José Ramón Enríquez (Sistema Nacional de Creadores de Arte

)

La Expulsión

MÉRIDA, YUCATÁN. 31 DE JULIO DE 2011

Este texto no hubiera sido posible sin la convocatoria, la confianza y el entusiasmo del Padre Enrique González Torres, S.J. y de Jorge Moreno Cervantes. Debe, en primer término, la información con la que cuenta, a las investigaciones y acertadas referencias bibliográficas de los doctores Alfonso Alfaro y Arturo Reynoso, S.J. Imprescindibles fueron los comentarios de Luis de Tavira, y a sus manos va para que él lo haga vida en escena, que no es otro su sentido.

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Personajes (por orden de aparición): José Ignacio, jesuita Carlos III José Moñino Campomanes Fray Joaquín de Eleta Presbítero Hogal Arzobispo Lorenzana Marqués de Croix Secretario del Virrey Don Domingo Valcárcel José de Gálvez Mujer Indígena Capitán Uno Capitán Dos Francisco Xavier Alegre Francisco Xavier Clavigero Hermano Santiago Madre Maneiro Cornelius de Pauw Sor María Josefina Superiora Maestro de Novicios Novicio Uno Novicio Dos Novicio Tres Personajes de la Audiencia, Soldados, Monjas, Asistentes a la Conferencia, Enfermos y Enfermeros en la Bodega de Veracruz, Coro de Jesuitas y Novicios en México.

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CUADRO I
Tepozotlán. Entre cantos gregorianos, José Ignacio, novicio, se acerca del fondo del escenario hasta proscenio y se hinca como si estuviera frente al altar. Trae manteo. Saca un pergamino y lee, en latín, la fórmula de los votos del bienio. Al terminar, respira profundamente, se levanta y vuelve sobre sus pasos hasta perderse, entre cantos que suben de intensidad, mientras se hace el oscuro. JOSÉ IGNACIO Omnipotens sempiterne Deus, Ego, Josephus Ignatius, licet undecumque Divino tuo conspectu indignissimus, fretus tamen pietate ac misericordia tua infinita, et impulsus tibi serviendi desiderio, voveo coram sacratissima Virgene Maria, et curia tua caelesti universa Divinae Maiestati tuae Paupertatem, Castitatem, et Obedientiam perpetuam in Societate Iesu: et promitto eamdem Societatem me ingressurum, ut vitam in ea perpetuo degam; omnia intelligendo iuxta ipsius Societatis Constituciones. A tua ergo inmensa bonitate et clementia per Iesu Christi sanguinem peto supliciter, ut holocaustum in odorem suavitatis admittere digneris; et ut largitus es ad hoc desiderandum et offerendum, sic etiam ad explendum gratiam uberem largiaris.

CUADRO II
Real despacho de Carlos III. Conforme se ilumina la figura preocupada del rey, van escuchándose los murmullos de José Moñino y el Conde Campomanes, sus ministros, quienes discuten entre sí. El rey se debate ante las órdenes de expulsión de los jesuitas de los reinos de España. Con los ya dichos está también Fray Joaquín de Eleta, el confesor del Rey. Los tres se miran, consternados, ante las dudas reales. Por fin, Campomanes se atreve a elevar la voz y dirigirse al rey. CAMPOMANES Recordemos, señor, que cuanto aquí planeamos lo comparte el Rey de Portugal. JOSÉ MOÑINO Ya hemos hablado mucho sobre el tema con el propio Pombal. CARLOS III ¿Se logrará también que otros monarcas secunden la medida? CAMPOMANES Han crecido las voces en Europa que exigen la expulsión de los jesuitas. 4

Por fin, el monarca se aleja de la mesa. CARLOS III Aunque José I y el Marqués de Pombal compartan con nosotros argumentos y la entera península esté en concierto Aunque otros reyes se unan a nosotros, (se dirige especialmente a su confesor) ¿no debe preocuparnos el Pontífice? FRAY JOAQUÍN DE ELETA El Marqués de Pombal no es un hereje. Está el Padre Pereira que es gran teólogo. Y el abate Plantel y Joao Mansilha caminan a su lado. Y el obispo Bulhoes. JOSÉ MOÑINO Su argumento es antiguo. FRAY JOAQUÍN DE ELETA Fundado sin dudar en la Escritura. JOSÉ MOÑINO El derecho divino de los reyes y la sacralidad de sus poderes por encima de todo para bien del Estado y la felicidad de los vasallos. FRAY JOAQUÍN DE ELETA Y con la Santa Iglesia siempre en suave concierto. Pero no sometidos a una Orden como son los jesuitas que buscan dominar al Rey y al Papa para erigirse Estado en el Estado. CARLOS III Su Santidad me escribe, con furor y con lágrimas, para hacerme saber que Roma está en completo desacuerdo con expulsar de España y las colonias 5

a los hijos de Ignacio de Loyola. FRAY JOAQUÍN DE ELETA De Roma viene lo que a Roma llega. CARLOS III Ante la sola idea de expulsar a los jesuitas de este reino, exige recordemos que en el trono de España Roma ha encontrado siempre, por los siglos, un alto defensor, el más ferviente. JOSÉ MOÑINO No es extraño, señor, ya se esperaba. FRAY JOAQUÍN DE ELETA Sabemos del poder de los jesuitas en la Curia Romana. Saben mentir a todos al oído. Paisano, confidente y protector del Padre General, Lorenzo Ricci, lo es el Cardenal Secretario de Estado. CAMPOMANES Pero no lo será por mucho tiempo. Está agónico el Papa, nos informan. CARLOS III ¿Y si el Papa quisiera excomulgarnos in articulo mortis ? FRAY JOAQUÍN DE ELETA Jamás se atrevería. Lanzará algunas quejas y entregará su alma dulcemente al Creador que lo espera. JOSÉ MOÑINO Para después , tenemos candidatos al Solio Pontificio que habrán de bendeciros por dejar vuestro Imperio sin jesuitas. Y, más aún, tenemos candidatos que habrán de suprimirlos de la faz de la tierra. 6

CARLOS III ¿Estáis ciertos, señores consejeros, de que no comprometo la salvación eterna de mi alma al dejar a mi súbditos, y sobre todo pienso en ultramar, sin esos sus pastores eficaces que han sido los jesuitas? FRAY JOAQUÍN DE ELETA No faltan operarios del clero secular o de otras órdenes. Nosotros, franciscanos, pisamos los primeros esas tierras. Los hay, entre los nuestros, mucho mejores, sabios y más santos. Recordad, mi señor, que, en Chile los jesuitas les toleran esa superstición del Machitún. Y ello es sólo un ejemplo. CAMPOMANES También, en Filipinas, rebelan a los indios a favor del inglés. JOSÉ MOÑINO En Paraguay, por todo el Orinoco, las Californias de la Nueva España, y Sinaloa, Sonora, Pimería, Nayarit, Tarahumara y otras muchas naciones de las Indias ya se han apoderado de la soberanía, y al español lo tratan de enemigo prohibiéndole, Señor, cualquier comercio, y enseñando a los indios mil especies horribles en contra del servicio de Vuestra Majestad, que Dios nos guarde. FRAY JOAQUÍN DE ELETA Pero a Clemente XIII, el Santo Padre, por ser anciano y bueno y muy ingenuo, los jesuitas lo engañan. 7

El Rey guarda silencio. CAMPOMANES (tras pausa) Todas esas reformas que Vuestra Majestad ha venido soñando tantos años, es tiempo de cumplirlas. Hacer, por fin, de España y sus colonias tierra que se ilumine con las Luces que ya hace tiempo en Francia han roto las cadenas que impedían el progreso Desde Felipe V, altísimo destino para España han soñado los borbones. Y a todo se han opuesto los jesuitas con sus hábitos negros. Son cientos los sofismas con que en cientos de escuelas engañan y deforman por igual a españoles y criollos y mestizos y también a los indios, de los cuales defienden sus repúblicas. El rey de Portugal ya lo ha entendido y también el de Francia. Ya han librado sus tierras de jesuitas. Es el turno de España, para entrar a la historia Vuestra Alteza, magnífico monarca, como el rey ilustrado que liberó a los suyos de esa peste. CARLOS III Así sea, pues, y para el bien de todos. Carlos III firma y se coloca en la postura de uno de los retratos más famosos en que ha llegado a nuestros días, el de Antonio Mengs. Echan sobre sus espaldas el manto real y, mientras sonríe, con el bastón de mando en una mano, se va haciendo el oscuro.

CUADRO III
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Se ilumina el cuadro antes aludido del Rey Carlos III en el Salón de Consejo del Virrey, Marqués de Croix. Poco a poco sube la iluminación, aunque sin quitar el ambiente de penumbra. Se escucha el ruido que produce el movimiento de hombres armados y se ve entrar al Salón a diversas personas. Entre las personas que entran está el Arzobispo don Francisco Antonio de Lorenzana, quien toma su lugar en un sillón apenas menos lujoso que el del Virrey. Cruza el presbítero José Hogal, conducido por un soldado. Al ver al Arzobispo logra zafarse de su captor y se acerca al prelado. PRESBÍTERO HOGAL El Santo Dios lo manda, Su Ilustrísima, (se hinca a sus plantas) ¿por qué me llevan preso? ARZOBISPO LORENZANA Calma, Padre. Guarde la compostura. Nada será en su contra. Yo mismo ignoro cuáles razones poderosas han podido obligar a que a esta hora el gran Señor Virrey venga citarnos y con tanto sigilo. PRESBÍTERO HOGAL Pero , ¿a mí, Monseñor? ARZOBISPO LORENZANA ¿Y no es tuya la imprenta, la única por cierto, que existe en la ciudad? Tal vez por eso PRESBÍTERO HOGAL (tranquilizándose un poco) Quiéralo Dios así Tal vez por eso El soldado saca al Presbítero y continúa el movimiento en el Salón. Quienes se saludan y comentan lo hacen con murmullo inaudible. Entra la guardia virreinal y anuncia la entrada del Marqués de Croix. SECRETARIO DEL VIRREY ¡El muy excelentísimo señor don Carlos Francisco, Marqués de Croix, Capitán General de los Reales Ejércitos, Comendador que es de Calatrava, Virrey, Gobernador, 9

