131 J. Avelino Gutiérrez González (Universidad de Oviedo) Emilio Campomanes Alvaredo (Talactor S.L.

) Fernando Miguel Hernández (Arqueólogo) Carmen Benéitez González (Arqueólogo) Pilar Martín del Otero (Talactor S.L.) Fernando A. Muñoz Villarejo (Talactor S.L.) Felipe San Román Fernández (Talactor S.L.) ESPACIOS URBANOS EN EL OCCIDENTE MEDITERRÁNEO (S. VI - VIII) / 131 - 136

LEGIO (LEÓN) EN ÉPOCA VISIGODA: LA CIUDAD Y SU TERRITORIO

La ciudad de Legio tiene su origen en los sucesivos campamentos romanos asentados en el interfluvio de los ríos Torío y Bernesga, bien atestiguados desde comienzos del siglo I d.C., aunque es el último de ellos, el perteneciente a la legio VII gemina, el que mejor se conoce. En estos últimos años se han ido descubriendo sus diferentes edificios, como murallas y puertas, unas grandes termas interiores de carácter monumental, el anfiteatro extramuros, así como una serie de edificios legionarios, como principia, parte de las domi tribunorum y barracones de tropa (García Marcos et alii, 2006; Morillo & García Marcos, 2006; Muñoz Villarejo et alii, 2002; San Román et alii, 2006). La legio VII está bien constatada en el registro arqueológico y epigráfico durante todo el Alto Imperio hasta finales del siglo III dC., momento en el que muchos de los edificios se colapsan en casi todo el recinto y algunos de los tipos epigráficos más significativos desaparecen, como las marcas latericias militares con epítetos imperiales. En el siglo IV la Notitia Dignitatum Occidentalis atestigua su presencia aunque el registro arqueológico es ya muy parco en estas fechas y denota una reducción sustancial de la ocupación militar. Aún así, en Legio se erigió una potente muralla que no redujo el primitivo perímetro, como fue frecuente en muchas ciudades, sino que se ciñó al antiguo trazado campamental. Esta construcción se levantó en torno a finales del siglo III ó comienzos del siglo IV d.C. y se adosó por el exterior a la antigua fortificación legionaria, mediante una potente cinta muraria de 5,25 m de espesor con torres de planta semicircular peraltada situadas a breves intervalos, del mismo estilo que otras ciudades próximas como Lucus, Asturica o Bracara. En un momento impreciso del Bajo Imperio el asentamiento debió abandonar su carácter militar y la población que habitaba en las cannabae extramuros pudo haber pasado a ocupar el interior del recinto amurallado y convertirse, de esta manera, en un núcleo plenamente civil. Paralelamente, se daría un proceso similar en el territorio que rodeaba el campamento legionario, que pasaría de estar bajo el control militar a manos civiles, y ya a lo largo del siglo IV aparece rodeado por una aureola de villae suburbanas que delatan cómo el territorio se organizaba de forma idéntica a otras ciudades.

A mediados del siglo V Legio no aparece en la relación de ciudades asaltadas en la campaña de Teodorico y que nos transmite Hydacio, a diferencia de otros núcleos cercanos, como Asturica o Coviacense Castrum (Valencia de don Juan). Después de ello la ciudad debió pasar a manos suevas, tal y como se desprende del parroquial suevo, dependiendo de la diócesis de Asturica (David, 1947), aunque no se sabe con precisión el papel que jugaría en los conflictos con el reino visigodo de Toledo. Más tarde se constata una ceca en Leione (621), al igual que muchos núcleos del noroeste, que posiblemente indiquen los avances del reino visigodo o bien se encuentre en relación con algunas campañas contra los astures, contra los que pudo haberse convertido en una base militar. LA ZONA URBANA En la arqueología de la ciudad es frecuente constatar un largo paréntesis en la ocupación entre el Bajo Imperio y la Edad Media, que a veces ha conducido a realizar consideraciones engañosas sobre el carácter de este periodo histórico, deduciendo de manera precipitada la ruina y abandono del asentamiento romano hasta la supuesta “repoblación” astur. En realidad, la incidencia de las intervenciones arqueológicas ha tenido como resultado el hallazgo de varias secuencias en el interior del recinto legionario y sus alrededores, que en algunos casos nos han permitido establecer la continuidad a lo largo de la tardoantigüedad hasta la alta Edad Media. Hoy es posible describir un panorama algo más preciso sobre el poblamiento en el interior del recinto amurallado, donde efectivamente se constatan amplias extensiones urbanas vacías desde finales del siglo III, pero también hay que hacer hincapié en la persistencia de la ocupación en algunas áreas diseminadas en todo el núcleo urbano de las que hemos podido deducir algunos patrones (fig. 1). Las murallas debieron ser uno de los elementos urbanos que suscitaron mayor interés y preocupación por su mantenimiento y conservación. Las excavaciones arqueológicas en la puerta oriental del recinto (porta principalis sinistra) manifiestan esta preocupación por mantener habilitado el acceso así como la calle (via principalis) de unión con la porta principalis destra, uno de los ejes urbanos más importantes.

