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200207

FILÓSOFO V Í C T O R GÓMEZ P I N
¿Edad? Ya sólo soy, como Machado, tiempo. Nací en Barcelona y
renací en París, donde aprendí filosofía y matemáticas. Soy hijo de
la
ilustración: el humanismo se realizará cuando todos los humanos
–todos– gocemos al fin de dignidad material y fertilidad espiritual.
La
causa del hombre es defender otras causas. Colaboro con el CCCB

L A A C T U A L I D A D
Antes de enseñar a Einstein en
su cátedra de Pensamiento
Matemático de la UAB, Gómez
Pin participó con Savater,
Molina Foix, Ferran Lobo,
Arteta, Berraondo, Caro
Baroja, Azúa, Aubenque o
Etxeberria, entre otros, en la
aventura fundacional de la
facultad de Filosofía de
Zorroaga. Cuando oía a mis
amigos donostiarras mentarla
embelesados, yo me preguntaba
cómo, mientras en la sociedad
española y en la vasca estaba
cayendo la del pulpo, se podían
juntar a las ocho de la tarde en
Zorroaga más de 300 personas
para escuchar a Derrida o para
discutir el homocigotismo.
Ahora, al hablar con Gómez
Pin, tengo la respuesta: nada
hay de más actualidad en el
País Vasco y España –también

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hoy– que Chomsky, Aristóteles
o Garcilaso. Entre otros.

-El problema es saber si nuestro lenguaje


doblega el tiempo.
–¿Por qué?
–Porque el lenguaje humano y
nuestra capacidad de crear con él
es nuestra única posibilidad de superar la segunda
ley de la termodinámica...
–No sé si ahora mismo la recuerdo.
–Hablo de la entropía. Lo que Aristóteles
llamaba el cambio destructor: la vejez...
–¿Nuestro lenguaje puede vencer a la muerte,
el olvido y la nada?
–Nuestro lenguaje es una radical singularidad
en el seno de lo viviente porque su número
finito de elementos forja un infinito número
de significados. En esa tarea de forjar infinitos
significados, que es la que nos hace personas,
podemos vencer al tiempo.
–¿Y si decir algo siempre fuera repetirlo?
–Eso hacen los animales y los esclavos: hablar
con frases hechas y repetirse, pero el ser
humano se realiza en su libertad al avanzar
en el conocimiento para expresar lo hasta entonces
inefable: formular lo nunca dicho. La
carne se hace verbo...
–Los animales también hablan.
–La abeja tiene un sofisticado código de señales,
pero cerrado en sí mismo: sólo sirve al
fin de ser abeja. En cambio, el lenguaje humano
es abierto y se proyecta en el tiempo porque
tiene una función que sólo le sirve a sí
mismo, la pura creación.

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–No sé si todos los humanos tienen tiempo,
ganas y capacidad de afrontar la tarea...
–Ésa es nuestra derrota. Sólo nos realizaremos
plenamente cuando todos –todos– los
humanos podamos entender y disfrutar y
aun superar lo que con nuestro lenguaje consiguieron
decir Einstein y Garcilaso.
–¡Qué difícil!
–Irrenunciable. Para eso estamos aquí.
–¿No podemos realizarnos en algo más modestito?
–Nos realizamos en la aspiración del conocimiento
y ésa es universal; no depende de
nuestros talentos, sino de nuestra coherencia:
mis alumnos de filosofía se quejan cuando
les explico las fórmulas de la relatividad
restringida...
–Es que, pobres..., son de letras.
–¡El saber es indivisible por naturaleza!
Por eso todos ellos acaban disfrutando del logro
de Einstein y gozan de la misma maravillosa
sensación que sintió el propio Einstein
cuando las descubrió. ¿En nombre de qué sistema
o ley, o vendido a qué conformismo priva
usted a otro ser humano de ese placer?
–No todos podemos llegar a tanto: fíjese en
la programación de sobremesa...
–Ése es el otro fracaso: si el saber es sólo
cosa de elites; si Einstein y Mozart y Garcilaso
sólo son para un grupo de privilegiados,
entonces nadie, ni los propios privilegiados
que entienden a Einstein y admiran su belleza,
se realiza como persona.
–Además están los que tienen que buscar
qué comer antes de estudiar la relatividad.
–Aquí vamos a hacer ética y política con

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Aristóteles, Descartes y Chomsky. ¿Por qué
la esclavitud no es humana?
–¿?
–Porque convierte a una persona en un medio
de la que otra se sirve para sus propios
fines: el esclavo es un mero servidor.
–Correcto.
–Pues mientras utilicemos a otras personas
para lograr beneficios, las estamos privando
de cumplir su fin como personas, que
es fertilizar el lenguaje humano y crear.
–Unos son científicos y otros sirvientes...
–Ésa es la falacia. Cada uno de nosotros es
único, porque es depositario del lenguaje.
–¿Y...?
–Sólo nos realizaremos el día en que todos
los humanos desarrollemos esa capacidad.
Por eso Chomsky anima a que nos rebelemos
contra cualquier sistema que no permita
a todos los humanos realizarse en el conocimiento.
Y debemos seguir rebelándonos
hasta que todos podamos realizarnos.
–¿Y los animales no tienen sus derechos?
–Es curioso que hoy se hable tanto de los
derechos de los animales cuando aún no hemos
realizado los derechos humanos. Sin duda
unos son irrealizables sin los otros, pero
analicemos el síntoma...
–Adelante.
–Es un síndrome de Feuerbach...
–¿?
–El animalismo es la enfermedad infantil
del ecologismo. En las tesis sobre Feuerbach,
Marx explica cómo la religión sirve de paliativo
para olvidar el problema. Y el problema

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es que los humanos aún vivían entonces y
aún vivimos enfrentados a injusticias que impiden
que nos realicemos como personas.
–¿Entonces...?
–Se habla tanto ahora de los derechos de
los animales porque en el fondo es un modo
de olvidar que hemos fracasado en lo principal,
que es que todos y cada uno de los seres
humanos sobre este planeta podamos disfrutar
por igual de Garcilaso y Einstein.
–¿Y el día en que las máquinas también hablen
como personas?
–Ése es otro problema derivado del síndrome
de Feuerbach. Cuando has sido vencido
en lo esencial, te refugias en los problemas
menores. Como los pensadores han acabado
por conformarse y acatar el sistema imperante
con sus injusticias...
–Es lo que hay.
–... Se inventan problemas irrelevantes como
ése.
–Pero las máquinas también hablan.
–Las máquinas no tienen lenguaje inteligente.
Recuerde el test de Turing...
–¿...?
–Si un día no sabes si estás hablando con
una persona o una máquina es que esa máquina
es inteligente. Falta mucho para eso...