Capitán General de ésta, la Nueva España, y Presidente de su Real Audiencia! Entra el Marqués de Croix. A propio tiempo se asoma a un balcón, tratando de no ser visto, el Visitador José de Gálvez. Desde ahí escucha a las asistentes. El Virrey, quien se sabe vigilado por él, busca su mirada y su sonrisa de aprobación cuando actúa con dureza. MARQUÉS DE CROIX Muy ilustres señores y eminencias. Es tal la gravedad de nuestro asunto que justifica todo, la hora y la violencia, y sabrán disculparme. He recibido órdenes firmadas, cubiertas en tres partes, y con el sello real en cada una. (Agitación en la sala) Le pido al Secretario que proceda a leer la instrucción que me dirige en la segunda orden el Consejero Real, Conde de Aranda. SECRETARIO DEL VIRREY (lee) Incluyo el pliego adjunto que deberá de abrirse hasta entrada la noche de junio 24 MARQUÉS DE CROIX (interrumpe) Como se ve, señores, claramente, es esta misma noche. (Hace seña para que el Secretario continúe) SECRETARIO DEL VIRREY Y, entonces, enterado de cuanto se contiene cumplirá puntualmente con las órdenes. Debo advertir que a nadie ha de comunicar el recibo de ésta, ni el pliego en reservado que el día determinado habrá de abrirse EL MARQUÉS DE CROIX (interrumpe) Es decir, este pliego que tengo entre mis manos. (Gesto para que prosiga) 10

SECRETARIO DEL VIRREY Todo en la inteligencia de que si causa alguna permitiera se hubiese traslucido cualquier punto, seréis tratado como aquel que falta a la reserva de su real servicio . EL MARQUÉS DE CROIX (interrumpe) Y en la tercer cubierta se leía: No abriréis este pliego bajo pena de muerte hasta la misma noche de junio 24 mil y setecientos sesenta y siete . El Virrey guarda silencio, el cual provoca exclamaciones y bisbiseos de los presentes. SECRETARIO DEL VIRREY Ilustrísimos señores, guarden la compostura... EL MARQUÉS DE CROIX La razón del sigilo y de la urgencia con que los he traído contra su voluntad en varios casos, lo es el contenido de este documento que hace unas cuantas horas he leído. De propio puño y letra ha sido escrito del Rey Nuestro Señor Carlos III, (algunas exclamaciones) y procedo a leerlo puntualmente: Os revisto de toda mi autoridad y de todo mi real poder para que inmediatamente os dirijáis a mano armada a las casas de los jesuitas. Os apoderaréis de todas sus personas y los remitiréis como prisioneros en el término de veinticuatro horas al Puerto de Veracruz. Allí serán embarcados en buques destinados al efecto. En el momento mismo de la ejecución, haréis se sellen los archivos de las casa y los papeles de los individuos, sin permitir a ninguno otra cosa que sus libros de rezo, la ropa absolutamente indispensable para la travesía y el dinero que acreditasen ser de su personal propiedad. Si después de la ejecución quedase en ese distrito un sólo jesuita, aunque fuese enfermo o moribundo, seréis castigado con pena de la vida. Yo el Rey . Tras del estupor que hunde en el silencio a los presentes, el Arzobispo Lorenzana da un paso hacia delante y comienza a aplaudir. Lo siguen quienes son enemigos de los jesuitas, 11

aunque quedan en silencio quienes no están de acuerdo con la medida. Se escucha alguna voz. VOZ ¡Viva el Rey! EL MARQUÉS DE CROIX ¡Viva el Rey! Varios corean el grito de inmediato. Otros, temerosos, se van uniendo a él. Otros guardan silencio. De pronto se oye la voz de don Domingo Valcárcel. DON DOMINGO VALCÁRCEL Señor Virrey, yo pido la palabra como Decano de la Real Audiencia. MARQUÉS DE CROIX Sí, tiene la palabra don Domingo Valcárcel. DON DOMINGO VALCÁRCEL Quiero dejar constancia de cuánto considero, por más que sea del Rey Señor nuestro, claramente ilegal la providencia. (Exclamaciones) Dejo para otra hora hacer la apología de los jesuitas para decir ahora cuánta necesidad de ellos tenemos. ¿Cuántos jóvenes nuestros, escolares, ya no serán formados? ¿Cuántas son las misiones en todo el territorio, desde el norte hasta el sur que ellos atienden? ¿A quiénes si no a ellos les importa de California a Texas esa tierra y sus indios? ¡Expulsarlos a ellos, mis señores es, simple y llanamente, una barbaridad! MARQUÉS DE CROIX ¡Está hablando, Valcárcel, del que es más ilustrado entre cualquier monarca habido y por haber, en cualquier parte! 12

DON DOMINGO VALCÁRCEL Pues si es así, Marqués, nos ha leído una absurda instrucción de puño y letra de un déspota ilustrado. EL MARQUÉS DE CROIX (furioso) ¡Alta traición, señor, alta traición! DON DOMINGO VALCÁRCEL Invoco a mi favor los fueros de justicia y de su empleo. Representante soy, en esta Audiencia, de cuanto son derechos del Príncipe de Asturias y, además, es el Rey quien nos exige, en Título Noveno, Libro Cuarto, de Recopilación para esta Audiencia que es del propio Monarca, que repliquemos, sí, resoluciones tomadas por él mismo, cuando todos juzgáramos que nuestro real señor no ha podido tomarlas con plena ciencia y claridad de juicio. ARZOBISPO LORENZANA Clarísimo es el juicio del monarca y la materia es cierta. Sabe perfectamente cuánto daño han hecho los jesuitas, ¡y continúan haciendo!, en todo el territorio que gobierna. Hay otros religiosos preparados y clero secular bajo mi mano. Pueden llevar muy bien eso poco de bueno que hayan aquí fundado los jesuitas.

DON DOMINGO VALCÁRCEL Nunca ha pisado el Rey la tierra americana y no conoce el daño que va a hacernos en, ni el puñal que así clava 13

en los sabios jesuitas mexicanos a los cuales expulsa de su patria. (Se vuelve hacia el lugar en el que hace tiempo ha descubierto a Gálvez) Y, ahí, vuestra excelencia, Señor Visitador José de Gálvez, que nos vigila y busca no ser visto, ¿qué dice a todo esto? JOSÉ DE GÁLVEZ Nada puedo añadir a todo lo expresado por el Señor Virrey en frente vuestro. ¡Callar y obedecer es sola obligación de cualquier súbdito! MARQUÉS DE CROIX ¡Callar y obedecer, don Domingo Gutiérrez de Valcárcel! DON DOMINGO VALCÁRCEL (continúa hablando a Gálvez) ¿Y vos, señor de Gálvez, hacéis propia esa ley? JOSÉ DE GÁLVEZ Con fervor la he hecho mía desde pequeño y la creo indispensable para llevar gobiernos a buen puerto: ¡no preguntar razones al monarca, que él las guarde en su pecho y sólo a Dios dé cuenta de sus actos! DON DOMINGO VALCÁRCEL Es vuestro regalismo, señor Visitador, muy peligroso. Contradice con mucho la doctrina tomista. (Se dirige a los demás) ¡Santo Tomás no sólo justifica incluso exige ajusticiar tiranos! Estas últimas palabras provocan desde murmullos hasta reacciones airadas. JOSÉ DE GÁLVEZ Y en eso se han basado los jesuitas para conspiraciones 14

descubiertas a tiempo en estos reinos. ¡Quieren matar al rey! Crecen las exclamaciones que Valcárcel intenta calmar. DON DOMINGO VALCÁRCEL ¡Señor Visitador, eso es locura! ¿¡Cómo podéis hablar de tal manera!? Sabemos que vos mismo declarasteis a favor de los hijos de Ignacio de Loyola al Conde Campomanes, en Consejo. JOSÉ DE GÁLVEZ Eran otros los tiempos y nada se sabía de las traiciones que ya venían fraguando los jesuitas. ARZOBISPO LORENZANA De su moral tan laxa se sabía y cuanto llaman liturgias misioneras que sólo es herejía. JOSÉ DE GÁLVEZ Sus estados jesuíticos que son alta traición en cualquier reino. ARZOBISPO LORENZANA Y la exención de diezmos y de impuestos. DON DOMINGO VALCÁRCEL Es claro, monseñores, que todo ello es mentira. Todo es resentimiento y oscuro proceder de quienes se disfrazan de ilustrados. La luz saldrá en su tiempo y nos dirá la historia quién defendió en verdad en estos reinos la Ilustración y el libre pensamiento. EL MARQUÉS DE CROIX ¡Don Domingo Valcárcel, reo de alta traición, quede arrestado y sin derecho a visita alguna hasta su juicio próximo! ¡Y llévense a cumplir literalmente 15

las órdenes del Rey, por ley divina, amo y señor de todos bajo pena de muerte! ¡A nadie tiemble el pulso! ¡Hasta los más ancianos incluidos los enfermos, sean expulsados todos! ¡Ningún jesuita quede en estas tierras! ¡Limpio todo rincón del virreinato! Con gran aparato, don Domingo Valcárcel es llevado a prisión y todos salen para cumplir las reales órdenes. Se hace el oscuro.

CUADRO IV
Patio de Armas del Palacio Virreinal. Soldados van y vienen y se escucha, inclusive, galope de caballos que parten y llegan a las afueras del Palacio. Muy inquieto, el Marqués de Croix habla con dos de sus capitanes. CAPITÁN UNO Ya las cosas se salen de control. Se trata de un motín. MARQUÉS DE CROIX ¿Así de serio? CAPITÁN DOS Es simplemente el pueblo que está inquieto. CAPITÁN UNO Que no te engañe el pueblo. MARQUÉS DE CROIX ¿Hay, pues, peligro? CAPITÁN DOS Ninguno que el ejército del Rey no pueda sofocar... Aparece el Visitador José de Gálvez y concluye con fuerte voz la frase del Capitán Dos. JOSÉ DE GÁLVEZ ¡... a sangre y fuego!

