Nueva Legislación Penal Juvenil, ¿Rol Sancionatorio o de Reinserción?

Macarena Herrera García. Tesis para optar al grado de licenciado en Ciencias Jurídicas. La Serena, Noviembre 2007

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INTRODUCCION

Con la incorporación en América Latina de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño a los sistemas jurídicos nacionales se han producido a nivel normativo cambios sustanciales en la manera de concebir a los niños, a los jóvenes y a sus derechos. Tal transformación se conoce, en el debate actual, como la sustitución de la "doctrina de la situación irregular" por la "doctrina de la protección integral", y ha sido caracterizada como el pasaje de la consideración de los menores como objetos de tutela y represión a la consideración de niños y jóvenes como sujetos plenos de derecho. Independientemente de que en efecto se haya producido un cambio legal en nuestro país, a nivel doctrinario se debaten los alcances de la concepción de los niños como sujetos plenos de derecho y la noción de interés superior del niño, otra definición que se usaba en el modelo de la situación irregular y que ahora requiere una reconceptualización en el nuevo marco legal. En cualquier área temática relacionada con los derechos del niño, la falta de claridad respecto de qué es lo que se entiende por interés superior o por sujeto de derecho -aún más, por protección integral- plantea en muchos casos la discusión de la situación irregular. Esa circunstancia explica que se sigan proyectando y eventualmente aprobando leyes en diversos países de América Latina a fin de dar cumplimiento al artículo 2 de la Convención

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Internacional sobre los Derechos del Niño que repiten un diseño y una concepción de la infancia propia del modelo anterior. Existen tres áreas en las que en el marco de la llamada doctrina de la protección integral de los derechos de los niños las aguas continúan divididas: el trabajo infantil, la adopción internacional y lo relacionado con las personas que tienen menos de dieciocho años que llevan a cabo una conducta descripta como antecedente de una sanción en el Código Penal. En esta investigación me propongo abordar esta última cuestión. Donde con mayor claridad se plantea lo que podría considerarse como "cierta" continuidad entre el antiguo modelo de la situación irregular y el de la protección integral, es en el área que se relaciona con las personas menores de dieciocho años que cometen delitos. En realidad, la ruptura es precisa en relación con el reconocimiento de las garantías sustantivas y formales de que deben gozar los niños y jóvenes frente al aparato coactivo del Estado. Sin embargo, la idea de un cambio sustancial no parece ser tal a la hora de haber discutido la reforma legal en relación con el contenido y los alcances de la responsabilidad de estos infractores y con las características que debe tener la reacción estatal frente a sus comportamientos infractores de la ley penal. En el marco de la doctrina de la protección integral, las cuestiones relativas a la responsabilidad del niño o joven infractor de la ley penal y a la reacción coactiva estatal frente a sus conductas delictivas pueden -y debenser comprendidas dentro de la discusión actual acerca del sentido y los límites de la pena estatal.

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Esa discusión se extiende hoy desde las posturas abolicionistas, de importante nivel diagnóstico pero de compleja -y en ciertos aspectos cuestionable viabilidad político criminal en su conjunto, a la industria del control del delito y los sistemas de derecho penal de máxima intervención. En ese marco, el derecho penal mínimo surge como la única alternativa posible para justificar en nuestras sociedades la administración de los conflictos violentos mediante reacciones estatales coactivas. Su importancia se hace más evidente a la hora de analizar y dar respuesta a los problemas sociales definidos como criminales en el contexto de la tarea siempre inacabada de construcción de un Estado y una sociedad democráticos. Es a partir de esa idea que en muchos países incluido Chile han diseñado y se están implementando sistemas que dan respuesta a las infracciones penales cometidas por adolescentes del modo más activo y menos reactivo posible. Es a esos sistemas que se les llama sistemas de responsabilidad penal juvenil.

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CAPITULO I Mi Idea de Investigación

DISEÑO TEORICO

Mi idea de investigación surgió porque la rama del derecho que a mi mas me agrada es el derecho penal , porque esta rama surge de la necesidad de proteger el bien social de manera general y a las personas en su integridad , me avocare en esta investigación a estudiar la modificación al derecho penal juvenil porque creo que este hoy en día vino a remediar o a tratar de remediar una legislación que para mi gusto no respetaba , ni garantizaba para nada los derechos y garantías de los niños , niñas y adolescentes de nuestro país , además no se ajustaba para nada a los estándares internacionales en cuanto a los derechos de los niños , creo que esta nueva ley que desarrollare jurídicamente en esta investigación , sin duda que era un cambio necesario e indispensable, pero a la vez tardío , que pretende subsanar los defectos del sistema antiguo y mas aun pretende reinsertar o resocializar a los jóvenes infractores , cuales son las medidas que adopta para ello , como estas medidas son ejecutadas , es lo que realmente me interesa saber por cuanto es lo que a mi gusto dará respuesta a mi interrogante.

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Problema Nueva Legislación Penal Juvenil, ¿Rol Sancionatorio o de Reinserción? Justificación Adopte este tema o esta idea de investigación , por cuanto , es un tema que trasciende lo jurídico para llevarnos a otras ciencias, además es un tema social importante en nuestros días ya que a pesar de que somos un país democrático y respetuoso de las garantías de las personas , siento que por muchos años se nos olvido serlo también de las garantías de nuestros jóvenes y niños , algo que para mi es muy importante , el sistema antiguo no era para nada respetuoso de dichas garantías , sino que fue trasgresor de dichas garantías , es por lo cual que me interesa saber por medio de esta investigación si la nueva legislación penal juvenil es una ley que solo busca la sanción o la represión de un joven que infringe una norma penal sino que también saber si esta ley busca como objetivo principal la reinserción de este joven o solo habla de aquello para que de alguna manera se crea que hoy en día Chile si tiene una justicia penal juvenil especializada y acorde o ajustada a lo que en derecho corresponde . Por lo cual es evidente la importancia y trascendencia de investigar un tema de esta envergadura, ya que hablamos de personas que están todavía en desarrollo y por lo cual en materia penal no se puede tratar de igual forma a un adulto y a un joven que a veces es solo un niño.

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Objetivo General. Mi objetivo general es determinar el rol fundamental de la nueva ley que establece un sistema penal juvenil especializado que es la ley número 20.084, en cuanto a si su objetivo es puramente sancionatorio o también de reinserción. Objetivos Específicos Mis objetivos específicos son los siguientes: • • • •

Conocer,

si

nuestro

derecho

penal

contempla

un

sistema

sancionatorio o de reinserción. Conocer, cual seria un modelo de de derecho penal de reinserción o con fines de reinserción. Conocer, cual es la finalidad de nuestra legislación penal juvenil, en relación con los dos primeros objetivos. Hacer una exégesis de la ley 20.084 en relación a los demás objetivos específicos. Preguntas de Investigación 1.- ¿Nuestro derecho penal general contempla un sistema sancionatorio o de reinserción? 2.- ¿Cómo seria un modelo de sistema penal de reinserción o con fines de reinserción?

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3.- ¿Cuál es la finalidad de nuestro derecho penal juvenil, en base a su nueva ley , en relación a los dos primeros objetivos? 4.- ¿Qué regula la nueva ley 20.084?

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CAPITULO II

MARCO TEORICO

Cuando se investiga al menor que comete una conducta antijurídica, es una consecuencia obligada referirse a las investigaciones hechas por Philippe Aries y Anthony Piatt.

Infancia Como Construcción Social

Seria el producto

de un proceso de cambio socio-histórico en el que han

variado usos, concepciones y percepciones vinculadas a los menores. Considera que el concepto de infancia que hoy en día entendemos como categoría autónoma diferente del adulto no existía en épocas anteriores al siglo XVII. Deduce su tesis de practicar un estudio sobre las pinturas de la época por constituir expresión cultural de las ideas imperantes, en las que encuentra que el niño pasaba de una absoluta dependencia materna al mundo del adulto. En un proceso que se gesto a fines del siglo XVII y se materializo a mediados del siglo XVIII, el niño aparece en un nuevo esquema en el retrato de familia: se le observa vistiendo nuevas ropas y bajo un manto de dependencia. No obstante esta nueva ubicación no es nada favorable, ya que parte de la perdida absoluta de autonomía y de una cultura jurídica social que vincula la protección hacia el menor con una concepción previa de su incapacidad. Este presupuesto puede considerarse como la génesis de la llamada doctrina de la situación irregular, la cual predicaba un esquema de de protección represión, que entendía al menor como sujeto de protección ajeno a un status que le reconociera como portador de derechos.

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Creación del Sistema Tutelar

Por su parte, Piatt desecho el argumento que sostenía que el surgimiento de los primeros tribunales de menores era consecuencia de fines altruistas del industrialismo a favor de los menores abandonados o infractores1. En su opinión, su creación estuvo marcada por los intereses guiados a defender valores fundamentales que se habían visto desplazados por el industrialismo, entre ellos, la familia, el regreso al campo, el "nativismo" protestante, el papel de la mujer dentro de la familia, la disciplina del hogar y la asimilación de los inmigrantes. En su opinión, la creación del tribunal de menores de Illinois no supuso una reforma radical, sino la confirmación de las instituciones existentes, permaneciendo tendencias del conservadurismo. Ciertamente, la caridad justifico la utilización de mecanismos difusos de control social para los pobres y alienados. Tales inclinaciones llevaron a acusaciones que se pueden calificar, actualmente, como antilegales; no obstante, pese a esta identificación utilitarista del surgimiento de los tribunales de menores, no se puede obviar que con ellos se materializo la necesidad de diferenciar el tratamiento penal para el menor infractor. Para Piatt la creación del sistema tutelar se basa en dos tipos de argumentos: a) El argumento humanitario. Según el cual se consideraba injusto el tratamiento de los menores de cierta edad bajo las reglas del Derecho Penal, y su encierro en cárceles para adultos, siendo que los niños no eran responsables de los delitos que cometían, dado que no tenían la capacidad de
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Hace referencia al tribunal de menores de Illinois , Estados Unidos , creado el año 1899.

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los adultos para comprender las prohibiciones penales y para resistir los condicionamientos al delito, situados normalmente en el contexto de vida en que actuaban y no en una decisión libre de conducirse en forma delictiva, y b) El argumento criminológico-correccionalista, según el cual la respuesta penal convencional respecto de los niños que cometían delitos era ineficaz. La criminología de la época (s. XIX), positivista, se autoproclama en condiciones de identificar los factores crimonogenos de la delincuencia infantil, que se encontraran en forma precisa en el entorno familiar y social de su conducta; típicamente, en los problemas asociados a la marginalidad urbana de las ciudades industrializadas (desempleo, hacinamiento, abuso y negligencia parental respecto de los niños, alcoholismo, prostitution y promiscuidad sexual, perdida de valores morales y religiosos, etc.). Además, el correccionalismo plantea la posibilidad de intervenir sobre esos factores fundamentalmente por medio de aislar al niño delincuente o "predelincuente" de los factores ambientales del crimen, internándolo en instituciones especialmente creadas para el, en las cuales se les ofrecerá el remedio físico (cuidados y actividad recreativa y laboral de tipo física) y moral (educación moral, cívica y religiosa) para educarlos de manera recta. A partir de la creación del sistema tutelar, que se extiende por prácticamente todos los continentes con enorme y muy rápida adhesion política, la Justicia de Menores desarrolla sus instituciones bajo dos vertientes paralelas, que a veces, sin embargo, cruzan entre si diversas experiencias históricas: La corriente despenalizadora, para la cual el foco de la nueva justicia de menores debe ser evitar el paso de los niños por el sistema penal, reenviándolos a espacios normales de socialización; esta corriente no se

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interesa tanto por que debe hacerse con los niños delincuentes como por lo que no debe hacerse con ellos, esto es, encarcelarlos y reprimirlos penalmente, y La corriente intervencionista, para la cual —sin perjuicio de sacar a los niños del sistema penal de adultos- el foco debe estar en la actividad correccionalista y educativa que las nuevas instituciones especiales para los menores deben desarrollar (tratamiento) en pro-cura de revertir las influencias criminógenas que han recibido. La situación precedente nos ayuda a entender el contexto dentro del cual hoy se discute la responsabilidad del menor infractor. En efecto, la realidad social determina que en la actualidad se hable del menor como "sujeto de derechos", entendido como un concepto autónomo marcado por diferencias frente al adulto y, por otra parte, como consecuencia de este reconocimiento, sea lógica la necesidad de un tratamiento diverso frente al menor infractor dentro de un marco garantista. Estas dos premisas han sido resultado de la evolución misma de la sociedad que ha impuesto cambios en el derecho. Para llegar a ellas, además de discutir los fines "utilitaristas" de instituciones como el tribunal de menores, se cuestiono el desconocimiento de los derechos fundamentales a los menores investigados por conductas penales. Como resultado de lo anterior, hoy se habla del menor como "ciudadano", significando con ello, su reconocimiento como "sujeto de derechos". Si bien la creación de los tribunales de menores constituyo un avance importante dentro del desarrollo de la respuesta penal al menor, lo cierto es que la indistinción entre el menor abandonado y el menor infractor -propia del modelo tutelar- constituyo el germen para la vulneración de derechos fundamentales en los menores.

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Fue así como a fines del siglo XIX se empezó a gestar la discusión en torno a la intromisión del iuspuniendi en conductas referidas a los niños, que nada tenían que ver con infracciones a la ley penal, así lo menciona Platt al relatar que entre los anos 1882 y 1917 se impugno ante la Suprema Corte de Illinois la constitucionalidad de las leyes de las escuelas industriales, en donde se recluta a los niños llamados dependientes, instituciones que lejos de ser educativas tenían un carácter penal porque se privaba a los niños de la libertad sin un debido proceso. Fueron múltiples los cuestionamientos generados al "modelo tutelar", que entendía al menor como necesitado de protección, llegándose a afirmar que las instituciones dedicadas a menores infractores solían ser mas represivas que algunas destinadas a adultos. En el paso del "modelo protector o tutelar" al de "responsabilidad" del que parte la "doctrina de la protección integral" reconoce el status de persona en el menor, algunos autores suelen incluir el "modelo educativo". Giménez Salinas explica que este se gesto dentro del estado de bienestar social, cuestionándose los fundamentos del "modelo tutelar" y postulando nuevas vías frente a los menores infractores. De esta forma, surgen propuestas extrajudiciales como la mediación bajo el predominio de acciones educativas y el abandono de medidas represivas. Pese a los avances en medidas alternativas frente a los menores infractores, el modelo siguió acogiendo la espina dorsal del "modelo tutelar" en sus inicios: la indistinción entre menor abandonado y delincuente, y el cobijamiento a un modelo educativo que justificaba "todo" el actuar estatal. Por esto, este período se puede encuadrar todavía en la "doctrina de la situación irregular". Se paso de la doctrina de la situación irregular a la doctrina de la protección integral.

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Doctrina de La Situación Irregular , que no permite la Reinserción Digamos en primer lugar, que la categoría infancia no designa un campo social homogéneo. En su interior se producen fuertes diferencias entre aquellos que tienen acceso a ciertas condiciones y los demás. Para los primeros, la familia y fundamentalmente la escuela, cumplen un papel central en su consolidación y reproducción. Los excluidos de estas condiciones (los demás) se transforman en “menores” y en el objeto principal de esta doctrina. Para ellos se construye todo un aparato o sistema institucional: legislación, instituciones de internación, juzgados de menores, instancias a las que se otorga el rol específico de socialización y control. La falta de recursos o de decisiones políticas durante los primeros decenios del siglo actual, llevaron a la judicialización del problema de la minoridad. A mediados de los 40, las políticas distribucionistas se reflejaron positivamente en este campo, disminuyendo durante los siguientes decenios el número de menores y con ello la aplicación de esta doctrina. Es importante observar al respecto, que la causalidad de tales modificaciones, no logró alterar la esencia de la cultura de las intervenciones. El carácter ambiguo e indeterminado de las normas producto de esta doctrina, permitió su consolidación como compartimento estanco y variable independiente del desarrollo socio-económico y de las políticas sociales. Ello es especialmente advertible a partir de los 80. Este período, caracterizado como la “década pérdida”, mostró en el crecimiento de la pobreza, los más duros efectos de la crisis económica y el ajuste del estado. La retracción relativa del gasto social estatal, especialmente el destinado a los sectores más vulnerables, determina un nuevo crecimiento del universo de la infancia excluida.

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Dicho crecimiento, como señala García Méndez, se manifiesta de manera emblemática en la figura del niño de la calle. Que su mejor definición sea aquella que imagina a este grupo humano, como una “isla rodeada de omisiones”. En efecto, la identificación de la falta de acciones por parte de aquellos que de una u otra manera poseen alguna responsabilidad institucional, permite catalogar la crisis ética implícita en esta etapa del desarrollo social. Pero por otro lado, ayuda a entender mejor la doctrina de la situación irregular, especialmente en lo que refiere a los límites “conceptuales” de una doctrina que se encuentra impedida de entender de un modo más integral la problemática que nos ocupa. El surgimiento durante esta década de movimientos sociales, de nuevas propuestas conceptuales y algunas aisladas acciones de política social, que ven a la infancia como potencial sujeto de derechos, no tiene efectos sobre el mundo jurídico tradicional, que se aísla de estos avances. La orientación de la política social en la que esta doctrina juega un importante rol, es aquella que se propone como objetivo prioritario ejercer el control social de los menores. Ahora bien, este control se materializa en la facultad discrecional de la justicia de declara el abandono material o moral del menor, facultad que constituye la columna vertebral de la perspectiva que analizamos y que sintetiza a su vez, la relación entre la política social y la Doctrina de la Situación Irregular. Se afirma al respecto que el tema menores ha sido enfocado desde una óptica represiva y no proteccional, el menor ha sido víctima de la acción tutelar. Se han penalizado los problemas sociales y se han socializado los problemas penales, de modo tal que se han eliminado las garantías frente a la intervención del estado.

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En efecto la carencia de políticas integrales ha sido reemplazada por la intervención a través de los órganos del sistema de justicia juvenil, cuya actuación conlleva la eliminación de los principios, garantizadores de todo proceso penal y discrecionalidad en las medidas a adoptar a cualquier situación penal o social. De este modo, “se abandona la distinción entre menores

delincuentes, abandonados o maltratados, todos los cuales pueden ser objeto de las mismas medidas y se alteran sustancialmente las funciones del juez, de quien se pretende que se transforme en “padre” y “vigilante”. Puede señalarse así, que el papel de esta doctrina en el marco de la incapacidad del sistema estatal de universalizar los servicios básicos (saludeducación), remite al rol del juez como centro de irradiación de políticas concretas. “Munido de una competencia omnímoda penal-tutelar, el juez de menores resulta el encargado de resolver los aspectos individuales de las deficiencias del sistema de políticas sociales. Más allá del rol de la justicia al interior de esta doctrina, la perspectiva histórica del análisis de políticas y prácticas sociales, permite demostrar el carácter recurrente de los problemas y de las soluciones. Las respuestas a los problemas resultan previamente definidos en su contenido y gestión . Lo anterior implica que no existiría una preocupación explícita por las causas que originan la llamada irregularidad, por ello se enfatiza la atención protectora y rehabilitadora, considerando ajeno a su preocupación la

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acción preventiva, acción que requiere de una perspectiva conceptual más amplia y comprensiva que la que hemos analizado. Finalmente y a la luz de lo señalado, es importante mostrar el virtual acuerdo que parece existir entre los expertos en esta temática acerca del fracaso y crisis de la Doctrina de la Situación Irregular. Una primera causa se relaciona con una cierta incapacidad de los movimientos sociales para percibir la importancia y especificidad del vínculo existente entre la condición material y jurídica de la infancia”. Tal sobrevivencia remite de este modo al carácter hegemónico de una cultura que no ha querido, podido o sabido pensar la protección de sus componentes más vulnerables fuera de los marcos de la declaración previa de algún tipo de institucionalización estigmatizante”. “La Convención Internacional de los Derechos del Niño pone en evidencia la claridad e importancia del nexo existente entre su condición jurídica y su condición material, marcando un punto de no retorno donde las necesidades se manifiestan como derechos”.

Doctrina de la Protección Integral, que contempla la Reinserción. Los principios de la Convención de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea de las Naciones Unidas en 1989, conjuntamente con otros

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instrumentos internacionales2, representan una nueva visión para encarar la vida en sociedad de este sujeto y son el fundamento de esta doctrina. Esta nueva teoría puede ser caracterizada sintéticamente, a partir de las siguientes cuestiones: 1. Prioridad absoluta a la problemática de la infancia/adolescencia, dentro de las políticas sociales. 2. Sujetos de derecho: Ello implica “que el niño y el adolescente ya no podrán ser tratados como objetos pasivos de intervención de la familia, la sociedad y el Estado. El niño tiene derecho al respeto, la dignidad y la libertad”. 3. Personas en condición particular de desarrollo: “además de todos los derechos que disfrutan los adultos, tienen como niños y adolescentes otros especiales, originados en que: - No tienen acceso al conocimiento pleno de sus derechos; - Tampoco están en condiciones de defender sus derechos frente a las omisiones y transgresiones capaces de violarlos. - No cuentan con medios propios para atender satisfactoriamente sus necesidades básicas. García Méndez señala como orientaciones generales de la acción en este campo, las de politizar, y al mismo tiempo despartidizar profundamente la cuestión de la infancia. Politizar significa para este autor, dar al tratamiento de la cuestión una perspectiva integral, en el sentido de que ninguna variable de importancia debe ser dejada de lado en el momento de trazar las estrategias de acción”.
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Declaración de Ginebra de 1924 sobre los derechos del niño , en la Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la asamblea general el 20 de noviembre de 1959 y reconocida en la declaración Universal de los derechos humanos , en el Pacto Internacional de Derechos Económicos , sociales y culturales . Concretamente sobre la justicia de menores o llamadas Reglas de Beijing , expedidas en 1985.

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La protección de la infancia, solo puede ser concebida bajo las múltiples variables que generan la situación de exclusión. Despartidizar, porque es necesario encontrar los mecanismos institucionales adecuados que consagren la cuestión de la infancia como cuestión de toda la sociedad. Así, los actores que conforman el universo de las políticas de la infancia adolescencia son el estado, a través de las políticas sociales; los grupos sociales preocupados en la temática; y el sistema jurídico, en un sentido más amplio que el segmento de los jueces. Por su lado, “el Estado tiene el derecho y el deber intangible de trazar las políticas sociales básicas. Debe al mismo tiempo desarrollar la flexibilidad y capacidad necesarias para discutir con la sociedad civil, las políticas supletorias de protección de los sectores más vulnerables”. Respecto al mundo jurídico, se requiere crear condiciones para evitar la criminalización de las desventajas sociales y al mismo tiempo la socialización del tratamiento de las cuestiones penales. y asistenciales. En relación a los grupos sociales (ONG, Asociaciones, etc.) es necesario fortalecer y a la vez regular jurídica y estatalmente su acción de modo que puedan intervenir crecientemente en la tarea asistencias. participación social responsable y eficaz. La desburocratización de las políticas hacia la infancia requiere de modos de Ello implica necesariamente una separación clara de competencias entre aspectos penales

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Es así también necesario profundizar el análisis conceptual de la legislación, puesto que bajo la apariencia de desorganización, descuido o paternalismo, suele favorecer un proceso de destrucción o condicionamiento precoz de la personalidad del niño. Algunas recomendaciones que se desprenden de estos conceptos generales: En cuanto a la legislación Propender a una legislación unitaria en materia de menores de edad, con visión integradora, prescindiendo de criterios diferenciadores meramente jurídicos o formales. Renunciar a las clasificaciones de los menores del tipo “abandonado”, “infractor” y otras, a favor de criterios psico-sociológicos, que provengan de una observación exhaustiva y respetuosa, a los fines de la mayor individualización de la intervención. Reducir, desde este plano normativo, las posibilidades de institucionalización”. Para lograrlo, cabe: · Jerarquizar la solución consistente en la entrega del menor a su núcleo familiar, sin perjuicio del régimen de libertad vigilada que se repute oportuno, y en su caso, · viabilizar la entrega de los menores a hogares sustitutos, con cuidadoso tratamiento legal de los requisitos que deba reunir el nuevo núcleo de inserción, evitando que las garantías de solvencia material preponderen frente a la capacidad afectiva. Para su análisis deberá contar el magistrado con asistencia técnica interdisciplinaria. · Un primer y fundamental paso para lograr lo anterior consiste en legislar a favor de la creación de pequeños hogares, y establecer el desmantelamiento -a la brevedad posible- de los grandes institutos.

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En cuanto a la transformación institucional: La solución institucional, es vista de acuerdo con lo anterior, a través de la sustitución de los grandes institutos por pequeños hogares, para los cuales se definen las siguientes condiciones de funcionamiento Capacidad para no más de diez menores, dirigidos por un especialista Necesidad de un tratamiento personalizado que permita robustecer la terapéuta, idealmente graduados psicología y asistencia social". identidad del asistido, que busque asimilar los elementos de la convivencia (actividades, vinculaciones afectivas, etc.) a los que son propios del ámbito familiar. - Los grupos deberán componerse por menores con residencia previa era el mismo municipio o localidad o zona urbana donde se establezca el respectivo hogar. - Evitar el frecuente riesgo del etnocentrismo, a cuyo efecto es conveniente un amplio entrenamiento teórico y de campo. En el marco de estos hogares, procurar por todos los medios el mantenimiento de los vínculos más estrechos posibles con su familia natural. En cuanto a los miembros del sistema - Proveer a la real especialización de magistrados, funcionarios y personal de los juzgados de menores de modo obligatorio para su nombramiento y promoción. - Igual tarea deberá desarrollarse para los administrativos y profesionales de las áreas de política estatal y de los organismos no gubernamentales.

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- Controlar estrechamente el contenido de los recursos o métodos de entrenamiento del personal, cuidando especialmente su preparación en disciplinas sociales (antropología, sociología, cte..)

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CAPITULO III

MARCO CONTEXTUAL

En Chile la situación de los niños y jóvenes infractores ha sido abordada de diferentes maneras cuya influencia ha cambiado en el tiempo. Así, se evolucionó de la mirada institucional que desconocía la existencia de niños a la doctrina de protección integral (en la cual se hace referencia a un conjunto de instrumentos jurídicos, de carácter internacional, que expresan un cambio fundamental en la consideración de la infancia). Podemos decir que se trata de un cambio de paradigma desde una concepción del niño y adolescente como sujeto de normalización a la concepción de éste como sujeto de derechos. Esta doctrina de la protección integral, sustituye a la doctrina de la situación irregular. Esta última fue el patrón prevaleciente en las medidas de atención a la niñez en América Latina, desde la década de los ’20. Ambas doctrinas jurídicas difieren en su concepción del niño y se fundamentan en principios diferentes. La adopción de una u otra genera un tipo particular de accionar del Estado hacia la infancia. Las primeras acciones de atención a la infancia en el país, se vincularon a las labores sociales realizadas por la Iglesia y las agrupaciones de carácter privado, quienes realizaron obras de caridad y beneficencia dirigidas hacia los niños desde tiempos coloniales; se trata de una labor desarrollada por congregaciones religiosas y benefactores y por instancias laicas como la Sociedad Protectora de la Infancia y el Patronato Nacional de la Infancia. Los menores infractores se regían por la ley penal común, salvo los menores de 10 años que eran inimputables. Si bien, con anterioridad a la promulgación de una legislación especial de menores (1928) el Estado mantuvo una actitud poco activa ante la

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situación de “la infancia desvalida”, entregándole tal responsabilidad a los privados, se reservó la organización y supervisión de una justicia penal hacia los niños, con una acción que se limitó principalmente a la aplicación de penas que aseguraran el orden social y familiar, favoreciendo en exceso la autoridad paterna. Los niños que cometían delito o falta eran juzgados de acuerdo a las normas del Código Penal y Civil. En materia de responsabilidad se establecía la exención de responsabilidad de los niños menores de diez años, y la del mayor de diez y menor de dieciséis, a no ser que constara que hubieran actuado con discernimiento. Además se otorgaba una pena atenuada con relación a los adultos, tanto para el niño que había sido declarado con discernimiento, como para el mayor de dieciséis y menor de dieciocho3. Las cárceles eran el lugar donde se mantenía a la gran mayoría de los niños sentenciados por los juzgados civiles y del crimen. Estos recintos contaban con una precaria infraestructura que no permitía la separación de los menores de edad de la población penal adulta y se caracterizaban por sus malas condiciones higiénicas, de seguridad y de aislamiento4. Hasta la Ley de Menores de 1928, la pena de privación de libertad de los niños, no se ejerció como aplicación de un sistema corrector o disciplinador, sino de suspensión de sus derechos. Paralelamente se crearon ‘escuelas correccionales’“constituyendo una característica estructural del sistema penal chileno de difícil erradicación”5. "Los permanentes llamados a
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Cillero Miguel, Evolución histórica de la consideración jurídica de la infancia y adolescencia en Chile En: Instituto Interamericano del Niño: Infancia en riesgo.
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León Marco Antonio: Sistema carcelario en Chile. Visiones, realidades y proyectos (1816-1916) Ed. Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, serie Fuentes para la historia de la República, Volumen VIII, Santiago, 1996.
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Farías, Ana María Op. Cit. Pág.12.

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la prohibición del ingreso a las cárceles de los menores de dieciocho años y la solicitud de internamiento en correccionales, producto de la influencia de los revolucionarios sistemas de atención y las legislaciones cada vez más “proteccionistas” provenientes del extranjero, no coincidieron con la realidad de violencia y abuso que experimentaban los niños en las cárceles del país". Sin duda, esto constituye una gran contradicción del sistema por cuanto bajo la lógica de la protección en la práctica se les priva de libertad, no reconociéndose esta práctica como tal, sino que se la encubre bajo la denominación de “medida de protección”.. En 1928, se promulga la Ley de Menores, consolidando acciones anteriores. Igualmente se crea la Dirección General de Protección de Menores, dependiente del Ministerio de Justicia. La ley es aprobada por mayoría amplia, lo que refleja un cierto consenso sobre el tema de la infancia. Es posible destacar que el Ejecutivo en su presentación- se refiere a "causas sociales” (mala socialización en familias de padres "inmorales o irresponsables") como un elemento central. En la presentación de ley hecha por el gobierno ante el Congreso “apareció el concepto de menor, al que se asigna un sentido de peligrosidad”6, asumiendo desde ese entonces una connotación peyorativa en el uso del término menor que no alude sólo a una consideración jurídica en función del ejercicio de derechos, sino a la existencia de un sujeto social. Ello significa que se define a un sujeto específico dentro de la infancia que sería objeto de la intervención de órganos específicos del Estado en una lógica de control.

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Ministerio de Justicia. Visión retrospectiva de la Justicia de Menores”. En : Boletín Jurídico del Ministerio de Justicia. Año 1, Nº 1, septiembre 2002. Pág. 12.

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Durante esta discusión, se discute al aporte de la medicina y el reemplazo del castigo por el tratamiento médico y pedagógico7, quedando de manifiesto los elementos de una orientación médico-pedagógica en el tipo de intervenciones; se valoraba, en primer lugar, el determinismo biológico y de modo secundario la influencia del ambiente8. Se repite la preocupación por la infancia en defensa de los intereses de la sociedad, más que los del propio niño. El mayor conflicto se produjo en la discusión sobre la edad de responsabilidad penal. Se estableció como no imputables a los menores de 16 y el discernimiento entre los 16 y los 20. Los médicos comienzan progresivamente a tener una presencia ascendiente a nivel social; los Congresos Panamericanos del Niño eran liderados por ellos, enfatizando aspectos biológicos, y de salud física y mental. Existe una idea de patología individual, propia del "enfoque correccional", desarrollándose un tratamiento individual y normativo. Las políticas de infancia se orientaban por principios de determinismo biológico, estableciéndose así un enfoque básicamente normativo asumiendo supuestos de patología individual para resolver los problemas buscando básicamente la prevención de posibles amenazas al orden moral y social vigente. Ello como reflejo de la influencia de las teorías biológico-positivistas (Lombroso entre otros) para explicar el comportamiento desviado. Éstas se
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Cortés evalúa que ambos enfoques sitúan a la sociedad por sobre el niño. Cortés Juan Eduardo, Desarrollo de los sistemas de atención a la infancia En: Infancia en riesgo social y políticas Sociales en Chile. Ed IIN, Montevideo 1994Pág. 223-250).
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Ministerio de Justicia. Visión retrospectiva de la Justicia de Menores.. y Cortés, Juan Eduardo, Desarrollo de los sistemas de atención a la infancia .

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aplicaron también en el ámbito de infancia. Se intentaba resolver la situación individual de los sujetos, prescindiendo de consideraciones de orden sociocultural. Esto llevaba a dos tipos de establecimientos: "asilo" o "reformatorio", según el problema (protecciónal o conductual) los que separaban a los niños de sus familias, para el tratamiento individual. Así, los asilos se hacían cargo del tema proteccional y los reformatorios de los problemas de conducta. La terminología es confusa y vaga, por lo que los sujetos transitan entre un tipo de instituciones y otras mezclándose entre sí, cuestión que se mantiene hasta nuestros días. Así, en los años 30 se hablaba de 2 tipos de medidas: Protección física (salud física) y Protección Moral (preservativas o constructivas; reconstructivas y de seguridad). En 1934 se crea el Consejo de Defensa del Niño considerando representantes de diversos organismos públicos y privados, dependiendo del Ministerio de Justicia con funciones de fiscalización de establecimientos subsidiados, estudios, y de proponer proyectos de ley. Sus funciones abarcaban tanto a los menores no infractores como a los sistemas de rehabilitación de menores infractores de ley. El Consejo llegó a tener una gran cobertura con administración directa de centros; luego se transforma en institución privada, perdiendo su carácter de orientador de políticas. La Dirección General de Protección de Menores siguió trabajando con los infractores; no obstante, existía descoordinación entre las diferentes agencias del gobierno que se vinculaban al trabajo con la Infancia: educación, salud, justicia, interior. La presión de sectores o enfoques profesionales (médicos, trabajadores sociales, educadores) generó finalmente la creación en

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el año 1942 de la Dirección General de Protección a la Infancia y Adolescencia, cuya dependencia fue radicada en el Ministerio de Salubridad, Previsión y Asistencia Social. Al definir el sujeto de atención de Protinfa se institucionaliza por primera vez el concepto de menores en situación irregular9. Se trata de un enfoque jurídico social, pese al peso de la institución médico sanitaria. El supuesto central de la doctrina de la situación irregular es una división al interior de la infancia: hay niños adolescentes que tienen cubiertas sus necesidades básicas, y “menores” en situación irregular, al estar excluidos de la escuela, la familia y la salud. Hay que destacar el poder que se entrega a los jueces de menores al permitirles declarar en situación irregular al niño o adolescente que enfrenta dificultades (es decir, definirlo como“menor” y hacerlo susceptible de atención). A partir de los años cuarenta, con el incremento de la población urbana y los problemas sociales resultantes, se generaliza el uso del concepto de joven antisocial, aludiendo al que no estaba inserto en la sociedad ni en las instituciones formales, viéndoselo como amenaza al orden cívico. De este modo, se deja de mirar al niño desde el punto de vista biológico, focalizando el interés en su conducta, su comportamiento peligroso, resaltando la necesidad de “defender a la sociedad y segregar a estos jóvenes “peligrosos”. Continúa subyaciendo “el viejo concepto de infancia abandonada, anormal y delincuente”, lo que permanece también posteriormente al crearse la Comisión Nacional de Menores (Coname) y el Servicio Nacional de Menores (SENAME). Se mantiene así una legislación
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Se define al menor en situación irregular: "..cuando su adaptación sufriere alteraciones, se encontrase moral o materialmente abandonado o en peligro de estarlo, o hubiese delinquido cualquiera sea su estado civil"

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orientada no al conjunto de la Infancia, sino a un grupo particular de ésta, el que resulta segregado y excluido. Esta noción diferencia como se ha señalado tipos de infancia, la de los niños (as), adolescentes y la de los menores objeto de protección. El Servicio Nacional de Menores es creado en el año 1979 a través del DL 2.465, bajo la dependencia del Ministerio de Justicia. Se le define como un organismo encargado de ejecutar las acciones que fueren necesarias para asistir o proteger a los menores de que trata la ley y de estimular, orientar, coordinar y supervisar técnicamente la labor que desarrollaran las entidades públicas o privadas que coadyuvaran con sus funciones. El Servicio atiende a menores que carezcan de tuición, a aquellos que teniéndola, su ejercicio constituya un peligro para su desarrollo normal integral; a los que presenten desajustes conductuales, y a los que estén en conflicto con la justicia. Esto es, se centra como preocupación del Estado en menores de edad con problemas de tuición, de conducta y de conflicto con la norma. Es una definición desde fuera de los sujetos, en que se intenta categorizar su situación en relación con los programas definidos, judicializando la atención. Concebir a los niños y adolescentes excluidos de la familia, la escuela y la salud (y que por ende no tienen sus necesidades básicas satisfechas) como “menores”, genera un tipo de política pública de carácter asistencial, centralizada y sectorial, sin la adecuada coordinación entre los distintos entes públicos de protección social. En términos prácticos, este enfoque “ha determinado que, en el actual contexto de reforma al sistema de atención a la infancia, subsistan no pocas dificultades para hacer valer la separación entre las políticas, programas y procedimientos dirigidos al bienestar de la infancia

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y aquellos referidos a la acción punitiva del Estado frente a las infracciones a la ley penal cometidas por niños y adolescentes”10. Originalmente entonces, la creación del Servicio Nacional de Menores (SENAME) redunda en el establecimiento de diversos sistemas de atención y de distintos programas al interior de cada uno de esos sistemas. Se establecen así los sistemas de prevención (consistentes principalmente en centros de atención diurna), de protección (protección simple, colocación familiar entre otros) y de rehabilitación (libertad vigilada, rehabilitación conductual diurna, rehabilitación conductual entre otros). Cada uno de estos programas busca hacerse cargo, de alguno de los aspectos considerados en la definición de sujeto referida en el punto anterior.

