Página 1 | Jueves 8 de Julio de 2010

3

Año 1 | Nº9

¿Queréis ser una nación libre e independiente?
E
l Congreso fue convocado cuando la Santa Alianza promovía en Europa la restauración monárquica y combatía los movimientos liberales y democráticos. Comenzó en Tucumán, una ciudad del interior, por el creciente disgusto de los pueblos frente a Buenos Aires. Desde la supresión de la Junta Grande por el Primer Triunvirato en 1811 hasta el Directorio de Alvear, la conducción porteña había impuesto sus criterios centralistas, desconociendo las tendencias confederales de la mayoría de esos pueblos. Las provincias fueron convocadas para reunirse en Tucumán y enviaron sus diputados. Estuvieron incluidas algunas del Alto Perú, por entonces en manos realistas, pero se excluyeron Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, por diferencias políticas. Entre los congresistas, predominaba el sentimiento antiporteño. Las sesiones comenzaron el 24 de marzo de 1816, con Alvarez Thomas como Director Supremo, en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna y fueron saludadas por una salva de 21 cañonazos. Pero pronto Alvarez Thomas renunció y el 16 de abril fue reemplazado por González Balcarce, quien también renunció. El 3 de mayo, Juan Martín de Pueyrredón, del grupo porteño, fue elegido Director Supremo, con el objetivo de pacificar y unir a todo el territorio. Los diputados Esteban Agustín Gazcón, Teodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano presentaron un plan aceptado por todos y cuyos puntos fundamentales fueron: Comunicarse con todas las provincias para insistir en la necesidad de unión y así enfrentar al enemigo externo. Declarar la Independencia. Discutir la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas. Elaborar un proyecto de Constitución. Preparar un plan para apoyar y sostener la guerra en defensa propia, proveyendo de armamentos a los ejércitos patriotas. Tras una serie de medidas y después de arduas discusiones acerca de la forma de gobierno, el 9 de julio de 1816, a pedido del diputado jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante, se discutió el proyecto de Declaración de la Independencia. Después de tres meses y medio de sesiones, el Congreso proclamó ese día la existencia de una nueva nación libre e independiente de España u otras naciones: las “Provincias Unidas de Sud América”. El diputado sanjuanino Francisco Narciso de Laprida preguntó: “¿Queréis que las Provincias de la Unión sean una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”. Todos los diputados contestaron afirmativamente. De inmediato, se labró el “Acta de la Emancipación”. El acta de la Independencia fue firmada por todos los congresales que declararon la Independencia. Se tradujo al quechua y al aymará para que la conocieran las poblaciones indígenas.

Página 2 | Jueves 8 de Julio de 2010

“De la tierra al paladar presenta…”

CAMPO 3
Por Silvia Ramos de Barton
(Sommelier y Directora del BLOG de VINOS)

L

Qué se bebía y se comía en el Bicentenario
cés que le enseñaba a los esclavos negros a cocinar para sus patrones platos gourmet. Según relata Víctor Ducrot en su libro “Los Sabores de la Patria” en La Fonda de los Tres Reyes se reunieron una tarde lluviosa de 1809 James Florence Burke, Juan José Castelli y Nicolás Rodríguez Peña y, entre copas, cerraron el acuerdo de gran importancia para los acontecimientos que muy pronto sacudirían Buenos Aires. Ducrot describe en las páginas de su libro que estos tres caballeros ya habrían brindado con vino proveniente de Mendoza. Así fue que al correr de los años el vino Carlón fue desapareciendo de la mesa de los argentinos, no sólo por sus malas versiones, sino también por el advenimiento de los vinos provenientes de las zonas

as pulperías eran frecuentadas por la gente humilde, -gauchos y mestizos- y los bodegones por la clase media y alta, -españoles y criollos-. Se tomaba vino patero, ginebra y licores. Los más acaudalados, tomaban vino español importado. En el 1810 se ingerían una gran cantidad de bebidas alcohólicas. Los humildes bebían aguardientes y una versión económica del vino Carlón, llamado también Clarín y Carlete. Este vino era importado de Europa y se consumió en Argentina del s. XVII al XIX. Se trataba de un vino potente de la uva garnacha, proveniente de la zona de Benicarló en Castellón, España. Se tomaba con soda, con el fin de rebajarle el tenor alcohólico que llegaba a los 15 grados.

rios, los Huarpes, habían desarrollado un sistema de riego, -el actual, con acequias- para hacer llegar el agua a distintos pueblos. Se reunió con ellos y les consultó si podía ampliar el sistema a toda la provincia, y los Huarpes asintieron. Gracias a estos pobladores, Mendoza se convirtió en un vergel. Más tarde Sarmiento invitó a Michel Aimé Pouget en 1852 a traer Pulperías Si bien había más de 400 pulperías en Buenos Aires en esos tiempos, había una muy famosa en el centro, era “la del Maldonado”. En cuanto a bares, existía el Café de Marcos – en Alsina y Bolívar-, el De la Victoria, el De los Catalanes y el De Martín. Todos tenían enormes patios y mesas de billar.

