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Año I Número IV Edición de Septiembre del 2008

AUTOR DEL PEDRO PRADO UN


MES HUGO POETA QUE
CORREA OLVIDAMOS

POETA S DE EL AMOR DEL


CINOSARGO POETA ATEO
HACIA UNA SANTA
MARIETTA
MORALES LA POSESÍÓN DE
DENIS OSORIO DELAURA
DANIEL ROJAS
ROCIO FERLINGHETTI
L´AMAR VIVE EN SAN
FRANCISCO.
AMULETO DE
BOLAÑO. FLORENCIO
FAÚNDEZ
RECORDANDO HACEDOR DE
A SIEVEKING POESÍA

TIZA EN 3D EL ARTE DE
EVOLUCIONAR
ANVERSO INVOLUCIONANDO
LITERARIO
LA POESÍA EL CHICO MOLINA
JOVEN DEL ESE DUENDE
NORTE DE SILENCIOSO
CHILE
NARRATIVA.
RECORDANDO MILAGRO DIVINO
A MECCANO
BALDOMERO HEMATURIA Y
LILLO MACEDONIO
FERNÁNDEZ
Editorial.
Cerramos nuestra edición de Septiembre con 250 notas, y ya
empezamos a preparar la sexta edición de nuestra revista
Director: Daniel Rojas Pachas correspondiente al mes de octubre.

Coordinadores. A la vez, seguimos creciendo como espacio virtual dedicado a la


Milvia Alata y Daniel Rojas. literatura y la cultura en general, aprovechamos el espacio, para
agradecer a todos nuestros redactores y desde luego al público
Redactores: que fielmente lee y comenta las notas. Esperamos sugerencias
para ir siempre mejorando la calidad en las entregas y desde
luego nos mantenemos receptivos a las colaboraciones de
• Daniel Rojas P. autores de todos partes del mundo, a fin de lograr un
• Milvia Alata intercambio libre de las odiosas fronteras que limitan cualquier
• Marietta Morales tipo de comunicación y diálogo.
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• Denis Osorio Finalmente estamos contentos por el ingreso a la prestigiosa red
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• Victor Sampayo.
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Hugo Correa y el arte de GEnero en Chile
por Daniel Rojas
En esta ocasión, más que indagar en la obra y vida de un
autor, he querido detenerme en el problema de la
producción de arte de género en Chile.

Al respecto debo señalar que por género, no me refiero a la


consabida oposición hombre y mujer y el rol de lo
masculino y femenino dentro de los procesos creativos y las
implicancias de poder del tema, sino al simple hecho de que
en Chile, el arte narrativo, cine y literatura específicamente,
no se ha caracterizado por “profundizar” en las
perspectivas que brinda el terror, la fantasía, el cine
negro o género policial y la literatura de anticipación o
ciencia ficción. Quisiera además con esta nota, rendir un
sincero y sencillo homenaje a quienes han cultivado de
manera genuina, esas dimensiones de la narrativa,
especialmente al eternauta de Curepto, Hugo Correa,
fallecido recientemente, el pasado mes de marzo del
presente año.

Este autor, creador de obras como Los Altísimos de 1959, El que Merodea en la Lluvia del 62
y la colección de cuentos de Ficción Espacial, Cuando Pilato se Opuso del 71, entre otras
obras que prolongan la sapiencia de su pluma hasta el comienzo de este nuevo siglo, lo sitúan
como uno de los pocos pero no escasos autores, que con mayor devoción y consecuencia, se
entregó al generó, pese a la escasa y pobre recepción que su obra tuvo en nuestras fronteras, más
allá de haber conseguido logros que ya quisieran algunos autores de la narrativa dizque
tradicional.

Correa fue elogiado por el mismo Bradbury y traducido e incluido dentro de prestigiosas
publicaciones y antologías en diversos idiomas, y ubicado a la par, en la constelación de otros
latinoamericanos destacados como Ángel Arango, Daína Chaviano y Oscar Hurtado en Cuba,
donde si hay una cultura basta, en torno a la novela y cuento de anticipación y en argentina,
compartiendo la galaxia con Bioy Casares y la autora de Kalpa Imperial Angélica Gorodischer.

Correa es sin duda un autor de culto, hoy su resonancia y difusión parece maxificarse día a
día en blogs, foros en los cuales su obra se discute y sigue encantado tras la lectura por
medio de reediciones digitales que no impiden en lo absoluto, la cacería de los coleccionistas y
devotos, que pelean por hacerse con una copia original de su obra prima Los Altísimos. Podemos
en tal medida señalar que se cumple su deseo personal en torno a la literatura. Correa mismo
señaló en su última entrevista “Nunca busqué reconocimiento ni promoción, sino que las
editoriales regularmente se interesaran por mi obra. Nunca he esperado otra cosa, sino
simplemente que los lectores encuentren bueno lo que escribo”

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Su nombre es ineludible para los conocedores, para el
lector especialista, y los escritores, pero no es el único,
muchos se preguntarán entonces, ¿hay más?, ¿quiénes
son y de dónde vienen?, ¿dónde puedo leerlos?, o
siquiera por curiosidad, saber qué han hecho. Bueno
para despejar un poco esas dudas, vale la pena dar un
vistazo a sitios como puerto de escape , y descubrir que
pese a que no tenemos una tradición, el mismo Correa
lo dijo, “Aquí siempre estamos en un presente que se
prolonga, que no pasa nada. Los grandes
descubrimientos no pasarán aquí, porque no se
estimula la investigación.” Empero eso no implica que
no haya una línea que se escapa por discreta y periférica
que esta sea.

Claramente, tras el deceso del maestro, empezará en


torno a su figura una promoción mayor del trabajo
que hizo y brotará el que se le vincula, merecidos
homenajes y reconocimientos que no tuvo en vida,
permitirán destapar la olla y quizá dar luces del
género más allá del fandom o el círculo de
convenciones.

Aún así, la problemática no termina, la condición de relegados del medio oficial, el ninguneo
editorial y el trato de buena fe, tiene un origen que vale la pena indagar o siquiera describir
someramente, este procede del prejuicio que ubica a los cultores del género como productores
menores, hermanos pequeños y anecdóticos dentro de la gran masa creativa.

En Chile todavía existen temas que son adecuados y otros que sólo merecen ser relegados al
anonimato, a la sonrisa y palmada de consuelo, “Ey, está bien, lo intentaste hijo, muchacho,
hiciste una historia de vampiros, quisiste crear tu distopía cyberpunk, tu Blade Runner, tu
hombre bicentenario, tu versión de la jungla de asfalto, ahora vete a jugar por allí, te parece” y
si por aquellos azares, el subrepticio creador logra éxito, bueno, empiezan los siempre bien
ponderados comentarios de la llamada crítica especializada: “Como no podría vender tanto, si es
literatura de consumo, paraliteratura, cine para las masas, le da en el gusto a todos”.

Es que estamos tan acostumbrados al drama político, a la revisión histórica y a jugar con los tipos
humanos: Estos son caricaturizados en comedias o elogiados desde perspectivas documentales
que buscan rescatar su espíritu noble, casi de mártir de la tierra, pampa, mar y alturas indomables
o en otra medida, renegando de ese fundacionalismo, las historias se zambullen de cara al
conflicto urbano, existencial y económico, relaciones de pareja, discriminación social, sexual y el
día a día del que a pulso se debate en la depredadora capital, queriendo mantenerse impoluto
como un moderno Martín Rivas llegado de provincia o buscando una redención de su caos
personal, la típica historia del drogadicto o la prostituta a lo Renton o Pretty woman criollos, que
no podemos salir de esos esteriotipos de fabulación y más aún, de las formas de contarlas,
creyendo que la única manera de abordar los temas es con linealidad y en el retrato fiel de lo

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captado por los sentidos, sin proyección a otros mundos, a otras perspectivas, quizá por miedo o
repudio a Hollywood, al llamado cine o literatura de mercado y por una reverencialidad absoluta
hacia el neorrealismo italiano, el cine francés y el tratado de costumbres o la novela
decimonónica, cuyo efecto inmediato y empalagoso, es un feudo monotemático y monocorde
en que nos releemos hasta el hartazgo y en que siempre vemos los mismos nombres y el
mismo producto añejo o simulacro pobre de otras latitudes, desfilar con prestigio por las
carteleras y anaqueles.

Algo más grave ocurre con


disciplinas como el comic. El noveno
arte queda relegado a un público
infantil, esta afirmación no quiere para
nada, remarcar la inexistencia de un
público con criterio formado y con una
visión más amplia al respecto, tampoco
quiere señalar que no hayan autores
que pese a lo que la corriente indica no
se hayan atrevido a saltar la frontera de
lo que se espera y hayan dado la
espalda a la mezquina e ingrata fama y
popularidad con el fin de crear en los
ámbitos que le eran propios y queridos,
por eso la mención inicial que
destaca la labor de Correa y de
muchos otros contemporáneos a él y
sucesores dignos de su mirada.

Sin embargo mientras no se abra un poco la mente a otras pulsaciones y sensibilidades, existirán
ingratas confusiones que disminuyen por ejemplo una novela gráfica como La Casta de los
Metabarones al ámbito de una tira cómica o comic strip propia del suplemento dominical. La
mención de la historia magistralmente ilustrada por el argentino Juan Jiménez, no es casual, pues
curiosamente ella tiene por guionista al tocopillano Alejandro Jodorowsky, director además de
cintas como el Topo, un western metafísico de alto vuelo.

En su novela gráfica, se plantea como en otras grandes sagas, adultas del comic y manga, El
Incal, Watchmen o Akira, un mundo de profundas lecturas, en este caso un drama espacial de
carácter épico que mezcla conocimientos de diversas culturas, mitología occidental, tradición
oriental, humor, fantasía espacial y una pincelada para los patrioteros de siempre, de historia
nacional, no por nada aparecen personajes como Doña Vicenta Gabriela de Rokha, la abuela.
Constituida la saga familiar de honor y venganza, nada tiene ella que envidiar a cintas de
Kurosawa, así como la mentada y altamente recomendada obra en extenso de Correa que
tampoco debe ser ignorada, pues su genio nos permite despejar dudas y prejuicios con
respecto al pasado, presente y sobre todo futuro del arte de género en Chile.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

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PEDRO PRADO: UN POETA QUE, A VECES, OLVIDAMOS por José Martínez Fernández

Muchos dicen que fue un arquitecto y ello porque


Pedro Prado estudió aquella carrera, la que no
concluyó. Sin embargo ejecutó varias obras de esa
especialidad.

Pero SÍ fue Pedro Prado un gran arquitecto de la


palabra. Novelista y poeta. Viajó, cuando joven
(1912) a un congreso de estudiantes en la colonial
Lima y por unos puestos por aquí y por allá estuvo
en varios países.

En 1949 se le otorgó el Premio Nacional de


Literatura: uno de los más justos, porque la obra de
este peculiar narrador y hacedor poético lo amerita.

Nacido en 1886, falleció en 1952.

Sus obras principales se llaman: “La reina de Rapa


Nui” (Novela, 1914), “Los pájaros errantes” (poemas
en prosa, 1915), “Alsino” (novela, 1920), “No más
que una rosa” (poemas, 1946) y muchas otras.

Pedro Prado fue un hombre de un altísimo nivel


cultural. Pasó por la vida haciendo poco ruido y muchas veces le olvidamos, especialmente en
su faz de bardo. En ella queremos saludarle publicando uno de sus más logrados textos.

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LLAMADO DE VEREDAS ENTREVISTAS…

Llamado de veredas entrevistas;

vislumbre de jardines interiores;

eco de prolongados corredores,

mi atribulado corazón conquistas.

Con nieblas, con celajes lo despistas;

y bien vaya por páramos o alcores,

siento en el aire un perfume de flores.

Vives en todo, sin que en nada existas

-oh! mujer misteriosa de mi arcano-

deshechas huellas de tu cuerpo, en vano

busqué entre las mujeres de mi vida.

Si en todas vives, nadie te contiene;

mirar te veo, si alguien se detiene,

más distinta en aquella parecida.

Este es un gran soneto. Y son pocos los poetas chilenos que han conseguido hacer de
ellos una pequeña obra maestra, entre ellos Óscar Hahn con su brillante “Gladiolos
junto al mar”. Más mérito aún para Pedro Prado a quien solemos conocer como un buen
novelista, ignorando su creación poética.

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Recordando a Baldomero Lillo por Daniel Rojas Pachas.

Hablar de Baldomero Lillo (Lota, región del BioBio


año 1987 – San Bernardo año 1923) y sus relatos,
implica detenernos ante un clásico de la literatura
nacional y observar con respeto, a un baluarte del
realismo social latinoamericano. Joven enfermizo,
Baldomero Lillo se educó sentimentalmente leyendo
a autores de la talla de Tolstoi, Dickens, Dostoievski,
Turgueniev y Balzac, podemos rastrear la influencia
de los europeos en sus páginas, sin embargo su
talento y profundidad, no termina en las voces de
estos creadores.

Dueño de una certera capacidad para aprehender la


gesta diaria de su medio y coterráneos, Lillo
consigue cristalizar la crisis del hombre de Lota,
penetrando en el corazón y conflicto de la
explotación carbonífera y las contradicciones del
proyecto capitalista e industrial, la vida rural no le es
ajena y el espíritu de gran cantidad de tipos
humanos se revelan al mundo y la posteridad, a
través de su pluma.

Contrario a las tendencias y un estadio de imitación en que los escritores de su época, se


dejaban impresionar con la lírica y prosa peninsular y francesa además de una gama limitada
de temas que eran considerados propios de la literatura, Lillo optó por focalizar su arte en el
mundo de los desposeídos y el hasta ese entonces ignorado devenir del hombre común, del
trabajador alienado cuya existencia es prueba ineludible del desagarro.

Esto lleva a que muchos lectores y críticos consideren su


universo creativo, demasiado agreste y sombrío, sin duda, al
actualizar su trabajo, estamos ante un crudo trago de verdad, el
cual no escatima en verbo y adjetivo a la hora de evidenciar el
punto en que el hombre se vuelve el lobo de su hermano. Sin
embargo, tales dotes de visionario imparcial, guiado más que por
una convicción ideológica o maniqueísmo axiológico, llevan
impresa su impronta humanitaria y la moral de un ser que no
puede sustraerse al dolor y vivir en clara señal de evasión, con la
simplonería de cerrar los ojos a la crisis de su tiempo. Su lamento
de denuncia, da significado a sus letras y lo convierten en un
clásico perdurable.

Ernesto Montenegro respalda ello en la siguiente afirmación “La obra de Lillo nos hace sentir la
tragedia de esas vidas como algo que está muy cerca de nosotros y habla a nuestra conciencia”
Prueba fehaciente es el total de cuentos que lo hacen el padre del relato breve nacional y que
hallamos recopilados en series como Subterra de 1904, este texto contó con enorme éxito,
tanto de parte de la crítica, como del gran público lector, llegando a agotarse la primera edición
en tan sólo tres meses.

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El título nace a sugerencia del poeta Diego Dublé Urrutia, en función de la temática minera y el
mundo recóndito que implica la faena. Tres años después, vendría Subsole que a juicio de
Fernando Alegría retrata el campo y los pueblos provincianos de Chile con un sentido mágico
de vida; mágico en su capacidad de sentir desorbitadamente, de ansiar, de sufrir, y de
enfrentarse a la muerte fortaleciendo la esperanza de una justicia, de un amor, de una paz, que,
en su perfección absoluta, alcanzan el significado de un absurdo sublime.

Acompañan a estos textos, Relatos populares que será publicado de forma póstuma y El
hallazgo y otros cuentos del mar, además existen numerosas antologías que han difundido su
obra por más de cien años, en tal caso, no podemos obviar su preponderancia en el plano de la
educación. Libros de estudio lo sitúan en un apartado preferencial y reediciones que permiten
reflexionar y disfrutar con su trabajo, lo potencian como piedra angular de la narrativa y los
programas didácticos en nuestro país.

En cuanto a su obra propiamente,


podemos destacar lo versátil, pues
aunque a priori resulta sencillo adosar
su figura al relato de denuncia, Lillo no
se agota en su carácter de fabulador.
En Cañuela y Petaca por ejemplo, el
autor se sumerge en la picardía infantil
con un franco ánimo de aventura. Aquí,
los púberes, proceden a espaldas del
mundo adulto, este último, inmerso en
el trabajo es un canon a ser desafiado,
una mano enemiga, sin duda estamos
ante el anverso infantil de la compuerta
número doce, ya que la figura de estos
dos niños, es de explicita malicia y
subversión. Ellos se atreven a asaltar a
riesgo de su propia vida, una pila de
pólvora a punto de estallar y luego
sustraen la escopeta familiar para jugar
a ser cazadores expertos, el otro en
cambio, dócil y estoico es arrebatado
del seno materno e inocencia para
descender al purgatorio que desfigura
sin escrúpulos el cuerpo y alma de los
trabajadores.

Los puntos de vista que adopta pueden


en tal caso, ser explícitos, como en su
faceta documental, allí ambienta y
edifica basado en lo netamente
referencial, el chiflón es el caso más
sensible y directo, la historia emotiva de una madre y la constante incertidumbre que marca la
eventual perdida de su único respaldo y sostén vital, su hijo El llamado Cabeza de Cobre, lo
simbólico en cambio, se construye en el caso de historias como Los Inválidos, con el
caballo Diamante, despedazado por los años de servicio para luego de manera indolente
ser devorado por las aves carroñeras, una metáfora abierta de los viejos trabajadores y el
destino infranqueable de sus últimos días.

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Algo similar ocurre en El Grisú, aquí las emanaciones de gas, el viento negro remite de manera
alegórica al furor indómito del abusado capaz de sepultar con furia e impotencia explosiva, una
montaña de tiranía como es Mr Davis, el arquetipo de ingeniero y capataz déspota que luego
sería trasladado a la pantalla grande en una versión masificada.

En otra línea del tratamiento de la historia y la traicionera y maquiavélica voluntad de poder del
ser humano, Lillo configura la confrontación de dos amigos, especie de Caín y Abel,
Remigio y el rubio Valentín que a la luz del pozo dan rienda a una reyerta por el amor de
la voluptuosa Rosa. Muestra fiel de la otra cara de la disgregación del alma humana. Aquí, el
ansiado tesoro no es un mineral sino el cuerpo de la mujer, el goce carnal empero, el efecto es
el mismo, la depredación mutua. Lillo, es sin cuestionamiento, un potente visionario, que
nos hace sentir que vamos bordeando lo catastrófico tal como indica Montenegro.

Su talento, observación directa y dramática sensibilidad, es sólo comparable a su silencio y la


sobriedad de su persona, la que arduamente fue descrita por sus pares en archivos históricos.
Los que compartieron con él o cerca de su fugaz presencia en las tertulias literarias, aplauden el
carácter humilde del escritor, gran testigo y lector de la vida, hombre alejado de bulla que en
su parquedad logró destacarse y publicar en La Revista Católica de Santiago, trabajó
durante su estancia en la capital en El Mercurio y fue colaborador en la revista Zig-Zag.
Sin embargo su alicaída salud siempre fue una carga, en 1923, víctima de una tuberculosis,
Lillo nos dejo y con su partida, queda una deuda pendiente con la narrativa, su ansiada
novela salitrera, la cual pensaba abordar el sensible tema de la masacre de la Escuela
Santa María de Iquique. Por ella, realizó numerosos viajes a la zona a fin de documentarse, allí
se hizo de nuevo uno con la desolación, retrotrayéndose a las imágenes que presenció en su
infancia al trabajar en las pulperías.

Al captar el destino común


que hermanaba a la clase
obrera, inició su obsesivo
afán el cual se vería
interrumpido por la
debilidad de sus pulmones.
Esa capacidad que siempre
lo acompaño, su deseo
desesperado de asimilar la
realidad se manifiesta en
un diálogo con Eduardo
Barrios al cual declaró

“No sé lo bastante de ese


ambiente, no lo he
asimilado como el de las
minas del carbón" De este
proyecto fallido quedan
algunos esbozos, de un
primer capítulo que se
llama "La huelga". Como cierre a esta breve semblanza de un grande, dejo un fragmento.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

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La Huelga -Baldomero Lillo - Fragmento

Son las 6 de la mañana. El sol por encima de los contrafuertes andinos esparce sobre la pampa
una claridad deslumbradora. Bajo el cielo azul de una pureza y transparencia extraordinaria, la
parda superficie del desierto osténtase desnuda como una inmensa pizarra en la que un lápiz
gigantesco hubiese trazado, repitiéndolos al infinito, los blancos caracteres de una misma
fórmula.

Son los rajos de las calicheras. Anchas grietas recortan y cruzan en todas direcciones la yerma
extensión del páramo donde el bochorno del día y el frío glacial de la noche han sellado un
pacto eterno de confabulación y hostilidad a la vida.

