Sara E.

Mata de López (2004) CONFLICTO SOCIAL, MILITARIZACIÓN Y PODER EN SALTA DURANTE EL GOBIERNO DE MIGUEL MARTÍN DE GÜEMES Introducción
La guerra de independencia en los Andes constituyó una experiencia social y política que involucró en su dinámica a amplios sectores sociales movilizados y propició la emergencia de liderazgos y de discursos políticos que reflejaron nuevas formas de concebir el poder y de materializarlo en el campo social. Pero el accionar militar y los nuevos referentes políticos se inscribieron en un contexto de agudas contradicciones entre diversos agentes sociales cuyos intereses, sentimientos, deseos y expectativas diferían sustancialmente. El interés se centra en la emergencia de nuevos actores sociales, generalmente marginales y en muchos casos no exitosos más allá de la primera década revolucionaria, lo cual supone abordar experiencias vitales en las cuales la pasión, los deseos, las prácticas sociales incorporadas culturalmente, los intereses y las aspiraciones sociales e individuales intervienen en las acciones humanas. Las tensiones sociales previas a 1810 juegan en esta insurrección un papel importante. La compleja trama social del ámbito rural y su relación con el poder político de la elite local representada en el cabildo y los funcionarios borbónicos, permiten comprender tanto la insurrección como la emergencia de los líderes locales que la dirigen.

Tierra, milicias y fuero militar. Insurgencia revolucionaria y liderazgo político
Entre 1814 y 1821 las milicias rurales dirigidas por Martín Miguel de Güemes defendieron el territorio entregando en tal noble propósito sus escasos bienes y su vida. La valentía y el patriotismo de la plebe rural reiterada constantemente en toda información oficial nunca fueron cuestionados por su líder y gobernador de la provincia. Las condiciones naturales para el mando y el carisma personal ubican a su liderazgo como resultado del paternalismo manifestado hacia quienes él denomina “mis gauchos”. Esta interpretación supone una relación vertical y automática entre Güemes y los gauchos o paisanos movilizados, quienes ven en él a un padre. Otras interpretaciones ofrecidas tampoco cuestionan su carisma y por ende sus condiciones naturales para el liderazgo, pero atribuyen la movilización de la campaña de Salta al poder ejercido por los grandes y poderosos hacendados. Esto, sin embargo, no permite comprender las razones de la persistencia de la movilización de peones y arrenderos cuando esos mismos hacendados y estancieros comienzan a ejercer una fuerte oposición a Güemes. Finalmente, y homologando la insurrección en Salta con las guerrillas altoperuanas, se ha calificado a la misma como guerra social, basada en el profundo odio que las milicias –compuestas mayoritariamente por mestizos, indios y afromestizos- profesaban hacia los sectores blancos de la elite urbana. Todas estas interpretaciones si bien contienen argumentos atendibles deben ser revisadas. En primer lugar porque todas ellas simplifican y generalizan, particularmente en relación a la construcción del liderazgo de Güemes y las razones de la movilización rural. Entre los años 1810 y 1814 la movilización en Salta y Jujuy se había realizado sobre la base de las milicias regladas, las cuales desde que fueron implementadas generaron conflictos en 1803 generaron conflictos entre los jefes más encumbrados de estas milicias y los funcionarios de la Corona. El goce del fuero militar que sustraía a los milicianos de la justicia ordinaria y el derecho a disponer, luego de una entrada al Chaco del destino de los indios prisioneros fueron las razones más importantes de las disputas. A fines de la colonia, la instalación en tierras de las estancias del valle de Lerma de indios y mestizos generó múltiples denuncias por parte de los propietarios. La presencia de esta población rural precariamente instalada y calificada como “vaga” fue difícil de erradicar. En la frontera, disponer de la distribución en las estancias de indígenas destinados a las faenas rurales constituyó un espacio de fricción ineludible. Los comandantes de la frontera, propietarios de las estancias más importantes en la región cuestionaban la autoridad de los funcionarios borbónicos para llevar a cabo tal distribución y pugnaban por repartir a los indios en sus tierras o en las de sus familiares y amigos. De este modo las milicias tendrán una importancia especial para abordar la revolución y la guerra de independencia en las jurisdicciones de Salta y Jujuy. En efecto, a las milicias ya organizadas en 1810 se crean nuevas que proceden a reclutar hombres de acuerdo con las disposiciones emanadas de la Junta de Buenos Aires. En 1811, de los milicianos que perciben sueldos por su condición muy pocos se han incorporado al Ejército Auxiliar que pasó hacia las provincias de arriba a las órdenes de Castelli. Los milicianos del valle de Lerma y del valle Calchaquí no están dispuestos a abandonar sus pequeñas propiedades o descuidar sus familias y sus escasos bienes para seguir al ejército al Alto Perú. La participación masiva de la población rural, no parece haber tenido lugar en estos primeros años revolucionarios. El ascenso al poder de Güemes fue el resultado tanto del grado militar de Coronel de vanguardia que le otorga San Martín en 1814 como de su habilidad para anudar voluntades y reunir bajo su mando a los jefes de las milicias locales e incluso a aquellos vecinos de parajes rurales que lograron liderar a paisanos voluntarios que resistieron de manera espontánea las requisas de ganados y víveres practicadas por el ejército realista que ocupaba la ciudad de Salta.