La definición del sujeto de atención del SENAME, si bien no cambia legalmente (es una definición vigente hoy en día), de algún modo se matiza en los años 90 con la incorporación de criterios provenientes de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que definen a los sujetos de atención del servicio como aquellos niños y niñas gravemente vulnerados en sus derechos y a los infractores de ley. Se define así a los receptores de los servicios a partir de sus derechos, más que buscando ajustar a los sujetos a los programas o sistemas definidos. De este modo, los diversos programas se integran -en una nueva visión- en un "Sistema de Protección de Derechos" y un "Sistema de Atención para Adolescentes Infractores de Ley Penal".

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Ministerio de Justicia. Visión retrospectiva de la Justicia de Menores.

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Los programas incluidos en el ámbito del "Sistema de Protección de Derechos" pueden agruparse del siguiente modo: a) Diagnóstico Centros de Tránsito y Distribución b) Prevención c) Adopción d) Reparación Programa de maltrato Explotación sexual comercial Trabajo infantil Niños/as de la calle Acciones en drogas e) Protección Programa de Protección y Vida Familiar Programa Oficinas de Protección de Derechos OPD

El Sistema de Atención para Adolescentes Infractores de Ley Penal distingue tres grupos de programas a) Centros administrados por SENAME Centros de Observación y Diagnóstico (COD) Centros de Rehabilitación Conductual (CERECO) b) Centros administrados por Gendarmería Secciones de Menores c) Centros y programas administrados por instituciones colaboradoras Centros de Rehabilitación Conductual Diurna Libertad Vigilada

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Centros de Rehabilitación Conductual Residencial La mayor cobertura de atención del Servicio durante la década de los 80 se concentró en programas de protección simple, modalidad internados y en los centros de atención diurna, dirigidos estos últimos a menores cuyas familias presentan alteraciones leves que impliquen riesgo social para aquellos, vale decir, no respondió a ninguna de las categorías contenidas en la definición de sujeto de atención, sino que incorporó la tremendamente ambigua conceptualización de “alteraciones leves que impliquen riesgo social. Junto con ello, se genera una especialización de la atención en protección y prevención, en desmedro del área de rehabilitación. SENAME no regula el crecimiento del sistema, sino que éste se establece en función de las preferencias de los operadores privados. En este período existe un incremento progresivo del ingreso de los menores de edad a unidades penales del país, proceso que demostró su nivel más crítico a finales de la década del ochenta. El número de menores ingresados a unidades penales en el país aumentó de 5.532 ingresados en 1985 a 8.704 ingresados en 198811. Esto puede tener su origen en el hecho que la privatización de los sistemas de atención, tanto de las Casas de Menores, como de los centros rehabilitadores o educadores, se tradujo en la falta de confianza y de apoyo por parte de los jueces de menores. Estos desconfiaban de las características de seguridad de los inmuebles, los que no le garantizaban la permanencia necesaria de los niños y adolescentes para el proceso de diagnóstico y tratamiento, demostrando

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Cortes, Juan Eduardo. La delincuencia juvenil en Chile hoy: análisis y proposiciones desde la perspectiva de SENAME, Ministerio de Justicia.

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elevados índices de fugas, motines,rescates, agresiones a niños y jóvenes e incendios entre otros conflictos. En 1984 la totalidad de los jueces de menores de la región metropolitana envía un oficio a la Corte Suprema donde se señala que “la administración de los establecimientos de rehabilitación conductual a través de instituciones colaboradoras ha ido creando un altísimo grado de dificultad para que los Jueces puedan oportunamente incorporar a un menor al sistema asistencial, porque toda la administración se basa en convenios celebrados entre SENAME y las instituciones que además de determinar un número de menores que se atenderá, precisa requisitos de ingreso referidos a edad, coeficiente intelectual, escolaridad y otros... En la práctica acceden al sistema sólo los mejor dotados quedando marginados aquellos que necesitan más atención y que es deber del estado atender, se precisa retornar a la administración del servicio las Casas de Menores y los Centros de Rehabilitación Conductual. De esta forma un importante número de niños fueron recluidos al encontrarse pendiente el trámite de discernimiento, mientras que otros fueron encarcelados por los Tribunales de Menores, aduciendo medidas de “protección”. “De los niños y adolescentes que se encontraban en recintos carcelarios al año 1990, el 78 por ciento tenía entre 15 a 18 años de edad, y un 17 por ciento entre los 10 y 14 años. Estos últimos eran enviados a estos recintos por medidas de carácter proteccional debido a la falta de alternativas en los sistemas de atención de Observación y Diagnóstico, Protección, Libertad Vigilada, entre otras alternativas”. Durante los últimos años SENAME ha venido implementando cambios sustantivos en sus políticas, con el objeto de orientar su trabajo en el marco de la Convención de los Derechos del Niño. La nueva reforma basada en la

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Convención, reconoce a los niños entre 0 y 18 años, como poseedores de derechos económicos, sociales, políticos y culturales, igualando su condición a la del resto de la población. La doctrina de protección integral representa un modelo que enfatiza el desarrollo pleno de las potencialidades y recursos de los niños, de sus familias y sus comunidades, en lugar de concentrarse en sus necesidades y “debilidades”. Los niños deben dejar de ser vistos entonces como objeto de asistencia y beneficencia.12 En este marco, se hizo imperante la necesidad de introducir cambios sustantivos en el actual sistema de atención, separando las políticas sociales dirigidas a la infancia de las políticas vinculadas al ámbito criminal en lo que se ha denominado “Reforma Integral de los sistemas de protección de los derechos de la infancia y adolescencia en Chile”, es por eso que haré un estudio de la nueva ley 20.084 que establece un nuevo sistema penal juvenil en el marco de una nueva institucionalidad que se acomode a las convenciones internacionales que rigen la materia.

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CESC,centro de estudio en seguridad ciudadana, (2004),Santiago, “La situación y el tratamiento de jóvenes infradotes de ley en Chile”,única edición .

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CAPITULO IV

DESARROLLO DE LA INVESTIGACION

La Reinserción en el derecho Penal chileno, y en el Derecho comparado Concepto de Derecho Penal Concepto Formal: Las definiciones que hacen primar los aspectos formales de la norma jurídica de carácter punitivo encuentra su raíz en la obra de Von Liszt, cuya formula define el derecho penal como: “El conjunto de reglas jurídicas establecidas por el estado, que asocian al crimen como hecho, al pena como consecuencia jurídica.13” Otro concepto que merece especial mención es el de Edmun Mezger “El derecho penal es el conjunto de normas jurídicas que asocian a indeterminado hecho la pena como consecuencia jurídica.14” Concepto Sustancial: Dentro de la línea que destaca el contenido sustancial del ordenamiento jurídico penal, se plantean dos definiciones que se destacan sobre los demás: Francisco Muñoz Conde:Derecho penal: “Un instrumento de defensa de valores fundamentales de la comunidad que solo debe aplicarse contra ataques muy graves a esos valores y en forma limitada y controlada por el imperio de la ley15”. José Sainz Cantero, define el derecho penal como:“El sector del ordenamiento jurídico que tutela determinados valores fundamentales de la vida comunitaria, regulando la facultad estatal de exigir a los individuos comportarse de acuerdo con las normas y de

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Bullemore Vivian, Mackinnon John , Curso de Derecho Penal , tomo I parte general, 2005, editorial Lexis Nexis . 14 Bullemore Vivian, Mackinnon John , Curso de Derecho Penal , tomo I parte general, 2005, editorial Lexis Nexis .
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Bullemore Vivian, Mackinnon John , Curso de Derecho Penal , tomo I parte general, 2005, editorial Lexis Nexis .

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aplicar penas y medidas de seguridad a quienes contra aquellos valores atenten mediante hechos de una determinada intensidad.16” Características del derecho Penal: 1. El derecho penal es un sector del ordenamiento jurídico. 2. El derecho penal es un sector del ordenamiento jurídico protector de valores fundamentales de la vida comunitaria. 3. El derecho penal es un ordenamiento jurídico regulador de la facultad estatal de exigir y castigar. 4. El derecho penal es un ordenamiento Jurídico de carácter sancionatorio17. Dado las características antes expuestas , queda de manifiesto que nuestro derecho penal tiene un carácter sancionatorio , ya que es parte de su naturaleza , si lo miramos desde el punto de vista de la pena cualquier derecho penal inserto en un ordenamiento jurídico seria sancionatorio, en nuestro país el derecho penal general así lo es , no cabe duda , es un derecho que le interesa mas que nada imponer una pena al individuo cuya acción u omisión este descrita en la ley , en la actualidad el derecho penal reacciona mediante la pena y la medida de seguridad , en contra de los autores de delitos que atentan contra los valores fundamentales tutelados por las normas penales. ¿Porque el derecho penal chileno es sancionatorio y no de reinserción? Es sancionatorio y no de reinserción, primero porque su característica principal es su carácter sancionatorio, así lo demuestran la mayoría de los textos sobre la materia, cada supuesto legal tiene aparejada una pena, una sanción que dependiendo de la gravedad del delito variara en cuanto a su extensión y restricción de derechos, las penas no comprenden una
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Bullemore Vivian, Mackinnon John , Curso de Derecho Penal , tomo I parte general, 2005, editorial Lexis Nexis .
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Bullemore Vivian, Mackinnon John , Curso de Derecho Penal , tomo I parte general, 2005, editorial Lexis Nexis .

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resociabilizacion sino mas bien un castigo un fin retributivo, por haber quebrantado el ordenamiento jurídico. Nuestro derecho penal no comprende además instrumentos que permitan reinsertar a la persona después de haber cumplido una pena , si bien es cierto hay programas de gendarmería de chile tendiente a colaborar con ello , no existe un sistema que comprenda dicha reinserción antes , y durante del cumplimento efectivo de ella , es difícil lograrlo si pensamos que nuestra población penal recluida en recintos penitenciarios muchas veces dobla la capacidad estimada para dicho recinto , además las condiciones higiénicas y de salubridad no son las mas adecuadas , esto se esta subsanando con las nuevas cárceles concesionadas. Un medio para poder reinsertar a las personas que cumplieron sus respectivas penas lo encontramos en el D.L Nº 409 de 1932, que permite eliminar los antecedentes penales de dicha persona , esto le permitiría reinsertarse a la sociedad , pero¿ que pasa en el intertanto? Reinserción desde un punto de vista sociológico Los estudios acerca de las conductas desviadas han tendido a centrarse en las causas del fenómeno; en la búsqueda del perfil de la persona que delinque y en el impacto que la reclusión tiene en los sujetos. Pocos esfuerzos y estudios sistemáticos se han realizado tendientes a conocer los factores que facilitan la integración social de los internos una vez que salen en libertad, aspecto que junto con políticas de prevención son centrales para asegurar el orden social y la seguridad ciudadana. A lo largo de la historia se ha defendido la necesidad de condena por cuatro razones distintas: el desquite (la más antigua); la disuación, la rehabilitación y la protección de la sociedad. Esta última es la que ha adquirido mayor fuerza en nuestra sociedad en el último tiempo, reforzada por los medios de comunicación que con su forma de informar genera miedo en la población lo que a su vez produce inseguridad y sentimiento de desprotección y rechazo hacia las personas

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que delinquen con la consecuente demanda por más cárceles y más sanciones. Esto traduce en que hay poca conciencia en las personas de que el problema de la delincuencia es un fenómeno social. Hoy existe consenso entre los especialistas en que la mayoría de los casos los delincuentes no naces proclives a realizar conductas desviadas, su actuar es producto en un alto porcentaje, de las experiencias sociales y familiares vividas por las personas. Hay por lo tanto una responsabilidad social y una necesidad de revertir el proceso, esto se lograría impulsando políticas sociales de rehabilitación que favorezcan la reinserción e integración social de estas personas. Claramente la cárcel como institución total que priva de libertad a las personas no es la instancia adecuada para capacitar y preparar a las personas para la libertad, De aquí que surjan dos interrogantes: la primera dice relación con si es posible mejorar las condiciones al interior de las cárceles de modo que al salir la personas estén en mejores condiciones para integrarse socialmente. La segunda dice relación con el proceso de egreso y los apoyos que las personas requieren al salir de la cárcel de modo de asegurar su integración social. Claramente la cárcel como institución total que priva de libertad a las personas no es la instancia adecuada para capacitar y preparar a las personas para la libertad. Es importante señalar que el proceso de reclusión es percibido por los internos como una marginación de la sociedad. Esta marginación produce sentimientos tanto hacia el mundo externo o sociedad, como con relación a sí mismo. Genera sentimientos de baja autoestima, inseguridad, desconfianza, falta de identidad y perdida de roles. Es un lugar en que no hay oportunidades de reflexión ni espacios para el desarrollo personal así como tampoco existe la posibilidad de crear un “sentido de vida” y una “identidad social” positiva. De acuerdo a los diagnósticos y estudios realizados, el proceso de reinserción social pasa por tres fases principales:

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1. El primer mes de salida. Después de la emoción y ansiedad inicial de haber obtenido la libertad se genera en la persona confusión y temor en cuanto a como reconstruir las relaciones familiares y sociales en el nuevo contexto. La persona vuelve a una familia que está organizada y funciona prescindiendo del interno, por lo que éste se percibe sin un lugar en el contexto familiar y sin un rol claro en relación a su familia, lo cual genera un sentimiento de frustración, temor y desconfianza en sí mismo. A lo anterior se suma la falta de actividad y de dinero que experimenta el ex interno. Esta situación genera frustración por no cumplir con su rol de proveedor de la familia, a lo que se suma el sentir que no cuentan con dinero para desarrollar su vida y satisfacer sus necesidades básicas. En esta fase inicial de reinserción es fundamental que instituciones o personas que apoyen al interno que ha salido de la cárcel, Se requiere un trabajo con la familia de modo que ésta puede asumir una actitud positiva e integradora, y para que pueda entender el proceso que están viviendo como grupo y sepan cómo enfrentar en conjunto y en forma adecuada esta situación que es bastante crítica. 2. El segundo mes de salida: fase crítica. Alrededor del segundo mes se produce lo que los ex internos califican de la “gran crisis”. Es en este momento cuando las cosas se ponen más difíciles. La persona en libertad siente que la familia lo sobreprotege, que los “aplastan con sus cuidados” y que por ende no los “dejan ser”. Al mismo tiempo es la fase en que surgen dudas se realmente queda algún amigo y se comienza a cuestionar si de verdad uno puede o quiere hacer una nueva vida. La falta de oportunidades que brinda la sociedad para que la persona pueda configurar un espacio de encuentro con otros, especialmente por la falta de trabajo., instancia central de integración en el mundo masculino, genera en los 40

individuos sentimientos de marginalidad y desconfianza en sí mismos y un cuestionamiento acerca de lo que se puede esperar en el futuro. Claramente el apoyo en esta fase crítica es central para asegurar la rehabilitación. 3. El tercer mes: inicio de estabilidad. Recién la persona percibe la posibilidad de “sacarse la cárcel de encima”. En ésta fase la persona siente la necesidad de trabajar. De asumir un rol en la vida, de independencia y de ser parte de su familia. Es en esta fase que las personas con el apoyo de otros, iniciar un proceso de construcción de las confianzas básicas, pre requisito para recuperar la autoestima, la identidad social y lograr una reinserción social efectiva. En estas tres fases el riesgo de la reincidencia es muy alta, y superarlos requiere del apoyo de organismos que puedan acompañar y orientar al interno y su familiar en estas distintas fases. Es importante destacar que la reinserción efectiva pasa por la integración del individuo al trabajo. En este aspecto hay ciertas interrogantes que permanecen. En nuestra sociedad ¿es posible para un interno que queda estigmatizado conseguir un trabajo?. A nuestro juicio, la reinserción pasa porque la persona consiga un trabajo ya sea por cuenta propia o como asalariado. ¿Que requiere una política efectiva de Reinserción? Una política efectiva de rehabilitación requiere asegurar trabajo a las personas que salen de la cárcel, ya sea a través de los programas de creación de microempresas o que las mismas empresas que trabajan con internos al interior del penal, reciban apoyo del Estado para crear empresas externas al penal en las que trabajen los internos que obtienen la libertad. Habría que realizar un estudio acerca

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de los costos y beneficios que puede tener una política integral de apoyo a las personas que obtiene su libertad que incluya ésta último aspecto. De los estudios existentes es posible concluir que el apoyo al recluso en la fase previa a la obtención de la libertad, así como el apoyo a la familia en los primeros tres meses de libertad aparece como central para asegurar una reinserción social efectiva de los internos.

Crear una política social tendiente a asegurar este proceso de rehabilitación, requiere que el gobierno coordine esfuerzos con organizaciones civiles que han estado trabajando en estos ámbitos, de modo que a través del esfuerzo mancomunado se potencie la integración social de las personas que han estado recluidas en cárceles.

Esto sin embargo, requiere que el Estado tenga un control de las instituciones que trabajan en este ámbito, lo que implica crear un sistema de acreditación para asegurar que las instituciones que desarrollan acciones de apoyo sean idóneas, responsables y efectivas. Según estos estudios y con los cuales estoy plenamente de acuerdo se requiere entonces una política por parte del Estado , coordinada con organismos especializados en al materia que se preocupe por los internos una vez que estos han salido de los recintos penitenciarios , porque si bien es cierto yo encuentro que el hecho de que exista la posibilidad de que se puedan borrar los antecedentes penales de una persona que ha cumplido efectivamente su pena, cumpliendo además algunos requisitos ayuda formidablemente a una resociablizacion , pero hay que tener en cuenta que este procedimiento establecido en el decreto ley 409 no es rápido , hay un periodo de 3 a 5 años en el cual la persona debe firmar ante gendarmería y lo mas habitual es que dentro de ese periodo la persona vuelva a reincidir , es por lo cual que el Estado debiera evaluar cuales son los costos mas 42

significativos o gastamos mas en construcción de cárceles o gastamos en la construcción de una sociedad mejor. Modelo de un sistema Penal, donde se priorice la Reinserción La estrecha relación que existe entre la rehabilitación y el éxito de la reinserción social ha generado un especial interés en esta última en tiempos recientes. El aparente éxito que han tenido los juzgados de tratamiento contra la drogadicción ha generado una serie de propuestas para la creación de juzgados de reinserción social en los que los jueces supervisen de forma coordinada el progreso del recluso, el cumplimiento de las condiciones para su puesta en libertad provisional y su reincorporación a la sociedad. Dado que en los sistemas angloamericanas la función del juez termina normalmente una vez que dicta la sentencia, como lo es en Chile, sería necesario adoptar un nuevo modelo que permitiera el establecimiento y funcionamiento de juzgados de reinserción. Nos encontramos con dos instituciones que quiero referirme o mencionar y que son un gran avance en materia de reinserción en países en los cuales este tema es uno de los temas mas trascendentales como Estado y que de hecho fueron incluidos en un estudio criminológico como una apuesta que debiera instaurarse en los sistema Americanos , una de estas instituciones se encuentra en , España y consiste en una figura judicial, el Juez de Vigilancia Penitenciaria (JVP), que mantiene jurisdicción sobre el reo durante el cumplimiento de la condena. Tratare de conceptualizar sucintamente esta figura que serviría de ejemplo, de cómo otros sistemas abarcan el tema de la reinserción y lo consagran jurídicamente; otra institución es el llamado derecho terapéutico que se aplica hoy en día en diversos países y que también abordare enseguida.

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Derecho Terapéutico La therapeutic jurisprudence18 presta atención a ciertas áreas, anteriormente no tomadas en consideración, con el objetivo de humanizar el derecho, atendiendo a las facetas humanas, psicológicas y emocionales de las normas y procesos jurídicos . Para lograr su objetivo, el derecho terapéutico integra aspectos de la psicología, criminología y otras ciencias del comportamiento humano, integradas en una perspectiva interdisciplinaria. En principio, hay que reconocer que tanto la aplicación de las normas jurídicas como los procesos jurídicos producen un impacto en las personas, y un impacto que puede ser tanto positivo o negativo, es decir, terapéutico o antiterapéutico. La therapeutic jurisprudence nos emplaza a que seamos sensibles a estos aspectos, buscando vías para modificar las normas y procesos jurídicos de tal forma que produzcan efectos rehabilitadores y terapéuticos, salvaguardando siempre otros objetivos del sistema legal tales como la justicia y el debido proceso de la ley. Aunque la therapeutic jurisprudence nació originalmente en el ámbito académico, su buena acogida y su rápido desarrollo han propiciado su consolidación en la práctica de los actores jurídicos, convirtiéndose en un instrumento efectivo para la promoción de cambio en los Estados Unidos y otros países del ámbito anglosajón, como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Escocia, etc. Cuando los principios de la therapeutic jurisprudence se llevan a la práctica, nos encontramos con lo que se denomina un agente terapéutico. Un agente terapéutico puede ser tanto un abogado como el mismo juez, actores cuyo papel en

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Ha resultado difícil conseguir una traducción del término con la cual se pueda mantener el significado completo de “therapeutic jurisprudence”. Una traducción literal al castellano sería “jurisprudencia terapéutica” pero en inglés la palabra “jurisprudence” tiene un significado más amplio que en castellano, y se refiere, en términos generales, a la teoría o filosofía jurídica. Otras traducciones del término que han sido empleadas con anterioridad son: “terapia jurídica,” “justicia terapéutica,” o “teoría del derecho terapéutico.” Ninguna de estas expresiones abarca suficientemente la amplitud del contenido del término en inglés, por lo que ha preferido conservar ésta. “Therapeutic jurisprudence” es además el término de uso internacional de esta naciente disciplina.

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el proceso jurídico puede convertirlos en piezas claves en la promoción del bienestar de las personas. En los Estados Unidos, el caso más notable de aplicación de los principios de la therapeutic jurisprudence es el de los juzgados especializados de tratamiento, especialmente aquellos dedicados al tratamiento de adictos al alcohol y a otras sustancias psicotrópicas, o al control de personas responsables de actos de violencia doméstica(intrafamiliar). Dentro de estos juzgados, los más conocidos son seguramente los especializados en el tratamiento de la drogadicción, que ofrecen a los drogadictos no resposanbles de actos de violencia la oportunidad de rehabilitarse mediante tratamientos específicos, pero siempre bajo la supervisión de los jueces. A pesar de la aparente efectividad de estos juzgados, resulta evidente que muchos casos relacionados con la drogadicción quedan fuera de estos programas, debido al hecho de que, en muchos casos, la naturaleza de los delitos cometidos impide a sus responsables acojarse a los beneficios de dichos programas. Como medida para la solución de este problema se ha sugerido que los drogadictos puedan acogerse a los juzgados de tratamiento durante la etapa final del cumplimiento de la sentencia, convirtiendo a estos juzgados en auténticos juzgados de reinserción social. Resulta indiscutible que las áreas a las que se dedican los juzgados de tratamiento son áreas que merecen la atención especial que se les está brindado. No obstante, no podemos perder de vista que existen otras áreas importantes que requieren también de consideración, y especialmente aquellas relacionadas con la reinserción social del ex convicto. La permanencia en la prisión trae consigo efectos psicológicos tanto para el drogadicto como para el que no lo es; por lo mismo, al buscar soluciones para la rehabilitación de la persona, evitando en la medida de lo posible su reincidencia, no podemos limitarnos sólo a los drogadictos, sino que es necesario extender estas soluciones a todos los convictos en general.

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La reinserción social no se produce de un momento a otro, sino que es más bien un proceso de varias etapas, en cada una de las cuales el apoyo que se le brinde a la persona será un factor determinante para el éxito de su reinserción. Una buena manera para hacer llegar ese apoyo es la planificación cuidadosa, gradual e individual de la reintegración del delincuente a la comunidad. Ello ha sugerido el establecimiento de un nuevo tipo de juzgados de tratamiento especializado que asumiera estos objetivos, en la forma de un juzgado de reinserción social accesible para todos los convictos . Si bien bajo el modelo jurídico-penal vigente en los Estados Unidos, la creación de estos juzgados de reinserción se hace sumamente difícil, la tarea se facilitaría si tuvieran una figura jurídica adecuada, como puede ser la del juez de vigilancia; una figura que, al menos en teoría, ofrece un marco jurídico idóneo para la creación de juzgados de tratamiento especializado que puedan operar como juzgados de reinserción para delincuentes adultos. Al analizar la situación de los juzgados de reinserción social desde una perspectiva de derecho comparado entre España y Estados Unidos, nos percatamos de la existencia de cierta ironía. Mientras que en Estados Unidos se ha desarrollado una perspectiva interdisciplinaria, la de la therapeutic jurisprudence, que ha elaborado principios psicológicos que pueden ser útiles para los juzgados de reinserción, se carece lamentablemente del marco jurídico necesario y adecuado para que los jueces puedan mantener algún tipo de contacto con el ofensor en etapas posteriores al propio internamiento. Por contra, en España, donde la therapeutic jurisprudence se encuentra aún en una etapa muy prematura, se cuenta ya con un marco jurídico que, en teoría, pudiera servir como modelo para algunas jurisdicciones angloamericanas.

Juez de Vigilancia Penitenciaria

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1El marco jurídico del JVP La figura del juez de vigilancia penitenciaria (en adelante, JVP) fue creada con el propósito de salvaguardar los derechos de los internos, con miras a ofrecer un mecanismo de control jurisdiccional de la actividad penitenciaria en contra de la arbitrariedad en las actuaciones del poder ejecutivo. La figura toma como modelo el sistema de jueces de aplicación de condenas existentes en otros países europeos. En términos generales, al JVP se le atribuye el papel de resolver, en sede judicial, cuantas cuestiones puedan plantearse en el ámbito de la ejecución de las penas privativas de libertad, asumiendo así las funciones que de otra forma corresponderían al tribunal sentenciador. Las funciones que le corresponden al JVP que merecen una especial atención las siguientes: • Adoptar todas las decisiones necesarias para que los

pronunciamientos de las resoluciones en orden a las penas privativas de libertad se lleven a cabo. • • Resolver sobre las propuestas de libertad condicional de los penados y acordar las revocaciones que procedan. Resolver, sobre la base de los estudios de los equipos de observación y de tratamiento, y en su caso de la central de observación, los recursos referentes a la clasificación inicial y a progresiones y regresiones de grado. • Acordar lo que proceda sobre las peticiones o quejas que los internos formulen en relación con el régimen y el tratamiento penitenciario en cuanto afecte a los derechos fundamentales o a los derechos y beneficio penitenciarios de aquellos. Las funciones del JVP se concentran por tanto en la etapa de aplicación de la condena. No obstante, no podemos perder de vista que uno de los objetivos fundamentales del derecho penal es el de alcanzar una mejor convivencia social. La imposición de una pena restrictiva de libertad, en principio, aspira a conseguir 47

readaptar socialmente al individuo de manera que se consiga evitar que éste cometa nuevas conductas antisociales, lo que a su vez redundaría en una mejor convivencia social. Con miras a lograr el éxito en su cometido, todo proceso de readaptación social debe comenzar mientras el interno cumpla su condena y sin esperar a que se acerque la fecha de su puesta en libertad, ya que para entonces podría ser demasiado tarde. Partiendo de esta perspectiva, en España se establece que cada interno, durante el cumplimiento de su condena, será objeto de un tratamiento penitenciario individualizado dirigido a su reeducación y reinserción social. No conforme con esto, la misma ley establece que deberá fomentarse la participación activa del penado en la planificación y ejecución de su tratamiento. Puede concluirse entonces que el ordenamiento jurídico español reconoce al penado el derecho a recibir un tratamiento adecuado que propicie su readaptación social, y un derecho además protegible. Siendo el JVP la persona sobre la que recae la tarea de salvaguardar los derechos de los internos, incluyendo el derecho a un tratamiento adecuado, el sistema atribuye al juez un papel muy activo en el proceso de readaptación del interno. El tratamiento que reciba el convicto cuenta con la supervisión de equipos cualificados de especialistas. La evolución y progreso en el tratamiento del interno lo que determinará su clasificación, que deberá ser actualizada cada seis meses como máximo. Esta clasificación constituye un requisito indispensable para la concesión de libertad condicional, que a su vez requiere de la aprobación del JVP. Son varios los aspectos de la legislación española que la convierten en un posible modelo a seguir para la creación de sistemas de reinserción . El éxito de los juzgados para el tratamiento de la drogadicción se debe en gran medida a la relación interpersonal que se desarrolla entre el juez y el ofensor. El desarrollo de una buena relación interpersonal entre el ofensor y el juez coloca a este último en una excelente posición para convertirse en un agente motivador en la rehabilitación del ofensor. En este sentido, un sistema que conste

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de un solo juez resulta más aconsejable que uno en el que las decisiones recaigan sobre varias personas. 1 El JVP ejerce un rol activo desde el momento del encarcelamiento En primer lugar, el papel del órgano judicial comienza mucho antes de que el ofensor pueda acceder a los beneficios de la libertad condicional. De este modo, el juez puede tomar un papel activo en el progreso del convicto desde una etapa temprana del cumplimiento de la pena El juez puede contribuir desde temprano en la aparición en la conciencia del convicto de un compromiso como miembro de la sociedad en la que vive, en el marco del respeto a la ley. En segundo lugar, la función judicial de corrección y reinserción recae sobre un juez diferente a aquel que dicta la sentencia. 1¿Podría recaer en un mismo juez? Ciertamente, esta combinación de roles es posible y en teoría podría producir buenos resultados. No obstante, en la medida en que el convicto puede guardar cierta desconfianza o resentimiento hacia el juez sentenciador, resulta recomendable que estos roles sean ejercidos por figuras independientes. 1Algunos principios de la therapeutic jurisprudence que pudieran combinarse con el modelo del JVP Evidentemente, un marco jurídico adecuado es sólo un primer paso en la creación de juzgados de reinserción social. Para lograr el cumplimiento de los objetivos de estos juzgados, se hará necesario combinar este marco jurídico con la aplicación de los principios de la therapeutic jurisprudence. La therapeutic jurisprudence pretende que los jueces que reconozcan su papel como agentes terapéuticos, y que además estén dispuestos a ejercer su este papel con una principios de la therapeutic jurisprudence. La teoría interdisciplinaria de la therapeutic jurisprudence es el producto de un esfuerzo constante por incorporar conocimientos de las ciencias del comportamiento en la práctica legal y judicial. del convicto. Este aspecto presenta dos aspectos.

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Varios estudios recientes sobre el efecto de la práctica terapéutica han mostrado resultados positivos. Curiosamente, estos estudios demuestran que en la mayoría de los casos el éxito de la terapia no depende tanto de técnicas específicas, sino que los mejores resultados se obtienen cuando se atiende a factores particulares del convicto. Un factor importante en el éxito de esta terapia es la relación que se desarrolle con el convicto, así como su capacidad para generar esperanza y expectativa en éste.Por lo tanto, desde el punto de vista de un juez con interés en convertirse en un agente de cambio de comportamiento, la mayor parte del trabajo terapéutico debe ir dirigida a lograr una participación significativa del convicto, así como a desarrollar una relación estable con el convicto que permita generar en éste un nivel crítico de esperanza y de expectativa del cambio. Establecimiento de un nuevo sistema penal Juvenil En Chile Contexto De La Reforma Penal Juvenil En Chile. La nueva normativa penal surge de la necesidad de crear un nuevo sistema penal juvenil especializado que fuera o se que conceptualizara con los derechos, principios y líneas de acción emanados de la Convención Internacional De Los Derechos del Niño19. Esta reforma tan significativa fue anunciada a mediados del año 2000, junto con otras, involucro el envió de un proyecto de ley para modificar el sistema de justicia juvenil, iniciativa que fue ingresada a tramitación legislativa en agosto del año 2002, y que, en poco mas de tres años, el congreso nacional finalmente despacho. La presión social más que el ambiente electoral como dicen algunos autores ,para mí fue el motivo principal de su despacho, ya que, cotidianamente los medios de comunicación informaban la ocurrencia de delitos cometidos por

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menores de edad. Y en este contexto se explican muchas de las dispociones contenidas en la nueva ley. El sistema penal que existía entonces condicionaba la responsabilidad penal de los jóvenes de entre 16 y 17 años a aquellos que fueran judicialmente declarados con discernimiento20, si no era así, estos adolescentes eran inimputables ante la ley penal, quedando excluidos de la aplicación del Código Penal. Por el contrario si eran declarados con discernimiento, les era plenamente aplicable el sistema penal de adultos, con la salvedad que de ser condenados se les debía efectuar una importante rebaja en la duración de las penas. En aquel sistema tanto los menores de 16 años , inimputables absolutamente, como aquellos mayores de 16 años y menores de 18 años que hubieran sido declarados sin discernimiento podían ser objeto de una medida de protección de carácter tutelar , como la libertad vigilada o la internacion21. Criticas al Antiguo sistema penal para jóvenes infractores. Este sistema implicaba una violación de derechos y garantías de los jóvenes como también era insuficiente para responder a las necesidades propias del control de la criminalidad. En primer lugar aquella legislación contenía normas inconstitucionales y contrarias a las obligaciones internacionales del Estado. La decisión jurisdiccional en el ámbito tutelar no era producto de un autentico debate contradictorio sobre el hecho ilícito, era ajena al conjunto de garantías penales y procesales reconocidas a todas las personas, en especial el derecho a defensa.

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Por otra parte las mediadas de protección que se adoptaban con respecto a los menores, en muchos casos constituían autenticas penas, coactivas y restrictivas de derechos. Como se reconoció en el mensaje del presidente de la Republica “la actual legislación de menores, en no pocas materias, entra en contradicción con las dispociones de la Constitución y de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y, en algunos casos, directamente vulneran estos cuerpos jurídicos”22. En segundo lugar, el discernimiento y la idea de inimputabilidad de los menores de edad no era coherente con una nueva concepción de los niños como sujetos de derecho23 con capacidad para responder por sus propios actos, aunque ello sea en un nivel adecuado al grado de desarrollo de su personalidad, y que, por tanto, es una responsabilidad distinta a la exigible a un adulto. En tercer lugar, la lógica del sistema tutelar de menores era dar un mismo tratamiento jurídico a la situación de los niños vulnerados en sus derechos que requieren protección efectiva para el ejercicio de los mismos y a aquellos que han infringido la ley penal24. El fundamento del sistema tutelar es que ambos conflictos son expresiones de un peligro moral o material para los menores, justificándose la intervención estatal mas por la persona que por el delito o el derecho violado, si bien con las normas adecuatorias a la reforma procesal penal, contenidas en la ley numero 19.806 de 2002, se aminoro esta situación, la lógica tutelar siguió inspirando el funcionamiento real de toso el sistema administrativo y de justicia. Otra corriente político – social abogo por la modificación en razón de necesidades de ley y orden, por la notoriedad que alcanzaron ciertos delitos cometidos por adolescentes y el incremento del numero de detenidos en ciertos delitos pertenecientes a este grupo social en la ultima década, se debió poner en
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Mensaje del Presidente de la Republica ,Historia de la ley 20.084, proyecto de ley que establece un sistema penal para adolescentes, año 2002. 23 Esta nueva concepción , de niño como sujeto de derechos, la instaura la doctrina de la protección integral. 24 Sistema que impero en Chile, hasta la entrada en vigencia de la ley 20.084.

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agenda política y de seguridad el tema de la “delincuencia juvenil”25 como un área de abordaje prioritario. El propio mensaje del proyecto de ley se hace eco de esta corriente al criticar la desprotección de las victimas y sostener que la nueva legislación será una “herramienta eficaz para el trabajo preventivo y represivo”26 de delitos cometidos por adolescentes. En la discusión parlamentaria fueron frecuentes las aprehensiones es este sentido , por ejemplo en la cámara de diputados , con ocasión de la discusión acerca de la idea de legislar señalo “esta nueva legislación debería centrarse no solo en determinar la responsabilidad de los jóvenes que delinquen sino que también en buscar justicia para las victimas , ya que de lo contrario , se estaría elaborando una legislación basada en una rehabilitación teórica que , finalmente , terminaría consagrando la impunidad”27 , también que “la iniciativa garantizaba mejor la seguridad frente a la delincuencia organizada que utiliza menores para concretar sus acciones ilícitas , aunque expreso dudas de que llevara a una buena rehabilitación u reinserción social de menores”. Objeto De La Nueva Normativa La nueva normativa regula o pretende regular de manera completa la responsabilidad de los adolescentes por infracciones a la ley penal. Con tal finalidad se considera adolescente al menor de 18 años y mayor de 14, excluyendo expresamente de la nueva ley a los menores de 14 años28. Se reafirma el principio de legalidad al establecer que solo se puede sancionar al adolescente que haya incurrido en una conducta constitutiva de infracción a la ley penal. De otro lado, suprime el cuestionado discernimiento y estable el carácter excepcional y de ultimo recurso de la pena privativa de libertad.
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Termino , que se utiliza para referirse a los delitos cometidos por jóvenes , como grupo social. Mensaje del Presidente de la Republica ,Historia de la ley 20.084, proyecto de ley que establece un sistema penal para adolescentes, año 2002.
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Historia de la ley 20.084. SENAME,ley de responsabilidad penal adolescente, “La nueva Justicia Juvenil”.

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El mensaje define a los adolescentes como las personas mayores de 14 años y menores de 1829, siguiendo así la tendencia del derecho comparado y de la doctrina, renunciando el Estado a toda acción coactiva en el caso de la comisión de delitos por personas de menos de 14 años, en concordancia con las dispociosiones de la Convención Internacional de los Derechos del Niño 30, la que presume que bajo una edad mínima los menores no tienen capacidad para infringir las leyes penales. Se parte de la idea que si bien el adolescente es irresponsable como adulto, es, sin embargo, susceptible de exigírsele una responsabilidad especial adecuada a su condición de sujeto en desarrollo, por lo que las sanciones son la consecuencia de la declaración de responsabilidad por la comisión de infracciones penadas por la ley. Lo anterior reafirma respecto de los adolescentes el principio de legalidad que estructura nuestro ordenamiento constitucional y penal, por cuanto se sancionan conductas punibles definidas en la ley y no conductas indeterminadas o situaciones de vida. Las conductas que se sancionan son las que tipifica el Código Penal y demás leyes penales, en carácter de crímenes o simples delitos, asumiendo así el principio de tipicidad y establecimiento un criterio de intervención penal reducida o moderada , tanto en relación a los delitos como a las sanciones.

