo me causa sobresalto y me inspira angustia porque creo que ella vuelve. sobre sus ramas erizadas y secas reposaba algo como inmensas boas transparentes. toda mi locura es declarar lo que he visto e insistir.RAYO DE LUNA Para el barón Salvador de Maillefert. una puerta crujiendo. ¿es que acaso no eran la muerte? ¿Vivía yo? ¿Existía el movimiento. La oscuridad. todo quedó negro y cerré los ojos esperando dormir. la noche. la noche en la que antes me gustaba vivir sintiéndome solo y despierto cuando los demás dormían. terriblemente cierta y de ella me ha quedado una impresión de espanto presta a despertarse a cada momento. después de muchas dudas. me es hoy odiosa. busqué la luz… todo estaba negro. Todo ruido. Me creí solo. todo me conmovía y me inquietaba sin saber por qué. Dentro de mí todo estaba también en calma. la luz. la noche antes querida. todo estaba oscuro: una oscuridad de muerte. yo mismo he dudado y me he creído un juguete de una alucinación. sólo mi corazón. y nuevamente enamorado de la noche. en la ruina del mundo. en diciembre. todo estaba en silencio. mi inteligencia más alerta. Mi angustia iba creciendo cuando la Luna salió. siento mi cuerpo más ligero. y al mismo tiempo curiosidades pueriles. un silencio completo. el tictac de mi reloj… el mismo silencio. Inmóvil. todo oscuro. A la tranquilidad no.tac de la pequeña máquina. Estoy en un hospital de alienado. volví a la tranquilidad. los rayos más brillantes. y una luz clara. todo dormía. comencé a pensar. Un terror estúpido de lo misterioso se apoderó de mí: el silencio. llenó mi cuarto. Era en la noche. la oscuridad. y sólo la luz amarillenta de mi pequeña lámpara hacía brillar el papel. horriblemente solo. A un lado. mi soledad era completa. . caían sobre un gran edredón rojo que en mi sueño había dejado caer y que extendido parecía recibir el sueño de la luminosa. ¿Cuánto tiempo ha pasado? No lo sé. en los árboles. nada puedo explicar sino que aquello ha sucedido y me ha dejado una impresión inolvidable que probablemente me conducirá a la locura. un calor sofocante me devoraba. nada llegaba a mí. el aleteo de una mosca. cantando la marcha del tiempo y llenándome de alegría. mis sentidos y mis deseos más despiertos. tranquila. he llegado a la misma conclusión: mi narración es cierta. vieja de muchos siglos… Por la ventana veía brillar miles de astros que dejaban caer sobre la Tierra su ceniza de oro. todo movimiento. la noche. ni ¿quién lo sabrá jamás? Nada sé. y entonces quise escuchar los latidos de mi corazón… tampoco. Todo estaba en silencio: un silencio de tumba. recorrí las estrellas. la noche consejera llena de murmullos silenciosos y de encantos apacibles. los gritos dolorosos o desesperados de los locos. el aleteo de una mosca. las carreras de un ratón. dos horas pasaron así en silencio y la oscuridad. porque ignoro la influencia que sobre mí operan las bellas noches. contemplé largo rato el rostro de la Luna. un soplo de viento. Yo me sentía alegre. Una hora. La noche silenciosa y melancólica. los latidos de mi corazón respondían como un eco al tic. diáfana. pero siempre. el reloj latía.

y a mí. con la mirada fija en las estrellas. una figura de mujeres destacándose sobre el rojo del edredón que se hundía bajo el peso del cuerpo. casa vez más prolongado. lo que entonces pasó. todo estaba cerrado. algo que no puedo definir. y yo viéndola inmóvil.¿Qué seres morarán en esos astros. sentado en la cama. de amar bajo la radiosa claridad de la Luna. eterna! . parecía dormir. Sus ojos se clavaban en los míos. nadie podía haber pasado por ahí. Después de mi primer espanto creí engañarme y volví los ojos al suelo mirando con atención… ¡no. sí. por mi piel. de tal manera me sacudía y temblaba. grité con todas mis fuerzas con mis fuerzas antes muertas.. y de mi garganta sólo salían sonidos casi imperceptibles. cómo describirlo. prolongado. oscuridad y terror. nuestras miradas se encontraban. en su expresión había tristeza. ¡oh Dios!. cuando al volver el rostro – no sé cómo tuve valor.qué era. Se levantó. luego nada. por mis huesos. inmensa. parecía ver y no mirar. ahí extendida sobre el edredón rojo. interrogarla tal vez. serán felices? Cuántas cosas pensaba. todo. qué era. a mis oídos llegaba su respiración suave y tranquila. la adivinaba tendida a mis pies. mi corazón latía violentamente y después parecía muerto. quedó todo en tinieblas y ella ahí. Sin saber porqué impulso llevado salté del lecho. ¡oh Dios!. y su palidez era grande. veía perfectamente el latir pausado de su pecho. caminar muchas horas como lo había hecho otras veces. viendo una figura blanca. mirando sin pensar en nada. mirándome asombradas. cómo expresar lo que sentí. muy largo. Luego la luz que la bañaba desapareció. no me engañaba! Una mujer vestida de blanco. Yo quedé sin movimiento.. hechos para alumbrar las noches de amor? ¿Tendrán poetas. ¿Cuánto tiempo estuvimos así. las de ella tranquilas. ¡Oh!. lo esperé paseándome de un lado a otro y conteniendo con las manos mi corazón para que no saltara. silencio. por todo mi cuerpo. un gran terror en mi alma. mirando inmóvil de terror. con los cabellos sueltos. La mujer había abierto los ojos y me miraba fijamente. muy penoso. y cuántos deseos sentía salir.no sé cómo me había incorporadoapoyado sobre un brazo y mirando. las mías… ¡yo no sé. pretendía hablar. yo la sentí. sin querer volver a mi cuarto. sin poder hablar? Para mí fueron muchos años de sufrimiento. el espanto que me causó escuchar un suspiro. aunque con indiferencia. nadie. su suspiro era más. dirigirle la palabra. seguramente me hubiera desplomado. y las gentes de la casa acudieron en tropel. yo no la veía pero la sentía. Si no hubiese estado en mi lecho. casi sin darme cuenta. Un suspiro. ni podré nunca saber cómo eran las mías! ¡Ah!. por mi sangre. más largo ¡ah! ¡sí! Que el primero. porque hería. una gran tristeza.ese suspiro duró toda una eternidad para mí. ¡nadie. ¡ah!. una forma blanca. nadie! Esperé el día lleno de impaciencia y de terror. ella con los ojos fijos en mí con indecible expresión. sentía un frío horrible y por mi frente corría el sudor. una gran tristeza. un suspiro que hizo pasar por mí. muy largo. yo vi su manto blanco ir a la ventana. mirándome con sus grandes ojos exageradamente abiertos. la mente despierta sintiendo deseos de amar. para nosotros fuegos de hermosura. muy prolongado. la noche atroz. muy lento. Hice correr toda la casa. hundir mis pies en la nieve. que aún no sé cómo no me mató. mirando sus luces que me atraían. tan grande como debía ser la mía. Entonces. aspirar el aire perfumado. cantarán historias. pero mayor fue mi espanto y más grande mi angustia. Volvió a suspirar con más pena que antes. el ánimo tranquilo. escudriñé mi ventana colocada a gran altura. tal era mi abrumamiento de lo que pasaba. y así. golpeaba como si quisiera salirse. una forma de mujer a quien los rayos de la Luna bañaban.vi. ¿quién podrá expresar lo horrible opresión que yo en ese momento sentía? ¿Quién podrá comprender el terror producido por las miradas fijas en un ser…-¿era ser?. ¡la larga noche. algo.

De un golpe dejó de ser lo que era.y ese cambio ha sido notado por todos.contesté mirándole fijamente-.Sí. dije a mi vecino: -¡Qué cambiado está Franco. debía varias envidiables conquistas a su tacto. y yo. un hecho desgraciado. las fuerzas desconocidas que nos rodean. antes cuidada con esmero. cuando la veo llegar tiemblo… y ella puede volver aquí.Sí. dejó de ver a sus amigos más íntimos y ahí lo tiene usted. que no tenía familia ni se le había conocido pasión alguna. saliendo sólo de cuando en cuando. mi asombro fue muy grande. he visto con mis ojos.Que se sepa al menos. Hasta mí ningún ruido había llegado. me acerqué a él. su fisonomía y hasta su voz. nada concluyente tenemos a mano y quién sabe si en realidad no haya . nadie lo vio más en diversiones. lanzando un grito. Sus ojos mostraban inquietud. . creo que está algo trastornado. No estoy loco. momentos después quedó solo. fijos en mí. ¿Qué podía ser? Poco rato después. la reunión tomó interés. y de improviso. En realidad era otro. y yo. forjando fantasías sobre la causa de su singular actitud. Hablamos de cosas insignificantes. como distraído. triste. me atrae todo cuanto está fuera de nuestro alcance y de nuestra percepción. cuando menos lo esperaba. Después me han traído a esta casa. En otros tiempos. un consentido de las pródigas. sin poder contenerme. desgraciadamente nada preciso.Le ha ocurrido alguna desgracia. Lo primero que a mis ojos saltó fue el edredón rojo extendido… el edredón rojo que conservaba las señales del cuerpo reclinado sobre él y que los rayos de la Luna habían bañado. que pueda explicar… . era un mimado. sin que haya podido darse cuenta del porqué. algún secreto tal vez. como en las nubes. a esta casa de locos. ¿no es cierto? . perdí el conocimiento. cuando se hubo alejado. de la noche a la mañana. y yo no lo estoy. La conversación fue interrumpida por la llegada de algunos caballeros. no… ¡pensar que esa mujer puede volver aquí. canosa. No pude más. su mirada siguió brillando vagamente. crecía en desorden. cuando yo lo había conocido. Su barba. y esa noche cando me tendió una mano flaca que yo había conocido musculosa y fuerte. me interrogó: . no… La noche me es odiosa. algo. sabía perfectamente que no era casado. tal vez cuando la Luna vuelva. callado siempre. No le apartaba la vista y lo veía allá en el fondo hablando. en fin. no Su cambio fue brusco. que nos guían y nos impulsan. exagerada a veces.Usted publicó hace poco unos estudios tratando de lo sobrenatural. en una alucinación y volví a mi cuarto. cansado. he escuchado sus suspiros prolongados y penosos. ajeno a la conversación. las conversaciones se hicieron generales. ocurrido en su vida y que de tal manera lo trastornara. de las personas ahí reunidas. LO QUE DIJO EL MENDIGO Para Alfonso Fernández Hacía tres años que no lo veía. y siempre y en todas las circunstancias el primero dispuesto a las mayores locuras por una mirada o una sonrisa. se abandonó. todo había cambiado en él. con las damas. a esta casa! No estoy loco. yo lo esperaba como se espera la salvación. con la curiosidad despierta ya. no dejaba de pensar en mi amigo. tal vez sin que lo sospechemos.replicó. haciendo suposiciones. se distinguía por su caballerosidad. sus maneras. Galante hasta el exceso. según decían. los suyos grandes. En vano atormentaba mi memoria queriendo recordar algún accidente. sin elegancia alguna.Al fin el día llegó. con él me llegó la tranquilidad. ahora sus maneras eran muy distintas. pensé en un sueño. largas veladas y un no sé qué de profundamente desolado que me intrigaba particularmente. lo conocí tan distinto! . alguna muerte. contestaba sin fijarse. o más bien contestando simplemente a una dama bastante hermosa y no del todo huraña.

recorrí calles al azar sintiéndome triste en medio de mi soledad. dirigiéndome a mi casa. sentí repugnancia por ese lugar. Tomé el abrigo. que no es sino una esperanza de ser tratado de la misma manera en igual caso. decidí salir al aire. Pocas cosas me eran en ese tiempo tan pesadas como entrar en mi habitación.nada.. cuando el baile comenzaba a tener más animación. pero no. me cubrí con el sombrero y salí a la calle. Su presencia a esa hora y en ese momento no dejó de contrariarme algo. si se quiere.¿estabas enfermo. no necesitas nada. por los grupos de lascivos danzantes. vengo del cementerio. pero su rostro me escapaba en la oscuridad de la noche. murmuró: . gracias!.. amedrentado por el excepcional tono de su voz. continuó con energía. el sentirme apartado de todo ser humano me infundían a veces temores de los que sonreía después. Ponga usted atención y no crea que deliro. estoy en mi juicio o estaba… no sé si estoy o si estaba. en lo poco que somos. y con vaga tristeza. señor. “Sólo hizo un movimiento de cabeza que nada significaba. algo. que me ha ocurrido a mí. sin saber cómo. “Cansado al fin. tomó mi brazo paralizando todo movimiento. pero no sé qué fuerza instintiva me detuvo. Me era odiosa. pensando en el sueño que se me resistía desde días antes. y cuanto suponemos a propósito de eso. algo que no puedo dudar. Ya avanzada la noche. vengo de tan lejos… Es allá. el verme completamente solo. di. encendí un puro.¿Loco? Yo también creí. en pensar en la muerte. y de tal manera mi malestar aumentó. ¡Vengo de tan lejos! “Con mi asombro en aumento. mirando lo largo de las calles vecinas. sí. me sentí molesto. “. el cielo lleno de estrellas y pensaba en nuestra miseria.¡Ah. que fue. que atribuyéndolo a la atmósfera calurosa de aquel lugar. tenía rigideces metálicas. bebiendo el aire de la noche. y después de larga pausa en la que ambos guardamos silencio. tropecé con un mendigo a quien acostumbraba socorrer y que hacía bastante tiempo no veía. y cuando llevaba la mano al bolsillo para darle algo. Esa noche. pero su cabeza hizo un gesto negativo. preocupado sin motivo. Mi interlocutor no contestó. y así. asombrado y aun algo alarmado me volví. y al llegar a la esquina de mi calle.algo. volví sobre mis pasos con la intención de recogerme. le dirigí la palabra. Con singular estremecimiento oí: “. “Era un martes de carnaval que yo había pasado alegremente en compañía de varios amigos jóvenes y prontos a entusiasmarse todos. como vacilando y sin decidirse. buen viejo? ¿De dónde vienes? “. en las afueras de la ciudad. fue irremisiblemente y que me atormenta.Del cementerio a estas horas. su mano que yo sentía fría a través de las roas. para hacer tiempo. La mano. sean fábulas compuestas por nosotros mismos para asustarnos. señor!. “. en fin. viejo? Cuánto tiempo que no te veía. pero bueno por principios con los desgraciados. filosofando con la gravedad que sale de de un lugar de placer donde se fastidia. ¡Estás loco! “. Veía las nubes. . con presentimiento de no sé qué.y como si repentinamente sintiera valor. No sería difícil que muerto el hombre nada sobreviviera de él. que no sé cómo calificar. contesté: “. porque nada había que la animara. “Caminaba despacio. ni nada que me atrajera.¡Ah.¿y qué. “Después de algunos pasos me disponía a volver.Yo sé algo… algo que… podría ayudar a usted en sus investigaciones. bueno con esa bondad egoísta. acogedor con ellos porque nada imposibilita que algún día nos veamos en su caso. por las mesas donde un dominó se ahogaba en champagne balbuceando indecencias que hacían reír a quienes la excitaban.

un esfuerzo que duró mucho. no pudiendo resistir más aquello. no es para contarlo. Me veía amado. no. no entre usted todavía. y así. me despedí tendiéndole una moneda. y si en la tierra me preguntaba por qué me veía en ese estado ahí. y como en eso hubiéramos llegado a mi puerta. un esfuerzo. lo vano de sus afanes y sus mortificaciones. ¿Era acaso la voz extrañamente singular del viejo mendigo? ¿Era su acento de misterio? No sé. y las ideas y los reproches se repitieron. Yo no sé. el cuerpo está en un bienestar completo: pero aquí. vengo de abajo.aquí todo se mueve y todo se revuelve.me dijo-. sí sentía la amargura de los ultrajes recibidos. hay.¿Qué cosa? Es tarde y tengo sueño. más poderoso que mi voluntad. y todo lo que eché de menos. No se ría usted. pensad en un artista. señor! mil veces el hambre. “Quise entrar. me enterraron. me he muerto al día siguiente que usted me dio limosna por última vez. mil veces la lluvia y las noches sin abrigo. Voy a decirle algo… ¿quiere usted saber? “. volví de nuevo a mis primeros años. sí. cien veces siempre lo mismo. en la muerte lo sabía y sabía que era yo sólo el culpable. y no el más santo podrá quedar en paz porque. de la tierra donde me habían sepultado.yo me he escapado. algo más fuerte. la más intensa de las memorias. “. pero vino la edad madura. me arrepentía de haber hecho ciertas cosas en lugar de otras. aquello era casi soportable. tuve un ataque. rico. sentí que algo se paralizaba dentro de mí. poderoso. veía todos mis actos.¡ah!. señor. razonar eternamente. ¡Ah. al ver lo estéril. apoyando contra las maderas de la puerta. como son mentirosos también los que dicen que nada hay. volvía con increíble precisión. un autor que viera alzarse el telón de su pieza. un pintor que expusiese su cuadro. me desesperaba de no haberlas hecho. El infierno. no hay tormento comparable! ¡Ah. hice un esfuerzo. Luego. habiendo hecho esto en lugar de aquello. mucho. “. me veía de pequeño. señor. todos mis movimientos y hasta mis palabras las oía yo ahí dentro. Figúrese usted. pero algo. Hasta ahí. ¿quién no se ha equivocado en este mundo? ¿Qué santo no ha cometido errores y seguido tal vez una vía en lugar de otra? Al ver que era otro el camino que le estaba trazado. sólo que mis hechos y mis palabras las comentaba. yo no sentía nada y lo único que hacía era razonar. vengo del cementerio.como son mentirosos y canallas los que nos hacen creer en recompensas y goces. tranquilo. “La muerte es espantosa. “Yo. todas las pequeñas perversiones. pero no de arriba. y todas las travesuras. y veía perfectamente la causa de las cuales era culpable. sin poder. . no sé lo que era de mí. señor. Me veía mendigando. un hombre que tuviera la más poderosa.Sí. Lo mismo sucede con nuestras vidas.y se señalaba la cabeza. hubiera tendido esto que es bueno en lugar de aquello que fue malo. ¡Ah. no pude moverme y me enterraron. su suplicio será tal vez más grande que el de nosotros. buen señor! Dicen que son negros y que son fríos los agujeros donde extienden a los muertos. con mi voluntad toda. quién sabe cuánto tiempo después. yo me he muerto. el caso es que yo quedé ahí sin movimiento. ¡Yo no podía más! Cuando llegaba al momento de mi muerte y aquello recomenzaba. sin poder irremisiblemente corregirla.¡sí!. reviviendo siempre mi existencia y viéndola siempre tal como debía haber sido. Cuando llegó el momento de mi muerte. allá en la otra región. que aquel constante razonar y aquel constante pensar. La muerte es espantosa. ¿Hambre? ¿Calor? Nada de eso se conoce ahí. ¡Yo la he vencido a la muerte! Al fin.“Para mí era evidente que no lo estaba. así estaba yo. y ahí bruscamente tuviera la intuición clara de sus defectos y la clarividencia que le hiciera ver perfecta esa misma obra.No. señor. una. Sí. si hay. todo lo que me torturó el no haber obrado de tal o cual manera en tal o cual circunstancia. me vi de muchacho. por lo que tales venturas no había alcanzado. sí. algo me detenía. pensaba lo que en tal circunstancia debía haber hecho para obrar bien. al fin me dio vigor y dio movimiento a mi cuerpo y fuerzas gigantescas para levantar la tierra y salir escapando de aquel infierno. y si no sentía las ansias de hambre y las del frío. la de las grandes perversiones. mejor será otro día.

Se pierden para mí esos momentos. y ahí dentro de ellos. aturdido. oí el aleteo y el piar de los pájaros que huían. mis ojos se fijaron entristecidos en los vulgares signos. los veo muy vagos. esperara cita alguna ni misterio tampoco. vi… vi su rostro comido. sus ojos escurriendo amarillento líquido… vi su pecho desgarrado. se volvió hacia otros tiempos. si bien había en ella algo de femenil. de tal manera era inesperada la inquietante narración del viejo. Era mi vieja alma. y mi vista interior. Los sedientos verán que en su mano tenían el agua. me dejé caer en el ancho sillón. la muerta. Dominado por mi impaciencia. pues momentos y muy cortos fueron. los que lloraron. y me pregunto si realmente han existido. vino una que ha tenido el don de tumbarme completamente. con lentitud. he escapado de aquella inmovilidad y ahora soy quien ordeno al pensamiento. y con ingenua conmoción rasgue la cubierta. yo me he escapado. en la soledad de mi gabinete. y no porque. pequeña. Abrí luego mi ventana de par en par. allá en la lejana región de la muerte. la dejé para lo último. porque algo me advertía que en ese papel vendrían cosas singulares e inesperadas. comprendo muy . atrajo particularmente mi atención. no sabía qué pensar. Los dichosos de este mundo. Sentí un ligero estremecimiento. porque con mi voluntad. ignoro por qué. señor!. todo lo que hubiéramos podido ser. ¡Nadie más! El mendigo calló. y pude ver. se siente la rabia de recomenzar la vida. En esto abrió su largo sobretodo. mi alma de entonces. lo que más ardientemente deseamos y las ínfimas causas por las que no lo obtuvimos. no sabía qué pensar. Los veo alejarse hasta perderse. la ingenua. vi… Nada más. verán ahí las maneras de haber alcanzado la riqueza. una de ellas. he escapado al infierno de mi pensamiento. serán los del otro. no existen. nuestra anterior vida que vemos al tiempo que un plano se nos presenta. esfumados apenas. Desde entonces no he vuelto a ver al mendigo ¿Qué piensa usted de esto? MI ALMA DE ENTONCES (El Nacional. ahí donde sólo vive el pensamiento. porqué no tuvieron delicias. son el supremo esfuerzo de mi voluntad.después de muertos. yo quiero vengo para decir a los hombres: “El bien y el mal. sin carne en partes. recibir las escasas cartas de unos cuantos amigos suelen enviarme para hacerme. podredumbre todo. la que ve lo desaparecido. no hay sino tentación y razonar sobre lo que debíamos haber hecho. rodeados de brumas. leí de prisa las esquelas compañeras de la integrante pequeña envoltura satinada. Releí varias veces la carta aquella. y como en ese momento la Luna escapara de entre unas nubes. ¡Ah. como la llamo cuando hablo a solas y recuerdo la época de candidez. porque ahí mismo me desmayé. no es sino nuestro propio pensamiento. Los que en el mundo fueron pobres. yo. los huesos sucios. Creo otras veces asistir a un fragmento de la vida de otro. lo miraba con ojos de duda. los que sufrieron verán cómo hubieran debido gozar. vi las ramas de los árboles que inclinándose parecían saludarme. los que se mortificaron. no hay tentadora pero que la muerte. Cuando resbalaron entre mis dedos las envolturas de diversos tamaños. No hay tampoco premios ni castigos. los enamorados desgraciados oirán el secreto de ser irresistibles. ¡ah!. como se pierden las costas para los pasajeros de un trasatlántico. satinada. nadie tendrá paz si no ha sabido ser feliz sobre la tierra. nuestro castigo y nuestra pena es sentir la constante tentación. 7 de Noviembre de 1897) Hoy muy de mañana. y nadie. me he reído del verdugo. comido. en el que pintado y descrito se halla todo lo que a nuestro lado ha pasado sin que hayamos podido sospecharlo. Yo. inmundo. extendí cómodamente las piernas. cómo hubieran debido reír. Casi sin darme cuenta de su contenido. la luz dio de lleno sobre él. luego. todo aquellos removiéndose descompuesto. evocar cosas ya idas. Desde un principio la distinguí de las otras.