13 2 J. AVELINO et alii: LEGIO (LEÓN) EN ÉPOCA VISIGODA: LA CIUDAD Y SU TERRITORIO

En el siglo II d.C. se había levantado una gran puerta monumental en este sector, con dos grandes vanos y torres cuadradas de flanqueo que se prolongaban al interior con unos amplios cuerpos de guardia. El conjunto comienza a ser modificado en el siglo III con el tapiado de uno de sus arcos y en el Bajo Imperio se dan otras transformaciones con la construcción de la muralla y la elevación de la calle mediante la construcción de un nuevo pavimento viario (García Marcos et alii, 2004). En la tardoantigüedad se emprenden nuevas reformas, como el refuerzo del vano ya tapiado desde el siglo III, mediante la construcción de otro muro que engrosaría el cierre para dotarle de una mayor solidez. El cuerpo de guardia septentrional se redujo de tamaño y sus sillares fueron reutilizados en otras obras, como en el tapiado de sus vanos interiores, mientras que el espacio resultante se pavimentó con una solera de ladrillos, procedentes de las vecinas termas. Todo el proceso supuso una importante elevación de los niveles de circulación en todo el sector, documentándose la construcción de un nuevo pavimento viario de la antigua via principalis, de factura algo menos cuidada que en épocas precedentes, pero que debió permanecer en uso hasta el siglo X u XI cuando se rehace de nuevo la calle. Entre los materiales asociados se encuentran algunos fragmentos cerámicos de imitaciones de TSGGT que proporcionan la pauta cronológica, en torno a los ss. V-VI (Muñoz Villarejo, et alii, 2002: 655, García Marcos et alii, 2004: 39). No parece ser una situación aislada, puesto que en el lateral norte de la muralla, en una parcela conocida como Santa Marina, también se ha constatado una estructura adosada a la muralla, de planta rectangular, pavimentada con lajas de pizarra, asociada a un hoyo fechado en el siglo V y algunos niveles de ocupación de este periodo. A falta de otros indicios, como pudieran ser la presencia de elementos domésticos o de otra naturaleza consideramos que pudo haber tenido un uso vinculado a la proximidad con la fortificación (Muñoz et alii, 2002: 656). Otro referente muy frecuente en las ciudades tardoantiguas lo constituyen los grandes edificios romanos aún en pie, frecuentemente ocupados y transformados para nuevos usos. Son llamativos los casos de las construcciones de carácter monumental, que por su gran solidez, gozaron de una dilatada pervivencia y que eludieron temporalmente su destino como cantera. En Legio hemos constatado evidencias en los latera praetori, lo que hoy podríamos identificar con más seguridad como el pretorio o residencia del comandante de la legión, donde aparecen indicios de este tipo de ocupación, que por la limitada extensión de las intervenciones arqueológicas aún no han podido ser determinadas con precisión (Muñoz Villarejo, et alii, 2002: 654). Sin embargo, otras construcciones que a priori pudieron haber atraído un interés por su ocupación no han proporcionado registros tardoantiguos, como es el caso del anfiteatro militar extramuros, del que se han excavado dos amplias parcelas sin que hayan proporcionado, hasta la fecha, evidencias de ocupación en este periodo.

Figura 1. Plano de situación de los lugares citados en el texto, plantas de Legio y los yacimientos de Navatejera y Marialba de la Ribera.

