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¿Dónde reparten el ingreso per cápita?

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La Paz - Bolivia Edición de Diciembre 26, 2004

¿Dónde reparten el ingreso per cápita?
El autor revisa el nuevo libro de Roberto Laserna, en el que se analizan las causas de la crisis estructural del país. El ch’enko está en las mil y un contradicciones de la sociedad

Por Marcelo Paz Soldán ara empezar se realizará una muy breve retrospectiva de teoría económica, ya que a nuestro juicio parte de la base teórica desarrollada por Milton Friedman (1912) se puede encontrar en el libro La democracia en el ch’enko de Roberto Laserna. El año 1976, el economista estadounidense Milton Friedman gana el premio Nobel de economía y en 2002 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lo nombra el Economista más significativo del siglo pasado, algo así como el Jugador más valioso de la Liga de básquet americana. Friedman es uno de los economistas más prominentes de la moderna teoría monetaria —lo que luego se denominó monetarismo— que es una reacción a la teoría keynesiana. Friedman investigó la influencia que tiene la cantidad de dinero en una economía, para, entre otras cosas, probar empíricamente que Keynes estaba equivocado cuando mencionaba que el dinero no importa. De acuerdo con la nueva teoría cuantitativa de Friedman, la política monetaria no debe ser vista por las tasas de interés, sino enfocarse en la cantidad de dinero. En contraposición a las ideas de Keynes, el déficit en el gasto gubernamental no es útil para controlar las depresiones económicas. Sobre ello, Laserna señala que en la reforma de pensiones que ha sufrido Bolivia, el Fondo Monetario Internacional ha negado la posibilidad al gobierno boliviano de tratarla como deuda y la ha contabilizado como gasto corriente, por lo que le ha impuesto restricciones en el gasto, cuando en realidad requiere lo contrario (:77). Keynes señalaba que se debe controlar las crisis económicas con disminución en el gasto fiscal; Friedman, en cambio, señala que las crisis deben ser controladas con una cierta cantidad de dinero en la economía. Laserna se adscribe a una posición, supongo, más cercana a la de Friedman, pero sin la receta clásica keynesiana de disminuir el gasto corriente para controlar la crisis; había escuchado posición similar al ex presidente Jorge Quiroga en un discurso que dio en Cochabamba en la inauguración de la feria internacional que cada año se lleva a cabo en esa ciudad. Friedman señalaba que durante recesiones o depresiones el gobierno puede contribuir a su control expandiendo la oferta monetaria, pero solamente hasta un límite sensible, para asegurar que la inflación no aumente. Con su teoría económica y consideraciones políticas, Friedman se volvió la figura del neoliberalismo, la que defiende privatizaciones, desregulaciones, reducción del gasto, control de la inflación y la liberalización del mercado externo, apoyando así la teoría básica de Adam Smith de un sistema simple de libertad natural en la que un sistema de libre competencia es defendido por los intereses de los individuos en vez de que éstos sean protegidos por el Estado. Esto se puede potenciar, de acuerdo con John Nash,

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premio Nobel de economía en 1994, si todos los individuos actúan pensando en el bien de los demás, además de uno mismo (Teoría de juegos cooperativos). El mercado es, por lo tanto, el que en el capitalismo competitivo crea una óptima distribución de los recursos (cabe aquí la crítica oportuna que le hace Laserna a la imagen de distribución de los ingresos, ya que la idea sugiere que los ingresos están disponibles para su distribución y que ésta simplemente ocurre a lo largo del tiempo (:90). Entre paréntesis, hay un graffiti en la calle 16 de Julio de Cochabamba donde se lee: “¿dónde se distribuye el ingreso per cápita?”). Es decir, la famosa mano invisible de Adam Smith. Muy temprano Friedman encauzó la idea de la salida del gobierno de la economía y de la sociedad como requisito indispensable, juzgando sus intervenciones como problemáticas porque siempre significan restricciones de las libertades individuales. El apoya, en sus palabras, la competencia capitalista como claves para el éxito en política económica. Es considerado como la cabeza de la Escuela de Chicago, que ha producido una serie de otros economistas que han ganado el premio Nobel como George Stigler, Gary Becker, Robert Fogel, Robert Lucas, Ronald Coase, James Buchanan; ciertamente, sus alumnos han contribuido activamente en otros países en política económica, como es el caso de Bolivia. En Chile, donde tuvieron un papel preponderante, se los conoció como los Chicago boys. Sin embargo, desde mediados de los años noventa, el paradigma neoliberal ha perdido buena parte de su influencia en políticas de desarrollo debido especialmente a los extremos rechazos sociales que aún genera. En el 2001, gana el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, quien en sus investigaciones acerca de la desigual distribución de la información, cuestiona la ineficiencia del mercado. Continúa, entonces, el debate acerca del papel que deben tener los gobiernos en política económica; si éstos deben dejar que los individuos persigan/defiendan sus propios intereses en el mercado, dejando al Estado de referí, o tener un Estado que intervenga de manera más relevante en la economía. Este debate en Bolivia tiene plena vigencia, lo que ha creado un ch’enko. Laserna menciona como el caso más evidente el del gobierno del presidente Carlos D. Mesa, que quiere revitalizar YPFB para que asuma un papel más preponderante en la producción y exportación de hidrocarburos (:103). Veamos algunos ejemplos que nos presenta Laserna a la hora de mostrarnos el ch’enko en el que ahora vivimos: “Queremos capitalismo a la hora de consumir, pero no a la de trabajar e invertir. Queremos democracia al reclamar derechos pero no al asumir obligaciones. Queremos un Estado social fuerte y capaz de protegernos pero no estamos dispuestos al aporte tributario. Y seguimos aferrados a la convicción de que no hay riqueza fuera de la que se encuentra ya en la naturaleza y, por tanto, no hay otra forma de resolver la pobreza que no sea mediante su distribución”. Volviendo a la idea central del libro de Roberto Laserna, los cambios estructurales que ha vivido el país desde 1982, con la apertura primero de la democracia y luego con la introducción del modelo neoliberal propagado por la Escuela de Chicago encabezada por Friedman a través de la Nueva Política Económica (NPE), han resultado exitosos en muchos casos, pero su falta de asimilación por parte de algunos sectores de la población, especialmente los de base natural y familiar, ha hecho que nos encontremos en un ch’enko que nos impide rescatar/defender de manera más decidida estos logros; en la actualidad existe una mayor cantidad de sectores que quieren volver al sistema de mayor intervención estatal, especialmente en lo que se refiere a una equilibrada distribución de ingresos y la eliminación del pago de impuestos. A estas alturas, en la que la mayoría de los sectores critica duramente el modelo vigente, especialmente después de las crisis vividas por el país —crisis del agua, crisis del gas, de los que Laserna hace un destacado análisis—, es muy agradable leer un libro en el que el autor defiende la idea de que el modelo de mercado no es malo para Bolivia, aunque reconoce que aún no ha logrado lo que se le exige; Roberto escribe con soltura académica y profundidad digna de envidia, sabiendo que su libro puede ser blanco de críticas, por lo que defiende sus ideas con profundidad de análisis sin caer en la fácil repetición. Escuchando casi al pasar el noticioso de radio Fides, Esther Balboa criticaba el modelo

