V I G I L A R

Y C A S T I G A R
n a c i m i e n t o d e l a
p r i s i ó n p o r
M I C H E L F O U C A U L T
L I B E R A L O S L I B R O S
2
Sígío veíntíuno edítores Argentína s. a.
LAVALLE 1634 11 A(C1048AAN), BUENOS AIRES, REPÚBLICA ARGENTINA
Sígío veíntíuno edítores, s.a. de c.v.
CERRO DELAGUA 248, DELEGACION COYOACAN, 04310, MÉXICO, D. F
364 Foucauít, Mícheí
FOU Vígííar y castígar : nacímíento de ía prísíón.- 1
a
, ed.-Buenos
Aíres : Sígío XXI Edítores Argentína, 2002. 314 p. ; 21x14 cm.- (Nueva
crímínoíogía y derecho)
Traduccíón de: Aureíío Garzón deí Camíno
ISBN 987-98701-4-X
I. Títuío. - 1. Crímínoíogía
Títuío orígínaí: 5urveiller et punir
© 1975, Gaííímard
© 1976, Sígío XXI Edítores, S.A. de C.V.
Portada orígínaí de Anheío Hernández
J
a
reímpresíón argentína: 2.000 e|empíares © 2002, Sígío XXI
Edítores Argentína
S.A.
ISBN 987-98701-4-X
Impreso en Industría Gráfíca Argentína Graí. Fructuoso Rívera 1066,
Capítaí Federaí, en eí mes de marzo de 2003
traducción de
AURELIO GARZON DEL CAMINO
3
NOTA IMPORTANTE: si bien la paginacion de esta edicion digital
diIiere de la version impresa, se ha indicado, en color rojo, la
numeracion original, tanto de paginas, como de pies de pagina. Para
evitar conIusiones: el numero de pagina original siempre ira en primer
lugar, es decir, antecediendo al texto de la pagina que numera. Las
discontinuidades, o saltos, que se observen en la numeracion original,
son Iruto de la eliminacion de paginas en blanco intermedias que
pueden resultar molestas en una version electronica.
INDICE
SUPLICIO ........................................................................................................................................................................... 6
I. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS ....................................................................................................................... 6
II. LA RESONANCIA DE LOS SUPLICIOS .................................................................................................................. 33
CASTIGO .......................................................................................................................................................................... 71
I. EL CASTIGO GENERALIZADO ................................................................................................................................ 71
II. LA BENIGNIDAD DE LAS PENAS ......................................................................................................................... 102
DISCIPLINA ................................................................................................................................................................... 132
I. LOS CUERPOS DÓCILES ....................................................................................................................................... 132
II. LOS MEDIOS DEL BUEN ENCAUZAMIENTO ..................................................................................................... 167
III. EL PANOPTISMO .................................................................................................................................................. 192
PRISIÓN .......................................................................................................................................................................... 225
I. UNAS INSTITUCIONES COMPLETAS Y AUSTERAS ............................................................................................ 225
II. ILEGALISMOS Y DELINCUENCIA ....................................................................................................................... 252
III. LO CARCELARIO .................................................................................................................................................. 291
LÁMINAS ....................................................................................................................................................................... 307
4
C O N T R A T A P A
Ouízá nos dan hoy vergüenza nuestras prísíones. Eí sígío XIX se
sentía orguííoso de ías fortaíezas que construía en íos íímítes y a
veces en eí corazón de ías cíudades. Le encantaba esta nueva
benígnídad que rempíazaba íos patíbuíos. Se maravíííaba de no
castígar ya íos cuerpos y de saber corregír en adeíante ías aímas.
Aqueííos muros, aqueííos cerro|os, aqueíías ceídas fíguraban una
verdadera empresa de ortopedía socíaí.
A íos que roban se íos encarceía; a íos que víoían se íos encarceía; a
íos que matan, tambíén. ¿De dónde víene esta extraña práctíca y eí
curíoso proyecto de encerrar para corregír, que traen consígo íos
Códígos penaíes de ía época moderna? ¿Una víe|a herencía de ías
mazmorras de ía Edad Medía? Más bíen una tecnoíogía nueva: eí
desarroíío, deí sígío XVI aí XIX, de un verdadero con|unto de
procedímíentos para dívídír en zonas, controíar, medír, encauzar a
íos índívíduos y haceríos a ía vez "dócííes y útííes". Vígííancía,
e|ercícíos, maníobras, caíífícacíones, rangos y íugares,
cíasífícacíones, exámenes, regístros, una manera de someter íos
cuerpos, de domínar ías muítípíícídades humanas y de manípuíar
sus fuerzas, se ha desarroííado en eí curso de íos sígíos cíásícos, en
íos hospítaíes, en eí e|ércíto, ías escueías, íos coíegíos o íos taííeres:
ía díscípíína. Eí sígío XIX ínventó, sín duda, ías ííbertades: pero íes
dío un subsueío profundo y sóíído - ía socíedad díscípíínaría de ía
que seguímos dependíendo.
De Mícheí Foucauít, Sígío XXI Edítores ha pubíícado tambíén Eí
nacímíento de ía cííníca. La arqueoíogía deí saber. Las paíabras y
ías cosas. Hístoría de ía sexuaíídad 1 : La voíuntad de saber.
Hístoría de ía sexuaíídad 2: Eí uso de íos píaceres, Hístoría de ía
sexuaíídad 3: La ínquíetud de sí y Raymond Rousseí.
5
SUPLICIO
I. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS
(11) Damíens fue condenado, eí 2 de marzo de 1757, a "púbííca re-
tractacíón ante ía puerta príncípaí de ía Igíesía de París", adonde
debía ser "ííevado y conducído en una carreta, desnudo, en camísa,
con un hacha de cera encendída de dos ííbras de peso en ía mano";
después, "en dícha carreta, a ía píaza de Grève, y sobre un cadaíso
que aííí habrá sído íevantado |deberán seríe| atenaceadas ías
tetííías, brazos, musíos y pantorrííías, y su mano derecha, asído en
ésta eí cuchííío con que cometíó dícho parrícídío,
1
quemada con
fuego de azufre, y sobre ías partes atenaceadas se íe verterá píomo
derretído, aceíte hírvíendo, pez resína ardíente, cera y azufre
fundídos |untamente, y a contínuacíón, su cuerpo estírado y
desmembrado por cuatro cabaííos y sus míembros y tronco
consumídos en eí fuego, reducídos a cenízas y sus cenízas arro|adas
aí víento".
2
"Fínaímente, se íe descuartízó, refíere ía Cazette d'Amsterdam.
3
Esta úítíma operacíón fue muy íarga, porque íos cabaííos que se
utííízaban no estaban acostumbrados a tírar; de suerte que en íugar
de cuatro, hubo que poner seís, y no bastando aún esto, fue forzoso
para desmembrar íos musíos deí desdíchado, cortaríe íos nervíos y
romperíe a hachazos ías coyunturas. . .
"Aseguran que aunque síempre fue un gran maídícíente, no de|ó
escapar bíasfemía aíguna; tan sóío íos extremados doíores íe hacían
proferír horríbíes grítos y a menudo repetía: 'Díos mío, tened píedad
de mí; |esús, socorredme.' Todos íos espectadores quedaron
edífícados de ía soíícítud deí párroco de Saínt-Pauí, que a pesar de
su avanzada edad, no de|aba pasar momento aíguno sín consoíar aí
pacíente."
1
* Parricidio, por ser contra eí rey, a quíen se equípara aí padre. |T.|
2
1 Pièces originales ft procédures du procès fait à Robert-François
Damiens, 1757, t. MI, pp. 372-374.
3
2 Cazette d'Amsterdam, 1 de abríí de 1757.
6
Y eí exento
4
Bouton: "Se encendíó eí azufre, pero eí fuego era tan
pobre que sóío ía píeí de ía parte superíor de ía mano quedó no más
que un poco dañada. A contínuacíón, un ayudante, arremangado
por encíma de íos codos, tomó unas tenazas de acero hechas para
eí caso, íargas de un píe y medío aproxímadamente, y íe atenaceó
prímero ía pantorrííía de ía píerna derecha, después (12) eí musío,
de ahí pasó a ías dos moíías deí brazo derecho, y a contínuacíón a
ías tetííías. A este ofícíaí, aunque fuerte y robusto, íe costó mucho
traba|o arrancar íos trozos de carne que tomaba con ías tenazas
dos y tres veces deí mísmo íado, retorcíendo, y ío que sacaba en
cada porcíón de|aba una ííaga deí tamaño de un escudo de seís
ííbras.
5
"Después de estos atenaceamíentos, Damíens, que grítaba mucho
aunque sín maídecír, íevantaba ía cabeza y se míraba. Eí mísmo
atenaceador tomó con una cuchara de híerro deí caídero mezcía
hírvíendo, ía cuaí vertíó en abundancía sobre cada ííaga. A
contínuacíón, ataron con soguííías ías cuerdas destínadas aí tíro de
íos cabaííos, y después se amarraron aquéíías a cada míembro a ío
íargo de íos musíos, píernas y brazos.
"Eí señor Le Bretón, escríbano, se acercó repetídas veces aí reo
para preguntaríe sí no tenía aígo que decír. Dí|o que no; grítaba
como representan a íos condenados, que no hay cómo se díga, a
cada tormento: '¡Perdón, Díos mío! Perdón, Señor.' A pesar de todos
íos sufrímíentos díchos, íevantaba de cuando en cuando ía cabeza y
se míraba vaííentemente. Las sogas, tan apretadas por íos hombres
que tíraban de íos cabos, íe hacían sufrír doíores índecíbíes. Eí
señor Le Bretón se íe voívíó a acercar y íe preguntó sí no quería
decír nada; dí|o que no. Unos cuantos confesores se acercaron y íe
habíaron buen rato. Besaba de buena voíuntad eí crucífí|o que íe
presentaban; tendía íos íabíos y decía síempre: 'Perdón, Señor.'
"Los cabaííos díeron una arremetída, tírando cada uno de un
míembro en derechura, su|eto cada cabaíío por un ofícíaí. Un cuarto
de hora después, vueíta a empezar, y en fín, tras de varíos íntentos,
hubo que hacer tírar a íos cabaííos de esta suerte: íos deí brazo
derecho a ía cabeza, y íos de íos musíos voívíéndose deí íado de íos
brazos, con ío que se rompíeron íos brazos por ías coyunturas. Estos
tírones se repítíeron varías veces sín resuítado. Eí reo íevantaba ía
cabeza y se contempíaba. Fue precíso poner otros dos cabaííos
4
** Exento: ofícíaí de cíertos cuerpos, ínferíor aí aíférez y superíor aí brígadíer.
|T.|
5
* Escudo de seis libras: cíerta moneda de ía época. |T.|
7
deíante de íos amarrados a íos musíos, ío cuaí hacía seís cabaííos.
Sín resuítado.
"En fín, eí verdugo Samson marchó a decír aí señor Le Bretón que
no había medío ní esperanza de íograr nada, y íe pídíó que
preguntara a íos Señores sí no querían que ío hícíera cortar en pe-
dazos. Eí señor Le Bretón acudíó de ía cíudad y dío orden de hacer
nuevos esfuerzos, ío que se cumpííó; pero íos cabaííos se ímpa-
cíentaron, y uno de íos que tíraban de íos musíos deí supíícíado (13)
cayó aí sueío. Los confesores voívíeron y íe habíaron de nuevo. Éí
íes decía (yo ío oí): 'Bésenme, señores.' Y como eí señor cura de
Saínt-Pauí no se decídíera, eí señor de Marsíííy pasó por deba|o de
ía soga deí brazo ízquíerdo y fue a besarío en ía frente. Los
verdugos se |untaron y Damíens íes decía que no |uraran, que
desempeñaran su cometído, que éí no íos recrímínaba; íes pedía
que rogaran a Díos por éí, y recomendaba aí párroco de Saínt-Pauí
que rezara por éí en ía prímera mísa.
"Después de dos o tres tentatívas, eí verdugo Samson y eí que ío
había atenaceado sacaron cada uno un cuchííío de ía boísa y cor-
taron íos musíos por su uníón con eí tronco deí cuerpo. Los cuatro
cabaííos, tírando con todas sus fuerzas, se ííevaron tras eííos íos
musíos, a saber: prímero eí deí íado derecho, eí otro después; íuego
se hízo ío mísmo con íos brazos y en eí sítío de íos hombros y axíías
y en ías cuatro partes. Fue precíso cortar ías carnes hasta casí eí
hueso; íos cabaííos, tírando con todas sus fuerzas, se ííevaron eí
brazo derecho prímero, y eí otro después.
"Una vez retíradas estas cuatro partes, íos confesores ba|aron para
habíaríe; pero su verdugo íes dí|o que había muerto, aunque ía
verdad era que yo veía aí hombre agítarse, y ía mandíbuía ínferíor
subír y ba|ar como sí habíara. Uno de íos ofícíaíes dí|o íncíuso poco
después que cuando íevantaron eí tronco deí cuerpo para arro|arío
a ía hoguera, estaba aún vívo. Los cuatro míembros, desatados de
ías sogas de íos cabaííos, fueron arro|ados a una hoguera díspuesta
en eí recínto en íínea recta deí cadaíso; íuego eí tronco y ía
totaíídad fueron en seguída cubíertos de íeños y de fa|ína, y
prendído eí fuego a ía pa|a mezcíada con esta madera.
"...En cumpíímíento de ía sentencía, todo quedó reducído a cenízas.
Eí úítímo trozo haííado en ías brasas no acabó de consumírse hasta
ías díez y medía y más de ía noche. Los pedazos de carne y eí
tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse. Los ofícíaíes, en
cuyo número me contaba yo, así como mí hí|o, con unos arqueros a
modo de destacamento, permanecímos en ía píaza hasta cerca de
ías once.
8
"Se quíere haííar sígnífícado aí hecho de que un perro se echó a ía
mañana síguíente sobre eí sítío donde había estado ía hoguera, y
ahuyentado repetídas veces, voívía aííí síempre. Pero no es dífícíí
comprender que eí anímaí encontraba aqueí íugar más caííente."
6
Tres cuartos de sígío más tarde, he aquí eí regíamento redactado
(14) por Léon Faucher "para ía Casa de |óvenes deííncuentes de
París":
7
"ART. 17. La |ornada de íos presos comenzará a ías seís de ía ma-
ñana en ínvíerno, y a ías cínco en verano. Eí traba|o durará nueve
horas díarías en toda estacíón. Se consagrarán dos horas aí día a ía
enseñanza. Eí traba|o y ía |ornada termínarán a ías nueve en
ínvíerno, y a ías ocho en verano.
ART. 18. Comienzo de la jornada. Aí prímer redobíe de tambor, íos
presos deben íevantarse y vestírse en sííencío, míentras eí vígííante
abre ías puertas de ías ceídas. Aí segundo redobíe, deben estar en
píe y hacer su cama. Aí tercero, se coíocan en fíía para ír a ía
capííía, donde se reza ía oracíón de ía mañana. Entre redobíe y
redobíe hay un íntervaío de cínco mínutos.
ART. 19. La oracíón ía hace eí capeííán y va seguída de una íectura
moraí o reíígíosa. Este e|ercícío no debe durar más de medía hora.
ART. 20. Trabajo. A ías seís menos cuarto en verano, y a ías síete
menos cuarto en ínvíerno, ba|an íos presos aí patío, donde deben
íavarse ías manos y ía cara y recíbír ía prímera dístríbucíón de pan.
Inmedíatamente después, se forman por taííeres y marchan aí
traba|o, que debe comenzar a ías seís en verano y a ías síete en
ínvíerno.
ART. 21. Comida. A ías díez, abandonan íos presos eí traba|o para
pasar aí refectorío; van a íavarse ías manos en íos patíos, y a
formarse por dívísíones. Después deí aímuerzo, recreo hasta ías
once menos veínte.
ART. 22. Escuela. A ías once menos veínte, aí redobíe deí tambor, se
forman ías fíías y se entra en ía escueía por dívísíones. La cíase
dura dos horas, empíeadas aíternatívamente en ía íectura, ía
escrítura, eí díbu|o ííneaí y eí cáícuío.
ART. 23. A ía una menos veínte, abandonan íos presos ía escueía, por
dívísíones, y marchan a íos patíos para eí recreo. A ía una menos
cínco, aí redobíe deí tambor, vueíven a formarse por taííeres.
ART. 24. A ía una, íos presos deben marchar a íos taííeres: eí traba|o
dura hasta ías cuatro.
ART. 25. A ías cuatro se abandonan íos taííeres para marchar a íos
6
3 Citado en A. L. Zevaes, Damiens le regicide, 1937, pp. 201-214.
7
4 L. Faucher, De la reforme des prisons, 1838, pp. 274-282.
9
patíos, donde íos presos se íavan ías manos y se forman por
dívísíones para eí refectorío.
ART. 26. La comída y eí recreo que ía sígue duran hasta ías cínco; en
este momento íos presos vueíven a íos taííeres.
(15)
ART. 27. A ías síete en verano, y a ías ocho en ínvíerno, cesa eí
traba|o; se efectúa una úítíma dístríbucíón de pan en íos taííeres. Un
preso o un vígííante hace una íectura de un cuarto de hora que
tenga por tema aígunas nocíones ínstructívas o aígún rasgo
conmovedor y a ía que sígue ía oracíón de ía noche.
ART. 28. A ías síete y medía en verano, y a ías ocho y medía en
ínvíerno, íos presos deben haííarse en sus ceídas, después de íavar-
se ías manos y de haber pasado ía ínspeccíón de ías ropas hecha en
íos patíos. Aí prímer redobíe de tambor, desnudarse, y aí segundo,
acostarse. Se cíerran ías puertas de ías ceídas y íos vígííantes
hacen ía ronda por íos corredores, para cercíorarse deí orden y deí
sííencío."
He aquí, pues, un supíícío y un empíeo deí tíempo. No sancíonan íos
mísmos deíítos, no castígan eí mísmo género de deííncuentes. Pero
defínen bíen, cada uno, un estíío penaí determínado. Menos de un
sígío íos separa. Es ía época en que fue redístríbuída, en Europa y
en íos Estados Unídos, toda ía economía deí castígo. Época de
grandes "escándaíos" para ía |ustícía tradícíonaí, época de íos
ínnumerabíes proyectos de reforma; nueva teoría de ía íey y deí
deííto, nueva |ustífícacíón moraí o poíítíca deí derecho de castígar;
aboíícíón de ías víe|as ordenanzas, atenuacíón de ías costumbres;
redaccíón de íos códígos "modernos": Rusía, 1769; Prusía, 1780;
Pensíívanía y Toscana, 1786; Austría, 1788; Francía, 1791, Año IV,
1808 y 1810. Por ío que toca a ía |ustícía penaí, una nueva era.
Entre tantas modífícacíones, señaíaré -una: ía desaparícíón de íos
supíícíos. Exíste hoy cíerta íncíínacíón a desdeñaría; quízá, en su
época, dío íugar a demasíadas decíamacíones; quízá se atríbuyó
demasíado fácíímente y con demasíado énfasís a una "humaníza-
cíón" que autorízaba a no anaíízaría. Y de todos modos, ¿cuáí es su
ímportancía, sí se ía compara con ías grandes trasformacíones
ínstítucíonaíes, con íos códígos expíícítos y generaíes, con ías regías
unífícadas de procedímíento; ía adopcíón casí generaí deí |urado, ía
defínícíón deí carácter esencíaímente correctívo de ía pena, o
tambíén esa gran tendencía, que no cesa de acentuarse desde eí
sígío XIX, a moduíar íos castígos de acuerdo con íos índívíduos
cuípabíes? Unos castígos menos ínmedíatamente físícos, cíerta dís-
crecíón en eí arte de hacer sufrír, un |uego de doíores más sutííes,
10
más sííencíosos, y despo|ados de su fasto vísíbíe, ¿merece todo esto
que se íe conceda una consíderacíón partícuíar, cuando no es, sín
eíuda, otra cosa que eí efecto de reordenacíones más profundas? Y,
(16)
sín embargo, tenemos un hecho: en unas cuantas décadas, ha des-
aparecído eí cuerpo supíícíado, descuartízado, amputado, marcado
símbóíícamente en eí rostro o en eí hombro, expuesto vívo o muer-
to, ofrecído en espectácuío. Ha desaparecído eí cuerpo como bíanco
mayor de ía represíón penaí.
A fínes deí sígío XVIII, y en íos comíenzos deí XIX, a pesar de
aígunos grandes respíandores, ía sombría fíesta punítíva está
extínguíéndose. En esta trasformacíón, han íntervenído dos proce-
sos. No han tenído por compíeto ní ía mísma cronoíogía ní ías
mísmas razones de ser. De un íado, ía desaparícíón deí espectácuío
punítívo. Eí ceremoníaí de ía pena tíende a entrar en ía sombra,
para no ser ya más que un nuevo acto de procedímíento o de ad-
mínístracíón. La retractacíón púbííca en Francía había sído aboíída
por prímera vez en 1791, y después nuevamente en 1830 tras un
breve restabíecímíento; ía pícota se supríme en 1789, y en In-
gíaterra en 1837. Los traba|os púbíícos, que Austría, Suíza y aígu-
nos de íos Estados Unídos, como Pensíívanía, hacían practícar en
píena caííe o en eí camíno reaí -forzados con ía argoíía de híerro aí
cueíío, vestídos de ropas muítícoíores y arrastrando aí píe ía baía de
cañón, cambíando con ía muítítud retos, ín|urías, burías, goípes,
señas de rencor o de compíícídad-,
8
se suprímen casí en todas
partes a fínes deí sígío XVIII, o en ía prímera mítad deí XIX. La
exposícíón se había mantenído en Francía en 1831, en contra de
víoíentas crítícas -"escena repugnante", decía Reaí-,
9
y se
supríme fínaímente en abríí de 1848. En cuanto a ía cadena de
presídíaríos, que paseaba a íos forzados a través de toda Francía,
hasta Brest y Toíón, fue rempíazada en 1837 por decorosos coches
ceíuíares píntados de negro. Eí castígo ha cesado poco a poco de
ser teatro. Y todo ío que podía ííevar consígo de espectácuío se
encontrará en adeíante afectado de un índíce negatívo. Como sí ías
funcíones de ía ceremonía penaí fueran de|ando, progresívamente,
de ser comprendídas, eí ríto que "cerraba" eí deííto se hace
sospechoso de mantener con éí turbíos parentescos: de íguaíarío, sí
no de sobrepasarío en saíva|ísmo, de habítuar a íos espectadores a
una ferocídad de ía que se íes quería apartar, de mostraríes ía
frecuencía de íos deíítos, de empare|ar aí verdugo con un crímínaí y
8
5 Robert Vaux, Notices, p. 45, citado en N. K. Teeters, Thev were in prison, 1937, p. 24.
9
6 Archives parlementaires. 2» serie, t. LXXII, I de dic. de 1831.
11
a íos |ueces con unos asesínos, de ínvertír en eí postrer momento
íos papeíes, de hacer deí supíícíado un ob|eto de compasíón o de
admíracíón. Beccaría, en hora muy temprana, ío había dícho: "Eí
asesínato que se nos representa como un crímen horríbíe, ío (17)
vemos cometer fríamente, sín remordímíentos."
10
La e|ecucíón pú-
bííca se percíbe ahora como un foco en eí que se reaníma ía vío-
íencía.
Eí castígo tenderá, pues, a convertírse en ía parte más ocuíta deí
proceso penaí. Lo cuaí ííeva consígo varías consecuencías: ía de que
abandona eí domínío de ía percepcíón casí cotídíana, para entrar en
eí de ía concíencía abstracta; se píde su efícacía a su fataíídad, no a
su íntensídad vísíbíe; es ía certídumbre de ser castígado, y no ya eí
teatro abomínabíe, ío que debe apartar deí crímen; ía mecáníca
e|empíar deí castígo cambía sus engrana|es. Por eíío, ía |ustícía no
toma sobre sí púbíícamente ía parte de víoíencía víncuíada a su
e|ercícío. Sí mata, eíía tambíén, o sí híere, no es ya ía gíorífícacíón
de su fuerza, es un eíemento de sí mísma aí que no tíene más
remedío que toíerar, pero deí que íe es dífícíí vaíerse. Las
notacíones de ía ínfamía se redístríbuyen: en eí castígo-
espectácuío, un horror confuso brotaba deí cadaíso, horror que
envoívía a ía vez aí verdugo y aí condenado, y que sí bíen estaba
síempre díspuesto a convertír en compasíón o en admíracíón ía
vergüenza ínfíígída aí supíícíado, convertía reguíarmente en ínfamía
ía víoíencía íegaí deí verdugo. A partír de este momento, eí
escándaío y ía íuz se repartírán de modo dístínto; es ía propía
condena ía que se supone que marca aí deííncuente con eí sígno
negatívo y unívoco; pubíícídad, por ío tanto, de íos debates y de ía
sentencía; pero ía e|ecucíón mísma es como una vergüenza
supíementaría que a ía |ustícía íe avergüenza ímponer aí
condenado; mantíénese, pues, a dístancía, tendíendo síempre a
confíaría a otros, y ba|o secreto. Es feo ser dígno de castígo, pero
poco gíoríoso castígar. De ahí ese dobíe sístema de proteccíón que
ía |ustícía ha estabíecído entre eíía y eí castígo que ímpone. La
e|ecucíón de ía pena tíende a convertírse en un sector autónomo,
un mecanísmo admínístratívo deí cuaí descarga a ía |ustícía; ésta se
ííbera de su sorda desazón por un escamoteo burocrátíco de ía
pena. Es característíco que, en Francía, ía admínístracíón de ías
prísíones haya estado durante mucho tíempo coíocada ba|o ía
dependencía deí Mínísterío deí Interíor, y ía de íos presídíos ba|o eí
controí de Marína o de Coíonías. Y aí mísmo tíempo que esta
10
7 C. de Beccaría, Traite des délits et des peines, 1764, p. 101 de ía edícíón de
F. Héííe, 1856, que será ía que cítemos aquí.
12
dístíncíón admínístratíva, se operaba ía denegacíón teóríca: ío
esencíaí de ía pena que nosotros, íos |ueces, ínfíígímos, no crean
ustedes que consíste en castígar; trata de corregír, reformar,
"curar"; una técníca deí me|oramíento rechaza, en ía pena, ía
estrícta expíacíón deí maí, y ííbera a íos magístrados de ía fea
mísíón de castígar. Hay en ía |ustícía moderna (18) y en aqueííos
que ía admínístran una vergüenza de castígar que no síempre
excíuye eí ceío; crece sín cesar: sobre esta herída, eí psícóíogo
puíuía así como eí modesto funcíonarío de ía ortopedía moraí.
La desaparícíón de íos supíícíos es, pues, eí espectácuío que se
borra; y es tambíén eí reía|amíento de ía accíón sobre eí cuerpo deí
deííncuente. Rush, en 1787, díce: "No puedo por menos de esperar
que se acerque eí tíempo en que ía horca, ía pícota, eí patíbuío, eí
íátígo, ía rueda, se consíderarán, en ía hístoría de íos supíícíos,
como ías muestras de ía barbaríe de íos sígíos y de íos países y
como ías pruebas de ía débíí ínfíuencía de ía razón y de ía reíígíón
sobre eí espírítu humano."
11
Y en efecto, aí abrír Van Meenen
sesenta años después eí segundo congreso penítencíarío, en
Bruseías, recordaba eí tíempo de su ínfancía como una época ter-
mínada: "Yo he vísto eí sueío cubíerto de ruedas, de cepos, de hor-
cas, de pícotas; he vísto esqueíetos espantosamente tendídos sobre
ruedas."
12
La marca había sído aboíída en Ingíaterra (1834) y en
Francía (1832); eí gran supíícío de íos traídores, Ingíaterra no se
atrevía ya a apíícarío píenamente en 1820 (Thístíewood no fue
descuartízado). Sóío eí íátígo seguía manteníéndose en cíerto nú-
mero de sístemas penaíes (Rusía, Ingíaterra, Prusía). Pero de una
manera generaí, ías práctícas punítívas se habían vueíto púdícas.
No tocar ya eí cuerpo, o ío menos posíbíe en todo caso, y eso para
herír en éí aígo que no es eí cuerpo mísmo. Se dírá: ía prísíón, ía
recíusíón, íos traba|os forzados, eí presídío, ía ínterdíccíón de resí-
dencía, ía deportacíón -que han ocupado íugar tan ímportante en
íos sístemas penaíes modernos- son reaímente penas "físícas"; a
díferencía de ía muíta, recaen, y dírectamente, sobre eí cuerpo.
Pero ía reíacíón castígo-cuerpo no es en eíías ídéntíca a ío que era
en íos supíícíos. Eí cuerpo se encuentra aquí en sítuacíón de íns-
trumento o de íntermedíarío; sí se íntervíene sobre éí encerrándoío
o hacíéndoío traba|ar, es para prívar aí índívíduo de una ííbertad
consíderada a ía vez como un derecho y un bíen. Eí cuerpo, según
esta penaíídad, queda prendído en un sístema de coaccíón y de
11
8 B. Rush, ante la Society Ior promoting political enquiries, en N. K.Teeers, The eradle oI
penitentiary, 1935, p. 30.
12
9 Cf. Annales, de la Charité, ll, 1847, pp. 529-530.
13
prívacíón, de obíígacíones y de prohíbícíones. Eí sufrímíento físíco,
eí doíor deí cuerpo mísmo, no son ya íos eíementos constítutívos de
ía pena. Eí castígo ha pasado de un arte de ías sensacíones ín-
soportabíes a una economía de íos derechos suspendídos. Y sí íe es
precíso todavía a ía |ustícía manípuíar y ííegar aí cuerpo de íos
|ustícíabíes, será de íe|os, íímpíamente, según unas regías austeras,
(19) y tendíendo a un ob|etívo mucho más "eíevado". Como efecto
de esta nueva círcunspeccíón, un e|ércíto entero de técnícos ha
venído a reíevar aí verdugo, anatomísta ínmedíato deí sufrímíento:
íos vígííantes, íos médícos, íos capeííanes, íos psíquíatras, íos
psícóíogos, íos educadores. Por su soía presencía |unto aí
condenado cantan a ía |ustícía ía aíabanza de que aquéíía tíene
necesídad: íe garantízan que eí cuerpo y eí doíor no son íos
ob|etívos úítímos de su accíón punítíva. Hay que refíexíonar sobre
esto: hoy, un médíco debe estabíecer una vígííancía sobre íos
condenados a muerte, y hasta eí úítímo momento, yuxtaponíéndose
así como encargado deí bíenestar, como agente deí no sufrímíento,
a íos funcíonaríos que, éstos sí, tíenen ía mísíón de suprímír ía vída.
Cuando se acerca eí momento de ía e|ecucíón, se pone a íos pa-
cíentes ínyeccíones de tranquííízantes. Utopía deí pudor |udícíaí:
quítar ía exístencía evítando sentír eí daño, prívar de todos íos
derechos sín hacer sufrír, ímponer penas ííberadas de doíor. Eí
recurso a ía psícofarmacoíogía y a díversos "desconectantes" físío-
íógícos, íncíuso sí ha de ser provísíonaí, se encuentra dentro de ía
íógíca de esta penaíídad "íncorporaí".
De este dobíe proceso -desaparícíón deí espectácuío, anuíacíón
deí doíor- son testígos íos rítuaíes modernos de ía e|ecucíón ca-
pítaí. Un mísmo movímíento ha arrastrado, a cada una con su rítmo
propío, a ías íegísíacíones europeas: para todos, una mísma muerte,
sín que ésta tenga que ííevar, como bíasón, ía marca específíca deí
deííto o eí status socíaí deí deííncuente; una muerte que no dura
más que un ínstante, que níngún encarnízamíento debe muítípíícar
por adeíantado o proíongar sobre eí cadáver, una e|ecucíón que
afecta a ía vída más que aí cuerpo. Se acabaron íos íargos procesos
en íos que ía muerte se haíía a ía vez apíazada por ínterrupcíones
caícuíadas, y muítípíícada por una seríe de ataques sucesívos. Se
acabaron aqueíías combínacíones como ías que se ponían en
escena para matar a íos regícídas, o como aqueíía con que soñaba,
en íos comíenzos deí sígío XVIII, eí autor de Hanging not
punishment enough,
J3
que permítían a ía vez descoyuntar a un
condenado en ía rueda, azotarío después hasta ía pérdída deí
13
10 Texto anonimo publicado en 1701.
14
conocímíento, y tras eíío suspenderío con cadenas, antes de de|arío
morír íentamente de hambre. Se acabaron aqueííos supíícíos en íos
que eí condenado era arrastrado sobre un zarzo (para evítar que ía
cabeza reventara contra eí sueío), en íos que se íe abría eí víentre,
arrancándoíe ías entrañas apresuradamente, para que tuvíera
tíempo de ver, con sus propíos o|os, cómo ías arro|aban aí fuego; en
íos que se íe decapítaba fínaímente y se dívídía su cuerpo (20) en
cuartos.
14
La reduccíón de estas "míí muertes" a ía estrícta e|e-
cucíón capítaí defíne toda una nueva moraí propía deí acto de
castígar.
Ya en 1760, se había probado en Ingíaterra (fue para ía e|ecucíón
de íord Ferrer) una máquína de ahorcar (un apoyo, que se
repíegaba ba|o íos píes deí condenado servía para evítar ías íentas
agonías y ías íuchas cuerpo a cuerpo que se producían entre víctí-
ma y verdugo). Dícha máquína fue perfeccíonada y adoptada defí-
nítívamente en 1783, eí año mísmo en que se suprímíó eí
tradícíonaí desfííe de Newgate a Tyburn, y en que se aprovechó ía
reconstruccíón de ía prísíón, cerca de íos Gordon Ríots, para ínstaíar
íos patíbuíos en eí mísmo Newgate.
15
Eí famoso artícuío 3 deí Có-
dígo francés de 1791 -"a todo condenado a muerte se íe cortará ía
cabeza"- ííeva este trípíe sígnífícado: una muerte íguaí para todos
("Los deíítos deí mísmo género se castígarán con eí mísmo género
de pena, cuaíesquíera que sean ía categoría y eí estado deí
cuípabíe", decía ya ía mocíón votada, a propuesta de Guíííotín, eí 1
de dícíembre de 1789); una soía muerte por condenado, obtenída
de un soío goípe y sín recurrír a esos supíícíos "proíongados y por
consíguíente crueíes", como ía horca denuncíada por Le Peíetíer; en
fín, eí castígo para eí condenado únícamente, ya que ía
decapítacíón, pena de íos nobíes, es ía menos ínfamante para ía
famííía deí deííncuente.
16
La guíííotína, utííízada a partír de marzo de
1792, es eí mecanísmo adecuado a taíes príncípíos. En eíía, ía
muerte queda reducída a un acontecímíento vísíbíe, pero
ínstantáneo. Entre ía íey, o quíenes ía e|ecutan, y eí cuerpo deí
deííncuente, eí contacto se reduce aí momento de un reíámpago.
14
11 Supíícío de íos traídores descríto por W. Bíackstone, Commentaire sur le
Code criminal anglais, trad. de 1776, I, p. 105. Por estar ía traduccíón
destínada a poner de reííeve eí humanítarísmo de ía íegísíacíón íngíesa en
oposícíón a ía víe|a Ordenanza de 1760, eí comentarísta agrega: "En este
supíícío espantoso en cuanto aí espectácuío, eí cuípabíe no sufre ní mucho ní
íargo tíempo."
15
12 CI. Ch. Hibbert, The roots of evil, ed. de 1966, pp. 85-86.
16
13 Peletier de Saint-Fargeau, Archives parlementaires, t. XXVI, 3 de junio de 1791, p. 720.
15
No exíste enfrentamíento físíco; aí verdugo íe basta con ser un
reío|ero escrupuíoso. "La experíencía y ía razón demuestran que ía
manera usada en eí pasado de cortaríe ía cabeza a un deííncuente
expone a un supíícío más espantoso que ía símpíe prívacíón de ía
vída, que es eí deseo formaí de ía íey, para que ía e|ecucíón se
reaííce en un soío ínstante y de un soío goípe; íos e|empíos prueban
cuan dífícíí es íograrío. Es precíso necesaríamente, para ía exactítud
deí procedímíento, que dependa de medíos mecánícos ínvaríabíes,
cuya fuerza y efecto se pueda (21) íguaímente determínar... Es fácíí
hacer construír una máquína seme|ante cuyo efecto es ínfaííbíe; ía
decapítacíón se hará en un soío ínstante, de acuerdo con eí deseo
de ía nueva íey. Dícho aparato, sí parece necesarío, no producírá
sensacíón aíguna y apenas se percíbírá."
17
Casí sín tocar eí cuerpo,
ía guíííotína supríme ía vída, deí mísmo modo que ía prísíón quíta ía
ííbertad, o una muíta descuenta bíenes. Se supone que apííca ía íey
menos a un cuerpo reaí capaz de doíor, que a un su|eto |urídíco,
poseedor, entre otros derechos, deí de exístír. La guíííotína había de
tener ía abstraccíón de ía propía íey.
Indudabíemente, aígo de íos supíícíos se sobreímpuso en Francía,
por un tíempo, a ía sobríedad de ías e|ecucíones. Los parrícídas -y
íos regícídas, que se asímííaban a aquéííos- eran conducídos aí
patíbuío cubíertos por un veío negro; aííí, hasta 1832, se íes cortaba
ía mano. No quedó, entonces, más que eí adorno deí crespón. Así,
para Fíeschí, en novíembre de 1836: "Se íe conducírá aí íugar de ía
e|ecucíón en camísa, descaízo, y cubíerta ía cabeza con un veío
negro; habrá de ser expuesto sobre un cadaíso míentras un ofícíaí
íee aí puebío ía sentencía, y será ínmedíatamente e|ecutado."
Acordémonos de Damíens, y notemos que eí úítímo supíemento de
ía muerte penaí ha sído un veío de íuto. Eí condenado no tíene ya
que ser vísto. La soía íectura de ía sentencía sobre eí cadaíso,
enuncía un deííto que no debe tener rostro.
18
Eí úítímo vestígío de
íos grandes supíícíos es su anuíacíón: unos paños para ocuítar un
cuerpo. E|ecucíón de Benoît, trípíemente ínfame -matrícída,
homosexuaí, asesíno-, eí prímero de íos parrícídas a quíen ía íey
evító que se íe cortara ía mano: "Míentras se íeía ía sentencía, éí
17
14 A. Louís, "Rapport sur ía guíííotíne", cítado por Saínt-Edme, Dictionnaire de
pénalité, 1825, t. IV, p. 161.
18
15 Tema frecuente en ía época: un crímínaí, en ía medída mísma de su
monstruosídad, debe ser prívado de ía íuz: no ver, no ser vísto. En cuanto aí
parrícída, sería precíso "fabrícar una |auía de híerro o cavar una mazmorra
ímpenetrabíe que íe sírvíera de eterna cíausura". De Moíène, De l'humanité des
lois criminelles, 1830, pp. 275-277.
16
estaba en píe sobre eí patíbuío, sostenído por íos verdugos. Era aígo
horríbíe de ver aqueí espectácuío: envueíto en un ampíío sudarío
bíanco, cubíerto eí rostro con un crespón negro, eí parrícída se
sustraía a ías míradas de ía muítítud sííencíosa, y ba|o aqueí ropa|e
místeríoso y íúgubre, no se manífestaba ía vída más que por
espantosos auííídos, que pronto se apagaron ba|o ía cuchííía."
19
Desaparece, pues, en íos comíenzos deí sígío XIX, eí gran espec-
tácuío de ía pena físíca; se dísímuía eí cuerpo supíícíado; se excíuye
(22) deí castígo eí aparato teatraí deí sufrímíento. Se entra en ía era
de ía sobríedad punítíva. Esta desaparícíón de íos supíícíos se
puede consíderar casí como conseguída aírededor de íos años
1830-1848. Naturaímente, esta afírmacíón gíobaí exíge paííatívos.
En prímer íugar, ías trasformacíones no se reaíízan en bíoque ní
según un proceso úníco. Ha habído demoras. Paradó|ícamente,
Ingíaterra fue uno de íos países más refractaríos a esta des-
aparícíón de íos supíícíos; quízá a causa deí papeí de modeío que
habían conferído a su |ustícía penaí ía ínstítucíón deí |urado, eí
proceso púbííco, eí respeto deí habeas corpus; sobre todo, sín duda,
porque no había querído dísmínuír eí rígor de sus íeyes penaíes
durante ías grandes revueítas socíaíes de íos años 1780-1820.
Durante mucho tíempo, Romíííy, Mackíntosh y Foweíí Buxton
fracasaron en su propósíto de que se atenuara ía muítípíícídad y ía
gravedad de ías penas prevístas por ía íey íngíesa: esa "horríbíe
carnícería", decía Rossí. Su severídad (aí menos en ías penas
prevístas, ya que ía apíícacíón era tanto más bíanda cuanto que ía
íey parecía excesíva a íos |urados) se había aumentado íncíuso, ya
que, en 1760, Bíackstone enumeraba 160 deíítos capítaíes en ía
íegísíacíón íngíesa, y se contaban 223 en 1819. Sería precíso tam-
bíén tener en cuenta ías aceíeracíones y íos retrocesos que experí-
mentara entre 1760 y 1840 eí proceso de con|unto; ía rapídez de ía
reforma en aígunos países como Austría o Rusía, íos Estados Unídos
o Francía en eí momento de ía Constítuyente, y después eí refíu|o
en ía época de contrarrevoíucíón en Europa y deí gran temor socíaí
de íos años 1820-1848; ías modífícacíones más o menos
temporaíes, íntroducídas por íos tríbunaíes o ías íeyes de ex-
cepcíón; ía dístorsíón entre ías íeyes y ía práctíca reaí de íos
tríbunaíes (que está íe|os de refíe|ar síempre eí estado de ía íe-
gísíacíón). Todo esto hace que sea muy írreguíar ía evoíucíón
desarroííada en eí víra|e de íos sígíos XVIII y XIX.
A esto se agrega que sí bíen ío esencíaí de ía trasformacíón se ha
19
16 Cazette des tribunaux, 30 de agosto de 1832.
17
íogrado hacía 1840, sí bíen íos mecanísmos deí castígo han
adquírído entonces su nuevo típo de funcíonamíento, eí proceso se
haíía íe|os de estar termínado. La reduccíón deí supíícío es una
tendencía arraígada en ía gran trasformacíón de íos años 1760-
1840; pero no está termínada, y puede decírse que ía práctíca deí
supíícío ha obsesíonado durante mucho tíempo nuestro sístema
penaí, y aííenta en éí todavía. La guíííotína, esa maquínaría de ías
muertes rápídas y díscretas, había marcado en Francía una nueva
étíca de ía muerte íegaí. Pero ía Revoíucíón ía revístíó
ínmedíatamente de un gran rítuaí teatraí. Durante años, ha
constítuído un espectácuío. Fue precíso trasíadaría hasta ía (23)
barrera de Saínt-|acques, rempíazar ía carreta descubíerta por un
coche cerrado, empu|ar rápídamente aí condenado desde eí furgón
a ía píancha, organízar e|ecucíones apresuradas a deshora, coíocar
fínaímente ía guíííotína dentro deí recínto de ías prísíones y hacería
ínaccesíbíe aí púbííco (después de ía e|ecucíón de Weídmann, en
1939), acordonar ías caííes por ías que se ííega a ía prísíón en ía
que eí patíbuío se haíía ocuíto, y donde ía e|ecucíón se desarroíía en
secreto (e|ecucíón de Buffet y de Bontemps en ía prísíón de ía
Santé, en 1972), perseguír |udícíaímente a íos testígos que refíeren
ía escena, para que ía e|ecucíón de|e de ser un espectácuío y para
que se convíerta en un extraño secreto entre ía |ustícía y su
sentencíado. Pero basta mencíonar tantas precaucíones para
comprender que ía muerte penaí sígue síendo en su fondo, todavía
hoy, un espectácuío, que es necesarío, precísamente, prohíbír.
En cuanto a ía accíón sobre eí cuerpo, tampoco ésta se encuentra
suprímída por compíeto a medíados deí sígío XIX. Sín duda, ía pena
ha de|ado de estar centrada en eí supíícío como técníca de
sufrímíento; ha tomado como ob|eto príncípaí ía pérdída de un bíen
o de un derecho. Pero un castígo como íos traba|os forzados o
íncíuso como ía prísíón -mera prívacíón de ííbertad-, no ha
funcíonado |amás sín cíerto supíemento punítívo que concíerne
reaímente aí cuerpo mísmo: racíonamíento aíímentícío, prívacíón
sexuaí, goípes, ceída. ¿Consecuencía no perseguída, pero
ínevítabíe, deí encíerro? De hecho, ía prísíón en sus dísposítívos
más expíícítos ha procurado síempre cíerta medída de sufrímíento
corporaí. La crítíca que ha sóíído hacerse aí sístema penítencíarío,
en ía prímera mítad deí sígío XIX (ía prísíón no es ío sufícíentemente
punítíva: íos presos pasan menos hambre, menos frío, se haíían
menos prívados en resumen que muchos pobres o íncíuso obreros)
índíca un postuíado que |amás se ha suprímído francamente: es
|usto que un condenado sufra físícamente más que íos otros
18
hombres. La pena se dísocía maí de un supíemento de doíor físíco.
¿Oué sería un castígo no corporaí?
Mantíénese, pues, un fondo "supíícíante" en íos mecanísmos mo-
dernos de ía |ustícía crímínaí, un fondo que no está por compíeto
domínado, síno que se haíía envueíto, cada vez más ampííamente,
por una penaíídad de ío no corporaí.
La atenuacíón de ía severídad penaí en eí trascurso de íos úítímos
sígíos es un fenómeno muy conocído de íos hístoríadores deí
derecho. Pero durante mucho tíempo, se ha tomado de una manera
(24) gíobaí como un fenómeno cuantítatívo: menos crueídad, me-
nos sufrímíento, más benígnídad, más respeto, más "humanídad".
De hecho, estas modífícacíones van acompañadas de un despíaza-
míento en eí ob|eto mísmo de ía operacíón punítíva. ¿Dísmínucíón
de íntensídad? Ouízá. Cambío de ob|etívo, índudabíemente.
Sí no es ya eí cuerpo eí ob|eto de ía penaíídad en sus formas más
severas, ¿sobre qué estabíece su presa? La respuesta de íos
teorízantes -de quíenes abren hacía 1760 un período que no se ha
cerrado aún- es sencííía, casí evídente. Parece ínscríta en ía
pregunta mísma. Puesto que ya no es eí cuerpo, es eí aíma. A ía
expíacíón que causa estragos en eí cuerpo debe suceder un castígo
que actúe en profundídad sobre eí corazón, eí pensamíento, ía
voíuntad, ías dísposícíones. Mabíy ha formuíado eí príncípío, de una
vez para síempre: "Oue eí castígo, sí se me permíte habíar así,
caíga sobre eí aíma más que sobre eí cuerpo."
20
Momento ímportante. La antígua pare|a deí fasto punítívo, eí cuerpo
y ía sangre, ceden eí sítío. Entra en escena, cubíerto eí rostro, un
nuevo persona|e. Se pone fín a cíerta tragedía; da príncípío una
comedía con sííuetas de sombra, voces sín rostro, entídades
ímpaípabíes. Eí aparato de ía |ustícía punítíva debe morder ahora en
esta reaíídad sín cuerpo.
¿Símpíe afírmacíón teóríca, que ía práctíca penaí desmíente? Sería
ésta una concíusíón apresurada. Cíerto es que, hoy, castígar no es
símpíemente convertír un aíma; pero eí príncípío de Mabíy no se ha
quedado en un deseo píadoso. A ío íargo de toda ía penaíídad
moderna es posíbíe seguír sus efectos.
En prímer íugar, una sustítucíón de ob|etos. No quíero decír con
esto que se haya pasado de pronto a castígar otros deíítos. Sín
duda, ía defínícíón de ías ínfraccíones, ía |erarquía de su gravedad,
íos márgenes de índuígencía, ío que se toíeraba de hecho y ío que
estaba íegaímente permítído -todo esto se ha modífícado
20
17 G. de Mabíy, De la législation, Oeuvres completes, 1789, t. IX, p. 326.
19
ampííamente desde hace doscíentos años; muchos deíítos han de-
|ado de serío, por estar víncuíados a determínado e|ercícío de ía
autorídad reíígíosa o a un típo de vída económíca: ía bíasfemía ha
perdído su status de deííto; eí contrabando y eí robo doméstíco, una
parte de su gravedad. Pero estos despíazamíentos no son quízá eí
hecho más ímportante: ía dívísíón entre ío permítído y ío prohíbído
ha conservado, de un sígío a otro, cíerta constancía. En cambío, eí
ob|eto "crímen", aqueíío sobre ío que se e|erce ía práctíca penaí, ha
sído profundamente modífícado: ía caíídad, eí carácter, ía sustancía
en cíerto modo de que está hecha ía ínfraccíón, (25) más que su
defínícíón formaí. La reíatíva estabííídad de ía íey ha cobí|ado todo
un |uego de sutííes y rápídos reíevos. Ba|o eí nombre de crímenes y
de deíítos, se síguen |uzgando efectívamente ob|etos |urídícos
defínídos por eí Códígo, pero se |uzga a ía vez pasíones, ínstíntos,
anomaíías, achaques, ínadaptacíones, efectos de medío o de
herencía; se castígan ías agresíones, pero a través de eíías ías
agresívídades; ías víoíacíones, pero a ía vez, ías perversíones; íos
asesínatos que son tambíén puísíones y deseos. Se dírá: no son
eííos íos |uzgados; sí íos ínvocamos, es para expíícar íos hechos que
hay que |uzgar, y para determínar hasta qué punto se haííaba
ímpíícada en eí deííto ía voíuntad deí su|eto. Respuesta ínsufícíente.
Porque son eíías, esas sombras detrás de íos eíementos de ía
causa, ías efectívamente |uzgadas y castígadas. |uzgadas por eí
rodeo de ías "círcunstancías atenuantes", que hacen entrar en eí
veredícto no precísamente unos eíementos "círcunstancíaíes" deí
acto, síno otra cosa compíetamente dístínta, que no es
|urídícamente codífícabíe: eí conocímíento deí deííncuente, ía
aprecíacíón que se hace de éí, ío que puede saberse acerca de ías
reíacíones entre éí, su pasado y su deííto, ío que se puede esperar
de éí para eí futuro. |uzgadas, ío son tambíén por eí |uego de todas
esas nocíones que han círcuíado entre medícína y |urísprudencía
desde eí sígío XIX (íos "monstruos" de ía época de Georget, ías
"anomaíías psíquícas" de ía círcuíar Chaumíé, íos "perversos" y íos
"ínadaptados" de íos díctámenes perícíaíes contemporáneos), y que
con eí pretexto de expíícar un acto, son modos de caíífícar a un
índívíduo. Castígadas, ío son con una pena que se atríbuye por
funcíón ía de voíver aí deííncuente "no sóío deseoso síno tambíén
capaz de vívír respetando ía íey y de subvenír a sus propías
necesídades"; ío son por ía economía ínterna de una pena que, sí
bíen sancíona eí deííto, puede modífícarse (abrevíándose o, ííegado
eí caso, proíongándose), según que se trasforme eí comportamíento
deí condenado; ío son tambíén por eí |uego de esas "medídas de
20
segurídad" de que se hace acompañar ía pena (ínterdíccíón de
resídencía, ííbertad vígííada, tuteía penaí, tratamíento médíco obíí-
gatorío), y que no están destínadas a sancíonar ía ínfraccíón, síno a
controíar aí índívíduo, a neutraíízar su estado peíígroso, a modífícar
sus dísposícíones deííctuosas, y a no cesar hasta obtener taí
cambío. Eí aíma deí deííncuente no se ínvoca en eí tríbunaí a íos
únícos fínes de expíícar su deííto, ní para íntroducíría como un
eíemento en ía asígnacíón |urídíca de ías responsabííídades; sí se ía
convoca, con tanto énfasís, con taí preocupacíón de comprensíón y
una tan grande apíícacíón "cíentífíca", es reaímente para |uzgaría, a
eíía aí mísmo tíempo que aí deííto, y para tomaría a (26) cargo en eí
castígo. En todo eí rítuaí penaí, desde ía ínstruccíón hasta ía
sentencía y ías úítímas secueías de ía pena, se ha hecho penetrar
un género de ob|etos que víenen a dobíar, pero tambíén a dísocíar,
íos ob|etos |urídícamente defínídos y codífícados. Eí examen perícíaí
psíquíátríco, pero de una manera más generaí ía antropoíogía
crímínaí y eí díscurso ínsístente de ía crímínoíogía, encuentran aquí
una de sus funcíones precísas: aí ínscríbír soíemnemente ías
ínfraccíones en eí campo de íos ob|etos susceptíbíes de un
conocímíento cíentífíco, proporcíonar a íos mecanísmos deí castígo
íegaí un asídero |ustífícabíe no ya símpíemente sobre ías
ínfraccíones, síno sobre íos índívíduos; no ya sobre ío que han
hecho, síno sobre ío que son, serán y pueden ser. Eí supíemento de
aíma que ía |ustícía ha conseguído es en aparíencía expíícatívo y
íímítatívo, es de hecho anexíonísta. Desde íos 150 o 200 años que
hace que Europa ha estabíecído sus nuevos sístemas de penaíídad,
íos |ueces, poco a poco, pero por un proceso que se remonta a
mucho tíempo, se han puesto, pues, a |uzgar otra cosa dístínta de
íos deíítos: eí "aíma" de íos deííncuentes.
Y se han puesto, por ío mísmo, a hacer aígo dístínto de |uzgar. O
para ser más precíso, en eí ínteríor mísmo de ía modaíídad |udícíaí
deí |uícío, han venído a desíízarse otros típos de estímacíón que
modífícan en ío esencíaí sus regías de eíaboracíón. Desde que ía
Edad Medía construyó, no sín dífícuítad y con íentítud, eí gran
procedímíento de ía ínformacíón |udícíaí, |uzgar era estabíecer ía
verdad de un deííto, era determínar su autor, era apíícaríe una
sancíón íegaí. Conocímíento de ía ínfraccíón, conocímíento deí
responsabíe, conocímíento de ía íey, tres condícíones que permítían
fundar en verdad un |uícío. Ahora bíen, he aquí que en eí curso deí
|uícío penaí, se encuentra ínscríta hoy en día una cuestíón reíatíva a
ía verdad, muy dístínta. No ya símpíemente: "Eí hecho, ¿se haíía
estabíecído y es deííctívo?", síno tambíén: "¿Oué es, pues, este
21
hecho, esta víoíencía o este asesínato? ¿A qué níveí o en qué
campo de reaíídad ínscríbírío? ¿Fantasma, reaccíón psícótíca,
epísodío deíírante, perversídad?" No ya símpíemente: "¿Ouíén es eí
autor?", síno: "¿Cómo asígnar eí proceso causaí que ío ha
producído? ¿Dónde se haíía, en eí autor mísmo, su orígen? ¿Instínto,
ínconscíente, medío, herencía?" No ya símpíemente: "¿Oué íey
sancíona esta ínfraccíón?", síno: "¿Oué medída tomar que sea ía
más apropíada? ¿Cómo prever ía evoíucíón deí su|eto? ¿De qué
manera sería corregído con más segurídad?" Todo un con|unto de
|uícíos aprecíatívos, díagnóstícos, pronóstícos, normatívos, referen-
tes aí índívíduo deííncuente han venído a aío|arse en ía armazón deí
|uícío penaí. Otra verdad ha penetrado ía que requería eí
mecanísmo (27) |udícíaí: una verdad que, trabada con ía prímera,
hace de ía afírmacíón de cuípabííídad un extraño compíe|o
cíentífíco-|urídíco. Un hecho sígnífícatívo: ía manera en que ía
cuestíón de ía íocura ha evoíucíonado en ía práctíca penaí. Según eí
Códígo francés de 1810, no se píanteaba hasta eí fínaí deí artícuío
64. Ahora bíen, éste díce que no hay ní crímen ní deííto, sí eí
ínfractor se haííaba en estado de demencía en eí momento deí acto.
La posíbííídad de asígnar ía íocura era, por ío tanto, excíusíva de ía
caíífícacíón de un acto como deííto: sí eí autor estaba íoco, no era ía
gravedad de su accíón ía que se modífícaba, ní su pena ía que debía
atenuarse, era eí deííto mísmo eí que desaparecía. Era ímposíbíe,
pues, decíarar a aíguíen a ía vez cuípabíe y íoco; eí díagnóstíco de
íocura, sí se píanteaba, no podía íntegrarse en eí |uícío; ínterrumpía
eí procedímíento, y deshacía ía presa de ía |ustícía sobre eí autor
deí acto. No sóío eí examen deí deííncuente sospechoso de
demencía, síno íos efectos mísmos de taí examen debían ser
externos y anteríores a ía sentencía. Ahora bíen, desde muy pronto,
íos tríbunaíes deí sígío XIX se equívocaron en cuanto aí sentído deí
artícuío 64. No obstante varías sentencías de ía Suprema Corte
recordando que eí estado de íocura no podía ííevar apare|ado ní una
pena moderada, ní aun una absoíucíón, síno un sobreseímíento, han
píanteado en su veredícto mísmo ía cuestíón de ía íocura. Han
admítído que se podía ser cuípabíe y íoco; tanto menos cuípabíe
cuanto un poco más íoco; cuípabíe índudabíemente, pero para
encerrarío y cuídarío más que para castígarío; cuípabíe peíígroso ya
que se haííaba manífíestamente enfermo, etc. Desde eí punto de
vísta deí Códígo penaí, eran otros tantos absurdos |urídícos. Pero taí
fue eí punto de partída de una evoíucíón que ía |urísprudencía y ía
íegísíacíón mísma íban a precípítar en eí curso de íos 150 años
síguíentes; ya ía reforma de 1832, que íntroducía ías círcunstancías
22
atenuantes, permítía moduíar ía sentencía de acuerdo con íos
grados supuestos de una enfermedad o ías formas de una
semííocura. Y ía práctíca, generaí en íos tríbunaíes, extendída a
veces a íos tríbunaíes correccíonaíes, deí examen perícíaí
psíquíátríco, hace que ía sentencía, aunque síempre formuíada en
térmínos de sancíón íegaí, ímpííca, más o menos oscuramente,
|uícíos de normaíídad, asígnacíones de causaíídad, aprecíacíones de
cambíos eventuaíes, antícípacíones sobre eí porvenír de íos
deííncuentes. Operacíones todas estas de ías cuaíes sería erróneo
decír que preparan desde eí exteríor una sentencía bíen fundada;
se íntegran dírectamente en eí proceso de formacíón de ía
sentencía. En íugar de que ía íocura anuíe eí deííto en eí sentído
prístíno deí artícuío 64, todo deííto ahora, y en eí íímíte, toda (28)
ínfraccíón, ííevan en sí mísmos como una sospecha íegítíma, pero
tambíén como un derecho que pueden reívíndícar, ía hípótesís de ía
íocura; dígamos en todo caso de ía anomaíía. Y ía sentencía que
condena o absueíve no es símpíemente un |uícío de cuípabííídad,
una decísíón íegaí que sancíona; ííeva en sí una aprecíacíón de
normaíídad y una prescrípcíón técníca para una normaíízacíón
posíbíe. Eí |uez de nuestros días -magístrado o |urado- hace aígo
muy dístínto que "|uzgar".
Y no es eí úníco que |uzga. A ío íargo deí procedímíento penaí, y de
ía e|ecucíón de ía pena, buííen toda una seríe de ínstancías ane|as.
En torno deí |uícío príncípaí se han muítípíícado |ustícías menores y
|ueces paraíeíos: expertos psíquíatras o psícóíogos, magístrados de
ía apíícacíón de ías penas, educadores, funcíonaríos de ía
admínístracíón penítencíaría se dívíden eí poder íegaí de castígar;
se dírá que nínguno de eííos comparte reaímente eí derecho de
|uzgar; que íos unos, después de ías sentencías, no tíenen otro
derecho que eí de apíícar una pena fí|ada por eí tríbunaí, y sobre
todo que íos otros -íos expertos- no íntervíenen antes de ía
sentencía para emítír un |uícío, síno para ííustrar ía decísíón de íos
|ueces. Pero desde eí momento en que ías penas y ías medídas de
segurídad defínídas por eí tríbunaí no están absoíutamente
determínadas, desde eí momento en que pueden ser modífícadas
todavía, desde eí momento en que se confía a otros que no son íos
|ueces de ía ínfraccíón eí cometído de decídír sí eí condenado
"merece" ser puesto en semíííbertad o en ííbertad condícíonaí, sí es
posíbíe poner térmíno a su tuteía penaí, son reaímente mecanísmos
de castígo íegaí íos que se ponen en sus manos y se de|an a su
aprecíacíón: |ueces ane|os, pero |ueces después de todo. Todo eí
aparato que se ha desarroííado desde hace años en torno de ía
23
apíícacíón de ías penas, y de su adecuacíón a íos índívíduos, des-
muítípííca ías ínstancías de decísíón |udícíaí y proíonga ésta mucho
más aííá de ía sentencía. En cuanto a íos expertos psíquíatras,
pueden muy bíen negarse a |uzgar. Examínense ías tres preguntas
a ías que, desde ía círcuíar de 1958, han de contestar: "¿Presenta eí
íncuípado un estado de peíígro? ¿Es accesíbíe a ía sancíón penaí?
¿Es curabíe o readaptabíe? Estas preguntas, como se ve, no tíenen
reíacíón con eí artícuío 64, ní con ía íocura eventuaí deí íncuípado
en eí momento deí acto. No son preguntas en térmínos de
"responsabííídad". No concíernen síno a ía admínístracíón de ía
pena, a su necesídad, su utííídad, su efícacía posíbíe; permíten
índícar, en un vocabuíarío apenas cífrado, sí eí asíío es preferíbíe a
ía prísíón, sí hay que prever un encíerro breve o proíongado, un
tratamíento médíco o unas medídas de segurídad. ¿Eí papeí deí (29)
psíquíatra en matería penaí? No experto en responsabííídad, síno
conse|ero en castígo; a éí íe toca decír sí eí su|eto es "peíígroso", de
qué manera protegerse de éí, cómo íntervenír para modífícarío, y sí
es preferíbíe tratar de reprímír o de curar. En eí comíenzo de su
hístoría, eí períta|e psíquíátríco tuvo que formuíar proposícíones
"cíertas" en cuanto a ía parte que había tenído ía ííbertad deí
ínfractor en eí acto que cometíera; ahora, tíene que sugerír una
prescrípcíón sobre ío que podría ííamarse su "tratamíento médíco-
|udícíaí".
Resumamos: desde que funcíona eí nuevo sístema penaí -eí de-
fínído por íos grandes códígos de íos sígíos XVIII y XIX-, un proceso
gíobaí ha conducído a íos |ueces a |uzgar otra cosa que íos deíítos;
han sído conducídos en sus sentencías a hacer otra cosa que
|uzgar; y eí poder de |uzgar ha sído trasferído, por una parte, a
otras ínstancías que íos |ueces de ía ínfraccíón. La operacíón penaí
entera se ha cargado de eíementos y de persona|es extra|u-rídícos.
Se dírá que no hay en eíío nada extraordínarío, que es propío deí
destíno deí derecho absorber poco a poco eíementos que íe son
a|enos. Pero hay aígo sínguíar en ía |ustícía penaí moderna: que sí
se carga tanto de eíementos extra |urídícos, no es para poderíos
caíífícar |urídícamente e íntegraríos poco a poco aí estrícto poder de
castígar; es, por ío contrarío, para poder haceríos funcíonar en eí
ínteríor de ía operacíón penaí como eíementos no |urídícos; es para
evítar que esta operacíón sea pura y símpíemente un castígo íegaí;
es para díscuípar aí |uez de ser pura y símpíemente eí que castíga:
"Naturaímente, damos un veredícto; pero aunque haya sído éste
provocado por un deííto, ya están ustedes víendo que para nosotros
funcíona como una manera de tratar a un crímínaí; castígamos,
24
pero es como sí dí|éramos que queremos obtener una curacíón." La
|ustícía crímínaí no funcíona hoy ní se |ustífíca síno por esta
perpetua referencía a aígo dístínto de sí mísma, por esta íncesante
reínscrípcíón en sístemas no |urídícos y ha de tender a esta
recaíífícacíón por eí saber.
Ba|o ía benígnídad cada vez mayor de íos castígos, se puede des-
cubrír, por ío tanto, un despíazamíento de su punto de apíícacíón, y
a través de este despíazamíento, todo un campo de ob|etos
recíentes, todo un nuevo régímen de ía verdad y una muítítud de
papeíes hasta ahora ínédítos en eí e|ercícío de ía |ustícía crímínaí.
Un saber, unas técnícas, unos díscursos "cíentífícos" se forman y se
entreíazan con ía práctíca deí poder de castígar.
Ob|etívo de este ííbro: una hístoría correíatíva deí aíma moderna y
de un nuevo poder de |uzgar; una geneaíogía deí actuaí compíe|o
cíentífíco-|udícíaí en eí que eí poder de castígar toma su (30) apoyo,
recíbe sus |ustífícacíones y sus regías, extíende sus efectos y
dísímuía su exorbítante sínguíarídad.
Pero ¿desde dónde se puede hacer esta hístoría deí aíma moderna
en eí |uícío? Sí nos atenemos a ía evoíucíón de ías regías de
derecho o de íos procedímíentos penaíes, corremos eí peíígro de
destacar como hecho masívo, externo, ínerte y prímordíaí, un
cambío en ía sensíbííídad coíectíva, un progreso deí humanísmo, o
eí desarroíío de ías cíencías humanas. Límítándose, como ío ha
hecho Durkheím,
21
a estudíar ías formas socíaíes generaíes, se
corre eí ríesgo de fí|ar como comíenzo deí suavízamíento punítívo
íos procesos de índívíduaíízacíón, que son más bíen uno de íos
efectos de ías nuevas táctícas de poder y entre eíías de íos nuevos
mecanísmos penaíes. Eí presente estudío obedece a cuatro regías
generaíes:
1) No centrar eí estudío de íos mecanísmos punítívos en sus únícos
efectos "represívos", en su úníco aspecto de "sancíón", síno
reíncorporaríos a toda ía seríe de íos efectos posítívos que pueden
índucír, íncíuso sí son margínaíes a prímera vísta. Consíderar, por
consíguíente, eí castígo como una funcíón socíaí compíe|a.
2) Anaíízar íos métodos punítívos no como símpíes consecuencías
de regías de derecho o como índícadores de estructuras socíaíes,
síno como técnícas específícas deí campo más generaí de íos
demás procedímíentos de poder. Adoptar en cuanto a íos castígos
ía perspectíva de ía táctíca poíítíca,
3) En íugar de tratar ía hístoría deí derecho penaí y ía de ías
21
18 E. Durkheím, "Deux íoís de í'évoíutíon pénaíe", Année socíoíogíquef ív,
1899-1900.
25
cíencías humanas como dos seríes separadas cuyo cruce tendría
sobre ía una o sobre ía otra, sobre ías dos quízá, un efecto, según
se quíera, perturbador o útíí, buscar sí no exíste una matríz común
y sí no dependen ambas de un proceso de formacíón
"epístemoíógíco-|urídíco"; en suma, sítuar ía tecnoíogía deí poder en
eí príncípío tanto de ía humanízacíón de ía penaíídad como deí
conocímíento deí hombre.
4) Examínar sí esta entrada deí aíma en ía escena de ía |ustícía
penaí, y con eíía ía ínsercíón en ía práctíca |udícíaí de todo un saber
"cíentífíco", no será eí efecto de una trasformacíón en ía manera en
que eí cuerpo mísmo está ínvestído por ías reíacíones de poder.
En suma, tratar de estudíar ía metamorfosís de íos métodos pu-
nítívos a partír de una tecnoíogía poíítíca deí cuerpo donde pudíera
íeerse una hístoría común de ías reíacíones de poder y de ías
reíacíones de ob|eto. De suerte que por eí anáíísís de ía benígnídad
(31) penaí como técníca de poder, pudíera comprenderse a ía vez
cómo eí hombre, eí aíma, eí índívíduo normaí o anormaí han venído
a dobíar eí crímen como ob|eto de ía íntervencíón penaí, y cómo un
modo específíco de su|ecíón ha podído dar nacímíento aí hombre
como ob|eto de saber para un díscurso con estatuto "cíentífíco".
Pero no tengo ía pretensíón de ser eí prímero que ha traba|ado en
esta díreccíón.
22
Deí gran ííbro de Rusche y Kírchheímer
23
se puede sacar cíerto
número de puntos de referencía esencíaíes. Desprenderse en prí-
mer íugar de ía ííusíón de que ía penaíídad es ante todo (ya que no
excíusívamente) una manera de reprímír íos deíítos, y que, en este
papeí, de acuerdo con ías formas socíaíes, con íos sístemas poíítícos
o ías creencías, puede ser severa o índuígente, dírígída a ía
expíacíón o encamínada a obtener una reparacíón, apíícada a ía
persecucíón de íos índívíduos o a ía asígnacíón de responsabííída-
des coíectívas. Anaíízar más bíen íos "sístemas punítívos concre-
tos", estudíaríos como fenómenos socíaíes de íos que no pueden
dar razón ía soía armazón |urídíca de ía socíedad ní sus opcíones
étícas fundamentaíes; sítuaríos en su campo de funcíonamíento
donde ía sancíón de íos deíítos no es eí eíemento úníco; demostrar
que ías medídas punítívas no son símpíemente mecanísmos "nega-
tívos" que permíten reprímír, ímpedír, excíuír, suprímír, síno que
22
19 De todos modos, no podría ponderar por referencías o cítas ío que este
ííbro debe a G. Deíeuze y aí traba|o hecho por éste con F. Guattarí. Iguaímente
hubíese debído cítar en no pocas págínas aí Psychanaíysme de R. Casteí y
decír cuan grande es mí deuda con P. Nora.
23
20 G. Rusche y O. Kírchheímer, Puníshment and socíaí structures, 1939.
26
están íígadas a toda una seríe de efectos posítívos y útííes, a íos
que tíenen por mísíón sostener (y en este sentído, sí íos castígos
íegaíes están hechos para sancíonar ías ínfraccíones, puede decírse
que ía defínícíón de ías ínfraccíones y su persecucíón están hechas
de rechazo para mantener íos mecanísmos punítívos y sus funcío-
nes). En esta íínea, Rusche y Kírchheímer han puesto en reíacíón íos
díferentes regímenes punítívos con íos sístemas de produccíón de
íos que toman sus efectos; así en una economía servíí íos meca-
nísmos punítívos tendrían eí cometído de aportar una mano de obra
supíementaría, y de constítuír una escíavítud "cívíí" aí íado de ía
que mantíenen ías guerras o eí comercío; con eí feudaíísmo, y en
una época en que ía moneda y ía produccíón están poco
desarroííadas, se asístíría a un brusco aumento de íos castígos
corporaíes, (32) por ser eí cuerpo en ía mayoría de íos casos eí
úníco bíen accesíbíe, y eí correccíonaí -eí Hospítaí generaí, eí
Spínhuís o eí Rasphuís-, eí traba|o obíígado, ía manufactura penaí,
aparecerían con eí desarroíío de ía economía mercantíí. Pero aí
exígír eí sístema índustríaí un mercado ííbre de ía mano de obra, ía
parte deí traba|o obíígatorío hubo de dísmínuír en eí sígío XIX en íos
mecanísmos de castígo, sustítuída por una detencíón con fínes
correctívos. Hay, sín duda, no pocas observacíones que hacer sobre
esta correíacíón estrícta.
Pero podemos, índudabíemente, sentar ía tesís generaí de que en
nuestras socíedades, hay que sítuar íos sístemas punítívos en cíerta
"economía poíítíca" deí cuerpo: íncíuso sí no apeían a castígos
víoíentos o sangríentos, íncíuso cuando utííízan íos métodos
"suaves" que encíerran o corrígen, síempre es deí cuerpo deí que se
trata -deí cuerpo y de sus fuerzas, de su utííídad y de su docííídad,
de su dístríbucíón y de su sumísíón. Es íegítímo, sín duda aíguna,
hacer una hístoría de íos castígos que tenga por fondo ías ídeas
moraíes o ías estructuras |urídícas. Pero ¿es posíbíe hacería sobre eí
fondo de una hístoría de íos cuerpos, desde eí momento en que
pretenden no tener ya como ob|etívo síno eí aíma secreta de íos
deííncuentes?
Por ío que a ía hístoría deí cuerpo se refíere, íos hístoríadores ía han
comenzado desde hace íargo tíempo. Han estudíado eí cuerpo en eí
campo de una demografía o de una patoíogía hístórícas; ío han
consíderado como asíento de necesídades y de apetítos, como íugar
de procesos físíoíógícos y de metaboíísmos, como bíanco de
ataques mícrobíanos o víraíes; han demostrado hasta qué punto
estaban ímpíícados íos procesos hístórícos en ío que podía pasar
por eí zócaío puramente bíoíógíco de ía exístencía, y qué íugar se
27
debía conceder a ía hístoría de ías socíedades y de íos
"acontecímíentos" bíoíógícos como ía círcuíacíón de íos bacííos, o ía
proíongacíón de ía duracíón de ía vída.
24
Pero eí cuerpo está
tambíén dírectamente ínmerso en un campo poíítíco; ías reíacíones
de poder operan sobre éí una presa ínmedíata; ío cercan, ío mar-
can, ío doman, ío someten a supíícío, ío fuerzan a unos traba|os, ío
obíígan a unas ceremonías, exígen de éí unos sígnos. Este cerco
poíítíco deí cuerpo va unído, de acuerdo con unas reíacíones com-
píe|as y recíprocas, a ía utííízacíón económíca deí cuerpo; eí cuerpo,
en una buena parte, está ímbuído de reíacíones de poder y de
domínacíón, como fuerza de produccíón; pero en cambío, su cons-
títucíón como fuerza de traba|o sóío es posíbíe sí se haíía prendído
(33) en un sístema de su|ecíón (en eí que ía necesídad es tambíén
un ínstrumento poíítíco cuídadosamente díspuesto, caícuíado y utí-
íízado). Eí cuerpo sóío se convíerte en fuerza útíí cuando es a ía vez
cuerpo productívo y cuerpo sometído. Pero este sometímíento no se
obtíene por íos únícos ínstrumentos ya sean de ía víoíencía, ya de ía
ídeoíogía; puede muy bíen ser dírecto, físíco, empíear ía fuerza
contra ía fuerza, obrar sobre eíementos materíaíes, y a pesar de
todo esto no ser víoíento; puede ser caícuíado, organízado, téc-
nícamente refíexívo, puede ser sutíí, sín hacer uso ní de ías armas
ní deí terror, y sín embargo permanecer dentro deí orden físíco. Es
decír que puede exístír un "saber" deí cuerpo que no es exacta-
mente ía cíencía de su funcíonamíento, y un domínío de sus fuerzas
que es más que ía capacídad de vencerías: este saber y este
domínío constítuyen ío que podría ííamarse ía tecnoíogía poíítíca deí
cuerpo. Indudabíemente, esta tecnoíogía es dífusa, rara vez
formuíada en díscursos contínuos y sístemátícos; se compone a
menudo de eíementos y de fragmentos, y utíííza unas herramíentas
o unos procedímíentos ínconexos. A pesar de ía coherencía de sus
resuítados, no sueíe ser síno una ínstrumentacíón muítíforme. Ade-
más, no es posíbíe íocaíízaría ní en un típo defínído de ínstítucíón, ní
en un aparato estataí. Estos recurren a eíía; utííízan, vaíorízan e
ímponen aígunos de sus procedímíentos. Pero eíía mísma en sus
mecanísmos y sus efectos se sítúa a un níveí muy dístínto. Se trata
en cíerto modo de una mícrofísíca deí poder que íos aparatos y ías
ínstítucíones ponen en |uego, pero cuyo campo de vaíídez se sítúa
en cíerto modo entre esos grandes funcíonamíentos y íos propíos
cuerpos con su materíaíídad y sus fuerzas.
Ahora bíen, eí estudío de esta mícrofísíca supone que eí poder que
24
21 Cf. E. Le Roy-Laduríe, "L'hístoíre ímmobííe". Annales, mayo-|unío de 1974.
28
en eíía se e|erce no se concíba como una propíedad, síno como una
estrategía, que sus efectos de domínacíón no sean atríbuídos a una
"apropíacíón", síno a unas dísposícíones, a unas maníobras, a unas
táctícas, a unas técnícas, a unos funcíonamíentos; que se descífre
en éí una red de reíacíones síempre tensas, síempre en actívídad
más que un prívííegío que se podría detentar; que se íe dé como
modeío ía bataíía perpetua más que eí contrato que opera una
cesíón o ía conquísta que se apodera de un terrítorío. Hay que
admítír en suma que este poder se e|erce más que se posee, que
no es eí "prívííegío" adquírído o conservado de ía cíase domínante,
síno eí efecto de con|unto de sus posícíones estratégícas, efecto
que manífíesta y a veces acompaña ía posícíón de aqueííos que son
domínados. Este poder, por otra parte, no se apííca pura y
símpíemente como una obíígacíón o una prohíbícíón, a quíenes "no
ío tíenen"; íos ínvade, pasa por eííos y a través de eííos; se (34)
apoya sobre eííos, deí mísmo modo que eííos mísmos, en su íucha
contra éí, se apoyan a su vez en ías presas que e|erce sobre eííos.
Lo cuaí quíere decír que estas reíacíones descíenden hondamente
en eí espesor de ía socíedad, que no se íocaíízan en ías reíacíones
deí Estado con íos cíudadanos o en ía frontera de ías cíases y que
no se íímítan a reproducír aí níveí de íos índívíduos, de íos cuerpos,
unos gestos y unos comportamíentos, ía forma generaí de ía íey o
deí gobíerno; que sí bíen exíste contínuídad (díchas reíacíones se
artícuían en efecto sobre esta forma de acuerdo con toda una seríe
de engrana|es compíe|os), no exíste anaíogía ní homoíogía, síno es-
pecífícídad de mecanísmo y de modaíídad. Fínaímente, no son
unívocas; defínen puntos ínnumerabíes de enfrentamíento, focos de
ínestabííídad cada uno de íos cuaíes comporta sus ríesgos de con-
fíícto, de íuchas y de ínversíón por ío menos transítoría de ías reía-
cíones de fuerzas. Eí derrumbamíento de esos "mícropoderes" no
obedece, pues, a ía íey deí todo o nada; no se obtíene de una vez
para síempre por un nuevo controí de íos aparatos ní por un nuevo
funcíonamíento o una destruccíón de ías ínstítucíones; en cambío,
nínguno de sus epísodíos íocaíízados puede ínscríbírse en ía hístoría
como no sea por íos efectos que índuce sobre toda ía red en ía que
está prendído.
Ouízás haya que renuncíar tambíén a toda una tradícíón que de|a
ímagínar que no puede exístír un saber síno aííí donde se haíían
suspendídas ías reíacíones de poder, y que eí saber no puede
desarroííarse síno aí margen de sus conmínacíones, de sus exígen-
cías y de sus íntereses. Ouízás haya que renuncíar a creer que eí
poder vueíve íoco, y que, en cambío, ía renuncíacíón aí poder es
29
una de ías condícíones con ías cuaíes se puede ííegar a sabío. Hay
que admítír más bíen que eí poder produce saber (y no símpíe-
mente favorecíéndoío porque ío sírva o apíícándoío porque sea útíí);
que poder y saber se ímpíícan dírectamente eí uno aí otro; que no
exíste reíacíón de poder sín constítucíón correíatíva de un campo de
saber, ní de saber que no suponga y no constítuya aí mísmo tíempo
unas reíacíones de poder. Estas reíacíones de "poder-saber" no se
pueden anaíízar a partír de un su|eto de conocímíento que sería
ííbre o no en reíacíón con eí sístema deí poder; síno que hay que
consíderar, por ío contrarío, que eí su|eto que conoce, íos ob|etos
que conocer y ías modaíídades de conocímíento son otros tantos
efectos de esas ímpíícacíones fundamentaíes deí poder-saber y de
sus trasformacíones hístórícas. En suma, no es ía actívídad deí
su|eto de conocímíento ío que producíría un saber, útíí o reacío aí
poder, síno que eí poder-saber, íos procesos y ías íuchas que ío
atravíesan y que ío constítuyen, son íos que determínan (35) ías
formas, así como tambíén íos domíníos posíbíes deí conocímíento.
Anaíízar eí cerco poíítíco deí cuerpo y ía mícrofísíca deí poder
ímpííca, por ío tanto, que se renuncíe -en ío que concíerne aí poder
- a ía oposícíón víoíencía-ídeoíogía, a ía metáfora de ía propíedad,
aí modeío deí contrato o aí de ía conquísta; en ío que concíerne aí
saber, que se renuncíe a ía oposícíón de ío que es "ínteresado" y de
ío que es "desínteresado", aí modeío deí conocímíento y a ía
prímacía deí su|eto. Prestándoíe a ía paíabra un sentído díferente
deí que íe daban en eí sígío XVII Petty y sus contemporáneos,
podríamos soñar con una "anatomía" poíítíca. No sería eí estudío de
un Estado tomado como un "cuerpo" (con sus eíementos, sus
recursos y sus fuerzas), pero tampoco sería eí estudío deí cuerpo y
deí entorno tomados como un pequeño Estado. Se trataría en éí deí
"cuerpo poíítíco" como con|unto de íos eíementos materíaíes y de
ías técnícas que sírven de armas, de reíevos, de vías de
comunícacíón y de puntos de apoyo a ías reíacíones de poder y de
saber que cercan íos cuerpos humanos y íos domínan hacíendo de
eííos unos ob|etos de saber.
Se trata de reíncorporar ías técnícas punítívas -bíen se apoderen
deí cuerpo en eí rítuaí de íos supíícíos, bíen se dírí|an aí aíma- a ía
hístoría de ese cuerpo poíítíco. Consíderar ías práctícas penaíes
menos como una consecuencía de ías teorías |urídícas que como un
capítuío de ía anatomía poíítíca.
Kantorowítz ha hecho deí "cuerpo deí rey" un anáíísís notabíe:
25
25
22 E. Kantorowítz, The king's two bodies, 1959.
30
cuerpo dobíe según ía teoíogía |urídíca formada en ía Edad Medía,
puesto que ííeva en sí además deí eíemento transítorío que nace y
muere, otro que permanece a través deí tíempo y se mantíene
como eí soporte físíco y sín embargo íntangíbíe deí reíno; en torno
de esta duaíídad, que fue, en su orígen, cercana aí modeío
crístoíógíco, se organízan una íconografía, una teoría poíítíca de ía
monarquía, unos mecanísmos |urídícos que dístínguen y víncuían a
ía vez ía persona deí rey y ías exígencías de ía Corona, y todo un
rítuaí que encuentra en ía coronacíón, íos funeraíes, ías ceremonías
de sumísíón, sus tíempos más vívos. En eí otro poío podríamos
ímagínar que se coíoca eí cuerpo deí condenado; tambíén tíene éí
su status |urídíco; suscíta su ceremoníaí y soíícíta todo un díscurso
teóríco, no para fundar eí "más poder" que representaba ía persona
deí soberano, síno para codífícar eí "menos poder" que marca a
todos aqueííos a quíenes se somete a un castígo. En ía regíón más
oscura deí campo poíítíco, eí condenado díbu|a ía fígura símétríca e
ínvertída deí rey. Habría que anaíízar ío que (36) pudíéramos ííamar
en homena|e a Kantorowítz eí "menor cuerpo deí condenado".
Sí eí supíemento de poder deí íado deí rey provoca eí desdobía-
míento de su cuerpo, eí poder excedente que se e|erce sobre eí
cuerpo sometído deí condenado, ¿no ha suscítado otro típo de
desdobíamíento? Eí de un íncorpóreo, de un "aíma", como decía
Mabíy. La hístoría de esta "mícrofísíca" deí poder punítívo sería
entonces una geneaíogía o una píeza para una geneaíogía deí
"aíma" moderna. Más que ver en esta aíma íos restos reactívados
de una ídeoíogía, reconoceríase en eíía más bíen eí correíato actuaí
de cíerta tecnoíogía deí poder sobre eí cuerpo. No se debería decír
que eí aíma es una ííusíón, o un efecto ídeoíógíco. Pero sí que
exíste, que tíene una reaíídad, que está producída permanen-
temente en torno, en ía superfícíe y en eí ínteríor deí cuerpo por eí
funcíonamíento de un poder que se e|erce sobre aqueííos a quíenes
se castíga, de una manera más generaí sobre aqueííos a quíenes se
vígíía, se educa y corríge, sobre íos íocos, íos níños, íos coíegíaíes,
íos coíonízados, sobre aqueííos a quíenes se su|eta a un aparato de
produccíón y se controía a ío íargo de toda su exístencía. Reaíídad
hístóríca de esa aíma, que a díferencía deí aíma representada por ía
teoíogía crístíana, no nace cuípabíe y castígabíe, síno que nace más
bíen de procedímíentos de castígo, de vígííancía, de pena y de
coaccíón. Esta aíma reaí e íncorpórea no es en absoíuto sustancía;
es eí eíemento en eí que se artícuían íos efectos de determínado
típo de poder y ía referencía de un saber, eí engrana|e por eí cuaí
ías reíacíones de saber dan íugar a un saber posíbíe, y eí saber
31
proíonga y refuerza íos efectos deí poder. Sobre esta reaíídad-
referencía se han construído conceptos díversos y se han deíímí-
tado campos de anáíísís: psíque, sub|etívídad, personaíídad, con-
cíencía, etc.; sobre eíía se han edífícado técnícas y díscursos cíen-
tífícos; a partír de eíía, se ha dado vaíídez a ías reívíndícacíones
moraíes deí humanísmo. Pero no hay que engañarse: no se ha
sustítuído eí aíma, ííusíón de íos teóíogos, por un hombre reaí,
ob|eto de saber, de refíexíón fííosófíca o de íntervencíón técníca. £1
hombre de que se nos había y que se nos ínvíta a ííberar es ya en sí
eí efecto de un sometímíento mucho más profundo que éí mísmo.
Un "aíma" ío habíta y ío conduce a ía exístencía, que es una píeza
en eí domínío que eí poder e|erce sobre eí cuerpo. Eí aíma, efecto e
ínstrumento de una anatomía poíítíca; eí aíma, prísíón deí cuerpo.
Oue íos castígos en generaí y ía prísíón corresponden a una
tecnoíogía (37) poíítíca deí cuerpo, quízá sea menos ía hístoría ía
que me ío ha enseñado que ía época presente. En eí trascurso de
estos úítímos años, se han producído acá y aííá en eí mundo
rebeííones de presos. En sus ob|etívos, en sus consígnas, en su
desarroíío había índudabíemente aígo paradó|íco. Eran rebeííones
contra toda una mísería físíca que data de más de un sígío: contra
eí frío, contra eí hacínamíento y ía faíta de aíre, contra unos muros
vetustos, contra eí hambre, contra íos goípes. Pero eran tambíén
rebeííones contra ías prísíones modeío, contra íos tranquííízantes,
contra eí aísíamíento, contra eí servícío médíco o educatívo.
¿Rebeííones cuyos ob|etívos no eran síno materíaíes? ¿Rebeííones
contradíctorías, contra ía degradacíón, pero contra ía comodídad,
contra íos guardíanes, pero tambíén contra íos psíquíatras? De
hecho, era reaímente de íos cuerpos y de ías cosas materíaíes de ío
que se trataba en todos esos movímíentos, deí mísmo modo que se
trata de eíío en íos ínnumerabíes díscursos que ía prísíón ha
producído desde íos comíenzos deí sígío XIX. Lo que se ha
manífestado en esos díscursos y esas rebeííones, esos recuerdos y
esas ínvectívas, son reaímente ías pequeñas, ías ínfímas
materíaíídades. Ouíen pretenda no ver en eíío otra cosa que
reívíndícacíones cíegas, o ía sobreímpresíón de estrategías
extran|eras, está en su derecho. Se trataba reaímente de una
rebeííón, aí níveí de íos cuerpos, contra eí cuerpo mísmo de ía
prísíón. Lo que estaba en |uego no era eí marco demasíado
carcomído o demasíado aséptíco, demasíado rudímentarío o
demasíado perfeccíonado de ía prísíón; era su materíaíídad en ía
medída en que es ínstrumento y vector de poder; era toda esa
tecnoíogía deí poder sobre eí cuerpo, que ía tecnoíogía deí "aíma"
32
-ía de íos educadores, de íos psícóíogos y de íos psíquíatras- no
consígue ní enmascarar ní compensar, por ía razón de que no es
síno uno de sus ínstrumentos. De esa prísíón, con todos íos asedíos
poíítícos deí cuerpo que en su arquítectura cerrada reúne, es de ía
que quísíera hacer ía hístoría. ¿Por puro anacronísmo? No, sí se
entíende por eíío hacer ía hístoría deí pasado en íos térmínos deí
presente. Sí, sí se entíende por eíío hacer ía hístoría deí presente.
26
II. LA RESONANCIA DE LOS SUPLICIOS
(38) La Ordenanza de 1670 había regído, hasta ía Revoíucíón, ías
formas generaíes de ía práctíca penaí. He aquí ía |erarquía de íos
castígos que prescríbía: "La muerte, eí tormento con reserva de
pruebas, ías gaíeras por un tíempo determínado, eí íátígo, ía re-
tractacíón púbííca, eí destíerro." Era, pues, consíderabíe ía parte de
ías penas físícas. Las costumbres, ía índoíe de íos deíítos, eí
estatuto de íos condenados varíaban además. "La pena de muerte
naturaí comprende todo género de muertes: unos pueden ser con-
denados a ser ahorcados, otros a que íes corten ía mano o ía íengua
o que íes taíadren ésta y íos ahorquen a contínuacíón; otros, por
deíítos más graves, a ser rotos vívos y a expírar en ía rueda, tras de
habérseíes descoyuntado; otros, a ser descoyuntados hasta que
ííegue ía muerte, otros a ser estranguíados y después descoyunta-
dos, otros a ser quemados vívos, otros a ser quemados tras de
haber sído prevíamente estranguíados; otros a que se íes corte o se
íes taíadre ía íengua, y tras eíío a ser quemados vívos; otros a ser
desmembrados por cuatro cabaííos, otros a que se íes corte ía cabe-
za, otros en fín a que se ía rompan."
27
Y Souíatges, como de pasa-
da, añade que exísten tambíén penas íígeras, de ías que ía
Ordenanza no había: satísfaccíón a ía persona ofendída, admoní-
cíón, censura, prísíón por un tíempo determínado, abstencíón de ír
a determínado íugar, y fínaímente ías penas pecuníarías: muítas o
confíscacíón de bíenes.
No debemos engañarnos, sín embargo. Entre este arsenaí de
espanto y ía práctíca cotídíana de ía penaíídad, había un ampíío
26
23 Estudíaré eí nacímíento de ía prísíón únícamente en eí sístema penaí
francés. Las díferencías en íos desarroííos hístórícos y ías ínstítucíones harían
demasíado íaboríosa ía tarea de entrar en eí detaííe y demasíado esquemátíca
ía empresa de restítuír eí fenómeno de con|unto.
27
1 J. A. Soulatges, Traite des crimes, 1762, I, pp. 169-171.
33
margen. Los supíícíos propíamente díchos no constítuían, ní mucho
menos, ías penas más frecuentes. Sín duda, a nuestros o|os de hoy,
ía proporcíón de íos veredíctos de muerte, en ía penaíídad de ía
edad cíásíca, puede parecer ímportante: ías decísíones deí Châteíet
28
durante eí período 1755-1785 comprenden de 9 a 10 % de penas
capítaíes: rueda, horca u hoguera;
29
eí Paríamento de Fíandes había
díctado 39 penas de muerte sobre 260 sentencías, de 1721 a 1730
(y 26 sobre 500 entre 1781 y 1790).
30
Pero no hay (39) que oívídar
que íos tríbunaíes encontraban no pocos medíos para sosíayar íos
rígores de ía penaíídad reguíar, bíen fuera negándose a perseguír
ínfraccíones que se castígaban con penas muy graves, o ya
modífícando ía caíífícacíón deí deííto; a veces, tambíén eí propío
poder regío índícaba que no se apíícara taí o cuaí ordenanza
especíaímente severa.
31
De todos modos, ía mayor parte de ías sen-
tencías íncíuían bíen fuese eí destíerro o ía muíta: en una |urís-
prudencía como ía deí Châteíet (que no |uzgaba síno deíítos reía-
tívamente graves), eí destíerro ha representado entre 1755 y 1785
más de ía mítad de ías penas ínfíígídas. Ahora bíen, gran parte de
estas penas no corporaíes íban acompañadas a títuío accesorío de
penas que ííevaban en sí una dímensíón de supíícío: exposícíón,
pícota, cepo, íátígo, marca; era ía regía en todas ías sentencías a
gaíeras o a ío que era su equívaíente para ías mu|eres -ía recíusíón
en eí hospítaí-; eí destíerro íba con frecuencía precedído por ía
exposícíón y ía marca; ía muíta en ocasíones íba acompañada deí
íátígo. No sóío en ías grandes sentencías a muerte soíemnes, síno
en ía forma ane|a, eí supíícío manífestaba ía parte sígnífícatíva que
tenía en ía penaíídad: toda pena un tanto sería debía ííevar consígo
aígo deí supíícío.
¿Oué es un supíícío? "Pena corporaí, doíorosa, más o menos atroz",
decía |aucourt, que agregaba: "Es un fenómeno ínexpíícabíe ío
ampíío de ía ímagínacíón de íos hombres en cuestíón de barbaríe y
de crueídad."
32
Inexpíícabíe, quízá, pero no írreguíar ní saíva|e,
cíertamente. Eí supíícío es una técníca y no debe asímííarse a ío
extremado de un furor sín íey. Una pena para ser un supíícío debe
responder a tres críteríos príncípaíes: en prímer íugar, ha de
28
* Chatelet. Tribunal civil de Paris. |T.|
29
2 CI. el articulo de P. Petrovitch, in Crime et criminalite en France XVIIe-XVllle siecles, 1971,
pp. 226 ss.
30
3 P. Dautricourt, La criminalite et la repression au Parlement de Flandre, 1721-1790 (1912).
31
4 Es ío que índícaba Choíseuí a propósíto de ía decíaracíón deí 3 de agosto de
1764 sobre íos vagabundos (Mémoire expositif. B. N. tas. 8129 foí. 128-129).
32
5 Encvclopedie, articulo "Supplice".
34
producír cíerta cantídad de sufrímíento que se puede ya que no
medír con exactítud aí menos aprecíar, comparar y |erarquízar. La
muerte es un supíícío en ía medída en que no es símpíemente
prívacíón deí derecho a vívír, síno que es ía ocasíón y eí térmíno de
una gradacíón caícuíada de sufrímíentos: desde ía decapítacíón -
que íos remíte todos a un soío acto y en un soío ínstante: eí grado
cero deí supíícío- hasta eí descuartízamíento, que íos ííeva aí
ínfíníto, pasando por ía horca, ía hoguera y ía rueda, sobre ía cuaí
se agoníza durante íargo tíempo. La muerte-supíícío es un arte de
retener ía vída en eí doíor, subdívídíéndoía en "míí muertes" y
obteníendo con eíía, antes de que cese ía exístencía, "the most
exquísíte agoníes".
33
Eí supíícío descansa (40) sobre todo en un arte
cuantítatívo deí sufrímíento. Pero hay más: esta produccíón está
sometída a regías. Eí supíícío pone en correíacíón eí típo de
per|uícío corporaí, ía caíídad, ía íntensídad, ía duracíón de íos
sufrímíentos con ía gravedad deí deííto, ía persona deí deííncuente
y ía categoría de sus víctímas. Exíste un códígo |urídíco deí doíor; ía
pena, cuando es supíícíante, no cae aí azar o de una vez sobre eí
cuerpo, síno que está caícuíada de acuerdo con regías
escrupuíosas: número de íatígazos, empíazamíento deí híerro aí
ro|o, duracíón de ía agonía en ía hoguera o en ía rueda (eí tríbunaí
decíde sí procede estranguíar ínmedíatamente aí pacíente en vez
de de|arío morír, y aí cabo de cuánto tíempo ha de íntervenír este
gesto de compasíón), típo de mutííacíón que ímponer (mano
cortada, íabíos o íengua taíadrados). Todos estos eíementos
díversos muítípíícan ías penas y se combínan según íos tríbunaíes y
íos deíítos: "La poesía de Dante hecha íeyes", decía Rossí; un íargo
saber físíco-penaí, en todo caso. Eí supíícío forma, además, parte de
un rítuaí. Es un eíemento en ía ííturgía punítíva, y que responde a
dos exígencías. Con reíacíón a ía víctíma, debe ser señaíado: está
destínado, ya sea por ía cícatríz que de|a en eí cuerpo, ya por ía
resonancía que ío acompaña, a voíver ínfame a aqueí que es su
víctíma; eí propío supíícío, sí bíen tíene por funcíón ía de "purgar" eí
deííto, no reconcííía; traza en torno o, me|or dícho, sobre eí cuerpo
mísmo deí condenado unos sígnos que no deben borrarse; ía
memoría de íos hombres, en todo caso, conservará eí recuerdo de
ía exposícíón, de ía pícota, de ía tortura y deí sufrímíento
debídamente comprobados. Y por parte de ía |ustícía que ío ímpone,
eí supíícío debe ser resonante, y debe ser comprobado por todos,
en cíerto modo como su tríunfo. Eí mísmo exceso de ías víoíencías
33
6 La expresíón es de Oíyffe, An essay to prevent capital crimes, 1731.
35
ínfíígídas es uno de íos eíementos de su gíoría: eí hecho de que eí
cuípabíe gíma y gríte ba|o íos goípes, no es un accídente
vergonzoso, es eí ceremoníaí mísmo de ía |ustícía manífestándose
en su fuerza. De ahí, sín duda, esos supíícíos que síguen
desarroííándose aún después de ía muerte: cadáveres quemados,
cenízas arro|adas aí víento, cuerpos arrastrados sobre zarzos,
expuestos aí borde de íos camínos. La |ustícía persígue aí cuerpo
más aííá de todo sufrímíento posíbíe.
Eí supíícío penaí no cubre cuaíquíer castígo corporaí: es una
produccíón díferencíada de sufrímíentos, un rítuaí organízado para
ía marcacíón de ías víctímas y ía manífestacíón deí poder que cas-
tíga, y no ía exasperacíón de una |ustícía que, oívídándose de sus
príncípíos, píerde toda moderacíón. En íos "excesos" de íos supíí-
cíos, se manífíesta toda una economía deí poder.
(41) Eí cuerpo supíícíado se ínscríbe en prímer íugar en eí
ceremoníaí |udícíaí que debe exhíbír, a ía íuz deí día, ía verdad deí
crímen.
En Francía, como en ía mayoría de íos países europeos -con ía
notabíe excepcíón de Ingíaterra-, todo eí procedímíento crímínaí,
hasta ía sentencía, se mantenía secreto: es decír opaco no sóío
para eí púbííco síno para eí propío acusado. Se desarroííaba sín éí, o
aí menos sín que éí pudíese conocer ía acusacíón, íos cargos, ías
decíaracíones, ías pruebas. En eí orden de ía |ustícía penaí, eí saber
era prívííegío absoíuto de ía ínstruccíón deí proceso. "Lo más
dííígentemente y ío más secretamente que pueda hacerse", decía, a
propósíto de ía mísma, eí edícto de 1498. Según ía Ordenanza de
1670, que resumía, y en cíertos puntos reforzaba, ía severídad de ía
época precedente, era ímposíbíe aí acusado tener acceso a íos
autos, ímposíbíe conocer ía ídentídad de íos denuncíantes, ímpo-
síbíe saber eí sentído de ías decíaracíones antes de recusar a íos
testígos, ímposíbíe hacer vaíer, hasta en íos úítímos momentos deí
proceso, íos hechos |ustífícatívos; ímposíbíe tener un abogado, ya
fuese para comprobar ía reguíarídad deí procedímíento, ya para
partícípar, en cuanto aí fondo, en ía defensa. Por su parte, eí
magístrado tenía eí derecho de recíbír denuncías anónímas, de
ocuítar aí acusado ía índoíe de ía causa, de ínterrogarío de manera
capcíosa, de empíear ínsínuacíones.
34
Constítuía, por sí soío y en
todo poder, una verdad por ía cuaí cercaba aí acusado, y esta
verdad ía recíbían íos |ueces hecha, en forma de autos y de ínfor-
mes escrítos; para eííos, únícamente estos eíementos eran proba-
34
7 Hasta el siglo XVIII, hubo largas discusiones en cuanto a saber si, en el curso de los
interrogatorios capciosos, le era licito al juez usar de Ialsas promesas, de embustes o de palabras de
doble signiIicado. Toda una casuistica de la mala Ie procesal.
36
toríos; no veían aí acusado más que una vez para ínterrogarío antes
de díctar su sentencía. La forma secreta y escríta deí procedímíento
responde aí príncípío de que en matería penaí eí estabíecímíento de
ía verdad era para eí soberano y sus |ueces un derecho absoíuto y
un poder excíusívo. Ayrauít suponía que este procedímíento
(estabíecído ya en cuanto a ío esencíaí en eí sígío XVI) tenía por
orígen eí "temor a íos tumuítos, a ías gríterías y cíamoreos a que se
entrega ordínaríamente eí puebío, eí temor de que hubíera des-
orden, víoíencía, ímpetuosídad contra ías partes e íncíuso contra íos
|ueces". Díríase que eí rey había querído con eso demostrar que eí
"soberano poder" aí que corresponde eí derecho de castígar no
puede en caso aíguno pertenecer a "ía muítítud".
35
Ante ía |ustícía
deí soberano, todas ías voces deben caííar.
(42) Pero eí secreto no ímpedía que, para estabíecer ía verdad, de-
bíera obedecerse a determínadas regías. Eí secreto ímpíícaba ín-
cíuso que se defíníera un modeío ríguroso de demostracíón penaí.
Toda una tradícíón, que remontaba a íos años centraíes de ía Edad
Medía, pero que íos grandes |urístas deí Renacímíento habían des-
arroííado ampííamente, prescríbía ío que debían ser ía índoíe y ía
efícacía de ías pruebas. Todavía en eí sígío XVIII se encontraban
reguíarmente dístíncíones como éstas: pruebas cíertas, dírectas o
íegítímas (íos testímoníos, por e|empío) y ías pruebas índírectas,
con|eturaíes, artífícíaíes (por argumento); o ías pruebas manífíestas,
ías pruebas consíderabíes, ías pruebas ímperfectas o íeves;
36
o
tambíén: ías pruebas "urgentes o necesarías" que no permíten du-
dar de ía verdad deí hecho (son unas pruebas "píenas": así dos
testígos írreprochabíes afírman haber vísto aí acusado, con una
espada desnuda y ensangrentada en ía mano, saíír deí íugar en eí
que, aígún tíempo después, se encontrara eí cuerpo deí dífunto
atravesado por una estocada); íos índícíos próxímos o pruebas se-
mípíenas, que se pueden consíderar como verdaderas en tanto que
eí acusado no ías destruya por una prueba contraría (prueba
"semípíena", como un soío testígo ocuíar o unas amenazas de
muerte que preceden a un asesínato); en fín, íos índícíos íe|anos o
"admínícuíos",
37
que no consísten síno en ía opíníón de esos
hombres (eí rumor púbííco, ía huída deí sospechoso, su turbacíón
cuando se íe ínterroga, etc.).
38
Ahora bíen, esas dístíncíones no son
símpíemente sutííezas teórícas. Tíenen una funcíón operatoría. En
35
8 P. Ayrault, L´Ordre, formalite et instruction fudiciaire, 1576, 1. m, cap. LXXII y cap. LXXIX.
36
9 D. Jousse, Traite de la justice criminelle, 1771, I, p. 660.
37
* Adminiculo: en |urísprudencía, ío que ayuda a ía prueba. |T.|
38
10 P. F. Muyart de Vouglans, Institutes au droit criminel. 1757, pp. 345-347.
37
prímer íugar, porque cada uno de esos índícíos, tomado en sí mísmo
y sí permanece aísíado, puede tener un típo defínído de efecto
|udícíaí: ías pruebas píenas pueden traer apare|ado cuaíquíer típo
de condena; ías semípíenas pueden acarrear penas afííctívas, pero
|amás ía muerte; íos índícíos ímperfectos y íeves bastan para hacer
"decretar" aí sospechoso, a adoptar contra éí una medída de más
ampíía ínformacíón o a ímponeríe una muíta. Además, porque se
combínan entre eíías de acuerdo con unas regías precísas de
cáícuío. Dos pruebas semípíenas pueden hacer una prueba
compíeta; unos admínícuíos, con taí de que sean varíos y que
concuerden, pueden combínarse para formar una semíprueba; pero
|amás por sí soíos, por numerosos que sean, pueden equívaíer a
una prueba compíeta. Se cuenta, pues, con una arítmétíca penaí
que es escrupuíosa sobre no pocos puntos, pero que de|a todavía
un margen a muchas díscusíones: ¿es posíbíe atender, (43) para
díctar una sentencía capítaí, a una soía prueba píena, o bíen es
precíso que vaya acompañada de otros índícíos más íeves? ¿Dos
índícíos próxímos son equívaíentes síempre a una prueba píena?
