GEORGES SIMENON

Maigret en la Audiencia
Título original: Maigret aux Assises Traducción: Jesús López Pacheco

Digitalizado por Hyspastes . Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g . com
CAPITULO I .................................................................................................................................3 CAPÍTULO II .............................................................................................................................13 CAPITULO III ............................................................................................................................22 CAPITULO IV ............................................................................................................................32 CAPÍTULO V .............................................................................................................................42 CAPITULO VI ............................................................................................................................52 CAPITULO VII ..........................................................................................................................61 CAPÍTULO VIII ........................................................................................................................69

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CAPITULO I
¿Cuántas veces había venido aquí? ¿Doscientas, trescientas? Más incluso. No tenía ganas de contarlas, ni de recordar cada caso en particular, ni siquiera los más célebres, los que habían pasado a la historia judicial, pues éste era el aspecto más penoso de su profesión. La mayor parte de sus investigaciones, sin embargo, ¿no terminaban en la Audiencia, como hoy, o en el Correccional? Habría preferido ignorarlo, o, en todo caso, permanecer al margen de esos últimos ritos a los que jamás se había acostumbrado. En su despacho del Quai des Orfèvres, la lucha, que acababa casi siempre a primera hora de la mañana, era todavía una lucha de hombre a hombre, por así decirlo, en igualdad. Se recorrían unas cuantas galerías, algunas escaleras, y era ya un decorado diferente, otro mundo donde las palabras no tenían el mismo sentido, un universo abstracto, hierático, a la vez solemne y absurdo. Acababa de dejar, en compañía de otros testigos, la sala de audiencia revestida de madera obscura, donde se mezclaba la luz de las lámparas eléctricas con el gris de una tarde lluviosa. El ujier, a quien Maigret habría jurado haber conocido siempre tan viejo, los condujo hasta una estancia más pequeña, como un maestro de escuela conduce a sus alumnos, y les indicó los bancos adosados a los muros. La mayoría fueron a sentarse dócilmente y, obedeciendo a las recomendaciones del presidente, no dijeron ni una palabra, sin atreverse ni siquiera a mirar a sus compañeros. Miraban recto hacia delante, tensos, concentrados en sí mismos, conservando su secreto para el instante solemne en que, dentro de muy poco, solos en el centro de un espacio impresionante, serían interrogados. Era un poco como estar en la sacristía. Cuando, de niño, iba cada mañana a ayudar a misa en la iglesia del pueblo, Maigret sentía la misma turbación mientras esperaba a seguir al cura hacia el altar iluminado por los cirios temblorosos. Oía los pasos de los fieles invisibles que iban a ocupar su puesto, las idas y venidas del sacristán. Del mismo modo, ahora, podía seguir la ceremonia ritual que se desarrollaba al otro lado de la puerta. Reconocía la voz del presidente Bernerie, el más minucioso, el más detallista de los magistrados, pero acaso también el más escrupuloso y el más apasionado por la búsqueda de la verdad. Delgado y enfermo, los ojos febriles, la tos seca, tenía el aspecto de un santo de vidriera. Luego oía la voz del fiscal Aillevard, que ocupaba el puesto del ministerio público. Al fin se aproximaron unos pasos, los del ujier de la audiencia, quien, entreabriendo la puerta, llamó: — El señor comisario de policía Segré. Segré, que no se había sentado, lanzó una mirada a Maigret y penetró en la sala de audiencia, con el abrigo puesto y el sombrero gris en la mano. Los demás le siguieron un instante con los ojos, pensando que pronto les tocaría a ellos y preguntándose con angustia cómo se comportarían. Se veía un poco de cielo incoloro a través de las ventanas inaccesibles, tan altas que había que abrirlas y cerrarlas mediante una cuerda, y la luz eléctrica esculpía los rostros con los ojos vacíos. Hacía calor, pero habría sido poco correcto quitarse el abrigo. Había ritos a los que todos, al otro lado de la puerta, estaban atentos, y poco importaba que Maigret viniera

un poco como si tuviera vergüenza de estarse preparando el futuro. hicieron venir al fontanero y al carpintero. los Maigret. donde había una chimenea de piedra. comenzaba a sentirse un extraño. a su regreso de las vacaciones. Unos carteles. se entremezclaban el placer y la melancolía. en los muros de la pequeña ciudad. com como vecino. estaban los testigos. le había dominado un sentimiento difícil de definir y en el que. ¡Adjudicado! Por primera vez en su vida eran propietarios y. era un final lógico. Los últimos días comenzaron incluso a recorrer los anticuarios de la región. que colocaron en el corredor de la planta baja. la cocina. en torno a Maigret. ¡A la segunda! ¡A la tercera!. esta vez. el salón olía a locutorio de convento y. En los bancos. se había materializado al mismo tiempo que los Maigret compraban al fin la casita donde pasarían sus últimos años.. de pie al fondo de la estancia. con grandes vigas. en un rincón del café donde ya había comenzado a hacerse sus costumbres. Y esto significaba que. Habían ido a visitarla su mujer y él. El futuro. que habían desfilado todos por su despacho y algunos habían pasado en él varias horas. al día siguiente por la mañana. sin duda. La víspera le había parecido que su despacho no era exactamente el mismo y. se interrogaron varias veces con la mirada y se sintieron sorprendidos cuando el subastador levantó la mano mientras los campesinos se volvían.. le iban a conceder el retiro dentro de dos años. d 2 g . El presidente Bernerie hacía preguntas precisas. como si aquello fuera una traición respecto al Quai des Orfèvres. ineluctable. con un jardín rodeado de muros grises. filtraban misteriosamente los haces de sol.. que estaba a tres escalones por debajo del suelo y que tenía aún su bomba en un rincón. Muchas veces había pensado en él y siempre para gozarlo anticipadamente. y recordaba una rectoral. en el curso de las tres semanas pasadas en Loire. a las que el comisario de policía del IX distrito respondía con no menos precisión.Digitalizado por Hyspastes . Era octubre. los Fayet. anunciaban la subasta de una casa próxima al campo. casi inmediato. donde se habían creado ya sus costumbres y cuyos dueños. y luego su despacho. a un hotelito de Meung-sur-Loire. Era de construcción muy antigua. Pero. les consideraban de la familia. cuando el presidente le preguntara su edad. hombres y mujeres. Les encantaron los corredores enlosados de azul. Maigret no le había dicho nada de ello ni a Janvier ni a Lucas ni a nadie. Durante la venta. según los reglamentos. las tardes de invierno iría a jugar a las cartas con algunos asiduos. como los años anteriores. las ventanas. Mayo de 2005 http :// biblioteca . con pequeños cristales. Dentro de un momento. Al encontrar de nuevo el bulevar Richard-Lenoir. por todas partes. respondería: —Cincuenta y tres años. Entre otras cosas habían comprado un cofre de madera con las armas de Francisco I. a un París ahogado bajo una lluvia que parecía que no iba a terminar nunca. ¿Parecían no reconocerle porque estaban impresionados por la solemnidad del lugar? . y tenía en la mano su sombrero. en la sala de testigos. El comisario hacía sólo dos días que había regresado de vacaciones. pescaría con caña y.. el retiro no era ya una noción vaga o lejana. escuchando los ecos de la audiencia. cerca de la puerta del salón. a través de los corredores del sombrío Palacio: llevaba un abrigo como los otros. aquella mañana. De allí a dos años. Habían ido. sin duda. La cosa se había hecho casi contra su voluntad.

a solas. sino porque era el interrogatorio número treinta que aquél hacía sufrir a éste.. Como su colega del IX. señor presidente. y que se trasladaba al lugar. —¿Es usted. señor comisario. Era el primer asunto. Encontré ya allí al comisario Segré. se dirigió hacia la balaustrada en media luna destinada a los testigos. —Vuélvase hacia los señores jurados y dígales lo que usted sabe. —¿No es usted pariente del acusado ni está a su servicio?. sentado entre dos agentes de uniforme.. una llamada del juzgado me comunicaba la orden de ir allí yo también y enviar a los especialistas de la identificación judicial y del laboratorio. el mentón sobre sus manos cruzadas. Meurant. Maigret oyó algunas toses. cincuenta y tres años. mantuvo su sombrero en la mano y. me encontraba en mi despacho del Quai des Orfèvres cuando recibí una llamada telefónica del comisario de policía del IX distrito. sin mirar ni a izquierda ni a derecha. —Lo juro. no sólo por haber charlado en les corredores.. a su derecha. a la izquierda. es cierto. . una barrera infranqueable se alzaba entre ellos y la mirada de Gaston Meurant era tan neutra como la del comisario. no se contentan con oír en la Audiencia un resumen de la instrucción. junto a la gran puerta guardada por hombres uniformados. y zapatos que se arrastraban sobre el suelo. de la penumbra. El presidente Bernerie pertenecía a esa minoría de magistrados que. quien ha dirigido la investigación sobre los hechos en los que este tribunal entiende? —Sí. y ni siquiera era seguro que comprendieran con claridad las preguntas que les harían. y. más claros. —Su apellido. que le miraba intensamente. com Ya no era él. en el despacho con inmejorable calefacción del Quai des Orfèvres. —El 28 de febrero último. El presidente Bernerie y Maigret se conocían también. al fondo. Cada uno representaba su papel como si fueran dos desconocidos. comisario de división de la Policía Judicial de París. detrás de él. Le había llegado su turno. No quedaba ninguna huella de aquello. Unos instantes más tarde.. La puerta se entreabrió. Habían pasado los dos largas horas. aplicando el código del procedimiento penal literalmente. Levante la mano derecha.. Ni uno ni los otros habían tocado nada. a dos pasos de la calle de los Mártires. ¿Era verdad que Maigret le había tuteado alguna vez? Allí.. nombre. Mayo de 2005 http :// biblioteca .. Veía. —¿Encontró usted al juzgado en el lugar de autos? —Llegué unos minutos antes que el substituto. acompañado de su secretario y de dos inspectores del barrio. No se encontrarían frente a un hombre como ellos. quien iba a interrogarles. hacia la una de la tarde.. Jules. y a veces habían interrumpido un interrogatorio para comer sandwichs y beber cerveza charlando como compañeros. Jure decir la verdad y nada más que la verdad. las siluetas de los jurados. sino que la reconstituyen en sus menores detalles. al acusado. Me anunció que acababa de descubrirse un crimen en la calle Manuel. sino ante un aparato completamente impersonal. edad y profesión.. rostros que destacaban. d 2 g . los oficiantes de una ceremonia tan antigua y ritual como la misa. —Maigret. del año judicial y todos los asientos estaban ocupados..Digitalizado por Hyspastes . —Escuche. Probablemente había espectadores de pie. tras las togas negras de los abogados.

Frente a éste se encuentra un salón. Como el médico del distrito. Mayo de 2005 http :// biblioteca . el doctor Paul. La cerradura se desmontó. señor presidente. cuya puerta encristalada está adornada con visillos blancos. —Un rebuscamiento desacostumbrado. Juliette Perrin. que vivía habitualmente con Leontine Faverges? —Sí. de quien su madre. Leontine Faverges figuraba como sin profesión. —¿Se trata. un charco de sangre de más de cincuenta centímetros de diámetro.. estaba tendido sobre la alfombra. con la cara hundida bajo unos cojines de seda. no podía ocuparse personalmente. Fue examinada más tarde por un especialista. —¿Dónde se encontraban exactamente? —El de la mujer. además del recibidor. iluminada por una bombilla eléctrica de cristal esmerilado. Faverges. Maigret sabía que. Maigret sólo dudó unos segundos.. en una pequeña placa de cobre. con el comedor. estaba demasiado acolchado. Hubo un rumor en la sala. El salón. ¿permaneció usted en el apartamento hasta la noche con sus colaboradores? —Sí. La garganta le había sido cortada con un instrumento que no se encontraba ya en la pieza y se veía. burguesa. animadora de cabaret. En esta pieza. para el presidente Bernerie. En su documentación. la había visto al entrar en la sala sentada en la primera fila de los espectadores. constató un poco más tarde. que comunica. —El apartamento se compone de cuatro piezas. cuidando de Cecile Perrin. Continúe. —En la entrada. com —Díganos lo que vio. —Díganos qué constataciones hizo usted. —La calle Manuel es una calle apacible. sino en el entresuelo. pues ella había entablado una acusación privada. no aprecié ningún desorden. A esta madre. no es cierto. de cuatro años.. sobre la alfombra. con la cabeza vuelta hacia la ventana. había sido ahogada por esos cojines. un estilo especial que me recordó ciertos apartamentos de antes de las leyes sobre la prostitución. me chocó el mobiliario y la decoración. En cuanto al cuerpo de la niña. Se ha llegado a la conclusión de que no se utilizó ninguno de los instrumentos generalmente empleados para forzar cerraduras. El cuerpo estaba encogido sobre un canapé Luis XV. El inspector que me esperaba me condujo al segundo piso. descubrí los dos cadáveres. donde vi dos puertas que daban al rellano de la escalera. pero bastó que el presidente alzara la cabeza y recorriera con los ojos las filas de espectadores para que se restableciese inmediatamente el silencio. tras haber sufrido una especie de estrangulación. —En primer lugar. de la niña Cecile Perrin. —Un momento. La portería no está en la planta baja. se leía un apellido: Sra. todo tenía importancia y que no debía omitir nada si no quería hacer que le llamara secamente al orden. Vivía como una pequeña rentista. que da al final de la calle de los Mártires. poco concurrida. de cojines . la niña. —Gracias.Digitalizado por Hyspastes . ¿Había en la puerta huellas de haber sido forzada? —No. —Díganos exactamente lo que le sorprendió en el apartamento. El edificio que lleva el número 27 bis se encuentra más o menos en el centro de esta calle.. La de la derecha estaba entreabierta y. que en seguida supe que se llamaba Leontine Faverges. por ejemplo. señor presidente. demasiado cómodo. Sus cabellos eran de un rubio artificial y llevaba un abrigo de pieles. —Tras la inspección del juzgado. por otra puerta encristalada. d 2 g . con una profusión de alfombras.

Cuando Leontine Faverges estaba enferma. —¿Pudo usted establecer cuáles eran sus recursos? —Según el portero. y en las dos alcobas había más espejos de lo normal. había conservado una especie de juventud de aspecto y una cierta coquetería. Se había puesto gruesa. Mayo de 2005 http :// biblioteca . se sentía muy unida a la niña que había tomado en pensión. Pronto me enteré de que. acciones al portador. Tras la promulgación de las nuevas leyes. La experiencia la hemos repetido en mi despacho. lo que ocurrió dos o tres veces en el curso de los últimos años. en su medio. Sobre una cómoda del salón. hubiera podido acordarse de ella y jugarle una mala pasada? —Ella pasaba por ser. Ahorraba dinero. billetes pequeños en un bolso y más monedas en un cajón de la cocina. señor presidente. que ha practicado la doble autopsia. A los veinte años se casó con un hombre apellidado Faverges. en la cocina. al fondo de éste. Y hemos buscado. el crimen se remonta al 27 de febrero entre las cinco y las ocho de la tarde. llamado Durant. —¿Ha buscado usted si. menos por la escasa renta que le proporcionaba. —¿Existía un escondite y lo ha descubierto usted? —Parece que sí. Pero. Un día. He interrogado a los empleados de diferentes bancos de los alrededores. La pareja habitaba entonces en Asnières. la de un repartidor cuyo empleo de tiempo ha sido comprobado. representante de comercio. lo que le permitió. en efecto. En la sucursal del Crédit Lyonnais recuerdan a una mujer que responde a los rasgos de Leontine Faverges y que compró. y se ha encontrado su ficha en la brigada de costumbres. Leontine Faverges utilizaba en tiempos su apartamento como casa de citas. que estas acciones se encontraran. pues nunca había sido gastadora. con un saco de tela y mil piezas. más tarde. recientemente. . pero. como es lógico. de grabados galantes. entre las personas que frecuentaban entonces. —¿Se encontró dinero? —Muy poco: moneda.Digitalizado por Hyspastes . la portera pretende que allí había más de mil. Uno de los cajeros. Por el volumen y el peso. la portera. lo que es bastante raro. tenía dinero ahorrado. Desconfiaba de los establecimientos de crédito. de las imposiciones en general y conservaba en su casa todo lo que poseía. por lo que yo he podido juzgar. la ha reconocido formalmente basándose en su fotografía. había un jarrón chino adornado con flores artificiales. Su apellido de soltera es Meurant. según el doctor Paul. —¿Tenía setenta y dos años en el momento de su muerte? —Sí. huellas digitales en el jarrón chino. com y. —¿Sin resultado? —Sólo las huellas de las dos ocupantes y. Según los testigos interrogados. para quitar el polvo a las flores. pues. y es hermana de la madre del acusado. en las paredes. —¿Tenía cuenta en algún banco o cartilla de ahorro? —No. establecerse en la calle Manuel. según parece. había alguien que. como las piezas de oro. en el apartamento. d 2 g . una bolsa de tela que le pareció contenía piezas de oro. en los cajones y un poco por todas partes en el apartamento. se vio a la joven frecuentar las cervecerías de la calle Royale. en varias ocasiones. ¿Ha encontrado usted algo? —No. continuó igual un cierto tiempo. —Es probable. llegó a París a la edad de dieciocho años y trabajó durante algún tiempo como vendedora en unos grandes almacenes. la portera subía para hacer la limpieza y ocuparse de la niña. La brigada de costumbres tuvo que ocuparse de ella y sólo después de varias multas se resignó a cesar en toda actividad. que murió tres años más tarde en un accidente automovilístico. que por su miedo a la soledad. Durante algunos años. Su última entrega fue el 27 por la mañana. Parece que fue concluyente. los vecinos y todos los que la conocían. Las pantallas eran de color suave. de los notarios. las retiró del jarrón y encontró. una solitaria.

lanzando a veces una rápida mirada a los jurados. he sabido que una de sus clientes fue a verla para una prueba el 27 de febrero. com —¿Interrogó a todos los inquilinos del edificio? —Sí. d 2 g . volvió a subir un poco más tarde. a las cinco y media. —¿Le acompañaba? —Se había quedado en la sala de espera. Según ella. —Cuéntenos lo más exactamente que pueda esta primera conversación que usted tuvo con Gaston Meurant. Esta persona es la señora Ernie y vive en la calle Saint-Georges. al verla. Interrogando a la vecina del piso. como iba diciendo. No dormitaba tampoco y su mirada iba sin cesar del testigo al acusado. —Un instante. Parecía impresionado de encontrarse en mi despacho y me pareció que era su mujer quien le había empujado a aquella entrevista. Para encontrar a Gaston Meurant. que Leontine Faverges era su tía y que. día del crimen. —Llevaba un traje gris y un impermeable beige bastante usado. su hermano y él representaban toda la familia de la víctima. el acusado niega categóricamente haber estado en la calle Manuel el 27 de febrero. Me confirmaron lo que la portera me había dicho ya. Gaston Meurant iba a ver a su tía con bastante regularidad. No pudo proporcionarme la dirección de su hermano. por lo que él creía. por favor. el hombre estaba vestido con un traje azul marino y un impermeable marrón con cinturón... añadió que su última visita a la calle Manuel databa del 23 de enero. los periódicos de la tarde anunciaban el crimen y proporcionaban un cierto número de detalles. costurera. pues la escalera está mal iluminada. —Por consiguiente. un hombre salió del apartamento de la muerta y que. pues. —Sí. Siempre respondiendo a mis preguntas. el 1 de marzo.Digitalizado por Hyspastes . la portera se extrañó de no haber visto ni a Leontine Faverges ni a la niña. siempre sin resultado. la portera sólo sabía que era fabricante de marcos y que vivía cerca del cementerio del Père-Lachaise. señor presidente. despachan su correspondencia. —Díganos cómo entró usted en relación con el acusado. que Leontine Faverges no recibía a ningún hombre fuera de sus dos sobrinos. Gaston Meurant. Al día siguiente por la mañana. Yo no necesité hacer que le buscaran. pareció cambiar de opinión. con quien había roto toda relación. el 1 de marzo. como. Al no recibir respuesta. El presidente Bernerie no era de esos jueces que toman notas o que. al día siguiente por la mañana.. Fue a llamar a la puerta. se dirigió hacia el tercer piso. es decir. durante la audiencia. y su última visita se remontaba a unas tres semanas. No pudo distinguir su cara. . y telefoneó al fin a la comisaría. —Por lo tanto. sólo hacía raras apariciones en la calle Manuel. señora Solange Lorris. o sea el 28 de febrero. en la tarde del 28 de febrero. ¿Cómo fue descubierto el crimen? —Hacia mediodía de aquel día. y de su hermano Alfred? —Según la portera. Yo le pregunté qué relaciones tenía con la vieja señora y él me contestó que eran excelentes. pues estaba mal visto por su tía. una o dos veces al mes. En lugar de bajar. Afirma que en el momento en que subía la escalera... En cuanto al hermano. —¿Quiere usted hablar del acusado. y comenzábamos a interrogar a los inquilinos. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Alfred Meurant. Uno de mis inspectores vino a advertírmelo y yo le rogué que entrara. —Mientras mis hombres y yo examinábamos el apartamento. Meurant me declaró que había leído los periódicos.. que iba normalmente a una escuela maternal del barrio. se presentaba espontáneamente en la comisaría del IX distrito diciendo que era sobrino de la víctima y el comisario me lo envió. había creído que era su deber darse a conocer.

Nervioso. en efecto. Pierre Duché. algunas de las cuales. Había ido al cine. se inclinaba de vez en cuando sobre su sumario. Un gancho neumático. los personajes de yeso pintado de un nacimiento de Navidad. d 2 g . enclavado entre dos casas de alquiler. lo que solía hacer bastante a menudo. apagó las luces de la tienda y regresó a su casa a pie. Dios sabe por qué. de las piezas de oro y de los títulos al portador? . a la sesión de las cinco. —La portera del bulevar de Charonne. de hombros anchos. por ejemplo. está lleno de marcos y de grabados. Era un hombre de treinta y ocho años. señor presidente. —¿Hay portera? —No. que iba cubriendo de notas. permanecían tan inmóviles como si fueran. al que Maigret no conocía por haber llegado recientemente de provincias. bastante alto. Interrogado sobre su empleo del tiempo. Esta última. así como la tienda. permite colgar un letrero que dice: «En caso de ausencia.Digitalizado por Hyspastes . El otro. según su costumbre. Se hubiera dicho que sólo Gaston Meurant se desinteresaba de lo que pasaba en torno a él o. parecía aún más joven y tenía la costumbre infantil de batir las pestañas con aire de no comprender. detrás de la puerta de cristal. com —Sí. dirigirse al fondo del patio». que no tiene más que un escaparate bastante estrecho. Ginette Meurant era baja. siempre como dispuesto a saltar. poco sociable. por el contrario. Diez años menor que su marido. piel colorada y ojos azules. que asistía a aquel espectáculo como si no le concerniera a él. un poco antes de las ocho. más exactamente. le arrancaban una sonrisa de satisfacción. El abogado del acusado. aprobaba haciendo oscilar la cabeza a cada palabra de Maigret. Un pasillo sin iluminación conduce a él y allí se encuentra. Se trata de un cine del suburbio Saint-Antoine. las entradas y salidas son numerosas. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Tenemos el testimonio de la taquillera. Cuando regresó. —¿Era esto corriente? —Parece que sí. el taller. Uno de los asesores. con la piel sonrosada y los cabellos blancos. miraba recto hacia el público con aire de no oír nada. —¿Qué empleo del tiempo le explicó el acusado para el 27 de febrero desde las diecisiete horas a las veinte? —Me dijo que dejó su taller hacia las seis y media. del que ella es asidua. El edificio tiene unos veinte apartamentos y. y si algo sorprendía en él era la mujer que había elegido. con esa mirada. al final de la tarde. Representaba bien el tipo del artesano solitario. Todos los testigos le describían como una persona suave y calmosa. Más adelante visité ese taller. con cabellos de un rubio rojizo ensortijado. donde Meurant confeccionaba sus marcos. esa mueca en los labios y esa clase de cuerpo que hacen pensar inmediatamente en el amor. ¿vio entrar a su inquilina? —No se acuerda. que dividía su tiempo entre su taller de la calle de la Roquette y su casa del bulevar de Charonne. Es un edificio muy viejo. La casa no tiene más que dos pisos a los que se sube por una escalera que da al patio. desde cuyas ventanas se veían las tumbas del cementerio del Père-Lachaise. era un joven y ésta era su primera causa importante. Su mujer no estaba en el apartamento. En cuanto a los jurados. me dijo que había estado trabajando en su taller de la calle de la Roquette hasta las seis y media de la tarde. su marido había puesto ya la mesa y preparado la cena. —¿Habló usted con el acusado del jarrón. muy bien formada.