La construcción campamental más emblemática que ilustra la continuidad de la ocupación la constituyen las termas intramuros. Se trata de un complejo de grandes dimensiones que se encuentra bajo la actual Catedral, superándola en extensión por tres de sus lados, del que se conocen algunos espacios de forma muy fragmentaria. Algunos de ellos fueron documentados en la rehabilitación del templo durante el siglo XIX, a los que hay que sumar el hallazgo reciente de unas letrinas muy próximas a la porta principalis sinistra. Los edificios de los antiguos baños llegaron a la Edad

133 ESPACIOS URBANOS EN EL OCCIDENTE MEDITERRÁNEO (S. VI - VIII)

Figura 2. Materiales procedentes de la excavación de la calle Cervantes en León.

Media en un relativo buen estado por lo que se convirtieron en palacio real, ya desde el siglo IX y en el año 916 fueron donadas por Ordoño II para sede de la iglesia episcopal (Boto Varela, 1995). Las excavaciones realizadas en el espacio de las letrinas constatan esta continuidad a través de algunas reformas y el desmantelamiento de algunos de sus elementos en época tardoantigua, con el fin de reutilizar los materiales constructivos en otros edificios como pudo ser el caso del cuerpo de guardia de la vecina puerta del recinto. Entre los rellenos de colmatación de la canalización hidráulica se han documentado, además, algunas cerámicas tardoantiguas (TSGGT, iTSGGT) que muestran ya el final del uso originario de las letrinas, aun manteniendo parcialmente sus estructuras. Todavía en el siglo VIII se constata la utilización de este espacio con otros fines: una serie de hoyos (¿silos, basureros?), que cortan los sedimentos de colmatación de la canalización y sus pavimentos, aparecen rellenos con materiales cerámicos tardoantiguos así como otros aportados ahora por nuevos ocupantes, seguramente un contingente militar árabo-bereber; se trata de cerámicas torneadas, ollas de base convexa, jarras, de factura exógena en claro contraste con las producciones locales coetáneas (ollas grises reductoras no torneadas y decoradas con incisiones simples) (Gutiérrez & Miguel, 2009). Parece evidente que el edificio termal y sus letrinas se mantuvieron visibles hasta bien avanzada la Edad Media, cuando se construye la Catedral gótica, momento en el que seguían en pie algunos de sus espacios (García Marcos et alii, 2003). Constatamos otros casos de ocupación de edificios sin el carácter monumental de los ejemplos ya mencionados, que nos permiten pensar que no

fue solo el criterio de la solidez de las estructuras el que prevaleció a la hora de elegir el hábitat, sino que otras construcciones se debieron conservar y habitar durante un largo periodo de tiempo. Uno de ellos se ha excavado en dos parcelas contiguas de la calle Cervantes de la ciudad. Se trataría muy posiblemente de una de las residencias de los primi ordines, o centuriones de la I cohorte de la legio, en cuyas inmediaciones se han localizado los barracones de esta unidad (San Román et alii, 2004: 733-734). Esta vivienda había sido levantada en el Alto Imperio y mostraba un gran número de fases constructivas, algunas de ellas pertenecientes al Bajo Imperio y en uso hasta el siglo VI, consistentes en nuevos muros de mampuestos trabados con barro. En estos contextos se documentaron algunos materiales cerámicos pertenecientes a esa fase (Muñoz Villarejo et alii, 2002), sobre los cuales nuevas intervenciones en la zona nos han permitido obtener una visión bastante más precisa. En la ocupación tardoantigua de este edificio se han recuperado varios fragmentos de un mismo plato de TS focea del tipo Late Roman C, de la forma Hayes 3 E, (fig. 2.1) cuya fecha abarca desde finales del siglo V hasta el siglo VI y que sin duda se trata de un hallazgo bastante excepcional en la arqueología leonesa, sobre todo por tratarse de productos más frecuentes en yacimientos costeros. Esta pieza se asocia a imitaciones de TSGGT, cuyas formas más frecuentes son los cuencos carenados, a veces estampillados como es el caso de un cuenco con un círculo que inscribe una cruz griega (fig. 2.3). En este tipo de contextos, que pudieran pertenecer a fechas algo más avanzadas, la presencia de TSHT es prácticamente ocasional y residual aunque en este caso proporcionó una Hispánica 63 (fig. 2.2) siendo más frecuente la aparición de cerámicas comunes, entre las cuales suelen estar presentes grandes vasijas de almacenaje a veces estampilladas en sus paredes exteriores (fig. 2.4) o bien ollas de cocina, de buen acabado. Otro edificio de unas características similares lo encontramos en la calle Cardenal Landázuri (fig. 3.2 y 3), sobre el que ya llamábamos la atención en otra ocasión y cuya identificación originaria es más problemática debido a lo reducido del espacio excavado (San Román et alii, 2006: 738 y ss). Se trataba de un edificio altoimperial, levantado con zócalos de mampostería, alzados de tapial y pavimentado con opus signinum, que en planta se conformaba por dos pabellones paralelos y alargados de los que se documentó tan solo la primera de sus dependencias. Una de ellas había experimentado el proceso habitual en el campamento con su amortización a finales del siglo III dC, bien fechada por materiales cerámicos y abundantes fragmentos de las tegulae pertenecientes a su cubierta, con sellos legionarios del periodo. En cambio, el otro pabellón se había mantenido en uso hasta al menos el siglo V ó VI, sin que se hubiera realizado ningún tipo de reforma constructiva. Los primeros depósitos, de esta época, se encontraron directamente sobre los suelos de opus signinum. En esta ocasión aparecía una mayor