Comidas típicas Todas las clases sociales tomaban mate y comían pastelitos de membrillo. Las comidas a la hora del almuerzo eran empanadas de carne, locro, carbonada, -de origen belga es un guiso agridulce de carne dentro de un zapallo con maíz y durazno, la típica fruta de la época- , sopa de

Fondas o bodegones y pulperías eran comunes en 1810

Bares En los alrededores de la actual Plaza de Mayo, antiguamente llamada “Plaza de la Victoria” existían dos bares muy concurridos: La Fonda de los Tres Reyes del genovés Juan Bonfillo –sobre la actual 25 de Mayo- y La Casa de Monsieur Ramón –sobre la actual calle Defensaque tenía contratado un chef fran-

de San Juan y Mendoza, que ya se abrían paso en aquella época. Se registró que el vino Carlón se vendió libremente hasta 1920. Pero cada vez fue menos solicitado. Para el año 1930 la plaga filoxera acabó con la última vid y con otras viñas de la región de Castellón. Así fue como el Carlón le dio el mando a los vinos cultivados en nuestro territorio, para siempre.

Bebidas alcohólicas Lo que más se consumía en cuanto a bebidas alcohólicas era aguardiente elaborado en la región de Cuyo. En los hogares se elaboraban como hobby licores caseros, de huevo, por ejemplo. Los aguardientes son bebidas alcohólicas destiladas. La grappa es un destilado de orujo de entre 29 y 50 grados de alcohol y la ginebra es un destilado de cereales aromatizada con enebro. Ambas provenían de Cuyo, si bien la elaboración provenía de Europa en sus orígenes. Había un vino de la uva malvasía negra proveniente de España que era muy bebido por el ejército. Cuenta la leyenda que San Martín cuando fue Gobernador de Cuyo, -del 1814 al 1816-, les cambió las etiquetas a los vinos, (al malvasía negro por el tinto patero mendocino y viceversa) y les hizo probar a los soldados cuál era el mejor. Todos votaron por el patero mendocino, de esta manera San Martín develó la trampa y les enseñó que no todo lo que venía de afuera era mejor que lo que se hacía en nuestro país. San Martín fue nombrado Gobernador de Cuyo en 1814 y apenas llegó a instalarse en Mendoza descubrió que eran tierras desérticas y que los pueblos origina-

sus conocimientos enológicos y agrícolas a Mendoza. El francés estaba exiliado en Chile huyendo de Napoleón. Trajo consigo las primeras varas de Cabernet Sauvignon, Malbec y Pinot Noir. La malvasía ya existía y existen estudios ampelográficos posteriores sobre el origen de la torrontés riojana, de los cuales se desprenden algunas hipótesis de que nuestra cepa emblemática es una variación de aquella de la península ibérica, -España y Portugal-. Sarmiento y Pouget fundaron una escuela llamada Quinta Normal de Agricultura para enseñarles a los pobladores el cultivo de la vid. Pouget elaboró su primer vino de estilo francés en Mendoza y ganó una medalla de oro en París alrededor de 1870, muere en el 1875.

arroz, asado, matambre, puchero, guisos con todo tipos de carnes, zapallitos rellenos, estofados y albóndigas. A la hora del postre, eran tradicionales los bocadillos de papa o batata, la cuajada, las frutas, la natilla -plato de origen español a base de huevos, leche y azúcar-, el arroz con leche, los alfajores, las masitas y la famosa mazamorra, que vendedores ambulantes solían ofrecer por las calles. La mazamorra se hacía con un litro de leche, dos litros de agua, un kilo de maíz blanco pisado, 200 grs de azúcar y una chaucha de vainilla. La recaudación de la mazamorrera no era para ella sino para el señor que la tenía como empleada. Este pastel era consumido por los humildes y gente sin dientes, muy común en esos días.

Huarpes, San Martín, Sarmiento y Pouget: A los que se les debe el vino mendocino

Página 3 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3

MÁS DE 50 AÑOS AL SERVICIO DEL DESARROLLO AGROPECUARIO
n 1956 la Argentina se encontraba en una grave crisis económica, con una balanza de pagos y una deuda externa marcadamente negativas. El 95% de las exportaciones provenían del sector agropecuario, especialmente de la Región Pampeana, cuya producción estaba estancada desde hacía 25 años. El consumo interno de esos productos aumentaba año a año, dejando saldos exportables cada vez menores. Por otra parte, el desarrollo industrial – que tenía como objetivo sustituir importaciones, diversificar la producción, absorber mano de obra, mejorar el nivel de ingresos del asalariado y promover el desarrollo general del país– requería de una creciente importación de bienes de capital que se veía limitada por la balanza de pagos negativa. El aumento de la actividad agropecuaria aparecía como el único medio eficaz para restablecer el desarrollo económico de la Argentina. La posibilidad de incorporación de nuevas tierras a la producción en la Región Pampeana se presentaba muy limitada en los últimos 50 años, por lo cual restaba, como importante alternativa, el aumento de rendimientos por unidad de superficie. Se consideraba que la incorporación de tecnología existente posibilitaría el aumento de esos rendimientos y que, por otra parte, no podría ser importada para su aplicación directa sin un proceso de adecuación a las características ecológicas y a los factores de producción (capital, tierra y trabajo) de la Argentina; en muchos casos sería necesario crear nuevas tecnologías. La Comisión Conjunta Naciones Unidas/Gobierno Argentino –presidida por el economista argentino y Secretario de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), Raúl Prebisch – recomendó, como respuesta a la tendencia recesiva de la capacidad productiva agropecuaria, el vigoroso impulso de la tecnología y la creación, a esos efectos, de un instituto específico. En su propuesta original la recomendación consistía en que fueran las universidades el ámbito responsable de la tarea de generación y difusión de tecnología, entendiendo que ellas constituían el eje fundamental para el logro de los propósitos de superación del estancamiento del sector. La recomendación fue revisada, dando lugar a la creación de un instituto integrado al Ministerio de Agricultura. De esta manera nacía el 4 de Diciembre de 1956 el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria – INTA – una de las instituciones del Estad Nacional que, independientemente del color del gobierno de turno, se ha ganado el respeto y el cariño del sector agropecuario nacional, lo que le permitió con todo orgullo exponer los aportes realizados a lo largo de sus 50 años de vida.