Me veo obligado. por nuestros archivos. y una gabardina beige claro que se ponía a menudo para ir al trabajo. Acababa de oír hablar de este dinero a la portera de la calle Manuel. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Juliette Perrin. no. Gaston Meurant. —¿Han declarado algunos testigos haber visto al acusado en su taller la tarde del crimen. Sólo sabía. com —No ese día. Meurant se vio obligado a dirigirse a su tía para que le prestara dinero. —¿Sin resultado? —Sin resultado. —¿Hicieron un mal negocio? —Sí. a instancias de su mujer según parece. —¿Qué pasó la mañana del 6 de marzo? —Yo estaba en mi despacho. —¿Encontró usted al hermano del acusado. —Si comprendo bien. cuando le cité en mi despacho. Se casaron y. y en los hombres que había conocido. a todos los que habrían podido ver pasar al asesino. Alfred Meurant? —No en esta época. —¿Pareció estar al corriente el acusado? —Tras dudar un poco. en este punto. en los días que siguieron al crimen. según él. la mañana del 6 de marzo. en la calle del Chemin-Vert. habría podido hablar de ello a algunos amigos. según ella. él insistió para que dejara de trabajar. hace ocho años. —¿Puede usted decirnos en qué se basó. Fue comiendo en él como Meurant la conoció. en el jarrón chino. —De suerte que. insistió ante el marido. —¿Llevaba. después de las cinco? —Entonces. 2 de marzo. un local de café-restaurante. En broma. acabó por decirme que sí.Digitalizado por Hyspastes . —¿Le había hecho la confidencia su tía? —Indirectamente. Desde los primeros meses. Nos interesamos también por las relaciones de la madre de la niña. llamaba al jarrón su caja fuerte china. a abrir un paréntesis. Leontine Faverges. Llevaba su traje de diario. abandonó su oficio para comprar. sino al día siguiente. cuando se presentó una ocasión para lograrlo. sino también una cartera vieja que contenía billetes de banco. hacia las diez. no sólo estaba la bolsa con las piezas de oro. que es gris.. d 2 g . era camarera en un restaurante del suburbio Saint-Antoine. —¿No dieron resultado estas investigaciones? —No. Meurant lo admite también. De esta cartera era de donde cogía las sumas que le entregaba. —¿Quién se encontraba al otro extremo del hilo? . La ambición de Ginette Meurant era ser algún día dueña de un café-restaurante y. que llevaba una vida irregular y que había sido condenado dos veces por proxenetismo. cuando recibí una llamada telefónica. cuando Meurant la conoció.. Según su sobrino. quien. para realizar su investigación? —Primeramente. —¿Se lo presto? —En varias ocasiones. estando al corriente del contenido del jarrón chino. un traje azul y un impermeable marrón? —No. la investigación estaba todavía en punto muerto… —Exactamente. ¿no había ningún elemento que permitiera acusarle? —Exacto. Interrogamos también a todos los habitantes de la calle. en el pasado de la víctima. —¿Por qué dice «a instancias de su mujer»? —Porque ella. Hace unos cinco años.

Meurant. en efecto. »Yo esperaba en mi despacho. El inspector Janvier estaba junto a él. »—Hasta ahora —continué yo—. del armario. El traje fue metido en una bolsa especial que yo había llevado y el inspector Janvier extendió los documentos habituales. llamé a la puerta del apartamento de los Meurant. pero que debía esperar al día siguiente para saber si se trataba de sangre humana. Encontrará en él manchas de sangre». »Al día siguiente por la mañana. ahora que sé que usted fue a la calle Manuel el 27 de febrero? ¿Qué fue a hacer allí? ¿Por qué lo ha ocultado?» El presidente se inclinaba hacia delante para no perderse nada de lo que iba a seguir. sacó un traje azul marino. en el tercer piso. a aquella hora. bastante alegre. La comunicación fue demasiado breve. En compañía del inspector Janvier llegué. La casa es confortable. Sólo pude reconocer el ruido característico de un teléfono público. —¿Qué le contestó? . donde. al bulevar de Charonne. en un despacho próximo. sin utilizar notas. el cual me entregó una orden de registro. dos de mis hombres. pero. desde el mediodía había ordenado que se vigilara discretamente a Gaston Meurant y a su mujer. coqueta. »Le pedí que nos lo enseñara. Mayo de 2005 http :// biblioteca . huellas de sangre sobre la manga derecha y por debajo. dijo: »— Seguramente es un malentendido. d 2 g . Pero. a las once y diez.Digitalizado por Hyspastes . —¿Lo consiguió? —No. En el curso de la tarde me hicieron saber que tenía. mientras que el inspector Lapointe se había sentado para tomar taquigráficamente el interrogatorio. se mostraba más nerviosa que él. No obstante. señor presidente. »La seguí a la alcoba.. Le temblaron los labios. provistos de una orden de detención. para que intentara averiguar el lugar desde donde llamaban. —¿Era un hombre o una mujer quien le hablaba? —Un hombre. el traje estaba en manos de los especialistas del laboratorio. El que se pone los domingos. Nos abrió la señora Meurant. com —Lo ignoro. Nos dijo que su marido había ido al taller y yo le pregunté si poseía un traje azul.. repetirnos aproximadamente la conversación que sostuvo con el acusado ese día? —Creo que sí. dígale a Meurant que le enseñe su traje azul. que estaba a mi lado. »—¿Por qué quiere ver este traje? »—Es una simple comprobación. Yo estaba sentado en mi mesa y a él le mantenía de pie. Juraría que hablaba a través de un pañuelo para desfigurar su voz.. »Éste pareció sorprendido. «—No está bien eso.. se presentaban en el taller de la calle de la Roquette y procedían a arrestar a Gaston Meurant. 7 de marzo. —¿Qué hizo usted? —Fui a ver al juez de instrucción. Sin resistirse. Entonces le enseñé la orden de registro. ¿Por qué me ha mentido? »Se le pusieron rojas las orejas.» —¿Puede usted. no pensaba en usted como en un posible culpable. Estaba en bata y calzada con chancletas. »Media hora más tarde. La persona en cuestión no quiso decir su nombre y yo le hice señas al inspector Janvier. los inspectores Janvier y Lapointe. estaba todavía en desorden. Su mujer. y. «— Sí — contestó —. ni siquiera como en un sospechoso. ¿qué quiere usted que piense. —¿Qué le dijo? —Textualmente: «Si quiere usted descubrir al asesino de la calle Manuel.

» . Mayo de 2005 http :// biblioteca . com —Balbuceó.Digitalizado por Hyspastes . con la cabeza baja: «—Soy inocente. d 2 g . Estaban va muertas.

y al fin se oía una risa nerviosa cuando se decidía a probar con la ventana siguiente. pues éste. sin embargo. y se encontraba un buen día encerrado en la sala de testigos con las personas a las que él había interrogado tiempo atrás y que. hubo incluso. Tres veces se repitió. su densidad. llevaba las sesiones con el máximo de paciencia y de humanidad. inquieto. proveedores. Los radiadores estaban muy calientes. Con otros magistrados. una sirena de ambulancia o de un coche de la policía. el que estaba en el banquillo de los acusados? De pronto. se acercó inclinándose hacia él. pálido y crispado. podría creer que sus frases se adaptaban a la verdad. subía de los centenares de cuerpos codo a codo. d 2 g . bordeando sin ruido el banco del Tribunal. no eran ya más que un recuerdo. de las ropas húmedas. al ver los regueros de lluvia en los cristales.Digitalizado por Hyspastes . más rigurosos. con un gesto discreto. donde las palabras de todos los días no parecían ya tener curso. sabía que no estaba dando de la realidad sino un reflejo sin vida. A causa de este incidente. a veces un año y hasta dos. Un vapor invisible. Como para subrayar la pausa. en la sala. para él. Se resistía. debía haber llamado al ujier. Mayo de 2005 http :// biblioteca . tras meses de prisión. El ujier. el joven abogado de la defensa. había creído leer un reproche en los ojos azules del acusado. el armiño. siguió su mirada que se fijó en las ventanas altas abiertas en los muros y de las que colgaban cuerdas. a paso de sacristán. en ese momento preciso. donde los hechos más cotidianos se traducían en fórmulas herméticas. de las respiraciones. En su despacho del Quai des Orfèvres se enfrentaba todavía con la realidad y. la gente volvió a tomar conciencia del mundo exterior. concentrado. mientras sus miradas se cruzaban. El presidente sólo pronunció unas palabras y todo el mundo. com CAPÍTULO II El presidente. Maigret esperaba. hasta cuando redactaba su informe. se encontraban hundidos en un universo despersonalizado. No acuciaba al testigo para que terminara. quienes estaban sentados. . ¿Eran verdaderamente los mismos seres humanos. esquemático. La ropa negra de los jueces. que olía cada vez más a hombre. al oír de pronto más claramente los frenazos de los coches y los autobuses. Incluso hoy. con la mirada vacía. se esforzaba por adivinar lo que ocurría. mientras Duché. Todo lo que acababa de decir era verdad. el traje rojo del fiscal aumentaban todavía esta impresión de ceremonia con ritos inmutables en el que el individuo no era nada. se dirigió hacia una de las cuerdas e hizo esfuerzos por abrir una ventana. transeúntes. no le cortaba la palabra cuando parecía que se perdía en detalles inútiles. pero no había hecho sentir el peso de las cosas. Había aprovechado la pausa para lanzar una mirada a Meurant y. las nubes más allá de ellos. le había ocurrido a Maigret apretar los puños de cólera y de impotencia. Luego pasaban meses. las miradas le seguían continuamente. El presidente Bernerie. y todo el mundo estaba en suspenso. porteros. su olor. el comisario sentía un cierto desánimo. en los bancos de la iglesia? ¿Era el mismo hombre. No era la primera vez que en aquel mismo estrado. su estremecimiento.

colores pálidos. d 2 g . Estaban ya muertas. »Era un viejo señor. dieciocho volúmenes encuadernados de la «Historia del Consulado y del Imperio». para al final. una historia de las religiones. señor comisario. demasiado brillantes. Maigret trataba de imaginar al artesano de cuadros. «Madame Bovary». una obra sobre los animales salvajes y.Digitalizado por Hyspastes . al que dice que no había visto nunca. Mayo de 2005 http :// biblioteca . ahogarla bajo los cojines de seda. A las dos. Siempre según él. aquello sonaba como una mentira desesperada. —Le pregunté el empleo exacto de su tiempo en la tarde del 27 de febrero. ella y él. señores con familia y reputación visitaban discretamente y donde.. siquiera. ocupado toda la jornada en su taller. para evitar que se encontraran entre sí. así como los discos.. como de costumbre. oyó pasos en el patio. eran los libros de Meurant los que estaban en los estantes. —Yo soy inocente. porque. cerca del fonógrafo. nervioso porque no moría suficientemente de prisa. un poco después de las seis. revistas de cine. tiempo atrás. donde trabajó en varios marcos. Eran apenas las once de la mañana. Gaston Meurant era un asesino que no había dudado en matar a una niña.. En la misma habitación se apilaban periódicos sentimentales. sin duda. en una vieja edición que olía ya a papel enmohecido. en dos frases. se les escondía detrás de gruesas cortinas. Su descripción. tuviera las mismas lecturas que el acusado? —Continúe. Llamaron al cristal. Le había chocado. estaba en su taller cuando. le parecía indispensable que los que iban a juzgar a Gaston Meurant conocieran la atmósfera del apartamento del bulevar de Charonne tal como él la había descubierto. en las librerías de viejo o en las casetas de las márgenes del Sena: «Guerra y Paz». de estilo romántico. al que.. intentando primero estrangularla. no servía para nada. el alimento de Ginette Meurant. Sin embargo. había un vendedor de pájaros del Quai de la Mégisserie y un pequeño empresario de fontanería que trabajaba él mismo con sus dos obreros. ¿A imagen de quién estaban hechas las habitaciones. en las veladas. al fondo de un patio. com Por ejemplo. y luego el domingo durante todo el día? ¿Qué palabras se dirigían? ¿Cuáles eran sus gestos? Maigret tenía conciencia de no haber dado tampoco una idea exacta de Leontine Faverges y de su apartamento. de cuarenta centímetros por cincuenta y cinco.. por la noche. encendió las lámparas y volvió a la tienda para iluminar el escaparate. para un cuadro . pero ¿acaso las personas que estaban allí tenían todavía noción del tiempo o. para el público. de Tolstoi. que daba al cementerio. abrió su tienda y colgó detrás de la puerta el cartel rogando que entraran hasta el taller. regresando de su trabajo y encontrando aquel ambiente que recordaba a los almacenes: luces casi tan tamizadas como en la calle Manuel. desde el primer momento. en los que sólo se leían títulos de canciones sentimentales. llena de matrimonios y de niños. su decoración.. tan llena como un cine. ¿Había también alguno que se hubiera casado con una mujer del tipo de Ginette Meurant y que. Fue a él. incluso para los jurados sin duda. ¿Cómo se comportaban. muebles demasiado ligeros. de su vida privada? Entre los jurados. su mobiliario? En la alcoba no se veía una auténtica cama. Quería un marco plano. Se adivinaba al hombre que quiere instruirse. a su lado. A las cuatro.. Estaba cubierto con satín naranja. la vivienda de la pareja. aquella enorme casa. que sólo conocía el asunto por los periódicos. aunque sólo eran libros comprados de ocasión. novelas populares que constituían. revistas en colores. sino uno de esos divanes de esquina rodeados de estanterías que se llaman cosy-corners. En la sala de audiencia.

como tenía costumbre de hacer al menos una vez por mes. —¿Tenía entonces alguna intención especial al visitar a su tía? —Primero me declaró que no. dar la impresión de un hombre seguro de sí y de la causa que defendía. una media hora aproximadamente. Maigret prosiguió con una voz impersonal: —El acusado pretende que tras esta visita cerró el taller y luego la tienda. com italiano que acababa de comprar. Después de informarse del precio. Meurant le mostró listones de diferentes tamaños. El fiscal Aillevard. Le tocó a la defensa agitarse ahora. cuando descubrimos lo de la letra impagada. el viejo señor se marchó. Debía. a esa hora. d 2 g . cuando podía pensar que no lo iba a ser nunca. . pareció borrar este argumento en favor de Meurant. Dos días más tarde. —Lo que situaría su partida en torno a las seis y media. Mayo de 2005 http :// biblioteca . no pagó la letra. El hecho había atormentado también a Maigret. que ya había sido protestada el mes anterior. a toda costa. —¿Le interrogó usted personalmente? —Sí. ¿no es así? —Más o menos. Afirma que. se lo jugaba. señor presidente. realmente. tras haber degollado a su tía y ahogado a la pequeña Cecile Perrin. es decir. mientras Pierre Duché se volvía hacia los jurados con el aire de tomarles por testigos. Pasaba por casualidad ante la tienda. Sólo tres semanas más tarde. Se llama Germain Lombras. que. El joven abogado. que le traicionaban. en el sitio del ministerio público. —El 28.Digitalizado por Hyspastes . hizo ademán de pedir la palabra y el comisario se apresuró a añadir: —Le ha sido imposible al testigo precisar si esta escena tuvo lugar el martes o el miércoles. tampoco la que se hizo entre los conductores de autobús. seguía la declaración de Maigret por el sumario abierto ante sí. No poseía los fondos necesarios. señor presidente. rectificó su declaración. sin embargo. y en taxi veinte minutos. que era una visita banal. un profesor de piano que vive en la calle Picpus. —Hablemos de esa letra. si se había apropiado además de los títulos al portador. Si el acusado. había cogido las piezas de oro y los billetes ocultos en el jarrón chino. El fiscal. con un gesto. y la víspera había comprado un paisaje napolitano a un revendedor. Se bajó del autobús al final de la calle de los Mártires y se dirigió hacia la calle Manuel. y se esforzaba por imponer inmovilidad a sus manos. En autobús se necesita. —¿Le dijo cómo estaba vestido el acusado? —Según parece. una tarde. Una investigación entre los conductores de taxis no ha dado ningún resultado. el 26 o el 27 de febrero. Meurant llevaba un pantalón gris bajo un blusón de trabajo crudo y se había quitado la corbata. —¿Se ha encontrado a este testigo? —Sí. ¿por qué razón. a quien todo el mundo prometía un brillante porvenir. —¿Fue pagada? —No. cuando no era todavía sospechoso. poco después de las seis. Nadie se acuerda de Meurant. fue al taller de Meurant. Meurant debía pagar una letra bastante importante. en este asunto. arriesgándose así a un juicio ejecutivo? —Mis inspectores calcularon el tiempo que se tarda en ir desde la calle de la Roquette hasta la calle Manuel. —¿Fue presentada esa letra? —Sí. en efecto. antes de dirigirse hacia la parada del autobús.

Como no varió en sus declaraciones. Meurant cree que había luz en otras habitaciones. bien hacia Niza y Mentón. Me afirma una vez más que es inocente y me pide que vele por su mujer. exactamente. cogió la llave.Digitalizado por Hyspastes . una de ellas durante once horas. que entregué al juez de instrucción. puso a calentar un poco de pierna asada y de judías verdes que les habían quedado. ni vio a la portera.. llegó a la calle Manuel a las siete menos unos minutos. y se sorprendió cuando. La línea. En el momento en que se marchaba. —¿Cómo regresó a su casa? —En autobús. pero es más bien una impresión. aunque estuviera de espaldas al público. Vio abierto un cajón del escritorio Luis XV y lo cerró. en especial las mujeres. No encontró a nadie en la escalera. Meurant. antes de bajar por la escalera. —¿No le ha escrito. Tuvo la impresión. que yacían en el suelo. vino. casi cada día. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —¿En París? —En Tolón.. Luego. y. que ha firmado. Maigret evitó la mirada de Meurant. una vez encarcelado? —Sí. sin haber recibido respuesta. pasa la mayor parte del tiempo. También puso en el jarrón chino las flores artificiales. estaba en su apartamento a las siete y treinta cinco. y luego preparó la mesa. que había hecho un ligero movimiento.? —Por temor a ser acusado. »Entró y se encontró ante el espectáculo anteriormente descrito. —¿No estaba su mujer? —No. que tiene una pantalla color salmón. no he vuelto a tener ocasión de verle. por el bulevar de Charonne. bien a Marsella. —¿Encontró a su hermano? —Quince días después del crimen de la calle Manuel. Según él no había puesto los pies en París desde enero. —¿Qué explicación da de su comportamiento? ¿Por qué no se molestó en llamar a un médico. redacté mi informe. por exhorto. según parece. com «Según sucesivas declaraciones suyas. Cinco taquilleras la han recordado a la vista de su fotografía. La carta ha sido unida al sumario. desde entonces. en fin. con su pañuelo. pues no fue a ellas. Iba mucho al cine. —¿No le dijo qué es lo que entiende por ello.» —¿Estaban encendidas las lámparas? —La gran lámpara de pie del salón. el 14 de marzo. sin tener una residencia fija. sonreía. de que todo el mundo. con frecuentes desplazamientos a lo largo de la costa. Primero fue escuchado por la policía judicial de Tolón. había ido a la sesión de las cinco de un cine del barrio. donde. en advertir a la policía. se dijo que al obrar así quizá había dejado huellas y limpió el mueble y luego el jarrón. —¿Hacía esto a menudo? —Muy a menudo. no sin exigir que sus gastos de viaje le fueran pagados anticipadamente. citado en mi despacho. o sea. esperándola. d 2 g . Limpió también el picaporte de la puerta y. pasa por calles de menos tráfico y. Como ya he dicho. señor presidente. ni qué teme que le pueda ocurrir a ella? —No. y proporcionó . —¿Qué hizo con ella? —La tiró a una alcantarilla. descubrió la llave en la cerradura. Llamó a la puerta de su tía. —¿Cuántas veces ha interrogado al acusado? —Cinco veces.

entre los que tenían un papel importante en el asunto. El fiscal. Va usted a ver dentro de un instante que si utilizo mis poderes discrecionales para evocar un desarrollo inesperado del asunto. —Oficialmente. —No obstante. había cambiado. Maigret había visitado en su despacho del juzgado. observando los rostros. puesto al corriente también la víspera. en puntos estratégicos. pues. com el nombre de tres testigos con quienes jugó a las cartas. es decir. a las cinco. —¿Por su propia cuenta? —De acuerdo con el director de la policía judicial. con un aire un tanto protector. que no se tenía derecho a utilizar contra su cliente hechos que no estaban consignados en el sumario. ¿Por qué razón. Desde la apertura del proceso. generalmente llamada la «Mundana». sin duda. Pertenecen al mismo medio que Alfred Meurant. Eran tres solamente los que lo sabían. a quien. aparte el comisario mismo. Mayo de 2005 http :// biblioteca . ¿no es así? —Así es. más tarde durante el mismo día. Pero había otros. de los actos de algunas personas relacionadas más o menos próximamente con el acusado? De pronto. Los testigos fueron oídos. —¿Sabía el juez de instrucción que usted continuaba ocupándose del asunto? —Le hablé de ello incidentalmente. señor comisario. El comisario Maigret. Luego. Los hechos. ¿prosiguió su investigación de forma oficiosa? —Sí. miró al joven defensor con un asomo de ironía. estaban en la sala. —¿En qué fecha envió su informe al juez de instrucción? —El informe definitivo. continuó usted empleando a sus inspectores en investigaciones que el envío a la Audiencia por la sala de las actas de acusación no hacía ya necesarias? La calidad del silencio. —Repito mi pregunta. No se oía la menor tos y ni un zapato se movía sobre el suelo. ¿ha vuelto a ocuparse. en definitiva. El fiscal. señor presidente. en Bandol. ¿Cómo . señor —le dijo el presidente—. por su parte. por el fiscal. el abogado de la defensa se levantó. señor comisario. en primer lugar. espiando las reacciones. Iba a decir. Por eso yo he calificado de oficiosa esta investigación en cierto modo complementaria. —Yo no estaba satisfecho de los resultados obtenidos —murmuró Maigret con una voz turbia. no obstante. dispuesto a protestar. d 2 g . al hampa. usted no actuaba ni siguiendo sus instrucciones ni las del fiscal general. —Es necesario que esto quede claramente establecido. el presidente Bernerie. en su opinión. —Tranquilícese. No podía decir lo que sentía. su investigación terminó el 28 de marzo. no. Justin Aillevard. no casaban con los personajes.Digitalizado por Hyspastes . fueron transmitidos el 28 de marzo. algunos que pertenecían a la brigada de costumbres. la víspera. el 27 de febrero. Se había llegado al momento delicado. que esperaban también este momento: cinco inspectores que Maigret había elegido entre los menos conocidos. señor presidente. señor presidente. —¿Tuvo usted al juzgado al corriente? —Hasta ayer. en la sala. mezclados con la gente. no lo hago con el objeto de abrumar al acusado. —Exacto. El verbo satisfacer no expresaba sino imperfectamente su pensamiento. —Después de esta fecha. así como las diferentes declaraciones firmadas por el acusado. insospechados del público.

Delicadas investigaciones de laboratorio han demostrado más tarde que esta sangre y la de la víctima presentan un número suficiente de características semejantes como para que sea científicamente cierto que nos encontramos frente a la misma sangre. ni el de las calles llenas de tráfico o las tabernas y los bailes de barrio. a las seis. Frases. El fiscal también. señor presidente. Mayo de 2005 http :// biblioteca . donde le interrogaban con frases precisas? El presidente tenía una experiencia tan larga como él. sin duda. debo asegurarme de que están estrechamente relacionadas con el asunto en curso. No conocía el hormigueo de esos edificios. —Entonces. por fin. Se le llevaban acusados entre dos gendarmes y todo lo que conocía de ellos lo descubría en las páginas de un sumario. no creía lo que oía. El hecho de que la letra presentada al día siguiente no haya sido pagada también me extrañó mucho. que se había preparado a combatir la declaración de Maigret. del apartamento de Leontine Faverges. ¿y en torno? Sus asesores estaban en el mismo caso. señor presidente. Esta hora. en su taller. a ver a su costurera. ¿no seguían siendo teóricos sus contactos con la vida? Él no había ido al taller de la calle de la Roquette. como mínimo. algunos. Pero. mientras el comisario proseguía su ronroneo. el que hace falta para trasladarse a la calle Manuel. en el que formaban un islote aparte. La dignidad misma de sus funciones les aislaba del resto del mundo. en pantalón gris. en su despacho. —Antes de permitirle explicar el resultado de ellas. com explicar esto en el marco solemne de la Audiencia. Al mismo tiempo. Si se acepta el testimonio Lombras. Hemos calculado el tiempo necesario para ir desde este taller al apartamento del bulevar de Charonne. donde la luz. Sin embargo. El joven abogado. el acusado se encontraba todavía. en la calle Manuel. quisiera que nos dijese cuál ha sido el resultado del análisis de las manchas de sangre. permanecía con frecuencia encendida hasta las dos de la madrugada. ha sido confirmada por un comerciante del barrio a cuya tienda fue dicha persona antes de ir. ni al extraño apartamento del bulevar de Charonne. el hermano del acusado. hombres y mujeres de todas clases. entre los espectadores. aunque éste sea menos firme en cuanto a la fecha de su visita a la calle de la Roquette. pero éstos no tenían voz en la sala o no conocían nada del complicado aparato de la Justicia. Todo ello representa. —Se trata de sangre humana. y luego el tiempo para cambiarse y. Hechos. . estaban en mejores condiciones para comprender el carácter de un Meurant. más larga incluso. cincuenta y cinco minutos. por el banquillo de los acusados y el estrado. está seguro respecto a la hora. de los asuntos criminales. —Sí. Había visto desfilar.Digitalizado por Hyspastes . d 2 g . ¿continuó su investigación? —En parte a causa de ello. Hablo de las que fueron encontradas en el traje azul perteneciente al acusado. ¿Y no estaba Maigret al mismo tiempo a ambos lados de la balaustrada? —Antes de dejarle continuar. mis colaboradores y yo nos hemos dedicado a otras investigaciones. Palabras. hacia las cinco. Entre los jurados. —El testigo que vio a un hombre con traje azul e impermeable marrón salir. usted se ocupó de Alfred Meurant. señor comisario. Cada noche se llevaba sumarios para estudiar en su apartamento del bulevar Saint-Germain. —A pesar de ello. por otra parte. se mostraba inquieto.

