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LEGITIMIDAD Y UTILIDAD DEL SINDICALISMO, HOY.Una de las causas, ocultas y ocultadas de la crisis, ha sido el espectacular aumentode las desigualdades sociales en la distribución de la riqueza, tanto en los paísesdesarrollados, como en los emergentes. Una injusta distribución de la renta que haafectado a un sistema económico que requiere del consumo de la mayoría de lapoblación para absorber la sobrecapacidad productiva de bienes y servicios quegenera este modelo de capitalismo. La imposibilidad de acceder al consumo degrandes capas de la población ha llevado al actual modelo de capitalismo apropiciar el placebo del endeudamiento de familias, empresas y poderes públicos,con el que compensar la falta de rentas de la mayoría de la población. Así surgió elespejismo de alto poder adquisitivo con pocos ingresos salariales y susconsecuencias son hoy evidentes. Sin duda hay otras causas profundas, como ladesregulación, la financiarizacion de la economía, pero no deberíamos olvidar elpapel jugado por las desigualdades en el caldo de cultivo de la crisis.En el origen de este aumento de las desigualdades nos encontramos con eldeterioro del papel de las fuerzas sociales y políticas que durante el siglo XX hanactuado como contrapoderes, como contrapesos de la economía y el mercado. Elequilibrio entre Economía y mercado de una parte y sociedad y política de otra,forma parte del genoma de la humanidad. Y cuando este equilibrio se rompe, lasdesigualdades se incrementan espectacularmente. Es lo que sucedió en los iniciosde la industrialización y hoy en el nuevo modelo de capitalismo y sociedadinformacional. El desequilibrio entre el poder de una economía global que semueve por todo el planeta, gracias a las reformas institucionales que hanpropiciado la liberalización y privatización de importantes esferas sociales, y unasociedad y políticas locales es una de las causas del incremento de la desigualdadsocial de las ultimas décadas.Por ello el papel del sindicalismo, clave en la construcción de los equilibrios depoder del siglo XX, del Estado social de derecho europeo y del Estado del Bienestar,resulta hoy más importante que nunca. En el transfondo de la salida de la crisis,subyace una batalla no solo por como se distribuyen los costes de la crisis, sino porcomo se distribuye el poder político en la sociedad del siglo XXI. Detrás de losprocesos de privatización de sectores de la economía y del estado del Bienestar nosolo hay voluntad de negocio privado, hay también un claro interés porque seanlos mercados quienes aumenten su poder regulador real, mas allá de queformalmente el poder aparezca residenciado en los poderes públicos y lasinstituciones. Cuanto más parte de la Economía global este en manos privadas maspoder tienen los mercados para convertirse en el gran regulador no solo de laEconomía, sino de toda la sociedad y más débil es la sociedad y la política en todassus expresiones.En este escenario el papel de los contrapoderes sociales deviene muy importante yla función social del sindicalismo imprescindible. Eso puede explicar laagresividad y beligerancia con la que la derecha política y mediática intentaerosionar la legitimidad social del sindicalismo, al que en algunos ámbitos se leconsidera el ultimo dique de contención que queda por derribar. Es posible que enlas próximas décadas la sociedad pueda generar nuevos contapoderes sociales,
 
pero de momento el sindicalismo es de las pocas realidades de la sociedadindustrial que conserva esta capacidad de hacer de contrapeso social en unmomento de grandes transformaciones. Pero para que el sindicalismo puedadesempeñar este papel no basta con reivindicar el papel jugado antaño, esnecesario que renueve día a día su legitimidad y utilidad social. Y los retos en estesentido no son pequeños, porque al sindicalismo también le afectan las grandesmutaciones sociales de los últimos años.Comenzando por la necesidad de vencer los riesgos que para el sindicato comportala ideología de la sociedad de mercado. En las últimas décadas la ideologíadominante ha convertido el mercado en el gran espacio de articulación de la vidasocial, no solo de la Economía. Solo así se entiende que los derechos sociales sequieran convertir en meras mercancías. O que en el marco del Estado del Bienestarse quiera tratar a los usuarios de servicios públicos como clientes, argumentandoque esta condición comporta más derechos que la condición de ciudadanos. Elresultado ha sido el tránsito desde la Economía de mercado a la sociedad demercado o a la política de mercado. El sindicato no ha quedado al margen de estosriesgos, cuando en ocasiones se confunde la misión del sindicato, que no es otraque ser el espacio de autoorganización de los trabajadores y trabajadoras para quesean protagonistas de sus derechos. Y en su lugar aparece una idea del sindicatocomo responsable de garantizar los derechos de los trabajadores, como si de unacuestión ajena a ellos se tratara.
