UNA PULGA EN EL CULO C.Arbiza Charrua 2458 t.27099099 Montevideo Email: conradoarbiza& hotmail.

com Sinopsis Dos amigos le quieren hacer un regalo muy especial en su cumpleaños a otro amigo, todos son jubilados. La hermana de uno de ellos no está de acuerdo con el regalo y el regalo, encima, también tiene algo para decir…

PRIMERA ESCENA Los personajes femeninos deberán ser interpretados por mujeres de más de 60 años y los personajes masculinos por hombres de más de 70 años. Es el apartamento de Alfredo, pequeño y con lo básico, propio de un hombre que vive solo, habrá cuadros pero estarán en el piso no colgados y en un rincón un par de cajas de cartón en una dice “cocina” en la otra “sábanas”. Al fondo del escenario se ve un pasillo hacia la derecha está la puerta principal, hacia la izquierda la cocina y el baño. Hay un sillón grande en el medio de la escena, dos sillones chicos a los costados y una mesita baja frente al sillón. Alfredo de 70 años, atorrante, fanfarrón, siempre un poco irresponsable, es el organizador del cumpleaños. Leonel, 71 años, hombre correcto y pacato como pocos, es el otro amigo, está sentado en el sillón. Leonel tiene un tic. El mismo consiste en fruncir lentamente los labios hasta que parece que va a dar un beso, hace eso dos veces, luego, inmediatamente abre desmesuradamente los ojos, y mientras los abre alarga su cuello alzando así un poco su cabeza y después mueve la cabeza, lento y ceremonioso, como descontracturando el cuello mueve la cabeza hacia la izquierda y hacia la derecha. En esta escena Alfredo tiene un repasador en la mano y entra y sale de la escena, siempre regresa secando un vaso y los va poniendo a los vasos en la mesita frente al sillón. Leonel – Yo no estaría tan contento con la idea (Entra Alfredo con un vaso secándolo con un repasador) Alfredo – Es el regalo de cumpleaños perfecto. Es más, todos, alguna vez en la vida, tendríamos que haber tenido un regalo así.

Leonel – No sé cómo es que metiste en esto. Alfredo – Muy simple, querido Leonel, porque te gustó la idea tanto como a mi. Leonel – (Ofuscado)Mis palabras exactas….( Se controla y lo dice más despacio) Mis palabras exactas fueron : “Lo voy a pensar”. (con voz alta clara y ceremoniosa) Lo voy a pensar. Y lo voy a pensar quiere decir nada más que lo voy a pensar. Alfredo – Y pasaron los días, y no me llamaste por teléfono para hablar del asunto. ¿Y uno que entiende de todo ese silencio? Pues que la respuesta es un “si” Y fui para adelante con la idea. Leonel – Lo voy a pensar, en ninguna parte del mundo, es un “si”. Alfredo- Lo voy a pensar es una respuesta que está mucho más cerca del “si” que del “no”, no me llamaste por teléfono, tomé lo que tenía de vos y me dio como resultado final un rotundo “si”. Leonel – Lo voy a pensar quiere decir lo voy a pensar, quiere decir tengo dudas dame tiempo, quiero pesar y pensar en todas las posibles alternativas para poder comprarle algo más apropiado. Eso quiere decir lo voy a pensar. Alfredo – Pero Leonel, Leonel, tantas vueltas, esto no se trataba de inventar un nuevo sistema de encendido de un motor, no se trataba de discutir un nueva idea filosófica, era solo regalarle un puta a un amigo en su cumpleaños. No había que pensarlo mucho, se trataba de tirar una moneda al aire y listo, ahí está la respuesta. Leonel - ¿Podrías dejar de llamar … al regalo de esa forma? Me rechina un poco esa palabra. Y qué necesidad de hablar mal. Alfredo – No hablo mal. Leonel – De decir malas palabras. Alfredo – Todas las palabras que uso están en el diccionario. No voy por el mundo inventando palabras nuevas. Todas las palabras que uso están en el diccionario. Leonel – Si como también existen las arvejas y también existen las frutillas, pero la gente no va por el mundo mezclándolas, come las arvejas con algo apropiado a las arvejas y las frutillas con algo apropiado a las frutillas. Si hablamos de arvejas hablemos de arvejas, no hay necesidad de mezclar todo con todo. Así que si hay buenas palabras pues usemos las buenas palabras con las buenas palabras y dejemos a las malas palabras para otra oportunidad.

Alfredo - No entendí nada de lo que dijiste pero como que me dio hambre. Así que algo positivo sacamos de esta conversación. (Leonel lo mira sin responderle, Alfredo espera alguna reacción de Leonel haciendo una pausa y mirándolo fijamente, al seguir sin responder Leonel, sigue hablando Alfredo) Alfredo – Es que justamente por el tema que estamos tratando me parecía más apropiado usar las malas palabras como vos las llamás. Leonel sigue mirándolo sin responder. Alfredo – Una palabrita por lo menos. Leonel sigue sin responderle. Alfredo se dispone a mirarlo fijamente, como si fuera un duelo de miradas, pero pronto se cansa de esa situación. Alfredo – Esto de hablar con los ojos no está funcionando. Así que si querés hablar de arvejas hablemos de arvejas. Leonel - ¿Y dónde conseguiste a la … señora esta? Alfredo – ¿A la señora que hace el servicio? Leonel – Si. Alfredo – ¿A la señora que hace mover los limpiaparabrisas? Pausa Alfredo - ¿A la señora que revisa el aceite? Pausa Alfredo - ¿A la señora que te pone en condiciones los pistones? Leonel – La que calienta los motores ¿te gusta más así? ¿Dónde conseguiste a la señora que calienta los motores? Alfredo – Es la que me hace el servicio a mi. Leonel - ¿Ah si? Alfredo – Desde hace unos tres años. Pero es cara. Apenas me da como para ir una vez al mes.

Leonel - Tres años. Pero entonces es como tu novia. Tres años conociéndola es mucho. Alfredo – Que novia ni novia. No te digo que le pago. Es un asunto estrictamente comercial. Leonel - ¿Y… la mercadería…tiene satisfacción garantizada? Alfredo – No te digo que voy a visitarla desde hace tres años. Si no tuviera buenos resultados ¿Para que iría? ¿Para charlar? Da buenos resultados…Si señor. Pausa Alfredo – Y vos ¿cómo andás con eso del sexo? Leonel – No, nada. Por suerte ya pasé esa etapa. Alfredo - ¿Cuál etapa? Leonel – La etapa del sexo. Toda esa cosa acerca del sexo. No me interesa el sexo. Nunca me interesó. Cuando era muchacho siempre en la clase había alguien que traía una revista pornográfica, y todos babeaban y comentaban mientras la veían a escondidas y yo les seguía la corriente pero nunca me interesó la cosa esa del sexo. Alfredo – Pero te casaste. Leonel – Casarse es otra cosa, casarse es otra cosa. Casarse es asumir responsabilidades, ser adulto, tener hijos, tener un trabajo… Alfredo – Tener sexo… Leonel – Dentro del matrimonio el sexo ocupa una mínima parte del tiempo…hay que comer…hay que llevar los chicos a la escuela…hay que ir al trabajo… Alfredo – Hay sexo… Leonel – Si, si para tener hijos y un poquito más. No llegaba más el momento de ser viejo y dejar ese tema atrás. No tener que ver nada más al sexo. Alfredo - ¿Así nomás? Leonel – Así nomás. Alfredo - ¿Nunca? Leonel – Nunca.