y la carta aquella venía a revivir de un golpe todo cuanto yo consideraba muerto y a traerme noticias muy frescas y muy inesperadas de ella. ¿Qué cambio se había operado en ella. complicose. hoy lo veo muy hermoso. y la mía. como vasta herida siempre punzante y sangrante. Fui por otros caminos. correspondía con un leve cerrar de dedos al tiempo que sus negros ojos parecían decirme: "Vamos. mirando las rejas coloridas por enredaderas y las avenidas estrechas de los minúsculos jardines que frenteaban las casas.vulgar lo ocurrido: una simple pasión de colegial y. la encontraba diariamente en una calle que por entonces no era aún invadida por el bullicio de la ciudad. blanda. ¿Por qué? ¡Quién sabe! la calle aquella se olvidó de mis pasos. imaginaba frases que a mí me parecían tiernas y hermosas. Cuando dirigía mis pasos a la plácida calle. y ella. poco sensible a mi romanticismo y sensiblerías. no me atreví en los seis meses que aquello duró. Casi lo había logrado. la visión de aquella calle y aquella niña aparecían como un tibio rayo. Ella. en la sombra de la alcoba cerrada. tenaz. Conocí y quise penetrar en el mal. Sólo a veces. la sentía estremecerse. Aquello pasó y los días también. en todo su ser malicioso y juguetón? ¿Qué mano áspera y burda había tronchado las alas de la siempre fugitiva mariposa para cortar su vuelo y hacerla caer sobre las frías baldosas de una capilla? Yo no podía explicarme tan singular metamorfosis y hacía suposiciones a cual más disparatadas cuando no novelescas. delgada. se le hubieran contado mis noches inquietas por su memoria y la ansiedad que desde atrás tenía por decirla "Te amo". sin embargo. juraba decirlas. suave como un guante! Yo la sentía entre las mías. o más bien si hubiera dejado hablar mis querellas. hasta que un día se secó como planta demasiado empapada. cuando el espíritu se adormecía. Luego. En la noche. . cuando yo por completo debía estar muerto en su recuerdo y en su corazón. ella. Mi grande atrevimiento. buena chica. Mis palabras. mis ojos se abrieron curiosos a los que yo creía estudio del alma humana. y que la manía de las construcciones sin gusto no hacía poco trivial: había muchos árboles. escasas. pocas casas y menos transeúntes. o bien decirle en un estrechón de manos todas mis angustias. Comprendiendo que nunca podría recomenzar ni volver a sentir. salían difícilmente. un bello día. como una caricia venida de muy lejos recordaba el estrechar de sus finos dedos. picaruela y más osada que yo. mi único atrevimiento era verla fijamente de cuando en cuando procurando poner en mi mirada todo cuanto por ella sentía. aquellos renglones me la presentaban con el rostro exangüe como el de los Cristos e inclinada como los lirios. mi valor moría y no chistaba ni una jota de lo propuesto. ¿Por qué o para qué me escribía? ¿a qué anunciarme próximamente su entrada al convento. dejé de ir. Aprendí en muy corto espacio de tiempo la dura lección de vida que me hizo verla como inmenso hormiguero de dolores. y para aparentar cierta continencia procuraba hablar de cosas diferentes. impulsado por otras cosas. Caminaba a su lado llevándole los libros. vuelto hacia las cosas sagradas? Si hasta entonces siempre mi vista interior la contempló picaruela y osada. habla. ni mis manos sintieron la dulcísima opresión de los delicados dedos. a pesar de que me sentía todo alterado. Si hubiera tenido el valor. pero desde el momento en que su elegante silueta enlutada aparecía seguida de la obesa acompañante. no abandonó la celda que en mi cerebro le abriera la carta recién llegada. mis proyectos eran heroicos: proponíame romper la timidez. de quien hacía años nada o casi nada sabía. de rostro picaresco. pero siempre. y mis ojos no vieron más aparecer la elegante silueta. sencilla y capaz de sentir. ¿es que acaso no te atreves?" Y no. mi pobre alma. Casi lo había logrado. Seriecita en su traje negro de alumna del Sagrado Corazón. en mis amargos ratos. sin llegar a comprender el misterio que me apenaba al tiempo que aguijoneaba mi curiosidad. !Ah! !La manita aquella. daba un suspiro y procuraba olvida.

aplastando las cúpulas con el peso de su sonido. parientas o amigas de las educadas. me asediaba. paciente.Una semana transcurrió. cosquilleo una sonrisa y su mirada me interrogaba. la misma. me hizo apartar la vista de las oscuras lejanías del altar para fijarla en mi alrededor. las campanas habían sido soltadas al vuelo y lanzaban sus voces. enrojecidas u avivadas en sus colores por el sol. llevarla triunfalmente. Un remover de bancas. ¡Esta cara yo la conozco! La figura aquella. amigo de alegrías y desolaciones. en la que tuve asunto para fantasear muchas horas reclinado en la ventana o inmóvil sobre el sillón. la egregia. mirarme de reojo y reír con burla al notar mi turbación y lo encendió de mis mejillas. me permitió la entrada a la capilla de angosta puerta. afuera. Al traspasarla nada conciso vi: allá en la oscuridad temblaban las llamas diminutas de los cirios como lenguas de fuego buscando a saborear la sombra. hermanas. Al recorrer con la vista otros lugares. revestida del uniforme negro y acompañando a la que esperaba al pie del altar. aniñada. poseídas de fervor y que esperaban el momento como algo muy grande y muy hermoso. una semana. delatándolas claramente de que en su interior decían: "En esa no caigo yo. a todos los vientos. en la que parecía imposible poder contener tal eufonía. al levantarme. y ni un momento me distraje de este aviso. mis ojos tropezaron con otros ojos: eran los rojizos labios de una señorita que yo creía haber conocido. con gravedad siniestra. la primera idea que a mi cabeza vino. Yo recuerdo vagamente un . después de prolongada conferencia con una monja fresca. la multitud incaracterizable de madres. mientras en el aire la sostenían las amplias ondulaciones que los bronces arrojaban plenamente por sus vastos cuellos. fulguraba con cabrilleos de serpiente que escapa. la que estaba rompiendo cuando la Virgen es conducida camino del himeneo. y los tenían muy fijos en la puerta por donde la compañera que se inmolaba debía aparecer. Después no sé qué pasó en mí que no puedo determinar. las vidrieras. fue: "Hoy es". silenciosos. ¿Quién es? ¿Quién podrá ser? Me dije rebuscando en el fondo de mi memoria. ligándose en rítmica unión con las notas internas que parecían querer llevar la capilla en su andante. que exageradamente recargaba la vestidura de una imagen. ligándose en rítmica unión con las notas de la marcha. sin que la vivacidad del interés brille nunca en ellos. apareció. Cuando llegó el último día de la semana. Bajaban sus ojitos con unción. suyos brazos siempre están abiertos para recibirme." Y las había también graves. o si los levantaban era para enviar a la virgen que fulguraba a lo lejos miradas suplicantes. maliciosilla. sus portentosas voces. cuyo ruido se prolongó quejumbroso y sonado a hueco. cubiertas con el velo largo de las grandes ceremonias. miradas de las que aspiran a la vocación o creen tenerla. aparentaban abrirse h8inchadas por la sonoridad. Un doloroso arranque de órgano me distrajo. mofletuda. alcanzable solamente para las muy virtuosas. vestidas de blanco. queriendo penetrar el efecto que todo aquello producía en mí. el incienso hacía anchas y transparentes cintas de un blanco azulado excesivamente diáfano que se descompusieron. En unas había curiosidad. abrían sus ojos con mil variadas expresiones. La vi. con tez muy poco parecida a las apergaminadas que Zurbarán pintó. Había miradas cuya expresión era irónica. Fue luego un torrente de notas triunfales las que sucedieron al quejido: la marcha nupcial. pero rejuvenecida. hasta la hora en que. esa curiosidad siempre innata de los indiferentes que ven todo con mismo ojos. yendo pomposamente a la cúpula donde cuatro ángeles pintados con los tonos del iris soplaban rectas trompetas. como una gracia única. como en otro tiempo. la aureola de oro. durante la cual di vueltas y más vueltas en mi cabeza a aquel muerto idilio. Las alumnas. resonaba vibrando en la estrecha capilla. largas como ellos. se deformaron en ondulaciones desordenadas y se unieron luego en espirales. y los abrían muy grandes.

que cayó con ondulaciones de cascada que se quiebra. mi mayor dolor. sus cuerpos. así salí de aquella odiosa capilla. La caída trastornó . muy atrás. y no comprendía nada de aquello. su único patrimonio en lo sucesivo. ¡Eso lo había perdido! Y como se queda al dejar lo más caro. fue mi mayor dolor ver cómo perdía a la que amó mi alma de entonces. el abandono que de ella misma hacía y el regocijo con que el abandono era hecho. y estaba irremisiblemente perdido. y ese día estaba lejos. de infinita envidia tal vez! ¡Un día la mirada de aquella mujer se había visto en la mía. no me lo explicaba. arrodillada a la izquierda sobre un reclinatorio. pasando de un lado a otro. Alguien presentó al obispo unas tijeras sobre un plato de metal. su corazón que latía con los latidos más fuerte que es capaz la pasión. Adán y Eva. ¡a la que sabía amar como no lo sospechó mi alma de entonces! EL PERDÓN DE CAÍN (El Mundo. así me lo decía. La hoja de fuego del ángel vengador había arrojado para siempre del jardín de las delicias a la pareja engendradora del mundo. irremisiblemente confundido con otros días que no volverían nunca más! El corazón. la humanidad quedaba sellada para lo futuro de los siglos. ella se había vuelto hacia mí y yo había visto en sus ojos lo que no volveré a ver más! ¡Todo el amor y toda la abnegación! ¡Ah! ¡La expresión de esos dos ojos! ¡La expresión de radiante júbilo y de contento olvido de sí mismo. había sido creado. un día mi mano estrechó la suya y ella había correspondido a ese estrechón. como si entonces perdiera el ser más querido o como si ese momento fuera el más solemne y desgarrador de mi existencia. Y no vi más. hasta que varios sacerdotes la condujeran a los pies del obispo. ante un cirio. ver cómo perdía a la que me hubiera amado con ese amor. me llenaban de infinita tristeza. su corazón yo hubiera podido hacerlo latir. porque inconcientemente tal vez. ¡No vi. le arrancaron los azahares y soltaron su cabellera. donde de nuevo se arrodilló. ese. pro dentro de mí algo habló. y se vieron. sintiéndome entristecido has lo más hondo. algo lanzó el más soberbio y el más alto de los deseos: “Ser amado como un Dios”.obispo vestido de blanco. ¡Y fue mi mayor dolor. decían cómo una vida se sacrifica y se entrega para ser tomada como una cosa. y si en ella existe la más alta de las gamas ¿por qué no era yo quien la alcanzaba? Fui un necio. La primera lágrima había rodado y el primer grito de desesperación resonaba en la inmensidad de la tierra desierta. caminaron días y noches. inclinados por el peso de lo que desconocían. ella. Le deshicieron el velo. que se había levantado. ¡Su abandono. sino miserables y veos avergonzándose de su majestuosa desnudez. con esa abnegación! La soberbia. 15 de Mayo de 1898) Las Puertas del Paraíso se habían inexorablemente cerrado. Y no vi más. como una propiedad la más legítima. erraron a lo largo de las llanuras. no hermosos y serenos como en los primeros tiempos de su llegada. treparon a las montañas para ver si sus ojos lograban descubrir el Edén recién perdido. como se sale de un cementerio cuando ahí se duerme. la cruz y los ciriales removiéndose. el dolor. Las aguas de los ríos reflejaron sus rostros. hallándome abrumado.

se hicieron ásperas y repulsivas. señalara con soberbio gesto Caín. formada de piedras. En su mirada se perdió la dulzura y la calma se retrataba a cada momento la tristeza. Crecieron los dos círculos amoratados del rostro de Eva. Y en las sombras de la cabaña. recordando al primer muerto. mientras el humo despidiendo agradables olores. el relámpago rasgo la franja rojiza. ramas y pieles. al caer de la tarde. se endurecieron. y levantando la maza que para defensa contra las fieras llevaba en la mano. La oración concluida extinguidas las llamas. Al llegar a determinado punto. La marcha no duró mucho tiempo. Diariamente. estalló en un gemido. alrededor del Sol. murió para dar nacimiento a la mujer. los cubrieron con maderas y ramas perfumadas e hicieron fuego. y ella. cayó a sus pies. Eva perdió la gracilidad de sus movimientos y la pureza inmaculada de sus contornos. sus miembros temblaron de frío y de espanto. y hubo un momento en que la columna de aromático humo del hermano menor ascendía más y más. Sus manos conocieron las asperezas de la tierra. en el horizonte. la balanceó en el espacio. una inmensa franja roja se extendía. derramaba. con la mirada levantada y llena de soberbia señalaba un punto allá a los lejos. las llamas se avivaban. la que había nacido para recibir su mitad en el jardín de las Delicias. Los dos hermanos marchaban silenciosos. descargaron sus espaldas. En la solemnidad de la noche que se acercaba. De improviso. sus inquietud prolongada desde hacía muchas horas.radicalmente su primitiva belleza. al recordar lo perdido. de pie a la entrada de la choza volvía sus ojos humedecidos hacia el lugar que una noche. echaba raíces de odio. Caín llegó a la choza paterna. Sus ojos tranquilos. iba haciéndose poco a poco más profunda. juntos. sus labios se plegaron con un extraño gesto. Adán perdió por completo la arrogancia de sus formas y la suavidad de su piel. ella se revolvía sin poder dormir. a la hembra. dejaba dibujar de cuando en cuando en su frente el trazo de una arruga. dejándola caer sobre la nuca de Abel quien sin una palabra. se adelgazaba subiendo apenas. sus facciones se endurecieron. a la luz de las fogatas. los calores abrasantes. oyendo los rugidos. sintiendo el paso del viento. Diariamente . cuando no la rebelión. reflejo de un alma. se remontaba al cielo. ajóse su cutis. la agitó un momento. agua muy mansa. formaron dos montones de arena. sin un grito. se inclinaron al trabajo. imborrable señal de las lágrimas que cada momento. sordo a sus llamamientos e indiferente a sus lágrimas. por sus ojos pasó una expresión huraña. A lo largo de la llanura Caín y Abel. Conoció a la par que la compañera. se abatieron a la fatiga. Eva estaba a la puerta iluminada por las hornazas que por temor de los animales se encendían. caminaban. clavó luego los ojos en Caín. El Sol se había ocultado y sólo quedaban unos cuantos rayos dibujándose como espadas en el rojo más encendido aún del horizonte. Avanzad la noche. En el horizonte. los dos hermanos volvieron a emprender su camino. y conoció las torturas del parto. emblanquecieron sus cabellos. Abel miraba sonriendo el cielo. al que había visto inánime. se humedecieron siendo circundados por dos líneas amoratadas. el mayor se detuvo. La tarde caía. mientras él. y en lo lejano. Al ver acercarse a uno solo de sus hijos. sangraron. lo interrogó. a un tiempo se arrodillaron. con una mirada de piedad tan sólo. toda la castidad de su desnudez desapareció. medio roído. se encendían tronando. Caín con la mirada baja e indecisa. como las emanaciones venenosas en el fondo de un pozo. los mediodías que abruman y las noches largas e inclementes. Pero hubo un momento cuando el fuego era más vivo en el que la llama de Caín se opacaba mientras más clara y dorada era la de su hermano Abel. y la arruga que en la frente de Caín se dibujaba. más furiosos eran a cada instante los rugidos del rayo y los de las bestias. sus movimientos fueron torpes y su cansancio constante. y en el fondo de su alma. al tiempo que la del mayor se debilitaba.

. había alcanzado lo que ellos habían perdido. se sintió la madre del maldito. reproche que resonaba a toda hora en sus oídos. algo había entrado dentro de él que ningún esfuerzo lograba arrancar. acariciar al mayor. La madre del que nada ni nadie tendría. La choza se le hacía insoportable. de nuevo volvía a su constante errar y Eva que mucho lloraba por el muerto. porque allí constantemente el recuerdo de su hermano flotaba. Y era que había tenido singular sueño. La tarde caía. Lo había visto rogando por ella.ín! Ca. Vivía en una constante inquietud y a los sollozos de su madre. sonriente. Y ella. a la derecha del Creador. Caín estaba flaco. maltratado él y sus hijos que de él nacieran. en el horizonte. medio roído.lo reveía en la misma postura en que lo había visto cuando las antorchas le alumbraron.ín! Si éste llegaba. Lo vio errando siempre. condenado a llevar su tormento después de esa vida más cruelmente aún de lo que ya lo llevaba. grande y doloroso como si la maza le golpeara constantemente el corazón. pero al mismo tiempo. ella lo miraba fijamente y sentía que otra vez y sentía que otra vez el llanto la ahogaba. del paria sin goce ni descanso. sintió debilidad por el culpable. alrededor del Sol. El muerto era feliz. Para ella sabía encontrar Abel. culpable. hermoso. porque comprendía que él odiaba lo que ella había amado tanto. hosco. se le refugiaba una ingratitud. una falta para con el muerto. ¿Pero es que el otro no velaba en la sombra. tenerlo a su lado. mientras que el otro era el réprobo. Caín erraba en el peligro y la crudeza de la noche. y al ver correr el llanto? Y cada día la lucha recomenzaba. Ella veía al predilecto tendido en la llanura. Cuando la tempestad empapaba las pieles y hacía temblar las piedras de la choza. una inmensa franja roja se extendía. para ella buscaba las aguas más claras y las frutas más ricas. tenía ese mismo gesto. al ver el lugar que en corazón de la madre conservaba. un inmenso espanto. y oía los pasos del mayor inquieto siempre. y había visto el gesto de condenación que siguiera al nombre de Caín. y sintió que su pecho se cerraba y que sus brazos querían abrirse para acogerlo. todas las caricias y todas las ternuras. sólo unos cuantos momentos lograba tenerlo quieto. Desde que la maza abatió la cabeza fraterna. amoroso. sufría eternamente. y cada día su llanto corría más abundante. por sus descendientes. Los días se parecían bien largos pero o podía tolerar las noches y cuando su madre lo llamaba. lloró por la falta de tentado. Sus ojos interrogaban unas veces al cielo y otras veces se extendían buscando algo a su . Su rostro tenía el gesto de rebelión que pasaba por los ojos de Adán en los momentos más duros.. Sus noches se asemejaban a las de sus madres sólo que él ignoraba el consuelo de las lágrimas. el abandonado para toda la eternidad. comenzaba a preocuparse hondamente por el vivo. encorvado. del que nadie llamaría ni alcanzaría nunca el perdón. oía los rugidos feroces y temblaba por Caín entrecerraba los ojos y veía el cuadro de la muerte de Abel. por Adán. Eva con paso tardo. y de ahí sus luchas y sus zozobras. envejecido. prefería el resoplido del león o la silueta amenazadora del elefante primitivo.. le buscaba secando las lágrimas que sabía le eran amargas y saliendo llamaba: Caín. oprimido por ese peso que llevaba dentro. Caín! Y de lo profundo de la noche el eco le devolvía su grito prolongado Ca. todo él dejaba ver una inmensa fatiga. Una gran lucha empezó entonces para Eva. un refugio. contento. para ella reía tratando de apartarle el llanto. cesada la tormenta. y en lo lejano. ella buscaba con la vista al que afuera. Lo vio expulsado. Había visto a su hijo Abel. con los cabellos al aire y el alma a la desesperación rondaba sin cansancio. tal como erraba ahora. comenzó a sentir algo como piedad. Así los tiempos pasaron y Eva comenzó a inquietarse por Caín.. Afuera. y Caín necesitaba una palabra de consuelo. avanzaba penosamente por la llanura. inquieta. La vista de Caín le era repulsiva. ella que había sido tentada. un inmenso abatimiento. Efectivamente Caín sufría.

el relámpago rasgo la franja rojiza. y después de orar largamente clamó sollozando en el silencio de la noche: "¡Señor! ¡Señor! ¡Perdón para Caín!" En el horizonte. oyó un rugido y vio a Caín. se arrodilló sintiendo de nuevo vacilaciones al recordar el cuadro. lo vio eterno rondador sin amor ni acogida. EL ÚLTIMO AMANTE (Revista Moderna. tanto. Hoy he visto que sí. a Caín maldito y condenado por las generaciones y por todas las razas. no puedes imaginarte las horas dolorosas y llenas de angustia que acabo de pasar! He llorado mucho. se detuvo. . Nina mía. 15 de Agosto de 1898) ¡Ah.alrededor. tanto. que creí no tener más lágrimas. ¡Ay!. Al llegar al punto donde años atrás cayera Abel. Bajó la vista.

las bocas que se detienen cuando quieren juntarse porque una imagen ha pasado… y todo esto cuando estaba yo cansada para la lucha. y me dejé mecer por su palabra. comenzaron las eternas preguntas sobre el ayer. agitándose. lo que desde hace días se preparaba a estallado. Es tan duro. y como no pudiendo contenerme. qué lejos está ese paraíso y con rapidez el tiempo ha volado! Yo me siento como si hubiera vuelto a tener veinte años y amara por primera vez. “Te he querido tanto tiempo en silencio. extenuada por mi reciente rompimiento con Enrique. ¡Nunca se me olvidará esa entrada! ¿Qué me quieres?. El hombre no puede creer. y desde que lo vi entrar me puse a temblar como una chiquilla. algo hermosa tal vez puesto que él vino hacia mí y me habló con ese tono que los hombres emplean cuando quieren seducir a una mujer. Me ha dejado. ¿Comprendes todo lo que yo sentiré en estos momentos? Todo lo que para mí era él todo cuanto lo que yo lo quería lo sabes bien. Luego. Lo vi entrar y sentí que el piso se me hundía. porque como nunca me siento desolada. desde ese momento me sentí suya. diciendo cosas ingeniosas. que por ningún esfuerzo podría yo resistirle. agradables. un frío horrible. que el presente borra por completo al pasado. No ha podido excusarse como lo ha hecho ya varias veces. Desde la primera vez que lo vi grande con sus ojos que parecían inflamar cuanto miraban. que era joven. lo que nunca creí oír de su boca ni de la de nadie! Habló mucho. ¿No comprendía yo que ya estaba cansado. sentí humedecerse mis ojos. fui lentamente a él aún cuando desde un principio había comprendido que yo debía ser suya. y te cuido. no puede concebir que en cada amor la mujer es distinta. a última. ¡¿para qué. ¿Recuerdas mis cartas cuando nuestro primer viaje?!Ay. ¿Qué? ¿Otra escena? ¿Lágrimas?. te cuido como algo precioso. cuando más sedienta estaba de ternura! Hoy. pero había tal aspereza en su voz que yo. para qué? Yo estaba sentada junto a una pequeña mesa. como cuidaría la reliquia más sagrada o el hijo más enfermizo. que necesitaba formarse un porvenir? ¡En fin. que llegamos nuevas y vírgenes como el primer día.Tú. me dio a entender que debía descansar. las sospechas. al tenerte a mi lado. me ha dejado y de la manera más inocua. Estaba yo adolorida. y al entrar en mi cuarto toda en . todo el nervioso. empezó el deshielo. la mirada agria. exaltándose. pero. en la mano izquierda y el bastón por la mitad. en fin. Nina Mía tú lo sabes! ¡Ah como ha podido hacerlo él. ven y óyeme y acompáñame. que no sé i por dónde empezar. Comprendía que íbamos a librar la gran batalla. las dudas. esas lágrimas salieron abundantemente. acaso no la hoja que sucede a la hoja no es completamente otra aunque del mismo tronco salga? ¡Las tristes escenas! ¡Los besos amargado por lágrimas.dijo después de un momento en el que los dos habíamos permanecido callados. todo el largo vía crucis de las que antes hemos caído. me dijo casi ya era una vieja! ¡Cuarenta años. Su paso era firme. me decía que hoy. tan triste lo que tengo que contarte. cuando no tenía ya fuerzas para convencer. y con su voz suave pero imperiosa. me dejé querer. y al fina ha venido. Dios mío. sin poder contenerlas una palabra. tan tierno hacía uno todavía! Yo he sentido frío. débil. Él tenía para mí los cuidados que hubiera tenido para con un ser muy delicado y muy frágil. Comprendí que por ningún poder. que tantas veces me has oído y me has consolado. y sin embargo ¿A caso no la misma rama da distintas flores igualmente puras todas. él me dijo. temo perderte. de prisa. ¡Ah. Todo cuanto una mujer puede disponer de seducciones aparentes lo había empleado: ni para recibir a mi primer amante había sido tan coqueta. en la derecha el sombrero un clavel blanco en el ojal y el bigote erizad. reposarme. tú que cuando era yo niña me llamabas al verme triste y al verme seria. Estaba yo todavía aceptable.