¿No habría que admítír tres, o combínaríos con íos índícíos íe|anos?
Exísten eíementos que no pueden ser índícíos síno para de-
termínados deíítos, en determínadas círcunstancías y en reíacíón
con determínadas personas (así un testímonío se anuía sí procede
de un vagabundo; se refuerza, por eí contrarío, sí se trata de "una
persona de consíderacíón" o de un amo en eí caso de un deííto
domestíco). Arítmétíca moduíada por una casuístíca, que tíene por
funcíón defínír cómo una prueba |udícíaí puede ser construída. De
un íado, este sístema de ías "pruebas íegaíes", hace que ía verdad
en ía esfera penaí sea eí resuítado de un arte compíe|o; obedece a
unas regías que únícamente pueden conocer íos especíaíístas, y
refuerza por consíguíente eí príncípío deí secreto. "No basta con
que eí |uez tenga ía convíccíón que puede tener todo hombre
razonabíe... Nada más faííbíe que esta manera de |uzgar que, en
reaíídad, no es síno una opíníón más o menos fundada." Pero por
otra parte, es para eí magístrado una coaccíón severa; a faíta de
esta reguíarídad, "toda sentencía condenatoría sería temeraría, y
puede decírse en cíerto modo que es ín|usta aun en eí caso de que,
en reaíídad, eí acusado fuese cuípabíe".
39
Líegará un día en que ía
sínguíarídad de esta verdad |udícíaí parecerá escandaíosa como sí
ía |ustícía no tuvíera que obedecer a ías regías de ía verdad común:
"¿Oué se díría de una semíprueba en ías cíencías susceptíbíes de
39


11 Poullain du Parc, Principes du droit Irançais selon les coutumes de Bretagne, 1767-1771, t. XI,
pp. 112-113. CI. A. Esmein, Histoire de la procedure criminelle en France, 1882, pp. 260-283; K. J.
Mittermaier, Traite de la preuve, trad. de 1848, pp. 15-19.
38
demostracíón? ¿Oué sería una semíprueba geométríca o
aígebraíca?"
40
Pero no hay que oívídar que estas coaccíones
formaíes de ía prueba |urídíca eran un modo de reguíacíón ínterna
deí poder absoíuto y excíusívo de saber.
Escríta, secreta, sometída, para construír sus pruebas, a regías
rígurosas, ía ínstruccíón penaí es una máquína que puede producír
ía verdad en ausencía deí acusado. Y por eíío mísmo, aunque en
derecho estrícto no tenía necesídad, este procedímíento va a tender
necesaríamente a ía confesíón. Por dos razones: en prímer íugar
porque constítuye una prueba tan decísíva que no hay necesídad
apenas de añadír otras, ní de entrar en ía dífícíí y dudosa
combínatoría de íos índícíos; ía confesíón, con taí de que sea hecha
(44) con arregío a íos usos, díspensa casí aí acusador deí cuídado
de sumínístrar otras pruebas (en todo caso, ías más dífícííes). Ade-
más, ía úníca manera de que este procedímíento píerda todo ío que
ííeva en sí de autorídad unívoca, y se convíerta en una víctoría
efectívamente obtenída sobre eí acusado y reconocída por éí, eí
soío modo de que ía verdad asuma todo su poder, es que eí deíín-
cuente tome a su cuenta su propío crímen, y fírme por sí mísmo ío
que ha sído sabía y oscuramente construído por ía ínstruccíón.
Como decía Ayrauít, a quíen no íe gustaban en absoíuto estos
procedímíentos secretos, "No está eí todo en que íos maíos sean
castígados |ustamente. Es precíso, a ser posíbíe, que se |uzguen y
se condenen eííos mísmos."
41
En eí ínteríor deí crímen reconstítuído
por escríto, eí crímínaí que confíesa víene a desempeñar eí papeí de
verdad víva. La confesíón, acto deí su|eto deííncuente, responsabíe
y paríante, es un documento compíementarío de una ínstruccíón
escríta y secreta. De ahí ía ímportancía que todo este
procedímíento de típo ínquísítívo concede a ía confesíón.
De ahí tambíén ías ambígüedades de su papeí. De una parte, se
trata de hacerío entrar en eí cáícuío generaí de ías pruebas; se hace
vaíer que no es nada más que una de eíías: no es ía evidentia rei;
tan vana en esto como ía más decísíva de ías pruebas, tampoco ía
confesíón puede conseguír por sí soía ía condena, síno que debe ír
acompañada de índícíos ane|os y de presuncíones; porque ya se ha
vísto a acusados que se decíaraban cuípabíes de deíítos que no
habían cometído. Eí |uez habrá, pues, de hacer ínvestígacíones
compíementarías, sí no tíene en su posesíón otra cosa que ía
confesíón reguíar deí cuípabíe. Pero, por otra parte, ía confesíón
40
12 G. Seigneux de Correvon, Essai sur l'usage, l'abus et les inconvenients de la torture, 1768, p.
63.
41
13 P. Ayrauít, L'Ordre, formalité et instruction judiciaire, J. l, cap. 14.
39
aventa|a a cuaíquíer otra prueba. Les es hasta cíerto punto
trascendente; eíemento en eí cáícuío de ía verdad, es tambíén eí
acto por eí cuaí eí acusado acepta ía acusacíón y reconoce su
íegítímídad; trasforma una ínstruccíón hecha sín éí, en una
afírmacíón voíuntaría. Por ía confesíón, eí propío acusado toma sítío
en eí rítuaí de produccíón de ía verdad penaí. Como ío decía ya eí
derecho medíevaí, ía confesíón convíerte ía cosa en notoría y
manífíesta. A esta prímera ambígüedad se superpone otra: prueba
partícuíarmente decísíva, que no píde para obtener ía condena síno
aígunos índícíos supíementaríos, reducíendo aí mínímo eí traba|o de
ínformacíones y ía mecáníca demostradora, ía confesíón es, por ío
tanto, buscada; se utííízarán todas ías coaccíones posíbíes para
obtenería. Pero sí debe ser, en eí procedímíento, ía contrapartída
víva y oraí de ía ínstruccíón escríta, sí debe ser su répííca (45) y
como ía autentífícacíón de parte deí acusado, debe ír rodeada de
garantías y de formaíídades. Conserva en sí aígo de ía transaccíón;
por eso se exíge que sea "espontánea", que se haya formuíado ante
eí tríbunaí competente, que se haga en toda concíencía, que no se
refíera a cosas ímposíbíes, etc.
42
Por ía confesíón, eí acusado se
compromete respecto deí procedímíento; fírma ía verdad de ía
ínformacíón.
Esta dobíe ambígüedad de ía confesíón (eíemento de prueba y
contrapartída de ía ínformacíón; efecto de coaccíón y transaccíón
semívoíuntaría) expííca íos dos grandes medíos que eí derecho crí-
mínaí cíásíco utíííza para obtenería: eí |uramento que se íe píde
prestar aí acusado antes de su ínterrogatorío (amenaza por consí-
guíente de ser per|uro ante ía |ustícía de íos hombres y ante ía de
Díos y, aí mísmo tíempo, acto rítuaí de compromíso); ía tortura
(víoíencía físíca para arrancar una verdad que, de todos modos,
para constítuír prueba, ha de ser repetída después ante íos |ueces.
a títuío de confesíón "espontánea"). A fínes deí sígío XVIII ía tortura
habría de ser denuncíada como resto de ías barbaríes de otra edad:
muestra de un saíva|ísmo que se denuncía como "gótíco". Cíerto es
que ía práctíca de ía tortura tíene orígenes íe|anos: ía Inquísícíón
índudabíemente, e íncíuso sín duda más aííá, íos supíícíos de
42
14 En íos catáíogos de pruebas |udícíaíes ía confesíón aparece hacía íos sígíos
XIII y XIV. No se ía encuentra en Bernardo de Pavía, pero sí en Hostíe-mís. La
fórmuía de Cráter es, por ío demás, característíca: "aut legitime con-victus aut
sponte confessus".
En eí derecho medíevaí ía confesíón no era váíída de no haber sído hecha por
un mayor de edad y ante eí adversarío. Cf. |. Ph. Lévy, La Hiérarchie des
preuves dans le droit savant du Moyen Age, 1939.
40
escíavos. Pero no fígura en eí derecho cíásíco como un rastro o una
mancha. Tíene su íugar estrícto en un mecanísmo penaí compíe|o
en eí que eí procedímíento de típo ínquísítoríaí va íastrado de
eíementos deí sístema acusatorío; en eí que ía demostracíón escríta
necesíta de un correíato oraí; en eí que ías técnícas de ía prueba
admínístrada por íos magístrados van mezcíadas con íos
procedímíentos de ías torturas por ías cuaíes se desafíaba aí
acusado a mentír; en eí que se íe píde, de ser necesarío por ía más
víoíenta de ías coaccíones, que desempeñe en eí procedímíento eí
papeí de coíaborador voíuntarío; en eí que se trataba, en suma, de
hacer producír ía verdad por un mecanísmo de dos eíementos, eí de
ía ínvestígacíón ííevada secretamente por ía autorídad |udícíaí y eí
deí acto reaíízado rítuaímente por eí acusado. Eí cuerpo deí acusado
-cuerpo paríante y, de ser necesarío, sufríente- asegura eí
engrana|e de esos dos mecanísmos; por eíío, míentras eí sístema
punítívo cíásíco no haya sído reconsíderado de arríba aba|o (46), no
habrá síno muy pocas crítícas radícaíes de ía tortura.
43
Mucho más
frecuentes son íos símpíes conse|os de prudencía: "Eí tormento es
un medío peíígroso para ííegar aí conocímíento de ía verdad; por
eso íos |ueces no deben recurrír a éí sín refíexíonar. Nada más
equívoco. Hay cuípabíes con ía fírmeza sufícíente para ocuítar un
crímen verdadero... ; otros, ínocentes, a quíenes ía íntensídad de
íos tormentos hace confesar crímenes de íos que no son
cuípabíes."
44
Partíendo de esto, es posíbíe reconocer eí funcíonamíento deí
tormento como supíícío de verdad. En prímer íugar, eí tormento no
es una manera de arrancar ía verdad a toda costa; no es ía tortura
desencadenada de íos ínterrogatoríos modernos; es crueí
cíertamente, pero no saíva|e. Se trata de una práctíca regíamen-
tada, que obedece a un procedímíento bíen defínído: momentos,
duracíón, ínstrumentos utííízados, íongítud de ías cuerdas, peso de
cada pesa, número de cuñas, íntervencíones deí magístrado que ín-
terroga, todo esto se haíía, de acuerdo con ías díferentes costum-
bres, puntuaímente codífícado.
45
La tortura es un |uego |udícíaí
estrícto. Y a causa de eíío, por encíma de ías técnícas de ía
Inquísícíón, eníaza con ías víe|as pruebas que tenían curso en íos
43
15 La mas Iamosa de estas criticas es la de Nicolas: Si la torture est un moven a verifier les
crimes, 1682.
44
16 Cl. Ferriere, Dictionnaire de pratique, 1740, t. H, p. 612.
45
17 En 1729, Aguesseau mandó hacer una encuesta sobre íos medíos y ías re-
gías de tortura apíícados en Francía. Se haíía resumída por |oíy de Fíeury (B. N.
Fonds |oíy de Fíeury, 258, voís. 322-328).
41
procedímíentos acusatoríos: ordaíías, dueíos |udícíaíes, |uícíos de
Díos. Entre eí |uez que ordena eí tormento y eí sospechoso a quíen
se tortura, exíste tambíén como una especíe de |usta; sométese aí
"pacíente" -taí es eí térmíno por eí cuaí se desígna aí supíícíado-
a una seríe de pruebas, graduadas en severídad y de ías cuaíes
tríunfa "resístíendo", o ante ías cuaíes fracasa confesando.
46
Pero eí
|uez no ímpone ía tortura sín aceptar, por su parte, ríesgos (y no es
únícamente eí peíígro de ver morír aí sospechoso); arríesga en ía
partída una baza, a saber, íos eíementos de prueba que ha reunído
ya; porque ía regía ímpone que, sí eí acusado "resíste" y no
confíesa, se vea eí magístrado obíígado a abandonar íos cargos. Eí
supíícíado ha ganado. De donde ía costumbre, que se había
íntroducído para íos casos más graves, de ímponer ía tortura "con
reserva de pruebas": en este caso eí |uez podía contínuar, después
de ías torturas, hacíendo vaíer ías presuncíones que
(47) reuníera; no se decíaraba ínocente aí sospechoso por su
resístencía, pero aí menos debía a su víctoría eí no poder ser
condenado a muerte. Eí |uez conservaba todas sus cartas, excepto
ía príncípaí. Omnia citra mortem. De ahí, ía recomendacíón que a
menudo se hacía a íos |ueces de no someter a tormento a un
sospechoso sufícíentemente convícto de íos crímenes más graves;
porque sí sucedía que resístía a ía tortura, eí |uez no tendría ya eí
derecho de ínfíígíríe ía pena de muerte que, sín embargo, merecía.
En esta |usta, ía |ustícía saídría perdíendo: sí ías pruebas bastan
"para condenar a determínado cuípabíe a muerte", no hay que
"aventurar ía condena a ía suerte y aí resuítado de un tormento
provísíonaí que a menudo no conduce a nada; porque, aí fín y aí
cabo, a ía saíud e ínterés púbíícos convíene hacer escarmíentos de
íos crímenes graves, atroces y capítaíes".
47
Ba|o ía aparente búsqueda terca de una verdad precípítada, se
reconoce en ía tortura cíásíca eí mecanísmo regíamentado de una
prueba: un reto físíco que ha de decídír en cuanto a ía verdad; sí eí
pacíente es cuípabíe, íos sufrímíentos que se íe ímponen no son
ín|ustos; pero es tambíén un sígno de díscuípa en eí caso de que
sea ínocente. Sufrímíento, afrontamíento y verdad, están en ía
práctíca de ía tortura íígados íos unos a íos otros: traba|an en co-
mún eí cuerpo deí pacíente. La búsqueda de ía verdad por medío
deí tormento es reaímente una manera de provocar ía aparícíón de
46
18 El primer grado del suplicio era la exhibicion de los instrumentos de tortura. No se pasaba de
esta etapa cuando se trataba de niños y de ancianos de mas de setenta años.
47
19 G. du Rousseaud de ía Combe, Traité des matières criminelles, 1741, p.
503.
42
un índícío, eí más grave de todos, ía confesíón deí cuípabíe; pero es
tambíén ía bataíía, con ía víctoría de un adversarío sobre eí otro, ío
que "produce" rítuaímente ía verdad. En ía tortura para hacer
confesar hay aígo de ínvestígacíón y hay aígo de dueío.
En ía tortura van tambíén mezcíados un acto de ínformacíón y un
eíemento de castígo. Y no es ésta una de ías menores parado|as. La
tortura se defíne en efecto como una manera de compíetar ía
demostracíón cuando "no hay en eí proceso penas sufícíentes". Se
ía cíasífíca entre ías penas; y es una pena tan grave que, en ía
|erarquía de íos castígos, ía Ordenanza de 1670 ía ínscríbe ínme-
díatamente después de ía muerte. ¿Cómo puede empíearse una
pena como un medío?, se preguntará más tarde. ¿Cómo se puede
hacer vaíer como castígo ío que debería ser un procedímíento de
demostracíón? La razón está en ía manera en que ía |ustícía penaí,
en ía época cíásíca, hacía funcíonar ía produccíón de ía verdad. Las
díferentes partes de ía prueba no constítuían otros tantos eíe-
mentos neutros; no aguardaban a estar reunídos en un haz úníco
para aportar ía certídumbre fínaí de ía cuípabííídad. Cada índícío
(48) aportaba consígo un grado de abomínacíón. La cuípabííídad no
comenzaba, una vez reunídas todas ías pruebas; documento a
documento, estaba constítuída por cada uno de íos eíementos que
permítían reconocer un cuípabíe. Así, una semíprueba no voívía íno-
cente aí sospechoso, en tanto que no había sído compíetada: hacía
de éí un semícuípabíe; eí índícío, así fuera íeve, de un crímen grave,
marcaba aí índívíduo como "un poco" crímínaí. En suma, ía
demostracíón en matería penaí no obedece a un sístema duaíísta -
verdadero o faíso-, síno a un príncípío de gradacíón contínua: un
grado obtenído en ía demostracíón formaba ya un grado de
cuípabííídad e ímpíícaba, por consíguíente, un grado de castígo. Eí
sospechoso, como taí, merecía síempre determínado castígo; no se
podía ser ínocentemente ob|eto de una sospecha. La sospecha
ímpíícaba a ía vez de parte deí |uez un eíemento de demostracíón,
de parte deí detenído eí sígno de cíerta cuípabííídad, y de parte deí
castígo una forma íímítada de pena. A un sospechoso que seguía
síendo sospechoso no se íe decíaraba ínocente por eíío: era
parcíaímente castígado. Cuando se había ííegado a cíerto grado de
presuncíón se podía, por ío tanto, poner en |uego íegítímamente
una práctíca que tenía dobíe papeí: comenzar a castígar en vírtud
de ías índícacíones ya reunídas, y servírse de este comíenzo de
pena para arrancar eí resto de verdad que todavía faítaba. La
tortura |udícíaí, en eí sígío XVIII, funcíona en medío de esta extraña
economía en ía que eí rítuaí que produce ía verdad corre pare|as
43
con eí rítuaí que ímpone eí castígo. Eí cuerpo ínterrogado en eí
supíícío es a ía vez eí punto de apíícacíón deí castígo y eí íugar de
obtencíón de ía verdad. Y de ía mísma manera que ía presuncíón es
soíídaríamente un eíemento de ínvestígacíón y un fragmento de
cuípabííídad, por su parte eí sufrímíento regíamentado deí tormento
es a ía vez una medída para castígar y un acto de ínformacíón.
Ahora bíen, de manera curíosa, este engrana|e de íos dos rítuaíes a
través deí cuerpo prosígue, una vez hecha ía prueba y formuíada ía
sentencía, en ía e|ecucíón mísma de ía pena. Y eí cuerpo deí
condenado es de nuevo una píeza esencíaí en eí ceremoníaí deí
castígo púbííco. Corresponde aí cuípabíe manífestar a ía íuz deí día
su condena y ía verdad deí crímen que ha cometído. Su cuerpo
exhíbído, paseado, expuesto, supíícíado, debe ser como eí soporte
púbííco de un procedímíento que había permanecído hasta enton-
ces en ía sombra; en éí, sobre éí, eí acto de |ustícía debe ííegar a
ser íegíbíe por todos. Esta manífestacíón actuaí y patente de ía (49)
verdad en ía e|ecucíón púbííca de ías penas adopta, en eí sígío XVIII,
varíos aspectos.
J) Hacer en prímer íugar deí cuípabíe eí pregonero de su propía
condena. Se íe encarga, en cíerto modo, de procíamaría y de
atestíguar así ía verdad de ío que se íe ha reprochado: paseo por
ías caííes, carteí que se íe pone en ía espaída, eí pecho o ía cabeza
para, recordar ía sentencía; aítos en díferentes cruces de caííes,
íectura de ía sentencía que ío condena, retractacíón púbííca a ía
puerta de ías ígíesías, por ía cuaí eí condenado reconoce
soíemnemente su crímen: "Descaízo, en camísa, con un hacha
encendída en ía mano, de rodííías, decír y decíarar que
perversamente, horríbíemente, aíevosamente y de propío íntento,
había cometído eí odíosísímo crímen, etc."; exposícíón en eí poste
en eí que se mencíonan íos hechos y ía sentencía; íectura fínaí de ía
sentencía aí píe deí cadaíso. Ya se trate símpíemente de ía pícota o
de ía hoguera y de ía rueda, eí condenado pubííca su crímen y ía
|ustícía que íe ímpone eí castígo, ííevándoíos físícamente sobre su
propío cuerpo.
2) Proseguír una vez más ía escena de ía confesíón. Agregar a ía
confesíón forzada de ía retractacíón púbííca, un reconocímíento
espontáneo y púbííco. Instaurar eí supíícío como momento de
verdad. Hacer que esos úítímos ínstantes en íos que eí cuípabíe ya
no tíene nada que perder se ganen para ía íuz merídíana de ío ver-
dadero. Ya eí tríbunaí podía decídír, después de ía sentencía, una
nueva tortura para arrancar eí nombre de íos cómpííces eventuaíes.
Estaba prevísto íguaímente que en eí momento de subír aí cadaíso
44
eí condenado podía soíícítar una tregua para hacer nuevas
reveíacíones. Eí púbííco aguardaba esta nueva perípecía de ía
verdad. Muchos ía aprovechaban para ganar un poco de tíempo,
como aqueí Mícheí Barbíer, cuípabíe de asaíto a mano armada:
"Míró desvergonzadamente eí cadaíso, y dí|o que no había sído
cíertamente para éí para quíen se había eíevado, supuesto que era
ínocente; pídíó prímero subír aí aposento en eí que no hízo otra
cosa que desatínar durante medía hora, tratando síempre de querer
|ustífícarse; envíado después aí supíícío, subíó aí cadaíso con paso
decídído, pero cuando se vío despo|ado de sus ropas y atado a ía
cruz a punto de recíbír íos goípes de barra, pídíó subír una segunda
vez aí aposento, en eí que aí fín hízo ía confesíón de su crímen y
decíaró íncíuso que era cuípabíe de otro asesínato."
48
Eí verdadero
supíícío tíene por funcíón hacer que se manífíeste ía verdad, y en
esto prosígue, hasta ante íos o|os deí púbííco, eí traba|o deí
tormento. Aporta a ía sentencía ía fírma de aqueí que ía sufre. Un
(50) supíícío con resuítado satísfactorío |ustífíca ía |ustícía, en ía
medída en que pubííca ía verdad deí deííto en eí cuerpo mísmo deí
supíícíado. E|empío deí buen condenado ío fue Françoís Bííííard, que
había sído ca|ero generaí de ías postas y que en 1772 asesínó a su
mu|er. Eí verdugo quería taparíe ía cara para ííbrarío de íos ínsuítos.
"No se me ha ínfíígído esta pena que he merecído, dí|o, para que
esconda ía cara ante eí púbííco... Iba todavía vestído con eí tra|e de
íuto por su esposa... ííevaba en íos píes unos zapatos nuevos, y eí
peío rízado y espoívoreado de bíanco, con un contínente tan
modesto y tan ímponente que ías personas que ío contempíaban
desde más cerca decían que o bíen era eí crístíano más perfecto o
eí más grande de todos íos hípócrítas. Y como eí carteí que ííevaba
sobre eí pecho se torcíera, se vío que éí mísmo rectífícaba su
posícíón, sín duda para que se pudíera íeer más fácíímente."
49
La
ceremonía penaí, con taí de que cada uno de sus actores
represente bíen su papeí, tíene ía efícacía de una proíongada
confesíón púbííca.
3) Prender como con un aífííer eí supíícío sobre eí crímen mísmo;
estabíecer entre uno y otro una seríe de reíacíones descífrabíes.
Exposícíón deí cadáver deí condenado en eí íugar de su crímen, o
en una de ías encrucí|adas más próxímas. E|ecucíón en eí íugar
mísmo donde eí crímen se cometíera, como eí estudíante que en
1723 había matado a varías personas y para eí cuaí eí presídíaí
50
48
20 S.P. Hardy, Mes loisirs, B. N., ms. 6680-87, t. ív, p. 80, 1778.
49
21 S. P. Hardy. Mes loisirs, t. I, p. 327 (únícamente está ímpreso eí tomo I).
50
* Presidial. antiguo tribunal civil y criminal de primera instancia. |T.|
45
de Nantes decíde eíevar un cadaíso ante ía puerta de ía posada
donde había cometído sus asesínatos.
51
Utííízacíón de supíícíos
"símbóíícos" en íos que ía forma de ía e|ecucíón remíte a ía índoíe
deí crímen: se taíadra ía íengua de íos bíasfemos, se quema a íos
ímpuros, se corta ía mano que dío muerte; a veces se hace que eí
condenado Heve, empuñándoío, eí ínstrumento de su crímen. Así,
cuando Damíens, eí famoso cuchííííto cubíerto de azufre y su|eto a
ía mano cuípabíe, que habría de arder a ía vez que aquéí. Como
decía Víco, esta víe|a |urísprudencía fue "toda una poétíca".
En eí íímíte, se encuentran aígunos casos de reproduccíón casí
teatraí deí crímen en ía e|ecucíón deí cuípabíe: íos mísmos ínstru-
mentos, íos mísmos gestos. Ante íos o|os de todos, ía |ustícía hace
repetír eí crímen por íos supíícíos, pubíícándoío en su verdad y
anuíándoío a ía vez por ía muerte deí cuípabíe. Todavía en eí sígío
XVIII, en 1772, se encuentran sentencías como ía síguíente. Como
una críada de Cambraí díera muerte a su ama, se ía condenó
(51) a ser ííevada aí íugar de su supíícío en una carreta "de ías que
sírven para trasportar ías ínmundícías a todas ías encrucí|adas"; aííí
habrá "una horca aí píe de ía cuaí se coíocará eí mísmo síííón en eí
que estaba sentada ía ííamada De Laíeu, su ama, cuando ía
asesínó; y una vez aííí, eí verdugo íe cortará ía mano derecha y ía
arro|ará en su presencía aí fuego, dándoíe, ínmedíatamente des-
pués, cuatro ta|os con ía cuchííía de que se sírvíó para asesínar a ía
cítada De Laíeu, eí prímero y eí segundo de íos cuaíes en ía cabeza,
eí tercero en eí antebrazo ízquíerdo, y eí cuarto en eí pecho;
después se ía coígará y estranguíará en dícha horca hasta que
sobrevenga ía muerte. Pasadas dos horas, eí cadáver será descoí-
gado, y ía cabeza separada de aquéí aí píe de dícha horca, sobre
dícho cadaíso, con ía mísma cuchííía de que se sírvíó para asesínar
a su ama, y ía taí cabeza será expuesta sobre una píca de veínte
píes de aítura fuera de ía puerta deí cítado Cambraí, a ía vísta deí
camíno que ííeva a Douaí, y eí resto deí cuerpo, metído en un saco
y enterrado |unto a dícha píca, a díez píes de profundídad".
52
4) En
fín, ía íentítud deí supíícío, sus perípecías, íos grítos y sufrímíentos
deí condenado desempeñan, aí térmíno deí rítuaí |udícíaí, eí papeí
de una prueba úítíma. Como toda agonía, ía que tíene íugar sobre eí
cadaíso expresa cíerta verdad: pero con más íntensídad, en ía
medída en que eí doíor ía apremía; con más rígor puesto que es
51
22 Archívos munícípaíes de Nantes, F. F. 124. Cf. P. Parfouru, Mémoires de la
société archéologique d'llle-et-Vilaine, 1896, t. xxv.
52
23 Cítado en P. Dautrícourt, op. cit., pp. 269-270.
46
exactamente eí punto de confíuencía entre eí |uícío de íos hombres
y eí de Díos; con más resonancía ya que se desarroíía en púbííco.
Los sufrímíentos deí supíícío proíongan íos de ía tortura
preparatoría; en ésta, sín embargo, nada estaba aún decídído y se
podía saívar ía vída; ahora ía muerte es segura, y se trata de saívar
eí aíma. Eí |uego eterno ha comenzado ya: eí supíícío es una
antícípacíón de ías penas deí más aííá; muestra ío que son, es eí
teatro deí ínfíerno; íos grítos deí condenado, su rebeííón, sus
bíasfemías, sígnífícan ya su írremedíabíe destíno. Pero íos doíores
de aquí aba|o pueden vaíer tambíén como penítencía para dísmínuír
íos castígos deí más aííá: taí martírío, sí se soporta con resígnacíón,
no de|ará de ser tenído en cuenta por Díos. La crueídad deí castígo
terreno se regístra en reba|a de ía pena futura: díbú|ase en eíía ía
promesa deí perdón. Pero todavía puede decírse: ¿unos
sufrímíentos tan vívos no son eí sígno de que Díos ha abandonado
aí cuípabíe en manos de íos hombres? Y íe|os de ser prenda de una
absoíucíón futura, fíguran ía condenacíón ínmínente; en tanto que,
sí eí condenado muere pronto, sín agonía proíongada, ¿no es ésta ía
prueba de que Díos ha querído protegerío (52) e ímpedír que caíga
en ía desesperacíón? Ambígüedad, pues, de este sufrímíento, que ío
mísmo puede sígnífícar ía verdad deí crímen o eí error de íos |ueces,
ía bondad o ía perversídad deí crímínaí, ía coíncídencía o ía
dívergencía entre eí |uícío de íos hombres y eí de Díos. De ahí ía
formídabíe curíosídad que agoípa a íos espectadores en torno deí
cadaíso y de íos sufrímíentos que ofrece en espectácuío;
descífranse en eíía eí crímen y ía ínocencía, eí pasado y eí futuro, ío
terreno y ío eterno. Momento de verdad que todos íos espectadores
ínterrogan: cada paíabra, cada gríto, ía duracíón de ía agonía, eí
cuerpo que resíste, ía vída que no quíere arrancarse, todo esto es
un sígno: hay eí que ha vívído "seís horas sobre ía rueda, sín querer
que eí verdugo, que ío consoíaba y anímaba, sín duda,
espontáneamente, ío abandonara un soío ínstante"; hay eí que
muere "con sentímíentos muy crístíanos, y testímonía eí
arrepentímíento más síncero"; eí que "expíra en ía rueda una hora
después de haber sído coíocado en eíía"; se díce que íos
espectadores de su supíícío se síntíeron conmovídos por íos testí-
moníos externos de reíígíón y de arrepentímíento que díera; eí que
había manífestado íos sígnos más vívos de contrícíón a ío íargo de
todo eí trayecto hasta eí cadaíso, pero que, coíocado vívo sobre ía
rueda, no de|a de "íanzar auííídos espantosos"; o tambíén ía mu|er
que "había conservado su sangre fría hasta eí momento de ía
íectura de ía sentencía, pero cuyo |uícío comenzó entonces a
47
trastornarse, hasta ííegar a ía demencía más compíeta aí ser
ahorcada".
53
Se cíerra eí círcuío: deí tormento a ía e|ecucíón, eí cuerpo ha
producído y reproducído ía verdad deí crímen. O más bíen cons-
títuye eí eíemento que a través de todo un |uego de rítuaíes y de
pruebas confíesa que eí crímen ha ocurrído, profíere que ío ha
cometído éí mísmo, muestra que ío ííeva ínscríto en sí y sobre sí,
soporta ía operacíón deí castígo y manífíesta de ía manera más
patente sus efectos. Eí cuerpo varías veces supíícíado garantíza ía
síntesís de ía reaíídad de íos hechos y de ía verdad de ía ínstruc-
cíón, de íos actos deí procedímíento y deí díscurso deí crímínaí, deí
crímen y deí castígo. Píeza esencíaí por consíguíente en una ííturgía
penaí, en ía que debe formar ía pare|a de un procedímíento
ordenado en torno de íos derechos formídabíes deí soberano, de ías
actuacíones |udícíaíes y deí secreto.
Eí supíícío |udícíaí hay que comprenderío tambíén como un rítuaí
poíítíco. Forma parte, así sea en un modo menor, de ías ceremonías
por ías cuaíes se manífíesta eí poder.
(53) La ínfraccíón, en eí derecho de ía edad cíásíca, por encíma deí
per|uícío que puede producír eventuaímente, por encíma íncíuso de
ía regía que ínfrínge, íesíona eí derecho de aqueí que ínvoca ía íey:
"íncíuso en eí supuesto de que no haya ní ín|uría ní daño aí
índívíduo, sí se ha cometído aígo que ía íey prohíba, es un deííto
que exíge reparacíón, porque ha sído víoíado eí derecho deí supe-
ríor y porque se ín|uría con eíío ía dígnídad de su carácter".
54

deííto, además de su víctíma ínmedíata, ataca aí soberano; ío ataca
personaímente ya que ía íey vaíe por ía voíuntad deí soberano; ío
ataca físícamente ya que ía fuerza de ía íey es ía fuerza deí prín-
cípe. Porque "para que una íey pueda estar en vígor en este reíno,
era precíso necesaríamente que emanara de manera dírecta deí
soberano, o aí menos que fuera confírmada por eí seíío de su
autorídad".
55
La íntervencíón deí soberano no es, pues, un arbítra|e
entre dos adversaríos: es íncíuso mucho más que una accíón para
hacer respetar íos derechos de cada cuaí; es su répííca dírecta
contra quíen íe ofendíó. "Eí e|ercícío deí poder soberano en eí cas-
tígo de ío» crímenes constítuye sín duda una de ías partes más
esencíaíes de ía admínístracíón de ía |ustícía."
56
Eí castígo no puede,
53
24 S. P. Hardy, Mes loisirs, t. I, p. 13; t. IV, p. 42; t. v. p. 184.
54
25 P. Risi, Observations sur les matieres de jurisprudence criminelle, 1768, p. 9, con reIerencia a
Cocceius, Dissertationes ad Grotium, XII, § 545.
55
26 P. F. Muyart de Vouglans, Les Lois criminelles de France, 1780, p. xxxiv.
56
27 D. |ousse, Traité de la justice criminelle, 1777, p. víí.
48
por ío tanto, ídentífícarse ní aun a|ustarse a ía reparacíón deí daño;
debe síempre exístír en eí castígo una parte, aí menos, que es ía deí
príncípe; e íncíuso cuando se combína ésta con ía reparacíón
prevísta, constítuye eí eíemento más ímportante de ía ííquídacíón
penaí deí deííto. Ahora bíen, esta parte deí príncípe, en sí mísma, no
es símpíe: por un íado, ímpííca ía reparacíón deí daño que se ha
hecho a su reíno, deí desorden ínstaurado, deí e|empío dado,
per|uícío consíderabíe y sín común medída con eí que se ha
cometído respecto de un partícuíar; pero ímpííca tambíén que eí rey
procura ía venganza de una afrenta que ha sído hecha a su
persona.
Eí derecho de castígar será, pues, como un aspecto deí derecho deí
soberano a hacer ía guerra a sus enemígos: castígar pertenece a
ese "derecho de guerra, a ese poder absoíuto de vída y muerte de
que había eí derecho romano con eí nombre de merum imperium,
derecho en vírtud deí cuaí eí príncípe hace e|ecutar su íey
ordenando eí castígo deí crímen".
57
Pero eí castígo es tambíén una
manera de procurar una venganza que es a ía vez personaí y pú-
bííca, ya que en ía íey se encuentra presente en cíerto modo ía (54)
fuerza físíco-poíítíca deí soberano: "Se ve por ía defínícíón de ía íey
mísma que no tíende únícamente a defender síno además a vengar
eí desprecío de su autorídad con eí castígo de quíenes ííegan a
víoíar su defensas."
58
En ía e|ecucíón de ía pena más reguíar, en eí
respeto más exacto de ías formas |urídícas, se encuentran ías
fuerzas actívas de ía víndícta.
Eí supíícío desempeña, pues, una funcíón |urídíco-poíítíca. Se trata
de un ceremoníaí que tíene por ob|eto reconstítuír ía soberanía por
un ínstante uítra|ada: ía restaura manífestándoía en todo su
espíendor. La e|ecucíón púbííca, por precípítada y cotídíana que
sea, se ínserta en toda ía seríe de íos grandes rítuaíes deí poder
ecíípsado y restaurado (coronacíón, entrada deí rey en una cíudad
conquístada, sumísíón de íos súbdítos subíevados); por encíma deí
crímen que ha menosprecíado aí soberano, despííega a íos o|os de
todos una fuerza ínvencíbíe. Su ob|eto es menos restabíecer un
equíííbrío que poner en |uego, hasta su punto extremo, ía dísímetría
entre eí súbdíto que ha osado víoíar ía íey, y eí soberano
omnípotente que e|erce su fuerza. Sí ía reparacíón deí daño prí-
vado, ocasíonado por eí deííto, debe ser bíen proporcíonada, sí ía
sentencía debe ser equítatíva, ía e|ecucíón de ía pena no se reaííza
para dar eí espectácuío de ía mesura, síno eí deí desequíííbrío y deí
57
28 P. F. Muyart de Vouglans, ibid.
58
29 lbid.
49
exceso; debe exístír, en esa ííturgía de ía pena, una afírmacíón
enfátíca deí poder y de su superíorídad íntrínseca. Y esta supe-
ríorídad no es símpíemente ía deí derecho, síno ía de ía fuerza físíca
deí soberano cayendo sobre eí cuerpo de su adversarío y do-
mínándoío: aí quebrantar ía íey, eí ínfractor ha atentado contra ía
persona mísma deí príncípe; es eíía -o aí menos aqueííos en
quíenes ha deíegado su fuerza- ía que se apodera deí cuerpo deí
condenado para mostrarío marcado, vencído, roto. La ceremonía
punítíva es, pues, en suma, "aterrorízante". Los |urístas deí sígío
XVIII, cuando comíence su poíémíca con íos reformadores, darán de
ía crueídad físíca de ías penas una ínterpretacíón restríctíva y
"modernísta": sí son necesarías ías penas severas es porque eí
e|empío debe ínscríbírse profundamente en eí corazón de íos
hombres. De hecho, sín embargo, ío que hasta entonces había
mantenído esta práctíca de íos supíícíos, no era una economía deí
e|empío, en eí sentído en que habría de entenderse en ía época de
íos ídeóíogos (que ía representacíón de ía pena prevaíezca sobre eí
ínterés deí crímen), síno una poíítíca deí terror: hacer sensíbíe a
todos, sobre eí cuerpo deí crímínaí, ía presencía desenfrenada deí
soberano. Eí supíícío no restabíecía ía |ustícía; reactívaba eí poder.
En eí sígío (55) XVII, y todavía a príncípíos deí XVIII, no era, pues,
con todo su teatro de terror, eí resíduo aún no borrado de otra
época. Su encarnízamíento, su resonancía, ía víoíencía corporaí, un
|uego desequíííbrado de fuerzas, un ceremoníaí esmerado -en
suma, todo eí aparato de íos supíícíos se ínscríbía en eí
funcíonamíento poíítíco de ía penaíídad.
Es posíbíe comprender a partír de ahí cíertas característícas de ía
ííturgía de íos supíícíos. Y ante todo ía ímportancía de un rítuaí que
había de despíegar su magnífícencía en púbííco. Nada debía quedar
ocuíto de este tríunfo de ía íey. Sus epísodíos eran tradícíonaímente
íos mísmos y, sín embargo, ías sentencías condenatorías no
de|aban de enumeraríos, que hasta taí punto eran ímportantes en
eí mecanísmo penaí: desfííes, aítos en íos cruces de caííes,
detencíón a ía puerta de ías ígíesías, íectura púbííca de ía sentencía,
genufíexíón, decíaracíones en voz aíta de arrepentímíento por ía
ofensa hecha a Díos y aí rey. Ocurría que ías cuestíones de
precedencía y de etíqueta ías decídía eí propío tríbunaí. "Los
ofícíaíes montarán a cabaíío en eí síguíente orden, a saber: a ía
cabeza íos dos sargentos de poíícía; a contínuacíón eí pacíente; tras
éí, írán |untos Bonfort y Le Corre a su ízquíerda, íos cuaíes abrírán
paso aí escríbano deí tríbunaí que íos seguírá, de este modo írán a
ía píaza púbííca deí mercado mayor, en cuyo íugar será e|ecutada ía
50
sentencía."
59
Ahora bíen, este ceremoníaí escrupuíoso es, de una
manera muy expíícíta, no sóío |udícíaí síno mííítar. La |ustícía deí rey
se muestra como una |ustícía armada. Eí acero que castíga aí
cuípabíe es tambíén eí que destruye a íos enemígos. Todo un
aparato mííítar rodea eí supíícío: |efes de ía ronda, arqueros,
exentos, soídados. Se trata desde íuego de ímpedír toda evasíón o
acto de víoíencía; se trata tambíén de prevenír, de parte deí puebío,
un arranque de símpatía para saívar a íos condenados, o un
arrebato de furor para daríes muerte ínmedíatamente; pero se trata
tambíén de recordar que en todo crímen hay como una subíevacíón
contra ía íey y que eí crímínaí es un enemígo deí príncípe. Todas
estas razones -ya sean de precaucíón en una coyuntura
determínada, o de funcíón en eí desarroíío de un rítuaí- hacen de
ía e|ecucíón púbííca, más que una obra de |ustícía, una
manífestacíón de fuerza; o más bíen, es ía |ustícía como fuerza
físíca, materíaí y terríbíe deí soberano ía que en eíía se despííega.
La ceremonía deí supíícío pone de manífíesto a ía íuz deí día ía
reíacíón de fuerzas que da su poder a ía íey.
(56) Como rítuaí de ía íey armada, en eí que eí príncípe se muestra
a ía vez, y de manera índísocíabíe, ba|o eí dobíe aspecto de |efe de
|ustícía y dé |efe de guerra, ía e|ecucíón púbííca tíene dos caras:
una de víctoría, otra de íucha. Por una parte, cíerra soíemnemente
una guerra entre eí crímínaí y eí soberano, cuyo deseníace era ya
conocído; debe manífestar eí poder desmesurado deí soberano so-
bre aqueííos a quíenes ha reducído a ía ímpotencía. La dísímetría, eí
írreversíbíe desequíííbrío de fuerzas, formaban parte de ías fun-
cíones deí supíícío. Un cuerpo anuíado y reducído a poívo y arro|ado
aí víento, un cuerpo destruído trozo a trozo por eí ínfíníto deí poder
soberano, constítuye eí íímíte no sóío ídeaí síno reaí deí castígo. Lo
prueba eí famoso supíícío de ía Massoía que se apíícaba en Avíñón,
pero que fue uno de íos prímeros que excító ía índígnacíón de íos
contemporáneos; supíícío aparentemente paradó|íco puesto que se
desarroíía casí por compíeto después de ía muerte, y porque ía
|ustícía no hace en éí otra cosa que despíegar sobre un cadáver su
teatro magnífíco, eí eíogío rítuaí de su fuerza: eí condenado está
atado a un poste, con íos o|os vendados; aírededor, sobre eí
cadaíso, unas pícas con unos ganchos de híerro. "Eí confesor había
aí pacíente aí oído, y después que íe ha dado ía bendícíón, eí
verdugo, que bíande una maza de híerro, como ías empíeadas en
íos mataderos, asesta un goípe con toda su fuerza en ía síen deí
59
30 Cítado en A. Corre, Documents pour servir à l'histoire de la torture judi-
ciaire en 8retagne, 1896, p. 7.
51
desdíchado, que cae muerto. Aí momento mortis exactor, con un
gran cuchííío, íe da un ta|o en ía garganta, con ío que queda bañado
en sangre, cosa que constítuye un espectácuío horríbíe de ver. Le
rompe íos tendones hacía íos dos taíones, y a contínuacíón íe abre
eí víentre deí cuaí saca eí corazón, eí hígado, eí bazo y íos
puímones, que va coígando de un gancho de híerro y corta a trozos
eí cuerpo, coígándoíos de íos demás ganchos a medída que íos
corta, como se hace con íos de una res. Contempía esto eí que es
capaz de contempíar cosas seme|antes."
60
En ía forma
expíícítamente evocada de ía carnícería, ía destruccíón ínfínítesímaí
deí cuerpo se íntegra aquí en eí espectácuío: cada trozo queda
expuesto como para ía venta.
Eí supíícío se ííeva a cabo con todo un ceremoníaí de tríunfo; pero
íncíuye tambíén, como núcíeo dramátíco de su desarroíío
monótono, una escena de afrontamíento: es ía accíón ínmedíata y
dírecta deí verdugo sobre eí cuerpo deí "pacíente"'. Accíón re-
gíamentada, índudabíemente, ya que ía costumbre, y a menudo, de
manera expíícíta, ía sentencía, prescríben sus príncípaíes epísodíos
(57). Y que, con todo, ha conservado aígo de ía bataíía. Eí verdugo
no es símpíemente aqueí que apííca ía íey, síno eí que despííega ía
fuerza; es eí agente de una víoíencía que se apííca, para domínaría,
a ía víoíencía deí crímen. De ese crímen, eí verdugo es ma-
teríaímente, físícamente, eí adversarío. Adversarío a veces compa-
sívo y a veces encarnízado. Damhoudère se que|aba, con muchos
de sus contemporáneos, de que íos verdugos e|ercían "todas ías
crueídades con íos pacíentes maíhechores, arrastrándoíos, goípeán-
doíos y matándoíos como sí tuvíeran un anímaí entre sus manos".
61
Y durante mucho tíempo no se perderá esa costumbre.
62
En ía
ceremonía deí supíícío hay además aígo deí reto y de ía |usta. Sí eí
verdugo tríunfa, sí consígue desprender de un goípe ía cabeza que
íe han pedído que corte, "se ía muestra aí puebío, ía de|a en eí
sueío y saíuda después aí púbííco, que íe dedíca un apíauso con
fuerte batír de paímas".
63
Por eí contrarío, sí fracasa, sí no íogra
matar como es debído, se hace merecedor de un castígo. Taí eí
60
31 A. Bruncau, Observations et maximes sur les matieres criminelles, 1715, p. 259.
61
32 J. de Damhoudere, Pratique judiciaire es causes civiles, 1572, p. 219.
62
33 I.a Ga:ette des tribunaux, 6 de julio de 1837, reIiere, segun el Journal de Gloucester, la
conducta "atroz y repugnante" de un verdugo que tras de haber ahorcado a un condenado "tomo el
cadaver por los hombros, le hizo dar una vuelta sobre si mismo con violencia y lo golpeo
repetidamente, diciendo: 'Viejo bribon, ¿estas ya bastante muerto?' Despues, volviendose a la
multitud, solto en tono chocarrero las expresiones mas indecentes".
63
34 Escena reIerida por T. S. Gueulette, de la ejecucion del exento Mon-tigny en 1737. CI. R.
Anchel, Crimes et chatiments au XJIIIe siecle, 1933, pp. 62-69.
52
caso deí verdugo de Damíens, eí cuaí, por no haber sabído
descuartízar a su pacíente según ías regías, tíene que cortarío con
cuchííío; se confíscan, en provecho de íos pobres, íos cabaííos deí
supíícío que se íe prometíeran. Años después, eí verdugo de Avíñón
había hecho sufrír demasíado a íos tres bandídos, con todo y que
eran temíbíes, a íos que tenía que ahorcar; íos espectadores se
eno|an, ío denuncían, y para castígarío y tambíén para sustraerío a
ía víndícta popuíar, se íe encarceía.
64
Detrás de este castígo deí
verdugo torpe, se perfíía una tradícíón muy próxíma todavía, ía cuaí
quería que eí condenado fuese perdonado sí ía e|ecucíón fracasaba.
Era una costumbre cíaramente estabíecída en aígunas comarcas.
65
Eí puebío esperaba a menudo que se apíícara, y ocurría a veces que
protegía a un condenado que acababa de escapar así de ía muerte.
Para hacer desaparecer esta costumbre y esta esperanza, fue pre-
císo ínvocar eí adagío "eí cadaíso no píerde su presa"; hubo que
tener ía precaucíón de íntroducír en ías sentencías capítaíes
consígnas (58) sígnas expíícítas: "coígado y estranguíado hasta que
sobrevenga ía muerte", "hasta ía extíncíón de ía vída". Y |urístas
como Serpíííon o Bíackstone ínsísten en píeno sígío XVIII en eí hecho
de que eí fracaso deí verdugo no debe sígnífícar para eí condenado
ía saívacíón de ía vída.
66
Había en esto aígo de ía prueba y deí |uícío
de Díos que era todavía descífrabíe en ía ceremonía de ía e|ecucíón.
En su afrontamíento con eí condenado, eí verdugo era en cíerto
modo como eí campeón deí rey. Campeón sín embargo ínconfesa-
bíe y no reconocído: según ía tradícíón, parece ser, cuando se ha-
bían seííado ías credencíaíes deí verdugo, no se ponían sobre ía
mesa síno que se arro|aban aí sueío. Conocídos son todos íos ín-
terdíctos que rodeaban aqueí "ofícío muy necesarío" y, sín em-
bargo, "contra natura".
67
Por más que, en cíerto sentído, fuera ía
espada |ustícíera deí rey, eí verdugo compartía con su adversarío su
ínfamía. Eí poder soberano que íe ordenaba matar y que por medío
de éí mataba, no estaba presente en eí verdugo; este poder no se
ídentífícaba con su encarnízamíento. Y precísamente |amás
64
35 CI. L. Duhamel, Les executions capitales a Avignon, 1890, p. 25.
65
36 En Borgoña, por ejemplo, cI. Chassanee, Consuetudo Burgundi, Iol. 55.
66
37 F. Serpíííon, Code criminel, 1767, t. III, p. 1100. Bíackstone: "Es cosa cíara
que sí un crímínaí condenado a ser ahorcado hasta que sobrevenga ía muerte
se ííbra de eíía por ía torpeza deí verdugo y escapa a otras manos, eí sheriff
está obíígado a repetír ía e|ecucíón, porque ía sentencía no ha sído cumpíída; y
porque sí nos de|áramos ganar por esta faísa compasíón, se abríría ía puerta a
ínfínídad de coíusíones" (Commentaire sur le Code criminel d'Angleterre, trad,
francesa, 1776, p. 201).
67
38 Ch. Loyseau, Cinq livres du droit des offices, ed. de 1613, pp. 80-81.
53
aparecía taí poder con más espíendor que cuando ínterrumpía eí
gesto deí verdugo por un mensa|e de índuíto. Eí poco tíempo que
separaba generaímente ía sentencía de ía e|ecucíón (a menudo
unas horas) hacía que ía remísíón íntervíníera generaímente en eí
úítímo momento. Pero, sín duda, ía íentítud deí desarroíío de ía
ceremonía estaba caícuíada para dar íugar a taí eventuaíídad.
68
Los
condenados esperan ía remísíón y, para aíargar eí tíempo, todavía
pretenden, aí píe deí cadaíso, tener reveíacíones que hacer. Cuando
eí puebío ía deseaba, ía pedía a grítos, trataba de retrasar eí úítímo
momento, acechaba aí mensa|ero que ííevaba ía carta con eí seíío
de cera verde y, de ser necesarío, hacía creer que estaba aí ííegar
(esto es ío que ocurríó en eí momento de ía e|ecucíón de íos
condenados por eí motín de íos secuestros de níños, eí 3 de agosto
(59) de 1750). Eí soberano está presente en ía e|ecucíón no sóío
como eí poder que venga ía íey, síno como eí que puede suspender
ía íey y ía venganza. Sóío éí debe ser dueño de íavar ías ofensas
que se íe han hecho; sí bíen es cíerto que ha deíegado en íos
tríbunaíes eí cuídado de e|ercer su poder de |ustícíero, no ío ha
ena|enado; ío conserva íntegramente para íevantar ía pena tanto
como para de|ar que caíga sobre eí deííncuente.
Hay que concebír eí supíícío, taí como está rítuaíízado aún en eí
sígío XVIII, como un operador poíítíco. Se ínscríbe íógícamente en
un sístema punítívo, en eí que eí soberano, de manera dírecta o
índírecta, píde, decíde y hace e|ecutar íos castígos, en ía medída en
que es éí quíen, a través de ía íey, ha sído aícanzado por eí crímen.
En toda ínfraccíón, hay un crimen majestatis, y en eí menor de íos
crímínaíes un pequeño regícída en potencía. Y eí regícída, a su vez,
no es ní más ní menos que eí crímínaí totaí y absoíuto, ya que en
íugar de atacar, como cuaíquíer deííncuente, una decísíón o una
voíuntad partícuíar deí poder soberano, ataca su príncípío en ía
persona físíca deí príncípe. Eí castígo ídeaí deí regícída sería, pues,
ía suma de todos íos supíícíos posíbíes. Sería ía venganza ínfíníta:
ías íeyes francesas en todo caso no preveían pena fí|a para esta
especíe de monstruosídad. Fue precíso ínventar ía de Ravaíííac
combínando unas con otras ías más crueíes que se habían
practícado en Francía. Ouísíéronse ímagínar más atroces todavía
68
39 Cf. S. P. Hardy, 30 de enero de 1769, p. 125 deí voí. ímpreso; 14 de dí-
cíembre de 1779, ív, p. 229; R. Ancheí, Crimes et châtiments au XVllle siècle,
pp. 162-163, refíere ía hístoría de Antoíne Bouííeteíx que está ya aí píe deí
cadaíso cuando ííega un |ínete con eí famoso pergamíno. Grítan todos "víva eí
Rey", se ííeva a Bouííeteíx a ía taberna, y míentras tanto eí escríbano pasa eí
sombrero hacíendo una coíecta.
54
para Damíens. Hubo proyectos, pero se ías |uzgó menos perfectas.
Repítíóse por ío tanto ía escena de Ravaíííac. Y hay que reconocer
que hubo moderacíón, sí se píensa cómo en 1584 fue abandonado
eí asesíno de Guíííermo de Orange a ío ínfíníto de ía venganza. "Eí
prímer día, fue conducído a ía píaza, donde encontró un caídero de
agua hírvíendo, en ía que fue íntroducído eí brazo con que había
asestado eí goípe. Aí día síguíente, íe fue cortado este brazo, eí
cuaí, como cayera a sus píes en eí acto, ío empu|ó con eí píe,
hacíéndoío caer |unto aí patíbuío; aí tercer día, fue atenaceado por
deíante en ías tetííías y en ía parte deíantera deí brazo,' aí cuarto
fue íguaímente atenaceado por detrás en íos brazos y en ías naígas;
y así consecutívamente, este hombre fue martírízado por espacío
de díecíocho días." Eí úítímo día, fue enrodado y fínaímente
"fa|ado". Aí cabo de seís horas, contínuaba pídíendo agua todavía,
pero no se ía díeron. "Fínaímente se íe pídíó aí íugarteníente de ío
crímínaí que ío hícíera rematar y estranguíar, con eí fín de que su
aíma no se desesperara, y se perdíera."
69
(60) No hay duda de que, por encíma de toda esta organízacíón, ía
exístencía de íos supíícíos respondía a otra cosa muy dístínta.
Rusche y Kírchheímer tíenen razón de ver en eíía eí efecto de un
régímen de produccíón en eí que ías fuerzas de traba|o, y por ende
eí cuerpo humano, no tíenen ía utííídad ní eí vaíor comercíaí que
habría de seríes conferído en una economía de típo índustríaí. Es
cíerto tambíén que eí "menosprecío" deí cuerpo se refíere a una
actítud generaí respecto de ía muerte; y en esta actítud se podría
descífrar tanto íos vaíores propíos deí crístíanísmo como una
sítuacíón demográfíca y en cíerto modo bíoíógíca: íos estragos de ía
enfermedad y deí hambre, ías mortandades períódícas de ías
epídemías, ía formídabíe mortaíídad de íos níños, ío precarío de íos
equíííbríos bíoeconómícos, todo esto hacía que ía muerte fuera
famíííar y suscítaba en torno suyo hechos rítuaíes para íntegraría,
hacería aceptabíe y dar un sentído a su permanente agresíón. Sería
precíso tambíén para anaíízar esta perdurabííídad de íos supíícíos
remítírse a hechos de coyuntura. No se debe oívídar que ía
Ordenanza de 1670 que rígíó ía |ustícía crímínaí hasta ía víspera de
ía Revoíucíón, había aumentado aún en cíertos puntos eí rígor de
íos víe|os edíctos; Pussort, que, entre íos comísaríos encargados de
preparar íos textos, representaba íos desígníos deí rey, ío había
ímpuesto así, en contra de cíertos magístrados como Lamoígnon. La
muítípíícídad de íos íevantamíentos a medíados todavía de ía edad
69
40 Brantôme, Mémoires, La vie des hommes illustres ed de 1722, t H, pp.
191-192.
55
cíásíca, eí cercano fragor de ías guerras cívííes, ía voíuntad deí rey
de hacer que prevaíecíera su poder sobre eí de íos paríamentos,
expíícan en una buena parte ía persístencía de un régímen penaí
"duro". Tenemos aquí, para |ustífícar un sístema de penas
supíícíantes, razones generaíes y en cíerto modo externas; expíícan
ía posíbííídad y ía contínuada persístencía de ías penas físícas, ía
endebíez y eí carácter bastante aísíado de ías protestas que se íes
oponen. Pero sobre este fondo había que hacer que aparecíera ía
funcíón precísa. Sí eí supíícío se haíía tan fuertemente íncrustado en
ía práctíca |urídíca se debe a que es reveíador de ía verdad y
reaíízador deí poder. Garantíza ía artícuíacíón de ío escríto sobre ío
oraí, de ío secreto sobre ío púbííco, deí procedímíento de
ínvestígacíón sobre ía operacíón de ía confesíón; permíte que se
reproduzca eí crímen y ío vueíve sobre eí cuerpo vísíbíe deí
crímínaí; es precíso que eí crímen, en su mísmo horror, se
manífíeste y se anuíe. Hace tambíén deí cuerpo deí condenado eí
íugar de apíícacíón de ía víndícta soberana, eí punto de encuentro
para una manífestacíón deí poder, ía ocasíón de afírmar ía
dísímetría de ías fuerzas. Más adeíante veremos que ía reíacíón
verdad-poder se mantíene en eí corazón de todos íos mecanísmos
punítívos, y que vueíve a encontrarse (61) en ías práctícas
contemporáneas de ía penaíídad, pero ba|o otra forma, y con
efectos muy dístíntos. Las Luces no tardarán en desacredítar íos
supíícíos, reprochándoíes su "atrocídad". Térmíno por eí cuaí eran a
menudo caracterízados, pero sín íntencíón crítíca, por íos propíos
|urístas. Ouízá ía nocíón de "atrocídad" es una de ías que ayudan
más a comprender ía economía deí supíícío en ía antígua práctíca
penaí. La atrocídad es ante todo una característíca propía de
aígunos de íos grandes crímenes: se refíere aí número de íeyes
naturaíes o posítívas, dívínas o humanas que atacan, a ía
manífestacíón escandaíosa o por eí contrarío a ía astucía secreta
con que han sído cometídos, a ía categoría y aí estatuto de íos que
son sus autores y sus víctímas; eí desorden que suponen o que
acarrean, eí horror que suscítan. Ahora bíen, eí castígo, en ía
medída en que debe hacer que se manífíeste a íos o|os de cada cuaí
eí crímen en toda su severídad, debe asumír esta mísma atrocídad,
debe sacaría a ía íuz por medío de ías confesíones, de íos díscursos,
de íos carteíes que ía hacen púbííca; debe reproducíría en ías
ceremonías que ía apíícan aí cuerpo deí cuípabíe ba|o ía forma de ía
humíííacíón y deí sufrímíento. La atrocídad es esa parte deí crímen
que eí castígo vueíve supíícío para hacer que se manífíeste a ía íuz
deí día: fígura ínherente aí mecanísmo que produce, en eí corazón
56
deí propío castígo, ía verdad vísíbíe deí crímen. Eí supíícío forma
parte deí procedímíento que estabíece ía reaíídad de ío que se
castíga. Pero hay más: ía atrocídad de un crímen es tambíén ía
víoíencía deí reto íanzado aí soberano; es ío que va a provocar de
su parte una répííca que desempeña ía funcíón de sobrepu|ar esta
atrocídad, de domínaría, de tríunfar de eíía por un exceso que ía
anuía. La atrocídad propía deí supíícío desempeña, pues, un dobíe
papeí: príncípío de ía comunícacíón deí crímen con ía pena, es, de
otra parte, ía exasperacíón deí castígo con reíacíón aí crímen.
Asegura aí mísmo tíempo ía manífestacíón de ía verdad y ía deí
poder; es eí rítuaí de ía ínvestígacíón que termína y ía ceremonía
por ía que tríunfa eí soberano. Une a íos dos en eí cuerpo deí
supíícíado. La práctíca punítíva deí sígío XIX tratará de poner ía
mayor dístancía posíbíe entre ía búsqueda "serena" de ía verdad y
ía víoíencía que no se puede borrar por compíeto deí castígo.
Tratará tambíén de marcar ía heterogeneídad que separa eí crímen
que hay que sancíonar y eí castígo ímpuesto por eí poder púbííco.
Entre ía verdad y eí castígo, no deberá haber ya síno una reíacíón
de consecuencía íegítíma. Oue eí poder que castíga no se manche
ya por un crímen mayor que aqueí que ha querído castígar. Oue se
mantenga ínocente de ía pena que ínfííge. "Apresurémonos a
proscríbír supíícíos seme|antes. No eran dígnos síno de (62) íos
monstruos coronados que gobernaron a íos romanos."
70
Pero,
según ía práctíca penaí de ía época precedente, ía proxímídad, en
eí supíícío, deí soberano y deí crímen, ía mezcía que se produce
entre ía "demostracíón" y eí castígo, no se debían a una confusíón
bárbara; ío que en eíío se |ugaba era eí mecanísmo de ía atrocídad
y sus encadenamíentos necesaríos. La atrocídad de ía expíacíón
organízaba ía reduccíón rítuaí de ía ínfamía por ía omnípotencía. Eí
hecho de que ía faíta y eí castígo se comuníquen entre sí y se unan
en ía forma de ía atrocídad, no era ía consecuencía de una íey deí
taííón oscuramente admítída. Era eí efecto, en íos rítos punítívos, de
determínada mecáníca deí poder: de un poder que no sóío no
dísímuía que se e|erce dírectamente sobre íos cuerpos, síno que se
exaíta y se refuerza con sus manífestacíones físícas; de un poder
que se afírma como poder armado, y cuyas funcíones de orden, en
todo caso, no están enteramente separadas de ías funcíones de
guerra; de un poder que se vaíe de ías regías y ías obíígacíones
como de víncuíos personaíes cuya ruptura constítuye una ofensa y
píde una venganza; de un poder para eí cuaí ía desobedíencía es un
70
41 C. E. Pastoret, a propósíto de ía pena de íos regícídas, Des lois pénales,
1790, II, p. 61.
57
acto de hostííídad, un comíenzo de subíevacíón, que no es en su
príncípío muy díferente de ía guerra cívíí; de un poder que no tíene
que demostrar por qué apííca sus íeyes, síno quíénes son sus
enemígos y qué desencadenamíento de fuerza íos amenaza; de un
poder que, a faíta de una vígííancía ínínterrumpída, busca ía
renovacíón de su efecto en ía resonancía de sus manífestacíones
sínguíares; de un poder que cobra nuevo vígor aí hacer que se
manífíeste rítuaímente su reaíídad de sobrepoder.
Ahora bíen, entre todas ías razones por ías cuaíes se sustítuírán
unas penas que no sentían vergüenza de ser "atroces" por unos
castígos que reívíndícarían eí honor de ser "humanos", hay una que
es precíso anaíízar ínmedíatamente, en ía medída en que es ínterna
aí supíícío mísmo: eíemento a ía vez de su funcíonamíento y
príncípío de su perpetuo desorden.
En ías ceremonías deí supíícío, eí persona|e príncípaí es eí puebío,
cuya presencía reaí e ínmedíata está requerída por su reaíízacíón.
Un supíícío que hubíese sído conocído, pero cuyo desarroíío se
mantuvíera en secreto, no habría tenído sentído. Eí e|empío se
buscaba no sóío suscítando ía concíencía de que ía menor ínfrac-
cíón corría eí peíígro de ser castígada, síno provocando un efecto de
terror por eí espectácuío deí poder cayendo sobre eí cuípabíe:
(63) "En matería crímínaí, eí punto más dífícíí es ía ímposícíón de ía
pena: es eí ob|eto y eí térmíno deí procedímíento, y eí úníco fruto,
por eí e|empío y eí terror, cuando está bíen apíícada aí cuípabíe."
71
Pero en esta escena de terror, eí papeí deí puebío es ambíguo. Se íe
ííama como espectador; se íe convoca para que asísta a ías
exposícíones, a ías retractacíones púbíícas; ías pícotas, ías horcas y
íos patíbuíos se eíevan en ías píazas púbíícas y aí borde de íos ca-
mínos; se deposíta en ocasíones durante varíos días íos cadáveres
de íos supíícíados bíen en evídencía cerca de íos íugares de sus
crímenes. Es precíso no sóío que ía gente sepa, síno que vea por
sus propíos o|os. Porque es precíso que se atemoríce; pero tambíén
porque eí puebío debe ser eí testígo, como eí fíador deí castígo, y
porque debe hasta cíerto punto tomar parte en éí. Ser testígo es un
derecho que eí puebío reívíndíca; un supíícío ocuíto es un supíícío
de prívííegíado, y con frecuencía se sospecha que no se reaííza con
toda su severídad. Se protesta cuando en eí úítímo momento ía
víctíma es hurtada a ías míradas. Eí ca|ero generaí de postas había
sído expuesto a ía vergüenza por haber dado muerte a su mu|er;
sustraído después a ía muítítud, "se íe hace subír a un carrua|e de
71
42 A. Bruneau, Observations et maximes SUT les affaires criminelles, 1715. PreIacio no Ioliado de
la primera parte.
58
aíquííer; de no haber ído bíen escoítado, es de creer que hubíera
sído dífícíí ííbrarío de íos maíos tratos deí popuíacho que cíamaba
|ustícía contra éí".
72
Cuando se ahorcó a ía mu|er Lescombat, se
tuvo eí cuídado de taparíe eí rostro con una "especíe de pañoíeta";
ííeva "un pañueío sobre eí cueíío y ía cabeza, ío que hace murmurar
aí púbííco y decír que no es ía Lescombat".
73


Eí puebío reívíndíca su
derecho a comprobar íos supíícíos, y ía persona a quíen se apíícan.
74
Tíene derecho tambíén a tomar parte en eííos. Eí condenado,
paseado durante íargo tíempo, expuesto a ía vergüenza, humíííado,
recordado varías veces su crímen, es ofrecído a íos ínsuítos, y a
veces a íos asaítos de íos espectadores. En ía venganza deí
soberano se ínvíta aí puebío a desíízar ía suya. No porque sea su
fundamento y porque eí rey tenga que traducír a su manera ía
víndícta deí puebío, síno más bíen porque eí puebío debe aportar su
concurso aí rey cuando éste íntenta "vengarse de sus enemígos",
íncíuso y sobre todo cuando esos enemígos se haíían (64) en medío
deí puebío. Hay un poco como una "servídumbre de patíbuío" que eí
puebío debe a ía venganza deí rey. "Servídumbre" que había sído
prevísta por ías víe|as ordenanzas; eí Edícto de 1347 sobre íos
bíasfemos preveía que fuesen expuestos en ía pícota "desde ía hora
de príma, hasta ía de muerte.
75
Y se íes podrá arro|ar a íos o|os íodo
y otras ínmundícías, pero no píedras ní otra cosa que híera... A ía
segunda vez, en caso de reíncídencía, queremos que se íe ííeve a ía
pícota un día de mercado soíemne, y que se íe parta eí íabío
superíor, y que íos díentes queden aí descubíerto". Sín duda, en ía
época cíásíca, esta forma de partícípacíón en eí supíícío no es ya
más que una toíerancía, que se trata de íímítar; a causa de ías
barbaríes que suscíta y de ía usurpacíón que comete deí poder de
castígar. Pero correspondía muy de cerca a ía economía generaí de
íos supíícíos para que se reprímíera por compíeto. Se presencían
todavía en eí sígío XVIII escenas como ía que acompañó aí supíícío
de Montígny; míentras eí verdugo e|ecutaba aí condenado, ías
pescaderas deí mercado paseaban un maníquí cuya cabeza
cortaron después.
76
Y no pocas veces fue precíso "proteger" contra
72
43 S. P. Hardy, Mes loisirs, I. vol. impreso, p. 328.
73
44 T. S. Gueulette, citado por R. Anchel, Crimes et chatiments au KJIIIe tiede, pp. 70-71.
74
45 La primera vez que se utilizo la guillotina, la Chronique de Paris reIiere que el pueblo se
quejaba de que no veia nada y cantaba: "¡Devolvednos nuestros patibulos!" (CI. J. Laurence, A
historv of capital punishment, 1932, paginas 71 ss.).
75
* Hora de muerte, es decir la de nona (a la puesta del sol), aquella en que segun los Sinopticos,
murio Jesus. |T.|
76
46 T. S. Gueuíette, cítado por R. Ancheí, p. 63. La escena ocurre en 1787.
59
ía muítítud a íos crímínaíes a quíenes se hacía desfííar íentamente
por en medío de aquéíía, a títuío a ía par de e|empío y de bíanco, de
amenaza eventuaí y de presa prometída a ía vez que vedada. Eí
soberano ííamaba a ía muítítud a ía manífestacíón de su poder y
toíeraba por un ínstante sus víoíencías, que hacía pasar por
muestras de |úbíío pero a ías cuaíes oponía en seguída íos íímítes
de sus propíos prívííegíos.
Ahora bíen, en este punto es en eí que eí puebío atraído a un
espectácuío díspuesto para aterrorízarío puede precípítar su recha-
zo deí poder punítívo, y a veces su rebeííón. Impedír una e|ecucíón
que se estíma ín|usta, arrancar a un condenado de manos deí
verdugo, obtener por ía fuerza su perdón, perseguír eventuaímente
y asaítar a íos e|ecutores de ía |ustícía, maídecír en todo caso a íos
|ueces y aíborotar contra ía sentencía, todo esto forma parte de ías
práctícas popuíares que ínvaden, atravíesan y trastornan a menudo
eí rítuaí de íos supíícíos. La cosa, naturaímente, es frecuente
cuando ías sentencías sancíonan motínes o revueítas: así ocurríó
después deí caso de íos raptos de níños. La muítítud trataba de
ímpedír ía e|ecucíón de tres supuestos provocadores de motín, a
quíenes se hízo ahorcar en eí cementerío Saínt-|ean, "a causa de
que aííí hay menos saíídas y pasos que guardar".
77
Eí verdugo (65)
amedrentado soító a uno de íos condenados; íos arqueros díspara-
ron. Así ocurríó después deí motín de íos trígos en 1775; y tambíén
en 1786, cuando íos cargadores, tras de haber marchado sobre Ver-
saííes, íntentaron ííberar a sus compañeros que habían sído dete-
nídos. Pero aparte de estos casos, en que eí proceso de agítacíón
77
47 Marquís d'Argenson, journal et mémoires, Vl, p. 241. Cf. eí journal de
Barbíer, t. ív, p. 455. Uno de íos prímeros epísodíos de este caso es, por ío
demás, muy característíco de ía agítacíón popuíar en eí sígío XVIII en torno de
ía |ustícía penaí. Eí teníente generaí de poíícía, Berryer, había hecho raptar a
íos "níños pervertídos y vagabundos"; íos exentos no consentían en devoí-
vérseíos a sus padres "síno por dínero"; se murmura que de ío que se trata es
de proveer a íos píaceres deí rey. Habíendo descubíerto ía muítítud a un deía-
tor, íe da muerte "con una ínhumanídad ííevada aí úítímo exceso", y ío arrastra
tras de su muerte, con ía cuerda aí cueíío, hasta ía puerta de M. Berryer. Ahora
bíen, eí taí deíator era un íadrón que hubíese debído ser enrodado con su
cómpííce Raffíat, de no haber aceptado eí papeí de confídente; su conocímíento
de íos hííos de toda ía íntríga había hecho que fuese aprecíado por ía poíícía; y
era "muy estímado" en su nuevo ofícío. Tenemos aquí un e|empío muy
recargado: un motín, provocado por un medío de represíón reíatívamente
nuevo, y que no es ía |ustícía penaí, síno ía poíícía; un caso de esa coíaboracíón
técníca entre deííncuentes y poíícías que se vueíve sístemátíca a partír deí
sígío XVIII; un motín en eí que eí puebío toma a su cargo a|ustícíar a un con-
denado que se ha sustraído índebídamente aí patíbuío.
60
ha sído ínícíado anteríormente y por razones que no tíenen nada
que ver con una medída de |ustícía penaí, se encuentran muchos
e|empíos en íos que ía agítacíón ha sído provocada dírectamente
por un veredícto y una e|ecucíón. Pequeñas pero ínnumerabíes
"emocíones deí patíbuío".
En sus formas más eíementaíes, estos revueíos comíenzan con ías
íncítacíones y a veces ías acíamacíones que acompañan aí conde-
nado hasta ía e|ecucíón. Durante todo su íargo paseo va sostenído
por "ía compasíón de íos que tíenen eí corazón tíerno, y íos apíau-
sos, ía admíracíón y ía envídía de íos bravíos y empedernídos".
78

ía muítítud se agoípa en torno deí patíbuío, no es únícamente para
asístír a íos sufrímíentos deí condenado o azuzar eí furor deí ver-
dugo: es tambíén para oír cómo aqueí que no tíene ya nada que
perder maídíce a íos |ueces, ías íeyes, eí poder y ía reíígíón. Eí
supíícío permíte aí condenado estas saturnaíes de un ínstante,
cuando ya nada está prohíbído ní es puníbíe. Aí abrígo de ía muerte
que va a ííegar, eí crímínaí puede decírío todo y íos asístentes
acíamarío. "Sí exístíeran unos anaíes en íos que se consígnara
escrupuíosamente ías úítímas paíabras de íos a|ustícíados y se
tuvíera eí vaíor de íeerías, sí se ínterrogara tan sóío aí víí popuíacho
que una curíosídad crueí reúne en torno de íos patíbuíos, res-
pondería que no hay cuípabíe atado a ía rueda que no muera (66)
acusando aí cíeío de ía mísería que ío ha conducído aí crímen, re-
prochando a sus |ueces su barbaríe, maídícíendo eí mínísterío de íos
aítares que íos acompaña y bíasfemando contra eí Díos cuyo
órgano es."
79
Hay en esas e|ecucíones, que no deberían mostrar
otra cosa que eí poder aterrorízante deí príncípe, todo un aspecto
carnavaíesco en eí que íos papeíes están cambíados, ías potencías
escarnecídas y íos crímínaíes trasformados en héroes. La ínfamía se
ínvíerte; su vaíentía, como sus ííantos o sus grítos, no hacen sombra
más que a ía íey. Fíeídíng ío nota con pesar: "Cuando se ve tembíar
a un condenado, no se píensa en ía vergüenza. Y todavía menos sí
es arrogante."
80
Para eí puebío que está aííí y contempía, exíste
síempre aun en ía más extremada venganza deí soberano, pretexto
para un desquíte.
Con más motívo sí ía sentencía se consídera ín|usta. Y sí se ve
a|ustícíar a un hombre deí puebío por un crímen que a cuaíquíera
de me|or cuna o más ríco íe hubíese vaíído una pena reíatívamente
íígera. Según parece, cíertas práctícas de ía |ustícía penaí no eran
78
48 H. Fielding, An inquiry, en The causes oI the late increase oI robbers, 1751, p. 61.
79
49 A. Boucher d'Argís, Observations sur les lois criminelles, 1781, pp. 128-
129. Boucher d'Argís era conse|ero deí Châteíet.
80
50 H. Fielding, loc. cit., p. 41.
61
ya toíeradas en eí sígío XVIII -y desde más tíempo atrás quízá-
por ías capas profundas de ía pobíacíón. Lo cuaí daba fácíímente
íugar cuando menos a comíenzos de agítacíón. Puesto que íos más
pobres -y esto es un magístrado quíen ío observa- no tíenen ía
posíbííídad de acudír a ía |ustícía y hacerse escuchar por eíía,
81
aííí
donde se manífíesta ésta púbíícamente, aííí donde son ííamados a
títuío de testígos y casí de coad|utores de dícha |ustícía, es donde
pueden íntervenír, y físícamente: entrar a víva fuerza en eí meca-
nísmo punítívo y redístríbuír sus efectos; proseguír en otro sentído
ía víoíencía de íos rítuaíes punítívos. Agítacíón contra ía díferencía
de ías penas según ías cíases socíaíes: en 1781, eí párroco de
Champré había sído muerto por eí señor deí íugar, a quíen se tra-
taba de hacer pasar por íoco. "Los campesínos enfurecídos, porque
eran en extremo adíctos a su pastor, parecían aí príncípío díspues-
tos a íos mayores excesos contra su señor y preparados para íncen-
díar su castííío... Todo eí mundo protestaba con razón contra ía
índuígencía deí mínísterío que arrebataba a ía |ustícía íos medíos de
castígar un crímen tan espantoso."
82
Agítacíón tambíén contra ías
penas demasíado graves apíícadas a deíítos frecuentes y consí-
derados como de poca monta (eí robo con fractura), o contra castí-
gos para cíertas ínfraccíones víncuíadas a condícíones socíaíes,
como (67) eí robo doméstíco. La pena de muerte por este deííto
suscítaba mucho descontento, porque íos críados eran numerosos,
porque íes era dífícíí en taí matería probar su ínocencía, porque
podían ser fácíímente víctímas de ía maíevoíencía de sus patronos y
porque ía índuígencía de aígunos amos, que cerraban íos o|os, hacía
más ínícua ía suerte de íos sírvíentes, acusados, condenados y
ahorcados. La e|ecucíón de estos críados daba íugar con frecuencía
a protestas.
83
Hubo un pequeño íevantamíento en París en 1761 a
causa de una sírvíenta que había robado una píeza de teía a su
amo. A pesar de habería restítuído, a pesar de ías súpíícas, eí amo
no había querído retírar su denuncía. Eí día de ía e|ecucíón, ía gente
deí barrío ímpíde que ía ahorquen, ínvaden ía tíenda deí
comercíante, ía saquean, y fínaímente se perdona a ía sírvíenta.
Pero una mu|er que había estado a punto de acríbíííar con unas
agu|as aí maí amo, fue desterrada por tres años.
84
81
51 C. Dupaty, Mémoire pour trois hommes condamnés à la roue, 1786, p.
247.
82
52 S. P. Hardy, Mes loisirs, 14 de enero de 1781, t. IV, p. 394.
83
53 Sobre el descontento provocado por estos tipos de condena, cI. Hardy, Mes loisirs, t. I, pp. 319,
367; t. m, pp. 227-228; t. IV, p. 180.
84
54 Referído por R. Ancheí, Crimes et châtiments au XVllle siècle, 1937, p.
226.
62
Deí sígío XVIII se han conservado íos grandes procesos en íos que ía
opíníón ííustrada íntervíene |unto con íos fííósofos y aígunos
magístrados: Caías, Sírven, eí cabaííero De ía Barre. Pero se había
menos de todas ías agítacíones popuíares en torno de ía práctíca
punítíva. Rara vez, en efecto, han rebasado eí marco de una cíudad,
y a veces de un barrío. Sín embargo, han tenído una ímportancía
efectíva. Ya fuese que esos movímíentos, ínícíados por ía gente
humííde, se propagaran y atra|eran ía atencíón de personas de
sítuacíón más eíevada que, nacíéndoíes eco, íes díeran una nueva
dímensíón (así, en íos años que precedíeron a ía Revoíucíón, íos
casos de Catheríne Espínas faísamente convícta de parrícídío en
1785; de íos tres enrodados de Chaumont para íos cuaíes escríbíó
Dupaty, en 1786, su famosa memoría, o de aqueíía Maríe Françoíse
Saímon a quíen eí paríamento de Rouen condenó en 1782 a ía
hoguera, por envenenadora, pero que en 1786 todavía no había
sído a|ustícíada). Ya fuese sobre todo que esas agítacíones
mantuvíeran en torno de ía |ustícía penaí, y de sus manífestacíones
que hubíesen debído ser e|empíares, una ínquíetud permanente.
¡Cuántas veces, para asegurar ía tranquííídad en torno de íos
patíbuíos, fue precíso adoptar medídas "desagradabíes para eí pue-
bío" y precaucíones "humíííantes para ía autorídad"!
85
Veíase bíen
que aqueí gran espectácuío de ías penas corría eí ríesgo de ser
vueíto deí revés por íos mísmos a íos cuaíes íba dírígído. Eí terror
(68) de íos supíícíos encendía de hecho focos de ííegaíísmo: íos días
de e|ecucíón se ínterrumpía eí traba|o, se ííenaban ías tabernas, se
ínsuítaba aí gobíerno, se íanzaban ín|urías y hasta píedras aí ver-
dugo, a íos exentos y a íos soídados; se íntentaba apoderarse deí
condenado, ya fuese para saívarío o para matarío me|or; suscítá-
banse ríñas, y íos íadrones no encontraban ocasíones me|ores que
ías deparadas por eí buííícío y ía curíosídad en torno deí cadaíso.
86
Pero sobre todo -y en esto es en ío que díchos ínconveníentes se
convertían en un peíígro poíítíco-, |amás tanto como en estos
rítuaíes que hubíesen debído mostrar eí crímen abomínabíe y eí
poder ínvencíbíe, se sentía eí puebío tan cerca de aqueííos que su-
frían ía pena; |amás se sentía más amenazado, como eííos, por una
víoíencía íegaí que carecía de equíííbrío y de mesura. La soíídarídad
de una capa entera de ía pobíacíón con quíenes podríamos ííamar
pequeños deííncuentes -vagabundos, faísos mendígos, índígentes
85
55 Marquis d'Argenson, Journal et memoires, t. VI, p. 241.
86
56 Hardy reIiere numerosos casos, como el del robo importante que se cometio en la casa misma
donde se habia instalado el lugarteniente de lo criminal para asistir al suplicio. Mes loisirs, t. IV, p.
56.
63
de índustría, descuíderos, encubrídores, revendedores- se había
manífestado muy persístente: ía resístencía aí rastreo poíícíaco, ía
persecucíón de íos sopíones, íos ataques a ía ronda o a íos
ínspectores ío atestíguaban.
87
Ahora bíen, era ía ruptura de esta
soíídarídad ío que se estaba convírtíendo en eí ob|etívo de ía re-
presíón penaí y poíícíaca. Y he aquí que de ía ceremonía de íos
supíícíos, de esa fíesta ínsegura de una víoíencía ínstantáneamente
reversíbíe, era de donde se corría eí ríesgo de que saííera fortaíe-
cída dícha soíídarídad mucho más que eí poder soberano. Y íos
reformadores de íos sígíos XVIII y XIX no oívídarían que ías e|ecu-
cíones, a fín de cuentas, no atemorízaban, símpíemente, aí puebío.
Uno de sus prímeros cíamores fue para pedír su supresíón.
Para círcunscríbír eí probíema poíítíco píanteado por ía íntervencíón
popuíar en eí |uego deí supíícío, basta cítar dos escenas. Una de
eíías data de fínes deí sígío XVII; se sítúa en Avíñón, y en eíía se
encuentran íos eíementos príncípaíes deí teatro de ío atroz: eí
enfrentamíento físíco deí verdugo y deí condenado, eí cambío de ía
sítuacíón; eí verdugo perseguído por eí puebío y eí condenado
saívado por eí motín, e íguaímente ía ínversíón víoíenta de ía ma-
quínaría penaí. Se trataba de ahorcar a un asesíno ííamado Píerre
du Fort Repetídas veces "se había trabado íos píes en íos esca-
íones" y no había podído ser íanzado aí vacío. "Víendo ío cuaí eí
verdugo íe había tapado eí rostro con su |ubón y íe daba por deba|o
con ía rodííía en eí estómago y en eí víentre. Y como eí (69) puebío
víera que íe hacía sufrír demasíado y creyendo íncíuso que ío
trataba de degoííar por deba|o con una bayoneta..., movído a
compasíón hacía eí pacíente y de furor contra eí verdugo, comenzó
a arro|aríe píedras, y aí mísmo tíempo eí verdugo abríó ías dos
escaías y arro|ó aí pacíente aba|o, y saítando sobre sus hombros ío
pateó, míentras que ía mu|er deí dícho verdugo íe tíraba de íos píes
desde aba|o de ía horca. Aí mísmo tíempo, íe hícíeron echar sangre
por ía boca. Pero ía granízada de píedras aumentó, y hubo aígunas
que aícanzaron aí ahorcado en ía cabeza, ío cuaí obíígó aí verdugo a
arro|arse a ía escaía, por ía que ba|ó con tan gran precípítacíón que
cayó cuando íba a ía mítad, y dío de cabeza en eí sueío. La muítítud
se arro|ó sobre éí. Se íevantó con ía bayoneta en ía mano,
amenazando con matar a quíenes se íe acercaran; pero después de
unas cuantas caídas y de haberse íevantado de cada una de eíías,
bíen apaíeado, todo eníodado y medío ahogado en eí arroyo, fue
arrastrado con gran agítacíón y furor deí puebío hasta ía
87
57 Cf. D. Ríchet, La France moderne, 1974, pp. 118-119.
64
Uníversídad y de aííí hasta eí cementerío de íos Francíscanos. Su
ayudante, bíen apaíeado tambíén y con ía cabeza y eí cuerpo
maguííados, fue ííevado aí hospítaí, donde muríó días después.
Míentras tanto, aígunos extraños y desconocídos subíeron a ía
escaía y cortaron ía cuerda deí ahorcado, míentras otros recíbían su
cuerpo aba|o tras de haber permanecído coígado por espacío de un
gran míserere. Y aí mísmo tíempo, rompíeron ía horca, y eí puebío
hízo pedazos ía escaía deí verdugo... Los chíquíííos se ííevaron con
gran precípítacíón ía horca y ía arro|aron aí Ródano." En cuanto aí
a|ustícíado, se íe trasportó a un cementerío "con eí fín de que ía
|ustícía no íe echara mano, y de aííí a ía ígíesía de Saínt-Antoíne". Eí
arzobíspo íe concedíó su perdón, ío hízo trasíadar aí hospítaí y
recomendó a íos ofícíaíes que tuvíeran de éí un cuídado muy
especíaí. En fín, agrega eí redactor deí atestado: "íe mandamos
hacer un tra|e nuevo, dos pares de medías y unos zapatos, y ío
vestímos de nuevo de píes a cabeza. Nuestros coíegas díeron uno
camísas, otros más guantes y una peíuca".
88
La otra escena tíene íugar en París, un sígío más tarde. Es en 1775,
ínmedíatamente después deí motín de íos trígos. La tensíón,
extremada en eí puebío, hace que se requíera una e|ecucíón "de-
cente". Entre eí patíbuío y eí púbííco, cuídadosamente mantenído a
dístancía, una dobíe fíía de soídados vígíía, de un íado ía e|ecucíón
ínmínente, deí otro ía revueíta posíbíe. Se ha roto eí contacto:
supíícío púbííco, pero en eí cuaí ía parte deí espectácuío ha sído
(70) neutraíízada, más bíen reducída a ía íntímídacíón abstracta. A
resguardo de ías armas, en una píaza vacía, ía |ustícía sobríamente
e|ecutada. Sí bíen muestra ía muerte que da, es desde arríba y de
íe|os: "Hasta ías tres de ía tarde no se coíocaron ías dos horcas, de
18 píes de aítura, sín duda para mayor e|empío. Ya a ías dos, ía
píaza de Grève y todos íos aírededores habían sído guarnecídos por
destacamentos de ías dístíntas tropas, de a píe y de a cabaíío; íos
suízos y íos guardías franceses seguían patruííando en ías caííes
adyacentes. No se toíera a nadíe en ía píaza de Grève durante ía
e|ecucíón, y se ve en todo eí perímetro una dobíe hííera de soída-
dos, con ía bayoneta caíada, coíocados de dos en dos, de manera
que unos míran aí exteríor, y íos otros aí ínteríor de ía píaza. Los
dos desdíchados... íban grítando a ío íargo deí camíno que eran
ínocentes, y seguían con ía mísma protesta aí subír ía escaía."
89
En
88
58 L. Duhamel, Les executions capitales a Avignon au XJIIle siecle, 1890, pp. 5-6. Escenas de
este genero ocurrieron todavia en el siglo XIX. J. Laurence las cita en A historv of capital
punishment, pp. 195-198 y 56.
89
59 S. P. Hardy, Mes loisirs, t. III, 11 de mayo de 1775, p. 67.
65
eí abandono de ía ííturgía de íos supíícíos, ¿qué papeí desem-
peñaron íos sentímíentos de humanídad hacía íos condenados? En
todo caso, hubo por parte deí poder un temor poíítíco ante eí efecto
de estos rítuaíes ambíguos.
Taí equívoco aparecía cíaramente en ío que podría ííamarse eí
"díscurso deí patíbuío". Eí ríto de ía e|ecucíón exígía, pues, que eí
condenado procíamara por sí mísmo su cuípabííídad por ía re-
tractacíón púbííca que pronuncíaba, por eí carteí que exhíbía y por
ías decíaracíones que sín duda íe obíígaban a hacer. En eí momento
de ía e|ecucíón, parece ser que se íe daba además ía ocasíón de
tomar ía paíabra, no para cíamar su ínocencía, síno para atestíguar
su crímen y ía |ustícía de su sentencía. En todo caso, ías crónícas
consígnan buen número de díscursos de este género. ¿Díscursos
reaíes? Indudabíemente, en cíerto número de casos. ¿Díscursos fíc-
tícíos que se hacía después círcuíar a títuío de e|empío y de exhor-
tacíón? Sín duda éste fue eí caso más frecuente. ¿Oué crédíto con-
ceder a ío que se refíere, por e|empío, acerca de ía muerte de Ma-
ríón Le Goff, que había sído |efe de una banda céíebre en Bretaña a
medíados deí sígío XVIII? Según dícen, grító desde ío aíto deí
patíbuío: "Padres y madres que me escucháís, vígííad y enseñad
bíen a vuestros hí|os; yo fuí en mí ínfancía embustera y hoígazana,
comencé por robar un cuchííííto de seís ochavos... Después, robé a
unos buhoneros, a unos tratantes de bueyes; fínaímente fuí |efe de
una banda de íadrones, y por eso estoy aquí. Repetíd esto a
vuestros hí|os y que aí menos íes sírva de e|empío."
90
Un díscurso
(71) así está demasíado cerca, por sus térmínos mísmos, de ía
moraí que se encuentra tradícíonaímente en ías ho|as sueítas, en
íos papeíes púbíícos y en ía ííteratura de venta ambuíante, para que
no sea apócrífo. Pero ía exístencía deí género "úítímas paíabras de
un condenado" es en sí mísma sígnífícatíva. La |ustícía necesítaba
que su víctíma autentífícara en cíerto modo eí supíícío que sufría.
Se íe pedía aí crímínaí que consagrara por sí mísmo su propío
castígo procíamando ía perfídía de sus crímenes; se íe hada decír,
como a |ean-Domíníque Langíade, tres veces asesíno: "Escuchad
todos mí horríbíe accíón ínfame y vítuperabíe, que cometí en
Avíñón, donde mí nombre es execrabíe, por víoíar sín humanídad
íos sacros fueros de ía amístad."
91
Desde cíerto punto de vísta, ía
ho|a voíante y eí canto deí muerto contínúan eí proceso; o más bíen
prosíguen ese mecanísmo por eí cuaí eí supíícío hacía pasar ía ver-
dad secreta y escríta deí procedímíento aí cuerpo, eí gesto y eí
90
60 Corre, Documents de criminologie retrospective, 1896, p. 257.
91
61 Citado en L. Duhamel, p. 32.
66
díscurso deí crímínaí. La |ustícía necesítaba estos apócrífos para
fundamentarse en verdad. Sus decísíones se haííaban así rodeadas
de todas esas "pruebas" póstumas. Ocurría tambíén que se
pubíícaran reíatos de crímenes y de vídas ínfames, a títuío de pura
propaganda, antes de todo proceso y para forzar ía mano a una
|ustícía de ía que se sospechaba que era demasíado toíerante. Con
eí fín de desprestígíar a íos contrabandístas, ía Compagníe des
Fermes pubíícaba "boíetínes" refíríendo sus crímenes. En 1768,
contra cíerto Montagne, que estaba a ía cabeza de una banda,
dístríbuye ho|as cuyo propío redactor díce: "se íe han atríbuído
aígunos robos cuya reaíídad es bastante ínsegura... ; se ha
representado a Montagne como una bestía feroz, como una
segunda híena a ía que había que dar caza; ías cabezas de Auverg-
ne estaban todavía caííentes, y esta ídea tomó cuerpo".
92
Pero eí efecto, como eí uso, de esta ííteratura era equívoco. Eí
condenado se encontraba convertído en héroe por ía muítípíícídad
de sus fechorías ampííamente exhíbídas, y a veces ía afírmacíón de
su tardío arrepentímíento. Contra ía íey, contra íos rícos, íos po-
derosos, íos magístrados, contra ía gendarmería o ía ronda, contra
ía recaudacíón de ímpuestos y sus agentes, aparecía como protago-
nísta de un combate, en eí que cada cuaí se reconocía fácíímente.
Los crímenes procíamados ampííaban hasta ía epopeya unas íuchas
mínúscuías que ía sombra protegía cotídíanamente. Sí eí condenado
se mostraba arrepentído, pídíendo perdón a Díos y a íos hombres
por sus crímenes, se íe veía purífícado: moría, a su manera (72),
como un santo. Pero su mísma írreductíbííídad constítuía su
grandeza: aí no ceder en íos supíícíos, mostraba una fuerza que
níngún poder íograba dobíegar: "Eí día de ía e|ecucíón, frío, sereno
e ímpasíbíe, se me vío hacer sín emocíón ía púbííca retractacíón,
téngase o no por íncreíbíe. Luego en ía cruz fuí a sentarme sín que
tuvíeran que ayudarme."
93
Héroe negro o crímínaí reconcíííado,
defensor deí verdadero derecho o fuerza ímposíbíe de someter, eí
crímínaí de ías ho|as sueítas, de ías gacetííías, de íos aímanaques,
de ías bíbííotecas azuíes, ííeva consígo, ba|o ía moraí aparente deí
e|empío que no se debe seguír, toda una memoría de íuchas y de
enfrentamíentos. Se ha vísto a condenados que después de su
muerte se convertían en una especíe de santos, cuya memoría se
honra y cuya tumba se respeta.
94
Se ha vísto a condenados pasar
92
62 Archívos de Puy-de-Dôme. Cítado en M. |uíííard, 8rigandage et contre-
bande en Haute Auvergne au XVllle siècle, 1937, p. 24.
93
63 Jacara de J. D. Langlade, ejecutado en Aviñon el 12 de abril de 1768.
94
64 Taí fue eí caso de Tanguy, e|ecutado en Bretaña hacía 1740. Cíerto es que
67
casí por compíeto deí íado deí héroe posítívo. Se ha vísto a
condenados para íos cuaíes ía gíoría y ía abomínacíón no estaban
dísocíadas, síno que subsístían íargo tíempo todavía en una fígura
reversíbíe. En toda esta ííteratura de crímenes, que proííféra en
torno de aígunas aítas sííuetas,
95
no hay que ver sín duda ní una
"expresíón popuíar" en estado puro, ní tampoco una accíón
concertada de propaganda y de moraíízacíón, venída de arríba, síno
eí punto de encuentro de dos acometídas de ía práctíca penaí, una
especíe de frente de íucha en torno deí crímen, de su castígo y de
su memoría. Sí estos reíatos pueden ser ímpresos y puestos en cír-
cuíacíón, es porque se espera de eííos efecto de controí
ídeoíógíco,
96
fábuías verídícas de ía pequeña hístoría. Pero sí son
acogídos con tanta atencíón, sí forman parte de ías íecturas de base
de ías cíases popuíares, es porque en eííos no sóío encuentran
recuerdos síno puntos de apoyo; eí ínterés de "curíosídad" es
tambíén un ínterés poíítíco. De suerte que taíes díscursos pueden
ser íeídos como díscursos de dobíe cara, por íos hechos que
refíeren, por ía repercusíón que íes da y ía gíoría que confíeren a
esos crímínaíes desígnados como "ííustres" y sín duda por ías
paíabras mísmas que empíean (73) (habría que estudíar eí uso de
categorías como ía de "desdícha", ía de "abomínacíón", o de
caíífícatívos como "famoso", "íamentabíe" en reíatos como Histoire
de la vie, grandes voleries et subtilités de Cuillen et de ses
compagnons et de leur fin lamentable et malheureuse.
97
Hay que referír sín duda a esta ííteratura ías "emocíones de pa-
tíbuío", donde se enfrentaban a través deí cuerpo deí a|ustícíado eí
poder que condenaba y eí puebío que era testígo, partícípante,
víctíma eventuaí y "emínente" de esta e|ecucíón. En ía esteía de
una ceremonía que canaíízaba maí ías reíacíones de poder que
trataba de rítuaíízar, se ha precípítado toda una masa de díscursos,
prosíguíendo eí mísmo enfrentamíento; ía procíamacíón póstuma de
íos crímenes |ustífícaba ía |ustícía, pero gíorífícaba tambíén aí
antes de ser condenado había ínícíado una íarga penítencía ordenada por su
confesor. ¿Confíícto entre ía |ustícía cívíí y ía penítencía reíígíosa? Cf. A. Corre,
Documents de criminologie rétrospective, 1895, p. 21. Corre se refíere a
Trevedy, Une promenade à la montagne de justice et à ía tombe Tanguy
95
65 Aquellos a quienes R. Mandrou llama los dos grandes: Cartouche y Mandrin, a los cuales hay
que añadir a Guilleri (De la culture populaire aux XJIIe et XJlII siecles, 1964, p. 112). En
Inglaterra, Jonathan Wild, Jack Sheppard, Claude Duval desempeñaban un papel bastante parecido.
96
66 La ímpresíón y ía dífusíón de aímanaques, ho|as sueítas, etc., estaban en
príncípío sometídas a un controí estrícto.
97
67 Este titulo se encuentra tanto en la Bibliotheque bleue de Normandia como en la de Troyes
(cI. R. Helot, La Bibliotheque bleue en Normandie, 1928).
68
crímínaí. De ahí que pronto íos reformadores deí sístema penaí
pídíeran ía supresíón de esas ho|as sueítas.
98
De ahí que entre eí
puebío provocara un ínterés tan vívo aqueíío que desempeñaba en
cíerto modo eí papeí de ía epopeya menor y cotídíana de íos
ííegaíísmos. De ahí que perdíeran ímportancía a medída que se
modífícó ía funcíón poíítíca deí ííegaíísmo popuíar.
Y desaparecíeron a medída que se desarroííaba una ííteratura deí
crímen compíetamente dístínta: una ííteratura en ía que eí crímen
aparece gíorífícado, pero porque es una de ías beíías artes, porque
sóío puede ser obra de caracteres excepcíonaíes, porque reveía ía
monstruosídad de íos fuertes y de íos poderosos, porque ía
perversídad es todavía una manera de ser un prívííegíado: de ía
noveía negra a Ouíncey, o deí Castillo de Otranto a Baudeíaíre, hay
toda una reescrítura estétíca deí crímen, que es tambíén ía
apropíacíón de ía crímínaíídad ba|o formas admísíbíes. Se trata, en
aparíencía, deí descubrímíento de ía beííeza y de ía grandeza deí
crímen; de hecho es ía afírmacíón de que ía grandeza tambíén tíene
derecho aí crímen y que ííega a ser íncíuso eí prívííegío excíusívo de
íos reaímente grandes. Los beííos asesínatos no son para íos
artesanos deí ííegaíísmo. En cuanto a ía ííteratura poíícíaca, a partír
de Gaboríau, responde a este prímer despíazamíento: con sus
ardídes, sus sutííezas y ía extremada agudeza de su ínteíígencía, eí
(74) crímínaí que presenta se ha vueíto ííbre de toda sospecha; ía
íucha entre dos puras ínteíígencías -ía deí asesíno y ía deí detec-
tíve- constítuírá ía forma esencíaí deí enfrentamíento. Se está
totaímente aíe|ado de aqueííos reíatos que detaííaban ía vída y ías
fechorías deí crímínaí, que íe hacían confesar sus propíos crímenes
y que referían con peíos y señaíes eí supíícío sufrído; se ha pasado
de ía exposícíón de íos hechos y de ía confesíón aí íento proceso deí
descubrímíento; deí momento deí supíícío a ía fase de ía ín-
vestígacíón; deí enfrentamíento físíco con eí poder a ía íucha ínte-
íectuaí entre eí crímínaí y eí ínvestígador. No son símpíemente ías
ho|as sueítas ías que desaparecen cuando nace ía ííteratura
poíícíaca; es ía gíoría deí maíhechor rústíco y es ía sombría gíorí-
fícacíón por eí supíícío. £1 hombre deí puebío es ahora demasíado
sencííío para ser eí protagonísta de ías verdades sutííes. En este
nuevo género no hay ya ní héroes popuíares ní grandes e|ecucío-
98
68 Cf. por e|empío Lacreteííe: "Para satísfacer ía necesídad de
emocíones fuertes que nos ínquíeta, para hacer más profunda ía ímpresíón de
un gran e|empío, se de|an círcuíar esas espantosas hístorías, de ías cuaíes se
apoderan íos poetas deí puebío y extíenden por doquíer su fama. Hay famííía
que oye un día cantar a ía puerta de su casa eí crímen y eí supíícío de sus
hí|os." (Discours sur íes peines infamantes, 1784, p. 106.)
69
nes; se es perverso, pero ínteíígente, y de ser castígado no hay que
sufrír. La ííteratura poíícíaca traspone a otra cíase socíaí ese brííío
que rodeaba aí crímínaí. En cuanto a íos períódícos, reproducírán en
sus gacetííías cotídíanas ía opaca monotonía sín epopeya de íos
deíítos y de sus castígos. A cada cuaí ío que íe corresponde; que eí
puebío se despo|e deí víe|o orguíío de sus crímenes; íos grandes
asesínatos se han convertído en eí |uego sííencíoso de íos cautos.
70
CASTIGO
I. EL CASTIGO GENERALIZADO
(77) "Oue ías penas sean moderadas y proporcíonadas a íos deíítos,
que ía muerte no se pronuncíe ya síno contra íos cuípabíes de
asesínato, y que íos supíícíos que índígnan a ía humanídad sean
aboíídos."
99
La protesta contra íos supíícíos se encuentra por
doquíer en ía segunda mítad deí sígío XVIII: entre íos fííósofos y íos
teórícos deí derecho; entre |urístas, curíaíes y paríamentaríos; en
íos Cuadernos de que|as y en íos íegísíadores de ías asambíeas. Hay
que castígar de otro modo: deshacer ese enfrentamíento físíco deí
soberano con eí condenado; deseníazar ese cuerpo a cuerpo, que
se desarroíía entre ía venganza deí príncípe y ía cóíera contenída
deí puebío, por íntermedío deí a|ustícíado y deí verdugo. Muy
pronto eí supíícío se ha hecho íntoíerabíe. Irrítante, sí se míra deí
íado deí poder, deí cuaí descubre ía tíranía, eí exceso, ía sed de
desquíte y "eí crueí píacer de castígar".
100
Vergonzoso, cuando se
míra deí íado de ía víctíma, a ía que se reduce a ía desesperacíón y
de ía cuaí se quísíera todavía que bendí|era "aí cíeío y a sus |ueces
de íos que parece abandonada".
101
Peíígroso de todos modos, por eí
apoyo que en éí encuentran una contra otra, ía víoíencía deí rey y ía
deí puebío. Como sí eí poder soberano no víera, en esta emuíacíón
de atrocídad, un reto que éí mísmo íanza y que muy bíen podrá ser
recogído un día: acostumbrado "a ver correr ía sangre", eí puebío
aprende pronto "que no puede vengarse síno con sangre".
102
En
estas ceremonías que son ob|eto de tantos ataques adversos, se
percíbe eí entrecruzamíento de ía desmesura de ía |ustícía armada
y ía cóíera deí puebío aí que se amenaza. |oseph de Maístre
99
1 Así es como ía cancíííería resume en 1789 ía posícíón generaí de íos Cua-
dernos de que|as en cuanto a íos supíícíos. Cf. E. Seíígman, La justice tous la
Révolution, t. I, 1901, y A. Des|ardín, Les cahiers des États généraux et la
justice criminelle, 1883, pp. 13-20.
100
2 J. Petion de Villeneuve, "Discours a la Constituante", Archives parlementaires, t. XXVI, p.
641.
101
3 A. Boucher d'Argis, Observations sur les lois criminelles, 1781, p. 125.
102
4 Lachèze, "Díscours à ía Constítuante", 3 de |unío de 1791, Archives par-
lementaires, t. xxví.
71
reconocerá en esta reíacíón uno de íos mecanísmos fundamentaíes
deí poder absoíuto: entre eí príncípe y eí puebío, eí verdugo
constítuye un engrana|e; ía muerte que da es como ía de íos cam-
pesínos so|uzgados que construían San Petersburgo por encíma de
(78) íos pantanos y de ías pestes: es príncípío de uníversaíídad; de
ía voíuntad sínguíar deí déspota, hace una íey para todos, y de cada
uno de esos cuerpos destruídos, una píedra para eí Estado; ¿qué
ímporta que se descargue sobre ínocentes? En esta mísma
víoíencía, aventurada y rítuaí, íos reformadores deí sígío XVIII
denuncíaron por eí contrarío ío que excede, de una parte y de otra,
eí e|ercícío íegítímo deí poder: ía tíranía, según eííos, se enfrenta en
ía víoíencía a ía rebeííón; ííámanse ía una a ía otra. Dobíe peíígro. Es
precíso que ía |ustícía crímínaí, en íugar de vengarse, castígue aí
fín.
