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Clase 6: Religión, Política y Estado Kepel, Giles > La revancha de Dios Introducción La década del 70 se plantea como una década

bisagra en la relación entre Estado y Religión. Desde la segunda guerra mundial se había profundizado la autonomía de las esferas, respondiendo a un modelo propio como el de la Ilustración. La religión sólo tenía influencia en la esfera privada y familiar. Presente en grupos reducidos y de élite, pero aún así sin influencia en la esfera pública. Desde los setenta se buscó “modernizar” o aggionar la relación entre las religiones y la sociedad. El Concilio Vaticano Segundo o la modernización del Islam fueron ejemplos de este proceso. La ruptura de los años setenta En 1975 comienza a expandirse un discurso que no busca plantear la adecuación de la religión en torno a los nuevos valores sociales, pero si la modificación de esta en torno a las estructuras de pensamiento religioso: una nueva evangelización de europa o una islamización de la sociedad son algunos de los procesos que llevan a cabo las tres religiones mundiales (cristianismo, Islam y judaísmo). El autor plantea estos procesos como un reto teórico el cual debe analizarse en su globalidad. Superar la crisis de la modernidad Los nuevos grupos se componen de estudiantes de instituciones seculares, especialmente en disciplinas técnicas, que plantean una solución religiosa a la crisis producida por la modernidad, mediante una reformulación o una lectura más amplia de los textos fundamentales de la religión. Generalmente, son grupos que disienten con la línea oficial de las instituciones religiosas. Según MW, pueden ser pensados como una “ intelectualidad proletaroi de”. Critican la secularización del mundo moderno, la anomia producto de la desintegración del lazo social que tampoco es resulta por las utopías liberales ni marxistas. No son movimiento sociales sublimados o travestidos sino movimientos que buscan reconstruir comunidades religiosas. Siguiendo el rastro “Nuestra hipótesis de trabajo será que tanto el discurso como la práctica de estos movimientos están cargados de sentido; no son producto de un desorden de la razón o de la manipulación de fuerzas oscuras sino testimonio irreemplazable de una enfermedad social profunda que nuestras tradicionales categorías de pensamiento ya no permiten describir. Tomarlos en serio, por tanto, no implica convertirse en defensor o aliado circunstancial de ellos, no más en todo caso de lo que adherían al Partido Comunista aquellos a quienes sus panfletos abrían los ojos sobre la condición del proletariado. El mundo actual ha dejado atrás la era industrial para entrar en una nueva época, en la cual vínculos sociales y relaciones internacionales viven una transformación que no sabemos definir claramente: la emergencia de los movimientos religiosos podría ayudarnos a hacerlo. Ellos son los hijos de nuestro tiempo por excelencia: hijos no deseados, bastardos de la informática y el paro o de la explosión demográfica y la alfabetización, sus gritos y sus quejas nos incitan a investigar su filiación, a rastrear en nuestro fin de siglo su inconfesada genealogía.”

lo que es permitido de lo que es prohibido. según el grado de independencia y el requerimiento de la legitimidad proveniente de la institución eclesiástica. La principal es por la obligación del Estado moderno de preservar la libertad de conciencia. porque el Estado laico defiende valores como la democracia. más allá de su existencia innata.” El Estado laico y los derechos sexuales y reproductivos. Cuando los actores políticos buscan legitimarse mediante un apoyo indirecto a cierto líder religioso. defendidos y garantizados. etc. existe una legitimidad de los Estados proveniente de las instituciones religiosas. una definición El estado laico es pensado como agente en un mundo plural. exclusivamente en el terreno del mercado religioso (no se le puede llamar “neutralidad”.” La construcción del Estado laico en México (raconto histórico de la relación entre Estado mexicano e Iglesia) “[L]a actual laicidad mexicana se define por una búsqueda de separación de esferas. La soberanía popular es la única que puede definir. lo que remite inmediatamente a una larga tradición de siglo y medio de regímenes liberales o social-radicales. pueden ser reconocidos. Esta laicidad en efecto no se inscribe en la Constitución. El autor define laicidad como “un régimen social de convivencia. lo que es válido de lo que no lo es. pero con la particularidad de ser un producto del sistema occidental. por lo tanto no es neutro) y un “jurisdiccionalismo” (herencia del Patronato) sobre los efectos sociales de las manifestaciones religiosas. Esta obligación surge de la convicción de que nadie puede ser obligado a creer en algo por la fuerza. El respeto a la libertad de conciencia y la inevitable pluralidad de creencias ha conducido entonces a la formación de un espacio público secularizado (recordemos el registro de nacimientos y el matrimonio civil). frente a cualquier amenaza que atente contra su libertad. como actor de defensa y ejercicio de las libertades y derechos humanos. pero se apoya en una más concreta idea de un “principio histórico de separación” entre el Estado y las Iglesias. un “no-intervencionismo”. Los derechos sexuales y