en este naufragio. fue un regalo de boda. y llorado. es cierto. Nina. ¡Dios mío! Ven. pero que quieres. Pero. y he pasado una hora mirándome. como cuando pequeña. me he mirado al espejo. soy ya vieja y el es joven. mucho más. mirándome ahí donde tantas veces me he mirado. tú lo has comprendido a tiempo y no has necesitado que un hombre a quién adorabas se haya visto obligado a decírtelo. Ven para… Aquí la carta estaba manchada. Nina ¿Has sentido tú esto? No.llanto. por lo que no podemos darlas entera. se veían gruesas gotas que borraban las letras. 15 de Septiembre de 1898) . llorado tal vez porque ya no puedo ver lo que otras veces he visto. Nina. ¡MUJER! ¿QUÉ HAY DE COMÚ ENTRE TÚ Y YO? (Revista Moderna. que también me aferraba en ser joven hermosa. ayúdame en este trance. No sé si por él o por lo que ese espejo me decía! Es en el mismo en el que me miro desde hace veinticinco años. ven para que. e aferraba yo tanto a mi pasión. me he mirado largamente y he llorado más. oculte mi cara en tu seno mientras tú arrancas las primeras canas. qué va a ser de mí que no teniendo ya son este espejo que me dice todo lo pasado y me dice también que él ha tenido razón.

y la cubrió con cabellos largos. cuando vio las parejas de seres enamorado perdiéndose en las sombras de los bosques y enlazarse bajo las ramas a la luz plateada de las noches de luna. altivo y valeroso. sedosos. abrojos a las plantas. era demasiado hermoso para aniquilarlo. Crecía hasta desconocerlo y negarlo. Veía contento avanzar las manadas de bueyes. vio los palacios de mármol.El creador. sutil. Y así fue creada la perdición y el encanto de los hombres. de la mecánica incubadora que había pensado dar al hombre. de ese espíritu que antes le había hecho dar crueles instintos a la bestias. Imaginó entonces otro animal más hermoso y lo dotó de inteligencia para hacerlo capaz de comprender y admirar su creación: ávido de admiración formó al hombre. garra al tigre veneno a la serpiente. arrastrado por el débil que con la sola misión del mal lanzaba al mundo. vidas cortas a los insectos. cuando vio vencido a su vengador. En la imaginación poderosa del señor se levantaron los venideros siglos: vio al hombre creciendo y prosperando. frágil y bello. con curvas y senos tentadores. Le dio una cabeza fina y perfectamente dibujada. donde el amo. vio a los hombres orgullosos interrogando todo y queriendo penetrarlo todo. Aunque en realidad solo había un ser débil y pequeño incapaz de sentir y comprender la mitad de cuanto lo rodera sintió temor. comprendió todo su error. Admiraba lo que había formado. al que antes veía altivo y poderoso lo vería ahora humillado. pero al mismo tiempo lo temí y sin embargo. los caprichos ciegos. sintiendo el mas grande de los despechos sentidos. y en un grito de impotencia que puso en los labios de su hijo maldijo su nombre diciendo: ¡Mujer! ¿Qué hay de común entre tú y yo? CELOS PÓSTUMOS . las columnatas. Empleo todo su arte en darle todos los atractivos y todas las malicias. Sonrió. fuerza par atar a los más fuerte. todos los dolores. bajo la forma de todos lo encantos todas las torturas. el ser fuerte quedaba irremisiblemente atado. Cuando lo vio de pie ante el fuere. dio a sus brazos finos y débiles. la frescura de los campos. En vez de pobres cabañas y oscuras grietas hechas en una roca. El creador sintió algo de despecho. con sensualidades irresistibles. tanto. Más tarde. lanzando el soberbio grito de negación. Entonces. formó un ser delicado. Encerró en fin. dentro de ese vaso hermoso. Vio tanto. la dotó de piernas gallardas y ligeras para que fácilmente pudiera corres arrastrando a la perdición. Bajo sus pies veía desenrollarse ondulante el mantel azulado de los mares. sentía delicado el perfume de sus flores y hermosa la luz de sus astros. la piedra vencida y hermoseada. una piel suave como las rosas. las venganzas inexorables. sólo había hecho campiñas ardorosas bajo el sol y húmedas bajo la lluvia. Le dio un cuerpo blando. Admiraba su obra. y en la fuerza de los leones. se complacía en la elegancia de los elefantes y los dromedarios. al terminar el quinto periodo de su obrase detuvo pensativo. cuando vio que el ser a quien había dotado de todas las maldades sabia ser bueno y abnegado y sumiso gracias al amor de los hombres. gratos a la mano brusca del hombre. todas las desgracias. el espíritu del mal que él existe. que empezó a sentirse empequeñecido. levantando ciudades habitables. el encanto de los paisajes vírgenes y salvajes. vencido por la tortura del deseo. En vez de la simple hembra. mientras su obra crecía. encerró los pensamientos bajos. los vio derribando dioses. de ese espíritu brotó una idea luminosa fulgurante de crueldad.

dije yo. sedientos de nueva sensaciones que somos incapaces ya de encontrar en nosotros mismos. El sólo de las ramas y las hojas al chocar y lo aullidos de los perros que ladran al anoche. Los dos ojos muertos parecían abrirse. . extrañamente dejó escapar un chirrido en el que había lago de dolor. a que tantas veces he vista dormir en es lecho fue mía. Lacios y habiendo llegado al límite os placeres. algo como lamentos que se esfuerzan por salir de ahogadas garganta. me arrojé en el lecho sin desvestir. Muchas veces. la luz de una linterna que de un árbol pendía hizo enfriarse la sangre en nuestras venas. Será que mi profanadora visita al cementerio le haya ofendido? Entonces. sentí un extraño estremecimiento al ver el cráneo que luce sobre mi mesa el brillo de su marfil y la avidez de sus ojos ausente.¿Qué será tan extraño foco que de todo movimiento me priva? No es. de encima de mi mesa donde posaba el cráneo. ideamos amarnos a la luz moribunda de un cuarto menguante y a la fosforescencia morbosa de un cementerio. las que en el silencio de la noche te hacen regocijar. no. 1º de Noviembre de 1898) Esa noche. mil veces las murmuró también al oído que ya no tengo. mía por derechos sagrados. alguna palabra de solución a mi existencia sin objeto. algo paso como un solo frío apartándonos. creímos oír algo como entre cortados murmullos. mía. sus labios. mirarme. y los átomos de vida y de recuerdo que esparcidos quedan en mi desenterrado cráneo. y turbas sus silencio con tus frases y haces estremecerse lo que en ellos quedó de vida con tus besos. Los cráneos que en osario ruedan polvosos y olvidados. Mas he aquí que en la obscurecida del cuarto mis ojos creían ver fosforescente brillo en la s apagadas ávidas cuencas del impenetrable cráneo. mis ojos fueron a la mancha blanca del cráneo esperando que diera alguna respuesta a mi incurable hastío. parecían dilatar sus vacías órbitas para mirarme. parecía arrojar sobre mí. pues el pronto nos aparecía como inmenso ojo vigilador. porque vagos arrepentimientos e inquietantes temores me agobiaban. no puede ser el brillo de la linterna vigiladora que haya quedado fijo en mi espíritu. cuando nuestras bocas iban a juntarse. y como otras noches. prestándoles su calor. Todo lleno aún de los temores de la noche. al tiempo que incomparable malestar atormentaba mi cuerpo. La reja giró extrañamente. envolverme en su morbosa luz. todo cansado y taciturno. hicieron coro a nuestros besos profanadores. cundo triste solitariamente nuestros pasos resonaban en la arena. partieron estas palabras: ¡Insensato! No sólo robas a los muertos lo que fue suyo. todo lleno aun de agitación y de temores. en el que había algo de ironía. “¿Qué será?”. no es tampoco el brillo emanado del osario que mi preocupación cree ver todavía. La mujer que en tus profanadoras excursiones te acompaña. porque la amé y por que me amaba. Las palabras que hoy e dice. Muchas veces. sobre mis ojos. ostentando antes sus pobres restos tu juventud y tu descaro.(Revista Moderna. el brillo parte y se dirige a mí de los ojos apagados al cráneo. dos focos de fosforescencia que de todo movimiento me privaron. se han estremecido de celos y de rabia al ver en otro las caricias que fueron mías. sus labios perfumados de placer y de deseo se posaron en los míos. de encima de mesa. creyendo sentir a cada rato la fría impresión de la soledad que sentía cuando el cuerpo lunar se ocultaba bajo una nube y en el cementerio brillaba la fosforescencia salida del osario. Sentí un extraño estremecimiento al ver el brillo de ese marfil. a su morada que debía ser de paz. al entrar a mi cuarto. son que también vs a su morada. y cuando sentados sobre el mármol de una tumba nos volvíamos bruscamente aterrorizados por algún rumor. el brillo viene de la avidez de esos ojos apagados.

muchas veces su voz me ha dicho de arrojarme. teniendo por único calor el del gusano. restos de mi inteligencia quedan aún ahí. a seguiros con los restos de mi inteligencia. como los tuve yo. y ante ti la besarán y te harán desesperadamente envidiar lo que ya no tienes. venís así a exponer y proclamar cínicamente ante los pobres muertos su juventud y su vida y sus pasiones. Muchas veces sus ojos claros y enigmáticos me han visto con espanto. ni sé a donde ir con los pedazos de este cráneo. la han besado en mis sitios predilectos. en los hechos exclusivamente para los labios que yo tuve! ¡Tus dedos la han estrechado tal cual yo la estrechaba. ¡Y desde entonces no conozco la clama. ¡Mañana estarás muerto y ante tu cráneo pasaran a la mujer que hoy amas. tendió rayas cristalinas color de lis. porque ni el mar es demasiado profundo ni demasiado honda la tierra para suficientemente tragar los restos de este cráneo celoso! Porque no puedo volver a besarla sin sentir frío. cuando deseaba su boca algo para poder besar. el pobre muerto. lo que ya nunca más podrás tener! No pude más: fui al cráneo y lo arrojé al vuelo. yo empecé a seguiros. ¡lo pertinaz de la mirada en que tantas veces se vio¡ ¡Ah no pensaba que tal ve su cráneo luciría algún día sobre una mesa. sin sentir entre nosotros las astillas de ese Cráneo Celoso. y la han envuelto tus brazos y se han perdido en la cascada odorante de sus cabellos. sus ojos húmedos de deseo. me atormentaran tanto. Que dentro de sí lleva el esqueleto que le causa espanto y que algún día desnudo como el mío dormirá a olas en estrecha cama. os sentaiste sobre una tumba. querían gritar y de sus gargantas oprimidas por el eterno frío sólo salían sonidos raucos que decía: “¡Miserables. ¿querrán dar calor con sus lágrimas al hijo desaparecido? ¿Querrán salvar de la carnicería de los gusanos las ellas carnes rosadas? Pero luego. y vi. Yo la inquietaba ¡OH1 ¡Sí! Lo pertinaz de mi mirada sin ojos la inquietaba. cuando la luna. sin pensar lo que los muertos han sentido. que los juramentos y recordaba los que a él le hicieron sin poder ni siquiera llora de rabia cuando sus brazos querían estirarse en vano para estrechar. jurara eterno. que siempre es cómplice de enamorados. y al ver los cráneos rotos y empolvados la has estrechado por el talle y has besado su frente ajo la que también hay un cráneo. las bocas se juntaron y las escenas que aquí en este cuarto. han sido intrusos. Al pasar frente al osario. hoy has ido al cementerio con ella.cuando el deseo los hacía brillar.tantas veces recogida por mis labios. y que ella por su parte. con los restos del amor que le había tenido. los vi. tal como los míos la envolvieron y se perdieron! Y a este cuadro he asistido días y noches siempre inmóvil. porque harto los conocía. sí! Sus ojos. los que no son más. donde se hizo mil pedazos. . dije: “Pobres padres. ¡Oh. siempre imperturbable. ¡y por única blandura las tablas húmedas de un medio podrido ataúd! En tanto. en los míos. escuchó todo. vi sus labios sonrientes. lo mismo las caricias. tú. cuán poco conocen la crueldad de la muerte. porque sobradamente conocía la humedad de esos ojos. Yo seguí viéndoos. que bajo esa tumba descasaba. hacer que en el fondo de los besos se estremezcan los viejos cráneos. hacer resonar en el muerto silencio del cementerio la música profanadora de sus besos. pero es poco. todo a tu placer y sintiéndote lleno de vida. continuaron ahí… y el muerto. Luego. Partículas mías. A mí alrededor. vi su cuerpo lleno de temor pegado al tuyo. y cuando oí resonar la reja extrañamente.¡Tus labios calientes y rosados. jamás te preocupaste de este pobre cráneo. ya os alejabais. ya volvíais.

vi desfilar ante mí. zapato de cautchouc y un jersey en el que cabía dos veces. convalecientes. Más tarde hice mi aparición en un río. y meses después me encontré solo. una “golondrina” como ahí las llaman debía recogerme y conducirme nuevamente a las proximidades e mi barrio. amarrada a tierra unas. no en calidad d nadador. o simples desocupados amantes de dejarse arrastrar y mecer por la corriente. Las horas corrían y a veces. aparecían a flote sonrientes. en un pueblecillo de los alrededores de París.El AGUA (Revista Moderna. Sólo Dios sabe cómo no recibimos un baño. balanceándose otras. en sus ondas. desatábamos de prisa nuestras ropas y nos zambullíamos con un grito de entusiasmo ahogado por el golpe de los cuerpos al caer sobre la fugitiva masa. y pasado un momento de angustia. terrazas con sus respectivas mesillas de campaña y su mozos en delantal blanco y albeante servilleta bajo el brazo. pero sí de remero. en todos mis momentos me ha sido grata y mi mejor recuerdo es el de las largas horas pasadas con sus caricias. apacible. o simplemente la suave detención ocasionada por un gran manojo de hierbas viajeras. creí sentir el vaivén de la onda que me mecía y mis oídos conservaban el chasquido del agua. Fue en un banal estanque de colegiales. Eso pasó. me recostaba en el fondo de mi embarcación dejándola balancearse a su antojo. 15 de Diciembre de 1898) A ella debo mis más grandes delicias. Fue en el Sena. con sus sombrillas japonesas y bajo ellas rostros de mujeres sonrientes. los brazos se levantaban hundiéndose lentamente. Las cabeza surgían sacudiendo gotas de agua parecidas a perlas solares. Al día . sobre todo barca. pero bien pronto. un verdadero río aquel. determinaron hacerme su piloto. recibió mi cuerpo tembloroso su primer beso. las había endiabladas. un tumbo. ante ella y dentro de ella ha experimentado mis mayores goces: a toda hora. los brazos se agitaban. y aunque ligeramente molesto por el vaivén. uniformes. Mis días fueron para el Sena. donde por primera vez. blancas. ¡Ah! ¡Nuestros combates navales! Corríamos. algo os atraía hacia abajo. cruzando rápidas y parecidas a extravagante pez que asomara singular dorso. y ahí me tiene ustedes en calzón corto. tomar de nuevo los remos e ir hacia el embarcadero. desaparecíamos los unos bajo los otros. Desde entonces me convertí en un incansable remero. los tórax se erguían y la lucha comenzaba. En la noche. y vi. dejando los remos. cuando menos se esperaba. done un vaporcito. al cabo de unos cuantos días. Un choque. pierna desnuda. despidiendo el agua tragada. Ahí me estremecí con todos los temores. Algunos camaradas. “el agua”. sintiéndose cosquilleados por la onda halagadora. las cabezas desaparecían. y lo vi tranquilo. En su seno. encantado de encontrarme ahí. nos zambullíamos y de improviso. las había poéticas. y lo volví a ver bullicioso como ese domingo en que lo vi por primera vez. cuando dejando atrás el camino de la escuela. en mi cama. dejé algún tiempo mi placer favorito. exponiendo a naufragar a cada instante a una tripulación consistente en tres aguerríos canoteurs. casuchas. fastidiado y con la sombría perspectiva de una larga permanencia en Zurich. tímido y acobardado. llevando estudiantes que vociferaban y metían el desorden entre los pescadores que pacientemente sentado en la orilla levantaban sus cañas albergándose bajo sus inmensos sombreros de paja. teniendo en cuenta lo poco considerable de mi humanidad. todos mis afectos y todos mis entusiasmos eran para ella. angostas. me hacía incorporarme. barca en abundancia. Yo era absolutamente inexperto. villas. el caso es que yo. elevando contadas barcas que a su vez eran prudentes y cuyos tripulantes eran soñadores. era nuestro grito de todos los días al reunirnos a las ocho de la mañana.

pequeñito arrugado. me detuve un momento haciéndome a una cadena. y se alejaba con pasos diminutos. con las manos constantemente en los bolsillos y dos ojillos muertos. todos mis deseos. al llegar a una altura distinguí. me abandoné. toda la gama de sinuosidades de los Alpes. dando traquidos contra el zinc me mecía. con el aliento oprimido. se remontaba mi cuerpo para caer en violento balanceo. pero con el cuerpo satisfecho. húmedos casi siempre. me extendí horizontalmente. De cuando en cuando pasaba un vaporcito revolucionando la quietud. lo que había dejado muy atrás. ascendía la boya. agua ¡Dios mío! Y ¡Qué agua más mansa y más transparente! Mi cuerpo todo se estremeció. ¿Qué azul? Fue la primera y la sola vez que pude verlo. En sus labios se dibujaba una mueca esbozo de sonrisa. me desvestí precipitadamente como en mis tiempos de colegial amante de pintar venado. Los minutos. y la onda. porque siempre. triste. l pie de un declive. hacia un lado. lejos. y el agua me acogía con cariño teniendo juguetes infantiles halagos de querida para el amado. y bien pronto mi cabeza se clavaba en el lago y mis brazos me llevaban lejos. con alguna malicia si alguna falda nos acompañaba. cando el crepúsculo me alcanzaba ahí extendido y el lago se teñía de rojo y fuego. me retiraba. Lo lejano. la blanca embarcación lucía. el sol paseaba sus rayos por él. preguntaba con su voz apenas perceptible qué bote debía alistarse. ¿Y el viejo aquel que guardaba nuestro Boat haus? Me parece estarlo viendo. ¡Ah! ¡Los días felices que comenzaron para mí! Durante un periodo muy largo esa boya fue mi refugio. ligera. todo eso me asediaba. el aire pasaba tocándolo y refrescándolo. las horas. hacia una cervecería donde las cabezas rubias de las que el Kellnerin alegraban mis ojos y estrambóticas notas de una bizarra música húngara hicieran más espesas mis tristezas. Yo miraba el cielo y miraba los montecillos de espuma que a mí venían y pasaban traviesos emblanqueciendo mi cuerpo para alejarse luego. corrían con los vaporcillos blancos. y más lejos aún. mientras nosotros… Mientras nosotros. buena Nina? ¿Conserva tu alegre cabecita de pájaro. dejaba entonces mi refugio. dejándome llevar apenas me dirigía hacia el caserón de los cuartuchos y volviendo el rostro una vez más para querer penetrarme de la negrura que descendía hacia el lago. sostenido a sus amarras. mis oídos eran constantemente golpeados por timbres de excesiva sonoridad que iban y venía adheridos al frente de los trainsways eléctricos que velozmente pasaban arrastrando los largos bastones que de sus techos se elevaban. Aquello era la realización de un ensueño de azul. ¿lo recuerdas. de esas que hacen sonreír a solas. Para ese hombre no había mayor delicia que la llegada de alguno de nosotros.no realizados y todas mis aspiraciones que quizás no se realizarían tampoco nunca. de la que estaba ausente y en la que mi sitio aguardaba vacío. los fantaseos de una arquitectura imposibles que son los Alpes. caminaba por una calle tortuosa. mis poros se abrieron para beberla. a su lado. Otras veces. extendía su mano para recibir unos cuantos céntimos que le procuraran y un cuarto de litro de un vinillo agrio y descolorido. al empezar . mi cuerpo se regocijaba. Sentíanse vertiginosas sacudidas. cosas ligeras y amables. envuelto en ese bienestar.siguiente de mi llegada. Aquello era agua. memoria de nuestras tardes en el lago de Zurich? ¡Quién sabe! Era yo ahí ave de paso. nunca podíamos decir “mañana”. más contrariado que nunca y pensando sólo en la manera de abandonar aquella tierra para mí incomprensible. y yo pensaba. con pisadas que se arrastraban en la arena. Ahí. incendiarse el horizonte ver desapareciendo los picos truncos. donde la capa concluía. rompiéndose y deshaciéndose contra las durezas de un remo o la de un casco. sentía también oscurecerse mi espíritu. mirando azularse la nieve de las montañas lejanas. dejando tras su hélice el trazo de una rotura que se junta. y entrando en un caserón de madera lleno de cuartuchos. saludaba respetuosamente. levantábase verdeaba el Zurichberg. hasta una boya. mientras allá. una capa de azul con reflejos de oro. Me fui acercando y mi corazón dio un brinco. Allá. Después de mucho andar en esa calle de una desigualdad de nivel pasmosa. tantos ¡AY!. y nadando lentamente. arremolinábase todo aquello. la casa. “dentro de un mes”.

