Todos los “Boletines OtroSi” 1997 - 2005 Dr.

Víctor Eduardo Ordóñez

Boletines OtroSi

Impreso en la Argentina

Editorial Miradas

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Todos los “Boletines OtroSi” 1997 - 2005 Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

"OTROSÍ" NRO. 1 - Noviembre de 1997

"PRIMERAS PALABRAS"
A modo de editorial
Ninguna sociedad puede vivir constantemente de las mentiras o de las medias verdades ni conformarse con versiones simplificadas (y simplificadoras) de su propia realidad; tarde o temprano deberá tomar conciencia de su pasado tal como fue, no sólo para comprenderlo sino para administrar su presente y prever su futuro. Esto es obvio. A los argentinos nos pesa desmesuradamente ese pretérito tan reciente de violencia desatada por la izquierda armada y respondida por el estado organizado. Esto hay que aclararlo cuanto antes. Hace tiempo que ha sonado la hora de recordar aquellos hechos sin deformaciones ideológicas ni presiones emocionales, sin trampas ni alteraciones. La Argentina necesita de un contexto de racionalidad, de sinceridad y de sensatez para entender, interpretar y evaluar lo acontecido desde que las usinas internacionales del terrorismo decidieron tomar su geografía como campo de batalla hundiendo al pueblo y en especial sus Fuerzas Armadas y de Seguridad en un caos inédito odios y luchas que, no casualmente, se consigue mantener hasta hoy mismo. Es indispensable e impostergable replantear todo lo ocurrido; sus causas, inspiraciones; circunstancias y condiciones. El país no puede seguir conformándose con el discurso altanero y al mismo tiempo quejumbroso del derrotado militarmente que ahora vuelve como inocente e idealista que no tuvo ni tiene ninguna culpa que purgar y que reclama las garantías que negó cuando tuvo las armas, invoca el derecho al que desafió y negó por principio, se queja porque se le aplicó su propia metodología, busca y obtiene reconocimiento e indemnizaciones por las sanciones que mereció. Nada de esto podría hacerlo sino a partir de la falsificación de la historia. Es pertinente citar estas palabras de Juan Pablo II, tan valientes como oportunas: "Restaurar la verdad es ante todo llamar por su nombre a los actos de violencia. Hay que llamar al homicidio por su nombre: el homicidio es un homicidio y las motivaciones políticas o ideológicas, lejos de cambiar su naturaleza, pierden su dignidad propia". Victorino Rodríguez, comentando este concepto, dice "Es fuente de paz la verdad histórica sobre las guerras y sus motivaciones no para olvidarlas sino para prevenirlas con obras y actitudes generadoras de paz". Queremos utilizar estas citas como piezas preliminares de la obra que ahora comenzamos. Nos proponemos - nada más, nada menos - que volver a plantear los términos de una cuestión que es mucho más que una polémica y que, por un ardid de la izquierda armada reinsertada en el mismo sistema que combatió, se quiere dar por terminada. Seguimos en conflicto aunque no sea violento y esto debemos tenerlo muy en claro. Una etapa decisiva de este proceso es el desprestigio en que fueron enterrados quienes combatieron a la subversión. Se ha unificado el discurso sobre este tema, se lo ha retirado del debate de manera que su condena y la repulsa que sufren constituyen un fallo inapelable. 2

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No se nos permite hablar ni disentir. Pues bien, estamos dispuestos a hacerlo porque lo merecen nuestros muertos y lo necesita la Nación, aquellos por una razón de justicia, ésta por una razón de permanencia.

"NUESTRO PROPOSITO" Presentación
Nos proponemos exactamente restablecer la verdad histórica. Conviene precisar: esta verdad histórica a la que nos referimos no pertenece al pasado, por lo menos no íntegramente; por el contrario, forma parte de nuestro presente. Y es más, integra el núcleo de nuestro presente. Aunque pocos, muy pocos, la adviertan, la subversión - que se posesionó de la vida pública y privada de los argentinos durante dos décadas- continúa en actividad pero, además, vigente; incluso con una vigencia que entonces, durante esos años de plena violencia, no llegó a alcanzar. Es que los acontecimientos de los 60' y los 70' no dejaban lugar a la retórica ni a discurso sentimentalista: nadie podía dejar de ver y, por lo tanto, nadie podía olvidar, nadie podía ser engañado y todos sabían quiénes eran los asesinos y quienes las víctimas, quiénes los responsables de la guerra y quiénes los defensores del orden. Lo que ocurría (atentados, asesinatos, secuestros, odio y terror sistematizados) "estaba ahí", se sufría día a día, a veces hora a hora. Una auténtica sensación de asfixia se había apoderado del país y de la sociedad, muchos de los que salían a la mañana de sus casas no tenían la seguridad de volver. Se vivía un estado de convulsión interna, se vivía una verdadera guerra. Las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, en virtud de un imperativo de derecho natural y en cumplimiento de una disposición de un gobierno constitucional, tomaron a su cargo la defensa del orden y de la sobrevivencia de la Argentina y de los argentinos porque todos -Nación y ciudadanos estaban amenazados de destrucción y de deformación. Hubo que hacerse cargo del Estado y, junto con éste, del plexo de valores (familia, propiedad, aptitud para la convivencia, respeto en el disenso, pluralismo razonable, sentido jerárquico, vocación de igualdad sin distinción de procedencia, aceptación de una moral objetiva, derecho a la prosperidad y, por sobre todo, sentido de pertenencia a una comunidad que, orgullosa, se sabía diferenciada y con proyectos comunes, todo ello inspirado en una concepción tal vez vaporosa pero indudablemente cristiana). Es que la subversión - en definitiva e incluso a pesar de sí misma, marxista amenazaba y agredía a la sociedad en todos los frentes, en todas las actividades, desde los más impensados sectores. Se trataba de una guerra total e integral, coordinada unitariamente por un comando que podía disentir en algunos aspectos o en algunas influencias ideológicas, pero que respondía al mismo espíritu perverso de redención radicalizada que se imponía no sólo contra los “explotadores" sino contra la voluntad de los "explotados" que, con mucha frecuencia, resultaron las víctimas de ese redentorísmo implacable y unilateral. 3

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Se recurrió al terrorismo. Tendremos oportunidad en próximas entregas de describirlo y ejemplificarlo y, en especial, de detenernos en sus objetivos, consecuencias y procedimientos porque la cuestión es central para entender ese pasado y para replantear -como nos proponemos - la problemática presente y las perspectivas futuras. Ahora nos limitamos a señalar la utilización del terror como método para insertarse en la sociedad, su formidable importancia psicológica y política, la alienación ética que la adopción de esa metodología impone y, básicamente, el hecho de que esas técnicas eran y son criminales. Los que la practican, defienden o justifican son, en mayor o menor medida criminales. Es nuestra convicción que quienes deforman aquella realidad ocultándola, disimulándola o negándola, simulándola o negándola- son cómplices y partícipes activos moral y jurídicamente responsables de tanta muerte y tanto dolor como se abatieron sobre nosotros durante 20 años. Y que tienden a reproducirse ahora, como demostraremos. Pues bien, aquella subversión que procuró destruir el orden tradicional de los argentinos y sustituirlos por otro revolucionario, aquel baño de sangre en que sumergió a la república, aquella Guerra Revolucionaria que atacó al país en sus resortes más íntimos y vitales, todo ese pasado crudelísimo e inmoral pretende ser olvidado por algunos. Otros, incluso, aspiran a reivindicarlo. Los primeros ocultan el hecho subversivo mismo, los segundos lo rescatan más o menos explícitamente como programa a aplicar. Algunos se han apartado de la prédica de la práctica de la violencia y han optado por reinsertarse - sin dar muestras de arrepentimiento - en el sistema que decían combatir (Bullrich, Schiaretti, Aráoz, Toma y tantos más), los otros insisten en combatir el orden con los medios que pueden (las Madres y Abuelas, "Quebracho", varios comunicadores). Y todos inciden en presentar a la represión como una acción alocada e infundada de manera que, a contrario sensu, la acción subversiva se muestra como una actitud virtuosa en tanto la represiva se presenta como una conducta criminal, perniciosa e inexplicable; para aquella todas las alabanzas y la comprensión, para esta todos los reproches y persecuciones, más allá del derecho y aun del sentido común. Tanto por una razón de justicia como de necesidad política es imprescindible poner las cosas en su lugar, presentar una versión más acorde con la realidad y refrescar la memoria de los argentinos, víctimas y victimarios. Hubo acción terrorista y hubo respuesta acorde. Estos son los términos del debate nuclear de la problemática argentina contemporánea, un debate que no está cerrado y es bueno que no lo esté. Y es por eso que salimos con este modesto esfuerzo de restauración de la memoria perdida, para que no se siga escuchando una voz sola, para que no se siga tergiversando la verdad de lo ocurrido, para que el pueblo no quede en manos de sus enemigos de ayer. ¿Qué se puede esperar de gente que mató por matar, por un odio abstracto, sin destinatario concreto y sin motivo personal en la mayoría de los casos sino sólo para 4

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infundir la sensación de terror, que quiebra y que confunde? ¡Que no se siga ensuciando los nombres de los que nos defendieron y burlándose de los que cayeron! No disponemos de medios y somos conscientes que los de comunicación nos atacarán o nos sepultarán en el agravio o en el silencio. Pero es nuestro deber salir y hablar, recordar y denunciar. No es posible que los que iniciaron la guerra militar y la perdieron - en el campo y en el tiempo por ellos elegidos - vuelvan y triunfen en la guerra cultural, imponiendo su imagen de idealistas e infiltrando su ideario nunca renunciado. No queremos que se siga adelante en base al discurso, a las versiones y a las imágenes que transmiten e imponen los derrotados de ayer, que son, también, los culpables de esa época de horror. Por eso salimos. Aspiramos a convocar a los que se sienten solos, perseguidos, defraudados o confundidos por una propaganda atronadora, tramposa y unilateral, explicar lo que ocurrió, restaurar la verdad histórica, recordar a los que tuvieron la iniciativa de la violencia, rescatar del olvido a los que pelearon el buen combate. Recordar las razones, la legitimidad y la necesidad de la represión sin complejos, con libertad, con honestidad, tan dispuestos a la polémica como al reconocimiento de los errores y de los excesos. No nos empeñamos en dar una versión mecánicamente contraria a la que se lleva a cabo de un modo tendencioso desde los organismos de "derechos humanos", desde los partidos políticos y desde el propio gobierno. Por el contrario, sólo nos proponemos reivindicar una lucha que fue de todos y de cuyos resultados hoy todos, mal que mal, nos beneficiamos. Porque si hay una Argentina civilizada en estos días es porque se batió a la subversión que pretendió hacer del terror una forma de convivencia.

Por eso estamos, por esto volvemos.

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"OTROSÍ" NRO. 2 - Abril de 1998

¿POR QUE EL TERRORISMO?
A lo largo de las próximas entregas se irá mostrando y demostrando no tanto qué fue (qué es) el terrorismo sino, mas bien, cómo actuó entre nosotros, como se desplegó, qué se propuso y qué medios utilizó. Esta historia es fundamental para interpretar nuestro pasado y también para descifrar nuestro porvenir. Esto ya está dicho pero conviene recordarlo una y otra vez para eludir o para superar las contradicciones en que se obliga a vivir al argentino de fin de siglo, confundido y aturdido por una bien orquestada campaña de un discurso unilateral y unánime que se genera de un modo continuo desde los medios de comunicación, las dirigencias políticas, los centros académicos y todos los polos de difusión disponibles. Hoy la opinión pública se encuentra tan condicionada que ha terminado adoptando ese discurso unificador que ya no admite réplicas. Ése tramo tan reciente de nuestra historia quedó colocado fuera de toda discusión posible: un Gran Jurado, invisible pero omnipotente, pronunció su sentencia y ésta es irrecusable. Empecemos por preguntarnos por qué el terrorismo. Por qué un grupo de individuos se decide en un momento dado a adoptar métodos que para una inteligencia normal y para una voluntad sana constituirían una practica aberrante que repugna los principios más elementales de la moral natural por la que los hombres se rigen con habitualidad y espontaneidad. Algo hay en esa cultura que opta por la violencia para imponerse y difundirse, algo se ha roto en esos hombres y mujeres que empiezan por rechazar los dictados más primarios de una ética universal siempre aceptada -aunque con frecuencia desconocida en los hechos - en todas las épocas, religiones y civilizaciones. Algo, en fin, fue sustituido o falseado en una prédica y en una filosofía que odian en nombre del amor, matan en nombre de la solidaridaridad y hacen la guerra en nombre de la paz. Algo horrendo ha ocurrido, tanto como algo profundamente tramposo está sucediendo hoy para evitar que esas deformaciones radicales -que están en el centro y en la base del terrorismo- se oculten o se nieguen, se rescaten o se reivindiquen. La primera afirmación es que el terrorismo comienza por destruir el corazón del terrorista convenciéndolo de que es un juez vindicativo que tiene el deber tanto como el derecho a matar y secuestrar. Que puede usar del ma1 para lograr el bien. Un bien predeterminado en los pliegues de una ideología, aunque nunca precisado. Sobre este punto - que no es una mera preocupación teórica - nos detendremos en los próximos números, porque servirá para dibujar el perfil del gran enemigo, empeñado en mantenerse oculto: el guerrillero moderno que no es un idealista equivocado pero respetable - sino un producto de un perversión totalitaria capaz de los peores crímenes, como lo comprobamos los argentinos aunque ahora se nos lo haya hecho olvidar.

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"LA SITUACION PRESENTE"
Tenemos preparados, como era nuestro propósito, los textos de varias de las próximas entregas de OTROSI. Pero la precipitación y la intensidad con que se desarrollaron ciertos acontecimientos en los primeros días de este año nos obligan a dejarlos por el momento de lado. No es de nuestro agrado hacerlo pero comprendemos - y nadie de buena fe puede engañarse al respecto- que las estruendosas, campañas llevadas a cabo a propósito de ciertas declaraciones del ex oficial Alfredo Astiz y, posteriormente, la montada sobre el descubrimiento de presuntas o ciertas cuentas bancarias en Suiza a nombre de militares argentinos, son solo etapas - las actuales - de una nueva guerra subversiva. Y no podemos dejar de mencionar ni de advertir esas maniobras pirotécnicas destinadas a acorralar aun más a los militares que salvaron al país de un certísimo peligro marxista.Mejor dicho, se trata de la misma guerra anterior que se prolonga, luego de su periodo militar, en el momento actual. Es imprescindible tener en cuenta que se trata de una única guerra revolucionaria, solo que llevada adelante en distintos campos y por distintos procedimientos, ayer la violenta, luego la política, cultural y judicial; ¨mañana? ¿Será mucho suponer que nos espera un ataque frontal que se proponga - y con grandes posibilidades - suprimir las garantías jurídicas y destrozar los principios basales del derecho de modo que los responsables de la represión queden reducidos a condiciones infrahumanas de convivencia social? ¿Que no puedan hablar, que no puedan defenderse ni siquiera circular por las calles, que se les impida el ejercicio de sus facultades más elementales? ¿Que se los trate peor que a los peores criminales? ¿Que, sin pruebas ni procesos, se los condene en vida, de por vida y a priori? ¿No se busca crear tales condicionamientos culturales, políticos y jurídicos que hagan de ellos parias que no puedan salir de sus casas y queden enterrados para siempre? Esto mientras los verdaderos culpables del baño de sangre de dos décadas atrás no solo gozan de impunidad sino de riqueza y poder.Se ha demonizado a los represores (palabra que hay que rescatar como digna para significar una actividad tan necesaria como legitima, la de combatir al agresor). Se los elige según sus rasgos más chocantes o sus palabras más imprudentes, de alguna manera se los inventa y reinventa y se crean figuras para que la "opinión publica" (que dice lo que los comunicadores quieren que diga) escupa sobre ellos y los maldiga, no les de respiro ni perdón. Esto se consigue clausurando un debate sobre una cuestión en la que de antemano se sabe donde esta el bien y donde el mal y quienes son los inocentes y los perversos, las víctimas y los victimarios. El problema ya ha sido, pues, resuelto sin mayor discusión y solo falta desenvolver estas premisas en términos concretos. Los adjetivos llueven sobre las cabezas de los condenados, forzados a silencio porque nadie los escucha. El monopolio de la prensa - con alguna que otra excepción - ha 7

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cerrado sus tumbas. Por el momento se les permite respirar apenas como animales prontos a ser despedazados; esto mientras no se vuelva al periodo armado de los 60/70. Lo que no es inimaginable ni está lejos porque se están recreando las condiciones objetivas y subjetivas de entonces: vacío de poder, desigualdades manifiestas, un Estado paralizado, una clase política corrupta y cómplice, una sociedad a la deriva, un fastidio sordo que no encuentra expresión institucional, fuerte tendencia a adoptar los valores transmitidos desde la izquierda ... No vamos a apartarnos del propósito primigenio de describir la subversión y de explicar la represión pero, por las razones antedichas, no podemos eludir la indicación de algunos datos sociológicos que no nos autorizan a bajar la guardia. LA GUERRILLA REVOLUCIONARIA PUEDE VOLVER.- NUNCA SE HA IDO. Para terminar estas breves consideraciones, hemos de asentar nuestra discrepancia de fondo con las actitudes de varios jefes militares que en sus nuevos discursos insisten en el mismo error de otras autocríticas, error que puede ser fatal de persistir en ello. Si bien es cierto que los horrores de la guerra pueden y deben ser compartidos por ambos bandos, hay que dejar asentado definitivamente que: a) la iniciativa militar les correspondió a las bandas marxistas o paramarxistas adiestradas y financiadas desde el exterior; b) también les correspondió la adopción del terror como metodología política, c) no es licito, inteligente ni decente soslayar el fundamental (casi el único o, de lejos, el principal y previo) tema de quien tenia razón en el conflicto, si los subversivos o los represores. Para lo cual es indispensable discriminar los valores puestos en juego en la guerra; en otras palabras: que‚ defendían unos y otros, que‚ se proponían y que proponían al país, que‚ modelos y soluciones. Reducir todo a la metodología empleada no es solamente insuficiente sino tramposo. No es, por supuesto, que el fin justifique los medios, pero, para entender y juzgar lo acaecido en la Argentina es ineludible pronunciarse sobre los programas de vida y de convivencia que los revolucionarios y los defensores del orden establecido propongan. HAY QUE DECIDIR UNA CUESTION ESENCIAL PARA LA MORAL CRISTIANA Y PARA EL DERECHO NATURAL, EL DE LA GUERRA JUSTA. ¨Ha habido guerra justa entre nosotros? Quien fue el agresor, quien el infractor, los excesos - reales o supuestos - invalidan la justicia de la causa? hasta donde?.El juicio de fondo está prohibido hoy; no se permite su restablecimiento; tal vez haya en esto culpa concurrente porque falta un discurso inteligible y convincente de parte de las FF. AA. que se dejaron envolver en la maraña del neohumanismo de izquierda victorioso, a través de la prensa y frente a su silencio malicioso. Pero este es otro problema que la posteridad se planteará.

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Por ahora limitamosnos a consignar el hecho que un enfrentamiento dialéctico, jurídico y político así de acotado, de unilateral y de mal intencionado, cierra toda posibilidad de integración nacional. Si están los que se arrepienten - a lo menos institucionalmente - que hay que esperar y cuanto para que se rectifiquen, de un modo concreto, público y sincero, aquellos que incendiaron al país y lo hundieron, ayer en una carnicería antropofágica y hoy en un mar de complejidades, ayer en la perversión y hoy en la confusión?.-

"NOTAS PARA UN DICCIONARIO DE LA SUBVERSION"
Decibe, Susana. Según sus declaraciones al diario Clarín en agosto de 1996 estuvo detenida en la ESMA (suponemos que por vinculaciones con alguna organización subversiva) y fue liberada. Duhalde, Eduardo Luis. Abogado e historiador, fue uno de los ideólogos de la FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). Exilado desde 1975. En la actualidad se desempeña como camarista en los tribunales de la Ciudad de Buenos Aires. Firmenich, Mario Eduardo. Miembro número uno de la Conducción Nacional de Montoneros. Prófugo de la Justicia, sus causas fueron amnistiadas el 26 de mayo de 1973. Exiliado, fue detenido y condenado en la década del 80. La pena fue indultada por decreto Presidencial en 1991. Garré, Nilda. Concubina de Juan Manuel Abal Medina, fue figura determinante en su asilo en la embajada de México en 1976. Miembro de organizaciones del Peronismo Revolucionario, algunas conectadas con Montoneros. Ejerció el cargo de Diputada Nacional por el Partido Justicialista. En la actualidad es miembro del Frepaso. Jozami, Eduardo. Uno de los fundadores de las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación); detenido y condenado, fue beneficiado por la amnistía del 26 de mayo de 1973. Fue nuevamente detenido por la Policía Federal de Isabel Perón en 1975, mientras militaba en la organización terrorista Montoneros, salió en 1983. En la actualidad ejerce el cargo de Legislador del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires por el FREPASO. Está casado desde hace años con la ex Oficial Segunda Montonera Lila Pastoriza, nombre de guerra "Burbuja", detenida en la ESMA ( de donde la llevaban a Caseros a visitar a Jozami periódicamente); esta hoy se presenta como "periodista víctima inocente", colabora con Página 12 y trabajó para la Subsecretaria de Derechos Humanos mientras estuvo allí la ex Montonera Alicia Pierini, desde donde fue figura importante en urdir la tramposa fábula del juicio por robo de menores que lleva el Juez Bagnasco. Mera Figueroa, José. Diputado nacional por el FREJULI en 1973, se mantuvo vinculado a los grupos cercanos a Montoneros. Fue a la cárcel de Villa Devoto el 25 de mayo de 1973, acompañando a Juan Manuel Abal Medina, para liberar a los detenidos

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beneficiados por el decreto de amnistía. Ejerció el cargo de Ministro del Interior del Presidente Menem. Perdía, Roberto Cirilo. Miembro de la Conducción Nacional de Montoneros. Prófugo de la Justicia, sus causas fueron amnistiadas. Exiliado desde 1977. Desde 1991 a 1995 fue asesor del bloque Justicialista de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación. Es o fue pareja de Alicia Pierini. Santucho, Julio. Hermano de Roberto Mario. Fue miembro de la Conducción Nacional del ERP-PRT. Exiliado desde 1976. En la actualidad trabaja con el diputado nacional por la UCR Federico Storani, integrando la Fundación Karakachoof. Puiggrós, Adriana. Organizadora de la JTP Docente (organismo de superficie de Montoneros) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, luego exiliada en México. En la actualidad ejerce cargos de conducción en la UBA, Facultad de Filosofía y Letras, y es la principal referente en temas educativos del FREPASO. Es Diputada Nacional.

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"OTROSÍ" NRO. 3 Junio de 1998

"EL TERRORISTA"
Nos habíamos propuesto tratar de descifrar la naturaleza y el perfil del terrorista, que es un misterio psicológico puesto que su personalidad exige y supone una previa deformación casi total de su organismo moral y una destrucción de los principios más básicos y espontáneos con que la criatura humana viene dotada desde su aparición.El terrorista, pues, no nace sino que se hace. ¿Quien lo hace? Un grupo de ideólogos de la más feroz calaña cuya primera preocupación (la otra es su formación "técnica" como tal) consiste en diseñar en el joven que cae en sus manos un nuevo ordenamiento político e intelectual basado, a su vez, en una nueva jerarquía de valores y de objetivos; de allí en más su vida y sus energías deberán transcurrir de acuerdo a una axiología radicalmente opuesta a la que lo venía inspirando y por la que se manejaba (principios innatos o adquiridos, inculcados por la familia, recibidos por tradición, etc.). No se olvide que, según la filosofa más segura, el hombre se encuentra inclinado naturalmente hacia el bien y que cuenta para ello con la razón que le permite discriminar entre el bien y el mal adoptando uno u otro en el ejercicio de su libertad. Este mecanismo del alma es metódica y cuidadosamente destruido o alterado a los fines de fabricar un terrorista cuyo primer deber y primera función es colocar el concepto y el éxito de la Revolución por encima de cualquier otro sentimiento, compromiso y anhelo. El hijo dejar de serlo y pasar a odiar al padre y el padre a su hijo; el marido a su mujer y viceversa; el alumno al maestro y recíprocamente; el amigo al amigo ... Ya nada ser igual para el terrorista ni para el mundo que lo rodea, que se convierte así en la primera víctima del sistema que lo ha captado.Se le enseña a matar antes que nada pero no solo como una práctica sino como la aceptación de una ideología y como un verdadero acto de liberación: los lazos que lo unían a su familia y a su grupo se debilitan hasta desaparecer e, incluso, volverse insoportables y hasta ilegítimos. Toda su conciencia es captada por la pasión revolucionaria y todo en su conciencia le debe quedar sometido. En la historia de la subversión argentina los ejemplos son múltiples, elocuentes y dolorosos. Esto es asombroso pero no improvisado y es repugnante pero no irrealizable. En cierto sentido se comprende que un joven dedicado día y noche a la práctica del terror tenga que ser y sentirse completamente libre de ataduras morales y sociales que, en algún momento, puedan inhibirlo en sus obligaciones revolucionarias. No puede arrepentirse por su violencia sino por el error de haber disparado mal o de haber intentado un acto frustrado; no puede permitirse debilidades ni concesiones a la moral burguesa; tiene que aprender a olvidar o, llegado el caso, a sepultar sus tendencias afectivas. Básicamente tiene que aprender a odiar sin causa concreta ni motivo cierto. Este es el primer paso en la pedagogía revolucionaria: transformar la disconformidad en odio, el rechazo de un régimen en el deseo de su destrucción. ODIAR EN ABSTRACTO al comienzo para terminar odiando a cada uno de los 11

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individuos que le fueron marcados como sus enemigos. Volveremos para releer el Catecismo de Bakunin que en rigor es una obra del demonio de escalofriante vigencia.

"EL PAPA Y LAS 'MADRES' DE PLAZA DE MAYO"
No desconocemos la importancia de la manifestación del Papa Juan Pablo durante el rezo del Vía Crucis el viernes de Semana Santa. Allí oró, entre otras intenciones, por el dolor de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, lo que debe ser entendido cuidadosa y lealmente para establecer su significado correcto y no dejarse llevar por interpretaciones mal intencionadas ni precipitadas.No disimulamos tampoco la delicadeza del asunto, en primer lugar -claro- para los católicos que han de sentirse, por lo menos, confundidos. Pero también para los que no lo son: los críticos y las víctimas de cualquier religión que sean o de ninguna, del proceso terrorista que aun se cierne sobre América así como sobre otras latitudes. Hay quienes (como Hebe de Bonafini que se adhirió con inédito fervor a las palabras del Sumo Pontífice olvidando que no mucho tiempo atrás lo llamó "cerdo") que se apresuraron a manipular la oración papal extrapolándola de su marco religioso y espiritual para insertarla - con su consiguiente rédito terrenal - en una consideración política, groseramente política. ¿Es licito este paso de una esfera a la otra? ¿Qué consecuencia, en todo caso, se debe extraer de esta actitud del jefe de la Iglesia descontada que, sin duda, se trata antes que nada de la efusión caritativa de su corazón? Se han de tener en cuenta las circunstancias de hecho y de derecho en que se hizo la suplica por las señoras que lloran sus muertos subversivos. Existe un antecedente cercano que no debe olvidarse para interpretar el episodio adecuadamente; es el de la subrepticia introducción de las cabezas de esas organizaciones de "derechos humanos" (que continúan siendo terroristas) en una audiencia papal del año pasado por mediación de los obispos Karlic y Cassareto. Juan Pablo, sorprendido, les dedicó unos pocos segundos, apenas si formuló algún obvio comentario de circunstancias y no dio muestras -ni entonces ni después- de conocerlas ni siquiera de haber oído hablar de ellas. Esto nos lleva a preguntarnos si esa oración fue leal -en el sentido que el Papa sabia por quien y, sobre todo, porqué‚ rezaba- o, si por el contrario, le fue deslizada en el discurso. Al respecto no se olvide que las meditaciones que se leyeron en el Vía Crucis habían sido encargadas a un teólogo no católico y sumamente comprometido con el ideario progresista. El sí sabía lo que‚ ponía en el texto, su significado y la utilización que las izquierdas de todo el mundo -armadas y desarmadas- podían extraer de esas palabras puestas en la boca de uno de los hombres m s escuchados en Occidente. ¨Sería mucho suponer que se lo utilizo con malicia al Primado de Roma y se abusó indecorosamente de una ceremonia tan solemne como la indicada, el día en que se memora la Crucifixión del Señor? ¨Se justifica - más allá de lo imprudente de la selección del redactor - una referencia a un grupo de mujeres que sin tapujos militan en la izquierda y que en modo alguno se han arrepentido?. Por el contrario, su actividad -que se extiende por 12

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todo el mundo donde cuenta con los m s influyentes contactos- es cada vez más agresiva y desafiante y, con toda evidencia, procura honrar a los terroristas muertos o desaparecidos como si fuesen héroes y víctimas de no se sabe que tiranía. Pues bien, estas mujeres -movidas de comprensible dolor- ¨merecen un trato especial y, por así decirlo, privilegiado de parte de la cúpula de la Iglesia como si ellas actuasen SOLO sostenidas por ese dolor? ¿No se advierte que las omnipresentes madres y abuelas siguen apañando no la memoria de sus hijos sino la acción criminal de estos? Es suficientemente descriptivo de la índole de estos grupos el hecho que hayan incorporado como asesor jurídico y como figura emblemática a un confeso doble parricida. ¿ No hay otras madres, esposas, hijas, por las cuales también rezar y que esperan ser tan comprendidas como las otras y que no merecen ser olvidadas como lo son?. Desde otro punto de vista, hay que afirmar que SIN DUDA ALGUNA el Papa, al hablar así de ninguna forma comprometió su magisterio infalible y ni siquiera lo rozó, porque actuó en el caso como un sacerdote que, simplemente, hizo conocer sus particulares intenciones de un modo publico por lo que de ninguna manera, directa ni indirectamente, obliga a los fieles a compartirlas. Esto es muy importante comprenderlo y aceptarlo así como queda dicho porque se ajusta del modo más completo a la doctrina de la Iglesia. Al respecto el magisterio de la Iglesia es abundante, clarísimo e indiscutible, en especial a partir de la declaración dogmática del Concilio Vaticano I que no hace más que aplicar y legislar lo que desde siempre interpretó la Iglesia acerca de la advertencia evangélica: "Dad a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César" (Mt.22,15-21).Obviamente que no podemos permitirnos la ingenuidad, la facilidad ni la hipocresía de dar por terminada la cuestión con un razonamiento como este por correcto que sea. Manifestaciones como la que comentamos, se quiera o no, provocan confusión en unos y satisfacción en otros. Porque una oración como la que comentamos -descontando su sinceridad- es una expresión que no discrimina entre el dolor merecido y el inmerecido ni entre el que se asume con resignación cristiana y el que se maneja como herramienta de reivindicación del crimen, entre el dolor callado que se vive como una penitencia y el que se hace ostensible y publicitario, entre el que se satisface con la justicia o inclusive, con el perdón y el que exige venganza, entre el que busca olvidar y unir y el que reabre sin piedad las heridas e insiste en ahondar los odios.Por lo tanto debemos declarar con el mayor y más respetuoso énfasis que, en la práctica, las intenciones del Sumo Pontífice corren el riesgo -y así ha ocurrido- de ser mal e indecentemente utilizadas. En alguna medida podría entenderse que la recepción del dolor de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, tal como se llevó a cabo, podría legitimar el accionar de sus hijos, un comportamiento que fue criminal y anticristiano. No puede quedar lugar para equívocos en una problemática tan especial y de tanta trascendencia que, por lo demás y como vemos, continúa abierta y dolosamente vigente. Estas señoras deben ser comprendidas en su dolor pero no apoyadas en sus estrategias.

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Antes que nada cabe esperar de ellas una muestra sincera y convincente de arrepentimiento, acorde con su declamado dolor. Nada parece indicarlo. Por el contrario, no pierden ocasión ellas ni el aparato publicitario que las apoya y acompaña para reivindicar directa o indirectamente, explícita o implícitamente aquellas políticas terroristas que ensombrecieron y aun lo siguen haciendo la convivencia argentina.-

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"OTROSÍ" NRO. 4 Julio de 1998

"ALGO MÁS SOBRE EL TERRORISTA"
En el editorial del número 3 hablamos del presupuesto básico en la formación de un guerrillero: se trata de la disolución de los principios más espontáneos del ser humano como el amor a la familia (incluyendo a los padres y a los hijos), a la patria, a los amigos. Un guerrillero debe estar siempre dispuesto a entregar todo a la causa y, por lo tanto, a olvidarlo todo. Al joven hay que "articularlo" de nuevo en base a valores que le han de ser inculcados desde los primeros momentos de su militancia. Antes que nada se le debe inculcar el desprecio por la vida ajena y la "familiaridad" con la muerte. Su primer paso es transponer esa frontera superando el trauma. Al respecto vale como ejemplo tomado de la realidad (Argelia) el siguiente, que proporciona el experto francés en guerra revolucionaria Roger Trinquier: "Yo era un esforzado trabajador ... (los agentes del Ejército de Liberación) me pidieron que me incorporase a la organización, tuve que aceptar ... Desde ese instante me sentí perdido porque para ingresar uno tiene que ser probado en un acto terrorista y no me quedó mas remedio que ejecutarlo ... Una noche a una hora determinada un individuo al que no conocía tenia que darme un arma con la misión de matar a la primera persona que encontrase. Después tenia que huir dejando el arma en un latón de basura ... hice sin fallar lo que me dijeron y a los 3 días ingresé como oficial en el ELN" El autor agrega: "Así fue como en el mes de mayo de 1957 el Dr. X de Argel fue asesinado en plena vía pública por un jovenzuelo que ni siquiera conocía el nombre de su víctima" (La guerra moderna y la lucha contra las guerrillas. Ed. Herder.pags 42/3).De esta pedagogía surgieron los jóvenes que durante dos décadas devastaron al país y por cuya derrota se sigue reclamando. Porque no de otra manera se forma a un asesino tal como se requiere para integrar un bando terrorista. Matar por matar, como lo hace la ETA, eligiendo a sus víctimas indiscriminadamente y solo por su grado de indefensión y no de importancia en el sistema que combate. Por supuesto a la espera de no recibir ninguna respuesta acorde, porque si esto sucediera habría "violación de los derechos humanos".-

¿QUE SE PROPONE MARQUEVITCH?"
Apenas terminada la impresión del número 3 de esta hoja tomó estado público la inesperada y oprobiosa detención de quien fuera presidente del país Jorge Rafael Videla, en virtud de una amañada disposición del juez federal de San Isidro Roberto Marquevitch. Tan amañada, vidriosa y discutible que ni los que presuntamente debían darse por satisfechos con esta nueva humillación - de la que es víctima el ex militar y, particularmente, el Ejército argentino como institución quedaron convencidos. Es verdad que no pocos se aprovecharon para volver a descargar sus perversas irracionalidades; en primer lugar esas enfermas reunidas en las 15

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agrupaciones Madres y Abuelas de Plaza de Mayo; pero también otros más presentables como Magdalena Ruiz Guiñazú, que siguen clamando "justicia" ("su" justicia) a toda costa aun por encima del derecho y, en fin, todos aquellos que ansían contemplar a un hombre en la cárcel al que saben inocente porque no le pueden perdonar que los venciera en la batalla armada y los persiguiera hasta sus últimas guaridas en que se habían escondido o disimulado.Es fundamental que se comprenda al leer estas líneas que los redactores de este boletín guardan las más severas reservas frente al Proceso de Reconstrucción Nacional iniciado en 1976 y autoextinguido sin pena y sin gloria en 1982, incluyendo en esa toma de distancia al propio general Videla, hoy víctima propiciatoria en el altar de los Derechos Humanos. Una multitud de razones avalan nuestra postura, las que no son para traer a colación en este momento, amén que no es el propósito de la publicación, como se explicó desde el primer número, detenerse critica ni acriticamente en ese periodo de nuestro pasado reciente. Insistimos en que el sentido de este tan modesto esfuerzo es reivindicar (o, por lo menos, rescatar) la guerra antisubversiva, frente a la catarata de discursos, ataques y juicios y prejuicios construidos y lanzados desde todos los sectores, precisamente contra una acción militar global que derrotó a otra también militar y global, llevada a cabo por grupos marxistas o paramarxistas sostenidos desde el exterior y que habían recurrido al terror como su instrumento y manifestación más naturales. La guerra llevada a cabo contra la subversión fue y es en lo esencial justa y el país - aunque ahora confundido por una prédica ensordecedora no lo pueda comprender - debe felicitarse del resultado de esa guerra: piénsese en un Estado en manos de gente como Marquevitch para impartir justicia, como la señora de Bonafini como su vestal ideológica o su abogado (doble parricida) Sergio Schoklender como fiscal de las conciencias y como referente moral para la juventud. Si este cuadro causa horror, téngase en cuenta que, sin exageración, esta seria la república en que estaríamos sumergidos de no haberse detenido y vencido a aquellos hombres y mujeres que hoy se prolongan en éstos.Hecha esta salvedad, nos detendremos en la situación jurídico-política creada por la intempestiva resolución del Dr. Marquevitch; quien ordenó por sí y ante sí -cediendo a presiones exteriores y, más probablemente, a la de sus más oscuras tinieblas interiores de hombre sospechado por cien motivos- la prisión de una persona a la que ya no se le podía imputar el delito por el que dispuso su nuevo juzgamiento. Es decir "condenó" a un inocente declarado tal por el propio poder judicial al que él pertenece; juzgó contra derecho, "cum irae et sine studio", incurriendo en una de las peores bajezas en que puede caer un ser humano. ¿ Qué se propuso, que lo llevó a actuar así, constándole la torpeza, la inviabilidad y la crueldad de su acción?.Ciertamente no la de aparecer en primera plana; hombres como éste prefieren la discreción, incluso la que provee la madrugada como cuando recibió a la asombrosa espécimen del lumpen porteño Samantha Farjat en su despacho a las 2 de la 16

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mañana, para tomarle no se supo ni se sabe qué declaración (fue un episodio tangencial de uno de los escándalos judiciales más escabrosos y arquetípicos). También se preocupó por los intereses de un poderoso grupo empresario demandado por la DGI ante su juzgado por evasión fiscal. De hecho cuenta con varios pedidos de juicio político por lo que algunos, como el diario La Nación del 14 de junio, han entrado a sospechar que procura con procedimientos de este tipo lavar su imagen paralizando a sus denunciantes: ¿cómo sancionar a un juez que pone en prisión a un "represor"?.Marquevitch no está solo ni actúa solo; responde a alguien, forma parte de una conjura articulada desde la izquierda con propósitos definidos aunque todavía ocultos. Por Dios ¿Que clase de juez es éste que responde a imperativos mezquinos y olvida su labor esencial e irrenunciable de impartir justicia? ¿Que peor que un juez injusto? ¿O será mucho suponer que, por su intermedio, el gobierno - apurado por los reclamos de Suecia y Francia en la reciente gira del Dr. Menem por Europa - les entrega la cabeza de Videla para tranquilizar a los vindictores de Occidente y mantener así las relaciones en paz? ¿ O será simplemente que se quiere apaciguar a la izquierda local cada día más tremolante en su disputa por la bandera de la ética pública (la particular no interesa)? ¿ O habremos de ceder ante la suposición que el presidente quiso tomar venganza sobre quien lo mantuvo detenido por sus contactos con la izquierda subversiva? ¿ Que movió, en fin, al juez a transponer las fronteras del derecho, de la prudencia y de la misma racionalidad, a moverse con una desaprensión tal que quedó finalmente aislado? Nadie, a partir de un momento dado, lo acompañó ni se atrevió a avalarlo, quedó huérfano en el epicentro de una crisis provocada por él mismo pero sin beneficiario a la vista. Grave error el suyo en un país donde todo debe estar interconectado, cubriéndose unos a otros, compensándose y cuidando de no lesionar a nadie y donde es indispensable contar con cómplices o protectores.Un aspecto que tampoco debe dejar de llamar la atención es la grosera y por completa innecesaria espectacularidad del procedimiento policial, en el cual se arrastra a un hombre inofensivo y derrotado, esposado como un delincuente y bajo las cámaras de la TV convocadas para registrar esas escenas que se supusieron aleccionadoras (aunque, en realidad, fueron más bien amenazantes). Esa espectacularidad es sintomática de la perversidad con que se mueven los nuevos actores de una Argentina en la que la justicia se imparte por intermedio de imágenes, "una justicia virtual" y siempre al servicio de alguien. Agreguemos para los que reclaman por la falta de juicios para condenar a los subversivos - muertos o desaparecidos - que la injusticia flagrante equivale a la falta de justicia; o peor porque en casos como el de Marquevitch se recurre a una apariencia de justicia que, al salvar aunque sea salvajemente, las formas tranquiliza la conciencia y permite que el sistema político así implementado continúe en pie y funcionando.Relacionado con la situación general que pretendemos describir, hay todavía dos datos más a considerar. Uno es la gruesa y tartajeante declaración del Card. Primatesta al término de una reunión de obispos, donde -retomando el tétrico discurso de los 70, cuando se apoyaba en el hombro de dirigentes como Tosco, tácitamente incitó a la gente 17

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a levantarse por hambre. En 1998 lo asiste Mons. Laguna que aportó en la oportunidad su cuota de indignación más sentimental que auténticamente cristiana y más tronante que sincera. Fatal carencia de memoria en estos y otros prelados que parecen proponerse el retorno a aquellos tiempos de la previolencia declarada, recreando sus condiciones objetivas. No es preciso señalar que la pobreza como tal no nos es indiferente en modo alguno pero recordemos que la demencia desatada antes y después del Cordobazo -episodio todavía oscuro- no solucionó ni podía solucionar nada y todos los problemas subsisten -agravados- hasta el presente. En el interregno de dos décadas la sangre derramada los empapó sin resolverlos.Por lo demás la simultanea puesta en libertad del fraile Puigjané - ideólogo del último de los levantamientos guerrilleros - es algo más que simbólica, es toda una evidencia de lo que la izquierda diluida por todos los sectores puede conseguir. Además ¿ quien sino algún purpurado de los que se duelen de la miseria y de las injusticias sociales pudo haber intervenido para conseguir su libertad? Ahora, en pleno ejercicio de la democracia - una democracia encharcada por las denuncias y constataciones más atroces de corrupción - se dan acontecimientos como el que comentamos. Destruir a un hombre en los últimos años de su vida poniendo en actividad una artera maquinaria mediática, junto a una extrañisima construcción jurídica como es la de la "responsabilidad mediata" y violentando el principio básico de cosa juzgada, constituye un exceso cruelmente calculado de la "razón de los vencedores"; más precisamente se trata de una secuela tardía del jacobinismo sin tregua en marcha a partir de la formación de la CONADEP. Pero -lo que debe alertarnos a todos y sacarnos de la pasividad o de la resignación, es que estas aberraciones se producen en un contexto que se completa con los primeros amagos de una gimnasia callejera organizada que, de momento, busca detectar el grado de resistencia que esta nueva violencia puede despertar; a lo que cabe agregar el estallido de soberbia y de imaginación de los guerrilleros devenidos en defensores de los derechos humanos (derechos de los muertos pero no de los vivos) como lo indica la lluvia de denuncias por los niños supuestamente desaparecidos.Veinte, treinta años atrás y nuevas generaciones en peligro, como antes pero ahora desde los márgenes del poder, sea del político o del judicial, hoy más confundidos entre sí que nunca.-

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"OTROSÍ" NRO. 5 Agosto de 1998

"La manipulación de los medios"
A punto de dar los últimos toques al presente número nos sorprende el escandalete promovido no se sabe por quién (aunque los sospechosos son muchos) en torno a una reunión de historia del nacionalismo que se llevó a cabo los días 15 y 16 del cte. en el colegio Lasalle de la Capital. No es, por cierto, tema de nuestra incumbencia y por eso no vamos a tratarlo de ninguna manera, aunque no dejaremos de hacer referencia al hecho evidente que el mentado escándalo obedeció a un montaje diseñado vaya a saber por quien ni persiguiendo cuales propósitos. De cualquier manera el intento de identificación de nacionalismo con nacionalsocialismo - que en esto consistió la maniobra - y que constituye una vieja y desgastada muletilla utilizada por la jerga de barricada de la izquierda en todas sus manifestaciones (y que terminó siendo adoptada por el hombre de la calle tanto por ingenuidad como por comodidad), no prosperó; al punto que a las pocas horas de echarse a andar se desbarató sin dejar recuerdos no obstante el denodado esfuerzo mediático realizado.Pero, repetimos, no es eso lo que propiamente nos preocupa. Ahora simplemente deseamos traer a colación los antecedentes de uno de los artífices (quizá también el más torpe por la cantidad de errores y gazapos contenidos en su crónica sobre el episodio en la edición de La Nación, pag. 13 del 20 de agosto); hablamos del señor (?) Jorge Camerasa que no pudo equivocarse más de lo que lo hizo en su artículo, haciendo hablar a un ausente y ocupar la tribuna a un muerto. Pues bien, este señor (?) Camerasa fue un activo montonero de los años del verdadero terror, segundo del igualmente desmemoriado Verbistki e integrante de la redacción del órgano subversivo Efectivamente, no está muerto quien pelea y el susodicho, desde las entrañas mismas del sistema al que combatió (y al que, posiblemente, sigue odiando) y donde consiguió reinsertarse, continúa su labor confusionista y de debilitamiento de un orden al que trata de socavar desde su interior. Lo hace a la espera ......¿ de que‚?.-

"Consideraciones jurídicas en torno al supuesto apoderamiento de menores"
Con respecto al tema - sin duda el más candente de la actualidad - de los hijos de subversivos, presuntamente secuestrados durante la represión, mucho se habla, denuncia, fabula y difama. No cabe duda que estamos ante una nueva etapa en la vasta maniobra de desacreditar a las FF. AA. condenando esa misma represión. Como es de rigor se cuenta para asegurar los resultados buscados - esto es, la instalación en la sociedad de un sentimiento de repulsa ante un hecho que, tal como es presentado, 19

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sería horroroso - con la casi unanimidad de los medios de comunicación que con mayor o menor buena fe se prestan a transmitir e imponer una imagen aborrecible de comportamientos que habrían tenido lugar veinte años atrás. Todos -incluso los jueces- prejuzgan o se pronuncian unilateralmente, dando por probado (por lo menos de hecho) que tales sucesos ocurrieron realmente. Y hasta regustan señalando a los que suponen sus autores. Pero aparte que nada o muy poco ha quedado acreditado verosimilmente -la mayoría son indicios, sugerencias, declaraciones de arrepentidos de última hora, sospechas sin ninguna seriedad, interpretaciones forzadas- nadie, que sepamos, se ha preocupado por darle un enfoque jurídico y racional a la cuestión. Presentamos en este número una consideración de este tipo que es de la máxima utilidad para replantear con honestidad y serenidad el grave problema que tan inesperada como arteramente se le viene a echar a nuestro confundido pueblo. Lo redacta y lo firma el Dr. Alberto Arana, distinguido abogado de La Plata que con escueto criterio jurídico elude referencias de otra naturaleza: "El tema reviste actualidad como consecuencia de haber arreciado una ofensiva en todos los medios de comunicación, en los que se ha dado en calificar `existencia de un apoderamiento de menores realizado sistemáticamente' por el gobierno de facto que rigió los destinos del Estado Nacional en el lapso marzo de 1976 a septiembre de 1983. "Por `apoderamiento' se entiende el adueñarse de un objeto ajeno por el poder o la fuerza. Una breve referencia a la legislación vigente -Código Civil- hasta el dictado de la Ley 23.264, que lo fue el 23-10-85, permite concluir que es inexacta la calificación de `apoderamiento de menores', ya que, los gobernantes de facto ajustaron su conducta a las previsiones legales consagradas por la Ley 10.903 dictada el 27-9-19. Todo ello cohonestado con la legislación vigente en materia penal y los decretos n° 2770, 2771, 2772 del 5-10-75. "En homenaje a la brevedad me remito al simple enunciado de los artículos 306 inc. 1°, 307 inc. 3°, 308 y 310, todos del Código Civil. Siendo el plexo legal enunciado de amplio conocimiento, señalo especialmente el artículo 310 que textualmente dice: `en los casos de pérdida de la patria potestad o de su ejercicio, los menores quedarán bajo el patronato del estado nacional o provincial'. La 'omisión legislativa' tan evidente, como deplorable, subsiste hasta el presente en punto a definir los 'modos y alcances de esta institución denominada patronato del estado nacional o provincial'. "Las alternativas dolorosas y cruentas de la lucha antisubversiva determinaron la proliferación de casos de `pérdida o suspensión de la patria potestad' o de `su ejercicio'. Urgido el gobierno de facto por la necesidad y preocupado de preservar el futuro de los menores, que quedaban carentes de protección inmediata y futura, habilitó una suerte de `adopción extrajudicial plena' concediendo la guarda y protección de tales menores a personas que se ofrecieron a adoptarlos. Fue ésta una solución de evidente contenido humano y de excepción adoptada en momentos de álgida beligerancia y turbulencia social. "Resulta evidente que la solución adoptada contemplaba 'el interés de los menores', víctimas inocentes del proceso subversivo en que estaban inmersos sus 20

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padres y fin 'último' al que apunta toda la legislación argentina en materia de familia y de menores.Igualmente contemplaba la generosa disposición de quienes asumían, a impulsos de una gran caridad, la responsabilidad de la paternidad que gratuita y desinteresadamente ofrecían. Fue así que los menores amparados por esta vía resguardaron su vida, lograron su educación y la posibilidad de un futuro promisorio.Ninguna de las instituciones jurídicas vigentes en nuestro país por entonces podía brindar y garantizar una solución similar o superior. Esta suerte de adopción extrajudicial plena hubiera tenido una mayor legitimidad en caso de haber sido previamente consagrada legalmente por vía de una norma jurídica sancionada por la autoridad de facto en el ejercicio de sus prerrogativas propias, pero esta omisión no autoriza a descalificar o desconocer el beneficioso fin logrado: ASISTIR EFICAZMENTE AL MENOR DESAMPARADO EN MEDIO DE UN ESTADO DE CRISIS EXCEPCIONAL.Contemplando el problema desde otro ángulo, el propio derecho penal que constituía la réplica legal de la sociedad a la conducta de los padres de tales menores (que quedaban inermes y desprotegidos por la actividad de sus progenitores) me remito a las siguientes previsiones legales: 1) Art. 18 de la ley 20.642. Imponía penas para los integrantes de organizaciones cuyo objetivo principal o accesorio fuera 'IMPONER SUS IDEAS O COMBATIR LAS AJENAS POR LA FUERZA O EL TERROR', ello por el solo hecho de ser miembro de tal asociación.2) Art. 1¦ de la ley 20.840. Disponía 'SERA REPRIMIDO CON PRISION DE TRES A OCHO AÑOS,SIEMPRE QUE EL HECHO NO CONSTITUYERA UN DELITO MAS SEVERAMENTE PENADO, EL QUE PARA LOGRAR LA FINALIDAD DE SUS POSTULADOS IDEOLOGICOS INTENTE O PRECONICE POR CUALQUIER MEDIO ALTERAR O SUPRIMIR EL ORDEN CONSTITUCIONAL Y LA PAZ SOCIAL DE LA NACION POR VIAS NO ESTABLECIDAS Y LAS DISPOSICIONES LEGALES QUE ORGANIZAN LA VIDA POLITICA, ECONOMICA Y SOCIAL DE LA NACION'.Estas dos citas las efectúo para aludir al supuesto de 'suspensión en el ejercicio de la patria potestad' mientras durara la condena.Pero existían normas, como los Decretos números nos. 2770, 2771 y 2772 que expresamente autorizaban drástica solución al decir '... aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país'. Estos tres decretos fueron aprobados en acuerdo general de ministros presidido por el Dr. Talo A. Ludir en el ejercicio del Poder Ejecutivo (gobierno constitucional) el 5 de octubre de 1975.Destaco para concluir que, en derecho penal, el 'tipo del delito' resulta fundamental, por lo que sostener la existencia del delito de 'apoderamiento ilegal de menores' y atribuírselo a las autoridades militares que ejercieron el poder en la Argentina resulta un sin sentido basado en un pertinaz y absurdo desconocimiento de la realidad fáctica y jurídica.21

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La realidad fáctica nos indica que por aquella época las FF. AA. de la Nación se hicieron cargo del poder ante la falta de capacidad y respuesta que el gobierno y los dirigentes políticos tenían frente a la iracunda ira desatada por la subversión contra las instituciones republicanas.La realidad jurídica nos indica, según lo precedentemente expresado, que se actuó, de ser ciertas las afirmaciones hechas por los medios de comunicación, ejerciendo un atributo jurídico del Estado a través de la institución del patronato del Estado nacional o provincial". Hasta aquí el texto que deseábamos reproducir. Si en verdad se quiere un Estado de Derecho es imprescindible tomar en cuenta y aplicar la normativa correspondiente y no dejarse llevar por el ruido, las presiones, la emocionalidad fácil o la demagogia barata; como hace el juez Marquevich que cada vez más se parece a algún personaje escapado de una telenovela. Mezcla de vedetismo y de ansiedad de reubicarse, hay magistrados que juzgan con criterios ajenos y según pruebas preconstituidas.El comportamiento de malos jueces hace temblequear al sistema republicano; con jueces así, cargados de prejuicios y convertidos en canales de un odio ideológico, la convivencia social se vuelve imposible o ingrata. La paz interior, que se basa en la justicia y en la confianza, se resquebraja, sin importar quienes sean las víctimas y quienes los beneficiarios. Todo es pasajero en la historia y la situación de un momento -por más consolidada que se la suponga- puede invertirse y, entonces, se reabrirá una nueva etapa de injusticias. Una sociedad que pivotea en torno a la injusticia se expone a sufrir sucesivas fracturas hasta terminar con ella.-

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"OTROSÍ" NRO. 6 Octubre de 1998

"SOLDADOS Y MILICIANOS"
Continuamos con la descripción del perfil del terrorista, no solo porque interesa desde el punto de vista psicológico -donde se demuestra hasta que límites puede llegar una acción psicosocial apropiadamente aplicada junto con la presión emocional de una ideología que todo lo tiene resuelto de antemano y que, por lo mismo, todo lo exigesino porque la formación de un guerrillero revolucionario es de suma importancia para comprender el fenómeno terrorista en sí y en su desenvolvimiento.Leamos con atención el siguiente texto: "Un nuevo hombre ha sido concebido: el revolucionario profesional, un hombre que se considera a sí mismo como descartable, que sigue ciegamente al líder y a la línea del partido y que si es necesario matar , hará trampas y hasta asesinará para alcanzar su objetivo. Carece de patriotismo y de piedad; su única fe es la Revolución misma y en esto es fanático". (Stan Mowehead "La Revolución Rusa").Insistimos en que la primera condición del militante revolucionario, luego de la de su fanatismo irracional, consiste en ser, actuar y sentirse como un miliciano, un miliciano que oscila entre el apóstol y el homicida y entre el mártir y el verdugo. Por eso es que la primera dificultad con que tropezaron las fuerzas del orden ante el nuevo e inesperado fenómeno de la Guerra Revolucionaria que asoló al país en los 60' y 70' fue no contar con esos milicianos, sino con soldados profesionales, acostumbrados y formados para pelear en el marco de determinadas reglas legales y de honor. El ejército que no pudo resolver el enigma de la Esfinge perdió la guerra como le ocurrió al francés que reacciona demasiado tarde; el que descifró acertadamente la cuestión alcanzó la victoria, como las Fuerzas Armadas argentinas. Esta victoria se consiguió a partir de la adopción de una nueva mentalidad: el soldado preparado para librar una guerra convencional no resultaba apto para enfrentar a la revolucionaria porque le faltaba mística y convicción; no bastaba ya con el patriotismo ni con la buena preparación técnica. En la nueva batalla ante el nuevo enemigo debía incorporar el elemento ideológico, que consistía en la creencia firmísima en la bondad de la causa que defendía, esto es que libraba una guerra justa contra un enemigo inédito, inescrupuloso y que, por principio, había renunciado a las leyes de la guerra civilizada (en la medida en que esto es posible). Hubo de hacer frente a un movimiento que hizo del terror su método e, incluso, su fin. ¿Cómo derrotarlo? Convirtiendo al soldado en un miliciano capaz de enfrentar a otro en la convicción que del resultado de la guerra así empeñada nacería un mundo u otro completamente opuestos.-

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"LOS DOS DEMONIOS"
A continuación transcribimos un editorial de "La Nueva Provincia" de Bahía Blanca, el diario de mayor influencia del interior y, posiblemente, el más independiente del país. Está redactado con términos claros, precisos, sin elusiones y casi tampoco con adjetivaciones. En su espléndida claridad se limita a recoger los hechos del reciente pasado describiendo el exacto panorama de los años del terror provocado por las bandas marxistas y paramarxistas; no agrega nada nuevo en rigor, pero al presentar aquellos hechos que hoy tantos se empeñan en negar y otros tantos en olvidar, responde a una necesidad dialéctica y política impostergable que hoy se encuentra sin satisfacer por la acción de comunicadores cómplices o timoratos: Consumada la derrota de la guerrilla marxista a manos de las FF. AA., por el aniquilamiento de su poder de combate, sus jefes resolvieron desde sus refugios en el extranjero proseguir la lucha pero ahora disfrazados de pacíficos ciudadanos y por los medios que la democracia brindase.Con la inauguración del gobierno de Raúl Alfonsín, seguros de que no serían acusados ni investigados por los delitos cometidos, fueron regresando uno a uno al país y se aplicaron a dar visos de legitimidad o a fabular en torno a sus altas finalidades, sin mencionar obviamente los medios de que se valieron.Llegaron, inclusive, hasta reconocer los errores en que habían incurrido pero examinada atentamente la presunta confesión al pronto se advirtió que no comportaba arrepentimiento alguno por la sucesión de crímenes y atrocidades perpetradas sino tan solo por el hecho, de suyo comprobado e innegable, que resultó mal calculado el desafío lanzado a las fuerzas del orden.De esta tesitura no se han apartado hasta ahora. No lo hicieron ni siquiera cuando el jefe del Estado Mayor del Ejército General Martín Balza, admitió culpas que no eran tales, rebajando indebida e innecesariamente a sus subordinados y a la institución que representa, por ingenuidad o por lo que fuese.Antes de semejante desatino, ya una justicia federal nombrada por el gobierno mencionado y a su servicio, se dedicó a perseguir exclusivamente a los militares, como si fueran ellos y no los subversivos quienes desataron la guerra sin reglas. Y aquellos políticos que se habían vinculado o coqueteado con la guerrilla, secundado como abogados defensores o amparados desde organismos diz que interesados en los derechos humanos, vieron la ocasión de redimirse también ellos de su encubierta complicidad.Para este objeto era preciso comenzar por rescatar a sus protegidos de las infamias en que habían caído. Pero como, por entonces, ellas todavía estaban frescas en la memoria de la población, se inventó una teoría conforme a la cual en nuestro país habían actuado "dos demonios", el de la subversión y el de la represión.Era un comienzo para ir olvidando paulatinamente lo que habían sido y lo que habían dejado en víctimas y en daños irreparables para la sociedad argentina, las 24

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bandas que practicaron el asesinato indiscriminado contra quienes las combatían y contra quienes no lo hacían, pues de lo que se trataba y a lo que apostaba el insensato plan subversivo consistía en rendir a todos por el terror, policías, gendarmes, militares y civiles.Hoy diríase que nada de esto ha ocurrido en la Argentina. Si atendemos a las manifestaciones de los principales partidos y de los dirigentes políticos y, como reflejo natural de ellas, a la crónica generalizada de la prensa, deberíamos convencernos que la guerrilla fue un espejismo o un hecho efímero y sin consecuencias graves en la vida nacional.Y de que, en cambio, sí hubo una dictadura militar siniestra y sanguinaria que sin motivo y solo para imponer su ley , con saña y crueldad se lanzó contra todo asomo de protesta o de oposición, practicando un desaforado "terrorismo de Estado". No, obsérvese bien, el terrorismo como arma de ese gobierno sino, lisa y llanamente, del Estado. La idiotez ha cundido como tantas otras pero no porque sean idiotas sus designios ocultos.Lo que se busca con ahínco es el desquite por la derrota en el terreno del combate, trasladándolo al de lo político y cultural. La dictadura ideológica que la subversión pretendió fundar fue un delirio, así como la idea perversa e ilusa de llegar a aterrar a quienes tienen por oficio el entrenamiento en el ejercicio del coraje. Pero la táctica de infiltrarse en los cenáculos intelectuales, en los organismos de difusión y en las grandes agrupaciones partidistas, como lo enseño Gramsci, no está en absoluto descaminada.Es la falsa historia que ahora cuentan los cabecillas ayer prófugos así como los que proveían la logística a los combatientes, los que administraban los dineros acumulados por millones en los secuestros extorsivos, en suma todos aquellos que escaparon ilesos por no arriesgar su pellejo.Quienes al menos supieron jugárselo, miraban a esta tropa como la indiada a la chusma que seguía al malón. Pero hoy la chusma desdeñada se ha instalado en posiciones públicas importantes de influencia, dispone de influencias a la vera o en el poder, maneja dineros misteriosos y prosigue la guerra por otros medios más idóneos, más insidiosos y, fuera de toda duda, más eficaces que los del "Che" Guevara o Santucho.Una guerra cuyos objetivos se hallan en nuestros días acompasados a la democracia y al fracaso del comunismo internacional, que se nutre del mismo rencor contra las tradiciones cristianas argentinas, contra el orden establecido, contra los preceptos morales y religiosos y, desde luego, contra las Fuerzas Armadas, las que perciben como el núcleo organizado pese a todo todavía en pie, donde perviven esos valores.De ahí esta continuidad, cobrarse día tras día alguna pequeña venganza mientras llega la otra, la definitiva. No debe asombrarnos, entonces, que un grupo de diputados del FREPASO se afane por la derogación de dos leyes que han dejado de producir efectos. O la enmienda al gazapo jurídico persista en otro, la anulación de las mismas leyes por un acto del Poder Legislativo.-

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Ha de saberse que en materia de teología los ideólogos del marxismo han aprendido mucho y admiten ya que no puede haber dos demonios sino uno solo como siempre se supuso, y e éste en Argentina se encarnó en los militares. En cuanto al otro, o nunca existió o no se da con el rastro que merezca un mínimo recuerdo. Es lo que más conviene a quienes fueron los camaradas de los subversivos y hoy son sus herederos y albaceas.-

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"OTROSÍ" NRO.7 - Noviembre de 1998

"EL MUNDO QUE SE ESTÁ LEVANTANDO ANTE NOSOTROS"
Es mucho lo que ha sufrido el país como consecuencia de la guerra subversiva; ahora se nos quiere hacer creer que en realidad ha sufrido en razón de la guerra antisubversiva. Dedicamos los números anteriores -y lo mismo haremos en los siguientes- a demostrar que primero fue la Subversión y después y como una reacción condigna se produjo la Represión que básicamente constituyó una Guerra Justa. Este es el punto principal y primero a considerar y sin su aceptación los contendientes de ayer continuarán siendo los enemigos de mañana y, en definitiva, la sociedad argentina prolongará sin término por lo menos hasta que desaparezca el úúltimo de los protagonistas- su actual estado de desconcierto en el que la sumió una bien planificada campaña mediática nacional e internacional. Esta feroz trampa dialéctica amenaza con desembocar en una nueva república que ya se va diseñando, centrada en el relativismo moral y en la adopción de un humanismo de claro cuño izquierdista: se absolutiza la democracia como un fin en sí misma y, por lo tanto, sin necesidad de legitimarse constantemente (como debe ocurrir en los otros regímenes políticos), se barren las nociones de bien y de mal de manera que la ética ya no puede "discriminar" entre lo admisible y lo inadmisible, entre lo sublime y lo aberrante; el decálogo en el que desde siempre fuimos formados es sustituido por las versiones más confusas y equívocas del maleable código de los derechos humanos (como si hasta su llegada no hubiera habido un derecho para los hombres); la justicia se pone al servicio de la ideología; al mismo tiempo y sin que se lo advierta, se va levantando el más intransigente sistema de dogmas que no admite el mínimo desconocimiento y un formidable aparato inquisitorial se pone en marcha atravesando las fronteras, las soberanías y la voluntad de los estados nacionales.Parece que se está ante una maquinaria implacable que crea un nuevo orden al tiempo que destruye el anterior sin piedad ni remordimiento; es decir que dibuja un hombre distinto, sometido a leyes e instituciones diferentes. Todo bajo la apariencia de un consentimiento general al mejor estilo democrático. En realidad nunca los individuos estuvieron tan lejos del poder de decisión que cada vez más y en la misma medida en que mejor se oculta, se centraliza en muy pocas y desconocidas manos. Esta situación -de la que muy lentamente tomamos concieenciaafecta nuestra vida diaria y nuestras libertades concretas. Consumimos lo que nos imponen, pensamos según se nos sugiere, enjuiciamos y valoramos bajo la presión de un discurso único que no tolera discrepancias, actuamos según modelos que nos son transmitidos desde usinas de publicidad.Ha triunfado la izquierda; pero no cualquiera -aquélla más o menos reformista y chillona pero que no dejaba de ser simpática, de consumo apto para paladares burgueses- sino la misma que fue derrotada por las armas y que hoy vuelve bajo las 27

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formas de un amoralismo radicalizado y, sorpresivamente, por el camino de una globalización judicial: por todos lados aparecen audaces jueces dispuestos a cobrarse el precio de aquella derrota y atribuyéndose una autoridad que no tienen -y que saben que no tienen- para perseguir a sus vencedores que son, precisamente, los defensores del viejo orden que odian.-

"PORQUE EL GENERAL BALZA TIENE QUE IRSE"
Si la sociedad argentina está sufriendo los efectos de la nueva acción subversiva llevada a cabo por la izquierda internacional -cada vez más internacionalconsistente en una guerra mediática que no deja pensar y que, incluso, sanciona al pensar libremente, no cabe duda que el segmento más perjudicado -como que a él están dirigidos los más frontales ataques- es el militar.La guerra mediática a que nos referimos tiene varios objetivos y metodologías y fundamentalmente, tiende a desestabilizar a la sociedad en que se instala -acelerando el proceso de crisis en que con toda evidencia se encuentra-. Pero incluso llega a contar con los cómplices más inesperados y conspicuos. Por ejemplo, el general Martín Balza en primer lugar. Fue él quien hace más de tres años pidió públicamente perdón por los "excesos" de la represión. Es indispensable insistir en el hecho que la represión constituyó una guerra justa en su acepción más conspicua. Por los desbordes que se producen en el ejercicio de la violencia -y en especial en una de las de características de la Guerra Contrarrevolucionaria en que se juega constantemente a todo o nada- no se puede juzgar una guerra y nunca se procedió así. Pero el general Balza no lo entendió y, aparentemente obsesionado por el peso de supuestas culpas -no se sabe porqué‚ especulación política, porqué propósito personal o porqué teorema moral- decidió cargar sobre sus espaldas (o, mejor dicho, sobre las de la institución que dirige) la responsabilidad no sólo de tales abusos sino que renegó del espíritu mismo de la Guerra victoriosamente librada contra el terrorismo organizado.Puso en cuestión -colocándo de esta manera en sintonía con el discurso de la izquierda posarmada- la legitimidad de la represión, ensució sus principios y negó su absoluta necesidad confundiéndolos con esos abusos y reduciéndolos a ellos. Aceptó -¿estólida, dolosamente?- la reflexión y los supuestos no demostrados del enemigo, empezando por quitarle el carácter de tal. En el mejor de los casos habrían sido -en la curiosa filosofa del general- jóvenes equivocados pero bien intencionados a los que, en última instancia, hay que comprender y... perdonar aunque ellos no perdonen.

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Los sacrificios sin cuento de los superiores, pares y subordinados del entonces joven oficial y hoy comandante del Ejército argentino, a lo largo de dos décadas, fueron sumergidos en la incomprensión y lanzados a la condena pública. Pero por parecerle poco este reconocimiento unilateral de la culpa de su institución -y ante el elocuente silencio de los enemigos a los que se dirigía y que, a su criterio, habían dejado de serlo- lo reiteró, por lo menos, en dos ocasiones más: en tres oportunidades el general Martín Balza, buscando no se sabe qué humilló a la institución a su cargo y abrió el camino para que su colega de la Armada hiciera lo propio. Todo para nada porque ningún militar mejoró su situación ante los jueces ni ante la izquierda acusadora. Si su intención fue recomponer la imagen del Ejército (a la que él contribuyó a enturbiar) decididamente fracasó.En tanto, el Ejército se desintegra en lo humano; somete a sus hombres a la contradictoria bajeza de tener que pedir su retiro -traicionando así su vocación- para mejorar sus ingresos. Es más: los somete a la indignidad de recibir la acusación de una sociedad inspirada por los medios manejados por la izquierda e influida por actitudes como las que comentamos. Pero también el Ejercito -a la par que marginaba a sus mejores elementos- se desarmaba; paralizado por los presupuestos históricamente más bajos llegó, como las otras armas, a la inoperatividad más inocultable y esto en momentos en que Chile iniciaba en la región una carrera armamentista que nuestras FF. AA., manejadas por individuos como Balza, no estuvieron en condiciones de sostener. Humillado en lo interno y desairado en lo exterior, ilegitimado para atender conflictos locales y paralizado para asegurar la defensa nacional, el Ejército tiende a volverse inútil, incomprensiblemente inútil para una sociedad cada vez más ganada por una cultura de izquierda que no tiene contrapesos y se puede decir, que cuenta con el aval más o menos implícito de jefes como Balza.Pero éste fue más allá ; sin estudios previos de ninguna clase y bajo la presión de la irracionalidad despertada y manejada a partir de un homicidio, promovió o aceptó la supresión del servicio militar obligatorio con lo que de un día para otro modificó no solo la estructura del ejército sino la función histórico-social que venía desempeñando desde la implantación de ese tipo de milicia, que fue la de integrar o reintegrar a los ciudadanos de todo el país en torno a una convivencia sacrificada pero fructífera con lo que se completaba y se complementaba la integración geográfica que estaba culminando en los primeros años del siglo. Pero al comandante en jefe le quedaba otro tramo que recorrer en sus aventuras y desventuras para colmar el vaso del deshonor militar. No tardó en hollar el camino del delito según todas las apariencias.- Hoy no ya las sospechas sino las acusaciones concretas llueven sobre el comandante y son del peor calibre, de esas que ensucian la hombría de bien al develar una formidable capacidad de perversión en el sujeto. Nos referimos, claro está, a su presunta involucración en el millonario tráfico de armas cada vez más investigado y cada vez más oscurecido. En verdad que resulta difícil creer que semejante transferencia de elementos -que pareciera no provenir solamente de Fabricaciones Militares sino del propio Ejército- se llevó a cabo en ignorancia del jefe superior o que, por lo menos, éste no haya tomado conocimiento aunque sea indirecto. Muchos de sus dichos aparecen desmentidos por declaraciones de otros oficiales y, mientras tanto, la pesquisa judicial se ve trabada.-

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Otra acusación sencillamente atroz es la de haber admitido, facilitado o promovido la condena de un oficial y de dos soldados por el asesinato de otro conscripto, todos ellos inocentes extendiendo lo que desde entonces empezó a llamarse "cadena de encubrimiento". No sólo mintió -pues habría caido en el perjurio reiterado- sino que se benefició o permitió que otros se beneficiaran con un error judicial o con la injusticia que quebró tres vidas. Es difícil imaginar una inescrupulosidad mayor, una perversidad más acabada.Por lo tanto -y, posiblemente, por otras varias razones que ahora se nos escapan- el general Martín Balza no puede continuar al frente del Ejército argentino al que humilló primero, desnaturalizó después y deshonra ahora con su sola presencia. No es posible que el jefe superior se muestre no sólo inepto sino inmoral y que no salga a dar explicaciones -si es que las tiene- aunque no se las pidan a nivel oficial. Y no deja de ser sugestivo que el propio FREPASO -tan alerta y sensibilizado siempre cuando de atacar al estamento militar se trata- haya dejado de lado su nombre (y el del presidente Menem) a la hora de pedir la investigación de los responsables del contrabando de armas. Y que tampoco a nadie se le haya ocurrido pedirle un enjuiciamiento porque por su complicidad o tolerancia se hubieren condenado a tres inocentes.La virtud cardinal del militar es, después de su amor a la patria y su capacidad de sacrificio, la del honor. No se puede vestir el uniforme ni -muchísimo menos desempeñar la máxima jerarquía- cuando las evidencias de delitos y de inmoralidades ensucian sus nombres y se guarda un silencio cargado de sugerencias. Aquí sí y por esto que le incumbe de modo directísimo y personalísimo el general Martín Balza debe dirigirse a la sociedad y pedirle un sincero y dolorido perdón. Y luego retirarse.

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"OTROSÍ" NRO.8 - Diciembre de 1998

"LA PERVERSIDAD INTELECTUAL"
Unas pocas palabras para comentar las que el distinguido "intelectual" y brioso humanista Ernesto Sábato dijera en un reportaje. Fueron más o menos éstas: me causaría suma satisfacción ver a Pinochet morir de una muerte atroz. Tan escalofriantes deseos importan por dos razones, una porque revela el sentido oculto de la mentalidad de izquierda siempre de cruel raíz jacobina y otra porque pone al descubierto la genuina sensibilidad de este hombre mantenido por un aceitado aparato publicitario que también consiguió reivindicarlo como escritor. Tremebundo presidente de la CONADEP, podemos imaginar a la luz de tan diabólico deseo cual habrá sido su ánimo al encarar la investigación así como el criterio de equidad aplicado y su seriedad y confiabilidad. Presto a exponer sus dolores personales y, llegado el caso, a reclamar del país al que confunde que lo mantenga (invocando una pobreza nunca probada), sentimental y astuto demostró con semejante manifestación de odio la índole de su ideología y de su postura. Quien es capaz de odiar así no puede amar sinceramente la justicia ni preocuparse de las víctimas que dice proteger. Temblamos de pensar que él u otros hombres como él lleguen alguna vez al poder. Hijo dilecto de las Revoluciones Francesa y Soviética, acredita en sus años postreros esa vocación de destrucción y de muerte que caracterizó a aquéllas.

"LA PERVERSIDAD JUDICIAL"
El caso paradigmático de la novedosísima situación internacional que plantean algunos jueces europeos -indudablemente dóciles instrumentos de ignotos poderes centrales- es el de Pinochet. Apresurémonos, pues, a aclarar que el personaje en cuestión no nos conmueve ni siquiera como víctima de una formidable injusticia articulada desde el misterioso Norte en lo que parece constituir la más reciente estrategia del imperialismo: destrozar las patrias con el avance de un poder judicial planetario. Vienen muy a colación respecto a este Caín de Sudamérica las palabras de J. de Maistre: "El mundo está lleno de castigos muy justos cuyos ejecutores son muy culpables". Es el caso: un traidor ha caído entregado por su antiguo aliado y empleador y acosado por un mediocre juez de un país mediano, elegidos uno y otro para acelerar el proceso de globalización que alguien está impulsando. De cualquier manera, al momento de escribir estas líneas la situación procesal del militar chileno es confusa aunque aparentementemente más alentadora para él.31

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Pocos tienen una apreciación correcta de lo que está ocurriendo en el mundo en estos momentos con respecto a las pretensiones de algunos jueces europeos -a los que se suman simétricamente otros argentinos- que se han propuesto acosar y encarcelar a quienes una o dos décadas atrás combatieron con las armas en las manos a la subversión marxista. Este fenómeno significativo del fin de milenio -que culmina destruyendo sus mejores valores, disolviendo sus más seguras garantías y renunciando a sus más preciadas conquistas- puede ser objeto de distintas miradas, por ejemplo la estrictamente jurídica; pero sería un error gravísimo -o una salida cómoda- reducir el análisiis a este solo aspecto, no obstante que uno de los ejes del proceso a que nos referimos ha de ser considerado necesariamente desde este punto de vista. Pero el enfoque, si es que no queremos perdernos en las apariencias, debe ser total e incluir los costados político e ideológico del asunto con remisión al contexto histórico en que se da. Y sobre todo a las patéticas consecuencias del nuevo derecho que se dibuja Si, no obstante, preferimos intentar una consideración jurídica la conclusión es definitiva en cuanto a la deformación que la aspiración del megajuez Garzón por un lado y la debilidad de los lores británicos por el otro provocan en el "ius gentium" vigente y, en especial, en las concretas relaciones internacionales; en rigor todos saben que hay aquí un horroroso abuso de derecho, empezando por los propios "justicieros" hispanos o no- que se han dado a crear un nuevo estatuto sobre textos endebles, equívocos o no exigibles e interpretaciones extensivas y groseras de los tratados que invocan. He aquí un nuevo derecho surgido de la voluntad de los compinches de los subversivos derrotados pocos años atrás! No es de extrañar: si en su momento recurrieron al terrorismo armado ¿porqué no habrían de echar mano al judicial? Tan aberrante y destructor es uno como el otro y sirven a los mismos fines, esto es la instauración de una civilización de izquierda en torno a nuevos valores y nuevos poderes (una civilización proveniente de la síntesis de la libertad absoluta y del relativismo radicalizado pero esto es otro tema).Los atropellos jurídicos no tienen atenuantes. El principio de extraterritorialidad -de vigencia aun en épocas de globalización- quedó violentado hasta su extinción y aquí, si queremos sobrevivir, no se debe transar en nada. El de irretroactividad de las leyes fue asimismo desconocido con la mayor grosería y dolo con lo que se introdujo en las sociedades afectadas un factor de disolución y de inseguridad que las debilita y desquicia institucional y culturalmente porque un pueblo dispuesto a cobrarse hasta la sanción más mínima sin límite en el tiempo se convierte en una tribu de caníbales. En sentido semejante se violenta la soberanía de las naciones al hacer caso omiso de las decisiones legislativas y judiciales con que cada una, como pudo y supo, procuró resolver los problemas derivados o pendientes de la guerra antisubversiva de los 70 (no así de los creados por la subversión que parecen no existir); ahora viene este pequeñito y juez español a revivir aquellos viejos dolores, a reabrir heridas, a remover rescoldos en la esperanza de reanudar el fuego de la no extinguida mística terrorista. ¿Con qué facultad y en nombre de quien lo hace? Adviértase que el 32

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patológico Garzón se mete tanto en los métodos con que se combatió a la violencia 20 años atrás como con las fórmulas con que se intenta recuperar la paz interior: condena aquéllos e imposibilita éstas. ¿No hay un interés tan ideológico como mórbido en esta empresa cósmica que se ha asignado y para la que no se ha fijado límites? La prepotencia del magistrado peninsular así como la complacencia de los lores insulares arrasan con los estados, por supuesto que con los más débiles; nadie en su sano juicio -ni siquiera Garzón en la plenitud de su embriaguez neohumanista- supone que el derecho de gentes que está surgiendo de la alquimia de la globalizada izquierda judicial va a ser aplicado a los poderosos. Estados Unidos, China y demás países centrales de Occidente y de Oriente pueden quedar tranquilos al respecto: no van a ser molestados por sus delitos pasados, presentes ni futuros; las únicas judiciables han de ser las economías emergentes que, como no tienen poder, no tienen derechos.Se está edificando ante nuestros ojos un derecho no solo internacional sino nacional y de un modo verdaderamente revolucionario al margen de la voluntad y del consentimiento de los países, ello en base a textos inexistentes y a interpretaciones maliciosas de parte de jueces inexistentes y maliciosos.Es curioso: en Nuremberg -al margen de la justicia y de la necesidad de las penas aplicadas- se trató del ejercicio del derecho del vencedor que en la historia no constituye de forma alguna una novedad. Hoy es al revés: son los vencidos los que imponen su ley; lo hacen mediante artilugios y tramoyas en base a convenios más que discutibles y contando con jueces de su mismo palo; es decir que, una vez más, se trata de una acción unilateral de la izquierda que ahora ni se preocupa por disimularse. Es que no tiene necesidad de hacerlo porque practica el derecho surgido de su incontrastable moral desconociendo cualquier otro que se le oponga, tal como hizo antes.No se debe ocultar que el Estado argentino, con sus pasos previos, de alguna manera contribuyó a legitimar y aun a adelantar esta globalización judicial; lo hizo al participar en las actividades de los Cascos Azules de la ONU, cuerpo dedicado a intervenir en nombre de ese organismo en cualquier litigio que estallara en el mundo (claro que siempre bajo la inspiración de EE. UU. como patéticamente queda demostrado en la actual Guerra del Golfo). Ya antes, en 1990,el entonces canciller Domingo Cavallo -hombre globalista si los hayhabía asegurado que "se está en avanzado estado de constituir un sistema de seguridad mundial"; recordemos que para ese entonces el presidente norteamericano G. Bush había dado las primeras señales de lo que llamaría Nuevo Orden Mundial. Que nunca se supo exactamente qué es pero que fuera precedido -otro dato para meditar- por la formulación de la "doctrina Petrovsky", vicecanciller ruso, según la cual todo país que quisiera protegerse de interferencias exteriores podía reclamar el auxilio de la ONU que mandaría observadores y, en su caso, tropas. De esta forma estaban echadas las condiciones para que los conflictos binacionales o regionales se internacionalizaran, proceso que quedaría fuera de las posibilidades de los pequeños y medianos países -protagonistas o no del conflicto- y, por lo tanto, a cargo de las grandes potencias y, especialmente, de la única sobreviviente de la Guerra Fría. A este listado se ha de agregar la incorporación de una serie de tratados a la Constitución 33

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de 1994 -con idéntica jerarquía que ella misma- lo que de hecho y de derecho recorta la soberanía.Finalmente -y no es de menor importancia- estos magistraditos al servicio de no se sabe de qué poderes y dispuestos a rever toda la legislación interna de las naciones que puedan considerar lesivos de los derechos humanos (que sólo ellos conocen y manejan) ¿no se sienten obligados o, por lo menos, tentados de investigar a los ahora denunciantes y ayer criminales de la peor calaña?

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"OTROSÍ" NRO. 9 - Marzo de 1999

"LAS MADRES SON DELINCUENTES"
Las bien mantenidas Madres de Plaza de Mayo no ocultan su prédica facciosa y abiertamente delictiva. No pueden ni quieren limitarse en su supuesto dolor por la desaparición de sus hijos (a los que no sólo añoran sino que reivindican totalmente) ni siquiera en su patológica constitución psíquica que tan bien saben utilizar. QUIEREN CONTINUAR EL CAMINO DE LOS TERRORISTAS QUE SUPIERON ENGENDRAR.Tenemos un volante distribuido en un acto en enero en Mar del Plata. Dejemos de lado la tosca retórica del panfleto y detengámonos en las expresiones que manifiestan la vocación delictiva de las señoras. "Las Madres reivindicamos el compromiso revolucionario de nuestros hijos y levantamos las mismas banderas de lucha". Quizá no se atrevieron a agregar la reivindicación de sus métodos pero, ¿no queda incluido el concepto en el amplio término de revolucionario? "Creemos que la política es la mejor acción del hombre y la única capaz de transformar la realidad". Una pretensión así es característicamente revolucionaria y constituye el terrible mesianismo que ha asolado a lo largo del siglo al mundo. Las "ingeniarías sociales", con sus muertes sin cuento, los desplazamientos y las destrucciones de pueblos enteros se llevaron a cabo a partir de esa pretensión revolucionaria de cambiar la realidad que intentaron los Stalin, los Guevara, los Santucho y los hijos de estas Madres que siguen convocando a los jóvenes de los 90 en nombre de los ideales de los asesinos de los 70. Aclaran: "política no es igual a partidos políticos burgueses (palabra tan cara al más anacrónico de los marxismos) ... la única democracia posible es la revolucionaria". No nos llamemos a engaño: aquí "revolucionario" tiene ya un sentido explícito e indiscutible, la acción propiamente subversiva. Y lo desnudan enseguida: "Los pueblos no resuelven sus problemas únicamente por las urnas ni en los tribunales. Los pueblos resolvemos también nuestros problemas en las calles y en las plazas, movilizados y luchando por nuestros derechos". Es decir volviendo al pasado del que estas mujeres despiadadas no están dispuestas a desprenderse, quieren vivir en él y reproducir todo ese espanto de la Guerra Revolucionaria que baño a la Argentina en sangre durante dos décadas.