Alfredo - ¿Pero nunca, nunca? Leonel – Nunca, nunca. Alfredo - ¿Ni un poquito? Leonel – Nada de nada. Alfredo – O sea tenés un matrimonio sin placeres ni pasiones. Leonel – No, no, eso no. Hay placer, pos supuesto que si. Placeres hay y de sobra y también pasión. La comida. Alfredo – La comida. Leonel – La comida. Alfredo - ¿Comida erótica? Leonel – Y dale con el mismo tema. Dejá pensar en el sexo por un minuto. Mirá el mundo, hay toooodo un mundo allá afuera además del sexo. Yo hablo de la comida, la comida de comer, la comida de todos los días. A mi me encanta comer y a mi señora le encanta cocinar. Alfredo – Se podría decir que cambiaron el sexo por comida. Leonel – Y una cosa sana. Comida sin sal, mucha verdura y poca carne. Una vida saludable Alfredo – Por ahora suena a una saludable porquería. Porque, a ver, saludable para qué ¿cuántos años más tenés planeado vivir? Hasta los cien? Hasta los ciento veinte? Leonel – Yo quiero vivir. Todos queremos vivir y cuanto más mejor. Alfredo – Eso no me consta, que a más años mejor vida. Todo se te cae, o se te arruga, los huesos se te trancan, te duelen cosas que ni siquiera sabías que tenías. Yo estaba seguro que iba a reventar a los sesenta años. Y fui el primer sorprendido de llegar a los 60 y de pasarlo y me dije: “¡Epa!, ¿qué estoy haciendo aquí y no enterrado? “ porque no era algo que tuviese planeado el vivir más allá de los 60 años. No me lo esperaba. Así que todos los días que me vienen después de cumplir los 60 años son como un regalo, y como a caballo regalado no se le miran los tienen, yo no pregunto la razón, aunque en mi caso los dientes que tengo son postizos, no sé si se cumplen los refranes si son dientes postizos. Bueno.. en fin, y por eso sigo y no me cuido, y ando caminando por la cuerda floja y sigo adelante.

Leonel – Hasta que un día las arterias se te tapan de grasa y te quedas idiota. Alfredo – Y así que tu señora de aquello nada…ni un gustito Leonel – Claro que no, si yo no, ella tampoco. Alfredo – Ella nada. Leonel – A ella le encanta cocinar. Alfredo – Bueno podría buscarse afuera lo que no encuentra adentro de su casa. Leonel – Ella no tiene nada que buscar afuera. Solo la ropa colgada para que no se la moje con la lluvia. Alfredo – Mirá vos, así que ninguno de los dos. Leonel – Ninguno de los dos. Alfredo – Así que lo tuyo es… Leonel – Lo mío es comer, las palabras cruzadas y dormir. Alfredo – Increíble. Me dejás, usando una palabra que solo existe en las palabras cruzadas, me dejás atónito. Leonel - ¿Y el secreto de tu vida cuál es? ¿Reventar un día cualquiera? Alfredo – Y si, más o menos eso es lo que tengo planeado…Eso es lo que tengo planeado… Bueno, ahora que lo pienso, lo único que se me da que tengo planeado,así como planeado, pero planeado es ir una vez al mes a visitar a esta …mujer para que me haga el servicio. Leonel -.¿Una vez al mes? Alfredo – Una vez al mes. Leonel - ¿Y por qué una vez al mes? Alfredo – Porque es cara, es excelente pero cara y porque el físico no me da para más de una vez al mes y porque si fuera más seguido acabaría en un infarto y pago no para quedar en medio de un infarto sino para divertirme ni sería saludable. Leonel – Saludable es comer sin sal lo que vos hacés se llama otra cosa diferente. Alfredo – Y volvemos a las comidas.

Alfredo se va de la habitación, sin ser visto por Leonel se detiene quiere darse vuelta y volver a sentarse pero se frena y se va para entrar inmediatamente y sentarse muy decidido en el sillón. Alfredo - ¿vos sabés que hay otras formas de obtener el placer sexual? Leonel – No quiero saber nada de eso. Alfredo – La mujer, por ejemplo, tiene un órgano llamado clítoris. Leonel – No quiero saber nada de eso . Alfredo – Que es el centro de placer de la mujer: Leonel se tapa los oídos con las manos y se pone a cantar en tono de tango. Leonel – “…Y es la penumbra del tango… que me da su abrazo amigo… Alfredo – Es solo información. Leonel hace ahora la voz impostada del locutor de radio Clarín Leonel – Aquí radio Clariiin…Y recuerde… en las horas pares canta “el mago” Carlos Gardel… Alfredo – Te estoy dando información. (Leonel sigue cantando otros versos de tango) Leonel – “…Y en el patio crece el malvooooón…que es lo único que quedó de aquella ilusioooooón…” Alfredo – Está bien no sigo. Leonel – ( Con la voz impostada del locutor)Y ahora para todos los escuchas el compás contagioso…” Alfredo – Basta. No sigo yo, no sigas vos. (Los dos recomponen sus posiciones originales, se acomodan la ropa, Leonel hace su tic, y endereza la raya de su pantalón cuidadosamente para que queden ambas rayas parejas y que totalmente relajado) Leonel – Yo le traje otro regalo a José. Alfredo - ¿Y qué le trajiste?

Leonel – Una petaca de whisky. (La saca del bolsillo interior de su saco.) Alfredo - ¿Una petaca? Leonel - Una petaca de whisky. (La vuelve a guardar en su saco) Alfredo - ¿No una botella? Leonel – No. Es una petaca. ¿Qué te pasa con la petaca? Alfredo – Que una petaca es cosa de viejas. Una petaca es lo que compra una mujer para disimular que ella no toma whisky, que solo es para ocasiones especiales y con moderación. Una copita nada más. Una petaca es cosa de viejas. Los hombres compran botellas. Leonel – Era más barato que una botella, es de calidad, así que petaca será. Alfredo – Una petaca. Pausa Alfredo – Y yo también le compré aquello. Leonel – ¿Qué aquello? Alfredo – Para la herramienta. No ibas a dejarlo solito con la señora del servicio a José y le compré las pastillitas. Leonel – El viagra. Alfredo – El viagra. ¿Las conocés? (Saca del bolsillo del pantalón una cajita.) Leonel – No. No tengo el gusto de conocerlas. Alfredo – Te las presento. Leonel abre la caja y saca un blister. Leonel – Pero ¿qué es esto? Te vendieron una caja usada. Le falta una pastilla a este paquete.

Alfredo – Por supuesto. Lo probé. No le iba a comprar cualquier cosa a José. Tenía que comprobar la calidad del producto. Estuve obligado a probarlo. Leonel - ¿y pasó la prueba? Alfredo – Aquello era el mástil de un barco. Solo le faltaba la bandera ondeando en lo más alto. Leonel – Mirá vos, hasta dónde llegó la ciencia. Pero no le vas a regalar un paquete usado. Alfredo – Por supuesto que si. Encima que arriesgué mi vida poniendo ese producto dentro de mi cuerpo. Leonel – Sos un desprolijo. Alfredo – Con la mujer que le estoy regalando de cumpleaños ni cuenta se va a dar. Leonel – Me voy a lavar las manos. Siento pegajosos los dedos como llenos de las bacterias de la calle entre los dedos. ¿El baño? Alfredo – Al fondo a la derecha. El baño siempre está al fondo a la derecha. Pero dobla a la izquierda en este caso porque sino terminás en mi dormitorio. Y no me dejes muchas bacterias tiradas en el piso que capaz que me resbalo con una. Se va Leonel Alfredo mira el sillón, viejo y sucio, va dentro y sale con varios manteles, despliega uno pero cubre todo el sillón despliega otro mantel y tapa la otra mitad del sillón queda un espacio en el medio entre mantel y mantel y Alfredo va abriendo unas servilletas de tela y poniendo dos en el asiento y dos en el respaldo. Mira su obra y sentencia mirando al público : Alfredo – Les digo a los invitados que es un sillón de diseño italiano. Entra Leonel Leonel - ¿Tenés plantas adentro de la bañera? Alfredo – Por el sol. Por la ventanita del baño pasa por más tiempo el sol y entonces las pongo ahí. Las pongo y las saco para bañarme. Leonel – Mirá vos que cosita. Alfredo - ¿Qué?