Construcción del poder. Los líderes locales
La interrupción de las actividades comerciales, la presencia de una creciente militarización, y las posibilidades de lograr un ascenso social o de subvertir situaciones de postergación y dominación en las que se encontraban sometidos, favorecieron el protagonismo de mediadores

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políticos, que por medio de la construcción de nuevas solidaridades, cumplieron un papel importante en la insurgencia revolucionaria. Muchos encontrarán en el goce del fuero militar, en las posibilidades de ascenso que otorga la milicia y en la relación que establecen con los jefes militares del Ejército Auxiliar y con las facciones de la elite, sus momentos de gloria o de desgracia. En el centro de la discordia tanto con la elite de salta como con la de Jujuy se encuentra el goce del fuero militar permanente para todos los paisanos o “gauchos” que voluntariamente se movilizaran para hostilizar a los españoles. La posibilidad de sustraer a gran parte de la población rural de las justicias ordinarias, es decir los Alcaldes del Cabildo, fue un requisito indispensable para consolidar el poder de los jefes locales. Los reclamos de tierras, realizados en detrimento de un vecino, o el reconocimiento de derechos sobre las propiedades fueron frecuentes y en ellos la condición de “gaucho” constituía una ventaja evidente. Los jefes locales, simultáneamente con el ascenso militar, lograron recompensas en tierras o las adquirieron en remates convenientes. En el juego de las lealtades políticas muchos fueron cambiantes y estuvieron presentes en las conspiraciones que se urdieron para derrocar a Güemes, incluso en la que finalmente acabó con su vida en 1821. La “plebe” insolente continuó movilizada luego de la muerte de Güemes y con ella muchos de los jefes locales quienes durante años lo acompañaron.

El sargento Vicente Panana. Un caso interesante
A pesar de su cargo militar la trayectoria de Vicente Panana es difícil de reconstruir. Poco se sabe de él, y sólo de manera fortuita se descubren datos que nos introducen en una trama de intrigas y lealtades y permiten vislumbrar la construcción de espacios de poder en el contexto de redes políticas muy amplias. Calificado como pardo, mulato, zambo e incluso negro, se puede afirmar que a su condición de afromestizo probablemente se agregara la de esclavo en los años previos a 1810. Su prestigio militar será la base del poder que, entre los suyos, ira alcanzando. La participación de Panana con un grado militar en las milicias, lo colocaba ya en posición de disfrutar de manera permanente del fuero militar y responder así de sus actos tan solo a sus jefes militares. Un confuso hecho protagonizado por uno gauchos, indicaría que Panana, en 1815 revistaba aún con el grado de sargento a las órdenes de Pedro José de Zavala. Este incidente que deriva en el enfrentamiento de Güemes con Martín Rodríguez, Coronel del Ejército Auxiliar, revela la protección que Panana brindaba a sus hombres así como el apoyo de sus superiores se inscribe en las necesidades de Güemes de erigirse en el único referente de poder frente a los “gauchos” movilizados. Se explicaría de este modo que al organizar la División Infernal de Gauchos de Línea integrada por “voluntarios patriotas” Güemes reivindique su derecho a seleccionar a los “gauchos. Entre los oficiales designados se encuentra don Vicente Panana, a quien se otorga el grado de Capitán de la Primera Compañía en el Escuadrón que comanda el Teniente Coronel Graduado don Pablo de la Torre. Su presencia se esfuma entre los años 1816 y 1817. En 1818 se encuentra cumpliendo prisión por delitos cometidos en Salta. Panana a pesar de su prestigio como valiente y patriota no pudo impedir el castigo ni oponer resistencia alguna, aún cuando contara con el apoyo velado de otros oficiales. Es por ello que sus relaciones y su conducta continúan despertando sospechas y recelos, por cierto bien fundados. En julio de 1818, cumpliendo su condena en Buenos Aires, se ve envuelto en una conspiración para asesinar a Güemes que da inicio a un expediente por parte de las autoridades militares de Buenos Aires quienes, luego de proceder a levantar sumaria información sobre el caso, girando las actuaciones a la justicia civil por cuanto consideran que Panana carece de fuero militar a raíz de los delitos cometidos en Salta. Los interrogatorios que se suceden van hilvanando una historia plausible en la cual la intención de destituir a Güemes no sólo procedería de los sectores más poderosos de la elite hacendaria y mercantil de Salta sino también de aquellos que con el curso de la guerra no logran cumplir con sus aspiraciones tanto políticas como económicas. La trama de relaciones vincula a personas de mayor nivel cultural y económico con personajes, que como Panana, han surgido de aquellos sectores mayoritarios y despreciados de la sociedad que se denominaba “plebe”, quienes gracias al contexto revolucionario logran construir espacios propios de negociación. Porque si algo queda en evidencia es que Panana no se movía de manera independiente y quienes lo invitaban a participar lo hacían por su capacidad para movilizar gente. La conspiración también preocupa a Güemes, quien percibe las dificultades en preservar lealtades frente al desgaste que provoca la guerra y la conflictiva situación política en Chile, Mendoza y el litoral. Razones no le faltaban para sospechar la existencia de relaciones entre Panana con otros jefes de sus milicias y no tan solo las de Guachipas o el valle de Lerma, sino también con aquellas que operaban en Orán y la frontera. La conspiración se concretó en diciembre de 1819. En ella tomaron intervención además de Panana el Comandante Mariano Morales, el Teniente Coronel Manuel Arias y probablemente miembros de la elite de Salta opositora al gobierno. La desconfianza, y probablemente la certeza acerca de la deslealtad de mariano Morales y quienes estaban más estrechamente vinculados a él, no permitió sin embargo a Güemes destituirlo en 1818, antes de que concretase el plan. Una señal también de los límites de su poder. Estos jefes poseían un ascendente sobre toros de menor rango que además eran los interlocutores directos de los “gauchos”, que Güemes no `podía ignorar ni desafiar. ¿Cuál fue el destino de los conspiradores? Benavídez fue sentenciado a morir, pero logró fugarse. Arias se refugió en Tucumán y Panana acompaña a Güemes n su precipitada fuga de la ciudad de Salta, ya herido de muerte, en junio de 1821.