Es la vieja dialéctica entre “sindicato de los trabajadores y sindicato paratrabajadores”. Evitar este riesgo no es fácil, porque las fu
erzas que arrastran a elloson muy poderosas y han alcanzado la consciencia de muchos trabajadores querequieren del sindicato una relación clientelar, como si de un mero servicioasistencial se tratara. Y nuestro modelo de relaciones laborales, basado en larepresentatividad electiva de los comités y no en la representación y fuerzaafiliativa y en la negociación colectiva de eficacia general, contribuye a estadistorsión en la percepción social que los trabajadores tienen del sindicato y en lamanera en que el sindicalismo se relaciona con las personas trabajadoras.Agregar intereses ha sido una de las funciones claves del sindicato que hoy devienemucho más compleja. La externalizacion productiva de bienes y servicios se haconvertido en el modelo económico de referencia. Pero no solo es una estrategiaeconómica, se ha convertido en el paradigma social dominante y tiene impactosnegativos en la capacidad del sindicalismo para vertebrar y articular interesessociales y evitar la segregación. Los conflictos no se dan solo entre capital ytrabajo. En ocasiones el conflicto social se produce entre los trabajadores. Entre losque trabajan en empresas centrales y los de las empresas periféricas, entretrabajadores con derechos y trabajadores precarios, entre trabajadores nacidosaquí y inmigrantes, entre trabajadores maduros y trabajadores jóvenes. No escasual que una de las principales formas de deslegitimar al sindicalismo seapresentarlo como el enemigo de los jóvenes, los precarios. Afrontar este reto no esfácil porque la tendencia natural de las personas al corporativismo para defendersus derechos en exclusiva aunque sea a costa de otros trabajadores es muypoderosa y los valores ideológicos dominantes, poco dados a la solidaridad,contribuyen a ello. Como también lo hacen formas de sindicalismo corporativo quese organizan y ejercen el conflicto al margen y a veces en contra del resto de los
 
trabajadores. Algunas formas de conflicto social en los servicios públicoscontribuyen a deteriorar la legitimidad de todo el sindicalismo, aunque seaprotagonizado solo por organizaciones corporativas que además reciben el apoyode los trabajadores del sector, quienes solo suelen ver su beneficio propio einmediato. En estos casos se suele producir una situación por la que las ventajaslas reciben las organizaciones mas insolidarias y corporativas y el deterioro de lalegitimidad afecta al conjunto del sindicalismo y especialmente al sindicalismoconfederal que por su papel social y su representatividad general esta obligado adar cuentas al conjunto de los trabajadores y a la sociedad. Por eso tiene tantaimportancia y mérito mantener el proyecto de sindicato general que se organizaconfederalmente para agregar intereses frente al riesgo real y cierto desegregación entre las personas trabajadora.No es menor el reto que supone ejercer el sindicalismo que por genética tiene unsentido colectivo en un mundo donde los trabajadores buscan más libertad y lapersonalización de sus condiciones de trabajo. Este es un proceso histórico delargo alcance, que nos ha conducido desde el trabajo de la esclavitud, al trabajoagrario de la gleba sometido a la tierra, y después al trabajo industrial. Y que ahoracon la irrupción de nuevas formas tecnológicas y su impacto en las maneras deorganizar los bienes y servicios parece alumbrar formas de trabajo en las que lalibertad y la personalización de condiciones de trabajo de una parte de lapoblación van a ser muy importante para ellos. El tránsito va a ser lento y duranteaños van a convivir formas distintas de trabajo y sin duda también aquellas en queel trabajo sea todo menos libre y personal. Pero las nuevas formas de trabajo yaestán aquí y han llegado para quedarse. El sindicalismo tiene el reto de, sin dejarde ser un instrumento colectivo, ser el espacio que permite también lapersonalización de condiciones de trabajo. Este no es un debate teórico, sino tanreal y actual como lo son la necesidad de algunas personas para disponer deespacios de libre disposición de su jornada de trabajo o de parte de su salario. O lanecesidad de atender a nuevas realidades culturales que no encuentran acomodoen una jornada o un calendario laboral que no las tiene presente. O se incorporanespacios para la personalización de algunas condiciones de trabajo en el marco dela negociación colectiva o estas necesidades van a canalizarse hacia laindividualización, con la satisfacción sin duda de las empresas.Organizar a los trabajadores para disputar la distribución de la riqueza ya no selimita hoy a la disputa del salario y condiciones de trabajo. La acción delsindicalismo durante el siglo XX ha conseguido que un porcentaje no menor del30% de la riqueza generada por la sociedad con su trabajo, se distribuya a travésde la función social del Estado en forma de impuestos y políticas públicas, de lasque cuales una parte importante son gastos sociales. Por eso tiene tanto el méritoel trabajo desarrollado por el sindicalismo español en las últimas décadas en elterreno socioeconómico. Especialmente en relación a la Seguridad Social y labatalla, ahora ganada no sin dificultades y contradicciones, con el acuerdo social,para defender el sistema publico de seguridad social, garantizandosimultáneamente su estabilidad financiera y la mejora de las pensiones.
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