Leonel – Nada, nada. Alfredo - ¿Qué pasa? Leonel – No nada, pensaba. Pensaba si cuidar plantas no es cosa de viejas, como decís vos. Si no es una cosa así como de mujeres. Alfredo – Y lo es absolutamente. Pero esas plantas son de mi sobrino. Son unas plantas de mariguana que me pidió que le cuidara porque donde vive no tiene espacio ni le da el sol. Leonel - ¿Mariguana? Alfredo – Si, plantas de mariguana. Leonel – Pero mariguana… de mariguana… de mariguana. Alfredo – Plantitas de mariguana. Leonel – (Enojado porque no lo entiende) De la droga, te hablo de la droga mariguana. Esas son plantas de mariguana. Alfredo - ¿Acaso hay otra mariguana? Leonel – (Más enojado) ¿Y yo qué se si hay otra? ¿Me ves cara de drogadicto a mí? ¿Me ves cara de narcotraficante a mi? ¿Me ves cara de experto en drogas a mi? Lo que te estoy diciendo, y preguntando, y tratando de salir de mi asombro, es ¿qué diablos hacés con una planta que es una droga, que es un vicio, que es ilegal en tu bañera, en tu casa, en tu bañera, y yo aquí metido como un cómplice de toda esta operación que tenés. Mirá si viene la policia. ¡Mirá si en este mismo instante entra por esa puerta la policía! ¡¿Estás loco?! Alfredo – (Le contesta con el mismo grado de enojo que tiene Leonel) Es una plantita de mariguana que cuido para mi sobrino, no tengo una bomba atómica en la bañera para destruir el mundo. Leonel – Pero es un delito, pedazo de un irresponsable, es una droga. Es un delito, es… (hace ademanes como buscando la palabras exacta) es… es algo dañino para la salud. Alfredo – Casi todo lo que existe en este mundo es dañino para la salud, si se consume en exceso, por ejemplo la arena, comés arena y te morís ahogado. Leonel – Estoy hablando en serio.

Alfredo – Y yo también. La sal hace daño a la salud consumida en exceso, te revienta la presión y quedas muerto o bobo. Hasta el azúcar hace daño, te llena de caries. Todo, consumido en exceso, es vicio. Leonel – Pero eso que tenés en la bañera es diferente, tan diferente que ni es necesario explicar que es diferente. Alfredo – Nos hacen dos listas, la lista de las cosas buenas y la lista de las cosas malas y todos debemos obedecerlas. Leonel - ¿Acaso sos un niño? ¿Acaso sos un adolescente que se pasa diciendo tonterías en contra de todo y de todos en este mundo? Alfredo – Soy algo mejor. Soy un viejo. Alguien a quien ya no le importa hacer tonterías. Cuando uno hacía tonterías de adolescente, capaz que lo traumaba para toda la vida lo que hizo. Ahora de viejo hacés una tontería y no te hace ni un rayón en el cascarón. Además no exageremos. No es para tanto. Es mariguana. Mi sobrino me lo explicó. La mariguana no hace tanto daño, es más, la mariguana hasta es un alimento. Sale un instante y vuelve con un montón de papeles. Alfredo – Acá tengo lo que me ha ido dando mi sobrino. Mi sobrino. Gustavo, mi sobrino, pintaba para ser el vago y el burro de la familia y de pronto me sorprende con todo lo que sabe este muchacho. Y cómo se preocupa por las plantas. Viene una vez a la semana a ver cómo están. Ha estudiado el muchacho. Como ha estudiado Gustavito. Leonel – De drogas. Alfredo – De las plantitas, de la tierra, de cómo sembrar, como cosechar. Hasta revisa la planta por si tiene pulgones, plagas. Una maravilla este muchacho que parecía que iba para ninguna parte. Leonel – Y ahora se abre un camino hacia la cárcel Alfredo - Se preocupa por la fotosíntesis, del color de las hojas, conoce cualquier enfermedad que puede tener la planta solo con verle el color de las hojas. Maneja toda la información como si viera nacer a las zanahorias de debajo de la tierra. Leonel – Lo que tenés no son zanahorias, Alfredo. No estás cultivando zanahorias Alfredo. (Mientras hablando Alfredo revisa los papeles que trajo) Alfredo – Zanahorias, mariguana, todo necesita tierra, sol, agua, cuidado para que crezca bien. Hablamos de una cosa natural.

Leonel – Ilegal Alfredo. Alfredo – Y natural, totalmente natural. Mirá acá están los valores alimenticios de la mariguana. 35% de hidratos de carbono, 35% de aceites grasos y 25% de proteína…y además…y además tiene vitamina A y vitamina E. Leonel – Y la vitamina I de ilegal. Alfredo - Y hasta repostería se hace con mariguana. Mi sobrino me trajo algunas recetas de cocina por si tenía ganas de hacer una. Mirá esta: bizcochitos de mariguana, como para que los haga tu esposa ya que tanto le gusta cocinar y a vos comer. Leonel – Ahí está, mi señora los cocina y me los lleva a la cárcel que es donde voy a terminar si te sigo oyendo Alfredo. Es ilegal Alfredo, hablamos de algo que es ilegal. Alfredo – Y es comida también. Comida. A vos que te preocupa y te importa tanto la comida deberías por lo menos tenerlo en cuenta. Dejame decirte la receta de los bizcochitos de mariguana. Dejame decirte los ingredientes que lleva: 100 gramos de mariguana… Leonel – Para empezar con solo ese ingrediente terminamos presos, los bizcochitos vos y yo, Alfredo… Alfredo – Sigo…Sigo …una taza de azúcar Leonel – Bien… Alfredo – Una taza de leche… Leonel – Está bien… Alfredo – Una taza de harina. Pausa.Alfredo mira a Leonel al ver que Leonel no dice nada) Alfredo - ¿Algún comentario respecto a la taza de harina. Leonel – Está bien . Alfredo – Sigo, tres huevos… Leonel - ¿Tres huevos? Alfredo – Tres huevos.

Leonel – Tres huevos son peligrosos…El colesterol…los triglicéridos… mucho huevo en tu alimentación es un campo fértil para las enfermedades cardiovasculares…Y los triglicéridos… Los triglicéridos son peor que un accidente de tránsito porque te atropellan sin avisarte y te llevan para el otro lado. Alfredo – Voy a tener cuidado con los triglicéridos. Leonel – Más te vale. Alfredo – Sigo con la receta. Lleva levadura y una pizca de canela. Leonel – Bien Alfredo – A la mariguana hay que remojarla en agua no muy caliente, para sacarle el gusto fuerte de la clorofila… ¿Ves?… estos detalles son los que me sorprenden de mi sobrino,el muchacho está en todo…Como estudió el asunto este…está en todos los detalles…Sigo, se cuela la mariguana se mezclan todos los ingredientes a la masa resultante se le pone con una cucharita en una asadera enmantecada y se pone en el horno a temperatura media unos quince minutos. Fin. Leonel – Mirá vos. Breve pausa Leonel – Está bien pero tres huevos me parece como mucho. Breve pausa Leonel – Mirá vos con la mariguana. Yo no sabía estas cosas de la mariguana. Alfredo – Hasta Shakespeare fumó mariguana. Leonel - ¿Shakespeare? Alfredo – Shakespeare. Leonel – Bueno, la gente del teatro usted sabe que es rara. Alfredo – Es verdad. Breve pausa Alfredo – Algo que se come con harina y leche no debe ser una cosa tan tremenda y horrible como la presentan.

Leonel – Tremendos y horribles son los terremotos. Alfredo – Ahí está. Eso es. Y no un poco de humo. Breve pausa Alfredo - ¿Y si nos fumamos un cigarrito de mariguana? Leonel – Pero tengo un problema, yo no fumo. Alfredo – Pero esto no es como fumar. Ah, ya sé, ya sé. Yo lo fumo y te tiro el humo a la cara y ahí hacé lo que quieras. Leonel - ¿Eso no es fumar? Alfredo – De ninguna manera. Leonel – Vos vas por la calle y ahí en el aire está todo el humo de los autos. Alfredo – Si señor. Leonel - Y vos respirás todo ese humo que sale de los caños de escape de los autos. Alfredo – Tenés toda la razón. Leonel - Y eso si ese tóxico. Alfredo – Veneno puro. Leonel – Y lo estás respirando. Alfredo – Y eso es más dañino. Leonel – Eso es más dañino. Alfredo - ¿Vamos? Leonel – Vamos. Se levantan y en ese momento suena el timbre de la puerta. Leonel - (Grita desesperado) Yo soy una víctima de la circunstancias. (Leonel levanta los brazos y camina agachado como esquivando balas y así tambaleante llega al centro del escenario)