Recuerdan a sus muertos no como sus hijos sino como los terroristas que fueron, no por sus ideales sino por sus crímenes, no por justicia sino por venganza. Y para reclutar nuevos asesinos con el asesoramiento de un parricida.35

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"EL ERROR DE LOS COLOMBIANOS"
En definitiva las arduas y espectaculares negociaciones entre el gobierno colombiano y las FARP -que desde hace décadas vienen asolando al país con el apoyo logístico y económico de los productores y traficantes de drogas- se fueron diluyendo hasta su extinción en la práctica.Sin duda es lo mejor que pudo haber pasado, además de ser un resultado previsible puesto que los subversivos nunca tuvieron leal voluntad de negociar. Es que, NATURALMENTE, la Subversión no puede manejarse ni moverse sino en la violencia, que es su clima y su expresión; está pensada y preparada para eso y no para la convivencia; le es propio e indispensable la utilización del terror como medio y casi como fin, esto es la destrucción de la racionalidad política y de los lazos comunitarios. Ella sólo negocia cuando está al borde del agotamiento o cuando calcula que puede obtener una pausa beneficiosa. La apuesta subversiva consiste en volver imposible la vida en sociedad. ¿ Qué procura con esos crímenes aterradores, algunos verdaderos genocidios que nadie se propone enjuiciar? Simplemente desorganizar el cuerpo social, disolver los mecanismos de coincidencia y de contralor: VOLVER INUTIL AL ESTADO QUE SE ATACA. Este es el punto central del pensamiento y de la estrategia de la subversión. Veamos. ¿ Porqué y para qué el hombre vive en sociedad aceptando desde un principio someterse a un poder con el que nunca termina de coordinarse? Basta asomarse a cualquier manual de ciencia política de cualquier orientación para saberlo: el ser humano renuncia a parte de su libertad para obtener otros bienes indispensables, básicamente la seguridad que es condición insustituible de todos los demás bienes que se consiguen en una vida comunitaria mínimamente racional. Es decir que el ser humano -que, por lo demás, es antes que nada un ser social por naturaleza- busca refugio y apoyo para su desenvolvimiento espiritual y material en lo que se ha dado en llamar el Estado. Y la primera característica de éste, su rasgo más propio y definitorio, es que ejerce el monopolio de la fuerza que solo por vía excepcional delega en particulares (como en el caso de legitima defensa) pero nunca lo puede hacer de un modo perramente e "institucional" sin desquiciarse, ilegitimarse y autodestruirse lo que ocurre cuando acepta la existencia de terceros a ejercer aquellas funciones y obligaciones que les son propias y connaturales al Estado legítimo. Entonces, si se impusiera una organización dotada de poder suficiente para disputarle la custodia del orden público, sobrevendría el caos; primero la anarquía, luego la tiranía y finalmente el totalitarismo. Cuba es un caso patente.Por eso, luego de desatada la violencia hasta empujar a los ciudadanos a la desesperación, la primera preocupación de la Subversión es conseguir un mínimo de legitimidad o sea un cierto espacio de legalidad, un reconocimiento de su existencia no ya como banda armada sino como un factor político-jurídico con el que se "debe" y

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se "puede" negociar; el mero hecho de sentarse a una mesa con los guerrilleros implica ese reconocimiento y es una victoria fundamental a sus fines. La Subversión pasa a ocupar progresivamente el lugar del Estado y suma a sus éxitos militares su admisión como un Estado paralelo no ya de Derecho -como el debilitado por sus agresiones sucesivas- sino Revolucionario. Y su calidad de tal es la que le proporcionará legitimidad; no el consenso, no ya el "contrato social" (supuesto que alguna vez haya existido) ni tampoco la tradición histórica ni siquiera el cumplimiento de la normativa prevista para las elecciones de los titulares del poder (presidente y legisladores). A partir del momento en que la Subversión es reconocida como un poder comienza su proceso de legitimación, es decir la aceptación de su capacidad para dictar el derecho. Bien es verdad que antes, en la práctica, imponía su voluntad de hecho - cobrar impuestos, aplicar sanciones, etc.- en las regiones en que había alcanzado una determinada potencia pero ahora la impondrá con ese intangible prestigio que suele acompañar a la autoridad, al gobernante legítimo. El bandolero de caminos, el asesino de soldados y campesinos, el secuestrador de indefensos, se transformará en protector y en el referente de una nueva legitimidad. No, entonces, el consenso, el contrato ni la tradición sino la Revolución será la fuente del derecho y a éste - en manos exclusivas de la oligarquía rrevolucionaria - quedarán sometidos todos los ciudadanos. Una modificación no cuantitativa sino cualitativa se produjo. Pero la Subversión no puede compartir el poder ni tolerar (la ETA es un claro y siniestro ejemplo de esto) convivir mucho tiempo con adversarios, a los que no deja de ver como sus reales enemigos aun cuando acepte de momento las reglas de juego.-

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"OTROSÍ" NRO. 10 - Abril de 1999

"LA INSEGURIDAD COMO FACTOR POLITICO"
Entre los efectos sociales y políticos que produjo la subversión desde los finales de los años 60 y durante la década siguiente y la actual ola delictiva que asola a la sociedad argentina, existe una no tan sutil semejanza. También una relación que explica porqué quienes militan dentro de la izquierda ponen reparos a la adopción de medidas correctivas y defienden aquéllas que cercenaron la capacidad operativa de las policías.Después del asesinato de Aramburu las "operaciones" guerrilleras crecieron verticalmente. Hasta la asunción de Cámpora a la presidencia de la república se habían cometido casi 3.000 atentados sin contar las armas robadas que llegaba a las 4.000, se habían robado más de 120 millones de pesos de ese entonces, alrededor de 20.000 explosivos y se contabilizaron más de 3.000 acciones conexas a la violencia de esa época. Después de Cámpora el panorama se agravó y hasta los inicios de la década del 80 quedaron registrados alrededor de 25.000 sucesos en general. No entraremos a recordarlos porque ese no es el objeto de nuestro artículo que apunta a señalar el paralelismo que existe entre aquella situación y la de estos días, situación que nos permite sostener que EL DELITO COMUN QUE AHORA PADECEMOS INCIDE EN NUESTRAS VIDAS TANTO COMO LO HIZO LA SUBVERSION EN EL PASADO. Las costumbres variaron adecuándose a la inseguridad, la gente se cuida y recluye en sus casas, se arma y reclama la restitución del orden, normas para aplicarlo e instrumentos para que las fuerzas que lo representan en esta instancia puedan actuar con el respaldo de la justicia.La represión del narcotráfico cayó también verticalmente. En Buenos Aires el ministro Arslanian trata de cubrir su inoperancia -y su inherente irresponsabilidad- por haber impulsado el fenómeno con cifras y estadísticas en las que nadie cree, en tanto la preocupación sube de a dos los escalones de la protesta pública y alcanza el peligroso nivel de la indignación.Misteriosamente Duhalde acepta todavía cargar con el acoso político de este verdadero escándalo moral y político en tanto otras cifras alimentan con su elocuencia ese paralelismo del que hablábamos al comienzo: sumados en la Capital Federal y en el conourbano los delitos se incrementaron en dos dígitos en relación con el año pasado pero más grave es que alrededor del 54% de los delincuentes son menores de edad y que sus motivaciones principales pasan por la permisividad de las leyes, la deserción escolar y la incitación de las drogas. Como se recordará, meses atrás la mayoría de los legisladores - es decir de políticos elegidos para hacer leyes - se opuso a disminuir la imputabilidad legal. Las consecuencias están a la vista y serán trágicas mientras los políticos persisten en jugar dialécticamente con el problema. Pero seamos sinceros, no son los únicos 38

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culpables, excepto cuando mezclan su ignorancia con el resentimiento y abren sus oídos a consejos peligrosos. Por ejemplo: Rosa Castagnola o Graciela Fernández Meijide -como se prefiera llamarlarecibe el asesoramiento de un "experto" internacional en materia de seguridad llamado Alberto Binder de quien se dice que está vinculado con la "Organización Diálogo Interamericano" que promueve el entendimiento con las guerrillas y la liberación de la droga. Por eso no llama la atención que se insista en que Binder haya sido abogado del grupo irregular brasileño denominado "Los sin Tierra" y que mantenga vinculaciones con esa especie de coordinadora de la ultraizquierda continental llamada "Foro de San Pablo". Binder junto con el mencionado Arslanian, el radical Ricardo Gil Lavedra, el frepasista Juan P. Cafiero y el abogado Eugenio Raúl Zaffaroni constituyen el corazón de un equipo de trabajo dispuesto a hacer con las policías lo mismo que iniciaron contra los institutos militares. Para ello se inventó el "Plan de Acción Inmediata" destinado a reducir a la mínima expresión a la policía de Buenos Aires pero también a las restantes fuerzas provinciales. Zaffaroni fue claro: hay que "desmilitarizarlas" dijo y agregó que "hay que eliminar la obediencia ciega y estúpida que hay dentro del cuerpo policial ... " Este apretado análisis justifica la aceleración de la inquietud con que se observa lo que sucede en medio de los aplausos de una organización extranjera llamada "Transparency International" y de su rentado representante, el conocido Luis Moreno Ocampo cuya actividad hay que seguir con detenimiento.Para concluir, acotaremos que Binder en su carácter de Director de Estudios Comparados en Ciencias Penales (INECIP) y de Coordinador de la Red Latinoamericana para la Democratización de la Justicia, también brindó sus servicios para reformas judiciales y de seguridad a países como Guatemala, el Salvador, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Honduras y Costa Rica donde el incremento de los escándalos, del consumo de la droga y de los delitos se mantiene como una constante aun después de su intervención, lo que se quiere disimular.Carlos Manuel Acuña

"Señor Presidente de la Honorable Cámara de Diputados Don Alberto Pierri. S./D."
Me dirijo a Vd - en ejercicio del derecho reconocido en el art. 39 de la Constitución Nacional - y por su intermedio a la Honorable Cámara de Diputados de la Nación solicitando que se pronuncie de un modo categórico condenando la actitud de varios jueces europeos que violan principios fundacionales, básicos y 39

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característicos del derecho occidental, aceptados y aplicados por unanimidad durante décadas algunos y por siglos otros, en los países civilizados. Me refiero, por supuesto, a comportamientos como los del juez español Baltasar Garzón - a los que no tardaron sugestivamente en sumarse magistrados franceses, italianos - que pretenden juzgar a personas acusadas de delitos de máxima gravedad (genocidio, torturas, abuso de autoridad) que, de haber sido cometidos lo habrían sido en nuestro país. La lista puede continuar según la imaginación y desaprensión de los denunciantes. No es mi intención entrar en la consideración de los casos particulares porque no es ésta la oportunidad ni es este el ámbito competente para hacerlo. La preocupación - o, por mejor decir, la alarma - que mee mueve a efectuar esta presentación obedece a la aparición y desarrollo de un nuevo derecho al margen - e incluso en contradicción - de las convenciones internacionales, del derecho local y de las costumbres pacíficamente aceptadas hasta ahora, todo ello con profundísima lesión al principio de la soberanía nacional. Se está creando, ante la vista de todo el mundo y la inspiración y complacencia de muchos grupos comprometidos ideológicamente, un nuevo "ius gentium" virtualmente sin el consentimiento de los Estados nacionales. Para ello se recurre al hecho consumado y, en especial a un descarado operativo mediático que plantea las cosas de tal modo que no deja lugar al disenso, ni por otra parte lo admite. Es un avance total y unilateral sobre la opinión pública mundial que se refuerza con el otro elemento señalado, el del hecho consumado sin ocasión para la réplica. Se está creando una justicia supranacional sin que nadie parezca advertirlo; por supuesto una justicia para aplicar a los pequeños y medianos países que quedarán envueltos en las redes de un derecho incierto y de interpretaciones maliciosas. Las grandes potencias - cualquiera sean sus comportamientos y abusos - margen de la potestad de estos catones de nuevo cuño. Mediante estas argucias el nuevo derecho se va imponiendo progresivamente ante la pasividad de los poderes políticos, la tolerancia (o aprobación) de los centros académico y la indiferencia de la opinión pública, previa y adecuadamente anestesiada. Ya nadie se siente obligado ni facultado para oponerse ni criticar este proceso que presupone e implica mucho más que una hermenéutica arbitraria y desmesurada de algunos textos legales. Porque se está - ni más ni menos - que ante la destrucción de una rica normativa que requirió mucha sangre y muchos esfuerzos a los pueblos que llamamos occidentales. Y si pongo énfasis en esta procedencia es porque el resto de las culturas contemporáneas arrastran un déficit jurídico y moral que nuestros países han conseguido superar merced a su tradición grecorromana y cristiana que, sin embargo, ahora amenaza quebrarse. Esta diferencia es lo que ha asegurado - a pesar de dolorosas e innegables excepciones en especial en este siglo XX - la imposición y respeto de los hoy llamados "derechos humanos" , que, por cierto, no son de reciente data sino que, por lo contrario, se remontan a los orígenes de ésta, nuestra civilización.

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Pues bien, es mi convicción - y, fuera de toda duda, la de un amplio segmento de la sociedad argentina al que se acalla y desconoce - que tal como se está desenvolviendo el señalado proceso (que, denominaría de "globalización judicial"), se encuentran en peligro no solo la intangibilidad del derecho sino la continuidad de las soberanías nacionales. No es posible admitir en silencio - un silencio en definitiva cómplice - estos avances de magistrados que carecen - y ellos lo saben - de competencia para juzgar hechos cometidos en jurisdicción ajena por personas sospechadas que no caen en su órbita de conocimiento; sin contar que la nacionalidad de las supuestas víctimas - el otro argumento habitualmente invocaado para sostener la competencia de los jueces protagonistas de la maniobra que describimos- tampoco legaliza sus actuaciones.Jueces como Garzón y sus seguidores del viejo continente violentan, destruyen, humillan la soberanía argentina en cuanto hacen a un lado el derecho nacional y las decisiones de sus poderes constitucionales, puesto que el Congreso se ha pronunciado dictando leyes de amnistía y el judicial dictado sentencias condenando o absolviendo a acusados de violación de derechos humanos. Todo este andamiaje legal y jurisprudencial - andamiaje levantado, precisamente en función de los poderes soberanos de la Nación- es sistemáticamente ignorado por pronunciamientos como de los que me agravio en esta presentación. Resulta, entonces, indispensable y urgente una declaración de ese cuerpo en el sentido de rechazar con energía y claridad estas maniobras llevadas a cabo en desdoro y restricción de la soberanía argentina, puesto que burlan la voluntad expresa del Estado argentino manifestada por sus tres poderes. Dejo constancia que he preferido reducir el planteo al aspecto jurídico de la cuestión sin entrar al propiamente político - lo que también sería legítimo y pertinente - para no complicar lo aquí solicitado porque estoy cierto que a ningún legislador - representante por definición del puebllo, de sus intereses y derechos - le ha de ser indiferente el tratamiento antojadizo, ilegal y antijurídico con que jueces como Garzón hacen befa de nuestra condición de país soberano en aptitud de aplicar sus propias normas legislativas y adoptar sus propias decisiones judiciales. Nuestro país no necesita que ningún extranjero - que ciertamente carece de todo prestigio intelectual y moral en su propio país, como es el caso de Garzón, ganado como está por compromisos fuertemente ideológicos que, evidentemente, coloca por encima de su sentido de justicia y de equidad - venga a rever los actos dictados en su condición indeclinable de soberano. Y por esto es que considero que el organismo que Vd. preside debe pronunciarse en el sentido indicado; de alguna manera el Poder Ejecutivo ya lo ha hecho cada vez que rechazó las pretensiones de Baltasar Garzón desconociéndole competencia para juzgar hechos cometidos en nuestro territorio. Se trata, pues, de una cuestión tanto política como jurídica, pero, en todo caso, de la más severa importancia y de la mayor trascendencia.

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A mayor abundamiento quiero destacar que un pronunciamiento de esa Cámara sobre tan delicado asunto no solo se justifica justifica sino que urge ante el asombroso silencio de otras entidades que deberían haberlo hecho, como la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial, la Academia de Derecho, los diversos Colegios de Abogados del país y la Federación que los reúne. Todos ellos - si es que están dispuestos a cumplir con sus obligaciones de custodios del derecho que de alguna manera les incumbe - deben decir algo sobre semejante problema que, como todos comprenden, golpea en las raíces mismas de nuestra organización institucional y de nuestra existencia como país soberano. Saludo a Vd. con mi mejor consideración y quedo a la espera de su respuesta. Fdo.: Víctor Eduardo Ordoñez

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"OTROSÍ" NRO. 11 Mayo de 1999

"LAS MONSERGAS DE MONSEÑOR"
El obispo de Morón Justo Laguna publicó en La Nación un breve artículo conteniendo tanto errores doctrinarios como silencios falaces en referencia al "perdón cristiano". No nos detendremos en los primeros por no ser pertinente en este lugar, aunque no podemos dejar pasar por alto una primera afirmación que altera al cristianismo como religión; dice: "el perdón cristiano (que) es como el corazón del Evangelio". No es así porque todos saben (o deberían saber) que el "corazón" de la ley nueva que nos trajo Cristo es el amor "Dios es amor" define San Juan, por ejemplo y amor es un concepto mucho más abarcador, central y básico que el de perdón que queda comprendido en aquél. No es un desafuero menor en boca de un obispo, como tampoco lo es el expresado hacia el final: "en el cristianismo el perdón (es) para alcanzar la paz del otro, para que pueda alcanzar la valía que ha perdido para sí mismo". En modo alguno es así, el perdón sacramental (que es cuando adquiere sentido cristiano porque no se trata de un buen sentimiento humano sino de la acción concreta del poder divino que borra la falta por su propia iniciativa en base al consentimiento de la criatura) consiste y produce la reconciliación con Dios antes que con el prójimo. Sólo una horizontalismo herético puede llevar a esta reducción de la religión a una ética naturalista.Pero lo que importa en lo inmediato no son estos desvaríos purpurales (de quien no pudo responder por los escándalos de su clero) sino los olvidos maliciosos en que incurre. No casualmente ilustra su prédica con el ejemplo que denomina argentino, el Proceso. "En el Proceso no hubo arrepentimiento ni expresión de arrepentimiento con excepción del Jefe del Ejército" y sigue "sin verdad y sin justicia, sin conocer los hechos es muy difícil poder reconciliarnos. Creo que alguna vez los argentinos tenemos que reconciliarnos". Salvado este buen y obvio deseo (con todo habría que ver sobre qué bases y si, sencillamente, esto es todavía posible) se ha de observar que monseñor deja fuera de su análisis elementos importantes de la realidad y da por supuestos otros, lo que deforma las cosas ... a favor del enemigo subversivo. Se le pasa por alto señalar quienes fueron y son los responsables de la Guerra Revolucionaria cuyo descontrol gestó y legitimó el golpe de 1976; a ellos no se le ocurre reclamarles arrepentimiento ni que soliciten perdón. En tan cómoda visión unilateral de los acontecimientos de dos décadas atrás (que Laguna conoció de bastante cerca) es fácil y rentable distribuir sanciones y premios a paladar; basta una desmemoria selectiva para eludir el problema esencial que consiste en saber quien fue el culpable principal y último y, por lo tanto, quien debe reparar según justicia. A un olvido así de tramposo echa mano monseñor para que la sociedad - en especial los jueces y los medios - desvíe su atención y replantee su pasado con un solo ojo y con una sola versión, la de los subversivos.-

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Que nos conteste monseñor ¿quien tomó la iniciativa armada? ¿quien eligió el momento del ataque? ¿quien produjo las primeras víctimas? ¿qué se proponían (y se proponen los sobrevivientes y sucesores) los hombres y mujeres que eligieron el método del terror para imponer sus consignas? ¿qué clase de seres humanos son aquellos que empezaron a matar sin sentido, con más resentimiento que odio y más por un instinto criminal que por una vocación revolucionaria cualquiera sea ésta? Nada se pregunta monseñor porque ya tiene las respuestas acertadas y las cosas claras; son las que vomita Hebe Bonafini o las susurra Fernández Meijide y nadie tiene derecho a apartarse de estos alegatos. El asunto está terminado y juzgado. Pero falta más, según monseñor. Hay que reparar ¿de qué forma? no lo dice; tal vez ignore que muchos de los asesinos de hogaño son los funcionarios de hoy o los beneficiarios de suculentas indemnizaciones otorgadas no se sabe porqué ¿Es que no muestra suficiente arrepentimiento un Estado que paga a quien lo agredió por principio y según sistema? Por eso compartimos una consideración de monseñor: "Nadie puede perdonar a quien no quiera ser perdonado". Aunque no lo advierta ha dado con la clave del presente y del futuro del país. Tienen que pedir perdón, arrepentirse y resarcir los verdaderos culpables, que no dejan de serlo por el mero hecho de haber sido vencidos.-

C. M. Acuña en la presente colaboración denuncia un peligro latente en la extraña organización llamada Foros Vecinales (ley de
la provincia de Buenos Aires 12.154) que crea una red de contralores sobre el funcionamiento de la policía. Sólo alguna breve reflexión. En primer lugar, la ley en cuestión implica reconocer el fracaso de los partidos como representantes del pueblo ya que admite otros organismos para deliberar y proyectar. En segundo término - el más alarmante y trascendental- esa red puede ser el embrión de un "estado nuevo", de un estado paralelo en competencia larvada con el legal al que le disputará espacios concretos de poder informal; de esta manera lo que la subversión no consiguió por las armas lo podría alcanzar mediante este acto legislativo autodestructor de un Estado tomado desde dentro. La bélica izquierda de ayer es sustituida por la burocrática de hoy. Es el cambio de la estrategia de Lenin por la de Gramschi.

"LA QUINTA RUEDA DEL CARRO"
por Carlos Manuel Acuña En el ámbito de la provincia de Buenos Aires quedó sancionada la ley 12.154 mediante la cual se ha montado una estructura política y administrativa en una parodia de democracia directa cuya misión aparente es la de controlar la seguridad.

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La flamante norma legal dispone que los vecinos deberán vigilar, evaluar y proponer iniciativas relacionadas con el desempeño de las comisarias y de los policías comenzando por el propio comisario.Precisamente estos Foros vecinales comienzan a crearse en todo lugar de la provincia donde funciona una comisaría y su actividad es permanente. Esta curiosidad que de hecho altera el régimen de la democracia representativa y crea un sistema de democracia directa que diluye todas las responsabilidades en la materia, nos recuerda al sistema de controles implementado en la ex URSS donde el poder político real y efectivo se manejaba por vías distintas y paralelas a las instituciones vigentes.La estructura burocrática que se ha creado admite varias contradicciones pues al votarse la ley fueron los propios políticos quienes han descreído de las fórmulas tradicionales de representación. En los hechos aceptaron la formación de un aparato que compite con los consejos deliberantes elegidos por el voto popular y admiten la intervención en algo tan delicado como la seguridad de aquellos vecinos que cuentan con el respaldo de determinados y específicos intereses.Los Foros Vecinales constituyen la base de ese aparato que posee una instancia superior denominada Foros Municipales que quedaron integrados con delegados de los primeros. Tienen la misión básica de afianzar una autoridad que no existe legalmente y a su vez controlar la actividad de todas las empresas privadas de seguridad. También forman parte de su estructura un representante religioso, otro por la intendencia municipal, el defensor municipal de seguridad y otro por cada una de las sociedades intermedias de la zona correspondiente. No poseen una autoridad imperativa; cada uno de los Foros elige delegados para integrar los llamados foros departamentales cuya cantidad de 18 se corresponde con cada uno de los distritos departamentales en que ha sido dividida la ex policía de la provincia de Buenos Aires. Estos 18 Foros quedaron formados por un representante de cada una de las intendencias municipales, un fiscal de cámara, 4 legisladores provinciales, un representante del colegio de abogados, uno por las cámaras empresariales, uno por los colegios profesionales y otro por el sector agropecuario, sin determinar cual entidad gremial será la elegida para la función.El nuevo sistema comenzó a implementarse en el conurbano bonaerense y en la práctica establece un nuevo recorte a la capacidad operativa de la policía cuya actividad será supervisada por grupos de personas que sin responsabilidad legal alguna podrá montar un foco de presión y poder político local. También puede suceder lo contrario, pues si se diera el caso de que el grupo así formado chocara políticamente con el poder dominante lo más probable es que concluya en una vía muerta sin instancias para hacerse oír o canalizar las inquietudes que reciba.Durante las primeras reuniones efectuadas se pudo establecer que, efectivamente, en muchos lugares se reúnen abrumados por el problema de la seguridad pero hasta ahora los que lo hacen son aquellos que de una un otra manera fueron víctimas del delito común Los Foros Municipales tienen la obligación de deliberar cada dos meses como mínimo y hasta el momento se desconoce cuales serán las primeras conclusiones que podrán obtenerse del complejo funcionamiento de esta quinta rueda del carro que no contempla una cuestión básica como es el correcto funcionamiento de la capacidad policial. 45

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Sin embargo ante las primeras quejas y fundadas muestras de escepticismo la cartera a cargo del Dr. Arslanian puso en marcha una serie de contactos con cámaras de comercio, sociedades rurales y otras instituciones a los efectos de interesarlas en participar en el proceso de contralor. Durante las conversaciones informales se les dijo que el propósito de esta ley era el de montar un sistema al que existe en algunos estados norteamericanos donde el "sheriff" es elegido por el voto popular. Sin embargo algunos bien informados dicen que tampoco este sistema, tan ajeno a nuestras tradiciones, produce buenos resultados en los Estados Unidos donde la logística y los sueldos son muy superiores a los nuestro país. Otras complicaciones adicionales giran en torno a cómo se manejan entre nosotros los vínculos entre las comisarías y las sociedades locales, proceso que responde a valores y principios que la nueva ley no toma en cuenta.En síntesis, la quinta rueda del carro promete una ampliación de la inseguridad pero sobre todo de la burocracia que todo lo impide.-

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"OTROSÍ" NRO. 12 Junio de 1999

"COLOMBIA NOS DA LA RAZÓN"
A fines de junio se está librando la gran batalla de la que se dice depende el resultado final de la larga guerra subversiva en Colombia. Por lo visto las FARC han adquirido la dimensión de una fuerza regular y ocupan establemente casi la mitad del territorio; son las condiciones que posibilitaron el triunfo, por ejemplo, de Mao en China hace medio siglo. Lo que queremos rescatar es lo ya señalado en nuestro Nro. 9 referente al grueso error del gobierno de ese país de entrar en negociaciones con los subversivos, dándole un trato igualitario como si se tratase de un "enemigo legítimo"; el precio se está pagando ahora porque con la subversión no se pacta puesto que ella está para combatir por el poder total y no lo acepta compartido ni fragmentado. Es ingenuo procurar instalarla en el ordenamiento que ataca; sólo cuando es derrotada militarmente busca reivindicarse (haciendo olvidar su pasado sin olvidarla ella misma) mediante su incorporación a ese sistema al que seguirá corroyendo desde adentro. El hecho es que hoy nada impide manejar la hipótesis de una intervención armada norteamericana antes de diciembre; los terroristas, aliados con los narcotraficantes -las dos maldiciones de fines de siglo- constituyen un problema que, al parecer, no puede resolver un gobierno solo sin ayuda exterior. Finalizada la Guerra Fría esta violencia residual no puede subsistir sin el apoyo de las mafias delictivas lo que descubre -por si hiciera falta- la naturaleza perversa, la inescrupulosidad de medios y los fines nihilistas de las organizaciones revolucionarias. Pero habrá que estar atentos a la posibilidad que la izquierda continental se alce con la bandera de la soberanía -con un eventual reverdecimiento de su lucha bajo otro justificativo-, ella que hace gala de su internacionalismo. Todo esto termina de demostrar que las bandas revolucionarias, aun siendo derrotadas, no hacen sino crear caos y problemas insolubles.Un dato que no por imprevisto deja de ser significativo es la visita del presidente de la bolsa de Nueva York al campamento central de los terroristas colombianos, de modo que el representante natural del dinero internacional y casi su símbolo fue por un tiempo huésped del asesino que sugestivamente se hace llamar "tiro fijo". ¿Cómo interpretar esta actitud? De varias maneras y la primera puede ser la que los grandes financistas siempre están dispuestos a negociar todo con cualquiera, lo que nos hace recordar aquella astuta observación de Lenin: "cuando salgamos a colgar capitalistas se pelearan entre ellos para vendernos la soga". Es que el puro "homo economicus" carece y rechaza toda referencia que no sea mensurable y, especialmente, redituable. De ahí el peligro de colocar a un especialista en la materia al frente de la conducción política, pero este es otro tema.Tampoco deja de ser alentador el rechazo que el pueblo de Colombia manifiesta, según encuestas recientes, a las tratativas entre el gobierno y los terroristas. Es que, repetimos, no tiene sentido ni es moral conciliar con el agresor que no se limitará a dejar 47

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las armas (nunca lo hará y menos si llega al gobierno), sino que reclamará y con una cierta lógica una participación en el poder.En la Argentina este proceso no fue necesario; bastó que la izquierda desde la democracia apenas instaurada les abriera a los guerrilleros los entresijos del sistema, para que ellos - derrotados pero no arrepentidos - ocuparan puestos de primera y segunda línea en el Estado que combatieron. Tampoco (como el financista de Nueva York) les importó el signo ideológico ni la orientación socioeconómica a la que se adscribían y a la que servirían. Esta confluencia no fue casual ni forzada; por el contrario hay allí un encuentro de profunda coincidencia, algo natural y hasta espontaneo que puede repugnar al buen sentido pero que, sin embargo, se ajusta a los vientos de la historia y de esta cultura finisecular.-

"EL ALEJAMIENTO DEL DR. ALFONSIN"
El gravísimo estado de salud por el que atraviesa Raúl Alfonsín activó un profundo proceso de disidencias en el seno de la Alianza. Hasta ahora permanecía relativamente larvado y era el ex presidente de la república el único que estaba en condiciones de mantener unidas a las partes. Por su condición de ideólogo fundador de este agrupamiento Alfonsín ejercía una suerte de autoridad que también alcanzaba para frenar los ímpetus del avanzado izquierdismo que cultivan los dirigentes del FREPASO cuyas ataduras ideológicas los lleva a cometer grandes errores tácticos, como lo fue, por ejemplo, el controvertido Código de Convivencia de la Capital Federal.Gracias a la influencia de Alfonsín, la Internacional Socialista decidió realizar una de sus dos reuniones anuales en Buenos Aires, pero la inauguración de las deliberaciones que se orientaron francamente a respaldar a la Alianza se complicaron seriamente por la ausencia del dirigente radical que debía actuar como anfitrión.A raíz del accidente y habida cuenta de los compromisos contraidos esa última responsabilidad recayó en Fernando de la Rua. El caso es que el candidato presidencial nunca estuvo totalmente de acuerdo con que la UCR pasara a formar parte de la IS, lo que hacía presagiar que su participación en las reuniones se limitarían a obligadas concesiones políticas. Sin embargo, las circunstancias determinaron que De la Rua actuara como dueño de casa, lo cual produjo en el candidato una sensible molestia que apenas supo disimular. En un principio tampoco quiso pronunciar ningún discurso y sólo las recomendaciones de sus allegados pudieron modificar su decisión. En su momento De la Rua tampoco hizo nada para impedir el giro de su partido al socialismo pero así son las cosas y lo interesante es la existencia de este proceso que, aunque larvado, por razones evidentes que incluyen la evolución del estado de salud de Alfonsín, presagian futuras desinteligencias de dudoso desenlace.Por ahora hasta aquí llegó el problema, que no es tan menor como algunos creen pues detrás de la IS y de los proyectos nacionales e internacionales lanzados por la socialdemocracia europea, se mueven cuantiosos intereses que buscan por todos los 48

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medios mantenerse en el poder y alcanzarlo donde todavía no lo hicieron a través de proyectos de izquierda que eluden sistemáticamente reformas profundas en las políticas económicas globalizadas. El contenido ideológico apunta principalmente a cuestiones morales, educativas, culturales y religiosas y a alterar desde un punto de vista muy particular las tradiciones, los usos y las costumbres sociales. Para llevar adelante el proyecto que cuenta con el respaldo de grandes recursos empresariales, una de las cuenta con el respaldo de grandes recursos empresariales, una de las estrategias principales consiste en alterar la interpretación y el conocimiento de la historia de cada uno de los países, un tema cuya profundidad nos obliga a tratarlo por separado.Respecto de la crisis que se vislumbra en el seno de la Alianza podemos señalar que hasta el día del accidente, Alfonsín era el encargado de buscar puntos de equilibrio en la difícil relación de los veteranos radicales con los impulsivos frepasistas, una función que hoy nadie puede cumplir. La ausencia del contemporizador Alfonsín, que siempre se mostró partidario de avanzar despacio pero seguro, sin generar irritaciones ni resistencias que dificulten el proyecto socializador, ya tuvo su primera exteriorización con lo ocurrido en las internas aliancistas del bonaerense partido de la Matanza. Allí la candidata más radicalizada, la docente Mary Sánchez ex dirigente de la CTERA, fue derrotada por la radical Lidia Pinky Satragno; para ello se debió recurrir a una ingeniería electoral que hasta ahora resultó eficiente, pero los frepasistas se quedaron con la sangre en el ojo y tratan de recomponer sus fuerzas para revertir las cosas y evitar iguales sucesos en el futuro. Idéntica situación se dio en Río Negro donde el FREPASO no figuró ni de lejos a la hora de los cómputos. Por otro lado, a pesar de los esfuerzos que ambos realizan, son conocidas las profundas diferencias que existen en la fórmula a la gobernación de Bs. Aires. Cada día que pasa son cada vez más hondas y el interrogante que muchos se formulan es qué sucedería si el binomio se llegara a imponer en la provincia. Como si esto fuera poco, mientras con ausencias importantes las dirigencias de la IS deliberan en nuestro país las noticias provenientes de Europa confirmaban que la tendencia de izquierda retrocedía en aquellos países donde todavía reina la socialdemocracia. En Buenos Aires ningún periodista interrogó sobre este asunto a ninguno de los visitantes ni tampoco sobre las disidencias que en Italia afronta Mássimo D'Alema quien, hoy por hoy, es el principal impulsor del proyecto socialdemócrata para la Argentina, uno de cuyos puntos es llevar a niveles internacionales que soportamos.Todo lo que comentamos forma parte de un estado de cosas plagado de honduras cuyo desarrollo integra una crisis más amplia y preocupante, pero este es otro tema.Carlos Manuel Acuña.

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"OTROSÍ" NRO.13 - Julio de 1999

"CONSIDERACIONES AL TROTE" Ahora en que la parte pensante del país va tomando conciencia que la situación de Colombia es límite y que es ya un polvorín que se transformará en un Vietnam meridional gigantesco, llama la atención -alarma y entristeceque los analistas locales omitan (o se cuiden) de vincular el incendio presente del país hermano con el incendio pasado del nuestro ni con sus rescoldos que no terminan de apagarse. Porque ante este panorama una pregunta es obvia: ¿la suerte de los acontecimientos colombianos no nos va a afectar de alguna manera?, obviedad que se completa con otro interrogante: ¿alguien ha pensado que estos mismos asesinos que ocupan militarmente más de la mitad del territorio, en estrecha sociedad con el narcotráfico, que se burlan y desairan al gobierno mientras se cobran una cantidad incalculable de muertos, heridos, secuestrados, vejados, desposeídos, es decir que ejercen una feroz e indiscriminada tiranía, son los mismos -salvo que más exitosos- que lo intentaron en la Argentina? Es más: ¿que sus personeros y sobrevivientes locales son, aunque lo disimulen, sus cómplices y sus pares? ¿Quien puede dudar que "los de acá" se propusieron hacer lo que están haciendo "los de allá"? Imaginemos a través de esta pesadilla colombiana lo que hubiera sido -y lo que podrá ser- la Argentina bajo el dominio de estos forjadores de la nueva sociedad. Sus adalides (las Bonafini, los Shocklender, los Alvarez, las Fernández, etc.), hombres y mujeres progresistas preocupados por ahora por sus respectivos cursus honorum, pretenden que no se percataron de las similitudes y los paralelos. Pero los demás no podemos permitirnos caer en esas ingenuidades y errores. "Ellos" -los de ayer, los de anteayer y los de siempre- siguen estando entre nosotros, apoyando activamente o disimulando aviesamente, justificando o callando, con las armas o con el discurso y el metadiscurso; buscando o inventando víctimas de la represión y exaltando a los asesinos de la subversión.Existen personas que de puro cínicas se han vuelto sinceras y transparentes. Es el caso de Joaquín Villalobos, según parece el mejor estratega e ideólogo de la guerrilla salvadoreña, según nos anoticia La Nación del 25 de julio. Este hombre de 48 años dedicó lo mejor de los mismos a matar u ordenar matar a
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más de 10.000 congéneres con motivaciones tan difusas que nadie -y menos él- se dedicó a explicitar. Es que la revolución, a medida que se la practica, transmite una cierta buena conciencia y también inocula una especie de indiferencia ante la muerte (preferiblemente ajena) y un gusto de matar por matar. Cuando el terrorista vuelve a la burguesía de la que salió lo hace, entonces, con el alma en paz. No importa el desaguisado que haya dejado atrás ni los infiernos que haya encendido. Está preparado para evitar esos incómodos escollos que a la buena gente todavía preocupa y no se sienten tentados de preguntarse porqué y para qué fue todo eso. De cualquier manera la burguesía moderna es tan amplia y comprensiva que recibirá al terrorista sin preguntarle nada ni siquiera si está arrepentido; en todo caso ambos podrían interrogarse ¿arrepentido de qué?. En definitiva no se trató más que de un error al que, por otra parte, no hay por qué reparar. Sin embargo, el terrorista-no-arrepentido tiene todavía una oportunidad para demostrar sus buenos sentimientos. Villalobo ofrece su experiencia de asesino como aval de negociador racional. Cuenta para ello con la estructura de una universidad como Oxford en cuyas regaladas campiñas retoza y se educa, lejos de su mestizo país al que él contribuyó como nadie a convertir en un maloliente campo de batalla. Sin duda tiene más suerte que otro latinoamericano que por mucho menos parece condenado -juguete de sus malandanzas y víctima de sus aciertos- a terminar sus días cerca de allí. A Augusto Pinochet -fiel soldado que fue de su Graciosa Majestad- nadie le pagará una beca ni lo reconfortará para reacomodar su pasado. Fue condenado por Garzón que se olvidó de Villalobo."SOBRE LA GUERRA REVOLUCIONARIA" Importa volver sobre el concepto de Guerra Revolucionaria porque la incomprensión o desvirtuación del fenómeno - confusión claramente buscada por los ideólogos presentes del terrorismo pasado - lleva al actual trastrueque de valores y, simplemente, de los hechos. Hoy todo se olvida en beneficio de los terroristas de ayer. Hay que empezar por su ubicación histórica lo que hará conocerla mejor.Tienen razón los especialistas como Claude Delmas que advierten que luego de establecerse en 1949 el equilibrio nuclear entre las dos grandes potencias protagonistas de la Guerra Fría, sólo quedaba (si se deseaba evitar el holocausto final del género humano) la diversificación y proliferación de
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guerras parciales, convencionales y gobernables; en el transcurso de estos conflictos localizados se irían delineando el resultado final del de fondo. Esto quiere decir que se habrían de hallar una metodología y una estrategia que eludieran el enfrentamiento central, total, único y terminal por lo que los inevitables litigios que estallaran en cualquier parte del mundo y que no pudieran resolverse por la vía diplomática o política, deberían ser resueltos en niveles "más bajos", menos espectaculares pero más eficientes y, sobre todo, más profundos, más "encarnados" en la sociedad utilizada; nació así la subversión bajo diversas excusas ideológicas.Por eso es que tanto los EE. UU. como la URSS se lanzaron apenas acabada la 2a. Gran Guerra a provocar y a sostener campañas de violencia de todo tipo (continuada o no) en la periferia sometida a la influencia del adversario. América Latina era la zona propicia para que el Kremlin desencadenara una guerra de este tipo. Fue la Guerra Revolucionaria que llegara a la Argentina bien a fines de los 50 (coincidiendo con la toma de Cuba por Castro), prolongada en los 60' hasta fines de la década siguiente, con algunos ramalazos en la de los 80'. Lo que quiere decir que la ahora olvidada violencia de esos años no fue una reacción espontanea de un grupo de muchachos idealistas dispuestos a morir y matar por la implantación de un orden justo sustituyendo a un odiado aunque nunca bien definido sistema burgués-capitalista. El proceso no fue tan emotivo ni tan límpido como hoy se nos lo dibuja. No hubo espontaneidad ni desinterés ni vocación por un cambio honesto de cosas. Por el contrario, todo fue planificado y sometido a una doble disciplina tan estricta y cruel una como la otra: la militar y la ideológica.Los intentos se basaron en un principio descubierto por el líder vietnamita Ho Chin Ming y posiblemente inspirado por esa mezcla de Lenin y Trotski asiático que fue Mao. Ese principio resultó cierto y su aplicación eficaz: consistía en volver la guerra - que en virtud de la formidable tecnología militar que se iba desarrollando a pasos agigantados al punto que ya se podía hablar con la incorporación de los artefactos atómicos de un cambio cualitativo más que cuantitativo - más "humana" en el sentido que el conflicto en sí y el uso de las armas retomasen una dimensión menos "cósmica", más individual, más tradicional y reconocible y en la que el hombre -soldado ocupase el lugar de combate que esa nueva tecnología concedía al ingeniero: es en función de este cambio - que efectivamente se llevó a cabo en las sucesivas guerras revolucionarias que tuvieron lugar en el marco de la Guerra Fría- que fue posible lo impensable poco antes: la igualación de las grandes potencias con los pueblos pequeños y pre-industriales.
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Neutralizada de esta manera la inconmensurable superioridad tecnológica de Estados Unidos frente a un país agrícola - que, obvia y evidentemente, contó con el apoyo logístico y militar de China - la distancia de ambos contendientes quedó reducida al mínimo; en realidad la naturaleza de la nueva guerra dejó frente a frente a dos rivales casi en igualdad de condiciones: por un lado un gigante semiparalizado cuyos soldados carecían de motivaciones, por el otro una sociedad íntegra (hay que recalcar este aspecto) preparada y dispuesta en su totalidad, al estilo espartano, para la guerra. Vietnam consiguió su doble propósito de términos coincidentes: había restablecido las dimensiones del conflicto (que en otras condiciones era imposible) y al mismo tiempo dado un paso adelante al sustituir al soldado-profesional por el soldado-militante. Esta es la gran transformación estratégica, táctica, política, psicológica y cultural que se introduce en el mundo moderno vía la Guerra Revolucionaria. Que habría de alcanzar patentes y patéticos efectos entre nosotros. Pero el país dispuso, a Dios gracias, de ese combatiente que reclamaba la nueva guerra: el militar convencido hasta la muerte y el heroísmo de la justicia de su causa, la represión.-

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"OTROSÍ" NRO.14 - septiembre de 1999 COMO SE GESTA UNA REVOLUCIÓN
La violencia subversiva de otra época - al fin y al cabo no muy distante como se nos quiere hacer creer - nació y se alimentó de un clima cultural especial que vemos reaparecer, bien que bajo otras modalidades, en nuestros días. Porque en definitiva esta violencia como aquella tiene su causa mediata e inmediata y obtiene las mejores condiciones para su justificación y desenvolvimiento en una cultura de izquierda. Y todos sabemos a que nos referimos.En principio y para ser suficiente y debidamente claros, la izquierda - que, aunque no atinemos a definirla, somos capaces de reconocerla en medio del fárrago de acontecimientos, informaciones y discursos con que se nos atosiga - está en el fondo de toda Guerra Revolucionaria; ésta no existiría ni se daría ni se explicaría sin aquella; de hecho y de derecho la izquierda de cualquier índole (porque hay varias) potencialmente tiene en su interior la posibilidad y la vocación revolucionaria por lo menos desde 1789; esto es la capacidad y la inclinación a llevar a cabo la subversión, subversión no solo institucional sino de valores, creencias y lealtades. La distinción está en los métodos que se está dispuesto a aplicar y, especialmente, en la conciencia que se tenga de la empresa de destrucción y de sustitución que cualquier programa de izquierda pretenda realizar. ¨Alguien se detuvo a pensar, por ejemplo, de que modo y en que medida contribuyeron los simpáticos socialistas de 50 años atrás - con su divorcismo, su laicismo, su inquina religiosa, sus parodias antiburguesas, su internacionalismo, su malentendida libertad - a conformar la inteligencia de los muchachos de los 60 y los 70 que simplemente recurrieron a las armas para llevar a sus últimas consecuencias una prédica que los empapaba desde su primera juventud? ¨Y la influencia de los curas tercermundistas, nunca debidamente condenados (salvo excepciones) por la Jerarquía eclesial sobre los jóvenes que concurrían a sus parroquias y colegios? ¨Y las infiltraciones ideológicas que se produjeron y toleraron en los partidos tradicionales?.Los ejemplos son muchos y los conocemos. La conclusión es que la izquierda, aun en su presentación más inocente, arrastra un revolucionarismo que en algún momento estalla para sorpresa de todos, incluso de sus responsables. Detrás de este socialismo tranquilo y tranquilizador -que supo ser instrumento de Roca y de otras variantes del sistema imperante- llegarían primero las violentas estrategias leninistas entrelazadas con las trotzkistas; luego se importarían las de Gramsci, en un primer momento para uso de intelectuales y después de los "jóvenes idealistas" - los terroristas - provenientes algunos de un reformismo cada vez más radicalizado y de tantos comunicadores hoy en plena actividad. Lo descripto no es una parábola exagerada y quien eche una honesta mirada atrás lo comprobará .Lo que importa es que lo mismo está volviendo a suceder ahora. 54

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La libertad convertida en libertinaje que todo lo permite y justifica, el principio de autoridad desfigurado bajo la forma de autoritarismo, el de igualdad degenerado en equiparación y destrucción de valores y méritos, la prohibición de seleccionar, considerada sin más como discriminación ilícita, el empeño de ver en cada alumno un perseguido, en cada delincuente una víctima, en cada desaparecido un héroe ... Tantas alteraciones del orden natural, tantos desconocimientos del simple sentido común, tantas deformaciones y exageraciones, todo esto y una bien orquestada campaña que repiquetea de continuo y unilateralmente, crea una especie de dogmática social que a la vez que traba el libre accionar y reaccionar de cada uno, crea un "clima" transgresor, de rechazo y de desconfianza hacia quien ejerce algún tipo de poder, institucional o no. Se fomenta una suerte de nihilismo que vacía a la sociedad y la desarticula confundiendo también a los individuos que empiezan a sentirse perseguidos, engañados o defraudados por sus dirigentes. Esto -es de toda evidencia- suele quedar justificado por la realidad pero, y aquí reside el gran peligro de mañana, una sociedad enfrentada por principio y hábito, casi como un reflejo mecánico, con sus autoridades y agobiada por una vaga pero constante sensación de desamparo y a la que se le cierra toda perspectiva fuera de la propuesta por la izquierda, se convertirá en el transcurso de una generación o menos en un hato de resentidos ansiosos por cambiar la situación; todos, de una u otra manera, nos vemos o nos consideramos víctimas de un sistema al que todos desearían destrozar y sustituir cuanto antes y de cualquier modo por confuso que sea el porvenir que se nos insinúa. La Revolución volverá pero esta vez nacida de las entrañas de la propia sociedad y por supuesto con la vanguardia a cargo de las elites violentas de antaño con otros nombres.-

BREVE VISIÓN FUTURISTA
Carlos Manuel Acuña La mayoría de los analistas y observadores coinciden en que el futuro proceso político e institucional del país alcanzará niveles de una complejidad insospechable, acompañada de una sucesión de crisis que no se detendrá por la alternativa eleccionaria. A la inversa, lo más probable es que se acentúen los problemas y que se revivan épocas pasadas de violencia y subversión.A pesar de la falta de sentido histórico de esto último lo cierto es que a partir de la grave situación colombiana -y del futuro enfrentamiento de este país con Venezuelacomenzaron a producirse fuertes indicios de una actividad narcoguerrillera que desde hace un tiempo está operando en el país con el evidente propósito de adquirir presencia y repercusión política.Lo curioso es que las autoridades poco y nada hicieron para detener esta actividad creciente que hace pocos días fue denunciada a lo largo de varias conferencias dadas por el ex comandante en jefe del ejército de Colombia y ex ministro de Defensa Gral. (R) Harold Bedoya quien, entre otras cosas, denunció que las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cuentan entre sus asesores con argentinos bien remunerados.

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Bedoya no dijo cuantos eran si eran ni dio sus nombres pero que lo dijo lo dijo y a nadie le pidió aclaraciones. Por lo contrario, se intentó minimizar sus expresiones y sus críticas al gobierno colombiano, especialmente en lo que se refiere a la entrega del territorio a las FARC y a la incapacidad militar para enfrentar a la banda por carencia de recursos.Mientras en algunos foros se discute sobre si lo que ocurre justifica las alarmas, en voz baja la opinión pública argentina viene a enterarse que por lo menos desde 1995 las FARC cuentan en nuestro país con una importante logística y estructura de propaganda y que posee voceros que mantienen reuniones con sindicalistas, estudiantes y políticos para establecer vínculos y explicar "la lucha de liberación en que están empeñadas".El propio ministro del Corach reconoció públicamente la existencia de estos contactos y ahora se sabe que durante los últimos días de agosto grupos de guerrilleros -se dice que algunos encapuchados- habrían dictado "clases" en las facultades de la UBA, especialmente en las de Filosofía y Letras, de Ciencias Sociales y de Derecho (se descuenta que sin autorización). Las clases se intensificaron proporcionalmente a la aparición de pintadas en las paredes del centro de Buenos Aires donde pueden leerse frases prolijamente escritas que firman las FARC-EP que aseguran que están "Abriendo camino hacia una nueva Colombia"(por ej. en la calle Tucumán entre Cerrito y Libertad hay dos carteles que con idéntica firma expresan su oposición a la "intervención imperialista" y afirman que "en Colombia resiste América Latina").Pero las informaciones superan las simples pintadas. En agosto de 1995 se denunció sin éxito alguno que entre el 18 y el 20 de ese mes la revista América Libre, órgano oficial del Foro de San Pablo del que participan varios argentinos, había organizado aquí un seminario titulado "Perspectivas de Liberación en América Latina" entre cuyos oradores estuvieron dos conspicuos miembros de las FARC Albano Urbano y Javier Calderón - quienes invocaron la representación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. El tema de su conferencia fue elocuente, "Los problemas de hoy son aun más graves que los de ayer". Las FARC-ERP sembrando sueños y esperanzas a golpe de fusil". Hace dos meses el mismo J. Calderón mantuvo reuniones "informativas" con alumnos de la Universidad Nac. del Comahue en la ciudad de Gral. Roca cuyo contenido fue resumido por la revista neuquina "Trastienda". Lo que no consigna la publicación fue que Calderón mantuvo otros contactos con figuras de la izquierda argentina como fue el vínculo a través del cual Alfonsín exploró las posibilidades de "pacificación" en Colombia lo que forma parte de la propuesta política de la organización Dialogo Interamericano que recomienda entenderse con los insurgentes. En mayo del año pasado el diario "La Mañana de Córdoba" informó que se había creado una nueva organización extremista llamada Movimiento Nacional Revolucionario de los Trabajadores (M-29) cuyo jefe es un tal Rodolfo Cejas alias Comandante Juan quien aseguró que está estrechamente 56

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vinculado con las FARC y con el Ejército Zapatista de Liberación. El 14 de mayo ppdo. habría llegado un colombiano cuya misión era la de exponer ante los políticos de nuestro país su visión de los sucesos; su nombre es Pablo Reyes que realizo varias exposiciones Con quienes habló? y que‚ les dijo? Por ahora silencio pero en cambio no hubo secreto alguno respecto a la disertación que Calderón dio el 25 de agosto en el Café Literario Osvaldo Bayer ubicado en H. Irigoyen 1440 de Capital, cobijado en la librería de las Madres de Plaza de Mayo. Allí habló de liberación y resucitó el esquema ideológico que propiciaron las guerrillas argentinas durante los años 70.Las conclusiones que pueden sacarse de esta sucesión de hechos objetivos son interesantes y muchas, pero la primera y más destacada es que los sectores que en el pasado fueron el origen de la violencia extrema hoy pueden perseverar en sus posiciones sin restricción alguna. Fenómeno comprensible pues antes que nada y a cualquier costo están los "derechos humanos" a pesar de los muertos, los heridos y los huérfanos que con otros nombres podrían repetirse. Caben también varias reflexiones sobre la ausencia de sentido histórico y moral de lo que sucede pero en especial acerca de dos cosas: - El inmenso poder económico de la droga para organizar todo aquello que le convenga - Que un puñado de personas, favorecido por los problemas económicos, siempre puede montar un nuevo esquema de violencia impulsado por el odio y el resentimiento. Sólo queda por dilucidar cuales serán las consecuencias políticas de lo que hagan.-

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"OTROSÍ" Nro. 15 – septiembre de 1999

"Fallo sobre extradición del general Pinochet"
.....cualquier juez de cualquier país podrá ahora iniciar juicio contra el ex presidente Bush por Panamá, al difunto Deng por su corto genocidio de Pekín o al gobierno británico por la represión en la Malasia colonial..... por citar algunos de decenas de casos similares?"
Ya en proceso de composición el presente número se produjo el fallo del juez británico Ronald Bartie disponiendo la extradición del general A. Pinochet a España a satisfacción de su par Garzón. El hecho es tan inédito como peligroso y convendrá considerarlo con alguna detención en su momento; ahora -por falta de espacio y de tiempo- no podemos hacerlo pero deseamos señalar algunas consideraciones que parecen pertinentes y urgentes. La primera es que nadie discute ni siquiera disimula -empezando por el propio inglés que en su sentencia dejó fuera precisamente los temas más trascendentales como el de la competencia de Garzón y su capacidad para oficiar de vengador ecuménico por encima de la nacionalidad de las presuntas víctimas y del lugar donde se habrían cometido- el fondo político e ideológico. Tan es así que casi en ninguna parte se escucharon argumentaciones jurídicas ni legales; los mismos fundamentos de la sentencia son consideraciones sentimentales, eventualmente éticas y básicamente políticas. Sorprendentemente alega su ignorancia del derecho español y se pregunta con tonta honestidad: "¿puedo yo, un magistrado sin conocimiento particular y francamente ni siquiera general, decir lo contrario (a lo que había dispuesto la Corte Española)?". Y concluye:"Creo que no". Tal afirmación avergonzaría a cualquier juez de cualquier parte del mundo porque si en ningún lugar se admite al ciudadano común la ignorancia del derecho ¿cómo puede invocar esa ignorancia un magistrado llamado a pronunciarse en uno de los casos judiciales más resonantes del siglo? ¡Vaya la seriedad anglosajona!. Tampoco cabe dudar que los jueces de uno y otro lado actuaron bajo influencias extrajurídicas, uno por ideología y otro por la presión de los medios. Finalmente asombra tanto como alarma la indiferencia de los intervinientes (incluso el gobierno chileno) y los observadores ante la realidad más terrorífica que se ha registrado desde la 2a. Guerra: la globalización de la justicia que es un comienzo de disolución de las naciones. Porque la pretensión de Garzón puede aparecer (de hecho ya ocurrió) en cualquier juez de cualquier país, tentación de vedetismo que hace estragos donde se presente.

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Y a propósito ¿quien y dónde está preparando el juicio contra el ex presidente Bush por sus andanzas en Panamá o del difunto Deng por su corto genocidio de Pekín? por Víctor Eduardo Ordoñez

CALDERON SE SIENTE SEGURO
por Carlos Manuel Acuña Desde el mismo día que anticipamos en estas columnas la actividad del narcotráfico subversivo de Colombia, la opinión pública comenzó a conocer la existencia de un problema que despierta ecos del pasado y contribuye a activar la memoria acerca de lo que sucedió durantes los 60’ y 70’. Para los más jóves el fenómeno de la subversión consiste en vagas ideas de violencia cuyos orígenes y razón de ser permanecen en una nebulosa disfrazada de aspiraciones "por un mundo mejor" que fueron reprimidas a sangre y fuego. Para los más maduros el recuerdo de esas épocas de pesadilla viene acompañado de la realidad estratégica dictada por la Guerra Fría de un mundo bipolar, donde las dos grandes potencias que lo representaban se enfrentaban a través de los llamados países periféricos. Latinoamérica, ubicada en esa segunda categoría, fue entonces el terreno donde el marxismo desató un enfrentamiento cuyas consecuencias todavía perduran.Si miramos brevemente hacia atrás en esa apretada definición encontramos la razón de ser del trágico conflicto: países como el nuestro que se resistían a la dictadura del proletariado y bandas armadas que querían aplicarla en una actitud de dependencia soviética a través de Cuba. La guerra apuntaba a incendiar Latinoamérica, distraer esfuerzos materiales y políticos para apagarlo y con ello crear las posibilidades de una victoria a mediano plazo y la consiguiente alteración del equilibrio estratégico del mundo. Se ganara o se perdiera, lo que realmente importaba era el desarrollo del combate.Hoy estas razones han desaparecido y en consecuencia la persistencia guerrillera colombiana y los esfuerzos para extenderla por encima de las fronteras, el curioso reflotamiento registrado en el Perú y la proliferación de la campaña por tergiversar la íntima realidad que se vivió años atrás, plantean un interrogante multifacético cuya primera parte obliga a preguntarse quien y qué intereses manejan estos hilos. Por un lado, parecería que el fantasma de la guerra contra la subversión sirve para atacar a aquellos que por diversos motivos se desea destruir; por el otro surge algo así como un remozamiento ideológico sin mandantes reconocidos, excepto ciertos vasos comunicantes con los grandes intereses europeos de la socialdemocracia que pugnan por imponerse más allá de sus propias geografías continentales. En el medio se ubica otro conflicto que crecerá con el nuevo milenio y que carcome a Occidente: la droga.59

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Su consecuencia, el narcotráfico, la narcoguerrilla y la narcoviolencia desatada. Con patrones verdaderos que permanecen anónimos, con capataces que manejan las apariencias, figuran como dirigentes y se autodenominan con nombres pintorescos como "Tiro Fijo" o "El Mono Jojoy", el fenómeno aparece como imbatible y así quieren demostrarlo para que, convencidas, las dirigencias públicas y privadas se sometan en todos los sentidos, es decir, los comerciales que hacen al funcionamiento de sus mercados, los financieros que los impulsan junto con el vicio y los políticos para que sean tolerados.Este esquema, sinóptico por ahora, es el que nos rige. Sin embargo ofrece aristas interesantes como, por ejemplo, el empeño guerrillero por negar su gran negocio asociado con los estupefacientes. Esto obedece a la necesidad táctica de quitar argumentos para quienes deben combatirla mora, política y militarmente. Por un lado porque la droga genera resistencias sin mayores explicaciones: hay que rechazarla y eso debe hacerse de manera taxativa, contundente. Por el otro, porque al negar el vínculo con el fomento del vicio, la guerrilla considera que adquiere una mayor capacidad y mejores posibilidades políticas. Tan intensa ha sido la campaña para defender a los subversivos del pasado que los jefes del presente están seguros de que ahora sí tienen abierto el camino para el éxito que antes no alcanzaron.Meditemos unos instantes sobre esto y mientras sacamos las conclusiones avancemos sobre lo que sucede. El ciudadano colombiano Luis Calderón a quien denunciamos en estas páginas, continua con sus gira respaldado por las ya gastadas "Madres de Plaza de Mayo" tal como lo dijimos días atrás. Sin sorpresa para nadie se entrevisto con Raúl Alfonsín quien aceptó el papel de una posible mediación en la guerra de Colombia, tal como lo aconseja Diálogo Interamericano al que nos referimos oportunamente. Alfonsín no rechazó a la guerrilla, sino que, a la inversa, piensa que le puede resultar útil políticamente. Todo una definición, pero lo más importante es entender ahora por qué Calderón puede pasearse tranquilamente sin que nadie lo ponga en su lugar. El caso es que el gobierno de Pastrana no desea que se lo extradite pues puede incidir negativamente en su política de pacificación y de entrega de territorio a las FARC. Es curioso pero en esto reside la segura parsimonia con que se mueve el guerrillero. ¿Para qué molestarlo si en su patria lo respetan?. ¿Para qué hacer papelones que solo servirían para activar a los grupos residuales de los subversivos argentinos a los que se defiende? Hace un tiempo en Bolivia sucedió algo parecido. Al igual que Calderón, allí actuaban el año pasado un representante de las FARC el "comandante Calarcá", que había adoptado ese seudónimo de la mitología indígena y promovía a la realización en funciones de embajador. Tomaba contacto con políticos, sindicalistas y estudiantes hasta que, alertadas, las autoridades bolivianas resolvieron actuar previa consulta con Bogotá. La respuesta fue desconcertante: allí no lo querían. Respaldado por al actividad norteamericana "Human Righs Wacht" y por elementos de Diálogo Interamericano, el comandante guerrillero, ya más tranquilo, continuó con su tarea de crear nuevos odios. 60

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Entre nosotros, además del ya famoso Calderón, que por el momento decidió tomarse unas cortas vacaciones habida cuenta de la resistencia que despertó, otro personaje inició su propio cilo de conferencias con tónica parecida. Se trata del escritor marxista norteamericano James Petras, quien el mes pasado disertó para defender la trayectoria y futuro de "Los Sin Tierra" brasileños, pero sobre todo para respaldar a la caída izquierda argentina, hoy en ebullición, con el fin de que vuelva a los principios y valores de su lucha de los años 60’ y 70’. Con voces de aliento, Petras invocó a la templanza de quienes podrían repetir la historia señalándoles que " no hay que desmoralizarse si los medios (periodísticos) no nos respaldan". Sin duda el comunista norteamericano es un lector superficial de la prensa argentina, lo que constituye una clásica actitud de desinformación, pero, sobre todo, de desconocimiento de cuál es la estructura comunicacional de una ultra izquierda que no se resigna a la derrota sufrida y que considera que las condiciones de hoy son mejores que las que existieron durante la Guerra Revolucionaria.

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"OTROSÍ" Nro. 16 – noviembre de 1999

LA SUBVERSION Y LOS POLITICOS CORRECTOS La clase política - que siguiendo una ley interna que le es propia, se cierra cada más sobre sí - se abrió en una sola oportunidad, la de su encuentro con la Subversión. Desde los orígenes de ésta y aun antes, en su prehistoria, la dirigencia partidocrática (no se advierta en el término una expresión peyorativa sino una referencia técnica) hubo entre una y otra una suerte de "feeling", de comprensión mutua e implícita que se transformó en complacencia y, finalmente, en tolerancia. Los políticos no pudieron dejar de comprender que el fenómeno subversivo con sus declaraciones tremebundas, sus objetivos imprecisos, sus programas tan espectaculares como incoherentes y, en especial, con su metodología salvaje, constituía un peligro letal y larvado para el país y para el estamento mismo; su actitud parecía tener algo de complicidad, de resignación y de suicidio. Pero su demencia no llegó tan lejos como para acompañar a tan feroz amigo-enemigo a las últimas instancias; cuando fue abatido el ex ministro del Interior del Lanusse, Arturo Mor Roig cayeron en cuenta que la mano venía pesada y en serio, que no había pura estética sino odio revolucionario y que la cosa había comenzado a descontrolarse. Sin embargo, al poco tiempo, elegido Cámpora e impuesto un poder claramente izquierdista - todo el gabinete, parte de los legisladores y los gobernadores de las principales provincias- la partidocracia volvió a dar prueba de su estulticia y de su irresponsabilidad votando sucesivamente tres leyes de amnistía - casi por unanimidad incluyendo el voto del actual presidente electo, entonces diputado - que motorizaron, como era de prever, al terrorismo. Cientos de asesinos, activos o potenciales, salieron a la calle en medio de la salutación entusiasmada de sus correligionarios y de ... los dirigentes políticos que, en una medida todavía a determinar contribuyeron, con conciencia o sin ella, a hundir al país en el peor baño de sangre del siglo y, posiblemente, de su historia.Lo asombroso y llamativo (tal vez aquí resida la clave del último decenio político y cultural argentino) consistió en la impavidez en algunos casos y la satisfacción en otros con que los partidos recibieron a los nuevos protagonistas, que no dialogaban sino que mataban, ni transaban sino que exigían. Luego vino la intervención del ya presidente Gral. Perón que desarticuló parte de la organización (que pasó a la clandestinidad), la misma que en su momento apoyó y utilizó, actuación proseguida por su viuda que ordenó el "aniquilamiento" de la subversión. Finalmente - lo aceptemos o no - se inauguró el periodo antisubversivo militante, por así llamarlo; con sus errores y miserias, la represión se formalizó y su primer acierto - luego desvirtuado en parte por los excesos - fue el de percibir que toda la sociedad en sus ámbitos más increíbles, como una parte del clero, estaba infiltrada no sólo de terrorismo sino de una mentalidad terrorista, de una afinidad y empatía que le permitió a la subversión esconderse y disimularse en los pliegues más íntimos de la sociedad agredida. 62

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Allí hubo que llevar la lucha con los riesgos que tan delicada operación sobre un cuerpo enfermo y oscuro implicaba. Y allí se volvió a tropezar con la oposición más o menos franca de los partidos, ahora rearmados ideológicamente con las armas provenientes del arsenal de los "derechos humanos". Restablecida la democracia nadie tuvo opción y cada uno hubo de hacerse cargo de su discurso: no sólo condenar a los represores sino favorecer y exaltar a los perseguidos-terroristas. Que es lo que se hizo. El alfonsinismo fue un claro muestrario de cómo ocurrió eso, ya que no se trató sólo de abrirles espacios de poder sino de proporcionarles ocasiones para ejercer su venganza (por ellos denominada justicia). Pero esto tenía, si se quiere, una explicación: el movimiento alfonsinista, desde sus orígenes en sus enfrentamientos con Balbín y con el radicalismo tradicional, había adoptado un confuso pero innegable signo de izquierda por lo que no fue de asombrar (aunque sí de alarmar) que se llenasen de zurdos los niveles de decisión y los de influencia. Pero lo que sí admiró fue la infiltración abierta de parte de los fugitivos en el gobierno de Menem. Son más de 500, según nos informa la insospechable Viviana Gorbbato, autora de una investigación acerca de "Montoneros, soldados de Menem". Y esto es contradictorio y, más aun, significativo. Pero sobre esto volveremos en el próximo número.***************************************** LA IZQUIERDA PROFUNDIZARA SU ESTRATEGIA Por Carlos Manuel Acuña Dentro de un marco de constructiva esperanza signado por factores personales y la estruendosa derrota de Graciela Fernández Meijide en la provincia de Buenos Aires, el flamante presidente de la república apenas resultó electo comenzó a soportar un intenso tironeo provocado por las internas de su propio partido pero, sobre todo, de las que luchan y se revuelven dentro de la Alianza que le dio el triunfo. La primera reacción de Fernando De la Rua fue imponer un estilo de comprensible precaución y alejamiento de las tensiones cada vez más fuertes y optó por un precavido silencio respecto de quienes serían designados en los cargos ejecutivos del próximo gobierno. Ni bien se vislumbró la fortaleza de este estilo los aspirantes se volvieron sobre sí mismos, recrearon una y otra vez alianzas y contraalianzas en busca de un poder que se les mostraba incierto y tras un breve respiro a la espera de señales indicadoras de cómo se resolvería el reparto de funciones, volvieron a la carga con exigencias de todo tipo. El verborrágico Carlos "Chacho" Alvarez pareció disminuir sus apetencias protagónicas, aunque insistió en que se le diera a Graciela Fernandez Meijide un estímulo suculento por su derrota en las urnas. A la inversa de lo que generalmente sucede con todos los perdedores, en este caso, la izquierda quiere premiarlos, convertirlos en banderas renovadas y sobre todo, útiles para atacar a las mayorías cuando estas le resulten adversas. Consecuente con esta forma de pensar, el frepasismo y la izquierda radical no disminuyen los ataques a la designación del Teniente Coronel (R) Aldo Rico en la 63

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estratégica secretaría de Gobierno con la misión de solucionar la dramática situación de inseguridad que crece en la provincia de Buenos Aires. A pesar del éxito electoral que lo premió con más del setenta por ciento de los votos para su reelección como intendente del populoso distrito de San Miguel, esa oposición tiene y tendrá un profundo signo ideológico, pero también otras motivaciones tácticas de importancia: si Rico tiene éxito en su gestión, la delincuencia se replegará y buscará otro ámbito geográfico para desarrollarse y en este caso, lo más probable es que se vuelque sobre la Capital Federal. Esto generaría un doble problema en el distrito dominado por la Alianza, donde el FREPASO insistirá de alguna manera con el fracasado Código de Convivencia pero también en controlar la Superintendencia de Seguridad Metropolitana. Si así se concreta, se dará el caso de una Policía Federal con dos jefaturas superpuestas en la ciudad más importantes del país, con el agregado de que la izquierda aliancista insistirá, siempre por razones ideológicas, en mantener una política garantista, la misma que promovió Alfonsín durante su presidencia. En consecuencia, cabe esperar que los porteños sufran una insospechable ola delictiva con gravísimas trabas administrativas y de competencia que comenzarán a manifestarse de inmediato, previo a las elecciones metropolitanas. Para colmo, hasta ahora el candidato de la Alianza para reemplazar a un preocupado Enrique Olivera cuya alarma por esta situación todavía no produjo efectos políticos, es el frepasista Aníbal Ibarra, uno de los adalides de la presencia y tolerancia de los travestis, las prostitutas y otras lacras en las esquinas de Buenos Aires. Con Ibarra de candidato, un auge de permisivismo garantista, la inauguración de nuevos avances ideológicos en el sistema educativo que depende de la Intendencia Municipal y una legislatura porteña dominada por la izquierda - por citar nada más que los factores básicos que alimentarán el conflicto - queda aventada la perspectiva del eventual éxito en las elecciones que se realizarían en abril o mayo del año que viene. Si para entonces existe la Alianza y esta pierde en el distrito que hasta ahora les fue más favorable, De La Rúa corre el riego de quedar más aislado todavía y nada bueno se le augura para los próximos cuatro años. Mientras los analistas se manejan con estas y otras dudas, lo que podríamos calificar como la izquierda pura que mantiene sus ataduras con el pasado, continúa con sus miradas puestas en un futuro que no entiende. Así, acaba de abrir sus puertas la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, que en Hipólito Yrigoyen 1440 "enseña" sólo numerosas materias que están a cargo, por ejemplo, de Osvaldo Bayer, el inventor de la Patagonia Rebelde que propicia la "independencia" de ese territorio argentino y reparte sus actividades entre la República de Alemania, organizaciones social demócrata de ese país y otras que están instaladas en la Argentina. La nómina de profesores es abundante y elocuente y sólo mencionaremos por hoy a otra docente de la flamante casa de altos estudios como Claudia Korol, la jefa de redacción de la revista América Libre que representa el pensamiento de la organizaciones subversivas y de extrema izquierda que, nucleadas en el Foro de San Pablo apoyan, entre otras cosas, la liberación de la droga, a los Sin Tierra brasileños, a las FARC y las restantes guerrillas colombianas, a la falta de democracia en Cuba, a las derrotadas bandas subversivas argentinas, al pasado tercermundista, al aborto, a la teología de la 64

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liberación y a todo aquello que pueda caber en una imaginación experta en estas cuestiones.Virtualmente elegimos casi al azar a estos componentes de un escenario frondoso y complejo, donde las dificultades no son exclusivas para la futura administración nacional pues también existen, por ejemplo, para la provincias de Buenos Aires. Con buen criterio, De la Rua y Ruckauf establecieron un civilizado y positivo acuerdo previo para fijar las pautas que regirán las pautas de la relación política entre la nación y la provincia más importante del país. Pero el hecho es que el derrotado FREPASO cuenta con un peso determinante en la legislatura bonaerense, cuyo presidente E. Mosquera pertenece precisamente a esa corriente política. El legislador ha reconocido públicamente que es ateo, abortista y que proviene de la Federación Juvenil Comunista, datos que hacen a su esfera de preferencias. Pero lo importante a tener en cuenta es que su bloque y la izquierda radical están dispuestos a impedir los proyectos de ley indispensables para poner en marcha una estrategia antidelictiva, asunto de importancia prioritaria por obvias razones. El encontronazo está a la vista y contribuye a respaldar la afirmación que sostiene que hoy el delito común afecta a las instituciones igual o más que la subversión guerrillera del pasado, pues con su carga de violencia despiadada crea y ampliará condiciones políticas destinadas a gravitar en términos todavía difíciles de vaticinar.-

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"OTROSÍ" Nro. 17 – diciembre de 1999

EL CASO DEL BALCON USURPADO
Apenas terminada la ceremonia de transmisión del gobierno del Dr. Menem al nuevo presidente Fernando de la Rua, tuvo lugar un episodio breve y que pasó desapercibido pero que tiene, a nuestro criterio, una significación no desdeñable en medio de lo desopilante que fue.Nos referimos a la aparición, por cierto que a pedido de nadie, de dos de los habitualmente derrotados pero que, inexplicablemente acceden a espacios cada vez más importantes de poder, Carlos Alvarez y Rosa Castagnola de Fernández Meijide. Ninguno de los dos - y menos aun sus auxiliares Flamarique e Ibarra - tienen votos propios; son minoritarios tanto por su ideología como por sus proyectos y personalidades; su inserción en algún sector del electorado - crudamente limitada por la general Paz como ocurre desde siempre con toda manifestación de izquierda - obedece a un bien montado aparato mediático que sustituye a la realidad social. Pues bien, con astuto sigilo y como quien no quiere la cosa, estos marginados del voto popular se deslizaron al balcón histórico desde donde otros caudillos más genuinos supieron enardecer a la multitud que se apiñaba a sus pies. Esta fue en el fondo una parodia destinada más a obtener una imagen triunfalista (que no les correspondía en derecho) que a satisfacer su ego; un ego por otra parte bastante lesionado si es que fueran capaces de analizar objetivamente sus trayectorias políticas y sus performances electorales. Alvarez fue puesto a dedo por De la Rua para completar la fórmula, sin consensos ni internas, en virtud de acuerdos secretísimos y por lo tanto antidemocráticos; Fernández Mejide venía de ser derrotada sin atenuantes en la provincia de Buenos Aires. Ninguno de los dos, entonces, debió haberse asomado al balcón para saludar a una reunión de personas convocadas para celebrar la victoria de otro.Fue un operativo pensado, no espontaneo, con algo de ficción y mucho de hipocresía que les permitió a estos líderes de la izquierda urbana y universitaria (en nuestro país no hay otra) ilusionarse con un contacto multitudinario irreal, una trapisonda lúdica destinada a transmitir hacia afuera la impresión que son gobierno y hacia el interior su voluntad de serlo.*****************************************

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LA TRIPLE DERROTA
Tres son las sufridas por Montoneros, la fuerza subversiva más activa e importante de todas las que participaron de la Guerra Revolucionaria. La primera de estas derrotas fue, obviamente, la militar: sus paródicos soldados cayeron en lucha abierta y en lucha subterránea, terrenos ambos elegidos con entera libertad por ellos mismos y según su conveniencia estratégica. De este primer descalabro - que es de donde derivan sus enconos y artilugios dialécticos - no vamos a hablar porque sería recorrer una crónica criminal bastante bien conocida por protagonistas y estudiosos aunque tantos simulen ignorarla.En cuanto a la segunda derrota aparece muy bien retratada en el libro "Montoneros, soldados de Perón", de Pablo Giussiani, ciertamente un trabajo insospechable al que conviene volver cada vez que se desee conocer o recordar el perfil ideológico y especialmente humano del montonero; un perfil radicalmente patológico signado, como dice el autor, por la soberbia, una soberbia enfermiza, inescrupulosa y asesina que, sin embargo, disponía de la suficiente cuota de astucia como para que sus jefes se pusieran a salvo cuando las circunstancias se les volvían peligrosas (no vacilando en entregar a sus "soldados "en caso de conveniencia "revolucionaria"). En este caso el fracaso montonero consistió en su incapacidad insuperable (como la experiencia propia les indicó) para convocar a las masas obreras o, simplemente, para insertarse en ellas donde casi no reclutó militantes. En esto consistió tanto su error táctico y estratégico como su perversidad de comportamiento y de inteligencia. No sabemos que alguna vez lo hayan reconocido expresamente, pero el hecho es que actuaron y se sintieron como la "élite" de la revolución que proclamaban y que aspiraban a protagonizar con exclusividad. En otras palabras quisieron cumplir la función que la teoría marxista-leninista adjudica al partido comunista como vanguardia de la clase proletaria. Sólo que en una y otra hipótesis - singularmente en la Argentina - la tan sufrida clase obrera desconoció su empeño y buenas intenciones, les volvió la espalda y jamás dio la más mínima muestra de sentirse representada, favorecida ni protegida por esa banda de criminales seriales. Más bien lo contrario: aun en los casos en que por una acción de violencia montonera recibieron alguna ventaja - el secuestro de un funcionario de una empresa que rechazaba las demandas de su personal en huelga, cediendo sólo después del secuestro de uno de sus principales gerentes - los trabajadores de hecho quedaron desplazados del ejercicio de sus propias reivindicaciones. Montoneros se superponía trabando los reclamos de obreros y empleados que distaban de ser revolucionarios. No había tremendismo en los mismos y eso disgustaba y desairaba a los subversivos que no procuraban justicia sino renta política, no actuaban por amor sino por especulación mediática. Eran burgueses disfrazados de proletarios.-

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La tercera derrota es la actual, la que vienen sufriendo aunque, paradójicamente, los haga felices: es la ocupación de puestos, ciertamente bien pagos, de primero, segundo y tercer nivel de los tres poderes en los dos gobiernos de Menem y en el que se inicia del Dr. De la Rua. Nos lo recuerda una también insospechable y burlona Viviana Gorbato que estudió y dedicó un libro sobre tan afortunados aventureros, inspirado en el título anterior aunque cambiando la tesis, "Montoneros, soldados de Menem". Allí se detiene a describir las andanzas de los antiguos terroristas y los entrevista procurando, quizá, explicarse ella misma tan cínico periplo.Porque, en efecto, es de admirar la frialdad, entre estúpida y cruel, con que los asesinos de ayer disfrutan de su burocratismo de hoy sin que ninguno se muestre no digamos arrepentido ni siquiera obligado a justificar tanto cambio en tan poco tiempo. Es un libro que merece ser leído porque revela el grado de perversidad (si se quiere frívola) a que puede llegar el ser humano, una perversidad gratuita y sin razón, como si se tratase de un fin en sí mismo o de un deporte, de una actividad que interesa sólo mientras se la practica y que se extingue cuando se la abandona, una violencia de inspiración ideológica pero que no compromete humanamente. No importa el dolor causado, las vidas tronchadas, la desarticulación producida en la sociedad; todo fue un juego, nos vienen a decir, el error de los militares fue tomarlo en serio. Ahora la cosa terminó; verdad es que desde el punto de vista de los principios proclamados no se consiguió absolutamente nada y tal vez nunca se propusieron seriamente lograr algo: aquella pretensión de instalar el Hospital de Niños en el hotel Sheraton no pasaba de ser una frase rimada, no un programa sincero a llevar a cabo alguna vez y en rigor todo su declamado revolucionarismo -que quería ser heroico y no pasaba de histriónico- constituía una feroz estolidez que por cierto y lamentablemente cobró vidas ajenas y propias. Un tremendismo apabullante y mediático que se jugó sin piedad ni grandeza en cualquier lugar del pais y en el que los espectadores fueron obligados con frecuencia a ser actores pasivos y con más frecuencia, víctimas. Ahora, cumplido el ciclo de las matanzas y secuestros, se los quiere también como testigos y víctimas de su supuesto martirologio ¡Pero todo fue una broma! ¿Cómo recordarlo, entonces? Mejor olvidar para que la comedia continúe y así los falsos héroes de ayer puedan ser las falsas víctimas de hoy; pero así como antaño no fueron soldados, hogaño no son más que burócratas avispados, burgueses hipócritas (como lo fueron siempre, desde el inicio de sus fatídicas aventuras) que buscan en el olvido y en la deformación de la memoria colectiva la discreción que les permita sobrevivir sin sufrir la justicia merecida y prosperar en el interior del mismo estado que se propusieron destruir.-

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Tamaña insensatez, semejante cobardía, tanta inútil vesanía para rematar en este presente tonto y sin remordimientos, he aquí la tercera derrota de los Montoneros. Es probable que ellos no lo entiendan así y que sean felices a su manera porque encaran esta nueva etapa de sus vidas como la continuación y fractura de aquella travesura transgresora que iniciaron como una estudiantina alegre, pueril e irresponsable y que tanto dolor desencadenó en el país; actúan y se muestran como el borracho que se despierta después de una noche de juerga y que apenas si se preocupa por sacarse de encima la vidriosa resaca que lo envuelve, un pasado cercano en el tiempo pero lejano en la memoria. Lo que pasó, pasó, lo que se hizo, se hizo y a nadie se le reconoce el derecho de pedir cuentas.*****************************************

CORRIENTES ES UN ANTICIPO
Muchas son las reflexiones que merece el caso Corrientes; la falta de espacio, la inmediatez de los hechos, la escasez de información confiable, la confusión interesada con que el episodio fue transmitido por los medios, nos impiden adelantar un análisis de lo acontecido ni de lo que vendrá. Fuera de nuestro enfoque queda el estudio de las causas mediatas e inmediatas de los desórdenes y enfrentamientos entre las cuales las más evidentes son la sucesión de oligarquías provinciales y nacionales en el gobierno de Corrientes a cual más corrupta y perversa, la subsistencia de caciquismos antisociales y anacrónicos y una situación económica cada vez más deteriorada. Pero lo que resulta innegable y cargado de sentido es la actuación protagónica de los activistas de izquierda, los mismos que parecen resurgir del pasado con la misma ferocidad y la misma estrategia con que desencadenaron el "cordobazo", prólogo de la guerra subversiva que habría de estallar y propagarse en los años siguientes. Tal vez no sea casualidad y tenga algo de simbólica la circunstancia que esta nueva violencia - lanzada cuando el gobierno del Dr. De la Rua cumplía una semana - haya buscado como escenario el mismo que tuviera la desatada en mayo de 1969 en vísperas de los levantamientos de Córdoba: el 16 de ese mes caía muerto en la ciudad de Corrientes el estudiante Cabral en manifestaciones que se llevaban a cabo como gimnasia de lo que vendría en el país. Desde entonces el nombre del joven fue utilizado como idea-fuerza, como un mito para exaltar a los estudiantes del país y para probar la "brutalidad" de la represión. No es de extrañar que los nombres de las víctimas del puente General Belgrano sean también usados para conmover a la opinión pública preparándola para futuras acciones de violencia ya diseñadas de antemano.Lo más curioso y alarmante es que la historia parece repetirse, casi como un paralelo y un reflejo de lo que fue pero que no termina de pasar; quiere decir entonces que el mismo enemigo sigue acechando y velando armas. La situación actual es, sin embargo, distinta en algunos aspectos. Los muchachos de ayer - ebrios de ideología y dispuestos a morir y matar sin saber mucho porqué detrás de un modelo de vida y de política no bien definido, reduciendo la doctrina a una frase o 69

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a un grito - son hoy burócratas empeñados en que se olvide su pretérito y especialmente preocupados en resolver los problemas que son secuelas de las bombas instaladas por ellos mismos en los 60 y 70. La izquierda armada - para repetir la expresión de Jorge Castañeda - dejó el campo a la desarmada, que por cierto viene cumpliendo una labor más fructífera para ella que la salvaje de dos décadas atrás porque no encuentra resistencia. Este es un punto esencial a considerar porque - con Storani, uno de aquellos jovenzuelos alborotadores, hoy ministro del que dependen las fuerzas de seguridad y otros encaramados en niveles de decisión sin que nadie les haya pedido cuentas - las cosas se presentan más confusas o, mejor, las posturas y los personajes más mezclados. Los que abandonaron las armas ¿lo han hecho para siempre? ¿Es coyuntural y táctica o hay una convicción sincera y de fondo en quienes, olvidando su pasado, se ubican del lado del orden al que en su oportunidad desafiaron y combatieron? ¿Se puede confiar en ellos porque cambiaron de rol y cruzaron ayer nomás la "delgada línea roja"? Todo indica que se ha vuelto a prender la mecha de una guerra que, contra todos los optimismos, no se ha extinguido. En Salta y en Jujuy agitadores "profesionales" también han reaparecido y están dispuestos a recorrer el país en busca de focos de incendios para avivarlos hasta hacerlos inmanejables; no falta ninguno de los factores del ayer ni siquiera los "intelectuales" que explican, los humanistas que justifican y los comunicadores que dramatizan la realidad deformándola; todo a horcajadas de una situación socioecnómica gravísima cuya responsabilidad y presupuesto constituye una problemática que escapa a la que se aboca esta página. De cualquier manera es nuestro deber señalar que estos choques - que empezaron a salirse de la esfera de lo policial - son a todas luces frutos de la revolución que hoy exporta Colombia (no por nada sus embajadores circulan por el país con una infraestructura provista por algunos sectores de la partidocracia de izquierda y de grupos sindicales afines) así como ayer la exportaba Cuba. Ahora se trata de saber quienes son sus personeros y cómplices locales y dónde están ubicados.-

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"OTROSÍ" extra – enero del 2000
LA NUEVA PROVINCIA - Bahía Blanca, jueves 13 de Enero de 2000

"La última oportunidad"
Por Víctor Ordóñez

Los sucesos que se desencadenaron en los días postreros del año anterior (que sin duda se repetirán o prolongarán en cualquier momento, como lo anunció el vicepresidente Carlos Alvarez) tienen un sentido y un origen. Sería terrible que la clase dirigente política actual repitiera los errores de la anterior --de aquella que fue contemporánea de la ola terrorista de los '60 y '70--, que * o bien disimuló el significado de los atentados que se llevaban a cabo en esos años o bien apañó a sus autores y hasta justificó su ideario; * la condena indiscriminada y masiva de los encargados de la represión, * el lanzamiento de una campaña unilateral --cultural y judicial-- contra los integrantes del gobierno militar, * la puesta entre paréntesis de los actos criminales de la subversión como si no hubieran existido, * los abusos procesales gravísimos en que se incurrió a sabiendas que se desconocían y vulneraban principios básicos y universales del derecho penal, * la prolongación, ya en forma de venganza, de acciones judiciales artificiales contra los represores (como la causa sobre "robos de bebes"), * el proceso de inculturación que se desplegó desde dentro y fuera del gobierno constitucional sobre la desconcertada sociedad argentina, son apenas algunos de los aspectos de la gigantesca maniobra de encubrimiento, de confusión y de desarticulación que realizó la clase dirigente en la era democrática posarmada. Y conste que cuando hablamos de clase dirigente nos referimos al simple hecho de que dirigen, no que sean los mejores ni que tengan derecho a hacerlo; y en el concepto incluimos a operadores políticos y, en especial, a los comunicadores. Ahora, con las pruebas a la vista, la actividad subversiva vuelve; con sus mismas tácticas y con mejores técnicas, con sus viejos slogans , con su irracionalidad 71

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apabullante que no deja pensar ni analizar, con la adopción de posturas de eternas víctimas, denunciando constantemente a un enemigo inubicado y no definido y que cambia de nombre y de rostro con una rasante simplificación: ayer López Rega, hoy Storani, como se leía en algunos carteles en la manifestación de repudio que se realizó en Corrientes a los dos días de la represión de la Gendarmería. La misma crueldad Y con la crueldad de siempre: el atentado sufrido por el diputado nacional Martínez Llanos por medio de una carta-bomba revela el uso de una tecnología avanzada, pero, sobre todo, la falta de espontaneidad de los reclamos en cuyo nombre se desató la violencia. Hay detrás de esta violencia instrumentada una ideología y una metodología, ambas conocidas y sufridas ya por el pueblo argentino en todos sus estamentos. El desafío que le corresponde afrontar a la actual dirigencia --en cuyos entresijos se han refugiado y prosperado, actúan y sobreactúan muchos de los actores directos o indirectos del terrorismo de veinte años atrás-- es: * hablar y actuar con claridad; * es decir, manifestar si comparten o no aquella ideología * y si condenan o no esa metodología. No se puede tolerar que se retorne a un discurso sin compromiso directo que se evapora en declamaciones obvias unas y evasivas otras. "Sí, sí, no, no" será la consigna que debe regir la reacción de nuestra partidocracia en la actual situación; lo contrario tomará un alarmante cariz de complicidad. E, inclusive, de infiltración y de traición, de abandono de las obligaciones que la función pública y el manejo de los medios coloca en cabeza de sus detentadores. No hay derecho a volver a equivocarse. Las declaraciones del vicepresidente Carlos Alvarez, hechas sobre el filo mismo de los acontecimientos, no pueden menos que provocar zozobra en la sociedad, por lo menos en aquella que guarda memoria de lo acaecido y sufrido bajo el signo del terrorismo pasado. Es una típica actitud de escapismo; luego de reconocer que la violencia de Corrientes puede extenderse (de hecho, con sospechosa simultaneidad, se producían otros actos similares con menos repercusión en Formosa, Salta y Jujuy), se pierde en consideraciones y proyectos tan alejados de la realidad y en especial de la más urgente, que da la impresión de querer disolver la gravedad de la situación en simples soluciones de coyuntura (todo se arreglaría con más dinero y con una intervención federal honrada) y de remitirse a un futuro indeterminado, es decir, de reducir la acuciante problemática presente a un planteo lejano en la suposición de que se trata de una cuestión de sueldos impagos. Esta simplificación es dolosa y elude encarar el fondo de la nueva realidad, que consiste --ni más ni menos-- en la reaparición de la subversión que tantos habían coincidido en dar por terminada con la restauración del régimen constitucional, en 1983. Desde entonces se ignora el hecho de que la subversión atacó al Estado argentino, no a un gobierno débil como el de la señora de Perón o de una gobierno militar como el de 1976. 72

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La agredida es la sociedad en su conjunto, ahora y entonces, y el vicepresidente Alvarez se equivoca (¿por malicia, por apresuramiento, por anteojeras ideológicas?) al desviar la atención a sectores secundarios y al proponer salidas inservibles a la crisis, como la convocatoria de politicólogos distinguidos para discutir "la reforma del sistema político". ¿Qué se quiere con eso; no hay nada más inmediato para el Poder Ejecutivo, con las armas a la vista y con las consignas de siempre en sus oídos? Elude siquiera mencionar de costado la posibilidad de la vuelta de los terroristas de ayer y de anteayer e insinúa la necesidad de investigar la actuación de la Gendarmería, la fuerza que reprimió. ¡Otra vez se tuerce el enfoque, se altera la perspectiva de los sucesos y de su significado, se invierte la responsabilidad y la culpa de la violencia! Negar lo evidente No puede siquiera discutirse que éstas recaen en una primera instancia en los sucesivos gobernantes de la provincia de todos los colores partidarios, cuyas exacciones no han sido nunca indagadas. Pero quedarse en este análisis y en esta denuncia es pecar de superficialidad y conformarse con lo evidente o, peor, es al mismo tiempo negar lo evidente. Nadie cree --aunque nadie tampoco extrae las debidas consecuencias-- que un grupo de maestras desocupadas aprendió a manejar de repente sofisticados instrumentos de comunicación ni que un campesino hambriento cruzó el río para enviar desde Resistencia un explosivo que le habría de volar las manos a un adversario político ni que los empleados que no cobraban desde hace meses se transformaran, llevados por la indignación, en francotiradores que supieron herir a cinco gendarmes en una refriega de veinte minutos. Nada de esto es creíble, pero, sin embargo, todos por el momento parecen creerlo y se detienen en la puerta. Cómo no advertir que se trata de un prólogo y de una gimnasia que llevan a cabo hombres bien entrenados? ¿Por qué ocultarlo y a beneficio de quién? Aquí hay una estructura y una infraestructura; por aquí pasó Calderón, representante de las sangrientas FARC colombianas; aquí el minúsculo pero activo centro sindical de izquierda con que cuentan los revoltosos se movilizó el 20 de diciembre en reclamo por las muertes en el puente de la discordia. Entre paréntesis, el hecho denunciado por el interventor Mestre de que no se podían pagar los sueldos ese mismo día por el paro de los bancarios (adheridos a la entidad convocante) pone de relieve la intención de los neoterroristas de profundizar el conflicto, cerrando o postergando la posibilidad de una solución inmediata. Tampoco tardaron en reaparecer las brujas y brujos de los derechos humanos, que supieron revertir la derrota militar de la subversión en una victoria política y cultural. Este es otro peligro a prever, el recurso desbordado e inmoral a los derechos humanos --categoría nunca precisada debidamente y que sólo la izquierda parece poder descifrar-- en beneficio exclusivo de los subversivos que saben como nadie convertirse de agresores en perseguidos, de victimarios en víctimas. Esperamos vivamente que, ahora --ya con todos los factores de la realidad a su disposición--, la clase política, aun la integrada por los sobrevivientes de la anterior y cruel algazara revolucionaria, no nos vuelva a traicionar ni a traicionarse; que todos empiecen por declarar dónde está cada cual y qué se proponen hacer; cuál es la 73

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concepción exacta que tienen respecto de la insurgencia que vuelve a levantar cabeza; qué errores están dispuestos a no repetir; qué lealtades están dispuestos a rever. Todo un desafío y todo un replanteo que se imponen para que los gobernantes dispongan, además, de un título democrático legal, un título republicano legítimo. ¿La "izquierda civilizada" está en condiciones de negociar con la que vuelve a recurrir a las armas a las que nunca renunció?