Bíblico campo sembrado de sal, en vano la pólvora y la dinamita han abierto en él, con sus rejas
flamígeras, innumerables surcos, y hundido y desgarrado por mil partes su infecunda entraña.
La ausencia absoluta de toda vegetación da a la tierra convulsionada el aspecto de un negro mar
embravecido, súbitamente petrificado. Un silencio solemne reina en la pampa, que sólo
interrumpen de tarde en tarde, la sorda y lejana detonación de un tiro o los gritos desaforados y
rabiosos de los carreteros. A pocos pasos de la polvorosa huella, por la que van y vienen las
carretas transportadoras de los acopios, los particulares Luis Olave y Fermín Pavez, el
barretero Simón Araya y su hijo Vicente se ocupan desde el amanecer en la apertura de una
calichera.

Vestidos con el traje de rigor: blusas y pantalones de tela blanca, trabajan con ahínco a fin de
aprovechar la favorable temperatura de la mañana. En tanto que los dos primeros aprietan las
cargas de pólvora, Simón y Vicente finiquitan la destazadura del último barreno.

Con los pesados machos, las particulares o calicheros golpean rudamente los atacadores de
madera de sauce, encima de los tacos de chuca y costra, a fin de asegurar la mayor eficacia del
tiro.

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Ferlinghetti está vivo en San Francisco por Rolando Gabrielli

Sobreviviente de la generación beat de


Ginsberg, Kerouac, Burrouhgs.

Qué horror, qué placer, Lawrence


Ferlinghetti está vivo en San Francisco y
Joaquín Vergara, periodista chileno, que
llegó antes que el tranvía a la mítica
ciudad, no sólo no lo conoce, sino hace
oídos sordos a mi súplica que lo ubique
para conversar algunas cosas sobre
poesía, de su ciudad, Kerouac, Ginsberg,
los beatnik, el mundo que es una
margarita en un racimo de bombas
subterráneas. La poesía se deshoja con
una granada en la mano y en la otra no
sabemos que verso se está cocinando.
Ferlinghetti sabe que se está cocinando.

Al diablo me digo, qué saben los


periodistas de poesía, y me pongo a
buscar en mi vieja biblioteca alguna huella de Ferlinghetti y recuerdo que un marica de teatro,
panameño, me robó Aullido (Howl) de Allen Ginsberg, otro santón carismático de San
Francisco, el padre espiritual del Flower Power y del Hippismo. Aún siento los aullidos de ese
libro perdido. No lo he vuelto a comprar, el griego vende a unos precios horrorosos, y hace
creer que es un duende quien marca y remarca los nuevos valores que les asigna de noche a
los poemarios para hundirnos en la oscuridad de la palabra escrita.

Ginsberg gimió el primer borrador de Aullido, vomitó sus versos,


los expulsó de sus vísceras, en un recital, una noche mítica del
55 en la Galería Six, el día del reencantamiento del público y la
poesía en San Francisco. “La mente es la belleza de la forma”,
decía Ginsberg. Un chillido rítmico supurante de la sociedad y
sus comparsas, subterráneos sonidos, vociferantes formas, se
instala en la cátedra de la desolación, un camino de presagios,
lo que viene.

Ahí está Ezra Pound con su gusanillo atornillado a la garganta


del poema, con sus cantos y ecos mayores, desde Lorca a
Whitman, Blake, y más. Ginsberg, además de ser un gran poeta
que marcó el rumbo a la poesía en Estados Unidos en el siglo
XX, fue un luchador social incansable, un detonante silencioso,
ruidos, solitario, de las grandes masas subterráneas, un espíritu
generoso de época, alguien especial, abierto, desprendido,
solidario, amigo de sus amigos, y supo compartir el catre, la
vida todo, con sus compañeros de juego. Una leyenda más allá
de las fronteras de Estados Unidos, vaciado de su propio

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Espíritu Santo. Ángel y Demonio, arrastró la estrella fugaz descolgada de un balcón en San
Francisco.
Desnudo ante su espejo trizado avanza por Denver, Colorado, sin fronteras, en las rocas rojas
bajo las montañas de un sol rojo, en Colorado, espacio mítico de los beat. Y en Aullido dice,
proclama la sociedad contaminada de dolor, muerte, subterránea, agónica, enfrentada al
establecimiento... y habla también de quienes viajaron a Denver, murieron en Denver, que
volvían a Denver; que velaron por Denver y meditaron y andaban solos en Denver y finalmente
se fueron lejos para averiguar el tiempo, y ahora Denver extraña a sus héroes.

Si Ferlinghetti lee esta nota, sabrá de


que estoy hablando. Busco una vieja
antología de poesía norteamericana
de tapas gruesas, blanca, editada
por Ernesto Cardenal. Este es el
proceso, puesta en escena,
atmósfera para entrar en Ferlinghetti,
comunicarme con la memoria, y
rodar por un San Francisco que no
conozco. Me acompaña un
señalizador mágico de libros que me
envió mi amor con un tranvía
ascendiendo por las calles que
llevan al cielo en Fan Francisco y
detrás la Bahía. Unas nubes
delgadas, esponjosas, de algodón
empañan el cielo azul de San
Francisco, pero no se borra.

Hace muchos años me imagino, adivino la ciudad, viajo insomne, asciendo por sus calles, en
algún bar me detengo, toco la madera del mesón, miro a mí alrededor, un cielo azul me espera
para inaugurar el día con una buena cerveza y caminar las calles sin tiempo.
San Francisco, California, es tierra gemela con Valparaíso, Viña del Mar, la costa central de
Chile, ambas tienen la misma
geografía, la falla geológica,
telúrica, el mar, las calles
empinadas. Frutas de un mismo
paraíso, ambas ciudades son
secretas canciones de marineros,
nostálgicas bahías bohemias, sus
cerros imitan las escaleras al
cielo, pero son terrenas, frutas de
un mismo árbol, la poesía. Puertos
del Pacífico, ciudades hermanas
en el lenguaje telúrico de la tierra,
balcones de asombro. Ventanas
que miran más allá del mar, sin
límites los ojos de la ciudad que
sabe ser íntima, personal, callada,
auténtica.

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Portal a Oriente de Estados Unidos, le llama Rudyard Kipling a San Francisco, y serena
indiferencia al destino, guardiana de dos continentes, le dice Bret Harte y Shapiro, el último
rincón de los bohemios. Es en ese escenario que aparece Ferlinguetthi en 1950, ciudad de jazz,
poesía, bohemia pura, de calles plateadas por la luna, con su inconfundible habla coloquial.
Ginsberg, Kerouac, James Harmon, Gregory Corso, Philip Walen, Michael McLure, Robert
Creeley y Gary Snyder.

No nos vayamos fuera de la línea del tranvía,


hacia una ascensión equivocada, que no sea
otra que la palabra en el poema. Ferlinghetti ya
está instalado con los santones de San
Francisco, el movimiento Beat, la nueva poesía
contaminada con la vida, sin adornos,
destemplada, y se apoya en Pound: “el objeto
en su naturalidad es siempre el símbolo
adecuado”. Pound decía que la poesía es el
lenguaje cargado de intencionalidad, y los
poetas beats, jugaron esa carta con Ginsberg a
la cabeza, abriéndole los sentidos a la palabra,
al poema, al máximo, en caliente y tiempo real.
Un grito, un aullido, un estallido. Los beat nacían
en 1958, según el Time. En los 70, fundaría
Ginsberg con Anne Walden en Boulder,
Colorado, una escuela alternativa para enseñar
poesía y brindar oportunidades de trabajo a la
gente joven. La llamó de Jack Kerouac School of
Disembodied Poetics.

Detrás de ellos o delante, Burroughs, Ginsberg y Kerouac. Especialmente Kerouac que sostenía
que había que escribir de acuerdo con las leyes del orgasmo, a toda prisa, hasta sentir
calambre, con intensidad. Era el iluminado entre San Francisco y Denver, que llevó a decir a H.
Muller, que quizás la prosa norteamericana no se recupere más después de Kerouac. Y más
atrás, no del movimiento beat, sino de la inspiración de Ginsberg, Whitman y William Carlos
Wlliam junto al ya comentado viejo Ezra. Ahí está el circuito más o menos cerrado, más o
menos abierto, como debe ser.

Cuando Nicanor Parra estuvo en Estados Unidos a fines de lo sesenta, Ginsberg leyó un poema
de él en inglés (máximo honor para un visitante), porque el poeta chileno había sido escogido
como el poeta de una reunión internacional. Sin duda la poética de Parra está vinculada con
ese movimiento, una poesía desgrasada, pero sacada de la calle, del subterráneo psicológico
del individuo, del hollín de sus días. Cada poema en sus pisos de doble fondo, la máscara y la
ironía, una corriente fría, electrizante, la palabra deshuesada, pero no invicta, si renovada,
usada de una manera sin uso. Ginsberg ya había estado en Chile tres meses, y en una
entrevista que es historia, el poeta chileno Jorge Teillier, lo describió así: Su aspecto varía entre
el de predicador religioso, comerciante ambulante y guerrillero cubano: frondosa barba, melena,
desaliñado atuendo y un equipaje consistente en un gran bolso de buhonero y una caja de
cartón. El estante me devuelve la mirada, busco, todo está cambiado desde que saqué a
asolear los libros este verano, para quitarles la humedad tropical, el camino más corto para que
se desintegre la palabra, con lo floja que está la verdad en estos tiempos. Blake, Michaux, Eliot,
Diego, Cardenal, Kavafis, Cáceres, y van saliendo, pero la antología blanca, no hace la menor
seña. Sigo con el texto. Ferlinghetti es el sobreviviente de todo ese movimiento.

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Una generación que Ginsberg dijo en Aullido, la vio morir, perderse en la droga, los talentos se
volaban los sesos en las calles, con alcohol y fornicaciones sublimes. Dueño de la célebre
librería y editorial City Lihgts de San Francisco.

En el recital que dio un viernes 13 del 2002, en México, dijo: ”Soy un artista de los medios
publicitarios... Soy el más avant de los avant... Soy el poeta que ha deshecho el idioma.... Yo
pinto imágenes profundas... Le escribo canciones a la gente común... Estoy muy joven para
morir". Eran sólo algunas de las ideas que mostraba Lawrence Ferlinghetti en su poema Poeta
ciego, que él mismo leyó entre varios más” Y volvió a México a principios de este año y a sus 84
años, editó el libro La Noche mexicana. Ferlinghetti creía en el trabajo poético, hacer el poema,
laborar la palabra, y no quedarse en una primera intención como preconizaba Ginsberg: la total
naturalidad del texto. Ferlinghetti es un hijo autorizado de la búsqueda, muy próximo al
innovador constante, Ezra Pound, al corrector incorregible. Es una vos en medio de muchas
voces, recoge los escombros del mundo y levanta sus edificaciones, Será una voz mestiza/ una
voz políglota cantando/ tarde en la noche/ en las extendidas llanuras/ donde la desaparición de
las luciérnagas/ señala el amanecer de una época.

Es un crítico de su tiempo, revaloriza el


caos, un cronista, registra la atmósfera, las
cosas Ha sido enviado, dicen sus versos, a
describir la vida/ en el planeta tierra/ a
contar las historias/ de qué Cuándo Dónde
Cómo y Por qué. Poeta de la coyuntura,
podríamos decir también, de los hechos, la
actualidad factual, del presente porque cree
en un mañana mejor, y desde su época beat
Ferlinghetti se ha jugado esa carta del hoy,
porque mañana puede ser demasiado tarde.
Un poeta del presente inmediato pero con
visión de futuro: 'Entonces ahora es el
momento para que hablen/ Todos ustedes
amantes de la libertad/ Todos ustedes
amantes de perseguir la felicidad/ Todos ustedes amantes y dormidos/ Profundamente en sus
sueños privados/ Ahora es la hora para que hablen/ Oh mayoría silenciosa/ Antes de que
vengan por ustedes'.

Quizás esa generación beat podría definirse como la que asaltó el sueño americano, no le
arrancó la cabellera, tal vez algunas plumas, pero sentó el precedente de la inconformidad del
sistema, se desintegró con él, le prendió fuego e inauguró un nuevo espíritu para la poesía, la
sociedad en rebeldía y terminó inmolándose físicamente más allá del poema. Generación que
usó la jeringuilla abiertamente en los sótanos del alma y se paseó desnuda por las aceras de la
vida norteamericana, no comulgó con Viet nam, amó la paz por sobre todas las lápidas de la
vida y aún así subió al caballo de la muerte para alcanzar la victoria. El poeta y editor de City
Lights, es lo que nos queda d ela leyenda beat, y para él son estas líneas. Una de las famosas
frases de Ferlinghetti es : yo veo lo que ustedes no ven. Y fue lo que me ayudó a encontrar la
vieja antología norteamericana, pero ya el texto estaba escrito. Está en mis manos la edición
Aguilar, pero no está tan blanca, el tiempo, los viajes, las bibliotecas, las manos, me dicen que
nosotros, los de antes, ya no somos los mismos, y los libros tampoco.

Autor: Rolando Gabrielli

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SOBRE EL ARTE DE EVOLUCIONAR INVOLUCIONANDO.

(O, sencillamente, un vistazo a la Wik´uña)

Amanda Espejo

INTRODUCCIÓN

Entonces, cuando el veinteavo era más uno, las musas huyeron despavoridas ante el talante del nuevo siglo.

Los poetas, entonces, encontráronse desnudos, sin el velo compasivo de la estética para armonizar sus visiones.

Los árboles agonizaban en sólo sus últimos inviernos y las aves graznaban su desamparo en sus nidos yermos.

- “ No hay alas, no hay alas para batir un nuevo vuelo”- pensó el poeta mientras miraba al hombre “evolucionado”.

Los honorables de antaño ya no presidían los podios de la palabra: ahora, manoseaban a los niños. Estos,
acorralados, golpeaban a sus madres por la ausencia del padre.

El Amor, el viejo y desdeñado amor ya no era yunta entre cóncavo y convexo...

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Los nuevos Adanes tecnológicos penetrábanse unos a otros sin compasión ni distingo.

Ante el abandono, las nuevas Evas optaron por refugiarse en la humedad de sus propias cuencas.

La violencia de los video-juegos saltó de la pantalla y se abanderó en el espacio real:

un Ser-Débil – mujer, niña o niño – era ajusticiado cada día ante la impavidez del resto.

De pronto y contra todo pronóstico, los últimos poetas hubieron de declararse “con las manos vacías”.

Y hubo un aullido colectivo en las ciudades del hombre, un chillido atrofiado de semas en donde la belleza del
lenguaje no tenía cabida.

- Ya era hora – dijo una de las antiguas. Entonces, tomando su morral se descalzó sin prisa, y dando la espalda al
caos, enfiló hacia las montañas que enmarcan el horizonte en busca de la mítica Vertiente de la Palabra.

Una vez más, La Vicuña se aprontaba a “vicuñear”.

La Wik´uña

Radicada desde hace veinticuatro años en la Gran Manzana, Cecilia Vicuña (1948), hija del reconocido
abogado y escritor Carlos Vicuña Fuentes, fue la gran precursora de todo lo que hoy en día se conoce como
performance.

Amante innata de lo precario y pionera en el rescate de la valía del rito en la manifestación artística, La
Vicuña describe así sus primeros acercamientos a esta postura:

“Antes de saber escribir, yo inventaba palabras y como a los nueve años escribí mi primer relato, un
cuento inspirado por la luz que le caía a un perro sobre el pelo, hecho que para mí tenía un significado mágico.
Desde muy pequeña me ponía plumas en la cabeza y organizaba rebeliones en mi barrio. Como a los diez años
escuché por primera vez la palabra socialismo. También fue un descubrimiento tardío, porque yo lo había inventado
antes de que me lo explicaran. Sucede que yo creo que uno tiene un conocimiento interno sin saberlo. Este
conocimiento es negado por la cultura occidental, en cambio, los indígenas, los chamanes y los sabios reconocen y
valoran ese conocimiento”.

Es en la playa de Con cón en donde manifiesta sus primeras expresiones de este bien o mal llamado arte
precario: en 1966 siente una necesidad inexplicable de construir una especie ciudad con los restos de huesos y
basuras que encuentra en la playa. Allí, también, en base a palitos y conchas hace instalaciones a las que llama
efímeras, simples escrituras en la arena. Después – lo recuerda – se dio cuenta de que esa acción correspondía a una

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forma de pensamiento antigua en la cual estaba implícita la idea de ofrenda. Esto la hace relacionar entre sí los
conceptos de precario-rito-ofrenda, los que se expresan, generalmente, acompañados por un canto; todos ellos
factores innegables de su vertiente poética, en donde ella nos hace oír esos breves, escuetos y lacónicos poemas que
exigen una lectura oral como complemento obligado a nuestra acostumbrada lectura silenciosa. Y oral puede
conjugarse como orar, en muchos de sus poemas concebidos como ofrendas.

En 1967, a los 19 años, Cecilia Vicuña funda La


Tribu No, un colectivo que reunió hasta 1972 a seis artistas –
entre ellos Claudio Bertoni, quien fuera su pareja -, a quienes
ella recuerda ahora, riéndose, como “un grupo que nunca hizo
nada”, pues todas las acciones que se realizaron en aquél
tiempo “...fueron ideadas por mí con la participación de
miembros de la tribu. No es que el colectivo se haya propuesto
hacer cosas”.

En el año 1971 se le ocurre realizar una muestra en el Museo de


Bellas Artes de Santiago - idea que es acogida con entusiasmo
por el entonces Director del establecimiento, Nemesio Antúnez,
y secundada por Bertoni - consistente en una particular
ponencia con hojas secas recogidas en el Parque Forestal
expuestas en bolsas de nylon y otras sueltas, en rumbas de hasta
un metro de altura, en una sala designada como: Salón de
Otoño, obra que ella define como “un acto de contribución al
socialismo en Chile”. Un registro diario de estos
acontecimientos se encuentra en parte de su libro Sabor a mí,
libro prohibido en Chile por el gobierno militar debido a la
postura política de la autora y a su erotismo sin trabas.
Cecilia Vicuña fue la pionera en muchas – por no decir todas –
de las manifestaciones artísticas tan en boga en nuestros días. Una mujer conectada como ninguna con lo
femenino, con su interioridad, con la búsqueda del origen, sabedora de que el poseer tal conocimiento es el único
modo de poder fluir con total coherencia y verdad.
Su primer libro, Sabor a Mí, fue hecho a mano en septiembre de 1973, cuando ella vivía en Inglaterra como
estudiante de arte. En un principio, estuvo ideado como un Diario de Objetos y algunos poemas, pero tras el
golpe de estado, se transformó en una obra revolucionaria y mágica, que fue considerada en aquél entonces, como
“el fruto más fresco del gran árbol dadaísta”.

Cecilia Vicuña, cuya poesía se zambulle con vehemencia en el lenguaje para removerlo, desmenuzarlo y
jugar a su divino antojo con sus múltiples combinaciones, hoy recuerda:

“Algo me llevó desde niña al espacio interior de las palabras. Yo entro en las palabras como si ellas
fueran una arquitectura. Lo que está dentro, es una maqueta del ser humano. Las palabras hablan de nosotros,
de lo que somos y de lo que muchas veces no deseamos saber porque estamos presionados por tareas que hay que
cumplir”, explica.

“¿Qué es lo que se guarda en los desvanes de los ríos?”/ “los desvaríos”, dice en uno de los poemas de su
libro PALABRARmás. Y es precisamente en títulos como este, en donde se puede apreciar el cierto predicado de su
obra, descubriendo los distintos significados que lo componen:

Palabrar/más = hacer más uso de las palabras.

Palabra / armas = reconocer en la palabra la calidad de arma.

Palabra / armas = la acción de armar-desarmar palabras.

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De variada significancia resulta también el acto que realiza en el Goethe Institut de Santiago, Chile, en una de sus
escasas visitas hace unos años. Nadie sospechó que la mujer extraña que jugaba en un rincón con unas hebras,
cantando algo inintendible, era ella. Casi cuando la seguridad del recinto se disponía a expulsarla de la sala, la
Vicuña inició una performance que comenzaba con acordonar al público con lana, improvisando en el momento, un
acto poético de distintas facetas. ¿De qué se trataba todo aquello? Sencillamente, de la implicancia de la palabra,
representada por el hilo que envuelve a los seres humanos como medio creativo de expresión y unión.

“Quisiera que mis palabras abran palabras... que desenreden el verso, que descubran senderos, sugestiones.
Que no contaminen con ruido ajeno y urbano el silencio de la Wik´uña, que despejen sus aguas y reflejos, que
espejeen sentidos”.

