Beatriz Bragoni (1999) LOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN.

FAMILIA, NEGOCIOS Y PODER EN MENDOZA EN EL SIGLO XIX Introducción
1. Investigación que describe la historia de una familia ±los González- que a lo largo del siglo XIX conquistó un lugar preeminente en la sociedad y la política mendocina. Provenientes de la migración borbónica de fines del siglo XVIII y desde un núcleo familiar mínimo, estos individuos experimentaron un proceso de enriquecimiento material importante en la Mendoza de las primeras décadas del ochocientos. Después de Pavón, pasaron a ocupar los principales puestos en la administración estatal e instalaron a algunos de sus representantes en el poder político nacional. La existencia de la frondosa y excepcional documentación privada de la familia González ha permitido explorar el universo individual y colectivo de sus prácticas. Observando la documentación de los González desde otro registro, el itinerario social exitoso de este grupo de individuos articulados por diferentes tipos de lazos, nos sitúa en una suerte de entrecruzamiento entre el contexto histórico donde se desarrolló una singular estrategia de prestigio común, y las acciones individuales y colectivas que coincidieron primero en el enriquecimiento material, y después en el ingreso al campo político. Frente a las visiones más optimistas (y deterministas) sobre la formación de un grupo económicamente poderoso e influyente, el conjunto de situaciones que describe la investigación refieren a la homogeneidad y fisuras de la arquitectura familiar, a la relación entre riesgos/costos y beneficios de la primacía social y política, al manejo de recursos en un momento de niveles notables de desorden político e incluso territorial que abren una visión mucho más compleja del espacio regional donde se desarrollaron los acontecimientos. Y estrategias de la familia González. Si el itinerario revela un proceso de movilidad ascendente exitosos, éste no adquirió por cierto un recorrido unívoco y previsible. ¿Cómo puede ser explicado el exitoso itinerario social, económico y político de los González en el contexto posterior a 1820? ¿Qué tipo de recursos fueron eficaces para la promoción social y política? ¿En qué medida la historia de los González permite establecer relaciones con el contexto histórico en el interior del cual explayaron su primacía social y política? La centralidad del Archivo Familiar Panquegua (1827-1914) no radica en la existencia de información sobre los grandes problemas de una época medular en cuanto a la formación de la provincia o del país, sino en la información cotidiana que registran desde sus actividades económicas y políticas hasta sus deseos y conflictos puramente personales. A través de la observación meticulosa y la descripción detallada del conjunto de sus prácticas cotidianas fue posible explorar la manera en que los hombres y las mujeres del linaje consiguieron enarbolarse socialmente, disputar los resortes del poder político y conseguir que en el desarrollo de ese proceso fueran reconocidos por el resto de la comunidad mendocina. La decisión de perseguir minuciosamente las estrategias individuales y colectivas de la parentela intentó explorar los mecanismos contingentes y calculados que culminaron en el éxito social y político teniendo en cuenta que los actores históricos no podían prever totalmente el resultado de sus prácticas. Partiendo del supuesto de que la historia de la familia debe contemplar una visión más amplia y compleja que incluya la unidad de residencia y su estructuración interna pero que también se reconozca en situaciones menos institucionalizadas del mundo externo, el análisis de las estrategias familiares de los González ha contemplado no sólo los vínculos de parentesco consanguíneos sino que además incluye alianzas y relaciones personales que permiten entrever formas de comportamiento tendientes a mejorar las condiciones de existencia de los individuos y del grupo sobre la base de reciprocidades y solidaridades. La hipótesis reconoce la importancia de las redes de relaciones personales en la organización de los negocios y en los modos de relación política, y serán consideradas como un recurso más de la racionalidad de los actores involucrados en esta historia familiar. El trabajo ha intentado articular dos cuestiones vinculadas a la historia de la familia y las relaciones de parentesco. Por una parte considerándola como un universo de relaciones interpersonales, pero también abordándola como instancia de conexión con el mundo social, económico y político. Una amplia literatura ha venido revelando la importancia de las relaciones personales en la historia económica y social. El concepto de red social ha sido eficaz para analizar la lógica del mercado, como también para conocer su función en la integración al mundo del trabajo. El caso que se analiza, una historia familiar que atraviesa las transformaciones de casi un siglo de vida social, política y económica mendocina, no sólo posibilitará reconocer la función de las redes en la promoción social y política sino que también puede sugerir el posible valor de su permanencia en un marco de rupturas relevantes y de transformaciones significativas. Asimismo el comportamiento individual y colectivo de los González permitirá evaluar en qué medida su historia se convierte en un indicador para pensar el contexto en el cual transcurrió la experiencia familiar. 2. Si en un comienzo las elites pretendieron instrumentar una serie de novedades ligadas a la nueva legalidad surgida con la revolución y que culminaron con en fracasos institucionales de envergadura, en la segunda mitad del siglo XIX tanto el robustecimiento de un sistema de alianzas entre los poderes locales como la progresiva injerencia del poder central sobre las autonomías provinciales sellaron la