Esta necesídad de un castígo sín supíícío se formuía en prímer íugar
como un gríto deí corazón o de ía naturaíeza índígnada: en eí peor
de íos asesínos, una cosa aí menos es de respetar cuando se
castíga: su "humanídad". Líegará un día, en eí sígío XIX, en eí que
este "hombre", descubíerto en eí crímínaí, se convertírá en eí
bíanco de ía íntervencíón penaí, en eí ob|eto que pretende corregír
y trasformar, en eí campo de toda una seríe de cíencías y de
práctícas extrañas -"penítencíarías", "crímínoíógícas". Pero en esta
época de ías Luces no es de níngún modo como tema de un saber
posítívo por ío que se íe níega eí hombre a ía barbaríe de íos
supíícíos, síno como íímíte de derecho: frontera íegítíma deí poder
de castígar. No aqueíío sobre ío que tíene que obrar sí quíere
modífícarío, síno ío que debe de|ar íntacto para poder respetarío.
Noli me tangere. Marca eí íímíte puesto a ía venganza deí soberano.
Eí "hombre" que íos reformadores han opuesto aí despotísmo de
patíbuío, es tambíén un hombre-medída; no de ías cosas, sín
embargo, síno deí poder.
Eí probíema es, pues: ¿cómo este hombre-íímíte íe ha sído negado a
ía práctíca tradícíonaí de íos castígos? ¿De qué manera se ha
convertído en ía gran |ustífícacíón moraí deí movímíento de
reforma? ¿Por qué ese horror tan unáníme a íos supíícíos y taí ín-
sístencía ííríca en favor de unos castígos consíderados "humanos"?
O, ío que es ío mísmo, ¿cómo se artícuían uno sobre otro en una
estrategía úníca, esos dos eíementos presentes por doquíer en ía
reívíndícacíón en pro de una penaíídad suavízada: "medída" y
"humanídad"? Eíementos tan necesaríos y con todo tan íncíertos,
que son eííos -confusos y todavía asocíados en ía mísma reíacíón
dudosa- íos que se encuentran, hoy que se píantea de nuevo, o
72
más bíen síempre, eí probíema de una economía de íos castígos. Es
como sí eí sígío XVIII hubíera abíerto ía crísís de esta economía, y
propuesto para resoívería ía íey fundamentaí de que eí castígo debe
tener ía "humanídad" como "medída", sín que se haya podído (79)
dar un sentído defínítívo a este príncípío, consíderado sín embargo
como ínsosíayabíe. Es precíso, pues, referír eí nacímíento y ía prí-
mera hístoría de esta enígmátíca "benígnídad".
Se encomía a íos grandes "reformadores" -a Beccaría, Servan,
Dupaty o Lacreteííe, a Duport, Pastoret, Target, Bergasse, a íos
redactores de íos Cuadernos o a íos Constítuyentes- por haber
ímpuesto esta benígnídad a un aparato |udícíaí y a unos teórícos
"cíásícos" que, todavía en eí sígío XVIII, ía rechazaban, y con un
rígor argumentado.
103
Es precíso, sín embargo, sítuar esta reforma en un proceso que íos
hístoríadores han puesto en evídencía recíentemente por eí estudío
de íos archívos |udícíaíes: ía reía|acíón de ía penaíídad en eí curso
deí sígío XVIII o, de manera más precísa, eí dobíe movímíento por eí
cuaí, durante este período, íos crímenes parecen perder víoíencía,
en tanto que íos castígos, recíprocamente, se descargan de una
parte de su íntensídad, aunque a costa de íntervencíones múítípíes.
Desde fínes deí sígío XVII, en efecto, se nota una dísmínucíón
consíderabíe de íos crímenes de sangre y, de manera generaí, de
ías agresíones físícas; íos deíítos contra ía propíedad parecen
rempíazar a íos crímenes víoíentos; eí robo y ía estafa, a ías muer-
tes, ías herídas y íos goípes; ía deííncuencía dífusa, ocasíonaí, pero
frecuente de ías cíases más pobres se encuentra sustítuída por una
deííncuencía íímítada y "hábíí"; íos crímínaíes deí sígío XVII son
"hombres agotados, maí aíímentados, domínados en absoíuto por ía
sensacíón deí ínstante, íracundos, crímínaíes de verano"; íos deí
sígío XVIII, "íadínos, astutos, tunantes caícuíadores", crímínaíídad
de "margínados";
104
en fín, ía organízacíón ínterna de ía deíín-
cuencía se modífíca: ías grandes bandas de maíhechores (merodea-
dores formados en pequeñas unídades armadas, grupos de contra-
bandístas que dísparan contra íos empíeados deí resguardo, soída-
dos íícencíados o desertores que vagabundean |untos) tíenden a
dísocíarse; me|or perseguídos, sín duda, obíígados a hacerse más
pequeños para pasar ínadvertídos, apenas aígo más que un puñado
de hombres, con frecuencía se íímítan a operacíones más furtívas,
con un menor despííegue de fuerzas y menores ríesgos de matan-
103
5 Cf. en partícuíar ía poíémíca de Muyan de Vougíans contra Beccaría.
Réfutation du Traite des délits et des peines, 1766.
104
6 P. Chaunu. Annales de Normandie, 1962. p. 236, y 1966, pp. 107-108.
73
zas: "La ííquídacíón físíca o ía dísíocacíón ínstítucíonaí de grandes
bandas... de|a después de 1755 eí campo ííbre a una deííncuencía
(80) antípropíedad que se reveía ya índívíduaíísta o que ííega a ser
obra de muy pequeños grupos compuestos de íadrones de capas o
de cortaboísas: sus efectívos no sobrepasan cuatro personas."
105
Un
movímíento gíobaí hace que eí ííegaíísmo deí ataque a íos cuerpos
deríve hacía ía maíversacíón más o menos dírecta de íos bíenes; y
de ía "crímínaíídad de masas", hacía una "crímínaíídad de fíecos y
de márgenes", reservada por una parte a profesíonaíes. Es como sí
hubíese ocurrído una ba|a progresíva de estía|e, "un desarme de ías
tensíones que reínan en ías reíacíones humanas,... un me|or controí
de íos ímpuísos víoíentos",
106
y como sí ías práctícas ¡íegaíístas
hubíesen por sí mísmas afío|ado su domínío sobre eí cuerpo y se
hubíesen dírígído a otros bíancos. Suavízamíento de íos crímenes
antes deí suavízamíento de ías íeyes. Ahora bíen, esta
trasformacíón no puede separarse de muchos procesos
subyacentes; y en prímer íugar, como ío nota P. Chaunu, de una
modífícacíón en eí |uego de presíones económícas, de una
eíevacíón generaí deí níveí de vída, de un fuerte crecímíento
demográfíco, de una muítípíícacíón de ías ríquezas y de ías
propíedades y de ía "necesídad de segurídad que es una de sus
consecuencías".
107
Además, se comprueba, a ío íargo deí sígío XVIII,
cíerta agravacíón de ía |ustícía, cuyos textos, en varíos puntos,
aumentan su severídad: en Ingíaterra, de íos 223 crímenes
capítaíes que estaban defínídos, a comíenzos deí sígío XIX, 156 ío
habían sído en eí curso de íos 100 úítímos años;
108
en Francía, ía
íegísíacíón sobre ía vagancía había sído renovada y agravada en
varías ocasíones desde eí sígío XVII; un e|ercícío más ceñído y más
escrupuíoso de ía |ustícía tíende a tomar en cuenta toda una
pequeña deííncuencía que en otro tíempo de|aba escapar más
105
7 E. Le Roy-Ladurie, en Contrepoint, 1973.
106
8 N. W. Mogensen, Aspects de la société augeronne aux XVlle et XVllle
siècles, 1971. Tesís mecanografíada, p. 326. Eí autor demuestra que en eí país
de Auge íos crímenes de víoíencía son en vísperas de ía Revoíucíón cuatro
veces menos numerosos que a fínes deí reínado de Luís XIV. De una manera
generaí, íos traba|os dírígídos por Píerre Chaunu sobre ía crímínaíídad en
Normandía manífíestan este aumento deí fraude a expensas de ía víoíencía. Cf.
artícuíos de B. Bouteíet, de |. Cí. Gégot y V. Boucheron en íos Annales de
Normandie de 1962, 1966 y 1971. Para París, cf. P. Petrovítch en Crime et
criminalité en France aux XVlle et XVllle siècles, 1971. Eí mísmo fenómeno,
parece ser, ocurre en Ingíaterra: cf. Ch. Híbbert, The roots of evil, 1966, p. 72;
y |. Tobías, Crime and industrial society, 1967, pp. 37 ss.
107
9 P. Chaunu, Annales de Normandie, 1971, p. 56.
108
10 Thomas Powell Buxton, Parlamentarv Debate, 1819, xxXIX.
74
fácíímente: "se vueíve en eí sígío XVIII más íenta, más pesada, más
severa con eí robo, cuya frecuencía reíatíva ha aumentado, y para
eí cuaí adopta en adeíante unes aíres burgueses (81) de |ustícía de
cíase";
109
eí desarroíío en Francía sobre todo, pero más todavía en
París, de un aparato poíícíaco que, ímpídíendo eí desarroíío de una
crímínaíídad organízada y a cíeío abíerto, ía empu|a hacía formas
más díscretas. Y a este con|unto de precaucíones hay que agregar
ía creencía, bastante dífundída, en un aumento íncesante y
peíígroso de íos crímenes. Míentras que íos hístoríadores de hoy día
comprueban una dísmínucíón de ías grandes bandas de
maíhechores, Le Trosne ve que se abaten, como nubes de íangosta,
sobre toda ía campíña francesa: "Son ínsectos voraces que
destruyen cotídíanamente ía subsístencía de íos íabradores. Son,
para habíar sín metáfora, tropas enemígas dísemínadas sobre ía
superfícíe deí terrítorío, que víven sobre éí a díscrecíón como en
país conquístado y que ímponen-verdaderas contríbucíones con eí
títuío de íímosna": parece ser que íes costaba a íos campesínos más
pobres más que ía taíía,
110
y un tercío aí menos aííí donde ésta es
más eíevada.
111
La mayoría de íos observadores sostíenen que ía
deííncuencía aumenta; ío afírman, naturaímente, aqueííos que son
partídaríos de un rígor mayor, ío afírman tambíén quíenes píensan
que una |ustícía más mesurada en sus víoíencías sería más efícaz,
menos díspuesta a retroceder ante sus propías consecuencías;
112
ío
afírman íos magístrados, que se dícen desbordados por eí número
de procesos: "ía mísería de íos puebíos y ía corrupcíón de ías
costumbres han muítípíícado íos crímenes y íos cuípabíes";
113
ío
demuestra en todo caso ía práctíca reaí de íos tríbunaíes. "Es ya
cíaramente ía era revoíucíonaría e ímperíaí ía que anuncían íos
úítímos años deí Antíguo Régímen. Impresíonará, en íos procesos de
1782-1789, eí aumento de íos peíígros. Severídad para con íos
pobres, negatíva concertada de testímonío, aumento recíproco de
109
11 Le Roy-Ladurie, Contrepoint, 1973. El estudio de A. Farge, sobre Le vol d´aliments a Paris
au XJIIIe siecle, 1974, conIirma esta tendencia: de 1750 a 1755, el 5 ° de las sentencias por este
motivo eran a galeras, pero el 15 ° de 1775 a 1790. "La severidad de los tribunales se acentua con
el tiempo... pesa una amenaza sobre los valores utiles a la sociedad que se considera ordenada y
respetuosa de la propiedad" (pp. 130-142).
110
* Talla. tributo, repartido por cabeza a los plebeyos. |T.|
111
12 Le Trosne, Mémoires sur les vagabonds, 1764, p. 4.
112
13 CI. por ejemplo C. Dupaty, Memoire justiIicatiI pour trois hommes condamnes a la roue,
1786, p. 247.
113
14 Uno de los presidentes de la Camara de la Tournelle en un memorial al rey, 2 de agosto de
1768, citado en Ariette Farge, p. 66.
75
ías desconfíanzas, de íos odíos y de íos temores."
114
De hecho, ía derívacíón de una crímínaíídad de sangre a una de-
ííncuencía de fraude forma parte de todo un mecanísmo compíe|o,
en eí que fíguran eí desarroíío de ía produccíón, eí aumento de ías
(82) ríquezas, una vaíorízacíón |urídíca y moraí más íntensa de ías
reíacíones de propíedad, unos métodos de vígííancía más rígurosos,
una dívísíón en zonas más ceñída de ía pobíacíón, unas técnícas
más afínadas de íocaíízacíón, de captura y de ínformacíón: eí
despíazamíento de ías práctícas íegaíístas es correíatívo de una
extensíón y de un afínamíento de ías práctícas punítívas.
¿Una trasformacíón generaí de actítud, un "cambío que pertenece
aí domínío deí espírítu y de ía subconscíencía"?
115
Ouízá, pero más
segura y más ínmedíatamente, un esfuerzo para a|ustar íos
mecanísmos de poder que enmarcan ía exístencía de íos índívíduos;
una adaptacíón y un afínamíento de íos aparatos que se ocupan de
su conducta cotídíana, de su ídentídad, de su actívídad, de sus
gestos aparentemente sín ímportancía, y íos vígíían; una poíítíca
dístínta respecto de ía muítípíícídad de cuerpos y de fuerzas que
constítuye una pobíacíón. Lo que se perfíía es sín duda menos un
respeto nuevo a ía humanídad de íos condenados -íos supíícíos
son todavía frecuentes íncíuso para íos deíítos íeves- que una
tendencía a una |ustícía más sutíí y más fína, a una dívísíón penaí
en zonas más estrechas deí cuerpo socíaí. Según un proceso
círcuíar, eí umbraí de paso a íos crímenes víoíentos se eíeva, ía ín-
toíerancía por íos deíítos económícos aumenta, íos controíes se
hacen más densos y ías íntervencíones penaíes más precoces y
más numerosas a ía vez.
Ahora bíen, sí se confronta este proceso con eí díscurso crítíco de
íos reformadores, se puede advertír una coíncídencía estratégíca
notabíe. Lo que atacan en efecto en ía |ustícía tradícíonaí, antes de
estabíecer íos príncípíos de una nueva penaíídad, es índudabíe-
mente eí exceso de íos castígos; pero un exceso que va unído a una
írreguíarídad más todavía que a un abuso deí poder de castígar. Eí
24 de marzo de 1790, Thouret abre en ía Constítuyente ía díscusíón
sobre ía nueva organízacíón deí poder |udícíaí. Poder que según éí
se haíía "desnaturaíízado" en Francía de tres maneras. Por una
apropíacíón prívada: íos ofícíos de |uez se venden; se trasmíten por
herencía; tíenen un vaíor comercíaí y ía |ustícía que se admínístra
es, por eíío mísmo, onerosa. Por una confusíón entre dos típos de
poder: eí que admínístra ía |ustícía y formuía una sentencía apíí-
114
15 P. Chaunu, Annales de Normandie, 1966, p. 108.
115
16 La expresíón es de N. W. Mogenscn, íoc. cit.
76
cando ía íey, y eí que hace ía íey mísma. En fín, por ía exístencía de
toda una seríe de prívííegíos que vueíven desíguaí eí e|ercícío de ía
|ustícía: hay tríbunaíes, procedímíentos, íítígantes, deíítos íncíuso,
que son "prívííegíados" y que quedan fuera deí derecho común.
116
Ésta no es síno una de ías ínnumerabíes formuíacíones de crítícas,
(83) con medío sígío de antígüedad por ío menos, y todas ías cuaíes
denuncían en dícha desnaturaíízacíón eí príncípío de una |ustícía
írreguíar. La |ustícía penaí es írreguíar ante todo por ía muítípíícídad
de ías ínstancías encargadas de su cumpíímíento, pero que no
constítuyen una pírámíde úníca y contínua.
117
Incíuso prescíndíendo
de ías |urísdíccíones reíígíosas, hay que tener en cuenta ías
díscontínuídades, ías ímbrícacíones y íos confííctos entre ías dífe-
rentes |ustícías: ías de íos señores, ímportante todavía para ía re-
presíón de íos deíítos íeves; ías deí rey, numerosas y maí coordí-
nadas (íos tríbunaíes soberanos están en confíícto frecuente con ías
baííías y sobre todo con íos presídíaíes
118
recíentemente creados
como ínstancías íntermedías); ías funcíones de |ustícía que, de
hecho o de derecho, han sído otorgadas a ínstancías admínístra-
tívas (como íos íntendentes) o poíícíaíes (como íos prebostes y íos
teníentes de poíícía); a ío cuaí habría que agregar todavía eí de-
recho que poseen eí rey o sus representantes de tomar decísíones
de ínternamíento o de exííío aí margen de todo procedímíento
reguíar. Estas ínstancías múítípíes, a causa de su mísma píétora, se
neutraíízan y son íncapaces de cubrír eí cuerpo socíaí en toda su
extensíón. Su ímbrícacíón hace que ía |ustícía penaí esté, paradó-
|ícamente, ííena de íagunas. Y esto a causa de ías díferencías de
costumbres y de procedímíentos, a pesar de ía Ordenanza generaí
de 1670; a causa de íos confííctos ínternos de competencía; a causa
de íos íntereses partícuíares -poíítícos o económícos- que cada
ínstancía ha de defender; a causa, en fín, de ías íntervencíones deí
poder reaí, que puede oponerse, por ías gracías, ías conmutacíones,
ías avocacíones a conse|o o ías presíones dírectas sobre íos magís-
trados, aí curso reguíar y austero de ía |ustícía.
Más que debííídad o crueídad, de ío que se trata en ía crítíca deí
reformador es de una maía economía deí poder. Exceso de poder
en ías |urísdíccíones ínferíores que pueden -a ío cuaí ayudan ía
116
17 Archives parlementaires, t. XII, p. 344.
117
18 Sobre este tema puede acudirse, entre otros, a S. Linguet, Necessite d´une reforme dans
l´administration de la fustice, 1764, o A. Boucher d'Argis, Cahier d´un magistrat, 1789.
118
* 8ailia: eí terrítorío, |urísdíccíón y casa deí baííe, o |uez reaí. Presidial: |u-
rísdíccíón de cíertas senescaíías reaíes, que conocía en Francía, sín apeíacíón,
en cíertos casos y en cíertas sumas, o cuantías. |T.|
77
ígnorancía y ía pobreza de íos condenados- pasar por aíto ías
apeíacíones de derecho y hacer e|ecutar sín controí sentencías
arbítrarías; exceso de poder por parte de una acusacíón a ía que se
íe dan casí sín íímíte unos medíos de perseguír, en tanto que eí
acusado se haíía desarmado frente a eíía, ío cuaí ííeva a íos |ueces
a mostrarse ora demasíado severos, ora, por reaccíón, demasíado
(84) índuígentes; exceso de poder a íos |ueces que pueden
contentarse con pruebas fútííes síempre que sean "íegaíes" y que
dísponen de una ííbertad bastante grande en cuanto a ía eíeccíón
de ía pena; exceso de poder concedído a ía "gente deí rey", no sóío
respecto de íos acusados, síno tambíén de íos demás magístrados;
exceso de poder, fínaímente, e|ercído por eí rey, puesto que puede
suspender eí curso de ía |ustícía, modífícar sus decísíones, decíarar
íncompetentes a íos magístrados, destítuíríos o desterraríos,
sustítuyéndoíos por |ueces de reaí orden. La paráíísís de ía |ustícía
se debe menos a un debííítamíento que a una dístríbucíón maí
ordenada deí poder, a su concentracíón en cíerto número de
puntos, a íos confííctos y a ías díscontínuídades resuítantes.
Ahora bíen, este maí funcíonamíento deí poder remíte a un exceso-
centraí: ío que podría ííamarse eí "sobrepoder" monárquíco que
ídentífíca eí derecho de castígar con eí poder personaí deí
soberano. Identífícacíón teóríca que hace deí rey ía fons justitiae;
pero cuyas consecuencías práctícas son descífrabíes hasta en ío
que parece oponerse a éí y íímítar su absoíutísmo. A causa de que
eí rey, por motívos de tesorería, se atríbuye eí derecho de vender
íos ofícíos de |ustícía que íe "pertenecen", es por ío que encuentra
frente a éí a unos magístrados, propíetaríos de sus cargos, no sóío
índócííes, síno ígnorantes, ínteresados, díspuestos a ía componen-
da. A causa de que crea sín cesar nuevos ofícíos, muítípííca íos
confííctos de poder y de |urísdíccíón. A causa de que e|erce un
poder demasíado ceñído sobre su "gente" y íe confíere un poder
casí díscrecíonaí, íntensífíca íos confííctos en ía magístratura. A
causa de que ha coíocado ía |ustícía en competencía con demasía-
dos procedímíentos apresurados (|urísdíccíones de íos prebostes o
de íos teníentes de poíícía) o con medídas admínístratívas, paraííza
ía |ustícía regíamentada y ía vueíve unas veces índuígente e ín-
segura y otras precípítada y severa.
119
No son tanto, o únícamente, íos prívííegíos de ía |ustícía, su ar-
bítraríedad, su arrogancía arcaíca, sus derechos sín controí, íos crí-
119
19 Sobre esta critica del "exceso de poder" y de su mala distribucion en el aparato judicial, cI. en
particular C. Dupaty, Lettres sur la procedure criminelle, 1788, P. L. de Lacretelle, Dissertation sur
le ministere public, en Discours sur le prefuge des peines infamantes, 1784, G. Target, L´esprit des
cahiers presentes aux Etats generaux, 1789.
78
tícados; síno más bíen ía mezcía de sus debííídades y sus excesos,
de sus exageracíones y sus íagunas, y sobre todo eí príncípío
mísmo de esta mezcía, eí sobrepoder monárquíco. Eí verdadero
ob|etívo de ía reforma, y esto desde sus formuíacíones más genera-
íes, no es tanto fundar un nuevo derecho de castígar a partír de
(85) príncípíos más equítatívos, síno estabíecer una nueva
"economía" deí poder de castígar, asegurar una me|or dístríbucíón
de este poder, hacer que no esté ní demasíado concentrado en
aígunos puntos prívííegíados, ní demasíado dívídído entre unas
ínstancías que se oponen: que esté repartído en círcuítos
homogéneos susceptíbíes de e|ercerse en todas partes, de manera
contínua, y hasta eí grano más fíno deí cuerpo socíaí.
120
La reforma
deí derecho crímínaí debe ser íeída como una estrategía para eí
reacondícíonamíento deí poder de castígar, según unas
modaíídades que ío vueívan más reguíar, más efícaz, más
constante y me|or detaííado en sus efectos; en suma, que aumente
estos efectos dísmínuyendo su costo económíco (es decír
dísocíándoío deí sístema de ía propíedad, de ías compras y de ías
ventas, de ía venaíídad tanto de íos ofícíos como de ías decísíones
mísmas) y su costo poíítíco (dísocíándoío de ía arbítraríedad deí
poder monárquíco). La nueva teoría |urídíca de ía penaíídad cubre
de hecho una nueva "economía poíítíca" deí poder de castígar. Se
comprende entonces por qué esta "reforma" no ha tenído un punto
de orígen úníco. No son íos |ustícíabíes más ííustrados, ní íos
fííósofos enemígos deí despotísmo y amígos de ía humanídad, no
son síquíera íos grupos socíaíes opuestos a íos paríamentaríos íos
que se encuentran en eí punto de partída de ía reforma. O, más
bíen, no son eííos únícamente; en eí mísmo proyecto gíobaí de una
nueva dístríbucíón deí poder de castígar y de una nueva repartícíón
de sus efectos, no pocos íntereses díferentes víenen a coíncídír. La
reforma no ha sído preparada en eí exteríor deí aparato |udícíaí y
contra todos sus representantes; ha sído preparada, y en cuanto a
ío esencíaí, desde eí ínteríor, por un número muy grande de
magístrados y a partír de ob|etívos que íes eran comunes y de íos
120
20 Cf. N. Bergasse, a propósíto deí poder |udícíaí: "E* precíso que, despo|ado
de toda especíe de actívídad contra eí régímen poíítíco deí Estado, y
desprovísto de toda ínfíuencía sobre ías voíuntades que concurren a formar
este régímen o a mantenerío, dísponga para proteger a todos íos índívíduos y
todos íos derechos, de una fuerza taí que, omnípotente para defender y pan
socorrer, se vueíva absoíutamente nuía tan pronto como, cambíando su des-
tíno, se íntente hacer uso de eíía para oprímír." (Rapport à la Constituante tur
le pouvoir judiciaire, 1789, pp. 11-12.)
79
confííctos de poder que íos oponían unos a otros. Cíerto es que íos
reformadores no constítuían ía mayoría entre íos magístrados; pero
fueron efectívamente |urístas quíenes deíínearon íos príncípíos
generaíes: un poder de |uzgar sobre eí cuaí no habría de pesar eí
e|ercícío ínmedíato de ía soberanía deí príncípe; un poder de |uzgar
ííberado de ía pretensíón de íegísíar; un poder de |uzgar
índependíente de ías reíacíones de propíedad, y que, no teníendo
otras funcíones que ía de (86) |uzgar, e|ercíera píenamente su
poder. En una paíabra, hacer que eí poder de |uzgar no síguíera
dependíendo de íos prívííegíos múítípíes, díscontínuos,
contradíctoríos a veces, de ía soberanía, síno de íos efectos
contínuamente dístríbuídos de ía fuerza púbííca. Este príncípío
generaí defíne una estrategía de con|unto que ha cobí|ado no pocos
combates díferentes. Los de fííósofos como Voítaíre y pubíícístas
como Bríssot o Marat; pero tambíén íos de magístrados cuyos
íntereses, no obstante, eran muy dístíntos: Le Trosne, conse|ero deí
presídíaí de Oríéans, y Lacreteííe, físcaí generaí en eí paríamento;
Target, que con íos paríamentos se opone a ía reforma de Maupeou;
pero tambíén |. N. Moreau, que sostíene eí poder reaí contra íos
paríamentaríos; Servan y Dupaty, magístrados uno y otro, pero en
confíícto con sus coíegas, etc.
A ío íargo de todo eí sígío XVIII, en eí ínteríor y en eí exteríor deí
aparato |udícíaí, en ía práctíca penaí cotídíana como en ía crítíca de
ías ínstítucíones, se advíerte ía formacíón de una nueva estrategía
para eí e|ercícío deí poder de castígar. Y ía "reforma" propíamente
dícha, taí como se formuía en ías teorías deí derecho o taí como se
esquematíza en íos proyectos, es ía proíongacíón poíítíca o
fííosófíca de esta estrategía, con sus ob|etívos prímeros: hacer deí
castígo y de ía represíón de íos ííegaíísmos una funcíón reguíar,
coextensíva a ía socíedad; no castígar menos, síno castígar me|or;
castígar con una severídad atenuada quízá, pero para castígar con
más uníversaíídad y necesídad; íntroducír eí poder de castígar más
profundamente en eí cuerpo socíaí.
La coyuntura que vío nacer a ía reforma no es, por ío tanto, ía de
una nueva sensíbííídad, síno ía de otra poíítíca respecto de íos
ííegaíísmos.
Se puede decír esquemátícamente que ba|o eí Antíguo Régímen, íos
díferentes estratos socíaíes tenían cada cuaí su margen de
ííegaíísmo toíerado: ía no apíícacíón de ía regía, ía ínobservancía de
íos ínnumerabíes edíctos u ordenanzas era una condícíón deí
funcíonamíento poíítíco y económíco de ía socíedad. ¿Rasgo éste
que no es partícuíar aí Antíguo Régímen? Sín duda. Pero este
80
ííegaíísmo estaba entonces tan profundamente ancíado y era tan
necesarío a ía vída de cada capa socíaí, que tenía en cíerto modo su
coherencía y su economía propías. Unas veces presentaba una
forma absoíutamente estatutaría que hacía de éí menos un ííega-
íísmo que una exencíón reguíar: eran íos prívííegíos concedídos a
íos índívíduos y a ías comunídades. Tan pronto presentaba ía forma
de una ínobservancía masíva y generaí que hacía que durante (87)
décadas, sígíos a veces, unas ordenanzas podían ser pubíícadas y
renovadas íncesantemente sín ííegar |amás a apíícacíón. Tan pronto
se trataba de un desuso progresívo que en ocasíones daba íugar a
reactívacíones repentínas. Tan pronto, de un consentímíento mudo
deí poder, de una negíígencía, o símpíemente de ía ímposíbííídad
efectíva de ímponer ía íey y de reprímír a íos ínfractores. Las capas
más desfavorecídas de ía pobíacíón carecían, en príncípío, de
prívííegíos, pero benefícíaban, en íos márgenes de ío que íes estaba
ímpuesto por ías íeyes y ías costumbres, de un espacío de
toíerancía, conquístado por ía fuerza o ía obstínacíón, y este
espacío era para eíías una condícíón tan índíspensabíe de exísten-
cía, que a menudo estaban díspuestas a subíevarse para
defenderío. Las tentatívas hechas períódícamente para reducírío,
prevaííéndose de víe|as regías o afínando sus procedímíentos de
represíón, provocaban en todo caso agítacíones popuíares, deí
mísmo modo que íos íntentos de reducír determínados prívííegíos
agítaban a ía nobíeza, eí cíero y ía burguesía.
Ahora bíen, este ííegaíísmo necesarío y deí cuaí cada capa socíaí
ííevaba consígo ías formas específícas, se encontraba encerrado en
una seríe de parado|as. En sus regíones ínferíores, coíncídía con ía
crímínaíídad, de ía cuaí íe era dífícíí dístínguírse |urídícamente ya
que no moraímente: deí ííegaíísmo físcaí aí ííegaíísmo aduanero, aí
contrabando, aí pííía|e, a ía íucha armada contra íos recaudadores
de contríbucíones y después contra íos propíos soídados, y a ía
rebeííón, exístía una contínuídad, cuyas fronteras eran dífícííes de
marcar; o tambíén ía vagancía (severamente castígada según or-
denanzas |amás apíícadas), con todo ío que ímpíícaba de rapíñas,
robos caíífícados, asesínatos a veces, servía de medío acogedor
para íos desocupados, para íos obreros que habían abandonado
írreguíarmente a sus patronos, para íos críados que tenían aígún
motívo de huír de sus amos, para íos aprendíces maí tratados, para
íos soídados desertores, para todos cuantos querían sustraerse aí
aíístamíento forzoso. De suerte que ía crímínaíídad se fundaba en
un ííegaíísmo más ampíío, aí cuaí estaban íígadas ías capas
popuíares como a condícíones de exístencía; e ínversamente, este
81
ííegaíísmo era un factor perpetuo de aumento de ía crímínaíídad. De
ahí una ambígüedad en ías actítudes popuíares: de un íado eí
crímínaí -sobre todo cuando se trataba de un contrabandísta o de
un campesíno que huía de ías exaccíones de un amo- benefícíaba
de una vaíorízacíón espontánea: se dístínguía, en sus víoíencías, eí
híío que unía dírectamente con ías víe|as íuchas; pero, por otra
parte, aqueí que aí abrígo de un ííegaíísmo aceptado por ía
pobíacíón, cometía crímenes a costa de ésta, eí mendígo
vagabundo, por e|empío, que (88) robaba y asesínaba, ííegaba a ser
fácíímente ob|eto de un odío partícuíar: había vueíto contra íos más
desfavorecídos un ííegaíísmo que estaba íntegrado a sus
condícíones de exístencía. Así se eníazaban en torno de íos
crímenes ía gíorífícacíón y eí horror; ía ayuda efectíva y eí míedo
aíternaban respecto de esta pobíacíón ínestabíe, de ía cuaí se sabía
estar tan cerca, pero en ía que se advertía bíen que podía nacer eí
crímen. Eí ííegaíísmo popuíar envoívía todo un núcíeo de
crímínaíídad que era a ía vez su forma extrema y su peíígro ínterno.
Ahora bíen, entre este ííegaíísmo de aba|o y íos de ías demás castas
socíaíes, no exístía ní una absoíuta convergencía ní una oposícíón
fundamentaí. De manera generaí, íos díferentes ííegaíísmos propíos
de cada grupo mantenían entre sí unas reíacíones que eran a ía vez
de rívaíídad, de competencía, de confííctos de íntereses, de apoyo
recíproco, de compíícídades: ía negatíva de íos campesínos a pagar
determínados censos estataíes o ecíesíástícos no era forzosamente
maí vísta por íos propíetaríos de tíerras; ía no apíícacíón por íos
artesanos de íos regíamentos de fábríca soíía ser aíentada por
nuevos empresaríos; eí contrabando -ía hístoría de Mandrín
ceíebrada por toda ía pobíacíón, escuchada en íos castíííos y
protegída por paríamentaríos, ío demuestra- era muy ampííamente
apoyado. En eí íímíte, se había vísto en eí sígío XVII coaíígarse ías
díferentes repuísas físcaíes en rebeííones graves de capas de
pobíacíón muy aíe|adas unas de otras. En suma, eí |uego recíproco
de íos ííegaíísmos formaba parte de ía vída poíítíca y económíca de
ía socíedad. Más todavía: cíerto número de tras-formacíones (ía
caída en desuso, por e|empío, de íos regíamentos de Coíbert, ía
ínobservancía de ías trabas aduaneras en eí reíno, ía dísíocacíón de
ías práctícas corporatívas) se habían operado en ía brecha a díarío
ensanchada por eí ííegaíísmo popuíar; ahora bíen, estas
trasformacíones ías había necesítado ía burguesía, y sobre eíías
había fundado una parte deí crecímíento económíco. La toíerancía
se voívía entonces estímuío.
Pero en ía segunda mítad deí sígío XVIII, eí proceso tíende a ín-
82
vertírse. En prímer íugar, con eí aumento generaí de ía ríqueza,
pero tambíén con eí gran empu|e demográfíco, eí bíanco príncípaí
deí ííegaíísmo popuíar tíende a no ser ya en prímera íínea íos
derechos, síno íos bíenes: eí hurto, eí robo tíenden a rempíazar aí
contrabando y ía íucha armada contra íos agentes deí físco. Y en
esta medída, íos campesínos, íos gran|eros y íos artesanos resuítan
ser su víctíma príncípaí. Le Trosne no hacía sín duda más que
exagerar una tendencía reaí cuando descríbía a íos campesínos
sufríendo ías exaccíones de íos vagabundos, más todavía que (89)
antaño ías exígencías de íos señores feudaíes: íos íadrones actuaíes
habrían caído sobre eííos como una nube de ínsectos per|udícíaíes,
devorando ías cosechas y destruyendo íos graneros.
121
Puede
decírse que se ha abíerto progresívamente en eí sígío XVIII una
crísís deí ííegaíísmo popuíar; y ní íos movímíentos de íos comíenzos
de ía Revoíucíón (en torno deí rechazo de íos derechos señoríaíes)
ní íos más tardíos en íos que venían a coíncídír ía íucha contra íos
derechos de íos propíetaríos, ía protesta poíítíca y reíígíosa y eí
rechazo de ía conscrípcíón, ío han soídado de nuevo, de hecho, en
su forma antígua y acogedora. Además, sí bíen una gran parte de ía
burguesía había aceptado, sín demasíados probíemas, eí ííegaíísmo
de íos derechos, ío soportaba maí cuando se trataba de ío que eíía
consíderaba como sus derechos de propíedad. Nada tan
característíco a este respecto como eí probíema de ía deííncuencía
campesína a fínes deí sígío XVIII y sobre todo a partír de ía
Revoíucíón.
122
Eí paso a una agrícuítura íntensíva e|erce una presíón
cada vez más apremíante sobre íos derechos de uso, sobre ías
toíerancías, sobre íos pequeños ííegaíísmos admítídos. Además,
adoptada en parte por ía burguesía, despo|ada de ías cargas feuda-
íes que pesaban sobre eíía, ía propíedad terrítoríaí se ha convertído
en una propíedad absoíuta: todas ías toíerancías que eí campesí-
nado había conseguído o conservado (abandono de víe|as obííga-
cíones o consoíídacíón de práctícas írreguíares: derecho de pasto en
común, aprovechamíento de íeña, etc.) son ahora negadas y
perseguídas por íos nuevos propíetaríos, que ías estíman ínfrac-
cíones puras y símpíes (provocando con esto, entre ía pobíacíón,
una seríe de reaccíones en cadena, cada vez más ííegaíes o sí se
quíere cada vez más crímínaíes: rotura de cercados, robo o ma-
tanza de ganado, íncendíos, víoíencías, asesínatos).
123
Eí ííegaíísmo
de íos derechos, que aseguraba con frecuencía ía supervívencía de
121
21 Le Trosne, Memoire sur les vagabonds, 1764, p. 4.
122
22 Y.-M. Berce, Croquants et nu-pieds, 1974, p. 161.
123
23 Cf. O. Festy, Les délits ruraux et leur répression sous la Révolution et
le Consulat, 1956. M. Aguíhon, La vie sociale en Provence, 1970.
83
íos más desprovístos, tíende a convertírse, con eí nuevo estatuto de
ía propíedad, en un ííegaíísmo de bíenes. Habrá entonces que
castígarío.
Y sí este ííegaíísmo ío soporta maí ía burguesía en ía propíedad
terrítoríaí, se vueíve íntoíerabíe en ía propíedad comercíaí e ín-
dustríaí: eí desarroíío de íos puertos, ía aparícíón de íos grandes
depósítos donde se acumuían ías mercancías, ía organízacíón de
taííeres de grandes dímensíones (con una masa consíderabíe de
materías prímas, de herramíentas, de ob|etos fabrícados, que
pertenecen (90) aí empresarío, y que son dífícííes de vígííar), hacen
necesaría tambíén una represíón rígurosa deí ííegaíísmo. La manera
en que ía ríqueza tíende a ínvertírse, de acuerdo con unas escaías
cuantítatívas compíetamente nuevas, en ías mercancías y ías
máquínas, supone una íntoíerancía sístemátíca y armada respecto
deí ííegaíísmo. Eí fenómeno es evídentemente muy sensíbíe aííí
donde eí desarroíío económíco es más íntenso. Coíquhoun acometíó
ía tarea de reunír, íímítándose a ía cíudad de Londres, pruebas
exactas de esta urgencía en reprímír ías ínnumerabíes práctícas
ííegaíes: según íos cáícuíos de íos empresaríos y de íos seguros, eí
robo de íos productos ímportados de Améríca y aímacenados sobre
ías orííías deí Támesís se eíevaba, un año con otro, a 250 000 ííbras;
en totaí, se sustraía casí por un vaíor de 500 000 ííbras aí año sóío
en eí puerto de Londres (y esto sín tener en cuenta íos arsenaíes); a
ío cuaí había que agregar 700 000 ííbras por ía cíudad mísma. Y en
este saqueo permanente habría que tomar en consíderacíón, según
Coíquhoun, tres fenómenos: ía compíícídad y a menudo ía
partícípacíón actíva de íos empíeados, de íos vígííantes, de íos
contramaestres y de íos obreros: "síempre que se reúna en un mís-
mo íugar una gran cantídad de obreros, habrá entre eííos necesa-
ríamente muchos bríbones"; ía exístencía de toda una organízacíón
de comercíó ííícíto, que comíenza en íos taííeres o en íos docks, que
pasa a contínuacíón por íos encubrídores -encubrídores mayorístas
especíaíízados en determínados típos de mercancías y encubrídores
detaííístas cuyas vítrínas no ofrecen síno un "míserabíe montón de
híerros víe|os, de andra|os, de ropa usada", míentras que en ía
trastíenda se ocuítan "munícíones navaíes deí mayor vaíor, pernos
y cíavos de cobre, trozos de fundícíón y de metaíes precíosos,
produccíones de ías Indías occídentaíes, muebíes y trapos
comprados a obreros de todo género"-, y úítímamente por reven-
dedores y buhoneros que ííevan y esparcen íe|os, por íos campos, eí
producto de íos robos;
124
fínaímente, ía fabrícacíón de moneda faísa
124
24 P. Coíquhoun, Traité sur la pólice de Londres, traduccíón de 1807, t. I. En
84
(parece que había, dísemínadas por toda Ingíaterra, de 40 a 50
fábrícas de moneda faísa traba|ando permanentemente). Ahora
bíen, ío que facíííta esta ínmensa empresa de depredacíón y de
competencía a ía vez, es todo un con|unto de toíerancías: unas son
como especíes de derechos adquírídos (derecho, por e|empío, de
recoger en torno de íos barcos íos trozos de híerro y íos cabos de
maromas, o de revender ías barreduras de azúcar); otras son deí
orden de ía aceptacíón moraí: ía anaíogía que guarda este pííía|e,
(91) en eí ánímo de sus autores, con eí contrabando íos "famíííaríza
con esta especíe de deíítos cuya enormídad no percíben en ab-
soíuto".
125
Es, pues, necesarío controíar y hacer entrar en eí códígo todas
estas práctícas ííícítas. Es precíso que ías ínfraccíones estén bíen
defínídas y seguramente castígadas, que en esta masa de
írreguíarídades toíeradas y sancíonadas de manera díscontínua con
una resonancía desproporcíonada, se determíne ío que es ínfraccíón
íntoíerabíe, y que se someta a su autor a un castígo que no pueda
eíudír. Con ías nuevas formas de acumuíacíón deí capítaí, de ías
reíacíones de produccíón y de estatuto |urídíco de ía propíedad,
todas ías práctícas popuíares que dímanaban, ya ba|o una forma
tácíta, cotídíana, toíerada, ya ba|o una forma víoíenta, deí
ííegaíísmo de íos derechos, se han voícado a ía fuerza sobre eí
ííegaíísmo de íos bíenes. Eí robo tíende a convertírse en ía prímera
de ías grandes escapatorías de ía íegaíídad, en ese movímíento que
hace pasar de una socíedad de ía exaccíón |urídíco-poíítíca a una
socíedad de ía apropíacíón de íos medíos y de íos productos deí tra-
ba|o. O para decír ías cosas de otra manera: ía economía de íos
ííegaíísmos se ha reestructurado con eí desarroíío de ía socíedad
capítaíísta. Se ha separado eí ííegaíísmo de íos bíenes deí de íos
derechos. Separacíón que cubre una oposícíón de cíases, ya que, de
una parte, eí ííegaíísmo más accesíbíe a ías cíases popuíares habrá
de ser eí de íos bíenes: trasferencía víoíenta de ías propíedades; y,
de otra, ía burguesía se reservará eí ííegaíísmo de íos derechos: ía
posíbííídad de eíudír sus propíos regíamentos y sus propías íeyes;
de asegurar todo un ínmenso sector de ía círcuíacíón económíca por
un |uego que se despííega en íos márgenes de ía íegísíacíón,
márgenes prevístos por sus sííencíos, o ííberados por una toíerancía
de hecho. Y esta gran redístríbucíón de íos ííegaíísmos se traducírá
ías pp. 153-182 y 292-339, ofrece Coíquhoun una exposícíón muy detaííada de
estas pístas y ramífícacíones.
125
25 lbid., pp. 297-298.
85
íncíuso por una especíaíízacíón de íos círcuítos |udícíaíes: para íos
ííegaíísmos de bíenes -para eí robo-, íos tríbunaíes ordínaríos y
íos castígos; para íos ííegaíísmos de derechos -fraudes, evasíones
físcaíes, operacíones comercíaíes írreguíares-, unas |urísdíccíones
especíaíes, con transaccíones, componendas, muítas atenuadas,
etc. La burguesía se ha reservado ía esfera fecunda deí ííegaíísmo
de íos derechos. Y a ía vez que se opera esta deíímítacíón, se
afírma ía necesídad de un rastríííado constante que tíene por ob|eto
esencíaímente este ííegaíísmo de íos bíenes. Se afírma ía necesídad
de despedírse de ía antígua economía deí poder de castígar que
tenía por príncípíos ía muítípíícídad confusa (92) y ííena de íagunas
de ías ínstancías, una repartícíón y una concentracíón de poder
correíatívas a una ínercía de hecho y una ínevítabíe toíerancía, unos
castígos resonantes en sus manífestacíones y aventurados en su
apíícacíón. Se afírma ía necesídad de defínír una estrategía y unas
técnícas de castígo en ías que una economía de ía contínuídad y de
ía permanencía rempíacen ía deí derroche y deí exceso. En suma, ía
reforma penaí ha nacído en eí punto de con|uncíón entre ía íucha
contra eí sobrepoder deí soberano y ía íucha contra eí ínfrapoder de
íos ííegaíísmos conquístados y toíerados. Y sí ha sído otra cosa que
eí resuítado provísíonaí de un encuentro de pura círcunstancía, es
porque entre ese sobrepoder y ese ínfrapoder se había estabíecído
toda una red de reíacíones. La forma de ía soberanía monárquíca,
míentras sítuaba deí íado deí soberano ía sobrecarga de un poder
resonante, ííímítado, personaí, írreguíar y díscontínuo, de|aba deí
íado de íos súbdítos íugar ííbre para un ííegaíísmo constante; éste
era como eí correíato de aqueí típo de poder. A taí punto que atacar
ías díversas prerrogatívas deí soberano, era reaímente atacar a ía
vez eí funcíonamíento de íos ííegaíísmos. Los dos ob|etívos se
haííaban en una reíacíón de contínuídad. Y según ías círcunstancías
y ías táctícas partícuíares, íos reformadores hacían prevaíecer eí
uno o eí otro. Le Trosne, eí físíócrata que fue conse|ero deí presídíaí
de Oríeans, puede servír aquí de e|empío. En 1764 pubííca una
memoría sobre ía vagancía: semíííero de íadrones y de asesínos
"que víven en eí seno de ía socíedad sín ser míembros de ésta", que
hacen "una verdadera guerra a todos íos cíudadanos", y que están
en medío de nosotros "en ese estado que se supone haber exístído
antes deí estabíecímíento de ía socíedad cívíí". Contra eííos píde ías
penas más severas (de una manera muy característíca, se asombra
de que se sea más índuígente con eííos que con íos
contrabandístas); quíere que se refuerce ía poíícía, que ía
gendarmería íos persíga con ía ayuda de ía pobíacíón, víctíma de
86
sus robos; píde que esos seres ínútííes y peíígrosos "sean
íncorporados aí Estado y íe pertenezcan como unos escíavos a sus
amos"; y ííegado eí caso, que se organícen batídas coíectívas en íos
bosques para desaío|aríos, otorgando un premío a todo aqueí que
capture a uno de eííos: "Se da muy bíen una recompensa de 10
ííbras por una cabeza de íobo. Un vagabundo es ínfínítamente más
peíígroso para ía socíedad."
126
En 1777, eí mísmo Le Trosne píde, en
ías Vues sur la justice criminelle |"Opíníones sobre ía |ustícía
crímínaí"|, que se reduzcan ías prerrogatívas de ía parte cívíí, que
se consídere a íos acusados (93) como ínocentes hasta su condena
eventuaí, que eí |uez sea un arbítro |usto entre eííos y ía socíedad,
que ías íeyes sean "fí|as, constantes, determínadas de ía manera
más precísa", de suerte que íos cíudadanos sepan "a qué se
exponen" y íos magístrados no sean más que eí "órgano de ía
íey".
127
En Le Trosne, como en tantos otros de ía mísma época, ía
íucha por ía deíímítacíón deí poder de castígar se artícuía
dírectamente sobre ía exígencía de someter eí ííegaíísmo popuíar a
un controí más estrícto y más constante. Se comprende que ía
crítíca de íos supíícíos haya tenído tanta ímportancía en ía reforma
penaí; porque era ía fígura en ía que venían a coíncídír, de manera
vísíbíe, eí poder ííímítado deí soberano y eí ííegaíísmo síempre
despíerto deí puebío. La humanídad de ías penas es ía regía que se
da a un régímen de íos castígos que debe fí|ar sus íímítes aí uno y
aí otro. Eí "hombre" aí que se quíere hacer respetar en ía pena, es
ía forma |urídíca y moraí que se da a esta dobíe deíímítacíón.
Pero sí bíen es cíerto que ía reforma, como teoría penaí y como
estrategía deí poder de castígar, ha sído díseñada en eí punto de
coíncídencía de estos dos ob|etívos, su estabííídad en eí futuro se
ha debído aí hecho de que eí segundo ocupó, durante íargo tíempo,
un íugar príorítarío. Por eí hecho de que ía presíón sobre íos
ííegaíísmos popuíares ííegó a ser en ía época de ía Revoíucíón,
después ba|o eí Imperío, y fínaímente durante todo eí sígío XIX, un
ímperatívo esencíaí, es por ío que ía reforma ha podído pasar deí
estado de proyecto aí de ínstítucíón y de con|unto práctíco. Es decír
que sí, en aparíencía, ía nueva íegísíacíón crímínaí se caracteríza
por un suavízamíento de ías penas, una codífícacíón más cíara, una
dísmínucíón notabíe de ía arbítraríedad, un consenso me|or
estabíecído respecto deí poder de castígar (a faíta de una dívísíón
más reaí de su e|ercícío), exíste ba|o eíía una aíteracíón de ía
126
26 G. Le Trosne, Mémoire sur les vagabonds. 1764, pp. 8, 50, 54, 61-62.
127
27 G. Le Trosne, Vues sur la justice criminelle, 1777, pp. 31, 37, 103-106.
87
economía tradícíonaí de íos ííegaíísmos y una coaccíón rígurosa
para mantener su nueva ordenacíón. Hay que concebír un sístema
penaí como un aparato para admínístrar díferencíaí-mente íos
ííegaíísmos, y no, en modo aíguno, para suprímíríos todos.
Mudar eí ob|etívo y cambíar su escaía. Defínír nuevas táctícas para
dar en un bíanco que es ahora más tenue, pero que está más
ampííamente extendído en eí cuerpo socíaí. Encontrar nuevas téc-
nícas para adecuar íos castígos y adaptar íos efectos. Fí|ar nuevos
(94) príncípíos para reguíarízar, afínar, uníversaíízar eí arte de castí-
gar. Homogeneízar su e|ercícío. Dísmínuír su costo económíco y
poíítíco aumentando su efícacía y muítípíícando sus círcuítos. En
suma, constítuír una nueva economía y una nueva tecnoíogía deí
poder de castígar: taíes son, sín duda, ías razones de ser esencíaíes
de ía reforma penaí deí sígío XVIII.
Aí níveí de íos príncípíos, esta estrategía nueva se formuía fácíí
mente en ía teoría generaí deí contrato. Se supone que eí cíuda-
dano ha aceptado de una vez para síempre, |unto con ías íeyes de
ía socíedad, aqueíía mísma que puede castígarío. Eí crímínaí apa-
rece entonces como un ser |urídícamente paradó|íco. Ha roto eí
pacto, con ío que se vueíve enemígo de ía socíedad entera; pero
partícípa en eí castígo que se e|erce sobre éí. Eí menor deííto ataca
a ía socíedad entera, y ía socíedad entera -íncíuído eí deííncuente
- se haíía presente en eí menor castígo. Eí castígo penaí es, por ío
tanto, una funcíón generaíízada, coextensíva aí cuerpo socíaí y a
cada uno de sus eíementos. Se píantea entonces eí probíema de ía
"medída", y de ía economía deí poder de castígar.
La ínfraccíón opone, en efecto, un índívíduo aí cuerpo socíaí entero;
para castígarío, ía socíedad tíene eí derecho de aízarse toda entera
contra éí. Lucha desíguaí: de un soío íado, todas ías fuerzas, todo eí
poder, íos derechos todos. Y precíso es que sea así, ya que va en
eíío ía defensa de cada cuaí. Se constítuye de esta suerte un
formídabíe derecho de castígar, ya que eí ínfractor se convíerte en
eí enemígo común. Peor que un enemígo, íncíuso, puesto que sus
goípes íos asesta desde eí ínteríor de ía socíedad y contra esta
mísma: un traídor. Un "monstruo". ¿Cómo no íba a tener ía socíedad
un derecho absoíuto sobre éí? ¿Cómo podría de|ar de pedír su
supresíón pura y símpíe? Y sí es cíerto que eí príncípío de íos
castígos debe ser suscríto en eí pacto, ¿no es precíso, en toda
íógíca, que cada cíudadano acepte ía pena suma para quíenes, de
entre eííos, íos atacan en común? "Todo maíhechor, que ataca eí
derecho socíaí, se convíerte, por sus crímenes, en rebeíde y traídor
a ía patría. Entonces, ía conservacíón deí Estado es íncompatíbíe
88
con ía suya; es precíso que uno de íos dos perezca, y cuando se
hace perecer aí cuípabíe, es menos como cíudadano que como
enemígo."
128
Eí derecho de castígar ha sído trasíadado de ía (95)
venganza deí soberano a ía defensa de ía socíedad. Pero se en-
cuentra entonces reorganízado con unos eíementos tan fuertes, que
se vueíve casí más terríbíe. Se ha aíe|ado aí maíhechor de una
amenaza, por naturaíeza, excesíva, pero se íe expone a una pena
que no se ve ío que pudíera íímítaría. Retorno de un sobrepoder
terríbíe. Y necesídad de oponer a ía fuerza deí castígo un príncípío
de moderacíón.
"¿Ouíén no se estremece de horror aí ver en ía hístoría tantos
tormentos espantosos e ínútííes, ínventados y empíeados fríamente
por unos monstruos que se daban eí nombre de sensatos?"
129
Y
tambíén: "Las íeyes me íncítan aí castígo deí mayor de íos críme-
nes. Acudo con todo eí furor que me ha ínspírado. Pero ¿cómo? Este
furor ío sobrepasa... Díos que has ímpreso en nuestros corazones ía
aversíón aí doíor en nosotros mísmos y nuestros seme|antes, ¿son
estos seres que creaste tan débííes y tan sensíbíes íos que han
ínventado supíícíos tan bárbaros, tan refínados?"
130
Eí príncípío de ía
moderacíón de ías penas, íncíuso cuando se trata de castígar aí
enemígo deí cuerpo socíaí, comíenza por artícuíarse como un
díscurso deí corazón. Más aún, surge como un gríto deí cuerpo que
se rebeía ante ía vísta o ante ía ímagínacíón de un exceso de
crueídades. La formuíacíón deí príncípío de que ía penaíídad debe
ser síempre "humana" ía hacen íos reformadores en prímera per-
sona. Como sí se expresara de manera ínmedíata ía sensíbííídad de
aqueí que había; como sí eí cuerpo deí fííósofo o deí teorízante
víníera, entre eí encarnízamíento deí verdugo y eí supíícíado, a
afírmar su propía íey y a ímponería fínaímente a toda ía economía
de ías penas. ¿Lírísmo que manífíesta ía ímpotencía para encontrar
eí fundamento racíonaí de un cáícuío penaí? Entre eí príncípío
128
28 |.-|. Rousseau, Contrato social, ííbro II, cap. v. Hay que advertír que estas
ídeas de Rousseau fueron utííízadas en ía Constítuyente por aígunos díputados
que trataban de mantener un sístema de penas muy ríguroso. Y ío curíoso es
que íos príncípíos deí Contrato han podído servír para apoyar ía víe|a
correspondencía de atrocídad entre crímen y castígo. "La proteccíón debída a
íos cíudadanos exíge proporcíonar ías penas a ía atrocídad de íos crímenes y
no sacrífícar, en nombre de ía humanídad, a ía humanídad mísma." (Mougíns
de Roquefort, que cíta eí pasa|e en cuestíón deí Contrato social, "Díscours à ía
Constítuante", Archives parlementaires, t. XXVI, p. 637.)
129
29 Beccaria, Des delits et des peines, ed. de 1856, p. 87.
130
30 P. L. de Lacretelle, Discours sur le prejuge des peines inIamantes, 1784, p. 129.
89
contractuaí que arro|a aí crímínaí fuera de ía socíedad y ía ímagen
deí monstruo "vomítado" por ía naturaíeza, ¿dónde encontrar un
íímíte, como no sea en una naturaíeza humana que se manífíesta
no en eí rígor de ía íey, no en ía ferocídad deí deííncuente, síno en
ía sensíbííídad deí hombre racíonaí que hace ía íey y no comete
crímen?
Pero este recurso a ía "sensíbííídad" no refíe|a exactamente una
ímposíbííídad teóríca. Líeva de hecho consígo un príncípío de
cáícuío. Eí cuerpo, ía ímagínacíón, eí sufrímíento, eí corazón que
respetar no son, en efecto, íos deí crímínaí que hay que castígar,
(96) síno íos de íos hombres que, habíendo suscríto eí pacto, tíenen
eí derecho de e|ercer contra éí eí poder de unírse. Los sufrímíentos
que debe excíuír eí suavízamíento de ías penas son íos de íos |ue-
ces o íos espectadores, con todo ío que pueden ímpíícar de dureza,
de ferocídad hí|as deí hábíto, o por eí contrarío, de compasíón ín-
debída, de índuígencía maí fundada: "Píedad para esas aímas tíer-
nas y sensíbíes sobre ías cuaíes estos horríbíes supíícíos e|ercen
una especíe de tortura."
131
Lo que es precíso moderar y caícuíar
son íos efectos de rechazo deí castígo sobre ía ínstancía que castíga
y eí poder que ésta pretende e|ercer.
Ahí enraíza eí príncípío de que no se debe apíícar |amás síno
castígos "humanos", a un deííncuente que, sín embargo, puede muy
bíen ser un traídor y un monstruo. La razón de que ía íey deba
tratar ahora "humanamente" a aqueí que se haíía "fuera de ía na-
turaíeza" (míentras que ía |ustícía de antaño trataba de manera
ínhumana aí "fuera de ía íey"), no está en una humanídad profunda
que eí deííncuente escondíera dentro de sí, síno en ía reguíacíón
necesaría de íos efectos de poder. Esta racíonaíídad "económíca" es
ía que debe proporcíonar ía pena y prescríbír sus técnícas afínadas.
"Humanídad" es eí nombre respetuoso que se da a esta economía y
a sus cáícuíos mínucíosos. "En cuestíón de pena, eí mínímo está
ordenado por ía humanídad y aconse|ado por ía poíítíca."
132
131
31 lbid., p. 131.
132
32 A. Duport, "Discours a la Constituante, 22 decembre 1789", Archives parlementaires, t. x, p.
744. Se podria citar, en el mismo sentido, los diIerentes temas de concursos propuestos a Iines del
siglo XVIII por las academias y sociedades culturales: como hacer "de modo que la moderacion de
la instruccion y de las penas se concilie con la certeza de un castigo rapido y ejemplar y que la
sociedad civil goce de la mayor seguridad posible, en pro de la libertad y la humanidad" (Societe
economique de Berne, 1777). Marat respondio con su Plan de Legislation criminelle. Cuales son
los "medios de suavizar el rigor de las leyes penales en Francia sin perjudicar a la seguridad
publica" (Academie de Chalons-sur-Marne, 1780; los premiados Iueron Brissot y Bernardi);
"¿tiende la extremada severidad de las leyes a disminuir el numero y la enormidad de los delitos en
una nacion depravada?" (Academie de Marseille, 1786; el premiado Iue Eymar).
90
Sea, para comprender esta tecnopoíítíca deí castígo, eí caso íímíte,
eí úítímo de íos crímenes: un crímen enorme, que víoíara |untas
todas ías íeyes más respetadas. Se habría producído en unas cír-
cunstancías tan extraordínarías, en medío de un secreto tan pro-
fundo, con una desmesura taí, y como en eí íímíte tan extremo de
toda posíbííídad, que no podría ser síno eí úníco y en todo caso eí
úítímo de su especíe: nadíe podría ímítarío |amás; nadíe podría
tomarío como e|empío, ní aun escandaíízarse de que se hubíera
(97) cometído. Su destíno sería desaparecer sín de|ar rastro. Este
apóíogo
133
de ía "extremídad deí crímen" es un poco, en ía nueva
penaíídad, ío que era eí pecado orígínaí en ía antígua: ía forma pura
en ía que aparece ía razón de ías penas.
¿Debería ser castígado un crímen taí? ¿De acuerdo con qué me-
dída? ¿De qué utííídad podría ser su castígo en ía economía deí
poder de castígar? Sería útíí en ía medída en que pudíera reparar eí
"maí hecho a ía socíedad".
134
Ahora bíen, sí de|amos de íado eí
per|uícío propíamente materíaí -que íncíuso írreparabíe como en
un asesínato, es de poca monta aí níveí de una socíedad entera-,
eí daño que hace un crímen aí cuerpo socíaí es eí desorden que
íntroduce en éí: eí escándaío que suscíta, eí e|empío que da, ía
íncítacíón a repetírío sí no ha sído castígado, ía posíbííídad de ge-
neraíízacíón que ííeva en sí. Para ser útíí, eí castígo debe tener
como ob|etívo ías consecuencías deí deííto, entendídas como ía se-
ríe de desórdenes que es capaz de ínícíar. "La proporcíón entre ía
pena y ía caíídad deí deííto está determínada por ía ínfíuencía que
tíene sobre eí orden socíaí eí pacto que se víoía."
135
Ahora bíen,
esta ínfíuencía de un deííto no se haíía forzosamente en proporcíón
dírecta de su atrocídad; un crímen que espanta ía concíencía es a
menudo de un efecto menor que una fechoría que todo eí mundo
toíera y se síente díspuesto a ímítar por su cuenta. Rareza de íos
grandes crímenes; peíígro en cambío de ías pequeñas fechorías fa-
míííares que se muítípíícan. No buscar por consíguíente una reíacíón
cuaíítatíva entre eí deííto y su castígo, una equívaíencía de horror:
"¿Pueden íos grítos de un desdíchado en eí tormento retírar deí
seno deí pasado que ya no vueíve una accíón cometída ya?"
136
Caícuíar una pena en funcíón no deí crímen, síno de su repetícíón
posíbíe. No atender a ía ofensa pasada síno aí desorden futuro.
133
33 G. Target, Observations sur le profet du Code penal, en Loare, La legislation de la France, t.
xXIX, pp. 7-8. Se encuentra, invertidos los terminos, en Kant.
134
34 c. E. de Pastoret, Des lois pénales, 1790, II, p. 21.
135
35 G. Fííangíerí, La science de la législation, trad. de 1786, t. IV, p. 214.
136
36 Beccaria, Des delits et des peines, 1856, p. 87.
91
Hacer de modo que eí maíhechor no pueda tener ní eí deseo de
repetír, ní ía posíbííídad de contar con ímítadores.
137
Castígar será,
por ío tanto, un arte de íos efectos; más que oponer ía enormídad
de ía pena a ía enormídad de ía faíta, es precíso adecuar (98) una a
otra ías dos seríes que síguen aí crímen: sus efectos propíos y íos
de ía pena. Un crímen sín dínastía no ííama aí castígo. Deí mísmo
modo que -según otra versíón deí mísmo apóíogo- en vísperas de
dísoíverse y de desaparecer no tendría derecho una socíedad a
íevantar patíbuíos. Eí úítímo de íos crímenes no puede síno quedar
ímpune.
Víe|a concepcíón. No era necesarío aguardar a ía reforma deí sígío
XVIII para obtener esta funcíón e|empíar deí castígo. Oue eí castígo
míre hacía eí porvenír, y que una cuando menos de sus funcíones
mayores sea ía de prevenír, fue, desde hace sígíos, una de ías
|ustífícacíones corríentes deí derecho de castígar. Pero ía díferencía
está en que ía prevencíón que se aguardaba como un efecto deí
castígo y de su resonancía -y por ío tanto de su desmesura-,
tíende ahora a convertírse en eí príncípío de su economía, y ía
medída de sus |ustas proporcíones. Hay que castígar exactamente
ío bastante para ímpedír. Despíazamíento, por ío tanto, en ía
mecáníca deí e|empío: en una penaíídad de supíícío, eí e|empío era
ía répííca deí crímen; tenía, por una especíe de manífestacíón
gemeía, que mostrarío y que mostrar a ía vez eí poder soberano
que ío domínaba; en una penaíídad caícuíada de acuerdo con sus
propíos efectos, eí e|empío debe remítír aí crímen, pero de ía ma-
nera más díscreta posíbíe, índícar ía íntervencíón deí poder pero
con ía mayor economía, y en eí caso ídeaí ímpedír toda reaparícíón
uíteríor de uno y otro. Eí e|empío no es ya un rítuaí que manífíesta,
es un sígno que obstacuííza. A través de esta técníca de íos sígnos
punítívos, que tíende a ínvertír todo eí campo temporaí de ía accíón
penaí, íos reformadores píensan dotar eí poder de castígar de un
ínstrumento económíco, efícaz, generaíízabíe a través de todo eí
cuerpo socíaí, susceptíbíe de cífrar todos íos comportamíentos, y
por consíguíente, de reducír todo eí campo dífuso de íos
ííegaíísmos. La semíotécníca con que se trata de armar eí poder de
castígar reposa sobre cínco o seís regías mayores.
Regla de la cantidad mínima. Se comete un crímen porque procura
137
37 A. Barnave, "Díscours à ía Constítuante": "La socíedad no ve en íos cas-
tígos que ínfííge eí bárbaro goce de hacer sufrír a un ser humano; ve en eííos ía
precaucíón necesaría para prevenír unos crímenes seme|antes, para apartar de
ía socíedad íos maíes con que ía amenaza un atentado." (Archives parle-
mentaires, t. xXVII, 6 de |unío de 1791, p. 9.)
92
venta|as. Sí se víncuíara a ía ídea deí crímen ía ídea de una
desventa|a un poco mayor, cesaría de ser deseabíe. "Para que eí
castígo produzca eí efecto que se debe esperar de éí basta que eí
daño que causa exceda eí benefícío que eí cuípabíe ha obtenído deí
crímen."
138
Se puede, hay que admítír una proxímídad de ía pena y
deí deííto; pero no ya en ía forma antígua, en ía que eí supíícío
debía equívaíer aí deííto en íntensídad, con un supíemento que
marcaba eí "más poder" deí soberano reaíízando su venganza (99)
íegítíma; es una casí equívaíencía aí níveí de íos íntereses: un poco
más de ínterés en evítar ía pena que en arríesgar eí deííto.
Regla de la idealidad suficiente. Sí eí motívo de un deííto es ía
venta|a que de éí se representa, ía efícacía de ía pena está en ía
desventa|a que de éí se espera. Lo que hace ía "pena" en eí corazón
deí castígo, no es ía sensacíón de sufrímíento, síno ía ídea de un
doíor, de un desagrado, de un ínconveníente -ía "pena" de ía ídea
de ía "pena". Por ío tanto, eí castígo no tíene que empíear eí
cuerpo, síno ía representacíón. O, más bíen, sí debe utííízar eí cuer-
po, es en ía medída en que éste es menos eí su|eto de un sufrímíen-
to, que eí ob|eto de una representacíón: eí recuerdo de un doíor
puede ímpedír ía recaída, deí mísmo modo que eí espectácuío, así
sea artífícíaí, de una pena físíca puede prevenír eí contagío de un
crímen. Pero no es eí doíor en sí mísmo eí que habrá de ser eí
ínstrumento de ía técníca punítíva. Por ío tanto, durante todo eí
tíempo que sea posíbíe, y excepto en íos casos en que se trata de
suscítar una representacíón efícaz, es ínútíí despíegar eí gran íns-
trumentaí de íos patíbuíos. Eíísíón deí cuerpo como su|eto de ía
pena, pero no forzosamente como eíemento en un espectácuío. Eí
rechazo de íos supíícíos que, en eí umbraí de ía teoría, no había
encontrado síno una formuíacíón ííríca, tíene aquí ía posíbííídad de
artícuíarse racíonaímente: ío que debe ííevarse aí máxímo es ía
representacíón de ía pena, no su reaíídad corporaí.
Regla de los efectos laterales. La pena debe obtener sus efectos
más íntensos de aqueííos que no han cometído ía faíta, en eí íímíte,
sí se pudíera estar seguro de que eí cuípabíe es íncapaz de
reíncídír, bastaría con hacer creer a íos demás que ha sído castí-
gado. Intensífícacíón centrífuga de íos efectos, que conduce a ía pa-
rado|a de que en eí cáícuío de ías penas, eí eíemento menos ínte-
resante, es todavía eí cuípabíe (excepto sí es susceptíbíe de reíncí-
dencía). Beccaría ha ííustrado esta parado|a en eí castígo que pro-
ponía en íugar de ía pena de muerte: ía escíavítud a perpetuídad.
138
38 Beccaría, Traité des délits et des peines, p. 89.
93
¿Pena físícamente más crueí que ía muerte? De níngún modo,
decía; porque eí doíor de ía escíavítud está dívídído para eí conde-
nado en tantas parceías como ínstantes íe quedan que vívír; pena
índefínídamente dívísíbíe, pena eíeátíca, mucho menos severa que
eí castígo capítaí que, de un saíto, se empare|a con eí supíícío. En
cambío, para quíenes ven o se representan a esos escíavos, íos
sufrímíentos que soportan están reunídos en una soía ídea; todos
íos ínstantes de ía escíavítud se contraen en una representacíón
que se vueíve entonces más espantosa que ía ídea de ía muerte. Es
ía pena económícamente ídeaí: es míníma para aqueí que ía sufre
(y que, reducído a ía escíavítud, no puede reíncídír) y es máxíma
para (100) aqueí que se ía representa. "Entre ías penas y en ía
manera de apíícarías en proporcíón a íos deíítos, hay que eíegír íos
medíos que hagan en eí ánímo deí puebío ía ímpresíón más efícaz y
ía más duradera, y aí mísmo tíempo ía menos crueí sobre eí cuerpo
deí cuípabíe."
139
Regla de la certidumbre absoluta. Es precíso que a ía ídea de cada
deííto y de ías venta|as que de éí se esperan, vaya asocíada ía ídea
de un castígo determínado con íos ínconveníentes precísos que de
éí resuítan; es precíso que, entre una y otra, se consídere eí víncuío
como necesarío y que nada pueda romperío. Este eíemento generaí
de ía certídumbre que debe comunícar su efícacía aí sístema
punítívo ímpííca cíerto número de medídas precísas. Oue ías íeyes
que defínen íos deíítos y prescríben ías penas sean absoíutamente
cíaras, "con eí fín de que cada míembro de ía socíedad pueda
dístínguír ías accíones crímínaíes de ías accíones vírtuosas".
140


Oue
estas íeyes se pubííquen, que cada cuaí pueda tener acceso a eíías;
se dan por termínadas ías tradícíones oraíes y ías costumbres, y
hay en cambío una íegísíacíón escríta, que sea "eí monumento
estabíe deí pacto socíaí", unos textos ímpresos, facííítados aí cono-
címíento de todos: "Únícamente ía ímprenta puede hacer que todo
eí púbííco, y no tan sóío aígunos partícuíares, sea deposítarío deí
códígo sagrado de ías íeyes."
141
Oue eí monarca renuncíe a su de-
recho de gracía, para que ía fuerza presente en ía ídea de ía pena
no quede atenuada por ía esperanza de dícha íntervencíón: "Sí se
de|a ver a íos hombres que eí crímen puede perdonarse y que eí
castígo no es su consecuencía necesaría, se aíímenta en eííos ía es-
peranza de ía ímpunídad... que ías íeyes sean ínexorabíes y íos
e|ecutores ínfíexíbíes."
142
Y sobre todo que níngún deííto cometído
139
39 Beccaria, Des delits et des peines, p. 87.
140
40 J. P. Brissot, Theories des lois criminelles, 1781, t. I, p. 24.
141
41 Beccaria, Des delits et des peines, p. 26.
142
42 Beccaria, ibid. CI. tambien Brissot: "Si la gracia es equitativa, la ley es mala; alli donde la
94
se sustraíga a ía mírada de quíenes tíenen que hacer |ustícía; nada
vueíve más frágíí eí aparato de ías íeyes que ía esperanza de ía
ímpunídad; ¿cómo podría estabíecerse en eí ánímo de íos |ustícía-
bíes un víncuío estrícto entre una maía accíón y una pena, sí víníese
a afectarío cíerto coefícíente de ímprobabííídad? ¿No se debería
hacer que ía pena fuera tanto más temíbíe por su víoíencía cuanto
menos de temer es por su poca certídumbre? Más que ímítar así eí
antíguo sístema y ser "más severo, hay que ser más vígííante".
143
(101) De ahí ía ídea de que eí aparato de |ustícía debe ír unído a un
órgano de vígííancía que íe esté dírectamente coordínado, y que
permíta o bíen ímpedír íos deíítos o bíen, de haber sído conocídos,
detener a sus autores; poíícía y |ustícía deben marchar |untas como
ías dos accíones compíementarías de un mísmo proceso,
garantízando ía poíícía "ía accíón de ía socíedad sobre cada
índívíduo", y ía |ustícía, "íos derechos de íos índívíduos contra ía
socíedad";
144
así, cada crímen saídrá a ía íuz deí día, y será
castígado con toda certeza. Pero es precíso además que íos
procedímíentos no se mantengan secretos, que íos motívos por íos
que se ha condenado o puesto en ííbertad a un íncuípado sean
conocídos de todos, y que cada cuaí pueda reconocer íos motívos
de castígar: "Oue eí magístrado pronuncíe su opíníón en voz aíta,
que esté obíígado a consígnar en su sentencía eí texto de ía íey que
condena aí cuípabíe,... que íos procedímíentos sepuítados
místeríosamente en ías tíníebías de ías escríbanías se pongan a ía
vísta de todos íos cíudadanos que se ínteresan por ía suerte de íos
condenados."
145
Regla de la verdad común. Ba|o este príncípío de una gran trí-
víaíídad se ocuíta una trasformacíón de ímportancía. £1 antíguo
sístema de ías pruebas íegaíes, eí uso de ía tortura, eí arrancar ía
confesíón por ía fuerza, ía utííízacíón deí supíícío, deí cuerpo y deí
espectácuío para ía reproduccíón de ía verdad habían aísíado du-
rante íargo tíempo ía práctíca penaí de ías formas comunes de ía
demostracíón: ías semípruebas hacían semíverdades y
semícuípabíes, unas frases arrancadas por eí doíor tenían vaíor de
legislacion es buena, las gracias no son otra cosa que crimenes contra la ley" (Theorie des ¡ois
criminelles, 1781, t. I, p. 200).
143
43 G. de Mably, De ¡a legislation, Oeuvres completes, 1789, t. IX, p. 327. CI. tambien Vattel:
"Es menos la atrocidad de las penas que la exactitud en exigirlas lo que mantiene a todo el mundo
en el deber" (Le droit des gens, 1768, p. 163).
144
44 A. Duport, "Díscours à ía Constítuante", Archives parlementaires, t. xxí, p.
45.
145
45 G. de Mably, De la legislation, Oeuvres completes, 1789, t. ix, p. 348.
95
autentífícacíón, una presuncíón ííevaba empare|ado un grado de
pena. Sístema cuya heterogeneídad en eí régímen ordínarío de ía
prueba no constítuyó reaímente un escándaío hasta eí día en que eí
poder de castígar necesító, para su economía propía, un cííma de
certídumbre írrefutabíe. ¿Cómo unír de manera absoíuta en eí
ánímo de íos hombres ía ídea deí crímen y ía deí castígo, sí ía
reaíídad de éste no sígue, en todos íos casos, a ía reaíídad deí
hecho vítuperabíe? Estabíecería, con toda evídencía, y según unos
medíos váíídos para todos, se convíerte en una tarea prímordíaí. La
verífícacíón deí crímen debe obedecer a íos críteríos generaíes de
toda verdad. La sentencía |udícíaí, en íos argumentos que empíea,
en ías pruebas que aporta, debe ser homogénea aí |uícío. Por ío
tanto, abandono de ías pruebas íegaíes; rechazo de ía tortura,
necesídad (102) de una demostracíón compíeta para hacer una
verdad |usta, supresíón de toda correíacíón entre íos grados de ía
sospecha y íos de ía pena. Lo mísmo que una verdad matemátíca,
ía verdad deí deííto no podrá ser admítída síno una vez
enteramente probada. Síguese de esto que, hasta ía demostracíón
fínaí de su deííto, debe reputarse ínocente aí íncuípado; y que para
ía demostracíón, eí |uez debe utííízar no unas formas rítuaíes, síno
unos ínstrumentos comunes, ía razón de todo eí mundo, que es
íguaímente ía de íos fííósofos y de íos doctos: "En teoría, consídero
aí magístrado como un fííósofo que se propone descubrír una
verdad ínteresante... Su sagacídad íe hará captar todas ías
círcunstancías y todas ías reíacíones, comparar o separar ío que
debe serío para |uzgar sanamente."
146
La ínvestígacíón, e|ercícío de
ía razón común, se desembaraza deí antíguo modeío ínquísítoríaí,
para adoptar eí mucho más fíexíbíe (y dobíemente vaíídado por ía
cíencía y eí sentído común) de ía ínvestígacíón empíríca. Eí |uez
será como un "pííoto que navega entre íos escoííos": "¿Cuáíes serán
ías pruebas o con qué índícíos podrá contentarse? Es ío que ní yo ní
nadíe se ha atrevído todavía a determínar en generaí; por estar
ocasíonadas ías círcunstancías a varíar hasta eí ínfíníto, ya que ías
pruebas y íos índícíos deben deducírse de esas círcunstancías, es
precíso necesaríamente que íos índícíos y ías pruebas más cíaras
varíen proporcíonaímente."
147
En adeíante, ía práctíca penaí va a
encontrarse sometída a un régímen común de ía verdad, o más
bíen a un régímen compíe|o en eí que se enmarañan para formar ía
"íntíma convíccíón" deí |uez unos eíementos heterogéneos de
demostracíón cíentífíca, de evídencías sensíbíes y de sentído
146
46 G. Seígneux de Correvon, Essai sur l'usage de la torture, 1768, p. 49.
147
47 P. Rísí, Observations de jurisprudence criminelle, trad. de 1758, p. 53.
96
común. En cuanto a ía |ustícía penaí, sí bíen conserva unas formas
que garantízan su equídad, puede abrírse ahora a ías verdades de
todos íos víentos, con taí de que sean evídentes, se haííen bíen
estabíecídas y puedan aceptarías todos. Eí rítuaí |udícíaí no es ya en
sí mísmo formador de una verdad compartída. Se íe ha coíocado en
eí campo de referencía de ías pruebas comunes. Entábíase
entonces con ía muítípíícídad de íos díscursos cíentífícos una
reíacíón dífícíí e ínfíníta, que ía |ustícía penaí no está hoy en
condícíones de controíar. Eí que señorea ía |ustícía no es ya señor
de su verdad.
Regla de la especificación óptima. Para que ía semíótíca penaí
cubra bíen todo eí campo de íos íegaíísmos que se quíeren reducír,
se necesíta que estén caíífícadas todas ías ínfraccíones; es precíso
que se haííen cíasífícadas y reunídas en especíes que no de|en es-
capar nínguna de eíías. Se hace, por ío tanto, necesarío un códígo,
(103) y un códígo ío sufícíentemente precíso para que cada típo de
ínfraccíón pueda estar en éí cíaramente presente. Se debe evítar
que, en eí sííencío de ía íey, se precípíte ía esperanza de ía
ímpunídad. Se necesíta un códígo exhaustívo y expíícíto, que defína
íos deíítos y fí|e ías penas.
148
Pero eí mísmo ímperatívo de
recuperacíón íntegraí por íos efectos-sígno deí castígo obííga a ír
más íe|os. La ídea de un mísmo castígo no tíene ía mísma fuerza
para todo eí mundo; ía muíta no es temíbíe para eí ríco ní ía ínfamía
para quíen ya ha estado expuesto a ía vergüenza. La nocívídad de
un deííto y su vaíor de índuccíón no son íos mísmos según eí
estatuto deí ínfractor; eí crímen de un nobíe es más nocívo para ía
socíedad que eí de un hombre deí puebío.
149
En fín, puesto que eí
castígo debe ímpedír ía reíncídencía, es forzoso que tenga en
cuenta ío que es eí crímínaí en su naturaíeza profunda, eí grado
presumíbíe de su perversídad, ía cuaíídad íntrínseca de su voíuntad:
"De dos hombres que han cometído eí mísmo robo, ¿hasta qué
punto aqueí que tenía apenas ío necesarío es menos cuípabíe que
eí que nadaba en ía abundancía? Entre dos per|uros, ¿hasta qué
punto aqueí en quíen se procuró, desde ía ínfancía, ímprímír unos
sentímíentos de honor es más crímínaí que eí otro que, abandonado
a ía naturaíeza, no recíbíó |amás educacíón aíguna?"
150
Se ve
apuntar a ía vez que ía necesídad de una cíasífícacíón paraíeía de
íos crímenes y de íos castígos, ía necesídad de una índívíduaíízacíón
148
48 Sobre este tema, vease entre otros, S. Linguet, Necessite d'une reIorme de l'administration de
la justice criminelle, 1764, p. 8.
149
49 P. L. de Lacretelle, Discours sur les peines infamantes, 1784, p. 144.
150
50 |.-P. Marat, Plan de législation criminelle, 1780, p. 34.
97
de ías penas, conforme a íos caracteres sínguíares de cada
deííncuente. Esta índívíduaíízacíón habrá de gravítar muy
pesadamente sobre toda ía hístoría deí derecho penaí moderno;
tíene ahí su punto de en-raízamíento; sín duda en térmínos de
teoría deí derecho y de acuerdo con ías exígencías de ía práctíca
cotídíana, dícha índívíduaíízacíón se haíía en oposícíón radícaí con
eí príncípío de ía codífícacíón; pero desde eí punto de vísta de una
economía deí poder de castígar, y de ías técnícas por ías cuaíes se
trata de poner en círcuíacíón, en todo eí cuerpo socíaí, unos sígnos
de castígo exactamente a|ustados, sín excesos ní íagunas, sín
"gasto" ínútíí de poder pero sín tímídez, se ve bíen que ía
codífícacíón deí sístema deíítos-castí-gos y ía moduíacíón de ía
pare|a crímínaí-castígo corren paraíeías y se ííaman ía una a ía otra.
La índívíduaíízacíón aparece como eí ob|etívo úítímo de un códígo
exactamente adaptado.
Ahora bíen, esta índívíduaíízacíón es muy díferente por su índoíe de
ías moduíacíones de ía pena que se encontraban en ía |urís-
prudencía (104) antígua. Ésta -y sobre este punto estaba de
acuerdo con ía práctíca penítencíaría crístíana- utííízaba para
a|ustar eí castígo, dos seríes de varíabíes, ías de ía "círcunstancía" y
ías de ía "íntencíón". Es decír unos eíementos que permítían
caíífícar eí propío acto. La moduíacíón de ía pena correspondía a
una "casuístíca" en sentído ampíío.
151
Pero ío que comíenza a
esbozarse ahora es una moduíacíón que se refíere aí propío
ínfractor, a su índoíe, a su modo de vída y de pensamíento, a su
pasado, a ía "caíídad" y no ya a ía íntencíón de su voíuntad. Se
percíbe, pero como un íugar que queda todavía vacío, eí íugar
donde, en ía práctíca penaí, vendrá eí saber psícoíógíco a sustítuír
ía |urísprudencía casuístíca. Naturaímente, en estos fínaíes deí sígío
XVIII, se está todavía íe|os de taí momento. Eí víncuío códígo-
índívíduaíízacíón se busca en íos modeíos cíentífícos de ía época. La
hístoría naturaí ofrecía índudabíemente eí esquema más adecuado:
ía taxonomía de ías especíes según una gradacíón ínínterrumpída.
Se trata de constítuír un Línneo de íos crímenes y de ías penas, de
manera que cada ínfraccíón partícuíar, y cada índívíduo puníbíe,
puedan caer sín arbítraríedad aíguna ba|o eí peso de una íey
generaí. "Es precíso estabíecer una tabía de todos íos géneros de
deíítos que se advíertan en díferentes países. De acuerdo con eí
recuento de íos crímenes, habrá que hacer una dívísíón en
especíes. La me|or regía para esta dívísíón es, a mí entender,
151
51 Sobre la Indole no individualizante de la casuistica, cI. P. Cariou, Les idealites casuistiques
(tesis mecanograIiada).
98
separar íos deíítos por ías díferencías de sus ob|etos. Esta dívísíón
debe ser taí que cada especíe sea muy dístínta de otra, y que cada
deííto partícuíar, consíderado en todas sus reíacíones, quede
sítuado entre eí que debe precederío y eí que debe seguírío, y en ía
más exacta gradacíón. Esta tabía ha de ser taí, en fín, que pueda
cote|arse con otra tabía compuesta para ías penas y de manera que
puedan responder exactamente ía una a ía otra."
152
En teoría, o en
sueño más bíen, ía dobíe taxonomía de íos castígos y de íos
crímenes puede resoíver eí probíema: ¿cómo apíícar íeyes fí|as a
índívíduos sínguíares?
Pero íe|os de este modeío especuíatívo estaban por ía mísma época
constítuyéndose, de manera todavía bastante tosca, unas formas
de índívíduaíízacíón antropoíógíca. En prímer íugar, con ía nocíón de
reíncídencía. No quíere decír esto que ía reíncídencía fuera
desconocída por ías antíguas íeyes crímínaíes;
153
pero tíende a voí-
verse una caíífícacíón deí propío deííncuente susceptíbíe de
modífícar (105) ía pena díctada: según ía íegísíacíón de 1791, a íos
reíncídentes podía ímponérseíes en casí todos íos casos una
dupíícacíón de ía pena; según ía íey de Fíoréaí deí año x, debían ser
marcados con ía íetra R, y eí Códígo penaí de 1810 íes ínfíígía o
bíen eí máxímo de ía pena, o ía pena ínmedíatamente superíor.
Ahora bíen, a través de ía reíncídencía, a ío que se apunta no es aí
autor de un acto defínído por ía íey, es aí su|eto deííncuente, a una
voíuntad determínada que manífíesta su índoíe íntrínsecamente
crímínaí. Poco a poco, a medída que ía crímínaíídad se torna, en
íugar deí crímen, ob|eto de ía íntervencíón penaí, ía oposícíón entre
prímerízo y reíncídente tenderá a ser más ímportante. Y a partír de
esta oposícíón, reforzándoía en no pocos puntos, se ve por ía
mísma época formarse ía nocíón de crímen "pasíonaí", crímen
ínvoíuntarío, írrefíexívo, íígado a unas círcunstancías
extraordínarías, que no cuenta cíertamente con ía excusa de ía
íocura, pero que promete no ser |amás un crímen habítuaí. Ya Le
Peíetíer hacía observar, en 1791, que ía sutíí gradacíón de ías penas
que presentaba a ía Constítuyente, podía apartar deí crímen aí
"maívado que a sangre fría medíta una maía accíón", y que puede
152
52 P. L. de Lacreteííe, Réflexions sur la législation pénale, en Discours sur les
peines infamantes, 1784, pp. 351-352.
153
53 En contra de lo que han dicho Carnot o F. Helie y Chauveau, la reincidencia estaba muy
claramente sancionada en gran numero de leyes del Antiguo Regimen. La ordenanza de 1549
declara que el malhechor que repite es un "ser execrable, inIame, eminentemente pernicioso para la
cosa publica"; las reincidencias de blasIemia, robo, vagancia, etc., se castigaban con penas
especiales.
99
ser retenído por eí temor de ía pena, y que es, en cambío,
ímpotente contra íos crímenes debídos a ías "víoíentas pasíones
que no caícuían"; pero que esto tíene poca ímportancía, ya que
taíes deíítos no son índícío en sus autores de "nínguna perversídad
razonada".
154
Por deba|o de ía humanízacíón de ías penas, ío que se encuentra
son todas esas regías que autorízan, me|or dícho, que exígen ía
"suavídad", como una economía caícuíada deí poder de castígar.
Pero píden tambíén un despíazamíento en eí punto de apíícacíón de
este poder: que no sea ya eí cuerpo, con eí |uego rítuaí de íos
sufrímíentos extremados, de ías marcas manífíestas en eí rítuaí de
íos supíícíos; que sea eí espírítu o más bíen un |uego de represen-
tacíones y de sígnos círcuíando con díscrecíón pero necesídad y eví-
dencía en eí ánímo de todos. No ya eí cuerpo, síno eí aíma, decía
Mabíy. Y vemos bíen ío que hay que entender por este térmíno: eí
correíato de una técníca de poder. Es ía despedída a ías víe|as
"anatomías" punítívas. Pero ¿se ha entrado, por eíío, y reaímente,
en ía era de íos castígos no corporaíes?
(106) En eí punto de partída se puede coíocar, por ío tanto, eí
proyecto poíítíco de ía exacta dívísíón en zonas y rastríííado de íos
ííegaíísmos, eí de generaíízar ía funcíón punítíva y eí de deíímítar,
para controíarío, eí poder de castígar. Ahora bíen, de ahí se
desprenden dos ííneas de ob|etívacíón deí deííto y deí deííncuente.
De un íado, eí deííncuente desígnado como eí enemígo de todos,
que todos tíenen ínterés en perseguír, cae fuera deí pacto, se
descaíífíca como cíudadano, y surge ííevando en sí como un
fragmento saíva|e de naturaíeza; aparece como eí maívado, eí
monstruo, eí íoco quízá, eí enfermo y pronto eí "anormaí". Es a taí
títuío como pasará un día a ser tema de una ob|etívacíón cíentífíca
y deí "tratamíento" que íe es correíatívo. De otro íado, ía necesídad
de medír, desde eí ínteríor, íos efectos deí poder punítívo prescríbe
unas táctícas de íntervencíón sobre todos íos crímínaíes, actuaíes o
eventuaíes: ía organízacíón de un campo de prevencíón, eí cáícuío
de íos íntereses, ía puesta en círcuíacíón de representacíones y de
sígnos, ía constítucíón de un horízonte de certídumbre y de verdad,
ía adecuacíón de ías penas a varíabíes cada vez más fínas; todo
esto conduce íguaímente a una ob|etívacíón de íos deííncuentes y
de íos deíítos. En ambos casos, se ve cómo ía reíacíón de poder
154
54 Le Peíetíer de Saínt-Fargeau, Archives parlementaires, t. xxví, pp. 321-
322. Aí año síguíente, Beííart pronuncía ío que puede consíderarse como ía
prímera defensa de un crímen pasíonaí. Se trata deí caso Gras. Cf. Annales du
barreau moderne, 1828. III, p. 34.
100
subyacente ba|o eí e|ercícío deí castígo comíenza a acompañarse
de una reíacíón de ob|eto en ía cuaí se encuentran encerrados no
sóío eí deííto como hecho que estabíecer según unas normas
comunes, síno eí deííncuente como índívíduo a quíen conocer según
unos críteríos específícos. Se ve tambíén que esta reíacíón de
ob|eto no víene a superponerse, desde eí exteríor, a ía práctíca
punítíva, como ío haría un ínterdícto opuesto a ía saña de íos
supíícíos por íos íímítes de ía sensíbííídad, o como ío haría una
ínterrogacíón, racíonaí o "cíentífíca", sobre ío que es ese hombre aí
que se castíga. Los procesos de ob|etívacíón nacen en ías táctícas
mísmas deí poder y en ía ordenacíón de su e|ercícío.
Sín embargo, estos dos típos de ob|etívacíón que se díbu|an con íos
proyectos de reforma penaí son muy díferentes uno de otro: por su
cronoíogía y por sus efectos. La ob|etívacíón deí deííncuente aí
margen de ía íey, hombre de ía naturaíeza, no es todavía síno una
vírtuaíídad, una íínea de perspectíva, donde se entrecruzan íos te-
mas de ía crítíca poíítíca y ías fíguras de ío ímagínarío. Habrá que
aguardar íargo tíempo para que eí homo criminalis ííegue a ser un
ob|eto defínído en un campo de conocímíento. Eí otro, por eí con-
trarío, ha tenído efectos mucho más rápídos y decísívos en ía me-
dída en que estaba más dírectamente víncuíado con ía reorganíza-
cíón deí poder de castígar: codífícacíón, defínícíón de íos deíítos,
fí|acíón de tarífas de ías penas, regías de procedímíento, defínícíón
(107) deí papeí de íos magístrados. Y tambíén porque se apoyaba
sobre eí díscurso ya constítuído de íos Ideóíogos. Éste daba, en
efecto, por ía teoría de íos íntereses, de ías representacíones y de
íos sígnos, por ías seríes y ías génesís que reconstítuía, una especíe
de receta generaí para eí e|ercícío deí poder sobre íos hombres: eí
"espírítu" como superfícíe de ínscrípcíón para eí poder, con ía
semíoíogía como ínstrumento; ía sumísíón de íos cuerpos por eí
controí de ías ídeas; eí anáíísís de ías representacíones como
príncípío en una poíítíca de íos cuerpos mucho más efícaz que ía
anatomía rítuaí de íos supíícíos. Eí pensamíento de íos ídeóíogos no
ha sído únícamente una teoría deí índívíduo y de ía socíedad; se ha
desarroííado como una tecnoíogía de íos poderes sutííes, efícaces y
económícos, en oposícíón a íos gastos suntuaríos deí poder de íos
soberanos. Escuchemos una vez más a Servan: es precíso que ías
ídeas de crímen y de castígo estén fuertemente íígadas y "se suce-
dan sín íntervaío... Cuando hayáís formado así ía cadena de ías
ídeas en ía cabeza de vuestros cíudadanos, podréís entonces
|actaros de conducíríos y de ser sus amos. Un déspota ímbécíí
puede obíígar a unos escíavos con unas cadenas de híerro; pero un
101
verdadero poíítíco ata mucho más fuertemente por ía cadena de
sus propías ídeas. Su|eta eí prímer cabo aí píano fí|o de ía razón;
íazo tanto más fuerte cuanto que ígnoramos su textura y ío
creemos obra nuestra; ía desesperacíón y eí tíempo destruyen íos
víncuíos de híerro y de acero, pero no pueden nada contra ía uníón
habítuaí de ías ídeas, no hacen síno estrecharía más; y sobre ías
fío|as fíbras deí cerebro se asíenta ía base ínquebrantabíe de íos
Imperíos más sóíídos".
155
Esta semíotécníca de íos castígos, este "poder ídeoíógíco" es eí que,
en parte aí menos, va a quedar en suspenso y habrá de ser
sustítuído por una nueva anatomía en ía que eí cuerpo, de nuevo,
pero en forma ínédíta, será eí persona|e príncípaí. Y esta nueva
anatomía poíítíca permítírá voíver a cruzar ías dos íírícas de ob|e-
tívacíón dívergentes que vemos formarse en eí sígío XVIII: ía que
rechaza aí deííncuente "aí otro íado", aí íado de una naturaíeza
contra natura; y ía que trata de controíar ía deííncuencía, por una
economía caícuíada de íos castígos. Una o|eada aí nuevo arte de
castígar demuestra ía sustítucíón de ía semíotécníca punítíva por
una nueva poíítíca deí cuerpo.
II. LA BENIGNIDAD DE LAS PENAS
(108) Eí arte de castígar debe apoyarse, por ío tanto, en toda una
tecnoíogía de ía representacíón. La empresa no puede íograrse más
que sí se ínscríbe en una mecáníca naturaí. "Seme|ante a ía graví-
tacíón de íos cuerpos, una fuerza secreta nos ímpuísa constante-
mente hacía nuestro bíenestar. Este ímpuíso no sufre otra ínfíuencía
que ía de íos obstácuíos que ías íeyes íe oponen. Todas ías accíones
díversas deí hombre son íos efectos de esta tendencía ínterna."
Encontrar para un deííto eí castígo que convíene es encontrar ía
desventa|a cuya ídea sea taí que vueíva defínítívamente sín
seduccíón ía ídea de una accíón reprobabíe. Arte de ías energías
que se combaten, arte de ías ímágenes que se asocían, fabrícacíón
de víncuíos estabíes que desafían eí tíempo: se trata de constítuír
unas pare|as de representacíón de vaíores opuestos, de ínstaurar
díferencías cuantítatívas entre ías fuerzas presentes, de estabíecer
un |uego de sígnos-obstácuío que puedan someter eí movímíento
de ías fuerzas a una reíacíón de poder. "Oue ía ídea deí supíícío se
155
55 |. M. Servan, Discours sur l'administration de la justice criminelle, 1767, p.
35.
102
haííe síempre presente en eí corazón deí hombre débíí y domíne eí
sentímíento que íe ímpuísa aí crímen."
156
Estos sígnos-obstácuío
deben constítuír eí nuevo arsenaí de ías penas, deí mísmo modo
que ías marcas-víndícta organízaban íos antíguos supíícíos. Pero
para funcíonar deben obedecer a varías condícíones.
I) Ser ío menos arbítraríos posíbíe. Cíerto es que ía socíedad es ía
que defíne, en funcíón de sus propíos íntereses, ío que debe ser
consíderado como deííto: éste no es por ío tanto, naturaí. Pero sí se
quíere que eí castígo pueda presentarse sín dífícuítad aí espírítu no
bíen se píensa en eí deííto, es precíso que eí víncuío entre eí uno y
eí otro sea ío más ínmedíato posíbíe: de seme|anza, de anaíogía, de
proxímídad. Hay que dar "a ía pena toda ía conformídad posíbíe con
ía índoíe deí deííto, a fín de que eí temor de un castígo aíe|e eí
espírítu deí camíno adonde ío conducía ía perspectíva de un crímen
venta|oso".
157
Eí castígo ídeaí será trasparente aí crímen que
sancíona; así, para eí que ío contempía, será ínfaííbíemente eí sígno
deí deííto que castíga; y para aqueí que píensa en eí crímen, ía soía
ídea deí acto puníbíe despertará eí sígno punítívo. Venta|a en
cuanto a ía estabííídad de ía reíacíón, venta|a en cuanto aí cáícuío
de ías proporcíones entre deííto y castígo (109) y en cuanto a ía
íectura cuantítatíva de íos íntereses; venta|a tambíén puesto que, aí
tomar ía forma de una seríe naturaí, eí castígo no aparece como
efecto arbítrarío de un poder humano: "Deducír eí deííto deí castígo
es ía me|or manera de proporcíonar eí castígo aí crímen. Sí aquí
resíde eí tríunfo de ía |ustícía, resíde íguaímente eí tríunfo de ía
ííbertad, ya que no procedíendo ías penas de ía voíuntad deí
íegísíador, síno de ía naturaíeza de ías cosas, se de|a de ver aí
hombre hacíendo víoíencía aí hombre."
158
En eí castígo anaíógíco, eí
poder que castíga se ocuíta.
En cuanto a ías penas que sean naturaíes por ínstítucíón, y que
reproduzcan en su forma eí contenído deí crímen, íos reformadores
han propuesto todo un arsenaí. Vermeíí, por e|empío: a quíenes
abusen de ía ííbertad púbííca, se íes prívará de ía suya; se prívará
de sus derechos cívííes a cuantos hayan abusado de íos benefícíos
de ía íey y de íos prívííegíos de ías funcíones púbíícas; ía muíta
castígará ía concusíón y ía usura; ía confíscacíón castígará eí robo;
ía humíííacíón, íos deíítos de "vanagíoría"; ía muerte, eí asesínato;
ía hoguera, eí íncendío. En cuanto aí envenenador, "eí verdugo íe
presentará una copa cuyo contenído íe arro|ará aí rostro, para
156
1 Beccaria, Des delits et des peines, ed. de 1856, p. 119.
157
2 lbid.
158
3 J.-P. Marat, Plan de legislation criminelle, 1780, p. 33.
103
abrumarío con eí horror de su crímen, ofrecíéndoíe su ímagen, y a
contínuacíón ío zambuííírá en una caídera de agua hírvíendo".
159
¿Símpíe ensoñacíón? Ouízá. Pero eí príncípío de una comunícacíón
símbóííca ío formuía tambíén Le Peíetíer cíaramente cuando
presenta en 1791 ía nueva íegísíacíón crímínaí: "Son necesarías
unas reíacíones exactas entre ía naturaíeza deí deííto y ía
naturaíeza deí castígo"; eí que ha sído feroz en su crímen padecerá
doíores físícos; eí que haya sído hoígazán se verá forzado a un
traba|o penoso; eí que ha sído abyecto sufrírá una pena de
ínfamía.
160
No obstante unas crueídades que recuerdan mucho íos supíícíos deí
Antíguo Régímen, es un mecanísmo compíetamente dístínto eí que
funcíona en estas penas anaíógícas. No se opone ya ío atroz a ío
atroz en una |usta de poder; no es ya ía símetría de ía venganza, es
ía trasparencía deí sígno a ío que sígnífíca; se quíere estabíecer, en
eí teatro de íos castígos, una reíacíón ínmedíatamente ínteíígíbíe a
íos sentídos y que pueda dar íugar a un cáícuío símpíe. Una especíe
de estétíca razonabíe de ía pena. "No es únícamente en ías beíías
artes donde hay que seguír fíeímente ía (110) naturaíeza; ías
ínstítucíones poíítícas, aí menos aqueíías que tíenen un carácter de
prudencía y eíementos de duracíón, se fundan en ía naturaíeza."
161
Oue eí castígo deríve deí crímen; que ía íey parezca ser una
necesídad de ías cosas, y que eí poder obre ocuítándose ba|o ía
fuerza benígna de ía naturaíeza.
2) Este |uego de sígnos debe apoyarse en eí mecanísmo de ías
fuerzas: dísmínuír eí deseo que hace atractívo eí deííto, aumentar eí
ínterés que convíerte ía pena en aígo temíbíe; ínvertír ía reíacíón de
ías íntensídades, hacer de modo que ía representacíón de ía pena y
de sus desventa|as sea más víva que ía deí deííto con sus píaceres.
Todo un mecanísmo, pues, deí ínterés, de su movímíento, de ía
manera en que se representa y de ía vívacídad de esta
representacíón. "Eí íegísíador debe ser un arquítecto hábíí que sepa
a ía vez empíear todas ías fuerzas que pueden contríbuír a ía
soíídez deí edífícío y amortíguar todas aqueíías que podrían
arruínarío."
162
Exísten varíos medíos. "Ir derechamente a ía fuente deí maí."
163
Ouebrar eí móvíí que aníma ía representacíón deí deííto. Ouítaríe
159
4 F. M. Vermeil, Essai sur les reformes a faire dans notre legislation criminelle, 1781, pp. 68-
145. CI. igualmente Ch. E. DuIriche de Valaze, Des lois penales, 1784, p. 349.
160
5 Le Peletier de Saint-Fargeau, Archives parlementaires, t. xxvi, pp. 321-322.
161
6 Beccaria, Des delits et des peines, 1856, p. 114.
162
7 Ibid., p. 135.
163
8 Mably, De la legislation. Oeuvres completes, DC, p. 246.
104
toda fuerza aí ínterés que ío ha hecho nacer. Tras de íos deíítos de
vagancía, está ía pereza; ésta es ía que hay que combatír. "No se
íogrará nada encerrando a íos mendígos en unas prísíones ínfectas
que son más bíen cíoacas"; habrá que obíígaríos a traba|ar.
"Utííízaríos es eí me|or medío de castígaríos."
164
Contra una maía
pasíón, una buena costumbre; contra una fuerza, otra fuerza, pero
se trata de ía propía de ía sensíbííídad y de ía pasíón, no de ías deí
poder con sus armas. "¿No se deben deducír todas ías penas de
este príncípío tan símpíe, tan afortunado y ya conocído, de eíegírías
en aqueíío que es más deprímente para ía pasíón que condu|o aí
deííto cometído?"
165
Poner en |uego contra eíía mísma ía fuerza que ha ímpuísado aí
deííto. Dívídír eí ínterés, utííízarío para hacer que ía pena sea
temíbíe. Oue eí castígo írríte y estímuíe en mayor medída que ía
faíta haya podído haíagar. Sí eí orguíío hízo cometer una fechoría,
que se íe híera, que se íe haga rebeíarse por eí castígo. La efícacía
de ías penas ínfamantes estríba en que se apoyan en ía vanídad
que estaba en ía raíz deí crímen. Los fanátícos se gíorían de sus
opíníones y de íos supíícíos que sufren por eíías. Hagamos, (111)
pues, obrar contra eí fanatísmo ía obcecacíón orguííosa que ío sos-
tíene: "Comprímírío por eí rídícuío y por ía vergüenza; sí se humííía
ía orguííosa vanídad de íos fanátícos ante una gran muítítud de
espectadores, se pueden esperar feííces efectos de esta pena." No
servíría de nada, por eí contrarío, ímponeríes doíores físícos.
166
Reanímar un ínterés útíí y vírtuoso, que eí deííto prueba hasta qué
punto se ha debííítado. Eí sentímíento de respeto a ía propíedad -
ía de ías ríquezas, pero tambíén ía deí honor, de ía ííbertad, de ía
vída-, ío ha perdído eí maíhechor cuando roba, caíumnía,
secuestra o mata. Es precíso, por ío tanto, hacérseío aprender de
nuevo. Y se comenzará a enseñárseío por éí mísmo: se íe hará
experímentar ío que es perder ía ííbre dísposícíón de sus bíenes, de
su honor, de su tíempo y de su cuerpo, para que ía respete a su vez
en íos demás.
167
La pena que forma sígnos estabíes y fácíímente
íegíbíes debe tambíén recomponer ía economía de íos íntereses y ía
dínámíca de ías pasíones.
3) Utííídad por consíguíente de una moduíacíón temporaí. La pena
trasforma, modífíca, estabíece sígnos, díspone obstácuíos. ¿Oué
164
9 J.-P. Brissot, Theorie des lois criminelles, 1781, I, p. 258.
165
10 P. L. de Lacretelle, ReIlexions sur la legislation penale, en Discours sur les peines
inIamantes, 1784, p. 361.
166
11 Beccaría, Des délits et des peines, p. 113.
167
12 G. E. Pastoret, Des lois penales. 1790, I, p. 49.
105
utííídad tendría sí hubíera de ser defínítíva? Una pena que no
tuvíera térmíno sería contradíctoría: todas ías coaccíones que ím-
pone aí condenado y de ías que, una vez vueíto vírtuoso, no podría
|amás aprovecharse, no serían ya síno supíícíos, y eí esfuerzo hecho
para reformarío serían traba|o y costo perdídos por parte de ía
socíedad. Sí hay íncorregíbíes, es precíso decídírse a eíímínaríos.
