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La II Guerra Mundial es quizás y por mucho más distante de cualquier otro error de la humanidad, uno de los conflictos más

violentos y menos justificados de la historia. Ella se extendió por todo el mundo y duró desde 1939 hasta el 1945. No fue una casualidad que esto sucediera, ya se venía planeando desde España, Rusia y por supuesto Alemania. Lo vemos cuando descubrimos que a Franco se le proveyó de armas hechas en Alemania, Hitler desea conocer la fuerza de sus fábrica, la certeza de la agresividad con que contaba y por último, el apoyo incondicional de un Títere político puesto por él, para que frenara cualquier invasión que desde América pudiera surgir. La influencia de un estado fascista, de una ideología dictatorial y de un militarismo impuesto desde Alemania, rozó el gusto y placer de Francisco Franco, un hombre de baja estatura, lleno de complejos y de ínfulas de poder que vio tomado por la mano de Hitler y de su amigo Mussolini, la posibilidad, primero de ser el mandamás de España cosa que logró y luego se supo guapo y apoyado por estos dos megalómanos del siglo pasado. Podemos ver en películas de la época el modo y la manera en que los tres se copiaban, emulaban y ensalzaban. Lo lamentable que le ocurrió a España, lo podríamos decir, fue la toma de decisión en que los asesores del régimen eran nazis, esto trajo como consecuencia el de que España absorbió de primera mano, el odio hacia sus contrarios y el antisemitismo por reflejo condicionado. No es necesario tener que hacer estudios sicológicos muy profundos para llegar a saber el temple de estos desalmados, cuando de voz del que fuera dictador por decenas de años, la historia recogió su amenaza de que si debía asesinar a la mitad de la población por el simple hecho de ser comunistas, él, el gran estadista de pacotilla, lo haría sin que le temblara el pulso. Sus allegados, tomaron estas palabras como una orden y bajo el silencio cómplice de su actitud se cometieron las más horrendas pillerías y crímenes. Se vivió en España lo que durante la Inquisición era un tema del día a día. Bastaba la denuncia de alguien para que con ella se detuviera a cualquier supuesto enemigo personal o del régimen. Esto hizo de que comenzarán las razias contra el pueblo judío. De todos es sabido de que el judaísmo es una religión que de algún modo vela por los más necesitados, es una especie de socialismo practicado no el concepto político, sí como en el apoyo social. No podemos olvidar de que la guerra no nació de la nada, de algún modo, podemos aseverar que fue en muchos aspectos una consecuencia, ya que tras un difícil paréntesis de veinte años, de las graves disputas que la primera guerra mundial había dejado sin resolver, agregada a esto, la frustración alemana después de la derrota por los injustos y duros términos del Tratado de Versalles, junto con la intranquilidad política, la depresión americana y la inestabilidad social que afectaron crecientemente a la república de Weimar, tuvieron como resultado una radicalización del nacionalismo alemán. Unido a esto, si queremos escudriñar en los libros escondidos de la historia, descubriremos que ya para ése entonces, Hitler contaba con su maquinaria asesina, su cuerpo de médicos que se encargó de recoger casi puerta a puerta a niños con problemas físicos y mentales bajo la promesa de que los curarían. Todo esto para poder obtener de los padres una anualidad con la que poder financiar sus ambiciones políticas. Llegado casi al final del primer años, los representantes de los niños recibían una segunda o tercera carta de las bondades del sistema, de las grandes mejoras del hijo y el recordatorio de que estaba por vencerse el pago del segundo año. Acto seguido de recibir el dinero, la familia recibía las cenizas del niño y una carta en la que detallaban su supuesta mejora, pero el resultado en más de 175.000 de los niños que lograron acopiar fue el mismo. Ellos bajo la tutela de Méngüele desde la primera semana mataban a los niños y seguían con sus planes. La