Leonel – Yo estoy acá de visita. Soy una visita. Soy una visita. Alfredo – (Grita) Es mi hermana. Tranquilizate que es mi hermana. Leonel al instante vuelve a su compostura habitual, se sienta en el sillón en el mismo lugar,hace su tic), se arregla las rayas del pantalón y queda relajado y esperando )

SEGUNDA ESCENA Entra la hermana Alfredo - ¿Y a qué se debe el honor de esta visita? Clara - Vine a impedir el disparate ese que querés hacerle al pobre de José. Alfredo – Yo voy a festejarle su cumpleaños Y vamos a hacerle un regalo. Nada más que eso. Clara - ¿Y eso que me dijiste que le compraste una atorranta para que se acostara con él? Alfredo – Estoy seguro, pero muy seguro que no lo dije en esos términos tan vulgares. (a Leonel) Teniendo nuestro idioma palabras que definen de una manera más educada y amable las cosas más horribles de este mundo ¿Verdad Leonel? Leonel – Es verdad. Clara - ¿Y usted, señor Alcántara, está metido en esto? La verdad es que lo tenía con otra cabeza. Alfredo – Y tiene otra cabeza. Su cabeza está más para el lado de las cabezas de ajo. Leonel cocina otras ideas. (Clara se sienta en el sillón al lado de Leonel, ese será su lugar, y al poner el paquete en su falda se da cuenta que lo trae.) Clara – ¡Ah! Le traje una torta al pobre de José… (Sale Clara y vuelve a entrar enseguida y sentarse en el sillón al lado de Leonel.)

Clara – Para que vea que hay alguien que piensa de una manera normal acá y que todo no son tus locuras. (Clara vuelve a sentarse, más bien se tira en el sillón y pega un gran suspiro.) Clara – Pensé que no llegaba a tiempo. Ya no estoy para estas corridas. Alfredo - ¿Qué querés hermanita, vino o whisky? (Clara mira toda la habitación.) Clara - ¿Y el resto las cosas? Alfredo - ¿Qué cosas? Clara – Las cosas del cumpleaños. Lo que hay para comer. Alfredo – Tengo vino…tengo whisky….y tengo una torta ¿Qué más se necesita para festejar un cumpleaños? Clara - ¿Vos compraste una torta? Alfredo – Yo no compré nada, acabás vos de traer una torta. Clara – O sea que tenías organizado un cumpleaños con una botella de vino y una botella de whisky. Alfredo – Y una torta. Parece que nos olvidamos de la torta. Estás perdiendo la memoria hermana. Cuidado con eso. Clara – Mi torta que acabo de traer. Alfredo – Tu torta, si, tu torta pero el hecho es que tenemos una torta. Clara - Pero no se puede creer. Alfredo - ¿vino o whisky? Clara – Dame un poquito de whisky para recuperar el aliento y que se me normalice la presión? Alfredo – Leonel ¿Vino o whisky? Leonel – Yo no tengo costumbre de tomar. No es mi fuerte. Alfredo –Algo fuerte, whisky entonces.

Leonel – Bueno… Sale Alfredo Entra triunfador Alfredo Alfredo – ¡¡Ajá!!, ¿Que no tengo cosas? Tengo un tomate. Clara – No voy a contestarte. Alfredo – ¿Un tomate no alcanza? Clara – Lo único que se me ocurre hacer con ese tomate es tirártelo por la cabeza. Alfredo - ¿Se puede hacer una pizza con un tomate? Clara - ¿Tenés, por casualidad, harina para hacer la masa? Alfredo – No, no tengo harina. Clara - ¿Por qué será que no me llama la atención que no tengas harina? Alfredo Sale y vuelve a entrar enseguida. Alfredo - Tengo una sopa en sobre. Leonel – A mi me gusta la sopa. Clara – Aquí no se va a hacer ninguna sopa. Alfredo – Pero a Leonel le gustaría una sopa. ¿Verdad Leonel? Leonel – Vendría bien a esta hora una sopa. Clara – No se va a hacer ninguna sopa en este cumpleaños. Alfredo – No pensé que iban a venir personas tan sofisticadas al cumpleaños. Alfredo Sale Leonel – A mi me gustaría una sopa. Breve pausa Alfredo sale con tres vasos con whisky. Alfredo – Bien. Llegó la bebida.

Clara – Sin hielo. Alfredo – Sin hielo. A la inglesa. A la americana es con hielo y a la inglesa es sin hielo. Clara – ¿Y eso es porque no tenés hielo en la heladera? Alfredo – Exactamente. Whisky a la inglesa. Salud. Clara y Alfredo lo beben. Leonel solo lo huele con atención. Clara – (Con asco) ¿Qué cosa es esto? Quería normalizar mi presión, no prenderme fuego. ¿Esto es whisky? Alfredo – Es whisky. Whisky legítimo traído de contrabando desde el Paraguay con todo cariño. Hecho por las mejores destilerías escocesas que existen en el Paraguay. Clara – Esto no es whisky. Leonel – Yo le sentía un aroma muy pintoresco. Clara - ¿Muy pintoresco? Leonel – Si, tiene un perfume que parece una mezcla de muñeco de peluche con aspirina. Alfredo - ¿Ves lo que pasó se le debe haber mezclado el gusto por las otras cosas que venían de contrabando. Clara – Esto tiene un gusto entre cosa horrible y porquería. Alfredo – Pues hasta el día de hoy, en que ustedes llegaron con sus cosas de personas sofisticadas, yo bebía esto como si fuera whisky y lo voy a seguir bebiendo como si fuera whisky. Clara –(A Leonel) Este hombre es un horror y no crea que es solo ahora de viejo así, no señor, siempre fue un horror Toda la vida fue un horror. ¿Sabe quién le hacía los deberes cuando era chico? Yo. Leonel – Me lo imaginé. Clara - ¿Y por qué se lo imaginó? Leonel – Enseguida me imaginé que su respuesta iba a ser “yo”. No hay que ser un Sherlock Holmes si alguien le pregunta a uno “¿sabe qué…tal cosa?” la

respuesta inmediata y lógica es que el protagonista de esa respuesta iba a ser de quién hacía la pregunta, digo en general, por lo general. Me imaginé que debió ser alguien cercano, de su entorno, de su familia y quién más cercano que la propia hermana, excepto la madre por supuesto, claro que si la pregunta hubiera sido hecha por la madre de ustedes, entonces por deducción la respuesta es que es la madre quien le hacía los deberes, claro que aquí no es el caso porque era usted misma, s propia hermana quien le hacía los deberes y entonces llegué a la conclusión, desglosado los elementos que la respuesta no podía ser otra más que “yo”, es decir usted misma y por eso dije que lo imaginé. Clara – Es decir que entre mi pregunta y mi respuesta usted pensó todo eso. Qué velocidad para pensar que tiene señor Alcántara. Hay que ver la cantidad de ideas que se le ocurren en una fracción de segundos. Leonel – Eso es a causa de las palabras cruzadas. Las palabras cruzadas aumenta la velocidad de razonamiento, eleva el nivel de lógica y por eso la actividad de mi cerebro llega al punto de pensar sin pensar. Son una maravilla las palabras cruzadas. Clara - ¿Ves Alfredo? ¿Por qué no te dedicás a las palabras cruzadas? Así en vez de estar todo el día sin pensar, con las palabras cruzadas podrías llegar a pensar sin necesidad de pensar lo que sería algo distinto en tu vida. Digo pensar porque no pensar es lo que hacés habitualmente. (Cuando Alfredo le va a contestar Clara da vuelta la cara y habla con Leonel.) Clara – De casa salía más veces por la ventana que por la puerta. Mamá estaba todo el tiempo poniéndolo en penitencia, lo mandaba al cuarto y que no saliera el resto del día, y como entraba por la puerta él salía por la ventana del cuarto, los dormitorios estaban en la planta alta y él se bajaba agarrado del cable de la antena del televisor. Un día el cable se dio por vencido y acabaron desparramados en el suelo, el cable, la antena y Alfredo. Pierna rota y un mes de yeso. Desastre lo llamaba mamá y desastre era. Alfredo – Si bien es interesante y hasta estimulante oír hablar de uno, agradecería mucho si cambiáramos de tema, porque tomar inocentes y lejanas travesuras infantiles bajo el ojo perverso y decrépito de nuestras mentes actuales me parece primero injusto y segundo aburrido porque ya conozco todas esas historias. Breve pausa, Clara y Leonel se quedan mirando a Alfredo y muy decididos vuelven a mirarse entre ellos y continúan la conversación, totalmente indiferentes a lo que dijo Alfredo. Leonel – Y le puedo asegurar que cuando creció no cambió nada. Alfredo – Yo voy por más whisky, ustedes sigan con su diversión.