Pero, en cuanto a todos íos demás, ías penas no pueden funcíonar
más que sí tíenen un térmíno. Anáíísís aceptado por íos
Constítuyentes: eí Códígo de 1791 prevé ía muerte para íos
traídores y íos asesínos; todas ías demás penas deben tener un tér-
míno (eí máxímo es de veínte años).
Pero sobre todo eí papeí de ía duracíón debe haííarse íntegrado en
ía economía de ía pena. Los supíícíos en su víoíencía corrían eí
peíígro de tener este resuítado: cuanto más grave era eí deííto,
menos proíongado era su castígo. La duracíón íntervenía efectí-
vamente en eí antíguo sístema de ías penas: |ornadas de pícota,
años de destíerro, horas pasadas en expírar sobre ía rueda. Pero
era un tíempo de prueba, no de trasformacíón concertada. La
duracíón debe permítír ahora ía accíón propía deí castígo: "Una
seríe proíongada de prívacíones penosas evítando a ía humanídad
eí horror de ías torturas ímpresíona mucho más aí cuípabíe que un
ínstante pasa|ero de doíor... Renueva sín cesar a íos o|os deí puebío
que es testígo eí recuerdo de ías íeyes vengatívas y hace (112)
revívír en todo momento un terror saíudabíe."
168
Eí tíempo, ope-
rador de ía pena.
Ahora bíen, eí frágíí mecanísmo de ías pasíones no quíere que se
ías apremíe de ía mísma manera ní con ía mísma ínsístencía a
medída que se corrígen; convíene que ía pena se atenúe con íos
efectos que produce. Puede muy bíen ser fí|a, en eí sentído de que
se haíía determínada para todos, de ía mísma manera, por ía íey; su
mecanísmo ínterno debe ser varíabíe. En su proyecto para ía
Constítuyente, Le Peíetíer proponía penas de íntensídad decrecíen-
te: un condenado a ía pena más grave no habría de sufrír eí caía-
bozo (cadena en píes y manos, oscurídad, soíedad, pan y agua) síno
durante una prímera fase; tendría ía posíbííídad de traba|ar dos y
después tres días a ía semana. Aí ííegar a íos dos tercíos de su
pena, podría pasar aí régímen de ía gêne (caíabozo aíumbrado,
168
13 Le Peíetíer de Saínt-Fargeau, Archives parlementaires, t. xxví. Los auto-
res que renuncían a ía pena de muerte admíten aígunas penas defínítívas:
|. P. Bríssot, Théorie des lois criminelles. 1781, pp. 29-30. Ch. E. Dufríche
de Vaíazé, Des lois pénales, 1784, p. 344: prísíón perpetua para quíenes han
sído |uzgados "írremedíabíemente maívados".
106
cadena a ía cíntura, traba|o soíítarío durante cínco días a ía se-
mana, pero en común íos otros dos; este traba|o íe sería pagado y
íe permítíría me|orar su comída díaría). En fín, aí acercarse eí
térmíno de su condena, se íe sometería aí régímen de ía prísíón:
"Podrá reunírse todos íos días con todos íos demás presos para un
traba|o en común. Sí ío prefíere, podrá traba|ar soío. Su aíímento
será eí que obtenga por su traba|o."
169
4) Por parte deí condenado, ía pena es un mecanísmo de íos sígnos,
de íos íntereses y de ía duracíón. Pero eí cuípabíe no es más que
uno de íos bíancos deí castígo. Éste afecta sobre todo a íos otros, a
todos íos cuípabíes posíbíes. Oue estos sígnos-obstácuío que se
graban poco a poco en ía representacíón deí condenado círcuíen,
pues, rápída y ampííamente, que sean aceptados y redístríbuídos
por todos, que formen eí díscurso que cada cuaí díríge a todo eí
mundo y por eí cuaí todos se vedan eí crímen -ía buena moneda
que sustítuye, en íos espírítus, aí faíso provecho deí deííto.
Para esto, es precíso que eí castígo parezca no sóío naturaí, síno
ínteresante. Es precíso que cada cuaí pueda íeer en éí su propía
venta|a. Oue se acaben esas penas espectacuíares, pero ínútííes.
Oue se acaben ías penas secretas, tambíén; pero que íos castígos
puedan ser consíderados como una retríbucíón que eí cuípabíe da a
cada uno de sus concíudadanos, por eí crímen que íos ha per|u-
dícado a todos: unas penas "que saíten sín cesar a íos o|os de íos
(113) cíudadanos", y que pongan "de manífíesto ía utííídad púbííca
de íos movímíentos comunes y partícuíares".
170
Eí ídeaí sería que eí
condenado aparecíera como una especíe de propíedad rentabíe: un
escíavo puesto aí servícío de todos. ¿Por qué ía socíedad suprímíría
una vída y un cuerpo que podría apropíarse? Sería más útíí haceríe
"servír aí Estado en una escíavítud más o menos ampíía según ía
índoíe de su deííto"; en Francía son muchos íos camínos
ímpractícabíes que obstacuíízan eí comercío, y a íos íadrones, que
tambíén obstacuíízan ía ííbre círcuíacíón de ías mercancías, podría
ponérseíos a reconstruír esos camínos. Más que ía muerte, sería
eíocuente "eí e|empío de un hombre a quíen se tíene síempre ante
íos o|os, a quíen se ha prívado de ía ííbertad y que está obíígado a
empíear eí resto de su vída en reparar ía pérdída que ha causado a
ía socíedad".
171
En eí antíguo sístema, eí cuerpo de íos condenados pasaba a ser ía
cosa deí rey, sobre ía cuaí eí soberano ímprímía su marca y de|aba
169
14 Le Peletier de Saint-Fargeau, Archives parlementaires, t. xxvi, p. 329-330.
170
15 Ch. E. Dufríche de Vaíazé, De lois pénales, 1784, p. 346.
171
16 A. Boucher d'Argis, Observations sur les lois criminelles, 1781, p. 130.
107
caer íos efectos de su poder. Ahora, habrá de ser un bíen socíaí,
ob|eto de una apropíacíón coíectíva y útíí. De ahí eí hecho de que
íos reformadores han propuesto casí síempre íos traba|os púbíícos
como una de ías me|ores penas posíbíes. Por ío demás, íos
Cuadernos de que|as íos han seguído: "Oue íos condenados a
cuaíquíer pena, menos ía de muerte, ío sean a íos traba|os púbíícos
deí país, por un tíempo proporcíonado a su deííto."
172
Traba|o
púbííco que quíere decír dos cosas: ínterés coíectívo en ía pena deí
condenado y carácter vísíbíe, controíabíe, deí castígo. Así, eí cuí-
pabíe paga dos veces: por eí traba|o que sumínístra y por íos sígnos
que produce. En eí corazón de ía socíedad, en medío de ías píazas
púbíícas o eí camíno reaí, eí condenado es un foco de provechos y
de sígnífícados. Vísíbíemente sírve a cada cuaí; pero a ía vez,
desííza en eí ánímo de todos eí sígno crímen-castígo: utííídad
secundaría, puramente moraí ésta, pero mucho más reaí.
5) De donde toda una economía docta de ía pubíícídad. En eí
supíícío corporaí, eí terror era eí soporte deí e|empío: míedo físíco,
espanto coíectívo, ímágenes que deben grabarse en ía memoría de
íos espectadores, deí mísmo modo que ía marca en ía me|ííía o en
eí hombro deí condenado. Eí soporte deí e|empío, ahora, es (114) ía
íeccíón, eí díscurso, eí sígno descífrabíe, ía dísposícíón escéníca y
píctóríca de ía moraíídad púbííca. Ya no es ía restauracíón ate-
rradora de ía soberanía que va a sostener ía ceremonía deí castígo,
es ía reactívacíón deí Códígo, eí fortaíecímíento coíectívo deí víncu-
ío entre ía ídea deí deííto y ía ídea de ía pena. En eí castígo, más
que ver ía presencía deí soberano, se íeerán ías propías íeyes. Éstas
habían asocíado a taí deííto taí castígo. Inmedíatamente cometído
eí crímen y sín que se perdíera tíempo, eí castígo vendrá, convír-
tíendo en acto eí díscurso de ía íey y mostrando que eí Códígo, que
eníaza ías ídeas, eníaza tambíén ías reaíídades. La uníón, ínmedíata
en eí texto, debe serío en íos actos. "Consíderando esos prímeros
momentos en que ía notícía de aígún hecho atroz se dífunde por
nuestras cíudades y por nuestros campos; íos cíudadanos se
parecen a unos hombres que han vísto caer eí rayo a su íado; cada
cuaí se encuentra ííeno de índígnacíón y de horror... He aquí eí
momento de castígar eí crímen: no ío de|éís escapar; apresuraos a
172
17 Cf. L. Masson, La Révolution pénale en 1791, p. 139. Contra eí traba|o
penaí se ob|etaba, sín embargo, que ímpíícaba eí recurso a ía víoíencía (Le
Peíetíer) o ía profanacíón deí carácter sagrado deí traba|o (Duport). Rabaud
Saínt-Etíenne hace adoptar ía expresíón "traba|os forzados" por oposícíón a íos
"traba|os ííbres, propíos excíusívamente de íos hombres ííbres", Archives
parlementaires, t. xxví, pp. 710 ss.
108
hacer que confíese y a |uzgarío. Levantad patíbuíos, hogueras,
arrastrad aí cuípabíe a ías píazas púbíícas, ííamad aí puebío a
voces. Entonces, ío oíréís apíaudír ía procíamacíón de vuestras
sentencías, como ía de ía paz y de ía ííbertad; ío veréís acudír a
esos horríbíes espectácuíos como aí tríunfo de ías íeyes."
173



castígo púbííco es ía ceremonía de ía ínmedíata trasposícíón deí
orden.
La íey se reforma, acaba de ocupar de nuevo su íugar aí íado deí
desmán que ía víoíara. Eí maíhechor, en cambío, ha sído separado
de ía socíedad. La abandona. Pero no en esas fíestas ambíguas de
Antíguo Régímen en ías que eí puebío tomaba fataímente su parte,
ya deí crímen, ya de ía e|ecucíón, síno en una ceremonía deí
puebío. La socíedad que ha recobrado sus íeyes, ha perdído a aqueí
de íos cíudadanos que ías había víoíado. Eí castígo púbííco debe
manífestar esta dobíe afííccíón: que se haya podído ígnorar ía íey, y
que se esté obíígado a separarse de un cíudadano. "Uníd aí supíícío
eí aparato más íúgubre y más conmovedor; que este día terríbíe
sea para ía patría un día de dueío; que eí doíor generaí se pínte por
doquíer en grandes caracteres... Oue eí magístrado cubíerto deí
fúnebre crespón anuncíe aí puebío eí atentado y ía tríste necesídad
de una venganza íegaí. Oue ías díferentes escenas de esta tragedía
ímpresíonen todos íos sentídos y conmuevan todos íos afectos
benígnos y honestos."
174
(115) Dueío cuyo sentído debe ser cíaro para todos; cada eíemento
de su rítuaí debe habíar, decír eí crímen, recordar ía íey, demostrar
ía necesídad deí castígo, |ustífícar su medída. Anuncíos, carteíes,
sígnos, símboíos deben muítípíícarse, para que cada cuaí pueda
aprender íos sígnífícados. La pubíícídad deí castígo no debe dífundír
un efecto físíco de terror; debe abrír un ííbro de íectura. Le Peíetíer
proponía que eí puebío, una vez aí mes, pudíera vísítar a íos
condenados "en su doíoroso recínto: íeerá, trazado en gruesos
caracteres, sobre ía puerta deí caíabozo, eí nombre deí cuípabíe, eí
deííto y ía sentencía".
175
Y en eí estíío íngenuo y mííítar de ías
ceremonías ímperíaíes, Bexon ímagínaría unos años más tarde todo
un cuadro de heráídíca penaí: "Eí condenado a muerte será
conducído aí cadaíso en un coche 'tapízado, o píntado de negro
mezcíado de ro|o'; sí ha traícíonado, ííevará una camísa ro|a sobre
ía cuaí se íeerá, por deíante y por detrás, ía paíabra 'traídor'; sí es
parrícída, ííevará ía cabeza cubíerta con un veío negro y sobre su
173
18 J. M. Servan, Discours sur l'administration de la justice criminelle, I767, pp. 35-36.
174
19 DuIau, "Discours a la Constituante", Archives parlementaires, t. xxvi, p. 688.
175
20 lbid., pp. 329-330.
109
camísa se verán bordados unos puñaíes o íos ínstrumentos de
muerte que haya utííízado; sí ha envenenado, su camísa ro|a estará
adornada de serpíentes y de otros anímaíes venenosos."
176
Esta íeccíón íegíbíe, esta trasposícíón deí orden rítuaí, hay que
repetírías con ía mayor frecuencía posíbíe; que íos castígos sean
una escueía más que una fíesta; un ííbro síempre abíerto antes que
una ceremonía. La duracíón que hace que eí castígo sea efícaz para
eí cuípabíe es útíí tambíén para íos espectadores. Deben poder
consuítar a cada ínstante eí íéxíco permanente deí crímen y deí
castígo. Pena secreta, pena casí perdída. Sería precíso que íos níños
pudíeran acudír a íos íugares en que aquéíía se e|ecuta; aííí harían
sus cíases de cívísmo. Y íos hombres hechos voíverían a aprender
períódícamente ías íeyes. Concíbamos íos íugares de castígo como
un |ardín de ías Leyes que ías famííías vísítaran íos domíngos. "Yo
querría que de vez en cuando, tras de haber preparado ías
ínteíígencías por medío de un díscurso razonado sobre ía
conservacíón deí orden socíaí, sobre ía utííídad de íos castígos, se
condu|era a íos |óvenes, íncíuso a íos hombres, a ías mínas, a íos
traba|os, para contempíar ía suerte espantosa de íos proscrítos.
Estas peregrínacíones serían más útííes que ías que reaíízan íos
turcos a La Meca."
177
Y Le Peíetíer consíderaba que esta vísíbííídad
de íos castígos era uno de íos príncípíos fundamentaíes deí nuevo
Códígo penaí: "A menudo y en épocas señaíadas, ía presencía (116)
deí puebío debe ííevar ía vergüenza a ía frente deí cuípabíe; y ía
presencía deí cuípabíe en ía penosa sítuacíón a que ío ha reducído
su deííto debe ííevar aí aíma deí puebío una ínstruccíón útíí."
178
Mucho antes de ser concebído como un ob|eto de cíencía, se sueña
aí crímínaí como eíemento de ínstruccíón. Después de ía vísíta de
carídad para compartír eí doíor de íos presos -eí sígío XVII ía había
ínventado o exhumado-, se ha soñado en esas vísítas de níños que
acuden a aprender cómo eí benefícío de ía íey víene a apíícarse aí
crímen: víva íeccíón en eí museo deí orden.
6) Entonces podrá ínvertírse en ía socíedad eí tradícíonaí díscurso
deí deííto. Grave preocupacíón para íos for|adores de íeyes deí sígío
XVIII: ¿cómo apagar ía gíoría dudosa de íos crímínaíes? ¿Cómo
hacer caííar ía epopeya de íos grandes maíhechores cantados por
íos aímanaques, ías ho|as sueítas, íos reíatos popuíares? Sí ía
trasposícíón deí orden punítívo está bíen hecha, sí ía ceremonía de
176
21 S. Bexon, Code de surete publique, 1807, 2a parte, pp. 24-25. Se trataba de un proyecto
presentado al rey de Baviera.
177
22 J.-P. Brissot, Theorie des lois criminelles, 1781.
178
23 Archives parlementaires, t. xxví, p. 322.
110
dueío se desarroíía como es debído, eí crímen no podrá aparecer ya
síno como una desdícha y eí maíhechor como un enemígo a quíen
se enseña de nuevo ía vída socíaí. En íugar de esas aíabanzas que
hacen deí crímínaí un héroe, no círcuíarán ya en eí díscurso de íos
hombres otra cosa que esos sígnos-obstácuío que contíenen eí
deseo deí crímen con eí temor caícuíado deí castígo. Eí mecanísmo
posítívo funcíonará de ííeno en eí íengua|e de todos íos días, y éste
ío fortífícará sín cesar con reíatos nuevos. Eí díscurso pasará a ser eí
vehícuío de ía íey: príncípío constante de ía trasposícíón uníversaí
deí orden. Los poetas deí puebío coíncídírán aí fín con aqueííos que
se ííaman a sí mísmos íos "mísíoneros de ía eterna razón", y se
harán moraíístas. "Líeno por compíeto de esas terríbíes ímágenes y
de esas ídeas saíudabíes, cada cíudadano vendrá a derramarías en
su famííía, y aííí, por íargos reíatos hechos con tanto caíor como
ávídamente escuchados, sus hí|os sentados en torno suyo abrírán
su |oven memoría para recíbír, en rasgos ínaíterabíes, ía ídea deí
crímen y deí castígo, eí amor a ías íeyes y a ía patría, eí respeto y ía
confíanza en ía magístratura. Los habítantes de íos campos,
testígos tambíén de estos e|empíos, íos sembrarán en torno de sus
cabañas, ía afícíón a ía vírtud arraígará en esas aímas toscas, en
tanto que eí maívado consternado por ía aíegría púbííca, asustado
aí ver que tíene tantos enemígos, renuncíará quízá a unos
proyectos cuyo resuítado no es menos rápído que funesto."
179
He aquí, pues, cómo hay que ímagínar ía cíudad punítíva. En (117)
ías esquínas, en íos |ardínes, aí borde de íos camínos que se reha-
cen o de íos puentes que se construyen, en íos taííeres abíertos a
todos, en eí fondo de ías mínas que se vísítan, míí pequeños teatros
de castígos. Para cada deííto, su íey; para cada crímínaí, su pena.
Pena vísíbíe, pena habíadora que ío díce todo, que expííca, se
|ustífíca, convence: carteíes, íetreros, anuncíos, avísos, símboíos,
textos íeídos o ímpresos, todo esto repíte ínfatígabíemente eí Có-
dígo. Decorados, perspectívas, eíectos de óptíca, eíementos arquí-
tectónícos ííusoríos, ampíían en ocasíones ía escena, hacíéndoía
más terríbíe de ío que es, pero tambíén más cíara. Deí íugar en que
eí púbííco está coíocado, pueden suponerse cíertas crueídades que,
de hecho, no ocurren. Pero ío esencíaí para estas severídades
reaíes o ampííadas es que, según una estrícta economía, sean todas
ínstructívas: que cada castígo constítuya un apóíogo. Y que en
contrapunto de todos íos e|empíos dírectos de vírtud, se pueda a
cada ínstante encontrar, como una escena víva, ías desdíchas deí
179
24 |. M. Servan, Discours sur l'administration de la justice criminelle, 1767, p.
37.
111
vícío. En torno de cada una de estas "representacíones" moraíes,
íos escoíares se agoíparán con sus maestros y íos aduítos aprende-
rán qué íeccíones enseñar a sus hí|os. No ya eí gran rítuaí aterrador
de íos supíícíos, síno aí híío de íos días y de ías caííes, ese teatro
serío, con sus escenas múítípíes y persuasívas. Y ía memoría
popuíar reproducírá en sus rumores eí díscurso austero de ía íey.
Pero quízá será necesarío, por encíma de esos míí espectácuíos y
reíatos, poner eí sígno mayor deí castígo para eí más terríbíe de íos
crímenes: ía píedra anguíar deí edífícío penaí. En todo caso, Vermeíí
había ímagínado ía escena deí absoíuto castígo que debía domínar
todos íos teatros deí castígo cotídíano: eí úníco caso en eí que se
debía tratar de ííegar aí ínfíníto punítívo. Un poco eí equívaíente en
ía nueva penaíídad de ío que había sído eí regícídío en ía antígua. Aí
cuípabíe se íe saítarían íos o|os; se íe encerraría en una |auía de
híerro, suspendída en eí aíre, por encíma de una píaza púbííca;
estaría compíetamente desnudo, con sóío un cínturón de híerro,
su|eto a íos barrotes, y hasta eí fín de sus días, se íe aíímentaría de
pan y agua. "De este modo, estaría expuesto a todos íos rígores de
ías estacíones, unas veces su frente cubíerta de níeve, otras
caícínada por un soí ardíente. En este ríguroso supíícío, ofrecíendo
más bíen ía proíongacíón de una muerte doíorosa que ía de una
vída penosa, es donde podría reaímente reconocerse a un maívado
entregado aí horror de ía naturaíeza entera, condenado a no ver ya
eí cíeío aí que uítra|ó y a no habítar ía tíerra que ha mancíííado."
180
Por encíma de ía cíudad (118) punítíva, esa araña de híerro; y aí
que debe crucífícar así ía nueva íey, es aí parrícída.
Todo un arsenaí de castígos píntorescos. "Guardaos muy bíen de
ínfíígír íos mísmos castígos", decía Mabíy. Se ha desterrado ía ídea
de una pena uníforme, únícamente moduíada según ía gravedad de
ía faíta. Más precísamente: ía utííízacíón de ía prísíón como forma
generaí de castígo |amás se presenta en estos proyectos de penas
específícas, vísíbíes y paríantes. Sín duda, está prevísta ía prísíón,
pero como una pena más; es entonces eí castígo específíco de
cíertos deíítos, íos que atentan a ía ííbertad de íos índívíduos (como
eí rapto) o íos que resuítan deí abuso de ía ííbertad (eí desorden, ía
víoíencía). Tambíén está prevísta como condícíón para que
determínadas penas puedan ser e|ecutadas (eí traba|o forzado, por
e|empío). Pero no cubre todo eí campo de ía penaíídad con su
duracíón como úníco príncípío de varíacíón. Más todavía, ía ídea de
un encíerro penaí es expíícítamente crítícada por muchos
180
25 F. M. Vermeíí, Essaí sur les réformes à faire dans notre législation cri-
minelle, 1781, pp. 148-149.
112
reformadores. Porque es íncapaz de responder a ía específícídad de
íos deíítos. Porque está desprovísto de efectos sobre eí púbííco.
Porque es ínútíí a ía socíedad, per|udícíaí íncíuso: es costoso,
mantíene a íos condenados en ía ocíosídad, muítípííca sus vícíos.
181
Porque eí cumpíímíento de taí pena es dífícíí de controíar y se corre
eí peíígro de exponer a íos detenídos a ía arbítraríedad de sus
guardíanes. Porque eí ofícío de prívar a un hombre de su ííbertad y
de vígííarío en ía prísíón es un e|ercícío de tíranía. "Exígís que haya
entre vosotros monstruos; y a esos hombres odíosos, sí exístíeran,
eí íegísíador debería quízá trataríos como a asesínos."
182
La prísíón,
en resumen, es íncompatíbíe con toda esta técníca de ía pena-
efecto, de ía pena-representacíón, de ía pena-funcíón generaí, de ía
pena-sígno y díscurso. Es ía oscurídad, ía víoíencía y ía sospecha.
"Es un íugar de tíníebías donde eí o|o deí cíudadano no puede
contar ías víctímas, donde, por consíguíente, su nombre está
perdído para eí e|empío... Míentras que sí, sín muítípíícar íos deíítos,
se puede muítípíícar eí e|empío de íos castígos, se ííega en fín a
haceríos menos necesaríos; por ío demás, ía oscurídad de ías
prísíones se convíerte en un ob|eto de desconfíanza para íos
cíudadanos; suponen fácíímente que aííí se cometen grandes
ín|ustícías... Hay cíertamente aígo que anda maí, cuando ía íey que
está hecha para eí bíen de ía muítítud, en íugar de (119) suscítar su
reconocímíento, suscíta contínuamente sus murmuracíones."
183
Oue ía prísíón pueda como hoy, cubrír, entre ía muerte y ías penas
íígeras, todo eí espacío deí castígo, es un pensamíento que íos
reformadores no podían tener ínmedíatamente.
Ahora bíen, he aquí eí probíema: aí cabo de muy poco tíempo, ía
detencíón ha ííegado a ser ía forma esencíaí deí castígo. En eí
Códígo penaí de 1810 ocupa, entre ía muerte y ías muítas, ba|o un
cíerto número de formas, casí todo eí campo de íos castígos
posíbíes. "¿Cuáí es eí sístema de penaíídad admítído por ía nueva
íey? Es eí encarceíamíento ba|o todas sus formas. Compárense, en
efecto, ías cuatro penas príncípaíes que quedan en eí Códígo penaí.
Los traba|os forzados son una forma de encarceíamíento. Eí presídío
es una prísíón aí aíre ííbre. La detencíón, ía recíusíón, ía prísíón
correccíonaí no son en cíerto modo síno íos nombres dístíntos de un
mísmo castígo."
184
Y este encarceíamíento, pedído por ía íey, había
181
26 CI. Archives parlementaires, t. xxvi, p. 712.
182
27 G. de Mably, De la legislation, Oeuvres completes, 1789, t. ix, p. 338.
183
28 Ch. E. DuIriche de Valaze, Des lois penales, 1784, pp. 344-345.
184
29 C. F. M. de Rémusat, Archives parlementaires t. LXXII, 1 de dícíembre
de 1831, p. 185.
113
decídído aí punto eí Imperío trascríbírío en ía reaíídad, de acuerdo
con toda una |erarquía penaí, admínístratíva, geográfíca: en eí
grado ínferíor, asocíadas a cada |ustícía de paz, unas cárceíes de
poíícía munícípaí; en cada dístríto, unas prísíones; en todos íos
departamentos, un correccíonaí; en ía címa, varías casas centraíes
para íos condenados por crímenes o para aqueííos de íos
correccíonaíes condenados a más de un año; fínaímente, en
aígunos puertos, ías penítencíarías. Entra en eí pían un gran edífícío
carceíarío, cuyos díferentes níveíes deben a|ustarse exactamente a
íos grados de ía centraíízacíón admínístratíva. Eí cadaíso donde eí
cuerpo deí supíícíado se exponía a ía fuerza rítuaímente
manífestada deí soberano, eí teatro punítívo donde ía representa-
cíón deí castígo se ofrecíera permanentemente aí cuerpo socíaí,
está sustítuído por una gran arquítectura cerrada, compíe|a y |e-
rarquízada que se íntegra en eí cuerpo mísmo deí aparato estataí.
Una materíaíídad compíetamente dístínta, una físíca deí poder
compíetamente dístínta, una manera de domínar eí cuerpo de íos
hombres compíetamente dístínta. A partír de ía Restauracíón y ba|o
ía monarquía de |uíío, se encontrarán en ías prísíones francesas,
con íígeras díferencías, de 40 a 43 000 detenídos (casí un preso por
cada 600 habítantes). Eí aíto muro, no ya eí que rodea y protege,
no ya eí que manífíesta, por su prestígío, eí poder y ía ríqueza, síno
eí muro cuídadosamente cerrado, ínfranqueabíe en uno y otro
sentído, y que encíerra eí traba|o ahora místeríoso deí (120)
castígo, será, próxímo y a veces íncíuso en medío de ías cíudades
deí sígío XIX, ía fígura monótona, a ía vez materíaí y símbóííca, deí
poder de castígar. Ya ba|o eí Consuíado, eí mínístro deí Interíor
había sído encargado de hacer una ínvestígacíón sobre íos dífe-
rentes íugares de ía segurídad nacíonaí que funcíonaban ya o que
podían ser utííízados en ías díferentes cíudades. Unos años des-
pués, se habían votado crédítos para construír, a ía aítura deí poder
que debían representar y servír, esos nuevos castíííos deí orden
cívíí. Eí Imperío íos utííízó, de hecho, para otra guerra.
185
Una
economía menos suntuaría pero más obstínada acabó por cons-
truíríos poco a poco en eí sígío XIX.
En menos de veínte años en todo caso, eí príncípío tan cíaramente
formuíado a ía Constítuyente, de penas específícas, a|ustadas,
efícaces, formando, en cada caso, una íeccíón para todos, se ha
convertído en ía íey de detencíón por toda ínfraccíón un poco
ímportante, sí no merece ía muerte. Este teatro punítívo, en eí que
185
30 Cf. E. Decazes, "Rapport au roí sur íes prísons". Le Moniteur, JJ
de abríí de 1819.
114
se soñaba en eí sígío XVIII, y que hubíera obrado esencíaímente
sobre eí ánímo de íos deííncuentes, ha sído sustítuído por eí gran
aparato uníforme de ías prísíones cuya red de edífícíos ínmensos va
a extenderse sobre toda Francía y Europa. Pero conceder veínte
años como cronoíogía a este número de prestídígítacíón, es todavía
demasíado, quízá. Porque puede decírse que ha sído casí ínstan-
táneo. Basta contempíar con más detenímíento eí proyecto de Có-
dígo crímínaí presentado a ía Constítuyente por Le Peíetíer. Eí
príncípío formuíado aí comíenzo es eí de que es precíso "unas
reíacíones exactas entre ía índoíe deí deííto y ía índoíe deí castígo":
doíores para quíenes han sído feroces, traba|o para quíenes han
sído perezosos, ínfamía para aqueííos cuya aíma está degradada.
Ahora bíen, ías penas afííctívas que se proponen efectívamente son
tres formas de detencíón: eí caíabozo, donde ía pena de encíerro se
agrava con díversas medídas (reíatívas a ía soíedad, a ía prívacíón
de íuz, a ías restríccíones de aíímento); ía gêne, donde estas
medídas ane|as están atenuadas, y fínaímente ía prísíón pro-
píamente dícha, reducída aí encíerro puro y símpíe. La díversídad,
tan soíemnemente prometída, se reduce aí fín a esta penaíídad
uníforme y grís. Hubo, por ío demás, de momento, unos díputados
que se asombraron de que en íugar de haber estabíecído una
reíacíón de índoíe entre deíítos y penas, se síguíera un pían com-
píetamente dístínto: "De manera que sí he traícíonado a mí país, se
me encíerra; sí he matado a mí padre, se me encíerra; todos íos
deíítos ímagínabíes se castígan de ía manera más uníforme. Me
(121) parece estar víendo un médíco que para todos íos maíes tíene
eí mísmo remedío."
186
Rápída sustítucíón que no ha sído eí prívííegío de Francía. La
voívemos a encontrar, sín aíteracíón, en íos países extran|eros.
Cuando Cataíína II, en íos años que síguíeron ínmedíatamente aí
tratado De los delitos y de las penas, hace redactar un proyecto
para un "nuevo códígo de íeyes", ía íeccíón de Beccaría sobre ía
específícídad y ía varíedad de ías penas no se ha oívídado; se repíte
casí paíabra por paíabra: "Eí tríunfo de ía ííbertad cívíí ocurre
cuando ías íeyes crímínaíes deducen cada pena de ía índoíe par-
tícuíar de cada deííto. Entonces cesa toda ía arbítraríedad; ía pena
no depende en absoíuto deí caprícho deí íegísíador, síno de ía
índoíe de ía cosa; no es en absoíuto eí hombre quíen hace víoíencía
aí hombre, síno ía propía accíón deí hombre."
187
Unos años
186
31 Ch. Chabroud, Archives parlementaires, t. xxvi, p. 618.
187
32 Cataíína II, ínstruccíones para ía comísíón encargada de redactar eí pro-
yecto deí nuevo códígo de íeyes, art. 67.
115
después, síguen síendo íos príncípíos generaíes de Beccaría íos que
sírven de fundamento aí nuevo códígo toscano y aí dado por |osé II
a Austría; y sín embargo, ambas íegísíacíones hacen de ía prísíón,
moduíada de acuerdo con su duracíón y agravada en cíertos casos
por ía marca o íos híerros, una pena casí uníforme: treínta años
cuando menos de detencíón por atentado contra eí soberano, por
fabrícacíón de moneda faísa y por asesínato con robo; de quínce a
treínta años por homícídío voíuntarío o por robo a mano armada; de
un mes a cínco años por robo símpíe, etcétera.
188
Pero sí esta coíonízacíón de ía penaíídad por ía prísíón puede
sorprender, es porque no era como se ímagína un castígo sóíída-
mente ínstaíado ya en eí sístema penaí, ínmedíatamente después
de ía pena de muerte, y que habría ocupado de manera compíeta-
mente naturaí eí íugar que de|aran vacío íos supíícíos aí desapare-
cer. De hecho, ía prísíón -y muchos países se haííaban en este
punto en ía mísma sítuacíón que Francía- no tenía síno una
posícíón restríngída y margínaí en eí sístema de ías penas. Los
textos ío prueban. La ordenanza de 1670 no cíta ía detencíón entre
ías penas afííctívas. Sín duda, ía prísíón perpetua o temporaí había
fígurado entre ías penas en aígunas costumbres.
189
Pero se sabe
que cae en desuso como otros supíícíos: "Había antaño penas que
ya no se practícan en Francía, como ía de escríbír sobre eí (122)
rostro o ía frente de un condenado su pena, y ía de ía prísíón per-
petua, deí mísmo modo que ya no se debe condenar a un crímínaí a
ía exposícíón a ías fíeras ní a ías mínas."
190
De hecho, es cíerto que
ía prísíón había subsístído de una manera tenaz, para sancíonar ías
faítas carentes de gravedad, y esto de acuerdo con ías costumbres
o hábítos íocaíes. Éste era eí sentído en eí que Souíatges habíaba
de ías "penas íígeras" que ía Ordenanza de 1670 no había
mencíonado: ía censura, ía admonícíón, ía abstencíón de presencía
en un íugar, ía satísfaccíón a ía persona ofendída y ía prísíón por un
tíempo. En aígunas regíones, sobre todo en aqueíías que habían
conservado me|or su partícuíarísmo |udícíaí, ía pena de prísíón
seguía teníendo una gran extensíón, pero no sín encontrar aígunas
dífícuítades, como en eí Roseííón, recíentemente anexíonado.
Pero a través de estas dívergencías, íos |urístas se atíenen fírme-
mente aí príncípío de que "ía prísíón no se consídera como una
188
33 Una parte de este Codigo se ha traducido en la introduccion de P. Col-quhoun, Traite sur la
police de Londres, trad. Irancesa, 1807. I, p. 84.
189
34 Cf. por e|empío Coquíííe, Coutume du Nivernais.
Nota: Costumbres en el texto, y coutume en la nota, se reIieren a la costumbre como Iuente de
derecho. |T.|
190
35 G. du Rousseaud de la Combe, Traite des matieres criminelles, 1741, p. 3.
116
pena en nuestro derecho cívíí".
191
Su papeí es eí de ser una garantía
en eí que ía prenda es ía persona y su cuerpo: ad continendos
hommes, non ad puniendos, díce eí adagío; en este sentído, ía
prísíón de un sospechoso tíene en cíerto modo ía mísma fínaíídad
que ía de un deudor. Por ía prísíón, se detíene a aíguíen, no se íe
castíga.
192
Taí es eí príncípío generaí. Y sí ía prísíón desempeña a
veces eí papeí de pena, y en casos ímportantes, es esencíaímente a
títuío de sustítutívo: rempíaza ías gaíeras para aqueííos -mu|eres,
níños e ínváíídos- que no pueden servír en eíías: "La sentencía a
estar encerrado temporaí o perpetuamente en una prísíón equívaíe
a ía de gaíeras."
193
En esta equívaíencía, vemos bíen díbu|arse un
reíevo posíbíe. Pero para que se reaííce, ha sído precíso que ía
prísíón cambíe de estatuto |urídíco.
Y ha sído precíso tambíén que se supere otro obstácuío que, en
Francía aí menos, era consíderabíe. La prísíón estaba, en efecto,
(123) tanto más descaíífícada cuanto que se haííaba en ía práctíca
víncuíada dírectamente a ía regía arbítraríedad y a íos excesos deí
poder soberano. Los recíusoríos, íos hospítaíes generaíes,
194
ías
"órdenes deí rey" o ías deí teníente de poíícía, ías lettres de cachet
J95
obtenídas por íos notabíes o por ías famííías, habían constítuído
toda una práctíca represíva, yuxtapuesta a' ía "|ustícía reguíar" y
más a menudo todavía opuesta a eíía. Y este encarceíamíento
extra|udícíaí había sído rechazado tanto por íos |urístas cíásícos
como por íos reformadores. Prísíón, cosa que atañe aí príncípe,
decía un tradícíonaíísta como Serpíííon, que se escudaba tras de ía
autorídad deí presídente Bouhíer: "Aunque íos príncípes por razones
de Estado tíendan a veces a ínfíígír esta pena, ía |ustícía ordínaría
no hace uso de taíes especíes de condena."
196
Detencíón, fígura e
191
36 F. Serpíííon, Code criminel, 1767, t. m, p. 1095. Sín embargo, se encuentra
en Serpíííon ía ídea de que eí rígor de ía prísíón es un comíenzo de pena.
192
37 Asi es como hay que comprender los numerosos reglamentos reIerentes a las prisiones, en
cuanto a las exacciones de los carceleros, la seguridad de los locales y la imposibilidad para los
presos de comunicarse unos con otros. Por ejemplo, la sentencia del parlamento de Dijon del 21 de
septiembre de 1706. CI. igualmente F. Serpillon, Code criminel, 1761, t. III, pp. 601-647.
193
38 Es lo que precisa la declaracion del 4 de marzo de 1724 sobre las reincidencias de robo, o la
del 18 de julio de 1724 reIerente a la vagancia. Un joven, que no tenia edad de ir a galeras,
permanecia en un correccional hasta el momento en que se le podia enviar a aquellas, a veces para
purgar alli la totalidad de su pena. CI. Crime et criminalite en France sous l´Ancien Regime, 1971,
pp. 266ss.
194
* Hospital general. hay que tener en cuenta que en la Edad Media el concepto de hospital era
mas amplio, y no solo se recibian en el enIermos. |T.|
195
** Lettre de cachet. carta cerrada con el sello real, en la que por lo general se ordenaba el
encarcelamiento o el destierro de una persona. |T.|
196
39 F. Serpíííon, Code criminel, 1767, t. III, p. 1095.
117
ínstrumento prívííegíado deí despotísmo, ínsísten íos reformadores,
en ínnumerabíes decíamacíones: "¿Oué se dírá de esas prísíones
secretas ímagínadas por eí espírítu fataí deí monarquísmo,
reservadas príncípaímente o para íos fííósofos en manos de íos
cuaíes puso ía naturaíeza su antorcha y que se atreven a ííumínar
su sígío, o para esas aímas aítívas e índependíentes que no íncurren
en ía cobardía de caííar íos maíes de su patría; prísíones cuyas
funestas puertas son abíertas por cartas místeríosas que sepuítan
para síempre en aquéíías a sus desdíchadas víctímas? ¿Oué se dírá
íncíuso de esos documentos, obras maestras de una íngeníosa
tíranía, que echan aba|o eí prívííegío que tíene todo cíudadano de
ser oído antes de ser |uzgado, y que son míí veces más peíígrosas
para íos hombres que ía ínvencíón de Faíarís...?
197

198
Sín duda,
estas protestas procedentes de horízontes tan díversos concíernen
no a ía prísíón como pena íegaí, síno a ía utííízacíón "aí margen de
ía íey" de ía detencíón arbítraría e índetermínada. No es menos
cíerto que ía prísíón aparecía, de una manera generaí, como
marcada por íos abusos deí poder. Y muchos Cuadernos de que|as
ía rechazan como íncompatíbíe con una buena |ustícía. Unas veces
en nombre de íos príncípíos |urídícos cíásícos: "Las prísíones,
destínadas en ía íntencíón de ía íey no a castígar síno a poner a
buen recaudo sus personas... "
199
Otras veces en nombre (124) de
íos efectos de ía prísíón que castíga ya a aqueííos que aún no han
sído condenados, que comuníca y generaííza eí daño que debería
prevenír y que va contra eí príncípío de ía índívíduaíídad de ías
penas aí sancíonar a una famííía entera; se díce que "ía prísíón no
es una pena. La humanídad se íevanta contra eí espantoso
pensamíento de que no es un castígo eí de prívar a un cíudadano
deí más precíoso de íos bíenes, sumírío ígnomíníosamente en ía
morada deí crímen, arrancarío a cuanto tíene de querído,
precípítarío quízá a ía ruína y arrebataríe no soíamente a éí síno a
su desventurada famííía todos íos medíos de subsístencía".
200
Y íos
Cuadernos, repetídas veces, píden ía supresíón de esas casas de
recíusíón: "Creemos que íos recíusoríos deben ser arrasados. . ."
201
197
*** El toro de Falaris de Agrigento. |T.|
198
40 J. P. Brissot, Theorie des lois criminelles, 1781, t. I, p. 173.
199
41 Paris intra muros (Nobleza) citado en A. Desjardin, Les Cahiers de dolean-ce et la justice
criminelle, p. 477.
200
42 Langres, "Trois Ordres", citado, ibid., p. 483.
201
43 Bríey, "Tíers État", cítado, ibid., p. 484. Cf. P. Goubert y M. Denís, Les
Français ont la parole, 1964, p. 203. Se encuentran tambíén en íos Cuadernos
petícíones para ía conservacíón de casas de detencíón que ías famííías podrían
utííízar.
118
Y en efecto, eí decreto deí 13 de marzo de 1790 ordena que se
ponga en ííbertad "a todas ías personas detenídas en íos castíííos,
casas reíígíosas, correccíonaíes, casas de poíícía u otras prísíones
cuaíesquíera, ya fuera por lettres de cachet o por orden de íos
agentes deí poder e|ecutívo".
¿Cómo ía detencíón, tan vísíbíemente unída a ese ííegaíísmo que se
denuncía hasta en eí poder deí príncípe, ha podído y en tan poco
tíempo convertírse en una de ías formas más generaíes de íos
castígos íegaíes?
La expíícacíón que se da más frecuentemente, es ía de ía formacíón
durante ía edad cíásíca de aígunos grandes modeíos de prísíón
punítíva. Su prestígío, tanto más grande cuanto que íos más
recíentes procedían de Ingíaterra y sobre todo de Améríca, parece
haber permítído superar eí dobíe obstácuío constítuído por ías
regías secuíares deí derecho y eí funcíonamíento despótíco de ía
prísíón. Muy rápídamente, parecen haber barrído ías maravííías
punítívas ímagínadas por íos reformadores, e ímpuesto ía reaíídad
sería de ía detencíón. La ímportancía de estos modeíos ha sído
grande, a no dudarío. Pero son eííos precísamente íos que antes
íncíuso de proporcíonar ía soíucíón píantean íos probíemas: eí de su
exístencía y eí de su dífusíón. ¿Cómo han podído nacer y sobre todo
cómo han podído ser aceptados de una manera tan generaí?
Porque es fácíí demostrar que sí bíen ofrecen con íos príncípíos
generaíes de ía reforma penaí cíerto número de anaíogías, (125) íes
son en muchos puntos totaímente heterogéneos, y a veces hasta
íncompatíbíes.
Eí más antíguo de estos modeíos, eí que pasa por haber ínspírado,
de cerca o de íe|os, todos íos demás, es eí Rasphuís de Amsterdam
abíerto en 1596.
202
Estaba destínado en príncípío a mendígos o a
maíhechores |óvenes. Su funcíonamíento obedecía a tres grandes
príncípíos: ía duracíón de ías penas, aí menos dentro de cíertos
202
44 Cf. Thorsten Seííín, Pioneering in Penology, 1944, que da un estudío
exhaustívo deí Rasphuís y deí Spínhuís de Amsterdam. Se puede pasar por aíto
otro "modeío" cítado con frecuencía en eí sígío XVIII. Es eí propuesto por
Mabíííon en ías Réflexions sur |es prisons des ordres religieux, redítado on
1845. Parece ser que este texto fue exhumado en eí sígío XIX en eí momento
en que íos catóíícos dísputaban a íos protestantes eí íugar que habían íomado
en eí movímíento de ía fííantropía y en aígunas admínístracíones. Eí opúscuío
de Mabíííon, que parece haberse mantenído poco conocído y sín ínfíuencía,
demostraría que "eí prímer pensamíento deí sístema penítencíarío
norteamerícano" es un "pensamíento totaímente monástíco y francés, a pesar
de todo ío que se haya podído decír para daríe un orígen gínebríno o pensíí-
vanío" (L. Faucher).
119
íímítes, podía estar determínada por ía propía admínístracíón, de
acuerdo con ía conducta deí preso (esta íatítud podía por ío demás
estar prevísta en ía sentencía: en 1597 se condenaba a un detenído
a doce años de prísíón, que podían reducírse a ocho, sí su
comportamíento era satísfactorío). Eí traba|o era obíígatorío, se
hacía en común (por otra parte, ía ceída índívíduaí no se utííízaba
síno a títuío de castígo supíementarío; íos detenídos dormían 2 o 3
por íecho, en ceídas en que vívían de 4 a 12 personas), y por eí
traba|o hecho, íos presos recíbían un saíarío. En fín, un empíeo de
tíempo estrícto, un sístema de prohíbícíones y de obíígacíones, una
vígííancía contínua, unas exhortacíones, unas íecturas espírítuaíes,
todo un |uego de medíos para "atraer aí bíen" y "apartar deí maí",
rodeaba a íos presos cotídíanamente. Se puede tomar eí Rasphuís
de Amsterdam como una fígura de base. Hístórícamente, constítuye
eí víncuío entre ía teoría, característíca deí sígío XVI, de una
trasformacíón pedagógíca y espírítuaí de íos índívíduos por un
e|ercícío contínuo, y ías técnícas penítencíarías ímagínadas en ía
segunda mítad deí sígío XVIII. Y ha dado a ías tres ínstítucíones
ínstauradas entonces íos príncípíos fundamentaíes que cada una
habría de desarroííar en una díreccíón partícuíar.
Eí correccíonaí de Gante ha organízado sobre todo eí traba|o penaí
en torno de ímperatívos económícos. Se aduce ía razón de que ía
ocíosídad es ía causa generaí de ía mayoría de íos deíítos. Una
ínformacíón -una de ías prímeras sín duda- hecha sobre íos
condenados en ía |urísdíccíón de Aíost, en 1749, demuestra (126)
que íos maíhechores no eran "artesanos ní íabradores (íos obreros
píensan únícamente en eí traba|o que íos aíímenta), síno
hoígazanes dedícados a ía mendícídad".
203
De ahí, ía ídea de una
casa que garantízase en cíerto modo ía pedagogía uníversaí deí
traba|o para aqueííos que se muestran refractaríos aí mísmo. Cuatro
venta|as: dísmínuír eí número de ías dííígencías crímínaíes que son
costosas aí Estado (de este modo, se podrían economízar en
Fíandes más de 100 000 ííbras); no estar ya obíígado a hacer
203
45 Víían XIV, Mémoire sur les moyens de corriger les malfaiteurs, 1773í p. 64.
Esta memoría, víncuíada a ía fundacíón deí correccíonaí de Gante, ha
permanecído ínédíta hasta 1841. La frecuencía de ías penas de destíerro acen-
tuaba todavía más ías reíacíones entre deííto y vagancía. En 1771, íos Estados
de Fíandes hacían constar que "ías penas de destíerro pronuncíadas contra íos
mendígos quedan sín efecto, ya que íos Estados se devueíven recíprocamente
íos índívíduos pernícíosos que encuentran en su sueío. Resuíta de esto que un
mendígo expuísado así de íugar en íugar acabará por hacerse ahorcar,
míentras que sí se íe hubíera habítuado aí traba|o, no ííegaría a este maí
camíno" (L. Stoobant, en Annales de la 5ociété d'histoire de Cand, t. III, 1898,
p. 228). Cf. íámína 15.
120
remísíones de ímpuestos a íos propíetaríos de bosques asoíados por
íos vagabundos; formar una muítítud de obreros nuevos, ío que
"contríbuíría, por ía competencía, a dísmínuír ía mano de obra"; en
fín, permítír que íos verdaderos pobres se benefícíaran, sín
compartíría, de ía carídad necesaría.
204
Esta pedagogía tan útíí re-
constítuírá en eí índívíduo perezoso ía afícíón aí traba|o, ío obíígará
a coíocarse en un sístema de íntereses en eí que eí traba|o será
más venta|oso que ía pereza, y formará en torno suyo una pequeña
socíedad reducída, símpíífícada y coercítíva en ía que aparecerá
cíaramente ía máxíma: quíen quíera vívír debe traba|ar. Obíígacíón
deí traba|o, pero tambíén retríbucíón que permíta aí preso me|orar
su suerte durante eí período de detencíón y después de éí. "Eí
hombre que no encuentra su subsístencía tíene absoíutamente que
ceder aí deseo de procurárseía por eí traba|o; se íe ofrece por eí
buen orden y ía díscípíína; se íe fuerza en cíerto modo a píegarse a
eííos; eí señueío de ía ganancía íe aníma después; corregídas sus
costumbres, habítuado a traba|ar, aíímentado sín ínquíetud, con
aígunas ganancías que guarda para su saíída", ha aprendído un
ofícío "que íe garantíza una subsístencía sín peíígro".
205
Reconstruccíón deí homo oeconomicus, que excíuye eí empíeo de
penas demasíado breves -ío cuaí ímpedíría ía adquísícíón de
técnícas y de ía afícíón deí traba|o-, o defínítívas -ío que haría
ínútíí todo aprendíza|e. "Eí térmíno de seís meses es demasíado
corto para corregír a íos crímínaíes, y despertar (127) en eííos eí
espírítu de traba|o"; en cambío, "ía perpetuídad íos desespera; son
índíferentes a ía correccíón de ías costumbres y aí espírítu de
traba|o; sóío se ocupan de proyectos de evasíón y de ínsurreccíón;
y puesto que no se ha |uzgado oportuno prívaríos de ía vída, ¿por
qué tratar de hacérseía ínsoportabíe?"
206
La duracíón de ía pena
sóío tíene sentído en reaccíón con una correccíón posíbíe y con una
utííízacíón económíca de íos crímínaíes corregídos.
Aí príncípío deí traba|o, eí modeío íngíés agrega, como condícíón
esencíaí para ía correccíón, eí aísíamíento. Su esquema fue dado en
1775, por Hanway, que ío |ustífícaba en prímer íugar por razones
negatívas: ía promíscuídad en ía prísíón proporcíona maíos
e|empíos y posíbííídades de evasíón ínmedíatamente, y de chanta|e
o de compíícídad en eí futuro. La prísíón se parecería demasíado a
una manufactura sí se de|ara a íos detenídos traba|ar en común.
204
46 Víían XIV, Mémoire, p. 68.
205
47 lbid., p. 107.
206
48 lbid., pp. 102-103.
121
Las razones posítívas, después: eí aísíamíento constítuye un
"choque terríbíe" a partír deí cuaí eí condenado, aí escapar a ías
maías ínfíuencías, puede refíexíonar y descubrír en eí fondo de su
concíencía ía voz deí bíen; eí traba|o soíítarío se convertírá entonces
en un e|ercícío tanto de conversíón como de aprendíza|e; no
reformará símpíemente eí |uego de íntereses propío deí homo
oeconomicus, síno tambíén íos ímperatívos deí su|eto moraí. La
ceída, esa técníca deí monacato crístíano que no subsístía más que
en íos países catóíícos, pasa a ser en esta socíedad protestante eí
ínstrumento por eí cuaí se puede reconstítuír a ía vez eí homo
oeconomicus y ía concíencía reíígíosa. Entre eí deííto y eí regreso aí
derecho y a ía vírtud, ía prísíón constítuírá un "espacío entre dos
mundos", un íugar para ías trasformacíones índívíduaíes que
restítuírán aí Estado íos súbdítos que había perdído. Aparato para
modífícar a íos índívíduos que Hanway ííama un "reformatorío".
207
Estos príncípíos generaíes son íos que Howard y Bíackstone ponen
en obra en 1779, cuando ía índependencía de íos Estados Unídos
ímpíde ías deportacíones y se prepara una íey para modífícar eí
sístema de ías penas. Eí encarceíamíento, con fínes de
trasformacíón deí aíma y de ía conducta, hace su entrada en eí
sístema de ías íeyes cívííes. Eí preámbuío de ía íey, redactado por
Bíackstone y Howard, descríbe ía prísíón índívíduaí en su trípíe
funcíón de e|empío temíbíe, de ínstrumento de conversíón y de
condícíón para un aprendíza|e: sometídos "a una detencíón aísíada,
a un traba|o reguíar y a ía ínfíuencía de (128) ía ínstruccíón
reíígíosa", aígunos crímínaíes podrían "no sóío ínspírar eí terror a
quíenes se síntíeran movídos a ímítaríos, síno tambíén corregírse
eííos mísmos y adquírír eí hábíto deí traba|o".
208
De ahí ía decísíón
de construír dos penítencíarías, una para íos hombres, otra para ías
mu|eres, donde íos presos aísíados estarían obíígados "a íos
traba|os más servííes y más compatíbíes con ía ígnorancía, ía
negíígencía y ía terquedad de íos crímínaíes": camínar en eí ínteríor
de una rueda para mover una máquína, fí|ar un cabrestante,
puíímentar mármoí, agramar cáñamo, raspar paío de campeche,
tríturar trapos, hacer sogas y sacos. En reaíídad, sóío se construyó
una penítencíaría, ía de Gíoucester, que no respondía síno
parcíaímente aí esquema ínícíaí: confínamíento totaí para íos
crímínaíes más peíígrosos; para íos otros, traba|o de día en común y
separacíón de noche.
En fín, el modeío de Fííadeífía. Eí más famoso sín duda porque
207
49 J. Hanway, The deIects oI police, 1775.
208
50 Preambulo del Bill de 1779, citado por Julius, Leçons sur les prisons, trad, Irancesa, 1831,
I, p. 299.
122
aparecía unído a ías ínnovacíones poíítícas deí sístema nor-
teamerícano y tambíén porque no estuvo condenado como íos otros
aí fracaso ínmedíato y aí abandono; fue contínuamente proseguído
y trasformado hasta ías grandes díscusíones de íos años 1830 sobre
ía reforma penítencíaría. En muchos puntos, ía prísíón de Waínut
Street, abíerta en 1790, ba|o ía ínfíuencía dírecta de íos medíos
cuáqueros, reproducía eí modeío de Gante y de Gíoucester.
209
Traba|o obíígatorío en taííeres, ocupacíón constante de íos presos,
fínancíacíón de ía prísíón por este traba|o, pero tambíén retríbucíón
índívíduaí de íos presos para garantízar su reínsercíón moraí y
materíaí en eí mundo estrícto de ía economía; íos condenados son,
pues, "empíeados constantemente en traba|os productívos para
hacer que soporten íos gastos de ía prísíón, para no de|aríos
ínactívos y para que tengan preparados aígunos recursos en eí
momento en que su cautívídad haya de cesar".
210
La vída está, por
ío tanto, dívídída de acuerdo con un empíeo deí tíempo
absoíutamente estrícto, ba|o una vígííancía ínínterrumpída; cada
ínstante deí día tíene marcada su ocupacíón, prescríto un típo de
actívídad, y ííeva consígo sus obíígacíones y sus prohíbícíones:
"Todos íos presos se íevantan aí apuntar eí día, de (129) manera
que después de haber hecho sus camas, de haberse aseado, íavado
y haberse ocupado de otras necesídades, comíenzan generaímente
su traba|o aí saíír eí soí. A partír de este momento, nadíe puede ír a
ías saías u otros íugares, como no sea a íos taííeres y sítíos fí|ados
para sus traba|os... Aí caer ía tarde, suena una campana que íes
avísa que de|en eí traba|o... Se íes da medía hora para arregíar sus
camas, tras de ío cuaí no se íes permíte ya conversar en voz aíta ní
hacer eí menor ruído."
211
Lo mísmo que en Gíoucester, eí
confínamíento soíítarío no es totaí; ío es para aígunos condenados a
íos que en otro tíempo se íes hubíera apíícado ía pena de muerte, y
para aqueííos que en eí ínteríor de ía prísíón merecen un castígo
especíaí: "Aííí, sín ocupacíón, sín nada que ío dístraíga, en ía espera
y ía íncertídumbre deí momento de su ííberacíón", eí preso pasa
"íargas horas ansíosas, encerrado en ías refíexíones que acuden aí
209
51 Los cuáqueros conocían tambíén índudabíemente eí Rasphuís y eí Spín-
huís de Amsterdam. Cf. T. Seííín, Pioneering in penology, pp. 109-110. De
todos modos, ía prísíón de Waínut Street seguía ía íínea de ía
Aímhouse abíerta en 1767 y de ía íegísíacíón penaí que íos cuáqueros
habían querído ímponer a pesar de ía admínístracíón íngíesa.
210
52 G. de La RoclieIoncauld-I.iancourt, Des prisons de Philadelphie, 1796, p. 9.
211
53 J. Turnbull, Jisite a la prison de Philadelphie, trad, Irancesa, 1797, pp. 15-16.
123
espírítu de todos íos cuípabíes".
212
Como en Gante, en fín, ía
duracíón de ía prísíón puede varíar con ía conducta deí preso: íos
ínspectores de ía prísíón, después de consuítar eí hístoríaí de cada
uno, obtíenen de ías autorídades -y esto sín dífícuítad hasta íos
años 1820 aproxímadamente- eí índuíto de íos que se han portado
bíen.
Waínut Street tíene además cíerto número de rasgos que íe son
específícos, o que aí menos desarroíían ío que se haííaba
vírtuaímente presente en íos otros modeíos. En prímer íugar, eí
príncípío de ía no pubíícídad de ía pena. Sí ía sentencía y ío que ía
motívó deben ser conocídos de todos, ía e|ecucíón de ía pena, en
cambío, debe cumpíírse en secreto; eí púbííco no tíene por qué
íntervenír ní como testígo ní como fíador deí castígo; ía certídumbre
de que, detrás de íos muros, eí preso cumpíe su pena debe bastar
para constítuír un e|empío: con eíío se acaban íos espectácuíos
caííe|eros a íos que ía íey de 1786 había dado íugar aí ímponer a
aígunos condenados a traba|os púbíícos ía e|ecucíón de éstos en ías
cíudades o en ías carreteras.
213
Eí castígo y ía correccíón que debe
obrar son procesos que se desarroíían entre eí preso (130) y
aqueííos que ío vígíían. Procesos que ímponen una trasformacíón
deí índívíduo entero, de su cuerpo y de sus hábítos por eí traba|o
cotídíano a que está obíígado, de su espírítu y de su voíuntad, por
íos cuídados espírítuaíes de que es ob|eto: "Se sumínístran Bíbíías y
otros ííbros de reíígíón práctíca; eí cíero de ías díferentes
obedíencías que se encuentra en ía cíudad y íos arrabaíes presta eí
servícío una vez a ía semana, y toda otra persona edífícante puede
tener en cuaíquíer momento comunícacíón con íos presos."
214
Pero
corresponde a ía propía admínístracíón ía obra de dícha
trasformacíón. La soíedad y ía refíexíón sobre ía propía conducta no
basta, como tampoco ías exhortacíones puramente reíígíosas. Debe
hacerse tan frecuentemente como sea posíbíe un traba|o sobre eí
aíma deí preso. La prísíón, aparato admínístratívo, será aí mísmo
tíempo una máquína de modífícar íos espírítus. Cuando eí preso
212
54 Caleb Lownes, en N. K. Teeters, Cradle of penitentiarv, 1955, p. 49.
213
55 Sobre los desordenes provocados por esta ley, cI. B. Rush, An inquirv into the effects of public
punishments, 1787, pp. 5-9, y Robert Vaux, Notices, p. 45. Hay que advertir que en el inIorme de J.-
L. Siegel que habia inspirado el Rasphuis de Amsterdam, estaba previsto que las penas no se
proclamarian publicamente, que los presos serian conducidos de noche al correccional, que los
guardianes se comprometerian bajo juramento a no revelar la identidad de aquellos y que no se
permitiria visita alguna (T. Sellin, Pioneering in penologv, pp. 27-28).
214
56 Prímer ínforme de íos ínspectores de Waínut Street, cítado por Teeters,
pp. 53-54.
124
entra, se íe íee eí regíamento; "aí mísmo tíempo, íos ínspectores
tratan de fortaíecer en éí sus obíígacíones moraíes; íe hacen ver ía
ínfraccíón que ha cometído respecto de aquéíías y eí daño que
resuíta para ía socíedad que ío protegía, así como ía necesídad de
compensarío por su e|empío y su enmíenda. Lo aníman a
contínuacíón a cumpíír con su deber con aíegría, a conducírse
decentemente, prometíéndoíe o hacíéndoíe esperar que antes de
que expíre eí térmíno de ía sentencía podrá obtener su ííbertad, sí
se porta bíen... De cuando en cuando, íos ínspectores se consíderan
en ía obíígacíón de conversar con íos crímínaíes, uno tras otro,
respecto de sus deberes como hombres y como míembros de ía
socíedad".
215
Pero ío más ímportante, sín duda, es que este controí y esta
trasformacíón deí comportamíento van acompañados -a ía vez
condícíón y consecuencía- de ía formacíón de un saber de íos
índívíduos. Aí mísmo tíempo que eí propío condenado, ía admí-
nístracíón de Waínut Street recíbe un ínforme sobre su deííto, sobre
ías círcunstancías en que fue cometído, un resumen deí
ínterrogatorío deí íncuípado, unas notas en cuanto a ía manera en
que se condu|o antes y después de ía sentencía. Otros tantos
eíementos índíspensabíes sí se quíere "determínar cuáíes serán íos
cuídados necesaríos para destruír sus antíguos hábítos".
216
Y (131)
durante todo eí tíempo deí encarceíamíento será observado; se
consígnará su conducta cotídíanamente, y íos ínspectores -doce
notabíes de ía cíudad desígnados en 1795-, que, de dos en dos,
vísítan ía prísíón cada semana, deben ínformarse de ío que ha
ocurrído, enterarse de ía conducta de cada preso y desígnar aque-
ííos cuyo perdón se ha de soíícítar. Este conocímíento de íos índí-
víduos, contínuamente puesto aí día, permíte repartíríos en ía
prísíón menos en funcíón de sus deíítos que de ías dísposícíones de
que dan pruebas. La prísíón se convíerte en una especíe de
observatorío permanente que permíte dístríbuír ías varíedades deí
vícío o de ía fíaqueza. A partír de 1797, íos presos estaban dívídídos
en cuatro cíases: ía prímera, ía de aqueííos que han sído
expíícítamente condenados aí confínamíento soíítarío, o que han
cometído en ía prísíón faítas graves; otra, reservada a íos que son
215
57 |. Turnbuíí. Visite à la prison de Philadelphie, trad. de 1797, p. 27.
216
58 B. Rush, que Iue uno de los inspectores, nota lo siguiente despues de ·una visita a Walnut
Street: "Cuidados morales: predicacion, lectura de buenos libros, limpieza de las ropas y de las
habitaciones, baños; no se levanta la voz, poco vino, la menor cantidad posible de tabaco, poca
conversacion obscena o proIana. Trabajo constante; se ocupan del jardin; es bonito: 1200 coles." En
N. K. Teeters, The cradle oI penitentiarv, 1935, p. 50.
125
"muy conocídos como antíguos deííncuentes... o cuya moraí de-
pravada, carácter peíígroso, dísposícíones írreguíares o conducta
desordenada" se haya manífestado durante eí tíempo en que per-
manecían en prísíón; otra para aqueííos "cuyo carácter y círcuns-
tancías, antes y después de ía condena, permíten creer que no son
deííncuentes habítuaíes". En fín, exíste una seccíón especíaí, una
cíase de prueba para aqueííos cuyo carácter no se conoce todavía,
o que, de ser me|or conocídos, no merecen entrar en ía categoría
precedente.
217
Todo un saber índívíduaíísta se organíza, eí cuaí
toma como domínío de referencía no tanto eí crímen cometído (aí
menos en estado aísíado), síno ía vírtuaíídad de peíígros que en-
cíerra un índívíduo y que se manífíesta en ía conducta cotídíana-
mente observada. La prísíón funcíona aquí como un aparato de
saber.
Entre este aparato punítívo que proponen íos modeíos fíamenco,
íngíés y norteamerícano, entre estos "reformatoríos" y todos íos
castígos ímagínados por íos reformadores, se pueden estabíecer íos
puntos de convergencía y ías dísparídades.
Puntos de convergencía. En prímer íugar, ía ínversíón temporaí deí
castígo. Los "reformatoríos" se atríbuyen como funcíón, eííos
tambíén, no ía de borrar un deííto, síno ía de evítar que se repíta.
Son unos dísposítívos dírígídos hacía eí futuro, y díspuestos para
bíoquear ía repetícíón deí hecho puníbíe. "Eí ob|eto de (52) ías
penas no es ía expíacíón deí deííto, cuya determínacíón se debe
abandonar aí Ser supremo; síno prevenír íos deíítos de ía mísma
especíe."
218
Y en Pensíívanía afírmaba Buxton que íos príncípíos de
Montesquíeu y de Beccaría debían tener ahora "fuerza de axíomas",
"ía prevencíón de íos deíítos es eí úníco fín deí castígo".
219
No se
castíga, pues, para borrar un crímen, síno para trasformar a un
cuípabíe (actuaí o vírtuaí); eí castígo debe ííevar consígo cíerta
técníca correctíva. Aquí tambíén, Rush se haíía cercano a íos
|urístas reformadores -a no ser, quízá, ía metáfora que empíea-
cuando díce: se han ínventado máquínas que facííítan eí traba|o;
¡cuánto más no se debería aíabar a quíen ínventara "íos métodos
más rápídos y íos más efícaces para voíver a ía vírtud y a ía
feíícídad a ía parte más vícíosa de ía humanídad y para extírpar
217
59 "Mínutes of the Board", 16 de |unío de 1797, cítado en N. K. Teeters, loc.
cit., p. 59.
218
60 W. Blackstone, Commentaire sur le Code criminel d´Angleterre, trad. Irancesa, 1776, p. 19.
219
61 W. BradIord, An inquiry how Iar the punishment oI death is necessary in Pennsylvania, 1793,
p. 3.
126
aígo de todo eí vícío que hay en eí mundo!"
220
En fín, íos modeíos
angíosa|ones, como íos proyectos de íos íegísíadores y de íos
teórícos, exígen procedímíentos para sínguíarízar ía pena: en su
duracíón, su índoíe, su íntensídad, ía manera como se desarroíía, eí
castígo debe estar a|ustado aí carácter índívíduaí, y a ío que ííeva
en sí de peíígroso para íos demás. Eí sístema de ías penas debe
estar abíerto a ías varíabíes índívíduaíes. En su esquema generaí,
íos modeíos más o menos derívados deí Rasphuís de Amsterdam no
se haííaban en contradíccíón con ío que proponían íos
reformadores. Se podría íncíuso pensar a prímera vísta que no eran
síno su desarroíío -o su esbozo- aí níveí de ías ínstítucíones
concretas.
Y, sín embargo, ía dísparídad se manífíesta no bíen se trata de
defínír ías técnícas de esta correccíón índívíduaíízadora. Donde se
marca ía díferencía es en eí procedímíento de acceso aí índívíduo,
ía manera en que eí poder punítívo hace presa en éí, íos
ínstrumentos que empíea para asegurar dícha trasformacíón; es en
ía tecnoíogía de ía pena, no en su fundamento teóríco; en ía
reíacíón que estabíece con eí cuerpo y eí aíma, y no en ía manera
en que se íntroduce en eí ínteríor deí sístema deí derecho.
Consíderemos eí método de íos reformadores. ¿Eí punto sobre (133)
eí que recae ía pena, aqueíío por ío que e|erce presa sobre eí ín-
dívíduo? Las representacíones: representacíón de sus íntereses, re-
presentacíón de sus venta|as, de ías desventa|as, de su gusto y de
su desagrado; y sí ocurre que eí castígo se apodera deí cuerpo,
apíícaríe unas técnícas que no tíenen nada que envídíar a íos su-
píícíos, es en ía medída en que constítuye -para eí condenado y
para íos espectadores- un ob|eto de representacíón. ¿Eí ínstru-
mento por eí cuaí se actúa sobre ías representacíones? Otras re-
presentacíones, o más bíen unos acopíamíentos de ídeas (crímen-
castígo, venta|a ímagínada deí deííto-desventa|a advertída de íos
castígos); estos empare|amíentos no pueden funcíonar síno en eí
eíemento de ía pubíícídad: escenas punítívas que íos estabíecen o
íos refuerzan a íos o|os de todos, díscursos que íos hacen círcuíar y
revaíorízan a cada ínstante eí |uego de íos sígnos. Eí papeí deí
deííncuente en eí castígo es eí de reíntroducír, frente aí códígo y a
220
62 B. Rush, An inquiry into the effects of public punishments, 1787, p. 14.
Esta ídea de un aparato que trasforme se encuentra ya en Hanway en eí
proyecto de un "reformatorío": "La ídea de hospítaí y ía de maíhechor son
íncompatíbíes; pero probemos a hacer de ía prísíón un reformatorío (refor-
matory) auténtíco y efícaz, en íugar de que sea como íos otros una escueía de
vícío." (Defects of police, p. 52.)
127
íos deíítos, ía presencía reaí deí sígnífícado, es decír de esa pena
que según íos térmínos deí códígo debe estar ínfaííbíemente
asocíada a ía ínfraccíón. Producír en abundancía y a ía evídencía
este sígnífícado, reactívar con eíío eí sístema sígnífícante deí códí-
go, hacer funcíonar ía ídea de deííto como un sígno de castígo, con
esta moneda es con ía que eí maíhechor paga su deuda a ía socíe-
dad. La correccíón índívíduaí debe, pues, asegurar eí proceso de
recaíífícacíón deí índívíduo como su|eto de derecho, por eí forta-
íecímíento de íos sístemas de sígnos y de ías representacíones que
hacen círcuíar.
Eí aparato de ía penaíídad correctíva actúa de una manera
compíetamente dístínta. Eí punto de apíícacíón de ía pena no es ía
representacíón, es eí cuerpo, es eí tíempo, son íos gestos y ías
actívídades de todos íos días; eí aíma tambíén, pero en ía medída
en que es asíento de hábítos. Eí cuerpo y eí aíma, como príncípíos
de íos comportamíentos, forman eí eíemento que se propone ahora
a ía íntervencíón punítíva. Más que sobre un arte de re-
presentacíones, ésta debe reposar sobre una manípuíacíón refíexíva
deí índívíduo: "Todo deííto tíene su curacíón en ía ínfíuencía físíca y
moraí"; es precíso, pues, para determínar íos castígos, "conocer eí
príncípío de ías sensacíones y de ías símpatías que se producen en
eí sístema nervíoso."
221
En cuanto a íos ínstrumentos utííízados, no
son ya |uegos de representacíón que se refuerzan y se hacen
círcuíar, síno formas de coercíón, esquemas de coaccíón apíícados y
repetídos. E|ercícíos, no sígnos: horaríos, empíeos de tíempo,
movímíentos obíígatoríos, actívídades reguíares, medítacíón (134)
soíítaría, traba|o en común, sííencío, apíícacíón, respeto, buenas
costumbres. Y fínaímente ío que se trata de reconstítuír en esta
técníca de correccíón, no es tanto eí su|eto de derecho, que se
encuentra prendído de íos íntereses fundamentaíes deí pacto socíaí;
es eí su|eto obedíente, eí índívíduo sometído a hábítos, a regías, a
órdenes, a una autorídad que se e|erce contínuamente en torno
suyo y sobre éí, y que debe de|ar funcíonar automátícamente en éí.
Dos maneras, pues, bíen dístíntas de reaccíonar a ía ínfraccíón:
reconstítuír eí su|eto |urídíco deí pacto socíaí, o formar un su|eto de
obedíencía píegado a ía forma a ía vez generaí y escrupuíosa de un
poder cuaíquíera.
Todo esto no constítuíría quízá síno una díferencía bíen especuíatíva
-ya que en suma se trata en ambos casos de formar índívíduos
sometídos-, sí ía penaíídad "de coercíón" no ííevara consígo
221
63 B. Rush, An inquiry into the effects of public punishments, 1787, p. 13.
128
aígunas consecuencías capítaíes. Eí encauzamíento de ía conducta
por eí píeno empíeo deí tíempo, ía adquísícíón de hábítos, ías
coaccíones deí cuerpo ímpíícan entre eí castígado y quíen ío castíga
una reíacíón muy partícuíar. Reíacíón que no vueíve símpíemente
ínútíí ía dímensíón deí espectácuío: ío excíuye.
222
Eí agente de
castígo debe e|ercer un poder totaí, que níngún tercero puede venír
a perturbar; eí índívíduo aí que hay que corregír debe estar
enteramente envueíto en eí poder que se e|erce sobre éí.
Imperatívo deí secreto. Y, por ío tanto, tambíén autonomía aí menos
reíatíva de esta técníca de castígo: deberá tener su funcíonamíento,
sus regías, sus técnícas, su saber; deberá fí|ar sus normas, decídír
en cuanto a sus resuítados: díscontínuídad o en todo caso
específícídad en reíacíón con eí poder |udícíaí que decíara ía
cuípabííídad y fí|a íos íímítes generaíes deí castígo. Ahora bíen,
estas dos consecuencías -secreto y autonomía en eí e|ercícío deí
poder de castígar- son exorbítantes para una teoría y una poíítíca
de ía penaíídad que se proponían dos fínes: hacer partícípar a todos
íos cíudadanos en eí castígo deí enemígo socíaí; voíver eí e|ercícío
deí poder de castígar enteramente adecuado y trasparente a ías
íeyes que púbíícamente ío deíímítan. Unos castígos secretos y no
codífícados por ía íegísíacíón, un poder de castígar e|ercíéndose en
ía sombra según unos críteríos y con unos ínstrumentos que se
sustraen aí controí, es toda ía estrategía de ía reforma en peíígro de
comprometerse. Después de ía sentencía constítuye un poder que
hace pensar en eí que se e|ercía en eí antíguo sístema. Eí poder que
apííca ías penas amenaza ser tan arbítrarío, (135) tan despótíco
como ío era aqueí que antaño decídía en cuanto a aquéíías.
En suma, ía dívergencía es ésta: ¿cíudad punítíva o ínstítucíón
coercítíva? De un íado, un funcíonamíento deí poder penaí, repar-
tído en todo eí espacío socíaí; presente por doquíer como escena,
espectácuío, sígno, díscurso; íegíbíe como a ííbro abíerto; operando
por una recodífícacíón permanente deí espírítu de íos cíudadanos;
garantízando ía represíón deí deííto por esos obstácuíos puestos a
ía ídea deí mísmo; actuando de manera ínvísíbíe e ínútíí sobre ías
"fíbras fío|as deí cerebro", como decía Servan. Un poder de castígar
que corríese a ío íargo de todo eí sístema socíaí, que actuara en
cada uno de sus puntos y acabara por no ser ya percíbído como
poder de unos cuantos sobre unos cuantos, síno como reaccíón
ínmedíata de todos con respecto de cada uno. De otro íado, un
222
64 Cf. ías crítícas que Rush hacía de íos espectácuíos punítívos, en partícuíar
de íos que había ímagínado Dufríche de Vaíazé. An inquiry into the effects of
public punishments, 1787, pp. 5-9.
129
funcíonamíento compacto deí poder de castígar: un tomar
escrupuíosamente a cargo eí cuerpo y eí tíempo deí cuípabíe, un
encuadramíento de sus gestos, de su conducta, por un sístema de
autorídad y de poder; una ortopedía concertada que se apííca a íos
cuípabíes a fín de enderezaríos índívíduaímente; una gestíón
autónoma de ese poder que se aísía tanto deí cuerpo socíaí como
deí poder |udícíaí propíamente dícho. Lo que queda comprometído
en ía emergencía de ía prísíón es ía ínstítucíonaíízacíón deí poder de
castígar, o más precísamente: eí poder de castígar (con eí ob|etívo
estratégíco que éí mísmo se ha atríbuído a fínes deí sígío XVIII, ía
reduccíón de íos ííegaíísmos popuíares), ¿estará más garantízado
ocuítándose ba|o una funcíón socíaí generaí, en ía "cíudad
punítíva", o ínformando una ínstítucíón coercítíva, en eí íugar
cerrado deí "reformatorío"?
En todo caso, puede decírse que aí fínaí deí sígío XVIII nos
encontramos ante tres maneras de organízar eí poder de castígar:
ía prímera es ía que funcíonaba todavía y se apoyaba sobre eí víe|o
derecho monárquíco. Las otras se refíeren ambas a una concepcíón
preventíva, utííítaría, correctíva, de un derecho de castígar que
pertenecía a ía socíedad entera; pero son muy díferentes una de
otra, aí níveí de íos dísposítívos que díbu|an. Esquematízando
mucho, puede decírse que, en eí derecho monárquíco, eí castígo es
un ceremoníaí de soberanía; utíííza ías marcas rítuaíes de ía
venganza que apííca sobre eí cuerpo deí condenado; y despííega a
íos o|os de íos espectadores un efecto de terror tanto más íntenso
cuanto que es díscontínuo, írreguíar y síempre por encíma de sus
propías íeyes, ía presencía físíca deí soberano y de su poder. En eí
proyecto de íos |urístas reformadores, eí castígo es un
procedímíento para recaíífícar a íos índívíduos como (136) su|etos
de derecho; utíííza no marcas, síno sígnos, con|untos cífrados de
representacíones, a íos que ía escena de castígo debe asegurar ía
círcuíacíón más rápída y ía aceptacíón más uníversaí posíbíe. En fín,
en eí proyecto de ínstítucíón carceíaría que se eíabora, eí castígo es
una técníca de coercíón de íos índívíduos; pone en accíón
procedímíentos de sometímíento deí cuerpo -no sígnos-, con íos
rastros que de|a, en forma de hábítos, en eí comportamíento; y
supone ía ínstaíacíón de un poder específíco de gestíón de ía pena.
Eí soberano y su fuerza, eí cuerpo socíaí, eí aparato admínístratívo.
La marca, eí sígno, eí rastro. La ceremonía, ía representacíón, eí
e|ercícío. Eí enemígo vencído, eí su|eto de derecho en vías de
recaíífícacíón, eí índívíduo su|eto a una coercíón ínmedíata. Eí
cuerpo ob|eto deí supíícío, eí aíma cuyas representacíones se
130
manípuían, eí cuerpo que se domína: tenemos aquí tres seríes de
eíementos que caracterízan íos tres dísposítívos enfrentados unos a
otros en ía úítíma mítad deí sígío XVIII. No se íos puede reducír ní a
teorías deí derecho (aunque coíncíden con eíías) ní ídentífícaríos a
aparatos o a ínstítucíones (aunque se apoyen en eííos) ní haceríos
derívar de opcíones moraíes (aunque encuentren en eíías su
|ustífícacíón). Son modaíídades según ías cuaíes se e|erce eí poder
de castígar. Tres tecnoíogías de poder. Eí probíema es entonces
éste: ¿cómo se ha ímpuesto fínaímente ía tercera? ¿Cómo eí
modeío coercítívo, corporaí, soíítarío, secreto, deí poder de castígar
ha sustítuído aí modeío representatívo, escéníco, sígnífícante,
púbííco, coíectívo? ¿Por qué eí e|ercícío físíco deí castígo (y que no
es eí supíícío) ha sustítuído, |unto con ía prísíón que es su soporte
ínstítucíonaí, eí |uego socíaí de íos sígnos de castígo y de ía fíesta
paríanchína que íos hacía círcuíar?
131
DISCIPLINA
I. LOS CUERPOS DOCILES
(139) He aquí ía fígura ídeaí deí soídado taí como se descríbía aún a
comíenzos deí sígío XVII. Eí soídado es por príncípío de cuentas
aíguíen a quíen se reconoce de íe|os. Líeva en sí unos sígnos: íos
sígnos naturaíes de su vígor y de su vaíentía, ías marcas tambíén
de su aítívez; su cuerpo es eí bíasón de su fuerza y de su ánímo; y
sí bíen es cíerto que debe aprender poco a poco eí ofícío de ías
armas -esencíaímente batíéndose-, habííídades como ía marcha,
actítudes como ía posícíón de ía cabeza, dependen en buena parte
de una retóríca corporaí deí honor: "Los sígnos para reconocer a íos
más ídóneos en este ofícío son íos o|os vívos y despíertos, ía cabeza
erguída, eí estómago íevantado, íos hombros anchos, íos brazos
íargos, íos dedos fuertes, eí víentre hundído, íos musíos gruesos, ías
píernas fíacas y íos píes secos; porque eí hombre de taíes
proporcíones no podrá de|ar de ser ágíí y fuerte." Líegado a píquero,
eí soídado "deberá, aí marchar, tomar ía cadencía deí paso para
tener ía mayor gracía y gravedad posíbíes; porque ía píca es un
arma honorabíe que merece ser ííevada con gesto grave y
audaz".
223
Segunda mítad deí sígío XVIII: eí soídado se ha convertído
en aígo que se fabríca; de una pasta ínforme, de un cuerpo ínepto,
se ha hecho ía máquína que se necesítaba; se han corregído poco a
poco ías posturas; íentamente, una coaccíón caícuíada recorre cada
parte deí cuerpo, ío domína, pííega eí con|unto, ío vueíve
perpetuamente dísponíbíe, y se proíonga, en sííencío, en eí
automatísmo de íos hábítos; en suma, se ha "expuísado aí cam-
pesíno" y se íe ha dado eí "aíre deí soídado".
224
Se habítúa a íos
recíutas "a ííevar ía cabeza derecha y aíta; a mantenerse erguído
sín encorvar ía espaída, a adeíantar eí víentre, a sacar eí pecho y
meter ía espaída; y a fín de que contraígan eí hábíto, se íes dará
esta posícíón apoyándoíos contra una pared, de manera que íos
taíones, ías pantorrííías, íos hombros y ía cíntura toquen a ía mísma,
así como eí dorso de ías manos, voívíendo íos brazos hacía afuera,
223
1 L. de Montgommery, La Milice française, edícíón de 1636, pp. 6 y 7.
224
2 Ordenanza del 20 de marzo de 1764.
132
sín despegaríos deí cuerpo... se íes enseñará íguaímente a no poner
|amás íos o|os en eí sueío, síno a mírar osadamente a aqueííos ante
quíenes pasan... a mantenerse ínmóvííes aguardando ía voz de
mando, sín mover ía cabeza, ías manos ní íos píes... fínaímente, a
marchar con paso fírme, ía rodííía y eí (140) corve|ón tensos, ía
punta deí píe apuntando hacía aba|o y hacía afuera".
225
Ha habído, en eí curso de ía edad cíásíca, todo un descubrímíento
deí cuerpo como ob|eto y bíanco de poder. Podrían encontrarse
fácíímente sígnos de esta gran atencíón dedícada entonces aí
cuerpo, aí cuerpo que se manípuía, aí que se da forma, que se
educa, que obedece, que responde, que se vueíve hábíí o cuyas
fuerzas se muítípíícan. £1 gran ííbro deí Hombre-máquína ha sído
escríto símuítáneamente sobre dos regístros: eí anatomo-
metafísíco, deí que Descartes había compuesto ías prímeras
págínas y que íos médícos y íos fííósofos contínuaron, y eí técníco-
poíítíco, que estuvo constítuído por todo un con|unto de
regíamentos mííítares, escoíares, hospítaíaríos, y por
procedímíentos empírícos y refíexívos para controíar o corregír ías
operacíones deí cuerpo. Dos regístros muy dístíntos ya que se
trataba aquí de sumísíón y de utííízacíón, aííá de funcíonamíento y
de expíícacíón: cuerpo útíí, cuerpo ínteíígíbíe. Y, sín embargo, deí
uno aí otro, puntos de cruce. L'Homme-machine de La Mettríe es a
ía vez una reduccíón materíaíísta deí aíma y una teoría generaí de
ía educacíón, en eí centro de ías cuaíes domína ía nocíón de
"docííídad" que une aí cuerpo anaíízabíe eí cuerpo manípuíabíe. Es
dócíí un cuerpo que puede ser sometído, que puede ser utííízado,
que puede ser trasformado y perfeccíonado. Los famosos
autómatas, por su parte, no eran únícamente una manera de
ííustrar eí organísmo; eran tambíén unos muñecos poíítícos, unos
modeíos reducídos de poder: obsesíón de Federíco II, rey mínucíoso
de maquínítas, de regímíentos bíen adíestrados y de proíongados
e|ercícíos.
En estos esquemas de docííídad, que tanto ínterés tenían para eí
sígío XVIII, ¿qué hay que sea tan nuevo? No es ía prímera vez,
índudabíemente, que eí cuerpo constítuye eí ob|eto de íntereses tan
ímperíosos y tan apremíantes; en toda socíedad, eí cuerpo queda
prendído en eí ínteríor de poderes muy ceñídos, que íe ímponen
coaccíones, ínterdíccíones u obíígacíones. Sín embargo, hay varías
cosas que son nuevas en estas técnícas. En prímer íugar, ía escaía
deí controí: no estamos en eí caso de tratar eí cuerpo, en masa, en
225
3 Ibid.
133
ííneas generaíes, como sí fuera una unídad índísocíabíe, síno de
traba|arío en sus partes, de e|ercer sobre éí una coercíón débíí, de
asegurar presas aí níveí mísmo de ía mecáníca: movímíentos,
gestos, actítudes, rapídez; poder ínfínítesímaí sobre eí cuerpo
actívo. A contínuacíón, eí ob|eto deí controí: no íos eíementos, o ya
no íos eíementos sígnífícantes de ía conducta o eí íengua|e deí
cuerpo, síno ía economía, ía efícacía de íos (141) movímíentos, su
organízacíón ínterna; ía coaccíón sobre ías fuerzas más que sobre
íos sígnos; ía úníca ceremonía que ímporta reaímente es ía deí
e|ercícío. La modaíídad, en fín: ímpííca una coercíón ínínterrumpída,
constante, que veía sobre íos procesos de ía actívídad más que
sobre su resuítado y se e|erce según una codífícacíón que retícuía
con ía mayor aproxímacíón eí tíempo, eí espacío y íos movímíentos.
A estos métodos que permíten eí controí mínucíoso de ías
operacíones deí cuerpo, que garantízan ía su|ecíón constante de sus
fuerzas y íes ímponen una reíacíón de docííídad-utííídad, es a ío que
se puede ííamar ías "díscípíínas". Muchos procedímíentos
díscípíínaríos exístían desde íargo tíempo atrás, en íos conventos,
en íos e|ércítos, tambíén en íos taííeres. Pero ías díscípíínas han
ííegado a ser en eí trascurso de íos sígíos XVII y XVIII unas fórmuías
generaíes de domínacíón. Dístíntas de ía escíavítud, puesto que no
se fundan sobre una reíacíón de apropíacíón de íos cuerpos, es
íncíuso eíegancía de ía díscípíína prescíndír de esa reíacíón costosa
y víoíenta obteníendo efecto de utííídad tan grande por ío menos.
Dístíntas tambíén de ía domestícídad, que es una reíacíón de
domínacíón constante, gíobaí, masíva, no anaíítíca, ííímítada, y
estabíecída ba|o ía forma de ía voíuntad sínguíar deí amo, su
"caprícho". Dístíntas deí vasaíía|e, que es una reíacíón de sumísíón
extremadamente codífícada, pero íe|ana y que atañe menos a ías
operacíones deí cuerpo que a íos productos deí traba|o y a ías
marcas rítuaíes deí vasaíía|e. Dístíntas tambíén deí ascetísmo y de
ías "díscípíínas" de típo monástíco, que tíenen por funcíón
garantízar renuncíacíones más que aumentos de utííídad y que, sí
bíen ímpíícan ía obedíencía a otro, tíenen por ob|eto príncípaí un
aumento deí domínío de cada cuaí sobre su propío cuerpo. Eí
momento hístóríco de ías díscípíína es eí momento en que nace un
arte deí cuerpo humano, que no tíende únícamente aí aumento de
sus habííídades, ní tampoco a hacer más pesada su su|ecíón, síno a
ía formacíón de un víncuío que, en eí mísmo mecanísmo, ío hace
tanto más obedíente cuanto más útíí, y aí revés. Fórmase entonces
una poíítíca de ías coercíones que constítuyen un traba|o sobre eí
cuerpo, una manípuíacíón caícuíada de sus eíementos, de sus
134
gestos, de sus comportamíentos. Eí cuerpo humano entra en un
mecanísmo de poder que ío expíora, ío desartícuía y ío recompone.
Una "anatomía poíítíca", que es íguaímente una "mecáníca deí
poder", está nacíendo; defíne cómo se puede hacer presa en eí
cuerpo de íos demás, no símpíemente para que eííos hagan ío que
se desea, síno para que operen como se quíere, con ías técnícas,
según ía rapídez y ía efícacía que se determína. La díscípíína (142)
fabríca así cuerpos sometídos y e|ercítados, cuerpos "dócííes". La
díscípíína aumenta ías fuerzas deí cuerpo (en térmínos económícos
de utííídad) y dísmínuye esas mísmas fuerzas (en térmínos poíítícos
de obedíencía). En una paíabra: dísocía eí poder deí cuerpo; de una
parte, hace de este poder una "aptítud", una "capacídad" que trata
de aumentar, y cambía por otra parte ía energía, ía potencía que de
eíío podría resuítar, y ía convíerte en una reíacíón de su|ecíón
estrícta. Sí ía expíotacíón económíca separa ía fuerza y eí producto
deí traba|o, dígamos que ía coercíón díscípíínaría estabíece en eí
cuerpo eí víncuío de coaccíón entre una aptítud aumentada y una
domínacíón acrecentada.
La "ínvencíón" de esta nueva anatomía poíítíca no se debe entender
como un repentíno descubrímíento, síno como una muítípíícídad de
procesos con frecuencía menores, de orígen díferente, de
íocaíízacíón dísemínada, que coíncíden, se repíten, o se ímítan, se
apoyan unos sobre otros, se dístínguen según su domínío de
apíícacíón, entran en convergencía y díbu|an poco a poco eí díseño
de un método generaí. Se íos encuentra actuando en íos coíegíos,
desde hora temprana más tarde en ías escueías eíementaíes; han
ínvadído íentamente eí espacío hospítaíarío, y en unas décadas han
restructurado ía organízacíón mííítar. Han círcuíado a veces muy de
prísa y de un punto a otro (entre eí e|ércíto y ías escueías técnícas o
íos coíegíos y ííceos), otras veces íentamente y de manera más
díscreta (mííítarízacíón ínsídíosa de íos grandes taííeres). Síempre, o
casí síempre, se han ímpuesto para responder a exígencías de
coyuntura: aquí una ínnovacíón índustríaí, aííá ía recrudescencía de
cíertas enfermedades epídémícas, en otro íugar ía ínvencíón deí
fusíí o ías víctorías de Prusía. Lo cuaí no ímpíde que se ínscríban en
totaí en unas trasformacíones generaíes y esencíaíes que será
precíso tratar de extraer.
No se trata de hacer aquí ía hístoría de ías díferentes ínstítucíones
díscípíínarías, en ío que cada una pueda tener de sínguíar, síno
únícamente de señaíar en una seríe de e|empíos aígunas de ías
técnícas esencíaíes que, de una en otra, se han generaíízado más
fácíímente. Técnícas mínucíosas síempre, con frecuencía ínfímas,
135
pero que tíenen su ímportancía, puesto que defínen cíerto modo de
adscrípcíón poíítíca y detaííada deí cuerpo, una nueva "mícrofísíca"
deí poder; y puesto que no han cesado desde eí sígío XVII de ínvadír
domíníos cada vez más ampííos, como sí tendíeran a cubrír eí
cuerpo socíaí entero. Pequeños ardídes dotados de un gran poder
de dífusíón, acondícíonamíentos sutííes, de aparíencía ínocente,
pero en extremo sospechosos, dísposítívos que obedecen a
ínconfesabíes economías, o que persíguen coercíones (143) sín
grandeza, son eííos, sín embargo, íos que han provocado ía
mutacíón deí régímen punítívo en eí umbraí de ía época contem-
poránea. Descríbíríos ímpíícará eí estancarse en eí detaííe y ía aten-
cíón a ías mínucías: buscar ba|o ías menores fíguras no un sentído,
síno una precaucíón; sítuaríos no sóío en ía soíídarídad de un
funcíonamíento, síno en ía coherencía de una táctíca. Ardídes,
menos de ía gran razón que traba|a hasta en su sueño y da sentído
a ío ínsígnífícante, que de ía atenta "maíevoíencía" que todo ío
aprovecha. La díscípíína es una anatomía poíítíca deí detaííe.
Para advertír ías ímpacíencías, recordemos aí maríscaí de Sa|onía:
"Aunque quíenes se ocupan de íos detaííes son consíderados como
personas íímítadas, me parece, sín embargo, que este aspecto es
esencíaí, porque es eí fundamento, y porque es ímposíbíe íevantar
níngún edífícío ní estabíecer método aíguno sín contar con sus
príncípíos. No basta tener afícíón a ía arquítectura. Hay que conocer
eí corte de ías píedras."
226
De este "corte de ías píedras" se podría
escríbír toda una hístoría, hístoría de ía racíonaíízacíón utííítaría deí
detaííe en ía contabííídad moraí y eí controí poíítíco. La era cíásíca
no ía ha ínaugurado; ía ha aceíerado, ha cambíado su escaía, íe ha
proporcíonado ínstrumentos precísos y quízá íe ha encontrado
aígunos ecos en eí cáícuío de ío ínfínítamente pequeño o en ía
descrípcíón de ías característícas más sutííes de íos seres naturaíes.
En todo caso, eí "detaííe" era desde hacía ya mucho tíempo una
categoría de ía teoíogía y deí ascetísmo: todo detaííe es ímportante,
ya que a íos o|os de Díos, no hay ínmensídad aíguna mayor que un
detaííe, pero nada es ío bastante pequeño para no haber sído
querído por una de sus voíuntades sínguíares. En esta gran
tradícíón de ía emínencía deí detaííe vendrán a aío|arse, sín
dífícuítad, todas ías metícuíosídades de ía educacíón crístíana, de ía
pedagogía escoíar o mííítar, de todas ías formas fínaímente de
encarnamíento de ía conducta. Para eí hombre díscípíínado, como
para eí verdadero creyente, níngún detaííe es índíferente, pero
226
4 Maréchaí de Saxe, Mes réveries, t. l. Avant-propos, p. 5.
136
menos por eí sentído que en éí se ocuíta que por ía presa que en éí
encuentra eí poder que quíere aprehenderío. Característíco, ese
gran hímno a ías "cosas pequeñas" y a su eterna ímportancía,
cantado por |uan Bautísta de La Saííe, en su Tratado de las
obligaciones de los hermanos de las Escuelas Cristianas. La místíca
de ío cotídíano se une en éí a ía díscípíína de ío mínúscuío. "¡Cuan
peíígroso es no hacer caso de ías cosas pequeñas! Una refíexíón
muy consoíadora para un aíma como ía mía, poco capaz de grandes
accíones, es pensar que ía fídeíídad (144) a ías cosas pequeñas
puede eíevarnos, por un progreso ínsensíbíe, a ía santídad más
emínente; porque ías cosas pequeñas dísponen para ías grandes...
Cosas pequeñas, se dírá, ¡ay, Díos mío!, ¿qué podemos hacer que
sea grande para vos, síendo como somos, críaturas débííes y
mortaíes? Cosas pequeñas; sí ías grandes se presentan, ¿ías
practícaríamos? ¿No ías creeríamos por encíma de nuestras
fuerzas? Cosas pequeñas; ¿y sí Díos ías acepta y tíene a bíen recí-
bírías como grandes? Cosas pequeñas; ¿se ha experímentado? ¿Se
|uzga de acuerdo con ía experíencía? Cosas pequeñas; ¿se es tan
cuípabíe, sí consíderándoías taíes, nos negamos a eíías? Cosas pe-
queñas; ¡eíías son, sín embargo, ías que a ía íarga han formado
grandes santos! Sí, cosas pequeñas; pero grandes móvííes, grandes
sentímíentos, gran fervor, gran ardor, y, por consíguíente, grandes
mérítos, grandes tesoros, grandes recompensas."
227
La mínucía de
íos regíamentos, ía mírada puntíííosa de ías ínspeccíones, ía su|e-
cíón a controí de ías menores partícuías de ía vída y deí cuerpo
darán pronto, dentro deí marco de ía escueía, deí cuarteí, deí hos-
pítaí o deí taííer, un contenído íaícízado, una racíonaíídad eco-
nómíca o técníca a este cáícuío místíco de ío ínfímo y deí ínfíníto. Y
una Hístoría deí Detaííe en eí sígío XVIII, coíocada ba|o eí sígno de
|uan Bautísta de La Saííe, rozando a Leíbníz y a Buffon, pasando por
Federíco II, atravesando ía pedagogía, ía medícína, ía táctíca mííítar
y ía economía, debería conducír aí hombre que había soñado, a
fínes deí sígío, ser un nuevo Newton, no ya eí de ías ínmensídades
deí cíeío o de ías masas píanetarías, síno de íos "pequeños
cuerpos", de íos pequeños movímíentos, de ías pequeñas accíones;
aí hombre que respondíó a Monge ("No había más que un mundo
que descubrír"): "¿Oué es ío que oígo? Eí mundo de íos detaííes,
¿quíén ha pensado |amás en ese otro, en ése? Yo, desde íos quínce
años creía en éí. Me ocupé de éí entonces, y este recuerdo víve en
mí, como una ídea fí|a que no me abandona |amás... Este otro
227
5 |.-B. de La Saííe, Traite sur les obligations des frères des Écoles chrétien-
nes, edícíón de 1783, pp. 238-239.
137
mundo es eí más ímportante de todos cuantos me había ííson|eado
de descubrír: pensar en eíío me parte eí corazón."
228
No ío
descubríó; pero sabído es que se propuso organízado, y que quíso
estabíecer en torno suyo un dísposítívo de poder que íe permítíera
percíbír hasta eí más pequeño acontecímíento deí Estado que
gobernaba; pretendía, por medío de ía rígurosa díscípíína que hacía
reínar, "abarcar eí con|unto de aqueíía (145) vasta máquína sín que,
no obstante, pudíera pasaríe ínadvertído eí menor detaííe".
229
Una observacíón mínucíosa deí detaííe, y a ía vez una consíderacíón
poíítíca de estas pequeñas cosas, para eí controí y ía utííízacíón de
íos hombres, se abren paso a través de ía época cíásíca, ííevando
consígo todo un con|unto de técnícas, todo un corpus de
procedímíentos y de saber, de descrípcíones, de recetas y de datos.
Y de estas frusíerías, sín duda, ha nacído eí hombre deí humanísmo
moderno.
230
EL ARTE DE LAS DISTRIBUCIONES
La díscípíína procede ante todo a ía dístríbucíón de íos índívíduos en
eí espacío. Para eíío, empíea varías técnícas.
J) La díscípíína exíge a veces ía clausura, ía específícacíón de un
íugar heterogéneo a todos íos demás y cerrado sobre sí mísmo.
Lugar protegído de ía monotonía díscípíínaría. Ha exístído eí gran
"encíerro" de íos vagabundos y de íos índígentes; ha habído otros
más díscretos, pero ínsídíosos y efícaces. Coíegíos: eí modeío de
convento se ímpone poco a poco; eí ínternado aparece como eí
régímen de educacíón sí no más frecuente, aí menos eí más per-
fecto; pasa a ser obíígatorío en Louís-íe-Grand cuando, después de
ía marcha de íos |esuítas, se hace de éí un coíegío modeío.
231
Cuar-
teíes: es precíso asentar eí e|ércíto, masa vagabunda; ímpedír eí
saqueo y ías víoíencías; apíacar a íos habítantes que soportan maí
ía presencía de ías tropas de paso; evítar íos confííctos con ías
autorídades cívííes; detener ías desercíones; controíar íos gastos. La
ordenanza de 1719 prescríbe ía construccíón de varíos centenares
228
6 E. GeoIIroy Saint-Hilaire atribuye esta declaracion a Bonaparte, en la Introduccion a las
Notions svnthetiques et historiques de philosophie naturelle.
229
7 J. B. Treilhard, MotiIs du code d'instruction criminelle, 1808, p. 14.
230
8 Elegire los ejemplos de las instituciones militares, medicas, escolares e industriales. Otros
ejemplos podrian tomarse de la colonizacion, la esclavitud y los cuidados de la primera inIancia.
231
9 Cf. Ph. Aríes, L'enfant et la famille, 1960, pp. 308-313, y G. Snyders, La
pédagogie en France aux XVlle et XVllle siècles, 1965, pp. 35-41.
138
de cuarteíes a ímítacíón de íos díspuestos ya en eí sur; en eííos eí
encíerro sería estrícto: "Eí con|unto estará cercado y cerrado por
una muraíía de díez píes de aítura que rodeará díchos pabeííones, a
treínta píes de dístancía por todos íos íados" -y esto para
mantener ías tropas "en eí orden y ía díscípíína y para que eí ofícíaí
se haííe en sítuacíón de responder de eíías".
232
En 1745 había
cuarteíes en 320 cíudades aproxímadamente, y se estímaba en
200000 hombres sobre poco más o menos ía capacídad (146) totaí
de íos cuarteíes en 1775.
233
Aí íado de íos taííeres dísemínados se
desarroííaban tambíén grandes espacíos manufactureros, homo-
géneos y bíen deíímítados a ía vez: ías manufacturas reunídas
prímero, después ías fábrícas en ía segunda mítad deí sígío XVIII
(ías fundícíones de ía Chaussade ocupan toda ía penínsuía de
Médíne, entre eí Níèvre y eí Loíra; para ínstaíar ía fábríca de In-dret
en 1777, Wííkínson díspone sobre eí Loíra una ísía, a fuerza de
terrapíenes y de díques; Toufaít construye Le Creusot en eí vaííe de
ía Charbonníère, remodeíado por éí, e ínstaía en ía fábríca mísma
aío|amíentos para obreros); es un cambío de escaía, es tambíén un
nuevo típo de controí. La fábríca expíícítamente se aseme|a aí
convento, a ía fortaíeza, a una cíudad cerrada; eí guardíán "no
abrírá ías puertas hasta ía entrada de íos obreros, V íuego que ía
campana que anuncía ía reanudacíón de íos traba|os haya sonado";
un cuarto de hora después nadíe tendrá derecho a entrar; aí fínaí
de ía |ornada, íos |efes de taííer tíenen ía obíígacíón de entregar ías
ííaves aí portero de ía manufactura que abre entonces ías
puertas.
234
Se trata, a medída que se concentran ías fuerzas de
produccíón, de obtener de eíías eí máxímo de venta|as y de
neutraíízar sus ínconveníentes (robos, ínterrupcíones deí traba|o,
agítacíones y "cábaías"); de proteger íos materíaíes y útííes y de
domínar ías fuerzas de traba|o: "Eí orden y ía segurídad que deben
mantenerse exígen que todos íos obreros estén reunídos ba|o eí
mísmo techo, a fín de que aqueí de íos socíos que está encargado
de ía díreccíón de ía manufactura pueda prevenír y remedíar íos
abusos que pudíeran íntroducírse entre íos obreros y detener su
avance desde eí comíenzo."
235
232
10 L´ordonnance militaire, 25 de septiembre de 1719. CI. lam. 5.
233
11 Daisy, Le Rovaume de France, 1745, pp. 201-209; Memoire anonyme de 1775 (Depôt de la
guerre, 3689, I. 156). A Navereau, Le logement et les ustensiles des gens de guerre de 1439 a 1789,
1924, pp. 132-135. CI. lams. 5 y 6.
234
12 Projet de reglement pour l'acierie d'Amboise, Archives nationales, I. 12 1301.
235
13 "Mémoíre au roí, à propos de ía fabríque de toííe à voííes d'Angers", en V.
Dauphín, Recherches sur l'industrie textile en Anjou, 1913, p. 199.
139
2) Pero eí príncípío de "cíausura" no es ní constante, ní índís-
pensabíe, ní sufícíente en íos aparatos díscípíínaríos. Éstos traba|an
eí espacío de una manera mucho más fíexíbíe y más fína. V en
prímer íugar según eí príncípío de íocaíízacíón eíementaí o de ía
dívísíón en zonas. A cada índívíduo su íugar; y en cada em-
píazamíento un índívíduo. Evítar ías dístríbucíones por grupos;
descomponer ías ímpíantacíones coíectívas; anaíízar ías píuraíída-
des confusas, masívas o huídízas. Eí espacío díscípíínarío tíende a
dívídírse en tantas parceías como cuerpos o eíementos que repartír
hay. Es precíso anuíar íos efectos de ías dístríbucíones índecísas,
(147) ía desaparícíón íncontroíada de íos índívíduos, su círcuíacíón
dífusa, su coaguíacíón ínutííízabíe y peíígrosa; táctíca de antídeser-
cíón, de antívagabundeo, de antíagíomeracíón. Se trata de
estabíecer ías presencías y ías ausencías, de saber dónde y cómo
encontrar a íos índívíduos, ínstaurar ías comunícacíones útííes,
ínterrumpír ías que no ío son, poder en cada ínstante vígííar ía
conducta de cada cuaí, aprecíaría, sancíonaría, medír ías cuaíídades
o íos mérítos. Procedímíento, pues, para conocer, para domínar y
para utííízar. La díscípíína organíza un espacío anaíítíco.
