OSTEOLO GIA CULTURAL

PRACTICAS CEFALlCAS
PROF. PEDRO WEISS
2da. Parle
Ti ología de las Deformaciones Cefalicas - t : . ~ t l l d l o (' "tur.l
de los Tipos Cetálicos y d algunas Enfe rmedaJ..:s Ose _.
LIMA - 1 6 1
U M A RIO
pago
INTRODUCCION I-IV
Estudio Cultural de las deformaciones o. o o .... o...... . ..... o . . . . .
Antece entes del Est udio Cultural o o o . o . o o o o o o o o .. o . o o o o o .. . o . o o o 8
Material y Métodos - Camino a la Tipología ... o o . o o o o , . o . . o o , o . 10
Cuadros Sipnót ieos de los sist emas y ti pos peruanos de deformación 18
Cunas deformador a y raigambre costeño de la def ormaciones por
cunas 21
Del llautu en general y como sistema deformador . o .. . . o . . . o . , .. , 25
De cripcióo del mater ial arqueológico per uano de defor mación cefá­
lica ...... . ... o o . o . > •• • •• • • • • • o.. . . . . .. . .. .... . o . . . . 26
Descripción en extenso d los tipos peruanos de deformación cefálica 45
Maneras de hacer las r epresen taciones ti pológicas y t rminos usados 46
Tipo de def ormación por cun a 51
Tipos de deformación por llautu 58
Defor maciones por sist m as esp cial s :
Tipo Huaura (por error di ce H uara) ... o . . . o ..... o.. ... . ... o o o o o o, 91
Tipo Palt a .. o . o . o .. o . o . .. . o . . . .. o . o ...... . •.... o.. . .. o.... , o . o o . 95
Extensión en el Mundo, Origen y Móviles de la Costumbre de defor­
mar 101
Los gobernantes Incas y la costumbre de deformar las cabezas 106
La Cult ura Tiahuanaco a la luz de l as deformaciones cefálicas 15
Tipos de la def ormación Tiahuanaco dentro y fuera del lugar de
Tiahuanaco . o . .. .. . .. . . . . . . o o ..... . .. o o o ..... o . o . o o . 119
Tipificación de las deformaciones en la cer ámica Antropomórfica 122
Espongio Hiperostosis (Osteoporosis simétrica ) o... .. . o o . o o ..... . o . 125
Os eoma del Conducto auditivo . o . o o .... . . . o, o ... . . . o . . . o o . .. .. o o 127
Una cunita defor madora adaptada como aparto cefá li co .. . ... o . . .. 132-133
OSTEOLOGIA CULTURAL
2do. Libro. Prácticas li cas: a) Deformaciones 1 n­
tenciona le de la Cab za. h) Paleopatol ogía.
PROF. PEDRO WEISS
I NTRODUCCION
Yo hemos definl do en otra opor tunidad (79 ) lo que entendemos
por OsteologÍa Cultural. Resumiendo, es el estudio e las altera ciones
de los huesos ya sean de causos intencional s (deforma ciones, trepa ­
.1Ociones, cauterizaciones, etc.); a mbientales ( camb ios por faclores
stressontes o nutriciona les y patológicos ) enfermedades : tumores, in­
acciones, etc. , consideradas como rasgo, a sociándola s Q la época, la
región geográfi ca y rastreando las posibles asocia ciones con otros ca­
racteres.
Hicimos ver que en el Perú, la 1se m nación de las dIferentes tec­
nicas y escuela s de trepanar; sus asociaciones fij as, con la s cabezas
deforma das o no deformados, proporcionan valiosas referencias arqueo­
e históricas . En el mismo terreno de la Osteología Cultural se
puede lograr más informes, preci sanc'o los tipos culturales de forma s
de cabezas y siguiendo la difusión de sus asociac ones con la s diver­
sas técnica s y usos de las trepa naciones, c<Jn las Cauterizaciones, con
las diversas formas de heridas e guerra, etc. La gente enterrada en
Jas grandes Necrópolis de Para cas, que no usó la porra de punta s, re­
=ibió golpes de élIa y aprendió a trepanarlos .
Tienen va lor cultural, las s ósea s, de distribución geo­
gráfica restringida o de etiología rela jonada con a lguna forma de tro­
Daja a hábito de vida. Ejemplos tenl:¡ mo en la Espangio Hiperostasis
mal llamada Osteoporosis Simétrica y los Osteomas del conducto ou­
tivo.
r(¡ r llj r ,1,11" 1.-, r.:·onlr.rlll ill actór' de 1('1 modo 1"1\ 1n
TI PEDRO W EISS
Por la Os teología cultural sabemos a3j; t nl ' Ir ; 1:leIE(1najes ente­
rrados en los tumba s Ca verna s de Paracas y do 1, ': ' IClldos funerarios
e Necrópolis vivieron en el Litora l desde su ¡lI l n, l ' ¡r l y 11 0 0TI la Sierra,
como a lguna vez se ha insinua do, Podemos ,,, 1 (ti i¡¡lloción por­
q ue sus crá neos presentan en un porcentaje siml ln r, di) otros con­
juntos costeños, lesiones de Espongio Hiperostosls: I·nl .rrnedad de la
infancia y exclusiva del litoral. En cambio usaban sis te·ruos de defor­
marse la cabeza, tradi ciona lme nte serranos.
Por los Osteomas del Conducto Auditivo, nos e nteramos q ue hubo
na dadores profesiona les. En la ca beza de a dulto 33328·56 - 3-868 del
Museo de A. y A. e ncontrada por el PraL Jorge Muell e E'rI Paraeas , el
Signifi cado de na da dor que, según el Dr. Muelle, tiene un moño promI­
nente de pelo sobre la frente, se refuerza por un osteoma d!"1 conduc­
to auditivo del mismo la do.
Con la diferenciación de la s especialidades y limitación de facul­
tades, el materia l osteológico de la arqueología, pasó 11 otras manos,
mermando sus mÉ>rJ los y posibilidades.
El estudio de las lesiones óseos y de la s hue llas de intervenciones
médicas en el cráneo (treparlOciones, cauterizaciones, elc.). quedó co­
mo tema propio de la Histona de la Medicina, sin especular sus cualida­
es de técrucas e ingredientes culturales
iJar otro lado, los cráneos deformados posan a manos de los antro­
pólogos fí sicos para ser es tudia dos como rounas, a base del rigor de
os medidas y generalizaciones muy si mples sobre las técnicas defor­
madoras, suficientes para ordenar ejemplares de anaqueles, pero sin
'1lcmlficado m utilidad en el diagnostico e h is toria de las culturas.
s deformaciones artilidales del cráneo, la s trepanaciones, las
c:aulerizaciones y los amuletos de rodaj a s cranea na s, son elementos
Nl'lolilicos del Antiguo Mundo que aparecen en America desde épocas
amolas, habiendo alcanzado desarrollo máximo en el Perú. Conside­
rCltldo cualquiera de é llos, por sí solo y sin discriminar sus moda lida ­
des y asociaciones, no hay inconveniente en supone r que fueron inven­
tados separadamente en cada luga r donde se les encuentra. El ' ar te de
Iwp(lT1or pudo desarrollarse en lugares distintos, como consecuencia
1 de c1erlas armas rompe-cráneos. La lendencia humana a átor­
I!\Olll'Jlfil3 con aluendos o deformaciones del cuerpo, por el deseo de
Il s lilf (lll ir tlo o pareCE: 1 más que Jtros, es muy ostensll.l. r" lraonside­
lrnRoDucCI ON
l.1l
con los que se difunden formando compleJOS. A1:,j tambien, cuando e l
s tudio circunstancia do de la s técnicas reve la la repeti ción de fa cIares
omplelomente innecesarios,
Se pudo repetir mucha s veces el invenlo de una manera de cura r
o ali via r un padecimiento, como S9 puede repet ir a distancia una s u­
pers ti ción. En cua lquier lugar de la ti erra se le pudo ocurrir a alguie n
quemar o irritar con ortiga la p iel. para aliviar una congestión inter
na. El hecho no tie ne ma yor tra scendencia que el que la s brujas de
Macb eth y los de los Incas invocaron los sapos, los b uhos y hasta los
ga tos, q ue pueden ser nuest ros Jaguares. La escena Iro, del 4to. acto
de Ma cbe th :
Bruja 39
El buho grita 'llego la hora
Bruja 19
Sapo q ue en piedras sombnos
veneno has amontonado
dumtiendo freirla y un día:;
danos tus exlrañ,s fríos
para el caldero encantado.
(trl l b l an caidero por olla de barro, se puea..:: encont rar en Ca la nctl n ,
jll q ll p fuese necesari o que las brujas peruOTlCTS , aprendiesen de
'[""/I (>II(ls.
NlrlCJÚ )J r ito mas ar¡[¡qutl y Universal que e l da embad urnar lo:"
. rr"!,'IVf'rpS Con rojos vennellon, que fue ya gellerol en el Pnleoll lic'o
¡ Ic,r, habiendos61e verificado "n mslos {os¡] , '8 de IlIglmerrn ( In
Bajo d,') PClvilond i; ell lJll O de Jos esqu,,!I;tos dp Grima Jd i, ':) 1 ,)[
vO ill ml, 'TI e l d@ B'JOlll 1 Torre , e n ( 1 d" el' ... [j i< r' rr"jl l ,
0l' T('I.J:;: " 1, "
. ·lld(l V. ·r, 1" y
el r , 'Id l' lfedr r: ,
Al)
1011
IV PEDRO WElSS
de colocar láminas de cobre en la cara o en la boca y más ó menos
500 años posteriores a los restos también embadurnados de roj o de Tres
Sapotes en México. Tradicionalmente los Emperadores de la China, has-
el último en nuestros días, se enterraron también con el color escarla­
ta. A. Houghton Brodrick ( 19) de quien son los datos que insertamos,
menos los referentes al Perú, se pregunta: que signifi ca tal extensión.
Los médicos pueden contestar: aisladamente no por necesidad, présta­
mos o contaminación, porque el hombre parece que asocia expont á­
neamente el roio, color de la sangre, a la vida y lo pone donde desea
que persista o se incre mente el espíritu vital. Los embalsa madores de
oficio recargan el tinte encarnado de sus infusiones y la s vie jas peri­
cos el de sus labios.
Muy distinto es el caso de la repetición conjunta de varios ele­
menlos, como ocurre con las deformaciones, trepanaciones, cauteriza­
ciones, rodai as craneanas, que se encuentran en uno y otro Mundo, re­
pitiéndose en algunos de é llos factores innecesarios O cuando se pue­
de seguir la dilusión de una operación estereotipada , como la trepana­
ción Supra-iniana, que equiva le a un rito, más si se le encuen tra fii a­
mente asociada a un tipo de deformación o a otro rasgo semejante.
Aún las asociaciones fijas con determina dos tipos de deformación así
sea únicamente con la hematíes o el verde de cobre en la boca.
En tales circuns10ncias la Os teología Cultural ofrece testimonios
dfl Igual valor a otros de la Tecnología y del Folklore.
1
ESTUDIO CULTURAL, ARQUEOLOGICO DE LAS DEFORM ACIONES
CEFALICAS y LOS APEROS DEFORMADORES PERUANOS
Finalmente que las formas de las cape­
zas tenían muchas invenci ones y n j ~
guna provincia, al menos de las prin­
cipal es había que no t uvi ese forma ci l'
ferente de las otras de cabezas.
De las Casas. Apologétkfl
La deformación de cabeza t iene mut'lw
im.portancia en arqueologia. El homltn
se deformaba la cabeza de modo <l IC,
rente en las diversas poblacionN rJet
Perú.
J', C. Tello (63).
Cronistas españoles de los primeros tiempos, que tuvieron l a opal­
¡lnldad de ob servar las costumbres originales, se refieren, rei terado>
111(mle, a lo difundido y a rraigado q u e e staba e l hábito de deIorrnur
1, J:I cabezas de las cria tura s , entre los a borígenes peruanos, en la ('po
1 dI;! la Conquista y lo que es más importante para el estudio dl:.: IlIs
Jráctic:as al uso de moldeados proplOS, como divisas de las disÜDlas Noo
lt1Tl0S O Provincias del I mperio.
Esta úlUma partic ul arida d, confi rmada por los arqueólogos r)T1 lr:l
n,,){Jlda que le han p uesto a tención, poniendo en eVIdencia forrnas d
b o z o ~ propias de divE'Tsas épocas y lugares dtd lp.rrilorlo, confine CJ
¡t1!l dE/{ormarlones inlerós primordial como raSCJO dé 1
Nota:
para desarroigarlo, demuestra
coincidencia, sino lo
Uf "n klS únicos fl<!uras
C(·I ;11S :Jpm otos deformadores, '1parezcan Jos
' 11 LlClzoa III uctilucl prenell tar los
3; do!'; ese Lrl l lJ rns 1.' 'run K 1S
cn ¡QW1! husto OTI lo postll frl lcrdeadCl dn 1'1
p l l r,·df
n'n 1
Irj , I í( ' I 1, I II
llene ")11(' 1
h I,H O Wt: ISS
1011 JJWuLCJ ¡Joc1tJr qyun/ar fu costumbre antiguO q ua también leman
'(1.1<..1 provine/a de (ormar los mism as cabezas, porque f uesen conoC'Í­
1,,: ; los vecinos de cada una dellas".
Garcilazo dice , reliriendose a los indios Palta, "Esta nación traía
1) 0 1 diviso la cabeza tablada, que en naciendo la criatura" . .. Varios
futores q ue reproducen esta cita de Garcilazo, cambian la palabra di­
visa qUt? es la original, por cos tumbre, desechando la mejor y más es­
j·an1ál1so defi nición da la costumbre de deformar.
Se dice divi sa, dice Roque Barcia en su diccionario, "porque divide
II linOS hombres de los de otra parcialidades" y le dá como sinónimo
la palabra enseña "que realmente e nse ña la bandera bajo la que se
milita ".
La formo p lasmada de cabeza fue osi la divisa del orgullo y ma­
llO del grupo. Carácter que si no era innato, era por lo menos necesa­
Ilamente de cuna. Se deformaba n dice Hipócrates "por la ideo de no­
b lr!zo que asociaban o lo formo".
Dice ¡. J. Tschudi ( 70 ) cuando un Ayllu habío adoptado una
lonna de cabeza o se le señalaba una cualquiera, no tení q nadie de­
mcho a odop tar olra a voluntad"
Rela to Townsen en carta a Morton ( 41 'l : ' He tenido oportunida d de
ver Chi nooks y Chichitaks con redondas o de forma ordinar io,
porque lo dislorslon habitua l había sido mol practicada en la niñez.
Tales individuos nunca pueden obtener la menor infl uencia, ni alcan­
".ar la '11enor dignidad en su lnbu y no es raro que sean vendidos eo­
!t,,, Este relnto dellne 10 qua significaba el molde de cabeza
¡, CItO Id Cal!' unIdad.
Lo formo debía ser constante y por consecuencia los proeedimien­
I{ n; paro rnod,?larJo reglados, y de igual raiqambre en la tra dición del
<;'Irupo que la misma Jarma, es probable q ue fuesen prácticas má gicas
y ,)sotéric('ls.
En Colecismc' del Tercer Concilio Provincial Limense (cap. e)
Hee: "que los Col los y Puquimos y verria s otros naciones de los in­
1101 <1' :oslumhran delonn..;¡r lo rubeza de los niños, entre otras muchas
prócl!cm; sunersliciosas que tenían ' "y que además del da ño que in­
ri tos crialuras con esto medido de fuerza, hacían sacrifi cio a l
1(.1 y I I los Idolos" 00) . Polo de Ondegardo dice : "Los Callas y Pu­
! ,I ]r,'(1I.1 y :llmg 101:: lones usobcm formar lo cabezo dI" los en mu­
1 muchas i' upeIsticiones" (48') .
1( 1 r de
I 'U
'1 i..!"lnlA I
FIG. I - Mujer con rOSlro e i nsTgn ios dE' hechicera, en
act il \.ld de Invocación, so,tenl endo o un niño con su ape­
ro deformador cef6 llce. El ope ro exp lico e l tipo pelta,
El molde de cabeza e ra di visa de tribu y de a lcurnia y
e lograba "con muchos superst ici ones" , " haci endo sa­
cnf,c' o 0 1 sel y k lS ¡dulos" . Huecó de esti lo Cursivo
Sh,ml l Musco A Y A. 36- 1425 - L q- 11 34.
la hondura de su
representaci6n de un
c.onocidas, de crioluras t\(¡o r­
niños sos·
En 106 fic,¡ w -os ; Ulln 1' 1[1 11'1­
r' ¡CJS_ 1 y 2. la posiciOtt
ccl/
1 in lt l"I, ••
rd Irldo dl.J :lpCi lrl¡r (f
1 L'c.bd. Podd
"
I
f!¡'lllm
FI G 2 - Lo repel!ci ón de la mi smo esc.ena de la Fi g, 1, en
l ln huaco de otro epoca, trasunta la importancia social del
temo, La mUl or en este ejemplo, luce uno def ormación cefó­
l ica Andino por Ilaut·u" el n i ño un aparato tabul ar, disparidad
lue a lej a lo hi p6tli'sis de parentesco fil ial Las cróncos d
nlouclu ondino encontrodos en conjunt os \1' ',lIp"n
,tU'- a sacerdote;,:" b rujos, c urandero.. HI "11. t, j.
g,,., Musco de: A A 1·3535
I II ; /' " nl\ I
1 n¡' IIIII':1 11I1i .
I l ll n
f lll ll- fl l' - pr,dl,
el, 111 1,ji , Ir)
:;(>
11 ¡!J II' 1
¡ t i "tI 3,
,I é RonnlO[,ok (76) , O Tl
(11' "ro defor mador C1
111 1 cr'lbezas
lo del huaco ele la fj g
1,'Iit n' quo Jos indios Polta y
l'! bul"do hacia ambos lados de l a
tdl 11Iprtomente
10 P')[ bandas o
J,HIDr. e1al C" l'ómico Fig , 13 no
I lo cual llevan
,,_, "11 , . [1 "11 11 llltl/l
l)I IJJq POI :w; ¡w·rj l )JI{!r.
rt 11'1 U!liJo 'l 1m, lntl ll u,n
B,í1io ,) 1 Inblo 11, VC't LU lll 'JI uasa lornbalCl,
Y üT l ul líl lJ i le' d,.)1 Jll efl lon, por a lc;¡ún
dlbllj(J I HI U llCncl idurrr transversal q ue sirnu­
pr<.lI Jl m
corl su cab¡;>za deJormodo, es parte dE' uno
que aparece presentando al Jl I
un grupo de cOTtesanos ricaJll nn
tombiér debrmadas, La acti tud del !'luí
2.
Manta usaban un cort e do
cabeza, para resaltor
ocha t\.lda de adel ante a atrás (nueslJ o I
abezas deformes de la cerámi ca AlH 1un
tocados que destacan su tipo,
parecen tener menos dE: CWtl Ji'
todavía tocados sendos aperos deforrn"d, I
nl e más como divtso QU6 por necesidad de l a d Ji u ! 11I' [
¡:HC[l100logla conlmna por su parle, que iae; cabezas deiorl l1t l
aparecen y desaparecen al oZW '-m
anti guos culturas peruanas. Hubo gente ql.H t;l¡
que no lo hacía, habiéndose la costumbre difundido,
los grupos de manelO general o parci a!, proba1;>l ü­
como dis tintivo de estrotos o categorías soc ia las.
Jc)O ji) Joa df> delormación no
m¡TH;'ilJ do l as
IfI c,1 )rl y olw
Irml<Jl" h1::11 01 /
h coso
1I IVICj r) el!
Uf''')(1 ci, el dluras
pruebas, de que a lgunos, como los Centros Andi nos, qu
nlea d,Q Irnpanm:. ion cuadrangul ar, con corte en huso, rei·
Idoptaron la costumbre de deformarse, apesar de ha·
lo:; mIsmos territor ios con genle que se deformabo y
más retinidas,
No tlc:IOflllar::l(' l el cabeza en el Perú Iua una pOTtlcular idoc1 Qll
·.... nsle]! roda como rcrsgo.
11IIl iWf<.: i oll ll pol ugica de l r.ls ¡,;abE'ZCls defolIHoaas, com
Irrrbaic , mejor que cual esquiera de las olra3 clnol
0 , jl l1l')c!1? s. 'rvli , rlO J6l o para dlslinguir las ópoc;C'!a y ell
0,11110 t,l luLI"rl poro racolloC(?r <..'clll'4ortOf sociales y
(l 11!1 ;1 1 , f< 1I
1,
j J1.111\1 1 Wr.r06:.'
FIG, 3 - Fragment a de la escena de
presentaci ón de un niño ce n su ape ro
de deformaci ón cefál ica , ant e un con­
junto de ce rtesanos Moyas. La posic ión
del niño V la a ctirud de l adulto, con la
cabeza deforme y ladeado, guarda un ra ­
rO parecido con la del huaco de la Flg
2, En e l a rte fi gurat ivo Mayo lo det a r
moción cefál ica es ostensible y apare n­
temen te de ti po un ifo rme . Fi guro
un mural de Bonampok de l Antiguo Im­
pe rio Moya ,
En l a variedad de aperos y plásbcas cefálicas que, como hemos
de ver, se encuentro con los restos arqueol oqicos per uanos, por los mé­
os cordincrdos de 10 Osteol ogía Cultural, se r luede idolll¡( ICor dos
.,bt.mm: troncales, que son la réplica abJetivo n _1 j.lod. tI. 1m Ta
1)11 101(." y AIIIJlores: Los cunas deformadoros y 1(19 bCI¡I(ii'lIl ¡)
m1:'1 ¡¡¡¡\J!¡ , 110. Andino -,1 !3egundo en HI 01 ¡cJen
I 111l 1I1 'J
IJ lllIl");;, ': /11' Hl ' llld l , f lll pll)!allllibl. ,tll,;¡ iI,. dlntlll­
,') "ll l "!,, do II¡JI,!, tlt In rd dn lel!; mlClt lns y
'11 11.1 idr¡d oLl j¡ ti V
r
lLII) , lk' q l ll' 1m
11 : \IIH /! 1. 1 C:Of¡ tCl Ido.;/(uon lus t1)r.lcloh­
I .J l n l c1l1 con ol' lnl1{Jtnl,\Tl to, I llÍ fil b l1 C'('ls pOI
nlol i or mi lo Costa perUClllCl a Ir¡ i l l ·
illc: iI , (; ualldo !la imposible, di:; tinqLl ¡[
'" los cráneos del material de r . 1.; 11
l os el !"' \"11
lIi vocamos Sp puede dedr, que el parecido d,
odas las ha sido motivo princi pal
las tumbas sin cerámica, diagnosti ca
por la lorma de los cráneos, N os parecE" qt 11 TI '
(; uondo explorarnos lo quebrada de Culthrml . ,1
1 y raigambre andina de los deformaciones IJlH b(111
i¡.:' lilll), Il u ;;; ido tácita cuando no expltci tamente reconoc irl" l i '
Jores desde D'Orblgnyi. Desgraciadamente foltw1 , 1, 11
' J I, I)IJOI su onhqüedad y punto de origen, sólo se sola q ll
de civilizaciones serranas, COII IO 111 1( 1
1.1Iira! La semejanza de los ti pos de Paracas con Jun dt
¡'icrbUcmrrco en Truji llo, parece un b uen dato de que (1l ll h elQ
" 11110 misma raíz arca1ca .
.... 1 1, 1 cerárn ica 1nci sa y Coloreada de Pukara y Cavernas, !"
111" q LU 'H estratos muy anti guos de Ti ahuanaco, la delormacioll
1 11. 11111 1, ( IPClIOCE:: toclos Jos cráneos, presentando ademas mucl l03
111.1 .' 11 _pcrn(1Clot les por raspado. El mi smo complej o de defonlJa­
y It . 'pc.maci0li 8l:-' encuentm en Cavernas y l as grandes Necrópo
f!CIJCW(I!3, CO IIl O rasgos ser ranos de esos yacimientos costana:.;;
d¡,Jod r o SabOdITlOS que otro rasgo de esta culturo, tenqa más
,.ju '(lr/,ctor (l lldino,
1, t , ii: ¡r,rllllíJ ICtC" iúlI de los conjuntos sin y con defor maclón, dl'llll' I.
IInl '1111 1'1 "1 1 k, [1CJsi bie, loo tipos y sistemas, en l os restos óseos pravo­
"it ¡j o d. ll ll lluas con cerámica Negra Incisa, así como del SCt linm .Y
'!JIIO, ilulIl " "illl'1 prnlr'S todavía oscuras de lo histori o de 10l; !'l i n to"'­
V(,riCltl yoclTt\ler¡(os chav! nolder. Son norma loo. nhlOll
"11 r¡ ! ( IIlTI Ü!1 d In :0310 (Cllpisnlqur' AnCUli ) , SI' hu
H Pl.J.)lK l WEI:"<;
I." ll contrado 100 cabezas deformadas. Lo Jormn 1. 'l¡rt Vlil Ancón es
ICJucd a la de Cavernas Parocas.
TI
ANTECEDENTE
No obstante el divorcio de los Arqueólogos con la Osteología, al­
gunos a costumbraron anotar sistemáticamente las .f orma s de plásticas
cefálicas y hasta dedicaron acápites a hacer resal tar la importancia
que tema en el diagnóstico de las culturas peruanas. En este sentido
se prestó mayor atención a las deformaciones que a las técnicas de
trepanar. Desgracia damente pocas veces se describe las formas de
manera que permita la identificación tipol ógica, por lo cual pueden
darse por perdidas referencias valiosísimas y quizás irrecuperables. Es­
lO es particularmente lamentable en los escritos de Uhle, quien incluye
Siempre en el inventario de sus exca vaciones, la for ma de cabeza. pe­
1'" en ta les térmi nos que sino van acompañados de fotografí as es im­
posible reconocerlas.
El interés de Tello por la Osteología , queda bien demostrado en
s us e scritos y en el Osario del Museo, reunido con el esfuerzo de mu­
chos años. Era hábito suyo, determ inar la forma de las plásticas en
e l reconocimiento de la s culturas, particularmente en el campo, cuan­
do T'9gistrcrba los escombros dejados por los huaqueros. En 1928, co­
mentando las relaciones entre la Medicina y la Antropología (63), es­
cribió, dejando OSI establecido la s bases del tra bajo que ahora hace­
mos: "Cuestión. igualmente discutida ha sido la relativa a la costum­
bre, generalizada en el antiguo Perú, de las deformaciones
craneales. La deformaCIón de la cabeza tiene mucha importarlcia en
arqueología; ella sirve para determinar los diferentes tipos culturales
y ayuda también a esta blecer la sucesión cronológica de las culturas".
"El hombre se deformó la cabeza de modo diferente en Icm diversas
poblaciones del Perú. Por la forma de l a cabeza se puede reconocer
hoya los Muchik, Chtmú, Pre-nazca, Nazca y Ti awanak.o". "Sólo por
lTlducción, antes se POdlO descubrir la técnica de la deformación, pero
rocías a l estudio del contenido de las tumbas, se puede conocer hoy
dicho técnica, no sólo porque aparecen en la cerámica las criaturas
con el aparato deforma nte, sino porque son muchos ya los esqueletos
dI?' n iños encontrados con todo el equipo de la deformación".
A menudo dá Tello descripCiones sintéticas y comparaciones acer­
kJdos que [aciUtan la identificación tipologica, imposible cuoudo recu­
w o como Pa lta-umoc, Fronlo Occlpitai e tc , ni! lu: '1\1( onca­
J' 1111(1'18 de uno forma peruana.
OOTtOI.OQi A
1(1 \:¡, ' r 1111 11 .,, 1,'11 Jflcrll l ll lr r lr nJ 'm!nu­
10 1 !/lt Ul r. ut¡/¡tllI L 1 d,
nI 1"11 ClI' iI.J! I' (9
ln c:or,'l l11kr-r ulllllClrll"T clic:n, y lar. I" ¡r'lg ! ¡I.J.vkl¡
/ , ItlCL abrmdollrldGs 108 bLl scadores de lasoroa y (Ión lo
dll l¡i t':O, 1l1.1 lormos cabozas y las Ill011Ch05 v¡;rd..,s
11 (1, 11,dl Clo c!r " Ino tll ordos do cobrl'), cuyo uso se 'fenaralizó 0 11
rr)slf'l lor, son los tÍ.n icos dalas que permiten apreciar ]0
l o", "1,n dLlormaclón, dice en otra parte, cuando flU ti
ri !'Ion df'bldnl11an le conocidos, prometen ser un crlli'lflo
111 vmIlI n l.'" pC'l ra la clasüicación de las culturas, debidl
UE: generolmé-'nte se obtiene el material oanea!" ,
xll lomclone:'l a rqueoloq¡cas por la Costa Norte , CentrO y
r !'¡zo obsorvaciones vaUosíslmas sobre forma de cabez
I 101(1)]61 ' Clll1 los t ¡('nodos culturales. Ha identificado ti pológtcamol1
pe' l' In I1l'tlO" lUla forma : el cránéo chalo, predominante en el pe do
ti 1 rl l - Ct>f¡O do Oro en Cañete: Lámina XXVIII ( 33). El ndJfl l('¡
HIjO eIttI!O, (·on tendencia a bilobarse, 10 hemos eocontmdo .;:¡n rt'r, t
lliJelltl 1I A'lcón y Chancay.
r J) SI>Jwar l (55), ha con tri bUIdo a la determinación dtll lil )O 1,
I , Ir, de algunos grupos culturales peruanos, siguiendo Ir.
I J: .. lo en el Jrlterás por la Osteología cultural , ha fUndo In
jI! I I¡ II 'n "domás (In las lrepanadones. Su obra sería quizós comld , l, I
k ¡1'lh 1 dtSPlloolo de mejor malerial. Los 7, 000 cráneos peruanOIl '"
h¡vod(lS en (' ] Museo de Norte AmérIca, corno él lo hace notar, es 111(1
Ir,wd oulú,ll para u n esludio cul lural, pués, como la mayoría df;, J d ...
11' 1 1" Ir/.,,], J¡rl ll i">van más referencia que la del 1ugar de origen. Co­
" t, mdlo !ns valiosas adquisiciones de Kroeber y con los propias so­
fl t'l (fOI ti , 's de Paracas, Cupisnique, Chimú, Nazca, etc. Slewarl Jo­
JI)dur:done:;l acertadas.
No r !((IlI OS capacitados para rastrear las lí neaa de difusión da los
:1t;>(OI nH l' '1'11!" 9 rti d6 otros rasgos de la Osteología- Cultura l. La fina­
IIckd It· I 111. Ir"bojo es úmcamente ha.cer resal tar la importa ncia dal
lomcl y , oI r ' r Jo que nos parece la única manera de entenderse, so­
lf' cabeza típicas de cada época y cultura. Tr más 0116.
ll ono en e l campo de la orqueologla y por lo tarll o s.o­
. de nuestras pOSibilidades, quizás de las dI' cualq1Ji nrct
por su maqnilud y com pl¡"ji,lad, mas es f'1 'c>Ll,'

111
[' 1:0110 W Il BI.
N. , (IUI'l I.:")¡ ,tc ('slas li m1trrCíonGs, creemor, ' Tl II' diir;' 1 ,[1( 10: flll trC'
( 'UI?TpClS eSli r" dos ron cabezas oblongas no dril ; " ,11, " /¡ 1 , ,'J, . km ( 'sgUf'!­
lr,j os encontrados en los tumbos de los Chimú pr il llil l v,1n, ¡10r Kroeber
y Sle wor t, y los cabezas con deformación fronto-occipila1 y do­
blados. ve rificado por Stewart en los restos de Cupisnique. no son da­
las ba lodis. sino significativos. por los que mediante los metodos de la
Osteología Cultural se podría rastrear troncos y raíces de grandes in­
fl uencias,
La s tumbas Chavín tiltimamente exploradas en Ancón parecen
iguales por su construcción y res tos óseos a las de Cupisnique. Como
I;sla s. son Simples huecos en el suelo, conteniendo esqueletos en posi­
ción cúbito lateral, con los piernas flexionados. Los cráneos tienen de­
(onna ción cuniforme de tipo Cavernas. Fig. 14.
Cuando Kroeber verifica que en la Edad Media de lo Costo Norte
nredominaban los cráneos: "alargados, deformados, por compresi on
y vendaj e", nos comunica un rasgo más de la influencia Tiahuanaco.
PI mismo rasgo encuentra Latcham, en lo extensión sur en el terrItorio
d1i leno, de eso mismo cultura Tiahuanaco,
Los cráneos de la Lámina XXXI del Museo Chiclín, deformados por
ll autu con almohadillas, repi tiendo tipos de Paraca s , podrían ser o los
que se refi ere Kroeber y los increibles de Trujillo que mencionó Virchow.
En puridad, pocos arqueólogos han seguido las corrientes de difu­
sion, con las culturas, de los dife rentes típos de deformación, como
.Rira rdo Latcham ( 35), en sus excavaciones en el Norte de Chile. Sus
anotac'iones tienen particular valor paro fijar culturalmente los tipos,
por tratarse de una zona de influencia marginal. Es lá stima que por
haberse confiado a la nomenclatura de 1mbelloni, sea imposible espe­
'ifi car SIempre las formas a que se refiere . No sugiere ninguna duda
( ucmdo a socia la circ ular Almara a la difusión de la cultura Tiahucma­
'f'\ en ChUe; pe ro cuando dlee que la propia de la Atacameña indígena
" ) CJ lo tabular oblícua , podemos figurarnos más de una de las formas
p Ol i lonas. T. D. Stewart califica de tabular oblícua el tipo Nazca y
mós se a justa ese nombre al de Necrópolis, que es muy distint o.
m
MATERIAL Y METODOS - CAMINO A LA TlPOLOGIA
El material osteológico de los museos peruanos no ha sido todavía
I1 v.nwnl cmente ficha do, ni se g uarda en condici ones adecuada s po·
11
s ido pr al 1l10f1 1< 13,
1" ....1' 11111I1"r" " .;,1;
", ll ld", ;1' j I11/ ¡I I, , 1 d
Irrjw'a lrJq ir'rJ. d" Ifl ; ,111J
lel (uqueoJocdo.
'[1< 1011 da J¡nbell on i el:; 1u q u(> h(1 10Clrcldo
s los trabctlos sobre deformaclonl?t,
Imbellon l, sobrr:¡ deformaclOn(:/::! ,
lr.lflll l nldo5 '.m ki llJl uT' 'scrnle obra de Dembo ( 13 ).
1 {JS¡it)ctOtl dol problema y contienen la documentcrcion
II'l l !.:11 10 , SU3 lnXO IOS corresponden a formas reales dE!
y por 111 ilel! Wl acomodo logico de variedades de cualquiera
1 ullc.lclIto InxOl ómlco de reparos sutile s y la pos ible
onoItlétrtt"os dilict les.
ra el estudio arqueolÓgico del material
cobo, "u clasificación y doctrinas, no NI
(iplkrlclón: Sus mapas de lo s deforma ciones
rlície, lomando como dominante, inmensas rol:.rl r:r
r'll1 y r.u en el correr de los .11
ohvio que si la plóstica cons\!1uye un rasgo, In h , l
Il ltur n y tl O et lugar.
\or;10. ctio16gkns que en el Perú son trascodCll
f¡ 1(13 cl<2 forInadCls por cuna y bandos. se confundaTI (JI 1
l'It
i l , 1," 1 t l l Vl l x'1l da tobwores,
11 , 1" 'IJ I[.-n 'ló!1 wqueo16Qica cu!turctl de la clasificación de 1mbQ
'1 ' 1>1 ,"(,11 01 mismo Inconveniente de lodos l as otras, en cuan·
1 1( , I tll ., ,I r· ¡ 11 r ¡'ü¡;n de loa Ib'rmlnos para reconocer las formas. Un
" ¡j; I!' '':: ' 1" 1 Il1it"J, r l Lj ilfOSall- 'n '" encuadra por igual a dos o
11
:l 1, JI 11" p(lf ,;¡¡¡nnu, di¡ Ilr.tns a lo vislo y c ultu..ra lmente , haciéndose
;i::;rn l("ls formas agregar "tros datos , e quivalentes a
1:1 mismo lrnbelloni dió reglas para la identificacion
lIi él ni olros Siguieron en la prá ctica, por a [e­
lobuic:tres y anulares.
eslos dos qrancles f i1ums : bo:;¡ados, el Pfl­
1 slslerna : lmi tablos; el segundo en un en·
Tl1l1cu , estrecha las posibilidades. prp.suponiendo
nms y formas, ql.le 1m Ir'I próctica no se can­
do cribldcr na tural para todas l<'"l s nru·