134 J. AVELINO et alii: LEGIO (LEÓN) EN ÉPOCA VISIGODA: LA CIUDAD Y SU TERRITORIO

variedad de imitaciones de TSGGT, con los habituales cuencos carenados, a veces con baquetón exterior y pies de copas, un fragmento de un borde poligonal de plato de la forma 8A de Paz Peralta / Rigoir 3b y una tapadera Rigoir 30 con estampillas de palmetas dispuestas de forma radial, con un barniz denso y brillante que hay que suponer una importación de un taller de la región Narbonense. En esta ocasión estaba mucho mejor representada la TSHT, mediante los platos de la forma 4, lo que nos hace pensar en una fecha entre mediados del siglo V hasta el VI (San Román et alii, 2006: fig 6). La secuencia estratigráfica se prolongaba con una serie de materiales cerámicos que llegaban a enlazar con las primeras evidencias de los siglos IX-X, ya bien documentadas en la ciudad de León y que constituyen hasta la fecha una de las pocas evidencias de esta fase de transición (Gutiérrez & Miguel, 2009). El panorama de Legio en la tardoantigüedad no se reduce a la simple ocupación o reforma de edificios romanos, sino que se debe completar con otras construcciones realizadas de nueva planta. Se trata del citado caso aparecido en la parcela de Santa Marina, o una construcción localizada en la excavación de la iglesia de Palat de Rey, de la que se conservaban unos potentes cimientos de cantos rodados trabados con barro, asentados sobre la calle campamental y asociados también a imitaciones de TSGGT (Miguel, 1996; Miguel & Gutiérrez, 1997). El territorio próximo a Legio se articuló aún en función de la antigua red de vías romanas y su poblamiento se encuentra en distintos radios, a modo de círculos concéntricos. El anillo más próximo lo constituyen algunos núcleos religiosos suburbanos y los más alejados estarían constituidos por una aureola de villae en torno a Legio. LOS AMBIENTES SUBURBANOS En el área suburbana de Legio nos encontramos con una serie de necrópolis y edificios con advocaciones religiosas pertenecientes a los mártires del primitivo cristianismo local, como san Marcelo, centurión de la legio VII martirizado en los tiempos de Diocleciano, su esposa santa Nonia y san Claudio, que son las únicas referencias topográficas claras de un culto de estas características en la ciudad de León (Risco, 1784), de los que aún queda por esclarecer su origen y sus conjuntos constructivos. La iglesia de San Marcelo se encuentra extramuros ante una de las puertas del recinto romano y aparece citada en la documentación desde mediados del siglo X aludiendo a una presumible antigüedad mayor (Estepa Díez, 1977: 115), no del todo esclarecida y sin excavaciones arqueológicas que permitan aportar nuevos datos sobre su origen. Algo similar ocurre con la capilla dedicada a Santa Nonia, más alejada del recinto amurallado y próxima a San Claudio. A pesar de lo tardío de las referencias documentales existentes se trata de un templo ubicado sobre una antigua