Contenido y Principios Generales del Proyecto . El proyecto de la ley 20.084 fue presentado el día 2 de agosto del año 2002 , por el ejecutivo , creo interesante plasmar en esta tesis cual fue su contenido y sobre que principios se sustenta esta ley , Como señala en su artículo primero, el proyecto regula la responsabilidad de los adolescentes por la comisión de
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Articulo 3 , de la ley , 20.084, que establece un sistema de responsabilidad de los adolescentes por infracciones a la ley penal.
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Adoptada y abierta a la firma y ratificación por la Asamblea General en su resolución 44/25, de 20 de noviembre de 1989

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infracciones a la ley penal, el procedimiento para la averiguación y establecimiento de dicha responsabilidad y la determinación y modalidades de sus consecuencias. El Proyecto define a los adolescentes como las personas mayores de catorce y menores de dieciocho años. Es decir, sus procedimientos y sanciones sólo se aplicarán en este rango de edad. Ello está de acuerdo a lo dispuesto por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño31, en su artículo 40.3 letra a), que exige el "establecimiento de una edad mínima antes de la cual se presumirá que los niños no tienen capacidad para infringir las leyes penales". Se ha decidido fijar ese límite en los catorce años siguiendo las tendencias del derecho comparado y la posición de la doctrina que recomienda no fijar este límite a una edad muy temprana. Bajo los catorce años el Estado renuncia a toda forma de intervención coactiva en el supuesto de comisión de delito. La propuesta se basa en el principio de responsabilidad según el cual el adolescente es un sujeto que, si bien es irresponsable como adulto, se le puede exigir una responsabilidad especial adecuada a su carácter de sujeto en desarrollo. De este modo, las sanciones que contempla esta Ley son la consecuencia de la declaración de responsabilidad por la realización de una infracción a la ley penal de las contempladas en esta Ley. El Proyecto de Ley se estructura sobre la base de reconocer una estricta relación entre la verificación de la participación del adolescente en el hecho punible, la declaración de su responsabilidad y la atribución de la sanción que para el caso concreto autorice la Ley. Con ello se reafirma la vigencia para los adolescentes del principio de legalidad que estructura nuestro ordenamiento constitucional y penal y se establece un sistema que sanciona la comisión de conductas punibles estrictamente definidas en la Ley y no conductas indeterminadas o situaciones de vida. Se establece efectivamente un sistema de responsabilidad jurídica de carácter sancionatorio aunque limitado específicamente a la comisión de hechos tipificados
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Adoptada y abierta a la firma y ratificación por la Asamblea General en su resolución 44/25, de 20 de noviembre de 1989

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penalmente como crímenes o simples delitos en el Código penal y las demás leyes penales a los que denomina infracciones a la ley penal. En este sentido, se asume el principio de tipicidad y se establece un criterio de intervención penal especial reducida o moderada, tanto en relación a los delitos, como a las sanciones. Respecto a los tipos penales, se excluye a la mayoría de las faltas de la responsabilidad y sanciones contenidas en esta ley y se establece una categoría taxativa de infracciones de carácter grave que serán las únicas a las cuales se podrá aplicar, como último recurso, una sanción privativa de libertad.32 La exclusión antes señalada y la creación de la categoría de infracciones de carácter grave, obedecen a que el proyecto busca equilibrar legalmente el principio de intervención mínima ante los adolescentes y el de protección de bienes jurídicos a través del criterio de gravedad de las conductas delictivas. Así, las sanciones que importan una mayor restricción de derechos deberían ser decretadas por el Tribunal frente a gravísimos atentados o amenazas a la vida o integridad física de las personas33. Para la determinación de la responsabilidad de los adolescentes, también deberán considerarse la concurrencia de alguna de las causas que eximen, extinguen o priven de sus efectos la responsabilidad penal según las normas generales. Siguiendo la más moderna doctrina, el Proyecto recepciona todas las garantías penales y procesales propias de los adultos, agregando garantías específicas para los adolescentes. En particular, se establece un criterio flexible, a favor del adolescente, en la adjudicación de las sanciones; la posibilidad de dejar sin efecto o sustituir anticipadamente las sanciones por otras menos severas; facultades de control jurisdiccional de la ejecución que garanticen los derechos del condenado y el cumplimiento efectivo de las sanciones.

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Articulo 6 letra a y b de la ley 20.084. Sancion privativa de Libertad , se impone como ultimo recurso.

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Se garantiza la existencia de un sistema de justicia especializado 34 en todas las fases del procedimiento, y durante el control de ejecución de la sanción 35, que aseguren la capacidad e idoneidad de los operadores del sistema para hacerse cargo de las finalidades de esta Ley. En el ámbito procesal se recogen los principios fundamentales del nuevo Código Procesal Penal, estructurándose un procedimiento acusatorio oral, que reconoce el principio de presunción de inocencia, el derecho a la defensa36, abre espacios para acuerdos reparatorios entre la víctima y el delincuente y otorga facultades para aplicar ampliamente el principio de oportunidad en la persecución. Se establece como garantía la consideración del interés superior del niño37 en todas las actuaciones judiciales y un recurso de habeas corpus que permitirá controlar judicialmente la legalidad de la privación de libertad y verificar las condiciones físicas en que se encontrare el adolescente. Por primera vez en el ámbito de procesos seguidos contra personas menores de edad, se reconocen derechos procesales a las víctimas y se consideran sus intereses, aunque limitados por el principio del interés superior del adolescente especialmente en lo relativo a la persecución, reserva del procedimiento y a la aplicación de sanciones. Las respuestas penales contenidas en esta Ley tienen por finalidad, precisamente, "sancionar los hechos que constituyen la infracción y fortalecer el respeto del adolescente por los derechos y libertades de las demás personas,
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todos los actores que intervengan en las causas de adolescentes, deberán estar capacitados en los estudios e información criminológica vinculada a la ocurrencia de estas infracciones, en la Convención de los Derechos del Niño, en las características y especificidades de la etapa adolescente y en el sistema de ejecución de sanciones establecido en la ley.
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durante la ejecución de la sanción, serán los jueces de garantía quienes velarán por su efectivo cumplimiento y por el respeto de los derechos del condenado;
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el adolescente tiene derecho a ser asistido por un abogado desde la primera actuación del procedimiento hasta finalizar la ejecución de la sanción.
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se expresa en el reconocimiento y respeto de sus derechos.

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resguardando siempre su desarrollo e integración social". En consecuencia, se considera que tienen una función responsabilizadora, preventiva y orientadora. Se contempla una amplia gama de sanciones, las que se clasifican en privativas y no privativas de libertad. La privación de libertad, como se dijo, es una medida de último recurso y sólo se podrá aplicar a las infracciones graves taxativamente establecidas en la Ley. El Proyecto opto por establecer un sistema equilibrado para el establecimiento de la sanción aplicable en cada caso. Por una parte, señala límites legales estrictos respecto de la procedencia de la aplicación de sanciones privativas de libertad en razón de la gravedad del delito38 y determina legalmente la duración y cuantía máxima de las sanciones. Paralelamente, deja al Juez un razonable grado de libertad para imponer la sanción más adecuada para el caso concreto, no encontrándose obligado a aplicar la privación de libertad y pudiendo fijar su duración o cuantía dentro de los límites legales. El Juez siempre deberá determinar la sanción, su duración o cuantía, eliminándose así toda posibilidad de sanciones indeterminadas. La Ley, además de estos límites, establece como criterios que el Juez considerará para determinar la sanción a imponer su duración y cuantía, el número de infracciones, la gravedad de ellas y la edad del imputado, así como la concurrencia de circunstancias modificatorias de la responsabilidad penal39. Dados los fines preventivos de este proyecto, la edad del imputado es muy importante al momento de determinar la sanción y su duración o cuantía. Si bien el Proyecto no establece una regla específica que obligue al Juez, es conveniente que éste considere, para los adolescentes del rango de edad menor, la aplicación de sanciones no privativas de libertad de modo de evitar los efectos nocivos que
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se consagra un amplio catálogo de sanciones ajustado, tanto a la gravedad del delito como a la edad del imputado. La privación de libertad se contempla sólo como último recurso;
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Criterios para la selección de la sanción, de que dispone el juez que sea competente para dictarla.

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pudiera provocar en su desarrollo personal y social la privación de su libertad y de su contacto con la familia y la comunidad. En estos casos, de imponerse sanciones privativas de libertad, es recomendable la imposición de los regímenes menos restrictivos que contempla la ley, y por períodos no muy prolongados. En cuanto a la duración o cuantía de las medidas, ellas deberán adecuarse a los fines de este Proyecto de Ley, debiendo el Tribunal reservar los rangos superiores de duración y cuantía para aquellas infracciones graves que han causado mayores daños o para los casos en que se imponen sanciones por la responsabilidad en más de una infracción grave. Este criterio es particularmente aplicable para el límite de cinco años de internación. La incorporación de un amplio marco de sanciones no privativas de libertad40 permitirá que el Tribunal disponga de medios efectivos para la responsabilización, control y orientación del adolescente infractor. Para favorecer su cumplimiento efectivo se establecen normas especiales de quebrantamiento que permiten sustituir excepcionalmente una sanción por otra de mayor gravedad. De esta forma, cada uno de los aspectos que involucra el tratamiento de un conflicto penal, aplicable en este caso a las infracciones de dicho carácter cometidas por personas que se encuentran en la etapa de adolescencia, cuenta con un marco claro de responsabilidad y con un conjunto de sanciones que serán impuestas como consecuencia de la misma, se agregan a ello, todas y cada una de las instituciones procesales que son necesarias para garantizar la corrección y necesidad de su imposición, como asimismo -y por primera vez en Chile- la vigencia de un sistema de control judicial de la ejecución de las medidas que se hayan Análisis de Aplicación Objetivo. En concordancia con el artículo 1 inciso primero de la ley ,los aspectos materia de la reglamentación son básicamente los siguientes:
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Párrafo 2 , de la ley 20.084, que establece un sistema de responsabilidad de los adolescentes por infracciones a la ley penal.

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1. La responsabilidad penal de los adoscentes por los delitos que cometan. 2. El procedimiento para la averiguación de los hechos punibles cometidos por los adolescentes y el establecimiento de su responsabilidad. 3. El establecimiento de un régimen especial de sanciones. 4. Una forma de ejecución especial de sanciones impuestas. Lo que se pretende es implementar un sistema normativo especial y privilegiado que incide en los tres principales ámbitos del derecho Penal: el sustantivo, el procesal y el ejecutivo. A falta de norma de la nueva ley, se aplicaran supletoriamente las disposiciones contenidas en el Código Penal y en las leyes penales especiales. Si bien no se señala expresamente que las que las conductas sancionadas sean aquellas definidas como crímenes o simple delitos por el CP. y las leyes penales especiales, así debe entenderse en razón de la aplicación supletoria recién aludida. Lo que si queda claramente determinada es la descriminalizacion de todas las faltas cometidas por menores de 16 años, y una selección de aquellas de mayor relevancia o gravedad para hacerlas perseguibles respecto de adolescentes de 16 o 17 años41. Las faltas excluidas del nuevo sistema penal deben ser derivadas a los tribunales de Familia para ser conocidas y sancionadas como “contravenciones administrativas”. Respecto de ciertos delitos sexuales, la ley se pone en el caso de que el sujeto pasivo sea una persona menor de 14 años y el sujeto activo un adolescente, exigiendo una simetría de edad entre ambos superior a 2 o 3 años de edad,

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Faltas calificadas art. 1 inc.3°

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según el caso, para poder proceder penalmente respecto del autor42, cuando no haya concurrido alguna circunstancia del articulo 361 o 363 del CP.

Análisis de Aplicación Subjetivo.

Este nuevo sistema de responsabilidad penal juvenil se aplica a los adolescentes infractores de ley, entendiendo por tales a las personas que al momento en que se hubiere dado principio de ejecución al delito, sean mayores de 14 años y menores de 18 años43. La regla precedente debe ser relacionada con lo dispuesto en el articulo 7 del CP44, en virtud del reenvió efectuado por el articulo 1 inc.2 de la LRPA, de modo que el hecho punible de que se trata debe encontrarse, a lo menos, en grado de tentativa. Por ello, si una persona de 17 años 11 meses y 28 días dispara a otra con un arma de fuego y este ultimo fallece a la semana después, será juzgado, en lo sustantivo, de acuerdo a las normas del sistema penal juvenil, pues al momento de dar principio de ejecución al delito por hechos directos tenia la edad cronológica de un adolescente. En cambio, si el imputado a ese momento hubiere tenido 13 años 11 meses y 28 días, seria absolutamente irresponsable para el sistema criminal especial de adolescentes. Además , para definir si el imputado es o no adolescente y , por ende, sujeto a las normas de este estatuto punitivo diferenciado, debemos tener en cuenta la situación excepcional que describe el inciso 2 del articulo 3 de la LRPA45 , que
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Actividad Sexual no Consentida entre adolescentes,cuando el agresor es mayor de 14 años se configura delito ,Ambos adolescentes son menores de 14 años: no se configura delito,porque ambos son inimputables
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Articulo 3 de la ley 20.084. Cerda, San Martin, Monica , Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes,año2006,editorial Librotecnia. 45 En el caso que el delito tenga su inicio entre los 14 y 18 años del imputado y su consumación se prolongue en el tiempo mas allá de los 18 años de edad , la legislación aplicable será la que riga para los imputados mayores de edad.

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según la autora se refiere a casos de delitos de efecto permanentes, como el secuestro , donde el principio de ejecución tuvo lugar cuando el imputado era menor de 18 años , pero que durante la prolongación de la consumación del mismo cumple la mayoría de edad penal . En este evento la decisión legislativa fue la de aplicarle la normativa punitiva de los adultos. En consecuencia, a través del precepto contenido en el articulo 3 de la LRPA se determina a la persona del imputado adolescente, a quien habrá de aplicarse las normas penales del sistema especializado. En cambio, los artículos 27 y 28 del mismo cuerpo normativo determinan las reglas procesales o adjetivas que regirán el procedimiento destinado a establecer la responsabilidad penal de una persona que ha sido previamente calificada como adolescente. La ley señala que la edad el imputado será determinada por el juez en cualquiera de las formas establecidas en el titulo XVII del libro I del Código Civil , es decir, con el respectivo certificado de nacimiento o partida de bautismo46 y cuando no se contare con tales documentos o con declaraciones que fijen la época de nacimiento , se le atribuirá un edad media entre la mayor y la menor que parecieren compatibles con el desarrollo y aspecto físico del individuo , pudiendo el tribunal oír al efecto a peritos o personas idóneas. 47

Además, de conformidad con lo preceptuado en los artículos del CPP, podemos estimar como hecho de la causa la edad fijada por las partes a través de una convención probatoria48. Para estos efectos , debe entenderse en cuenta también lo dispuesto en el articulo 1 inciso 2 de la ley 16.618 de Menores, al indicar que en caso de duda acerca de la edad de una persona , en apariencia menor, se le considerara provisionalmente como tal , mientras no se compruebe su edad.
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Articulo 305 CC. Articulo 314 CC. 48 Hechos que se dan por acreditados , y las partes no lo discuten en el juicio.

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Existe una regla especial para los delitos sexuales , como lo señale precedentemente, en cuya virtud no se puede proceder penalmente por las figuras previstas en los artículos 362,365,366bis y 366 quater del CP, cuando la conducta se hubiere realizado con una persona menor de 14 años y no concurriera ninguna de las circunstancias enumeradas en los artículos 361 o 363 de dicho Código , según sea el caso , a menos que exista entre aquella y el imputado una diferencia de , a lo menos, 2 años de edad , tratándose de la conducta descrita en el articulo 362, o de tres años en los demás casos. Debemos recordar que lo adolescentes son responsables penalmente por los delitos que cometan, mas no por las faltas, respecto de las cuales por regla general no responden. En efecto , de acuerdo , al articulo 1 inciso final de la nueva ley , tratándose de faltas , solo serán responsables los adolescentes mayores de 16 años y exclusivamente de aquellas tipificadas en los artículos 494 números 1 (provocar o tomar parte en desordenes es espectáculos públicos), 4 (amenazar a otro con armas blancas o de fuego y sacarlas en riña , sin motivo justo), 5 (causar lesiones leves) y 19 (solo en relación con el delito de incendio del articulo 477 de cosas cuyo valor no excede de 1 UTM ); 494 bis (hurto falta ); 495 Nº 21 (daños no superiores a 1 UTM , dolosa o culpable , en bienes públicos o de propiedad particular); 496 numero 5 (ocultar le verdadero nombre y apellido a la autoridad o a persona con derecho a exigirlos , negarse a manifestarlo o dar domicilio falso ) y 26 (tirar piedras u otros objetos arrojadizos en parajes públicos , con riesgo de los transeúntes , o lo hiciere a las casas o edificios , en perjuicio de los mismos o con peligro de las personas), todas del CP y aquellas tipificadas en la ley numero 20.000 de drogas. En los demás casos (otras infracciones y otros infractores menores de 16 años) se estará a lo establecido en la ley 19.968 que crea los tribunales de familia.

Análisis de las normas penales sustantivas 63

Escala especial de sanciones. Esta escala es diversa a la establecida en el derecho penal , dado el carácter privilegiado que el Estado debe darle a los adolescentes infractores de ley, las penas son las siguientes: Penas de delitos: 1. Internacion en régimen cerrado con programa de reinserción social. 2. Internacion en régimen semicerrado con programa de reinserción social. 3. Libertad asistida especial. 4. Libertad asistida. 5. Prestación de servicios a la comunidad. 6. Reparación del daño causado. Penas de Faltas: 1. Prestación de servicios en beneficios de la comunidad. 2. Reparación del daño causado. 3. Multa. 4. Amonestación.

Penas Accesorias: 1. Prohibición de conducir vehículos motorizados. 2. Sometimiento a un tratamiento de rehabilitación por adicción a las drogas o al alcohol, cuando se estime necesario en atención a las circunstancias del adolescente.49

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Articulo 7 ley Nº 20.084.

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El articulo 6 de la LRPA señala que la escala general de sanciones50, recién transcritas , sustituye las penas contempladas en el CP y en las leyes complementarias , de modo que las accesorias a aplicar son únicamente las que se contienen en el sistema especializado , mas no las del CP. La duda que se ha planteado, respecto a la exclusión comentada, es si procede aplicar, en su caso, la pena accesoria de comiso , según la autora citada también queda excluido como sanción para los adolescentes , toda vez que la sustitución de un sistema por otro no contempla excepciones.51 Las sanciones privativas de Libertad. Como su nombre lo indica , se trata de una reacción punitiva que implica la restricción mas o menos severa del derecho de libertad ambulatoria de los adolescentes , cuya duración no pude exceder de 5 años si el infractor tuviere menos de 16 años , o de 10 años si tuviere mas de esa edad. Estas consisten en la internacion en régimen semicerrado con programa de reinserción social y en la internacion en régimen cerrado con programas de reinserción social52. Su aplicación es una medida de ultimo recurso, concebida para la criminalidad mas grave, debiendo el juez preferir, si procediere, otras penas menos intensas, se procura así evitar el contacto criminogeno y el riesgo de profesionalización de la carrera criminal de un adolescente, solo la reinserción social53 , o al menos la no desocializacion , permitirá evitar el riesgo de reincidencia en las conductas desviadas del menor.
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Tienen por objeto “Hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social”
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Cerda San Martín, Mónica, primera edicion,año2006,Librotecnia. Párrafo 3 de la ley 20.084, articulo 15 y 16. 53 Tienen por objeto “Hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social”

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Los programas de reinserción social se realizarán, en lo posible, con la colaboración de la familia. Régimen semicerrado con programa de reinserción social

Es la residencia obligatoria del adolescente en un centro de privación de libertad, sujeto a un programa de reinserción social a ser desarrollado tanto al interior del recinto, como en el medio libre.54 Una vez impuesta la pena y determinada su duración, el director del centro que haya sido designado para su cumplimiento, propondrá al tribunal un régimen o programa personalizado de actividades. Para estos fines el director del centro deberá tener en cuenta las siguientes prescripciones: 1. Deberá adoptar medidas para que el adolescente cumpla con el proceso de educación formal o de que se escolarice, para esto el director del centro debe mantener comunicación permanente con el respectivo establecimiento educacional. 2. Desarrollar periódicamente actividades de formación, socioeducativas y de participación, especificando las que serán ejecutadas al interior del recinto y las que se desarrollaran en el medio libre. 3. Las actividades desarrolladas en el medio libre contemplaran a lo menos ocho horas, no pudiendo llevarse a cabo entre las 22.00 y las 07.00 horas del día siguiente, a menos que excepcionalmente ello sea necesario para el cumplimiento de los fines señalados en las letras precedentes y en el artículo 20.

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SENAME,ley de responsabilidad penal adolescente, “La nueva Justicia Juvenil”.

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El programa será aprobado judicialmente en la audiencia de lectura de la sentencia o en otra posterior, que deberá realizarse dentro de los 15 días siguientes a aquella. El director del centro informara periódicamente al tribunal acerca del cumplimiento y evolución de las medidas a que se refiere el numero 1. En consecuencia será el tribunal que dicto la sentencia condenatoria, esto es , un juez de garantía si el caso se tramito de acuerdo a los procedimientos simplificado o abreviado , o un tribunal oral en lo penal , si se siguió el procedimiento ordinario por crimen o simple delito de acción penal publica , quien conocerá y resolverá lo que estime pertinente al tenor del programa personalizado de actividades que le presente el director del centro respectivo . En razón de la dinámica descrita en la ley, dicha decisión, eventualmente, podría generar una demora de hasta quince días en la ejecución de la sanción en análisis.55 Régimen cerrado con programa de reinserción social Consiste en la privación de libertad en un centro especializado para

adolescentes, bajo un régimen orientado al cumplimiento de los objetivos previstos en el artículo 20 de esta ley.56Esto significa que debe existir una intervención socioeducativa amplia e integradora a la sociedad. Dicho régimen considerara necesariamente la plena garantía de la continuidad de sus estudios básicos , medios y especializados , incluyendo su reinserción escolar, en el caso de haber desertado del sistema escolar formal , y en la participación de actividades de carácter socioeducativo , de formación , de preparación para la vida laboral y de desarrollo personal . Además, debe asegurar el tratamiento y rehabilitación del consumo de drogas para quienes lo requieran y accedan a ello.57 Las sanciones no privativas de libertad.
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Cerda San Martín, Mónica, “Sistema de Responsabilidad Penal para adolescentes”,primera edición, año 2006,Librotecnia 56 SENAME, ley de responsabilidad penal adolescente, “La nueva Justicia Juvenil”. 57 Cerda San Martín, Mónica, “Sistema de Responsabilidad Penal para adolescentes”.primera edicion, año2006, Librotecnia.

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Amonestación Es la reprensión enérgica al adolescente hecha por el juez, en forma oral, clara y directa, en un acto único. Busca hacerle comprender la gravedad de los hechos cometidos y las consecuencias que los mismos han tenido o podrían haber tenido, tanto para la víctima como para el propio adolescente, instándole a cambiar de comportamiento y formulándole recomendaciones para el futuro.58 La aplicación de esta sanción requiere de una previa declaración del adolescente asumiendo su responsabilidad en la infracción cometida. Los padres o guardadores del adolescente serán notificados de la imposición de la sanción, en caso de no encontrarse presentes en la audiencia. La Multa. Para su aplicación y la determinación de su monto, además de los criterios señalados en el artículo 24 de la presente ley, se considerarán la condición y las facultades económicas del infractor y de la persona a cuyo cuidado se encontrare. La multa es a beneficio fiscal y su monto máximo no puede exceder de 10 UTM. Al igual que los adultos se contempla la posibilidad de que el juez autoriza a petición del adolescente o de su defensor que la multa se pague en parcialidades. Además la multa será conmutable a solicitud del infractor, por la sanción de servicios en beneficio de la comunidad, a razón de 3horas por cada 3 UTM. Aplicada la multa en la sentencia condenatoria de un adolescente , si este no la paga no resulta aplicable la pena sustitutiva contenida en el articulo 49 del CP, sino las normas especiales del quebrantamiento , específicamente el articulo 52 Nº1 de la LRPA.
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SENAME, ley de responsabilidad penal adolescente, “La Nueva Justicia Juvenil”.

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La Reparación del daño. Consiste en la obligación de resarcir a la víctima el perjuicio causado con la infracción, sea mediante una prestación en dinero, la restitución o reposición de la cosa objeto de la infracción o un servicio no remunerado en su favor, el cual requerirá de la aceptación previa del condenado y de la víctima. En la discusión político criminal y la práctica comparada respecto del papel y presupuestos de las medidas reparatorias en la justicia juvenil, es posible identificar diversos enfoques, que pueden ser reconducidos a 4 tipos ideales: 1. Enfoque socioeducativo: para el cual la reparación tiene un objetivo preventivo especial positivo, asociado a la idea de la responsabilizacion, como reconocimiento del daño causado y del valor de los intereses de la victima lesionados por el delito. 2. Enfoque despenalizador: para el cual el objetivo de la reparación es fundamentalmente servir de alternativa a una probable sanción privativa de libertad. Implica menores exigencias respecto del perfil del adolescente (puede tener menores competencias para empatizar o no empalizar en absoluto) o de su actitud interna (una actitud de calculo de conveniencia no lo inhabilita); también implica menor interés en la victima (puede darse reparación sin victima), el objetivo es terminar con el proceso. 3. Enfoque victimológico: el objetivo es reparar a la victima en los perjuicios morales y materiales. En este enfoque no se espera cambios socioeducativos en el adolescente, en la medida que repare, ni es necesario que la reparación vaya asociada a una ganancia despenalizadora del adolescente; la reparación es compatible con el desarrollo paralelo del proceso e incluso con la imposición de una pena; la victima es indispensable, aunque no es indispensable una

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conciliación – mediación, sino solo la reparación que la victima espera. 4. Enfoque restaurativo: el objeto es la restauración de las relaciones dañadas por el delito y el regreso del adolescente a la comunidad. Exige un actitud y aptitud especial de los participes infractor y victima y de quienes los acompañan, para empatizar y entenderse y un gran despliegue personal en el proceso. Esta figura en el debate político criminal chileno se asocia a delitos leves y a atentados a bienes jurídicos de importancia secundaria, la experiencia comparada da cuenta de que sus mayores potencialidades se ubican precisamente en una criminalidad más grave y en contra de bienes jurídicos personales. En la legislación que se esta analizando, la reparación de la victima puede emplearse como alternativa al proceso, o como sanción. En el primer caso puede utilizarse bajo 2 modalidades: 1. Como condición a la suspensión condicional del procedimiento. 2. Como acuerdo reparatorio entre imputado y victima. La reparación del daño como sanción queda restringida a delitos cuya intensidad punitiva en concreto no exceda de 541 días. Servicio a beneficio de la Comunidad. Consiste en la realización de actividades no remuneradas a favor de la colectividad o en beneficio de personas en situación de precariedad. Requiere del acuerdo del condenado, sino, debe ser sustituida por una sanción superior, no privativa de libertad Restricciones: 1. Fluctúan entre un mínimo de 30 hrs. y máx. 120.

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2. Máximo 4 hrs. diarias. 3. Debe ser compatible con la actividad educacional o laboral que el adolescente realice. Esta sanción puede ser determinada en un caso especifico si se fija por el tribunal una cuantía de la pena en concreto que no supere de 3 años. Prohibición de conducir vehículos Motorizados Se podrá imponer a un adolescente como sanción accesoria cuando la conducta en que se funda la infracción por la cual se le condena haya sido ejecutada mediante la conducción de dichos vehículos. Esta consecuencia jurídico penal se hará efectiva desde el momento de la dictacion de la sentencia condenatoria y su duración podrá extenderse hasta el periodo que le faltare al adolescente para cumplir 20 años. En caso de quebrantamiento se estará a lo dispuesto en el articulo 52 de la ley, a menos que a consecuencia de la conducción se hubiere afectado a la vida , la integridad corporal, o la salud de alguna persona , caso en el cual se remitirán los antecedentes al Ministerio Publico para el ejercicio de las acciones que correspondan. La Libertad Asistida Consiste en la sujeción del adolescente al control de un delegado conforme a un plan de desarrollo personal basado en programas y servicios que favorezcan su integración social. La función del delegado consistirá en la orientación, control y motivación del adolescente e incluirá la obligación de procurar por todos los medios a su alcance el acceso efectivo a los programas y servicios requeridos.La duración máxima de 3 años.

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El control del delegado se ejercerá en base a las medidas de supervigilancia que sean aprobadas por el tribunal, que incluirán, en todo caso, la asistencia obligatoria del adolescente a encuentros periódicos previamente fijados con el mismo y a programas socioeducativos. Para ello, una vez designado el delegado propondrá al tribunal un plan un plan personalizado de cumplimiento de actividades periódicas en programas o servicios de carácter educativo, socioeducativo, de terapia, de promoción y protección de sus derechos y de participación. En el, deberá incluir la asistencia regular al sistema escolar o de enseñanza que corresponda. La libertad asistida es la sanción a que habitualmente se asocia un efecto preventivo especial, su campo de aplicación es amplio, alcanzando incluso, en su modalidad especial, a delitos que podrían ser considerados graves, con una cuantía concreta que no supere los 5 años. Junto a ella existe la posibilidad de imponer una pena privativa de libertad, pero en razón del artículo 26 de la LRPA, estas sanciones son de último recurso, que debe imponerse excepcionalmente. La libertad asistida en sus dos modalidades, pasa a ser un recurso importante para evitar la aplicación de una pena privativa de libertad, en el caso de jóvenes que han delinquido habitualmente. Además, en atención a las restricciones de los artículos 32 y 33 de la LRPA el uso de la medida cautelar de internacion provisoria, esta no será decretada en los casos donde aparezca que la pena probable sea la libertad asistida y no la de privación. La función del encargado de la medida es comprender al adolescente sancionado y no absolverlo. Forma parte del desarrollo personal y social del joven en conflicto con al ley el proceso de confrontación con su propia realidad personal y social; y en ella están incluidos sus delitos. El trabajo que se desarrolle con el infractor de ley penal debe ser parte de una pedagogía orientada a la formación de la persona y del ciudadano y, por ende, 72

a la formación y desarrollo del sentido de responsabilidad del educando consigo mismo y con los otros. El camino para eso no es, de ninguna manera, pasar revista a los hechos que lo llevaron al sistema de justicia juvenil y, mucho menos aun, centrar en ello cualquier tipo de abordaje. El camino mas correcto consiste en crear condiciones a través de la presencia de educadores en su entorno, dispuestos a mantener con el una relación de apertura, reciprocidad y compromiso para que el , sintiéndose comprendido y aceptado , tome conciencia de la naturaleza y de la extensión de sus propios actos.

La Libertad Asistida Especial.

En esta modalidad deberá asegurarse la asistencia del adolescente a un programa intensivo de actividades socioeducativas y de reinserción social en el ámbito comunitario que permita: 1. La participación en el proceso de educación formal, 2. La capacitación laboral, 3. La posibilidad de acceder a programas de tratamiento y rehabilitación de drogas en centros previamente acreditados por los organismos competentes y 4. El fortalecimiento del vínculo con su familia o adulto responsable. En la resolución que apruebe el plan, el tribunal fijara la frecuencia y duración de los encuentros obligatorios y las tareas de supervisión que ejercerá el delegado. La duración de esta sanción no podrá exceder de 3 años. Las sanciones mixtas.

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En los casos en que fuere procedente la internacion en régimen cerrado o semicerrado, ambas con programas de reinserción social, el tribunal podrá imponer complementariamente una sanción de libertad asistida en cualquiera de sus formas, por un máximo de que no supere el tiempo de la condena principal. La libertad asistida se cumplirá con posterioridad a la ejecución de la pena privativa de libertad, siempre y cuando en total no se supere la duración máxima de esta, o en forma previa a su ejecución, si la pena se extiende hasta 540 días. En esta ultima hipótesis la pena principal quedara en suspenso y en carácter condicional, pasa ejecutarse en caso de incumplimiento de la libertas asistida en cualquiera de sus formas. Se puede imponer complementariamente una sanción de libertad asistida, por un máximo que no supere el tiempo de la condena principal.

1. Con posterioridad a la ejecución de la pena privativa de libertad, siempre y cuando en total no se supere la duración máxima de ésta, o

2. En forma previa a su ejecución. La pena principal quedará en suspenso y en carácter condicional, para ejecutarse en caso de incumplimiento de la libertad asistida en cualquiera de sus formas. ( penas que se extienden hasta 540 días.) Determinación de las sanciones. El problema de la determinación de la pena por parte del juez se identifica en gran parte con el de los espacios de discrecionalidad asignados a la función judicial. Por un lado, se manifiesta el deseo de lograr la máxima proporcionalidad y justicia de la sanción en relación al hecho concreto cometido y, por el otro, se expresa el temor a la arbitrariedad judicial.

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La superación de la arbitrariedad judicial propia del Antiguo Régimen y la consagración del principio de legalidad en los sistemas contemporáneos condujeron a la exigencia de que las penas correspondientes a cada delito se recogieran con absoluta certeza en los Códigos penales. Con ello se instaura el sistema de determinación legal de la pena. En efecto, desde ahi la historia del Derecho Penal ha conocido básicamente tres sistemas de determinación de la reacción punitiva, a saber: a) el sistema clásico liberal; b) el sistema de la pena absolutamente indeterminada, y c) el sistema mixto de la pena legal y judicialmente determinada. Sistema Clásico Liberal Se realiza un esfuerzo por desterrar el arbitrio judicial, fijando marcos penales muy rígidos, con una división estricta de la pena en grados, a lo que se une una casuística exuberante de las circunstancias que pueden concurrir y prolija reglamentación de las consecuencias de cada una de ellas. Sistema de la Pena absolutamente Indeterminada Parte de la premisa de que no es posible jurídicamente precisar las penas con antelación al hecho concreto, coincide con la visión del delito como enfermedad social y del delincuente como un enfermo al que hay que tratar. Se sustituye la pena por la medida (tratamiento), constituyendo esta la reacción penal. Como la duración del tratamiento queda sujeta al progreso personal del delincuente, no se puede precisar su naturaleza y extensión, lo que transgrede el principio de legalidad, en su faceta de predeterminación de la reacción punitiva. Sistema de Determinación Mixta Finalmente, el sistema de la determinación mixta retoma la noción clásica, pero limitándose la ley a orientar la decisión del tribunal al señalarle los factores a los cuales debe atender, sin enumerar taxativamente todas las circunstancias modificatorias. Busca un equilibrio entre seguridad jurídica e individualización justa de la sanción. Combina las exigencias del legalismo señalamiento de una cantidad genérica de pena para el delito-, con las propias del principio de igualdad, esto es, con

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la necesidad de distinguir en cada caso concreto las especificas modulaciones de la gravedad del hecho y las características de su autor. Supone, por tanto, la posición intermedia entre la inexistencia legal de límites o indeterminación legal absoluta y la fijación de penas exactas en la ley o determinación legal absoluta. Dentro de esas definiciones teóricas, podemos afirmar que el sistema de determinación de penas que contempla nuestro CP para los adultos, tiene características que lo acercan a la última concepción. Antes de analizar el proceso de determinación de pena para adolescentes, resulta necesario recordar algunas características del proceso de individualización progresiva de la sanción contemplado por nuestro CP para los adultos, que supone las siguientes fases: 1°. La individualización legal de la pena, que corresponde al legislador y consiste en el establecimiento del marco penal genérico para cada delito. En el establecimiento de dicho marco penal, propio de la conminación, predominan criterios de prevención general y proporcionalidad. El legislador señala una cantidad genérica de pena que considera necesaria y suficiente para la motivación de los ciudadanos por el acatamiento de la norma; y, para lograrlo, debe tratarse de una pena proporcionada a la gravedad abstracta del hecho en cuestión. A partir de aquí, el sistema deja un restringido margen a la discrecionalidad de los tribunales para concretar la sanción. 2°. La individualización judicial de la pena, que corresponde al tribunal y consiste en la concreción del marco penal de la ley hasta la elección de la sanción especifica a imponer. En esta fase el órgano jurisdiccional lleva a cabo, en primer lugar, la determinación del grado de la pena, que se efectuara siempre que la ley obligue a imponer penas inferiores o superiores en grado a la prevista para el delito, pero también en aquellos casos en que se permite sustituir una pena por otra; en

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segundo lugar, el tribunal procede a la determinación de la extensión o cantidad concreta de pena a cumplir. En todo ese proceso, el juez o tribunal toma en consideración las reglas establecidas en la ley que, por tanto, pertenecen a la individualización legal, pero que, en la medida en que dejan márgenes de ejercicio del arbitrio al juzgador, configuran el ámbito de la individualización judicial. 3°. La individualización ejecutiva de la pena, también conocida como individualización administrativa o penitenciaria. Corresponde al ente administrativo encargado de la ejecución penal y alude a las modificaciones que puede sufrir la pena durante su cumplimiento, mediante la aplicación de beneficios alternativos y penitenciarios. Individualización Judicial De la pena en el caso de los Adolescentes: Ahora bien, situados específicamente en la fase de individualización judicial de la pena para adolescentes, si bien las reglas del CP constituyen la base jurídica sobre la cual debe trabajar el juez penal juvenil, ese sistema sufre algunas modificaciones relevantes. La determinación definitiva de la reacción punitiva dirigida al adolescente infractor se realiza a través de un proceso complejo, que comienza con la fijación judicial de la cuantía de la pena, regidos por los principios de culpabilidad y proporcionalidad, para luego proceder con ese dato, a decidir judicialmente la naturaleza de la sanción que se aplicara en el caso especifico, sujeto a criterios preventivos generales y especiales.59 Dicho mecanismo de determinación de pena parece inspirarse o al menos resulta similar a los planteamientos del profesor alemán Claus Roxin quien entiende la culpabilidad desde la prevención, propugnando un cambio de denominación, al hablar de la responsabilidad del agente, esto es, una mega categoría jurídica relacionada con la función de la pena, en cuya virtud no basta con el merecimiento de la pena (culpabilidad estricto sensu), sino que debe existir,
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Cerda San Martín, Mónica, “Sistema de Responsabilidad Penal para adolescentes”.primera edicion, año2006, Librotecnia

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además, la necesidad de la pena. El merecimiento de pena esta relacionado con el desvalor que merece el comportamiento y la necesidad de pena con los requerimientos preventivos; o sea, a pesar de estar presentes los elementos de la culpabilidad (merecimiento), cae la responsabilidad si no hay necesidad de pena o esta no es útil. La interrogante que surge al analizar las normas de determinación de penas para adolescentes es si existe o no un sistema, entendiendo por tal el conjunto de reglas que establecen los criterios normativos para la individualización legal y judicial de la consecuencia jurídica aplicable al responsable de un delito. Para afirmar que estamos en presencia de un sistema, creemos que es preciso que concurran las siguientes características: a) Que b)Que dad), se trate de los caso un conjunto de de normas seguridad pleno, establecien(legaliorientacontradido todos los criterios legales de determinación y de razonamiento judicial, combine al principios concreto esto es, jurídica y se adecuación c) Que sea (flexibilidad que sus reglada) no

cion a los fines del Derecho Penal y de la pena. coherente, reglas gan y conduzcan a un rango acotado de consecuencias jurídicas aplicables de un modo que asegure el principio de igualdad. En otras palabras, todo sistema de determinación de penas debe reunir los criterios de previsibilidad y seguridad jurídica; racionalidad y satisfacción del principio de igualdad; y adecuación a las circunstancias del delito y el autor y a los fines legítimos de la intervención penal. El juicio critico de las normas establecidas para los adolescentes se hará , de acuerdo a la interpretación mas o menos sistemática que de ella hagan los operadores juridicos. En todo caso, de la lectura integrada de la LRPA, podemos identificar tres criterios fundamentales que ayudaran, al menos, a una aplicación coherente del nuevo modelo, y son los siguientes:

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1°. Entender la nueva normativa como un sistema reforzado de garantías frente a la pretensión punitiva y socioeducativa del Estado; 2°. Dar primacía a los fines preventivo especiales positivos, particularmente de la no desocializacion, y

3°. Comprender que el sistema supone una menor culpabilidad en el adolescente, lo que implica una menor necesidad de respuesta o compensación a través de la pena y menor merecimiento. Afirma la profesora Maria Inés Horvitz Lennon que la cuestión más relevante a la hora de escoger un sistema de determinación de pena es su capacidad para predecir, del modo más seguro posible, la pena aplicable a un caso concreto. La previsibilidad de las decisiones judiciales, especialmente en el ámbito punitivo, es presentada como uno de los grandes valores que procura el principio de legalidad en sus diversas manifestaciones. Si se admite que no solo los presupuestos de la responsabilidad penal y de la punibilidad {nullum crimen sine lege) sino también las consecuencias jurídicas del hecho punible {nullum poena sine lege) deben estar establecidas con anterioridad al hecho; como seria posible considerar satisfecho este principio si, frente a un hecho concreto, solo el juez pudiera decir cual será la pena precisa a imponer en ese caso ,Por otro lado, son conocidos doctrinalmente los argumentos a favor de una mayor discrecionalidad judicial a los efectos de "individualizar" la pena al caso concreto atendiendo a la gravedad del injusto, la culpabilidad del autor y los fines perseguidos por la pena. En cualquier caso, la búsqueda de la mayor previsibilidad posible será siempre a costa de una menor individualización de la pena a las características concretas del hecho y su autor. En efecto, todo proceso de determinación de la pena implica la concurrencia de intereses contrapuestos los del autor, los de la víctima y los de la sociedad interesada en la afirmaci6n de sus norma, los que deben ser compatibilizados por los entes estatales a cargo de la conminación, adjudicación y ejecución de la pena.