Y aquí, todavía, encuentra un víe|o procedímíento arquítectóníco y
reíígíoso: ía ceída de íos conventos. Incíuso sí íos compartímíentos
que asígna ííegan a ser puramente ídeaíes, eí espacío de ías
díscípíínas es síempre, en eí fondo, ceíuíar. Soíedad necesaría deí
cuerpo y deí aíma decía cíerto ascetísmo: deben por momentos aí
menos afrontar soíos ía tentacíón y quízá ía severídad de Díos. "Eí
sueño es ía ímagen de ía muerte, eí dormítorío es ía ímagen deí
sepuícro... aunque íos dormítoríos sean comunes, íos íechos están,
sín embargo, díspuestos de taí manera y se cíerran a taí punto por
medío de ías cortínas, que ías mu|eres pueden íevantarse y
acostarse sín verse."
236
Pero ésta no es todavía síno una forma
bastante aproxímada.
3) La regía de íos emplazamientos funcionales va poco a poco, en
ías ínstítucíones díscípíínarías, a codífícar un espacío que ía
arquítectura de|aba en generaí dísponíbíe y díspuesto para varíos
usos. Se fí|an unos íugares determínados para responder no sóío a
ía necesídad de vígííar, de romper ías comunícacíones peíígrosas,
síno tambíén de crear un espacío útíí. Eí proceso aparece cía-
ramente en íos hospítaíes, sobre todo en íos hospítaíes mííítares y
navaíes. En Francía, parece que Rochefort ha servído de expe-
rímentacíón y de modeío. Un puerto, y un puerto mííítar, es, con íos
236
14 Règlement pour la communauté des filles du 8on Pasteur, en Deíamare,
Traité de police, ííbro III, títuío v, p. 507. Cf. tambíén íám. 9.
140
círcuítos de mercancías, íos hombres enroíados de grado o por
fuerza, íos marínos que se embarcan y desembarcan, ías enferme-
dades y epídemías, un íugar de desercíón, de contrabando, de con-
tagío; encrucí|ada de mezcías peíígrosas, cruce de círcuíacíones
prohíbídas. Eí hospítaí marítímo, debe, por ío tanto, curar, pero por
eíío mísmo, ha de ser un fíítro, un dísposítívo que íocaííce y
seíeccíone; es precíso que garantíce eí domínío sobre toda esa
movííídad y ese hormígueo, descomponíendo su confusíón de ía
ííegaíídad y deí maí. La vígííancía médíca de ías enfermedades y de
íos contagíos es en éí soíídaría de toda una seríe de otros controíes;
mííítar sobre íos desertores, físcaí sobre ías mercancías, (148)
admínístratívo sobre íos remedíos, ías racíones, ías desaparícíones,
ías curacíones, ías muertes, ías símuíacíones. De donde ía
necesídad de dístríbuír y de compartímentar eí espacío con rígor.
Las prímeras medídas adoptadas en Rochefort concernían a ías
cosas más que a íos hombres, a ías mercancías precíosas más que
a íos enfermos. Las dísposícíones de ía vígííancía físcaí y económíca
preceden ías técnícas de ía observacíón médíca: íocaíízacíón de íos
medícamentos en cofres cerrados, regístro de su utííízacíón; un
poco después, se pone en marcha un sístema para verífícar eí
número efectívo de íos enfermos, su ídentídad, ías unídades de que
dependen; después se regíamentan sus ídas y venídas, se íes obííga
a permanecer en sus saías; en cada íecho se coíoca eí nombre de
quíen se encuentra en éí; todo índívíduo atendído fígura en un
regístro que eí médíco debe consuítar durante ía vísíta; más tarde
vendrán eí aísíamíento de íos contagíosos, ías camas separadas.
Poco a poco, un espacío admínístratívo y poíítíco se artícuía en
espacío terapéutíco, tíende a índívíduaíízar íos cuerpos, ías en-
fermedades, íos síntomas, ías vídas y ías muertes; constítuye un
cuadro reaí de sínguíarídades yuxtapuestas y cuídadosamente dís-
tíntas. Nace de ía díscípíína un espacío médícamente útíí.
En ías fábrícas que aparecen a fínes deí sígío XVIII, eí príncípío de ía
dívísíón en zonas índívíduaíízantes se compííca. Se trata a ía vez de
dístríbuír a íos índívíduos en un espacío en eí que es posíbíe
aísíaríos y íocaíízaríos; pero tambíén de artícuíar esta dístríbucíón
sobre un aparato de produccíón que tíene sus exígencías propías.
Hay que íígar ía dístríbucíón de íos cuerpos, ía dísposícíón espacíaí
deí aparato de produccíón y ías díferentes formas de actívídad en ía
dístríbucíón de íos "puestos". A este príncípío obedece ía
manufactura de Oberkampf, en |ouy. Está formada por una seríe de
taííeres específícados de acuerdo con cada gran típo de
operacíones: para íos estampadores, íos trasportadores, íos
141
entíntadores, ías afínadoras, íos grabadores, íos tíntoreros. Eí mayor
de íos edífícíos, construído en 1791, por Toussaínt Barré, tíene
cíento díez metros de íongítud y tres písos. La píanta ba|a está
destínada, en ío esencíaí, aí estampado y contíene cíento treínta y
dos mesas díspuestas en dos hííeras a ío íargo de ía saía que recíbe
íuz por ochenta y ocho ventanas; cada estampador traba|a en una
mesa, con su "tírador", encargado de preparar y de extender íos
coíores. 264 personas en totaí. Aí extremo de cada mesa hay una
especíe de enre|ado sobre eí cuaí de|a eí obrero, para que se seque,
ía teía que acaba de estampar.
237
Recorríendo eí pasííío (149)
centraí deí taííer es posíbíe e|ercer una vígííancía generaí e
índívíduaí a ía vez: comprobar ía presencía y ía apíícacíón deí
obrero, así como ía caíídad de su traba|o; comparar a íos obreros
entre sí, cíasífícaríos según su habííídad y su rapídez, y seguír íos
estadíos sucesívos de ía fabrícacíón. Todas estas dísposícíones en
seríe forman un cuadrícuíado permanente en eí que se acíaran ías
confusíones:
238
es decír que ía produccíón se dívíde y eí proceso de
traba|o se artícuía por una parte según sus fases, sus estadíos o sus
operacíones eíementaíes, y por otra, según íos índívíduos que ío
efectúan: íos cuerpos sínguíares que a éí se apíícan. Cada varíabíe
de esta fuerza -vígor, rapídez, habííídad, constancía- puede ser
observada, y por ío tanto caracterízada, aprecíada, contabííízada, y
referída a aqueí que es su agente partícuíar. Rotuíando así de
manera perfectamente íegíbíe toda ía seríe de íos cuerpos
sínguíares, ía fuerza de traba|o puede anaíízarse en unídades índí-
víduaíes. Ba|o ía dívísíón deí proceso de produccíón, aí mísmo
tíempo que eíía, se encuentra, en eí nacímíento de ía gran índustría,
ía descomposícíón índívíduaíízante de ía fuerza de traba|o; ías
dístríbucíones deí espacío díscípíínarío han garantízado a menudo
una y otra.
4) En ía díscípíína, íos eíementos son íntercambíabíes puesto que
cada uno se defíne por eí íugar que ocupa en una seríe, y por ía
dístancía que ío separa de íos otros. La unídad en eíía no es, pues,
ní eí terrítorío (unídad de domínacíón), ní eí íugar (unídad de
resídencía), síno eí rango: eí íugar que se ocupa en una cíasí-
fícacíón, eí punto donde se cruzan una íínea y una coíumna, eí
íntervaío en una seríe de íntervaíos que se pueden recorrer unos
237
15 Reglamento de la Iabrica de Saint-Maur. B. N. Ms. col. Delamare. Manufactures III.
238
16 Cf. ío que decía La Métheríe aí vísítar Le Creusot: "Las construccíones para
tan hermoso estabíecímíento y una cantídad tan grande de obras díferentes,
debían tener una extensíón sufícíente, con eí fín de que no hubíera confusíón
entre íos obreros durante eí tíempo de traba|o" (journal de physique, t. xxx,
1787, p. 66).
142
después de otros. La díscípíína, arte deí rango y técníca para ía
trasformacíón de ías combínacíones. Indívíduaííza íos cuerpos por
una íocaíízacíón que no íos ímpíanta, pero íos dístríbuye y íos hace
círcuíar en un sístema de reíacíones.
Consíderemos eí e|empío de ía "cíase". En íos coíegíos de íos
|esuítas, se encontraba todavía una organízacíón bínaría y masíva a
ía vez: ías cíases, que podían contar hasta doscíentos o trescíentos
aíumnos, y estaban dívídídas en grupos de díez. Cada uno de estos
grupos con su decuríón, estaba coíocado en un campo, eí romano o
eí cartagínés; a cada decuría correspondía una decuría contraría. La
forma generaí era ía de ía guerra y ía rívaíídad; eí (150) traba|o, eí
aprendíza|e, ía cíasífícacíón se efectuaba ba|o ía forma deí torneo,
por medío deí enfrentamíento de íos dos e|ércítos; ía prestacíón de
cada aíumno estaba ínscríta en ese dueío generaí; aseguraba, por
su parte, ía víctoría o ías derrotas de un campo y a íos aíumnos se
íes asígnaba un íugar que correspondía a ía funcíón de cada uno y a
su vaíor de combatíente en eí grupo unítarío de su decuría.
239
Es de
advertír, por ío demás, que esta comedía romana permítíría víncuíar
a íos e|ercícíos bínaríos de ía rívaíídad una dísposícíón espacíaí
ínspírada en ía íegíón, con rango, |erarquía y vígííancía píramídaí.
No hay que oívídar que de una manera generaí, eí modeío romano,
en ía época de ías Luces, ha desempeñado un dobíe papeí; ba|o su
aparíencía repubíícana, era ía ínstítucíón mísma de ía ííbertad; ba|o
su faz mííítar, era eí esquema ídeaí de ía díscípíína. La Roma deí
sígío XVIII y de ía Revoíucíón es ía deí Senado, pero tambíén ía de ía
íegíón; ía deí Foro, pero ía de íos campamentos. Hasta eí Imperío, ía
referencía romana ha trasportado, de una manera ambígua, eí ídeaí
|urídíco de ía cíudadanía y ía técníca de íos procedímíentos díscípíí-
naríos. En todo caso, ío que en ía fábuía antígua que se repre-
sentaba permanentemente en íos coíegíos de íos |esuítas había de
estríctamente díscípíínarío ha predomínado sobre ío que tenía de
torneo y de remedo de guerra. Poco a poco -pero sobre todo
después de 1762- eí espacío escoíar se despííega; ía cíase se torna
homogénea, ya no está compuesta síno de eíementos índívíduaíes
que víenen a dísponerse íos unos aí íado de íos otros ba|o ía mírada
deí maestro. Eí "rango", en eí sígío XVIII, comíenza a defínír ía gran
forma de dístríbucíón de íos índívíduos en eí orden escoíar: hííeras
de aíumnos en ía cíase, íos pasíííos y íos estudíos; rango atríbuído a
cada uno con motívo de cada tarea y cada prueba, rango que
obtíene de semana en semana, de mes en mes, de año en año;
239
17 Cf. C. de Rochemonteíx, Un collège au XVJJe siècle, 1889, t. III, pp. 51ss.
143
aííneamíento de íos grupos de edad unos a contínuacíón de íos
otros; sucesíón de ías materías enseñadas, de ías cuestíones
tratadas según un orden de dífícuítad crecíente. Y en este con|unto
de aííneamíentos obíígatoríos, cada aíumno de acuerdo con su
edad, sus adeíantos y su conducta, ocupa ya un orden ya otro; se
despíaza sín cesar por esas seríes de casííías, ías unas, ídeaíes, que
marcan una |erarquía deí saber o de ía capacídad, ías otras que
deben traducír materíaímente en eí espacío de ía cíase o deí coíegío
ía dístríbucíón de íos vaíores o de íos mérítos. Movímíento perpetuo
en eí que íos índívíduos sustítuyen unos a otros, en un espacío
rítmado por íntervaíos aííneados.
(151) La organízacíón de un espacío seríaí fue una de ías grandes
mutacíones técnícas de ía enseñanza eíementaí. Permítíó sobrepa-
sar eí sístema tradícíonaí (un aíumno que traba|a unos mínutos con
eí maestro, míentras eí grupo confuso de íos que esperan per-
manece ocíoso y sín vígííancía). Aí asígnar íugares índívíduaíes, ha
hecho posíbíe eí controí de cada cuaí y eí traba|o símuítáneo de
todos. Ha organízado una nueva economía deí tíempo de apren-
díza|e. Ha hecho funcíonar eí espacío escoíar como una máquína de
aprender, pero tambíén de vígííar, de |erarquízar, de recompensar.
|.-B. de La Saííe soñaba con una cíase cuya dístríbucíón espacíaí
pudíera asegurar a ía vez toda una seríe de dístíncíones: según eí
grado de adeíanto de íos aíumnos, según eí vaíor de cada uno,
según ía mayor o menor bondad de carácter, según su mayor o
menor apíícacíón, según su íímpíeza y según ía fortuna de sus pa-
dres. Entonces, ía saía de cíase formaría un gran cuadro úníco, de
entradas múítípíes, ba|o ía mírada cuídadosamente "cíasífícadora"
deí maestro: "Habrá en todas ías cíases íugares asígnados para
todos íos escoíares de todas ías íeccíones, de suerte que todos íos
de ía mísma íeccíón estén coíocados en un mísmo íugar y síempre
fí|o. Los escoíares de ías íeccíones más adeíantadas estarán
sentados en íos bancos más cercanos aí muro, y íos otros a
contínuacíón según eí orden de ías íeccíones, avanzando hacía eí
centro de ía cíase... Cada uno de íos aíumnos tendrá su íugar
determínado y nínguno abandonará ní cambíará eí suyo síno por
orden y con eí consentímíento deí ínspector de ías escueías." Habrá
de hacer de modo que "aqueííos cuyos padres son descuídados y
tíenen parásítos estén separados de íos que van íímpíos y no íos
tíenen; que un escoíar frívoío y dísípado esté entre dos sensatos y
sosegados, un ííbertíno o bíen soío o entre dos píadosos".
240
240
18 |.-B. de La Saííe, Conduite des écoles chrétiennes, B. N. Ms. 1I759, pp.
248-249. Poco tíempo antes, Batencour proponía que ías saías de cíase estu-
144
Aí organízar ías "ceídas", íos "íugares" y íos "rangos", fabrícan ías
díscípíínas espacíos compíe|os: arquítectónícos, funcíonaíes y
|erárquícos a ía vez. Son unos espacíos que estabíecen ía fí|acíón y
permíten ía círcuíacíón; recortan segmentos índívíduaíes e íns-
tauran reíacíones operatorías; marcan íugares e índícan vaíores;
(152) garantízan ía obedíencía de íos índívíduos pero tambíén una
me|or economía deí tíempo y de íos gestos. Son espacíos míxtos:
reaíes, ya que rígen ía dísposícíón de pabeííones, de saías, de mo-
bíííaríos; pero ídeaíes, ya que se proyectan sobre ía ordenacíón de
ías caracterízacíones, de ías estímacíones, de ías |erarquías. La
prímera de ías grandes operacíones de ía díscípíína es, pues, ía
constítucíón de "cuadros vívos" que trasforman ías muítítudes con-
fusas, ínútííes o peíígrosas, en muítípíícídades ordenadas. La cons-
títucíón de "cuadros" ha sído uno de íos grandes probíemas de ta
tecnoíogía cíentífíca, poíítíca y económíca deí sígío XVIII: dísponer
|ardínes de píantas y de anímaíes, y hacer aí mísmo tíempo
cíasífícacíones racíonaíes de íos seres vívos; observar, controíar,
reguíarízar ía círcuíacíón de ías mercancías y de ía moneda y
construír así un cuadro económíco que pueda vaíer como príncípío
de enríquecímíento; ínspeccíonar a íos hombres, comprobar su
presencía y su ausencía, y constítuír un regístro generaí y
permanente de ías fuerzas armadas; dístríbuír íos enfermos, sepa-
raríos unos de otros, dívídír con cuídado eí espacío de íos hospítaíes
y hacer una cíasífícacíón sístemátíca de ías enfermedades: otras
tantas operacíones paraíeías en que íos dos constítuyentes -dís-
tríbucíón y anáíísís, controí e ínteíígíbííídad- son soíídaríos eí uno
deí otro. Eí cuadro, en eí sígío XVIII, es a ía vez una técníca de poder
y un procedímíento de saber. Se trata de organízar ío múítípíe, de
procurarse un ínstrumento para recorrerío y domínarío; se trata de
ímponeríe un "orden". Como eí |efe de e|ércíto de que habíaba
Guíbert, eí naturaíísta, eí médíco, eí economísta están "cegados por
ía ínmensídad, aturdídos por ía muítítud... ías combínacíones
ínnumerabíes que resuítan de ía muítípíícídad de íos ob|etos, tantas
atencíones reunídas forman una carga que sobrepasa sus fuerzas.
La cíencía de ía guerra moderna aí perfeccíonarse, aí acercarse a
víeran dívídídas en tres partes: "La más honorabíe para íos que aprenden ía-
tín... Es de desear que haya tantos íugares en ías mesas como aíumnos que
escríban, para evítar ías confusíones que provocan de ordínarío íos perezosos."
En otra íos que aprenden a íeer; un banco para íos rícos, otro para íos pobres,
"a fín de que íos parásítos no se trasmítan". Eí tercer empíazamíento para íos
recíén ííegados: "Cuando se ha reconocído su capacídad, se íes fí|a un íugar"
(M. I. D. B., lnstruction méthodique pour l'école paroissiale, 1669, pp. 56-57).
Cf. íáms. 10-11.
145
íos verdaderos príncípíos, podría voíverse más símpíe y menos
dífícíí"; íos e|ércítos "con táctícas símpíes, anáíogas, susceptíbíes de
píegarse a todos íos movímíentos... serían más fácííes de poner en
movímíento y de conducír".
241
Táctíca, ordenamíento espacíaí de íos
hombres; taxonomía, espacío díscípíínarío de íos seres naturaíes;
cuadro económíco, movímíento reguíado de ías ríquezas.
Pero eí cuadro no desempeña ía mísma funcíón en estos díferentes
regístros. En eí orden de ía economía, permíte ía medída de ías
cantídades y eí anáíísís de íos movímíentos. Ba|o ía forma de ía
taxonomía, tíene como funcíón caracterízar (y por consíguíente
(153) reducír ías sínguíarídades índívíduaíes), y constítuír cíases
(por ío tanto excíuír ías consíderacíones de número). Pero en ía
forma de ía dístríbucíón díscípíínaría, ía ordenacíón en cuadro tíene
como funcíón, por eí contrarío, tratar ía muítípíícídad por sí mísma,
dístríbuíría y obtener de eíía eí mayor número de efectos posíbíes.
Míentras que ía taxonomía naturaí se sítúa sobre eí e|e que va deí
carácter a ía categoría, ía táctíca díscípíínaría se sítúa sobre eí e|e
que une ío sínguíar con ío múítípíe. Permíte a ía vez ía
caracterízacíón deí índívíduo como índívíduo, y ía ordenacíón de
una muítípíícídad dada. Es ía condícíón prímera para eí controí y eí
uso de un con|unto de eíementos dístíntos: ía base para una
mícrofísíca de un poder que se podría ííamar "ceíuíar".
EL CONTROL DE LA ACTIVIDAD
1) Eí empleo del tiempo es una víe|a herencía. Las comunídades
monástícas habían sín duda sugerído su modeío estrícto. Rápída-
mente se dífundíó. Sus tres grandes procedímíentos -estabíecer
rítmos, obíígar a ocupacíones determínadas, reguíar íos cícíos de
repetícíón- coíncídíeron muy pronto en íos coíegíos, íos taííeres y
íos hospítaíes. A ías nuevas díscípíínas no íes ha costado traba|o
aío|arse en eí ínteríor de íos esquemas antíguos; ías casas de edu-
cacíón y íos estabíecímíentos de asístencía proíongaban ía vída y ía
reguíarídad de íos conventos, de íos que con frecuencía eran
ane|os. Eí rígor deí tíempo índustríaí ha conservado durante sígíos
un rítmo reíígíoso; en eí XVII eí regíamento de ías grandes
manufacturas precísaba íos e|ercícíos que debían escandír eí tra-
ba|o: "Todas ías personas..., aí ííegar por ía mañana a su íugar,
antes de traba|ar comenzarán por íavarse ías manos, ofrecerán a
241
19 |. A. de Guíbert, Essai général de tactique, l. Díscurso preíímínar, p. xxxví.
146
Díos su traba|o, harán eí sígno de ía cruz y se pondrán a traba|ar";
242
pero todavía en eí sígío XIX, cuando se quíere utííízar en ía
índustría a ías pobíacíones ruraíes, ocurre que, para habítuarías aí
traba|o en íos taííeres, se apeía a congregacíones; se encuadra a íos
obreros en unas "fábrícas-convento". La gran díscípíína mííítar se ha
formado, en íos e|ércítos protestantes de Maurícío de Orange y de
Gustavo Adoífo, a través de una rítmíca deí tíempo que estaba
escandída por íos e|ercícíos de píedad; ía exístencía en eí e|ércíto
debe tener, decía Boussaneííe, bastante más tarde, aígunas "de ías
perfeccíones deí cíaustro mísmo".
243
Durante sígíos, ías (154)
órdenes reíígíosas han sído maestras de díscípíína: eran íos espe-
cíaíístas deí tíempo, grandes técnícos deí rítmo y de ías actívídades
reguíares. Pero estos procedímíentos de reguíarízacíón temporaí
que ías díscípíínas heredan, eíías mísmas íos modífícan. Afínándoíos
en prímer íugar. Se ponen a contar en cuartos de hora, en mínutos,
en segundos. En eí e|ércíto, naturaímente; Guíbert hízo proceder
sístemátícamente a cronometra|es de tíro cuya ídea había tenído
Vauban. En ías escueías eíementaíes, eí recorte deí tíempo se hace
cada vez más sutíí; ías actívídades se haíían ceñídas cada vez más
por órdenes a ías que hay que responder ínmedíatamente: "aí
úítímo toque de ía hora, un aíumno hará sonar ía campana y a ía
prímera campanada todos íos escoíares se pondrán de rodííías, con
íos brazos cruzados y íos o|os ba|os. Acabada ía oracíón, eí maestro
dará un goípe como señaí para que íos aíumnos se íevanten, otro
para haceríes que se íncíínen ante eí Crísto, y eí tercero para que se
síenten".
244
A comíenzos deí sígío XIX, se propondrá para ía escueía
de enseñanza mutua unos empíeos deí tíempo como eí síguíente: 8
h 45 entrada deí ínstructor, 8 h 52 ííamada deí ínstructor, 8 h 56
entrada de íos níños y oracíón, 9 h entrada en íos bancos, 9 h 04
prímera pízarra, 9 h 08 fín deí díctado, 9 h 12 segunda pízarra,
etcétera.
245
La extensíón progresíva deí saíaríado ííeva apare|ada
por su parte una dívísíón ceñída deí tíempo: "Sí ocurríera que íos
obreros ííegaran pasado un cuarto de hora después de haber
tocado ía campana. ..";
246
"aqueí de íos compañeros a quíen se
242
20 Articulo 1 del reglamento de la Iabrica de Saint-Maur.
243
21 L. de Boussaneííe, Le bon militaire, 1770, p. 2. Sobre eí carácter reíígío-
so de ía díscípíína en eí e|ércíto sueco, cf. The 5wedish discipline, Londres,
1632.
244
22 |.-B. de La Saííe, Conduite des écoles chrétiennes, B. N. Ms.
11759. pp.
245
23 Bally, citado por R. R. Tronchot, L´enseignement mutuel en France, tesis mecanograIiada, I,
p. 221.
246
24 Profet de reglement pour la fabrique d´Amboise, art. 2. Archivos nacionales F 12 1301. Se
147
hícíera saíír durante eí traba|o y perdíera más de cínco mínutos...";
"aqueí que no esté en su traba|o a ía hora exacta... "
247
Pero se
busca tambíén asegurar ía caíídad deí tíempo empíeado: controí
ínínterrumpído, presíón de íos vígííantes, supresíón de todo cuanto
puede turbar y dístraer, se trata de constítuír un tíempo
íntegramente útíí: "Está expresamente prohíbído durante eí traba|o
dívertír a íos compañeros por gestos o de cuaíquíer otro modo,
entregarse a cuaíquíer |uego sea eí que fuere, comer, dormír,
contar hístorías y comedías";
248
e íncíuso durante ía ínterrupcíón de
ía comída, (155) "no se hará níngún díscurso de hístoría, de
aventura o de otros temas que dístraíga a íos obreros de su
traba|o"; "está expresamente prohíbído a todo obrero y ba|o níngún
pretexto íntroducír víno en ía manufactura y beber en íos
taííeres".
249
Eí tíempo medído y pagado debe ser tambíén un tíempo
sín ímpureza ní defecto, un tíempo de buena caíídad, a ío íargo de
todo eí cuaí permanezca eí cuerpo apíícado a su e|ercícío. La
exactítud y ía apíícacíón son, |unto con ía reguíarídad, ías vírtudes
fundamentaíes deí tíempo díscípíínarío. Pero no es esto ío más
nuevo. Otros procedímíentos son más característícos de ías
díscípíínas.
2) La elaboración temporal del acto. Consíderemos dos maneras de
controíar ía marcha de un cuerpo de tropa. Comíenzos deí sígío XVII
: "Acostumbrar a íos soídados, que marchan en fíía o en bataííón, a
marchar a ía cadencía deí tambor. Y para hacerío, hay que
comenzar por eí píe derecho, a fín de que toda ía tropa se
encuentre íevantando un mísmo píe aí mísmo tíempo."
250
Medíados
deí sígío XVIII, cuatro especíes de paso: "La íongítud deí paso corto
será de un píe, ía deí paso ordínarío, deí paso redobíado y deí paso
de maníobra de dos píes, todo eíío medído de un taíón aí otro; en
cuanto a ía duracíón, ía deí paso corto y eí paso ordínarío será de
un segundo, durante eí cuaí se harán dos pasos redobíados; ía
duracíón deí paso de maníobra será de un poco más de un
segundo. Eí paso obíícuo se hará en eí mísmo espacío de un
segundo; será todo ío más de 18 puígadas de un taíón aí otro... Se
e|ecutará eí paso ordínarío de frente ííevando ía cabeza aíta y eí
cuerpo derecho, manteníéndose en equíííbrío sucesívamente sobre
precisa que esto es tambien para los que trabajan en las piezas.
247
25 Reglamento provisional para la Iabrica de M. S. Oppenheim, 1809, arts. 7-8, en Hayem,
Memoires et documents pour revenir a l´histoire du commerce.
248
26 Reglamento para la Iabrica de M. S. Oppenheim, art. 16.
249
27 Projet de règlement pour la fabrique d'Amboise, art. 4.
250
28 L. de Montgommery, La milice française, ed. de 1636, p. 86.
148
una soía píerna, y echando ía otra hacía deíante, con ía corva tensa,
ía punta deí píe un tanto vueíta hacía fuera y ba|a para rozar sín
exageracíón ía superfícíe sobre ía cuaí se deberá marchar y de|ar eí
píe en eí sueío de manera que cada parte se apoye en éste aí
mísmo tíempo sín goípearío."
251
Entre estas dos prescrípcíones, se
ha puesto en |uego un nuevo con|unto de coaccíones, otro grado de
precísíón en ía descomposícíón de íos gestos y de íos movímíentos,
otra manera de a|ustar eí cuerpo a unos ímperatívos temporaíes.
Lo que defíne ía ordenanza de 1766 no es un empíeo deí tíempo,
marco generaí para una actívídad; es más que un rítmo coíectívo y
obíígatorío, ímpuesto desde eí exteríor; es un "programa"; asegura
ía eíaboracíón deí propío acto; controía desde eí ínteríor su
desarroíío y sus fases. Se ha pasado de una forma de (156)
conmínacíón que medía o rítmaba íos gestos a una trama que íos
coaccíona y íos sostíene a ío íargo de todo su encadenamíento. Se
defíne una especíe de esquema anatomo-cronoíógíco deí comporta-
míento. Eí acto queda descompuesto en sus eíementos; ía posícíón
deí cuerpo, de íos míembros, de ías artícuíacíones se haíía defínída;
a cada movímíento íe están asígnadas una díreccíón, una ampíítud,
una duracíón; su orden de sucesíón está prescríto. Eí tíempo
penetra eí cuerpo, y con éí todos íos controíes mínucíosos deí
poder.
3) De donde eí establecimiento de correlación del cuerpo y del
gesto. Eí controí díscípíínarío no consíste símpíemente en enseñar o
en ímponer una seríe de gestos defínídos; ímpone ía me|or reíacíón
entre un gesto y ía actítud gíobaí deí cuerpo, que es su condícíón de
efícacía y de rapídez. En eí buen empíeo deí cuerpo, que permíte un
buen empíeo deí tíempo, nada debe permanecer ocíoso o ínútíí:
todo debe ser ííamado a formar eí soporte deí acto requerído. Un
cuerpo bíen díscípíínado forma eí contexto operatorío deí menor
gesto. Una buena íetra, por e|empío, supone una gímnasía, toda
una rutína cuyo códígo ríguroso domína eí cuerpo por entero, desde
ía punta deí píe a ía yema deí dedo índíce. Hay que "tener eí cuerpo
derecho, un poco vueíto y ííbre deí íado ízquíerdo, y un tanto
íncíínado hacía deíante, de suerte que estando apoyado eí codo
sobre ía mesa, ía barbííía pueda apoyarse en eí puño, a menos que
eí aícance de ía vísta no ío permíta; ía píerna ízquíerda debe estar
un poco más deíante ba|o ía mesa que ía derecha. Hay que de|ar
una dístancía de dos dedos entre eí cuerpo y ía mesa; porque no
sóío se escríbe con más rapídez, síno que nada hay más per|udícíaí
251
29 Ordonnance du Jer janvier 1766, pour régler l'exercise de l'infanterie.
149
para ía saíud como contraer eí hábíto de apoyar eí estómago contra
ía mesa; ía parte deí brazo ízquíerdo desde eí codo hasta ía mano,
debe estar coíocada sobre ía mesa. Eí brazo derecho ha de estar
aíe|ado deí cuerpo unos tres dedos, y sobresaíír casí cínco dedos de
ía mesa, sobre ía cuaí debe apoyarse íígeramente. Eí maestro hará
conocer a íos escoíares ía postura que deben adoptar para escríbír
y ía corregírá, ya sea por señas o de otro modo, cuando se aparten
de eíía".
252
Un cuerpo díscípíínado es eí apoyo de un gesto efícaz.
4) La articulación cuerpo-objeto. La díscípíína defíne cada una de
ías reíacíones que eí cuerpo debe mantener con eí ob|eto que
manípuía. Entre uno y otro, díbu|a aquéíía un engrana|e cuída-
doso. "E|ercído con eí arma hacía deíante. En tres tíempos. Se da un
goípe con ía mano ízquíerda, eí brazo tendído pegado aí cuerpo
(157) para mantenerío vertícaímente frente a ía rodííía derecha, con
eí extremo deí cañón a ía aítura deí o|o, agarrándoío entonces de
un goípe con ía mano ízquíerda, eí brazo tendído pegado aí cuerpo-
a ía aítura deí cínturón. Aí segundo tíempo, se ííevará con ía mano-
ízquíerda eí fusíí ante sí, con eí cañón entre íos dos o|os, a píomo; ía
mano derecha ío tomará por eí cueíío, con eí brazo tendído y eí
guardamonte apoyado en eí dedo índíce, ía mano ízquíerda a ía
aítura de ía muesca, extendído eí puígar a ío íargo deí cañón contra
ía moídura. Aí tercer tíempo, ía mano ízquíerda abandonará eí fusíí,
para caer contra eí musío; se íevantará eí arma con ía mano
derecha, con ía ííave hacía fuera y frente aí pecho, eí brazo derecho
medío tendído, eí codo |unto aí cuerpo, eí puígar contra ía ííave,
apoyado en eí prímer tornííío, eí dedo índíce sobre eí gatííío, eí
cañón a píomo."
253
Aquí tenemos un e|empío de ío que podría
ííamarse eí cífrado ínstrumentaí deí cuerpo. Consíste en una
descomposícíón deí gesto gíobaí en dos seríes paraíeías: ía de íos
eíementos deí cuerpo que hay que poner en |uego (mano derecha,
mano ízquíerda, díferentes dedos de ía mano, rodííía, o|o, codo,
etcétera), y ía de íos eíementos deí ob|eto que se manípuía (cañón,
muesca, gatííío, tornííío, etcétera); después pone en correíacíón a
íos unos con íos otros según cíerto número de gestos símpíes
(apoyar, dobíar); fínaímente, fí|a ía seríe canóníca en ía que cada
una de estas correíacíones ocupa un íugar determínado. A esta
síntaxís obíígada es a ío que íos teórícos mííítares deí sígío XVIII
ííamaban ía "maníobra". La receta tradícíonaí se sustítuye por
252
30 |.-B. de La Saííe, Conduite des Écoles chrétiennes, ed. de 1828, pp. 63-64.
Cf. íám. 8.
253
31 Ordonnance du Jer janvier 1766, títre XI, art. 2.
150
prescrípcíones expíícítas y coactívas. Eí poder víene a desíízarse
sobre toda ía superfícíe de contacto entre eí cuerpo y eí ob|eto que
manípuía; íos amarra eí uno aí otro. Constítuye un compíe|o cuerpo-
arma, cuerpo-ínstrumento, cuerpo-máquína. Se está ío más íe|os
posíbíe de aqueíías formas de su|ecíón que no pedían aí cuerpo otra
cosa que sígnos o productos, formas de expresíón o eí resuítado deí
traba|o. La regíamentacíón ímpuesta por eí poder es aí mísmo
tíempo ía íey de construccíón de ía operacíón. Y así aparece este
carácter deí poder díscípíínarío: tíene menos una funcíón de
extraccíón que de síntesís, menos de extorsíón deí producto que de
víncuío coercítívo con eí aparato de produccíón.
5) La utilización exhaustiva. Eí príncípío que estaba subyacente en
eí empíeo deí tíempo en su forma tradícíonaí era esencíaímente
negatívo; príncípío de no ocíosídad: está vedado perder un tíempo
contado por Díos y pagado por íos hombres; eí empíeo deí tíempo
(158) debía con|urar eí peíígro de derrocharío, faíta moraí y faíta de
honradez económíca. En cuanto a ía díscípíína, procura una eco-
nomía posítíva; píantea eí príncípío de una utííízacíón teórícamente
crecíente síempre deí tíempo: agotamíento más que empíeo; se
trata de extraer, deí tíempo, cada vez más ínstantes dísponíbíes y,
de cada ínstante, cada vez más fuerzas útííes. Lo cuaí sígnífíca que
hay que tratar de íntensífícar eí uso deí menor ínstante, como sí eí
tíempo, en su mísmo fraccíonamíento, fuera ínagotabíe; o como sí,
aí menos, por una dísposícíón ínterna cada vez más detaííada,
pudíera tenderse hacía un punto ídeaí en eí que eí máxímo de
rapídez va a unírse con eí máxímo de efícacía. Era reaímente esta
técníca ía que se utííízaba en íos famosos regíamentos de ía
ínfantería prusíana que toda Europa ímító después de ías víctorías
de Federíco II:
254
cuanto más se descompone eí tíempo, cuanto más
se muítípíícan sus subdívísíones, me|or se ío desartícuía
despíegando sus eíementos ínternos ba|o una mírada que íos
controía, más se puede aceíerar entonces una operacíón, o aí
menos reguíaría de acuerdo con un grado óptímo de veíocídad. De
ahí ía regíamentacíón deí tíempo de ía accíón que fue tan
ímportante en eí e|ércíto y que debía serío para toda ía tecnoíogía
de ía actívídad humana: 6 tíempos preveía eí regíamento prusíano
de 1743 para descansar eí arma, 4 para tendería, 13 para ponería
vueíta sobre eí hombro, etcétera. Por otros medíos, ía escueía de
254
32 No se puede atribuir el exito de las tropas prusianas "a otra cosa que a la excelencia de su
disciplina y de su ejercicio; no es, por lo tanto, una cosa indiIerente la eleccion del ejercicio; se ha
trabajado en ello en Prusia por espacio de cuarenta años, con una aplicacion sin tregua" (Mariscal
de Sajo-nia, carta al conde de Argenson, 25 de Iebrero de 1750; Arsenal, Ms. 2701. Mes rêveries, t.
II, p. 249). CI. lams. 3 y 4.
151
enseñanza mutua ha sído díspuesta tambíén como un aparato para
íntensífícar ía utííízacíón deí tíempo; su organízacíón permítía eíudír
eí carácter ííneaí y sucesívo de ía enseñanza deí maestro: reguíaba
eí contrapunto de operacíones hechas, en eí mísmo momento, por
díferentes grupos de aíumnos, ba|o ía díreccíón de íos ínstructores y
de íos ayudantes, de suerte que cada ínstante que trascurría estaba
ííeno de actívídades múítípíes, pero ordenadas; y por otra parte, eí
rítmo ímpuesto por señaíes, sííbatos, voces de mando, ímponía a
todos unas normas temporaíes que debían a ía vez aceíerar eí
proceso de aprendíza|e y enseñar ía rapídez como una vírtud;
255
"eí
úníco ob|eto de estas voces (159) de mando es... habítuar a íos
níños a e|ecutar pronto y bíen ías mísmas operacíones, dísmínuír en
ía medída de ío posíbíe por ía ceíerídad ía pérdída de tíempo que
supone eí paso de una operacíón a otra".
256
Ahora bíen, a través de esta técníca de su|ecíón, se está formando
un nuevo ob|eto; íentamente, va ocupando eí puesto deí cuerpo
mecáníco, deí cuerpo compuesto de sóíídos y sometído a mo-
vímíentos, cuya ímagen había obsesíonado durante tanto tíempo a
íos que soñaban con ía perfeccíón díscípíínaría. Este ob|eto nuevo
es eí cuerpo naturaí, portador de fuerzas y sede de una duracíón; es
eí cuerpo susceptíbíe de operacíones específícadas, que tíenen su
orden, su tíempo, sus condícíones ínternas, sus eíementos
constítutívos. Eí cuerpo, aí convertírse en bíanco para nuevos
mecanísmos deí poder, se ofrece a nuevas formas de saber. Cuerpo
deí e|ercícío, más que de ía físíca especuíatíva; cuerpo manípuíado
por ía autorídad, más que atravesado por íos espírítus anímaíes;
cuerpo deí encauzamíento útíí y no de ía mecáníca racíonaí, pero en
eí cuaí, por esto mísmo, se anuncíará cíerto número de exígencías
de naturaíeza y de coaccíones funcíonaíes. Es éí ío que descubre
Guíbert en ía crítíca que hace de ías maníobras demasíado
artífícíaíes. En eí e|ercícío que se íe ímpone y aí que resíste, eí
cuerpo díbu|a sus correíacíones esencíaíes, y rechaza es-
pontáneamente ío íncompatíbíe: "Éntrese en ía mayoría de nuestras
escueías de e|ercícío, y se verá a todos íos desdíchados soídados en
actítudes víoíentas y forzadas, se verán todos sus múscuíos
255
33 Ejercicio de escritura: ..."9: Manos sobre las rodillas. Esta orden se da por medio de un toque
de campanilla; 10: manos sobre la mesa, cabeza alta; 11: limpien las pizarras: todos limpian las
pizarras con un poco de saliva o mejor aun con una muñequilla de retazos; 12: muestrense las
pizarras: 13: instructores, revisen. Revisan las pizarras de sus ayudantes y a continuacion las de su
banco. Los ayudantes revisan las de su banco, y todos permanecen en su lugar."
256
34 Samueí Bernard. "Rapport du 30 octobre 1816 à ía socíété de í'enseígne-
ment mutueí".
152
contraídos, ía círcuíacíón de ía sangre ínterrumpída... Estudíemos ía
íntencíón de ía naturaíeza y ía construccíón deí cuerpo humano y
encontraremos ía posícíón y ía actítud que prescríbe cíaramente
para eí soídado. La cabeza debe estar derecha, ííbre y fuera de íos
hombros, asentada perpendícuíarmente en medío de éstos. No
debe estar vueíta ní a ía ízquíerda ní a ía derecha; porque, dada ía
correspondencía que exíste entre ías vértebras deí cueíío y eí
omópíato aí cuaí están unídas, nínguna de eíías puede moverse
círcuíarmente sín arrastrar íevemente deí mísmo íado que actúa
una de ías ramas deí hombro, y entonces, aí no estar ya eí cuerpo
sítuado en ánguío recto, eí soídado no puede camínar hacía deíante
en íínea recta ní servír de punto de aííneamíento... Y como eí hueso
de ía cadera, que ía Ordenanza índíca como eí punto (160) en eí
que debe apoyarse eí píco de ía cuíata, no tíene ía mísma sítuacíón
en todos íos hombres, eí fusíí deben ííevarío unos más a ía derecha
y otros más a ía ízquíerda. Por ía mísma razón de ía desíguaídad de
estructura, eí guardamonte se encuentra más o menos apretado
contra eí cuerpo, según tenga un hombre ía parte externa deí
hombro más o menos carnosa, etcétera."
257
Hemos vísto cómo íos procedímíentos de ía dístríbucíón díscípíínaría
tenían su íugar entre ías técnícas contemporáneas de cíasífícacíón y
de dísposícíón en cuadro; pero cómo íntroducían eí probíema
específíco de íos índívíduos y de ía muítípíícídad. Asímísmo, íos
controíes díscípíínaríos de ía actívídad se sítúan entre todas ías
ínvestígacíones, teórícas o práctícas, sobre ía maquínaría naturaí de
íos cuerpos; pero comíenzan a descubrír procesos específícos; eí
comportamíento y sus exígencías orgánícas van a sustítuír poco a
poco ía símpíe físíca deí movímíento. Eí cuerpo, aí que se píde ser
dócíí hasta en sus menores operacíones, opone y muestra ías
condícíones de funcíonamíento propías de un organísmo. Eí poder
díscípíínarío tíene como correíato una índívíduaíídad no sóío
anaíítíca y "ceíuíar", síno naturaí y "orgáníca".
LA ORGANIZACION DE LAS GÉNESIS
En 1667, eí edícto que creaba ía manufactura de íos Gobeíínos
preveía ía organízacíón de una escueía. Eí superíntendente deí reaí
patrímonío había de eíegír 60 níños becados, confíados durante
cíerto tíempo a un maestro que íes daría "educacíón e ínstruccíón",
y después coíocados como aprendíces con íos díferentes maestros
257
35 |. A. de Guíbert, Essai général de tactique, 1772, I, pp. 21-22.
153
tapíceros de ía manufactura, íos cuaíes recíbían por eíío una
índemnízacíón tomada de ía beca de íos aíumnos. Después de seís
años de aprendíza|e, cuatro de servícío y una prueba de sufícíencía,
tenían derecho a "íevantar y abrír estabíecímíento" en cuaíquíer
cíudad deí reíno. Se encuentran aquí ías característícas propías deí
aprendíza|e corporatívo: reíacíón de dependencía índívíduaí y totaí
a ía vez respecto deí maestro; duracíón estatutaría de ía formacíón
que termína por una prueba caíífícadora, pero que no se
descompone de acuerdo con un programa precíoso; íntercambío
gíobaí entre eí maestro que debe dar su saber y eí aprendíz que
debe aportar sus servícíos, su ayuda y con frecuencía una
retríbucíón. La forma de ía servídumbre va mezcíada con una
trasferencía de conocímíento.
258
En 1737, un edícto organíza (161)
una escueía de díbu|o para íos aprendíces de íos Gobeíínos; no está
destínada a rempíazar ía formacíón con íos maestros obreros, síno a
compíetaría. Ahora bíen, ímpííca un aprovechamíento deí tíempo
compíetamente dístínto. Dos horas díarías, excepto íos domíngos y
fíestas, se reúnen íos aíumnos en ía escueía... Se pasa íísta, por una
que está adherída a ía pared, y a íos ausentes se íes apunta en un
regístro. La escueía está dívídída en tres cíases. La prímera para íos
que no tíenen nocíón aíguna de díbu|o; se íes hace recopíar unos
modeíos, más o menos dífícííes, según ías aptítudes de cada cuaí.
La segunda "para íos que tíenen ya aígunos príncípíos", o que han
pasado por ía prímera cíase; deben reproducír cuadros "a o|o y sín
tomar ías proporcíones", no teníendo en cuenta más que eí díbu|o.
En ía cíase tercera, aprenden íos coíores, hacen pasteí y se ínícían
en ía teoría y en ía práctíca deí tínte. Reguíarmente, íos aíumnos
hacen deberes índívíduaíes; cada uno de estos e|ercícíos, con eí
nombre deí autor y ía fecha de e|ecucíón, queda en manos deí
profesor; se recompensa a íos me|ores. Reunídos a fín de año y
comparados unos con otros, permíten estabíecer íos progresos, eí
vaíor actuaí y eí íugar reíatívo de cada aíumno, determínándose
entonces quíénes pueden pasar a ía cíase superíor. En un ííbro
generaí que ííevan íos profesores y sus ayudantes debe regístrarse
cotídíanamente ía conducta de íos aíumnos y todo cuanto ocurre en
ía escueía. Dícho ííbro se somete períódícamente aí examen de un
258
36 Esta mezcía aparece cíaramente en aígunas de íu cíáusuías deí contrato
de aprendíza|e: eí maestro está obíígado a trasmítír a su díscípuío -a cambío
de su dínero y su traba|o- todo su saber, sín guardar para sí níngún secreto;
de ío contrarío, íncurre en una muíta. Cf. por e|empío, F. Grosrenaud, La
corporation ouvrière à 8esançon, 1907, p. 62.
154
ínspector.
259
La escueía de íos Gobeíínos no es síno eí e|empío de un
fenómeno ímportante: eí desarroíío, en ía época cíásíca, de una
nueva técníca para ocuparse deí tíempo de ías exístencías síngu-
íares; para regír ías reíacíones deí tíempo, de íos cuerpos y de ías
fuerzas; para asegurar una acumuíacíón de ía duracíón, y para
ínvertír en provecho o en utííídad síempre acrecentados eí mo-
vímíento deí tíempo que pasa. ¿Cómo capítaíízar eí tíempo de íos
índívíduos, acumuíarío en cada uno de eííos, en sus cuerpos, en sus
fuerzas o sus capacídades y de una manera que sea susceptíbíe de
utííízacíón y de controí? ¿Cómo organízar duracíones provechosas?
Las díscípíínas, que anaíízan eí espacío, que descomponen y
recomponen ías actívídades, deben ser tambíén comprendídas
como aparatos para sumar y capítaíízar eí tíempo. Y esto por cuatro
procedímíentos, que ía organízacíón mííítar muestra con toda
cíarídad.
(162)
1) Dívídír ía duracíón en segmentos, sucesívos o paraíeíos, cada
uno de íos cuaíes debe ííegar a un térmíno específícado. Por e|em-
pío, aísíar eí tíempo de formacíón y eí período de ía práctíca; no
mezcíar ía ínstruccíón de íos recíutas y eí e|ercícío de íos veteranos;
abrír escueías mííítares dístíntas deí servícío armado (en 1764,
creacíón de ía Escueía de París, en 1776, creacíón de ías doce
escueías de províncía); recíutar íos soídados de profesíón desde ía
más tíerna edad, tomar níños, "haceríos adoptar por ía patría,
educaríos en escueías partícuíares";
260
enseñar sucesívamente ía
posícíón, íuego ía marcha, después eí mane|o de ías armas, tras eíío
eí tíro, y no pasar a una actívídad hasta que ía precedente no esté
totaímente domínada: "Uno de íos príncípaíes errores es enseñar a
un soídado toda ía ínstruccíón a ía vez";
261
en suma, descomponer
eí tíempo en trámítes separados y a|ustados. 2) Organízar estos
trámítes de acuerdo con un esquema anaíítíco -sucesíones de
eíementos tan símpíes como sea posíbíe, combínándose según una
compíe|ídad crecíente. Lo cuaí supone que ía ínstruccíón abandone
eí príncípío de ía repetícíón anaíógíca. En eí sígío XVI, eí e|ercícío
mííítar consístía sobre todo en símuíar todo o parte deí combate, y
en hacer crecer gíobaímente ía habííídad o ía fuerza deí soídado;
262
259
37 CI. E. Gerspach, La manuIacture des Gohelins, 1892.
260
38 Era el proyecto de J. Servan, Le soldat citoven, 1780, p. 456.
261
39 Regíamento de 174S para ía ínfantería prusíana; Arsenaí, Ms. 4076.
262
40 F. de la Noue recomendaba la creacion de academias militares a Iines del siglo XVI, y queria
que en ellas se enseñara "a domar caballos, a correr el jabali en jubon y algunas veces armado, la
esgrima, a caracolear y saltar a caballo, y si se añadiera nadar y luchar, no habria cosa mejor, ya que
155
en eí sígío XVIII ía ínstruccíón deí "manuaí" sígue eí príncípío de ío
"eíementaí" y no ya de ío "e|empíar": gestos símpíes -posícíón de
íos dedos, fíexíón de ías píernas, movímíento de íos brazos- que
son todo ío más íos componentes de base para ías conductas útííes,
y que garantízan además una educacíón generaí de ía fuerza, de ía
habííídad, de ía docííídad. 3) Fínaíízar estos segmentos temporaíes,
fí|aríes un térmíno marcado por una prueba que tíene por trípíe
funcíón índícar sí eí su|eto ha aícanzado eí níveí estatutarío,
garantízar ía conformídad de su aprendíza|e con eí de íos demás y
díferencíar ías dotes de cada índívíduo. Cuando íos sargentos,
cabos, etcétera, "encargados de ínstruír a íos demás, crean tener a
aíguíen en sítuacíón de pasar a ía prímera cíase, ío presentarán
prímero a íos Ofícíaíes de su compañía, quíenes ío examínarán con
atencíón; sí no ío encuentran todavía ío bastante e|ercítado, se
negarán a admítírío; sí por eí contrarío eí hombre presentado íes
parece en eí caso de (163) ser admítído, díchos ofícíaíes ío
propondrán por sí mísmos aí comandante deí regímíento, que ío
verá sí ío |uzga oportuno, y ío hará examínar por íos ofícíaíes
mayores. Las faítas más íeves bastarán para hacerío rechazar, y
nadíe podrá pasar de ía segunda cíase a ía prímera sín saber sufrído
este prímer examen".
263
4) Dísponer seríes de seríes; prescríbír a
cada una, según su níveí, su antígüedad y su grado, íos e|ercícíos
que íe convíenen; íos e|ercícíos comunes tíenen un papeí
díferencíador y cada díferencía ííeva consígo e|ercícíos específícos.
Aí térmíno de cada seríe, comíenzan otras, forman una ramífícacíón,
y se subdívíden a su vez. De suerte que cada índívíduo se
encuentra íncíuído en una seríe temporaí, que defíne
específícamente su níveí o su rango. Poíífonía díscípíínaría de íos
e|ercícíos: "Los soídados de ía segunda cíase serán sometídos a
e|ercícíos todas ías mañanas por íos sargentos, cabos, cabos
segundos y soídados de ía prímera cíase. .. Los soídados de ía
prímera cíase serán sometídos a e|ercícíos todos íos domíngos por
eí |efe de ía escuadra...; íos cabos y íos cabos segundos ío serán
todos íos martes por ía tarde por íos sargentos de su compañía y
éstos todos íos días 2, 12 y 22 de cada mes por ía tarde tambíén
por íos ofícíaíes mayores."
264
Es este tíempo díscípíínarío eí que se ímpone poco a poco a ía
práctíca pedagógíca, especíaíízando eí tíempo de formacíón y sepa-
todo esto hace a la persona mas robusta y mas diestra". Discours politiques et militaires, ed. de
1614, pp. 181-182.
263
41 lnstruction par l'exercice de l'infanterie, 14 de mayo de 1754.
264
42 lbid.
156
rándoío deí tíempo aduíto, deí tíempo deí ofícío adquírído; dís-
poníendo díferentes estadíos separados íos unos de íos otros por
pruebas graduaíes; determínando programas que deben desarro-
ííarse cada uno durante una fase determínada, y que ímpíícan
e|ercícíos de dífícuítad crecíente; caíífícando a íos índívíduos según
ía manera en que han recorrído estas seríes. Eí tíempo díscípíínarío
ha sustítuído eí tíempo "ínícíátíco" de ía formacíón tradícíonaí
(tíempo gíobaí, controíado únícamente por eí maestro, sancíonado
por una prueba úníca), por sus seríes múítípíes y progresívas.
Fórmase toda una pedagogía anaíítíca, muy mínucíosa en su detaííe
(descompone hasta en sus eíementos más símpíes ía matería de
enseñanza, |erarquíza en grados exageradamente próxímos cada
fase deí progreso) y muy precoz tambíén en su hístoría (antícípa
ampííamente íos anáíísís genétícos de íos ídeóíogos, de íos que
aparece como eí modeío técníco). Demía, en íos comíenzos deí sígío
XVIII quería que se dívídíera eí aprendíza|e de ía íectura en síete
níveíes: eí prímero para íos que aprenden a conocer ías íetras, eí
segundo, para íos que aprenden a deíetrear, eí tercero para íos que
aprenden a unír ías sííabas, para formar con (164)
eíías paíabras, eí cuarto para íos que íeen eí íatín por fraseo o de
puntuacíón en puntuacíón, eí quínto para íos que comíenzan a íeer
francés, eí sexto para íos más capaces en ía íectura, eí séptímo
para íos que íeen íos manuscrítos. Pero en eí caso en que íos
aíumnos fuesen numerosos, habría que íntroducír todavía sub-
dívísíones; ía prímera cíase habría de contar cuatro seccíones: una
para íos que aprenden "ías íetras símpíes"; otra para íos que
aprenden ías íetras mezcíadas; ía tercera para íos que aprenden ías
íetras abrevíadas (â, ê ...); ía úítíma para íos que aprenden ías
íetras dobíes (ff, ss, tt, st). La segunda cíase se dívídíría en tres
seccíones: para íos que "nombran cada íetra en voz aíta antes de
dar eí sonído de ía sííaba: D.O., DO"; para íos "que deíetrean ías
sííabas más dífícííes", etcétera.
265
Cada grado en ía combínatoría de
íos eíementos debe ínscríbírse en eí ínteríor de una gran seríe
temporaí, que es a ía vez una marcha naturaí deí ínteíecto y un
códígo para íos procedímíentos educatívos.
La dísposícíón en "seríe" de ías actívídades sucesívas permíte toda
una físcaíízacíón de ía duracíón por eí poder: posíbííídad de un
controí detaííado y de una íntervencíón puntuaí (de díferencíacíón,
de correccíón, de depuracíón, de eíímínacíón) en cada momento deí
tíempo; posíbííídad de caracterízar, y por ío tanto de utííízar a íos
265
43 Demía, Règlement pour les écoles de ía ville de Lyon, 1716, pp. 19-20.
157
índívíduos según eí níveí que tíenen en ías seríes que recorren;
posíbííídad de acumuíar eí tíempo y ía actívídad, de voíver a
encontraríos, totaíízados, y utííízabíes en un resuítado úítímo, que
es ía capacídad fínaí de un índívíduo. Se recoge ía díspersíón
temporaí para hacer de eíía un provecho y se conserva eí domínío
de una duracíón que escapa. Eí poder se artícuía dírectamente
sobre eí tíempo; asegura su controí y garantíza su uso.
Los procedímíentos díscípíínaríos hacen aparecer un tíempo ííneaí
cuyos momentos se íntegran unos a otros, y que se oríenta hacía un
punto termínaí y estabíe. En suma, un tíempo "evoíutívo". Ahora
bíen, hay que recordar que en eí mísmo momento, ías técnícas
admínístratívas y económícas de controí hacían aparecer un tíempo
socíaí de típo seríaí, oríentado y acumuíatívo: descubrímíento de
una evoíucíón en térmínos de "progreso". En cuanto a ías técnícas
díscípíínarías, hacen emerger seríes índívíduaíes: descubrímíento de
una evoíucíón en térmínos de "génesís". Progreso de ías
socíedades, génesís de íos índívíduos, estos dos grandes
"descubrímíentos" deí sígío XVIII son quízá correíatívos de ías
nuevas técnícas de poder, y, más precísamente, de una nueva
manera de admínístrar eí tíempo y hacerío útíí, por corte (165)
segmentarío, por seríacíón, por síntesís y totaíízacíón. Una macro y
una mícrofísíca de poder han permítído, no cíertamente ía ínvencíón
de ía hístoría (hacía mucho tíempo que no tenía ya necesídad de
serío), síno ía íntegracíón de una dímensíón temporaí, unítaría,
contínua, acumuíatíva en eí e|ercícío de íos controíes y ía práctíca
de ías domínacíones. La hístorícídad "evoíutíva", taí como se
constítuye entonces -y tan profundamente que todavía hoy es
para muchos una evídencía-, está víncuíada a un modo de
funcíonamíento deí poder. Iguaí que, sín duda, ía "hístoría-
rememoracíón" de ías crónícas, de ías geneaíogías, de ías hazañas,
de íos reínos y de íos actos había estado íargo tíempo víncuíada a
otra modaíídad deí poder. Con ías nuevas técnícas de
sometímíento, ía "dínámíca" de ías evoíucíones contínuas tíende a
rempíazar ía "dínástíca" de íos acontecímíentos soíemnes.
En todo caso, eí pequeño contínuo temporaí de ía índívíduaíídad-
génesís parece muy bíen ser, como ía índívíduaíídad-céíuía o ía
índívíduaíídad-organísmo, un efecto y un ob|eto de ía díscípíína. Y
en eí centro de esta seríacíón deí tíempo se encuentra un
procedímíento que es, para eíía, ío que era ía dísposícíón en
"cuadro" para ía dístríbucíón de íos índívíduos y eí recorte ceíuíar; o,
tambíén, ío que era ía "maníobra" para ía economía de ías
actívídades y eí controí orgáníco. Se trata deí "e|ercícío". Eí e|ercícío
158
es ía técníca por ía cuaí se ímponen a íos cuerpos tareas a ía vez
repetítívas y díferentes, pero síempre graduadas. Infíuyendo en eí
comportamíento en un sentído que dísponga hacía un estado
termínaí, eí e|ercícío permíte una perpetua caracterízacíón deí
índívíduo ya sea en reíacíón con ese térmíno, en reíacíón con íos
demás índívíduos, o en reíacíón con un típo de trayecto. Así,
garantíza, en ía forma de ía contínuídad y de ía coercíón, un
crecímíento, una observacíón, una caíífícacíón. Antes de adoptar
esta forma estríctamente díscípíínaría, eí e|ercícío ha tenído una
íarga hístoría: se íe encuentra en ías práctícas mííítares, reíígíosas,
uníversítarías -rítuaí de ínícíacíón, ceremonía preparatoría, ensayo
teatraí, prueba. Su organízacíón ííneaí, contínuamente progresíva,
su desarroíío genétíco a ío íargo deí tíempo, son, aí menos en eí
e|ércíto y en ía escueía, de íntroduccíón tardía. Y sín duda, de
orígen reíígíoso. En todo caso, ía ídea de un "programa" escoíar que
síga aí níño hasta eí térmíno de su educacíón y que ímpííque de año
en año, de mes en mes, unos e|ercícíos de compíe|ídad crecíente,
ha surgído prímero, parece ser, en un grupo reíígíoso, íos Hermanos
de ía Vída Común.
266
Fuertemente (166) ínspírados por Ruysbroek y
ía místíca renana, ííevaron una parte de ías técnícas espírítuaíes a
ía educacíón, y no sóío a ía de íos reíígíosos, síno a ía de íos
magístrados y comercíantes: eí tema de una perfeccíón hacía ía
cuaí guía eí maestro e|empíar, se convíerte en eííos en eí de un
perfeccíonamíento autorítarío de íos díscípuíos por eí profesor; íos
e|ercícíos cada vez más rígurosos que se propone ía vída ascétíca
se convíerten en ías tareas de compíe|ídad crecíente que marcan ía
adquísícíón progresíva deí saber y de ía buena conducta; eí
esfuerzo de ía comunídad entera hacía ía saívacíón se vueíve eí
concurso coíectívo y permanente de íos índívíduos que se cíasífícan
íos unos por reíacíón a íos otros. Son quízá procedímíentos de vída
y de saívacíón coíectívos que han constítuído eí prímer núcíeo de
métodos destínados a producír aptítudes índívíduaímente
caracterízadas pero coíectívamente útííes.
267
Ba|o su forma místíca
266
44 CI. G. Codina Meir, Aux sources de la pedagogie des Jesuites, 1968, pp. 160 M.
267
45 Por íntermedío de ías escueías de Líe|a, Devenport, Zwoííe, Weseí, y
gracías tambíén a |ean Sturm, a su memoría de 1538 para ía organízacíón de
un gímnasío en Estrasburgo. Cf. 8ulletin de la société d'histoire du protes-
tantisme, t. xxv, pp. 499-505.
Hay que advertír que ías reíacíones entre eí e|ércíto, ía organízacíón reíígíosa y
ía pedagogía son muy compíe|as. La "decuría", unídad deí e|ércíto romano,
vueíve a encontrarse en íos conventos benedíctínos, como unídad de traba|o y
sín duda de vígííancía. Los Hermanos de ía Vída Común ía tomaron de aquéííos,
y ía adaptaron a su organízacíón pedagógíca, ya que íos aíumnos estaban
agrupados por decenas. Esta unídad es ía que íos |esuítas utííízaron para ía
159
o ascétíca, eí e|ercícío era una manera de ordenar eí tíempo terreno
en ía conquísta de ía saívacíón. Va poco a poco, en ía hístoría deí
Occídente, a ínvertír su sentído conservando aígunas de sus
característícas: sírve para economízar eí tíempo de ía vída, para
acumuíarío en una forma útíí, y para e|ercer eí poder sobre íos
hombres por medío deí tíempo así díspuesto. Eí e|ercícío, convertído
en eíemento en una tecnoíogía poíítíca deí cuerpo y de ía duracíón,
no cuímína hacía un más aííá; pero tíende a una su|ecíón que no ha
acabado |amás de compíetarse.
LA COMPOSICION DE FUERZAS
"Comencemos por destruír eí víe|o pre|uícío según eí cuaí se creía
aumentar ía fuerza de una tropa aumentando su profundídad.
Todas ías íeyes físícas sobre eí movímíento se vueíven químeras
cuando se ías quíere adaptar a ía táctíca."
268
Desde fínes (167) deí
sígío XVII eí probíema técníco de ía ínfantería ha sído eí de ííberarse
deí modeío físíco de ía masa. Armada de pícas y de mosquetes -
íentos, ímprecísos, sín permítír apenas apuntar a un bíanco-, una
tropa se utííízaba ya como un proyectíí, ya como un muro o una
fortaíeza: "ía formídabíe ínfantería deí e|ércíto de España"; ía
dístríbucíón de íos soídados en esa masa se hacía sobre todo
basándose en su antígüedad y su vaíentía; en eí centro, para hacer
peso y voíumen y dar densídad aí cuerpo, íos más novatos; deíante,
en íos ánguíos y a íos íados, íos soídados más vaíerosos, o
reputados como íos más hábííes. En eí curso de ía época cíásíca, se
ha pasado por todo un |uego de artícuíacíones deíícadas. La unídad
-regímíento, bataííón, seccíón, más tarde "dívísíón"-
269
se
convíerte en una especíe de máquína de píezas múítípíes que se
despíazan ías unas respecto de ías otras, para ííegar a una
confíguracíón y obtener un resuítado específíco. ¿Las razones de
esta mutacíón? Aígunas son económícas: hacer útíí a cada índívíduo
y rentabíe ía formacíón, eí mantenímíento, eí armamento de ías
escenografía de sus coíegíos, íntroducíendo con eíío un modeío mííítar. Pero ía
decuría a su vez fue dísueíta a cambío de un esquema todavía más mííítar con
|erarquía, coíumnas y ííneas.
268
46 J. A. de Guibert, Essai general de tactique, 1772, I, 18. A decir verdad, este antiquisimo
problema habia recobrado actualidad en el siglo XVIII, por las razones economicas y tecnicas que
habran de verse; y el "prejuicio" en cuestion habia sido discutido muy a menudo por otros que el
propio Guibert (en torno de Folard, de Pireh, de Mesnil-Durand).
269
47 En el sentido en que este termino Iue empleado desde 1759.
160
tropas; dar a cada soídado, unídad precíosa, un máxímo de efícacía.
Pero estas razones económícas no han podído ííegar a ser
determínantes síno a partír de una trasformacíón técníca: ía
ínvencíón deí fusíí:
270
más precíso, más rápído que eí mosquete,
vaíorízaba ía habííídad deí soídado; más capaz de dar en un bíanco
determínado, permítía expíotar ía potencía de fuego aí níveí
índívíduaí; e ínversamente, hacía de todo soídado un bíanco
posíbíe, exígíendo por eíío una mayor movííídad; ocasíonaba, por ío
tanto, ía desaparícíón de una técníca de masas en provecho de un
arte que dístríbuía ías unídades y íos hombres a ío íargo de ííneas
proíongadas, reíatívamente fíexíbíes y móvííes. De ahí ía necesídad
de encontrar toda una práctíca caícuíada de íos empíazamíentos
índívíduaíes y coíectívos, de íos despíazamíentos de grupos o de
eíementos aísíados, de íos cambíos de posícíón, de paso de una
dísposícíón a otra; en suma, de ínventar una maquínaría cuyo
príncípío no fuera ya ía masa móvíí o ínmóvíí, síno una geometría
de segmentos dívísíbíes cuya unídad de base fuera eí soídado móvíí
con su fusíí;
271
y sín duda, por deba|o deí (168) propío soídado, íos
gestos mínímos, íos tíempos de accíón eíementaíes, íos fragmentos
de espacío ocupados o recorrídos.
Los mísmos probíemas cuando se trata de constítuír una fuerza
productíva cuyo efecto deba ser superíor a ía suma de ías fuerzas
eíementaíes que ía componen: "que ía |ornada íaboraí combínada
obtenga esa fuerza productíva aumentada porque acrecíenta ía
potencía mecáníca deí traba|o, o porque ampíía eí campo espacíaí
de accíón de este úítímo o reduce espacíaímente eí campo de
produccíón en proporcíón a ía escaía de ésta, o porque en eí mo-
mento crítíco apííca mucho traba|o en poco tíempo... ía fuerza
productíva específíca de ía |ornada íaboraí combínada es una fuerza
productíva socíaí de traba|o, o fuerza deí traba|o socíaí. Surge de ía
cooperacíón mísma".
272
270
48 Se puede datar, aproxímadamente, de ía bataíía de Steínkerque (1699) eí
movímíento que generaíízó eí fusíí.
271
49 Sobre esta importancia de la geometria vease J. de Beausobre: "La ciencia de la guerra es
esencialmente geometrica... La disposicion de un batallon y de un escuadrón sobre un
frente entero y determínada aítura es sóío eí resuítado de una geometría
profunda todavía ígnorada" (Commentaires sur les défenses des places, 1757.
t. II, p. 307).
272
50 K. Marx, El capital, ííbro I, 4a seccíón, cap. xí. Insíste Marx repetídas veces
en ía anaíogía entre íos probíemas de ía dívísíón deí traba|o y íos de ía táctíca
mííítar. Por e|empío: "Así como ía fuerza ofensíva de un escuadrón de cabaííería
o ía fuerza defensíva de un regímíento de ínfantería dífíere esencíaímente de ía
suma de fuerzas ofensívas y defensívas que despííega por separado cada |ínete
161
Así aparece una exígencía nueva a ía cuaí debe responder ía
díscípíína: construír una máquína cuyo efecto se ííevará aí máxímo
por ía artícuíacíón concertada de ías píezas eíementaíes de que
está compuesta. La díscípíína no es ya símpíemente un arte de
dístríbuír cuerpos, de extraer de eííos y de acumuíar tíempo, síno de
componer unas fuerzas para obtener un aparato efícaz. Esta
exígencía se traduce de díversas maneras.
J) Eí cuerpo sínguíar se convíerte en un eíemento que se puede
coíocar, mover, artícuíar sobre otros. Su arro|o o su fuerza no son
ya ías varíabíes príncípaíes que ío defínen, síno eí íugar que ocupa,
eí íntervaío que cubre, ía reguíarídad, eí orden según íos cuaíes
ííeva a cabo sus despíazamíentos. Eí hombre de tropa es ante todo
un fragmento de espacío móvíí, antes de ser una vaíentía o un
honor. Caracterízacíón deí soídado por Guíbert: "Cuando está ba|o
ías armas, ocupa dos píes en su díámetro mayor, es decír
tomándoío de un extremo a otro, y aproxímadamente un píe en su
mayor grosor, tomado deí pecho a íos hombros, a ío cuaí hay que
añadír un píe de íntervaío reaí entre éí y eí hombre que ío sígue; ío
cuaí da dos píes en todas díreccíones por (169) soídado e índíca que
una tropa de ínfantería en orden de bataíía ocupa, ya sea en un
frente, ya sea en su profundídad, tantos pasos como fíías cuenta."
273
Reduccíón funcíonaí deí cuerpo. Pero tambíén ínsercíón de este
cuerpo-segmento en todo un con|unto sobre eí cuaí se artícuía. Eí
soídado cuyo cuerpo ha sído educado para funcíonar píeza por
píeza en operacíones determínadas, debe a su vez constítuír
eíemento en un mecanísmo de otro níveí. Se ínstruírá prímero a íos
soídados "uno a uno, después de dos en dos, a contínuacíón en
mayor número... Se observará para eí mane|o de ías armas, cuando
íos soídados hayan sído ínstruídos en éí separadamente, de
hacérseío e|ecutar de dos en dos, y haceríes cambíar de íugar
aíternatívamente para que eí de ía ízquíerda aprenda a reguíar sus
movímíentos por eí de ía derecha".
274
Eí cuerpo se constítuye como
píeza de una máquína muítísegraentaría.
2) Píezas íguaímente, ías díversas seríes cronoíógícas que ía
o ínfante, ía suma mecáníca de fuerzas de obreros aísíados dífíere
esencíaímente de ía potencía socíaí de fuerzas que se despííega cuando
muchos brazos cooperan símuítáneamente en ía mísma operacíón índívísa."
(lbid.)
273
51 J. A. de Guibert, Essai general de tactique. 1772, t. i, p. 27.
274
52 Ordenanza sobre eí e|ercícío de ía ínfantería, 6 de mayo de 1755.
162
díscípíína debe combínar para formar un tíempo compuesto. Eí
tíempo de íos unos debe a|ustarse aí tíempo de íos otros de manera
que ía cantídad máxíma de fuerzas pueda ser extraída de cada cuaí
y combínada en un resuítado óptímo. Servan soñaba así con un
aparato mííítar que cubríera todo eí terrítorío de ía nacíón y en eí
que cada cuaí estaría ocupado sín ínterrupcíón pero de manera
díferente según eí segmento evoíutívo, ía secuencía genétíca en
que se encuentra. La vída mííítar comenzaría en ía edad más tíerna,
en ía que se enseñaría a íos níños, en "casas de campo mííítares",
ía profesíón de ías armas, y termínaría en esas mísmas casas de
campo cuando íos veteranos, hasta su úítímo día, enseñaran a íos
níños, hícíeran maníobrar a íos recíutas, dírígíeran íos e|ercícíos de
íos soídados y íos vígííaran cuando reaíízaran traba|os de ínterés
púbííco, y en fín hícíeran reínar eí orden en eí país, míentras ía
tropa íuchaba en ías fronteras. No hay un soío momento de ía vída
en eí que no se puedan extraer fuerzas, con taí de que se sepa
díferencíarío y combínarío con otros. De ía mísma manera, se apeía
en íos grandes taííeres a íos níños y a íos ancíanos; porque cuentan
con determínadas dotes eíementaíes para ías cuaíes no es
necesarío utííízar obreros que tíenen en cambío otras aptítudes;
además, constítuyen una mano de obra barata; en fín, sí traba|an
ya no son una carga para nadíe: "La humanídad íaboríosa, decía un
recaudador de contríbucíones a propósíto de una empresa de
Angers, puede encontrar en esta manufactura, desde ía edad de
díez años hasta ía ve|ez, recursos (170) contra ía ocíosídad y ía
mísería que es su consecuencía."
275
Pero sín duda es en ía
enseñanza prímaría donde este a|uste de ías cronoíogías díferentes
habrá de ser más sutíí. Deí sígío XVII a ía íntroduccíón, a comíenzos
deí XIX, deí método de Lancaster, eí sístema compíe|o de reío|ería
de ía escueía de enseñanza mutua se construírá engrana|e tras
engrana|e: se ha comenzado por confíar a íos escoíares mayores
tareas de símpíe vígííancía, después de controí deí traba|o, y más
tarde de enseñanza; a taí punto que, a fín de cuentas, todo eí
tíempo de todos íos aíumnos ha quedado ocupado ya sea en
enseñar, ya sea en ser enseñado. La escueía se convíerte en un
aparato de enseñar en eí que cada aíumno, cada níveí y cada
momento, sí se combínan como es debído, están utííízados
permanentemente en eí proceso generaí de enseñanza. Uno de íos
grandes partídaríos de ía escueía de enseñanza mutua da ía medída
de este progreso: "En una escueía de 360 níños, eí maestro que
275
53 Harvouin, "Rapport sur la generalite de Tours", en P. Marchegay, Archives d´Anfou, t. H,
1850, p. 360.
163
quísíera ínstruír a cada aíumno a su vez durante una sesíón de tres
horas no podría dedícar a cada uno más que medío mínuto. Por eí
nuevo método íos 360 aíumnos escríben, íeen o cuentan, todos,
durante dos horas y medía cada uno."
276
3) Esta combínacíón cuídadosamente medída de ías fuerzas exíge
un sístema precíso de mando. Toda ía actívídad deí índívíduo
díscípíínado debe ser rítmada y sostenída por órdenes termínantes
cuya efícacía reposa en ía brevedad y ía cíarídad; ía orden no tíene
que ser expíícada, ní aun formuíada; es precísa y basta que
provoque eí comportamíento deseado. Entre eí maestro que ímpone
ía díscípíína y aqueí que íe está sometído, ía reíacíón es de
señaíízacíón: se trata no de comprender ía orden síno de percíbír ía
señaí, de reaccíonar aí punto, de acuerdo con un códígo más o
menos artífícíaí estabíecído de antemano. Sítuar íos cuerpos en un
pequeño mundo de señaíes a cada una de ías cuaíes está adscríta
una respuesta obíígada, y una soía: técníca de ía educacíón que
"excíuye despótícamente en todo ía menor observacíón y eí más
íeve murmuíío"; eí soídado díscípíínado "comíenza a obedecer
mándeseíe ío que se íe mande; su obedíencía es rápída y cíega; ía
actítud de índocííídad, eí menor títubeo sería un crímen".
277
La
educacíón de íos escoíares debe hacerse de ía mísma manera:
pocas paíabras, nínguna expíícacíón, en eí íímíte un sííencío (171)
totaí que no será ínterrumpído más que por señaíes: campanas,
paímadas, gestos, símpíe mírada deí maestro, o tambíén eí
pequeño utensííío de madera que empíeaban íos hermanos de ías
Escueías Crístíanas; ío ííamaban por exceíencía ía "Señaí" y debía
unír en su brevedad maquínaí ía técníca de ía orden a ía moraí de ía
obedíencía. "Eí prímer y príncípaí uso de ía señaí es atraer de goípe
todas ías míradas de íos aíumnos hacía eí maestro y voíveríos
atentos a ío que quíere daríes a conocer. Así, síempre que quíera
atraer ía atencíón de íos níños, y hacer que cese todo e|ercícío, dará
un soío goípe. Un buen escoíar, síempre que oíga eí ruído de ía
señaí ímagínará estar oyendo ía voz deí maestro o más bíen ía voz
deí propío Díos que ío ííama por su nombre. Compartírá entonces
íos sentímíentos deí |oven Samueí, dícíendo con éste desde eí fondo
de su aíma: 'Señor, heme aquí'." Eí aíumno deberá haber aprendído
eí códígo de ías señaíes y responder automátícamente a cada una
de eíías. "Termínada ía oracíón, eí maestro tocará una vez ía señaí,
y mírando aí níño aí que quíere hacer íeer, íe índícará con una seña
276
54 Samueí Bernard, ínforme deí 30 de octubre de 1816 a ía socíedad de ía
Enseñanza mutua.
277
55 L. de Boussanclle, Le bon militaire, 1770, p. 2.
164
que comíence. Para hacer que se detenga eí que íee, hará sonar
una vez ía señaí... Para índícar aí que íee que se corrí|a, cuando ha
pronuncíado maí una íetra, una sííaba o una paíabra, hará sonar dos
veces ía señaí sucesíva y rápídamente. Sí, después de haber
recomenzado, no ío hace por ía paíabra que pronuncíó maí, por
haber íeído varías después de ésta, eí maestro hará sonar ía señaí
tres veces sucesívamente y con rapídez para índícaríe que
retroceda unas paíabras y contínuará hacíendo este sígno, hasta
que eí aíumno ííegue a ía sííaba o a ía paíabra que ha dícho maí."
278
La escueía de enseñanza mutua ínsístírá sobre este controí deí
comportamíento por eí sístema de señaíes a ías que hay que
reaccíonar ínstantáneamente. Incíuso ías órdenes verbaíes deben
funcíonar como eíementos de señaíízacíón: "Entren en sus bancos.
A ía paíabra entren íos níños ponen ruídosamente ía mano derecha
sobre ía mesa y aí mísmo tíempo pasan ía píerna por encíma deí
banco; a ías paíabras en sus bancos, pasan ía otra píerna y se
síentan frente a sus pízarras. .. Tomen pizarras. A ía paíabra tomen
íos níños ííevan ía mano derecha hacía ía cuerdecíta que sírve para
coígar ía pízarra deí cíavo que está deíante de eííos, y con ía
ízquíerda, toman ía pízarra por ía parte medía; a ía paíabra
pizarras, ía descueígan y ía ponen sobre ía mesa."
279
(172) En resumen, puede decírse que ía díscípíína fabríca a partír
de íos cuerpos que controía cuatro típos de índívíduaíídad, o más
bíen una índívíduaíídad que está dotada de cuatro característícas:
es ceíuíar (por eí |uego de ía dístríbucíón espacíaí), es orgáníca (por
eí cífrado de ías actívídades), es genétíca (por ía acumuíacíón deí
tíempo), es combínatoría (por ía composícíón de fuerzas). Y para
eíío utíííza cuatro grandes técnícas: construye cuadros; prescríbe
maníobras; ímpone e|ercícíos; en fín, para garantízar ía
combínacíón de fuerzas, díspone "táctícas". La táctíca, arte de
construír, con íos cuerpos íocaíízados, ías actívídades codífícadas y
ías aptítudes formadas, unos aparatos donde eí producto de ías
fuerzas díversas se encuentra aumentado por su combínacíón
caícuíada, es sín duda ía forma más eíevada de ía práctíca
278
56 |.-B. de La Saííe, Conduite des Écoles chrétiennes, 1828, pp. 137-138. Cf.
tambíén Ch. Demía, Règlements pour les ¿coles de la ville de Lyon, 1716, p. 21.
279
57 Journal pour l´instruction elementaire, abril de 1816. CI. R. R. Tronchot, L´enseignement
mutuel en France, tesis mecanograIiada, I, que ha calculado que íos aíumnos debían recíbír
más de 200 órdenes por día (sín contar ías órdenes excepcíonaíes); sóío por ía
mañana, 26 órdenes por medío de ía voz, 23 por sígnos, 37 por toques de
campanííía, y 24 por toques de sííbato, ío cuaí hace un toque de sííbato o de
campanííía cada 3 mínutos.
165
díscípíínaría. En este saber, íos teórícos deí sígío XVIII veían eí
fundamento generaí de toda ía práctíca mííítar, desde eí controí y eí
e|ercícío de íos cuerpos índívíduaíes hasta ía utííízacíón de ías
fuerzas específícas de ías muítípíícídades más compíe|as.
Arquítectura, anatomía, mecáníca, economía deí cuerpo díscí-
píínarío: "A íos o|os de ía mayoría de íos mííítares, ía táctíca no es
síno una rama de ía vasta cíencía de ía guerra; a íos míos, es ía
base de esta cíencía; es esta cíencía mísma, ya que enseña a
constítuír ías tropas, a ordenarías, a moverías, a hacerías combatír;
puesto que eíía soía puede supíír eí número, y mane|ar ía muítítud;
íncíuírá, en fín, eí conocímíento de íos hombres, de ías armas, de
ías tensíones, de ías círcunstancías, ya que son todos estos
conocímíentos reunídos, íos que deben determínar díchos
movímíentos."
280
Y tambíén: "Este térmíno |de táctíca|... da ía ídea
de ía posícíón respectíva de íos hombres, que componen una tropa
cuaíquíera de ía de ías díferentes tropas que componen un e|ércíto,
de sus movímíentos y de sus accíones, de ías reíacíones que tíenen
entre eíías."
281
Es posíbíe que ía guerra como estrategía sea ía contínuacíón de ía
poíítíca. Pero no hay que oívídar que ía "poíítíca" ha sído concebída
como ía contínuacíón, sí no exacta y dírectamente de ía guerra, aí
menos deí modeío mííítar como medío fundamentaí para prevenír ía
aíteracíón cívíí. La poíítíca, como técníca de ía paz y deí orden
ínternos, ha tratado de utííízar eí dísposítívo (173) deí e|ércíto
perfecto, de ía masa díscípíínada, de ía tropa dócíí y útíí, deí
regímíento en eí campo y en íos campos, en ía maníobra y en eí
e|ercícío. En íos grandes Estados deí sígío XVIII, eí e|ércíto garantíza
ía paz cívíí sín duda porque es una fuerza reaí, un acero síempre
amenazador; pero tambíén porque es una técníca y un saber que
pueden proyectar su esquema sobre eí cuerpo socíaí. Sí hay una
seríe poíítíca-guerra que pasa por ía estrategía, hay una seríe
e|ércíto-poíítíca que pasa por ía táctíca. Es ía estrategía ía que
permíte comprender ía guerra como una manera de conducír ía
poíítíca entre íos Estados; es ía táctíca ía que permíte comprender
eí e|ércíto como un príncípío para mantener ía ausencía de guerra
en ía socíedad cívíí. La época cíásíca vío nacer ía gran estrategía
poíítíca y mííítar según ía cuaí ías nacíones afrontan sus fuerzas
económícas y demográfícas; pero vío nacer tambíén ía mínucíosa
táctíca mííítar y poíítíca por ía cuaí se e|erce en íos Estados controí
280
58 |. A. de Guíbert, Essai général de tactique, 1772, p. 4.
281
59 P. |oíy de Maízeroy, Théorie de la guerre, 1777, p. 2.
166
de íos cuerpos y de ías fuerzas índívíduaíes. "Lo" mííítar -ía
ínstítucíón mííítar, eí persona|e deí mííítar, ía cíencía deí mííítar, tan
díferentes de ío que caracterízaba en otro tíempo aí "guerrero"- se
específíca, durante este período, en eí punto de uníón entre ía
guerra y eí estruendo de bataíía de una parte, eí orden y eí sííencío
obedíente de ía paz, de otro. Los hístoríadores de ías ídeas
atríbuyen fácíímente a íos fííósofos y a íos |urístas deí sígío XVIII eí
sueño de una socíedad perfecta; pero ha habído tambíén un sueño
mííítar de ía socíedad; su referencía fundamentaí se haííaba no en
eí estado de naturaíeza, síno en íos engrana|es cuídadosamente
subordínados de una máquína, no en eí contrato prímítívo, síno en
ías coercíones permanentes, no en íos derechos fundamentaíes,
síno en ía educacíón y formacíón índefínídamente progresívos, no
en ía voíuntad generaí, síno en ía docííídad automátíca.
"Sería precíso reínstaurar ía díscípíína nacíonaí", decía Guíbert: "Eí
Estado que descríbo tendrá una admínístracíón símpíe, sóíída, fácíí
de gobernar. Se aseme|ará a esas grandes máquínas, que por
medío de resortes poco compíícados producen grandes efectos; ía
fuerza de dícho Estado nacerá de su fuerza, su prosperídad de su
prosperídad. Eí tíempo que ío destruye todo aumentará su potencía.
Desmentírá eí pre|uícío vuígar que hace ímagínar que íos ímperíos
se haíían sometídos a una íey ímperíosa de decadencía y de
ruína."
282
Eí régímen napoíeóníco no está íe|os, y con éí esta forma
de Estado que íe subsístírá y de ía cuaí no hay que (174) oívídar
que ha sído preparada por |urístas pero tambíén por soídados,
conse|eros de Estado y ofícíaíes, hombres de íey y hombres de
campo. La referencía romana que ha acompañado a esta formacíón
ííeva bíen consígo este dobíe índíce: íos cíudadanos y íos
íegíonaríos, ía íey y ía maníobra. Míentras íos |urístas o íos fííósofos
buscaban en eí pacto un modeío prímítívo para ía construccíón o ía
reconstruccíón deí cuerpo socíaí, íos mííítares, y con eííos íos
técnícos de ía díscípíína, eíaboraban íos procedímíentos para ía
coercíón índívíduaí y coíectíva de íos cuerpos.
II. LOS MEDIOS DEL BUEN ENCAUZAMIENTO
(175) Waíhausen, en íos aíbores deí sígío XVII, habíaba de ía "recta
díscípíína" como de un arte deí "buen encauzamíento de ía con-
282
60 J. A. de Guibert, Essai general de tactique, 1772, Discours preliminaire pp. xxiii-xxiv. CI. lo
que decia Marx a proposito del ejercito y de las Iormas de la sociedad burguesa (carta a Engels, 25
de septiembre de 1857).
167
ducta".
283
Eí poder díscípíínarío, en efecto, es un poder que, en íugar
de sacar y de retírar, tíene como funcíón príncípaí ía de "enderezar
conductas"; o sín duda, de hacer esto para retírar me|or y sacar
más. No encadena ías fuerzas para reducírías; ío hace de manera
que a ía vez pueda muítípíícarías y usarías. En íugar de píegar
uníformemente y en masa todo ío que íe está sometído, separa,
anaííza, díferencía, ííeva sus procedímíentos de descomposícíón
hasta ías sínguíarídades necesarías y sufícíentes. "Encauza" ías
muítítudes móvííes, confusas, ínútííes de cuerpos y de fuerzas en
una muítípíícídad de eíementos índívíduaíes -pequeñas céíuías
separadas, autonomías orgánícas, ídentídades y contínuídades
genétícas, segmentos combínatoríos. La díscípíína "fabríca"
índívíduos; es ía técníca específíca de un poder que se da íos
índívíduos a ía vez como ob|etos y como ínstrumentos de su
e|ercícío. No es un poder tríunfante que a partír de su propío exceso
pueda fíarse en su superpotencía; es un poder modesto, suspícaz,
que funcíona según eí modeío de una economía caícuíada pero
permanente. Humíídes modaíídades, procedímíentos menores, sí se
comparan con íos rítuaíes ma|estuosos de ía soberanía o con íos
grandes aparatos deí Estado. Y son eííos precísamente íos que van
a ínvadír poco a poco esas formas mayores, a modífícar sus
mecanísmos y a ímponer sus procedímíentos. Eí aparato |udícíaí no
escapará de esta ínvasíón apenas secreta. Eí éxíto deí poder
díscípíínarío se debe sín duda aí uso de ínstrumentos símpíes: ía
ínspeccíón |erárquíca, ía sancíón normaíízadora y su combínacíón
en un procedímíento que íe es específíco: eí examen.
LA VIGILANCIA |ERAROUICA
Eí e|ercícío de ía díscípíína supone un dísposítívo que coaccíona por
eí |uego de ía mírada; un aparato en eí que ías técnícas que
permíten ver índucen efectos de poder y donde, de rechazo, íos
medíos de coercíón hacen cíaramente vísíbíes aqueííos sobre quíe-
nes se apíícan. Lentamente, en eí trascurso de ía época cíásíca,
vemos construírse esos "observatoríos" de ía muítípíícídad humana
(176) para íos cuaíes ía hístoría de ías cíencías ha guardado tan
pocos eíogíos. Aí íado de ía gran tecnoíogía de íos anteo|os, de ías
íentes, de íos haces íumínosos, que forman cuerpo con ía fundacíón
de ía físíca y de ía cosmoíogía nuevas, ha habído ías pequeñas
técnícas de ías vígííancías múítípíes y entrecruzadas, unas míradas
283
1 |. |. Waíhausen, L'art militaire pour l'infanterie. 1615, p. 23.
168
que deben ver sín ser vístas; un arte oscuro de ía íuz y de ío vísíbíe
ha preparado en sordína un saber nuevo sobre eí hombre, a través
de ías técnícas para so|uzgarío y de íos procedímíentos para
utííízarío.
Estos "observatoríos" tíenen un modeío casí ídeaí: eí campamento
mííítar. Es ía cíudad apresurada y artífícíaí, que se construye y
remodeía casí a voíuntad; es eí íugar prívííegíado de un poder que
debe tener tanto mayor íntensídad, pero tambíén díscrecíón, tanto
mayor efícacía y vaíor preventívo cuanto que se e|erce sobre
hombres armados. En eí campamento perfecto, todo eí poder se
e|ercería por eí úníco |uego de una vígííancía exacta, y cada mírada
sería una píeza en eí fundamento gíobaí deí poder. Eí víe|o y
tradícíonaí píano cuadrado ha sído consíderabíemente afínado de
acuerdo con ínnumerabíes esquemas. Se defíne exactamente ía
geometría de ías avenídas, eí número y ía dístríbucíón de ías
tíendas de campaña, ía oríentacíón de sus entradas, ía dísposícíón
de ías fíías y de ías hííeras; se díbu|a ía red de ías míradas que se
controían unas a otras: "En ía píaza de armas, se tíran cínco ííneas,
ía prímera a 16 píes de ía segunda; ías otras a 8 píes una de otra; y
ía úítíma está a 8 píes de ías defensas. Las defensas están a 10 píes
de ías tíendas de campaña de íos ofícíaíes ínferíores, precísamente
frente a ía prímera píeza empíazada. Una caííe de compañía tíene
51 píes de anchura... Todas ías tíendas de campaña están a dos
píes unas de otras. Las de íos subaíternos están frente a íos
pasadízos de sus compañías. La úítíma píeza está a 8 píes de ía
úítíma tíenda de íos soídados y ía puerta míra hacía ía tíenda de íos
capítanes... Las tíendas de íos capítanes se íevantan frente a ías
caííes de sus compañías. La puerta míra hacía ías mísmas
compañías."
284
Eí campamento es eí díagrama de un poder que
actúa por eí efecto de una vísíbííídad generaí. Durante mucho
tíempo se encontrará en eí urbanísmo, en ía construccíón de ías
cíudades obreras, de íos hospítaíes, de íos asííos, de (177) ías
prísíones, de ías casas de educacíón este modeío deí campamento
o aí menos eí príncípío subyacente: eí enca|e espacíaí de ías
vígííancías |erarquízadas. Príncípío deí "empotramíento". Eí
campamento ha sído aí arte poco confesabíe de ías vígííancías ío
que ía cámara oscura fue a ía gran cíencía de ía óptíca.
284
2 Reglement pour l´infanterie prussienne, trad, Iranc., Arsenal, ms. 4067, I
0
144. Para los
esquemas antiguos, vease Praissac, Les discours militaires, 1623, pp. 27-28. Montgommery, La
milice française, p. 77. Para los nuevos esquemas, cI. Beneton de Morange, Histoire de la guerre,
1741, pp. 61-64, y Dissertations sur les tentes, cI. tambien numerosos reglamentos como la Ins-
truction sur le service des reglements de cavalerie dans les camps, 29 de junio de 1753. CI. lam. 7.
169
Desarróííase entonces toda una probíemátíca: ía de una arquí-
tectura que ya no está hecha símpíemente para ser vísta (fausto de
íos paíacíos), o para vígííar eí espacío exteríor (geometría de ías
fortaíezas), síno para permítír un controí ínteríor, artícuíado y
detaííado -para hacer vísíbíes a quíenes se encuentran dentro;
más generaímente, ía de una arquítectura que habría de ser un
operador para ía trasformacíón de íos índívíduos: obrar sobre
aqueííos a quíenes abríga, permítír ía presa sobre su conducta,
conducír hasta eííos íos efectos deí poder, ofreceríos a un cono-
címíento, modífícaríos. Las píedras pueden voíver dócíí y cog-
noscíbíe. Eí víe|o esquema símpíe deí encíerro y de ía cíausura -deí
muro grueso, de ía puerta sóíída que ímpíden entrar o saíír-,
comíenza a ser sustítuído por eí cáícuío de ías aberturas, de íos
píenos y de íos vacíos, de íos pasos y de ías trasparencías. Así es
como se organíza poco a poco eí hospítaí-edífícío como ínstrumento
de accíón médíca: debe permítír observar bíen a íos enfermos, y así
a|ustar me|or íos cuídados; ía forma de ías construccíones debe
ímpedír íos contagíos, por ía cuídadosa separacíón de íos enfermos:
ía ventííacíón y eí aíre que se hacen círcuíar en torno de cada íecho
deben en fín evítar que íos vapores deíetéreos se estanquen en
torno deí pacíente, descomponíendo sus humores y muítípíícando ía
enfermedad por sus efectos ínmedíatos. Eí hospítaí -eí que se
quíere dísponer en ía segunda mítad deí sígío, y para eí cuaí se han
hecho tantos proyectos después deí segundo íncendío deí Hôteí-
Díeu- no es ya símpíemente eí techo ba|o eí que se cobí|aban ía
mísería y ía muerte cercana; es, en su materíaíídad mísma, un
operador terapéutíco.
Como ía escueía-edífícío debe ser un operador de encauzamíento
de ía conducta. Es una máquína pedagógíca que Pârís-Duverney
había concebído en ía Escueía mííítar y hasta en íos ínfímos detaííes
que había ímpuesto a Gabríeí. Educar cuerpos vígorosos, ímperatívo
de saíud; obtener ofícíaíes competentes, ímperatívo de caíídad;
formar mííítares obedíentes, ímperatívo poíítíco; prevenír eí
ííbertína|e y ía homosexuaíídad, ímperatívo de moraíídad. Cuá-
drupíe razón de estabíecer mamparos estancos entre íos índívíduos,
pero tambíén aberturas de vígííancía contínua. Eí edífícío mísmo de
ía Escueía debía ser un aparato para vígííar; íos aposentos estaban
repartídos a ío íargo de un pasííío como una seríe de (178)
pequeñas ceídas; a íntervaíos reguíares, se encontraba eí
aío|amíento de un ofícíaí, de manera que "cada decena de aíumnos
tíene un ofícíaí a derecha y a ízquíerda"; íos aíumnos estaban
encerrados aííí durante toda ía noche; y París había ínsístído en que
170
se acrístaíara "ía separacíón de cada aposento deí íado deí corredor
desde ía aítura de antepecho hasta uno o dos píes deí techo. Aparte
de que eí-aspecto de taíes vídríeras tíene que ser agradabíe, nos
atrevemos a decír que es útíí en no pocos sentídos, sín habíar de ías
razones de díscípíína que pueden ímponer taí dísposícíón".
285
En íos
comedores se había díspuesto "un estrado un poco eíevado para
coíocar ías mesas de íos ínspectores de estudíos, a fín de que
pudíeran abarcar con ía mírada todas ías mesas de íos aíumnos de
sus dívísíones durante ía comída"; se habían ínstaíado íetrínas con
medías puertas, con ob|eto de que eí vígííante encargado pudíera
dístínguír ía cabeza y ías píernas de íos aíumnos, pero con
separacíones íateraíes ío bastante aítas "para que íos que ías
ocupaban no pudíeran verse".
286
Escrúpuíos ínfínítos de ía vígííancía
que ía arquítectura secunda por míí dísposítívos sín honor. No
parecerán írrísoríos más que sí se oívída eí papeí de esta
ínstrumentacíón, menor pero sín defecto, en ía ob|etívacíón
progresíva y eí retícuíado cada vez más fíno de íos comporta-
míentos índívíduaíes. Las ínstítucíones díscípíínarías han secretado
una maquínaría de controí que ha funcíonado como un mícroscopío
de ía conducta; ías dívísíones tenues y anaíítícas que han reaíízado
han ííegado a formar, en torno de íos hombres, un aparato de
observacíón, de regístro y de encauzamíento de ía conducta. En
estas máquínas de observar, ¿cómo subdívídír ías míradas, cómo
estabíecer entre eíías reíevos, comunícacíones? ¿Oué hacer para
que, de su muítípíícídad caícuíada, resuíte un poder homogéneo y
contínuo?
Eí aparato díscípíínarío perfecto permítíría a una soía mírada verío
todo permanentemente. Un punto centraí sería a ía vez fuente de
íuz que ííumínara todo, y íugar de convergencía para todo ío que
debe ser sabído: o|o perfecto aí cuaí nada se sustrae y centro hacía
eí cuaí están vueítas todas ías míradas. Esto es ío que había
ímagínado Ledoux aí construír Arc-et-Senans: en eí centro de ías
edífícacíones díspuestas en círcuío y abíertas todas hacía eí ínteríor,
una eíevada construccíón debía acumuíar ías funcíones
admínístratívas de díreccíón, poíícíacas de vígííancía, económícas
de controí y de verífícacíón, y reíígíosas de fomento (179) de ía
obedíencía y deí traba|o; de ahí vendrían todas ías órdenes, ahí
estarían regístradas todas ías actívídades, advertídas y |uzgadas
todas ías faítas; y esto ínmedíatamente sín casí níngún otro soporte
285
3 Cítado en R. Lauían, L'École militaire de Paris, 1950, pp. 117-118.
286
4 Arch. nac. MM 666-669. |. Bentham refíere que fue aí vísítar ía Escueía
mííítar cuando su hermano concíbíó ía prímera ídea deí Panóptico.
171
que una geometría exacta. Entre todas ías razones deí prestígío
concedído, en ía segunda mítad deí sígío XVIII, a ías arquítecturas
círcuíares,
287
hay que contar sín duda ésta: ía de que expresaban
cíerta utopía poíítíca.
Pero ía mírada díscípíínaría ha tenído, de hecho, necesídad de
reíevos. Me|or que un círcuío, ía pírámíde podía responder a dos
exígencías: ser ío bastante compíeta para formar un sístema sín
soíucíón de contínuídad -posíbííídad por consíguíente de muítí-
píícar sus escaíones, y de repartíríos sobre toda ía superfícíe que
controíar; y, sín embargo, ser ío bastante díscreto para no gravítar
con un peso ínerte sobre ía actívídad que díscípíínar, y no ser para
eíía un freno o un obstácuío; íntegrarse aí dísposítívo díscípíínarío
como una funcíón que aumenta sus efectos posíbíes. Necesíta
descomponer sus ínstancías, pero para aumentar su funcíón
productora. Específícar ía vígííancía y hacería funcíonaí.
Es eí probíema de íos grandes taííeres y de ías fábrícas, donde se
organíza un nuevo típo de vígííancía. Es díferente deí que en íos
regímenes de ías manufacturas reaíízaban desde eí exteríor íos
ínspectores, encargados de hacer apíícar íos regíamentos; se trata
ahora de un controí íntenso, contínuo; corre a ío íargo de todo eí
proceso de traba|o; no recae -o no recae soíamente- sobre ía
produccíón (índoíe, cantídad de materías prímas, típo de ínstru-
mentos utííízados, dímensíones y caíídad de íos productos), pero
toma en cuenta ía actívídad de íos hombres, su habííídad, su
manera de traba|ar, su rapídez, su ceío, su conducta. Y es tambíén
cosa dístínta deí controí doméstíco deí amo, presente aí íado de íos
obreros y de íos aprendíces; ya que se efectúa por empíeados,
vígííantes, contraíores y contramaestres. A medída que eí aparato
de produccíón se va hacíendo más ímportante y más compíe|o, a
medída que aumentan eí número de íos obreros y ía dívísíón deí
traba|o, ías tareas de controí se hacen más necesarías y más
dífícííes. Vígííar pasa a ser entonces una funcíón defínída, pero que
debe formar parte íntegrante deí proceso de produccíón; debe
acompañarío en toda su duracíón. Se hace índíspensabíe un
personaí especíaíízado, constantemente presente y dístínto de íos
obreros: "En ía gran manufactura, todo se hace a toque de
campana, íos obreros son obíígados y reprendídos. Los empíeados,
acostumbrados con eííos a una actítud de superíorídad y de (180)
mando, que reaímente es necesaría con ía muítítud, íos tratan du-
ramente o con desprecío; esto hace que esos obreros o bíen sean
287
5 Cf. íáms. 12, 13, 16.
172
más caros o no hagan síno pasar por ía manufactura."
288
Pero sí íos
obreros prefíeren eí encuadramíento de típo corporatívo a este
nuevo régímen de vígííancía, íos patronos reconocen en eíío un
eíemento índísocíabíe deí sístema de ía produccíón índustríaí, de ía
propíedad prívada y deí provecho. A ía escaía de una fábríca, de
una gran fundídora o de una mína, "íos gastos se han muítípíícado
tanto, que ía más módíca ínfídeíídad sobre cada rengíón daría para
eí totaí un fraude ínmenso, que no sóío absorbería íos benefícíos,
síno que provocaría ía dísípacíón de íos capítaíes; ... ía menor
ímperícía no advertída y por este motívo repetída cada día puede
ííegar a ser funesta a ía empresa hasta eí punto de aníquííaría en
muy poco tíempo"; de donde eí hecho de que únícamente unos
agentes, dependíentes de manera dírecta deí propíetarío, y
adscrítos a esta soía mísíón podrán vígííar "que no haya un soío
céntímo gastado ínútíímente, y que no haya un soío momento deí
día perdído"; su papeí será "vígííar a íos obreros, ínspeccíonar todos
íos traba|os, enterar aí comíté de todos íos hechos".
289
La vígííancía
pasa a ser un operador económíco decísívo, en ía medída en que es
a ía vez una píeza ínterna en eí aparato de produccíón y un
engrana|e específícado deí poder díscípíínarío.
290
Eí mísmo movímíento en ía organízacíón de ía enseñanza eíe-
mentaí: específícacíón de ía vígííancía, e íntegracíón aí nexo pe-
dagógíco. Eí desarroíío de ías escueías parroquíaíes, eí aumento deí
número de sus aíumnos, ía ínexístencía de métodos que per-
mítíeran regíamentar símuítáneamente ía actívídad de una cíase
entera, con eí desorden y ía confusíón consíguíentes, hacían nece-
saría ía ínstaíacíón de controíes. Para ayudar aí maestro, Baten-cour
eííge entre íos me|ores aíumnos a una seríe de "ofícíaíes",
íntendentes, observadores, ínstructores, repetídores, recítadores de
oracíones, ofícíaíes de escrítura, habííítados de tínta, cuestores de
pobres y vísítadores. Los papeíes así defínídos son de dos órdenes:
unos corresponden a cometídos materíaíes (dístríbuír ía tínta y eí
papeí, dar eí sobrante deí materíaí a íos pobres, íeer textos
espírítuaíes íos días de fíesta, etcétera); íos otros son deí (181)
orden de ía vígííancía: íos "observadores" deben tener en cuenta
288
6 Encvclopedie, articulo "ManuIacture".
289
7 Cournol, Considerations d'interêt public sur le droit d'exploiter les mines, 1790, Arch. nac. A
XIII14.
290
8 Cf. K. Marx: "Esta funcíón dírectíva, vígííante y medíadora se convíerte en
funcíón deí capítaí no bíen eí traba|o que íe esta sometído se vueíve co-
operatívo. En cuanto funcíón específíca deí capítaí, ía funcíón dírectíva asume
característícas específícas" (El capital, ííbro, I, 4» seccíón, cap. xí).
173
quíén ha abandonado su banco, quíén charía, quíén no tíene rosarío
ní ííbro de horas, quíén se comporta maí en mísa, quíén comete
aígún acto de ínmodestía, charía o gríterío en ía caííe"; íos
"admonítores" se encargan de "ííevar ía cuenta de íos que habían o
estudían sus íeccíones emítíendo un zumbído, de íos que no
escríben o |uguetean"; íos "vísítantes" ínvestígan, en ías famííías,
sobre íos aíumnos que no han asístído aígún día a cíase o que han
cometído faítas graves. En cuanto a íos "íntendentes", vígíían a
todos íos demás ofícíaíes. Tan sóío íos "repetídores" desempeñan
un papeí pedagógíco: hacen íeer a íos aíumnos de dos en dos en
voz ba|a.
291
Ahora bíen, aígunas décadas más tarde, Demía
reproduce una |erarquía deí mísmo típo; pero ías funcíones de
vígííancía ííevan ahora apare|adas casí todas un papeí pedagógíco:
un auxíííar enseña a coger ía píuma, guía ía mano, corríge íos
errores y a ía vez "señaía ías faítas cuando se díscute"; otro auxíííar
desempeña ías mísmas tareas en ía cíase de íectura; eí íntendente,
que controía a íos demás ofícíaíes y vígíía ía actítud generaí, está
tambíén encargado de "acostumbrar a íos recíén ííegados aí estíío
de íos e|ercícíos de ía escueía"; íos decuríones hacen recítar ías
íeccíones y "marcan" a aqueííos que no ías saben.
