“Sí mismo como otro”

La obra Sí mismo como otro, de Paul Ricœur, propone una ontología que trata de saber qué tipo de ser es el sí. Este fenómeno aparece en el análisis a través de cuatro niveles. Se manifiesta como ipse en lo lingüístico, práxico, narrativo y ético.

Manifestándose como ipseidad, le corresponde una ontología del acto y potencia. Es una identidad dinámica que se opone a la mismidad [estática]. Sin embargo esta identidad dinámica no se entiende sin la alteridad, sin el otro.

Para dar cuenta de ello Ricœur recurre a los “grandes géneros”: las metacategorías de lo mismo y lo otro. Lo otro se expresa en la pasividad del ipse, que se manifiesta en el sí actuante y sufriente, agente y paciente.

El tipo de certeza aquí es la atestación, apropiado para esta ontología. Esta es una especie de seguridad y confianza, es un “yo creo en”. Pero no es subjetivista, ya que la verdad se inscribe en atestacióntestigo, de modo que es distinta de la verificación. Así que la atestación “no tiene la garantía de hipercerteza de un saber teórico autofundante”. Por esa vulnerabilidad queda a igual distancia del cogito exaltado y del cogito derrotado.

El cogito cartesiano es aporético:

o es autofuntamento [Kant,

Fichte, Husserl] o el fundamento es lo divino [Malebranche, Spinoza]. Por otro lado, Nietzsche critica al cogito por ser una ilusión. Esto es así, pues el lenguaje – vehículo de la filosofía – siempre es metafórico y las verdades son ilusiones, por ello, el cogito es una verdad ilusoria.

Entre estas posiciones se coloca la filosofía reflexiva de Paul Ricœur, con la confianza-creencia en la atestación, que es el vector de la vehemencia ontológica: la atestación tiene una intención ontológica que atraviesa el aparecer del fenómeno si.

El trabajo se desarrolla a partir del rodeo hermenéuticofenomenológico por la filosofía analítica, aquí se van descubriendo

enganches con el “sí mismo”: “la persona y el yo-locutor; la tercera persona y el quién de la acción; el personaje; finalmente, en el nivel ético, el sí de la imputación moral”. De modo que la aportación sobre el sí va aumentando de un nivel pobre a un nivel[1]más rico a medida que avanzan los análisis.

Nueva determinación del sí
Los estudios (primero a sexto) sobre la lingüística, la práxis y la narración habían contribuido a la determinación del sí. Sin embargo la última parte de Sí mismo como otro (estudios séptimo, octavo y noveno) en el que se hace un recorrido por la dialéctica del sí y del otro mediante la dialéctica de ética y moral, determinación del sí. 1. El sí y la imputabilidad A partir de bueno y obligatorio, términos que concretan la ética y la moral, a la primera problemática del quién en el qué, por qué y cómo, que analiza las estructuras de la acción y del relato, se responde con la imputabilidad, término que señala la correlación entre la “estimación de los fines de la acción” y la “estima de un sí capaz de jerarquizar sus preferencias y de actuar con conocimiento de causa”. Así Ricoeur define la imputabilidad como “la adscripción de la acción a su agente, bajo la condición de los predicados éticos y morales que califican la acción como buena, justa, conforme al deber, hecha por deber, y finalmente, como más sensata en el caso de situaciones de conflicto”[2]. Imputar, propone una nueva

en todo caso, sería atribuir una acción a alguien, en cuanto susceptible de ser juzgado culpable/no culpable. 2. El sí y la responsabilidad En la segunda problemática general se trata de la relación conflictual entre mismidad e ipseidad, dos formas de abordar la identidad en el tiempo. Ahora lo que permite abordar la relación entre tiempo e identidad es la responsabilidad, que es el componente de la identidad que tiene relación con el tiempo, bajo la guisa de la permanencia en el tiempo, afirma Ricoeur. 2.1. La identidad y el futuro Sin embargo, la relación entre temporalidad y responsabilidad se ve mejor desde el punto de vista del futuro, en donde la responsabilidad implica asumir las consecuencias de nuestros actos, o sea considerar ciertos acontecimientos futuros como representantes de sí mismo. Esto en el plano jurídico tiene una doble prioridad: en derecho civil en

relación con la obligación de reparar los daños que se ha causado por su culpa y en derecho penal, con la obligación de asumir el castigo. También se vincula al plano moral, en cuanto que la responsabilidad tiene en cuenta las consecuencias de largo alcance de las decisiones del poder público y también de los ciudadanos en la época de la técnica. Es un imperativo categórico revolucionario en la que puede existir una culpabilidad sin ejecución. 2.2. La identidad y el pasado En la noción de responsabilidad también está el pasado, en el sentido de deuda, o sea el pasado que asumimos sin que sea enteramente obra nuestra, de modo que ser responsables es “reconocer su propio ser en deuda respecto a quien ha hecho que uno sea lo que es”[3]. 2.3. La identidad y el presente

En cuanto al presente, sentirse responsable ahora es “ aceptar ser considerado como el mismo que el que actuó ayer y actuará mañana”[4], el mantenimiento de sí, sólo es asumido por un sujeto moral que pide ser considerado como el mismo y no ese otro en que parece haberse convertido, según los puzzling cases. La identidad entonces no es “cualquier persistencia empírica”, sino la clave del fenómeno en el que imputar es “cargar a cuenta de”, que es la responsabilidad de las consecuencias y de responsabilidad de la deuda recapitulados en el presente. 3. El sí y el reconocimiento En la tercera problemática general donde se trata la dialéctica del sí mismo y del otro Ricoeur escoge el término reconocimiento, que es una “estructura del sí que se refleja en el movimiento que lleva la estima de sí hacia la solicitud, y a esta hacia la justicia”[5]. La estima de sí es una figura de reconocimiento cuando la reciprocidad en la amistad y la igualdad en la justicia se reflejan en la conciencia de sí mismo. Domingo Ariel Garcete Aguilar http://domingoariel.py.gs Notas [1] Nivel lingüístico: estudios primero y segundo; pragmático: estudios tercero y cuarto; narrativo: quinto y sexto estudios, y ético: estudios siete, ocho y nueve. El estudio diez corresponde a la ontología que propone Ricoeur luego del rodeo hermenéutico del sí. [2] SMO, p. 322 [3] Ib. p. 326 [4] Ib. [5] Ib. p. 327

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