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Finalidad De las Sanciones Las sanciones y consecuencias que la ley establece tienen por objeto hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social"60 Tratándose de la ejecución de las sanciones privativas de libertad, ella estará dirigida a la reintegración del adolescente al medio libre. De esta forma, se asume explícitamente el carácter sancionatorio y retributivo de las penas, lo cual si bien puede criticarse desde la perspectiva de los fines de la pena, es positivo en cuanto reconoce que las sanciones son un "mal", que afectan severamente los derechos de un sujeto, terminando así con los eufemismos de la bondad que en materia de derecho de menores históricamente han servido de justificacion de graves violaciones a los derechos de los niños. De otro lado, la ley se ubica preferentemente en una perspectiva preventivo especial positiva, al enfatizar los fines de integración social y el carácter socioeducativo de las intervenciones. Aun cuando el articulo 20 de la LRPA parezca contradictorio en cuanto a los fines, consideramos que la pretensión de "hacer efectiva la responsabilidad" debe ser compatibilizada con los criterios preventivo-especiales, mediante una interpretación que la entienda como la aplicación de la garantía de que la pena impuesta no rebase la medida de la culpabilidad del autor, quien debe responder en razón de su culpabilidad por el hecho y no con la pena mas alta o ejemplarizadora. En efecto, se procura el favorecimiento de una vida futura sin delitos, objetivo que se logra mas con los límites impuestos a la intervención penal que con la imposición y ejecución misma de las penas (Derecho Penal Mínimo para Adolescentes).
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Tienen por objeto “Hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social”

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Componente Socioeducativo Inserto en la ley 20.084 Ya en el artículo 13 de la norma en referencia aparece claramente la intención del legislador de ocupar éste concepto denominado socio educativo dentro de un plan de desarrollo y rehabilitación del adolescente. La figura del delegado ocupa un papel fundamental, encargado de la supervigilancia del adolescente a propósito del cumplimiento de la pena de libertad asistida. A fin de dar un buen entendimiento, la norma reza textual: “Artículo 13.- Libertad asistida. La libertad asistida consiste en la sujeción del adolescente al control de un delegado conforme a un plan de desarrollo personal basado en programas y servicios que favorezcan su integración social. La función del delegado consistirá en la orientación, control y motivación del adolescente e incluirá la obligación de procurar por todos los medios a su alcance el acceso efectivo a los programas y servicios requeridos. El control del delegado se ejercerá en base a las medidas de supervigilancia que sean aprobadas por el tribunal, que incluirán, en todo caso, la asistencia obligatoria del adolescente a encuentros periódicos previamente fijados con él mismo y a programas socioeducativos. Para ello, una vez designado, el delegado propondrá al tribunal un plan personalizado de cumplimiento de actividades periódicas en programas o servicios de carácter educativo, socio-educativo, de terapia, de promoción y protección de sus derechos y de participación. En él, deberá incluir la asistencia regular al sistema escolar o de enseñanza que corresponda. Podrán incluirse en dicho plan medidas como la prohibición de asistir a determinadas reuniones, similares. La duración de esta sanción no podrá exceder de tres años. En el mismo sentido, los artículos que le siguen y tratan las penas asignadas a los delitos, hacen especial énfasis en el fortalecimiento del factor socio educativo recintos o espectáculos públicos, de visitar determinados lugares o de aproximarse a la víctima, a sus familiares o a otras personas, u otras condiciones

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como uno de sus fines más significativos. Especial consideración lo revisten los artículo 14, 15, 16 y 17 de la ley en comento. Sin perjuicio de la clara significación ideológica intentada dar por el legislador en los artículos enunciados, el que verdaderamente tiene la jerarquía de principio inspirador y rector en la elaboración de una sentencia es el artículo 20° de la ley 20.084, el que señala: “Artículo 20.- Finalidad de las sanciones y otras consecuencias. Las sanciones y

consecuencias que esta ley establece tienen por objeto hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social.” A pesar de existir, por ejemplo, un tipo de pena denominada libertad asistida y otra asistida especial, ambas se deben regir por el principio inspirador del artículo 20° en referencia, el que hace exigible una intervención socio educativa amplia, es decir, aumenta el nivel de exigencia que la antigua ley de menores realizaba a quienes se encontraban a cargo del cumplimiento de las medidas de protección. La ley 20.084 aparentemente ha entregado las herramientas necesarias para impartir justicia juvenil, serán los operadores del derecho quienes tienen el deber de aprovechar adecuadamente esta normativa y lograr los fines dispuesto en ella. Determinación de la intensidad de la pena (cuantitativa) Como advertencia previa es preciso aclarar que el calculo de la magnitud de la pena en concreto servirá únicamente para determinar el tipo de sanción a imponer y no implica, necesariamente, que esa sea la duración definitiva del castigo, toda vez que algunas sanciones contemplan limites temporales máximos. Para la especificación del tiempo de la pena, la ley establece un sistema especial que contempla, en primer lugar, una rebaja que incide sobre la sanción en

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abstracto establecida en la norma penal general (para adultos); luego, se utilizan los demás factores tradicionales de fijación de la pena, con excepción de los criterios de proporcionalidad establecidos en el articulo 69 del CP, que se reservan para un momento posterior del juzgamiento, esto es, para la determinación del tipo de sanción a imponer; y, en definitiva, opera un limite máximo que varía según la edad del adolescente infractor. Las normas operan de la siguiente forma: •

Pena asignada a los delitos, El legislador entiende que la pena asignada al delito cometido por un adolescente es la inferior en un grado al mínimo de los señalados por la ley para el ilícito correspondiente.

De este modo, el primer factor a considerar incide en la aplicación de la rebaja legal sobre la pena en abstracto (para adultos), configurando un marco penal juvenil autónomo y no solo una mera atenuación de la pena. Este modo de proceder garantiza al adolescente un tratamiento penal cuantitativamente menos aflictivo, que se fundamenta en su menor culpabilidad que, en general es predicable de todo menor en comparación con un adulto, así como en la especial protección que merece la adolescencia, como etapa de desarrollo, frente a los efectos nocivos de la pena. En palabras de Francisco Muñoz Conde, la imputabilidad, como elemento de la culpabilidad, es el resultado de un proceso de socialización, en que el individuo va desarrollando una serie de facultades que le permiten conocer las normas que rigen la convivencia en el grupo al que pertenece y regir sus actos de acuerdo con dichas normas, es decir, actuar motivado por las normas jurídicas y por todo el entramado de normas sociales que constituyen los sistemas de control social, formal e informal. Evidentemente, ese proceso de socialización no es estático ni termina en un momento determinado, ni se da igual en todas las personas, pero el legislador, de acuerdo con determinados conocimientos empíricos que le brindan la psicología, la pedagogía, la

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sociología, etc., puede establecer un criterio cronológico, fijar una determinada edad a partir de la cual considera que el sujeto puede ser hecho plenamente responsable penalmente, salvo que tenga algún defecto o alteración psíquica que incida en su imputabilidad. Sin embargo, hay una etapa en la evolución cronológica de la madurez del ser humano en la que aun no están plenamente asentados los rasgos psicológicos y la personalidad. En esta etapa, la imputabilidad es todavía susceptible de modificación, paralelamente al proceso de maduración física y psíquica que el individuo esta pasando. Y no ya solo las facultades psíquicas intelectuales, sino el ambiente familiar, económico o social inciden en ese proceso incluso más fuertemente que las propias facultades individuales. Por eso, en esta etapa es mas importante influir en la socialización y el respeto a las normas del menor que ha cometido un delito a través de medidas educativas y correctoras de sus defectos de socialización, que con una pena que, por mas que se oriente a la reinserción social del condenado, tiene un componente aflictivo que puede incidir negativamente en las posibilidades de socialización del menor. Por otra parte, también el proceso en el que se le exija responsabilidad y el sistema de sanciones que se le puede imponer, tienen que tener en cuenta las peculiaridades de los menores de dieciocho años. Determinación de la naturaleza de la pena (cualitativa) Por su parte, el tipo o clase de sanción a aplicar al caso concreto se debe determinar por el tribunal en relación a la extensión de la misma y a criterios de prevención (general y especial, orientados a la necesidad de pena) asociados a las categorías tradicionales de penas mayores y menores, divididas en mínimos, medios y máximos, de acuerdo a las siguientes reglas: • Si la extensión de la sanción resulta equivalente a una pena de crimen (5 años y

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1 día y superiores), el tribunal deberá aplicar la pena de internacion en régimen cerrado o internacion en régimen semicerrado, ambas con programa de reinserción social. • Si la sanción va de 3 años y 1 día a 5 anos, el tribunal podrá imponer las penas de internacion en régimen cerrado o semicerrado, con programa de reinserción social, o libertad asistida especial. • Si la sanción se extiende entre 541 días y 3 años, el tribunal podrá imponer las penas de internacion en régimen semicerrado con programa de reinserción social, libertad asistida en cualquiera de sus formas y prestación de servicios en beneficio de la comunidad. • Si la sanción se ubica entre 61 y 540 días, el tribunal podrá imponer las penas de internacion en régimen semicerrado con programa de reinserción social, libertad asistida en cualquiera de sus formas, prestación de servicios en beneficio de la comunidad o reparación del daño causado. • Si la sanción es igual o inferior a 60 días, el tribunal podrá imponer las penas de prestación de servicios en beneficio de la comunidad, reparación del daño causado, multa o amonestación. Se trata de un sistema de determinación donde el legislador le ofrece al juez más de una pena equivalente, pero cualitativamente distintas, dentro de las cuales deberá elegir con criterios de individualización y razonabilidad. En efecto, para que el tribunal determine la naturaleza de las sanciones, dentro de los márgenes antes señalados, la ley le fija los siguientes criterios que, en su caso, debera manifestar en su decisión: • • • • La gravedad del ilícito de que se trate; La calidad en que el adolescente participo en el hecho y el grado de ejecución de la infracción; La concurrencia de circunstancias atenuantes o agravantes responsabilidad criminal; La edad del adolescente infractor; 85 de la

• •

La extensión del mal causado con la ejecución del delito, y La idoneidad de la sanción para fortalecer el respeto del adolescente por los derechos y libertades de las personas y sus necesidades de desarrollo e integración social.

De otro lado, el tribunal se encuentra limitado por las reglas de los artículos 26 y 47 de la LRPA, que restringen la aplicación de la privación de libertad a un ultimo recurso de carácter excepcional. Además, si en un caso similar un adulto no debiere cumplir una pena privativa de libertad tampoco procederá en el caso de un adolescente. Se considera también por el legislador la posibilidad de aplicar sanciones mixtas. En efecto, en los casos en que fuere procedente la internacion en régimen cerrado o semicerrado, ambas con programa de reinserción social, el tribunal esta facultado para imponer complementariamente una pena de libertad asistida en cualquiera de sus formas, por un máximo que no supere el tiempo de la condena principal. La ley señala la forma de ejercer esta facultad por parte del tribunal: Ordenando cumplir la libertad asistida con posterioridad a la ejecución de la pena privativa de libertad, siempre y cuando en total no se supere la duración máxima de esta (complementariedad); o en el caso de penas que se extiendan hasta 540 días, ordenando cumplir la libertad asistida en forma previa a la ejecución de la pena privativa de libertad, lo que determina que la pena principal queda en suspenso y en carácter condicional, para ejecutarse en caso de incumplimiento de la libertad asistida. De estas reglas se desprende que la libertad asistida, en cualquiera de sus formas, deberá aplicarse en forma previa cuando la duración de la sanción se ubique en el tramo que contempla en numeral 4° del articulo 23 de la LRPA. En los demás casos (reglas la, 2ay3a), la libertad asistida debiera aplicarse con posterioridad a la pena privativa de libertad.

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Para Maria Inés Horvitz, el articulo 19 operaria también en el ámbito de la regla la del articulo 23, ambos de la LRPA, aun cuando ella no contempla la libertad asistida como sanción aplicable, pues la norma del articulo 19 es general y se refiere a lo casos "en que fuere procedente la internacion en régimen cerrado o semicerrado", sin hacer distinciones. Agrega que se trata de una forma de mitigar la excesiva aflictividad de una pena grave, cuando se requiera un tratamiento especializado en el medio libre respecto de un joven que tiene un pronostico favorable de reinserción social. Por ultimo, como ya se ha indicado, la duración de la pena determinada se encuentra sujeta a ciertos límites legales, a saber: Si se trata de penas privativas de libertad, esto es, internacion en régimen semicerrado e internacion en régimen cerrado, ambas con programa de reinserción social, no pueden exceder de 5 anos si el infractor tuviere menos de 16 anos, o de 10 anos si tuviere más de esa edad. Tratándose de las penas de libertad asistida, en ambas modalidades, su duración no puede exceder de 3 anos. Los servicios en beneficio de la comunidad, por su parte, no pueden exceder de 4 horas diarias y de 120 horas en total (30 días). La pena de multa no puede exceder de 10 UTM, pudiendo conmutarse, a solicitud del infractor, por la sanción de servicios a favor de la comunidad, a razón de 30 horas por cada 3 UTM (máximo 90 horas). Análisis de las normas penales adjetivas.

Procedimiento aplicable La investigación, juzgamiento y ejecución de la responsabilidad por infracciones a la ley penal por parte de los adolescentes se rige por las disposiciones contenidas en la Ley N° 20.084 y supletoriamente por las normas del CPP. Art.101 Se define

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aquí la legislación adjetiva o procesal aplicable a los adolescentes imputados, pues las normas penales o sustantivas ya quedaron de-terminadas por los artículos 1° y 3° de la LRPA. La regla especial, contenida en el inciso 2° del articulo 27 de la LRPA, indica que el procedimiento a seguir se determinara en razón de la pretensión punitiva del persecutor penal. En efecto, el conocimiento y fallo de las infracciones respecto de las cuales el Ministerio Publico requiera una pena no privativa de libertad se sujetara (imperativamente) a las reglas del procedimiento simplificado o monitorio, según sea el caso. La cuestión que se plantea, a partir de las normas señaladas, incide en la aplicación complementaria de la regla de procedimiento contenida en el artículo 388 inciso 2° del CPP. La definición procedimental de este nuevo sistema se encuentra relacionada únicamente con la determinación de la naturaleza de la pena, o también incide en ella la cuantía de la misma El conflicto se puede solucionar básicamente de dos maneras: Afirmando que el artículo 27 inciso 2° de la LRPA excluye la utilización del artículo 388 inciso 2° del CPP, razón por la cual es la naturaleza de la pena requerida por el Fiscal la que determina el procedimiento a seguir y, consecuentemente, el tribunal absolutamente competente. De este modo, si la pena requerida es privativa de libertad debe seguirse el procedimiento ordinario; en cambio, si la pena requerida no es privativa de libertad, la ritualidad a seguir es la del procedimiento simplificado, cualquiera sea el tramo de quantum punitivo, a la luz del artículo 23 de la LRPA. Bajo esta tesis, si se tratara de un delito de robo con violencia, cuya pena abstracta señalada para los adultos es de presidio mayor en sus grados mínimo a máximo, debemos, en primer lugar, fijar la "pena asignada al delito" para adolescentes, de acuerdo al artículo 21 de la LRPA. Entonces, aplicando la rebaja de un grado desde el mínimo, resulta una pena de presidio menor en su grado máximo. Enseguida, si se trata de un delito consumado y el adolescente es autor 88

del mismo, no hay factores adicionales que considerar. Finalmente, tendremos en cuenta las circunstancias modificatorias de responsabilidad, en el caso que nos ocupa únicamente consideraremos la atenuante de irreprochable conducta anterior, por lo que corresponde fijar la cuantía de la pena en el minimum, vale decir entre 3 anos y 1 día a 4 años. Con esa cuantía de pena el Fiscal debe optar por alguna de las sanciones establecidas en el artículo 23 N° 2 de la LRPA, esto es, internacion en cualquiera de sus modalidades o libertad asistida especial. Si elige alguna de las penas privativas de libertad, no podrá realizarse el juzgamiento conforme a las normas del procedimiento simplificado; por el contrario, si opciona por la libertad asistida especial (pena no privativa de libertad), puede requerir al imputado adolescente a traves de un procedimiento simplificado. Al revés, si a partir de un quantum penal que va de 61 días a 540 días (tramo cuarto del artículo 23 de la LRPA), el fiscal requiere la pena de internacion en régimen semicerrado, el procedimiento a seguir es el ordinario, sin perjuicio de derivar el conocimiento del caso hacia un juicio especial abreviado, a cargo de un juez de garantía, si se dan las condiciones legales. En apoyo de la primera tesis se suele afirmar que el mejor escenario para determinar la responsabilidad penal juvenil es el juicio oral ante el tribunal colegiado, máximo derecho de todo imputado penal. Agregan sus partidarios, que toda posibilidad de aplicar penas privativas de libertad a un adolescente, por los nocivos efectos que genera en su desarrollo gradual, debe ser consecuencia de un procedimiento con el máximo de garantías. Acuden a un argumento gramatical y de especialidad, señalando que en razón de la natu-raleza del sistema especializado deben preferirse las normas de la LRPA por sobre las reglas generales procesales para adultos, que solo tienen un carácter supletorio a falta de norma especial. Los partidarios de la segunda tesis, sostienen que el juicio simplificado contradictorio cumple el estándar requerido por el articulo 1° del CPP, reconociendo alguna disminución de garantías por el carácter unipersonal del

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juez a cargo y el conocimiento previo que este pueda tener del tema a decidir, afectando eventualmente su imparcialidad objetiva. Por otra parte, la naturaleza especial del sistema y la literalidad de las normas no excluye esta posición, pues el articulo 27 inciso 1° de la LRPA nos remite al CPP, incluyendo su articulo 388, que debe adecuarse y complementarse con lo estatuido en el articulo 27 inciso 2° de la LRPA. Además, en la ritualidad del procedimiento simplificado, si el imputado admite su responsabilidad el juez de garantía no puede imponer una pena superior a la solicitada en el requerimiento,fijandose así un techo de punibilidad, certeza con la que no contara el imputado en el juicio oral ante el tribunal colegiado, donde no existe inconveniente legal para que los jueces lo condenen a una pena superior, previo debate, en atención a un cambio de calificación jurídica de los hechos o consideración de circunstancias agravantes no planteadas en la acusación. En consecuencia, resulta mas favorable esta tesis al hacer aplicable en un mayor numero de casos el procedimiento simplificado. Determinación del Procedimiento Cabe definir si la determinación del procedimiento aplicable se hará en base a la mera solicitud del Ministerio Publico o en base al merito de los antecedentes de la investigación o del requerimiento, los que podrían ser controlados por el tribunal a solicitud de alguno de los intervinientes. El conflicto lo crean los simples delitos, con investigación previa, en cuanto pueden generar la coexistencia de procedimientos (simplificado y ordinario). En efecto, si el procedimiento ha comenzado conforme a las reglas del procedimiento ordinario pero en su transcurso la pena que resulte aplicable al hecho se encuadra en el ámbito del procedimiento simplificado, el Ministerio Publico podría decidir continuarlo conforme a las reglas de este procedimiento especial u optar, lisa y llanamente, por la continuación del caso en procedimiento ordinario. Esta si-tuacion podría plantearse en cualquier momento de la etapa de investigación, aunque desde un principio podría dársele

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tramitación conforme a las normas del procedimiento simplificado. No obstante, si decide acusar y requerir una pena concreta no superior a 540 días de privación de libertad, el tribunal deberá ordenar la tramitación del caso en conformidad a las reglas del procedimiento simplificado, excluyéndose la posibilidad de continuar su prosecución con arreglo al procedimiento ordinario. Normas especiales de procedimiento Medidas cautelares personales: En ningún caso puede el tribunal dar lugar a una medida que parezca desproporcionada en relación con la sanción que resulte probable de aplicar en caso de condena.61 Este principio de proporcionalidad (prohibición de exceso) que debe inspirar la aplicación de todas las medidas cautelares existe también respecto de los adultos, con lo cual el legislador solo ha querido enfatizar en su consideración cuando se trata de adolescentes. Detención: El CPP dispone ciertos mecanismos para rodear de protección a los ciudadanos frente a los contactos que tengan con la policía, cuando esta actúa en su función de persecución penal, debido a que este es un momento de máxima vulnerabilidad frente a la acción policial. Por ello es que, tratándose de adultos y jóvenes, la ley dispone de diversos mecanismos de control que intentan proteger al ciudadano de posibles usos arbitrarios de las facultades policiales.Sin embargo, cuando se trata de jóvenes, tanto la normativa nacional contemplada en la LRPA como la normativa internacional reconocen que se deben aplicar estas protecciones con un estándar mas alto que en el caso de adultos. La idea que funda esta diferencia entre jóvenes y adultos es que los primeros son más vulnerables y requieren de mayor protección en el ejercicio de sus derechos.

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En la ejecución de la detención e internacion provisoria62 debe darse cumplimiento a lo previsto en los artículos 17 de la Ley N° 16.618 y 37, letra c), de la Convención Internacional sobre Derechos del Niño, que exigen la separación de estos con los adultos privados de libertad. El adolescente detenido solo podrá declarar ante el fiscal en presencia de un defensor y podrá siempre ejercer los derechos consagrados en los artículos 93 y 94 del CPP y 37 y 40 de la Convención antes citada. Los encargados de los centros de internacion provisoria no podrán aceptar el ingreso de menores sino en virtud de órdenes impartidas por el juez de garantía competente. Restricción de libertad de menores de catorce años. Si se sorprendiere a un menor de 14 años en la ejecución flagrante de una conducta que, cometida por un adolescente constituiría delito, los agentes policiales ejercerán todas las facultades legales para restablecer el orden y la tranquilidad publicas y dar la debida protección a la victima en amparo de sus derechos. Una vez cumplidos dichos propósitos, la autoridad respectiva deberá poner al niño a disposición del tribunal de familia a fin de que este procure su adecuada protección. En todo caso, tratándose de infracciones de menor entidad podrá entregar al niño inmediata y directamente a sus padres y personas que lo tengan a su cuidado y, de no ser ello posible, lo entregara a un adulto que se haga responsable de el, prefiriendo a aquellos con quienes tuviere una relación de parentesco, informan-do siempre al tribunal de familia competente. Si el fiscal desea interrogar al menor en calidad de testigo, se estará a las reglas generales. La internacion provisoria en un centro cerrado. Esta medida cautelar, es equivalente a la prisión preventiva del adulto, solo será procedente tratándose de la imputación de crímenes, debiendo aplicarse cuando los objetivos señalados en
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La internación provisoria en un centro cerrado sólo será procedente tratándose de la imputación de crímenes, debiendo aplicarse cuando los objetivos señalados en el inciso primero del artículo 155 del Código Procesal Penal no pudieren ser alcanzados mediante la aplicación de alguna de las demás medidas cautelares personales.

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el inciso 1° del articulo 155 del CPP no pudieren ser alcanzados mediante la aplicación de alguna de las demás medidas cautelares personales. La utilización de esta medida cautelar personal se encuentra, entonces, especialmente restringida. En primer lugar, por los delitos que la hacen procedente (crímenes), en tanto reafirma el carácter subsidiario que debe tener respecto de las otras medidas cautelares personales, y el principio de proporcionalidad en relación con la sanción probable en caso de condena. Lo anterior es concordante con las Reglas de Beijing en cuanto disponen que "Solo se aplicara la prisión preventiva como ultimo recurso y durante el plazo mas breve posible"; y "Siempre que sea posible, se adoptaran medidas sustitutorias de la prisión preventiva, como la supervisión estricta, la custodia permanente, la asignación de una familia o el traslado a un hogar o a una institución educativa". Permiso de salida diaria. : Tratándose de un adolescente imputado sujeto a una medida de internacion provisoria, el juez podrá, en casos calificados, concederle permiso para salir durante el día, siempre que ello no vulnere los objetivos de la medida. Al efecto, el juez podrá adoptar las providencias que estime convenientes. Principio de oportunidad. Sobre la idea de que el mismo proceso penal se puede transformar en un fuerte castigo en si mismo, independientemente de la sanción definitiva, es que la legislación penal de adolescentes intenta que el proceso penal sea iniciado y llevado a su fin solo en los casos donde aparece conveniente la intervención de los órganos de persecución penal. Es por ello que la LRPA establece que para el ejercicio del principio de oportunidad los fiscales deben tener en especial consideración la incidencia que su decisión podría tener en la vida futura del adolescente imputado. Además, para la aplicación de esta medida de selectividad penal tendrán como base la pena resultante una vez efectuada la rebaja de un grado señalada por la ley.

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Primera audiencia. De la realización de la primera audiencia a que deba comparecer el imputado deberá notificarse a sus padres o a la persona que lo tenga bajo su cuidado. Si el juez lo considera necesario, permitirá la intervención de estos, si estuvieren presentes. Se trata de obtener la concurrencia de un adulto de confianza que acompañe al menor y vele por sus intereses, teniendo siempre en consideración el interés superior del adolescente. Si se trata de la audiencia de control de detención, el juez además de verificar la existencia de una causal legal de flagrancia, el cumplimiento del plazo para poner al imputado a su disposición, que la policía no haya maltratado ni sujeto a tortura al detenido, que la policía le haya leído sus derechos y que se haya puesto en conocimiento del detenido los hechos por los cuales se le detuvo, deberá controlar también que el joven haya sido puesto de inmediato a su disposición, sopesando, en su caso, los argumentos que entregue el fiscal para justificar la demora, como también resolver sobre la legalidad o ilegalidad de la practica de diligencias de investigación realizadas durante el periodo de detención. Administración de las Medidas no Privativas de Libertad Señala la ley que el Servicio Nacional de Menores debe asegurar la existencia en las distintas regiones del país de los programas necesarios para la ejecución y control de las medidas que se adopten respecto de los adolescentes infractores de ley penal, las que serán ejecutadas por los colaboradores acreditados que hayan celebrado los convenios respectivos con dicha institución63. Para tal efecto, deberá llevar un registro actualizado de los programas existentes en cada comuna del país, el que estará a disposición de los tribunales competentes.

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Articulo 42 de la ley 20.084.

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Además, el aludido Servicio deberá revisar periódicamente la pertinencia e idoneidad de los distintos programas, aprobando su ejecución por parte de los colaboradores acreditados y fiscalizando el cumplimiento de sus objetivos. En la modalidad de libertad asistida especial se asegurara la intervención de la red institucional y de protección del Estado, según se requiera, siendo de cargo de SENAME la coordinación con los respectivos servicios públicos. Las normas necesarias para regular dicha actividad coordinada se contendrá en un reglamento dictado por decreto supremo del Ministerio de Justicia.

Administración de los centros de privación de libertad Por su parte, la administración de los Centros Cerrados de Privación de Libertad y de los recintos donde se cumpla la medida de internacion provisoria, corresponded siempre y en forma directa al SENAME. Para dar cumplimiento a las sanciones privativas de libertad y a la medida de internacion provisoria se contemplan tres tipos de centros: a)Los Centros para la Internacion en Régimen Semicerrado. b)Los Centros Cerrados de Privación de Libertad. c)Los Centros de Internacion Provisoria. Para garantizar la seguridad y permanencia de los infractores en los dos primeros Centros, se establece una guardia armada de carácter externo a cargo de Gendarmería de Chile. Esta guardia permanecerá fuera del recinto, pero estará autorizada para ingresar en caso de motín o en otras situaciones de grave riesgo para los adolescentes y revisar sus dependencias con el solo objeto de evitarlas64. La organización y funcionamiento de los recintos aludidos se regulara en un reglamento dictado por decreto supremo expedido por medio del Ministerio de Justicia. Régimen interno de los Centros de Privación de Libertad
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Articulo 43 de la ley 20.084.

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Condiciones básicas En primer lugar se debe tener presente el principio rector en esta materia, en cuya virtud la ejecución de las sanciones privativas de libertad estará dirigida a la reintegración del adolescente al medio libre. Por ello, deben desarrollarse acciones tendientes al fortalecimiento del respeto por los derechos de las demás personas y al cumplimiento del proceso de educación formal y considerarse la participación en actividades socioeducativas, de formación y de desarrollo personal. Normas de orden interno y seguridad Los adolescentes estarán sometidos a las normas disciplinarias que dicte la autoridad para mantener la seguridad y el orden. Reglas que, en todo caso, deben ser compatibles con los derechos reconocidos en la Constitución, en la Convención Internacional sobre Derechos del Niño, en los demás tratados internacionales ratificados por Chile que se encuentren vigentes y en las leyes. Dichas normas regularan el uso de la fuerza respecto de los adolescentes y contendrán, a lo menos, los siguientes aspectos: 1. El carácter excepcional y restrictivo del uso de la fuerza, lo que implica que debe ser utilizada solo cuando se hayan agotado todos los demás medios de control y por el menor tiempo posible, y 2. La prohibición de aplicar medidas disciplinarias que constituyan castigos corporales, encierro en celda obscura y penas de Además, las medidas y procedimientos disciplinarios que se dispongan deberán encontrarse contemplados en la normativa del establecimiento y tendrán como fundamento principal contribuir a la seguridad y a la mantencion de una vida comunitaria ordenada, debiendo, en todo caso, ser compatibles con el respeto de la dignidad

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del adolescente. Tales normas deberán precisar, a lo menos, los siguientes aspectos: • • Las conductas que constituyan una infracción a la disciplina; El carácter y la duración de las sanciones disciplinarias que se pueden imponer, y • La autoridad competente para imponer esas sanciones y aquella que deberá resolver los recursos que se deduzcan en su contra. Derechos y garantías de la ejecución Durante la ejecución de las sanciones el adolescente tendrá derecho a: 1. Ser tratado de una manera que fortalezca su respeto por los derechos y libertades de las demás personas, resguardando su desarrollo, dignidad e integración social-, 2. Ser informado de sus derechos y deberes con relación a las personas e instituciones que lo tuvieren bajo su responsabilidad; 3. Conocer las normas que regulan el régimen interno de las instituciones y los programas a que se encuentre sometido, especialmente en lo relativo a las causales que pueden dar origen a sanciones disciplinarias en su contra o a que se declare el incumplimiento de la sanción; 4. Presentar peticiones ante cualquier autoridad competente de acuerdo a la naturaleza de la petición, obtener una respuesta pronta, solicitar la revisión de su sanción en conformidad a la ley y denunciar la amenaza o violación de alguno de sus derechos ante el juez, y 5. Contar con asesoria permanente de un abogado65. Tratándose de adolescentes sometidos a una medida privativa de libertad, tendrán además derecho a:

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Articulo 49 de la ley 20.084.

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1. Recibir visitas periódicas, en forma directa y personal, al menos una vez a la semana; 2. La integridad e intimidad personal; 3. Acceder a servicios educativos, y 4. La privacidad y regularidad de las comunicaciones, en especial con sus abogados. Control de la ejecucion de las sanciones Tribunal competente Los conflictos de derecho que se susciten durante la ejecución de alguna de las sanciones aplicadas a los adolescentes serán resueltos por el juez de garantía del lugar donde esta deba cumplirse66. En virtud de ello y previa audiencia, el juez de garantía adoptara las medidas tendientes al respeto y cumplimiento de la legalidad de la ejecución y resolverá, en su caso, lo que corresponda en caso de quebrantamiento. En consecuencia, se contempla la figura de un juez de control de la ejecución, encomendando dicha función al juez de garantía correspondiente. Sus principales ámbitos de competencia son: verificar la legalidad de la ejecución y tomar las medidas del caso si hay violaciones a la misma; resolver los quebrantamientos, y fallar las solicitudes de revisión, sustitución o remisión, de las sanciones originalmente impuestas. Resulta un avance el mayor desarrollo que existe en materia de regulación legal de la ejecución de las sanciones, teniendo en cuenta que los adultos solo cuentan con un régimen carcelario de rango administrativo. De modo que, recién ahora, respecto de los adolescentes, se cumplirá con un estándar básico en la normativa de ejecución. Además, corresponde al tribunal de ejecución conocer en audiencia de la sustitución y remisión de las condenas impuestas a un adolescente.
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Articulo 50 de la ley 20.084.

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Certificación de cumplimiento La institución que ejecute la sanción informara sobre el total cumplimiento de la misma a su termino, por cualquier medio fi-dedigno, al juez de garantía de esa jurisdicción, el que deberá certificar dicha circunstancia. Asimismo, debe informar de cualquier incumplimiento cuando este se produzca.

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CAPITULO V

RESULTADOS.

En este capitulo, expondré, los resultados de mi investigación en relación a las interrogantes establecidas en el diseño teórico. 1. Nuestro derecho penal general , es decir , el que se aplica a los adultos (mayores de 18 años), que mediante una acción u omisión encuadran en una figura descrita y tipificada en el código penal , es un sistema que como sistema penal no contempla jurídicamente ningún sistema de reinserción , y por lo cual su fin no es la reinserción , su fin es meramente sancionatorio , todos los autores , diría la generalidad de ellos contempla como característica esencial del mismo su carácter sancionatorio. Desde el punto de vista de la pena , todos los ordenamientos jurídicos de carácter penal son sancionatorios , porque todos aplican una sanción , pero algunos de ellos se preocupan de resocializar al sujeto mientras este cumple la pena por medio de procedimientos ,como por ejemplo en Estados Unidos se aplica el derecho terapeutico y hay tribunales que se preocupan de los autores de delitos con problemas de drogadicción ,mediante procesos multidisciplinarios donde no solo se mira a este sujeto como un infractor de ley por lo cual no solo se le aplica el derecho como una sanción , sino que se le ve como un enfermo que hay que tratar y mejorar por lo cual involucra ciencias como la psicología y la sociología . En chile no hay nada de esto, el sujeto al ser culpable de un delito, crimen, simple delito etc. Es sancionado y debe cumplir su pena sean

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cual sean sus adicciones, no hay un procedimiento dirigido a curarlo, los únicos instrumentos de reinserción que hay en chile, si se puede llamarles así, son beneficios que otorga gendarmería de chile, como por ejemplo hay un procedimiento para borrar los antecedentes penales una vez que la persona cumplió su pena , pero es largo ,dura entre 3 y 5 años en que esta persona ya libre debe firmar por estos periodos dependiendo de cuantas condenas debió cumplir o de cuantos años fueron estas, pero no hay políticas publicas para remediar el tema de la delincuencia como un fenómeno social, ni tampoco se ha adoptado ningún otro procedimiento para remediarlo. 2. Un modelo de sistema penal de reinserción o con fines de reinserción seria el aplicado en Estados Unidos( therapeutic jurisprudente) y la figura del juez de vigilancia penitenciaria que se contempla jurídicamente en España. 3. La finalidad de nuestro derecho penal juvenil , es por un lado hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes mayores de 14 años y menores de 18 años que infrinjan la ley penal , imponiéndoles una sanción sin hacer ningún tramite previo como lo era antes el discernimiento , y por el otro lado su finalidad es reinsertarlos y rehabilitarlos mediante una serie de procedimientos que se realizan cuando el joven cumple la sanción o en un determinado lapso de tiempo que determina la autoridad competente. Por otro lado la nueva ley vino a subsanar los defectos de la antigua legislación que no contribuía en nada a la rehabilitación de los jóvenes y que no se encontraba al nivel de lo que internacionalmente se requiere al respecto. 4. La nueva ley regula en sistema especial, una justicia penal especializada para los jóvenes, establece una serie de sanciones y

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establece que las sanciones privativas de libertad (internacion en régimen cerrado, internacion en régimen semicerrado ambas con programas de reinserción social), se aplicaran como ultima medida. Además regula el procedimiento aplicable en cada caso, la ejecución de las medidas, etc. Todo con pleno resguardo de las garantías de los jóvenes y con plena sujeción a las convenciones internacionales que rigen la materia , salvo algunas discrepancias en algunos puntos que sostienen algunos organismos.