algo triste. Y sin embargo. puesto que ni cantabas ni reías. a las noches de luna. te hablé al oído. en sus ondas. hoy al volver el pensamiento al lago de mis encantos. buena Nina. en la que hoy pienso. luego. mientras yo aquí. pienso en ti y paréceme mirar reflejada tu alegre cabecita de pájaro que un día vi llorar en esa agua. el Sol caía. un simple papelillo azul traído por el cartero y conteniendo cuatro palabras hizo que tú y yo nos separáramos. verás otras mujeres. no puedo saberlo.a bordar un proyecto. vagos. yo un día en uno de esos paseos. miraban a lo lejos y decías: “Tú te irás. y sin embargo. a esa agua que hace tanto tiempo amo. dos besos cruzados. . los abandonaba. cuando descansábamos sobre bancas de una taberna rústica. con buena intención tal vez. Sí. me acerqué a ti. Lo que tú me decía sucedió. nos propusimos. comiendo pescado fresco. con nadie vale la pena encariñarse. te casarás con alguna señorita que no te querrá. miraba que no estabas con nosotros. y cansado.. y sin que tú lo notabas te miraba. Un buen día. perezoso había dejado los remos. mas tarde. nosotros nos encariñamos. no olvidarnos. tu imagen viene mezclada a las alegres excursiones en los pueblillos. y probablemente te dije necesidades tristes. pero tú. palabras cariñosas. sin que yo supiera por qué. tenías razón. ¿Cómo? ¿Con quién?. muy pronto tal vez. la idea de la separación que no sabíamos jamás cuándo vendría. Luego vi correr una lágrima por tus ojos. otros muchos crepúsculos pasamos juntos en esa rustica posada de los bordes del lago. Hoy creo saberlo. ser amigos desde lejos. no vale la pena encariñarse con nadie… y quedabas grave.. y cuando hubo algo de sombras. he experimentado todos mis mayores goces a toda hora. Hubo estrechos. nos torturaba. Tus manos jugueteaban con la cadena de oro que pendía e tu cuello. agradeciste haberme fijado en tus lágrimas y haber tratado de recogerlas. dos pañuelos que se agitan y la completa ignorancia y la más absoluta separación para el resto de la vida. ¿Lo recuerdas? Yo llevaba los remos. cuando el agua parecía de plata tus canciones nos ponían graves… y cada vez que vuelvo a ella. en todos los mementos me ha sido grata y mi mejor recuerdo es el de las largas hora pasadas con sus caricias. a quien debo mis mayores delicias en su seno. seguiré. tus lágrimas me habían hecho sentir algo de tu tristeza. L que te dije. y después de un silencio: “no verdaderamente. mientras los compañeros cantaban y reían. buena Nina. bebiendo cerveza y hablando de ti. Tus ojos. pajarillo sin nido que ajaba sus plumas alrededor de nuestros caprichos. un silbido de locomotora. me acerqué a ti. irás a tu casa. a las risas a los baños inesperados. tú venías para recostar sobre mis piernas esa alegre cabecita de pájaro.

tísico al parecer. sus ojos cansados. una insignificante criaturita. para vestir la enagua hasta el tobillo y el talle bordado y lleno de cadenas de plata. Y digo seguramente. en un rinconcito donde se elevaba un gran escudo azul y plata atravesado por dos remos. Agosto de 1899) El cafetín. o bien unos citaristas bajados de los Alpes Austriacos. de la navidad o el día del año. pálida. coincidiría perfectamente las salida del animalillo emplumado de azul y rojo para cantar las horas. con ademanes rebuscados y femeninos colocaba sobre su hombro el instrumento atormentando largo tiempo a las cuerdas y a los oyentes antes de empezar. porque los ojos del joven enfermizo se hallaban cerrados a toda manifestación de claridad. eran alumnos de la universidad o socios de la Tiguria. El rubio del violín se colocaba lo más a la vista posible. se retorcía el bigote y miraba petulantemente a los concurrentes. hasta el piano. aunque pequeño era bastante animado. la concurrencia componíase en su totalidad de estudiantes que discutían. al sonar las ocho el cu-cú que pendía de la pared. sus pobres ojos jamás habían visto y tal vez no verían nunca nada. En el mostrador sonreía con un eterna sonrisa de melancolía. y con mil precauciones ridículas tomaba su violín. hacia su entrada. con gran corbata y sombrero de alas exageradamente anchas. de un rubio casi blanco. ni tenía contratos con las grandes cervecerías de Munich. que avanzaba lenta. en las cabezas se les veían tocados diferentes. Cada mesa tenia sus clientes habituales.UNA PASIÓN DE CIEGO Para Alberto Ituarte (Revista Moderna. de tristeza y de abandono tal vez. con la entrada de un joven de aspecto enfermizo. delgada y sin formas. que se hallaba colocado en el fondo sobre un estrado. sabía también que esos días dejarían que el kellnerin el habitual traje de alpaca negra. empleaba maneras parodiadas. tendríamos una orquesta en forma. con sus pantalones cortos. se reunía un club de los más afamados en los lagos de Suiza y aún en el Rhin. según los cantones de la Helvetía. quería hacerse admirar y aplaudir. estudiada siempre. con el rostro lleno de cicatrices y cortaduras que ostentan orgullosos. Sabía que algunas veces. dirigía miradas de inteligencia a las sirvientas hasta que llegaba al estrado. pero seguramente. Momentos después y contrastando con la modestia del pianista. Yo ignoro por que circunstancia me había acostumbrado a esa cervecería y conocía perfectamente a sus costumbres. sabía que diariamente. miraban con cierta envidia a algunas de las Kellnerin más solicitadas y agasajadas por los estudiantes. cantaban silenciosos o requebraban sencillamente a las sirvientas. un rubio rizado como un peluquero de barrio. con motivo de una fiesta de la cerveza nueva. nos contentábamos con poco y pacientemente escuchábamos la monotonía de piezas repetidas indefinidamente. sus chaquetillas de colores y sus sombreros tiroleses.pues no eran otra cosas . Pero como el cafetín no era rico no grande. en otro. en la noche sobretodo.

que desde lejos sonreían. insistía par que se aumentara lo dado. uno hombrecillo desconocido. mazurcas y polonesas de los dos musiquillos. cansada las más por las fugas inexplicables e inoportunas de ese violín. pero desde varias semanas atrás una pequeñita. los talles negros y los delantales blancos de las Kellnerin. ¿De dónde hará venido?” Automáticamente. cuando cambiaban el servicio de mesas sucedieron algunos disgustos. pues lo adeptos de una querías seguirla y los que habitualmente ocupan esas mesas no siempre concedían en cederlas. a pesar del duelo y la frialdad que le daban sus ojos apagados. era el Kappel Maister (¿) Mucho tiempo oí indiferente los valses. hermosa y recién entrada. fue aumentando cada día. Lina.compadece un pobre ciego hasta perjudicarse un poco y se fija en la buena música. pues. Con un movimiento imperativo daba sobre la balaustrada un golpe seco que hacía incorporarse bruscamente al ciego. pero es un pobre y hay que quererlo ¡debe ser tan desgraciado!” Una buena muchacha. Confieso que fui completamente injusto. Cuando noté esto creía tendrían algún parentesco o alguna liga con él. cualquiera Kellnerin. al recorrer con - . y la música comenzaba. pero sí se que le amaba y he aquí en qué circunstancias llegué a conocerlo: Una noche. llevando apresuradas cuatro o cinco tarros de cerveza que levantaban alto para no chocar y verter.que pronto se cansará de perder propinas por ayudar al ciego. no sé quien. Lo reunido se ponía en manos del ciego. era la que había tomado para ella ese cargo. Su aspecto me era cada día más simpático. que con su instinto de mujer había observado o adivinado que yo la acompañaba con interés me decía a veces ¿Qué pensara de nosotros sin conocerlos? ¿Se figurará cómo es una mujer bonita? ¿Piensas si se figurará como eres tú verdad? Respondía yo para reír mientras ella se alejaba bromeando. como llegara más tarde de la hora acostumbrada. encontré ocupadas las mesas donde ordinariamente me sentaba y que eran donde ella servía. indiferentemente. con los ojos enteramente cerrados a la belleza y a la forma cómo era ella? No lo sé.sus imitaciones. a quien el rubio de los rizos veía con exagerada compasión pues él no recibía admiración ¡oh. “Singular chica para su clase. nadie se lo disputo. Luego el Maestro dejaba de tocar durante dos o tres números en que abandonaba todo el trabajo al ciego con regocijo de los oyentes. ¿Se figuraba el ciego de nacimiento.me dijoaquí lo he conocido.me dije. hasta llegar a fijarme en detalles que me hicieron sorprender una pasión lamentable y conmovedora. fina.de celebridades. o bien distraída y desatendiendo su trabajo por escuchar alguna sonata. puesto que el celo de Lina. Durante mucho tiempo. un día se lo pregunte: “no. fingía estremecerse al tirar del arco e indignarse cuando el sonido no le satisfacía. mis ojos se volvían para ver entrar al pianista. Después de que este tocaba con mucho más sentimiento y ciencia que su enfático compañero. me dijo al oído: “¿ha observado usted como ejecuta? ¿Se ha fijado usted que cosas tan originales y extrañas toca a veces? Debe tener talento” y estas simples palabras hicieron que yo me fijara más en él y que poco a poco fuera interesándome cada vez más. no! Él estaba contratado. lejos de decaer. Con aquellos con quienes tenía confianza. había en él expresión de dulzura y de inteligencia. cuando ejecutaba el ciego. agradable algunas veces. era la encargada de hacer la colecta para el ciego. ahí casi todos tenía su predilecta y algunas veces. y más de una vez la sorprendí colocando en el platillo monedas de u propia bolsa. Una vez.pensaba yo. cuando el cu-cú asomaba para lanzar sus ocho gritos. Así. una de las Kellnerin pasaba un platillo por las mesas y cada uno arrojaba en él lo que le parecía. que por demás no satisfacía mucho a sus compañeras. mirando revolotear a mi alrededor las cabecitas rubias o morenas.

manos extrañamente conformadas de tísico. concluía dolorosamente. -¿El autor de la composición que acaba usted de tocar. Para él. veía el contraste de la blancura de esas manos de virtuoso con la negrura de las teclas del piano. tan blancas. Desde ahí distinguía perfectamente al músico y pude ver con qué delicadeza. El pobre hombre había encontrado en mí alguien a quien confiar todos los desconsuelos y las negruras de su alma. Desde ese día. ¡Dios mío!. se colorearon y con timidez. con amor. una figura ideal e incomparable. El rostro todo del pobre pianista estaba por completo cambiado. Sus mejillas tan pálidas. aquello fue una revelación. se desprendió suavemente y se alejo murmurando un “vuelvo” lleno también de promesas y de afecto. ¡Esos arranques de pasión y de dolor tan patéticamente y con tanta maestría armonizados! Decididamente. Y desde entonces había rodado dando tropiezos. y en su imaginación se formó. la suavidad de sus manos y de su voz al tender la limosna. “¡Ah.pregunté. improvisaciones hechas para variar algo. sintiendo sin explicarme por qué una particular repugnancia. paseando por tabernas y bailes públicos. a debatirse como pudiera en esas tinieblas que eran dobles para él. en el que Lina sonrió no sin dejar de enrojecerse un poco por mi presencia tal vez. tal vez por ser una sola persona. no tiene. había tal transfiguración en sus facciones. en el que iban todos los deseos irrealizables. Desde muy pequeño lo habían lanzado a la lucha. si yo no fuera ciego!” . carne de sufrimiento. su rostro estaba más pálido que nunca. con cobardía casi. el violinista la detuvo. como él no las había oído nunca. Cuando iba a salir del estrado. Jamás criatura alguna lo había tratado de esa manera. y veía también como en su rostro y en su gesto se desarrollaba el sufrimiento y la pasión que trataba de arrancar al sonido. Cuando terminó y se apoyo en la balaustrada para descansar un poco. y la acariciaron largamente con delicadez.la vista el salón. creció resplandeciente. o más bien. distinguí junto al estrado una pequeña y desocupada. fui directamente a ella. vergüenza al dar limosna a ese hombre. puesto que no había una mano cariñosa que lo guiara. pasando hambres y noches frías. El brazo del ciego que se hallaba apoyado en la balaustrada temblaba fuertemente. sus frases cariñosas. él no la soltó hasta decirla cuatro o cinco impertinencias un tanto groseras. hizo señal para que yo también diera algo. Ella le tocó el hombre y como si ese contacto hubiese tenido el don y la chispa de una chispa eléctrica se volvió de un solo movimiento rápido y mecánico. que ignoro por qué extraño fenómeno hasta sus mismos ojos producían la impresión de unos ojos despiertos y vivos. Veía sus manos largas. lo habían turbado y trastornado por completo. algo como si la luz se hubiera hecho en su noche. Cando Lina llegó al cafetín. dispersándolas en parte con frases amantes. tocaba en ciertos momentos las teclas de su instrumento. Con voz cuyo acento impresionaba y retenía. quién es?.y luego. Al verme. Después de un momento. y por más que ella tratara de desasirse. contenta y ligera porque las monedas abundaban en el platillo. como para disculparse.es tan conoció ya lo que tocamos! Improvisaciones. pero fingí no comprender. le ofrecí un vaso de cerveza que aceptó. contestó débilmente: -¡Oh. toda la angustia de lo imposible. me hablaba de su vida solitaria en la que no había ningún ser que lo amara. afiladas. religiosidad tal vez. con mucha más frecuencia fui a sentarme frente a la solitaria mesita. el hombrecillo para quien Lina recogía monedas de diez y veinte céntimos no era un cualquiera ¡oh no! Y precisamente en esos momentos llegaba Lina. Sus manos fueron directamente a la de ella que había colocado el platillo sobre el piano. son niñerías. cerca del músico y muchas veces charle con él durante los reposos. Cándidamente me la pintaba con frases líricas y coloridas: “mucho más hermosa debe ser ¿no es verdad? Y con un suspiro muy hondo.

al lado de un pobre ciego. y ya he tenido que arrepentirme.. Los concurrentes. respondía a sus estrecheces de manos. Y con su voz honda y melancólica… ¡ah! Si yo no fuera ciego”. y tocó como muy pocas veces lo había oído. sin temor de que la viesen y la ridiculizasen. volaría n día para ir y revolotear alrededor de los caprichos de los veinte años. ella. “Para ella”. sino para lo muy indispensable. los encontré juntos. ella. un instante solamente para verla. El golpe seco y autoritario del arco del violinista lo llamó a su sitio.“Hay veces. hizo ella. afán mujeril de encender pasiones no importa donde ni en quien? ¿Se burlaba del desgraciado? ¿Se sentía orgullosa o le agradecía esa pasión discreta. ¿No sería más loable y caritativo hacer ver al desgraciado la realidad? ¿No sería mejor matar bruscamente esa pasión que nacía. pensando. al esperar el momento en que ella aparezca. por otra parte no parecía cansarse. sin que nunca. el músico que oyó mis palabras. hasta entonces. hacia temblar la palabra en su labios. es tan buena. para que fuera la única imagen que mis ojos hubieran visto. al llegar casi a la punta del Zurichorn.. bella. lo guiaba. ese constante lamento que subía en sus conversaciones. llevando un dedo a la boca con una precaución completamente inútil. era tal vez el grito del naufrago que no alcanza el madero donde asirse. creo que voy a ver. cariño sumiso de perro a su amor y quería corresponder conservándole su ilusión? Nunca pude saberlo. “Eso fue hecho por ti y para ti. antes de que tomara cuerpo y lo dominará torturándolo y ahogándolo tal vez? Más tarde los reproches se convirtieron en remordimientos.” Él confirmó lo dicho por la Kellnerin. Ingenuamente y con inquietud me interrogaba rogándome me dijera la verdad. se interesaba por los actos y la vida de su protegido. muy buena. como las otras. “Es la segunda vez. la desesperanza de no poder verla y de no poder poseerla a causa de su incurable deformación. su piedad aumentaba. me dijo. Era el grito del que ve un sueño o un destino abortado. humilde. le hablaba de cosas que lo hacían sonreír y ha sido esa la sonrisa en que mayor beatitud y más completa dicha he visto. No se si era la sugestión de sus palabras pero sen su música yo oía frases tiernas y agradecidas. y enrojeció al tiempo que sonreía orgullosa. “Pst. creo que sólo para venir aquí. Yo alimentaba su ilusión. al tiempo que se alejaba . y al decírmelo su voz temblaba. pero entonces. enrojeció también. era demasiado joven y demasiado hermosa para un sacrificio semejante… ¡sin embargo! Un día. lloraban diciéndole ternezas o gemían en un constante llamamiento hacía ella. sin embargo. me hago la ilusión de que mis ojos se abren.en que quisiera ver un momento.me decía. que Lina. poco acostumbrados a esos elevamientos. tímida. ya lejos.” Otras veces el temor de que otro la amara y de que ella correspondiera. sino al contrario. le dije. bella. qué a veces en sus confidencias se repetía como un ritornello doloroso. y es una ansiedad al hacer el esfuerzo. que no le ha importado mostrarse. hubiera sido tan sincero ni tan entusiasta. sin exigencias ni molestias. me dijo. y a sus palabras tiernas. amarlo era imposible. Mi asombro fue tan grande que dudé: ¡Quién sabe! ¡Hay tanta anomalía en el corazón humano! En la noche pregunté a Lina si con frecuencia lo acompañaba. Lina”. Figúrese usted que ya no quiere salir con el chiquillo que la acompañaba. “Sí. paseando por los bordes del lago. y el lamento. añadiendo a media voz: “Es nuestro paseo del jueves”. Lloraban y agradecían las notas. Es muy buena. pues muy rara era la vez en que el ciego se desbordaba se miraban y miraban al estrado creyendo que habían cambiado de músico. ¿quien hubiera tenido valor par arrancarlo del único sueño luminoso de su oscura existencia? Lina. Le han gustado los paseítos conmigo.decía--. Hubo un momento en que llegué a preguntarme cual era en realidad a actitud de esa muchacha: ¿Coquetería. para tenerla fija siempre. evitando las piedras y librándolo de los tropiezos. a veces me hacía reproches. tenía frases cariñosas. El hombrecillo que por primera vez llamó mi atención murmuro al pasar junto a mí: “¡Cuando yo decía que ese hombre tenía talento! Como ha ejecutado ¿eh?! Voy a preguntarle quienes el autor de ese soberbio canto! Y fue una de las contadas veces en que en esa sala resonó un aplauso. indicándole los peligros. al sentare en el banquillo se volvió hacia mí.

decía. que sólo con mi piano puede entenderme. Yo. “Estará enferma.¡tiene gracia! + ¿Tiene usted un arma? Me preguntó una noche lluviosa el ciego. me habló. y hacia pagar este justificado desdén del publico al infeliz ciego. con la cabeza inclinaba sobre el pecho. al azar. diciéndole en voz alta: “¿A cuándo nuestras nupcias chiquita?”… El pianista palideció otra vez y quiso dar un paso. la ansiedad no abandonaba nunca su rostro. Quise convencerlo de que el miserable mentía. seguía sentándome en la solitaria mesita. Lina desapareció una triste tarde al comenzar el invierno. Kappel Maister. al pasar junto al pretendido. las notas iban de un lado al otro. puesto que el músico de nada ni de nadie hacía caso ya. a veces siento como si mi sangre toda ardiera y debo contenerme para no saltarle al cuello…” Yo procuraba tranquilizarlo. cuando comprendió lo que ésta había llegado a hacer para él se sintió lleno de satisfacción pues tenía un arma más y cuán preciosa en sus mano: tenía el instrumento de tortura más delicado. Una de tantas veces me interrumpió con voz agria. sin embargo. me dijo señalando al violinista. Me hablaba de sus noches de duda y desesperación “¿Yo que le puedo decir?. “Me abandona. eran regaños y burlas.. había tomado en serio las fanfarronadas del necio y cada día estaba más convencido de que había relaciones entre ambos. éste la detuvo de un brazo. Diariamente había la necesidad de reconvenirle por sus repetidas distracciones. el inmenso odio que había nacido en su alma se lo hacia ver así. y el odio. sentía un singular placer de hombre mezquino y nulo en atormentar a su alterno. farsante y empomadado. Cuando tocaba. ahora pedía un arma y un instante de valor: “no puede ser mía. las apariencias lo confirmaban. parecía animado. el lo ha dicho”. lo comprendo. por costumbre solamente. Hacia tiempo que la veía en coloquios demasiado íntimos con un estudiante de patillas rubias y cara cortada en varios lugares. él le ha prohibido que venga. permanecía en su asiento sin hablar. La idea había entrado en su cabeza. como querían. pero tampoco será suya” Lina despareció una triste tarde de invierno y desde entonces la tranquilidad murió para el ciego. se volvía a cada momento creyendo oír sus pasos o su voz. Hable a Lina y entonces se me reveló bien mujer. Habían pasado ya muchos días desde que Lina había desaparecido. y alcanzó en su maldad grados tan altos en la escala de la perversidad como éste: acababa de salir Lina y el inquisidor de nuevo cuño platicaban con un estudiante. pregúntemelo usted a mí que la conozco tanto y tan bien”. Sus desesperaciones y sus angustias aumentaban. Ese día. . Antes de la llegada de Lina. y si no quería comprenderla. olvidaba su dinero. volverá” le decía yo para consolarlo.exclamó sonriendo. Conoció el desgraciado todas las quemantes torturas de los celos. con voz desdeñosa. el golpe seco del arco lo llevó al piano. sin embargo. pero todo fue inútil.corriendo. despreciativa más bien. él sí me comprende. pero después. El violinista aquél. Jamás sucedió que cuando su violín sonaba hubiera la menor señal de contento o aprobación. sin moverse. y rabiosamente señalaba al violinista”. -Celoso. oía demasiado los aplausos. estas palabras. Comprendía la superioridad de éste. “No. caían como plomo derretido. y si en otro tiempo imploraba un rayo de luz durante un momento para poder ver a la que amaba. contestó él con su habitual énfasis:”¡Va! Poca cosa. Cuando no tocaba. como si una idea fija que mucho le pesara le impidiera el ocuparse en lo más mínimo. alabó éste la belleza de la Kellnerin y entonces. y en su voz tranquila creí oír la firmeza de las grandes decisiones. En el alma profundamente amorosa y llena de respeto para ella del ciego. el acento con que eran dichas. Hacia tiempo que el ciego se quejaba del cambio de Lina sin atreverse a llamarla. Dicen que él es hermoso y galante yo sólo soy un ciego huraño y salvaje. ¿qué le puedo preguntar? ¿Quién soy yo para ella?..

estaba sobre el rubio. nunca lo había visto así. ¿Adivinaba mi pensamiento? ¿Leía algún reproche en mis ojos? ¿Veía como yo la pálida figura. -¡Oh. desgraciadamente. anunciando que el ciego. El otro era fuerte y distinguía todos los movimientos. clamaba el charlatán. sí. La miraba yo y mi mirada le inquietaba sin duda pues no podía estar tranquila un momento. Fue encerrado en un manicomio y nada volvía saber de él durante mucho tiempo. envolviéndose en un frío no mayor al que durante su vida llevó en el alma.” Lo imprevisto y lo injustificable del ataque. Una noche de carnaval. Merece la horca. su verbosidad era exagerada. la señorita Lina. con ademanes teatrales y con gran gala y escándalo enseñaba un cuchillo afilado que había arrancado de las manos del infeliz a quien había maniatado como a un hombre muy peligroso. mis ojos tropezaron con la mirada de Lina que cenaba en compañía del estudiante de las patillas. no!.interrumpió sonrojándose y después de un silencio. en un simple párrafo de gacetilla leí. sumergiéndose en unas tinieblas más hondas. dio fin a su desventurada pasión por la bella sirvienta el pobre ciego. . el joven acompañante de Lina me saludo cortésmente y se alejó llevándola a la sala. lleno de angustia el doloroso párrafo. Como la música rompiera en una estrepitosa danza. sin atreverse a preguntárselo. Yo me quedé solo. “Una pulgada más y me asesina. Cuando atravesaba la sala para salir. así como la naturaleza lo privó de la luz.contento. las manos blancas y sin sangre corriendo sobre las teclas negras. lo privo de la razón. de los campos y de lo bello. pensé la había visto. que hablara tanto. hablamos. veía los arrebatos. La veía yo con un traje de golondrina que en ese momento se me antojaba una ironía. me presentó con su amigo. cuando al dar el violinista el insolente golpe de arco sobre la balaustrada. oía los gemidos de ese piano que lloraba por ella y la llamaba? Al fin no puedo contenerse: -¿Y el ciego?. había sido puesto en libertad por completo. el ciego se volvió y con rapidez inaudita. Lina bailaba rabiosamente unas cuadrillas.dijo vacilando Yo tuve una frase estúpida y cruel -Al ciego. Así.Además ya no sufre. un banal párrafo de gacetilla con sus visos de reclame. vi la palidez y el espanto del fanfarrón y cuando las gentes acudían a separarlos ya el ciego estaba vencido. pedí el periódico indicado y ahí. sólo mi sangre fría me ha salvado. sin dejar de pensar en el otro. . cuya belleza era todo lo que él deseaba ver. los entusiasmos. hicieron que se le tomara por loco. me reconoció. me extraño. lea usted el Tag Blat de anteayer. quizás haya encontrado la paz. en el que tal vez la llamaba y pedía verla desde su celda de alienado. el mismo día de su salida un nuevo ataque lo había hecho arrojarse al Lim Mat sin que hubiera sido posible salvarlo. Dos o tres números del programa habían pasado. encontrándome en un salón de baile publico. que en un momento de demencia había intentado asesinar al Kappel Maister(¿) del café Hungaria después de algunos meses de reclusión en los que fue atentamente observado. pensaba yo. el no haber encontrado móvil alguno. del que nadie pudo darse cuenta. Los vi luchar un momento. en un movimiento asombroso de precisión. las respuestas trastornadas e incoherentes del ciego que tenía momentos de verdadero delirio y grandes exasperaciones nerviosas. en una mesa contigua a la mía.