Sale Alfredo Leonel – Y sus malos hábitos continuaron de grande, se lo puedo asegurar . Vivía escapándose de nuestra sección del banco. Pasaban las horas y las horas y no volvía, y de pronto uno levantaba la vista y lo veíamos a Alfredo caminando por el pasillo con un cafecito en la mano y charlando despreocupadamente con los gerentes. Siempre se hacía amigote de los gerentes. Entra Alfredo Alfredo – Era un hombre cordial, simpático y que le daba conversación a aquellos que quizás se sentían incómodos a verse en otro nivel, superior, y muchas veces no podían establecer una comunicación con sus empleados. Ahí estaba yo haciendo de puente entre los gerentes y los empleados. Leonel – Nunca estaba en su escritorio. Alfredo - Un hombre no puede vivir encadenado siempre a su escritorio. Hay que salir a estirar las piernas, a respirar un poco. Leonel – De llegar, eso si, llegaba siempre en hora. Eso sí. Alfredo – Ahí está. Un hombre cumplidor. Leonel – Pero era solo para marcar la tarjeta, él marcaba la tarjeta y volvía a salir, o se iba a cualquier parte del banco excepto a nuestra sección. “Ahí vuelve el turista” le decíamos cuando, por casualidad, volvía a sentarse en su escritorio, que por lo general era solo para hacer llamadas telefónicas… personales. Alfredo – Estaba con el rebaño pero retozaba por los campos fértiles del mundo exterior, a través del teléfono. Leonel – Y eso era un día…y otro… y otro… Alfredo – Lo que pasa es que yo siempre le tuve mucho respeto al trabajo. Leonel – Para mi que de oler este whisky me afectó el cerebro ¿Dijo que respetaba el trabajo? Clara – Eso mismo dijo. Un brindis señor Alcántara. Eso merece un brindis. (Chocan los vasos) Por la frase más absurda que le escuché decir a mi hermano alguna vez. (Clara bebe y pone cara de asco, Leonel solo lo huele.) Clara - ¡¿Vos?! ¿Vos respeto por el trabajo?

Alfredo – Siempre respeté mucho al trabajo por eso siempre elegí que el trabajo estuviera en otras manos y no en las mías, porque en las mías el trabajo no iba a ser debidamente apreciado. Clara – (A Leonel) Y en el fondo de mi corazón yo le tengo cariño y no solo porque es mi hermano sino porque es como ver crecer un experimento. Lo he visto progresar. Lo he visto progresar de aquel desastre que era de chiquilín a este desastre que ahora es de viejo y una termina sintiendo una enorme curiosidad acerca de cómo terminará esta cosa. Alfredo – Gracias por los conceptos vertidos. Clara – Vos te los mereces cada uno de ellos. Leonel - ¿Y es un progreso de salir siendo un desastre a llegar siendo un desastre? Clara – Por qué una se pregunta cómo lo hace ¿Cómo? Siendo en vago que es se acuerda cada día de cómo se hace para respirar, porque hasta para respirar él le pide a otro que haga el esfuerzo. Como llegó hasta aquí es un milagro de la naturaleza. Alfredo – Hermanita, resumiendo tu visita, viniste a arruinarle el cumpleaños a José. Clara – Por supuesto que no. Nada de eso. Solo que no me gusta nada pero nada tu idea de la atorranta esa. Alfredo – Que es la parte principal del cumpleaños de José, el regalo, le venís a arruinar el regalo. Clara – (Con energía) No se trata de eso…(Se desinfla, cambia su actitud, habla más lento y sentimental) No se trata de eso… Pasa que estuve pensando en José, vos me hiciste que pensara en él con esta cosa del regalo tuyo. Mientras José andaba por ahí suelto, no sé, como que todo estaba bien, todo estaba en orden y ahora con esto de esto de querés hacerle de molestarlo. Alejandro – Yo quiero darle una alegría al hombre. Clara – Ahí está el punto, que yo también quiero darle una alegría a José. Breve pausa Alejandro – Se te volvió a despertar el bichito por José. (A Leonel) En la lejana prehistoria José y mi hermana estuvieron saliendo. Leonel – Ah si.

Clara – Hace años de años. Después yo me casé por mi lado, él se casó por el suyo y la vida siguió. Alejandro – Y llegamos al día hoy donde vos estás viuda, y José está divorciado.Y la vida siguió pasando. Y recién ahora te vino el antojo otra vez por José. Clara – Por tu culpa, por esa atorranta que querés presentarle… Alejandro - ¿Qué te pasó? ¿Te cansaste de juntar gatos en tu casa? Clara – Estoy sola, José está solo que me dije y por qué no probar. Alejandro – Mirá una cosa, y tené cuidado con eso, a mí me parece que José tiene los pies fríos, así que no te lo recomendaría como compañía en la cama. Sería mejor que te siguieras calentándote con los gatos. Clara – Dejame con los gatos. Tengo problemas con los gatos. Alfredo - ¿Tenés muchos? Clara – Más bien lo contrario, tengo pocos y cada vez tengo menos. Alfredo - ¿Se te van y no vuelven? Clara – Hay unos vecinos que se los comen. Alfredo – Los perros de los vecinos. Clara – Los vecinos de dos patas y que cuando te ven por la calle te dicen “Buenos días”, y también me gustaría decirles “y buen provecho”. Alfredo - ¿Personas se comen tus gatos? Clara – Se comen mis gatos. Leonel - ¿No? ¡Qué asco! Clara – Así como lo oye. Leonel - ¿El gato se come? Alfredo – Y es casi seguro que allá en Asia se deben comer a los gatos. Comen perros, comen ratones, comen cucarachas fritas. Así que no me extrañaría nada que se comieran también gatos. Leonel – Mirá vos, los gatos se comen.

Alfredo – Apuntalo para tu menú Leonel. ¿Y cómo sabés que se los comen? Porque casi seguro te los maten nada más. Clara – Fácil, porque la última vez que se me escapó un gato, porque los tenía encerrados y contados. La vez que se me escapó los empecé a vigilar a mis vecinitos, a ver cuando sacaban la bolsa de la basura y cuando ellos la sacaban yo me la traía a casa a revisarla. Alfredo – ¿Esta es una clásica de detectives o es una típica de la vieja psicópata del barrio, sola y loca, que se le da por juntar basura adentro de la casa. Leonel – Espero que sea una de detectives. Clara – Es una de detectives. Leonel – Me da una tranquilidad saber que usted está bien. Y no es la vieja chiflada del barrio. Clara – Gracias. Y un día los encontré. Huesos. Huesos de gato adentro de una de las bolsas. Terminó al horno y con papas. Leonel – Por lo menos murió acompañado. Digo… porque como murió junto a las papas. Clara – Huesitos fue lo único que quedó del pobre gato. Breve pausa Alfredo - ¿Y con los huesitos del pobre de José ¿Qué querés hacer? ¿Ofrecerle tu soledad y tu pellejo arrugado? Clara – Y compañía, y afecto, y a alguien con quien charlar mientras toma el café a la mañana. Estamos estropeados, viejos, descolados, destartalados pero yo todavía sigo viva, no me doy por vencida, no estoy ni terminada, ni enterrada, y puedo dar cariño todavía y tengo ganas de recibir un poco de cariño todavía. Y antes de que una atorranta le plante alguna enfermedad o lo deje sin un peso al pobre de José prefiero ver qué pasa conmigo. Alfredo – En vez de tirarlo a los leones preferís que lo tire a los gatitos. Leonel –(Se ríe de la ocurrencia) Está bueno… gatitos… por usted… (ella lo mira muy seria. Leonel queda cortado pero aún sonría) No va a decir que.. leona por un lado…gatita por el otro… (Leonel hace el tic y se arregla las rayas del pantalón)