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CAPITULO VI

CONCLUSIONES.

De acuerdo con todo lo desarrollado en esta investigación y con todos los antecedentes recabados, puedo concluir que:

1. Que al recabar información sobre cuales son los procedimientos que se aplican para la reinserción y resocializacion de una persona que delinque, puedo concluir que nuestro ordenamiento jurídico no contempla estas alternativas, no hay una política de gobierno o una política publica que se preocupe de dichos problemas que según lo que investigue son mas sociales que de cualquier otra índole. 2. En cuanto a cual seria un modelo de sistema penal de reinserción , yo concluyo en base a lo que investigue que un modelo efectivo seria uno que conjugara el sistema implementado en Estados Unidos y el implementado en España, ambos conjugados darían buenos resultados si miramos la delincuencia como un problema social, y que por ende no se puede solucionar solo con normas. 3. El nuevo sistema penal juvenil, como una justicia especializada va en buen camino, según lo que investigue teóricamente, se acerca a un modelo que tiene fines de reinserción, pero que de igual manera su fin es sancionar a los jóvenes infractores, hacer efectiva su responsabilidad. 4. El cambio que se dio en materia penal juvenil , según lo investigado , era necesario , por una parte porque los delitos cometidos por los jóvenes en el ultimo tiempo habían aumentado en numero y en intensidad , y el proceso era difícil muchas veces no se podía hacer 103

efectiva la responsabilidad por el tramite previo que existía que rea el discernimiento , además no era una justicia acorde con las convenciones internacionales que rigen la materia y que han sido ratificadas por chile, no reinsertaba para nada a los jóvenes , y en muchos casos se vulneraban sus derechos y ganitas fundamentales .

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CAPITULO VII

PROPUESTAS.

De acuerdo con lo expresado en el capitulo de las conclusiones, pueden hacerse las presentes propuestas. 1. Proponer al SENAME, y a los organismos colaboradores de este mayor coordinación en la ejecución de medidas tendientes a lograr la reinserción de los jóvenes. 2. Proponer al SENAME, la realización de más estudios para ir mejorando de a poco la nueva ley en la medida que esta se valla implementando. 3. Proponer al Ministerio de Justicia que fiscalice constantemente el cumplimiento de la normativa, como también las condiciones mínimas que deben tener los centros privativos de libertad. 4. Proponer al Ministerio de Justicia la dotación de mas recursos para la construcción o remodelación de los centros privativos de libertad que existen a lo largo de todo el país , con el fin de que estos cumplan con lo cometido en cuanto a la reinserción de los jóvenes.

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ANEXOS

1. Declaración de los derechos del niño. 2. Convención sobre los derechos del niño. 3. Reglas de las naciones unidas para la protección de los menores privados de libertad. 4. Reglas mínimas de las naciones unidas para la administración de justicia de menores (reglas de Beijing). 5. Directrices de las naciones unidas para la prevención de la delincuencia juvenil.

ANEXOS

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Declaración de los Derechos del Niño Proclamada por la Asamblea General en su resolución 1386 (XIV), de 20 de noviembre de 1959 PREAMBULO Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, y su determinación de promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, Considerando que las Naciones Unidas han proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos que toda persona tiene todos los derechos y libertades enunciados en ella, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, opinión política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento, Considerando que la necesidad de esa protección especial ha sido enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño y reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los convenios constitutivos de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del niño, Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle,La Asamblea General, Proclama la presente Declaración de los Derechos del Niño a fin de que éste pueda tener una infancia feliz y gozar, en su propio bien y en bien de la sociedad, de los derechos y libertades que en ella se enuncian e insta a los padres, a los hombres y mujeres individualmente y a las organizaciones particulares, autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen por su observancia con medidas legislativas y de otra índole adoptadas progresivamente en conformidad con los siguientes principios: Principio 1 El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia. Principio 2

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El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño. Principio 3 El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad. Principio 4 El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados. Principio 5 El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular. Principio 6 El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole. Principio 7 El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido 108

de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho. Principio 8 El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro. Principio 9 El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o su educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral. Principio 10 El niño debe ser protegido contra las práticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes. Convención sobre los Derechos del Niño Adoptada y abierta a la firma y ratificación por la Asamblea General en su resolución 44/25, de 20 de noviembre de 1989 Entrada en vigor: 2 de septiembre de 1990, de conformidad con el artículo 49 Preambulo Los Estados Partes en la presente Convención, Considerando que, de conformidad con los principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo se basan en el reconocimiento de la dignidad 109

intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, Teniendo presente que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, y que han decidido promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, Reconociendo que las Naciones Unidas han proclamado y acordado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los pactos internacionales de derechos humanos, que toda persona tiene todos los derechos y libertades enunciados en ellos, sin distinción alguna, por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, Recordando que en la Declaración Universal de Derechos Humanos las Naciones Unidas proclamaron que la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales, Convencidos de que la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad, Reconociendo que el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión, Considerando que el niño debe estar plenamente preparado para una vida independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad, Teniendo presente que la necesidad de proporcionar al niño una protección especial ha sido enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño y en la Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General el 20 de noviembre de 1959, y reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (en particular, en los artículos 23 y 24), en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (en particular, en el artículo 10) y en los estatutos e instrumentos pertinentes de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del niño, Teniendo presente que, como se indica en la Declaración de los Derechos del Niño, "el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento", Recordando lo dispuesto en la Declaración sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la protección y el bienestar de los niños, con particular referencia a la adopción y la colocación en hogares de guarda, en los planos nacional e internacional; las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores (Reglas de Beijing); y la Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia o de conflicto armado, Reconociendo que en todos los países del mundo hay niños que viven en

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condiciones excepcionalmente difíciles y que esos niños necesitan especial consideración, Teniendo debidamente en cuenta la importancia de las tradiciones y los valores culturales de cada pueblo para la protección y el desarrollo armonioso del niño, Reconociendo la importancia de la cooperación internacional para el mejoramiento de las condiciones de vida de los niños en todos los países, en particular en los países en desarrollo, Han convenido en lo siguiente: PARTE I Artículo 1 Para los efectos de la presente Convención, se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad. Artículo 2 1. Los Estados Partes respetarán los derechos enunciados en la presente Convención y asegurarán su aplicación a cada niño sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna, independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra condición del niño, de sus padres o de sus representantes legales. 2. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares. Artículo 3 1. En todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se atenderá será el interés superior del niño. 2. Los Estados Partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y administrativas adecuadas. 3. Los Estados Partes se asegurarán de que las instituciones, servicios y establecimientos encargados del cuidado o la protección de los niños cumplan las normas establecidas por las autoridades competentes, especialmente en materia de seguridad, sanidad, número y competencia de su personal, así como en relación con la existencia de una supervisión adecuada. Artículo 4 Los Estados Partes adoptarán todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención. En lo que respecta a los derechos económicos, sociales y culturales, los Estados Partes adoptarán esas medidas hasta el máximo de los recursos de que

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dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional. Artículo 5 Los Estados Partes respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres o, en su caso, de los miembros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre local, de los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño de impartirle, en consonancia con la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas para que el niño ejerza los derechos reconocidos en la presente Convención. Artículo 6 1. Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida. 2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño. Artículo 7 1. El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos. 2. Los Estados Partes velarán por la aplicación de estos derechos de conformidad con su legislación nacional y las obligaciones que hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales pertinentes en esta esfera, sobre todo cuando el niño resultara de otro modo apátrida. Artículo 8 1. Los Estados Partes se comprometen a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas. 2. Cuando un niño sea privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados Partes deberán prestar la asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad. Artículo 9 1. Los Estados Partes velarán por que el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos, excepto cuando, a reserva de revisión judicial, las autoridades competentes determinen, de conformidad con la ley y los procedimientos aplicables, que tal separación es necesaria en el interés superior del niño. Tal determinación puede ser necesaria en casos particulares, por ejemplo, en los casos en que el niño sea objeto de maltrato o descuido por parte de sus padres o cuando éstos viven separados y debe adoptarse una decisión acerca del lugar de residencia del niño. 2. En cualquier procedimiento entablado de conformidad con el párrafo 1 del presente artículo, se ofrecerá a todas las partes interesadas la oportunidad de participar en él y de dar a conocer sus opiniones. 3. Los Estados Partes respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño.

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4. Cuando esa separación sea resultado de una medida adoptada por un Estado Parte, como la detención, el encarcelamiento, el exilio, la deportación o la muerte (incluido el fallecimiento debido a cualquier causa mientras la persona esté bajo la custodia del Estado) de uno de los padres del niño, o de ambos, o del niño, el Estado Parte proporcionará, cuando se le pida, a los padres, al niño o, si procede, a otro familiar, información básica acerca del paradero del familiar o familiares ausentes, a no ser que ello resultase perjudicial para el bienestar del niño. Los Estados Partes se cerciorarán, además, de que la presentación de tal petición no entrañe por sí misma consecuencias desfavorables para la persona o personas interesadas. Artículo 10 1. De conformidad con la obligación que incumbe a los Estados Partes a tenor de lo dispuesto en el párrafo 1 del artículo 9, toda solicitud hecha por un niño o por sus padres para entrar en un Estado Parte o para salir de él a los efectos de la reunión de la familia será atendida por los Estados Partes de manera positiva, humanitaria y expeditiva. Los Estados Partes garantizarán, además, que la presentación de tal petición no traerá consecuencias desfavorables para los peticionarios ni para sus familiares. 2. El niño cuyos padres residan en Estados diferentes tendrá derecho a mantener periódicamente, salvo en circunstancias excepcionales, relaciones personales y contactos directos con ambos padres. Con tal fin, y de conformidad con la obligación asumida por los Estados Partes en virtud del párrafo 1 del artículo 9, los Estados Partes respetarán el derecho del niño y de sus padres a salir de cualquier país, incluido el propio, y de entrar en su propio país. El derecho de salir de cualquier país estará sujeto solamente a las restricciones estipuladas por ley y que sean necesarias para proteger la seguridad nacional, el orden público, la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de otras personas y que estén en consonancia con los demás derechos reconocidos por la presente Convención. Artículo 11 1. Los Estados Partes adoptarán medidas para luchar contra los traslados ilícitos de niños al extranjero y la retención ilícita de niños en el extranjero. 2. Para este fin, los Estados Partes promoverán la concertación de acuerdos bilaterales o multilaterales o la adhesión a acuerdos existentes. Artículo 12 1. Los Estados Partes garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño. 2. Con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas de procedimiento de la ley nacional. Artículo 13

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1. El niño tendrá derecho a la libertad de expresión; ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño. 2. El ejercicio de tal derecho podrá estar sujeto a ciertas restricciones, que serán únicamente las que la ley prevea y sean necesarias: a) Para el respeto de los derechos o la reputación de los demás; o b) Para la protección de la seguridad nacional o el orden público o para proteger la salud o la moral públicas. Artículo 14 1. Los Estados Partes respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. 2. Los Estados Partes respetarán los derechos y deberes de los padres y, en su caso, de los representantes legales, de guiar al niño en el ejercicio de su derecho de modo conforme a la evolución de sus facultades. 3. La libertad de profesar la propia religión o las propias creencias estará sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la moral o la salud públicos o los derechos y libertades fundamentales de los demás. Artículo 15 1. Los Estados Partes reconocen los derechos del niño a la libertad de asociación y a la libertad de celebrar reuniones pacíficas. 2. No se impondrán restricciones al ejercicio de estos derechos distintas de las establecidas de conformidad con la ley y que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de la seguridad nacional o pública, el orden público, la protección de la salud y la moral públicas o la protección de los derechos y libertades de los demás. Artículo 16 1. Ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. 2. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o ataques. Artículo 17 Los Estados Partes reconocen la importante función que desempeñan los medios de comunicación y velarán por que el niño tenga acceso a información y material procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales, en especial la información y el material que tengan por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental. Con tal objeto, los Estados Partes: a) Alentarán a los medios de comunicación a difundir información y materiales de interés social y cultural para el niño, de conformidad con el espíritu del artículo 29; b) Promoverán la cooperación internacional en la producción, el intercambio y la difusión de esa información y esos materiales procedentes de diversas fuentes culturales, nacionales e internacionales;

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c) Alentarán la producción y difusión de libros para niños; d) Alentarán a los medios de comunicación a que tengan particularmente en cuenta las necesidades lingüísticas del niño perteneciente a un grupo minoritario o que sea indígena; e) Promoverán la elaboración de directrices apropiadas para proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar, teniendo en cuenta las disposiciones de los artículos 13 y 18. Artículo 18 1. Los Estados Partes pondrán el máximo empeño en garantizar el reconocimiento del principio de que ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño. Incumbirá a los padres o, en su caso, a los representantes legales la responsabilidad primordial de la crianza y el desarrollo del niño. Su preocupación fundamental será el interés superior del niño. 2. A los efectos de garantizar y promover los derechos enunciados en la presente Convención, los Estados Partes prestarán la asistencia apropiada a los padres y a los representantes legales para el desempeño de sus funciones en lo que respecta a la crianza del niño y velarán por la creación de instituciones, instalaciones y servicios para el cuidado de los niños. 3. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para que los niños cuyos padres trabajan tengan derecho a beneficiarse de los servicios e instalaciones de guarda de niños para los que reúnan las condiciones requeridas. Artículo 19 1. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo. 2. Esas medidas de protección deberían comprender, según corresponda, porcedimientos eficaces para el establecimiento de programas sociales con objeto de proporcionar la asistencia necesaria al niño y a quienes cuidan de él, así como para otras formas de prevención y para la identificación, notificación, remisión a una institución, investigación, tratamiento y observación ulterior de los casos antes descritos de malos tratos al niño y, según corresponda, la intervención judicial. Artículo 20 1. Los niños temporal o permanentemente privados de su medio familiar, o cuyo superior interés exija que no permanezcan en ese medio, tendrán derecho a la protección y asistencia especiales del Estado. 2. Los Estados Partes garantizarán, de conformidad con sus leyes nacionales, otros tipos de cuidado para esos niños.

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3. Entre esos cuidados figurarán, entre otras cosas, la colocación en hogares de guarda, la kafala del derecho islámico, la adopción o de ser necesario, la colocación en instituciones adecuadas de protección de menores. Al considerar las soluciones, se prestará particular atención a la conveniencia de que haya continuidad en la educación del niño y a su origen étnico, religioso, cultural y lingüístico. Artículo 21 Los Estados Partes que reconocen o permiten el sistema de adopción cuidarán de que el interés superior del niño sea la consideración primordial y: a) Velarán por que la adopción del niño sólo sea autorizada por las autoridades competentes, las que determinarán, con arreglo a las leyes y a los procedimientos aplicables y sobre la base de toda la información pertinente y fidedigna, que la adopción es admisible en vista de la situación jurídica del niño en relación con sus padres, parientes y representantes legales y que, cuando así se requiera, las personas interesadas hayan dado con conocimiento de causa su consentimiento a la adopción sobre la base del asesoramiento que pueda ser necesario; b) Reconocerán que la adopción en otro país puede ser considerada como otro medio de cuidar del niño, en el caso de que éste no pueda ser colocado en un hogar de guarda o entregado a una familia adoptiva o no pueda ser atendido de manera adecuada en el país de origen; c) Velarán por que el niño que haya de ser adoptado en otro país goce de salvaguardias y normas equivalentes a las existentes respecto de la adopción en el país de origen; d) Adoptarán todas las medidas apropiadas para garantizar que, en el caso de adopción en otro país, la colocación no dé lugar a beneficios financieros indebidos para quienes participan en ella; e) Promoverán, cuando corresponda, los objetivos del presente artículo mediante la concertación de arreglos o acuerdos bilaterales o multilaterales y se esforzarán, dentro de este marco, por garantizar que la colocación del niño en otro país se efectúe por medio de las autoridades u organismos competentes. Artículo 22 1. Los Estados Partes adoptarán medidas adecuadas para lograr que el niño que trate de obtener el estatuto de refugiado o que sea considerado refugiado de conformidad con el derecho y los procedimientos internacionales o internos aplicables reciba, tanto si está solo como si está acompañado de sus padres o de cualquier otra persona, la protección y la asistencia humanitaria adecuadas para el disfrute de los derechos pertinentes enunciados en la presente Convención y en otros instrumentos internacionales de derechos humanos o de carácter humanitario en que dichos Estados sean partes. 2. A tal efecto los Estados Partes cooperarán, en la forma que estimen apropiada, en todos los esfuerzos de las Naciones Unidas y demás organizaciones intergubernamentales competentes u organizaciones no gubernamentales que cooperen con las Naciones Unidas por proteger y ayudar a todo niño refugiado y localizar a sus padres o a otros miembros de su familia, a fin de obtener la

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información necesaria para que se reúna con su familia. En los casos en que no se pueda localizar a ninguno de los padres o miembros de la familia, se concederá al niño la misma protección que a cualquier otro niño privado permanente o temporalmente de su medio familiar, por cualquier motivo, como se dispone en la presente Convención. Artículo 23 1. Los Estados Partes reconocen que el niño mental o físicamente impedido deberá disfrutar de una vida plena y decente en condiciones que aseguren su dignidad, le permitan llegar a bastarse a sí mismo y faciliten la participación activa del niño en la comunidad. 2. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño impedido a recibir cuidados especiales y alentarán y asegurarán, con sujeción a los recursos disponibles, la prestación al niño que reúna las condiciones requeridas y a los responsables de su cuidado de la asistencia que se solicite y que sea adecuada al estado del niño y a las circunstancias de sus padres o de otras personas que cuiden de él. 3. En atención a las necesidades especiales del niño impedido, la asistencia que se preste conforme al párrafo 2 del presente artículo será gratuita siempre que sea posible, habida cuenta de la situación económica de los padres o de las otras personas que cuiden del niño, y estará destinada a asegurar que el niño impedido tenga un acceso efectivo a la educación, la capacitación, los servicios sanitarios, los servicios de rehabilitación, la preparación para el empleo y las oportunidades de esparcimiento y reciba tales servicios con el objeto de que el niño logre la integración social y el desarrollo individual, incluido su desarrollo cultural y espiritual, en la máxima medida posible. 4. Los Estados Partes promoverán, con espíritu de cooperación internacional, el intercambio de información adecuada en la esfera de la atención sanitaria preventiva y del tratamiento médico, psicológico y funcional de los niños impedidos, incluida la difusión de información sobre los métodos de rehabilitación y los servicios de enseñanza y formación profesional, así como el acceso a esa información a fin de que los Estados Partes puedan mejorar su capacidad y conocimientos y ampliar su experiencia en estas esferas. A este respecto, se tendrán especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo. Artículo 24 1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud. Los Estados Partes se esforzarán por asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios. 2. Los Estados Partes asegurarán la plena aplicación de este derecho y, en particular, adoptarán las medidas apropiadas para: a) Reducir la mortalidad infantil y en la niñez; b) Asegurar la prestación de la asistencia médica y la atención sanitaria que sean necesarias a todos los niños, haciendo hincapié en el desarrollo de la atención primaria de salud;

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c) Combatir las enfermedades y la malnutrición en el marco de la atención primaria de la salud mediante, entre otras cosas, la aplicación de la tecnología disponible y el suministro de alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre, teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medio ambiente; d) Asegurar atención sanitaria prenatal y postnatal apropiada a las madres; e) Asegurar que todos los sectores de la sociedad, y en particular los padres y los niños, conozcan los principios básicos de la salud y la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y el saneamiento ambiental y las medidas de prevención de accidentes, tengan acceso a la educación pertinente y reciban apoyo en la aplicación de esos conocimientos; f) Desarrollar la atención sanitaria preventiva, la orientación a los padres y la educación y servicios en materia de planificación de la familia. 3. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas eficaces y apropiadas posibles para abolir las prácticas tradicionales que sean perjudiciales para la salud de los niños. 4. Los Estados Partes se comprometen a promover y alentar la cooperación internacional con miras a lograr progresivamente la plena realización del derecho reconocido en el presente artículo. A este respecto, se tendrán plenamente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo. Artículo 25 Los Estados Partes reconocen el derecho del niño que ha sido internado en un establecimiento por las autoridades competentes para los fines de atención, protección o tratamiento de su salud física o mental a un examen periódico del tratamiento a que esté sometido y de todas las demás circunstancias propias de su internación. Artículo 26 1. Los Estados Partes reconocerán a todos los niños el derecho a beneficiarse de la seguridad social, incluso del seguro social, y adoptarán las medidas necesarias para lograr la plena realización de este derecho de conformidad con su legislación nacional. 2. Las prestaciones deberían concederse, cuando corresponda, teniendo en cuenta los recursos y la situación del niño y de las personas que sean responsables del mantenimiento del niño, así como cualquier otra consideración pertinente a una solicitud de prestaciones hecha por el niño o en su nombre. Artículo 27 1. Los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social. 2. A los padres u otras personas encargadas del niño les incumbe la responsabilidad primordial de proporcionar, dentro de sus posibilidades y medios económicos, las condiciones de vida que sean necesarias para el desarrollo del niño.

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3. Los Estados Partes, de acuerdo con las condiciones nacionales y con arreglo a sus medios, adoptarán medidas apropiadas para ayudar a los padres y a otras personas responsables por el niño a dar efectividad a este derecho y, en caso necesario, proporcionarán asistencia material y programas de apoyo, particularmente con respecto a la nutrición, el vestuario y la vivienda. 4. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para asegurar el pago de la pensión alimenticia por parte de los padres u otras personas que tengan la responsabilidad financiera por el niño, tanto si viven en el Estado Parte como si viven en el extranjero. En particular, cuando la persona que tenga la responsabilidad financiera por el niño resida en un Estado diferente de aquel en que resida el niño, los Estados Partes promoverán la adhesión a los convenios internacionales o la concertación de dichos convenios, así como la concertación de cualesquiera otros arreglos apropiados. Artículo 28 1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades ese derecho, deberán en particular: a) Implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos; b) Fomentar el desarrollo, en sus distintas formas, de la enseñanza secundaria, incluida la enseñanza general y profesional, hacer que todos los niños dispongan de ella y tengan acceso a ella y adoptar medidas apropiadas tales como la implantación de la enseñanza gratuita y la concesión de asistencia financiera en caso de necesidad; c) Hacer la enseñanza superior accesible a todos, sobre la base de la capacidad, por cuantos medios sean apropiados; d) Hacer que todos los niños dispongan de información y orientación en cuestiones educacionales y profesionales y tengan acceso a ellas; e) Adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir las tasas de deserción escolar. 2. Los Estados Partes adoptarán cuantas medidas sean adecuadas para velar por que la disciplina escolar se administre de modo compatible con la dignidad humana del niño y de conformidad con la presente Convención. 3. Los Estados Partes fomentarán y alentarán la cooperación internacional en cuestiones de educación, en particular a fin de contribuir a eliminar la ignorancia y el analfabetismo en todo el mundo y de facilitar el acceso a los conocimientos técnicos y a los métodos modernos de enseñanza. A este respecto, se tendrán especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo. Artículo 29 1. Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a: a) Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades;

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b) Inculcar al niño el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas; c) Inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya; d) Preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena; e) Inculcar al niño el respeto del medio ambiente natural. 2. Nada de lo dispuesto en el presente artículo o en el artículo 28 se interpretará como una restricción de la libertad de los particulares y de las entidades para establecer y dirigir instituciones de enseñanza, a condición de que se respeten los principios enunciados en el párrafo 1 del presente artículo y de que la educación impartida en tales instituciones se ajuste a las normas mínimas que prescriba el Estado. Artículo 30 En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas o personas de origen indígena, no se negará a un niño que pertenezca a tales minorías o que sea indígena el derecho que le corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión, o a emplear su propio idioma. Artículo 31 1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. 2. Los Estados Partes respetarán y promoverán el derecho del niño a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento. Artículo 32 1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social. 2. Los Estados Partes adoptarán medidas legislativas, administrativas, sociales y educacionales para garantizar la aplicación del presente artículo. Con ese propósito y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de otros instrumentos internacionales, los Estados Partes, en particular: a) Fijarán una edad o edades mínimas para trabajar; b) Dispondrán la reglamentación apropiada de los horarios y condiciones de trabajo;

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c) Estipularán las penalidades u otras sanciones apropiadas para asegurar la aplicación efectiva del presente artículo. Artículo 33 Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas, incluidas medidas legislativas, administrativas, sociales y educacionales, para proteger a los niños contra el uso ilícito de los estupefacientes y sustancias sicotrópicas enumeradas en los tratados internacionales pertinentes, y para impedir que se utilice a niños en la producción y el tráfico ilícitos de esas sustancias. Artículo 34 Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales. Con este fin, los Estados Partes tomarán, en particular, todas las medidas de carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias para impedir: a) La incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal; b) La explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales; c) La explotación del niño en espectáculos o materiales pornográficos. Artículo 35 Los Estados Partes tomarán todas las medidas de carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias para impedir el secuestro, la venta o la trata de niños para cualquier fin o en cualquier forma. Artículo 36 Los Estados Partes protegerán al niño contra todas las demás formas de explotación que sean perjudiciales para cualquier aspecto de su bienestar. Artículo 37 Los Estados Partes velarán por que: a) Ningún niño sea sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad; b) Ningún niño sea privado de su libertad ilegal o arbitrariamente. La detención, el encarcelamiento o la prisión de un niño se llevará a cabo de conformidad con la ley y se utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda; c) Todo niño privado de libertad sea tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad inherente a la persona humana, y de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad. En particular, todo niño privado de libertad estará separado de los adultos, a menos que ello se considere contrario al interés superior del niño, y tendrá derecho a mantener contacto con su familia por medio de correspondencia y de visitas, salvo en circunstancias excepcionales; d) Todo niño privado de su libertad tendrá derecho a un pronto acceso a la asistencia jurídica y otra asistencia adecuada, así como derecho a impugnar la

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legalidad de la privación de su libertad ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e imparcial y a una pronta decisión sobre dicha acción. Artículo 38 1. Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que les sean aplicables en los conflictos armados y que sean pertinentes para el niño. 2. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar que las personas que aún no hayan cumplido los 15 años de edad no participen directamente en las hostilidades. 3. Los Estados Partes se abstendrán de reclutar en las fuerzas armadas a las personas que no hayan cumplido los 15 años de edad. Si reclutan personas que hayan cumplido 15 años, pero que sean menores de 18, los Estados Partes procurarán dar prioridad a los de más edad. 4. De conformidad con las obligaciones dimanadas del derecho internacional humanitario de proteger a la población civil durante los conflictos armados, los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar la protección y el cuidado de los niños afectados por un conflicto armado. Artículo 39 Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social de todo niño víctima de: cualquier forma de abandono, explotación o abuso; tortura u otra forma de tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; o conflictos armados. Esa recuperación y reintegración se llevarán a cabo en un ambiente que fomente la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad del niño. Artículo 40 1. Los Estados Partes reconocen el derecho de todo niño de quien se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse o declare culpable de haber infringido esas leyes a ser tratado de manera acorde con el fomento de su sentido de la dignidad y el valor, que fortalezca el respeto del niño por los derechos humanos y las libertades fundamentales de terceros y en la que se tengan en cuenta la edad del niño y la importancia de promover la reintegración del niño y de que éste asuma una función constructiva en la sociedad. 2. Con este fin, y habida cuenta de las disposiciones pertinentes de los instrumentos internacionales, los Estados Partes garantizarán, en particular: a) Que no se alegue que ningún niño ha infringido las leyes penales, ni se acuse o declare culpable a ningún niño de haber infringido esas leyes, por actos u omisiones que no estaban prohibidos por las leyes nacionales o internacionales en el momento en que se cometieron; b) Que a todo niño del que se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse de haber infringido esas leyes se le garantice, por lo menos, lo siguiente: i) Que se lo presumirá inocente mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley;

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ii) Que será informado sin demora y directamente o, cuando sea procedente, por intermedio de sus padres o sus representantes legales, de los cargos que pesan contra él y que dispondrá de asistencia jurídica u otra asistencia apropiada en la preparación y presentación de su defensa; iii) Que la causa será dirimida sin demora por una autoridad u órgano judicial competente, independiente e imparcial en una audiencia equitativa conforme a la ley, en presencia de un asesor jurídico u otro tipo de asesor adecuado y, a menos que se considerare que ello fuere contrario al interés superior del niño, teniendo en cuenta en particular su edad o situación y a sus padres o representantes legales; iv) Que no será obligado a prestar testimonio o a declararse culpable, que podrá interrogar o hacer que se interrogue a testigos de cargo y obtener la participación y el interrogatorio de testigos de descargo en condiciones de igualdad; v) Si se considerare que ha infringido, en efecto, las leyes penales, que esta decisión y toda medida impuesta a consecuencia de ella, serán sometidas a una autoridad u órgano judicial superior competente, independiente e imparcial, conforme a la ley; vi) Que el niño contará con la asistencia gratuita de un intérprete si no comprende o no habla el idioma utilizado; vii) Que se respetará plenamente su vida privada en todas las fases del procedimiento. 3. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para promover el establecimiento de leyes, procedimientos, autoridades e instituciones específicos para los niños de quienes se alegue que han infringido las leyes penales o a quienes se acuse o declare culpables de haber infringido esas leyes, y en particular: a) El establecimiento de una edad mínima antes de la cual se presumirá que los niños no tienen capacidad para infringir las leyes penales; b) Siempre que sea apropiado y deseable, la adopción de medidas para tratar a esos niños sin recurrir a procedimientos judiciales, en el entendimiento de que se respetarán plenamente los derechos humanos y las garantías legales. 4. Se dispondrá de diversas medidas, tales como el cuidado, las órdenes de orientación y supervisión, el asesoramiento, la libertad vigilada, la colocación en hogares de guarda, los programas de enseñanza y formación profesional, así como otras posibilidades alternativas a la internación en instituciones, para asegurar que los niños sean tratados de manera apropiada para su bienestar y que guarde proporción tanto con sus circunstancias como con la infracción. Artículo 41 Nada de lo dispuesto en la presente Convención afectará a las disposiciones que sean más conducentes a la realización de los derechos del niño y que puedan estar recogidas en: a) El derecho de un Estado Parte; o b) El derecho internacional vigente con respecto a dicho Estado. PARTE II Artículo 42

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Los Estados Partes se comprometen a dar a conocer ampliamente los principios y disposiciones de la Convención por medios eficaces y apropiados, tanto a los adultos como a los niños. Artículo 43 1. Con la finalidad de examinar lor progresos realizados en el cumplimiento de las obligaciones contraídas por los Estados Partes en la presente Convención, se establecerá un Comité de los Derechos del Niño que desempeñará las funciones que a continuación se estipulan. 2. El Comité estará integrado por diez expertos de gran integridad moral y reconocida competencia en las esferas reguladas por la presente Convención. Los miembros del Comité serán elegidos por los Estados Partes entre sus nacionales y ejercerán sus funciones a título personal, teniéndose debidamente en cuenta la distribución geográfica, así como los principales sistemas jurídicos. (enmienda) 3. Los miembros del Comité serán elegidos, en votación secreta, de una lista de personas designadas por los Estados Partes. Cada Estado Parte podrá designar a una persona escogida entre sus propios nacionales. 4. La elección inicial se celebrará a más tardar seis meses después de la entrada en vigor de la presente Convención y ulteriormente cada dos años. Con cuatro meses, como mínimo, de antelación respecto de la fecha de cada elección, el Secretario General de las Naciones Unidas dirigirá una carta a los Estados Partes invitándolos a que presenten sus candidaturas en un plazo de dos meses. El Secretario General preparará después una lista en la que figurarán por orden alfabético todos los candidatos propuestos, con indicación de los Estados Partes que los hayan designado, y la comunicará a los Estados Partes en la presente Convención. 5. Las elecciones se celebrarán en una reunión de los Estados Partes convocada por el Secretario General en la Sede de las Naciones Unidas. En esa reunión, en la que la presencia de dos tercios de los Estados Partes constituirá quórum, las personas seleccionadas para formar parte del Comité serán aquellos candidatos que obtengan el mayor número de votos y una mayoría absoluta de los votos de los representantes de los Estados Partes presentes y votantes. 6. Los miembros del Comité serán elegidos por un período de cuatro años. Podrán ser reelegidos si se presenta de nuevo su candidatura. El mandato de cinco de los miembros elegidos en la primera elección expirará al cabo de dos años; inmediatamente después de efectuada la primera elección, el presidente de la reunión en que ésta se celebre elegirá por sorteo los nombres de esos cinco miembros. 7. Si un miembro del Comité fallece o dimite o declara que por cualquier otra causa no puede seguir desempeñando sus funciones en el Comité, el Estado Parte que propuso a ese miembro designará entre sus propios nacionales a otro experto para ejercer el mandato hasta su término, a reserva de la aprobación del Comité. 8. El Comité adoptará su propio reglamento. 9. El Comité elegirá su Mesa por un período de dos años.

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10. Las reuniones del Comité se celebrarán normalmente en la Sede de las Naciones Unidas o en cualquier otro lugar conveniente que determine el Comité. El Comité se reunirá normalmente todos los años. La duración de las reuniones del Comité será determinada y revisada, si procediera, por una reunión de los Estados Partes en la presente Convención, a reserva de la aprobación de la Asamblea General. 11. El Secretario General de las Naciones Unidas proporcionará el personal y los servicios necesarios para el desempeño eficaz de las funciones del Comité establecido en virtud de la presente Convención. 12. Previa aprobación de la Asamblea General, los miembros del Comité establecido en virtud de la presente Convención recibirán emolumentos con cargo a los fondos de las Naciones Unidas, según las condiciones que la Asamblea pueda establecer. Artículo 44 1. Los Estados Partes se comprometen a presentar al Comité, por conducto del Secretario General de las Naciones Unidas, informes sobre las medidas que hayan adoptado para dar efecto a los derechos reconocidos en la Convención y sobre el progreso que hayan realizado en cuanto al goce de esos derechos: a) En el plazo de dos años a partir de la fecha en la que para cada Estado Parte haya entrado en vigor la presente Convención; b) En lo sucesivo, cada cinco años. 2. Los informes preparados en virtud del presente artículo deberán indicar las circunstancias y dificultades, si las hubiere, que afecten al grado de cumplimiento de las obligaciones derivadas de la presente Convención. Deberán asimismo, contener información suficiente para que el Comité tenga cabal comprensión de la aplicación de la Convención en el país de que se trate. 3. Los Estados Partes que hayan presentado un informe inicial completo al Comité no necesitan repetir, en sucesivos informes presentados de conformidad con lo dispuesto en el inciso b) del párrafo 1 del presente artículo, la información básica presentada anteriormente. 4. El Comité podrá pedir a los Estados Partes más información relativa a la aplicación de la Convención. 5. El Comité presentará cada dos años a la Asamblea General de las Naciones Unidas, por conducto del Consejo Económico y Social, informes sobre sus actividades. 6. Los Estados Partes darán a sus informes una amplia difusión entre el público de sus países respectivos. Artículo 45 Con objeto de fomentar la aplicación efectiva de la Convención y de estimular la cooperación internacional en la esfera regulada por la Convención: a) Los organismos especializados, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y demás órganos de las Naciones Unidas tendrán derecho a estar representados en el examen de la aplicación de aquellas disposiciones de la presente Convención

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comprendidas en el ámbito de su mandato. El Comité podrá invitar a los organismos especializados, al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y a otros órganos competentes que considere apropiados a que proporcionen asesoramiento especializado sobre la aplicación de la Convención en los sectores que son de incumbencia de sus respectivos mandatos. El Comité podrá invitar a los organismos especializados, al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y demás órganos de las Naciones Unidas a que presenten informes sobre la aplicación de aquellas disposiciones de la presente Convención comprendidas en el ámbito de sus actividades; b) El Comité transmitirá, según estime conveniente, a los organismos especializados, al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y a otros órganos competentes, los informes de los Estados Partes que contengan una solicitud de asesoramiento o de asistencia técnica, o en los que se indique esa necesidad, junto con las observaciones y sugerencias del Comité, si las hubiere, acerca de esas solicitudes o indicaciones; c) El Comité podrá recomendar a la Asamblea General que pida al Secretario General que efectúe, en su nombre, estudios sobre cuestiones concretas relativas a los derechos del niño; d) El Comité podrá formular sugerencias y recomendaciones generales basadas en la información recibida en virtud de los artículos 44 y 45 de la presente Convención. Dichas sugerencias y recomendaciones generales deberán transmitirse a los Estados Partes interesados y notificarse a la Asamblea General, junto con los comentarios, si los hubiere, de los Estados Partes. PARTE III Artículo 46 La presente Convención estará abierta a la firma de todos los Estados. Artículo 47 La presente Convención está sujeta a ratificación. Los instrumentos de ratificación se depositarán en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. Artículo 48 La presente Convención permanecerá abierta a la adhesión de cualquier Estado. Los instrumentos de adhesión se depositarán en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. Artículo 49 1. La presente Convención entrará en vigor el trigésimo día siguiente a la fecha en que haya sido depositado el vigésimo instrumento de ratificación o de adhesión en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. 2. Para cada Estado que ratifique la Convención o se adhiera a ella después de haber sido depositado el vigésimo instrumento de ratificación o de adhesión, la Convención entrará en vigor el trigésimo día después del depósito por tal Estado de su instrumento de ratificación o adhesión. Artículo 50

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1. Todo Estado Parte podrá proponer una enmienda y depositarla en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. El Secretario General comunicará la enmienda propuesta a los Estados Partes, pidiéndoles que les notifiquen si desean que se convoque una conferencia de Estados Partes con el fin de examinar la propuesta y someterla a votación. Si dentro de los cuatro meses siguientes a la fecha de esa notificación un tercio, al menos, de los Estados Partes se declara en favor de tal conferencia, el Secretario General convocará una conferencia con el auspicio de las Naciones Unidas. Toda enmienda adoptada por la mayoría de Estados Partes, presentes y votantes en la conferencia, será sometida por el Secretario General a la Asamblea General de las Naciones Unidas para su aprobación. 2. Toda enmienda adoptada de conformidad con el párrafo 1 del presente artículo entrará en vigor cuando haya sido aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y aceptada por una mayoría de dos tercios de los Estados Partes. 3. Cuando las enmiendas entren en vigor serán obligatorias para los Estados Partes que las hayan aceptado, en tanto que los demás Estados Partes seguirán obligados por las disposiciones de la presente Convención y por las enmiendas anteriores que hayan aceptado. Artículo 51 1. El Secretario General de las Naciones Unidas recibirá y comunicará a todos los Estados el texto de las reservas formuladas por los Estados en el momento de la ratificación o de la adhesión. 2. No se aceptará ninguna reserva incompatible con el objeto y el propósito de la presente Convención. 3. Toda reserva podrá ser retirada en cualquier momento por medio de una notificación hecha a ese efecto y dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas, quien informará a todos los Estados. Esa notificación surtirá efecto en la fecha de su recepción por el Secretario General. Artículo 52 Todo Estado Parte podrá denunciar la presente Convención mediante notificación hecha por escrito al Secretario General de las Naciones Unidas. La denuncia surtirá efecto un año después de la fecha en que la notificación haya sido recibida por el Secretario General. Artículo 53 Se desgina depositario de la presente Convención al Secretario General de las Naciones Unidas. Artículo 54 El original de la presente Convención, cuyos textos en árabe, chino, español, francés, inglés y ruso son igualmente auténticos, se depositará en poder del Secretario General de las Naciones Unidas. EN TESTIMONIO DE LO CUAL, los infrascritos plenipotenciarios, debidamente autorizados para ello por sus respectivos gobiernos, han firmado la presente Convención.