sobre los brillantes arneses. allá en el fondo. Colón meditaba tranquilo con la serenidad del que confía en su obra. El sol. si poder bajo su traje de César poder disimular su aire bonachón. veían indolentes cuanto los rodeaba. Primera quincena de Febrero de 1899) Jorge Unda y su amigo recostados blandamente en los cojines de la victoria. las telas llamativas de las damas o bien . pisada y piafar de caballos resonaba por todos lados. Su conversación después de haber tocado asuntos banales. y el resto de las estatuas parecían ver con la dureza de sus miradas de bronce la inmensa vanidad de cuantos pasaba a sus pies. dejaba caer sobre la Reforma tintes dorados que flotaban yendo a posarse sobre las relucientes crines de un caballo. cortando la franja encendida del horizonte. Cuauhtémoc. se cruzaban. Chapultepec se alzaba sobre su roca como uno de esos castillos de sueños entrevistos en las ilustraciones de Gustavo Doré. se juntaban dispersándose al llegar a las rotondas. Un ruido constante de arneses. al ponerse. destacándose en el espacio erguía su orgullosa frente y con la masa levantada y el gesto imponente. había ido ala amor para decaer y hacer que cada uno de ellos removiera recuerdo en el fondo de su memoria. los siglos o las nuevas generaciones raquíticas por cuya civilización lo destronaban.UN RECUERDO (Revista Moderna. Los coches pasaban y volvían a pasar ante ellos. desafiaba no se sabe si el horizonte. Carlos IV parecía querer continuar su comenzado trote en el espacio.

estando algo contagiado de sus beatitudes sentimentales. para mí lo único que existía era la mujer. La mayor parte de nuestros amores de juventud. Después de prolongado silencia. y estaba en ese periodo en el que una nuca bien blanca. si me estudio queriendo averiguar cuando he amado más. siento tristeza al sentir lo pasado. horas en las que me subyugaba y me enloquecía su conducta para conmigo. -“no seré tu mujer. me hacía de la vida una idea muy curiosa. Seré para ti algo elevado. el fin de ella fue vulgar y mediocre capaz de borrarme para siempre todo recuerdo agradable. decirle todo cuanto sentía y todo cuando deseara amar. una mirada un poco lánguida.me decía-. momentos de verdadera pasión. llorosa. pero allá en el fondo había las ideas de los grandes amores y las grandes purezas celebradas en pomposos ditirambos. ya la verás. Yo tengo una aventura de la que probablemente reiría si no hubiera sufrido tanto. la carne entrevista a través de una media de seda. la seguía. hablarle. aquellas a las que debemos acaso nuestros más agradables momentos. y no veía el momento de volver cuando fui presentado a una señorita Rosa. el sonido algo cantante de un voz. Figúrate. el pensar en el amor del que te hablo. . Estando en tal estado tuve que ir a Puebla para asegurar mis intereses. creía en fin en la pasión. y el único objeto de nuestra ida. amar y ser amado. innarrables son todas las locuras que imaginaba. Tres días después de conocerla estaba enamorado. Nací con un temperamento apasionado y si me analizo. mi gusto hubiera sido estrechar una mujer entre mis brazos. parece que las lágrimas consagran cuanto bañan. la veía a todas horas. veinte años llenos de lirismo y de arranques sentimentales. sí.entre la juventud moderna entiendo. lo que no era muy difícil. me conformaba otras. ignoro si fui juguete de ella o bien vi lo que no había tuve. jorge dijo a su amigo: -Tienes razón. porque te cansarías de mí y lo que yo deseo es que siempre me quieras. bastaban para hacer viajar mi imaginación llenándola de sabrosas inquietudes. Ella era variable. puedo casi asegurar que fue entonces. le hablaba en cuanto lugar podía. ¡No más! Tenía entonces tanto culto por las mujeres como indiferencia hoy. me turbaban tanto que me sentía o bien desfallecer o estallar. el primer amor sólo produce cierta melancolía. Juzgada veinte años después no sé que decir. al grado de creerme loco de atar. pronta a todos los arrebatos. ignoro si quisiera recomenzarlo. es en esa en la que me detengo con más terneza. ni nada nos hacen sentir. la punta charolada de un pie bien calzado. me fastidiaba en la ciudad mojigata de los Ángeles como un cretino. muerto para siempre. y no te fastidiaré contándote las innumerables citas en las que ambos gastamos tan gran cantidad de platonismos que a los cuatro meses de tratarnos estábamos con la provisión por completo vacía. pues por toda familia contaba con dos hermanos jugadores que maldito el caso que de ella hacían. y sin embargo. y un pedazo de garganta entrevisto. y nuestros amores los más intensos sean aquellos por lo que más sufrimos.aclarando con luminosidades salidas de linterna mágica sus rostros alegres o fastidiados. a veces. me sucede esto. Con frecuencia la encontraba triste. tal vez nuestras afecciones las más caras. hoy cuando repaso mi vida. ante la cual no tardé en desarrollar todos mis epítetos galantes y todos mis ataques de lirismo. pero entonces sentía. lo que ahora no puedo hacer. algo muy alto y muy noble que no puedas encontrar fácilmente” Yo fruncía el seño a veces. las pasiones diferentes por las que atravesamos. la entonación de un apalabra. y alterando mis sentidos y mis deseos. y un día llegó a revelarme la ida infame que sus hermanos le daban.pasan sin dejar huella. una vez concluida nada nos dicen. yo tenía veinte año. pero revestida de todo el bagaje romántico. vulgares en su mayoría. tal vez sí a pesar de cuanto sufrí. Fui recibido en su casa.

Ella había manifestado grandísima repugnancia por toda relación carnal. caí enfermo. Y así hubiera yo seguido considerándola y su altar hubiera tenido en mis afecciones si el destino. en todo caso. Ocho meses la busqué. nuestras peregrinaciones de templo en templo. los santos en éxtasis. desesperado. ¡Y qué carta aquella! Después de reflexiones sobre su debilidad. Así. obesa madre de tres niño. de crueldad y durante dos años largo s y negros para mí como nunca pude imaginarlos. después de lo ocurrido. con dirección a Orizaba según había dicho y dejando una carta par mí. muy hermosa. tan esmerado era el cuidado que no dejar traza ponía. que no nos viéramos más que conservara de ella el mejor recuerdo posible perdonándola por u huida. la recordaba con gran ternura. ella la que repugnaba todo contacto. encontrándola muy grande. y de la que rinde culto a la belleza y a sí misma. Ti puedes figurarte cual sería mi sorpresa al saber que la señorita había partido súbitamente. el singular destino que se empeña en mancharnos todo lo limpio y descorrer el velo de todo lo dulcemente misterioso. probablemente sí. indigna de la mujer hermosa. siempre había jurado que jamás sería casada. sus palabras. una mujer que me había amado. dejando sólo la memoria de la más amante y discreta de las mujeres. nuestras manos enlazadas y han oído más de un “Te amo” no dirigido a ellos. Recordaba todos los detalles de nuestras citas. pues amábamos particularmente las iglesias poco frecuentadas donde libremente podríamos romper el silencio con una frase amorosa o una caricia. sentí y un vértigo… no vi ni pensé más… Yo salí de ahí como un loco. desaparecer. suspirando y pensando en ella. lo que rompía el círculo de las realidades y se levantaba colocándose muy alto. muchas noches hubiera ido a despertare para huir contigo. ella gorda. ¿Tuvo razón?. no me hubiera reservado la más cruel de las ironías. Me presenté al día siguiente en su casa para convencerla lo que facilísimo creía. que me había dado lo mejor de ella para luego. Las vírgenes que miran amantes al niño. sin saber cómo. la acusaba de ingratitud. después de una escena de lágrimas cayó en mis brazos donde la tuve largo tiempo. sin culparme en lo más mínimo me decía que no quería ni podía ser mi esposa por la sencilla razón de su gran amor. no hice son vivir estúpidamente. al cabo de los cuales.. alejarse. después de múltiples caricias la estreche con fuerza y mis ojos se cerraron. sintiendo contra mí las palpitaciones de su pecho al sollozar. Decíame que seguiría amándome y esperaba que lo mismo me sucediera respecto a ella. que el hogar y sus mezquinas tareas la espantaban como miserablemente vulgares. Fui me presentaron con la señora recibiendo yo el efecto de un regaderazo en pleno medio día y cuando menos lo esperara. vivía en mi recuerdo sencillamente grande. a quien veía mucho más grande y mucho más hermosa de lo que era. algo inmensamente tierno. lo cual no hubiera logrado accediendo a ser mi esposa. reprochándomelo y con la intención. de reparar como hombre de honor mi falta. tal y como ella lo había soñado. enamorado muy de eras y mucho más después de haberla tenido entre mis brazos. los cristos trágicos conocen nuestras figuras siempre juntos. cuando creyó en perder algo de lo que tan hermosa la hacía. corrí por todos lados sin lograr encontrarla. la de mores . deseaba. La señora era ella. corrí a Orizaba. Naturalmente yo no quedé conforme. Para mí era una aventura única. Poco a poco fui calmándome. Su alma sólo podía comprender lo que flotaba. toda a la pureza y al ensueño. unos años después visitando una hacienda. Mis días los pasaba reconstruyendo el tiempo que habíamos pasado juntos.” Un día. fui invitado por el propietario vecino para almorzar en su compañía. pues. preguntándome lo que había hecho.me decía y un beso interrumpía mi respuesta.“Si no te quisiera tanto y con tan puro amor. la misión de engendrar le parecía grosera.

la hacía mi querida. su mirada opaca y deslucida veía constantemente a lo lejano. expresiones donde claramente se comprendía que esa mirada distinguía ya las fronteras de la locura. Campos (Revista Moderna. Guardamos silencio largo rato. hubo algo como explicación. una mujer que tenía tres hijos en cuatro años que llevaba de matrimonio. lucía perfectamente los trazos de los huesos. me digo que efectivamente a mí e amor muy de eras y es la única aventura amorosa de mi vida que ha dejado algo aquí. mientras que al marido nada decía su corazón… pocos días después. deseando apartarla para siempre de mis sentimiento. asada con un bruto y siendo ella misma una ranchera. me juró que a mí me amaba.¿Qué piensas de ella dijo al fin Jorge? -Que era una romántica ridícula y que tú tenías veinte años y el coche se perdió entre los otros. Como callara un momento su amigo preguntó: -¿Y que hiciste?. la que había rehusad ser mi esposa. Habló lentamente primero. precipitándose. conforme fue avanzando en su narración las palabras fueron juntándose. comenzó a hablar. Su rostro desencajado. había en sus ojos reflejos singulares. queriendo matar la impresión de ternura que en mí había dejado.señalaba el corazón. Pero lo más curioso s que no pude lograr destruir ese amor y hoy no hago más que reprocharme haberlo intentado manchándola. conservo su recuero dulce. corriendo las unas en pos de las otras. . Segunda Quincena de Febrero de 1900) Cuando se acercó a hablarme estaba exageradamente pálido. alcanzándose y atropellándose.grandes. EL POSEÍDO Para Rubén M. amarillento. con cierta tristeza que me preocupaba. Sin darme tiempo para saludarlo y adivinando ya mi pregunta.¿Yo? Nada. luego.

muchas veces besé con unción las dos flores rosadas que como puntas de escudo. la ansiedad. Cualquiera y en cualquier hora es buena. en la calle yo no tenía ojos sino para ellas. más agradable al tacto que la carne perfumada? ¿Sabes un placer comparable. y pierde a fijeza de la mirada? ¡Ah! Amigo mío. tú no conoces un tormento y una delicia igual. y al encontrarme cerca de alguna sentía un malestar singular. entrar a la muerte desfalleciendo aún de satisfacción. la suavidad que yo soñaba cuando mis manos acariciaron su piel. se erguían. siento miedo. rodearon un talle de mujer. yo estoy poseído. Hubiera querido correr. tanto la revelación me causaba. mi ardor nunca ha sido tan excitado como en esos momentos. y ahora comienzo a temerla. más dulce. hecho para producir delicia hasta la muerte. “Mi frente ardía y mi pecho se sentía aguijoneado. las redondees. amar furiosamente en los límites de la vida. “Volví a ella al día siguiente. ¡su imagen se ha hecho la soberana de mi pensamiento! . “Al salir de aquel cuarto coqueto y perfumado me sentí lleno de un amargo desconsuelo. el calor del cuerpo amado. pero deliciosamente conducir hasta la muerte. para las manos. me tiene entre sus garras!. besaba en el vacío mientras mis ojos se entrecerraban a la visión de esas carnes blandas y rosadas. la redondez de sus senos y caderas. he temblado de terror y de delicia. yo. Mi abuelo murió al salir de la casa de una mujer. Mis sueños se realizaron. he deseado morir. las caricias. a todas horas y en todo los lugares. como el perderse en las ondulaciones de una cabellera larga? ¿Conoces abrazo más potente y más enervador que el de ella cuando se estremece y gime. fui descubriendo lo que desde tiempo atrás ansiaba. Desde muy temprano extraordinariamente me turbó toda aproximación femenil. Las he tenido en mis brazos. el canto de sus suspiros. las curvas. Unos momentos me sentía feliz como si poseyera algo muy deseado. “Un día -era al caer de la tarde. se clavaba devoradora en cuanto mujer pasaba. las veo siempre distintas. como si siempre algo nuevo fueran a revelarme. el sabor de sus besos. agotado. El espanto. en lugar de heredar el cansancio de sus excesos herede reunida la exuberancia de los dos. la blancura de sus gargantas. ¿y qué mortaja más hermosa que sus cabellos envolviéndote? ¡La mujer. me he sentido debilitado.me decía. ¿Conoces algo. y sin embargo no puedo.mis manos temblorosas y torpes. devorado. irremisiblemente poseído. no sé si pánico o alegría.continuó. mi padre se arruinó física y pecuniariamente por ellas. volví diariamente y desde entonces estoy hechizado subyugado. el rumor de su clamores agradecidos. o puedo huirle. me he sentido morir. mi sola dominadora. a solas en mi lecho. Verlas.más suave y satinado. comienzo a verle no sé qué de diabólico y maldito. La luz de una lamparilla roja cayó sobre dos níveas pomas de carne brotando de entre encajes y muchas. llevar en sus manos. glorificación de la carne.” Su mirada se avivaba se encendía. “Y lo que yo ignoraba de la mujer ¡Como me atrevía! Mis sueños de niño y de adolescente eran excesivamente lujuriosos. ¡Pero en un espasmo! Infinidad de veces. el molde de las líneas. Pero en la noche. se posaron rabiosamente sobre una nuca y lentamente con precauciones infinitas. o mejor dicho las me han tenido en los suyos -como tiene la ola al naufrago-.-“¡Qué quieres!. la ondulación del muslo ¡La esfumada línea que terminaba en un frágil y bien vestido pie! Dominios eran todos éstos de mis noches y de mis pensamientos. la visión de sus labios rojos y abiertos como una herida bebiendo mi aliento. la obsesión me visitaba.el secreto de mi desgracia (Que tantas venturas. adivinar sus formas a través de las telas. el deseo de una última caricia incomparable me ha latigado y me ha procurado la excelsa voluptuosidad: amar. en los supremos momentos he visto la muerte cercándome y sentido su ala. plenamente vencido por la mujer. las deseo locamente ¡Ah. otros triste como si algo muy querido hubiera perdido. viejo amigo!. mis labios se posaron ávidos. sin embargo me a causado) está en mi sangre en mi nacimiento. Las he amado de todas cuantas maneras se les puede amar: “son el animal inseparable.

siempre monótona. nada halagüeño te detendrá. Tú camino será sin sol. Ils ne voulurent pas partir. Ils ne sont jamais partis encore.Mira ¿no es gloriosa la forma de esa cadera? ¿No sientes que tus manos tienen prisa por rodearla. Segunda Quincena de Mayo de 1900) Tes yeux seulment demeurènt. A UNOS OJOS (Revista Moderna. oyó una voz que le decía: “Viajador que al pie de la ruta estás: levanta la cabeza y mira brillar tenebrosamente a Saturno. . las aguas de azules lagos no reflejaran a tu vista el cielo. No serán para ti los suaves recodos dulcemente sombreados. no te atrae ese cuello? Se encendió su mirada y abandonándome se alejó con paso precipitado y desapareció yendo en pos de la gloriosa forma de esa cadera. y en tu subida siempre igual. (Mallarmé Les Poemes d’Edgard Poe) Cuando el recién llegado iba a ponerse en marcha. tu etapa sin descanso.

sigue adelante”. Pero una voz. Su Luis vendría. dime si hay alo mejor que la limpidez de su brillo! Yo alumbraré tu camino. El viajador levantó los ojos y más blanca y hermosa le pareció la luz de los dos astros. aparecieron dos puntos brillantes. al tiempo que más claros brillaban los dos astros: “te engañan: tu destino no es tan cruel. se había aferrado a la esperanza. siempre pesados. deseando sólo llegar. recrearte en mi feérica claridad te será dulce. serás envuelto arrollado. no ha surgido para alumbrarte y en vano es que a su fulgor te acojas. la Luna que en él flota se fundirá. “Viajado que en mal día llegaste y al pie de la ruta estás: si acaso engañador fuego se levanta y brilla un instante. El viajador caminó muchos días oscuros como noches sin sentir otra cosa que cansancio. considerarte feliz en tu desgracia. sin embargo. las alas de dos cuervos se abrieron como parpados para dejarlo ver. durante días inmensamente largos y dolorosamente angustiosos. todo ello es un espejismo brotado para atormentar tu marcha de mañana. Ese lago tentador sólo es un sueño. volvería arrepentido para amarla y recomenzar esa vida ligera y alegre. y cuando la carga sea muy dura. Tu destino está escrito: si quieres en tu desgracia ser feliz. fuegos fatuos que el vuelo de dos cuervos descubrió.” Y el enlutado. No mires al fuego. siempre iguales. a tu paso nada encontrarás que te detenga. no quería soltar su ilusión. no los mires porque te arrastrarán. en la poblada huesa de la desventura. recuerda que tu destino es seguir. Durante semanas.” Y una voz decía en él. “Esos dos astros aparecidos en la negrura de tu noches. arrastrándose siempre. Segunda Quincena de Agosto de 1900) Aunque el alma se le partiera y asimismo quisiera engañarse aún. en lo alto del cielo. Luego paseo su vista fuera de la ruta.“Viajador que al pie de la ruta estás: puedes. no era posible ya. el rumor donde no hay arrebatos ni lobregueces! Y ¡Qué felicidad más grande que ver siempre la claridad de esos dos astros aparecidos para alumbrar mi camino. A sus pies sobre un lago la luna se mecía. la voz lóbrega que en el fondo de todo ser duerme. ya límpido feérico brillo hecho para alumbrar mi ruta. la voz suave se hará rugido. sólo vio la negra ruta en la que quedaban largas. ignorando toda belleza. no te detengas ni mires a un lado de tu camino. esos dos astros sólo te harán ver la belleza de un paisaje que mas dura y más densa hará la noche de tu camino. pertinaz viajero. el pertinaz viajero. la que grita con todas las fuerzas que al ánimo le faltan. y volviendo el rostro hacia atrás. balsa de la tranquilidad! ¡Qué mayor encano que oír el rumor pausado de esas aguas. y una vez llegado. marchó siempre inclinando. la que espanta. balsa plateada de la tranquilidad y del reposo ¡Ah! –Dijo él. en la honda. LA PRIMERA LÁGRIMA (Revista Moderna. viajador.aparecidos para alumbrar mi camino cuando ya mi espíritu desfallecía en las tinieblas de esa noche sin fin en la que caminaba. pobre pasajero enlutado. sin penas ni cuidados que durante seis años les había regocijado. . Si un viento contrario sopla. ENVÍO Ya seáis ojos de desventura. el peso de tu carga te aplastará. El camino no fue como antes negro. mira este fuego. esa tranquilidad tan sólo es aparente. dijo: “Pobre viajero.¡Qué mejor ventura que descansar blandamente a la orilla de ese lago donde la luna duerme. no lo mires viajero. seguir por el monótono camino hasta llegar arriba y caer aplastado por el peso que cargas. un viento puede soplar. quiso levantarse sin poder lograrlo: el peso era muy grande y muy dulce el reposo. sin que tu oscurecida mirada se vuelva desconsolada hacía atrás. ¡mírame bien. Pero he aquí que en la mitad de su camino. las huellas de dos pasos. El viajador se detuvo. interminables. yo iré siempre resplandeciente para ti. Al principio lo deslumbraron. desconfía. pertinaz viajero. muy densa la negrura de su ruta y muy limpio el brillo de los dos astros. son fuegos fatuos. las aguas se agitaran. os digo: -Sed benditos porque yo os amo. ningunos brazos se abrirán amantes para ligarte. pero bien pronto le pareció muy tibia y muy límpida su luz. la que domina. desconfía tristemente enlutado viajador. no los mires por que son fuegos fatuos que te arrastraran para hundirse en la fría. tú. negro viajero. No. Pobre viajero.