Clara – Vaya uno a saber con quién anduvo esa atorranta que querés presentarle. Leonel – Yo sé de uno con quien estuvo. Clara –(Ofuscada) Usted señor Alcántara. Usted. Pero no lo puedo creer. Usted señor Alcántara estuvo con esa. Leonel – Si me permite… Clara – Un hombre que parece tan correcto, tan formal… Leonel – Si me deja… Clara – Tan ubicada y al final tiene la croqueta podrida como cualquier hijo de vecino. Leonel – Yo quisiera… (Furioso) Yo quisiera decirle que no estaba hablando de mi, pero cómo se lo puede decir si sale con esa erupción volcánica. Así no se puede hablar. Así no se llega a nada. Gritando y acusando a las personas. No estaba yo hablando de mi. ¿Lo entiende? ¿Está claro? ¡¿Pero cómo puede pensar que yo?! ¡¡¡Que yo!!! Esa mujer anda con Alfredo. (Leonel se recompone vuelve a su tranquilidad habitual hace su tic y se arregla la raya de los pantalones.) Clara – (Mira sorprendida a Alfredo y dice más calmada) ¡Con vos! (Mueve ahora todo su cuerpo para mirar a Leonel) ¿Y usted por qué se quedó ahí sentado sin decirme nada y no me lo dijo antes? Leonel – (Enojado) ¿Y qué quiere? ¿Qué ande a los gritos (Se queda sin voz) Perdí la voz. Ahí está Me quedé afónico. Me quedé afónico. No puedo irritarme porque se me inflaman las cuerdas vocales y no puedo hablar. Mire lo que ganó. (Leonel hace su tic y se arregla las rayas del pantalón pero enojado y lo hace todo apurado y queda como hablando para si mismo y gesticulando.) Alfredo – Así que viniste a pelear por tu hombre. Es algo básico. Mirá que instintiva que estás. Que animal. Clara - ¿Y qué hacemos? (Suena el timbre) Alfredo – Ese debe ser José. (Alfredo se levanta y va hacia la puerta.)

Alfredo Sale, aparentemente ve por la mirilla de la puerta y vuelve a aparecer medio cuerpo.) Alfredo – No es José. Es la señora en cuestión. (Sale Alfredo a abrir la puerta.) Leonel – (Con voz afónica, tratando de decirlo con voz fuerte y sorprendida) La atorranta. (Mueve su cuerpo hacia donde está sentada Clara y la toma del brazo) La atorranta.

TERCERA ESCENA Entra Alfredo muy ceremonial Alfredo – Adelante señora. (entra una señora vestida muy elegante.) Eva – Muy amable señor. Leonel – No se parece en nada a una atorranta. Alfredo – Siempre es un renovado placer el verla. Eva – Eso se lo debe de decir a todas. Alfredo – Es cierto pero solo a usted se lo digo de verdad. Clara – Y a mi me parece que yo tendría que haber sido un poco atorranta en mi vida. Parece que me perdí de algo. Alfredo – Y bien, aquí está, este es mi palacio. Eva – Honestamente, parece más una trampa de ratones. Al menos huele como una. Alfredo – Un lugar modesto pero que tiene todo lo que necesito. Permitame presentarle a los invitados. (Clara y Leonel se ponen de pie) Ella es mi hermana Clara, él es un amigo,Leonel, un invitado no el del cumpleaños que todavía no llego ¡Ah, me faltaba! Y ella es la señora de Capdevielle, Evangelina Pollak de Capdevielle.

Clara - ¿Qué tal? Leonel – (Con su voz normal) Un… un milagro… Eva - Creo que exagera. Leonel – No, no usted, un milagro que me volvió la voz, por lo general cuando la pierdo ando afónico durante dos o tres días y ahora de milagro…volvió. Eva - Me alegro haber sido parte de ese milagro entonces, aunque sea como testigo. Alfredo – Por favor tome asiento. Alfredo le indica el sillón a la derecha. Alfredo – Por favor todos tomen asiento. Toman toman asiento, breve pausa embarazosa. Alfredo – Algo de beber, ¿Qué prefiere señora vino o whisky? Eva – Un poco de whisky. Sale Alfredo Leonel – (Carraspea y tose) Estoy contento que recuperé la voz. Clara – Ya lo dijo. Pausa Leonel – Es que siempre demora dos o tres días en desinflamarse mis cuerdas vocales. Pausa Clara – Ya lo dijo también. Pausa Leonel – Es que estoy… Clara - Contento. Leonel – Adivinó.

Entra Alfredo Alfredo – Aquí viene el whisky para la señora. Eva agarra el vaso Eva – Gracias. Alfredo se sobresalta. Alfredo - ¡¡El whisky!! Alfredo le saca el vaso de las manos a Eva y se bebe el contenido de un trago. Alfredo – Así está mejor. Eva – Pero Alfredo veo que tiene un pequeño problema con la bebida. Alfredo – Lo hice por su bien, porque si maneja no beba dicen las ordenanzas de tránsito. Eva – Pero yo tomo taxi. Alfredo – (Alfredo deja el vaso en la mesita)Eso es peor. Ahí es donde tiene que tener más cuidado y estar más atenta y alerta. Con los cinco sentidos vigilantes, porque capaz que el taxista la pasea por toda la ciudad y usted no se da cuenta. Pero quizás exageré un poco en cuidarla tanto. (Mientras Alfredo va hablando se acerca a Leonel y sin decirle nada le saca la petaca de whisky de adentro de su saco, abre la petaca vuelve a poner whisky en el vaso y se lo ofrece a Eva) A veces soy así, sobreprotector, aquí tiene su vaso otra vez y lleno. (Leonel enojado agarra la petaca que Alfredo dejó en la mesita y se la vuelve a guardar) Eva – ¿No tiene un poco de hielo? Alfredo – A la inglesa. Nosotros acá tenemos la costumbre de tomar el whisky a la inglesa. (Eva toma whisky) Eva – Un poco fuerte así sin hielo. Alfredo - ¿Pero está bueno? Eva – Si está bien.

Alfredo – Como corresponde. (Alfredo se sienta en el sillón opuesto, triunfador y relajado.) Breve pausa Clara -¿Y? ¿Cómo le andan sus cositas? Digo… No me refiero a su cosa por la cosita. Me refiero a otra cosa. Pero la otra cosa no vaya a creer que es la otra cosa tampoco…Leonel…Leonel quería preguntarle algo. Leonel - ¿Yo? Clara – Usted decía que cuando ella viniera usted tenía algo para preguntarle. Leonel - ¿Yo? Clara – Y aquí está preguntele… adelante, preguntele. Leonel - ¿Y así que ustedes dos se conocen? (Señala a Alfredo y a Eva) Claro que se conocen si no usted no estaría acá sentada tomando MI whisky y él no la hubiera presentado por su nombre. Clara – Ahí está… ahí está… yo también tenía esa intriga. Leonel – Qué suerte que usted también tenía esa intriga, porque a mi me intrigaba qué quería yo preguntarle a la señora. Clara – No entiendo acá algo, porque viéndola así con sus cositas, ¡ropa!, hasta que me salió, así tan… tan… Leonel – Elegante. Clara – Dio en el clavo. Leonel – Las palabras cruzadas. Clara – Tan bien…de bien. Tan bien. Dejésmolo en tan bien. Y este es tan… Alfredo – Tan caballero. Clara – Por ahí anda. Tan caballo tan bestia. ¿Cómo se conocieron? ¿Dónde se conocieron? Eva – En una exposición de pintura ¿no? Alfredo – En una exposición de pintura.