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CAPITÁN UNO Pero, señor... JOSÉ DE GÁLVEZ Vengo de hacerlo en Pátzcuaro. CAPITÁN UNO Y fue un baño de sangre. JOSÉ DE GÁLVEZ Lo exageran. Ahorqué a los cabecillas, azoté a los alzados y todo retornó a su justo cauce. CAPITÁN DOS Aplaudo a su excelencia que nos muestra el camino mientras hay capitán que se acobarda. Retador, dirige la última frase al Capitán Uno. El Capitán Uno se dirige al Visitador, despreciando la bravata del Capitán Dos. CAPITÁN UNO Debe tener razón vuestra Excelencia pero llegan de Pátzcuaro noticias de que el Padre Rector, personalmente, tranquilizó a los indios y les pidió rendirse. JOSÉ DE GÁLVEZ Conozco a los jesuitas y sus tretas y procedí a borrarlos de todo Michoacán. ¡No pueden permitirse en estas tierras historias parecidas al Motín de Esquilache! MARQUÉS DE CROIX Ningún motín así permitiremos. CAPITÁN DOS Nada es tan serio. CAPITÁN UNO Pienso lo contrario. Es el principio de algo 17

cuyo final, quizás, llegue en treinta años. JOSÉ DE GÁLVEZ ¡A sangre y fuego he dicho! ¿O es que el Virrey, acaso, habría de permitir caos y traiciones? MARQUÉS DE CROIX Señor Visitador: he dicho lo contrario hace un momento. A sangre y fuego, tal como vos gritasteis, las órdenes del rey serán cumplidas. JOSÉ DE GÁLVEZ Los jesuitas azuzan a la gente. MARQUÉS DE CROIX Igual fue en Esquilache. JOSÉ DE GÁLVEZ ¡Pudo probarse entonces que eran ellos! Y no ha pasado un año siquiera de esos días. ¡Capitanes! ¡Con fuerza hay que ahogar el motín desde la chispa! CAPITÁN DOS Es verdad, mi señor, si nos mostramos débiles muy pronto la Colonia nos será ingobernable. CAPITÁN UNO Si mostramos injusta nuestra fuerza con un baño de sangre ahondaremos la herida que se ha causado ya a indios cuanto a criollos al expulsar jesuitas que ellos aman. Los que son sus maestros, confesores, los que velan por ellos en misiones. CAPITÁN DOS Te estás equivocando y a cobardía me huele tu argumento. 18

CAPITÁN UNO Semillas de venganza germinarán aquí y allá... MARQUÉS DE CROIX ¡Ya basta! JOSÉ DE GÁLVEZ Bien conocemos todos las ideas que en colegios, misiones y en capillas nos siembran los jesuitas. Son esas las semillas importantes. ¡Han llegado a probar con sus sofismas incluso la justicia de los tiranicidios! MARQUÉS DE CROIX ¡Nuestro rey no es tirano, capitanes! CAPITÁN UNO Los jesuitas, lo juro, van calmando a la gente donde pasan. Es posible que piensen que, si en lo de Esquilache se vio a la Compañía como la instigadora, no debe repetirse ningún gesto que pueda parecerlo en esta hora. Tal vez sea por cálculos diabólicos, pero, señor, le juro que en este caso todos los jesuitas buscan dejar bien clara la obediencia y a la gente la calman. Lo vio el Visitador en el Rector de Pátzcuaro. JOSÉ DE GÁLVEZ ¡Es su estilo de actuar mientras conspiran!

CAPITÁN UNO Yo no sé de sofismas ni de filosofías que enseñaran ayer en sus escuelas, pero si nuestro rey no es un tirano no se comporte, entonces, cual si fuera. 19

MARQUÉS DE CROIX Lo que ha dicho es traición. (Al Capitán Uno) Hágase usted del mando. CAPITÁN DOS (al Uno) Tú quedas arrestado. Se llevan preso al Capitán Uno. MARQUÉS DE CROIX ¡A sangre y fuego, he dicho! CAPITÁN UNO ¡A sangre y fuego! JOSÉ DE GÁLVEZ ¿Ya están en Veracruz los jesuitas del Centro? CAPITÁN DOS Ya han llegado. MARQUÉS DE CROIX ¿Y la fragata? CAPITÁN DOS Espera a los demás. MARQUÉS DE CROIX ¿Podremos sofocar todos los brotes de posibles motines? CAPITÁN DOS ¿A sangre y fuego? Todos. JOSÉ DE GÁLVEZ Los que vengan del Norte, de la tierra en que Kino misionara, deben ser bien cuidados. MARQUÉS DE CROIX ¿Hay peligro? CAPITÁN DOS Pero también hay hombres suficientes y dispuestos a todo. 20

MARQUÉS DE CROIX Y en Veracruz fortalezcan las tropas. CAPITÁN DOS Tenemos un problema en ese puerto. Sabemos que una plaga, causada por calores y mosquitos, está enfermando a algunos. Los jóvenes y ancianos son los que más la sufren. Y la gente ya busca organizarse para cuidar de ellos. JOSÉ DE GÁLVEZ ¡Que se impida esa ayuda que puede ser magnífico pretexto para buscar después amotinarse! CAPITÁN UNO Se cumplirán sus órdenes. JOSÉ DE GÁLVEZ Hay médicos jesuitas, enfermeros, astrólogos y sabios, y si la cosa es seria pueden extremaungirse unos a otros. MARQUÉS DE CROIX ¿Está claro? ¡A las armas! El Marqués de Croix sale seguido del Visitador Gálvez y del Capitán Dos, entre ruido de pasos de soldados que marchan y sonido lejano de caballos. Se hace el oscuro.

CUADRO V
Galerón en los muelles del Puerto de Veracruz. Se encuentran hacinados jesuitas que han llegado de diversos puntos. Muchos están enfermos. José Ignacio, quien acaba de hacer sus votos en el noviciado de Tepozotlán, auxilia a otro hermano que tiene fiebre muy alta. Una mujer de vestimenta humilde y rasgos indígenas lo ayuda con agua y trapos limpios. 21

MUJER INDÍGENA Lo que hacen con ustedes es pecado y muy pronto el Señor vendrá a cobrarles. JOSÉ IGNACIO No sabemos por qué. Nos quitaron incluso las sotanas y sólo nos dejaron viajar con estas ropas que traemos. Es por eso que muchos de los nuestros ya han caído con fiebres. MUJER INDÍGENA Esto no debía hacerse ni aunque fueran ustedes bandoleros. Pero mírese usted, apenas es un niño. JOSÉ IGNACIO Hay otros más pequeños. Ya cumplí los veinte años. Hice votos. MUJER INDÍGENA Yo vengo desde México siguiéndolos porque fueron maestros de mis hijos en el colegio de indios. ¿Conoce San Gregorio? JOSÉ IGNACIO Yo soy de Zacatecas, nunca he ido para la capital. MUJER INDÍGENA Pues al llegar la tropa a San Gregorio los niños no dejaban que se llevaran presos a los Padres maestros. Les gritaban en lengua a los soldados que no los entendían, pero se enternecieron y dejaron que se abrazaran niños y jesuitas y que lloraran juntos. Triste, triste fue todo. Triste, triste Y ahí fuimos llegando los del pueblo y lloramos con ellos. ¡Infelices nosotros! , gritábamos entonces, ¡cargan a nuestros Padres 22

y, con ellos, roban su religión! ¿Adónde acudiremos para hallar los remedios de las almas y un pan para llevarnos a las bocas? Porque mucho nos daban los jesuitas de allá de San Gregorio. Mucho nos protegían, con gran desinterés y sin cansancio. Y a nuestros hijos, pobres, siempre les enseñaron a leer y escribir y la doctrina. Lloraron con nosotros los jesuitas y también los soldados. Y todos, de verdad, enternecidos maldijimos las órdenes injustas. Y el pueblo, en procesión siguió con ellos de México a la Villa, mucho más de una legua, al Tepeyac para llorar enfrente de la Virgen. Yo los vengo siguiendo desde entonces por si hay alguna cosa en que pueda servirles. JOSÉ IGNACIO Pues hay entre nosotros mucho enfermo. MUJER INDÍGENA Esto se vuelve plaga, estoy segura, Siga poniendo paños y demos de beber a los más débiles. Usted por ese lado y yo por éste. Como indicara la Mujer Indígena, José Ignacio va por un lado y ella por otro entre la gran cantidad de jesuitas que se encuentran hacinados en aquel galerón veracruzano. Poco a poco y entre gemidos de los enfermos, se va haciendo el oscuro.