grande como la de la niña de arriba. ella buscando con la mirada inquieta. envenenándole el corazón. quien le hacía mucha falta. “Mamá. Veía los carruajes que pasaban con niñas lujosamente ataviadas y se soñaba una de esas escogidas de la fortuna e imitaba sus ademanes y elogiaba sus ropas. las deudas habían comenzado y para huir de la insolencia del carnicero. y a quién pasearía en carretela y arrullaría y dormiría. alegre. fruto del primer años de su amores con Luis y a quien éste parecía adorar.verás que muñeca más grande me trae. cantos y gestos que más y más enfriaban el alma de la madre. atrofiándoselo y dándole así valor para dejarla ahí sola sin despedida y sin recursos? Las lágrimas se le venían a los ojos al recordar el día en que partió. anduvo calles y calles. unos seis meses apenas. ciega a sus caprichos y tolerante a sus humores ¿Qué mujer se lo había arrebatado. comenzó. con la mirada alerta. y lo buscó en las oficinas de policía y en los hospitales y anduvo. contando mil graciosísimos disparates y preguntando por su papá. aunque su carácter fuera bastante sencillo. Margot reía a carcajadas al ver que el gato se desesperaba por no poder atrapar un ratón de hoja de lata que ella hábilmente le pasaba por las narices. Margot. a quien pondría Margot. salió dando un gran portazo y desde entonces nada había vuelto saber de él.y que no nos olvide”. la niña hablando sin cesar. Margot. La alegría bulliciosa de la niña le hacía daño. observándolo todo y comentándolo a su manera. porque le había ofrecido comprarte una muñeca. Recordaba las primeras noches y los primeros días. riendo de todo. al terminar. cuando su amor se resistía a ese abandono e imaginaba desgracias que sin embargo eran consoladoras: un accidente. Había en esa cabecita todo un enjambre de sueños de opulencia. aunque ni una mirada le dirigiera al partir. larga. a su cabeza vino no y la idea del abandono. una risa inocente de quien nada amargo siente ni sospecha aún. sin objeto. “Como nos ha de olvidar. Los deseos de ruptura que ella creía notar. si no la del problema del día. los niqueles de los arneses los colores llamativos de los pájaros prendidos en los . Señor.dijo al levantarse. creyendo verlo a cada momento. y la marcha pesada. adorable con sus largos rizos negros y su blanco pechito que la suelta camisa dejaba ver.añadió para tranquilizarla. gritaba desde la cama donde estaba arrodillada: “mira a Pistache. No quiso oír ni decir nada. y esa risa le hizo más daño aún. y cada momento recibiendo una nueva desilusión… Una risa sana. las semanas y los días habían pasado. La niña oró por su madre y por su padre ausente. el corazón latiente. una riña. tornándolo en cruel e injusto? ¿Quién se lo había arrebatado cegándolo. ¿De qué? Ella misma no lo sabía Vistió a la niña que charlaba incesantemente. ¡Cuántas veces se había vuelto con violencia creyendo oírla crujir! Cuántas veces sus oídos la habían engañado. no lo puede coger”. sin que ninguna mano la abriera por completo. ¿por qué. grande. Todas las prendas disponibles habían ido al empeño. la madre le dijo: “Pide que papá vuelva pronto… que u viaje no sea largo. una ligera falta en su ropa habían hecho estallar su rabia y su impaciencia. porque la había abandonado? Ella era sumisa y cariñosa. La exposición de sus proyectos la acompañaba de ademanes. la atraían sin embargo los brillos de las plumas y de las sedas. que tonto.Pero no. Los escasísimos recursos dejados por el ingrato. Pero. Una nada.” Salieron. como ella. quién lo había cambiado en tan poco tiempo. Cuando hubo convenido de vestirla la hizo arrodillarse ante una imagen de la virgen de los Dolores. determinó salir en busca de algo. se habían agotado. la sacó de las negruras de su tristeza. sin rumbo. ¿estás ahí? Y qué ansia y desolación al ver la puerta entrecerrada como antes. Caminaban al azar. mamá”. diciéndole: “Juana. sus ojos no lloraban ya y sólo se fijaban en la puerta que permanecía siempre entreabierta. se manifestaron claros. juvenil. una caída.

el piar de los pájaros. Ésta quedo inmóvil plantada ahí. temiendo arrepentirse. se repetían de distancia en distancia. No pudo más. y en ese momento. En los escaparates de las modistas se regocijaba más que en los de las jugueterías. Las horas sonaban. todo lo multiplicaba y a todo le daba vida. Dios se apiadó de las lágrimas de la niña y del sacrificio de la madre: “Seis pesos”. ni una súplica salió de sus labios. ir en pos el ingrato. en los días venideros solitarios y sin pan. una lágrima que fue como un puñal en el corazón de la madre que desolada había seguido muda. y para ello escogían los escaparates donde la verba de la pequeñuela crecía distrayendo a la madre. venia el pensamiento del mañana. guardaba silencio para no atormentar la madre. Sus ojos no se apartaron más allá de aquella graciosa figura de cartón hasta el momento en que. queriendo huir de la reflexión. La chiquita soñaba con él porque el padre se lo había ofrecido. puso el juguete en manos de su hija que esta vez sonreía al tiempo que lloraba. tal vez. quizá la primera amarga de su vida. yo sí. algo tranquilizaron el angustiado espíritu de la madre. En una de tantas paradas quisieron el malo y el buen destino -pues ambos se concentraron en esa ocasión. sin saber que dos días más tarde no tendría. De cuado en cuando. que le consolaba en sus aflicciones y adormecía las penas con sus fantasías. mira que hermoso roro ¿No quisieras tener uno así? Yo sí. Dios fue propicio. La frescura. rodó de los ojos infantiles. Cuando a su lado pasaba un cochecito lleno de encajes de entre los que asomaba una cabecita rosada. pidió una muñeca. como ráfaga negra. sin que una idea salvadora se le ocurriera. con expresión de infinita ternura: mira mamá. toda la escena. las risas juguetonas. al ver en brazos de otra lo que tanto ansiaba para sí. qué comer! Si no fuera pro ella. todo el drama que se vivía en el interior de su hija. . ¿Qué hacer? ¿A quien dirigirse? ¡oh ¡y esa niña inconsciente que soñaba despierta y arrullaba en su mente niños ricamente vestidos. La madre apenas pensaba en el día siguiente. como la niña se cansaba era preciso detenerse a cada momento. y sus ojitos querían agrandarse para ver más. una muñeca como la otra. violentamente. tanto la dicha de su hija la absorbía. los tendió. como a la niña le gustaban. Varias veces le había negado ese regalo en esos días. una lágrima larga y amarga. sin que un pensamiento. En la alameda se sentaron un rato. aconsejada por la ignorada la ignorada voz.que se detuvieran ante una hermosa muñeca rubia. pero lloraba porque en ese momento era la criatura más feliz de la Tierra. Buscarlo. pero no. ¿Quién sabe? Quizás el eterno reposo le volviera la calma. ¡oh desgracia! La brusca mano de un dependiente tomó el muñeco llevándoselo. Y de nuevo volvieron a errar. hasta que desaparecía como un bello sueño. Ella sin embargo no se movió quedo como consternada. pero su encanto y su delicia más grande eran los niños bien vestidos. sin el pequeño ser a quien adoraba. el ir y venir de las niñeras y los estudiantes. la pidió con voz temblorosa. decirle que su hija lo llamaba: ¿Pero donde encontrarlo? Lo había ya buscado tanto inútilmente.sombreros. toda su fortuna y de ellos debía pagar cuatro. temiendo costara más de lo que ella llevaba. no podía menos de extasiarse. La chiquilla era de una fantasía enloquecedora. como si una fuerza superior la retuviera. al ver desaparecer. En su bolsa llevaba seis pesos. vestida de azul y con un sombrero lleno de chillantes plumas. cuando una niña lujosamente vestida salió de la tienda con la muñeca en brazos. ni un palabra. penetró al almacén. permaneciendo fijos en el cochecito de encajes. pero todo su sentimiento y su dolor escapaban en una mirada de infinita tristeza y en una lágrima. como si hubiera perdido algo y luego al poco rato.

PIERROT (con además despreciativo): ¡Hum! ¡Para trapos estoy yo! No. con mi juventud y lozanía seré sabio. . Mueblario consistente en una pequeña mesa acompañada de desvencijada silla. me señalan en las calles.frou de sus faldas) COLOMBINA: ¡Pierrot.. Sus manos reposan inmóviles en los bolsillos del holgado pantalón. PIERROT (exagerando su gravedad): Lo encontré. compraré listones y unos chapines. Pierrot. Colombina. COLOMBIA: ¿Y luego? PIERROT (cortado): Luego… ¿Luego qué? ¡Seré un gran hombre.¡Poca cosa!¡El amor de las mujeres lo desprecio! Quiero. señora Colombina. ¿Quién te ha dicho a ti que para ser sabio se necesita estar viejo y encorvado? ¡Oh necedad! Yo. COLOMBINA: Di. nuestra situación ha cambiado por completo. asombraré a los mundos y mi nombre. tú Pierrot? ¿Tú. me colmara con sus favores. a quien conocí vagando por los bosques mirando el rostro de la luna? ¿Tú. sabio. señora Colombina. encorvado como esos que vemos pasar por el puente nuevo. y es hermosa esa señora? PIERROT: ¿La gloria? ¿Hermosa la Gloria? ¿Y lo preguntas?¡Oh. Entra Pierrot serio en su traje de inmaculada blancura. En su enharinado rostro se lee cómica gravedad. voy a cambiar radicalmente de vida. Señora Colombina. Escena Primera Una buhardilla deteriorada. una cortina con descolorido rameaje y numerosas manchas.. el nombre de Pierrot. su sagrado amor sólo lo dio a los dioses. Ella me amará que no hay duda. PIERROT: ¡Es inevitable! ¡Mi destino lo quiere! ¡Valor! (gritando) ¡Colombina! (La cortina de descolorido ramaje se agita y la aludida aparece haciendo resonar la franqueza de su risa y el frou. mi buen Pierrot! ¿Has encontrado aquello? (Sus diminutas manos hacen el ademán que vulgarmente equivale a monedas). Corramos. sonará en todos los países y relucirá en todas las historias.. viejo. quiero que sobre la tersa frente de Pierrot imprima un beso. es inmensamente joven e inmensamente bella. En el fondo inclinado.PIERROT ENMORADO DE LA GLORIA (Revista Moderna. Me haré una falda que brille de noche. quiero ser sabio. Seré su escogido. 5 de Agosto de 1897) Cuento en Cuatro escenas Personajes: Colombina. ser amado de la Gloria. fascina y sólo los escogidos logran tocar su mano. blanquísimo Pierrot! Alarga el brazo para que me apoye en él y juntos corramos al almacén de sedas. es etérea. me amarán! COLOMBINA: ¡Pillo! ¿No te basta mi amor? PIERROT:¡El amor!. COLOMBINA: (estupefacta): ¡Sabio! ¿Sabio. Arlequín. inexperta Colombina. eso es sencillamente absurdo! PIERROT: Sólo por no faltar a mis deberes de rigurosa cortesía he oído con paciencia vuestras disparatadas imprecaciones. atrae.¡El amor!.. dirigiéndose a la academia? ¿Tú. Pierrot. me enamorarán las mujeres. hermosa como no lo fue Venus alguna! Su amo. pero… COLOMBINA: ¡Pero! ¡Pero qué aguardamos. Es intangible. el Pierrot que dormía a quién mi pecho y dormido me decía frases amorosas? ¿Sabio el Pierrot de quien Arlequín esta celoso? ¡Vamos. Dominando mi corazón y mis perezosos instintos. encanecido.

Escena Segunda Colombina medita un momento. indudablemente tú has nacido para algo grave y grande. como dirán mañana las multitudes asombradas. COLOMBINA: aceptó la promesa galante. COLOMBINA (Coqueta): Puede usted levantarse. Colombina. ingrato Pierrot? PIERROT: Paseaba por una avenida de Luxemburgo y al ver los bustos de los poetas y las estatuas de las reinas me dije para mí: ¡Bravo Pierrot!. y si me promete ser inicioso y darme alhajas lo seguiré a usted. si con ello la ciencia gana? Y ganará por mí (con énfasis). quiero. el gran Pierrot. . causa de la discordia y la avidez de los hombres. serán del más alto y puro de los otros. señor Arlequín. Sin risas cantantes ni resonancias tentadoras podré meditar debidamente. bella mía. ¡Qué honra para él! Además. para obtenerlo tranquilamente he estrangulado a un burgués a un vil burgués. retortas de varias dimensiones y un alambique. Pierrot es un sin corazón que se burló de mí. frascos. niña mía! COLOMBINA (convencida): Vamos. un elixir de vida que me haga inmortal. el infeliz Arlequín a quien dejaste y que. caer las estrellas para con ellas rodear tu cuello. perlas para tus blandos pies. Escena Tercera Entra Pierrot seguido de varios mozos llevando paquetes. Ven conmigo. pero hoy. ARLEQUÍN: Tendrás. suspira y cuando sus juguetones ojos comienzan a nublarse. lo he oído todo. PIERROT: y ahora debo salir en busca de instrumentos y ácidos y mil cosas más. adorada Colombina. que te robó engañándome. Pierrot serio te lo promete. brillantes en tu soñado cuello y los cascabeles que te gustan y que te hacen reír. y el oro que indebidamente tal vez había adquirido. con tantas raras prendas¡¿Dejarás perderse tu nombre? ¡No! Y decidí ser sabio. COLOMBINA: y es que los droguistas. Colombina. COLOMBINA: ¿Y te olvidarás de mi cuando seas grande gran Pierrot? PIERROT: no. con esa juventud. Déjale ahí. ARLEQUÍN: Lo he oído todo. por Pierrot. Nunca necesité las monedas. para ti perfeccionaré mi invento dándole la eterna belleza. con ese ingenio con esa seriedad y ese filosófico desdén que por cuanto es fútil el cielo de ha dado. ¿Qué importa la vida de un burgués o la de otro hombre. futuros vendedores de tu elixir. te pide un poco de tu amor. vomitar las minas. tú aquí! ¿No temes a Pierrot. no recuerdas los puntapiés con que solía regalarte? ARLEQUÍN: No recuerdo ni temo nada. COLOMBINA (incrédula): Y ¿Qué harás para obtener todo eso? ARLEQUÍN: ¿Haré? Haré volverse al revés la Tierra. Arlequín. postrado a tus reales plantas. rubíes en tu diminuta mano. inventar algo. servirá para salvar ala humanidad. déjale y ven conmigo. la eterna frescura de corazón y la durable alegría. (Cae de rodillas). Nunca pensé trabajar por el lucro.COLOMBINA: ¿Y dónde has tenido tan peregrina idea. ¿Te han adelantado dinero? PIERROT: No. Como la mujer es la distracción y la banalidad y todo lo que es ligereza. Yo te amaré como te amó siempre Arlequín. (Sale). un brasero de los usados en los gabinetes químicos. señora Colombina. que a mi regreso esta habitación se halle vacía. Colombina. COLOMBINA: ¡Cómo. aparece envuelto y resplandeciente en múltiples colores Arlequín. Reirás y amarás mientras rías. no. o sé qué. quédese eso para los infelices cuya grandeza de alma es nula.

y pasmados sabrán que expuse mi vida por la ciencia. Pierrot los despide con señorial ademán. ¿Qué hacer? ¿Cómo olvidar al muerto? La verdad es que. pero debía haber comprendido ¡ingrata! A estas horas. (Volviendo a su gravedad): ¡Por la ciencia! ¡Todo por la ciencia! Mañana los periódicos gritarán: “Accidente a Pierrot”. PIERROT (incorporándose y con voz adolorida): No estoy muerto. qué pesadilla (mirando a todos lados). resultará lo que deseo. ¿Los mayores inventos no se deben acaso a la casualidad? ¡Ah! Cómo va el mundo a repetir mi nombre! Esa Colombina se ha marchado con Arlequín. ¡Estoy salvado! Me embriagaré esta noche y así ni veré más al muerto ni echaré de menos a Colombina. (Sentándose de nuevo se entrega largo rato a vaciar la botella. veremos… Yo seré el triunfador. yo te hice abandonarme. (Se sienta. mis pobres costillas el riesgo que han corrido. cuánta pena para se gran hombre. (Resuena formidable estallido. algún pobre diablo que ejecute mis órdenes. ¡no! ¡no! Yo le explicaré…Es que. Pausa prolongada durante la cual se oyen notas de música que se alejan cada vez más rientes. es cruel. Buscaré a un preparador. entonces. abandonar todo. no. seré dueño del mundo y entonces. ella con Arlequín!. juntos. es…es que yo necesitaba… ¡Favor! ¡Auxilio! (Sus propios gritos lo despiertan) -Dios mío. no! Aguarda. de buena escapé. ingrata! Es cierto. belleza. os dejaré envejecer. al matador. ¡Pobre Pierrot! ¡Quedará solo. debe estar frío. (Colocado ante el brasero. poca cosa. por el bien de los otros. ¡Santo cielo! Habrán encontrado al otro. ¡Estuviera aquí Colombina! (da una vuelta por la buhardilla y en un rincón tropieza con una botella)). aviva el fuego con un fuelle y tomando los frascos comienza a verterlos en la retorta). (Se pone de pie con señaladas precauciones). y momentos después comienza a inclinarse sobre la mesa). lanzando aterrador alarido). es que tengo miedo. recibir golpes. sufrir en silencio! Mi lecho me causa espanto. ínfimo Arlequín. PIEROT: a + B + a + B + B a menos. los he visto volver la esquina. no. traza guarismos al tiempo que habla. y rencor me guardas debías venir ahora para alejarte en las horas de estudio. los teóricos están buenos para las cátedras únicamente. PIERROT (estremeciéndose sobresaltado): ¡No. como una noche de tumba (se estremece). apoyando un brazo sobre la mesa.. pero veremos. aguarde usted. lo haré prácticamente. y recostado sobre él se adormece). las mujeres vendrán a pedirme juventud.. mientras yo rabio. y si hay hambre las caricias de Colombina no me harán olvidarla!. Pausa durante la cual la orquesta simula los avances de una marcha fúnebre. no (se palpa la caja del cuerpo). ¡Cuánto trabajo. lo hace flamear.¡Ingrata. a ti y a la ingrata. Desenrolla inmenso pizarrón y colocándose bizarramente ante él. ¡por la humanidad! ¡Ah cuán grande soy! (Acercándose receloso al brasero): Y sin embargo. ¿debo volver a hacer experimentos? Esperemos. ¿y si me pescan? . Vamos. pero no quiero dormirme sino perfectamente ebrio. Ahora (mezclando sustancias).Después que han dejado los objetos. ¡Maldito sueño! Y lo tengo. menos más igual a – (después de un momento de vacilaciones). vuelan vidrios y Pierrot cae a tierra. señor burgués. ¿No lo comprendías? La ciencia por la que lucho. ¡Ingrata Colombina! ¡Cómo ha tenido valor para dejarme! Verdad es que fui uro para con ella. solo. sus ojos brillan. “Pierrot a la muerte”. pero no para que me dejaras solo en los ratos de desvarío.

la veo. Vamos. ¡Mañana. sólo con el amor seré joven y alegre. ¿no es verdad. Pierrot. tú me ofrecías que mi corazón reiría y amaría mientras riera. Colombinita! (Se incorpora aburrido y toma de nuevo la botella) ¡El vino! ¡Cómo es generoso y compasivo! Crece en las campiñas. ¡Va! Te veo triste. COLOMBINA: ¡Pierrot. enlaza mi talle y sin cuidamos partamos. (Pierrot inclina la cabeza melancólicamente) Pierrot. ¿Cómo no lo has comprendido? Yo la conozco y te aseguro que es mala amiga. Pierrot. Colombina. mi talle aguarda tu mano: vamos y que las estrellas nos envidien y que la Luna ría de nuestro contento. (Juntos se alejan yéndose hacia las avenidas. es de noche. Las noches sin ella no son las luminosas rientes de otro tiempo. PIERROT (desolado): Pero ¿y la gloria? COLOMBINA (acercándose a la ventana y señalando el espacio): ¿La gloria? ¿la gloria? ¿Es que no lo es y muy grande amarse en una noche como esta? ¿No lo es ir unidos sonriendo bajo esos árboles y alejándonos muy lejos. va ahí hacia el río y sus risas resuenan tristes a pesar de que las siento alegres. pero ven. Pues bien.¡Colombinita querida. Pierrot. ¡Colombina. el perfume de los bosques y el amor nos harán eternamente jóvenes. los castaños florecen. suda bajo los abrumadores mediodías para caer olvidado en la bodega para sólo salir a consolar al triste. donde sus sombras confundidas van huyendo cada vez más luminosas y más radiantes) Julio de 1897 . no te arrojaré más de mi lado. los brazos de tu adorada Colombina se abren para estrecharte. ¡Ha reído tanto a mi lado! Escena Cuarta La puerta se abre bruscamente y Colombina aparece radiante. pero no puedo tocarla. sonando cascabeles. me tenía envidia y celosa de nuestra felicidad ha querido apartarte. pero Colombina también. toma mi brazo y habrás alcanzado la gloria. la vanidad es mala consejera. la Luna brilla sobre los tejados y platea las avenidas. con el amor. ven para que tenga compañía para que me hagas reír y para que tenga con quien hablar y a quien murmurar frases de esas que aún al propio oído acarician. y darle olvido. pero ahora… (Por la pequeña ventana entra un rayo de luna) La veo. cada vez más unidos? ¿Conoces aureola más resplandeciente que la de esa Luna que corona nuestras cabezas? ¿Conoces música más imponente que la del viento cantando entre las ramas? Pierrot. mucho olvido. ¡Vamos! Toma mi brazo. el silencioso Luxemburgo nos aguarda. amigo mío. hermoso Pierrot! ¿Eres ya sabio? ¿Has descubierto el elixir de la vida que te hiciera inmortal? (Pierrot suspira dolorosamente). Te hago falta. desdeñoso amigo? La gloria es muy hermosa. amigo mío. mañana! ¡Cuán largas son las noches sin Colombina! Durante el día el estudio me recompensará. sabio Pierrot. espléndida de juventud y alegría. tú me ofreciste la juventud.