E

“INTA expone sus aportes al país”: innovación a futuro

D

urante el seminario “INTA expone sus aportes al país” –que se realizó el jueves 1° de julio en la Universidad Católica Argentina (UCA), Capital Federal– se presentaron resultados relacionados con la biología molecular y tecnologías genómicas y post-genómicas aplicadas a temas de interés agropecuario, forestal o ambiental para generar nuevos productos –materias primas, alimentos, fibras, energía, enzimas, fármacos, nuevos materiales, entre otros– bioseguros, diversificados, saludables y de alto valor agregado. Los investigadores de la institución trabajan en la generación de insumos para asistir al mejoramiento genético de características de interés agropecuario y facilitar el aumento de los rendimientos a lograr a través de genética de los cultivos y de las prácticas de manejo de cultivos utilizando métodos agronómicos y agroecológicos. Con la mira puesta en el futuro, se presentaron avances en nanotecnología y biomateriales para mejorar la estabilidad, inocuidad, procesamiento y calidad de los productos. Estos comprenden dosificar la liberación controlada de fertilizantes y agua, purificar y desalinizar aguas para consumo y riego; detección y cuantificación de patógenos, antibióticos y quimioterápeuticos en productos; nano-materiales para reemplazar o abaratar los procesos analíticos, o para la remediación de suelos agrícolas, tales como filtros de contaminantes en suelos. El INTA dedicó una presentación especial para los aspectos vincu-

lados con la ecofisiología vegetal para la “intensificación sostenible” en gran escala de cultivos, incrementando la producción sin el cultivo de tierras adicionales, por expansión hacia zonas marginales, por intensificación de la secuencia de cultivos y por aumento del rendimiento por unidad de superficie (mayor uso de insumos y mejoras genéticas en potencial de rendimiento y estabilidad) y por unidad de insumos no renovables, logrando impactos positivos sobre los servicios ecosistémicos y la salud humana. Además de tecnologías agropecuarias sitio-específicas o “tecnologías de sintonía fina”: para avanzar en la agricultura de precisión, de potrero y de predio, haciendo que mediante la optimización del uso de estas técnicas el productor pueda lograr una mayor productividad sin costos adicionales, minimizando en paralelo el impacto negativo sobre el ambiente. Para mejorar su propia competitividad, el INTA fortalece y promueve la creación y organización de redes para fomentar la convergencia científico-tecnológica y la complementación de visiones del desarrollo. De cara al futuro se orienta para ser una organización que amplía sus ámbitos de consenso, fortalece procesos colectivos en la construcción de visión, estrategias y formas e intervención para promover la innovación e impulsar la competitividad sustentable del sector, buscando generalizar el acceso a los conocimientos y el desarrollo inclusivo, con equidad social.

Página 4 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3

Página 5 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3

Las etapas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
La fundación y el crecimiento 1956 - 1960 La Consolidación 1960 - 1970

El INTA ante la globalización y las nuevas estrategias de desarrollo del país 1995 - HOY

E

n 1956, en su informe al Gobierno Nacional, el economista argentino Dr. Raúl Prebisch, entonces Secretario de la Comisión Económica para la América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), y basado en la marcada disminución de las exportaciones de productos agropecuarios, recomendó la creación de un instituto “para la investigación tecnológica en materia agropecuaria y la difusión práctica de los resultados” y planteaba tres ideas muy innovadoras para ese momento: que la investigación y la extensión se realizaran en el mismo instituto, que fuese autárquico y que los productores tuviesen participación activa en su conducción. El 4 de diciembre de ese año, por el Decreto-Ley Nº 21680, se crea el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, que deberá “impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar con los beneficios de esas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural”. Comenzó a funcionar en 1958, con algunas de las funciones del Ministerio de Agricultura y las Estaciones Experimentales existentes, que le fueron transferidas. Dichas Estaciones Experimentales eran unas 11 y, en poco tiempo, se creó la mayoría de las restantes. Además del Consejo Directivo, in-

tegrado por el Presidente, el Vicepresidente y un Vocal designados directamente por el Ministerio de Agricultura, y representantes de las entidades nacionales de productores y de las facultades de Agronomía y Veterinaria nacionales, la institución contó con Consejos Asesores de las Estaciones Experimentales y de las Agencias de Extensión Rural, integrados por representantes de las diversas organizaciones locales de productores, de los bancos vinculados a lo agropecuario y de los gobiernos provinciales. Se organizó la investigación agrupando los planes de trabajo en Programas (por producto o por disciplina) y se conformaron con la participación de destacados especialistas de las universidades y de la actividad privada. Se organizó la extensión y la transferencia de tecnología, creando una gran cantidad de Agencias de Extensión Rural, para atender las necesidades de los productores de uno o más Departamentos o Partidos, divulgar las nuevas técnicas y detectar los problemas que deben resolver las Estaciones Experimentales. Ante la necesidad de mejorar la capacitación del cuerpo profesional, se dictaron cursos para investigadores y para extensionistas, y se concretó un vigoroso programa de perfeccionamiento en el exterior, principalmente en los Estados Unidos de Norteamérica, el Reino Unido, Francia y Australia.