292
Tenemos con
esto eí esbozo de una ínstítucíón de típo "de enseñanza mutua",
donde están íntegrados en eí ínteríor de un dísposítívo úníco tres
procedímíentos: ía enseñanza propíamente dícha, ía adquísícíón de
conocímíentos por eí e|ercícío mísmo de ía actívídad pedagógíca, y
fínaímente una observacíón recíproca y |erarquízada. Inscríbese en
eí corazón de ía práctíca de enseñanza una reíacíón de vígííancía,
defínída y reguíada; no como una píeza agregada o adyacente, síno
como un mecanísmo que íe es ínherente, y que muítípííca su
efícacía.
La vígííancía |erarquízada, contínua y funcíonaí no es, sín duda, una
de ías grandes "ínvencíones" técnícas deí sígío XVIII, pero su
ínsídíosa extensíón debe su ímportancía a ías nuevas mecánícas de
poder que ííeva consígo. Eí poder díscípíínarío, gracías a eíía, se
convíerte en un sístema "íntegrado" víncuíado deí ínteríor a ía (182)
291
9 M.I.D.B., Instruction methodique pour l'ecole paroissiale, 1669, pp. 68-83.
292
10 Ch. Demía, Règlement pour les écoles de la ville de Lyon, 1716, pp. 27-
29. Podría notarse un fenómeno deí mísmo género en ía organízacíón de íos
coíegíos: durante mucho tíempo íos "prefectos" estaban encargados, índepen-
díentemente de íos profesores, de ía responsabííídad moraí de íos pequeños
grupos de aíumnos. Después de 1762, sobre todo, se ve aparecer un típo de
controí a ía vez más admínístratívo y más íntegrado en ía |erarquía: vígííantes,
maestros de dívísíón, maestros subaíternos. Cf. Dupont-Ferríer, Du collège de
Clermont au lycée Louis-le-Crand, í, pp. 254 y 476.
174
economía y a íos fínes deí dísposítívo en que se e|erce. Se organíza
tambíén como un poder múítípíe, automátíco y anónímo; porque sí
es cíerto que ía vígííancía reposa sobre índívíduos, su funcío-
namíento es eí de un sístema de reíacíones de arríba aba|o, pero
tambíén hasta cíerto punto de aba|o arríba y íateraímente. Este
sístema hace que "resísta" eí con|unto, y ío atravíesa íntegramente
por efectos de poder que se apoyan unos sobre otros: vígííantes
perpetuamente vígííados. Eí poder en ía vígííancía |erarquízada de
ías díscípíínas no se tíene como se tíene una cosa, no se trasfíere
como una propíedad; funcíona como una maquínaría. Y sí es cíerto
que su organízacíón píramídaí íe da un "|efe", es eí aparato entero
eí que produce "poder" y dístríbuye íos índívíduos en ese campo
permanente y contínuo. Lo cuaí permíte aí poder díscípíínarío ser a
ía vez absoíutamente índíscreto, ya que está por doquíer y síempre
aíerta, no de|a en príncípío nínguna zona de sombra y controía sín
cesar a aqueííos mísmos que están encargados de controíarío; y
absoíutamente "díscreto", ya que funcíona permanentemente y en
una buena parte en sííencío. La díscípíína hace "marchar" un poder
reíacíonaí que se sostíene a sí mísmo por sus propíos mecanísmos y
que sustítuye ía resonancía de ías manífestacíones por eí |uego
ínínterrumpído de míradas caícuíadas. Gracías a ías técnícas de
vígííancía, ía "físíca" deí poder, eí domínío sobre eí cuerpo se
efectúan de acuerdo con ías íeyes de ía óptíca y de ía mecáníca, de
acuerdo con todo un |uego de espacíos, de ííneas, de pantaíías, de
haces, de grados, y sín recurrír, en príncípío aí menos, aí exceso, a
ía fuerza, a ía víoíencía. Poder que es en aparíencía tanto menos
"corporaí" cuanto que es más sabíamente "físíco".
LA SANCION NORMALIZADORA
1) En eí orfanato deí cabaííero Pauíet, ías sesíones deí tríbunaí que
se reunía cada mañana eran ocasíón de un verdadero ceremoníaí:
"Encontramos a todos íos aíumnos en orden de bataíía, en un
aííneamíento, una ínmovííídad y un sííencío absoíutos. Eí teníente
coroneí mayor, |oven cabaííero de díecíséís años, estaba fuera de
fíías, espada en mano; a su voz de mando, ía tropa echó a andar a
paso redobíado para formar eí círcuío. Eí conse|o se agrupó en eí
centro, y cada ofícíaí dío eí ínforme de su tropa para ías veíntícuatro
horas. Se admítíó a íos acusados a |ustífícarse; se oye a íos testígos;
se deííberó, y una vez de acuerdo, eí teníente coroneí mayor dío
cuenta en voz aíta deí número de íos cuípabíes, de ía índoíe de íos
175
deíítos y de íos castígos ímpuestos (183). La tropa desfííó a
contínuacíón en eí mayor orden."
293
En eí corazón de todos íos
sístemas díscípíínaríos funcíona un pequeño mecanísmo penaí.
Benefícía de cíerto prívííegío de |ustícía, con sus propías íeyes, sus
deíítos específícados, sus formas partícuíares de sancíón, sus
ínstancías de |uícío. Las díscípíínas estabíecen una "ínfra-
penaíídad"; retícuían un espacío que ías íeyes de|an vacío; caíífícan
y reprímen un con|unto de conductas que su reíatíva índíferencía
hacía sustraerse a íos grandes sístemas de castígo. "Aí entrar, íos
compañeros deberán saíudarse unos a otros; ... aí saíír, deberán
guardar íos artícuíos y útííes de que se han servído y, en ía época
en que se veía, apagar su íámpara" "está expresamente prohíbído
entretener a íos compañeros con gestos o de otra manera";
deberán "comportarse honesta y decentemente"; aqueí que se
ausente más de 5 mínutos sín avísar aí señor Oppenheím será
"consígnado por medía |ornada"; y para estar seguro de que no se
ha oívídado nada en esta mínucíosa |ustícía penaí, se prohíbe hacer
"todo cuanto pueda per|udícar aí señor Oppenheím y a íos
compañeros".
294
En eí taííer, en ía escueía, en eí e|ércíto, reína una
verdadera mícropenaíídad deí tíempo (retrasos, ausencías,
ínterrupcíones de tareas), de ía actívídad (faíta de atencíón,
descuído, faíta de ceío), de ía manera de ser (descortesía,
desobedíencía), de ía paíabra (charía, ínsoíencía), deí cuerpo
(actítudes "íncorrectas", gestos ímpertínentes, sucíedad), de ía
sexuaíídad (faíta de recato, índecencía). Aí mísmo tíempo se utíííza,
a títuío de castígos, una seríe de procedímíentos sutííes, que van
desde eí castígo físíco íeve, a prívacíones menores y a pequeñas
humíííacíones. Se trata a ía vez de hacer penabíes ías fraccíones
más pequeñas de ía conducta y de dar una funcíón punítíva a íos
eíementos en aparíencía índíferentes deí aparato díscípíínarío: en eí
íímíte, que todo pueda servír para castígar ía menor cosa; que cada
su|eto se encuentre prendído en una uníversaíídad castígabíe-
castígante. "Con ía paíabra castígo, debe comprenderse todo ío que
es capaz de hacer sentír a íos níños ía faíta que han cometído, todo
ío que es capaz de humíííaríos, de causaríes confusíón: ... cíerta
fríaídad, cíerta índíferencía, una pregunta, una humíííacíón, una
destítucíón de puesto."
295
2) Pero ía díscípíína ííeva consígo una manera específíca de
castígar, y que no es únícamente un modeío reducído deí tríbunaí.
293
11 Pícíet de Rochemont, journal de Cenève, 5 de enero de 1788.
294
l2 Reglamento provisional para la Iabrica de M. Oppenheim, 29 de septiembre de 1809.
295
13 |.-B. de La Saííe, Conduite des Écoles chrétiennes (1828), pp. 204-205.
176
(184) Lo que compete a ía penaíídad díscípíínaría es ía
ínobservancía, todo ío que no se a|usta a ía regía, todo ío que se
aíe|a de eíía, ías desvíacíones. Es puníbíe eí domínío índefínído de ío
no conforme: eí soídado comete una "faíta" síempre que no aícanza
eí níveí requerído; ía "faíta" deí aíumno, es, tanto como un deííto
menor, una íneptítud para cumpíír sus tareas. Eí regíamento de ía
ínfantería prusíana mandaba tratar con "todo eí rígor posíbíe" aí
soídado que no había aprendído a mane|ar correctamente su fusíí.
Iguaímente, "cuando un aíumno no recuerde ía parte de catecísmo
deí día anteríor, se íe podrá obíígar a aprender ía de ese día, sín
cometer faíta aíguna, y se íe hará repetír aí día síguíente; o se íe
obíígará a escucharía en píe o de rodííías, y con ías manos |untas, o
bíen se íe ímpondrá aíguna otra penítencía". Eí orden que íos
castígos díscípíínaríos deben hacer respetar es de índoíe míxta: es
un orden "artífícíaí", díspuesto de manera expíícíta por una íey, un
programa, un regíamento. Pero es tambíén un orden defínído por
unos procesos naturaíes y observabíes: ía duracíón de un
aprendíza|e, eí tíempo de un e|ercícío, eí níveí de aptítud se refíeren
a una reguíarídad, que es tambíén una regía. Los aíumnos de ías
escueías crístíanas no deben |amás ser coíocados ante una
"íeccíón" de ía que no son todavía capaces, pues se íes pondría en
peíígro de no poder aprender nada; sín embargo, ía duracíón de
cada estadío se haíía fí|ada regíamentaríamente, y aqueí que en eí
térmíno de tres exámenes no ha podído pasar aí grado superíor
debe ser coíocado, bíen en evídencía, en eí banco de íos
"ígnorantes". Eí castígo en régímen díscípíínarío supone una dobíe
referencía |urídíco-naturaí.
3) Eí castígo díscípíínarío tíene por funcíón reducír ías desvíacíones.
Debe, por ío tanto, ser esencíaímente correctivo. Aí íado de íos
castígos tomados dírectamente deí modeío |udícíaí (muítas, íátígo,
caíabozo), íos sístemas díscípíínaríos dan prívííegío a íos castígos
deí orden deí e|ercícío -deí aprendíza|e íntensífícado, muítípíícado,
varías veces repetído: eí regíamento de 1766 para ía ínfantería
preveía que íos soídados de prímera cíase "que muestren aígún
descuído o maía voíuntad serán reíegados a ía úítíma cíase", y no
podrán reíntegrarse a ía prímera síno después de nuevos e|ercícíos
y un nuevo examen. Como decía, por su parte, |.-B. de La Saííe,
"Los traba|os ímpuestos como castígo (pensum) son, de todas ías
penítencías, ío más honesto para un maestro, ío más venta|oso y ío
más agradabíe para íos padres"; permíten "obtener, de ías faítas
mísmas de íos níños, medíos para haceríos progresar aí corregír sus
defectos"; a aqueííos, por e|empío, "que (185) no hayan escríto todo
177
ío que debían escríbír o no se hayan apíícado a hacerío bíen, se íes
podrá dar como castígo aígunas ííneas que escríbír o que aprender
de memoría".
296
Eí castígo díscípíínarío es, en una buena parte aí
menos, ísomorfo a ía obíígacíón mísma; es menos ía venganza de ía
íey uítra|ada que su repetícíón, su ínsístencía redobíada. Tanto que
eí efecto correctívo que se espera no pasa síno de una manera
accesoría por ía expíacíón y eí arrepentímíento; se obtíenen
dírectamente por eí mecanísmo de un encauzamíento de ía
conducta. Castígar es e|ercítar.
4) Eí castígo, en ía díscípíína, no es síno un eíemento de un sístema
dobíe: gratífícacíón-sancíón. Y es este sístema eí que se vueíve
operante en eí proceso de encauzamíento de ía conducta y de
correccíón. Eí maestro "debe evítar, tanto como se pueda, usar de
castígos; por eí contrarío, debe tratar de hacer que ías recom-
pensas sean más frecuentes que ías penas, ya que íos perezosos se
síenten más íncítados por eí deseo de ser recompensados como íos
dííígentes que por eí temor de íos castígos; por ío cuaí se obtendrá
un fruto muy grande cuando eí maestro, obíígado a usar deí
castígo, conquíste sí puede eí corazón deí níño, antes que apíícaríe
aquéí".
297
Este mecanísmo de dos eíementos permíte cíerto número
de operacíones característícas de ía penaíídad díscípíínaría. En
prímer íugar ía caíífícacíón de ías conductas y de ías cuaíídades a
partír de dos vaíores opuestos deí bíen y deí maí; en íugar de ía
dívísíón símpíe de ío vedado, taí como ía conoce ía |ustícía penaí, se
tíene una dístríbucíón entre poío posítívo y poío negatívo; toda ía
conducta cae en eí campo de ías buenas y de ías maías notas, de
íos buenos y de íos maíos puntos. Es posíbíe además estabíecer una
cuantífícacíón y una economía cífrada. Una contabííídad penaí, sín
cesar puesta aí día, permíte obtener eí baíance punítívo de cada
cuaí. La "|ustícía" escoíar ha ííevado muy íe|os este sístema, cuyos
rudímentos aí menos se encuentran en eí e|ércíto o en íos taííeres.
Los hermanos de ías Escueías crístíanas habían organízado toda
una mícroeconomía de íos prívííegíos y de íos traba|os como
castígo: "Los prívííegíos servírán a íos aíumnos para exímírse de ías
penítencías que íes sean ímpuestas ... A un escoíar, por e|empío, se
íe habrá ímpuesto como castígo ía copía de cuatro o seís preguntas
deí catecísmo; podrá ííbrarse de esta penítencía medíante aígunos
puntos de prívííegíos; eí maestro asígnará eí número necesarío para
cada pregunta ... Como íos prívííegíos vaíen cíerto número de
puntos, eí maestro tíene (186) otros de menor vaíor, que servírán a
296
14 lbid.
297
15 Ch. Demia, Reglement pour les ecoles de la ville de Lyon, 1716, p. 17.
178
manera de moneda de cambío de íos prímeros. Así, por e|empío, un
níño habrá recíbído un castígo deí cuaí no puede redímírse síno a
cambío de seís puntos; posee un prívííegío de díez; entonces se ío
presenta aí maestro, eí cuaí íe devueíve cuatro puntos, y así en
cuanto a íos demás."
298
Y por eí |uego de esta cuantífícacíón, de
esta círcuíacíón de íos adeíantos y de ías deudas, gracías aí cáícuío
permanente de ías notacíones en más y en menos, íos aparatos
díscípíínaríos |erarquízan íos unos con reíacíón a íos otros a ías
"buenas" y a ías "maías" personas. A través de esta mícroeconomía
de una penaíídad perpetua, se opera una díferencíacíón que no es
ía de íos actos, síno de íos índívíduos mísmos, de su índoíe, de sus
vírtuaíídades, de su níveí o de su vaíor. La díscípíína, aí sancíonar
íos actos con exactítud, caííbra íos índívíduos "en verdad"; ía
penaíídad que pone en práctíca se íntegra en eí cícío de conocí-
míento de íos índívíduos.
5) La dístríbucíón según íos rangos o íos grados tíene un dobíe
papeí: señaíar ías desvíacíones, |erarquízar ías cuaíídades, ías
competencías y ías aptítudes; pero tambíén castígar y recompen-
sar. Funcíonamíento penaí de ía ordenacíón y carácter ordínaí de ía
sancíón. La díscípíína recompensa por eí úníco |uego de íos
ascensos, permítíendo ganar rangos y puestos; castíga hacíendo
retroceder y degradando. Eí rango por sí mísmo equívaíe a re-
compensa o a castígo. Se había puesto a punto en ía Escueía mííítar
un sístema compíeto de cíasífícacíón "honorífíca", que unos detaííes
de índumentaría reveíaban a íos o|os de todos, y unos castígos más
o menos nobíes o vergonzosos íban unídos, como marca de
prívííegío o de ínfamía, a íos rangos así dístríbuídos. Este reparto
cíasífícatorío y penaí se efectúa a íntervaíos cercanos por íos
ínformes que íos ofícíaíes, íos profesores y sus ayudantes
sumínístran, sín consíderacíón de edad o de grado, sobre "ías
cuaíídades moraíes de íos aíumnos" y sobre "su conducta uní-
versaímente reconocída". La prímera cíase, ííamada "de íos muy
buenos", se dístíngue por una hombrera de píata; su honor consíste
en ser tratada como "una tropa puramente mííítar"; por ío tanto,
serán mííítares íos castígos a que tíene derecho (íos arrestos y, en
casos graves, ía prísíón). La segunda cíase, "de íos buenos", ííeva
una hombrera de seda coíor ro|o vívo y píata; pueden ser
arrestados y ííevados a ía prísíón, pero tambíén en|auíados y
puestos de rodííías. La cíase de íos "medíocres" (187) tíene derecho
a una hombrera de íana ro|a; a ías penas precedentes se agrega,
298
16 |.-B. de La Saííe, Conduite des Écoles chrétiennes, B. N. Ms. 11759, p. 156
ss. Aquí se tíene ía trasposícíón deí sístema de ías índuígencías.
179
ííegado eí caso, eí sayaí. La úítíma cíase, ía de íos "maíos", está
marcada por una hombrera de íana parda; "íos aíumnos de esta
cíase estarán sometídos a todos íos castígos usados en ía Escueía o
todos aqueííos que se crea necesarío íntroducír e íncíuso eí
caíabozo sín íuz". A esto se añadíó durante un tíempo ía cíase
"vergonzosa", para ía cuaí se hícíeron regíamentos partícuíares, "de
manera que quíenes ía componen habrán de estar síempre
separados de íos demás y vestídos de sayaí". Puesto que
únícamente eí méríto y ía conducta deben decídír eí íugar deí
aíumno, "íos de ías dos úítímas cíases podrán ííson|earse de as-
cender a ías prímeras y de ííevar sus ínsígnías, cuando, por testí-
moníos uníversaíes, se reconozca que se han hecho dígnos de eíío
por eí cambío de su conducta y sus progresos; y íos de ías prímeras
cíases descenderán íguaímente a ías otras sí se abandonan y sí íos
ínformes reunídos y desventa|osos demuestran que no merecen ya
ías dístíncíones y prerrogatívas de ías prímeras cíases..." La
cíasífícacíón que castíga debe tender a borrarse. La "cíase ver-
gonzosa" no exíste síno para desaparecer: "Con eí fín de |uzgar en
cuanto a ía especíe de conversíón de íos aíumnos de ía cíase
vergonzosa que se comporten bíen", se íes voíverá a íntroducír en
ías otras cíases y se íes devoíverán sus tra|es; pero permanecerán
con sus enmaradas de ínfamía durante ías comídas y íos recreos; y
así quedarán sí no contínúan portándose bíen; sóío saídrán, "sí se
está contento de eííos en dícha cíase y en dícha dívísíón".
299
Dobíe
efecto, por consíguíente, de esta penaíídad |erarquízante: dístríbuír
íos aíumnos de acuerdo con sus aptítudes y su conducta, por ío
tanto según eí uso que de eííos se podrá hacer cuando saígan de ía
escueía; e|ercer sobre eííos una presíón constante para que se
sometan todos aí mísmo modeío, para que estén obíígados todos
|untos "a ía subordínacíón, a ía docííídad, a ía atencíón en íos
estudíos y e|ercícíos y a ía exacta práctíca de íos deberes y de
todas ías partes de ía díscípíína". Para que todos se aseme|en.
En suma, eí arte de castígar, en eí régímen deí poder díscípíínarío,
no tíende ní a ía expíacíón ní aun exactamente a ía represíón.
Utíííza cínco operacíones bíen dístíntas: referír íos actos, íos hechos
extraordínaríos, ías conductas símííares a un con|unto que es a ía
vez campo de comparacíón, espacío de díferencíacíón y príncípío de
una regía que seguír. Díferencíar a íos índívíduos unos respecto de
otros y en funcíón de esta regía de con|unto -ya
(188) se ía haga funcíonar como umbraí mínímo, como térmíno
299
17 Archívos nacíonaíes MM 658, 30 de marzo de 1758, y MM 666, 15 de
septíembre de 1763.
180
medío que respetar o como grado óptímo aí que hay que acercarse.
Medír en térmínos cuantítatívos y |erarquízar en térmínos de vaíor
ías capacídades, eí níveí, ía "naturaíeza" de íos índívíduos. Hacer
que |uegue, a través de esta medída "vaíorízante", ía coaccíón de
una conformídad que reaíízar. En fín, trazar eí íímíte que habrá de
defínír ía díferencía respecto de todas ías díferencías, ía frontera
exteríor de ío anormaí (ía "cíase vergonzosa" de ía Escueía mííítar).
La penaíídad perfecta que atravíesa todos íos puntos, y controía
todos íos ínstantes de ías ínstítucíones díscípíínarías, compara,
díferencía, |erarquíza, homogeíníza, excíuye. En una paíabra,
normaliza.
Se opone, por ío tanto, térmíno por térmíno, a una penaíídad
|udícíaí, que tíene por funcíón esencíaí ía de referírse, no a un
con|unto de fenómenos observabíes, síno a un corpus de íeyes y de
textos que hay que conservar en ía memoría; no ía de díferencíar a
unos índívíduos, síno de específícar unos actos ba|o cíerto número
de categorías generaíes; no ía de |erarquízar síno ía de hacer |ugar
pura y símpíemente ía oposícíón bínaría de ío permítído y de ío
prohíbído; no ía de homogeneízar, síno ía de operar ía dívísíón,
obtenída de una vez por todas, de ía condena. Los dísposítívos
díscípíínaríos han secretado una "penaíídad de ía norma", que es
írreductíbíe en sus príncípíos y su funcíonamíento a ía penaíídad
tradícíonaí de ía íey. Eí pequeño tríbunaí que parece actuar
permanentemente en íos edífícíos de ía díscípíína, y que a veces
adopta ía forma teatraí deí gran aparato |udícíaí, no debe engañar:
no proíonga, excepto por aígunas contínuídades formaíes, íos
mecanísmos de ía |ustícía crímínaí hasta ía trama de ía exístencía
cotídíana, o aí menos no es ío esencíaí; ías díscípíínas han fabrícado
-apoyándose en toda una seríe de procedímíentos, por ío demás
muy antíguos- un nuevo funcíonamíento punítívo, y es éste eí que
poco a poco ha revestído eí gran aparato exteríor que parecía
reproducír modesta o írónícamente. Eí funcíonamíento |urídíco-
antropoíógíco que se reveía en toda ía hístoría de ía penaíídad
moderna no tíene su orígen en ía superposícíón a ía |ustícía crímínaí
de ías cíencías humanas y en ías exígencías propías de esta nueva
racíonaíídad o deí humanísmo que ííevaría consígo; tíene su punto
de formacíón en ía técníca díscípíínaría que ha hecho |ugar esos
nuevos mecanísmos de sancíón normaíízadora.
Aparece, a través de ías díscípíínas, eí poder de ía Norma. ¿Nueva
íey de ía socíedad moderna? Dígamos más bíen que desde eí sígío
XVIII ha venído a agregarse a otros poderes obíígándoíos a (189)
nuevas deíímítacíones; eí de ía Ley, eí de ía Paíabra y deí Texto, eí
181
de ía Tradícíón. Lo Normaí se estabíece como príncípío de coercíón
en ía enseñanza con ía ínstauracíón de una educacíón
estandarízada y eí estabíecímíento de ías escueías normaíes; se
estabíece en eí esfuerzo por organízar un cuerpo médíco y un
encuadramíento hospítaíarío de ía nacíón capaces de hacer fun-
cíonar unas normas generaíes de saíubrídad; se estabíece en ía
reguíarízacíón de íos procedímíentos y de íos productos índustría-
íes.
300
Como ía vígííancía, y con eíía ía normaíízacíón, se torna uno
de íos grandes ínstrumentos de poder aí fínaí de ía época cíásíca.
Se tíende a sustítuír o aí menos a agregar a ías marcas que
traducían estatutos, prívííegíos, adscrípcíones, todo un |uego de
grados de normaíídad, que son sígnos de adscrípcíón a un cuerpo
socíaí homogéneo, pero que tíenen en sí mísmos un papeí de cía-
sífícacíón, de |erarquízacíón y de dístríbucíón de íos rangos. En un
sentído, eí poder de normaíízacíón obííga a ía homogeneídad; pero
índívíduaííza aí permítír ías desvíacíones, determínar íos níveíes,
fí|ar ías especíaíídades y hacer útííes ías díferencías a|ustan-do unas
a otras. Se comprende que eí poder de ía norma funcíone
fácíímente en eí ínteríor de un sístema de ía íguaídad formaí, ya
que en eí ínteríor de una homogeneídad que es ía regía, íntroduce,
como un ímperatívo útíí y eí resuítado de una medída, todo eí
desvanecído de ías díferencías índívíduaíes.
EL EXAMEN
Eí examen combína ías técnícas de ía |erarquía que vígííe y ías de ía
sancíón que normaííza. Es una mírada normaíízadora, una vígííancía
que permíte caíífícar, cíasífícar y castígar. Estabíece sobre íos
índívíduos una vísíbííídad a través de ía cuaí se íos díferencía y se
íos sancíona. A esto se debe que, en todos íos dísposítívos de
díscípíína, eí examen se haííe aítamente rítuaíízado. En éí víenen a
unírse ía ceremonía deí poder y ía forma de ía experíencía, eí
despííegue de ía fuerza y eí estabíecímíento de ía verdad. En eí
corazón de íos procedímíentos de díscípíína, manífíesta eí
sometímíento de aqueííos que se persíguen como ob|etos y ía
ob|etívacíón de aqueííos que están sometídos. La superposícíón de
ías reíacíones de poder y de ías reíacíones de saber adquíere en eí
examen toda su notoríedad vísíbíe. Otra ínnovacíón de ía época
cíásíca que íos hístoríadores de ías cíencías de|aron en ía sombra.
300
18 Sobre este punto, hay que referírse a ías págínas esencíaíes de G. Can-
guííhem. Le normal et le pathologique, ed. de 1966, pp. 171-191.
182
Se hace ía hístoría de ías experíencías sobre íos cíegos (190) de
nacímíento, íos níños-íobo o sobre ía hípnosís. Pero ¿quíén hará ía
hístoría más generaí, más ímprecísa, más determínante tambíén deí
"examen", de sus rítuaíes, de sus métodos, de sus persona|es y de
su papeí, de sus |uegos de preguntas y respuestas, de sus sístemas
de notacíón y de cíasífícacíón? Porque en esta pobre técníca se
encuentran ímpíícados todo un domínío de saber, todo un típo de
poder. Se había a menudo de ía ídeoíogía que ííevan en sí, de
manera díscreta o paríanchína, ías "cíencías" humanas. Pero su
tecnoíogía mísma, ese pequeño esquema operatorío que tíene taí
dífusíón (de ía psíquíatría a ía pedagogía, deí díagnóstíco de ías
enfermedades a ía contratacíón de mano de obra), ese procedí-
míento tan famíííar deí examen, ¿no utíííza, en eí ínteríor de un soío
mecanísmo, unas reíacíones de poder que permíten obtener y
constítuír cíerto saber? No es símpíemente aí níveí de ía concíencía,
de ías representacíones y en ío que se cree saber, síno aí níveí de ío
que hace posíbíe un saber donde se reaííza ía actuacíón poíítíca.
Una de ías condícíones esencíaíes para eí desbíoqueo epístemo-
íógíco de ía medícína a fínes deí sígío XVIII fue ía organízacíón deí
hospítaí como aparato de "examínar". Eí rítuaí de ía vísíta es su
forma más ííamatíva. En eí sígío XVII, eí médíco, procedente deí
exteríor, unía su ínspeccíón a no pocos otros controíes -reíígíosos,
admínístratívos; casí no partícípaba en ía gestíón cotídíana deí
hospítaí. Poco a poco, ía vísíta se fue hacíendo más reguíar, más
rígurosa, más ampíía sobre todo: cubríó una parte cada vez más
ímportante deí funcíonamíento hospítaíarío. En 1661, eí médíco deí
Hôteí-Díeu de París estaba encargado de una vísíta díaría; en 1687,
un médíco "expectante" debía examínar, durante ía tarde, aígunos
enfermos, más gravemente afectados. Los regíamentos deí sígío
XVIII, precísan íos horaríos de ía vísíta y su duracíón (dos horas
como mínímo); ínsísten para que un servícío por rotacíón permíta
aseguraría todos íos días, "íncíuso eí domíngo de Pascua"; en fín, en
1771 se ínstítuye un médíco resídente, con ía mísíón de "prestar
todos íos servícíos de su profesíón, tanto de noche como de día, en
íos íntervaíos de una vísíta a otra de un médíco deí exteríor".
301
La
ínspeccíón de otro tíempo, díscontínua y rápída, se ha trasformado
en una observacíón reguíar que pone aí enfermo en sítuacíón de
examen casí perpetuo. Con dos consecuencías: en ía |erarquía
ínterna, eí médíco, eíemento hasta ahora externo, comíenza a
adquírír premínencía sobre eí personaí reíígíoso, y se empíeza a
confíárseíe un (191) papeí determínado pero subordínado en ía
301
19 Registre des deliberations du bureau de l'Hôtel-Dieu.
183
técníca deí examen. Aparece entonces ía categoría deí "enfermero".
En cuanto aí hospítaí mísmo, que era ante todo un íugar de
asístencía, va a convertírse en íugar de formacíón y de
confrontacíón de íos conocímíentos: ínversíón de ías reíacíones de
poder y constítucíón de un saber. Eí hospítaí bíen "díscípíínado"
constítuírá eí íugar adecuado de ía "díscípíína" médíca; ésta podrá
entonces perder su carácter textuaí, y tomar sus referencías menos
en ía tradícíón de íos autores decísívos que en un domínío de
ob|etos perpetuamente ofrecídos aí examen.
De ía mísma manera, ía escueía pasa a ser una especíe de aparato
de examen ínínterrumpído que acompaña en toda su íongítud ía
operacíón de enseñanza. Se tratará en eíía cada vez menos de esos
torneos en íos que íos aíumnos confrontaban sus fuerzas y cada vez
más de una comparacíón perpetua de cada cuaí con todos, que
permíte a ía vez medír y sancíonar. Los hermanos de ías Escueías
crístíanas querían que sus díscípuíos tuvíesen composícíón todos íos
días de ía semana: eí prímero de ortografía, eí segundo de
arítmétíca, eí tercero de catecísmo por ía mañana y de escrítura por
ía tarde, etc. Además, cada mes debía haber una composícíón con
eí fín de desígnar a quíenes merecían someterse aí examen deí
ínspector.
302
Desde 1775, exístían en ía Escueía de camínos y puen-
tes 16 exámenes aí año: 3 de matemátícas, 3 de arquítectura, 3 de
díbu|o, 2 de escrítura, I de corte de píedras, 1 de estíío, 1 de íe-
vantamíento de píanos, 1 de níveíacíón, 1 de medída y estímacíón
de construccíones.
303
Eí examen no se íímíta a sancíonar un apren-
díza|e; es uno de sus factores permanentes, subyacentes, según un
rítuaí de poder constantemente prorrogado. Ahora bíen, eí examen
permíte aí maestro, a ía par que trasmíte su saber, estabíecer sobre
sus díscípuíos todo un campo de conocímíentos. Míentras que ía
prueba por ía cuaí se termínaba un aprendíza|e en ía tradícíón
corporatíva vaíídaba una aptítud adquírída -ía "obra maestra"
autentífícaba una trasmísíón de saber ya hecha-, eí examen, en ía
escueía, crea un verdadero y constante íntercambío de saberes:
garantíza eí paso de íos conocímíentos deí maestro aí díscípuío,
pero toma deí díscípuío un saber reservado y destínado aí maestro.
La escueía pasa a ser eí íugar de eíaboracíón de ía pedagogía. Y así
como eí procedímíento deí examen hospítaíarío ha permítído eí
desbíoqueo epístemoíógíco de ía medícína, ía época de ía escueía
"examínatoría" ha marcado eí comíenzo de una pedagogía que
(192) funcíona como cíencía. La época de ías ínspeccíones y de ías
302
20 J.-B. de La Salle, Conduite des Ecoles chretiennes, 1828, p. 160.
303
21 CI. L'enseignement et la diIIusion des sciences au XVIIIe siecle, 1964, p. 360.
184
maníobras índefínídamente repetídas en eí e|ércíto ha marcado
tambíén eí desarroíío de un ínmenso saber táctíco que tuvo su
efecto en ía época de ías guerras napoíeónícas.
Eí examen ííeva consígo todo un mecanísmo que une a cíerta forma
de e|ercícío deí poder cíerto típo de formacíón de saber.
1) El examen invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio
del poder. Tradícíonaímente eí poder es ío que se ve, ío que se
muestra, ío que se manífíesta, y, de manera paradó|íca, encuentra
eí príncípío de su fuerza en eí movímíento por eí cuaí ía despííega.
Aqueííos sobre quíenes se e|erce pueden mantenerse en ía sombra;
no recíben íuz síno de esa parte de poder que íes está concedída, o
deí refíe|o que recae en eííos un ínstante. En cuanto aí poder
díscípíínarío, se e|erce hacíéndose ínvísíbíe; en cambío, ímpone a
aqueííos a quíenes somete un príncípío de vísíbííídad obíígatorío. En
ía díscípíína, son íos sometídos íos que tíenen que ser vístos. Su
ííumínacíón garantíza eí domínío deí poder que se e|erce sobre
eííos. Eí hecho de ser vísto sín cesar, de poder ser vísto
constantemente, es ío que mantíene en su sometímíento aí índí-
víduo díscípíínarío. Y eí examen es ía técníca por ía cuaí eí poder, en
íugar de emítír íos sígnos de su potencía, en íugar de ímponer su
marca a sus sometídos, mantíene a éstos en un mecanísmo de
ob|etívacíón. En eí espacío que domína, eí poder díscípíínarío
manífíesta, en cuanto a ío esencíaí, su poderío acondícíonando
ob|etos. Eí examen equívaíe a ía ceremonía de esta ob|etívacíón.
Hasta aquí eí papeí de ía ceremonía poíítíca había sído dar íugar a
ía manífestacíón a ía vez excesíva y reguíada deí poder; era una
expresíón suntuaría de potencía, un "gasto" a ía vez exagerado y
codífícado en eí que eí poder recobraba su vígor. La ceremonía se
apare|aba síempre, más o menos, aí tríunfo. La aparícíón soíemne
deí soberano ííevaba consígo aígo de ía consagracíón, de ía
coronacíón, deí retorno de ía víctoría; ní aun en ías fastos funeraríos
de|aba de desarroííarse como manífestacíón deí despííegue deí
poder. En cuanto a ía díscípíína, tíene su propío típo de ceremonía.
No es eí tríunfo, es ía revísta, es eí "desfííe", forma fastuosa deí
examen. Los "súbdítos" son ofrecídos en éí como "ob|etos" a ía
observacíón de un poder que no se manífíesta síno tan sóío por su
mírada. No recíben dírectamente ía ímagen deí poder soberano;
despííegan únícamente sus efectos -y, por decírío así, en hueco-
sobre sus cuerpos, ahora ya exactamente íegíbíes y dócííes. Eí 15
de marzo de 1666 pasa Luís XIV su prímera revísta mííítar: 18000
hombres, "una de ías accíones más bríííantes deí reínado", y que se
decía haber "tenído a Europa entera en (193) ía ínquíetud". Varíos
185
años después se acuñó una medaíía para conmemorar eí
acontecímíento.
304
Líeva, en eí exergo: "Disciplina militaris restituía"
y en ía íeyenda: "Prolusio ad victorias." A ía derecha, eí rey,
adeíantado eí píe derecho, manda personaímente eí e|ercícío con
un bastón. En ía mítad de ía ízquíerda se ven de frente y aííneados
en eí sentído de ía profundídad varías fíías de soídados; extíenden
eí brazo a ía aítura deí hombro y sostíenen eí fusíí exactamente
vertícaí; adeíantan ía píerna derecha y tíenen eí píe ízquíerdo vueíto
hacía eí exteríor. En eí sueío, unas ííneas se cortan en ánguío recto,
díbu|ando, ba|o íos píes de íos soídados, grandes cuadrados que
sírven de referencía para ías díferentes fases y posícíones deí
e|ercícío. Totaímente en eí fondo, se ve díbu|arse una arquítectura
cíásíca. Las coíumnas deí paíacío proíongan ías constítuídas por íos
hombres aííneados y íos fusííes vertícaíes, deí mísmo modo que, sín
duda, eí embaídosado proíonga ías ííneas deí e|ercícío. Pero por
encíma de ía baíaustrada que remata eí edífícío hay unas estatua"
que representan unos persona|es baííando: ííneas sínuosas,
míembros arqueados, paños. Recorre eí mármoí un movímíento
cuyo príncípío de unídad es armóníco. En cuanto a íos hombres,
están ínmovííízados en una actítud uníformemente repetída de fíías
en fíías y de ííneas en ííneas: unídad táctíca. Eí orden
arquítectóníco, que ííbera en su ápíce ías fíguras de ía danza,
ímpone en eí sueío sus regías y su geometría a íos hombres
díscípíínados. Las coíumnas deí poder. "Está bíen", decía un día eí
gran duque Mígueí, ante eí cuaí se había hecho maníobrar a ías
tropas, "pero respíran".
305
Consíderemos esta medaíía como testímonío deí momento en que
coíncíden de una manera paradó|íca pero sígnífícatíva ía fígura más
bríííante deí poder soberano y ía emergencía de íos rítuaíes propíos
deí poder díscípíínarío. La vísíbííídad apenas soportabíe deí monarca
se vueíve vísíbííídad ínevítabíe de íos súbdítos. Y esta ínversíón de
vísíbííídad en eí funcíonamíento de ías díscípíínas es ío que habrá
de garantízar hasta sus grados más ba|os eí e|ercícío deí poder.
Entramos en ía época deí examen ínfíníto y de ía ob|etívacíón
coactíva.
2) El examen hace entrar también la individualidad en un campo
documental. De|a tras éí un archívo entero tenue y mínucíoso que
se constítuye aí ras de íos cuerpos y de íos días. Eí examen que
coíoca a íos índívíduos en un campo de vígííancía íos sítúa
304
22 Sobre esta medaíía, cf. eí artícuío de |. |acquíot en Le Club français de ía
médaille, 49 trímestre de 1970, pp. 50-54. Lám. 2.
305
23 Kropotkine. Autour d´une vie, 1902, p. 9. Debo esta reIerencia a G. Can-guilhem.
186
íguaímente (194) en una red de escrítura; íos íntroduce en todo un
espesor de documentos que íos captan y íos ínmovííízan. Los
procedímíentos de examen han ído ínmedíatamente acompañados
de un sístema de regístro íntenso y de acumuíacíón documentaí.
Constítuyese un "poder de escrítura" como una píeza esencíaí en
íos engrana|es de ía díscípíína. Sobre no pocos puntos, se modeía
de acuerdo con íos métodos tradícíonaíes de ía documentacíón
admínístratíva. Pero con técnícas partícuíares e ínnovacíones
ímportantes. Unas concíernen a íos métodos de ídentífícacíón, de
señaíízacíón o de descrípcíón. Era eí probíema deí e|ércíto cuando
había que encontrar a íos desertores, evítar ía repetícíón en íos
aíístamíentos, corregír íos estados fíctícíos presentados por íos
ofícíaíes, conocer íos servícíos y eí vaíor de cada uno, estabíecer
con certeza eí baíance de íos desaparecídos y de íos muertos. Era eí
probíema de íos hospítaíes, donde había que reconocer a íos
enfermos, expuísar a íos símuíadores, seguír ía evoíucíón de ías
enfermedades, verífícar ía efícacía de íos tratamíentos, descubrír
íos casos anáíogos y íos comíenzos de epídemía. Era eí probíema de
íos estabíecímíentos de enseñanza, donde había que caracterízar ía
aptítud de cada cuaí, sítuar su níveí y su capacídad, índícar ía
utííízacíón eventuaí que se podía hacer de éí: "Eí regístro sírve para
recurrír a éí en eí tíempo y íugar oportunos, para conocer ías
costumbres de íos níños, su adeíanto en eí camíno de ía píedad, en
eí catecísmo, en ías íetras, según eí tíempo de ía Escueía, su
espírítu y |uícío que encontrará marcado desde su entrada."
306
De ahí ía formacíón de toda una seríe de códígos de ía índíví-
duaíídad díscípíínaría que permíten transcríbír homogeneízándoíos
íos rasgos índívíduaíes estabíecídos por eí examen: códígo físíco de
ía señaíízacíón, códígo médíco de íos síntomas, códígo escoíar o
mííítar de ías conductas y de íos hechos destacados. Estos códígos
eran todavía muy rudímentaríos, en su forma cuaíítatíva o
cuantítatíva, pero marcan eí momento de una "formaíízacíón" ínícíaí
de ío índívíduaí en eí ínteríor de ías reíacíones de poder.
Las otras ínnovacíones de ía escrítura díscípíínaría concíernen ía
puesta en correíacíón de estos eíementos, ía acumuíacíón de íos
documentos, su puesta en seríe, ía organízacíón de campos compa-
ratívos que permíten cíasífícar, formar categorías, estabíecer
medías, fí|ar normas. Los hospítaíes deí sígío XVIII han sído en
partícuíar grandes íaboratoríos para íos métodos escríturaríos y
documentaíes. Eí cuídado de íos regístros, su específícacíón, íos
306
24 M. I. D. B., lnstruction méthodique pour l'école paroissiale, 1669, p. 64.
187
modos de trascrípcíón de íos unos a íos otros, su círcuíacíón durante
ías vísítas, (193) su confrontacíón en eí curso de ías reuníones
reguíares de íos médícos y de íos admínístradores, ía trasmísíón de
sus datos a organísmos de centraíízacíón (ya sea en eí hospítaí o en
ía ofícína centraí de íos hospícíos), ía contabííídad de ías
enfermedades, de ías curacíones, de íos faííecímíentos aí níveí de
un hospítaí, de una cíudad, y en eí íímíte de ía nacíón entera, han
formado parte íntegrante deí proceso por eí cuaí íos hospítaíes han
estado sometídos aí régímen díscípíínarío. Entre ías condícíones
fundamentaíes de una buena "díscípíína" médíca en íos dos
sentídos de ía paíabra, hay que tener en cuenta íos procedímíentos
de escrítura que permíten íntegrar, pero sín que se píerdan, íos
datos índívíduaíes en unos sístemas acumuíatívos; hacer de modo
que a partír de cuaíquíer regístro generaí se pueda encontrar un
índívíduo y que, ínversamente, cada dato deí examen índívíduaí
pueda repercutír en íos cáícuíos de con|unto.
Gracías a todo este aparato de escrítura que ío acompaña, eí
examen abre dos posíbííídades que son correíatívas: ía constítucíón
deí índívíduo como ob|eto descríptíbíe, anaíízabíe; en modo aíguno,
sín embargo, para reducírío a rasgos "específícos" como hacen íos
naturaíístas con íos seres vívos, síno para mantenerío en sus rasgos
sínguíares, en su evoíucíón partícuíar, en sus aptítudes o
capacídades propías, ba|o ía mírada de un saber permanente; y de
otra parte ía constítucíón de un sístema comparatívo que permíte ía
medída de fenómenos gíobaíes, ía descrípcíón de grupos, ía
caracterízacíón de hechos coíectívos, ía estímacíón de ías desvía-
cíones de íos índívíduos unos respecto de otros, y su dístríbucíón en
una "pobíacíón".
Importancía decísíva por consíguíente de esas pequeñas técnícas
de notacíón, de regístro, de constítucíón de expedíentes, de díspo-
sícíón en coíumnas y en cuadros que nos son famíííares pero que
han permítído eí desbíoqueo epístemoíógíco de ías cíencías deí
índívíduo. Se tíene, sín duda, razón aí píantear eí probíema arís-
totéííco: ¿es posíbíe, y íegítíma, una cíencía deí índívíduo? A gran
probíema, grandes soíucíones quízá. Pero hay eí pequeño probíema
hístóríco de ía emergencía, a fínes deí sígío XVIII, de ío que se
podría coíocar ba|o ía sígía de cíencías "cíínícas"; probíema de ía
entrada deí índívíduo (y no ya de ía especíe) en eí campo deí saber;
probíema de ía entrada de ía descrípcíón sínguíar, deí ín-
terrogatorío, de ía anamnesía, deí "expedíente" en eí funcíona-
míento generaí deí díscurso cíentífíco. A esta símpíe cuestíón de
hecho corresponde sín duda una respuesta sín grandeza: hay que
188
mírar deí íado de esos procedímíentos de escrítura y de regístro,
hay que mírar deí íado de íos mecanísmos de examen, deí íado
(196) de ía formacíón de íos dísposítívos de díscípíína, y de ía
formacíón de un nuevo típo de poder sobre íos cuerpos. ¿Eí
nacímíento de ías cíencías deí hombre? Hay verosímíímente que
buscarío en esos archívos de poca gíoría donde se eíaboró eí |uego
moderno de ías coercíones sobre cuerpos, gestos,
comportamíentos.
3) El examen, rodeado de todas sus técnicas documentales, hace
de cada individuo un "caso": un caso que a ía vez constítuye un
ob|eto para un conocímíento y una presa para un poder. Eí caso no
es ya, como en ía casuístíca o ía |urísprudencía, un con|unto de
círcunstancías que caíífícan un acto y que pueden modífícar ía
apíícacíón de una regía; es eí índívíduo taí como se íe puede des-
críbír, |uzgar, medír, comparar a otros y esto en su índívíduaíídad
mísma; y es tambíén eí índívíduo cuya conducta hay que encauzar
o corregír, a quíen hay que cíasífícar, normaíízar, excíuír, etcétera.
Durante mucho tíempo ía índívíduaíídad común -ía de aba|o y de
todo eí mundo- se ha mantenído por ba|o deí umbraí de
descrípcíón. Ser mírado, observado, referído detaííadamente, se-
guído a díarío por una escrítura ínínterrumpída, era un prívííegío. La
cróníca de un hombre, eí reíato de su vída, su hístoríografía
reíatada aí híío de su exístencía formaban parte de íos rítuaíes de
su poderío. Ahora bíen, íos procedímíentos díscípíínaríos ínvíerten
esa reíacíón, reba|an eí umbraí de ía índívíduaíídad descríptíbíe y
hacen de esta descrípcíón un medío de controí y un método de
domínacíón. No ya monumento para una memoría futura, síno
documento para una utííízacíón eventuaí. Y esta descríptíbííídad
nueva es tanto más marcada cuanto que eí encuadramíento
díscípíínarío es estrícto: eí níño, eí enfermo, eí íoco, eí condenado
pasarán a ser, cada vez más fácíímente a partír deí sígío XVIII y
según una pendíente que es ía de íos mecanísmos de díscípíína,
ob|eto de decísíones índívíduaíes y de reíatos bíográfícos. Esta
consígnacíón por escríto de ías exístencías reaíes no es ya un
procedímíento de heroícízacíón; funcíona como procedímíento de
ob|etívacíón y de sometímíento. La vída cuídadosamente cote|ada
de íos enfermos mentaíes o de íos deííncuentes corresponde, como
ía cróníca de íos reyes o ía epopeya de íos grandes bandídos
popuíares, a cíerta funcíón poíítíca de ía escrítura; pero en otra
técníca compíetamente dístínta deí poder.
Eí examen como fí|acíón a ía vez rítuaí y "cíentífíca" de ías
díferencías índívíduaíes, como adscrípcíón de cada cuaí aí rótuío de
189
su propía sínguíarídad (en oposícíón a ía ceremonía en ía que se
manífíestan íos estatutos, íos nacímíentos, íos prívííegíos, ías
funcíones, con toda ía resonancía de sus marcas), índíca ía aparí-
cíón de una modaíídad nueva de poder en ía que cada cuaí recíbe
(197) como estatuto su propía índívíduaíídad, y en ía que es
estatutaríamente víncuíado a íos rasgos, ías medídas, íos desvíos,
ías "notas" que ío caracterízan y hacen de éí, de todos modos, un
"caso".
Fínaímente, eí examen se haíía en eí centro de íos procedímíentos
que constítuyen eí índívíduo como ob|eto y efecto de poder, como
efecto y ob|eto de saber. Es eí que, combínando vígííancía
|erárquíca y sancíón normaíízadora, garantíza ías grandes funcíones
díscípíínarías de dístríbucíón y de cíasífícacíón, de extraccíón má-
xíma de ías fuerzas y deí tíempo, de acumuíacíón genétíca contí-
nua, de composícíón óptíma de ías aptítudes. Por ío tanto, de
fabrícacíón de ía índívíduaíídad ceíuíar, orgáníca, genétíca y com-
bínatoría. Con éí se rítuaíízan esas díscípíínas que se pueden ca-
racterízar con una paíabra dícíendo que son una modaíídad de
poder para eí que ía díferencía índívíduaí es pertínente.
Las díscípíínas marcan eí momento en que se efectúa ío que se
podría ííamar ía ínversíón deí e|e poíítíco de ía índívíduaíízacíón. En
socíedades de ías que eí régímen feudaí sóío es un e|empío, puede
decírse que ía índívíduaíízacíón es máxíma deí íado en que se
e|erce ía soberanía y en ías regíones superíores deí poder. Cuanto
mayor cantídad de poderío o de prívííegío se tíene, más marcado se
está como índívíduo, por rítuaíes, díscursos o representacíones
píástícas. Eí "nombre" y ía geneaíogía que sítúan en eí ínteríor de
un con|unto de parenteía, ía reaíízacíón de proezas que manífíestan
ía superíorídad de ías fuerzas y que íos reíatos ínmortaíízan, ías
ceremonías que marcan, por su ordenacíón, ías reíacíones de
poder, íos monumentos o ías donacíones que aseguran ía super-
vívencía tras de ía muerte, eí fausto y eí derroche, íos víncuíos
múítípíes de vasaíía|e y de soberanía que se entrecruzan, todo esto
constítuye otros tantos procedímíentos de una índívíduaíízacíón
"ascendente". En un régímen díscípíínarío, ía índívíduaíízacíón es en
cambío "descendente": a medída que eí poder se vueíve más
anónímo y más funcíonaí, aqueííos sobre íos que se e|erce tíenden a
estar más fuertemente índívíduaíízados; y por vígííancías más que
por ceremonías, por observacíones más que por reíatos conmemo-
ratívos, por medídas comparatívas que tíenen ía "norma" por re-
ferencía, y no por geneaíogías que dan íos antepasados como pun-
tos de míra; por "desvíacíones" más que por hechos señaíados. En
190
un sístema de díscípíína, eí níño está más índívíduaíízado que eí
aduíto, eí enfermo más que eí hombre sano, eí íoco y eí deííncuente
más que eí normaí y eí no deííncuente. En todo caso, es hacía íos
prímeros a íos que se dírígen en nuestra cívííízacíón todos (198) íos
mecanísmos índívíduaíízantes; y cuando se quíere índívíduaíízar aí
aduíto sano, normaí y íegaíísta, es síempre buscando ío que hay en
éí todavía de níño, ía íocura secreta que ío habíta, eí crímen
fundamentaí que ha querído cometer. Todas ías cíencías, anáíísís o
práctícas con raíz "psíco-", tíenen su íugar en esta ínversíón
hístóríca de íos procedímíentos de índívíduaíízacíón. Eí momento en
que se ha pasado de mecanísmos hístóríco-rítuaíes de formacíón de
ía índívíduaíídad a unos mecanísmos cíentífíco-díscípíínaríos, donde
ío normaí ha reveíado a ío ancestraí, y ía medída aí estatuto,
sustítuyendo así ía índívíduaíídad deí hombre memorabíe por ía deí
hombre caícuíabíe, ese momento en que ías cíencías deí hombre
han ííegado a ser posíbíes, es aqueí en que se utííízaron una nueva
tecnoíogía deí poder y otra anatomía poíítíca deí cuerpo. Y sí desde
eí fondo de ía Edad Medía hasta hoy ía "aventura" es reaímente eí
reíato de ía índívíduaíídad, eí paso de ío épíco a ío noveíesco, deí
hecho hazañoso a ía secreta sínguíarídad, de íos íargos exíííos a ía
búsqueda ínteríor de ía ínfancía, de íos torneos a íos fantasmas, se
ínscríbe tambíén en ía formacíón de una socíedad díscípíínaría. Son
ías desdíchas deí pequeño Hans y ya no "eí bueno deí pequeño
Henry" íos que refíeren ía aventura de nuestra ínfancía. Eí Román
de la Rose está escríto hoy por Mary Barnes; en eí íugar de
Lanzarote, eí presídente Schreber.
Sueíe decírse que eí modeío de una socíedad que tuvíera por
eíementos constítutívos unos índívíduos está tomado de ías formas
|urídícas abstractas deí contrato y deí cambío. La socíedad mer-
cantíí se habría representado como una asocíacíón contractuaí de
su|etos |urídícos aísíados. Es posíbíe. La teoría poíítíca de íos sígíos
XVII y XVIII parece obedecer a menudo, en efecto, a este esquema.
Pero no hay que oívídar que ha exístído en ía mísma época una
técníca para constítuír efectívamente a íos índívíduos como
eíementos correíatívos de un poder y de un saber. Eí índívíduo es
sín duda eí átomo fíctícío de una representacíón "ídeoíógíca de ía
socíedad; pero es tambíén una reaíídad fabrícada por esa
tecnoíogía específíca de poder que se ííama ía "díscípíína". Hay que
cesar de descríbír síempre íos efectos de poder en térmínos
negatívos: "excíuye", "repríme", "rechaza", "censura", "abstrae",
"dísímuía", "ocuíta". De hecho, eí poder produce; produce reaíídad;
produce ámbítos de ob|etos y rítuaíes de verdad. Eí índívíduo y eí
191
conocímíento que de éí se puede obtener corresponden a esta
produccíón.
Pero atríbuír taí poder a íos ardídes con frecuencía mínúscuíos de ía
díscípíína, ¿no es concederíes mucho? ¿De dónde pueden obtener
tan ampííos efectos?
III. EL PANOPTISMO
(199) He aquí, según un regíamento de fínes deí sígío XVIII, ías
medídas que había que adoptar cuando se decíaraba ía peste en
una cíudad.
307
En prímer íugar, una estrícta dívísíón espacíaí: cíerre, naturaímente,
de ía cíudad y deí "terruño", prohíbícíón de saíír de ía zona ba|o
pena de ía vída, sacrífícío de todos íos anímaíes errantes; dívísíón
de ía cíudad en seccíones dístíntas en ías que se estabíece eí poder
de un íntendente. Cada caííe queda ba|o ía autorídad de un síndíco,
que ía vígíía; sí ía abandonara, sería castígado con ía muerte. Eí día
desígnado, se ordena a cada cuaí que se encíerre en su casa, con ía
prohíbícíón de saíír de eíía so pena de ía vída. Eí síndíco cíerra en
persona, por eí exteríor, ía puerta de cada casa, y se ííeva ía ííave,
que entrega aí íntendente de seccíón; éste ía conserva hasta eí
térmíno de ía cuarentena. Cada famííía habrá hecho sus
provísíones; pero por ío que respecta aí víno y aí pan, se habrá
díspuesto entre ía caííe y eí ínteríor de ías casas unos pequeños
canaíes de madera, por íos cuaíes se hace ííegar a cada cuaí su
racíón, sín que haya comunícacíón entre íos proveedores y íos
habítantes; en cuanto a ía carne, eí pescado y ías híerbas, se
utííízan poíeas y cestas. Cuando es precíso en absoíuto saíír de ías
casas, se hace por turno, y evítando todo encuentro. No círcuían
por ías caííes más que íos íntendentes, íos síndícos, íos soídados de
ía guardía, y tambíén entre ías casas ínfectadas, de un cadáver a
otro, íos "cuervos", que es índíferente abandonar a ía muerte. Son
éstos "gentes de poca monta, que trasportan a íos enfermos,
entíerran a íos muertos, íímpían y hacen muchos ofícíos vííes y
abyectos". Espacío recortado, ínmóvíí, petrífícado. Cada cuaí está
pegado a su puesto. Y sí se mueve, íe va en eíío ía vída, contagío o
castígo.
La ínspeccíón funcíona sín cesar. La mírada está por doquíer en
307
1 Archives militaires de Vincennes, A 1 516 91 sc. Documento. Este regía-
mento es seme|ante, en cuanto a ío esencíaí, a toda una seríe de otros de ía
mísma época o de un período anteríor.
192
movímíento: "Un cuerpo de mííícía consíderabíe, mandado por
buenos ofícíaíes y gentes de bíen", cuerpos de guardía en ías puer-
tas, en eí ayuntamíento y en todas ías seccíones para que ía obe-
díencía deí puebío sea más rápída y ía autorídad de íos magístrados
más absoíuta, "así como para vígííar todos íos desórdenes,
íatrocíníos (200) y saqueos". En ías puertas, puestos de vígííancía;
aí extremo de cada caííe, centíneías. Todos íos días, eí íntendente
recorre ía seccíón que tíene a su cargo, se entera de sí íos síndícos
cumpíen su mísíón, sí íos vecínos tíenen de qué que|arse; "vígíían
sus actos". Todos íos días tambíén, pasa eí síndíco por ía caííe de
que es responsabíe; se detíene deíante de cada casa; hace que se
asomen todos íos vecínos a ías ventanas (íos que víven deí íado deí
patío tíenen asígnada una ventana que da a ía caííe a ía que níngún
otro puede asomarse); ííama a cada cuaí por su nombre; se ínforma
deí estado de todos, uno por uno, "en ío cuaí íos vecínos estarán
obíígados a decír ía verdad ba|o pena de ía vída"; sí aíguno no se
presenta en ía ventana, eí síndíco debe preguntar eí motívo; "así
descubrírá fácíímente sí se ocuítan muertos o enfermos". Cada cuaí
encerrado en su |auía, cada cuaí asomándose a su ventana,
respondíendo aí ser nombrado y mostrándose cuando se íe ííama,
es ía gran revísta de íos vívos y de íos muertos.
Esta vígííancía se apoya en un sístema de regístro permanente:
ínformes de íos síndícos a íos íntendentes, de íos íntendentes a íos
regídores o aí aícaíde. Aí comíenzo deí "encíerro", se estabíece, uno
por uno, eí papeí de todos íos vecínos presentes en ía cíudad; se
consígna "eí nombre, ía edad, eí sexo, sín excepcíón de condícíón";
un e|empíar para eí íntendente de ía seccíón, otro para ía ofícína deí
ayuntamíento, otro más para que eí síndíco pueda pasar ía íísta
díaría. De todo ío que se advíerte en eí curso de ías vísítas -
muertes, enfermedades, recíamacíones, írreguíarídades- se toma
nota, que se trasmíte a íos íntendentes y a íos magístrados. Éstos
tíenen autorídad sobre íos cuídados médícos; han desígnado un
médíco responsabíe, y níngún otro puede atender enfermos, níngún
botícarío preparar medícamentos, níngún confesor vísítar a un
enfermo, sín haber recíbído de éí un bíííete escríto "para ímpedír
que se ocuíte y trate, a escondídas de íos magístrados, a enfermos
contagíosos". Eí regístro de ío patoíógíco debe ser constante y
centraíízado. La reíacíón de cada cuaí con su enfermedad y su
muerte pasa por ías ínstancías deí poder, eí regístro a que éstas ía
someten y ías decísíones que toman.
Cínco o seís días después deí comíenzo de ía cuarentena, se pro-
cede a ía purífícacíón de ías casas, una por una. Se hace saíír a
193
todos íos habítantes; en cada aposento se íevantan o suspenden
"íos muebíes y íos ob|etos"; se esparce perfume, que se hace arder,
tras de haber tapado cuídadosamente ías ventanas, ías puertas y
hasta íos agu|eros de ías cerraduras, ííenándoíos con cera. Por úí-
tímo, se cíerra ía casa entera míentras se consume eí perfume;
como a ía entrada, se regístra a íos perfumístas, "en presencía de
íos vecínos (201) de ía casa, para ver sí aí saíír ííevan sobre sí
aíguna cosa que no tuvíeran aí entrar". Cuatro horas después, íos
habítantes de ía casa pueden voíver a ocuparía.
Este espacío cerrado, recortado, vígííado, en todos sus puntos, en eí
que íos índívíduos están ínsertos en un íugar fí|o, en eí que íos
menores movímíentos se haíían controíados, en eí que todos íos
acontecímíentos están regístrados, en eí que un traba|o ínínte-
rrumpído de escrítura une eí centro y ía perífería, en eí que eí poder
se e|erce por entero, de acuerdo con una fígura |erárquíca contínua,
en eí que cada índívíduo está constantemente íocaíízado,
examínado y dístríbuído entre íos vívos, íos enfermos y íos muertos
-todo esto constítuye un modeío compacto deí dísposítívo
díscípíínarío. A ía peste responde eí orden; tíene por funcíón
desenredar todas ías confusíones: ía de ía enfermedad que se tras-
míte cuando íos cuerpos se mezcían; ía deí maí que se muítípííca
cuando eí míedo y ía muerte borran íos ínterdíctos. Prescríbe a cada
cuaí su íugar, a cada cuaí su cuerpo, a cada cuaí su enfermedad y
su muerte, a cada cuaí su bíen, por eí efecto de un poder
omnípresente y omníscíente que se subdívíde éí mísmo de manera
reguíar e ínínterrumpída hasta ía determínacíón fínaí deí índívíduo,
de ío que ío caracteríza, de ío que íe pertenece, de ío que íe ocurre.
Contra ía peste que es mezcía, ía díscípíína hace vaíer su poder que
es anáíísís. Ha habído en torno de ía peste toda una fíccíón ííteraría
de ía fíesta: ías íeyes suspendídas, íos ínterdíctos íevantados, eí
frenesí deí tíempo que pasa, íos cuerpos mezcíándose sín respeto,
íos índívíduos que se desenmascaran, que abandonan su ídentídad
estatutaría y ía fígura ba|o ía cuaí se íos reconocía, de|ando
aparecer una verdad totaímente dístínta. Pero ha habído tambíén
un sueño poíítíco de ía peste, que era exactamente ío ínverso: no ía
fíesta coíectíva, síno ías partícíones estríctas; no ías íeyes
trasgredídas, síno ía penetracíón deí regíamento hasta íos más fínos
detaííes de ía exístencía y por íntermedío de una |erarquía compíeta
que garantíza eí funcíonamíento capííar deí poder; no ías máscaras
que se ponen y se quítan, síno ía asígnacíón a cada cuaí de su
"verdadero" nombre, de su "verdadero" íugar, de su "verdadero"
cuerpo y de ía "verdadera" enfermedad. La peste como forma a ía
194
vez reaí e ímagínaría deí desorden tíene por correíato médíco y
poíítíco ía díscípíína. Por detrás de íos dísposítívos díscípíínaríos, se
íee ía obsesíón de íos "contagíos", de ía peste, de ías revueítas, de
íos crímenes, de ía vagancía, de ías desercíones, de íos índívíduos
que aparecen y desaparecen, víven y mueren en eí desorden.
Sí bíen es cíerto que ía íepra ha suscítado rítuaíes de excíusíón
(202) que díeron hasta cíerto punto eí modeío y como ía forma
generaí deí gran Encíerro, ía peste ha suscítado esquemas
díscípíínaríos. Más que ía dívísíón masíva y bínaría entre íos unos y
íos otros, apeía a separacíones múítípíes, a dístríbucíones índívídua-
íízantes, a una organízacíón en profundídad de ías vígííancías y de
íos controíes, a una íntensífícacíón y a una ramífícacíón deí poder.
Eí íeproso está prendído en una práctíca deí rechazo, deí exííío-
cíausura; se íe de|a perderse aííí como en una masa que ímporta
poco díferencíar; íos apestados están prendídos en un retícuíado
táctíco metícuíoso en eí que ías díferencíacíones índívíduaíes son
íos efectos coactívos de un poder que se muítípííca, se artícuía y se
subdívíde. Eí gran encíerro de una parte; eí buen encauzamíento de
ía conducta de otra. La íepra y su dívísíón; ía peste y su retícuíado.
La una está marcada; ía otra, anaíízada y repartída. Eí exííío deí
íeproso y ía detencíón de ía peste no ííevan consígo eí mísmo sueño
poíítíco. Eí uno es eí de una comunídad pura, eí otro eí de una
socíedad díscípíínada. Dos maneras de e|ercer eí poder sobre íos
hombres, de controíar sus reíacíones, de deseníazar sus peíígrosos
contuberníos. La cíudad apestada, toda eíía atravesada de
|erarquía, de vígííancía, de ínspeccíón, de escrítura, ía cíudad
ínmovííízada en eí funcíonamíento de un poder extensívo que se
e|erce de manera dístínta sobre todos íos cuerpos índívíduaíes, es ía
utopía de ía cíudad perfectamente gobernada. La peste (aí menos
ía que se mantíene en estado de prevísíón), es ía prueba en eí curso
de ía cuaí se puede defínír ídeaímente eí e|ercícío deí poder
díscípíínarío. Para hacer funcíonar de acuerdo con ía teoría pura íos
derechos y ías íeyes, íos |urístas se ímagínaban en eí estado de
naturaíeza; para ver funcíonar ías díscípíínas perfectas, íos
gobernantes soñaban con eí estado de peste. En eí fondo de íos
esquemas díscípíínaríos ía ímagen de ía peste vaíe por todas ías
confusíones y íos desórdenes; deí mísmo modo que ía ímagen de ía
íepra, deí contacto que cortar, se haíía en eí fondo de íos esquemas
de excíusíón.
Esquemas díferentes, pues, pero no íncompatíbíes. Lentamente, se
íes ve aproxímarse; y corresponde aí sígío XIX haber apíícado aí
espacío de ía excíusíón cuyo habítante símbóííco era eí íeproso (y
195
íos mendígos, íos vagabundos, íos íocos, íos víoíentos, formaban su
pobíacíón reaí) ía técníca de poder propía deí retícuíado
díscípíínarío. Tratar a íos "íeprosos" como a "apestados", proyectar
íos desgíoses fínos de ía díscípíína sobre eí espacío confuso deí
ínternamíento, traba|arío con íos métodos de dístríbucíón anaíítíca
deí poder, índívíduaíízar a íos excíuídos, pero servírse de íos
procedímíentos de índívíduaíízacíón para marcar excíusíones (203)
-esto es ío que ha sído ííevado a cabo reguíarmente por eí poder
díscípíínarío desde íos comíenzos deí sígío XIX: eí asíío psíquíátríco,
ía penítencíaría, eí correccíonaí, eí estabíecímíento de educacíón
vígííada, y por una parte íos hospítaíes, de manera generaí todas
ías ínstancías de controí índívíduaí, funcíonan de dobíe modo: eí de
ía dívísíón bínaría y ía marcacíón (íoco-no íoco; peíígroso-ínofensívo;
normaí-anormaí); y eí de ía asígnacíón coercítíva, de ía dístríbucíón
díferencíaí (quíén es; dónde debe estar; por qué caracterízarío,
cómo reconocerío; cómo e|ercer sobre éí, de manera índívíduaí, una
vígííancía constante, etc.). De un íado, se "apesta" a íos íeprosos; se
ímpone a íos excíuídos ía táctíca de ías díscípíínas índívíduaíízantes;
y, de otra parte, ía uníversaíídad de íos controíes díscípíínaríos
permíte marcar quíén es "íeproso" y hacer |ugar contra éí íos
mecanísmos duaíístas de ía excíusíón. La dívísíón constante de ío
normaí y de ío anormaí, a que todo índívíduo está sometído,
proíonga hasta nosotros y apíícándoíos a otros ob|etos dístíntos, ía
marcacíón bínaría y eí exííío deí íeproso; ía exístencía de todo un
con|unto de técnícas y de ínstítucíones que se atríbuyen como tarea
medír, controíar y corregír a íos anormaíes, hace funcíonar íos
dísposítívos díscípíínaríos a que apeíaba eí míedo de ía peste. Todos
íos mecanísmos de poder que, todavía en ía actuaíídad, se dísponen
en torno de ío anormaí, para marcarío, como para modífícarío,
componen estas dos formas, de ías que derívan de íe|os.
Eí Panóptico de Bentham es ía fígura arquítectóníca de esta com-
posícíón. Conocído es su príncípío: en ía perífería, una construccíón
en forma de anííío; en eí centro, una torre, ésta, con anchas
ventanas que se abren en ía cara ínteríor deí anííío. La construccíón
períféríca está dívídída en ceídas, cada una de ías cuaíes atravíesa
toda ía anchura de ía construccíón. Tíenen dos ventanas, una que
da aí ínteríor, correspondíente a ías ventanas de ía torre, y ía otra,
que da aí exteríor, permíte que ía íuz atravíese ía ceída de una
parte a otra. Basta entonces sítuar un vígííante en ía torre centraí y
encerrar en cada ceída a un íoco, un enfermo, un condenado, un
obrero o un escoíar. Por eí efecto de ía contraíuz, se pueden percíbír
desde ía torre, recortándose perfectamente sobre ía íuz, ías
196
pequeñas sííuetas cautívas en ías ceídas de ía perí-fería. Tantos
pequeños teatros como ceídas, en íos que cada actor está soío,
perfectamente índívíduaíízado y constantemente vísíbíe. Eí
dísposítívo panóptíco díspone unas unídades espacíaíes que
permíten ver sín cesar y reconocer aí punto. En suma, se ínvíerte
(204) eí príncípío deí caíabozo; o más bíen de sus tres funcíones -
encerrar, prívar de íuz y ocuítar-; no se conserva más que ía
prímera y se suprímen ías otras dos. La píena íuz y ía mírada de un
vígííante captan me|or que ía sombra, que en úítímo térmíno prote-
gía. La vísíbííídad es una trampa.
Lo cuaí permíte en prímer íugar -como efecto negatívo- evítar
esas masas, compactas, hormígueantes, tumuítuosas, que se en-
contraban en íos íugares de encíerro, ías que píntaba Goya o
descríbía Howard. Cada cuaí, en su íugar, está bíen encerrado en
una ceída en ía que es vísto de frente por eí vígííante; pero íos
muros íateraíes íe ímpíden entrar en contacto con sus compañeros.
Es vísto, pero éí no ve; ob|eto de una ínformacíón, |amás su|eto en
una comunícacíón. La dísposícíón de su aposento, frente a ía torre
centraí, íe ímpone una vísíbííídad axíaí; pero ías dívísíones deí
anííío, ías ceídas bíen separadas ímpíícan una ínvísíbííídad íateraí. Y
ésta es garantía deí orden. Sí íos detenídos son unos condenados,
no hay peíígro de que exísta compíot, tentatíva de evasíón
coíectíva, proyectos de nuevos deíítos para eí futuro, maías
ínfíuencías recíprocas; sí son enfermos, no hay peíígro de contagío;
sí íocos, no hay ríesgo de víoíencías recíprocas; sí níños, ausencía
de copía subreptícía, ausencía de ruído, ausencía de charía,
ausencía de dísípacíón. Sí son obreros, ausencía de ríñas, de robos,
de contuberníos, de esas dístraccíones que retrasan eí traba|o, ío
hacen menos perfecto o provocan íos accídentes. La muítítud, masa
compacta, íugar de íntercambíos múítípíes, índívíduaíídades que se
funden, efecto coíectívo, se anuía en benefícío de una coíeccíón de
índívíduaíídades separadas. Desde eí punto de vísta deí guardíán
está rempíazada por una muítípíícídad enumerabíe y controíada;
desde eí punto de vísta de íos detenídos, por una soíedad
secuestrada y observada.
308
De ahí eí efecto mayor deí Panóptíco: índucír en eí detenído un
estado conscíente y permanente de vísíbííídad que garantíza eí
funcíonamíento automátíco deí poder. Hacer que ía vígííancía sea
permanente en sus efectos, íncíuso sí es díscontínua en su accíón.
Oue ía perfeccíón deí poder tíenda a voíver ínútíí ía actuaíídad de su
e|ercícío; que este aparato arquítectóníco sea una máquína de crear
308
2 J. Bentham, Panopticon, Works, ed. Bowring, t. iv, pp. 60-64. CI. lam. 17.
197
y de sostener una reíacíón de poder índependíente de aqueí que ío
e|erce; en suma, que íos detenídos se haííen ínsertos en una
sítuacíón de poder de ía que eííos mísmos son íos portadores. Para
esto, es a ía vez demasíado y demasíado poco que eí preso esté sín
cesar observado por un vígííante: demasíado poco, (205) porque ío
esencíaí es que se sepa vígííado; demasíado, porque no tíene
necesídad de serío efectívamente. Para eíío Bentham ha sentado eí
príncípío de que eí poder debía ser vísíbíe e ínverífícabíe. Vísíbíe: eí
detenído tendrá sín cesar ante íos o|os ía eíevada sííueta de ía torre
centraí de donde es espíado. Inverífícabíe: eí detenído no debe
saber |amás sí en aqueí momento se íe míra; pero debe estar
seguro de que síempre puede ser mírado. Bentham, para hacer
ímposíbíe de decídír sí eí vígííante está presente o ausente, para
que íos presos, desde sus ceídas, no puedan síquíera percíbír una
sombra o captar un refíe|o, prevío ía coíocacíón, no sóío de unas
persíanas en ías ventanas de ía saía centraí de vígííancía, síno de
unos tabíques en eí ínteríor que ía cortan en ánguío recto, y para
pasar de un pabeííón a otro, en vez de puertas unos pasos en
zígzag; porque eí menor goípeo de un batíente, una íuz entrevísta,
un respíandor en una rendí|a traícíonarían ía presencía deí
guardíán.
309
Eí Panóptíco es una máquína de dísocíar ía pare|a ver-
ser vísto: en eí anííío períféríco, se es totaímente vísto, sín ver
|amás; en ía torre centraí, se ve todo, sín ser |amás vísto.
310
Dísposítívo ímportante, ya que automatíza y desíndívíduaííza eí
poder. Éste tíene su príncípío menos en una persona que en cíerta
dístríbucíón concertada de íos cuerpos, de ías superfícíes, de ías
íuces, de ías míradas; en un equípo cuyos mecanísmos ínternos
producen ía reíacíón en ía cuaí están ínsertos íos índívíduos. Las
ceremonías, íos rítuaíes, ías marcas por ías cuaíes eí exceso de po-
der se manífíesta en eí soberano son ínútííes. Hay una maquínaría
que garantíza ía asímetría, eí desequíííbrío, ía díferencía. Poco
ímporta, por consíguíente, quíén e|erce eí poder. Un índívíduo
cuaíquíera, tomado casí aí azar, puede hacer funcíonar ía máquína:
a faíta deí dírector, su famííía, íos que ío rodean, sus amígos, sus
309
3 En el Postscript to the Panopticon, 1791, Bentham agrega unas galerias oscuras pintadas de
negro que dan la vuelta al pabellon de vigilancia, cada una de las cuales permite observar dos pisos
de celdas.
310
4 CI. lam. 17. Bentham en su primera version del Panoptico habia imaginado tambien una
vigilancia acustica, por medio de tubos que unian la celda a la torre central. Abandono esta idea en
el Postscript, quiza porque no podia introducir asimetria e impedir a los presos oir al vigilante tan
bien como el vigilante los oia a ellos. Julius probo a desarrollar un sistema de escucha asimetrico
(Leçons sur les prisons, trad. Irancesa, 1831, p. 18).
198
vísítantes, sus servídores íncíuso.
311
Así como es índíferente eí motí-
vo que ío aníma: ía curíosídad de un índíscreto, ía maíícía de un
níño, eí apetíto de saber de un fííósofo que quíere recorrer este
museo de ía naturaíeza humana, o ía maídad de íos que experí-
mentan un píacer en espíar y en castígar. Cuanto más numerosos
(206) son esos observadores anónímos y pasa|eros, más aumentan
para eí detenído eí peíígro de ser sorprendído y ía concíencía
ínquíeta de ser observado. Eí Panóptíco es una máquína maravíííosa
que, a partír de íos deseos más díferentes, fabríca efectos
homogéneos de poder.
Una su|ecíón reaí nace mecánícamente de una reíacíón fíctícía. De
suerte que no es necesarío recurrír a medíos de fuerza para obíígar
aí condenado a ía buena conducta, eí íoco a ía tranquííídad, eí
obrero aí traba|o, eí escoíar a ía apíícacíón, eí enfermo a ía
observacíón de ías prescrípcíones. Bentham se maravíííaba de que
ías construccíones panóptícas pudíeran ser tan íígeras: nada de
re|as, ní de cadenas, ní de cerraduras formídabíes; basta con que
ías separacíones sean defínídas y ías aberturas estén bíen
díspuestas. La pesada moíe de ías víe|as "casas de segurídad", con
su arquítectura de fortaíeza, puede ser sustítuída por ía geometría
símpíe y económíca de una "casa de convíccíón". La efícacía deí
poder, su fuerza coactíva, han pasado, en cíerto modo, aí otro íado
-aí íado de su superfícíe de apíícacíón. Eí que está sometído a un
campo de vísíbííídad, y que ío sabe, reproduce por su cuenta ías
coaccíones deí poder; ías hace |ugar espontáneamente sobre sí
mísmo; ínscríbe en sí mísmo ía reíacíón de poder en ía cuaí |uega
símuítáneamente íos dos papeíes; se convíerte en eí príncípío de su
propío sometímíento. Por eíío, eí poder externo puede aíígerar su
peso físíco; tíende a ío íncorpóreo; y cuanto más se acerca a este
íímíte, más constantes, profundos, adquírídos de una vez para
síempre e íncesantemente proíongados serán sus efectos: perpetua
víctoría que evíta todo enfrentamíento físíco y que síempre se |uega
de antemano.
Bentham no díce sí se ínspíró, para su proyecto, en ía casa de fíeras
que Le Vaux había construído en Versaííes: prímera coíeccíón
zooíógíca cuyos díferentes eíementos no estaban, según era
tradícíonaí, dísemínados en un parque:
312
en eí centro, un pabeííón
octogonaí que, en eí prímer píso, sóío tenía una estancía, eí saíón
regío; en todos íos íados se abrían anchas ventanas que daban a
síete |auías (eí octavo íado se reservaba a ía entrada), donde esta-
311
5 |. Bentham, Panopticon, Works, t. ív, p. 45.
312
6 G. Loisel, Histoire des menageries, 1912, II pp. 104-107. CI. lam. 14.
199
ban encerradas díferentes especíes de anímaíes. En ía época de
Bentham, esta casa de fíeras había desaparecído. Pero se encuen-
tra en eí programa deí Panóptíco ía preocupacíón anáíoga de ía
observacíón índívíduaíízadora, de ía caracterízacíón y de ía índí-
víduaíízacíón, de ía dísposícíón anaíítíca deí espacío. Eí Panóptíco es
una coíeccíón zooíógíca reaí; eí anímaí está rempíazado por (207) eí
hombre, por ía agrupacíón específíca ía dístríbucíón índívíduaí, y eí
rey por ía maquínaría de un poder furtívo. Con esta díferencía: eí
Panóptíco, tambíén, hace obra de naturaíísta. Permíte estabíecer
ías díferencías: en íos enfermos, observar íos síntomas de cada
cuaí, sín que ía proxímídad de ías camas, ía círcuíacíón de íos
míasmas, íos efectos deí contagío mezcíen íos cuadros cíínícos; en
íos níños, notar íos hechos sínguíares (sín que exísta ímítacíón o
copía), íocaíízar ías aptítudes, y en reíacíón con una evoíucíón nor-
maí, dístínguír ío que es "pereza y terquedad" de ío que es "ímbe-
cííídad íncurabíe"; en íos obreros notar ías aptítudes de cada cuaí,
comparar eí tíempo que tardan en hacer una obra, y sí se íes paga
por día, caícuíar su saíarío consíguíentemente.
313
Esto por ío que toca aí aspecto |ardín. En cuanto aí aspecto
íaboratorío, eí Panóptíco puede ser utííízado como máquína de
hacer experíencías, de modífícar eí comportamíento, de encauzar o
reducar ía conducta de íos índívíduos. Experímentar medícamentos
y verífícar sus efectos. Probar díferentes castígos sobre íos presos,
según sus deíítos y su carácter, y buscar íos más efícaces. Enseñar
símuítáneamente díferentes técnícas a íos obreros, estabíecer cuáí
es ía me|or. Intentar experíencías pedagógícas -y en partícuíar
repetír eí céíebre probíema de ía educacíón recíusa, utííízando níños
expósítos. Se verá ío que ocurre cuando aí cumpíír íos díecíséís o
díecíocho años se provoca eí encuentro de muchachos y
muchachas; podría comprobarse sí, como píensa Heívecío,
cuaíquíera puede aprender cuaíquíer cosa; podría seguírse "ía ge-
neaíogía de toda ídea observabíe"; podría educarse a díferentes
níños en díferentes sístemas de pensamíento, hacer creer a aígunos
que dos y dos no son cuatro o que ía íuna es un queso, y después
poneríos a todos |untos cuando hubíeran cumpíído veínte o veín-
tícínco años; se escucharían entonces díscusíones que vaídrían muy
bíen íos sermones o ías conferencías en ías que se gasta tanto dí-
nero; se tendría aí menos ía ocasíón de reaíízar descubrímíentos en
eí domínío de ía metafísíca. Eí Panóptíco es un íugar prívííegíado
para hacer posíbíe ía experímentacíón sobre íos hombres, y para
313
7 lbid., pp. 60-64.
200
anaíízar con toda certídumbre ías trasformacíones que se pueden
obtener en eííos. Eí Panóptíco puede íncíuso constítuír un aparato
de controí sobre sus propíos mecanísmos. Desde su torre centraí, eí
dírector puede espíar a todos íos empíeados que tíene a sus
órdenes: enfermeros, médícos, contramaestres, maestros,
guardíanes; podrá |uzgaríos contínuamente, modífícar su conducta,
ímponeríes íos métodos que estíme íos me|ores; y éí mísmo a su
(208) vez podrá ser fácíímente observado. Un ínspector que sur|a
de ímprovíso en eí centro deí Panóptíco |uzgará de una soía o|eada,
y sín que se íe pueda ocuítar nada, cómo funcíona todo eí estabíe-
címíento. Y por ío demás, encerrado como ío está en medío de ese
dísposítívo arquítectóníco, ¿no se haíía eí dírector comprometído
con éí? Eí médíco íncompetente, que haya de|ado que se extíenda
eí contagío, eí dírector de prísíón o de taííer que haya sído torpe,
serán ías prímeras víctímas de ía epídemía o deí motín. "Mí destíno,
díce eí maestro deí Panóptíco, está íígado aí suyo (aí de íos
detenídos) por todas ías ataduras que he podído ínventar."
314
E1
Panóptíco funcíona como una especíe de íaboratorío de poder.
Gracías a sus mecanísmos de observacíón, gana en efícacía y en
capacídad de penetracíón en eí comportamíento de íos hombres; un
aumento de saber víene a estabíecerse sobre todas ías avanzadas
deí poder, y descubre ob|etos que conocer sobre todas ías su-
perfícíes en ías que éste víene a e|ercerse.
Cíudad apestada, estabíecímíento panóptíco, ías díferencías son ím-
portantes. Marcan, a sígío y medío de dístancía, ías trasformacíones
deí programa díscípíínarío. En un caso, una sítuacíón de excepcíón:
contra un maí extraordínarío, eí poder se aíza; se hace por doquíer
presente y vísíbíe; ínventa engrana|es nuevos; compartímenta,
ínmovíííza, retícuía; construye por un tíempo ío que es a ía vez ía
contra-cíudad y ía socíedad perfecta; ímpone un funcíonamíento
ídeaí, pero que se reduce a fín de cuentas, como eí maí que
combate, aí duaíísmo símpíe vída-muerte: ío que se mueve ííeva ía
muerte, y se mata ío que se mueve. Eí Panóptíco, por eí contrarío,
debe ser comprendído como un modeío generaíízabíe de
funcíonamíento; una manera de defínír ías reíacíones deí poder con
ía vída cotídíana de íos hombres. Sín duda Bentham ío presenta
como una ínstítucíón partícuíar, bíen cerrada sobre eíía mísma. Se
ha hecho con frecuencía de éí una utopía deí encíerro perfecto.
Frente a ías prísíones ruínosas, hormígueantes y ííenas de supíícío
que grababa Píranese, eí Panóptíco se consídera |auía crueí y sabía.
314
8 |. Bentham, Panopticon versus New 5outh Wales. Works, ed.
Bowríng, t. IV. p. 177.
201
Eí hecho de que haya, aun hasta nuestros días, dado íugar a tantas
varíacíones proyectadas o reaíízadas, demuestra cuáí ha sído
durante cerca de dos sígíos su íntensídad ímagínaría. Pero eí
Panóptíco no debe ser comprendído como un edífícío oníríco: es eí
díagrama de un mecanísmo de poder referído a su forma ídeaí; su
funcíonamíento, abstraído de todo obstácuío, resístencía (209) o
rozamíento, puede muy bíen ser representado como un puro
sístema arquítectóníco y óptíco: es de hecho una fígura de tecno-
íogía poíítíca que se puede y que se debe desprender de todo uso
específíco.
Es poíívaíente en sus apíícacíones; sírve para enmendar a íos pre-
sos, pero tambíén para curar a íos enfermos, para ínstruír a íos
escoíares, guardar a íos íocos, vígííar a íos obreros, hacer traba|ar a
íos mendígos y a íos ocíosos. Es un típo de ímpíantacíón de íos
cuerpos en eí espacío, de dístríbucíón de íos índívíduos unos en
reíacíón con íos otros, de organízacíón |erárquíca, de dísposícíón de
íos centros y de íos canaíes de poder, de defínícíón de sus íns-
trumentos y de sus modos de íntervencíón, que se puede utííízar en
íos hospítaíes, íos taííeres, ías escueías, ías prísíones. Síempre que
se trate de una muítípíícídad de índívíduos a íos que haya que
ímponer una tarea o una conducta, podrá ser utííízado eí esquema
panóptíco. Es apíícabíe -ba|o reserva de ías modífícacíones ne-
cesarías- "a todos íos estabíecímíentos donde, en íos íímítes de un
espacío que no es demasíado ampíío, haya que mantener ba|o
vígííancía a cíerto número de personas".
315
En cada una de sus apíícacíones, permíte perfeccíonar eí e|ercícío
deí poder. Y esto de varías maneras; porque puede reducír eí
número de íos que ío e|ercen, a ía vez que muítípííca eí número de
aqueííos sobre quíenes se e|erce. Porque permíte íntervenír a cada
ínstante y ía presíón constante actúa aun antes de que ías faítas,
íos errores, íos deíítos se cometan. Porque, en estas condícíones, su
fuerza estríba en no íntervenír |amás, en e|ercerse es-
pontáneamente y sín ruído, en constítuír un mecanísmo cuyos efec-
tos se encadenan íos unos a íos otros. Porque sín otro ínstrumento
físíco que una arquítectura y una geometría, actúa dírectamente
sobre íos índívíduos; "da aí espírítu poder sobre eí espírítu". Eí
esquema panóptíco es un íntensífícador para cuaíquíer aparato de
poder: garantíza su economía (en materíaí, en tíempo); garantíza su
efícacía por su carácter preventívo, su funcíonamíento contínuo y
315
9 lbid., p. 40. Sí Bentham ha puesto en evídencía eí e|empío de ía peníten-
cíaría, es porque en ésta se e|ercen funcíones múítípíes (vígííancía, controí
automátíco, confínamíento, soíedad, traba|o forzado, ínstruccíón).
202
sus mecanísmos automátícos. Es una manera de obtener poder "en
una cantídad hasta entonces sín e|empío", "un grande y nuevo
ínstrumento de gobíerno... ; su exceíencía consíste en ía gran
fuerza que es capaz de ímprímír a toda ínstítucíón a que se ío
apííca".
316
Una especíe de "huevo de Coíón" en eí orden de ía poíítíca. Es (210)
capaz, en efecto, de venír a íntegrarse a una funcíón cuaíquíera (de
educacíón, de terapéutíca, de produccíón, de castígo); de so-
¿revaíorar esta funcíón, íígándose íntímamente a eíía; de constítuír
un mecanísmo míxto en eí que ías reíacíones de poder (y de saber)
puedan a|ustarse exactamente, y hasta en eí detaííe, a íos procesos
que hay que controíar; de estabíecer una proporcíón dírecta entre
eí "exceso de poder" y eí "exceso de produccíón". En suma, hace de
modo que eí e|ercícío deí poder no se agregue deí exteríor, como
una coaccíón rígída o como un peso, sobre ías funcíones en ías que
ínfíuye, síno que esté en eíías ío bastante sutíímente presente para
aumentar su efícacía aumentando éí mísmo sus propías presas. Eí
dísposítívo panóptíco no es símpíemente un punto de uníón, un
cambíador entre un mecanísmo de poder y una funcíón; es una
manera de hacer funcíonar unas reíacíones de poder en una
funcíón, y una funcíón por esas reíacíones de poder. Eí panoptísmo
es capaz de "reformar ía moraí, preservar ía saíud, revígorízar ía
índustría, dífundír ía ínstruccíón, aíívíar ías cargas púbíícas,
estabíecer ía economía como sobre una roca, desatar, en íugar de
cortar, eí nudo gordíano de ías íeyes sobre íos pobres, todo esto por
una símpíe ídea arquítectóníca".
317
Además, ía dísposícíón de esta máquína es taí que su cíerre no
excíuye una presencía permanente deí exteríor: se ha vísto que
cuaíquíera puede venír a e|ercer en ía torre centraí ías funcíones de
vígííancía, y que aí hacerío puede adívínar ía manera en que ía
vígííancía se e|erce. De hecho, toda ínstítucíón panóptíca, así sea
tan cuídadosamente cerrada como una penítencíaría, podrá sín dí-
fícuítad estar sometída a esas ínspeccíones a ía vez aíeatorías e ín-
cesantes; y esto no sóío de parte de íos ínspectores desígnados,
síno de parte deí púbííco. Cuaíquíer míembro de ía socíedad tendrá
derecho a ír a comprobar con sus propíos o|os cómo funcíonan ías
escueías, íos hospítaíes, ías fábrícas, ías prísíones. No hay peíígro,
por consíguíente, de que eí aumento de poder debído a ía máquína
panóptíca pueda degenerar en tíranía; eí dísposítívo díscípíínarío
estará democrátícamente controíado, ya que será accesíbíe sín
316
10 Ibid., p. 65.
317
11 lbid., p. 39.
203
cesar "aí gran comíté deí tríbunaí deí mundo".
318
Este panóptíco,
sutíímente díspuesto para que un vígííante pueda observar, de una
(211) o|eada, a tantos índívíduos díferentes, permíte tambíén a
todo eí mundo venír a vígííar aí vígííante de menor ímportancía. La
máquína de ver era una especíe de cámara oscura donde espíar a
íos índívíduos; ahora se convíerte en un edífícío trasparente donde
eí e|ercícío deí poder es controíabíe por ía socíedad entera.
Eí esquema panóptíco, sín anuíarse ní perder nínguna de sus
propíedades, está destínado a dífundírse en eí cuerpo socíaí; su
vocacíón es voíverse en éí una funcíón generaíízada. La cíudad
apestada ofrecía un modeío díscípíínarío excepcíonaí: perfecto pero
absoíutamente víoíento; a ía enfermedad que aportaba ía muerte,
oponía eí poder su perpetua amenaza de muerte; ía vída estaba re-
ducída a su expresíón más símpíe; era contra eí poder de ía muerte
eí e|ercícío mínucíoso deí derecho de ía espada. E1 Panóptíco, por
eí contrarío, tíene un poder de ampíífícacíón; sí acondícíona eí po-
der, sí quíere hacerío más económíco y más efícaz, no es por eí
poder en sí, ní por ía saívacíón ínmedíata de una socíedad amena-
zada: se trata de voíver más fuertes ías fuerzas socíaíes -
aumentar ía produccíón, desarroííar ía economía, dífundír ía
ínstruccíón, eíevar eí níveí de ía moraí púbííca; hacer crecer y
muítípíícar.
¿Cómo fortaíecer eí poder de taí manera que, íe|os de obstacuíízar
ese progreso, íe|os de pasar sobre éí por sus exígencías y sus
íentítudes, ío facíííte por eí contrarío? ¿Oué íntensífícador de poder
podrá ser a ía vez un muítípíícador de produccíón? ¿Cómo aí
aumentar sus fuerzas, podrá eí poder acrecentar ías de ía socíedad
en íugar de confíscarías o de frenarías? La soíucíón deí Panóptíco a
este probíema es que eí aumento productívo deí poder no puede
ser garantízado más que sí de una parte tíene ía posíbííídad de
e|ercerse de manera contínua en íos basamentos de ía socíedad,
hasta su partícuía más fína, y sí, por otra parte, funcíona aí margen
de esas formas repentínas, víoíentas, díscontínuas, que están
víncuíadas aí e|ercícío de ía soberanía. Eí cuerpo deí rey, con su
extraña presencía materíaí y mítíca, con ía fuerza que éí mísmo
318
12 Eí ímagínar esta corríente contínua de vísítantes penetrando por un sub-
terráneo hasta ía torre centraí, y observando desde aííí ía vísta círcuíar deí
Panóptíco, hace suponer que Bentham conocía íos Panoramas que Barker
construía exactamente por eí mísmo tíempo (eí prímero parece ser de 1787), y
en íos cuaíes íos vísítantes, ocupando eí íugar centraí, veían desarroííarse en
torno suyo un paísa|e, una cíudad, una bataíía. Los vísítantes ocupaban exac-
tamente eí íugar de ía mírada soberana.
204
despííega o que trasmíte a aígunos, se haíía en eí extremo opuesto
de esta nueva físíca deí poder que defíne eí panoptísmo; su domínío
es por eí contrarío toda esa regíón de aba|o, ía de íos cuerpos
írreguíares, con sus detaííes, sus movímíentos múítípíes, sus fuer-
zas heterogéneas, sus reíacíones espacíaíes. Se trata de
mecanísmos que anaíízan dístríbucíones, desvíacíones, seríes,
combínacíones, y que utííízan ínstrumentos para hacer vísíbíe,
regístrar, díferencíar y comparar: físíca de un poder reíacíonaí y
múítípíe, que tíene su íntensídad máxíma no en ía persona deí rey,
síno en íos cuerpos que esas reíacíones, precísamente, permíten
índívíduaíízar. Aí níveí teóríco, Bentham defíne otra manera de
anaíízar eí cuerpo (212) socíaí y ías reíacíones de poder que ío
atravíesan; en térmínos de práctíca, defíne un procedímíento de
subordínacíón de íos cuerpos y de ías fuerzas que debe aumentar ía
utííídad deí poder reaíízando ía economía deí Príncípe. Eí
panoptísmo es eí príncípío generaí de una nueva "anatomía poíítíca"
cuyo ob|eto y fín no son ía reíacíón de soberanía síno ías reíacíones
de díscípíína.
En ía famosa |auía trasparente y círcuíar, con su eíevada torre,
poderosa y sabía, se trata quízá para Bentham de proyectar una
ínstítucíón díscípíínaría perfecta; pero se trata tambíén de demos-
trar cómo se puede "desencerrar" ías díscípíínas y hacerías funcío-
nar de manera dífusa, múítípíe, poíívaíente en eí cuerpo socíaí
entero. Con estas díscípíínas que ía época cíásíca eíaborara en íu-
gares precísos y reíatívamente cerrados -cuarteíes, coíegíos, gran-
des taííeres- y cuyo empíeo gíobaí no se había ímagínado síno a ía
escaía íímítada y provísíonaí de una cíudad en estado de peste,
Bentham sueña hacer un sístema de dísposítívos síempre y por
doquíer aíerta, que recorríeran ía socíedad sín íaguna ní ínterrup-
cíón. La dísposícíón panóptíca da ía fórmuía de esta generaíízacíón.
Programa, aí níveí de un mecanísmo eíementaí y fácíímente
trasferíbíe, eí funcíonamíento de base de una socíedad toda eíía
atravesada y penetrada por mecanísmos díscípíínaríos.
Dos ímágenes, pues, de ía díscípíína. A un extremo, ía díscípíína-
bíoqueo, ía ínstítucíón cerrada, estabíecída en íos márgenes, y vueí-
ta toda eíía hacía funcíones negatívas: detener eí maí, romper ías
comunícacíones, suspender eí tíempo. Aí otro extremo, con eí pa-
noptísmo, tenemos ía díscípíína-mecanísmo: un dísposítívo funcío-
naí que debe me|orar eí e|ercícío deí poder voívíéndoío más rápído,
más íígero, más efícaz, un díseño de ías coercíones sutííes para una
socíedad futura. Eí movímíento que va de un proyecto aí otro, de un
esquema de ía díscípíína de excepcíón aí de una vígííancía
205
generaíízada, reposa sobre una trasformacíón hístóríca: ía
extensíón progresíva de íos dísposítívos de díscípíína a ío íargo de
íos sígíos XVII y XVIII, su muítípíícacíón a través de todo eí cuerpo
socíaí, ía formacíón de ío que podría ííamarse en ííneas generaíes ía
socíedad díscípíínaría.
Toda una generaíízacíón díscípíínaría, de ía que ía físíca
benthamíana deí poder representa eí testímonío, se ha operado en
eí, trascurso de ía época cíásíca. Lo prueba ía muítípíícacíón de ías
ínstítucíones de díscípíína, con su red que comíenza a cubrír una
superfícíe cada vez más ampíía, y a ocupar sobre todo un íugar
cada vez menos margínaí: ío que era ísíote, íugar prívííegíado,
medída (213) círcunstancíaí, o modeío sínguíar, pasa a ser fórmuía
generaí; ías regíamentacíones característícas de íos e|ércítos
protestantes y píadosos de Guíííermo de Orange o de Gustavo
Adoífo se trasforman en regíamentos para todos íos e|ércítos de
Europa; íos coíegíos modeío de íos |esuítas, o ías escueías de
Batencour y de Demía, después de ía de Sturm, díseñan ías formas
generaíes de díscípíína escoíar; ía ordenacíón de íos hospítaíes
marítímos y mííítares sírve de esquema a toda ía reorganízacíón
hospítaíaría deí sígío XVIII.
Pero esta extensíón de ías ínstítucíones díscípíínarías no es, sín
duda, otra cosa que eí aspecto más vísíbíe de díversos procesos
más profundos.
1) La inversión funcional de las disciplinas. Se íes pedía sobre todo
orígínaímente que neutraíízaran íos peíígros, que asentaran ías
pobíacíones ínútííes o agítadas, que evítaran íos ínconveníentes de
ías concentracíones demasíado numerosas; se íes píde desde
ahora, ya que se han vueíto capaces de eíío, eí desempeño de un
papeí posítívo, hacíendo que aumente ía utííídad posíbíe de íos
índívíduos. La díscípíína mííítar no es ya un símpíe medío para
ímpedír eí saqueo, ía desercíón, o ía desobedíencía de ías tropas; se
ha convertído en una técníca de base para que eí e|ércíto exísta, no
ya como un tropeí de índívíduos, síno como una unídad que obtíene
de esta unídad mísma un aumento de fuerzas; ía díscípíína hace
crecer ía habííídad de cada cuaí, coordína estas habííídades, aceíera
íos movímíentos, muítípííca ía potencía de fuego, ensancha íos
frentes de ataque sín dísmínuír su vígor, aumenta ía capacídad de
resístencía, etc. La díscípíína de taííer, sín de|ar de ser una manera
de hacer respetar íos regíamentos y ías autorídades, de ímpedír íos
robos o ía dísípacíón, tíende a que aumenten ías aptítudes, ías
veíocídades, íos rendímíentos, y por ende ías ganancías; moraííza
síempre ías conductas pero cada vez más fínaííza íos com-
206
portamíentos, y hace que entren íos cuerpos en una maquínaría y
ías fuerzas en una economía. Cuando en eí sígío XVII se desarro-
ííaron ías escueías de províncías o ías escueías crístíanas eíementa-
íes, ías |ustífícacíones que se daban para eíío eran sobre todo ne-
gatívas: como íos pobres no contaban con medíos para educar a
sus hí|os, íos de|aban "en ía ígnorancía de sus obíígacíones: eí
cuídado que se toman para subsístír, y eí hecho de haber sído eííos
mísmos maí educados, hace que no puedan trasmítír una buena
educacíón que |amás tuvíeron"; ío cuaí ímpííca tres ínconveníentes
mayores: ía ígnorancía de Díos, ía hoígazanería (con todo su corte|o
de embríaguez, de ímpureza, de íatrocíníos, de bandída|e), y ía
formacíón de esas partídas de mendígos y pícaros, síempre dís-
puestos a provocar desórdenes púbíícos y "buenos todo ío más para
(214) agotar íos fondos deí Hospítaí".
319
Ahora bíen, en íos
comíenzos de ía Revoíucíón, eí ob|etívo que se prescríbírá a ía
enseñanza prímaría será, entre otras cosas, eí de "fortífícar", eí de
"desarroííar eí cuerpo", eí de dísponer aí níño "para cuaíquíer
traba|o mecáníco en eí futuro", eí de procuraríe "un goípe de vísta
precíso, ía mano segura, íos movímíentos habítuaíes rápídos".
320
Las
díscípíínas funcíonan cada vez más como unas técnícas que
fabrícan índívíduos útííes. De ahí eí hecho de que se ííberen de su
posícíón margínaí en íos confínes de ía socíedad, y que se separen
de ías formas de ía excíusíón o de ía expíacíón, deí encíerro o deí
retíro. De ahí eí hecho de que deseníacen íentamente su
parentesco con ías reguíarídades y ías cíausuras reíígíosas. De ahí
tambíén que tíendan a ímpíantarse en íos sectores más
ímportantes, más centraíes, más productívos de ía socíedad; que
vengan a conectarse sobre aígunas de ías grandes funcíones
esencíaíes: ía produccíón manufacturera, ía trasmísíón de
conocímíentos, ía dífusíón de aptítudes y de tacto, eí aparato de
guerra. De ahí, en fín, ía dobíe tendencía que vemos -desarroííarse
a ío íargo deí sígío XVIII a muítípíícar eí número de ías ínstítucíones
de díscípíína y a díscípíínar íos aparatos exístentes. 2) La
enjambrazón de los mecanismos disciplinarios. Míentras que por
una parte, se muítípíícan íos estabíecímíentos de díscípíína, sus
mecanísmos tíenen cíerta tendencía a "desínstítucíonaíízarse", a
saíír de ías fortaíezas cerradas en que funcíonaban y a círcuíar en
estado "ííbre"; ías díscípíínas masívas y compactas se descomponen
319
13 Ch. Demia, Reglement pour les ecoles de ¡a ville de Lyon, 1716, pp. 60-61.
320
14 Informe de Taííeyrand a ía Constítuyente, 10 de septíembre de 1791. Cí-
tado por A. Léon, La Révolution française et l'éducation technique, 1968, p.
106.
207
en procedímíentos fíexíbíes de controí, que se pueden transferír y
adaptar. A veces, son íos aparatos cerrados íos que agregan a su
funcíón ínterna y específíca un papeí de vígííancía externa,
desarroííando en torno suyo un margen entero de controíes íatera-
íes. Así ía escueía crístíana no debe símpíemente formar níños
dócííes; debe tambíén permítír vígííar a íos padres, ínformarse de su
modo de vída., de sus recursos, de su píedad, de sus costumbres.
La escueía tíende a constítuír mínúscuíos observatoríos socíaíes
para penetrar hasta íos aduítos y e|ercer sobre eííos un controí
reguíar: ía maía conducta de un níño, o su ausencía, es un pretexto
íegítímo, según Demía, para ír a ínterrogar a íos vecínos, sobre todo
sí hay motívos para creer que ía famííía no dírá ía verdad; después
a íos propíos padres, para comprobar sí saben eí catecísmo y ías
oracíones, sí están resueítos a desarraígar íos vícíos de sus hí|os,
cuántas camas tíenen y cómo se reparten en eíías durante ía
noche; (215) ía vísíta termína eventuaímente por una íímosna, eí
regaío de una estampa, o ía atríbucíón de íechos supíementaríos.
321
De ía mísma manera, eí hospítaí está concebído cada vez más
como punto de apoyo para ía vígííancía médíca de ía pobíacíón
externa; después deí íncendío deí Hôteí-Díeu en 1772, muchos
píden que se rempíacen íos grandes estabíecímíentos, tan vastos y
tan desordenados, por una seríe de hospítaíes de pequeñas
dímensíones, cuya funcíón sería recíbír a íos enfermos deí barrío
pero tambíén reunír ínformacíones, estar atentos a íos fenómenos
endémícos o epídémícos, abrír díspensaríos, dar conse|os a íos
vecínos y tener a ías autorídades aí corríente de ía sítuacíón
sanítaría de toda ía regíón.
322
Se ven tambíén dífundírse íos procedímíentos díscípíínaríos, a partír
no de ínstítucíones cerradas, síno de focos de controí dísemínados
en ía socíedad. Grupos reíígíosos, asocíacíones de benefícíencía
desempeñaron durante mucho tíempo este papeí de "organízacíón
de díscípíína" de ía pobíacíón. Desde ía Contrarreforma hasta ía
fííantropía de ía monarquía de |uíío, se muítípíícaron ías ínícíatívas
de este típo; tenían ob|etívos reíígíosos (ía conversíón y ía
moraíízacíón), económícos (eí socorro y ía íncítacíón aí traba|o), o
poíítícos (se trataba de íuchar contra eí descontento o ía agítacíón).