De nuevo el silencio. y su abogado tuvo que levantarse para calmarle y obligarle a que se tranquilizara. que regresó a su casa el 27 de febrero hacia las ocho de la noche y que encontró la cena preparada en la mesa. en primer lugar. Durante muchas semanas. —Una pregunta. señor comisario. hace poco menos de un mes. com —Lo están. indignado. —¿Qué fotografías? —La de Alfred Meurant. me pregunté a quien trataba y en qué empleaba su tiempo. Y también la de Ginette Meurant. sino también en los bailes de mala nota. Usted oyó a Ginette Meurant en la P. si no recuerdo mal. no sólo por el personal de los cines. no obteniendo resultados positivos. ¿Le dijo qué traje llevaba su marido? —Un pantalón gris. ¿ha sido objeto de vigilancia la señora Meurant por parte de la policía? —No una vigilancia continua. Una breve mirada del presidente. siempre por la tarde. J. Estaba sin chaqueta. casi no se la vio en ellos. —Durante esta investigación. quien se alzó. »En fin. Hemos encontrado fichas de él. me marché de vacaciones —prosiguió Maigret—. —Alfred Meurant. incluso por la noche. nunca por mucho tiempo. Sin embargo. sobre todo de los cines del barrio. entre otros sitios. ¿no explicaban la atmósfera del bulevar de Charonne. Luego. nadie recuerda haberle visto en compañía de su cuñada. Fue el acusado. ¿era el resultado de la carta que el acusado le envió desde su prisión y tenía por objeto proteger a su mujer? —No quiero decir eso. que tenía los dos puños cerrados y hacia el cual el abogado continuaba volviéndose por temor a un estallido. no sin ironía—. Le declaró. señor presidente. donde estuvo en varias ocasiones. es muy conocido en ciertos barrios. —Esta vigilancia.Digitalizado por Hyspastes . tanto en la calle de Lappe como en el barrio de la Chapelle. aunque esporádica —preguntó el magistrado. el hermano del acusado. si comprendo bien. y el último baile al que fue es al de la calle de los Gravilliers. un inspector a su puerta. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —Díganos sus conclusiones todo lo brevemente que le sea posible. esta vez. en el sentido de que no era seguida en todas sus salidas y que no tenía a todas horas. Maigret se secó la frente. . —Continúe. d 2 g . y en tomo a la Puerta SaintDenis. Maigret sentía sobre sí la mirada hostil de Meurant. Estos testimonios. a no ser en una época que se remonta a más de dos años». embarazado por su sombrero. que seguía sosteniendo en la mano. —¿Buscaba usted. Risas en la sala. —¿Iba sola? —Ha tenido en ellos un cierto número de amigos. en particular en los alrededores de la plaza de los Ternes. descubrir las personas que frecuentaba? —Quise saber. en los últimos meses que precedieron al crimen. los diferentes servicios de la policía no habían descubierto nada más. Ha frecuentado estos lugares durante muchos años. —La fotografía de Ginette Meurant fue reconocida en seguida. en un pequeño hotel situado en la calle de la Estrella. inspectores de la brigada de locales han presentado ciertas fotografías a un gran número de hoteles amueblados de París. si se le ha visto con numerosas mujeres. en primer lugar. si se encontraba a veces con su cuñado a escondidas. las revistas y los discos. pero nada indica que posteriormente al 1 de enero haya venido a París. su contraste con los libros que Meurant iba a comprar a las librerías de viejo? —Cuando.

Una doncella. un testigo reconoció en la fotografía de la joven a una de sus clientes regulares. dos o tres veces por semana. Desde el encarcelamiento de su marido ha pasado la mayor parte del tiempo en su casa. con los cabellos muy morenos. lo que nos dijeron los vecinos y los proveedores. —La vigilancia de Ginette Meurant no ha dado nada. Va vestido con rebuscamiento y lleva en un dedo una sortija con una piedra amarilla. de suerte que después de cada una de sus visitas a la calle Victor-Massé se encontraba un cenicero lleno de colillas. Anteayer. le mostró la fotografía. de las que sólo algunas estaban manchadas con carmín de los labios. casualmente. Normalmente está en el escritorio de su establecimiento y. en mi despacho. —Supongo que el compañero al que usted hace alusión es Alfred Meurant. vigila las entradas y salidas. —No. En la mesa de los periodistas. . para las visitas a la cárcel y. Los inspectores locales y los de costumbres. Después pasó tres meses de convalecencia en Morvan. —De modo que Meurant habría podido ir a cambiarse después. En la sala alguien protestó.Digitalizado por Hyspastes . no se efectuaban ya las investigaciones sistemáticas sobre los actos de Ginette Meurant. De vez en cuando la enseñaban. como ya he dicho. quien le miró con severidad. Se hacía de vez en cuando. no era continua. sin que ella lo supiera. del mismo modo que mis propios inspectores. y su cuñada le reemplazaba. com —¿Y cuando se despidió de él después de comer? —Llevaba traje gris. de modo que a veces una detención se produce. a dos pasos de la plaza Pigalle. así como la de su cuñado. llevaban. Sus resultados confirman. Fue de esta forma como. Ginette Meurant. que enciende uno tras otro. Tiene unos treinta años y fuma cigarrillos americanos. achaparrado. Esta vigilancia. y cambiarse de nuevo al regresar. esta vez. éstos se miraban entre sí y luego miraban al magistrado con sorpresa. Mayo de 2005 http :// biblioteca . El hombre en cuestión es de poca talla. —¿No fue interrogado en marzo pasado o en abril. y a finales de septiembre fue cuando un agente de locales. —Volvamos a la investigación complementaria a la que se dedicó usted. de donde es natural. sin embargo. fortuitamente. volver a salir. ¿no es cierto? —Es materialmente posible. el 26 de septiembre. Geneviève Lavancher. no saliendo más que para hacer la compra. a una sesión de cine. —¿La fotografía de Ginette Meurant? —Sí. Meurant se agitó de nuevo y fue el presidente. sin duda. les mostré varios centenares de fichas antropométricas con el fin de asegurarme de que el compañero de Ginette Meurant no es conocido nuestro. dos o tres años después del crimen o el delito. La reconoció a la primera mirada diciendo que hasta su partida para el hospital ella venía en compañía de un hombre al que no conocía. donde cité a Nicolás Cajou y a la doncella. durante los últimos meses. d 2 g . Ayer. su fotografía en el bolsillo. —Exacto. señor presidente. —Este testigo es Nicolás Cajou. —Dicho de otra forma. —¿A qué hora dejó ella el apartamento del bulevar de Charonne? —Hacia las cuatro. no obstante. reconoció también la fotografía. gerente de un hotel amueblado de la calle VictorMassé. por la puerta de cristales. Quizá sea conveniente explicar que la policía no pierde jamás completamente de vista un asunto. como los otros encargados? —Entonces estaba en el hospital con motivo de una operación. regresé de vacaciones y encontré un informe sobre mi mesa.

ese día. Una voz de mujer intentó hacerse oír: —Señor presidente.Digitalizado por Hyspastes . y el presidente alzó el tono. El 25 estaba todavía en el escritorio del hotel y afirma que. . con las mandíbulas apretadas. Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g .. miró a Maigret con odio. se produjo una agitación. yo. Nicolás Cajou entró en el hospital el 26 de febrero.. antes del proceso. recibió la visita de la pareja. que seguía invisible para Maigret. En la sala. para decir: —Silencio. para iniciar una investigación profunda. o mando desalojar. com »No he tenido materialmente tiempo. lo que ocurría raramente. —¡Silencio! El acusado.

gesticulaban. más que a dos de sus hombres. Reinaba la misma excitación que en el teatro. Xavier Bernerie recitó con indiferencia: —El Tribunal agradece al testigo su declaración y le ruega que no abandone la sala. no veía sino imágenes confusas. seguido con dificultad por Pierre Duché. y ya estaba casi de pie cuando el presidente Bernerie golpeó la mesa con su mazo y el magistrado ocupó de nuevo su puesto como en un cuadro. casi una explosión. Mayo de 2005 http :// biblioteca . y citaba dos casos. en los que no sólo se había rehecho enteramente la instrucción en la audiencia pública. 312 y siguientes del código de procedimiento criminal y algunos hablaban con excitación de irregularidades en el desarrollo de las sesiones. Discutían los artículos 310. y no había tenido tiempo de descubrir. un cigarrillo sin encender colgado de su labio inferior. con toga brillante. apenas ensordecida. Siempre como un oficiante. al otro lado. en 1923. oía fragmentos. pues se veía a los labios moverse sin ruido. cuando fue descubierto por los periodistas. De todo esto. La mitad de los espectadores abandonó sus puestos. sino que había tomado una dirección nueva a consecuencia de un testimonio inesperado. otros se atropellaban esforzándose por alcanzar la gran puerta que los guardias acababan de abrir mientras los gendarmes escamoteaban al acusado por una salida que se confundía con los paneles de los muros. —¿Qué opina usted de la bomba que acaba de lanzar. en la sala donde se iban creando algunos huecos. de pie en los bancos. Se inició un coloquio de tres. como diciendo responsos. en 1885. que recordaba también a los ritos religiosos. y una abogado que habría podido aparecer en la portada de una revista. 311. señor comisario? —¿Qué bomba? Llenó metódicamente su pipa. inquieto. Dudaba visiblemente. como un bloque inmóvil. no se molesten si no tengo nada que añadir a lo que ya he dicho en el estrado. . algunos. acabó su responso: —La audiencia se suspende por un cuarto de hora. Abogados con toga. —¿Sospecha de su mujer? —Señores. todavía no muy seguro de sí. Estalló. abandonó su puesto para intervenir también y pudo creerse. un ruido de recreo. d 2 g . y a los rostros inclinarse con una curiosa cadencia. en un estreno. un poco más tarde. con sus ropajes rojos. Un viejo abogado de dientes amarillos. de sonidos de todas clases que se mezclaban. lo que llevaría infaliblemente el asunto a la casación. formaban un racimo negro y blanco cerca de la entrada de los testigos. y otro en Poitiers. y los jurados. después del primer acto. que el joven defensor iba a hacer otro tanto. Maigret. Llegó un momento en que el fiscal. —¿Cree que Meurant es inocente? —No creo nada. buscó su birrete con la mano.Digitalizado por Hyspastes . lo cogió y poniéndose de pie. desaparecían también entre bastidores. com CAPITULO III Nadie se movió mientras el presidente se inclinaba alternativamente hacia uno y otro de sus asesores y les hablaba en voz baja. uno en Limoges. sentía sed. invocaba calmosamente la jurisprudencia. en un segundo. sobre todo jóvenes.

Digitalizado por Hyspastes . Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g . com Si la jauría le dejó en paz de pronto, fue porque un joven reportero se había precipitado hacia Ginette Meurant, que se esforzaba por ganar la salida y los demás temieron perderse una declaración sensacional. Todo el mundo miraba al grupo agitado. Maigret lo aprovechó para deslizarse por la puerta de los testigos; en el corredor encontró a algunos hombres que fumaban cigarrillos, y otros que, poco familiarizados con el lugar, buscaban los urinarios. Sabía que los magistrados deliberaban en la sala del presidente y vio a un ujier conducir a ella al joven Duché, al que habían mandado llamar. Se acercaba el mediodía. Bernerie, evidentemente, quería acabar con el incidente en la audiencia de la mañana, a fin de reanudar, por la tarde, el curso regular de las sesiones, esperando alcanzar un veredicto en el mismo día. Maigret llegó a la galería, encendió al fin su pipa, dirigió un gesto a Lapointe, al que descubrió apoyado en un pilar. No era el único que quería aprovechar la suspensión para beber un vaso de cerveza. Se veía a la gente, fuera, con el cuello alzado, que atravesaban la calle corriendo bajo la lluvia para meterse en los cafés más próximos. En la cantina del Palacio, una masa impaciente, apretada, importunaba a los abogados y a sus clientes, quienes, unos instantes más tarde, discutían tranquilamente de sus pequeños asuntos. —¿Cerveza? —preguntó a Lapointe. —Si podemos, jefe. Avanzaron entre las espaldas y los codos. Maigret hacía señas a un mozo al que conocía desde hacía veinte años y, unos instantes más tarde, le pasó por encima de las cabezas dos cortos espumosos. —Arréglatelas para saber dónde come, con quién, a quién habla, y si llega el caso, a quién telefonea. La marea refluía ya y la gente corría para volver a ocupar sus puestos. Cuando el comisario llegó a la sala, era demasiado tarde para alcanzar las filas de los bancos y tuvo que quedarse contra la puerta pequeña, entre los abogados. Los jurados estaban en sus puestos, y también el acusado, entre sus guardias, con su defensor por debajo y delante de él. El Tribunal entró y se sentó dignamente, consciente, sin duda, como el comisario, del cambio que se había producido en la atmósfera. Hacía un momento se trataba de un hombre acusado de haberle cortado la garganta a su tía, una mujer de sesenta años, y de haber ahogado, después de haber intentado estrangularla, a una niña de cuatro años. ¿No era natural que hubiera en el aire una gravedad lúgubre y un poco sofocante? Ahora, después del entreacto, todo había cambiado. Gastón Meurant había pasado al segundo plano y el doble crimen incluso había perdido su importancia. El testimonio de Maigret había introducido un nuevo elemento, había planteado un nuevo problema, equívoco, escandaloso, y la sala no se interesaba ya más que por la joven que los ocupantes de las últimas filas trataban en vano de ver. Esto creaba un rumor particular y se vio al presidente pasear una mirada severa por la multitud, con el aire de buscar con los ojos a los perturbadores. Esta situación duró bastante y, a medida que pasaba el tiempo, los ruidos se iban haciendo más sordos, hasta que de pronto murieron y el silencio se impuso de nuevo. —Advierto al público que no toleraré ninguna manifestación y que al primer incidente haré desalojar la sala. Carraspeó y murmuró algunas palabras al oído de sus asesores.

Digitalizado por Hyspastes . Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g . com —En virtud de los poderes discrecionales que me están conferidos y de acuerdo con el ministerio público, así como con la defensa, he decidido oír a tres testigos nuevos. Dos se encuentran en la sala y el tercero, cuyo nombre es Geneviève Lavancher, citada ya telefónicamente, se presentará en la audiencia de esta tarde. Ujier, haga el favor de llamar a la señora Ginette Meurant. El viejo ujier avanzó por el espacio vacío al encuentro de la joven, la cual, sentada en la primera fila, se levantó, dudó, y al fin se dejó conducir al estrado. Maigret la había oído varias veces en el Quai des Orfèvres. Tuvo entonces delante de sí a una mujer bajita, de vulgar coquetería, y a veces agresiva. En honor de la Audiencia, se había comprado un traje de chaqueta negro, con falda y abrigo de tres cuartos, y sólo llevaba de color la blusa amarillo paja. También para la ocasión, el comisario estaba convencido de ello, con el propósito de cuidar el papel que representaba, llevaba un sombrero con velo que daba a su rostro un cierto misterio. Se hubiera dicho que representaba a la vez la muchachita ingenua y la joven señora comme-il-faut, bajando la cabeza, y alzándola luego para fijar en el presidente sus ojos asustados y dóciles. —¿Se llama usted Ginette Meurant, de soltera Chenault? —Sí, señor presidente. —Hable más fuerte y vuélvase hacia los señores jurados. ¿Tiene usted veintisiete años y nació en Saint-Sauveur, en Nièvre? —Sí, señor presidente. —¿Es usted la esposa del acusado? —Sí, señor presidente. Respondía siempre con la misma voz de buena colegiala. —En virtud del artículo 322, su declaración no puede ser recibida, pero, de acuerdo con el ministerio público y con la defensa, el Tribunal tiene derecho a oírla a título de información. Y, como ella alzó la mano imitando a los anteriores testigos, la contuvo. —No. Usted no debe prestar juramento. Maigret vio entre dos cabezas la cara pálida de Gastón Meurant, que miraba fijamente hacia delante. De vez en cuando, sus mandíbulas se apretaban con tanta fuerza que formaban un bulto. Su mujer evitaba volverse hacia él, como si le hubiera sido prohibido, y era siempre al presidente al que dirigía sus ojos. —¿Conocía a la víctima, Leontine Faverges? Pareció dudar antes de murmurar: —No muy bien. —¿Qué quiere usted decir? —Que ella y yo no nos tratábamos. —Sin embargo, ¿usted habló con ella? —La primera vez, antes de nuestra boda. Mi prometido insistió en presentármela diciendo que era su única familia. —¿Fue usted, pues, a la calle Manuel? —Sí. Por la tarde, hacia las cinco. Nos sirvió chocolate y pasteles. En seguida noté que yo no le gustaba y que aconsejaría a Gastón que no se casara conmigo. —¿Por qué razón? Se encogió de hombros, buscó las palabras, y al fin cortó: —Éramos muy diferentes. Una mirada del presidente contuvo las risas apenas iniciadas. —¿No asistió a su matrimonio?

Digitalizado por Hyspastes . Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g . com —Sí. —¿Y Alfred Meurant, su cuñado? —También. En esta época, él vivía en París y no estaba reñido con mi marido. —¿Qué profesión ejercía? —Representante de comercio. —¿Trabajaba regularmente? —¿Cómo podía yo saberlo? Nos ofreció un servicio de café como regalo de boda. —¿No ha vuelto a ver a Leontine Faverges? —Cuatro o cinco veces. —¿Ha ido a su casa? —No. Somos nosotros los que fuimos a la suya. Yo no tenía ninguna gana, pues me da horror el imponerme a la gente a la que no gusto, pero Gastón decía que no tenía más remedio. —¿Por qué? —No lo sé. —¿No sería, quizá, por su dinero? —Puede ser. —¿En qué momento dejó usted de frecuentar la calle Manuel? —Hace mucho tiempo. —¿Dos años? ¿Tres años? ¿Cuatro años? —Pongamos tres años. —¿Conocía usted, por lo tanto, la existencia del jarrón chino que se encontraba en el salón? —Lo vi y hasta le dije a Gastón que las flores artificiales sólo están bien para las coronas mortuorias. —¿Sabía lo que contenía? —Sólo sabía lo de las flores. —Su marido, ¿no le dijo nunca nada? —¿De qué? ¿Del jarrón? —De las piezas de oro. Por primera vez, ella se volvió hacia el banquillo de los acusados. —No. —¿No le confió tampoco que su tía, en lugar de depositar su dinero en el banco, lo guardaba en su casa? —No lo recuerdo. —¿No está usted segura? —Bueno... Sí... —En la época en que usted frecuentaba todavía, por poco que fuera, la calle Manuel, ¿estaba ya la pequeña Cecile Perrin en la casa? —Yo no la vi nunca. No. Hubiera sido demasiado pequeña. —¿Ha oído usted hablar de ella a su marido? —Ha debido aludir a ella. ¡Espere! Sí, ahora estoy segura. Incluso me extrañó que se confiara una niña a una mujer como ella. —¿Sabía usted que el acusado iba con bastante frecuencia a pedir dinero a su tía? —No me tenía siempre al corriente. —Pero, de una forma general, lo sabía, ¿no? —Sabía que a él no le iban los negocios, que se dejaba arrollar por todo el mundo, como cuando abrimos, en la calle del Chemin-Vert, un restaurante que hubiera podido marchar muy bien. —¿Qué hacía en el restaurante usted?

—¿Entendía él de eso? —Utilizaba un libro. —¿En qué se basa usted para afirmar que estaba celoso? —Ante todo. Era el de diario. Luego. incapaz de ver adonde quería llegar el presidente. —¿Se acuerda del traje que su marido llevaba el 27 de febrero a la hora de comer? —Su traje gris. —Tras la liquidación del restaurante. —Su marido. Gastón no quería. —¿Está usted segura de no haber hablado a nadie de la calle Manuel y de Leontine Faverges? —Sólo a mi marido. —Por la noche. —¿Le hubiera sorprendido? —No. y el domingo. los últimos días de febrero.Digitalizado por Hyspastes . —¿Estaba usted sola en la sala con los clientes? —Al comienzo. —Vuélvase hacia los señores jurados. —Yo no lo he notado. —Lo olvidaba. no. si salíamos. —¿Y para ir a ver a su tía? —Algunas veces creo que se puso su traje azul. —¿Le hacía escenas de celos? —Escenas. —Cuando el negocio fue a peor. El otro no se lo ponía más que el sábado por la noche. —¿Y su marido? —Trabajaba en la cocina. d 2 g . salía sin cesar de la cocina para espiarme. Si estaba desconcertada por aquella pregunta. ayudado por una vieja. Mayo de 2005 http :// biblioteca . ¿le propuso usted trabajar? —No lo hice. ¿le preguntaba qué había hecho? —¿Qué le respondía usted? —Que había ido al cine. no lo dejaba ver. no quería que yo trabajara. —¿Ni a una amiga? —No tengo amigas. ¿no ayudó Leontine Faverges a pagar a los acreedores? —Supongo. —¿Le habló de una letra que le presentaban el 28? —No presté atención. com —Servía a los clientes. —¿Lo hizo aquel día? . en la calle del Chemin-Vert. Perdón. ¿parecía preocupado? —Siempre estaba preocupado. Creo que aún se debe dinero. —¿No le anunció que iría a ver a su tía para pedirle que le ayudara una vez más? —No me acuerdo. —¿La ha seguido alguna vez? Pierre Duché se agitó en su banco. Estaba acostumbrada a ello. —¿Frecuentaban a alguien su marido y usted? —A nadie. —¿Por qué razón? —Quizá porque estaba celoso. teníamos una camarera joven. Había letras todos los meses.

—No es usted ni pariente.Digitalizado por Hyspastes . en efecto. sino que parecía hecho de una materia blanda y malsana. cerca de Maigret.. Si Ginette Meurant. Y el presidente enlazó: —Haga acercarse a Nicolás Cajou. reflexionó un buen momento y acabó por encogerse de hombros. Ginette Meurant se volvió a sentar como a disgusto y un abogado. con su silueta de perro famélico. Levante la mano derecha. y nació en Marillac. y el presidente carraspeó antes de preguntar con una voz neutra: —¿Lleva usted normalmente un registro de los clientes que alquilan las habitaciones? —Sí.. ni amigo. incapaz de creer que había terminado.. —Lo juro. Había decepción en el ambiente. Maigret. —Puede usted volver a su puesto. no tienen derecho a prestar juramento. papadas bajo el mentón. ejerciendo la profesión de gerente de hotel en París. El público tenía la impresión de que le acababan de engañar. toda la verdad. Como por casualidad. Ahora bien. Mayo de 2005 http :// biblioteca . ¿Era consecuencia de la operación el que hubiera adelgazado tanto? Lo hacía destacar aún más el que sus ropas flotaran. —¿De todos los clientes? —De todos los que pasan la noche en mi hotel. d 2 g . bajo sus afeites. Jura decir la verdad. Los testigos que han sufrido una condena infamante. de escamotear una escena a la que tenía derecho.. —¿Ignora usted si en el curso de la tarde volvió al apartamento? —¿Cómo podría saberlo? Estaba en el cine. sobre su cuerpo. señor presidente. se encontraba instalado al lado de la joven y le hablaba en voz baja con aire de felicitarla.. de sesenta y dos años. com —No puedo saberlo. y había dado muchas veces ocasión para que le prohibieran ejercer. pues Bernerie pareció sorprendido. . y nada más que la verdad. creía haber comprendido. daba mucho que hablar de sí en el Palacio. ni está al servicio del acusado. que había perdido toda energía y flexibilidad. demasiado amplias... Quedó allí. tenía la palidez de las mujeres que viven como en un invernadero. que no le iban a hacer las preguntas que todo el mundo esperaba. que no se había perdido nada de la escena. señor presidente. en Cantal.. que no caminando por las aceras de la ciudad. o que se dedican a una actividad inmoral. Tenía bolsas bajo los ojos. ¿no tenía un oficio inmoral el encargado del hotel. Un asesor se inclinó hacia el presidente para hacerle una observación que debía ser oportuna. — ¿Se llama usted Nicolás Cajou.. metido en su despacho con los cristales esmerilados de su hotel. puesto que recibía en su establecimiento a parejas en condiciones prohibidas por la ley? ¿Se estaba seguro de que no figuraba ninguna condena en su expediente judicial? Era demasiado tarde para comprobarlo. susurró a sus compañeros: —Lamblin se la ha estado ganando en el corredor durante la suspensión. Yo no estaba en la casa. él no sólo estaba descolorido. Se le imaginaba mejor en zapatillas. en la calle Victor-Massé? —Sí. Diga: Lo juro.. —Gracias. El hombre que avanzaba hacia el estrado arrastrando una pierna era una muestra muy diferente de humanidad. azarada. raramente bien... El abogado Lamblin.