E

E
La adecuación de la institución al nuevo escenario 1985 - 1995

n esta etapa se afianzaron los planes de trabajo con la redacción de los Documentos Básicos de los Programas, por medio de los cuales se delinearon claramente sus necesidades y sus objetivos, con la amplia participación directa y activa de los productores y de los profesionales de la actividad privada y de las universidades. Se creó una parte importante de las Agencias de Extensión Rural, que llegaron a más de 200, y durante la década del 60 y parte de la del 70 el INTA cumplió un rol muy importante en la generación y difusión de tecnología, contribuyendo muy eficazmente al cambio que se produjo en el sector agropecuario argentino, según se comenta en otros capítulos. Fue entonces casi único actor en su misión de acelerar la tecnificación para el mejoramiento de la empresa y de la vida rural y alcanzó un sólido reconocimiento de los productores, situación que se mantiene en la actualidad, pese a los muchos cambios que se han producido.

En 1968 el INTA contaba con 925 profesionales y técnicos, de los cuales 311 habían recibido capacitación en el exterior, 60 de ellos con el título de Máster y 3 con el Doctorado superior. Los auxiliares de técnicos y los administrativos eran 978 y los obreros 1.534, lo que se traducía en un total de 3.437 personas. Además de disponer de becas breves y pasantías para estudiantes de agronomía y de veterinaria, la institución se convirtió en pionera al poner en marcha un sólido programa de becas de iniciación y de perfeccionamiento para profesionales recientemente graduados en esas y otras disciplinas, para complementar su preparación por medio del entrenamiento en servicio, con miras a cubrir adecuadamente los cuadros técnicos. En 1969 se creó la Escuela para Graduados en Ciencias Agropecuarias de la República Argentina, por convenio con el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA) y las Universidades de Buenos Aires y La Plata.

E

Salto tecnológico y cambio de escenario 1970 - 1985
Durante la década del 70 y la primera mitad de la del 80, se registró un marcado crecimiento de la producción agropecuaria, principalmente debido al cambio tecnológico, en el cual el INTA tuvo un rol relevante en el desarrollo y la difusión de técnicas agronómicas e innovaciones genéticas, complementándose con el sector privado en los temas de mecanización agrícola, insumos agroquímicos y obtención de cultivares (híbridos y otros).

l marco general diferente del inicial requirió una profunda revisión de la organización, con énfasis en la descentralización, la participación y la integración, de la cual participaron los niveles internos y externos relacionados. En lo organizativo se redefinieron las unidades, incluyendo misión y funciones, desde la Dirección Nacional hacia abajo, y se proveyeron los cargos por concurso, conforme a las nuevas especificaciones. La descentralización se concretó principalmente en la constitución de los 15 Consejos de Centros Regionales y 3 Consejos de Centros de Investigación, a los cuales se les confirió la responsabilidad de determinar prioridades y distribuir los fondos en cada Centro. Antes de esto los Consejos eran solamente asesores y no existían en los Centros de Investigación. La participación se logró especialmente con la presencia en los Consejos de los Centros Regionales, de representantes de las distintas asociaciones de productores, de los gobiernos provinciales, de la comunidad científica y de las universidades. Los Consejos de los Centros de Investigación se constituyeron con representantes de la comunidad científica, de las universidades, del Consejo Directivo y de los Centros Regionales. Los integran también el Director y un representante de los profesionales del Centro. Esto implicó que una parte sustancial de

las responsabilidades del Consejo Directivo fuese delegada a un grupo de unas 200 personas de amplia representatividad y alta calificación, diseminados por todo el país. La integración se logró en parte importante por lo expresado en el párrafo anterior, pero también por otras acciones. Con la actividad privada, principalmente por formas de acción conjunta, de las cuales la más destacada es el Convenio de Vinculación Tecnológica, especialmente útil para la culminación y puesta en uso de desarrollos propios y compartidos. Para facilitar estas acciones, se crearon la Fundación ArgenINTA e INTEA S.A. Como ejemplos de integración con el sector público, se pueden señalar la implementación en 1993 del Programa Federal de Reconversión Productiva (Cambio Rural) con el MAGPyA, destinado a productores pequeños y medianos, y el Programa Prohuerta en 1990, para la producción de alimentos por parte de poblaciones carenciadas, con el Ministerio de Bienestar Social, que se sumó en lo social, al Programa para Pequeños Productores Minifundistas, creado por INTA en 1986. En este período se elaboró el PLANTA 1990-1995 (Plan de Tecnología Agropecuaria Nacional), precursor del actual Plan Estratégico Institucional, preparándose al mismo tiempo en cada Centro Regional un PLANTAR (Plan de Tecnología Agropecuaria Regional).