Auténticas, precisas y bellas, son las palabras de esta autora chilena relegada al olvido por la gran mayoría
del inconsciente colectivo que, muchas veces, no perdona a quien es capaz de surgir sin su mal llamado “apoyo” o
anuencia, acto totalmente caprichoso y a merced de las modas que la época dicte. Una por una las décadas se fueron
sucediendo y el no-perdón a la Wik´uña se basó en una y mil razones: que su postura política, que lo excéntrica, que
lo hippie, que lo cuica, que lo inmoral, que lo cochina, que lo copiona ¿...?, que lo Vicuña, que lo india y que no
cuadra y que lo roja y que lo negra. Todas lo mismo que ninguna. El hecho es que ella fue capaz de hacer vanguardia
en un tiempo en que las alabanzas eran para otros, y fue capaz de vivir, percibir y escribir como le dio la real gana
sin tener que amurallarse en la grosería ni en la facilidad de lo burdo para ser reconocida ni trascender. Eso sí, fuera
de las fronteras de este país.

Actualmente, ésta desarraigada pero, siempre vigente Vicuña, ha publicado más de veinte libros, editados en
su mayoría en México, Argentina y Buenos Aires. Sus poemas han sido traducidos a siete idiomas y en el año 2005
su obra aparece en una antología de los veinte mejores poetas norteamericanos. Su obra visual se ha exhibido y está
en las colecciones de diversos museos del mundo. Entre ellos, el MOMA y el Whitney de nueva York, el ICA de
Londres y el Museo nacional de Bellas Artes de Santiago.

El año 2007, en Chile, la Editorial Universidad Diego Portales reedita su libro Sabor a Mí, hecho que permite leer

y comprender mejor el génesis de su creación aún con las variantes de impresión que impiden el admirar la

belleza del libro-objeto original, tal como fue ideado en su tiempo por la autora.

Amanda Espejo

Quilicura /17 /6 / 2008

Más información de nuestra amiga y colaboradora la escritora Amanda Espejo y la Revista la Mancha en está
dirección: http://www.lamanchadesdequilicura.blogspot.com/

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FLORENCIO FAÚNDEZ: HACEDOR DE POESÍA por José Martínez Fernández

Es Florencio Faúndez Saavedra un poeta


importantísimo en Arica y figura
destacada en el ámbito muy ancho de la
poesía nortina contemporánea. Con
justicia se le ha incluido en casi todas las
antologías que se han hecho en el norte
de Chile.

¿Qué es un poeta si no la expresión


misma de la sensibilidad, de la
inteligencia y del talento?

Florencio Faúndez Saavedra reunió


todos esos dones desde muy joven:
cuando empezó a ganar diversos premios
en poesía. Y también en narrativa.
Además fue un articulista de pluma fina,
crítica, cómica o irónica –o parte o todo
a la vez- en los diarios impresos de
Arica: “La Concordia” (en su buena época, antes que la echaran al cementerio por falta de cronistas
mayores), en “El Popular”, entre otros. Todo ello a fines de los sesenta y comienzos de los setenta.

Además Florencio Faúndez siempre “pintó” para líder. Fue dirigente de cuanta organización social lo tuvo
entre sus filas. Incluso fue presidente de todos los centros juveniles de Arica.

Faúndez fue llamado por la gran maestra, poeta, ensayista y mujer inteligentísima que era Alicia Galaz
Vivar, quien ejercía el magisterio de la docencia en la Universidad de Chile en Arica, a participar en el
grupo de poesía “Tebaida”.

Fue el último convocado (1972 o 1973) y estaba próximo a aparecer en dos publicaciones que abortó el
Golpe: un nuevo número de la revista “Tebaida” (de la Editorial Nascimento) y una antología de la poesía
nortina (de la Editorial Quimantú).

Mala suerte que no sólo lo acompañó a él, sino a varios de nosotros.

Sin embargo años después fue incluido en la selección “Poetas de la Universidad”.

Ejerciendo el magisterio el hombre de letras no dejó la pluma: publicó más distanciadamente, pero lo hizo.
Apareció en las revistas especializadas “Extramuros”, “Planeta de Flor y de Barro”, “Palabra Escrita” y
varias otras.

Difícil sería hablar de los muchos haceres de esta figura vital de las letras del norte.

Dejando de lado al dirigente social, al narrador y al cronista (tareas que realizó bien), Florencio Faúndez
es esencialmente un hablante lírico de peculiar sello.

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La poética de Florencio Faúndez Saavedra es de una particuralidad muy sugerente. Su verbo, a veces, es
irónico, a veces es alegre…a veces es la imagen de su propia tierra y su gente. Tiene el don de la soltura
del lenguaje como pocos poetas: el verbo le fluye con rapidez.

A continuación muestro, como una sola prueba de su talento poético, el trabajo “PORVENIR” publicado
en la antología “ESPEJISMOS”, realizada por el poeta y ex profesor universitario Luis Araya Novoa en
1997.

PORVENIR

Al final, terminaremos por rebajar

las viejas cumbres de los cerros

para que vean de cerca

la desnudez de tu cuerpo,

sin que tengan que pararse

sobre la punta de los pies.

Espantar la aparecida camanchaca

o desviarse sin rumbo

por las carreteras de la cibernética

en busca de la tierra prometida.

Esperando hallarte en contra del viento

donde mantienes todavía en celo

tu escurridizo ombligo,

el último baluarte de caza

que nuestros antepasados no enterraron

junto a sus semillas y cacharros.

Florencio Faúndez nació en Iquique, pero ha hecho casi toda su vida en Arica. Su poesía –de sello,
muchas veces, regionalista- lo sitúa como uno de los mayores poetas nortinos.

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EL AMOR DEL POETA ATEO POR UNA SANTA por José Martínez Fernández

Muy peculiar es el hecho que Vicente Huidobro, uno de


los mayores poetas chilenos, siendo un ateo declarado,
haya pretendido a Juana Fernández, hoy convertida en
Sor Teresa de los Andes.

Empiezo señalando la verdad. No sé en que


medio leí hace unos años de la singular historia del
terrible Vicente García Huidobro Fernández, el dandy de
la poesía chilena, y su amor no correspondido por una
joven bella: Juanita Fernández, hoy célebre aquí y allá
como Sor Teresa de los Andes.

Lo cierto es que este mujeriego y maravilloso


poeta “creacionista” creyó que las niñas bellas siempre
se rendirían ante sus cualidades que no eran pocas:
inteligencia, talento, atractivo físico y, para rematar,
millonario.

El enemigo declarado de Pablo de Rokha y de


Pablo Neruda era un hombre muy, pero muy bullicioso.
De allí que sus amigos hubieran pensado que hubiera
sido un magnífico Presidente de la República y por ello
lo hayan proclamado unos pocos centenares de personas
en un teatro pequeño, al parecer ubicado en la hoy
creciente calle San Diego antes de llegar a la Alameda, cuando la Alameda aún se llamaba así hasta que
después don Pedro Aguirre Cerda –ejerciendo el magisterio de la Presidencia- la bautizó justicieramente
con el nombre del Libertador Bernardo O’Higgins.

No hay fotografía en la que Huidobro no luzca como un actor de cine. Físico delicado, sonrisa
esencial y vestimenta perfecta. Hay imágenes en que aparece rodeado de varias “preciosuras” jóvenes.

¿Tanto le amaban ellas?

Tal vez no. Iban tras el hombre célebre que ya era, sobre el hombre rico, que también era. Su
familia, al igual que los Alessandri, eran dueños de la mayoría de los terrenos que se ubicaban en la costa
de la Quinta Región. Pero el enorme poeta amaba más a la poesía y a las mujeres que a la fortuna de su
familia.

De esa manera un día, entiendo, a través de un hermano de Juanita Fernández, él conoció a esa
chica, una niña, muy niña y muy bella. El poeta le proclamó su amor, pero ella le dijo que en su corazón
sólo estaba Dios. ¿Dios? ¿A un ateo decirle eso?

Las amarguras de nuestro querido dandy fueron aún peores. Tenía un rival de peso mayor. ¡Qué
Joe Louis, qué Jack Dempsey, qué Rocky Marciano!…Ese rival era Dios y Dios tenía en la tierra a
Cristo…

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Y la bella Juanita ya había cedido sus dones a las
Carmelitas descalzas… ¡Qué tristeza para el gran
poeta!

Su rival era enorme.

No sabemos si el poeta lloró. Era un


poquito duro, al revés de Pablo de Rokha que,
con su palabra demolía, pero que en su intimidad
cada dolor le hacía llorar…

Pero que se haya indignado o su ego haya


sido hecho trizas era posible.
Muchos años después, cuando Huidobro se
acercaba a una muerte juvenil, en su casa de
Cartagena vivió una singular anécdota que
denotó su fiereza contra el teísmo y su celo en
mantener vigente sus ideas antireligiosas.
Quien contó la historia fue el imprudente
Eduardo Anguita.

Señala el autor de “Venus en el pudridero”


que estando en casa del aeda del creacionismo
éste se largó un discurso contra Dios. Anguita,
que era un creyente acérrimo, le dijo:

-Hombre…¿Y si ahora se te apareciera Dios que harías?

-Pues saco el revólver y lo mato- fue la dura respuesta de Vicente.

¿Cuánto pesó en su corazón de hombre el rechazo de la bella Juanita Fernández?


No lo sabemos.
Pero su declaración de ateísmo, independiente de esa frustración o capricho, siempre estuvo en él.
Ella es, ahora, una Santa, la primera de Chile.
Y él, un poeta, uno de los cuatro grandes de Chile.
Ay, el amor…El amor…el amor…el amor… Como en la canción.
Nota: Escribí esta nota en quince minutos, acompañado de una piscola.
¡Salud!

A todos mis amigos mayores, salud, aunque no tomen. A Bellamín Silva, a Fernando Herrera, a Daniel
Rojas Pachas, a Mayo Muñoz…trabajadores de la palabra todos ellos y salud a Patty Figueredo y Luis
Colina Campos…

Puchas ¡se me terminó la piscola! Voy por otra.


Y Vicente, estés donde estés, SALUD… Juanita vive en su cielo imaginario, y tú en tu cielo de
poesía.

Nosotros te leemos, te queremos…

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La posesión de Delaura por Víctor Sampayo.
Lectura oblicua de Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez.

No es fácil vivir en tierras ajenas, pero ése ha sido el


destino de mi raza desde hace miles de años.
Errabundos, cargando a cuestas con el silencio de un
sólo Dios, siempre el mismo. Y las inevitables
circunstancias que genera semejante modo de vida,
pues como en mi caso, el ser obligados a huir para
conservar el alma en el cuerpo, es cosa común en
nuestra historia. La persecución de judíos estaba al
rojo vivo en la península y ni siquiera los conversos
podíamos estar a buen resguardo, debido a las
continuas sospechas que recaían sobre nosotros,
blanco siempre ideal para las pesquisas de la
Inquisición. Así que, aprovechando las continuas
expediciones a las Indias, me embarqué desde
Portugal, confiado de que mi profesión de médico no
sería mal recibida en estas tierras. No hace al caso
mencionar ahora mis dotes en el campo de la
medicina, quizá bastaría con decir que trato de
reconocer las necesidades que el cuerpo manifiesta.

No se puede decir que a Cayetano Delaura lo haya


conocido a causa de mi profesión, aunque tampoco
se puede afirmar lo contrario. La primera vez que lo
vi, me bromeó diciendo tras la puerta que era la Ley.
Charlamos en latín (según mi costumbre) y pude
apreciar la perfección de su acento, lo dejé curiosear
a su placer entre mis libros, hasta que por fin logré
saber el motivo de tan extraña visita: la supuesta rabia de la hija del Marqués de Casalduero,
Sierva María de Todos los Ángeles, a quien él estaba designado para oficiar los actos de su
próximo exorcismo. Vaya tontería. Pero bueno, ese era el motivo “oficial” de su visita, porque en
sus ojos encontré respuestas mucho más certeras. Encontré que simplemente era un hombre
enamorado, a pesar de su inmensa erudición y de sus hábitos sacerdotales. Pobre, tanto
estudio echado a los albañales por sólo un resplandor fugaz del corazón. Algunas semanas
después me enteré de que había sido enviado como enfermero de leprosos en el hospital del
Amor de Dios y de inmediato lo visité, le reiteré mi amistad. No obstante, él ya estaba más allá
de todo razonamiento: tal es la demencia del amor. Poco después lo supe todo de sus propios
labios: sus amoríos con Sierva María en la celda de ésta, el castigo del obispo al confinarlo en
el hospital de leprosos, y su desesperación a causa de la intransigencia de la Inquisición para
con la niña, quien simplemente no encajaba en los modos de pensar de aquéllos, con esa
mezcla tan extraña que tenía entre las religiones africanas y un catolicismo silvestre enseñado
por los esclavos. Delaura nunca se pudo recuperar: la niña murió tal y como lo había
vislumbrado entre sueños, y él, por su parte, abrigó por el resto de sus días la secreta y vana
ilusión de contagiarse de lepra. Cosa que, por supuesto, no consiguió. Definitivamente, el amor
es el peor de todos los demonios.

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El Chico Molina, ese duende silencioso

Al Chico Molina Ventura/


inédito hasta la sepultura/
confesándose en el Vaticano/
de ser autor del Mito de Chile/
Él, más Lobo Estepario
que Herman Hesse.

Del libro Los Poetas de Chile


Rolando Gabrielli

¿Alguien conoce mejor al Chico Molina que las sombras de la noche santiaguina o el silencio de las
páginas que nunca escribió? Icono de la bohemia, mito imborrable de nuestros días, caballero-un Dandy-
de la poesía. Vaya tiempos a mediados de los sesenta y principio de los setentas, Santiago del Nuevo
extremo, caería en su más larga noche. Después supe, que el Chico Molina sobreviviría a esos embates del
circo romano y alcanzaría la nada despreciable barrera de los 80. Cuenta la historia escrita en las voces de
los bares de Santiago y de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), recogida recientemente por el
escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua de Chile, Premio Nacional de Literatura, Alfonso
Calderón, que este fabuloso personaje de fábula, escribió solo dos poemas en su vida. Uno sobre la Guerra
Civil Española y otro en homenaje al poeta chileno Juvencio Valle.

Calderón hace justicia a este mito de la literatura, fantasía, de la


bohemia, poesía, un juglar de todas las noches erigido en su propio
vuelo, caído como un ángel que cada día abría una puerta, una ventana
distinta para la imaginería de su palabra. Venturas y desventuras del
Chico Molina, es el título que lanzará próximamente Alfonso
Calderón, en homenaje a este mago con circo propio. Dice el propio
autor, que abre el grifo para que el Chico Molina hable, relate sus
venturas y desventuras, como las contaba en tiempo real.

Tuve la suerte de conocer, compartir, escuchar al Chico Molina en su


propio escenario real, el mundo de su ficción, con amigos como Jorge
Teillier, Rolando Cárdenas, Efraín Barquero, la colorina Stella Díaz

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Varin y esos personajes que descendían al sótano de la SECH o en los lugares más inesperados de las
tertulias literarias. Ahí dictaba, gesticulaba su inocente, improvisada y profunda cátedra del conocimiento,
de las lecturas que devoraba como un condenado a muerte. Siempre impecable, con corbata, su barba cana
ordenada, manos de estilista prousiano, calvo, bizco, risueño, misterioso, vivaz, muy vivaz, se relamía los
bigotes de nuevas y mágicas palabras. Era un misterio de que vivía, que hacía durante el día y como se las
arreglaba para entrar y vivir en la discreta noche santiaguina con una puntualidad británica, arrancada al
Big Ben. Muy persuasivo, sabía escuchar y mecerse la barba con maestría whitmaniana.

En su inagotable fantasía, apoyada por sus lectura e indudable cultura literaria, hablaba a diestra y
siniestra, con un calculado aire de convicción de los títulos de sus libros en curso o que dejaba como
posibles ediciones. De esto nos da cuenta Alfonso Calderón, un estudioso de la "chilenidad".

El sombrero de tutti fruti, Un Gregorio Samsa


tecnológico y Manual de comportamiento para el
Super-Ego, son los títulos de este maravilloso autor
del mito y la conversación, de la palabra en
primera y última, en definitiva instancia. Libros
que siempre brillaron por su ausencia. Nunca vi
una duda, el más leve gesto de preocupación, el
más leve malestar, una palabra de rencor,
animosidad de parte del grandioso Chico Molina,
que medía muchas menos de 1.60 de estatura, pero
que imaginariamente se empinaba sobre la
Cordillera de Los Andes, volaba por la geografía
del verbo elocuente, discreto, casi el susurro de un
dios jamás derrotado.

Calderón se remonta a enero de 1953, el verano


caliente y seco de Santiago, cuando conoció en la
librería Universitaria, providencialmente al Chico
Molina, un duende sin época ni tiempo. Me
imagino la escena en el bucólico, provincial Santiago, la que transitaría hasta 1973. Recuerdo los mesones
llenos de libros y el rostro de las vendedoras guiando a los compradores. El sábado llegaban algunas
escritores, en una cita oficializada por las circunstancias y hojeando páginas se armaban los diálogos,
pequeñas conversaciones de pasillos. En distintas ocasiones divisé a Lihn, teillier, Parra, Waldo Rojas,
manuel Silva Acevedo, Alfonso Calderón, Omar Lara y pierdo la lista, porque era un lugar "obligado" en
la búsqueda de libros. A la salida de la librería Universitaria está Andrés Bello sentado mirando la
Alameda. Al atravesar la esquina hacia el norte de la ciudad, uno llegaba a la fuente de soda llamada
Indianápolis , donde se bajaban las cervezas en velocidad de pista de carrera. A la derecha de la librería
Universitaria, uno dobla en esa esquina y esfila para San Diego, donde se encuentra el paraíso de los libros
viejos que regía el apco Rivano y creo que aún permanece.

Cuenta Alfonso Calderón que esa mañana busca La Peste de Alberto Camus, recién editada y que el Chico
Molina, a quin no conocía, se le acercó y le preguntó si había leído Periodismo de combate. Así armaron
una conversación que duró toda la tarde, atravesando la Alameda, allí en Il Bosco, un ya desparecido
restaurante de la bohemia santiaguina, donde nos bajábamos los ásperos vinos chilenos de esa época, que
contenía una buena parte de los secretos de la felicidad. Se hicieron amigos, contaría Calderón, poco más
de medio siglo después. Il Bosco era un puente en medio la Alameda, varado en la noche de Santiago,
punto de encuentro y lugar para alzar la mano entre copas y amigos. recuerdo sus manteles blancos, el
amplio salón y su puerta de cristal. Se entraba caminando con algo de gracia y se salía en un zig zag

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extranjero. Calderón revelaría también una profecía del Chico Molina, anunciada el siglo pasado: "Tú vas
a ser el cronista de mi historia". El enigmático personaje acertó medio a medio en el blanco de la futura
realidad. Hoy, sus aventuras y desventuras, están impresas y ha corrido la tinta donde debe ser.

Nunca fue un lector silencioso, aunque visitara la Biblioteca Nacional, como relata Calderón, esas
mañanas de invierno o en la suspendida primavera, porque recomendaba, guiaba, opinaba, decía, lee a este
autor, en un tuteo singular propio de las clase alta chilena. sugería con un inolvidable toque de picardía y
sonrisa. Tenía el don de la recomendación, la ubicuidad de las palabras, la gracias de una sencillez tímida.
Venía de la manga de Huidobro, se codeaba en ese entonces con Braulio Arenas, Mariano Latorre y Luís
Oyarzún, si, a mediados de los 40. Eran sus tertulias, el Chico Molina vivía sustentado en la precariedad,
al parecer, cuenta Calderón, de unos ingresos que le proporcionan el alquiler de un cité en Avenida Matta.

A fines de los 60 visitó Francia como invitado. "Llegó


diciendo que había destruido la teoría de los últimos
surrealistas y que había conocido a los personajes aún
vivos de En busca del tiempo perdido, de Proust", dice
Calderón. Envidiable el Chico Molina, sorprendente,
como siempre demoledor de cualquier statu quo, dueño
absoluto de su tiempo, un hombre absolutamente libre.
En la SECH y en casa de un amigo empresario de
Barquero, compartimos no pocos vinos. Recuerdo que
se ponía rojo y se le encendían los ojos de un brillo con
destellos literarios y parecía un relator de cuentos
escandinavos, esas leyendas con personajes
mitológicos que abundaban en los bosques y
desparecían encantados en las noches. En uno de esos
viajes de la vida, el tiempo se llevó al Chico Molina.
Nos había dejado sus historias, que no es poco decir.
Su época final la pasó en el Bar Unión Chica junto a
Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y sus amigos. El reloj
de su historia se paró en 1986.