desgracia convino cuando sin querer el régimen de Hitler, secuestró a uno de los hermanos Rothschild. El pago que hicieron sus hermanos de cinco millones de libras por su liberación, más las críticas del pueblo que veían con desagrado y temor lo que le ocurría a tantos y tantos niños enfermos, dio un vuelco redondo a su acción criminal. Debemos incluir hechos que son parte importante dentro de los acontecimientos, pues en ese mismo año, Benito Mussolini, el dictador fascista de Italia, que ya se había embarcado en una agresión a Abisinia (Etiopía), firmó con Hitler un acuerdo secreto germano-italiano que daría lugar al establecimiento del Eje Romano-Berlín. Al año siguiente, Italia se unió al pacto que Alemania y Japón habían firmado en 1936. Fue el llamado pacto tripartito. Alemania e Italia intervinieron, en nombre del anticomunismo, en la guerra civil española iniciada en 1936. Así vemos que se concertó un círculo en el que el eje maquiavélico sabía era el dominante Hitler, ya conocía a Franco y sus debilidades, del mismo modo que a su admirador Benito Mussolini. Pero volvamos a los puntos que a usted le interesa, la comunidad judía de España volvió a revivir en carne propia las persecuciones de sus gobernantes, la manera, el trato y el desprecio se respiraba por doquier. En mi caso propio, descendientes de Joseph Ibn Akinin, a mi padre se le obligó a cambiar el apellido por Aquinin pues la k la w y la x no eran letras que el régimen aceptaba. Se puede decir que la primera gran emigración dio comienzos por esos años y que ellos vieron cómo se les especulaba y cobraba exorbitantes cifras como castigo a sus temores. La religiosidad y las costumbres tuvieron que bajar en cuanto a frecuencia y a los cantos y melodías. El pueblo judío lloraba a sus mártires y no era lógico y natural que siguiera expresan do en su rezos la alegría de vivir en un pueblo libre, que ahora se veía retrógrado, insensato e inmoral. Los hebreos que de algún modo habían apoyado al Frente Popular debieron salir para salvar sus vidas, dejando en muchas de las veces sus propiedades a nombre de los que con el poder en las manos le permitieron bajo ese chantaje abandonar con vida su patria. En el caso de Mafhoda, se puede notar que la sangre no era suficiente, ellos querían más, era un modo de expresar y transmitir miedo a toda una comunidad. Sabían de la fuerza que ejercen los lazos con las familias en América y ellos cortaban cualquier tipo de lazos y de comunicación con ellos. Como dije a Mafhoda, lo fusilaron, pero por fortuna no murió, lo llevaron a una clínica y cuando se creía que podría salvarse, un pelotón falangista bajo la mentira de que lo cuidarían y curarían en un hospital militar, lo secuestraron y lo remataron. Su culpa, ser judío, estudioso y de profesión abogado. En el caso de Don Abraham Sultan, se repite la misma escena. Lo toman junto con otro doce jóvenes y uno tras otro cae abatido a cada hora. Hasta que siendo el penúltimo, su padre logra hablar y comprar a alguien con poder, quien pide lo suelten pero lo hacen luego de envenenarlo con aceite usado de aviones. Don Abraham pasó muchos días y noches debatiéndose entre la vida y la muerte, sí, se salvó pero toda la vida sufrió de dolores y malestares que aún lo aquejan recuerdo que además de imborrable, ignominioso e injusto, jamás recibió por parte de alguna entidad gubernamental, excusa, disculpa o remuneración por el daño que le hicieron. La comunidad en manos de Don Abraham Serfaty, Elias Levy, Isaac Bendayan y de muchos otros, no se dedicó a comentar, todos ellos hicieron lo que debían hacer. Apoyar a su pueblo en su exilio, colaborar con gastos y trámites para la emigración de sus gentes. Hubo células de apoyo que se instalaron en Port Bou y que ayudaron a salvar a miles de judíos unos españoles y

otros que venían escapándose de la persecución nazi como podríamos mencionar a Walter Benjamin. James Janson, Jorge Planas y muchos otros. Espero que mi aporte le sirva de algo y quedo de usted a sus gratísimas órdenes desde acá el Mar Caribe, al que me recuerda a ese Mediterráneo que tanto amo. Samuel Akinin Levy