E

n el mismo lapso, la tarea de difusión y de experimentación adaptativa fue compartida con otras instituciones –los Grupos CREA, el Movimiento Cooperativo, los Servicios Técnicos Provinciales, diversas empresas privadas, los profesionales independientes–. Se diversificaron las fuentes de información al alcance de los productores para acceder a las innovaciones tecnológicas, principalmente las apropiables. Desde mediados de los 80 se observó una desaceleración relativa de la productividad agrícola, en el marco de significativas transformaciones nacionales y mundiales en los mercados de los productos primarios como resultado de grandes cambios estructurales, geopolíticos y económicos, que definieron un nuevo contexto para el sector agropecuario. En el orden internacional aumentó

el proteccionismo y los subsidios a la producción y a la exportación de los productos agropecuarios por parte de los países de alto nivel económico, como también la privatización del conocimiento científico. En el orden nacional se había restricciones en los gastos del sector público; desarrollo significativo del sector privado en la generación de insumos tecnológicos (semillas, agroquímicos,etc.) y de la asistencia técnica vinculada: un sector agropecuario expandido y modernizado; mayor demanda tecnológica más especializada en rubros más diversificados; y mayor demanda de participación por parte de las personas involucradas en el sector. La situación al final del período era, por lo tanto, mucho más compleja y planteó la necesidad institucional de renovar los enfoques para mantener los aportes del INTA en el nuevo contexto.

n la segunda mitad de la década del 90, la globalización de la economía y la apertura económica impactaron diferencialmente en el sector agropecuario en los productos y las regiones, planteando un escenario de demandas altamente heterogéneo para la investigación y extensión. La conformación de bloques económicos y acuerdos internacionales de comercio; el aumento de las restricciones sobre el uso de los recursos naturales y el medio ambiente y la creciente privatización del conocimiento científico y de la tecnología en el mundo enfatizó la necesidad de desarrollar estrategias explícitas y activas de investigación para asegurar el acceso a los resultados. La necesidad de ganar competitividad en los mercados impuso generar productos de alta calidad y valor agregado, y ampliar la integración a las cadenas agroalimentarias con impacto directo sobre las demandas para la investigación y extensión agropecuarias. La aparente estabilidad y la apertura económica cambiaron las reglas de juego, incluyendo las relaciones de precio para el sector, favoreciendo la importación de bienes de capital e insumos. Los ajustes estructurales que planteó la nueva estrategia de desarrollo generaron demandas económicas y sociales, asociadas a los sectores de pequeños y medianos productores, que resolvieron principalmente problemas de escala y de inserción en el proceso productivo. Con la transformación política, económica e institucional, aparecieron nuevos actores en lo tecnológico. Los sectores de la producción de insumos tecnológicos, la agroindustria, la industria de la alimentación, el Estado Nacional, los Estados Provinciales, las universidades y un variado conjunto de organizaciones no gubernamentales se constituyeron actores estratégicos en el proceso de innovación en el sector rural. Esta realidad planteó a la institución afrontar los desafíos de la competitividad agropecuaria y agroindustrial y, al mismo tiempo, resolverlos en un marco de equidad y de sostenibilidad social y ecológica. Las exigencias de la competitividad, que trascienden la cuestión tecnológica, ponen de manifiesto el predominio del sector de la demanda sobre la oferta institucional. Esta situación revalorizó la importancia de que el INTA se vinculara más directamente con los mercados,

con otros sectores productivos y de transformación, y con otras áreas del sector privado, para hacer más integral su contribución al desarrollo agropecuario y agroindustrial. Para ello la institución apunta a dar respuestas rápidas y contundentes a las demandas de los distintos beneficiarios, los productores, la agroindustria, la comercialización y la sociedad en su conjunto. Las líneas estratégicas trazadas dan el rumbo a una institución vital para la Argentina que busca la expansión productiva y el desarrollo social. En ese marco el INTA se plantea un amplio proceso de innovación institucional para ser protagonista en el desafío de recuperar un país con ambición de grandeza, consolidando un sistema agropecuario, agroalimentario y agroindustrial con sostenibilidad económica, ambiental y social. En ese sentido, los principales ejes de innovación de la nueva etapa institucional pasan por expandir la frontera del conocimiento para acceder a mercados dinámicos de elevado potencial comercial; disminuir las brechas tecnológicas entre los conocimientos disponibles en el sector y los aplicados en los sistemas productivos; promover la calidad integral en la producción de alimentos nutritivos, inocuos, estables con características sensoriales, incluyendo la trazabilidad y el cuidado ambiental; contribuir al ordenamiento ambiental del espacio rural, la difusión de tecnologías críticas y de sistemas de gestión ambiental en el predio y en la ecorregión; adoptar tecnologías a condiciones específicas para insertar a la pequeña producción en las cadenas agroalimentarias y agronegocios; y desarrollar tecnologías y estrategias organizacionales que posibiliten impulsar proyectos innovativos, fortaleciendo las bases de la inclusión social y el desarrollo local. El proceso de cambio institucional en marcha se construye sobre la base del consenso e integración de esfuerzos con todos los componentes del sector agropecuario, agroindustrial y el sistema científico tecnológico. El gran énfasis de esta etapa se pone en la innovación tecnológica como centro de la estrategia institucional, donde los niveles regional y local constituyen la base competitiva ambiental y social para atenuar las desigualdades territoriales y consolidar el desarrollo del sector.