Al recorrer este fragmento de mi juventud,


conversaciones en bares y sociedades de escritores con
el Chico Molina y mis amigos, recuerdo cuando salí de Chile. Estuve en la SECH conversando con
Alfonso Calderón, no era Premio Nacional de Literatura ni académico de la lengua, sí, poeta, cronista y
profesor universitario. Y le dije, me voy a Colombia, que libros me recomienda llevarme. Me dijo que la
antología que él había escrito sobre los poetas de Chile, que dicho sea de paso es e las más objetivas,
profundas, serias, ilustrativas, no pretenciosa, académica y digna de las antologías chilenas. Siempre la he
mantenido al alcance de mi mano. (Antología de la Poesía chilena contemporánea. Ed. Universitaria 1970)
Otros libros "claves" que me llevé a Colombia me los robó un poeta y decano de Filosofía, el poeta Luque
que en paz descanse. La miseria humana existe en todas partes.

Rolando Gabrielli© 2008

http://rolandogabrielli.blogspot.com/

27
Amuleto de Roberto Bolaño por Daniel Rojas Pachas

(…)Y los oí cantar, los oigo cantar todavía,


ahora que ya no estoy en el valle, muy bajito,
apenas un murmullo casi inaudible, a los niños
más lindos de Latinoamérica, a los niños mal
alimentados y a los bien alimentados, a los
que lo tuvieron todo y a los que no tuvieron
nada, qué canto más bonito es el que sale de
sus labios, qué bonitos eran ellos, qué belleza,
aunque estuvieran marchando hombro con
hombro hacia la muerte, los oí cantar y me
volví loca, los oí cantar y nada pude hacer
para que se detuvieran, yo estaba demasiado
lejos y no tenía fuerzas para bajar al valle,
para ponerme en medio de aquel prado y
decirles que se detuvieran, que marchaban
hacia una muerte cierta.(…)

(…) Y aunque el canto que escuché hablaba


de la guerra, de las hazañas heroicas de una
generación entera de jóvenes
latinoamericanos sacrificados, yo supe que por
encima de todo hablaba del valor y de los
espejos, del deseo y del placer. Y ese canto es
nuestro amuleto.

En las páginas finales del libro Amuleto de


Roberto Bolaño, encontramos este
monólogo en boca de Auxilio Lacouture,
uruguaya, madre de la poesía
mexicana, flaca y espigada como una
versión femenina del Quijote.

La mujer, pues parece poco decir


simplemente el personaje, como ocurre en
la mayoría de casos de aquellas
existencias que originó la mente del
chileno, más bien narrador y poeta
continental, ofició como secretaria y
barrendera del estudio de dos poetas
españoles exiliados y que fueron parte
valiosa de la genial vanguardia del 27,
Pedro Garfias y León Felipe. Curiosos
nexos como este, no tan anecdóticos o pretenciosos como podrían parecer en un principio, dan
rienda al juego preferido del autor, desafiar los límites de lo verosímil, así comienza la
trasgresión y se da la trascendencia del papel a lo mundano, lo vital emerge en cada párrafo, en
cada desafiante discurso capaz de movilizar los hilos de lo extratextual, configurado por el
pensamiento y las aprehensiones del lector.

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El maridaje se va estrechando en torno a la cultura y siempre con un contenido
irremediable, oscuro, violencia y locura entrelazadas, no por nada la historia parte
señalando: Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra
y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que
habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.

Bolaño es un digno maestro en el


diseño de mundos literarios, los
que curiosamente o más bien,
felizmente, orbitan en torno a lo
literario, la literatura es su
obsesión, la medula de su
espíritu creativo, de su herida
como fabulador, lo valioso es que
en su calidad de autodidacta y
lector, y creo eso es lo que más
se le reconoce, pues jamás
perdió la capacidad de asombro y
de ver más allá, cediendo a lo
que un mero segmento del
público espera. Bolaño no es
complaciente con las camarillas y
sectas académicas ni tampoco
con el fandom y los cultistas, él
por su propia inclinación y libre
creatividad, inicia
indistintamente un libro con un
epígrafe de su amigo Mario
Santiago, el poeta mexicano
autor del Aullido del Cisne y
que leía en la ducha o hace
alusión a una cita de Petronio.

Para Bolaño, el arte no es un


pañuelo de seda en que sólo
cabe el fraseario erudito y la
intertextualidad con los clásicos y
los Nobeles, música docta y
museos parisinos, y si bien no se
va al otro extremo, propio del realismo sucio y crónica urbana al uso, Bolaño demuestra con
talento que el pañuelo de seda, no siempre está exento de sangre y otras excrecencias. Los
vasos comunicantes entre los grandes pensadores de una sociedad y el lumpen más
desastroso, están a un paso y rodeando al habitante común en su horario de oficina, pues son
vidas solitarias, periféricas, al límite. Así, sus personajes, físico culturistas, ex boxeadores,
criminales, proxenetas y locos artistas, fascistas de la brocha y la pluma, son
esplendidos lectores y creadores, hacen de sus fechorías y vidas, actos poéticos. En la
autopista paralela, sus personajes eruditos, aquellos escritores y críticos, investigadores y
muralistas, son detectives salvajes, viajeros como los héroes de las tragedias griegas, guerreros
y poetas que deambulan en la noche, que se mutilan y guardan cadáveres en el patio trasero
gestando los extramuros de la cotidianidad.

29
Bajo esa cuña que para algunos es un despliegue exagerado de conocimiento, sólo queda
recalcar lo exagerado de su limitación como interpretes, pues basta con revisar la vida de
muchos escritores, dementes genios como Vallejo famélico, Baudelaire con sífilis, Hemingway
volándose la cabeza de un tiro, Kafka tuberculoso desafiando a su progenitor, Rimbaud con
sífilis traficando armas, Joyce traficando libros con un look de pirata, Delmira Agustini victima de
un crimen pasional terrible, Pessoa creando heterónimos, Vian creando heterónimos de color
para escribir violentas historias de racismo y jazz, Crane saltando al vació, Berryman saltando al
vacío, Pascal cortándose las venas, Chetterton envenado, Panero recluido, Salinger auto
recluido y muchos más que Bukowski pudriéndose en sus moteles, borracho y recluido se
pregunta, ¿qué pretenden estos que algunos consideran pequeños dioses?, verdaderos
dionisiacos, posicionados en los anaqueles de la insanidad, balanceándose como elefantes
sobre un delgado hilo hacia el más insondable abismo. La realidad entonces, se reescribe en
fantasmales y maravillosas voces que impulsan al lector a indagar más a fondo en periodos,
lecturas, generaciones y movimientos, cruzados por numerosas anécdotas, vidas que en la
autotelia de la palabra, algo tan ansiado por los escritores, esa patria que es tu lenguaje en
acción más allá de cualquier pedazo de concreto, va desafiando los lindes de lo humano, de lo
histórico, relegando a cronistas y glosadores a un segundo plano ante el predominio de la
ficción verosímil bien edificada.

Podemos en tal medida señalar que Auxilio y su mente son una alegoría de la memoria de
América del mundo, ella misma lo señala: Luego me desperté. Pensé: yo soy el recuerdo.

Y así dicen sus juegos adivinatorios.

(…)Estoy en el lavabo de mujeres de la Facultad y puedo ver el futuro, decía yo con voz de
soprano y como si me hiciera de rogar. Ya lo sé, decía la voz del sueño, ya lo sé, tú empezá
con las profecías que yo las anoto. Las voces, decía yo con voz de barítono, no anotan nada,
las voces ni siquiera escuchan. Las voces sólo hablan. Te equivocas, pero es igual, tú di lo que
tengas que decir y procura decirlo fuerte y claro. Entonces yo tomaba aliento, dudaba, ponía la
mente en blanco y finalmente decía: mis profecías son éstas. Vladímir Maiakovski volverá a
estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año
2124. Thomas Mann se convertirá en un farmacéutico ecuatoriano en el año 2101. (…)

Juego que proyecta la resurrección de poetas y narradores universales hasta el fin de los
tiempos en un infierno en vida que cierra bajo el enigmático y penumbroso 2666.

(…)no un cementerio de 1974, ni un cementerio de 1968, ni un cementerio de 1975, sino un


cementerio del año 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las
acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo
todo.

Las evidencias son muy marcadas, la mujer que resistió acalambrada dentro de un baño el
quiebre de la autonomía universitaria cuando la UNAM fue invadida por los militares,
convirtiéndose en una ambigua leyenda, pasa más allá de ser un mero personaje, reducirla
a esa categoría sería ofensivo, igual que reducir a Arturo Belano, alter ego del autor y a
Ernesto San Epifanio, a Remedios Varo y Lilian Serpas la amante del che Guevara, todos
presentes en el particular fluir de la conciencia de Auxilio y sus delirios claustrofóbicos,
durante su hacinamiento que buscaba salvar su pellejo del fascismo. En esas condiciones la
mujer se empapa de mágicas percepciones, volviéndose una especie de Tiresias.

Moderna versión del profeta que transita entre el pasado y futuro no sólo el personal y de sus

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coetáneos, amigos y conocidos, poetas infrarrealistas, perdón realvisceralistas de los 70 sino
que su voz se prolonga a todo el quehacer literario joven de nuestro continente, e ahí la fuerza
del discurso disperso de una mente enfebrecida y que usé para abrir el artículo. La similitud de
este con Howl de Ginsberg, tampoco se puede obviar. En este punto además, no es
secreto, la afición beatnik de Bolaño, como ignorar entonces la obra del budista y sus
compañeros, la influencia de Kerouac, de Corso y Burroughs, en él, que fue un gran
lector de poesía, un autodidacta sapientísimo.

Amuleto, novela corta, repleta de personajes, más bien existencias, es entonces una
prolongación del genio lector de Bolaño, capaz de crear dualidades carismáticas que no dejan
de ser fantasías y que en esa ambivalencia tan especial entre real y ficticio, permiten la
flexibilidad del trato con cada persona que los reconoce y dialoga al leerlos, al interpretarlos, en
un presente que se diluye rápidamente y siempre remite a esas lozas, a esa pulcritud y silencio
abismal del baño universitario, a esos minutos de asfixia que compartimos en el silencio de
nuestra propia conexión con el amuleto, con la palabra, con el canto. El amuleto de la
creación y de la sabiduría y también de la caníbal demencia de América, de la llegada de
exiliados, genios europeos, que revolucionaron nuestras letras, el giro político, las
dictaduras y utopías comunistas, el vacío posterior de generaciones que soñaron y
fueron abortadas y el inicio de nuevas generaciones impávidas que nada saben y poco
les importa la tierra y las reivindicaciones del pasado, huérfanos, cosmopolitas hijos del
soundtrack y el pop culterano, Amuleto es una bitácora de toda la narrativa de Bolaño, y en
palabras exactas de otra de sus existencias, el investigador literario Amalfitano de 2666,
Amuleto como Baterbly o La Metamorfosis, sería un ejercicio de esgrima perfecto, no como sus
hermanos mayores, batallas desordenadas, sangrientas, atemorizantes, fétidas y carentes de
aplicación, geniales en su caos, en su apertura, Amuleto en cambio, redonda, exacta, entrenada
previamente, presenta la finitud, es limpia, maravillosa y digna del gusto de un
farmacéutico ilustrado.

Autor: Daniel Rojas Pachas

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Dolores equívocos por Victor Sampayo.

En el lento descenso que emprende a través de su propia existencia


durante un sólo día, Eric Michael Packer se convierte en un raro
fetiche sexual en un pequeño apartado de Cosmópolis. Es decir,
DeLillo pone en escena la humillación del poderoso como una especie
de irresistible categoría erótica, dando un significativo vuelco con ello
al lugar común que suele colocar al débil a disposición de los deseos
de quien ostenta el poder: Eric (ese multimillonario que de buena gana
jubilaría ciertas palabras del lenguaje solamente por su incurable
anacronía con respecto a los nuevos términos que surgen de los
avances tecnológicos) y la jefa del departamento financiero de su
propia empresa (a la cual intercepta mientras se ejercita corriendo),
Jane Melman, se ponen a conversar dentro de la limusina de él,
acerca de los extraños movimientos de la bolsa de valores, del
fenómeno que rodea los inusuales comportamientos del yen, en fin, de
la economía mundial. Hasta aquí todo suena bastante anodino, salvo
por el hecho de que mientras ellos conversan, el doctor Ingram explora
alguna irregularidad en la próstata de Eric. Todo a la vista de Jane
Melman. Cuando Eric se percata de que ella disfruta, sin poder
ocultarlo, de ser testigo en esa situación, dice:

"–El sexo nos descubre. El sexo nos revela como


somos. Por eso es tan estremecedor. Nos despoja
de toda apariencia. Veo a una mujer prácticamente
desnuda y agotada, necesitada, acariciando una
botella de plástico que oprime entre las piernas. ¿El
honor me obliga a pensar en ella como ejecutiva y
como madre? Ella ve a un hombre en una situación
de humillación flagrante. ¿Es quien yo creo que es,
con los pantalones a la altura de los tobillos y el culo
en pompa? ¿Cuáles son las preguntas que se
formula desde esa posición en el mundo? Tal vez,
preguntas de envergadura. Preguntas como las que
se formula la ciencia de manera obsesiva. ¿Por qué
tal y no cuál? ¿Por qué música y no ruido? Son
bellas preguntas, extrañamente idóneas para este
momento infecto. ¿O acaso tiene una perspectiva
limitada de las cosas y sólo piensa en el momento
en sí? ¿Tal vez sólo piensa en el dolor?"[1]

Este acontecimiento es un eslabón más o menos


del mismo tamaño que los otros que componen la
novela, exceptuando el despeñadero final. Sin embargo permanece como el único momento en el que
Eric se abandona realmente al placer de observar el goce que es capaz de producir en una mujer, incluso
a sabiendas de las dos o tres escenas de sexo explícito que sostiene en ese único día. Por supuesto,
queda el dedo invasor del doctor como una especie de moneda de la que el protagonista sólo se
empeñará en tomar en cuenta el más fácil de los lados: el del dolor.

[1] Don DeLillo, Cosmópolis, Editorial Seix Barral S.A., México 2004, pp. 66-67. Traducción de Miguel
Martínez-Lage.

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ENTREVISTA CON PABLO DE ROKHA por José Martínez Fernández

ENTREVISTA CON PABLO DE ROKHA

Por José Martínez Fernández

El próximo miércoles 10 se cumplen cuarenta años de la autoeliminación de Pablo de Rokha,


uno de los más grandes poetas de la lengua española del siglo veinte. A continuación
imaginamos una entrevista con él.

-Buenas tardes don Pablo. Vengo en nombre de Francisco Melo Santos, el poeta: su amigo, mi
amigo. En Arica leímos juntos nuestra poesía…en los setenta…o poco antes…

-Era un buen poeta ese muchacho.

-Escribió un solo libro…”¡A tiempo y fuego!” y se lo dedicó a Luciano Cruz, entre otros…

-Como yo, Francisco se suicidó.

-Carlos Droguett dijo que a Ud. lo habían impulsado al suicidio: el olvido, el rechazo, la falta de
posibilidades…

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-A Melo, también le pasó lo mismo. Al menos existió un Presidente que sí me consideró algo.
Un largo viaje cultural nos dio a mí y a mi bella Winétt…Yo le agradezco a él esa bondad frente
a tanta indiferencia. ¿Usted sabe quién fue ese Presidente?

-Juan Antonio Ríos Morales, un radical. Quiero saber qué piensa, ahora, de Pablo Neruda.

-Ese gordo. Era simpático el hombre…, eran otros tiempos. Él creía en el marxismo como yo,
pero teníamos fuertes discrepancias…

-Usted lo acusó de tener la “panza” llena de dinero…de ser un burgués…

-Bueno, ya le dije…Eran otros tiempos.

-Quimantú, la editorial del Estado no publicó ningún libro suyo, pero a Neruda y a la Mistral, sí…

-Esos cabrones me discriminaron…

-Hoy, sin embargo, a usted lo están publicando en varias editoriales y el gobierno de la


Concertación ha apoyado algunas de esas iniciativas.

-¿Y lo merezco o no?

-Lo merece. Pero es un gobierno socialdemócrata…, al menos eso piensan algunos.

-Mmmm…no soy sectario…

-¿Quién lo diría don Pablo? Usted pensando así… Y Huidobro, ¿qué piensa de Huidobro?

-Ese otro cabrón se murió joven y se fue sin el Nacional, el que yo recién vine a ganar “reviejo”.
Esos jurados eran unos canallas.

-Lo siguen siendo don Pablo. Pero este año se portaron bien: le dieron el Nacional a Efraín
Barquero…

-¿No era nerudiano ese Barquero?

-Bueno, sí.

-Creí que estaba en compañía nuestra. Aquí en el General.

-Ya viejo ganó el Nacional de Literatura.

-A veces los jurados eran una mierda, al igual que esos críticos vendidos.

-Nómbrelos don Pablo.

-Usted quiere que uno saque resentimientos. En fin. Alone por la derecha y Hernán Loyola por
la izquierda. Me hinchaban las bolas.

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-A veces sigue siendo Ud. el poeta de piedra –como le llamó Mario Ferrero-, duro en sus
conceptos frente a los críticos y a los poetas rivales. Ferrero como Juan de Luigi lo amaban,
como los hermanos Palestro…

-Vivimos una época de batalla. Pero si de amar se trata, la que más me amó fue mi Winétt…

-Y usted le fui infiel, don Pablo…

-Yo tuve varias amantes, pero un solo amor…Ah, pero eso no lo escriba…

-Pero, ¿no considera que fue injusto el ataque a León Trotsky? Un poema muy fuerte escribió
usted contra él.

-Ya le dije…eran tiempos de batalla.

-Y a Ud. no le consideraban en el aparato cultural, en lo oficial. De allí que dijera “yo fui el gran
solitario de las letras chilenas”.

-Sí. Así fue.

-¿Y no lo es todavía?

-Al parecer, sí, porque a Winétt y a mí nos tienen en un solo nicho, como si siguiéramos siendo
la lepra, la nada. Me duele más por mi Winétt…pero nuestros huesos están juntos, al menos…

-Cuando joven usted fue anarquista, como Neruda…

-Así es. En ese tiempo todos los rebeldes eran ácratas o casi todos.

-Y un gran poeta anarquista dijo que usted era el más grande poeta del siglo veinte.

León Felipe.

-Grande León Felipe. Viejo anarco que se fue a morir a México, escapando de las garras del
franquismo…

-¿Usted que era ateo? ¿Ha visto a Dios por aquí?

-No, lamentablemente no. Si lo viera le preguntaría lo mismo que Sábato decía. Si estás aquí, si
existes, ¿por qué hay niños que mueren de hambre?

-Muchas gracias don Pablo…Yo lo dejo aquí, en su humilde habitación, junto a su mujer,
aunque sé que usted está creciendo más cada día y que en más y más lugares saben de usted.
Su tumba es poco para un hombre de su estatura, pero su poesía es tan grande…

-Gracias por las alabanzas, pero el pueblo es el que merecía esa poesía.

-Todo el mundo merecía su poesía.

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Conociendo a José Martínez Fernández por Daniel Rojas Pachas.

José Martínez Fernández nació en Arica en 1949 actualmente reside en la ciudad de


Santiago y es un importante promotor de las letras del norte en el centro y sur del país.
Ejerce su labor literaria en medios escritos y digitales, dirige la revista Palabra Escrita, impresa y
presente en los archivos de Memoria Chilena – portal digital de la Dibam y el gobierno nacional
y en la Cinosargoteca. Esta revista supera los cincuenta ejemplares y funge además el rol de
editora independiente de libros y otras publicaciones de denuncia y periodismo político
como Marcuse.

Al detenernos ante la obra del escritor a fin de revisar su legado,


vemos lo amplio de su registro creativo. Lo encontramos
cultivando la narrativa, tanto en el campo de la novela, como en
el relato breve. De esta labor ha dejado testimonio en “Juegos
indebidos”, la novela cuenta con dos ediciones a la fecha, una
primera que data de 1979 y la segunda de 1980. En prosa
breve por su parte, Martínez escribió el gran día de los elefantes y
otras historias, esta es del año 1985, finalmente ha servido de
antologador con su libro Cinco grandes cuentos latinoamericanos
del 2003.

Su compromiso social y su ácida crítica que lo vincula a libre


pensadores anarquistas, ha dado origen a títulos como
Salvador Allende: su vida y su pensamiento político ensayo de
1988 y Calama: el crimen del siglo, obra francamente testimonial como su última producción
publicada en julio del 2008, Asesinato de Libros o “como la justicia valida aún su destrucción en
Chile” que tiene además una edición digital en asesinatodelibros.blogspot.com.