PIERROT Y SUS GATOS (Revista Moderna. Sin saber porque sentía aversión a lo que diariamente frecuentaba. Las rachas heladas soplaban a cada momento barriendo la nieve. al considerar el vacío que su indiferencia le formaba. contra sí mismos. Difícilmente hubiera soportado la conversación de un clubman. él que todo desdeñaba. Hubiera querido ser el primer venido que frente a él pasará. sus zapatillas se hundían. sentía que en su vida faltaba algo. él que había alcanzado la suprema filosofía y la más completa impasibilidad. sin encontrarla. arrastrándose y desarrollándose entre flores. Llenó sus bolsillos de castañas calientes y metió en ellas las manos para abrigarlas. azotándola sobre los transeúntes. Pierrot. Pierrot sentía spleen. soles caídos en el agua donde navegaban culebras luminosas. Pierrot estaba triste. levantando las faldas y haciendo volar las paraguas. En esos momentos. Se irritaba contra los paseantes. sentir como él. golpeando cristales. se había lanzado en plena calle cuando los mecheros de gas comenzaban a encenderse. un cabotin o una cotte. El Sena profundamente negro reflejaba las luces de sus bordes que cintilaban y serpenteaban produciendo un cuadro feérico: parecían inmensas flores fosforescentes. mostrando sobre sus ramas áridas que se levantaban como brazos que imploraran algo como boas extendidas y que sólo era la nieve reposando en el lugar de las hojas. La mancha blanca de la túnica de Pierrot seguía avanzando como una ráfaga de nieve que el viento fuera empujando. una golondrina blanca huía desapareciendo entre las arcadas de los puentes. hostias de oro. escuetos. risas parecidas a cascabeles y frases parecidas a besos. Bajó hacia los muelles. llorar y reír como él. Bajo sus pies todo era blanco y blando. considerando la naturaleza vestida con su propio traje. desolado por la frialdad y el abandono de su buhardilla. necesitaba algo que le amara. se irritaba al pensar en su carácter. crisantemas del amarillos más excelso. 12 de Junio de 1898) El invierno se presentaba excesivamente frío y más que frío desagradable. se le hacían antipáticos. De cuando en cuando todo aquello era roto por el paso de un vaporcillo. La Luna también le era esquiva esa noche y su tristeza en aumento. llenos de risas. continuaba su marcha con los ojos fijos en la silueta de “Notre Dame” que a lo lejos se recortaba en la negrura. de colores y de ruidos. Pierrot que no creía en el amor. Sentía una de esas melancolías inmotivadas que caen sobre nosotros como una lluvia negra y hacen pensar en la enlutada que se obstinara en agarrarse a nuestro brazo siguiéndonos a todos lados. contra el ruido. recordó sus hazañas y sus penalidades y otra vez el pliegue desdeñoso de su labio apareció. algo que le hiciera salir de su aspereza y de su desprecio por todo lo humano. Levantó la vista para buscar a su amada y su consoladora. repletos de gente. frases y voces. Al llegar a la estatua de Enrique IV se sintió fatigado. de faldas y de fracs. a los cómicos. Pierrot caminaba preocupado mirando los árboles secos. astros y soles. En el alma de Pierrot se levantaba una de esas amarguras sordas y silenciosas que consumen a los payasos. se irritaba contra su mueca burlona. arrancando pedazos de pizarra en los tejados. a los vendedores de risas que constantemente tienen que llevar una máscara. miró al rey galán. su cuerpo parecía una de esas ráfagas que el viento levantaba. Los cafés encendidos. Y Pierrot algo halagado por la pureza del color. era uno de esos raros momentos en que echaba de menos las caricias de Colombina y Colombina reía sin duda en alguna salita donde hubiera luces parecidas a estrellas. haciendo una mueca desdeñosa a la temperatura echó a andar apartándose de los lugares bulliciosos. a los humoristas. contra el frío. pensar. llevando . luego.

ligeramente agudo. Sus manos son suaves.¡cosa más singular! Nunca había yo pensado… Tienen razón en buscarme pues algunos puntos de contacto tenemos. parecido a una ráfaga de nieve y seguido de tres gatos negros cuyas miradas fulguraban como chispas de carbón encendido. tres gatos que avanzaban tímidos. tres gatos que parecían preguntarle:¿Nos quieres a tu lado? Y Pierrot quedó absorto. son soberbios y difíciles de domar. “El carácter de los gatos…-se dijo. cuando se cansan vuelven el rostro y se alejan con pisadas lentas y señoriales. reían en constante histérica carcajada y su sueño fue siendo más denso. a ese maullido siguió otro. y en mis momentos de debilidad me enseñaréis a recordar el orgullo. Un maullido débil. cuatro. desdeñosos y afectos a lo suntuoso. y vio infinidad de cuervos picando cerebros vacíos y vio cuerpos desnudos de mujeres hermosas de los que las carnes caían en podredumbre mientras los labios rosados reían. sus actitudes son distinguidas. cariñoso. Son caprichosos. blancos a menudo. A una caricia responden hurañamente con un araño. Seréis mis compañeros. con coquetería de señorita. le despertó. más denso. Venid y alegrad con vuestras voces mi buhardilla. Gustan de la noche y se aman a la claridad de la Luna. El sueño comenzó a rendirle y soñó cosas caprichosas y pierrotescas: vio infinidad de fracs pendiendo de los árboles como ramilletes. son desinteresados. son orgullosos y despreciativos. Tres gatos negros resaltando como manchas de carbón sobre el pavimento cubierto de nieve. y luego otro. ricos. Acompañan al hombre. como nota escapada de una cuerda demasiado tirante. regocijadme con vuestras posturas elegantes y con vuestros gestos dignos. seis ojillos redondos y luminosos se clavaron sobre él mientras los maullidos continuaban lánguidos como suspiros de mujer. lo toleran mientras les place. . Pierrot miró asombrado y dos. le rodeaban. Como yo son esquivos.la tristeza de la miseria humana atravesó para sentarse en el umbral de una de las puertas de Notre Dame. Pierrot se levantó. y cuentan que algunos parisienses pudieron ver el singular espectáculo de Pierrot caminando en pleno invierno.

bajo un gran árbol y cerca de margaritas blancas y rosas púrpura. Al final de una vereda. rápido. había estatuas de diosas y de musas. mientras las lamas. Pierrot continuaba durmiendo. brisas que acariciaban. el jardín del “Sueño de una noche de verano”. menos identificada con el Pierrot travieso. entraba en sí mismo. tiñendo el ambiente. Veíase por extraño fenómeno en ese bosque. parecían unirse para gozar y ayudar al bienestar. matices de hojas y de flores que atraían la vista para retenerla y seducirla. Pierrot se humanizaba. su mano estrechaba una rosa. asombroso! La del mundano Pierrot. más simétrico. filtrábase una luz que flotaba y envolvía. las campánulas se agitaron y un rostro picaresco de mujer. Soñaba. menos coqueta. sus sonreían mientras él soñaba. recordaba pasiones llevadas hasta el dolor y hasta la muerte a fuerza de ser intensas. se despojaba de su máscara irónica y se sentía lírico. De cuando en cuando sus labios balbuceaban algo que no se oía y su mano. Una enredadera cargada de campánulas azules que como una cortinas se extendía entre varios árboles se abrió. Algunos árboles inclinaban sus brazos hacia esa móvil transparencia. mientras. el de Oberon y Titania y las travesuras de Puck. iba oscureciéndose. mientras un dedo blanco y redondo se colocaba en los labios con ademán de silencio… luego las hojas se cerraron. la falda de seda crujió y allá lejos. se había adormecido durmiendo. Enero de 1899) En el bosque aquél. flor. Y mientras la rama y la hoja. la tarde descendía lentamente para disfrutar también de su parte en el encanto. el arrollo se regocijaba y quería ir hacia el perfume. dos ojillos pequeños y vivos como los de un ratón.LAS NUPCIAS DE PIERROT Para el Pintor Julio Ruelas (Revista Moderna. el polvillo azulado que bien hubiera podido ser molidos trozos de cielo. pero la soñaba distinta.¡inocente!. sonrieron entre las apartadas hojas. hacía el ademán de acariciar. la flor y el fruto bebían la frescura y escuchaban la canción del arrollo. las campánulas se agitaron de nuevo. Dejaba la parte que de Pierrot tenía para conservar engrandecida la de poeta. frescura. emanaba. llenándolo de un polvillo azulado que hacía pensar en molidos de trozos de cielo. condensado en una sola vida. En su sueño. era más maternal. una figura blanca. había tritones y sirenas que arrojaban chorros de agua . y todos. enternecido. Ala tarde seguía descendiendo. bosque de ensueño y de ilusión feérico. era ¡Oh. un rostro pálido. se hallaba adormecida. más cerca del arte que de la naturaleza. pero más ordenado. las hierbecillas de los bordes se doblaban dejándose llevar como si se entregaran. que escapado sin duda de alguna orgía. que huían besuqueándose las nucas. Mezclábanse a la cadencia desordenada del chocar de las hojas y al murmurar incomprensible y atrayente de los pájaros. menos picaruela. como coloridas y complicadas telas de araña. que conservaba una sonrisa. Por entre os recortes de las ramas y las hojas. en un jardín semejante en algo. por entre las mallas de los árboles que. había aromas que retenían. más denso. las risas del arroyo al juguetear con las piedras redondeadas y cinceladas por su caricia. transformada casi.con esa misma colombina que huía y cuya mano había estrechado momentos antes tal cual ahora estrechaba la rosa. luminoso. perfume. daban sombra. que entre margaritas blancas y rosas púrpura. arrollo. y aquella figura blanca. preciso. de reinas y patricias. había ido al bosque y se embriagaba con su perfume. Sentía deseos de amar y de ser amado. sensible. caída sobre una manta de rosas. al final de la vereda aparecían presuras las siluetas unidad de Colombina y Arlequín. no quedando de ella sino la belleza. Como flechas cruzaban pájaros lanzando un piar agudo. o más bien. Surgían en medio de sus sueños las ideas de grandeza y de hermosura de las que su gesto se había burlado. a la dulce tibieza que todo el bosque. haciéndose más cerrado.

puesto que mis pasos siguen muy cerca de los de la muerte. cuando miró a Pierrot. -Llámala el Ideal. Cortó la rosa. Voy besando frentes que serán mías hasta que Ella quiera recogerlas. por eso. cosa que jamás había oído de labios de una mujer. su vieja amada. todas las promesas.pensó. Un viento fresco comenzaba a soplar. Por que lo que veía sólo podía se en efecto. y muy marco el estupor en su lívido rostro. desde hoy es tuya. Yo sigo mi ruta.” -¿Y se llama?. enlazaban los cuellos cuando las aguas estaban plateadas por la noche y en ellas flotaba la luna. porque he penetrado al fondo de tu alma lírica y hermosa. de una forma que era la negación de la forma. en su gran cabellera luminosa. aunque muy abiertos estuvieran sus ojos. los bronces y los oros de crepúsculo que luchaban a lo lejos sin querer acabar de hundirse tras la montaña. Se sentía sin deseos de nasa. Soy la Locura. paseaba o cantaba o se adormecía a su lado.preguntó Pierrot un poco repuesto de su asombro. en lo que la revestía. muy extraño también había todos los colores. . diciéndole cosas muy suaves. quedando ahí. creyó que de nuevo soñaba. como venidas del más allá.muchas veces he estado a punto de besar tu frente con mis labios que abrasan y queman. Cerca de él pasaron Colombina y arlequín. pero perfectamente armonizados. semejante a la de él. muy poco faltó para que la palabra Colombina saliera de sus labios pero se contuvo. Ya el sol iba a morir. pero sonreía y sus enigmáticos ojos parecían contentos de mirar y de vivir. mi eterna ruta. incansable. -Qué loco soy. cuando Pierrot despertó. atrajo hacia Pierrot a la dama de los cabellos resplandecientes y la sonrisa inexplicable. había estanques donde cisnes de una blancura. He traído para ti. la muerte acaso. sólo en su sonrisa había algo que no podía expresarse humanamente. la que él soñaba. quiso recordar algo y se volvió haciendo un gesto de resignación y melancolía al ver que sólo estrechaba una flor. las horas jamás se terminaban midiéndose. sin que se supiera sin por ella misma o por el oro que flotaba. mirando a lo lejos y respirando con satisfacción. hundirse en algo desconocido. pero que a veces suelen ser dulces. Su aspecto era enfermizo. Conozco todas tus secretas amarguras y tus secretos más secretos aún. De su sueño no le quedaba sino el perfume y la vista de alguno que otro resto de paisaje. Haber visto el más tormentoso mar donde sólo hay el más apacible lago! La dama de los ojos dilatados y aspecto enfermizo. Pierrot la siguió con los ojos sin poder distinguirla. Un momento sintió impulsos de llamar. En medio de un suave resplandor de oro había dos mujeres. Y su amada. pasaban lentas. La otra parecía ser su hermana. parecía otro hombre o que jamás los había conocido. muy extrañas. A poca distancia d ellos caminaba una figura oscura que él creyó reconocer.¡El dolor y la dicha caminan a veces tan de cerca! No lo he querido porque tú sufrirías tal vez. deshecho. La una llevaba un traje excepcionalmente extraño. abigarrado. En ese jardín había un inmenso reposo. en los ojos de esa mujer había todos los caprichos. en los rincones ocultos y sombreados había faunos que extendía ávidos sus nervudos brazos o que entristecidos tocaban la syringa. lleno de apatía y atolondramiento. pero antes de partir quiero celebrar tus nupcias con mi hermana. esos ojos que lo habían trastornado y que expresaban ahora la más completa tranquilidad. y unió sus manos mirándolos largamente. enviaban algunos resplandores al bosque solitario. Vio o comprendió más bien que una mano lo detenía. había flores como las de aroma venenoso y estrambótica forma que Pierrot viera en su jardín soñado.azulada por sus bocas de mármol. de aromas venenosos y estrambóticas formas. “Pierrot dijo luego. las dos mujeres más extrañas que los poco asombradizos ojos de Pierrot hubieran jamás visto. sin moverse. en las enramadas.sin duda mi cerebro no anda bien. Pierrot sintió vértigo. pero el nada sintió al verlos. la olió y la conservó en sus manos. visión de un sueño. todos los ensueños y las quimeras. una hermana más bella. había grandes y esbeltas balaustradas sosteniendo jarrones donde entre el bronce ennegrecido brotaban flores exquisitas y raras. perezosas como si l tiempo temiera introducirse en medio de tanta dicha temeroso de retardarse. Un momento llego en el que Pierrot. Llevó una mano a su frente. y después de un momento volvió abrir los ojos pudiendo mirar sin alterarse. Bacos que sonreían satisfechos en su pedestal sin cuidarse del sol que los tostaba. lo miraba con ojos tristes y dilatados en lo que parecía verse viva llama. no hablaba y en su frente había la obsesión de una idea fija. creyó perderse. una esposa que va a darte la tranquilidad y la dicha que hasta hoy no has conocido ni un momento. En las viñas. dijo la Locura alejándose.

Siguió a su nueva esposa a quien sentía haber amado desde hace mucho tiempo, pensaba todavía en esa figura hasta que al llegar la noche y distinguir a lo lejos y brillo especial dio un golpe a su frente, diciendo: -Ahora recuerdo, es la muerte, pero contigo nada tengo que temer ¿No es verdad, alma mía? Un beso cerró sus labios

EL GESTO DE PIERROT A Oscar Held (Revista Moderna. Noviembre de 1899) Sentado en ancho sillón de cuero; con los brazos colgantes, las miradas extraviadas, pálido, exangüe, Pierrot iba a morir. Después de un momento de amargo abatimiento, de convulsiones e inquietudes levantó los ojos. La ventana se abrió amplia, y dentro de su cuadro se extendía el más puro azul y se levantaban las flechas de Notre Dame. Los ojos de Pierrot veían con indecisión, como el que algo quiere recordaba sin lograrlo… Hubo, sin embargo, un momento en el que los ojos se iluminaron, la mirada adquirió brillo y se fijó en lo lejano; los labios se agitaron, temblaron, y un singular monologo, un silencioso soliloquio comenzó a resonar, semejante a zumbido de mosca. “Va a acabar- entreoíase- va a acabar mi vida luminosa, accidentada, gloriosa para el mundo. Pierrot, su silueta blanca, sus gestos, sus agudezas, bien pronto no serán sino un cuerpo muerto, flotando en un sueño muy negro, muy vago, muy misterioso. Siento que por momentos avanzo hacia la gran desconocida, hermosísima virgen o desenfrenada furia tal vez; siento que me hundo, que me pierdo, y a ver este París donde he triunfado, donde he reído –aparentemente- donde la ámpula de mis agudezas y el dolor de mis carcajadas me han hecho célebre; al ver la ciudad de mis encantos y mis solitarias tristezas, me siento con la necesidad de lanzar el grito que siempre he contenido, con deseos de arrojar el dolor de lo que siempre me oculto: mi gesto.” Pierrot tuvo un ligero desvanecimiento, creció su palidez, perdieron todo carmín sus labios, pero pasado el espasmo, continuaron débilmente sus labios esbozando una sonrisa: “Yo amé. Entrecerrando los ojos, tengo los visiones de parques luminosos, de avenidas a media luz que tenían tapices de negro y plata -sombras recortadas de árboles; luz de luna-; tengo visiones de noches pasadas en suaves pláticas, en pláticas de esas que se murmuran haciendo estremecer un oído blanco y satinado. Mis manos creen todavía estrechar un talle muy frágil. Mis labios buscan ¡ay! En este momento esos labios de los que me gustaba beber el calor… fascina “La luna- ¡Oh! Mi escogida- no apareció esa noche; el parque, St. Cloud, yo creo, estaba oscuro; cuando buscó mi brazo el talle y mi labio el labio, sólo encontré una vista helada y el vacío; a lo lejos una mancha blanca resaltaba en la negrura huyendo, y una risa, una risa alegre como cascabel, y que harto conocía yo, se alejaba sonando en mi oído como un toque funeral. Levanté el puño, quise herir, y me hirió una rama; quise

correr, y las piernas me flaquearon, quise gritar, pero mi garganta, seca y apretada, se negó a obedecer. Entonces, no pudiendo hacer otra cosa, levanté mi rostro blanco hacia la negrura del cielo, lo vente lentamente como una hostia y mi gesto, el gesto de desdén, de supremo desprecio, el gesto que era rencor y era impotencia, se grabó por primera vez en mi faz, para quedar fijo como un estigma. “Conocí celebridades, visité generales, ministros; glorias de un día, popularidades callejeras, bellezas en boga, humos dorados. Penetré en lo intrincado de los corazones y el misterios de los cerebros: encontré vacío y miseria, necedad y egoísmo. “Mi viaje a la intrincada selva de las pasiones, fue quizás más amargo que del sublime florentino de los infiernos. Salí de mi tenebrosa excursión con el rostro arrugado, con los cabellos de punta, con la más triste de las fatigas y el más angustioso de los ascos. “Después de estrechar manos ilustres, después de ver rostros irreprochables, después de que mi ojo picaresco y profundo se hubo fijado y mis labios hubieron lanzado su frase cruel pero envuelta en alegría, no encontrando manera de expresar mi sufrimiento y mi desengaño, mi frente se frunció, mis labios se plegaron, y sonríe… amargamente. “En un momento de delirio, de extravío, pero que entonces fue entusiasmo para mí, soñé con la gloria. Me vía aclamado, conducido por las multitudes, bendecido por las generaciones. Las trompetas de oro lanzaban a los vientos sus arrogantes sonidos en loor mío; los ojos de las mujeres iban a mí. Fue el más hermosos de los sueños, el cuadro más feérico más deslumbrador… y también el más cruel despertar. Me reí de mí, de mis ideas y mis sueños, me reí al ver por el aire el castillo de naipes con tanto trabajo y con tanto amor levantado un día antes. “En mi amargura y mi desolación no creí despertar de un sueño, sino de una pesadilla; el cuadro un día antes relumbrante semejaba el amanecer de una orgía; tenía las oscuridades y los horrores de un brillante escenario apagado y desierto, cuando las ramas, las árboles y los castillos, sólo son lienzos desgarrados y esqueletos de madera; cuando la ficción aparece con todas las crudezas de la realidad. “Mi rostro dibujó el gesto. Los tambores resonaron y levantáronse las banderas, convocando a los hombres para defender algo que todavía entonces yo llamaba patria. Conocí las rudezas de las marchas forzadas, fusil al hombro, con la mochila en la espalda y hambre en el estómago. Fui traído, llevado, conducido como una res. Me sostenía la esperanza de las fanfarrias heroicas resonando en los campos de batalla, me atraía el fulgor de los colores nacionales desplegados, de las águilas iluminadas por el rayo del sol y la victoria… y conocí también el despecho de verse mandado por jefes ineptos y estúpidos, que negociaban con sangre y con vidas, que llevaban una espada donde debían llevar un grillete, que fingiendo conducirnos a la victoria, nos llevaban a la vergüenza y a la traición. “Humillado, mi rostro palideció y mi mueca expreso mi desprecio. “Sublevado por la miseria de algunos y la insolente grandeza de otros, atraído por la magia de la palabra de algunos fingidos apóstoles, quise ir al servicio de la verdad y la indigencia, ayudando al desvalido. Mi no se levantó para lanzar la bomba, que destruyendo vilezas, abonara la tierra para un porvenir de felicidad y regocijo, para una edad de oro en donde la paz reinara y se desconociera el abuso. Todas mis fuerzas y todos mis carios los consagraré a la nueva causa. “Y las cabezas rodaron; tiñose de noble sangre el tablado y la cuchilla; cayeron dentro de la canastilla cabezas de fiero gesto, y mientras lo que habían trazado el camino, ese camino de muerto por el cual ellos no cruzaba, se alejaba, desaparecía, mientras la hija lloraba al muerto que era conducido allá, a un ignorado rincón del cementerio, con la cabeza trochada entre las piernas.

“Mi arrepentimiento y mi cólera sólo pudieron manifestarse por el gesto… ¡Entonces hubiera expresado desolación! “El gesto nació ahí, en la oscuridad de un avenida, por cuyo extremo huía una figura amada; el gesto que entonces se fijo en mi faz, como un estigma lo he llevad durante el resto de mi vida. Ha sido una máscara a los ojos de todos, un sentimiento en mí, algo de ligero oleaje que aparece en la superficie cuando una lucha se agita en los fondos. En las noches, cuando me alejaba del bullicio, cuando dejaba gabinetes galantes, bastidores y redacciones de periódicos, cuando ansiaba perder de vista los mecheros de gas y los anuncios de diversiones obscenas, iba allá a las calles más oscuras y los muelles más desiertos; entonces, al sentir mi alma entristecida, al sentir en mí le vacío y la nada, levantaba mis ojos al cielo, buscando algo; su inmutable silencio; su cruel indiferencia, hubieran arrancado un clamor a mi alma; pero al considerar que sólo el eco de un negro silencio me respondería, elevaba mi gesto a la Luna, ese gesto que ha sido la expresión de toda mi amargura y de toda mi impotencia.” Pierrot se estremeció, abrió los ojos muy grandes, y luego su cabeza se inclinó sobre el hombro blandamente, como con resignación. Cuando quedó inmóvil, en su labio había la mueca y en su frente la arruga. ¡EL Gesto!

CAPRICHOS DE PIERROT (Revista Moderna. Primera Quincena de Octubre de 1900) Uno de los más inmemorables días para mí es ese en el que conocí Pierrot. ¡Lo había deseado tanto! ¡Había seguido tantas veces su virginal figura por cafés y callejuelas! Nunca dejaba yo de buscarlo: cuando la tarde caía, estaba seguro de encontrarlo en el Café Riche o en cualquier cervecería de la rue Royale. Serio, con una seriedad algo afectada tal vez, bebía a pequeños sorbos un ajenjo espeso. De cuando en cuando sonreía a un transeúnte o miraba hacia un carruaje desde el que guiñaba el ojo una hermosa galante, compañera probablemente de la anterior noche blanca. Él, me intrigaba y me atraía, su verba ecléctica, variada, con una animación tan cambiante, producía en mí un afán exagerado de escuchar libremente sus paradojales propósitos. Esa anoche, cuando menos lo esperaba, lo vi aparecer, no sonriente ni malicioso como en los Boulevares; su aspecto era cansado, estaba mas pálido que de costumbre; pero al entrar claramente vi en su rostro el esfuerzo por contenerse y componer lo abatido de sus facciones. Muchas veces debía haber leído en mis ojos el nada disimulado interés con que siempre lo seguía. El lugar de encuentro era en esos momentos harto monótono y triste: un cafetín de la rue Monsieur le Prince, refugio de estudiantes trasnochadores, cocottes sin marchantes, poetas inéditos y futuras glorias del Salón; a esa hora, las nueve de la noche aproximadamente, se hallaba casi vacío. Pierrot paseó su vista por la soledad de la pequeña sala, observo con aire familiar a los mozos que bostezaban mirando los vidrios de tosco colores, hizo un además desdeñoso a unos viajantes de comercio que con gran estrépito de voces juraban discutiendo asuntos de los que nada entendía, y luego avanzó hacia mi mesa.