fi jados l armas lobulares, qlll" arquaol o<llL 11,1 I d 1 1[ !llJ e l ' Il rtbl l tl idO
1 Jodas por sistemas sin tablas, condici ón dI 1, I 111 ' 1Ydl 1:11: 11 1" do; los d
ormaclones peruanas. Los térmi nos de 110' ;' 1, ¡, rl.·: C(JII IO: formas
M iméti cas, formas Pscudo-circulares, ' ll... , equival en
a l baroco y baralipton de la antigua escolástica, pues niegan su propiO
significado sin dar otro, poniendo en evidencia los defectos sustancir1'­
l es del sistema.
En puridad, malgrado el abismo técnico que ve Imbelloni entre
l as anulares y tabulares y la relación con aparatos tablados que sugie­
re el último de los nombres, la esencia de ambos nombres es morfoló­
ica. La mejor prueba la da el mismo Imbelloni en la obra con Dem­
bo ( 13) pág. 299 Fig. 130, calificando el apero de nuestra Lámina 1 A
y B, compuesto de bandas y roscas de algodón, de: "aparato cefálico
da deformación tabular". Obviamente la condición de tabular la de­
duce de la forma del cráneo y no del aparato, que carece de tablas.
El mismo aparato sin las roscas de algodón , forja formas anulares,
LAMINA 1 - Cabe¡;; ita deformada del tipo Necrópolis desenterrodo con su opero deformo­
dar colocado: sist emo de Ilout u, con rOSCO$ de olgodón, Lo rosco porece ser un rasgo Po­
rocas, Ver Lómino V, Ejemplor 12-8424 - Museo de A y A
En el Perú, la Osteol ogía cul tural hace ver que las técni cas de de­
ormaci on por bandas ( decimos Jlautu ), constituy en una unidad cul­
lural y l as almohadillas: Lámina lI-D roscas de algodón: Lámina V;
€Ineras doblados, que se solía col ocar bajo las vendas, son parl es ac­
cesori as. A l gunos de estos accesorios p ueden tener caroc ler(lS ele de­
lE'lnninada época o cultura y segÚn su forma o ocomoch. ji d 11 de I'n la
IJlósllca. Cambiando l a disposición de l as bandas y 1,¡ 1, ' Tri la o lCJlIla­
ilQ do las l11mohodillos y roscas er o posible obt.lf¡OI ( 1l vorOoD fOllnos
'11.TI lnAI
' 11
l¡'j l lll t'l , , n11'11
1, 11 '1 d Ol y rll j1 J1 '1!1
11 " 1 ' 1 '1 ,dlr) .1
1¡I'd')c l jw t',l l lr l:. 1(11 i
por si .:n l, 1
1 " IJllulu ¡-¡ I I([UI U , 11I 1f1
'011 airar, lorll11"ls I f l! '
1 que COIl lo prO( Iir, 1 :J
TlVJ Illl'!dlo más rácil y quizás único, l!l i nlo:
I r ¡¡ ( ¡j, 11,,1 refi rlóndonos a los ronll os por un nombr€! , LI
Il u n slsl",ma empírico 1. Irnbojo, que ¡)c.uCr
pora las de II Ibu3 d
[ormo por el nombre de lo !rH)\l : COWi
11111" ,.ls tl"tI1ej tal l el que pudimos seguir lddcH1I,) el!
Il tl llllll10f¡ ttC!zCTdo, No lue dIfi cil despues qU'1 11 11
n nánE'os seleccionados como patrones CI In vil1lrl,
·1 I "ollocinli"oto de l os tipos, quedando aSI
IrabaJo, r011 IInCilídad orqu,-'016gica, unlca útil
"
.'
HN" .r¡, Jr idn 1":;1 forll las til os, teniomos que descr ibIrlas. A l , Illll el
1, ,¡ ' 1' 111 "do mrenoeldas e Identificados cul tural menle, por [1'
1' 11 1) Y KrorbeL Tambien se planteó 1"1 probl ema que no hv II<JI
Ji" , III U pravisiollol menle>, de darles nombre. Los nombre!; ¡)I I jll': I
11 , , 1, "'11 I ':. IIHI somel ldos a regl as y por l o to nto son malArln dI{'.
IIIJI I' r ll rl II IJ!'jotrr ,s los que adoptamos son nombres de pi la, i nslrll
1,) !rnboja, hasla que UI! cOlejo n guraso con las epOCC1S, ,h ·
, ;orrpsponde por prior idad o coda ',ipo,
l i¡ lOr" COIII O rmlidades mor[oléglcas asociados n url a o: ultU/lr ,
I dl un r:arácter estilístico, alr..dedor del cual las ( 1:;0
111T1 1 1,·1I11..'I!le morfol Ógicas, adquier en mayor IlCtsc:elldr IIL JI 1,
:l ,' oLl l'de hacer a base de cual quiera olra delmi"'loll ¡non\)'
do) IlIln cabezo troleo, o COI I C1 lguno enfermed'.ld ,),
1- 1 ' r , '! Ida paro reconocer su origen .
dC" los lipos con otros rasgos prOlnele S8l' UII I Itl l) l
:crndo. Kroeber reparó en lo sociación proIi Ullr:i ( I
con las maw:has verdes do 1 C1ra. r.I ' Iill 11 ( 111(, 11
el 111
11
r.tl RO W LI
FIG, 4 .- Mujer dando de loctor en una cuna portol!l. La magnitud des­
proporcianoda de las senas nos dá un ca rácter expresIOnista a la abra.
IJropOrc!onada de las senos dá un carácter expresioni sta a la obra . La
mi smo que coi ncide con un relato de Garcilaso, se repite e n otres
huacos Shlmu y de lima. Huac o Negr o Shimu del Museo Larca Herrera.
(Jn leClor hemos hecho resaltar la a sociación predominante de nuestro
Jp<.> Ironto-occi plta l costeño con la Trepanación Supra -¡niana y de las
lelormaclones por llautu con las trep anaciones circulares. También el
Ir1 badurnado con rojo merece anotarse.
En el desau ollo de nuestro trabajo continuamente nos salieron
¡¡(' ue nlro la movilida d de las formas y las formas intermedias, enlr
101' formas tl picas. Pero e n rea lidad estos son más obstáculos aparen­
t'33 q ue reales. La s variedades de un ti po permiten rastrear detalles
Itl l slslema deformador. Las formas intermedias no invalidan los tipos,
dno qua permiten esta blecer parentesco: la hendi dura sagital a nivel
1,·1 occi pucclo en algunos ejemplos de un tipo definido, como el de Ca­
vnrnas, por ejemp lo, supone que el aparato deformador tenía una pre·
11 1"1 10gt tC'l l que más a iusta dcr e n algunos casos, dejaba s u huella. La
;i[1lmo 51J Pl'Omasloidea y la concavidad medio-fronlal, delatan también
(n prcl,!ém de cordones.
UI
\J 1, 1
CljJCJrolol'J ¡
' 1j i c(¡;, '=1 d
'o' ll pk: lo 1 <1;>;r 'l\ rll vir¡>j
rt 11 ); ;
4.
M(" ",,, ,J" ICJch, " 1t,: con eCl bo,ilO ¡/oil" rilO"'" 011 . ".1 d ) 1'u
II( 1011 .,,/,, COIl '''1 01' <" '-' defollnod':¡r e, l lct:ld". S '.1 '1110 da I loLI!" e' ""
d,p, liJp 1q n1rnohad dl a frclIl lol ' : . un 10.., 1;) NUtco Col "t , " , UI
I dl lu I 11' ('rl N,,;I I(r1 tl cflll O rlt: 'fin J !I (! ( 1) (1 N CJJ I t i
6
I I:I! 1I , • •• j 1
I 1,1 111
IlId. ",l) l ld 1
l. ,1"11111"1' 1"fI
1f 1, Ir fo rma Ilpos,
lili l í Tld, Ill ndldos
I'ltl' HUi c.'(1IiO
II ImoCJllitl como
I(ln del estudio.
I1 Inlly lllpot6licas. para la
IG ¡".NIO Wr..l.
HClY mas vCUlnnles PI ' unos tipos que '1\ ul!
tndudablemente depende del sistorna defornlt. I,J, \\
po Paraeas por eiemplo, oscilan más que los d.
Huara. Lct aeenruac!ón de la plagiocefá lia
No
en a lgunos r:onltllllos
ta un carácter diferencial básico.
Es obvio que no sie mpre, con un solo cráneo se puede determinar
ti po y menos la forma propia de un lugar.
Tampoco el tipo es necesariamente único. La mayoría de las ve­
ces su determinación es cuanti tati va . La homogeneidad del ti po, como
en los restos sin cerámica de Enge l, es un da to trascendental que no
se repile sino en determinados conjuntos. Lo más común es encontrar,
variantes del tipo y tipos d istintos en cada colección. Probablemente
a distintivos de dignidades, ofi cios o clanes que por
razones de origen u otros, usaban moldes propios de cabezo. En tum o
bas de la costa se encuentra cráneos serranos y en la Sierra formas
costeña s. Entre grupos no deformados se encuentra crá neos de forma-o
eles y en tre deformados a lgunas cabezas normales. El estud io arqueo­
l&.Jico. puede dar la razón de la promiscuidad. La homogeneidad del
lipa es uno b uena posibilidad de la homogeneidad de la cultura.
Los tipos constituyen las unidades de n uestro sistema. Son enti­
dades morfolég:cas culturales. Cada ti po queda explicado por lo que
se sabe de él o de s us más próximos afines morfológicos y culturales.
Como en la asociación de otros caracteres, más fuerza persuasi­
va tienen en último termino los da tos culturales que los mor±oJógicos.
I lipa Caverna se parece más al común de la Costa que a otros tipos
Paracas, sin embargo, su a socia ción con el Costeño, a pesar de que se­
ría reforzada por la dis tribución geográ fica , carece de apoyo arqueo­
lógico.
Descritos e identificados los tipos. con ej emplos elegidos como po­
Iron."s, no hemos tenido dificultad para continuar la de terminación a lo
s imple vista, como se reconocen los cacharros estilísticamente por su
forma. Esto puede parecer sa crílego, a los que gustan de la s medidas
rlt.JlJrosas; pero expresa la forma como hemos trabajado, y la que nos
abrió e l camino. para coordinar formas de cabeza con Jos otros reslos
no la!:; a ntiguas culturas peruanas. Tampoco los indios necesitaron de
,'{,kulos para identificar (I los tribus por su forma de cabezo.
Si alguna vez se generaliza entre los arqueólogos el Interés por
IprovP.t'har loa formas de cab!zo en e l reconocimiento de las culturas,
lt ' puede faellitar e l es tudio, exponiendo <)n e l Museo las formas
III , lll ,¡A , 1',
JI.· II'I, ' l!U: ].(1 SlJI.'·)r¡JO:.I<'!<)1I do dinCJntq
1, Ill<. ili Ir! ln CO/f1PI
I
1H;16Yl dv 10G tipos.
, d" los P Ul I k,s I'ron(:joruélricos cla­
su valor, podrían contr ibuir
Es lUI trabajo por hacerse. Nosolro
pCU'o es\abl(>cer límites arbitrarios en tra
hcl'Uos l PqUNido trig'omenornétri .
puedan alcanzar utilidad, en uno
Los ventajas de una exactitud n gu­
taxonomía de formas varia
I l r, ') Rodl"\1'a l,o ue la momio de loctant e
l. 1" L" lro ,na 11. lJcformoción i ncreíble por Ilau­
, •. , d" t i"" mi xta, con la frente apl anado a lo
1\ ., 111 (0 No/co y lo porté' como Po
""fI Lo forj ado debl6 ser causo
dtlo P ' UCI ' " ColeCCIón Pedro Tello de Palpo.
trJiCtrfClS y colchonetas blr:rnclos, dE.-sllzobles y co
de niños, qua iuga!Jcl[t y dormían llevándoJa.·
Pl:l lI l" W11 ,. '
POI' 1"')tldolJ qUD lo:' ¡ I '1 1, 1 1,1, , 1111, ,,:1 dO lu k.,r
1¡( 1, kl5 po:3i hllidodes imponínn un 1l1nrCJI '11 .J, 1, ,1 '1 I¡ I ( 1" ' ,1' III IlClsci ell ­
1\ los voriociones de codo conj unte> 1I I"l II II "¡; 'IIf '" d" cl rrtleos.
as varlon les repelidas de un tipo se pocl rl UlI dJl l 'rl II Ckll con un
h-Iro Innyúscu!a. Sp supone que sean debidas a slmpl E's cambios aC'­
¡de.nkJ!es el QJustE> o acomodo de alguna parte del aporato defor­
Ill ndor, sin descartar la posibilidad, do que algunos, puedan deberse
rr sislemas distintos, le que al demostrarse, haría pasar la variante a
lipa. En este sentido nuestro sistema fundamentalmento empírico, deia
:-; us p uertas abiertos par o las posibles comprobociones arqueológicm;
venideras.
En realidad procuramo::: hocer camino por donde ya otros andu­
ViI'r::m, quizás a CC1rnpo traviesa. Las formas Nazca, Cavernas, Necrópo­
lis e 111('1'1 Costeña SO:1 famUiares para arquéologos peruanos habi tuados
11 Imbaj,., de campo,
IV
CUADRO SINOPTICO DE LOS SISTEMAS Y T1POS PERUANOS
DE DEFORMACION
Cor relacionando 105 hpos y sus vari antes con el materlal arqueo­
IOg ico de deforrnaClOl1 cef 6lica, se nos hizo posible sobrepasar la ti­
,JOlogía, empiri ra. formulando una ordenación cultura! de aperos y
! IO:l!l cas peruanas, mas puntos de apoyo obietívos, geográfi cos y
IIl1n históricos que 'Iros. En los cosos más fel ices se pudo aún confir­
tnar relaciones formas y sistemas y entre formas sis temas y cul ­
ILlTas por 01 hallazgo a rqueol ügico de aperos deformadores puestos en.
kl (lClbezo de niños.
A exponemos sucmtamente los ti pos ordenados se­
lun sus :;istemos supuestos. En el párrafo VIII cor lo descripción de
lo:.; lipos, lo hacemos in extenso.
1.(1 divlsi6n yenérica de mayor alcance de las delormac.i olleS p€,'
11 1( 1110:, es lo que sepo--o 105 pl asmada s por cuner, de l as producidas
() I a lllnrros (; llC:'Illlu. Los d,-·formaciones por cunas snn costeñas las
por Iloutu serranos, Aporle hay formas de cabezos que se explican
ion por aparatos especIales conocidos por l a orqueología.
Lo dllor mclncion de deformadas por cuna y pN llaulLl nos pl'o­
UII,' re erencia valios·:) y siempr e o la m :111' , poro disti nguir
lelB CUIl Ui'C1S c..:oslenas de las de origen serrano, y en casos rastrear su
de dílusión y aún esferas de mfl uencia social. Es uno
le Gull l tHI!.
11 l ,1' 1] 111\ 1 1[ 1
'1./ flDHO Nv 'J
'wcm 1 q; J.l L;FOHMAC10 N POR CUNA
;¡) dI' la
l:O dt
IIl. época - (Pl'c-c\!rÍlmi­
Eng-eJ de Asía y Culebr as,
(11'(:;1'1111 1
VI Pi
l ' tlsl('ñll
bl de la 21\ época - r esurgimien­
to de las cult uras locales d<; .1 l i­
lora l, apar ece asociado a la TI'
:mat'ión Suprainiana.
Im'u L:CH¡ ­
r·'IIj, 1:,
Difundido e n el litoral con 1; 1
denominación Inca. Prcsl'nl:t
:on más frecuencia qw' li t I' W
manchas verdes e.n la 1,; 01 1' :1
N(I [ (' 111""":' dutos :>u(¡cit'ntes par a deci dir si l a mayor antt¡Ül\'dn<J
d{1 l0" r1t: fl,I II Hwi l1np¡, por cuna llc¡:!a hasta el Sur del lit ur a l don
dI) , k s'¡\: I III/ y ulltl guo aparecen pruebas de la deforn,aei0n I" U
11 1111 111 , P'-II " lo ItIl'nlJ:l los cráneos encontrados por Uhle en An"H.
', ,1 J¡'01, .IH'¡: (IUl' 11:111111 primol'dia l , con una cultura cle tot nl'il .
¡tUI 1..{lna lnu VI, Flg 4 (72), son deformados por Uaut u, L,()
IWlflil I ! I PI'bl u-Chineha de Kroeber y Strong (34), Resulta in­
11 " , IIll, : 11 111 ' 1. ,1 hombre sin algodón de Cabeza Lar ga en P Ol'llCtl S
j UHW Útil :, ), por Engcl, no se deformaba. Se puede
ti '1'1 ¡ 1111 Ul de (72) que la deformación "Fue int roducida en el
111", , 11 pll l' tl'ihus que tl'ajeron algunos progresos",
El II PI !1'I1 1..;lf l1 in;.¡ XXXIX pl ant ea l a posibilidad de Clu
Ivimll:
í:'huvi ll C'IIV¡OI'IHIS !H'3 pOI' cuna en su or igen. La forma más que
u I's b I'xp lk ncion ($ 1:1 Chavin Fi g. ] 4 Y el Cnvl' r­
(' l ' nt'Ut'ntl'll ruete de Parneas, probablemente, las frlr_
Iflfi l! ",:t' llul lgUHs cil'l ti po. En la Cavema IV y V se ha en(' on­
" 'li d,, 1"1'I n llll hilnl.)(ltllls, C:]Ul' qlwdan mejor explicadas por la
tn ¡,'IV lO,
:11
I ' I"[ )il(" W1 1
, 1Xl Lü,; i¡\ \,; '_' I: run... \
(]
( " 'AU/{O N
,nJPOS DE DEfORMACION Pú H U .AU'I'U
a) SUB-GRUP O ANDINO ­
(INCLUVE LAS
TIPO AI MARA
XIII <1 XV
TIPO OPA
XVI .Y XVII
TIPO P AMPAS
Lámina XIX
DEFORMADOS P OR LLAUTU SOLO,
FORMAS ANULARES
Forma Andina la más común y di­
fundid a. Ti ene una variedad punti a­
.
For ma Andina poco comun y poco
difundido.
Forma Andina no común. Represen­
ta el molde anular del tipo Natchez.
i1 : • 1 r'1 Ir 1\ l'uH AJlJ.::liOS I:S!Jj;I"; JJ\.Ll:S D1;
LA 1\R<.,¡Ur:OLOC; IA
('<.¡ Ilt';(.'J Cll tllu de T i,lhuan;'ll' (' CUli tc­
v XXIX oo. ExplicnbiL' p OI' aperll L ,'l minn nJ
A y B. Fig. el :v U.
WOf l11i1 Jt,'onlo-ncciplta l simétric;l y
bi lobada . ExplÍ\;able por el apero de
los huacos. Figs. 1 y 2,
bl SUB-GRUPO PARACAS-NAZCA - DEFORMADOS POR LLAUTU
CON ROSCAS O ALMOHADILLAS DE ALGODON. (INCLUYE
FORMAS TABULARES Y PSEUDO-TABULARES
DE IMBELLONI)
TIPO CAVERNAS Se encuentra en algunos grupos
LúminLis XXII \. XXIII
:haví n y con material Cavernas, no
solo en Paracas. La cinta. F ig. 10
exp lica IéI variedad bilobada.
TlPO NECROPOLI S La época y etiologia de ésta forma
Lilmina" XXV y XXVI está certificada por la ar queología,
Lá mina I A Y B.
TIPO CABEZA LARGA
Es el molde Aima ra con la parte
L: l minn XXXI I v Fi J:! . ] 9
post erior aplanada. Las t repanacio­
nes de Paracas se asociaron prefe­
rentement e a es te ti po, Cabeza de
morte ro el e los cr onistas.
TIPO NATCHE Forma ver t ical igual al tipo P am­
1 J lmínw; XX XXl - Fig, 18
pas COn la parte posterior aplana­
da. El mayor númer'o de formas in­
cr eí bles per t enece a eli t e tipo.
TI PO NAZCA Ln frente pl.ma es un carácter del
('ilm i n:1 XXVII tipo Nazca, l'xpliri.lhk !l 0l' l a almo­
hadill a fronta l Nuzca l'ulll)C' !t la por
l a fi r'qu\'rJ lorill Lllllllnll IJ \' VIII A
B.
11 t U'cu lm' por ra:;pado. p¡u'éce un r asgo a,-;ol'i adll iI
1 d\lIlJl lI lIll llHI PUl' Jl autu, Sólo forma estereotipada. p r uri l:"¡¡o
len¡ :5l1l'l 'n 111 111lla . apo l'ecc en m ol des de cabezu cost eñas. 11l ay/lI'
en JII (o'l"lIllto-1Jccl pital por cuna del 2do. período.
1';IIHi:I rdh:re trc'p..m:.¡ l'Íones curadas. en el Pr e-cerárruc
n
, ¡¡ :,1;11
1' 1. '11 111 1·' nlll t' I'ilrl l pllal por cuna del 1el', período, Este 111 11 u71\ 0
I·in 1ill l llJlfllll"lunlt, pal a la hi stona cultw'al de las tn'p¡II I;lI'Ú
I
IIr!i, !I\lI} 11!I!I'l'('(' unu rcvi s ion especializada, si es posi b lt' tl Cl t l 'llIIi
!IlII!ÍtI 11, En C! J mater i.nl de devuelto al la
HIt" I 1.. 1'1'1 1' .11OlH'S JJOI' la areoa, con apariencia de heridas el .. ! 11
I'ti IU.I"II1I\
v
111;['()HMADORAS y EL RAJGAMBRE COSTENU D
LAS DEFORMACIONES POR CUNA
i 111' I ,or l: lHlCl lueron persistenles en la Costa pe-
r l ' ,l.oJl l i ll( l l 1 ,'m de épocas distantes, desde l o
'onquisto Españolo.
1,1/(, I I ,'HIl¡drJ conocido de, delormaClon por CUllO de l li tarol, eo­
s , l1conlraclos por f . Engel en l os C9111ent<3rlos
'11 11111111 11 ,dad de 3,200 a 3,800 aflOS y en uno extenslóll
( , ])(TI, ;,r 1,400 K.rm. Jesdf' pI Valle de Chlcomo haSilo
I d·:lI1dr , lodos l a defo(lIlacion Fronto-Occipi tal ¡..,or cu
,'olJllllas S011 de Raoul Hartweg (23) que estudtú
Cnq. ·l _ti Cll1curos y Asio, Herno!:!
V(1Cl[,) al Museo
I fj
Pl:tmCl WI' I
, y A crpr" I" t1 do k, (;(' TII O I CtnZ( 1
rJ. 'h" I 'I I I L''':-'II ('(. n I I j

El apelO de la L:Jmil1a XXXIX, con visibl os lIl orcos do klr CJo (/
sugi er e un origen do cuna para el ti po Chovín Cavernas, El! ,, 1
sena una ra íz costeña de la cultura Paracas, aparentemen te 111 l'lltll "
n las técnicas de deformación de esta cultura,
Un seqW1do período de deformación fronto-occipital por CUJ ICI , • 11 1
si metria igualmente marcada, aparece en el litoral Norte y Cr'l ll t, ,
esp ués de la época media, con los reSitOS del Shimu post erior, Cll f lll
coy y otras contemporáneas. En este horizonte extenso, la deiorrol r
c i ón por cuna se asocia a la trepanación esteriotipada Supra-in iCII1(1
FIG. 6 - Cuna Shimu con su a pero deformador . Con este
simpl e sistema deformador, cambiando o no la f orma de la
a lmohada, las segas por cintas o bandas, col ocando o no un
plano bajo el nudo de la frente, se podía obtenter las varie­
dades peruanas de deformación cefálica por cuna conocidas
par la arqueol ogía, Los rombos que cubren las amarras del
coberti zo, SOn insignias mágicas, t otémicas Museo Larca He­
r rero Chiclín ,
Probablemente por sagacidad, los gobernantes Incas, que, COmo
remos l argamen te en otro acápite, consideraron la deformación co­
1110 U!l n medida social estabi lizadora, no propagaron en el litoral UI1
ti po serrano de deformaci ón por Ilautu, como se encuen tra en cernen­
IOflos AndiD.os de l a época, sino un molde de la deformación tra dlcJo
w'¡ cosleña por cuna, la conocida forma Inca-Costeña.
A los aportes de la Osteología que son sugerentes, se agregan re­
f'· I' 'ndas hi stóricas sobre la crianza de los niños y los r i las de Con­
Ih:(' tól l da jos cunas, que abona n y contirman l a p articipac!on q ue d"'.
I'¡ , IIII"( I , 1, ¡ " III I' I./ .' 1 l!'l. r J! r,· , l/"lot, 1 , 01 11]¡ l d
" ' ''1 , 11 11 1' k l j , Id 11111
t i, ,rI1l 1l" fI 1" ,
h,dl f' 11 1 foJ l ' ''rLI li"[I '1 '(' ,tlqlltl(l , 11
Ir '11 bJnzo:' . I" Jr q l/( d ice I r¡ q li é ha d éfl dos( (1
" 1 , / Ill rld¡ . W'" I l 'CO:.; tooo sobre el nli'l o y
,,, '11 11 1l 1 rd.}rldCt por se ilustro eYl ,,,1
I¡ dluo en viro:; do Shímu y de Lime!.
:w"'1uidUft"u di' lel idolatría no l es paso t1unCCl
1, 'rlÍ' lfl (, tIOS li nus ucul tos, que n o eran dormil
nUVidc.' solío instruido sobre l a inl ención !.¡J.
IFI(JOS ingenuos, como l os escudilos rombol ­
df; reforzar l as trab azones, se ve en el co­
1'1'1, l· n reali dad insi qnias mágicas, totémJ­
ol;cudos, famosos por sus pinturas semi abs­
fardos funerarios de la misma épo
en su v l sl lo a los llanos del Norte, anal. 1
olros obi etos de hechi cer ía. "Eran verd nd·,
agregando "Iienen v erdaderos o li c:iuh
hall da Il ocar se j unla la parentela con '11 (Jj l
la chi cha, que este día ayunan todos () lC.d
k, l ayuno con beber" , " El maestro de l a ol }I'(I,
le aspega con chicha y v a hablando en In el¡
,:; 1 IIf",lti do de huaca que l e dió".
IdC'ltrllndúras dE:" otras portes tenían en l a cabecero Ulln
pr'si onaba l a cabeza del niño acostcrdo, como
taln l :n L'¡ Pon'l no hemos v i sto cunas de madero n i
;
11
IlTlOa
Tl lú:;
1" 11'1
111
p,ul,iI "
1 Irl(lo do
1,
A ll irtqCl,
lI CI[ ' ':!.:' i(
pi ('v, ' 1li clu
11.1< l' JII ' ,
1" IlI l bo 110 debieron ser populares.
111, 1,,, I 110 ,Qf loC'ernos hasta ahora, sino una cuna peruana
'" 1I
'd' lI' to
I"J ' r,
cI")Im1ill vo deformador compl eto, Es l a Shimu del Mu-
T. D. Slewar t (55). Como puede verse en
.1" I l uapaya Manco, basado en l a ilustraci on de Sta­
!l it! J\uestra de fecha muy posteri or. l a cabeclla esl '
IIJIi o nudados sobr e l a frente y fiJ as por el otro ex·
I ji' I , 11111 I ¡\ IlI lqUL' este ej empl o, da l o clove de l as p ar -
d, tórmocl ones peruan as por cuna . Hasta la dlfo­
n 'lni to l es y ft onlo-occlpital es, puede tambi én ert­
slIrK¡ril Fl ndo que se inlerpusi era. como se haCi a roll
1, Hi
p¡i ,::ul 1, 111 ,
,1111Ó t1l l1f1lJndl l lc.l n u liO p k tnchuel a de al godón, baí o _1 nudo
I·'r:r,li( > W
"
l u qell d i ' :,U,l f l :< : iI ¡J\ldo I IAlU r l i d. a (1 1:'1. 1I1 dcl3, !.!l..ll > ¡.
SO l/lolduClbo el!.' J i¡; tiu l!.l Jonll o ,
l 194 1) . por unu C'l tt-I que P tl , ·1 Ii.:Ji " 1/ " 11.
Slewart (55) , previ ó el ori gen igual de los ( ¡I, . ,
costena) y fron lo-ocdpitalos de la Costa Norle, " dependiendo IrI dif,
rencio de grados v ari ables, que hacían que no siempre lel cleJOfJ JluC'ICI'1
rontal fuese per manente".
Observando con detenci ón las colecciones d e cróneos defol l ll'l(l(l
por cuna, se ve que nunca contienen exclusivamente una dr
mas. Siempre predomina una. sin faltar la otra. En los cOnJull lús (J ¡ JO
nlemente más puros de fronto-occipital hay formas occipitales y
los de éstos, algunos cráneos que tienen afectada también la Iron
r la deformación.
Raoul Hartweg ( 23 ), en su informe sobre l os huesos do las e x•. c-,
vaciones de Engel dice "Il s' agit d'une déformation d e type "fabulenr
FIG. 7 - Apero deformador de los actua les indios Shipibos (ver La mino
IX) . Comprime lo f rente uno tabl ita de t 65 mms. hecha ell' lámi na', .1"
coña y colchada . En la por t e posterior, una almohad it a chat o de 80 mm' .
or 70 mms. for ra da en te la fl oreada y rell eno COIl go!ncro de la 1'111'. mCJ
t ramo, doblado sobre sí mi smo apretadamente. Es ta almohad ito cCJrl1prl m(
occipital y se sujeta por una cinto de 36 mms. de ancho, qul'l m" ld,,"
la te ral es de la cobezo. Aparato ta bular o no. lo,. I curio'"
forjo formo que converge en las del Il a utu can roscos de ol\lOJ6n, I'kr(¡
poi" . Lómlna I Ejemplar debi da o lo cor tesía de l Institut 'l
Verono. Yar inococha. Pucall po.
I rt . 1'1111 y t, 111'1 di' ¡ 1," 1. 11 ,, 11•• 11\111
1,(11 '''1111 11 ,, 1'1" d·· I',¡p-q 11, 11 " ,"1 , . 11' 1,1 11.1
' I< lI d r¡I I il r d" IIIlf1 por ,j, ,;; bOtl'¡n' l f'l1 !lr)nl<lIl X'
, 1 C¡';'j),.311 ", 1 [r"hr Il O y fl lI wllc i lJllildo Rnl irr 1" 1 IlJn lll ll r d
'-1 ,Ji) Cl ¡¡¡ ¡III " En l o l 'fl llc lpn¡ tc, Jdormariot\ I lro
11(,1,01 . :trj" pr.)rl ll ddn por U1 1(l rUfl (l Irl! comCJ la III O!'
I ·[t, rl n Ir¡ '1U" "" n la fi g, c, ) q U('
'1' 0 1 (' UIl , r I lcH m di ría voltear Irr cabeza al n iño
in l¡· ll l. I d('l '1pJanamien to occipital q ue se VE' 01 1 ,-. 1
Y " ,omún en l a derecho que en Ic.I iZqUj(,\ l
1111 111110 n l ra Stcworl cráneos "con l a parl e pos
U'JlT! Il1Jo 11)1 <1poralo doformador como el diseñad
I<n el OCáf referente o nuestra Fronlo Occipital
¡indo. vrnos que siemp re se encuentro mezcla­
se caracteri zan por su tenden­
por la Irregul aridad y diferencia del
r ontal. No presentan cinturc'l S il
ni Concavidad de la l ínea VE"f lk',1!
Jlr 'WlIltCfI un surco coronal como si hul)Jesnn i1
lu presión de una cuerdo.
flIfi , "j, 1 Y consistencia, de l o a l mohada, deb i a sor 1J0l 1,
1, 1I I1I 'lt Ion por cuna . Se ha encontrado olmohrtdo
h J'm'al", de Boliche, de A l godón, de Pelo, acl( nH.1I
,jI' Ilgodón, acomodadas como almohadfls.
J le¡ el
1110 1.):.,
VI
A