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En torno a la lírica, el verso y su múltiple significación, la cual
sin ataduras desafía en cada desnuda palabra la forma y lo
cotidiano del lenguaje, Martínez Fernández dio sus
primeros pasos, aquellos que forjarían su abnegada
vocación artística y cultural. En 1967, exactamente en lo
que él denomina su agosto poético; con tan sólo dieciocho
años Martínez recorre el cementerio municipal de Arica y allí,
en ese ambiente que conjuga la paz y el insondable poder de
lo incierto, provocado por la proximidad con la muerte, el
poeta deja fluir su imaginación creando 22 piezas que
desarrollan su visión, en ese entonces periférica ante la
guadaña y la nada, aquí la muerte se presenta como un tropo
más que como una realidad, sin embargo, a partir de aquella
mirada apoyada por la juventud, se enfervoriza su admiración
cívica y social hacia quienes considera verdaderos héroes,
mujeres y hombres comunes que descansan tantas veces
olvidados en nichos o tumbas, pero que desde luego, encierran
una larga y fecunda historia. Son personajes que brillan por su solidaridad y compromiso con
el otro, pese a las dificultades del medio o en los actos más nobles, Martínez recuerda a los
tres hermanos Colque, que fallecieron ahogados al tratar de auxiliarse, también el autor destaca a
aquellos médicos de la zona que desde una posición privilegiada, jamás cerraron su puño ante los
más necesitados.

En estos textos adolescentes el amor no es de extrañar, el hablante


se debate con profunda ansía de erotismo, contemplación y
sugestividad en una contraposición onírica y carnal, que esta
despertando al mundo y a la intimidad. Curiosamente hay que
destacar que todos estos poemas, aparecerían publicados 37
años después de ser escritos, exactamente en agosto del 2005 se
presentan bajo el titulo “Poemas de los dieciocho”, tal cual
fueron concebidos en su momento, sin siquiera modificar una
coma. Al texto se le agrega si, uno de sus más destacados trabajos
en poesía, LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE publicado
por vez primera en Serie Poética número uno, y que si bien,
pertenece a esa edad, los tristes dieciocho como los adjetiva
Martínez, es anterior en meses y ha sido difundido arduamente en
antologías, otros libros del autor como Distancial del año 1970 y
con ardua repercusión en revistas especializadas, mucho antes que
sus hermanos de aquel agosto, vieran la luz hace tres años.

Otros libros de poesía que debemos destacar son Poemario de 1971, Exposiciones de 1972,
Voces de 1973 y finalmente cerraría este periodo con El sol que siempre está en 1980, luego sus
trabajos serían recopilados en antologías como Espejismos de Luís Araya Novoa; Antología
Poética del Norte de Juvenal Ayala; Poetas en Dictadura de Mayo Muñoz y en revistas del
medio: Tebaida, Altazor, Occidente, Pluma y pincel, Extramuros y otras. También en revistas
como «El Musiquero», «Vea» además de numerosos diarios y periódicos de Santiago: «El
Siglo», «Las Ultimas Noticias»,

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La Tercera, La Nación y actualmente en medios digitales, prensa de la red de diarios
ciudadanos de norte a sur, portal tu región y Revista Cinosargo.
También hay que mencionar que en el 2007, Martínez Fernández entregó su publicación
Cuarenta años de Poesía que hace un recorrido por su extensa trayectoria demostrando su
labor desinteresada al servicio de la difusión y ante todo edificación cultural en nuestra zona y el
país, su don con la palabra y su esfuerzo le han valido el reconocimiento de su pares y de
destacados creadores nacionales e internacionales, como Manuel Rojas, Alicia Galaz Vivar,
Guillermo Deisler, Óscar Hanh, siendo sin duda, uno de los creadores valiosos de la región
que a nivel nacional, se mantiene vigente publicando y reinventando su prosa y poética.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

LOS ARQUITECTOS DE LA MUERTE. (1967)

Han ascendido a la luz de tus ojos


los que construirán tu cuerpo en inercia
para ser reposado en la tierra.

Estoy viéndolos.
En tus niñas se mecen los últimos silbidos.

Los arquitectos de la muerte


subirán tu hermosura a los cielos
y así como una gigante copa
te derramaran en la arena entonando aromas.

Serás una piedra huesuda


flotando en los mares del olvido
cuando yo este sepultado
junto a los tallos de las plantas.

Llanto se derramara en los mármoles.


Los mausoleos de sangre
continuarán ordenando el silencio grave.

Así, ahora, como los arquitectos de la muerte


florecen en el nido de tus pupilas,
así un día lejano coronado de canciones
los arquitectos de la vida
construyeron tu copa con flores.

Te iras entre el silencio y el llanto,


pero en mí, abeja en perfume te vas a quedar,
forcejeando el bien armado dolor de tu recuerdo.

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RAYAS, LETRAS, MANOS CREANDO CAOS por Wilfredo Carrizales

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RAYAS, LETRAS, MANOS CREANDO CAOS

Texto y fotografías: Wilfredo Carrizales

Mil rayas para unir los pliegues de las manos. Acción de las letras en el ánima del espacio.
Imaginación en la creación de un nuevo caos. Las letras se apuran y endosan el vencimiento.
Las manos deletrean sobre lo blanco y separan, parten, hienden. La confusión es verosímil.
Rayas encima de la transparencia. Las letras se revuelven, se retuercen y no se hieren. Las
manos inducen al oficio del desorden. Se entiende que las letras odian la tardanza y por eso
emergen versadas en rayas. Las manos componen y descomponen; apenas se ausentan.
Imágenes como de finas serpientes originan brotes del abecedario. Nace el más prodigioso
caos. Las manos indican el reinado de los signos. Se acercan las letras al relieve de donde
surge todo. Las rayas se entretienen en su puntualidad. Las manos trabajan, sudan, no paran
de moverse. Abrevian las rayas y colocan el énfasis en los enlaces manuscritos. No hay lugar
para los jeroglíficos. Las letras deben entrar con tinta, sin falta. Las manos se crispan: por poco
las gana la rabia. Las rayas cometen unos deslices: ceden ante la imitación del vuelo raudo del
gavilán o buscan parecerse al bosquejo del ojo o copian las raíces de los árboles proscritos o
falsifican el perfil de aves en lontananza o siguen las huellas del ratón ebrio o remedan los
rasgos y las tildes de lombrices en viaje…

Las manos hacen de las rayas sus bridas y aciertan en la escogencia de las letras que
conformarán el caos. Las manos se abren y sienten escozor al cerrarse. El conjunto de jugadas
impone un rigor de madeja. Las manos descargan las falanges y se precipita el entramado. Sin
ruido se inicia el desarreglo, la provocada confusión. El caos llega anudado entre las manos y
con un desparpajo de rayas y las letras a guisa de revoltijo.

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NARRATIVA EN CINOSARGO.

Milagro divino

Por J. Carlos de León

[...] era como si cada noche durara varios siglos, de modo tal que,

durante esta inmensidad de tiempo,

bien podían haberse operado en la especie humana,

en la tierra misma y en todo el sistema solar,

las transformaciones más profundas."

Daniel Paul Schreber

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Ella duerme, de lado, y desconoce todo lo que alrededor ocurre. Las ventanas de su habitación
están cerradas. Es imposible que una línea de luz se filtre. Hay un silencio absoluto. Si algún
sonido se produjera afuera del dormitorio nadie lo escucharía dentro, no sólo por los gruesos
cristales, sino por los cortinajes. Lo único que se oye son las manecillas del reloj. Son las once y
veinticuatro. Alguien abre la puerta despacio, y provoca un leve sonido al rozar con sus pies el
pelo de la alfombra. Una mano tersa y alargada toca uno de sus hombros. Parece que sus uñas
acaban de ser arregladas por la manicurista. Su cuerpo a excepción de su nuca está oprimido
por el peso de las colchas, y al mismo instante ese punto de su hombro está oprimido también
por el peso de esa mano fina y suave. “Linda, te esperan abajo”. Los dedos alargados dejan de
tocarla, y vuelve a oírse el sonido de los pies al rozar la alfombra. La puerta queda cerrada. Una
de sus mejillas reposa sobre el almohadón mientras alguien vino a inquietar su sueño. Un leve
dolor en su oreja hizo que cambiara de posición. Sus piernas tenían temperaturas diferentes,
las movió.

Está despertando. Creyó haber oído algunas palabras. Estira sus brazos, descruza las piernas,
junta las manos sobre el tórax, respira hondo algunas veces y abre los ojos. Cuando deja de
moverse no escucha nada, pero algo recuerda: Erinia tal vez llegó a despertarla. Se cierran sus
ojos luego de mirar la puerta y las ventanas, la cara del reloj y las manecillas. Antes de que el
esputo empiece a moverse en su garganta, de que produzca ese silbido con que vuelve a
dormir, escucha el rumor de gente proveniente de abajo. Y en ese mismo instante alguien
golpea dos, tres veces desde el otro lado de la puerta, y regresa la mirada hacia el fondo negro
de la habitación puesto que no hay luz pero advierte algunos reflejos, el pelo de la alfombra
como de dos centímetros, aplastado con la forma de unos pies, sus pies, que marcó al
acercarse a la cama, al rozarle el hombro y al salir del cuarto. Luego, nuevamente su voz,
serena y desde lejos, a través de la rendija que dejó con la intención de que los ruidos del
exterior la despertaran, cuando tocó tres veces en su puerta. Separa las manos que estaban
encima de su pecho, tose, se apoya sobre la colcha y se sienta en la cama recargando parte de
su espalda en la pared. Se sacude toda, los resortes rechinan, algunas voces han cesado,
saltan del colchón algunas esferas de polvo. Baja, sube, ese movimiento desminuye lentamente
y, al quedar quieta, intenta oír pero no oye nada. Atiende, piensa en sus oídos, pero no
escuchas más. Cubre nuevamente sus ojos con los párpados.

Entonces alguien abre la puerta por completo y choca contra el pequeño buró, y se produce un
ruido estrepitoso, que inunda materialmente su cuarto, de pared a pared y de piso a techo;
vuelve a mirar, mueve la cabeza para ver hacia la puerta, y descubre parte de la sombra que
produce Erinia cuando se aleja. Se talla vehemente los ojos, y vuelve a escuchar el rumor de la
gente abajo. Oye de pronto un grito corto de tono grave. Arquea una de sus cejas, y enseguida
arquea también la otra. Con claridad absoluta percibe voces reconocibles, o eso cree. Un grito
provoca que cierre los ojos y separe los labios, pero con los dientes apretados. Tiene ganas de
cerrar la puerta. Es indudable que no quiere levantarse, pero si ese tipo de incidentes se repite,
o lo que sería mucho peor, crece, no podría volver a dormir. Encoge la pierna derecha y hace
todo lo necesario para bajar de la cama y evitar ese ruido incesante; cuando oye que alguien
corre al subir la escalera, y que después sigue corriendo por los pasillos y se acerca a su
cuarto, deja de moverse y espera. Baja los párpados, agita la respiración adrede, mira por una
abertura mínima entre sus pestañas, tiene la seguridad de que la cree dormida. La silueta de
Erinia queda enmarcada por la puerta abierta. Se aproxima, se hinca junto a su cama, se
inclina, deja ver su figura y en el mismo instante se incorpora. “¿Linda, qué pasa?, ¿por qué no
bajas?”, susurra. Cuando inicia su segunda pregunta, “¿por qué no bajas?”, aprieta la mano
derecha, formando el puño, toma vuelo y le da un golpe en el vientre. Aprieta los dientes, los
párpados y resiste, sin producir algún sonido, excepto con el vientre al recibir su puño. Grita de
nuevo, le jala el cabello, le araña la cara, y medio se asoma para ver otra vez bajo su cama,

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todo al mismo tiempo, y luego vuelve a hablarle: “Linda, por favor, baja, ya está todo listo”. Y se
va sin cerrar la puerta. Abre los ojos, parece que escucha risas, pero sólo es su imaginación,
porque la oscuridad le hace creer cualquier cosa; sin embargo los oye. A través de la puerta de
entrada, de la única puerta, llega un poco de luz a su cuarto, a ras de la alfombra. Las huellas
de los pies se ven más grandes por la sombra, sobre todo las de la última visita que hizo Erinia.
Se oyen de nuevo las risas y su voz. No falta mucho para que suba a llamarle, y es conveniente
evitar un nuevo altercado.

Encoge las piernas, apoya las manos, endereza su tronco, saca los pies y los coloca sobre la
alfombra. Retira las colchas, cierra los ojos y aprieta con los dedos, los vuelve a abrir, repite tres
veces esa acción. Se levanta. Permanece de pie unos instantes y mira la puerta. Intenta toser,
pero algo impide que lo haga: su lengua está pegada a la campanilla. Traga saliva, siente una
flema que se desprende. Da tres pasos, coloca su mano sobre la manija de la puerta. Oye que
Erinia sube la escalera. Cierra aprisa, regresa a la cama, toma una postura apropiada, separa
menos de un centímetro las mandíbulas, junta los párpados, aunque no del todo, para ver por
entre las pestañas sin que ella pueda notarlo. Respira hondo y ronca. Trata de no sobresaltarse
con el golpe de la puerta, pero es inútil, y por estar viendo la puerta en el momento en que
empieza a moverse, junta las rodillas y la cabeza y se tapa los oídos por inercia, buscando una
protección instintiva. Ve cómo Erinia trata de mirarla. Advierte que no se acerca demasiado a la
cama, que intenta tocarle el hombro pero no alcanza. “Linda, cuando gustes”, le dice quedo,
como si supiera que está despierta; “Linda, por favor no demores”, y sale y deja abierta la
puerta del cuarto.

Entonces se levanta y va a su encuentro. Deja la puerta abierta cuando sale. Pronuncia su


nombre en voz alta. Baja las escaleras oyendo aquellas voces. Cuando llega a estancia advierte
que no hay nadie, sólo los utensilios clínicos y humedad en las paredes. Sobre la pequeña
mesa de centro hay varias jeringas y vasos con un líquido de aspecto coagulado que provoca
náuseas. Repite su nombre otra vez. Luego recoge el desorden. Sube. Pisa los escalones,
haciéndolos sonar del mismo modo como los oía desde su cuarto. La puerta del dormitorio está
cerrada; la abre. Las manecillas han girado varias veces. Las voces comienzan de nuevo. Las
esferas de polvo tienen más centímetros de grosor. Se acerca, pone su mano sobre su hombro
y dice: “Linda, te esperan, no tardes”.

DATOS DEL AUTOR

J. Carlos de León. (Ciudad de México, 1981) Estudió en la Escuela


de Periodismo Carlos Septién García. Escribe cuento, crónica y
ensayo. Sus textos han sido incluidos en diversas revistas de México
y España, entre ellas Casal del tiempo, El universo de El Búho,
Punto en línea, Homines, Y sin embargo magazine, Palabras
Malditas, Revista Acequias y Comunicología de la UIA, y Revista
Espiral; entre otras. A principios del 2008 obtuvo el Segundo Lugar
en el concurso de cuento organizado por la EPCSG. Más
información del autor en:

http://fenomenoenoptico.blogspot.com/

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MECCANO por Hugo Correa

Meccano miraba a los hombres con sus cuencas sin ojos. Durante mil años el cráneo del
gigante, con su rostro e ídolo primitivo, contraído por una mueca de ira y crueldad, acechaba
sobre su pedestal de piedra, en el centro de un cráter. - Esto no estaba aquí, capitán, ¿Quién lo
habrá construido? - No somos los únicos humanoides de la Galaxia, Roberto. Y aunque sólo
hemos envejecido diez años durante nuestro viaje de ida y vuelta a la Tierra, aquí entretanto
han transcurrido diez siglos. Alguien pudo venir entretanto. - Estoy seguro que esto es obra de
Daniel, capitán.

¡Le gustaban las realizaciones gigantescas! - Es posible. Siempre fue un aficionado al arte,
aunque de poco debe haberle servido aquí. ¡La Luna es un oasis comparado con esto! - Pero
también era un genio e la cibernética, capitán. No puedo olvidar sus últimas palabras. «Los
esperaré». Dijo. ¿Se acuerda? Un sol achatado, envuelto en un anillo flameante, derramaba un
fulgor verdoso sobre la solitaria cabeza, las rocas y colinas oscuras. Los hombres dieron una
vuelta en torno al cuello trunco, y trataron de desprender un pedazo de la dura sustancia.

- ¿Y donde está su comité de recepción? ¿Esta cabeza? Ni siquiera disponía de armas


atómicas, porque podría habérselas ingeniado para dejarnos una bomba de tiempo que nos
esperase mil años. Suerte que se quedaron sin armas. ¡Idiota! Cuando se vio abandonado con
sus treinta fieles, y sus dos naves destruidas, debió comprender que en sus expedición se
había colado un miembro de la Causa. ¡Y nos largó sus amenazas! Detrás de la impasible faz
de Meccano, en el fondo de las cuencas sombrías, unos delicados mecanismos construidos
para durar milenios, abrieron un interruptor cuyo chasquido engulló el vacío reinante.

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Porque aquellos alvéolos captaron las imágenes de los hombres cuando entraban al cráter, y de
inmediato una computadora estableció comparaciones, barajó cifras y obtuvo un instantáneo
resultado. Un segundo interruptor se abrió dentro de las sombras del cráneo. - Aquí en este
planeta están los tesoros que necesitamos para imponer nuestra causa, Roberto. Daniel, que
no era tonto, también descubrió la trascendencia de este mundo casualmente descubierto. Pero
en nombre de sus principios de libertad, orden y justicia, habría destruido las cartas de
navegación para que nadie hubiese regresado aquí. La Tierra lleva cinco mil años de este
régimen de orden, y todos son felices, decía. ¿Para qué más?. No comprendía que otros
hombres deseaban romper la rutina.

Los hombres treparon al tractor y se alejaron, sin que las orugas del vehículo dejaran huellas
sobre el granito. Meccano los siguió con sus negras cavidades vueltas hacia el desfiladero de
acceso, tal como lo dejaron mil años antes en aquel planeta muerto. - Y recuerde, Roberto:
nunca antes hemos estado aquí. Los demás nada deben sospechar. Otro tractor descubrió en
un barranco un carro cuyas ruedas asomaban por debajo de su vientre redondeado, y de forma
distinta a la de cualquier vehículo humano. Pero en cuanto los hombres se alejaron del
vehículo, en cuya techumbre plana se abrían alvéolos y tres escotaduras en el costado más
largo, rodó hasta una vasta explanada en cuyo centro se orientó y estacionó cuidadosamente.
Otro carro de vientre plano y lomo combado, que se deslizaba sobre ruedas fijas al extremo de
largas patas, se superpuso al primero de modo que el techo de uno coincidió con la barriga del
otro. Entonces recogió sus extremidades con el movimiento de un monstruoso insecto. Pero los
hombres, en el «Cisne», nada sabían de estas maniobras. - Tampoco estaba este carro aquí
cuando vinimos capitán.

Detrás de la ventanilla de la cabina del capitán las nítidas sombras del sol de los picachos y
lomajes del planeta se encogían a medida que el sol se aproximaba al cenit, como una antorcha
desplazándose contra un paño negro. - Tal vez los Odasitas, constructores de mecanismos
ciclópeos, exportaron algún mineral aquí, y dejaron rastros de su cultura. - Daniel pudo
reacondicionar los motores de las astronaves que destruimos, e instalarlos en algún lugar
remoto para transmitir energía inalámbrica a cualquier mecanismo. - ¡Usted está nervioso,
Roberto! Pongámonos en el caso que haya sido así. ¡Ni con cien carros como ese pueden
hacerle algo al «Cisne»! - Si, es cierto. Pero ¿qué se hicieron de las grúas, el taller, la fundición,
y las instalaciones que no alcanzamos a destruir? ¿Dónde están los cuerpos de Daniel y sus
treinta hombres? ¿Y los restos de los navíos? En este mundo sin grandes montañas ni
precipicios, objetos como las astronaves serían fácilmente visibles. - Sí, también lo noté. Pero
además de que durante estos diez siglos alguien pudo venir y destruir o llevarse todo lo que
aquí había, Daniel, con su maravilloso cerebro cibernético, y sus muchachos no pudieron
sobrevivir mas de diez años en este infierno. Y con suerte. ¿Para qué preocuparse con lo
ocurrido con sus cadáveres e instalaciones? En la lejana llanura otros carros repitieron las
maniobras de los dos primeros, y se ensamblaron de modo que no se notaban las uniones. Y
aquella forma cilindroide, angosta en el centro y ancha en los extremos, era la de un tronco
humano sin miembros. - Si, es cierto, capitán. Dos muslos se deslizaron por la hirviente
pradera, y se insertaron en las pelvis vacías, y dos piernas se anexaron a las rótulas con la
exactitud de un rompecabezas armado por una inteligencia. Porque las piezas se movían bajo
las órdenes de la cabeza del cráter, mientras los hombres en torno al «Cisne» cargaban
toneladas de minerales por las insaciables escotillas. Meccano se ajustó los miembros para que
integraran una sola poderosa máquina. Los pies, altos como torres de treinta metros, y las
manos, anchas como terrazas, se unieron a los muñones. En el centro de la planicie tomaba
forma un muñeco sin cabeza, con los brazos en cruz y las piernas entreabiertas.