Figura 3. Vista general del edificio de planta cruciforme de la villa de Navatejera, imagen y planta de la intervención en la calle Landázuri de León y planta y hallazgo en el monasterio de San Claudio de León (seg. González Fernández, 1994).

necrópolis tardorromana, de la que existen algunas noticias de hallazgos fortuitos en la zona. De esta capilla sabemos que en 1800 se demolió una construcción anterior para levantar la actual iglesia, que era de planta octogonal, con un pozo (Risco, 1784: 350), lo que podría sugerir un posible baptisterio, a juzgar por la tradición de la existencia de un pozo ante el altar. Algo más alejado, al suroeste de la ciudad, se sitúa el monasterio de San Claudio, al que la tradición local (Leccionario catedralicio) concede ser una de las fundaciones más antiguas de León, erigida sobre el sepulcro del santo martirizado a fines del siglo III y del que existen referencias epigráficas y tradicionales de algunos de sus abades en época visigoda, como san Vicente o san Ramiro (Risco, 1784: 353 y ss.). En la actualidad no se conservan restos del monasterio, desamortizado en 1835, y sobre cuyas ruinas se levantó

135 ESPACIOS URBANOS EN EL OCCIDENTE MEDITERRÁNEO (S. VI - VIII)

a mediados del siglo XX uno de los barrios de la ciudad que ha borrado por completo sus trazas. Sin embargo, en 1991 se realizó una intervención arqueológica ante la construcción de un edificio de nueva planta, que ha permitido obtener algunos datos del periodo que nos ocupa. La intervención arqueológica reveló una necrópolis bajo las estructuras conventuales del siglo XVI (fig 3.4), con sepulcros de cistas hechas con material latericio reutilizado, otras de tegulae a doble vertiente y de estructuras de mampostería. Los materiales asociados iban desde mediados del siglo IV hasta el siglo VI, mostrando una amplia pervivencia de este espacio cementerial. Los niveles asociados proporcionaron el hallazgo de diversos fragmentos de TSHT y TSGGT, cerámicas comunes, así como un olpe de época visigoda de doble asa, típica en ambientes funerarios (fig 3.5). En relación con los enterramientos se identificaron una serie de retazos de una estructura muy desmantelada por construcciones posteriores que no permitió otras consideraciones (González Fernández, 1994). EL ÁMBITO RURAL En un radio más amplio hay que hacer mención a algunos asentamientos tardorromanos, mayoritariamente villae con una dilatada pervivencia, de las que únicamente dos han sido excavadas con suficiente intensidad como para determinar con precisión su evolución. Se desconoce el proceso por el cual el territorio de Legio, originariamente de carácter militar y por lo tanto estatal, acaba pasando a manos de possesores privados. El caso es que en estos dos yacimientos excavados se registran fases de ocupación altoimperiales, vinculadas a la legio VII, por la aparición de materiales latericios con el sello de esta unidad, que posteriormente se transforman en villae. Es el caso de la villa de Navatejera, a 4 km al norte de León (figs 1 y 3.1), en la que se ha excavado una amplia superficie de la pars urbana, con termas y algunas estancias pavimentadas con mosaicos, así como de la pars rustica con estructuras tardías de almacenamiento y producción latericia. En un espacio contiguo se construyó posteriormente un edificio que ha venido interpretándose tradicionalmente como una posible iglesia paleocristiana, precedente de la arquitectura altomedieval; se trata de una construcción con planta cruciforme inscrita en rectángulo, con triple cabecera orientada al norte. Las diferencias técnicas con las estructuras tardorromanas (construida con mampostería cogida con barro negro) y las relaciones estratigráficas (la cimentación se superpone a algunas partes del edificio anterior, del siglo V) permiten considerar su cronología tardoantigua. Así mismo, la existencia de enterramientos en su entorno afianza la idea de su función religiosa. Entre los materiales recuperados en las excavaciones se encuentran abundantes cerámicas de cronología tardoantigua (TSHT) del siglo V en adelante (Miguel & Benéitez, C, 1996).