li'l'lI . . :' FORMACIONES POR LLAUTU EN GENERAL
!,I lc lo eglricto, l a palabra llautu es el nombre del cí n
111 (:(1. De l as bandas finísimas que usaban l os re
11' fl U, eh la qUI=: pendía, cubriendo el roslro, la b orl a
11;[ ,lIr II r' 11 r T Par a ol gunos quechuislas l a COronC1 os la
1([ bOl i<1 1·1 Jl aufu.
r
e/baza.
1. (,
1*1:"; Wr. 1
S" l!:C; I ) ,, 'n ,, 1 Pe: n'l 11, II TII 16 elo l. 1t1 I1hl :: d IV' lr!il"1!'1 y PI / II, 11· ,
I;sl, ' liS 1I1 1 JJ Ul lto n Cl Il r l sid" ,l ('bic.lamel il l" 'jxpl o t, Id" , 11(11. 1' )' 1"
lI ilU!tI S, como l os moldes de cn[l 'zCl, l ueron d i vIsos do.. y ( ' I I,"f'
dar. Goci o l es, Se ho encon lrado en l as momias lloulus d", , l l l ln, , 1 ..
.I o rlol:;, de sogas de hondas entretejidas, presmnibl emen 11"' hur l l r ¡,.¡; 1, :
["I)S de los g uerreros,
Lo tendencia todavía viva entre los serranos, no sol o Il l d i'l;\ :\1 " ,
1111"sl izos y blancos, a fajarse la cabeza para evitar enfri ami r ltl, x ;, 1 ' 11
.J I"' ser una reminiscencia del hábito antiguo de llevar a l quna 1(jIIWI , 1
Il nul u,
Como opero deformador, que es l o que más nos i n ter a:;o, (',1 [ ICnJ!"
tuo par te pr i n cipal y genérico de sistemas deformadores, de r 1JI IIII !]
mdlnas, De distintas confecciones, sólo, acomodado d e dislinlC1:J
1iI Ir ,'s, ajustado sobre almohadillas, rollos de a lgodón, loblillrll:
t'll ll el llautu se podía obtener la mayor variedad de formas
y \ I !Il ese er ectas u oblicuas,
No obstante la variedad, las deformaci ones por llautu lJ911;) 11
(Ic lr res comunes, que permiten reconocerlos, sino con un sol o Di ':!li l
! 110r, por l o menos, contando con varios de un mismo tipo
A diferencia de la cuna, el llautu produce deformaciones SI II'. '1, i
(:C19 u con asi metrías muy poco marcadas, El ej e de, la formo f>::; ln ' 1,
lodw;,; aumentado a costa de los diámetros horizontal es, Se 6uelf' El) ·
ronl rm pn ellos variedades con l a frente simbrada, en uno concavi,I ' I</
d i:! I [>Nfil ver ticaL Además es fr ecuente la cintura supra rna stoidE"n, 11 1"
rro y BurCO retrobregmáticQ, forma ciones que describi remos en uno el ,
proximos acÓpi les.
Prob"blflmenle con n ingún otro apero deformador se pudo obit ,,, 1
,,1 TI1 I jr¡r¡11 variedad da formas que con el llautu,
Lo {o rnH'l Soytu , quizás comprende los deformaci ones por lb 1I1I1 J
VII
I)ESCRIPCION DEL MATERIAL ARQUEOLOGI CO PERUANC)
DE DEFORMACIONES CEFAlICAS
l,fJS c!ol\.l mentos arqueológicos, concerni en tes (I las practkrm 11.
l l d'r¡fi Iwdón cafáli ca de l os primiti vos peruanos, son /011 IIU[Jl. lfQUQS
1m, Ir I WI ' V03, que permiten objetivar correlaciones entr a rormos ,1,'
'''1: y :¡ "I< "rHas, dR manera que sólo pOdría alcanzarso en 1 \'1 " 1Jfm
I'!;:! y 1' 11 IrH:l ,-,,!,,, I"TII' f lfl,I",lór. 111: d.-.dt1t'1,
IIJlU I I . J[II I II!r1l 1, ,, 1) " I!l7 r Tfl 1" r'- dI Il IL' IÍrl , h
I ,l. . 1(1 I / ¡II drl" V, . Irl lJlll ÓH n pew:: u1rnr,hlm.
d'ld" , ,)¡, ', lnl" II"I :: ,; tl q ill d l on, po,,; for jnr IOlll taS pro
lud,'! ) , Jl1' j, ¡C,r!n llit"lui r lÉ>rml no!'. gr-mr"irol es de . 'lasi li ­
Trtl nh¡pn h'1Y huacos: figs, 1, 2 y 13 en
li l ' 1Ild¡ : con s us operos dctormadores, oroliiomen­
relaci ón entre sistema dalormador y
como los de l os figurados en l as Lá­
posi bi lidad de aperos póstumos,
la correlación objeti­
presi ón de l as amarras Y el moldeado de la
1 Museo de A. y A, Lámina I-A y B, nos da
amarraba el llqutu con a lmohadillas [>l kl norU ' " mO se
d.
!ode; (, '(I I'UCnr
'1: , 'CtI1
m tlrluacl ón
I n l l y MI li I1l':
I l '
rvoc!ól1 lo
'1:1
}Jor
r In '-on
t·J, r' r 'lPOI 16, que l a cabecita,
l ar...lanle, con su apero deformador que fue l":;
por l os Drs, E, Yacovleff y J, G Muelle ( 89 )
restos de l a cul tura Necrópoli s en Cerr o Colo
parte de la descri pción original d e lus
"Cadáver 8428 de niño, m omi ficado, la coba­
. ,¡ li t, ) separada del cuerpo, el cual tenía en muy b uen
piel seca , a diferenci o de los restos cerca­
C'speclmen, lenía una almohadilla deformadora
varias vueltas de una fina ci nta de algodón; la
un pañ ito taulbién de algod ón muy deterio­
!J"" k 1' \ vuol tcrs de dicha cinta se sostenían a lrededor de
l1 ,oclb:l i'ttl' W lOS hilos da o l god on" ,
(o
\Lglkl l' el mi smo
0 11 el
¡mOl! 1.':rtl'l ¿'I , I..,olva rLo
, 1 1!\ C¡Y .... ck lus
I'.l
l'M 1 elo ( fll1bos lodos
.It: IOf, doclores Yacov leff y Muelle tUVl ffiOS oporluni­
coso, confecci onando un informe que fue pu­
comp l eto estudi o de los inv estigadores cita­
nuestro informe:
sin l os huesos de la cora.. Edad: in­
huesos están desarticul ados, por l o incom­
[onlanel as abi er tas, El mmar i n feTi or p re '
erupcionados Y l os PM 2 todavía en
8
' l e r l lF' ll el ,n lro dE' Jos ('¡ Ivuolos. Los maxlku(':; nll)'if '!l') 1 0 1 /!nnid.c>f;
y los htJ esos propios de la nariz han desapareciulJ. L:I "1"1111' 1] ¡m.·sell ­
deformación muy a centuada, tipo arlíl k; íL/1 erecta se­
gÚn \n clasif.icación de ImbelJoni". Actualmente la especificamos co­
mo ti po Necrópolis.
"La rosca de algodón, 12/8428B mide 14 cms. en sentido verticaL
¡ 1 cm . en el transversal y su luz también elíptica 7,2 por 2,8 de diá­
metro". Esta rosca era igual a las otras encontradas en Paracas: Lá­
mina V "formada por un anillo de algodón, con fibras a lo largo y
otras transversales que sostienen las longitudinales. "La forma y di ­
mensiones de esta rosca de algodón, deciamos, son tales que una pre­
s ión ejercida sobre ella, recae sobre los parietales y e l occipitaL evi­
landa la región lambdoidea y la porción superior de la escama del
occipital ". C*) .
Tanto el niño de Paracas, cuyo estudio antecede, como el de Naz­
ca que describimos a continuación, parecen haber sucumbido por la
constricción forzada de las ligaduras deformadoras que hicieron esta­
llar el cráneo.
Niño de Nazca Fig. S lámina II Fig. A. B, C. D. Debemos a la ge­
nerosidad del Dr. Pedro Tello de Palpa e l poder presentar este otro
ejemplo extraordinariamente instructi vo, de cabeza deformada tocada
con su apero deformador. Ejemplo de deformaci ón por llautu con apla­
nami en to frontaL del tipo Nazca, con la par ticularidad de que la a lmo­
hadilla frontal ¡::or su for ma muy parecida a la F. y G. Lámina VII tam­
bién Nazca.
Se trata de una momia de lactante, bien conservada, que según el
Dr. Pedro Tello fue hallada en el Valle de Palpa, dentro de una olla,
con restos Nazca. La postura del cuerpo indica que fue melido forza­
damente en la olla, acuñado con algodón y amarrado antes de podrirse.
El cadáver está sentado en posición de Buda, con las piernas cru­
zadas adelante del cuerpo. Las posaderas se han moldeado al fondo
cóncavo del recipiente. Los brazos aj ustados sobre el pecho; la co­
lumna vertebral arqueada for zadamente en una giba e n C; e l men­
tón rebajado a la altura de las tetillas. El cuerpo así curvado forma
Esta misma cabecita J2/8424 con su apero deformador fue incluida pos­
t e rionue nte en el libro ele Dembo é Imbelloni (Fi g. 130 pág. 299) . co­
mo ejempl o de aparato cefálico de deformación tabular. con 10 que se
deline per fect a mente el significado ele tabular e n sentido de Imbello­
ni, dependie nte de la fOTma del cráneo é independiente de la estructu­
ra del aparato.
n:Ol.i)I'¡A
1I1¡(J (, Ivtrlrrcl o nlf'rlor , acur1odo con n i i'" jt q, 1('111 (1j1 IAtudo, que ho:;\1,I
km jJ(lI l"R ],londas el"!l cuello y la pol i l. 1111 1'101 da la cara han f': idL
ullldu l lIn,'i ('! m ri bo.
1:1 l . llfltlo da r¡ lgod6n sirve de sosten, wanlenlendo erguJda la ca­
1/. :'1 n una posicIón, que parece la natural en vida y en la que s
!l' ';. 1(1('(1 It I forma a lta y larga de l cráneo. El acomodo del fardlto po
l' ' /¡ Jt; II CI adrede para destacar la cabeza larga, lu 'erldo su orel
IdoIIW¡clol .
1.;: 1 ,nboza es casi un tubo de Sección e líptica. Variante del 111)(
Ni'iI:C'), {,T,n fren te achatada, que por lo a centuado de su transformo
I,;n, ü llllCl en lo categor ía Natchez Incre ible . La oresión del ll(l ulu q lJ
d, U ! 103 10 1, es truj ó la cabeci ta, de manera 101 qua la p ie l loruw
¡ 11 ," JI" ':: vL'rticnles visibles en la fotografía.
' 1 ¡poroto deforma dor es también de l tipo de llautu con almohu
• C1(:oTllodadas éstas de manera de aplastar la frente a lo USOll Z(1
lJ ( ' lcrL Ilautu, heche de una cinla ancha, estaba muy deteriom In
ncon tró la momia, por lo cual en la fo tografío ha sido h'TII
marras de hilo. que scsti enen las almohadillas en ; ,LI P
'rI'llnal.
l..el' n lrnohadi lJas: lá;mina 1I , de a l.::¡odón son cuadrangulrlrcs.
iI 10 1(1[ iór, a la cab8zo del niño, miden en cms. 12 po. 9 12 pe.¡
j f l liJO: peque ña de forma arriñonada 10 por 7.
1:\ cd"odón muy esponjoso y suave. no estó acomodado eTt 111 1' "
'omo en las roscas de PaIacas, sino sujeto en u',,"! 11 di I
Imohadilla más pequeña arriñonada que presiona la parle .d
1(1 IrClI,l l. , se asemej a por su forma Cl l o que llevan también en
lu¡ , t Liños del huaco Nazca Fig. 13. Esta ·:;otnc:idencia e levn
, '<TIlO rasgo de la cultura y da una explicación de la frent
i(l eJe¡ ,1· 1 ¡[po Nazca. Conocemos así la frente Gchat"do ti
¡¡'mplos de a lmohadillas frontales que la explir:on . Lo confec
1, I! i a lmohadillas también pare ce ser propIa
It, 1, 1 ,(¡lección del Seminario de Antropología del InstJtulo Rlv
I GI ( ' iI' ,'"li SEirva una cabecita momificada de lactante apcrrenlemeu
1(, ,ni3l1ltI ('dad, con idéntica deformación, que fue encontrado por
p,.' I Vt lll nrd y su asis tenta Srta. Aido VodiUo, el l Huailorcr. Il¡ nv
ViTre'yna. Depar tamento de Huancavelica.
,1.1/ r
l
! 2! FiQ. 8 y 10/4598 Fic¡. 9. D.buJo de Bua. toya M ClII
ros Iqua les ti enen una illdl vlJucrlidad l:ulturoJ clefí
ll flrr'T i le JlI11 en 16ttrlÍl¡os !r.tJr:l! .
ltl PrORO WE¡
11\(1, 1<111111(11 1'" ti a iraS. ALlnq\1o !I)dr,wii:1 I H ! 1')3 11" L 11
"::uIII I I1 k, Cl<;Nllounuo:.; en cabezas de 11l 1wll'Jt: , cliHcllllu n ln:1 lC'!l 111],.
dw ot! 1 oxplk'oc:iÓn q u, la de aperos deIormadores, suposlc itJll '111'
, nllJE>rzn pnr J¡ab!"TsP f'Tlcoutrado uno de 61105, onlorraclc.' C" 1I
dI:': nlf¡o 1 más que lodo, por coinddlr en ambos, los pOl I¡ ¡, d
e nresión y contacto, en un ensayo de acomod,
FIG. 8 - Ape ro deformador origina l, encontrado e n Nazco
ómino 111. Sistema especifico de deformaci ón que expl, ca
el tipa Huara . Ej e mp la r F! 12 1, Museo de A. y A.
Inü (: 1 supuesto en la Lam. TIl . Acomodo hipotético que da la InL!or
Icl!)n a todas las pm tas y con el qup se logra UOla combinac WI¡ ,I
Iones. que explica el molde de cabE'zo del tipo Huouro. con ro ll VIi
Ilmilo bilobada, dependiente de la pretina sagital
0:1 dos ejemplares provienen de Nazca, uno seCJLH\ los inV(;lIitOl lo
I <3speci ficamenle Prolo Nazca, l o que eslablece uno rello l
l
11 IIIlO forma de cabeza chata, comprl'lndida en el lipa CnfiQlo M l i,
n variantes, que no afectan el sistema. ambos operos
11(;11 do un cuerpo y amarras de cintas tejidas, En ambos los ( 1m
l A !"; 1,Il /runAl
,1\ 11' [ 1, 1011
T'
'rncll!t1 y CuI no l • .:lclus obil '
S mquaolócJiCOS, sólc SI sab
( 111 [1 úl lTi vürdclI lo do! Museo ( T. Il1 9 1o!lo 1'7 1) fu C'
xpodidóll (In t"l l año 1927 eu el V..I lle del Ingenio en
l'i1¡¡llm B. Cultura Proto-Nazca j unto con restos
3 LnwnariflS (purus ) y un coUar de l aminilas
1t111('1 rif. In S!1crpoJo En lo misma opor1 unldad y l ugar, en
I HIIIIIJI) lo a lmohadil la 4/4329 Lámma VI B Junto con
/ 121 Fiq. 8.-· De hechura primorosa . el
11110 et. , un arco de base muy abi erta, y está forrado
1 do C(l !Or Ildbono por el tiempo, ostentando dibujos traza
rll ll dos color azul y rojo. Tiene dos partes de dite­
1' 11'1 blonda bombada, otIa rígida plano, con un ('>!;
rlllfklb de madera, espeladas y bien suj etas por fJlHI
Iltllku) dp 2Ull mm. de l argo. son cllmdr icas, puhdas y , ' J'
11l1c1r, IO:'. . q WI3 asoman fuera de la tela por a mbos ladol'1
lerodon of'lretado por u.na tmvoltuf/'1 d
lo Fig. a en Na zco con
Lóm' na 111 . Ejemplar 60
3
( JI L'H" WI ¡
Id, J, '{ f, IJ ;C[( 1 ( 11Ir<; 1, ·1r1& por , '"sl l1l
k!"TIldOI;llO.: VN r' ( n li bcr!:> coros. La ¡inrl lE!
l1"I1CI dI a lqodon El borde convexo de 1
l!:>od(1s do hilo azul q ue forman un ribete ornamenl o l; , 1 1"
bujo en hilo rojo omamen to el borde libre inierior de Jo lablill n. 1,1' 1, :1
blil10 por a mbas COTOS, osten ta también dibuios con punladl1& 11.1
los and y rojo, figurando ojos de pá jaros estilizados e n fo rm el 1" 1/11 (.
Irica,
En la cora de la almohadilla que debió haber oslndo en c, ,rd'"
to con la piel, quedan restos de grandes rombos, hechos con !)un! ,dr l
largas de hilo blanco grueso.
Los cordones trenzados con hilo de algodón blanco hobana, Ii, " '1
10 forma que se aprecia en la figura y que e nLuenl ra su ¡azón I 1I 1
oparato colocado, como en la Lámina m,
El ejemplar 10/4598 Fig, 9 es menos fino en su hechura y
haber tenido más uso por estar muy deteriorado.
Su cUerpo es cuadrangular de 10 cms, de alto por 11 t, CU!3. d'
ancho; con las mismas dos partes que el anterior. La almohadi ll o
chata y rellena de pelo, aparentemente de perro, tan apretado qUQ. l.".
ma una lámina acartonada. Tiene doble forro de gasa. LillO inh::ri(q
blanco sucio, otro externo castaño claro. con dibujos del slg'1o
lonado e n hilo blanco. Una de las caras que debió estar en conlo,I' ,
con el ::uerpo, e stó cubierta por mugre, que borra en por!p Jo Irmll' I
de la gasa y los dibuj os.
Una parle del cuerpo, tiene el mismo armaz6n de v::lrilll tas de
dera que el F/ 121, también forradas con empaquotadura de aloJod,; "
y cosidas entre l as telas, pero muchc más rotas que las de l m il, r j, >1
Cosidos al cuerpo y como sobre agregadas hay otras dos variUas, 1·' tI
vueltas en espirales de hilos que forman anillos azul y blanco.
La mugre, el sobre forro, lo compacto del contenido de la a Irne. ,1I r I
diHa, la s dos varillas aparentemente sobre agregadas, sugieren ' 111
esta p,jemplar tuvo largo uso, y fue agrandado, adaptá ndolo
mlpn lo de su due ño.
En uno de las caras de la a lmohadilla se ve los mismos l
c;¡randes que tiene el a nterior modelo, lo que indica qUE' l,udlewn
ner algún significado s imbólico.
Coloca dos uno de estos a paratos en la forma que se hel Cl l'
Lámina m, la parte rígida de la tablilla presiona e l OCc!I,!lo i r ') !
bajo dE.)1 Inion, de abajo arri ba y de atré s adelant/"' , J, 1, 16 i rn
J 11 / IIJI1J\ i
" v ej. [ moyo de acomodo del apero de los Figs. 8 y 9 Lo 1"
1" "" ", ,,.;'" lo cabera, gravi tllndo sobr e lo toblillll el e CO il a' , ' 1' 1"
1" ,, 1, ' de'l occ i pi ta l, explico lo cabezo choto Jl' Hll r1l"
, PII "" ,d I; '¡ (. ¡.>oda e y las de la frent e, obt cnib"' " , (1 1"
'1 "1, , ',lIperl ic ies planas uajo el nudo frontal ,
1(1 tormo, que
II\¡I, rf/:>oyuda 4n
pt(;JdUClf una
)TI ' eslos Huara, donde
\ Ino
1/ - 5G . 3 - 899.
y rora cinta,
clclual director del Museo
II
IXlfIlOdo qUE:' se ve en
YC1 M 11 j "CJ ,
, rJlu::; de los que
qnlbos extremos
¡bil e). Aparenl,::¡mert le
pom lo.
J, f ¡¡(')I l e
IJI 3., por 10 e uo! se
11./0., r;!.i l,·r rrb"¡ IIJrn resulto
fAldo t.... s lar a justada con
1, el oCCIpital La
1/1,:. cml 'rlor y
Prof. J,., rge Muellt y
Cerro Colorado de Poracas. Los dibuloe y
las ilustraciones, son tambión
no a ltera mayormGnl\ 1, ¡ I noo
lo a lmoha dl!la suave. No podn" 1J! lbN
cabeza chota. Si se encoí ll, ,-¡::(; ¡ji
hay fambién
pruebo poderosa de la relación.
M useo de A. y A. Fiq. 10 l., in'lI l'
encontrado, en excavo•. i,,¡ ¡ .,
19odóll. Mide 40 C tDS, dl3 j (¡l'_
parece corresponder cr u ft(t
presenta flecos de cordones ll.!l
los cordones ti enen por lil lcdl.
dos aber1uras en formo de oja!...!:>, I,':t
le puede encajar Elt'l lo "ClOOZ( 1
demasiado qrande en Jo cel!:.
uno a lnlObndo CNIlr 1 b
nb ' rturl'l pcqueiia E, l', >1 ,)( Id
s ir ve para pOflO I la; ' lIJ¡<trlr
"4 l 'UlIjl '
e l1evánciolas n con trapelo, sagitalmente, a .Iel prnlt I ior de Ja
·obezcl.
0. 10 f. "'"
," ', oo. , ..• '
8 r '


---
FIG. 10 Complicado cinto deformadora de Paracas. Ver Lómi na
56 - 3
IV. Ejempla r : TI - sp - Cad. I II - 33354 Museo de A. y A
899
Los cordones de uno y otro extremo son de distinto grueso. Los
nleriores G. son sólo 5, gruesos, llevando cada uno una pita larga en
su extremo. El cordón medio forma cuerpo con la pieza E, especie de
lengue ta móvil cor tada en la cinta. Los cordones de la pa rte posterior
son más numerosos, delgados y largos, incertándose en la pieza A.
Los cuatro dibujos de la Lá mina IV muestran tiempos sucesivos,
en un ensayo de acomodo, ideado por Huapaya Manco, de éste rarí­
simo y complicado apero, que se completaba con una almohadilla pos­
lerior. Cinta y almohadilla así colocados, explican muy bien la forma
neiforme de Cavernas, bilobada en a lgunos casos : Cuando la a l­
mohadilla no era lo suficientemente a lta, la amarra sagital presiona­
ba directamente sobre la cabeza dejando un surco. También queda
explicada la poca o ninguna tendencia a la asimetría o plagio cefália
le este lipa.
Lamina V.- Roscas de algodón como las de esta lámina se repi­
ten en el material de Paraeas. El niño, con su apero deformador de la
Lámina I. lleva una idénti ca comprimiendo la región occipital. No se
ha e sta blecido todavía el raigambre cultural de esta forma ingeniosa
de arreglar el algodón. en haces entre tejidos. de ma nera de formar
una estructura bastante estable. Eran usadas en Paracas en la prác­
lica delormadora y también en las trepanaciones. Tenemos un ej em­
plo. Lámina JI . de que las amohadillas deformadoras de Na zca eran
Jíslil1 klb.
¡m
MillA IV Cualro tiempos sucesIvo!> de un ensayo de acomodo incano
, ' 1" "1' 'Vtl Mmle". paro lo cin to do lo Fig. 10. Lo a lmchedil la de lo
,,' l' 11 " 101 I aOrcgoda Con ell o el opero explico e l l ipa Cavernas.
1. 1 11"' '' ''' ',aglto l E. G. mullvorlo lo var iant e bilobodo.
henrm
01 Jlodo con
mugre en una: d sus cora!; , i ndlr'li)
01 cuorpo. En tina nr;;onlrarno:l ¡¡e,li.
In mur.;¡re.
J'lLUllc ' W U dS
V IS cll1ll911¡;i0H\.:S, ton1Cl lldo l as medidas da r , ! 'I' fI¡ll ,ltlf UI . .j, ,[ Museo
rlE: A. y A. voríor, t?tlt re 4 d lO cm. de diámetro vr->rli ," d B rT 111 el hori­
zontal .
Fíg. ] 1. Mus eo de A. y A. NI? 322150. -- Dibujo de Huapaya Man­
c.;o Almohadita dura, tensa, con una rosca de algodón idéntica a las
e la Lámina V, cosida en uno de sus extremos (arriba). Tamaño 15.8
e ms. de allo, comprendie ndo la rosca 13 cms. diámetro transversal; 6.6
cm. de espesor. Fue encontrada en 1956 con restos de Cavernas en
desmontes de Cerro Colorado, Paracas.
Tiene uno cara plana, otra convexa. La plana debió haber estado
n contacto con e l cuerpo, porque está mugrienta, lo mismo que la par­
Ir:" de la rosca del mismo lado.
El relleno está formado por tres partes distintas, un pelotón de pe­
lo humano, que lleno las 3/ 4 partes de l contenido; una tela burda usa­
a , de algodón, apretada y un trozo de redecilla, tosca, de trama grue­
a ; también dcuucda en e l extremo opuesto a l del pelo. Todos los gé­
lleras, de la lunda y del re lle no, son estrazas, muy zurcidas en usos
leriores.
Corno insrrumento deformador esta almohadilla era pesada; por
dureza debió actuar corno una tabla. La hipótesis que parece más
verosimu, que se usáse invertida , de manera que la rosca de algo­
dón, rellenaba IrJ covida d de la nuca y la almohadilla presionaba el
occipital b("[jo p.l lIautu.
Lamina V l A Ejemplar 10-4666 y B 4-4329.- Museo de A. y A. Ar­
chivados como lmplementos de deformación iiguran estas dos almoha­
aB. que por sus dimensiones no pudieron ser partes de aperos cefá­
licos, sino almohadas de cunas o posa nucas. Por su forma y estilo
!lLldleron servIr para moldear la forma Inca Costeña.
Describimos , continuación los dos e jemplares:
10/4666 Flg. A. - Encontrada con elementos Post-Nazca el ano 1927
en Chikerillo Nazca Vall e d,::?l Ingenio. Tumba 12. Tiene 30 cms. de
lorgo. 12 de nncho, 8 de espesor. Esta formada por generos envueltos
:1obre un annazón de coñas. Los géneros visiblemente son calandra­
JOS de ropas muy usadas y re mendadas antes de formar parte de la
lmohada.
E' i emplel 4/4329 f ig . B.- Encontrado en Atareo, Valle de Nazca ,
t ' un desmonte Junto con restos Kollawas. Tiene 28 cms. de largo, 14
lItIS. ,le ancho y 7 cms. de e spesor.
"
IMtf 111.' " II!
d, '1(11[, ". (rl l!Jl''l ¡
I ,l. 1 4/11 ,:J. C¡ ,
!J(JH;
Stl3 exlrulIlOI,;
dlol lolor. ,.
A v B. Roscas de algodón Paracas. Se usar on como ,mplemcn­
l!ielJI y proboblcmer'l1' e en la ci rugía del cróneo Es un rasgo
(1 nfuera se encOnlro las siqulenles envol turas '
I 'odo%() elE? gasa raida que c¡)canzo o cUbrir sólo dos terdos
101 ru TI1;lzór l de C"añn.
lela b urdo , ocol llodado en formo de cubrir la SUD!"l ­
d. ), t.. donde no olCllnza la Gasa nnlr ri OI .
i'r;:¡, If IlOlllo elE! !;oncl ,(j vloi o. listad·... ,
J>1 :¡',!lO
LAMINA VI - Flgs, A y B, Almohadas de tr aptes con esquele to de cañas,
proba blemente usodos en 10< prácti co. d,?formadoro5 A - ejempla r 10-466 ­
B 4329, Ml.Jseo de A. y A
4
9
) Tela burda, de algodon no teñida, envuelta formando dos ca­
pas, cosida en uno de sus extr emos como fardo.
5'·1) Trozo de género marrón oscuro, con un resto de guardilla
listada, en uno de sus extremos. Listas delgadas de color
verde, roj o y amarillo, separadas por franjas sin col or.
.lq
I,·] r l I ,I HI I'. I I JO C' '-:'¡ (''':: l1dl l 1111" IOllJjfJ Ck. ;3 t:: f1J"11l ,ji
ir, «;,11 ( \.1 )1 1" IJl ll drl, Jt:: I' l dn \llC1r r' ,1 1 t lwIP, 1!\cl rt O'\ ' l ¡;CI I I , ' . l e)
,V I Otil C! ¡ithrc¡"1 COI 1 ¡¡ ¡j " 'Jll lOfin. 1'r"l l ni' 1 Ir,,:; cancw.
¡'\fl';UIi' ' 11 1n d" lela burda, de IraIll a más gr uesa que las otrat:,
rota y cui dadosamen1e remendado y zurcida i rni ­
1 I l. lldo originaL
( JI m ide de teja no teñ ida de tTama fina, rota remend· ·­
Y ( !)sida en un extremo formando funda .
¡''¡ lli dcr oxterIor de lela de al godon semi fina. de trama urwor
IICI, lJI r·)or conservada que l as anteriores ( no parece hab¡:or
t ltido uso anterior ) de color blanco.
e esta funda , todas l as demás telas usadas ; ¡C)II
jos.
I(Jl paro confeccionar las almohadas deformadoras Wlll
l oJíal lllos, remendadas, inservibles para otros usos.
11 (; clol C1 mlador
" conocer
y
dp
'¡emplar 36-1 425 - Fig. 2 -- 1-3535: Museo de A. y A.
representado en estas dos figuritas de cerámica
por Rebeca Carrión Cachot ( 10) Y posteri or men
reproducido en trabajos nacional es y ex.tranjer os. Es
l os apara tos deformadores peruanos, aunque proba­
uso más difundido.
Ipi O: lljJ{.1!i CJ con lilluadon l o descripci on del aparato hecha por Re­
;(!! , i 611, Llt.li . n 10 interpr eto con conoci miento y proli gidad. " Con
1I0c>, f 11 IlT l n placa o tabla rectangular, seguramente de madera,
iJI l'1 Londa o faj a destinada a fi jarl a en l a cabeza de l o
J.'! ¡,Ir teCl debio tener una muesca o hebilla en su parte mo­
i J, " Id l' l ij aban l os cabos de l a b ando. Está colocada 50br
mucho mayores que l os diámelros
" Por medto de bcmdas, una coro
11(:1 rl lOdlu o sagital. está fijada a la cabeza" . " Tiene este ejern
i lJ OOptO un vrdor mnpr eciabJe por qul? nos ofrece en forma
I J 'i 41!1 I'u lll ,,,
1'l1rnr.rr,,), M.elen
I,ii".·' SI' I!!'s
l, o(ln
"111 . lud. "
" 11 ., . ,l'
ill""r'"
" 11 PI l1Hú W¡:¡;.
FI G. 11 - ce,", uno de algodón de tipo
Parecas en un::> de sus Coma en otra s
se mej ant es lo funde está hccho de trapes vie jos y relle­
no de pel es y colondroj cs. Supcniendo la in­
vertido, su coro pl ano, duro, presionaba el colodrill o,
en tont o que lo rc sco rel lena ba lo nuco. Ver pág. 32.
Ejemplar : NI> 32215 o Museo de A. y A.
inequivoca, la clase de aparato que deformaba el cráneo de los mdios
Yungas, antigüos pobladores de la costa peruana" . "Según lo que ya
se conoce sobre la deformacion de la cabeza de los antigüos perua ­
IIOS, el tipo que los indios llamaban Palita-Urna o sea el de la cabeza
achatada, en sentido antero posterior, era el que predominaba entre
los Yungas de la Costo" . Hasta aquí el relato de Rebeca Corrión.
En realidad este es el unico a parato Tabular de los antigüos pe­
ruanos del que tenemos documentación. Merece mencionarse aquí,
U6 el único cráneo perua no antiguo con defini da forma Tabular, Lám.
XXX, proviene también de lo Costa Norte. La autora supone que 1
11
1, · ':1111 111"1.
IOl111tl1 '. J 'I' lll/1
lo dp lo figura , s-:>n fr ecUPntes en lo arqueología pCrUO'1a
" delgadOS, unidos por cordohes t e jidos, no roro VI!­
l ener c05cob¡zles, sena jos Y Qtros Invenci ones poro J islroer
encuerdro t'ombién con fet'ch es, y momios d e per ros . Ta­
lo' de uso huma no. Un e jemplar del Museo de A. y A.
nOñtJ5 eje red, a tables por delante, unica explicación
,, 1 n i.io en eI.mos ton est rechos. Los def ormadores
lomhl é" se r ck lo cria tura . Mode lo del Museo de
A.yA
un sistema de dpfor mación pos­ :Qnsidera que era
Il\hml 1,
k1 omarrCT
Y!¡'(1111lc( . nogfCI ,
dGbié- también modela r la frente y en a lgunos ca­
sagital pudo imorimir su huella bilobu-
IOproducen e l aparato, prOVlI,men de la Costa
otro no colOlaado y con base. Los
scenCJ. COI ' los mismos pf>fsonajes y los
10 son do Uu 'lol ,:. moldo \ porque
s\C" ión do lo cClbezo dl lo vJ 1." 1f'1 , mI"
42 1Jl:uHU Wr:l. '
en e l neC) ro rnjra de costa do y en el otr o de tranl' , , JI ,j, di : ' ¡Us p udo
deberse a una distorsi ón del molde, sino también en l t I poslcl ón de
las manos que sostienen al niño y aún en la expresion de los caras
y en la hechura general, que revelo dos distintos estilos: el negro es
más escultórico, mejor logrado; el de cerámico clara, siendo Shimu,
parece cursivo de Kroeber. Lo diferencio tiene importancia para valo­
rar el significado de la escena, que por aparecer así en dos versiones
diÍerentes, de distintas maneras y distintas épocas, no puede represen­
tar un acontecimiento efímero familiar, sino de algún hecho simbóli­
co, tradicional. La fisonomía de la vieja, más de bruja que de madre,
abona en el mismo sentido. Rebeca Carrión identifica el traje de la
mujer con el común del Valle de Chicama, aúnque la tembeta e s un
particularidad.
La repetición del mismo motivo en huacos distintos sugiere la per­
sistencia e interés social del tema. Igualmente se repite en la cerámi­
ca Chanca, una úlcera cianosa de la rodilla, al respecto de la que hi ­
cimos un trabajo (84) con el Pro!. Goldman de Cincinnati. En este ca­
so la úlcera se repite en dos huacos distintos, no solo por la hechur...... ,
sino también por los tatuajes, vestidos y aún el ti po de deformación
cefálica del personaje.
Ejemplar 3/ 6782 - - Fig. 13.- Procedencia Cementerio Antiguo de
Cabildo, Quebrada del Ingenio, Departamento de Ica (no tiene referen­
cias arqueológicas) .
Esta pieza singular como anecdótica e iniormativa, equiva,le a uno
ilustra ci ón del pasado pre-histórico peruano. Para nuestro interés, mues­
tra una forma de moldear ia cabeza con llautu, aplanando la frente,
a la usanza Nazca a cuya cultura pertenece el huaco estilísticamente.
Tello, valorando su importancia, hizo lo que con muy pocas p ie­
zas aisladas, le dedicó una monografía ( 68 ) en la que además del
estudio arqueológico y lo descripción de la actitud e indumentaria de
oda uno de los personajes, disecó el dispositivo deformador, descri­
b iendo y dibujando por separado cada una de sus partes. Nuestra Lá­
mina VII es de Te llo. Como esce na costumbrista, quizás no tiene pa­
ralelo este hua co. El conjunto trae a la memoria los grupos de Lamis­
tos a ctuales del Huallaga ( 81) que deambulan con sus enseres acues­
tos y se anuncian al llegar a los pueblos, tañendo la antara. Remonta
(l la pre-historia el origen de la costumbre tropical de llevar loros al
hombro y gozques en la s manos. Los loros certifican el come rcio con
Con lunto escenogrófi co, singu ior per su hechura y lI olur
' roiffliJ"IIC, anccd6t ico, lns elos ni ños que encabezan el grupO, 11 t?1I1.l I ,
def ormadores, pTalij ament e modelados, que:
Il po Nozca de cabezo, o cuyo culturo pertenece el huac"
Lómmo VI I y Vi ii, Piew del Museo de A. y A.
1111
11
1(.\
l "
111 ¡¡II"
(, des lejanas : el Ecuador o la Selva Amazónica Y I d 1111c'
I ¡ctióa, que una cosa era obtener plumas y otra \! I
kil i J[[1(Jos distancias, Los perros de una W¡;CI definida, lo( 11"
1l'lI1N'¡¡IUrO, por las manchas negras sobre el fondo blclJ l' :U,
I}oqu'i'ño, rabo levantado y los ore jos erectos como todo
lunellcanos.
11 nto deformodor qUE' llevan los dos niños pequeños qUE!
' onirahecho como se ve en la Lami na VIII A Y B
'islamo general de cordo116S : llautu; vari edad de corda
Im,)hmlilln, 'rlane como pieza original: LIrlC1 gran rosca que ci
r ,..,L, ':in, J1Clsando alrás por la nuca y subiendo adelante has­
0 11 [(JI forma que sosUene fijo entre sus romos, la crlmC'·
Ja [rnnle, en tanto que en su vue lta post8rior, mo
0[611 dol Iloulu 50br!" e l occipital.
."
Ignorada hrtsla aborcr df' los operas cle[orrTll1do
, unir", €Ilas e l surco ré trocoronal, sobre lodo
p"[1l1do, Lámirlo XXI. Ql1IZ(1" [ludo
.In d, l os ,: aheZCl:3 ¡)un tkrgudc'm.
-111 IJl1iJ Wr.1
(:


11
LAMI NA VII - Piezas del apero ddc rmadc r No zque:1s2 que ll evan les ni ños del hue·
ca d e la Fig. 13 a h y c: lIa u' u. e y f : Rcsca singular que explico e l surco re tro·
bregmé t ico. ti : Nañaka o pOll uelo. g. h : fr ental Nazco . F:guro t :;mo·
rnado de Tello (68)
LAMINA VIII - Tra sunto del apero deforrnodor de lo lamina VII, colocado como SE
ve en e l huaco de la Fig. 13 . Lo almohadilla fr ontal, igual a la frontal del apero
Na zQue nsc de lo Lómino 11 , expli ca la fr ente plana de los c raneos Nazco, figuroda
tombicn t.: n la cerómica , Ló mino XXVII . Es un p roblerna de Osteología Cultural, re·
, u(> 1I 0 en ' u l11e jar forma . par la correl a ci ón de los inforrnes arqueol ógicos y os teológicos .
11 lt,
1,...1 'lll})o j l .: I(HIl " I",, ".d 11 r. 't lll l l d" C(lW2..)!J H-I ll' ' l .:" 11 1 h li, 't I 18 Il(¡1
¡ ' (( >1 1I 1() ( ' 11 In 11\ 111 , dol 1dl 't ll; L011l 1i1 1I 11. Co!\.
I lI tis rnc10nrl l J. 1<1 [[ 1_'1 11' cha lo N' lzca:. Ll);" 1 r.·Xl, li, '(11' 11) 11
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fil 110 q( ·,!; Iu.rnbraba
lti ( 1I ,1'lro, os tf;ln ta
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mqueológ!co
di, I PUO, es
uti litar ia.
VOllllltCld de l arUsla,
(lPC l fPjOI;: ¡l a ¡:areCOr1 trD(,r ni
obleli vo de q ue por lo Il ,enos hos tIl
lI uvar los aperos. r.l pe rsonaje principa l,
también un toca do complicado, que a lqull
Ja deforma ción.
último término, con un loro a l honl
la usanza Nazca.
JeT obra es singular. en e l sentido
unicamente representativa, escenográfica, sin
"Las Íl guras, di ce Te llo, han sido situa das y dis
sobre un campo plano o plataformn
143 por 108 mm, y 8 mm. de espesor".
ha s ido identili cada por Tell o como Nazca, siendO
pelonal on e l sentido, de que no se conoce cuadros e('l
d e Nazca . Bajo este punto de vista y por ( ¡J .
t's ldísUcos nos recuerda productos Chancas. Repre';f' J ,.
r 11 ,' idas se encuentra en huacos del Callejón y ShimLI pi j o
11IIq11l' unidos a vasi jas utilitarias, Tello menciona las
ulnr do
dllll'l lie

1II pla ta for mas semejantes, adorna n mangos da tumí s IJI q
liI'j u\ ar en s u planificación, su confección fácil y espo),
• quo no sea pieza única en su género.
VIII
TIPOLOGfA DE LAS DEFORMACIONES
DE LOS TIPOS DE DEFORMAClON CEFALICA
ENCONTRADOS EN EL PERU
describimos los tipos perua nos de deformacion que
y s us rela ciones culturales hasta donde hemos po·
El tema es entercnnente arqueológico en su materi a
y lo exponemos con pre tensiones de interesar y
I¡ ';-'¡lic ll lm.
iLi l ldnuvs
TI nueólogos.
IJl d ividualizadas ti ene n una finalidad objetiva, tanlo
11I 6s se pueda llegar a saber de s u etioloqia .
46
le '1111." 1,,,
hubo"
jlj, liC(; f' '' ''J
Pr.ORO W t l"
Se ha criticado a la ti pología el crecido n lllll (tfO el" lUi mos que di­
ferencia. Esto no es un defecto del sistema , sino una cilllculta d inhe­
rente al material. La historia refiere que: "eran tantas la s formas co­
mo fueron las naciones" y la Osteología Cultural hace ver que en a l­
gunos conjuntos se usó simultáneamente varias formas de cabezas, con
posibilidades de distintos sistemas. Las clasificaciones basada en los sis­
temas son sintéticas; pero ya hemos comentado la vanalidad de las
en uso y el peligro constante de errar tan pronto se sobrepasan las
pruebas arqueológicas.
No obstante para facilitar la aplicación de nuestro método, ba si­
comente empírico, hemos creido útil agrupar los tipos que ofrecen ca ­
racteres morfológicos comunes y que por su unida d de origen se les
puede suponer de una determinada eti ología. La etiología de a lgunos
de estos conjuntos de tipos se ilustra además por el material arqueo­
lógico de la misma procedencia.
Creemos que la a grupación de los tipos faci lita al práctico su re­
conocimiento morfológico y proporciona una explica ción ca usal más
que hipotética, que permite a l investigador referirse a un sistema : llau­
tu, cuna etc. con proba bilida des de acierto.
Desde luego, la inclusi ón de un ti po en determinado grupo, no siem­
pre significa que sea exclusivo ni cons pícuo. En este terreno se debe
también considerar varias partes corno provi sionales. En el acápite re­
ferente al materia l y mé todos hemos comenta do amplia mente este as­
pecto del problema.
Anteponemos a la descripción de los tipos un comentario sobre los
términos y gráficas necesarios para la tipología.
IX
DE LAS MJI.. NERAS DE HACER LAS REPRESENTACIONES
TIPOLOGICAS y DE ALGUNOS DE LOS TERMINOS USADOS
Es excepcional que se pueda reconocer un tipo de cabeza por una
sola fotografía, aún con la visión de perfil que es la más expresi va.
Este es un hecho con el que hemos tropezado muchas veces y que de­
ja perdida una buena parte de las ilustraciones, de igual manera que
están perdida s valiosas referencias bibliográ ficas por el uso de térmi­
nos imprecisos.
Las mejores representa ciones se obtienen con los elementos pro­
puestos y usados por Imbellonl, consistentes en: folografía de frenie y
"
' 11 [( , IIc,r 1­
I
SE' f ' 1" (', ':-;11­
1mbr¡:-lloTi i
Esta PS
En A el a pera Shipodbo de la Fig . 6 colocado.
por 01 mi smo a pero. El molde encuadro aparent emente en
I ,po Necrópoli s. El sist ema Necrópoli s de Ilautu y roscas de
dodr> tOrma s menos estereotipadas. Expedici ón al emana cinc
leh perua nos y Ama zonas. Dr . K. W. Emermacher.
ldS lineas de proyeccion dan uno Idea preC1S0 r'nn
' 1Il ll r n v"rificar a lgunos índices. En lo posib le debeu
r 1mbeUonl. del perfil sagital y dos horizonta ­
,¡ oie dA In forma. en su parte medio y en jos 3/4
'r:bRO W, l.
upar Sobre la mayor se Irazan Ins lí1l 0(IB 1, I ( rlllhela y la
de máxima anchura craneal.
Las proyecciones facilitaT1 la determinaclOn de nJg unas medidas
útiles. La curva del perfil sagital defi ne deta lles que en la fotografía
pueden pasar desapercibidos, permiten trazar el eje de [a forma y me­
dir la distancia Ba sión-Bregma y Basión Vertex, dos de los diámetros
más expresivos en la ti pología. Las p royecciones horizontales, que en
úlUmo caso pueden reducirse a la media, permi ten apreciar el grado
de aplanamiento, anterior o posterior.
Los puntos clásicos de la Antropología y las deducciones estadís­
ticas de los índices normales por los alterados, como ll evamos dicho,
carecen de interés en nuestro plan. Las plásticas craneales no son for­
mas geométricas, sino biolÓgicas alteradas. Los cambios morfológicos
no son consecuencia exclusiva de las presiones físicas, ya bastante va­
rIables por sí de sistema a sistema y aún de caso a caso, por los des­
plazamientos de los aparatos; sino que suponen ademá s: las conse­
cuencias biológicas de la compresión, múltiples en sus posibilidades
y probablemente imprevisibles en sus consecuencias casuísti cas, ta­
les como persistencia anormal de a lgunas suturas ( metópicaJ; cierre
prematuro de otras ( sagital borrada desde la primera iniancia en a l­
gunos casos ); pos ible acción trófica, sobre cordones nerviosos, com­
presión de vasos nutricios, cambios en la presión intra -craneana, re­
percusión de és ta sohre la hipófisis; factores todos capaces de interve­
nir en la transforma ción. Es obvio que los efeelos mecá nicos de cons­
treñIr una pelota de jebe no son idénticos a los que se producen al es­
trujar una estruclura vita l, compleja, en pleno crecimiento, formada por
tejidos: vasos, nerviosos, músculos, glándulas y ganglios nerviosos. La
forma en el sor vivo es Ulla condición biol6gica, a ntes que física.
La tipología es a sunto de descripción de formas. Los detalles de las
formas adquieren interés, cuando se les encuentra o por lo menos se sos­
pecha una rozan etiológica, es decir cuando se les puede relacionar con
a lguna particularidad del sistema deformador.
En lo posible empleamos términos conocidos. Algunos quizós sean
nuevos, por lo menos en la Interpretación que le damos, son los que
Hnimos a continuadón.
Cintura Supro-Mas/óidea ce Lá minas XX y XXI. A Lámina XXIV)
Depresión que se ve por encima de los maci zos masloideos,
Jnf"nte marcados en la unión de las caras la terales con la posterior. El
llofl lbrt. de cintura es parti cularmente adecuado en los casos como d