Página 6 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3
Por Lucho Bugallo

Festejando el 9 de Julio en el interior y de a caballo

Luciendo “pilchas” y destrezas
Aparentando ser una fría y común tarde de otoño, desde lejos cuál imitando a las chicharras del verano, los encantadores relinchos de los caballos y el clima festivo anuncian la conmemoración de alguna fecha patria.
se utiliza el término de ”domada”, siendo ésta la que se refiere puramente al arte de la doma, o amanse del caballo.
“Pa´usté, señor, pa usté que sabe tanto pa usté que cuando llega a una fiesta de esas fiestas gloriosas de mi tierra o, simplemente una doma que le llaman que de doma, señor, no tiene nada porque el que sabe la llama jineteada…”

La tarde de festejos sigue su rumbo, entre mates y pastelitos muchos jinetes participan en las carreras de sortija, o las cuadreras. La primera, tradicional juego gaucho del campo rioplatense, donde los competidores después de una acelerada carrera de aproximadamente 100 metros, parados sobre los estribos de sus recados con la punta de un palillo o puntero que lleva en su mano en alto tienen que ensartar una pequeña argolla atada de una cinta colgada de un arco de unos 2 o 3 metros de alto. El que más sortijas enganche en sus corridas,

general se corren sin gatera y en pelo o con un pelero. Los caballos que se utilizan son mestizos, o pura sangre, y los participantes pueden largar de 2 formas: en seco, los caballos arrancan de parados, teniendo la ventaja que puede tomar el caballo con mejor picada; y partiendo, donde los “fletes”, prodigiosamente conducidos, largan a un galope leve hasta que los hocicos se emparejan y toman la carrera. Si uno de los equinos tiene evidente ventaja y el dueño lo desea, le da una “luz” de ventaja que se medirá acortando el largo de la pista del caballo desfavorecido. El sistema de llegada se calcula poniendo un hilo muy fino (fácil de cortar) llamado “muñeco” que dejará caer una trabilla. La trabilla que queda debajo pondrá al descubierto al vencedor. De esta manera, la jornada de festejos patrios va llegando a su fin. Los “fletes” después de un largo día deportivo, regresan exhaustos

ntre baquianos jinetes, tropilleros y hombres de campo el clima de fiesta es evidente. Como no podría ser de otra manera, porque la gente del interior acostumbra a vivir las fechas patrias como una verdadera “fiesta”, aprovechan la excusa para rescatar costumbres y tradiciones que en lo cotidiano de la vida moderna muchas veces parecen olvidarse. En este caso la previa a los festejo del 9 de Julio, giran en torno al acondicionamiento de pilchas, aperos y recados. El desvasado, tusado y rasqueteado son tareas claves para relucir la belleza característica del principal protagonista de la fiesta. Este noble animal que sin dudarlo es herramienta de trabajo, que es deportista, que es orgullo de familias, que es objeto de deseo y

E

admiración de muchas personas, el caballo. La jornada de los festejos del día de la Independencia comienza con el tradicional desfile de los centros tradicionalistas por las principales calles del pueblo. Con banderas y diferentes distintivos celestes y blancos, los vecinos se encuentran reunidos en las veredas, observando detenidamente el pasar de los prolijos aperos y brillosos chapeados que lucen los orgullosos jinetes. Por la tarde, después del esperado asado en familia, el contexto patriótico parece ser la excusa perfecta para divertirse y mostrar las criollas aptitudes en los tradicionales deportes gauchescos. Comenzando con la jineteada de potros reservados, donde los jine-

tes deben aguantar sobre el lomo del bagual (un caballo sin domar), durante un determinado lapso de tiempo que dependerá de la categoría en la que estén demostrando su destreza. La llamamos “jineteada” y no “domada”, tal como resalta el cantor José Larralde en su popular prosa, ya que muchas veces, mal

será el ganador, quién logrará demostrar su baquía y seguramente llevarse algún premio, pero éste ultimo nunca será tan importante como demostrar su gaucha capacidad, o lograr la admiración de alguna bella paisana. Las Cuadreras son carreras de a caballo con 2 participantes. Por lo

a sus corrales o potreros, mientras los jinetes, continúan la celebración entre zambas y chacareras con sus bellas paisanas, luciendo sus pilchas gauchas y seguramente con algún trago de más haciendo alardes de las destrezas e incomparables capacidades, de su fiel amigo, el caballo.

Página 7 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3

PAMPA – EL “TRACTOR PATRIO” PRIMERO EN CONSTRUÍRSE EN LA ARGENTINA EN EL AÑO 1952

EL PAMPA: Argentino y pícaro, bien peronista

Por Diego Martín Medina

La fuente que revela la verdadera historia se atribuye al mismísimo Perón que, pasado el tiempo y ante el éxito obtenido por el PAMPA, se divertía contando la picardía que le permitió cumplir con el plazo prometido.