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La febril actividad cesó. Allá en el cráter, la cabeza verificaba el funcionamiento de cada una de
las partes del autómata. Las manos cobraron vida y los dedos se estiraron y encogieron dentro
de las palmas, haciendo colosales puños amenazadores. De un solo movimiento el coloso se
sentó, y un anillo de sombras se proyectó alrededor de su cuerpo. - Roberto: he ocultado el
mapa y la carta de navegación para evitar que los vean otros ojos que no sean los tuyos y los
míos. ¡Nadie debe saber donde queda este planeta! Así tendremos siempre la sartén por el
mango, ¿entendido? Meccano se orientó, y con zancadas de a cien metros partió hacia el
cráter. El sol convertía su sombra en un gigantesco batracio que palpitaba sobre la superficie
escabrosa. Se arrodilló ante la cabeza, y acogiéndola entre sus manos la alzó al cielo con la
devoción y recogimiento de un sacerdote cuando levanta el cáliz. Luego la insertó en la cavidad
de sus hombros, fijándola allí con la sola presión de sus manos rocosas. Ahora los ojos: del
hueco dejado por el cráneo en el centro del pedestal extrajo dos globos blancos, que introdujo
en sus cuencas y atornilló cuidadosamente como delicadas ampolletas. - Ya hemos cargado
suficiente material para este viaje, ¿no es así, Roberto? - Si, capitán. - Dejamos morir a treinta
hombres y al genial Daniel, y destruimos dos navíos para asegurarnos de que nadie disputaría
este planeta a la Causa, ¿no? Dígale a esos muchachos que vayan a buscar una última partida
de mineral. Yo me encargaré de los otros. El Guardián estaba completo. Se irguió con su
cuerpo alto como un rascacielos de ochenta pisos, plagado de ruedas que semejaban las
clavijas y tuercas de un fenomenal juguete.

Desde el centro del cráter el gigante volvía a compenetrarse de aquel mundo que por tantos
siglos vigilaba, de su tórrido e inmutable paisaje siempre azotado por el sol. Meccano había
nacido. Meccano ahora recordaba.

Al compás de una marcha sin voces, el titán partió hacia el navío humano. - Listo, Roberto.
Vámonos. El capitán guardó la pistola. Afuera, en torno a la astronave, el sol extendía su
ardiente sudario sobre cuatro cuerpos retorcidos. No muy lejos, bajo la luz lívida, tres tractores
repletos de minerales se aprestaban a volver al «Cisne». El navegante bajó la palanca, y cerró y
abrió decenas de conmutadores. Las escotillas se cerraron herméticas. Los motores empezaron
a zumbar sordamente. Detrás de la ventanilla se materializó la gigantesca figura que avanzaba
hacia el navío estelar. - ¡Dios, capitán! ¡Esta... esta es la obra de Daniel! - ¡Pronto! ¡Partamos!
Meccano dejó caer sus poderosos puños. El «Cisne», alcanzado cuando comenzaba a
desprenderse lentamente e la tierra, se desvió de su trayectoria y, describiendo una amplia
parábola, aceleró como un volador de luces. Kilómetros más allá se estrellaba en medio de una
nube de fuego. Meccano destruyó los tractores cargados de minerales inútiles y hombres
paralogizados, y recogiendo los restos del «Cisne» y sus tripulantes, los transportó a un lejano
montículo de rocas que escondía una oquedad atestada de fierros y cuerpos momificados.
Depositó allí su botín y volvió a cubrir el hueco con la eficiencia de un sepulturero.

Entonces Meccano fue al cráter, colocó la cabeza en el pedestal y de nuevo en la llanura, su


cuerpo se desintegró como bajo el efecto de una repentina putrefacción. Los miembros
fragmentados, conducidos por silenciosas ruedas fueron a ocultarse en las colinas y
hondonadas del planeta, y se mimetizaron con el color de las rocas. En la planicie solo
quedaron piedras que hervían con el sol. En el centro del cráter la cabeza de Meccano miraba
el planeta muerto con sus cuencas vacías, vuelta la faz distorsionada por una mueca de ira y
crueldad hacia el desfiladero de acceso, tal como su creador le ordenara quedarse, mil años
antes.

Autor: Hugo Correa

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HEMATURIA

A Jesús Vizcarra

Desperté y me preparé algo caliente. Creo que era leche, también era café,
quizás era esperma. Lo tomé de un trago, luego apoyé la taza sobre mis piernas. Mi
necesidad de calor afecta a los objetos. A causa de esto, sufrí varios accidentes.
Cuando voy a depilarme, la chica que me atiende no puede creer el estado en que se
encuentran mis piernas. Un día me preguntó a que se debía. Supongo que es la pava,
le dije. Me miró como si yo estuviera vulgarmente loca. Esto no es realmente importante
si se toma en cuenta que la que va a depilarse no soy yo, ni la que toma un taxi, ni la
que busca trabajo, ni siquiera la que mis amigos quieren.

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Era viernes. Me invitaron a una fiesta. Yo hubiera preferido asistir a un velorio,
así que, después de pensarlo unos minutos, acepté. Hacía frío y mi tumor sangraba.

-Soy hija de desaparecidos -comencé a decir.

-Pero sos igual a tu papá.

-¿Ah, sí?

Creo que la melancolía que me supone no poder desprenderme de la infancia


me lleva a la invención. Mi nariz sangraba y mis vestimentas me hacían sentir
incómoda. Alguien me obligó a cambiarme; murmuré tres o cuatro veces por ahí y, yo,
acepté. No existe ropa con la que me sienta verdaderamente cómoda. Desnuda me
siento peor.

Regresé a casa junto a mi hermano.

-Esto es el infierno.

Intenté abrazarlo, pero cuando lo hice no sentimos nada. Nos acostamos.


Comenzó a mearme. Me meó durante horas mientras decía que me amaba. Yo
comencé a decir te quiero como si fuera dueña de treinta y cinco almas. Nos mirábamos
pero nada se incendiaba.

Quise gritarle:

-¡No funciona! -pero había en el ambiente un acuerdo tácito.

Creo que fue el momento más romántico de mi vida.

Autora: Dazet

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Un paciente en disminución

Un paciente en disminución

Macedonio Fernández

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor
Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las
amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet
del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que
lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la


cabeza resolvió:

-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un
cirujano.

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Anverso Literario: John Steinbeck por Daniel Rojas Pachas

John Steinbeck (27 de febrero de 1902


– 20 de diciembre de 1968) fue sin
duda un gran escritor norteamericano.
A lo largo de su carrera sufrió altos y
bajos, su vida personal fue dura y su
labor literaria no estuvo exenta del
vituperio crítico, para algunos, su arte fue
un tanto irregular. De excelencia, al ser
considerado por momentos una voz
señera en la narrativa inglesa de los 30, se
hizo acreededor en 1939 del pulitzer y
posteriormente en 1962 del nobel, más
tarde, llego a ser considerado
imperceptible e incapaz de superarse a si
mismo, por mucho que fuese digno de
ser de la primera línea, junto a otros de
la generación perdida como Dos
Passos, William Carlos Williams,
Hemingway y Faulkner.

Incluso se dice que muchas veces los


superó, sin embargo, tales
reconocimientos, entre muchos que
obtuviera producto de su trabajo, no impidieron que fuese injustamente censurado por su
inclinación a retratar de forma realista a los braseros explotados de manera caníbal por sus
coterráneos. Sus libros fueron quemados, prohibidos y hasta precio tuvo su cabeza.

La polémica se ciño sobre sus letras y su producción paso a estar grabada con el encasillamiento
en que se suele ubicar a un autor cuando este parece haber alcanzado su epitome o cielo,
devorando entre sombras cualquier sincero intento posterior de fabulación. Sin embargo, por
mucho que en su camino estuviese la poderosa carga de no poder repetir obras maestras
como las Uvas de la ira o De hombres y ratones o la hermosa novela La Perla, jamás tal
estigma consiguió desorientar el espíritu franco de su pluma, lo cual nos llama hoy a
escribir sobre él.

Steinbeck que ubicó muchas de sus historias en California, es un excelente creador de personajes
y ambientes, más bien edificador de vidas y mundos, pues su universo en la palabra respira y
sangra, por otra parte, sería injusto decir que es un retratista y que su arte es una mera
mímesis o imitación, ya que si bien maneja el realismo social, su perspectiva goza de ángulos
inauditos los cuales dan un vuelco a lo que en manos de un simple escribidor o artesano de las
letras, sería solamente una canción de protesta o una denuncia cronística.

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Plagado de ironía, humor
negro y exageraciones
que vuelven retorcidas
pero verosímiles y
sensibles caricaturas a los
seres que aborda, el
americano consigue
ubicar la tragedia y la
ternura en un mismo
plano, la simetría de
estos polos en pugna
crea de forma inevitable
climas de esperanza y
fracaso maravillosos, a
través de los cuales hila
una historia irresistible
incapaz de no conmover
hasta al más impávido e
indiferente lector.

Steinbeck no es un ideólogo, eso hay que destacarlo en un hombre como él, con una plena
conciencia del drama existencial que agota a los más desposeídos, experiencia que no teme
hacer explicita sin tapujos y la cual aborda de manera reiterada pero sin majadería.

En su prosa firme no hay explotación hacia las formas de vida y habla, las costumbres y manías
de aquellos que sufren las consecuencias de una economía que pese a estar muy lejana a su
realidad, cruentamente los abofetea, por ejemplo pensemos en wall street y su debacle frente a
una comunidad rural o de pescadores artesanales, la cual contempla su ruina como consecuencia
de los manejos de la bolsa, carente e incapacitada de cualquier posibilidad de queja. El ideario
democrático o el sueño de una nación en su más elevado racionalismo descubre en las
páginas de Steinbeck su negra faz. A diferencia de lo que ocurre con Fitzgerald o Faulkner no
se hace eco a la vida desde la esfera de los acaudalados, ya sea en su arribismo o en el conflicto
devastador que afrontan y sufren estos al colisionar sus mundos impolutos de manera fortuita o
premeditada con los olvidados.

Aquí la mirada emerge desde el lado b o más bien z del sistema, los extramuros citadinos son la
raíz protagónica y como en las antiguas tragedias, el sino es inevitable para estos héroes de lo
cotidiano. Como en el caso de un Edipo, Eneas o Aquiles condenado a su destino infausto,
pruebas cruentas y definitorias para cualquier temple, se presentan a los hombres y
mujeres de su obra, él recrea así, esa característica del campeón trágico, condenado a
sobrellevar las circunstancias con determinación pese al conocimiento pleno de su inminente
fracaso, y si bien aquí, la prueba no es producto de los dioses, si son fuerzas inamovibles las que
impiden la progresión y rotación social, las condiciones dadas son demasiado agrestes como para
ser volcadas, lo cual va configurando el halo de patetismo que nos mantiene en vilo pues desde
las primeras líneas, amamos las voces y mundos que este lírico narrador nos presenta y ansiamos
a fondo que vidas como las de George, Lennie, Kino y su mujer e hijo, logren salir a flote, aún
cuando sabemos es virtualmente imposible, pues son vidas que por maquiavélico que parezca,

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llegan a este mundo sólo para sufrir y aguantar, pues
su condición es tan ignorante o débil que cruzar la
frontera de la miseria por mucho que este en sus planes
y se presenten las oportunidades, sabemos que el
mundo no se lo permitirá. A propósito se les mantiene en
esa situación, aquí no hay paliativos o sueños de fuga, todo
es temporal, lo único posible es el acto y el sueño es un
combustible escaso, se posee, se mata por él y en última
instancia se espera alcance pues ante todo, se es consciente
que la ilusión, la quimera, por mucha belleza que ostente y
que permita verla como un fin, no es una meta en potencia
verificable y no pasa de ser otro medio más, para no dejar
de avanzar, pues lo único cierto es eso, no rendirse. Lo
contrario, la única alternativa viable, sería el suicidio o
la locura, de manera que sólo queda sobrevivir y
procurar lo mínimo, lo mejor que se pueda, dentro de
la encrucijada en la cual ha tocado vivir.

En definitiva, no hay predestinación, Steinbeck no es un


naturalista al uso pero tampoco un prestidigitador de baratos recetarios y finales que nos
empalagan, él no escribe para halagarnos y sacar a nuestras consciencias de forma artificial de los
márgenes de lo miserable que llega a ser el hombre en su intolerancia, sólo nos deja respirar por
momentos, tomar aire, salir del fondo de ese océano de amargura en que nos debatimos, para
luego hundirnos más a fondo cuando creemos que hay una vía, como en el caso de La perla,
cuando creemos que la suerte de la pobre pareja de aquella villa de pescadores olvidada por
el mundo, puede mejorar producto de haber encontrado la perla más grande del mundo,
tras sufrir su hijo la picadura de un escorpión.

La riqueza en esta situación, en manos de un pobre, más que un escape, es otra puerta a la
pesadilla humanista, de abuso, de corrupción, de oportunismo, de chantaje y violencia. Esto nos
recuerda a la película un plan simple de Sam Raimi, cuando en los bosques nevados, gente
humilde también de una población alejada, encuentra dinero ilegal producto del choque de
una avioneta. El ser humano en circunstancias de este tipo, empieza a poner en acción un juego
de escrúpulos que revela el verdadero rostro de la mezquindad e inquina. Pero no hay que
equivocarse sus obras no son cantos de miseria o encerronas lacrimógenas que bombardean al
lector con sensiblería barata, Steinbeck crea seres entrañables, muy reales, incluso familiares,
cuando leemos sus historias comenzamos a recordar como en el caso señalado, canciones y
escenas de otras piezas, cinematográficas o literarias, la diferencia estriba en que él es,
probablemente uno de los primeros en establecer esas dinámicas patéticas y tiernas dentro del
universo creativo, sin duda un inspirador, una voz contemporánea capaz de reformular la forma
de abordar el realismo, un autor que quizá muchos desconozcan y que probablemente nunca
lean, pero que no debe ser negado en su genuina trascendencia, la cual ha penetrado de
forma ineludible en múltiples historias en diversos formatos y géneros, por tanto su
inmortalidad está no sólo en lo que construyó y materialmente lleva su firma como encabezado
sino en lo que logró transponer y heredar a otros creadores que han sido marcados por su voz.

Autor: Daniel Rojas Pachas

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Tiza en tres dimensiones. por Matías Arredondo.
El anamorfismo es una técnica usada en
el arte de la pintura y las imágenes, la
cual juega con las perpectivas mediante
un procedimiento óptico, este deforma la
imagen creando una ilusión.

Julian Beever es un representante de


este arte, es británico y además de hacer
dibujos en tres dimensiones, pinta
murales y réplicas del trabajo de grandes.
Usualmente lo contratan conocidas
compañías. Por tanto, se dedica a la
publicidad y el marketing. Ha trabajado en
el Reino Unido, Bélgica, Francia,
Holanda, Alemania, los Estados Unidos,
Australia y España.

Beever dice:” llevo 46 de mis 47 años


desafiando al ojo humano con mis
dibujos”, se considera un artista original, a
pesar que la técnica llamada
anamorfismo, la describió el artista Piero
della Francesca en el siglo XV, sin
embargo el consigue que este arte sea
algo popular y atractivo para todo el
mundo.

Beever a demostrado ser un gran artista,


con solo una tiza , y un buen lugar donde
transcurran muchas miradas atónitas e
incrédulas, las cuales no saben muy bien
lo que esta pasando. Creo que más de alguna ha decidido cambiar su dirección mientras iban
caminando, ya que no sabían si era real lo que estaba ante sus ojos.

Cinosargo te presenta a Julián Beever y su arte en tiza tridimensional.

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Anverso Literario: Alejandro Sieveking por Daniel Rojas Pachas
Alejandro Sieveking es un destacado
dramaturgo nacional, autor de piezas
clave para el teatro chileno del siglo
recién pasado. Nació en 1934 en
Rengo comuna de la zona central de
Chile, ubicada en la Región del
Libertador General Bernardo
O'Higgins.

Originalmente estudio arquitectura en


la Universidad de Chile, allí realizó sus
primeras incursiones en las tablas con
la obra “Encuentro con las sombras”,
aunque los especialistas, señalaron esta
fue un acercamiento un tanto
imperfecto en los diálogos y la
caracterización, sin embargo reflejaba
para un joven que bordeaba los 22
años, un manejo y potencial creciente
sobre el ritmo, la tensión y pulso y por
sobre todo una gran sensibilidad que
lograba dominar el espacio.
Probablemente esa visión con
respecto a la distribución escénica y
el movimiento además del control sobre las posibilidades y limitaciones del montaje, le
dejaron un importante legado que complemento arduamente con su deseo de penetrar al
drama humano.

Entre sus principales textos dramáticos además de su trabajo en televisión y cine, ya sea como
director, guionista o actor, podemos nombrar Animas de día claro que fue dirigida por el
desaparecido cantautor Victor Jara en 1962 y 1964, el artista fue un gran compañero de
Sieveking en los años previos al golpe, juntos llegaron a componer temas y Jara colaboraría
arduamente con el escritor y director en el montaje de muchos de sus textos, contamos el trabajo
que hizo junto a Agustín Siré en La madre de los conejos y su rol como director en “Parecido a
la felicidad” y “La Remolienda”, en la cual además elaboró la música.

Otras obras emblemáticas de Sieveking que no podemos eludir en esta semblanza son Tres tristes
tigres, La comadre Lola, La mantis religiosa y Pequeños animales abatidos, trabajo escrito
durante su exilio y por el cual recibió en 1975 el Premio Casa de las Américas en Cuba.
Su sensibilidad creadora y esa honda capacidad como lector de la realidad, le han permitido
captar el entorno y el movimiento de sus congéneres desde múltiples dimensiones, talento que sin
duda opera de forma medular, rescatando los tipos humanos, el lenguaje en sus raíces y el
conflicto social y personal de manera agonal, por tanto, sea cual fuere el ángulo asumido:
Poético, simbólico, psicológico o costumbrista, Sieveking nos provee a los lectores y

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espectadores, un acercamiento íntimo a mundos
y existencias que lejos de acabar como clichés
acartonados o burdos esteriotipos de un sector
social, respiran y comunican sus anhelos, lo cual lo
convierte en un clásico ineludible.

Remitiéndonos a uno de tantos aforismos


Nietzscheanos podemos señalar que “si el dolor es
el autentico origen de la memoria humana” ,
Sieveking ha conseguido observar con hondura el
espíritu de su país, desde el campo más recóndito y
tradicional hasta la ciudad bullente que no duerme
ni perdona, logrando trascender al papel y las tablas
para asentarse con pleno derecho en el inconsciente
colectivo de esta franja de América.

Si no, pensemos en la más recordada de sus


comedias, la historia de Doña Nicolasa y Doña
Rebeca, hermanas separadas por el destino, que se
encuentran y desencuentran de manera fortuita, una
noche, en aquella casa de confusión, llantos y risa,
la famosa “Remolienda”. Lejos del humor
explicito, de las carcajadas y tropezones además
del jugoso manejo de la picardía y el folclore, el
autor con ingenio introduce una historia de
tolerancia, de amor profundo y desinteresado
afecto, libre de prejuicios y de culposa redención.

En la boca de estos personajes en la inocencia de los hermanos y en la picardía de las chicas,


hallamos un discurso valioso, sobre todo si nos remitimos a los que brillan por su otredad, por ser
en apariencia los más apagados de cada trío. En Gilberto y la Chepa, que repiten paradójicamente
la historia de don Abelino y Doña Nicolasa, encontramos una crítica a la gente de la ciudad y sus
esquemas mentales, capaces de estigmatizar y condenar una vida por sus circunstancias adversas,
la prostitución de estas mujeres y la calidad de madre acorralada por el abandono que debe
resignarse a no ser más que un objeto, se desrealiza en la inteligencia y superioridad moral que
demuestra a lo largo de toda la obra ese acoquinado actante que en un comienzo es la Chepa, si
bien esta no deslumbra por su audacia, se perfila por encima de sus pares, con generosidad y buen
ánimo, es ella la que soluciona las artimañas de su jefa, la cual goza de años de experiencia, es
ella la que se desvive por los heridos y la que tiene una razón manifiesta para someterse a
un depredador estilo de vida, su hijo recién nacido. Gilberto por su parte, si pensamos en la
época, lejos de atribuirle a la mujer la pesada carga del perdón o ubicarse en el rol salvador, el
redentor de su castidad, la abraza en igualdad como una amiga, dispuesto a esperar su cariño, más
allá de la urgencia carnal o el despecho que le produce el temor de ella a ser claramente
cosificada paternalmente o repudiada por un asunto de honra añejo.