la líneo Iferlú;al del Fronlal.- Laminas X y XV.
tl(>3 do perfil.
l-::no¡O.
r LII1
¡;
do la
700
ti las
lo bnr-'a vertical del fronta l, visible en las Iotogra1ias
La lnc1uímos en tre los rasgos, porque parece
!1i6¡1 de amorras (cordones) sobre la parte media de la
iloctamenle o al través de a lmoha dillas delgadas o
No pudo formarse cuando el llaulu era una banda
presionaba a l través de una tabla resistente que abar­
ho de la Lrente.
fa(. lor unicamenle del gra do de construcción d
hoy tipos que no lo presentan en sus formas exacJ
qiJe en otras, es conslante o frecuente. La t. omOlll
variedad Tilcara, Lamina XV, y en [a
Larga; aparece en una variedad del tipo Nazco. N
clelormaciones tabulares ni en las por cuna.
Anllbregmalica o MorrilJo.- Lámina X, A. Láml1C. XX.
ti
"¡lInt"
1':1'" mlxt" Porocos Nozco. Lo tr ent e es plano de mol de N01co con
i l ' 11 11 11. Lo parte posterior aplanado como en los cróneos dL Po
o,, la plást ico con un surca relrcbrl!gmoti co oaml uodo, se c)\pll cO
lO d,.fl"mod, r de lo Lámlno V I II , proboblement.. con uno ro,co o 01
Cróneo nncontr odo en desmontes do CIJ­
leCCión Dortlculor de l outor .
. 1
¡jI
l ' n l l ~ O W I: ¡
sUeve convexo del frontol, que confiere 11$On Oll1l r j ,1 111 ',HIIV'lS lormas,
En realidad es una consecuencia de la concavidad Ill r'd In Ironta l y del
surco retrobregmático, siendo muy ténue en los cráneos que sólo tienen
és te y plana la frente. No existe en las formas moldeadas por cunas
ni en las tabulares.
Surco o Gotiera Post-Bregmática - Surco Retro-Coronal.- Lámina
XXI-B. Lámina X. Esto formoción conocida en la literatura clásica, tie­
ne para nosotros valor tipológico, por no creerla accidento!, ni conse­
cuencia de la distorsión de otras partes de la cabeza, sino resultado de
una forma especial de a comodo de las amarras transformadoras y en
casos de una piezo del aparejo, como las roscas que conocemos por
el cerámico Nazca de la Fig. 13 -' Lámina VUI.
Unas veces es un surco, otras una depresión, que puede ser abrup­
to como en el cráneo de la Lámina XXI. En los ejemplares peruanos
estudiados por nosotros, nunca en realidad es retro-bregmática, sino
bregmática, porque tanto el Bregma, como la parte correspondiente de
la sutura coronal se situan en el mismo suelo de la depresión.
Casquete Sinci pital.- Lam. XV. Figs. 17 y 20. Esto formación ca­
racteriza la cabeza puntiaguda. Tampoco la consideramos uno simple
consecuencia del grado de constricción, sino dependie nte de alguna
manera de acomodar las omarras del llautu. Los tres gráficos super­
puestos en la Fig. 21, ponen de manifiesto la falta de relación cuanti­
tativa e ntre el grado de distorsión y la magnitud del pronunciamiento
del casquete.
No hay formas por cuna con casquete, ni tienen porque presentar­
se en los aparotos tabulares. Puede el casquete ser tan pronuncia do,
particularmente en a lgunos cráneos serranos, que constituyen una va ­
riedad. Quizás la cabeza en forma de mortero que la a tribuye Torque­
moda a la familia Inca fue con casquete.
Eje de l a f OIma.- Es la línea que recorre del Basión al punto más
dIstante de la Bóveda. Se le llama también eje de oblicuidad. La de­
'ormación o llera su dirección y longitud. Las varia ciones de la longi.­
tud 'Ienen en general más importancia en tipología que las de la: obli­
'Lridad, pues lo diferenci a entre formas erectas y oblícuas rora vez es
8 ¡gnificativa, ya que puede haber formas de a mbas va riedades con
la misma ptiología, en cambio que la medida del eje de la formo, quj ­
. s puedo ll egar a adquirir importancia den tro dE> un plan ponderable
111 ,' I \ 111 ....
FtG 14 - Cróneo en cuña tipo Cavernas, encontrado
en uno tumba de Chavín de Ancón. Lo forma en cuña
es ml"l Y mani f iesta en 105 e jemplares Chavín.
I \t, Ilpología. Por razones de Jo con strucción, las formas por llaulu
101l 0n THctYOr tendencia a alargar el eje de la forma que las de otra
x
TIPOS DE DEFORMACTON POR CUNA
FRONTO-OCCIPITAL COSTE&O
LAMINA Xl . - FIG. 5
n(lIlIbro rrOllla-occlpltal, por sí solo, sm especlficac!6n lipológl­
un rubro poco lUenos an. 'ho que 01 de Cabeza deformada. Ea
__
11
1), 11IlO Wt:rs.c,
IfII llon lobk: <".jU.. CdYUI IIJ:1 111'(111" i! nq, 1; •. 11165 desd '{Uf ' II
'omo laxón de su ..! cul IIJcaCIOn, lo usen, It
sus r eferencias. Son contadísimas las p lásti cas en qUA JIO nRtpl 1 , JI
lados el fron tal y occi pital: existiendo ademá s fron to-occi pil nl. ,!';
cuna y por llautu.
La forma que tipificamos, en puridad, debía llamarse ¡:Xli 1'111 11
dad Pre-cerámica. No obstante preferimos conservar el nombre d•• J, 1
forma, porque aparece también con profusión caracter ísti ca en (J II "
eríodos, siendo más significativo el calificativo: Costeño..
El tipo se caracteriza pOi" la asimetría y l a desigualdad de l a!3 Hit
erfi cies aplanadas. En los conjuntos aparece como una
ústica, mal hecha. La irregularidad, se explica bien por el di spm.; ilJv,
deformador de la cuna peruana que conocemos, Fig. 6. El aplanand, .(
lo anterior puede abarcar toda la frente o limitarse a la parte alta, !JI,1
enci ma de los lóbulos frontales, hasta más olla del Bregma. En la ".
ra posterior el aplanamiento es unas veces occipital, otras occlr <i l,
parietal.
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".1'
)/
__ I'¡" ""

----¿
FI G. 15 - Conjugación de diagramas De un crónea con deformaci ón acci
pit al pCr cuno - Inca Costeño - (lineo e continuo) y uno par lIautu, cabe <t a la r
ga (línea punt ea daJ. Los deformaciones por lIauta sen más altos y mas es.
trecha s que los defo rma ci ones por cuno . Ambos serían tabulares según Im­
hc ll oni . Craneo 12-9' 10. -- Cr6neo Poriachihuoicon . Museo de A y A
Es muy típico de los conjuntos de defo,maci ón por cuna e l 0 11
JJoreenlr¡j l? de asimétricos ( plagiocefálica) que a lectar hasta n I
6(1% .
Por r azón de su etio!oqÍa el ti po no prenOI ¡f r t ; vw
Jos, 'intura supre-mastoi daa , ni surco-retr :JbrCH;m¡{\lico
tm: "'lroctr3rístlcas resalta n mejor pn Icr d
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Irc .¡r!' lllI:(' I].I llt d,,: ¡ rl< ,110' ,'li" I,PrlC1U.
"fIl IlIlIIIW'¡ "[l pOI ir [)(11(1(11) I, ,: : lil'Ol' froldo-occlpi
dua qrclIJdc's ¿'pocm: J(. l CJ l.,.:o::: lo que recouoes
,; e CIII lit¡; ¡'m icas "tI q l lt> se uso el ti po.
/0 urimera epoca-(precerómica)
toJ os los cráneos de las tumbas sin cerárni-
11!t'! ;'ItIL. ,q(·odos por Engel. pertenecen al tipo Fronto-Oc­
se distinguen por su deformación de los del
pOtltl>rlores. La col ección se distingue únicamen·
(ulld U\:I deJormaciones de otra etiología y la reciu­
doseripción de Hartweg que insertamos a con-
bastante bien el último carácter : dice Hart­
corno el r esto de l os esqueletos presentan
habitual de las momias que conservan
1m; partes blandos sobre los huesos". "Los ,"reí
r l icularmente masivos y pesados: los hUO:1f m
r.-:c Hovas da inserción acentuados y los caracterlll' rl
marcados: r ecias arcadas super ci1i r ll ,nl,
de la nuca. protuberancia occipital externo, H·
.;¡uperiores e inferiores, cresta occipital exlllmo,
'lruesas, crpóUsis mastoi des voluminosas, deseell l­
hocio abajo del p lano de la base del cráneo".
IIIIIII'::; I OS ostos d iversos caracteres son atenuados pero afre­
relativamente grande para los sujetos fe­
especifica Hartweg, son válidos para los
de Culebra y A sía.
color amarill o, el volumen, el relieve de bs
os craneos de este conj unto. Hay igual es en
, qUizás de la misma epoca.
,Ir· EI'l.g"!I hay algunos cráneos con la frente apenas
I nca Costeños. En cambio no se encuar il rr:t
nl b ilobadas. La unidad del grupo se pll t'de
[na huesos se colige que el hombre del
Il ulrido. Por los casos que hemos vi sto, su­
roslo::;is. en[,:.-rmedad generalizado f'n l a costa elJ

1) I I lIrl ) Wr:tf'¡S
Al e.
13 7)
'-AMINA XI - Ti po frontal-occipital par Cuna La deformación por Cuna, se d ifun­
d ió en e l I/torol, a nt es que fa cerámica. La asimetria de C y D es un carácter del
g rupo. No hay diferencia entre la fronto-occipital por cuna e ncontra da por Engel,
en las t umbos sin cerómlca de As ía y Culebras, y la de épocas poste riores, coma no
sea qUe estas suelen presente r manchas verdes en la cara y la t repanacíon Supra­
inia nCl. A - 2 4 Huarmey - Museo de A. y A. B. e y D. ChClncay Hao. Lauri _
Cróneo Ca n trepa naci ón Supra-iniqna de l Museo de la Cátedra de Antropología de lo
Universidad de San Marcos - Lima.
No obstanle que los cráneos Son recios, las tollas de los sujetos
sobrepasan Ias de otros peruanos antiguos, pues según Ha tweg os­
cilan entre 1.55 y 1. 58 m. pa ra el s exo masculino. No son los gi gantes
que supuso haber' encontrado Uhle en una época semej ante ,
;c.,'
¡ 'l
hl
1'(('l dr , 1 h "-/rAfuJ ,:,¡sl, ' rm lo 2c/.¡ f¡/t. " '1 (( " ' l l'['t, tl ll l1 l fl u ,'r; )
' '' ' :U/ 'Jlmi on lo de los culturas locoles del litoral, resuIg
Jlf¡mele e l tipo a rcaico de deformación Fron to-occipilal
1(1;i(. , I.cr discriminación intenclona der enlTe persistencia, r9su r CJi
y dll u i¡Jo! 1 del tipo en épocas sucesivas de cada lugar, es un
1m i q UIilo16qico que podría aclerrerr muchas cosas,
i ShílflU medio.
'! que e l tipo Fronjo-Occipital por cuna, se generalizorrl
1j,: rITll" "" ' 11] otras épocas y quizás también en la Sierra, pero en lrJS
I UI ] ;; que hemos te nido oportunidad de reviserr, resalta asocie. ·
!ti ll'I"panación Supra-i niana, en la época post-Tiahuanaco, con el
1I II1I PI II O de las culturas locales, continuándose en la sucesión de
'H_'(I,: r:on e l predominio de la deformación Occipital Inca Cos­
CQ/ljun tos de cráne os del segundo período, no son puros e n
I ] ' 1 deformación : al lado de los deformados por cuna, hoy
li ologías; la mayor perrte también fronto-occipitales: for ro
que encua dra n tipológicamente con el aperrato estudiocl {)
ptlJ Itobúccr Carrión. Figs. 1 y 2; la cinter de la Fig. 10 y quizás otra
i,,\ IS de este segundo período suelen ser una miscelcmtK(
1j¡-¡rH' , Itl ayormente fronto-occipitales, a los que SE¡ a gregan alguno;']
fI(E'<> !Iormales, meso y s ub-dolicoides, uno que otro Aimerra y Hu(¡
111. 1)(l t cIClos s iempre sin adecuada discriminación Osteocultural, de Ce­
1lI,)rlOI; como e l de Ancón 1. Maka-termbu, ler Calera en la Hacian­
In L(lun de Chaneay, que contienen productos de verrías épocas.
[ 11 lll lea conjuntos mezclados, predomina la deformación Frontü­
11'11, ¡] por cuna, irregulerr y asimétrica, encontrándose además, en
I lt¡yC, ¡ (1 menOI porcentaje, la terpernación estereoti pada Supra-iniana,
' HIlU cráneos con manchas verdes, debido a la costumbre de po­
r ¡.Ir.ondas de cobre en la cara o en la boca , costumbre que proba­
IOínofl !, se hlzo más general en la época Inca.
LII IdTi Quna otra época quizás s.e encuentra una asociación de ras­
:11 'ucWl ura les más definidos.
Ilvlomonte la mezcler de moldes de deforma ción, por cuna y po!
iI (IUlrl , m(presa promiscuidad cultural. La asociación de una técnica
lo IrO¡ 'flT ,nr andina en su origen, a bona en el mismo sentido,
7
Andil1o:
L
~ i b [lCDRO W E1"'"
XI
II TIPO INCA COSTEÑO ( OCCIPITAL COSTEÑO )
LAMINA XII - Fig. 15
Este otro tipo de deformación por cuna es probablemente el más
conocido de los arqueólogos de campo peruanos . La forma menos dis­
torsionada, pero sino la más, una de las más difundidas en el litoral ,
donde llegó a hacerse general en el Periódo Pre-español, aparentemen­
te como un rasgo popular.
Como ya hemos comentado es significativo, que los Incas propa­
gasen en la costa, un sistema de deformación por cuna , tradicionalmen­
te costeño y no uno serrano, por lIautu. También lo moderado de las
distorciones, puede ser una consecuencia de la época, que debió ser
socialmente distinta a las que dejaron las formas exa geradas inerei­
bIes.
MorfoIógicomente se caracteriza, por el aplanamiento de la parte
posterior, occipito parietal, con persistencia del aspecto normal en el
resto del cráneo. El apla namiento puede ser OCCipital y occipito parie­
tal. La frente en los ejemplos típicos es normal .
Una almohada dura como las de la Lam. VI A y B en la cuna de
la Fig. 6 con amarras de vendas, podía achatar lo parte posterior 3in
afectar la fr eníe.
Kroeber encuentra que el achatamiento occípito-parieta l es común
en la Costa Central, en tanto que en el Norie es más a lto, afecta sobre
todo la región posterior de los parietales. Esta diferencia que pudo ser
consecuencia de la forma de la almohada, es ubicua, haciendo falta
mayores relerencias estadísticas para fi jarle un predommio regional o
cultural.
Como las otras deformaciones por cuna, la Inca Costeña, es pro­
pensa a la asimetna. presentando frecuente y marcados ejemp los de
plagio-cefália, probablemente más unos conjuntos Que otros.
La forma Inca Costeña puede resultar de defectos nutricionales
asociados a determinada forma y consistencia de almohada. No se
puede explicar en la misma forma su difusi ón en un determinado pe­
ríodo histórico, mas cuando no se encuentra otros síntomas óseos que
hagan suponer disturbios nutriciona les especiales de la época.
t:Or.ootA
111') 1I11
TipO nccipita l pOr cuno, Inca Costeño. Los incas no impusieron en
rmoci6n por Iloutu endino, que probablemente ellos mismos usaron,
rI1 rlrlo de lo deformaci ón por cuno , arraigado en e l litoral.
/1. y e Cemen terio el Brujo 1946 - Museo de A. v A.
U, Cementeri o Waykan Pariache N9 3 Museo de A. V A.
1). Cementerio Wa ykan Pariache N° 5 - Museo de A. y A.
Ticontró conjuntos de cráneos Inca Costeños en cemen-
Il umochiri, en los que predomÍnan el complejo Osteocultural
de craneos no deformados y trepanaciones por corte
: r6neos Inca costenos dice Hrdlicka , debieron pertenecer
¡ue ... s taban luntos en tumbas colectivas, aparte de los
, (22).
S8 t'CDRO WElSS
Kroeber, que encuentra el tipo en varias partes del litoral. hace
notar su predomínio en el período posterior Inca y su asocioción con
el uso de ornamentos de cobre, que producían manchas verdes en la
Cc:rIC(, sobre todo alrededor de la boco, donde era frecuente poner una
lámina de cobre, especie de óvalo de Caronte.
Tschudi en su Atlas incluye la forma occipital. como característica
de la raza Chincha o costeña. Esta raza, como otras invenciones de
Tschudi, son todas disparates. Latcham en Chile encuentra con el es­
trato Chincha una forma tabular erecta. Sería muy interesante verifi­
car tipológicamente este dato.
Posnasky, en un recorrido turístico, repara en los cráneos tipo Cos­
.0 , que encuentra en tumbas profanadas en los alrededores de Truji­
110 y en uno de sus arranques de originalidad, que tanto han despres­
ti giado su obra, lo asocia a la cerámica pornográfica, Proto-Shimu, asig­
nándol e un significado frenológico erótico, (49).
XII
DE LAS DEFORMACIONES POR LLAUTU
l as deformaciones por llautu constituyen otro de los grandes gru­
po::; deforma dos peruanos. Contrariamente a los sistemas de cuna, que
costeños, la histori a y difusión de las deformaciones por llautu, pa­
ligada a culturas a ndina s.
Determ!nm si un grUpO de crá neos de origen homogéneo, es defor­
1¡¡(ldo por cuno o por Ilautu, aunque no se precise los tipos, proporcio­
rl'l ya por s í. una referencia de raíces culturales muy ú til.
El molde de la deformacion por llautu es reconocible aunque las
JIlll.!1I0S directas de las vendas, tales como la concavidad medio fron­
tal, y la c in tura supra -mastoldea no aparecen en todos los casos de
cada conj unto.
La a simetría (plagiocefalia) carácter constante de los conj untos
deLormados por cuna, no se presenta o es rara y muy ténue en los de­
.ormados con aparatos de los llamados cefálicos, que enca jan en la
cabeza, particularmente con el llautu.
El eje de la forma , por la constricción de las faías; tiende a estar
a umentado a costa de los diámetros horizonta les. Cl f1\ lrco retro-breg­
mátieo y 01 casquete sinciptal. los a signamo51 a l o dr.l mrnoclon por
IIi.1UIl ¡. el í;osQuete pronunci ado de la s [or mr: l: 1I1U IrHJ<:llrlU " no ser
lA CULTURA I
r;
roduri d.) 1" ir un { rCltro d, 'Ior modo, se exp li ca por una JOffrj (1 pnTIi ClI
10 1' de (l rflfll IUr I UI1 vendas.
,l.......
-------.... - MI_
--............
" ,.
FIG. 16 - Diagramas conjugados _ Compa ra ­
c ión de uno deformación por lIautu, tipo Aimara
(línea pun te ada ) con Una de Paracas, tipo Necró­
pol is (línea continua). En e l diseño hor izonta l
(abaj o) se apreci a lo retracci6n an te ro-pasteri or
forzado de lo de formación Necrópolis. Esta seria
tabular según la teoría d e Imbe lJoni, deformada
por Ilauta Con roscos de a lgod6n según lo arqueo .
logía de Paracas. Cróneo de Pil o pararín. Crá ­
neo 12-2 4 95 - M. de A. y A.
En el gran grUpO de los deforma dos por ll a utu dilerendamos
llbqrupos. La d ivisión, como veremos, se basa en cor ael.eres modoló
i<'r.IS, que se explicOl¡ bjl·'n por modilicaciones de 10 técnica y s(' ro
IlJ(JrZC1r1 nor o(lnl<"lnJ, . ;": llI ll1rrlll'S y geográficas. Por l ls l uLJClrAs j (J¡¡¡.1
reclórnIMC:tf1 lC1tl ["11,HIn tlo "'''''1<11"1 11 ....... de los 5ubqrll rlos les Il ,llnrrmor
60
PCflHO iNElSS
Sub-grupo Andino o An ula r , que reune las formas forjadas -por
ai
l1autu, sin otros aditamentos, que alteren sustancialmente la
presión directa de las bandas.
b) Sub-grupo Paracas, de las formas producidas por llautu sobre
roscas, almohadillas u otras superficies capaces de plasmar
aplanamientos regionales, sean posteriores, anteriores o an­
teroposteriores. Las formas de este sub-grupO se incluyen en­
tre las tabulares y pseudotabulares en la clasificación de Im­
belloni.
Con el stuko o la cinta de la Fig. lOse podían producir las mis­
mos formas y qUizás las mismas voriantes.
a ) - SUB-GRUPO ANDINO
Con el nombre de la región de su maXlma incide ncia en el Perú,
agrupamos las deformaciones del cráneo, que se explican bien por ac­
ción del llautu solo, sin otros aditamentos, capaces de imprimir apla­
namientos regionales. Hacemos hincapié en la necesidad de que los
apianamientos sean regionales: occipitales, occipito parietales, fronta­
les/ pa ra tener carácter diferencial. porque facetas planas, que no afec­
tna la curva de proyección horizontal. pueden presentarse, sin afectar
1" posición en el sub-grupo Andino.
El. sub-grupo Andino abarca las conocidas formas Anulares y Ai­
!'Imos de a nteriores clasificaciones. El término Aimara, como se verá
In (1slgnarnos a un determinado tipo.
Parece obvio que el llautu solo, sea raíz de las técnicas más com­
de llautu con roscas o almohadillas, como se usaron en Pa­
y Nazca. El llautu atuendo de climas frios pudo, como la cofia
n o Lr as partes, transformarse en apero deformador. La costumbre de
<krormarse desapareció en la Sierra, pero el uso del 11autu no.
El nombre Andino, que expresa una condición gecgráfica cultu­
ra l de los casos peruanos, nos ha parecido más expresivo, que el casi
s inónimo de Anular .
Las formas anulares perfectas resultan las menos, cuando se les
observa prolijamente. Es probable que para morigerar \el p resión de
las amarras o para darles estabilidad, se colocase baj o el lla utu tra­
pos dobla dos o láminas de caña, cuyos huellas :; il l 1,J' ,rJucir aplana
miento regtonales, como las de los cránér)s Pm(!(" 11.1 Y INjob<:u 1
Inr-r>l ns m';!] r, menos oxlensos.
C UL'!' URAL () 1
el n¡ I<lll rlllli, ·,·rlo d. lrl Ir l""lr lle en a lgunos cráneos Almoras lJ oCJo l1
confulldi rsE. C011 el de Nazca. La diferencia sólo se puede hacer por 1
curva de la proyección horizontal, ( perpendiculor al eje de la forma).
Con el cráneo en la mano por la forma predominantemente cilíndrlca,
de l contorno horizontal.
Conviene advertir que, a sí como no se encuentra conjuntos do crá­
neos deformados por cuna exclusivo de una de las formas: lronto-oc­
cipit a l u occipital, tampoco hemos visto del sub-grupo Andino, en que
no se entremezclan formas con apla namiento regionales del sub-gru­
[.0 Pmacas. El carácter de un conjunto de cráneos es cuantitativo. L
mezcla de formas Andinas y Paracas puede apreciarse revisando las
láminas de Posnasky (50) Falkenburge r ( 17) o cualquier otro trabajo
ilustrado sobre craneología Tiahuanaco.
Como veremos en e l conjunto de Paraeas: Cavernas y Necrópoli s ,
que posee el Museo, no hay formas Andinas, pero en los de Tiahuana­
ro si se encuentra moldes Paracas.
En el sub-grupo Andino reconocemos los siguientes tipos: Aimora,
Pampos, Opa. Describimos a continuación los tipos y sus variadadClll.
TIPO ArMARA
LAMINAS XIU - XIV _ xv - FIG. 16
Reservamos el nombre Aimara, introducido por D'Orbigni en la ero
\nología y usado hasta ahora como s inónimo de Anular, para desiq­
l\.Ir la for ma Andina más común y probable mente la que alcanzó use;.,
IlÓS general en el Altiplano. Encontrándosele en los cementerios del
Ilono, mezclada o las formas locales, como índice de las influencias so-
Icrles andmas.
Las vendas del llaul\.! en esta forma Almora, comprimían la frent
11 loda su extensión y el occipital sobre la parte media, en la par!
llÓS prominente hacia atrás de la cabeza, particulmmente en 01 aspo­
iw comprendido e ntre el rnien y el Lambda.
En ...1 perftl, el ej e de lo forma se prese nta oblículo de a bOlO o rribt l
ndl;.l l anle O o trás, en una posición intermedia entre la verilea! dE1 J
ltnpas y 111 formo echada de l Opa, La s curva s verticales del fronlo l
JL::cipllCl l dlsllill1Ul das pur la coustri cción, Son casi rectas en los
III Jj••:ot
II ICJI' l f d. ,1 n -I\d¡¡ I I ".'1 1 C:(lsi Ion"" lo"
Ir! ,: it,f¡il (l r.lIJJt( I' r1 '''':;lo¡d !TI ClG o rnr'l1Of,
62
3
EDRO W EISS
·4 e
I •
.]J
7J
lAMINA XI II _ Ti po Airnoro _ Proba blemente la formo Soy tu de los croni stas, Dc­
'1" ..cr mol de popular, pues es el más común y conspícuo de los deformaciones por
lI outu, Se explica por un lIoutu en fo ja que pr esiono lo fr ente en su porte medi o
y fl or detrás el occipucc io <Colodrill o). Ti ene uno va ri edad puntiagudo A, y D, (pr\"' l
boblernent e lo cabezo de mort ero O de Pon de Azúcar menci onada por los croni stos ,
en lo que el lIoutu parece haber comprimido en a lguno formo lo porte más alta d"
la cabeza
A- Cráneo de las Alturas de lo Oroya - Cátedra de Antr opología ,
B- Cráneo - Marco A - Museo de A Y A.
C- Cráneo de Anca sh - Cátedra de Antr opologí a.
0 - Cráneo recogido en Puno - Cá tedra de Antropología.
I k'IJOf a
quete sincipital moderado en los casoS li pk:OS, pll' ,dr
vrlf ¡,...Jod
tarsf'" tall acentuado, que iu::; lif iCo lo formCl' ¡UI I ¡" 111 11 '
r1\On \ de"' \
If' I Ii
1' 1;'.20 fll l ll l lr l,plrln; In 11"1 ,'n,wl"lvi r\ili l ,] , \" í l
'trd,
1,(¡"fA
I(J I ¡JI" AtlllO lit! oll clo l Imisnlar facetas plallus, ol lll bulbler. " Ifl­
blilos o 'JéUr TUS doblados, qu" debi eron poner bajo 01 ll au(¡ 1 pmo IllL)
igarar el daño de l a constr icci ón en l a pi el del intante. El aplcmorn loll
to de l a frente puede alcanzar proporciones tal es que se confun da con
el Nazca, la curvo hor i zontal r ora vez afectad0 en l a forma Aunara,
permite casi siempre hacer la distinción,

sr);
LAMINA XIV - Modelos serronos del tipo Aimoró,
VARIANTES DEL TIPO AIMARA
Lo Cabeza puntiagudo : Es una formo Aimora con el COSqUE \i
I"" )J Jj l ,¡ muy pronunciado, 01 Caso D, LcImlnos NQ XV1II, nacido r" 1I
H JI ¡" r:nlegann dE' punUagudn,
,1 fr,f ll\ll( inl! rj[ 111 111 V']tiE'd"cJ ¡JOr 10 ocer ¡[ uación
r¡" , 1' 1 11" I 1'i 'l. 17, t.iUj )(¡lIe C¡110 C1el lO n Illlf\
h 1 ,q, I 1'1 'I!1fCll I ClS del lloulu.
Pt:r.1l'I,O WEISS
G4
8
AI
e..
t xv _ Variedad puntiagudo del tipo Aimorá que llamamos Tilcoro . Formo
",,,tlilld . Id und icio t ambién en lo costo con culturas serranos. Se distingue por lo con­
I,Jl I de l n frontal, surco retobregmático más o menCS pronunciado Y casquere
c rlil
I"rl lllt.¡\ . E. I I'ipo Cabezo Largo, Fig. 19, es el mismo molde, con lo porte postericr
aplanado o lo usanza poracOS.
Chckto Museo de A. Y A.
Cróneo
A
D
13- Dibujo de Rivera y Tschudi (53). Cátedra de AntroPOlogio,
c- Cráneo de Puno, Colección Roimondi.
En el tipo Cabeza larga, que corresponde al Aimara, en el sub­
Jrupo Parocas, se encuentra las formas puntiagudas más típicas.
Lo variante 1'ilcara: Lámina XV. Presenta concavidad del perfil
vertica l de l frontal. casque te sincipital Y occipita l bOJ1lbodo. El nom­
un" lo tomemOS del cráneo 3876 de la isla Tilcorrr I 1,l iII Y) r¡ -J 11 3 poc;¡ o
/78, dE' 10 obrn dp. De mbo e 1mbnll nn i. Es 1JT1 ("( I n ll11{\ 11 b!cIIO en..:
1

iwidr l . 1 n tl turas Andil'l <.lS
l A C: UI: ¡'UH./Il. J.,
TIPO OPA
LAMINAS XVI Y XVII
Forma echada, cilíndri ca, explicable por un llautu que const re ñí a
en anillo, la parte posterior de la cabeza: los parietales por detrá!3 dE'
la trente y el occipital en su porción inferior, por debajo de la protube­
rancia externa. Una cofia amarrada en la parte posterior de la cabe­
za, corno la tolusana, e xplica bien la deformoción.
En la clasificación de Imbelloni es una anular oblícua, rubro menm:
específico. En la obra de De mbo e Imbe lloni (13) pág. 264 Fig. 101,
aparece corno ejemplo de anular oblícua el cráneo de un Mangbe tu
de lturi superior, que podría ser una variedad del tipo Opa, pera no el
mismo tipo, porque tiene la frent e hundida por la presión de las ama­
rras. También el cráneo de nuestra Lámina XVlI es ejemplo de Gnu­
lar oblícua, variedad pero no e l mismo tipo Opa.
En la visión del perfil del ti po OpG que identificamos, las lineas
ue presión del llau tu quedan visibles : en e l ancho surco retrobregrucí·
tico y la saliente conve xa hacia atrás de lG esfera Inion Lambda; pm­
te esta, de la cabeza apl anada en las otras deformaciones por ¡¡a ut' l.
Vista la cabeza desde arriba (por su norma superior) Lámino XVII :
e xtraordinariamente oblonga.
Nuestra Lámina XVI, es un buen ejemplo del tipo Opa, tomnrl ,
del libro Antigüedades Peruanas de E. Rivera J. D, Tschudi (53) eI"'1
de figura con la leyenda " Niño de los indios llamados opas, halkld,
una huaca de la provincia de Lampa".
Es esta la única justificación del nombre que damos al tipo, sin
habe r podido averiguar, más respecto a los indios Opas y si fueroli
opa s de entendimiento, que opa en quechuG significG tonto, y lo que
p udo haber influido e n el defecto la deformación. La historia puede
decirnos todavía algo al respecto.
Los otras tres ejemplos de cráneo OpG, Lámina XVII, pertenecen
1 la Cátedra de Antropología y provienen de Puno donde fueron co­
leccionados por Raymondi.
El e jemplar N9 2, magnífico modelo del tipo, ti ene osteomas d e l
r'onducto auditivo, que obturan el orificio e xterno.
Poco podemos decir de e sta forma Opa, sumame nte escose! y c1(>
Jn cuol no conocemos ningún ejemplo Costeño. Quizás no fue p ropjo
un pueblo sino de a lguna dignidad u ofi cio. Los osteomas de l con­
I Ileto nqdlt ivo del c:asn 2. a bonan en este sen lido y qulzás in l('[virll e·
r1l1 fl Jl r l MI"Hll hrl , r]1I t,; l1 1J(1 's sordo en quechua y lo U 0;0 r.omuj(l 1ero
111 11 ;;;1110 IlG (1 ' 11 lq cc¡rh, l l u ll l:" It'j(J1J del quoc:hurr.
'UI TURAt I i?
r',:i1l\l. WnSR
ilG
':"
~
B/;p
LAMINA XVI - Tipo Opa - " Momio
de Niño de los indi os llama dos opa ,
hollada e n una hueca de la pr r,vi ncio
de Lampa", Fi guro y leyendo t oma ­
dos de Rivera y Tschud i (53)
.AMINA XV II - Tipo Opa - De toda s las deformaci ones por IlalJtu ésta, echa
do que no comprimía o sólo comprimía ligeramente la frente, es la menos fr e­
I" ljcnte y me nos difundida , Los ej emplares de esto lómina fueron traídos por
I{oimondi de lo prnvinc ia De Sa ndía, departamento de Puno, Colecci ón de la
Cá tedra de Antropología.
TIPO PAMPAS
LAMINA XIX
LIl rozón de este nombre es igualmente tri viol a la de la mayofIC'1
¡CI:'J otros, Obedece a l lugar de origen de los cráneos patronps Lé!
l1nr,1 XIX. q ue fnrrnan parle de un conjunto
dd J or Te· llo Gn Pampas, Todos d
10¡1F>limos <jUl '
morcado COll ("1 !J I HlJ (" )(1
LAMINA XV III _ Variedad de tipo Opa - El Il o' lt u t' n
¡ o ¡ m a d o ~ flor llCfl JlII ,
esta variedad parece habe r comprimido adema', li , I" "
mente la fr ent e. Cróneo N° 39 , Musco Lore. '). 1.1 ", 11" l1r:onzOIIIO: : I lld"'l'l fll' '11
lI¡bp'l1 di ,¡i¡dllvm f" ' 11
IU I'wHO WLI1;:&
ientes de la ubicación cultural o social, problema que puede reba­
sar los l ímites del territorio del Tahuantisuyo. Para Tello el material
marcado Pam es Chanca, sin embargo, los cráneos difieren completa­
men te de la forma Chanca que él describe y nosotros tipificamos en
es te trabajo.
El tipo Pampas, versión andina del Natchez, se caracteriza por la
forma alta, prismática, casi cilíndrica, del macizo cráneal y la vertica­
lidad de las líneas. En la visión de perfil las líneas del frontal y occi­
pital son rectas, casi paralelas. Lo mismo los lados en la visión de
frente.
El tipo Pampas, lo mismo que el Natchez, se explica por un lIau­
tu de cinta ancha, que envolvía la cabeza en forma cilíndrica. El Pam­
pas por lIautu solo, el Natchez, con Ikmtu y roscas o planchuelas de
a lQodón.
_4­

AM INA X IX - Tipo Pompos - Deformación vertical por Iloutu. Los líneas ont,,,ícr
y del perfil corren casi paralelos. Suele tener surco relro bregmótica . Es la
formo anular del tipo Notchez.
Pom
A - Cróneo Museo de A. y A.
7
Pa m
B - Cráneo Ca lzado Poto Cueva IV - 4- 12·45. Museo de A. y A
5
Puede p resen tarse surco n¡¡ 'Hl vir.iblo 011 los ....j O! 1l
{" larcos do Poracos.
1 l · II.Ot.:1J\ CU.LTIJnA