CUADRO VI
Años después, en Bolonia. Los padres Alegre y Clavigero, en algún sitio de un humilde patio trasero, conversan con José Ignacio. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Ya estás a punto, hermano José Ignacio, de recibir las órdenes sagradas. 23

JOSÉ IGNACIO Sacerdote jesuita en el exilio Estoy listo, sí, Padres. El Hermano Santiago llega e interrumpe la conversación. HERMANO SANTIAGO Ay, reverendos Padres, no he podido encontrar alguna estufa para caldear un poco nuestros cuartos. FRANCISCO XAVIER ALEGRE No es el frío lo peor, descuide, hermano. HERMANO SANTIAGO Es verdad, lo peor , lo peor no lo entiendo..., es lo mal que nos tratan en Italia éstos que son jesuitas como somos nosotros. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Somos, hermano, los parientes pobres y cuidan de sus ollas. Además, recordemos, no pueden instalarnos en sus casas porque así perderíamos lo poco que a nosotros ha asignado la Corona española. HERMANO SANTIAGO Pues, Padres reverendos, nosotros hemos sido en nuestra patria mucho más generosos. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Que sea Dios el que juzgue y no nosotros. HERMANO SANTIAGO Es verdad, me arrepiento. (Tras breve pausa:) Pero también me llaman mentiroso y eso sí es incorrecto. ¡Falto de educación, de caridad y tacto! FRANCISCO XAVIER ALEGRE 24

Pues, ¿usted qué les dice? HERMANO SANTIAGO Yo tan sólo les hablo del fasto y la hermosura que allá en Tepozotlán adornaba la Iglesia. Y de cómo, en la Puebla de los Ángeles, había en la sacristía de nuestra Iglesia una cajonería para ornamentos de maderas finísimas y que ahí se servía, bajo tres bóvedas tras el altar mayor y frente a un lienzo tan ancho como alto que celebra los triunfos de nuestra Compañía y a nuestros santos. FRANCISCO XAVIER ALEGRE No es ésta una hora buena para hablar de los triunfos ni los santos. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Es hora de escribir y defendernos no sólo los jesuitas, sino también los buenos mexicanos, de ignorancias, absurdos y calumnias. HERMANO SANTIAGO Es verdad ¡Ignorantes...! ¿Sabían sus reverencias que no saben no de Tepozotlán y sus tesoros sino que existe la ciudad de Puebla? FRANCISCO XAVIER ALEGRE Cálmese usted, hermano. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Aunque él tiene razón Para eso estamos: si niegan que un jesuita nacido en nuestras tierras pueda ser latinista llega al foro Landívar y da su Rusticatio mexicana. HERMANO SANTIAGO En verdad, desconocen lo más elemental de cuanto somos. 25

FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Su ignorancia es culpable por cuanto que es el modo de permitir crueldades y saqueos con discursos más llenos de sofismas que de ideas ilustradas o de ciencia. En eso, la corona portuguesa siempre ha sido maestra. JOSÉ IGNACIO La misión guaraní, del Paraguay, es buen ejemplo de ello. A sangre y fuego entraron y quisieron borrarnos de la historia a jesuitas e indígenas. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Ahora nos sitúan como los enemigos de las Luces cuando, en justicia, nunca fuimos tales. Es verdad que el discurso volteriano choca con nuestra fe, pero hemos sido abiertos a muchos de los temas más audaces que han venido planteando en la filosofía los grandes Ilustrados. También entre nosotros hay astrónomos y biólogos y físicos y también matemáticos. Son muchos los jesuitas mexicanos que enseñaron doctrinas que a nuestros Padres grandes les quitaban en el sueño. HERMANO SANTIAGO ¿Por qué entonces la saña con que nos han tratado desde España? FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO No es un malentendido lo que ocurre, es un plan concertado que mucho ha de costar a nuestra patria. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Mucho esfuerzo perdido 26

y mucho que llorar por mucho tiempo. HERMANO SANTIAGO Aquí se escuchan cosas FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Qué se dice? HERMANO SANTIAGO He oído por ahí que se cocina la supresión completa de la Orden. Ya quiero ver la cara de nuestros hermanitos italianos si tiene que ocurrirles lo que, Dios no lo quiera, sería más catastrófico que cuanto ya sufrimos. FRANCISCO XAVIER ALEGRE No pienso que eso llegue fácilmente porque un Papa es distinto a un monarca borbón. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Pues estoy preparando un sermón sobre el tema, por si acaso. HERMANO SANTIAGO Si vienen tantas nubes de tormenta, ahora te toca a ti, hermano José Ignacio, que muy pronto te ordenas, defender por lo menos nuestra historia y contarla a los jóvenes.

FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO (A José Ignacio) Tiene mucha razón el hermano Santiago. JOSÉ IGNACIO Y yo estoy bien consciente de la gracia y deber que me han tocado. FRANCISCO XAVIER ALEGRE (también a José Ignacio) 27

Si Dios ha permitido este dolor terrible a los jesuitas que habitábamos reinos españoles debe de ser, hermano, para que aquí traigamos la voz de aquellas tierras que nos vieron nacer y a las que amamos. JOSÉ IGNACIO Y yo le pido a Dios y a San Ignacio, me pongan a la altura del momento y me concedan fuerza. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO (asiente con la cabeza) Más que nunca, sí, hermanos, es hora de escribir y trabajar Ad Maiorem Dei Gloriam.

La luz decrece sobre los tres hasta el oscuro.

CUADRO VII
Convento de monjas en México. En silencio llegan las monjas a la sala de descanso y, una vez que se encuentran todas, dicen a coro. MONJAS Deo gratias. Comienzan a conversar, pues es su hora de recreación. La Madre Maneiro, con una carta en la mano izquierda y un cuadro con la imagen del Padre Juan Luis Maneiro, llama a las demás.

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MADRE MANEIRO Vengan, hermanas, oigan, que mi hermano el jesuita , ¿lo sabían... ? Tengo un hermano jesuita, Padre Juan Luis Maneiro que es poeta, y me ha enviado una carta del exilio con décimas preciosas sobre cómo recuerda nuestra patria. Me gustaría leerlas. Las monjas se sientan en torno a la Madre Maneiro y escuchan atentamente su lectura. MADRE MANEIRO Camina, imagen, camina intrépida y con denuedo, que para esclava del miedo eres de un alma muy fina. A viajar te determina tu infeliz original, quien en su suerte fatal piensa remitir contigo o de su pecho un testigo, o un retrato original. Por tus ojos podrás ver lo que es México; quién sabe si aún en tu memoria cabe lo que te encargo qué hacer. Cuando tengas el placer que te auguro desde aquí, haz tierna mención de mí, pobre infeliz; por ahora lleva impreso cuánto llora quien se despide de ti. Entra en fin modestamente, saluda a todos cortés y toma lengua cuál es de la Mariscala el puente. Dale la espalda, y corriente tienes el camino ya: luego presente se hará a la izquierda una Alameda cuya vistosa arboleda tus sentidos recreará. Sigue adelante: no habrá 29

encuentro que te resista: la calle de Buena Vista tienes a tus plantas ya. Pregunta hacia dónde está el jardín de Filis bella, si no es que alguna centella desde el volcán de mi pecho se te aparece y derecho te lleva a verte con ella. Dile que te mire bien: que si conoce esos ojos que aliviando otros enojos lloran porque no la ven; ojos que por más que estén firmes en sus otros males, duros en penas mortales, al ver que están, inocentes, de Clori y Filis ausentes, se rompen como cristales. Adiós, imagen: ¿qué pueda decir más un desterrado que gime en su llanto ahogado y en su destierro se queda? Prosperidad te conceda quien dirige tu partida; llévate mi alma allá herida, mi seno pedazos hecho, y pues destrozas mi pecho no me perdones la vida. Las monjas aplauden y se hace el oscuro.

CUADRO VIII
Paraninfo de alguna universidad italiana. Se escuchan aplausos a Cornelius de Pauw que ha terminado su conferencia. Tras agradecer con reverencias, Cornelius de Pauw pregunta al entusiasta público que ha asistido a oírlo. CORNELIUS DE PAUW ¿Hay alguna pregunta? Luego de un silencio, levanta la mano Francisco Xavier Clavigero. Cornelius de Pauw le concede la palabra con un gesto amable. Clavigero se pone de pie. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO 30

Mi nombre es Clavigero, sacerdote jesuita, mexicano. Cornelius de Pauw endurece el gesto y muestra su desdén. CORNELIUS DE PAUW Pues comenzamos bien, con un jesuita y además expulsado de su tierra. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO No hablaré como tal. CORNELIUS DE PAUW Se lo agradezco. FRANCISCO XAVIER CLAVIJERO Yo desearía, tan sólo, preguntarle como un profundo amante de la historia. CORNELIUS DE PAUW Pues lo soy yo también. Pregunte cuanto quiera, que lo escucho. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Maestro de la historia, buen filósofo, su Señoría ha expresado cosas graves del hombre americano. CORNELIUS DE PAUW Del nativo, es verdad, sí las he dicho. También del europeo que allá ha habitado puedo explicarle cosas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Puede hablarme de mí? CORNELIUS DE PAUW Pues..., si no es europeo FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO No, soy criollo. Pero, antes de nosotros, quisiera retornar a los nativos. Su Señoría señala que no hay maldad en ellos ni virtudes por la debilidad de su intelecto. 31

CORNELIUS DE PAUW Y por las timideces de sus almas. Consiste el ser felices, para ellos, en no pensar jamás, permanecer pasivos, dormir mucho. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Eternos niños, pues. CORNELIUS DE PAUW Eso he afirmado. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Mas, sin vigor, cobardes, impotentes, sin altura de espíritu? ¿Degenerada especie? CORNELIUS DE PAUW Son y mucho. La estupidez, señor, es carácter común del hombre americano. Sin más autoridad que sus ancianos, cuando éstos ya molestan, sin embargo, los dejan perecer como si fueran bestias en las selvas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Y bestiales los llama? CORNELIUS DE PAUW Tales son sus instintos. Sí, eso he dicho. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Y tiene alguna prueba de todo cuanto afirma? CORNELIUS DE PAUW Punto por punto, todo, ha sido comprobado por la ciencia. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Ha sido usted testigo? CORNELIUS DE PAUW (furioso) 32

¡Nunca, señor jesuita, he carecido en nada de informantes! FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Pues yo, su Señoría, muy bien conozco todos esos rincones. Nacido ahí, testigo soy de gentes, de ingenios, de paisajes y lenguajes. CORNELIUS DE PAUW ¿De lenguajes, ha dicho? Si son apenas gritos de nivel semejante a los ladridos los que emiten allá. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Eso es calumnia. Hablo el náhuatl, señor, desde mi noviciado. Quien conoce la lengua que se habló y que se habla en las antiguas tierras mexicanas, comprende su grandeza y la comparte. El sonido del pájaro centzontli, de singular dulzura, se suma en el idioma a la complicación de su gramática que mucho han aplaudido quienes no hablan de oídas, con desprecio, como el señor de Pauw. Los europeos que han aprendido el mexicano, entre los cuales hay italianos, flamencos, alemanes y españoles, han celebrado con grandes elogios aquella lengua, ponderándola al grado de que algunos la han estimado superior a la latina y la griega. Boturini afirma que en la urbanidad, elegancia y sublimidad de las expresiones, no hay ninguna lengua que pueda compararse con la mexicana .1 Mucho habrá de perderse para el mundo si esa lengua se olvida en estos tiempos o en siglos venideros. CORNELIUS DEPAUW Siendo criollo y jesuita pocas luces le restan de su sangre europea. Y que le quede claro:
1

Clavijero, Francisco Javier, Historia antigua de México, Tomo IV, p. 290, Editorial Porrúa, México, 2006.