.. —Diga a los señores jurados en qué circunstancias ha visto anteriormente a esta joven. —¿Le ha reconocido usted? —Sí. —Sin embargo. que en su establecimiento jamás había escándalo y que cuando hacia falta proporcionaba a la brigada de alojamientos o a los inspectores de costumbres los informes que necesitaban. —¿Cómo lo sabe usted? —Porque alguna vez la señora que le acompañaba le llamó así delante de mí. señor presidente. d 2 g . —Gracias. com —¿Pero no registra usted los nombres de aquellos que no hacen más que estar un rato en el curso del día? —No... no tienen la costumbre de pasar la tarde en el hotel... yo diría incluso que demasiado elegante.. en compañía de un señor que alquilaba una habitación. —¿Era siempre el mismo su compañero? —Sí. sobre todo con la misma mujer. —¿Tenía algún acento? —No se puede decir que lo tuviera. —Los veo pasar.. decirle que. desde luego. llevaba zapatos especiales.. La policía podrá. En el barrio conocemos a este tipo de personas.. el 25 de febrero. —No alto. por la tarde. en general. señor presidente. Siempre bien vestido. Que él se portaba bien. —¿Cuándo le vio por última vez? —La víspera de mi entrada en el hospital. —En las circunstancias habituales. —¿Por qué? —Porque estos señores. es decir. Y esto fue lo que me extrañó. Pero siempre pensé que era del Mediodía o quizá un corso. Me acuerdo de la fecha por mi operación. —¿Cuántas.. —¿Es decir? —Pues que venía a menudo. señor presidente.. como algunos que se atormentan por ser bajos. —¿Le reconocería usted? —Seguro. por ejemplo? —Tres o cuatro veces.Digitalizado por Hyspastes .. —¿Ha mirado usted con atención al testigo que le ha precedido en el estrado? —Sí. Sospecho que. —Descríbale.. —¿Tampoco ha oído hablar de él? —Sólo sé que se llama Pierrot. ¿no ha visto usted nunca a éste fuera de su establecimiento? —No.. Más bien bajo. señor presidente. Mayo de 2005 http :// biblioteca . señor presidente. Una mirada de Bernerie cortó las risas. —¿Imagino que usted conoce más o menos de vista a la fauna de Montmartre? —¿Perdón? —Quiero decir a los hombres de los que habla.. .. —¿A qué llama usted a menudo? —Varias veces por semana..

El presidente miró la hora. de los testigos.. de los jurados. La pobre mujer creía que su hijo estaba enfermo. sólo un intercambio en apariencia inocuo de preguntas y respuestas. ¿Qué siente usted? ¿Dónde le duele? ¿Cuánto tiempo hace? Los demás esperan. a algunas frases. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —La audiencia se suspende y se reanudará a las dos y media. La misma batahola que un momento antes. y le preparaba ponches. jefe. com Esta vez se leía la decepción en los rostros. —¿Comes conmigo? —De todas formas he avisado a mi mujer que no volvería. escuchando a testigos que ya no aportarían nada imprevisto. J. Están los dos en el Quai. —¿Niegan? —Sí. Pero creo que usted los ablandará con facilidad. La Audiencia siempre había representado para él la parte más penosa. Se detuvieron ante el mostrador esperando a que quedara libre una mesa. la más triste de sus funciones. Su compañero. Un día que su consulta había estado llena. Pardon dejó escapar su desánimo. No salían desde hacía tres días. Lo había discutido a veces con su amigo Pardon. en sus propios ambientes. —¿Y en el Palacio? —Nada concreto todavía. al calor húmedo. Se había esperado una confrontación dramática y no ocurría nada. le pareció que Lamblin iba detrás de ella y que la mujer se volvía de vez en cuando para asegurarse de que la seguía. A Maigret. y siempre sentía en ella la misma angustia. esta vez. veinte. el médico del barrio con quien su mujer y él habían tomado la costumbre de cenar una vez al mes. o por culpa del código o del procedimiento. ¡Saque la lengua! ¡Desnúdese! En la mayor parte de los casos. —Tendré que telefonear al presidente para que me autorice a ausentarme de las sesiones. si así puede decirse. —¿Cómo fue? —Fue Lucas quien los detuvo en casa de la madre de uno de los chicos. Seguía lloviendo cuando atravesaron la plaza Dauphine para dirigirse hacia la cervecería que se había convertido en una especie de sucursal de la P. a algunas sentencias. una hora no sería suficiente para descubrir todo lo que hace falta . y se preguntan si les llegará su turno alguna vez. dieciocho años. d 2 g .Digitalizado por Hyspastes . ¿No era todo falseado allí? No por culpa de los jueces. con la mirada fija en la puerta acolchada. de que toda la sala se vació y que hacían calle para ver pasar a Ginette Meurant. Y a casi todos. Es viuda de un empleado de ferrocarriles y en la actualidad trabaja en una droguería del barrio. —¡Veintiocho clientes sólo por la tarde! Apenas hay tiempo más que de hacerles sentar. un robo a mano armada en una sucursal de banco del distrito XX. con la diferencia. sino porque los seres humanos se veían de pronto resumidos. —Ya les tenemos. y preguntarles unas cuantas cosas. los había visto también en sus casas. al que lanzó una mirada interrogadora. El comisario acababa de franquear la puerta cuando chocó con Janvier.. su amargura. —¿Qué edad? —El hijo. desde lejos. Maigret no tenía ganas de pasarse la tarde inmóvil entre la gente. El otro estaba oculto debajo de la cama y la madre lo ignoraba. El comisario tardó un buen rato en comprender que se trataba de otro asunto. A aquellos testigos los había oído ya en la calma de su despacho.

. Seguían agrupados en el bar los inspectores. de lo que ya han dicho anteriormente. perseguido por la prensa. —Yo voy a tomar la cabeza de vaca. —¿Sabes? Mi mujer y yo hemos comprado una casa. Otro presidente que Xavier Bernerie. los eruditos. en suma.. abrumado por los formulismos administrativos que le ocupan casi todo su tiempo. pues no dejaría de establecer una relación entre aquella compra y el retiro.. Casi es un milagro que me quede todavía este privilegio. cuando no unos días. casi ni de días. son ya hombres esquematizados. por la opinión. En el restaurante se veía a dos abogados. como se dice ahora. . »Hace cincuenta años y más que se estudia la correspondencia de Stendhal con objeto de comprender mejor su personalidad. »No dispone. si es posible.. de archivo en archivo. Mayo de 2005 http :// biblioteca . de la Audiencia. buscan las menores correspondencias con la esperanza de alcanzar un poco más de verdad. Recorrió con la mirada el menú hecho a multicopista y se lo tendió a Janvier. ¿sobre qué van a decidir los jurados la suerte de uno o varios de sus semejantes? »No se trata ya de meses.» ¿No había tenido una vez más esta impresión aquella mañana.. —Los historiadores —observó—. casi siempre por un ser fuera de serie. un digest. menos fácil de penetrar que el hombre de la calle? Me dan unas semanas. para oír a diez. averiguar la parte de verdad y de falsedad que hay en todo aquello que exponen.. separados de su vida personal... veinte. entonces. Cada enfermo es un caso por sí mismo y yo me veo obligado a trabajar en cadena. no le habría dejado la palabra sino unos minutos. no porque le gustara el misterio. es decir. ante todo. »Van a repetir ante el Tribunal un resumen.. que ya no estaba tan lejano. más que de un tiempo limitado. prácticamente no lo tiene ya y sólo ve a los seres. ¿qué queda en la Audiencia? Y. El número de los testigos está reducido al mínimo. a su vez. en efecto. consagran su vida entera a estudiar un personaje del pasado sobre el que ya existen cantidades de obras. cincuenta personas de las que yo no sabía nada hasta ese momento y para. mientras hacía su propia declaración? La prensa diría que había hablado largamente y quizá se mostraría sorprendida. »Lo que tiene ante sí. —¿En Meung-sur-Loire? —Sí. —¿En el campo? Se había prometido no hablar de ello. sino por pudor. y también el de las preguntas que les son hechas..Digitalizado por Hyspastes . para entrar en el nuevo ambiente. es decir. mientras él había permanecido casi una hora en el estrado. »El asunto no es aludido más que por algunos detalles. d 2 g . »El juez de instrucción. puesto que es allí donde la mayor parte de las investigaciones encuentran su conclusión.. en la atmósfera neutra de su gabinete. cuando no caricaturas.. »Se me ha reprochado que voy personalmente al lugar del suceso en vez de enviar a mis inspectores. »¿Se comete un crimen.. estorbado en sus iniciativas por un fárrago de reglamentos. com saber. los personajes no son ya sino esbozos. Van de biblioteca en biblioteca. le había hablado del final de su trabajo. Parece una casa rectoral. Maigret. después de mí. ni de semanas.. ¿qué va a descubrir? »Si son seres desencarnados los que salen de su gabinete.

Leería en ellos los testimonios de su sucesor. no el de su mujer.. —El aspecto que ponen todos en ese momento. . no lo trataban delante de él. en efecto. de muy cerca de Meung. el parapeto gris del Sena. —¿Será absuelto? —Es demasiado pronto para saberlo. Había un vinillo del Loire. Maigret miró caer la lluvia. —¿Confesó tener un amante? —No se le ha preguntado. y el nombre de los vinos recomendados estaba pintado en blanco en los espejos que rodeaban la habitación. los coches que llevaban mostachos de agua sucia. No había que perder de vista.Digitalizado por Hyspastes . Bernerie es prudente.. pero. com De allí a dos años.. el comisario. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —¿Y ella? —Le he encargado a Lapointe que la siga. d 2 g . y de la casa que se parecía a una rectoral. A través de los cristales. —¿Qué aspecto tienen esos dos chicos? Janvier se encogió de hombros.. evidentemente. que era el proceso de Gastón Meurant lo que se estaba celebrando en la Audiencia. a no ser en la tercera página de los periódicos. A propósito. —¿Cómo lo ha tomado el marido? —En ese momento. Ha caído en manos de un abogado con pocos escrúpulos: Lamblin. —¿La ha reconocido Cajou? —Claro. ya no habría para él Audiencia. le hubiera gustado matarme. Quizá empezaran a hablar de ello en voz alta. Subía el vapor de los platos. —¿Cómo ha estado el presidente? —Muy bien. ¿quién le sucedería? No sabía nada. el humo de los cigarrillos.

Por suerte. sin duda. como. Y. que les calmó con un gesto. dos mujeres que miraban directamente ante sí. no se veía aún más que a especialistas. ¿Había que llegar a la conclusión de que todos los testigos se parecían? Éstos pertenecían al mismo medio que los del Palacio de Justicia. no se secaban. Maigret. Volvió a encontrar los gestos de antes de las vacaciones. para él. y. para los magistrados. entre dos cabezas. al joven Lapointe: —Bueno. indicando que la prensa. Se la notaba asustada y parecía que les suplicaba que la dejaran en paz. había dejado su coche cerca y pudo seguir al taxi. Luego se sentó a su mesa. la ha cogido del brazo y la ha arrastrado hacia un taxi que había encontrado. Yo no he conseguido encontrar un taxi y no he podido seguirles. En el Quai des Orfèvres también existía una especie de sala de testigos. casi tan rituales.Digitalizado por Hyspastes . a la que llamaban la jaula de cristal. el ceremonial de la Audiencia.. se oía en el primer piso un ligero rumor. sólo vi su cara dos o tres veces. Cerró la puerta y dijo a Janvier: —Vete a ver si ha llegado Lapointe. una corriente de aire húmedo la recorría y las huellas de zapatos mojados. entre ellos. que incluso en verano. con los fotógrafos y. Hace sólo unos minutos. En un sitio. ' Desde el primer rellano. Los reporteros se precipitaban hacia Maigret. trabajadores modestos.. Han comido solos. subía la gran escalinata del Quai des Orfèvres. pobres gentes. En el otro. Por mi parte. estaba triste y verde. com CAPITULO IV A las dos. los colgó en el armario.. en los escalones. la sala de espera encristalada. d 2 g . gente de la televisión. y el comisario se detuvo al pasar para echar un vistazo a los seis personajes sentados bajo las fotografías de los policías muertos en servicio. las manos sobre sus bolsos de piel. —Veré a tus dos idiotas dentro de un momento. un coche del noticiario cinematográfico. —¡Despacio! ¡Despacio! No olviden. »Todo ha ocurrido como un truco de prestidigitación. Empujó la puerta de su despacho y prometió: —Dentro de dos o tres horas. sin prisas. Otro comenzaba allí. Macé. . en la mañana más alegre. en el que había un lavabo esmaltado para lavarse las manos. si tengo alguna noticia que darles. rebuscó entre sus pipas un poco antes de elegir una y de llenarla. Janvier volvió con Lapointe. que no he visto aún a esos muchachos. »De pronto. Lamblin se ha abierto paso entre la gente. que todavía no sé nada. si es que no eran del cine. ¿qué ha hecho ella? —A lo largo de los corredores y de la escalinata ha estado rodeada por un racimo de periodistas y de fotógrafos. ha vuelto al Palacio. Quitándose su abrigo y su sombrero. siempre acompañado por Janvier.. Incluso estaba pegado a la acera. Un asunto terminaba o parecía ir a terminar en el Palacio.. »Según él. Mayo de 2005 http :// biblioteca . luego se oyeron voces. del «Fígaro». quizá. y había más esperando fuera. señores. idas y venidas. enviada. estaba allí. Hoy. estaba ya la multitud. La ha hecho subir a él y el coche se ha dirigido hacia el puente Saint-Michael. Lamblin ha llevado a Ginette a un restaurante de la plaza del Odeón especializado en mariscos y sopa de pescado.

. —Ha muerto. Me gustaría saber si la declaración de la criada provoca incidentes. —¿Han reconocido a los dos? —Sí. com »Ahora. además de Lapointe. —¿De qué? —En un sanatorio. —¿No tienes padre? —Yo no he sido. que regresó rápidamente utilizando los corredores interiores. En estos casos. : —Dejadme solo con él. aspecto de mal humor.Digitalizado por Hyspastes . pues siempre había tiempo. Te pregunto si tienes todavía padre. ni en París. decidido a no caer en las trampas que. jefe. Dos inspectores se quedaron en la sala. Empujó hacia él un paquete de cigarrillos. En cuanto a Alfred Meurant. más tarde. —¿Dónde te procuraste la automática? —Yo no tengo pistola. Aspiró de su pipa a pequeñas bocanadas. claro. Los cinco inspectores distribuidos por la mañana en la sala no habían descubierto nada. me las he arreglado para que los testigos los vieran al pasar. le iban a tender. d 2 g .. —¿Te mantiene tu madre? —Yo también trabajo. el hermano del acusado. que se había ocupado del hold up del banco.. Tenía los cabellos demasiado largos. por si acaso. Maigret sabía por experiencia que era mejor ir lentamente. —¿En qué? —Soy limpiador. Sobre todo al que perdió la máscara. Aquello exigía tiempo. lo que Maigret ya sabía por un telefonazo de la brigada móvil de Tolón. Al final de los dedos largos y cuadrados. para tomar su declaración por escrito y hacérsela firmar. las uñas estaban comidas como las de un niño. Telefonéame de cuando en cuando. quien le había dado autorización para no perder su tarde en el palacio. —Siéntate. —Vuelve allí. y no se había lavado bien. El muchacho le lanzó una mirada de desconfianza. granos en la cara. Ninguno de los hombres presentes respondía a la descripción dada por Nicolás Cajou del compañero de Ginette Meurant. Habían estudiado al público con mirada tan aguda como los fisonomistas de las salas de juego. —Haz entrar al más joven. —¿Quieres que haga venir ahora mismo a los testigos que esperan? . no estaba en el Palacio. todo el mundo ha vuelto a ocupar su puesto en la sala de audiencias y sólo falta el Tribunal. Maigret llamó a Lucas. Hace un momento. —No te pregunto si has sido tú o no quien ha organizado esta verbena. —No he querido interrogarles antes de que usted les viera. sin duda. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —Quitadle las esposas.. —¿Fumas? La mano temblaba. Maigret prefería quedarse frente a frente con el sospechoso. Maigret había podido comunicar con el presidente por teléfono..

—Fuiste tú quien al entrar gritó: «—Todos contra la pared. al que le quitaron también las esposas. —¿A quién se le ocurrió la idea de las máscaras? La idea.Digitalizado por Hyspastes . el disparo no salió. Unos profesionales.»? —No sé si lo dije. El hold up había fracasado. Ahora. No había muertos. —¿Ha hablado? —¿Tú esperabas que se callara? Era lo de siempre. por suerte. Le han hecho más o menos las mismas preguntas que a su jefe. Era Lapointe. —¿Por qué motivo? . habían utilizado máscaras de carnaval para atacar a un furgón postal. Apenas si les oyen. A pesar de ello. —Te interrogaré de nuevo dentro de poco. el chico. —¿No has sido condenado nunca? —Una vez. según parece: »—Va en serio. no era muy original. ni heridos. d 2 g . Una empleada de cuarenta y cinco años. así como una cliente. Había perdido la cabeza. —¿Van pasando los testigos citados? —Sí. —No disparó. su amigo. más una. —Geneviève Lavacher ha declarado. el mismo. por otra parte. Hubo que emplear cuarenta minutos para vencer la resistencia del muchacho.. Hicieron entrar a Giraucourt.. El presidente le ha preguntado si. al cruzarse. ¡Es un hold up! »Y añadiste. que. unos meses antes. se negaba a decir su nombre. esto va de prisa.. Era él quien tenía la pistola en la mano. —Es decir.. No eran dos. —¿Él tenía experiencia? —Eso decía. en Niza. pues había un cómplice que esperaba al volante de un coche robado. que se llamaba Virieu. con las manos alzadas. —Sólo que tu amiguito te obedeció y apretó el gatillo. —¿Tú no estabas armado? —No. idiota. —¿Es mayor que tú? —Sí. mantenían las manos alzadas. le sorprendió ver que la cama no estaba deshecha. jefe. en el momento en que una empleada se dirigía hacia la ventana: «Dispara. Se llevaron a Virieu. precisamente. parece que había tenido la idea del hold up y que se había largado sin esperar a los otros en cuanto oyó las peticiones de ayuda. que acabó por estallar en sollozos. no notó nada especial en el comportamiento de sus clientes y ella ha dicho que. Eran las diez de la mañana. el 25 de febrero. El teléfono sonó. y los dos muchachos. —¿Eres tú quien dijo. Tiene veintitrés años y está casado. com —Mienten. sino tres. tuvieron tiempo de cambiar una mirada. cuando haya oído a tu compañero. ni siquiera robo: sólo un cristal roto. que esperaba ahora en la jaula de cristal con los demás. Mayo de 2005 http :// biblioteca . cogió un pisapapeles y lo lanzó a la ventana pidiendo socorro. ¿Es que no había cartucho en el cañón? ¿Es que el arma era defectuosa? Los empleados del banco.» —Lo dije porque una mujer empezó a reírse.

a pesar de la buena fe de los testigos. y hubo de sacarla de la sala sacudida por los sollozos. donde algunos testigos. ahora? El muchacho se encogió de hombros. d 2 g . »¿Tenía un móvil suficiente? »Al día siguiente del crimen. Media hora más tarde. hasta producirle la muerte. tiene todas las probabilidades para que no cumpla menos de diez años. La madre. él se adhiere anticipadamente a las conclusiones del fiscal. esforzándose por hacerse el valiente. com —Por haber robado una máquina fotográfica de un coche. entre la gente buscando un sitio. El fiscal continuó: —Hemos oído en este estrado testimonios inesperados. La instrucción iría rápida y como. con el pelo teñido de rubio.Digitalizado por Hyspastes . tras haber estado cinco minutos en el estrado. »Quedan algunos testimonios que parecen contradecirse. en la calle Manuel? »Seis días más tarde. y que en varias ocasiones su tía había cogido dinero de él para entregárselo. Lapointe le telefoneó un informe bastante detallado. le iban a presentar una letra firmada por él y no tenía fondos necesarios para pagarla. Mayo de 2005 http :// biblioteca . que volvió a telefonear. había lanzado un grito. se encontró. a una niña de cuatro años. Que charlen todo lo que quieran. —Llévatelo. más que probable. —Acaban de conceder la palabra a la acusación civil. »En fin. El abogado Lioran ha hecho una corta declaración. de modo que estaba amenazado de quiebra. esta vez. Ya no hay razón para separarle de su compañero. —¿Sabes lo que te va a costar esto. que hay que tener en cuenta en lo que concierne a este asunto. siempre con su abrigo de pieles. se había llenado de humo. se trata de sangre humana y. las cosas iban todavía más de prisa en el Palacio. el día 28 de febrero. dentro de tres o cuatro meses Maigret iría de nuevo a declarar ante el Tribunal. amigo mío. manchas de sangre cuyo origen él no ha podido explicar.. Cecile Perrin. se encontraban desconcertados y un poco decepcionados. Mándame al primer testigo. »Según los expertos. Leontine Faverges. Maigret trabajaba todavía en el asunto del hold up y su despacho. A las cinco. ¿tuvo la posibilidad material de cometer un doble crimen y de robar los ahorros de Leontine Faverges? »Ha quedado establecido que él conocía el secreto del jarrón chino.. un traje azul marino que le pertenecía y que tenía. Y según Lapointe. cuya madre se ha constituido en acusación privada. acusado de haber degollado el 27 de febrero a su tía. . —Cinco años. En cuanto a tu compañero. —¿Es el fiscal quien habla en este momento? —Desde hace dos minutos. en un armario de su apartamento del bulevar de Charonne. Era cierto. sobre la manga y por su revés. no estaban por medio las vacaciones judiciales para retardar el proceso. El fiscal Aillevard había dicho en substancia: —Estamos aquí para ver el proceso de Gastón Meurant. estuviera encasquillada su arma o no. donde ya estaban encendidas las lámparas. ¿poseemos pruebas de su presencia. —Vuelve a llamarme en cuanto haya terminado. Los cargos que pesan contra el acusado no han cambiado y las preguntas a las que los jurados deben contestar siguen siendo las mismas. »Gaston Meurant. y ahogando después. papeleos. Dado el desarrollo imprevisto. Lucas. de sangre de Leontine Faverges. aquella tarde. Todo aquello no era más que formulismos.

Estuvo tentado de abrir la puerta acristalada que comunicaba con el Palacio para ir a unirse a Lapointe.. la más joven. añadiendo a veces un modesto giro. sino sólo la de la pena capital. . en la sala de Audiencias. El marido de la primera murió. no sólo atacó a una mujer indefensa. con una letra aplicada. tardó poco tiempo en descubrir los bailes de barrio. la cuestión de las circunstancias atenuantes. Primero Leontine. «Corresponde a los jurados decir. como. estadísticas interesantes. —¿Han confesado? Movió la cabeza afirmativamente. Pero. llena de niños de los que había que desembarazarse lo más pronto posible. Una familia de El Havre. cometido a sangre fría por un hombre que. por ejemplo. ¿Tenían tiempo y medios los padres para preocuparse de ellas? Las chicas escribían una vez al mes. pues. si creen a Gastón Meurant culpable de este doble crimen. que comenzaría a la manera de una novela popular. se la llevaron una noche al hospital para una operación y jamás volvió a salir. créanme. todo lo que pudiera en el pasado. »Por otra parte. es decir. que le queda una ligera duda en cuanto a la fecha de esta visita. en su alma y en su conciencia. donde habían pensado ponerse a servir. Luego. que había terminado ya con sus aprendices de gangsters. a este respecto. que había entrado como vendedora en un gran almacén y no tardó en casarse. Elena. se lo ruego. partían para París. han escuchado ustedes a un profesor de piano. ¡Sobre todo. decir que a las seis de la tarde se entrevistó con el acusado en el taller de la calle de la Roquette. com »La señora Ernie. A los quince o dieciséis años. el señor Germain Lombras. ¿para qué? Se imaginaba la defensa. cliente de la vecina de piso de la víctima. las chicas entraban a servir.. Son unos pobres tipos. se resignó a abrir su puerta y a hacer frente a los periodistas. ¿Conservaron contactos entre sí? No era seguro. El señor Germain Lombras nos ha confesado. Pierre Duché se iba a remontar. con faltas de ortografía. donde le había llegado el turno a hablar al joven defensor. vio a un hombre vestido con un traje azul salir del apartamento de Leontine Faverges a las cinco de la larde y cree poder jurar que este hombre tenía el pelo muy moreno. había trabajado en una lechería. y Maigret habría podido proporcionar al abogado. no les concedan demasiada importancia! No den a los que puedan estar tentados de imitarlos la impresión de que estos muchachos han realizado una hazaña. no obstante. sintiéndose pesado y fatigado. pobre. En cuanto a la segunda. »No se puede plantear. Dos hermanas habían partido de esta forma. Su hermana Elena tuvo dos hijos de padres desconocidos y los educó como pudo durante tres años..» Maigret. señores. —Mi cliente. Leontine Faverges frecuentó las cervecerías de la calle Royale y los hoteles del barrio de la Madeleine antes de instalarse por su cuenta en la calle Manuel.. Respondía a las preguntas brevemente. el porcentaje de los pupilos que se echaban a perder y más tarde se les encontraban en los banquillos de los tribunales. en parte. d 2 g . —No le den demasiada publicidad. luego en una mercería de la calle de Hauteville. educado por la Asistencia Pública. sino que no dudó en asesinar a una niña. señores del jurado. Era cierto. seguramente. Su espíritu se había quedado. Muerto su marido en un accidente.Digitalizado por Hyspastes . Mayo de 2005 http :// biblioteca . »Nos encontramos ante un crimen monstruoso.

pacientemente. Se encerró en sí mismo. y siguió insistiendo.. los que acusaban a la sociedad de su situación humillante. en estos casos. ¿Y qué mejor revancha que llegar a ser. —¿Lo sabía él al casarse? —No. . tan dulces en apariencia como él.. Estas cosas. Se les enseña un oficio y se esfuerzan por convertirse en artesanos de primera clase. se sentían heridos en lo más profundo de sí mismos. Había percibido una duda. aquella mañana. com Eran éstos los rebeldes.. sólo había logrado crear una pareja. —¿Esperaba tenerlos de usted? —Al comienzo. equivocadamente o no.. sí. —¿Cuándo se enteró? —Al cabo de algunos meses. Desde luego. contrariamente a lo que se piensa. en el curso de un largo interrogatorio al que le habían sometido. entre los demás.. J. prestaban de pronto una importancia bastante grande al asunto de la niña. d 2 g . constituyen la minoría. ¿Me equivoco? —No. La tercera vez que Ginette Meurant había ido a la P. por una razón o por otra. muchos. Tengo la impresión de que su marido es de esa clase de hombres que desean hijos. el comisario le había preguntado incidentalmente: —¿No ha tenido usted nunca hijos? Aparentemente no se esperaba la pregunta. a lo que los jurados pensaban sin duda.. Mientras Meurant esperaba fundar una familia. Conservan. una pequeña tienda de cuadros. —¿Por qué me pregunta eso? —No sé. antes de conocerle. Pero su reacción. una auténtica familia. No exactamente la verdad. a su despacho. cediendo ante la insistencia de su mujer. tan calmos. Sin duda. una familia normal. pequeños patronos. Había visto a hombres tan modestos. convertirse en violentos. donde la fatiga comenzaba a velar los rostros? Maigret. algún día. —¿O sea? —Que yo había estado enferma. Casi siempre. Ello no le impidió luego sacar adelante. Mayo de 2005 http :// biblioteca . el diálogo estaba consignado en el sumario. No llegaba hasta a afirmar que Meurant fuera inocente. probó durante un cierto tiempo en un oficio distinto al suyo. Pero no era más que un detalle sin importancia. precisamente. un sentimiento de inferioridad. es probarse a sí mismos que valen tanto como cualquier otro..Digitalizado por Hyspastes . Como seguía esperándolo y cada mes me hacía la misma pregunta. Hacía siete años de aquello. en la sala.. Como era de esperar. —¿No puede usted tenerlos? —No. Ahora bien.. con niños a los que pasear el domingo de la mano. toda su vida. Nunca habíamos hablado de ello.. Su orgullo es fundar una familia. algo bastante turbio. Pero sí lo fundamental. yo preferí confesarle la verdad.. la cosa fue un desastre. se debía a que.. a los ojos de Maigret. había omitido algo y ahora le preocupaba. y que había sufrido una operación. quedan marcados también. que instalarse por su cuenta? ¿Había pensado esto Pierre Duché? ¿Era esto lo que se disponía a decir. pues se mostró sorprendida. Luego.