LAMI NA XX - Tipo Natchez. Deformación vertical par Ilautu, igual al PI1Jl1
pos, ca n lo parte posterior aplanado 01 uso de Paracas. Modelos incrcíhl .. d ,
los fler sonojcs de los fardos funerarios de Necrópolis _ D vari edad punli o'l "cI"
A y C Momío ¡ 08 - Necrópolis Paroeos
8 Craneo Caverna VA.
D P-44.
Le de[onnrrci(m Pompns '''s en todos los casos m uy pron 1wind' l,
l1
Jempll l /l'fI ("¡ l li:':(¡1l lJl lf>den alcanzar dÍlnnllgjonC's qu(' (. ¡ tlI O
11 Jo!' 1- / " 1 " !Cl::J!I'>fl I 1l(J J t variE"dad JncrctbJo.
'
[ ' II ,IlU Wr:lnS
¡iJ
1AMII'lA XXI _ Cuatro punt o5 de vi, ta e n un misma craneo Notchez increlble, de
1', " '1' 'l ', Probableme nte e l ejemplar peruano con defa rma ci6n mas a centuado. En e l
" ,,1 1"• ., n I. li 05 fál ico tallado en piedra ,osten to lo mi smo for mo de cabezo. En lo
1" 1', 1' "111 A y e rld craneo se ve, por encimo rle los macizos mast a ideos, lo cint ura Su- un
1">1 11 10 ,101<.1 00 . Lo regi6n posterior es plano. El surco re tro-br egmatico muy pron ­
""l., el uso de un dispositi vo especial como e y f del opera de lo lamlllG VII .
, . 111 \' (1 l i t! Pa raca s de un ni ño de 7 años (ap roxima da ment e) Colección port icL:lo r
del autor,
b) - SUB-GRUPO PAI\ACAS
Se supone que las [armas de e ste sub-grupO, el! su mayor parie
f'n r 10 menos, son p lasmadas por llnu lu con a lmohadillas o roSCO!'. d.
rd, r , Se expl'.c{'l osi las form as de Parocnf V I j , NCE'II
odarl
\tI lill ¡l(¡don IOPQrlÍrr'ko rl e estos nombrps, " i m rll ,11
, (lUl' 1]
ceJIIlO e l l I)lnt .: ol,()rtmlic!nc1e[ I ,d
I n l
,
1I 'i':tlJ')(jli\ C UJ.'lURM,
'í 1
agrupnl' ilJIJ ri l..· 1;ll i tipo:, l' TI Ins cul tura s no jrupllccr necesoliOlllalJl 1
Ju slvicJod, l unql l" o l'Jl.lnoS hasta a hora pa.rezca n espedli ros.
Tipos de Poracas y quizás de Nazca, S2 pueden encontrm E'II k l 1f ;
gi ón Andi na y e n lugares distantes del litoral. en cambio en e l cOll illll '
to de Paracas no hemos encontrado plásticas A nulares Andill os.
La razón del nombre Paracas, no es otra que la ventaja oxcepd ""
nal que ofr ece el material arqueológico :::le Paracas para e l estudio O:,·
teocultural de los tipos del sub-grupo, Todos los cráneos de pQ[nr.w;
y Nazca son deformados y apesar de la vari edad de formas del COl I'
junto Paraca s, se explican todos, por los sistemas de las culturas JTlt',­
pectivas, conocidos por la arqueología: e l lIa utu con rosco de algod()1 1
Faraca s Lá mina 1. A Y B; y Jo cinta Fig. 10; e l lIautu con almohadillr¡ s
de a lgodón Nazca Lámina II, VII y VIII.
Individualmente observados , algunos crá neos de Paracas puad C"' I I
ser indiferenciables de los fronta les y por cuno. 1.r l
diferenciación puede requerir más de un ejemp lo y se basa en: 01 In l
go mayor del eje de la forma, la poca o ninguna tendencia o lo n ',¡
Dl e tría, muy acentuada e n las deformaciones por cuna; la pres,... 1¡('Ir '
n algunos de la cintillO Supra Mas toidea, en algunas variedad",!" 1"
Conca vidad de la Línea Vertical del Frontal. debida a la presi6 11 rI.
la amarra del lIautu, sobre la frente.
Los sistemas de deformar de Paracas nos son conocidos por ICI .
pltblicaclones de Tello ( 66) , Muelle y Yacovleff (89) , las nuesiras (82)
Icm de Rebeco Carri ón ( 10) y D. Stewart ( 58) . Ultima mente HuarlaYl 1
Manco encontró la cinta de deformar Fig, 10, con restos Cavemos, pn
nlá ndose así e l hecho trascendental para e l estudio de las deforlUCl­
lones, que una misma cultura pudo e mplear dos dispositivos distill­
para obtener forma s análogas,
Los a peros de Paracas, y Ne zca, conocidos por la arqueología, S(l
definir como vari antes del lIautu. Los cráneos tienen también
lar r;o racterÍsticas qenerales de la deformación por lla utu.
Desde e l punto de v ista de la deformación cefáli ca, Paracas y N
1 son dos colectividades Costeñas, que usaban sistemas deformado­
Andinos, En Paracas, particularmente, la deformación por llautl l
asociada a la técnico de trepanor circula r por raspado, tam­
hIG" I cl ii undido en los Andes.
Los tlpos Cabeza ln rga y No tchez de Parocos son los Almará y
L ' Ii}j)fI!3 I\.ndinos, 1(1: derivadas dI'> lefl a r in portE.
/ir' l rq l' ll1ClcJO, 1::1 tl¡JU 0 ,1·. 7.' 1 l rlrfdr l , prpsf'ntn la lIli!';l l l C1 vcrrj"dncJ ¡ } II : '
¡11 , , l. 1 ,1, I.K'!1 IOTJltllll ¡m:i O p i (lIl UIICJ ' l dr!3.
).
h .DRO Wr.¡'"
S!'!gún lo clasificación de Imbelloni, casi. sino todos, los tipos de
Para cas y Nazca son tabulares o pseudotabulares, aunque ningún ape­
ro deformador labiado se encontrase con material de esas culturas, ni
e las emparentadas. Las formas de Paracas consideradas tabulares,
pueden encontrar fácil acomodo en un escaparate, junto a otras seme­
jnntes; pero no su ubicación cultural adecuada.
Distinguimos en el sub-grupo Paracas 5 tipos: Cavernas. Necrópo­
lis, Cabeza Larga, Natchez y Nazca.
Los cinco se pueden explicar por maneras especiales de deformar
con el lIautu: variadas disposiciones de las amarras con iguales o
distintos dispositivos deformadores accesorios. Los tipos Cavernas, Ne­
c:rópolis y Nazca, son entidades morfológicas conocidas, familiares pa­
ro el personal del Museo. Tello los definió en varias oportunidades.
Desde el punto de vista de las prácticas de deformación: Paracas
y Nazca pertenecen a un mismo sub-grupo.
TIPO CAVERNAS
( CHAVIN CAVERNAS )
LAMINAS XXII _ XXIII - Fig. 14
Es una de las formas previamente identificadas, Tello la llama,
LInOS veces, Fronto-occipital. otras, cabeza de cuña, designación ésta
más e specífica y bastante gráfica, que usó con menos aci e rto para la
larma Proto-Nazca. En rigor el ti po en el Perú es Chavín antes que Ca­
vemos. El nombre Cavernas depende de haberlo identLficado previa­
mente en restos Cavernas y la asociación con este material no solo en
, 1 lugar de Paracas.
Para definir el tipo y sus variantes, nos hemos servido exclusiva­
me nte de cráneos del Museo de Pueblo Libre, provenientes de las Ca­
vernas IV y V de Cerro Colorado en Paracas, cuyos huesos nos fueron
dados por el mismo Tello para su estudio. Los cráneos, todos deforma­
dos y provenientes de las mismas tumbas, constituyen un material ópti­
( e ) El a r?ero Lámina XXXIX, hallazgo de última hora. sugipl"c una
dé' Cuna para el tipo Cavernas. por lo mentlS ('n Sil tl t" l g l' n. En la lar ­
historia ue una (Cultur o, la etiología dl' 1111 el l' .1 , I'I' i"lt'I: ldl'¡n p u­
rlo vtl l·i ur . Lit L' intn . .1 O postc.rit ",.
JLUCI A CUL TURAL
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mo pr¡ / , /
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"lil ll 111 / ' 1f IlJl(¡ 111,. 1/lugéneo. Julio C. Pre tt o f Elo l!zó !l it
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1011 ':3C"¡UI lelos del mismo conjunto, ¡denl¡li eados p OI jr¡ lllor
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FIG. 17 - Comparación de los diagramas de uno
deformación por IIautu tipo Aimara (línea conti­
nuo), Can uno formo puntiagudo, Cabezo largo de
Paracas ( lineo punteado ). El aguzamiento del
casquete puntiagudo no parece ser una simple
consecuencia cuantitativa de la constricción, si­
no resultado de Una manera particular de liar las
amarras del IIautu. El tipo cabeza larga, como
todos los de Paracas, tienen la parte posterior pio­
na. Craneo 13- 179. Cróneo 23678 _ Canta
M. de A. y A.
Jumbot; colect i vas dp Cerro Colorado en Pmocas, llamoda.
r 'relk¡ CCJvPftln::;, p rr lj )Or C'!ul lnrPl l el nI olerl a l bósiro paro describir
¡lltl l r¡ C'nv( I /lIT: ¡'I, 1 'J' 111. ! 'lil r' l roon e l ) I(l B Cavernas d" Ct' rrn Cu
Tdd' di, " 'Id ll , \ ¡¡ i). "j',;' I) 11'" l· 'r\,/tl 1; / \In mliJl ll O C)llJp O ,'tlll íu.l. 1¡.tI
74 PCDRO W E! SS
vez a una misma comunidad, A juzqax por sus esque letos eran de me­
d iana estat ura, de consti tución física no muy robusta, de desarrollo
muscular re lativame nte pobre, se nota un predomínio de la población
femenina y una mortalidad relativamente baja", "Tenían todos los
cráneos artificialmente deformados en el tipo Cuneiforme",
Julio C. Prello midió los esqueletos ( 12 de Cavo IV y V), obtenien­
do por deducción, una tollo media para hombres y mujeres, 153,3 cms,
Ta lla muy baja, inferi or a la del hombre del Pre-ccHámico de Asia y
Culebras que como hemos visto, oscila entre 155 y 158 cm. La capa­
cida d craneana en Cavernas sería dice Pretto, para el sexo masculi­
{l a de 1330 cc y para el femenino 1187 ce, también muy reducida. T. D.
Stewart (58), obtiene de lI esqueletos de Paracas, probablemente mas­
culi nos, con lo iórmula de Pearson, una talla media de 161.8, sin d ar
otra especificación que Paracas, lo que no permite identificar su ma­
teria l con el de Pretto, que fue específicamente de las Cavemos IV y
V. Las medidas de Pora ca s requieren ser revisadas.
En el material oseo de las Cavernas de Cerro Colorado, el ti po Ca­
vemos de cabezo predomino, pero no es exclusivo. Se encuentra mez­
clado ("on varios otros tipos d el sub-grupo Paraco s .
El tipo Caverna s no es único en las tumbas Cavernas de Cerro Co­
lora do, pero parece e l eonspÍcuo del es tilo Cave rnas, con el que se le
encuentra como exclusivo en otros ya cimie ntos Ca verna s fuera de la
península. En el Muse o reqional de Tea, hay cráneos con deformación
Caverna s encontrados en e l mismo Valle de lea, con material Caver­
nas. Meiia Xespes e n Palpa, e ncontró también el ti po Cavernas con
cerá mica Cavernas. Es probable que la intromisión de a iras formas co­
rresponda a una época de la cultura. En algunos y acimientos Chavín
de la Costa s e encuentra tambié n e l ti po Cave rnas, lo mismo ocurre con
Jos cráneos tenidos por Proto-Lima, que figuran en la Lámina XXIV. El
sign ifi cado histórico de estos hechos queda por dilucidar.
El tipo Caverna s es franto-occi pital, con frente corrida y la parte
posterior acha ta da, e n toda su extensión o sólo por e ncima de la pro tt\­
beranda occipital. La qráfica sagital dibuja una media cuña roma . La
frente solo en pocos cosos es completamente chata, como es más fre­
cuente e n el Fronto-occipllal por cuna costeño,
En algunos ca sos e l dispositivo deformador debió baiar por deJc n
te de l o", oj os, porque lo glabela y los eminend crs l:i upbrciliares a par,
cen Clplostadas . Hay e jemplos de la s CaVP rtl Clli IV y V. '"'11 los que Ir '
" ()lll l' IC>:; iól l Jos hllPSO:o p ro f , j'l; el , 11, 1::., 1,1 11 1111"0 1, 1
¡1')/!lOS dL l (l fClf llJ(Ic!' )!:I I 'úJ . ' 1.11 ' \1 .
OOíA CULTl.TRA L
A , e_
arz-
LAM INA XXII - Tipo Ca ve rna. Lo fren te Can-ida y lo po rte !ios1erior " "" JI
'''' ,zan este tipo, que ha s ido llamado tombién cabeza de cuña. Muy ' l' /1'J e jc III, V
n cosos idéntico, o Ir,s Costeños deformados pOr cuno, se distingue, por la ",oy,,, 1"
q , da ri da d, la escoses y moderación de los formas asimétricos, lo que pare' e!! UII 1/ ,.J,
,11) de hobe r <ido forjada pOr aparato cefál ico. Pudo ser un Ilaulu, e Dil roSco do' , dll"
,I,in " la l lsonzo Paracas, lo de la Fig. 10, o una CW'\lta c. l! IÓl lcu,
lo de lo Lom. XXXIX. COnstituye un rasgo Chavi n COSlll"o y Cavernt¡
A - Caverna V M 18 - Museo de A. y A.
B Y O - Coverno V M 23 Mu.s¡;o dG A. y A
e - Ca verna V M 4 2 - Musco de A. y A.
Un ';IJ j ,
:([1<1' 'u IltI
f jnsll fi C:i, 'III! 1.I(lf
'''l.; d J." ,/ , '1. 111 . " jr)
IVI ,JI!''' j'Jt]
pe,, ' cun<1 S, J, 1I ')I ,n, il,
r UJ r
I Itl bi J'JI rdo:,; lu;' llJl 'Y ,::; ("¡ r:CJil Ji
76
PEDRO Wuss

8
1
1'
LAM INA XXIII _ Variantes del tipo Caverna. Los variantes permiten rastrear las
. Iste ma s deformadores usados . Los formas bil a badas C y B se explican bien por la
ci n ta, Lámina IV. En D lo fr ente es plano. El tipa Cavernas es menaS achatado
en sentida antera posterior que e l Palto. CráneOs provenientes de la Caverno V de
de Cerro Col orado - Museo de A. Y A.
neos curvas corno A y B Lámina XXII; los q ue tienen lo frente aplasto­
lo. hos\a la raiz de la nariz. La presencia de a lguna de estas particu ·
laridades o la fa lta de formas a simétricos, confir ma la filiacion Co.ver­
III'1S de lo deformadon en un COl1JUrlto.
11l1\l lu corl , almr.:\·
Jndl, imoü • 1 t i l.IO Cctveroos en los l' Ir
Ipl,:Kn dÉ) ql.1
"I n, l i l km, por perVJnl3CI)] Cl rqlleolócücomenle c;¡ l" llt JI '[ I
n:t)f.OGlA C UL TURA L '77
',.,
LAMINA XX IV - Cráneo Covernos encontr ada con mate rial proto- Lima . El a spcclll
en cuño es muy man ifiesto, lo mi smo que e n los Chavin. Cráneo Li 108 - 23 - Mil
seo de A. y A.
no p resonta esligmas direc tos de la deformacion por llautu, cornú Il ': i
otros tipos.
Lo mejor explicación del ti po y sus variedades lo da la cinl n 1'1, 1
10, ocomodada por Huapayo Manco en la Lámina IV. Queda [lor 11"
terminar si la dnta puede se r tan antigua como el tipo, que es arCCl ll u
Q uizas antes fue el apero de lo Lámina XXXIX, derivado de cuna y III ¡
Jo llautu.
Hay ejemplares del tipo Cavernas muy altos, que e ntran en d
Ilpo Natchez y e n cosos, en los dimensione s incre íbles. En estos la oc·
dón del :lautu parece más evidente.
El ti po Cavernas es anguloso, cuniforme, el Necrópolis curvo o
lar lo menos no tan anguloso, cabe por e sta diferencia una compa rCl­
!""ion con los re spectivos estilos , el Caverna s geométrico, e l Necrópoli G
cun tendencia naturalista.
TIPO NECROPOLIS
XXV - XXVI - Fig. 16 Y B de Lámina XXXI
Lo cdirlidad di ' .' ,:! !l IJO con 0 1 esUl o de l as GrCil ldc>s N(>cl'ópol \¡:
'¡.l prr'(¡f" rCOl 'nll' "1, 1,, i l QVicTrlIEII!lr> rm 11'] pror.; 11("" (1fl1\I ' oJóc,¡ ico loen 1,
"J¡tirl1J>l roo,, ¡ 1" ,Ii I J': I d,) Ju ':CIIY?r. i tr.l Lcímintl r, C:l1l'<.>II¡ w ,f r J ('911 .:11
PEDRO WEISS
s
pero del armador respectivo, entre restos Necrópolis. Se obtuvo con
'gté hallazgo de los doctores YacovleH Y Muelle , una prueba objetiva
e la relación entre época, forma de cabeza y apero: lla utu con roscas
e algodón Paracas, en el frontal Y occipital.
Como en las anteriores determinaciones tipológicas, advertimos el
ca rócter relativo de la especificidad. La forma no es exclusiva del ma­
lerial Necrópolis, ni quizás la predominante, que estadísticamente pue­
de resultar una forma Natchez. En cambio podemos decir que eS la
más característica: En contadísimas colecciones hemos visto cráneos
e l tipo Necrópolis; en realidad en el Perú, solo en el conjunto marca­
do Po, de Chiclín, en que vimos 2. Con los restos Necrópolis se en­
uentra el mayor número y las formas más características.
En el Osario del Museo de A. y A. la s formas más características
de l tipo Necrópolis Lámina XXV y XXVI, son de Paracas y llevan el
numerador 12, marca de Necrópolis. Sólo hay una excepción encua n­
lo al numerador en el ejemplar A Lámina XXV, que tienen escrito Ne­
r:ropolis en la frente y la marca 13/ 200. Referencia doble de las cua­
les, según el personal del Museo, la de Necrópolis es la verdadera. No
le mos encontrado el tipo Necrópolis en los cráneos sacados de las Ca­
vernas de Cerro Colorado.
Los cráneos de lo Lámina XXXI A, B, y D, del sub-grupa Paracas y
Andino Aimora, pertenecen a l conjunto de deformados por llautu
I Museo Chiclin de Trujillo marcados Pa, todos de la misma proce­
Il1tlda y probable mente del Shimu Medio. El B tiene forma Necrópolis
\ D entra en la categoría increíble, dando pie a los increíbles de
l' ru¡illo mencionados por Vi rchow. en cráneos
Forma s Necrópolis, idénticas a las peruanas, vimos
en Mérida,
Mnyos del lvluseo AntropológiCO de Ciudad de MéxiCO y
\Icotan.
Probablemente fue Tello el primero que re lacionó el tipo que des­
cribimos con el estilo Necrópolis, sin embargo, la definición del tipo
Necropolis que da en su obra sobre el origen de las culturas peruanas
1 65) que dice: "Cabeza larga casi cilíndrica del tipo Soytu" enCU(l­
ro con las formas Natchez. Esta confusión en la especificación de los
tipos, en que cayeron algunos investigadores, es consecuencia de la
trtlta de una tipifi cación adecuada.
dr:' l os Frol ' !c '
El tipo Necrópolis cabe en los anchos CClI 1(1
1, dHil rH ohlÍl;u' 1.
y Tabulares. LCl tcha m menciol'l11 lU-¡C1 j, '1111 '
'rllH':' lel ¡" rn ¡'¡L1 dI.' lo C¡dturt l AI( ICCl I11C' f! ( ' 1'l rlIUi. "'- ' . r,ln 'v' I e ¡é1110l1,
•ill CUL-rU RAL 7 .
resull a iI11jl{J;¡liJ l, pi ... Idlere a l tipo Necrópolis, al Nazco o ry a l·
guna vari odau dl. lo delormac!ón por cuna.
Los ejemplares más típicos de la forma Necrópolis son obIíCLlCl S,
aúnque hay también algunos erectos, como se puede apreciar en las
ilustraciones respectivas, Lámina XXV B.
La cabeza Necrópolís es alta y ancha, más achatada en sentido
órttero-posterior que cualquiera otra de Paracas y quizás que cuc.l1quie­
ra a ira por llautu. El aplastamiento posterior en las formas típicos
Jfonuncia sobre el occipital. por debajO del Lambda, Fig. 16.
La frente amplia, desproporcionadamente alto y ancho, nimbada
por los parietales, que lo deformación curva hacia adelante, hace que
la cara se vea pequeño y e l conjunto de la cabeza, mirada de frenle,
lenga una lorma especial, petaloide, en los ejemplares más típicos.
Visto el cráneo Necroc olis desde arriba: Fig. D Lámina XXV la
l1urma superior tiE:ne la tormo de una superficie eHptica. El cráneo D
'::e la Lómina XXVI, de procedencia Necrópoli s, en la ilustración
roce un Pampas, sin e>nbargo, se diferencia del Pampas y Natchez por
1.:t formo elíptica de lo norma supe rior.
En la Fig. 16, se compara por superposición los gráficas de un rró
1160 Necrópolis con uno Ai mara. El perfil Necrópolis dibujó una rnrr',
bola, en los casos más típicos un ovoide. Da carácter a Ir: formn Ir)
der,resión de lo lineo verti cal posterior en la parte media. En In q l ' :1
lico de A y B la Lámina XXV, lo depresión forma una concavidad, iq llr 11
n lo que presenta el [rontal de olros li pos. La concavidad en e l IX'I fi l
del occipital hace prominente e l occipuccio, en for ma que da al COll
Jlmto la figura de una pala.
No menos característ ica ;> del Ilpo Necrópolis, son las lineas de pro
horizontales, como se ve en la misma Fig. 16, fuertemente com­
rimldas en se ntido antero posterior ; realmente como si el cráneo hu­
biese sido ajustado entre tablas. Hipótesis tabula r desechable desdp.
nl lOs pun tos de vista, con los mismos ejemplares.
El lipo Necrópolis presenta ostensibles las huellas de la deformación
r lIautu, particularme nte la cintu ra supramastoidea. ) ,0 frente es siem·
1!fC muy redondeada y la superficie del occipital muy irregulm poro
r comprimido por tablas. No hay cosos bilobados.
ti ' I e jemplo A. de la Lámina XXV, el mós típico, la de forma c ión
)hlicUCl y compromete el conduclo audili va externo, que a porec
do ad,,!ol1l CT CT lt<Í s.
[0111 1(\ 1 11 1" • I lipa N, Inópoll s, l-IQf l o fücw lor de s us
110:11 \".)1" 1;' J ' tl l'" _1r..:J: .. I lf, hl o:.: d -·I"rnlodorf'; ; " lldil'roll
1" '1 CDllt:l d "' r('l ¡l o d i'l/ill'llll,i" y .. b, ·1I0. 1.( 1 j
8f1 P¡;('IHO WElSS
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1=c,
87
,<
LAMINA XXV - Tipo Necrópolis - Cabezo alto y ancho si n ángulos. De corte ho­
rizontal elíptico (ve r DI, mós achatado en sentido antera pesteri or que t odos los otros
letormodos por lIoutu. Lo frente en uno curvo suave, se contínua con los parietales,
' 0<10 e l vertex. El achatamiento posterior en los formas c blícuos la s mós típicos,
fccto el ecci pital y muy pec o () nado les parietales. El e jemplo A, lo forma mós
oblicuo, ti ene e l conducto auditivo externo aplastado por la deformación y el plano
Je foramen magno en direcci ón p.tecoide (pcsitivo). A. C. - 13 - Necrópolis - B. D.
Cementeri o Cabeza Larga, porocos - Museo de A. y A.
!rente alta y " ncho relievaba lo oersonalidad, Lo variedad oblícua, ln
más caracterís tica , "oloca la cabeza tirada hacia a trás , acostada sobru
los hombros, eSlert otipondo uno actitud jactanciosa, muy propia de lot:
que se pavonean de su propia suert e .
Al gunas variedadr-s de Necropolis, r on fr' :?II I') t l plullCJ( j a, ::;0 oc.) ,
p a l Ilpo Nazca, éste no tiem' UJ 1;, .
otro l uornr d, 1111 IlJ''') PC1fI,;,¡ccr,: 1
1AMINA XXVI - Tipo Necrópoli s. C y D culturolmente Necrópolis, tienen la
r'QC'roment e cimbrodo en lo parte medio, signcs de haber sido deformadas por IItlUlll
'le' di slingue de los t ipes Natchez y Cabezo Largo, pCr la curvo de l perfil, y el ochar
11 1I('"ln ant e ra pcster ior mós pronunciado. MorfOlógica mente el tipo Necrópol is es ,, ,
l·""" 01 máxi m:>, definición sin base arqueológico. Formo simila r pudo tener con r"
Opero Shipibo de la Fig. 6.
A _
11-6542 o - Museo de A. y A.
S
'2-6544 Cad. e - Museo de A. v A,
C
448 - 12 - 4203 - Museo d e A. v A.
D
12 - 5494. '
Hornos en el
acápite correspondiente elJ ti po Cnvr-¡ li d .. ,
psI" (fTlgul
qu
so en cuño, c:on la cabezn C' ll rvO
nsambla en nsnn.clr rl¡. lo Jr ljJI ;;
1ilorencia d
Necrópolis. nI!"' 1 'nr- /(I
Ion IllÍr. !rI(J¡. c lIJ lll1 HI y
ser lrC1JCt nd'l ltu , r lJ lI/ljll" 1' 11
"lC/UII' 1,..,
lélli co 011 Jr:¡;¡ 1 's h/ "
I JI :IJHU WELS9
82
Los tipos Cavernas y Necrópolis, por su forma Fronto-OccipitaL
:111 , 1,111 es tudio Osteocultural adecuado, serían tabulares o cabeza pal­
ler.
El a pe ro deformador de la fi g. 6, usado por la tribu Ama zónica
Shipibo, forja una cabeza Necrópolis. Discutir si a pesar de la tablito
r\r' coña s, es un oparoto de bondas, se río un asunto de física. Pero de
lti nguna manera el apero Shipibo puede originor los variontes que pre­
: '. ": 11\0 e l ti po Necrópolis foriado por bondos.
TIPO CABEZA LAHGA
Lámina XXXII Y Fig. 19
Es el molde Aimaro, con lo parte posteri or ochotado. El conjun­
l o de la cabeza tiene lo mismo formo que lo Aimara y el mismo cOS­
quC' te sincipital, más o menos pronunciodo, razón de que haya sido
también llamodo: cabeza puntiogudo, nombre que como en el coso
del Aimora, reservomos paro lo variedad con casquete más pronun­
ciado. Los formas puntiagudas de Ca beza largo, llego
n
a extremos que
[l a hemos visto en el Aimara.
El cráneo de la Fig. 19 Y los de la Lámina XXXII , son ejemplos del
,
l¡ pO Cabezo larga encontrados en Paracas. Lo visión de perfil no per­
wlI.' sin e mbargo diferenciarlos de la formo Aimora. Es únicamente
C'OI I lrJs en mano o en las curvas de proyección horizontaL fig.
j'/, r curvo lnierior), que se aprecia el aplanamiento posterior que dis­
a lo forma Cabeza la rga de la Aimara.
en las fotografías Y diagramas perfilinos resalta el casquete, co­
lllUl I rJ ambos tipos y se ofuzca el a planamiento posterior.
Tanto o más que en el Aimara, no se podría explicar en el tipo
;C lbeza larga, los variaciones casuísticas del casquete, sin suponer una
iklS0 particular de las amarras del llautu. Pudiera interpreta rse la s
11
j, .rmas muy puntiagudas como consecuencia del cierre prematuro de
las suturas sagital o coronal, sino hubiese ejemplos muy puntiagudos,
con las suturas abiertas y otras con casquetes ténues, que las presen­
r
ta n ce
El
rradas.
tipo Cabeza larga, como el Aimara, es ubicuo en el territod ,
cJ rl Tohuantisuyo, aunque parece que sus centros de máxima incide1i
ela, son a iras , quizás costeños . En el molerial rl é rml'lcas es una rk
lab iormaS comunes, probablemente pI ti po ,¡¡11! 1f.1l1 1, ' (In los l d i
t¡ \JOt lroponados de Parocas. No se f E'q lli\'ll 1, II 'n l l' 1 11I¡ Ct-;]lnod611 P( i
1
J'c' n :oI IX;¡A C ULTURI\1. 8:l
ro compre nd0r i..lilIJ 01 <le LlegOI a a establecer estadís ticClmente u.no re lo­
ción entre tipo y trepa nación en Paracas, se hobría logrado uno TS'1e­
rencia ini undi osa de la Osteología cultural.
Todavía no se ha determinado centros puros de Cabeza larga,
puede que no existan. Las formas más puntiagudas las hemos visto
en Paraeas y en Huara z, en el Museo del Padre Soriano Infante. Presu­
minos que provienen de épocas antiguas.
El nombre Cabeza larga es triviaL como otros que hemos propues­
to provisionalmente; no obedece a la forma , sino a la procedencia del
lote de cráneos con que identificamos el tipo. Cabeza larga es un lu­
gar de Paracas, removido por los huaqueros, del que se ha traído en
diversas oportunidades al Museo de A. y A., material, Cavernas y Ne­
crópolis y cráneos de distintas tormos. La cinta de la Fig. 10, fue ha­
llada en e l mismo cementerio.
Por ser deformado con ll autu y roscas de algodón, e l tipo Cabeza
larga prese nta : cintura supra-mastoidea y algunas veces concavidad
medio frontal. En cambio no hemos visto cabeza la rga bilobada. El
surco retrobregmático puede ser más o menos pronun ciado.
VARIEDADES DE CABEZA LARGA
éomo llevamos dicho, cabe una variedad puntiaguda de Cabezu
larga.
También hay formas Cabeza larga con e l perfil de la frente hUl ' ­
ido en una concavidad, como la variedad Tilcara del Aimara.
La limitaci ón cuantitativa de la variedad punti aguda es posible ,
pero nos parece supérflua.
TIPO N A TCHEZ
Láminas XX - XXI y XXXI - Fig. 18
Identificamos este tipo, por su forma, con los cráneos de indi os
Nc:rlchez del Mississipí, reproducidos por Mortan en su Atlas ( 41 ) y co­
l!)<:ido en la literatura Antropológica Universal con e l caJjficotivo da
11mibl es, por lo extremo de su distorsión. Si n considerar la condi cion
; 1m'raíbles , de los ejemplares selecciona dcs por Morton, y de variar,
¡emplaces perUCHIO!1 , l ID ;;o r6c: tm necesari o del ti po. Hny for mos NC. TI·
h....;· qllC 110 11(' T(l 11 n Clxh 'JIWl: ell i ls torsi6n que m e r eZCCTn e l cal1t lca­
I)LDAO \¡Vr:ISS
H¡l
dvo de Increibles. Por esta razón más a delante proponemos un límite
ruantitati vo a la condici ón arbitraria de Increib le.
El tipo peruano, es el ti po Pampas Lámina XIX, con la
ar te postericr aplanada al esti lo Paracas. Es un tipo vertical o lige­
. t;m1ente inclinado, con surco re trobregmático. Lámina XXI. La frente
¡-'.io lchez como la Pampas es vertical, curva e n sentido horizontal.
En la Lámina XX, insertamos tres ejemplos CA B y C), de cráneos
'Nn lchez Increíbles, de personajes de los fardos funerarios de Necró­
,olis. En la visión posterior de, C, se destaca la cintura supramastoi­
leo, sobre los macizos de ombos lados. El cráneo D, es una forma In­
<.: Te íble puntiagurla, que parece una forma exagerada de Cabeza larga.
Lo definición de Te\1o que dice: Cabeza lorga, casi cilíndrica, del
lipa Saylu, está inspirada en la forma de cabeza fr ecuente de los per­
sonajes de los fardos funerarios de Necrópolis y describe e l tipo Natchez.
En la Fig. 18, se compara la grá fi ca de un perfll Increíble con la de
un cráneo normal.
Los cráneos Nat chez para Imbelloni son tabulares. Los peruanos,
del estudio Osteo cultural, resultan forjados por llautu con rosca o al ­
moha dilla de algodón en la parte posterior. En los e jemplares con sur­
co retrobregmáti co muy pronunciado como el de la Lámina XXI, el ape­
ro debió comprender además un rollo coronal como el del a pero Nazca
o", las Lámi nas VII y VIII.
_ l-p. /h 'i'UU. .... -,....._. . .. - ••.
6. 1"/( 1'1.-'" .... ..- l..........
/ / "
l
I

r····
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.-1­
-+
...L
FIG. 18 _ Conjugaci ón eJe 10<; di oqrorT10' .¡" 111'1'1
cQbu a normal (l inea cont inLla) y ''' l O ,·¡" l, 1, · I11
reibl" (Iinco pun t eado) . C(,'1I11" 1' MI'" l' IH
C(ónNl p, p • ?,3 ó84 M ·h A, A
)!1' ITt ,JO\;I/\ CU I. Tl IHAI.
}l [,
L e1 d· Ir¡ ... l oible no es necesario ni exc lus ivrr dól li rIO
Nal.chE'Z. D "'sdl: luego, esta manera de considerar cuonlilo livc.m1t""1de'
el coróc:ler de Increible es tip ológica, en el supuesto de que la IO llllrt
Notchez es un tipo, resultante de una manera especí fica de lo J'Tnn ,
acomodo del ll autu con rosca Paracas.
En algunos cosos, como e l de la Lámina XXI, la distorsi ón lll l1¡ :
clcentuada en la colecci ón peruano, los huesos propios de la nariz Q: ¡
16D aplastados, lo mismo que el relieve supra-orbitrario, indici o de q lll'
las cintas compresoras del llaulu bajaron por dela nte de los ojos, (' (llll
biondo lo forma de la nariz. Fr. Mártin Morua e42) vio en el cor le l
del Inca, cabezas deformados apretados hasta las cejas: "de tal mn
neta que casi les hocen saltar los ojos ". Cuando la compresión actúo
únicamente sobre la frente alta, el relieve supra-orbitario parece e xC!
gerado.
Las for mas Natchez menos deforma das se confunden con el li l
Cavernas.
A fin de establecer algún límite numérico aproximado, a la c01lC1i
ción de Increíble, separamos a la vista, entre los cráneos de Pa rClL'(I!
del tipo Natchez, los que destacaban más por lo exagerado de st l d
formación, obteniendo así 10 ejemplares, que fueron medidos par
Cas tro y calculados estadísticamente por la Dra. María Gómez y ('id
derón de la Cátedra de An lropología.
Las cdras obtenidas fueron las siguientes: Diámetro an ,
dor máximo 148 Ds. 0.8 e14.0-156); diómetro laleral 128, DS. 0.8 l. 1" I
J37) altura Basión Bregma 150 DS. 0. 7 e143-157); Bas ion ve r le x Ir,R
DS. 0.8 ( 160- 176 ).
Lo más característico de los índices e s el aumento de la a ltura eOl1
detrimento de los diéunetros transversales. La desviación standard n
0.8 -, 0.7, muy amplia, podría hacer dudar de la unidad de grupo, pero
nepende de la variación en los puntos de referencia de un 9Jemp lm
n otro en los cosos de defor mación a centuada.
La forma Natchez Increíble, se pronuncia osi e n dimensiones por
TlC'lma de 160 mms. d e diámetro Basión-Vertex.
Cabezos Altas, Cabezas Largas. Colleza en Torre, como los hlln
suelen lIamorlas, las Ncrlchez debieron G8r un dist in li vo l intel
y d.n ni'1guno manara 1m ti po popular, n i tamroco unn ,'xprnol" 11
k (-pr; 'ns 'lélslcna.
El , inol 1'1 10rl11i rlqri ¡ Id
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FIG. 19 _ Dibujo de un cráneo del tipo poro·
quense, Cabezo largo. El aplanamiento pos·
terior ia d iferencian del tipo Tilcaro Que es
amJl or. Cráneo 13 / 77 m. 56. Museo de A. Y
A. Dibujo de Huopayo Manca.
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FI G. 20 ._ Conjugación de diagramas do er6·
tl COS de ParoCaS de tipO Natchez Ine.cibl t.: ·. FI -k
la Il neos punt eada s ti ene n 'l.Ir(".CJ r' " ,. , .1" eflrT!,'¡lICi'
occnluad
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. e rónoo 12. 179. e ' i""'" 1·\ 2, A
Co" M. de A. y A
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lI:c.lI.O(;I1< L ULTUilAl ,
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FIG. 21 - Diagramas del perfil de tres crón eos ele Po·
roca s - Lo línea contínuo corresponde a un cráneo Nat­
chez Increíbl e, las líneas interrL,mpida y punteada o crá·
neos Cabeza La rga. Lo punteada es un ejempl o nítido
de variedad puntiagudo. Se enti ende que la denomino·
ción Parocos poro el grupo, na significa procedenc ia ex·
elusivo de época ni lugar. e róneo 13-606. Cráneo
12·9110. Cráneo Cov. VA M. de A. y A.
pIares litografiados en la obra de Mortón, revela una manera dis!ll ¡J I ¡
a 10 nuestra de comprender el problema.
Antes de conocerse el material de Paracas, los cráneos Na tchez
lUe entraban en la categoría de Increíbles eran contadísimos. 1mb€' ­
Il onl que hizo una revisión universal de éllos, dice : "Los cráneos Natche
sumamente escasos". "En su comentada Cranea Americana, Mor­
t, 'm hobla de siete piezas, pero de éstos sólo dos fueron directamente
ludiadas por é l. mientras que las otras cinco dice haber sido inlor­
nodo del descubrimiento" . "A estas hay que agregar otra, descrito
rm Vtrch ow procedente de Viskoburg (en e l antiguo territorio Nat­
y', "La extrema rareza de ejemplares induió al último autor a pre­
fltm como símil de los Natchez Tncreíbles una pieza procedente de Tru­
íllo ! Perú); pero ni é sta ni la otra Vickoburg son compcrrables a los Mor­
l."" 11 [ 1' 1 de las cuales sobre todo, constHuye e l ejemplo más notable dr-J
I 11 illnclón Tabll lar Crl'wta"
L" e x\(;II, ¡H ¡el d, ralle ,)p N C't ld lF'Z l nc: r<)íbk¡!; (!]¡ laa f'; 1J\l ll r n!: Alll i ·
1;11 lfIll ;llodo" L()s do flW': ;II'J l.(!
PU)HO WLlSS
nlilJ O XXXI. son deJormados por Ilautu de esa procedencia y el B y D
r, nreCf'Tío que alcanzan la condici.ón de Increíbles, el D parece uno
forma Natchez. En la cerámica Shimu y Mochica figura n también de­
fOltuaciones altas exageradas, a sociadas a determinados moti vos fi-
I UToti vos.
El de cráneos Na tche z Increíbles que pueda ha ber en el
""rú, se sabrá cuando se haga una esta dística general de los tiptl s.
11 seguridad sobrepasan en mucho los conocidos en ti empos dE: Mor­
lón. En e l material de Paracas nos fue fácil separar 10.
No siendo la condición de Increíble una especifi cación ti pológica,
su significado puede ser social , pero no cultural. Probablemente un ca­
rácter de época como lo hemos insinuado. De ninguna manera una
fo rma popul a r.
La cabeza del personaje Maya de la Fig . 3, ostenta una deforma­
'ión aparentemente increíble .
TIPO NAZCA
Figs. 7 1:3 -- Láminas II - VII - VIII Y XXVII
La cabeza con frente plana y occipital redondeado es uno de los
TOOgOS de la Cultura Na zca Ostensible en la Osteología y la cerámica
An lr c pologica. Por la arqueología sabe mos que era modela da, Lámi­
WJ II y VlIl, mediante lla utu con a lmohadilla fr onta l.
S, usó en Nazca los mismos elementos para deformar que en Po­
I Ir¡¡¡, con la diferencia que en Na zca se aplanaba la frente y en Po­
I [ r'(I ; ' la parte pos terior de la ca beza . En Na zca, por lo que sabemos ,
:rl Cl rlI pleó a lmonadillas de a lgodón, en Paracas roscas de una estr uc-·
Illr"{r 'speciaJ, Lámina V. Hay cráneos Paracas Na zca como los de las
Lc'lI11 lnas Il y X. Están siempre en mi noría .
Por los sistemas de defor mación cefál ica, Na zca pertenece al gru­
po Paracas y ambos tienen su raíces en los sistemas Andinos. El mé­
¡ ita de este dato es independiente de los que se pueda obtener en el
mis mo sentido, por o tros elementos de la arqueología.
La a lmohadilla en forma de corazón, Lámina VII g y h, sostenido
como entre horcajadas por la rosca c y f. como se ve 9n A y B, Lámi­
un VIII, nos da la mejor explicación de la frentA NClzc(l .
La misma frente plana, cub ierta por uno vi rqQl;r r I lk lC'O si lld lCl li crr
rc::nltn on e l cerámi co fiq. A. LáminCi XXVI!.
C ULTUl1J\!
fill
ElJ 11'1 11¡( >l l l i n N CT2C:Cl de la Lámina JI , la a lmohe-¡dill o Irotl to l 111 0 ;;
vrcrndc preSiono hasta por encima del Bregma, además hay o lrn
mohadilla pos terior que aplana el occipital, dando, flg. S, una tormíl 1'r, I ­
lOcos-Nazca. Cráneo parecido a l Necrópolis con la diferencio quo ¿-,,_
te no tiene la frente p lana, probablemente porqUe no se usó almohn.
illas sino rOScas de algodón para deformarlo.
El cráneo Nazca vis to aisladamente puede dar la impresión d
ue sólo tiene deformada la fren te . Si se le compara con cabezos n Or.
males se aprecia, sin embargo, q ue la distorsión afecta toda la cojo
craneana. El eje de la forma es más largo e incli nado, la curva pos lQ
rior esta disminuida. El grado de inclinación varía de un caso a aIr o.
Por la visión de perfil se aprecia, Lámina XXVII , q ue a lgunas V 0 ­
ces la compresión frontal era alta, Fig. B; otras comprometía las emi­
nencias frontales y aún, en casos, ligeramente los huesos propios de'
la nariz, caso D. Algunos cráneos presenta n lige ra concavidad del J 'rol l '
fil frontal. como el de la Lámina X. En éste, el surco retro-bregmáti ccJ
pronunciado, sugiere que se usase la rosca de la Lámina VIII.
La cabeza Na zca es siempre regular. No presenta asimetr ía (Plu
yiocefalia). Nunca la hemos vis to bilobada. En algunos casos Itrll
cintura supra-mastoidea, con cavidad medio fr ontal muy modeuIlj, I
saliente a nti bregmáti cq.
Para identificar el ti po Na zca, hicimos una revisión de colccc i'jJi,
del Sur del Perú: lca, Palpa, Na zca, en el te rritorio de las An lilfl lrl
cul turas Ca vernas, Necrópolis, Chincha, Chanca, y Nazca. Sobre I,)(j"
lue para nosotros instructiva la ' colección de cráneos del Museo
nal de lea, que aunque no muy numerosa, consta en su mayor por ti:' ,
como el mismo material arq ueológico, de productos Na zca. Tambiéli
revisamos la colecci ón del Dr. Pedro Tell o, de Palpa.
En el Museo de lca, donde el Sr. Pezzia nos ofreció toda clase
jOcilidades, p udimos examinar 51 cráneos, con referencias arqueoló.
c¡jcas, haciendo la siguiente discriminación tipológica :
Tipo Na zca
. . . . ... . . . . . .. ... . 23
Mixto
. . . ... . .. . ........ "
3
Caverna .. . .. .. . _ .. . _ ... .
4
Costa ... . ... ........ _'"
7
Dudoso
.. . . . . ...... . . . . .
2
No deforma dos . . ... . .. .. ... . . 12
[ / ti. il'l NClZ" f! I{I
pn:'domiIlCln"". TI cOIIC"Old'TliC'l J rull I. J 111<11,'
rie l! eI, ·1 Mllil(" 1"r:
Ilpo NozcíI hl'"Tbkrn :;ido IWOI III I1<1'. I1.; ,'lHl
PEDRO WElSS
("¡ ti
" '