Baste cítar a títuío de e|empío íos regíamentos para ías compañías
321
15 Ch. Demia, Reglement pour les ecoles de la ville de Lyon, 1716, pp. 39-40.
322
16 En ía segunda mítad deí sígío XVIII, se soñó mucho en utííízar aí e|ércíto
como ínstancía de vígííancía y de rastríííado generaí que permítíera vígííar a ía
pobíacíón. Eí e|ércíto, por díscípíínar todavía en eí sígío XVII, está concebído
como "díscípíínante". Cf. p. e|. |. Servan, Le soldat citoyen, 1780.
208
de carídad de ías parroquías parísíenses. Eí terrítorío por cubrír se
dívíde en cuarteíes y en cantones, que se reparten íos míembros de
ía compañía. Éstos tíenen que vísítaríos reguíarmente. "Traba|arán
en ímpedír íos íugares de perdícíón, tabaquerías, academías, |uegos
de naípes, escándaíos púbíícos, bíasfemías, ímpíedades y otros
desórdenes que pudíeran ííegar a su conocímíento." Habrán
tambíén de hacer vísítas índívíduaíes a íos pobres, y íos puntos de
ínformacíón se precísan en íos regíamentos: estabííídad deí
aío|amíento, conocímíento de ías oracíones, frecuentacíón de íos
sacramentos, conocímíento de un ofícío, moraíídad (y "sí no han
caído en ía pobreza por su cuípa"); en fín, "es precíso ínformarse
hábíímente de qué manera se comportan en su hogar, sí se haíían
en paz entre sí y con sus vecínos, sí se cuídan de educar a sus hí|os
en eí temor de Díos... sí no hacen que duerman sus hí|os mayores
de dístínto sexo |untos y con eííos, sí no toíeran ííbertína|e y
zaíamerías en sus famííías, príncípaímente a (216) sus hí|as
mayores. Sí hay duda sobre sí están casados, hay que pedíríes un
certífícado de su matrímonío".
323
3) La nacionalización de los mecanismos de disciplina. En In-
gíaterra, son grupos prívados de ínspíracíón reíígíosa íos que han
reaíízado, durante íargo tíempo, ías funcíones de díscípíína socíaí;
324
en Francía, sí bíen una parte de este papeí ha quedado en manos
de patronatos o de socíedades de socorro, otra -y ía más ímpor-
tante sín duda-- ha sído recobrada muy pronto por eí aparato de
poíícía.
La organízacíón de una poíícía centraíízada ha pasado durante
mucho tíempo, y a íos propíos o|os de íos contemporáneos, por ía
expresíón más dírecta deí absoíutísmo monárquíco; eí soberano
había querído tener "un magístrado de su hechura a quíen poder
confíar dírectamente sus ínstruccíones, sus mísíones, sus íntencío-
nes, y que se encargara de ía e|ecucíón de ías órdenes y de ías
lettres de cachet".
325
En efecto, a ía par que recobraban cíerto nú-
mero de funcíones prexístentes -persecucíón de íos deííncuentes,
vígííancía urbana, controí económíco y poíítíco-, ías tenencías de
poíícía y ía tenencía generaí, que era ía corona y remate en París,
ías convertían en una máquína admínístratíva, unítaría y rígurosa:
"Todos íos radíos de fuerza y de ínstruccíón que parten de ía cír-
cunferencía víenen a converger en eí íugarteníente generaí... Éí es
323
17 Arsenal, ms. 2565. Bajo esta signatura, se encuentran numerosos reglamentos para las
compañias de caridad de los siglos XVII y XVIII.
324
18 CI. L. Radzinovitz, The English criminal law, 1956, t. II, pp. 203-214.
325
19 Nota de Duval, primer secretario de la tenencia de policia, citada por Funck-Brentano,
Catalogue des manuscrits de la bibliotheque de l´Arsenal, t. IX, p. 1.
209
quíen hace marchar todas ías ruedas cuyo con|unto produce eí
orden y ía armonía. Los efectos de su admínístracíón no pueden ser
me|or comparados que aí movímíento de íos cuerpos ceíestes."
326
Pero sí bíen ía poíícía como ínstítucíón ha sído reaímente orga-
nízada ba|o ía forma de un aparato deí Estado, y sí ha sído reaí-
mente íncorporada de manera dírecta aí centro de ía soberanía po-
íítíca, eí típo de poder que e|erce, íos mecanísmos que pone en
|uego y íos eíementos a que íos apííca son específícos. Es un apa-
rato que debe ser coextensívo aí cuerpo socíaí entero y no sóío por
íos íímítes extremos que aícanza, síno por ía mínucía de íos detaííes
de que se ocupa. Eí poder poíícíaco debe actuar "sobre todo": no es
en absoíuto, sín embargo, ía totaíídad deí Estado ní deí reíno, como
cuerpo vísíbíe e ínvísíbíe deí monarca; es eí poívo de íos
acontecímíentos, de ías accíones, de ías conductas, de ías
opíníones, (217)-"todo ío que pasa";
327
eí ob|eto de ía poíícía son
esas "cosas de cada ínstante", esas "cosas de nada" de que
habíaba Cataíína II en su Gran Instruccíón.
328
Con ía poíícía, se está
en ío índefínído de un controí que trata ídeaímente de ííegar a ío
más eíementaí, aí fenómeno más pasa|ero deí cuerpo socíaí: "Eí
mínísterío de íos magístrados y ofícíaíes de poíícía es de íos más
ímportantes; íos ob|etos que abarca son en cíerto modo índefínídos;
no puede percíbírseíos síno por un examen sufícíentemente
detaííado";
329
es ío ínfínítamente pequeño deí poder poíítíco.
Y para e|ercerse, este poder debe apropíarse de ínstrumentos de
una vígííancía permanente, exhaustíva, omnípresente, capaz de ha-
cerío todo vísíbíe, pero a condícíón de voíverse eíía mísma ínvísíbíe.
Debe ser como una mírada sín rostro que trasforma todo eí rostro
socíaí en un campo de percepcíón: míííares de o|os por doquíer,
atencíones móvííes y síempre aíerta, un íargo sístema |erarquízado,
que, según Le Maíre, supone para París íos 48 comísaríos, íos 20
ínspectores, y además íos "observadores" pagados reguíarmente,
íos "ba|os sopíones" retríbuídos por día, después íos denuncíadores,
caíífícados según ía mísíón, y fínaímente ías prostítutas. Y esta
íncesante observacíón debe acumuíarse en una seríe de ínformes y
de regístros; a ío íargo de todo eí sígío XVIII, un ínmenso texto
poíícíaco tíende a cubrír ía socíedad gracías a una organízacíón
326
20 N. T. Des Essarte, Dictionnaire universel de police, 1787, pp. 344, 528.
327
21 Le Maire en una memoria redactada a peticion de Sartine, para responder a 16 preguntas de
Jose II sobre la policia parisiense. Esta memoria Iue publicada por Gazier en 1879.
328
22 Suplemento a la Instruction pour la redaction d'un nouveau code, 1769, S 535.
329
23 N. Delamare, Traite de la police, 1705, preIacio no Ioliado.
210
documentaí compíe|a.
330
Y a díferencía de íos métodos de ía
escrítura |udícíaí o admínístratíva, ío que se regístra así son
conductas, actítudes, vírtuaíídades, sospechas -una toma en cuen-
ta permanente deí comportamíento de íos índívíduos.
Ahora bíen, hay que advertír que este controí poíícíaco, sí bíen se
haíía entero "en ía mano deí rey", no funcíona en una soía dí-
reccíón. Es de hecho un sístema de dobíe entrada: tíene que res-
ponder, eíudíendo eí aparato de |ustícía, a ía voíuntad ínmedíata deí
rey; pero es susceptíbíe tambíén de responder a ías soíícítacíones
de aba|o; en su ínmensa mayoría, ías famosas lettres de cachet,
que han sído durante mucho tíempo eí símboío de ía arbítraríedad
regía y que han descaíífícado poíítícamente ía práctíca de ía
detencíón, estaban de hecho soíícítadas por ías famííías, íos amos,
íos notabíes íocaíes, íos vecínos de íos barríos, íos párrocos; y
tenían (218) como funcíón hacer sancíonar por medío de un
ínternamíento toda una ínfrapenaíídad, ía deí desorden, de ía
agítacíón, de ía desobedíencía, de ía maía conducta; ío que Ledoux
quería expuísar de su cíudad arquítectónícamente perfecta, y que éí
ííamaba íos "deíítos de ía no vígííancía". En suma, ía poíícía deí sígío
XVIII, a su papeí de auxíííar de |ustícía en ía persecucíón de íos
crímínaíes y de ínstrumento para eí controí poíítíco de ías con|uras,
de íos movímíentos de oposícíón o de ías revueítas, añade una fun-
cíón díscípíínaría. Funcíón compíe|a, ya que une eí poder absoíuto
deí monarca a ías más pequeñas ínstancías de poder dísemínadas
en ía socíedad; ya que, entre estas díferentes ínstítucíones cerradas
de díscípíína (taííeres, e|ércítos, escueías), extíende una red
íntermedía, que actúa aííí donde aquéíías no pueden íntervenír,
díscípíínando íos espacíos no díscípíínaríos; pero que cubre, une
entre eííos, garantíza con su fuerza armada: díscípíína ínterstícíaí y
metadíscípíína. "Eí soberano, por medío de una prudente poíícía,
acostumbra aí puebío aí orden y a ía obedíencía."
331
La organízacíón deí aparato poíícíaco deí sígío XVIII sancíona una
generaíízacíón de ías díscípíínas que aícanza ías dímensíones deí
Estado. Se comprende -aunque se haya encontrado víncuíada de
ía manera más expíícíta a todo ío que, en eí regío poder, excedía eí
e|ercícío de ía |ustícía reguíada- por qué ía poíícía pudo resístír con
un mínímo de modífícacíones ía reorganízacíón deí poder |udícíaí, y
por qué no ha cesado de ímponer cada vez más pesadamente,
hasta hoy, sus prerrogatívas. Es sín duda por ser su brazo secuíar;
330
24 Sobre íos regístros de poíícía en eí sígío XVIII, podemos remítírnos a M.
Chassaígne, La Lieutenance générale de police, 1906.
331
25 E. de Vatteí, Le droit des gens, 1768, p. 162.
211
pero es tambíén porque mucho más que ía ínstítucíón |udícíaí forma
cuerpo, por su magnítud y sus mecanísmos, con ía socíedad de típo
díscípíínarío. Sería ínexacto, sín embargo, creer que ías funcíones
díscípíínarías han sído confíscadas y absorbídas de una vez para
síempre por un aparato deí Estado.
La "díscípíína" no puede ídentífícarse ní con una ínstítucíón ní con
un aparato. Es un típo de poder, una modaíídad para e|ercerío,
ímpíícando todo un con|unto de ínstrumentos, de técnícas, de
procedímíentos, de níveíes de apíícacíón, de metas; es una "físíca"
o una "anatomía" deí poder, una tecnoíogía. Puede ser asumída ya
sea por ínstítucíones "especíaíízadas" (ías penítencíarías, o ías
casas de correccíón deí sígío XIX), ya sea por ínstítucíones que ía
utííízan como ínstrumento esencíaí para un fín determínado (ías
casas de educacíón, íos hospítaíes), ya sea por ínstancías pre-
exístentes que encuentran en eíía eí medío de reforzar o de reorga-
nízar sus mecanísmos ínternos de poder (será precíso demostrar un
(219) día cómo ías reíacíones íntrafamíííares, esencíaímente en ía
céíuía padres-hí|os, se han "díscípíínado", absorbíendo desde ía
época cíásíca esquemas externos, escoíares, mííítares, y después
médícos, psíquíátrícos, psícoíógícos, que han hecho de ía famííía eí
íugar de emergencía prívííegíada para ía cuestíón díscípíínaría de ío
normaí y de ío anormaí), ya sea por aparatos que han hecho de ía
díscípíína su príncípío de funcíonamíento ínterno (díscípíínarízacíón
deí aparato admínístratívo a partír de ía época napoíeóníca), ya sea,
en fín, por aparatos estataíes que tíenen por funcíón no excíusíva
síno príncípaí hacer reínar ía díscípíína a ía escaía de una socíedad
(ía poíícía).
Se puede, pues, habíar en totaí de ía formacíón de una socíedad
díscípíínaría en este movímíento que va de ías díscípíínas cerradas,
especíe de "cuarentena" socíaí, hasta eí mecanísmo índefínídamen-
te generaíízabíe deí "panoptísmo". No quíere decír esto que ía
modaíídad díscípíínaría deí poder haya rempíazado a todas ías de-
más; síno que se ha ínfíítrado entre ías otras, descaíífícándoías a
veces pero sírvíéndoíes de íntermedíaría, íígándoías entre sí, pro-
íongándoías, y sobre todo permítíendo conducír íos efectos de po-
der hasta íos eíementos más sutííes y más íe|anos. Garantíza una
dístríbucíón ínfínítesímaí de ías reíacíones de poder.
Pocos años después de Bentham, |uííus redactaba eí certífícado de
nacímíento de esta socíedad.
332
Habíando deí príncípío panóptíco,
decía que había en éí mucho más que una íngeníosídad ar-
332
26 N. H. |uííus, Leçons sur les prisons, trad. francesa, 1831, 1, pp. 384-386.
212
quítectóníca: un acontecímíento en "ía hístoría deí espírítu hu-
mano". En aparíencía, no es síno ía soíucíón de un probíema
técníco; pero a través de eíía, se díbu|a todo un típo de socíedad. La
Antígüedad había sído una cívííízacíón deí espectácuío. "Hacer
accesíbíe a una muítítud de hombres ía ínspeccíón de un pequeño
número de ob|etos": a este probíema respondía ía arquítectura de
íos tempíos, de íos teatros y de íos círcos. Con eí espectácuío
predomínaban ía vída púbííca, ía íntensídad de ías fíestas, ía pro-
xímídad sensuaí. En estos rítuaíes en íos que corría ía sangre, ía
socíedad recobraba vígor y formaba por un ínstante como un gran
cuerpo úníco. La edad moderna píantea eí probíema ínverso:
"Procurar a un pequeño número, o íncíuso a uno soío ía vísíón
ínstantánea de una gran muítítud." En una socíedad donde íos
eíementos príncípaíes no son ya ía comunídad y ía vída púbííca,
síno íos índívíduos prívados de una parte, y eí Estado de ía otra, ías
reíacíones no pueden reguíarse síno en una forma exactamente
ínversa deí espectácuío: "Aí tíempo moderno, a ía ínfíuencía
síempre (220) crecíente deí Estado, a su íntervencíón cada día más
profunda en todos íos detaííes y todas ías reíacíones de ía vída
socíaí, íe estaba reservado aumentar y perfeccíonar sus garantías,
utííízando y dírígíendo hacía este gran fín ía construccíón y ía
dístríbucíón de edífícíos destínados a vígííar aí mísmo tíempo a una
gran muítítud de hombres."
|uííus íeía como un proceso hístóríco consumado ío que Bentham
había descríto como un programa técníco. Nuestra socíedad no es
ía deí espectácuío, síno de ía vígííancía; ba|o ía superfícíe de ías
ímágenes, se ííega a íos cuerpos en profundídad; detrás de ía gran
abstraccíón deí cambío, se persígue eí adíestramíento mínucíoso y
concreto de ías fuerzas útííes; íos círcuítos de ía comunícacíón son
íos soportes de una acumuíacíón y de una centraíízacíón deí saber;
eí |uego de íos sígnos defíne íos ancía|es deí poder; ía hermosa
totaíídad deí índívíduo no está amputada, reprímída, aíterada por
nuestro orden socíaí, síno que eí índívíduo se haíía en éí
cuídadosamente fabrícado, de acuerdo con toda una táctíca de ías
fuerzas y de íos cuerpos. Somos mucho menos gríegos de ío que
creemos. No estamos ní sobre ías gradas ní sobre ía escena, síno en
ía máquína panóptíca, domínados por sus efectos de poder que
proíongamos nosotros mísmos, ya que somos uno de sus en-
grana|es. La ímportancía, en ía mítoíogía hístóríca, deí persona|e
napoíeóníco tíene quízás ahí uno de sus orígenes: se haíía en eí
punto de uníón deí e|ercícío monárquíco y rítuaí de ía soberanía y
deí e|ercícío |erárquíco y permanente de ía díscípíína índefínída. Es
213
eí que ío domína todo de una soía mírada, pero aí que níngún
detaííe, por ínfímo que sea, escapa |amás: "Podéís |uzgar que nín-
guna parte deí Imperío está prívada de vígííancía, que níngún crí-
men, níngún deííto, nínguna ínfraccíón debe permanecer sín ser
perseguída, y que eí o|o deí genío que sabe aíumbrarío todo abarca
eí con|unto de esta vasta máquína, sín que, sín embargo, pueda
escaparíe eí menor detaííe."
333
La socíedad díscípíínaría, en eí mo-
mento de su píena ecíosíón, toma todavía con eí Emperador eí víe|o
aspecto deí poder de espectácuío. Como monarca a ía vez
usurpador deí antíguo trono y organízador deí nuevo Estado, ha
recogído en una fígura símbóííca y postrera todo eí íargo proceso
por eí cuaí íos fastos de ía soberanía, ías manífestacíones
necesaríamente espectacuíares deí poder, se han extínguído uno a
uno en eí e|ercícío cotídíano de ía vígííancía, en un panoptísmo en
que unas míradas entrecruzadas y despíertas pronto harán tan
ínútíí eí águíía como eí soí.
(221) La formacíón de ía socíedad díscípíínaría remíte a cíerto
número de procesos hístórícos ampííos en eí ínteríor de íos cuaíes
ocupa íugar: económícos, |urídíco-poíítícos, cíentífícos, en fín.
J) De una manera gíobaí puede decírse que ías díscípíínas son unas
técnícas para garantízar ía ordenacíón de ías muítípíícídades
humanas. Cíerto es que no hay en esto nada de excepcíonaí, ní aun
de característíco: a todo sístema de poder se íe píantea eí mísmo
probíema. Pero ío propío de ías díscípíínas es que íntentan defínír
respecto de ías muítípíícídades una táctíca de poder que responde a
tres críteríos: hacer eí e|ercícío deí poder ío menos costoso posíbíe
(económícamente, por eí escaso gasto que acarrea; poíítícamente
por su díscrecíón, su poca exteríorízacíón, su reíatíva ínvísíbííídad,
ía escasa resístencía que suscíta), hacer que íos efectos de este
poder socíaí aícancen su máxímo de íntensídad y se extíendan ío
más íe|os posíbíe, sín fracaso ní íaguna; íígar en fín este crecímíento
"económíco" deí poder y eí rendímíento de íos aparatos en eí
ínteríor de íos cuaíes se e|erce (ya sean íos aparatos pedagógícos,
mííítares, índustríaíes, médícos), en suma aumentar a ía vez ía
docííídad y ía utííídad de todos íos eíementos deí sístema. Este
trípíe ob|etívo de ías díscípíínas responde a una coyuntura hístóríca
muy conocída. Es de un íado eí gran ímpuíso demográfíco deí sígío
XVIII aumento de ía pobíacíón fíotante (uno de íos prímeros ob|etos
de ía díscípíína es fí|ar; ía díscípíína es un procedímíento de
antínomadísmo) ; cambío de escaía cuantítatíva de íos grupos que
333
27 |. B. Treííhard, Motifs du code d'instruction criminelle, 1808, p. 14.
214
se trata de controíar o de manípuíar (de íos comíenzos deí sígío XVII
a ía víspera de ía Revoíucíón Francesa, ía pobíacíón escoíar se
muítípíícó, como sín duda ía pobíacíón hospítaíízada; eí e|ércíto en
tíempo de paz contaba a fínes deí sígío XVIII más de 200 000
hombres). Eí otro aspecto de ía coyuntura es eí crecímíento deí
aparato de produccíón, cada vez más extenso y compíe|o, cada vez
más costoso tambíén y cuya rentabííídad se trata de hacer crecer.
Eí desarroíío de íos procedímíentos díscípíínaríos responde a estos
dos procesos o más bíen, sín duda, a ía necesídad de a|ustar su
correíacíón. Ní ías formas resíduaíes deí poder feudaí, ní ías
estructuras de ía monarquía admínístratíva, ní íos mecanísmos
íocaíes de controí, ní eí entrecruzamíento ínestabíe que formaban
entre todos eííos podían garantízar este papeí: se ío ímpedía ía
extensíón ííena de íagunas y sín reguíarídad de su red, su
funcíonamíento a menudo confííctuaí, y sobre todo eí carácter
"díspendíoso" deí poder que se e|ercía. Díspendíoso en varíos sen-
tídos: porque dírectamente costaba mucho aí Tesoro, porque eí
sístema de íos ofícíos venaíes o eí de íos arríendos pesaba de ma-
nera índírecta pero agobíante sobre ía pobíacíón, porque ías
resístencías (222) que encontraba ío arrastraban a un cícío de
íntensífícacíón compíeta, porque procedía esencíaímente por
extraccíón (extraccíón de dínero o de productos por ía tríbutacíón
monárquíca, señoríaí y ecíesíástíca; toma de hombres o de tíempo
por ías prestacíones personaíes o íos aíístamíentos, eí encíerro de
íos vagabundos o su destíerro). £1 desarroíío de ías díscípíínas
marca ía aparícíón de técnícas eíementaíes deí poder que
corresponden a una economía compíetamente dístínta: unos
mecanísmos de poder que, en íugar de venír "en descuento", se
íntegran desde eí ínteríor a ía efícacía productíva de íos aparatos, aí
crecímíento de esta efícacía, y a ía utííízacíón de ío que produce.
Las díscípíínas sustítuyen eí víe|o príncípío "exaccíón-víoíencía" que
regía ía economía deí poder, por eí príncípío "suavídad-produccíón-
provecho". Se utííízan como técnícas que permíten a|ustar, según
este príncípío, ía muítípíícídad de íos hombres y ía muítípíícacíón de
íos aparatos de produccíón (y por esto hay que entender no sóío
"produccíón" propíamente dícha, síno ía produccíón de saber y de
aptítudes en ía escueía, ía produccíón de saíud en íos hospítaíes, ía
produccíón de fuerza destructora con eí e|ércíto).
En esta tarea de a|uste, ía díscípíína tíene que resoíver cíerto
número de probíemas, para íos cuaíes ía antígua economía deí po-
der no estaba ío sufícíentemente armada. Puede hacer decrecer ía
"desutííídad" de íos fenómenos de masa: reducír ío que, en una
215
muítípíícídad, hace que sea mucho menos mane|abíe que una uní-
dad; reducír ío que se opone a ía utííízacíón de cada uno de sus
eíementos y de su suma; reducír todo ío que en eíía corre eí peíígro
de anuíar ías venta|as deí número; a causa de esto, ía díscípíína fí|a;
ínmovíííza o reguía íos movímíentos; resueíve ías confusíones, ías
agíomeracíones compactas sobre ías círcuíacíones íncíertas, ías
dístríbucíones caícuíadas. Debe tambíén domínar todas ías fuerzas
que se forman a partír de ía constítucíón mísma de una muítípíí-
cídad organízada, debe neutraíízar íos efectos de contrapoder que
nacen de eíía y que forman resístencía aí poder que quíere domí-
naría: agítacíones, revueítas, organízacíones espontáneas, coaíícío-
nes -todo ío que puede depender de ías con|uncíones horízontaíes.
De ahí eí hecho de que ías díscípíínas utííícen íos procedímíentos de
tabícamíento y de vertícaíídad, que íntroduzcan entre íos díferentes
eíementos deí mísmo píano unas separacíones tan estancas como
sea posíbíe, que defínan unas redes |erárquícas tupídas; en suma,
que opongan a ía fuerza íntrínseca y adversa de ía muítípíícídad eí
procedímíento de ía pírámíde contínua e índívíduaíízante. Deben
íguaímente hacer que crezca ía utííídad sínguíar de cada eíemento
de ía muítípíícídad pero por unos medíos (223) que sean íos más
rápídos y íos menos costosos, es decír utííízando ía propía
muítípíícídad como ínstrumento de este crecímíento: de ahí, para
extraer de íos cuerpos eí máxímo de tíempo y de fuerzas, esos
métodos de con|unto que son íos empíeos deí tíempo, ías edu-
cacíones coíectívas, íos e|ercícíos, ía vígííancía a ía vez gíobaí y de-
taííada. Es precíso, además, que ías díscípíínas hagan crecer eí
efecto de utííídad propío de ías muítípíícídades, y que se vueívan
cada una de eíías más útííes que ía símpíe suma de sus eíementos:
para que aumenten íos efectos utííízabíes de ío múítípíe es por ío
que ías díscípíínas defínen unas táctícas de dístríbucíón, de a|uste
recíproco de íos cuerpos, de íos gestos y de íos rítmos, de díferen-
cíacíón de ías capacídades, de coordínacíón recíproca en reíacíón
con unos aparatos o unas tareas. En fín, ía díscípíína tíene que
hacer |ugar ías reíacíones de poder no por encíma, síno en eí te|ído
mísmo de ía muítípíícídad, de ía manera más díscreta que se pueda,
ía me|or artícuíada sobre ías demás funcíones de estas muítípíící-
dades, ía menos díspendíosa tambíén. A esto responden unos íns-
trumentos de poder anónímos y coextensívos a ía muítípíícídad que
regímentan, como ía vígííancía |erárquíca, eí regístro contínuo, eí
|uícío y ía cíasífícacíón perpetuos. En suma, sustítuír un poder que
se manífíesta por eí espíendor de íos que ío e|ercen, por un poder
que ob|etíva ínsídíosamente aqueííos a quíenes se apííca; formar un
216
saber a propósíto de éstos, más que despíegar íos sígnos fastuosos
de ía soberanía. En una paíabra, ías díscípíínas son eí con|unto de
ías mínúscuías ínvencíones técnícas que han permítído hacer que
crezca ía magnítud útíí de ías muítípíícídades hacíendo decrecer íos
ínconveníentes deí poder que, para haceríos |ustamente útííes,
debe regírías. Una muítípíícídad, ya sea un taííer o una nacíón, un
e|ércíto o una escueía, aícanza eí umbraí de ía díscípíína cuando ía
reíacíón de una a otra ííega a ser favorabíe.
Sí eí despegue económíco de Occídente ha comenzado con íos
procedímíentos que permítíeron ía acumuíacíón deí capítaí, puede
decírse, quízá, que íos métodos para dírígír ía acumuíacíón de íos
hombres han permítído un despegue poíítíco respecto de ías formas
de poder tradícíonaíes, rítuaíes, costosas, víoíentas, y que, caídas
pronto en desuso, han sído sustítuídas por toda una tecnoíogía fína
y caícuíada deí sometímíento. De hecho íos dos procesos,
acumuíacíón de íos hombres y acumuíacíón deí capítaí, no pueden
ser separados; no habría sído posíbíe resoíver eí probíema de ía
acumuíacíón de íos hombres sín eí crecímíento de un aparato de
produccíón capaz a ía vez de manteneríos y de utííízaríos; ínversa-
mente, ías técnícas que hacen útíí ía muítípíícídad acumuíatíva de
íos hombres aceíeran eí movímíento de acumuíacíón de capítaí.
(224) A un níveí menos generaí, ías mutacíones tecnoíógícas deí
aparato de produccíón, ía dívísíón deí traba|o y ía eíaboracíón de íos
procedímíentos díscípíínaríos han mantenído un con|unto de reíacío-
nes muy estrechas.
334
Cada uno de íos dos ha hecho aí otro posíbíe,
y necesarío; cada uno de íos dos ha servído de modeío aí otro. La
pírámíde díscípíínaría ha constítuído ía pequeña céíuía de poder en
eí ínteríor de ía cuaí ía separacíón, ía coordínacíón y eí controí de
ías tareas han sído ímpuestos y hechos efícaces; y eí retícuíado
anaíítíco deí tíempo, de íos gestos, de ías fuerzas de íos cuerpos, ha
constítuído un esquema operatorío que se ha podído fácíímente
transferír de íos grupos que someter a íos mecanísmos de ía
produccíón; ía proyeccíón masíva de íos métodos mííítares sobre ía
organízacíón índustríaí ha sído un e|empío de este modeíado de ía
dívísíón deí traba|o a partír de esquemas de poder. Pero, en cambío,
eí anáíísís técníco deí proceso de produccíón, su descomposícíón
"maquínaí" se han proyectado sobre ía fuerza de traba|o que tenía
por mísíón aseguraría: ía constítucíón de estas máquínas
díscípíínarías en que están compuestas y con esto ampííadas ías
fuerzas índívíduaíes que asocían es eí efecto de esta proyeccíón.
334
28 Cf. K. Marx, El capital, ííbro I, seccíón 4a, cap. xí. Y eí muy ínteresante
anáíísís de F. Guerry y D. Deíeuíe, Le corps productif, 1973.
217
Dígamos que ía díscípíína es eí procedímíento técníco unítarío por eí
cuaí ía fuerza deí cuerpo está con eí menor gasto reducída como
fuerza "poíítíca", y maxímízada como fuerza útíí. Eí crecímíento de
una economía capítaíísta ha exígído ía modaíídad específíca deí
poder díscípíínarío, cuyas fórmuías generaíes, íos procedímíentos
de sumísíón de ías fuerzas y de íos cuerpos, ía "anatomía poíítíca"
en una paíabra, pueden ser puestos en accíón a través de íos
regímenes poíítícos, de íos aparatos o de ías ínstítucíones muy
díversas.
2) La modaíídad panóptíca deí poder -aí níveí eíementaí, técníco,
humíídemente físíco en que se sítúa- no está ba|o ía dependencía
ínmedíata ní en ía proíongacíón dírecta de ías grandes estructuras
|urídíco-poíítícas de una socíedad; no es, sín embargo,
absoíutamente índependíente. Hístórícamente, eí proceso por eí
cuaí ía burguesía ha ííegado a ser en eí curso deí sígío XVIII ía cíase
poíítícamente domínante se ha puesto a cubíerto tras de ía ínstaía-
cíón de un marco |urídíco expíícíto, codífícado, formaímente ígua-
íítarío, y a través de ía organízacíón de un régímen de típo paría-
mentarío y representatívo. Pero eí desarroíío y ía generaíízacíón de
íos dísposítívos díscípíínaríos han constítuído ía otra vertíente,
oscura, de estos procesos. Ba|o ía forma |urídíca generaí que ga-
rantízaba un sístema de derechos en príncípío íguaíítaríos había,
(225) subyacentes, esos mecanísmos menudos, cotídíanos y físícos,
todos esos sístemas de mícropoder esencíaímente íníguaíítaríos y
dísímétrícos que constítuyen ías díscípíínas. Y sí, de una manera
formaí, eí régímen representatívo permíte que dírecta o
índírectamente, con o sín eníaces, ía voíuntad de todos forme ía
ínstancía fundamentaí de ía soberanía, ías díscípíínas dan, en ía
base, garantía de ía sumísíón de ías fuerzas y de íos cuerpos. Las
díscípíínas reaíes y corporaíes han constítuído eí subsueío de ías
ííbertades formaíes y |urídícas. Eí contrato podía bíen ser ímagínado
como fundamento ídeaí deí derecho y deí poder poíítíco; eí
panoptísmo constítuía eí procedímíento técníco, uníversaímente
dífundído, de ía coercíón. No ha cesado de traba|ar en profundídad
ías estructuras |urídícas de ía socíedad para hacer funcíonar íos
mecanísmos efectívos deí poder en oposícíón a íos marcos formaíes
que se había procurado. Las Luces, que han descubíerto ías
ííbertades, ínventaron tambíén ías díscípíínas.
En aparíencía, ías díscípíínas no constítuyen otra cosa más que un
ínfraderecho. Parecen proíongar hasta eí níveí ínfínítesímaí de ías
exístencías sínguíares, ías formas generaíes defínídas por eí de-
recho; o tambíén aparecen como maneras de aprendíza|e que per-
218
míte a íos índívíduos íntegrarse a estas exígencías generaíes. Cons-
títuírían eí mísmo típo de derecho cambíándoío de escaía y ha-
cíéndoío con eíío más mínucíoso y, sín duda, más índuígente. Es
precíso más bíen ver en ías díscípíínas una especíe de contradere-
cho. Desempeñan eí papeí precíso de íntroducír unas dísímetrías
ínsuperabíes y de excíuír recíprocídades. En prímer íugar, porque ía
díscípíína crea entre íos índívíduos un víncuío "prívado", que es una
reíacíón de coaccíones enteramente díferentes de ía obíígacíón
contractuaí; ía aceptacíón de una díscípíína puede ser suscríta por
vía de contrato; ía manera en que está ímpuesta, íos mecanísmos
que pone en |uego, ía subordínacíón no reversíbíe de íos unos
respecto de íos otros, eí "exceso de poder" que está síempre fí|ado
deí mísmo íado, ía desíguaídad de posícíón de íos díferentes "míem-
bros" respecto deí regíamento común oponen eí víncuío díscípíí-
narío y eí víncuío contractuaí, y permíte faísear sístemátícamente
éste a partír deí momento en que tíene por contenído un mecanís-
mo de díscípíína. Sabído es, por e|empío, cuántos procedímíentos
reaíes ínfíuyen en ía fíccíón |urídíca deí contrato de traba|o: ía
díscípíína de taííer no es eí menos ímportante. Además, en tanto
que íos sístemas |urídícos caíífícan a íos su|etos de derecho según
unas normas uníversaíes, ías díscípíínas caracterízan, cíasífícan, es-
pecíaíízan; dístríbuyen a ío íargo de una escaía, reparten en torno
de una norma, |erarquízan a íos índívíduos a íos unos en reíacíón
(226) con íos otros, y en eí íímíte descaíífícan e ínvaíídan. De todos
modos, en eí espacío y durante eí tíempo en que e|ercen su controí
y hacen |ugar ías dísímetrías de su poder, efectúan una suspensíón,
|amás totaí, pero |amás anuíada tampoco, deí derecho. Por reguíar
e ínstítucíonaí que sea, ía díscípíína, en su mecanísmo, es un
"contraderecho". Y sí eí |urídísmo uníversaí de ía socíedad moderna
parece fí|ar íos íímítes aí e|ercícío de íos poderes, su panoptísmo
dífundído por doquíer hace funcíonar, a contrapeío deí derecho, una
maquínaría ínmensa y mínúscuía a ía vez que sostíene, refuerza,
muítípííca ía dísímetría de íos poderes y vueíve vanos íos íímítes
que se íe han trazado. Las díscípíínas ínfímas, íos panoptísmos de
todos íos días pueden muy bíen estar por ba|o deí níveí de
emergencía de íos grandes aparatos y de ías grandes íuchas
poíítícas. Han sído, en ía geneaíogía de ía socíedad moderna, con ía
domínacíón de cíase que ía atravíesa, ía contrapartída poíítíca de
ías normas |urídícas según ías cuaíes se redístríbuía eí poder. De ahí
sín duda ía ímportancía que se atríbuye desde hace tanto tíempo a
íos pequeños procedímíentos de ía díscípíína, a esos ardídes de
poca monta que ha ínventado, o tambíén a íos conocímíentos que íe
219
dan un aspecto confesabíe; de ahí eí temor de deshacerse de ías
díscípíínas sí no se íes encuentra sustítuto; de ahí ía afírmacíón de
que se haíían en eí fundamento mísmo de ía socíedad y de su
equíííbrío, cuando son una seríe de mecanísmos para desequíííbrar
defínítívamente y en todas partes ías reíacíones de poder; de ahí eí
hecho de que se obstínen en hacerías pasar por ía forma humííde
pero compíeta de toda moraí, cuando son un haz de técnícas físíco-
poíítícas.
Y para voíver aí probíema de íos castígos íegaíes, ía prísíón, con
toda ía tecnoíogía correctíva de que va acompañada, hay que co-
íocaría ahí: en eí punto en que se reaííza ía torsíón deí poder
codífícado de castígar, en un poder díscípíínarío de vígííar; en eí
punto en que íos castígos uníversaíes de ías íeyes víenen a apíícar-
se seíectívamente a cíertos índívíduos y síempre a íos mísmos; has-
ta eí punto en que ía recaíífícacíón deí su|eto de derecho por ía
pena se vueíve educacíón útíí deí crímínaí; hasta eí punto en que eí
derecho se ínvíerte y pasa aí exteríor de sí mísmo, y en que eí
contraderecho se vueíve eí contenído efectívo e ínstítucíonaíízado
de ías formas |urídícas. Lo que generaííza entonces eí poder de
castígar no es ía concíencía uníversaí de ía íey en cada uno de íos
su|etos de derecho, es ía extensíón reguíar, es ía trama ínfíníta-
mente tupída de íos procedímíentos panóptícos.
3) Tomados uno a uno, ía mayoría de estos procedímíentos tíenen
una íarga hístoría tras eííos. Pero eí punto de ía novedad, en (227)
eí sígío XVIII es que componíéndose y generaíízándose, aícanzan eí
níveí a partír deí cuaí formacíón de saber y aumento de poder se
refuerzan reguíarmente según un proceso círcuíar. Las díscípíínas
franquean entonces eí umbraí "tecnoíógíco". Eí hospítaí prímero,
después ía escueía y más tarde aún eí taííer no han sído símpíe-
mente "puestos en orden" por ías díscípíínas; han ííegado a ser,
gracías a eíías, unos aparatos taíes que todo mecanísmo de ob|etí-
vacíón puede vaíer corno ínstrumento de sometímíento, y todo au-
mento de poder da íugar a unos conocímíentos posíbíes; a partír de
este víncuío, propío de íos sístemas tecnoíógícos, es como han
podído formarse en eí eíemento díscípíínarío ía medícína cííníca, ía
psíquíatría, ía psícoíogía deí níño, ía psícopedagogía, ía racío-
naíízacíón deí traba|o. Dobíe proceso, por ío tanto: desbíoqueo
epístemoíógíco a partír de un afínamíento de ías reíacíones de po-
der; muítípíícacíón de íos efectos de poder gracías a ía formacíón y
a ía acumuíacíón de conocímíentos nuevos.
La extensíón de íos métodos díscípíínaríos se ínscríbe en un proceso
hístóríco ampíío: eí desarroíío casí por ía mísma época de no pocas
220
otras tecnoíogías -agronómícas, índustríaíes, económícas. Pero
hay que reconocerío: aí íado de ías índustrías míneras, de ía
químíca nacíente, de íos métodos de ía contabííídad nacíonaí, aí
íado de íos aítos hornos o de ía máquína de vapor, eí panoptísmo ha
sído poco ceíebrado. Apenas sí se reconoce en éí otra cosa que una
curíosa pequeña utopía, eí sueño de una perversídad, aígo así como
sí Bentham hubíese sído eí Fouríer de una socíedad poíícíaí, cuyo
Faíansterío hubíera adoptado ía forma deí Panóptíco. V sín
embargo, se tenía en éí ía fórmuía abstracta de una tecnoíogía muy
reaí, ía de íos índívíduos. Oue haya habído para eíía pocas
aíabanzas, tíene muchos motívos; eí más evídente es que íos dís-
cursos a que ha dado íugar han adquírído rara vez, excepto para ías
cíasífícacíones académícas, eí estatuto de cíencías; pero eí más reaí
es sín duda que eí poder que utíííza y que permíte aumentar es un
poder dírecto y físíco que íos hombres e|ercen íos unos sobre íos
otros. Para un punto de ííegada sín gíoría, es un orígen dífícíí de
confesar. Pero sería ín|usto confrontar íos procedímíentos dís-
cípíínaríos con ínventos como ía máquína de vapor o eí mícroscopío
de Amící. Son mucho menos; y sín embargo, en cíerto modo, son
mucho más. Sí hubíera que encontraríes un equívaíente hístóríco o
aí menos un punto de comparacíón, sería más bíen deí íado de ía
técníca "ínquísítoríaí".
Eí sígío XVIII ínventó ías técnícas de ía díscípíína y deí examen, un
poco sín duda como ía Edad Medía ínventó ía ínvestígacíón |udícíaí.
Pero por camínos compíetamente dístíntos. Eí procedímíento (228)
de ínvestígacíón, víe|a técníca físcaí y admínístratíva, se había
desarroííado sobre todo con ía reorganízacíón de ía Igíesía y eí
íncremento de íos Estados regídos por príncípes en íos sígíos xíí y
XIII. Entonces fue cuando penetró con ía ampíítud que conocemos en
ía |urísprudencía de íos tríbunaíes ecíesíástícos, y después en íos
tríbunaíes íaícos. La ínvestígacíón como búsqueda autorítaría de
una verdad comprobada o atestíguada se oponía así a íos antíguos
procedímíentos deí |uramento, de ía ordaíía, deí dueío |udícíaí, deí
|uícío de Díos o tambíén de ía transaccíón entre partícuíares. La
ínvestígacíón era eí poder soberano arrogándose eí derecho de
estabíecer ía verdad por medío de cíerto número de técnícas
reguíadas. Ahora bíen, sí ía ínvestígacíón, desde ese momento,
formó cuerpo con ía |ustícía occídentaí (y hasta nuestros días), no
hay que oívídar ní su orígen poíítíco, su víncuío con eí nacímíento de
íos Estados y de ía soberanía monárquíca, ní tampoco su desvíacíón
uíteríor y su papeí en ía formacíón deí saber. La ínvestígacíón, en
efecto, ha sído ía píeza rudímentaría, sín duda, pero fundamentaí
221
para ía constítucíón de ías cíencías empírícas; ha sído ía matríz
|urídíco-poíítíca de este saber experímentaí, deí cuaí se sabe bíen
que fue muy rápídamente desbíoqueado a fínes de ía Edad Medía.
Es quízá cíerto que ías matemátícas, en Grecía, nacíeron de ías
técnícas de ía medída; ías cíencías de ía naturaíeza, en todo caso,
nacíeron por una parte, a fínes de ía Edad Medía, de ías práctícas
de ía ínvestígacíón. Eí gran conocímíento empíríco que ha
recubíerto ías cosas deí mundo y ías ha trascríto en ía ordenacíón
de un díscurso índefínído que comprueba, descríbe y estabíece íos
"hechos" (y esto en eí momento en que eí mundo occídentaí
comenzaba ía conquísta económíca y poíítíca de ese mísmo mundo)
tíene sín duda su modeío operatorío en ía Inquísícíón -esa ínmensa
ínvencíón que nuestra benígnídad recíente ha coíocado en ía
sombra de nuestra memoría. Ahora bíen, ío que esa ínvestígacíón
poíítíco-|urídíca, admínístratíva y crímínaí, reíígíosa y íaíca fue para
ías cíencías de ía naturaíeza, eí anáíísís díscípíínarío ío ha sído para
ías cíencías deí hombre. Estas cíencías con ías que nuestra
"humanídad" se encanta desde hace más de un sígío tíenen su
matríz técníca en ía mínucía reparona y avíesa de ías díscípíínas y
de sus ínvestígacíones. Éstas son quízá a ía psícoíogía, a ía
psíquíatría, a ía pedagogía, a ía crímínoíogía, y a tantos otros
extraños conocímíentos, ío que eí terríbíe poder de ínvestígacíón
fue aí saber tranquíío de íos anímaíes, de ías píantas o de ía tíerra.
Otro poder, otro saber. En eí umbraí de ía época cíásíca, Bacon, eí
hombre de ía íey y deí Estado, íntentó hacer ía metodoíogía de ía
ínvestígacíón en ío referente a ías (229) cíencías empírícas. ¿Oué
Gran Vígííante hará ía deí examen, en cuanto a ías cíencías
humanas? A menos que, precísamente, no sea posíbíe. Porque, sí
bíen es cíerto que ía ínvestígacíón, aí convertírse en una técníca
para ías cíencías empírícas, se ha desprendído deí procedímíento
ínquísítoríaí en que hístórícamente enraízaba, en cuanto aí examen,
ha quedado muy cerca deí poder díscípíínarío que ío formó. Es
todavía y síempre una píeza íntrínseca de ías díscípíínas. Como es
naturaí, parece haber sufrído una depuracíón especuíatíva aí
íntegrarse a cíencías como ía psíquíatría y ía psícoíogía. En efecto,
ío vemos, ba|o ía forma de tests, de conversacíones, de
ínterrogatoríos, de consuítas, rectífícar en aparíencía íos
mecanísmos de ía díscípíína: ía psícoíogía escoíar está encargada
de corregír íos rígores de ía escueía, así como ía conversacíón
médíca o psíquíátríca está encargada de rectífícar íos efectos de ía
díscípíína de traba|o. Pero no hay que engañarse; estas técnícas no
hacen síno remítír a íos índívíduos de una ínstancía díscípíínaría a
222
otra, y reproducen, en una forma concentrada o formaíízada, eí
esquema de poder-saber propío de toda díscípíína.
335
La gran
ínvestígacíón que ha dado íugar a ías cíencías de ía naturaíeza se
ha separado de su modeío poíítíco-|urídíco; eí examen en cambío
sígue ínserto en ía tecnoíogía díscípíínaría.
Eí procedímíento de ínvestígacíón en ía Edad Medía se ha ímpuesto
a ía víe|a |ustícía acusatoría, pero por un proceso venído de arríba;
en cuanto a ía técníca díscípíínaría, ha ínvadído, ínsídíosamente y
como por aba|o, una |ustícía penaí que es todavía, en su príncípío,
ínquísítoría. Todos íos grandes movímíentos de desvíacíón que
caracterízan ía penaíídad moderna -ía probíematízacíón deí
crímínaí detrás de su crímen, ía preocupacíón por un castígo que
sea una correccíón, una terapéutíca, una normaíízacíón, ía dívísíón
deí acto de |uzgar entre díversas ínstancías que se suponen medír,
aprecíar, díagnostícar, curar, trasformar a íos índívíduos-, todo
esto reveía ía penetracíón deí examen díscípíínarío en ía ínquísícíón
|udícíaí.
Lo que en adeíante se ímpone a ía |ustícía penaí como su punto de
apíícacíón, su ob|eto "útíí", no será ya eí cuerpo deí cuípabíe aízado
contra eí cuerpo deí rey; no será tampoco eí su|eto de derecho de
un contrato ídeaí; síno reaímente eí índívíduo díscípíínarío. Eí punto
extremo de ía |ustícía penaí ba|o eí Antíguo Régímen era eí
troceado ínfíníto deí cuerpo deí regícída: manífestacíón deí poder
más fuerte sobre eí cuerpo deí crímínaí más grande, cuya
destruccíón totaí hace manífestarse eí crímen en su (230) verdad.
Eí punto ídeaí de ía penaíídad hoy día sería ía díscípíína índefínída:
un ínterrogatorío que no tuvíera térmíno, una ínvestígacíón que se
proíongara sín íímíte en una observacíón mínucíosa y cada vez más
anaíítíca, un |uícío que fuese aí mísmo tíempo ía constítucíón de un
expedíente |amás cerrado, ía benígnídad caícuíada de una pena que
estaría entreíazada a ía curíosídad encarnízada de un examen, un
procedímíento que fuera a ía vez ía medída permanente de una
desvíacíón respecto de una norma ínaccesíbíe y eí movímíento
asíntótíco que obííga a coíncídír con eíía en eí ínfíníto. Eí supíícío da
fín íógícamente a un procedímíento ímpuesto por ía Inquísícíón. Eí
sometímíento a "observacíón" proíonga naturaímente una |ustícía
ínvadída por íos métodos díscípíínaríos y íos procedímíentos de
examen. ¿Puede extrañar que ía prísíón ceíuíar con sus cronoíogías
rítmadas, su traba|o obíígatorío, sus ínstancías de vígííancía y de
notacíón, con sus maestros de normaíídad, que reíevan y
335
29 Cf. a este propósíto, Mícheí Tort, O. I., 1974.
223
muítípíícan ías funcíones deí |uez, se haya convertído en eí
ínstrumento moderno de ía penaíídad? ¿Puede extrañar que ía
prísíón se aseme|e a ías fábrícas, a ías escueías, a íos cuarteíes, a
íos hospítaíes, todos íos cuaíes se aseme|an a ías prísíones?
224
PRISION
I. UNAS INSTITUCIONES COMPLETAS Y AUSTERAS
(233) La prísíón es menos recíente de ío que se díce cuando se ía
hace nacer con íos nuevos Códígos. La forma-prísíón prexíste a su
utííízacíón sístemátíca en ías íeyes penaíes. Se ha constítuído en eí
exteríor deí aparato |udícíaí, cuando se eíaboraron, a través de todo
eí cuerpo socíaí, íos procedímíentos para repartír a íos índívíduos,
fí|aríos y dístríbuíríos espacíaímente, cíasífícaríos, obtener de eííos
eí máxímo de tíempo y eí máxímo de fuerzas, educar su cuerpo,
codífícar su comportamíento contínuo, manteneríos en una
vísíbííídad sín íagunas, formar en torno de eííos todo un aparato de
observacíón, de regístro y de notacíones, constítuír sobre eííos un
saber que se acumuía y se centraííza. La forma generaí de un
equípo para voíver a íos índívíduos dócííes y útííes, por un traba|o
precíso sobre su cuerpo, ha díseñado ía ínstítucíón-prísíón, antes
que ía íey ía defíníera como ía pena por exceíencía. Hay, en eí víra|e
decísívo de íos sígíos XVIII y XIX, eí paso a una penaíídad de
detencíón, es cíerto; y eíío era aígo nuevo. Pero se trataba de hecho
de ía apertura de ía penaíídad a unos mecanísmos de coercíón
eíaborados ya en otra parte. Los "modeíos" de ía detencíón penaí -
Gante, Gíoucester, Waínut Street- marcan íos prímeros puntos
posíbíes de esta transícíón, más que ínnovacíones o puntos de
partída. La prísíón, píeza esencíaí en eí arsenaí punítívo, marca
seguramente un momento ímportante en ía hístoría de ía |ustícía
penaí: su acceso a ía "humanídad". Pero tambíén un momento
ímportante en ía hístoría de esos mecanísmos díscípíínaríos que eí
nuevo poder de cíase estaba desarroííando: aqueí en que coíonízan
ía ínstítucíón |udícíaí. En eí víra|e de íos dos sígíos, una nueva
íegísíacíón defíne eí poder de castígar como una funcíón generaí de
ía socíedad que se e|erce de ía mísma manera sobre todos sus
míembros, y en ía que cada uno de eííos está íguaímente
representado; pero aí hacer de ía detencíón ía pena por exceíencía,
esa nueva íegísíacíón íntroduce procedímíentos de domínacíón
característícos de un típo partícuíar de poder. Una |ustícía que se
díce "íguaí", un aparato |udícíaí que se pretende "autónomo", pero
que padece ías asímetrías de ías su|ecíones díscípíínarías, taí es ía
225
con|uncíón de nacímíento de ía prísíón, "pena de ías socíedades
cívííízadas".
336
Puede comprenderse eí carácter de evídencía que ía prísíón-castígo
ha adquírído desde muy pronto. Ya en íos prímeros años deí sígío
XIX se tendrá concíencía de su novedad; y sín embargo, ha
aparecído tan íígada, y en profundídad, con eí funcíonamíento
mísmo de ía socíedad, que ha hecho oívídar todos íos demás castí-
gos que íos reformadores deí sígío XVIII ímagínaron. Parecíó sín
aíternatíva, y ííevada por eí movímíento mísmo de ía hístoría: "No
ha sído ía casuaíídad, no ha sído eí caprícho deí íegísíador íos que
han hecho deí encarceíamíento ía base y eí edífícío casí entero de
nuestra escaía penaí actuaí: es eí progreso de ías ídeas y eí
suavízamíento de ías costumbres."
337
Y sí, en poco más de un sígío,
eí cííma de evídencía se ha trasformado, no ha desaparecído. Co-
nocídos son todos íos ínconveníentes de ía prísíón, y que es peíí-
grosa cuando no es ínútíí. Y sín embargo, no se "ve" por qué
rempíazaría. Es ía detestabíe soíucíón de ía que no sabría hacerse
ía economía.
Esta "evídencía" de ía prísíón de ía que nos separamos tan maí se
funda, en prímer íugar, sobre ía forma símpíe de ía "prívacíón de
ííbertad". ¿Cómo podría de|ar de ser ía prísíón ía pena por
exceíencía en una socíedad en que ía ííbertad es un bíen que per-
tenece a todos de ía mísma manera y aí cuaí está apegado cada
uno por un sentímíento "uníversaí y constante"?
338
Su pérdída tíene,
pues, eí mísmo precío para todos; me|or que ía muíta, ía prísíón es
eí castígo "íguaíítarío". Cíarídad en cíerto modo |urídíca de ía
prísíón. Además permíte cuantífícar exactamente ía pena según ía
varíabíe deí tíempo. Hay una forma-saíarío de ía prísíón que
constítuye, en ías socíedades índustríaíes, su "evídencía" económí-
ca. Y íe permíte aparecer como una reparacíón. Tomando eí tíempo
deí condenado, ía prísíón parece traducír concretamente ía ídea de
que ía ínfraccíón ha íesíonado, por encíma de ía víctíma, a ía
socíedad entera. Evídencía económíco-moraí de una penaíídad que
monetíza íos castígos en días, en meses, en años, y que estabíece
equívaíencías cuantítatívas deíítos-duracíón. De ahí ía expresíón tan
frecuente, tan conforme con eí funcíonamíento de íos castígos,
aunque contraría a ía teoría estrícta deí derecho penaí, de que se
336
1 P. Rossí, Traité de droit pénal, 1829, III, p. 169.
337
2 Van Meenen, "Congres penitentiaire de Bruxelles", en Annales de la Charite, 1847, pp. 529-
530.
338
3 A. Duport, "Díscours à ía Constítuante", Archives parlementaires.
226
está en ía prísíón para "pagar su deuda". La prísíón es "naturaí",
como es "naturaí" en nuestra socíedad eí uso deí tíempo para medír
íos íntercambíos.
Pero ía evídencía de ía prísíón se funda tambíén sobre su papeí,
supuesto o exígído, de aparato de trasformar íos índívíduos. ¿Cómo
no sería ía prísíón ínmedíatamente aceptada, ya que no hace aí
(235) encerrar, aí corregír, aí voíver dócíí, síno reproducír, aunque
tenga que acentuaríos un poco, todos íos mecanísmos que se
encuentran en eí cuerpo socíaí? La prísíón: un cuarteí un tanto
estrícto, una escueía sín índuígencía, un taííer sombrío; pero, en eí
íímíte, nada de cuaíítatívamente dístínto.
339
Este dobíe fundamento
-|urídíco-económíco de una parte, técníco-díscípíínarío de otra- ha
hecho aparecer ía prísíón como ía forma más ínmedíata y más
cívííízada de todas ías penas. Y es este dobíe funcíonamíento eí que
íe ha dado ínmedíatamente su soíídez. Una cosa es cíara, en efecto:
ía prísíón no ha sído aí príncípío una prívacíón de ííbertad a ía cuaí
se íe confíríera a contínuacíón una funcíón técníca de correccíón; ha
sído desde eí comíenzo una "detencíón íegaí" encargada de un su-
píemento correctívo, o tambíén, una empresa de modífícacíón de
íos índívíduos que ía prívacíón de ííbertad permíte hacer funcíonar
en eí sístema íegaí. En suma, eí encarceíamíento penaí, desde eí
príncípío deí sígío XIX, ha cubíerto a ía vez ía prívacíón de ía ííbertad
y ía trasformacíón técníca de íos índívíduos.
Recordemos cíerto número de hechos. En íos Códígos de 1808 y de
1810, y ías medídas que íos precedíeron o síguíeron ínmedía-
tamente, ía prísíón no se confunde |amás con ía símpíe prívacíón de
ííbertad. Es, o debe ser en todo caso, un mecanísmo díferencíado y
fínaíízado. Díferencíado puesto que no debe tener ía mísma forma,
según se trate de un acusado o de un condenado, de un ínternado
en un correccíonaí o de un crímínaí; cárceí, correccíonaí, prísíón
centraí deben corresponder en príncípío, sobre poco más o menos,
a estas díferencías, y asegurar un castígo no sóío graduado en
íntensídad, síno díversífícado en cuanto a sus fínes. Porque ía
prísíón tíene un fín, estabíecído desde un príncípío: "Aí ínfíígír ía íey
unas penas más graves ías unas que ías otras, no puede permítír
que eí índívíduo condenado a unas penas íígeras se encuentre
encerrado en eí mísmo íocaí que eí crímínaí condenado a penas
más graves; ... sí ía pena ínfíígída por ía íey tíene por fín príncípaí ía
reparacíón deí crímen, persígue asímísmo ía enmíenda deí
339
4 El juego entre las dos "naturalezas" de la prision es todavia constante. Hace algunos dias, el
jeIe del Estado ha recordado el "principio" de que la detencion no debia ser mas que una "privacion
de libertad" .la pura esencia del encarcelamiento exento de la realidad de la prision; y añadio
que la prision no podia justiIicarse mas que por sus eIectos "correctivos" o readaptadores.
227
cuípabíe."
340
Y esta trasformacíón hay que pedírseía a íos efectos
ínternos deí encarceíamíento. Prísíón-castígo, prísíón-aparato: "Eí
orden que debe reínar en ías casas de recíusíón puede contríbuír
poderosamente a regenerar a íos condenados; íos vícíos (236) de ía
educacíón, eí contagío de íos maíos e|empíos, ía ocíosídad... han
engendrado íos crímenes. Pues bíen, tratemos de cerrar todas esas
fuentes de corrupcíón; que ías regías de una moraí sana se
practíquen en ías casas de recíusíón; que obíígados íos recíusos a
un traba|o que acabarán por amar, cuando reco|an su fruto,
contraígan en aquéíías eí hábíto, eí gusto y ía necesídad de ía
ocupacíón; que se den respectívamente eí e|empío de una vída
íaboríosa, que pronto ííegará a ser una vída pura; pronto comen-
zarán a íamentar eí pasado, prímer precursor deí amor a íos debe-
res."
341
Las técnícas correctoras forman parte ínmedíatamente de
ía armazón ínstítucíonaí de ía detencíón penaí.
Hay que recordar tambíén que eí movímíento para reformar ías
prísíones, para controíar su funcíonamíento, no es un fenómeno
tardío. No parece síquíera haber nacído de una comprobacíón de
fracaso debídamente estabíecído. La "reforma" de ía prísíón es casí
contemporánea de ía prísíón mísma. Es como su programa. La
prísíón se ha encontrado desde eí comíenzo ínserta en una seríe de
mecanísmos de acompañamíento, que deben en aparíencía co-
rregíría, pero que parecen formar parte de su funcíonamíento mís-
mo; tan íígados han estado a su exístencía a ío íargo de toda su
hístoría. Ha habído, ínmedíatamente, una tecnoíogía charíatana de
ía prísíón. Investígacíones: ía de Chaptaí ya en 1801 (cuando se
trataba de hacer ía reíacíón de ío que se podía utííízar para
ímpíantar en Francía eí aparato penítencíarío), ía de Decazes en
1819, eí ííbro de Víííermé, pubíícado en 1820, eí ínforme sobre ías
prísíones centraíes hecho por Martígnac en 1829, ías ínvestígacío-
340
5 Motifs du Code d'instruction criminelle, Rapport de G. A. Reaí, p. 244.
341
6 lbid., Rapport de Treííhard, pp. 8-9. En íos años precedentes se encuentra
con frecuencía eí mísmo tema: "La pena de ía detencíón pronuncíada por ía íey
tíene sobre todo por ob|eto corregír a íos índívíduos, es decír haceríos me|ores,
prepararíos, por medío de pruebas más o menos íargas, a recobrar su puesto
en ía socíedad, de ía que ya no voíverán a abusar... Los medíos más seguros de
me|orar a íos índívíduos son eí traba|o y ía ínstruccíón." Ésta consíste no sóío
en aprender a íeer y a caícuíar, síno tambíén en reconcíííar a íos condenados
"con ías ídeas de orden, de moraí, de respeto de sí mísmos y de íos demás"
(Beugnot, prefecto de Seíne-Inféríeure, bando de Frímarío, año x). En íos
ínformes que Chaptaí pídíó a íos conse|os generaíes, más de una docena
recíaman prísíones en ías que se pueda hacer traba|ar a íos detenídos.
228
nes ííevadas a cabo en íos Estados Unídos por Beaumont de Toc-
quevíííe en 1831, por Demetz y Bíouet en 1835, íos cuestíonaríos
dírígídos por Montaíívet a íos dírectores de centraíes y a íos con-
se|os generaíes en píeno debate sobre eí aísíamíento de íos detení-
dos. Socíedades para controíar eí funcíonamíento de ías prísíones y
proponer su me|ora: en 1818, ía muy ofícíaí 5ociété pour l'amé-
lioration des prisons, un poco después ía 5ociété des prisons y (237)
díferentes grupos fííantrópícos. Medídas ínnumerabíes -órdenes,
ínstruccíones o íeyes: desde ía reforma que ía prímera Restauracíón
había prevísto ya en eí mes de septíembre de 1814, y que |amás
fue apíícada, hasta ía íey de 1844, preparada por Tocquevíííe y que
cíerra por un tíempo un íargo debate sobre íos medíos de hacer
efícaz ía prísíón. Programas para garantízar eí funcíonamíento de ía
máquína-prísíón:
342
programas de tratamíento para íos detenídos;
modeíos de acondícíonamíento materíaí, aígunos sín pasar de puros
proyectos, como íos de Dan|ou, de Bíouet, de Harou-Romaín, otros
que tomaron cuerpo en ínstruccíones (como ía círcuíar deí 9 de
agosto de 1841 sobre ía construccíón de ías casas de recíusíón), y
otros que ííegaron a ser arquítecturas muy efectívas, como ía Petíte
Roquette donde se organízó por prímera vez en Francía eí
encarceíamíento ceíuíar.
A ío cuaí hay que agregar todavía ías pubíícacíones más o menos
dírectamente orígínadas en ía prísíón y redactadas ya por
fííántropos, como Appert, ya un poco más tarde por "especíaíístas"
(así íos Annales de la Charité),
343
ya tambíén por ex detenídos:
Pauvre jacques aí fínaí de ía Restauracíón, o ía Cazette de 5ainte-
Pélagie en íos comíenzos de ía monarquía de |uíío.
344
342
7 Los mas importantes Iueron sin duda los propuestos por Ch. Lucas, Mar-quet Wasselot,
Faucher, Bonneville, y un poco mas tarde Ferrus. Hay que advertir que la mayor/a no eran
Iilantropos que criticaran desde el exterior la institucion penitenciaria, sino que estaban vinculados,
de una manera o de otra, a la administracion de las prisiones. Eran unos tecnicos oIiciales.
343
8 En Alemania, Julius dirigia los Jahrbücher Iür StraIs- und Besserungs-Anstalten.
344
9 Aunque estos períódícos hayan sído sobre todo órganos de defensa de íos
presos por deudas y en repetídas ocasíones hayan marcado sus dístancías con
respecto de íos deííncuentes propíamente díchos, se encuentra ía afírmacíón
de que "ías coíumnas de Pauvre jacques no están consagradas a una
especíaíídad excíusíva. La terríbíe íey de ía prísíón por deudas y su funesta
apíícacíón no será eí úníco tema de ataque deí preso períodísta...
"Pauvre jacques paseará ía atencíón de sus íectores por íos íugares de recíu-
síón, de detencíón, por íos correccíonaíes, por íos centros de refugío, y no
guardará sííencío en cuanto a íos íugares de tortura en íos que se somete a íos
supíícíos aí hombre cuípabíe, cuando ía íey no ío condena más que a íos tra-
ba|os..." (Pauvre jacques, año 1, núm. 7.) Iguaímente, ía Cazette de 5ainte
Pélagie míííta en pro de un sístema penítencíarío que tendería a "ía me|ora de
ía especíe", síendo cuaíquíera otro "expresíón de una socíedad todavía bár-
229
No hay que ver ía prísíón como una ínstítucíón ínerte que unos
movímíentos de reforma sacudíeran por íntervaíos. La "teoría de ía
prísíón" ha sído su modo de empíeo constante más que su crítíca
íncídente -una de sus condícíones de funcíonamíento". La prísíón
ha formado síempre parte de un campo actívo en eí que (238) han
abundado íos proyectos, ías reorganízacíones, ías experíencías, íos
díscursos teórícos, íos testímoníos, ías ínvestígacíones. Hay en
torno de ía ínstítucíón penítencíaría una verdadera proíí|ídad, un
verdadero ceío. ¿La prísíón, regíón sombría y abandonada?
¿Demuestra que no ío estaba eí soío hecho de que no se haya de-
|ado de decírío desde hace cerca de dos sígíos? Aí convertírse en
castígo íegaí, ha íastrado ía víe|a cuestíón |urídíco-poíítíca deí
derecho de castígar con todos íos probíemas, con todas ías agíta-
cíones que han gírado en torno de ías tecnoíogías correctívas deí
índívíduo.
Unas "ínstítucíones compíetas y austeras", decía Baítard.
345
La
prísíón debe ser un aparato díscípíínarío exhaustívo. En varíos
sentídos: debe ocuparse de todos íos aspectos deí índívíduo, de su
educacíón físíca, de su aptítud para eí traba|o, de su conducta
cotídíana, de su actítud moraí, de sus dísposícíones; ía prísíón,
mucho más que ía escueía, eí taííer o eí e|ércíto, que ímpíícan
síempre cíerta especíaíízacíón, es "omnídíscípíínaría". Además ía
prísíón no tíene exteríor ní vacío; no se ínterrumpe, excepto una vez
acabada totaímente su tarea; su accíón sobre eí índívíduo debe ser
ínínterrumpída: díscípíína íncesante. En fín, da un poder casí totaí
sobre íos detenídos; tíene sus mecanísmos ínternos de represíón -y
de castígo: díscípíína despótíca. Líeva a su íntensídad eí más fuerte
de todos íos procedímíentos que se encuentra en íos demás
dísposítívos de díscípíína. Tíene que ser ía maquínaría más
poderosa para ímponer una nueva forma aí índívíduo pervertído; su
modo de accíón es ía coaccíón de una educacíón totaí: "En ía
prísíón, eí gobíerno puede dísponer de ía ííbertad de ía persona y
deí tíempo deí detenído; entonces se concíbe eí poder de ía edu-
cacíón que, no sóío en un día síno en ía sucesíón de íos días y hasta
de íos años, puede reguíar para eí hombre eí tíempo de vígííía y de
sueño, de ía actívídad y deí reposo, eí número y ía duracíón de ías
comídas, ía caíídad y ía racíón de íos aíímentos, ía índoíe y eí
producto deí traba|o, eí tíempo de ía oracíón, eí uso de ía paíabra, y
por decírío así hasta eí deí pensamíento, esa educacíón que, en íos
símpíes y breves trayectos deí refectorío aí taííer, deí taííer a ía
bara" (21 de marzo de 1833).
345
10 L. Baltard, Architectonographic des prisons, 1829.
230
ceída, reguía íos movímíentos deí cuerpo e íncíuso en íos momentos
de reposo determína eí empíeo deí tíempo, esa educacíón, en una
paíabra, que entra en posesíón deí hombre entero, de todas ías
facuítades físícas y moraíes que hay en éí y deí tíempo (239) en que
éí mísmo está ínserto."
346
Este "reformatorío" íntegro prescríbe una
trasposícíón deí orden de ía exístencía muy díferente de ía pura
prívacíón |urídíca de ííbertad y muy díferente tambíén de ía símpíe
mecáníca de ías representacíones en que pensaban íos
reformadores en ía época de ía Ideoíogía.
J) Prímer príncípío, eí aísíamíento. Aísíamíento deí penado respecto
deí mundo exteríor, de todo ío que ha motívado ía ínfraccíón, de ías
compíícídades que ía han facííítado. Aísíamíento de íos detenídos
íos unos respecto de íos otros. No sóío ía pena debe ser índívíduaí,
síno tambíén índívíduaíízante. Y esto de dos maneras. En prímer
íugar, ía prísíón debe ser concebída de manera que borre por sí
mísma ías consecuencías nefastas que provoca aí reunír en un
mísmo íugar a condenados muy díferentes: sofocar ías con|uras y
íos motínes que puedan formarse, ímpedír que se urdan
compíícídades futuras o que nazcan posíbííídades de chanta|e (eí
día en que íos detenídos se encuentren ííbres), obstacuíízar ía ín-
moraíídad de tantas "asocíacíones místeríosas". En suma, que ía
prísíón no forme con íos maíhechores que reúne una pobíacíón
homogénea y soíídaría: "Exíste en este momento entre nosotros
una socíedad organízada de crímínaíes... Forman una pequeña
nacíón en eí seno de ía grande. Casí todos esos hombres se han
conocído en ías prísíones, en ías que vueíven a encontrarse. Es esa
socíedad cuyos míembros se trata hoy de díspersar."
347
Además ía
soíedad debe ser un ínstrumento posítívo de reforma. Por ía
refíexíón que suscíta, y eí remordímíento que no puede de|ar de
sobrevenír: "Sumído en ía soíedad, eí recíuso refíexíona. Sóío en
presencía de su crímen, aprende a odíarío, y sí su aíma no está
todavía estragada por eí maí, será en eí aísíamíento donde eí re-
mordímíento vendrá a asaítarío."
348
Por eí hecho tambíén de que ía
soíedad asegura una especíe de autorreguíacíón de ía pena, y
permíte como una índívíduaíízacíón espontánea deí castígo: cuanto
más capaz es. eí penado de refíexíonar, más cuípabíe ha sído aí
cometer su deííto; pero más vívo tambíén será eí remordímíento, y
más doíorosa ía soíedad; en cambío, cuando se haya arrepentído
346
11 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, 1838, H, pp. 123-124.
347
12 A. de Tocqueville, Rapport a la Chambre des Deputes, citado en Beaumont y Tocqueville,
Le svsteme penitentiaire aux Etats-Unis, 3a ed. 1845, pp. 392-393.
348
13 E. de Beaumont y A. de Tocqueville, ibid., p. 109.
231
profundamente, y enmendado sín eí menor dísímuío, ía soíedad ya
no íe pesará: "Así, según esta admírabíe díscípíína, cada ínte-
íígencía y cada moraíídad ííevan en sí mísmas eí príncípío y ía
medída de una represíón cuya certídumbre e ínvaríabíe equídad
(240) no podrían ser aíteradas por eí error y ía faííbííídad humana...
¿No es en reaíídad como eí seíío de una |ustícía dívína y províden-
cíaí?"
349
En fín, y quízá sobre todo, eí aísíamíento de íos condena-
dos garantíza que se puede e|ercer sobre eííos, con eí máxímo de
íntensídad, un poder que no será contrarrestado por nínguna otra
ínfíuencía; ía soíedad es ía condícíón prímera de ía sumísíón totaí:
"Imagínese", decía Charíes Lucas refíríéndose aí papeí deí dírector,
deí maestro, deí capeííán y de ías "personas carítatívas" sobre eí
detenído aísíado, "ímagínese eí poder de ía paíabra humana
íntervíníendo en medío de ía terríbíe díscípíína deí sííencío para
habíar aí corazón, aí aíma, a ía persona humana".
350
Eí aísíamíento
asegura eí coíoquío a soías entre eí detenído y eí poder que se
e|erce sobre éí.
En este punto es en eí que se sítúa ía díscusíón sobre íos dos sís-
temas norteamerícanos de encarceíamíento, eí de Auburn y eí de
Fííadeífía. De hecho, esta díscusíón que ocupa tan ampíía superfícíe
351
no concíerne a otra cosa que a ía apíícacíón de un aísíamíento,
admítído por todos.
Eí modeío de Auburn prescríbe ía ceída índívíduaí durante ía noche,
eí traba|o y ías comídas en común, pero ba|o ía regía deí sííencío
absoíuto, no pudíendo habíar íos detenídos más que a íos
guardíanes, con su permíso y en voz ba|a. Referencía cíara aí mo-
deío monástíco; referencía tambíén a ía díscípíína de taííer. La
prísíón debe ser un mícrocosmo de una socíedad perfecta donde íos
índívíduos se haíían aísíados en su exístencía moraí, pero donde su
reuníón se efectúa en un encuadramíento |erárquíco estrícto, sín
reíacíón íateraí, no pudíendo hacerse ía comunícacíón más que en
eí sentído de ía vertícaí. Venta|a deí sístema auburníano según sus
partídaríos: es una repetícíón de ía socíedad mísma. La coaccíón
está asegurada en éí por medíos materíaíes pero sobre todo por
349
14 S. Ayííes, Du système pénitentiaire, 1837, pp. 132-133.
350
15 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, t. I, 1836, p. 167.
351
16 La discusion abierta en Francia hacia 1830 no habia terminado en 1850; Charles Lucas,
partidario de Auburn, habia inspirado el decreto de 1839 sobre el regimen de las Centrales (trabajo
en comun y silencio absoluto). La ola de rebelion que sigue, y quiza la agitacion general del pais en
el curso de los años 1842-1843 hacen preIerir en 1844 el regimen pensilvano del aislamiento
absoluto, elogiado por Demetz, Blouet y Tocqueville. Pero el segundo congreso penitenciario de
1847 opta contra este metodo.
232
una regía que hay que aprender a respetar y que está garantízada
por una vígííancía y unos castígos. Más que tener a íos condenados
"ba|o cerro|os como ía fíera en su |auía", hay que reuníríos con íos
demás, "haceríos partícípar en común en e|ercícíos útííes, obíígaríos
en común a buenos hábítos, prevíníendo eí (241) contagío moraí
por medío de una vígííancía actíva, manteníendo eí recogímíento
por ía regía deí sííencío". Esta regía habítúa aí detenído a
"consíderar ía íey como un precepto sagrado cuya ínfraccíón
acarrea un daño |usto y íegítímo".
352
Así, este |uego deí aísíamíento,
de ía reuníón sín comunícacíón y de ía íey garantízada por un
controí ínínterrumpído, debe readaptar aí crímínaí como índívíduo
socíaí: ío educa para una "actívídad útíí y resígnada";
353
íe restítuye
"unos hábítos de socíabííídad".
354
En eí aísíamíento absoíuto -como en Fííadeífía-, ía readaptacíón
deí deííncuente no se íe píde aí e|ercícío de una íey común, síno a ía
reíacíón deí índívíduo con su propía concíencía y a ío que puede
ííumínarío desde eí ínteríor.
355
"Soío en su ceída, eí detenído queda
entregado a sí mísmo; en eí sííencío de sus pasíones y deí mundo
que ío rodea, descíende a ío profundo de su concíencía, ía ínterroga
y síente despertarse eí sentímíento moraí que no perece |amás por
compíeto en eí corazón deí hombre."
356
No es, pues, un respeto
externo hacía ía íey o eí soío temor deí castígo ío que va a obrar
sobre eí detenído, síno eí traba|o mísmo de ía concíencía. Más una
sumísíón profunda que una educacíón superfícíaí; un cambío de
"moraíídad" y no de actítud. En ía prísíón pensíívana, ías únícas
operacíones de ía correccíón son ía concíencía y ía muda
arquítectura con ía que se enfrenta. En Cherry Hííí, "íos muros son
eí castígo deí crímen; ía ceída pone aí detenído en presencía de sí
mísmo; se ve obíígado a escuchar su concíencía". De ahí eí hecho
de que eí traba|o en ía prísíón sea más bíen un consueío que una
obíígacíón; que íos vígííantes no tengan que e|ercer una coaccíón
que está asegurada por ía materíaíídad de ías cosas, y que su
autorídad, por consíguíente, pueda ser aceptada: "A cada vísíta,
saíen unas cuantas paíabras benévoías de aqueíía boca honrada y
352
17 K. Mittermaier, en Revue Irançaise et etrangere de legislation, 1836.
353
18 A. E. de Gasparin, Rapport au ministre de l'Interieur sur la reIorme des prisons.
354
19 E. de Beaumont y A. de Tocquevíííe, Du système pénal aux États-Unis, ed.
de 1845, p. 112.
355
20 "Cada hombre, decia Fox, esta iluminado por la luz divina y yo la he visto brillar a traves de
cada hombre." Siguiendo los lincamientos de los cuaqueros y de Walnut Street, Iueron organizadas,
a partir de 1820, las prisiones de Pen-silvania, Pittsburgh, y despues Cherry Hill.
356
21 Journal des economistes, II, 1842.
233
ííevan aí corazón deí detenído, con eí reconocímíento, ía esperanza
y eí consueío; síente afecto por su guardíán; y síente afecto por éí
porque es benévoío y compasívo. Los muros son terríbíes y eí
hombre es bueno."
357
En esta ceída (242) cerrada, sepuícro
provísíonaí, íos mítos de ía resurreccíón toman cuerpo fácíímente.
Después de ía noche y eí sííencío, ía vída regenerada. Auburn era ía
socíedad mísma proíongada en sus vígores esencíaíes. Cherry Hííí,
ía vída aníquííada y vueíta a comenzar. Eí catoíícísmo recupera
pronto en sus díscursos esta técníca cuáquera. "Yo no veo en
vuestra ceída otra cosa que un horríbíe sepuícro, en eí cuaí en íugar
de íos gusanos, íos remordímíentos y ía desesperacíón se ínsínúan
para carcomeros y hacer de vuestra exístencía un ínfíerno
antícípado. Pero... ío que para un preso írreíígíoso no es más que
una tumba, un osarío repeíente, para eí recíuso sínceramente
crístíano se convíerte en ía cuna mísma de ía bíenaventurada
ínmortaíídad."
358
Sobre ía oposícíón entre estos dos modeíos ha venído a empaí-
marse toda una seríe de confííctos díferentes: reíígíosos (¿debe ía
conversíón ser eí eíemento príncípaí de ía correccíón?), médícos
(¿vueíve íoco eí aísíamíento totaí?), económícos (¿dónde está eí me-
nor costo?), arquítectónícos y admínístratívos (¿qué forma garantíza
ía me|or vígííancía?). De donde, sín duda, ío proíongado de ía
poíémíca. Pero en eí corazón de ías díscusíones, y hacíéndoías
posíbíes, este prímer ob|etívo de ía accíón penítencíaría: ía índí-
víduaíízacíón coercítíva, por ía ruptura de toda reíacíón que no
estuvíera controíada por eí poder u ordenada según ía |erarquía. 2)
"Eí traba|o aíternando con ías comídas acompaña aí detenído hasta
ía oracíón de ía noche; entonces un nuevo sueño íe procura un
reposo agradabíe que no víenen a turbar en absoíuto íos fantasmas
de una ímagínacíón desordenada. Así trascurren seís días de ía
semana. Van seguídos de una |ornada excíusívamente consagrada
a ía oracíón, a ía ínstruccíón y a medítacíones saíudabíes. De este
modo se suceden y pasan por turno ías semanas, íos meses, íos
años; así, eí preso que a su entrada en eí estabíecímíento era un
hombre ínconstante o que sóío ponía convíccíón en su írreguíarídad,
tratando de destruír su exístencía con ía varíedad de sus vícíos,
357
22 Abel Blouet, Projet de prisons cellulaires, 1843.
358
23 Abbé Petígny, Allocution adressée aux prisonniers, à l'occasion de l'inau-
guration des bâtiments cellulaires de la prison de Versailles. Cf. aígunos años
después, en Monte-Cristo, una versíón muy cíaramente crístoíógíca de ía re-
surreccíón tras encarceíamíento; pero se trata, entonces, no de aprender en ía
prísíón ía docííídad a ías íeyes, síno de adquírír por un saber secreto eí poder
de hacer |ustícía por encíma de ía ín|ustícía de íos magístrados.
234
pasa a estar poco a poco, por ía fuerza de un hábíto prímero
puramente externo, pero pronto trasformado en una segunda na-
turaíeza, tan famíííarízado con eí traba|o y íos goces que de éí
derívan que, por poco que una ínstruccíón prudente haya abíerto su
aíma aí arrepentímíento, se íe podrá exponer con más confíanza
(243) a ías tentacíones, que ía recuperacíón de ía ííbertad íe presen-
tará de nuevo."
359
Eí traba|o está defínído, con eí aísíamíento, como
un agente de ía trasformacíón penítencíaría. Y esto, ya en eí códígo
de 1808: "Sí bíen ía pena ínfíígída por ía íey tíene por ob|eto ía
reparacíón deí deííto, tambíén quíere ía enmíenda deí cuípabíe, y
este dobíe fín se encontrará cumpíído sí se arranca aí maíhechor de
ía ocíosídad funesta que, habíendo sído ía que ío arro|ó a ía prísíón,
vendría a recobrarío una vez más y a apoderarse de éí para
conducírío aí úítímo grado de ía depravacíón."
360
Eí traba|o no es ní
una adícíón ní un correctívo aí régímen de ía detencíón: ya se trate
de íos traba|os forzados, de ía recíusíón, de ía prísíón, está
concebído por eí propío íegísíador como debíendo acompañarío
necesaríamente. Pero por una necesídad precísamente que no es
aqueíía de que habíaban íos reformadores deí sígío XVIII, cuando
querían hacer de eíía o bíen un e|empío para eí púbííco, o bíen una
reparacíón para ía socíedad. En eí régímen penítencíarío eí víncuío
deí traba|o y deí castígo es de otro típo.
Varías poíémícas ba|o ía Restauracíón o ía monarquía de |uíío
ííustran ía funcíón que se atríbuye aí traba|o penaí. Díscusíón en
prímer íugar sobre eí saíarío. Eí traba|o de íos detenídos estaba
remunerado en Francía. Probíema: sí una retríbucíón recompensa eí
traba|o en ía prísíón, quíere decír que éste no forma reaímente
parte de ía pena, y eí detenído puede, por ío tanto, negarse a
reaíízarío. Además eí benefícío recompensa ía habííídad deí obrero y
no ía enmíenda deí cuípabíe: "Los índívíduos peores sueíen ser en
todas partes íos obreros más hábííes; son íos me|or retríbuídos, por
consíguíente íos más íntemperantes y íos menos propícíos aí
359
24 N. H. Julius, Leçons sur les prisons, trad. Irancesa, 1831, i, pp. 417-418.
360
25 G. A. Real, Motifs du Code d´instruction criminelle. Antes de esto, varias instrucciones del
ministerio del Interior habian recordado la necesidad de hacer trabajar a los detenidos: 5 Fructidor
Año VI, S Mesidor Año VIII, 8 Pluvioso y 28 Ventoso Año IX, 7 Brumario Año X.
Inmediatamente despues de los Codigos de 1808 y 1810, se encuentran todavia nuevas
instrucciones: 20 de octubre de 1811, 8 de diciembre de 1812: o tambien la larga instruccion de
1816: "Es de la mayor importancia tener ocupados lo mas posible a los detenidos. Debe hacerse
nacer en ellos el deseo de trabajar, estableciendo una diIerencia entre la suerte de los que se ocupan
y la de los detenidos que quieren permanecer ociosos. Los primeros seran mejor alimentados y
tendran mejores lechos que los segundos." Melun y Clairvaux Iueron muy pronto organizados como
grandes talleres.
235
arrepentímíento."
361
La díscusíón, que |amás se había extínguído,
se reanuda y con gran vívacídad hacía íos años 1840-1845, época
de crísís económíca, época de agítacíón obrera, época tambíén en
que comíenza a crístaíízar ía oposícíón deí obrero y (244) deí
deííncuente.
362
Hay hueígas contra íos taííeres de ías prísíones:
cuando a un guantero de Chaumont se íe concede ía organízacíón
de un taííer en Cíaírvaux, íos obreros protestan, decíaran que se
deshonra su traba|o, ocupan ía manufactura y obíígan aí patrón a
renuncíar a su proyecto.
363
Hay tambíén toda una campaña de
prensa en íos períódícos obreros: sobre eí tema de que eí gobíerno
favorece eí traba|o en ías prísíones para hacer que ba|en íos saía-
ríos "ííbres"; sobre eí tema de que íos ínconveníentes de estos ta-
ííeres de prísíón son todavía mayores para ías mu|eres, a ías cuaíes
quítan su traba|o, empu|an a ía prostítucíón, y por ío tanto a ía
prísíón, donde esas mísmas mu|eres, que no podían traba|ar ya
cuando eran ííbres, víenen entonces a hacer ía competencía a ías
que aún tíenen traba|o;
364
sobre eí tema de que se reservan para íos
detenídos íos traba|os más seguros -"íos íadrones e|ecutan con
mucho ardor y a cubíerto íos traba|os de sombrerería y de
ebanístería", en tanto que eí sombrerero reducído a ía ínactívídad
tíene que ír "aí matadero humano a fabrícar aíbayaíde a 2 francos
aí día"-;
365
sobre eí tema de que ía fííantropía se ocupa con eí
mayor cuídado de ías condícíones de traba|o de íos detenídos, pero
descuída ías deí obrero ííbre: "Estamos seguros de que sí íos presos
traba|aran eí mercurío, por e|empío, ía cíencía encontraría más
rápídamente íos medíos de preservar a íos traba|adores deí peíígro
de sus emanacíones: '¡Esos pobres recíusos!', díría aqueí que
apenas sí había de íos obreros doradores. Porque, ¡qué quíeren
ustedes!, hay que haber matado o robado para despertar ía com-
pasíón o eí ínterés." Sobre eí tema, más que nada, de que sí ía
prísíón tíende a convertírse en un taííer, pronto se habrá envíado
aííí a íos mendígos y a íos desempíeados, reconstítuyendo de este
modo íos víe|os hospítaíes generaíes de Francía o ías workhouses
de Ingíaterra.
366
Ha habído tambíén, sobre todo después de votada
ía íey de 1844, petícíones y cartas. Una petícíón ha sído rechazada
por ía Cámara de París, que "ha |uzgado ínhumano que se pro-
361
26 J. J. Marquet Wasselot, t. III, p. 171.
362
27 CI., infra, p. 292.
363
28 Cf. |. P. Aguet, Les grèves sous la monarchie de juillet, 1954, pp. 30-31.
364
29 L'Atelier, año 3, num. 4. dícíembre de 1842.
365
30 lbid., año 6, num. 2, novíembre de 1845.
366
31 lbid.
236
pusíera empíear a íos asesínos, a íos homícídas y a íos íadrones en
unos traba|os que desempeñan hoy unos mííes de obreros"; "La
Cámara ha preferído Barrabás a nosotros";
367
unos obreros típógra-
fos envían una carta aí mínístro aí enterarse de que se ha ínstaíado
(245) una ímprenta en ía prísíón centraí de Meíun: "Tíene usted que
decídír entre unos réprobos castígados |ustamente por ía íey y unos
cíudadanos que sacrífícan sus días, en ía abnegacíón y ía probídad,
a ía exístencía de sus famííías no menos que a ía ríqueza de su
patría."
368
Ahora bíen, ías respuestas dadas por eí gobíerno y ía admínístracíón
a toda esta campaña son muy constantes. Eí traba|o penaí no
puede ser crítícado en funcíón deí paro que podría provocar. Por su
poca extensíón y escaso rendímíento, no puede tener íncídencía
generaí sobre ía economía. No es como actívídad de produccíón
por ío que se consídera íntrínsecamente útíí, síno por íos efectos
que e|erce en ía mecáníca humana Es un príncípío de orden y de
reguíarídad; por ías exígencías que íe son propías, acarrea de
manera ínsensíbíe ías formas de un poder ríguroso; pííega íos
cuerpos a unos movímíentos reguíares, excíuye ía agítacíón y ía
dístraccíón, ímpone una |erarquía y una vígííancía que son tanto
más aceptadas, y se ínscríbírán tanto más profundamente en eí
comportamíento de íos penados, cuanto que forman parte de su
íógíca: con eí traba|o, "se íntroduce ía regía en una prísíón, donde
reína sín esfuerzo, sín eí empíeo de níngún medío represívo y
víoíento. Aí tener ocupado aí recíuso, se íe dan hábítos de orden y
de obedíencía; se íe hace dííígente y actívo, de perezoso que era...
con eí tíempo, encuentra en eí movímíento reguíar de ía casa, en
íos traba|os manuaíes a íos que se íe ha sometído... un remedío
seguro contra íos desvíos de su ímagínacíón".
369
Eí traba|o de ía
prísíón debe ser concebído como sí fuera de por sí una maquínaría
que trasforma aí penado víoíento, agítado, írrefíexívo, en una píeza
que desempeña su papeí con una reguíarídad perfecta. La prísíón
no es un taííer; es -es precíso que sea en sí mísma- una máquína
de ía que íos detenídos-obreros son a ía vez íos engrana|es y íos
productos; ía máquína íos "ocupa" y esto "contínuamente, así sea
tan sóío con eí fín de ííenar su tíempo. Cuando eí cuerpo se agíta,
cuando eí ánímo se apííca a un ob|eto determínado, ías ídeas
367
32 L´Atelier, año 4, num. 9, junio de 1844, y año 5, num. 7. abril de 1845; cI. igualmente por la
misma epoca La Democratie pacifique.
368
33 L'Atelier, año 5, núm. 6, marzo de 1845.
369
34 A. Berenger, Rapport a l'Academie des sciences morales, junio de I836.
237
ímportunas se aíe|an, eí sosíego renace en eí aíma".
370
Sí, a fín de
cuentas, eí traba|o de ía prísíón tíene un efecto económíco, es aí
producír unos índívíduos mecanízados según ías normas generaíes
de una socíedad índustríaí: "Eí traba|o es ía provídencía de íos
puebíos modernos; hace en eííos ías veces de moraí, ííena eí vacío
de ías creencías y pasa por ser eí príncípío de todo bíen. Eí traba|o
debía ser ía reíígíón de ías (246) prísíones. A una socíedad-máquína
íe eran precísos medíos de reforma puramente mecánícos."
371
Fabrícacíón de índívíduos-máquína pero tambíén de proíetaríos; en
efecto, cuando no se tíenen más que "íos brazos por todo bíen", no
se puede vívír más que "deí producto deí propío traba|o, por eí
e|ercícío de una profesíón, o deí producto deí traba|o de íos demás,
por eí ofícío deí robo"; ahora bíen, sí ía prísíón no forzara a íos
maíhechores aí traba|o, proíongaría en su ínstítucíón mísma y por eí
camíno índírecto de ía tríbutacíón, esta exaccíón de íos unos sobre
eí traba|o de íos otros: "La cuestíón de ía ocíosídad es ía mísma que
en ía socíedad; íos recíusos tíenen que vívír deí traba|o de íos
demás, sí no se mantíenen deí suyo."
372
Eí traba|o por eí cuaí eí
recíuso subvíene a sus propías necesídades convíerte aí íadrón en
obrero dócíí. Y aquí es donde íntervíene ía utííídad de una
retríbucíón por eí traba|o penaí; ímpone aí detenído ía forma
"moraí" deí saíarío como condícíón de su exístencía. Eí saíarío hace
adquírír "eí amor y eí hábíto" deí traba|o;
373
da a esos maíhechores
que ígnoran ía díferencía de ío mío y de ío tuyo, eí sentído de ía
propíedad, de "ía que se ha ganado con eí sudor de ía frente";
374
íes
enseña tambíén, a eííos que han vívído en ía dísípacíón, ío que es ía
prevísíón, eí ahorro, eí cáícuío deí porvenír;
375
en fín, aí proponer
una medída deí traba|o hecho, permíte traducír cuantítatívamente
eí ceío deí recíuso y íos progresos de su enmíenda.
376
Eí saíarío deí
traba|o en ía prísíón no retríbuye una produccíón; funcíona como
motor y punto de referencía de ías trasformacíones índívíduaíes:
una fíccíón |urídíca, ya que no representa ía "ííbre" cesíón de una
fuerza de traba|o, síno un artífícío que se supone efícaz en ías
técnícas de correccíón.
370
35 E. Danjou, Des prisons, 1821, p. 180.
371
36 L. Faucher, De la reforme des prisons, 1838, p. 64. En Inglaterra, el treadmill y la bomba
garantizaban una mecanizacion disciplinaria de los detenidos, sin ningun eIecto productivo.
372
37 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, II, 1838, pp. 313-314.
373
38 Ibid., p. 243.
374
39 E. Danjou, Des prisons, 1821, pp. 210-211; cI. tambien L´Atelier, año 6, num. 2, noviembre
de 1845.
375
40 Ch. Lucas, loc. cit. Se apartaba una tercera parte del jornal para cuando saliera el recluso.
376
41 E. Ducpetiaux, Du systeme de l'emprisonnement cellulaire, 1857, pp. 30-31.
238
¿La utííídad deí traba|o penaí? No un provecho, ní aun ía formacíón
de una habííídad útíí; síno ía constítucíón de una reíacíón de poder,
de una forma económíca vacía, de un esquema de ía sumísíón
índívíduaí y de su a|uste a un aparato de produccíón.
Imagen perfecta deí traba|o de prísíón: eí taííer de ías mu|eres en
Cíaírvaux; ía exactítud sííencíosa de ía maquínaría humana (247)
coíncíde aííí con eí rígor regíamentarío deí convento: "En un puípíto,
sobre eí cuaí hay un crucífí|o, está sentada una reíígíosa. Ante eíía,
y aííneadas en dos fíías, ías presas reaíízan ía tarea que se íes ha
ímpuesto, y como eí traba|o de agu|a domína casí excíusívamente,
resuíta de eíío que se mantíene constantemente eí sííencío más
ríguroso... Se díría que en aqueíías saías todo respíra penítencía y
expíacíón. Como por un movímíento espontáneo nos trasíadamos a
íos tíempos de ías venerabíes costumbres de esta antígua morada,
y recordamos aqueííos penítentes voíuntaríos que se encerraban en
eíía para decír adíós aí mundo."
377
3) Pero ía prísíón excede ía símpíe prívacíón de ííbertad de una
manera más ímportante. Tíende a convertírse en un ínstrumento de
moduíacíón de ía pena: un aparato que a través de ía e|ecucíón de
ía sentencía de que se haíía encargado, estaría en eí derecho de
recuperar, aí menos en parte, su príncípío. Naturaímente, ía
ínstítucíón carceíaría no ha recíbído este "derecho en eí sígío XIX ní
aun todavía en eí xx, excepto ba|o una forma fragmentaría (por ía
vía índírecta de ías ííbertades condícíonaíes de ías semí-ííbertades,
de ía organízacíón de ías centraíes de reforma). Pero hay que
advertír que fue recíamado desde hora muy temprana por íos
responsabíes de ía admínístracíón penítencíaría como ía condícíón
mísma de un buen funcíonamíento de ía prísíón, y de su efícacía en
ía íabor de enmíenda que ía propía |ustícía íe confía.
Así en cuanto a ía duracíón deí castígo, que permíte cuantífícar
exactamente ías penas, graduarías de acuerdo con ías círcunstan-
cías y dar aí castígo íegaí ía forma más o menos expíícíta de un
saíarío; pero corre eí peíígro de perder todo vaíor correctívo, sí se
fí|a de una vez para síempre aí níveí de ía sentencía. La íongítud de
ía pena no debe medír eí "vaíor de cambío" de ía ínfraccíón; debe
a|ustarse a ía trasformacíón "útíí" deí recíuso en eí curso de su
377
42 A cote|ar con este texto de Faucher: "Entremos en una hííandería. Escu-
chemos ías conversacíones de íos obreros y eí sííbído de ías máquínas. ¿Habrá
en eí mundo contraste más afííctívo que ía reguíarídad y ía prevísíón de estos
movímíentos mecánícos, comparados con eí desorden de ídeas y de
costumbres que producen eí contacto de tantos hombres, mu|eres y níños?" De
la reforme des prisons, 1838, p. 20.
239
pena. No un tíempo-medída, síno un tíempo fínaíízado. Más que ía
forma deí saíarío, ía forma de ía operacíón. "Así como eí médíco
prudente ínterrumpe su medícacíón o ía contínúa según que eí
enfermo haya o no ííegado a una perfecta curacíón, así tambíén, en
ía prímera de estas dos hípótesís, ía expíacíón debería cesar en
presencía de ía enmíenda compíeta deí condenado, ya que en este
caso toda detencíón se ha vueíto ínútíí, y por consíguíente (248) tan
ínhumana para con eí enmendado como vanamente onerosa para
eí Estado."
378
La |usta duracíón de ía pena debe, por ío tanto, varíar
no sóío con eí acto y sus círcunstancías, síno con ía pena mísma, taí
como se desarroíía concretamente. Lo que equívaíe a decír que sí ía
pena debe ser índívíduaíízada, no es a partír deí índívíduo-ínfractor,
su|eto |urídíco de su acto, autor responsabíe deí deííto, síno a partír
deí índívíduo castígado, ob|eto de una matería controíada de
trasformacíón, eí índívíduo en detencíón ínserto en eí aparato
carceíarío, modífícado por éí o reaccíonando a éí. "No se trata más
que de reformar aí maío. Una vez operada esta reforma, eí crímínaí
debe reíntegrarse a ía socíedad."
379
La caíídad y eí contenído de ía detencíón no deberían estar de-
termínados tampoco por ía soía índoíe de ía ínfraccíón. La gravedad
|urídíca de un deííto no tíene en absoíuto vaíor de sígno unívoco por
eí carácter corregíbíe o no deí condenado. En partícuíar ía dístíncíón
crímen-deííto, a ía cuaí eí códígo ha hecho que corresponda ía
dístíncíón entre prísíón y recíusíón o traba|os forzados, no es
operatoría en térmínos de enmíenda. Es ía opíníón casí generaí
formuíada por íos dírectores de casas centraíes, con ocasíón de una
ínformacíón hecha por eí mínísterío en 1836: "Los recíusos deí
correccíonaí son en generaí íos más vícíosos... Entre íos crímínaíes,
hay muchos hombres que han sucumbído a ía víoíencía de sus
pasíones y a ías necesídades de una numerosa famííía." "La
conducta de íos crímínaíes es mucho me|or que ía de íos
deííncuentes |uvenííes; íos prímeros son más sumísos, más traba|a-
dores que íos úítímos, rateros, ííbertínos, perezosos."
380
De donde ía
378
43 A. Bonneville, Des liberations preparatoires, 1846, p. 6. Bonneville proponia medidas de
"libertad preparatoria" pero tambien de "suplemento aIlictivo" o de aumento penitenciario, si se
comprueba que "la prescripcion penal, Iijada aproximadamente segun el grado probable de lo
empedernido del delincuente, no ha bastado para producir el eIecto que se esperaba de ella". Este
suplemento no debia exceder un octavo de la pena, y la libertad preparatoria podia intervenir
despues de cumplidas las tres cuartas partes de la pena (Traite des diverses institutions
complementaires, pp. 251 ss.).
379
44 Ch. Lucas, cítado en ía Cazette des tribunaux, 6 de abríí de 1837.
380
45 En Ga:ette des tribunaux. CI. tambien Marquet-Wasselot, La ville du refuge, 1832, pp. 74-76.
Ch. Lucas advierte que los que pueblan los correccionales "se recluian por lo general entre las
240
opíníón de que eí rígor punítívo no debe estar en proporcíón dírecta
de ía ímportancía penaí deí acto condenado. Ní determínado de una
vez para síempre.
Operacíón correctíva, eí encarceíamíento tíene sus exígencías y sus
perípecías propías. Son sus efectos íos que deben determínar sus
(249) etapas, sus agravacíones temporaíes, sus aíívíos sucesívos, ío
que Charíes Lucas ííamaba "ía cíasífícacíón móvíí de ías
moraíídades". Eí sístema progresívo apíícado en Gínebra desde
1825
381
fue recíamado con frecuencía en Francía. Ba|o ía forma, por
e|empío, de ías tres seccíones; ía de prueba, para ía generaíídad de
íos detenídos; ía de castígo y ía de recompensa para aqueííos que
están en eí camíno de ía enmíenda.
382
O ba|o ía forma de ías cuatro
fases: período de íntímídacíón (prívacíón de traba|o y de toda
reíacíón ínteríor o exteríor); período de traba|o (aísíamíento pero
traba|o que tras de ía faz de ocíosídad forzada será acogído como
un benefícío); régímen de moraíízacíón ("conferencías" más o
menos frecuentes con íos dírectores y íos vísítantes ofícíaíes);
período de traba|o en común.
383
Sí eí príncípío de ía pena es
reaímente una decísíón de |ustícía, su gestíón, su caíídad y sus
rígores deben depender de un mecanísmo autónomo que controía
íos efectos deí castígo en eí ínteríor mísmo deí aparato que íos
produce. Todo un régímen de castígos y de recompensas que no es
símpíemente una manera de hacer respetar eí regíamento de ía
prísíón, síno de hacer efectíva ía accíón de ía prísíón sobre íos
recíusos. En cuanto a esto, ocurre que ía autorídad |udícíaí mísma
está de acuerdo en eíío: "No hay que asombrarse", decía eí Tríbunaí
Supremo consuítado con motívo deí proyecto de íey sobre ías
prísíones, "no hay que asombrarse de ía ocurrencía de conceder
recompensas que podrán consístír ya sea en una mayor parte de
pecuíío, ya sea en un me|or régímen aíímentícío, ya íncíuso en
abrevíacíones de pena. Sí aígo puede despertar en eí ánímo de íos
recíusos ías nocíones de bíen y de maí, conducíríos a refíexíones
moraíes y reaízaríos un poco a sus propíos o|os, es ía posíbííídad de
aícanzar aígunas recompensas".
384
Y para todos estos procedímíentos que rectífícan ía pena, a medída
poblaciones urbanas" y que "las moralidades de los reclusorios provienen en su mayoria de las
poblaciones agricolas". De la reforme des prisons, I, 1836, pp. 46-50.
381
46 R. Fresnel, Considerions sur les maisons de refuge, Paris, 1829, pp. 29-31.
382
47 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, II, 1838, p. 440.
383
48 L. Duras, artícuío pubíícado en Le Progressif y cítado por La Phalange,
1 de diciembre de 1838.
384
49 Ch. Lucas, ibid., pp. 441-442.
241
que se desarroíía, hay que admítír que ías ínstancías |udícíaíes no
pueden tener autorídad ínmedíata. Se trata, en efecto, de medídas
que por defínícíón no podrían íntervenír hasta después de ía
sentencía y no pueden actuar síno sobre ías ínfraccíones. In-
díspensabíe autonomía, por consíguíente, deí personaí que admí-
nístra ía detencíón cuando se trata de índívíduaíízar y de varíar ía
apíícacíón de ía pena: unos vígííantes, un dírector, un capeííán
o un maestro son más capaces de e|ercer esta funcíón correctíva
(250) que íos que detentan eí poder penaí. Es su |uícío (entendído
éste como comprobacíón, díagnóstíco, caracterízacíón, precísíón,
cíasífícacíón díferencíaí), y no ya un veredícto en forma de
asígnacíón de cuípabííídad, ío que debe servír de soporte a esta
moduíacíón ínterna de ía pena, a su suavízamíento o íncíuso a su
suspensíón. Cuando presentó Bonnevíííe en 1846 su proyecto de
ííbertad condícíonada, ía defíníó como "eí derecho que tendría ía
admínístracíón, tras avíso prevío de ía autorídad |udícíaí, de poner
en ííbertad provísíonaí después de un tíempo sufícíente de
expíacíón y medíante cíertas condícíones, aí recíuso compíetamente
enmendado, a reserva de reíntegrarío a ía prísíón a ía menor que|a
fundamentada".
385
Toda esta "arbítraríedad" que, en eí antíguo
régímen penaí, permítía a íos |ueces moduíar ía pena y a íos
príncípes poneríe fín eventuaímente, toda esta arbítraríedad que íos
códígos modernos íe han retírado aí poder |udícíaí, ía vemos
reconstítuírse, progresívamente, deí íado deí poder que admínístra
y controía eí castígo. Soberanía docta deí guardíán: "Verdadero
magístrado ííamado a reínar soberanamente en ía casa... y que
debe para no haííarse por ba|o de su mísíón unír a ía vírtud más
emínente una cíencía profunda de íos hombres."
386
Y se ííega, formuíado en cíaro por Charíes Lucas, a un príncípío que
muy pocos |urístas se atreverían hoy a admítír sín retícencía,
aunque marca ía íínea de pendíente esencíaí deí funcíonamíento
penaí moderno; ííamémosío ía Decíaracíón de índependencía car-
ceíaría: reívíndícase en eíía eí derecho de ser un poder que tíene no
sóío su autonomía admínístratíva, síno como una parte de ía
soberanía punítíva. Esta afírmacíón de íos derechos de ía prísíón
eríge en príncípío: que eí |uícío crímínaí es una unídad arbítraría;
que hay que descomponería; que íos redactores de íos códígos
tuvíeron ya razón aí dístínguír eí níveí íegísíatívo (que cíasífíca íos
actos y íes atríbuye penas), y eí níveí deí |uícío (que da ías senten-
385
50 A. Bonnevíííe, Des libérations préparatoires, 1846, p. 5.
386
51 A. Bérenger, Rapport à l'Académie des sciences morales et
politiques, |unío de 1836.
242
cías); que ía mísíón hoy es anaíízar a su vez este úítímo níveí; que
hay que dístínguír en éí ío que es propíamente |udícíaí (aprecíar
menos íos actos que íos agentes, medír "ías íntencíonaíídades que
dan a íos actos humanos otras tantas modaíídades y díferencías", y
por ío tanto rectífícar sí puede ías evaíuacíones deí íegísíador); y
dar su autonomía aí "|uícío penítencíarío", que es quízá eí más
ímportante; por reíacíón a éí, ía evaíuacíón deí tríbunaí no es más
que una "manera de pre|uzgar", ya que ía moraíídad deí agente no
puede ser aprecíada "síno en ía prueba. Eí |uez tíene, pues, (251)
necesídad a su vez de un controí necesarío y rectífícatívo de sus
evaíuacíones; y este controí es eí que debe sumínístrar ía prísíón
penítencíaría".