33

no pretendo insultarlo. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Pues lo hace. CORNELIUS DE PAUW Es cosa bien probada que el europeo que vive en las Américas se va degenerando. No es su culpa, es el clima. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Quién lo ha dicho? CORNELIUS DE PAUW Yo mismo he escrito libros sobre el tema, y el Conde de Buffon ha escrito mucho. Está la Enciclopedia, de la que soy coautor. Todo está bien probado. Como lo está que ustedes, los criollos educados en universidades de esas tierras, se muestran incapaces en las nuestras, y nunca escriben libros. Y no es culpa de ustedes. Son sus aires viciados y corruptos, los vapores nocivos que surgen de las aguas estancadas. Campos sin cultivar... Pura degradación en los enormes bosques. Existe en lo que llaman El Caribe un tipo de salvajes que carecen de cuello por las piedras que cargan en sus niños. Son bastantes los viajeros que han visto aquellos monstruos cuyas cabezas salen de sus pechos. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Como eran los Acéfalos de la mitología? CORNELIUS DE PAUW Haga de cuenta, sí, como esos son. 34

FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Son mitos que repiten antiguos comerciantes y no puede creer un ilustrado. CORNELIUS DE PAUW Sé que le duele. Es lógico. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO No es sólo que me duela, es que es mentira. CORNELIUS DE PAUW Pero sí hay esperanzas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Cuáles nos dan, ilustres ilustrados? CORNELIUS DE PAUW El Conde de Buffon les señaló el camino. Primero hay que arrancar todas sus tierras de manos del salvaje y escriturarlas bien, debidamente. Ninguna en manos muertas, y, después, a los bosques talarlos por completo para que seque el sol esos pantanos y se hagan productivos como son en Europa. Y a los ríos encauzarlos para regar semillas europeas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Pues que Dios nos conceda que el Conde de Buffon no resulte un profeta y vuelvan un vergel triste desierto. CORNELIUS DE PAUW Buffon es generoso. Considera que es posible un momento, si el hombre americano ha talado sus bosques, preparado la tierra, dirigido los ríos y controlado el agua, la tierra americana 35

puede llegar a ser la más fecunda, la más sana y más rica que conozca la historia, como parece ser ahí donde los blancos comienzan su trabajo. Por lo pronto, sin el menor deseo de ofenderlo en persona, se ha removido al menos un obstáculo al expulsar por fin a los jesuitas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿Queda, entonces, abierto un buen camino? CORNELIUS DE PAUW Que es el de la razón. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO (se vuelve a mirar a todos los presentes) Pues si las bibliotecas han quedado allá en la triste patria calumniada, con mi pobre memoria y con los libros que he encontrado en Italia o he pedido me envíen de otros países, escribiré una historia que narre la grandeza de aquel antiguo México que aquí no se conoce ni de lejos. Se llaman ilustrados pero, en su pensamiento, nuestras patrias sólo serán factibles cuando olviden sus lenguas y la historia de todos los antiguos mexicanos. Nosotros aceptamos lo mejor de sus Luces. Hablamos, como ustedes, en francés, alemán, en griego y en latín, pero nos enriquecen otras lenguas: el cora y el purépecha y el maya y, desde luego, el náhuatl. Debo escribir la historia de mi patria. CORNELIUS DE PAUW Haga usted como quiera, pero ciencia y futuro están de nuestra parte 36

y, por más que lo nieguen los jesuitas, esa tierra de usted y con todas sus gentes repta degenerada en sus pantanos. Ya se ha hecho tarde. (Al público asistente a la conferencia) Muchas gracias, señores. Muchas gracias. Sale Cornelius de Pauw en medio de una nueva ovación. Francisco Xavier Clavijero va a proscenio y con su sola presencia hace que cesen los aplausos para hacerse escuchar. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO No habrá en verdad un Siglo de las Luces si no aceptamos todos, ustedes y nosotros, la existencia de pueblos con lenguas y costumbres ancestrales que iluminan a todos.

Francisco Xavier Clavigero deja el punto de reflexión en el público y hace lentamente mutis.

INTERMEDIO

CUADRO IX
Sacristía de una capilla doméstica de los jesuitas. Entran los Padres y hermanos seguidos por José Ignacio y por el Obispo. Mientras se escuchan aún los cantos del final de la ceremonia de la ordenación sacerdotal de José Ignacio, van saliendo de escena todos hasta dejarlo solo con los padres Clavigero y Alegre. Durante toda la escena, Alegre, Clavigero y José Ignacio se quitan los ornamentos y conversan mientras se dirigen al jardín aledaño a la sacristía que se alcanza a ver por una puerta abierta. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Veo tristeza en tu rostro. JOSÉ IGNACIO Yo hablaría de nostalgia. 37

FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Por encima de todo en este día debe privar el gozo. JOSÉ IGNACIO Sí estoy contento, Padre, estoy contento. Estoy tan sólo un poco... FRANCISCO XAVIER ALEGRE (interrumpe) Fuiste elegido tú, de entre la multitud de los cristianos, para el altar del Padre y en esta Compañía... JOSÉ IGNACIO (interrumpe) En esta Compañía que está sufriendo... FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO (interrumpe) Pero es la Compañía que, ad Maiorem Dei Gloriam, nos heredara Ignacio y debemos cuidar de todo ataque aunque nos vaya en ello nuestra vida.

JOSÉ IGNACIO Es verdad, y eso haremos. Estoy contento, Padre, porque además de todo el Señor ha querido bendecirme y quienes me apadrinan aquí y en esta hora tan lejos de la patria son dos de los jesuitas más brillantes. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Pues brilla tú también. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Y, ya, sonríe. No pierdas la esperanza, José Ignacio, de volver a la patria. 38

Habrán de darse cuenta de lo injusto y absurdo, incomprensible, de habernos expulsado. JOSÉ IGNACIO Es que pienso en lo extraño del camino que me ha traído aquí Apenas terminado el noviciado, desde Tepozotlán llegué a Bolonia. Ha sido un largo viaje, porque a Tepozotlán llegué de Zacatecas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Y algo aquí me asegura que en un largo periplo habrás de recorrer tierras extrañas. Pero tú volverás. Estoy seguro. (Sonríe) Aunque me he equivocado tantas veces al hacer de profeta Nunca pensé, en verdad, que la Corona comprendiera tan mal nuestro trabajo y llegara a expulsarnos de unas tierras que amamos, que con tanto cuidado hemos sembrado. y a las que bien servimos.

FRANCISCO XAVIER ALEGRE Esperemos que Roma no quiera suprimir la Compañía porque sería terrible para el mundo como lo ha sido ya para la patria. JOSÉ IGNACIO Por ahora quisiera que, en vez de esta capilla, y aquí en Roma, me hubieran ordenado sacerdote en otro sitio allá FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¿En la Profesa...? JOSÉ IGNACIO Mejor la Concepción allá en Caborca, 39

que fundó el Padre Kino al pie del Cerro Prieto de Sonora. Era el desierto de los Pimas Altos y yo siempre soñé que allá me enviaran. FRANCISCO XAVIER ALEGRE En vez del noroeste de Sonora nos encontramos hoy a unos cuantos kilómetros del sitio donde naciera Kino hace ya más de un siglo. JOSÉ IGNACIO Me ordenan sacerdote en tierras de un jesuita al que su vocación llevara entonces al norte de una patria de la que estoy ahora desterrado. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¡Caminos del Señor inescrutables! Y no podrás negarme, José Ignacio, que la mano de Dios debe entenderse en los cruces extraños de tiempos y lugares que te han traído aquí. JOSÉ IGNACIO Más los caprichos de reyes y de papas. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Llamémosle capricho de un monarca a cuanto, sí, resulta incomprensible porque nos sobrepasa un pensamiento mucho mayor que el nuestro. Busca en tu historia, Padre José Ignacio, que es la historia de muchos, lo que quiere decirte nuestro Dios que Él se deja encontrar por quien lo busca . FRANCISCO XAVIER ALEGRE Y recuerda que a Kino, cuyos pasos deseabas continuar también lo persiguieron inclusive los nuestros. 40

JOSÉ IGNACIO Por envidia. FRANCISCO XAVIER ALEGRE Sin querer ser los jueces de intenciones, admitamos que sí. Lo calumniaron, vejaron, desoyeron y en mucho se perdió cuanto él hiciera hasta el momento mismo de su muerte. Por veinticinco años se tuvo que enfrentar el Padre Kino a un torrente en su contra. ¿Y no es quizás el mismo que enfrentamos ahora los jesuitas? ¿Buscabas el río Gila, el Colorado? Pues estás en Italia y debes aprender diversas lenguas para abrir tus misiones donde nadie las quiere. Y, como el Padre Kino, caminarás mil leguas. JOSÉ IGNACIO Siete mil caminó entre pimas y sobas y seris y tipocas, he leído en la historia.

FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Sí. Extraños los caminos que se cruzan para traerte al punto del cual Kino partiera. Habrás de recibir tú su legado y reconstruir misiones que muy seguramente serán abandonadas. JOSÉ IGNACIO Es verdad. Si quien fuera el propio superior de los jesuitas escuchó más la voz de encomenderos que el clamor de los indios a los que el Padre Kino defendía, ¿hoy nos puede extrañar lo que nos pasa? FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO 41

Como el cielo se alza encima de la tierra así nos sobrepasan sus caminos . PADRE JOSÉ IGNACIO ¿Cómo acaba Isaías en ese texto? FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO ¡Que regrese el Señor, que tenga compasión! Es generoso. Busquemos al Señor que se deja encontrar porque está cerca . Se va haciendo el oscuro mientras se pierden en los jardines aledaños a la sacristía.