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vigente en Bolivia, que lo único que había hecho era el empobrecimiento del país, lo que Laserna demuestra con datos que no es cierto, que el país ya vino pobre antes del modelo y que estamos un poco mejor. Reconoce, asimismo, que más bien ha habido un incremento en la brecha entre quienes continúan con el modelo de base natural con el de base de mercado, intensivos en uso de capital (más cerca del mercado, mejor nos va, podríamos pensar). Reitero que Roberto la tiene difícil, ya que nada contracorriente, donde la voz es generalizada en torno a lo que varios sectores populares han asumido como verdad indiscutible, que el modelo no funciona, que debemos volver al modelo estatista. Sin embargo, Laserna no se queda en el simple análisis y va más allá al proponer que la sociedad boliviana debe reconocer sus diferencias y vivir con ellas: “Lo que aquí propongo es recuperar esa perspectiva reconociendo que la heterogeneidad no se circunscribe solamente a diferencias tecnológicas o a manifestaciones de identidad cultural u organización socio–política, sino que implica también la existencia de distintas racionalidades y patrones culturales en el sentido más amplio del término, el que se refiere al relacionamiento con la naturaleza y el establecimiento y la utilización de medios de vida. Por tanto, propongo analizar “el modelo” económico de desarrollo a partir del reconocimiento de que en Bolivia hay distintos sistemas de valores y de metas sociales a los que también corresponden diversos comportamientos, medios y procedimientos. No todos los bolivianos valoramos de la misma manera, por ejemplo, el tiempo libre o el trabajo, la amistad o el consumo, la fiesta o la educación. Tales diferencias ponen de manifiesto la heterogeneidad estructural como un rasgo definitorio del modelo económico boliviano” (:83). “El análisis de las heterogeneidades estructurales como modalidades distintas de producción, consumo y trabajo nos permitirá comprender mejor por qué persisten la desigualdad y la pobreza y se frustran tan rápidamente los esfuerzos de desarrollo” (:97). Laserna reconoce que ha habido profundas reformas estructurales en muchos sectores del Estado, pero que esto a su vez no necesariamente ha mejorado las condiciones de vida de los bolivianos, que aun ansían un gobierno corporativo. Pero reconoce también que ahora hay mejores y más sistemas, su funcionamiento es más transparente y eficaz y los ciudadanos pueden influir en su funcionamiento. Por tanto, se puede decir que si bien el mercado es un gran espacio donde se resuelven muchos de los problemas económicos, y que su apertura trae desarrollo económico, como es evidente en el caso de la China comunista, éste tiene varias imperfecciones como nos lo señala Stiglitz o el caso evidente de Estados Unidos y Europa que protegen sus productos de elevada tecnología y una industria agrícola altamente subvencionada y cerrada para muchos exportadores. Es decir, la democracia boliviana no está usando las palabras de Laserna, tan en el ch’enko como la economía, el que aún no está ampliamente asimilado por los distintos sectores que componen esta, en palabras de René Zabaleta Mercado, abigarrada sociedad. La Democracia en el ch’enko es una lectura apasionante, como una buena novela, en la que Laserna va presentando, de manera ordenada, paulatina y detallada los cambios estructurales que sufre Bolivia y la demanda de muchos sectores de permanecer en un sistema de mayor intervención estatal, ambos con sus implicaciones. Los modelos de Keynes y Friedman se aplican en Bolivia, pese a sus contradicciones, lo que genera un ch’enko difícil de entender y explicar, por lo que espero no haber ayudado en la confusión.
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