Clara - ¡¿Él en una exposición de pintura?! Eva – Si. Clara – (A Alfredo) ¡¿Vos en una exposición de pintura?! Alfredo – Todo yo en una exposición de pintura. Eva – De Pablo Pereyra. Alfredo – De Pablo Pereyra. Leonel - ¿Pablo Pereyra? ¿Nuestro Pablo Pereyra? Alfredo – Nuestro Pablo Pereyra. Clara - ¿Y quién es ese Pablo Pereyra? Leonel – Trabajaba con nosotros, en nuestra misma sección del banco. Cuando se jubiló se le dio por la pintura. Alfredo – Y me invitó a su primera exposición de las pinturas. Leonel – Y a mi también, a todos los de la sección nos invitó. Alfredo – Y ahí nos conocimos con ella. Leonel – La noche que te fuiste atrás de los sanguchitos. Alfredo – Los sanguchitos. Leonel – Estábamos ahí charlando nosotros, los del banco, cuando Alfredo vio pasar a un mozo con platos llenos de sanguchitos y Alfredo preguntó “¿Alguien quiere sanguchitos?” Y todos queríamos santuchitos. Y allá fue Alfredo a pescar al mozo para sacarle un plato de sanguchitos, y el hombre desapareció, se esfumó Alfredo, no supimos nada más de él en toda la noche. Alfredo – Y al final estaban ricos los sanguchitos. Leonel – Cómo me los perdí. Alfredo – La señora estaba mirando un cuadro, la seguí con la mirada, me pareció que estaba sola y cuando se puso a mirar otro cuadro me acerqué y le dije: “Feo el cuadro ¿no?” Eva – “Pero tiene energía.”, le contesté

Alfredo – “Más bien parece que lo hizo durante un apagón” le dije yo, ella se rió, y ahí empezamos a charlar y ahí nos conocimos. Clara – No me…(Mira a Leonel) ¿No verdad? Leonel – La verdad que no. Clara - No, no. No me queda claro. No es que quiera meterme en sus negocios, de ninguna manera, pero me queda la duda… Leonel – Y a mi, a mi también. Clara - Porque usted no…no se parece en nada… y acá Alfredo nos dijo… Alfredo – Y esa noche, cuando ya se me había acabado todos los temas de conversación posible le dije “¿Cuánto?” Claro - ¿Cuánto? Alfredo - ¿Cuánto? Clara - ¿Cuánto, qué? Alfredo - ¿Cuánto me costaría? Clara - ¿Cuánto te costaría, qué cosa? Alfredo – Esa cosa. Clara - ¿Esa cosa? Ah, la cosa ¿Cuánto te costaría la cosa? ¿Y eso le preguntaste? Alfredo – Eso le pregunté. Clara – Así nomás a lo bestia, bueno, que digo, a como sos vos. Alfredo – No se me ocurría nada más para decirle, fue un manotazo de ahogado. Clara - ¿Cuánto? Alfredo – ¿Cuánto? Clara - Un gusano tiene más educación que vos. Alfredo – Pero dio resultado… ¿No?... Aquí esta. (La señala con las dos manos)

Eva - Cuando me lo dijo me sentí ofendida pero también halagada… Clara – Alfredo tiene eso. Despierta como una mezcla de sentimientos, por un lado simpatía y por otro lado despierta asco. Ese es él. Eva – Después de todo un poco de dinero nunca viene mal. Clara – Claro que no, nunca viene mal. Leonel – Nunca viene mal. (Breve pausa, todos beben, excepto Leonel que lo huele ahora con más fuerza.) Clara – Seré curiosa, pero no entrometida. Pero ¿desde hace cuánto que está en el negocio? Eva – Desde hace tres años. Alfredo – Qué suerte la mía porque desde hace tres años que nos conocemos. (Breve pausa, todos beben y se quedan como pensando. Clara tiene dudas y no sabe como preguntar, hace gestos con las manos y la cabeza parece como que fuera a preguntar pero retrocede.) Clara - ¿Y antes de estos tres años? ¿Qué hacía? Eva – Antes era una viuda, por ocho años, y antes estuve casada con Homero veintitrés años. (Breve pausa. Todos beben. Todos quedan pensando.) Clara – Y… Leonel – Ahora me toca a mi, ¿si me permite? Clara – Es toda suya. Leonel - Y… Y, señora, ¿Cómo anda el negocio? ¿Cuántos clientes tiene? Eva – Uno. Clara - ¿Uno? Alfredo - ¿Uno?

Leonel – Entonces, si las matemáticas no me fallan, Alfredo es el único cliente que tiene. Clara – (A Alfredo) ¿Y vos lo sabías? Alfredo - ¿Y cómo lo voy a saber? Eva – Alfredo no lo sabía. Nunca me preguntó. Clara - ¿Nunca le preguntaste? Alfredo – Soy un caballero no ando haciendo esas preguntas. Leonel - O sea que metiste a una mujer en el negocio de la prostitución y vos sin enterarte. Dicho con todo respeto señora. Eva – Le hago el servicio así que es eso. Técnicamente es un negocio, un comercio, hay un intercambio de dinero por sexo. Clara – (A Alfredo)¿Y vos nunca en tres años fuiste capaz de preguntarle nada? ¿Qué hacías? ¿Ibas al hecho nada más? Alfredo – Soy discreto. No quería meterme en sus asuntos. Soy un caballero Clara – Sos un caballo.(A Eva) Así que en realidad no es… Eva – Se podría decir que filosóficamente no. Que solo soy un ama de casa, viuda, madre de un hijo y abuela de dos nietos. Alfredo - ¿Ves? Por eso es mejor no preguntar nada. (Alfredo le saca del saco la petaca otra vez a Leonel, se sirve whisky y se lo bebe de un trago) Alfredo – Soy una persona discreta. ¿O sea que lo hago con una abuela?(Leonel agarra de la mesita su petaca y se la guarda otra vez) Hubiera preferido no tener esa información. Yo había construido un sueño pecaminoso y era tan lindo. Como que se me cayó encima el cielo. (Alfredo va otra vez sobre la petaca pero ahora Leonel se resiste y gana) Alfredo – Yo tenía una ilusión multicolor y ahora ustedes hicieron pedazos esa ilusión (Aquí Alfredo desiste de seguir peleando con Leonel y se sienta desconsolado) y me han dejado en una realidad gris… fría. Eva - ¿Me llama usted fría?

Alfredo - ¿Qué? Eva – ¿Me llamo usted fría? Leonel – Fría y gris. Eva - ¿Fría? Alfredo – No, no, no no es eso. No dije en ningún momento eso. Leonel – Yo lo oí una realidad gris y fría… Alfredo – Ahí está, me refería a la realidad, a la cruel realidad. Leonel – (A Eva) Ahora la llamo cruel. Eva -¿Tiene algo de qué quejarse de mi? Alfredo – No, jamás, de ninguna manera. No es eso lo que quise decir. Leonel – (a Eva)Que era fría, le recuerdo lo que dijo él. Eva – Gracias. Alfredo – Si Leonel, muchas gracias. Leonel – Porque uno se distrae y olvidarse del tema que se está conversando. Alfredo – Muy, muy, amable Leonel. Eva – Yo, cuando digo si, digo si un cien por ciento. ¿Y yo he dicho si, verdad? ¿Verdad? Alfredo – Si, sin ninguna duda. Eva – Y cuando digo no, digo no un cien por ciento. Alfredo – Bueno no hay que exagerar. No hay necesidad de llegar a ningún extremo. Si… No… No se trata de eso. Mi problema es con la realidad, yo me refería a la realidad de la Humanidad, de ellos (Mueve la mano con desprecio señalando a Leonel y Clara) Excepto a nosotros dos. (señalando a Eva y a él mismo) Clara – (A Leonel) Complicado. Leonel – Por eso lo mío es la comida. Es menos complicado.