CUADRO X
Despacho de la Madre Superiora del Convento de Santa Catarina de Puebla de los Ángeles. Frente a la Superiora está Sor María Josefina de la Santísima Trinidad Priego, hermana de Antonio López de Priego, S. J. SUPERIORA (Maternal.) He escuchado decir a las hermanas, Sor María Josefina, que os veis abatida desde hace poco tiempo. ¿Qué os pasa? SOR MARÍA JOSEFINA Sí, Reverenda Madre. SUPERIORA ¿El exceso de escrúpulos que suele 42

torturar sin razón las almas buenas? SOR MARÍA JOSEFINA No, Reverenda Madre. SUPERIORA ¿Son las desolaciones más profundas con que tienta el maligno cuando se ha decidido entregarse al Señor? SOR MARÍA JOSEFINA Creo que es más grave. SUPERIORA Me preocupáis, hermana. ¿Por qué, tan silenciosa y tan prudente como siempre habéis sido, hoy me pedís coloquio? ¿Qué os agita en el sueño? ¿Qué ha venido a enredaros? ¿Son imágenes sucias o son dudas? SOR MARÍA JOSEFINA ¿Cómo decirlo, madre? ¿Desconcierto? Es la palabra, creo: estoy desconcertada. SUPERIORA ¿Cómo es eso? SOR MARÍA JOSEFINA Ya no entiendo las cosas que antes veía tan claras como el día. SUPERIORA ¿No hay imágenes sucias? SOR MARÍA JOSEFINA Hay un poco de enojo. SUPERIORA ¿Por un hombre? SOR MARÍA JOSEFINA Pues, sí, Madre, mi hermano. 43

SUPERIORA (Turbada.) Eso suena muy grave. SOR MARÍA JOSEFINA No lo es tanto. Es sólo que me ha escrito. SUPERIORA La carta que llegara hace tres días... SOR MARÍA JOSEFINA Sí, la carta, esa misma. SUPERIORA ¿Y qué viene a escribiros que os turba? SOR MARÍA JOSEFINA ¿Ha vuestra reverencia conocido a mi hermano el jesuita Padre Antonio? SUPERIORA (Se tranquiliza.) Lo recuerdo muy bien. ¿Es carta suya? SOR MARÍA JOSEFINA Es un santo varón. SUPERIORA Estoy segura. SOR MARÍA JOSEFINA Fervoroso y con celo por las almas, él se entregó al Señor desde muy joven en la Orden de Ignacio de Loyola. SUPERIORA Lo sé, hermana. SOR MARÍA JOSEFINA Pues con él, muchos otros. SUPERIORA También estoy segura. SOR MARÍA JOSEFINA 44

¿Por qué entonces el Papa decidió suprimirlos después que el Rey de España, su Majestad Católica, los expulsó cruelmente de sus reinos? SUPERIORA ¿Se queja vuestro hermano de la Iglesia? SOR MARÍA JOSEFINA ¡Nunca, madre, jamás! El desconcierto es mío, y sólo mío. SUPERIORA ¿Tal vez de la Corona desliza alguna frase en la carta que usted ha recibido? SOR MARÍA JOSEFINA Ni una sola palabra. No. Tampoco. Soy yo, la más humilde entre las monjas quien viene a preguntar por estas cosas a vuestra reverencia, mi Madre Superiora.

SUPERIORA Sor María Josefina, entienda bien que el Rey es escogido por el dedo de Dios sin precisar de intermediario alguno. En cambio, predican los jesuitas el derecho del pueblo a rebelarse contra una tiranía que es voluntad divina en cualquier caso. SOR MARÍA JOSEFINA ¿Es mi hermano un hereje? SUPERIORA Es un jesuita y por dicha razón lo expulsaron. SOR MARÍA JOSEFINA 45

Yo no lo entiendo madre. Si son buenos, al menos los jesuitas que conozco. SUPERIORA Cosas de teología que en nada os incumben. SOR MARÍA JOSEFINA Y dudar de que es justo lo que han hecho... SUPERIORA (La interrumpe.) Eso, hermana, es pecado. SOR MARÍA JOSEFINA Mis voces interiores... SUPERIORA (Interrumpe de nuevo) Son la voz del demonio. SOR MARÍA JOSEFINA Deberé confesarme. Pero dígame, Madre... Se detiene y guarda un silencio que incomoda a la superiora.

SUPERIORA ¿Qué os pasa? SOR MARÍA JOSEFINA ¿Y los ha suprimido el Santo Padre SUPERIORA (Con enfado vuelve a interrumpirla) ¡Por defender al Rey! ¡Su poder absoluto sobre el súbdito! ¿Os queda suficientemente claro? SOR MARÍA JOSEFINA Con arrepentimiento, limpiaré mi conciencia de las dudas. SUPERIORA (Vuelve a un tono maternal) Los caminos de Dios, bien lo sabemos, 46

?

son siempre inescrutables. SOR MARÍA JOSEFINA Eso dice mi hermano. Al iniciar su escrito canta a la Providencia: (Lee) Tienes también que admirar en esta historia la Providencia Divina SUPERIORA Dice bien vuestro hermano, aunque debió abstenerse de escribiros y venir a turbaros. Mujer y religiosa SOR MARÍA JOSEFINA (Se atreve a interrumpir para aclararle) Comienza así su escrito: Parece cosa impropia dedicar un hombre sus trabajos a una mujer, y ésta, monja, pero me movió el adagio Que el mal comunicado, si no quita descansa . ¿Y quién podría sentir mis males mejor que una hermana mía? Y, como religiosa, rogar a Dios me dé sufrimiento en ellos. (Deja de leer.) Soy yo quien se confunde.

SUPERIORA Pues si está todo claro, ¿queda algo más hermana, por decirme? SOR MARÍA JOSEFINA Sí. ¿Vuestra reverencia ha conocido al reverendo Padre Salvador de la Gándara quien fuera provincial de los jesuitas? SUPERIORA Lo recuerdo muy bien, Salvador Cayetano de la Gándara. Santo y sabio. SOR MARÍA JOSEFINA En efecto. (Lee) Se hallaba dicho Don Salvador en el Colegio de Querétaro, cuando el día 25 de junio de 1767, poco antes de rayar la luz para los otros, se halló metido en 47

mil tinieblas Dos días estuvieron cercados de soldados Tomaron el rumbo para Veracruz. Hicieron alto al pasar en el célebre Santuario de Guadalupe para despedirse de la Reina de los Ángeles. Entraron en el templo con la facultad que les dio el señor Visitador. Y postrados, dejando en aquellas sacratísimas aras depositado el corazón, tomaron segunda vez las carrozas para seguir su destino y obediencia SUPERIORA Es triste, sí. SOR MARÍA JOSEFINA También incomprensible, al menos para mí, la peor de las monjas. SUPERIORA ¡Sor María Josefina, ya hemos dicho que existen muchas cosas que rebasan la pobre comprensión de los humanos, cuanto más de una monja! SOR MARÍA JOSEFINA Como si no la oyera. Sufrieron la expulsión y, allá, en Italia, vino la supresión. Mi hermano el Padre Antonio era por esos días superior en Ferrara. Escuche, Madre: (Lee) El 16 de agosto de 1773 en que pasando dos Monseñores de orden, y con el Breve de Su Santidad al Colegio del Jesús en Roma, intimaron al que fue mi General, Lorenzo Ricci, la destrucción total de la Compañía, quien según fue voz corriente, comenzó luego a desatar el cíngulo en señal de la obediencia que siempre profesó, con nuestro santísimo fundador el grande Ignacio de Loyola, toda la Compañía a las llaves de la Iglesia de San Pedro SUPERIORA Pues así como ellos, debemos de aceptar cuanto venga de Roma, mansamente. SOR MARÍA JOSEFINA ¿Me permite leer su reverencia las décimas que el Padre, hermano mío, ha dejado al final de un libro que me ha enviado? 48

SUPERIORA Las décimas se escriben para que el auditorio las guarde en la memoria y las repita. La cola de Satán, ¿no estará entre sus rimas, escondida...? Quien habla de los papas y los reyes en tonos pegajosos tal vez está buscando que nuestro pueblo simple se confunda, como usted misma, hermana. ¿Tal es el objetivo del demonio bien oculto inclusive al Padre Antonio? SOR MARÍA JOSEFINA Si se digna atender su reverencia oirá que en sus palabras está el dolor de todos los jesuitas y su obediencia ciega al Romano Pontífice. SUPERIORA Ha sido demasiada mi paciencia, pero conozco bien que su alma es limpia. La escucharé leer, pero eso y nada más. Cuando termine daremos por concluido este coloquio y ya no aceptaré ni una palabra sobre casos teológicos tan graves. SOR MARÍA JOSEFINA (Lee). Entre ausentarme o morir me veo obligado a escoger. Morir es dejar de ser, Ausentarme es no vivir Tras esta primera cuarteta dicha por Sor María Josefina, aparece un coro de jesuitas que continúa hasta el final las décimas del Padre Priego. CORO DE JESUITAS Tener vida y no seguir del modo que antes vivía es un ser, que no querría, es vida, es cierto, aunque tal, que, eligiendo menor mal, morir mejor me estaría. 49

Un Breve se intima que manda Su Santidad se acabe la Sociedad de la Compañía, que fue: Dividido ya se ve el cuerpo, la religión. Me rindo con sujeción. Pero conociendo en mí que pierdo el ser que adquirí, pues que me falta la unión. En práctica no poner un orden tan superior sería tan grande el error que mejor sería no ser: al Papa en obedecer demuestro mi cristiandad. Me doy el ser, es verdad. Mas si el ser que yo tenía era para la Compañía, ya me falta la mitad. Se acabó la Religión, este ser ya no tendré. El otro ser no seré prometo en la estimación: y si es justo, si es razón que un hijo sepa sentir, agravio no hago en decir que está toda mi agonía en ver a la Compañía ya sin ser, y yo existir . Desaparece el Coro y, lentamente, sobreviene el oscuro sobre el despacho en el que están las monjas.