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"OTROSÍ" Nro. 18 – marzo del 2000
DOS GENERACIONES El mes de abril es propicio a los argentinos para una reflexión sobre las Malvinas. Enfocada la gesta desde el punto de vista de esta publicación - realidad de la subversión y legitimidad de la represión - y sin apartarnos de la temática propuesta, podemos advertir sin dificultad y casi naturalmente la diametral oposición dada entre las dos generaciones últimas que protagonizaron, para mal y para bien, los dos hechos bélicos que signaron el pasado siglo. Una de ellas fue la que tomó las armas en nombre de un ideal confuso para la mayoría, claro para sus jefes y perverso para todos, en sí mismo. La otra es la que sin preguntar demasiado las empuñó en defensa de un altísimo y dignísimo interés nacional, la recuperación de un territorio sustraído.La primera, sin duda con un latente espíritu inconformista y transgresor, fue captada por ideólogos al servicio de una causa extranacional, dependiente de las conveniencias de una de las dos grandes potencias que entonces se disputaban el dominio del mundo; sus miembros fueron soldados en una guerra que no nos pertenecía ni apenas nos incumbía como nación, la Guerra Fría. La otra, a la que admiramos y a la que deseamos rendirle el más sincero de los homenajes, fue la convocada para batir al enemigo secular, al usurpador de ese territorio que nos pertenece pero que todavía no poseemos, las islas Malvinas. Esos jóvenes provenientes de todos los ámbitos del país e, incluso, de los más diversos segmentos ideológicos o de ninguno, marcharon a la guerra - no pocos de ellos a la muerte, a la mutilación o al regreso traumático - no precisaron de una modificación de sus principios básicos, esos que los hacen ser, sentirse y comportarse como seres humanos y como argentinos, para pelear la guerra justa a la que fueron llevados. Los otros sí, los otros tuvieron que ser sometidos a una pedagogía diabólica que les enseñó a matar sin remordimiento ni culpa, ni siquiera odio. Se dejaron embaucar por discursos vanos, ilimitados, vacíos, fueron ganados por un redentorismo tan cruel como ingenuo que al tiempo que los cargaba de deberes los exaltaban con grandes derechos y grandes esperanzas. En cambio los que marcharon a Malvinas lo hicieron, por decirlo así, sin motivación aprendida ni mesianismos delirantes ni expectativas de gloria. Estos lo hicieron por un impulso espontáneo que a ninguno se le ocurrió poner en duda ni discusión: era el amor a la patria, era el sentido de servir gratuitamente al bien común divisando, cualquiera fuera la educación recibida, al enemigo real, no a alguno hipotético.Estas fueron las dos generaciones que atravesaron la última parte del siglo XX argentino; una, sabiéndolo o no, queriéndolo o no, como instrumento de una potencia lejana e imperialista. La otra, la que nos llenó de orgullo - un orgullo, a decir verdad, que se estaba perdiendo de nuestra memoria después de tantos grises y sombras - supo porqué peleaba, qué fin concreto perseguía y cual era su justicia.-

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No sólo es difícil y hasta desagradable trazar un paralelo entre ambas generaciones. No nos permitiremos caer en maniqueísmos un tanto obvios pero aquí más que en cualquier otro enfrentamiento las distinciones son claras e irrefutables y hay que estar ciego para confundirse. Sangre derramada de una y otra camada de muchachos lo que ha de lamentarse pero de distinto modo. La que prodigó la generación de subversivos es más dolorosa porque lo fue por una mala causa, sus muertes no fueron gloriosas, sus objetivos eran revolucionarios y nihilistas, sus métodos eran vesánicos, todo en aras de un orden desconocido que en la realidad se limitaba a imponer un estado prosoviético en el espacio más austral de Occidente. La que la entregó a raudales por la reconquista de las islas argentinas, esa se movió por amor a la justicia y a la Patria y no tributó ningún aporte a ningún interés extranjero. El país de improviso se quedó sin aliados, con excepciones conmovedoras; no fue como la otra causa, la marxista-terrorista, que desde un comienzo contó con el apoyo de un amigo poderoso. Por eso la sangre de los malvinenses nos enriquece, nos hermana y nos promete nueva floración.En lo dicho queda reflejada la diferencia entre ambas juventudes, una se rigió por el Odio, la otra por la ley del Amor.CASCADA DE ESCANDALOS Por Carlos Manuel Acuña Después del escándalo abierto en el campo de la izquierda a raíz de la importante suma en dólares que el Estado argentino deberá pagarle al padre de la guerrillera montonera Dagmar Hagelin, desaparecida el 27 de enero de 1977, comenzó a producirse una cascada de novedades en torno del importante negocio en que se ha convertido la política de indemnizar a los parientes de los terroristas que resultaron muertos o desaparecidos durante la guerra.El caso, grave desde el punto de vista moral, político y económico, viene a confirmarse en el preciso momento en que el gobierno anuncia y repite la necesidad de ajustar los gastos e invita a la ciudadanía a imponer una austeridad a rajatabla que ya se percibe claramente en un menor consumo y en el inicio de una preocupante recesión.Pero vayamos por partes. En lo que da en llamarse "el caso Hagelin" se conoce con bastante exactitud que Dagmar, la guerrillera argentina nativa, hija de madre argentina también nativa y de padre chileno, solo nieta de un sueco residente en Chile - su única relación sanguínea con Suecia que tanto clama por ella sin título internacional alguno había asesinado a balazos a dos agentes de policía durante su trayectoria dentro de la banda de Montoneros y que su apresamiento se habría logrado gracias a los buenos servicios de otra subversiva llamada Susana Burgos. Esta actuó como entregadora de ella y de otro operativo del que logró escapar la Jefa de la Columna Oeste, María Antonia Bergés una de las sobrevivientes de la tragedia de Trelew, luego de la fuga de Santucho y otros importantes subversivos de la cárcel de Rawson en 1972.-

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Pasó un tiempo hasta que Ragnar Hagelin - el ciudadano chileno padre de Dagmar - se presentó en 1978 ante el capitán de navío Julio Santoiani, jefe de gabinete del entonces canciller argentino almirante Oscar Montes, a los efectos de "cumplir con lo indicado por el embajador de Suecia, interesado en el tema de la guerrillera" es decir de su hija. Hagelin señaló que su presencia obedecía exclusivamente a la indicación del diplomático (¡) habida que solamente conoció a Dagmar durante los primeros meses posteriores a su nacimiento, circunstancia que justificó porque se había separado muy pronto de su mujer y había perdido contacto con su primera familia. Palabras más, palabras menos, acotó entre reiterados pedidos de disculpas - "no quiero importunar" - que "jamás la conocí"; "sólo sé que Dagmar anda en malos pasos y malas compañías" e insistió en que "resido en Chile y jamás estuve en Suecia".Los acontecimientos superaron a este curioso episodio revelador, hasta que con un escenario modificado a partir de la presidencia de Alfonsín, una escalada de argumentos bien planificados transformaron a la terrorista argentina en una inocente sueca desaparecida y en un importante ingrediente de la campaña desatada contra los alcances y resultados de la guerra antisubversiva. Pero el caso tomó un giro imprevisto al conocerse que el chileno devenido ciudadano sueco por su casamiento en segundas nupcias con una mujer de ese origen que le permitió adquirir la doble nacionalidad de acuerdo con las leyes de ese país, cobró en carácter de indemnización una suma aparentemente cercada al millón de dólares pero ocultada a la opinión pública por causas misteriosas. A partir de ese momento el tema de la muerte de Dagmar pasó a un segundo plano: lo que ahora está en juego es la repartija del dinero. Por un lado el activista abogado de causas izquierdistas Marcelo Parrilli se considera con derecho a participar de una tajada importante de esa suma por haber sido quien desde 1991 piloteó con bastante éxito los reclamos pecuniarios de Hagelin padre pero resulta que a aquél lo despidió para reemplazarlo con dos abogados relacionados estrechamente con el poder: Aníbal Ibarra González y Rolando Aníbal Ibarra, padre y hermano respectivamente del legislador porteño por el FREPASO y candidato a jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por la Alianza. La casualidad - digámoslo así - hizo que ni bien estos profesionales tomaron en sus manos el caso Hagelin, se concretara la resolución económica que mezcla lo ideológico con lo pecuniario y posiblemente con la arbitrariedad. Dicho sea de paso, la indemnización concedida al chileno-sueco es varias veces superior a la que perciben otros familiares de guerrilleros con el agregado que, furioso, rechazó con éxito que le pagaran con bonos para lo cual obtuvo el activo respaldo de la APDH que se jugó contra los contribuyentes argentinos. Frente a este cuadro sucio y deleznable nacido durante el alfonsinismo, continuado en el menemismo y prolongado en un gobierno que quiere sustentarse en la honestidad como el factor convocante para revertir el ánimo decadente que provoca la extendida corrupción, cabe preguntarse hasta dónde el Dr. De la Rua puede ejercer su propia capacidad de maniobra, un tema que circula con insistencia entre varios de sus allegados que aseguran que está totalmente de acuerdo con lo que ocurre.

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Cierto o no, si nos expresamos de esta manera se debe a que todos los días se acumulan indicios demostrativos de progresivas disidencias internas en el gobierno, donde por un lado puja el radicalismo tradicional y por el otro el que pretende presentarse como una renovación de ideas superadas y alianzas que sólo llevan a esta clase de situaciones.En realidad el problema es mucho más complejo y contradictorio pero por el momento lo que dejamos es suficiente para entender que hay divisiones, descontrol e incertidumbre.EL "GRUPO MAFALDA" Como si esto fuera poco, ahora cobran mayor fuerza otras revelaciones cuyos detalles se acumulan en un profundo estudio que podrá estallar ante la opinión pública en cualquier momento, la que podrá enterarse minuciosamente de los exitosos negocios que dejan las "reparaciones" monetarias a favor de los deudos de los subversivos derrotados. Desde el campo de estos últimos y de los abogados que los asesoran - y les cobran - se intenta hacer crecer el número de muertos y desaparecidos, mientras los intermediarios que manipulan estos casos cobran jugosas comisiones por cada pago que concretan. Alcanzan al 20% de las sumas abonadas además de un anticipo de u$s 200 que los parientes de los subversivos deben entregar a los abogados "especializados en derechos humanos" a modo de anticipo obligado. Solamente con los presuntos desaparecidos de origen español pero argentinos de nacionalidad, el ex fiscal del Proceso, luego pasado al alfonsinismo con el mismo cargo, Dr. Julio Strassera, maneja más de seiscientos casos que siguen su curso en medio de los aplausos y de la atmósfera creada por hombres relacionados con organizaciones extranjeras como sucede, por ejemplo, con el conocido Luis Moreno Ocampo quien recibe importantes pagos desde el exterior para "defender a la democracia".Muchos de estos abogados conforman una estructura ideológica y empresaria que fue bautizada como "Grupo Mafalda" cuya influencia en los organismos extranjeros y en los medios de comunicación es verdaderamente notable, lo que les asegura el manejo de estos asuntos donde las ideas se mezclan con los beneficios económicos expresados en medio de un verdadero estado de hipocresía que sistemáticamente se intenta ocultar a la opinión pública. La situación se complica y a esta altura de los acontecimientos la crisis tiende a deglutir a sus actores que recurren - entre otras cosas - a la remanida denuncia ideologizada de los resultados de la guerra contra el terrorismo. A medida que se avanza en este proceso de descomposición, los argumentos utilizados pierden su eficacia y se deterioran más todavía con la difusión de sucesos casi morbosos como los que rodean al "caso Hagelin" que pasará a ser uno más - solamente uno más - en el escenario de la decadencia argentina.-

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AMNISTIA PARA LOS AGRESORES Una preocupación central parece ocupar hoy los días del ministro de Justicia Gil Lavedra (además, según ha trascendido, de ciertos negocios petroleros) y es conseguir del modo más elegante y, por supuesto, discreto, la amnistía de los terroristas que aún permanecen en prisión por el intento de toma del Regimiento de La Tablada, cuyo ideólogo es el todavía (¡) fraile Puigjané. Pero no es casual que así sea: Gil Lavedra mantuvo (y muy posiblemente aun mantenga) una relación muy estrecha tanto ideológica como táctica con el grupo de la Coordinadora cuya cabeza es Nosiglia, otro que nunca termina de desaparecer y cuya función en la política argentina actual, nadie se explica; típico hombre de palacio, enredador de vínculos, armador de tramoyas, verdadero virus filtrable, es un auténtico titular del poder oculto o, como suele decirse, del poder detrás del trono. Lo estuvo desde las sombras, salvo un corto periodo en que se decidió a dar la cara como ministro del Interior cuando ya todo se desplomaba sobre el final de la gestión de Raúl Alfonsín. Tiene, según se cuenta, una hermana desaparecida pero eso solo indudablemente no alcanza para explicar su constante línea (clandestina e indirecta pero en todo momento coherente y continuada) de apoyo, inspiración y justificación de la subversión, por lo menos en el periodo posbélico; hay detrás una convicción y un objetivo a los que no renunciaron él ni sus allegados. Por el contrario muchos de éstos se han distribuido lo mejor que pudieron a lo largo y ancho del poder político, incluso durante la presidencia de Carlos Menem aprovechando las afinidades naturales que mantenían con varios de los actores del terrorismo que pasaron a ocupar placenteramente puestos en su gobierno.La Coordinadora fue la ideóloga de los acontecimientos de 1989 a que hicimos referencia. Uno de sus conductores decisivos, Provenzano, que compartía con Nosiglia la responsabilidad última de sus decisiones, fue muerto en el choque bélico que tuvo lugar en el interior del cuartel. Esto ocurría, recordémoslo, en momentos en que el entonces diputado nacional, presidente del bloque mayoritario, alto dirigente de la UCR y, de hecho, el más autorizado vocero del oficialismo César Jarolavsky , usó sus contactos internacionales para difundir la especie de que se trataba de un levantamiento "carapintada" contra el orden institucional. A las pocas horas se supo que toda era una patraña puesta en marcha por alguna inteligencia - astuta pero no sutil - de gente próxima al gobierno ¿Para qué? Probablemente para perjudicar al ya fortalecido Menem, candidato a la presidencia, comprometiéndolo en una asonada militar a contrapelo.Pues bien, personeros de ese entorno se muestran ahora activos e interesados en que sus cómplices (o más bien instrumentos) en aquel episodio sean liberados. Se puede ver en este esfuerzo - para el cual se intenta recurrir a una burda maniobra judicial y, por supuesto, a la infaltable influencia de los operadores de los derechos humanos - un gesto de recompensa y aun de agradecimiento para los que fueron sacrificados en aras de un ardid mediático.

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En todo caso no sería este sentimiento el único motor impulsor de tal iniciativa. Se advierte el propósito de legitimar tal procedimiento - hasta hoy el último acto violento de la guerra subversiva - tratando a sus protagonistas como víctimas de una injusticia judicial y, si posible fuera, como modelos a imitar, como ejemplos a seguir por la juventud actual; una juventud, a decir verdad, alejada más por la indiferencia que por el tiempo de tales acontecimientos. Y de paso se conseguiría reinsertar no en la sociedad sino en el lumpen de la subversión a estos muchachos activistas que, al comienzo de su aventura, con seguridad no tenían ninguna idea clara de lo que iban a hacer ni porqué, propulsados por un sacerdote de esos que no parecen tener que pedir perdón. Ni nadie se lo exige.Gil Lavedra, por lo tanto, sigue tan dispuesto como antes a utilizar todas las posibilidades que obtiene en su paso por la política y por la burocracia. Ahora dispone de la oportunidad de liberar a sus amigos valiéndose de chicanas que él sabe indignas e injustas pero no parece querer desaprovecharla. Como puede advertirse - sin caer en excesos de imaginación - otra vez el poder político se manipula en beneficio de los que se armaron contra la república y, como siempre, simulando servirla. Una complicidad que no termina.***************************************** Una salvedad: en el número anterior se incurrió en un error que ahora reparamos. Se le atribuyó allí la autoría del libro "Montoneros soldados de Perón" al escritor argentino Pablo Giussani, libro que en realidad pertenece al investigador Richard Gillespie, edición de la Universidad de Oxford, 1980.-

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"OTROSÍ" - Extra del 1 de mayo del 2000
"LAS CONSTANTES DE UN APELLIDO O LA IMAGINACIÓN AL PODER" Duras e impecables opiniones sobre los juicios en Córdoba Es difícil sino imposible explicar y explicarse la actuación, tan inédita como insólita, de la jueza GARZON de Lascano que se considera en aptitud de suprimir la libertad de varios hombres - que, aunque le moleste y la sorprenda, son sus semejantes y compatriotas - aunque sea por un corto tiempo, para que "reflexionen". A esta altura no interesa demasiado saber en qué texto legal se basa ni en qué construcción jurisprudencial se refugia para proceder como lo hizo y como, aparentemente, está dispuesta a seguir. Hoy en todas las esferas del país - aun en las más comprometidas con esa tramposa multivocidad que se llama "derechos humanos" se entiende que esta suerte de justicia virtual, aparente, farisaica, toscamente arbitraria, terminó en un delirante y patológico manipuleo de seres humanos y de principios básicos. Si se mira un poco a fondo, más allá del asombro y de la indignación, se comprobará que no es solo el destino de estos desdichados soldados víctimas de la arbitrariedad lo que está en peligro: es el país todo, es la sociedad, es el orden institucional, somos todos y cada uno de nosotros las mismas potenciales víctimas de tanto abuso. Jueces así y fallos como éstos destruyen no sólo la confianza en el Estado en general y en el poder judicial en especial sino el sentido de seguridad jurídica que debe sostener a los ciudadanos para una convivencia racional.Ese es el gran riesgo que encierra este tipo de decisiones judiciales: tanta arbitrariedad, tanto exceso, tanto gusto en remover un pasado del que se sabe no podrá concluirse ninguna sanción penal sino - en todo caso, apenas y forzando los hechos- una de carácter moral, pone en colapso integramente a todo el ordenamiento institucional y aun social argentino. A partir de aquí todo será posible porque el Estado - por la vía de lo inexplicable e injusttificable - ha roto sus propios límites de contención, ha avanzado sobre la sociedad y comenzó a construir un derecho marginal, paralelo, de facto, que nadie o muy pocos, los iniciados - conoce, un derecho que puede variar, adaptarse, distorsionarse según las inclinaciones y necesidades de su ejecutor (o ejecutora). Es decir, un derecho que es, en realidad, su opuesto y su negación, si se prefiere seguir con la idea de lo que hasta hace poco se llamaba "derecho justo". Pues bien, toda esa tradición, toda esa riqueza acumulada -por supuesto, con sus puntos oscuros, marchas y contramarchas, sus adquisiciones y sus pérdidas- está a punto de ser echado por la borda. De prosperar o de repetirse comportamientos como los de Córdoba el país quedará a merced de los devaneos temperamentales, del ansia de vedetismo de cuanto 81

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personaje se empeñe en saltar a la luz pública a cualquier precio, estará sujeto a las inspiraciones ideológicas, a los títeres que se dejan manejar desde las sombras, a los impulsos de quienes no sólo no acatan las leyes sino que las modifican e interpretan en función de motivaciones que conservan "in péctore". En fin, un desastre se aproxima o se anuncia desde la adopción de medidas como éstas en las que se castiga a quienes ejercen un derecho constitucional que, por lo demás, es rigurosamente respetado para los auténticos delincuentes, comunes o subversivos. Más irritativo aun es, aparte de la injusticia en sí, la hipócrita razón invocada para justificar la detención, una invitación a reflexionar; si hasta suena a burla. Pero no es una burla, es una afrenta no sólo a los perjudicados sino al sentido común. ¿Porqué suponer que los militares citados necesitaban de ese plazo para mejor pensar su resolución de no declarar? ¿No hay aquí una especial - aunque no muy refinada perversidad, una voluntad de persecución, un deseo de mortificación, una vocación de ensañamiento? ¿No está la señora GARZON de Lascano en condiciones de abandonar su puesto y de ser sometida a un juicio político por "exceso de subjetividad" y de "hipersensibilidad constitucional" al obligar a sus presos a reflexionar sobre la actitud que deben adoptar en los juicios que se les sigue?.Hablamos en serio. Hablemos en serio. El Estado de Derecho, que tanto se pregona y en el que tanto se confía, ha empezado a resquebrajarse o, mejor dicho, ha acelerado su ruina con magistrados como ésta y algunos más que, aparentemente, han decidido ponerse al frente de un movimiento izquierdista que sea simultáneamente "políticamente correcto"; porque perseguir, humillar, practicar actos improcedentes que bordean lo vesánico es, a su criterio, lo que corresponde para satisfacer a la nueva ortodoxia que reclama justamente eso: hacer del derecho un medio para otra cosa y no un fin en sí mismo como debiera, un instrumento no ya para castigar delitos ciertos o no sino para atender vindictas bajo la inspiración de ideólogos y estrategas que, cerrados los caminos racionales y jurídicos intentados antes, han hallado en esta insólita búsqueda de "la verdad histórica" una última posibilidad para satisfacerse.Temblemos ante estos jueces devenidos historiadores que empeñan sus esfuerzos en objetivos por completo fuera de su competencia jurisdiccional y de su esfera profesional como es la determinación de lo ocurrido en el pasado y el esclarecimiento de acontecimientos que ya no pueden ser juzgados. Se han erigido de esta manera en "super jueces" que no reconocen fronteras para su accionar en el tiempo ni en el espacio y pareciera que incluso pueden incursionar en lo más recóndito del alma humana. Y a todo esto ¿para qué investigar "la verdad histórica", con qué propósito, con qué resultado, para beneficiar a quien, para castigar a quien? Sea lo que fuere de lo que se trate en estas tan extrañas causas, bien o mal, todas ellas se encuentran resueltas judicialmente desde hace mucho tiempo ya por 82

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prescripción, ya por indulto o amnistía, ya por cosa juzgada. Intentar esta nueva vía significa que se pretende eludir principios fundamentales del derecho (en rigor, los subsistentes después de las reformas procuradas por los humanistas de los derechos humanos), cambiar el frente de ataque para lograr por un flanco lo que no se pudo frontalmente, esto es mediante juicios serios llevados a cabo en tribunales competentes y con mayor seriedad (no siempre serenidad) que la que proporcionan los actuales GARZONES en actividad. O sea que mediante pronunciamientos como estos que comentamos se ha abierto un nuevo fuero no previsto por nuestras leyes. Esperemos que la aparición de estos pesquisadores del pasado (por falta de utilidad de estas intervenciones judiciales, técnicamente se podría decir que se está ante causas abstractas) no pretendan proyectarse hacia el futuro de modo que estos renovadores magistrados lleguen a indagar en el porvenir de cada uno de nosotros.Si de Estados Unidos se ha dicho que es el gobierno de los jueces, de la Argentina a partir del 2000 se puede sospechar que es su tiranía.Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 19 – mayo del 2000
DE ESO NO SE HABLA El representante de las FARC - asesinos seriales y sistemáticos que cebados en la sangre de sus compatriotas colombianos, amenazan con extenderse al resto del continente - Joaquín Calderón, según nos anoticiamos por el diario La Nación, sigue entre nosotros más o menos pública y oficialmente. Acaba de dar una conferencia auspiciado por los grupúsculos de izquierda que actúan en la universidad de Mar del Plata. Lo hizo sin inconvenientes y por cierto no necesitamos gastar nuestra imaginación para suponer la temática abordada: como se dijo en otro número de OTROSI, es algo más que un "ministro plenipotenciario" (lo que de suyo sería gravísimo tratándose de una organización que combina la producción masiva e indiscriminada de muerte con el tráfico millonario de drogas) sino un provocador y un "legalizador" de las prácticas cruentas del terrorismo. Pero no es esto lo más asombroso; lo que sí resulta conmovedor es la indiferencia y, en especial, la inmunidad con que se mueve, actúa, hace declaraciones y, claro está, negocia con algunos (no se sabe cuales pero muchos de primera línea como el ex presidente Alfonsín) miembros de nuestra plástica clase política. A propósito ¿qué negocian, sobre qué hablan, sobre qué se ponen de acuerdo? ¿Qué se proponen hacer el día de mañana, qué tienen en común, los políticos y gremialistas argentinos que apoyan comparten su metodología e ideario? Nos va eventual y literalmente la vida en saberlo.La buena y golpeada señora Elena Cruz por muchísimo menos mereció el destierro político y la lapidación pública. Es seguro que detrás de ella no hay ningún movimiento criminal ni ninguna filosofía perversa, ninguna forma de antinaturaleza, ningún afán destructor. Pero ella no existe más y no podrá volver a la escena mediática ni artística ni políticamente: desapareció. En cambio ¡qué distinto el trato que se le da a Calderón, que viaja y es recibido en palacio y en sus anexos, nadie lo denuncia, nadie se indigna por su presencia ni por su verba. No teme tropezar con un doctor Monner Sanz que lo arrastre ante algún tribunal de esos que le darían 48 horas para reflexionar. Nada de eso. Confundido, entremezclado y formando parte ya de nuestra partidocracia que lo admite y protege, nada ha de temer. El actual orden judicial argentino parece haber sido hecho para él.************** LAS CONSTANTES DE UN APELLIDO O LA IMAGINACIÓN AL PODER Es difícil sino imposible explicar y explicarse la actuación, tan inédita como insólita, de la jueza GARZON de Lascano que se considera en aptitud de suprimir la libertad de varios hombres - que, aunque le moleste y la sorprenda, son sus semejantes y compatriotas - aunque sea por un corto tiempo, para que "reflexionen". 84

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A esta altura no interesa demasiado saber en qué texto legal se basa ni en qué construcción jurisprudencial se refugia para proceder como lo hizo y como, aparentemente, está dispuesta a seguir. Hoy en todas las esferas del país - aun en las más comprometidas con esa tramposa multivocidad que se llama "derechos humanos" se entiende que esta suerte de justicia virtual, aparente, farisaica, toscamente arbitraria, terminó en un delirante y patológico manipuleo de seres humanos y de principios básicos. Si se mira un poco a fondo, más allá del asombro y de la indignación, se comprobará que no es solo el destino de estos desdichados soldados víctimas de la arbitrariedad lo que está en peligro: es el país todo, es la sociedad, es el orden institucional, somos todos y cada uno de nosotros las mismas potenciales víctimas de tanto abuso. Jueces así y fallos como éstos destruyen no sólo la confianza en el Estado en general y en el poder judicial en especial sino el sentido de seguridad jurídica que debe sostener a los ciudadanos para una convivencia racional.Ese es el gran riesgo que encierra este tipo de decisiones judiciales: tanta arbitrariedad, tanto exceso, tanto gusto en remover un pasado del que se sabe no podrá concluirse ninguna sanción penal sino - en todo caso, apenas y forzando los hechos- una de carácter moral, pone en colapso integramente a todo el ordenamiento institucional y aun social argentino. A partir de aquí todo será posible porque el Estado - por la vía de lo inexplicable e injustificable - ha roto sus propios límites de contención, ha avanzado sobre la sociedad y comenzó a construir un derecho marginal, paralelo, de facto, que nadie - o muy pocos, los iniciados - conoce, un derecho que puede variar, adaptarse, distorsionarse según las inclinaciones y necesidades de su ejecutor (o ejecutora). Es decir, un derecho que es, en realidad, su opuesto y su negación, si se prefiere seguir con la idea de lo que hasta hace poco se llamaba "derecho justo". Pues bien, toda esa tradición, toda esa riqueza acumulada -por supuesto, con sus puntos oscuros, marchas y contramarchas, sus adquisiciones y sus pérdidas- está a punto de ser echado por la borda. De prosperar o de repetirse comportamientos como los de Córdoba el país quedará a merced de los devaneos temperamentales, del ansia de vedetismo de cuanto personaje se empeñe en saltar a la luz pública a cualquier precio, estará sujeto a las inspiraciones ideológicas, a los títeres que se dejan manejar desde las sombras, a los impulsos de quienes no sólo no acatan las leyes sino que las modifican e interpretan en función de motivaciones que conservan "in péctore". En fin, un desastre se aproxima o se anuncia desde la adopción de medidas como éstas en las que se castiga a quienes ejercen un derecho constitucional que, por lo demás, es rigurosamente respetado para los auténticos delincuentes, comunes o subversivos. Más irritativo aun es,aparte de la injusticia en sí, la hipócrita razón invocada para justificar la detención, una invitación a reflexionar; si hasta suena a burla. Pero no es una burla, es una afrenta no sólo a los perjudicados sino al sentido común. 85

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¿Porqué suponer que los militares citados necesitaban de ese plazo para mejor pensar su resolución de no declarar? ¿No hay aquí una especial - aunque no muy refinada perversidad, una voluntad de persecución, un deseo de mortificación, una vocación de ensañamiento? ¿No está la señora GARZON de Lascano en condiciones de abandonar su puesto y de ser sometida a un juicio político por "exceso de subjetividad" y de "hipersensibilidad constitucional" al obligar a sus presos a reflexionar sobre la actitud que deben adoptar en los juicios que se les sigue?.Hablamos en serio. Hablemos en serio. El Estado de Derecho, que tanto se pregona y en el que tanto se confía, ha empezado a resquebrajarse o, mejor dicho, ha acelerado su ruina con magistrados como ésta y algunos más que, aparentemente, han decidido ponerse al frente de un movimiento izquierdista que sea simultáneamente "políticamente correcto"; porque perseguir, humillar, practicar actos improcedentes que bordean lo vesánico es, a su criterio, lo que corresponde para satisfacer a la nueva ortodoxia que reclama justamente eso: hacer del derecho un medio para otra cosa y no un fin en sí mismo como debiera, un instrumento no ya para castigar delitos ciertos o no sino para atender vindictas bajo la inspiración de ideólogos y estrategas que, cerrados los caminos racionales y jurídicos intentados antes, han hallado en esta insólita búsqueda de "la verdad histórica" una última posibilidad para satisfacerse.Temblemos ante estos jueces devenidos historiadores que empeñan sus esfuerzos en objetivos por completo fuera de su competencia jurisdiccional y de su esfera profesional como es la determinación de lo ocurrido en el pasado y el esclarecimiento de acontecimientos que ya no pueden ser juzgados. Se han erigido de esta manera en "super jueces" que no reconocen fronteras para su accionar en el tiempo ni en el espacio y pareciera que incluso pueden incursionar en lo más recóndito del alma humana. Y a todo esto ¿para qué investigar "la verdad histórica", con qué propósito, con qué resultado, para beneficiar a quien, para castigar a quien? Sea lo que fuere de lo que se trate en estas tan extrañas causas, bien o mal, todas ellas se encuentran resueltas judicialmente desde hace mucho tiempo ya por prescripción, ya por indulto o amnistía, ya por cosa juzgada. Intentar esta nueva vía significa que se pretende eludir principios fundamentales del derecho (en rigor, los subsistentes después de las reformas procuradas por los humanistas de los derechos humanos), cambiar el frente de ataque para lograr por un flanco lo que no se pudo frontalmente, esto es mediante juicios serios llevados a cabo en tribunales competentes y con mayor seriedad (no siempre serenidad) que la que proporcionan los actuales GARZONES en actividad. O sea que mediante pronunciamientos como estos que comentamos se ha abierto un nuevo fuero no previsto por nuestras leyes. Esperemos que la aparición de estos pesquisadores del pasado (por falta de utilidad de estas intervenciones judiciales, técnicamente se podría decir que se está ante causas abstractas) no pretendan proyectarse hacia el futuro de modo que estos renovadores magistrados lleguen a indagar en el porvenir de cada uno de nosotros.86

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Si de Estados Unidos se ha dicho que es el gobierno de los jueces, de la Argentina a partir del 2000 se puede sospechar que es su tiranía.************** DOBLEMENTE EXPLOTADOS La pobreza en la Argentina (y, en general, en todos los países sometidos a la competencia del FMI) es acuciante, progresiva, está a la vista de todos, es obscena; consecuencia -¡qué duda cabe!- de los crueles programas de achicamiento y reubicación que marcan las potencias centrales. Lo cierto es que la pobreza transformada en miseria se extiende por todo el territorio argentino y arrasa no ya con la dignidad sino que hace imposible la satisfacción de las mínimas necesidades. Todo esto es certísimo y escandaloso.Pero también lo es el hecho que a esa explotación salvaje - cuya responsabilidad última no es difíícil determinar: recae en los ideólogos y beneficiarios del Nuevo Orden Económico locales y del exterior - se añada la de su aprovechamiento inescrupuloso, mercenario, calculado, por parte de la izquierda rearmada que utiliza a las víctimas de ese hipercapitalismo mundialista como soldados involuntarios de un nuevo terrorismo convirtiéndolos así en sus propias víctimas. De esta manera viene sucediendo en Perú, Colombia, Ecuador y Méjico donde al pobre se lo utiliza más como un instrumento que como a un despojado, más como un objeto que como un sujeto. No se busca su reivindicación sino su rebelión ni tampoco resolver ni siquiera paliar sus problemas sino, por el contrario, llevarlos al paroxismo: no se los ama sino que se los usa. La izquierda también los explota con la misma desaprensión pero con peor intención.Es lo que está ocurriendo simultáneamente en el norte y en el sur del país, con los mismos métodos, los mismos agitadores, idénticos reclamos, similar problemática. Sería ingenuo separar estos ramalazos de violencia - que fuerzan a las autoridades a adoptar medidas de violencia que inevitablemente ahondarán los conflictos hasta extremos inadministrables - de las olas que vienen cubriendo a los vecinos. En especial Brasil donde la agitación manejada por la izquierda ha sabido incluir en un solo movimiento exigencias y requerimientos de antigua y nueva data desde los étnicos hasta los religiosos y sociales dinamizándolos para realimentar de esta manera los enfrentamientos algunos seculares y otros recientes, unos ciertos y otros inventados.¿Gimnasia previa entre nosotros para aplicar esta nueva gran estrategia que viene cubriendo el continente? La intransigencia de los piqueteros resulta, aparte de justificada en la medida en que lo es, sugestiva así como la espectacularidad de los procedimientos y declaraciones. Algunos de ellos son repugnantes como colocar chicos y mujeres entre hombres armados que a cada rato amenazan con entrar en acción mientras provocan mediaticamente a las fuerzas de represión. Saben que van a conseguir poco y que, contrariamente a sus expresiones, no se obtendrán soluciones de fondo porque, sencillamente, el gobierno - éste o cualquier otro - no está en condiciones de suministrarlas.-

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La izquierda lo sabe y se mueve con una gran dosis de cuidada y bien tramada irracionalidad para empujar a los pobres - que merecen justicia y ayuda, no violencia suicida - hacia la desesperación en la que nada y todo es posible. A esta izquierda que amenaza con volver a las armas la denuncian las circunstancias mismas. Los sociólogos saben bien que la reacción, por más justificada y fundamentada que sea, nunca es espontánea; necesita una cierta organización, determinados canales de reunión y de explosión, cierta disciplina que unifique la indignación y las pretensiones y hasta una cierta mística que no proviene de una sumatoria de broncas individuales. Siempre hay alguien detrás que maneje, para bien o para mal, ese cúmulo de energías que la marginación alimenta, explica e inclusive justifica.Por su parte, la otra izquierda, la que llegó al poder por elecciones y lo disfruta, habiendo renunciado explícitamente a su antiguo ideario revolucionario para adoptar un programa como el liberal socioeconómico que lo contradice en su totalidad y punto por punto, se ve enfrentada con la misma tensión que muchos de los actuales gobernantes supieron crear a los gobiernos anteriores, constitucionales o no. Y tiene o tendrá que recurrir (si las cosas escapan a su control) a las mismas respuestas. Lo que indica que la represión de otrora no fue tan insensata ni innecesaria como su humanismo lo señala y como ella denuncia.La conclusión es que la actual e insoportable injusticia que atraviesa al país es fomentada por la izquierda que ocupa el poder y usufructuada por la que no lo ocupa; ninguna sabe - ni se propone - remediarla arrastrando a la Argentina a un verdadero callejón sin salida en el que el pobre continuará siendo la víctima propiciatoria en cualquiera de los dos altares. Hay algo peor, mucho peor que la causa justa sin defensa, es la tramposamente invocada, la maliciosamente manipulada, la desaprensivamente manejada ¿Quién es más perverso, el sistema que cierra las fuentes de trabajo o los tácticos que usufructúan el dolor de los desempleados? ************** EL CASO DEL GENERAL BUSSI Por fin la izquierda agazapada en el interior de la clase política y representada como ningún otro segmento en la Cámara de Diputados, se dio el gusto de rechazar al general Bussi elegido que fue por el pueblo de Tucumán en comicios que nadie impugnó. Concretamente se trató (y se consiguió) de impedir el ingreso de un representante en un cuerpo que cada vez más acentúa su condición de oligarquía y que, como tal, se muestra dispuesta a cerrarse sobre sí misma. Nunca se había decidido a proceder como lo acaba de hacer, actuar como un juzgador de quien fuera designado por la "voluntad soberana del pueblo" ¿O es que no es así? ¿Hay en nuestra actual democracia, algo superior a esa instancia? Nosotros ciertamente no creemos (apoyados como estamos a este respecto en la Doctrina Social de la Iglesia, digan lo que quieran los monseñores que piden perdón más a siniestra que a diestra, no se sabe porqué ni a quien) en semejante democracia que no se pone límites. Pero lo que asombra - y sobre esto queremos llamar la atención 88

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es la contradicción en que incurren estos legisladores tan hipersensibles en ocasiones y tan rudos en otras, cuando se arrogan la facultad de decidir en lugar o en contra de la voluntad manifestada indubitablemente por el "soberano", es decir cuando abrogan abiertamente una decisión proveniente de una instancia que, en su teoría, es el nivel máximo del poder. Ahora, en cambio, tenemos que por encima se halla la voluntad de los electos y no la de los electores. Se saltean con impávida serenidad un principio que funciona como un verdadero dogma de la doctrina democrática vigente. Para ello se basan en un texto que establece que la Cámara es la encargada de juzgar los títulos de sus miembros (art. 64 de la Const. Nac.) que tiene la ventaja para ellos de ser amplio e impreciso porque no fija las razones por las que un electo puede ser rechazado; de esta suerte cualquier motivación, por arbitraria, falsa, antojadiza o subjetiva que sea puede servir de fundamento y excusa para impedir una incorporación no deseada. Que es el caso a que nos referimos.Para ir de lleno a la verdad de lo sucedido y de las intenciones de los legisladores, hay que decir que el grueso de las inculpaciones dirigidas contra el general Bussi se refiere a su actuación como represor de la subversión en el frente tucumano, provincia de la cual habría de ser dos veces gobernador, la primera de facto y la segunda electivamente (y una tercera vez también fue ungido mandatario, sólo que el fraude a favor del justicialista Ramón Ortega se lo impidió). No hay que dar más vueltas al asunto, el diputado electo Bussi no fue admitido - o sea fue condenado - por su calidad de militar que venció al terrorismo, a la izquierda armada. No fue otro su pecado. Ahora se invocan presuntas violaciones a los derechos humanos nunca acreditadas. Usó, sin duda, la fuerza - como que estaba en una guerra - aunque al respecto cabe recordar que al momento de hacerse cargo de ese frente ya la conflagración propiamente militar estaba en su tramo final; no obstante continuaban los ramalazos en forma de acción psicológica y de otros diversos modos de infiltración en la sociedad tucumana (ya que esa izquierda armada nunca desapareció sino que se prolongó y transmutó bajo otras apariencias y métodos, hasta hoy como lo prueba esta decisión).En todo caso no pesa sobre el general Bussi condena alguna por tales presuntas violaciones de manera que los basamentos del dictamen de la comisión que lo rechazó y la final de la Cámara carecen por completo de fundamentación jurídica y fáctica. Se está, pues, ante un abuso que, para peor, incurre en contradicción consigo mismo. Asimismo - y es bueno que los políticos lo tengan bien cuenta - se abre una posibilidad, que se aproveechará en cualquier momento, de rechazar a quien se quiera, todo abuso será en adelante viable a partir de semejante antecedente: el triunfo de la minoría sobre la mayoría.-

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"OTROSÍ" Nro. 20 – JULIO del 2000

"Familiares de militares asesinados" Un grupo de familiares de militares asesinados por la subversión han tomado la iniciativa -tan sensata como postergada- de reclamar la misma indemnización que tienen fijada por ley los ascendientes y/o descendientes de sus victimarios. Para lo cual iniciaron, como corresponde, las tramitaciones administrativas del caso, esto es que debieron acudir a la Secretaría de Derechos Humanos a cuyo frente se encuentra la vestal de la materia la doctora Conti, mujer comprometida -pública y privadamentecon los derechos humanos... de los terroristas. Sin duda sorprendida por tan desagradable pretensión - que imprime al cómodo y unilateral manejo de tales derechos que se venía realizando hasta ahora, un giro inesperado pero, en definitiva, jurídicamente lógico - atinó a decir que iba a formular un dictamen negativo porque (¡al fin lo reconoció!) semejantes prebendas eran sólo para las supuestas víctimas del supuesto terrorismo de Estado.En rigor no le falta cierta razón si nos atenemos a la intención del legislador y a la voluntad más o menos implícita de la ley (en otras palabras, a las circunstancias ideológicas que acompañaron e inspiraron a la aprobación de tan aberrante norma). Porque, en efecto, esta ley está pensada en obvio beneficio de aquellos muchachos (o no tanto) que, en su momento tomaron las armas contra la sociedad con el declarado propósito de reformarla aun contrariando y forzando los propios deseos de ésta. Resultaba claro el propósito de sus autores de excluir a los demás caídos en el transcurso de la Guerra Revolucionaria, tan claro como implícito al punto que no consideraron entonces en su redacción la necesidad de afirmarlo con una mayor explicitud. Tampoco conveniente. Los dineros del Estado agredido estarían destinados de un modo exclusivo a los parientes de sus agresores y nunca a las de sus defensores. Pues bien, he aquí que un conjunto de fastidiosos huérfanos y molestas viudas castrenses vienen a enturbiar con su imaginación el justiciero y tranquilo clima de distribución de la correspondiente partida del desvencijado tesoro nacional; partida que al final de la exacción se habrá desangrado en 4.000 millones de pesos (o de dólares, si avanza el plan de cambio de

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moneda). ¿Alcanzará para todos? Por las dudas la Secretaria se opone, según adelantó un tanto nerviosamente.Es que con astuta pero no completa previsión, como se ve, la ley incluye entre sus beneficiarios a las "víctimas" del terrorismo de Estado y de otras fuerzas "paramilitares". La picardía era patente: que no quedaran fuera los que cayeron en las redadas de la Triple A, de intensa actividad durante el gobierno de Isabel Perón y que se habría cobrado, según cálculos serios, no menos de 900 desaparecidos. Pero, como suele decirse, la oración se les volvió por pasiva y ahora resulta que esa ampliación de los sujetos de la represión (por cuyo accionar el Estado debe pagar) puede comprender a los asesinos seriales y sistemáticos conocidos como montoneros y erpianos, cuyas víctimas podrían, entonces y a la luz de esta nueva interpretación, quedar contempladas en los generosos dispendios de la ley. Porque si de "paramilitares" se habla nadie más caracterizado que esos jóvenes que gustaban adoptar la jerarquía militar, atribuirse grados, dar y recibir órdenes, aplicarse sanciones y, en general, adoptar un estilo militar del que decían aborrecer y al que decían combatir. Había algo de simiesco en ellos que si ayer los mantenía contentos y hasta orgullosos, hoy, posiblemente, los obligue a compartir las jugosas compensaciones arrancadas al Estado.Se trata de dar con jueces serenos, resistentes a todo tipo de presiones, desde la física hasta la política e ideológica - en especial la más fuerte y descarada, la que provendrá de los medios de comunicación - y dispuestos a aplicar la norma con un sentido de equidad, es decir de justicia concreta y sin mirar a derecha ni a izquierda.A medida que pasa el tiempo, los espacios para el macaneo, la irresponsabilidad, la imaginación suelta, se achican; tantas leyendas negras y tantas versiones rosas, tanto maniqueísmo barato y fácil se vuelven insoportables y, aunque parezca mentira, inservibles. Es como un comienzo de oxigenación para una sociedad harta de discursos únicos y de excomuniones y marginaciones impuestas por un poder desde las sombras.****************************

"OTRA FARSA JUDICIAL" Ya habíamos advertido en otro número que el Coti Nosiglia, cuyo instrumento en el gobierno de la Alianza es el ministro de Justicia Ricardo Gil Lavedra, se proponía rescatar a sus antiguos subordinados que el 23 de enero de 1989 intentaron ocupar el regimiento de La Tablada y que,
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derrotados, fueran condenados a diversas penas. No se trataba de delitos menores, entre otros 39 homicidios y más de 50 heridos sin contar algunas figuras más como el de portación de armas de guerra, daños, amenaza pública y un largo etcétera. Es curioso que su jefe visible, inspirador e ideólogo, el fraile Puijané, disfrute en la actualidad de una libertad que sus seguidores no tienen: tiquismiquis de un Poder Judicial cada vez más politizado y flexible.Ahora es el abogado de esos terroristas - castigados en un juicio público con todas las garantías - el que, devenido diputado, vuelve a la carga persiguiendo mediante un proyecto de ley la modificación de la sentencia que perjudicó a sus clientes y correligionarios. Figúrese el lector qué sería del país de prosperar tácticas semejantes: un abogado perdidoso en los tribunales, casi por azar se recibe de legislador y obtiene la modificación del fallo que lo disgusta mediante una ley de su autoría. No sólo se habría extinguido la división de poderes -que aun, a pesar de todo, subsiste aunque sea a los tropezones- sino, lisa y llanamente, la seguridad jurídica; ello sin contar con que el principio de igualdad ante la ley, hecho trizas, no sería más que papel mojado. Y todos quedaríamos sujetos a la influencia y cuota de poder con que contáramos en cada caso.Tampoco es casualidad ni de extrañar que Raul Alfonsín apoye por detrás la iniciativa de Torres Molina (fracasado abogado e ingenioso legisferante ) puesto que fue el ex presidente quien en su momento apareció comprometido en la asonada en un episodio que nadie investigó en realidad en todos sus aspectos, motivaciones e implicancias, a pesar de la vocación de pesquisantes que tantos periodistas han sacado a relucir para casos menos significativos.Como algunos juristas han indicado, se trata de un indulto encubierto sin mayor sustento legal ni jurídico. El razonamiento en que se fundamenta la pretensión, apenas formulado no resiste el análisis. Se dice que la resolución de la Cámara Federal de San Martín condenando a 13 terroristas a prisión perpetua, uno a 20 años y los demás a penas inferiores - no respetó el principio de la doble instancia fijado en el Pacto de San José de Costa Rica, suscripto oportunamente por la Argentina. Falso. La Corte Suprema, por vía extraordinaria, intervino confirmando la sentencia; años después volvió a hacerlo cuando rechazó una solicitud de la nada confiable Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que solicitó que EN LO SUCESIVO se adoptaran disposiciones para respetar el derecho de apelación; con criterio aceptable la Comisión propone legislar, como es de ordinario, para el futuro.
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De cualquier manera, el alto tribunal volvió a rechazar otra presentación del mismo organismo reclamando una reparación a las víctimas (¡) por el daño (¿) sufrido. Si bien esta mezcla de delincuentes, cómplices, ideólogos y jueces nos tienen acostumbrados a tales juegos malabares - indignos, por cierto, de la ciencia del derecho que tantos sacrificios y siglos costó a Occidente levantar para que vengan los diversos Garzones a aventarlos de un soplido - esta vez parecen haber llegado demasiado lejos en sus piruetas y elucubraciones. Ha habido, si es eso lo que verdaderamente les preocupa, doble instancia y sus defendidos han gozado, como correspondía, de las debidas garantías en juicio; de las mismas garantías que ellos les negaron a sus víctimas caídas entre sus garras. Y de la que se proscribieron a sí mismos en 1973 - enloquecidos por alcanzar rapidamente su libertad en cualquier condición para volver a delinquir, como lo hicieron sin tardanza - al eliminar el tribunal creado a efectos de juzgarlo como se debía, con la ley y por jueces ordinarios designados antes del hecho. Los Torres Molina de entonces - casi unanimidad en ambas Cámaras les otorgaron el perdón y disolvieron el órgano que les aseguraba sentencias justas. Y persiguieron a sus miembros. El terrorismo se reinició hasta la demencia.Ahora vuelven por otra senda; siempre con la mano crispada de la víctima y el rostro ajado del perseguido pero siempre también prestos para pasar al ataque y erosionar el orden jurídico desde cualquier posición, como ministros, legisladores, jueces o, más directamente, como vulgares terroristas. Todos ellos, alternativa o sucesivamente, se pondrán el disfraz de víctimas y de perseguidos ... hasta que puedan recuperar las armas. En este retorno se intenta la maniobra completa: el diputado, la Secretaria de Derechos Humanos, una nueva comisión de la CIDH que acaba de llegar al país, la clase política dispuesta... todo para ejercer la presión mediática e institucional más intolerable como si se tratase y verdaderamente de un caso de justicia.Una última reflexión. La Nación pone en boca de la ministra de Acción Social Graciela Fernández Meijide esta frase con referencia a un supuesto proyecto del entonces presidente Menem de indultar a los cabecillas del alzamiento de diciembre del 90": si con tal de ser reelegido se lleva por delante la Constitución ¿porqué le va a importar indultar a quienes quisieron atropellar a la democracia?".

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Cabe la pregunta: la destacada dirigente izquierdista se refería al coronel Seineldín o a los jóvenes que intentaron copar el Regimiento 3 de Infantería? Porque ¿cuándo la señora considera que se ha atropellado a la democracia (o, más amplia y exactamente, a la república)? Sería de sumo interés para la descreída opinión pública que lo aclarara aunque haya pasado el tiempo.Como se ve, las izquierdas de dentro, fuera, cerca o lejos del poder en todo momento tienden a coincidir, a buscarse, a aliarse, como a impulso de un movimiento empático natural. Todo, desde el foro hasta la legislatura, lo ponen al servicio de sus ideales ... y de sus métodos. Cambian las excusas pero no el discurso de fondo.
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"LA JOVEN CRUZADA" Una joven de apenas 22 años ha dado - está dando - con su silencio, con su negativa y su resistencia una prueba de integridad moral y, también, de claridad mental frente a los poderes del mundo, poderes encarnados en las Abuelas de Plaza de Mayo y representada por otra jueza de ésas que nosotros procuramos olvidar y la historia hundir (o en todo caso mantener en la memoria colectiva como ejemplo de lo que un magistrado judicial no debe ser ni hacer). Natalia Alonso se llama esta niña que, rechazando las amenazas y las tentaciones de una y otra cabeza de la misma hidra, se ha negado a someterse al análisis de ADN lo que permitiría comprobar su filiación de sangre. El caso es conocido aunque ocultado o disimulado con cierto pudor por los grandes diarios que prefieren pasar al olvido los abusos aberrantes e insólitos a que esta casi heroica mujer (por lo menos, muy sufrida) fue sometida hasta llegar al cruel e innecesario exceso de su detención en forma pública a la salida de la Universidad de La Plata donde cursa estudios.Todo fue - es - como una locura, una escena de estólido espanto que, tocando el límite de la cordura, parece haber escapado al control de la propia jueza que, no se sabe movida porqué sentimiento ni por cual influencia, se dispuso a tomar como rehén a Natalia y colocarla a disposición de ... la señora de Carlotto, expresión contemporánea de una Pléyade de la mitología griega de reconocida e impetuosa vocación por la cacería (éste es, sin duda, el rasgo más saliente del humanismo de las Abuelas que persiguen con denuedo a cuanto cachorro de pocos años se les ocurra pueda ser su nieto).
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Es pertinente recordar la perspicaz sabiduría británica (no siempre puesta en aplicación, es cierto) que descubrió que un juez debe ser ante todo un caballero (o una dama) y, si sabe derecho, mejor.La mencionada Abuela, por su parte, ya con la niña entre sus manos empezó a intervenir despiadadamente en el corazón de la víctima para arrancarle su consentimiento: le pidió que se prestara para demostrar que sus padres eran un par de delincuentes secuestradores de chicos y falsificadores de documentos públicos. La Abuela no se puso límites ni los toleró, la razón, según cree, está de su lado y le permite cualquier exceso; quiere probarlo al precio que sea, aun al de una vida humana como en el caso. No le importó con tal de satisfacer una hipótesis de trabajo o producir una renta mediática, maltratar o arruinar a un ser joven, pletórico de esperanzas y rodeado - es de suponerlo por la energía y convicción con que Natalia defendió a su familia y a su hogar - de seguridad; empujó a la muchacha, o la puso en grave riesgo, al borde del trauma más profundo que pueda afectar a una persona de cualquier edad, el de su identidad cultural y biológica. Su extraño y feroz sentido de la justicia evidentemente no la habilita para congeniar la venganza con la consideración ni el odio con el respeto y se creyó autorizada para intentar las últimas consecuencias.Pero contó con la complicidad y la actividad de jueces que, en una actitud abiertamente totalitaria (con el poder que da el Estado puesto al servicio de los Derechos Humanos y de sus respectivas ONG) ingresaron en la intimidad de una persona destrozando ese ámbito de auténtica libertad y, por supuesto, lo volverán a hacer en cuanto pueda si es que no reaccionamos a tiempo frente a tanta demencia, desapercibida inexplicablemente para obispos como Laguna que aplauden o por lo menos silencian tanto y tan repugnante atropello y que no se conmueven por el dolor auténtico.El proceso es tétrico: una activista de izquierda consigue que su enfermiza obsesión se transforme en un imperativo judicial y lleva a la cárcel al más inocente de los personajes del drama montado por ella misma. Es preciso aquí guardar silencio: estamos ante un abismo de perversidad. Se trata de un hecho que bien podrá ilustrar la historia del terrorismo secuencial o bien pasar como un episodio para estudiar por la psicopatología de los archivos policiales.-

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"OTROSÍ" Nro. 21 – agosto del 2000

UN 19 DE JULIO ...
El 19 de julio de 1976 cayó muerto en acción de guerra el capitán Leonetti; fue la última víctima cobrada por ese enfermo ideológico que se llamó Santucho, fundador y dirigente supremo de una banda conocida como ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo, organización ésta más violenta y vesánica que cualquiera de sus pares. El ERP tuvo conexiones directas con los tremebundos miembros de Sendero Luminoso y otros afines, de los que tomaron no sólo sus objetivos sino sus métodos que aplicaron con impiadosa constancia. Se puede decir que esto ya es historia pero, no obstante, tiene una gran importancia para el presente inmediato si recordamos un dato: el segundo de Santucho era Gorriaran Merlo que, una vez abatido el jefe, continuó su perfomance de terrorista sistémico por el continente, culminando su carrera con el asesinato del ex presidente nicaragüense "Tachito" Somoza en Asunción, luego de compartir glorias con los vencedores de éste contribuyendo a levantar la tiranía Es por este Gorriaran Merlo, hombre que en realidad nunca bajó las armas y que encabezó la toma del regimiento de La Tablada en 1989, por quien un grupo de funcionarios y legisladores oficialistas - incluyendo al mismísimo ministro de Justicia Gil Lavedra, camarista que a su hora supo condenar a los integrantes de la primera Junta Militar del Proceso - se mueve para conseguir su indulto y amnistía. Lo hacen a través de una más o menos complicada maniobra político-judicial que culminaría con la libertad de los responsables intelectuales, espirituales y materiales de ese golpe agónico del terrorismo que costara varias decenas de vidas; lo que parece no interesar demasiado a nadie.Aquí queremos rescatar este hecho revelador de una situación de fondo que pasa desapercibida para tantos pero que, sin embargo, constituye uno de los ejes sobre los que se genera y tensa la realidad argentina actual. La cosa es que a la izquierda bien o mal pensante - es decir la presentable tipo Storani y Alvarez o a la que hay que ocultar como los Hijos - no le importan los delitos cometidos ni los castigos merecidos: se toman de una formalidad que no es más que una excusa para procurar la libertad de sus cómplices. Repiten lo del 73, abrir las cárceles para que vuelvan los terroristas.******************************************

LOS TEMBLEQUEOS DE BALSA
El ex comandante en jefe del Ejército parece que no está dispuesto a retirarse definitivamente y de una vez para siempre de la vida pública -retornando al anonimato más humillante en el que el mejor premio ha de ser el olvido- sin cometer su último acto 96

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de desdoro. No conforme con haber sido expulsado por unanimidad de la organización que nuclea a sus colegas, se ha pasado decididamente y cada vez con menor pudor al bando de la izquierda; y no de cualquier izquierda sino de la propiamente armada o, peor aun, de la que reivindica el terror que sus hijos y nietos implantaron en el país como una alucinante forma de hacer política. El general Balsa con gusto se alía, conversa e intercambia convicciones con las madres y abuelas de aquellos que descuartizaron a sus compañeros de armas o a sus parientes, casi nunca de frente sino mediante el ataque artero, la bomba clandestina, el asesinato indiscriminado. Los ascendientes de los asesinos de sus camaradas se han vuelto los interlocutores válidos con los que este extraño y zancudo militar gusta platicar como si no tuviera nada que reprocharles. Bajo la bendición de cierto obispo y la complacencia de cierto rabino se mostró, no mucho tiempo ha, arrepentido de lo que en ese momento sus superiores hicieron contra la subversión; ahora se opone a que se instalen las "mesas de diálogo" que propone el General Brinzoni como modo de acordar un principio de solución al conflicto entre represores y subversivos - cada vez más enredado desde que estos últimos se niegan por principio siquiera a reconocer que lo fueron y que desencadenaron una guerra con métodos atroces llamada revolucionaria -; alega que los protagonistas de la represión - pasado que parece no poder sacarse de su conciencia como sí ha eliminado limpiamente los reproches por los contrabandos de armas - "deben" recordar algo, son archivos vivientes que deberían abrirse puesto que fueron favorecidos por el indulto "que no es olvido sino perdón", como acotó. Esto es abrirse a las Bullrich, a las Conti, a las Carlotto y Bonafini, es decir completar la rendición que él inspiró y protagonizó cuando pidió perdón no se sabe de qué ni porqué ni en nombre de quien, con la entrega y, de ser posible, con la delación. El general propicia, pues, la traición.Como se sabe - y tal vez Balsa lo recuerda todavía - la guerra tiene secretos que no deben develarse sino en tiempo oportuno pero jamás mientras se encuentre, como en el caso, abierta y con un bando que se niega a deponer las armas (simplemente las tiene ocultas debajo de los vestidos de un humanismo falso y que sacará a relucir en cuanto advierta que su permanente y real enemigo, las Fuerzas Armadas, abandone las suyas y se sienta culpable). No se puede ser tan miope o tan hipócrita como el general Martín Balsa que se empeña en desarmar al Ejército argentino del que alguna vez formó parte, de vaciarlo y descalificarlo ¿Porqué no le pide lo mismo a la Subversión? ¿Verdaderamente no se da cuenta que la Subversión está representada y viva en las Madres y en las Abuelas con las que coquetea indelicadamente por TV? ¿Verdaderamente cree que la guerra terminó y no percibe que continúa bajo otra forma y modalidad como es la mediática y la persecutoria por la vía judicial? ¿O cree con sinceridad que todos estos manejos y entresijos de los bebés supuestamente secuestrados y los "juicios de la verdad" responden a una genuina

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vocación de justicia de tales Madres y Abuelas, no sospecha que más bien responden a una estrategia a la que él se presta con tanta imprudencia? Entonces ¿porqué insiste en hacerles el juego a estas subversivas con polleras y pañuelos que vienen a suplantar a sus hijos y nietos una vez perdida la batalla militar que ellos mismos provocaron? Lo peor que le puede ocurrir a un profesional del arte de la guerra (y de la política) es confundirse de enemigo; creer que su enemigo es su aliado; tanto más si este enemigo jamás dio muestra ni prueba de arrepentimiento ni de deseo de reparar el daño inmenso causado por su vesanía e irracionalidad. Pero digamos no en apoyo sino en comprensión de Balsa que este paso a las filas del enemigo (que continúa siéndolo y que lo será para siempre) puede explicarse -por repugnante que sea- como su necesiddad de contar con la protección de algún sector de la sociedad donde refugiarse cuando los jueces federales - tan antidemocráticos ellos - le golpeen la puerta en nombre de un ejército al que, junto con sus arma le hizo perder sus razones para combatir.******************************************

INDISPENSABLE
Apareció el libro de Carlos Manuel Acuña "Por amor al odio"; un acierto desde su título. No podemos comentarlo por su extensión e importancia aunque lo pensamos utilizar abundante y provechosamente. Es el libro que hacía falta no sólo para los historiadores de mañana sino para los testigos de hoy por lo general tan desorientados. Estudia con abrumadora minuciosidad todo el fenómeno subversivo desde sus orígenes, allá en Sierra Maestra, hasta el golpe del 76. Queda, como se ve, mucho por decir que será materia de una segunda parte que -así lo deseamos- será tan exhaustiva como ésta.Nada queda fuera de su enfoque: ni el contexto internacional en que se ubica su génesis ni su semillero ideológico ni sus afinidades y conexiones, métodos y tácticas. Para decirlo todo se trata de un libro indispensable tanto para el estudioso sereno como para el protagonista de cualquier ribera de la guerra. No se piense ni por asomo que se está ante un trabajo comprometido con alguno de los contendientes ni de posición tomada de antemano; simplemente es un esfuerzo de erudición y síntesis que reúne cuanto material historiográfico pueda interesar, cuanto dato importe, cuanta interpretación corresponda científicamente. Queremos decir que es exactamente lo contrario de un panfleto - por otra parte, muy voluminoso para serlo- es un aporte serio que a todos hará bien, incluso a los actores del terrorismo marxista de entonces que tendrán así la perspectiva objetiva para meditar su comportamiento y, acaso, para reflexionar sino ética por lo menos políticamente para de esa forma detectar los "errores" cometidos, ellos que, por supuesto, no soportan la noción de pecado.98

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"OTROSÍ" Extra – 21 agosto del 2000
"EL GOBIERNO CONTRA EL PAÍS" - Caso Oliveras Ya impreso el número 21 de esta publicación se produjo el episodio de la detención en Europa del mayor Jorge Olivera a solicitud de un juez francés, acusado de torturas y desaparición de una joven de esa nacionalidad (lo que para la ley argentina no es cierto) durante los años de la represión. No queremos estar ausentes desde que se tomó noticia, no obstante carecer de los pormenores del hecho, pero no es aventurado tomar posición ante el caso por tratarse más allá de alguna particularidad que no hace al fondo - de un calco de lo ocurrido con el general Pinochet y con basamento en las pretensiones similares de otros magistrados europeos que también se muestran ansiosos, como perros de presa o como aves de rapiña, de enjuiciar y sin duda condenar contra todo derecho a los militares latinoamericanos (jamás a un norteamericano ni un británico, sencillamente no se atreverían) que combatieron con éxito a la Subversión terrorista de los 70 y 80.Desde el punto de vista jurídico la ansiedad de estos jueces no tiene asidero (sí, por supuesto, desde el punto de vista ideológico) excepto forzando los textos y llenando los vacíos con imaginación y mala fe. Porque el tratado que se invoca - obligatorio para los que lo suscribierron, para nuestro país sólo a partir de 1984 - expresamente dispone su irretroactividad de modo que no puede ser aplicado a delitos (presuntos en la inmensa mayoría o de harto dificultosa prueba) anteriores a su entrada en vigencia. Esto sin contar que la extensión de la jurisdicción de un tribunal ha de ser considerada siempre como una excepción a un principio general, central todavía en los ordenamientos jurídicos vigentes mientras no se acepten plenamente las consecuencias del otro principio que se ha venido dibujando –con los caracteres de un monstruo apocalíptico- conocido como "globalización". De ser así, el comienzo de la extinción de las naciones sería un proceso que ya está en marcha y en avanzado estado de concreción. Aquí tocamos el nervio central de nuestra reflexión sobre el caso Olivera: ¿qué piensa hacer real y lealmente el gobierno de la Alianza? En este aspecto, así como en muchos otros, no se puede ser optimista.Como quiera que sea el caso en cuestión se ha convertido en una verdadera prueba de fuego para el actual gobierno desde un doble punto de vista:

El primero es acreditar el grado de voluntad política y de vergüenza nacional que lo alimenta frente a conflictos surgidos de la prepotencia de jueces farisaicos 99

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como según parece, pueblan al viejo continente sometido a una ola de socialdemocracia asfixiante y totalitaria, con aliados y agentes en la Argentina. El segundo se refiere a la capacidad de resolver las contradicciones y oposiciones que atoran y atascan a la izquierda en el poder.

Como se sabe hay varias izquierdas en el país y en el gobierno que alternativamente se enfrentan, se complementan y se continúan; son grados, niveles, matices, también celos y resquemores personales, tácticas, conductas "prudenciales", incluso cálculos de tiempo oportuno (hoy le corresponde a uno ser intransigente y a otro flexible, mañana a aquel comportarse con dureza y abiertamente y a este otro como un moderado, etc.). Así, la izquierda de dentro y fuera del poder - incluso la que se proclama opositora radicalizada, como la nucleada en Le Monde Diplomatique, coqueta y gramsciana actúa (y sobreactua) cumpliendo más o menos coordinadamente roles previamente asignados. No todo funciona como un mecanismo de precisión y es por eso que a veces se producen desencuentros (caso Alvarez e Ibarra) y desinteligencias. Lo que a estos efectos interesa es señalar que a un gobierno netamente de izquierda resulta difícil mantener la coherencia en circunstancias determinadas, cuando discurso de ayer se topa con la realidad de hoy ¿Quiere, pues, el gobierno de Alianza, sostener la soberanía nacional o prefiere ceder a las imposiciones presupuestos de su ideología? le el la y

Hay un caradurismo impúdico y chocante en algunos de los protagonistas. Es el caso de Raúl Ricardo Alfonsín, abogado que fue de Santucho, que viene moviendo con poca discreción las piezas de su influencia - en el caso vía Nosiglia y Gil Lavedra - para obtener un indulto de hecho a favor de los homicidas de La Tablada, aquellos muchachos que no se sabe porqué tomaron ese regimiento de infantería en 1989, beneficio que se les otorga como si acá no hubiera pasado nada y nadie tuviera que ser castigado. Al ex presidente le consta -no puede dejar de constarle - lo que entonces aconteció y porqué. Sin embargo está dispuesto a reivindicarlos liberándolos. Que no se trata de un sentimiento de humanidad el que inspira al ex presidente lo demuestra el hecho que ahora, ante el caso del secuestro ilegal que sufre un militar argentino en manos de los miméticos jueces europeos, con toda seriedad y severidad opinó que el gobierno –que es "su" gobierno- sólo y apenas debe aportar un apoyo consular, es decir una ligera e insustancial ayuda técnica y momentánea.Se olvida y quiere olvidarse que el mayor Olivera fue juzgado por un delito que habría sido cometido en territorio argentino, pero ya juzgado y resuelto según el ordenamiento legislativo argentino. Podemos llegar a comprender que un abogado que tan poco se lució en su ciencia ignore lo que tal situación significa jurídicamente pero no a un político que, por mediocre que sea, no puede desconocer que se está ante un avasallamiento grosero de la soberanía nacional. Pero tampoco se nos escapa que a un izquierdista de raza como lo es él, le importe nada o muy poco la soberanía nacional. No es que creamos que Alfonsín se mueva según los preceptos más ortodoxos del marxismo - en atención a los cuales no importa la pertenencia a la nación sino a la clase - porque, posiblemente, nunca los haya leído - por lo que estamos ciertos que al jefe 100

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radical y enhebrador de la Alianza lo mueve una inspiración propia de la nueva izquierda, que junto con el hipercapitalismo es el sostén y la argamasa ideológica y cultural de la mundialización; fenómeno que no admite ni tolera ni comprende la existencia ni la legitimidad de las naciones como entes coordinados pero soberanos, convivientes pero no subordinados. La izquierda a la que pertenecen Alfonsín, sus maestros y seguidores exige la extinción de éstas y para ello se ha comenzando con el debilitamiento de los respectivos estados (soberanía económica) conjunta y paralelamente con la limitación de la competencia judicial (otra forma de la soberanía).No es de asombrar, en realidad, el comportamiento de personas como la nombrada y otra pequeña multitud hoy encaramada en puestos decisivos de la pirámide del poder, pero no deja de causar un efecto desagradable esta ambivalencia, esta contradicción flagrante y contemporánea frente a una misma realidad, el apoyo a la subversión y la condena de la represión manejándose por criterios ideológicos y no por los de justicia.Ni por los de la ley, según lo dejamos asentado arriba. El Estado argentino debe intervenir en el caso con urgencia y decisión no porque se trate de un militar sino de un ciudadano, de un connacional víctima de una encerrona llevada a cabo por una internacional - no siempre perceptible- de la izquierda que se vale de un denunciante acá, de un juez allá, de un canciller mudo y temblequeante más acá ... de un presidente simplemente cobarde.Hay que hacer del caso Olivera un caso de interés nacional, una cuestión de estado, incluso un "casus belli", un tema prioritario para nuestra diplomacia. Interesa no sólo porque el Estado argentino está obligado por naturaleza (¿sino para qué existe?) a proporcionarle protección a sus individuos sino porque ha de defender a la soberanía allí donde la misma sea ofendida, lesionada o desconocida. Aceptar con tan plácida complacencia atropellos de este carácter y dimensión como lo hace el gobierno izquierdista de De la Rúa, equivale a una traición aunque sea por omisión. Sopesamos bien las palabras y creemos ajustarnos a su sentido más propio y técnico. Porque tanta y semejante pasividad no se compagina con la función histórica del Estado de asegurar la libertad de la patria y la dignidad de sus hijos preocupándose, por lo menos, de su seguridad jurídica ya que el actual gobierno no lo hace con respecto a su prosperidad .Tememos haber caído en el uso - hoy incomprensible para la mayoría de los oídos - de términos en desuso y casi carentes de sentido concreto. ¿La libertad de la patria?, ha sido olvidado el concepto, ¿dignidad de sus hijos?, otro concepto bastardeado por su mal uso y abuso. Hay que recuperarlos si es que deseamos seguir siendo nación argentina.De aquí la trascendencia que le damos al caso Olivera: por un lado puede ser el comienzo de un proceso mortal para el país, por el otro exhibe a la luz del día las debilidades de una coalición cada vez más frágil y el afianzamiento de una ideología que gusta de ceder ante la prepotencia extranjera siempre y cuando la misma se acomode a sus necesidades teóricas y prácticas.

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Si el gobierno argentino no defiende activamente al ciudadano argentino Olivera pierde legitimidad y decencia y deja en claro que expone a la nación toda a los avances tramados desde el exterior y el interior. Hay una nueva Internacional a la vista, es la de la socialdemocracia con agentes locales, activos como Alfonsín y Diana Conti o pasivos como De la Rúa y Rodríguez Giavarini.V. E. O.

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"OTROSÍ" Nro. 22 – Septiembre del 2000

Carta a la señora de Carlotto:
No caeré en la protocolar hipocresía de iniciar esta misiva precediendo su nombre del adjetivo "estimada" o de una expresión del tipo "de mi consideración". Sería falso. Sólo quiero dirigirme a Vd. para manifestarle mi opinión no tanto sobre su persona (ya que no la conozco) sino sobre su comportamiento puesto de manifiesto en esta caza insaciable y vengativa que su organización viene realizando despiadadamente desde hace años sin detenerse en los dolores y traumas que causan. Todo precio le parece escaso para satisfacer su extraña y patológica vocación de revancha. Porque antes que nada, señora de Carlotto, no pretenderá que se le crea cuando dice actuar por justicia y amor. En realidad, Vd. sólo busca continuar por otros métodos la misma guerra iniciada dos décadas antes por alguno de sus hijos, hijas o yernos. Es su forma de actualizar sin piedad el mismo infierno de entonces y es el mismo sentimiento ayer y hoy. Importa el resultado, no los medios, importa la ideología, no la verdad. No la mueve (tampoco a sus compañeras de causa) la caridad del que procura el bien del prójimo sino el odio alimentado por la derrota, no la sincera voluntad de restablecer el orden sino el rencor de reivindicar la violencia y a los violentos. Los violentos del pasado, que son los únicos o, por lo menos, los principales responsables de esa violencia de tanto dolor y tanta destrucción. Alguien los enloqueció a los muchachos de un cuarto de siglo atrás; ellos y no otros, ellos y no los represores son los primeros y últimos culpables de todo lo que pasó y de todo este sufrimiento que no es exclusivo de Vds. ¿Porqué, pues, quiere extenderlo a los demás? Por venganza. Porque - permítame esta otra reflexión - si ellos son los responsables del ayer, Vds. lo son de la violencia del mañana, aunque no lo quieran expresamente.Si Vd. estuviese en condiciones de poner paz en su alma podría ver con más serenidad la realidad y ponderar debidamente la justicia de su causa, la bondad de sus pretensiones y la verdad de sus intenciones. Y tal vez comprender que su motor es, simplemente, el odio, el mismo odio visceral que consume a las Madres. No insista en ver el mal sólo en un lado, más bien debería advertir que el mal provino del bando de los que iniciaron la guerra interna (guerra revolucionaria) y no del de los que la combatieron; de éstos se puede y debe reprochar y condenar los abusos pero no la legitimidad de su razón para enfrentar a quienes hicieron del terror una política. 103

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No se engañe más. Su hijo y los hijos de sus compañeras de partido no se proponían una Argentina mejor ni más justa porque de habérselo propuesto habrían recurrido a otras armas más nobles y civilizadas, más acordes con los fines elevados que decían perseguir. En todo caso, señora de Carlotto, no repita lo que ellos hicieron, no emplee su misma inescrupulosidad para obtener sus objetivos, sobre todo si no los tiene en claro, como ellos no los tenían. No vuelva a hacer el mal, como el que ellos hicieron; quizá un gesto digno y sensato de su parte reintroduzca un elemento de racionalidad en esta enferma sociedad argentina que a todos nos duele y a todos nos hace mal. E, inclusive, puede -entonces sí lícitamente- reivindicar su memoria y su nombre. Están muertos, están desaparecidos, fueron derrotados, no insista en defenderlos ni en justificarlos; cayeron en el camino que eligieron y por los métodos que utilizaron. Recibieron la respuesta que merecieron aunque en ocasiones ésta haya sido dura, excesiva y aun salvaje. Es la ley de la guerra: sobrepasar en violencia al adversario, pagarle como lo autoriza el Antiguo Testamento, ojo por ojo, diente por diente. Es horrible tener que decir estas cosas después de 2000 años de cristianismo ¿De cristianismo? ¡Ya no hay un mundo cristiano! Ni iba a salir de las manos de sus hijos, tenga la seguridad. Imagínese por un momento el orden social, ético y político que ellos podían dejarnos, luego de haber sembrado el país de terror.De alguna manera Vd. misma comprende el dolor inconmensurable que provoca el acto de arrancar a un hijo de los brazos de su madre, "Qué tipo de nacimiento tuvo y qué dolor cuando le arrancan al bebé de sus brazos" (La Nación 20 de agosto). Tiene razón. Piense el dolor que genera Vd. con sus escarceos vindicativos en la intimidad ajena cuando arranca a un hijo, aunque no sea un bebé (peor si no lo es) de los brazos de una mujer que se comportó como una madre. No tronche más familias que eran felices hasta que Vd. llegó.Con sincero respeto Víctor Eduardo Ordóñez

El Gobierno contra el

país

Ya impreso el número 21 de esta publicación se produjo el episodio de la detención en Europa del mayor Jorge Olivera a solicitud de un juez francés, acusado de torturas y desaparición de una joven de esa nacionalidad (lo que para la ley argentina no es cierto) durante los años de la represión. No queremos estar ausentes desde que se tomó noticia, no obstante carecer de los pormenores del hecho, pero no es aventurado tomar posición ante el caso por tratarse 104

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más allá de alguna particularidad que no hace al fondo- de un calco de lo ocurrido con el general Pinochet y con basamento en las pretensiones similares de otros magistrados europeos que también se muestran ansiosos, como perros de presa o como aves de rapiña, de enjuiciar y sin duda condenar contra todo derecho a los militares latinoamericanos (jamás a un norteamericano ni un británico, sencillamente no se atreverían) que combatieron con éxito a la Subversión terrorista de los 70 y 80.Desde el punto de vista jurídico la ansiedad de estos jueces no tiene asidero (sí, por supuesto, desde el punto de vista ideológico) excepto forzando los textos y llenando los vacíos con imaginación y mala fe. Porque el tratado que se invoca -obligatorio para los que lo suscribieroon, para nuestro país sólo a partir de 1984- expresamente dispone su irretroactividad de modo que no puede ser aplicado a delitos (presuntos en la inmensa mayoría o de harto dificultosa prueba) anteriores a su entrada en vigencia. Esto sin contar que la extensión de la jurisdicción de un tribunal ha de ser considerada siempre como una excepción a un principio general, central todavía en los ordenamientos jurídicos vigentes mientras no se acepten plenamente las consecuencias del otro principio que se ha venido dibujando -con los caracteres de un monstruo apocalíptico- conocido como "globalización". De ser así el comienzo de la extinción de las naciones sería un proceso que ya está en marcha y en avanzado estado de concreción. Aquí tocamos el nervio central de nuestra reflexión sobre el caso Olivera: ¿qué piensa hacer real y lealmente el gobierno de la Alianza? En este aspecto, así como en muchos otros, no se puede ser optimista.Como quiera que sea el caso en cuestión se ha convertido en una verdadera prueba de fuego para el actual gobierno desde un doble punto de vista;

el primero es acreditar el grado de voluntad política y de vergüenza nacional que lo alimenta frente a conflictos surgidos de la prepotencia de jueces farisaicos como según parece, pueblan al viejo continente sometido a una ola de socialdemocracia asfixiante y totalitaria, con aliados y agentes en la Argentina. El segundo se refiere a la capacidad de resolver las contradicciones y oposiciones que atoran y atascan a la izquierda en el poder.

Como se sabe hay varias izquierdas en el país y en el gobierno que alternativamente se enfrentan, se complementan y se continúan; son grados, niveles, matices, también celos y resquemores personales, tácticas, conductas "prudenciales", incluso cálculos de tiempo oportuno (hoy le corresponde a uno ser intransigente y a otro flexible, mañana a áquel comportarse con dureza y abiertamente y a este otro como un moderado, etc.). Así la izquierda de dentro y fuera del poder -incluso la que se proclama opositora radicalizada, como la nucleada en Le Monde Diplomatique, coqueta y gramscianaactúa (y sobreactúa) cumpliendo más o menos coordinadamente roles previamente

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asignados. No todo funciona como un mecanismo de precisión y es por eso que a veces se producen desencuentros (caso Alvarez e Ibarra) y desinteligencias. Lo que a estos efectos interesa es señalar que a un gobierno netamente de izquierda le resulta difícil mantener la coherencia en circunstancias determinadas, cuando el discurso de ayer se topa con la realidad de hoy ¿Quiere, pues, el gobierno de la Alianza, sostener la soberanía nacional o prefiere ceder a las imposiciones y presupuestos de su ideología? Hay un caradurismo impúdico y chocante en algunos de los protagonistas. Es el caso de Raul Ricardo Alfonsín, abogado que fue de Santucho, que viene moviendo con poca discreción las piezas de su influencia -en el caso vía Nosiglia y Gil Lavedra- para obtener un indulto de hecho a favor de los homicidas de La Tablada, aquellos muchachos que no se sabe porqué tomaron ese regimiento de infantería en 1989, beneficio que se les otorga como si acá no hubiera pasado nada y nadie tuviera que ser castigado. Al ex presidente le consta -no puede dejar de constarle- lo que entonces aconteció y porqué. Sin embargo está dispuesto a reivindicarlos liberándolos. Que no se trata de un sentimiento de humanidad el que inspira al ex presidente lo demuestra el hecho que ahora, ante el caso del secuestro ilegal que sufre un militar argentino en manos de los miméticos jueces europeos, con toda seriedad y severidad opinó que el gobierno que es "su" gobierno- sólo y apenas debe aportar un apoyo consular, es decir una ligera e insustancial ayuda técnica y momentánea.Se olvida y quiere olvidarse que el mayor Olivera fue juzgado por un delito que habría sido cometido en territorio argentino pero ya resuelto según el ordenamiento legislativo argentino. Podemos llegar a comprender que un abogado que tan poco se lució en su ciencia ignore lo que tal situación significa jurídicamente pero no a un político que, por mediocre que sea, no puede desconocer que se está ante un avasallamiento grosero de la soberanía nacional. Pero tampoco se nos escapa que a un izquierdista de raza como lo es él, le importe nada o muy poco la soberanía nacional. No es que creamos que Alfonsín se mueva según los preceptos más ortodoxos del marxismo -en atención a los cuales no importa la pertenencia a la nación sino a la clase- porque, posiblemente, nunca los haya leído por lo que estamos ciertos que al jefe radical y enhebrador de la Alianza lo mueve una inspiración propia de la nueva izquierda, que junto con el hipercapitaismo es el sostén y la argamasa ideológica y cultural de la mundialización; fenómeno que no admite ni tolera ni comprende la existencia ni la legitimidad de las naciones como entes coordinados pero soberanos, convivientes pero no subordinados. La izquierda a la que pertenecen Alfonsín, sus maestros y seguidores exige la extinción de éstas y para ello se ha comenzando con el debilitamiento de los respectivos estados (soberanía económica) conjunta y paralelamente con la limitación de la competencia judicial (otra forma de la soberanía).No es de asombrar, en realidad, el comportamiento de personas como la nombrada y otra pequeña multitud hoy encaramada en puestos decisivos de la pirámide del poder pero no deja de causar un efecto desagradable esta ambivalencia, esta contradicción 106

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flagrante y contemporánea frente a una misma realidad, el apoyo a la subversión y la condena de la represión manejándose por criterios ideológicos y no por los de justicia.Ni por los de la ley, según lo dejamos asentado arriba. El Estado argentino debe intervenir en el caso con urgencia y decisión no porque se trate de un militar sino de un ciudadano, de un compatriota víctima de una encerrona llevada a cabo por una internacional -no siempre perceptible- de la izquierda que se vale de un denunciante acá, de un juez allá, de un canciller mudo y temblequeante más acá... de un presidente simplemente cobarde.Hay que hacer del caso Olivera un caso de interés nacional, una cuestión de estado, incluso un "casus belli", un tema prioritario para nuestra diplomacia. Interesa no sólo porque el Estado argentino está obligado por naturaleza (¿sino para qué existe?) a proporcionarle protección a sus individuos sino porque ha de defender a la soberanía allí donde la misma sea ofendida, lesionada o desconocida. Aceptar con tan plácida complacencia atropellos de este carácter y dimensión como lo hace el gobierno izquierdista de De la Rúa, equivale a una traición aunque sea por omisión. Sopesamos bien las palabras y creemos ajustarnos a su sentido más propio y técnico. Porque tanta y semejante pasividad no se compagina con la función histórica del Estado de asegurar la libertad del país y la dignidad de sus hijos preocupándose, por lo menos, de su seguridad jurídica ya que el actual gobierno no lo hace con respecto a su prosperidad lo que es otra de sus funciones naturales.Tememos haber caído en la utilización de términos en desuso y casi carentes de sentido concreto. ¿La libertad de la patria?, ha sido olvidado el concepto, ¿dignidad de sus hijos?, otro concepto vacío. Hay que recuperarlos si es que deseamos seguir siendo nación argentina.De aquí la trascendencia que le damos al caso Olivera, aparte de la injusticia e ilegalidad que supone; por un lado puede ser el comienzo de un proceso mortal para el país, por el otro exhibe el afianzamiento de una ideología que gusta de ceder ante la prepotencia extranjera siempre y cuando la misma se acomode a sus necesidades teóricas y prácticas. Si el gobierno argentino no defiende activamente al ciudadano argentino Olivera pierde legitimidad y decencia y deja en claro que expone a la nación toda a los avances tramados desde el exterior y el interior. Hay una nueva Internacional a la vista, es la de la socialdemocracia con agentes locales, activos como Alfonsín y Diana Conti o pasivos como De la Rúa y Rodríguez Giavarini.-

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"OTROSÍ" Nro. 23 – octubre del 2000

SIETE VECES NO
El comandante en Jefe del Ejército general Ricardo Brinzoni acaba de interponer su primer pedido de perdón y el séptimo que su dirigencia le obliga a hacer desde que el anterior jefe tomó tan desdichada iniciativa en abril de 1995. Dando por sentada la sinceridad de esta nueva solicitud –formulada en ocasión de celebrarse el Día de la Infantería- adelantaremos dos reflexiones que se nos ocurren sobre este episodio que es más grave y más de lamentar de lo que se supone.En primer lugar la oportunidad elegida no puede ser menos feliz ni propicia. No importa que la intención del alto jefe militar haya sido, como lo declaró, colocarse en línea con la postura de la Iglesia que, a su vez, había solicitado idéntico perdón a Dios – por lo menos no a los terroristas, descendientes y ascendientes- por la intervención que les pudo haber cabido a algunos de sus miembros en la violencia de los años 70. Semejante actitud de la Jerarquía católica – que, por lo demás, no obliga a nada ni a nadie - es de suyo harto discutible y no tiene porqué forzar al Ejército a hacer lo mismo. Pero si lo hizo fue porque había (y hay) detrás un espíritu que así lo inspira y autoriza, un sentimiento de abdicación, una confusión muy de fondo que empuja a los responsables actuales a replantearse las razones de la guerra subversiva y, en especial, de la antisubversiva; como si sufrieran una mala conciencia que, en definitiva, pone en cuestión la legitimidad de la guerra misma y, más aun, la de los valores atacados y defendidos. Con declaraciones como la que comentamos el Ejército argentino –que tantas pruebas de coraje y de heroísmo, de vocación nacional, de capacidad de sacrificio y de inteligencia histórica dio durante dos décadas a un alto precio- acepta "empantanarse ", caer en el atolladero que le tendieron sus enemigos de entonces haciendo girar la cuestión total, como si fuera el único o principal aspecto a considerar, en torno al tema de los derechos humanos ¿Cómo insistir en un tema particular olvidando o pasando por alto el central que es el de la subversión en sí y su salvaje utilización del terror indiscriminado? ¿Cómo y porqué admitir tal planteamiento y tal acotamiento de la realidad, cómo no advertir que se trata de una trampa dialéctica de la que no se sale sino en los términos en que el enemigo, derrotado por las armas, quiere, impone y necesita? Así, para decirlo llanamente, se está haciendo el juego al enemigo, tal vez no con la intencionalidad del anterior comandante Balza –un hombre enlodado más allá de lo admisible- pero sí con la frivolidad o, si se prefiere, la superficialidad de sentirse culpable no siéndolo y pedir perdón por haber ganado la guerra.Y hay que decirlo de una vez por todas: el problema de la metodología empleada – sin duda cruel pero condigna con el peligro que se enfrentaba, también riesgosa porque daba lugar, como efectivamente ocurrió, a multitud de abusos que por 108

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cierto son de lamentar y que requieren justo castigo - debe ser resuelta en un momento más oportuno y propicio, cuando las pasiones, los intereses y las subjetividades se hayan calmado y la sociedad, sin presiones deformantes ni versiones deformadas, pueda contemplar y juzgar lo acaecido. Mientras tanto ahora sólo se procede según el criterio del ocasional e inesperado vencedor en una guerra que dejó de ser militar para convertirse en mediática.Por esto es que actitudes como la del general Brinzoni –sin entrar a prejuzgar sobre su buena voluntad o sobre el cálculo político o la preocupación ética que sostienen su comportamiento- debilitan y confunden a la institución y a la población, a los protagonistas de la lucha y a sus testigos. ¡Tender la mano al enemigo vencido que, SOBERBIAMENTE la rechaza! Por ejemplo, apenas pronunciado el espectacular pedido de perdón de los obispos argentinos, las infatigables Abuelas virtualmente también lo rechazaron al declararlo "insuficiente". Es que el enemigo –corporizado y continuado en este tipo de organizaciones oficiales y semioficiales- nunca se dará por satisfecho y siempre esperará y exigirá más. Por lo tanto es inútil e inclusos suicida aceptar y jugar esa dialéctica de reconocimiento y compensación. Ese enemigo –que tan dispuesto estuvo a envolver al país en un el peor baño de sangre del siglo- no va a aceptar una paz que no le sea entera y definitivamente favorable, no tolerará treguas ni otros resultados que signifiquen el triunfo total. Y por eso es que inventa o fuerza cualquier vía judicial o legal por estrafalaria que sea, como los "juicios de la verdad" y la persecución de militares argentinos por jueces sin derecho, verdaderos perros de presa de una judicatura globalizada. No se detiene ese enemigo-al que el general Brinzoni se esmera en acercarse sobándole el lomo en la esperanza que se reconcilie- ni siquiera ante la violación de nuestra soberanía que es lo que sucede ante la pasmosa indiferencia del gobierno y de la clase política con la detención del mayor Olivera en Italia y del capitán Cavallo en Méjico. Aunque, dicho sea de paso, no es de extrañar que así ocurra puesto que hay ministros como Graciela Fernández Meijide y altos dirigentes como Alfonsín que reclamaron en su momento la intervención de jueces extranjeros para apresar a compatriotas que los habían enfrentado y por este sólo hecho. Este desconocimiento, esta lesión gravísima de nuestra soberanía, ¿no lo afecta, no lo mortifica al general Brinzoni encargado de su defensa? El Comandante del Ejército debe comprender que la ofensiva no ha cesado, que el desarme moral e intelectual de la institución es precipitado, que el enemigo sigue despierto aunque agazapado y que no tiene la menor intención ni la menor motivación para estrechar la mano que con más ingenuidad que generosidad se le tiende. DEBE ENTENDER Y ACEPTAR QUE LA GUERRA CONTINUA, bajo otra forma, con otras consignas y otras estridencias y con otros medios pero continúa y es suicida ignorarlo. El Enemigo continúa agazapado y sin pizca de arrepentimiento. Y además ha de entender que somete a la institución de la que es último y real responsable, a una humillación que producirá dos efectos catastróficos: no sólo desmoralizará para el futuro a los soldados sino que ilegitimará retroactivamente la causa bélica invocada. –

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EL PODER AL SERVICIO DE LA SUBVERSION En la historia de la bellaquería argentina, Aníbal Ibarra –jefe de la ciudad de Buenos Aires, notorio izquierdista y escondido beneficiario de las indemnizaciones pagadas a antiguos terroristas- ocupará, luego de su paso por los tribunales romanos, un lugar destacado como pocos. En efecto, de paso por Italia se presentó ante la justicia de este país para solicitar que se reviera la sentencia que impidió la extradición del mayor argentino Jorge Olivera a Francia. Se basa para sostener su pretensión en que el certificado de defunción de la joven Erize –muerte que le fuera atribuida sin más y en base a dichos de supuestos testigos inubicables- sería falso; se articuló una complicada explicación cuyos vacíos se llenaron con presunciones e imaginación. No pretenderá Ibarra que se le crea cuando dice estar movido por un afán legalista o por vocación de justicia. Está claro que no son estos los movimientos que sostienen a un hombre tan comprometido ideológicamente con la violencia que el sector al que perteneció (y al que, de alguna manera, aun pertenece) desencadenó cuando él era un joven "romántico" y, por supuesto, bien intencionado. Sigue siendo un instrumento de esa misma banda, como lo demuestra el comportamiento que indicamos pues, de no ser así, ¿cómo explica su indiferencia, satisfacción o aprobación de lo que jueces como Garzón están llevando a cabo contra ciudadanos argentinos que, por su culpa y prepotencia, tienen a su país como cárcel? Es abogado y sabe (o debiera saber) que no hay en el mundo tribunal con competencia ni jurisdicción para conocer de los delitos –ciertos o presuntos- cometido por argentinos en el territorio nacional, CUALQUIERA SEA LA NATURALEZA DE LOS MISMOS y aun dando por probada su existencia. Y estamos en condiciones de demostrárselo.Es siniestro que Ibarra continúe al servicio de su ideario y de su estrategia izquierdistas, que él preferiría que se llame progresista. Prolonga desde su función pública su actuación disolvente de los años en que era estudiante y, luego, fiscal. Un personaje así, que piensa como hombre de secta, no puede hacerse cargo de su responsabilidad de gobernante que, por definición, es responsable del Bien Común y no de la Revolución. Claro que toda la bancada porteña del FREPASO incurre en la misma confusión.Fue necesaria la casi pública presión de EE. UU. sobre el gobierno argentino respecto al llamado Plan Colombia para que éste reaccionara –aunque sea aparentemente- ante la denunciada una y otra vez presencia del virtual embajador de las FARC en el país, un tal Calderón y al que nos hemos referido en otra oportunidad. Es increíble que se haya tenido que llegar a estos extremos para que nuestros infiltrados servicios de inteligencia –llenos de chicos o no tan chicos de la FUBA y de gente del izquierdista Coti Nosiglia, hoy en el centro del poder- hayan advertido y mostrado cierta preocupación (de dudosa sinceridad) por la actividad del personero del terror entre nosotros que no deja de evocarnos nuestros los años de nuestro propio terror.110

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Indispensable
Apareció el libro de Carlos Manuel Acuña "Por amor al odio"; un acierto desde su título. No podemos comentarlo por su extensión e importancia aunque lo pensamos utilizar abundante y provechosamente. Es el libro que hacía falta no sólo para los historiadores de mañana sino para los testigos de hoy por lo general tan desorientados. Estudia con abrumadora minuciosidad todo el fenómeno subversivo desde sus orígenes, allá en Sierra Maestra, hasta el golpe del 76. Queda, como se ve, mucho por decir que será materia de una segunda parte que –así lo deseamos- será tan exhaustiva como ésta.Nada queda fuera de su enfoque: ni el contexto internacional en que se ubica su génesis ni su semillero ideológico ni sus afinidades y conexiones, métodos y tácticas. Para decirlo todo se trata de un libro indispensable tanto para el estudioso sereno como para el protagonista de cualquier ribera de la guerra. No se piense ni por asomo que se está ante un trabajo comprometido con alguno de los contendientes ni de posición tomada de antemano; simplemente es un esfuerzo de erudición y síntesis que reúne cuanto material historiográfico pueda interesar, cuanto dato importe, cuanta interpretación corresponda científicamente. Queremos decir que es exactamente lo contrario de un panfleto – por otra parte, muy voluminoso para serlo- es un aporte serio que a todos hará bien, incluso a los actores del terrorismo marxista de entonces que tendrán así la perspectiva objetiva para meditar su comportamiento y, acaso, para reflexionar sino ética por lo menos políticamente para de esa forma detectar los "errores" cometidos, ellos que, por supuesto, no soportan la noción de pecado.-

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"OTROSÍ" Nro. 24 – noviembre del 2000

El terrorismo entre nosotros
Los sucesos de Tartagal ya no dejan lugar a dudas. El terrorismo de veinte años atrás se ha reinstalado en el país y más nos conviene no ignorarlo. Por supuesto a nadie se le escapa que la situación social y económica es sumamente crítica en especial en el interior. Pero no sólo no justifica sino que no explica semejante estallido de violencia y de destrucción porque estas reacciones nunca se producen espontáneamente, por lo menos de un modo tan organizado. Para que se lleguen a semejantes desmanes se precisa de una cabeza ordenadora, de una estructura por mínima que sea, de una táctica, de una simultaneidad y de una gimnasia activista predeterminadas que el pueblo llano -por indignado que se encuentre- no tiene y hasta podríamos decir que no necesita. Por ejemplo, el afán de apropiarse de las armas de la escasa policía que reprimió, los movimientos casi militares con que fueron asaltados objetivos fijados de antemano, la dureza con que se secuestró a cuatro oficiales tomados como rehenes y que fueron cruelmente utilizados en la negociación, la saña con que se persiguió e hirió por las calles a otros representantes del orden, son elementos a tener en cuenta para determinar el origen y la responsabilidad de los tumultos. La inviabilidad del extenso petitorio presentado a las autoridades donde se entremezclan proyectos fastuosos (u$s 2.000 millones para reactivar la zona) con la solicitud de una modesta motobomba, es indicio de dos cosas: 1) los reclamos fueron redactados a la disparada, irreflexiva y demagógicamente y sin atender a las necesidades concretas de los vecinos, casi como una chiquillería y una burla y 2) con la seguridad que los puntos en su mayoría no iban a ser aceptados de modo de dejar abierto el espacio para ulteriores quejas y consiguientes desórdenes: se dejaban pendientes las condiciones para nuevos vandalismos.- Que, por vía de la negociación, quedaron impunes.************************

Otra vez las Madres
En su página de Internet, esa extraña mezcla de delirantes y delincuentes que se hacen llamar Madres de Plaza de Mayo, manifestaron una vez más su apoyo a la ETA, lo que quiere decir explícitamente a sus métodos criminales.
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Apoyo que significa solidaridad, complacencia y complicidad con esa organización que lleva ya más de un cuarto de siglo matando gente en España (en lo que va del año a veinte y no bizarramente, al estilo de la raza sino mediante atentados individuales y clandestinos, desde las sombras donde casi nunca se corren riesgos); la mata al azar, eligiendo probablemente a la víctima más desprotegida, es decir a la más fácil de cobrar y sin otro sentido que el de hacerse sentir, imponer su presencia atroz, atemorizar al resto de la sociedad, introducir el terror y junto con el terror la desorientación. Como en todos los casos de terrorismo masivo y sistemático que se conoce y practica en Occidente carece de un programa concreto ni de un discurso racional; todo es proclama abstrusa, dialectismo barato, llamado a los más bajos instintos del ser humano y así como hay una industria de la droga y otra de la pornografía, existe esta del crimen pero del crimen por el crimen que, de esta manera, se constituye como un fin en sí mismo, como un método que se justifica y explica a sí sin necesidad de proponer un objetivo último. Se trata por lo tanto de una suerte de estética de la muerte como si ésta fuera la razón de la política. Las siniestras Madres (jamás un nombre tan conmovedor y convocante ha sido tan perversa y contradictoriamente prostituido) se solidarizaron, pues, de un modo público y expreso con semejante banda que mata por matar, patología compartida con los hijos de estas señoras que al reclamar por ellos reivindican tales métodos e ideales: el ideal demoníaco de asesinar y gozarse con ese espectáculo a sabiendas que detrás no hay programa a aplicar ni bien a perseguir. De esto se trata, precisamente.. Apoyar a la ETA, protestar por lo mismo que sus miembros lo hacen, adoptar sus propuestas carniceras y antropofágicas es transmitir idéntico mensaje a la sociedad argentina a la que, de esta manera, agreden concretamente. Las Madres quieren decir: nosotras estamos dispuestas a hacer en nuestro país lo que la ETA hace en España, nosotras y nuestros descendientes si estuvieran aun vivos (muchos lo están) seguimos dispuestas a reimplantar ese horror de veinte años atrás; queremos, entonces, volver a recurrir a aquella metodología que hacemos nuestra y con la que amenazamos tornar como lo acredita esta pública adhesión.Ahora bien, salen a la luz a raíz de la imprudencia de ese energúmeno que en la historia de la demencia argentina se conoce como Hebe de Bonafini; un dato curioso, sugestivo y alarmante: varias instituciones de la península -sin duda, embobadas por el carisma de víctimas que le compraron a las Madres y,

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posiblemente, a las Abuelas y, quien sabe, a los Hijos- venían subsidiando jugosamente a semejante organismo de derechos humanos. Molestas por las declaraciones -intempestivas pero sin duda sinceras- de las Madres decidieron suprimir tales aportes, a lo menos hasta que pidan disculpas. No queremos caer en la obvia grosería de decir que se trata de un chiste gallego pero es que se necesita ingenuidad (en la que no creemos), desconocimiento (también difícil de admitir, de los hechos) o, más probablemente, mala fe para no haber advertido la sinceridad de la prédica ni la índole de la cultura ni el contenido de la ética de las beneficiarias de su generosidad. Fue preciso que las Madres se lo dijeran claramente y no sólo de palabra sino de un modo fáctico para que se enteraran, lo que no quiere decir que lo hayan llegado a comprender. ¿Qué hacen los servicios de inteligencia de Madrid, qué sus representantes diplomáticos, qué sus abundantes connacionales que pueblan nuestra tierra? ¿Es que sólo les interesan sus negocios, para los que tan diestros se muestran hoy día? Pues bien, es hora que se enteren que los defensores de los derechos humanos que les llegaron desde el Río de la Plata son como sus etarras, así de homicidas y de perversos y que los garzones que pululan por sus tribunales son sus cómplices y sus legitimantes.Mientras y convocadas por la embajada se reunieron en Buenos Aires unas 500 personas para protestar contra otro atentado de la ETA que costó tres vidas humanas y más de 60 heridos. Fue, una vez más, un ritual, cómodo e inofensivo como los que se llevan a cabo en la propia España después de cada salvajada, al parecer siempre a la espera y en la suposición que se tratará de la última. Inocencia que, además de contradecirse con la experiencia de los 25 años precedentes, coloca al Reino en los bordes mismos del suicidio. No es nuestro propósito ni nuestro tema incursionar en los conflictos internos de la bien amada y decadente España - que tras haber perdido un imperio se muestra incapaz de conservar la metrópoli- pero sí hemos de insistir en que esta actitud de las Madres no es en modo alguno imprevisto, ilógico ni improvisado; por el contrario responde a su ideario -que no ocultan sino que proclaman a voz en cuello cada vez que pueden-, a su estilo y a lo más íntimo y propio de su naturaleza de terroristas revolucionarias que -ahora lo confirman- están dispuestas a poner en práctica en la Argentina, proyecto al que, por lo que vemos, jamás renunciaron.