reproductivos.. El estado mexicano se plantea de la misma manera: garante de las libertades. ¿Por qué está en crisis el Estado laico y en riesgo las libertades? Ante la crisis institucional. la pluralidad religiosa. . muchos grupos buscan legitimarse en iglesias y fundamentos religiosos. netamente marcada en el campo educativo. pero incapaz como actor social. cuyas instituciones políticas están legitimadas principalmente por la soberanía popular y (ya) no por elementos religiosos” Este concepto de laicidad permite entender que este proceso no implica la separación total del Esstado con respecto a la Iglesia. a partir de un cierto momento. la tolerancia. El autor menciona: “El Estado es más o menos laico. en principio ajeno a la influencia de las doctrinas religiosas y basado en una moral pública decidida por la voluntad popular en función del interés público. Más allá de una separación.Roberto Blancarte > El porqué de un Estado laico Laicidad. en la medida que la voluntad popular así lo decide. El Estado laico y los derechos sexuales y reproductivos están ligados intrínsecamente por diversas razones. siendo entonces necesario respetar las creencias de cada quien. Tampoco este proceso convierte al estado laico en Républica.

como los sexuales y reproductivos. En base a este planteamiento. pueden ser reconocidos. el autor plantea los dos riesgos de este proceso: Buscar la legitimidad del poder político en una fuente que no es de donde formalmente proviene la autoridad del Estado. sino el de llevar a cabo sus funciones de acuerdo con el interés público. exclusivamente en el terreno del mercado religioso y un “jurisdiccionalismo” o control sobre los efectos sociales de las manifestaciones religiosas. todavía hoy algunos partidos y funcionarios públicos acuden a las autoridades religiosas en busca de legitimidad política. Definir la laicidad como un proceso de transición de formas de legitimidad sagradas a formas democráticas o basadas en la voluntad popular nos permite también comprender que ésta (la laicidad) no es estrictamente lo mismo que la separación Estado-Iglesias. la laicidad del Estado se ha venido construyendo de manera paulatina. sin excluir los derechos . Pero. Éstas por el contrario son definidas por el pueblo. las cuales pueden ser o no religiosas. sin duda necesarias. el autor entiende esta acción como un “harakiri político”. defendidos y garantizados. definido por la voluntad popular mayoritaria. si bien tienen sus creencias personales. lo cual no impide que tanto el Estado laico como la educación laica sean percibidos con claridad y sostenidos firmemente por amplísimos sectores de la población. un “no – intervencionismo” (diverso a la neutralidad). Ésta genera inevitablemente una pluralidad de creencias. el Estado laico se ha constituido en el garante de muchas libertades y derechos que antes no existían o no eran reconocidos. La laicidad puede ser definida como “un régimen social de convivencia. dejarían establecido el retorno de las Iglesias (ahora en plural) al espacio público. desde mediados del siglo XIX. Legisladores y funcionarios deben responder esencialmente al interés público. Los derechos sexuales y reproductivos. El Estado laico y los derechos sexuales y reproductivos están ligados intrínsecamente por diversas razones. En México. puesto que al pretender una legitimidad religiosa se socava el poder de los ciudadanos. Quienes defienden los derechos sexuales y reproductivos tienen la obligación de recordar de manera permanente a legisladores y funcionarios públicos que su papel no es el de imponer políticas públicas a partir de sus creencias personales. ya que la única fuente de ese poder son los ciudadanos. a través de sus formas de representación. minando así la propia autoridad política. Las agrupaciones religiosas no son ya las que pueden influir sobre la conformación de las leyes o definir las políticas públicas. Acudir a una instancia religiosa para buscar una legitimidad allí donde no existe. La principal es por la obligación del Estado moderno de preservar la libertad de conciencia. En nuestro país. La legitimidad de un líder religioso no puede ser capitalizado en el ámbito político de forma directa. Es en este punto donde encontramos la cuestión de la moral pública y su definición. Ésta se define por una búsqueda de separación de esferas. siempre dinámica.olvidando que la suma de poder público proviene de la acción directa de elección. en la medida que la voluntad popular así lo decide. no deben ni pueden imponerlas al conjunto de la población. más allá de su existencia innata. cuyas instituciones políticas están legitimadas principalmente por la soberanía popular y [ya] no por elementos religiosos”. Las reformas de 1992 a los artículos anticlericales de la Constitución. En un Estado laico la moral pública ya no puede estar definida por una jerarquía y su interpretación de la doctrina. La laicidad mexicana no está inscrita en la Constitución del país. Las lógicas de ciudadanos y creyentes no siempre se traducen y transforman de un sistema a otro. netamente marcada en el campo educativo. que puede ser distinto a sus creencias personales. es decir la voluntad del pueblo. Los legisladores y funcionarios públicos. pero que obligan a la relativización de cada una de las creencias en el ámbito público. el voto.