En un radio similar, pero más al noreste de la ciudad, se ha excavado la necrópolis de Vegazana (fig. 1), con tumbas construidas con ladrillo, tegulae o cantos y cubiertas planas o a capuccina, cuya cronología se extiende entre los siglos IV a VII, aunque no se documentó el hábitat al que estarían asociadas (Liz & Amaré, 1993). A 6 km al sur de la ciudad se encuentra el yacimiento de Marialba de la Ribera (fig. 1), situado en las inmediaciones de la via que partía de Legio hacia el sureste. De este yacimiento se conoce una gran basílica martirial excavada en los años 60 por el Instituto Arqueológico Alemán (Hauschild, 1968), ahora en proceso de reexcavación y estudio por nuestra parte. Partiendo de un edificio tardorromano previo, de planta rectangular con cabecera ultrasemicircular, cuya función es aun desconocida, se produce la transformación progresiva a partir del siglo V en un centro de culto mediante la adición sucesiva de elementos como una cabecera triconque, inscrita en la cabecera ultrasemicircular, a la que sigue la construcción de una serie de trece tumbas en tres hileras, inscritas en ella; un banco perimetral exterior; cuatro grandes apoyos de bóveda en los ángulos de la nave; un nártex o pórtico funerario a los pies; ya en época visigoda se añade un baptisterio con sus anexos, fechado en los siglos VI–VII. En todos los espacios al interior y exterior de la basílica se realizaron sucesivos enterramientos desde época tardoantigua que se prolongan hasta el siglo XI ó XII, momento en el que se abandona. Las actuaciones arqueológicas ahora reemprendidas tienen entre sus objetivos comprender e interpretar el carácter y evolución arquitectónica y funcional de este importante conjunto. Aunque aún no se puede precisar si el monumental edificio basilical tardorromano formaba parte de una villa romana u otro tipo de asentamiento complejo, como sugieren sus grandes dimensiones y la amplia dispersión de materiales constructivos, las transformaciones arquitectónicas indican sucesivos cambios funcionales: quizás del aula inicial se mudó primero su cabecera en mausoleo y martyrium, posteriormente pasaría a ser una iglesia bautismal y más tarde pequeño monasterio altomedieval. En suma, el panorama arqueológico que ofrece Legio y su entorno en época tardoantigua comienza a asemejarse al de otras ciudades hispanas, con un centro urbano heredado del mundo romano, mediante la pertinente transformación de un campamento militar en una civitas cuyos habitantes utilizan y modifican la red viaria y los edificios legionarios de acuerdo a nuevos patrones de ocupación. A pesar de la reducción del espacio ocupado, es patente la preocupación por el mantenimiento, reparación y reforma de sus principales estructuras urbanas vigentes, como las murallas, sus puertas y parte del viario principal. Aunque algunos edificios notables habían sido ya desmantelados para construir con sus sillares las murallas, otros se conservan y mantienen, ofreciendo muestras

136 J. AVELINO et alii: LEGIO (LEÓN) EN ÉPOCA VISIGODA: LA CIUDAD Y SU TERRITORIO

de continuidad de uso y ocupación, aun con modificaciones. A pesar de la retracción productiva y comercial, la población participa de los circuitos comerciales de la época, que incluyen productos aquitanos y mediterráneos.

El interior del recinto parece mostrar, por el momento, un uso civil sin construcciones religiosas, que se localizan ahora en su entorno suburbano, como el monasterio de San Claudio, en la villa de Navatejera o el templo funerario de Marialba, los cuales han ido incorporando nuevos espacios sacros que tendrán un hondo arraigo en la Edad Media local.

BOTO VARELA, G., 1995, La memoria perdida. La catedral de León (917-1255), León. CAMPOMANES ALVAREDO, E., MUÑOZ VILLAREJO, F. y ALVAREZ ORDAS, J.C., 2002, “Ocupaciones militares anteriores a la llegada de la Legio VII Gemina a la ciudad de León” Arqueología Militar Romana en Hispania. Gladius Anejos 5, págs. 651-660. DAVID, P., 1947, Études historiques sur la Galice et le Portugal du Ve au XIIe siècle, Lisboa. ESTEPA DÍEZ, C., 1977, Estructura social de la ciudad de León (siglos XI-XIII), León. GARCIA Y BELLIDO, A., 1970, “Estudios sobre la Legio VII Gemina y su campamento en León” Legio VII Gemina, León, págs. 569-599. GARCIA MARCOS, V., CAMPOMANES ALVAREDO E., y MIGUEL HERNANDEZ, F., 2004, “El solar y entorno urbano de Santa María de Regla (siglos I-XV)”, Actas del Congreso Internacional La Catedral de León en la Edad Media, Universidad de León, págs. 23-44. GARCIA MARCOS, V., DURÁN, R., MORILLO, A., 2006, “La muralla tetrárquica de Legio: apoximación al conocimiento de su sistema constructivo”, en A. Rodríguez Colmenero & I. Rodá, ed, Murallas de Ciudades Romanas en el