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Se ha de saber, pues, que las madres -reservorio que son de las antiguas organizaciones subversivas- cobijan, conservan y alimentan (o realimentan) ese ideario nihilista, demencial y delictivo de sus hijos a los que reivindican y continúan.Podemos dejar de lado -simplemente lo señalamos como un indicio de la picardía con que estas sufrientes defensoras de los derechos humanos administran sus intereses ideológicos y de los otros- la rapidez de reacción de la llamada "línea fundadora" de las Madres las cuales se apresuraron a tomar distancia del núcleo de la de Bonafini y de sus exabruptos. Lo hicieron no tanto por razones de imagen como por el monto de los aportes dinerarios puestos en riesgo por la excesivamente bizarra mencionada señora. Como se sabe, el odio suele dejar espacio al cálculo.Esta vez las Madres fueron demasiado lejos y pocos decidieron acompañarlas. Incluso algunos -como los círculos españoles que nombramos, un poco tardos en apreciar la realidad- decidieron tomar distancia aceptando la evidencia más que los alaridos. ¿Qué país nos tenían preparado las "víctimas" (esto es, los derrotados) de la represión si sus progenitoras actúan y reaccionan de esta manera afrentosa para la humanidad? Apliquemos un silogismo sencillo e incontrovertible. Los miembros de la ETA asesinan indiscriminadamente ejerciendo un terror sin límites. Sus congéneres del pañuelo de este lado del océano se solidarizan con ellos ¿con sus ideales? De ninguna manera puesto que no les incumben ni los deben conocer; lo que, en cambio, hacen suyo es su metodología, sus medios, sus recursos, sus odios gratuitos, su perversión insana, asumiendo la misma responsabilidad ética (y si algún fiscal, de los tan quisquillosos que hay, se decide a actuar también jurídica). Luego, todos aquellos que de alguna forma y en cualquier medida y sentido se identifiquen con estos vascos lunáticos son tan criminales como ellos. Ha dejado, pues, de ser inocente en la Argentina la simpatía para con las Madres y ha empezado a significar algo más que una postura sin compromiso o un fácil declaracionismo, una conducta políticamente correcta de nuestra clase política e intelectual y de los medios. Es sonada la hora que cada cual se haga cargo de sus palabras y afinidades y que se comprenda que quien defiende la violencia por la violencia está indicando que está dispuesto y en condiciones de practicarla. Otra cosa es cobardía, hipocresía o complicidad oculta.-

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"OTROSÍ" Nro. 25 – diciembre del 2000

" LA IZQUIERDA ES ASÍ " A la izquierda de todo pelaje le sucede siempre lo mismo: a medida que el tiempo transcurre ella se va deformando y – evidentemente no lo puede evitar - va sacando sus fantasmas de adentro al mismo tiempo que se le caen las máscaras que había ido utilizando en sus anteriores etapas de crisálida. Llegada a la madurez - que remata en su putrefacción - la izquierda muestra lo peor de sí en un proceso que, al fin y al cabo, es de sinceramiento. Lástima que la sociedad - que suele ser su víctima - resulte la última en enterarse que ha estado cobijando un monstruo en su interior, un monstruo que no ha dejado de devorarle el hígado y, también, el corazón. Y más sorprendente es que - quizá con diferentes nombres y rostros apenas concluido ese ciclo de devastación y de frustraciones, que es el eterno periplo de la izquierda, recomience uno nuevo pero no distinto, con nuevas esperanzas, nuevas denuncias, nuevas promesas. Y de eso vive y se prolonga. Esto hace que el argentino se haya olvidado que esa izquierda que ahora vuelve es la misma que antes mató.Lo dicho no significa que no deje de darnos sorpresas. Y en abundancia. Una es la velocísima adaptación que desarrolló para no sólo apoyar sino confundirse y fusionarse con el plan ultracapitalista de Menem y Cavallo continuado sin mayores innovaciones ni remordimientos por el actual gobierno. A los asesinos de antes de ayer y los tirabombas de ayer les faltó tiempo para plegarse como actores de primera fila al modelo liberal cuyas dos consecuencias inmediatas e innegables son el incremento de la desocupación y la caída a nivel cero de la producción; es decir la izquierda se solidariza - la ha hecho suya - con una política de empobrecimiento y de desamparo indispensable para un capitalismo desorbitado, globalizado y sin controles. A ese capitalismo está unida la izquierda en el pasado terrorista y contemporáneamente liberal. Atrás quedaron los atentados contra la familia Klein - al fin y al cabo un precursor de la economía hoy vigente -, el secuestro y asesinato del empresario Salustro - arquetipo del sistema antes odiado y hoy alabado y
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servido - , el apoyo y la promoción de huelgas sangrientas - hoy la díscola y plástica Patricia Bulrich es la encargada de reprimirlas y del modo más intransigente -, el secuestro de Jorge Born - en la actualidad atendido en su seguridad por el propio secuestrador, Galimberti, extraña secuencia del síndrome de Estocolmo -... Quizá la única coherencia consista en el odio demostrado contra los disciplinados dirigentes de la CGT, ayer manifestado en el asesinato de su entonces secretario general Rucci y hoy en el maltrato a sus sucesores.Pero las sorpresas no se detienen allí. Estos neo neoliberales se muestran sin embargo, inflexibles en algunos de sus propósitos. En especial en el caso de los asaltantes de La Tablada, condenados y bien condenados por un tribunal inobjetable y con total observancia de su garantía de defensa en juicio. No obstante, en su ingenio han descubierto algo que, en definitiva, es falso: no hubo segunda instancia como lo reclamaría el Tratado de San José de Costa Rica. Aunque se pueda decir que, de hecho, la hubo porque la Corte Suprema de Justicia intervino en dos oportunidades, es del caso observar que el mencionado tratado, ley de la nación, no exige esa doble instancia sino que simplemente la recomienda ¿Distinción sutil, engañifa de abogados? En modo alguno. Se está diciendo que no era obligatorio un segundo pronunciamiento, que era optativo y que, por lo tanto, no se violó ningún derecho de los subversivos en ocasión de su juzgamiento. La maniobra de éstos - por si alguno no la advirtió - consiste en que un nuevo tribunal dicte sentencia en cualquier sentido; lo que les interesa es que se produzca la sentencia firme a los efectos de tener a la dictada por la Cámara de San Martín -que fue la que intervino anteriormente - como provisoria y permitir calcular estos once años de prisión como procesados y así beneficiarse con la aplicación de la infamante y antisocial ley del 2x1.A todo esto los condenados siguen adelante con su huelga de hambre, modo un tanto grotesco de presionar; pero además se trata, según parece, de una parodia porque un informe médico oficial ha señalado que su estado físico no corresponde con el de personas que llevan 100 días sin probar bocado. Es sabido que nadie soporta un ayuno tan prolongado. Científicamente está demostrado que no se tolera más de 60 días. Tenemos conocimiento que los padres Julio Meinvielle y Leonardo Castellani lo hicieron a imitación de Cristo que así dio comienzo a su vida pública pero no más de 40 días y 40 noches pero éstos lo hicieron por amor y
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no por odio ni por táctica. Algunos dicen que más allá de ese plazo no se vuelve sano. Por lo que tenemos derecho a sospechar que estamos, una vez más, frente a una farsa, a un golpe de efecto de la izquierda que, a falta de argumentos, recurre a estas imaginerías truculentas que impresionan a algunos palaciegos.Esto es lo que se procura, transmitir la impresión que un grupo de hombres y mujeres están al borde la muerte por reclamo de justicia. ¿Quién, con corazón entero, podrá resistir ese cuadro de mártires dispuestos a dejarse morir de esa manera?. El melodrama está bien montado, sólo que no es creíble. Y de ahí la indiferencia con que es seguido este culebrón mediático que sólo impresiona a Lanata y a Página 12.Y a todo esto ¿qué pasa con el atentado al regimiento de La Tablada - en definitiva, el dato central de todo el asunto - fue un acto criminal que merece castigo o un acto heroico que merece aplauso y recompensa (cuanto menos el retorno a casa)? En realidad lo que se procura por medio de estos recursos judiciales asegurarles la impunidad lo que equivale a otorgársela a toda la actividad terrorista de los 60 y 70, reflejada en esta postrer y tonta exhibición de fuerza. Y por extensión a todo el terrorismo como tal. A los ideólogos de la amnistía (encubierta) de los subversivos del P. Puiyané no les importa tanto su libertad ni sus derechos sino la legitimación de la subversión misma. Si se han movilizado los tres poderes tras la revisión de un juicio que nadie razonablemente puede cuestionar ¿cómo y porqué un Estado como el argentino, cargado de problemas y transido de conflictos, semiparalizado, se larga a gastar (malgastar) sus energías en proyectos como éste de liberar terroristas y legitimar su accionar? Por un lado se demuestra la crisis interna del gobierno y, por el otro, el intercambio de facturas entre los distintos sectores que lo integran (o desintegran) ¡Las presiones que se habrán puesto en movimiento para un objetivo que, en última instancia, no importa sino a un grupúsculo ínfimo! Y todo a un alto costo político y el problema ahora es que muchos quieren la libertad pero nadie quiere pagarlo. El propio De la Rua - de ordinario tan módico y tan sin convicciones se ha decidido por esta vez a tomar la iniciativa en una cuestión tan espinosa de la que no se espera renta alguna (y él, tan especulador) ordenando llegar al más alto tribunal para lograrlo. ¿Su hermano Jorge, su correligionario Nosiglia, sus aliados o ex aliados del FREPASO?
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Por fin conviene pensar en qué ocurriría si cada preso común hiciera lo propio. El país ardería y, sencillamente, el Estado caería víctima de la inopia y cómplice de la delincuencia Otro izquierdista de nota y de peso, el Rector Permanente de la UBA Oscar Shuberoff, tiene problemas con la justicia, no demasiado severa de ordinario. No se trata de denuncias políticas sino de vulgares delitos de esos que denigran en serio. Les allanaron el domicilio y su oficina y por eso nos tememos que las vestales que custodian la autonomía de ese tipo de establecimientos reaccionen condignamente y se opongan - como con los delincuentes de La Tablada - a que el primer responsable de este presunto latrocinio sea juzgado. ¡La Reforma es la Reforma! La señora (¿) de Bonafini insultó soezmente al presidente con una popular referencia a la progenitora del presidente de la república. No nos asombra, conociendo al personaje, tamaña reacción pero su breve discurso sirve para acreditar no sólo un estilo sino una tendencia al barbarismo típica de esta gente. La señora ya llegó a donde podía y en adelante sólo le resta repetirse y por eso necesita la espectacularidad, cuanto más grosera mejor. Estilo y táctica en estas palabras de una mujer que sólo sirve para ahondar el odio y hacer imposible la mínima conciliación. Ese es su negocio: radicalizar y actualizar el conflicto abierto hace veinte años.La Universidad de Buenos Aires decidió agasajar al supérstite tirano comunista Fidel Castro con el título de doctor "honoris causa". Como desconocemos los méritos académicos reunidos por el inspirador de OLAS, la organización que tomó a su cargo la guerra terrorista en el continente a partir de 1970, y como tampoco tuvimos acceso a la resolución que dispone tan desopilante y provocador homenaje, debemos suponer que en realidad se trata de un acto encubierto de solidaridad ¿Solidaridad con quien? Indudablemente con lo que Castro representa y, más aun, con lo que él propone y con lo que proyectó en su momento. Lo que quiere decir, entonces, que los responsables de la primera universidad del país (con o sin Shuberoff a la cabeza, según lo resuelva la jueza Cervini de Cubría una vez considerada la prueba de los no escasos delitos que se le imputan), están proponiendo volver a instaurar en la Argentina la estrategia del atentado urbano y de la guerrilla rural. Ni más ni menos y dicho sin exagerar ni dramatizar. Esta es la lectura política correcta y el contexto ideológico cierto del episodio.La universidad argentina - la de Buenos Aires y muchas otras, inccluso privadas - está ganada por la izquierda en sus diversas manifestaciones y
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matices aun cuando algunas estén en lucha entre sí. Este absurdo halago existen otras pleitesías en el mismo establecimiento como un aula de Filosofía y Letras nominada, nunca se sabrá porqué, Che Guevara - es de suyo un gesto de desafío, la asunción de un compromiso con la muerte serial y, además, un paso más en la concepción universitaria que se viene llevando adelante desde la Reforma de 1918, que nació, lo hayan querido o no sus organizadores e inspiradores, bajo el signo de la reciente Revolución Soviética. Se quiso - y con altibajos se la puso en marcha - una universidad, así se decía, al servicio del pueblo, gratuita, sin privilegios, abierta a la sociedad. Luego el dogma reformista se fue ampliando y modificando, por lo general para radicalizarse. Ahora culmina con esta designación, siempre con buenas palabras.No nos vamos a detener, por lo menos en esta oportunidad, en el tema de aquella reforma que fue - como tantos otros fenómenos sociales y políticos - una caja de Pandora que liberó de un modo imprevisto tanto para sus protagonistas como para sus espectadores, energías desconocidas u ocultas que a poco andar tomarían las manifestaciones más alocadas, los contenidos más abstrusos y las propuestas más nihilistas cuando no demenciales. Esta es una de ellas. Aunque no sea la primera vez que algo así ocurre, en esta ocasión se ha puesto a la universidad claramente al servicio de una ideología y, peor aun, como hemos dicho, de una estrategia del terror. Forma parte el otorgamiento de este título de una maniobra coordinada de alcance global tendiente a insertar en la comunidad nacional una imagen retocada del terrorista en la persona del barbudo cubano y una impresión de legitimidad mediante la obtención de la libertad por los delincuentes de La Tablada. Formas de limpiar el pasado, de confundir el presente y de enmascarar el futuro.Por segunda vez se detuvo llevando droga a una niña de 15 años; lo que no pasaría de la crónica policial si no fuera que la criatura es, de hecho, hija de la subsecretaria del Interior Nilda Garré. Por supuesto no nos solazamos con el drama de esta ex montonera (o erpiana, vaya uno a saber) pero el dato no puede pasar inadvertido a la sociedad - no obstante que la prensa seria lo ocultó - porque es significativo y en alto grado de la ética con que se mueven estas pandillas estén en el poder o luchen por él. Es que es difícil empuñar armas ajustado a los principios del orden y menos matar o propiciarlo por amor. Algunos de estos desdichados sobrevivientes a su propio pasado siguen pagando las cuentas contraídas

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entonces y sus errores y falencias en la educación dada a sus hijos, en hogares deshechos, con padres ausentes o desconocidos. Ellos - la Garré entre muchos otros - hicieron tabla rasa con todos los valores tradicionales y naturales y ya en su juventud dejaron de ser buenos hijos y empezaron a ser malos padres. Estaban para otra cosa, para servir a la Revolución que, como monstruo que es, lo exige todo y lo engulle todo. De algún modo quedaron inhabilitados para la vida y ahora pagan sus descuidos y sus perniciosas formaciones transmitidas a base de un amoralismo de fondo. Que es lo que posiblemente le pasó a la briosa docente Mary Sánchez a la que le salió un hijo coimero que - queremos suponer - trampeaba a espaldas de su madre pero sugestivamente en el área que ésta manejaba. Es el precio a pagar, pues. Los desórdenes de la primera y segunda juventud se pagan en la madurez y, necesariamente, en la persona que más se quiere, el hijo.-

o

NOS DESPEDIMOS HASTA EL AÑO QUE VIENE Y LO HACEMOS ELEVANDO UNA ORACIÓN AL SEÑOR DE LA PAZ Y DEL AMOR PARA QUE LOS INFUNDA EN EL CORAZON DE TODOS, DE UNA Y OTRA ORILLA DE LA GUERRA NO TERMINADA Y ASI PODAMOS COMENZAR A ANDAR EL CAMINO DEL REENCUENTRO SIN ODIOS NI UTOPÍAS ENLOQUECEDORAS.

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"OTROSÍ" edición extra - enero del 2001

"EL PERDON DE DE LA RUA" El último día hábil del año fue el elegido por el presidente De la Rúa para cumplir su 'promesa - amenaza' de condonar las penas de once de los trece terroristas que en 1989 tomaron a sangre y fuego el regimiento de La Tablada y que fueran sentenciados por un tribunal de derecho con todas las garantías de que es capaz nuestro sistema jurídico. Durante más de una década nadie tuvo ninguna objeción que hacer y todos, incluso los delincuentes y sus cómplices conocidos y desconocidos, aceptaron la sentencia. Pasó el tiempo y la izquierda se reubicó en el continente y - ya en el poder en la Argentina - fue tramando la maniobra de liberación de estos para lo cual optó por dos vías o, mejor, dos tácticas.

Una consistió en trasladar el centro de la cuestión jurídica a un aspecto tangencial y adjetivo y, por lo demás, bastante artificial, la supuesta falta de la doble instancia reclamada por el Tratado de San José de Costa Rica como si la justicia de la sentencia no tuviera importancia. El otro camino elegido fue poner en movimiento todos los elementos de presión –públicos y privados, oficiales y particulares, clandestinos o nosobre un gobierno, como el actual argentino, no sólo débil sino comprometido por alguna razón secreta con los terroristas.-

Finalmente, a los tirones - después de haber agotado tanto la instancia legislativa como la judicial - salió el malhadado decreto 1263/00 que, irracional y prepotente como pocos, dispone una disminución de las penas a que fueron sometidos los otros componentes de la banda de Gorriarán Merlo – arquetipo subsistente del asesino serial. Las preguntas y consideraciones fluyen espontáneas y alarmadas apenas conocida la aberración.En primer lugar se ha de advertir que se está ante una clara discriminación en beneficio de delincuentes tenidos por tales en legal forma con lo que se desconoce el vital principio de igualdad ante la ley. Ahora podrán ocurrir dos cosas:

a) que todos los demás presos llamados "comunes" (como si los de La Tablada no lo fueran) procesados o condenados requieran a su turno una generosidad similar de parte del P. Ejecutivo; b) que el propio gobierno tome la iniciativa en ese sentido y empiece a disponer la libertad masiva repitiendo la misma argumentación jurídica invocada para el caso, es decir ninguna. 122

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En una y otra hipótesis el Estado de Derecho, en el que creíamos vivir y al que realmente suponíamos mejor afianzado y más fuerte, se conmovería profundamente como acaba de ocurrir por la promulgación de este decreto de virtual amnistía y otros cinco por los cuales el poder administrador se superpone y desplaza a los otros dos.Tampoco es cierto que en los supuestos considerados en esta catarata de disposiciones haya habido razones de necesidad y urgencia. Ciertamente no las hubo en el decreto 1263 de referencia si es que las tímidas y retóricas insinuaciones de la CIDH -avanzada de la mencionada maniobra de lla izquierda internacional - son tomadas en su verdadero alcance político y jurídico: no iba a haber sanciones porque no están previstas en el ordenamiento legal que compromete al país en materia penal ni su prestigio quedaría mancillado como balbucearon algunos de los vergonzantes voceros del gobierno que debieron dar la cara en ausencia del titular, refugiado por ese entonces en Chapadmalal.Más curiosas y sugestivas fueron las palabras del ministro del Interior Federico Storani que, pocas horas antes del anuncio de los decretos de marras había denunciado reuniones de elementos de izquierda supuestamente para trazar un plan de alteración del orden público ¿Alguien lo puede entender? ¿Necesidad de hacer buena letra? Si los servicios de inteligencia –que dependen de ese ministro y de su segunda, la siempre montonera Nilda Garrédetectaron tales movimientos ¿cómo y porqué se realimentan al mismo tiempo a esas fuerzas oscuras de las que el gobierno dice sospechar, poniendo en libertad a los peores y probadamente más sanguinarios elementos de izquierda? Porque, por lo demás, nadie puede estar razonablemente seguro que Gorriarán Merlo y sus cómplices después de haber recorrido el continente sembrando la muerte en cuanto frente guerrillero se les ofreció, no volverán a sus andadas como parecen reclamarles sus genes o su cultura de la violencia bebida en Cuba. Por lo pronto no se mostraron en ningún momento arrepentidos ni dispuestos a rectificarse y buen indicio de ello es que forzaron para que se les dé por purgada una pena que merecieron ¿Quién se hará cargo si lo que es previsible –que retomen las armas rehagan su erotismo por los "caños"- sucede? Es atroz que el presidente De la Rúa en el 2000 repita los errores y recaiga en la irresponsabilidad del diputado De la Rúa en 1973. Como los nobles franceses exilados, él tampoco olvidó ni aprendió nada. El terror pasó a su lado en vano y lo vuelve a recibir con el mismo falso democratismo de un cuarto de siglo antes.Pero el hecho y el interrogante siguen en pie ¿por qué perdonó? ¿O no considera que la sentencia aplicada a los terroristas era y es justa? Sobre esto el decreto no se pronuncia e insiste en distraer la atención hacia el tema de la doble instancia que, de haber faltado, pudo ser resuelto de otra manera más equitativa que la dispensa de la sanción.-

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Un dato aun más alarmante y que encierra las peores perspectivas es el de que el presidente no estuvo solo en la emergencia; lo acompañó la clase política casi en su totalidad. Porque ni Alvarez - sin duda uno de los artífices de la maniobra- ni los diputados de la Alianza que se mostraron críticos o renuentes a apoyarlo en los otros decretos, guardaron un silencio complacido y complaciente con respecto a éste de la condonación. Ibarra, jefe de la ciudad de Buenos Aires, fue otro que guardó un silencio pleno de indisimulada satisfacción, él mismo que poco tiempo antes se movilizó hasta Roma, luego de un veraneo en Cuba, para pedir que se mantuviera preso a un compatriota sin pruebas ni motivo. Ellos tampoco olvidaron nada y este paso sirve, por lo menos, para que al repetir sus mismas posturas de antes queden desnudos y sin máscaras que, para muchos, es una forma - quizá tardía - de conocerlos y reconocerlos.El presente texto ha sido escrito apenas tomamos noticia del decreto de condonación de penas, integrante de un paquete que, como se explica más arriba, inocula un principio de muerte en el Estado de Derecho argentino, sólo que esta vez entre los aplausos de la izquierda internacional que hoy resume lo que permite llamarse civilización y contiene toda forma de legitimidad. Posiblemente estas líneas pasarán a formar parte del N° 26 de "OTROSI" pero no queríamos guardar silencio ante este nuevo atentado jurídico que se suma y habilitará - por impulso propio - a nuevos atentados terroristas.-

Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 26 – marzo del 2001

- DE LA RUA CASTIGA Por fin el gobierno, después de soportar con gesto entre indefinido y compungido los arrestos verbales del patético y ridículo Fidel Castro, tomó la gran decisión: parece que en abril va a votar condenando al régimen marxista de Cuba. Sin duda matizará la ferocidad del gesto con algún pronunciamiento contra el embargo establecido por EE. UU.; lo hará como concesión a la izquierda más barullera de la Alianza, la de Alfonsín y Storani que no quieren desvestirse tanto. Pero - he aquí la contradicción que no es tanto incoherencia como cobardía - al mismo tiempo dispuso tomar distancia con respecto al capitán Cavallo, a punto de ser entregado por un juez mejicano a un juez español, ninguno de los dos con derecho para ello. Es decir el gobierno lo entregó al compatriota sin mover un dedo ¿Porqué lo hace, si el militar, al igual que otros tantos, defendió al país de la agresión desatada por el mismo Castro veinte años atrás, el mismo al que veinte años después sancionará con su voto en la UN? Hay detrás de esta posición balbuceante e intermedia algo del pastiche en el que gusta moverse nuestro gris presidente, esa mescolanza de blancos y negros que no da ningún color pero que sirve para eludir cualquier compromiso en cualesquier sentido. Huir hacia cualquier lado es la consigna, refugiarse donde sea, postergar todo hasta mejor oportunidad que no se sabe ni se quiere saber cuándo llegará. Tirar para adelante, sin rumbo ni tampoco escrúpulos, desconfiando de algunos, traicionando a los amigos, olvidando los principios básicos, cediendo ante la mínima presión, para no enajenarse la voluntad de los poderosos y gritones. Esta es la política de De la Rúa o la estrategia o la táctica o el instinto visceral del animal que se siente siempre acosado y siempre tembloroso.125

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- INESPERADO GABRIEL CAVALLO Aunque se sabía desde hace tiempo que el juez Gabriel Cavallo tenía preparada la maniobra - a instancia del ex y perpetuo montonero Verbitski- de declarar la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, no dejó de sorprender el rebuscado fallo que coloca al magistrado en situación óptima para escalar posiciones en el radicalizado orden jurídico-moral que entrevé y a cuyo advenimiento contribuye con plena conciencia a partir de su intolerable y estratégica decisión.El mecanismo montado por la izquierda y la para-izquierda ha empezado a funcionar con más eficacia. Logrado el propósito central consistente en borrar de la opinión colectiva y de la "cultura" aceptada la memoria del terrorismo en acción, se da el paso siguiente: retomar la persecución de los vencedores de ese terrorismo tratándolos - sin pruebas y casi sin defensa - como delincuentes. Son dos movimientos que se corresponden, dos brazos de la misma pinza ya que una etapa, la del olvido, no tendría utilidad sin la otra y ésta no sería posible sin la primera. Aquí es donde entra a jugar su papel Cavallo, puesto sin pudores mayores al servicio de los organismos de derechos humanos y apostando sin recelo a la buena fe de éstos, con lo que revela algo peor que ingenuidad.No estamos, por cierto, al momento de escribir estas líneas en aptitud de comentar su larga sentencia de casi 200 páginas en la que hace seis meses que viene haciendo trabajar a sus secretarios; pero por los trascendidos periodísticos pareciera su pronunciamiento pivotea en torno a la suposición que los delitos de lesa humanidad como él supone de antemano que son éstos que se esfuerza en atribuir a los militares argentinos - son imprescriptibles e inamnistiables. Olvida que en el caso que se esté ante ilícitos de esa naturaleza, tales caracteres recién fueron incorporados a la legislación por la reforma constitucional del 94, al incluir en el texto máximo los correspondientes tratados internacionales que así lo declaran. Deja entonces de lado, en su repentino afán vindicativo, dos universales principios del derecho criminal, el de la
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irretroactividad de las leyes penales y el de la aplicación de la norma más favorable al reo. En este conflicto - que es más de conciencia que jurídico y más moral que científico - el juez opta por ... los intereses de la izquierda; lo hace sin remordimientos y con astuto sentido de la oportunidad, cuando se está saliendo de una crisis política y sabedor de la resonancia de su decisión y, en especial, a quien beneficia. Deseó dar un salto atrás de más de una década pero por cierto no más allá porque entonces comprometería a las bandas terroristas a las que previamente había colocado fuera del conflicto, como dijimos condición indispensable para esta ficción.Ahora bien ¿cómo se opera todo esto? El planteo resulta claro si lo queremos ver. Esta maquinaria, relativamente simple, en la que acaba de inaugurarse el juez Cavallo y uno de cuyos extremos es la extraña secretaria de derechos humanos Diana Conti que cierra todos los pasos administrativos a los ingenuos pedidos - los recursos de habea data - de más de mil militares, ha empezado a funcionar con nuevo fogonero - el juez Cavallo - en el marco provisto por los mismos militares; éstos, en un proceso de autocrítica y de autodisolución iniciado por el impresentable general Balza, perdieron conciencia de lo que fue y es la Guerra Revolucionaria y comenzaron, muchos sin quererlo y otros sin advertirlo, a ilegitimar la lucha que se mantuvo contra ella. Procuraron acercarse a los sobrevivientes de un bando que no perdona ni olvida y que se encuentra en plena militancia. Ese monstruito irredento de Verbitsky se permite el lujo de burlarse de los jefes del Ejército argentino y de adoptar un aire de perdonavidas en actitud semejante a la que probablemente adoptó cuando actuaba como segunda o tercera figura de la alianza criminal que se llamó Montoneros. Los jefes militares deben comprender que no son sólo ellos los humillados sino las instituciones que integran - lo que es mucho más grave e irreparable - y, en última instancia, la sociedad toda. Las FF. AA. han tendido - con mayor o menor sinceridad - una mano de reconciliación que, con todo, no dejó de ser generosa pero que, de hecho, resultó incomprendida y desairada. Tal gesto comprometió raigalmente el sentido de la guerra antisubversiva (y, por idéntico razonamiento el de la Subversión misma).
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Pedir perdón sin derecho ni representatividad (el perdón es un sentimiento personal, no institucional) fue algo tan grave como haberse rendido en plena lucha, es desconocer el esfuerzo realizado por los que cayeron, es desacreditar e ilegitimar la guerra que las Fuerzas Armadas y de seguridad llevaron a cabo en defensa, en nombre y al lado de la sociedad agredida por el terrorismo desatado desde Cuba. Fue una guerra singular, total e inédita en la historia, que recurrió a los medios más inhumanos y antihumanos imaginables, con principios vagos y fines ocultos . Fue y es una guerra radical, a vida o muerte, con odios que no se aplacan y objetivos que persisten aunque cambien los métodos y el discurso. Fue y es, por sobre todo, una guerra implacable y básicamente ABIERTA y NO CLAUSURADA. Pendiente bajo otras formas y otras excusas, con hombres algunos armados (los perejiles de superficie) y ahora con otros desarmados pero con toga o con pluma.LA GUERRA SIGUE ABIERTA y constituye un error que puede llegar a ser mortal si se la da por terminada unilateralmente mientras uno de los bandos no lo considera así y la continúa en tribunales ficticios, ocupando cátedras, medios de comunicación y espacios de poder y se mantiene y se intenta ejecutar una condena no pronunciada por nadie - excepto por los bien rentados ideólogos del terror, como las Madres, las Abuelas, los miembros de la CONADEP y algunos funcionarios judiciales, legisladores y ministros y secretarios del Poder Ejecutivo -. No tienen derecho los responsables de nuestra defensa a abandonarnos cuando la guerra se prolonga, a dejarse humillar como lo hizo el mencionado Verbistky en declaraciones sobre los reclamos de los jefes del Ejército - ni a confundirse de enemigo y de ocasión. Compréndanlo: la guerra continúa porque nunca fue cerrada, subsiste subterránea pero implacable y reaparece con pronunciamientos como éste que comentamos.El fiscal Cañón continúa por supuesto al acecho, así como otros camaristas de La Plata, Bahía Blanca, San Martín y varios otros tribunales igualmente infectados de izquierdistas. No se puede bajar los brazos ni distraerse frente a un enemigo que tiene la voluntad profunda de seguir siéndolo y actuando en
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consecuencia: sea engañando como ciertos comunicadores, sea forzando el derecho como algunos jueces, sea colaborando como determinados diputados y políticos. El mal avanza, se inserta por las vías más impensadas, explota las patologías más íntimas y se aprovecha de una mala memoria perversamente creada y manipulada desde fuera y dentro del poder y en sus círculos más inesperados.Ilegitimar la defensa es legitimar el ataque que es lo que se procura ahora desde el Poder Judicial. Nada es gratuito ni inocente . Lo que se perdió en la batalla se gana en los despachos tribunalicios. Las FF. AA. no están solas ni unicamente ellas están en riesgo. El Enemigo, que jamás se fue, vuelve con una agresión total y radical, como antes. Hay que volver a saberlo.********************************** EL PERDON DE DE LA RUA El último día hábil del año fue el elegido por el presidente De la Rúa para cumplir su promesa-amenaza de condonar las penas de once de los trece terroristas que en 1989 tomaron a sangre y fuego el regimiento de La Tablada y que fueran sentenciados por un tribunal de derecho con todas las garantías de que es capaz nuestro sistema jurídico. Durante más de una década nadie tuvo ninguna objeción que hacer y todos, incluso los delincuentes y sus cómplices conocidos y desconocidos, aceptaron la sentencia. Pasó el tiempo y la izquierda se reubicó en el continente y - ya en el poder en la Argentina - fue tramando la maniobra de liberación de estos para lo cual optó por dos vías o, mejor, dos tácticas. Una consistió en trasladar el centro de la cuestión jurídica a un aspecto tangencial y adjetivo y, por lo demás, bastante artificial, la supuesta falta de la doble instancia reclamada por el Tratado de San José de Costa Rica como si la justicia de la sentencia no tuviera importancia. El otro camino elegido fue poner en movimiento todos los elementos de presión - públicos y privados, oficiales y particulares, clandestinos o no - sobre un gobierno, como el actual argentino, no sólo débil sino comprometido por alguna razón secreta con los terroristas.-

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Finalmente, a los tirones - después de haber agotado tanto la instancia legislativa como la judicial - salió el malhadado decreto 1263/00 que, irracional y prepotente como pocos, dispone una disminución de las penas a que fueron sometidos Gorriarán Merlo arquetipo subsistente del asesino serial - y los demás componentes de su banda. Las preguntas y consideraciones fluyen espontáneas y alarmadas apenas conocida la aberración.En primer lugar se ha de advertir que se está ante una clara discriminación en beneficio de delincuentes tenidos por tales en legal forma con lo que se desconoce el vital principio de igualdad ante la ley. Ahora podrán ocurrir dos cosas: a) que todos los demás presos llamados "comunes" (como si los de La Tablada no lo fueran) procesados o condenados requieran a su turno una generosidad similar de parte del P. Ejecutivo; b) que el propio gobierno tome la iniciativa en ese sentido y empiece a disponer la libertad masiva repitiendo la misma argumentación jurídica invocada para el caso, es decir ninguna. En una y otra hipótesis el Estado de Derecho, en el que creíamos vivir y al que realmente suponíamos mejor afianzado y más fuerte, se conmovería profundamente como acaba de ocurrir por la promulgación de este decreto de virtual amnistía y otros cinco por los cuales el poder administrador se superpone y desplaza a los otros dos.Tampoco es cierto que en los supuestos considerados en esta catarata de disposiciones haya habido razones de necesidad y urgencia. Ciertamente no las hubo en el decreto 1263 de referencia si es que las tímidas y retóricas insinuaciones de la CIDH - avanzada de la mencionada maniobra de la izquierda internacional - son tomadas en su verdadero alcance político y jurídico: no iba a haber sanciones porque no están previstas en el ordenamiento legal que compromete al país en materia penal ni su prestigio quedaría mancillado como balbucearon algunos de los vergonzantes voceros del gobierno que debieron dar la cara en ausencia del titular, refugiado por ese entonces en Chapadmalal.Más curiosas y sugestivas fueron las palabras del ministro del Interior Federico Storani que, pocas horas antes del anuncio de los decretos de marras había denunciado reuniones de elementos de
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izquierda supuestamente para trazar un plan de alteración del orden público ¿Alguien lo puede entender? ¿Necesidad de hacer buena letra? Si los servicios de inteligencia - que dependen de ese ministro y de su segunda, la siempre montonera Nilda Garré - detectaron tales movimientos ¿cómo y porqué se realimentan al mismo tiempo a esas fuerzas oscuras de las que el gobierno dice sospechar, poniendo en libertad a los peores y probadamente más sanguinarios elementos de izquierda? Porque, por lo demás, nadie puede estar razonablemente seguro que Gorriarán Merlo y sus cómplices, después de haber recorrido el continente sembrando la muerte en cuanto frente guerrillero se les ofreció, no volverán a sus andadas como parecen reclamarles sus genes o su cultura de la violencia bebida en Cuba. Por lo pronto no se mostraron en ningún momento arrepentidos ni dispuestos a rectificarse y buen indicio de ello es que forzaron al poder político para que se les dé por purgada una pena que merecieron ¿Quién se hará cargo si lo que es previsible - que retomen las armas y rehagan su erotismo por los "caños" - sucede? Es atroz que el presidente De la Rúa en el 2000 repita los errores y recaiga en la irresponsabilidad del diputado De la Rúa en 1973. Como los nobles franceses exilados, él tampoco olvidó ni aprendió nada. El terror pasó a su lado en vano y lo vuelve a recibir con el mismo falso democratismo de un cuarto de siglo atrás.Pero el hecho y el interrogante siguen en pie ¿por qué perdonó? ¿O no considera que la sentencia aplicada a los terroristas era y es justa? Sobre esto el decreto no se pronuncia e insiste en distraer la atención hacia el tema de la doble instancia que, de haber faltado, pudo ser resuelto de otra manera más equitativa que la directa dispensa de la sanción.Un dato aun más alarmante y que encierra las peores perspectivas es el de que el presidente no estuvo solo en la emergencia; lo acompañó la clase política casi en su totalidad. Porque ni Alvarez - sin duda uno de los artífices de la maniobra - ni los diputados de la Alianza que se mostraron críticos o renuentes a apoyarlo en los otros decretos, guardaron un silencio complacido y complaciente con respecto a éste de la condonación. Ibarra, jefe de la ciudad de Buenos Aires, fue otro que guardó un silencio pleno de indisimulada satisfacción, él que poco tiempo antes se movilizó hasta
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Roma, luego de un veraneo en Cuba, para pedir que se mantuviera preso a un compatriota sin pruebas ni motivo. Ellos tampoco olvidaron nada y este paso sirve, por lo menos, para que al repetir sus mismas posturas de antes queden desnudos y sin máscaras que, para muchos, es una forma -quizá tardía- de conocerlos y reconocerlos.El presente texto ha sido escrito apenas tomamos noticia del decreto de condonación de penas, integrante de un paquete que, como se explica más arriba, inocula un principio de muerte en el Estado de Derecho argentino, sólo que esta vez entre los aplausos de la izquierda internacional que hoy resume lo que permite llamarse civilización y contiene toda forma de legitimidad. Los responsables debieran comprender, aunque sea tarde, que con esta laxitud no se hace sino alentar y alimentar al terrorismo, que no sólo no se ha ido sino que está instalado en los entresijos del poder desde donde persiguen a sus enemigos.Porque, yendo más a fondo, es ingenuo suponer, creer o hacer creer que el terrorismo desapareció, se purgó o se transformó. Unos pocos encarcelados y la mayoría en gozosa libertad, ninguno de sus protagonistas ha declinado de sus procedimientos criminales ni arrepentido de sus atentados ni rectificado su vesanía ni abandonado sus principios. Han vuelto vencedores y vengativos y ocupado cuanto lugar pueden, desde el legislativo, como Torres Molina diputado, Moreau senador y Echegaray legislador porteño hasta los medios como Lanata, Verbitsky y Eliachev periodistas y un interminable etcétera y desde la justicia como Duhalde y Schiffrin hasta la burocracia administrativa como D. Conti , F. Storani, Becerra, Oliveira, la recién incorporada Puigros ... , desde los constantes acosadores del poder como Nosiglia, Bonadeo, Cerrutti hasta los ideólogos del "martirologio" como Bonasso hasta culminar en el patrono de todos ellos, Raul alfonsín y su íntimo comité ¿Cómo pensar que los terroristas se iban a ir? Huyeron pero no se fueron, resurgen como las lagartijas: el ERP se continuó en el movimiento Todos por la Patria. Vuelven por afuera, con otros métodos, otros reclamos, otro talante, no como victimarios sino como víctimas y no practicando la violencia propia sino denunciando la ajena, ya no son socialistas sino liberales, ni agresores sino infiltrados.

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Pero la Revolución continúa entre Mao y Gramsci, entre la guerra de avance y la de posiciones, entre el ataque y la descomposición. Están consiguiendo un triunfo que puede serles decisivo: han hecho perder al Estado y a la sociedad la claridad y la convicción de sus objetivos mientras ellos conservan los propios en sus inteligencias, corazones y organismos. Sembraron la confusión manteniendo sus certidumbres, hicieron extraviar el rumbo asegurando el propio. Inyectaron un complejo de culpa en tanto ratificaban sus virtudes. Desorganizaron la defensa de la ciudad -nuevo caballo de Troyaafinando el avance sobre ella. Todo al mismo tiempo, con disonancias a cargo de energúmenos como las Madres y alternancias como las Abuelas.

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"OTROSÍ" Nro. 27 – abril del 2001

"La hipocresía holandesa"
La nación holandesa dista desde hace mucho de ser un ejemplo ni cristiano ni de orden natural. Simultáneamente a haberle negado el acceso a un ciudadano argentino, padre de su futura reina, celebró (es un modo de decir) las primeras bodas legales (es otro modo de decir) entre homosexuales. Aunque no lo aparenten, ambos acontecimientos están vinculados entre sí porque acreditan la misma deserción e idéntica descomposición, uno reflejado en el plano político, el otro en el moral pero, en definitiva, ambos coincidentes.Prohibirle el ingreso a una persona por el hecho de haber colaborado (en un puesto eminentemente técnico) con un gobierno "genocida" es una decisión tan precipitada y arbitraria que no resiste el menor análisis, en especial si se la compara con el dato que su anterior monarca-consorte militó en las fuerzas nazis de su país sin que - que se sepa - nadie le haya objetado su juvenil actividad y adhesión. Por lo demás es de preguntarse en virtud de qué derecho el gobierno holandés proscribe a un ser humano que no se encuentra acusado de delito alguno pero, si extremamos el razonamiento ¿no sería congruente que temieran sus rubicundos ciudadanos que el "mal procesalista" se le hubiera transmitido en la sangre de la eventual próxima monarca y así envenenara a tan nobles súbditos? En cambio no se advirtió reacción - antes bien, aplauso o consentimiento ante la implantación de la antinaturaleza en sus leyes; tanta pudibundez por un lado y tanta degeneración por el otro (ciertamente no estamos dispuestos a detenernos a discutir sobre la perversidad de semejante práctica que vemos como evidente) se compatibilizan porque se presentan juntas y son manifestaciones de una nueva y misma ética, la de la tolerancia y legitimación de las conductas más aberrantes y de la adopción de los prejuicios más dogmáticos. El espíritu que se niega a la Revelación necesariamente se cierra a la naturaleza y en el libre juego de sus pasiones termina relativizando y destruyendo lo que la moral tiene de absoluto e inalterable e imponiendo
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como obligatorio lo que tiene de relativo y de transitorio. Lo injusto se vuelve ridículo y tiránico.********************************************+

Reflexión sobre el 24 de marzo
En sentido estricto, el tema del 24 de marzo (de 1976) no forma parte de la problemática que habitualmente encara OTROSI, lo que no obsta para que en la presente oportunidad – a 25 años del golpe militar - y, en especial, en atención al aquelarre a que dio lugar su memoración por parte de las izquierdas de todo pelaje y de algunas corrientes no afines pero sí próximas, dediquemos unas pocas líneas al acontecimiento que, por cierto, sigue pendiente de una interpretación más detenida y serena, indispensable por lo demás para descifrar nuestro presente.En primer lugar se comprende que los subversivos vivos y los parientes de los que no lo están, denosten y maldigan, aun en los términos más gruesos, exagerados e injustos como lo hacen, ese movimiento militar que significó un paso decisivo en la guerra contra la Subversión, justificándose por la confusión con que se movía el gobierno constitucional de la señora de Perón por un lado y su debilidad estructural por el otro, como lo demuestra el hecho que hubiere declinado en la práctica la represión en una organización privada, abdicando así la más alta función del estado y renunciando a su privilegio natural indispensable en cualquier sociedad civilizada, el monopolio de la fuerza por parte del Estado. El tiempo, más allá del cuarto de siglo transcurrido, dirá si pudo evitarse el golpe, si había otras alternativas y cuánto influyeron las ambiciones humanas, los errores de apreciación y eventualmente, las influencias exógenas. Pero lo que no se puede discutir - y menos condenarlo sin más, como lo hacen ahora los subversivos supérstites de la guerra, sus voceros e ideólogos es la necesidad de afrontar la lucha contra el terrorismo que, luego de recorrer más o menos triunfante el continente, se había instalado en nuestro territorio, intentado la guerrilla rural primero, después la urbana y procurado la secesión de una provincia para rematar en la estrategia de los atentados a veces discriminados, pero luego indiscriminados y decididamente salvajes. Más allá de las consideraciones prudenciales no había tiempo que perder y, como sabían los romanos, la necesidad no tiene ley. HUBO QUE INTERRUMPIR EL ORDEN CONSTITUCIONAL PARA SALVAR A LA SOCIEDAD, porque ese estado de derecho formal daba muestras
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inequívocas de incapacidad para defender la legalidad de fondo, real, que había sido desafiada íntegramente por el terrorismo. El Estado está al servicio de la Nación, el poder tiene que estar atento a la necesidad, la normativa jurídica depende del orden natural, el derecho no genera de por sí la paz aunque la necesita y la preserva: son consideraciones básicas que no se deben ignorar. Y por sobre todo, está la virtud de la prudencia política que no es oportunismo.Pero además - éste es otro olvido interesado e imperdonable - la clase política de entonces (no muy diferente de la actual) apoyó tácita o explícitamente el derrocamiento del gobierno. El reconocimiento de Balbín - la cabeza notoria e indiscutible de la partidocracia de los 70 - en el sentido que no tenía soluciones a la crisis del momento, equivalía y así fue interpretada, como la luz verde para el golpe y su legitimación. Las posturas posteriores fueron y son aspavientos para disimular el hecho de que los políticos perdieron el control del país, que no podían seguir gobernando y que por eso llamaron a los militares como hicieron en otras oportunidades (y mucho nos tememos lo vuelvan a hacer llegado el caso).¿Cómo no aprender en cabeza ajena? Argelia, Vietnam, Cuba, Nicaragua, para citar los casos exitosos; el Salvador, Colombia, Perú, el propio Brasil, el mismo Uruguay - ya a tiro de cañón de la Argentina - constituían ejemplos que no se podían desconocer ni subestimar: el incendio llegaba a nuestras puertas y se filtraba en nuestras casas, el humo nos cegaba y no nos dejaba respirar ¿qué esperar entonces, no era hora de reaccionar, de REPRIMIR? Es lo que se hizo y se utilizó un verbo fuerte pero indispensable para definir y encuadrar la acción: aniquilar, esto es reducir a la nada. Frente a los homicidas, terroristas, secuestradores, revolucionarios, conspiradores permanentes, violentos sistemáticos, irracionales que habían borrado de sus conciencias todo límite y todo escrúpulo no quedaba otra respuesta que la que se tomó y que se tomó a tiempo. Se recurrió a las armas y a idénticas metodologías que las practicadas por un enemigo místico, adiestrado en el exterior y al servicio de una potencia mundial. A 25 años se podrá discutir el acierto e incluso la ética de semejante praxis pero entonces no, como lo prueba un hecho que hoy todos quieren olvidar o soslayar: la sociedad, espantada y desconcertada por el terror que había estallado en su interior, acompañó al golpe y a las modalidades adoptadas.
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Libre de la presión mediática, pudo discernir con la lucidez que da la inmediatez de la realidad concreta dónde estaba el bien y dónde el mal y la licitud y conveniencia de los medios empleados. No era tiempo de consenso porque la guerra no aguarda.Es lícito distinguir entre la Represión - razón y justificativo del golpe - y el Proceso de Reorganización mismo; a éste se le pueden oponer las mayores objeciones tanto por motivaciones principistas como de hecho, así como proporcionarle un apoyo decidido o un aplauso discreto, todo según la óptica de cada cual. Pero el hecho de haber tomado a su cargo la empresa magna de combatir a la Subversión, terminar con el terrorismo y defender a la sociedad de la izquierda armada merecerá, tarde o temprano, el reconocimiento - con todas las reservas que se quiera ante un conjunto de políticas discutibles, pero también con toda la heroica convicción de haber librado una guerra esencialmente justa - del pueblo argentino; que alguna vez tendrá que pensar qué habría sido de él, cual sería su suerte, en qué habrían terminado sus libertades de haber triunfado el Enemigo marxista alzado en armas en virtud de un mesianismo delirante. E hipócrita como lo demuestra la circunstancia que la mayoría de sus mandos se encuentra disfrutando de los favores del dinero y de las prebendas del poder (con éste y los anteriores gobiernos), con los mismos a los que había declarado una guerra en cuyo nombre se engañó a tantos jóvenes y se inmolaron tantos inocentes.Dos guerras, las dos dignísimas y justas, libró el Proceso (y la nación alineada detrás, se lo reconozca o no), la antisubversiva y la de recuperación de la tierra perdida en el Atlántico sur. Aquella se ganó y ésta se perdió pero ambas, en distinto sentido, se hallan pendientes e inconclusas, una porque se continúa bajo otra forma y modalidad, la otra porque hay que reanudarla cuando las circunstancias lo permitan, como predicó Manuel Gálvez.-

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"OTROSÍ" Nro. 28 – mayo del 2001

DE PIQUETES Y PIQUETEROS El país fue conmocionado por la toma organizada y simultanea de rutas y calles estratégicamente elegidas por parte de grupos de activistas que apenas si se esforzaban por disimular sus propósitos y orígenes. Tuvieron razones - que ellos manejaron como excusas para crear el desorden que generaron con sus bochincheras intervenciones.Además de la sugestiva simultaneidad de los cortes hay otros factores que permiten inferir la naturaleza y la intencionalidad de estos desórdenes. En primer lugar sus dirigentes, de clara y declarada procedencia izquierdista así como sus eslóganes y estribillos. En segundo término la violencia de sus actos que hacían recordar otros momentos con los mismos protagonistas y con idénticos discursos. Digamos asimismo que tales reclamos eran por completo justificados desde que la situación de los argentinos, en especial los de más bajas entradas, clama al cielo. Sin embargo, los piqueteros lanzaron esta ola de violencia contenida a sabiendas que mucho no era lo que iban a conseguir pero también sabían que lo podían conseguir. Nos explicamos. Se trató de una explosiva puesta en escena de las auténticas necesidades de los más pobres pero no exigieron, más allá de lo retórico, soluciones de fondo sino que, apenas, se conformaron con parches como son los planes trabajar, encubiertos subsidios al desempleo. De esta manera se creó una fuerza social con los beneficiarios de dichos programas, por lo demás de corto alcance y a la espera de un eventual crecimiento de la economía. Esos nuevos dirigentes se dieron el lujo de negociar de igual a igual con autoridades nacionales y municipales, lo que tiene una nada despreciable importancia táctica: ellos se han constituido a partir de ahora en los auténticos representantes de los más bajos niveles de la pirámide, por afuera de los organismos que hasta hoy eran tenidos como los institucionales: legisladores, concejales, gremios y partidos.

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Ha surgido o comenzado a surgir, entonces, una nueva fuerza que maneja la izquierda. Una izquierda interconectada con las otras de la región y no es un dato desdeñable que movimientos afines del Brasil y del Uruguay, éstos abiertamente beligerantes, se hayan hecho presentes en las tomas de las rutas. Esa izquierda demostró, asimismo, que puede a poco andar paralizar el país. Usaron armas e hicieron gala de ello, anunciaron que ofrecerían resistencia si se los pretendía desalojar ("habrá muertos de ambos bandos", dijeron: hablaban ya de dos bandos, socorrida artimaña dialéctica). Y de gracia aplicaron un verdadero golpe al estado de derecho: el Poder Ejecutivo de la nación se obligó a indultar a uno de ellos condenado a prisión por la justicia ordinaria. Esto fue sólo el comienzo; a medida que la crisis se agrave y que la sociedad se deteriore y desaliente, el peligro avanzará bajo la forma de reclamos justos administrados por la izquierda.-

CARTA AL GENERAL RICARDO BRINZONI Es fácil de comprender las dificultades de su misión como jefe y responsable último del Ejército argentino o de lo que ha quedado de él después de la gestión de su antecesor, el general Martín Balza. Precisamente el hecho que Vd. sea el sucesor del hombre sin duda más nefasto que pasó por la comandancia suprema de la institución, es la causa principal de la mayoría de los inconvenientes que debe afrontar en la actualidad y de las que le sobrevendrán en el futuro. Es una realidad: a Vd. lo perjudica enormemente ser el sucesor y, por lo tanto, no sea su continuador.Es decir, no debe adoptar ni repetir su comportamiento ni sus actitudes por lo menos en dos áreas que no son propiamente técnicas ni militares (razón por la que no incursionaremos en un terreno de especialistas aunque nos permitiremos manifestar nuestra preocupación por la situación de virtual inoperabilidad de nuestras Fuerzas Armadas, según lo declararon a su turno y en forma pública sus responsables máximos: la circunstancia que no seamos competentes no significa que seamos indiferentes; creemos que se ha cedido mucho a las exigencias de un poder político avasallador e ineficiente). Las esferas a que nos referimos son la conducta frente al gran tema de la subversión y la represión - esto es, la magna cuestión de la Guerra Revolucionaria todavía no esclarecida ni clausurada - y los
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gestos reiterados de acercamiento a un Enemigo, subsistente bajo mil disfraces y excusas, que sigue en acecho desde el poder o en sus proximidades.Pensamos concretamente en los varios pedidos de perdón presentados ante la sociedad, una sociedad que no los precisa ni los solicita porque, aunque desinformada y deformada por la acción conjunta y sistemáticamente coordinada de los medios masivos de comunicación en manos de los sobrevivientes de aquélla Guerra, tiene más o en menos claro qué es lo que ocurrió y guarda en su memoria, a pesar de la versión única que recibe en forma cotidiana y machacona, en aquellos años de espanto y de dolor, aquellos atentados salvajes e incomprensibles que sumergieron a los argentinos en un inexplicable baño de sangre. No obstante Vd., general Brinzoni al igual que su antecesor, insiste en pedir perdón, un pedido unilateral, que no es siquiera aceptado y que en algunos casos permitió una respuesta de burlón cinismo. Con esas expresiones de compungida penitencia - supuesto que fueran sinceras - no se consigue sino confundir al pueblo, envalentonar a los antiguos terroristas, darles razones a sus ideólogos de ayer y de hoy y abrir el camino para su nada improbable retorno. Y en definitiva ilegitimar la Guerra Represiva que los militares argentinos libraron con éxito y con derecho - es verdad: sin ajustarse a formalidades imposibles de cumplir en tiempos de guerra ya que fueron pensadas para los de paz -. Así, con esos reclamos de perdón, que cada vez más se ven como ritos vacíos y casi como una rendición, lo que fue esencialmente una guerra justa - desbordada y con excesos como suele ocurrir en todo acto de violencia - se transforma en una acción de bandidaje, en una maniobra de asalto al poder, en una sinrazón alocada practicada por un conjunto de uniformados que actuaron sin motivos - excepto un desenfrenado y patológico odio contra una generación de compatriotas que sólo querían justicia -. Esta es la versión subversiva que Vd. avala o tolera. Porque advierta., general, que al actuar como lo ha hecho - ilegitimar la represión, juzgándola como pretenden los terroristas, por sus abusos y no por sus principios y necesidad - equivale a legitimar a la Subversión. Una legitimación, por cierto, tan inopinada como injusta, tan extraña como peligrosa, falta a la verdad histórica, ofende a los muertos por el orden y a las víctimas del terror y, reiteramos, pone las condiciones para que aquel infierno, del que parece que somos incapaces de salir, se reavive. Y ahora peor porque la sociedad está aletargada, las FF. AA.
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auto-reprimidas y las de seguridad desprestigiadas. El combate se reabre o puede reabrirse pero no contamos con defensores.General, Vd. se encuentra tan condicionado y, permítanos decírselo, tan acomplejado (¿complejo de culpa?) que busca enemigos ante los que humillarse o ante los que ofrendarse como supuesta prenda de paz. Así se disculpó ante la AMIA, sin mediar un reclamo de esta mutual, por haber designado para su defensa personal a un abogado despedido con cajas destempladas - presuntamente con vinculaciones nazis. Acá hay que ser muy cuidadosos porque nuestro planteo se puede interpretar erróneamente si se coloca la mínima dosis de mala fe. No nos interesan la razón ni la intención por las que Vd. lo hizo sino la exterioridad del gesto y sus implicancias. ¡He aquí que el Comandante en jefe del Ejército argentino no puede nombrar a un letrado que, es de presumir, gozaba de su confianza, ante la eventual disconformidad de un sector de la sociedad que podría sentirse agredido por tal nominación! Parece haberse ido demasiado lejos y demasiado abajo, se exageran las pruebas de ductilidad, se extrema la consideración por la sensibilidad de segmentos que no han manifestado queja alguna.Insistimos en que es de comprender que no es fácil (ni agradable) cargar y casi sin beneficio de inventario, con la herencia de un jefe que hoy está procesado y que, posiblemente, deba acompañar a otros altos ex funcionarios a un destino carcelario. Pero eso no lo exime a quien asumió la responsabilidad máxima de la conducción del Ejército de su obligación de imponer e impartir justicia - para vivos y muertos ni de adoptar las medidas necesarias para que la fuerza a su orden disponga de los recursos - en primer lugar morales y psicológicos para volver a enfrentar, llegado el caso, a los subversivos de mañana que contarán, como no lo tuvieron sus antepasados de los 70, con un marco de impunidad y de inserción social. ¿Qué creerán los oficiales y soldados encargados de una eventual represión futura, qué tienen que hacer, reconocerán siquiera al terrorista como enemigo, cual será su ánimo para combatirlo? ¿Podrán dejar de pensar en el riesgo que corren, cualquiera sea la suerte de la batalla, después de ella, sometidos al escarnio contumaz y sistémico como otra faz de la guerra? ¿Lo ha pensado, general? En realidad, ¿sabe Vd. cual sigue siendo el enemigo? Hemos de recordarle asimismo que debió Vd. soportar que un hombre de la calaña de Horacio Verbiztki se diera el gusto de humillarlo, respondiendo a su mano tendida con la acusación de haber participado en actos de tortura y de desaparición de personas. A él la
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justicia - que tan activa se muestra cuando se trata de entrampar militares - le perdonó haber sido alto directivo de la agrupación terrorista Montoneros; de alguna manera Vd. también lo disimuló al dirigirse a ese irredento pidiéndole un reconocimiento de su inocencia. Vd., general, puede hacer con su honor, su prestigio y con su buen nombre lo que quiera (su conciencia y sus hijos se lo aprobarán o reprocharán) pero con el honor, el prestigio y el buen nombre del Ejército no porque el Ejército es una creación histórica cargada de valores, de convicciones, de héroes, de funciones, de objetivos, de responsabilidades, de tradiciones, de misiones y que, como tal, no puede quedar sujeto a la decisión de un hombre - aunque sea su transitorio jefe - de rifar tan rica herencia arrastrándolo en sus propias debilidades. Usted pasará pero el Ejército quedará y perdurará tanto como la Argentina.No está solo, general Brinzoni ni, a esta altura de su vida profesional, sus comportamientos le atañen únicamente a usted. Vd. no es el ejército pero sus acciones y omisiones comprometen a la institución a la que se debe hasta la muerte. Recapacite que, en algún momento dado, el honor del Ejército puede depender de sus actitudes, sus palabras y silencios. Doscientos años lo contemplan y muchos más lo juzgarán.-

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"OTROSÍ" Nro. 29 – junio del 2001

¿AUN ES TIEMPO Ya nadie puede desconocer ni disimular lo que está ocurriendo de un modo cada vez más precipitado en el país, nadie excepto los propios políticos. La izquierda rearmada - en connivencia y continuidad de la posarmada - está saliendo, por fin, a la superficie y dando sus primeros pasos en la nueva gimnasia terrorista en la que se embarcará según lo vienen proclamando y reclamando sus voceros desde hace tiempo en lenguaje más o menos cifrado pero inteligible para el que no haya querido engañarse ni engañar. Los estallidos de violencia - que no son tales en cuanto se tratan de hechos claramente planeados e implementados y de ningún modo espontáneos que se extienden con cuidada metodología por todo el territorio - no sólo son actos significativos y amenazantes sino patentes atentados contra un orden político legal al que se le vuelve a declarar la guerra. Ciertamente es fácil echar la culpa de esta renovada ola bélica a un sistema singularmente perverso e injusto llamado de diversas maneras, neoliberalismo, hipercapitalismo, globalista, aperturista, privatizador; cada una de estas denominaciones dicen algo de verdad pero como no es nuestro propósito entrar en consideraciones al respecto, nos limitaremos a señalar que se está ante un régimen socioeconómico que, al permitir todo tipo de excesos, autoriza todo tipo de reacción aunque, por supuesto, no las legitime. Como quiera que sea parece oportuno proponer una reflexión sacada de la memoria y del fárrago de sucesos que se vienen dando desde hace 18 años. Y es que los responsables e ideólogos de este sistema - injusto, cruel, marginador y, además, inútil, ineficiente y desnacionalizador - son los mismos que inspiraron, acompañaron, apoyaron o toleraron la reivindicación de los terroristas de ayer y, necesariamente, de los de hoy y los de mañana si la ocasión lo requiere. Es decir que tras esta rebelión de Salta, Neuquen, La Matanza, la propia Capital y tantos otros lugares cuidadosamente elegidos, donde se producen choques y tiroteos (en definitiva, pequeñas batallas campales como las que precedieron al terrorismo sistemático de los 60 y 70) se mueven - ¡aun sin quererlo! - los viejos subversivos que, habiendo perdido la guerra y ganado la paz, se colgaron (y beneficiaron) de la política económica salvaje llevada a cabo durante los años democráticos, contra la cual se dice reaccionar ahora. Hay, pues, una relación directa entre éstos patoteros de izquierda moderna y aquellos de otrora: unos y otros se caracterizan por su desaprensión completamente perversa para explotar al pobre, sus derechos, necesidades, angustias y expectativas.-

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Como se sabe, los terroristas de la primera horneada eran burgueses -unos un poco primitivos y simplotes, a decir verdad, otros más sutiles y con fines más claros, aquellos provenientes del peronismo que no conocieron y éstos del marxismo que ignoraban- que querían una revolución indefinida, algo lúdica y que se agotaría en sí. Se rebelaban contra el sistema capitalista y creyeron - o quisieron creer - que éste caería con el secuestro y asesinato de uno que otro empresario. No sabemos si los de ahora incurren en tamaña cruel inocentada, suponiendo que alguna vez la hayan creído pero cuentan con la ventaja militar y dialéctica que en los últimos años del pasado siglo y los primeros del actual la situación para la mayoría del pueblo se tornó intolerable y, más aun, desquiciante. Esta falta de alternativas, esta desesperanza generalizada que lleva a la gente no a emigrar sino a huir del país, les provee de "materia prima" y del contexto emocional adecuado para reclamar cambios rápidos y profundos. Pero dadas las causas no se da el justificativo sin más; la injusticia requiere el reclamo y legitima la reacción pero no cualquiera. Para que ésta sea aceptable tiene que ser racional y eficaz y, básicamente, inspirarse en el bien en cuyo nombre se actúa; por el contrario salir a golpear, agredir y destrozar, haciendo blanco de sus odios a las fuerzas de seguridad y a la sociedad en general, es tan inútil como injusto. Todos, empezando por los mismos protagonistas, saben que no se obtendrá nada -nada de fondo, ninguna solución estructural- con estos procedimientos y estos desmanes.No se nos escapa que la observación precedente puede pecar de ingenua pero con ella deseamos resaltar la perversidad y la finalidad maliciosa de esta nueva violencia que se aupa - como forma de utilización (o sea, de explotación) de los pobres cuyos requerimientos nadie atiende - sobre una situación que clama respuestas concretas y serias. No las proporcionan el gobierno ni la tecnocracia que lo integra y tampoco la izquierda que, como tantas otras veces, aprovecha los conflictos en su favor, no del obrero que es visto y aprovechado no como energía social y sustento político. El caso típico fue el intento de infiltrarse entre los varios sindicatos de Aerolíneas Argentinas (casi patética la figura de Bravo fastidiando a los despedidos que no lo escuchaban) ideologizando el conflicto; y volviéndolo insoluble porque resultaba claro desde un comienzo que boicoteando a las otras empresas españolas aquí radicadas no se aportaba ninguna salida. Semejante irracionalidad -no seguida por los afectados directos- fue pensada y puesta en práctica para eso, para cerrar toda salida posible.En esta ocasión la izquierda en sus diversas manifestaciones, tuvo a bien dejarlo en claro. Se movilizaron con ordenada brutalidad en Cafayate y Mosconi, donde sus fusileros hirieron a 27 gendarmes (todos con balas calibre 22) en tanto se procuró los dos muertos que precisaba para ampliar su revolucionarismo mediático. De paso dieron muestras de su odio entrañable cuando dos enfermeros del hospital adonde habían sido llevados los policías caídos durante la agresión, se negaron a atenderlos. Esta crueldad, además de simbólica, es expresión de algo más profundo y aterrador: se considera que se está en una guerra, una guerra tan salvaje que no admite las reglas de la 144

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misma. Y es así porque se está ante una GUERRA REVOLUCIONARIA que, como todas las similares, se ve a sí misma como última y definitiva y no admite condicionamientos, leyes ni escrúpulos. Estos motines - administrados desde una central que, según se nos informa, se reunió en Ecuador con asistencia de representantes de las organizaciones terroristas de todo el continente - exhiben desde el principio su falta de espontaneidad. La aparición de gente armada (adiestrada, no improvisados hambrientos que hubieran salido a la calle por las suyas), la presencia de los activistas de siempre (los mismos en La Matanza que a más de mil kilómetros: ¿quién los traslada, quien les paga?), los mismos siniestros personajes emblemáticos de lo peor del ser humano (la de Bonafini y su constante ángel de la muerte al lado que se instalaron en Salta con su mensaje cargado de amenazas buscando un protagonismo que nadie les reconoció), las declaraciones de algunos de sus dirigentes (el "perro" Santillán llamando a las armas), el estratégico lugar buscado para instalar el comienzo de la guerrilla, entre urbana y rural, (el norte de una provincia fronteriza, semiselvática y traspasada por las rutas del narcotráfico), la permanente visita de miembros de la FARC colombiana como se denunciara más de una vez, la maniobra coordinada de la diputada frepasista Bordenave que en su quizá única iniciativa parlamentaria propuso la amnistía de los detenidos sentando el principio de la legitimidad de la violencia instalada (homicidios, lesiones graves, abandono de personas, robos, daños, sedición, interrupción del transporte, secuestro); nada de esto le preocupa a la legisladora ni a los que la acompañan que, por el contrario, avala y se vuelve cómplice de esos y otros delitos. Finalmente la legitimación de la violencia por la vía de las palabras de la desbordante Elisa Carrió que dijo que "la violencia social se justifica en el país" y por las tratativas que el pequeño Cafiero trabó, a espaldas del presidente, con los jefes piqueteros en Salta. Uno y otro cerraron los ojos con incomprensión y, más probablemente, con complicidad.El gobierno, por su parte, adoptó hasta ahora una posición dúplice. Por un lado - con acierto aunque el presidente De la Rúa actuó por consejo o influencia del gobernador salteño Romero - se negó a negociar con los piqueteros que, en realidad, son terroristas encubiertos o en agraz y al acecho; por el otro permitió que la policía federal - que todavía depende de la Nación ¿qué será cuando pase a la órbita del FREPASO? - contemplara pasivamente los destrozos cometidos contra empresas españolas ¿Porqué, por cobardía, por preocupación mediática, por inercia, por filtración en sus niveles de decisión? Urge esclarecerlo. De cualquier manera el episodio sirve para retratar la tendencia de fondo e insuperable de la clase política; tan frívola y desaprensiva como la que la precedió - que también asistiera con estúpida complacencia al terrorismo de 20 años atrás, fenómeno que nunca terminó de entender -, la actual se muestra, inclusive, más tolerante, comprensiva y comprometida con esta violencia. Los ejemplos, por acción y por omisión, sobran: desde el citado de Bordenave con el antecedente de los diputados que propiciaron y forzaron al débil 145

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presidente para que amnistiara a los asaltantes de La Tablada - hasta el silencio ominoso que los principales políticos guardan ante los acontecimientos que están incendiando a la Argentina. Alfonsín ni Álvarez ni otros, por lo general tan habladores e inquietos, tienen nada que decir. Su silencio es adelanto de lo que harán o no harán si alcanzan el poder y de lo que en verdad quieren. Basta, pues, de hipocresía porque tenemos derecho, elemental derecho, a saber lo que realmente se proponen y auspician estos dirigentes, gobiernen o no. Todo esto sin contar con que admiten ser desplazados de la conducción de la cosa pública en una especie de democracia inédita según la cual la representación la ejercen los violentos y no los electos ¿Lo ven así? Y la Nación no está en condiciones de defenderse a no ser por la mística, la capacidad de sacrificio y la conciencia del deber de sus fuerzas de seguridad hasta ahora no infiltradas, Dios sea loado. En cuanto a las FF. AA., en virtud de una serie de razones y motivos en los que no podemos detenernos acá pero a los que hemos hecho alguna referencia, carecen de operabilidad, quebradas técnica y éticamente por la misma clase política que algún día no lejano las requerirán; desguasadas, marginadas, humilladas, desmoralizadas y desorientadas, pocos oficiales de cualquier graduación saben lo que tienen que hacer y no sólo por el paso nefasto de M. Balza. Sus sucesores, a través de un discurso inadecuado, confuso y multívoco han incurrido en el peor error en que se puede caer en la política y en la guerra, el de haberse confundido de enemigo.Se habló en un tiempo de la libanización de la Argentina; hoy se puede hablar de su "colombización" en cuanto se está insinuando el mismo proceso de fragmentación y de implosión que ha arrasado e inviabilizado a la desdichada Colombia. Depende de los políticos y de los militares impedirlo para lo cual lo primero es neutralizar la acción del enemigo, ubicarlo y volver a aniquilarlo, se encuentre y se disfrace donde y como quiera.-

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"OTROSÍ" Nro. 30 – julio del 2001

"EL RETORNO"
Volvieron los Montoneros. Lo hicieron como es habitual en estos pandilleros: sin remordimiento, sin contracción, casi con ingenuidad y especulando con el olvido y la desinformación. Traen un discurso barato, al parecer nuevo y quieren instalarse como movimiento en la democracia argentina y en esto se diferencian de los asesinos de las otras bandas que optaron por el retorno individual y en el marco de partidos ya instalados, preferentemente ganadores, que les abrieron las puertas sin mayores prejuicios.¿Formarán una agrupación política convencional como lo prometieron? Suponiendo que puedan llegar a hacerlo diremos desde ya que no importa mucho puesto que su programa no significa para ellos un compromiso ni constituye una genuina oferta electoral porque es más lo que ocultan que l que declaran. Es apenas una excusa para la reinserción en una democracia enferma y en una sociedad fracturada. El hecho que afirmen que no recurrirán a la violencia - "porque el actual es otro contexto" - nos lleva a una doble reflexión. Primero que no es creíble porque en la inteligencia montonera el terror tiene algo de salvajemente gratuito y erótico, casi como un fin en sí mismo. En segundo lugar semejante pronunciamiento debe ser tomado como una atroz reivindicación de la violencia empleada pocas décadas atrás. Así es porque se recurre con esta aseveración a un concepto relativista de la moral: lo que estaba bien ayer puede estar mal hoy pero también al revés. No es el daño causado ni el mal practicado lo que lleva a los montoneros a un cambio de actitud sino un criterio pragmático, una consideración estratégica. Pareciera que la razón última de su accionar sea un fantasioso revolucionarismo sin objetivo determinado, una energía alocada que se satisface a través de un periplo siempre abierto. Una demencia nietzscheana que sigue inspirando a estos jóvenes y adultos que saltan del homicidio torvo a la alegre convivencia sin distinguir el bien del mal ¿Hemos de confiar en ellos? Tanto montoneros como piqueteros -profundamente emparentados, paralelos y afines- son como esas aves de carroña que merodean en torno al cuerpo exánime; sólo que este cuerpo es el argentino.o - ***************************************** - o 147

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"VOLVER A EMPEZAR"
El estallido social está a la vuelta de la esquina. No faltan motivos ni razones para que la inquietud se transforme en desesperación y el desconcierto en rabia. El plan de ajuste que anunció el gobierno - y que se procura llevar a cabo con disciplinada técnica, la mayor inescrupulosidad legal y la peor insensibilidad social, en cuya virtud los muchos pagarán la fiesta de los pocos - ha creado un clima más que enrarecido,, explosivo. Nunca como antes la injusticia, la desaprensión y la inequidad se hicieron protagonistas y dueñas de la escena; en estas circunstancias no es de extrañar que la izquierda - o la nueva izquierda como C. M. Acuña la llama - se hizo presente como eco de la situación, por un lado y por el otro como adelantada de la acción terrorista de la Fuerza Revolucionaria de Colombia (FARC) cuyos representantes hace tiempo que circulan libremente por todo el país tejiendo redes y contactos a todo nivel (incluyendo al ex presidente Alfonsín). Es llegado el momento de los piqueteros escandalosos y delincuentes ¿Cómo definirlos? No se exagera si se dice que son agentes de la vanguardia de aquel terrorismo que muchos creyeron (y otros hicieron creer) se había retirado, derrotado, ya hacia finales de los 70. Nosotros nunca lo aceptamos por la simple y evidente razón que ellos, sus voceros, defensores y/o descendientes continuaban librando exitosa batalla de posguerra como si el terror no hubiese tenido lugar o, en todo caso, se tratara de un episodio insignificante del pasado que, se suponía o se hacía suponer, había terminado pero que fue justificado. No teníamos porqué creerlo puesto que nadie dio satisfacción, nadie explicó lo que había acaecido, nadie se hizo cargo de la sangre derramada, nadie mostró arrepentimiento ni voluntad de reparar. En cambio los que se quedaron y los que se fueron enderezaron sus esfuerzos en tres direcciones concordantes: reinserción (que consiguieron mediante la impunidad que les aseguró la clase política), reparación (obtuvieron jugosas sumas dinerarias por presuntos perjuicios sufridos) y reivindicación (alcanzada merced a una amplia, injusta y falaz cobertura mediática).Falta la cuarta rueda del carro, a saber su continuación que es precisamente la actual etapa. Son los piqueteros que no sólo adoptan su ideología -bien que tosca y confusa- su discurso y sus modales sino sus procedimientos. Están proponiendo un proceso progresivo de violencia empezando por los cortes de ruta y la agresión a las fuerzas de seguridad, oscilando entre el terrorismo urbano y rural.

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En realidad no se compadecen de los pobres sino que los explotan lanzándolos a una nueva lucha al utilizarlos como carne de cañón según sus antiguas prácticas. Ya algunos de sus jefes anunciaron que si va la Gendarmería a desalojarlos "le pondrán sus pechos"; se sobreentiende que los de su tropa de desocupados y de cuasi "barras bravas". Un desafío que, por lo mismo que para los dirigentes no les significará un riesgo cierto, hay que tomar muy en serio.Descontada la validez de los reclamos por mejores salarios y mayores puestos de trabajo, no puede menos que indignar el manipuleo insolente y anticaritativo a que se somete a estos marginales que son los "vencidos del sistema" como los apostrofan los teóricos del hipercapitalismo que, de alguna manera, es el que le proporciona excusa y contenido a la nueva subversión. Por supuesto que usados como lo están siendo, no mejorarán su condición pero, en cambio, servirán para embatir contra el orden institucional y legal al que golpearán en sus mismas raíces destruyendo sus mecanismos de funcionamiento, abatiendo a sus organismos formales y sobrepasando a los informales, tan necesarios y legítimos como aquellos aun a pesar de sí. He aquí porqué no se tolera a ninguna CGT, ni a la oficial ni a la disidente (Moyano fue abucheado en la Cumbre Piquetera). Hacen lo peor: ideologizar una causa justa.Se ha quebrado, por lo pronto, el régimen de representación, ya frágil e, incluso, ficticio e inservible desde hace tiempo. Los partidos no representan a la sociedad en cuyo nombre se legitiman y actúan, carecen - oligárquicos y monopólicos como son - de funcionalidad, son ficciones, apariencias, instrumentos lobbystas en algunos casos o vehículos de ideologías en otros. Pues bien, el movimiento piquetero los ha desplazado o amenaza hacerlo, ha abierto rutas por afuera de su ordenamiento y presionan, como lo demuestran los últimos acontecimientos, sobre el más elevado nivel de decisión. Hoy los políticos o bien se les suman (por afinidad o necesidad propia) o bien negocian con ellos asimismo por afinidad o necesidad. Dijo bien el piquetero D'Elía cuando reconoció que su movimiento era legítimo porque había sido recibido por la ministra Bullrich, al fin y al cabo del mismo palo. Esa entrevista - que, como surrealista culminación, terminó con una proclama reiterando los propósitos y programas de los revoltosos, dada desde el salón mismo del ministerio de Trabajo - no debió haber tenido lugar nunca porque, en efecto, el gesto de consenso que buscó el gobierno con ese acercamiento constituyó una lesión al orden jurídico, un reconocimiento a los transgresores, una convalidación de la violencia y una clausura de los caminos legales que aun se encuentran expeditos en la república. Esta actitud del gobierno es algo peor que una expresión de debilidad, es un

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golpe al Estado de Derecho y una nueva muestra de parálisis, de fractura interna y de desorientación.Porque se niega la evidencia presente y se ignora la experiencia pasada, la más remota y la más próxima. Recuérdese que Fidel Castro dispuso la primera invasión guerrillera del país aprovechando la extraordinaria debilidad del entonces presidente Arturo Illia; este es un dato fuertemente indicativo para saber a qué atenerse en la actualidad: un gobierno a la deriva, un presidente desgastado, un estado sin representatividad, una clase política desprestigiada y sin liderazgo, una situación socioeconómica crítica que tiende a agravarse, son todos factores concurrentes que se repiten treinta años después y que dan lugar a las mismas estrategia y táctica cambiando sólo los nombres y las excusas. No hay alternativas dentro del sistema democrático liberal que se agota en sí mismo, todo se reitera - problemas y respuestas - y, por lo tanto, se cometen los mismos errores porque no se aprendió nada.Y para aprovechar tamaño déficit y semejante complicidad, llegan los Montoneros de la mano de Mario Firmenich y de sus allegados. No es, por supuesto, casual, este retorno anunciado al poco tiempo de la realización de la cumbre piquetera en La Matanza; la coordinación es notoria y natural y sólo una complacencia suicida o una infiltración descarada (la Bullrich negociando, Cafiero aplaudiendo aun en el curso de la primera jornada: fue un desafío) o una ceguera conformista (la pasividad de De la Rúa y la estolidez de su ministro Mestre) pueden explicar tanta tolerancia que arrastrará al país a un peligro tan límite en lo político como el que lo acecha en lo económico. Los mismos actores, iguales circunstancias, idénticos métodos ¿qué esperar para comprender? Ya no se sueña con masas que se alzan al nombre del Che Guevara ni con enfrentamientos clasistas ni se despotrica contra los patrones. Se prefiere - como señala en un indispensable artículo Carlos Acuña en "La Nueva Provincia" del 24/6 - la lucha contra el modelo y la reunión en un solo organismo de los distintos estamentos sociales afectados por el mismo. Las bases de unificación son amplias: desempleo, falta de solidaridad, la inseguridad económica, la aparición de una neoligarquía despiadada dispuesta a todo para mantener sus privilegios. Pero esta izquierda terrorista no se deja llamar así ni predica la violencia franca; por ahora sólo amenaza con introducirla de una forma "moderada" y solapada, buscando sino comprensión sí tolerancia y esperando que la gente - aun la perjudicada por los cortes - admita o tolere estas protestas cuya gravedad no consiste en que son fastidiosas sino que constituyen una puerta y un anticipo de una violencia en escalada.Por eso es que se excluyó de la actividad al "perro" Santillán que, heredero de Santucho, insiste en plantear el conflicto como una lucha 150

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de clases, lo que eventualmente podría darse en las provincias más pequeñas y pobres pero no en los grandes centros porque en éstos los perjudicados por el modelo se ubican en todos los estratos.Otro aspecto disolvente de la actitud de los piqueteros y la pasividad del gobierno reside en que aquellos pretenden quedar al margen del derecho penal que han infringido; piden la libertad y el desprocesamiento de los dirigentes detenidos y encausados por delitos comunes como lesiones, daños y privación ilegítima de la libertad entre otros (tal vez homicidio). De aceptarse tales reclamos - que forman parte de un paquete único de actividades que se niegan a dividir - se estaría creando un "status" jurídico especial para estos delincuentes que se dan el lujo de informar a la sociedad que formaron una asociación ilícita y presta a empezar a funcionar el 31 de julio en 50 lugares del país elegidos por ellos. Se estaría, pues, ante el principio de disolución del Estado como tal ya que habría perdido el monopolio de la fuerza que es una de sus propiedades esenciales; a partir de ahora ha de convivir con otro similar y paralelo. La distribución de justicia también quedaría a cargo del nuevo estado junto con el control del tránsito. En un momento, inesperadamente, surgió un poder desde la nada, desde fuera de la comunidad, en nombre de no se sabe qué principio ni qué legalidad; en rigor se trataría de un retroceso a la selva donde triunfará el más fuerte, es decir el que tenga convicciones más hondas. La sociedad, por lo demás, perdió a sus mejores defensores entre expedientes judiciales y comunicadores sociales.-

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"OTROSÍ" Nro. 31 – septiembre del 2001

EXTRAÑAS MUJERES
La legislatura de la ciudad de Buenos Aires, entre las garras de la neoizquierda y de la residual de los 70', ha tomado una decisión que no por esperada es menos indignante e, incluso, grotesca. Sirve de cualquier manera para desenmascarar, por si hiciera falta, el talante ideológico de estos representantes del pueblo (al que, por lo demás, nunca consultan) pero que, puestos a gobernar, prefieren seguir dedicados a su nada inocente empresa de reinstalar en la memoria colectiva a sus héroes que es como legitimar y forzar la aceptación de sus principios.Nos referimos a la designación de trece mujeres ya fallecidas que, según el peculiar criterio de estos políticos - que en el fondo siguen siendo terroristas como lo demuestran en cada ocasión que pueden - han de ser consideradas "las mujeres más destacadas del siglo XX".Si reconocemos un cierto margen a la subjetividad, al gusto personal o al puro sentimentalismo, se podría aceptar - con mayor o menor reserva- algunos nombres que, pasado el tiempo, perdieron casi todo significado y que retienen sólo algún simbolismo que ya poco dice y significa para la mayoría de los contemporáneos. Tal el caso de la señora Eva Perón que - siendo todavía un enigma no resuelto - va deteriorando su perfil y su atractivo al punto que no admite una polémica que vaya más allá del ámbito académico; se la recuerda más que se la acepta porque ya no es un punto de referencia como lo fue, sin duda, en vida. Las pasiones se acallaron a su alrededor y sólo un espíritu travieso quiere resucitarla: emblema para unos y otros, ni tan grande ni tan miserable como se la vio en su tiempo, no merece hoy la discordia y tampoco nadie se la puede apropiar.Se puede pasar por alto asimismo la elección de una cancionista de tango, Rosita Melo, rescatada del recuerdo y de los archivos por otro espíritu zumbón dispuesto a insertarse en lo popular no comprometido. No merece reparo el honor que se le pretende reconocer a Rosario Vera Peñaloza, legendaria maestra que, sin embargo, no es homenajeada como a ella le hubiera gustado: con las aulas llenas de niños pendientes de la palabra de docentes cumplidores y responsables de sus tareas con más inquietudes pedagógicas que preocupaciones gremiales y más atentos a sus alumnos que a sus dirigentes sindicales. Y podríamos preguntarnos también si María Luisa Bemberg, suave transgresora de las costumbres de la burguesía a la que gozosamente perteneció, merece ser signada como una de las mujeres del siglo XX. En realidad pareciera que la selección se hizo al boleo, como un intercambio de figuritas o una excusa que permitiera introducir a las restantes en un homenaje 152

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que nadie pidió y que fue una maniobra estética de esta izquierda que, gatoparda como es, se transforma para no cambiar, siempre acechante y astuta.Pero allí terminó la farsa. Porque se trató de una farsa consistente en confeccionar una lista de militantes de la izquierda entremezcladas con dos o tres poco objetables que dieran algún viso de imparcialidad a la selección. No se olvidaron siquiera de Alcira de la Peña, vieja, disciplinada y desdichada estalinista de otrora cuyos camaradas gramscianos de hoy deberían borrar de ser honestos. No podían faltar en tan luctuoso listado activas pero prescindibles militantes como Alicia Moreau de Justo y Fenia Chertkoff, sendas viudas de los fundadores del desvalido partido socialista. Y menos aun las emblemáticas Azucena Villaflor creadora de las Madres de Plaza de Mayo, Matilde Herrera, abuela del mismo lugar y la sospechosa Ana María Giacosa de la Liga de Amas de Casa que, por lo menos en su momento, se comportó como una cortina del partido comunista, fiel a Moscú.Se está claramente ante una trampa dialéctica - modesta si se quiere pero sugestiva - que consiste, como dijimos, en incorporar nombres nefastos provenientes del reciente terrorismo pero a los que, engañosamente, se los vincula con la represión como víctimas y por eso se los trae a colación. Se obliga a la ciudad a rendir culto a personas que la mayoría desconoce y que no pocos repudian. No es la primera ocasión que un gobierno ocasional de izquierda aprovecha la oportunidad cuando alcanza el gobierno - lo que tan pocas veces se le da - de invadir con sus apellidos queridos las calles de Buenos Aires. Jean Jaures posiblemente no sea recordado en su propio país con la prolijidad y empeño que sus correligionarios porteños le han dedicado.-

ESPAÑA Y LA ETA
La ETA es sinónimo de muerte e irracionalismo; imposibilitados de recurrir a la guerrilla rural se especializan en la urbana que practican con fruición salvaje. No decimos nada nuevo al respecto y sólo queremos señalar que la caída de un comando - por más exaltada que haya sido mediaticamente la importancia de la operación - no termina ni por asomo con el peligro del crimen organizado. Más organizado que nunca puesto que se han descubierto contactos con terrorismos de otros meridianos geográficos e ideológicos. ¿El marxismo los une? ¿Qué pueden tener de común un homicida irlandés con un criminal colombiano y un asesino vasco? Es decir que el terrorismo, al tiempo que tiende a expandirse, tiende asimismo y por necesidad a reunirse, aportando fuerzas y experiencias a una desconocida causa universal que los unifica y confunde viniere de donde viniere.El problema (el drama) - cada vez más acuciante - se globaliza, pues. Esta es una realidad que no se puede eludir ni disimular. La primera pregunta razonable es ¿porqué?, la segunda es ¿cómo?, la tercera ¿para qué?. 153

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Se comprende que haya una reacción más o menos organizada y general contra la otra globalización, la económica, la hipercapitalista, ésa que nadie conoce ni reconoce sino cuando ya lo asfixió. La simple conjetura de que se está ante un combate entre dos globalizaciones, dos legitimidades contrarias en lucha - dos, sólo dos, sin alternativa - y que se disputan el futuro de la humanidad tal vez por cientos de años, causa espanto. De ser así, la civilización habría caído en sus más bajos niveles de los últimos dos milenios.Pero volvamos, después de esta disquisición, al terrorismo vasco que presenta algunos rasgos similares al caso argentino y, por lo tanto, al modo de enfrentarlo. La ETA, mientras desarrolla su estrategia terrorista, intenta transitar los carriles políticos, es decir que juega a dos puntas; sin importarle las dobles posiciones ni las contradicciones. Porque ¿en nombre de qué o de quienes actúa, a qué o a quienes representa cuando mata y destruye indiscriminadamente si su partido oficial - aceptado por el sistema que hace como que no se da cuenta - se presenta a elecciones no consiguiendo pasar de una minoría constante?. ¿Cuál es el verdadero sentimiento vasco, el que se refleja en los atentados o el que se manifiesta en los comicios? En todo caso ¿qué derecho surge a favor del terrorismo institucionalizado de una u otra opción? ¿Son más vascos los vascos que ponen bombas o aquellos que prefieren simplemente sufragar? España se deja engañar paralizándose ante el espectáculo interminable de muertos y mutilados como si se tratara de una tragedia misteriosa a descifrar por las leyes de la política y a resolver por las del derecho. No se quiere o no se puede admitir que en determinadas condiciones - pese a la buena voluntad de los dirigentes, a la bonanza de la economía y a la correcta práctica de la democracia - el Estado de Derecho se vuelve incapaz de defenderse e imposibilitado de sobrevivir. Eso ocurre cuando la violencia, esparcida por la sociedad, se pierde para el monopolio del poder político y empieza a ser utilizada por segmentos particulares. Se vuelve al estado del hombre lobo del hombre ¿Qué hacer entonces? La sabiduría de los romanos nos dejó enseñado que la ley máxima de una sociedad es la salud de la república. Con lo que se está diciendo que las formalidades jurídicas pueden llegar a ser trampas mortales en determinadas situaciones límites, que el derecho no puede ser aplicado de igual manera y con el mismo respeto en tiempos de guerra y en tiempos de paz, que la ley no ha de desvincularse del concreto contexto político (y eventualmente militar) en que se da porque el fin de la política es la paz que, a su vez, requiere de la justicia al igual que ocurre con el derecho. Una legislación, por más prolija y extrema que sea - en especial si alcanza al preciosismo al que tantos juristas son sospechosamente afectos - no puede prescindir del momento histórico de su vigencia porque sino empezaría a girar en el vacío y se volvería contradictorio y contraproducente, no cumpliría su función -que es, ni más ni menos, que la de resguardar el orden total, incluido

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el ético - porque se tornaría una dificultad más que un aporte a la defensa de la sociedad agredida.En tiempos de revolución - una larga y triste experiencia así lo acredita sobradamente - las reglas de juego cambian y nadie puede pretender - menos que nadie los agresores - invocar un derecho que son los primeros en desconocer. En los años revolucionarios - conviene no olvidarlo nunca - la excepción puede volverse norma. Aunque también es preciso recordar que el abuso es siempre repudiable y que no debe generalizarse. La noción de terrorismo de estado es, a la par que una fórmula equívoca un sin - sentido jurídico y político, porque no hay razón para acotar al poder legítimo a la hora de la batalla.Por eso en un momento dado el Estado policial debe transformarse en uno propiamente militar con las características y exigencias de tal. Esto no es - no quiere o no puede - ser comprendido por el Reino de España, atenazado por el recuerdo de guerra civil de medio siglo atrás y por el ejercicio de un poder sospechado de antemano . La ETA se beneficia de semejante circunstancia histórica, error por el que no encuentra más que una resistencia pasiva y retórica que consiste en manifestaciones masivas luego de cada crimen y en repudios formales que de forma alguna traban su accionar. La ETA, como hace todo terrorismo, se instaló en el interior de una sociedad arruinando la convivencia y desplazando la racionalidad. No se puede esperar en esa ocasión del Estado que se comporte como un gendarme cuidadoso de los derechos de los agraviantes en desmedro de los derechos de los agraviados.

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"OTROSÍ" Nro. 32 – octubre del 2001

El poder judicial se cobra otra víctima
Es el capitán de navío Jorge Enrique Perren a quien, por las dudas y en probable cumplimiento de instrucciones políticas, se le impuso la detención en una instalación naval en lo que constituye un claro acto de prejuzgamiento. No se sabe bien porqué, con qué pruebas, en aplicación de qué derecho ni siquiera con qué resultados el juez Claudio Bonadío - antiguo abogado junior del estudio del ex ministro y actual senador Carlos Corach - ordenó la detención del militar. Quizá no sea un antecedente menor el que el magistrado haya pertenecido al extinto y harto desprestigiado Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, cuya gestión y memoria nadie se atrevió a defender nunca. Pero también su presente lo condena; por lo menos la autoría indiscutida de un doble homicidio - producido con arma de guerra y proyectil prohibido de su propiedad alegando legítima defensa - aparece sumamente confusa (en la vecindad de un templo macumba al que el señor juez se dirigía en el momento del incidente). Ahora ordenó - estando provisoria y casualmente al frente de un juzgado que no le pertenece - la detención por supuestos delitos cometidos hace 25 años en territorio argentino para, como serían sus deseos, ponerlo a disposición junto con otro grupo de militares, del tétrico juez español Baltasar Garzón cuya incompetencia en estos casos constituye una doctrina oficial. Bonadío - y esto vale como una definición - es uno de los fieles de "la servilleta" que el entonces ministro del Interior le entregó a Cavallo para que quedara tranquilo. En estas condiciones, con estos magistrados la república terminará despedazándose porque se volvería a un estado pre-judicial donde la convivencia se torna imposible.-

¿Hay dos terrorismos?
Los sucesos de Nueva York y Washington del 11 de septiembre fueron crudelísimos, dignos del mayor repudio y merecedores del más severo castigo. Fueron actos de terrorismo tan repudiables como todos - absolutamente todos, definitivamente todos - de esa índole.

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Esto descontado y sin admitir ninguna otra discusión acerca de las razones, explicaciones o justificativos que se pudieran alegar para cobrarse más de 6000 vidas, producir una catástrofe económica y un trauma colectivo - amén del eventual ingreso, como algunos prevén, a una nueva era histórica posguerra fría y preludio de una tercera guerra caliente - no podemos menos que comentar una actitud casi unánime, una omisión en la que todos los comentaristas y comunicadores en la Argentina incurrieron, con alguna ligera excepción.Nos referimos a la utilización - maliciosa en la mayoría de los casos - del argumento que consiste en afirmar que la Argentina tiene el deber de intervenir en esta inesperada cruzada contra el neoterrorismo por el hecho de haberlo sufrido en carne propia, esto es de tener una experiencia reciente ¿Cuál es ésta? La buena memoria de nuestros políticos se remite y limita a los atentados contra la embajada de Israel y el local de la AMIA; fueron éstos, sin duda, agresiones vandálicas que merecieron el repudio generalizado de la sociedad argentina y ante los que el estado movilizó sus mecanismos de inteligencia (con la colaboración de algunos extranjeros) y judiciales. Y aunque no se llegó a ningún resultado cierto el esfuerzo se realizó y si no se pudo ir más allá fue porque el enigma que rodeó a los sucesos, las características del agresor -lejano, envuelto en las sombras y escondido bajo mil rostros como hoy- no lo permitió. Fue un episodio que pertenece a una guerra que no nos involucra y a la que somos ajenos. Por supuesto en tales condiciones, no obstante su evidencia, las quejas (algunas agraviantes llevadas a cabo por vía diplomática) fueron abusivas e injustas porque todos sabían o debían saber que las investigaciones, por más prolijas que hubieren sido, no podían arribar a otra conclusión que a las que, efectivamente, llegaron: la detención de un delincuente de menor monta y de cuatro policías que más bien por omisión que por acción, habrían participado de un modo secundario- en los ataques. Todo esto sostenido al parecer por una serie de pruebas harto dubitativas y discutibles.Lo dicho valga como exordio a nuestro razonamiento. Ahora deseamos afirmar lo que otros olvidan o niegan. Nuestro país fue no sólo escenario sino víctima del terrorismo antes del manifestado en las voladuras de la embajada y de la mutual judías. El terrorismo marxista o paramarxista que todos se pusieron de acuerdo en dejar fuera de consideración, se desenvolvió en las décadas de los 60, 70 y 80, fue sistemático e internacional como que se lo diseñó en el extranjero y contó con mercenarios de afuera que lo aplicaron sobre el pueblo argentino y sus fuerzas armadas y de seguridad; sus víctimas fueron argentinos y los bienes destruidos también.

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Finalmente y gracias a una acción mancomunada de la sociedad con sus militares y policías se lo derrotó tras ímproba lucha cuyos ecos aun perduran. Pero los que huyeron vencidos volvieron triunfadores, ahora viven entre nosotros, prosperan e, incluso, ejercen franjas de poder y cuentan con no pocos aliados y cómplices en otras que les facilitan su permanencia y su comportamiento al tiempo que coadyuvan a olvidar su pasado. Y los que no, resultaron amnistiados y, de alguna manera, legitimados junto con sus principios. En el peor de los casos habremos de temer no un tercer atentado sino el número ... ¿quién lo puede saber después de 30 años de horror? Pues bien, ese terrorismo "local" ¿no fue?. Y si lo fue ¿no merece reprensión legal y moral así como antes mereció represión militar? ¿Qué diferencia entre el que nos asoló durante décadas y éste que acaba de estallar en Estados Unidos? ¿Los "nuestros" tenían inspiraciones más nobles para matar y destruir que estos supuestos islámicos fundamentalistas a los que se acusan también de matar y destruir? ¿Qué diferencia uno del otro? Entonces que se nos explique porqué el estado argentino - tan proclive a perdonar, incorporar e indemnizar a los terroristas de otrora - se muestra tan enérgico y dispuesto a tomar las armas que ya no tiene para castigar a terroristas que no conoce y que dañaron a un país que no nos concierne que, por lo demás, dista de encontrarse indefenso ni debilitado. La tesis implícita parece ser que hay un terror más culpable y condenable que otro, uno bueno y otro malo y la distinción estaría más en la dimensión del agraviado que en la del agravio mismo. O sea que se sopesa la condición del atacado antes que la naturaleza del ataque y la responsabilidad del atacante; se disculpan los atentados cometidos por ideología en tanto se sancionan los realizados en nombre de una religión. El marxismo violento es perdonable pero el islamismo agresivo es vituperable.Esta duplicidad es inmoral e irracional y, sin embargo, fue adoptada por la sociedad toda en función de un discurso único que arranca de una explosión sentimental generada mediaticamente. Por eso es que los comunicadores y los políticos están interesados en que no se recuerde aquel terrorismo pasado y hacer como si nunca se hubiese dado. Prefieren enfrentar a este nuevo, que se desarrolla fuera de casa, que recordar aquel que se instaló en la nuestra.

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Si Ben Laden es el verdadero responsable de la voladura de las Gemelas y del Pentágono - y por eso hay que perseguirlo y exterminarlo, tarea a la que nuestro gobierno se ha sumado a lo menos en su declamación - idéntica actitud hay que tomar con respecto a los que desataron el horror en su momento en la Argentina. Ni la embajada israelí ni la AMIA fueron los primeros actos de terrorismo en el país; una honesta mirada atrás o la consulta de cualquier manual sobre la historia del terrorismo en la Argentina, de los varios que fueron apareciendo, llevan a la conclusión contraria. Disimular este hecho evidente es contribuir a la confusión y a la desinformación. Es facilitar el olvido de un pretérito que sigue siendo muy elocuente y que, a la luz de los acontecimientos del norte y al borde de iniciarse una guerra global, readquiere su significado más propio y trágico del que había sido despojado por la acción de un palabrerío martillante que no deja pensar ni recordar.Otro interrogante que nos limitamos a asentar para que se reflexione sobre él: la sangrante Colombia, víctima del terrorismo más salvaje y continuado ¿no merece ni necesita una respuesta así de enérgica y global como la que proponen - y llevarán a cabo - Estados Unidos y su brioso presidente?

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"OTROSÍ" Nro. 33 – noviembre del 2001

"ABSTENCIONES Y DISTRACCIONES DE UN JUEZ" El ex juez federal Gabriel Cavallo - ahora y luego de un sugestivo intercambio de favores con el Senado al que le archivó la causa de los sobornos apenas le llegó a las manos, ascendió a camarista del mismo fuero - quiso despedirse dándose el gusto de poner su ciencia jurídica al servicio de una ideología hasta hoy desconocida en él. Como en esta modesta publicación no se dispone de las 70 generosas fojas que utilizó para declarar la inconstitucionalidad de las leyes 23.521 y 23.492 (llamadas de "punto final" y "obediencia debida") hemos de deslizar ligeras referencias al fallo que contiene, a nuestro entender, un solo acierto. O dos: Uno es la observación que ambas normas encierran amnistías para los implicados en la represión y en sus excesos (reales o imaginarios); otro que las citadas leyes tienen errores técnicos que pueden dificultar de hecho su aplicación, pero no acarrear su nulidad como el magistrado pretende y dispone.La larga sentencia - sobreabundante en citas judiciales y doctrinarias se encuentra afectada desde el comienzo por la intención que la recorre hasta el final y que en varios de sus tramos se pone en cruda evidencia. Esta intención consiste en llegar a la conclusión deseada en y por principio que es, justamente, dictar la inconstitucionalidad de dichas leyes. Para lo cual se adapta a la propia querella, iniciada por el CELS, organismo capitaneado por el ex montonero Verbitsky y financiado por la Fundación Ford; luego se basa en el poco confiable informe de la CONADEP (para lo cual hace caso omiso de sus errores nunca corregidos aunque varios reconocidos) y, finalmente, adopta íntegramente la línea de razonamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cuyo compromiso con la izquierda no requiere prueba. Con semejante metodología la conclusión no podía ser sino esa, la buscada. Se trata de un grueso apriorismo que si en materia de lógica es deshonesto y anticientífico, en el ámbito de lo
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judicial es desastroso y lleva a las peores y más temibles consecuencias como reabrir un conflicto que nos vuelve a colocar a orillas de la guerra.Cavallo se coloca en una cómoda burbuja que lo aleja de la realidad histórica del país, tanto de su pasado inmediato como del presente y, lo que es peor, de su futuro. Se limita, obsesionado por alcanzar el resultado propuesto, a consideraciones jurídicas y a cotejos legales más o menos eruditos como si la amnistía lograda - verdad es que en circunstancias especiales de las que algo diremos más adelante - no se hubiese dado en un contexto concreto y dramático, en una situación política crucial de la que había que salir cuando aun era tiempo y que se generó como secuela montada en la posguerra de los 70. Es increíble que haya prescindido de cualquier consideración metajurídica, como si estuviese fuera del tiempo y de la historia, sin medir sus consecuencias inevitables.Porque el juez ignora - se esfuerza por ignorar - que existió una guerra en el país y se pliega a un presupuesto que ha hecho estragos en la inteligencia colectiva argentina, el de que la represión no estuvo justificada, que no han habido razones para proceder como lo hicieron las FF. AA. y las de seguridad en esos años. Y que esa guerra era de caracteres especiales y de altísima peligrosidad y cuya consecuencia última habría sido la instalación de un totalitarismo feroz, materialista, sin justicia ni garantías y basado en el odio del que provenía y que aplicaba por sistema para atacar a la sociedad y obtener el poder.Esto lo olvidó el juez al momento de sopesar los hechos y las circunstancias (hace una sola y ligera referencia al antecedente de manera que quien lea el escrito sólo y apenas conocerá la versión más lábil de la historia y no toda la enorme crueldad de la guerra desatada por las ahora quejosas "víctimas"). Prefirió extraviarse en los senderos formalistas del puro derecho instalando una distancia y una desarticulación entre éste y la realidad. Claro que un juez no es un politicólogo ni un historiador pero tampoco puede ser un extraterrestre que sólo considere la exterioridad de lo que ocurrió y de lo que le cuenten. Se necesita un hombre encarnado, prudente (la prudencia judicial que le dicen, similar a la política), comprometido con la verdad total y que no descuide en modo alguno el marco fáctico.Cavallo no es el caso porque, como dijimos, toma posición desde el primer momento. No se detiene en invocar textos internacionales habría que determinar su obligatoriedad aun después de implantado el proceso de globalización judicial iniciado por Alfonsín y llevado al paroxismo por Menem - posteriores a las leyes impugnadas como la
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Res. 47/133 de la ONU que es de 1992 personas y la Convención Interamericana Sabe o debiera saber el juez Cavallo documentos es aplicable a los delitos de posteriores a la comisión de éstos.-

sobre desaparición de las de Brasil que es de 1994. que ninguno de los dos que se ocupa porque son

La principal preocupación del juez es demostrar que los apodados delitos de lesa humanidad o violatorios del ius gentium o genocidio (términos que se utilizan con fácil sinonimia) son imprescriptibles. No nos importa eso porque muy difícil y torcidamente se puede decir que en la Argentina hubo de parte del Estado militar delitos de ese tipo; tan es así que, ante el dato desconsolador que en la definición de ´genocidio´ que se da por cometido no se incluye la desaparición o agresión a grupos políticos, se ve obligado a forzar la interpretación para que la figura quede incorporada según sus gustos. Por lo mismo es inaplicable la invocada Res. 239/69 de la ONU sobre imprescriptibilidad. No es una forma de hacerse creer ni de acentuar la confianza en la Justicia.A poco andar el magistrado no se puede contener y usa adjetivos que, quizá, sean lo más sincero de su sentencia: "fundamentos oscuros, ... fariseísmo político..." Con la adopción de posturas como éstas el fallo cae por evidente falta de ecuanimidad y objetividad.Al final de su recorrido llega al propósito que se había impuesto, fulminar de nulidad - basándose en la letra de numerosas normas traídas a colación y, en especial, en el espíritu de su redacción - de dos leyes pensadas para poner fin a un litigio que amenazaba (y, como se ve, continúa amenazando) con triturar la frágil paz conseguida hacia fines de la guerra revolucionaria. El juez, sin ver más allá de éste o de aquel texto ni considerar los efectos de su gesto - posiblemente provocado más por su vedetismo que por su inclinación política - volvió a colocar el conflicto en los términos de su máxima exasperación.Un autor prestigioso - no muy lejano de la defensa a ultranza de los Derechos Humanos y, por lo tanto insospechable para la izquierda Reinaldo Vanossi, escribió recientemente "Lo que no puede hacer un juez es ignorar los fundamentos que llevaron al legislador a sancionar una determinada norma pues ellos constituyen un elemento a tomar necesariamente en cuenta ...". Como de medida le cae el sayo al nuevo camarista. Idéntica apreciación nos merecen estas palabras del más alto exponente de la filosofía del derecho en el país, el Dr. Massini Correa: "Si las ciencias
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humanas renuncian a efectuar indicaciones de tipo valorativo y por lo tanto renuncian a fundamentar racionalmente la ética y la política, éstas últimas quedarán libradas a la irracionalidad, al arbitrio, a la pura y simple decisión irracional". Exactamente esto es lo que le ocurrió al juez Cavallo que, ganado por su "a priori" antimilitar y antirrepresivo, se dispuso condenar sin atenuantes a los responsables de la lucha contra el terrorismo para lo cual lo primero que tuvo que hacer fue desconocer la realidad misma del terror y su utilización como sistema y método.Prometimos una palabra sobre las leyes 23.521 y 23.492 o, mejor dicho, sobre las circunstancias y condiciones en que se dictaron. Fueron leyes, sin duda, obtenidas bajo presión no tanto de los presuntos beneficiarios sino de los hechos que, al principio fogoneados por la propia izquierda que habría de alcanzar el gobierno poco después, se volvieron inmanejables cuando los "derechos humanos" dejaron de ser un slogan para transformarse en un arma. La clase política que llegó al poder en 1983 - atravesada e inspirada en todas direcciones por la izquierda "posarmada" - hubo de renunciar a sus fobias y placeres reivindicatorios y transar con la realidad no por sano pragmatismo sino por miedo; en esa situación anímica y en ese clima, las leyes en cuestión fueron arrancadas precipitadamente. No creemos que los legisladores hayan actuado con la sabiduría que da la prudencia política sino con la astucia que da la necesidad. La Cámara - aunque todavía no se conoce su pronunciamiento confirmó la sentencia. Si así fue, en ambos casos el Poder Judicial hizo lo peor que pudo hacer: Desatar las fuerzas tenebrosas que habían ensangrentado a la Argentina dos décadas atrás: al tiempo que legitima su accionar sancionando a los que las combatieron, las legaliza al reconocer a sus personeros, ideólogos y beneficiarios como titulares de derechos que fueron los primeros en violentar y destruir. Para ello forzó interpretaciones, amplió excepciones y globalizó el derecho internacional en perjuicio del local. Por supuesto que hablarle - a quien acaba de ascender en su carrera por los buenos servicios prestados al Senado al que no investigó - , de soberanía nacional y de sensatez jurídica es casi un ex abrupto, una incomodidad, un anacronismo.-

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"OTROSÍ" Nro. 34 – diciembre del 2001

"EL JUEZ ENTRE NOSOTROS" La pobre jovencita que a la entrada de un Canal de TV recibió al juez español Baltasar Garzón con un entusiasmo desequilibrado, clamando por su multiplicación en el país, no sólo hizo el ridículo sino que asumió la representación de buena parte de una opinión pública amasada cuidadosamente por diversos medios de información y formación que precedieron a la visita del ibérico magistrado.Convencido éste de sus calidades de Cid de la justicia internacional y asegurado su carácter de emblemático luchador por los derechos humanos, se prestó a reportajes y homenajes que la tilinguería local estuvo dispuesta a proporcionarle a borbotones, desde la legislatura de la provincia de Buenos Aires hasta la universidad de La Plata que lo nombró doctor honoris causa no se sabe en virtud de qué méritos académicos.Garzón, bien se sabe en España, es un ambicioso sin límites y un irreflexivo que pasó del seminario al socialismo más truculento proponiéndose ser juez sólo para alcanzar la dignidad y las mieles de integrante del gabinete de Felipe González; cuando se convenció que no iba a ser ministro de justicia renunció a su banca en las Cortes y volvió a los estrados para rehacer la carrera que, al fin y al cabo, le proporcionaría estos placeres de viajar, ser aplaudido por muchachas un poco tontas y crédulas y recibir títulos de manos de sus correligionarios de otras latitudes.-

"¿ESTADOS UNIDOS CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS?" Los atentados contra las torres gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington del 11 de septiembre produjeron, amén de la reacción de la nación en todos sus estratos - ecos dormidos del "síndrome" de Vietnam - un reacomodamiento del propio estado político y un cambio profundo en lo que llamaríamos "filosofía" de los derechos humanos, un ariete reiterado y machacón en la política exterior de la gran potencia. En efecto, ante la realidad inapelable de los hechos, ante la evidencia del enemigo que se hace presente en el propio corazón de la sociedad, ante el terror instalado de improviso en medio de la gente cobrándose un número altísimo e indeterminado de víctimas -la inmensa mayoría inocentes- las

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palabbras pierden significado, la retórica demuestra su vacuidad, el discurso repetido se vuelve cómplice e inútil.A partir de un momento dado la verdad de la violencia, del odio, de la muerte, del dolor gratuito e incomprensible recobra sus fueros; el sentido común resulta ineludible y no admite excepciones ni escapismos - más allá y por encima de la teoría y del declaracionismo barato -, el instinto de defensa y la vocación de justicia y respuesta se tornan imperativos. En esta nueva situación situación tanto estratégica como psicológica y, en definitiva cultural todo cambia, incluyendo en primer término el derecho mismo. La nación íntegra advierte que lo creído, sostenido y declamado antes de los hechos concretos del 11 de septiembre del 2001 debe ser revisto, que algo estaba equivocado en esos planteos humanistas que tenían más de farisaico que de realista, que en esas exigencias de defensa de los derechos humanos a todo trance y en cualquier circunstancia había mucho de simplismo y de complacencia, de estólida puerilidad, de ceguera suicida.Rápidamente - sin resistencia mayor de parte de un pueblo que fue acostumbrado a ver su aparición como la cuna de los derechos del hombre - se procedió a la restricción, derogación o, lisa y llanamente, la eliminación de una serie de derechos y garantías que constituían el orgullo nacional de una comunidad que se creyó desde sus orígenes a cargo de la misión histórica de su universalización. No se oyeron en la ocasión voces de discrepancias ni quejas sino una abierta comprensión, aceptación y aun solidaridad con esas medidas que en otros países y en otras latitudes habían despertado condenas tremebundas que persisten.Es que Estados Unidos comprendió, como antes Roma (salvadas las inmensas diferencias), que la ley suprema de una república es su propia salvación y que ella debe ser tenida constantemente como primera y básica condición si es que se quiere subsistir al enemigo, cualquiera éste fuera. Por eso es que, casi sin mediar tiempo intermedio, el presidente Bush recibió, a su pedido, la concentración de los mayores poderes que el primer magistrado de un Estado de Derecho puede obtener. Allí quedaron hechas trizas o puestas entre rigurosos paréntesis las intangibles garantías y, potencialmente, todo el status jurídico del que el ciudadano norteamericano gustaba vanagloriarse. Ahora bien, este cambio copernicano en la vida de un pueblo que hace rato había transgredido el límite de la sensatez que separa la libertad del libertinaje y que se satisfacía en incurrir en exóticas soluciones jurídicas (como otorgarle el derecho a los homosexuales para ser militares o prohibir la pena de muerte en estados donde se autorizaba el aborto), no parece haberlo conmovido demasiado y, más aun, no parece haber sido advertido. Hoy todos están dispuestos a que se les allanen sus domicilios sin orden judicial previa, a que se les secuestre la correspondencia, a que se les interfiera sus teléfonos y otros atentados contra las libertades concretas de las que son legítimos titulares. Al punto que también aceptan ser sometidos a 165

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tribunales militares por supuesto bajo un procedimiento legal propio de esta novísima instancia. Nadie se detuvo en pensar ni en medir los riesgos y los abusos a que esta renovada legislación - por lo demás aprobada creemos que por unanimidad o por una amplísima mayoría en ambas cámaras del congreso - puede dar lugar a poco que se pierda el tino y el realismo.Cuando hacemos esta acotación tenemos a la vista una realidad: que parte de este clima posatentado es ficticio, mediático ya que, a esta altura, no puede caber duda que los sucesos que siguieron a la destrucción de ambos símbolos del poder norteamericano (concretamente, un ataque biológico masivo) se detuvo casi enseguida habiendo provocado no más de una decena de víctimas mortales. Sin embargo la legislación de emergencia continuará por un periodo indeterminado hasta que... alguien decida que el peligro terminó. Estados Unidos entendió - y reaccionó en la forma adecuada a esa conclusión - que estaba en guerra. Y adoptó una actitud no solo coherente sino homogénea, sin divisiones internas, denuncias ni escándalos. La experiencia de la potencia que no por nada domina el mundo y encabeza la globalización sin confundirse con ella, la llevó a visualizar correctamente al enemigo cierto o indeterminado, puesto en blanco sobre negro, sin discriminación ni prueba seria. Pero esto bastó para movilizar todas sus energías no sólo militares y policiales sino sociales como lo demuestra el hecho indicado que la gente se solidarizó sin mayores remilgos ni reservas a una política decididamente de guerra.Es algo más que una lección para la Argentina, es un ejemplo. Que nos puede servir por lo menos para revisar y controvertir la cultura implantada por la izquierda de todo pelaje desde hace casi dos décadas en una campaña que continúa las otras dos décadas anteriores de actividad armada. Ahora se cuestionan los mismos procedimientos que acaba de adoptar y poner en práctica el país rector y, supuestamente, protector de los derechos humanos en todo el mundo, en especial en nuestra sangrante Hispanoamérica. ¿Mayor conciencia histórica, realismo más sano, experiencia mejor aprovechada, genuina prudencia política, convicciones más serias y arraigadas? Puede ser todo eso; lo cierto es que Estados Unidos está acreditando, como no lo conseguía desde la guerra de Vietnam, una unidad interior, una claridad de mira y una fortaleza política frente al presente caso concreto de una agresión como la que sufrió, que cuestiona tan fuertemente sus grandes intereses, sus valores superiores, su seguridad, su identidad, su conservación y su continuidad.-

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"CONFESIONES DE UN TERRORISTA" Rodolfo Galimberti es un hombre que se ha ganado en buena ley la más espantosa fama que puede ostentar un ser humano, el de terrorista principista, sistemático, consumado e irredento. Su perfil político se integra al tiempo que se confunde con el del delincuente común; cierto es que forma parte - y así lo deja trascender interesadamente - de ese género tan desagradable de hombre que se mueve y oscila entre el crimen y el mundo de los grandes negocios al punto que es difícil sino imposible determinar cuándo se mueve en uno y otro o cuándo lo hace como secuestrador o protector, cuándo es victimario o ideólogo. Burgués tranquilo o facineroso, pequeño intelectual o revolucionario sin escrúpulos, está acostumbrado a representar varios papeles y aun los más opuestos y, para mayor confusión, casi sin solución de continuidad. Por eso no se lo puede calificar de un lado o de otro ni ubicar aquí o allá. Ambicioso hasta lo indecible, no vacila en servir al mismo que ayer afrentó y justificar al mismo que en otro momento denunció. Nada parece cambiar para él, ni el tiempo ni las circunstancias, excepto su discurso que sabe recitar siempre con la misma convicción por contradictorio que resulte.Por supuesto para Galimberti el enemigo de otrora puede transformarse en un corto periodo en el aliado de hoy y también al revés. Improvisado geopolítico, economista y especialista en política exterior, este antiguo terrorista o paraterrorista de los 70 utiliza a comienzos del tercer milenio el aparato mediático al que supo acercarse (después de desafiarlo) Dios y él sabrán a qué precio y para qué. Lo permanente en él, lo único permanente es su necesidad intrínseca de estar cerca del poder, cualquiera sea éste. El mismo gesto fiero, la misma tonta y casi infantil vanidad, idéntico rostro de patotero de barrio sea cuando odiaba a los dirigentes metalúrgicos de los años 70 que cuando secuestró a los hermanos Born, cuando se declaró perseguido por las Tres A que cuando se puso al servicio de Estados Unidos, cuando se declara de izquierda que cuando se disfraza de militante de derecha, cuando ingresa a Montoneros que cuando entre en los negocios menos delicados de la farándula.Si nos detenemos en este personaje reptante y desfachatado capaz de transitar las más largas distancias en pro de sí mismo, es porque en su medida representa a toda una generación de violentos delincuentes y semidelincuentes que supieron esconderse detrás de los mejores discursos (por equívocos que hayan resultado) Son los mismos que no trepidaron en matar o hacer matar, en enviar a jóvenes incautos a la muerte pervirtiéndolos definitivamente al trastocarles sus valores personales y familiares; ni en imponer dolores y sacrificios que ellos supieron eludir cada vez que pudieron. En su nombre y bajo sus órdenes sus seguidores y secuaces se lanzaron a atacar un sistema para lo cual no vacilaron en destruir una nación, sistema al que terminaron sirviendo con fidelidad perruna. Aun hoy lo siguen haciendo al convocar, como Firmenich, a una acción indefinida o, como el mismo Galimberti, al llevar una alegre y descarada vida 167

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de hombre rico en una sociedad pobre. Y, sobretodo, usufructuando un régimen capitalista al que, cuando él no lo era, le había declarado una guerra implacable. Ninguno se arrepintió de sus devaneos ni de su soberbia ni de sus crímenes. Una palabra, una declaración les basta para justificarse, quedar bien con su conciencia y para reinsertarse en la misma sociedad que agredieron lo que, por otra parte, volverían a hacer si les fuera posible o conveniente.Frívolos, egoístas, indiferentes al bien y al mal, fundamentalmente perversos, sicóticos, no quieren recordar ni toleran que se les recuerde su pasado; auto redimidos no se arrepienten de su pretérito ni renuncian a su presente que se les promete próspero. Hieráticos ahora optaron por el rol de universitarios o de empresarios habiendo dejado muy atrás su función de héroes que ya no les sirve ni les cabe ¿han cambiado en algo, han olvidado algo, porqué no vuelven de una vez a las sombras y al anonimato de donde salieron para ensangrentar a sus compatriotas y sembrar el odio entre ellos, sin explicaciones, en cumplimiento de una empresa por completo cruel e irracional? Propusieron la muerte indiscriminada como solución, el terror como método, la revolución indefinida como meta. Luego cambiaron de proyecto, de medios y de objetivo no admitiendo que se les pida cuenta y sin pagar los daños cometidos; se pasean entre sus heces como lo hacen entre sus víctimas, con cierta placentera sorna de sádicos. Dicen lo contrario de lo que vociferaron ayer sin el mínimo pudor que a veces se registra entre los hampones que pueblan las cárceles. Una sociedad que deja espacio a semejantes seres está terriblemente enferma e indefensa.-

"SE CONFIRMA Y AFIRMA EL PELIGRO" Aunque no corresponda a la temática habitual de esta publicación la consideración de la actualidad política, debemos hacer alguna referencia a ella porque advertimos - ya impresa la primera parte de OTROSI 34 - que la izquierda, subversiva o pro subversiva, ha realizado maniobras de infiltración y de toma de posición en el nuevo gobierno (de Rodriguez Saà) que urge advertir y denunciar. Esta izquierda, en una de sus versiones, se ha montado sobre los acontecimientos (los de las últimas horas del 19 de diciembre) y desvirtuado por completo el carácter de ese movimiento que provocó o precipitó la caída del presidente De la Rúa.Antes que nada es imprescindible dejar sentado que la izquierda tomó por asalto esa primera expresión multitudinaria de los cacerolazos - no convocada ésta por nadie ni reunida en torno a ninguna bandería desnaturalizándola hasta invertir su sentido. Aquella espontánea salida de la gente pacífica pero agotada por el equívoco de los discursos fue - como no podía ser de otro modo - confusa e inorgánica, sin caudillos, programas ni siquiera objetivos claros. Pero de por sí hubiera resultado valiosa como índice de un estado de ánimo social -si así se puede hablar- y hubiera constituido un 168

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mensaje ineludible para una clase política menos insensible que la que padecemos. Pero la trepada de la neoizquierda por y a través de una muchedumbre que no tardó en volverle la espalda y retirarse a sus casas, cambió y desfiguró todo. A partir de un momento dado -en la medida en que la violencia crecía y la crueldad innecesaria aparecía con su peor rostro- la subversión como tal, con sus procedimientos típicos, con su inescrupulosidad característica, se instaló (o reinstaló) en el interior de la sociedad argentina. Y una vez más el operativo de salvajismo desatado -que es el meollo de la estrategia subversiva de siempre, como una especie de terror multitudinario- se completó con una maniobra mediática. La televisión y los "analistas" convencionales o mal intencionados que pululan en el país se encargaron de interpretar y reinterpretar esos desmanes como la reacción de los pobres y de los hambrientos cuando en realidad se trató, exactamente, que de un lumpen siempre dispuesto a la actividad delictiva disparado por la acción, la inspiración y la organización de esa subversión ducha en producir cordobazos y los más aberrantes desmanes urbanos. Y así se ocultó que los terroristas, devenidos reivindicadores de lo peor y de lo más innoble del pueblo, pretendieron ocupar la Casa Rosada y que fue por eso que, el debilitado y remanente gobierno radical se vio obligado a ordenar una represión enérgica.No actuaron solos. Tuvieron en primer lugar la complicidad de buena parte de aquella izquierda infiltrada bajo distintas denominaciones en la clase política que siempre tiende a disimular, justificar, apañar o aplaudir estos excesos a partir del oscuro sentimiento que los transgresores, reclamen lo que reclamen y utilicen los medios que sean, tienen razón. En el mismo plano hay que colocar a los comunicadores que han incorporado a sus mañas la de la contradicción "in fraganti" sin que nadie lo advierta. Por ejemplo hubo varios de estos vocingleros periodistas de TV que mientras relataban con acento comprensivo los asaltos que se llevaban a cabo, se preguntaban inquietos quien pagaría los daños. Y ninguno que sepamos tuvo la agudeza ni el coraje de denunciar a viva voz, con nombre y apellido a los que estaban azuzando los ataques de un modo sistemático; ninguno dijo que se trataba de elementos prototerroristas que, una vez más, especulaban con el desorden y los desbordes.La escandalosa reacción de unos pocos diputados contra la presencia del ex jefe de la Policía Federal Rubén Santos en el Congreso completó la parodia. Se volvió a intentar lo que se viene consiguiendo desde hace más de dos décadas: que los victimarios sean las víctimas. Los otros actores de esta farsa cumplieron sus respectivos papeles y así la exótica y adaptable jueza María Servini de Cubría - después de haber fracasado en su intento de dejarle el campo libre a los subversivos que atacaban en Plaza de Mayo por haberse desoído una orden suya en ese 169

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sentido - ordenó la libertad masiva de más de un centenar de detenidos durante los saqueos. Otros fiscales no se quedaron atrás y enfermos de una fiebre de delirio pidieron (¡todo por unos pocos centímetros en los diarios!) una condena de 25 años para el ex presidente, el ex ministro del interior y el ex jefe de Policía por ¡homicidios calificados!. Cuando se llega a estos extremos en que la frontera que separa la pasión de la demencia desaparece, el observador no puede menos que reclamar no solamente un cambio en los estamentos políticos sino en, antes que nada, el poder judicial. Esta gente que usa la magistratura y el poder de que dispone para el divertimento y ludismo de su imaginación no puede quedar a cargo de nuestras libertades y honras.También observamos con más asombro que alarma que algunos de los fantasmas del pasado vuelven sin reparos y sin que nadie les pida cuenta. El caso del antiguo ministro del interior José Luis Manzano, tan vinculado con esos sectores paraterroristas, a los que se ocupó en ocultar, que retornó no se sabe para qué ni con qué apoyo ni función.No menos desagradable fue el hecho de la llegada de las espasmódicas Madres de Plaza de Mayo que, a las pocas horas de la asunción del nuevo presidente, entraron a su despacho, le leyeron su petitorio absurdo - con lo que completaban el operativo mediático al que nos referimos - de libertad a todos los saqueadores y terminaron por repetir su cansador discurso ante los periodistas que las miraban entre divertidos y resignados.La mera posibilidad que un hombre proveniente de Montoneros como el santafesino Obeid hubiese alcanzado el ministerio del interior indica con trágica claridad que esta flamante gestión justicialista - a la que muchos apuestan sin fundamentos - se encuentra tan atravesada por elementos pos y parasubversivos como las anteriores y yerran profundamente quienes creen en su redención (autoredención) y en la posibilidad de incorporarlos a un sistema de convivencia civilizada o, por lo menos, de neutralizarlos controlándolos.Lo que quiere decir que todo sigue más o menos igual en cuanto al tendido de las líneas "progresistas" en el nuevo ordenamiento político. La izquierda acecha por todas partes y desde cualquier ángulo y no se conmueve con modificaciones del modelo económico ni de la situación social. Los lectores de los noticiosos televisivos, los redactores de la prensa escrita, los jueces y fiscales que dormitan durante mucho tiempo para despertar en el momento oportuno -que es cuando la algazara adquiere dimensiones de catástrofe-, los analistas silenciosos que observan con superficial criterio sociológico estos acontecimientos tan vertiginosos como salvajes, todos ellos y los políticos distraídos que rondan a la espera de la hora del retorno, todos ellos -decimos- constituyen la tropa de reserva algunos, de refresco otros, de infraestructura los más, de ese ejército de terroristas que no termina de irse y que reincide una y otra vez, con sus místicas y sus métodos.

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Los que aplauden y los que callan, los que disimulan y los que acusan, los que explican y los que legitiman, los que deforman y los que mienten. La Guerra no pasó.-

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"OTROSÍ" Nro. 35 – abril del 2002

"LA IZQUIERDIZACION DE LAS ASAMBLEAS"
No es este el espacio para tratar el tema - por lo demás apasionante - de ese fenómeno que terminó llamándose asambleas barriales; valen o valieron como expresión de un estado de ánimo colectivo, de una reacción social de cansancio contra una dirigencia partidocrática y tecnocrática que no sabe sino fracasar. Y en ese sentido no se puede discutir su genuinidad ni su comportamiento de democracia casi directa. No se podía esperar mucho de ellas porque por su propia índole estaban destinadas a su rápida autodisolución pero, insistimos, valían como indicio del hartazgo generalizado. Sin embargo la siempre acechante izquierda se encontró un poco imprevistamente con estas reuniones de clase media que le proporcionaron lo que a ella le falta: el número. Déficit que siente cada vez más, como cuando para denostar al golpe del 24 de marzo no pudo convocar ni 3000 personas no obstante haberse empleado a fondo y movilizado todos sus mecanismos de propaganda.Es lástima que esa inútil pero significativa manifestación del "demos" en los barrios finalice de esta manera, lejos de sus inspiraciones originales y copada por estos nuevos prototerroristas que le imponen programas radicalizados e increíbles utilizando, otra vez, a la buena gente como trampolín y megáfono de su discurso barato y forzando una audiencia que no tiene y que espontáneamente le vuelve la espalda.-

"LA GUERRA EN COLOMBIA"
Por fin el presidente colombiano Andrés Pastrana se decidió, después de tres años de infructuosas y casi suicidas conversaciones con los terroristas de la FARC, ponerles fin, retomar la iniciativa y pasar militarmente al ataque para lo cual hubo de recuperar el territorio de 42.000 kms2. que, en un acto más de alienación que de habilidad, les había cedido. Olvidó la experiencia del resto del mundo - incluyendo nuestro país - que enseña que con el terrorismo no se negocia y esto por varias razones de a puño.En primer lugar porque ya el mero hecho de sentarse a dialogar con bandas que recurren a la violencia como sistema produce un efecto devastador para la sociedad y para el estado legalmente constituido como es el reconocimiento del enemigo en un pie de igualdad, aceptando sus títulos para comportarse como un poder legítimo-.

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Es desconocer la naturaleza del terrorismo como fenómeno moderno que apareció en Occidente apenas terminada la Segunda Guerra Mundial. Si se estudia el fenómeno con serenidad y objetividad se comprobará que el terrorismo consiste en un ataque global contra un ordenamiento jurídico al que no acepta por considerarlo radicalmente injusto. Lo suyo es una postura revolucionaria en sentido profundo y estricto, que llega para cambiar el orden establecido por las raíces y con los procedimientos más crueles (incluyendo la amenaza a diez sacerdotes y el asesinato de Mons. Duarte), actuando con la libertad que da, a sus ojos y a priori, la mística de la Revolución prometida que todo lo legitima.Por lo que se otorga a sí mismo todos los fueros que proporciona la nuda violencia y le niega al estado al que combate el derecho a defenderse, empezando por desconocerle uno básico y harto admisible, el de recurrir a los mismos métodos que la subversión aplica sostenida en su propia conciencia ética.Pero además de esta consecuencia aberrante - la de legitimar a la organización montada para provocar la caída del régimen legal tenido hasta entonces por tal e invalidando la resistencia - se produce otra en la que, Dios sea loado, nuestras Fuerzas Armadas en su oportunidad no cayeron: no sólo es contraproducente negociar con los subversivos sino que es inútil e imposible porque ellos no renuncian (no pueden renunciar) a sus fines ni procedimientos.En toda negociación se debe entregar algo, sacrificar una pretensión, renunciar a un objetivo. Nada de eso está dispuesto a hacer el terrorismo, le resulta psicológicamente insuperable el escollo, no desea ni puede alcanzar una transacción. La guerra revolucionaria es a todo o nada y por eso las soluciones intermedias son siempre precarias. En ocasiones hacen la parodia de abandonar las armas y declaran seguir su actividad por los carriles "normales" (esto es, según las "normas" de legalidad y convivencia) o retomarlas si disponían de un partido que les sirviera de pantalla como ocurre con la ETA y su minoritaria expresión electoral que, inexplicablemente, es aceptada - en virtud de una gran complicidad tácita - por el resto de la partidocracia española.La táctica de la FARC, como no podía ser de otro modo, fue la de dejar pasar el tiempo para ganarlo, a la espera que el gobierno se desgastara y desprestigiara y especulando con el cansancio que años de guerra no podía dejar de generar en el pueblo colombiano. Así, de paso, produjo y aprovechó un efecto propio de las situaciones continuadas de violencia - una violencia estructural - que consiste en que, ansiosa de paz por provisoria que sea, la gente tiende a olvidarse de los comienzos y de la responsabilidad de la guerra, a olvidarse o a desinteresarse de quienes y porqué se inició; el terror, a través de sus más variadas y feroces manifestaciones, termina creando una crisis de valores en la que todo es igual, ocupando íntegramente el espacio de preocupación y cubriendo toda la problemática política; se prefiere descuidar un aspecto esencial del conflicto ¿quién tiene razón, de qué lado está el bien, porqué bando conviene optar?.-

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He aquí el gran beneficio para los subversivos: colocarse en igualdad de condiciones ante la consideración social; tiempo habrá para enjuiciar y condenar a los defensores del orden agredido. Tétrica maniobra casi siempre exitosa- de alteración de los roles y de los valores en litigio en función de la cual el agresor de ayer se transforma en el agredido de hoy y el transgresor en el titular de la nueva legitimidad. Sin olvidar que en el ínterin de las conversaciones las FARC usaron esa etapa para rearmarse y buscar nuevos adherentes (Manuel Marulanda, "Tiro Fijo" es un semianalfabeto que encabeza huestes de no menos de 20.000 individuos.El caso colombiano es singularmente complejo y su análisis no puede agotarse en unas pocas líneas. En primer lugar el hecho que este prolongado conflicto interno (38 años de duración) haya movido a EE. UU. a encarar un resistido operativo que le demandará de arranque u$s 1.300 millones, está indicando que para la Casa Blanca - dejada atrás la Guerra Fría - la cuestión le importa más que otras pendencias en el mundo, excepto la del Cercano Oriente; en definitiva aquí se pone en riesgo la estabilidad en su "zona de influencia"; la proximidad de un estado contestatario como Venezuela es un elemento dinamizador que no puede descuidar en especial ante el eventual efecto dominó que podría encender en llamas a la región. Si el socialista radicalizado Lula gana en Brasil ¿quién garantiza que le podrá o querrá poner coto al poderoso movimiento de "los sin tierra" que lo acompaña desde el comienzo con obvias conexiones y simpatías con los guerrilleros colombianos? Pero ¿tiene derecho EE. UU. a intervenir en una guerra que todavía es intestina pero que le puede afectar en su ya lanzada proyección imperial? Y he aquí, entonces, un segundo factor a tener en cuenta, el de la posibilidad, nada inverosímil, de que el terrorismo colombiano pretenda - como ya lo está intentando entre nosotros - extenderse a otros países sudamericanos creándose un nuevo y gigantesco Vietnam que arrasaría con democracias endebles e, inclusive, con nacionalidades aun no del todo solidificadas. Y por si todo esto fuera poco tales alternativas se producen en el marco de una globalización equívoca, confusa y de curso errático que puede terminar absorbiendo este tipo de conflictos sin diluirlos.Finalmente hay que agregar que detrás de los terroristas colombianos - al igual que de los de Perú y Méjico - se encuentran los narcotraficantes que, si bien no aportan nada en materia ideológica cuentan y mucho a la hora de contabilizar las enormes sumas de dinero que obtienen de su comercio (se calcula que sus inversiones en la bolsa de Nueva York superan los u$s 6.000 millones anuales). De hecho, la subversión, que se desempeña como un verdadero estado que cobra impuestos y peaje, tiene en el amplio territorio que domina la mayor parte de campos productores de amapola y coca, laboratorios para su procesamiento e instalaciones para la comercialización. Todas las perversidades hallan, al fin, los caminos y las excusan para su alianza.La Argentina ¿puede mantenerse alejada de esta guerra y, en todo caso, por cuánto tiempo en atención a su experiencia histórica?.

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El propio diputado Miguel A. Toma - que, por su pasado más que por su cargo actual de presidente de la Comisión de Defensa, algo sabe al respecto advirtió, al igual que el obispo de Añatuya, acerca de infiltraciones de guerrilleros provenientes de la FARC en poblaciones precarias de la Capital y del Gran Buenos Aires. La Argentina no puede mantenerse indiferente ante el estallido terrorista que se expande por el continente; no sólo no lo puede hacer por la memoria de lo que vivió y sufrió dos décadas atrás sino por la perspectiva cierta que la agresión salvaje se repita en el presente siglo. Nada nos excusaría, ni la sordina con que la siempre cómplice casta política procura tapar la realidad, desorientar la opinión pública, deformar los datos y los indicios ni la turbia defensa de los derechos humanos ni los complejos de culpa que se intentaron distribuir e imponer. Una vez más, alguien tiene que reaccionar cuando aun es tiempo.

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"OTROSÍ" Nro. 36 – junio del 2002

Contenido: "Nada se perdona", "Esta insoportable justicia", "Quienes son o no son terroristas" y "La vergüenza de ser juez".

"NADA SE PERDONA"
A la buena de Lita de Lázari – mujer meritoria si las hay, de ésas que hacen el bien modesto y concreto, con preocupación cierta de las necesidades contantes y sonantes de sus semejantes, sin ningún declamacionismo ni vedetismo más o menos rentable- le costó caro una afirmación obvia y evidente: que la cifra de 30.000 desaparecidos es harto exagerada y falsa. Con esa declaración - por lo demás una verdad conocida por la sociedad y reconocida por los propios jueces, muchos de ellos comprometidos con los pseudos defensores de los pseudos derechos humanos - la señora de Lázari rompió el discurso único que la izquierda y la paraizquierda viene articulando desde su vuelta. Fue como gritar "¡el rey está desnudo!" en medio de una larguísima, inextinguible ceremonia - que ya lleva casi 20 años - en la que a nadie le convenía que nadie denunciara la impostura. Todos más o menos estaban conformes con la farsa ¿quién podía demostrar lo contrario, quien podía contar los caídos en una guerra que, por su naturaleza, tuvo que ser disputada con métodos clandestinos? La maniobra estaba al alcance de los militantes (sobrevivientes y advenedizos), echar a rodar una cantidad arbitraria puesto que nadie estaría en condiciones de rectificarla pero tampoco de ratificarla. Pues bien, esta modesta luchadora por los consumidores, esta combatiente de la gente que vive y que nunca mató ni secuestró, con unas pocas palabras derribó el montaje de un escenario que se sostenía, justamente, en el principio de que nadie hablara y de que todos entraran en la complicidad de aceptar esa cifra mágica. Que no se 176

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discutiera ni siquiera se pusiera en duda los datos dogmáticos de la CONADEP.La respuesta ante semejante indiscreción no se hizo esperar; un grupo de vindicantes muchachos "scracharon" a la disonante y a su organización dedicada a defender a los consumidores: escándalo, insultos, gritería y pintada, todo el ritual propio de estos casos para que ella y todos aprendieran que las imposiciones de los posarmados no se discuten sino que se acatan y si no es con convicción por lo menos con pasividad.El episodio demuestra varias cosas. Además de la instrumentada tosquedad de estos jóvenes siempre dispuestos a actuar a la primera orden recibida de las Madres y de las Abuelas, quedó acreditado que para ellos, por encima de los méritos de las personas está su militancia por la que exclusivamente se las juzga, es decir que se las valora más por la afinidad que por las obras. Entonces ¿por quienes se interesan en realidad estos fieros militantes de los derechos humanos, por los beneficiarios de una ONG no comprometida ideológicamente (y que se ocupa por los que en verdad necesitan que se los proteja y ayude) o por los asesinos que no volvieron? Las contradicciones a que pueden llevar estas distorsiones, estos falsos y hasta divertidos redentorismos, empiezan a salir a la superficie. Y así estamos sabiendo quien es quien y qué bienes persigue cada uno.-

"ESTA INSOPORTABLE JUSTICIA" Casi simultáneamente con la reiteración de la prisión de los ex comandantes en jefe, la Cámara de Apelaciones dispuso la libertad de nueve de los terroristas condenados por el asalto al regimiento de la Tablada. Es tanta la insensibilidad de estos jueces (¿) y tanta la debilidad para resistir a las presiones extrajudiciales que cada tanto se ponen en juego que ni siquiera se preocuparon por establecer un ritmo en sus malandanzas, por administrar el tiempo para sus trapisondas de manera que las injusticias que toman a su cargo pasen un poco desapercibidas a la sociedad. Pero no lo hicieron así; no ya elegancia - que es mucho pedir para ciertos individuos - ni siquiera pudor, ni siquiera picardía para conservar la imagen. ¿Indiferencia, resignación, impavidez, descaro? ¿O simple torpeza? Como alguno propuso no habrá más remedio que declarar a todo el poder judicial en comisión como uno de los

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primeros pasos para retener esta república que se nos agoniza entre las manos.-

"QUIENES SON O NO SON TERRORISTAS" Es imposible de entender - no llegamos a entrever qué propósito ni qué inspiración la movieron - cómo y porqué la Unión Europea decidió suprimir a las FARC colombianas de la lista de organizaciones terroristas del mundo. Es demasiado chocante, demasiado cómplice, demasiado opuesta a la evidencia más palpable y dolorosa la decisión como para explicarla. Puede ser que se trate no más de una maniobra de alta (o de baja) diplomacia que se daría en el marco del enfrentamiento entre el viejo continente y Estados Unidos; diferencias que son profundas y vienen de lejos y que pareciera que se agudizan con ocasión del problema del terrorismo que se vuelca sobre el mundo, en especial a partir del ya mítico 11 de septiembre. Lo que fuere y cualquiera sean los intereses y especulaciones puestos en movimiento, debería quedar por completo fuera de discusión y de duda que los terroristas colombianos lo son y en grado mayúsculo e irreversible. Son asesinos desde hace 38 años y se cobran casi 40.000 víctimas por año entre muertes y secuestros; desarrollan una violencia inaudita sin parangón aun en este tipo de guerras con una crueldad racionalizada que habla de una patología sistemática, perversa y planificada.¿O será, tal vez, que una izquierda residual – todavía algo coherente y profundamente lasciva, comprometida en todos los negocios y negociados - se mueve en los intestinos de la socialdemocracia europea y, aliada con el liberalismo capitalista, insiste en apoyar a los que permanecieron del otro lado del Atlántico con las armas en las manos? Por su parte la sociedad colombiana dio su clara respuesta al otorgarle al disidente Alvaro Uribe un triunfo contundente en la primera ronda de las elecciones para presidente del 26 de mayo. La importancia de esta victoria reside en que Uribe levantó la bandera del exterminio de la guerrilla que asuela a su país. El pueblo rechazó de esta manera el proyecto de su antecesor, el actual presidente Pastrana, consistente en negociar con el terrorismo de igual a igual. Los resultados no pudieron ser peores. Se perdieron más de tres años en conversaciones inútiles y dilatorias que no detuvieron la violencia, que continuó más o menos solapada, sin que nadie se hiciera cargo de ella. Tiempo que, por supuesto, las FARC utilizaron para rearmarse y para incorporar nuevos soldados corridos más por el hambre que por la convicción. Con este pronunciamiento –que nadie podrá ignorar en 178

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adelante- Colombia dijo que el único camino a la paz es la guerra represiva hasta terminar con ese enemigo implacable que, asociado más que aliado al comercio de drogas, la colocó al borde de su partición o de su disolución.El terrorismo es un fenómeno ubicuo y multiforme que usa mil disfraces y recurre a mil excusas. Esto le permite apoyarse en uno o en otro operador político o cultural alternativamente y recibir tratamientos opuestos, beneficiándose en ocasiones con la comprensión de quienes lo combatirían en otras circunstancias (como el gobierno español); o con la complacencia de quienes se autoengañan deseando ver en sus bárbaros militantes a héroes idealistas y desinteresados (como el gobierno francés de Miterand); o de quienes desean utilizarlos en provecho propio (Cuba y China) o de quienes se manejan por afinidades inocultables (como las diversas organizaciones universitarias o de derechos humanos que pululan por Occidente).-

"LA VERGÜENZA DE SER JUEZ" En un número anterior nos dedicamos a despanzurrar un fallo del entonces inminente camarista (hoy ya lo es) Daniel Cavallo en el que declaraba la inconstitucionalidad de las leyes 23.492 y 23.521, dictadas por Carlos Menem que encerraban, sin duda alguna, amnistías que ponían fin a los de otro modo interminables juicios contra los miembros de las Fuerzas Armadas a propósito de supuestos delitos cometidos durante la guerra antisubversiva. Fue un esfuerzo más político que jurídico (lo que por cierto no les quita mérito ni legalidad, antes al contrario) para llevar paz al interior de la sociedad argentina. Esfuerzo tanto más necesario cuanto que los sucesores de los terroristas de los 60 y 70 se habían reorganizado en torno al culto de sus muertos y a la mala memoria de los vivos. Y contando, además, con un poder judicial cómplice o temblequeante que les dio vía libre para practicar sus más obscenas experiencias procesales como los "juicios de la verdad" o el afán por encontrar la prueba de un plan sistemático de robo de hijos de desaparecidos.Ahora es el juez federal Claudio Bonadío quien dictó, con una ramplonería científica que alarma e indigna, la inconstitucionalidad y la nulidad de ambas leyes según fallo de octubre del 2001. La sentencia es extensa como resulta necesario para sostener y explicar lo insostenible e inexplicable.

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Recordemos dos circunstancias no menores que sirven de adecuado contexto al pronunciamiento. La primera es el fenomenal desprestigio que rodea a la magistratura nacional pero, en especial, a la del fuero federal que, por lo demás, no se recata de recibir instrucciones del poder político (lo que ha dado lugar a presentaciones en su contra); y en segundo término es que el juez Bonadío en cuestión se halla implicado en un doble homicidio todavía no aclarado y que la prensa se ha cuidado de hacer olvidar.La fragilidad de los fundamentos de la sentencia mereció la crítica de la mejor doctrina nacional. En pocas palabras la cuestión planteada se refiere a delitos diversos achacados a varios oficiales de la Armada sin probanza definitiva. Dicho entre paréntesis pronunciarse sobre normas cuya aplicación es dubitativa con respecto a hechos no acreditados equivale a resolver en abstracto, es decir a tratar temas no planteados o sea a casos no concretos lo que hace que la actividad jurisdiccional aquí empeñada se convierta en mera preocupación académica o, lo que sería mucho peor, ideológica. Y hay también prejuzgamiento lo que inhabilitaría a Bonadío para seguir entendiendo en el caso.La base de la decisión de éste es que los delitos imputados son imprescriptibles porque serían de los considerados de lesa humanidad. Si dejamos de lado que, a pesar del estado actual de la legislación internacional, no se coincide entre los tratadistas qué es un delito de lesa humanida, hay que detenerse en que construcciones como las indicadas hacen retroceder al derecho penal varios siglos, por lo menos más allá de la Carta Magna inglesa de 1215 que establece el principio esencial e irrenunciable de que no hay crimen ni pena sin ley anterior que lo disponga (el célebre "nulla poena sine lege"), recogido con la mayor explicitud por el art. 18 de nuestra constitución. Por eso el juez debió dirigir su esfuerzo central a disminuir la importancia y aun la vigencia de la citada norma para lo cual le acuerda preeminencia a los tratados internacionales sobre derechos civiles de las personas, tal la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas de 1994, incorporada a nuestra legislación en 1995 y con jerarquía constitucional en 1997.¿Una norma así es aplicable a presuntos delitos que se habrían cometido varios años antes? El magistrado contundentemente entiende que sí. Para lo cual tuvo a bien olvidar una prestigiosa tradición doctrinaria y jurisprudencial pero, además, textos expresos que bloquean sus pretensiones como la Declaración Universal de Derechos Humanos (art.11), Convención Americana de Derechos Humanos (art. 9) y el Pacto Internacional de Derechos Políticos (art.15) entre otros

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¿No es demasiado? ¿Desaprensión o grave ignorancia del derecho? Tanto la Cámara Federal que había intervenido en otro caso similar como el juez se remiten a unos abstractos e inubicables "principios reconocidos por la comunidad internacional" que, por supuesto, aun aceptando su existencia, ceden ante textos nacionales e internacionales tan claros, prestigiosos, indispensables y obligatorios como los citados. – No le va mejor al bueno de Bonadío (sin juego de palabras) cuando debe también burlar otra exigencia fundamental del derecho penal, que la norma invocada ha de ser "cierta, escrita y estricta" porque si no lo hace no puede aplicar los principios en que fundamenta su decisión (una decisión, como se ve, ya adoptada desde el principio mismo de su intervención ¡Vaya garantía de juez!) Pero él, de cualquier manera se apresura a sacar las dos conclusiones que le interesan: a) los delitos son imprescriptibles y b) no necesitan de una ley anterior. Groseramente se puede decir que es un viva la pepa. Con semejantes criterios todo y nada vale, el derecho se distorsiona hasta hacerse papilla en las manos de estos jueces muy presionados o muy ideologizados, que devienen en virtuales legisladores (al hacerle decir a la ley lo que no dice y silenciar los principios que no conviene a sus fines) y que destrozan las garantías de los particulares según el bando en el que hayan militado durante la Guerra Subversiva.-

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"OTROSÍ" Nro. 37 – julio del 2002

"Volvió el terrorismo y hay que saberlo"

La Argentina no puede volver a quedar bajo la confusión de las imágenes torcidas y de los discursos equívocos o tramposos. Lo que ocurrió el 26 de junio pasado, ocurrió y no puede ser desmentido ni desfigurado. Nadie tiene el derecho de engañarnos una vez más ni nosotros la obligación de dejarnos engañar. Cuidado con el "discurso único" al revés, es decir no el de los dominadores sino el de los revoltosos.Todo está sucediendo como si se tratara de una película ya conocida donde se repiten los personajes, las escenas, las palabras. Los trucos, las intenciones y los argumentos. Los roles que cada uno deberá jugar, las razones que invocarán, las excusas que echarán a correr. Ya se sabe quienes han de ser las víctimas y quienes los victimarios, donde está el bien y dónde el mal. El planteo es sencillo, las versiones simplistas, todo queda en claro a poco de dejar hablar a los nunca sepultos guerrilleros. El mismo montaje aun contradiciendo la experiencia vivida o vista en la televisión.Pareciera que se está viviendo un sueño o, mejor dicho, una pesadilla; se ingresó en el túnel del tiempo y todo retorna. La misma labor mediática de hace 20 años con algunos otros apellidos y otros rostros más jóvenes. Idéntica violencia, similar salvajismo, paralela perversidad, equivalente hipocresía, reiterado odio. ¿Porqué vamos a tolerar ahora?.Lo que acaeció es una forma de proto terrorismo urbano y esto nadie lo puede dudar. Todo estaba no sólo dispuesto sino que anunciado desde tiempo antes. Lo sabían los servicios de inteligencia que habían informado a los responsables de la seguridad pública, se trataba del secreto de Polichinela que además quedaría confirmado por los propios gritos de batalla lanzados antes, durante y después de los disturbios y se podía deducir sin dificultad por las maniobras que los piqueteros tuvieron a bien dar a conocer a la sociedad y al Estado ¿Qué significaba, sino, el propósito de interrumpir las doce entradas a la Capital Federal aislándola? ¿Y hasta cuándo? ¿qué querían con semejante operativo: saquearla, destruirla, sembrar el terror, extorsionar a un gobierno que ya amenaza con derrumbarse por otras razones, ganar un espacio del que no disponen o, más directamente, realizar un golpe de efecto que llevara a la conciencia colectiva la sensación de indefensión y la certeza de la reaparición de una fuerza que se creía disuelta desde hace tiempo? Se reimplantaba el mito de los idealistas y bienhechores injustamente perseguidos182

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Pero hela aquí de retorno. La maniobra recomienza imperturbable, cómoda, mendaz, facilista. Ahí están los farsantes de "Punto doc/2", el miserable de Lanata, el permanente montonero Verbitzki, siempre hambriento a pesar del millón de dólares que cobra por año al frente del CELS; ahí todos, los de entonces y los de ahora llevando a cabo lo imposible: convencer que no hubo agresión, negar la evidencia.Que no hubo agresión ni violencia ni siquiera mala intención en la algazara de ese miércoles negro; que les fracasó en cuanto golpe masivo y que, por lo tanto, conviene borrarla de la memoria social cuanto antes para lo cual lo mejor es trasladar la responsabilidad de las muertes, las agresiones y los daños al "otro" o sea a la policía. Que, conclusión lógica, no tenía derecho a intervenir ni a reprimir. Criterio, al parecer, compartido por el juez instructor que dejó en libertad a todos los detenidos menos a uno, precisamente el que golpeó a un oficial por la espalda y ante las cámaras; testimonio irrecusable pero que, sin embargo, supo ser revertido por el neohistoriador Lanata que, inconmovible desde su grasienta osamenta, dedujo con más desparpajo que sagacidad que si alguien atacó al comisario fue porque tenía razón para hacerlo. Y, por supuesto, dado que para eso llegaron y están en el poder, el gobernador Solá -de sugestivo pretérito en la JP- sin más indicios que una fotografía de Clarín puso a disponibilidad al indicado funcionario policial acusado de homicidio y a otros tres más.No satisfecho semejante exabrupto fue más adelante y nombró al "progresista" Juan P. Cafiero como el nuevo secretario de seguridad de la provincia lo que es -repitiendo la audacia de Cámpora- poner el zorro al cuidado de las gallinas. Este Cafiero (que se apresuró a declarar que pondrá en caja a sus nuevos subordinados con lo que los niveles de inseguridad en la provincia treparán a alturas desconocidas) es el mismo que, a espaldas del entonces presidente De la Rua, del que era ministro, negoció con los torvos piqueteros de Salta.El sistema hasta ahora, pues, funcionó a la perfección; nadie se inquietó por las recorridas del diputado nacional Zamora por los hospitales en busca de compañeros heridos (una forma expresa de ponerse al frente de los incidentes sacándole el provecho posible a un estallido que a esa altura había escapado de las manos de los propios organizadores; así como nadie se alarmó por las amenazas de la monumental legisladora Carrió que ese día optó por refugiarse en Rosario sin asumir mayor compromiso. Los comunicadores de siempre y los políticos de antaño y de hogaño se comportaron con un eficaz mecanismo de marionetas, aquellos explicando y éstos legitimando, todos mintiendo y engañando. Como en el tango la historia vuelve a repetirse. El esquema de la izquierda, dentro y fuera del poder, volvió.Nadie se preguntó tampoco porqué los muchachos que se dieron cita en el puente Pueyrredón iban armados con cuchillos, gomeras y 183

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bombas "molotov" y tomaron la iniciativa en el ataque, porqué supieron actuar con ciertos movimientos de formación militar (lo que habla de una determinada preparación previa y, claro, de entrenadores ¿colombianos que pululan por las villas?), porqué esta vez no concurrieron con mujeres y chicos como suelen hacerlo cuando en verdad se proponen una manifestación pacífica.Todo señala ausencia de espontaneidad, todo indica la puesta en marcha de una estrategia pensada como gimnasia de activismo urbano. Reaparece la vocación nihilista de los estados mayores del terror, un terror manejado con astucia y perversidad, con sentido del tiempo y de la oportunidad para que el mensaje llegue inequívoco: volvimos, estamos, nunca nos fuimos; no declinamos ni nos arrepentimos, seguimos siendo los mismos, al acecho.Las preocupadas reflexiones pueden y deben continuarse sobre lo acontecido y sobre lo que vendrá. Es, insistimos, una vuelta al pasado con miras al futuro con las mismas tácticas, discursos y agachadas de dos décadas atrás. Esto solo debe alarmarnos. En especial si se atiende a la cobarde o complaciente reacción del estado -en el caso los gobiernos nacional y provincial- que actuó más presionado por la prensa (naturalmente, la de izquierda que es especialista en esto de dramatizar y deformar) que interesado por la seguridad social. A estos elencos de políticos logreros y pequeños les importa más su imagen que la realidad.Y como entonces, nadie se fijó en quien tuvo la iniciativa en la violencia, es decir la responsabilidad última de los hechos; sin precisión, forzando las interpretaciones, atosigando al público con insinuaciones y sugerencias, no dejando pensar, la izquierda -unida esta vez para explotar lo mejor posible esta nueva ocasión de posar de víctima y de redentor- impuso su versión: la culpa es de los represores. Se puso fuera de discusión cualquier otra variante. No había nada de qué dudar y por eso se precipitaron las informaciones, las sospechas y trascendidos No le fue mal porque a las pocas horas ya había conseguido cobrarse la cabeza de dos oficiales superiores de la policía bonaerense y nada menos, que de otros 110 hombres de la misma fuerza acusados de homicidio, lesiones, abuso de autoridad y de varios delitos más a gusto de los magistrados garantistas de turno, moviéndose todos - Solá el primero - al compás que les marcó la prensa subversiva. Un nuevo terror recorrió las espaldas de los funcionarios, el de ser identificados con la represión de antes, el de quedar pegados a ese periodo que, probablemente, muchos de ellos mismos repudiaron en su momento pero de cuya dureza y eficacia se beneficiaron a la postre pues les permitió volver. Duhalde estuvo a la altura de sí mismo que es lo peor que le puede pasar, Solá a la de su pasado revoltoso (no es casualidad que el comisario Alfredo Francheoti sea 184

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uno de los heroicos policías que detuvo el ataque subversivo a la Tablada, permitiendo con su esfuerzo la llegada de las tropas del Ejército para recuperar la unidad y eso lo está pagando ahora), Cafiero tuvo la impensada honestidad de reflejarse en su discurso de toma de cargo al prometer castigar a la policía en vez de poner el acento en el restablecimiento de la seguridad combatiendo al delito en todas sus manifestaciones.La dramática comedieta de una generación atrás se reitera, entonces. Los iniciadores de la violencia no son sus responsables sino las víctimas; nadie se hizo cargo de la defensa de una sociedad que se niega, a pesar del Estado que la entrega, a sufrir nuevos saqueos. Una artimaña montada esta vez con la colaboración abierta de la clase política en uno u otro frente (Zamora en la oposición, Cafiero y Solá en el gobierno, Duhalde en el medio) lo que significa un avance para la izquierda. Al respecto hay que recordar que la izquierda es una sola, variando los métodos (más directos y brutales unos, más elusivos y dialécticos otros, todos tributarios del mismo odio y de idéntica raíz terrorista) así como los jefes y el discurso ¿Qué lejos están la Bullrich de D'Elía, la Walsh del perro Santillán, los ex y los de hoy?.La violencia siempre llega para quedarse y no es de esperar que en esta oportunidad se retire aun si lograra lo que sus personeros entienden por justicia (parece que tropiezan con algunas dificultades para probar la autoría de las muertes como las pericias balísticas y la falta de testigos creíbles) Para quedarse y para aumentar la apuesta o sea para incentivar su criminal forma de hacer política. Que en su inteligencia consiste en creer que "la violencia política es ante todo, Política", en la clarísima toma de posición filosófica de uno de los jefes de Montonero, Cecilio Perdía en "La otra historia". Es interesante esta memoria porque el cuñado de Firmenich anunció que varios de sus subordinados intervinieron en los incidentes de Avellaneda aunque es probable que se trate de una maniobra para ahuparse en los beneficios que se esperan de esta pueblada.La pinza se cierra con el declarado propósito de Cafiero de aplicar mano blanda que es su modo de hacer justicia en el momento preciso en que la gimnasia terrorista se vuelve más caliente y dramática. Tendrá ocasión de demostrar la bondad de sus propósitos en las próximas marchas piqueteras cuando la policía -la federal o la provincial- se vean obligadas a contemplar con impuesta pasividad los destrozos de automóviles y comercios y a soportar las injurias sin cuento que les lancen los profesionales de la desocupación. Porque se ha de saber que muchos de estos tirabombas son pagados por los organizadores de las marchas, faltos como se hallan de auténtico apoyo popular.A la izquierda no le importa - antes bien, la satisface - causar los más afrentosos agravios no sólo a las fuerzas de seguridad sino a los simples 185

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viandantes, sean obreros o de clase media (proletarios o burgueses en su torcida miopía) Por eso y por su orfandad de multitudes deben movilizar a los genuinos marginales que suelen vivir del delito; esto hay que reconocerlo con coraje para comprender el panorama que se nos abre a partir que esa gente que nadie quiere tener de vecino pase a ocupar como en una liturgia las calles de Buenos Aires y de todo el país.No repitamos los errores de tolerancia de antes, no caigamos en las complicidades de ayer ni en las confusiones de antes de ayer. Que la historia, el dolor y la muerte no hayan pasado en vano. Reaccionemos cuando aún es tiempo, así nos ahorraremos el mismo dolor y las mismas muertes.

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"OTROSÍ" Nro. 38 – agosto del 2002

"ESTOS JUECES, ESTOS REOS Y ESTOS ACUSADORES"
Después del exabrupto jurídico que se permitió el juez (¿) Claudio Bonadío - disponiendo la detención y procesamiento de 41 altos oficiales argentinos - poco queda por decir. Tal vez no tengamos derecho a asombrarnos puesto que no es la primera vez que en el fuero federal - de lejos el más desacreditado de un harto desacreditado poder judicial - suceden estos episodios que carecen de razonabilidad, de sensatez, de la mínima decencia. El propio Bonadío, el ahora camarista Cavallo y algunos más de la misma estirpe se pusieron al frente de la contraofensiva dispuesta por la izquierda para recuperar en la paz los espacios que perdieron en la guerra. Esto está claro y aquí, en esta complicidad apenas encubierta, reside la gran responsabilidad de los magistrados que se prestan a actuar de ariete de la subversión. Con astuta táctica gramsciana han conseguido invertir la situación y con descarado manipuleo de la opinión pública (o, si se prefiere, del inconsciente colectivo) colocan a las víctimas como victimarios, a los asesinos como perseguidos, a los defensores como opresores y a los agresores como héroes. Toda una revuelta de cuño kafkiano por la cual consiguieron que la sociedad olvidara quienes fueron y son los responsables de la violencia subversiva de los 60' y 70' y quienes los que tomaron a su cargo una represión tan legítima como imprescindible, cuales las virtudes que unos y otros encarnaron y cuales los valores que unos y otros defendieron. El resultado es éste que se tiene a la vista: un jerarca de Montoneros como Verbistky trepado al sitial de fiscal distribuyendo premios y castigos sin que nadie le recuerde su pretérito de terrorista en tanto el máximo conductor de esa fuerza de homicidas y secuestradores seriales - Mario Firmenich - se postula sin inconveniente a presidente de la república, horas antes de la detención del general que decidiera la recuperación de las Malvinas. Una sociedad que asiste y tolera semejantes despropósitos, tales ocurrencias surrealistas, está muy agredida o muy enferma.Nada de esto, por supuesto, es casual, improvisado ni inocente. Muy por el contrario cada uno de los protagonistas de estos episodios tiene un papel y una función que cumplir y lo hace con mayor o menor desparpajo y eficacia. Cada uno tenía y tiene una razón - por lo general inconfesable pero conocida - para actuar como lo hacen y lo seguirán haciendo en esta comedia trágica que se está representando 187

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en estos momentos. El rol central recayó - tal vez por motivos circunstanciales - en el nombrado y renombrado juez Bonadío que es el que aparece como el más decidido impulsor y beneficiario de esta intriga que tantos sinsabores ocasiona, tanto como injusticias conlleva.Le correspondió a Bonadío la tarea de encarcelar - con lo que de humillante y traumático tiene esa actitud que en el caso adquiere un significado simbólico más que propiamente procesal - a los que consideró, ni él ni nadie sabe ni sabrá porqué, culpables de la desaparición de 20 militantes del horror. Estos - dando por buena la versión que, efectivamente murieron - cayeron en combate, es decir en el campo y según las reglas de juego que ellos mismos eligieron; corrieron un riesgo que habían previsto desde el comienzo; no se privaron del placer de asesinar a un empresario anciano en plena vía pública creyendo que con este nuevo homicidio - que si no nos equivocamos fue el último de su prolongada cacería humana asestaban un golpe terminal al sistema capitalista.Estos místicos del crimen como método y como fin reaparecen ahora como víctimas según táctica habitual y socorrida; eran muchachos preparados en el extranjero (probablemente en Libia) habiendo recibido una preparación especial para la práctica del terrorismo urbano, con lo que difícilmente se los pudiera tomar por esos jóvenes idealistas que las Madres y las Abuelas (éstas más que aquéllas porque no son tan tremebundas sino más solapadas en sus manifestaciones) gustan vendernos.O sea que continúa la gran ficción, una ficción aplastante y sórdida, a la que acaba de incorporarse un juez federal de la nación. Una pregunta que corre es ¿porqué lo hizo? ¿Por motivos personales, por convicciones ideológicas, por especulaciones acerca de su futuro, por honestas confusiones derivadas de denuncias que pudo considerar serias, por influjo de algún general rencoroso dispuesto a llevar su traición y su deserción a las últimas consecuencias? Las respuestas pueden ser todas afirmativas porque el personaje da para cualquier interpretación.Cercado por sospechas de enriquecimiento ilícito (según se rumorea), por un doble homicidio jamás esclarecido con arma prohibida de guerra, sometido a una presión mediática tanto más insoportable cuanto se trata de un funcionario que pretende sentar plaza de progresista, nada de esto excluye la posibilidad de un cálculo en el que se apueste a un próximo triunfo electoral de la izquierda.Como quiera que sea el incidente nos enseña que el terrorismo bajo el aspecto que haya adoptado - no se ha ido sino que permanece rondando la ciudad y carcomiendo sus lazos interiores, esos que permiten la convivencia civilizada. Convivencia, dicho esto al pasar, que exige antes que nada detectar y combatir al enemigo verdadero y, como 188

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una consecuencia lógica y moral, solidarizarse con los que se decidieron y supieron combatirlo. Para comprender cabalmente lo que está ocurriendo entre nosotros respecto a esta compleja situación de la Guerra Subversiva se han de considerar algunos aspectos:

esa Guerra Subversiva continúa y, por consiguiente, constituye un error mayúsculo y fatal dar por clausurada la Antisubversiva; Lenin, actualizado por Gramsci, sigue en plena vigencia; él escribió: "la democracia no es en modo alguno un límite infranqueable sino solamente una de las etapas del camino del capitalismo al comunismo" (no es preciso recordar que en el concepto de capitalismo Lenin incluye todo el orden de valores cristianos y occidentales con los que está dispuesto a terminar), "la democracia debe estar subordinada al interés revolucionario" (también sabemos el contenido feroz que el término revolución tiene en la pluma del líder soviético) Por su parte el pensador italiano nos dejó la sinceridad de su estrategia: "En un conflicto todo juicio de moralidad es absurdo; el único juicio posible es el político, es decir el de la correspondencia de medio a fin ..." Todo esto - y muchos textos más - es indispensable tenerlo presente a la hora de juzgar a los terroristas, a los que los justificaron y a los que los enfrentaron y a los que persiguen a éstos; hay que conocer las motivaciones, inspiraciones y presupuestos filosóficos y éticos de aquellos para entender sus conductas, sus métodos y sus objetivos.-

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"OTROSÍ" Nro. 39 – octubre del 2002

“CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA"

- SAN AGUSTÍN Hemos decidido adoptar esta máxima del santo de Hipona porque nos parece de la mayor actualidad y vigencia, en especial para nosotros.Se trata de un principio tanto ético como jurídico, de estricta aplicación ayer - durante la guerra antisubversiva - como hoy, cuando los defensores de entonces del orden son perseguidos como delincuentes con una saña que, ciertamente, los jueces no ponen para investigar y castigar a los verdaderos criminales (comunes o "políticos", si es que la distinción es posible) debilidad - que con toda licitud puede confundirse con tolerancia y aun complicidad - de la que se benefician en primer término los funcionarios y ex funcionarios y algún que otro magistrado y, por supuesto, los propios terroristas nunca arrepentidos.Cuando el santo obispo - padre de la Iglesia Occidental y, según algunos, fundador de la Europa hasta su descalabro por la desunión religiosa - escribió este genuino código del cristiano en la guerra, asentaba el principio esencial y básico de la justicia en el ejercicio de la violencia. Cuando los valores en juego son superiores, cuando se batalla por la verdad nadie está exento de la responsabilidad de intervenir - por supuesto, de acuerdo a sus circunstancias y condiciones personales - en la guerra.Es verdad que la guerra no es nunca de desear, es siempre una excepción dolorosa que, sin embargo, debe ser afrontada con la misma conciencia ética que acompaña a todos los actos humanos es decir sujeta a determinados condicionamientos que justifican y legalizan e, inclusive, hacen obligatoria su práctica. Hay valores superiores al de la paz y por los cuales se merece vivir, morir y matar. Esto lo comprendieron, proclamaron y aplicaron los terroristas que, en nombre de una indefinida revolución que sólo ellos conocían, hundieron al país en la peor y más constante y sistemática violencia del siglo XX.

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“NUEVA ESTRATEGIA FRENTE AL TERROR REVOLUCIONARIO”
El recientemente asumido presidente colombiano Alvaro Uribe empezó a cumplir su promesa electoral básica por la que fue elegido: combatir al terrorismo instalado en su país hace casi 40 años y hacerlo sin contemplaciones, remilgos ni falsos y paralizantes escrúpulos, hasta la raíz y por la raíz.Es verdad que en el mismo momento en que estaba prestando juramento en el centro de la capital Bogotá, hombres de la FARC cometían un nuevo y feroz atentado practicamente en las puertas del palacio gubernamental en el transcurso de la ceremonia a la que asistía, entre otros pocos dirigentes, el presidente argentino Duhalde. Evidentemente tal operativo tuvo o pudo tener más de un significado y una lectura para los expertos y para la ciudadanía que había acompañado al flamante primer mandatario con más del 50% de los sufragios. Constituyó ese acto terrorista múltiple (que cobró por lo menos 17 vidas y unos 40 heridos) una formidable prueba de fuerza y de impunidad; el mensaje parece haber sido: golpeamos dónde y cuando queremos. Lo que en la estrategia dialéctica del terrorismo (paralela a la propiamente militar) es de la máxima importancia porque consiste en transmitir e imponer la sensación en la sociedad civil que está apareciendo un estado nuevo, distinto y opuesto al admitido por todos hasta ese momento, es decir un nuevo ordenamiento jurídico, una nueva legalidad, un nuevo titular de la fuerza teóricamente monopolizada por el gobierno. A partir de la aparición de un factor revolucionario desconocido - que pretende provenir de las entrañas mismas del pueblo - todo cambia porque el estado agredido debe competir, por los medios y los métodos que sean, con ese elemento desconocido y reafirmar su legalidad refundándola en la eficacia y en la capacidad de imponer orden y de restablecer la seguridad. El poder institucionalizado debe justificarse, volver a justificarse.Pero el doctor Uribe no se amilanó ni se dejó apartar de su objetivo central y de inmediato dispuso contraatacar. No olvidó que había llegado por afuera del sistema mismo que, en su falso bipartidismo, venía lidiando con la subversión de marxistas y narcotraficantes desde hacía décadas sin siquiera conseguir que retrocediera. Su antecesor incluso había llegado al desatino de negociar y pactar con tan feroz enemigo al que le cedió una zona a la que pudicamente se le dio el nombre de "neutral" o "libre", en la que la FARC actuó y fue considerada de hecho y de derecho como autoridad legítima y exclusiva. Se la trató de igual a igual, error gravísimo y, por lo general, irreversible porque se le concede a esa banda salvaje un status y prerrogativas que sólo se le reconocen a un estado soberano. Se le hicieron concesiones, 191

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se admitieron culpas, se le permitió comportamientos propios de un gobierno verdadero, tal como administrar justicia, percibir impuestos y legislar.La debilidad y la confusión mental, el temor, la falta de apoyo social, lo inédito de la situación, la corrupción de buena parte de la dirigencia política, la ineptitud de la cúpula castrense, fueron elementos que arrastraron a Colombia a un estadio virtualmente terminal; al punto que debió tolerar la intromisión norteamericana, alarmado Estados Unidos por la instalación en lo que entiende historicamente como su "espacio de influencia" de un fenómeno imprevisto parecido a un Vietnam cuyos fantasmas su sociedad nunca consiguió eliminar (las consecuencias de este insuperado complejo parece que ahora las tendrá que pagar Irak). El "Plan Colombia", desde la perspectiva que se lo quiera ver, es la aplicación concreta y postrera de la Doctrina Monroe y una secuela de la Guerra Fría. Sin embargo no hay que apresurarse a condenar la actitud expectante de la Argentina frente a esta intervención de EE. UU. porque cada vez son más fuertes los indicios que señalan que la suerte de Colombia repercutirá sobre los otros países de la región en un sentido o en otro.Uribe tuvo, a nuestro entender, dos aciertos iniciales. El primero proponer a los voluntarios civiles que intervengan activamente en la represión, en especial informando acerca de los movimientos de la subversión; como él mismo aclaró esto no se puede hacer individualmente sino mediante una actividad multitudinaria y se comprende porqué: los terroristas pueden eliminar a uno o a diez, incluso a cien colaboradores del gobierno pero si una gran parte de la sociedad realiza ese tipo de inteligencia los guerrilleros -por más desalmados que sean- no podrá atacar a todos ellos. Es decir que lo que el presidente está proponiendo es poner en práctica la misma táctica aconsejada por los teóricos del terror: cada uno debe actuar como pez en el agua, según el axioma de Mao. Ahora la invitación es, con toda inteligencia, invertir la situación de modo que sea la propia sociedad agredida la que vigile y "conspire" contra el agresor. No sólo cerrarse y defenderse pasivamente sino pasar al ataque y combatir activamente al enemigo, denunciándolo, acotándolo, trabándolo. La comunidad organizada contra el terrorismo organizado.Además en su reciente discurso ante la Asamblea de la ONU - por cierto que muy aplaudido - Uribe puso el dedo en el centro del problema que azota a su país al requerirle a los mandatarios allí presentes que adopten medidas para eliminar el consumo masivo de drogas; ahí reside la clave de la tragedia colombiana porque claro está que no habría narcotráfico si no hubiera quien las adquiriera (Estados Unidos, con el 5% de la población mundial consume el 50% o más de la producción de heroínas) y, entonces, tampoco habría financiamiento para el terrorismo 192

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que es aliado no tanto de los productores como de los traficantes del miserable producto, verdaderas mafias al servicio de la decadencia.-

“CONMEMORACIONES”
Se cumplió un cuarto de siglo de la muerte en combate del "Che" Guevara, en el rispido territorio boliviano. Fue el campo y el modo elegidos por el mismo y a partir de ese momento las izquierdas del mundo entero - por encima de fronteras, culturas y matices - lo transformaron en símbolo y mártir, es decir en leyenda, tan falso e imaginativo como toda leyenda pero que ni siquiera tiene la calidad y la ventaja de la espontaneidad que rodea a las autenticas surgidas de la imaginación anónima del pueblo.El "Che", en cambio, fue y es un producto elaborado por los intelectuales y comunicadores de todo rango del "progresismo" internacional (como gusta disimularse) armado, posarmado y desarmado que nos ha filtrado por todas partes. Pero Ernesto Guevara no fue un héroe como se nos quiere hacer creer sin admitir contestación en contra, sino un feroz, sistemático e inescrupuloso homicida serial que con gusto se trasladaba a cualquier lugar del mundo que la central soviética, de la que dependía, lo destinara; así fuera la Africa tribal o la América caribeña, mezcla de fanático y mercenario, de ideólogo y de delincuente, ganado por una borrachera de gloria y de nombradía, fue incapaz de arraigarse ni de despertar afectos ni lealtades allí donde luchaba o instaba a luchar: es que nada real lo ataba a esa gente concreta que movilizaba para morir o matar sino una abstracción revolucionaria, tan perversa como suele serlo.Prueba de ello es que proponía y aplicaba la misma respuesta y solución para todas las circunstancias y problemáticas, sin entrar en esas molestas distinciones sociológicas y culturales (y aun étnicas) que son esenciales para una política sinceramente preocupada por el bien común. Nada de esto se encontrara en el terrorista Guevara que se alejó de la Cuba de Castro no solo - como se sospechaba hasta ahora - porque la isla era demasiado chica para ambos sino porque la Revolución tampoco admitía cabida a los dos. Castro opto por ponerse al servicio y al amparo de la URSS en tanto nuestro compatriota (?) procuro extender su revolucionarismo al resto del continente. Aquel continua y este perecio en su aventura después de cobrarse la vida de no menos de 50 bolivianos y de haberse dado con los dientes contra la indiferencia del pueblo del Altiplano. Como le hubiera ocurrido en los 193

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demás países de haber sobrevivido. Murió en su ley, Dios tenga compasión de él.También se cumplió un nuevo aniversario del atentado perpetrado por Montoneros contra el edificio del Estado Mayor Conjunto que costo varias vidas de militares y civiles, algunos por completo ajenos a los odios de los terroristas. En realidad, el episodio - si bien cruel y sórdido como todos los protagonizados por esos "muchachos idealistas" que no encontraron otro modo de expresarse que por las armas - no tendría especial relevancia después de tanto tiempo sino fuera porque fue ideado y llevado a la practica por quien hoy es un fiscal de la república, un comunicador de peso y un obstinado y falso defensor de los DD. HH., Horacio Vertbizky (a) el Perro, su nom de guerre en la cúpula de la banda asesina que integraba. El, además de planificador del crimen colectivo, fue el encargado de dar la orden para que se hiciera estallar el coche-bomba que habría de terminar con la vida de varios argentinos y con la integridad física de otras decenas en numero indeterminado.Algo muy atroz, muy deformante y enfermizo debe estar acaeciendo sobre y entre nosotros para que un delincuente exactamente un asesino serial - seaa ahora el referente y el garante de nuestra dignidad, aunque en la realidad lo sea solo de sus cómplices de entonces y de ahora. Pero el hecho que este hombre - por cierto que bien rentado por los órrganos del capitalismo que dice combatir, como la Fundación Ford que le paga un millón de dólares anuales - ocupe un espacio publico, tenga influencia y se mueva con descarada impunidad sin que nadie le recuerde su pasado delictual ni le reproche su presente falsario, es un síntoma de anomia, de confusión y de resignación. Es el signo de esas bandas que mataron secuestraron y destruyeron con la misma convicción con que hoy se refugian en las leyes que quisieron cambiar por la fuerza y que cobran indemnizaciones paradójicamente por haber matado, secuestrado y destruido veinte años atrás.-

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"OTROSÍ" Nro. 40 – noviembre del 2002

“CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA Cuando San Agustín sienta con tono axiomático esta premisa, esta dando por presupuesto la necesidad de que la guerra en la que es licito matar, sea justa. Esto es fundamental. La violencia -una experiencia varias veces milenaria nos lo recuerda y actualiza a cada momento- es una especie de constante de la vida humana y, sin pretender incursionar en un terreno ajeno como seria el antropológico, podríamos decir que lo es también de la naturaleza humana.Sin embargo, como toda actividad referida al hombre o que tenga como referente al hombre, se encuentra sujeta a determinadas normas, es decir condicionada y regulada a un estatuto mas o menos explícito, tanto jurídico como ético y tanto en un sentido positivo como negativo. En el caso de esta norma -tan severa y hasta dura pero tan valiente- dictada por el santo obispo africano esta condenando de un modo expreso y contundente la pasividad del actor u operador interviniente en la guerra justa. No admite la inactividad, la indiferencia ni la dejadez en la lucha; mucho menos la cobardía, la complacencia ni la complicidad con el enemigo, sea por comodidad o frivolidad, sea por un exceso de "comprensión". Cuando la guerra ha estallado, cuando la batalla comenzó el que eligió el buen bando en el buen combate en adelante no podra ser neutral lo que seria como alejarse de la lucha. Y esto es pecado según la enseñanza del padre de la Iglesia Occidental.La razón esta en que el bien en cualquiera de sus manifestaciones y terrenos obliga a todos los que le pertenecen y que, por eso mismo, deben servirlo. Y los obliga de un modo activo, con una exigencia apremiante y practica no siendo suficiente la mera adhesión de palabra, la buena voluntad ni el apoyo retórico. Por el contrario, si es preciso matar por una causa justa no solo se puede sino que se debe hacerlo. Tanto mas si el manejo de las armas, la administración de la violencia y la defensa de los valores agredidos (por ejemplo, el orden
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político vigente que asegura una cierta paz) están a cargo y corresponden a un estamento que ha hecho de ello su vocación y profesión. En la adecuada satisfacción de tales exigencias consiste el cumplimiento en el caso de los deberes de estado.¿Y que es una guerra justa? El mismo santo doctor nos lo dice: "Las guerras justas suelen definirse las que vengan injurias, como la nación o la ciudad que ha de ser atacada no ha querido reparar el mal que perversamente le hicieron los suyos o restituir lo que injustamente robaron". Otro eminente doctor de la Iglesia, que pasa por ser uno de los refundadores del iusnaturalismo después de la Edad Media, Francisco de Vitoria, dice comentando el anterior texto: "La única y justa causa de la guerra es la injuria recibida.... además la guerra ofensiva se hace para vengar ofensa y escarmentar al enemigo..." Para aplicar al caso de la guerra antisubversiva argentina no podría encontrarse otra lección mas elocuente ni con mas autoridad ni prosapia ni mas adecuada.Porque el terrorismo propiciado y aplicado por Montoneros y el ERP y otras cafilas menores (menores en dimensión pero no en perversidad) constituye esa agresión injuriosa de que habla la escolástica de todos los tiempos desde el comienzo hasta nuestros días. Rechazarlo, combatirlo, exterminarlo hasta librar a la nación del ofensor fue la misión que llevaron a cabo las Fuerzas Armadas argentinas a lo largo de dos cruentas e interminables décadas que, inesperadamente, parecen revivir ahora.-

"¿QUÉ ESPERAR?" Las ciudades argentinas, la Capital Federal incluida, están siendo invadidas con una regularidad y constancia que permite pensar en una verdadera táctica, por miles de autotitulados piqueteros; los mismos que cortan las rutas mas transitadas y ocupan los espacios públicos y privados mas notorios como la Casa de Tucumán. Lo hacen a vista y paciencia de todos, de los ciudadanos en primer lugar que sufren esos excesos y las autoridades que los toleran en abierto incumplimiento de sus deberes. Fueron ellos los que, cometiendo claro delito de sedición, impidieron en su momento funcionar al poder legislativo cuyos integrantes no pudieron ingresar en mas de una
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ocasión al edificio del Congreso por encontrarse bloqueadas las adyacencias por los camiones de Hugo Moyano o por los atronadores saltimbanquis que los empujaban e insultaban a su paso. Tan grave como esta sucesión de infracciones (con daños diversos, alteración del orden y violación del derecho de circular de la mayoría de los ciudadanos, llegándose a producir la muerte de algunos de ellos; un puente sobre el Riachuelo fue clausurado porque amenaza ruina por culpa de este accionar) es la actitud complaciente de los gobiernos nacional y provinciales que permiten estos atropellos que cada vez mas amenazan con salirse de madre sin que nadie -y menos que nadie los responsables directos o indirectos de la paz y de la seguridad sociales- se muestre dispuesto a hacer algo. La impresión que se tiene y que se renueva con cada uno de estos episodios que bordean o ingresan en lo delictivo- es que el estado -nacional o provincial- esta dispuesto a dejar el país en manos de estas patotas que actúan como los soviets del 17, reproducen los métodos de los prototerroristas y terroristas de los 70 y se comportan como los barras bravas de los 90.Porque a nadie se le puede escapar que se esta ante la etapa previa de una nueva rebelión subversiva o, por lo menos, de un ensayo general en la que se esta procediendo a ajustar todos los detalles y, en especial, a constatar la capacidad y la vocación de reacción de los llamados a reprimir nuevamente. Golpean aquí y allá en busca del punto flojo, de la respuesta débil, del medio guiño cómplice, del consentimiento tácito.Van por afuera del sistema institucional no solo desafiándolo sino procurando su destrucción lo que de hecho consiguen. Practican con sus consignas violentas y bastas y sus procedimientos prepotentes una suerte de democracia directa o, por lo menos, asi lo creen ellos. Es cierto que los resortes de esa institucionalidad no funcionan o apenas lo hacen, que el todo se mueve con la velocidad de un paquidermo y que sus mecanismos han caído en la inacción mas completa, por no decir en una parálisis terminal. Pero la ineficiencia de la maquinaria estatal -en sus tres manifestaciones- no justifica ni legaliza la adopción de semejante metodología reiterada hasta la exasperación que, se sabe desde el primer momento, no conduce a nada. Y se puede sospechar con fundamento que este es el resultado que se desea, es decir ninguno; se trata de mantener una situación de exaltación constante, de nerviosismo permanente, de desafío siempre abierto, de conflicto irresuelto. Se piden cosas que no se van a conseguir, se reclaman logros que no se producirán, se exigen soluciones que no llegaran. O
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que serán parciales y precarias como la creación de cientos de miles de puestos e trabajo (lo que requeriría reformas de base, verdaderamente estructurales) o la entrega de miles de bolsas de alimentos (lo que supondría un acto de generosidad de los comerciantes que pocos de ellos están dispuestos a realizar) o el otorgamiento de nuevos "planes trabajar" lo que exigiría un mayor dispendio del dinero publico que, en rigor, es mas de la sociedad que del estado. Lo que esta significando que estas repetidas invasiones de los piqueteros perjudican y agravian mas a la gente del común que a los gobernantes mismos que, por ahora, pueden limitarse a contemplar con calculada paciencia estos accesos de ira que en forma espasmódica se lanzan sobre las ciudades y las rutas. Ira explicable y justificada pero no solo para los furibundos manifestantes que ocupan calles, interrumpen el transito y, de paso, destruyen vidrieras y vehículos: buena parte de la sociedad la esta pasando mal y muy mal pero a pocos -solo a estos profesionales de la protesta- se les ocurre lanzarse como vándalos sobre sus semejantes y sus bienes.Es que, como les consta a los servicios y a los comunicadores, la ira que se desata con una nada casual regularidad no es espontanea (aunque, repetimos, sea explicable) sino que, por el contrario, esta prolijamente planificada. No hay nada de improvisado ni de propiamente genuino en reacciones de este tipo donde muchos de los participantes reciben un estipendio en el mejor de los casos y, en ocasiones, o mas directamente, una abierta presión. Hay motivo para sospechar de un movimiento que se agrupa en torno a jefes y banderas que eligen y proponen siempre solo la violencia, la grosería y la agresión para manifestarse y hacerse presente. No se puede hablar solamente de un afán de publicidad, de un gusto por hacerse notar sino que hay detrás un propósito evidente por transmitir una impresión de fuerza que va mucho mas allá de una serie de requerimientos concretos entremezclados con otros de cambios sustanciales en la seguridad que no van a ser satisfechos. Querer transformar o eliminar un ordenamiento sociopolítico que se reputa malo (porque se lo juzga por sus abusos y vicios antes que por sus principios y potencialidades) con mortificaciones al prójimo seria muy tonto si no fuera cruel. Mientras tanto la dirigencia partidaria -que en parte es cómplice, como Juan Cafiero y en parte es inepta- vuelve a cometer los errores de la década del 70: ver en estos alborotadores sin programas unos
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luchadores que no deben ser reprimidos y creer que se trata de los nuevos idealistas que, a diferencia de los de sus antecesores, no usan (todavía) armas de fuego sino palos. No advierten, se niegan advertirlo, que se esta ante muchachos que practican en formas publica una gimnasia prerevolucionaria para la cual se están adiestrando individual y socialmente, física y psíquicamente, desafiando a una sociedad cuya representación pretenden ejercer ante la ausencia de mandatarios autenticos. Se esta ante una crisis tanto de autoridad como de representatividad.-

"LA EXPERIENCIA COLOMBIANA"
Por denuncia de los campesinos que vieron los movimientos de los

hombres de la FARC colombiana pudieron ser rescatados sanos y salvos Mons. Jorge Gimenez Carvajal, presidente del CELAM y el P. Desiderio Orjuela que fueron secuestrados por la banda. El episodio es tan ilustrativo como alentador. Significa que la mayoria de los supuestos beneficiarios del terrorismo de 40 años que se practica en Colombia, no se enteraron de las buenas intenciones de sus defensores y prefieren proteger a sus explotadores como serian los dos sacerdotes. Es indudable que de esta manera (además de demostrar su fe religiosa) responden a la convocatoria del presidente Alvaro Uribe que insto a sus compatriotas a tomar parte activa en la guerra revolucionaria desatada en su país. Otro sector de la sociedad agredida -los ganaderos- han dispuesto proceder de la misma forma, incluyendo ayuda financiera. Así, como decíamos en la entrega anterior, se empiezan a invertir los términos tácticos en que el terrorismo impone el conflicto por el mismo desatado: la sociedad agredida toma conciencia de la nueva realidad planteada por la violencia, se defiende y toma la iniciativa contra sus agresores. Es, quizá, el único modo de vencer (aniquilar, según el exacto verbo utilizado para movilizar hace un cuarto de siglo a nuestras fuerzas armadas) a ese enemigo, moderno y salvaje, que es la subversión revolucionaria.-

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"LAS MADRES QUE NO FUERON ABUELAS" Preocupada por su caída de protagonismo la señora de Carlotto presidente bizarra de las Abuelas de Plaza de Mayo- decidió hacerse tirotear el frente de su domicilio, por supuesto que sin mayores perjuicios. Le sirvió para recuperar por algún momento su dudoso papel de víctima, recibiendo adhesiones tan falsas como el atentado y hasta alguna módica marcha de apoyo, con reconocibles indicios de disciplinada preparación.Según información que recorre el espacio de Internet pareciera que la señora de Carlotto nunca fue abuela de desaparecido sino madre de una guerrillera caída en cumplimiento de su deber. Lo que fuere, la señora y su perversa organización dedicadas a revolver el pasado de algunas criaturas elegidas por instinto o por azar y a arruinarles su presente y futuro, prosigue su obra en los tribunales donde, a pesar de contar con jueces y camaristas adeptos, no pueden impedir que progresiva aunque muy lentamente (sospechosa lentitud) una a una vayan cayendo las causas iniciadas por secuestro de recién nacidos. Sin amedrentarse por el hecho que la denuncia por tal delito ya había sido desestimada por la propia Cámara que juzgara a los comandantes (causa 13/83), la replantearon con ahincado fervor, multiplicando los casos hasta llegar a 600 en un primer momento. Lamentablemente para ellas y tras las intervenciones de diversos tribunales, semejante volumen se fue reduciendo hasta llegar a 22, luego a 12 y en la actualidad a solo dos casos sin resolver. Nada de esto obsta para que ninguno de los operadores en la maniobra abuelas y jueces- se den por vencido sino que se las ingenian para mantener los juicios abiertos, la infamia pendiente y la opinión pública más o menos interesada pese al alimento que les proveen los medios.Hay que decir antes que nada que en ningún caso se probo la existencia de un plan coordinado de secuestros de bebes de mujeres muertas o detenidas, inconveniente que desvela a magistrados como Bonadio y Cavallo porque no pueden redondear la ansiada figura de la asociación ilícita. Además se olvidan, entre otras, dos circunstancias muy importantes: 1) que muchas mujeres embarazadas murieron en enfrentamientos armados o sea que ellas mismas mataron a sus hijos;
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2) en otras ocasiones los mismos correligionarios tomaron a los hijos de sus compañeras de armas y de lecho para ponerlos a resguardo. Toda esta inacabable movida en la que intervienen jueces, comunicadores y funcionarios o ex funcionarios (como la que fuera secretaria de DDHH, doctora Pierini) responde a una sola y fundamental intención, a una sola y fundamental estrategia, mantener abierta la guerra revolucionaria aunque sea por el método del rencor y de la ficción.-

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"OTROSÍ" Nro. 41 – diciembre del 2002

"ANIVERSARIO PARADIGMATICO" El 2 de diciembre se cumplió un nuevo y aterrador aniversario de un crimen que tanto por lo atroz y doloroso que fue como por lo significativo que continua siendo justifica la memoria permanente. Fue el doble asesinato del capitán Viola y de su pequeña hija a manos de los subversivos que seguían practicando ese idealismo que tanto conmovía y sigue conmoviendo a nuestros políticos. El doble homicidio -para que no dejara de tener los peores y mas patológicos rasgos de que es capaz la naturaleza humana- se llevo a cabo ante la mirada de la mujer del oficial y madre de la criatura. Todo para combatir el capital y para alcanzar una democracia autentica. Los ideólogos del terrorismo, como se ve, sabían que métodos apropiados debían utilizar para conseguir sus fines.Nadie los recordó. Menos nadie los arduos defensores de los derechos humanos, cuyas agrupaciones parecen multiplicarse a medida que sus hombres y mujeres incurren en fracasos políticos: es como si buscaran refugio en esos organismos para prolongar su vida publica, a esta altura ya sin sentido fuera de volver a la guerra de los 60 y 70 que quisieran revivir. Tapan con estruendos multitudinarios estos propósitos a los que disfrazan de reivindicaciones sociales o jurídicas o morales (como permitir el emparejamiento de los "gays") pero nada tienen que decir de sus antiguos asesinatos a los que tienen por no cometidos. O, en el fondo, justificados. Porque ¿qué son ni que importan dos vidas en la marcha de un proceso revolucionario llamado a triunfar por imperativo histórico (Marx dixit) y que, por lo tanto, todo lo legitima al tiempo que lo olvida?

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¿QUÉ ES ESO DE CONSENSUAR LA VIOLENCIA? El Colegio de Abogados de la Capital Federal se considero autorizado para tomar intervención en el ya abrumador conflicto que las diversas agrupaciones de "piqueteros" vienen desarrollando con fruición desde hace tanto tiempo, demasiado tiempo. Pero no lo hizo del modo ni con las preocupaciones que eran de esperar de ellos, hombres de ley y de derecho, defensores decididos de la normativa juridica, labor -otra frustracion para los argentinos- para la que se supone fueron preparados durante varios años de estudios en la universidad.Porque la realidad es que dicha corporación de profesionales formados en y para la justicia en su mas precisa acepción- adoptaron una actitud que, en el mejor de los casos, podría ser calificada de intermedia, neutra o aceptica. Y frívola. Lo que concretamente propusieron los abogados porteños fue intermediar entre estos revoltosos prototerroristas y las fuerzas del orden de manera que, según ellos, las partes enfrentadas en el caso transaran un poco cada una: los activistas no cometerían sus habituales desmanes y la policía no caería en el feo vicio de la represión, que tanto disgusta a la izquierda. Se le estaba sugiriendo a estos, nada menos, que inobservaran sus deberes.El episodio es un acto más de la picaresca zurda argentina que, como se sabe, no es brillante pero si ingeniosa y, sobre todo, inescrupulosa. Como lo esta demostrando esta maniobra de la referida agrupación de togados-que, por otra parte, sigue comandada desde las sombras por el decano de Derecho, Dr. Alterini-. Lo menos que se puede decir al respecto es que carece de seriedad y de sentido este proyecto de interceder entre delincuentes y fuerzas de seguridad como si se tratara de iguales o de asimilables, ante la posibilidad de encontrar un punto de concordancia. No nos animamos a decir que esta fue la intención de los abogados; quizá no lo haya sido a nivel de conciencia pero, indudablemente, lo fue en el subconsciente. A estos profesionales del derecho mas alla de su sectarismo y de su ideologización- no se les pudo escapar que estaban prohijando una actividad delictual innegable. ¿Qué es esto de intervenir -como si se tratara de un litigio judicial en el que los contendientes se disputan la
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razón y la verdad jurídica ajustándose a determinadas y conocidas normas, respetadas por ambos- en la función policial para contenerla mientras se convence o se trata de convencer a los delincuentes de la vereda de enfrente para que no caigan en las varias figuras penales en que incursionan, como suelen hacerlo y que son como el trasfondo de sus invasiones urbanas, por lo demás cada vez mas insoportables y frecuentes? ¿Es que para estos universitarios que fatigan a diario los pasillos de nuestros tribunales, los dos bandos son lo mismo, valen igual, defienden valores similares, cuentan con idénticos derechos y facultades? ¿Es que en verdad no advierten las diferencias? Semejante confusión tajantemente se equipara con la complacencia por el desorden y con la complicidad con los energúmenos que destruyen la propiedad privada, mortifican a los ciudadanos, coartan su facultad a la libre y tranquila circulación y, cuando la ocasión se les presenta (lo que también es frecuente) roban, mas por afición que por necesidad.Asimismo -aunque estos profesionales del derecho no lo hayan querido- estan legitimando el accionar de estas bandas organizadas o semiorganizadas por conducciones estratégicamente violentas al mismo tiempo que ilegitiman o ponen en tela de juicio la actuación de la policía, por lo general mal vista o sospechada por jueces parciales, comunicadores tramposos y políticos comprometidos.Esta insólita intervención de los abogados de la Capital tampoco contribuye a mejorar su propia imagen, tan deteriorada como la de los propios magistrados. Han roto, por lo pronto, el principio de igualdad ya que estos inesperados servicios no los prestan, que sepamos, al resto de la sociedad que debe pagar de su peculio la defensa de sus derechos y el incumplimiento de sus deberes. Pero, además, a nadie hasta ahora se le ocurrió proteger "preventivamente" a delincuentes potenciales (o en acto) que hasta se dan el lujo y el gusto de anunciar su agenda de tropelías con pasmosa anticipación (y asegurándose la impunidad para lo que arreglaron con el ministro de Justicia Juan José Alvarez) Como se sabe, los "piqueteros" cuentan con una extraña pasividad de un Estado que se siente débil y desautorizado por esa misma debilidad que, al parecer, le es insuperable.Es difícil creer, en realidad, en la buena voluntad del Colegio mencionado para proceder como lo hizo; no importa que no haya
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llevado a la practica semejante propuesta ya que la formulo. Y sin inconvenientes intelectuales ni pudores éticos. Con esto basta para descalificar a estos profesionales que -si se comportaron con un mínimo de conocimiento de su materia- sabrían que incurrieron probablemente en una suerte de encubrimiento de delitos a cometer, facilitando las condiciones para su comisión. Y si actuaron con la desaprensión que nosotros olfateamos, habrían cometido el de apología del delito o el de obstrucción de la acción de la justicia. Pocas conductas tan desdorosas como esta de los abogados de Buenos Aires en que se apadrina a delincuentes -que en oportunidades llegaron al homicidio- en tanto se neutraliza a los encargados de la represión. Esta intervención del Colegio de Abogados los presenta como los amigos de la violencia -que, para ellos, ha dejado de ser monopolio del Estado- y desarticula a los defensores del orden y de la legalidad. Implícitamente crea un status especial para los "piqueteros" al otorgarles -o pretender hacerlo- un marco de impunidad. ¿Quién los llamo?

"LA CONFESION" Aunque no es agradable resulta conveniente leer literatura paraterrorista en la que, tal vez de un modo involuntario (descreemos de la honestidad intelectual de sus autores), se pueden encontrar datos y recuerdos al fin y al cabo ilustrativos. Ilustrativos de lo que los terroristas de los 60 y 70 fueron y de lo que sus continuadores y legitimadores son.Es el caso de "Todo o nada", apología disfrazada bajo la forma de biografía, de ese asesino serial y principista que fue en vida el contador Roberto (Robi) Santucho; que, como se sabe, fue el creador, conductor e inspirador de una tétrica organización homicida y terrorista conocida como Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) y cuyo brazo politico -también bajo su férrea conducción- era el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Cabe asimismo tener presente que el ERP no cedió en horror e irracionalidad a Montoneros, el otro engendro que, como en un delirio colectivo inexplicable (a no ser por el apoyo recibido del exterior en plena Guerra Fría), hundió al
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pais en un baño de sangre mucho mas intenso, demencial y perverso que el del siglo XIX.La autora de esta acrobacia científica -el libro en cuestión que es mas peligroso por lo que oculta que por lo que dice- es una conocida militante de la izquierda "civilizada" posarmada, empleada del grupo Clarín, María Seoane. En sus paginas, la mayoría de ellas prescindibles, incluye unas declaraciones sabrosas del hasta hace poco precandidato radical a la presidencia de la nación, doctor Osvaldo Alvarez Guerrero, autoeliminado de sus pretensiones a la primera magistratura después de un calculo que no necesito de finura para llegar a su conclusión: ningún radical volverá en lo inmediato al gobierno de manera que es inútil postularse. De cualquier manera, su voz es importante porque continuo su carrera publica y partidaria con posterioridad a la acción subversiva lo que quiere decir, según leeremos, que tuvo a la vista y en perspectiva a la guerra revolucionaria, sus consecuencias y motivaciones. Todo lo que contempla con simpatía y a-críticamente.Nos confiesa el ex gobernador de Río Negro: "... Los sectores progresistas del radicalismo, expresados por entonces por Raúl Alfonsín, Conrado Storani, Hipólito Solari Irigoyen, los chicos que recién empezaban su experiencia política en Franja Morada de la universidad, el grupo de Renovación y Cambio mas radicalizado discutíamos cual era la estrategia que podíamos tener con la izquierda revolucionaria, mas esquemáticamente con la guerrilla... ¿Qué teníamos que hacer con la guerrilla? ¿Reprimirla, aniquilarla ...? Alfonsín solía decir que los guerrilleros del ERP eran radicales desbandados. Y algo de razón tenia.. Buena parte de los integrantes del ERP, como Santucho, provenía de familias radicales ... De manera que la tradición de la lucha armada no era ajena al radicalismo..." Hasta aquí las palabras del alto dirigente. Aunque su análisis (transmitido en una simple conversación con Seoane) sea un poco pueril y superficial, resulta ilustrativo en cuanto a la proximidad e, incluso, afinidad entre ciertos sectores de la UCR -en ese momento en la oposición- y lo que impropiamente Alvarez Guerrero llama "guerrilleros": la actividad guerrillera era una táctica y un método pero no una definición ni una filosofía ya que la estrategia de fondo y el pensamiento nuclear de los terroristas era la revolución en su acepción mas plena. Es lastima que tan relevante dirigente se confunda en la terminología que usa lo que revela también su confusión intelectual.206

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Pero lo que mas interesa acá es que, aun a su pesar y casi sin advertirlo, pone de manifiesto una cierta afinidad o proclividad de segmentos determinantes del viejo partido hacia la izquierda mas honda y mas dispuesta a llevar sus principios y programas a las ultimas consecuencias, por mas trágicas y devastadoras que ellas fueren. No podían -ni siquiera los entonces jóvenes correligionarios y que luego habrían de ocupar cargos de alto nivel en los dos gobiernos de que dispusieron a partir de 1983- llamarse a engaño respecto a la actividad terrorista que ya había logrado sus mas altos niveles de salvajismo, de perversión y de ensañamiento, sus pretensiones y objetivos. Si dudaban y se preguntaban que hacer con este fenómeno que según se desprende de su relato pareciera haberlos sorprendidoera porque no lo veían tan nefasto ni tan condenable, pese a sus procedimientos criminales y a sus feroces declaraciones que prometían y presagiaban lo peor. O sea que aceptaban en los terroristas una cierta legitimidad, uno o varios valores a rescatar y que, no obstante su violencia sistemática (tal vez, por eso mismo) se podía dialogar con ellos, en definitiva que se los podía y debía tener en cuenta a la hora de compartir el poder; que eran sus aliados potenciales y naturales, que no había nada de fondo que los alejara ni que les produjera rechazo ni reclamara sanción para tanto mal disparado indiscriminadamente.El hecho es que los terroristas -por otra vía, con otra mascara, con otro pero parecido discurso- llegaron a los gobiernos radicales y justicialistas sin arrepentirse ni purgar sus delitos. Metieron la metralleta en el maletín del legislador, la bomba debajo del brazo de burócrata y se insertaron en la vida civil sin problemas y sin que nadie les exigiera cuentas. Desfachatadamente percibieron indemnizaciones que una sociedad aturullada por el redoblar implacable y unilateral de los medios les pago sin protestar. Y de a poco consiguieron sus deseos postreros como la persecución y humillación de los militares que los habían vencido con las armas en las manos o la adopción de leyes contra la naturaleza. Y vienen por mas. Estas reflexiones del veterano, un poco ingenuo y un poco cínico jefe radical nos sirven, por lo menos, para detectar alguna borrosa clave del pasado inmediato. Pero ahora no nos hemos de entretener en una
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cuestión académica (del tipo: ¿qué son los descendientes de Irigoyen?) sino sacar las conclusiones practicas pertinentes. Porque el que así hablo es uno, solo uno, de los políticos argentinos que con total desaprensión han empujado al pueblo a la rendición y a la complacencia frente a un enemigo que no desapareció sino que se oculto y que no se arrepintió sino que se transformo.-

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"OTROSÍ" Nro. 42 – marzo del 2003

Contenido:

1 - "LA IZQUIERDA ES IMPLACABLE" 2 - "SUTILES PRECISIONES"

1 - "LA IZQUIERDA ES IMPLACABLE";.La izquierda en general, aun la más pacata y convencional, está teñida de sangre o de un sentimiento de odio sordo, de una violencia tácita; hay algo en ella (tal vez su contenido antinatural) que la empuja a los últimos límites de ese mismo odio y de esa misma violencia que gusta cultivar (a condición que no se la utilice contra ella). Es como una ley inscripta en su cultura y en su temperamento y una secuela de su ideología, un rasgo tipificante de su mentalidad o sea de su inteligencia y voluntad. El caso más patente y patético y, se quiere hasta sistemático, entre los recientes – si dejamos de lado las Madres que constituyen un caso patológico singular - es el de las Abuelas que han montado una ágil y rentable estructura de destrucción de cientos de familias que eran felices hasta el momento de su intervención que ellas suponen justiciera.Los mozalbetes que precipitaron la muerte de un hombre de más de 80 años – acusado no se sabe bien de qué y al que apabullaron con insultos y amenazas hasta matarlo - pueden inscribirse en esta sombría línea izquierdista, en esta vocación y gusto de exterminar todo lo que no sea ella. Ninguno se arrepintió considerando sin duda que se trató de un efecto no previsto pero merecido y, por lo tanto, justo. En todo caso, esta nueva vida cobrada por la furia possubversiva no les importó ni la lamentaron a pesar de haberla provocado.En cambio la actitud de Página 12 – rama quebrada del quebrado árbol de Clarín - no pudo disimular su torva alegría por la muerte por cáncer del Gral. Fortunato Galtieri. Allí reapareció y revivió en toda su espeluznante realidad la entraña homicida, la maldad hecha gimnasia – esa renovada satisfacción por
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la muerte ajena - del ex montonero (o sin ex, como ahora se puede comprobar) Horacio Verbitski. Sorprendente, alarmante y sospechosa concepción de los derechos humanos (de los que vive) que a sus ojos es un universo selecto y cerrado del que no pueden participar sino ellos mismos, es decir sus ideólogos (y beneficiarios), jamás sus contrincantes. Pero estos redactores marginales de la Noble y Magneto no ceden en sevicia y perversidad a los que se atosigan a las puertas del Hospital Naval clamando por la muerte del almirante Massera, internado en coma en terapia intensiva. Estas bestiales exposiciones de rencor (que en el fondo reflejan un miedo que no se les fue) nos recuerdan algunos personajes y episodios de "1984" de Orwell y nos proporcionan una ocasión vivencial para ubicarnos y rememorar la anterior realidad argentina que, como se ve, no terminó de transcurrir ya que sus presupuestos fundamentales y sus fieros talantes continúan. Esos lobos ansiosos y necesitados de sangre siguen entre nosotros, siempre iguales a sí mismos, inescrupulosos, irrecuperables, prestos y dispuestos a repetirse y prolongarse sin cansancio ni arrepentimiento en ellos y en sus hijos hasta que no quede ninguno de sus vencedores en pie.¿Hemos de esperar algo, un gesto de dignidad, un acto de bondad, un auténtico sentimiento de amor, una inspiración sana en gente como ésta; en un Zamora que vende libros, en una Carlotto que se desvive por la identidad de unos jóvenes que nunca conoció ni le interesan, en un Castells que atraca comercios para alimentar a sus compinches y clientes que no quieren trabajar? ¿O en un Bravo que quiere ser democrático aun a costa de la ley? ¿Qué son estos seres y qué se puede esperar de estos seres capaces de odiar hasta la muerte y más allá? ¿Qué sociedad nos aguarda en manos de personas que desean seguir matando y que se satisfacen cuando la parca llega en forma natural?

2 - "SUTILES PRECISIONES"> En una edición de fines del año pasado el equilibrado diario "La Nación" llevó a cabo una sutil construcción ético-jurídica en verdad complicada y difícil de seguir y también de aceptar. En la columna editorial del 29.XII. se embrolló en consideraciones acerca, nada menos, que la razón de estado tratando de extraerle el mayor provecho posible aplicando un grueso maquiavelismo disfrazado de realismo.
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Pero la preocupación del autor de la nota no es, por supuesto, teórica sino una concreta referencia a la cuestión del terrorismo. Pero no, como hubiera sido de esperar, relacionado con el que asoló durante largos años a nuestro país – violencia que, como nos consta, no termina de retirarse sino que sigue revoloteando como un fantasma para unos y como una añoranza para otrossino con respecto al que dicen golpeó a Estados Unidos en septiembre del 2001, "fecha que es un punto de inflexión en muchos aspectos" según dramatiza el diario. Así será si así lo dice.Por supuesto no es éste el espacio para considerar la cuestión de "razón de estado", una de las más delicadas en el derecho y en la ciencia políticos. Baste señalar para mensurar su importancia el hecho que sobre un concepto y una práctica así se fundaron los totalitarismos (y las democracias) modernos. La razón de estado todo lo cubre y todo lo justifica y se basta a sí misma para legalizar cualquier procedimiento. En última instancia es la voluntad del déspota la que legaliza y fundamenta una u otra acción y reacción.Lo dicho tiene que ser matizado adecuadamente porque invocado como lo hace el diario, sin mayores consideraciones, la puerta del poder se abre para cualquier aberración y abuso.Estamos de acuerdo – coincide con la sabiduría política clásica- en que la salud pública es la ley máxima ante la cual deben ceder todas las demás porque éstas encuentran su razón y justificativo en la satisfacción de aquella primera –básica y previa al resto de la legislación- cuya atención es prioritaria y excluyente. De esto no cabe duda; menos a nosotros que predicamos la legitimidad de la represión de las décadas de los 60 y 70 justamente en un razonamiento como éste. Como dice el editorialista "en situaciones ordinarias medidas ordinarias, antes desafíos extraordinarios respuestas extraordinarias"; no podríamos disentir en esta ecuación que aparece tan cargada de lógica y de sentido común. Sin embargo, nos preguntamos ¿cómo y porqué no aplicar tan sensatas observaciones y afirmaciones al caso argentino en el período mencionado, cuando indudablemente la agresión subversiva, llámese, Montoneros, ERP o alguna otra agrupación menor, era total, raigal, estrictamente revolucionaria, cruel, implacable e insatisfecha hasta que no se alcanzara "la victoria final", según recitaban ellos mismos. Porque – como se sabe o se debería saber - el accionar terrorista no se detenía ante ningún límite más o menos previsible o convencional ni ante el desconocimiento de alguna parte del código penal; muy por el contrario se desafiaba y desconocía a éste (y a las leyes afines) por completo y por
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principio pero obviamente era invocado cuando convenía y se procuraba un refugio en sus tribunales y garantías cuando se perdía la batalla. ¿Tenían derecho a esto los subversivos, a buscar protección en una legislación a la que se quería destruir en nombre de una ideología antisistema, en un estado que se aspiraba a suplantar? Y no sólo cambiar un determinado cuerpo de leyes sino al orden de valores que se encerraba detrás y que sostenía a aquel.Ahora La Nación, tan crítica con respecto a la guerra antisubversiva en la Argentina y tan comprometida con la postura y prédica de los organismos de derechos humanos, se muestra más razonable y comprensiva pero con respecto al terrorismo que afecta a Estados Unidos. Entonces su nuevo espíritu aparece amplio y hasta tolerante. Nos sigue diciendo en su nueva postura: "Ciertos conceptos –tales como el orden republicano, la seguridad nacional (¡) o la razón de estado- han adquirido un peso superior ..." Nada parece alarmar ni merecer la condena o la prevención del editorialista. Que continúa "Bush ... enfrenta una situación anormal: el desafío del terrorismo". Y remata: "En casos semejantes y de manera temporaria las naciones civilizadas del mundo siempre se han reservado el derecho de vigilar y reprimir a sus enemigos conforme a los presupuestos de la razón de Estado. El estado de excepción legitima, pues, medidas también de carácter excepcional".. Salvado el vicio gramatical de la reiteración, podemos afirmar que nada es más verdadero. No se puede combatir a un enemigo extraordinario, inédito, desconocido, sin recursos apropiados, con ataduras legales, con suicidas escrúpulos procesalistas. Ante la ley de muerte que impuso el terrorismo organizado en el país no quedaba sino actuar como se hizo: contestar la violencia con la violencia, tratar al enemigo – que había tomado la iniciativa en su ejercicio - como tal. Esta observación elemental, primaria, sensata como ninguna, no pudo ser formulada (ni escuchada cuando se la esgrimió) por los defensores de la represión sino que, por el contrario, se los condenó en los tribunales y en los medios. No deja de ser curioso ni irritativo que se alegue este derecho a la excepción a favor del estado más poderoso del mundo (en su oportunidad campeón de los derechos humanos) cuando a éste le resulta conveniente; y que, en cambio, se mantenga abierto y pendiente el litigio entre represores y reprimidos y que se insista en condenar a los primeros y en justificar (y aun exaltar) a los segundos.212

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"OTROSÍ" Nro. 43 – abril del 2003

Contenido:

1 - "EL VOTO SOBRRE CUBA" 2 - "LA REVOLUCION SE PREPARA EN LA CALLE" 3 - ¿QUÉ HAY DE LAS ELECCIONES?"

1 - "EL VOTO SOBRE CUBA"< Mucha discusión y mucha reacción produjo la decisión del presidente Duhalde de abstenerse en la votación en la ONU con respecto a la cuestión de los derechos humanos en la marxista Cuba. De esa manera se abandonó una tradición de la política exterior argentina. Se invocaron para ello razones no del todo convincentes, si se exceptúa la de solidarizarse con la similar actitud de Brasil. Como a esta altura de los acontecimientos mundiales no nos vamos a escandalizar de nada (o de pocas cosas, como la agresión a Irak), entendemos que la decisión de nuestro gobierno no aporta ningún principio de solución para el terrible caso cubano, una verdadera prisión flotante, último trozo emergente de un universo que se derrumbó sin que Castro se diera cuenta.La abstención de Argentina y Brasil -que equivalía a un voto de rechazo de la condena a este comunismo caribeño tardío- coincidió con la muerte, tras un sospechoso juicio sumarísimo, de tres "terroristas" que intentaron huir de la isla. Castro aplicó su ley, lo que no está mal porque las leyes están para ser aplicadas eso sí, allá como acá. Ejerció un derecho inalienable de todo gobierno como custodio del orden a su cargo, el de defenderse.¿Cómo, pues, reconocerle esta facultad superior a Castro, exportador de revoluciones y de revolucionarios, y negársela a los que a su turno la pusieron en práctica? Menuda dificultad la de la izquierda del continente; esta izquierda -toda la armada de los 60 en adelante y buena parte de la pre y posarmada- proviene de Cuba que la inspiró, la entrenó, la financió y la apoyo de todos los modos posibles. ¡Este comportamiento fue, en realidad, la grande violación de los derechos humanos en América y en otras partes del mundo! Estas tres postreras víctimas de la vesanía estalinista de Castro no son más que eso, 213

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muestras de un sistema tiránico por su práctica y en sus principios, por necesidad y por naturaleza. No cabe escandalizarse por esos crímenes tras medio siglo de experiencia continuada en el mismo sentido. Experiencia a la que todos los países americanos asistieron como víctimas (el nuestro), como cómplices (Méjico) o como reflejo (Nicaragua).Castro mismo proporcionó en su discurso del 1º de mayo una razón válida para justificar su proceder y que debe ser escuchada por tirios y troyanos. Explicó que los ajusticiados eran terroristas que habían cometido un atentado (aunque no murió nadie) pero que era el primer paso para una maniobra mucho más amplia que iba a costar la vida a millones de cubanos ¡El sabe muy bien de qué habla! Como que en ese efecto cascada -que comienza por pequeños atentados para precipitarse y culminar en la guerra revolucionaria- consiste la táctica central de la subversión que Castro desató por todo el continente. Se ha de inquirir, entonces y ante el ejemplo y la explicación que acaba de proporcionar el jefe marxista, qué delitos cometieron los militares argentinos que defendieron al estado nacional, a su ordenamiento y a su legislación.-

2 - "LA REVOLUCION SE PREPARA EN LA CCALLE" Sería un error gravísimo e imperdonable descuidar o minimizar lo que está ocurriendo en las calles y rutas del país. La presencia de la izquierda violenta (pre-armada) en los lugares públicos con cualquier excusa y con cualquier reclamo, no es un episodio que puede seguir pasando desapercibido ni con el que se pueda seguir transando. El tratamiento que el gobierno y los medios les dan a estos episodios (fastidiosos, agresivos, bullangueros, desafiantes y esencialmente irracionales) es el de considerarlos sucesos 1) justificados por la intención, 2) simpáticos por lo espontáneo; 3) justificados como el ejercicio directo de la democracia. No es preciso decir que todas estas apreciaciones y otras similares son falsas.A nadie se le oculta, por otra parte, que la intervención abierta de la izquierda es decisiva como que constituye su estrategia actual.Sus gritos, sus procedimientos, sus discursos, en fin su estilo, se parecen demasiado a los que se aplicaron en las décadas del 60 y del 70 preanunciando lo que vendría después y no dejan lugar a dudas. En todo caso -y menos las autoridades responsables del orden presente y del futuro- tienen derecho a equivocarse, a volver a equivocarse. No son inocentes ni idealistas jóvenes y no tanto -como tampoco lo fueron los del pasado- los que arrojan piedras, tiran bombas "molotov", queman automóviles, rompen vidrieras, saquean e impulsan al saqueo, 214

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enfrentan e hieren a policías y cometen cuando desmán les indica su imaginación de marginales y de delincuentes así sean potenciales. Si quisiéramos aguzar la observación podríamos, quizá, detectar alguna diferencia no menor pero tampoco relevante con los del pretérito cercano. Hoy no son, como entonces, sólo estudiantes de clase media los que salen a cometer estropicios bajo esa impunidad que da el número, esa legitimidad que pretende la multitud; ahora se trata en buena parte de sujetos realmente periféricos que movidos más por el impulso ideológico que por la necesidad, se abalanzan sobre la propiedad privada e incluso sobre la pública como forma de protesta. Alegan necesidades que no son las propias y lo hacen por cálculo dialéctico, no por generosidad, para disponer de la prerrogativa de agredir, no para solucionar problemas.Tales comportamientos se parecen mucho más a una táctica de presión, de desgaste, de acostumbramiento a la violencia gratuita que a un modo genuino y leal de requerir soluciones o de buscar respuestas. No se puede (ni se debe) disimular el hecho que se está -por su reiteración, por su sistematización, por su simultaneidad- ante una verdadera gimnasia revolucionaria que va más allá, mucho más allá de una simple agitación social o de una preocupación reivindicativa de derechos laborales cercenados o de intereses gremiales desconocidos. Lo demuestra con toda claridad la actitud adoptada en el conflicto de la fábrica Blukman, tomada artificiosamente por un grupo minoritario e sus empleados en nombre de todos en momentos en que se estaba cerca de una solución satisfactoria para la empresa y para su personal; por si alguien no lo creyera ahí está la negativa de la parte sindical a concurrir a la audiencia de conciliación en el ministerio de Trabajo: el negocio de los revoltosos consiste en mantener abierto el litigio y con éste la tensión.Cualquier excusa les viene bien, cualquier conflicto es aprovechable para estos profesionales de la lucha constante y del enfrentamiento renovado. Incluso llegan a provocarlos o a ahondarlos hasta volverlos inconciliables en una combinación de leninismo y gramscismo. Por eso es que han instalado en las calles no la revolución sino el espíritu revolucionario. En esos aquelarres se dan cita piqueteros y homosexuales, cada cual con su petitorio bajo el brazo o en el puño; caudillejos y delincuentes, hambrientos y matones, universitarios burgueses y habitantes del lumpen urbano. Un caudal de energías negativas y perversas inundan las ciudades a horcajadas de necesidades reales que nadie tiene el derecho de explotar ni de frivolizar. Como lo hacen los Castells, los D'Elía, los Pistrola y tantos más que oscilan en un equilibrio harto inestable entre la causa obrera que dicen defender y la actividad hampona que despliegan en la práctica. Ahora bien, esta presencia que nadie desea ni precisa se completa con la ausencia de dónde sí harían falta tantos brazos pagos por el estado, como en Santa Fe. Aquí se expone su calaña moral.-

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Esas pequeñas multitudes que diariamente ocupan las calles y mortifican a los ciudadanos con particular sadismo, van contra todos los valores imprescindibles para una vida civilizada y carcomen las bases de un estado que se presenta sugestivamente débil . La negación y el olvido del respeto mutuo, del sentido de solidaridad, del recurso al dialogo racional, de la dignidad de no mendigar, del desdoro de robar, del honor del progreso por mérito propio, de la satisfacción de la propiedad bien obtenida son los pasos hacia la autodestrucción de lo que alguna vez se conoció o se vislumbró como cultura argentina. Ahora con estos tumultos tolerados por el gobierno y soportados por la sociedad, con estos aprietes que perjudican a todos, con esta representación fraudulenta ejercida por dirigentes jamás elegidos, se pone en peligro "lo común", lo que se tiene de participativo en la sociedad, lo que nos identifica como nación relativamente feliz no tanto por próspera como por ordenada. Se corre el riesgo de destrozar nuestra unidad y de que, a fuerza de desconfianza recíproca, empecemos por no reconocernos con esa concordia que resaltaba Aristóteles como condición de la vida en la ciudad.Es el espíritu revolucionario en acción que amenaza y atemoriza, que pretende ocupar el espacio que el poder legítimo ha declinado, que se propuso la sustitución de los valores tradicionales -apreciados por la inmensa mayoría como básicos e indispensables- por otros nuevos revolucionarios, donde lo natural se diluye en su deformación y lo antinatural se impone como norma. Va apareciendo -casi imperceptiblemente- un poder que viene no del interior de la sociedad sino de sus márgenes lo que le da su auténtico contenido y devela su verdadero sentido. Este poder, inédito, violento, inubicable, sin límites ni control, no tardará en transformarse en legítimo (en la medida en que se lo acepte), por fuera del estado establecido al que le disputará su espacio y licitud.Se crea el clima de violencia psicológica y física necesario para insertar en la comunidad lo que llamamos "espíritu revolucionario" que no consiste sino en la convicción que el único camino que nos puede llevar a una solución es el de la violencia; con lo que tiene de abandono de las virtudes, de ruptura con el pasado (que supo ser mejor que este presente y que el futuro que nos dibujan los neoterroristas), de declinación de los modos civilizados de convivir. Buscan implosionar el sistema no modificándolo sino destruyéndolo.-

3 - "¿QUÉ HAY DE LAS ELECCIONES?" Fieles a nuestro propósito de no incursionar en el terreno de la política contingente -no por pacatería ni falta de opinión siino por una autoimpuesta limitación a una temática que conserva toda su vigencia 216

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como es la de la subversión impune y la de la represión sancionada- no vamos a entrar en consideraciones relativas a los resultados electorales del 27 de abril. Sólo rescataremos un hecho que los medios -algunos medios- se han ingeniado en sepultar para que la opinión pública no saque las consecuencias que serían pertinentes. El hecho es simple y evidente y consiste en que la izquierda más tumultuosa y convulsiva, más chillona e histérica no figuró casi en las cuentas finales de los comicios.Los primeros grandes derrotados fueron los piqueteros que llamaron a no votar o a hacerlo en blanco o a impugnar el sufragio. Querían repetir lo ocurrido en la anterior elección de 1999 pero esta vez que ello sucediera en su nombre, es decir que asumiera un rasgo subversivo. Lo que antes había sido una reacción espontánea de una sociedad cansada de ser defraudada se pretendió utilizar como expresión de un movimiento que carece por completo de inserción. Como siempre, esta izquierda descolocada y extraña -históricamente ajena al sentimiento nacional- trató de ahuparse en actitudes y reacciones que no le pertenecen, agregarse a aspiraciones y movimientos surgidos en otros estamentos e inspirados en otros propósitos y necesidades. Vagando y divagando a la pesca de esas inquietudes a partir de las que pueda instalar un estado de ánimo que sea aceptado por el crédulo pueblo argentino, esa izquierda tan escasa como explosiva procura un lugar bajo el sol, una voz que no tiene. Por momentos da pena sino fuera que también hastía por su metodología inútilmente destructiva y banalmente contestataria.Pues bien, nadie -o muy pocos- hizo caso de los ronquidos de Castells y cómplices y se registró el presentismo más alto en el actual período democrático. El razonamiento del pseudo jefe de pseudos jubilados y desocupados -adjudicando a su convocatoria una resonancia de más de seis millones de personas- es tan pícaro como infantil y no se lo puede tomar en serio. ¡Esto sí que es manosear la realidad y deformarla sin vergüenza! Pero el comportamiento electoral de las otras izquierdas -aun de las más presentables como las de Bravo y la Walsh, sin contar con la impertérrita del falso Altamira y alguna que se nos olvida- no fue más feliz; sólo que ellas no pueden recurrir a fantasmagóricas interpretaciones, sujetas como están a la inflexibilidad y evidencia de los números.Queda la otra izquierda, esa infiltrada, con mayor o menor disimulo, en los partidos llamados -no se sabe porqué- "tradicionales": por ejemplo el peronismo de Rodríguez Saa o de Kirchner o el radicalismo (¿) de Elisa Carrió. Sería excesivo atribuirles un decisivo componente "progresista" (que en la práctica, se quiera o no, es sinónimo de izquierda aunque, quizá, más cultural que político) y, en todo caso, no fue ese ciertamente el factor que gravitó para su actuación electoral. La gente los votó como 217

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lo nuevo o lo alternativo, algunos como lo superador, otros como lo continuador pero no como lo rupturista que es lo que caracteriza a la nueva izquierda socialdemócrata.La izquierda, entonces, a la luz de los datos del 27 de abril, no tiene cabida en el espectro político (aunque sin duda la tiene en el ideológico y a esto hay que estar muy atentos) y se ve obligada a manejarse por dentro y por fuera de la vapuleada institucionalidad argentina. Acecha a la espera de la ocasión o del resquicio para asumir una crisis social no en busca de su superación sino de su ahondamiento; y cualquier motivo le vendrá bien para alcanzar algún protagonismo y no seguir girando en el vacío.-

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"OTROSÍ" Nro. 44 – mayo del 2003
Contenido: 1 - UN ABSURDO OFENSIVO 2 - LA IZQUIERDA VUELVE Y SE REAGRUPA **********************************************************************

1 - UN ABSURDO OFENSIVO El Dr. Eduardo Duhalde – no el ex presidente sino el ex camarista y ex terrorista - fue designado secretario de Derechos HHumanos. Es tanto una burla y una contradicción como un desafío y, peor aun, una toma de posición en tan delicada materia. Si prescindimos de la tautológica denominación, el nombramiento como responsable de la garantía jurídica de los argentinos de un ideólogo y un practicante de la violencia en los añorados setenta, suena a la introducción del Caballo en Troya que habría de terminar con la toma y destrucción de la ciudad. Ponemos en duda la necesidad de semejante organismo y su utilidad cierta; porque la república cuenta, se supone, con jueces para defender los derechos de los ciudadanos e imponer justicia, protegiendo a las víctimas y castigando a los victimarios. El organismo no es más que un refugio y una herramienta de los terroristas y posterroristas. No se entiende - fuera de un planteo de clara intencionalidad ideológica que, por lo demás, resulta evidente - cual es la esfera propia de la Secretaría y qué puede hacer que no esté a cargo de los magistrados judiciales. Hay aquí una notoria superposición de competencia y de funciones que no se explica sino por la voluntad de manipular esa extraña realidad que se denomina Derechos Humanos, del modo más artero, reduciéndolos a armas para el combate no finiquitado del viejo terror. Porque los dueños y los beneficiarios de tales derechos son los izquierdista militantes de ayer y los que se les sumaron después, por ejemplo sus familiares que suelen cobrar jugosas e ilícitas indemnizaciones a cargo de un estado que no hizo más que defenderse.

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Ahora quien fuera compañero del célebre subversivo Ortega Peña muerto en acción intenta un discurso más distendido y menos amenazador y promete que "no estoy dispuesto a parcializar la defensa de esos derechos básicos" aunque un párrafo antes había dicho que "la ideología es la visión de los valores que cada uno tiene y que NO SE CAMBIA", con lo que acompaña en su postura de recordar a su presidente, correligionario y probablemente cómplice. No modificó, pues, el alto funcionario su ideología ya que así lo ha declarado. Nos cuesta, entonces, creer que va a proceder como promete. En tren de recordar tenemos en la memoria sus palabras de despedida a su compañero de aventuras, el citado Ortega:¡Hasta la victoria siempre! ¿Es que habrá llegado o está a punto de llegar esa victoria que Duhalde continuó persiguiendo desde entonces?

2 - LA IZQUIERDA VUELVE Y SE REAGRUPA Debemos contrariar nuestro inicial propósito de no incursionar en el terreno de la política coyuntural o, si se prefiere, inmediata o agonal. Desde el primer número adoptamos esa decisión porque nos pareció que la toma de posiciones en materia contingente y opinable nos apartaba o nos podía apartar de nuestro objetivo básico y pendiente de replanteo: la Guerra Revolucionaria y la Antirrevolucionaria en tanto se trataba (y se trata) de una cuestión que, por más de una razón, se prolonga hasta nuestros días. Esclarecer lo ocurrido hace 30 años no era ni es a nuestros ojos una cuestión histórica sino una preocupación vigente, de trágica y siempre renovada vigencia. Dejándonos distraer, en cambio, por otras cuestiones del presente corríamos el riesgo de confundir ese propósito central permitiendo que se entremezclara con las del día, con frecuencia relativamente menores. Antes que nada, pensábamos, había y hay que saber y entender qué nos había pasado, cómo volver a evitarlo y de qué manera esa perversión podía retornar.Pero ahora se da un caso especial con la asunción del nuevo presidente Dr. Néstor Carlos Kirchner. Su llegada al gobierno en condiciones sumamente dificultosas y, si se quiere, poco claras, más producto de un acuerdo de minorías encerradas en sus bastiones que de la voluntad popular mayoritariamente expresada, es ya alarmante en la medida en que se quiera una democracia auténtica. Pero no es siquiera esta consideración la que nos impele a apartarnos de la premisa originaria. Por el contrario, la naturaleza más o menos perfilada del actual gobierno, sus pasos iniciales, sus designaciones, incluso las circunstancias concretas en que empezó su gestión – o, para 220

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decirlo todo el espíritu de fondo y casi clandestino que parece informarlo - nos llaman a atención y nos alarman. Y no por el disenso o la aceptación que los responsables de esta publicación mantengamos o no con este elenco y con sus primeras medidas (por acción o por omisión) sino por el hecho que se dan muchos - demasiados - elementos que nos recuerdan inevitablemente un pasado no muy lejano cuyas consecuencias todavía vivimos y sufrimos.Los vencidos vuelven, según los indicios que nos proporciona la crónica diaria.Es obvio que nos estamos refiriendo al antecedente del acceso de un hombre de segunda línea, sin estructura propia, apéndice del verdadero titular del poder en los 70. El Dr. Héctor Cámpora, en efecto, carecía de atributos para ese destino; todo su poder - lo que él conocía y reconocíaera un reflejo del ostentado por general Juan Domingo Perón, jefe omnímodo y sin contrapesos del movimiento que él mismo había creado y que dirigía desde el extranjero. Los "slogans" de la época así lo ponían de relieve sin mayor pudicia. No obstante esa realidad este virtual títere en manos ajenas encaró a espaldas de su mandante fáctico una maniobra de legitimación del terrorismo, en esos años en pleno apogeo y virulencia. Empezó, como se recordará, por indultar masiva e indiscriminadamente a todos los delincuentes ("presos políticos", como se hacían llamar con eufemística hipocresía) que estaban detenidos y casi todos ellos procesados según las leyes dictadas con el propósito de combatir el terrorismo instalado en el país. Para lo que se contaba, como tampoco se habrá olvidado, con un tribunal ad hoc para conocer en sus causas, lo que les proporcionaba las garantías constitucionales que ellos, por cierto, no le acordaban ni le reconocían a sus víctimas, sometidas a unos tétricos y subterráneos "tribunales populares", manejados por quienes habían organizado ordalías de sangre de las que esas parodias de juicio formaban parte. Pero las cosas no terminaron allí; no satisfecho con haber realimentado decisivamente el ejército de la subversión y de haber arrasado (y perseguido a sus integrantes) con los mecanismos legales antiterroristas, Cámpora llenó su gobierno de los peores y más radicalizados elementos de la misma. No hubo sector del poder - ni siquiera el legislativo que había concedido tan ruinosa amnistía casi por la totalidad de sus miembros - que no fuera ocupado como en una operación militar. La izquierda - la peor, la armada, la que mataba, secuestraba, robaba, amenazaba -, la más sórdida y cruel se había convertido de la noche a la 221

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mañana y sin el consenso de la sociedad que había votado algo por completo distinto - en el gobierno. Y se mostraba dispuesta con todas sus energías a ejercerlo sin limitaciones, hasta sus últimas consecuencias y según su propia escondida ideología. El engaño quedó en evidencia desde el primer momento. Luego todo se precipitó del modo que conocemos y la vida política argentina reanudó, más o menos, su ritmo natural. Los Montoneros fueron expulsados de la Plaza de Mayo y del movimiento y, sin duda, entre los que se retiraron vociferando contra el líder se encontrarían Néstor Kirchner y su esposa. ¿Existen muchas diferencias entre aquella situación y la actual? Después de tres décadas - que no fueron de olvido ni de pacificación sino de exacerbación del odio y la venganza, proceso antisocial y perverso al que no fueron ajenas las distintas administraciones que se sucedieron desde entonces - la izquierda, disfrazada tras la nominación aparentemente más inofensiva y tranquilizadora de "progresismo", retorna con iguales estrategias y con idénticas o parecidas tácticas. Y con los mismos inconmovibles objetivos. Es verdad que con alguna adaptación a las circunstancias. Por ejemplo, ya la generación armada ha casi desaparecido y, excepto el caso patológico de las Madres y de su asesor jurídico, nadie que sepamos pretende reivindicar explícitamente la lucha practicada en los setenta. Lo que no quiere decir que se haya renunciado a ella; simplemente que hoy no les conviene.Los que llegan hoy son los intelectuales, los que pueden portar algún sesgo académico, los que pretenden presentarse como los que están de vuelta de aquel pasado que, en el peor de los casos, no debería ser considerado sino como un error del que, por otra parte, no habría de qué ni porqué arrepentirse ¿No lo dijo así - o lo dejó entender- el propio Dr. Kirchner por lo menos en dos ocasiones, una de ellas todavía candidato y otra en el contexto de la solemnidad del discurso ante ambas cámaras? En tales oportunidades y en medio de vaguedades un tanto obvias y esperables, puso muy en claro - y hasta con cierto énfasis- su recuerdo doloroso de los amigos caídos en ese período. Fue sincero, sin duda puesto que él, al igual que su mujer, militaron en la horrible Juventud Peronista (JP) que terminaría fusionándose con la no menos sórdida organización de Montoneros. Sigue llorando a sus compañeros muertos que es una manera de vindicarlos y de reproponerlos como ejemplo así como de rescatar sus métodos e ideales. ¿Es esto, en verdad, lo que se propone el nuevo presidente? ¿Y hasta dónde piensa llegar en su camino hacia atrás? ¿Qué es lo que aspira a 222

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recuperar de ese pretérito de muerte, de enfrentamientos y de atentados tan innobles como gratuitos? La sociedad merece y necesita una explicación porque no se la puede volver a hacer vivir aquella historia Decimos que no es admisible a esta altura de nuestra experiencia histórica que se sigan asumiendo posturas ambiguas ante cuestiones tan trascendentales como el de la subversión y su respuesta condigna, la represión. Hay que definirse en uno u otro sentido. Se está con aquella o se acepta ésta. Con esta diferencia: que la subversión tal como se la practicó entre nosotros y fue pensada y sistematizada siempre es condenable porque utiliza el terror y la violencia como principio y como método. Y lo hace de una forma artera, desde las sombras, golpeando sobre el indefenso o el menos culpable. Se mata y se secuestra no tanto por odio como por cálculo. Se trata de imponer a la sociedad un modelo de fuerza que la atemorice y termine por dominarla enloqueciéndola. Es la sociedad misma en su totalidad la enemiga a vencer pero ... convenciéndola y transmitiéndole la conciencia que los violentos son sus idealistas y que sus agresores son sus redentores, lo que se consigue cuando todos o muchos o cada uno caen en las garras y en las redes dialécticas del terror aplicado indiscriminadamente, sin finalidad determinada, sin enemigo cierto, sin programa racional, cuando la concordia natural es suplantada por el terror vacío pero real. En cambio la represión llevada a cabo por el estado es legítima aun a pesar de sus excesos. Un orden político, jurídico, ético y cultural puede y debe defenderse con la ley o más allá de la ley porque está en riesgo algo superior a la norma que es la república, sus bienes y su bien.Hoy como en 1973 una minoría casual, aprovechando un golpe de fortuna, se alza con el poder infiltrándose en el gobierno. Usufructúa la formalidad de los números y actúa como si contara con un gran respaldo popular. Empezó a moverse con una irritante e innecesaria prepotencia al desplazar - por un gesto de omnímoda e inapelable voluntad - la cúpula de las tres fuerzas armadas ¿Venganza, desconfianza, especulación política, retórica para que los gobernados aprendan dónde reside el poder, esfuerzo para construirlo al margen o con prescindencia del apoyo o del consentimiento de su antecesor que fue el que le arrimó los votos que él no tenía ni tiene y con los que ganó? ¿Es posible que se dé semejante golpe institucional por intenciones tan menudas? Si nos detenemos en la dura respuesta que el Dr. Kirchner dio al comandante saliente del Ejército general Brinzoni - ratificando su facultad como presidente de removerlo, lo que nadie puso en duda en 223

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ningún momento- advertiremos que tal potestad jurídica requiere, como toda decisión política y esta lo es en grado sumo, de la virtud de la prudencia. El flamante primer magistrado debería saber como abogado - lo habrá aprendido en su tumultuosa juventud en La Plata- que no hay derechos absolutos ni irrestrictos a ningún nivel sino que todos están reglamentados a partir de su enunciación y su ejercicio sujeto al principio de razonabilidad que obliga a todo gobernante. En especial si se predica y proclama el estado de derecho. Desconocer esto es echar las bases de un próximo totalitarismo. Que no es ajeno a la izquierda aun a la que alega una inquietud democrática.Tampoco hay que prescindir de ciertos datos menores pero no carentes de significación. No puede ser tomado como casualidad el hecho que le haya otorgado al tirano Castro la audiencia más prolongada de las que concedió tras su asunción. No merecía el exportador de revoluciones que ensangrentaron todo el continente - incluyendo nuestro país - un tratamiento preferencial. Asimismo es chocante que se le haya permitido – caso excepcional- dar una conferencia autoapologética en la universidad de Buenos Aires. Está claro que se contó para ello con la aquiescencia del presidente al que no le podía ser indiferente la repercusión que ese encuentro con los jóvenes argentinos - previamente seleccionados - iba a tener. A propósito, la seguridad del jefe terrorista Castro estuvo a cargo de elementos cubanos que vigilaron todas las puertas de la facultad de Derecho donde se realizó el encuentro. ¿No se erizó la selectiva sensibilidad de nuestros progresistas al contemplar cómo hombres extranjeros asumían funciones policiales, precisamente allí donde los las fuerzas de seguridad argentinas no pueden entrar por ley? En cuanto al indulto que benefició al homicida serial y terrorista sistémico Gorriarán Merlo - recibido a la salida de la cárcel como un héroe por un pequeño grupo de simpatizantes - es un favor a su sucesor que le dispensó Eduardo Duhalde que poco tenía que perder y que le ahorró así el precio político a pagar. Ni la una ni la otra son actitudes gratuitas ni inocentes ni impensadas. A Castro se lo quiso expresamente agasajar y de esa manera convalidar su vocación revolucionaria, sanear su imagen (lo que hicieron los medios en manos de la izquierda), de algún modo se pretendió o se permitió o se insinuó la adopción de su ideario y de su trayectoria. Se lo "blanqueó" lo que no puede dejar de generar consecuencias en el orden interno (y tal vez en el externo); gestos como éstos adelantan o señalan el futuro, lo que nos espera si la izquierda vuelve a monopolizar el poder.

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Sólo que ahora sin contrapesos ni alternativas a la vista. Habrá que esperar ¿Habrá que esperar?

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"OTROSÍ" Nro. 45 – junio del 2003

1 - "YA NO HAY DUDAS" Fue y es, sin discusión, una desvergüenza lo que hizo por decisión personal el presidente. Néstor Kirchner, forzar la renuncia del recientemente nombrado por él mismo Procurador General del Tesoro Dr. Carlos Alberto Sánchez Herrera sin ningún fundamento objetivo serio. Esta actitud prepotente e ilegal demuestra varias cosas, algunas ya insinuadas en los primeros pasos de la actual gestión y que fueron recogidos y destacados en el número anterior de OTROSI.Sería risible poner en cuestión que éste se trata de un gobierno de izquierda. Todo lo indicaba y lo hacía suponer. Los antecedentes de la hoy pareja reinante -en segunda línea por la juventud entonces de sus integrantes pero de militante bullanguería que los marcaría para siempre-, las designaciones que realizó sin consultar más que a su reducido círculo de iniciados, las mismas declaraciones del Kirchner candidato y del Kirchner presidente –declaraciones de interpretación indubitable a pesar de un cierto eufemismo que las envolvía-, en fin los pasos iniciales de este primer magistrado típico producto de las minorías enclaustradas en el poder, nada permitía optimismo alguno sobre el perfil ideológico y los compromisos consecuentes que esta nueva gestión adoptaba.Se trataba, más bien, de determinar qué clase de izquierda llegaba y se estaba insertando en los intersticios del estado. Porque se debe que reconocer que hay varias izquierdas; y sin detenernos ahora en la cuestión de qué se debe entender por tal (no obstante ser ésta una cuestión pendiente, de muy difícil ubicación y de primaria importancia) admitamos que existe una tolerable que parece dispuesta a una convivencia civilizada y que, en definitiva, no reniega de su origen "burgués", una forma espectacular del liberalismo. Circunstancia que no le resta peligrosidad ya que es desde allí de donde suelen salir los otros, los jóvenes idealistas de la Generación del 70 (a la que pertenecen emblemáticamente y no casualmente Néstor Kirchner y su mujer) porque prepara de algún modo el clima, las condiciones objetivas y subjetivas para que sobrevenga aquella otra que, mesiánica y salvaje, reivindica su derecho a utilizar las armas para imponer sus modelos. O, mejor dicho, su Modelo, el del Hombre Nuevo, el que surgirá de la Revolución a partir de cuyo triunfo todo se solucionará para siempre porque los seres humanos se reivindicarán a sí mismos en la perfección de la desalienación permanente. El paraíso en la tierra.Por supuesto hay otras izquierdas, algunas más tremebundas y otras más pacatas, unas más utópicas y otras más racionales, unas más 226

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transparentes y otras más acomodaticias, unas más intransigentes y otras más flexibles. Pero todas comparten por lo menos dos rasgos comunes: su tendencia a la transgresión y a la fractura (lo que las vuelve tan proclives en su extremo a generar jóvenes armados y asesinos) y vocación y gusto a declararse y sentirse perseguidas. Ambos comportamientos los llevan a cabo desde fuera del poder, desde sus cercanías y aun, como lo podemos ver ahora, desde su interior.Pero, quizá, la peor izquierda sea la infiltrada, la oculta, la clandestina, la ficticia, la rencorosa, la que se apodera de los resortes del poder –los resortes claves, los demás admite compartirlos dando así la imagen de un sano pluralismo- y entonces se dedica a impartir justicia, claro: su justicia.Si le viene bien lo hace por la vía legal (como el decreto que dictó Raul Alfonsín creando la tristemente célebre CONADEP que pasará a la memoria de los argentinos como la más solemne farsa inquisitorial de su historia) o la judicial, tal como lo viene intentando desde 1983 con la gran farsa del juicio a las Juntas militares del Proceso.Contó para esto con tribunales y jueces adictos y complacientes que adoptaron como premisa apriorística el hecho que la izquierda que los manejaba, forzaba o inspiraba daba por sentado sin tolerar que se lo cuestionara como si se tratara de una verdad revelada o una verdad evidente del tipo de las matemáticas: la represión no tuvo razón de ser (ni, por lo tanto, justificación) puesto que no hubo violencia revolucionaria ni guerra terrorista ni actividad guerrillera que enfrentar y combatir. Todo en la represión fue exceso.Ese pasado no existió y si existió se lo borró por un acto de la voluntad democrática que acababa de llegar al gobierno. Nunca se lo replanteó ni se permitió que lo hiciera, lo que es un infame modo de legalizarlo y, además, de dejar indefensa a la sociedad a la que se le hizo perder la memoria.Entre esos jueces estuvo hasta su reciente nombramiento como secretario de derechos humanos el Dr. Eduardo Luis Duhalde, esforzado paladín ayer como funcionario judicial de la inconstitucionalidad de las leyes de amnistía de Punto Final y de Obediencia Debida; y antes de ayer, militante (o, cuanto menos, ideólogo) de ese terrorismo del que nadie se hace cargo y defensor de sus atroces protagonistas como Roberto Santucho ante cuya personalidad psicópata cayó transido de admiración (y suponemos que de adhesión), como lo confesó explícitamente. Esto nos hace sospechar que el secretario también lo sea.Lo ocurrido con el Dr. Sánchez Herrera, virtualmente depuesto por una decisión de Verbiztki más que de Kirchner, pone de relieve –como decíamos- más de un aspecto que urge destacar –antes que sea tarde- de la actualidad política argentina. Fue despedido de la peor manera por el solo hecho de haber defendido en su oportunidad al general Juan 227

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Bautista Saciañ, probablemente amigo de su padre, el asesinado general Juan Carlos Sánchez junto con su mujer –o sea la madre del defenestrado funcionario.Cabe aclarar que el asesino era un cliente de Duhalde. Le resultó intolerable al presidente esta situación por lo que creó un nuevo código de ética pública, hasta ahora desconocido o mantenido en estricta reserva en las cuevas de los terroristas que vuelven y que pone en aplicación en perjuicio del hijo de una de las víctimas del terror de los setenta –la edad aurea según el primer magistrado- pero cuidándose de extenderlo a otro actor de la época, el mencionado Eduardo L. Duhalde a quien le confió la defensa de los derechos humanos de sus compatriotas. Esta discriminación se explica aunque sea profundamente ilícita e inmoral, sólo por la ubicación de uno y otro en los bandos enfrentados durante la subversión. Kirchner elige de nuevo –ahora no como un muchacho que toca el bombo sino como un hombre maduro que rige o pretende los destinos del país para lo cual no fue, en rigor, electo- la izquierda delictiva contra el orden, la sensatez y la convivencia. De alguna manera se puede decir que procura y que hasta se complace en el retorno al pasado y en la reinstalación de sus condiciones de enfrentamiento sin cuartel y de los procedimientos de violencia de antaño.Si Sánchez Herrera fue defensor de un imputado por el secuestro de niños, Duhalde lo fue del asesino probado de un empresario extranjero, sin contar con la serie de atentados aislados y de guerrilla urbana y rural en los que intervino personalmente, inspiró o promovió. Nada de esto espantó al ex camarista y actual secretario de derechos humanos ni, menos aun según todos los indicios, al presidente que lo designó.¿Por qué desplazó al Procurador del Tesoro que le había hecho ganar a su provincia más de seiscientos millones de dólares –puestos a buen recaudo de la angurria del estado nacional y de los bancos privados en similares extranjeros-? Porque en su secreto estatuto de moral administrativa no puede figurar en su plantilla nadie vinculado directa o indirectamente con la represión. Terrible anatema, insuperable estigma este antecedente que merece la expulsión (antes con toda posibilidad hubiera merecido la muerte).Aquí, como se advierte, el presidente Kirchner está creando una causa inexistente de desahucio y un criterio arbitrario de designación. Está haciendo de un prejuicio ideológico propio y personal una política de estado, de una emoción subjetiva una razón de estado, de un gusto íntimo un derecho, de una voluntad de venganza un supuesto acto de justicia.El presidente Kirchner –contrariamente a lo que había prometido de no gobernar con los ojos en la nuca- quiere colocar al país al borde un nuevo baño de sangre del que aparentemente se muestra nostálgico. Quiere revivirlo, reanudarlo, reivindicarlo completando desde el poder la labor 228

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llevada a cabo por los comunicadores durante estos últimos 20 años, continuadores desarmados del terrorismo –del que el defendido de Eduardo L. Duhalde, Roberto Santuchio es paradigma- y prologuistas de la estrategia presente que empezó a ejercerse implacablemente, con un trasfondo jacobino que seguramente se irá desarrollando con el tiempo.Porque ya no se puede dudar –a la vista de lo acontecido de un modo tan precipitado en estos pocos días del nuevo gobierno- que se está ante una ofensiva contra el orden, ahora no desde la clandestinidad como antes sino desde el poder mismo.Y como ayer, la primera víctima es el estado de derecho. Verdad es que el actual estado de derecho está herido de muerte por haber surgido del fraude más calamitoso. "El derecho de sufragio ... quedó suprimido de hecho". Lo denunció en estos términos severos Bartolomé Mitre en ocasión parecida y sus palabras valen en el presente porque la tramposa ingeniería electoral que llevó a Kirchner al gobierno equivale a la supresión de hecho del sufragio como se quejaba Mitre. Con toda evidencia este presidente –solapadamente socialista- tiene conciencia de su origen ilegítimo y busca no subsanarlo sino consolidarlo; esto es no sanear su principio sino borrarlo, superarlo mediante actos de fuerza y hechos consumados. Sabe que en un comienzo tropezará con alguna resistencia y que ello acortará la luna de miel que sus comunicadores fieles (Página 12, Clarín, diversos programas de TV que alardean de independientes, etc.) procuran hacer creer. Pero juega con la sorpresa, con la situación de indefensión en que se encuentra el pueblo, con una notoria indiferencia de la mayoría respecto a ciertos temas que se le ha enseñado a olvidar (precisamente los de la subversión) y, sobre todo, con un gran margen de impunidad que le permite al gobierno hacer lo que le venga en gana en determinadas cuestiones cuyo manejo se ha reservado con la máxima impudicia y prepotencia.Como si siguiera tocando el bombo, Kichner saca sus leyes.Acaba de introducir un elemento novedoso y distorsionador, el de la lealtad de los funcionarios no sólo al gobernante de turno sino a su ideología, rencores y prejuicios. Es decir que reclama su complicidad bajo pena de exclusión. Quedó, pues, en suspenso el art. 16 de la Constitución que exige unicamente la idoneidad para ocupar cargos públicos; y también ha dejado de lado la primera parte de la norma que establece que en la República Argentina no hay fueros especiales: en este caso ¡vaya si los hay! desde que se requiere para la función ser izquierdista o afín, prohibiendo al que no lo sea.El Estado de derecho –reanudada la subversión con otras metodologías y con otro discurso- comenzó a desaparecer aunque mantenga por algún tiempo las apariencias. Lo que se produce no sólo por las inobservancias de reglas fundamentales ni por la desigualdad manifiesta (a favor de sus correligionarios vivos y muertos) en los procederes del gobierno sino, en 229

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especial, por la abdicación de sus facultades y atributos; como lo es de modo eminente el monopolio de la fuerza. En cambio, en estos días podemos ver cómo diversos grupos de virtuales salteadores de caminos (recibidos en la Casa Rosada con una calidez que equivalía a un sonoro aval) imponen su ley y sus pretensiones, con una nada sutil vinculación con los funcionarios que aceptan casi todos sus reclamos y que consiguen algo para ellos mucho más valioso, la representatividad en exclusiva (no por esto auténtica) de vastos sectores sumergidos o empobrecidos. Es más: se tiene la impresión que desde el propio gobierno se inspiran y se lanzan a estos revoltosos profesionales como vanguardia para allanarle el camino; tal el caso de la banda de Castells que tomó y ocupó las instalaciones del PAMI exigiendo la renuncia de su directorio enfrentado con el presidente. Esta utilización desbordada de ramas paraestatales –sin entrar a juzgar de la justicia de sus clamores y reclamos- es también un golpe a la legalidad de los comportamientos oficiales.He aquí, entonces, una situación incomprensible de tan paradójica: un gobierno con una autoridad formal pero sin poder real y concreto trata de procurárselo mediante actitudes ilegales unas y arbitrarias otras. Que para completar su odiosa discrecionalidad no vacila en castigar el derecho de defensa en juicio o, mejor dicho, en imposibilitarlo. El presidente Kirchner no quiere que el general Sassiaiñ -ni más ni menos que un ciudadano argentino- sea defendido cuando es acusado y por eso persigue a su defensor. Es oportuno recordar que ese derecho a la defensa fue respetado con escrupulosidad aun durante el maldecido Proceso para aquellos casos que fueron llevados ante los tribunales respectivos, en adecuado funcionamiento hasta que una izquierda destructora y rabiosa parecida a ésta, los suprimió en el mismo día y por el mismo acto que liberó a cientos de subversivos.¿Será exagerado decir que aquella pandilla –bien que renovada- que asoló al país hace 30 años y más está volviendo para completar su periplo interrumpido por la derrota militar?.¿Estaremos viendo fantasmas allí donde no hay sino un intento de rescate a título personal de algunas figuras y de algunas conductas de un pretérito más cercano de lo que creíamos? No es conveniente caer en optimismos cómodos sobre todo si nos obligan a cerrar los ojos y a perder la memoria. Es evidente que Kirchner hará de su obsesión contra la represión una política oficial que ya empezó a poner en práctica; con un impulso atropellador que expresa más su rencor de vencido que su vocación de paz como mandatario de todos los argentinos y que, por lo tanto, debería colocarse por encima de diferencias y diferendos que ensangrentaron 230

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nuestro suelo en una Guerra Revolucionaria que todavía no terminamos de entender ni, slgunod, de admitir. Es esta actitud que calificaríamos de frívola de la sociedad argentina la que, justamente, permite estas reapariciones, estos retornos, estas venganzas.Y no deja de ser cruelmente irónico, perversamente cínico desplazar al defensor (que había probado con exceso su idoneidad) de un represor todavía no juzgado mientras se apoya con sordo énfasis a quien defendió a un subversivo que había hecho del asesinato su doctrina y su método, manteniéndolo en un puesto que no le corresponde sin ofensa al buen sentido y a las víctimas de un terrorismo que no termina de irse.por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 46 – agosto del 2003

Contenido: 1 - VOLVIO LA IZQUIERDA 2 - EN REALIDAD LA IZQUIERDA NUNCA SE FUE 3 - ¿QUÉ CLASE DE JUSTICIA INDEPENDIENTE? ********************************************************************** 1 - <VOLVIO LA IZQUIERDA Muchos y elocuentes son los signos que está dando la izquierda capitaneada por el presidente Kirchner (o que él integra) como para que los responsables y los analistas insistan en no darse cuenta o en disimular o negar el hecho. Se dan hoy dos factores más que agravan la situación en la que el país viene viviendo desde la reimplantación de la democracia a comienzos de los 80. Se ha de recordar que en puridad de verdad la izquierda no se retiró, ni siquiera durante ni después de su derrota militar. En efecto, si bien algunos huyeron y otros negociaron su libertad entregando a sus compañeros cuando les fue conveniente o necesario, no pocos se las ingeniaron para mantenerse en las sombras o en las semipenumbras facilitadas por los medios, al acecho y espera de la oportunidad propicia para reintegrarse a la sociedad e integrarse en el poder. La llegada de Raul Alfonsín fue esa oportunidad en que los terroristas de los años anteriores tornaron como héroes y con los mecanismos para su venganza que un estado socialdemócrata puso a su disposición.Luego este proceso de persecución y descalificación a los militares represores y de apañamiento y reivindicación de los guerrilleros agresores –por supuesto con sus altibajos y no en forma lineal- se extendió entre disimulos y hechos consumados hasta culminar en el actual gobierno que, a todas luces, está dispuesto a preparar el asalto final sobre el poder pero ahora desde una posición más cómoda y menos riesgosa: ya no le hará falta a esta izquierda política las armas a las que recurrió –como si se tratara de un principio y de un derecho- la generación anterior (a la que pertenece por edad y por convicción el presidente).Volvieron sin responsabilidad penal ni sanción moral, de la

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mano de los políticos "democráticos" o mezclados e intercambiados con ellos.La sociedad –que había sido víctima de la acción terrorista- se olvidó, se confundió, se ablandó y, en definitiva, terminó bajando los brazos. De alguna manera y mediante la presión de la clase política y de los comunicadores perdonó sin comprender a los perversos de ayer que, por la magia mediática, pasaron a ser las víctimas y los justicieros de hoy.El señalado es uno de los factores a los que hacíamos referencia al comienzo que agravaban nuestra situación nacional, el advenimiento de la izquierda que empuñó las armas o que comulgó con la práctica de la violencia 30 años atrás, en primer lugar el propio presidente (que no sólo carece de títulos políticos para ejercer la primera magistratura sino jurídicos puesto que perdió las elecciones de donde proviene su gobierno). Pero el giro que la llamada cuestión de los derechos humanos dio o está dando en la región no es menos alarmante. Los principales países están en manos de operadores de la izquierda (una izquierda que no por "ligth" es menos peligrosa). Venezuela es el caso más notorio, probable alimentador del terror en su vecina Colombia; Brasil es con Lula a la cabeza el más contundente por sus dimensiones y sólo habrá que esperar que reorganice las fuerzas que lo llevaron al poder –hoy alteradas por sus sistémicas heterodoxias- y que solucione la multitud de problemas internos y externos que lo acosan para que insista en sus antiguas lealtades. Uruguay, según los indicios disponibles, posiblemente pase a integrar los estados dominados por esta misma izquierda que, en rigor, lo único que recuerda y que retiene de su pasado es el odio por el orden natural y su nunca saciada vocación de venganza. El más reciente caso de Chile, en el que un grupo de generales que acompañaron en su gestión a Augusto Pinochet hizo un reconocimiento de culpas más o menos reticente, viene a completar un cuadro regional que apabulla e indigna. Apabulla porque todo insinúa la actuación de fuerzas misteriosas que coinciden casi al mismo tiempo en descalificar y desarticular a sus ejércitos. E indigna porque se precipita un juicio que sólo está reservado a Dios y, como se suele decir, a la historia y, en lo inmediato, a los jueces a los que se deja intervenir (sólo se admite a los adictos. Se comete de esta manera una gran injusticia, se instala la estructura de la injusticia al condenar a unos sin aceptar las razones de la guerra y absolver a otros exaltando y honrando sus motivos e inspiraciones. Aquí, extrañamente, no se aplica la ley del vencedor sino la del vencido y eso en forma implacable.Es este contexto continental lo que acentúa la realidad argentina a partir de Kirchner y sus cercanos y peores colaboradores (Bielsa, Duhalde, su propia cónyuge, ahora el equívoco y solterón Zafaroni y otros más con los que nos sorprenderá) No hay resquicio de poder que no esté dispuesto a ocupar con sus compañeros para reivindicar a su mística generación del 70.Ni tampoco se descuidaron los espacios extra233

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poder, esto es los que se hallan fuera del gobierno a los que se les otorgó una función en absoluto primordial, la de continuar, explicar y justificar, disimular, exaltar o deformar lo que se hace o se deja de hacer en el gobierno mismo.********************************************************************** 2 - EN REALIDAD LA IZQUIERDA NUNCA SE FUEE A la luz de los acontecimientos y actitudes que el gobierno produce o precipita se puede concluir que, sin embargo de lo dicho antes, la izquierda nunca se fue. Más claramente: vuelve no una izquierda nueva sino renovada, más militante, más desfachatada y agresiva porque ahora dispone del poder decisivamente. Se mantuvo agazapada a la espera de una nueva oportunidad. Ha llegado. Esta vez no por el camino de las armas que habían intentado al comienzo –quedaron escarmentados pero no arrepentidos de aquella experiencia de los 60 y 70- sino por el de los votos. Pero tampoco esto es exacto. La izquierda que con Kirchner a la cabeza tomó el poder para hacer desde arriba lo que no pudo desde abajo, no llegó por la voluntad popular. Los argentinos no lo votaron y es una indecencia y un abuso ejercer un gobierno mal habido y sólo alcanzado por una tosca ingeniería electoral que urge reformar mientras es tiempo. No es posible llevar adelante una revolución progresista en nombre de nadie o de una minoría alevosa y sin escrúpulos. La presidencia de Kirchner es, por lo tanto, ilegítima por su origen (ya que no alcanzó siquiera la primera minoría) y por su ejercicio ya que no atiende al bien general sino a su minúsculo grupo de seguidores; los que a medida que pasa el tiempo se parecen más a cómplices.A casi tres meses de gobierno se puede destacar una condición del mismo. Kirchner no gobierna sino que aparenta, "hace creer", no ha formulado una verdadera política de fondo. Se limita a satisfacer su ideología, a imponer sus rencores, a atender los requerimientos de sus compañeros de aventuras de otrora. Es como si todo volviera, como si ese pasado ignominioso al que se aferra con odio y con nostalgia tornara sobre nuestras cabezas cual fantasma que no termina de morir a pesar que la mayoría lo olvidó. O sea que Kirchner y sus bandas de entonces –que son más o menos las de hoy- están dispuestos a reivindicar no sólo la querella fratricida sino sus fines y, si preciso fuera, sus métodos.Para ello su principal y, quizá, única preocupación es ocupar espacios dentro y fuera del poder. Fue por la Corte y ya obtuvo su primer trofeo, Julio Nazareno; y va por el segundo, Moliné O’Connor. Apostó en el mismo sentido muy fuerte a favor de Eugenio Zaffaroni al que de un modo totalmente inédito e inexplicable publicitó en una costosísima solicitada de dos páginas en los principales diarios en la que 234

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cuidadosamente eludió toda referencia personal para evitar la deshonra que el presidente no se atrevió a asumir como sí lo hizo su correligionario Ibarra en la Capital. Nadie puede dudar que el presidente necesita y quiere un poder judicial adicto que lo acompañe en su ideología más que en sus programas. Programas que no tiene y que no le interesan sino en función del afianzamiento de su gobierno revolucionario (en la medida en que pueda haber una revolución auténtica en el mundo moderno). Bonald dijo con toda razón que "los hombres del partido revolucionario no pertenecen a su país, pertenecen a la Revolución". Hoy lo podemos comprobar trágicamente: Kirchner no gobierna para la Argentina sino para su ideología..¿Qué es y qué se propone este elenco que se alzó con el gobierno en una tarde de recuentos de sufragios ajenos? Lo primero que se advierte y lo más evidente es reinstalar en la sociedad los antiguos esquemas en los que el presidente se formó en su juventud. Es decir, pretende traer al presente sus ideas, sus vituperios, sus "slogans" de treinta años antes. Los mismos que fracasaron en su momento y los mismos que introdujeron profundos factores de división, enfrentamientos y hasta de disolución en el interior de la nación. ¿Es que se puede gobernar sobre y desde la incertidumbre, recreando nuevos y viejos factores de perturbación, reavivando una guerra que terminó por la derrota de un bando y se extinguió por la indiferencia de un pueblo que no aceptó nunca las reivindicaciones terroristas? ¿Quién tiene derecho a eso? Nadie y menos un presidente elegido (sí es que lo fue) para solucionar otro tipo de problemas y no para insertar planteos y divisiones que pocos (sólo "ellos") entienden. Esto se llama gobernar de espaldas al país, gobernar para "ellos". Sin perjuicio, por supuesto, que llegado el caso lo harán contra el país mismo.********************************************************************** 3 - ¿QUÉ CLASE DE JUSTICIA INDEPENDIENTE?? Entre tantos otros, el presidente tuvo una expresión singularmente desdichada cuando en París le preguntaron por la suerte del capitán Cavallo que acababa de ser arrastrado a una cárcel madrileña. "El estado no defiende delincuentes", dijo levantando la voz para que lo escucharan las Madres, las Abuelas y "cogote"Bonasso, su ahora empleado. ¿Cómo así? Antes que nada ¿cómo afirma que su compatriota sustraído a sus jueces naturales es un delincuente ¿no es que nadie lo es hasta tanto se lo declare tal? Y es más: el militar había sido juzgado y absuelto (o sea que no se benefició con ninguna amnistía) y por eso no puede volver a serlo y menos ante un tribunal incompetente. Pero Kirchner, llevado por sus odios y prejuicios, incurrió claramente en el delito de calumnia al acusar a un inocente de una conducta criminal ¿O es que, entonces, no está dispuesto a respetar a la justicia o la respeta cuando le conviene? ¿Se le puede creer cuando 235

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dice que quiere un poder judicial independiente? Es que para un izquierdista –él mismo malhechor frustrado en su juventud- nada hay, ni patria ni moral ni derecho, por encima de su ideología Además no es cierto que el estado no defienda delincuentes pues el Ministerio Público se hace cargo de quien lo precise para que nadie quede indefenso, ni siquiera el peor de los criminales. Pero ni siquiera esto es lo central en la perversa manifestación del presidente sino que lo más agraviante es que, de hecho, dio su conformidad de un modo público y en el extranjero para que jueces de cualquier país atrapen a ciudadanos argentinos (con más satisfacción si son militares) y los juzguen contra viento, marea y derecho. El presidente que nos impusieron aplaudirá porque es más izquierdista que argentino, más ideólogo que gobernante.Y para que no se crea que se queda en las palabras derogó –entre las palabrotas de Bonafini y las lágrimas de Carlotto- el decreto de De la Rúa que disponía el rechazo "in límine" de los pedidos de extradición de acusados por delitos cometidos en la Argentina. Es un acto deshonroso (lenguaje éste que nadie en el gobierno actual puede entender), una renuncia a la soberanía nacional, gesto nada extraño en quien se precipitó a acudir a una cita con Bush, apenas éste hizo chasquear los dedos para convocarlo. (ver carta aparte).La Guerra, pues, continúa. Y como ayer por iniciativa y voluntad de los subversivos de entonces y de hoy; sólo que con otros métodos menos salvajes pero no menos perversos; esto sólo porque no los precisan: quien se emocionó en la oficina de Salvador Allende y quien reivindica a un asesino sistémico como Santucho o se abraza con Castro mientras éste dispone el fusilamiento de tres opositores, no puede decir que dio su adiós a las armas sino que las sustituyó por otras herramientas de destrucción más aptas.No nos engañemos. Reanudar una guerra acabada bajo la excusa de terminar con la impunidad es una farsa y una hipocresía. Lamentamos que sea el presidente quien incurra en semejante comportamiento rufianesco pero no podemos dejar de gritarlo a los cuatro vientos. Hay que tomar conciencia de ello y de que, a partir de este momento (o, si se prefiere, del 25 de mayo pasado) la república ha vuelto al estado de guerra y la sociedad a dividirse como, quizá, nunca antes ni en las más sangrientas épocas de la historia. Pero hay que saberlo. No debemos seguir como si nada estuviese ocurriendo ni como si todo se tratase de un episodio judicial normal. LA GUERRA CONTINUA, SE HA REANUDADO, en un sentido más solapada, en otro más frontal. El enemigo está allí, en cada juez débil o injusto, en cada legislador corrupto o acomodaticio, en cada funcionario cómplice, en cada comunicador complaciente o tramposo. Hay que volver a levantar los brazos porque esta vez la izquierda que no se fue, retornó. Y triunfante, casi por casualidad. Y avanzará hasta donde se le permita. Es responsabilidad y obligación de todos detenerla en la inteligencia que 236

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cuanto más avance más soberbia y poderosa se hará. Y también se legitimará. A la revolución –aun ésta, escondida detrás del liberalismo económico y de la asepsia cultural- no le interesa el derecho ni la democracia ni el bien común sino su victoria final. Aprendámoslo de una vez para siempre. Nos va el estilo y la vida por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 47 – septiembre del 2003

Contenido: 1 - LAS CONTRADICCIONES 2 - LA NACIÓN DIVIDIDA ********************************************************************** "LAS CONTRADICCIONES" El presidente Kirchner y muchos de sus hombres incurren a cada paso en contradicciones vivas que nadie se recata en denunciar y menos en corregir. He aquí algunas: 1) El presidente tuvo palabras perentorias de condena al terrorismo en su primera visita a Estados Unidos. La Argentina adoptó, pues, como política de estado una voluntad de combatir esa actividad tan deleznable a nivel global, pero. ¿en el plano local? ¿Cómo se compatibiliza ese compromiso internacional – combatir ese terrorismo presuntamente de origen árabe, inubicable y nunca probado - con el claro apoyo que se le presta al practicado en nuestro suelo mediante tres artilugios:  la persecución de quienes lo enfrentaron,  el retorno de quienes lo prohijaron a altos cargos del poder (Bielsa, Duhalde, Bonasso y un interminable etcétera) y  la reivindicación disimulada del terrorismo mismo al negar su existencia.2) Declarar la caza de militares argentinos – ordenando su captura y procesamiento y complaciéndose en ello - al tiempo que otorga inmunidad a sus pares norteamericanos de manera que a aquellos se los condenará por lo que hicieron –si es que lo hicieron- hace 30 años y a éstos se los perdona para lo que hagan próximamente.3) El actual se pretende un gobierno democrático en el que cada uno tendría libertad para decir lo que le plazca. Sin embargo el jefe de gabinete – no sabemos cual de los Fernández es - advirtió que ninguno de ellos está para opinar sino para gobernar de modo que los inhabilitó para mantener el menor disenso con el jefe. ¿Tan férrea disciplina es compatible con el declamado pluralismo con que se engalana Kirchner?.4) El presidente aprovechó la primera oportunidad para responderle con una burda filípica al general Brinzoni al que destituyera apenas llegado al gobierno - por las quejas de éste en su discurso de despedida. 238

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No se mostró tan severo ni celoso de sus fueros frente a los reclamos de la DAIA y de la fundación Wishental que le rezongaron por manifestaciones del actual Comandante en Jefe, general Bendini, supuestamente antisemitas. Aquí, en cambio, fue delicado y comprensivo con los impugnadores poniendo al más alto oficial del Ejército Argentino bajo una investigación por sus dichos. ¿En estas manos está el honor nacional? ¿En estas manos la seguridad nacional ya que no se le permite al responsable último de la misma formular sus hipótesis de conflicto por no ofender a una minoría?.****************************************************************************** "LA NACIÓN DIVIDIDA" Néstor Kirchner llegó al gobierno con varias promesas, de ellas probablemente la más atractiva - y la más perentoria - haya sido la de asegurar la unidad de los argentinos, de todos los argentinos. En ningún momento hizo referencia a un programa que, sin embargo, está llevando a cabo con perversa tenacidad.Ese programa consiste, como es obvio ahora pero no lo era antes, en volver a la problemática de ese período que él considera la etapa áurea de la democracia argentina, los míticos 70, los del terror indiscriminado. Volver a una problemática como aquella significa el retorno a todas sus inquietudes e iniquidades, reclamos, expectativas, propuestas, personajes y ... métodos, sin rectificación ni arrepentimiento.Y sin castigo, excepto para un bando, precisamente el triunfador o sea el que se opuso –utilizando idénticos procedimientos- a la agresión sistemática del terrorismo. Esa vuelta atrás es irracional por más de un motivo.En primer lugar porque su simple planteo (o, mejor dicho, replanteo) resulta anacrónico; si exógena y artificiosa fue su introducción en ese entonces –plena Guerra Fría, Cuba exportadora de la revolución, la Unión Soviética disputando la periferia- después de tres décadas resulta incomprensiblemente suicida.Etapa en la que acaecieron modificaciones sustanciales, entre otras la hecatombe de la Unión Soviética y con la misma la extinción de uno de los dos grandes polos de la contienda global, la desaparición de factores políticos hasta ese momento en completa vigencia, la concordante aparición de nuevas perspectivas de valores y de pensamiento, la disolución de lealtades por las que aun se mataba y se moría, el cambio o abandono de convicciones que se creyeron profundas (y que, en muchos casos, en verdad lo eran), la sustitución de categorías culturales que todavía estructuraban a Occidente; en fin, si bien la violencia a la que se recurrió en nuestro continente y en nuestro país como una metodología puesta en práctica de un modo simultaneo y coordinado respondía en cierta medida a causas de fondo, a deseos insatisfechos, a una cierta vocación de justicia inmediata –lo típico de la utopía-, todo eso cayó,

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quedó atrás, perdió inclusive el perfil idealista y la apariencia de bondad exaltada que presentaba. Se trata de un pasado que fue superado y lo mejor –quizá lo único- que se puede hacer hoy, treinta años después, es sepultarlo, olvidar tanto los errores como los terrores, intentar forjar un proyecto común y posible.- Para lo cual es más útil olvidar que castigar, arrepentirse que perdonar. En todo caso resulta evidente lo que hubiera sido una república estructurada y gobernada por energúmenos capaces de atrocidades como las que cometieron y acometieron aquellos "utópicos" que ahora el presidente tanto extraña que los manda llamar.Lo dicho en especial para el sector que tomó sobre sí la responsabilidad enorme de iniciar las hostilidades. Hay, pues, que empezar por reconocer que hubo una guerra, una guerra nueva y desconocida en su formulación moderna. Era la Guerra Revolucionaria. Mucho se ha hablado sobre la misma y ahora la infamia consiste en negarla. Cuando se pretende recuperarla en los términos en que se lo intenta bajo el gobierno de Kirchner se incurre en trampa, en malicia, en falsedad histórica. Porque las cosas no sucedieron como se las están exhibiendo en una versión entre ramplona y mentirosa, entre funambulesca y alienante.Los sucesos se desarrollaron, a pesar de todo, de una forma más racional y explicable y con un entretejido más complejo que el maniqueísta con que se lo expone desde el oficialismo actual y desde los medios de comunicación adictos. Hubo un agresor que con mayor o menor reticencia terminó por coincidir a pesar de las diferencias de enfoque (estratégico-táctico, político, programático y hasta doctrinario) bajo la común denominación de terrorismo: el terror fue el vínculo que acercó y que unificó y que, en definitiva, identificó a Montoneros, al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y a otras fuerzas menores pero no más inofensivas.Si no se acepta este presupuesto de hecho es imposible intentar cualquier debate ni proponer cualquier comprensión: si no nos ponemos de acuerdo sobre lo que fue el pasado, sobre lo que realmente ocurrió en un pretérito que algunos se esfuerzan en deformar o negar, no será viable ni legítima ninguna convivencia.Ante la agresión se produjo la reacción propia de todo cuerpo vivo y sano; o sea la defensa de todo un sistema agraviado y puesto en cuestión y riesgo. Nos aproximamos ahora a la verdad que es indispensable para que las generaciones nuevas conozcan, comprendan y acepten que se trató de una guerra sin más; de una guerra de características especiales y extraordinarias a las que fue necesario y lícito hacer frente con recursos también extraordinarios. No es decente desvirtuar ese tramo de nuestra historia, haciendo recaer 240

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toda la responsabilidad de la sangre derramada y de la muerte sembrada sobre aquel que se defendió, eximiendo de culpa y sanción a quien tomó la iniciativa. Tanto peor cuanto que de esa postura se derivan castigos judiciales y persecuciones interminables, profundamente injustas y por completo ilegales.No se deja pensar a la sociedad argentina. Tanto se la abruma con falsas anécdotas horripilantes que la narrativa de los subversivos se vuelve pueril y confusa, beneficiándose con un a-criticismo que fuerza su aceptación sin más. Se la aturulla con un discurso constante y unilateral que no admite la disidencia; se ha llegado incluso a declarar delictiva la defensa o el simple elogio de los hombres que tomaron a su cargo la represión.Digamos al pasar que uno de los núcleos de la tramoya – montada apenas asumido el primer gobierno democrático - reside en juzgar al represor por sus "abusos" haciendo caer así los "usos", es decir confundiendo los excesos con los justificativos y para ello nada mejor que desnaturalizar e ilegitimar la guerra sin más y en su totalidad, sin permitir una discusión serena ni un atisbo de explicación.La represión – que, como era lícito e indispensable, pasó de la mera defensa pasiva al ataque abierto, yendo a buscar al enemigo en sus madrigueras, escondido en los más ocultos e inesperados resquicios de la sociedad (partidos, parroquias, sindicatos, clubes, ONG, etc.) - no surgió de la nada ni obedeció a alguna demencia colectiva que afectó a los oficiales de las Fuerzas Armadas de un día para el otro. Aunque suene a infantil esto hay que recordarlo y resaltar porque eso es lo que queda en la versión de los subversivos.Insistimos en que si no se coincide en la realidad de los hechos – la interpretación correrá luego a cargo de cada analista - no se podrá dejarlos en el pasado, donde deben quedar si es que estamos dispuestos a vivir en paz y a no volvernos locos. Recordarlos es revivirlos y revivirlos -por lo menos en la situación actual, con este gobierno integrado por sobrevivientes de aquella lucha- equivale a restablecer la enemistad entre argentinos, un odio pensado en el extranjero para consumo interno.El gobierno progresista que nos conduce (¿adónde?) quiere reivindicar la guerra subversiva, no darla por terminada, quiere continuarla imponiendo no ya sus métodos sino sus principios y apenas si puede disimular su bronco discurso de otrora el que le brota cada tanto en la voz de sus funcionarios más prominentes.por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 48 – octubre del 2003

"Carta al Presidente de la Nación" Señor presidente Néstor Kirchner: En mi carácter -ni más ni menos- de argentino, me dirijo a V. E. con respecto a sus palabras pronunciadas ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el día 25 de septiembre del año 2003, palabras las más desdichadas, injustas y mentirosas que pudo pronunciar un compatriota en la situación actual. En virtud de todo lo cual le digo: V. E. habló –de hecho, no de derecho, como lo demostraré a continuación- en nombre del pueblo y de la nación argentinos cuando, dirigiéndose a la comunidad internacional allí reunida, afirmó que "nosotros somos los hijos de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo". Si esta expresión es textual o no poco importa ya que es fiel y ese fue su concepto y esa su intención.No admito semejante suposición que V. E., sin autoridad intelectual ni institucional alguna, ha presentado ante el mundo como una suerte de doctrina de estado, de dogma nacional o de axioma colectivo. Como una postura ya adoptada o compartida por la unanimidad o por la mayoría de la sociedad argentina, como una opinión que ya nadie pone en discusión ni puede ni debe hacerlo. V. E., por este método, ha erigido su opinión personal o de sector en una declaración social que compromete al pueblo actual y de ahora y en adelante, dada la solemnidad de la ocasión elegida y la calidad del auditorio al que se dirigió. Sin embargo tal suposición no es más que eso, una suposición, una pretensión enteramente subjetiva y que solo puede alcanzar su responsabilidad como individuo y no como funcionario. Pretender lo contrario -esto es, que una declaración temperameental, inconsulta e intempestiva es la de toda una nación- es echar la base para el totalitarismo con que V. E. viene amenazando a los compatriotas que no lo votaron (que son la inmensa mayoría) y los que lo votaron, que son de lejos los menos. Para decirlo de una sola vez: V. E. ha tomado una actitud prepotente, ilegítima, falsaria y usurpadora. V. E. no tiene en modo alguno ningún derecho a proceder como lo hizo porque ha incurrido en un exceso en la representación del país y en un abuso de confianza al imponer como general su apreciación personal. 242

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V. E. me está sustituyendo ante el mundo y alterando en mi fuero íntimo. Porque yo no creo en lo que dijo y le desconozco la facultad para proceder de tal manera. Y como yo, una multitud de argentinos que tampoco se sienten comprometidos en su declamación; ellos también se saben usufructuados, trampeados y utilizados por V. S. y su corte de ideólogos. Son millones de argentinos que no comparten su postura ideológica ni sentimental porque no nos consideramos (ni queremos ser) hijos de las Madres. En todo caso los hijos carnales de estas Madres están muertos en combate en una guerra que ellos mismos provocaron y eligieron. Merecieron la respuesta recibida.Está claro que V. E., como primer magistrado que es (sin detenerme ahora en la consideración de la bondad de sus títulos democráticos como gobernante, harto discutibles desde que perdió la primera vuelta de las elecciones de abril pasado y ganó por la deserción de su correligionario y adversario Carlos Menem) dispone de la capacidad para obligar a la Argentina jurídicamente en las compromisos que adquiera (como la firma del acuerdo con el FMI, por ejemplo) pero no la de forzarla política ni principistamente asumiendo una representación que no se le ha concedido ni V. E. ha requerido. V. E. de esta manera está dando un salto por encima de la voluntad social argentina (que no fue consultada sobre cuestión tan extrema como que una definición a su respecto determina o podrá determinar una estructura por completo nueva del organismo argentino). Sepa V. E. que no existe motivo alguno para que ejerza una representación no concedida ni para que V. E. intente la extrapolación de sus criterios íntimos al resto de la sociedad que circunstancialmente conduce.Se está, pues, ante un acto de PREPOTENCIA en el sentido que indica el Diccionario de la Real Academia: abuso de poder, ostentación del mismo. V. E. fue más allá de lo que le estaba permitido y de su mandato legal no sólo al hacer que el país asuma una valoración sobre el pasado sino el de presentar esa opinión como un hecho consumado y definitivo, irrecurrible. Esto es un golpe dialéctico, una trampa moral y, en lo básico, una inexactitud.Pero por lo que llevo dicho, se trata también de una usurpación en cuanto V. E. maneja, administra una voluntad general que debe y puede presumir que no lo acompañará. No es un dato menor el que V. E. no trató en la campaña electoral el tema del terrorismo y de la represión de dos décadas atrás y si lo hizo fue en forma tangencial y discreta. ¿A qué sacarlo ahora repentina y agresivamente a la superficie en momentos en que al argentino medio lo cercan otros problemas y otras injusticias, no pocos de los cuales derivan de la gestión de V. E.?

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V. E. usurpa de este modo el centro de decisión de la nación argentina en tema tan trascendente como es el juzgar a unos y a otros de los actores de la violencia pretérita. Este es uno de esos temas que no pueden quedar a cargo para su juzgamiento y valoración de los propios protagonistas. Además, como una virtualmente inconmovible experiencia histórica lo indica, todo ello ha de quedar a cargo de las generaciones posteriores que contarán con más elementos de categorización y mejores perspectivas -y un estado anímico más sereno y reflexivo- para un pronunciamiento último, si es que es posible. En todo caso, advierta V. E. que la Argentina -la república a cuyo frente se encuentrra hoy- se formó y consolidó en base no tanto de perdón como de olvido, consiguiendo así la conjunción y coincidencia de los esfuerzos (incluyendo sacrificios y renuncias) de los bandos enfrentados. La Argentina no se hizo una y grande restallando el látigo del odio ni izando la bandera del rencor ni disfrazando venganza bajo la apariencia de justicia. Siempre requirió (y con frecuencia obtuvo) las convenientes cuotas de prudencia y de generosidad, por encima de proyectos y de idearios, sin pretensiones de monopolizar las victorias ¿Será mucho esperar un gesto de similar grandeza de los gobernantes contemporáneos? ¿O la magnanimidad –esa gran virtud olvidada- ya es factor del pasado? ¿La pequeñez actual no admite ningún optimismo? Pero lo que es insostenible, lo que constituye un agravio al buen sentido, lo que es, sin más, una postulación irracional y anti-ética es su afirmación central que señala que "somos hijos de las Madres y de las Abuelas". Yo, repito con el tono más enfático, no lo soy de ninguna manera y agradezco al Cielo no serlo y tener buena conciencia de ello. Pero fíjese V. E. lo que está diciendo y proclamando ante la opinión pública internacional. Ni más ni menos no sólo justifica sino que reivindica los crímenes de los "hijos de las Madres" a los que desconoce o legaliza. Con lo que V. E. se vuelve voluntariamente cómplice de esos crímenes ¿Es esa su intención, su propósito, su programa? ¿Podemos llegar a decir que tenemos los argentinos a un apologista del crimen organizado y sistemático de presidente? ¿A un hombre que se solidariza con quien manifestó su satisfacción por la voladura de las Torres o se plegó al accionar terrorista de la ETA o reclamó armas para la revolución y todo a voz en cuello y en ámbitos públicos? ¿No se considera V. E. implicado en la figura de apología del delito por esta declaración ante la ONU? ¿O está V. E. buscando limpiar su pasado imponiendo desde el estado que ahora encabeza los principios, objetivos y métodos que aprobó y compartió en su juventud de estudiante? ¿Reconoce V. E. –sí o no, explícitamente- que hubo 244

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guerra en los 70, que hubo terrorismo, que hubieron asesinatos y secuestros por iniciativa de grupos próximos al joven Néstor Kirchner en la horrible década del setenta? Es impostergable que V. E. hable con sinceridad y con valentía elemental para que toda la sociedad sepa a qué atenerse, qué es lo que su más alto mandatario se propone, que cabe esperar de él, cual será su futuro. Porque comprenderá que una será la Argentina que se levante sobre una cierta concordia y otra, totalmente distinta, la que se edifique según los valores, la mentalidad y procedimientos de quienes echaron mano a la violencia sistemática para alcanzar el poder e imponer su estilo de vida y su régimen ideológico. Anunciar la filiación que V. E. señaló en la ONU coloca a los argentinos en el más espantable ridículo pero, además, hace al estado cómplice de los terroristas de veinte y treinta años atrás. ¿V. E. toma sobre su cabeza la responsabilidad del terror de entonces? Dígalo y habrá caído la legalidad de su mandato y, en consecuencia, cesado el deber de acatamiento y obediencia. A todo evento ¿puede ser comandante de las Fuerzas Armadas quien se solidariza solemne y expresamente con el principal enemigo que éstas debieron enfrentar desde la Organización Nacional? Por lo demás no tome esta interpretación como una conclusión excesiva y maliciosa de mi parte. Fue la misma Hebe de Bonafini quien, en su tan poco pulimentada prosa, la extrajo en su publicación electrónica donde dijo donde dijo (comentando su intervención en la ONU) que si el presidente se encolumna detrás nuestro es porque quiere lo mismo que "nosotras y nuestros hijos". No es un sofisma sino, muy por el contrario, una ecuación lógica correctísima, trágicamente correcta. En rigor se trata de una doble conclusión: reconoce –no sin alborozo- que el primer magistrado argentino se ha encolumnado detrás de la organización que preside y, en segundo lugar, si lo ha hecho es porque quiere la nación, el estado, la sociedad que anhelaban sus hijos para lo cual éstos llevaron una guerra crudelísima, dirigida e inspirada desde el extranjero, sin cuartel y sin reglas, matando y muriendo ¿Es así, como lo dice Hebe Bonafini, "su" madre? Niéguelo o acéptelo, su pronunciamiento es crucial y nos es debida a todos.Ahora bien, V. E., curiosamente en el mismo discurso en que se declaró hijo de las Madres (es decir, terrorista, adicto o proclive a la práctica del terror) anunció su rechazo a su ejercicio en el mundo de hoy. Es incomprensible y si se persigue una explicación no se puede concluir sino que hay una mendacidad. Yo creo y digo que V. E. miente, porque si condena el terrorismo – como con la máxima claridad lo afirmó- no puede admitir ni, menos, 245

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exaltar el que llevaron a cabo los hijos de las Madres; si aprueba el accionar de éstos es incoherente e inverosímil que la repruebe a nivel mundial cuando afecta a terceros países como Estados Unidos. Acepta o condena "in totum" al terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones, bajo cualquier estrategia y en cualquier condición, circunstancia y lugar. O debe reconocer que hay un terror malo y otro bueno, uno justificado y otro que no. Es su deber aclarar todos estos puntos. Porque lo que V. E. ha hecho en la Asamblea de la ONU es proponer y proyectar la nación que quiere, que es la que hubiera surgido de las garras teñidas de sangre de aquellos hombres y mujeres que hoy ofrece como paradigmáticos, como ejemplos a seguir. ¿Ignora V. E. que hubo terrorismo en la Argentina, insiste en desconocer esa realidad, en legalizar esa violencia? Si persiste en semejante ficción es porque desea que la sociedad olvide y que la nueva generación se equivoque de nuevo o, simplemente, que se mantenga en la indiferencia. V. E. con este comportamiento se ubica al lado de los terroristas a los que no sólo protege sino que avala.Esto sin considerar que V. E. ha desconocido el principio que en lógica se llama de contradicción y en ética ha incurrido en el vicio de la falacia.Pero ¿en nombre de quien actúa V. E.? Repito el interrogante inicial ¿quién, quienes le dieron mandato para aprobar y apoyar la guerra subversiva y condenar la represión? ¿Y porque no lleva sus convicciones hasta el punto final y adopta sin más el programa de Montoneros, del ERP o del grupo que prefiera y convoca a los sobrevivientes para ponerlo en funcionamiento? Por supuesto que, para no volver a engañar al pueblo, deberá reabrirse el debate y en forma pública poner a su consideración si han de tornar los terroristas de ayer con sus planes y métodos. En primer lugar hay que ponerse de acuerdo sobre qué entienden V. E. y sus acólitos por "derechos humanos", qué por "delitos contra la humanidad" que serían imprescriptibles e imperdonables por cualquier otra vía, qué planean sobre la vigencia del derecho penal en especial y de la seguridad jurídica en general. Por supuesto no escapa al criterio de V. E. el riesgo inmenso que afecta al ordenamiento jurídico argentino en virtud de diversas disposiciones adoptadas por su gobierno en varias áreas; en la que en esta carta interesa los golpes que el derecho penal y el procesal están recibiendo para su acomodamiento a las aspiraciones vindicativas, son patentes y patéticas. En su reciente calidad de hijo de las Madres y de las Abuelas, V. E. ha enviado al desván de los tratos inútiles principios tan preciosos como los de cosa juzgada, territorial e irretroactividad de las leyes. Con lo que V. E. ha puesto

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en peligro de muerte todo el régimen de garantías que hacía de la Argentina una república.Encarezco al Señor de la historia y de las naciones ilumine a V. E. respecto a la defensa y administración de los derechos de todos los argentinos, sin favoritismos para unos ni persecuciones para otros, según lo marque su voluntad que no es omnímoda ni, ciertamente, infalible. V. E. debe presentarse ante su inteligencia y su corazón el bien común nacional como objetivo último y justificante de su gestión y de su conducta pública y no atenerse a los influjos de facción que en estos días predominan en su ánimo y en su gobierno. Señor presidente: ajústese a derecho y a prudencia.Finalmente -pero en modo alguno lo menos importantte- me pregunto con auténtica angustia argentina si puede ser comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de mi país quien no sólo pactó sino que se solidarizó con el enemigo, con aquél que les infligió mayor cantidad de víctimas –y con más crueldad- que el invasor británico. Con aquel que, como V. E., desconoce que haya habido una guerra y niega ese enemigo cruel que, como todo lo indica –y sus palabras en particularpugna por volver, que ya se ha reinstalado entre nosotros ¿armado, desarmado?.En todo caso, reitero que V. E. no tiene derecho a sustituirse a la nación, a reemplazar al Estado, a deformar a la república ni a pensar por los argentinos imponiéndoles sus preferencias y sus rencores. Dios guarde a la Patria por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 49 – noviembre del 2003

Contenido: 1 - Las trampas oficiales 2 - Cuadro de situación

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¨Las trampas oficiales¨
El presidente -hombre sumido en sus incoherencias con tal de atender sus convicciones- encomendó a uno de los suyos, un ignoto diputado Gómez, para que presentara un proyecto de ley en verdad desopilante por lo arbitrario. Hecho a la medida de las necesidades de la izquierda en que ambos militan, el proyecto dispone la amnistía para todos los delitos cometidos por quienes reclamen por cambios sociales, mejoras salariales y otras cuestiones afines con excepción del homicidio que suena tan feo. Quedan fuera del beneficio los policías y demás representantes del orden público a los que, por el contrario -por ley ya aprobada se les agrava la pena- que hubieren caído en excesos. La iniciativa es tan irracional y chocó con tanta resistencia que probablemente el gobierno no la fogonee más o, que llegado el caso, la vete. Es difícil recordar un intento más descarado y más tosco para dotar de impunidad a los transgresores sistemáticos y cotidianos (se calcula que en todo el país hay más de 3000 procesados por causas tan idealizadas) buscando, se lo reconozca así la legalización virtual de semejantes métodos de actuación. El texto contiene tantos defectos jurídicos y de redacción -fruto sin duda de la precipitación y de la falta de idoneidad de sus redactores) que no puede ser abordado con seriedad. Baste con decir que no se preocupa por acotar mínimamente los hechos amnistiados ni el tiempo en que se produjeron de manera que en una referencia tan vaga e indeterminada todo cabe, desde la privación de la libertad hasta la destrucción de bienes, amenaza, ocupación de lugares públicos o incitación al delito. Se trata de una amnistía general, tanto que llega a lo abstracto y cualquiera que alegue (sin necesidad de probarlo) que realizaba un reclamo o que esa era su intención quedará comprendido en la ley.-

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Se comprende que esto acelera la muerte del estado de derecho o la extinción de sus últimos restos, tarea de la que se hizo cargo con fervor ideológico el propio Kirchner que por algo nombró en su gabinete a los peores representantes (aunque sean sus saldos) de la izquierda terrorista de otrora. Porque esto significa la creación de un margen de impunidad para atrás y para el futuro- a favor exclusivo de un grupo de marginales vecinos del hampa que sólo precisarán poner su nombre para quedar fuera de la sanción prevista para cualquier otro ciudadano. O sea un contingente de privilegiados en un doble sentido: por un lado que reciben sueldo sin trabajar (que paga el estado, es decir nosotros) y, por el otro, que no son castigados por sus infracciones por graves y repetidas que sean.Lo que el primer magistrado se propone a todas luces es retribuir a quienes contribuyen al caos del que el gobierno espera sacar algún provecho. Pero también domesticar esas poco confiables muchedumbres que trasladan la misma energía del tablón de la cancha al puente o la avenida. Todos los muchachos convocados saben pedir, usufructuar y destruir pero no todos están dispuestos a ir más allá de la coyuntura inmediata (saquear un comercio, hurtar algún electrodoméstico, hacer añicos una vidriera) y dejarse apalear por la policía o purgar sus faltas por ideales que apenas conocen ni comparten. Para eso es la ley. Una ley tan previsora que inhibe de antemano, aumentándole la pena, al que los reprima. La maniobra, en su torpeza y grosería, es perfecta en cuanto les asegura a los presuntos indigentes la impunidad penal y la tranquilidad en sus correrías.Lástima es que tanta labilidad para unos no se repita para otros, como los militares que sospechados de la comisión de supuestos delitos ya prescriptos deben continuar desfilando ante cuanto juez-empleado se le ocurra llamarlos. Hay aquí una clarísima injusticia que vuelve a la ley inconstitucional.. En este sistema democrático el principio de igualdad ha pasado a mejor vida, la de la farsa.**********************************************************************

¨Cuadro de situación¨
En nuestra preocupación por ser breves ante la dimensión de la situación sólo expondremos -sin dramatizar pero tampoco sin licuar la realidad ni aligerar sus términos- lo que ya es de público y notorio aunque pocos se den por enterados. Todo -lo que se conoce y lo que no, lo que sse sospecha y lo que se teme- indica que el viejo enfrentamiento entre la izquierda subversiva (se puede decir sin exagerar que toda lo es en una u otra medida y forma) y las fuerzas del orden (que lamentablemente, se niegan a llamarse y a considerarse de derecha porque esta asunción ideológica aclararía suficientemente la actitud, los principios y las convicciones y darían 249

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razón, fundamento y viabilidad a la reacción que cada día es más urgente) se ha acentuado de un modo ostensible. Se puede afirmar incluso que a partir de la llegada de Kirchner a la presidencia, el ataque subversivo adquirió un perfil más agresivo y global pero en cierto modo más sutil y pernicioso. Han dejado de lado las tácticas de ocultamiento y de disimulo, de "entrismo" e infiltración, tal como se venía operando desde el gobierno de Alfonsín y que no se detuvo en los posteriores. A partir de mayo de este año, con la designación en verdad emblemática y desafiante de Luis Duhalde en la Secretaría de Derechos Humanos o la de R. Bielsa en la cancillería y otros nombramientos similares, el panorama político-estratégico, si bien se volvió más tétrico (ahora es el enemigo el que gobierna) quedó también más claro. Ahora hasta el más indiferente o distraído tendrá que advertir la situación que se ha precipitado y la que con toda probabilidad se producirá en el futuro inmediato o mediato (habrá que seguir de cerca las presiones a que estará sometida la Corte, que se preocupa más por el poder que por la justicia y por las influencias que por el derecho, en especial a partir del ingreso de Zaffaroni). Los piqueteros que con los más diversos e inverosímiles reclamos ocupan las calles y cortan las rutas y cometen delitos de los cuales se los pretende exculpar por ley, indiscutiblemente están realizando actos de gimnasia pre-revolucionaria. Las campañas coordinadas y más o menos abiertas que se llevan a cabo desde la prensa escrita y desde la oral (radiofónica y televisiva). Las ilegítimas medidas adoptadas por ambas cámaras del Congreso. Las agresiones físicas o verbales contra el más insignificante de los opositores o el menor de los disensos (como el que sufrió la actriz Elena Cruz). La definición de argentinos como hijos de las Madres y de las Abuelas Estos y otros factores ilustran lo que acaece, lo que se propone la subversión desde los puestos claves del poder, las energías desatadas para alcanzar lo que no pudo en las décadas de los 60 y de los 70. La izquierda, armada o no, siempre va por más y está dispuesta a ocupar todos los espacios de poder formal e informal al precio que sea. QUIERE TODO EL PODER, sin compartirlo de ninguna manera. HA VUELTO LA GUERRA SUBVERSIVA, sólo que de otra forma y por otra vía, con menos espectacularidad y más discreción, con un discurso más apaciguado pero no menos insinuante: no quiere las armas porque no las necesita, ahora tiene a la mano el derecho (derecho en cuanto norma positiva al que maneja como quiere) y a los jueces y fiscales (a los que 250

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también maneja como quiere, salvo excepciones, convertidos en enemigos a priori de los represores). La República en la que estábamos acostumbrados a vivir y a convivir se deshizo o va camino de ello, lo que ocurrirá antes de lo que muchos esperan. Concretamente cuando se declare la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.En otras palabras, la izquierda, en sus variadas manifestaciones, ha redoblado el ataque y DOMINA EL CRITERIO DE LO QUE ESTA BIEN Y DE LO QUE ESTA MAL o sea que domina lo que los sociólogos llaman "conciencia colectiva" de suerte que hoy la gente opina o deja de opinar según las fórmulas de juicio que se le hacen llegar desde las alturas (en estas alturas se encuentran en lugar privilegiado los medios, por encima incluso de los dirigentes políticos) La izquierda, pues, está dispuesta -y ya cuenta con los recursos para esoa dar la batalla final, la que en su inteligencia tiene suspendida desde "aquellos años" que Kirchner añora. HA MONOPOLIZADO LA INICIATIVA Y AVANZA EN LA MEDIDA Y A LA VELOCIDAD QUE LAS CIRCUNSTANCIAS SE LO PERMITEN. Hoy se piensa en términos de izquierda y todos adoptan -aun sin saberlo ni quererlo- valores de izquierda o "progresistas" y así la "solidaridad" reemplazó la justicia social y la justicia retributiva consiste en perseguir a los militares mientras se exalta a los terroristas como idealistas a los que no hay nada que reprochar (ni ellos mismos tienen nada que reprocharse), salvo sus "errores" que no son sus crímenes sino sus fallos en la acción. La igualdad es la equiparación de la naturaleza y la antinaturaleza y la libertad es el derecho a practicar una u otra según plazca. La democracia no requiere el pronunciamiento de la mayoría (a la que no se tiene en cuenta para nada) sino que es el resultado de una ingeniería en cuya consecuencia el gobierno queda en manos de los que pierden, como ocurrió en las elecciones nacionales de abril y en las de la Capital en septiembre. La izquierda, en resumen, se instaló en la sociedad por dentro y por fuera del estado e impone las costumbres, las lealtades, los objetivos individuales y sociales. Y, como queda evidente, está decidida a arrasar con lo que le es distinto aunque ni siquiera le sea lo opuesto. La Guerra, entonces, ha tomado un cariz definitivo, a todo o nada, ha llegado a la faz de la intransigencia más total y las fuerzas progresistas están avanzando en todos los terrenos cada vez con menos recato y hasta con menos prolijidad (la pornografía es un instrumento de la izquierda haciéndola pasar como forma de libertad) porque cada vez son más poderosas y encuentran menos resistencia. No se detendrán ante nada mientras no tropiecen con dificultades que no puedan superar o que 251

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les exija un precio tan alto que no están dispuestas a pagar. HOY TODOS SOMOS IZQUIERDISTAS.Dios guarde a la Patria por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 50 – diciembre del 2003

¿HASTA DONDE LLEGARÁ?
A medida que el gobierno del Dr. Kirchner prosigue su marcha – bajo la inspiración de quien no está dispuesto a “dejar los principios en la puerta de la Casa Rosada”, según nos prometió desde el primer momento - se puede comprobar que, si bien es posible que su abierta tendencia a los ideales y a los idealistas de los 70 se fue disimulando algo con el paso del tiempo, en modo alguno se contuvo y cada tanto reaparece.Tan es así que, quiéralo o no, el propio presidente está envuelto en una interna de la izquierda pos-armada que en estos momentos alcanzó su punto más alto y, como no podía ser de otro modo tratándose de personajes de esta calaña, por cuestiones de intereses contantes y sonantes (las míticas “patéticas miserabilidades” de nuestro folklore político).Bonasso se enfrenta con Verbitzky por un dinero (aparentemente restos de secuestros de la “era dorada”) extraviado camino a Perú. Por su parte la dudosa abuela Estela de Carlotto renunció intempestivamente a la Comisión de la Memoria (extraño y tendencioso organismo-engendro creado con dinero oficial en la provincia de Buenos Aires) por discrepancia precisamente a propósito del manejo de ese dinero oficial. Se susurra que Graciela Cerruti – directora de una revista de lujo que edita la citada Comisión, mujer por lo demás muy cercana a Horacio Verbitzky - no habría dado correcta cuenta de la partida que le fuera asignada por el gobierno provincial.No debe tratarse de un caso menor puesto que provocó el retiro de la presidente de las Abuelas de Plaza de Mayo y de tres o cuatro de los directivos de esta institución dedicada a destrozar familias disfrazando su rencor bajo el nombre de justicia.El bien pagado premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, por su parte, se mostró contrariado con la indómita gran mamá y se atrincheró detrás de Cerrutti a la que, entre otros cargos, se le imputa el pago de sueldos desproporcionadamente elevados. Es que, evidentemente, a la “izquierda paqueta” de todas partes del mundo le gusta vivir bien y gastar, en especial de lo ajeno. Aparte de las indemnizaciones – que en la Argentina ascienden a varios miles de millones de dólares - se muestra harto dispuesta a obtener el último rédito que pueda a sus crímenes que para estos efectos no parecen haber 253

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prescripto. Hay que convencerse y terminar con un mito que ya lleva demasiado tiempo y causado demasiado perjuicio y es que la izquierda es desinteresada y que no se encuentra atada en esas feas preocupaciones burguesas que constituyen el desdoro de lo que ella misma llama la “derecha”, a la que le endilga los peores vicios. Muy por el contrario, todo este ´progresismo´, escondido o refulgente y que se presenta como el portador exclusivo de las banderas de la decencia, se suele mover por los peores apetitos que cada tanto explotan como el pus contenido. De allí que suene a burla y a ficción su pretensión de erigirse como la salida, como lo nuevo, como lo esperado. Filosóficamente no sabemos pero políticamente son férreos realistas.El presidente se fue a Benito Juárez a rendirle homenaje – no sabemos en calidad de qué, si de primer magistrado o de añorante de la época de los crímenes y de los atentados - a cuatro desaparecidos, esos raros idealistas que mataban y morían sin saber mucho porqué.Debemos recordarle, por si no lo sabe (aunque sin duda bien que lo sabe) que dos de sus llorados amigos (Basile y Pacheco) no son desaparecidos sino que cayeron en enfrentamientos armados con las fuerzas de seguridad. O la SIDE – ahora a su disposición - no funciona o su flamante diputado Bonasso le pasa mal los datos. En cualquier caso hace pésimo Kirchner en poner chapas y nombres de terroristas cuya única virtud es hoy despertar su emoción de setentista rezagado ¿Se preguntó porqué murieron sus amigos, en qué circunstancias, cuales fueron sus culpas y si ellos, a su vez, mataron a alguien, quizá a un vecino del pueblo? Al proceder de una manera tan desaprensiva y arbitraria, tan “sentimental” y unilateral el primer magistrado contribuye – o pretende hacerlo - a la confusión y a mantener viva una emoción que pocos comparten ni entienden, rescatando un estado de ánimo por completo minoritario y artificial. Y que no tiene derecho a extenderlo al resto de la sociedad que no le importa “eso” o que lo olvidó o que trata de olvidarlo.Estos gestos demagógicos son terribles y crueles porque actualizan la perversidad de esos años sin el contexto en que se dio; o sea que la gente - desinformada o indiferente - puede llegar a sentir una cierta adhesión por esos jóvenes muertos por causas confusas pero nobles. Ahora se invirtió el lema de otrora alegado por los comunicadores de la izquierda: “por algo será” para referirse a los caídos por la represión sin que nadie entonces reaccionara. Ahora se vuelve a decir: “por algo será” pensando en que esos muchachos violentos tenían razones para matar, secuestrar y poner bombas. Esto es lo que se propuso la izquierda pos-armada (legalizar exaltando “aquello” que hicieron sus jóvenes homicidas hoy propuestos como ejemplos) que llegó con Kirchner al poder y es lo que explica estos

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homenajes ofensivos para las víctimas del terrorismo y para los que lo enfrentaron y derrotaron.El almirante Mayorga es un alto oficial de la Armada argentina de mucho prestigio. Tuvo la poco oportuna ocurrencia de recordarle al presidente Kirchner que no es hijo de las Madres ni de las Abuelas como el primer mandatario declaró ante la ONU poco tiempo ha y lo sigue reiterando cada vez que puede. Este simple, indispensable y legítimo esfuerzo de conservar la identidad propia y la de la mayoría de sus compatriotas le valió una sanción inusualmente severa, aplicada por el Comandante en Jefe almirante Godoy. No vamos a entrar a considerar la justicia, el sentido o el exceso de la pena impuesta sino que, simplemente, vamos a afirmar - concediendo que se trató de una falta disciplinaria- que voces como la del almirante Mayorga - dentro o fuera del código militar, cassi no importa ya a esta altura de los acontecimientos y de la gravedad de los dichos del presidente ante la máxima asamblea internacional - resultan indispensables para mantener con un mínimo de claridad la conciencia nacional, tan predispuesta a las peores deformaciones bajo la acción libre y sin contrapesos de los mass media al servicio de un terrorismo que no termina de desaparecer y que muestra capacidad para volver en sus nombres y en sus símbolos. A propósito ¿el código de justicia militar no comprende al jefe último de las Fuerzas Armadas (el presidente de la república) o éste puede decir lo que quiera sin tener que rendir cuenta ante ninguna autoridad institucional? ¿Está exento de toda responsabilidad para poner su ideología y sus contenidos de conciencia como política de estado y como voluntad de la nación? El presidente colombiano Alvaro Uribe ha enviado al congreso de su país un proyecto de ley que, en realidad, sorprende que no se encuentre en vigencia desde hace tiempo teniendo en cuenta la guerra revolucionaria que esta pobre nación hermana viene sufriendo desde hace más de 40 años. Por ese proyecto se dispone la realización de una serie de intervenciones policiales (como allanamientos, escuchas telefónicas, etc.) sin necesidad de decisión judicial. Por supuesto se produjo una reacción unánime de los organismos de derechos humanos a nivel internacional, los mismos que permanecieron callados cuando idénticas atribuciones se le acordaron al presidente de Estados Unidos para enfrentar su propio terrorismo y de las que ya venía disfrutando el tirano Castro. No es de extrañar esta actitud, tan habitual en la izquierda de todo matiz que sólo protesta cuando ella se ve agredida. Su lema pareciera ser: todos los derechos para la Revolución, ninguno para la Reacción. 255

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Así se comporta el progresismo en todas partes: cuando ataca es mesiánico, cuando es repelido es la víctima; en el primer caso todo le está permitido, en el otro el enemigo debe restringirse al máximo y ha de respetar a su agresor actuando en el más estricto marco legal. Para asegurar tal ignominia y semejante suicidio están los jueces como Bonadío en la Argentina y Garzón en España. Todo un mecanismo que se echa a andar cuando las circunstancias lo requiere. Es hora que todos los gobiernos que se enfrentan con enemigos armados y totales - como la subversión sostenida por Cuba y añorada por Kirchner - asuman su obligación, su necesidad y su derecho de dotarse a sí mismo de todas las armas que fueren menester para derrotar a quien los ataca desde la sombra.De adoptarse la unilateral posición de la izquierda se dará el resultado que es ésta la que fija y determina las condiciones legales y morales de la guerra que ella misma desató lo que equivaldría a cederle toda la iniciativa en la valoración del conflicto.Pablo Mendelevich, ex empleado de Timmerman en el diario “La Opinión” de tan infeliz memoria, sacó en “La Nación” del 23 de noviembre pasado una nota sobre “el debut del terror”; si el artículo se hubiera referido a la aparición de los Uturuncos, por ejemplo o a otros movimientos similares que ya había comenzado a prepararse para librar la guerra revolucionaria que habría de envolver a nuestra sociedad por una década más, que hicieron su aparición criminal a comienzos de los 60 y años posteriores, podría haber revestido cierto interés porque reflejaría el enfoque desde un ángulo comprometido pero honesto del espectro. Sin embargo, Mendelevich prefirió recortar su memoria y, dando un salto arlequinesco en la crónica histórica, no tuvo inconveniente científico en colocar el origen del terrorismo en la Argentina en 1973 –exactamente el 23 de noviembre- cuando una bomba colocada en el auto del entonces senador “radical” (en realidad pieza de Montoneros que ya había empezado a asolarnos) lo hirió de gravedad. El atentado le fue atribuido, al parecer con razón, a las Tres A, la siniestra organización – con algo de criminal y algo de esotérica- fundada e inspirada por José López Rega, hombre de confianza del ya presidente Perón. Aquí más que ocultamiento hay deformación. Porque ese 23 de noviembre de 1973 no nació el terrorismo en el país ni fue ése el primer atentado. En rigor, la bomba colocada debajo del automóvil del senador fue una respuesta – aturdida, inconexa, apresurada - al terrorismo ya lanzado para entonces y no, precisamente por la iniciativa del gobierno. La aparición de la Triple A fue una declinación inaceptable e incomprensible, además de innecesaria, del poder y de la facultad de represión del estado en un grupo paramilitar; lo que por cierto de manera 256

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alguna ilegitima la acción represora que el estado mismo tomó a su cargo por intermedio de las fuerzas armadas. Que es lo que el autor de esta nota-homenaje persigue con su redacción truncada y hemipléjica, recordando una parte – la menos significativa - de la historia. Porque el mensaje que Pablo Mendelevich quiere que quede en la memoria colectiva de los argentinos es que un grupo de forajidos, supuestamente al servicio del orden agredido, fue el responsable del terror que había comenzado antes y que se habría de desencadenar incontenible enseguida. Burdo escamoteo de este discípulo y practicante de la dialéctica aprendida en las páginas de La Opinión que fue el instrumento utilizado para introducir el gusto por la violencia en la burguesía universitaria de entonces.Dios guarde a la Patria por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 51 – marzo del 2004

"La capitulación"
El día 3 de marzo del 2004 pasará a la historia negra de nuestras Fuerzas Armadas como una derrota más y ésta de consecuencias incalculables.Fue el día en el que el comandante en jefe de la Marina decidió rendirse con armas y bagajes al enemigo alegando una simple voluntad burocrática. Sólo nos remitimos a dos hechos infaustos que le pueden ser semejantes y asimilables por lo que éste, protagonizado por el Almirante Godoy y proseguido por el Brig.. Rodhe, debe ser considerado la primera miseria del presente siglo. Una de esas fechas que quisiéramos que nunca se hubieran dado en la historia argentina fue la rendición ante las tropas británicas el l4 de junio de l982, la otra corresponde al pedido de perdón y de reconocimiento de culpa del general Balza, entonces al frente del Ejército, ante la sociedad y, en realidad, ante las Madres y Abuelas, antepasadas dolosas de los caídos por su militancia subversiva y criminal. Ahora los dos jefes repiten la misma debilidad, ensucian el buen combate librado en su momento contra un enemigo artero e implacable que retorna con menos violencia pero más poder y legitima la acción de éste al ceder a la soberbia de sus antecesoras, que mediante la intervención de su mandatario en el gobierno, el montonero Néstor Kirchner, reclamaron y obtuvieron las instalaciones de la ESMA, convertidas por la presión mediática de los medios oficiales y oficiosos en símbolo de la ilegalidad represiva y en objeto de terror ...para los terroristas Esta ocupación es su forma de vengarse.No sabemos si el jefe superior de la Armada (y, a su modo, su par de la Fuerza Aérea) tomó conciencia al pronunciar las palabras de la rendición que imprimía un giro copernicano a la historia del país. Porque, al adoptar la prédica, las premisas y los "slogans" del enemigo (que nunca dejó de serlo y que hoy se muestra altivo e intransigente en la victoria que paladea, tal como en los años de lucha a muerte) las reivindica y las incorpora a la dogmática no escrita que guía a los Estados, tal vez por generaciones; esa dogmática que establece los valores a respetar, los juicios a pronunciar y las conductas a seguir. Nos han hecho izquierdistas Hoy el señor Godoy descubre que en la Escuela Superior de la Armada se cometieron excesos y violaciones de los derechos humanos ¿Cómo lo sabe? Porque a esa conclusión llegaron los jueces y sin más lo acepta y actúa en consecuencia. Esta consecuencia es entregar esos edificios a las organizaciones que sobrevivieron a la guerra antisubversiva al tiempo que renuevan su agresión ¿Cómo hizo fe en los pronunciamientos de magistrados que responden dócilmente, sin pudores ni disimulos, al poder de turno lo que al almirante le consta? Haber 258

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procedido de manera tan desalmada y desleal para con sus compañeros y superiores de antaño equivale a convalidar y, peor, a contribuir a la persecución llevada a cabo en forma sistemática desde esos tribunales que nadie –ni el propio almirante Godoy- ignora que son instrumentos en manos de los terroristas de ayer y de siempre.No vamos a caer en la ingenuidad de creer que el alto jefe naval viene a enterarse en estas horas de lo que ocurrió o pudo haber ocurrido en la ESMA, un lugar de detención desde donde se libraba la más enconada batalla en una primera línea de fuego. El era entonces un oficial joven que, por más distraído que ahora se pretenda, estaba al tanto de esa guerra sin duda sorda y cruel, pero ineludible y justa, practicada con la severidad –y, si se quiere, la ferocidad- que el Enemigo Revolucionario y su guerra exigían. Sumarse, plegarse, admitir el discurso de ese mismo enemigo, hoy en boca de sus progenitoras, es una deserción del buen combate y una confusión que le traerán los peores males a una sociedad desgastada por una guerra a la que asistió sin que nadie se la explicara y carcomida por una acción mediática sin respuestas. Y a partir del 3 de marzo convalidada por un gesto de resignación y de rendición.El almirante Godoy y el brigadier Rodhe han de pasar al mismo lugar de escarnio y de deshonor que hasta hoy ocupaba sin remilgos y casi sin competencia el general Martín Balza. Nos preguntamos, estos oficiales cómo enseñarán a sus hijos y nietos –ellos, que tan predispuestos al olvido se muestran- el tramo de historia que vivieron aun en puestos de menor responsabilidad pero no de menor intervención.A todo esto, oficiales como ellos están demostrando del modo más doloroso que: 1) estuvieron escondidos en su vida académica y se mostraron indiferentes a la guerra que la institución afrontaba, o 2) que nunca entendieron bien de qué se trataba, o 3) que están dispuestos a conseguir la paz a cualquier precio y con quien sea, incluso la suerte y la honra de sus fuerzas. Adoptaron la dialéctica de los Bonasso y de los Verbitski sin beneficio de inventario, dispuestos a transar para que los dejen en actividad con sus prebendas. En un discurso en el que no creen.A todo esto el interrogante surge de inmediato: porqué elegir una ocasión tan solemne y cara al sentimiento nacional –el aniversario de la muerte de Brown- para anunciar la deserción como formando parte del festejo.No podrá el Alm. Godoy afrontar el juicio de sus camaradas vivos ni, menos aun, de los muertos. Con conductas así lo que se consigue es que uno solo de los contendientes –precisamente el agresor y el derrotado militarmente en el terreno que el mismo eligiósiga en pie. Dispone de los jueces, de los legisladores, de los comunicadores, ahora tiene también algunos de los altos oficiales que acreditan así no sólo su debilidad nada varonil sino que, simplemente, no comprendieron, comprenden ni comprenderán la naturaleza de ese Enemigo con el que quieren transar. Verdad es que peor sería que lo hayan comprendido porque el calificativo sería más duro. O que hayan llegado a creer que el enemigo desapareció.259

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Para colmo de irrisión el hecho se produce en momentos en que el enemigo, que dispone de las mejores posiciones en el poder, se apresta a reanudar su ataque, sólo interrumpido tras el postrero intento de 1980 ¿Para qué, sino, la ocupación de la cancillería, de la secretaría de derechos humanos, del ministerio público, de varias bancas legislativas, de puestos claves en los servicios de inteligencia y demás lugares de combate según lo consideran estos restos de OLAS enquistados en la democracia argentina. Sin representar nada ni a nadie y surgidos de las entrañas de un sistema pervertido. El propio Kirchner, ya revestido del ropaje montonero que había insinuado desde su primer discurso oficial, prepara y encabeza la ofensiva. Obedecerle incondicionalmente es suicidio y complicidad, ceguera y cobardía. El momento de la virtual rendición fue, pues, el peor porque se lleva a cabo cuando el enemigo se reagrupa para su asalto final. Entiende que tal vez se trate de la última oportunidad para hacerse del poder y afianzarlo, para lo cual debe neutralizar, confundir y, en síntesis, disolver a su Enemigo, las FF. AA., imponiéndoles a ellas mismas la imagen de una banda de malhechores que peleó sin motivo. El Almirante Godoy y el brigadier Rhode lo están haciendo con la misma imperturbabilidad con que ayer realizó idéntica operación el general Balza.Aunque quizá lo más irrisorio y humillante sea el hecho que la virtual rendición se efectúa ante un enemigo todavía desarmado y dotado de poderío mediático pero no físico. Se dejaron correr por imágenes y fantasmas.Kirchner lleva su odio –que quiere hacer pasar por justicia- al extremo que puede. En enero impidió el nombramiento del coronel Vázquez como agregado en la embajada en el Uruguay por estar incurso en violaciones de los derechos subversivos. Esta expresión enfermiza de su personalidad es, si se quiere, un capítulo menor del enorme libro de la infamia que está redactando desde hace un año.En la clave de arrepentido hecha sonar por el alm. Godoy está el reconocimiento de un sargento Enrique Aldama que soportó durante más de 15 años el secreto de torturas que se habrían cometido durante la represión. La pregunta es cuánto habrá percibido el suboficial para romper su estoico silencio.La izquierda pos armada no se recata en incursionar en el interior más íntimo de las FF. AA. Descubrió de casualidad unas fotos de un campo de entrenamiento de comandos y, horrorizada por el espectáculo de soldados formándose para su dura vocación, denunció una nueva violación de los derechos humanos. Esta vez las presuntas víctimas –recién enteradas de su condición de tal- no se hicieron presentes y la maniobra justiciera fracasó desde el comienzo. Queda, con todo, la pretensión de Verbitzki de llevar su propia pedagogía al Ejército al que le enseñará, si puede, cómo deben adiestrarse los comando. Algo debe saber, este coronel montonero.Dios guarde a la Patria

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por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 52 – abril del 2004
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------------------------------------------------------------------------"Estos son los que nos gobiernan"
Es larga la lista de los funcionarios del actual gobierno que provienen de la izquierda armada de otrora, de primera y segunda línea; lo que es tan cierto que se podría con todo derecho incluir al propio primer magistrado ya que añora constantemente a sus compañeros de su época de estudiante revoltoso. Pero a los efectos del razonamiento que aquí queremos sentar baste con recordar que son varias decenas los actores de la violencia subversiva que se incorporaron al poder, algunos con nivel de decisión y otros como consultores o influyentes, éstos con llegada directa al poder, aquellos indirecta, unos activos y otros más pasivos. De una u otra manera, protagonistas, cómplices o partidarios del terrorismo ocupan puestos claves en la administración de Kirchner y le dan un sesgo decisivo en varias áreas pero en especial en educación y en la vitriólica cuestión de los derechos humanos.Ellos renuevan y continúan la guerra iniciada por sus correligionarios de ayer, casi todos caídos en el curso de la misma o vueltos del exilio que debieron sufrir para escapar del justo brazo represor. Como no cambiaron sino que, por el contrario, conservaron intactos sus principios (que no declinaron), sus propósitos (a los que no renunciaron) y, sobre todo, sus métodos (de los que no se arrepintieron) es lícito concluir que el presente gobierno "justicialista" es una réplica de su antecesor implantado en 1973 sobre los hombros de los Montoneros –en ese entonces todavía en luna de miel con el peronismo triunfante- y una muestra de lo que hubieran hecho de haber alcanzado el poder. Hay, quizá, alguna diferencia entre ambas situaciones. Si bien Cámpora llega con una fuerte infiltración izquierdista su debilidad. como hombre de paja del verdadero titular que era el general Perón (circunstancia que no sólo nadie se preocupaba por disimular sino que era exaltada como prenda de lo que se reputaba como una victoria popular) era tal que poco le costó al real jefe disolver su figura y esparcir los factores que habían llegado con él, instalando un gobierno de signo exactamente contrario. Ahora no es así. Kirchner no es Cámpora en cuanto, si bien no es un caudillo por completo autónomo ni auténtico, no le debe su puesto a nadie, ni siquiera a Duhalde que le ofreció la candidatura presidencial para sacárselo de encima a Menem. Pero Kirchner no tenía ni tiene un soporte electoral propio y se ve obligado a tejer y recomenzar a tejer una red siempre demasiado elástica de poder, en base a alianzas con 262

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caudillos locales y a acercamientos con otros dirigentes no siempre de su propio partido. Es lo que se ha dado en llamar "transversalización" que es una forma impuesta de hacer política ante el desplome de las estructuras partidarias, la justicialista en primer lugar. O sea que Kirchner no tiene a nadie por encima suyo y pocos pares para disputarle o para compartir el poder (Duhalde y Reutemann) Pero –y esto lo asemeja al ex presidente montonero- no cuenta, o no contaba, con votos propios y tiene además la posibilidad de ampliar su espacio, lo que no le era permitido a Cámpora, satélite y entelequia del general Juan Perón.Otra diferencia es que, aunque aparenta otra cosa, el actual primer magistrado se halla rodeado y condicionado por una maquinaria de izquierda (en la que se apoya) más determinante que la que llegó con el hombre de San Andrés de Giles. Es como si el peronismo hoy no contara con anticuerpos para enfrentar a su enemigo histórico de los orígenes (¿en que quedó aquello de "ni yanquis ni marxistas"?) o que se encontrara tan quebrado por más de diez años de corrupción, de deformaciones y de concesiones, del ejercicio de un mal pragmatismo, que no está en aptitud de reaccionar contra una nueva deformación, ya no liberal sino izquierdista. Los hechos por encima de las palabras indican con patente claridad que el peronismo si como movimiento perdió identidad, como partido perdió unidad y se quebrará –o ya se quebró- pero sin cohesionarse detrás de un anti izquierdismo y de un programa que recupere aquellas primitivas preocupaciones nacionales luego olvidadas o desvirtuadas. ¿Esta es la fórmula que se puede oponer al avance montonero? ¿O hay otra alternativa? Pues bien, en el 2003 "ellos" han llegado. No (por lo menos por ahora) con sus carniceros procedimientos de dos décadas atrás pero sí con su odio convulsivo presto a estallar en cualquier momento, acechante por acá, subterráneo por allá, insinuante o frontal según los casos, los escenarios y los propios personajes (una cosa es la Bonafini que vocifera en nombre de la revolución y otra la Carlotto que susurra con placer cada vez que destroza una familia). Pero están allí, los Verbitzki y los Bonasso manejándole la agenda y la inteligencia al presidente, guiándolo en cada uno de sus pasos, señalándole la cabeza a cortar o el enemigo a cegar, la tropelía a permitir o la injuria a lanzar, el crimen a exaltar, la maniobra a consumar o la conciencia a comprar. Y aunque lo nieguen y retóricamente afirmen lo opuesto, los piqueteros –esas pequeñas hordas que gustan asolar las calles del país pidiendo cualquier cosa, sensata o no- integran también las filas del gobierno. Porque, más allá de sus tremebundos reclamos, saben que pueden cometer sus cotidianas transgresiones por esa tolerancia tan vecina a la complicidad con que se maneja el gobierno. Uno que no estuviera tan filtrado por el pensamiento y la estrategia de 263

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izquierda actuaría de un modo más jurídico, más en consonancia con el interés general.Es innecesario y sobreabundante hablar de la corrupción que inficiona los huesos de las instituciones, desde legisladores dependientes que cotizan sus votos hasta jueces adictos que se prestan a integrar las peores cacerías humanas. No es un aporte del presidente pero éste mantiene y aprovecha el sistema. Ahora los beneficiarios de esta praxis es la izquierda que cuenta con diputados y senadores que anulan las leyes que ella detesta y con magistrados que en consonancia con esta ola persecutoria, declaran su inconstitucionalidad completando el círculo de la venganza. Lo cierto y lo terrible es que hoy estamos gobernados, juzgados e informados por los enemigos a los que se les cede espacios sin resistir. Hoy constituimos una fuerza sin jefes.-

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"El odio del comandante en jefe hacia sus soldados"
El presidente Kirchner tiene entre sus desopilantes virtudes la de mostrar la hilacha a cada paso. Es claramente un ser humano de segunda; un matón de barrio (o, en su caso, de provincia) que gusta de esos pequeños y míseros placeres propios de los inferiores, de esos que tienen una necesidad visceral de perseguir con su odio hasta las imágenes del enemigo. Se complació como festín anexo a la ordalía del 24 de marzo, retirar el cuadro del general Videla como director del Colegio Militar. Este es un hecho del pasado que simplemente ocurrió y que fue legítimo. Pero su mentalidad izquierdista lo llevó a destruir o, mejor, a negar ese pasado y quiso entonces –al mejor estilo de la Enciclopedia Soviética donde los personajes entraban y salían de sus páginas que era como salir de la existencia, según los impulsos de Stalin- borrar ese enemigo que podía provocar ira pero que no se podía negar. El se empeñó en hacer desaparecer el pretérito que le molestaba pero manos anónimas estuvieron a punto de privarle de esa satisfacción un poco infantil y un poco plebeya. Sin duda hará tronar el escarmiento y alguna otra cabeza rodará al grito de este Robespierre patagónico. Por supuesto que ante la mirada seráfica del general Bendini que lo ayudó en la heroica tarea de sacar un retrato, incapaz de defender no ya a sus antecesores sino el sentido común y de evitar caer en el ridículo. Pero, en fin el presidente se dio el bastardo gusto de borrar del pasado aunque sea por un instante, a un enemigo ya extinguido.-

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"Para entender que está ocurriendo y lo que ocurrirá"
Se consumó por fin la traición de la Marina y se entregó el predio de la ESMA en medio de los alborotos de las Madres, Abuelas y devenidos presos de la misma. Kirchner se atoró recitando el manual del buen terrorista e insistió en hacer creer que esa toma por asalto – sin resistencia - era un acto de justicia. Como ya se ha alcanzado tal grado de mendacidad y de irracionalidad (como que se niega lo evidente como es que el terrorismo marxista existió y que ahora está gobernando) es inútil reiterar nuestra queja, indignación y dolor por la deserción del almirante Godoy, responsable de la rendición sin combate; sólo digamos al respecto que, para su tranquilidad no está solo y lo acompañan sus pares del Ejército y de la Aeronáutica. No será una excusa pero sí un consuelo. Nada se les ahorró a los militares, vivos y muertos, ni siquiera se detuvieron el presidente ni Bendini en el límite de los malos modales y la inelegancia de obligar a un general a treparse a un banquito para descolgar el cuadro maldito. A todo esto, el aquelarre de la ESMA pasó no inadvertido –puesto que los medios se encargaron de darle tumultuosa resonancia- pero sí indiferente para el grueso de la población, más preocupada por el aumento del precio de la carne que de la justicia de los terroristas. En definitiva que todo esto - a pesar de su dramatismo y perversidad- fue una tormenta en un vaso de agua, una tormenta que sólo interesó a los propios izquierdistas que se aprestan a cobrar una nueva jugosa indemnización a cargo del estado. En cuyo nombre y sin ningún derecho Kirchner pidió perdón en su estilo, a los gritos, con su vez quebrada en ridícula arenga que nadie creyó.Pongámonos a determinar, si es posible, la razón, la oportunidad, el significado, las consecuencias de esta verdadera deserción sin duda planificada y orgánica que sólo tomó de sorpresa a los que no estamos en los intersticios del poder militar y político. El presidente y los suyos han triunfado y actúan en consecuencia: ocupan lo que pueden que es lo que los respectivos estados mayores (que son los que él puso y ahora sabemos porqué y para qué) le van cediendo sin remordimiento ni reparo. Primera pregunta ¿porqué se entregan sin combatir adoptando la doctrina y los argumentos del enemigo que día a día, hora a hora les va demostrando que lo son hasta la última expresión? Y QUE NO CESARAN HASTA DISOLVER A LAS FF.AA. Tal vez debiéramos agradecer que un supuesto sobreviviente de la época del terror, Héctor Timmerman, hijo de Jacobo el justificador del mismo, lo 265

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haya dicho y repetido ante la mirada seráfica del impertérrito Mariano "Poncio" Grondona –del que es columnista-: hay que disolver a las Fuerzas Armadas porque no tienen función en el estado actual. El estado actual es la república montonera montada por Kirchner y su equipo importado de Santa Cruz o reclutado entre los sobrevivientes del ERP, de la FAL y afines. En esta república por cierto no hay lugar para las Fuerzas Armadas a las que, con sus defectos y falencias, podemos llamarlas tradicionales. El estado montonero precisa, con todo, de soldados y los irá a buscar naturalmente en lo que fueron sus madrigueras de los 70; allí donde torturaron a Larrabure o dispusieron los homicidios de Sacheri y de Genta, del general Cardozo (padre del coronel que acaba de ser retirado por compartir el mismo apellido de la víctima asesinada en su propia cama) y de tantos otros. De aquí provendrán los nuevos militares que se harán cargo de los espacios y estructuras que Godoy, Bendini y Rhodes les dejan. Por un pase de magia –que por supuesto contó con la inocencia o la ceguera de estos jefes, sus espectadores impasibles- la fuerza real se trasladó de un sector a otro, mejor dicho el monopolio de la fuerza cambió de titular. Ahora les corresponde a esas fieras que estaban agazapadas desde que se expatriaron y ahora retornan.El almirante, el general y el brigadier se acompasan a ese proyecto –que inevitablemente deben conocer- y les abren las puertas de sus cuarteles y los corazones de sus hombres, defraudados y traicionados, vendidos. De aquí también la desmesura en la humillación de la rendición, la circunstancia de no haber resistido y la inoportunidad de la claudicación no sólo afrentosa sino disparatada porque se produce cuando el enemigo ataca, un enemigo más débil que nunca. Las fuerzas de seguridad, por su parte, se han ido acostumbrando a la parálisis impuesta desde el ministerio de Justicia (¿) que las obliga a contemplar pasivamente (cual una multitud de grondonas) los desmanes que las tropas de Bonasso, Verbitzki y Duhalde llevan a cabo como parte de su entrenamiento.Las FF. AA. argentinas –éstas, las actuales, con la conducción de estos comandantes y bajo su designio- están destinadas a desaparecer, lo que lleva la impronta de la lógica del vencedor marxista: nuevo estado (montonero) nuevos ejército, marina y aeronáutica. Lo que, en cambio, no se comprende es que no se haya disparado un tiro, que no se haya escuchado un gemido, que no se haya alzado una voz de protesta ni de reflexión. Que todos nuestros militares hayan decidido suicidarse colectivamente, institucionalmente.-

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"El ataque es en todo el frente"
El presidente no se contenta con intentar la vía tribunalicia –siempre tan disponible pa’ lo que guste mandar- sino que lleva su confrontación contra la represión que arrodilló a sus violentos correligionarios de los 70, a todos los lugares posibles. Y así no sólo busca la condena judicial de los militares represivos sino que los persigue en sus cuarteles y en sus hogares sin detenerse a pensar si tuvieron que ver o no con el "terrorismo de estado" que en principio se le recrimina a todo el que vista o vistió uniforme. Política, institucional o mediáticamente el gobierno de Kirchner no desperdicia oportunidad para agredir a las Fuerzas Armadas a las que genéricamente considera enemigas y que, explícita o implícitamente, quiere transformar por la raíz. Si no cambia a sus jefes los humilla, si no los subordina los separa, si no los obliga a arrepentirse los calumnia. No se entendería semejante aversión militante sino por un viejo, inextinguible odio remanente de sus aventuras juveniles. Es terrible que un país juegue su paz interior a los humores de un esquizofrénico con poder incapaz de olvidar, sujeto a sus fracasos y miedos de otrora.por Dr. Víctor Eduardo Ordóñez Dios guarde a la Patria "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 53 – mayo del 2004
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------------------------------------------------------------------------"LA RENDICIÓN FUE MAS TOTAL"
El nefasto 3 de marzo - día que deberá olvidarse de la memoria de la Armada porque fue una rendición sin gloria y recordarlo como ejemplo de lo que no hay que hacer - el almirante Jorge Godoy hizo algo más y peor que anunciar la entrega de las instalaciones navales al enemigo. Procedió contra el reglamento y, al mismo tiempo, contra la realidad histórica y el sentido común. En cumplimiento de órdenes superiores (las del presidente Kirchner) él también descolgó el cuadro del almirante Eduardo Massera que, con todo derecho, figuraba en la sala dedicada a aquellos que fueron comandantes. Con mayor sentido del ridículo y de la discreción, prescindió del banquito (al que con gracia José Gobello propuso incluir en el futuro "museo de la memoria") ya mítico del general Bendini y actuó a solas, sin la presencia de esas indiscretas y divertidas cámaras de TV que registran cada debilidad y traspié que pueden.. Pero el acto bochornoso se cumplió y el almirante, seguramente, de inmediato informó con disciplina castrense al comandante supremo que así lo había dispuesto. Con su conciencia ya tranquilizada se retiró a su despacho convencido de haber cumplido con alguna convención internacional (no se sabe cual), de ésas que protegen a los terroristas.No sabemos si el almirante Godoy asumió el nivel de su responsabilidad al comportarse de esta manera hasta las últimas consecuencias. O, en su caso, en qué tipo de especulaciones -más o menos maquiavélicas - se perdió para aceptar y cumplir personalmente tan innoble mandato. Ni qué criterio de obediencia debida aplicó para deshonrar de tal forma y en tal magnitud no sólo su uniforme sino a la fuerza que la nación (no el gobierno ni la dirigencia política ni los organismos de derechos humanos) puso a su cargo. ¿Qué buscó, qué supuso, qué pretendió al actuar así? Se confundió en algo muy esencial y muy evidente: enfrente no había ningún enemigo en condiciones de exigirle semejante tributo. Se equivocó si dio por perdida la guerra que sus subordinados (antiguos compañeros) habían ganado. Se volvió a equivocar si creyó que la guerra subversiva (y, consecuentemente, la antisubversiva) había terminado. No advirtió (o no quiso advertir, apurado por las órdenes presidenciales) que la misma se había reanudado apenas finalizada la anterior, la 268

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propiamente armada. Estos años - de sordo rencor y de reubicación de las tropas montoneras y erpianas ahora en los lugares del poder - no pasaron en vano sino que fueron utilizados por la subversión para alterar la historia vivida y para hacerse olvidar sus crímenes. Ahora esa guerra - cuya mayor habilidad consistió en hacer creer que no había sucedido - se reanuda. Lo sabemos, con otras características, con otros métodos, incluso con otros nombres. Firmenich, por ejemplo, no puede volver, tragado por la propia dinámica que él mismo desató, Santucho muerto no encontró sucesor en su carrera de asesino serial, los Montoneros demostraron acabadamente que son infértiles y que, en rigor, no sólo no elaboraron ningún un programa que llevar a cabo sino, que no tienen la mínima capacidad de gobierno y que es el disfrute de éste lo que los movió. Este no es un dato secundario y debió ser tenido especialmente en cuenta por los responsables de las Fuerzas Armadas - en este caso de la Marina - para disponer del contexto político en el que se adoptó la decisión de la entrega. Porque el gobierno montonero de Kirchner carece de políticas ciertas y de respuestas concretas para los problemas argentinos.y su única preocupación es la de reivindicar a los terroristas de un cuarto de siglo atrás y es a ésta a la que se adaptan sin resistencia los comandantes de las tres armas ¿Porqué comprometerse con un gobierno y con una gestión signada e inspirada por el enemigo y que en las otras áreas va directamente al fracaso, cuyos síntomas ya se empiezan a percibir? Pero Godoy hizo más. O, mejor, hizo menos. Permitió que el acto de toma de la ESMA fuese llevado a cabo por medio de un lumpen que asoló sus instalaciones, violando y destrozando la mitad de sus oficinas, implantaran el rostro del Che Guevara sobre la bandera patria, se tapizaran sus paredes con carteles de las Madres y, para culminar de un modo simbólico, grotesco y desagradable, se tocara el himno nacional en tono de rock en la versión de García, un exponente de la decadencia y de la descomposición. A tanto llegaron los excesos - ante la pasividad de la policía, la ausencia de los hombres de la Armada y la pasividad de la justicia - que el propio presidente vaciló y se mostró arrepentido de la realización del acto. Fue como si constatara en ese momento que había desatado los demonios de la Caja de Pandora al punto que él no podía ya dominarlos. Lo que empezó como un gesto de retórica vana, casi un divertimento se transformara no para espanto - porque los progresistas no se espantan de sus propias desmesuras - sino para alarma ante un paso del que resultará difícil volver. Porque a los unos se les concedió demasiado y a los otros se los ofendió demasiado. El proyecto de unión con que llegó la socialdemocracia hoy gobernante se hizo añicos en esas horas del 24 de marzo del 2004 en las que cada 269

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uno actuó como lo que realmente es. Todo a cargo de una pequeña multitud que pretendía representar a todos los argentinos y apenas si estaban ellos, los verdaderos y supuestos presos de la ESMA. Todo muy hipócrita, muy falso, muy virtual, una gran ficción cuyo principal protagonista - aunque ausente - fue el almirante Godoy. Nos preguntamos todavía si se preocupó lealmente en hacer la denuncia judicial correspondiente y llevarla adelante o se conformará con el gesto ritual de la presentación ante el juez Bonadío que es un personaje solícito del régimen, del que cuadre.Rendirse por la orden dada por el jefe enemigo es un absurdo militar, político, jurídico y ético y eso es lo que hizo Jorge Godoy.-

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¿HASTA DONDE LLEGARA?
Kirchner - hombre mediocre pero de odios duraderos y profundos ciertamente dista de ser un buen gobernante y, de hecho, no gobierna. Se deja llevar por los acontecimientos y, tal vez satisfecho de dirigir un país periférico, ha optado (como todos sus predecesores) porque nuestra suerte y destino se jueguen en otras latitudes. Así contempla, distraído, cómo la economía empieza a paralizarse primero y a desmoronarse después, cómo van bajando paulatinamente los precios de los productos argentinos cómo trepa la tasa internacional de interés al ritmo del de barril de petróleo. Esto poco y nada le preocupa porque lo suyo está en otra parte, sus inquietudes son ajenas a estos vaivenes planetarios. El no es un estadista sino un vengador, no es un pensador sino un ideólogo, no es un político en la acepción noble y clásica sino un artesano del rencor y del enjuague. Por esto es que lo prioritario de su agenda - en verdad lo único que lo reclama - es reinstalar las hasta hace poco dispersas fuerzas subversivas de todos los colores para reiniciar el ataque contra el orden republicano, débil pero perfectible. El mismo ataque que había quedado en suspenso a finales de los años 70, década de la formación "intelectual" del hoy presidente.Aparte de designar como embajador en España a un amigo suyo de las milicias montoneras - integrante que fue como él de la juventud maravillosa de entonces - Carlos Bettini, hizo lo propio con Néstor Timmerman como cónsul en Nueva York del que lo peor que podemos decir es que sigue las huellas de su papá Jacobo con el que hasta comparte el mismo desagradable gesto de quien se siente en el exilio. Con respecto al primero tomó estado público no su currículum sino su prontuario por boca -ni más ni menos - de la insospechable Patricia 270

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Bulrich quien pudo haber sido su correligionaria y compañera de aventuras y de inquietudes por aquellos magníficos tiempos en los que la izquierda armada tenía convicciones, soluciones y armas. En el presente nuestro nuevo representante en la Madre Patria - más bien burgués y ricachón el mozo - se manifestó no sólo un lobbysta más o menos descarado sino un delincuente económico que, por esos azares de la justicia argentina, viene escapando a las redes que atraparon en su tejido a Carlos Menem. En cuanto al hijo del fundador de La Opinión - útero en el que se engendraron los peores especimenes de la subversión, desde Walsh hasta Bonasso y Verbiztky (ambos confidentes del primer magistrado) fue el que pronunció por TV en el programa Hora Clave de un impertérrito Mariano Grondona y en su presencia una fórmula definitoria de lo que es su ideario y de lo que sería su gobierno: las Fuerzas Armadas no tienen función que cumplir en el estado que Timmerman y los suyos pergeñan. Exactamente proclamó por un medio masivo de comunicación su programa de extinción de nuestras instituciones militares. Claro, sin reacción alguna de parte de sus responsables (¿) probablemente por que Godoy, Bendini ni Rhode, marchitos en el cumplimiento de sus deberes, no tienen tiempo de ver televisión. Nos cabe preguntar ¿si se hubieran enterado qué habrían hecho ante los planes del enemigo que tuvo a bien informarles? Y ¿cómo compatibilizarían su inactividad bélica -rendición expresa sin luchar, cumplimiiento ciego de órdenes ilegítimas y absurdas, sometimiento al ridículo público, pedido unilateral de perdón - con la noticia de su anunciada y deseada desaparición? ¿No les dice nada la circunstancia de que tamaño energúmeno pase a ocupar el, quizá, más codiciado puesto del servicio exterior del país? Su asepsia disciplinaria llega al suicidio.Como es de público y notorio, Kirchner se encuentra absorbido desde que asumió el gobierno en cuestiones más importantes que la de atender al bien común de los argentinos . Su tema central, su problema mayor es vengar los 70 y reactualizar ese pasado que añora al parecer cada vez más. Y no se detiene en discursos ni retóricas. Acaba de nombrar jefe de instrucción de la policía de la provincia de Buenos Aires a Jorge Omar Lewinger (a) "el francés" en la jerga de la terrorista organización que integró desde su fundación, FAR de la que llegó a ser comandante de la Columna 8, caracterizada por su barbarie en los atentados que cometió. Es una obvia filtración en una fuerza de seguridad que se destacó especialmente en la represión de los subversivos que tomaron a finales del gobierno de Alfonsín el regimiento de La Tablada, encerrándolos allí hasta la llegada de las fuerzas del Ejército que recuperaron el establecimiento. Una institución así de desagradable para la memoria terrorista no podía quedar impune: ese mismo terrorismo en el poder bajo el comando de Kirchner decidió recomponerla con un signo contrario

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Es una forma, si dispone del tiempo necesario, de crear un nuevo ejército "popular" por ahora de un modo clandestino pero más adelante cuando Montoneros, ERP. FAR y similares, sean un recuerdo y un referente - la policía bonaerense pasará a ocupar el lugar de éstas y a cumplir sus funciones. Entre leninista y gramsceana la estrategia montonera se apresta para todos los frentes. Para más datos, se ha de saber que el nuevo funcionario policial integró la delegación argentina (¿) a la reunión de La Habana de 1967 de la que habría de surgir el terrorismo sistematizado de O.L.A.S. que se encargó de diseñar y coordinar la violencia guerrillera en todo el continente. En esa embajada el flamante jefe de una de las fuerzas de seguridad más importantes del país fue acompañado por el legendario Williams Cooke, la simpática asesina del general Aramburu, Arrostito, su cómplice en la aventura Fernando Abal Medina, el ideólogo máximo del crimen en la Argentina - inspirador hasta su separación del asesino serial Roberto Santucho - Nahuel Moreno; y otros prohombres del averno que concurrieron a la fundación de una entidad que atacaba un imperialismo en nombre y al servicio de otro y que pretendía defender las naciones hispanoamericanas actuando en representación de intereses internacionales. Este es el hombre que el primer magistrado se ocupó de insertar en la policía, justo en el momento en que el organismo nacional se vuelve a resquebrajar bajo los golpes de una realidad que no merece la atención de este gobierno montonero llegado, como se dijo, para vengarse y no para administrar."Hebe Bonafini es una mujer detestable. Vive del cuento y del dolor ajeno. Es la más conocida de las Madres de Plaza de Mayo. La diferencia entre la Bonafini y el resto de sus compañeras es que a la gorda no le desapareció hijo alguno durante la dictadura militar. Los hijos de la foca porteña y batasunera viven en Paris con su padre ... Se fueron porque no podían soportar a su madre sencillamente La gorda se anudó el pañuelo blanco en la cabeza y ha recorrido el mundo de gorra y en asientos de primera clase ... un amplio sector de auténticas madres de desaparecidos se escindieron del grupo radical de la gorda por graves y profundos desacuerdos con el proceder y el buen vivir de la impostora y nauseabunda porcina ... probablemente algún pico del dinero recaudado con los secuestros y chantajes de la ETA ha terminado en el bolsillo de la vociferante puerca ... Alfonso Ussía". Este texto violento pero exacto de un indignado periodista español comenta el aporte que el gobernador socialista de Asturias Alvarez Arece le hizo a la Bonafini de 180.000 euros. De esta manera es lindo ser perseguida a partir del desconocimiento de los unos y de la imaginación de otros .. Y la solemne complicidad de la CONADEP.-

Víctor Eduardo Ordóñez
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"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 54 – junio del 2004
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¿QUE SE PROPONEN?
El gobierno -que, no lo olvidemos, proviene de una cultura montonera con todo lo que esto implica- parece no cansado sino satisfecho de los actos de violencia que vienen conmoviendo al país desde hace tiempo pero que en los últimos días, fines de junio, se han incrementado hasta lo inadministrable. Bastaría una recopilación de tales acontecimientos para sopesar con corrección su gravedad y considerar sus consecuencias. Tal vez, si se observa en perspectiva, no interese tanto la violencia desarrollada -perversa, gratuita, extrema, ilegal, mediática, inútil- por los piqueteros como la pasividad, la postura de resignación o, mejor, de rendición adoptada por el estado. Es todo el aparato represor de éste palabreja cuyo simple eco estremece de furor y de temor a muchos de sus integrantes actuales- que se desmoronó sin emplearse, pasivamente, cómplicemente. El Estado se retiró de la defensa del orden, de la imposición de la ley, del afianzamiento de la seguridad pública y privada. El Estado desertó de sus funciones e incumplió sus obligaciones de poder político. El mismo cayó, consiguientemente, en ilegitimidad, manchó sus títulos republicanos, ya bastante vidriosos por su origen de minoría fraudulenta. Producto de una basta ingeniería pre-electoral y pos electoral, su forma de llegada -como un golpe de dados- fue la única de que dispuso el movimiento montonero para acceder al gobierno. Repitió su trampa y su astucia del 73 con el "tío" Cámpora, cuando accedió siendo una minoría insignificante y mesiánica que no podía beneficiarse sino de un hartazgo general, una confusión terminal y un discursismo atronador que no dejaba pensar ni permitía distinguir ni juzgar; se había empujado a la sociedad a un maniqueísmo sin tonalidades ni alternativas: o esto o lo otro y nada más. La diferencia está en que entonces -treinta años antes- el montonerismo había practicado con éxito su estrategia del "entrismo" y ahora, en cambio, no lo pudo hacer porque el peronismo había alcanzado tal grado de disolución y de desorganización -luego de la experiencia liberal y de los bandazos del presidente Duhalde- que ya no había materia en la que penetrar, ideario del que apropiarse, organismo en el que instalarse ni bandera que arrebatar. El 25 de mayo del 2003 el presidente Kirchner estaba solo y tenía que empezar a construir un poder inexistente. Para lo cual no tenía muchas opciones. El justicialismo le respondía con sequedad y escasa 274

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convicción. La otra izquierda lo miraba con desconfianza, conociendo su pasado de beneficiario de la política petrolera de Menem y poco afecto a la ortodoxia de ese progresismo proteico. Lo que algunos -con ingenuidad o picardía y todos confusamente- llaman "derecha" se alejaba espantada, recelosa de un principismo más sospechado que conocido. En definitiva, que el nuevo presidente despertaba más expectativas que esperanzas y, quizá, más curiosidad que confianza. Todos tenían la sensación de un salto al vacío.A poco andar, se advirtió junto a un rencor seco contra las Fuerzas Armadas y las de seguridad -a las que nunca, lo comprobamos de inmediato, dejó de odiar y de temer-, una inclinación maliciosa hacia ciertas fuerzas del pasado que lo habían acunado en su juventud. Supimos así que su programa de futuro consistía en volver al pasado, reinstalándolo con todas sus procacidades y perversiones. No quiso que nada de ese pretérito -que, por otra parte, pocos recuerdan y sólo un puñado añora- se perdiera y que sus dolores y crueldades retornaran en toda su virulencia e infertilidad.Al recién advenido gobierno le quedaba poco espacio y únicamente lo podía rescatar de su vaciedad una gestión exitosa. No la tuvo, quizá porque prefirió retomar los hilos de la historia allí donde los habían dejado sus antiguos correligionarios agrupados todavía en torno a los fugitivos Firmenich y Perdía. Carente de energías propias, Kirchner optó por lo que denominó la "transversalidad" pagando a buen precio a los hermeneutas que supieran explicar y extender el concepto. En ese espacio todavía a abrir de la transversalidad hay que ubicar los movimientos y las algazaras de los piqueteros que empiezan a jugar su función transmitiendo la sensación de multitudes en marcha, de vanguardias del proletariado, un proletariado demasiado dormido para las necesidades y gustos de un gobierno huérfano de apoyo y de consenso. Todo era y es ficticio pero, como lo enseñaba Maquiavelo, todo consiste en hacer creer. Y aquí se trataba y se trata de hacer creer que el pueblo está en rebeldía, que quiere cambios rápidos y radicales y que persigue objetivos integrales, verdad que son un poco degradados y hasta poco compatibles ya que van desde el rompimiento con el FMI hasta la obtención de una garrafa. Artificial, organizado, primario, este segmento del gobierno montonero de Kirchner logró movilizar los sectores más marginales (y, por eso mismo, más manejables) de la sociedad y los lanzó contra el resto, a sabiendas que la auténtica mayoría no podría reaccionar. Esta es la clave, según vislumbramos, el punto nuclear de la estrategia de estos neomontoneros: introducir otra vez la violencia en lugar de la política, hacer de la

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transgresión una cultura, del arrebato un derecho, de la venganza por mano propia el ejercicio de la única justicia tolerable.Sobre este vacío creado por la violencia multitudinaria, por esta actividad salvaje por fuera del sistema establecido, se levanta el edificio de la nueva legalidad. Por eso la policía no se puede mover ni el poder judicial intervenir. Se deja al lumpen, mesiánico y vindicante, libre y poderoso en la calle; el primer magistrado, los ministros y los más altos funcionarios se muestran complacidos con sus extravagancias y sus delitos. Se ha suspendido en la Argentina la práctica de la justicia y no se sanciona sino al débil que no puede reunir un grupo que lo justifique o que lo apañe. Ni a D'Elía ni a Castells ni a ninguno de sus sicarios se los sanciona. Se ha creado un ámbito donde la ley se ha derogado o se la aplica discrecional y arbitrariamente. El sistema institucional mismo quedó conmovido por la base al trasladarse el poder represivo a los particulares ¿Qué clase de autoridad puede ejercer quien, como Kirchner, inhibe a su policía de actuar siquiera para defenderse? Por esta vía se está abrogando la normativa penal y cualquier otra de manera que la Argentina se transformará en el reino de la selva en la que cada uno deberá volver a su individualidad pre-política. Al mismo tiempo el gobierno, al prescindir de la policía e inhabilitarla para actuar incluso ante delitos "in fraganti" y reiterados, traslada su fuerza de la que es titular natural e indelegable a organismos paralelos como los piqueteros, sus fuerzas de choque.¡Esto es, pues, lo que Kirchner quiso decir cuando informó que no iba a dejar los principios en la puerta de la casa de gobierno! No le creímos entonces pero esto es lo que proponía y lo que está llevando a cabo ahora, quizá con demasiada precipitación.-

LASTIMOSA REITERACIÓN
El general Bendini al parecer no comprendió la deshonra en la que incurrió al borrar al general Videla de la sala de directores del Colegio Militar y de Comandantes del Ejército. Acaba de ratificar que lo volvería a hacer si se lo mandaran. Ante este caso patológico de obediencia debida la denostada obediencia debida- no nos queda sino recomendarle un pistoletazo que ponga fin a la tragedia de su honor perdido. No lo hacemos porque nuestra moral católica nos lo prohibe pero humanamente ningún caballero tendría otra opción.-

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Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 55 – julio del 2004
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¡ESTA ES LA SUBVERSIÓN!