La Remolienda es una obra que dentro del humor y la sátira constante al machismo resulta
en profundidad abiertamente matriarcal, los personajes revelan en sus parlamentos, un

60
contenido que desafía los
cánones de género lo cual
invita a una lectura más
focalizada y sin objeciones, un
tema que es conveniente a los
Chilenos revisar, sobre todo en
este principio de milenio que ha
demostrado una violencia
desmedida e irresponsable en
contra del mal llamado sexo
débil.

La Remolienda por merito


propio, ha sido montada en
infinidad de teatros, de norte a
sur de Chile,
internacionalmente también se
ha destacado y como anécdota
podemos señalar que, en su
adaptación en Costa Rica a
cargo del propio autor, recibe
el nombre del Chispero, hay
que agregar también que
recientemente ha sido llevada a la pantalla grande por el director Joaquín Eyzaguirre, lo cual
demuestra la vigencia de su trabajo, por su parte el autor sigue produciendo y es vicepresidente
de la academia de Bellas Artes, sin embargo su afilada pluma y voz no parecer perder agudeza
pues en una entrevista del año 2007 con el escritor Alejandro Lavquén señala sobre la realidad
nacional.

“La gente ha cambiado, por supuesto, es más inculta, entusiasta de


horrendos programas de televisión, claro, con el toque de queda no
les quedaba otra que la TV, y se hicieron adictos. La vida nocturna y
el teatro, por lo tanto, se vieron muy afectados, el público prefiere la
obras frívolas en que no se toquen temas contingentes, por favor. Los
jóvenes tienen un lenguaje pobre, castrense, se podría decir, y están
inventando continuamente el hilo negro. En ciertas instituciones se
intentó borrar todo lo que se había hecho antes, excepto los
desaciertos. Nosotros volvimos en 1985 y se entendía, tanto en la
televisión como en algunas compañías, que no se podía tocar lo
político ni con el pensamiento. Los chilenos se han vuelto
prepotentes. De ser los latinoamericanos más simpáticos, pasamos a
ser los más pesados y la fobia que nos tienen nuestros vecinos se
justifica plenamente. En Europa si uno tiene cerca a un chileno, se hace el sueco, el alemán, el
húngaro. Y lo peor es que las heridas no se han cerrado, siguen sangrando, porque habrá
perdón en los casos que corresponda, pero olvido no. Jamás”

Autor: Daniel Rojas Pachas.

61
Anverso Literario: El Presente de la Poesía Joven en el Norte Fronterizo
de Chile (Arica) por Daniel Rojas Pachas.
En torno a Arica, desértica y
fantasmal región, que nada tiene
que ver con una moderna Comala
o el realismo mágico situado en la
pampa salitrera, los medios se
han encargado de dejar bien claro
que más bien somos el infame
paso de todo tipo de tráfico,
humano y químico, rápido podemos
afirmar que no hay panorama joven
en lo poético, si para calificar este,
nos ceñimos con exclusividad al
concepto topográfico, territorial y
centralizador que nos ubica como
creadores provinciales o de la recién
estrenada y cómicamente bautizada
XV región (última pese a ser la que
encabeza el país).

El amplío titulo de poetas jóvenes del


norte grande de tan árido y ancho se
torna ajeno, y en vez de
identificarnos, produce en la determinación categórica de nortino una negación rotunda que no
da cabida a una gama inconmensurable y heterogénea de voces y posibilidades creativas

Lo cual, paradójicamente, pese a no permitirnos hablar de poetas jóvenes nortinos ariqueños en


estricto rigor, si nos permite recalcar la existencia y riqueza en la voz peculiar y osada de
talentosos jóvenes poetas que nacidos o formados sensitiva y sensorialmente en estas
latitudes, se han vuelto su propia región indecible llena de potencialidad y discursos,
influencias varias e influjo en si mismos, fuentes inspiradoras que en la palabra y sus matices,
no temen en lo absoluto a la experimentación y afrontar con crudeza, otras veces con cinismo,
ironía, amplia visión y poca fe pero con ardua voluntad creativa, el pasado, presente y futuro de
un arte que por estos lados, se perfila cada vez más menguado y reducido a feudos espaciales
y naturalistas, reino de absoluta falta de editoriales, estos huérfanos de la metáfora con una
gravitante escasez de lectores sufre víctima del virus chauvinista establecido en el
ideario colectivo, mediático, y sensible del lector promedio, ya sea de la localidad y a
veces con mayor injusticia en la boca de foráneos y hermanos de pisos australes.

El problema del logocentrismo nacional es inevitable en este punto, pues el nutre aquellos
detestables determinismos y la analogía más ilustrativa de la realidad creativa del llamado poeta
joven de Arica o del norte grande, se asemeja a lo que en mayor escala pesa sobre el escritor
latinoamericano que no quiere perfilarse en aras del realismo maravilloso y sus engendros y
llega a Europa o Norteamérica con una alternativa de novela, digamos realismo sucio, de
género o de distorsión lingüística y estructural en cualquiera de sus variantes que se ven
antecedidas por el famoso Post-algo, sólo para recibir el siguiente comentario no libre de
connotaciones peyorativas, muy bonito, pero que usted no es de por allá, de donde viene
García Márquez y Carlos Fuentes, entonces que hace que no escribe como ellos, bueno

62
con iguales resultados, el escritor del norte que no adhiere al tropo paisajístico y sentimental
ligado a la tierra y sus bondades, el dizque espacio vital que se debate entre la residencia
marina y la llanura altiplánica, sufre el rechazo tajante o siquiera la duda inocente: Oye, por que
no hay cactus y vicuñas en este texto, puede sonar desvirtuado y satírico pero es una
realidad, prueba de ello, es el efecto inverso que sufre en ojos de sus pares aquel creador,
demente prometeo que cruza los límites que impone el bendito adjetivo, provincial, regional o si
aspiramos a la grandilocuencia, “vate nortino”. Este para los otros poetas, los oficialistas, los
que si son nortinos de tomo y lomo, es un bicho raro, un misfit producto de una metamorfosis
caprichosa y envilecedora. Sus calificaciones son capaces de reducir cualquier intento de
experimentación a un simple epíteto cargado de hiriente intención: Es hermético, culterano
elitista, efecto del oscurantismo juvenil, y entre pasillos y en comidillas, se proscriben
sus páginas como meros simulacros, pobre pastiche de Santiago, de Poeta maldito,
bohemio, afrancesado, alienígena, alienado, o poeta adolescente, carente y a medias tintas
entre impostor y profano, con un afán de identidad desesperada.

De cualquier modo, sea local o externa la


calificación, el poeta joven en esta localidad,
es blanco de una creciente extinción y
cacería ante barreras subsecuentes
impuestas a la posibilidad de difusión, de
diálogo y en gran medida, quizá esto es lo
que más duele, al suministro básico de
textos, quizá hoy menos, gracias al antídoto
que significa Internet y sus benditos
downloads, sin embargo estamos en el
extremo del mundo con pocos libros y
muy caros para un lector sensible que
requiere para su educación emocional y
cordura, mucho más que la lista que
entrega mineduc y el paradigma que
constituye a un verdadero escritor
fronterizo.

Empero, lejos de sumirnos en una auto


conmiseración, el estado de salud de
nuestra escena local, presenta una segunda paradoja, si bien envilece, también nutre, la
muestra son grupos como Vertizonte y M.A.L, cuyo ojo crítico, ansia de lectura y
disociación, fomenta la búsqueda de vías rizomáticas, el do it yourself o su variante criollo,
ráscate con tus propias uñas y sal a buscar la montaña por que este feudo rocoso se quedo
pegado a pies de las ruinas de Humberstone.

De aquel estigma territorializante y el portentoso título de nortino surge un conflicto agonal


invariable, la lucha con los antepasados, con las publicaciones y autores que marcaron la tónica
de lo que es ser un escritor del norte, Sabella, Bahamonde y demáses, con el respeto que
merecen, el poeta joven del norte como dice en su teoría poética el crítico
norteamericano Harold Bloom, debe ser fuerte y debe desintegrar la forma que los del
pasado cincelaron, sólo así podrá dar origen a su particular verdad, al desleer y se diría
incluso desinterpretar lo impuesto por tradición.

63
Sin animo de excluir y realizar una lista de quienes deben ser considerados en estos últimos
veinte años, como deslectores de la realidad local y creadores de sus propios límites, debemos
profundizar en dos focos creativos de la ciudad de Arica y sus alrededores, fenómenos
irreductibles e irrepetibles como por allí escribió alguien, Vertizonte y el Grupo M.A.L,
cada uno con sus miembros diseminados por el mundo. Desde mediados de los ochenta
hasta la fecha, lograron con mayor o menor fortuna y pervivencia, forjar en sus aciertos y
fracasos una repercusión e identidad propia, peculiar y digna de ser reconocida o mejor aún
superada, pues su presencia marca un después en la producción consciente, está ha ubicado
en otro estadio y nivel la poética Ariqueña, de manera que el conflicto y la acción de futuros
creadores tendrá que medirse con otras voces, con otras lecturas por tanto se moviliza el arte
poético. En el caso de los Vertizontidas hay una introducción de cara a la vanguardia, a formas
periféricas y lenguajes cultos, manejo de distintos registros y géneros, visuales, pop, música y
cine, técnicas de producción y perspectivas lectoras del arte y la realidad relegadas de las
primeras filas del canon de pulcritud y santidad poético, la prueba está en su antología
Heptadarica y en la vigencia de sus integrantes, aún activos y sembrando su semilla en
otras verticalidades de la palabra y horizontalidades del ser, por otro lado M.A.L al cual se
adscribe el redactor y otros poetas que prefieren el anonimato y la creación en un maridaje
simbiótico.

Estos escritores que


persiguen ir más allá de
las letras, surgieron de
distintas áreas del
pensamiento, Ingeniería
eléctrica, Física, Filosofía,
psicología y lenguaje,
refrescando el contexto
de producción y
añadiendo a las ya
nombradas técnicas y
usos, un factor
indispensable, el aporte
que despierta a la zona de
su letargo investigativo,
crítico y difusor. Los
objetivos a corto plazo de
M.A.L, además de talleres
que siempre han estado presentes junto a la organización de recitales y encuentros, involucran
la creación de una editorial independiente de la mano de Cinosargo.

En definitiva, podemos señalar que si bien no hay poetas jóvenes del norte grande en Arica tal y
como muchos esperarían, si existen, sudan y sangran desterritorizalizados, una variedad de
poetas que por convicción y necesidad de nacimiento y sentido, son cada uno en su palabra
autónoma y genio, su propio norte.

Autor: Daniel Rojas Pachas

64
POESÍA EN CINOSARGO

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LAS PATAS DEL PERRO FURIOSO por Marietta Morales Rodríguez.

Son los llantos

de los que nacieron distintos,

en la lejanía de una isla solitaria .

La imagen del tirano enciende la ira

del tambor del tren que nunca llegó,

en la sala de teatro ,

abarrotada del canto de los gitanos .

Es la imagen de la intolerancia ,

de aquel eco de la isla solitaria ,

que entra en los oídos de las patas del perro furioso,

en lo alto de una tarima de la histeria .

Es el mirar de ese lamento eterno,

que hace estallar los boletos

en la llamarada ardiente,

en el frío de la noche,

a la salida del teatro.

66
Locus pocus. por Daniel Rojas Pachas.

A ti,

tiempo, padre,

fuego,

ausente padre,

devorador de críos, planetas y renacuajos.

A ti,

Castrador de días y universos

¿Por qué?

Por qué tanta copla y alabanza,

tanta gloria, llanto y totémica elegía,

si hay tanto hombre

desfallecido,

67
criado por madres y abuelas,

y por qué tanto crono, falo y logocentro,

lleno de templos y rayos

con tanto ígneo designio marciano,

apolíneo, curvo y metafísico

con huérfanos que recitan a Nietzsche,

en cada paso de su sucio trapo.

¡Dime!

Desde tu imponente esquina, llena de diluvios y reyes femicidas

¡Duerme!

En tu trono de vellos ensortijados

y voyerismo que crucifica en el Gólgota,

a hippies harapientos.

Háblame de tu cáliz y diezmo.

Cuéntame de aquel ejército de gospel y pecado

Si hay tanto pobre bastardo,

blancas generaciones gimiendo cisnes,

música sin ritmo y letras hacia

68
como la caída del piloto Kong

y el discurso misil que va rezando: No se preocupe my fuhrer, mi señor, Dios de la


global anestesia.

Aprendimos a amar la bomba y cantamos con Doris Day,

el fin del globo, Que Será, Será,

y su languidez, siniestra recorre la muerte pura de la R.A.E

whatever will be, will be

y al cuerno de la abundancia el senado, los caballos de Calígula, y la pulcritud sintáctica


del formalismo ruso, cualquier manierista manera, parirá el ingenio emoticon, para
poner de moda el rococó y a San Cordoba de las Soledades.

Con chasquilla o sin ella, el glam manco de Lepanto, entre best sellers predica su
pasado y el esperpento bohemio, televisado junto a Barbas Jacob,

Y tú, oh señor de los infinitos verbos, entre tanto engendro metonímico, morfinómano,
photoshopeado metatexto sin apellido

Darás un último discurso y simulacro con un ipod en la mano y una burger queen
fermentando, y a pasos de coloso y con estúpidos saltos, como en una rayuela
desquiciada, veremos podrirse las mejores mentes de nuestro tiempo, jugando al twister
de los mil dragones del Apocalipsis,

y en cuatro patas,

en una orgía caníbal, nuestro noble corpus con la pierna enhiesta entre digitales
hipervinculeados maestros, sentirá la retina nuclear en la pantalla verde.

El plasma y lcd, no el de Lucy in the sky o Jefferson Airplane, aunque podamos


descargarlos con un clic leyendo a Tolstoi mientras vemos a Dylan y Ginsberg, como
profetas del Homesick blues.

Con la tumba profanada del tío de On the road, meca sacrosanta, violada por los
poseros de siempre, nos deja en pana, calle abajo, más solos que nunca, sin interzona,
desierto, volante o escape. El paso de L.A a Tijuana, es un mero carrusel de niños
ricos.

Mimados pijes del prime time en Warner Channel.

Y como cualquier otra pulsación del chirriante ser inalámbrico, viajando en mensajes
satelitales, agendamos los diurnos trajines sin remitente o destino, pero con un GPS por

69
barbilla, quizá así podamos definir el destino de esta roca que no deja de girar, aunque
este más rodada que cuando Monsieur Pain, trato al cholo que murió de todo y escribió
como nadie sobre nada,

y entre nada y nadie,

entre fibras ópticas y tanta genital desidia y publicidad de dentífrico,

nos vierten como starbucks al génesis de un seattle beckettiano

o al london calling que vió nacer tanta pistola sexual de pantalón apretado

Con furioso discurso gutural y aunque gritemos: fuera la niña, la pinta y la santa maría,
como Sid, no Ruy de Vivar, sino el vicioso asistémico: Los silentes cartuchos sin dientes
seguirán cayendo como salmos del mañana y en un ragnarok abrir de ojos, las páginas
de virus platinado y plaquetas en microchips, chocochips para pastiches y extrañas
formas de ejercitar lo intertextual tejerán el perfumado fracaso de todo intento.

Un circular retorno de revolución floral, vegana, animal, objeción de conciencia sin


Thoreau para objetar

Llenos de inteligencia plástica y soma artificial, la vida en los bosques se carcome como
los cimientos de la dizque- razón post-moderna, ultra moderna, Borges moderna,
Derrida Moderna, Rorty Moderna y las ranuras omnipotentes de cada poema como
herida como tatuaje, como cut-up and Fold-in, como víctima del neo barroso, nouveau
roman o la anti-olímpica difamación de: Yo soy el individuo se diluye en la lejía dividua
de Another brick in the wall y ahora, sin dark side of the moon o Heroin to calm down,
pirateamos nuestra conciencia y la subimos al flog, siendo alguien con un simple
embed: object width=425 height=355 param name = minúsculos gramos en la topera de
Deleuze o en su defecto y sin script del css o el bendito html, no queda más que otro
palurdo muñequito de trapo, figura de colección e ítem en los anaqueles y víctima de la
máquina de K, no K-Mart, sino el checo que vio más que Blake y Jim en su hotel,
cerrando la transmisión de las puertas, cerrando las pupilas, de este lugar sin vida.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

70
Poema de Ferrer.

EL MORGUERO
¡Aléjate flaca,déjala pacífica!
No es hora todavía ,
aunque el ciclo se ha cumplido,
concedeme esta soberbia prerrogativa
¿Cuál es la urgencia ,
no tienes suficientes difuntos ?
Procura coger algún chiflado
pero olvídate de los niños
son los que siembran el futuro
con semillas de cariño
en este mundo consternado.
Toma en cuenta mi vocablo;
¿Quizás de mí te has olvidado?
Fuí tu lacayo por inacabables anuarios
cuando debía maquillar, encajonar
y trasladar a tus recientes invitados...
Convivimos una temporada;
¿Te acuerdas ?
tú planteabas el acertijo
y con los galenos rastreábamos
la causa del deceso y
deambulabas con taco alto
por la periferia y los ojos
con expresión catedrática ,
solemnemente empinada
con delantal verde y mascarilla;
esperando el veredicto final ,
para mofarte en nuestra fisonomía,
¡La muerte es un fenómeno dinámico
predicaba excitado el profesor!
Tu pasada legaba una oleada de espanto
en todo el hospital,
una atmósfera de quejidos,
gritos y llantos enloquecedores
capaces de reventar cualquier oído.
Y en el relajo del Viernes
día de juerga
me susurrabas implorándome apasionada
¡Llévame querido, amorcito llévame !

71
Sin lograr contradecirte
no sé si por pavor
o por seducción
salíamos de la mano
deambulando por Viña del Mar
y nos colgábamos de una micro
escalando los cerros iluminados;
Yo narcotizado de euforia polvorienta
y tú de un suspiro
con el índice fatal
escogías víctimas entre la muchedumbre
perturbada por las ofertas del día.
Si hasta una cueca te pegaste
para un Dieciocho
en el Alejo Barrios de Valparaíso.
¡Rememora lunática!
Hoy ,ya no te tengo miedo,
sé que estás a mi lado;
contemplándome acaramelada
y prorrogas mi secuestro,
me prefieres añejado, como al whisky;
pero estrogénicamente cambias de carácter
como cambia la luz del semáforo
en la espera rutilante,
no puedo confiarme,
pues montones se fiaron
y yacen subterráneos
sin tocar arte ni parte
en este mundillo estrafalario.
¿Aclárame algo, eres la misma
que se encarga de la defunción del tépalo de un copihue azul;
O tienes subalternas, auxiliares,alumnas en práctica
que te cooperan en la eterna ocupación?
Ya que eres veleidosa
cualquier fémina te torna celosa,
y te sulfuras como puta con resaca
tienes fama de ser rancia ,famélica,
sexy calavera,
opto por soñarte
como una Venus erótica,
atractivamente voluptuosa
y entregándome a tus brazos
como se ofrenda
al repugnante rey la majestuosa doncella
total
tú también vas a estar muerta.

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Poemas de Cristian Javier Franco.

JARDíN

duerme la luz a la deriva

una estatua abriéndose

a los designios silenciosos del viento

las espinas dicen

la fértil sequedad del tiempo

73
FANTASMA

entonces

al llegar el viento

acorralada en la música

nacés a la orfandad prometida

indefensa

un fuego errante, sigiloso

el juego de las máscaras

en el carnaval de las heridas

implacable ritual

en el bosque luces caníbales

las antiguas invocaciones

reconciliando las palabras

así

tu cuerpo rendido

abierto al silencio

sacrificio inminente

Pequeña biografía: Dado a luz una noche de noviembre de 1983 –un 24-, así que sido signado
en sus avatares por sagitario. Radicado en los suburbios de los suburbios de ese turbio
conglomerado conocido como “Gran Buenos Aires”. Escribe cuentos y poemas pero nunca
publicó nada, como tantos otros. Quiere ser escritor, o algo que se le aproxime. Es casi profesor
de historia. Trabaja en un depósito.

74
POEMA NO INSISTAS: DE TERESA ITURRIAGA OSA

Antes de abrir la boca,

te recuerdo que nada

me volverá beduina del milagro…

(el Bautista paseaba por la orilla del Jordán

mucho antes de que tú llegaras

al desierto)

¿Quieres hacerme creer que aún urdes

mi telar de antesdeayer?

Un mes M

decidí desembarcar mi rescoldo

sobre una falda

gris marengo

airosa de sus pliegues

y anudarme a la pared

el quitasueño que reflejó tu jeta de barbo

75
por enésima vez.

Así que cállate. No insistas.

Voy a alicatar esta fachada

con ayuda de dos nubios…

(y entre el último bostezo

y el primer ronquido de la noche, a tenazas,

uno a uno, les sacaré todos los besos)

Sí. A tenazas.