La investigación se había desarrollado en marzo.. su abogado le ha dirigido la palabra. en dos o tres ocasiones. —Aló. Acaso. Era cierto. —Había cuatro preguntas. —¿Cómo se comporta Meurant? —Durante toda la tarde. —Gracias. Mayo de 2005 http :// biblioteca . donde dio instrucciones a Janvier. Había actuado lo mejor que había podido. El abogado. por el contrario. jefe! No se oía sólo la voz de Lapointe. ni siquiera parcialmente.. com Meurant.? —No sé nada. Buscaba la verdad. En fin. d 2 g . amigo mío. se ocupará de él. están convencidos de que ya está decidido el veredicto. —Dime. —Ha acabado. se esfuerza por conducir a Meurant a la escribanía. —Ella acabará por volver a su casa. aunque sea en plena noche.. en este mismo momento.. Para matar el tiempo. un cielo bajo y esponjoso. que se las arregle como sea para tener un coche a mano. —Comprendido. con la mirada sombría. Permanecía ausente. La respuesta es no para las cuatro. El otro momento del procedimiento tenía lugar en un otoño precoz. Se mantiene cerca de Ginette Meurant. Cuando. Acaso habría podido atacar también a un amigo que le hubiera ofendido. empujado por los celos. Algunos prevén que la cosa va para largo. y luego fue a darse una vuelta al despacho de los inspectores. —¿Cree usted que. se limitó a encogerse de hombros.Digitalizado por Hyspastes . pareció no comprender lo que se le decía. cuando el presidente le ha preguntado si tenía alguna declaración que hacer. nubes claras y chaparrones que obscurecían de pronto las mañanas frescas. que le ayude Jussieu. Atiende bien: ¿has visto a Bonfils en la sala? —Sí. Para estar más seguro de que no se la dejará escapar. —¿Ha mirado alguna vez a su mujer? —Ni una sola. dos para cada una de las víctimas. A pesar de su impasibilidad aparente. —¿Y si. jefe. Contestó moviendo negativamente la cabeza. pero nada probaba que la hubiera encontrado.. Otros. . a pesar de la multitud que. se habría podido pensar que la vista no tenía nada que ver con él. —¡Terminado.. incluso. habría podido cometer un crimen pasional. La voz de Lapointe se perdió un instante entre la batahola. Les transmitiré sus instrucciones. Al sonar el teléfono en su despacho.? —Si Meurant es absuelto. le parecía al comisario.. —Vete a recomendarle que no la pierda de vista a la salida. salvo. en el bulevar Charonne. puso algunas firmas. seguramente. si su tía le había negado el dinero que tanto necesitaba. se precipitó sobre él. Tuvieron que repetirle la pregunta. Janvier. de pronto estaba nervioso. El tribunal y los jurados se retiran.. y luego a comienzos de abril. como si se reprochara haber aceptado una responsabilidad demasiado pesada.. —Arréglatelas para tenerme al corriente. Todo era posible. fastidioso. todo un rumor.. aceras brillantes. y es preciso que un hombre esté permanentemente ante el edificio. tratándose de un hombre que había deseado un hijo. sino diversos ruidos. inquieto. Uno de los dos. ahogar lentamente a una niña de cuatro años. al que voy a enviar ahí. con mucho sol sobre París. con lluvia.

Los corredores de la P. jefe. se limitó a encogerse de hombros. Al llegar al rellano de su piso.. com —Perdóneme. Maigret empezó a pasearse. —¿Qué más han dicho? —Que su mujer le esperaba a la salida y que han cogido un taxi para regresar a su casa. Entonces. se ha desmayado y ha estado a punto de ser pisoteada. denunciador en sus ratos libres. —¿Contento? —le preguntó la señora Maigret —¿Por qué? —Porque le han absuelto.. las fachadas del bulevar Richard-Lenoir. Eran las seis y media. Pero él ya volvía la espalda a la sala.. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —¿Estás seguro de que no había ningún arma en el apartamento? —Seguro... J. y sólo un habitual. —¿Cómo lo sabes? —Acabo de oírlo por la radio.. —Muchos lo esperaban. —¿Y yo? ¿Qué hago? —Vete a cenar también y acuéstate. ella ha tratado de precipitarse hacia Meurant. con la espalda curvada. se han lanzado de nuevo hacia su mujer.. como para arrojarse a su cuello. ¿Qué hay de cena? Pensó en otro apartamento... estaban de nuevo desiertos. »Inmediatamente después del veredicto. por la vista. se notaba todavía en él la excitación de la Audiencia. —Hasta mañana. —¿Dónde está la mujer? —Lamblin la ha llevado a no sé qué despacho. Estoy convencido de que Meurant no ha poseído un arma en su vida. d 2 g .. Estaré en el despacho en cuanto me sea posible... jefe. La P. alzado el cuello. —¿Y Meurant? —Parecía no comprender.. sino acaso jamón y queso en la despensa. La madre de la niña. Allí no debía de haber cena preparada. Maigret tomó el autobús.. . a la que Lamblin le servía de guardia de corps. donde también había dos personas. pero de todas formas ha causado efecto. llenó su pipa. en sus zapatillas. que había abierto el armario para coger su abrigo y su sombrero. cogió otra porque la primera no tiraba. —¿Cree usted que pasará algo? El comisario. Ni siquiera hizo el servicio militar. Se ha dejado llevar sin saber bien lo que le ocurría. y luego bordeó. cerca del vestuario de los abogados. —Hasta mañana. Me marcho a cenar a casa.. J. Los periodistas que se le han podido acercar no han logrado sacarle nada. He cogido el primer teléfono que he visto. empezaba a vaciarse. abrió y cerró su puerta tres veces.Digitalizado por Hyspastes . Toda la sala se ha levantado.. Jussieu se ocupa de ella. que había vuelto a su puesto. esperaba en la jaula de cristal. del bulevar de Charonne.. Se hundió en su universo familiar. Cuando Lapointe llegó. —¿Te acuerdas del registro? —Perfectamente. las lámparas se iban apagando. la puerta se abrió dibujando un rectángulo de luz cálida y dejando escapar olores de cocina. entró en sus costumbres. muchacho. —¿Tienes mucho apetito? —No lo sé....

—Telefoneo desde una taberna cercana para hacerle un informe. sus ojos brillantes. con un paraguas en la mano. —¿Jussieu la ha visto de cerca? —Bastante cerca.. —¿No parecía inquieta? —Jussieu dice que no... de acuerdo.. aproximadamente. Me gustaría que uno de vosotros montara guardia en seguida en el interior del edificio.. —Si no. ¿Nos quedamos aquí los dos? —Es más prudente.. Sonó el timbre del teléfono. Volví a ver la silueta de Ginette Meurant en la pieza que parece ser la alcoba. que pensaban que probablemente era un cuchillo de carnicero. a su taller de marcos al fondo del patio? Maigret comía maquinalmente y su mujer sabía que no era el momento para preguntarle. No ha ido lejos. Puede advertírselo al portero rogándole que no diga nada. no se sabía nada. En definitiva. aseguraban los expertos... poner su mano sobre la suya? ¿Le había jurado la mujer que todo lo que habían dicho sobre ella era falso? ¿O bien le estaba pidiendo perdón y jurándole que sólo le quería a él? ¿Iba él. jefe. d 2 g . a través del escaparate de la salchichería..Digitalizado por Hyspastes .. sí. ¿Vacher?. ¿Sigue Jussieu con vosotros?. se instale en el rellano. —De acuerdo. no se había encontrado? Un cuchillo muy afilado. —¿Eso es todo? —Sí. a menos que no hubiesen encontrado abrigo en un portal. y. Soy yo. que.. Los inquilinos deben acostarse temprano. Unas instantes más tarde las lámparas se han encendido en el tercer piso... —Vuelve a llamarme de todas formas de aquí a dos horas. por otra parte. la mujer ha bajado. a volver a su tienda. no había dado ningún resultado.. Después ha regresado a su casa. dos inspectores se paseaban de un lado para otro bajo la lluvia. que desde hacía siete meses había vivido en la cárcel.. He visto sombras ir y venir detrás de los visillos. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Sus pómulos estaban rojos... naturalmente. a su mujer? ¿Cómo la miraba? ¿Había intentado besarla. pero he pensado que le gustaría saber. pero ¿no se había servido el asesino de Leontine Faverges de un cuchillo. —¿Solos? —Sí. Jussieu la ha seguido. —¿Han regresado a su casa? —Sí. —Aló. No había arma en el apartamento. a todos los quincalleros de París. por ejemplo. Se había preguntado a todos los cuchilleros. que un cierto traje azul perteneciente a Gastón Meurant tenía manchas de sangre y que . en cuanto dejen de entrar y salir.. com En la calle.. — ¿Y luego? — Al cabo de una media hora. —Si la taberna está todavía abierta.. Que Jussieu. —¿Y después? —Supongo que han comido. Ha entrado en la salchichería y luego en una panadería. No tengo nada especial que decirle. —¿Qué aspecto tenía? —Parecía haber llorado. al día siguiente. sí. a no ser que una mujer y una niña habían muerto. es posible que yo me pase por ahí. ¿Qué pasaba? ¿Qué le había dicho Gastón Meurant.

de muñecas de seda y confidencias de vedettes.Digitalizado por Hyspastes . Se había vigilado su correspondencia sin resultado. en aquel curioso apartamento donde la «Historia del Consulado 'y del Imperio» estaba al lado. en la época del crimen. No tenía teléfono en su casa. Esto era todo. los jurados acababan de absolver al artesano de marcos. . Ginette Meurant llevó una existencia ejemplar. Durante el encarcelamiento de su marido. Mayo de 2005 http :// biblioteca . A falta de pruebas. —¿Piensas ir allí de verdad esta noche? —Lo justo para darme una vuelta antes de acostarme. Si no podían afirmar que era culpable. com la mujer de éste. saliendo apenas de su casa y no viendo a ningún individuo sospechoso. en los estantes del cosy-corner. se encontraba varias veces por semana con un amante en un hotel de la calle Victor-Massé. ¿Qué podía contestar? Que eran dos. tampoco podían afirmar su inocencia. d 2 g . tan poco hechos para vivir juntos.

hacia las dos y media. tratando de sorprender la vida detrás de los visillos. las lámparas a encenderse. la mujer había ido a hablarle de nuevo. A continuación. era un poco desconcertante. Ginette Meurant había pasado a la alcoba para desnudarse. a partir de las cinco. pero reconocía las dos voces. Oyó. había caminado de un lado a otro. de cuando en cuando. en varias ocasiones. la actividad de los Meurant. En la alcoba. Era una especie de monólogo. sin duda. debió dormirse al fin en su sillón. Un Jussieu con el rostro inexpresivo de quienes vigilan de noche salió sin ruido de la sombra. sacarse el vestido por la cabeza. sin entrar. com CAPÍTULO V Hacia las once y media. tras una cena en el curso de la cual la pareja casi no había hablado. El informe de Vacher. que olía intensamente a cigarrillos—. otros dos inspectores fueron al relevo. Si la lluvia seguía cayendo. Jussieu. el olor del café invadió la caja de la escalera. el marido la volvía a enviar a su cama y. Era una de las raras luces del barrio. contestado en seguida lacónicamente. los inquilinos empezaron a levantarse. bien sentado en un escalón. del marido. hora a hora. sobre ellos. y señaló. Maigret esperó unos minutos. cuando el portero estaba entrando los cubos de la basura. un hombre se marchaba a su trabajo y miraba con curiosidad al inspector. y. al día siguiente reconstituiría y luego seguiría. Bastante temprano. Ella había ido a decirle algunas palabras. de la joven y. Maigret fue un momento en taxi hasta el bulevar de Charonne. y luego. Vacher pensaba que ella había llorado. en sombras chinescas. Meurant no dormía. deteniéndose a veces. había habido unos pasos amortiguados. El tono no era el de una disputa. una ventana iluminada del tercer piso. —Esa ventana es la del comedor —le explicó el inspector. pero luego miro a la puerta y pareció comprender. un bebé se despertó en el piso de encima. en efecto. él se había levantado. no era ya posible que uno de los dos se quedara en la escalera. lo confirmaba. en el edificio. bien de pie pegado a la puerta en cuanto oía algún ruido en el interior. volviendo a pasear. Mayo de 2005 http :// biblioteca . subrayado por sorbetones característicos. siempre sola. A las cinco y media. Su marido no la había seguido. . ya. que la había visto desde el exterior. puesto que había. que no tenía ningún medio de ocultarse. una especie de lamento monótono. Por los informes y los telefonazos. Ginette había vuelto a la carga una vez más. A las seis de la mañana. por lo que parecía. hace media hora que la lámpara está apagada. Ella se había vuelto a acostar. Desde el rellano de la escalera. una frase muy corta. las gotas eran más espaciadas y se empezaba a ver un resplandor plateado entre las nubes. se había vuelto a acostar mientras él se quedaba sentado en un sillón del comedor. no obstante. de día. pues. regresó a acostarse. d 2 g . por lo que parecía. Más tarde. un barrio donde la gente va al trabajo a primera hora de la mañana. Siempre sin cólera. y sentándose al fin. incluso una sola palabra. Como no se movía nada. que había pasado allí la noche.Digitalizado por Hyspastes . La luz no se había apagado en el comedor y. Vacher no podía distinguir las palabras. Hacia medianoche.

com Eran Dupeu y Baron los que tomaban el relevo ahora a las seis. la niebla. . sin volverse para saber si era seguido. aquella misma mañana. una cerveza de vez en cuando. dirigiéndose de nuevo hacia el mostrador. y el inspector había estado a punto de perderle entre la muchedumbre. mirando las ventanas de la P. en verano. Se había filtrado agua por debajo de la puerta y . en su despacho. los útiles colgados de la pared. mirando a su alrededor el establecimiento. en el momento en que iba a frotar una cerilla. estuvo a punto de atravesarlo. esta fotografía. pidió un coñac que se bebió de un trago. puso leña partida en ella. La niebla impedía ver a más de veinte metros. a pie. Gastón Meurant estaba dudando. Permaneció allí bastante tiempo de pie. y luego. cambió de opinión y. Tenía el aspecto de estar buscando a su marido con la mirada. procura no perderla de vista tú. Caminó bastante tiempo.Digitalizado por Hyspastes . Creo que me ha visto. se detuvo un momento delante de los cierres bajados. y se dirigió hacia el bar-estanco de la esquina. su fotografía aparecía todavía en los periódicos bajo un gran titular: «Gastón Meurant. con las ropas arrugadas como quien ha pasado la noche vestido. Se dirigió. jefe. la de la alcoba estaba apagada. Al llegar ante su tienda. En Châtelet. indicaba que no era un bebedor. que apenas si tomaba un poco de vino en las comidas y. salió y cerró la puerta detrás de sí. lo hizo para bajar hacia los grandes bulevares. donde se bebió un segundo coñac mientras el mozo le miraba con aire de preguntarse dónde había visto aquella cara. absuelto» Este título. avanzó al fin bajo la bóveda. se había bebido el tercer coñac. con los mismos ojos que poco antes miraba a las del hotel amueblado. Cuando se puso de nuevo en camino. podía verlos en todos los quioscos. Caminó hasta el puente Saint-Michel. En la plaza de la República. —No importa. había vuelto a entrar en un bar. Si sale también. con un paso irregular. Ahora que el día había levantado. dirigiéndose hacia la calle Victor-Massé. En el Quai. deteniéndose a veces en un cruce como si no supiera adonde ir. Al fin. —La mujer se ha levantado a las ocho menos diez. La investigación.. J. recibió un informe telefónico de Dupeu. Eran las nueve y media. La he visto separar los visillos y luego abrir la ventana para mirar a la calle. Es probable que no le haya oído salir y que se haya sorprendido de encontrar el comedor vacío. que se había quedado de servicio en el bulevar de Charonne. un poco de carbón que quedaba. En el momento en que iba a girar el picaporte de la puerta para salir. La lámpara del comedor seguía encendida. Meurant abrió la estufa. las tablas y las virutas. No llovía ya. en la primavera. no entró. hacia la calle de la Roquette. ¿Se dio cuenta de ello? Dos o tres transeúntes se habían vuelto también.. y abrió con su llave la puerta vidriera de su taller. penetró en el patio. amarillenta. Meurant no tardó en salir de la casa. también de un trago. Los árboles goteaban. pues. Mayo de 2005 http :// biblioteca . y permaneció largo tiempo mirando fijamente su fachada. el Hotel del León. pasando ante el agente de guardia. como sin saber bien adonde ir. y al fin llegó al Quai des Orfèvres. y se bajó veinte minutos más tarde en la plaza Pigalle. se arrepintió.formaba un pequeño charco en el suelo de cemento. sin afeitar. Maigret. Cogió el autobús. se iba haciendo menos espesa. los marcos expuestos. Por la calle Montmartre había llegado a los Halles.. donde se tomó tres tazas de café solo y comió croissants. volvió sobre sus pasos y. comprando de camino un paquete de cigarrillos. d 2 g . pero no sentía la curiosidad de comprar un periódico.. se detuvo ante el hotel regido por Nicolas Cajou. sin hacer nada.

sin mostrar sorpresa. y de la camarera. que ha mentido. —Parece usted fatigado. d 2 g . y murmuró: —Un instante. Y Maigret repitió a Janvier. —¿Qué desea usted? — le preguntó Joseph. no avanzó por la estancia. y se apoyó en el respaldo de una silla con asiento de terciopelo verde. luego otro.. Esta vez. —Puede usted fumar. —Venga por aquí.. aparentemente sumergido en el estudio de un expediente. com Conocía el lugar. como si se hubiera esforzado por contener su cólera. dijo: —¿Acaso cree que he venido a darle las gracias? Su voz no era en absoluto natural. que ha cometido usted una mala acción. y murmuró distraídamente: —Siéntese. —¡Sube. igual que ha mentido toda esa gente.. —¿Viene a ver al comisario? Sígame. no lo hizo. que preferiría estar en la cárcel.. para Meurant. para no deber nada al comisario. permaneció un momento sin alzar la cabeza. Siguió a Janvier. Se le vio subir lentamente la escalera grisácea y detenerse. Sin embargo. Éste le abrió la puerta. Rellene su ficha. no estaba borracho. Mayo de 2005 http :// biblioteca . —Le es fácil hacer decir lo que usted quiere a gente así. con desgana. —Siéntese. Meurant no se decidía. ¡Al fin! Se decidió a hacerlo. regidor de un hotel de paso. Al final de su paciencia. el viejo ujier. Meurant dio tres pasos. —No se trata de mí. Se trataba. Meurant no se sentó. —He venido a decirle que no le creo. Era un poco ronca y trataba de poner sarcasmo en sus palabras. Tenía el rostro de quien apenas ha dormido. Tardaba mucho. Meurant. . Todo aquello. en su despacho. ¿Le había provocado el alcohol un cierto desequilibrio? Era posible. jefe! —telefoneó Baron. luego se volvió hacia su visitante. Esperaron los dos. sino de lo que usted hizo ayer. evidentemente. Con el lápiz en la mano. los ojos colorados. Sin embargo.Digitalizado por Hyspastes . vagaba por el corredor. se detenía ante la puerta del comisario como si fuera a llamar sin hacerse anunciar. y su mano tembló. —¿Lo ha hecho usted para salvarme? El comisario le examinó al fin de los pies a la cabeza. debía pasar como en una pesadilla. que se encontraba en su despacho: —Ya sube. le hizo pasar delante de él y la volvió a cerrar sin entrar él mismo. sino porque seguía dudando. pensó una vez más. como si en ello hubiera olfateado una trampa. Como protesta. a pesar de las ganas que tenía. no estaba borracho. sin mirarle. Maigret encendió su pipa lentamente. Anotaba un documento. Maigret. y aquellas frases debía haberlas repetido en su cabeza durante buena parte de la noche. —Quisiera hablar con el comisario Maigret. que dependen de la policía. pensaba aún en marcharse cuando Janvier salió del despacho de Maigret. —Siéntese —repitió Maigret. desde un despacho de la planta baja.. Su voz era más sorda. no para recuperar el aliento.. de Nicolás Cajou. y esperó. y olía a cigarrillos y alcohol.

cambió de tema. El hombre obedeció maquinalmente y continuó mirando a Maigret con mirada recelosa.. a las cuatro de la tarde.. no había ninguna razón para que fuera a la calle Manuel después de las cuatro y. pero estoy convencido de que no lo ha hecho usted. estaba a punto de llorar. hora menos.. si conocía el secreto del jarrón y el cajón de las acciones. No podía prever que un cliente se presentara en su taller a las seis y. en el bulevar de Charonne.. está al corriente de las horas de clase. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Bien. —Nadie sabía que.Digitalizado por Hyspastes . —Seguimos con suposiciones. de pronto. No ignora que los forenses —los periódicos lo han repetido mucho— son capaces de determinar.. decía. —Yo no lo sé. ¿de acuerdo? El asesino sabe que usted va a ir hacia las seis a la calle Manuel. o ignoraba la existencia de esta última. —¿Quiere decir que usted mató a su tía y a la pequeña Cecile Perrin? —Bien sabe usted que no. ahora. . —Hay muchos niños en el edificio donde vive. Suponiendo. Se hubiera podido creer que Meurant. Su voz también había cambiado y. Maigret habló. Esto me sorprendió desde el comienzo de la investigación. Hasta las cuatro. hora más. puesto que no está seguro de la fecha. Ahora bien. —repitió Meurant mecánicamente. al fin. o se vio obligado a dar su golpe al final de la tarde. Meurant no encontró nada que contestar. su tía estaba sola en el apartamento. el asesino estaba más o menos seguro de que usted resultaría sospechoso. el profesor de música no ha podido dar un testimonio firme. con un velo sobre los ojos. A veces. Suponiendo que usted haya proyectado matarla para apoderarse del dinero del jarrón chino y de los títulos. es verosímil que conociera también la presencia de Cecile Perrin en el apartamento.. ¿Por qué cree que es? Sorprendido. Los criminales que actúan contra los niños sin necesidad son raros y pertenecen a una categoría perfectamente definida. —Al cometer su crimen hacia las cinco. —Aún no teniendo hijos usted mismo. al regresar de la escuela. d 2 g . ¿Les habla alguna vez? —Los conozco. matar a dos personas en lugar de una. su mirada se apartó del rostro del comisario. —Yo no la he matado. Maigret. por consiguiente. Leontine Faverges le hubiera dicho que no volvería a ceder. com —Sabe tan bien como yo que es falso. pues. —Usted tenía que hacer un pago importante el 28 de febrero. —Nadie sabía. —¿Adonde quiere ir a parar? —Fume un cigarrillo. en la que ya no había la misma cólera. Meurant se esforzaba por comprender. Es posible que la última vez que le prestara dinero. en la mayor parte de los casos. —Usted los oye ir y venir. por otra parte. que hubiera tenido esa idea. —El que asesinó a Leontine Faverges y a la niña.. salvo el jueves.. Su angustia le hacía brotar gotas de sudor de la frente. juegan en la escalera. —Déjeme acabar. ¿no es cierto? Meurant dijo que sí maquinalmente. Leontine Faverges iba a buscarla todos los días. Cecile Perrin iba a la escuela maternal. la hora de la muerte.

hace ya siete años. Mayo de 2005 http :// biblioteca . la primera vez? —Fuimos al cine. usted era un solitario. muchas probabilidades de que ellos no hayan oído hablar de su tía. —Cuando la conoció. —La cerradura. . que vive la mayor parte del tiempo en el Mediodía y con quien. —¿Con quién salía usted el domingo? —Con mi mujer. aunque era incapaz de ver adonde quería llegar. —Hay. pues. —¿Se echó ella a su cuello? —No. y yo la otra. otros clientes del restaurante en que era camarera. —¿Y qué? —¿Cuánto tiempo tuvo que insistir para que ella aceptara salir con usted? —Tres semanas.. —¿Qué hicieron. —Sin embargo. —¿La llevó luego a su casa? —No. la primera para coger su traje azul del armario de la alcoba. —¿Baila usted bien? —No. verse obligado a ceder en toda la línea.Digitalizado por Hyspastes . desde hace dos años. comprendiendo que Maigret lo decía todo con algún propósito. en el bulevar de Charonne? —Los saludo en la escalera. —¡Ahora. Maigret pareció cambiar nuevamente de tema. alguien entró dos veces en su casa. —¿Qué importa eso? —¿Iban ustedes a cenar a casa de alguien de vez en cuando? —No. ha dejado usted de verle. —No hemos tenido ninguna disputa.tiene rotas las relaciones. —¿Nunca ocurría que al salir uno de los dos dejara la llave al portero o a un vecino? Meurant prefirió callar. —¿ Cuántas llaves de su apartamento existen? —Dos. Usted tampoco. ¿Me equivoco? —Trabajaba todo el día y. —Otros hombres. si usted no la mató. como si temiera. con nadie. —¿Se burló de usted? No contestó. —Y ella no tiene familia en París. Mi mujer tiene una. ¿Tenían su mujer y usted muchos amigos en París? Meurant respondía de mala gana. d 2 g . ¿Lo admite usted? —No admito nada. Sin embargo. Todo lo que sé es que mi mujer. no fue forzada... —¿No van nunca a su casa. y la segunda para dejarlo en él con tanto cuidado que usted no se dio cuenta de nada. ¿no le hacían la corte? Apretó los puños. leía y a veces iba al cine. aparte de su hermano. sí! —Pero no antes. cada vez más desconcertado por el giro de la entrevista. los expertos que la han estudiado lo aseguran. ni siquiera para tomar café? ¿No va usted nunca a la casa de ellos? ¿No tienen entre sí ninguna relación más o menos amistosa? —No. por la noche. com —¿Usted conoce a sus vecinos. y luego ella quiso ir a bailar. al ceder en un punto. aquel día.