Occidente del Imperio. Congreso Internacional, Lugo, pp. 381-399. GONZALEZ FERNANDEZ, Mª LUZ, 1994, “Necrópolis tardorromana en el solar del Monasterio de San Claudio de León”, Nvmantia, 5, págs 107-126. GUTIERREZ GONZALEZ, J.A. y MIGUEL HERNADEZ, F., 2009, “La cerámica altomedieval en León: producciones locales y andalusíes de Puerta Obispo”, VIII Congreso Internacional sobre cerámica medieval del Mediterráneo, Ciudad Real, t. I. HAUSCHILD, T., 1968, La iglesia martirial de Marialba (León), Boletín de la Real Academia de la Historia, CLXIII, cuad. 2º, pp. 243-249. HAYES, J. W., 1972, Late Roman pottery. Londres. LIZ GUIRAL, J. & AMARÉ TAFALLA, M., 1993, Necrópolis tardorromana del Campus de Vegazana y las producciones latericias de la Legio VII Gemina, León. MIGUEL HERNANDEZ, F., 1996, “Monasterios leoneses en la Edad Media: Palat de Rey y Carracedo”, Actas del Ciclo de Conferencias ArqueoLeón. Historia de León a través de la Arqueología, 131-162.

MIGUEL HERNADEZ, F. & BENÉITEZ GONZÁLEZ, C., 1996, “Relectura arqueológica de la villa romana de Navatejera (León)”, Nvmantia, 6, pp. 103-126. MIGUEL HERNADEZ, F. y GUTIERREZ GONZALEZ, J.A., 1997, “Las producciones cerámicas de León en el tránsito de la Alta a la Plena Edad Media”, VIe Congrés Internacional sur la Céramique Médiévale en Méditerranée, Aix-enProvence, págs. 353-360. MIGUEL HERNANDEZ, F. y GARCIA MARCOS, V., 1993. “Intervención arqueológica en el patio del Centro Cultural Pallarés (León)”, Numantia 4, 175-206. MORILLO, A. & GARCIA MARCOS, V., 2006, “León Late Roman town”, The Roman Army in Hispania. An archaeological guide, León, pp. 373-375. MUÑOZ VILLAREJO, F., CAMPOMANES ALVAREDO, E. y ALVAREZ ORDÁS, J.C., 2002, “El periodo tardoantiguo en la ciudad de León. Reformas en algunas estructuras altoimperiales”, Arqueología Militar Romana en Hispania. Gladius Anejos 5, págs. 651-660. PAZ PERALTA, J.A., * 1991, Cerámica de mesa romana de los siglos III-VI

dC en la provincia de Zaragoza, Institución Fernando el Católico, Zaragoza. * EN PRENSA, Cerámica Hispánica tardía gris y naranja en Asturica Augusta, Universidad de León. RIGOIR, J., 1968: “Les sigillées paléochrétiennes grises et orangées”, Galia, XXVI, 177-244. RIGOIR, J., y RIGOIR,Y., 1971: “Les derivées des sigillées paléochrétiennes en Espagne”, Rivista di Studi Liguri, XXXVII, 33-68. RIGOIR, J., RIGOIR, Y., y MEFRE, J. F., 1973: “Les dérivées des sigillées paléochrétiennes du groupe atlantique”, Gallia, XXXI, 207-263. RISCO, M., 1784, España Sagrada…, T. XXXIV, Madrid. SAN ROMÁN FERNÁNDEZ, F., MARTÍN DEL OTERO, P., CAMPOMANES ALVAREDO, E. y MUÑOZ VILLAREJO, F., 2006, “Novedades en el campamento de la legio VII Gemina”, Arqueología Militar en Hispania. Producción y abastecimiento en el ámbito militar, León, págs. 733-745. YEPES, FR. A. DE, ED. 1959, Crónica General de la Orden de San Benito, Biblioteca de Autores Españoles, núms. 123, 124 y 125, Madrid.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful