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Consideraciones éticas sobre el error en

medicina
Ethical reflections on errors in medicine
Recibido el 5 de noviembre 2001. Aceptado el 15 de noviembre 2001.
Versión del Panel efectuado en la Reunión Anual de la Región Chilena
de American College of Physicians, Curso Anual ACP/ASIM/SMS,
Actualización en Medicina Interna, el 9 de mayo de 2001, en Santiago,
Chile. *Centro de Estudios Bioéticos y Humanísticos. Facultad de
Medicina. Universidad de Chile.

La formación del médico y del profesional de la salud se sustenta en dos


bases fundamentales: la científico-técnica y la ético-humanista. Ambas son
esenciales. Ambas deben equilibrarse, enriquecerse y retroalimentarse. La
primera permite adquirir los conocimientos y habilidades primordiales en la
profesión médica. La segunda significa que el médico además de sus
conocimientos y habilidades debe tener ciertas condiciones de carácter y
actitudes y un sistema de valores. Es tal vez el estrato más profundo de la
medicina y el más difícil de formar, transmitir y educar. La calidad científico-
técnica del profesional de la salud está indisolublemente ligada a la solvencia
moral de su quehacer1.

En la gran mayoría de los casos, en la formación y en el quehacer diario y


habitual del médico, se destacan los deberes, esto es la deontología médica
(desde Hipócrates hasta la Declaración de Ginebra); en especial, el deber de
evitar el mal. Sin embargo, poco o nada se comenta en relación al error o la
equivocación en medicina.

Desde el momento que la medicina es una profesión (de las más antiguas junto
al sacerdocio y al derecho) ésta constituye un compromiso público, una
responsabilidad ante los demás, ante la sociedad a la que pertenecemos pero,
también, ante nosotros mismos y ante nuestra propia conciencia.

Trascendencia del error en medicina. Frente a esta responsabilidad ¿qué pasa


con el error en medicina? Según Herranz2, en la vida del profesional médico el
error aparece como algo inevitable. El ser humano, y el médico como tal, son
falibles a pesar de la mejor preparación a la que hayamos estado sometidos, a
lo que se agrega la dificultad de la medicina como ciencia. Señala este autor
que "la vida del médico es demasiado corta para aprenderla; las
equivocaciones siguen al médico, como la sombra a su cuerpo". Es indudable
que algunos errores son pequeños o no significativos y otros son importantes y
a veces irreparables. Muchas veces el error depende de quién y en qué
circunstancias lo comete y también de quién y cómo ha sido dañado.

Desde el punto de vista ético el error compromete por una parte al médico o
profesional de la salud, por otra al paciente y tiene, además, una indudable
repercusión en la relación entre ambos, en la relación médico-paciente, en lo
que constituye el encuentro clínico. Esto es muy importante ya que la buena
práctica de la medicina, se basa en este encuentro, en esta interacción
personal entre un profesional de la salud y un enfermo.

Al producirse un error o equivocación en el acto médico este encuentro se


afecta en tres niveles:

1. Desde el punto de vista del médico, del profesional de la salud. A


grandes rasgos, el error puede ser cometido por un déficit en su
formación inicial (como estudiante) y continua (como profesional): por
ignorancia (formación científica), por falta de habilidad o destreza
(formación técnica), o bien, por imprudencia o negligencia (formación
ético-humanista). Son todos errores importantes, en los que inciden en
forma destacada una falla en la formación profesional, ya sea en
conocimientos y habilidades como, y muy especialmente, relacionados
con el carácter, la actitud y los valores; esto es, en la formación
humanista.

Sin embargo, en otro número de casos el error puede ser cometido por
quien, como profesional tiene una adecuada capacitación, ha realizado
el acto médico en forma preparada y responsable, pero se ha enfrentado
a situaciones inherentes a la medicina, que como ciencia biológica, está
llena de dificultades, riesgos e imprevistos. Este último, siendo también
desgraciadamente un error, no cae en las situaciones anteriores. Es el
error humano de alguien preparado conscientemente, frente a una
situación compleja e imprevisible.

2. Desde el punto de vista del paciente. Este, frente al error, se siente


dañado en su persona, en su salud, lo que le aparece como algo
contrario a lo que busca, que es un bien. En otras ocasiones puede
también sentirse dañado en su dignidad, cuando el error es de actitud o
pérdida de valores por parte del médico, lo que sucede
desgraciadamente con frecuencia. Es tal vez lo que se contrapone a lo
que A Roa ha llamado "amor médico". Es amar a quienes carecen de
salud y buscan restaurarla, a través y junto al médico3.

3. Finalmente, desde el punto de vista de la relación médico-paciente,


del encuentro clínico, es indudable que el error remece los principios en
que se sustenta el acto médico4. El principalmente afectado es
precisamente el principio de no maleficencia, pero lo es también el de
justicia y equidad, que tienen mayor significado aún en la medicina
pública y hospitalaria. Por otra parte, el acto médico deja de ser un bien
(principio de beneficencia) y el paciente que en plena libertad acude en
busca de ayuda y que ha consentido, luego de ser informado (principio
de autonomía), ve peligrar su confianza en el agente sanitario o la pierde
totalmente.

Visto de esta manera, el error puede llevar a un quiebre, no sólo en la relación


médico-paciente, sino también en quien lo comete y quien ha sido afectado.
Sin embargo, es precisamente una buena formación ética del médico la que
permite enfrentar el error o equivocación a un nivel diferente y constituye una
fuerte base para sobreponerse a los problemas señalados. Es así como el
médico o profesional de la salud con una buena formación científico-técnica y,
especialmente, ético humanística, debe estar en condiciones de asumir su
equivocación y a través de ella poder rectificar. ¡Que la caída, de este modo,
signifique un impulso para enmendar y revisar la causa del error! Cuando existe
una fuerte formación moral (que es la más difícil y la más profunda de
aprender, pues incide en el carácter y en la actitud) se tiene la capacidad de
reconocer la equivocación o error, y el corregirlo debe constituir un gran motor
que permita revisar y continuar en la formación, especialmente ética. Existe la
tendencia en el ser humano, en general, y en nuestra profesión en particular, a
ocultar los errores y destacar los éxitos, cuando uno y otro son, en realidad,
fuente de enseñanza3.

Como lo señala Herranz2, en especial desde el punto de vista docente, es


necesario desarrollar una pedagogía abierta sobre los errores, una doctrina
práctica que sea una cura para el relativismo y la hipocresía.

Lo ético ante el error es reconocerlo, buscar sus causas, tratar de evitarlas en


el futuro y reducir así el riesgo de recaídas. Esto es importante en la formación
médica y fundamental en la docencia. El error, paradojalmente, puede ser una
fuerza para corregir, aprender y avanzar. La ética de la virtud y la ética del
cuidado son fundamentales en este sentido.

Por otra parte, desde el punto de vista del paciente y, más ampliamente, de la
relación médico-paciente, es indudable que la medicina debe ser una profesión
moral, esto es un servicio que se caracteriza por ir en busca del bien hacia el
otro, lo que se altera, al producirse a través del error el daño del otro,
perturbándose, como señalábamos, los principios de este encuentro clínico. Sin
embargo, una buena relación médico-paciente en que se consideren, respeten
y refuercen las principales dimensiones de este encuentro, es fundamental
para que el error o equivocación no signifiquen una ruptura o un deterioro de
esta relación.

Se ha invocado que los errores tienden, en muchas oportunidades, a ocultarse


porque pueden dar origen a juicios por mala práctica. Probablemente en ello
hay un fondo de verdad, pero cuando la relación establecida entre el médico o
profesional de la salud y el enfermo, es fuerte, está basada en humanismo y
respeto a la persona, tiene una solvencia moral firmemente ligada a su
preparación científico-técnica y el profesional sabe aceptar y reconocer su error
ante el paciente o la familia, las causas judiciales por responsabilidad civil del
médico, se hacen mucho menos probables. No así cuando existe ignorancia,
impericia o negligencia.

Es necesario recordar que la legalidad para una profesión es el conjunto de las


leyes promulgadas por un Estado, es juzgada por los tribunales y sus
transgresiones se traducen en sanciones civiles y penales. Sin embargo y más
allá de esto, como lo señala Sánchez González, la ética profesional se apoya
en los imperativos morales de la conciencia individual5. Sólo debe ser juzgada y
sancionada por la conciencia privada o por las propias instituciones
profesionales: censura, pérdida de estima, ostracismo social o sanciones
intraprofesionales que pueden llegar hasta la retirada de la licencia para el
ejercicio profesional (cuando la institución profesional tiene esta facultad).

De este modo, la ética profesional es más amplia que la sola legalidad; exige
más. Las leyes establecen los mínimos necesarios para la convivencia. La ética
marca los máximos convenientes para el logro de la excelencia y de lo mejor;
promueve ideales y tolera el pluralismo. Etica y legalidad son diferentes,
aunque tienen puntos comunes, y se necesitan mutuamente. El objetivo de las
profesiones es afianzar una ética que en lo posible haga innecesaria la
legalidad, esto es, que signifique por sí misma una garantía para la sociedad.

REFERENCIAS

1. Kotow M. Apuntes de Bioética. Centro de Estudios Humanísticos y de


Bioética. Facultad de Medicina, Universidad de Chile. 1999.

2. Roa A. Etica y Bioética. Ed. A Bello, 1998.

3. Herranz G. En Problemas contemporáneos en Bioética, Ed: Lavados M,


Monge J et als. Ed. U Católica, 1990.

4. Beauchamp TL, Childress JT. Principles of Biomedical Ethics. New York.


Oxford University Press. 1994 (4th Edition).

5. Sánchez MA. Historia, teoría y método de la medicina: Introducción al


pensamiento médico. Ed. Masson SA, 1998.