Nadie puede ser tan tonto, complaciente, distraído o cómplice como para seguir negando la realidad. Una realidad que nos estalla día a día y que podemos ver en directo o por televisión. Es la realidad de la violencia brutal, injustificada, gratuita y orquestada que aparece un poco por todas partes a lo largo y ancho del país.-

Lo que ocurrió él 16 de julio en el corazón de la Capital Federal es grave, gravísimo por varios motivos. En primer lugar porque significa, ni más ni menos, que el retorno de esa misma violencia que creíamos desterrada para siempre apenas había huido el último terrorista de los 70´. Hoy vemos que no es así; volvieron todos los que pudieron aunque no todos ejerciéndola con la fruición de entonces porque a algunos de ellos la suerte los encontró ubicados en puestos de gobierno como Duhalde, Righi, Ibarra y, si se quiere aunque de menor cuantía, el propio Kirchner.-

En segundo término porque los acontecimientos acaecidos frente a la legislatura porteña son la culminación de una etapa en esta nueva historia del terrorismo en la Argentina y el comienzo de otra.

Desde la asunción del actual presidente y aun antes, con las excusas más increíbles y las pretensiones más inverosímiles, estos actos de mayor o menor violencia -casi todos claramente delictivos- se eempezaron a registrar encadenándose en una suerte de espiral cuyo momento culminante fue éste al que nos estamos refiriendo; pero debe quedar constancia -y que nadie se llame a engaño- que se está apenas ante el fin 278

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de un momento, que se trata de una bisagra hacia intentonas más duras y sistemáticas.

Estamos ciertos que ahora se inaugura una nueva forma distinta -no ya cuantitativa sino cualitativa- de esta fuerza incontrolable que el gobierno montonero (que nadie eligió y que accedió sólo por insuficiencias del régimen político argentino) puso en movimiento como alternativa al que había recibido (por cierto que altamente viciado). Careciendo de un partido político propio, de aliados seguros, de sindicatos afines, de auténtica inserción social, el gobierno se decidió por construir con sus propios restos y los que pudo recoger una coalición capaz de reemplazar al anterior ordenamiento -del que provenía y del que se había beneficiado pero que deseaba y necesitaba sustituir, para lo cual tenía que destruirloque, de alguna manera le impedía o le dificultaba su revolución pendiente. No por convicción sino por inercia.-

Además, los hechos del 16 J. (como se ha dado en denominar las fechas en que algo importante ocurre) estuvieron tan preparados y

sistematizados que no se pudo disimular tal circunstancia no obstante la babosa e hipócrita dialéctica desplegada por los voceros y los protagonistas de los mismos. Como, por ejemplo, la legisladora Vilma Ripoll que lanzó al aire la primera versión que luego habría de ser recogida disciplinadamente por sus demás compinches: hubo un grupo de infiltrados -quizá no más de diez- que sustituyéndose a los reclamantes la empezaron a las pedradas y a los golpes con la policía, con los empleados de la legislatura, con el edificio en que ésta funciona y con los mismos legisladores que se vieron obligados a escapar como pudieron por puertas y ventanas, con mengua de su dignidad (aquellos que aun la conservan). Esto, obviamente, no es verdad en modo alguno.

Todo ese lumpen convocado por las izquierdas de los más disímiles matices (pero que, a pesar de sus diferencias, siempre coinciden a la hora 279

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de los daños) se dio cita sin saber mucho porqué ni para qué, básicamente inspirado en su vocación de transgresión y destrucción porque sí. A esa corte de los milagros no faltó nadie, desde las clásicas meretrices hasta los insólitos “travestis”, desde los vendedores ilegales hasta los estudiantes de la FUBA que llegaron para no quedar fuera de ese calor “popular” que habitualmente les es tan ajeno, desde los piqueteros profesionales hasta los activistas siempre dispuestos a sumar su cuota de odio y de desorden. No faltando tampoco los vagos y

aburridos en búsqueda de experiencias desconocidas con que matar su tiempo.-

Todos se movieron a clarinadas, respondiendo a indicaciones y tácticas previamente diseñadas, como si hubieran recibido algún tipo de instrucción para asaltar los espacios públicos. No fue necesario extremar la imaginación ni la memoria para retrotraernos a los días del “cordobazo”, antesala y señal del terrorismo que se inauguró entonces.-

En rigor, nadie -ni los dirigentes- sabían qué estaban solicitando ni qué impidiendo y se confundían con las excusas invocadas, como quedó acreditado ridículamente con las declaraciones y explicaciones

posteriores en que todos - políticos izquierdistas, homosexuales militantes, progresistas doctrinarios, comunicadores tramposos,

comerciantes fraudulentos, hetairas ensoberbecidas- fueron dando ante cada micrófono que se les ponía delante, repitiendo un discurso (casi ingenuo) mal aprendido y nada convincente.-

Es sintomático que la terminología política haya terminado en esta verborragia -jamás tan pobre- que avergonzaría a cuualquier dirigente de segunda y tercera fila de otra época. Estamos, sin duda, ante una declinación intelectual de nuestra clase partidocrática que queda demostrado hasta el espanto con las hermenéuticas con que nos bombardearon ese viernes negro.280

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La izquierda en general también está en franca decadencia, en caída libre ya que sólo en un proceso tan hondo y evidente de desaparición puede darse que tengan que recurrir a la hez de la sociedad para tener alguna presencia y hacerse notar.-

Lo que, ciertamente, no le quita peligrosidad; la circunstancia –que el gobierno persiste en descuidar- que a los asaltos en la Capital se hayan agregado los que encabezó Raul Castells -mientras su pareja se disfrazaba lastimosamente de “femme” fatal- en Santiago del Estero y el Chaco, pone de relieve que se está tendiendo una maniobra integral, amplia y coordinada en todo el país. Con la bobalicona aprobación del gobernador de Córdoba, que recibió entre toma y toma amicalmente al jefe piquetero como dándole su aprobación.-

Por su parte, Beliz y Quantin -entre cínicos y desopilantes- tuvieron que hacerse cargo de la responsabilidad de este gobierno montonero que, con la excusa que no conviene reprimir, permitió todos los excesos. Eso de que ese día fue una derrota completa de los piqueteros es tan falso como que todo fue obra de un pequeño grupo de ·”provocadores”. Mienten los católicos del gobierno y los marxistas de la oposición. Tal vez entrampado en su discurso contra la represión –Ibarra reconoció que era necesario reprimir aunque insistió que con racionalidad con lo que vaya a saber uno qué quiso decir- los montoneros en el poder no atinan a responder ni a reaccionar frente a conductas que, al fin y al cabo, les siguen siendo afines.

Los actuales funcionarios no son más que montoneros que ya llegaron y los otros los que todavía que pujan por llegar. Y a propósito, el primer magistrado no repensará su contestación a las palabras de Mons. Aguer que le adelantó que la situación social se estaba saliendo de madre- o se obcecará en que todo está controlado. A propósito señalemos que la 281

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dualidad tolerancia-gatillo fácil -que parece obsesionar al presidente- es, además de una frase hecha, una falsedad tramposa en la que nadie debe caer.-

Un poder ejecutivo autoparalizado, una justicia federal envuelta en las instrucciones que recibe y que cansinamente se apresta a conocer

delitos gravísimos cometidos hace más de un mes fueron el marco de esta pueblada que constituyó un claro delito de sedición, desde que no permitió el funcionamiento de un poder del estado sin que ningún magistrado ni miembro del ministerio público se desvele por este principio de destrucción de la autoridad. ¿Es que no estamos en el

ejercicio de la estrategia fundamental del terrorismo que consistía en levantar un estado revolucionario paralelo y disputándole poder y espacio al establecido? ¿Para qué seguir postergando una conclusión que, si llega tarde, será fatal?.-

Nos preguntamos asimismo no sin angustia ¿éste es el momento propicio elegido por el estado para retirarse y dejar a la república en manos y a disposición de estos prototerroristas que siempre van por más? ¿Qué nos espera con montoneros arriba y abajo?

Lo que ocurrió el 16 de julio no puede ni debe ser disimulado, tergiversado, negado ni olvidado. Es la revolución cultural en marcha, son sus aprestos, sus primeros pasos. De ahí el esfuerzo y el interés de sus inspiradores y protagonistas -activos y pasivos, públicos y ocultos- en desviar la atención pública y en disminuir la gravedad de los sucesos, esfuerzo compartido por el gobierno.

Lo cierto y lo central es que de un modo bastante inesperado el país quedó prisionero -o por lo menos envueltoen una interna de la

izquierda; Ibarra, preocupado por el resguardo de su poder tambaleante, trata de no quedar pegado con la otra siniestra más radicalizada y por eso 282

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mismo más libre para practicar su deporte favorito (el único que conoce) el de la transgresión por la transgresión misma.

También es de la mayor evidencia que se está poniendo en ejecución el plan confeccionado por los sobrevivientes del castrismo en Ecuador, donde se dispuso -con las adaptaciones del caso- la adoppción de una estrategia común a todos los países del continente consistente en explotar del modo más masivo posible el descontento y los sufrimientos derivados de las indudables e insoportables injusticias que viven amplios sectores de su población. Mediante este tipo de conmociones se busca instalar en una sociedad desagradada y agraviada un clima de subversión, un sentimiento de indignación por los fracasos sistemáticos de la economía y por la impune e incorregible corrupción de la dirigencia.-

De esta manera la izquierda procura un doble objetivo; por un lado comparte -y consigue que se admita por el estado- el ejercicio del poder; por el otro logra adueñarse del malestar existente y monopoliza la

reacción que se genera. Es una forma de volver al viejo principio castrista de hacer de los Andes una gran Sierra Maestra. Y el hecho que las violencias hayan comenzado a orillas del Río de La Plata no significa sino un cambio de escenario porque lo que se busca es la implantación en los grandes centros del desorden cuanto más anárquico, inexplicable e infundado mejor.

De ahí que la confusión del 16 J. beneficie en su demencia a todas las izquierdas que se regodean en un ambiente que les es en alguna medida favorable a todas, incluso a las más morigeradas como lo acredita la circunstancia que ninguna de sus expresiones se manifestó en condena abierta a los atentados. O sea que no estamos ante “abusos” deplorables pero más o menos explicables sino ante “usos” pensados por un comando único ubicado lejos de nuestra república, tal vez en el Caribe.-

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Un caso típico fue la declaración de guerra de Oscar Kooperman, cabeza de un movimiento fantasma que solo se caracteriza por su ferocidad

discursiva pero que no dudamos de su aptitud de llevarla a la acción. Prometió perseguir a los legisladores que voten a favor de la reforma del Código hasta “que se tengan que exiliar” ¿No es esto un auténtico terrorismo de Estado? ¡Cuándo los responsables comprenderán que ha sonado la hora de responder en los términos de un desafío que cada vez se vuelve más audaz y más orgánico!

La paciente justicia argentina -que más de un mes después de haberse arrasado una comisaría aun discute su competencia con labilidad y tolerancia- no vaciló en detener a un general de la Nación provocando la muerte de su esposa; para que nadie dudara de su severidad el juez Urso le negó al general Saa el derecho a asistir a su sepelio. La crueldad acompaña hasta los límites de la perversidad a esta “justicia” antirepresiva.-

La izquierda posarmada ha levantado otra ficción contra la cual arremeter para no dejar tranquila la sensibilidad de los argentinos. Ahora con la cuestión del Plan Cóndor -cuya inexistencia institucional consta a todoses la excusa por la que se movilizan los disciplinados jueces que quieren hacer ver -siguiendo las directivas recibidas- una terrible conspiración contra los luchadores de la democracia, los terroristas setentistas. Hubo es probable y, en todo caso, fue necessario- una coordinación de los diversos estados sudamericanos afectados por la guerra revolucionaria de esos años ¿Cómo no iba a ser así? La guerra fue continental -según lo declararon en su momento y lo siguen haciendo ahora sus personeros-, la respuesta también lo fue: nada de ilícito, pues en este acción conjunta; lo que se procura es extender la condena a todos los aspectos de la lucha antisubversiva.-

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Bendini nos recuerda demasiado al general Carcaño, aquel del tétrico Operativo Dorrego, reiterado con más cautela y menos ostentosidad con esta nueva conducción.-

Cuando el ministro Fernández le atribuye a “la extrema izquierda” la culpa por el ataque a la Legislatura no podemos menos que preguntarnos dónde ubica a las Madres de las que su presidente nos declaró hijos. ¿Nuestras madres cometieron esos destrozos?

A Bonadío le pasa lo peor que le puede ocurrir a un juez, medir con dos varas. Declaró la prescripción de los delitos cometidos por un vasco terrorista (confeso de sus delitos cometidos hace 20 años) ahora exiliado en nuestro país y denegó su excarcelación a España requerida por el insospechable Garzón

¡Exactamente lo contrario de lo que tiene dispuesto

con respecto a

militares argentinos a los que, sin prueba, los procesó y se apresta a condenarlos por ser sus delitos imprescriptibles! Esta doble óptica -más propia de su mandante Kirchner- sí constituye delito de prevaricato. Pero nadie se molestará en enrostrárselo.

Víctor Eduardo Ordóñez

"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 56 – agosto del 2004
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"SE CONSUMO LA ENTREGA"
Por previsible amplia mayoría la legislatura porteña aprobó el traspaso de los 11.000 mts2. que pertenecieron a la ESMA a la ciudad de Buenos Aires; graciosa concesión realizada por la nación al Estado de Buenos Aires pero, en la práctica tan graciosa donación fue a las Madres, Abuelas, CELS y demás espantajos de los "derechos humanos". Fue el fin de una comedia y el comienzo de una tragedia. Porque, si bien el almirante Godoy y sus hiper adictos altos jefes navales pueden felicitarse mutuamente y refregarse las manos - han cumplido con la obediencia debida al más alto precio, el del propio honor y el de la fuerza dando tan amplia satisfacción a sus enemigos de ayer (y aunque ellos no lo sepan ni lo crean, a los de hoy), han hecho más, han producido, si cabe, un efecto más devastador que el previsto en un primer momento. Con la entrega de esos terrenos –tan valiosos por más de un motivo, en especial por su alta cotización ética- no sólo formalizaron y, por así decirlo, graficaron la rendición anunciada el gris 3 de marzo pasado sino que, lisa y llanamente, ilegitimaron la guerra antisubversiva y, consecuentemente, legitimaron la subversiva de un modo que ni el más comprometido y radicalizado miembro del gobierno pudo en sus mejores sueños, imaginar.-. Se va a levantar en el predio un hipócrita y perverso "museo de la memoria", de la memoria de los terroristas que por esas instalaciones pasaron después de sus crímenes (reconocidos con placentera tranquilidad de conciencia por sus protagonistas más atroces, como Miguel Bonasso, los descendientes de los Santuchos y algunos más que siguen por ahí lucrando con sus fechorías de otros tiempos). En cambio, los atentados (homicidios, secuestros, torturas, amenazas) cometidos contra las Fuerzas armadas y de seguridad en especial y contra la sociedad en general, pasarán rigurosa y metódicamente al olvido. No habrá para sus cuantiosas víctimas, militares y civiles, recuerdo ni memoria. Ni museo. Ni literatura que los reivindique como luchadores del orden y la libertad natural. Para ellos la ignominia en la representación colectiva, para sus victimarios el homenaje.No vamos a detenernos en la consideración de lo que esta maniobra urdida en las alturas del poder política y consentida y completada en las del poder militar, significa para los montoneros y erpianos, muertos y sobrevivientes, ahora en el gobierno (sólo diríamos que llegaron 286

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imprevistamente, ni por las armas como esperaban ni por los votos que no obtuvieron); esta conquista de un terreno que ha adquirido a partir de ahora un valor simbólico tremendo, es para esas bandas nunca disueltas una victoria que, ante sus ojos, se presenta como final y definitiva. Ahora deseamos hacer una referencia, una más, a la actitud de los responsables últimos de la conducción castrense. No nos hacemos la ilusión que vayan a escuchar ni, menos, rectificar su conducta de acomodamiento a las deshonrosas órdenes recibidas; sólo y simplemente pretendemos echar la semilla de lo que llamaríamos remordimiento o, quizá, preocupación. Una preocupación tanto moral como profesional y, o si se prefiere, "técnica". ¿Han pensado en la posibilidad –nada lejana- que vuelva la subversión pero no ya por vía electoral (como la casualidad les permitió acceder en el 2003) sino abiertamente por la violencia organizada y militante según ya se advierte por todos lados? ¿Cómo ven y qué interpretan cuando pequeñas pero bochincheras y mediáticas multitudes de marginales ocupan las calles, atacan edificios públicos, toman rehenes (incluso ministros), exigen por la fuerza que se los mantenga sin trabajar y que, incluso, se los mime más allá de la satisfacción de sus necesidades elementales? ¿Qué razonan los jefes militares cuando observan que los responsables del asalto y destrucción de dos comisarías son recibidos por el propio presidente? ¿No creen adivinar detrás de esas convulsivas marchas que asolan las calles de las ciudades argentinas un esbozo de golpe de estado, una gimnasia prerrevolucionaria, un anticipo de un terror que jamás fue renunciado ni descartado? ¿no vislumbran que la historia, que tanta sangre y dolor costó, puede repetirse ya que los indicios y las tácticas de treinta años atrás vuelven a implementarse pero esta vez virtualmente, a la luz del día y sin anticuerpos? ¿No les dice nada ese movimiento incansable de reclamos artificiosos y hasta excéntricos? ¿O en verdad se confunden y suponen que ese lumpen movido por mafiosos practica una democracia directa? Y, en todo caso, ¿ésta es la democracia que los generales, almirantes y brigadieres en actividad quieren para el país? Según sean sus respuestas –en definitiva, se trata de saber si sirven a la república o a un sistema partidario- nos daremos cuenta si están dispuestos a continuar el desguace de las fuerzas a sus órdenes o, si por el contrario, están dispuestos (y en condiciones objetivas y subjetivas) de reanudar la guerra antisubversiva cuando sea necesario. Y el interrogante final: quien maneja sus servicios de inteligencia, oficiales especializados o fueron también transferidos a los Bonasso y Verbitzky.*********************************************************************

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"EL CÓNSUL SE ENOJA"
Héctor Timerman es hijo de quien es y eso no lo justifica por cierto pero lo explica. Fracasado en varias intentonas periodísticas no tuvo inconveniente en alistarse al lado de Mariano Grondona que es un liberal consecuente en cuanto a su asepsia doctrinaria y en cuanto a su escepticismo glandular, falencias que lo llevan a acoplarse con cualquiera y a practicar un ecumenismo casi sin fronteras (sólo le espanta cierta incivilizada "derecha").Volviendo al improvisado diplomático – beneficiario directo del giro izquierdista registrado cuando accedió al poder una ultra minoría de audaces montoneros que se comportan como si fueran una mayoría publicó una larga carta de lectores en La Nación del 12 de agosto pasado quejándose de un artículo del Wall Street Journal en el que se identifica a los piqueteros de hoy con los terroristas de antaño; en verdad le sobra razón a la autora –es lo que venimos sosteniendo desde hace tiempo- que se muestra más sagaz o más honesta que tantos analistas locales. Porque, en efecto, los piqueteros –organizados, transgresores, prepotentes, farsantes- cumplen las funciones de agitación de los violentos de 30 años atrás: irracionalizar la política, ahondar los conflictos o provocar otros nuevos, muchos de ellos extremados o artificiales, hacer imposible la concordia, indispensable virtud social. Es decir, procuran crear un clima contestatario de agitación y de insatisfacción, de desconfianza y de conmoción más o menos permanente de manera que la sociedad se conforme a una nueva metodología de reclamo cada vez más radicalizada y por fuera de las instituciones. Mediante esta agitación renovada y sistemática se destruye o se vacía la república todavía vigente y se busca instalar una distinta, con presupuestos que surgen de estas mismas alharacas que pretenden (en vano) ser multitudinarias y espontáneas. En cuanto a su afirmación que "el accionar piquetero es parte de un debate intenso, muchas veces saludable" es una mendacidad que, por estólida, resulta increíble aun para los más dispuestos a aceptar la ecuación ¿Qué clase de debate puede surgir de la extorsión abierta, de la ocupación de casinos, de la toma por asalto de oficinas públicas, del arrasamiento de comisarías, del sitio tendido en torno a la legislatura de la Capital Federal (impidiendo justamente el debate) y un por ahora interminable etcétera ? Luego el improvisado diplomático –llegado al cargo de cónsul en Nueva York por recomendación e influencia de su difunto padre- se explaya acerca de las citas del artículo que objeta. Dice algo que no le conviene porque se le puede volver en contra bien interpretado "Muchos de quienes formamos parte de este gobierno fuimos víctimas del terrorismo de Estado y por lo tanto estamos convencidos de que la vía pacífica para la solución de los problemas sociales es la única alternativa" Nos 288

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alegramos que un montonero tal vez en agras haya alcanzado tal conclusión ¡Lástima que ni él ni su padre ni sus correligionarios no lo hayan advertido antes! ¡Cuánta sangre y muerte nos hubiéramos evitado! Pero, tardío y tácito, el reconocimiento es mezquino porque en la inteligencia de Timerman (h) la observación es aplicable sólo a los luchadores contra la subversión, es decir, en su terminología, "los terroristas de estado" , esto es, no a sus correligionarios a los que parece exculpar sin siquiera detenerse a enjuiciarlos ni mencionar sus fechorías.Un poco más adelante aclara con cierta cínica ingenuidad el concepto. "Terroristas son quienes cometieron los atentados del 11 de septiembre. Terroristas son también quienes volaron hace 10 años la sede de la mutual judía de la AMIA ... "Es certísimo pero ¿y los que volaron el comedor de la Policía Federal y los que hicieron saltar por los aires a la hija de Lambruschini y a un jefe de la policía y a su mujer, los que secuestraron a Aramburu, los que atacaron en Viejobueno y en el regimiento de La tablada? ¿Cómo califica a éstos actores el novato cónsul en N. Y., en qué categoría ética los ubica? Porque existieron esos atentados que bien pueden ser llamados actos terroristas, ni peores ni mejores que los que él enumera ¿O no los hubo? Y en su caso ¿cómo llamar a sus responsables? Pues bien, las palabras de Timerman (h), oídas con algún optimismo, podrían estar indicando una rectificación de lo que se realizó y programó cuando él era aun un mozalbete que contemplaría a su padre en su telúrico esfuerzo por confundir a la opinión argentina. Nos tememos que no haya tal rectificación porque no hay en los izquierdistas contemporáneos tampoco arrepentimiento y sospechamos que el flamante diplomático limite su adjetivación a los autores de las voladuras de las Torres y de la AMIA, los demás no son terroristas, tal vez se trate de terroristas buenos (o idealistas incomprendidos).No queremos extendernos y finalizamos la nota con una referencia a una afirmación insólita y pueril. Se vanagloria el neofuncionario de la forma con que fueron designados los jueces de la Corte Suprema, olvidando con malicia que el decreto 222 por el que se regiría el mecanismo de designación de esos magistrados se convirtió desde el primer momento en papel mojado, en una formalidad incumplida. Más de 18.000 objeciones al nombramiento de Argibay Molina (que cuando fue camarista jamás fundamentó su voto) fueron ignoradas por el gobierno y por el senado con olímpico desdén. Comprendemos pero no admitimos que H. T. haga sus primeras armas al servicio del gobierno que integra incurriendo en una hipocresía rotunda. Este juego de medias verdades, de ocultamientos, de supuestos axiomáticos y de olvidos dolosos, de discriminaciones tramposas, es el modo de ganarse y de asegurarse el pan cotidiano. Allá cada uno que sabe cual es su precio.-

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"LA CARLOTTO CUIDA SU ESCENARIO"
La pérfida señora de Carlotto – que se especializa en nombre de su odio en destruir familias constituidas con la solidez que da el amor auténtico no tolera que nadie, y menos un recién llegado al territorio de los derechos humanos, le pise el poncho ni le quite protagonismo. Ella y sus comilitonas no toleran que alguien que no sean ellas mismas se ocupe ni preocupe por obtener una mejor justicia, por mejorar la legislación penal ni por descubrir a los autores de tantos secuestros y asesinatos que nos vienen conmoviendo desde que el mal llamado garantismo se instaló en nuestros tribunales y universidades.La Carlotto, al igual que la Bonafini quieren cada una monopolizar esta cuestión para lo cual se han dividido las tareas: una se encarga de los nietos de desaparecidos y otra de los desaparecidos mismos. Pero sólo de esos, de los que pelearon y perdieron en la década del 70; de las actuales y concretas víctimas de nuestros días se desinteresan por completo. Lo que viene a demostrar algo que venimos sospechando desde hace tiempo, para ellas (y para las demás organizaciones de los derechos humanos, incluyendo la secretaría a cargo del que fuera abogado de Santucho y socio de Ortega Peña) es un instrumento de operación para recuperar vigencia, una excusa para estar presentes, reivindicando y reviviendo aquellas jornadas sangrientas que sus descendientes llevaron a cabo con saña que ellas admiran y un ideario tétrico cuyo simple elogio constituye un delito; en fin una herramienta para actualizar aquella ferocidad revolucionaria de la que nos quieren hacer olvidar.Ahora la señora de Carlotto se molestó con una vecina de un joven secuestrado que le había enviado una carta al presidente solicitando una verdadera política de seguridad y que se olvidara un poco del pasado y se interesara más por el presente. Y agregó que "Blumberg no existe" Con lo que acreditó su genuino sentido moral (no le importa nada fuera de la suerte de su supuesta nieta desaparecida), probó asimismo su insensibilidad para con un padre cuyo hijo efectiva e indudablemente fue asesinado, y demostró que, en definitiva, toda esta temática de los derechos humanos es para estas sierpes una cuestión abstracta y utilitaria que sólo puede ser manejada por ellas, siempre que no escape a los hechos de la década en que se formaron Kirchner y muchos de sus hombres. Lo que ocurra ahora no importa por lo mismo que no es rentable en ningún sentido.- . Claro que esta indiferencia con respecto a los delitos que nos agobian no es inocente ni tampoco la lenidad para su tratamiento. Estas mujeres se proponen mantener un régimen criminalístico permisivo y laxo con el 290

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objeto de que no se reconstruya un estado fuerte, justiciero y represor (por el que se clama), que entorpezca con algún tipo de preocupación por la seguridad colectiva la implantación del clima revolucionaria (el de una violencia latente cuyos tiempos ellas pretenden manejar) y en el que buscan comenzar nuevamente.Finalmente nos preguntamos y le preguntamos a la briosa señora si no hay detrás de sus despectivas palabras un toque de envidia. Porque sabe que ninguna puede reunir una concentración de más de 200.000 personas. La soledad real es su signo.Víctor Eduardo Ordóñez

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"OTROSÍ" Nro. 57 – septiembre del 2004
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"LA NUEVA REVOLUCION"

Los piquetes no son movimientos inocentes así como no son espontáneos. Habría que incursionar en la política menuda para comprender algo de su significado y entonces contemplaríamos los bastardos intereses y las perversas intenciones que se mueven detrás de estas algazaras más espectaculares que numerosas.; y algo también sobre estas organizaciones que han hecho de la trasgresión por la trasgresión misma, un estilo y una metodología. Apuntemos,

simplemente, que su presencia en las ciudades argentinas, aparte de su significación pre-revolucionaria que aquí denunciamos, está poniendo de relieve la clausura del desgastado y pervertido sistema institucional

argentino que permite este tipo de manifestaciones precisamente por la obstrucción de sus vías naturales. Sin embargo no es este aspecto, si se quiere relativamente secundario aunque no por ello menos irritante, el que debe ahora llamarnos la atención ni alarmarnos, más allá del obvio y comprensible fastidio que provoca ese continuo y sistemático reclamo que altera nuestra vida cotidiana y nuestra actividad habitual, lesionando –en el marco de la más insólita impunidad- los derechos del ciudadano que quiere trabajar y transitar con la normalidad que se puede esperar de la civilización.-

El “piqueterismo” encierra y supone una intencionalidad y una estrategia más trascendentes que la que se quiere hacer creer. No son sola ni simplemente reclamos y quejas por mayores subsidios al desempleo, más puestos de trabajo o cuestiones semejantes; algunas de las cuales son, sin duda, atendibles y merecen satisfacción. Aunque tampoco 292

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caeremos en la ingenuidad de aceptar por completo la sinceridad de los mismos desde que la mayor parte de las organizaciones que gustan interrumpir calles, rutas y puentes y agredir a las fuerzas de seguridad incluyen en sus petitorios programas tan radicalizados como imposibles de cumplir (así el rompimiento con los centros multilaterales de crédito internacional sin atenerse a las consecuencias ni prever otra alternativa). Hay detrás de esta gesticulación nerviosa, de este paroxismo

sobreactuado un ideologismo tosco e infantil que nadie se ha propuesto descifrar con sinceridad y que, de hecho, nadie toma en serio. Pero más allá de estas consideraciones –que nos limitamos a apuntar- se abre y se extiende un panorama mucho más tétrico que, aunque oculto todavía para los argentinos, ya ha empezado a manifestarse en su verdadera dimensión y en su auténtica pretensión en otros países de continente.nuestro

Se trata de lo que algunos investigadores (como Carlos Manuel Acuña) denominan “La guerra social”, definiéndola como “estrategia del siglo XXI”. Veamos en que consiste porque habrá que estar sumamente atento a sus avatares porque de ella vuelve a depender nuestro destino individual y como comunidad.-

Es, por supuesto, una nueva modalidad de la vieja revolución que se viene arrastrando desde la instalación del comunismo soviético en la mitad de Europa, su exaltación y explicitación durante la Guerra Fría (en modo especial en la periferia) y el giro que sus ideólogos y responsables le imprimieron a partir de la caída del imperio soviético en los 90. Como se sabe, la URSS había desatado sobre el espacio de influencia que Estados Unidos se había reservado para sí, una táctica terrorista y guerrillera que se extendió a todos los estados hispanoamericanos durante la mítica década de los 70, la misma que nuestro actual presidente añora sin disimularlo. Esa experiencia militar terminó en un fracaso como tal, es decir como movimiento armado aunque sus secuelas se extienden hasta nuestros días de 293 diversas formas, como la

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persecución de los vencedores, la reimplantación y reivindicación de un ideario –justamente y no por casualidad ni inocentemente denominado “setentista” que, impreciso como es, nadie sabe qué es- , el retorno de sus hombres más significativos, el olvido de los numerosos actos de crueldad perpetrados por los “jóvenes idealistas” de entonces, en fin una persistente actividad mediática, política y judicial que ha introducido una espantosa confusión en la sociedad argentina; de manera que los

victimarios de ayer son las víctimas de hoy y a la inversa. Nadie entiende bien lo que ocurrió hace 30 años, muchos de los comunicadores deforman o niegan los acontecimientos, otros los ignoran o los olvidan o pasan por alto sobre los crímenes de la subversión. Se ha conseguido instalar una suerte de “ortodoxia” política e ideológica de la cual a nadie le es dable apartarse en lo más mínimo. Para esta “nueva izquierda”

(nueva en cuanto a la estrategia que planifica y se propone llevar a la práctica) es fundamental que el pasado como tal se clausure para los argentinos de hoy de modo que la sociedad se conforme y adecue a la versión estereotipada, que terminó por imponerse, de aquellos “años de plomo”; que lo fueron efectivamente ya que el terrorismo instalado entre nosotros se cobró vidas sin cuento en aras de una reivindicación inmediata, total y definitiva (pura utopía en su más perversa acepción) de la justicia, la democracia y la igualdad. Para que la revolución se renueve y se continúe es imprescindible que su imagen siga siendo idílica, casi romántica, comprensible y simpática ¿Cómo podría el pueblo argentino juzgar a un movimiento –que a pesar de su discurso nunca fue masivo sino producto de minorías de mentes enfermizas- que, primero por un Perón ausente y luego por un Perón presente, se dedicó con sistemática fruición a matar, secuestrar y destruir? Les es imprescindible a sus actuales protagonistas olvidar y hacer olvidar su pretérito. No les queda, entonces, más que tachar a la represión de genocidio y a la subversión de revolución justiciera.-

Lo que ocurrió en nuestro país se repitió, con variantes, en los otros del continente; de manera que la derrota militar de los subversivos, con la 294

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excepción de Colombia donde la revolución lleva varias décadas,

fue

completa y simultanea, dio lugar a un proceso de democracias liberales, proceso sobre el que no corresponde pronunciarnos en esta oportunidad. Así las cosas, los restos terroristas tuvieron que optar por reinsertarse en el sistema que habían combatido (y lo hicieron sin demasiado prurito ni inconveniente) o encarar una nueva acción violenta pero de características distintas. Y aquí es donde se produce un acontecimiento en el que debemos detenernos porque, de prosperar la iniciativa y la estrategia puestas en práctica, la Argentina y muchos territorios latinoamericanos podrán volver a ser escenarios de una forma renovada del terrorismo de otrora.-

En julio del 2000 en la ciudad ecuatoriana de Mantas se llevó a cabo una reunión clandestina de los grupos subsistentes de la violencia militar que se había ido acabando en las postreras décadas del siglo XX. La experiencia armada había finalizado y era imposible retomarla ni reanudarla. Las sociedades que la habían sufrido preferían olvidarla en la medida en que habían entendido que lo ocurrido (para la mayoría se trató de una violencia sin sentido, un elitista dispendio de energías que muy pocos comprendían y menos admitían) ¿Qué hacer entonces?

A la cita concurrieron todos los que habían quedado con vida luego de la tragedia que ellos mismos protagonizaron; y estuvieron previsiblemente ausentes todos los que se habían reinsertado en el régimen liberal económico que no suele preguntar mucho acerca de los antecedentes de los pretendientes a ingresar (caso patético e insólito el de Roberto Galimberti que pasó a servir al mismo empresario que había secuestrado poco tiempo antes) Se decidió, por evidente necesidad, abandonar la antigua táctica foquista y “entrista”, tan cara a los guevaristas, al punto que le costó la vida a su ideólogo e inventor. No es que se haya renunciado a la violencia como instrumento político sino que se resolvió matizarla para adaptarla a las circunstancias posbélicas. Se optó no por insertarla como se había intentado antes, esto es imponerla desde fuera 295

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de la sociedad con lo que no se podía superar un tono exógeno, algo de artificial y de elitista que marcó desde un comienzo al terrorismo continental tanto urbano como rural. A partir de Mantas se trató que esa violencia –más o menos armada y radicalizada según los casos nacionales- apareciese como expresión de cada comunidad y no como aplicación de una estrategia global. En otras palabras, se “nacionalizó” el reclamo apoyándolo en necesidades reales y concretas y se buscó

arraigarlo en las honduras sociales de suerte que esa actividad pudiera ser captada, interpretada y aceptada por cada sociedad; se procuraría en adelante que el terrorismo dejase de ser una emoción y una abstracción, un divertimento para los jóvenes idealistas (de ordinario universitarios y burgueses) sino que se transformase en cosa de hombres y mujeres de bajo pueblo, una actividad en la que pudiesen participar los marginales y, si fuese preciso, el lumpen siempre dispuesto a las tropelías. La nueva violencia –que no recurriría en un primer momento al terror estructural como en la etapa anterior- adquiriría así un carácter popular del que virtualmente careció. Recuérdese a este respecto que el montonerismo hasta su alianza con el ERP, había intentado enquistarse en el peronismo, adoptando su terminología y su folklore, infiltrándole su propia problemática y captando sus resortes sentimentales (“Luche y vuelve”, “si Evita viviera sería montonera” y varios eslóganes similares) proporcionándole a estos lemas un soporte programático inédito.-

La nueva táctica centra su ataque sobre la sociedad “inorgánica” antes que sobre el estado, como anteriormente.. Por eso apuesta a contar con la aquiescencia de la sociedad misma y con la tolerancia –casi cómplicedel poder político que tiende a facilitarle su actividad y a desincriminar sus agresiones. La primera etapa consistió en una auténtica guerra (la guerra revolucionaria) con organización militar simiesca pero tomada muy en serio por esos “oficiales” y con objetivos también militares, como la toma de guarniciones y el libramiento de combates como los de Tucumán. Todo esto, según la doctrina de Mantas, ha quedado provisoriamente atrás o postergado.296

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Se consiguió ya la caída de un presidente constitucional –bien que harto corrupto- como Sánchez de Losada en Bolivia en tanto que en Perú, Alejandro Toledo se encuentra a punto de desplomarse bajo los impulsos de masas indígenas pauperizadas que recorren el país con disciplinado pero genuino odio tras siglos de explotación. Es posible que el movimiento se extienda a otros sitios donde las circunstancias lo permitan por lo que el peligro de un estallido colectivo se encuentra latente a lo largo y ancho de la geografía americana. Menos gramsciano y menos trotskista que la experiencia anterior, la actual tiene elementos de ambas proposiciones y debe considerarse como un paso previo al ataque final en el que, sin duda alguna, participarán todas las izquierdas por más laxas y democráticas que se presenten y que se pretendan.-

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"LAS FARC ESTAN ACA"

Círculos de la inteligencia colombiana han advertido que varios de sus miembros han llegado a la Argentina, entre otros países, con el propósito de “expandir su organización”. No es, como se recordará, la primera vez que un dato de semejante gravedad corre entre nosotros; incluso se ha hablado de la presencia de una suerte de embajador permanente que, de hecho, circula con entera libertad por agrupaciones ye instituciones que, es de suponer, tienen afinidad; y hasta se dijo que tuvo reuniones con el ex presidente Alfonsín.-

Ya han surgido voces tranquilizadoras que señalan que los tales elementos infiltrados serían simplemente traficantes de drogas en busca de nuevos mercados o de bocas de expansión hacia Europa. Aun siendo exacta esta versión, no podemos dejar de resaltar el horror que este 297

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comercio degradante –practicado por los terroristas de la FARC, pretendidos reivindicadores de la dignidad human- constituye para quienes lo realizan y que demuestra la laxitud de su ética. Pero además no se debe caer en la ingenuidad de suponer que los infiltrados mercaderes –cuyos ingreso y egreso del país están oficialmente comprobado se limitan a esa actividad. “Los sin tierra” de Brasil, por ejemplo, integran una organización (que también asistió junto con los colombianos al cónclave de Mantas) que sugieren con demasiada claridad que está dispuesta y en condiciones de retomar las armas en cuanto el momento le sea propicio. Si los traficantes de drogas están asociados a los terroristas en Colombia, colaborando unos con otros en beneficio recíproco, ¿qué les impide seguir colaborando y fusionados entre sí fuera de su escenario de nacimiento?-

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¿DE QUE TERRORISMO HABLA?

El presidente Kirchner, en su intervención en la Asamblea de la ONU, condeno con énfasis al terrorismo; hombre astuto se alineó gustoso a los reclamos nortemericanos aunque su colega Bush no lo recibió. Nos preguntamos desorientados a qué terrorismo se refiere. Porque es la misma persona que colocó en su gobierno a terroristas de antaño, que homenajea a los que cayeron y que los reivindica cada vez que puede ¿Es que en la mentalidad presidencial existen dos terrorismos, uno buen y otro malo, como el colesterol? Si es así hemos de enseñarle que la práctica infundada de la violencia es siempre condenable y que han hecho bien –y muy bien- aquellos que la combatieron en el mismo

terreno y con los mismos recursos elegidos por ella. Que se coordine, pues, el primer magistrado y procure no caer en contradicciones que lo desnudan ante la opinión pública ¿Qué diferencia hay entre la Bonafini y 298

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Ben Laden, en sus objetivos y en sus medios, en su moral y en su metodología?

Víctor Eduardo Ordóñez

"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

"OTROSÍ" Nro. 58 – octubre del 2004
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"LA CORTE DE LA SUPREMA INDIGNIDAD"

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia (¿), referente a la indemnización obligatoria para todos aquellos que se exilaron después de 1976, no resiste el menor análisis sensato. Es arbitrario, discriminatorio, 299

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tendencioso e ilegal, es decir que reúne todos los requisitos como para que el tribunal que lo dictó sea sometido al juicio político previsto para los jueces que no saben administrar justicia o que caen en flagrante incumplimiento de los deberes de su cargo. Que es lo que pretendemos desde estas páginas. No podemos dejar de angustiarnos como ciudadanos cuyos destinos están en manos de estos ideólogos trepados a las escalinatas de los tribunales (tribunales desquiciados, es verdad, pero con poder para imponer sus pareceres).

La sentencia fue dictada por unanimidad lo que nos lleva ante todo a una conclusión que pone en juego la honorabilidad de estos magistrados. Está claro que de Zaffaroni no se podía esperar algo distinto no sólo –y no tanto- porque su procedencia doctrinaria (o, mejor dicho, ideológica) hacía previsibles pronunciamientos de esta naturaleza y tenor sino porque está en humillante sintonía con los requerimientos del poder político que para algo lo designó.-

Y lo mismo cabe decir de su colega íntima y discípula, Highton de Nolasco, carente por completo de criterio jurídico y orbitante del pensador del garantismo irreductible, justamente el mentado Zaffaroni. En cuanto a Boggiano, su voto debe ser entendido como un esfuerzo postrero para retener el cargo, esfuerzo tan indigno como inútil porque los implacables sicarios de Kirchner que se sientan en el Congreso siguieron dando muestras de inflexibilidad en el cumplimiento de las instrucciones recibidas: la Corte entera para el presidente, sin admitir la menor fisura. Respecto a los radicales Fayth, Petracchi y Belluscio (todos provenientes del riñón de Alfonsín y sobrevivientes del Pacto de Olivos) cambiaron su decisión de años anteriores que había denegado las indemnizaciones a los autoexilados por no estar comprendidos en los supuestos de la ley 24.043, ley de por sí suficientemente agraviante del buen sentido y de la equidad, extraída de los enjuagues a que era tan afecto el ex presidente Carlos Menem. Suponemos que sus razones

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tendrán para marcar el paso al ritmo que se les imponga desde la casa bermeja.-

Pero como la izquierda no se anda con chiquitas y siempre va por más, ahora por una tramoyesca vía hermenéutica (la recorrida por la Corte que ya no es ni suprema ni de justicia), obtiene más dinero para más presuntas víctimas de la represión. Lo que sobrevenga quedará librado a la exultante imaginación de los terroristas de hoy; que, como los de ayer, la tienen en porciones patológicas. Y así como los de antaño trataron de justificar la guerra por ellos declarada (con el apoyo, dirección e inspiración de Fidel Castro) los de hogaño consiguieron legalizar “su” paz (con el apoyo, dirección e inspiración de Néstor Kirchner) a costa de la renovación de un enfrentamiento que sólo ellos desean mantener y que la sociedad procura olvidar.-

Y se comprende que así se lo propongan puesto que esperan cobrar muchos millones de pesos, incluso más de los que ya llevan percibidos en virtud de esa extraña ley, que obliga a los agredidos a pagar a sus agresores y a cederles sus predios, en especial en aquellos en que ejercieron su defensa legítima. A propósito, a esta altura nadie duda que esta sentencia de los máximos jueces (dos aliados, uno amenazado y tres atemorizados) viene a completar o a facilitar el formidable negocio inmobiliario que se prometen desde el 3 de marzo del corriente, cuando el Alm. Godoy anunció la entrega de las más de 15 hectáreas ubicadas en una de las zonas más apreciadas de la Capital Federal, de propiedad de la Armada donde se encontraba la ESMA.-

A la señora Yofre de Vaca Narvaja - madre del asesino serial Fernando, ahoora al frente de un burgués comercio, habiendo al parecer olvidado entre otros, los homicidios de la jovencita Paula Lambruschini y del general Pedro E. Aramburu, sin contar innúmeros atentados de su autoría o inspiración -, tal vez por su edad o por sus rencores inextinguibles, se 301

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le confunden los recuerdos y las realidades. Declaró entre sollozos –que probablemente no le sobrevinieron cuando veía a su hijo embarcado en las aventuras más aberrantes- que el dinero que va a percibir merced a la buena predisposición de sus correligionarios de la Corte no debía ser considerado como un resarcimiento sino como una reivindicación moral.-

¡Vaya hipocresía y vaya travesura dialéctica la de esta anciana que olvida sus pecados pero no sus mañas! ¿Es que no fue ella la que viene litigando desde hace años para beneficiarse con tal “reivindicación moral”? ¿O hemos de creerle que sólo lo hizo para rescatar la memoria de su marido y de su otro hijo muerto por su participación en la subversión? Ahora, en el momento de reunirse con sus dineros –que algún consuelo le proporcionarán a sus casi 90 años- vuelve a rescatar el terrorismo protagonizado por sus familiares (“la subversión fue necesaria entonces”, fueron sus palabras que un Poder Judicial más estricto y menos bizco podría calificar de apología del delito). Nadie podrá entender en buena lógica porqué el responsable e iniciador de la violencia podía no esperar una respuesta condigna.-

Es que en la inteligencia terrorista –y este es un punto crucial en su estructura y metodología- no cabe el derecho a la defensa ante el ataque revolucionario que se sostiene en una sórdida vocación redentorista.

La violencia revolucionaria está justificada por sí misma, es como la verdad revelada para los creyentes; y, por lo tanto, todo lo que se le oponga u obstaculice es condenable sin más y, a su turno, debe ser castigado. Está todo muy claro: el bien acá y el mal allá. Pero para el caso que no triunfe “el bien” habrá que esperar a que cambien los tiempos para que se aplique la sanción a los que no comprendieron el signo de los vientos de la historia (los que en los 70 soplaban desde Cuba y despeinaban al joven Kirchner) y así usufructuar la justicia revolucionaria en forma contante y sonante, lo que no deja de ser un premio.302

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En medio de estos abracadabrantes acontecimientos nos queda una comprobación que también puede ser considerada como una lección si la sabemos aprender y aprovechar; y es que la subversión sigue estando entre nosotros, apenas disimulada, ahora protegida y siempre presta a reaparecer y resucitar con sus siniestros coros de muertes, secuestros y destrucción. Lo que quiere decir que la guerra –por el momento bajo otras formas menos bélicas pero no menos perversas- continúa. Sería espantoso que, bajo la guía de jefes ciegos, rendidos o infiltrados, no se lo advirtiera así.

Y, como lo hizo la señora Yofre, viuda de Vaca Narvaja, se pueden conseguir dos efectos simultáneamente, la legitimación del terrorismo (porque esto significa el pronunciamiento del “alto” tribunal) y su reparación teórica y hasta ética (“entonces fue necesario”). A partir de este fallo y de semejante juicio de valor nada quedará en pie. Y Gramsci habrá triunfado aun sin proponérselo pero como él sugería: no por las armas sino por el terrorismo reducido y traducido a términos culturales. Otra forma de violencia.-

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"COMO SE PARALIZA LA REPUBLICA"

Raul Castells ha demostrado cómo –de la manera más fácil y hasta simpática y emotiva- se puede conseguir que una república deje de funcionar en el momento que se quiera. Basta, por lo que se vio en el Chaco, que una persona extorsione a algún magistrado judicial para que éste ceda, desconozca el derecho e incumpla del modo más grosero la ley. Lo extorsione del modo que sea, por la exposición mediática, por el 303

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temor a las consecuencias sociales, por la presión psicológica, por la obsecuencia reverencial. Poco importa en determinado contexto que el orden jurídico se desplome ni que se instaure una discrecionalidad en beneficio de los matones disfrazados de mártires, lo que supone la instalación del principio de desigualdad a favor de los izquierdistas, cuanto más violentos y aspamentosos mejor.-

El caso de D’Elía se convertirá con el tiempo - lo es ya-

en

paradigmático: a casi seis meses de haber cometido un delito gravísimo (la toma y desguasamiento de un establecimiento policial), que él mismo reconoció y que se encuentra probado hasta la saciedad, ningún juzgado lo ha llamado a declarar, sin duda a la espera de recibir las instrucciones correspondientes. En este marco de impunidad para unos y de persecución a mansalva para otros, nadie puede ser optimista, excepto, claro está, los propios izquierdistas que usufructúan con total descaro las posiciones alcanzadas en el poder judicial, nacional o provincial.-

Dando por sincera la actitud del líder piquetero (dicho entre paréntesis, no deja de tratarse de una farsa, del montaje de un fenómeno mediático en virtud del cual una minoría prepotente y bochinchera se transforma en multitudes aguerridas y justicieras en búsqueda de sus reivindicaciones), se ha de convenir en que al presidente Kirchner no le convenía cargar con una muerte en sus todavía flacas alforjas y desvaidas filas. Consecuencia menos admisible y más perjudicial tratándose de un gobierno

declaradamente montonero como éste. Castells, por su parte, se mostró más flexible de lo que era de esperar pues trató sin inconvenientes con dos extremos del arco justicialista, desde el excéntrico Rodríguez Saa hasta el semi prófugo Carlos Menem. No se puede dudar tampoco que hubo negociaciones con el gobierno central ante la eventualidad que un inmanejable Castells se dejara morir (que se hubiera tomado la cosa en serio): su suerte no le podía ser indiferente a un elenco que retomó la senda de la transversalización, acotado como se halla por un peronismo duhaldista que tiende a cercarlo en los límites partidarios.304

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Grandilocuencia, espectacularidad, especulación, riesgo calculado, lo que fuere, Castells se salió con la suya y puede ser considerado como el triunfador en la emergencia ya que subió a un nivel de expectativa –a lo menos momentáneo- que por sí nunca hubiera alcanzado.

En cambio la justicia cayó derrotada porque mostró que está dispuesta a adaptarse a cualquier condicionamiento extra jurídico. Y también el sistema partidocrático recibió un revés desde que un solo individuo, sin mayor estructura, consiguió desplazar a sus insoportables figurones que cuentan con dinero y micrófonos. La enseñanza que el barbado y callejero caudillo nos deja es que desde el instante en que consiguió su libertad contra derecho todo será posible en la Argentina. En adelante no se necesitará la interposición de recursos ni de escritos de apelación ni herramientas judiciales similares; bastará con la imagen de perseguido, el simple clamor del prisionero, una voz balbuciente del hambriento para que la norma cese ante el promovido mártir y el orden jurídico sea puesto entre paréntesis. Casi medio centenar de “presos políticos” esperan la hora de su reivindicación; menos de cuarenta días de dieta más o menos veraz y más o menos rigurosa serán suficientes para lograr la gloria del reconocimiento y la gratificación de la impunidad.-

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"ESTAR PRESENTES"

El próximo 28 de octubre a las 18.30 horas se reunirán frente a la ESMA – lo que reste de ella- todos quienes se oponen a la entrega de sus instalaciones –tan valiosas por tantos motivos-.

Se entonarán el Himno nacional (antes que las bandas montoneras lo prohiban como hicieron ese desdichado 24 de marzo en el que el retrato 305

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del terrorista Guevara cubrió hasta oscurecerla la bandera argentina) y varias marchas militares. No se realizarán actos de provocación ni se pronunciarán arengas pero será una forma que servirá, quizá, para

recordar, en la víspera de los treinta años de su creación, el significado de los establecimientos de educación y de formación en los que se iniciaron durante generaciones nuestros marinos, aun aquellos que no lo merecían y que con el tiempo así lo demostraron, en especial al llegar a cargos de la más alta responsabilidad.-

En tiempos del discurso único, de los silencios impuestos, de la intransigencia feroz, de los rencores interminables, de la unilateralidad disimulada, es más preciso que nunca reunirse y manifestar con la serenidad de los valientes y de los virtuosos la oposición a políticas de homogeneidad cultural que impiden y hasta prohiben pensar diferente.-

Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 59 – noviembre del 2004
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ACTO PATRIOTICO

El día jueves 28 de octubre último tuve la enorme satisfacción de concurrir a una convocatoria que se hizo frente a la Escuela de Mecánica, que al día siguiente celebraba sus 107 años de vida, para evitar que el predio de 107 has. que ocupa el polo educativo naval compuesto por 5 escuelas y un instituto universitario donde concurren diariamente 5000 personas entre profesores, alumnos y personal de servicio, sea cedido para instalar allí un “Museo de la Memoria” (parcial).-

El acto fue cívico, respetuoso, a cara descubierta, sin cortar el tránsito, sin romper vidrieras ni depredar negocios. El único orador fue el Dr. Florencio Varela, profesional de gran prestigio profesional … en cuyo discurso (indicó) el gran error que significaba dispersar esas escuelas que costaron al erario público más de 250 millones de pesos que podrían invertirse en infraestructura, lo que constituye un despilfarro sin ninguna ventaja educativa sino todo lo contrario. Fue emocionante ver el agitar de cientos de banderas argentinas al entonarse el Himno Nacional con voz vibrante y no un suave murmullo, finalizando el acto con tres estentóreos “viva la Patria”.Quedó claramente aceptado por los concurrentes que “sin educación la Patria no tiene futuro” y que quien siembra vientos cosecha tempestades ya que la revancha y el odio no conducen a la paz que el pueblo

argentino desea y necesita para asegurar su futuro.Cap. Miguel V. García

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********************************************************************* ¿Y AHORA?

En los primeros días de noviembre se produjeron al mismo tiempo cinco atentados con explosivos en diversas instalaciones bancarias en la Capital, los que costaron la vida a un vigilador y heridas a un policía. El estruendo de las bombas fue seguido por el silencio oficial que, como era de esperar, constituyó la respuesta del gobierno montonero a este retorno –quizá un poco improvisado y un poco desprolijo pero por demás insinuante- de la violencia de otrora, precisa y no casualmente la setentista, la misma que añora el presidente de continuo.Por lo tanto no es exagerado suponer que hay sino una complicidad explícita de parte del gobierno de Kirchner sí una tolerancia, una pasividad complaciente ante hechos –esto sí dicho sin ninguna apreciación extrema- declaradamente terroristas.La noticia desapareció con sugestiva velocidad primero de los grandes titulares de los diarios y después de las páginas interiores y en cuanto a las publicaciones oficiales (como el boletín gubernamental Página 12, Canal 7 y demás órganos más o menos dependientes del favor y de la voluntad oficiales) de modo que el asunto pasara con la mayor rapidez posible y la opinión pública no tuviera tiempo de alarmarse. Ni de atar cabos, replantearse la situación y extraer consecuencias, lo que hubiera significado advertir la importancia real de los atentados; una importancia que va mucho más allá de lo propiamente delictivo y del acontecimiento anecdótico. La colocación de artefactos de fabricación casera que nadie reivindica ni nadie explica ya que no se produjo en medio de algún litigio, está preñada de síntomas porque puede ser interpretada como un anuncio de un programa más vasto y orgánico que se está preparando (¿en el marco de la estrategia de Mantas o como un anticipo de la llegada de la vanguardia de las FARC colombianas?) o un acto espontáneo e inconexo de algún grupo radical aislado.-

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Como quiera que sea la instalación de explosivos prevista

para su

estallido regular, señala un rasgo propio del terrorismo de los 70: el ataque indiscriminado para causar daños, incluso la muerte como ocurrió, sin destinatario preciso (que sería la sociedad misma); como un acto de justicia popular contra los dueños del dinero, los bancos, o vaya uno a saber contra quien ni, menos aun, en nombre de quien.Como para decir algo varios funcionarios les asignaron a los atentados carácter de delito común. Como no se investigó más nunca se conocerá ni la autoría ni la intencionalidad de estos crímenes. Pero desde ya se puede descartar su condición de delito común porque carece de sentido su simple comisión ya que un delito como el que suponen las autoridades se lleva a cabo para obtener un beneficio concreto, contante y sonante y no para aterrorizar a la población.En todo caso tenemos derecho los argentinos a alarmarnos y a tomar las precauciones correspondientes. Pero un gobierno como el actual, que se preocupa exclusivamente por disimular la gravedad así sea potencial, de las agresiones, no permite pensar ni reaccionar a la sociedad nuevamente atacada y, en forma virtual, la deja indefensa, más indefensa que nunca. Con fuerzas armadas y de seguridad cohibidas y acomplejadas, atadas por los abusos en que pudieran haber incurrido, trabadas por inquisidores ojos oficiales y por centelleantes ONG, dispuestos unos y otras a detener el brazo vindicativo y de defensa del que dispone –o, mejor dicho, disponía- la república, la subversión está libre e impune para retomar sus nunca renunciados métodos.Ahora con un estado en manos de los enemigos de ayer y, como se ve, de hoy también, un rebrote del terrorismo adquiere una gravedad inusitada que no conviene menospreciar. No es que nos asustemos pero permítasenos por lo menos tener claro el peligro que se vuelve a cernir sobre el país. La experiencia atravesada y sufrida treinta años atrás nos autoriza a levantar la voz de riesgo como el centinela fiel en su puesto ya no de combate sino de vigilia y qcaso de profeta.*********************************************************************

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UNA BUENA INICIATIVA

Infobae, con quien no nos une relación de ningún tipo, tuvo el acierto de empezar a publicar los textos de los terroristas de otrora, esos que no sólo no terminan de irse sino que se empeñan en volver o en quedarse.No hace, con buen criterio, sino reproducirlos sin agregarle comentario ni glosa alguna. Es que con su ferocidad basta para ilustrar a las generaciones que no la vivieron ni la conocieron porque una cuidadosa y falaz educación y labor mediática proporcionada por los colegios y los medios adictos, les ocultó la verdad de esa etapa de la historia argentina que ahora interesa a los subversivos olvidar y hacer olvidar.Porque ¿qué se puede decir a favor de criminales como Roberto Santucho y Rodolfo Walsh, entre otros -no pocos con vigente poder en la actualidad- que exhortaban a sus desmesuradas huestes con proclamas siniestras en las que se las empujaba a “proseguir la lucha” o “señalar como enemigos del Pueblo (sic) al ex presidente Onganía, Levingston y Lanusse, a los comandantes de las FF. AA., jueces de las Cámaras Federales …”? Era la condena virtual a muerte de los nombrados y, por extensión, de todos quienes los tribunales del ERP, en nombre de una difusa pero omnipotente “justicia revolucionaria”, fuera indicando en sus tenebrosas reuniones secretas. Semejante arbitrariedad es confirmada por otros textos en los que se declara “respetuoso de la voluntad popular” y que, por lo tanto, no atacará al gobierno recién electo (el de Cámpora) “mientras éste no ataque al pueblo ni A LA GUERRILLA. Esta es una vieja y necesaria pretensión que el terrorismo mantiene en nuestros días: asegurarse a priori un marco de impunidad para lo cual nada mejor que ilegalizar la represión, más allá de sus abusos eventuales, en base a un razonamiento tosco pero eficaz, la Revolución es intangible, buena de por sí y no existen razones éticas, jurídicas ni políticas que justifiquen ni autoricen perseguirla, ni siquiera enfrentarla. Aplican, de esta manera, una dialéctica que, puesta en marcha adecuada y 310

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oportunamente, invalida la represión inhibiendo al poder político o militar para combatir al terrorismo que es el arma de la Revolución, puesta de forma unilateral fuera de todo cuestionamiento. La Revolución todo lo permite porque debe ser considerada como la fuente del bien, de todo bien al que todo le ha de quedar sujeto.Igualmente desaprensiva y desafiante es la “promesa” contenida un poco más adelante del comunicado del que extraemos estas citas “En cuanto a la policía … el ERP suspenderá los ataques contra ella a partir del 25 de Mayo (de 1973, fecha de acceso de Cámpora al gobierno) NO ASI CONTRA LOS TORTURADORES YA SENTENCIADOS y no atacará a la policía mientras ésta se mantenga neutral. EL ERP ADVIERTE A TODOS LOS POLICIAS PARA EVITAR HECHOS DE ESTA NATURALEZA A NO PERTURBAR LA ACCION DE NUESTROS COMANDOS EN NINGUNA CIRCUNSTANCIA”.¡Cínico pedido de libertad para el delito!Cuesta determinar de qué asombrarse o de qué indignarse más ante estas palabras y ante esta actitud mental; de su soberbia, de su convicción en la legitimidad del uso de la fuerza, de la desfachatez de sus consideraciones y amenazas, del infantilismo prepotente que las inspira … Los dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo (al que perteneció al menos de una forma tangencial, el actual Secretario de Derechos Humanos Dr. Luis E. Duhalde), tal vez la organización más radicalizada y cruel de las que protagonizaron el peor y más sistemático terrorismo de la historia argentina, sabían lo que hacían y decían: actuaban, según los lineamientos de la teoría, como un poder legítimo que disputaba el espacio al establecido; por eso ese trato igualitario, de estado a estado, de legitimidad a legitimidad. Al comienzo una cierta convivencia para luego desplazar al gobierno existente y al orden ético y cultural que éste presuponía, por la Revolución que arrasaría hasta sus raíces el régimen anterior depuesto.Por eso la izquierda –revolucionaria o no- siempre va por más. Quiere y necesita el poder completo y sin contrapesos. Lo que no quiere decir que esté dispuesta a renunciar al que se vea obligada a compartir, al acecho de una filtración que le permita ingresar en búsqueda y disposición de la 311

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totalidad. Detrás de su pluralismo late inexorable su naturaleza hegemónica que no tolera la contradicción ni el disenso.********************************************************************* DESPARPAJO

El del diputado sindicalista Basteiro que, siguiendo las consignas que dejamos expuestas arriba, presentó un proyecto de ley por el que no se consideraría delito penal los que se cometieran en el ejercicio del derecho de protesta social. La iniciativa, que esperemos que no prospere, es laxa, permisiva e indeterminada y permite incluir todas aquellas manifestaciones consideradas de “protesta social”, cuidándose bien de determinar qué se ha de entender por tales.

En la práctica lo que el dirigente aeronáutico procura es conseguir que no se sancionen ni se molesten de ninguna forma a los piquetes que interrumpen el tránsito, agreden a las personas, destrozan comercios y un indeterminable etcétera. Pues bien, de un manotazo, según tan tramposo y antijurídico proyecto, se borran para estas minorías revoltosas de privilegiados una serie de delitos, incluso si se quisiera, los de sangre. Porque se sabe: el reclamo de justicia –entiéndase lo que se quiera por ello- es lícito en toda circunstancia y, en consecuencia, imponible de incriminar.

Es cómodo –sería apenas un deporte bien rentado- desarrollar una actividad violenta, con lesión grave de los derechos ajenos, amparado en la impunidad proporcionada por una norma pícara y discriminatoria por la cual los piqueteros dispondrían de fueros especiales y distintos al resto de los argentinos.-

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Víctor Eduardo Ordóñez "CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 60 – abril del 2005
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VIOLENCIA PRETERRORISTA

Lo acontecido a mediados de febrero con la reanudación de la actividad piquetera, sirvió para poner bien de manifiesto qué es esa violencia nueva instrumentada por grupos de marginales –profesionales de la mendicidad institucionalizada e impúdica- que se presentan como preámbulo al terrorismo que ellos mismos incuban y hasta proclaman y que, a su vez, prolongan como reflejo de la de 30 años atrás.-

Son curiosas su actitud y su situación; ocupan las calles en nombre de multitudes ausentes, reclaman por necesidades cubiertas, procuran objetivos que nadie plantea,: son minorías que se comportan como mayorías. Sólo la pasividad cómplice del actual gobierno montonero –que gusta mantener una evocación de aquella gimnasia pretérita y anacrónica que habría de desembocar en la posterior guerra revolucionaria que tanta sangre inocente costó- permite este accionar antisocial con atisbos de salvajismo; una perversidad propia del lumpen (que es exhibido y utilizado como si fuera la clase obrera) que es subido a la superficie por activistas incapaces de transitar por las vías disponibles en el orden jurídico y que no vacila en manifestarse en agresiones justificadas a priori por un mesianismo radicalizado en cuyo contexto todo está permitido y todo adquiere legitimidad. He ahí porqué estos delincuentes en agraz no admiten represión y exigen un marco de impunidad para desarrollar su violencia como un derecho. Es que estos piqueteros, en última instancia, son el brazo largo de un gobierno que no sabe ni quiere manejar los mecanismos legales disponibles.-

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PRAGMATICA DEMENCIA

Pocas dudas caben que el presidente Néstor Kirchner está próximo a abandonar sus cabales como lo demuestran sus confrontaciones cada vez más alienadas, sus broncas cada vez más inexplicables, sus expresiones cada vez más alteradas; todo, en fin, indica que el primer magistrado ha hecho de su histeria una verdadera política de estado. Y la clase partidocrática a la que pertenece y de la que proviene sufre de los mismos síntomas pero el hecho es que ninguno de los dos –ni el estamento ni su cabeza visible- come vidrio y, puesto que ocupan casi la totalidad de los niveles de decisión, no desaprovechan oportunidad para servir lo que ellos y sus comunicadores –bajo la dura dirección de Horacio Verbitski- llaman “principios”, que no son más que sus odios envueltos en un discurso irracional y tendencioso, y no de paso sino de primera intención, se benefician con sumas de dinero por vía de indemnizaciones tan injustificas como tramposas. Tanto que recuerdan aquellas hipócritas expropiaciones de los “años de plomo” que vuelven con esta diferencia: ahora se les obliga a todos los ciudadanos a pagarles sus soldadas en tanto que antes los obtenían sólo de sus víctimas, secuestradas o amedrentadas. Es decir que consiguieron ampliar el espectro de los aportantes.-

Por estos días los ex terroristas, los posterroristas y los futuros terroristas están laboraron una ley –una nueva norma esquilmadora de los argentinos, extrañas víctimas obligadas a seguir pagándoles a sus victimarios cada vez más y cada vez con un nuevo rubro y una nueva excusa. Falta poco para que se sancione la norma que dispone el pago de 75 pesos por día de exilio a los … exiliados de un cuarto de siglo atrás (por supuesto se habla exclusivamente de los subversivos). Se calcula que la inesperada generosidad a que la sociedad argentina se verá 315

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forzada le saldrá 1.600 millones de pesos. Suma que, como se sabe aunque no todos prefieren recordarlo (en especial sus beneficiarios), se agrega a otros dispendios igualmente inequitativos e indecorosos como una disposición de 1991 que indemniza a los presos políticos entre 1973 y 1983, prudentemente extendida por si alguno quedó fuera de la repartija; otra de 1994 también indemniza a los familiares de desaparecidos o muertos durante la represión y otra, finalmente, hace lo mismo con los nacidos durante la privación de la libertad de sus padres.

Como parece que la persecución incrementó el apetito de estos idealistas sui generis, se montaron estudios –como el de la familia Ibarra- para gestionar tales pagos de modo que todos aprovecharan del momento de alienación por la que atraviesa la república antes y después de la llegada de los montoneros al poder. Adviértase la prolijidad con que se fueron cubriendo –a tenor de la hambruna, de la imaginación y del desparpajo de jueces y legisladores- todas las posibilidades de modo que ninguno se viera ausente de semejante latrocinio.-

Como

tampoco

nadie

dejará

de

observar

todo

este

sistema

desvergonzado parte de un principio que no se discute: los terroristas de los 70 no fueron terroristas y, si cometieron algún hecho poco delicado (una muerte, un atentado, un secuestro, una toma y travesuras así de idealistas) ello se debe colocar a la cuenta de una invencible vocación por una Argentina justa e igualitaria. Es decir a estos muchachos que rodeaban al joven Néstor Kirchner eran y son inocentes por completo, sin que se pueda invocar delito ni exceso ni violencia de ningún tipo que empañe tal presunción que no admite prueba en contrario (como tampoco la admite la de que la represión fue intrínsecamente mala).

Como se recordará, eran perseguidos no por poner bombas o desarrollar tácticas guerrilleras –embobados por la figura del Che- sino por … ¡ser jóvenes! En esta perspectiva y no habiendo nada que reprocharles es de 316

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toda justicia que se les pague por sus servicios y sacrificios que, asimismo, fueron desinteresados, según nos consta ahora que con el mismo ardor con que mataban hace 25 años se aprestan a percibir el precio de aquellas muertes que no niegan sino de las que se enorgullecen.-

Ciertas voces discretas empezaron a levantarse, alarmadas por lo que ya es un abuso intolerable, una exacción tan antijurídica como inmoral. Por más que el proyecto del ayer terrorista, luego abogado de los terroristas y hoy senador de los terroristas introduzca requisitos para percibir estos pesos, es valor entendido que son de cumplimiento imposible, en especial porque no habrá voluntad política de investigar en cada caso si tan insólito beneficio corresponde ser otorgado. La ocasión la pintan calva y, según se precipitan los acontecimientos en el país con un desorbitado capitán al timón (si es que hay timón), no es cuestión de esperar mucho porque por ahí un golpe de sentido común sopla sobre nuestros legisladores y jueces y la toma por asalto del erario público se contiene ¿Qué será entonces de los sufrientes exiliados de otrora? ¿No recibirán nada? ¿Para que mataron y huyeron, pues?.-

Lo que se está viendo es un reflejo pálido de lo que hubiera sido un gobierno montonero conseguido con la ferocidad de las armas ¡Qué hubieran hecho entonces!

El senado, con una sola excepción –la del radical Terragno- aprobó tan infausta iniciativa que no es más que la culminación de la depredación comenzada en la década del 60. Ahora los que mataron y huyeron vuelven por más. Y el gobierno montonero –no con Firmenich sino con Kirchnerles seguirán pagando precisamente porque mataron y huyeron. Pero no dejemos de advertir que se está incubando una tiranía totalitaria que no permitirá el disenso sino que impondrá el discurso único que habrá de ser recitado por todos los argentinos sin admitir disenso.317

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MONSEÑOR BASEOTTO ES LA VICTIMA PROPICIATORIA

El incidente producido a raíz de la enérgica intervención de Mons. Antonio Baseotto respecto a la propuesta de despenalizar el aborto, fue claramente exagerado por el gobierno que creó un sobreactuado casus belli que pudo y debió ser evitado.

Por supuesto es por completo arbitrario que un gobierno se moleste al extremo de tensar las relaciones con el Vaticano casi hasta un punto de no retorno por el uso de un lenguaje con una figura evangélica que sólo en una mentalidad muy primitiva, hipersensibilizada y cargada de prejuicios puede vincularla con supuestos episodios de la guerra antisubversiva.

Porque, en efecto, no resiste el menor análisis la interpretación oficial que ve en la imagen de las ruedas de molino atadas al cuello de quien escandalice a los niños con la metodología que el ex marino Scilingo se atribuía de arrojar presos al Río de la Plata. Suponiendo que la afirmación de este extraño sujeto, hoy detenido en Madrid con una eventual condena de más de 9000 años sobre sus espaldas, tuviese algo de cierto hay que ser de muy mala entraña para identificar aquel texto con este procedimiento.

Da un poco de vergüenza ajena que el gobierno nacional argentino fundamente una decisión tan arbitraria como ilegal de echar a un obispo de su diócesis porque no le conforme la figura literaria utilizada por el mismo. Quien lea el decreto de cesación de Mons. Baseotto y la privación de su sueldo, advertirá algo de puerilidad y de infantilismo en sus 318

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consideraciones, de una rabia de adolescente, de chiquilín rico y malcriado que hace temblar a la servidumbre con su neurosis y patología de recién llegado. Sin embargo no debemos confundirnos. Hay detrás de esta reacción altanera y alterada una postura ideológica y emocional que pinta al presidente de cuerpo entero.-

El primer magistrado tiene odio y terror a lo que sea o le suene tradicional (quizá esto explique su inexplicable ausencia en los funerales de Juan Pablo II ya que parece haber optado por las groserías de su madre putativa por sobre las ofensas inferidas al ilustre muerto; lo que constituye un mensaje revelador de lo qué es y quiere el presidente) y, en general, a lo que le sea ajeno u opuesto. Adherente al discurso único, no soporta el disenso y menos planteado en términos duros que él no comprende como titular de un hegemonismo que, nacido en Santa Cruz, donde se comportó como un capanga, ahora se extiende a toda la república. Heredero de aquel viejo redentorismo de los 70, no puede comprender ni admitir que se le discuta. Tiene pocas convicciones firmes: quizá su ansia de venganza contra los militares que los derrotaron a él y a sus cómplices en esa década y su necesidad casi biológica de reivindicar aquellos programas revolucionarios e irracionales; enceguecido no quiere

detenerse a juzgar los hechos ni a determinar quienes cometieron delitos y quienes tomaron a su cargo la responsabilidad de la sangre derramada en ese tiempo.

El ha simplificado según su visión de adolescente los acontecimientos de entonces y sabe con presuntuosa infalibilidad dónde está el bien y dónde el mal y no necesita más para actuar, protegiendo y exaltando a amigos y condenando y despreciando a enemigos, siempre según su esquemática distribución de méritos y desméritos. Todo le está permitido porque, si bien en su praxis actual –condicionado por los requerimientos concretos del poder- está dispuesto a tranzar con todos los demás poderes reales 319

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(no nos referimos obviamente a los constitucionales a los que domina sin dificultad), mantiene aquellos laxos ideales de cuando estudiante, donde la realidad no tenía más límite que la imaginación.

Este odio sigue latente como una forma de vivir y mantener sus posturas –ya imposibles- de esa añorada década de plomo. Esos ideales

inalcanzables los actualiza en su patología temperamental que, cada tanto se manifiesta en reacciones como ésta contra uno de los prelados más prestigiosos de la Iglesia en la Argentina.*********************************************************************

UN FALLO ABERRANTE

No tenemos espacio para dedicarle en este número a una cuestión de la mayor importancia como es la declaración de inconstitucionalidad de las bien apodadas leyes de amnistía números 23492 y 23521 que persigue con una obsesión principista la izquierda parlamentaria, en especial la hija del terrorista montonero Rodolfo Walsh, Patricia.

Dichas leyes –que acaban de ser declaradas inconstitucionales por la Cámara que integra, por ejemplo, Cavallo, sometido a juicio políticofueron derogadas por la 24958 de 1998 pero, como lo afirmaron con todo acierto varios tribunales, incluso la Corte Suprema en su anterior composición, sus efectos no podían ser eliminados en virtud del principio universal conocido como de ultractividad de la ley más benigna; por lo tanto esos efectos quedaron firmes.

Pero un congreso alocado incurrió en una de las tropelías más monstruosas en la historia de nuestro derecho al dictar la nº 25779 que 320

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declara nulas a las dos primeras, lo que provocó una saludable reacción de parte de jueces y juristas que la consideraron írrita por tratarse de una grosera intromisión del poder legislativo en el judicial.

Pero además porque pone en crisis todo el sistema de seguridad jurídica ya que nadie en adelante podrá sentirse tranquilo en el ejercicio de sus derechos (aun mediando sentencia firme) ya que la defensa de los mismos no dependerá de los magistrados sino de los políticos, en especial si disponen de una banca.

Por eso es de aplaudir la sentencia de la Sala I de la Cámara de San Martín que el año pasado declaró la inconstitucionalidad de la mencionada ley 25779 que, en todo caso, también carecería de efectos retroactivos (art. 18 C.N.) de manera que no debe ser alegada para reabrir las causas y megacausas (como el Operativo Cóndor).

Asimismo se pretende que los delitos amnistiados son imprescriptibles en función de la Convención sobre Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad, la que, sin embargo tampoco resulta aplicable puesto que según el art. 27 de la carta magna argentina los tratados internacionales son exigibles solo si se adecuan a la misma constitución.

Es que, en definitiva, los fallos que declararon la validez de las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final suponen derechos ya adquiridos, beneficios intangibles que nadie puede cuestionar sin hacer volar por los aires el precario estado de derecho que todavía respeta la izquierda.

Todo lo cual prueba que esta izquierda sigue siendo profundamente revolucionaria aun cuando se inserte en un régimen democrático y que el derecho –perdida toda noción de justicia- es sólo un instrumento para conseguir lo que no se logró con las armas.321

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Hay que esperar, sin demasiado optimismo, la intervención de la Corte.-

Víctor Eduardo Ordóñez

"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín)

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"OTROSÍ" Nro. 61 – julio del 2005
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"Ha fallecido el Dr. Víctor Eduardo Ordóñez" por ´Prensa Independiente´

Este es el último folleto ´OTROSI´ editado en vida por su creador e infatigable columnista, Don Víctor Eduardo Ordóñez.

El 19 de septiembre próximo pasado falleció nuestro gran amigo, compañero de desvelos y ciudadano ejemplar, una mente clara, un constante defensor de la Nación Argentina, de pluma valiente e independiente con permanentes escritos en medios de prensa, donde marcaba claros caminos. Fue un hombre de siempre serenos pero firmes juicios, emocionaban el convencimiento patriótico y las condiciones morales de una persona que sufría la Argentina de estos penosos días; de línea claramente nacional se destacó por su tolerancia a otras ideas y nos dispensó su amistad a nosotros ubicados en la centro derecha liberal, de él aprendimos que los rótulos políticos separan artificialmente más que los reales contenidos de las diferentes ideas.

Lo hemos tratado asiduamente, un privilegio, trabajando varios temas codo a codo. Hemos tenido además desde hace años el honor de asumir la tarea de construir el sitio web de ¨OTROSI¨ y subir textualmente al mismo los claros conceptos - los compartieramos o no en cada caso que él volcaba al papel con su vieja pero inseparable máquina de escribir, en los periódicos folletos.

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Solo nos queda seguir adelante sin desmayos, tratando de mantener esa llama de principios y convicciones. .. Oramos por el eterno descanso de su alma.

Editor de Prensa Independiente **************************************

´OTROSI´ Nro. 61
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EL DESPLOME DE LA REPÚBLICA

Los últimos comportamientos del estado argentino actual - de rencor montonero, de espíritu trasgresor y de inspiración marxista o neomarxista que se hace llamar “progresista” - no obstante ser previsibles dado que estaba en la lógica de aquel rencor, de aquel espíritu y de aquella inspiración, no dejaron de sorprender. Si esos avances de estos proto y posterroristas montados al poder alarman, tanto y más lo deben hacer la indiferencia y la pasividad cuando no la complicidad con que la sociedad en su conjunto - incluyendo las Fuerzas Armadas y las de seguridad, precisamente las más afectadas por el desborde totalitario al que nos referiremos - reaccionó ante los atropellos más salvajes contra las instituciones de que se tenga memoria en la república organizada.-

Antes de entrar en otro tipo de consideraciones hemos de advertir que nada de este proceso de demolición y de sustitución al que asistimos se podrá comprender si no se parte del hecho evidente de que los derrotados de ayer están gobernando hoy. Sin derecho ni legitimidad - en todo caso, una meramente formal y aritmética pero a todos nos consta que el presidente Kirchner careció de apoyo electoral, circunstancia de la que él y su elenco tienen plena conciencia, razón por la cual procuran en 324

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las elecciones legislativas de octubre que su gestión sea plebiscitada está, sin embargo, llevando a cabo una revolución más profunda de lo que se supone; excediendo y abusando de la voluntad de la sociedad que en ningún momento de la campaña del 2003 fue convocada a pronunciarse sobre el tema de la represión ni de las leyes de perdón.-

Por lo pronto en el corto lapso de su mandato - expresión relativa y confusa ésta del mandato puesto que en realidad no hay mandantes, excepto los terroristas muertos y los sobrevivientes - consiguió una formidable acumulación de poder, logrando imponer su voluntad sobre los otros dos, aparte del ejecutivo en el que lo ejerce con tiránica prepotencia.

En el fuero penal federal no tuvo inconvenientes porque implícitas reglas de juego marcaron desde siempre que es un espacio al servicio del gobernante de turno; en cuanto a la Corte Suprema los supo vencer con idéntica dosis de audacia y de decisión con que obtuvo de un Congreso pusilánime y corrupto la suma del poder público (las facultades extraordinarias para disponer a antojo del presupuesto nacional de manera de beneficiar o perjudicar a quien fuere, sea gobernador o intendente y la incontinencia en el dictado de decretos de necesidad y urgencia, campo en el que batió “records” sin que nadie en el parlamento se preocupara por controlarlos).

Avanzó con buscada espectacularidad sobre el alto tribunal y haciendo caso omiso del decreto que él mismo dictara (222/3) designó a riguroso dedo a sus nuevos integrantes en reemplazo de los que provenían de la administración de Carlos Menem; o sea que reemplazó una “mayoría automática” por otra igualmente disciplinada con la diferencia que esta nueva responde no sólo a las instrucciones recibidas desde la Casa Rosada sino también a sus exigencias ideológicas con las que, por lo demás, coincide. 325

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Por esto es que la Corte de Zaffaroni y de Argibay - a la que se plegó con todo sentido de la oportunidad Petracchi, de origen alfonsinista comenzó por declarar la constitucionalidad del despojo de que habían sido objeto los ahorristas por parte del estado y de los bancos particulares (con lo que hizo zafar a las arcas públicas de un deterioro del que no hubiera podido recomponerse) sino que se lanzó sobre la absurda y tétrica tesis de que hubieron en el país dos violencias, una legal (y, por lo tanto, prescriptible) y otra ilegal (y, en consecuencia, imprescriptible y ni siquiera amnistiable).

Para el primer terrorismo (nunca calificado así) todos los derechos, consideraciones y garantías, para el otro todos los agravios, todas las negaciones del derecho, toda la persecución judicial, y cuando no hubiese motivo para la prosecución de la causa, un retardo en adoptar medidas que pudieran beneficiar a los militares implicados.

El terrorismo “bueno” que goza de todas las garantías y de las más complacientes interpretaciones es el que fuera practicado por

Montoneros y por los asesinos del ERP que, como veremos, en su hora no se privaron de proclamar a voz en cuello sus crímenes ni de presentarlos como victorias del pueblo en ejercicio de una democracia extraña encarnada en esa vanguardia homicida.

El terrorismo “malo” e imperdonable es el llevado por el estado. Nunca estos jueces llaman al primero subversión, como debiera porque tal designación suena a reproche lo que en esta nueva jurisprudencia no resulta admisible. Hasta en la terminología utilizada y mientras no puedan menos, estos jueces prevaricadores se cuidan con esmero para no caer en contradicciones lógicas, limitándose a las propiamente jurídicas de las que tan deshonestamente abusan.-.

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La Corte Prevaricadora - mano larga de montoneros y erpianos-, que se apresta a destrozar a la república cuya custodia le fuera encomendada, decidió en medio de hipócritas tecnicismos la aplicación con efecto retroactivo de determinados tratados internacionales sobre derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.

Lo curioso es que el tribunal no vacila - ni se detiene a justificarlo- en alegarlos contra los principios generales del derecho penal, empezando por el de irretroactividad.

Sigue con todos los demás en la medida en que le sea necesario para satisfacer su ideología y, en especial, las instrucciones recibidas; y así van cayendo el de la ley más beneficiosa al acusado, el de cosa juzgada y la intangibilidad de los decretos de amnistía.

Más que curioso es que procedimientos de tamaña y grosera ilegalidad hayan sido adoptados por teóricos que desde el libro y la cátedra así como en el ejercicio de sus funciones judiciales vienen proclamando y aplicando - con frecuencia hasta el absurdo- las máximas y aun más distorsionadas garantías. Estos garantistas militantes, que no ven delincuentes en ninguna parte y que se complacen en sobreseer a los peores criminales, se muestran tan severos a la hora de juzgar a

militares y policías, como si éstos fueren especialmente condenables al punto que no les reconocen ningún atenuante: es como si a los uniformados se los colocara al margen del derecho, como apestosos que no merecen justicia ni consideración: ellos deberán probar su inocencia que no se les presume.

En cambio, a los que tomaron la iniciativa del terror - como con expreso orgullo lo manifiestan - se los califica de simpáticos y hasta nobles delincuentes políticos. De esta manera los magistrados van mucho más allá de sus atribuciones y de sus posibilidades y penetran en el interior de 327

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cada individuo determinando la intención que movió a los terroristas y el ideal que los movió. Y así pueden llegar a la conclusión que sembraron la muerte y la guerra en su condición de obvios reivindicadotes de una sociedad más justa y sostenidos por el sueño del “hombre nuevo”, sospechosa utopía en cuyo nombre se cometieron los más aberrantes atentados y secuestros.-

De cualquier forma nos parece oportuno señalar, por lo menos, dos puntos fundamentales –que no son los únicos- de los pronunciamientos de la Corte Prevaricadora - CP.

Uno es que las dos leyes declaradas inconstitucionales habían sido consideradas constitucionales en su composición anterior. El segundo es que, en realidad, no se cuenta con una definición exacta ni aceptada por todos de lo que debe entenderse por crimen de lesa humanidad, fuera de lo dispuesto en las normas del tribunal de Nuremberg; allí se acuerda que el mismo consistirá en todo tipo de agresión y lesión contra una persona o una colectividad en virtud de su raza, ideario político, religión y cualquier otro factor de similar índole.

A los miembros de la CP se les escapó - o dejaron escapar- el hecho que a los terroristas de los 70 se los persiguió en su calidad de delincuentes (comunes y no políticos, como se empeña en distinguir ese otro empleado del PE, Claudio Bonadío) y no por su raza, religión, etc.

Hecho no menor que sirve para acreditar no sólo la tramposa ineptitud de los miembros de la CP sino los límites a donde están dispuestos a llegar: concretamente, si esto es el gobierno montonero en acción, este poder judicial montado por Kirchner es una forma de los tribunales del pueblo que tan folklórico y retórico orgullo despertaban en estos asesinos seriales y sistemáticos que hoy vuelven enaltecidos e impunes.-

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LA SOMBRA DEL GENERAL CARCAGNO

Por invitación del comandante en jefe del Ejército general Roberto Bendini el grupo piquetero que responde a Luis D’ Elía dispuso por 48 horas de las instalaciones de Campo de Mayo. El hecho es ilegal además de insólito ¿Por qué se les otorga a bochincheros oficiales, a delincuentes comunes (que arrasaron sin consecuencias una comisaría ante la pasividad del gobierno y de la justicia) un lugar destinado a otros fines y no al de recreo o de deliberación de marginales?.

Se supone que esos terrenos

son para cumplimiento de objetivos

militares y no para facilitar una convivencia indeseable, incomprensible y peligrosa. A partir de ahora no habrá razones para que el máximo jefe militar se niegue a otorgar un disfrute similar a cualquier otra agrupación, de la índole que fuere, que se lo solicitare, por ejemplo las Madres o las Abuelas.-

El recuerdo con el Operativo Dorrego, llevado a cabo en tiempos del presidente Héctor Cámpora, es inevitable. En esa ocasión desfilaron conjuntamente tropas del Ejército y militantes montoneros; fue un alarde de soberbia y se inauguraban así contactos institucionales que significaban dos cosas: el Ejército se arrepentía implícitamente por su acción antisubversiva y Montoneros se legitimaba y empezaba a formar parte de un arma que hasta entonces los había combatido. Se echaban las bases de una nueva convivencia o sea de un nuevo estado, nada menos.

En 1973 no se produjo la pasividad de los oficiales que - aun confundidos e infiltrados - no tuvieron necesidad de reaccionar porque la situación 329

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política les proporcionó una salida que, lamentablemente, no tardaría en clausurase: hoy el panorama se dibuja distinto; con una cierta abulia o conformidad o indiferencia o cansancio entre los oficiales que parece que ven lo que ocurre como un proceso inevitable y fatal y que no los implica individual ni corporativamente, como una secuencia ante la cual no hay más que resignarse.

Sería terrible que el episodio fuere interpretado así. Recibir a delincuentes y transgresores en la base militar más grande del país no es abrirse a la sociedad, una sociedad que no le reclama nada a las FF. AA. sino que lo sean en verdad. No es tampoco un gesto de reconciliación que nadie (o muy pocos) reclaman puesto que no hay conflicto que superar, digan y crean lo que sea Kirchner, Bendini y Godoy, Verbitski y Bonasso....

Haber habilitado las puertas de Campo de Mayo es algo peor, si cabe, que compartir con enemigos latentes y que jamás dejarán de serlo del poder militar: es revolver la conciencia castrense justamente en momentos en que la lucha, aunque algunos se empeñen en ignorarlo o en disminuirlo, nunca cerrada, se empina en sus peores expresiones como que ahora se da desde el gobierno.

Estamos ante una nueva guerra revolucionaria y hay que saber quien es y donde está el enemigo, siempre más cerca de lo que supone. Aparte de imprudente y de ridícula ¿cómo calificar esta actitud que golpea en el interior de la fuerza y desubica a sus hombres y, en especial, los que están siendo perseguidos por una “justicia injusta”? ¿Se cree

verdaderamente que se trata de un acercamiento o, más bien, de una entrega? ¿O de una claudicación?

Víctor Eduardo Ordóñez

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"CUANDO LA GUERRA ES JUSTA EL QUE NO MATA PECA" (San Agustín) Nota: Mantendremos en servicio el sitio web de ´OTROSI´ para que sea un archivo de consulta permanente de los escritos de Víctor Eduardo Ordóñez e iremos agregando al mismo sus demás notas en otros medios de prensa.
FOTOCOPIE Y DISTRIBUYA Dr. Víctor Eduardo Ordóñez Si Ud. está de acuerdo, háganoslo saber y envíenos su ayuda Casilla de correo 80 Sucursal 7 Carrasco 31-37 (1407) Capital Federal E-mail: otrosi2000@yahoo.com veordonez@ciudad.com.ar sitio web: http://www.geocities.com/otrosi_again/

Impreso en la Argentina

Editorial Miradas http://boletinotrossi.blogspot.com/

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