—¿No le habló ella de su deseo de tener algún día un restaurante? —varias veces. —¿Salía con su mujer? —A veces salíamos los tres. implacablemente. Vivían entonces en un apartamento de dos habitaciones. al cabo de dos años de matrimonio. Meurant enrojeció. —¿No tenía usted la intención oculta de tentarla con ello? Al casarse. ¿Estaba usted realmente convencido de que ella le quería? —Lo creía.Digitalizado por Hyspastes . —¿Qué le contestó usted? —Que quizá lo lográramos. —¿Por qué no a su casa? —Porque yo vivía en una habitación mal amueblada al fondo de un patio. Mayo de 2005 http :// biblioteca . para lograrlo. —¿Y ahorros? —No. —¿Tenía usted ya la intención de casarse con ella y temía decepcionarla? —En seguida tuve deseos de hacerla mi mujer. —No se decidió a ello sino más tarde. y Maigret continuó. —Imagino que su hermano iría a verle con bastante frecuencia. no. Cada noche. com —¿Por qué? —Porque la quería. Meurant casi gritó: —¡No! . —Vivía en París. —¿Sin reservas mentales? —No las hay. —¿Le habló de su oficio. —¿No salieron nunca solos ellos dos? —Alguna vez. de la calle de Turenne. usted insistía para que ella le explicara en qué había empleado el tiempo. Estaba confundido. no dudó en engañar un poco? ¿Tenía usted deudas? —No. —¿Comprende ahora que es usted quien se propuso conseguirla y que. en el suburbio Saint-Antoine. cerca de los Ternes. de su taller? Porque usted tenía ya una tienda. Era libre. —¿Y la segunda vez? —También fuimos al cine. —¿Sabía que ella había tenido muchos amigos? —Eso no le importa a nadie. cuando ella volvió a la carga y le habló de una ocasión excepcional. —¿Tenía intención de cambiar de oficio? —En aquella época. si no me equivoco. ¿Iba a verle su mujer a su habitación? Torturado. —Su hermano vivía en un hotel de la calle Brea. —Naturalmente que hablé de ello. —Usted estaba celoso. Por celos la obligaba a quedarse en la casa en lugar de trabajar como ella tenía ganas de hacer. —¿Y luego? —A un hotel. ella se convertiría en la mujer de un comerciante. d 2 g .

—Íbamos todas las semanas. —Sí.. . miró intensamente a Maigret. —Sin embargo. que había ocupado mucho tiempo atrás una habitación durante un mes en su establecimiento y que.Digitalizado por Hyspastes . sí. ¿Tenía su hermano un coche azul cielo descapotable? El rostro de Meurant proporcionó la respuesta. llenó una nueva pipa: y no era deliberadamente por lo que le había dado tal carácter a la entrevista. la seguridad. No hizo nada para ello. Dudó tres semanas en salir con usted. Se acordaba incluso de haberla visto con una indumentaria excéntrica. Meurant. —Ella no le pidió ser su mujer. durante el paso por París de Alfred Meurant. Mayo de 2005 http :// biblioteca . el testimonio de la gerente del hotel de la calle Brea. Ésta recordaba perfectamente haber tenido como inquilino a Alfred Meurant. Era raro. d 2 g . —¿Ha visto usted a menudo a mujeres vestidas así por las calles de París? —No. tejido a mano. ¿Empieza usted a comprender? —No le creo. com —¿Ha tenido ella un pull-over de los que se usan para ir a esquiar a la montaña. —Siempre he soñado con instruirme. no llevaba su traje azul. —¿Quiere que le dé a leer todo el expediente? Contiene treinta testimonios por lo menos. Maigret descolgó. —Y ella siempre. Al otro extremo del hilo estaba Baron. más o menos. —¡Es falso! —protestó el hombre rechazando el papel. —Es el único que ha tenido.. —¿Adonde quiere llegar? —Conteste. Su mujer y usted eran los únicos que poseían la llave del apartamento del bulevar de Charonne. machacón y sombrío. Por la noche. un pull-over de gruesa lana blanca. Seguía la descripción del pull-over y del pantalón.. usted está seguro de no haber hablado a nadie del jarrón chino. para ella. Usted. uno de ellos de Saint-Cloud. el 27 de febrero. »Usted no bailaba. fácil. era una cosa sin importancia. Y. Reconocía sin vacilación la fotografía que se le presentaba y que era la de Ginette Meurant. —El resto del tiempo. Maigret extrajo una pieza de su expediente. le prometió que algún día realizaría su sueño de un pequeño restaurante. A mí no me gustaba que ella fuera por la calle en pantalón. acaso por no hacerle daño. Usted le pintó una existencia agradable. »Por celos. volvía a ocuparla de vez en cuando por unos días. usted leía.. Ni siquiera le gustaba el cine. todos de hoteleros. —Soy yo. En el baile de la calle Gravilliers le han conocido a su mujer una docena de amantes. ! Maigret. —¡Es falso! —gruñó el marido aún. desde entonces. —¿Había ido Ginette Meurant recientemente a la calle Brea? Respuesta de la hotelera: hacía menos de un año. Sonó el teléfono. el acceso a una cierta forma de burguesía. con dibujos que representaban renos en negro y marrón? ¿Solía salir en invierno vestida con pantalones negros muy estrechos por los tobillos? Con las cejas fruncidas. ella estaba condenada a ir sola. Le siguió al hotel cuando usted se lo pidió porque. —Lea esto. Recibía a muchas mujeres. le impidió trabajar. soñó con otra cosa.

pues ha abierto la ventana. —¿No es hombre que pueda suicidarse? —No mientras no sepa la verdad. Debe hacer calor en él. De cuando en cuando la veo ir y venir y supongo que está haciendo su equipaje. para el caso de. —¿Ha leído los periódicos? —Sólo los titulares.? —Hay todas las posibilidades de que no la encuentre al regresar a su casa. se encogió de hombros. —¿No ha ocurrido nada? —Han regresado a su casa. lo más de prisa que puedas.. Era el fiscal. Se debate. Ella está haciendo ahora la maleta. Meurant ha salido temprano y se encuentra en este momento en mi despacho. Y a Meurant: —Un momento. ¿Es que sospecha que su marido ha venido aquí? Debe tener miedo. Parece que han dormido cada uno en una habitación. Tenme al corriente. No está todavía muy seguro de creerme.. Parece que Ginette Meurant se dispone a levantar el vuelo. —¿No teme usted que él. —Le telefonearé o pasaré a verle por su despacho. Maigret sacudió la cabeza. que ella llame uno. —¿Cómo reacciona? —Me alegro de no estar en su piel. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Sin sombrero. —¿Qué le ha dicho usted? Imagino que él no estará oyéndole. al bulevar de Charonne. El comisario entró en el despacho de los inspectores. —¿No le ha sucedido nada? —le preguntó en cierto momento. —Como hay teléfono en la portería —continuó Barón—. —¿Cuenta usted con descubrirla? Maigret no dijo nada. no es a ella a la que más odiará. Maigret miraba a Meurant. —Páseme la comunicación aquí.. —¿Cómo va vestida? —Un vestido de flores y un abrigo de lana marrón. señor comisario. com —Ha salido hacia las nueve. Con la maleta en la mano. —En cuanto usted tenga noticias. —Será mejor que tomes un coche de la casa y vayas allí. y se dirigió a Janvier. Empieza a comprender que habrá de mirar la verdad cara a cara. —Muy bien. —¿Y si la encuentra? —Después del tratamiento al que me veo obligado a someterle. y se ha dirigido hacia el bulevar Voltaire. que sospechaba que estaban hablando de su mujer y se mostraba inquieto. que tampoco sentía la conciencia completamente tranquila.. he hecho venir un taxi para que se estacione a unos cien metros aproximadamente. —¿Y luego? —Ha entrado en una tienda de artículos de viaje y ha comprado una maleta barata. —Estoy en el despacho de los inspectores.Digitalizado por Hyspastes . Maigret también habría preferido ocuparse de otra cosa. a las nueve menos cuatro minutos exactamente. . —Le llaman al teléfono. se ha vuelto a su apartamento. Mientras escuchaba. d 2 g . señor fiscal.

la niña ha podido ver. Visitaba a menudo a Leontina Faverges y a Cecile. —Pienso que después de que llegue. com Maigret colgó. ¿no? —Es conveniente. —¿Sigue con él? —Sí. podían procurarse sin una complicidad muy concreta. Se agarraba desesperadamente a esta esperanza y Maigret sintió escrúpulos de desilusionarle. pero nunca tuve ocasión de verla. —¿La madre de la niña? —Sí. no me debo mover de aquí. con aspecto de reflexionar. para Meurant. —¿Nunca la encontró en la calle Manuel? —No. penetró en su despacho y encontró un Meurant más tranquilo. Que la encuentre después. iba y venía. —¿Y dar. —Le llamo desde la portería. Era. sin darse cuenta también. jefe. Por otra parte. Barón la sigue en otro taxi. Janvier. Janvier se había marchado ya. He tomado por si acaso la matrícula del coche. sin resultado. Sabía que la madre de Cecile trabajaba de animadora. con menos calefacción. La persona se ha marchado en taxi con la maleta y una bolsa marrón bastante llena. —Voy a estacionar el coche cerca de una de las puertas del cementerio. —Hemos investigado entre todas sus relaciones. Seguía buscando. Pertenece a una compañía de Levallois y será fácil encontrarle. hay una cosa que ni Juliette Perrin ni sus amantes de una noche o habituales. con la pipa en la mano. Por eso Maigret. mirando su reloj. . Mayo de 2005 http :// biblioteca . ¿Piensa dejarle pronto? —Sí. paseándose un rato por el largo corredor. Juliette Perrin. ¿Conocía a la madre de la niña? —No... será ya menos grave. El momento más peligroso habría pasado. Frecuenta a gente de todas clases. —¿Cree que no lo he pensado? —¿Por qué no ha buscado en esta dirección? Juliette Perrin trabaja en una sala de fiestas nocturna. para evitar que encontrara a su mujer en plenos preparativos de partida. —No olvide tampoco que a su hija también la han matado.. Convenía retener a Meurant un cierto tiempo. Al menos una persona debía conocer el secreto del jarrón chino. —Queda una posibilidad de la que usted no ha hablado —objetó el marido de Ginette—. esta vez. era necesario. una nueva salida que se cerraba. decidido a no aceptar la verdad. tanteando. Aunque la vieja no le haya dicho nada sobre su dinero. un poco sofocado. —Mi mujer pudo hablar sin darse cuenta. . la llave de su apartamento al marcharse para el cine? El teléfono. —¿El qué? —El traje azul. —¿A quién? —No sé. Se le notará menos.. Sin embargo.Digitalizado por Hyspastes . Luego. d 2 g . ¿Espero aquí? —Sí.

que el hombre se contenía para no deshacerse en lágrimas. en la calle. d 2 g . —¡No tengo ningún arma. . —Me imagino que desde ahora a mí me van a vigilar también. sin decir gracias. créame! —Lo sé. Mayo de 2005 http :// biblioteca . y casi hasta sonreír. Meurant salió al fin sin descubrir su rostro. Gesto vago del comisario. sollozar. amigo mío. Se le notaba muy cansado. con pasos no muy seguros. —¿Es a mi mujer a quien vigilan? Maigret hizo un gesto afirmativo. y al borde de la desesperación. estaba esperando para continuar siguiéndole. Meurant desvió la cabeza y caminó hacia la puerta. —No tengo intención de matar a nadie. ni de matarme a mí. golpear las paredes con sus puños apretados. —Venga a verme cuando quiera. —También lo sé. —En todo caso. y la puerta se cerró. pero conseguía mantenerse bien. Barón. sin insistir.Digitalizado por Hyspastes . vacilando. y Maigret comprendió que la crisis estaba a punto de estallar. no por ahora. Se levantó. com Meurant estaba tratando de adivinar y el esfuerzo hacía que se le subiera la sangre a la cabeza. —Valor. El comisario le puso un momento la mano sobre el hombro.

—¿Sabe que ha sido seguida? —Estoy seguro de ello. sin interrumpir. Ha permanecido en la casa unos veinte minutos. el artesano objetó que no tenía con qué pagarle y Fierre Duché fue designado de oficio. —¡Pasa delante!. unos días más tarde. —Hasta que vaya alguien a relevarte. La persona a la que Ginette Meurant ha ido a ver no es otra que el abogado Lamblin. Cuando el juez de instrucción. el 27 de febrero. Ella ocupa la habitación 32 y no parece dispuesta a marcharse en seguida.. dio nuevas instrucciones y su taxi no tardó en detenerse ante un edificio de la calle Monsieur-LePrince. —Estoy en un bar llamado Pickwick. le dijo a Meurant que eligiera un abogado. Siete meses antes. Dupeu era un excelente inspector que no tenía más que un defecto: daba sus informes con una voz monótona. se ha vuelto varias veces. con agua corriente caliente y fría y teléfono en todas las habitaciones. La vi claramente a través del cristal de atrás. puesto que no estaban en condiciones de pagar la letra que les sería presentada al día siguiente. ella se inclinó hacia el conductor. por su parte. llegamos al bulevar Saint-Michel. y un cuarto de baño en cada piso. en el barrio Montparnasse. parecía que no estaba satisfecha y en seguida le dio al conductor la orden de traerla aquí. cuando se disponía a regresar para comer a su casa.Digitalizado por Hyspastes . Maigret recibió las primeras noticias de Ginette Meurant. y luego. los Meurant no tenían casi dinero. Cuando salió. vigilando al marido en compañía de Barón. En el taxi. a él se le ponía un aspecto tan triste que uno se arrepentía en seguida de haberlo hecho. estaba sin duda todavía en el bulevar de Charonne.. y hace doce minutos que ella se ha bajado frente al Hotel de Concarneau. ¡Pasa delante!.—había que decirle siempre. J.. y luego se dirigió hacia la estación de autobuses. por el Faubourg Saint-Germain. ha estado dando vueltas por las calles estrechas de Saint-Germain-des-Prés. era ya habitual en ellos. Era Dupeu quien telefoneaba desde un bar de la calle Delambre. que vive en el primer piso. A menos que sea un truco. pues ha discutido los precios del alojamiento a la semana. Janvier. «Imagino que intentaba despistarme. con el aire de no ir a acabar nunca. —Hizo esperar al coche y entró. jefe. En el momento de abandonar el bulevar de Charonne enseñó al conductor una tarjeta de visita que sacó de su bolso. cerca de la calle de la Gaîté. ¿Era sólo para pedirle consejo para lo que Ginette Meurant había ido a ver al abogado? Maigret lo dudaba. Cuando comprendió que no podía. d 2 g . lo cual. Es un hotel bastante bueno. durante cerca de diez minutos. tenían cuentas por pagar en los proveedores del barrio. Cuando.» Maigret escuchaba pacientemente.. uno detrás de otro. De pronto ha torcido a la derecha. Yo entré un poco después de ella y preguntó a la portera. Cuando se tenía la desgracia de decirle esto. . ciertamente. Además. Supongo que debo continuar la vigilancia. a cien metros del bulevar Montparnasse. Mayo de 2005 http :// biblioteca . acumulando tantos detalles que se acababa por escucharle con un oído distraído. Antes de dejar la P.. com CAPITULO VI A mediodía. dio instrucciones a Lucas.

Ha sacado un billete de segunda clase para Tolón. Ha vendido su reloj. y había pocas probabilidades de que Meurant fuera a buscar a su mujer por aquella parte. donde ha vendido trajes. Janvier volvió a llamar cincuenta minutos más tarde.. »Ha ido a la misma tienda. y ha vuelto a salir. había debido darle dinero. Aunque parecen pesados. a las dos. pero estaba convencido de que Ginette Meurant había ido a la calle Monsieur-le-Prince para procurarse fondos más que para pedir consejo. Ignoro lo que hace en su taller. com ¿De qué había vivido. se había pegado a ella. Tuvo que ir a conferenciar con el director a propósito de un asunto desagradable relacionado con la política.. una vida retirada. regresó al Quai. antes del proceso. Pero no creo que por mucho tiempo. Quizá se equivocaba Maigret. en su apartamento. Si no había hecho muchos gastos.» En efecto. jefe. —¿Te mira? . que había vigilado su correspondencia. no ha llamado a un taxi. le veo a través del cristal de la cabina. pero tengo el coche a dos pasos por si acaso. en el Palacio. que se ha detenido en la. Es cierto que no fue lejos. —Se marcha dentro de doce minutos. ropa blanca. El hombre del suburbio Saint-Antoine ha cargado un cierto número de ellos en su camioneta y ha entregado billetes de banco a Meurant. como hacen ciertas mujeres. ¿Había que pensar que ahorraba personalmente dinero. Ha salido de su casa a las dos cuarenta y cinco llevando voluminosos paquetes. un mensaje telefónico de Janvier le informaba de que Meurant no había abandonado su domicilio. Mayo de 2005 http :// biblioteca . pues el barrio estaba casi desierto. Maigret recibía la última llamada de Janvier desde la estación de Lyon. a ver a un comerciante de marcos. »Han examinado los marcos uno a unos. se había comprado la falda y el abrigo negro que llevaba en la Audiencia.» A las seis. pero con cuentagotas. Sólo lleva una pequeña maleta en la mano. El abogado tenía suficiente olfato como para prever que el asunto tendría resonancias espectaculares y que. Dada la reputación de Lamblin. éste ha llevado a Meurant en su camioneta. y allí ha estado bastante tiempo discutiendo con el comerciante. donde todo estaba en calma. Ginette Meurant? Que supiera la policía. pero es seguro que va a haber novedades. Ignoro lo que va a pasar. cubiertos y candelabros de cobre. a costa de los gastos de la casa? Lamblin. el tocadiscos. »He olvidado decirle que ahora está afeitado. —Ha salido otra vez para ir al suburbio Saint-Antoine. comió frente a su mujer y cuando. d 2 g . En este momento.calle de la Roquette. »Ahora está en su casa. Ni Meurant ni Ginette habían vivido en él ni lo habían frecuentado. esta vez con un enorme bulto envuelto en una sábana. engañándole. sin que lo supiera su marido. y eran las cuatro cuando Janvier le llamó de nuevo. si representaba a la joven. frente a la tienda que usted ya conoce. Ha entrado un poco más tarde en la tienda de un revendedor en el bulevar de Ménilmontant. está bebiéndose un coñac en el bar. Tampoco parecía que hubiera cobrado ningún cheque. los discos y una pila de libros. Sin duda también le había aconsejado no abandonar París y mantenerse tranquila. Era difícil esconderme. también era cierto que había comido y que. —Hay movimiento. El comisario se encontró de nuevo en la tranquila atmósfera de su apartamento. desde entonces. —¿Te ha visto? —Probablemente.Digitalizado por Hyspastes . jefe. ella no había recibido giros. Luego ha regresado a su casa. ello le valdría una gran publicidad. El barrio Montparnasse no había sido elegido al azar. si había llevado. Después de una conversación bastante larga.

magistrados. —Dos de los clientes asiduos. Le dio su número del bulevar Richard-Lenoir.Digitalizado por Hyspastes . médicos. —Bien. entre Marsella y Mentón. Blanc había pasado por el Quai des Orfèvres. fuera de la ciudad. . en la calle Douai. llamado Freddo. ¿Conoce la ciudad? —Pienso que no ha ido nunca al Mediodía. son los chicos descarriados que viven en la Costa y que van periódicamente a París. Maigret. antes de entrar en la Sûreté. —Aquí. Lyon. ¿Quiere que le llame yo? —A mi casa. com —Sí. El tren que ha salido de París a las seis y diecisiete. —¿Qué clase de pensión? —De la clase que nosotros solemos vigilar. antigua bailarina de strip-tease. —Eso es fácil. les proporcionó la descripción del artesano y les dijo el vagón en el que iba. —Ya he leído los periódicos. pero quizá me equivoque. entre el Faron y La Vallette. »Es Freddo quien hace la cocina y según dicen maravillosamente. funcionarios. ¿Qué tal. bastante lejos. casi pensionistas todo el año. Avignon y Marsella. era más o menos de la misma edad de Maigret. Dos hombres que tenían un expediente judicial cargado y a los que se encontraba periódicamente por Pigalle. El tren sólo paraba en Dijon. Se conocían bien los dos. Hay cierto número de ellas. Ya me las arreglaré para que el juzgado le envíe mañana un exhorto. —Quisiera que se le siga apenas se baje del tren. en una colina. d 2 g . sin embargo. Alfred. ¿a qué hora llega a Tolón? —A las ocho y treinta y dos. viejo? Confío en que no esté demasiado ocupado. El regidor es un tal Lisca. En el coche número 10. Freddo se ha casado con una chica muy guapa. y que se llamaba Blanc. »También van chicas a pasar allí un día de campo. —¿Qué sabe usted de las actividades de Alfred Meurant en estos últimos tiempos? —Vive casi siempre en una pensión que se llama «Los Eucaliptus». »¿Se da cuenta de qué clase es?» —Ya veo. son Falconi y Scapucci. al final de un camino que no conduce a ninguna parte. que ha sido mucho tiempo barman en Montmartre. Mayo de 2005 http :// biblioteca . a menos que no cambie de sitio en el curso del viaje. bajo los árboles. He tenido que ocuparme de él varias veces. »Gente muy bien de Tolón. encontrará usted a un tal Meurant. y juntos compraron «Los Eucaliptus». Maigret tuvo al otro extremo del hilo telefónico al comisario de estación de cada una de estas ciudades. El comisario que la dirigía. —¿Está en Tolón en este momento? —Se lo podría decir dentro de una o dos horas. La casa está apartada de la carretera. —Asegúrate de que toma ese tren y vuelve. —Lo conozco. pero conviene que le ponga ya al corriente. Meurant tiene un hermano. —¿Qué aspecto tiene? —El aspecto de un hombre al que no le interesa nada más que la idea que se le ha metido entre ceja y ceja. »La verdadera clientela. pues. En verano se come fuera. Luego llamó a la brigada móvil de Tolón. van allí a comer de vez en cuando.