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. Reglas de las Naciones Unidas para la protección de los menores privados de libertad Adoptadas por la Asamblea General en su resolución 45/113, de 14 de diciembre de 1990 I. Perspectivas fundamentales 1. El sistema de justicia de menores deberá respetar los derechos y la seguridad de los menores y fomentar su bienestar físico y mental. El encarcelamiento deberá usarse como último recurso. 2. Sólo se podrá privar de libertad a los menores de conformidad con los principios y procedimientos establecidos en las presentes Reglas, así como en las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores (Reglas de Beijing)82. La privación de libertad de un menor deberá decidirse como último recurso y por el período mínimo necesario y limitarse a casos excepcionales. La duración de la sanción debe ser determinada por la autoridad judicial sin excluir la posibilidad de que el menor sea puesto en libertad antes de ese tiempo. 3. El objeto de las presentes Reglas es establecer normas mínimas aceptadas por las Naciones Unidas para la protección de los menores privados de libertad en todas sus formas, compatibles con los derechos humanos y las libertades fundamentales, con miras a contrarrestar los efectos perjudiciales de todo tipo de detención y fomentar la integración en la sociedad. 4. Las Reglas deberán aplicarse imparcialmente a todos los menores, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, edad, idioma, religión, nacionalidad, opinión política o de otra índole, prácticas o creencias culturales, patrimonio, nacimiento, situación de familia, origen étnico o social o incapacidad. Se deberán respetar las creencias religiosas y culturales, así como las prácticas y preceptos morales de los menores. 5. Las Reglas están concebidas para servir de patrones prácticos de referencia y para brindar alicientes y orientación a los profesionales que participen en la administración del sistema de justicia de menores.

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6. Las Reglas deberán ponerse a disposición del personal de justicia de menores en sus idiomas nacionales. Los menores que no conozcan suficientemente el idioma hablado por el personal del establecimiento de detención tendrán derecho a los servicios gratuitos de un intérprete siempre que sea necesario, en particular durante los reconocimientos médicos y las actuaciones disciplinarias. 7. Cuando corresponda, los Estados deberán incorporar las presentes Reglas a su legislación o modificarla en consecuencia y establecer recursos eficaces en caso de inobservancia, incluida la indemnización en los casos en que se causen perjuicios a los menores. Los Estados deberán además vigilar la aplicación de las Reglas. 8. Las autoridades competentes procurarán sensibilizar constantemente al público sobre el hecho de que el cuidado de los menores detenidos y su preparación para su reintegración en la sociedad constituyen un servicio social de gran importancia y, a tal efecto, se deberá adoptar medidas eficaces para fomentar los contactos abiertos entre los menores y la comunidad local. 9. Ninguna de las disposiciones contenidas en las presentes Reglas deberá interpretarse de manera que excluya la aplicación de los instrumentos y normas pertinentes de las Naciones Unidas ni de los referentes a los derechos humanos, reconocidos por la comunidad internacional, que velen mejor por los derechos; la atención y la protección de los menores, de los niños y de todos los jóvenes. 10. En el caso de que la aplicación práctica de las reglas específicas contenidas en las secciones II a V, inclusive, sea incompatible con las reglas que figuran en la presente sección estas últimas prevalecerán sobre las primeras. II. Alcance y aplicación de las Reglas 11. A los efectos de las presentes Reglas, deben aplicarse las definiciones siguientes: a) Se entiende por menor toda persona de menos de 18 años de edad. La edad límite por debajo de la cual no se permitirá privar a un niño de su libertad debe fijarse por ley; b) Por privación de libertad se entiende toda forma de detención o encarcelamiento, así como el internamiento en un establecimiento público o privado del que no se permita salir al menor por su propia voluntad, por 129

orden de cualquier autoridad judicial, administrativa u otra autoridad pública. 12. La privación de la libertad deberá efectuarse en condiciones y circunstancias que garanticen el respeto de los derechos humanos de los menores. Deberá garantizarse a los menores recluidos en centros el derecho a disfrutar de actividades y programas útiles que sirvan para fomentar y asegurar su sano desarrollo y su dignidad, promover su sentido de responsabilidad e infundirles actitudes y conocimientos que les ayuden a desarrollar sus posibilidades como miembros de la sociedad. 13. No se deberá negar a los menores privados de libertad, por razón de su condición, los derechos civiles, económicos, políticos, sociales o culturales que les correspondan de conformidad con la legislación nacional o el derecho internacional y que sean compatibles con la privación de la libertad. 14. La protección de los derechos individuales de los menores por lo que respecta especialmente a la legalidad de la ejecución de las medidas de detención será garantizada por la autoridad competente, mientras que los objetivos de integración social deberán garantizarse mediante inspecciones regulares y otras formas de control llevadas a cabo, de conformidad con las normas internacionales, la legislación y los reglamentos nacionales, por un órgano debidamente constituido que esté autorizado para visitar a los menores y que no pertenezca a la administración del centro de detención. 15. Las presentes Reglas se aplican a todos los centros y establecimientos de detención de cualquier clase o tipo en donde haya menores privados de libertad. Las partes I, II, IV y V de las Reglas se aplican a todos los centros y establecimientos de internamiento en donde haya menores detenidos, en tanto que la parte III se aplica a menores bajo arresto o en espera de juicio. 16. Las Reglas serán aplicadas en el contexto de las condiciones económicas, sociales y culturales imperantes en cada Estado Miembro. III. Menores detenidos o en prisión preventiva 17. Se presume que los menores detenidos bajo arresto o en espera de juicio son inocentes y deberán ser tratados como tales. En la medida de lo posible, deberá evitarse y limitarse a circunstancias excepcionales la detención antes del juicio. En consecuencia, deberá hacerse todo lo posible por aplicar medidas sustitutorias. Cuando, a pesar de ello, se recurra a la detención preventiva, los tribunales de menores y los órganos de investigación deberán atribuir máxima prioridad a la más rápida tramitación posible de esos casos a fin de que la detención sea lo más breve posible. Los menores 130

detenidos en espera de juicio deberán estar separados de los declarados culpables. 18. Las condiciones de detención de un menor que no haya sido juzgado deberán ajustarse a las reglas siguientes, y a otras disposiciones concretas que resulten necesarias y apropiadas, dadas las exigencias de la presunción de inocencia, la duración de la detención y la condición jurídica y circunstancias de los menores. Entre esas disposiciones figurarán las siguientes, sin que esta enumeración tenga carácter taxativo: a) Los menores tendrán derecho al asesoramiento jurídico y podrán solicitar asistencia jurídica gratuita, cuando ésta exista, y comunicarse regularmente con sus asesores jurídicos. Deberá respetarse el carácter privado y confidencial de esas comunicaciones; b) Cuando sea posible, deberá darse a los menores la oportunidad de efectuar un trabajo remunerado y de proseguir sus estudios o capacitación, pero no serán obligados a hacerlo. En ningún caso se mantendrá la detención por razones de trabajo, de estudios o de capacitación; c) Los menores estarán autorizados a recibir y conservar material de entretenimiento y recreo que sea compatible con los intereses de la administración de justicia. IV. La administración de los centros de menores A. Antecedentes 19. Todos los informes, incluidos los registros jurídicos y médicos, las actas de las actuaciones disciplinarias, así como todos los demás documentos relacionados con la forma, el contenido y los datos del tratamiento deberán formar un expediente personal y confidencial, que deberá ser actualizado, accesible sólo a personas autorizadas y clasificado de forma que resulte fácilmente comprensible. Siempre que sea posible, todo menor tendrá derecho a impugnar cualquier hecho u opinión que figure en su expediente, de manera que se puedan rectificar las afirmaciones inexactas, infundadas o injustas. Para el ejercicio de este derecho será necesario establecer procedimientos que permitan a un tercero apropiado tener acceso al expediente y consultarlo, si así lo solicita. Al quedar en libertad un menor su expediente será cerrado y, en su debido momento, destruido. 20. Ningún menor deberá ser admitido en un centro de detención sin una orden válida de una autoridad judicial o administrativa u otra autoridad pública. Los detalles de esta orden deberán consignarse inmediatamente en 131

el registro. Ningún menor será detenido en ningún centro en el que no exista ese registro. B. Ingreso, registro, desplazamiento y traslado 21. En todos los lugares donde haya menores detenidos, deberá llevarse un registro completo y fiable de la siguiente información relativa a cada uno de los menores admitidos: a) Datos relativos a la identidad del menor; b) Las circunstancias del internamiento, así como sus motivos y la autoridad con que se ordenó; c) El día y hora del ingreso, el traslado y la liberación; d) Detalles de la notificación de cada ingreso, traslado o liberación del menor a los padres o tutores a cuyo cargo estuviese en el momento de ser internado; e) Detalles acerca de los problemas de salud física y mental conocidos, incluido el uso indebido de drogas y de alcohol. 22. La información relativa al ingreso, lugar de internamiento, traslado y liberación deberá notificarse sin demora a los padres o tutores o al pariente más próximo del menor. 23. Lo antes posible después del ingreso, se prepararán y presentarán a la dirección informes completos y demás información pertinente acerca de la situación personal y circunstancias de cada menor. 24. En el momento del ingreso, todos los menores deberán recibir copia del reglamento que rija el centro de detención y una descripción escrita de sus derechos y obligaciones en un idioma que puedan comprender, junto con la dirección de las autoridades competentes ante las que puedan formular quejas, así como de los organismos y organizaciones públicos o privados que presten asistencia jurídica. Para los menores que sean analfabetos o que no puedan comprender el idioma en forma escrita, se deberá comunicar la información de manera que se pueda comprender perfectamente. 25. Deberá ayudarse a todos los menores a comprender los reglamentos que rigen la organización interna del centro, los objetivos y metodología del tratamiento dispensado, las exigencias y procedimientos disciplinarios, otros métodos autorizados para obtener información y formular quejas y 132

cualquier otra cuestión que les permita comprender cabalmente sus derechos y obligaciones durante el internamiento. 26. El transporte de menores deberá efectuarse a costa de la administración, en vehículos debidamente ventilados e iluminados y en condiciones que no les impongan de modo alguno sufrimientos físicos o morales. Los menores no serán trasladados arbitrariamente de un centro a otro. C. Clasificación y asignación 27. Una vez admitido un menor, será entrevistado lo antes posible y se preparará un informe sicológico y social en el que consten los datos pertinentes al tipo y nivel concretos de tratamiento y programa que requiera el menor. Este informe, junto con el preparado por el funcionario médico que haya reconocido al menor en el momento del ingreso, deberá presentarse al director a fin de decidir el lugar más adecuado para la instalación del menor en el centro y determinar el tipo y nivel necesarios de tratamiento y de programa que deberán aplicarse. Cuando se requiera tratamiento rehabilitador especial, y si el tiempo de permanencia en la institución lo permite, funcionarios calificados de la institución deberán preparar un plan de tratamiento individual por escrito en que se especifiquen los objetivos del tratamiento, el plazo y los medios, etapas y fases en que haya que procurar los objetivos. 28. La detención de los menores sólo se producirá en condiciones que tengan en cuenta plenamente sus necesidades y situaciones concretas y los requisitos especiales que exijan su edad, personalidad, sexo y tipo de delito, así como su salud física y mental, y que garanticen su protección contra influencias nocivas y situaciones de riesgo. El criterio principal para separar a los diversos grupos de menores privados de libertad deberá ser la prestación del tipo de asistencia que mejor se adapte a las necesidades concretas de los interesados y la protección de su bienestar e integridad físicos, mentales y morales. 29. En todos los centros de detención, los menores deberán estar separados de los adultos a menos que pertenezcan a la misma familia. En situaciones controladas, podrá reunirse a los menores con adultos cuidadosamente seleccionados en el marco de un programa especial cuya utilidad para los menores interesados haya sido demostrada. 30. Deben organizarse centros de detención abiertos para menores. Se entiende por centros de detención abiertos aquéllos donde las medidas de seguridad son escasas o nulas. La población de esos centros de detención deberá ser lo menos numerosa posible. El número de menores internado en 133

centros cerrados deberá ser también suficientemente pequeño a fin de que el tratamiento pueda tener carácter individual. Los centros de detención para menores deberán estar descentralizados y tener un tamaño que facilite el acceso de las familias de los menores y su contactos con ellas. Convendrá establecer pequeños centros de detención e integrarlos en el entorno social, económico y cultural de la comunidad. D. Medio físico y alojamiento 31. Los menores privados de libertad tendrán derecho a contar con locales y servicios que satisfagan todas las exigencias de la higiene y de la dignidad humana. 32. El diseño de los centros de detención para menores y el medio físico deberán responder a su finalidad, es decir, la rehabilitación de los menores en tratamiento de internado, teniéndose debidamente en cuenta la necesidad del menor de intimidad, de estímulos sensoriales, de posibilidades de asociación con sus compañeros y de participación en actividades de esparcimiento. El diseño y la estructura de los centros de detención para menores deberán ser tales que reduzcan al mínimo el riesgo de incendio y garanticen una evacuación segura de los locales. Deberá haber un sistema eficaz de alarma en los casos de incendio, así como procedimientos establecidos y ejercicios de alerta que garanticen la seguridad de los menores. Los centros de detención no estarán situados en zonas de riesgos conocidos para la salud o donde existan otros peligros. 33. Los locales para dormir deberán consistir normalmente en dormitorios para pequeños grupos o en dormitorios individuales, teniendo presentes las normas del lugar. Por la noche, todas las zonas destinadas a dormitorios colectivos, deberán ser objeto de una vigilancia regular y discreta para asegurar la protección de todos los menores. Cada menor dispondrá, según los usos locales o nacionales, de ropa de cama individual suficiente, que deberá entregarse limpia, mantenerse en buen estado y mudarse con regularidad por razones de aseo. 34. Las instalaciones sanitarias deberán ser de un nivel adecuado y estar situadas de modo que el menor pueda satisfacer sus necesidades físicas en la intimidad y en forma aseada y decente. 35. La posesión de efectos personales es un elemento fundamental del derecho a la intimidad y es indispensable para el bienestar sicológico del menor. Deberá reconocerse y respetarse plenamente el derecho de todo menor a poseer efectos personales y a disponer de lugares seguros para guardarlos. Los efectos personales del menor que éste decida no conservar o 134

que le sean confiscados deberán depositarse en lugar seguro. Se hará un inventario de dichos efectos que el menor firmará y se tomarán las medidas necesarias para que se conserven en buen estado. Todos estos artículos, así como el dinero, deberán restituirse al menor al ponerlo en libertad, salvo el dinero que se le haya autorizado a gastar o los objetos que haya remitido al exterior. Si el menor recibe medicamentos o se descubre que los posee, el médico deberá decidir el uso que deberá hacerse de ellos. 36. En la medida de lo posible, los menores tendrán derecho a usar sus propias prendas de vestir. Los centros de detención velarán porque todos los menores dispongan de prendas personales apropiadas al clima y suficientes para mantenerlos en buena salud. Dichas prendas no deberán ser en modo alguno degradantes ni humillantes. Los menores que salgan del centro o a quienes se autorice a abandonarlo con cualquier fin podrán vestir sus propias prendas. 37. Todos los centros de detención deben garantizar que todo menor disponga de una alimentación adecuadamente preparada y servida a las horas acostumbradas, en calidad y cantidad que satisfagan las normas de la dietética, la higiene y la salud y, en la medida de lo posible, las exigencias religiosas y culturales. Todo menor deberá disponer en todo momento de agua limpia y potable. E. Educación, formación profesional y trabajo 38. Todo menor en edad de escolaridad obligatoria tendrá derecho a recibir una enseñanza adaptada a sus necesidades y capacidades y destinada a prepararlo para su reinserción en la sociedad. Siempre que sea posible, esta enseñanza deberá impartirse fuera del establecimiento, en escuelas de la comunidad, y en todo caso, a cargo de maestros competentes, mediante programas integrados en el sistema de instrucción pública, a fin de que, cuando sean puestos en libertad, los menores puedan continuar sus estudios sin dificultad. La administración de los establecimientos deberá prestar especial atención a la enseñanza de los menores de origen extranjero o con necesidades culturales o étnicas particulares. Los menores analfabetos o que presenten problemas cognitivos o de aprendizaje tendrán derecho a enseñanza especial. 39. Deberá autorizarse y alentarse a los menores que hayan superado la edad de escolaridad obligatoria y que deseen continuar sus estudios a que lo hagan, y deberá hacerse todo lo posible por que tengan acceso a programas de enseñanza adecuados.

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40. Los diplomas o certificados de estudios otorgados a los menores durante su detención no deberán indicar en ningún caso que los menores han estado recluidos. 41. Todo centro de detención deberá facilitar el acceso de los menores a una biblioteca bien provista de libros y periódicos instructivos y recreativos que sean adecuados; se deberá estimular y permitir que utilicen al máximo los servicios de la biblioteca. 42. Todo menor tendrá derecho a recibir formación para ejercer una profesión que lo prepare para un futuro empleo. 43. Teniendo debidamente en cuenta una selección profesional racional y las exigencias de la administración del establecimiento, los menores deberán poder optar por la clase de trabajo que deseen realizar. 44. Deberán aplicarse a los menores privados de libertad todas las normas nacionales e internacionales de protección que se aplican al trabajo de los niños y a los trabajadores jóvenes. 45. Siempre que sea posible, deberá darse a los menores la oportunidad de realizar un trabajo remunerado, de ser posible en el ámbito de la comunidad local, que complemente la formación profesional impartida a fin de aumentar la posibilidad de que encuentren un empleo conveniente cuando se reintegren a sus comunidades. El tipo de trabajo deberá ser tal que proporcione una formación adecuada y útil para los menores después de su liberación. La organización y los métodos de trabajo que haya en los centros de detención deberán asemejarse lo más posible a los de trabajos similares en la comunidad, a fin de preparar a los menores para las condiciones laborales normales. 46. Todo menor que efectúe un trabajo tendrá derecho a una remuneración justa. El interés de los menores y de su formación profesional no deberá subordinarse al propósito de obtener beneficios para el centro de detención o para un tercero. Una parte de la remuneración del menor debería reservarse de ordinario para constituir un fondo de ahorro que le será entregado cuando quede en libertad. El menor debería tener derecho a utilizar el remanente de esa remuneración para adquirir objetos destinados a su uso personal, indemnizar a la víctima perjudicada por su delito, o enviarlo a su propia familia o a otras personas fuera del centro. F. Actividades recreativas

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47. Todo menor deberá disponer diariamente del tiempo suficiente para practicar ejercicios físicos al aire libre si el clima lo permite, durante el cual se proporcionará normalmente una educación recreativa y física adecuada. Para estas actividades, se pondrán a su disposición terreno suficiente y las instalaciones y el equipo necesarios. Todo menor deberá disponer diariamente de tiempo adicional para actividades de esparcimiento, parte de las cuales deberán dedicarse, si el menor así lo desea, a desarrollar aptitudes en artes y oficios. El centro de detención deberá velar porque cada menor esté físicamente en condiciones de participar en los programas de educación física disponibles. Deberá ofrecerse educación física correctiva y terapéutica, bajo supervisión médica, a los menores que la necesiten. G. Religión 48. Deberá autorizarse a todo menor a cumplir sus obligaciones religiosas y satisfacer sus necesidades espirituales, permitiéndose participar en los servicios o reuniones organizados en el establecimiento o celebrar sus propios servicios y tener en su poder libros u objetos de culto y de instrucción religiosa de su confesión. Si en un centro de detención hay un número suficiente de menores que profesan una determinada religión, deberá nombrase o admitirse a uno o más representantes autorizados de ese culto que estarán autorizados para organizar periódicamente servicios religiosos y efectuar visitas pastorales particulares a los menores de su religión, previa solicitud de ellos. Todo menor tendrá derecho a recibir visitas de un representante calificado de cualquier religión de su elección, a no participar en servicios religiosos y rehusar libremente la enseñanza, el asesoramiento o el adoctrinamiento religioso. H. Atención médica 49. Todo menor deberá recibir atención médica adecuada, tanto preventiva como correctiva, incluida atención odontológica, oftalmológica y de salud mental, así como los productos farmacéuticos y dietas especiales que hayan sido recetados por un médico. Normalmente, toda esta atención médica debe prestarse cuando sea posible a los jóvenes reclusos por conducto de los servicios e instalaciones sanitarios apropiados de la comunidad en que esté situado el centro de detención, a fin de evitar que se estigmatice al menor y de promover su dignidad personal y su integración en la comunidad. 50. Todo menor tendrá derecho a ser examinado por un médico inmediatamente después de su ingreso en un centro de menores, con objeto de hacer constar cualquier prueba de malos tratos anteriores y verificar cualquier estado físico o mental que requiera atención médica.

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51. Los servicios médicos a disposición de los menores deberán tratar de detectar y tratar toda enfermedad física o mental, todo uso indebido de sustancias químicas y cualquier otro estado que pudiera constituir un obstáculo para la integración del joven en la sociedad. Todo centro de detención de menores deberá tener acceso inmediato a instalaciones y equipo médicos adecuados que guarden relación con el número y las necesidades de sus residentes, así como personal capacitado en atención sanitaria preventiva y en tratamiento de urgencias médicas. Todo menor que esté enfermo, se queje de enfermedad o presente síntomas de dificultades físicas o mentales deberá ser examinado rápidamente por un funcionario médico. 52. Todo funcionario médico que tenga razones para estimar que la salud física o mental de un menor ha sido afectada, o pueda serlo, por el internamiento prolongado, una huelga de hambre o cualquier circunstancia del internamiento, deberá comunicar inmediatamente este hecho al director del establecimiento y a la autoridad independiente responsable del bienestar del menor. 53. Todo menor que sufra una enfermedad mental deberá recibir tratamiento en una institución especializada bajo supervisión médica independiente. Se adoptarán medidas, de acuerdo con los organismos competentes, para que pueda continuar cualquier tratamiento de salud mental que requiera después de la liberación. 54. Los centros de detención de menores deberán organizar programas de prevención del uso indebido de drogas y de rehabilitación administrados por personal calificado. Estos programas deberán adaptarse a la edad, al sexo y otras circunstancias de los menores interesados, y deberán ofrecerse servicios de desintoxicación dotados de personal calificado a los menores toxicómanos o alcohólicos. 55. Sólo se administrará medicamentos para un tratamiento necesario o por razones médicas y, cuando se pueda, después de obtener el consentimiento del menor debidamente informado. En particular, no se deben administrar para obtener información o confesión, ni como sanción o medio de reprimir al menor. Los menores nunca servirán como objeto para experimentar el empleo de fármacos o tratamientos. La administración de cualquier fármaco deberá ser siempre autorizada y efectuada por personal médico calificado. I. Notificación de enfermedad, accidente y defunción 56. La familia o el tutor de un menor, o cualquier otra persona designada por dicho menor, tienen el derecho de ser informados, si así lo solicitan, del 138

estado de salud del menor y en el caso de que se produzca un cambio importante en él. El director del centro de detención deberá notificar inmediatamente a la familia o al tutor del menor, o a cualquier otra persona designada por él, en caso de fallecimiento, enfermedad que requiera el traslado del menor a un centro médico fuera del centro, o un estado que exija un tratamiento de más de 48 horas en el servicio clínico del centro de detención. También se deberá notificar a las autoridades consulares del Estado de que sea ciudadano el menor extranjero. 57. En caso de fallecimiento de un menor durante el período de privación de libertad, el pariente más próximo tendrá derecho a examinar el certificado de defunción, a pedir que le muestren el cadáver y disponer su último destino en la forma que decida. En caso de fallecimiento de un menor durante su internamiento, deberá practicarse una investigación independiente sobre las causas de la defunción, cuyas conclusiones deberán quedar a disposición del pariente más próximo. Dicha investigación deberá practicarse cuando el fallecimiento del menor se produzca dentro de los seis meses siguientes a la fecha de su liberación del centro de detención y cuando haya motivos para creer que el fallecimiento guarda relación con el período de reclusión. 58. Deberá informarse al menor inmediatamente del fallecimiento, o de la enfermedad o el accidente graves de un familiar inmediato y darle la oportunidad de asistir al funeral del fallecido o, en caso de enfermedad grave de un pariente, a visitarle en su lecho de enfermo. J. Contactos con la comunidad en general 59. Se deberán utilizar todos los medios posibles para que los menores tengan una comunicación adecuada con el mundo exterior, pues ella es parte integrante del derecho a un tratamiento justo y humanitario y es indispensable para preparar la reinserción de los menores en la sociedad. Deberá autorizarse a los menores a comunicarse con sus familiares, sus amigos y otras personas o representantes de organizaciones prestigiosas del exterior, a salir de los centros de detención para visitar su hogar y su familia, y se darán permisos especiales para salir del establecimiento por motivos educativos, profesionales u otras razones de importancia. En caso de que el menor esté cumpliendo una condena, el tiempo transcurrido fuera de un establecimiento deberá computarse como parte del período de cumplimiento de la sentencia. 60. Todo menor tendrá derecho a recibir visitas regulares y frecuentes, en principio una vez por semana y por lo menos una vez al mes, en

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condiciones que respeten la necesidad de intimidad del menor, el contacto y la comunicación sin restricciones con la familia y con el abogado defensor. 61. Todo menor tendrá derecho a comunicarse por escrito o por teléfono, al menos dos veces por semana, con la persona de su elección, salvo que se le haya prohibido legalmente hacer uso de este derecho, y deberá recibir la asistencia necesaria para que pueda ejercer eficazmente ese derecho. Todo menor tendrá derecho a recibir correspondencia. 62. Los menores deberán tener la oportunidad de informarse periódicamente de los acontecimientos por la lectura de diarios, revistas u otras publicaciones, mediante el acceso a programas de radio y televisión y al cine, así como a través de visitas de los representantes de cualquier club u organización de carácter lícito en que el menor esté interesado. K. Limitaciones de la coerción física y del uso de la fuerza 63. Deberá prohibirse el recurso a instrumentos de coerción y a la fuerza con cualquier fin, salvo en los casos establecidos en el artículo 64 infra. 64. Sólo podrá hacerse uso de la fuerza o de instrumentos de coerción en casos excepcionales, cuando se hayan agotado y hayan fracasado todos los demás medios de control y sólo de la forma expresamente autorizada y descrita por una ley o un reglamento. Esos instrumentos no deberán causar humillación ni degradación y deberán emplearse de forma restrictiva y sólo por el lapso estrictamente necesario. Por orden del director de la administración, podrán utilizarse esos instrumentos para impedir que el menor lesione a otros o a sí mismo o cause importantes daños materiales. En esos casos, el director deberá consultar inmediatamente al personal médico y otro personal competente e informar a la autoridad administrativa superior. 65. En todo centro donde haya menores detenidos deberá prohibirse al personal portar y utilizar armas. L. Procedimientos disciplinarios 66. Todas las medidas y procedimientos disciplinarios deberán contribuir a la seguridad y a una vida comunitaria ordenada y ser compatibles con el respeto de la dignidad inherente del menor y con el objetivo fundamental del tratamiento institucional, a saber, infundir un sentimiento de justicia y de respeto por uno mismo y por los derechos fundamentales de toda persona.

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67. Estarán estrictamente prohibidas todas las medidas disciplinarias que constituyan un trato cruel, inhumano o degradante, incluidos los castigos corporales, la reclusión en celda oscura y las penas de aislamiento o de celda solitaria, así como cualquier otra sanción que pueda poner en peligro la salud física o mental del menor. Estarán prohibidas, cualquiera que sea su finalidad, la reducción de alimentos y la restricción o denegación de contacto con familiares. El trabajo será considerado siempre un instrumento de educación y un medio de promover el respeto del menor por sí mismo, como preparación para su reinserción en la comunidad, y nunca deberá imponerse a título de sanción disciplinaria. No deberá sancionarse a ningún menor más de una vez por la misma infracción disciplinaria. Deberán prohibirse las sanciones colectivas. 68. Las leyes o reglamentos aprobados por la autoridad administrativa competente deberán establecer normas relativas a los siguientes elementos, teniendo plenamente en cuenta las características, necesidades y derechos fundamentales del menor: a) La conducta que constituye una infracción a la disciplina; b) El carácter y la duración de las sanciones disciplinarias que se pueden aplicar; c) La autoridad competente para imponer esas sanciones; d) La autoridad competente en grado de apelación. 69. Los informes de mala conducta serán presentados de inmediato a la autoridad competente, la cual deberá decidir al respecto sin demoras injustificadas. La autoridad competente deberá examinar el caso con detenimiento. 70. Ningún menor estará sujeto a sanciones disciplinarias que no se ajusten estrictamente a lo dispuesto en las leyes o los reglamentos en vigor. No deberá sancionarse a ningún menor a menos que haya sido informado debidamente de la infracción que le es imputada, en forma que el menor comprenda cabalmente, y que se le haya dado la oportunidad de presentar su defensa, incluido el derecho de apelar a una autoridad imparcial competente. Deberá levantarse un acta completa de todas las actuaciones disciplinarias. 71. Ningún menor deberá tener a su cargo funciones disciplinarias, salvo en lo referente a la supervisión de ciertas actividades sociales, educativas o deportivas o programas de autogestión. 141

M. Inspección y reclamaciones 72. Los inspectores calificados o una autoridad debidamente constituida de nivel equivalente que no pertenezca a la administración del centro deberán estar facultados para efectuar visitas periódicas, y a hacerlas sin previo aviso, por iniciativa propia, y para gozar de plenas garantías de independencia en el ejercicio de esta función. Los inspectores deberán tener acceso sin restricciones a todas las personas empleadas o que trabajen en los establecimientos o instalaciones donde haya o pueda haber menores privados de libertad, a todos los menores y a toda la documentación de los establecimientos. 73. En las inspecciones deberán participar funcionarios médicos especializados adscritos a la entidad inspectora o al servicio de salud pública, quienes evaluarán el cumplimiento de las reglas relativas al ambiente físico, la higiene, el alojamiento, la comida, el ejercicio y los servicios médicos, así como cualesquiera otros aspectos o condiciones de la vida del centro que afecten a la salud física y mental de los menores. Todos los menores tendrán derecho a hablar confidencialmente con los inspectores. 74. Terminada la inspección, el inspector deberá presentar un informe sobre sus conclusiones. Este informe incluirá una evaluación de la forma en que el centro de detención observa las presentes Reglas y las disposiciones pertinentes de la legislación nacional, así como recomendaciones acerca de las medidas que se consideren necesarias para garantizar su observancia. Todo hecho descubierto por un inspector que parezca indicar que se ha producido una violación de las disposiciones legales relativas a los derechos de los menores o al funcionamiento del centro de detención para menores deberá comunicarse a las autoridades competentes para que lo investigue y exija las responsabilidades correspondientes. 75. Todo menor deberá tener la oportunidad de presentar en todo momento peticiones o quejas al director del establecimiento o a su representante autorizado. 76. Todo menor tendrá derecho a dirigir, por la vía prescrita y sin censura en cuanto al fondo, una petición o queja a la administración central de los establecimientos para menores, a la autoridad judicial o cualquier otra autoridad competente, y a ser informado sin demora de la respuesta. 77. Debería procurarse la creación de un cargo independiente de mediador, facultado para recibir e investigar las quejas formuladas por los menores privados de libertad y ayudar a la consecución de soluciones equitativas. 142

78. A los efectos de formular una queja, todo menor tendrá derecho a solicitar asistencia a miembros de su familia, asesores jurídicos, grupos humanitarios u otros cuando sea posible. Se prestará asistencia a los menores analfabetos cuando necesiten recurrir a los servicios de organismos u organizaciones públicos o privados que brindan asesoramiento jurídico o que son competentes para recibir reclamaciones. N. Reintegración en la comunidad 79. Todos los menores deberán beneficiarse de medidas concebidas para ayudarles a reintegrarse en la sociedad, la vida familiar y la educación o el trabajo después de ser puestos en libertad. A tal fin se deberán establecer procedimientos, inclusive la libertad anticipada, y cursos especiales. 80. Las autoridades competentes deberán crear o recurrir a servicios que ayuden a los menores a reintegrarse en la sociedad y contribuyan a atenuar los prejuicios que existen contra esos menores. Estos servicios, en la medida de lo posible, deberán proporcionar al menor alojamiento, trabajo y vestidos convenientes, así como los medios necesarios para que pueda mantenerse después de su liberación para facilitar su feliz reintegración. Los representantes de organismos que prestan estos servicios deberán ser consultados y tener acceso a los menores durante su internamiento con miras a la asistencia que les presten para su reinserción en la comunidad. V. Personal 81. El personal deberá ser competente y contar con un número suficiente de especialistas, como educadores, instructores profesionales, asesores, asistentes sociales, siquiatras y sicólogos. Normalmente, esos funcionarios y otros especialistas deberán formar parte del personal permanente, pero ello no excluirá los auxiliares a tiempo parcial o voluntarios cuando resulte apropiado y beneficioso por el nivel de apoyo y formación que puedan prestar. Los centros de detención deberán aprovechar todas las posibilidades y modalidades de asistencia correctivas, educativas, morales, espirituales y de otra índole disponibles en la comunidad y que sean idóneas, en función de las necesidades y los problemas particulares de los menores recluidos. 82. La administración deberá seleccionar y contratar cuidadosamente al personal de todas las clases y categorías, por cuanto la buena marcha de los centros de detención depende de su integridad, actitud humanitaria, capacidad y competencia profesional para tratar con menores, así como de sus dotes personales para el trabajo.

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83. Para alcanzar estos objetivos, deberán designarse funcionarios profesionales con una remuneración suficiente para atraer y retener a hombres y mujeres capaces. Deberá darse en todo momento estímulos a los funcionarios de los centros de detención de menores para que desempeñen sus funciones y obligaciones profesionales en forma humanitaria, dedicada, profesional, justa y eficaz, se comporten en todo momento de manera tal que merezca y obtenga el respeto de los menores y brinden a éstos un modelo y una perspectiva positivos. 84. La administración deberá adoptar formas de organización y gestión que faciliten la comunicación entre las diferentes categorías del personal de cada centro de detención para intensificar la cooperación entre los diversos servicios dedicados a la atención de los menores, así como entre el personal y la administración, con miras a conseguir que el personal que está en contacto directo con los menores pueda actuar en condiciones que favorezcan el desempeño eficaz de sus tareas. 85. El personal deberá recibir una formación que le permita desempeñar eficazmente sus funciones, en particular la capacitación en sicología infantil, protección de la infancia y criterios y normas internacionales de derechos humanos y derechos del niño, incluidas las presentes Reglas. El personal deberá mantener y perfeccionar sus conocimientos y capacidad profesional asistiendo a cursos de formación en el servicio que se organizarán a intervalos apropiados durante toda su carrera. 86. El director del centro deberá estar debidamente calificado para su función por su capacidad administrativa, una formación adecuada y su experiencia en la materia y deberá dedicar todo su tiempo a su función oficial. 87. En el desempeño de sus funciones, el personal de los centros de detención deberá respetar y proteger la dignidad y los derechos humanos fundamentales de todos los menores y, en especial: a) Ningún funcionario del centro de detención o de la institución podrá infligir, instigar o tolerar acto alguno de tortura ni forma alguna de trato, castigo o medida correctiva o disciplinaria severo, cruel, inhumano o degradante bajo ningún pretexto o circunstancia de cualquier tipo; b) Todo el personal deberá impedir y combatir severamente todo acto de corrupción, comunicándolo sin demora a las autoridades competentes; c) Todo el personal deberá respetar las presentes Reglas. Cuando tenga motivos para estimar que estas Reglas han sido gravemente violadas o 144

puedan serlo, deberá comunicarlo a sus autoridades superiores u órganos competentes facultados para supervisar o remediar la situación; d) Todo el personal deberá velar por la cabal protección de la salud física y mental de los menores, incluida la protección contra la explotación y el maltrato físico, sexual y emocional, y deberá adoptar con urgencia medidas para que reciban atención médica siempre que sea necesario; e) Todo el personal deberá respetar el derecho de los menores a la intimidad y, en particular, deberá respetar todas las cuestiones confidenciales relativas a los menores o sus familias que lleguen a conocer en el ejercicio de su actividad profesional; f) Todo el personal deberá tratar de reducir al mínimo las diferencias entre la vida dentro y fuera del centro de detención que tiendan a disminuir el respeto debido a la dignidad de los menores como seres humanos.