aunque en diversos momentos de su construcción histórica así lo ha sido. socavando así el poder de los ciudadanos. están obligados a velar por el interés público.de las minorías. por el contrario. o de cualquier otra institución política. las instituciones políticas. están buscando en la fuente religiosa. una legitimidad en un lugar diverso de donde ellos realmente obtienen su autoridad. minando así la propia autoridad política. El Estado laico no debe ser entendido como una institución antirreligiosa o anticlerical. en las instituciones eclesiales. como la libertad de creencias y la libertad de culto. debido a una crisis de credibilidad. no deberían ser dirigidos para luchar contra las Iglesias. Estos. de los partidos políticos. la fuente de esa autoridad. El Estado laico es la primera organización política que garantizó las libertades religiosas. En el mundo. en lo sagrado. Los esfuerzos de las organizaciones no gubernamentales. como ciudadanos y como pueblo. . Los principales riesgos que la aquejan a la democracia moderna y en consecuencia al Estado laico consisten en buscar la legitimidad del poder político en una fuente que no es de donde formalmente proviene la autoridad del Estado (la voluntad del pueblo) y acudir a una instancia religiosa para buscar una legitimidad allí donde no existe. Las leyes y las políticas públicas no pueden responder ni a los deseos de algunas dirigencias eclesiásticas ni a las creencias personales de legisladores y funcionarios. El combate principal por reivindicar libertades y derechos debería centrarse sobre todo en dirección de los representantes populares y funcionarios políticos. lo cual supone el respeto a la voluntad de la mayoría y la protección de los derechos de las minorías. Es en ellos en quienes hemos depositado nuestra autoridad y somos nosotros.

Dar cuenta de este proceso permitirá entender el alcance del proceso de laicización del Estado Argentino y la secularización societal. Primera “escisión” en el primer gobierno peronista. Esa misma multiplicidad se reproduce en el ámbito de las libertades y derechos (relación con texto de Roberto Blancarte > El porqué de un Estado laico si bien la construcción del estado mexicano si tuvo un claro corte con las instituciones religiosas). Otras formas de acción política es presentarse como mediadores en los conflictos sociales y la incursión en el terrerno electoral mediante figuras sacerdotales. cultura política y poder eclesiástico. lo religioso. a ello se agrega la firme percepción del rédito extra-político que resulta del aceitado vínculo con las autoridades episcopales.Juan Cruz Esquivel > Cultura política y poder eclesiástico La relevancia de la Iglesia Católica en Argentina se basa en: la conformación identitaria de la sociedad argentina y su papel como actor relevante en el escenario político nacional. o consultas populares contempladas en la Constitución. justificarla en la disputa entablada contra la autonomía de las esferas seculares. consensos parlamentarios. A su vez. En la época colonial.” Conclusiones La perspectiva histórica nos señala que Iglesia Católica puede fundamentar su presencia pública atendiendo a la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles. salud. etc. Las estrategias de influencia de la Iglesia Católica La naturalización del accionar de la Iglesia puede rastrearse en los documentos y leyes que plantean como un elemento más la injerencia de la ética católica en la educación. el ser nacional era casi equivalente al ser cristiano. Así Estado e Iglesia eran garantes uno del otro (Ej. 1999). la clase política puede legitimar su praxis siguiendo las normas del propio sistema político –elecciones periódicas. En el ámbito de lo social. fragmentación de las creencias. lo simbólico y lo social. “La “peronización” de la educación y la “politización” de las tareas de asistencia social tendían a apartar a la Iglesia de sus áreas “naturales” de incumbencia (Bianchi. quiebre del monopolio católico ante el crecimiento evangélico en el campo religioso. o canalizando literalmente y de modo acrítico las peticiones de determinados factores de poder. quienes se exhiben más como correas de transmisión del ideario eclesiástico que como representantes de la sociedad civil. La autonomía de la esfera política está así supeditada al derrotero que asume su dirigencia. crisis de representación. El zigzageante proceso de laicización se compone de cuatro puntos: democracia. . Entrecruzamiento de esferas de lo político. como el referéndum o el plebiscito–. o afirmarla en la protección de ciertas normas y valores tradicionales (Casanova. Además. Este doble movimiento: multiplicación de las demandas de la ciudadanía y el intento de unificación por parte de la Iglesia. mediante los mecanismo de la reproducción de su figura pública para conservar su poder institucional y la canalización de sus pedidos en la administración gubernamental. comenzaron a presentar los primeros síntomas de esta división: “heterogeneidad social. La Iglesia así era el canal y también contenido de la ingerencia del estado en la vida cotidiana. La constitución de 1953 contemplaba la liberad de culto pero no la igualdad religiosa). en los cuales se trazaron algunas lineas divisorias pero nunca un corte total de manera formal. 1994)”. “Estamos frente a una cultura católica presente en muchos de los responsables políticos. descomposición de identidades históricas. ya que ninguna institución puede adjudicarse el monopolio de un corpus doctrinario al interior de la sociedad argentina.” Esta multiplicidad de identidades (religosas) se mantiene.