\ AM II ,JA XXVII _ Tipo Nazco - Lo fr e nte plano constituye un rasgo de lo cult uro
f lUIr ,l , reconoc ibl e en lo Osteologio Y lo cerámico Antropomórfico. En Por ocos se
IIpl"n" bo lo porte post er,or de lo cabezo, en Nazco, lo frente. El instrumento poro
"11""'0' lo fr ente: uno almohadillo e n formo de corozán, lo ccnccemcs por lo orquea­
1' " 1''' Nozco: Lámina II y VIII. El dios mol o A, re marco lo forma de SLl fr ente , con
un disco orna mental Choto.
A Huaco Na zco de l MLiseo de A v A
B 205 o Na zco - Museo de A v A.
C 10-4595 - Chirill o Na zco - Museo de? A. V A
D M. 581 Museo de A " A
c: rcimico 110 Jesa·
I wt llJri ol Nazca epigona1, mdicio de que este estilo
(l. ,t, flil Oción.
tajó, por lo menos, completa mente la moda loco! d
rial Cel
Los r r611cos Cavemos habian sido
VPl l l ll :: y 108 11. ' dr>!ol'lnados e n su mayul
Ofi'l' I J II.Uc.I A Cu L T UT'!I\.L

Por k) U/lO de los cráneos de la Lámina 21 de l trnbalo dI'
Kroebe r y S\rong ( Unic. California Pub. Amer. Arch. and Ethnol. Vul.
21 ) , presentado como posiblemente proto Chincha es del ti po que !lo­
mamos Nazca.
El tipo Nazca probablemente no es el exclusivo de la cultura . •
VARIEDAD OCUCAJE
Con materlal Ocucaie se encuentra una variante muy unilof'll!( "
del tipo Nazca, más a lta y más cilíndrica. En Gl Museo de A y A hoy
dos cráneos y una cabeza trofeo de ésta variedad.
TIPOS FORJADOS POR SISTEMAS ESPECIALES
Has ta aquí hemos descrito los tipos que se puede explicar pOI
la s cunas deformadoras y el llautu, a continuaclOn d8scrlbimos aqu
Ilos que no parecen foriados por esos sistemas, sino más bien por otros,
conocidos también por la arqueología .
TIPO HUARA
(Cañete Medio de Kroeber, )
Lámina XXVIII XXIX Y XXXIII A.
Esta forma , la más diferenciada de las que se usaron en el t' eru,
Ue identificada tipológicamente por Kroeber en cráneos del período
Medio de Cañete, encontrados en Cerro del Oro. del mismo lugar. Kroe­
ber, como veremos, imaginó un dispositivo deformador con las mismas
mea s de presión que el de la Lámina m.
En el material del Museo, además de los cráneos marcados Cerro
l el Oro Cañete, que son los mismos que sirvieron a Kroeber para su
descripción, hemos encontrado el tipo en cráneos marcados Nazca co­
113ccLonados por Uhl e, en marcas de Huara del Chancay, y de Ancón,
'11 cráneos de Maka-tambu y Maranga en el Valle de Lima. Del ma­
I('rlal que hemos estudiado se deduce que es un rasgo Huc1Ta, de Tello
l:(1I'1onal de Uhl e. En Nazca se le ha encontrado con mo ta rial Cha nca
Il ukona tCl rdios.
Copiamo:.l '_1 ': '_JrHlllll flC ¡011 la descripci¿' 1 do Krol1bl' f q w' id"' l il if¡ ­
': 1 1";1! IFI( lI1ITl I) ll !O 01 til \ Y 11j ' Itéc! ¡o sc,br,' 903 UÚlll, ):! ,j,·1 PjJI k¡c! o M(' ·
'l¿
¡;T)RCI WF'.lSS
dit" medidos junto con otros del Pe rlado posterior por el Dr. W. D. Ha m­
bJey del f ield Museum, Dice Kroeber : "es cloro que en conjunto la
d '[ormación resulta menos en el acortamiento de los crá neos que en
bacerlos más bajos ( medida basion-bregma)". "El vol umen ha si do
armado por un aumento notable del ancho en la región posterior de
los parietales", "Evidentemente la presión frontal, no era tanto ante­
ra posterior, como hacía abajo, sobre lodo el hueso fr ontal y /01 vez más
olla del bregma, la expansión correspondiente ocurría bien hacia la
norte posterior del cráneo, pero lateralmente, debido sin duda a una
colcha dura detrá s de la cabeza, La s cabezas estan por consiguiente
primariamente aplanadas, con la frente hui diza . En la terminología
loco1 son designadas acert ada mente chala ( na!)", (33) ,
Define Kroeber no solo la forma de terminando los caracteres que
lu identifican : baja, aplastado, con fre nte huidi za, lóbulos parietales
prominentes; sino que también prevee parles del dispositivo deforma­
dor: "el que debió actuar sobre e l front a l y tal vez más atrá s del breg­
ma " y "tener qui zás una colchadura d atrás de la cabeza", condic1o­
nes que se presentan en e l apero que hacemos conocer en las Figs,
A. y B Lámin a I1I,
Lo for ma de la frente no es constante en el lipa : en casos es plana ,
en ca sos suavemen te convexa ó a ún concava , En la variedad Chaneo
es Na zca, Con el apero de la Lá mina III A y B, caben todas las varie­
como función de la amarra de la frente que puede ser uno so­
lO O uno cinta , a pre tada directamente sobre la piel o a través de uno
ltTlohoru!
El a spec to pitecoide que confiere e sta deformación se a precia de
/[1(1'; de un la do, En la Fig, A de la Lá mina XXVIII , se ve la frente cCf­
nldrr. El á ngulo for mado por el plano de Foramen Magnum con la ho­
rIzclIllal Orbita Auricular, suele ser también positi vo como en los simios,
Unit'amente las grandes lobulaciones parietales posteri ores Fig, C. Lá­
¡ r¡ ¡I ¡O XXVIII , conservan sus dimensiones humanas.
La normo posterior vista en conj unto Lámino XXVIII Fig. B, tiene
I,T formo de un cono tr uncado, invertido, de base muy a ncha , La nor­
mo ver tical (vista de arriba), es circular o triangul ar de base poste­
ri or, llega ndo e n casos a pa recer una boina vasca, con la pa r ti cul ari­
dnd que el Lambda y la sulura lambdoidea ocupan en la cara supe­
rior , igual espacio que lo Corona l del lado opue sto,
.,.,"1.
La bilobulac; ión no es carácter constante, ::;ól ¡ , d, 11 1m ',j
li I I ,¡,esen to ll , síendo en casos como se crprPr 1rl e l ' In 1'i<;J. • dR In tú­
m imr XVIII , r.l ('- li l ' lnda ,
nil ll r ¡l.ríCHA CUl.TUHl\ l

14-jC­
J'J/
"",, ' .,
LAMINA XXVIII - Tipo Huoro - (Coñet e Medi al - Cabeza Chata a planada de arribo
O a ba ja, en al gunos ca ses b il obada , Se encuentra con material Tiahuanaco cost e,;o,
Kroeber la ident ific ó en el estrat o Medio de Cerro de Oro en Cañete, Se explica bi en
por el apero deformador, Fi gs. 8 y 9, Lcimina III A y B. El cróneo Chanca, mor­
fológi camente es una vari edad del Huara , La Cabeza bil obada de la cerómica Negra
v Chancay puede referir se al ti po Huara bil obado,
22
A - Cementer io NE, Momia 10 C. del Oro
102
B - Anc ón,
22
C - A NE 'Ca net e Cerro del Or o
17
1) _ ., Ar ,r""
·1 1 1' "IfI"IJ, ,1.,1 MIj ',, ·, d,· A , y A
r" l:ilHú W r::rSS
t AMINA XXIX _
t qlu Hua ura C. La ¡rente hui diza Y el occi pucci a (colodrill o), pun­
I I I"J U , le dá al huara un a specto pitecoide . El plano del oguje­
wdO
' " mogno puede tambi é n, en a lgunos cosos extr emos, ser posit ivo.
AIJOI" una venus Chanca, luce la forma t ípica de cabeza de la s
'KlJ ll ura s de lo época , q uizás una estili z aci ón del tiDO Chanca de
doforma ci ón cefá li ca , vori edad de l huara . Esta figura de mu jer
I L.,l nc ca ra cteres de di st i"tas edades: manos Y pie rna s ele bebe, pe­
c hu da impube r, ca de ras y vientr e de muj er a dulta. La rara vero­
"" ili tud de ca da uno de estos ra sgos, sugiere que el molde de ca ­
bezo seo int enci onal Y no uno ma nero fácil de rematar el trabaj o,
cómo pod ri a pensarse por la simpli cidad de lo forma . Al gunos es­
cul t uras Chancay t ienen igual forma de cabezo que la cha nca .
A ( ráneo normal Centr o And ino - YauyoS. Musco de A. y A.
( _. T ipo Huaura - Ancón. M. de A. y A.
IJl l l'¡ ;! 110 iC1S de lo.
N in ';II'11 1 otro l i !J0 a cere'J m as C1 las I·C ,.i;, /.<1, .
I 11 11<1 11 1\1 . (:( 111 :; 11.
5 11 i n ll l y hlrl ll c":o 'lri!'l Cl¡(flH ' y, . lI i
Ir T '1\' Il · 1 d Ifl l.".1dllt.
Visión lateral de un crá neo normal A Y uno del
A CULTURAL 9'1
Er l lo C,' I .jmico Chancay, los pé rsonaies con cabe zc¡s bil obuladas
y pun tiagudas, pOlecen más seres fabulosos que reales. Cuelgan por
una preti na de la espalda de gigante ó fi guran en la parte a lta de cá n­
laros ovoides en espacios sobre olos y aves mari nas.
VARIEDAD CHANCA
Se refiere esta variedCJd a la forma de a lgunos cráneo (hemos vis­
to 5, 2 de mujer y 3 de niños) , encontrados con ma teriales Chanca
tardio y Rukana tardio. Marcados con el numerador uno y que se dis­
tingue n por tener molde Hucwra y la fr ente pla na a la usanza Na zca.
No son deformaciones a centuadas y en túdos los casos el molde de
Hua uro es menos ancho que en los ti pos y sin las lobula ciones parie­
tales promi nentes . Mlrando los crá neos de la variedad Cha nca por
su coro inferior La mina XXXIII Fig. e, se aprecia la dHerencia. En esta
lámina , el caso A, es un Huaura; el C lo variante Cha nca .
Es obvio el tnte es de confirmar la exisl enci a de un ti po de cabe­
zo Chanca y sus posibles relaciones con el Huaura. Te llo re conoció
diferencJa e ntTe la forma de cab eza Nazca y la Chanca, Quizás a la
vista de los mismos crá neos que nos sirven de patrones, definió el ti­
po Cha nca di ciendo : "cabezo de forma da en sentido á ntefo posterior,
a di1erencia de l tipo Na zca por presión fronta l y vendaj e" .
TIPO PALTA
LAMINA XXX
Aunque de estcr forma no tenemos sino un e jemplo típico, el de la
Ilus tración, nos parece le, suficientemente difere nciada para proponer
Ul1 nuevo tipo.
f orma regular, slll1élrl ca, bilobada, más apla stada en sentido a n­
que nJnguno otr a, con lo parte posteri or piana en toda
:;u e xtensión, aparentemente moldeada p or uno. supe rfici e pla na gran­
de. La fren te Jjgeramen te compri mida.
No conoce mos otro cráneo peruano, más definidamente tabular
JX I su forma, ni conloITnidad de plastica a molde má s sugestiva que la
este rrá neo con el apero de las Figs. 1 y 2. La g ra n ta bla, que com­
rime la J ,ar l .., pmltr;nior la cabeza, la rinl.o grueso sobre la frente y
I< t f ,r lill 1 r;ir¡vo de Jo bllobll lactón , son portes visib le s del apa ­
11·, ( ij \'(l aj 'l ll lo .;()k, uc:tdrícr 1')(111 11101 LIlI(T form a semej anle
96 Pr:oHO W EISS
iomplos del tipo que describimos pueden encontrarse qUlzas con­
flmdidas con las formas fr onto occipita l por cuna. La discri minación
stadística no sería posible, pero si por lo menos separar otros casos
Ilpicos.
El nombre Po Ita, no es ni más ni menos provisional que los otros
r¡ue proponemos, pese a que consideramos bastante sugestiva la hi­
¡-lótesis de una relación entre la histori a y la forma . Rebeca Carrión (lO),
¡dRrtlili có por razones geográficas, culturales y el carácter tablado del
:.:i s tema, el apero de los niños de los cerámicos Fig. 1 Y 2, con la defor­
mación de los indios Palta, descrita por Garcilaso. Nuestro cráneo, tam­
bien del litoral Nor te, parece moldeado por el mismo aparato y coinci­
con la forma de cabeza que se daban, según el mismo Garcilaso,
los Indios de las Naciones Palta, Cañaris y Manta ( territorios de los
cl uales departamentos de Lambayeque. Piur Cl, Tumbes hasta el Ecua ­
Jor, por el litoral ). Copiamos a continuaci ón la descripción de Garci­
laso, que parece hecha con nuestro cráneo en mano : "poníanles una
la b lill a en la frente y otra en e l colodrillo y se les apretaban de día en
ía, hasta que e ran de cuatro a cinco años". "paro que la cabeza que­
Sse ancho de un lado al otro y angosta de lo fre nte al colodrillo y
110 conte nto de darles el anchura que habían podido, trasquilaron el
110 q ue hoy en lo mollero corona y colodrillo y dexavan los de los
y a quellos cabellos tampoco havian de andar peinados, ni asen­
clot;, ;Ul0 crespos y levantados, para aumentar la monstruosidad de
111 10:;lros" Agregando más adelante: "Cabecas feissimas y assí por
¡J I l!:lIO 11 cualquier indio que te nía la trente más ancha que lo ord ina-
I le- ,1 cogote llano, le dezia Paltauma, que es Cabeza de palta".
In descripción de Garcilaso, que parece un párrafo dedicado
1 11: 1 Oaleología Cultural. se infiere, que los indios Palta y Manta usa­
bC1I1 Ima deformación prop ia de cabeza, carIán dose el pelo y peinán­
r.lQ!:1. de maneta de acentuarla y hacerla más ostensible. Prueba de
il jl l ::le ostentaba con orgullo, como una divisa, que se procuraba fue­
trJ ¡ t1conocida por todos.
Se inilere tamb ién del escrito, que era uno forma distinta a la de
Jos otros indios de la Costa. De otra manera no habrí a hecho mención
¡ e lla Garcilaso, como un carácter particular de los indios Palta. No
ar.:. c:uncibe que Paltaurna se tuviese por oprobio, a indnn1flS como: " CCl ­
fe issima" , de hober sido la deformacion POI '.' 11 11'1, Irnrlici otlCll
j (( Coslo y IDllcho me nos de hnber SIdo e l ti po I rl[" r:;ü:' I"TI\j qlH' s
1rUJIC'lIJÓ t' ll Jo Cos lr:l duronte In dOl1lillO...:i ÓlL 11 il'1 1, como !III ¡ I' ICI( el , 'S(l
, ' 'j' I I:GI ))GÍA C UISURAl.
1)'/
.
...
",·--........'''':·'r'''--­ -­
LAMINA XXX - Tipo Polta - Cróneo si­
métrico, muy a cha tado en senti do antera
posterior y bil obado. Parece un molde ta ­
bula r, expli cabl e por un apa ra to cefó li ca,
como el de los huacos de las Figs. I y 1, .
Según la desc ri pc ión de Garci lazo los indios
Pa lta y Ma nta usa ban una deformación se­
me ja nte, dejá ndose crecer e l pelo o los Io­
dos de lo ca be zo, p a ro hacer lo monstruo­
sidad mós ostensible.
16924
- Huaco de Coa Vie jo Chi cama
L B
Museo de A. V A. J. Bird .
IlJ lura , llegando (1 h
<"erSe casi universal 8h el litoral. en la
llíós IJorpcif' nt
época
del [ IlCCI/lqto. en el pen odo Pre-pspaúol.
s muy ¡ I ( ,babl(> ( 11I':! Ox isli\,'sl I.UJ lil'o pnrt kll ll1 r
C'Cl lJPzn Po 1 ,r¡
l'l
l.lor lo q llO di"o G:''lr(.tltrr;lJ,
" br '1 tenido In ¡1l1!1111t1 l úl 111' 1 nl l
IHl
Pl.;llHO Wnss

I AM II-lA XXXI _ Def ormaci ones por Ila utu encont radas en el lit oral norte, en Tru­
¡di .;, 1" lJbal,l cmente rastros de influencia s Andinos. Encontrados con material Moshi­
, " . ,',' rt'sponden o tipos de deformación por Ilautu, con almohadillas o ro·scas de 01­
11' 1" '-'1' , en el subtipo que llamamos Paraca s. B. es tipo Necr ópoli s, C. Caver ­
'"'''' D, Cabeza Largo . En el huaco Neg ro A, Tallan la forma de cabezo y la Ilomo
son ra sgos andinos.
A Huoco Tallan del Museo de A. Y A
B. C. D. _ Cróneos morcados Po - Mu,ca Chiclin ,
,revia indlsoensabl
d
,1 rónf"O encontrado por r,
,hjCI! VClI c>:; ICl hip6t
'rtJIII condic' ¡-)n
, JI
;íA C ULTUHiL