aquel hombre había dejado de existir. A propósito. pues. verosímilmente durmiendo. Maigret. Se vigiló las ventanas del bulevar de Charonne. un especialista estaba dedicado a controlar la línea en una mesa de escucha. teléfono en las habitaciones. Como sus colegas. me olvidaba de alguien. Se encargan también de proporcionar barmaids poco escrupulosas. solo ahora en su compartimento. iba a hacer con aquellas gentes? Maigret conversó un rato con Lucas. La policía había considerado la posibilidad de señales convenidas. Se hará lo mejor que se pueda. y comió sola en una mesa leyendo una revista. Ginette había sido prudente durante mucho tiempo. las luces. Desde hace un cierto tiempo. —Hay el máximo de probabilidades de que sea uno de los autores del robo de joyas del pasado mes en el paseo Alberto I de Niza. se estudió la posición de los visillos. O era de una habilidad extraordinaria o. al fin. Entre los clientes de Freddo. No obstante. al que encargó de organizar la vigilancia de la calle Delambre y de designar los inspectores que se iban a relevar. ¿Qué es lo que Gastón Meurant. Aquello era tan excepcional que casi se podía decir que Maigret estaba impresionado. no parecía haber intentado entrar en contacto con ella. que era auvernés. las idas y venidas por la acera de enfrente. sospecho que introducen en Italia coches robados y disfrazados en París o en las afueras. Según el encargado. ¿Qué tal tiempo tienen por ahí? —Gris y frío. un restaurante barato. —Si se dirige a un lugar conveniente. como se anunciaba en el exterior. Maigret le había detenido doce años atrás a consecuencia de un robo en una joyería del bulevar Saint-Martin.Digitalizado por Hyspastes . que habría podido tener un significado. prefería tener que vérselas con profesionales. com —Son grandes amigos de Alfred Meurant. d 2 g . buscó un restaurante del barrio que no conocía. —En caso de que Meurant comprara un arma o intentara procurársela. El hombre no se había mostrado en la Audiencia ni en los alrededores del Palacio de Justicia. Mis hombres se ocupan del asunto. Ahora ella salió. —Comprendido. Luego fue a comprar . Abiertamente. a la calle Victor-Massé. en este momento está uno llamado Kubik. Maigret conocía aquel ambiente bastante bien y envidiaba un poco a Blanc. que traen más o menos de todas partes. Por su parte. no había tratado ni una sola vez de entrar en contacto con el hombre al que acompañó durante meses. Ginette Meurant había pasado la tarde en su habitación del hotel. — Todo me hace pensar que Gastón Meurant va a intentar entrar en contacto con su hermano. Se hubiera podido creer que. con ellos. Mayo de 2005 http :// biblioteca . «Todavía no he podido probar nada. y todavía el 26 de febrero. pero todas las comunicaciones pasaban por la centralita. a menos que el hermano haya hecho correr la consigna. —Aquí hace un sol espléndido. desde el crimen de la calle Manuel. no le costará encontrarle. se sabía en seguida en qué terreno se desarrollaba el partido y existían reglas del juego. »Tienen varios coches a su disposición y los cambian a menudo. los tres se ocupan de instalar máquinas tragaperras en los bares de la región. de la noche a la mañana. Había. ella no había utilizado el aparato y estaba seguro de que el hotel no había pedido ninguna conferencia con el Mediodía. me gustaría que se me advirtiera inmediatamente.

sobre todo. con su maleta en la mano. cuya lámpara permaneció encendida hasta pasada la medianoche. en el autobús. al bulevar de Estrasburgo.. por su parte. sino un café. Un poco más tarde. varias novelas populares. Si se adentraba más por las callejuelas próximas al barrio Cronstadt o si el azar le llevaba hasta Mourillon. vagó por la plaza. pues comenzó por perderse por las calles. y luego en Lyon. se tenía la seguridad de que no conocía la ciudad. En Dijon. por lo menos tres sitios. a Tolón. Pidió. No ha debido dormir mucho en el tren.» Maigret conocía lo suficiente Tolón como para saber. acabaría sin duda por conseguir la información que buscaba con tanto ahínco. que continuaba su ruta. y llegó. Un inspector —Maigret no sabía ya cuál— telefoneó desde el bar de la calle Delambre. los visillos están echados y no ha pedido el desayuno. Le he encontrado en un bar del Quai Cronstadt. Meurant encontró el clima de la Provenza y. Vive en Tolón. no un coñac. sin duda. Los hay que responden con un gesto vago. Su pregunta es siempre la misma: »—¿Conoce usted a Alfred Meurant? »Barmans y camareros desconfían. Sobre la mesa.. A mediodía. y la información llegó al bulevar Richard-Lenoir. Otra jornada empezaba. Gastón Meurant. El tren llegó a Tolón. No sabe desenvolverse. Pero el artesano acabó por encontrar el sector bueno. Gastón Meurant. Maigret se estaba afeitando cuando recibió la llamada desde la estación Saint-Charles. Siempre pide agua mineral. »Mi inspector. »Al paso que va Meurant. una pila de cartas administrativas esperaba. asegurándose de que estaba en su puesto. Meurant seguía en el tren. el tiempo seguía gris y. desorientado. —Está durmiendo. e interrogó largamente al camarero. un inspector recorrió los pasillos. donde Meurant habría podido obtener noticias de su hermano. que le sigue paso a paso. donde eligió la habitación más barata. No se había engañado: se dirigía. no había encontrado lo que buscaba y. cómicamente. con la cara pegada al cristal. Otros le preguntan: »—¿Qué es lo que hace? »—No lo sé. las caras estaban tristes o ceñudas. En París. com más revistas a una esquina del bulevar Montparnasse. era el comisario Blanc quien se impacientaba. —He querido ver personalmente a su hombre —le telefoneó a Maigret—. Marsella. efectivamente. no sin esfuerzo.Digitalizado por Hyspastes . un policía a sus talones. Tiene el aspecto de un mendigo al que se mira con recelo. penetrando allí en una gran cervecería. d 2 g . y regresó a su habitación. donde Maigret tendió el brazo en la obscuridad para descolgar el teléfono. Por lo menos. no tardó en ver desfilar bajo el sol un paisaje nuevo para él. esto puede durar mucho tiempo y se va a arruinar en agua mineral. Mayo de 2005 http :// biblioteca . precisamente los que le conocen. empieza a sentir lástima de él y casi siente deseos de darle él la información. y acabó por entrar en el Hotel de los Viajeros. Tiene el aspecto de un pobre tipo agotado de cansancio obsesionado a pesar de todo por su idea fija. seguía de viaje. . que parecía incapaz de proporcionarle la información que le pedía. Hasta ahora ha entrado en unos quince cafés y bares. Pasado Montélimar.

si él no se había cambiado desde el mes de marzo. en ese momento. desde el comienzo de la investigación. en un pequeño café ante el cual se jugaba a las bochas. d 2 g . los informes que recibía no le proporcionaban sino noticias de segunda mano. Examina minuciosamente los anuncios. Mayo de 2005 http :// biblioteca . A lo largo de todo el invierno se habían encontrado varias veces por semana. Si la idea de Maigret era buena. Y como hay probabilidades de que se pierda dos o tres veces por los caminos de la colina. Alfred. sobre todo. Maigret sufría de no estar allí.. lo que parece indicar que el amante vivía en París. se ha puesto en camino a pie. que el hermano. Puedo consultar el informe. Lamblin no tenía fama de ser hombre de escrúpulos. Llegará allí antes que Meurant. —No vale la pena. si no recuerdo mal. Fue al despacho de los inspectores y se acercó a Lucas. Dio sus instrucciones al comisario Blanc. bien porque quiera ahorrar. Ginette Meurant había separado las cortinas. pero tengo uno que ha llegado hace tres días. pues su misión era. en Tolón y que no había dejado «Los Eucaliptus» desde hacía más de una semana. Gastón Meurant seguía buscando y eran las cuatro y media cuando. ella la sabía. Las relaciones de la joven con el hombre descrito por Nicolás Cajou habían durado meses. Seguramente no le conocen aún. ¿No terminarían por desencadenarse sus nervios? EL abogado. pidió café y croissants y se volvió a acostar para leer en la cama. No podía hacer otra cosa que esperar. entre los inspectores.Digitalizado por Hyspastes . . trata de averiguar si ayer hubo una llamada telefónica desde casa de Lamblin a Tolón.. —De todas formas —dijo a Lucas—. Viene de Brest. En Tolón. Tampoco trató de saber qué había sido de su marido. daba tiempo aún para insertar un anuncio en los periódicos de la tarde. le había chocado al comisario. No telefoneó ni a Lamblin ni a ninguna otra persona. —Envíele a «Los Eucaliptus». ¿Había que pensar que. Si. bien porque no tenga idea de las distancias. por su parte. el hombre no podía recibir a su querida en su propia casa? ¿Estaba casado? ¿No vivía solo? Maigret no había encontrado la respuesta. por una u otra razón. Procúrate todos los periódicos de ayer y los de esta mañana y luego los de esta tarde. Si Ginette Meurant le había pedido poner un anuncio. ocuparse del arsenal. pues el pobre. estaba. por el contrario. com En la calle Delambre. El camarero le indicó la colina y entró en complicadas explicaciones. en los veinte minutos que había pasado en el estudio del abogado? Un detalle. ¿no podría Lamblin haber hecho la llamada telefónica por ella? ¿No habría podido hacerlo ella misma. ¿habría dudado? Era poco probable. Una idea se le ocurrió a Maigret. ni si la policía continuaba ocupándose de ella. indicaría que ella no conocía la dirección actual de su antiguo amante. no inició ninguna gestión ni se entregó a sus ocupaciones habituales. De todas formas. en efecto. —¿A qué hora fue ella a ver a su abogado ayer? —Hacia las once. —Comprendido. —¿Tiene usted. Maigret sabía ya. obtuvo al fin la información que deseaba. algún muchacho que no sea conocido de esa gente? —Mis hombres no se mantienen mucho tiempo desconocidos. en la primavera. A pesar de su rapidez y de su precisión.

de que empezaba a conocerla mejor. por lo demás. —¿Lo han creído? —No sé. El dueño salió de la cocina para examinarme y acabó por decir que sí. Va a tomar el tren de la noche dentro de hora y media. d 2 g . se levantó. Falconi y Alfred Meurant.Digitalizado por Hyspastes . aquel día. Había obscurecido ya. al no encontrarla. yo continué bebiendo mi vino blanco y leyendo. Vimos abrirse la puerta encristalada del jardín y él permaneció de pie en el umbral mirando a su alrededor con ojos de búho. sin que nada especial la justificara. estuvo tentado de ir a la calle Delambre y volver a entrar en contacto con Ginette Meurant. este punto estaba ya establecido y. la policía no había sacado nada del hermano. llamado Le Goënec. Gastón Meurant llegó un cuarto de hora después que yo. que estaba asistiendo a un banquete. Provisto de una mochila. preguntas concretas a las que ella terminaría por contestar? Era aún demasiado pronto. En el curso de la investigación. a quien el comisario de la-brigada móvil había enviado a «Los Eucaliptus». A las diez de la noche. tiró sus cartas sobre la mesa y se acercó a él. Yo llegué antes que él y pregunté si podía cenar y dormir. —Le telefoneo desde la estación. Gastón Meurant no estaba armado. la desconectó con un suspiro de alivio. pero no parecían desconfiar demasiado. Ha pagado su cuenta en el hotel. y cenó. hacia las seis. gruñón. se hundió en la lectura de los periódicos. No era Blanc. debía tener sus razones. —¿Dónde está Gastón Meurant? —En la sala de espera. »—¡Ven! —le ordenó su hermano dirigiéndose hacia la escalera que conduce a las alcobas. acaso. Si Meurant se había dirigido sin vacilar a Tolón. comenzaban a establecer una relación entre mi llegada y la de Meurant. los tres muy despreocupados. com Dos o tres veces. Regresó a su casa. inquietos. me senté en un rincón. Cuando llegó. le llamaron desde Tolón. tres hombres y la dueña jugaban a las cartas en el bar. Sin duda. luego puso la radio. No es por ti por quien vengo. —¿Ha ido a «Los Eucaliptus»? —Sí. Los otros se callaban. . sino el joven inspector de Brest. en zapatillas. Tenía la impresión. y pedí vino blanco y me puse a leer. y empezaban a mirarme de una forma diferente. »— Qué vienes tú a hacer aquí? ¿Quién te ha dicho este sitio? »Los otros hacían como que no escuchaban. »En resumen. pero ello no significaba que no hubiera nada que sacarle. —¿Ha visto a su hermano? —Sí. Me lanzaban una mirada de vez en cuando. ¿Encontraría ahora. La señora Maigret se guardó muy bien de interrogarle. »No pude seguirles inmediatamente. »— Necesito hablar contigo —dijo Gastón Meurant. he fingido que estaba recorriendo la Costa Azul en auto-stop buscando trabajo. Mientras esperaba la hora de la cena. —¿Cuál fue la actitud del hermano? —Miró duramente al recién llegado. no quedaba sino esperar. Estaban Kubik. Mayo de 2005 http :// biblioteca . »Y se apresuró a añadir: »—No tengas miedo. buscó una emisora en la que no hablaran demasiado y.

El inspector Le Goënec iba a colgar cuando Maigret cambió de opinión. sin llevarme mi mochila. No se puede decir que esté sonriente. como si las cosas no hubieran ido conforme él esperaba. mientras que el otro. —¿No tiene usted idea de lo que ocurrió arriba? —Sólo que permanecieron encerrados durante hora y media. Al fin. »—¿Te marchas ya? »—Sí. cogió su maleta y pagó la nota. empezó a hablar. al principio. »—¿Tomarás un vaso? —propuso Alfred. Esto duró mucho tiempo. y está mal construida. como si contara una historia que trajera preparada. »Los dos hermanos se encerraron en una alcoba del primer piso y la voz de Alfred Meurant. como para divertirse. está esperando. Salí como quien va a tomar el aire después de cenar. era fuerte y dura. —De acuerdo. se diría que era Gastón Meurant. »Se detuvo para comer algo en el bulevar de la República. la patrona vino a ponerme el cubierto. pues oí a poco un motor de coche. era claro que estaba en plena cólera. se mostraba más despreocupado que a su llegada. con los ojos semicerrados. Creí que era mejor seguir a Gastón Meurant. por prudencia. »—Supongo que. Alfred Meurant estaba más bien sombrío. »Tras guiñar un ojo a sus compañeros. »Yo había terminado de cenar cuando bajaron. Luego fue a la estación a informarse del horario de los trenes. Mañana por la mañana. más o menos sin interrupción.Digitalizado por Hyspastes . con una voz mucho más sorda. Al final. »—No te molestes. ni hace nada. y se oyen todos los ruidos. al verme. cambió de opinión. y su hermano el que hablaba en voz baja. Su hermano cerró la puerta. »— No. Aunque no se distinguían las palabras. »Desde entonces. —Espere a que suba al tren y vuelva a llamarme para decirme el número de su coche. Gracias. en el Hotel de los Viajeros. No lee los periódicos. »Gaston Meurant salió. »Luego. «Encontré a mi hombre caminando a pasos regulares por la carretera que desciende hacia la ciudad. pero. por el contrario. quien llevaba la ventaja. pero no parece descontento de sí mismo. es bastante vieja. fue a decir algo a la dueña y a Falconi. el otro. com »La casa. »Yo no estaba seguro de lo que debía hacer. el parisiense. . Kubik fue a buscar a Freddo a la cocina y no le volví a ver. Luego los otros pidieron el aperitivo. «Hablaban los dos en voz baja y se notaba que sus frases sólo servían para llenar un silencio. entregaré mi informe al comisario. levantó el vuelo. d 2 g . »Uno y otro se miraron frunciendo el ceño. No me atrevía a telefonear al jefe para pedirle instrucciones. —Quisiera que se aseguraran de que Alfred Meurant no abandona «Los Eucaliptus». »— Voy a llevarte a la ciudad en coche. aunque pintada recientemente. Mayo de 2005 http :// biblioteca . »—¿No quieres que llame un taxi? »—Gracias. el parisiense. salvo mirar hacia delante.

El cielo estaba. tenía la sensación de que algo se iba concretando. como Gastón Meurant. ¿no era preferible que él siguiera en el centro de las operaciones? Y siguiendo a Gastón Meurant. —¿En qué tren? —El de Tolón. por el contrario. El hermano no está contento. en sentido inverso: Marsella. No llegaría a París hasta las once y media de la mañana. da la impresión de un hombre que sabe al fin adonde va. Ginette Meurant no había abandonado la calle Delambre. Maigret hubo de darle instrucciones concretas. Desde hacía dos días. o a cualquier número de ahí. ¿no corría el riesgo de falsearlo todo? Eligió a Lapointe. Antes. Gastón Meurant. —¿Vienes a comer? —Lo dudo. Ha ido a ver a su hermano. según parece. —Nada concreto aún. Cuando su mujer le despertó trayéndole la primera taza de café. Neveu había trabajado en la vía pública y se había especializado en los rateros. Seguía pasando la mayor parte del tiempo en la cama. se lo iban a pasar de mano en mano. caminaba con un paso más vivo. tuvo la impresión de no haber dormido apenas. Me gustaría también que se controlara también el teléfono desde la mesa de escucha. pero no me sorprendería que hubiera novedades muy pronto. Pero. —¿Nada nuevo. ¿Qué más podía decir Maigret? No tenía ningún informe concreto que comunicar al Juzgado. Comenzaba de nuevo la rutina. Si llaman a París. com —¿Quiere que vuelva allí? ¿No cree que yo estoy ya quemado? —Bastará con que alguno de ustedes vigile la casa. —¿Qué ha pasado entre ellos? —Han tenido una larga conversación. Lyon y Dijon estaban alerta. . La gente. y luego a otro inspector. sabiendo que a él le gustaría. primero violenta. Dejaban a Gastón Meurant viajar solo. Maigret? Era el fiscal.Digitalizado por Hyspastes . pero. al fin. Estaba tentado de ir ahora mismo a la estación a esperar personalmente al artesano. Neveu. en cierto modo. Maigret se acostó. que todavía no se había ocupado del asunto. Lapointe partió para la estación sin saber que Neveu no iba a tardar a seguirle. Te telefonearé antes de mediodía. y se veía el sol sobre los tejados de enfrente. que me avisen lo más rápidamente que se pueda. tranquilamente. d 2 g . Mayo de 2005 http :// biblioteca . Avignon. —¿Qué es de Meurant? —Está en el tren. tanteaba en una especie de niebla. despejado. por la calle. Vuelve. Durante diez años. y sólo bajaba para comer y renovar su provisión de revistas y novelas. pero. y luego más tranquila. inquieto.

había edificado un pequeño mundo para él en torno a su amor y se agarraba a él con todas sus fuerzas. tres veces. esforzándose acaso por tentarle. no reveló cólera alguna. Luego. pero. que se había esforzado. no tuvieran nada que decirse. del mismo modo que había aceptado que ella fuera tan diferente de la compañera que él había soñado. sin ilusión. en la Audiencia. a pesar de todo. después. su prudencia o el miedo a equivocarse lo que le mantuvo tanto tiempo alejado de las mujeres? En el curso de sus interrogatorios. no había dormido en. En ese momento. la mujer había ido a hablarle. Quizá hubiera sido capaz de recuperar la fe. antes de la crisis definitiva. Gastón Meurant. volvió a su taller y a sus cuadros. Para darse ánimos. ¿No explicaba esto el odio que endureció sus ojos cuando Maigret declaró. con una mujer mucho mayor que él y que duró algunas semanas. lo mínimo. con su compañera y a su lado. viéndose obligado. con su color pálido. Aceptó. le confesaba que no podía tener hijos. El sueño de ella era vivir en medio del movimiento de un restaurante del que fuera la dueña y él había cedido. sin afeitar. sus ojos azules. substituyendo con otra imagen la que se había formado de Ginette? Absuelto sin desearlo. de vez en cuando. salvo en el caso de una aventura que tuvo. constituían una pareja. hacia los dieciocho años. com CAPITULO VII Durante años. Sin embargo. un obstinado. había pasado ya ampliamente los treinta años y el destino quiso que fuera una muchacha que. pidió al fin a una mujer que se casara con él. tuviera que preparar la cena y aunque. aunque no hubiera siempre luz en la ventana cuando regresaba por la noche. Durante aquellos años de vida conyugal. un paciente. aunque fuera al fondo de un patio. sintió la satisfacción de haber superado el obstáculo más difícil. un oficio delicado. d 2 g . por una serie de alternativas dolorosas? Fue a ver. por crear una pequeña felicidad a su medida. en medio de los tres millones de habitantes de París. Mayo de 2005 http :// biblioteca . en cierto modo. Pero. ¿Fue su timidez. En suma. No se rebeló. solo. ruborizándose. sin duda. a menudo. El día en que. se marchó del Palacio de Justicia. que exigía gusto y minuciosidad. sobre todo. sin embargo. . aún se debatía. su aire de cordero. se había contentado con poco. ninguna impaciencia. hasta su encuentro con Ginette. ¿le habría durado mucho tiempo? ¿Habría podido empezar de nuevo la vida como antes? ¿No habría pasado. aunque él. y se podía pensar que el día en que se instaló por su cuenta. No estaba ya solo. habían llegado a su vivienda del bulevar de Charonne. sabiendo que la experiencia sólo podía terminar en un fracaso. algunos meses más tarde. A pesar de todo.Digitalizado por Hyspastes . había sido un tímido. a pedirle ayuda a su tía. furtivos contactos que le parecían vergonzosos. aún se obstinaba en dudar. bebió tres coñacs. liberado a causa de las sospechas que pesaban ya sobre su compañera. sin demostrar amargura. había confesado a Maigret que. cuando él esperaba impacientemente el anuncio de un futuro nacimiento. Dos. una fachada de hotel. su pelo rubio. pero ella había acabado por dormir sola mientras él pasaba la mayor parte de la noche velando en el comedor. lo mismo que en los que los habían precedido. Había aprendido su oficio lo mejor que pudo. su cama. Dudó aún si entrar bajo la bóveda encristalada del Quai des Orfèvres. sin cogerse del brazo.

quedaba en libertad. Maigret había operado en caliente. a mirar al fin la verdad de frente. más tarde o más pronto? Aun queriéndolo. —Acaba de llegar. —Hecho. La mesa de escucha. no era por eso por lo que había ido a pedirle cuentas. jefe. ¿Es usted quien ha enviado a Neveu a la estación? —Sí. que acechaba las posibles llamadas de Ginette Meurant. yendo a Tolón. en algún sitio. No se nota demasiado gracias a la gabardina. desencadenado el resorte que. que le esperaban al pasar por las estaciones y que había siempre alguien detrás de sus talones. —¿Ha salido de la estación? —Sí. era el inspector Neveu quien informaba.Digitalizado por Hyspastes . jefe. ¿No esperaría. en el bolsillo derecho de su chaqueta. Neveu está en el mostrador también. acaso para intervenir en el último momento? No parecía preocuparse de ello. Alfred Meurant. y sólo se la podía haber dado su hermano. un vacío en cuyo centro no había más que un hombre silencioso agitándose como en un sueño. un hombre para quien no contaba ya nada sino su idea fija. —Puedes volver. Un cuarto de hora más tarde. Las llamadas telefónicas se sucedían. acompañaba a su mujer a la calle Víctor-Massé? . probablemente una Smith et Wesson. el hermano. Una gran automática. sin embargo. ¿Sospechaba que el comisario había establecido una red de vigilancia en torno a él. Meurant no había entrado en ninguna armería. obtener informes sobre el hombre de poca talla. Está tomándose unos sandwichs en el mostrador. Continúa. pasando de un tren a otro. obligando de un solo golpe a Meurant a abrir los ojos. que. y era ya otro hombre el que salió de su despacho. ni a ningún número interurbano. A las once cuarenta. declarado no culpable. El abogado Lamblin no había llamado ni al Mediodía. Lapointe llamó desde la estación de Lyon. tras un informe por palabras. el comisario no habría podido obrar de otra forma. se habría desencadenado. en el primer piso de aquella curiosa pensión que servía de casa de citas a los jóvenes descarriados? Gastón Meurant sabía ahora que también su hermano había tenido relaciones íntimas con Ginette. Forzosamente era en Tolón donde se había procurado la automática. Va armado. —No te ocupes de él. Sigue con su maleta. no había abandonado «Los Eucaliptus» y tampoco había llamado a nadie por teléfono. com ¿Se equivocó Maigret al hablarle brutalmente. ¿Por qué? —Me preguntaba si desearía usted que me relevara. ¿Qué había pasado exactamente entre los dos hombres. un asesino que poseía la suficiente sangre fría y astucia como para enviar a otro en su lugar ante los tribunales y que había estado a punto de conseguirlo. Mayo de 2005 http :// biblioteca . de pelo muy moreno. y. He tropezado con él a la salida. Ha subido a un autobús y he visto a Lapointe subir detrás de él. un hombre que había degollado a Leontine Faverges y ahogado después a una niña de cuatro años. Absuelto Meurant. de todas formas. Se estaba ante el vacío. convencido de que la astucia de la policía no podía nada contra su voluntad. En Tolón. No se ha dado cuenta. incapaz de detenerse antes de llegar a su meta. Había caminado derecho. muy cerca de Meurant. sin sentir el hambre ni el cansancio. siempre en su habitación de la calle Delambre. no tenía nada que decir. varias veces por semana. d 2 g .