Ginebra, Suiza . Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores ("Reglas de Beijing") Adoptadas por la Asamblea General en su resolución 40/33, de 28 de noviembre de 1985 Primera parte Principios generales 1. Orientaciones fundamentales 1.1 Los Estados Miembros procurarán, en consonancia con sus respectivos intereses generales, promover el bienestar del menor y de su familia. 1.2 Los Estados Miembros se esforzarán por crear condiciones que garanticen al menor una vida significativa en la comunidad fomentando, durante el período de edad en que el menor es más propenso a un

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comportamiento desviado, un proceso de desarrollo personal y educación lo más exento de delito y delincuencia posible. 1.3 Con objeto de promover el bienestar del menor, a fin de reducir la necesidad de intervenir con arreglo a la ley, y de someter a tratamiento efectivo, humano y equitativo al menor que tenga problemas con la ley, se concederá la debida importancia a la adopción de medidas concretas que permitan movilizar plenamente todos los recursos disponibles, con inclusión de la familia, los voluntarios y otros grupos de carácter comunitario, así como las escuelas y otras instituciones de la comunidad. 1.4 La justicia de menores se ha de concebir como una parte integrante del proceso de desarrollo nacional de cada país y deberá administrarse en el marco general de justicia social para todos los menores, de manera que contribuya a la protección de los jóvenes y al mantenimiento del orden pacífico de la sociedad. 1.5 Las presentes Reglas se aplicarán según el contexto de las condiciones económicas, sociales y culturales que predominen en cada uno de los Estados Miembros. 1.6 Los servicios de justicia de menores se perfeccionarán y coordinarán sistemáticamente con miras a elevar y mantener la competencia de sus funcionarios, e incluso los métodos, enfoques y actitudes adoptados. Comentario Estas orientaciones básicas de carácter general se refieren a la política social en su conjunto y tienen por objeto promover el bienestar del menor en la mayor medida posible, lo que permitiría reducir al mínimo el número de casos en que haya de intervenir el sistema de justicia de menores y, a su vez, reduciría al mínimo los perjuicios que normalmente ocasiona cualquier tipo de intervención. Esas medidas de atención de los menores con fines de prevención del delito antes del comienzo de la vida delictiva constituyen requisitos básicos de política destinados a obviar la necesidad de aplicar las presentes Reglas. Las reglas 1.1 a 1.3 señalan el importante papel que una política social constructiva respecto al menor puede desempeñar, entre otras cosas, en la prevención del delito y la delincuencia juveniles. La regla 1.4 define la justicia de menores como parte integrante de la justicia social por los menores, mientras que la regla 1.6 se refiere a la necesidad de perfeccionar la justicia de menores de manera continua, para que no quede a la zaga de la evolución de una política social progresiva en relación con el menor en 146

general, teniendo presente la necesidad de mejorar de manera coherente los servicios de personal. La regla 1.5 procura tener en cuenta las condiciones imperantes en los Estados Miembros, que podrían ocasionar que la manera de aplicar determinadas reglas en uno de ellos fuera necesariamente diferente de la manera adoptada en otros Estados. 2. Alcance de las Reglas y definiciones utilizadas 2.1 Las Reglas mínimas que se enuncian a continuación se aplicarán a los menores delincuentes con imparcialidad, sin distinción alguna, por ejemplo, de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. 2.2 Para los fines de las presentes Reglas, los Estados Miembros aplicarán las definiciones siguientes en forma compatible con sus respectivos sistemas y conceptos jurídicos: a) Menor es todo niño o joven que, con arreglo al sistema jurídico respectivo, puede ser castigado por un delito en forma diferente a un adulto; b) Delito es todo comportamiento (acción u omisión) penado por la ley con arreglo al sistema jurídico de que se trate; y c) Menor delincuente es todo niño o joven al que se ha imputado la comisión de un delito o se le ha considerado culpable de la comisión de un delito. 2.3 En cada jurisdicción nacional se procurará promulgar un conjunto de leyes, normas y disposiciones aplicables específicamente a los menores delincuentes, así como a los órganos e instituciones encargados de las funciones de administración de la justicia de menores, conjunto que tendrá por objeto: a) Responder a las diversas necesidades de los menores delincuentes, y al mismo tiempo proteger sus derechos básicos; b) Satisfacer las necesidades de la sociedad; c) Aplicar cabalmente y con justicia las reglas que se enuncian a continuación. 147

Comentario Las Reglas mínimas se han formulado deliberadamente de manera que sean aplicables en diferentes sistemas jurídicos y, al mismo tiempo, establezcan algunas normas mínimas para el tratamiento de los menores delincuentes con arreglo a cualquier definición de la noción de joven y a cualquier sistema de tratamiento de los menores delincuentes. Las Reglas se aplicarán siempre con imparcialidad y sin distinción alguna. Por lo tanto, la regla 2.1 destaca la importancia de que las Reglas se apliquen siempre con imparcialidad y sin distinción alguna. Su formación responde al principio 2 de la Declaración de los Derechos del Niño. La regla 2.2 define "menor" y "delito" como componentes del concepto de "menor delincuente", que es el objeto principal de las presentes Reglas mínimas (no obstante, véanse también las reglas 3 y 4). Cabe señalar que las reglas disponen expresamente que corresponderá a cada sistema jurídico nacional fijar las edades mínima y máxima a estos efectos, respetando así cabalmente los sistemas económico, social, político, cultural y jurídico de los Estados Miembros. Ello significa que la noción de "menor" se aplicará a jóvenes de edades muy diferentes, edades que van de los 7 años hasta los 18 años o más. Dicha flexibilidad parece inevitable en vista de la diversidad de sistemas jurídicos nacionales, tanto más cuanto que no restringe los efectos de las Reglas mínimas. La regla 2.3 responde a la necesidad de leyes nacionales que tengan expresamente por objeto la aplicación óptima de las Reglas mínimas, tanto desde un punto de vista jurídico como práctico. 3. Ampliación del ámbito de aplicación de las Reglas 3.1 Las disposiciones pertinentes de las Reglas no sólo se aplicarán a los menores delincuentes, sino también a los menores que puedan ser procesados por realizar cualquier acto concreto que no sea punible tratándose del comportamiento de los adultos. 3.2 Se procurará extender el alcance de los principios contenidos en las Reglas a todos los menores comprendidos en los procedimientos relativos a la atención al menor y a su bienestar. 3.3 Se procurará asimismo extender el alcance de los principios contenidos en las Reglas a los delincuentes adultos jóvenes. Comentario 148

La regla 3 amplía el ámbito de aplicación de la protección otorgada por las Reglas mínimas para la administración de la justicia de menores de modo que abarque: a) Los llamados "delitos en razón de su condición" previstos en diversos sistemas jurídicos nacionales con arreglo a los cuales se considera delito en los menores una gama de comportamiento distinta y, por lo general, más amplia que en el caso de los adultos (por ejemplo, ausencias injustificadas, desobediencia en la escuela y en la familia, ebriedad en público, etc.) (regla 3.1); b) Los procedimientos relativos a la atención al menor y a su bienestar (regla 3.2); c) El procesamiento de los delincuentes adultos jóvenes, aunque en este caso la aplicación de las Reglas dependerá de las disposiciones pertinentes sobre la mayoría de edad (regla 3.3). La ampliación del ámbito de aplicación de las Reglas de modo que abarquen las tres esferas antes mencionadas parece justificada. La regla 3.1 prevé garantías mínimas en esas esferas, y se estima que la regla 3.2 constituye un paso positivo en el establecimiento de un sistema más imparcial, equitativo y humano de justicia para todos los menores que transgredan la ley. 4. Mayoría de edad penal 4.1 En los sistemas jurídicos que reconozcan el concepto de mayoría de edad penal con respecto a los menores, su comienzo no deberá fijarse a una edad demasiado temprana habida cuenta de las circunstancias que acompañan la madurez emocional, mental e intelectual. Comentario La edad mínima a efectos de responsabilidad penal varía considerablemente en función de factores históricos y culturales. El enfoque moderno consiste en examinar si los niños pueden hacer honor a los elementos morales y sicológicos de responsabilidad penal; es decir, si puede considerarse al niño, en virtud de su discernimiento y comprensión individuales, responsable de un comportamiento esencialmente antisocial. Si el comienzo de la mayoría de edad penal se fija a una edad demasiado temprana o si no se establece edad mínima alguna, el concepto de responsabilidad perdería todo sentido. En general, existe una estrecha relación entre el concepto de responsabilidad que dimana del comportamiento delictivo o criminal y otros derechos y

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responsabilidades sociales (como el estado civil, la mayoría de edad a efectos civiles, etc.). Por consiguiente, es necesario que se hagan esfuerzos para convenir en una edad mínima razonable que pueda aplicarse a nivel internacional. 5. Objetivos de la justicia de menores 5.1 El sistema de justicia de menores hará hincapié en el bienestar de éstos y garantizará que cualquier respuesta a los menores delincuentes será en todo momento proporcionada a las circunstancias del delincuente y del delito. Comentario La regla 5 se refiere a dos de los más importantes objetivos de la justicia de menores. El primer objetivo es el fomento del bienestar del menor. Este es el enfoque principal de los sistemas jurídicos en que los menores delincuentes son procesados por tribunales de familia o autoridades administrativas, pero también debe hacerse hincapié en el bienestar de los menores en los sistemas judiciales que siguen el modelo del tribunal penal, contribuyendo así a evitar las sanciones meramente penales. (Véase también la regla 14.) El segundo objetivo es el "principio de la proporcionalidad". Este principio es conocido como un instrumento para restringir las sanciones punitivas, y se expresa principalmente mediante la fórmula de que el autor ha de llevarse su merecido según la gravedad del delito. La respuesta a los jóvenes delincuentes no sólo deberá basarse en el examen de la gravedad del delito, sino también en circunstancias personales. Las circunstancias individuales del delincuente (por ejemplo, su condición social, su situación familiar, el daño causado por el delito u otros factores en que intervengan circunstancias personales) han de influir en la proporcionalidad de la reacción (por ejemplo, teniendo en consideración los esfuerzos del delincuente para indemnizar a la víctima o su buena disposición para comenzar una vida sana y útil). Por el mismo motivo, las respuestas destinadas a asegurar el bienestar del joven delincuente pueden sobrepasar lo necesario y, por consiguiente, infringir los derechos fundamentales del joven, como ha ocurrido en algunos sistemas de justicia de menores. En este aspecto también corresponde salvaguardar la proporcionalidad de la respuesta en relación con las circunstancias del delincuente y del delito, incluida la víctima. En definitiva, la regla 5 sólo exige que la respuesta en los casos concretos de delincuencia o criminalidad de menores sea adecuada, ni más ni menos. Los 150

temas que las reglas vinculan entre sí pueden contribuir a estimular adelantos en ambos sentidos: los tipos de respuesta nuevos e innovadores son tan necesarios como las precauciones para evitar cualquier ampliación indebida de la red de control social oficial sobre los menores. 6. Alcance de las facultades discrecionales 6.1 Habida cuenta de las diversas necesidades especiales de los menores, así como de la diversidad de medidas disponibles, se facultará un margen suficiente para el ejercicio de facultades discrecionales en las diferentes etapas de los juicios y en los distintos niveles de la administración de justicia de menores, incluidos los de investigación, procesamiento, sentencia y de las medidas complementarias de las decisiones. 6.2 Se procurará, no obstante, garantizar la debida competencia en todas las fases y niveles en el ejercicio de cualquiera de esas facultades discrecionales. 6.3 Los que ejerzan dichas facultades deberán estar especialmente preparados o capacitados para hacerlo juiciosamente y en consonancia con sus respectivas funciones y mandatos. Comentario Las reglas 6.1, 6.2 y 6.3 tratan varios aspectos importantes de una administración de justicia de menores eficaz, justa y humanitaria: la necesidad de permitir el ejercicio de las facultades discrecionales en todos los niveles importantes del procedimiento, de modo que los que adoptan determinaciones puedan tomar las medidas que estimen más adecuadas en cada caso particular, y la necesidad de prever controles y equilibrios a fin de restringir cualquier abuso de las facultades discrecionales y salvaguardar los derechos del joven delincuente. La competencia y el profesionalismo son los instrumentos más adecuados para restringir el ejercicio excesivo de dichas facultades. Por ello, se hace especial hincapié en la idoneidad profesional y en la capacitación de los expertos como un medio valioso para asegurar el ejercicio prudente de las facultades discrecionales en materia de delincuencia de menores. (Véanse también las reglas 1.6 y 2.2.) En este contexto, se pone de relieve la formulación de directrices concretas acerca del ejercicio de dichas facultades y el establecimiento de un sistema de revisión y de apelación u otro sistema análogo a fin de permitir el examen minucioso de las decisiones y la competencia. Esos mecanismos no se concretan en el presente documento, pues no se prestan fácilmente para incorporarlos en reglas mínimas internacionales, que probablemente no podrán abarcar todas las diferencias que existen en los sistemas judiciales.

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7. Derechos de los menores 7.1 En todas las etapas del proceso se respetarán garantías procesales básicas tales como la presunción de inocencia, el derecho a ser notificado de las acusaciones, el derecho a no responder, el derecho al asesoramiento, el derecho a la presencia de los padres o tutores, el derecho a la confrontación con los testigos y a interrogar a éstos y el derecho de apelación ante una autoridad superior. Comentario La regla 7.1 hace hincapié en algunos aspectos importantes que representan elementos fundamentales de todo juicio imparcial y justo y que son internacionalmente reconocidos en los instrumentos de derechos humanos vigentes. (Véase también la regla 14.) La presunción de inocencia, por ejemplo, también figura en el artículo 11 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el párrafo 2 del artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Las reglas 14 y siguientes de las presentes Reglas mínimas precisan cuestiones que son importantes con respecto al procedimiento en los asuntos de menores en particular, mientras que la regla 7.1 ratifica en forma general las garantías procesales más fundamentales. 8. Protección de la intimidad 8.1 Para evitar que la publicidad indebida o el proceso de difamación perjudiquen a los menores, se respetará en todas las etapas el derecho de los menores a la intimidad. 8.2 En principio, no se publicará ninguna información que pueda dar lugar a la individualización de un menor delincuente. Comentario La regla 8 destaca la importancia de la protección del derecho de los menores a la intimidad. Los jóvenes son particularmente vulnerables a la difamación. Los estudios criminológicos sobre los procesos de difamación han suministrado pruebas sobre los efectos perjudiciales (de diversos tipos) que dimanan de la individualización permanente de los jóvenes como "delincuentes" o "criminales". La regla 8 también hace hincapié en la importancia de proteger a los menores de los efectos adversos que pueden resultar de la publicación en 152

los medios de comunicación de informaciones acerca del caso (por ejemplo, el nombre de los menores que se presume delincuentes o que son condenados). Corresponde proteger y defender, al menos en principio, el interés de la persona. (El contenido general de la regla 8 se sigue concretando en la regla 21.) 9. Cláusulas de salvedad 9.1 Ninguna disposición de las presentes Reglas podrá ser interpretada en el sentido de excluir a los menores del ámbito de la aplicación de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos aprobadas por las Naciones Unidas y de otros instrumentos y normas reconocidos por la comunidad internacional relativos al cuidado y protección de los jóvenes. Comentario La regla 9 tiene por objeto evitar todo equívoco en lo tocante a la interpretación y aplicación de las presentes Reglas en consonancia con los principios contenidos en los instrumentos y normas internacionales pertinentes -- vigentes o en desarrollo -- relativos a los derechos humanos, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Declaración de los Derechos del Niño y el proyecto de convención sobre los derechos del niño. Conviene precisar que la aplicación de las presentes Reglas es sin perjuicio del cumplimiento de cualesquiera instrumentos internacionales que contengan disposiciones de aplicación más amplia. (Véase también la regla 27.) Segunda parte Investigación y procesamiento 10. Primer contacto 10.1 Cada vez que un menor sea detenido, la detención se notificará inmediatamente a sus padres o su tutor, y cuando no sea posible dicha notificación inmediata, se notificará a los padres o al tutor en el más breve plazo posible. 10.2 El juez, funcionario u organismo competente examinará sin demora la posibilidad de poner en libertad al menor. 10.3 Sin perjuicio de que se consideren debidamente las circunstancias de cada caso, se establecerán contactos entre los organismos encargados de 153

hacer cumplir la ley y el menor delincuente para proteger la condición jurídica del menor, promover su bienestar y evitar que sufra daño. Comentario En principio, la regla 10.1 figura en la regla 92 de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos. La posibilidad de poner en libertad al menor (regla 10.2) deberá ser examinada sin demora por el juez u otros funcionarios competentes. Por éstos se entiende toda persona o institución en el más amplio sentido de la palabra, incluidas las juntas de la comunidad y las autoridades de policía, que tengan facultades para poner en libertad a la persona detenida. (Véase también el párr. 3 del artículo 9 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.) La regla 10.3 trata de algunos aspectos fundamentales del procedimiento y del comportamiento que deben observar los agentes de policía y otros funcionarios encargados de hacer cumplir la ley en los casos de delincuencia de menores. La expresión "evitar ... daño" constituye una fórmula flexible que abarca múltiples aspectos de posible interacción (por ejemplo, el empleo de un lenguaje duro, la violencia física, el contacto con el ambiente). Como la participación en actuaciones de la justicia de menores puede por sí sola causar "daño" a los menores, la expresión "evitar ... daño" debe, por consiguiente, interpretarse en el sentido amplio de reducir al mínimo el daño al menor en la primera instancia, así como cualquier daño adicional o innecesario. Ello es de particular importancia en el primer contacto con las organizaciones encargadas de hacer cumplir la ley, que puede influir profundamente en la actitud del menor hacia el Estado y la sociedad. Además, el éxito de cualquier otra intervención depende en gran medida de esos primeros contactos. En tales casos, la comprensión y la firmeza bondadosa son importantes. 11. Remisión de casos 11.1 Se examinará la posibilidad, cuando proceda, de ocuparse de los menores delincuentes sin recurrir a las autoridades competentes, mencionadas en la regla 14.1 infra, para que los juzguen oficialmente. 11.2 La policía, el Ministerio fiscal y otros organismos que se ocupen de los casos de delincuencia de menores estarán facultados para fallar dichos casos discrecionalmente, sin necesidad de vista oficial, con arreglo a los criterios establecidos al efecto en los respectivos sistemas jurídicos y también en armonía con los principios contenidos en las presentes Reglas. 154

11.3 Toda remisión que signifique poner al menor a disposición de las instituciones pertinentes de la comunidad o de otro tipo estará supeditada al consentimiento del menor o al de sus padres o su tutor; sin embargo, la decisión relativa a la remisión del caso se someterá al examen de una autoridad competente, cuando así se solicite. 11.4 Para facilitar la tramitación discrecional de los casos de menores, se procurará facilitar a la comunidad programas de supervisión y orientación temporales, restitución y compensación a las víctimas. Comentario La remisión, que entraña la supresión del procedimiento ante la justicia penal y, con frecuencia, la reorientación hacia servicios apoyados por la comunidad, se practica habitualmente en muchos sistemas jurídicos con carácter oficial y oficioso. Esta práctica sirve para mitigar los efectos negativos de la continuación del procedimiento en la administración de la justicia de menores (por ejemplo, el estigma de la condena o la sentencia). En muchos casos la no intervención sería la mejor respuesta. Por ello la remisión desde el comienzo y sin envío a servicios sustitutorios (sociales) puede constituir la respuesta óptima. Así sucede especialmente cuando el delito no tiene un carácter grave y cuando la familia, la escuela y otras instituciones de control social oficioso han reaccionado ya de forma adecuada y constructiva o es probable que reaccionen de ese modo. Como se prevé en la regla 11.2, la remisión puede utilizarse en cualquier momento del proceso de adopción de decisiones por la policía, el Ministerio fiscal u otros órganos como los tribunales, juntas o consejos. La remisión pueden realizarla una, varias o todas las autoridades, según las reglas y normas de los respectivos sistemas y en consonancia con las presentes Reglas. No debe limitarse necesariamente a los casos menores, de modo que la remisión se convierta en un instrumento importante. La regla 11.3 pone de relieve el requisito primordial de asegurar el consentimiento del menor delincuente (o de sus padres o tutores) con respecto a las medidas de remisión recomendadas (la remisión que consiste en la prestación de servicios a la comunidad sin dicho consentimiento, constituiría una infracción al Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso). No obstante, es necesario que la validez del consentimiento se pueda impugnar, ya que el menor algunas veces podría prestarlo por pura desesperación. La regla subraya que se deben tomar precauciones para disminuir al mínimo la posibilidad de coerción e intimidación en todos los niveles del proceso de remisión. Los menores no han de sentirse

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presionados (por ejemplo, a fin de evitar la comparecencia ante el tribunal) ni deben ser presionados para lograr su consentimiento en los programas de remisión. Por ello, se aconseja que se tomen disposiciones para una evaluación objetiva de la conveniencia de que intervenga una "autoridad competente cuando así se solicite" en las actuaciones relativas a menores delincuentes. (La "autoridad competente" puede ser distinta de la que se menciona en la regla 14.) La regla 11.4 recomienda que se prevean opciones sustitutorias viables del procesamiento ante la justicia de menores en la forma de una remisión basada en la comunidad. Se recomiendan especialmente los programas que entrañan la avenencia mediante la indemnización de la víctima y los que procuran evitar futuras transgresiones de la ley gracias a la supervisión y orientación temporales. Los antecedentes de fondo de los casos particulares determinarán el carácter adecuado de la remisión, aun cuando se hayan cometido delitos más graves (por ejemplo, el primer delito, el hecho que se haya cometido bajo la presión de los compañeros del menor, etc.) 12. Especialización policial 12.1 Para el mejor desempeño de sus funciones, los agentes de policía que traten a menudo o de manera exclusiva con menores o que se dediquen fundamentalmente a la prevención de la delincuencia de menores, recibirán instrucción y capacitación especial. En las grandes ciudades habrá contingentes especiales de policía con esa finalidad. Comentario La regla 12 señala la necesidad de impartir una formación especializada a todos los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que intervengan en la administración de la justicia de menores. Como la policía es el primer punto de contacto con el sistema de la justicia de menores, es muy importante que actúe de manera informada y adecuada. Aunque la relación entre la urbanización y el delito es sin duda compleja, el incremento de la delincuencia juvenil va unido al crecimiento de las grandes ciudades, sobre todo a un crecimiento rápido y no planificado. Por consiguiente, son indispensables contingentes especializados de policía, no sólo como garantía de la aplicación de los principios concretos previstos en el presente instrumento (como la regla 1.6), sino también, de forma más general, para mejorar la prevención y represión de la delincuencia de menores y el tratamiento de los menores delincuentes. 13. Prisión preventiva 156

13.1 Sólo se aplicará la prisión preventiva como último recurso y durante el plazo más breve posible. 13.2 Siempre que sea posible, se adoptarán medidas sustitutorias de la prisión preventiva, como la supervisión estricta, la custodia permanente, la asignación a una familia o el traslado a un hogar o a una institución educativa. 13.3 Los menores que se encuentren en prisión preventiva gozarán de todos los derechos y garantías previstos en las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos aprobadas por las Naciones Unidas. 13.4 Los menores que se encuentren en prisión preventiva estarán separados de los adultos y recluidos en establecimientos distintos o en recintos separados en los establecimientos en que haya detenidos adultos. 13.5 Mientras se encuentren bajo custodia, los menores recibirán cuidados, protección y toda la asistencia -- social, educacional, profesional, sicológica, médica y física -- que requieran, habida cuenta de su edad, sexo y características individuales. Comentario No se debe subestimar el peligro de que los menores sufran "influencias corruptoras" mientras se encuentren en prisión preventiva. De ahí la importancia de insistir en la necesidad de medidas sustitutorias. De esta forma la regla 13.1 anima a idear medidas nuevas e innovadoras que permitan evitar dicha prisión preventiva en interés del bienestar del menor. Los menores que se encuentren en prisión preventiva deben gozar de todos los derechos y garantías previstas en las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, así como en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, especialmente en el artículo 9, en el inciso bdel párrafo 2 del artículo 10 y en el párrafo 3 de dicho artículo. La regla 13.4 no impedirá a los Estados tomar otras medidas contra la influencia negativa de los delincuentes adultos que sean al menos tan eficaces como las mencionadas en la regla. Las diferentes formas de asistencia que pueden llegar a ser necesarias se han enumerado para señalar la amplia gama de necesidades concretas de los jóvenes reclusos que hay que atender (por ejemplo, mujeres u hombres, toxicómanos, alcohólicos, menores con perturbaciones mentales, jóvenes que sufren el trauma, por ejemplo, del propio arresto, etc.). 157

Las diversas características físicas y sicológicas de los jóvenes reclusos pueden justificar medidas de clasificación por las que algunos de ellos estén recluidos aparte mientras se encuentren en prisión preventiva, lo que contribuye a evitar que se conviertan en víctimas de otros reclusos y permite prestarles una asistencia más adecuada. El Sexto Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, en su resolución 4, sobre la elaboración de normas de justicia de menores, especificaba que dichas reglas debían, entre otras cosas, reflejar el principio básico de que la prisión preventiva debe usarse únicamente como último recurso, que no debe mantenerse a ningún menor en una institución donde sea vulnerable a las influencias negativas de reclusos adultos y que deben tenerse siempre en cuenta las necesidades propias de su estado de desarrollo. Tercera parte De la sentencia y la resolución 14. Autoridad competente para dictar sentencia 14.1 Todo menor delincuente cuyo caso no sea objeto de remisión (con arreglo a la regla 11) será puesto a disposición de la autoridad competente (corte, tribunal, junta, consejo, etc.), que decidirá con arreglo a los principios de un juicio imparcial y equitativo. 14.2 El procedimiento favorecerá los intereses del menor y se sustanciará en un ambiente de comprensión, que permita que el menor participe en él y se exprese libremente. Comentario No es fácil elaborar una definición de órgano o persona competente para dictar sentencia que goce de aceptación universal. Con "autoridad competente" se trata de designar a aquellas personas que presiden cortes o tribunales (unipersonales o colegiados), incluidos los jueces letrados y no letrados, así como las administrativas (por ejemplo, los sistemas escocés y escandinavo), u otros organismos comunitarios y más oficiosos de arbitraje, cuya naturaleza les faculte para dictar sentencia. Sea como fuere, el procedimiento aplicable a los menores delincuentes deberá ceñirse a las reglas mínimas que se aplican en casi todo el mundo a todo delincuente que disponga de defensa con arreglo al procedimiento penal conocido como "debido proceso legal". De conformidad con el debido 158

proceso, en un "juicio imparcial y equitativo" deben darse garantías tales como la presunción de inocencia, la presentación y examen de testigos, la igualdad en materia de medios de defensa judicial, el derecho a no responder, el derecho a decir la última palabra en la vista, el derecho de apelación, etc. (Véase también la regla 7.1) 15. Asesoramiento jurídico y derechos de los padres y tutores 15.1 El menor tendrá derecho a hacerse representar por un asesor jurídico durante todo el proceso o a solicitar asistencia jurídica gratuita cuando esté prevista la prestación de dicha ayuda en el país. 15.2 Los padres o tutores tendrán derecho a participar en las actuaciones y la autoridad competente podrá requerir su presencia en defensa del menor. No obstante, la autoridad competente podrá denegar la participación si existen motivos para presumir que la exclusión es necesaria en defensa del menor. Comentario La terminología que se usa en la regla 15.1 es similar a la de la regla 93 de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos. Si bien el asesoramiento jurídico y la asistencia judicial gratuita son necesarias para garantizar la asistencia judicial al menor, el derecho de los padres o tutores a participar según se indica en la regla 15.2 debe considerarse como una asistencia general al menor, de naturaleza sicológica y emotiva, que se extiende a lo largo de todo el proceso. La autoridad competente, para dictar una sentencia justa en el caso, puede utilizar con provecho, sobre todo, la colaboración de los representantes legales del menor (o, a los mismos efectos, de algún otro asistente personal en el que el menor pueda depositar y deposite realmente su confianza). Este interés puede verse frustrado si la presencia de los padres o tutores en las vistas ejerce una influencia negativa, por ejemplo si manifiestan una actitud hostil hacia el menor, de ahí que deba preverse la posibilidad de su exclusión de la vista. 16. Informes sobre investigaciones sociales 16.1 Para facilitar la adopción de una decisión justa por parte de la autoridad competente, y a menos que se trate de delitos leves, antes de que esa autoridad dicte una resolución definitiva se efectuará una investigación completa sobre el medio social y las condiciones en que se desarrolla la vida

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del menor y sobre las circunstancias en las que se hubiere cometido el delito. Comentario Los informes preparados sobre la base de investigaciones de carácter social (informes sociales o informes previos a la sentencia) constituyen una ayuda indispensable en la mayoría de los procesos incoados a menores delincuentes. La autoridad competente debe estar informada de los antecedentes sociales y familiares del menor, su trayectoria escolar, sus experiencias educativas, etc. Con ese fin, en algunos ámbitos judiciales se recurre a servicios sociales especiales o a personal especializado que dependen de los tribunales o de las juntas. Otras clases de personal, como los agentes de libertad vigilada, pueden desempeñar las mismas funciones. Así la regla exige que haya servicios sociales adecuados que preparen informes especializados basados en investigaciones de carácter social. 17. Principios rectores de la sentencia y la resolución 17.1 La decisión de la autoridad competente se ajustará a los siguientes principios: a) La respuesta que se dé al delito será siempre proporcionada, no sólo a las circunstancias y la gravedad del delito, sino también a las circunstancias y necesidades del menor, así como a las necesidades de la sociedad; b) Las restricciones a la libertad personal del menor se impondrán sólo tras cuidadoso estudio y se reducirán al mínimo posible; c) Sólo se impondrá la privación de libertad personal en el caso de que el menor sea condenado por un acto grave en el que concurra violencia contra otra persona o por la reincidencia en cometer otros delitos graves, y siempre que no haya otra respuesta adecuada; d) En el examen de los casos se considerará primordial el bienestar del menor. 17.2 Los delitos cometidos por menores no se sancionarán en ningún caso con la pena capital. 17.3 Los menores no serán sancionados con penas corporales. 17.4 La autoridad competente podrá suspender el proceso en cualquier momento. 160

Comentario El principal problema con que se tropieza al elaborar directrices para la resolución judicial en casos de menores estriba en el hecho de que están sin resolver algunos conflictos entre opciones fundamentales, tales como los siguientes: a) Rehabilitación frente a justo merecido; b) Asistencia frente a represión y castigo; c) Respuesta en función de las circunstancias concretas de cada caso frente a respuesta en función de la protección de la sociedad en general; d) Disuasión de carácter general frente a incapacitación individual. Los conflictos entre estas opciones son más acusados en los casos de menores que en los casos de adultos. Con la diversidad de causas y respuestas que caracterizan a la delincuencia juvenil se da un intrincado entrelazamiento de estas alternativas. No incumbe a las presentes Reglas mínimas para la administración de la justicia de menores prescribir el enfoque que haya que seguir, sino más bien determinar uno que esté en la mayor consonancia posible con los principios aceptados a escala internacional. Por consiguiente, los elementos fundamentales contenidos en la regla 17.1, especialmente en los incisos a y c, deben considerarse principalmente como directrices prácticas para establecer un punto de partida común; si las autoridades pertinentes actúan en consonancia con ellas (véase también la regla 5), podrán hacer una importante contribución a la protección de los derechos fundamentales de los menores delincuentes, especialmente los derechos fundamentales a la educación y al desarrollo de la personalidad. El inciso b de la regla 17.1 significa que los enfoques estrictamente punitivos no son adecuados. Si bien en los casos de adultos, y posiblemente también en los casos de delitos graves cometidos por menores, tenga todavía cierta justificación la idea de justo merecido y de sanciones retributivas, en los casos de menores siempre tendrá más peso el interés por garantizar el bienestar y el futuro del joven. De conformidad con la resolución 8 del Sexto Congreso de las Naciones Unidas, dicho inciso alienta el uso, en la mayor medida posible, de medidas sustitutorias de la reclusión en establecimientos penitenciarios teniendo presente el imperativo de responder a las necesidades concretas de los 161

jóvenes. Debe, pues, hacerse pleno uso de toda la gama de sanciones sustitutorias existentes, y deben establecerse otras nuevas sanciones, sin perder de vista la seguridad pública. Habría de hacerse uso de la libertad vigilada en la mayor medida posible, mediante la suspensión de condenas, condenas condicionales, órdenes de las juntas y otras resoluciones. El inciso c de la regla 17.1 corresponde a uno de los principios rectores contenidos en la resolución 4 del Sexto congreso, que propugna evitar el encarcelamiento en casos de menores salvo que no haya otra respuesta adecuada para proteger la seguridad pública. La disposición que prohíbe la pena capital, contenida en la regla 17.2, está en consonancia con el párrafo 5 del artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. La disposición por la que se prohíbe el castigo corporal (regla 17.3) está en consonancia con el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y con la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, así como la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes y el proyecto de convención sobre los derechos del niño. La facultad de suspender el proceso en cualquier momento (regla 17.4) es una característica inherente al tratamiento dado a los menores frente al dado a los adultos. En cualquier momento pueden llegar a conocimiento de la autoridad competente circunstancias que parezcan aconsejar la suspensión definitiva del proceso. 18. Pluralidad de medidas resolutorias 18.1 Para mayor flexibilidad y para evitar en la medida de lo posible el confinamiento en establecimientos penitenciarios, la autoridad competente podrá adoptar una amplia diversidad de decisiones. Entre tales decisiones, algunas de las cuales pueden aplicarse simultáneamente, figuran las siguientes: a) Ordenes en materia de atención, orientación y supervisión; b) Libertad vigilada; c) Ordenes de prestación de servicios a la comunidad; d) Sanciones económicas, indemnizaciones y devoluciones; 162

e) Ordenes de tratamiento intermedio y otras formas de tratamiento; f) Ordenes de participar en sesiones de asesoramiento colectivo y en actividades análogas; g) Ordenes relativas a hogares de guarda, comunidades de vida u otros establecimientos educativos; h) Otras órdenes pertinentes. 18.2 Ningún menor podrá ser sustraído, total o parcialmente, a la supervisión de sus padres, a no ser que las circunstancias de su caso lo hagan necesario. Comentario La regla 18.1 constituye un intento de enumerar algunas de las respuestas y sanciones importantes a que se ha recurrido hasta la fecha y cuyos buenos resultados han podido comprobarse en diferentes sistemas jurídicos. En general, constituyen opciones prometedoras que convendría difundir y perfeccionar. La regla no alude a las necesidades de personal, dado que en algunas regiones es previsible escasez de personal idóneo; en esas regiones pueden experimentarse o elaborarse medidas cuya aplicación exija menos personal. Los ejemplos citados en la regla 18.1 tienen en común, ante todo, el hecho de que se basan en la comunidad y apelan a su participación para la aplicación efectiva de resoluciones alternativas. Las correcciones aplicadas en la comunidad son una medida tradicional que asume en la actualidad múltiples facetas. Por ello debería alentarse a las autoridades pertinentes a que prestaran servicios de base comunitaria. La regla 18.2 hace referencia a la importancia de la familia que, de conformidad con el párrafo 1 del artículo 10 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, es "el elemento natural y fundamental de la sociedad". Dentro de la familia, los padres tienen, no sólo el derecho, sino también la responsabilidad de atender y supervisar a sus hijos. Por consiguiente, la regla 18.2 establece que la separación de los hijos respecto de sus padres sea una medida aplicada como último recurso. Sólo puede recurrirse a ella cuando los hechos que constituyen el caso exigen claramente la adopción de esta grave medida (por ejemplo, el abuso de menores). 19. Carácter excepcional del confinamiento en establecimientos penitenciarios 163