B/P
LAMINA XXXII - Tipo Cabezo largo . Ej en-.plos encontrados en Paraca s. Este ti­
po es lo formo tabul a r del Aimaró - En los restos Ti ahuanaco se encuentro mezcla­
dos los dos ti pes Aimaró y Cabeza Largo, en Paracas sólo este último. Lo var iedad
untiagudo parece corresponder a la cabezo de mortero menci onada par los cronistas
Lo figurita Cavernas del centro ostento uno defor mac ión semejante.
A Y C - P 4 2 - Cabeza Lar go Caracas - Museo de A. y A.
B - PL 23677 - Porocos - Museo de A y A
D - 12 - 9110 - Poracas - Museo de A. y A.
Presumiblemente .os conj untos de cráneos d
Ir. I ¡;egunda época. "T la Cosla Norte, conti enen c ráneos Pal tCl, í'n
¡Jorren loiCfl y 1", IrJr1T1I'"J ;nel1OS defi rlÍda el de J. Bi rd. Q I1!­
'Ir. tlr ,p, (':Lm dOlorrnocl'lf r<':o nr.el¡[IJndr, l. La l. i1 f"l !),!Ir tr'l/'[J
Itill) il W p il O' !' rvl , P(I! e, ,
11111
1' EDRO WL IS.
4-
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1:
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I,AM II l A XXXIII - La vlSl on de la cara inferior es útil pa ra diagnosti car algunos t ipos.
A T I ¡')M Huara, Ancón - El mi smo cróneo aparec e en D. Lá mina XXVIII.
11
e
l i[Jo A;mará - Museo de A. y A.
VClflcdad Chanca del Huara - 581 a - 256 - Musco de A. y A.
I l
1
I 1 108- ¡ 8.
'1'1' (l Opa - 2 _ El mismo cráneo apar ece en A y D. Lámina XVII.
r " ,n tCJ Occipital Cost eño. El mi smo cráneo apar ece en C. L.ámina XI.
APENDICE
Aunque la índole de nuestro trabajo es objetiva y local. en senti­
rle, da referirse a los sistemas deformadores y moldes de plásticas ce­
Ir'dicos de las antiguas gentes del Perú exponiéndolos de la meior ma­
rl,"'ro para que puedan ser fácil mente reconocidos por los arqueólogos
IDO WSg os d ilere ncia les de las culturas, hemos Cf",í io Clpor tl .tno agre­
11, "'11 colidod de agenda, un breve cornenlnri o :101 1" lo "ld'1t1SIOn en
I MUl lClo Otlli quo y octua! de lo cosl u rnhrC' 1. 1, . 1, i1lf111(H ; !; IJi) po: ti
i , 1> ,,; u ri"nli 9::1; rr n 1("1$ ("TU" 1j,;:I/3(¡li ( IJ 11 l ' fj lc:llld o " t ,):,.
¡: 1:;n :¡ )I .OG1A C l JLTURAL 1111
OSpElC't<:J9 J " I ¡.... ma, Jo lec tura del librito de A. Dembu y ). Imbelloll¡ ( I J )
proboblemente el má s completo sobre deformaciones intGnciona les dl"" J
cuerpo humano.
Agregamos tambi én dos acápites, uno relerente o las prácli cos
deformadoras en el Incanato, otro en la Cultura Tiahuanaco.
La intención declarada del trabajo explica que coloquemos al li ­
nal temas generales que en la e structura clósica ocupariun la primera
p errte.
EXTENSI ON EN EL MUNDO, ORIGEN Y MOVILES DE LAS
PRACTICAS DE DEFORMACION CEF ALlCA
La costumbre de deformarse la cabeza corre pareja en cuanto a
oxtensión en el Mundo y antiguedad, con otras prácticas cefálicas, que
también en el Perú alcanzaron gran difusi ón. Sólo la cost umbre poco
altruista, de romper los huesos de la base del cráneo para comerse lo:"
sesos, que con la de embadurnar los cadáveres con rojo bermell ón,
vienen del paleolítico superior, son más antiguas.
Se ha encontrado cráneos ortiÍicialmente deformados en
óseos de los cinco Con tinentes. Se practicó la deformación lo mi S ll lf J
que la trepanación en el Neolítico europeo. El uso de cunas delo l fli' I
doras se difundió en la Costa peruana, antes que la cerámica,
Cráneos deformados figuran en obras de arte del Antiguo Eg il' ¡"
y del An ti guo Imperio Maya. Atil a, en una medalla de su época, os le ll
la una cabeza deformada, muy parecida a las deformaciones por ll au
tu de Tiahuanaco y a la de cráneos de los Unos A'loros.
En la Pre-historio, estuvo lo cost umbre de deformarse tan dHundido
en Europa como en América, persistiendo en la actualidad en Francia,
en la región de Tolusa y en América entre algunas tribus Amazóni­
cos.
Se le ha encontrado en restos de Antiguos Germanos, en tumba s
de la Epoca Romana, en restos Burgundias ( Avaros ) . En Austria in­
ierior, Hungría, Suiza, Italia, Inglaterra, en la Crimea, en el Cáucaso.
En Asi a Menor, en e l Trascáucaso, en Armenia entre los Kurdos y
Juruks. En AfricCl Central entre los Mombutu y en la India.
Se ha descrito una á rea de deformoción en Oceanía : en Nuevo
Bnlónio, Nueva Colpd..:mía, Nuevas Hebridas, con pxlens ion Cl Itldo l1 '
(Celabes, Bc. n111 U, M'rl cl nnClOJ ,
Quud '¡ il n: ' r if IU' · 1111 ,' 1, el j::¡jr;, 1-l¡ r'Ó'; 1CI 11:.' :¡ 11 1', 11 librn "[1,., \:ji'
I U .':.; 1" 1\'1'1 ' 1. Y ¡ \. In ", 1) ' ¡l ller 'IHlClyO d, 1: . '1) 1"' 1;" Mi·dl , '(I , ] 1(0
PILlRO W ErS:'i
ID •.
l ll y. I ttl ncrl pil e sobre los de formadores que hobitabon en los a rillos
1, I Mn l Negro. en e l tenHono de la octual Crímeo, o los que por su::
,b.,zlIt, deformes les llamo Mocrocéphalos. Copiamos íntegra lo des­
111" 1011 do H¡pócrot(JS, por ser referencia bibliográfi co más antiguo y
' 111 l C !: ll lTI81'1 odmiroble di21 lema; aunque los hechos no hayan conf; r­
u.: los tormos artificiales se fi jasen en la descendencia, come
l. ír l ·1 PC1dre de lo Medicina,( 47 ).
"DC"lcmdo de lado, escribe Hipócrales, los pueblos que difieren po-
I , lI i l o e llos, me contento con señalar las desemejanzas considera bk2,
1-' 1'; .. Iuddas, sea por la naturaleza, sea por las costumbres. Comenzaré
IX; 1 IIJ!; Macrocéphalos, que ninguna otra nación tiene las cabezas con­
leH¡l lrtdos como éllos. En un comienzo la costumbre era la única cau­
llO , 1 ,1 nlargamiento de las cabezas, pero hoy día la nat uraleza a yuda
¡J ll liO. Esta costumbre proviene de la idea de nobleza que despiertan
10 : cnbezo s largas. He aquí la descripci ón de sus prácticas: "Desde
!f l l! ' ,.., 1 rJi ño na ce y en. tanto que el cuerpo crece, la cabeza conserva su
h lnmlllrl"f , se le moldea con las manos y se le obliga a alargarse por
111. 110 de vondajes y máquinas convenientes que alterando la forma es­
Mt j,;u rt umenta Jo oltura. En UD comienzo el uso operaba de fuerza el
Ilnbio de forma, pero con el tiempo el camb io se ha hecho natural y
Ir:I de l uso innecesaria . .. "
Ii nll c1 0 Hípócrates escribía, era ya mi lenaria la moda de defor­
,11 lodo del Mundo, luciendo las dignidades de Tiahuanaco
y los GCil Of'">fl de Paracas, los moldes más exagerados que ha usado
Ir. Illll tlfillÍd(1ci.
El II1ClpO Americano de las deformaciones cubre gran parte del
1\IIIICIi(El , s.i ll dejar lagunas extensa s. Uno de los lugares de máxima
¡dOne ;'.!, no sólo en América, sino del Mundo fue el Perú, de donde
lel C'Os lumbre con las grandes culturas Andinas, al norte de Chi­
:.\Jvj[l , Argenti na por el Sur, al Ecuador y Colombia por el Norte.
¡:11 MGso-Améri ca se sdbe de los de formadores por las obras de OT­
\t di J 1\n tiguo Imperio Maya. Del Nuevo Imperio se conserva toda vía
r deformados. En toda la extensión de México hubo grupos
1, ,iclIlnodores.
eTi ",1 Sur-este de los Estados Unidos, la moda fue muy general ,
I", ·,r.\n fl do entre habitan te s de Peñascos y los Indios Pueblos. Los A­
l ·I, L'! ' Nomades también se defor maban y lo TI aún las tri b, 1,
M, ¡ I ( IV ), I ll i rt y algunas de In Costa NOTo' o': :! " f((moso de df'k,[
n'1 cíe)I 1 . 1 Vo ll €' lnhli a r d,:- l !I" . 1' 1 l'leHlcJe.l, de dondo pru
, 1: : ['1 :01.01'; 11\ C UJ : J' unl\¡ l lJ,
vienen los cráneos Natchez llamados Increíbles, por lo exage rndo de :;u
transformación.
La tendencia humana a desfi gurarse ó atormen tarse, por des ta­
carse o parecer mejor que los otros, tiene un carácter innato muy os­
tensible, para que e l solo hóbito de deformarse la cabeza, sugiero ne­
cesariamente relaciones entre quienes lo practicaron. Parti cularmente
si se considera la costumbre de deforma rse a isladamente , sin tomar en
cuenta sus asociaciones con otros rasgos, muy en especial con las otras
prácticas cefálicas (treponaciones, cauterizaciones) que tuvieron igual
o semejante difusión o si, olvidando el a rraigo que tuvo en algunos pue­
blos, y la re sistencia que demostraron otros paro deformarse, se le
trata como una moda trivial y no como una divisa, arraigada, que sólo
se deja o se a dopta bajo de te rminadas condiciones sociales.
Si se contempla la exlensión paralela del conj unto de prácticas ce­
fálicas, las explicaciones basadas en tendencias del espíri tu humano,
se complican, llevandonos necesariamente a pensar en !c¡ difusión o
a entrar en el ca mpo abandonado de las tendencias instintivas. El só­
lo procedimiento de las cauterizaciones craneanas que en el Viejo Mun­
do y en e l Perú se repite con tre s factores innecesarios (ap licación pre­
¡erente en mui eres y niños, forma y localización de las lesion es), tie­
ne Igual valor en este sentido, que los testimonios del folklore o de la
técnica. Desde luego, más fáci l es ignorar las cauterizaciones, que in­
troducir factores de un orden nuevo, teniendo por añadidura que ima­
inar recoridos inusitados en nuestra apreciación de las resistencias
humanas e it ine rarios que abarcan períodos de tiempo, solo compara­
bles a los que debieron emplear los líquenes en su extensión vege tati­
va por el Mundo.
El hombre pudo comenzar a deformarse la cabeza por cual quier
circunstancia tan trivial, como la s que originaron: las coletas del frac,
los botones de las mangas, la cinta en e l sombrero. Algún hecho anec­
dótico perdido en el correr de los siglos, creó la moda, de la moda al
uso y el uso hecho divisa y enrrOlzado en supersticiones y ritos se per­
petuó. Averiguar la roZaD de las deJormaciones entre los que creen
ue la cabeza normal es un defecto, es querer indagar la razón de la
;, irl razón. Equivale a preguntarle a un escr ibiente la razón de las le­
Iras mayúsculas o del uso castellano de la le tra H. Una vIeja Sharna de l
.ipl Ucayali no::; dij o que se moldeaban lo: cabeza paro no parecer monos
y l os SI ,i pibos .11"l(' ir , q 1) e l o hacen para no lener r:abe7.a d
bluf 11 'os
11 ¡'I PEDHO Wnss
LOH peruanos que ll egaron a extremos en lo modo de deformarse
11 I cC lbezo y los orejas, no pa.rece que se incrustaban piedras preciosas
1I IOf; d ientes, corno lo hacían e n México, Centro Américca y en el
1:, ll l"ldor, ni hay tradiclón de que se produjesen la bizquera artificial.
J :1111 t' los Mayas, ser bizco era un signo de distinción, y las madres ha­
·in l l lo posible porque sus hijos adquiriesen ese defecto. Dice Sylvanus
Ml lrl ey en su libro (36 ), sobre la civilización Maya: "Para producir
I 1 bizquera los madres colgaban de los cabellos de sus hijos pequeños
bol ns de resina que le caían entre los ojos. Estas bolas llamaban la
'1"llcion del niño y lo obligaban a torcer las ojos".
Re fiere Plutarco que para imitar a Al ejandro se hizo costumbre en
: 11 ('orte llevar la cabeza ladeada, fingimiento que todavía en Roma se
" JII Ji >!l ye a Pompeyo. Siglos después, cuando Luís XIV tuvo fístula del
0 11 0 , cortesanos simul aban una leve cojera. Quizás a lgún perso­
M oyo fue bizco y algún cabezón copetudo en la Edad de Piedra,
'11 ·rfJell.l o lo costumbre de deformar la cabeza.
rvl ns () me nos todos ideali samos por igual nuestros propios hábi tos.
1,1 ,! ; usos y las costumbres se transforman en leyes de las colectivida­
IE:1 y si se llegan a instituirse en ritos , adquieren trascendencia moral.
¡:I ¡>.Hu,) al ridículo, a q uedar mal. a ser distinto o los otros, puede lle­
l lí!' ' 1 H H?r fue rza de insti nto. "Aún la ley de la conciencia, dice Mon­
que lo consi derarnos corno compañera de la humana natura­
l e!":! y tiene su origen en la costumbre".
lo ncos tumbrado, lo usua l. lo tradicional. sale n los modelos 10­
correcci ón y el bien hacer. Maneras y formas risibles y
oesagradables, para las personas extrañas, pueden ser
márllicos, de mutuo afecto o símbolo de dignidad y orgu­
•11 fl US campos endémicos .
l,iJ <T!'rpcioción se trueca por la costumbre hasta extremos que sin
" , , Iq ll )f, empíricos se tendrían por inverosímiles. El Coto, las ll agas
11' 11I Ulo , las manchas de la Overía, enfermedades repugnantes para
In , ' 11' 'IJ OS, resul tan ser complemento de la persona en los pueblos que
Iradicionalme nte. Cabezas de cadáveres cercenadas son mo­
¡r ecuentes en e l arte peruano antiguo. Una cabeza deformada nos
una monstruosidad, uno cintura de avi spa e s sólo una moda pa­
" dtl . Los rizos, zarcillos y coloretes , atavíos de guerreros de la anti­
' 1i l' ,( !r1t:l. son en lo a c tualtdad atributos tan de hru li vame nte ligr¡dos al
Xr.J 18 ITH," nino , que e n e l hombre resultclTI 111 1(1 Ir' H lt,.'<-l cfXpreSJo n d,.,
11""1o::r'xurtl idnd . La te ntación de ' 1 1111 11I' 1¡\'" '\, pucl i!lrrt des
1'1' 11(1/ \11 1111 S Irl C€' f Cl Il1 Snt€) ("r)rlV' ' lll r j, (TI \ [ 1 tl IOrjl sn¡(¡,
OSTr:Ol.ooíA C IJ LTIfRAL
I llb
jos espirituales tan fuert es, como el instinto se xual. Gandi pa so UlI O
noche de angustia, sintiendo que un cabrito le brincaba en e l estórno­
go, cuando sus médi cos le insinuaron que debía comer carne para cu.
rarse de una a nemia.
Imbe ll oni recuerda que, para los etnólogos, la finalidad estética no
e s sinó la última e tapa de la razón de ser de las deformaciones y ata­
víos humanos . La belleza radica en el significado y las cosas se ha­
cen para e xpresarlo, ya sea en forma ideal o explícita.
Símbolo de Ayllo y de Alcurnia, ql..:izás alguna vez las cabezas
deformadas encontroron su razón de ser en la imi tación de un totérn,
de un fenómeno humano o en a lguna finalidad gorgónica guerrera,
como presume Imbelloni ( 29 ), y lo dá por razón averiguada Las Ca­
sas ( 9) : "En cuanto a la costumbre de querer ser fieros en las guerras
ordenaron a los principios hacerse las caras y cabezas por industria
de las par teras o de las mismas madres, cuando las criaturas sa n tier­
nas y chiquitas, empinadas y hacer las frent es anchas , de la monera
que en el capítulo 29 referimos". "Dice Hi pócrates y Galeno e n e l libro
mucha s veces nombrado De AeTe al aqua, de las gentes de Asia lla­
mada Macrocephalos", "que se hicieron al principio las cabezas luen­
gas para mostrar ferocidad en las guerras, lo cual comenzó la indus­
tria y después pros iguió la misma naturaleza, como así lue dicho; por
lo cual parece que en hacer las cabezas y caras fieras como en otras
muchas costumbres , según parecerá, no fueron sólo las gentes de es­
tas Indias ni los primeros".
Son las raíces del gusto humano, muy visi bles todavía en la valo­
ración primitiva de la bell eza, Las imágenes son trascendentales y su
belleza está supedita da al contenido simbólico .
Difícil resulta ave riguar si existió en el Perú, un arte profano, o po­
pular, en el sentido de no buscar otra finalidad que la de hacer más
bell as las cosas. Lo más probable es que formas y ornamentos expre­
sen símbolos. Simbolismo mágico que edificó un arte en e l que se con­
funden motivos terroríficos y aún repugnantes para nuestra sensibili­
dad y otros que aun, perdida lo clave y el interés Dar su significado,
Se exhiben como las mejores muestras peruanas, del acervo a rtístico
universal. Hubo a rtífices peruanos que int uyeron las reg las a urea s :
en la síntesis expresiva , en la geometrizaci ón de las 10rrno s natura le s,
n lo adecuadadon de lCl5 tiguras a los es pada s, en el trolunll C' lI to d
le Jos VC1 f1 0!'\ 1'1 1',ml l¡i l1Clc: l ó n dI?' lus colores, Con lu jps virfud e>g 1Il 0 W '­
j(1 r C\ 1¡ fl l l J:; lell.l It' '1 <1 1'0 1,), ,'11C1 ],,';' SI Il lf'zc1011, tXrh "(1:: " ldr IVt', [ 1, '(1" ,
:b;} e l ('1111308 d( j , 'r JW '3. IOB L:'llIéíla rh f. ·Jir¡.
10 PEDRO WErSS
Con el correr de los siglos fueron cambiando las formas, los estilos
y los sistemas, como cambiaron las técnicas con e l espíritu de cada
'pOCcl. Lo cirugía del cráneo Inca Cuzqueña se muestra objetivamente
16Qica en su aplicación, hábil en su técnica, correspondiendo así a la
,"poca Eloreciente del Imperio Inca de que proviene. La aplicación de
I1 1 Irepanación como panacea, con heridas descomunales, que se veri­
(¡rc l en otros conjuntos, expresa obviamente una época social distinta.
1..(1 larma angulosCl en cuña de las cabezas deformadas de Cavernas
11' Pmacas guarda relación estilística sugestiva con los dibujos geo­
de la época. Las deformaciones cefáli cas de Necrópolis son
( L¡j'vas, carecen de ángulos forzados; los dibujos de la misma época
Iltlntar. un carácter naturalista. Se puede pensar qua la deformación ce­
[¡ '¡[lea e xtrema de los personajes de los fardos funerarios de Necrópo­
/j:; lenga también un significado sOClal de su contemporaneidad.
LOS GOBERNANTES INCAS Y LA COSTUMBRE DE DEFORMAR
LAS CABEZAS DE LOS NIÑOS
Lo costumbre de dar forma artificiosa a las cabezas, no fue inven­
l' Ida por los incas. La arqueologío demuestro, sin lugar a dudas, que
1111..'[\ y nás all á de sus conquistas, desde épocas remota s, anteriores
d ¡¡ro o dI" la cerámi ca, hubo tribus que se de formaban, probablemente
lino costurnbre d iIundida a lo largo del Continente Americano.
q\1eda por averiguar si los mismos Incas se deformaban y sí uso­
1(1(' moldes propios como d ivisa de su clan. El tema es histórico tonto
In\.!
irll:Ir. IQar sl los Incas se deformaban la cabeza y si tenian un molde
f1ropíe, corno divisa familiar, no e s una mera curiosidad, sino dilucidar
11:1 j'CI_lflO por el que se puede seguir parentescos. Entre moda y divisa
11' ''1 I ¡He rencias sustanciales. aunque ambas puedan tener un mismo
I jq"1 1 Lo adopción de uno divisa ajena y el abandono de la propia,
11. ' , ,:; un hecho triVIal. sino la consecuencia de si tuaciones sociales de­
I.rmínodas. La hIstoria regis tra pruebas notables del a rraigo de la cas­
(lIlllbrs de deformarse las cabezas, todavía en uso en a lgunos lugares
',.¡ Mundo. La arqueología peruana. de otro la do, proporciona e jem-
pbl:1 de pUeblos que resistieron a inlluencias deformadoras (los Cen­
trI II A'ldinos) Erl olra parte d iscutimos COII moyor nm¡.l itud es te tema.
J1p r lo o rqueo]oglo sobornos que ninli ll r ' t d, jr):, I¡po!: di' ch> hJrlIlCJ­
¡Ol l ,",[ll li l'CI d iJULi d iJu duran l," k l dUlUilllH' ¡"'1 1 111." I.U') I I (¡OV' NI si·
CULTURAL
1m
quiera se cambiaron los sistemas tradiciona les de cada reglón, más
allá de los cambios atribuibles a los milimaes.
En la Sierra se siguió usando el llautu como sistema fundamenta l
y en la Costa se respetó la práctica tradicional de la deformaclón por
cuna, que se venia usando desde la época Sin-Cerámica. Difundieron
únicamente en ia Costa un tipo: el occipital por cuna, conocido como
Inca Costeño, que llegó a hacerse general en el litoral en e l último pe­
ríodo o Pre-español.
El respeto de los sistemas de deformar de cado región, nos dá una
prueba más de la sagacidad imperialista de los Incas. consecuentes
con las tradiciones, en tanto no afectasen su gobierno.
Ricardo Latcham ( 35) . que en su trabajo de campo en Chile, pu­
so especial empeño en relacionar las formas de cabeza con las cultu­
ros, no cree tampoco que exi stlese un tipo p ropio difundido por los in­
cas. Dice al respecto : "En cuanto al tipo de deformación craneal si
hay alguno erportado por los Incas, no existen datos en cuanto se re­
fiere al terri torio chileno".
Flower y Virchow ( 73), independientemente y por igual falter de
mejores fuentes di::; inlormación, opi,naron que la tabular oblicua eFlat­
h eads ) era propio de los quechuas y qui zás de a lgunos clanes incas".
Solo a distancio del territorio peruano y en una época incipiente de la
Antropología peruana, se pudo e mitir una opinión ton desacertada.
Las formas de cabeza que caben en e l ancho cartab6n de tabulares
oblícuas. con el agregado de cobeza chata, Flatheads etérmino éste
actualmente circunsmto 01 ti po Huara) son preferentemente costeñas
y arcaicas. latcham en Chile desechó también la pOSibilidad de que
las formas tabulares oblícuos fuesen incaicas. Al ' respecto dice: "No
puede haber sido obro de los Incas. pués era muy anterior a la inva­
sión llevada a cabo por ese pueblo". Agrega ndo más adelante : "Ve­
remos que el ti po de deformación mencionado ( tabular oblícuo) . ha­
bia desoparecido mucho nntes de la llegada de los Incas".
El estudio tipológico de las deformaciones e n los cráneos y lo Ce>­
,árnica Antropomorfa. nos enseña que las defo rmaciones tenian no 50­
lmnente significado cultural, sino también SOC101, y en este último sen­
ti do, no solo tenían signiÍlcado las formas . sino e l grodo de
dlslorsión. Así se explica la diversjdad de formas de cabezo. e n un(1
cerámica y en los mismos conj untos arqueol6gicos.
8n :f>Tl1f-m!c,r l us do 1r)!S q ue salPrJ p i!> 'ch' "Jl
oUrra C1!Qllnrfl'. , 1, 1[J l lI l Idns y ullre los dE"IOf/ II(! ,j ,p ,:eH 1r'tr rí :'1 II1'(l111 11
do 11II 11j'1, 11 (1 11 11(, ' <J lílilO, tiC !)ui".i"k r;.!lU·,Tl lr 'lI 1111 ( 1" POC 'If. do (¡ ¡rtl.
lOS PEDRO WEISS
formas y no deformadas. En los grupos de crálleos costeños, peforma­
IIr Jfi por cuna de los cementerios de Casma, Huarmey y Ancón, hemos
'¡wontra do siempre uno que otro Andino, deformado por llautu. Con
k,u cráneos no Centro Andinos, salen algunos Aimaras y
' 11 upos de Inca Costeños.
Se ve así que algunas personas, presumiblemente por rozones de
1'11 11 -JO, dignidad ú oficio o como enseña de Ayllu, ostentaban formas
pll l ll culores de cabeza. La promiscuidad de formas, como la de otros
I IU'JOS, parece un signo de mezcla o influencia cultural, la uniformi­
Jud induce pureza o estabilidad social.
Hrd Ucka (22) , encontró en Huarochirí que los pocos crá neos acha­
I li po costeños que aparecieron entre los doli cocéfalos predominan­
n lo región, ocupaban tumbas aparte, lo que le indujo que eran res­
1("11 ; dr- clanes.
También puede encontrarse diferencias marcadas en cuanto a la
iJ Jlr,j1f:¡dad de la plástica Al la do de cabezas poco deformadas, a lgu­
Ilel!¡ que apenas se disti nguen de las normales, se suele encontra r otras
111 1i ,/ Jerorrmodas.
Sv ho dicho y con f02ón, que las formas acentuadas eran propias
ul lslocracias. Las deformaciones extremas de los personajes
¡::.¡¡ los rkos fardos funerarios de Paracas lo comprueban.
il 'e: "Las cabezos más comprimidas que he mos hollado es­
la s tumbas cuya cons trucción a n unciaba que perte­
le:;" , Casi cien años después Posnanski confirmó esta ob­
j' ' 1 JI . IH lo las deformaciones trascendenci a cultural y social, se plan­
'II' JWI I, 51 los clanes incas se deformaban, si tenían un tipo pro­
,.:1, j' Jlorrn qclón como divisa y s i usaban deformaciones ténues o
r. I lml , de los llamadas Incre íbles, como usaron los personajes
I·opolis.
fuan de Torquemo da ( 69), por quién sabemos que cado pro­
vil ' Ci(.l " lHüa p ropia costumbre y d iversa de deformarse con industria
·nbt'z\.lS", nos djó tambien expücita respuesta a las preguntas for­
Inll!.lr¡', r;. Dice así: "Y es cosa dé ¡narovilla, ver la diliqencia que te­
n l " ll ).J(l m 12n toblc:l r, y tOffil CXT los cabezos, mayormente de Jos señores,
I"l\ eh l, tI rll m l GfO las ,-:l Iaban ( y nu ;;8 si de IHr."spnt, · lo ocost lJmbrtrn)
y oprl 1, Ib(lI! C011 I[os o vendos dE' n l'l odoll '.J d( !rlll n, ) I[JI lidrl pll ti
l[jo '.. 1 Ir" .., ( 111, 1:,; . ,j¡ ]d, q u, l l, )... r'lII , q u' ·lll: 1 JIU! ,¡II, ¡J ,'1 11 dCllJl l rl ( 'UI'!I
tn, Itlil ( 11' 11, : ':(11): 1,111\ 11, , 1" 1, 1 11",' liuJ'o . y ¡, 11111 1• l· I¡¡l t , ,,1 1, 1111
1¡lllJi" , ¡¡IU'" • 1"1 ,1 1\' ,.lrl '1 C¡ll e, ' 1' IC tQ II/Ih ¡ llI ti
OSTEOLOGÍA CULTURAL
109
hgenCl0 y por privil egio grande concedian los del Plru a a lgunos seño­
res, a qui enes querían favorecer, que formasen la s cabezas de sus hi­
jos, de ma nera, que los Reye s, y todo los otros de su Jena je".
Fray Bartolomé de los Casas en su ApologeUca ( 9), hace referen­
cia también o formas de cobezas propios de los linajes nobles . "Los
señore s tomaron para si, dice, y para todo su linaje, que se ll omaban In­
go, Ires diferencias de cabezas ; pue sto que después algunos de éllos
comunicaron o otros señores de alguna provi ncias, :Jin que fUe sen del
linaje de los ingas, por especial privilegio. La una em que ocos tum­
braron a formar l as cabezas que fuesen algo largas y n o m ucho, y
muy deigad::Js y empinadas en lo alto de llas; y lo que O nti me parece
por ha ber visto al guno de los señores del lina je de los lngas , la for m(,
' 8 e llos era ni mas ni menos que lo de un mortero, La segunda
ue a ndaban siempre trasquila dos, no muy atusados, s ino cQmo tros ­
uilados d¿ tiempo de seis mese s. La tercero, que traían una ci nta n a
gra de lana de anchor de un dedo y de tres (", cuatro brazos de larg.)
a lrededor de lo cabezo. Y All ende desto, el Rey o Señor supremo, qUE'
por a utonomati ce y p or exelencio llamabon Inga o Capoe ( que s ig ni­
rlCa Emperador y soberano prín cipe) traío al coba desla cinto uno bo­
la colora da o de gr ano, grande y de fina lona, q ue le colgaba sobre la
frenle, hasta cas i la nariz. la cual echaba él a un lado cuando quenu
ver : por autoridad y ma iesta d e chabasela en medIo del roslro; porque
no le mirase alguno en é l sino cUClndo él qui siero que le viesen".
Tenemos así referencias de la exis tencia de un molde de cabezc.
distin tivo del hnoJe de los Inca s. cuyo uso se concedió como p rivilegio,
a a lgunos :5eñores a q uienes se quería honrar. De los Casas, a dvierl
que las cabezas de los Incas eran "algo alias y no mucho" , descri­
biendo una formo : "delgada y e mpinada en los a llo de ellas ... " "ni
más ni menos que lo de un morte ro"; Torquemada ]f'!curre a la misma
:omporo ción can un "mortero de barro" for mo que parece corresponder
a n uestros Upos Aimora y Cabeza largo. En el conjunto de Mac Cur­
dy, sacado de Machu Picchu, e l Upo Al mora es el predominante.
Torquemado y de los Casas dejaron consloncia explicita de qu
los Incas acos tumbraron deformOTse le cabezo, oparantemente' con un
¡¡pe.! por ll aullJ, nuest ro tipo Almora o Cabeza Lnrg'l, modo!ida
1, 1 d, I"flllcldril! TiC1h ll C1I\':lC'0, Peracos y NozCt:t, Do Jus
, '1"1 hl
1 111 1
11, lIT
1, I
1JI
110 PEDRO W ElSS
Es signIficativo, por otra parte, que únicamente Torquemada y de
los Casas, hagan menci ón de un rasgo tan importante , como sea 10
obezo deEormada de los . Inca s. Solo de haber sido una deformación
1I1 1 1Y moderada, pudo pasar inadvertida a cronistas acuciosos, por los
llO conocernos verda deras minucias del aspecto físico y las costumbres
d",! úlhmo ¡neo y sus fa miliares. Garcilazo, que en su niñez jugaba en
I regazo de s us tíos, los príncipes imperi a les, trasquilados : "como de
11'21 Inpo de seis meses", no se habría referido a la deformación como
una partlcularidad de los lejanos Palta. Pedro Pizarro, que anotó pe­
quenas detalles de la fisonomía de Atahualpa, no pudo pa sar por a l­
to una cabeza monstruosa. En las crónicas de la conquista se repite :
In rorma de vestir de la nobleza incaica, el corte de cabello, la manem
y oportunidad de la huaraca, ordenación de caballeros: auquis, con
los que se les confería, después de pruebas físicas y de carácter, el
honroso título de Huaman.
Las deformaci ones exageradas, fueron algunas veces distintiva;
costas privilegiadas en e l Perú, pero no es p robable que lo fuesen
ie costas guerreras, ni de los que vivieron acti vamente las épocas d á­
fllcrrs. Nos podemos imaginar a los sacerdotes del Antiguo Imperio Ma­
yo, L los últimos Vallois, los últimos Felipes, a Carlos el Hechizado,
!10f!OS pOI exagerar una moda para dis tinguirse a dis tinguir a su descen­
donclcr, pero de ninguna manera .0 Carlos Magno, ni a Pachacutec a
Hlio!llw:crpac.
I.,n Qpini6n que según Juan Sa nta Cruz Paeha cutic ( 52) tuvieron
Incus, de la s cabezas deformes, no abona tampoco en senti do de que
";¡OtCISHl la moda de la propia deformación. Dice lo siguiente el
IltlIcr Pachacutic, refi riéndose a los hechos de Apo Capae, ler. Inca:
¡, mIsmo Inca les habían ma ndado que atasen la s cabezas de las
11'11 ' HUS para que sean simples y sin ánimo, porque como los indios
J/On cabeza y redonda s'.lelen ser atrevidos, para cua lqler cosa
n lIIobedienles". Y en otra parte refiriendo los hechos de l 3er. Inca
I.toqut;! Yupanqui dice: "y también había mandado que todas la s na ­
lo lnS a él sujetas les ata s en las cabezas de las criaturas para que
secm largas y quebrantadas de hente, para que fuesen obedientes" .
La ArqueologÍa y la His10ria d an argumentos que justifican la des­
que abrigaban los Incas por la gen te con cabezas normales,
,.,mee que los Chancas de Andahuaylas, que en tantos aprietos p usie­
ron (JI Imperío, o juzgar por cráneos de Wambuchaccr Chalhuanca
lÚe- exisle en e l Museo Peruclno de An tropolorJlo, I 'nlOl] I;Cl t)9ZaS re­
, como tcrmblén los leruon los Cenlrou And.l'I('. di' VOtiYos Y
h '¡l .ul.CJciA C Uí.TURA' JII
Huarocbiri , cuya behgerancla es proverbial. En cambie 105 Collao; y
Pukinas, que POI repetidas referencias sabemos que delormabal ¡ su:
cabezas, fueron segÚn Garcilaso "más s imple s y dócil que otros indio?".
Dice Fr. Martín Morua (42) : "Hallase asi mismo memoria de ol rcH"
suerte de gente así como Callas, Pukl uos y Urus , lodos estos eran gen
te que servian al Inca en la guerra, después que conquistó la rica, g r at,
de y llana provincia del Collao y como tenían los no,mbres dls linlos
osi se diferenciaban en los hechos de la guerra y en el ejercicio de
arma s". El Inca había incluido en su guardia a los Callas y Pukinas,
grandes e impertérritos deformadores.
Esta otra cita de Fr. Martín de Morua (42 ), a la vez que nos dq Ul m
clara v isión de la fisonomía de los indi os d e forma dos, ha ce ver quP
formaban parte del cortej o del Inca : Dice así Morua : " y cuando el In
ga iba fuero de esto ciudad llevaba mucho a parato de indios, los. cua­
les eran y son de color castaño, como a trici ados y por la mayor parla
de menor esta tura de nosotros. Tenían jos fren tes ancbas algunos d
ellos, los cuales se hocían así artificiosamente, y a las criatura cuandc
nacen, q ue les atan la cabeza por delante y por delros y por lodo 10
frente, hasta las cejos, apretabanles de tal manera que casi les hOcen
saltar los ojos, a unq ue ahora por maravilla Jo hacen y lenfon estos le,
blanco de Jos ojos a lgo turbio".
Montesinos (40 ), no menciona las cabezas deformadas, que q UI­
zás en su época eran ya raras, pero se re fiere a otros distin ti vos de
grUpO, que por no haber sido blanco de la persecución religiosa, dura
ron má s, a lgunos modilicados a la usa nza españ ola, I :asta la actuo­
lidad, se sa lvan de la homogenizacion criolla . "Puso este rey, d ice MOTl ­
tesinas ( se refiere a Inti Capac Yupanqui) , como ley que se guardc)
inviola blemen te y aun hoy se experimenta su observancia, que los de
cada provincia, así hombres como muj eres, anduviesen con seña!l,
para que por ella fuesen conocidos. Esto se guardaba con tanto rig o
que si alguno o alguna s venta sb dicha señal, era cosiigado, porqu
por ella eran conocidos del rey, en viendo la señal. de que provjnckr
eran, unos traian trenza dos los cabellos, otros sueltos, otros en ellos sr
ponían unos Gros como de cadezos; otros unos paños; OITOS una h Olldr l
hada en la cabeza; otros unas lIenzas, y cada prOVincia se conocíCT por
su tocado o por su vestldo". "Para ser conocidos por caballeros In
sangre real. tenían las orejas horadados con agujeros por dond", , .'0
biCln graIJdes 'Te, O pla ta , Cl quienes por eso lI atlJOf '.JI¡
poñoles Or G10I 1I'>f"
11 ? P EDRO WEISS
Aparte de;¡ nues tro 1ntento, no conocemos otros, para di sti nguir ca­
!( '(lodas, oficios ú otras particularida des sociales , por la forma , de los
. 'roneos, los prendas de cabeza o de peinados de las momias y los hua ­
,!nl; antropomórficos , Se ha descuidado es te campo promisar.
lo s Casas, en su Apologéti ca, parece continuar lo relación de
Mon tesinos cuando dice : "A cuesta diligencia desta s señales para cog­
Tl ocorce las personas de que provincias eran, parece poder ayuntar
k li; costumbre antigüa, que ta mbién te nía cada provincia, de formar
JI, I!'] mismos cabezos, porque fuese n cognocidas los vecinos de cada
llllCl dellos ; y así : cuando infantes, que a cababan de nascer y de a llí
I(j,donte, mientras te nía n las cabezas muy tiernas, les a taban cierta s
v' 'lIcias o paños conque les amoldaban segun la forma que querian
Il/vi sen ios cabeza s : así, unos las deformaban a nchas de frente y an­
los los de colodrillo; otras a nchas de colodrillo y angosta s de frente; 0 ­
IICI' a llas y e mpin a das y otras bajas; otras angostas y afros de otras
maneras; fi nalmente que las formas de la s cabeza s tenían muchas in-
Il ciones y ninguna p rovincia , a l menos de las principale s, había que
no iuviese fOIlIl1a d iferente de las otras cobezas" ,
En este párrafo, de la s Casas nos dá noticias de forma s propias de
obeza, usadas como divisa o d is tintivos trivales, Se confirma así por
1(1 lo que se presumía por las arqueolOgÍa, esto es: la exislen­
lo moldes de cabeza de Unai es nohles y moldes populares, distin­
lo los parcialidades o provincia s del Imperio, Se explica así lam­
'!oriedad de ti pos de de10rmación e n una misma cerámica.
1 (1 no hay gente que se deforme la cabeza en la Costa ni en la
IfCJ poruqno, la cos tumbre ha que da do relega da a la s tribus Amo­
lB, Sin embargo, todavla muchas parcialidades serranas osten­
.).!'i IlI lIosas sus a tuendos típicos de colores a legres, di stintos a los
monotonos de los vestidos me stizos,
f·jl UII verdad , como dice el cronis ta Pachacutl c, los Inca s propaga­
roII In costumbre ele deformarse las cabezas, para hacer a sus súbdi­
811 1111505, sedan los únicos gobernantes que recurrieron a una de­
[ol1 flCldón corporal con un fin semejante. Ha s ido y es común fomen­
1111 supersticiones, preí uicios sociales y a ún propagar vicios, pa ra man­
1! ' liGr estados sociales, pero no se ha dado e l caso en la historia huma na,
lE l'E 'C" lJ rrir O una deformación corporal, corno lo hacen colectividades
InSE"rlos, para mantener la estobílida d de cas tas "abejas).
Le! medida revela sagacidad y un espir1.tl.l da obsr'rv",rtCln suUl. que
juzgar desde nues tro punto do vi'i!rr. ohrldnndo la
d('l Individuo común rm aqul?ll os ÓPOCC!IJ. 'rt l' lcrr loll con 0 1
S'T"COLOciA CuL TUnAL
I IJ
Esta do y el Rey y lo que es má s, el signiii cado de la misma costumbr
de deformarse para los Incas, que probab lemen te la pradlcaban,
Fue política genera l de los Incas, y con ello aventajaron a los es­
pa ñoles, dejar a las naciones conquistada s sus usos y costumbres, e n
la medida que no perturbaban la buena marcha y concierto del Imperio.
Por el contrario, hábil mente fomentaron el culto por jos distin tivos
de la s parci alidades, "para que fuesen conocida s del rey" y "se dis­
tinguiesen en los hechos de las armas", Forma de estímul o, que revE'­
la h ondo conocimiento de teclas del al ma humana, sensible en todas
la s épocas a las insignias : gorrita s, ba nderines, escarapela s. acicates
de s uperación y heroísmo individua l y colectivo.
El edifici o del incanalo no se le vanta sobre tabula rassa. Sus ral­
ees pretéritas, ofuscadas por las fábulas de la dinaslía Inca, salen cada
vez más a luz con las pala s de los arqueólogos, Abajo el Tiahuanaco,
que en s u extensión a lcanzó los máximos ideales de expansión bolivo­
riana; de Chavín, cuyo panamericanismo resulta cada vez más sorpr en.
dente , se vislumb ra por Jc¡ Osteología cultural, en una época an terior a
la introduccion de la cerámica, la difusión a lo largo de lc,l costa, proba­
blemente como lo insinuó Uhle: "traíd a por tribus más adelantados", e l
uso de las cuna s deforma doras, arraigado, como un carácter uniforme
regional costeño, hasta la venida de los españ oles,
Sobre todo a quel posado que forjó la riqueza ar tístico y monumeo­
tal , resal ta la habilidad e s tadistica e imperiali sta de los legisladores
Incas, que logra ron consolidar e l único imperio absol uto de América.
Imperio a ma lgamado por condiciones h uma nas a ntagónicas a la
idiosincrasia del nativo, como son : constancia, laboriosidad, resigna ­
ción, sent ido de la responsabilidad, Cua lidades que a un persisten en
todos los luga res del Tahuanti nsuyo donde, no han llegado los idea­
les de vida deJ blanco peruano ni del mestizo.
Merece comen tarse como pruebo de la unidad lograda por los in­
cas, que no obsta nte , que la expansion del Imperio sobre Naciones qu
habían vivido largo tiempo libres, con idioma y hábito prop ios, debió
producir cambios que vulneraron sentirmeníos arraigados, en e l cur­
so de lo Conquista e spa ñola, a d iferencia de lo que ocurrió en México,
no trascendieron otras rivalidades , que las de los mismos miembros
de la Casa Real del Cuzco, ni en la Colonia hubieron levantamientos
de mdjos, contra la dominación española, que no s("! h iciese por miem­
bros o a nombre dr> la nobleza Inca,
er estabi lidad dol TlI1(lolio facili tó e l domin io Plzorro tllll
haber ¡oído ti T'lularco. )11 r l ModllaveJlo, POI' int\iI ( ¡'m, repUl ó, (.111

11
riií311('ndo contra la persona de Ata hualpa, la estrategia de Alejandro,
TI la Conquista de Egipto y del Reino de Daría. Golpe que segÚn el
oJlwntorio de Machiavello, es el certero, para adueñarse de los Esta­
t09 feocrállcos, donde a l cesar la autoridad divina por causas exter­
1<;1$. el gobierno queda a merced del conquistador.
Quebrada la autorida d del Inca y desprestigiado por el cautive-
r Ir j Sil carácter divino, fue fácil cambiar las creencias y que los españo­
l, '!; s lls liluyesen a la teocracia aborigen. Los españoles ocuparon el lugar
le 1.:s Orejones, llamándoles Viracochas, nombre de un dios indio. El
Santiago, que en el fulgor de la Conqu ista , cuando los españo­
leu estuvieron en mayores aprietos, se le vió batallar a caballo y con
<:puder. en mano, se instituyó en uner. divinidad mágica de los indios.
!'ln la res indios Y mestizos copiaron estamper.s europeer.s, agregando a
(W, Santos las ropas e insignias de la nobleza españoler.. Un rector
I dollo de San Marcos declara, saludando a un gobernante español.
( !l I( : "el prlnci pe es una deida d visible ante quién no cabe sino ala-
I Itl ZCt o la humilde petición".
La estabilidad del Imperio facilitó el cambio racial en los estratos
11clnlos sLlperiores Y si Europa hubiese vivido otra época; de haber los
¡)of1oles alcanzado el signifi cado del cristianismo, o la habilidad uti ­
'-lIin do los verdaderos pueblos imperialistas, la Conqui sta en vez de
l ' IITI (JI Llvion, hobria sido el fenómeno de a culturización más sorpren­
le: lo historia.
COMENTARIO
)1 uebas hlstoricas de que los señores Incas acostumbraban
lülClllflCH<le orlillcialmente la cabeza y tenían un molde particular como
Ii ví!j( 1 el!' clan, cuyo uso lo concedían a determinadas persones por
lOl!l(I !l€'úalada Dice, por su lado el cronista Santa Cruz Pachacutic,
1110 procuraron ta mbien los incas, propagar la costumbre de deformar-
l ll re su súbditos, para que fuesen má s sumisos y obedientes.
1,(1 arqueol ogÍa enseria que la costumbre de deformarse fue muy
¡ullerlo a la dominación Inca, a nterior aún e n la Costa a la introduc­
r
Ión de la cerá mica. a sí mismo enseña que los Incas no inventaron nue­
vn::l' de deformarse, re spetando más bien los tradicionales de
¡do wglón : el llautu en la Sierra, las CUDas delormadores en la Costa.
DFl los descripciones de Torq uemada Y de l as Casas se anUenda.
¡UC' ki fOllllUa lnea se deformaba con lla u\u, usondo mI rno\dG "l'1l más
l " UIi lI lorlvro de borro" Igua!l ! Tllj '1I'.1 1' 1 IIpCl AI.\ ,l' uCt varl.'
f
08'j' I:Ol,OGIA C UI.TURAt 11 I
dad punllaguda, que se encuentra con restos Pcrracas. Pucara, Tl ollIJn­
naco y en la colección de la época Inca recogida por Bingharn e
l
l
Valle de la Convención.
Hasta donde alcanza la veracidad de estos datos, tienen mérito
para dilucidar las raíces de los Clanes Inca. Si el molde de cabeza er
una divisa, no cabe que lo copiaron de tribus rivales o conquistadas.
Moldes y técnicas iguales, solo pueden revelar un mismo origen.
Los gobernantes Incas precursores de la actual Antropología Cul­
tural. usaron la costumbre de deformarse como instrumento de estabi­
lidad social.
LA CULTURA TIAHUANACO A LA LUZ DE LA
OSTEOLOGIA CULTUR}\L
Por lo Osteología Cul tural sobemos que Tiahua naco f3S rama de
un tronco de culturas deformadoras por llautu y que reaUzaban trepa­
naciones circulares por raspado.
No hay sino diferencias en el predominio de moldes de deformacion
por ll autu y en la aplicaci ón médica de las trepanaciones, en los res­
tos óseos de Tiahuanaco, e n algunos conjunto de Chavín, la totalidad
de Cavernas y Necrópolis.
Se ha dicho que Tiahuanaco se levanto como un brote dHerenda·
do, sobre un extenso honzonte arcaico. megalíti CO. a llo andino, del que
también se originaron otras culturas. La deformación por llaulu y lo
trepana ción por raspado, se deben contar entre los rasgos a rraigodos
de esa estirpe cultural.
En la Osteología Cultural encontramos re(erencias. no sólo sobre
el origen y parentescos de la cultura Tiahucma co, sino también sob
su desarrollo, difusión e influencias sociales en otras culturas. Por los
moldes de deformación cefálica se raconoce a la gente de Tiahuonaco,
donde dejó sus restos.
El mayor porcentaje de los cráneos que salen de las tumbas an­
tiguas de Puno y del territorio que rodea al lago Tlticoca, son deforma­
dos. Por el a lto porcentaje de deformados se puede deducir que, d
formarse la cabeza entre los Tiahucmacos, lo mismo que en Parecas, f'J
una costumbre general no exclusivo de determinado casto socinl o ron
go. Siendo más bIen, la cabeza norma l un distintivo sociol en lo el d.
luro. Wymon (85 l. conSidera ql!e todos los cránuos de los c:hu! n(1
0 1) c1réulorQ!i.
PEDRO WEISS
I ! ¡j
Posnansky (51). se refiere como e xcepClOn el halla zgo "de algu­
I r.1S tumbos muy ricas, cuyos cadáveres no tenían la cabeza deforma­
ele! y que debie ron pertenecer a sacerdotes". Fuesen sacerdotes o no,
¡HUElstrau que la cabeza de formo normaL era el distinti vo de una ín­
¡111\0 minoría privilegiado.
D'Orbigny compre ndió el carácter artificial de la forma y dice :
estuvo esparcida por la superficie habitada por los a ntiguos J'dma­
I 'IS. Von TschudL manos perpicoz, pero muy habituado o ver cráneos
Ilt'luanos, formo con ellos su segundo raza , la única de la s tres con
1k'jUllO base real , ldentificándola con la Aimora de D'Orbigny y don­
101e por sedE: la extensa región del Kollao al sur del grado 14.
El Kollao es todavla fuente inagotable de cráneos deformados. Ade­
más de los muchos que recogieron los a nti guos exploradores, quedan
',lll1cienles para satisfacer las ambiciones de los actuales coleccionistas.
::n los últimos tiempos el Dr. José Ma rroquín ( 44 ), médico investiga dor
radico en Puno, con la colaboracion de los a lumnos del colegio,
reunió un conjunto de 60 cráneos, "más a lgunas momias de adultos y
niños encontrados en chulpas, cuevas y cavidades en las rocas". "To­
los , lanto de hombres como de muleres, estaban deformados a la ma­
IIr.W! Almora, erectos u oblicuos", ( Sic) .
y no es sólo el productos de los chul pas el que contiene los cra­
¡leos deformados, sino también el de épocas más ontiguas. Encontrán­
n la literatma referencias a rqueológicas por la s que se puede
¡illr h coslumbre hasta las más antiguos, TCtstreando a ún
1' /lITIO . particularidades locales de los moldes y a peros.
No obstante que por lo arqueología y lo historia sabemos que en
1 iJTcm región dpl Kollao se usaron, por lo menos dos maneros distin­
t(lll d, delormar la ca beza : el llautu y los gorritos llamados Tsuko o
I!l¡ko de los Kolles y Pukimas. nos referimos en este estudio, ÚDica­
II CIII O a los moldeadas por llautu, que indudClbleme nte son las más.
LOs dos sistemas debieron foriar formas semejantes, per·:) en los tres
IIIJOS Andinos que describimos: Aimerra, Opa , Pompas, se encuentro
j "'mplos con estigmas de la presión por bandas.
En el conjunto de Tiahuana co se a lternan tormos aDulares Andinas
y lormas de Paracas, e stas última s fori adas por bandas con a lmoha di­
Ilae:; de algodón. Unas y otras deformadas por lIautu.
A contmuaclón hacemos, a traves de la literatura, un breve cmó­
de lo; haUazgos de cabezas deformados c:on de los distin
y 1(1 extensión Tiahuanoco. DetNminnr lu.. y SIIS va­
1,10 I l opor \lll el ",l. ! '1 ,, ' "1 Tn l ly ¡'1[Il, I\t')­
lA CULJ'URAL I !í'
ro ell o demando el estudio directo de colecciones que no eslan a mILlS­
lro a lcance, por lo cua l nos limitamos o verificar lo eXIs tencia de la eI !'>­
formación y ha sta donde las referencias e llustraciones permiterl a
deduci r 10 sis temas.
La anliguedad de los cráneos se deduce de la del moteri a l a rqueo­
lógico. La comparación estil ística que hizo Benne!, de la cerá mica de
olgunos colecciones con sus fragmentos extratigráficos.. proporciona un
punto de relerencia fácil, válido por lo menos perro. algunas piezas.
George Courty, Posna nsky, Stubel, Uhle y en gtmeral todos los mo­
dernos quCl estudi aron las ruinas de Tia huuooco, supusieron que se
habían sucedido en ellas, por lo menos dos o tres períodos. Los exccr­
vacionas estratigráficas de Bennet , le permitieron dis tinguir en el lu­
gar mismo de Tlahuonaco, cuatro fases, que llama: A ) Tiahuanaco
primitivo, o ta l vez Pre-Ticmuanaco; B) Tiahuanaco clásico; C) Tiahua­
naco decadente' D) Post-Tiahuanaco e Inca. El producto post-Tiahua­
naco no Inca es llamado Chulpa
Esto división estratigráfica tiene la grave deficiencia de ser e xclu­
siva mente local y referida a la cerámico y a algunos artefactos. La se­
cuencia de los edificios y las llto-Gs:::ulluras , sigue teniendo en sus pro­
ias técnica s de construcCión y e stilo su más soUdo apoyo, aunque
BEmnet deduce también algunas consldE:raC10nes, favorables a la opi­
ni ón de Posnansky sobre lo ubica ción de la grao Puerta de! Sol. en el
período clá sico y la mayor ontiguedad dE'! alqunas partes de Jos muros
de Akapa na.
Benne! comparando los fragmentos de c&rámica de sus exca vacio­
nes estra ti gráficas con colecciones de cerámica de la misma proceden­
cia, archivadas en Museos, reconoce piezas de periodo primiti vo en los
siguientes conjuntos, q ue contienen cráneos deformados: de Federlco
Sud en el Museo Nacional de la Paz; en lo de George Courty en el
Museo de Trocadero, en las colecciones de Posrlansky. de los museos
de e tnograiía de Mumch y de BeTlm. Ademas, en las piezas extToidos
por Bandelier en Kea Kollu chico y q ue este investigador consi deró
como producto Chulpa.
En la colección de BandelJer, extraída 8 .'1 Kea Koll u chico, exis te r
cráneos deformdos y con trepanaciones circulares. Según Benne l. la
mayor parte de la cerámica de este COllJ unto es del período primitivo.
Los que tienen a mano los apuntes de BcrndeL9r podrlcn delormilJar si
los cráneos deformados pertenecen al per 'odo primitl v(¡ y l as vorl. >do
es de dE"formncion y lrfpo\'\(lrlólI que presnnlnn. En \0 (:erómicn pr l
mJ[iva se enC'l\1,rilm Ol o'nr lrnns Incindldos y COrllO 011 COVGl'­
11(16. y I)UC(!T'I . . I dl I!(II ti I HnrJdoru", por llC1Qtu
PEDRO WEISS
118
En lqs colecciones de George County y de Posnansky, encuentra
también material primitivo. Los cráne os sacados por estos in­
vlJs!igadores son el la vista de las ilustraciones, de formados por llautu.
1:1 cT6neo N" 1 Posnansky ( 50), se puede considerar como una prue­
J¡('T de la antiguedad de la deformación Aimara en el lugar de Tia hua­
lIOCO. lue enconlrado a 8 metros de profundidad, bajO la colina arti­
[idal de Akapana, edificio en parte de la época a ntigua de su clasifi­
cnción; con las excavaciones de Bennet e l período primi tivo queda to­
drw ía muy por encima entre los 4 y 4.60 m.
Posnansky malogró su obra con sus inte rpretaciones un poco infan­
IIl es, pero fue un trabajador afanosos y sincero que no parece haber
dlawd o sus datos empíricos. Tello acepta la mayor antiguedad de su
j Iri mer período que tiene parecido con su arcaico y Benne t califica su
plano de las ruinas de perfecto.
Ld deforma ción de los cráneos en las fa ses clásica y decadente,
pcrtece mejor documentada, sobre todo la última.
De los 500 cr6neos coleccionados por Chervin ( J 1), casi todos de
IOG territorios bolivianos, argentinos y chilenos, donde en época s an.ti­
l(l as se extendió el dominio Tiahuanaco, la mayoría presentan cleror­
fll CIe Ión anular, y "casi todos pueden considerarse como deformados
rJf1' lJar ldas" ( Sic. -l.
Son especialmente interesante e ntre los 500, 12 que habían sido
¡¡le rrados p or M. Courty en el lugar mismo de Tiahuanaco en "un
11m.: precolombien qui esl probablement conlemporaín des cons-
II II CIClil S des monuments de Tiahuanaco don ¡al! partíe la fameuse Por·
lu Salell" , Junto con los cráneos encontró Clll1uletos de oro y hua­
,.,(¡loreados con figuras simbólicas como las que se encuentra en
Ir l l'uE) I ICl del Sol. Estos cráneos dice Chervin, "Tenían todos la defor­
" IÚ r:: i (1I1
Falkenburger (17), estudió 8 de los cráneos de Cour ly e n
, ',-JlI)unlo de la colección Chervin, encontrando que 7 pertenecían 01
' 11 11 [:10 de la deformación cí rculo erecta, uno sólo tenía Ja "antera-pos­
te ri or oblícua" (que para nosotros es sólo una modificación de la cir­
ul ar).
Vemos pues, que siete de los craneos desenterrados por Courty
t i cerámiCa en su ma yor parte clá sica , eran deformados a la mane­
AtmClra y t illa anteroposte rior o sea prooabJerrl8nlr '"on bandas y
, ,¡ fIl ohCl rlilJas.
l' 11.11 tf Cour-
Lcr única publicación cr rqueológica ::labre Iq,
Iy '1 1 'l'iobL10l Irl(:Ú, l': ', lrr cll Cr€ >q ll i-Memfol
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Osn:oLoci A (,UL, ' U HE> i
sos muy dete riorados permití an ver que los cráneos e rarl de l arma dos,
y algunos trepanados. "Los cadáveres estaban juntos a ce r6mica pin­
tado y gravada de con fección muy fi na. ProvenÍon de los cemente rios
uno del mismo Tiahuanaco y airo distante algunos kilómetros, pr6xi­
mo 01 río Huaquira, advirtiendo: "la cerámica del cemente rio próximo
a la población de Tiahuanaco era más fina que la del cementerio
próximo a l río Huaquira". De los dos vasos, figurados en s u publica­
ción, uno, por la figura del jaguar completo e importanci a secundaria
de los motivos geométricos, parece clásico.
Gran parte de la colección reunida por Posnansky proviene del
perí odo clásico, y los cráneos de ella no deformados constituyen una
excepción. En las fases posteriores de Jo cultura, e l uso general de la
deformación es evidente, se confirma con la simultánea distribución
geográfica.
Bennet encontró en el nivel superficial del pozo V en el mismo
Tiahuanaco, cráneos deformados, junto con material decadente y Chul­
po.
Ya hemos hecho ve r y es hecho bien conocido, la relación de la
deformación circular con e l material Chulpa o sea Post-Tiahuanaco no
Inca.
Todavía después de la conquista española las gentes del Kollao
continuaron deformándose la cabeza, a pesar de la persecución espa­
ñola.
LOS TIPOS DE DEFORMACION CEFALlCA TIAHUANACO
FUERA DEL LUGAR DE TIAHUANACO
El más auléntico mdi cio del a uge de una colectividad es la proli­
feraci ón humana. En las colecllvidades deformadoras la tipología fa­
cilito mej or que cualquier otro rasgo, la iden.tificación cultural de los
restos y permite apreciar el desarrollo y difusi ón de lo cultura.
Como veremos, Jos moldes de cabezo usados por los Tiohuanaco,
undantes e n la región del Kollao, se difundie ron con !er cultura, que
dcmdo por otro la do, como minoría en cementerios , donde pre domina'
otros tipos.
En los cementeri os de la Costa Peruana entre muchos cránQos d
oltos formas se algunos nima ros . Lo h Q/1l03 vorl fl·
C:O(1(.l con .J I Dr 1'( 11 ' , ,'11 1'1 t},lCcovaciones clFl Huarmoy '{ C:O¡uuQ, p ( ,r
¡'Olln IIll OIJIO ') 11 1II II d"'1 ,. TI"'VI r,kl li dol d, Lt1 tu\l 3 ' JI Sin ti,,! p,
12U PEDRO WEISS
lIí. en la colección de huesos provenientes de Ancón 1 del
Museo de Pueblo Libre.
Al mismo hecho se refiere Posnansky (5 1) cuando dice: "autóc­
tonos de Tiahuanaco con sus cabezas deformadas fueron trasportados
varios puntos, ll evados quizás como jefes, delegados a provincias,
pUt:ls to que algunos de esos cráneos se encuentran también disemina­
dos en pequeño número en las sepulturas más a lejadas del continente
como por ejemplo Pachacamac, Chimú, Rímac y otros lugares más al
nort e , a sí como también a l sur en las sepulturas de Usmira, Asnapu­
q ui o, Tocardi en la región de Atacama y Valle de Calchaqui".
Quizás las cabezas anulares costeñas, correspondieron, como su­
pone Posnansky a gente de algún arte u oficio que venían del Kollao.
en lo a ctualidad el espír itu errante de los herbolarios aimaras es ma­
IJi! les to; peregrinos sin descanso, se les encuent ra con su comercio mo­
rir 'sto de hi erbas medicinales, e n lugares muy a lejados de su tierra de
l lfi gen, en Argenti na, Bolivia, Costa del Perú.
La tcham ( 35) , también encuentra cráneos aimaras a islados en Chi­
k. , on cementeri os de cultura Atacameña indígena. Este investigador
E'l primero que es tablece de !I1anera formal la relación entre la Es-
11I 1stic:'1"f Tiahuonaco y la defonnación aimara en Cementeri os Chilenos,
Sus concl usiones tienen especial valor entre otras razones, porque
rolleren a una zona de extensión marginal. donde los estratos cul-
1(i! cd'JH intrusos debieron estar bien diferenciados, Mediante estudios
IiCQ;:i y continuados por años, Latcham reafirma la sucesión de es­
culturales encontrados por Uhle en Chile: a )- Etapa Tiahuana­
,11 ) Etapa Atacameña indígena; c) -- Etapa Chincha a tacame­
(1': 1, e l¡ In que las influencias chincha son predominantes y d ) - Etapa
ilit'; ,' ¡il' l l UlUy breve y poco difundida.
, 1: 1I los unlcos tres cementerios de incuestionable época Tiahuana ­
"ncontrodos e n condiciones que permitiesen un examen prolijo
ir.; [1 11 e los cráneos deformados eran casi lolaimente de tipo
de 1mbelloni , tipo a imara de D'Orb¡gny", ( Sic) ,
CUClndo desa parece la civilización Tiahuanaco, dice, la reemplaza
il nn c ultura local la alacameña indígena, que se extiende también a
lodo e l territorio atacameño, desde Arequipa a l sur, y que Latcham si­
(11 Licmdo a Eric Boman, la identifica con la de la Puna de Atacama: y
[l¡jl /Y, "Con el cambio de cultur a , cambia tambi én la for mO' de cabezo
)a'l I'Jr" lIdose tobl1 1crr obIícuJa de Imbelloni". "He mos ,' hx ludc'l O, dice, 9X­
!on",s prl (;eman te nos de este perrada on SflJl pec/ ro d Aklt'nma,
Cl1Íin. Cure MOff'1 10 1 AnloJaqasln J, Toce,) ,!ll" , (:cbi
OSTEOLOGÍA C ULTURAL 121
ja, La Lisera, VaUe de Azapa, etc. En todos ellos, dice La tc:ha m, bemos
encontrado cierto número de cráneos ( más o me nos 40% del tota l ) ,
con la deformación ci tada". "Se hallan adetmás, pero muy escasos cr á­
neos de deformación circunferencial al parecer reliquias de costumbr es
anteriores" .
En varios otras excavaciones, en Antofagasta, en Cobija y sus a l­
rededores, en la quebradlta "Agueda de Martínez", pudo Latcham es­
tablecer que la tabular oblícua era patrimonio de la época cultural ata­
cameña indígena, "cuando la expansi ón hacia el sur y hacia el este
de las inlluencias culturales chinchas, se int roduj O en todo e l territorio,
la deformación tabular erecta, poco a poco desterró la anterior". Lat­
cham no encontró en Chile un ti po propio de deformación Inca.
Hay que lamentar que los términos tabular erecta y tabular obli·
cua no permiten por s í solos identificar un tipo. En la refere ncia de Lot­
cham caben varias formcrs peruanas, tan distintas como los tipos Ca­
vernas, Paraca s, Necrópoli s, Hua ra, Inca Costeña, o Pre-cerámico, Fran­
to-Occipi tal Costeño.
En 1954 examinamos, gracias a la cortesía de l Pro/. de Arqueolo­
gía de la Uni versidad de San Agustin, Sr. José María Morant€! , los crá­
neos del Museo Universitario de Arequi pa.
En un grupo de 12 cráneos, encontrados junto con alfarería Puki­
na de Churai ón en las proximidades de Arequipa, 7 eran deformados
por bandas, de éllos 5 cilindricos, 2 erectos, 3 oblicuos: 2 mostraban
un aplanamiento de l occipitql producido probableme nte por ba ndas con
lmohadillas al uso de Pa racas. Visible es la re la ción de la estilísticcr
Pukina con la Ti ahuanaco. En la misma colección del Museo de la Uni ­
versidad hay 3 cráneos de Chuquibimba, de e llos 2 anulares; 5 de Hua­
mantambo, de éllos 3 anulares. También eslos 8 cráneos salieron con
cerámica Tiahuanacoide.
Tiene además el Museo de Arequipa, 20 cráneos de la colección
Marroquín de Puno, todos con la deformación Andina.
Los cráneos encontra dos en la e xpedicion del año 1919 en Pila Pa­
rmin, Recuay Depto, de Ancash . con cerámica Ti a huclna co, son tam­
b ién Andinos,
La forma general de cabezcr en el Depto. de Ancash es la: dolico­
céfala centro andina y sólo posiblemente en el es tra lo cultural Ti ahu
n

