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Entrevista a MICHAEL SCHLICHTING

Eduard Punset: El LSD tiene un peligro terrible, que es lo que los


científicos llamáis flash–back. Es decir, a lo mejor un año después
de haber ingerido la sustancia te vienen alucinaciones sin haber
probado el LSD durante ese año. También se dice que produce
alucinaciones de tipo esquizofrénico y, a lo mejor, podría conducir
a la propia esquizofrenia. Con todas estas cosas que se dicen del
LSD, tú y otros científicos decís que se podría utilizar como una
terapia contra determinadas enfermedades, como por ejemplo la
depresión. Y hay toda una ciencia, la terapia psicolítica, de la que
tú eres uno de los símbolos mas reconocidos. Explícame esta
contradicción...
Michael Schlichting: En el fondo no es una contradicción. Existe
mucha información incorrecta. Durante 20 años los psiquiatras
creían que mediante el uso del LSD se podría crear un tipo de
psicosis experimental. Es decir, dando LSD a personas sanas,
éstas experimentan fenómenos de tipo esquizofrénico. Esta fue la
doctrina de los años 50 y 60. Pero a lo largo del tiempo, los
psiquiatras que experimentaron con esta sustancia llegaron a la
conclusión de que en el fondo no es una esquizofrenia que se
desarrolla naturalmente en los enfermos, sino sólo algunos
fenómenos que se pueden observar muy bien en este estado
artificial.

Eduard Punset: Voces, como en la esquizofrenia...

Michael Schlichting: Voces es una de las diferencias. Casi nunca se


producen alucinaciones auditivas, sino que predominan en primer
lugar alucinaciones visuales.

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Eduard Punset: El segundo impacto del que habláis mucho es el de


que destruye la barrera que existe entre yo y el resto del universo.
Con el LSD hay una especie de integración con el universo. En el
fondo recuerda un poco lo que los místicos llamaban la unión con
Dios ¿no?

Michael Schlichting: Sí, es cierto. Lo que llamamos conciencia


cotidiana es sólo una parte pequeña, limitada, de las posibilidades
de la conciencia humana.

Eduard Punset: Tú hablas de la conciencia estrecha...

Michael Schlichting: Exactamente. Y es necesario estrechar esa


conciencia para llevar a cabo las tareas diarias. Los humanos
tenemos muchas más posibilidades de vivir conscientemente y de
relacionarnos con el mundo exterior y con el interior, con el mundo
místico.

Eduard Punset: ¿Se viviría mejor ensanchando la conciencia de la


gente?

Michael Schlichting: Lo importante, y lo sano, es tener la


capacidad de usar esas posibilidades, pero más importante aún es
poder volver a la conciencia normal, a la conciencia de cada día.

Eduard Punset: El cerebro está plagado de sustancias adictivas


que fabrica él mismo, los neurotransmisores. Además uno de
vuestros grandes descubrimientos es que el cerebro está lleno,
también, de receptores específicos para cada uno de estos
neurotransmisores. Y como las moléculas de algunos de estos
neurotransmisores son muy parecidas a las moléculas de algunas
sustancias es muy fácil absorber estas drogas - casi parece un
proceso natural-. El LSD, por ejemplo, utiliza los mismos
receptores que la serotonina, y la morfina se aprovecha y utiliza

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los mismos receptores que utilizan las endorfinas ¿Me podrías


explicar la diferencia entre uno y otro?

Michael Schlichting: En nuestro cerebro tenemos una serie de


sistemas neuroquímicos, usando sustancias endógenas, y los
receptores correspondientes. Y cada sistema de neurotransmisión
cumple funciones diferentes. La serotonina se centra en la función
de controlar y regular las emociones. En cambio, las endorfinas se
especializan en la percepción y en la transformación del
sentimiento del dolor.

Eduard Punset: Te voy a hablar de un caso. Una persona


prácticamente drogadicta desde los 4 años -ahora tiene 40-. Ella
dice que algo le han hecho mal los psiquiatras. Piensa que ella no
tenía endorfinas suficientes y plantea lo siguiente: si a un
diabético le dan insulina ¿por qué a alguien como a ella no le
daban endorfinas?

Michael Schlichting: En este caso concreto haría falta, en primer


lugar, hacer un diagnóstico profundo. Estudiar la historia personal
de ella y analizar todos los factores psicológicos, experiencias
traumáticas... A base de un diagnóstico profundo, los psiquiatras
pueden planificar un tratamiento adecuado.

Eduard Punset: En este caso concreto, por lo poco que has oído,
¿te parece que se podrían haber utilizado terapias psicolíticas,
alucinógenos?

Michael Schlichting: Teóricamente sí. En los años 70 se llevaron a


cabo, en los EE.UU., una serie de investigaciones clínicas tratando
a alcohólicos pero también a adictos a la heroína con una terapia
que usaba como auxiliares a la psicoterapia alucinógenos como el
LSD. Se demostró que gran número de adictos aprovecharon este
tratamiento y fueron capaces de mantener la abstinencia. A largo
plazo, después de 5 años, desgraciadamente, un gran número de

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casos había decaído, y por eso no se introdujo como método


permanente.

Eduard Punset: ¿Un paciente emocionado es mejor paciente?

Michael Schlichting: Sí. Siempre tendrá mejores resultados


químicos cuando su emoción está en juego con la terapia. Una
terapia enteramente cognitiva o intelectualizada puede llevar a
nuevos conocimientos o nuevas ideas, pero no va a llevar a un
cambio profundo de la personalidad. Y una terapia siempre intenta
abrir caminos hacia las potencialidades de uno mismo, y en primer
lugar abrir caminos hacia la emoción, hacia la sensibilidad tanto a
uno mismo como la sensibilidad al mundo exterior.

Eduard Punset: Tal vez por esto se ha puesto tan de moda en las
discotecas el uso del éxtasis...

Michael Schlichting: Es un ejemplo interesante e importante a la


vez. Antes de que se empezase a consumir en discotecas, en los
años 80, usábamos el éxtasis en terapias de pareja justo para ese
objetivo: profundizar la sensibilidad a las emociones propias tanto
como a las emociones de los demás. A mi juicio, usarlo con
objetivos recreativos es un uso abusivo de la droga.

Eduard Punset: Además es la única sustancia en la que claramente


se ha podido identificar un efecto tóxico sobre la misma neurona...

Michael Schlichting: Exactamente. Comparado con el LSD, que no


hace daño a las neuronas ni a los receptores, la MDMA
-componente farmacológico del éxtasis- lleva una toxicidad a la
neurona en el sistema de la serotonina. La serotonina es uno de
los neurotransmisores más importantes del cerebro, y
experimentos con animales han demostrado que el éxtasis
destruye neuronas de serotonina. Hasta ahora no hemos visto

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muchos casos en los hospitales psiquiátricos de consumidores de


éxtasis que lleven esta toxicidad, pero la probabilidad de que en
los próximos 20 ó 30 años estas personas desarrollen cierta
sintomatología es real y hay que tomarla en serio. Por esa razón, a
partir de 1986 dejamos de utilizar el éxtasis en terapia.

Eduard Punset: A lo que no lleva esto es a la transformación del


mundo. A lo que lleva es a sustituir unas elucubraciones del
cerebro por otras más sensatas, o más felices.

Michael Schlichting: No me aventuraría a decir si seremos más


felices. Pero sí que la ciencia se va a transformar por medio de
estudios de la conciencia. La ciencia debe desarrollar nuevos
métodos para llegar al fondo de la conciencia.