L

a historia del Pampa no deja de asombrar por sus simbolismos, fue casualmente en Colonia Esperanza, donde había nacido el primer arado argentino, que Perón decide anunciar el nacimiento del primer tractor argentino, La historia es más o menos ésta: En un encendido discurso pronunciado durante su visita a Esperanza, Perón le declaró la guerra comercial a los Estados Unidos. Y fue bien claro, “Si los americanos quieren seguir pintando sus casas de madera con el aceite de lino que hasta hoy le vendíamos, las van tener que traer a la Argentina”. El asunto es que, en la zona emblemática de la agricultura nacional, los tractores eran “gringos” y andaban con faltazo, imagínate después del discurso. La gran preocupación que surgió entre los productores asistentes, llegó a oídos de Perón, que en la cena que prosigue a todo acto que se precie de tal, tomó nuevamente la palabra y redobló la apuesta “Hay que terminar con la cuestión de los tractores, y solucionar definitivamente el problema, los fabricaremos en nuestro país, en tres meses estará listo y en marcha el primero de una gran serie”. Como a esa altura no se tenía idea de que tractor se quería fabricar, y la promesa estaba lanzada, lo primero que se hizo fue una encuesta...un grupo de expertos recorrió la ruta 9 desde Buenos Aires hasta Córdoba, ingresando a cada establecimiento rural para preguntar cual era el tractor que mejor funcionaba y era más sencillo de copiar. El más votado fue el tractor Lanz Bulldog, de origen Alemán, producido en Mannheim, era también fabricado en Italia por la firma Landini y en Polonia con el nombre de Ursus. Las razones eran varias, ya que se trataba de un motor muy sencillo, de un solo cilindro, que trabajaba por autoencendido y que sólo requería un calentamiento previo a la puesta en marcha, para lo que se utilizaba una lámpara a

Tractor Pampa, argentino y peronista.

bomba alimentada con kerosén, eliminándose así todo componente eléctrico. Como el combustible Diesel-oíl entonces escaseaba, este tractor también ofrecía la ventaja de aceptar una mezcla preparada con kerosén y aceite usado, y hasta aceite o grasa animal. Su potencia permitía reemplazar también a las viejas calderas de vapor que se utilizaban para mover las trilladoras

Perón y el Pampa: mezcla de picardía y visión de futuro.

estacionarias de trigo y lino. Cuando la encuesta estuvo lista, ya se habían consumido gran parte de los tres meses disponibles, de manera que había que apurar el trámite, decidiéndose entonces importar desde Uruguay dos tractores Lanz usados. Uno de ellos fue íntegramente desarmado y sus innumerables partes desparramadas en el piso de un galpón desocupado perteneciente a I. A. M. E (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), en Córdoba. Todos los industriales con posibilidades de fabricar alguna pieza fueron convocados, y a muchos de ellos se les proveyó de máquinas, materiales y herramientas. El plazo era imposible de cumplir, claro, pero como el prestigio de Perón estaba en juego, algo había que hacer. Es así que al segundo Lanz se le reemplazó la parte frontal, único lugar donde aparecía la marca Lanz, por una fundida y maquinada localmente, que decía “Pampa – I. A. M. E. - Industria Argentina”, enmarcada por una insignia que contenía un engranaje atravesado por dos alas. Completado el camuflaje, se reemplazó el color azul por un llamativo anaranjado, entonces, el 7 de octubre de 1952 fue puesto en marcha el primer “Pampa” que absolutamente falso y gringo, partió hacia Buenos

Aires, donde se lo mantuvo en marcha durante varios días al pie del Obelisco, al lado de una bandera Argentina para que el público apreciara la pujante “Industria Nacional”. A los pocos meses y para festejar el fin de año, el 31 de diciembre, se completaron 15 unidades, ahora sí genuinamente criollas, que salieron a recorrer el país, en carácter experimental, arrastrando un arado de cuatro rejas, efectuando exitosas demostraciones que asombraron por doquier y que comenzaban a construir la leyenda del Pampa, el tractor argentino y peronista.

Luego se instaló la fábrica en una nueva planta en Estación Ferreira, y el 28 de junio de 1954 se efectuaba la primera entrega de 12 unidades para su comercialización. El Dato La cantidad de tractores Pampa fabricados desde 1952 hasta 1963 es de 3760 unidades, que se vendieron a un precio inicial de $ 85.000- llegando luego a los $ 326.000-, inflación mediante. De todos modos, el precio estaba considerablemente por debajo del de la competencia extranjera.

Página 8 | Jueves 8 de Julio de 2010

CAMPO 3

La ganadería argentina quiere volver al primer plano

CONCLUSIONES DEL CONGRESO GANADERO CONFEDERACIONES RURALES ARGENTINAS 2010
a ganadería es un factor de desarrollo económico y social para el interior del país y la Argentina en su conjunto. La cadena de la carne está entre los principales proveedores de alimentos del país, pero también es arraigo, genera empleo, divisas y demanda insumos de otros sectores de la economía. De hecho, las actividades que la integran y la producción primaria, por su efecto multiplicador, están por encima del promedio de otras actividades económicas. Sin embargo, desde afuera del sector, la ganadería fue vista durante décadas bajo una óptica errónea y estereotipada que desprecia su aporte al desarrollo económico social y considera que su utilidad en el sistema se circunscribe a proveer alimentos baratos y materias primas para financiar la transformación económica de otras áreas. Esa visión que fue y aún es funcional a otros sectores económicos, de alguna manera logró ser impuesta y asumida como correcta, por una parte importante de los sectores políticos con capacidad de decisión. Un conjunto de ideologismos y preconceptos impidieron que se liberara la capacidad de crecimiento y aporte del sector al desarrollo; incluso más que otros factores o condicionantes técnicos y económicos. Por eso mismo, es imprescindible revalorizar a la ganadería y al sujeto ganadero. Potencial de la Ganadería El sector ganadero está en condiciones de satisfacer el mercado interno y a la exportación. El reacomodamiento de precios de los últimos meses, es producto de falta de estímulos para aumentar y mejorar la eficacia del rodeo nacional. La inmensa mayoría de las explotaciones ganaderas son PYMES familiares, por eso el daño causado por los errores políticos es inmediato y trasciende el efecto de una simple ecuación económica. En zonas mixtas, la ganadería se complementa con la agricultura, promoviendo el arraigo de la familia rural y permitiendo el agregado de valor local. La ganadería vacuna es fuente de seguridad económica para los pequeños productores de muchas zonas marginales, que no tienen alternativas productivas. En otros casos, es complementaria de economías regionales, agricultura de subsistencia o autoconsumo, etc. Por eso, la política sectorial del gobierno nacional de los últimos cuatro años, afectó muy especialmente los ingresos de esa franja menos favorecida de la población rural. Hasta el año 2006, coexistiendo con el auge de la agricultura, la actividad experimentaba un proceso evidente de crecimiento cualitativo y cuantitativo. Mejoró la producción y los argentinos consumieron más carne a pesar de que gran parte del rodeo nacional se desplazó hacia zonas marginales o