¿Nada nuevo? —Todavía no. de pie ante la ventana. había encargado unos sandwichs a la cervecería Dauphine. —Gracias. acaso una hora. Haz lo mejor que puedas. Maigret comió un sándwich. ¿Había tenido miedo? ¿Le había amenazado Gastón? ¿Le había revelado algo? ¿Algo que le ponía en sus manos para el día que él quisiera? Maigret llamó a Tolón y consiguió. Ha dejado su maleta en consigna y acaba de sacar un billete para Chelles. siguiendo en persona a Gastón Meurant. no sin esfuerzo. por su parte. Si Alfred Meurant había hablado. El sol brillaba y las hojas amarillentas de los árboles daban a los muelles del Sena un aire de alegría. una vez que pasaba por la región. A esta gente siempre tengo preguntas que hacerle. un domingo por la mañana. —¿Es usted. d 2 g . —Soy yo otra vez. El ómnibus parte dentro de unos minutos. La temperatura había cambiado en veinticuatro horas. Hasta ahora. debía tardar una media hora por lo menos. en fin. J. de suerte que el calor era sofocante. Me excuso por todo el trabajo que le estoy dando. Supongo que debo continuar siguiéndole. al borde del canal y del Marne. Maigret estuvo a punto de añadir que no tardaría en haberlo. El inspector de servicio en la calle Delambre fue el primero en llamar. un nombre. Recordaba una gran fábrica de sosa cáustica ante la que se veían siempre barcazas cargando y. Mayo de 2005 http :// biblioteca . no tengo nada contra él. comunicar con el comisario Blanc. Acababa de advertir a su mujer que no regresaría a comer y. Estoy en la estación del Este. puesto que había exigido que su hermano le entregara un arma. no había regulado la caldera oportunamente. que se detenía en todas las estaciones. Es mejor que me marche. en llegar a Chelles. . ¿No podría usted interrogarle bajo un pretexto más o menos plausible y retenerle durante unas horas? —De acuerdo. —Entendido. no queriendo abandonar su despacho. a unos veinte kilómetros de París. El tren. viejo. Era probable. Puede que necesitemos a Alfred Meurant de un momento a otro. ¿había encontrado lo que buscaba. —¿En Seine-et-Marne? —Sí. bebía un poco de cerveza y lanzaba una mirada interrogante al teléfono. Conocía Chelles. com ¿Tenía alguna razón para creer que su hermano estaba al corriente de ello? Y.Digitalizado por Hyspastes . pero el encargado de la calefacción de las oficinas de la P. en todo caso. Seguía lamentando no estar fuera. Fumaba pipa tras pipa. mirando vagamente al Sena. jefe? Tengo mucha prisa. no era por afecto hacia su hermano. No es seguro que se le encuentre en el momento preciso. un indicio que la policía. De cuando en cuando. buscaba en vano desde hacía varios meses? Era posible. Trate de saber si poseía una automática de bastante calibre y sí sigue en su habitación. pues no me extrañaría que le entraran ganas de viajar. vio a toda una flotilla de canoas. No es difícil. mirando sin cesar al teléfono. —¡Naturalmente! —¿Alguna instrucción especial? ¿Qué idea tenía en la cabeza Lapointe? ¿Había sospechado la razón de la presencia de Neveu en la estación de Lyon? El comisario gruñó: —Nada especial.

las pupilas dilatadas. por lo que incluso ha tenido dos condenas. como si se hubiera ya hecho sus costumbres. Tres. No estoy seguro. ¿no seguía una idea fija y no era capaz de desembarazarse de todo lo que pudiera alzarse en su camino? El teléfono. en un armario del bulevar de Charonne. es decir. Se acordaba de una película sobre Malasia. Lapointe seguía sin dar señales de vida. que no es más que un sendero. no había sido sospechoso. Cuelgo. desde hacía más de veinticuatro horas. sin que aparezca el arma. a dos kilómetros de Chelles aproximadamente. —Gracias. —¿Eres tú. con un kriss en la mano. Fue él quien se presentó espontáneamente a la policía y quien se dio a conocer como sobrino de Leontine Faverges. Le están haciendo algunas preguntas sin importancia y le retendremos hasta nuevo aviso. las instrucciones oportunas? ¿Tenía miedo de él? De los dos. ¿quién había tenido la idea de la llamada telefónica que había desencadenado la acusación de Gastón Meurant? Éste. Alguien tenía prisa por ver a las investigaciones tomar una dirección determinada. antes del doble crimen de la calle Manuel. matando a todo el que encontraba. ¿Era éste quien le había dado. En ella se veía a un indígena que entraba de pronto en estado de amok. Penetró en el despacho vecino. Lapointe? —Sí. porque hemos seguido un camino complicado. —¿Parecía conocer el camino Meurant? —No le ha preguntado nada a nadie. com —Siempre igual. en febrero. que era poseído súbitamente por un furor sagrado y empezaba a caminar en línea recta. en la misma mesa. Comenzó a reprocharse el no haberle dicho todo a Lapointe. —¿Ha sufrido otras? —Nunca nada serio. jefe. cuatro días habían pasado hasta que se recibió la llamada anónima revelando que.Digitalizado por Hyspastes . mis hombres afirman que solía llevar una automática. No sé exactamente dónde estoy. al que acababa de llegar Janvier. Es demasiado listo. al fin. porque espero una llamada importante de un momento a otro. Han debido darle indicaciones precisas. Mayo de 2005 http :// biblioteca . No había ninguna razón para registrar su domicilio. La . de cuya muerte acababa de enterarse por los periódicos. d 2 g . se encontraría cierto traje azul manchado de sangre. Hasta luego. al principio. —¿Desde Chelles? —Más lejos. Fue desde Tolón desde donde llamaron. No obstante. Gastón Meurant no era malayo ni estaba en estado de amok. Hemos registrado su habitación. Se paraba de vez en cuando para reconocer una encrucijada y al final tomó una senda que conduce a la orilla del río. Se encontrará un pretexto. No obstante. En el cruce de este camino con el antiguo camino de sirga. hay una posada. —Conviene que estés preparado para partir y que te asegures de que hay un coche libre en el patio. Entre el canal y el Marne. Pero alguien se impacientaba. aparte de las persecuciones por proxenetismo. desde donde le estoy telefoneando. —Está en el despacho de mis inspectores. la mujer continuaba teniendo el valor de no entrar en contacto con su amante. Acaba de salir y está comiendo en el mismo restaurante. jefe. Maigret saltó hacia el aparato. Por lo que se podía saber.

Luego. Cuando necesita algo va al mercado el sábado para vender un ganso o un pato. pide a la gendarmería local el nombre de una posada que está a unos dos kilómetros río arriba. Más allá de Chelles. pegado a un árbol. dudando. —¿Ha entrado en ella Meurant? —No. jefe. com dueña me ha dicho que en invierno no sirve de comer ni alquila habitaciones. —De acuerdo. —¿Tuvo hijos? —Sería hace tanto tiempo que la posadera no se acuerda. en la balsa amarrada a unas pértigas. Desde entonces lleva siempre el mismo vestido negro y por el pueblo corre el rumor de que no se lo quita ni para dormir. Su marido es el barquero. Ahora está pescando. tardará por lo menos media hora. e hizo un gesto a Janvier. a Meurant? —Sí. Con ella vive un hombre. Hace mucho tiempo que murió su marido. Se ha arreglado un viejo bote. —¿Dónde está en este momento? —De pie a orillas del río. Meurant ha pasado ante la casa sin detenerse. —Entonces. rodeada de gansos y patos en libertad. . —¿Cómo es? —No he podido distinguirle. —¿Qué hace? —Nada. cambió de opinión y se acercó a Lucas. con el pecho velludo. jefe? Lapointe no tenía miedo. Como ella dice. —Sube a los Registros y mira a ver si hay algo bajo el apellido Millard. Su nombre es Joséphine Millard. quédate ahí. Antes. ¿no se daba cuenta de que iba a tener que tomar responsabilidades por encima de sus fuerzas? —En coche. d 2 g . No sé bien adonde voy. —¿Bajo? —Sí. Le he visto. Pesca con caña. Mayo de 2005 http :// biblioteca . como molesto. sí. —¿Me quedo en la posada? —¿Puedes ver. Se ha dirigido a una vieja. »A doscientos metros río arriba se encuentra una casita vieja. Corta leña. No obstante. ¿Le telefoneo a algún sitio? —No.Digitalizado por Hyspastes . —Salgo para allá. —¿Siempre? —Desde hace algunos meses. La posadera dice que está medio loca. que le ha señalado con un gesto el río. —¿Eso es todo? —No. es moreno. a cierto lugar a orillas del Marne. Lapointe preguntó: —¿Viene usted. Lee. Si tuvieras algo urgente que comunicarme. —¿Qué hago. desde lejos. que le estaba esperando. En el momento de salir. La llaman la Madre de los Gansos. Según la posadera. mientras tanto? Maigret vaciló y acabó por soltar: —Nada. desde donde estás. en el recodo del Mame. es de antes de su época. Hubo un silencio. La vieja tiene más de ochenta años. solía desaparecer durante varios días. muy fornido. Entro en el despacho vecino.

Acababa de telefonear al comisario Maigret. . d 2 g .Digitalizado por Hyspastes . Meurant y Lapointe. les gritó algo que no entendieron. El inspector no se atrevió a insistir y. que gesticulaba. ni confesárselo a sí mismo. jefe? —Sí.. La mujer. avanzó hacia él. —Probemos. —¿Algo nuevo. parecía no comprender bien lo que pasaba. Uno era Lapointe. por otra parte. Seguía la escena por la ventana. —En la posada. no se veía nada tampoco. No estaba seguro de que fuera urgente llegar allí. lo comprendía. El coche de la gendarmería. a lo lejos. estaba en su puerta. tanto para su jefe como para los gendarmes: —El hombre dejó de pescar y separó su bote de aquellas pértigas que se ven allí. com Janvier se puso al volante del pequeño coche negro. poco después. en efecto. un coche de la gendarmería con la sirena funcionando les pasó. A la derecha se alzaba una posada con los ladrillos pintados de amarillo. —¿Dónde estaba usted? —preguntó el teniente de la gendarmería. que parecía muy excitada. Los gendarmes eran tres. Nadie. el comisario gruñó con aire descontento: —Sólo que no sé bien qué es. Éste no dijo nada tampoco. salvo. se hubiera dicho que el artesano le expresaba su agradecimiento mudo. en el agua.. confundido. se había parado. Atravesaron los suburbios. En el momento en que salían de la ciudad. Prefería no confesarlo. Pero. que no podía ya ir lejos. los primeros prados. Señaló a éste.. Lapointe explicó. al borde del camino. Maigret y Janvier salieron del suyo. Mayo de 2005 http :// biblioteca . dudando. Se puso a remar para atravesar el río en oblicua respecto a la corriente.. dejó escapar mordisqueando el tubo de su pipa: —Me imagino que la cosa está hecha. Lapointe le dijo: —En el río. En cuanto a Gastón Meurant. hablaban con dos hombres que parecían esperarles. pues Maigret no había querido nunca aprender a conducir. y cuando el comisario se decidió al fin a mirarle a la cara. —¿Conoces el camino? —He ido a comer por allí algún domingo con mi mujer y los niños. y Janvier miró a Maigret en silencio. miraba a todos aquellos hombres moviendo la cabeza. al cabo de un largo silencio. que ya empezaba a verse entre los árboles. acaso. En Chelles se detuvieron. casi sonriente. Maigret buscó con la mirada un cadáver. Los gendarmes. y. Una mujer. Llevaba un pantalón de tela gruesa y un jersey de marinero con el cuello vuelto. que habían llegado antes que ellos. Pues el coche de la gendarmería se dirigía hacia el Marne. parecía Gastón Meurant. en la puerta. —¿Quién es? —Ignoro su nombre. estaba tranquilo. Caminaron hacia la casita rodeada de gansos y de patos. Mucho más adelante. Maquinalmente. Una vieja. uno de ellos teniente. El otro. en un cruce. pero no lo vio. —Si es río arriba. encontraron los primeros solares. tenemos que tomar a la derecha. y el oficial.

La mayor parte del tiempo tenía su mirada fija en las aguas turbias del Mame. como de alguien que cree haberlo comprendido todo. en el momento en que se volvía. Se quedó donde estaba. acaso irreflexivamente. Sin embargo. del que sólo le separaban tres metros escasos. Janvier le lanzó una brevísima mirada. no estaban al corriente de los detalles del asunto. —Le pedí a la posadera que avisaran a la gendarmería y acudí. formaban grandes remolinos. antes de hundirse definitivamente. Estaba tan lejos de pensar en encontrarle aquí que no le he reconocido. . Yo estaba demasiado lejos. pienso que no es necesario. era al comisario a quien se dirigían todos.. había acabado de debatirse. y Maigret no tenía ningún título para mezclarse en las investigaciones. d 2 g . a Meurant. Yo no la he tocado. Sus manos se agitaron en el aire y cayó al agua de cara. El rostro de Maigret permaneció impasible.. »Ignoro si cruzaron alguna palabra.. —Meurant no intentó huir. »El otro. —¿Le ponemos las esposas? —Eso es cosa suya. Los hombres de la brigada móvil tampoco. Meurant sacó una automática del bolsillo y alzó el brazo derecho. Lapointe.» La automática se había incrustado en el barro del camino. que tenían un color amarillento y que.» Gastón Meurant. No obstante.. Se oyó un ruido de motor por la parte de la posada. en ciertos lugares. La fiebre de Meurant había pasado. miraba al río. cada vez un poco más lejos. La lluvia de los últimos días había hecho crecer las aguas. Mayo de 2005 http :// biblioteca . El inspector ha hecho que nos telefonee la posadera. cogió la amarra y. teniente. Por mi parte. en efecto.Digitalizado por Hyspastes . por consiguiente. Soltó la amarra.» Todo el mundo. río abajo.. ahora. »Cuando llegué junto a él. señor comisario. —¿No ha dicho nada? —Sólo dos palabras: «— Se acabó. Inmediatamente avisé a la brigada móvil. dejó caer su arma. —¡Ahí están! Los recién llegados aumentaron el desorden y la confusión. —¿Está usted armado? —No. —¿Sabía usted que iba a disparar? —Ignoraba que estuviera armado. Escuchaba distraídamente lo que decían como si no tuviera nada que ver con él. Su cuerpo parecía más blando. Los gendarmes no comprendieron. com —Le pido perdón.. que nos ha dicho simplemente que acababan de matar a un hombre y que había caído al agua. el hombre del bote volvía la espalda a la orilla. No podía ver. »Casi inmediatamente. debió ser alcanzado por las dos balas disparadas sin interrupción. que se mantenía cerca de ese árbol. su rostro abotagado por el cansancio. El remero se levantó. Lapointe continuó explicando: —Mientras remaba. junto a una rama muerta. Aunque hubieran leído la información sobre el proceso en los periódicos. de pie en la embarcación. añadió: —No había peligro. viendo al cuerpo desaparecer y luego reaparecer dos o tres veces. —La proa del bote tocó la orilla. se encontró frente a frente con Meurant. Estaban en Seine-etMarne.

No se llevaría a Meurant a París. el hombre se había apoyado de nuevo en el árbol y miraba marcharse al comisario con una especie de melancolía. Eso era un asunto que no le correspondía a él. com No se mostraba triunfador. Habría podido quedarse con ellos. muchachos? Estrechó las manos a su alrededor. —Señores. —¿Venís. Sería en otro palacio de justicia. donde comparecería por segunda vez ante la Audiencia. en Melun. uno tras otro. Mayo de 2005 http :// biblioteca . cuando registren la casa. ni experimentaba ninguna necesidad de explicarse. Maigret interrogó. en el momento de volver la espalda. La loca.Digitalizado por Hyspastes . tuvo una última mirada para el marido de Ginette. ¿Habría encontrado la paz de otra forma? ¿La encontraría ahora? El juzgado de Melun no tardaría en llegar al lugar. A sus ojos. asistir al registro. pues Meurant no pertenecía ya al Quai des Orfèvres. hagan descubrimientos. desde la puerta. seguía moviendo la cabeza: nunca había visto tanta gente alrededor de su casa. a Lapointe y a Janvier. d 2 g . ni al Juzgado del Sena. Luego. . dándose cuenta de su fatiga. de justificarse. —Es posible —dijo Maigret a sus colegas— que. había hecho lo que debía hacer. les enviaré todos los informes que necesiten. De pronto. sin duda.

Janvier conducía y. Salió de la central año y medio más tarde. hemos llegado al final. como hablando consigo mismo. y llamó a Tolón. Ginette Meurant no había tratado de unirse con él. Luego fueron otras dos condenas por el mismo motivo. con golpes y violencia sobre la persona de un guarda nocturno al que se encontró medio muerto. Salió de Fontevrault y le estaba prohibida su residencia aquí. poco á poco. Se está buscando su cuerpo en el Marne. Maigret ni aprobó ni desaprobó. por robo en una fábrica de Burdeos. Varias veces Lapointe abrió la boca. cuadraba. en todo caso. donde colgó su abrigo y su sombrero en el armario. en la casa de la vieja. En París. Acaso ignoraba el sitio donde se ocultaba. Blanc? Bueno. Si venía con frecuencia. que no se atrevió a decir nada. en el barrio de la Goutte d'Or. ¿Sigue ahí? —Sí. tan intencionado. Quizá. .Digitalizado por Hyspastes . Lapointe y Janvier para entrar en el despacho de inspectores. Maigret en dirección al suyo. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Desde la edad de los dieciocho años tenía su ficha. Maigret descolgó el teléfono. al fin. de treinta y dos años. Unos kilómetros de diferencia y hubieran sido ellos los que se hubieran llevado a Gastón Meurant. jefe. bajo? —Sí. cinco años en la central. Me parece que ha rodado hace poco más de un año. —Quizá sea mejor así —murmuró Janvier. procuraba no dormir nunca aquí. se había perdido su rastro. y. viejo. —Esto es lo que he encontrado arriba. Millard había sido prudente. Parece que cuadra. alias Pierrot. compareciendo por primera vez ante el tribunal del Sena por proxenetismo. Era el expediente de un tal Pierre Millard. al que cayó de cabeza. iba teniendo la sensación de comprender. —¿Es usted. Dos balas en la piel de un tal Pierre Millard. No tocó la botella de coñac que reservaba para ciertos clientes. Desde entonces. Apenas tuvo tiempo de llenar una pipa cuando Lucas llamó y depositó ante él un grueso expediente. ¿Quiere que le llame más tarde? —Gracias. J. con una temporada en Fresnes: más tarde. d 2 g . y se separaron en el corredor. que debía ser su abuela. com CAPÍTULO VIII Durante el regreso cambiaron pocas palabras. Encontró un refugio seguro a orillas del Marne. casi todos los días. en efecto. ¿Le dice algo su nombre? —Tendré que hablar con mis hombres. una condena por golpes y heridas en Marsella. No se movió desde el doble crimen de la calle Manuel. pueda hacerle algunas preguntas concretas a Alfred Meurant. No le había enviado ningún mensaje. —Es verosímil. por otra parte? Subieron los tres las escaleras de la P. alias Pierrot. ahora que conoce su nombre. ¿A qué aludía exactamente Janvier. —¿Un tipo moreno. nacido en París. en Fontevrault. pero el silencio de Maigret era tan denso. Y.

Luego. que le anunciaba que se habían encontrado piezas de oro. sí. Blanc volvió a llamar desde Tolón. —¿Ha confesado? —Más o menos. En el mejor de los casos. —Acabo de hacerle algunas preguntas interesantes. Admite que conocía a Millard.. acciones al portador y un cierto número de billetes de banco en una vieja cartera. Le llamaban de Seine-et-Marne. no hubiera testimoniado. entre otros. Era la brigada móvil de Gournay.. y la muerte de su nieto no parecía haberla afectado. adornados con encajes amarillos. Lo encontró varias veces. ni de sus hijos. —¿No cree que sería mejor llevar una orden de detención? Maigret. d 2 g . Mayo de 2005 http :// biblioteca . Cuando se le habló de llevarla a Gournay para interrogarla.Digitalizado por Hyspastes . en particular. Ha tenido buen cuidado de no decir nada que pueda perjudicarle. hace más de siete años. Se habían hecho más descubrimientos en la casa de la vieja. Millard. —¿Y si hace preguntas? —No digas nada. protegido por una caja de hierro. com Si las cosas hubieran ocurrido de otra forma. le habrían salido veinticinco años. —¿Le ha comunicado la muerte de Millard? —Naturalmente. sólo se preocupó de sus volátiles y tuvieron que prometerle que la volverían a llevar aquella misma tarde. Quizá viviría aún años en su casita a orillas del río. —¡Janvier! —Sí. en el granero. tenía derecho a firmar órdenes de detención y lo hizo sin esperar a más. si Nicolás Cajou. Millard cumplió cinco años y Alfred Meurant quedó sin noticias de él. La Madre de los Gansos apenas si se acordaba de su familia. Todavía no se había encontrado el cuerpo. en el cercado de los gansos y patos. Ni siquiera se molestó en fingirlo. Todo estaba enterrado. otros vestidos. de los que se había perdido todo rastro. como oficial de policía judicial. como a la mayor parte de los ahogados en el canal. Gastón Meurant habría sido condenado a muerte o a trabajos forzados a perpetuidad. A usted le toca juzgar. una vez dictada sentencia. . Apenas si pensaban ocuparse de su pasado. habría podido salir de su escondite e irse a provincias o al extranjero. al que se confiaba hallar. algunos de seda parda o azul pastel. entonces. un traje. El hallazgo más inesperado era un uniforme de zuavo de comienzos del siglo. —¿Le pongo las esposas? —Sólo si es indispensable. —Aló. —¿Pareció sorprendido? —No. —¿Quieres tomar a Lapointe contigo e ir a la calle Delambre? —¿Me la traigo? —Sí. jefe. en la presa de Chelles. donde Ginette no tendría más que ir a reunirse con él. en París y en Marsella. una vieja maleta que contenía un vestido de novia segundo imperio. según estaba acostumbrado a hacer el guarda.

siempre puedes ir a buscar a mi cuñadita. puesto que el asunto era más sencillo y el programa menos recargado en los Tribunales de Seine-et-Marne. »A creerle. pues le necesitarán en el proceso. y luego la camarera y otras personas aún. ¡Si es que había proceso! Una nueva investigación iba a comenzar. d 2 g . y que le presentó a compañeros y que éstos también le ayudaron. su cuñado habla de ello como de una broma. contemplando pasar el agua y pescando con caña. Luego. en cuanto Lapointe y Janvier llevaran a Ginette Meurant al despacho de Maigret. en el momento de su partida.. le dijo: »—Si te faltan mujeres alguna vez. permanecería sentado en una barca amarrada a un piquete. el timbre de los teléfonos. añadiendo que frecuentaba a menudo un baile de la calle Gravilliers. no era ya robar. Durante todo este tiempo. donde se juzga a los hombres. pero resultaba plausible. según Meurant. le encerrarían en una habitación sombría y acolchada como una sacristía. y. después. Según él. una vez más. se presentaría ante los tribunales también. »Sólo se quedó unas semanas en la Costa. Antes de esto. »En cuanto hubiera rehecho su guardarropa. Junto con otros testigos. sino dar un buen golpe que le sacara de apuros de una vez para siempre. Los jurados tratarían de comprender algo de aquella historia que se desarrollaba en un mundo tan diferente de su universo familiar.Digitalizado por Hyspastes .. »Jura que no hubo nada más.» Esto no era forzosamente cierto. mientras el teléfono sonaba sin cesar en su despacho. Volvería a encontrar a Gastón Meurant entre dos gendarmes. Luego. vendría la instrucción.? De allí a dos años. en una vieja casita que se parecía a una rectoral. Mayo de 2005 http :// biblioteca . Viviría con su mujer lejos del Quai des Orfèvres y de los palacios de justicia. una responsabilidad difícil de explicar? ¿No habría podido. Al lado se oía el tecleo de las máquinas de escribir. Pierre Millard no le volvió a dar noticias suyas ni las tuvo tampoco de Ginette. »En cuanto al asunto de Ginette Meurant. Meurant admite que le entregó pequeñas cantidades. Su despacho estaba lleno de humo de pipa. no tendría que encargarse ya de los problemas de los demás. era más que probable que Ginette permaneciera en la cárcel. com »A su salida de Fontevrault. toda la verdad y nada más que la verdad. tenía la intención de volver a París. Millard volvió a Marsella y luego a Tolón. Maigret sería citado en Melun. ¿La diría verdaderamente toda? ¿No había tomado en cierto momento. la transmisión del sumario a la sala de actas de acusación. . Maigret sería llamado como testigo. Estaba en mala situación y trataba de salir adelante. un día. que está casada con un imbécil y se aburre. durante horas. Él le dio la dirección de Ginette. —¿Qué hago con él? —Tome su declaración y suéltele. ¿Se establecería de forma suficiente su complicidad con su amante? Nicolás Cajou iría a reconocer el cuerpo de Millard. y juraría decir la verdad. eventualmente. donde tenía de algún modo todos los hilos de los personajes. donde esperaría su turno mirando a la puerta y escuchando los ecos ensordecidos de la audiencia. Su idea. De todas formas no le pierda de vista.

como si -vinieran a pedirle cuentas? —Ella está aquí. 1959. se abrió ésta ante la joven silueta de Lapointe. ¿Hizo verdaderamente un movimiento de retroceso. com Se sobresaltó cuando.Digitalizado por Hyspastes . 23. Mayo de 2005 http :// biblioteca . d 2 g . ¿Quiere usted verla en seguida? Y Lapointe esperó. dándose perfectamente cuenta de que Maigret estaba saliendo lentamente de un sueño o de una pesadilla. . Noland. tras un ligero golpe en la puerta. noviembre. jefe.

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