naco aparecen las cabezas ei líndn cas,
La genle que vivió le! cultura Ti a huonoco, uso la dutormCh' l l1t l ¡ ,or
llaulLI y la IWPClr)l ll IrJII ,or rnspado. En la!'" 'lli 1<;;
dllundi ( , ir'r l. ¡¡dI , de C( ¡!;"Z{I: <l 1JJ1q\ FJ i) r , r d, 1I1 11):, lp' '11!' " np(¡
123
122 PEDRO WEISS
rece COl1 los epigonales , lormas de llautu con almohadillas , y otras de
I petOS e spe ciales.
TIPIFI CACION DE LAS DEFORMACIONES CEF ALICAS EN LA
CERAMICA ANTROPOMORFA y SU CORRELACION
CON LOS ESTILOS
Apesar del interés que puede ofr ecer, es mucho más difícil recono­
rf-' ! y sistematizar los tipos de de formación cefálica en la cerámica, que
n los restos óseos, siendo pocos los casos en que se llega a una con­
r lusión ni tida.
Ya hemos visto que la homogenidad del tipo de deformación ce­
fá li ca, es una particularidad excepcional de algunos conjuntos óseos,
l(1 ayormente de colectividades primitivas, como las que habitaron en
la Costa, antes de la introducción de la cerámi ca, de las e nte rradas
en las tumbas Chavín de la Costa, de los restos Cavernas, especial­
lUente de fuera del lugar de Paracas, pues en las tumbas botellas de
Cerro Colorado, exploradas por Te llo, se encontró promiscuidad de ti-
os por lIautu. También de épocas de estabilidad social, como algu­
[¡ OS periodos de Tiahuanaco y muy manUiestamente de l ulti mo perio­
do de la dominación Inca. En los restos de ot ras épocas lo común es
)!lconlrar d iversidad de tipos de deformación, deduciéndose el propio,
:! ( !" ClSO, cuantitativamente. La promiscuidad no anula las posibilida­
loli de cada molde, si se les mira como divisas de jerarquJOs, oficios
'. ' 1I (lcianes y no como adornos balad is, elegidos a l azar por los progeni­
IQI I)Il, cClmo nuestros nombres propios.
Lf1 la cerámica, es muy difícil, sino imposible, disponer de un nú­
11 10[;;, aufi ci.ente de representaciones humanas, de un mismo periodo o
do II II mismo e stilo, en las que la hechura de la cabeza sea lo bastan­
[ I:.r tll oto y los tocados, que en los huacos son muy cubridores, a de­
para entrever e l ti po de deformación.
Por a lfo la do, tropezamos siempre que intentamos formular una in­
1, .rpre loción con nue stra ignorancia, sobre el significa do de los huacos
y de lo que en realidad representan. Admiramos el realismo y la ve­
rosimilitud de las representaciones en las que vemos escenas de la vi­
da , Clclit udes, estados de ánimo, monstruosidades, distrofias, e nferme­
etc_ como si captáramos palabras conocidas en un idioma a ie­
no, que no entendemos, en e l que pueden tener significado dist into, has­
In controrlo. 19noromos comple tamente el se ntlr y el 1'lmlfl'Unif:'nlo de
lo!! CIII !U[I'S, p ues ni sl q ui ero podemos decl r parn '11 m so hicieron los
OSTEOL.oaiA C ULTURAt
hua cos. Si realmente los e scenas y los personajes coincide n s iemp re
con las época s d e sus estilos o si los hay que narran fábulas, o tra di cio­
nes de costumbres perdidas, en los que a ctúan seres de otras épocas u
otros mundos, figurados adrede, con enfermedades, formas de cabeza,
vestidos, ajenos a l grupo que los model6. Si como creemos haber le ído,
e n la sucesión de a lgunos huacos Moshica y Shimu, las mutilaciones
de la Uta y los tubé rculos de la Ve rruga peruana, se mezclan a los atri­
butos de la popa, en un mito de la fecundidad de ese tubérculo, es evi­
dente lo inadecua do de nuestra posición para el conocimiento.
La promlscuidad de ti pos de de formaci ón cefálica con un estilo, pue­
de te ner así más de una causa. En la variedad sin embargo, se puede
buscar s ignificado, particulmmente procurando fijar las asociaciones
de tipos da cabeza con actitudes, atuendos, tocados del personaje. As!
por ejemplo, se repile en la cerámica Negra Ta llan y Shimu, un hom·
-
B
LAMINA XXXIV - A - Gorrit o de cuatro puntas teiido de lana de colores, con
forma adecuada para una cabeza deformada . Se conoce vari as e iempl os tia­
huanaco, na zca, cO'fahua y representaciones en ceromica Dcl;>ió se r insignia
de di gnidades Tiahua naca en el litoral , En un e jemplar el f'lc r50nai e con (Jorrito
esta fornicando.
/'. - Colecc ión del Mu·.co ck Ic;o.
- HUQc() hlll"" 1'''' 1I, ,' rndr· CM lo Co lero H./a Laur¡ , ChcJI1 c:ny, Prr¡1"..dod
,IL' l o Sra Ano de
124 EDRO WEISS

LAMINA xxxv - A - El ca balle ro Mosnlca . apa rentement e lo cabezo está defor·
II ,ado lJor Ilautu . Por su cali dad art ística, este caba ll e ro Mcshica equi va le en el Peru
r.r la domo de Elche ibé rica . C - Un personaje M05hico con la cabeza deformada
por Ilnutu. Es pre sumible que la a parici ón de cabezas defOrmados e n la cerámico
bl anco y reso, morque lo a ure ro del pe rícdo Medi a. D - Cráneo deformada per
I/a ulu con IJl mc hadillos O roscas de a lgcdÓn. La deformaci ón ccincidc con lo del
huaco C
111" :0[1 d"!ormacion por ll autu increlble, llevando uno llamo Cl <:"ueslos.
Sil [ l1l t!dc bGgu ir la fábula d,,, 1 personaje .JE' cobezCl bilol:JI.1t;.l! 1 l¡rl'slcr en
lt1 (""r<ll ll!. J C)¡Wl'--OY, 'n el ClI, lo .;C"l lw IIII ;r',?¿rrIQ c:'Ol , e I c ¡)i
1).[ ,
CUL1'1JnI\L
(e la cabsza ell punto. d,::; los guerrnros de varias ÓPOCC1S. Es un tTlI l l JlIG
o rqueoJógico para hacer historia.
Por Jos sim¡¡]es posibilidades plás tIcos , el mismc ida,, ! de 10 1111
puede expresarse de maneras lan d istintas en los cráneos y en ln e
rárnica, que lo smulltud d€ intención pose desopercibido. Si al rnoh:l ,'
del tipo de deformación cefálica buscó la semeíanza con un de tel111 l·
oado cerro, un volcán, el falo, la cabeza de un animal, o cual quie r 0 111 1
li gura tolernica la realización humana en cerámica cuenta con ¡HUY
distintas posibilidades pare¡ o lo forma ideal y aún poro di::;·
lorslonor/ a al antojo del ff1hullsto. El de formador de cráneos
un ideal formal, que puede a lterar anloiadamente en su fantasía, J ' .."
ro en la práctica no más a ll á de lo que permife la limitada plasticidaJ
de una eslructUIC! vi va ton complicoda como la cabeza humana; e l r:tr­
lsta en cambio, no encuentra lope en lo maleria para pla sma r la for··
ma que imagina. Es en este supuesto, que se p uede entrever re lacion
entre Jos cabezas bilobados de la cerámica negro Shimú, con sus dl '
I1voclones fantásticos en cuernos y orej as, con los cráneos huma h ilo­
bados Lámina XViII. Entre las cabezas chotas de los esculturas chan­
cas, con los cráneos de la misma ejJOca, var(edod del mismo tipo cho­
lo de Hum'a, Léun.ba XXIX. De Jos cráneos fronto-océipltales de Paro­
eas con lo s cabezos de las esculturas Cavernas_
Cabe Jo posibilidad quP la represenlacion dE) cabezo s de forma
das por Iloulu en lo ceránúca blanca y rosr.tda Mos hlca, marque la a u
rora del penodo Medio. oiro 1000to puede ocurrir con las cabezos biJ o
badas, de los que existe un ej9mplo en lo cerómica de 10 misma ép'"
en el Museo de A. y A. Desgraciadamente, nuestra perspecliv{.l 0 1­
queológica proporciono una escala di, tiempo demasiado burdo, po /u
intentar, por lo menos con huacos de vltrina, carentes de otra re ler\.:1J
cía que lo marco del lugar de procedencia. al rastreo de
semejantes, qUE: pueden también lenar coret spondencia con Jos ve:l li ­
dos y tocados.
OSTEOPOROSIS SIMETRICA CA. Hrdlícka)
ESPONGIO HIPEROSTOSJS CH. Hampe!J. P. WeJss )
Láminas XXXVI y XXXVIII
La eliología y patogenia de esta enfermedad, no S9 puud,; dÚ;· ll
Ifr sin conocer la arqueología concerniente . I'or olro Jodo. COllit
l
VI '¡ 1 '
mas sus lesiones 'n los restos óseos rntlsl il uyo 11 lit In I1I1 "lIt I
T':'. ferencia ck, hobr·r IKtcido o por lo menos n i:lb()f JJnsndo In f) 1illl' .' J I 1 ¡I I
remeia en lo r.-,_,ln
127
126 PEDRO WEISS
Es tudia da de prime ra mano por Antropólogos fí sicos, la Espongio
¡ Il peros tosis ha sido considerada erróne amente, por su aspecto supe r­
liri a!. Osteoporosi s. Los patólogos que se ha n inte re sado por ella, mal
In/ormados, o con fa lsos pre juicios sobre la alime nta ción de los primi­
tIVr?S peruanos, la atribuye n a carencias, para las cuales faltan otros
¡litamos óseos y que no tuvi eron porque producirse, con los alimen­
hH3 q ue , sabemos por la hi storia y la arqueol ogía, consumían los gru­
en que se encuentra la enfermeda d.
ra di scutir las causas de la Espongio Hiperostosis es necesario
IN1<"r en cuenta las sig uie nte s circunstancias:
En el Pe rú sólo se encue ntra cráneos con lesiones de Espongio Hi­
PNostosis en e[ litoral. Los casos más típi cos dice Hrldli cka provienen
1" las tumbas de los arenales de la costal. Casma, Huarme y, Ancón,
Illl ca, Paracas. Este dato de Hrldlicka se puede a mpliar, pue s tam­
¡,Ión se encuentran en cemente ri os de [os valles costeños, como Ma ka ­
lrutlbu, Molena , etc.
Es una e nfe rmedad de la infancia y lo adole sce ncia, las for ma s
¡wqresivQs coincide n con las edades juvenil y adulta. En la edad ma ­
d lll O se le e ncuentra ci catriza da.
EM el Pe rú, se e ncuentra con frecue nci a e n re stos de pescadores,
' ¡1 m <1ú sabe comía n pe scado, mariscos, algas y ade má s ajÍ , papas, al­
-,11111101 IflJtos, obte nidos por intercambi o de productos marinos. Así mis­
'11 0, 111' le. encuentra e n restos de clases privilegiadas, como era la que
IIlt.>I raba en la s tumbas botellas de Paraca s y lej os del Perú en los
II li 61rll-II"lS sagrados de Chichenitza, en los que no se puede invocar
¡ )'Irill p" rrLsmo como causa posible.
los huesos pre-colombinos peruanos son rarísimas las secue­
• ¡crs de raquitismo. Por su peque ño número y difusión, a lo más,
p uede conside rar consecuenci a de situaciones individuale s o fa ­
Itl dl, 11 ,s, de ninguna manera colectivas. No hay tampoco le siones de
" ,; ji illl mno en los e sque letos de los cráneos con Espongio Hiperostosis.
l ., ¡ [;spongio Hiperostosi s se interpreta por la Patología, como con­
'¡Ji' fl ci a de a ne mias regenerativa s , inte nsas y duraderas e n la in­
Inlwio Edad en q ue la expansión vicariante de la médul a roja, no pu­
dt " lldo f60 lizarse e n los hue sos largos , toda vía cartilaginosos y e n cre­
'lrnh·n to, se hace a e xpensas del tej ido esponj oso de los hue sos pi 0 ­
nt'..l l1l hronosos del cráneo.
S, pUl1dr· aspqu ro T que [JO exi ste a ril " 11 1' ¡ t, I,j. d l en; 1I 1c1ll'.ls p
' lptI" ... : , '1 1' 1 -t 1¡" :.1" ¡! Ir i buir 11'1 C::I 'LH"l
ír
, 11" ,. rdl:l l ir:. M L'l
ILlE,rl,· !I' VUr'(11 rdu' ';:0:; 1'0<,, 1,11,·:, drf'\lrJm ¡ i lo: " l·' Y O UI Illl'!
O STEOLOGÍA C ULTURAL
los Ande s. La Drapeloci tosis ha sido encontrada e n el Perú en decen­
d ie ntes de nG<]ros, nunca en indios.
Has ta a quí el es tud io Os teocultural de la Espongio Hiperostosis.
Proce so óseo de la infancia. localizado 01 litoral, debido probabl e men­
te a una al 18mia regenerati va de larga duración, que no hay motivos
para considerar racia l, ni nutricional.
La Geograiía en el Pe rú coi ncide con la del Pal ud ismo, pe ro no se
uede sin má s, a tribui rle e sta causa . Sería necesario otros argume n­
tos, e specialme nte encon trar cráneos con Espongio Hlperos tosis en ce­
menterios de la Colonia o épocas posteriores, e n que consta que existió
el Palud ismo.
La gen te enterroda en los caverna s de Paracas sufría de la Espon­
gio Hiperostosis y en algunos casos uso la trepanaci ón para corregir
las secuelas de la enfermedad. No la hem os vis to toda vía e n re stos
de Chavín ni en los cráneos del Pre-cerámico de Asia y Cule bras e x­
traídos por Engel, ni en los de épocas an teriores.
El interrogante de si e xisti ó o no el Paludismo su la Costa peruana
0111es de la Conquista española no ha s ido res uelto. Jua n Lastre s, que
ha a nalizado las pruebas his tóri cas , se muestra dudoso. Personalmen­
le considerábamos poco probable que las cul turas florecien tes de la
Cos ta peruana , pudieran haberse desGrrollado e n un medio palúdico.
La propagación de es ta enfe rmedad en la Campiña roma na, ha sido
invocada como una de las ca usas probable de la decadencia d el Im­
perio. Suposición, que los q ue en tiempos mode rnos hemos tenido la
oporluni da d de apreciar la. ca li dad di sminuída de los pob ladore s de
los val les peruanos endé micos de paludismo, no tenemos difi cultad pa
ra a ce ptar y e xtender a todos los lugares donde S8 repitan condici ones
anál oga s.
OSTEOMAS DEL CONDUCTO AUDITlVO
Lámina XXXVIII
Estas formaciones ósoa.s, muy visib le s en nlgunos cráneos primiti­
vos, pcrrt lcularmel1le de los antiguos perUClnos, resulta n de procesos in­
rInmalorios crónicos. que penetr cmdo l a p ie l del conduc lo, (lieelan e l ¡..¡ e­
rJór: IJ o. 1..0 r rlt:m", ir ¡r! d CTC) lJCI par...ce ser lo ,;(l u¡;;n p ri ílripol de> Irli1 ill ­
Illllllal'i ' I (\ni \'ri: : de l condw' lo Oll dl ti v'" d, · Ion¡ ¡I,: tr'(') nHal.
I:::::I I¡rJ " .!i , '(1111'111 , ¡' ,.: nc t()ulJ!(I: ', di,: liTllill r'll CI
Y'I Vi¡·"l llIW ," I'lXJ. i} l ' ' 1' 'r ll\ li " , [Ci 1,)(: '"¡'1111'"
JI . , <JI I I 'd l . , I ,rlO l,jIU 111
s
128 PEDRO WIEISS
hrl hoC'ho comparaciones e sta dísticas del porcentaje de osteomas cm
C: lr'rneos de otros países; se ha e stabl ecido diferenelas por la forma y
lo localizacion ; pero que sepamos no se ha hecho estadísticas regiona­
1,,:-: en relac: ión (';on la proximidad a l agua, ni a los lugares de pesca.
l)psde t'! 1 punto de vista cultural, los conclusIones más interesantes son
do Mary Frances Ericksen, en el informe preliminar (1949), sobre
,1 material óseo de Ancón que se conser vo en el lvluseo de A. y A.
1: 1 informe escr Ho a máqulna sobre 71 cráneos se conserva en la bi­
IJHoteco del Museo. Dice la Sra. Ericksen, refI riéndose a la exostosis
lel conducto auditi vo : "Quizás la dis tribuci ón más importante de la
lología de Ancón es la mos trada por la s exostosis del meato audit i­
vo. No se vio tal exostosis entre los 52 cráneos femeninos. También
'alán ausentes en los Penados Primitl vos entre los hombres. Sin em­
li gO, 5 de 17 cráneos de hombres de Huaura y S de 14 cráneos mas­
l lll tnos de Chancay mues tran exostosis del meato a uditi vo. Algunas
l. - estas exostDsis son muy grandes, llenando casi el mealo auditivo.
Su dis tribuci ón es solamente en tre los homb res y a parent€>men te inde­
IJnlldiente de cambios artrí ticos .J otros cambios patologicos, parecen
il ldi cor una causa ocupacional más bien que nulriciouol o a mbiental".
L. I b' xostosis, se pueden considerelT como un esligma profesi onal.
IJ, . ) I 1 pnlología poJ gmos pres umi r que la profeSi ón debió ob ligar a
' <ll lbullirS8. COIl grandes posibilidades de acierto, se puede insi nuar
km restos que los presentan perte necen a pescadores y buciadores
rll1l-1' : 05. Se tienen documentación gráfi ca en huacos de Nazca,
,',J Úll ¡:;escador8s de red, solian sin borcos . nadando, con sus re­
I ·spaldo. probablemente buscando en las bahías los pequeños
mllr:':, _ dr-! pescado. Los maniobras de la red, sm embarcación obli­
¡(lbCIfI Inrnblen a zambullirse .
I vorídica rerarliciórJ geográlica de los cráneos con exosiosis y
Ilcl 0 , la relación de próxirntdad al mar o los grandes lagos. se co­
111 II nr't cuando quede termina do el estudio Osteo cultural del material
-[ lI(mo_ Sin embargo, se puede a del a ntar, que por lo menos la ma­
"di p(IrII", proviene de lo Costa y de las orillas del lago Titicaca.
El 13' _5.60, luvunos oportunidad de realIzar en el Museo de A. y A.
1111 examen fur livo de material óseo sacado por el Sr. Engel de Para-
H; y que se rernilla a Europa para su esludlO. Es te moterlol mOfCO­
lCJ4 A L. contenldc. PD 2 cajones se componía de un r.;orJurlto de
'flil t, 1(.'8 Y alqunos huesos sueltos ue 11no antigüpdml [;'YJllll 6r::. nos
dilL l, c..lr 'juDO Clños. por lo lan to 81 corrJ l) trto óseo 1_., II¡, 111 <:1 'nélll ' 1Ii11gUO
qlJ
LAMINA XXXVI - - Crónees cOn Espongio Hi pero;sto5l'_
1\ - Secci ón tr aSVErsol de un cr(¡neo niño de 7 oproximodament", eon l ot,
pa redes de la bóveda y la s:Jgil-c.1I berrodo p"r lo Espongio hi JJCrc<.
tesis. El Cie r( 2 de las s utura s prcduce mlcr cccfo lios y asi me trías En un
ca s-) ele Porocos Cuve rncc, c2mpc rc:ble 0 1 de lo h qurtl , hay lino I?<timso obe rt ura fl-c
tr epa nuci ó" B y D - 5cccit n de pe rietal es engrcs Jdrs per lo [ 5")ong ia hi pc r05t"
s is En B, mit ad derecho, ';e ve la I-a bla ext erno cubiC" 'to por unu copa d.
t eji do r,t l 1.. po rt e Iz qu ,erdo e l te jido Il l! ,forma d o "< Ió inc ''' po rod.. LoI
clip lo<:_ En D. lo P' fll " t ,y , l'lhln "" t.."no ha d c sopo rl'C' ¡<J, r,, ··rn¡>l norlct pN LllI O fd"
, 1, · en fieles 'f conul,-r-,,J , "":C II I. ,tI El h ji d el d,.' r,,_-d"rmnC " .n . .11 t ,nrl\l'· flt'1r 1,
i r i dt il aCII If""l VI ',I, J' I 1I 1 Ju l. l IJl J. e <It· () II r rhT1 [! I, dt, \.1\ 11111 11
r.'n l ,It l ·f 11 , 1 , t. Lo"¡ 'i 1'J turo"i t.J I LIII 'v 1II •. (I)J I
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P EDRO W O SS
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AM INA XXXVII - Cróneos con lesiones de Espongio hiperos tosis.
1111 ,1'\ ac tiva s en el techo de las órbitas. La s lesiones de la órbita na guar ­
1" , ,. hl,.,,·'tI l. uon ti to \'Í vo con los de la bóveda. La cribo orbito, no permite en todos
1 " hur el r el diagnóstica de Espongi o hiperostoSis. e B y D - Lesiones en
. ".jt I' , h F11 e y D se aprec io la detenci ón brusco del proceso a nivel de la inserc ión
de la aponeurosis temporo!.
1)0 13 cráneos que revisamos, solo 2 eran jóve nes, el resto a.dultos,
Vi ejo. No hubo cráneos deformados, si este da to se puede ex­
(" l i d!'! (1 todo e l ma teri al de la época, sabríamos que la defonmac!ón
r 11 ,'UII CI que se encuentra en el pre-cerámico de Asía y Culebras se
Ufl lttd íó posteriormente . Tampoco encontramos ejemplos de Espongio
11'1 jI '10810sls.
"oil sl ituyó un carácter sal tante del conj unto la Irecuencia. de reab­
iI ( l lll l alveolar a centuadcr , piorrea, abscesos y desgost,- ( alr1cclón)
l . l l lcuj 'JtJ. En un hombre adulto, coincidiendo con un <¡ , n ll :lb9' ,so
j l'l lHulnr :lupC\rior, se presentaba una infección cr6nkr.r ,j ,· 1 1011 0 Illmcl­
OS1" ;OI.OCÍA C ULTII H.I\ 1. J
.....--...
L. AMINA XXXVIII - Osteomas del conducto ouditivo. Es­
esta lesión constituye un signo de los z orn ­
bull idores: pescadores, buseadores.
lar, con destrucción de la pared en su parte media, afección que debi ó
ser dolorosa y de graves consecuencia.
Varios huesos largos presentaban periostitis dih,lsO osificante y con­
densante.
En e l examen de 13 cráneos, 7 tenían osteomas del conducto a udi­
tivo externo. Este hallazgo interpretado desde e l punto de vista de la
Osteología Cultural, proporciona una referencia sobre la acti vidad d
esa gente, probablemente pe scadores o recolectores marinos.
I PEDRO WEISS
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LAMINA XXXIX A Y B
E.iemplar 12 - ;) i 20 - Musco de A. " 1\..
A última hora y por cortesía del Sr. Toribio MejÍa Xespe s, conoci­
mos este opero deformador, que ofrece pa ra e l tipo antiguo Chavín
Cavernas una nueva posibilidad de explicación, que afecto su filiación
cultural, enraizándolo con las deformaciones costeñas por cuna, con
las cuales tienen de común caracteres de su forma y de ubicación qeu
g ráfica. El tamaño pequeño de este apero que le permitía fijarse al
cuerpo como un aparato portátil y la crImohadilla grande para COFe'
primir la frente, explicaría la escasez de formas asimétricas y la for­
mo de la frent e, en el ti po Cavernas, lo menos en su variedad mo:..
anti güa: Chavm y Cavernas fuera del lugar de Paracas. Otras va
riedades, la bilobadas por ejemplo, se explicaría por la cinta de 10
Fig. ID, No es extraño que para una forma tan persistente se usas"
en el transcurso del tiempo dos o más sistemas deformadores.
A todas luces el apero que describimos es una cunita deformado­
ra de cañas, como otras muchas que se desentierran en el litoral , pe­
ro de tamaño tan reducido, que como apera deformador sólo pudo sm
portátil, cefálico. Lo interpretamos como un aparato de deformoci6n
cefálico, hecho sobre el molde de las cunas del litoral, con la partiel;'
loridad do llevar en el lugar donde reposa la cabeza del niño uno do
las conocidas roscas paraquenses de deformación, igual a lo de la Lé:
mi na V. Reune el rasgo costeño de la cuna deformadora, y la roseel
Paracas, coi.ncidente con el lugar donde se encontró. El todo se en ­
contTó cubierto con una maya con dib:.¡jos de escaques calados de l¡r­
chura pre-cerámica, que ilustra sobre la época del conjunto.
El aparato mide 256 mms. on la ex!cmsión de la cuna y 150 mmz.
de ancho. La rosca en diámetro vertical 110 mms. El tamar10 de esl
rosca se a justa a lo de una cabecita de lactante. El resto estó a colclv .­
do con una almohadilla pla na rellena de pelo humano.
Colocado en la cabeza el apero llega a la espalda del infan te . por
debato de los axilas, terminando en \IDO cañita tl lravesodo , en cuy,..,!)
pxlremos hay cue rdas, que pudieron servir pOTa amarra rl o por de lrlll
te del cuerpo de l niño, sobre e l pecho.
i . PEDRO WEISS
FI G. 22 - To j o en li no
cabezo tr ofeo, monduru­
cu con deíormoci ón Naz­
co, La ret racci ón de los
bordes en estos heri dos
de ' los cabezos trofeos,
i ndico que fueron hechos
en vida de l o víctima,
El cuero cabelludo estó
depilado, sal vo en los
bordes de las her idas, l o
que parece ot ro circuns­
tanci a de lo mismo cau­
so, Pr opi edad del autor
FIG. 2 3 - Al veol it is, con reabsorci ón a l veolar , Cavidad de un gran
absceso en l o raíz de un canino, Contami naci ón del ant ro con osteo­
mieliti s de l os huesos de la cota y perforaCi ón de la par ed, Las con­
secuenc ias de est os terr ibles f oco, de inf ección Sé morcaron en espon­
t il li l'i s. artr i ti s, per iostiti s diíusa de algunos huesos lar gas, Lo o l t e
roc i anes al veolar es fu eron generales 01 grupo, En ,,·,I n., rI. · Pn­
roco,> (It loS epoca', resa ltan las mi smas l esi ones, 011 " , .1 11
r).<Il I.1f l n ,! ue l u" r" n in':l qni fi contes en este q n J p O, Cr tJ I I\'I ' .j" 1" 111
brt· Odu ll <1 . M orcorJ r.1 10 4 AL dr' l 'i r [ , ,, 1,,1
:IJ I,TIJHJll.
:-r
LAMINA X L - M i scelónea A - OstE)! l ;S ror i f;contt' por COn CNJ'" t. Prn
boblcmente de un carci noma de lo mamo. Cránco cen ddormoc,ñll r rnnl O, ",ccl !' , l al
pOr cuna y I reponoci6n Sup ro -tni ana proveniente de Lour i , lo Co lara Chollcov. fl
CabfJzo Nazco con uno peluca de en orm es t renzo
r
Mu,eo 0, 1 CCo lPain (' 11 NolCO
C - Mcni ngiomo. Cróneo recogirJn en lo expcdici,',n de Binqnhm o M ochu rl cc l lu
Oc ('<;I os Mcn i nglomas se encuentran vari os en el M \¡<¡co dI:' A Y A A I'1uno, ti
Paracos.
PEDRO WF.ISS
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