Epílogo
El estudio de las redes, solidaridades e intereses sociales entretejen una historia mucha más compleja y difícil de abordar. Si bien es posible observar una importante participación de la población rural en las milicias voluntarias primero y luego en los cuerpos militares creados por Güemes, lejos se está de comprender la multiplicidad de razones que confluyen en esta movilización. Quienes participan de ella invierten recursos y esfuerzos para la prosecución de las aspiraciones colectivas que pueden diferir de una región a otra. Juegan aquí un valor importante los intermediarios del movimiento, organizadores y líderes locales. Prestar atención a esos nuevos actores como Panana, Manuel Arias, Mariano Morales y tantos otros, permite una aproximación a la insurrección que tuvo lugar en la provincia de Salta a partir de 1814 con la agresión de las tropas realistas sobre la población rural que desde ese momento las identificaron como enemigas. Esta insurrección se

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articuló luego en los discursos y objetivos políticos de Güemes, quien a partir de ella construyó su poder político y militar. ¿Qué entendían por patria y qué esperaban de ella? ¿Cuáles eran sus expectativas sociales y económicas? ¿De qué manera negociaban sus fuerzas en el campo político y militar? Para un número importante de estos milicianos rurales la “patria” era la tierra donde se había nacido. En el transcurso de la resistencia armada la patria ira adquiriendo un sentido político. Era el lugar donde se había nacido y, por esa misma y única razón, les pertenecía. Reivindican así la legitimidad de derecho a decidir, a actuar y a participar. La patria será sinónimo de libertad. Brinda, de este modo, un espacio de poder en el cual ellos lograban un reconocimiento social negado por el sistema colonial, para el cual constituían tan solo las castas y la plebe. Cabe preguntarse cuánto incidió en la decisión de Güemes de nombrar y ascender en los cargos militares a Panana, Morales, y muchos de los capitanes y sargentos que integraban las milicias de Salta, el ascendiente político que éstos tenían sobre sus pares. Por otra parte se vizualiza que a pesar de las reiteradas afirmaciones referidas a la relación directa, paternal y monolítica de Güemes con los gauchos movilizados, las rivalidades internas, los enfrentamientos derivados de objetivos políticos diferentes, la presencia de móviles no necesariamente idénticos entre los milicianos y sus superiores, unido a los conflictos facciosos de la elite, lejos están de brinda runa unidad de sentido al proceso militar y político que se desarrolla en Salta y Jujuy en los años en que tiene lugar la guerra de independencia en esos territorios. Lentamente también comienzan a revelarse las complejas relaciones que se establecen entre vecinos de diferentes jurisdicciones, posición social e ideario político. El estudio local remite al análisis de espacios políticos que lo exceden ampliamente y cuya existencia no es sólo retórica sino que se encarna en la concepción de una entidad política mayor. Muestra asimismo la trama de las relaciones posibles entre “patriotas” y “realistas” presente durante todo el proceso de la guerra de independencia. [Sara Mata, “Conflicto social, militarización y poder en Salta durante el Gobierno de Martín Miguel de Güemes”, en Fabián Herrero (Comp), Revolución, política e ideas en el Río de la Plata durante la década de 1810, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2004, pp. 125-147. ]

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