Clara - ¿La comida? Leonel – Una buena milanesa es un placer. Clara – Ah, bueno, ¡qué gracia! Una milanesa. Leonel – Acompañada de un buen puré de papas. Clara – (extasiada) Ay Dios mío, no me lo nombre al puré de papas. Con lo que me gusta el puré de papas. Leonel – Y todo rociado con jugo de limón. Clara –(Llena de placer) Callese hombre, callese o me hago pis encima aquí mismo. Ay Dios, por favor, qué calor, Una milanesa con puré, me hago pis en serio. Eva – Hubo orgasmos en nuestra fría relación. ¿Verdad? Alfredo – Si, sin ninguna duda. Ya dije que no me refería a eso… Eva – Hubo orgasmos, hubo saliva, hubo sudor, hubo calor, algo que me parece es todo lo contrario de lo frío… Alfredo – Me parece que no es este el momento apropiado… Eva – Hubo jadeos, hubo hasta calambres… Clara - ¿Calambres de Alfredo? ¿De los garrones? Eso es algo que tuvo toda la vida. ¿Así que seguís con los calambres. Alfredo – Si, hermanita, sigo con los calambres. Eva – Y hubo lencería fina. Tres años de regalos de lencería fina. Alfredo – No es el momento,no es el lugar…(Señala a Leonel y Clara) Eva – Para las noches románticas decía. Alfredo – Y era verdad. Y es verdad. Clara - ¿Lencería Alfredo? Alfredo – Si señor, y cara. Porque no iba al kiosco de la esquina y decía una caja de chicles y dos bombachas, iba a las casas especializadas. Iba a una boutique erótica.

Clara - ¿Lencería fina? Alfredo – Me gusta. Me llena los ojos. Eva – Y tanta me regaló que me entraron las dudas si las compraba para mí o para él. Alfredo – Para mi para poder verla. Ropa interior roja, la escusa perfecta para levantar pasiones. Compré tangas…fantasías…picardías… Eva – Cositas con piedras brillantes. Un disfraz de enfermera. Alfredo – (Diciéndolo con voz de publicidad, lento y profundo)Una tanga, medias calas y una cofia de enfermera. Una enfermera para curar todos tus males. Eva – Una boa de plumas. Alfredo – (Se deleita cuando lo dice) Hecha con plumas chandelle, color: rojo revelador. Eva – Y tantas cosas que compró al final me hizo sospechar sino en el fondo no se las compraba para él. Clara – Y si. Alfredo – Cómo que para mí. Clara – Como que te gustan esas cosas. Alfredo – Claro que si. Clara – Bueno ahí está. Alfredo – Pero no para ponermela yo. Clara – Esa es la duda que tenemos. Alfredo - ¿Acaso se está dudando de mi virilidad? Clara – El rojo revelador es muy revelador. Alfredo – Ah no, eso si que no voy a aceptarlo. Yo soy muy hombrecito. A los perros le gustan los huesos, a los niños le gustan los caramelos y a mi me gusta la lencería fina. Eva - Y llega un momento en que cualquiera piensa: “Acá pasa algo raro.”

Alfredo – Que soy un hombre obsesionado por la lencería fina. Clara – Si dijeras ropa interior femenina pero tanto decir lencería fina una entra como a sospechar. ¿verdad Señor Alcántara? Leonel – Con la comida uno no pasa por estas complicaciones. Breve pausa, todos miran a Alfredo.) Alfredo - ¿Qué pasa? ¿Qué me están mirando? Clara – Te miramos para ver si hacías algún comentario. Como siempre tenés un comentario que hacer. (A Eva) Ahora que recuerdo de joven se le dio por afeitarse las piernas. Alfredo – Eso era porque jugaba al fútbol y era más fácil masajearse las piernas, tenía que ponerme cremas… (Leonel, Clara y Eva se mueven de sus lugares donde están sentados como si hubiesen oído algo incómodo.) Alfredo – Porque me daban muchos calambres en las piernas. Tenía muchos calambres. Por eso dejé de jugar al fútbol. Clara – Y terminás de viejo practicando otro deporte que te sigue dando calambres. Leonel – (Ríe) Por… (Señala a Eva y a Afredo y hace gestos con la mano) Muy bueno…muy bueno…muy oportuno… (Mira a Eva) Perdón señora… se me escapó. Alfredo – ¿Ya está? ¿Terminaron de querer arruinarme la vida? ¿De arruinarme el regalo de cumpleaños? Leonel – A mi no me mires yo aquí soy un simple invitado al cumpleaños. Clara – Y nosotras hablábamos de hechos. Eva – De la realidad. Alfredo – Muy graciosos están. Vos Clarita ¿Acaso no viniste para pelear por tu hombre? Clara – Es cierto. Vine a ver qué pasaba. Porque tenía mis dudas. Pero eso era porque te conozco a vos y pensé que lo que habías organizado era algo acorde a lo que siempre hacés, un desastre, pero ahora que la conozco a la señora, la situación a cambiado.

Eva – Alfredo me dijo que su amigo era un hombre solo, divorciado. Clara – Y es verdad. Pero quería ver si yo tenía alguna posibilidad con José. Es que hace años hubo un fueguito entre nosotros dos, cosa de jovencitos, nada importante, pero ahora este (Señala a Alfredo) me dijo de suidea, y no sé, como que quería revolver aquellas cenizas para ver si queda algo tibio de aquello que una vez tuvimos. Eva – Entonces no hay más que hablar. Lo mío es un negocio pero no me voy a poner en medio de nada. No voy a estorbar esa que quiere revolver. Clara – No..(A Eva) Mire…, ¿sabe una cosa?... Salga con él, que se divierta Una noche de sana diversión no le hace mal a nadie, y creo que al pobre de José se lo merece, nunca tuvo mucha suerte, Se merece tener una aventura, una aventurita, eso si, dejemelo más o menos entero , no me lo estropee mucho, que ya no está para emociones fuertes y con lo que queda de él voy a ver si podemos hacer algo juntos. Alfredo – No estoy de acuerdo con eso. Clara - ¿y por qué no? Alfredo – Porque ella acaba de decir que es ama de casa y abuela y que no anda por ahí izándole la bandera a los descarriados. Eva – Bueno, pero si ella está de acuerdo, podríamos seguir con la idea, además un poco de dinero nunca viene mal. Leonel – Claro que no. Clara – Por supuesto que no. Ojalá yo tuviera un trabajito que me diera un poco de dinero de más. Leonel – Y yo. Pero no un trabajito como el suyo, claro está. Aunque lo mío es otra cosa. No pienses mal. Bueno no piense tan mal como lo suyo, Digo.. no quise decir mal, digo… digo por qué no me callo. Clara – Ella quiere y es tu regalo. Era tu regalo. Cuando creías que ella andaba con otros que vos era uno más de sus clientes no pasaba nada estaba todo bien, y ahora que vos sabés que sos el único tenés problemas. Alfredo – Tan lindo que venía el cumpleaños y cómo me lo están arruinando. Así no se puede. Le arruinan a uno las ideas. Leonel – Miren si al final José no le gusta nada el regalo.

Alfredo – A cualquiera le gusta un regalo así. Leonel – A mi no. Podrían preguntarle a José qué le gusta u qué cosa no le gusta. Eso estaría bien. O con cuál de las dos quiere quedarse. Si le gusta una caja de bombones o una cajita de maní con chocolate. Alfredo – Para vos todo termina en comida. Dos mujeres peleándose por los huesitos de José, ese si que hubiera sido un lindo regalo para José. Eva – Te repito, querida, que yo no quiero estorbar. Clara – Nada de eso. Le da usted una alegría a José y yo me quedo con el resto de él. Alfredo – Repito. Cómo han arruinado mi regalo de cumpleaños. Leonel – (A Clara) ¿Qué le gusta a José? Clara – No tengo la menor idea. Hace 30 años, cuando salíamos, era cine, pizza y cerveza, siempre era la misma vuelta: cine, pizza y cerveza. Siempre era cine, pizza y cerveza. Cine, pizza y cerveza Pero ahora no tengo la menor idea. Alfredo – Y viendo su estado actual hoy debe estar con ni cine ni pizza ni cerveza, el cine lo debe dejar con dolor en los oídos, la pizza, como si lo estuviera escuchando en este momento, la pizza no porque la salsa de tomate le debe producir gastritis y la cerveza ni debe de tomar para no mezclarla con las pastillas que tiene que tomar a toda hora. Porque hay que ver que el hombre recorrió todas las enfermedades posibles del diccionario y encima dos o tres enfermedades que se inventó él solito de puro imaginativo que es. (Suena el timbre) Alfredo – (Se levanta a atender) Y ese debe ser el homenajeado. Van a ver por fin qué es lo que prefiere si una noche soñada con ella (Señala a Eva) o todo lo que le quede de vida viviendo una pesadilla con mi hermana. Clara – Callate y andá a abrir la puerta. CUARTA ESCENA

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