CUADRO XI
En una tosca habitación, en Bolonia, la luz sube sobre José Ignacio, quien termina de dar la extremaunción al Hermano Santiago, que yace agónico. JOSÉ IGNACIO Benedicat te omnipotens Deus HERMANO SANTIAGO 50

(conteniendo el dolor) Duej..., le JOSÉ IGNACIO Pater et filius, et Spirictus Sanctus. Luego de terminar de darle la extremaunción al Hermano Santiago, José Ignacio se levanta para partir. HERMANO SANTIAGO No te vayas, hermano Perdón, Padre. José Ignacio se sienta a su lado y le toma la mano JOSÉ IGNACIO Llámeme como quiera, sigo siendo el novicio que iba a la construcción para ayudarlo. HERMANO SANTIAGO Sí, recuerdo esos días... (Pausa) Pero esto de morir no es que dé miedo es que me duele mucho. JOSÉ IGNACIO Si trate de dormir... HERMANO SANTIAGO No..., no..., prefiero... (Pausa) Quiero seguir hablando por un rato mientras me queda tiempo. ¿Sabes? Los coadjutores somos jesuitas de silencios largos y, yo no sé por qué, muriéndome a esta hora quiero hablar tonterías para que me oigas tú. Sí, te recuerdo, tú fuiste aquel novicio morenillo que se iba al acueducto a hacer preguntas. JOSÉ IGNACIO Otra obra inconclusa... Tantas cosas dejamos los jesuitas... HERMANO SANTIAGO 51

Apenas me recuerdo, hace veinte años, construyendo el bellísimo acueducto que iba a regar los campos de toda la región, no sólo el nuestro, allá, desde la Sierra, a la Hacienda de Xalpa. Más de sesenta metros lo más alto: salvamos la cañada más profunda. Y cuatrocientos treinta por lo largo. JOSÉ IGNACIO Ahora yace olvidado como un cadáver seco. HERMANO SANTIAGO ¿Por qué nos expulsaron de una patria en la que no nací pero hice mía hasta olvidar España ? (El dolor contenido lo enmudece) ¿Y por qué, tras de hacerlo, suprimieron toda la Compañía que dedicara a Ignacio a sentir con la Iglesia ? (No puede contener un gemido) Duele. Sí Mucho más de lo pensado. (Pausa durante la cual recupera el aliento) No es el fuego que quema y no consume (sonríe) pero sí se parece ¿Por qué nos expulsaron..., por qué nos suprimieron, José Ignacio? JOSÉ IGNACIO Son razones extrañas , de historia , de política... HERMANO SANTIAGO Pues yo no las creo justas. Son tan sólo caprichos de monarcas y papas. JOSÉ IGNACIO Cuide su lengua, hermano, la obediencia... HERMANO SANTIAGO (interrumpe) El Cristo de mis votos quedó en Tepozotlán. 52

Cuidaba el material del acueducto. y ya no me dejaron recogerlo. Ni el Cristo, ni mis planos (Toma un crucifijo del buró con el esfuerzo de quien vence al dolor) Renovaré mis votos frente a éste. JOSÉ IGNACIO Ay, hermano Santiago, si ya la Compañía ha decidido el Papa suprimirla, renueve usted sus votos a la Iglesia. HERMANO SANTIAGO Yo moriré jesuita, le pese a quien le pese. No entiendo ni de bulas ni de reyes y hasta ahí no me alcanzan la obediencia ni las definiciones. JOSÉ IGNACIO Obedecer ha sido una corona más de nuestra orden.

HERMANO SANTIAGO Tras de la extremaunción y a punto de partir aunque guarde silencio nuevamente para evitar un último pecado: (le habla al oído) no por mi voluntad, sino por la de aquel que me llamara cuando cumplí quince años, he de morir jesuita en esta cama dentro de poco tiempo. JOSÉ IGNACIO (sonríe y asiente con la cabeza) No es tiempo de morir, hermano, todavía. Aguante un poco más. Tal vez veamos que el Papa nos restaura. HERMANO SANTIAGO Éste es dolor de muerte Se conoce Y está Tepozotlán en la memoria mucho más que aquel Cañas, pueblecillo que se quedó en La Rioja, 53

y en el que fui a nacer hace ochenta años. JOSÉ IGNACIO ¿Ochenta ya? Sólo parecen treinta. HERMANO SANTIAGO (sonríe con dificultad por el dolor) Soy un viejillo triste que se estrella en la noche con su sombra. No encontraré el camino si Él no viene a mi encuentro. (Se alegra de pronto y se medio incorpora) Ya presiento sus pasos , ya se acerca. La luz con la que viene ya comienza a incendiar el horizonte. JOSÉ IGNACIO Ahora, más que nunca, aquí necesitamos de su fuerza y su aliento entre nosotros, pero si Él lo decide

HERMANO SANTIAGO No soy dueño de mí (sonríe). Después podría perderme si no acudo cuando llegue a buscarme. JOSÉ IGNACIO ¿Perderse usted, hermano? Es imposible. Si nos ha guiado a todos desde Tepozotlán hasta Bolonia. HERMANO SANTIAGO Un pobre coadjutor puede perderse si Él no me indica el rumbo. ¡Y ya se acerca! Repetirá mi nombre varias veces, sonreirá satisfecho, me dirá que he cumplido, y podré rebasar el deterioro tan lleno de dolor y de vergüenzas para lograr un tránsito como el que prometió desde un principio. (Lanza un grito) ¡Ay, Padre, que sí duele! 54

(Se tranquiliza) Y empiezo a ser feliz porque ha llegado (Muere) José Ignacio le cierra los ojos, mientras se hace el oscuro.

CUADRO XII
Entre libros, Francisco Xavier Clavigero se encuentra escribiendo en su mesa de trabajo. No alcanza a notar la presencia de José Ignacio. Éste permanece mirándolo, admirándolo en realidad durante unos momentos, hasta que se atreve a hablar. JOSÉ IGNACIO Usted perdone, Padre. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO (sobresaltándose) José Ignacio. JOSÉ IGNACIO Quisiera compartirle FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Pasa, pasa. Lo invita a sentarse en el extremo opuesto de su mesa de trabajo. José Ignacio le acerca un pergamino. Clavigero lo lee con cuidado. Respira profundamente, sonríe y comienza a hablar. FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Cuando por fin volvemos la mirada hacia delante, amigo, y olvidamos un poco que el destierro es mirar hacia atrás donde la patria está y crece en la memoria y nos duele y nos sigue. Cuando, sin traicionar nuestros recuerdos, entendemos al fin que hay un discurso enfrente de nosotros va adquiriendo sentido lo que vimos absurdo y el futuro nos habla y nos exige. (Pausa. Eleva el pergamino y lo agita) 55

¡Pues, muy bien, José Ignacio, vas a Rusia! JOSÉ IGNACIO A Rusia, Padre (Con gesto de incredulidad) ¡A Rusia! De Zacatecas, niño, llegué a Tepozotlán a ser jesuita. Me arrancaron de ahí, con una estancia triste en Veracruz, para enviarme hacia Italia en la pobre fragata San Miguel. Después la Compañía fue suprimida FRANCISCO XAVIER CLAVIGERO Y vas a ser ahora nuestro primer jesuita mexicano que llegue a tierra rusa, donde una reina hereje, Catalina, se niega a suprimir la Compañía. ¡Sí, José Ignacio, es Dios quien nos escribe! Nuestra historia es apenas un fragmento de algo mucho mayor e incomprensible. (Le enseña un documento) Cuando tú entraste estaba traduciendo este sermón de un Padre boloñés que ha querido encontrar un profundo sentido en la tragedia de los hijos de Ignacio de Loyola. (Le muestra el papel sobre el cual trabajaba. Lee) Al saber de su muerte, dejó la Compañía de amar su propia vida y con la luz del celo y la obediencia puso su espada y yelmo a los pies del Pontífice Clemente . (Pausa) Sin embargo, lo extraño, en tu periplo, va tomando otra forma. Son dos emperadores, separados de Roma, los que cuidan del yelmo y de la espada de los hijos de Ignacio de Loyola. (Pausa) Ya escribí, en su momento, adolorido, que siglos venideros juzgarán sin temor ni respeto a todos los actores que hoy han tomado parte en estos actos. 56

Destruir la Compañía, ¿lo entenderán, quizás, en el Siglo XXI? O el siglo XXII, generación distante de nosotros como lo estamos hoy de los templarios ¿no juzgará a los reyes y a los papas como al Papa de entonces lo juzgamos sin miedo en nuestros días, severamente, por lo injusto que fue con esa Orden? Miedo debía de dar el juicio del futuro a nuestros enemigos, porque mal quedarán como cristianos y aun como científicos cuando son Catalina, la emperatriz cismática de Rusia, y Federico el Grande, protestante, que reina sobre Prusia, o América del Norte con todos sus herejes luteranos, quienes hoy nos protegen porque entienden lo que la Compañía le significa inclusive al siglo que ha querido llamarse de las luces. Cuando vean nuestras obras jesuitas científicos o poetas, historiadores, teólogos, maestros o simples misioneros en el Norte el de los padres Kino o Salvatierra al que querías lanzarte, estoy seguro de que al siglo XXI, al XXII, no van a parecerle muy luminosos tiempos como éste. Pero a la Compañía habrán de restaurarla, José Ignacio, y, aunque mucho se ha roto, volveremos a hablar en las lenguas indígenas, a enarbolar la imagen de una Virgen mucho más de los indios que de conquistadores o colonos. Éstos nunca trataron, durante todo el siglo de las apariciones de elevar un santuario como el que merecía nuestra madre, la Virgen 57

María de Guadalupe, pues sus nuevas conquistas o el agrandar sus casas distraían gratitudes y fortunas de algo tan merecido por la Virgen, que tantos beneficios concedía a indígenas y criollos y españoles. Al contrario, los indios siempre acudían en masa, aun de las regiones más distantes, y honraban a la Virgen con sus flores, con cantos en su honor y con devotos bailes, como lo hizo David al recibir el Arca de la Alianza. Aunque incluso en Europa hoy se levantan templos a la Virgen María de Guadalupe somos indios, mestizos y aun los criollos que mucho nos honramos al oírnos llamar los mexicanos, quienes siempre elevamos su estandarte. (Pausa. Sonríe) Buscabas un coloquio, José Ignacio, y ha terminado todo en el monólogo de un jesuita nostálgico. Buen viaje a Rusia, hermano, y, después..., tal vez..., sí. Sí, estoy seguro ¡buen retorno a la patria! No dejes de narrar a los novicios y los habrá, seguro, en una Compañía ya restaurada, que fuimos una vez desarraigados. Pero narra también cómo a tantos kilómetros pudimos conservar toda la tierra que nos fue necesaria para ser mexicanos en Europa y defender aquello con el celo de quien tiene en la patria su sentido. Ser jesuitas, también para nosotros, ha sido ser patriotas y no olvidar jamás. Y volver, como tú, que estoy seguro cuando ya estemos muertos los más viejos hablarás con los jóvenes si no en Tepozotlán en otro sitio 58

de aquella geografía. Permite que te abrace, José Ignacio, y te desee buen viaje. Se funden en un abrazo, mientras muy lentamente se va haciendo el oscuro.