Las que me regalaste.

Texto e ilustración: Teresa Iturriaga Osa

TERESA ITURRIAGA OSA (Palma de Mallorca, 1961) Desde 1985 reside en las Islas Canarias (España) y es
Doctora en Traducción e Interpretación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su investigación
académica se centra en la traducción de la literatura, la publicidad turística y el periodismo de viajes. Ha colaborado
en seminarios y proyectos de investigación europeos de la ULPGC, el CSIC y el Instituto Cervantes. En 2005
participa en el Congreso sobre los falsos estereotipos sobre el mundo hispánico en Europa, organizado por el
Instituto Cervantes de París.

Fuera del ámbito académico, ha publicado en prensa, revistas literarias y portales digitales como “Biblioteca Digital
Letras Canarias”, “Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes”, “Aula Intercultural”, “La Casa que Grita”, “Baúl de
Aire”, “Palabras Flotantes”, “Sendebar”, “La Tapa”, “Agenda Bohemia”, “Comunicando”, "Ariadna-RC" o
“Mugak”. Es autora y traductora de numerosas obras recogidas en obras colectivas y está muy vinculada al trabajo de
cooperación entre Canarias y los países africanos. En 2004 trabaja como directora, coordinadora y autora de una
serie de entrevistas de interés etnográfico, reportajes y artículos compilados en el libro Mi playa de las Canteras.
Desde 2005 hasta 2007 colabora como traductora en las webs www.laveudafrica.com y www.africainfomarket.org.
En 2005 traduce el libro Modou Modou, un ensayo sobre el drama de la inmigración africana, del senegalés Seydi
Ababacar Mbaye. En 2005 aparece su relato “Hurto blanco” en Orillas Ajenas, publicación de narrativa canaria. En
2006, “Namoe” en Hilvanes y, en 2007, “El violín y el oboe” en Fricciones. Ese mismo año publica el relato “Tu
nombre es Véronique” en el libro Que suenen las olas, una colección de relatos ilustrados y escritos por mujeres de
Canarias y Marruecos, de la que fue directora, coordinadora y traductora de los textos árabes. En marzo de 2008
presenta dicha colección en el Instituto Cervantes de Rabat, donde se plantea la próxima edición en árabe de los
textos españoles. En junio de 2008 gana el III Certamen Internacional de Poesía “El verso digital” 2008, con el
poemario titulado Sobre el andén (publicado en versión digital junto a los 9 poemarios finalistas en la Antología del
III Certamen de Poesía “El verso digital”), premio convocado por el editor literario digital Publicatuslibros.com con
el patrocinio de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en Jaén. Publicatuslibros.com le edita Juego astral
en versión digital, un libro que reúne ocho relatos breves de género fantástico.

En julio de 2008 obtiene el primer premio (ex aequo) del III Certamen de Poesía “Encuentros por la Paz”, con el
poema titulado Dos segundos de compasión. Premio convocado por la Delegación de Cultura de la Junta Municipal
de Distrito de San Pablo de Buceite (Cádiz). En la actualidad, trabaja en la traducción del poemario À mi-chemin,
escrito en francés por la marfileña Véronique Tadjo.

76
Poesía de Hernany Tafuri

Cielo de yeso
(Hernany Tafuri)

Una flor herrumbrada


sobre mi pecho: ¡la tengo
como dibujo perpétuo!

Al que más se crea o


se conteste: un frío cielo azul
de yeso llora (a mí) estrellas
lozanitas en el sofá de la sala.

Mientras se hincha la soledad,


este nada constante
que por acá pasea,
se desnuda el silencio
por la génesis del grito:
¡el pensamiento!

Y es así que las horas


pasan: girando en el reloj
etéreo de mi vida:
canto siempre al tiempo
el que sea insólito,
sin que brote en mí
el vicio de la despedida.

77
Poesía
Poes a de José
Jos María
Mar a Cumbreño
Cumbre o

SOMBRA SIN ÁRBOL

¿Quién no lleva un nombre que antes


no haya sido el de un muerto?

El agua de la desembocadura
no ha regado ningún jardín.

Impide la cría más fuerte que la otra coma.

Las flores trasplantadas


no arraigarán.

La mujer que no sobrevive al parto.

Una palabra dicha entre la luz


no proyecta luz.

El pescador está cebando los anzuelos.

Dibuja el compás un círculo


cuyo eje delimita magnitudes
como el tiempo o la distancia.

Son opacas las puertas de madera.

La esterilización de los sementales.

Las raíces han atraído a la noche.

El célibe mira al sol fijamente.

Un niño marca con cal


el contorno de la sombra
que dan los árboles que aún no han talado.

NOTA BIOGRÁFICA: José María Cumbreño nace en Cáceres en 1972. Es licenciado en


filología hispánica. Textos suyos han aparecido en revistas como Turia, El extramundi, Reloj de
arena, Müsu o Espacio/espaço escrito. Hasta la fecha ha publicado tres poemarios y un libro de
relatos. En la actualidad trabaja como profesor de secundaria.

78
EL INSECTO IGNORADO

Lleva un vida doble


y aunque da la impresión
de que no fuera el perfecto "bicho" (que es)
de patas peludas, enormes ocelos y terrible aguijón
él sabe que a cualquier hora,
en el momento en que ni se lo sueña en su pesadilla,
un perse-guidor lo hará patente
bajo la lupa minuciosa, contra un sol radiante
o bien, le enfocará arriba de su oscuridad
y será visto por todos;
y quizás,ya no pueda seguir haciéndose la chicharra vacía;
no es difícil ocultarse entre tantos monstruos callejeros...,
ahora, en la escena, quién sabe!
Tal vez entre los espectadores silenciosos
haya quien no pueda contenerse y grite horrorizado
y prenda pánico en la masa,
al verlo magnificado entre las sombras
con sus patas kafkianas,
sus ocelos lovecrafianos
y su aguijón quiroguiano
amanezando con salirse del escenario!.

Walter Mondragón
septiembre de 2008

79
RINCÓN DE LA IRA por Rocío L'Amar

(s u j e t o g e n é r i c o)

a todas las fulanas heridas por ese miembro portátil que se despieza

en

cubierto en su propia síntesis

no

abran este libro en la ciudad

es difícil fumar

cada noche muere volatizado – y eso

hay que sostenerlo – con su repertorio lleno de humus

nace la palabra haciendo un esfuerzo terrible y mutis por


el foro

medio mundo se hace el esquizofrénico

el poeta un pimiento rojo

el mosquito inmóvil en el zaguán

el curagüilla sordomudo no tiene nada que decir

porque dos son multitud – según las habladurías – el granuja

vino a mi poema zamarreándose parisilábico

parlanchín en el parkinson

mientras yo estaba enrojecida

por la ira

váyase al ártico – dijo alguien – y el tragadero se me

80
empachó de polvo

como antiguamente el viento traía

arena a mis ojos

desenlazo en breve esas sombras

en el dolor oliente

-recapitulo-

el dedo harapiento quítalo de mi albergue

de la obscena víscera rota

del hediondo cortinaje de la humanidad

aléjate

pecado

capital

con

padre y madre

y vienes igual a pedir esa ración de agüita

o las llaves del bebedero y machacas

y machacas

el dramatismo es inevitable

- por ejemplo - mi furia es optativa

también voceo

ante lo ridículo de tu pelo engominado

ante lo insustancial de la cachimba

81
ante la insípida mesa de pensión

ante la despampanante gata llamada ravotril

gran señora

trágame te ofrezco mis trompas de falopio

la pus de mis oídos una ración de mi saliva su oleaje

a freud

después algo de naúsea

en fotos y videos mis jaquecas

como un zambombazo de madera agusanada

el rincón de la nunca dulce ira ofrezco sus razones

como ácaros

existen

hembras

que de horas en horas

se han mirado en el espejo esos premolares incompletos

los pies sueltos en regiones trajineras

me he visto manoseada

soy casi una esquirla de un error ortográfico

soy la hendidura del idioma español

82
soy el vacío que deja el pan

soy una bestia castigable

si le digo

a mis axilas que suden éstas parafrasean un formulismo

vago

si le digo

a mi vientre que se humedezca éste moja mi lengua

en coñac

si me precipito

hacia el océano la hereje que hay en mí

descorazona

la llamada

del mediodía algunas veces intuí

que era bonachón

aunque fui tapando mi boca

lo induje a irse a otro barrio.

SAN PEDRO DE LA PAZ

CHILE – 2003

Obra Pictórica “Siete Pecados Capitales” IRA, Sergi Vázquez

83
Escrito de Junio por Denis Osorio Cepeda *DOC*

La profunda oscuridad de la que soy capaz


se niega a desaparecer:
tampoco se difumina ante tus ojos negros
que apuntan en dirección de otra juventud
acaso intemporal
tal como tus reiteradas exquisiteces, me abrazas
como una niebla, me envuelves
con esa deferencia que solemos agradecer
los impúdicos, en tu nombre
declaro sin duda la guerra
me abalanzo dispuesto a morir, por tí
braceo entre la espesa neblina
o camino directo a un abismo seguro, por tí yo
renuncio a toda poesía.

84
Poemas de Jean Narciso Bispo
Jean Narciso Bispo Moura nasceu na cidade de São Félix, no estado da Bahia, no dia trinta e
um de Outubro de mil novecentos e oitenta, radicado em São Paulo, formou-se em pedagogia e
filosofia e especializou-se em educação. Reside na grande São Paulo, no município de
Itaquaquecetuba. O autor tem dois livros publicados "A lupa e sensibilidade" (2002) e "Setenta e
cinco osso para um esqueleto poético" (2005). É casado e professor de Filosofia da rede
estadual paulista.

Escatologia poética

A esperança alfabetizada lê o futuro obituário da raça humana

Sentada à mesa vê a biblioteca enfileirada fotografias


mísseis

Tropas roubam os glóbulos vermelhos e brancos

Arrancam com uma metralhada a vida

Entrega a terra seres que agora são coisas que


amavam serem seres

A esperança se deplora e não coaduna com nada


disso.

A suástica mudou de continente quer empilhar homens


mulheres crianças

Quer ver o sol cegar-se com o ácido do sangue

E virar as costas para os dias fúnebres

A custa da pá solitária do vento.

As cruzes serão poucas para arcar com um epitáfio do


custo da queda humana.

As cruzes se esvaíram um espírito criminoso queimou


sozinho.

As árvores do pulmão das cidades das províncias e do mundo.

Sequer teremos água para lavar a coisa que habitava a alma,

Teremos apenas um meio fim

O Princípio aguarda desolado à reação do verbo.

85
Poetical Escatologia

The alphabetical hope reads the future obituário of the human race
Seated to the table it sees the library lined up photographs missiles
Troops steal red and white globules
They pull out with metralhada a life
She delivers to the land beings that now are things that they loved being beings
The hope if deplores and not coaduna with nothing of this.
The suástica moved of continent wants to pile up men, women, children
Wants to see the sun to blind itself with the acid one of the blood
And to turn the coasts for the days fúnebres
The cost of the solitary shovel of the wind.
The crosses will be few to arcar with a epitáfio of the cost of the fall human being.
The crosses if esvaíram a criminal spirit burnt alone.
The trees of the lung of the cities of the provinces and the world.
At least we will have water to wash the thing that inhabited the soul,
We will have only one half end
The Principle waits desolate to the reaction of the verb.

Comunicação hermética

Ouço a poesia em um idioma que jamais conheci

A beleza de sua voz não conhece o relógio

Sou analfabeto quando leio a sua escritura

Construo com palavras pontes para me


aproximar do teu aconchego

Como hei de fazer para compreendê-la deusa do


Olimpo?

Que fala em uma língua que desconheço.

Communication hermetica

I hear poetry in a language that never I knew


The beauty of its voice does not know the clock
I am illiterate when I read its writing
I construct bridges with words for me to approach yours aconchego
How can I understand the goddess of Olympus?
That it speaks in a language that I am unaware of.

86
ANEXAMOS EL LISTADO COMPLETO DE CONTENIDOS
PUBLICADOS EN LA WEB, EL MES DE SEPTIEMBRE- 250 Autores
ARTÍCULOS, QUE PODRÁ REVISAR EN .
www.cinosargo.cl.kz Interzona Z: César Moro (lea)
Charlie Melnick (leer)
Maldito Mito por Pauls (leer)
Walter Mondragon- La intrusa (lea)
Filosofía Monterroso: Pigmalion (leer) Poemas de León Felipe (leer)
Queiroz Memorias de una Horca(lea) Un poema de Alfonso Reyes (leer)
Bajtin sobre Rabelais (leer) Kafka: Prometeo (lea) Bolaño: Siete poemas breves (lea)
Eros Malancólico (leer) Relatos basados en la Odisea (lea) Bolaño: La nueva poesía... (leer)
I.S el desvío como negación (leer) Ciro Alegría: Cuentos (lea) Paul ÉLuard: Poemas (leer)
La sociedad mundial de control (lea) Anticuentos Mario Halley Mora (lea) Nicanor Parra: Poemas (leer)
Sábato: Ensayos breves (leer) Relatos de Amado Nervo (leer) Libro del Amor: Menglong (leer)
Nietzsche y el circulo vicioso (lea) Navokov: El Leonardo (leer) Ishmael Reed: Poemas (leer)
Hakim: Religión y revolución (lea) Flaubert: Un corazón sencillo (lea) Lérmentov: Poemas (leer)
Freud: Lo Perecedero (leer) Muestra narrativa generación 98 (lea) Dinastía T`ang Poemas (leer)
Geertz: Géneros confusosos (Leer) Arenas: El Cometa Halley (leer) Morrison: toque su pierna... (leer)
Freud: Poetas y sueños diurnos (lea) El Arte Mortifero (lea) Gustavo Ossorio: Poemas (lea)
4 reglas del método Cartesiano (lea) Cuentos populares_rusos (lea) Todo es mio en el sentido que (lea)
Debord: Métodos tergiversación (lea) El Caballero De Las Dos Espadas (lea) Llosa: El dato escondido (lea)
Deleuze esquizoanalista (leer) Leyendas de Guatemala (lea) Giardinelli: Viaje en la literatura (lea)
Fromm: Amor y su desintegración(lea) Emma Zunz (lea) Poemas de Anne Waldman (leer)
La personalidad Potencial (leer) Narrativa de Leandro Urbina (lea) Poemas de Anselm Hollo (leer)
Barret: Despertar anarquista (lea) El disparo de Pushkin (lea) Pablo de Rokha: Poemas (lea)
Nietzsche filosofía y antifilosofía (lea) El loro pelado (lea) José V. Andrade: Poemas (lea)
Mutis: La Desesperanza (leer) El album de Chejov (lea) Un poema de Gloria Frym (leer)
Los sueños bajo vigilancia (leer) El árbol del orgullo (lea) José Asunción Silva: Poemas (lea)
Maternidad antipatriarcal (leer) Genet: 4 horas en Chatila (lea) Juan Antonio Masoliver Poemas (lea)
Política del rebelde (leer) Marcel Schwob: El Zueco (leer) Lezama: Muerte de Narciso (leer)
Lacan: La familia (leer) Hesse: Leyenda China (leer) Macedonio Fernández: Poemas (lea)
La cultura y los medios (leer) Lawrence: El Ganador (leer) Piglia: ideología en Borges (lea)
Deseo y simulación (leer) Cortázar Minicuentos (leer) Bolaño: Prologo de Amberes (leer)
Manifiesto Cyborg (leer) Marías: De cuando fui mortal (leer) Juan Larrea Poemas (leer)
Los ruinosos pilares delprogreso (leer) Loriga: La Muerte del hermano (leer) Oda al caldillo de congrio (leer)
Nuevos movimientos globales (leer) Casares: El gran serafín (leer) Pedro Garfias Poemas (leer)
Wittgenstein (leer) Onetti: El infierno tan temido (lea) Vargas Llosa, cartas a Oe (leer)
Lucha, acontecimiento, media (lea) Martin Amis: Los inmortales (leer) Llosa: Sirenas en el amazonas (lea)
Deleuze: La Literatura y la Vida (leer) Anais Nin: Corazón cuarteado (leer) Poemas de Huidobro (leer)
Deleuze: Control y devenir (leer) Cantos de marineros en la pampa (lea) Beckett: Whoroscope (leer)
La obra de Jorge Edwards (leer) Aster: Morgue y otros poemas (lea)
Soldán Continuidad de los parques (lea) Auster: Los poemas y los días (leer)
Narrativa. Un Paciente en disminución (leer) Poemas de Lord Byron (leer)
Villoro: Yambalon y sus 7 perros (lea) Poemas de Gambarotta (leer)
Bocaccio: Los Tres Anillos (leer) Bolaño: El ojo Silva (leer) Poemas de Ramón López Velarde
Quiroga: Juan Darien (leer) La portuguesa de Musil (leer) (lea)
La condesa de Tende (leer) Bukowski: Deje de mirarme (leer) Poemas de Vicente Aleixandre (leer)
Dazet: Hematuria (leer) Hugo Correa: Meccano (leer) Echeverría y el lugar de la ficción (lea)
Wilde: El Imán (leer) Arango: Un inesperado visitante (lea) Prefacio de Cromwell (leer)
Imbert: El Ganador (leer) Dostoievski: El gran inquisidor (lea) Poemas de Jorge Teillier (leer)
Hasíodo la Teogonía (leer) Yourcenar: Cuento Azul (leer) Poemas de José Santos Chocano (lea)
Cortázar: La señorita Cora (leer) Cervantes: Rinconete y Cortadillo (lea) Poemas de Pablo Guiñez (leer)
Denevi: Precursor de Cervantes (lea) Salinger: Antes de la guerra con... (lea) Poemas de Gabriela Mistral (leer)
Akutagawa: Cuerpo de Mujer (lea) Burroughs Naked Lunch (lea) Poemas de Nicolás Guillén (leer)
Walsh: Los nutrieros (leer) Koestler: El Infante: El Héroe Lacónico (leer) Un poema de Eduardo Llanos (leer)
Verdugo (leer) Soriano: La California Argentina (lea) La Destrucción del Danzante (leer)
Balzac: Cúpula de los inválidos (lea) Milagro Divino_ J. Carlos de León (lea) Sabato: El consumo no es... (leer)
Lillo: El Pozo (leer) Roberto Arlt: Las Fieras (leer) El escritor Federíco Andahazi (lea)
Lobo-Hombre de Boris Vian (leer) Piglia: La Isla (leer) 87
Bolaño: Principio del Apocalipsis (lea) Poesía
Berti: Aleister Crowley la bestia (lea)
Berti: Semblanza a Gombrowicz (lea) Diarios de Motocicleta (leer)
Llosa: El Gran Gatsby (leer) Tarjetas de navidad (lea)
Lihn: Si he de escribir... (leer) Reposo capitalista del che (lea)
Poemas de Salvador Novo (leer) El estruendo de los violines (leer)
Poemas de Leonidas Yerovi (leer) Ghigliotto: Poesía (leer)
Parra: Autorretrato (leer) Aldo Alba: Poemas (leer)
Poemas de Xavier Villaurrutia (leer) Escrito de Junio (leer)
Borges: Ficción e intertextualidad (lea) Poemas de Jean Narciso Bispo (lea)
Poemas de Quasimodo (leer) El insecto ignorado (leer)
Onetti Entrevista (leer) Poemas de José Martínez (leer)
Poemas de Evaristo Carriego (Leer) Poemas de Miguel Morales (leer)
Poemas de Blas de Otero (Leer) Patas del perro furioso (leer)
Poemas de Cavafis(Leer) Viajeros de la calle de Varsovia (lea)
Poemas de Yeats(Leer) L`Amar: Rincón de la Ira (Leer)
Poemas de Derek Walcot(Leer) Poemas de Cumbreno(Leer)
Poemas de Felix de Ázua(Leer) Poemas de Tafury (Leer)
Poemas de Trakl(Leer) Poemas de Francesc Puertas (Leer)
Una pasión no correspondida(Leer) Poema no insistas: (leer)
Poemas de Benjamin Peret (leer) Poemas de Cristian Franco (leer)
Poemas de Miguel Hernádez (leer) Poema de Jorge Maturana (leer)
Poemas de Maikowski (leer) Poemas de Ferrer (leer)
Panero ha vuelto (leer) Poemas de Rolando Gabrielli (leer)
Cage: conferencia sobre la nada (lea) Las cartas de Baudelaire (leer)
La triste historia de la tigresa (leer)
Música El Abecedario de las cosas (leer)
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Meta-Jazz (leer) Virus: Un poema de Daniel R (leer)
A Cash un verdadero poeta (leer) Poemas de Daniel Rojas (leer)

Cine. Ensayos y crónicas de nuestros autores.


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Notas. Anverso Literario: Sieveking (leer)
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EL EQUIPO DE CINOSARGO.
CINOSARGO.

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