L

Negociación con el sector productivo El gobierno debe plantear al sector un diálogo sincero y abierto, sin trampas ni segundas intenciones. Quedó demostrado que es inútil o contraproducente que sectores aislados, por temor o para conseguir alguna ventaja particular, firmen acuerdos imposibles de cumplir o de nula implicancia práctica. Políticas y planes ganaderos provinciales Los políticos y gobernantes provinciales deben ser muy claros en su postura sobre el tema ganadero. La ambigüedad o el temor de perder el favor de las autoridades nacionales, deben dejarse de lado para defender la producción, fuente de ingresos genuina y muchas veces la única de muchos pueblos del interior. Por sí solos, los planes ganaderos provinciales pueden ser esfuerzos ponderables que deben enfocarse en factores locales que afectan el desarrollo de la actividad, aunque inútiles en un marco nacional que desdeña el papel de la ganadería como factor de desarrollo en el interior. Interacción con los legisladores Mientras tanto, las entidades de los productores deben poner el énfasis en la actividad legislativa, haciendo conocer problemáticas, soluciones sugeridas y fundamentalmente cual es la realidad y cual la potencialidad de la ganadería vacuna.

quedó circunscripto a los campos inferiores de la pradera pampeana. Simultáneamente, aumentaron las exportaciones de carne. Adaptándose a una demanda internacional cada vez más exigente, se consiguieron ingresos de divisas importantes para el país Uruguay, Paraguay, etc., con sus ejemplos exitosos, nos demuestran que otros modelos son viables. Cierre o regulación discrecional de las exportaciones El cierre de las exportaciones es una herramienta incorrecta e ineficaz para asegurar el abasto interno con volumen y precios razonables. Es incorrecta por discriminatoria, porque genera desaliento e inseguridad en los sectores de la cadena de la carne, porque nos desacredita en el mercado internacional y porque compromete seriamente el futuro de la producción ganadera. La cadena de la carne venía trabajando muy seriamente para ganar mercados externos sumamente competitivos. El abandono arbitrario de posiciones duramente ganadas, generó un grave desprestigio a nuestro país en un rubro emblemático desde el punto de vista de nuestro comercio internacional. Quizás peor que el quebranto económico causado a toda la cadena y la pérdida de divisas que el país

deja de recibir, es el desaliento generado por medidas impuestas de hecho, sin el aval de normas o resoluciones formales; por simple comunicación verbal, sugerencia intimidatorias o demorando arbitrariamente los trámites administrativos y la entrega de documentación que el mismo estado exige; se llamen ROE, PREROE, Licencias no Automáticas de Exportación, Cuotas, Cupos etc. etc. Control de precios, convenios y otras regulaciones Más allá de resultado nulo, o en todo caso efímero de medidas o convenios de precios enfocados en objetivos mediáticos, está claro que los controles no lograron mejorar el abastecimiento ni bajar el precio de la carne en el mercado interno. La atomización que caracteriza la mayoría de los sectores que integran la cadena de la carne, hace inviable soluciones que pasen por un control de precios en origen o en el comercio minorista. El abastecimiento de cortes no demandados por la exportación parece una opción racional en la coyuntura. A largo plazo hay que producir más en base a la recuperación de la confianza del sector.

Crisis anunciada del stock: la sequía tiene la culpa Los representantes de la producción alertaron suficientemente sobre los errores en la política de carnes y sus consecuencias. Pérdidas económicas e incertidumbre primero detuvieron el proceso de crecimiento y terminaron desencadenando una brusca caída del stock que la sequía sólo agravó. Los efectos de la sequía podrían haber sido mucho menos graves en otro contexto. La ecuación económica desfavorable y la falta de perspectivas impidieron el uso de herramientas técnicas adecuadas para paliar los efectos del clima. Pasados 4 años, desde el cierre de las exportaciones, tanto el diagnóstico como el marco general de nuestras propuestas mantienen su validez. La mejora de los precios, no alcanza para motorizar un proceso prolongado y firme de recomposición del stock y aumento de la productividad. Además de un margen económico razonable, que no debe ser desvirtuado en el futuro por nuevas intervenciones arbitrarias, es imprescindible que el contexto político valore a la ganadería como herramienta de desarrollo, creando seguridad jurídica y un marco institucional favorable.