CUADRO XIII
José Ignacio, de 81 años, acompañado por el Maestro de Novicios y rodeado por éstos, conversa sobre sus experiencias de la expulsión, la supresión y la restauración, en el nuevo noviciado en México. MAESTRO DE NOVICIOS El Padre José Ignacio ha aceptado, con toda gentileza, respondernos a todas las preguntas sobre los días aciagos de la expulsión de México. NOVICIO UNO Nos han dicho que usted era novicio JOSÉ IGNACIO Apenas había hecho mis votos del bienio. NOVICIO DOS ¿Y fueron tristes los años del destierro? JOSÉ IGNACIO Para mí fueron todo: dulzuras, amarguras, esperanzas Entré a la Compañía en la joya que fue Tepozotlán. NOVICIO TRES ¿Y de Tepozotlán directamente al mar se los llevaron? JOSÉ IGNACIO A Veracruz, hermano, casi niños, como hoy lo son ustedes. En el hermoso puerto conocimos la plaga, la muerte dolorosa 59

de muchos de nosotros. Luego, por el océano, hasta Bolonia. Llegué a ordenarme en Roma y, en esa tierra ajena, el 16 de agosto, año setenta y tres de inclemente memoria, siendo Clemente el Papa, qué ironía, viví la supresión de nuestra Orden. NOVICIO TRES ¿En el 67 las tropas del Virrey fueron violentas? JOSÉ IGNACIO Cual cuerda de bandidos nos llevaron sin entender nosotros por qué, ni cuánto tiempo nos llevaban. Ignoraban las causas ellos mismos y sólo nos veían como a unos enemigos del Imperio a los cuales quitarles las sotanas porque eran un disfraz casi sacrílego. Sí... Nos tuvieron miedo, pero más a la gente que ya se amotinaba a nuestro paso. NOVICIO DOS Sabemos que hubo muertos. JOSÉ IGNACIO Así fue. Sí, los hubo. MAESTRO DE NOVICIOS Pero hablaron los nuestros para calmar los ánimos del pueblo, ¿no es verdad, Padre Ignacio? JOSÉ IGNACIO Recuerdo muchos rostros sobre todo de indígenas que se consideraban afrentados y gritaban furiosos contra el rey y el virrey a nuestro paso. NOVICIO TRES Se dice que fue ahí donde empezaron 60

las ideas y las luchas que hace apenas siete años terminaron. JOSÉ IGNACIO Tiene razón, hermano, yo he pensado lo mismo muchas veces, desde que oyera en Nápoles que fue un alumno nuestro el mismo iniciador de la contienda. NOVICIO UNO El Padre Hidalgo, sí. NOVICIO DOS Miguel Hidalgo. ¿Y el Padre Clavigero era maestro suyo? JOSÉ IGNACIO No en las aulas, pero que el Padre Hidalgo tuvo entre sus libros las historias del Padre Clavigero es cosa bien sabida. Bien aprendió también el Padre Hidalgo, la tesis filosófica que enseñara nuestro Padre Alegre: sin el consentimiento de los pueblos no hay legitimidad en los gobiernos. Son las comunidades los medios que el Señor ha utilizado para la autoridad de los monarcas. NOVICIO TRES Son por eso que existen los malos gobernantes y eso explica la arenga que lanzara de ¡Muera el mal gobierno! el Padre Hidalgo. JOSÉ IGNACIO Él mismo fue rector en el colegio en el que nuestro Padre Clavigero incorporó filosofía moderna y otras ciencias también a la escolástica. NOVICIO UNO ¿Y usted lo conoció? 61

JOSÉ IGNACIO ¿Al Padre Hidalgo? NOVICIO UNO No, a Clavigero. JOSÉ IGNACIO Lo conocí de cerca. Vi cómo se indignaba ante tantas mentiras elevadas contra la Compañía, contra la patria, y contra cada uno de nosotros. Tuve el honor, hermano, de poder ayudarlo como humilde escribiente. Le prometí que un día vendría para narrarles a ustedes, los novicios mexicanos, cómo aquel ser jesuita en tierra extraña fue historia de lealtad a nuestra patria. Ya después me fui a Rusia.

MAESTRO DE NOVICIOS El Padre José Ignacio es el primer jesuita mexicano de nuestra Compañía ya restaurada en el Imperio Ruso. JOSÉ IGNACIO Pero volví hacia Roma a hacer mis votos últimos cuando la Compañía, ya restaurada, me destinó otra vez a nuestra patria. De un cúmulo de cosas fui testigo, mas quiero recordar aquí, entre ustedes, a un viejo coadjutor que se murió en mis brazos y al que yo conocía del noviciado. Dos cosas él me dijo, en su simplicidad y su inocencia: que se habría de morir como jesuita por voluntad divina, pesara a quien pesara, y que el Señor llegaba en la hora última a abrazarlo, cordial, 62

y a mostrarle el camino. Cuando volví a la patria como rector entonces de este noviciado, me traje en la memoria al hermano Santiago y fui a Tepozotlán a fin de visitar el acueducto de la Hacienda de Xalpa, en el cual trabajaba. Y, hermanos, ya , me siento fatigado. MAESTRO DE NOVICIOS Acompañen al Padre a que descanse. Le agradecemos todos sus palabras. JOSÉ IGNACIO Y yo agradezco a Dios haberme permitido ver a nuestros novicios nuevamente en tierra mexicana. Ya cuando la soberbia del déspota ilustrado haya dejado huecos en la historia, la fe de coadjutor de nuestro hermano, la pasión de su vida, su muerte en el destierro y ese olvido, corona de los simples, explicará al futuro nuestra propia tragedia de jesuitas que sin fe no se entiende. Expulsos, desterrados y humillados. (Se pone de pie con esfuerzo, pero no pierde la voz) Y ¿quién explicará al déspota ilustrado que se atacó a sí mismo sin saberlo? ¿Que minó los cimientos de su reino y él comenzó la guerra en sus colonias ? José Ignacio va lentamente hacia el mutis, pero se detiene a escuchar los comentarios. El Maestro de Novicios habla cuando piensa que él ya no escucha. MAESTRO DE NOVICIOS Testigo de una historia triste, cruel, vergonzosa y sobre todo absurda. Vivida con dolor y dignamente, dando así Gloria a Dios 63

como nos enseñara San Ignacio. Si fuimos victimados los jesuitas más lo fue una nación que no lo merecía. NOVICIO UNO ¿Y qué hubiese ocurrido sin la expulsión, en México, con la lucha insurgente? Los jesuitas, ¿se hubiesen colocado en cualquier trinchera? NOVICIO DOS Es difícil decir MAESTRO DE NOVICIOS De todo hubiera habido, como siempre. Discutían los jesuitas, antes de la expulsión, sobre la patria. Los graves y los jóvenes en posturas distintas o encontradas. NOVICIO TRES Yo pienso, sin embargo, que, sí, la independencia existiría, pero los humanistas tal vez hubiesen puesto en el debate más altura de miras. Sus ideas, su fervor por los indios, su amor por la paz y la justicia muchas muertes, yo pienso, que hubiesen evitado. MAESTRO DE NOVICIOS Es verdad. Los rencores que obnubilan las mentes y obligan a los diálogos de sordos, es posible, también, que hubiésemos podido trascenderlos al pensar la nación para este siglo. Pero..., la Providencia Los caminos de Dios, ¿cómo entenderlos? José Ignacio comienza a caminar lentamente hacia proscenio. NOVICIO UNO El gobierno de entonces decidió la expulsión y no hay remedio. 64

NOVICIO DOS Imposible olvidar el despotismo que lastimó no sólo a nuestra Orden sino a la patria entera. NOVICIO TRES Ese autoritarismo debemos impedir que se repita aunque apenas sepamos indignarnos. MAESTRO DE NOVICIOS Ello es bueno en sí mismo, pero la indignación a que obliga la historia de esos tiempos no debe de llevarnos a vivir dos extremos indeseables: ni la pasividad ni el arrebato inútil. NOVICIO UNO ¿Y cómo actuar ahora los jesuitas para servir a un México que no se mereció aquellos gobiernos? MAESTRO DE NOVICIOS El Padre Clavigero y sus acompañantes expulsados, novicios, escolares, coadjutores, no hicieron otra cosa, en los duros momentos del exilio, que pensar en la patria y a ella dedicar cualquier esfuerzo. Rebasaron la historia de la Iglesia y aun de los jesuitas en el mundo para ser viva historia mexicana. NOVICIO DOS Narraron y cantaron la grandeza de la tierra y los hombres que han formado este México al que debemos todos nuestro esfuerzo. NOVICIO TRES Aquí y en el futuro. MAESTRO DE NOVICIOS Sabios, educadores, misioneros, 65

mostraron lo mejor de las culturas de nuestro mestizaje y su mayor lección para nosotros consiste en el orgullo con el que se firmaban ¡Mexicano! Se oscurece el espacio de los demás y queda solo José Ignacio que va hacia proscenio musitando la fórmula de sus votos. Sobre él se va haciendo el OSCURO FINAL.

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