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consolidación del estado moderno. La investigación se propone desarrollar en el caso mendocino el recorrido del poder entre 1820 y 1880, prestando particular atención al conjunto de relaciones sociales que incidieron en la formación de la elite regional del período. Halperin Donghi diseñó una rica imagen del sistema de entendimientos políticos que dominó el escenario político argentino al menos hasta 1852. Ese nuevo orden aparecía apoyado por una compleja alquimia de intereses públicos y privados, la cual condensaba solidaridades complejas entre las grandes familias herederas del poder colonial con los nuevos dueños del poder real surgidos tanto de la fractura del espacio político urbano como de la expansión ganadera y la ruralización de la política. Para Zacarías Moutoukias, las parentelas de las elites coloniales constituían el núcleo de redes de relaciones personales verticales y horizontales que activaban los circuitos comerciales entre la metrópoli, los puertos americanos y el interior del espacio colonial. Estas situaciones, si diseñaban una elite colonial relativamente diversificada y fuertemente vinculada la estructura burocrática indiana, no aseguraron necesariamente un tránsito exitoso de los viejos clanes mercantiles en el nuevo orden. Desacertadas elecciones en el manejo de los negocios y los desajustes del comercio de ultramar en relación con las guerras europeas, parecen haber incidido en la recomposición de la elite porteña en los albores del nuevo siglo. En esa renovación también parece haber desempeñado un rol destacado el ingreso a la región de nuevos actores. Provenientes de los movimientos poblacionales de fines de la era borbónica, estos comerciantes arribaron a los grandes centros de distribución y consumo coloniales integrándose a los sectores altos americanos a través de diversos accesos. Si el mundo de la elite porteña muestra signos de renovaciones importantes no sólo en cuanto al reclutamiento de nuevos miembros sino en lo que respecta a la racionalidad empresaria que dirigía las inversiones, la relativa flexibilidad o permeabilidad del mundo rural rioplatense también ha sido objeto de atención. Carlos Mayo considera que la sociedad bonaerense pampeana se había renovado tanto como su economía en los últimos tramos del orden colonial, con lo cual señala la existencia de un universo de relaciones sociales menos estático o rígido. En conjunto, la experiencia social y económica del Buenos Aires de las primeras décadas del XIX revela matices e inflexiones que no parecen corresponderse con otros casos provinciales. La experiencia correntina, estudiada por José Carlos Chiaramonte no sólo revela la sobrevivencia de los mecanismos del capital mercantil en cuanto a la conformación regional del nuevo país, sino que presenta el modo por el cual los viejos grupos dirigentes de raigambre colonial consiguieron reconstruir su poder económico y elaborar un correspondiente dominio político en el marco de la expansión ganadera. Esta situación no parece coincidir con la experiencia mendocina. El problema puede situarse en el imbricado juego de la oligarquía rectora de la ciudad colonial, que concentró las principales funciones administrativas en conjunción con la defensa de intereses mercantiles desde la segunda mitad del siglo XVIII. Sin embargo, son muy escasas las referencias bibliográficas que permiten reconocer los posibles nexos existentes entre el comportamiento de estos actores políticos y su correlato social y económico. Sobre la base de una estructura productiva diversificada y de oportunidades coyunturales originadas en otros mercados regionales o del exterior (como lo fue el chileno), la nueva provincia andina experimentó una recuperación económica importante después de 1830. Rodolfo Richard Jorba ha identificado de qué manera núcleos de hacendados y comerciantes vinculados al poder político dieron forma a un modelo ³ganadero comercial con agricultura subordinada´ que delimitó las condiciones del posterior desarrollo agroindustrial vitivinícola. Sin embargo, aunque se reconozca el papel de las grandes familias en el tránsito exitoso hacia el nuevo orden, esa situación no parece haber sido decisiva al momento de reconstruir un sistema de entendimientos políticos estable y duradero en la primera mitad del siglo XIX. Bajo la sombra de la expansión ganadera y de la ruralización del poder, una compleja red de cambiantes e inestables relaciones personales consiguió erigir un sistema de entendimientos entre figuras de sólido influjo local. Si bien este nuevo estilo político impidió el robustecimiento institucional de las provincias, su dinámica no parece limitar el ingreso de este tipo de relaciones personales en la esfera pública. Aunque ese nuevo estilo político expresaría el ascenso a la gobernación de Juan Manuel de Rosas, más que difundirse al resto de las provincias de la Confederación argentina parece haber sido el resultado de la fragmentación territorial del poder que sucedió a la crisis institucional de 1820. Bajo el amparo de la legislación hispánica y de normas constitucionales más modernas, las nuevas comunidades políticas obtuvieron un liderazgo decisivo en la configuración del poder después de 1820. Para Chiaramonte, el tema debe ser ubicado en la irrupción del estado autónomo provincial que delimitó la configuración de la confederación argentina hasta 1852. La acción de los caudillos