Pero los procesos de democratización y de pluralización cultural y religiosa. es una asignatura pendiente para la Argentina la consolidación de un vínculo institucional más maduro a partir del reconocimiento de la autonomía recíproca. de la nueva conformación de la sociedad. instan a redefinir las relaciones EstadoIglesia. sino por el ejercicio extendido de los derechos civiles. al promover su participación en la gestión de políticas públicas y en la discusión legislativa. Benedicto XVI impulsó un Concordato con el Estado brasileño que contemplaba una serie de prerrogativas para la institución católica. sino también se auspicia su injerencia en la esfera pública. y tendieron a instituir a ésta última como fuente de legitimidad de los procesos políticos y dadora de los valores trascendentes de la Nación. Independientemente de su filiación religiosa. sobre el alcance de la laicidad en el mundo contemporáneo. . en México (polémica por la ley de despenalización del aborto). sexual. por añadidura. religiosa. ni tampoco de impedir la divulgación de sus principios normativos: se trata más bien de puntualizar que. En ese contexto. En esa línea. la conducción eclesiástica ha lanzado una “cruzada” contra los gobiernos que impulsan proyectos de ley o políticas públicas que discrepan con los principios de la doctrina católica. a dicho acuerdo actualizó el debate sobre las fuentes de la legitimidad de los gobiernos en sociedades democráticas y plurales y. sin la imposición de ninguna en particular. sobre todo en sociedades donde la diversidad y la visibilidad del “diferente” son. en Chile (discrepancia por el fallo del Tribunal Constitucional que prohibió la distribución gratuita de anticonceptivos de emergencia) y en otros tantos países. No se trata de negar o de dejar de reconocer la presencia histórica de la Iglesia Católica. Al mismo tiempo.El caso argentino ostenta la preponderancia de una cultura católica y una escasa apropiación de los valores inherentes a la laicidad. teniendo en cuenta la nueva configuración social. Las condiciones de posibilidad de un régimen de laicidad que promueva la convivencia de opciones plurales en materia familiar. los asuntos públicos no pueden definirse por la doctrina de un credo en particular. requerirán de una transformación profunda en el arraigadomodus operandi de la dirigencia política. no solo se “naturaliza”. en un régimen democrático. Sin duda. en cierto sentido. por parte de la Iglesia Católica. en Italia (conflicto por el proyecto de unión civil de personas del mismo sexo). los fundamentos del régimen del Patronato y del modelo de cristiandad que sentaron las bases para un esquema institucional simbiótico entre el Estado y la Iglesia. Los medios de comunicación reflejan a diario las tensiones que se producen entre la cúpula de la Iglesia Católica y el poder político en otros espacios nacionales: en España (confrontación en torno a la materia Educación Ciudadana). cultural. con motivo de la V Conferencia del CELAM en Aparecida en mayo de 2007. permanecen arraigados en las representaciones de la clase política. Para finalizar. cada vez. esta última reconoce en la voz de la conducción de la Iglesia una opinión fundamental que influye en la toma de decisiones y en las propias prácticas políticas. Asimismo. El rechazo del presidente de Brasil. pues persiste en la clase política un imaginario en el que se visualiza a la institución religiosa como garante de la nacionalidad y como proveedora de legitimidad. Lula da Silva. ello supone dejar atrás el modelo histórico de compenetración eclesiástico-estatal. así como de la aceptación. es posible considerar que las controversias suscitadas en el escenario político argentino –mismas que tienen a la laicidad como marco subyacente– no son una excepcionalidad del país. más un hecho social incuestionable.