Aunque no del todo tranquilo. brotó arrancada por Pierrot. con gemidos de gato en brama. En cualquier caso angustiosos. como decía ese nada ilustre soberano que se llamó Luis trece. y a quien cupo la suerte de aburrirse reinando sobre este hermoso pueblo francés que tan alegremente supo divertirse. ver la Luna reflejada en ese estanque. y fue a sentarse frente a un desvencijado piano que yacía olvidado. -No temáis. Al lado de la danza más impetuosa. fastidiémonos juntos. unía rítmicamente todo eso en algo que uno no se explicaba cómo podía ser ritmo. danza de furia o de bacante. hacéis bien. La Luna se filtraba entre las hojas y vagamente iluminaba la columnata corintia que desprendía a los lejos. de la misma manera que había entrado. llegamos hasta al parque Monseau. Vamos a uno de “Mis jardines” y andando largo tiempo que fue para mí corto por las mil anécdotas y burlescos cuentos que a medida que avanzamos narraba. con risas de clown histérico. os daré buenos consejos que no oiréis. con arranques de pasión. cuando se haya concluido recordad que tenéis un amigo aquí presente. allá. ¿pues qué?. envolviendo mi espíritu en el vertiginoso espiral de sus desaires. Ahora charlemos de otra cosa.moralmente se entiende. Iba de un asunto a otro sin titubear. en el fondo del cafetín exclusivamente destinado a ser un fiel y humilde guardador de polvo. Pierrot tenía momentos de enloquecedora verba y .parece que os fastidiáis.me dijo. más arbracadabrantemente original. La música más extraña. se introdujo entre dos rejas tal como hubiera podido hacerlo el más hábil cazador furtivo. Pierrot lloraba y cantaba.-Joven. Los sonidos que bajo cualquier otra mano hubieran sido disformes. sin embargo. Mientras. Pierrot y los cisnes son los únicos dueños. y era al mismo tiempo algo que acariciaba o sacudía los nervios. sabía unirlos él con un arte sólo suyo. Evocaba paisajes con una palabra y facciones con un gesto. Fue deliciosa para mí esa noche. abordando todo y dorándolo todo con el encanto de sus expresiones. poco hecho ya a abordar melodías. ¿pueden acaso impedirnos pasear bajo esos ruinosos arcos. música verdaderamente pierrotesca -me decía yo. haciendo además de silencio. a estas horas sólo Pierrot pasea en esta escasa porción del Edén. seguí a Pierrot por avenidas y veredas. La reja estaba cerrada. Después de un rato se levanto del clavicordio como se había levantado de la mesa. Veréis como me rodean: son mis amigos. Vos sois joven. os mostraré bellas flores y si el caso llega os ayudare con sonoras consonantes. y en un momento inesperado se levantó. venía coronas funerarias y trenzaba guirnaldas nupciales.sin poder volver de mi asombro. soy vuestro amigo. cuando después de vacilaciones y trabajos logré estar a lado suyo. y listo. del gemebundo instrumento. o conmover con rondeles a las flores mientras ellas nos acarician con sus perfumes y sus colores? ¡Jamás! Pero no hay cuidado. y tomando mi bazo. Pierrot unía. sin preámbulos ni ceremonias. me saludó desde lejos y se alejó de de la misma manera. -La noche promete ser hermosa y me siento algo lírico decía-. se burlaba y se dolía. excéntricas como las piruetas de un Hanloo Lees. pronto lo convencería de que sólo hacemos algo muy justo honesto y permitido. debéis gustar de hacer versos. Era el dislocamiento de la armonía y de la pauta.si acaso algún guardián nos sorprendiera. y acostumbrado sin duda a esa original aunque peligrosa manera de entrar a lo que él llamaba uno de sus jardines. pues bien. Me informó de cosas a cual más picarescas. ¿En qué os ocupáis? ¿Ensuciáis telas?.. sin esperar siquiera que terminara mi bebida. las notas continuaban desenvolviéndose. me condujo a la calle. y hacedlo durar el mayor tiempo posible. Y no hablo de otra cosa sino de muchas otras embriagándome.me dijo. Pierrot llevando un dedo a sus labios. me llamaba con su gesto. venía el más lúgubre miserere o la romanza más pasionante. conmovido por el misterio que se desprendía del silencioso y poco iluminado parque.acudir a Pierrot. ¿emborronáis cuartillas o maltratáis las cuerdas de un violín y los oídos de nuestros vecinos? Vuestro aspecto me hace creer que os alimentáis aún de ese engañador panal que se llama el ensueño.

cuando las doce fuéronse repitiendo de campanario en campanario. Pierrot me abandonó dejándome con la impresión de algo inverosímil o soñado. tomaba un aspecto de fantasma. sin embargo. genuflexiones de un cura a quien tiemblan las piernas. hasta una puertecilla baja que apenas si podía distinguirse. y tomando mi brazo. y de improviso hizo estallar un fósforo que aclaró de lleno su rostro. tambaleándome. daba un tumbo cada vez que trataba de subir. ¡produjo en mi un verdadero espanto! Fui tras de él. y cuando la puerta gimió al girar. siguiéndolo como si hubiera seguido a un muerto que me hubiera obligado a visitar su tumba. Cristo ha venido al mundo. y los millares de luces de la Ville Lumière. recitando madrigales o romanzas burlescas. pero sus originalidades y sus lirismos. Me encaminaba una taberna de Monmartre cuando tropecé con la blanca silueta de mi amigo que se sentía feliz en medio de la nieva que caía. rosas blancas y crisantemos. otras eran desterradas caídas de un mundo interplanetario hacia quien elevaban sus coronas buscando brillo y calor. Al traspasar el último. Mucho tiempo pasó sin que tuviera la felicidad de acompañarlo. se detuvo. Yo le seguí sin comprender una palabra. y la claridad radiante de una clarísima luz de luna invernal. santos de papier maché con colorines de cromo (pst) es me disgusta hasta llegar a la repugnancia: venid conmigo”. sino bastante lúgubre. esa mueca agria en la desencajada y cadavérica faz de Pierrot. Yo. Los pasos resonaban siniestramente y su traje blanco que se iluminaba al pasar junto a alguna claraboya. Hubo tiempos en que fue un enternecedor poeta: cuando me mostraba alguna flor rara y me contaba sus bellezas y sus sentimientos. Ya. Tenía estupor. no es hoy noche de licores sino de rezos.y realmente parecíame que el jacinto miraba y la campánula brillaba. Sintiéndose disgustado por mi torpeza. Joven. De pronto. en algún gabinete lleno de clubmans. De su amplio bolsillo sacó una larga llave que crujió ásperamente al dar vuelta en la cerradura. alejándose o aproximándose. al ver que no le seguía. Otra puerta gimió. . daba a su rostro una mueca de descontento que en mi espanto y en mi vacilación.de prolongados silencios que yo respetaba religiosamente. nos encontramos al pie de una escalerilla que Pierrot comenzó a trepar con ligereza. Pierrot avanzaba. cantos de monaguillos ridículos. avanzaba hasta la barandilla. Pierrot funambulesco. irónico. démosle la bienvenida. lo volví a ver la noche del veinticuatro de diciembre cuando los vitrales de las iglesias se incendiaban radiantes de luz y se estremecían al clamor de los cánticos. de lejos. Y oyendo a Pierrot que tejía fantasías parecíame asistir a la realización de un cuento de hadas: ¡La mirada de esa mujer! ¡El brillo de esa piedra preciosa! -exclamaba absorto ante alguna flor. me encontré en lo alto de un cuadrada torre. plateo los últimos peldaños. atestada de devotos y curiosos que con afán esperaban sonara el toque de media noche para penetrar a la misa.me dijo deteniéndome-. chocando con el muro. al llegar a la puerta. dirigió sus pasos hacia una iglesia cercana. La aventura aquella no comenzaba graciosamente como otras de Pierrot. ¡ah!. Cuando el rosado tinte del día comenzó a exagerar su color. los fuegos de todo parís flotando y cintilando hicieron que nos encontráramos entre dos capas de incendio. nenúfares que amaban el estanque y buscaban la caricia de las onda y miraban lánguidamente alguna estrella. oros falsos. Pierrot quedó silencioso por largo rato. Pierrot con despreciativo tono me dijo: “No señor mío. espero que yo ascendiera un poco. estrecho como el de una tumba. uno de cirios. en la frialdad y el horror de aquella escalerilla rodeada de un muro circular. veíalo vertiendo champagne sobre cabezas rubias y hombros marmóreos. Lo veía sí. bajo un cielo agujerado por las penetrantes miradas de las estrellas. porque él creía adivinarles expresiones y palabras: la sabía como él enamoradas de la Luna: las margaritas. en alguna calleja que la Luna inundaba. asombro y miedo. después. me causaba. su alma que sabía ser desenfrenadamente cínica o heroicamente poética. cuando repiques cantaron la llegada del niño Dios. se acordó de su alma.

los cánticos se elevaban de abajo. ¡Oh! ¡Satanás. ¡Oh! ¡Satanás apiádate de mi larga miseria! Tú que das al proscrito la mirada altanera Que en redor del cadalso daña una raza entera. apiádate de mi larga miseria! En mi espíritu reinó el rey del mal. extendió el brazo. y que entre el perfume de los inciensos que arden bajo nuestros pies. apiádate de mi larga miseria! Que en la muerte – tú vieja y potente Señora Engendras la esperanza. Alivio de la angustia y del deber humanos. crecía como crecían las alas de Satán. y nos encerraban en su negrura. envolvían y dominaban las luces de la ciudad. Sobre la barandilla veía la figura gigantesca del espíritu malo.satánica a ratos como a ratos piadosa y dijo: “joven. Porque ahí en las pasiones que quieren a las criaturas. en las instituciones y en las doctrinas. ahí esta: a surgido para contemplar el triunfo de su vencedor en las sociedades. nadie lo destronará. Los cánticos de las iglesias ascendían. su cuerpo hermoso porque estaba desnudo. apiádate de mi larga miseria! Príncipe del destierro a quien no se ha apreciado Y que siempre vencido más fuerte te has alzado. llegue a el nuestra adhesión”. abatido y callado. y con su voz sonora y solemne. su dedo señalaba una inmensa sombra negra que contrastaba con su blancura y entonces transformado y enloquecido me decía: “Vedlo. vamos a rezar con el vencido. ante mi vista se levanto gigantesco Pierrot. veía sus gigantescas alas que cubrían. ¡Oh! ¡Satanás. ahí. Dios privado de culto por traición de la suerte. me hacia estremecer y me sugestionaba. la oración de Pierrot continuaba dominando mi espíritu y agrandando mi alucinación: ¡Oh! ¡Satanás. ¡Oh! ¡Satanás. Recemos la oración de Baudelarie: ¡Oh! Tú de los arcángeles el más sabio y más fuerte. las del cielo. y la sonoridad de las campanas que resuenan sobre nuestras cabezas. su voz subía. ¡Oh! ¡Satanás.demente encantadora. el timón de la nave donde van embargados los sentimientos humanos siempre lo tendrá Satán. Se arrodillo y me hizo arrodillar. apiádate de mi larga miseria! Rey de todo lo oculto para quien no hay arcanos. apiádate de mi larga miseria! + Pierrot continuó la letanía del vencido. pero no en el corazón siempre perverso de los hombres. cuya frente potente . ¡Haz que me mi alma repose algún día a tu lado! Bajo el árbol de ciencia. se remontaba. invoquemos al derribado y al maldito. voz que había perdido su acento cómico y burlesco terminó: Gloria y loor a ti Satán en la alturas Del cielo en que reinaste y en las cimas oscuras Del infierno en que hoy sueñas.” Y su voz se avivaba.

el que seguía los fracs y las caravanas ruidosas para sonreír a sus anchas y desdeñar con sus gestos de gran señor todos los placeres y todos los caprichos humanos. mi viejo amigo. Se había perdido. bajo ligero la escalerilla. sus alas no obstruían ya las miradas de los astros. . ¡Usted aquí! -exclamé casi involuntariamente. es debida a la pluma de mi compañero de redacción el poeta Antenor Lezcano. * La traducción de los fragmentos de las “Letanías de Satán” de Carlos baudelaire. con su habitual blancura de lirio. pero la carretera me pareció monótona y la blancura de los mármoles me atrajo… + De pronto tropecé con una extravagante figura a la que sin embargo reconocí casi inmediatamente. quise seguir la mancha blanca de la túnica de Pierrot. Ya iba a salir. sólo albergan despojoslas horas fueron corriendo y el huraño azul se trocó en morado ennegrecido. lánguida. con tintes de huraño azul en el cielo y neblinas de invierno. yo quedé solo en la torre. pálido como hostia temblando en manos del sacerdote. desdeñoso e irónico. La inmensa silueta del evocado Satán se había perdido. Primera Quincena de Mayo de 1901) Esta tarde otoñal. Los cánticos subían y las campanas extendían sus ondas sonoras. y mudo. temeroso. el incansable noctámbulo. en cuya expresión leí muchas cosas + Blanco. yo me encontré sin saber cómo en el cementerio.Formará un templo nuevo que cobije tu frente* Pierrot se levantó. (Nota del autor) PIERROT SEPULTURERO (Revista Moderna. Pierrot se hallaba ante mí. Pierrot. no con poca sorpresa.y mi aparecido hizo singular mueca de malicia. Paseando -porque amo infinitamente las estrechas avenidas donde las casas caprichosas y diminutas. vacilante. frágil como flor que el viento mece.

derrochaba ingenio y perdía solemnemente el tiempo desde que un inglés dijo: Time is Money. yendo siempre de prisa. que no están nunca quietas y que siempre desdeñé. corto las rosas. para el resto. ¡porque me encuentro perfectamente! ¡Usted no puede figurarse! Para mí esto es un Edén. me cuelo en las capillas. ¡Ver la Luna. mírela usted: (Pierrot levantaba emocionado los ojos). desdeñé a Colombina que andaba en combinaciones con un banquero. paseo. oía más necedades de las acostumbradas. levanta todo espejismo ante los oyentes. ¡qué desengaño para mi! Ahí plantaban coles. le da brillos singulares: es la lámpara necesaria a estos edificios. mi buena estrella me hizo entrar aquí. yo me encontré de más en ese mundo. limpio los mármoles y hago brillar los cobres de los enrejados. Apliqué dos puntapiés a Arlequín. donde cada gesto y cada palabra querían decir rapiña y que si algo evocaban eran montones de esas ridículas ruedas doradas o vulgarmente plateadas que tan mal sueñan oído. La Luna.desde que Gautier y Baudelaire murieron comprendí que mi reino no era ya de este mundo. se arrodillaban y levantaban los ojos exactamente como lo hubiera podido hacer un autómata. corriendo como almas que lleva el diablo. aplastando. olvidaron su propio idioma para expresarse con palabras demasiado largas o demasiado cortas. y yo debía estar aquí. y por fin. es lo único hermoso que en este mundo nos queda. y decidí retirarme. cuando el común de los hombres duerme. haciendo sudar y congestionarse! Y mire usted. ¡La verdad es que aquello era muy poco alegre! ¡Hablaban de negocios. “Precioso lugar. la que se habla lentamente. tal vez por eso me encuentro tan bien. nunca la había visto tan hermosa. cuando no pueden profanarla millares de miradas mezquinas. avenidas. . la única a quien de veras he amado. ¡Me habían cantado en versos tan hermosos! ¡Había yo resplandecido tanto a la luz mágica de las rampas! ¡Y luego las gentes eran tan distintas!. brusco. ¡Ni pizca de ingenio. sin sonoridad y tan concisas como golpes de martillo.+ “Qué quiere usted –decía. lo ama. Nadie más hizo caso de mí y era justo porque yo nunca había hecho caso de nadie. he confundido muchas veces mi traje. la Bella Lengua. puesto que este lugar le place. vestidas de negro. de empresas de minas. Este jardín de muertos parece ser su propia casa. nada! El mundo se convirtió en inmenso hormigueo de gentes graves. y sí en arrojarme desde la más alta torre. sólo sale de noche. y con su luz. la que con una frase. ¡Ay!. sin construir Babel alguna. para la interminable muchedumbre allá está el Sol. la que en la penumbra del humo evoca ciudades fantásticas y mujeres hermosas.. y la Lengua. Recorrí el mundo. y el mundo se convirtió en una Bolsa. del Transvaal. porque es delicada y porque es bella. como una muerta. Cuando no estoy de humor para trabajar. Eso era el mundo. sus ojos pasearon por los árboles que se balanceaban y por las cruces que perdían sus vivos colores. di dos fumadas a mi pipa. concisa también. la Soberana Palabra la olvidaron. ¡amigo mío!. Señor mío. cuando pensaba. y por eso. inflamando rostros bestiales. la que se escucha con recogimiento al borde de una mesa mientras vuelan la espirales salidas de la pipa. uno. yo que la conozco y la amo desde que nací. ¡Oh!. doscientos noventa y nueve. Pero a pesar de eso me sentí triste. ella me ha guiado. no en buscar duelo. pues ya no hay quien acepte. Durante el día. de escogidos. dos mil. mi buena compañera me visita con frecuencia. mírelo usted: árboles. riego las plantas. a ella he seguido. monumentos y silencio. protectora y tibia. Los mortales. ¡La Luna! ¡ah! Ella conoce todas mis tristezas y todos mis cariños. qué se yo! Nombres imposibles y razonamientos más imposibles aún. Señor mío. y resuelto a todo me colé en una trampa. luego continuó:) “Yo que como Señor espléndido y no teniendo otra cosa que derrochar. engordaban puercos. grosero.” (Aquí Pierrot tuvo expresiones de sentida melancolía. de dinero. caminar bajo su pura luz es placer de unos cuantos. yo que tanto había amado la Luna. ¿qué más se puede decir? Mi gran amiga. Si me visto de blanco es por ella. porque ella es blanca como una desposada. gustarla.

un hombre que fumó mucho. los que eran necios y torpes porque amaban la Luna y eran enamorados de las hermosas frases. más me aferraba a mi convicción: Pierrot ha perdido por completo el juicio – me decía. rígidos. Recién casados que lloran. vendrá para alumbrarnos. Reside ahí. amigo mío. hago sonar las campanas y de cuando en cuando. va a presenciar algo interesantísimo. jóvenes que se lamentan de morir tan temprano. harán las mejores bolas que se hayan visto. Otros. buena chica como siempre.enciendo los cirios. con unos juegos florales.Neu. los despreocupados. sabe dar a sus movimientos expresiones tan lujuriosamente amorosas. su violín en mano y la actitud grave nos entusiasma. es lo más juicioso y lo más sabio.siempre fue extravagante. porque mucho en ella pensaron. sí en originalidad a los más célebres que se han conocido. los que ardían con llamas cuyo brillo no semejaba al dl oro y sí al del crepúsculo. danzan los más endiablados rondós. un asesino muy artista que firmaba con sello especial sus cadáveres como los hubiera podido hacer el más eximio pintor de Kakemonos. siento deseos de invitar a los auténticos casacones del Pont. que está o estuvo enamorado de una doncella que vive allá. “Mire usted. Superan. Se oyen aquí cosas interesantísimas.. vienen también aquí. Lo vi alejarse y su silueta completamente blanca parecía alguna estatua bajada de su . Yo tuve la ocasión de oírlo en un teatro de París. iremos al osario. insensibles. que el fósforo brilla en algunas espinas dorsales. cuento mentiras a los muertos mis amigos. apoyado en ese árbol que ve usted. y de magistrados o académicos otros. sin hacer caso de mí asombrado mutismo. y para ser sincero diré que a cada palabra de Pierrot y a cada arranque de su morboso humorismo. y le aseguro a usted que jamás estuvo tan inspirado como aquí. conservan su ingenio. fríos. pero la Señora. todos ésos. si no en fausto. y la verdad es que ha ganado mucho. Aquí se perfecciona mucho el gusto. pero excesivamente aguzado. convencidos de que cuando se ha sabido vivir bien. La Luna. los cerebros que sólo soñaron con metal. ahí los tiene usted. así. Durante el Carnaval y siguiendo mi consejo. hablan de todo. Pues bien. pero la muerte. entregados a los gusanos como ellos se entregaron a las mezquindades. y con unas cuantas tibias clavadas en tierra y los cráneos que nada sienten porque nada encerraron en vida que sintiera. fue a una tumba cercana. con metal en diversas formas. junto aquel muro. pero jamás lo creí capaz de llegar a semejantes delirios. les da horas de recreo y les permite salir y entregarse a sus pláticas. lucidez que sólo en muy contados habitantes de sobretierra puede ver. Mis muertos danzan. No hay camaradas comparables a los muertos. a los que generalmente el mundo llamó vagos. todos ésos. y los matices y las notas. “También solemos tener nuestros malos ratos. Mi asombro y mi terror iban en aumento. lo que no formaron parte del inmenso rebaño pastando alrededor del Buey Bíblico. en diversos valores y en diversas leyes. por juguete. “¡Cómo! ¿Usted no cree que se pueda tener amistad con los muertos? Pues sí. la muerte no es tan mala”.. Un baile de Pierrots e Inmortales. Dentro de un momento jugaremos una partida de bolos. Él. “Los bailes que aquí organizamos son superiores. bebió mucho café y emborronó con singular deleite varias gruesas de cuartillas. los que eran inútiles y no se preocupaban por ruindades. bajo ese ángel de alas caídas. la que los trae. será digno de ser visto. mire usted: aquí viene de todo. no crea usted. se vestirán con mi traje unos. Los cerebros que concibieron ideas de vileza y de egoísmos. un chiquitín sobre todo. los que pasaron su vida en interiores éxtasis. con el pensamiento arrodillado ante interiores altares. un verdugo que tronchó algunos cuellos reales. varias poesías apropiadas y algunas reuniones donde se les presenta con celebridades que se encuentran perfectamente bien aquí. que puede concebirse. quedan tranquilizados y llegan a tomar gusto a nuestras costumbres. que me cree loco y fija en mí sus ojos absortos. un violinista que hizo algún ruido en el mundo. La mayoría queda ahí en el fondo de las fosas. como el Señor a quien adoraron. ¿Acepta usted?. con la lucidez que su nuevo estado les da. en diversos tamaños.

me digo. echo más entusiasmado cada vez. caen. amigo. dejo mi pala a un lado. Pierrot en medio y los esqueletos alrededor apisonando rabiosamente sobre un burgués que no asistirá jamás a nuestras fiestas. En la noche suplico a unos cuantos me ayuden en la tarea y ahí nos tiene usted. ni cortejar a las actrices más hermosas. actor.pedestal. “Poca cosa – me dijo al volver. todo. juez. ¡Ah!. mirando enternecido a la Luna que parecía guiñarle un ojo. La Señora tiene que darme órdenes para mañana. Ni platicar con las celebridades más empingorotadas. tomando su azadón. mientras mis muertos ríen y ríen. las paletadas van una tras otra. “Sí. . que me suplica le eche más piedras pesadas sobre el ataúd de un usurero que debe presentarse aquí mañana. Pierrot ha alcanzado la Sabiduría y la Satisfacción. pintor de bastante talento. soldado. se divertirá mucho. anarquista. ¡y se me olvidaba! Es otra de mis grandes diversiones. cuando la Señora me avisa que tal o cual no debe levantarse nunca. Pero en fin. me pongo de pies y haciendo mi cuerpo lo más pesado posible. amigo Pierrot! “-¡Hum!. Yo he sido todo. ni desdeñar a los más altos. “-¡Con tal de que no organice usted uno de esos bailes de apisonadores. me marcho. enterrar muchos burgueses y jugar bolos con esqueletos alegres e ingeniosos. marido celoso. Cuando he logrado levantar un montículo. pero nada. desapareció grave. cuando la pala produce su sonido metálico. danzo para apisonar aquella tierra. nada es tan agradable como vivir en un cementerio lleno de rosas. ¡con qué placer echo tierra! Nunca hubo aquí un sepulturero tan activo. mi amigo.un amigo mío. ¡adiós!” Y Pierrot. poeta. suntuoso. me ha producido placer tan grande como el ser sepulturero. inventor.Es preciso portarse como el Ensueño lo manda. sonando a hueco primero y luego. Ojalá venga usted pronto por aquí. ‘le suena a plata’ y echo.