19.1 El confinamiento de menores en establecimientos penitenciarios se utilizará en todo momento como último recurso y por el más breve plazo posible. Comentario Los criminólogos más avanzados abogan por el tratamiento fuera de establecimientos penitenciarios. Las diferencias encontradas en el grado de eficacia del confinamiento en establecimientos penitenciarios comparado con las medidas que excluyen dicho confinamiento son pequeñas o inexistentes. Es evidente que las múltiples influencias negativas que todo ambiente penitenciario parece ejercer inevitablemente sobre el individuo no pueden neutralizarse con un mayor cuidado en el tratamiento. Sucede así sobre todo en el caso de los menores, que son especialmente vulnerables a las influencias negativas; es más, debido a la temprana etapa de desarrollo en que éstos se encuentran, no cabe duda de que tanto la pérdida de la libertad como el estar aislados de su contexto social habitual agudizan los efectos negativos. La regla 19 pretende restringir el confinamiento en establecimientos penitenciarios en dos aspectos: en cantidad ("último recurso") y en tiempo ("el más breve plazo posible"). La regla 19 recoge uno de los principios rectores básicos de la resolución 4 del Sexto Congreso de las Naciones Unidas: un menor delincuente no puede ser encarcelado salvo que no exista otra respuesta adecuada. La regla, por consiguiente, proclama el principio de que, si un menor debe ser confinado en un establecimiento penitenciario, la pérdida de la libertad debe limitarse al menor grado posible, a la vez que se hacen arreglos institucionales especiales para su confinamiento sin perder de vista las diferencias entre los distintos tipos de delincuentes, delitos y establecimientos penitenciarios. En definitiva, deben considerarse preferibles los establecimientos "abiertos" a los "cerrados". Por otra parte, cualquier instalación debe ser de tipo correccional o educativo antes que carcelario. 20. Prevención de demoras innecesarias 20.1 Todos los casos se tramitarán desde el comienzo de manera expedita y sin demoras innecesarias. Comentario La rapidez en la tramitación de los casos de menores es de fundamental importancia. De no ser así, peligrarían cualesquiera efectos positivos que el procedimiento y la resolución pudieran acarrear. Con el transcurso del 164

tiempo, el menor tendrá dificultades intelectuales y sicológicas cada vez mayores, por no decir insuperables, para establecer una relación entre el procedimiento y la resolución, por una parte, y el delito, por otra. 21. Registros 21.1 Los registros de menores delincuentes serán de carácter estrictamente confidencial y no podrán ser consultados por terceros. Sólo tendrán acceso a dichos archivos las personas que participen directamente en la tramitación de un caso en curso, así como otras personas debidamente autorizadas. 21.2 Los registros de menores delincuentes no se utilizarán en procesos de adultos relativos a casos subsiguientes en los que esté implicado el mismo delincuente. Comentario La regla trata de ser una transacción entre intereses contrapuestos en materia de registros y expedientes: los de los servicios de policía, el Ministerio fiscal y otras autoridades por aumentar la vigilancia, y los intereses del delincuente. (Véase también la regla 8.) La expresión "otras personas debidamente autorizadas" suele aplicarse, entre otros, a los investigadores. 22. Necesidad de personal especializado y capacitado 22.1 Para garantizar la adquisición y el mantenimiento de la competencia profesional necesaria a todo el personal que se ocupa de casos de menores, se impartirá enseñanza profesional, cursos de capacitación durante el servicio y cursos de repaso, y se emplearán otros sistemas adecuados de instrucción. 22.2 El personal encargado de administrar la justicia de menores responderá a las diversas características de los menores que entran en contacto con dicho sistema. Se procurará garantizar una representación equitativa de mujeres y de minorías en los organismos de justicia de menores. Comentario Las personas competentes para conocer en estos casos pueden tener orígenes muy diversos (jueces municipales en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y en las regiones en que ha tenido influencia el sistema jurídico de ese país; jueces con formación jurídica en los países que siguen el derecho romano y en las regiones de su influencia; personas con 165

formación jurídica o sin ella designadas por elección o por nombramiento administrativo, miembros de juntas de la comunidad, etc., en otras regiones). Es indispensable que todas estas personas tengan siquiera una formación mínima en materia de derecho, sociología, sicología, criminología y ciencias del comportamiento. Esta es una cuestión a la que se atribuye tanta importancia como a la especialización orgánica y a la independencia de la autoridad competente. Tratándose de trabajadores sociales y de agentes de libertad vigilada, tal vez no sea viable la exigencia de especialización profesional como requisito previo para el desempeño de funciones en el ámbito de la delincuencia juvenil. De modo que la titulación mínima podrá obtenerse mediante la instrucción profesional en el empleo. Las titulaciones profesionales constituyen un elemento fundamental para garantizar la administración imparcial y eficaz de la justicia de menores. Por consiguiente, es necesario mejorar los sistemas de contratación, ascenso y capacitación profesional del personal y dotarlo de los medios necesarios para el desempeño correcto de sus funciones. Para lograr la imparcialidad de la administración de la justicia de menores debe evitarse todo género de discriminación por razones políticas, sociales, sexuales, raciales, religiosas, culturales o de otra índole en la selección, contratación y ascenso del personal encargado de la justicia de menores. Así lo recomendó el Sexto Congreso. Por otra parte, el Sexto Congreso hizo un llamamiento a los Estados Miembros para que garantizaran el tratamiento justo y equitativo de las mujeres como miembros del personal encargado de administrar la justicia penal y recomendó que se adoptaran medidas especiales para contratar, dar capacitación y facilitar el ascenso de personal femenino en la administración de la justicia de menores. Cuarta parte Tratamiento fuera de los establecimientos penitenciarios 23. Ejecución efectiva de la resolución 23.1 Se adoptarán disposiciones adecuadas para la ejecución de las órdenes que dicte la autoridad competente, y que se mencionan en la regla 14.1, por esa misma autoridad o por otra distinta si las circunstancias así lo exigen. 23.2 Dichas disposiciones incluirán la facultad otorgada a la autoridad competente para modificar dichas órdenes periódicamente según estime

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pertinente, a condición de que la modificación se efectúe en consonancia con los principios enunciados en las presentes Reglas. Comentario En los casos de menores, más que en los de adultos, las resoluciones tienden a influir en la vida del menor durante largos períodos de tiempo. De ahí la importancia de que la autoridad competente o un órgano independiente (junta de libertad bajo palabra, autoridad encargada de supervisar la libertad vigilada, institución de bienestar juvenil u otras autoridades) con calificaciones iguales a las de la autoridad competente que conoció del caso originalmente, supervisen la ejecución de la sentencia. La creación del cargo de juez de la ejecución de penas en algunos países obedece a este propósito. La composición, los poderes y las funciones de la autoridad deben ser flexibles; en la regla 23 se describen en general con objeto de facilitar su amplia aceptación. 24. Prestación de asistencia 24.1 Se procurará proporcionar a los menores, en todas las etapas del procedimiento, asistencia en materia de alojamiento, enseñanza o capacitación profesional, empleo o cualquiera otra forma de asistencia, útil y práctica, para facilitar el proceso de rehabilitación. Comentario La consideración fundamental es la promoción del bienestar del menor. Por tanto, la regla 24 subraya la importancia de facilitar instalaciones, servicios y otra asistencia necesaria que redunde en los mejores intereses del menor durante todo el proceso de rehabilitación. 25. Movilización de voluntarios y otros servicios de carácter comunitario 25.1 Se recurrirá a los voluntarios, a las organizaciones de voluntarios, a las instituciones locales y a otros recursos de la comunidad para que contribuyan eficazmente a la rehabilitación del menor en un ambiente comunitario y, en la forma en que ésta sea posible, en el seno de la unidad familiar. Comentario Esta regla refleja la necesidad de que todas las actividades relacionadas con los delincuentes menores estén orientadas a la rehabilitación. La 167

cooperación de la comunidad es indispensable para seguir eficazmente las directrices de la autoridad competente. Los voluntarios y los servicios de carácter voluntario, en particular, resultan una fuente de actividades útiles, en gran medida no utilizada actualmente. En algunos casos, la cooperación de antiguos delincuentes (incluidos antiguos toxicómanos) puede ser extremadamente valiosa. La regla 25 deriva de los principios estipulados en las reglas 1.1 a 1.6 y sigue las disposiciones pertinentes del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Quinta parte Tratamiento en establecimientos penitenciarios 26. Objetivos del tratamiento en establecimientos penitenciarios 26.1 La capacitación y el tratamiento de menores confinados en establecimientos penitenciarios tienen por objeto garantizar su cuidado y protección, así como su educación y formación profesional para permitirles que desempeñen un papel constructivo y productivo en la sociedad. 26.2 Los menores confinados en establecimientos penitenciarios recibirán los cuidados, la protección y toda la asistencia necesaria -- social, educacional, profesional, sicológica, médica y física -- que puedan requerir debido a su edad, sexo y personalidad y en interés de su desarrollo sano. 26.3 Los menores confinados en establecimientos penitenciarios se mantendrán separados de los adultos y estarán detenidos en un establecimiento separado o en una parte separada de un establecimiento en el que también estén encarcelados adultos. 26.4 La delincuente joven confinada en un establecimiento merece especial atención en lo que atañe a sus necesidades y problemas personales. En ningún caso recibirá menos cuidados, protección, asistencia, tratamiento y capacitación que el delincuente joven. Se garantizará su tratamiento equitativo. 26.5 En el interés y bienestar del menor confinado en un establecimiento penitenciario, tendrán derecho de acceso los padres o tutores. 26.6 Se fomentará la cooperación entre los ministerios y los departamentos para dar formación académica o, según proceda, profesional adecuada al menor que se encuentre confinado en un establecimiento penitenciario a fin 168

de garantizar que al salir no se encuentre en desventaja en el plano de la educación. Comentario Los objetivos del tratamiento en establecimientos, tal como se enuncian en las reglas 26.1 y 26.2, serían aceptables para cualquier sistema o cultura. No obstante, dichos objetivos no se han alcanzado en todos los lugares y aún queda mucho por hacer en este sentido. La asistencia médica y sicológica, en particular, es extremadamente importante para los toxicómanos confinados en establecimientos, y para los jóvenes violentos y enfermos mentales. Evitar las influencias negativas ejercidas por delincuentes adultos y proteger el bienestar del menor en un ambiente penitenciario, como se estipula en la regla 26.3, está en armonía con los principios rectores básicos de las Reglas establecidos por el Sexto Congreso en su resolución 4. Esta regla no impedirá a los Estados tomar otras medidas contra la influencia negativa de los delincuentes adultos que sean al menos tan eficaces como las mencionadas en la regla. (Véase también la regla 13.4) La regla 26.4 obedece a que las delincuentes suelen recibir menos atención que los delincuentes, como indicó el Sexto Congreso. En particular, la resolución 9 del Sexto Congreso pide que se dé un tratamiento equitativo a la delincuente en todas las etapas del proceso de justicia penal y que se preste especial atención a sus problemas y necesidades particulares mientras esté confinada. Además, esta regla debería también considerarse teniendo en cuenta la Declaración de Caracas del Sexto Congreso que, entre otras cosas, pide un tratamiento igual en la administración de justicia penal, y la Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. El derecho de acceso (regla 26.5) dimana de las disposiciones de las reglas 7.1, 10.1, 15.2 y 18.2. La cooperación entre ministerios y entre departamentos (regla 26.6) es de particular importancia para mejorar en términos generales la calidad del tratamiento y la capacitación en los establecimientos penitenciarios. 27. Aplicación de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos aprobadas por las Naciones Unidas

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27.1 En principio, las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos y las recomendaciones conexas serán aplicables en la medida pertinente al tratamiento de los menores delincuentes en establecimientos penitenciarios, inclusive los que estén en prisión preventiva. 27.2 Con objeto de satisfacer las diversas necesidades del menor específicas a su edad, sexo y personalidad, se procurará aplicar los principios pertinentes de las mencionadas Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos en toda la medida de lo posible. Comentario Las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos figuran entre los primeros instrumentos de ese tipo promulgados por las Naciones Unidas. En general se reconoce que dichas Reglas han tenido consecuencias a escala mundial. Pese a que hay países en los que su aplicación es más una aspiración que una realidad, esas Reglas siguen ejerciendo una importante influencia en la administración humanitaria y equitativa de los establecimientos correccionales. Algunos principios fundamentales relativos a los menores delincuentes en establecimientos penitenciarios están recogidos ya en las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos (cuartos destinados al alojamiento, características arquitectónicas de los locales, camas, ropas, quejas y peticiones, contactos con el mundo exterior, alimentación, atención médica, servicios religiosos, separación por edades, personal, trabajo, etc.), así como los relativos a las medidas punitivas, disciplinarias y de coerción aplicables a los delincuentes peligrosos. Sería inoportuno modificar dichas Reglas mínimas en función de las características especiales que han de tener los establecimientos penitenciarios de menores dentro del ámbito de las presentes Reglas mínimas para la administración de la justicia de menores. La regla 27 se centra en los requisitos necesarios aplicables a un menor confinado en un establecimiento penitenciario (regla 27.1), así como en las diversas necesidades específicas a su edad, sexo y personalidad (regla 27.2). Por consiguiente, los objetivos y el contenido de la regla están relacionados con las disposiciones pertinentes de las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos. 28. Frecuente y pronta concesión de la libertad condicional 28.1 La autoridad pertinente recurrirá en la mayor medida posible a la libertad condicional y la concederá tan pronto como sea posible.

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28.2 Los menores en libertad condicional recibirán asistencia del correspondiente funcionario a cuya supervisión estarán sujetos, y el pleno apoyo de la comunidad. Comentario La facultad para conceder la libertad condicional puede conferirse a la autoridad que se menciona en la regla 14.1 o a una autoridad distinta. De ahí que en el presente caso proceda hablar de "correspondiente" y no de autoridad "competente". Cuando las circunstancias lo permitan, se deberá optar por conceder la libertad condicional en lugar de dejar que el menor cumpla toda la pena. Cuando se tengan pruebas de un progreso satisfactorio hacia la rehabilitación, siempre que sea posible podrá concederse la libertad condicional, incluso a delincuentes que se consideraron peligrosos en el momento de su confinamiento en un establecimiento penitenciario. Al igual que la libertad vigilada, la libertad condicional podrá supeditarse al cumplimiento satisfactorio de los requisitos especificados por las autoridades pertinentes durante un período de tiempo estipulado en la orden, por ejemplo, el relativo al "buen comportamiento" del delincuente, la participación en programas comunitarios, su residencia en establecimientos de transición, etc. Cuando se conceda la libertad condicional a un delincuente se deberá designar a un agente de libertad vigilada o a otro funcionario para que supervise su comportamiento y le preste asistencia (en particular si aún no se ha implantado el régimen de libertad vigilada), y estimular el apoyo de la comunidad. 29. Sistemas intermedios 29.1 Se procurará establecer sistemas intermedios como establecimientos de transición, hogares educativos, centros de capacitación diurnos y otros sistemas pertinentes que puedan facilitar la adecuada reintegración de los menores a la sociedad. Comentario No hace falta subrayar la importancia de la asistencia postcarcelaria. La presente regla hace hincapié en la necesidad de establecer una red de mecanismos intermedios.

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Esta regla recalca también la necesidad de una gama de instalaciones y servicios destinados a satisfacer las necesidades del joven delincuente que vuelve a la comunidad y a facilitar asesoramiento y apoyo estructural como un paso importante hacia la buena reintegración en la sociedad. Sexta parte Investigación, planificación y formulación y evaluación de políticas 30. La investigación como base de la planificación y de la formulación y la evaluación de políticas 30.1 Se procurará organizar y fomentar las investigaciones necesarias como base para una planificación y una formulación de políticas que sean efectivas. 30.2 Se procurará revisar y evaluar periódicamente las tendencias, los problemas y las causas de la delincuencia y criminalidad de menores, así como las diversas necesidades particulares del menor en custodia. 30.3 Se procurará establecer con carácter regular un mecanismo de evaluación e investigación en el sistema de administración de justicia de menores y recopilar y analizar los datos y la información pertinentes con miras a la debida evaluación y perfeccionamiento ulterior de dicho sistema. 30.4 La prestación de servicios en la administración de justicia de menores se preparará y ejecutará de modo sistemático como parte integrante de los esfuerzos de desarrollo nacional. Comentario La utilización de la investigación como base de una política racional de justicia de menores se ha reconocido ampliamente que constituye un importante mecanismo para lograr que las medidas prácticas tengan en cuenta la evolución y el mejoramiento continuos del sistema de justicia de menores. En la esfera de la delincuencia de menores es especialmente importante la influencia recíproca entre la investigación y las políticas. Debido a los cambios rápidos y a menudo espectaculares del estilo de vida de la juventud y de las formas y dimensiones de la criminalidad de menores, la respuesta de la sociedad y la justicia a la criminalidad y a la delincuencia de menores pronto quedan anticuadas e inadecuadas. Por consiguiente, la regla 30 establece criterios para integrar la investigación en el proceso de formulación y aplicación de políticas en la administración 172

de justicia de menores. La regla subraya en particular la necesidad de una revisión y evaluación regulares de los actuales programas y medidas y de una planificación en el contexto más amplio de los objetivos globales de desarrollo. La evaluación constante de las necesidades del menor, así como de las tendencias y problemas de la delincuencia, es un requisito previo para perfeccionar los métodos de formulación de políticas adecuadas y establecer intervenciones apropiadas estructuradas y no estructuradas. En este contexto, la investigación por personas y órganos independientes debería recibir el respaldo de agencias competentes, y para ello podrá ser útil recabar y tener en cuenta las opiniones del propio menor, no sólo de aquellos que están en contacto con el sistema. El proceso de planificación debe subrayar en particular un sistema más eficaz y equitativo de suministro de los servicios necesarios. Para ello debería efectuarse una evaluación detallada y regular de la amplia gama de necesidades y problemas particulares del menor y una determinación precisa de las prioridades. A este respecto, debería también coordinarse el empleo de los recursos existentes, en particular las medidas sustitutorias y el apoyo de la comunidad que servirían para elaborar determinados procedimientos encaminados a aplicar y supervisar los programas establecidos.

. Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia juvenil (Directrices de Riad) Adoptadas y proclamadas por la Asamblea General en su resolución 45/112, de 14 de diciembre de 1990 I. Principios fundamentales 1. La prevención de la delincuencia juvenil es parte esencial de la prevención del delito en la sociedad. Si los jóvenes se dedican a actividades lícitas y socialmente útiles, se orientan hacia la sociedad y enfocan la vida con criterio humanista, pueden adquirir actitudes no criminógenas.

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2. Para poder prevenir eficazmente la delincuencia juvenil es necesario que toda la sociedad procure un desarrollo armonioso de los adolescentes, y respete y cultive su personalidad a partir de la primera infancia. 3. A los efectos de la interpretación de las presentes Directrices, se debe centrar la atención en el niño. Los jóvenes deben desempeñar una función activa y participativa en la sociedad y no deben ser considerados meros objetos de socialización o control. 4. En la aplicación de las presentes Directrices y de conformidad con los ordenamientos jurídicos nacionales, los programas preventivos deben centrarse en el bienestar de los jóvenes desde su primera infancia. 5. Deberá reconocerse la necesidad y la importancia de aplicar una política progresista de prevención de la delincuencia, así como de estudiar sistemáticamente y elaborar medidas pertinentes que eviten criminalizar y penalizar al niño por una conducta que no causa graves perjuicios a su desarrollo ni perjudica a los demás. La política y las medidas de esa índole deberán incluir: a) La creación de oportunidades, en particular educativas, para atender a las diversas necesidades de los jóvenes y servir de marco de apoyo para velar por el desarrollo personal de todos los jóvenes, en particular de aquellos que están patentemente en peligro o en situación de riesgo social y necesitan cuidado y protección especiales; b) La formulación de doctrinas y criterios especializados para la prevención de la delincuencia, basados en las leyes, los procesos, las instituciones, las instalaciones y una red de servicios, cuya finalidad sea reducir los motivos, la necesidad y las oportunidades de comisión de las infracciones o las condiciones que las propicien; c) Una intervención oficial que se guíe por la justicia y la equidad, y cuya finalidad primordial sea velar por el interés general de los jóvenes; d) La protección del bienestar, el desarrollo, los derechos y los intereses de todos los jóvenes; e) El reconocimiento del hecho de que el comportamiento o la conducta de los jóvenes que no se ajustan a los valores y normas generales de la sociedad son con frecuencia parte del proceso de maduración y crecimiento y tienden a desaparecer espontáneamente en la mayoría de las personas cuando llegan a la edad adulta;

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f) La conciencia de que, según la opinión predominante de los expertos, calificar a un joven de "extraviado", "delincuente" o "predelincuente" a menudo contribuye a que los jóvenes desarrollen pautas permanentes de comportamiento indeseable. 6. Deben crearse servicios y programas con base en la comunidad para la prevención de la delincuencia juvenil, sobre todo si no se han establecido todavía organismos oficiales. Sólo en última instancia ha de recurrirse a organismos oficiales de control social. II. Alcance de las Directrices 7. Las presentes Directrices deberán interpretarse y aplicarse en el marco general de la Declaración Universal de Derechos Humanos5, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales33, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos33, la Declaración de los Derechos del Niño85, y la Convención sobre los Derechos del Niño52, y en el contexto de las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores (Reglas de Beijing)82, así como de otros instrumentos y normas relativos a los derechos, los intereses y el bienestar de todos los menores y jóvenes. 8. Las presentes Directrices deberán igualmente aplicarse en el contexto de las condiciones económicas, sociales y culturales imperantes en cada uno de los Estados Miembros. III. Prevención general 9. Deberán formularse en todos los niveles del gobierno planes generales de prevención que, entre otras cosas, comprendan: a) Análisis a fondo del problema y reseñas de programas y servicios, facilidades y recursos disponibles; b) Funciones bien definidas de los organismos, instituciones y personal competentes que se ocupan de actividades preventivas; c) Mecanismos para la coordinación adecuada de las actividades de prevención entre los organismos gubernamentales y no gubernamentales; d) Políticas, estrategias y programas basados en estudios de pronósticos que sean objeto de vigilancia permanente y evaluación cuidadosa en el curso de su aplicación;

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e) Métodos para disminuir eficazmente las oportunidades de cometer actos de delincuencia juvenil; f) Participación de la comunidad mediante una amplia gama de servicios y programas; g) Estrecha cooperación interdisciplinaria entre los gobiernos nacionales, estatales, provinciales y municipales, con la participación del sector privado, de ciudadanos representativos de la comunidad interesada y de organismos laborales, de cuidado del niño, de educación sanitaria, sociales, judiciales y de los servicios de aplicación de la ley en la adopción de medidas coordinadas para prevenir la delincuencia juvenil y los delitos de los jóvenes. h) Participación de los jóvenes en las políticas y en los procesos de prevención de la delincuencia juvenil, incluida la utilización de los recursos comunitarios, y la aplicación de programas de autoayuda juvenil y de indemnización y asistencia a las víctimas; i) Personal especializado en todos los niveles. IV. Procesos de socialización 10. Deberá prestarse especial atención a las políticas de prevención que favorezcan la socialización e integración eficaces de todos los niños y jóvenes, en particular por conducto de la familia, la comunidad, los grupos de jóvenes que se encuentran en condiciones similares, la escuela, la formación profesional y el medio laboral, así como mediante la acción de organizaciones voluntarias. Se deberá respetar debidamente el desarrollo personal de los niños y jóvenes y aceptarlos, en pie de igualdad, como copartícipes en los procesos de socialización e integración. A. La familia 11. Toda sociedad deberá asignar elevada prioridad a las necesidades y el bienestar de la familia y de todos sus miembros. 12. Dado que la familia es la unidad central encargada de la integración social primaria del niño, los gobiernos y la sociedad deben tratar de preservar la integridad de la familia, incluida la familia extensa. La sociedad tiene la obligación de ayudar a la familia a cuidar y proteger al niño y asegurar su bienestar físico y mental. Deberán prestarse servicios apropiados, inclusive de guarderías.

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13. Los gobiernos deberán adoptar una política que permita a los niños criarse en un ambiente familiar de estabilidad y bienestar. Deberán facilitarse servicios adecuados a las familias que necesiten asistencia para resolver situaciones de inestabilidad o conflicto. 14. Cuando no exista un ambiente familiar de estabilidad y bienestar, los intentos de la comunidad por ayudar a los padres en este aspecto hayan fracasado y la familia extensa no pueda ya cumplir esta función, se deberá recurrir a otras posibles modalidades de colocación familiar, entre ellas los hogares de guarda y la adopción, que en la medida de lo posible deberán reproducir un ambiente familiar de estabilidad y bienestar y, al mismo tiempo, crear en los niños un sentimiento de permanencia, para evitar los problemas relacionados con el "desplazamiento" de un lugar a otro. 15. Deberá prestarse especial atención a los niños de familias afectadas por problemas creados por cambios económicos, sociales y culturales rápidos y desiguales, en especial a los niños de familias indígenas o de inmigrantes y refugiados. Como tales cambios pueden perturbar la capacidad social de la familia para asegurar la educación y crianza tradicionales de los hijos, a menudo como resultado de conflictos culturales o relacionados con el papel del padre o de la madre, será necesario elaborar modalidades innovadoras y socialmente constructivas para la socialización de los niños. 16. Se deberán adoptar medidas y elaborar programas para dar a las familias la oportunidad de aprender las funciones y obligaciones de los padres en relación con el desarrollo y el cuidado de sus hijos, para lo cual se fomentarán relaciones positivas entre padres e hijos, se hará que los padres cobren conciencia de los problemas de los niños y los jóvenes y se fomentará la participación de los jóvenes en las actividades familiares y comunitarias. 17. Los gobiernos deberán adoptar medidas para fomentar la unión y la armonía en la familia y desalentar la separación de los hijos de sus padres, salvo cuando circunstancias que afecten al bienestar y al futuro de los hijos no dejen otra opción viable. 18. Es importante insistir en la función socializadora de la familia y de la familia extensa; es igualmente importante reconocer el papel futuro, las responsabilidades, la participación y la colaboración de los jóvenes en la sociedad. 19. Al garantizar el derecho de los niños a una socialización adecuada, los gobiernos y otras instituciones deben basarse en los organismos sociales y jurídicos existentes pero, cuando las instituciones y costumbres

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tradicionales resulten insuficientes, deberán también prever y permitir medidas innovadoras. B. La educación 20. Los gobiernos tienen la obligación de dar a todos los jóvenes acceso a la enseñanza pública. 21. Los sistemas de educación, además de sus posibilidades de formación académica y profesional, deberán dedicar especial atención a: a) Enseñar los valores fundamentales y fomentar el respeto de la identidad propia y de las características culturales del niño, de los valores sociales del país en que vive el niño, de las civilizaciones diferentes de la suya y de los derechos humanos y libertades fundamentales; b) Fomentar y desarrollar en todo lo posible la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física de los jóvenes; c) Lograr que los jóvenes participen activa y eficazmente en el proceso educativo en lugar de ser meros objetos pasivos de dicho proceso; d) Desarrollar actividades que fomenten un sentimiento de identidad y pertenencia a la escuela y la comunidad; e) Alentar a los jóvenes a comprender y respetar opiniones y puntos de vista diversos, así como las diferencias culturales y de otra índole; f) Suministrar información y orientación en lo que se refiere a la formación profesional, las oportunidades de empleo y posibilidades de carrera; g) Proporcionar apoyo emocional positivo a los jóvenes y evitar el maltrato psicológico; h) Evitar las medidas disciplinarias severas, en particular los castigos corporales. 22. Los sistemas de educación deberán tratar de trabajar en cooperación con los padres, las organizaciones comunitarias y los organismos que se ocupan de las actividades de los jóvenes. 23. Deberá darse información a los jóvenes y a sus familias sobre la ley y sus derechos y obligaciones con respecto a la ley, así como sobre el sistema de valores universales, incluidos los instrumentos de las Naciones Unidas. 178

24. Los sistemas de educación deberán cuidar y atender de manera especial a los jóvenes que se encuentren en situación de riesgo social. Deberán prepararse y utilizarse plenamente programas de prevención y materiales didácticos, planes de estudios, criterios e instrumentos especializados. 25. Deberá prestarse especial atención a la adopción de políticas y estrategias generales de prevención del uso indebido, por los jóvenes, del alcohol, las drogas y otras sustancias. Deberá darse formación y dotarse de medios a maestros y otros profesionales a fin de prevenir y resolver estos problemas. Deberá darse a los estudiantes información sobre el empleo y el uso indebido de drogas, incluido el alcohol. 26. Las escuelas deberán servir de centros de información y consulta para prestar atención médica, asesoramiento y otros servicios a los jóvenes, sobre todo a los que están especialmente necesitados y son objeto de malos tratos, abandono, victimización y explotación. 27. Se aplicarán diversos programas educativos para lograr que los maestros, otros adultos y los estudiantes comprendan los problemas, necesidades y preocupaciones de los jóvenes, especialmente de aquellos que pertenecen a grupos más necesitados, menos favorecidos, a grupos de bajos ingresos y a minorías étnicas u otros grupos minoritarios. 28. Los sistemas escolares deberán tratar de alcanzar y promover los niveles profesionales y educativos más elevados en lo que respecta a programas de estudio, métodos y criterios didácticos y de aprendizaje, contratación y formación de personal docente capacitado. Deberá practicarse una supervisión y evaluación regulares de los resultados, tarea que se encomendará a las organizaciones profesionales y a los órganos competentes. 29. En cooperación con grupos de la comunidad, los sistemas educativos deberán planificar, organizar y desarrollar actividades extracurriculares que sean de interés para los jóvenes. 30. Deberá prestarse ayuda especial a niños y jóvenes que tengan dificultades para cumplir las normas de asistencia, así como a los que abandonan los estudios. 31. Las escuelas deberán fomentar la adopción de políticas y normas equitativas y justas, y los estudiantes estarán representados en los órganos encargados de formular la política escolar, incluida la política disciplinaria, y participarán en la adopción de decisiones.

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C. La comunidad 32. Deberán establecerse servicios y programas de carácter comunitario, o fortalecerse los ya existentes, que respondan a las necesidades, problemas, intereses e inquietudes especiales de los jóvenes y ofrezcan, a ellos y a sus familias, asesoramiento y orientación adecuados. 33. Las comunidades deberán adoptar o reforzar una amplia gama de medidas de apoyo comunitario a los jóvenes, incluido el establecimiento de centros de desarrollo comunitario, instalaciones y servicios de recreo, a fin de hacer frente a los problemas especiales de los menores expuestos a riesgo social. Esta forma de ayuda deberá prestarse respetando los derechos individuales. 34. Deberán establecerse servicios especiales para brindar alojamiento adecuado a los jóvenes que no puedan seguir viviendo en sus hogares o que carezcan de hogar. 35. Se organizarán diversos servicios y sistemas de ayuda para hacer frente a las dificultades que experimentan los jóvenes al pasar a la edad adulta. Entre estos servicios deberán figurar programas especiales para los jóvenes toxicómanos en los que se dé máxima importancia a los cuidados, el asesoramiento, la asistencia y a las medidas de carácter terapéutico. 36. Los gobiernos y otras instituciones deberán dar apoyo financiero y de otra índole a las organizaciones voluntarias que prestan servicios a los jóvenes. 37. En el plano local deberán crearse o reforzarse organizaciones juveniles que participen plenamente en la gestión de los asuntos comunitarios. Estas organizaciones deberán alentar a los jóvenes a organizar proyectos colectivos y voluntarios, en particular proyectos cuya finalidad sea prestar ayuda a los jóvenes que la necesiten. 38. Los organismos gubernamentales deberán asumir especialmente la responsabilidad del cuidado de los niños sin hogar o los niños de la calle y de proporcionarles los servicios que necesiten. Deberá hacerse fácilmente accesible a los jóvenes la información acerca de servicios locales, alojamiento, empleo y otras formas y fuentes de ayuda. 39. Deberá organizarse una gran variedad de instalaciones y servicios recreativos de especial interés para los jóvenes, a los que éstos tengan fácil acceso.

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D. Los medios de comunicación 40. Deberá alentarse a los medios de comunicación a que garanticen que los jóvenes tengan acceso a información y material procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales. 41. Deberá alentarse a los medios de comunicación a que den a conocer la contribución positiva de los jóvenes a la sociedad. 42. Deberá alentarse a los medios de comunicación a que difundan información relativa a la existencia en la sociedad de servicios, instalaciones y oportunidades destinados a los jóvenes. 43. Deberá instarse a los medios de comunicación en general, y a la televisión y al cine en particular, a que reduzcan al mínimo el nivel de pornografía, drogadicción y violencia en sus mensajes y den una imagen desfavorable de la violencia y la explotación, eviten presentaciones degradantes especialmente de los niños, de la mujer y de las relaciones interpersonales y fomenten los principios y modelos de carácter igualitario. 44. Los medios de comunicación deberán percatarse de la importancia de su función y su responsabilidad sociales, así como de su influencia en las comunicaciones relacionadas con el uso indebido de drogas y alcohol entre los jóvenes. Deberán utilizar su poder para prevenir el uso indebido de drogas mediante mensajes coherentes con un criterio equilibrado. Deberán fomentar campañas eficaces de lucha contra las drogas en todos los niveles. V. Política social 45. Los organismos gubernamentales deberán asignar elevada prioridad a los planes y programas dedicados a los jóvenes y suministrar suficientes fondos y recursos de otro tipo para prestar servicios eficaces, proporcionar las instalaciones y el personal para brindar servicios adecuados de atención médica, salud mental, nutrición, vivienda y otros servicios necesarios, en particular de prevención y tratamiento del uso indebido de drogas y alcohol, y cerciorarse de que esos recursos lleguen a los jóvenes y redunden realmente en beneficio de ellos. 46. Sólo deberá recluirse a los jóvenes en instituciones como último recurso y por el período mínimo necesario, y deberá darse máxima importancia a los propios intereses del joven. Los criterios para autorizar una intervención oficial de esta índole deberán definirse estrictamente y limitarse a las situaciones siguientes: a) cuando el niño o joven haya sufrido lesiones físicas causadas por los padres o tutores; b) cuando el niño o joven haya sido 181

víctima de malos tratos sexuales, físicos o emocionales por parte de los padres o tutores; c) cuando el niño o joven haya sido descuidado, abandonado o explotado por los padres o tutores; d) cuando el niño o joven se vea amenazado por un peligro físico o moral debido al comportamiento de los padres o tutores; y e) cuando se haya manifestado en el propio comportamiento del niño o del joven un grave peligro físico o psicológico para el niño o el joven mismo y ni los padres o tutores, ni el propio joven ni los servicios comunitarios no residenciales puedan hacer frente a dicho peligro por otro medio que no sea la reclusión en una institución. 47. Los organismos gubernamentales deberán dar a los jóvenes oportunidad de continuar su educación a jornada completa, financiada por el Estado cuando los padres o tutores no los puedan mantener, y de adquirir experiencia profesional. 48. Los programas de prevención de la delincuencia deberán planificarse y ejecutarse sobre la base de conclusiones fiables que sean resultado de una investigación científica, y periódicamente deberán ser supervisados, evaluados y readaptados en consonancia con esas conclusiones. 49. Deberá difundirse entre la comunidad profesional y el público en general información científica acerca del tipo de comportamiento o de situación que pueda resultar en la victimización de los jóvenes, en daños y malos tratos físicos y sicológicos contra ellos o en su explotación. 50. La participación en todos los planes y programas deberá ser, en general, voluntaria. Los propios jóvenes deberán intervenir en su formulación, desarrollo y ejecución. 51. Los gobiernos deberán comenzar a estudiar o seguir estudiando, formulando y aplicando políticas, medidas y estrategias dentro y fuera del sistema de justicia penal para prevenir la violencia en el hogar contra los jóvenes o que los afecte, y garantizar un trato justo a las víctimas de ese tipo de violencia. VI. Legislación y administración de la justicia de menores 52. Los gobiernos deberán promulgar y aplicar leyes y procedimientos especiales para fomentar y proteger los derechos y el bienestar de todos los jóvenes. 53. Deberán promulgarse y aplicarse leyes que prohíban la victimización, los malos tratos y la explotación de los niños y jóvenes, así como su utilización para actividades delictivas. 182

54. Ningún niño o joven deberá ser objeto de medidas de corrección o castigo severos o degradantes en el hogar, en la escuela ni en ninguna otra institución. 55. Deberán aprobarse y aplicarse leyes para limitar y controlar el acceso de los niños y jóvenes a las armas de cualquier tipo. 56. A fin de impedir que prosiga la estigmatización, victimización y criminalización de los jóvenes, deberán promulgarse leyes que garanticen que ningún acto que no sea considerado delito ni sea sancionado cuando lo comete un adulto se considere delito ni sea objeto de sanción cuando es cometido por un joven. 57. Debería considerarse la posibilidad de establecer un puesto de mediador o un órgano análogo independiente para los jóvenes que garantice el respeto de su condición jurídica, sus derechos y sus intereses, así como la posibilidad de remitir los casos a los servicios disponibles. El mediador u otro órgano designado supervisaría además la aplicación de las Directrices de Riad, las Reglas de Beijing y las Reglas para la protección de los menores privados de libertad. El mediador u otro órgano publicaría periódicamente un informe sobre los progresos alcanzados y las dificultades encontradas en el proceso de aplicación. Se deberían establecer también servicios de defensa jurídica del niño. 58. Deberá capacitarse personal de ambos sexos encargado de hacer cumplir la ley y de otras funciones pertinentes para que pueda atender a las necesidades especiales de los jóvenes; ese personal deberá estar al corriente de los programas y posibilidades de remisión a otros servicios, y recurrir a ellos en la medida de lo posible con el fin de sustraer a los jóvenes al sistema de justicia penal. 59. Deberán promulgarse y aplicarse estrictamente leyes para proteger a los niños y a los jóvenes del uso indebido de drogas y de los traficantes de droga. VII. Investigación, formulación de normas y coordinación 60. Se procurará fomentar la interacción y coordinación, con carácter multidisciplinario e intradisciplinario, de los organismos y servicios económicos, sociales, educativos y de salud con el sistema de justicia, los organismos dedicados a los jóvenes, a la comunidad y al desarrollo y otras instituciones pertinentes, y deberán establecerse los mecanismos apropiados a tal efecto.

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61. Deberá intensificarse, en los planos nacional, regional e internacional, el intercambio de información, experiencia y conocimientos técnicos obtenidos gracias a los proyectos, programas, prácticas e iniciativas relacionadas con la delincuencia juvenil, la prevención de la delincuencia y la justicia de menores. 62. Deberá promoverse e intensificarse la cooperación regional e internacional en asuntos relativos a la delincuencia juvenil, la prevención de la delincuencia juvenil y la justicia de menores, con la participación de profesionales, expertos y autoridades. 63. Todos los gobiernos, el sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones interesadas deberán apoyar firmemente la cooperación técnica y científica en asuntos prácticos relacionados con la formulación de normas, en particular en los proyectos experimentales, de capacitación y demostración, sobre cuestiones concretas relativas a la prevención de la delincuencia juvenil y de delitos cometidos por jóvenes. 64. Deberá alentarse la colaboración en las actividades de investigación científica sobre las modalidades eficaces de prevención de la delincuencia juvenil y de los delitos cometidos por jóvenes y difundirse ampliamente y evaluarse sus conclusiones. 65. Los órganos, institutos, organismos y oficinas competentes de las Naciones Unidas deberán mantener una estrecha colaboración y coordinación en distintas cuestiones relacionadas con los niños, la justicia de menores y la prevención de la delincuencia juvenil y de los delitos cometidos por jóvenes. 66. Sobre la base de las presentes Directrices, la Secretaría de las Naciones Unidas, en cooperación con las instituciones interesadas, deberá desempeñar un papel activo de la investigación, colaboración científica, formulación de opciones de política, y en el examen y supervisión de su aplicación, y servir de fuente de información fidedigna acerca de modalidades eficaces para la prevención de la delincuencia.

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