provinciales y las relaciones existentes entre los gobiernos locales no representaron una instancia de reconocimiento político estatal nacional, sino que por el contrario constituyeron muestras de relaciones políticas interprovinciales. Otros estudios han revelado la irrupción de prácticas políticas acordes con el universo de referencias culturales derivados de la invención de la política. En este sentido, Pilar González Bernaldo ha reconocido la importancia de diversas manifestaciones de sociabilidad en el espacio político porteño en la primera mitad del siglo XIX y su vinculación con el aprendizaje de la nación moderna. Si este tipo de abordajes atestiguan la importancia de la sociabilidad moderna en la configuración de la elite porteña de la primera mitad del siglo, el modo en que las elites hispanoamericanas consiguieron materializar el orden político después de la independencia sigue siendo considerado por la historiografía. En este sentido, el régimen diseñado por el gobernador de Buenos Aires después de 1835 supuso, para Halperin, la fórmula más eficaz para disciplinar a las clases propietarias y obtener el apoyo de las masas. Para entonces el nudo del conflicto residía en el control de los sectores subalternos porque el proceso revolucionario y la guerra los había ubicado de hecho en el campo político. La proliferación de

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personas-instituciones que controlaban la campaña permitieron estrechar relaciones entre individuos y colectivos sociales asentados en la campaña con los administradores y dueños del poder. Este tipo de participación e integración política en el juego faccioso ha sido revisada por Hilda Sabato para un período posterior. Sobre dos planos diferenciados parece cabalgar la vida política porteña entre 1862-1880. Una de sus caras remite a la delimitación de una ³cultura política movilizacionista´ que incluía a diversos actores de la ciudad. La otra parece representarse en un juego político más fraccionado donde empelados públicos e individuos participaban en los comicios en franca discordancia con las elites. En el marco de un escenario político impregnado de la prensa facciosa y de clubes políticos y parroquiales, la competencia electoral de esos años delimitaba un universo de instituciones que producían el sufragio. El ejercicio electoral no agotó el campo de relaciones entre sociedad civil y sistema político en la segunda mitad del siglo XIX. Otras manifestaciones de inclusión revelan la incidencia de los extranjeros en la configuración política de entonces. A la sombra de las libertades civiles, grupos de inmigrantes se integraban a la esfera pública a través de numerosas instituciones étnicas como profesionales. De algún modo estos resultados refieren al complejo juego de reglas y comportamientos políticos que experimentaron ciudades o escenarios políticos atravesados por la creciente expansión agropecuaria vinculada al mercado mundial a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, este escenario de ciudades o provincias ³imbuidas de temperamento cívico´ no parece ser homologable con otras experiencias provinciales. Natalio Botana ha considerado recientemente en qué medida diferente articulaciones de la política en provincias medianas y chicas incidieron en la conformación del Orden Conservador. Para Botana, el régimen político que hegemonizó la política argentina hasta 1916 era la síntesis de tendencias de antiguo régimen en el marco de la legalidad republicana, en cuyo diseño las oligarquías provinciales habían cumplido un papel decisivo en la afirmación del poder central. Sobre la base de mecanismos eficazmente aceitados, los grupos de poder regionales retuvieron el control político e institucional ejerciendo la representación en sentido invertido. Aunque esta lectura se apoya en una tradición historiográfica que asigna a las provincias del interior la persistencia de mecanismos políticos de antiguo régimen, también parece remitirse a una imagen que aún se mantiene sobre el desarrollo político mendocino del siglo XIX. En buena medida, la atención puesta tanto en la constitución de poderes públicos como en el progresivo deterioro de la autonomía provincial después de 1861 ante el creciente protagonismo del gobierno nacional, diseñó una visión de la política escasamente relacionada con sectores sociales ajenos al grupo dominante que gobernaba. El primer ejemplo en este sentido lo constituye el análisis de Lucio Funes, quien inauguró una visión que aún persiste sobre la formación de los grupos políticos provinciales. Para el historiador mendocino, la oligarquía era subsumible a los ³gobiernos de familia´ y esta situación no sólo impidió reconocer las relaciones de la elite liberal con formas de articulación previas entre los grupos de poder y el estado provincial sino que también contribuyó a pensar el problema de la política mendocina en términos formales o institucionales. En este registro deben ser ubicados los estudios de Dardo Pérez Guilhou y de José Luis Masini entre otros, todos los cuales dan una imagen de una elite política encerrada en sí misma. Las prácticas políticas dominadas por los vínculos familiares, el nepotismo y el clientelismo político, son observadas en un registro que apunta a reconocer la reproducción de la misma elite, y deja de lado la efectiva instrumentación de esos recursos en la forma de hacer política que sobrevivió incluso a la fractura de la elite conservadora. [Beatriz Bragoni, Los hijos de la revolución. Familia, negocios y poder en Mendoza en el siglo XIX, Taurus, Buenos Aires, 1999]

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