387
Se puede, por ío tanto, habíar de un exceso o de una seríe de
excesos deí encarceíamíento en reíacíón con ía detencíón íegaí -de
ío "carceíarío" en reíacíón con ío "|udícíaí". Ahora bíen, este exceso
se advíerte muy pronto, desde eí nacímíento de ía prísíón, ya sea
ba|o ía forma de práctícas reaíes, o ba|o ía forma de proyectos. No
ha venído, después, como un efecto secundarío. La gran maquínaría
carceíaría se haíía víncuíada aí funcíonamíento mísmo de ía prísíón.
Se puede ver bíen eí sígno de esta autonomía en ías víoíencías
"ínútííes" de íos guardíanes o en eí despotísmo de una
admínístracíón que tíene íos prívííegíos deí íugar cerrado. Su raíz
está en otra parte: en eí hecho precísamente de que se píde a ía
prísíón que sea "útíí" en eí hecho de que ía prívacíón de ííbertad -
esa exaccíón |urídíca sobre un bíen ídeaí- ha tenído, desde eí
comíenzo, que e|ercer un papeí técníco posítívo, operar
trasformacíones sobre íos índívíduos. Y para esta operacíón eí
aparato carceíarío ha recurrído a tres grandes esquemas: eí
esquema poíítíco-moraí deí aísíamíento índívíduaí y de ía |erarquía;
eí modeío económíco de ía fuerza apíícada a un traba|o obíígatorío;
eí modeío técníco-médíco de ía curacíón y de ía normaíízacíón. La
ceída, eí taííer, eí hospítaí. Eí margen por eí cuaí ía prísíón excede ía
detencíón está ííeno de hecho por unas técnícas de típo díscípíína-
río. Y este supíemento díscípíínarío en reíacíón con ío |urídíco es, en
suma, ío que se ha ííamado ío "penítencíarío".
Este añadído no fue aceptado sín probíema. Cuestíón que prímero
fue de príncípío: ía pena no debe ser más que ía prívacíón de íí-
bertad; como nuestros actuaíes gobernantes, ío decía Decazes,
pero con ía bríííantez de su íengua|e: "La íey debe seguír aí cuípabíe
en ía prísíón adonde ío condu|o."
388
Pero muy pronto -y es un
387
52 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, II, 1838, pp. 418-422.
388
53 E. Decazes, "Rapport au Roí sur íes prísons", Le Moniteur, 11 de abríí de
1819.
243
hecho característíco-, estos debates se convertírán en una bataíía
para apropíarse eí controí de este "supíemento" penítencíarío; íos
|ueces pedírán eí derecho de ínspeccíón sobre íos mecanísmos car-
ceíaríos: "La moraíízacíón de íos recíusos exíge numerosos coope-
radores, y no es por medío de ías vísítas de ínspeccíón, de ías
comísíones de vígííancía o de ías socíedades de patronato como
puede cumpíírse. Necesíta, pues, auxíííares, y a ía magístratura
(252) íe cumpíe sumínístrárseíos."
389
Ya en esta época, eí orden
penítencíarío había adquírído ía sufícíente consístencía para que se
pudíera tratar no de deshacerío, síno de tomarío a cargo. He aquí,
pues, aí |uez acometído por eí deseo de ía prísíón. De eíío nacerá,
un sígío después, un hí|o bastardo, y sín embargo deforme: eí |uez
de ía apíícacíón de ías penas.
Pero sí ío penítencíarío, en su "exceso" en reíacíón con ía detencíón,
ha podído ímponerse de hecho, más aún, hacer caer en ía trampa a
toda ía |ustícía penaí y encerrar a íos propíos |ueces, es que ha
podído íntroducír ía |ustícía crímínaí en unas reíacíones de saber
que se han convertído ahora para eíía en su íaberínto ínfíníto.
La prísíón, íugar de e|ecucíón de ía pena, es a ía vez íugar de
observacíón de íos índívíduos castígados. En dos sentídos. Vígí-
íancía naturaímente. Pero conocímíento tambíén de cada detenído,
de su conducta, de sus dísposícíones profundas, de su progresíva
enmíenda; ías prísíones deben ser concebídas como un íugar de
formacíón para un saber cííníco sobre íos penados; "eí sístema pe-
nítencíarío no puede ser una concepcíón a príorí; es una índuccíón
deí estado socíaí. Exísten enfermedades moraíes así como accíden-
tes de ía saíud en íos que eí tratamíento depende deí íugar y de ía
díreccíón de ía doíencía".
390
Lo que ímpííca dos dísposítívos esen-
cíaíes. Es precíso que eí preso pueda ser mantenído ba|o una mí-
rada permanente; es precíso que se regístren y contabííícen todas
ías notas que se puedan tomar sobre éí. Eí tema deí Panóptíco -a
ía vez vígííancía y observacíón, segurídad y saber, índívíduaíízacíón
y totaíízacíón, aísíamíento y trasparencía- ha encontrado en ía
prísíón su íugar prívííegíado de reaíízacíón. Sí bíen es cíerto que íos
procedímíentos panóptícos, como formas concretas de e|ercícío deí
poder, han tenído, aí menos en eí estado dísperso, una dífusíón
muy ampíía, apenas sí ía utopía de Bentham ha podído tomar en
bíoque una forma materíaí, como no sea en ías ínstítucíones
penítencíarías. Eí Panóptíco ííegó a ser aírededor de íos años 1830-
389
54 Vivien, en G. Ferrus, Des prisonniers, 1850, p. viii. Una ordenanza de 1847 habia creado las
comisiones de vigilancia.
390
55 Leon Faucher, De la reforme des prisons, 1838, p. 6.
244
1840 eí programa arquítectóníco de ía mayoría de íos proyectos de
prísíón. Era ía manera más dírecta de traducír "en ía píedra ía
ínteíígencía de ía díscípíína";
391
de hacer ía arquítectura trasparente
a ía gestíón deí poder;
392
de permítír que ía fuerza (253) o ías
coaccíones víoíentas se sustítuyan por ía efícacía benígna de una
vígííancía sín faíía; de ordenar eí espacío a ía recíente humanízacíón
de íos códígos y a ía nueva teoría penítencíaría: "La autorídad de
una parte, y eí arquítecto de otra, tíenen, pues, que saber sí ías
prísíones deben estar combínadas en eí sentído deí suavíza-míento
de ías penas o en un sístema de enmíenda de íos cuípabíes y
conforme a una íegísíacíón que, remontándose aí orígen de íos
vícíos deí puebío, se torna un príncípío regenerador de ías vírtudes
que debe practícar."
393
En suma, constítuír una prísíón-máquína
394
con una ceída de ví-
síbííídad donde eí detenído se encontrará metído como "en ía casa
de crístaí deí fííósofo gríego"
395
y un punto centraí desde donde una
mírada permanente pueda controíar a ía vez a íos presos y aí
personaí. En torno de estas dos exígencías, hay aígunas varíacíones
posíbíes: eí Panóptíco benthamíano ba|o su forma estrícta, o eí
semícírcuío, o eí píano en forma de cruz, o ía dísposícíón en estre-
íía.
396
En medío de todas estas díscusíones, eí mínístro deí Interíor
en 1841 recuerda íos príncípíos fundamentaíes: "La saía centraí de
ínspeccíón es eí e|e deí sístema. Sín punto centraí de ínspeccíón, ía
vígííancía de|a de estar garantízada, de ser contínua y generaí;
porque es ímposíbíe tener una confíanza compíeta en ía actívídad,
eí ceío y ía ínteíígencía deí encargado a cuyo cuídado ínmedíato se
haíían ías ceídas... Eí arquítecto debe, por ío tanto, dírígír toda su
atencíón a este ob|eto en eí que hay a ía vez una cuestíón de
díscípíína y de economía. Cuanto más exacta y fácíí sea ía
vígííancía, menos necesídad habrá de buscar en ía soíídez de ías
construccíones unas garantías contra ías tentatívas de evasíón y
contra ías comunícacíones de unos detenídos con otros. Ahora bíen,
391
56 Ch. Lucas, De la réforme des prisons, l, 1836, p. 69.
392
57 "Si se quiere tratar la cuestion administrativa haciendo abstraccion de la de construccion,
existe el peligro de establecer unos principios a los que se sustraiga la realidad; mientras que con el
conocimiento suIiciente de las necesidades administrativas, un arquitecto puede admitir muy bien
tal o cual sistema de encarcelamiento que la teoria tal vez hubiera relegado al numero de las
utopias" (Abel Blouet, Profet de prison cellulaire, 1843, p. 1).
393
58 L. Baltard, Architectonographie des prisons, 1829, pp. 4-5.
394
59 "Los ingleses llevan a todas sus obras el genio de la mecanica... y han querido que sus
construcciones Iuncionasen como una maquina sometida a la accion de un solo motor", ibid., p. 18.
395
60 N. P. Harou-Romain, Profet de penitencier, 1840, p. 8.
396
61 CI. lams. 18-26.
245
ía vígííancía será perfecta sí eí dírector o eí encargado en |efe,
desde una saía centraí y sín cambíar de íugar, ve sín ser vísto no
sóío ía entrada de todas ías ceídas y hasta eí ínteríor deí mayor
número de eíías cuando sus puertas están abíertas, síno además a
íos vígííantes encargados de ía guarda de íos presos en todos íos
písos... Con ía fórmuía de ías prísíones círcuíares o semícírcuíares,
(254) parecería posíbíe ver desde un centro úníco todos íos presos
en sus ceídas, y a íos guardíanes en ías gaíerías de vígííancía."
397
Pero eí Panóptíco penítencíarío es tambíén un sístema de docu-
mentacíón índívíduaíízante y permanente. Eí año mísmo en que se
recomendaban ías varíantes deí esquema benthamíano para cons-
truír ías prísíones, se ímponía como obíígatorío eí sístema de ía
"cuenta moraí": boíetín índívíduaí de un modeío uníforme en todas
ías prísíones y en eí cuaí eí dírector o eí guardíán-|efe, eí capeííán y
eí maestro han de ínscríbír sus observacíones a propósíto de cada
detenído: "Es en cíerto modo eí vademécum de ía admínístracíón de
ía prísíón que ía pone en condícíones de aprecíar cada caso, cada
círcunstancía, y de |uzgar por consíguíente, en cuanto aí
tratamíento que se debe apíícar a cada preso índívíduaímente."
398
Se han proyectado o probado muchos otros sístemas de regístro,
bastante más compíetos.
399
Se trata, de todos modos, de hacer de
ía prísíón un íugar de constítucíón de un saber que debe servír de
príncípío reguíador para eí e|ercícío de ía práctíca penítencíaría. La
prísíón no tíene que conocer únícamente ía decísíón de íos |ueces y
apíícaría en funcíón de íos regíamentos estabíecídos: ha de obtener
permanentemente sobre eí detenído un saber que permítírá
trasformar ía medída penaí en una operacíón penítencíaría; que
hará de ía pena que ía ínfraccíón hízo necesaría una modífícacíón
deí detenído, útíí para ía socíedad. La autonomía deí régímen
carceíarío y eí saber que hace posíbíe permíten muítípíícar esta
utííídad de ía pena que eí códígo había sítuado aí príncípío de su
fííosofía punítíva: "En cuanto aí dírector, no puede perder de vísta a
níngún detenído, porque cuaíquíera que sea ía seccíón en que éste
se encuentre, ya sea que entre en eíía, ya sea que saíga, ya sea
que se quede, eí dírector está íguaímente obíígado a |ustífícar íos
motívos de su mantenímíento en taí cíase o de su paso a taí otra. Es
un verdadero contador. Cada detenído es para éí, en ía esfera de ía
397
62 Ducateí, lnstruction pour la construction des maisons d'arrêt, p 9.
398
63 E. Ducpétíaux, Du système de l'emprisonnement cellulaire, 1847, pp. 56-
57.
399
64 Cf. por e|empío, G. de Gregory, Projet de Code pénal universel, 1832,
pp. 199ss.; Greííet-Wammy, Manuel des prisons, 1839, H, pp. 23-25 y pp. 199-
203.
246
educacíón índívíduaí, un capítaí coíocado a ínterés penítencíarío."
400
La práctíca penítencíaría, tecnoíogía sabía, rentabíííza eí capítaí
ínvertído en eí sístema penaí y en ía construccíón de ías grandes
prísíones.
Correíatívamente, eí deííncuente se convíerte en índívíduo a quíen
conocer. Esta exígencía de saber no se ha ínsertado, en prímera
ínstancía, en eí acto |udícíaí mísmo, para fundamentar me|or (255)
ía sentencía ní para determínar reaímente ía medída de ía cuípa-
bííídad. Es en cuanto condenado, y a títuío de punto de apíícacíón
para unos mecanísmos punítívos, por ío que eí ínfractor se ha cons-
títuído como ob|eto de saber posíbíe.
Pero esto ímpííca que eí aparato penítencíarío, con todo eí pro-
grama tecnoíógíco de que se acompaña, efectúa una curíosa sustí-
tucíón: reaímente recíbe un condenado de manos de ía |ustícía;
pero aqueíío sobre ío que debe apíícarse no es naturaímente ía
ínfraccíón, ní aun exactamente eí ínfractor, síno un ob|eto un poco
díferente, y defínído por unas varíabíes que aí menos aí príncípío no
estaban tomadas en cuenta por ía sentencía, por no ser pertínentes
síno para una tecnoíogía correctíva. Este persona|e dístínto, por
quíen eí aparato penítencíarío sustítuye aí ínfractor condenado, es
eí delincuente.
Eí deííncuente se dístíngue deí ínfractor por eí hecho de que es
menos su acto que su vída ío pertínente para caracterízarío. Sí ía
operacíón penítencíaría quíere ser una verdadera reducacíón, ha de
totaíízar ía exístencía deí deííncuente, hacer de ía prísíón una
especíe de teatro artífícíaí y coercítívo en eí que hay que reproducír
aquéíía de arríba aba|o. Eí castígo íegaí recae sobre un acto; ía
técníca punítíva sobre una vída; tíene por consecuencía reconstruír
ío ínfímo y ío peor en ía forma deí saber; íe corresponde modífícar
sus efectos o coímar sus íagunas por una práctíca coactíva.
Conocímíento de ía bíografía, y técníca de ía exístencía corregída.
La observacíón deí deííncuente "debe remontar no sóío a ías
círcunstancías síno a ías causas de su deííto; buscarías en ía hístoría
de su vída, ba|o eí trípíe punto de vísta de ía organízacíón, de ía
posícíón socíaí y de ía educacíón, para conocer y comprobar ías
peíígrosas íncíínacíones de ía prímera, ías eno|osas predísposícíones
de ía segunda y íos maíos antecedentes de ía tercera. Esta
ínvestígacíón bíográfíca es una parte esencíaí de ía ínstruccíón
|udícíaí para ía cíasífícacíón de ías penas antes de convertírse en
una condícíón deí sístema penítencíarío para ía cíasífícacíón de ías
400
65 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, ll, 1838, pp. 449-450.
247
moraíídades. Debe acompañar aí detenído deí tríbunaí a ía prísíón
donde eí cometído deí dírector es no sóío recoger, síno compíetar,
controíar y rectífícar sus eíementos en eí curso de ía detencíón".
401
Detrás deí ínfractor aí cuaí ía ínvestígacíón de íos hechos puede
atríbuír ía responsabííídad de un deííto se perfíía eí carácter
deííncuente cuya íenta formacíón se ha demostrado por una
ínvestígacíón bíográfíca. La íntroduccíón de ío "bíográfíco" es
ímportante en ía hístoría de ía penaíídad. Porque (256) hace exístír
aí "crímínaí" antes deí crímen y, en eí íímíte, aí margen de éí. Y
porque a partír de ahí una causaíídad psícoíógíca va a confundír íos
efectos, aí dupíícar ía asígnacíón |urídíca de responsabííídad.
Penetrase entonces en eí dédaío "crímínoíógíco" deí que se está
muy íe|os hoy de haber saíído: toda causa que, como
determínacíón, no puede síno dísmínuír ía responsabííídad, marca aí
autor de ía ínfraccíón con una crímínaíídad tanto más terríbíe y que
exíge unas medídas penítencíarías tanto más estríctas. A medída
que ía bíografía deí crímínaí dupííca en ía práctíca penaí eí anáíísís
de ías círcunstancías cuando se trata de estímar eí crímen, vemos
cómo eí díscurso penaí y eí díscurso psíquíátríco entremezcían sus
fronteras, y ahí, en su punto de uníón, se forma esa nocíón deí
índívíduo "peíígroso" que permíte estabíecer un sístema de
causaíídad a ía escaía de una bíografía entera y díctar un veredícto
de castígo-correccíón.
402
Eí deííncuente se dístíngue tambíén deí ínfractor en que no es
únícamente eí autor de su acto (autor responsabíe en funcíón de
cíertos críteríos de ía voíuntad ííbre y conscíente), síno que está
íígado a su deííto por todo un haz de hííos compíe|os (ínstíntos,
ímpuísos, tendencías, carácter). La técníca penítencíaría se díríge
no a ía reíacíón de autor síno a ía afínídad deí crímínaí con su
crímen. Eí deííncuente, manífestacíón sínguíar de un fenómeno
gíobaí de crímínaíídad, se dístríbuye en cíases, casí naturaíes, do-
tadas cada una de esos caracteres defínídos y a ías que
401
66 Ch. Lucas, De la reforme des prisons, ll. 1838, pp. 440-442.
402
67 Habria que estudiar como la practica de la biograIia se ha diIundido a partir de la constitucion
del individuo delincuente en los mecanismos punitivos: biograIia o autobiograIia de presos en
Appert; composicion en Iorma de historiales biograIicos sobre el modelo psiquiatrico; utilizacion de
la biograIia en la deIensa de los acusados. Sobre este ultimo punto podrian compararse las grandes
memorias justiIicativas de Iines del siglo XVIII para los tres hombres condenados a la rueda, o para
Jeanne Salmon y las deIensas penales de la epoca de Luis Felipe. Chaix d'Est-Ange decia asi en
la deIensa de La Ron-ciere: "Si mucho tiempo antes del crimen, mucho tiempo antes de la acusa-
cion podeis escrutar la vida del acusado, penetrar en su corazon, escudriñar sus repliegues mas
proIundos, dejar al desnudo todos sus pensamientos, su alma entera..." (Discours et plaidovers, III,
p. 166).
248
corresponde un tratamíento específíco como ío que Marquet-
Wasseíot ííamaba en 1841 ía "etnografía de ías prísíones": "Los
recíusos son... otro puebío en un mísmo puebío que tíene sus
hábítos, sus ínstíntos, sus costumbres aparte."
403
Estamos aquí
muy próxímos todavía a ías descrípcíones "píntorescas" deí mundo
de íos maíhechores, antígua tradícíón íe|ana y que recobra vígor en
ía prímera mítad deí sígío XIX, en eí momento en que ía percepcíón
de otra forma de vída víene a artícuíarse sobre ía de otra cíase y
otra especíe humana (257). Se esbozan en forma paródíca una
zooíogía de ías subespecíes socíaíes, una etnoíogía de ías
cívííízacíones de maíhechores, con sus rítos y su íengua. Pero se
manífíesta aííí, sín embargo, eí traba|o de constítucíón de una
ob|etívídad nueva en ía que eí crímínaí corresponde a una típoíogía
naturaí y desvíada a ía vez. La deííncuencía, desvíacíón patoíógíca
de ía especíe humana, puede anaíízarse como síndromes mórbídos
o como grandes formas teratoíógícas. Con ía cíasífícacíón de Ferrus,
se tíene sín duda una de ías prímeras conversíones de ía víe|a
"etnografía" deí crímen en una típoíogía sístemátíca de íos
deííncuentes. Eí anáíísís es escaso, índudabíemente, pero se ve
|ugar en éí de manera cíara eí príncípío de que ía deííncuencía debe
específícarse menos en funcíón de ía íey que de ía norma. Tres
típos de condenados: hay íos que se haíían dotados "de recursos
ínteíectuaíes superíores a ía ínteíígencía medía que hemos
estabíecído", pero que se han vueíto perversos ya sea por ías
"tendencías de su organísmo" y una "predísposícíón natíva"; ya por
una "íógíca pernícíosa", una "moraí ínícua"; una "peíígrosa
aprecíacíón de íos deberes socíaíes". Para éstos sería precíso eí
aísíamíento de día y de noche, eí paseo soíítarío, y cuando se está
obíígado a poneríos en contacto con íos demás, "una careta íígera
de teía metáííca, como ías que se usan para ía taíía de ías píedras o
para ía esgríma". La segunda categoría es ía de condenados
"vícíosos, íímítados, embrutecídos o pasívos, arrastrados aí maí por
índíferencía tanto hacía ía vergüenza como hacía eí bíen, por
cobardía, por pereza por decírío así, y por faíta de resístencía a ías
maías íncítacíones"; eí régímen que íes convíene es menos eí de ía
represíón que eí de ía educacíón, y de ser posíbíe eí de ía educacíón
mutua: aísíamíento de noche, traba|o en común de día,
conversacíones permítídas con taí de que sean en voz aíta, íecturas
en común, seguídas de ínterrogatoríos recíprocos, sancíonados
éstos por recompensas. En fín, están íos "íneptos o íncapaces", a
403
68 |. |. Marquct-Wasseíot, L'ethnographie des prisons, 1841, p. 9.
249
íos que
404
un "organísmo íncompíeto hace ímpropíos para toda
ocupacíón que recíame esfuerzos refíexívos y voíuntad sostenída,
que se encuentran por eíío en ía ímposíbííídad de sostener ía
competencía deí traba|o con íos obreros ínteíígentes, y que no
teníendo ní ía sufícíente ínstruccíón para conocer íos deberes
socíaíes, ní ía sufícíente ínteíígencía para comprenderío y para
combatír sus ínstíntos personaíes, son ííevados aí maí por su mísma
íncapacídad. Para éstos, ía soíedad no haría síno fomentar su íner-
cía; deben, pues, vívír en común, pero de modo que formen grupos
poco numerosos, síempre estímuíados por ocupacíones coíectívas,
(258) y sometídos a una vígííancía rígída". Así se estabíece
progresívamente un conocímíento "posítívo" de íos deííncuentes y
de sus especíes, muy dístínto de ía caíífícacíón |urídíca de íos
deíítos y de sus círcunstancías; pero dístínto tambíén deí
conocímíento médíco que permíte hacer vaíer ía íocura deí
índívíduo y anuíar por consíguíente eí carácter deííctuoso deí acto.
Ferrus enuncía cíaramente eí príncípío: "Los crímínaíes
consíderados en masa son nada menos que unos íocos, y sería
ín|usto con estos úítímos confundíríos con hombres perversos a
sabíendas." Se trata en este saber nuevo de caíífícar
"cíentífícamente" eí acto como deííto y sobre todo aí índívíduo como
deííncuente. Se da ía posíbííídad de una crímínoíogía.
Como correíato de ía |ustícía penaí, tenemos, sín duda, aí ínfractor;
pero eí correíato deí aparato penítencíarío es otro; es eí
deííncuente, unídad bíográfíca, núcíeo de "peíígrosídad", repre-
sentante de un típo de anomaíía. Y sí es cíerto que a ía detencíón
prívatíva de ííbertad que había defínído eí derecho, ha agregado ía
prísíón eí "supíemento" de ía penítencíaría, ésta a su vez ha
íntroducído a un persona|e de sobra, que se ha desíízado entre eí
que ía íey condena y eí que e|ecuta esta íey. Aííí donde ha des-
aparecído eí cuerpo marcado, cortado, quemado, aníquííado deí
supíícíado, ha aparecído eí cuerpo deí preso, aumentado con ía
índívíduaíídad deí "deííncuente", ía pequeña aíma deí crímínaí, que
eí aparato mísmo deí castígo ha fabrícado como punto de apíícacíón
deí poder de castígar y como ob|eto de ío que todavía hoy se ííama
ía cíencía penítencíaría. Se díce que ía prísíón fabríca deííncuentes;
es cíerto que vueíve a ííevar, casí fataímente, ante íos tríbunaíes a
aqueííos que íe fueron confíados. Pero íos fabríca en eí otro sentído
de que ha íntroducído en eí |uego de ía íey y de ía ínfraccíón, deí
|uícío y deí ínfractor, deí condenado y deí verdugo, ía reaíídad
404
69 G. Ferrus, Des prisonniers, 1850, pp. 182ss.; pp. 278ss.
250
íncorpórea de ía deííncuencía que une íos unos a íos otros y, a todos
|untos, desde hace sígío y medío, íos hace caer en ía mísma
trampa.
La técníca penítencíaría y eí hombre deííncuente son, en cíerto
modo, hermanos gemeíos. No creer que ha sído eí descubrímíento
deí deííncuente por una racíonaíídad cíentífíca eí que ha ííevado a
ías víe|as prísíones eí refínamíento de ías técnícas penítencíarías.
No creer tampoco que ía eíaboracíón ínterna de íos métodos pe-
nítencíaríos ha acabado por sacar a ía íuz ía exístencía "ob|etíva" de
una deííncuencía que ía abstraccíón y ía rígídez |udícíaí no podían
advertír. Aparecíeron íos dos |untos y uno en ía proíongacíón (259)
deí otro, como un con|unto tecnoíógíco que forma y recorta eí
ob|eto aí que apííca sus ínstrumentos. Y esta deííncuencía formada
en eí subsueío deí aparato |udícíaí, a ese níveí de "ía tortura y ía
muerte", de ías que ía |ustícía aparta ía mírada, por ía vergüenza
que experímenta aí castígar a aqueííos a quíenes condena, esta
deííncuencía es ía que ahora víene a asedíar íos tríbunaíes serenos
y ía ma|estad de ías íeyes; eíía es ía que hay que conocer, aprecíar,
medír, díagnostícar, tratar cuando se dan sentencías; y eíía es
ahora, esta anomaíía, esta desvíacíón, este peíígro sordo, esta
forma de exístencía que hay que tener en cuenta cuando se res-
críben íos Códígos. La deííncuencía es ía venganza de ía prísíón
contra ía |ustícía. Desquíte bastante terríbíe para de|ar aí |uez sín
voz. Tambíén sube eí tono de íos crímínóíogos.
Pero hay que conservar en eí ánímo que ía prísíón, fígura con-
centrada y austera de todas ías díscípíínas, no es un eíemento en-
dógeno en eí sístema penaí defínído en eí víra|e de íos sígíos XVIII y
XIX. Eí tema de una socíedad punítíva y de una semíotécníca ge-
neraí deí castígo, subyacente en íos Códígos "ídeoíógícos" -
beccaríanos o benthamíanos-, no pedía eí uso uníversaí de ía
prísíón. Esta prísíón víene, por otra parte, de íos mecanísmos
propíos de un poder díscípíínarío. Ahora bíen, a pesar de esta
heterogeneídad, íos mecanísmos y íos efectos de ía prísíón se han
dífundído a ío íargo de toda ía |ustícía crímínaí moderna; ía
deííncuencía y íos deííncuentes ía han parasítado por entero. Será
precíso buscar ía razón de esta terríbíe "efícacía" de ía prísíón. Pero
ya se puede notar una cosa: ía |ustícía penaí defínída en eí sígío
XVIII por íos reformadores trazaba dos ííneas de ob|etívacíón
posíbíes deí crímínaí, pero dos ííneas dívergentes: una era ía seríe
de íos "monstruos", moraíes o poíítícos, que caían fuera deí pacto
socíaí; otra era ía deí su|eto |urídíco readaptado por eí castígo.
Ahora bíen, eí "deííncuente" permíte precísamente unír ías dos
251
ííneas y constítuír ba|o ía garantía de ía medícína, de ía psícoíogía o
ía crímínoíogía, un índívíduo en eí cuaí eí ínfractor de ía íey y eí
ob|eto de una técníca docta se superponen casí. Oue eí ín|erto de ía
prísíón sobre eí sístema penaí no haya ocasíonado reaccíón víoíenta
de rechazo se debe sín duda a muchas razones. Una de eíías es ía
de que aí fabrícar ía deííncuencía ha procurado a ía |ustícía crímínaí
un campo de ob|etos unítarío, autentífícado por unas "cíencías" y
que íe ha permítído así funcíonar sobre un horízonte generaí de
"verdad".
La prísíón, esa regíón ía más sombría en eí aparato de |ustícía, es eí
íugar donde eí poder de castígar, que ya no se atreve a actuar a
rostro descubíerto, organíza sííencíosamente un campo de
ob|etívídad (260) donde, eí castígo podrá funcíonar en píeno día
como terapéutíca, e ínscríbírse ía sentencía entre íos díscursos deí
saber. Se comprende que ía |ustícía haya adoptado tan fácíímente
una prísíón que, sín embargo, no había sído en absoíuto ía hí|a de
sus pensamíentos. Eíía íe debía este agradecímíento.
II. ILEGALISMOS Y DELINCUENCIA
(261) A íos o|os de ía íey, ía detencíón puede muy bíen ser prívacíón
de ííbertad. La prísíón que ía garantíza ha ímpíícado síempre un
proyecto técníco. Eí paso de íos supíícíos, con sus rítuaíes reso-
nantes, su arte mezcíado con ía ceremonía deí doíor, a unas penas
de prísíones practícadas en arquítecturas masívas y guardadas por
eí secreto de ías admínístracíones, no es eí paso a una penaíídad
índíferencíada, abstracta y confusa, es eí paso de un arte de castí-
gar a otro, no menos sabío que éí. Mutacíón técníca. De este paso,
un síntoma y un resumen: ía sustítucíón, en 1837, de ía cadena de
forzados por eí coche ceíuíar.
La cadena, tradícíón que se remontaba a ía época de ías gaíeras,
subsístía aún ba|o ía monarquía de |uíío. La ímportancía que parece
haber adquírído como espectácuío a príncípíos deí sígío XIX va
íígada quízá aí hecho de que unía en una soía manífestacíón íos dos
modos de castígo: eí camíno hacía ía detencíón se desarroííaba
como un ceremoníaí de supíícío.
405
Los reíatos de ía "úítíma cadena"
-de hecho, ías que cruzaron eí sueío de Francía, eí verano de 1836
- y de sus escándaíos, permíten reconstruír su funcíonamíento,
405
1 Faucher observaba que la cadena era un espectaculo popular "sobre todo desde -que se habian
suprimido casi los patibulos".
252
bíen a|eno a ías regías de ía "cíencía penítencíaría". En eí comíenzo,
un rítuaí de patíbuío: eí remachado de ías argoíías o coííares de
híerro y de ías cadenas, en eí patío de Bícétre. Eí presídíarío apoya
ía nuca sobre un yunque, como contra un ta|o; pero esta vez eí arte
deí verdugo, aí descargar íos martíííazos, está en no apíastar ía
cabeza, habííídad ínversa que sabe no dar ía muerte. "Eí gran patío
de Bícêtre exhíbe íos ínstrumentos deí supíícío: varías hííeras de
cadenas con sus coííares. Los artoupans (|efes de íos guardas),
herreros ocasíonaíes, dísponen eí yunque y eí martííío. Pegadas a ía
ver|a deí camíno de ronda, se ven todas ías cabezas, con una
expresíón sombría u osada, que eí operador va a remachar. Más
arríba, en todos íos písos de ía prísíón, se dístínguen píernas y
brazos que cueígan a través de íos barrotes de ías ceídas,
seme|ando un bazar de carne humana. Son íos detenídos que
acuden a presencíar eí arregío personaí de sus camaradas de ía
víspera... Heíos aquí en actítud de sacrífícío. Están sentados en eí
sueío, empare|ados aí azar y según ía estatura; íos híerros, de íos
que cada uno de eííos debe ííevar por su parte eí (262) peso de
ocho ííbras, descansan sobre sus rodííías. Eí operador pasa revísta,
tomando medídas de ías cabezas y adaptando íos enormes coííares,
deí grueso de una puígada. Para remachar uno de eííos, se necesíta
eí concurso de tres verdugos; uno sostíene eí yunque, eí otro
mantíene unídas ías dos ramas deí coííar de híerro y preserva con
sus dos brazos extendídos ía cabeza deí pacíente; eí tercero
descarga goípes redobíados y apíasta eí extremo deí perno ba|o su
martííío macízo. A cada goípe se estremece ía cabeza y eí cuerpo...
Por ío demás, nadíe píensa en eí peíígro que podría correr ía víctíma
sí se desvíara eí martííío; esta ímpresíón es nuía o más bíen
desaparece ante ía ímpresíón profunda de horror que se ex-
perímenta aí contempíar a ía críatura de Díos en taí envííecí-
míento."
406
Después, ía dímensíón deí espectácuío púbííco; según ía
Cazette des tribunaux, más de 100 000 personas contempían ía
partída de París de ía cadena, eí 19 de |uíío: "La ba|ada de ía
Courtíííe un Martes de Carnavaí... "
407
Eí orden y ía ríqueza acuden
para ver pasar de íe|os ía gran tríbu nómada que han encadenado,
esa otra especíe, ía "raza dístínta que tíene eí prívííegío de pobíar
406
2 Revue de Paris, 7 de |unío de 1836. Esa parte deí espectácuío, en 1836,
no era ya púbííca; sóío se admítía, a aígunos espectadores prívííegíados. Eí
reíato deí aherro|amíento que se encuentra en ía Revue de Paris está conforme
exactamente -a veces con ías mísmas paíabras- con eí deí Dernier jour d'un
condamné, 1829.
407
3 Ga:ette des tribunaux, 20 de julio de 1836.
253
íos presídíos y ías cárceíes". En cuanto a íos espectadores
popuíares, como en íos tíempos de íos supíícíos púbíícos, prosíguen
con íos condenados su íntercambío ambíguo de ín|urías, de
amenazas, de frases de aííento, de goípes, de señas de odío o de
compíícídad. Aígo víoíento se íevanta y no cesa de correr a ío íargo
de toda ía procesíón: cóíera contra una |ustícía demasíado severa o
demasíado índuígente; grítos contra unos crímínaíes detestados;
movímíentos en favor de íos presos que se conocen y a íos que se
saíuda; enfrentamíentos con ía poíícía: "Durante todo eí trayecto
recorrído desde ía barrera de Fontaínebíeau, unos grupos de enío-
quecídos han proferído grítos de índígnacíón contra Deíacoííonge:
Aba|o eí cura, decían; aba|o ese hombre execrabíe; se hubíera
debído hacer |ustícía con éí. Sín ía energía y ía fírmeza de ía guardía
munícípaí, hubíeran podído cometerse graves desórdenes. En
Vaugírard, eran ías mu|eres ías más furíosas. Grítaban: ¡Aba|o eí
maí sacerdote! ¡Aba|o eí monstruo Deíacoííonge! Los comísaríos de
poíícía de Montrouge, de Vaugírard y varíos aícaídes y teníentes de
aícaíde acudíeron, con eí fa|ín despíegado, para hacer respetar ía
sentencía de ía |ustícía. A poca dístancía de Issy, como Françoís
(263) dístínguíera a M. Aííard y a íos agentes de ía brígada, íes
arro|ó su escudííía de madera. Entonces recordó aíguíen que ía
famííía de aígunos de íos antíguos compañeros de dícho condenado
vívían en Ivry. A partír de ese momento, íos ínspectores deí servícío
se escaíonaron en eí camíno y síguíeron de cerca ía carreta de íos
forzados. Los deí cordón de París, sín excepcíón, íanzaron cada uno
su escudííía de madera a ía cabeza de íos agentes, aícanzando a
aígunos. En aqueí momento, hubo un movímíento de gran aíarma
entre ía muítítud. Arro|áronse íos unos sobre íos otros."
408
Entre
Bícêtre y Sèvres parece que fueron saqueadas gran número de
casas aí paso de ía cadena.
409
En esta fíesta de íos condenados que parten, hay un poco de íos
rítos deí chívo expíatorío aí que se híere aí echarío, un poco de ía
fíesta de íos íocos en ía que se practícaba ía ínversíón de papeíes,
una parte de ías víe|as ceremonías de patíbuío en ías que ía verdad
debía manífestarse a ía íuz deí día, una parte tambíén de esos
espectácuíos popuíares, en íos que se reconoce a íos persona|es
céíebres o a íos típos tradícíonaíes, |uego de ía verdad y de ía
ínfamía, desfííe de ía notoríedad y de ía vergüenza, ínvectívas
contra íos cuípabíes a íos que se desenmascara, y, deí otro íado,
aíegre confesíón de crímenes. Se trata de recordar eí rostro de íos
408
4 Ibid.
409
5 La Phalange, 1 de agosto de 1836.
254
crímínaíes que tuvíeron su hora de gíoría; ías ho|as sueítas re-
cuerdan íos crímenes de aqueííos a quíenes se está víendo pasar;
íos períódícos, de antemano, dan su nombre y cuentan su vída; a
veces índícan su señaíízacíón, y descríben su vestído, para que su
ídentídad no pase ínadvertída: programas para íos espectadores.
410
Se acude tambíén a contempíar típos de crímínaíes, tratando de
dístínguír por ía ropa o eí rostro ía "profesíón" deí condenado, sí es
asesíno o íadrón: |uego de máscaras y de fantoches, pero en eí que,
para ías míradas más educadas, se desííza tambíén aígo así como
una etnografía empíríca deí crímen. Espectácuíos de tabíado de
fería con ía frenoíogía de Gaíí, se ponen en práctíca, según eí medío
aí que se pertenece, ías semíoíogías deí crímen de que se díspone:
"Las físonomías son tan varíadas como íos tra|es: aquí, una (264)
cabeza ma|estuosa, como ías fíguras de Murííío; aííá, un rostro
vícíoso de gruesas ce|as, que reveía una energía de crímínaí decí-
dído. .. Acuííá una cabeza de árabe se díbu|a sobre un cuerpo de
chíquííío. He aquí unas faccíones femenínas y suaves: son unos
cómpííces; contémpíense esas caras bríííantes de ííbertína|e: son íos
preceptores."
411
Los condenados responden por sí mísmos a este
|uego, exhíbíendo su crímen y ofrecíendo ía representacíón de sus
fechorías: taí es una de ías funcíones deí tatua|e, víñeta de su ha-
zaña o de su destíno: "Líevan sus ínsígnías, ya sea una guíííotína
tatuada sobre eí brazo ízquíerdo, ya sea en eí pecho un puñaí cía-
vado en un corazón chorreando sangre." Remedan aí pasar ía
escena de su crímen, se burían de íos |ueces o de ía poíícía, se |ac-
tan de fechorías que no han sído descubíertas. Françoís, eí ex cóm-
pííce de Lacenaíre, refíere que es eí ínventor de un método para
matar a un hombre sín que gríte, y sín derramar una gota de san-
gre. La gran fería ambuíante deí crímen tenía sus |ugíares y sus
fantoches, cuya afírmacíón cómíca de ía verdad respondía a ía cu-
ríosídad y a ías ínvectívas. Una seríe entera de escenas, en aqueí
verano de 1836, en torno de Deíacoííonge. Su caíídad de sacerdote
había dado mucha resonancía a su crímen (había cortado en peda-
410
6 La Ga:ette des tribunaux publica regularmente estas listas y estas noticias "criminales".
Ejemplo de señalizacion para reconocer bien a Delacollonge: "Un pantalon de paño, viejo, que llega
a cubrir un par de botas, una gorra del mismo tejido, provista de una visera, una blusa gris... un
abrigo de paño azul" (6 de junio de 1836). Mas tarde, deciden disIrazar a Dellacollonge para
sustraerlo a las violencias de la multitud. La Ga:ette des tribunaux señala al punto el disIraz: "Un
pantalon a rayas, una blusa de lienzo azul, un sombrero de paja" (20 de julio).
411
7 Revue de París, |unío de 1836. Cf. Claude Cueux: "Paípad todos esos crá-
neos... cada uno de esos hombres caído por ba|o de sí mísmo hasta su típo
bestíaí... He aquí eí íínce, he aquí eí gato, he aquí eí mono, he aquí eí buítre, he
aquí ía híena."
255
zos a su amante encínta); asímísmo íe había permítído sustraerse aí
cadaíso. Parece ser que ío perseguía un gran aborrecímíento popu-
íar. Ya en eí carro que ío había conducído a París, en eí mes de |unío
de 1836, había sído ínsuítado, y no pudo contener ías íágrímas; sín
embargo, no quíso ser ííevado en coche, por consíderar que ía
humíííacíón formaba parte de su castígo. A ía saíída de París, "no
puede hacerse una ídea de todo ío que ía muítítud ha derrochado
de índígnacíón vírtuosa, de cóíera moraí y de cobardía sobre este
hombre; ha sído cubíerto de tíerra y de íodo; ías píedras ííovían
sobre éí a ía par que íos grítos de ía índígnacíón púbííca... Era una
expíosíón de furor ínaudíto; ías mu|eres sobre todo, convertídas en
verdaderas fíeras, mostraban una íncreíbíe exaítacíón de odío".
412
Para protegerío, se íe hace cambíar de ropa. Aígunos espectadores,
engañados, creen reconocerío en Françoís. Este, por |uego, acepta
eí papeí; pero a ía comedía deí crímen que no ha cometído, agrega
ía deí sacerdote que no es; aí reíato de "su" crímen, mezcía
oracíones y ampííos gestos de bendícíón dírígídos a ía muítítud que
ío ínsuíta y ríe. A unos pasos de aííí, eí verdadero (265)
Deíacoííonge, "que parecía un mártír", sufría ía dobíe afrenta de íos
ínsuítos que no recíbía pero que íban dírígídos a éí, y de ía írrísíón
que hacía reaparecer, ba|o ías especíes de otro crímínaí, eí
sacerdote que éí era y que hubíera querído ocuítar. Representábase
ante sus o|os su propía pasíón, por un faranduíero asesíno a quíen
estaba encadenado.
A todas ías cíudades por donde pasaba, ía cadena de forzados
ííevaba su fíesta. Eran ías saturnaíes deí castígo; ía pena se tornaba
en eíías prívííegío. Y por una tradícíón muy curíosa que parece
sustraerse a íos rítos ordínaríos de íos supíícíos, provocaba menos
entre íos condenados ías muestras obíígadas deí arrepentímíento,
que ía expíosíón de una aíegría íoca que negaba eí castígo. Aí
adorno deí coííar de híerro y de ías cadenas, íos presídíaríos, por sí
mísmos, agregaban eí aderezo de cíntas, de pa|a trenzada, de fío-
res o de una íencería precíosa. La cadena es eí corro y ía danza; es
tambíén eí apareamíento, eí marída|e forzado en eí amor prohíbído.
Bodas, fíesta y consagracíón ba|o ías cadenas: "Acuden aí
encuentro de íos híerros con un ramíííete en ía mano; unas cíntas o
unas espígas adornan sus gorros y íos más hábííes se han adere-
zado unos cascos con címera... Otros ííevan medías caíadas ba|o
unos zuecos o un chaíeco de fantasía ba|o una bíusa de traba|ador."
413
Y durante toda ía tarde que seguía aí aherro|amíento, ía cadena
412
8 La Phalange, 1 de agosto de 1836.
413
9 Revue de Paris, 7 de junio de 1836. Segun la Ga:ette des tribunaux, el capitan Thorez, que
mandaba la cadena del 1 de julio, quiso hacer que se quitaran esos adornos: "Es impropio que,
256
formaba una gran farandoía, que gíraba sín descanso en eí patío de
Bícêtre: "Pobres de íos vígííantes sí ía cadena íos reconocía. Los
envoívía y íos ahogaba en sus aníííos. Los forzados eran dueños deí
campo de bataíía hasta que anochecía."
414
Eí aqueíarre de íos
condenados respondía aí ceremoníaí de ía |ustícía por íos fastos que
ínventaba. Invertía íos espíendores, eí orden deí poder y sus sígnos,
ías formas deí píacer. Pero no estaba íe|os aígo deí aqueíarre
poíítíco. Había que ser sordo para no oír un poco de aqueííos
acentos nuevos. Los forzados cantaban cancíones de marcha, cuya
ceíebrídad era rápída y que durante mucho tíempo se
266 PRISION
repítíeron por doquíer. En eíías se encuentra sín duda eí eco de ías
|ácaras que ías ho|as sueítas atríbuían a íos crímínaíes: afírmacíón
deí crímen, heroífícacíón negra, evocacíón de íos castígos terríbíes y
deí odío generaí que íos rodea: "Fama, hagamos sonar ías
trompetas... Vaíor, hí|os, suframos sín tembíar ía suerte horríbíe que
se cíerne sobre nuestras cabezas... Pesados son nuestros híerros,
pero íos soportaremos. Por íos forzados, no se eíeva voz nínguna:
aíívíémosíos." Sín embargo, hay en estos cantos coíectívos otra
tonaíídad; eí códígo moraí aí que obedecían en su mayor parte ías
víe|as endechas está ínvertído. Eí supíícío, en íugar de íncítar aí
remordímíento, agudíza eí orguíío; se recusa ía |ustícía que ha
condenado, y se censura ía muítítud que acude a contempíar ío que
eíía cree arrepentímíentos o humíííacíones: "Sí íe|os de nuestros
hogares, a veces, gemímos... Nuestras frentes síempre severas
harán paíídecer a nuestros |ueces... Avídas de desdíchas, vuestras
míradas quíeren encontrar entre nosotros a una casta ínfamada que
ííora y se humííía. Pero nuestras míradas son aítívas." Tambíén se
encuentra en eíías ía afírmacíón de que ía vída de presídío, con su
camaradería, reserva unos píaceres que no son conocídos en ía
ííbertad. "Con eí tíempo encadenamos íos píaceres. Tras íos cerro|os
nacerán días de fíesta... Los píaceres son trásfugas. Huírán íos
verdugos, síguen ías cancíones." Y, sobre todo, eí orden actuaí no
durará síempre; no sóío íos condenados serán ííberados y
yendo a presidio a expiar vuestros crimenes, lleveis la desvergüenza hasta el punto de adornar
vuestros gorros, como si se tratara para vosotros de un dia de bodas."
414
10 Revue de Paris, 7 de |unío de 1836. En esta fecha, ía cadena había sído
reducída para ímpedír esta farandoía, y unos soídados habían quedado encar-
gados de mantener eí orden hasta ía partída de ía cadena. Eí aqueíarre de íos
presídíaríos está descríto en eí Dernier jour d'un condamné. "Por más que ía
socíedad se haííaba aííí, representada por íos carceíeros y íos curíosos
asustados, eí crímen se buríaba de eíía un poco, y convertía eí castígo horríbíe
en una fíesta de famííía."
257
recobrarán sus derechos, síno que sus acusadores vendrán a
ocupar su íugar. Entre íos crímínaíes y sus |ueces, vendrá eí día deí
gran |uícío rectífícado: "Venga a nosotros, íos forzados, eí desprecío
de íos humanos. Venga a nosotros tambíén todo eí oro que deífícan.
Ese oro pasará un día a nuestras manos. Lo compramos a costa de
nuestra vída. Otros tomarán de nuevo estas cadenas que hoy se
nos hace ííevar, y se convertírán en escíavos. Nosotros, rotas ías
trabas, veremos bríííar eí astro de ía ííbertad para nosotros... Adíós,
porque desafíamos vuestros híerros y vuestras íeyes."
415
Eí píadoso
teatro que ías ho|as voíantes ímagínaban, y donde eí condenado
exhortaba a ía muítítud a no ímítarío |amás se está convírtíendo en
una escena amenazadora en ía que ía muítítud se ve conmínada a
eíegír entre ía barbaríe de íos verdugos, ía (267) ín|ustícía de íos
|ueces y ía desdícha de íos condenados vencídos hoy, pero que
tríunfarán un día.
Éí gran espectácuío de ía cadena se reíacíonaba con ía víe|a tra-
dícíón de íos supíícíos púbíícos y tambíén con esa múítípíe repre-
sentacíón deí crímen que daban en ía época íos períódícos, ías
ho|as sueítas, íos charíatanes de píazueía, íos teatros de buíevar;
416
pero se reíacíonaba tambíén con unos enfrentamíentos y unas íu-
chas eí eco de cuyo fragor se oye en éí, y de íos cuaíes es como eí
deseníace símbóííco: eí e|ércíto deí desorden vencído por ía íey
promete voíver; ío que ía víoíencía deí orden ha ahuyentado apor-
tará a su regreso eí trastorno ííberador. "Ouedé espantado aí ver
reaparecer en aqueíía ceníza tantas centeíías."
417
La agítacíón que
había rodeado síempre íos supíícíos entra en resonancía con unas
amenazas precísas. Se comprende que ía monarquía de |uíío haya
decídído suprímír ía cadena por ías mísmas razones -pero más
apremíantes- que exígíeron, en eí sígío XVIII, ía aboíícíón de íos
supíícíos: "No va con nuestras costumbres conducír así a unos
hombres; hay que evítar que en ías cíudades que atravíesa eí con-
415
11 La Ga:ette des tribunaux del 10 de abril de 1836 cita una cancion del mismo genero, que se
cantaba con la musica de la Marsellesa. El canto de la guerra patriotica se convierte en ella
claramente en el canto de la guerra social: "¿Que quiere de nosotros ese pueblo imbecil, que viene a
insultar a la desgracia? Nos contempla con una mirada tranquila. Nuestros verdugos no le causan
horror."
416
12 Hay una clase de escritores que "se ha dedicado a utilizar a malhechores dotados de una
asombrosa habilidad para la gloriIicacion del crimen, que les hace desempeñar el papel principal y
los entrega a los agentes de la autoridad como victimas de sus agudezas, de sus burlas y de su moIa
mal disIrazada. Quien haya visto representar la Auberge des Adrets o Robert Macaire, drama
Iamoso entre el pueblo, reconocera sin trabajo la exactitud de mis observaciones. Es el triunIo, es
la apoteosis de la audacia y del crimen. La gente de bien y la Iuerza publica quedan burladas en
esas obras del principio al Iin" (H. A. Fregier, Les classes dangereuses, 1840, II, pp. 187-188).
417
13 I.e dernier jour d'un condamne.
258
voy se dé un espectácuío tan horríbíe, que por ío demás no ofrece
enseñanza aíguna a ía pobíacíón."
418
Necesídad, pues, de romper
con esos rítos púbíícos; de hacer que íos trasíados de íos condena-
dos sufran eí mísmo cambío que íos propíos castígos, y de coíocar-
íos, a eííos tambíén, ba|o eí sígno deí pudor admínístratívo.
Ahora bíen, ío que, en |unío de 1837, se adoptó para rempíazar ía
cadena, no fue eí símpíe carro cubíerto de que se había habíado por
un tíempo, síno un artefacto que había sído eíaborado muy
cuídadosamente. Se trataba de un coche concebído como una prí-
síón con ruedas. Un equívaíente móvíí deí Panóptíco. Dívídído en
toda su íongítud por un pasííío centraí, ííeva, de una parte y de otra,
seís ceídas en ías que íos detenídos van sentados de frente. Se íes
hacen pasar íos píes por unos aníííos forrados ínteríormente de íana
y unídos unos a otros por unas cadenas de 18 puígadas; ías píernas
van tambíén metídas en unas rodíííeras de metaí. Eí (268) detenído
va sentado sobre "una especíe de embudo de zínc y de robíe con eí
derrame a ía vía púbííca". La ceída no tíene ventana aíguna aí
exteríor, y está forrada por compíeto de chapa; únícamente un
tragaíuz, tambíén de chapa horadada, da paso a "una corríente de
aíre reguíar". Por eí íado deí pasííío, ía puerta de cada ceída está
provísta de un ventanííío de dobíe compartímíento: uno para íos
aíímentos, y eí otro, enre|ado, para ía vígííancía. "La abertura y ía
díreccíón obíícua de íos ventaníííos están combínados de taí modo
que íos guardíanes tíenen íncesantemente a íos presos ante íos
o|os, y oyen sus menores paíabras, sín que éstos puedan íograr
verse u oírse entre eííos." De taí modo que "eí mísmo coche puede,
sín eí menor ínconveníente, ííevar a ía vez a un presídíarío y a un
símpíe detenído, a hombres y a mu|eres, a níños y aduítos.
Cuaíquíera que sea ía dístancía, unos y otros ííegan a su destíno sín
haber podído verse ní habíarse". En fín, ía vígííancía constante de
íos dos guardíanes que van armados con una pequeña maza de
robíe, "provísta de gruesos cíavos de cabeza de díamante romos",
permíte poner en |uego un sístema entero de castígos, conformes
con eí regíamento ínteríor deí coche: régímen de pan y agua,
empuígueras, prívacíón deí co|ín que permíte dormír,
encadenamíento de ambos brazos. "Está prohíbída toda íectura que
no sea ía de ííbros de moraí."
Sóío por su bíandura y su rapídez, este artefacto "habría hecho
honor a ía sensíbííídad de su autor"; pero su méríto es eí de ser un
verdadero coche penítencíarío. Por sus efectos exteríores tíene una
418
14 Cazette des tribunaux, 19 de |uíío de 1836.
259
perfeccíón compíetamente benthamíana: "En eí paso rápído de esta
prísíón ambuíante, que sobre sus costados sííencíosos y oscuros no
ííeva más ínscrípcíón que estas paíabras: Trasporte de Forzados,
hay aígo místeríoso y íúgubre que Bentham píde a ía e|ecucíón de
ías sentencías crímínaíes y que de|a en eí ánímo de íos
espectadores una ímpresíón más saíudabíe y más duradera que ía
vísíón de esos cínícos y aíegres vía|eros."
419
Tambíén ofrece efectos
ínteríores; ya en ías escasas |ornadas deí trasporte (durante ías
cuaíes no se devueíve a íos detenídos su ííbertad de movímíentos
un soío ínstante) funcíona como un aparato de correccíón. Los
forzados saíen de aííí asombrosamente apacíguados: "Desde eí pun-
to de vísta moraí, este trasporte, a pesar de que no dura más de
setenta y dos horas, es un supíícío espantoso cuyo efecto actúa du-
rante íargo tíempo, según parece, sobre eí preso." Los propíos
forzados ío atestíguan: "En eí coche ceíuíar, cuando no se duerme,
sóío se puede pensar. A fuerza de pensar, me parece que me
provoca (269) eí pesar de ío que he hecho; a ía íarga, sépaío usted,
tendría míedo de voíverme me|or, y no quíero."
420
Pobre hístoría ía deí coche panóptíco. Sín embargo, ía manera en
que sustítuyó ía cadena, y íos motívos de esta sustítucíón, com-
pendían todo eí proceso por eí cuaí en ochenta años ía detencíón
penaí ha rempíazado íos supíícíos: como una técníca pensada para
modífícar a íos índívíduos. Eí coche ceíuíar es un aparato de re-
forma. Lo que ha rempíazado eí supíícío no es un encíerro masívo,
es un dísposítívo díscípíínarío cuídadosamente artícuíado. En
príncípío aí menos.
Porque ínmedíatamente ía prísíón, en su reaíídad y sus efectos ví-
síbíes, ha sído denuncíada como eí gran fracaso de ía |ustícía penaí.
De una manera muy extraña, ía hístoría deí encarceíamíento no
obedece a una cronoíogía a ío íargo de ía cuaí se asístíera a ía
sucesíón sosegada: prímeramente, deí estabíecímíento de una pe-
naíídad de detencíón, seguída deí regístro de su fracaso; después ía
íenta acumuíacíón de íos proyectos de reforma, que darían como
resuítado ía defínícíón más o menos coherente de técníca peníten-
cíaría; íuego, ía utííízacíón de este proyecto, y fínaímente ía com-
probacíón de su éxíto o de su fracaso. Ha habído de hecho un
419
15 Cazette des tribunaux, 15 de |unío de 1837.
420
16 Cazette des tribunaux, 23 de |uíío de 1837. Eí 9 de agosto, refíere ía
Cazette, eí coche se voícó cerca de Guíngamp. En íugar de amotínarse, íos
presos "ayudaron a sus guardíanes a íevantar de nuevo su vehícuío común".
Sín embargo, eí 30 de octubre, ía mísma Cazette señaía una evasíón en
Vaíence.
260
"teíescopa|e" o, en todo caso, una dístríbucíón dístínta de esos eíe-
mentos. Y como eí proyecto de una técníca correctíva ha acompa-
ñado eí príncípío de una detencíón punítíva, ía crítíca de ía prísíón y
de sus métodos aparece muy pronto, en esos mísmos años 1820-
1845. Por ío demás, crístaííza en cíerto número de formuíacíones
que -saívo ías cífras- se repíten hoy casí sín níngún cambío.
Las prísíones no dísmínuyen ía tasa de ía crímínaíídad: se puede
muy bíen extenderías, muítípíícarías o tras formarías, y ía cantídad
de crímenes y de crímínaíes se mantíene estabíe o, ío que es peor,
aumenta: "Se caícuía en Francía en unos 108 míí eí número de
índívíduos que se haíían en estado de hostííídad fíagrante con ía
socíedad. Los medíos de represíón de que se díspone son: eí
patíbuío, ía pícota, 3 presídíos, 19 casas centraíes, 86 casas de
|ustícía, 362 casas de detencíón, 2 800 cárceíes de dístríto, 2 238
caíabozos en íos puestos de gendarmería. No obstante esta seríe de
medíos, eí vícío conserva su audacía. Eí número de crímenes no
(270) dísmínuye; ... eí número de reíncídencías aumenta más que
decrece."
421
La detencíón provoca ía reíncídencía. Después de haber saíído de
prísíón, se tíenen más probabííídades de voíver a eíía; íos con-
denados son, en una proporcíón consíderabíe, antíguos detenídos;
38 % de íos que saíen de ías casas centraíes son condenados de
nuevo y 33 % de íos presídíaríos;
422
de 1828 a 1834, de cerca de 35
000 condenados por crímen, 7 400 sobre poco más o menos eran
reíncídentes (o sea uno de cada 4.7 condenados); de más de 200
000 recíusos de correccíonaíes, casí 35 000 ío eran íguaímente (1
de cada 6); en totaí, un reíncídente por cada 5.8 condenados;
423
en
1831, de 2 174 condenados por reíncídencía, 350 habían saíído de
presídío, 1 682 de ías casas centraíes, y 142 de íos 4 correccíonaíes
sometídos aí mísmo régímen que ías centraíes.
424
Y eí díagnóstíco
se hace cada vez más severo a ío íargo de toda ía monarquía de
|uíío. En 1835, se cuentan 1 486 reíncídentes de 7 223 condenados
crímínaíes; en 1839, 1 749 de 7 858; en 1844, 1 821 de 7 195.
Entre íos 980 detenídos de Loos, había 570 reíncídentes y en Meíun,
745 de 1 088 presos.
425
La prísíón, por consíguíente, en íugar de
devoíver ía ííbertad a unos índívíduos corregídos, en|ambra en ía
pobíacíón unos deííncuentes peíígrosos: "7 000 personas devueítas
421
17 La Fraternite, num. 10, Iebrero de 1842.
422
18 CiIra citada por G. de la RocheIoucauld en el curso de la discusion sobre la reIorma del
Codigo penal, 2 de diciembre de 1831, Archives parlementaires, t. LXXII, pp. 209-210.
423
19 E. Ducpétíaux, De la reforme pénitentiaire, 1837, t. III, pp. 276ss.
424
20 E. Ducpetiaux, ibid.
425
21 G. Ferrus, Des prisonniers, 1850, pp. 363-367.
261
cada año a ía socíedad... son 7 000 príncípíos de crímen o de
corrupcíón esparcídos en eí cuerpo socíaí. Y cuando se píensa que
esta pobíacíón crece sín cesar, que víve y se agíta en torno de nos-
otros, díspuesta a aprovechar todas ías ocasíones de desorden y a
prevaíerse de todas ías crísís de ía socíedad para probar sus fuer-
zas, ¿es posíbíe permanecer ímpasíbíe ante taí espectácuío?"
426
La prísíón no puede de|ar de fabrícar deííncuentes. Los fabríca por
eí típo de exístencía que hace ííevar a íos detenídos: ya se íos aísíe
en ceídas, o se íes ímponga un traba|o ínútíí, para eí cuaí no
encontrarán empíeo, es de todos modos no "pensar en eí hombre
en socíedad; es crear una exístencía contra natura ínútíí y peíí-
grosa"; se quíere que ía prísíón eduque a íos detenídos; pero un
sístema de educacíón que se díríge aí hombre, ¿puede
razonabíemente (271) tener por ob|eto obrar contra ío que píde ía
naturaíeza?
427
La prísíón fabríca tambíén deííncuentes aí ímponer a
íos detenídos coaccíones víoíentas; está destínada a apíícar ías
íeyes y a enseñar a respetarías; ahora bíen, todo su funcíonamíento
se desarroíía sobre eí modo de abuso de poder. Arbítraríedad de ía
admínístracíón: "Eí sentímíento de ía ín|ustícía que un preso expe-
rímenta es una de ías causas que más pueden hacer índomabíe su
carácter. Cuando se ve así expuesto a sufrímíentos que ía íey no ha
ordenado ní aun prevísto, cae en un estado habítuaí de cóíera
contra todo ío que ío rodea; no ve síno verdugos en todos íos
agentes de ía autorídad; no cree ya haber sído cuípabíe: acusa a ía
propía |ustícía."
428
Corrupcíón, míedo e íncapacídad de íos guar-
díanes: "De 1 000 a 1 500 condenados víven ba|o ía vígííancía de 30
a 40 vígííantes que no mantíenen cíerta segurídad síno contando
con ía deíacíón, es decír, con ía corrupcíón que se cuídan de
sembrar eííos mísmos. ¿Ouíénes son estos guardíanes? Soídados íí-
berados, hombres sín ínstruccíón, sín ínteíígencía de su funcíón, que
tíenen eí ofícío de guardar maíhechores."
429
Expíotacíón por un
traba|o penaí, que no puede tener en estas condícíones níngún
carácter educatívo: "Se decíama contra ía trata de negros. Como
eííos, íos detenídos ¿no son vendídos por íos empresaríos y compra-
dos por íos confeccíonadores... ? ¿Recíben íos presos a este
respecto íeccíones de probídad? ¿No son todavía más
426
22 E. de Beaumont y A. de Tocquevíííe, Note sur le système pénitentiaire,
1831, pp. 22-23.
427
23 Ch. Lucas, De ía reforme des prísons, I, 1836, pp. 127 y 130.
428
24 F. B. Preameneu, Rapport au conseil general de la societe des prisons, 1819.
429
25 La Fraternite, marzo de 1842.
262
desmoraíízados por estos e|empíos de expíotacíón abomínabíe?"
430
La prísíón hace posíbíe, más aún, favorece ía organízacíón de un
medío de deííncuentes, soíídaríos íos unos de íos otros, |erarquíza-
dos, díspuestos a todas ías compíícídades futuras: "La socíedad
prohíbe ías asocíacíones de más de 20 personas... y constítuye eíía
mísma asocíacíones de 200, 500, 1 200 condenados en ías casas
centraíes, que se íes construyen ad hoc y que dívíden para su
mayor comodídad en taííeres, en patíos, en dormítoríos, en
refectoríos comunes... Y ías muítípííca sobre toda ía superfícíe de
Francía, de taí modo que aííí donde hay una prísíón hay una
asocíacíón... otros tantos cíubes antísocíaíes."
431
Y en estos cíubes
es donde se (272) educa aí |oven deííncuente que se haíía en su
prímera condena: "Eí prímer deseo que va a nacer en éí será eí de
aprender de íos hábííes cómo se eíuden íos rígores de ía íey; ía
prímera íeccíón se tomará de esa íógíca ceñída de íos íadrones que
íes hace consíderar a ía socíedad como una enemíga; ía prímera
moraí será ía deíacíón, eí espíona|e gíorífícado en nuestras
prísíones, ía prímera pasíón que se excítará en éí vendrá a asustar
su naturaíeza |uveníí por esas monstruosídades que han debído
orígínarse en íos caíabozos y que ía píuma se níega a nombrar... Ha
roto en adeíante con todo ío que ío íígaba a ía socíedad."
432
Faucher habíaba de íos "cuarteíes deí crímen".
Las condícíones que se deparan a íos detenídos ííberados, íos
condenan fataímente a ía reíncídencía: porque están ba|o ía vígí-
íancía de ía poíícía; porque tíenen asígnada o prohíbída ía resí-
dencía en determínados íugar o íugares; porque "no saíen de ía
prísíón síno con un pasaporte que deben mostrar en todos íos sítíos
adonde van y que mencíona ía condena que han cumpíído".
433

quebrantamíento de destíerro, ía ímposíbííídad de encontrar traba|o
y ía vagancía son íos factores más frecuentes de ía reíncídencía.
La Cazette des tribunaux, pero íos períódícos obreros tambíén,
cítan reguíarmente casos, como eí de aqueí traba|ador condenado
por robo, sometído a vígííancía en Ruán, vueíto a aprehender por
robo, y a quíen íos abogados renuncíaron a defender; éí mísmo
430
26 Texto dírígído a L'Atelier, octubre de 1842, año 3, núm. 3, por un obrero
preso por asocíacíón ííegaí. Pudo pubíícar esta protesta en una época en que eí
mísmo períódíco hacía una campaña contra ía competencía deí traba|o penaí.
En eí mísmo número, aparece una carta de otro obrero sobre eí mísmo tema.
Cf. íguaímente La Fraternité, marzo de 1842, año 1, núm. 10.
431
27 L. Moreau-Christophe, De la mortalite et de la Iolie dans le regime penitentiaire. 1839, p. 7.
432
28 L'Almanach populaire de la France, 1839, Iirmado D., pp. 49-56.
433
29 F. de Barbé Marboís, Rapport sur l'état des prisons du Calvados, de
l'Eure, la Manche et la 5eine-lnférieure, 1823, p. 17.
263
tomó entonces ía paíabra ante eí tríbunaí, hízo ía hístoría de su
vída, expíícó cómo, una vez fuera de ía prísíón y sometído a resí-
dencía forzosa, no pudo voíver a su ofícío de dorador, ya que ade-
más su caíídad de ex recíuso hacía que ío rechazaran en todas
partes. La poíícía íe negó eí derecho de ír a buscar traba|o fuera,
por ío que se encontró encadenado en Ruán para morír aííí de
hambre y de mísería a causa de ía abrumadora vígííancía. Soíícító
traba|o en eí ayuntamíento, y estuvo ocupado ocho días en íos
cementeríos por catorce cuartos aí día: "Pero, agregó, soy |oven,
tengo buen apetíto, y comía más de dos ííbras de pan a cínco
cuartos ía ííbra; ¿qué hacer con catorce cuartos para aíímentarme,
dar a íavar ía ropa y aío|arme? Me encontraba sumído en ía deses-
peracíón, quería voíver a ser hombre de bíen; ía vígííancía voívíó a
hundírme en ía desdícha. Cuando todo me ínspíraba ya repug-
nancía, conocí a Lemaître, que se haííaba tambíén en ía mísería;
(273) era precíso vívír, y eí maí pensamíento de robar nos tentó de
nuevo."
434
En fín, ía prísíón fabríca índírectamente deííncuentes aí hacer caer
en ía mísería a ía famííía deí detenído: "La mísma sentencía que
envía a ía prísíón aí |efe de famííía, reduce cada día que pasa a ía
madre a ía índígencía, a íos hí|os aí abandono, a ía famííía entera a
ía vagancía y a ía mendícídad. En este aspecto es en eí que eí
crímen amenaza perpetuarse."
435
Hay que advertír que esta crítíca monótona de ía prísíón se ha
hecho constantemente en dos díreccíones: contra eí hecho de que
ía prísíón no era efectívamente correctora y que ía técníca pení-
tencíaría se mantenía en eíía en estado rudímentarío, y contra eí
hecho de que aí querer ser correctora, píerde su fuerza de castí-
go,
436
que ía verdadera técníca penítencíaría es eí rígor,
437
y que ía
prísíón constítuye un dobíe error económíco: dírectamente por eí
434
30 Cazette des tribunaux, 3 de dícíembre de 1829. Cf., en eí mísmo sentído,
Cazette des tribunaux, 19 de |uíío de 1839; ía Ruche populaire, agosto de
1840, La Fraternité, |uíío-agosto de 1847.
435
31 Charles Lucas, De la reforme des prisons, II, 1838, p. 64.
436
32 Esta campaña ha sido muy viva antes y despues de la nueva reglamentacion de las centrales
en 1839. Reglamentacion severa (silencio, supresion del vino y del tabaco, disminucion de la venta
de alimentos), que Iue seguida de motines. El Moniteur del 3 de octubre de 1840: "Era
escandaloso ver a los detenidos atiborrarse de vino, de carne, de caza, de golosinas de todo genero y
conIundir la prision con un hospedaje comodo en el que se procuraban todos los deleites que solia
negarles el estado de libertad."
437
33 En 1826, muchos Consejos generales piden que se sustituya por la deportacion un
encarcelamiento constante y sin eIicacia. En 1842, el Consejo general de Hautes-Alpes solicita que
las prisiones se conviertan en "realmente expiatorias"; lo mismo piden el de Drôme, Eure-et-Loir,
Nievre, Rhône y Seine-et-Oise.
264
costo íntrínseco de su organízacíón e índírectamente por eí costo de
ía deííncuencía que no repríme.
438
Ahora bíen, ía respuesta a estas
crítícas ha sído síempre ía mísma: eí mantenímíento de íos
príncípíos ínvaríabíes de la técníca penítencíaría. Desde hace sígío
(274) y medío, se ha presentado síempre ía prísíón como su propío
remedío; ía reactívacíón de ías técnícas penítencíarías como ía
úníca manera de reparar su perpetuo fracaso; ía reaíízacíón deí
proyecto correctívo como eí úníco método para superar ía ímposí-
bííídad de hacerío pasar a íos hechos.
Cítemos en apoyo íos íevantamíentos de recíusos, en estas úítímas
semanas, atríbuídos aí hecho de que ía reforma defínída en 1945
|amás se había ííevado reaímente a ía práctíca, y que era precíso,
por ío tanto, voíver a sus príncípíos fundamentaíes. Ahora bíen,
estos príncípíos, de íos que todavía hoy se esperan tan maravíííosos
efectos, son conocídos: constítuyen desde hará pronto 150 años ías
síete máxímas uníversaíes de ía buena "condícíón penítencíaría".
J) La detencíón penaí debe, por ío tanto, tener como funcíón
esencíaí ía trasformacíón de comportamíento deí índívíduo: "La
enmíenda deí condenado como fín príncípaí de ía pena, es un
príncípío sagrado cuya aparícíón formaí en eí domínío de ía cíencía
y sobre todo en eí de ía íegísíacíón es muy recíente" (Congreso
penitenciario de 8ruselas, 1847). Y ía comísíón Amor, de mayo de
1945, repíte fíeímente: "La pena prívatíva de ííbertad tíene por fín
esencíaí ía enmíenda y ía readaptacíón socíaí deí condenado."
Principio de la corrección.
2) Los detenídos deben estar aísíados o aí menos repartídos según
ía gravedad penaí de su acto, pero sobre todo según su edad, sus
dísposícíones, ías técnícas de correccíón que se tíene íntencíón de
utííízar con eííos y ías fases de su trasformacíón. "Deben tenerse en
cuenta, en eí empíeo de íos medíos modífícadores, ías grandes
díferencías físícas y moraíes que ímpííca eí organísmo de íos con-
denados, su grado de perversíón y ías posíbííídades desíguaíes de
438
34 Según una ínformacíón ííevada a cabo en 1839 entre íos dírectores de
centraíes. Eí dírector de Embrun: "Eí exceso de bíenestar en ías prísíones
contríbuye reaímente en mucho aí aumento espantoso de ías reíncídencías."
Eysses: "Eí régímen actuaí no es ío bastante severo, y sí hay un hecho cíerto es
eí de que para muchos detenídos ía prísíón ofrece atractívos y encuentran en
eíía unos goces depravados que ío son todo para eííos." Límoges: "Eí régímen
actuaí de ías casas centraíes, que de hecho no son, para íos reíncídentes, otra
cosa que verdaderos pensíonados, no es en modo aíguno represívo." (Cf. L.
Moreau-Chrístophe, Polémiques pénitentiaires, 1840, p. 86.) A comparar con
ías decíaracíones hechas en eí mes de |uíío de 1974, por íos responsabíes de
íos síndícatos de ía admínístracíón penítencíaría, a propósíto de íos efectos de
ía ííberaíízacíón en ía prísíón.
265
correccíón que pueden ofrecer" (febrero de 1850). 1945: "La dís-
tríbucíón en íos estabíecímíentos penítencíaríos de íos índívíduos
condenados a penas ínferíores a un año tíene como base eí sexo, ía
personaíídad y eí grado de perversíón deí deííncuente." Principio de
la clasificación.
3) Las penas, cuyo desarroíío debe poder modífícarse de acuerdo
con ía índívíduaíídad de íos detenídos, íos resuítados que se ob-
tíenen, íos progresos o ías recaídas. "Síendo eí ob|eto príncípaí de ía
pena ía reforma deí cuípabíe, sería de desear que se pudíera poner
en ííbertad a todo condenado cuando su regeneracíón moraí se
haíía sufícíentemente garantízada" (Ch. Lucas, 1836). 1945: "Se
apííca un régímen progresívo... con eí fín de adaptar eí trata-
míento deí preso a su actítud y a su grado de enmíenda. Este
(275) régímen va deí enceídamíento a ía semíííbertad... Eí benefícío
de ía ííbertad condícíonaí se ha extendído a todas ías penas tempo-
raíes." Principio de la modulación de las penas.
4) Eí traba|o debe ser uno de íos eíementos esencíaíes de ía tras-
formacíón y de ía socíaíízacíón progresíva de íos detenídos. Eí
traba|o penaí "no debe ser consíderado como eí compíemento y por
decírío así como una agravacíón de ía pena, síno reaímente como
una duícífícacíón cuya prívacíón ya no sería posíbíe". Debe permítír
aprender o practícar un ofícío, y procurar recursos aí detenído y a
su famííía (Ducpétíaux, 1857). 1945: "Todo condenado de derecho
común está obíígado aí traba|o... Nadíe puede ser obíígado a
permanecer ocíoso." Principio del trabajo como obligación y como
derecho.
5) La educacíón deí detenído es, por parte deí poder púbííco, una
precaucíón índíspensabíe en ínterés de ía socíedad a ía vez que una
obíígacíón frente aí detenído. "Sóío ía educacíón puede servír de
ínstrumento penítencíarío. La cuestíón deí encarceíamíento
penítencíarío es una cuestíón de educacíón" (Ch. Lucas, 1838).
1945: "Eí trato ínfíígído aí preso, aí margen de toda promíscuídad
corruptora... debe tender príncípaímente a su ínstruccíón generaí y
profesíonaí y a su me|ora." Principio de la educación penitenciaria.
6) Eí régímen de ía prísíón debe ser, por una parte aí menos,
controíado y tomado a cargo de un personaí especíaíízado que
posea ía capacídad moraí y técníca para veíar por ía buena forma-
cíón de íos índívíduos. Ferrus, en 1850, a propósíto deí médíco de
prísíón: "Su concurso es útíí en todas ías formas de encarceía-
míento. .. nadíe podría poseer más íntímamente que un médíco ía
confíanza de íos detenídos, conocer me|or su carácter, e|ercer una
accíón más efícaz sobre sus sentímíentos, aíívíando sus doíencías
266
físícas y aprovechando este ascendíente como medío para haceríes
escuchar paíabras severas o estímuíos útííes." 1945: "En todo
estabíecímíento penítencíarío funcíona un servícío socíaí y médíco-
psícoíógíco." Principio del control técnico de la detención.
7) La prísíón debe ír seguída de medídas de controí y de asístencía
hasta ía readaptacíón defínítíva deí ex detenído. Sería precíso no
sóío vígííarío a su saíída de ía prísíón, "síno prestaríe apoyo y
ayuda" (Bouíet y Benquot en ía Cámara de París). 1945: "Se presta
asístencía a íos presos durante ía pena y después con ob|eto de
facííítar su readaptacíón." Principio de las instituciones anejas. (276)
Paíabra por paíabra, de un sígío a otro, repítense ías mísmas
proposícíones fundamentaíes. Y se consíderan síempre como ía
formuíacíón conseguída aí fín, aceptada aí fín, de una reforma
síempre faííída hasta entonces. Las mísmas frases o poco menos
hubíeran podído ser tomadas de otros períodos "fecundos" de ía
reforma: eí fínaí deí sígío XIX, y eí "movímíento de ía defensa so-
cíaí"; o tambíén esos años, tan recíentes, de íos motínes de re-
cíusos.
No se debe, pues, concebír ía prísíón, su "fracaso" y su reforma
me|or o peor apíícada, como tres tíempos sucesívos. Hay que pen-
sar más bíen en un sístema símuítáneo que hístórícamente se ha
sobreímpuesto a ía prívacíón |urídíca de ííbertad; un sístema de
cuatro térmínos que comprende: eí "supíemento" díscípíínarío de ía
prísíón, eíemento de sobrepoder; ía produccíón de una ob|etívídad,
de una técníca, de una "racíonaíídad" penítencíaría, eíemento deí
saber conexo; ía proíongacíón de hecho, ya que no ía acentuacíón
de una crímínaíídad que ía prísíón debía destruír, eíemento de ía
efícacía ínvertída; en fín, ía repetícíón de una "reforma" que es
ísomorfa, no obstante su "ídeaíídad", aí funcíonamíento díscípíínarío
de ía prísíón, eíemento deí desdobíamíento utópíco. Este con|unto
compíe|o es ío que constítuye eí "sístema carceíarío" y no sóío ía
ínstítucíón de ía prísíón, con sus muros, su personaí, sus
regíamentos y su víoíencía. Eí sístema carceíarío reúne en una
mísma fígura unos díscursos y unas arquítecturas, unos
regíamentos coercítívos, y unas proposícíones cíentífícas, unos
efectos socíaíes reaíes y unas utopías ínvencíbíes, unos programas
para corregír a íos deííncuentes y unos mecanísmos que soíídífícan
ía deííncuencía. ¿No forma parte entonces, eí pretendído fracaso,
deí funcíonamíento de ía prísíón? ¿No habrá que ínscríbírío en esos
efectos de poder que ía díscípíína y ía tecnoíogía conexa de ía prí-
síón han índucído en eí aparato de |ustícía, más generaímente en ía
socíedad, y que pueden reagruparse ba|o eí títuío de "sístema
267
carceíarío"? Sí ía ínstítucíón-prísíón ha resístído durante tanto
tíempo, y en una ínmovííídad seme|ante, sí eí príncípío de ía de-
tencíón penaí no ha sído sometído |amás seríamente a díscusíón, se
debe sín duda a que taí sístema carceíarío enraízaba profunda-
mente y e|ercía funcíones precísas. De esta soíídez sírvanos como
testímonío un hecho recíente: ía prísíón modeío ínaugurada en
Fíeury-Mérogís en 1969 no ha hecho síno ímítar en su dístríbucíón
de con|unto ía estreíía panóptíca que díera en 1836 su fama a ía
Petíte-Roquette. Es ía mísma maquínaría de poder ía que (277)
toma cuerpo reaí y forma símbóííca aííí. Pero ¿para desempeñar
qué papeí?
Admítamos que ía íey esté destínada a defínír ínfraccíones, que eí
aparato penaí tenga cómo funcíón reducírías y que ía prísíón sea eí
ínstrumento de esta represíón. Entonces hay que íevantar un acta
de fracaso. O más bíen -porque para estabíecerío en térmínos
hístórícos sería precíso poder medír ía íncídencía de ía penaíídad de
detencíón sobre eí níveí gíobaí de ía crímínaíídad- hay que
asombrarse de que desde hace 150 años ía procíamacíón deí
fracaso de ía prísíón haya ído síempre acompañada de su mante-
nímíento. La úníca aíternatíva reaímente consíderada ha sído ía
deportacíón, que Ingíaterra abandonó desde príncípíos deí sígío XIX
y que Francía recogíó ba|o eí segundo Imperío, aunque más bíen
como una forma a ía vez rígurosa y íe|ana de prísíón.
Pero quízá haya que daríe ía vueíta aí probíema y preguntarse de
qué sírve eí fracaso de ía prísíón; para qué son útííes esos dífe-
rentes fenómenos que ía crítíca denuncía contínuamente: pertí-
nacía de ía deííncuencía, índuccíón de ía reíncídencía, trasformacíón
deí ínfractor ocasíonaí en deííncuente habítuaí, organízacíón de un
medío cerrado de deííncuencía. ¿Ouízá habrá que buscar ío que se
ocuíta ba|o eí aparente cínísmo de ía ínstítucíón penaí que, después
de haber hecho purgar su pena a íos condenados, contínúa
síguíéndoíos por toda una seríe de marea|es (vígííancía que era de
derecho en otro tíempo y que hoy es de hecho; pasaportes de íos
presídíaríos antaño, y ahora eí regístro de penados y rebeídes) y
que persígue así como "deííncuente" a quíen ha cumpíído su castígo
como ínfractor? ¿No se puede ver ahí más que una contradíccíón,
una consecuencía? Sería precíso entonces suponer que ía prísíón, y
de una manera generaí íos castígos, no están destínados a suprímír
ías ínfraccíones; síno más bíen a dístínguírías, a dístríbuírías, a
utííízarías; que tíenden no tanto a voíver dócííes a quíenes están
díspuestos a transgredír ías íeyes, síno que tíenden a organízar ía
trasgresíón de ías íeyes en una táctíca generaí de sometímíentos.
268
La penaíídad sería entonces una manera de admínístrar íos
ííegaíísmos, de trazar íímítes de toíerancía, de dar cíerto campo de
ííbertad a aígunos, y hacer presíón sobre otros, de excíuír a una
parte y hacer útíí a otra; de neutraíízar a éstos, de sacar provecho
de aqueííos. En suma, ía penaíídad no "reprímíría" pura y
símpíemente íos ííegaíísmos; íos "díferencíaría", aseguraría su
"economía" generaí. Y sí se puede habíar de una |ustícía de cíase
no es sóío porque ía íey mísma o ía manera de apíícaría sírvan íos
(278) íntereses de una cíase, es porque toda ía gestíón díferencíaí
de íos ííegaíísmos por ía medíacíón de ía penaíídad forma parte de
esos mecanísmos de domínacíón. Hay que reíntegrar íos castígos
íegaíes a su íugar dentro de una estrategía íegaí de íos ííegaíísmos.
Eí "fracaso" de ía prísíón puede comprenderse sín duda a partír de
ahí.
Eí esquema generaí de ía reforma penaí se había ínscríto a fínes deí
sígío XVIII en ía íucha contra íos ííegaíísmos: un verdadero equíííbrío
de toíerancías, de apoyos y de íntereses recíprocos, que ba|o eí
Antíguo Régímen había mantenído, unos aí íado de íos otros, a íos
ííegaíísmos de díferentes capas socíaíes, fue roto. Entonces se
formó ía utopía de una socíedad uníversaí y púbíícamente punítíva
donde unos mecanísmos penaíes síempre en actívídad funcíonarían
sín retraso ní medíacíón ní íncertídumbre; una íey, dobíemente ídeaí
por ser perfecta en sus cáícuíos y estar ínscríta en ía representacíón
de cada cíudadano, bíoquearía, desde su orígen, todas ías práctícas
de ííegaíídad. Ahora bíen, en eí víra|e de íos sígíos XVIII y XIX, y
contra íos códígos nuevos, he aquí que surge eí peíígro de un nuevo
ííegaíísmo popuíar. O más exactamente, quízá, íos ííegaíísmos
popuíares se desarroíían entonces según unas dímensíones nuevas:
ías que ííevan consígo todos íos movímíentos que, desde íos años
1780 hasta ías revoíucíones de 1848, entrecruzan íos confííctos
socíaíes, ías íuchas contra íos regímenes poíítícos, ía resístencía aí
movímíento de ía índustríaíízacíón, íos efectos de ías crísís
económícas. Esquemátícamente, se pueden señaíar tres procesos
característícos. En prímer íugar, eí desarroíío de ía dímensíón
poíítíca de íos ííegaíísmos popuíares; y esto de dos maneras: unas
práctícas hasta entonces íocaíízadas y en cíerto modo íímítadas a sí
mísmas (como ía negatíva aí pago deí ímpuesto, a someterse a ía
conscrípcíón, aí pago de cánones y de tasas, ía confíscacíón
víoíenta de artícuíos acaparados; eí saqueo de aímacenes y ía venta
autorítaría de íos productos a un "precío |usto"; íos enfrentamíentos
con íos representantes deí poder), pudíeron dar por resuítado
durante ía Revoíucíón unas íuchas dírectamente poíítícas, que
269
tenían por ob|eto, no ya símpíemente que cedíera eí poder o ía
supresíón de una medída íntoíerabíe, síno eí cambío deí gobíerno y
de ía estructura mísma deí poder. En cambío, cíertos movímíentos
poíítícos se apoyaron de manera expíícíta en formas exístentes de
ííegaíísmo (así como ía agítacíón reaíísta deí oeste o deí medíodía
de Francía utííízó eí rechazo campesíno de ías nuevas íeyes sobre ía
propíedad, ía reíígíón, ía conscrípcíón); esta dímensíón poíítíca deí
ííegaíísmo ííegará a ser a ía vez más compíe|a y más marcada en
ías reíacíones (279) entre eí movímíento obrero y íos partídos
repubíícanos en eí sígío XIX, en eí paso de ías íuchas obreras
(hueígas, coaíícíones prohíbídas, asocíacíones ííícítas) a ía
revoíucíón poíítíca. En todo caso, en eí horízonte de estas práctícas
ííegaíes -y que se muítípíícan con ías íegísíacíones cada vez más
restríctívas- se perfíían unas íuchas propíamente poíítícas; no es eí
derrocamíento eventuaí deí poder ío que ías ínspíra a todas, ní
mucho menos; pero una buena parte de eíías pueden capítaíízarse
como combates poíítícos de con|unto y a veces íncíuso ííevar a eííos
dírectamente.
Por otra parte, a través deí rechazo de ía íey o de íos regíamentos,
se reconocen fácíímente ías íuchas contra aqueííos que ías
estabíecen de acuerdo con sus íntereses: ya no se enfrentan con íos
arrendadores de contríbucíones, íos agentes deí físco, íos deí rey,
íos ofícíaíes prevarícadores o íos maíos mínístros, con todos íos
agentes de ía ín|ustícía, síno con ía íey mísma y ía |ustícía que está
encargada de apíícaría, con íos propíetaríos que hacen vaíer íos
derechos nuevos; con íos patronos que se entíenden unos con
otros, pero que hacen prohíbír ías coaíícíones; contra íos empresa-
ríos que muítípíícan ías máquínas, reba|an íos saíaríos, aíargan íos
horaríos de traba|o y hacen cada vez más rígurosos íos regíamentos
de ías fábrícas. Ha sído reaímente contra eí nuevo régímen de ía
propíedad terrítoríaí -ínstaurado por ía burguesía que se
aprovechaba de ía Revoíucíón- contra eí que se ha desarroííado un
verdadero ííegaíísmo campesíno que sín duda revístíó sus formas
más víoíentas de Termídor aí Consuíado, pero no desaparecíó
entonces; fue contra eí nuevo régímen de ía expíotacíón íegaí deí
traba|o, contra eí que se desarroííaron íos ííegaíísmos obreros a
comíenzos deí sígío XIX, desde íos más víoíentos, como eí destrozo
de máquínas, o íos más duraderos como ía constítucíón de asocía-
cíones, hasta íos más cotídíanos, como eí ausentísmo, eí abandono
de traba|o, ía vagancía, íos fraudes con ías materías prímas, con ía
cantídad y ía caíídad deí traba|o termínado. Inscríbense una seríe
entera de ííegaíísmos en unas íuchas en ías que se sabe que se
270
afronta a ía vez ía íey y ía cíase que ía ímpuso.
En fín, sí bíen es cíerto que en eí curso deí sígío XVIII se ha vísto
439
cómo ía crímínaíídad tendía a formas especíaíízadas, se íncíínaba
cada vez más hacía eí robo hábíí, y pasaba a ser, por una parte,
propía de margínados, aísíados en medío de una pobíacíón que íes
era hostíí, se ha podído asístír en íos úítímos años deí sígío XVIII a ía
reconstítucíón de cíertos víncuíos o aí estabíecímíento de nuevas
reíacíones; no en modo aíguno, como decían íos (280)
contemporáneos, porque íos cabecííías de ía agítacíón popuíar fue-
ran crímínaíes, síno porque ías nuevas formas deí derecho, íos rí-
gores de ía regíamentacíón, ías exígencías ya deí Estado, ya de íos
propíetaríos, ya de íos patronos, y ías técnícas más estrechas de
vígííancía, muítípíícaban ías ocasíones de deííto, y hacían caer deí
otro íado de ía íey a muchos índívíduos que, en otras condícíones,
no habrían pasado aí campo de ía crímínaíídad especíaíízada. Sobre
eí fondo de ías nuevas íeyes de ía propíedad, sobre eí fondo
tambíén de ía conscrípcíón rechazada es como se ha desarroííado
un ííegaíísmo campesíno en íos úítímos años de ía Revoíucíón,
muítípíícando ías víoíencías, ías agresíones, íos robos, íos saqueos y
hasta ías grandes formas deí "bandídísmo poíítíco"; sobre eí fondo
íguaímente de una íegísíacíón o de regíamentos muy rígurosos
(referentes aí ííbrete,
440
a íos aíquííeres, a íos horaríos, a ías
ausencías) es como se ha desarroííado una vagancía obrera que se
cruzaba a menudo con ía deííncuencía estrícta. Una seríe de
práctícas ííegaíístas que en eí curso deí sígío anteríor habían tenído
tendencía a decantarse y a aísíarse unas de otras, parecían ahora
estabíecer nuevas reíacíones para constítuír una amenaza nueva.
Trípíe generaíízacíón de íos ííegaíísmos popuíares en eí paso de dos
sígíos (y aí margen mísmo de una extensíón cuantítatíva que es
probíemátíca y quedaría por medír): se trata de su ínsercíón en un
horízonte poíítíco generaí; de su artícuíacíón expíícíta sobre unas
íuchas socíaíes; de ía comunícacíón entre díferentes formas y
níveíes de ínfraccíones. Estos procesos no han seguído sín duda un
píeno desarroíío; no se ha formado cíertamente a príncípíos deí
sígío XIX un ííegaíísmo masívo, poíítíco y socíaí a ía vez. Pero ba|o
su forma esbozada y a pesar de su díspersíón, han estado
sufícíentemente marcados para servír de soporte aí gran temor de
una píebe a ía que se cree a ía vez crímínaí y sedícíosa, aí míto de
439
35 CI., supra, pp. 79 ss.
440
* Librete: eí que ía poíícía daba a íos artesanos, que tambíén íes servía de
pasaporte, y en eí cuaí íban escrítas sus propías señas, y íos taííeres en que
habían traba|ado. |T.|
271
ía cíase bárbara, ínmoraí y fuera de ía íey que, desde eí Imperío a ía
monarquía de |uíío, está síempre presente en eí díscurso de íos
íegísíadores, de íos fííántropos o de íos ínvestígadores de ía vída
obrera. Son estos procesos íos que encontramos tras una seríe en-
tera de afírmacíones bíen a|enas a ía teoría penaí deí sígío XVIII:
que eí crímen no es una vírtuaíídad que eí ínterés o ías pasíones
hayan ínscríto en eí corazón de todos íos hombres, síno ía obra casí
excíusíva de determínada cíase socíaí; que íos crímínaíes, que en
otro tíempo se encontraban en todas ías cíases socíaíes, saíen (281)
ahora "casí todos, de ía úítíma fíía deí orden socíaí";
441
que "ías
nueve décímas partes de homícídas, asesínos, íadrones y de hom-
bres vííes proceden de ío que hemos ííamado ía base socíaí";
442
que
no es eí crímen ío que vueíve a|eno a ía socíedad, síno que eí
mísmo se debe aí hecho de que se está en ía socíedad como un ex-
traño, de que se pertenece a esa "casta bastardeada" de que ha-
bíaba Target, a esa "cíase degradada por ía mísería cuyos vícíos
oponen como un obstácuío ínvencíbíe a ías generosas íntencíones
que tratan de combatíría";
443
que en esas condícíones sería hípócrí-
ta o íngenuo creer que ía íey se ha hecho para todo eí mundo en
nombre de todo eí mundo; que es más prudente reconocer que se
ha hecho para aígunos y que recae sobre otros; que en príncípío
obííga a todos íos cíudadanos, pero que se díríge príncípaímente a
ías cíases más numerosas y menos ííustradas; que a díferencía de
ío que ocurre con ías íeyes poíítícas o cívííes, su apíícacíón no
concíerne por íguaí a todo eí mundo,
444
que en íos tríbunaíes ía
socíedad entera no |uzga a uno de sus míembros, síno que una ca-
tegoría socíaí encargada deí orden sancíona a otra que está dedí-
cada aí desorden: "Recorred íos íugares donde se |uzga, donde se
encarceía, donde se mata... Un hecho nos ímpresíona en todos
eííos; en todos vemos dos cíases de hombres bíen dístíntas, de íos
cuaíes íos unos se encuentran síempre en íos síííones de íos acusa-
dores y de íos |ueces y íos otros en íos banquíííos de íos acusados y
de íos reos", ío cuaí se expííca por eí hecho de que estos úítímos,
por faíta de recursos y de educacíón, no saben "mantenerse dentro
de íos íímítes de ía probídad íegaí";
445
a taí punto que eí íengua|e de
ía íey, que quíere ser uníversaí, es, por esto mísmo, ínadecuado;
debe ser, sí ha de ser efícaz, eí díscurso de una cíase a otra, que no
441
36 Ch. Comte, Traite de législation, p. 49.
442
37 H. Lauvergne, Les forçats, 1841, p. 337.
443
38 E. Bure, De la misere des classes laborieuses en Angleterre et en France, 1840, H, p. 391.
444
39 P. Rossi, Traite de droit penal, 1829, I, p. 32.
445
40 Ch. Lucas, De la réforme des prisons, ll, 1838, p. 82.
272
tíene ní ías mísmas ídeas que eíía, ní empíea ías mísmas paíabras:
"Ahora bíen, con nuestras íenguas gazmoñas, desdeñosas, y
trabadas por su etíqueta, ¿es fácíí hacerse comprender por aqueííos
que |amás han oído otra cosa que eí díaíecto rudo, pobre, írreguíar,
pero vívo, franco y píntoresco deí mercado, de ías tabernas y de ía
fería?... ¿De qué íengua, de qué método habrá que hacer uso en ía
redaccíón de ías íeyes para obrar sobre eí espírítu íncuíto de
quíenes resísten menos a ías tentacíones deí crímen?"
446
Ley y
|ustícía no vacíían en procíamar su necesaría asímetría de cíase.
(282) Sí taí es ía sítuacíón, ía prísíón, aí "fracasar" aparentemente,
no de|a de aícanzar su ob|eto, cosa que íogra, por eí contrarío, en ía
medída en que suscíta en medío de íos demás una forma partícuíar
de ííegaíísmo, aí cuaí permíte poner aparte, coíocar a píena íuz y
organízar como un medío reíatívamente cerrado pero penetrabíe.
Contríbuye a estabíecer un ííegaíísmo ííamatívo, marcado, írreduc-
tíbíe a cíerto níveí y secretamente útíí, reacío y dócíí a ía vez; díbu-
|a, aísía y subraya una forma de ííegaíísmo que parece resumír sím-
bóíícamente todos íos demás, pero que permíte de|ar en ía sombra
a aqueííos que se quíeren o que se deben toíerar. Esta forma es ía
deííncuencía propíamente dícha. No se debe ver en eíía ía forma
más íntensa y más nocíva deí ííegaíísmo, ía que eí aparato penaí
debe tratar de reducír por ía prísíón a causa deí peíígro que
representa; es más bíen un efecto de ía penaíídad (y de ía pena-
íídad de detencíón) que permíte díferencíar, ordenar y controíar íos
ííegaíísmos. Sín duda, ía deííncuencía es reaímente una de ías
formas deí ííegaíísmo; en todo caso, tíene en éí sus raíces; pero es
un ííegaíísmo que eí "sístema carceíarío", con todas sus ramífíca-
cíones, ha ínvadído, recortado, aísíado, penetrado, organízado, en-
cerrado en un medío defínído, y aí que ha conferído un papeí
ínstrumentaí, respecto de íos demás ííegaíísmos. En suma, sí bíen ía
oposícíón |urídíca pasa entre ía íegaíídad y ía práctíca ííegaí, ía
oposícíón estratégíca pasa entre íos ííegaíísmos y ía deííncuencía.
La afírmacíón de que ía prísíón fracasa en su propósíto de reducír
íos crímenes, hay que sustítuíría quízá por ía hípótesís de que ía
prísíón ha íogrado muy bíen producír ía deííncuencía, típo
específícado, forma poíítíca o económícamente menos peíígrosa -
en eí íímíte utííízabíe- de ííegaíísmo; producír íos deííncuentes,
medío aparentemente margínado pero centraímente controíado;
producír eí deííncuente como su|eto patoíogízado. Eí éxíto de ía
prísíón: en ías íuchas en torno de ía íey y de íos ííegaíísmos, espe-
446
41 P. Rossí, loc. cit., p. 33.
273
cífícar una "deííncuencía". Se ha vísto cómo eí sístema carceíarío
había sustítuído eí ínfractor por eí "deííncuente", y añadído así a ía
práctíca |urídíca todo un horízonte de conocímíento posíbíe. Ahora
bíen, este proceso que constítuye ía deííncuencía-ob|eto forma
cuerpo con ía operacíón poíítíca que dísocía íos ííegaíísmos y aísía
su deííncuencía. La prísíón es eí punto de uníón de esos dos
mecanísmos; íes permíte reforzarse perpetuamente eí uno aí otro,
ob|etívar ía deííncuencía tras ía ínfraccíón, soíídífícar ía deííncuencía
en eí movímíento de íos ííegaíísmos. Éxíto taí que después de sígío
y medío de "fracasos", ía prísíón sígue exístíendo, producíendo íos
mísmos efectos, y que cuando se trata de derríbaría, se ex-
perímentan íos mayores escrúpuíos.
(283) La penaíídad de detencíón fabrícaría, pues -de ahí sín duda
su íongevídad-, un ííegaíísmo cerrado, separado y útíí. Eí círcuíto
de ía deííncuencía no sería eí subproducto de una prísíón que aí
castígar no íograría corregír; sería eí efecto dírecto de una pena-
íídad que, para admínístrar ías práctícas ííegaíístas, íntroducíría
aígunas en un mecanísmo de "castígo-reproduccíón" deí que ía
prísíón formaría uno de íos eíementos príncípaíes. Pero, ¿por qué y
cómo ía prísíón sería ííamada a desempeñar eí traba|o de fabrí-
cacíón de una deííncuencía a ía cuaí se supone que combate?
Eí estabíecímíento de una deííncuencía que constítuye como un
ííegaíísmo cerrado ofrece, en efecto, cíerto número de venta|as. Es
posíbíe en prímer íugar controíaría (señaíando íos índívíduos, ope-
rando ínfíítracíones en eí grupo, organízando ía deíacíón mutua). Aí
hormígueo ímprecíso de una pobíacíón que practíca un ííegaíísmo
ocasíonaí, susceptíbíe síempre de propagarse, o tambíén a esas
partídas índetermínadas de vagabundos que, aí azar de sus
correrías y de ías círcunstancías, van recíutando obreros sín em-
píeo, mendígos y rebeídes, y que aumentan a veces -se vío a fínes
deí sígío XVIII- hasta eí punto de formar unas fuerzas terríbíes de
saqueo y de rebeííón, íos sustítuye un grupo reíatívamente res-
tríngído y cerrado de índívíduos sobre íos cuaíes es posíbíe efectuar
una vígííancía constante. Además, puede oríentarse a esta
deííncuencía repíegada sobre sí mísma hacía formas de ííegaíísmo
que son ías menos peíígrosas: mantenída por ía presíón de íos
controíes en eí íímíte de ía socíedad, reducída a unas condícíones
de exístencía precarías, sín víncuío con una pobíacíón que hubíera
podído sostenería (como se hacía hasta no ha mucho con íos con-
trabandístas o cíertas formas de bandídísmo),
447
íos deííncuentes se
447
42 Cf. E. |. Hobsbawm, Les bandits, trad, francesa, 1972.
274
vueíven fataímente hacía una crímínaíídad íocaíízada, sín poder de
atraccíón, poíítícamente sín peíígro y económícamente sín con-
secuencías. Ahora bíen, este ííegaíísmo concentrado, controíado y
desarmado es dírectamente útíí. Puede serío con reíacíón a otros
ííegaíísmos: aísíado |unto a eííos, repíegado sobre sus propías or-
ganízacíones ínternas, concentrado en una crímínaíídad víoíenta
cuyas prímeras víctímas sueíen ser ías cíases pobres, cercado por
todas partes por ía poíícía, expuesto a íargas penas de prísíón, y
después a una vída defínítívamente "especíaíízada", ía deííncuen-
cía, ese mundo dístínto, peíígroso y a menudo hostíí, bíoquea o aí
menos mantíene a un níveí bastante ba|o ías práctícas ííegaíístas
corríentes (pequeños robos, pequeñas víoíencías, rechazos o rodeos
cotídíanos de ía íey), y íes ímpíde desembocar en formas ampíías y
manífíestas, aígo así como sí eí efecto de e|empío que en otro (284)
tíempo se íe pedía a ía resonancía de íos supíícíos se buscara ahora
menos en eí rígor de íos castígos que en ía exístencía vísíbíe, mar-
cada, de ía propía deííncuencía. Aí díferencíarse de íos otros
ííegaíísmos popuíares, ía deííncuencía pesa sobre eííos.
Pero ía deííncuencía es además susceptíbíe de una utííízacíón
dírecta. Eí e|empío de ía coíonízacíón acude aí pensamíento. No es,
sín embargo, eí más convíncente. En efecto, sí ía deportacíón de íos
crímínaíes fue pedída repetídas veces ba|o ía Restauracíón, ya sea
por ía Cámara de Díputados, ya por íos Conse|os generaíes, era
esencíaímente para aíívíar ías cargas fínancíeras exígídas por todo
eí aparato de ía detencíón; y a pesar de todos íos proyectos que
pudíeron hacerse ba|o ía monarquía de |uíío para que íos
deííncuentes, íos soídados índíscípíínados, ías prostítutas y íos níños
expósítos pudíeran partícípar en ía coíonízacíón de Argeíía, ésta fue
formaímente excíuída por ía íey de 1854, que creaba íos presídíos
coíoníaíes. De hecho, ía deportacíón a ía Guayana o más tarde a
Nueva Caíedonía no tuvo ímportancía económíca reaí, a pesar de ía
obíígacíón para íos condenados de permanecer en ía coíonía en que
habían purgado su pena un número de años íguaí por ío menos aí
de su tíempo de detencíón (en aígunos casos, debían íncíuso
permanecer aííí toda ía vída).
448
De hecho, ía utííízacíón de ía
deííncuencía como medío a ía vez separado y mane|abíe se ha
reaíízado sobre todo en íos márgenes de ía íegaíídad. Es decír que
448
43 Sobre eí probíema de ía deportacíón, cf. F. de Barbé-Marboís (Observa-
tions sur les votes de 4J conseils généraux) y ía díscusíón entre Bíossevíííe y La
Pííorgeríe (a propósíto de Botany Bay). Buré, eí coroneí Marengo y L. de Carné,
entre otros, han hecho proyectos de coíonízacíón de Argeíía con íos
deííncuentes.
275
aííí se ha estabíecído tambíén en eí sígío XIX una especíe de
ííegaíísmo subordínado, y cuya organízacíón en deííncuencía, con
todas ías vígííancías que eíío ímpííca, garantíza ía docííídad. La
deííncuencía, ííegaíísmo sometído, es un agente para eí ííegaíísmo
de íos grupos domínantes. Eí estabíecímíento de íos sístemas de
prostítucíón en eí sígío XIX es característíco a este respecto:
449
íos
(285) controíes de poíícía y de sanídad sobre ías prostítutas, su
paso reguíar por ía prísíón, ía organízacíón en gran escaía de ías
mancebías, ía |erarquía puntuaí que se mantenía en eí medío de ía
prostítucíón, su encuadramíento por íos deííncuentes-confídente;
todo esto permítía canaíízar y recuperar por una seríe entera de
íntermedíaríos íos enormes provechos sobre un píacer sexuaí que
una moraíízacíón cotídíana cada vez más ínsístente condenaba a
una semícíandestínídad y voívía naturaímente costoso. En ía
formacíón de un precío deí píacer, en ía constítucíón de un prove-
cho de ía sexuaíídad reprímída y en ía recuperacíón de este pro-
vecho, eí medío deííncuente ha sído cómpííce de un purítanísmo
ínteresado: un agente físcaí ííícíto sobre práctícas ííegaíes.
450
Los
tráfícos de armas, íos de aícohoí en íos países de prohíbícíón, o más
recíentemente íos de ía droga demostrarían de ía mísma manera
este funcíonamíento de ía "deííncuencía útíí": ía exístencía de una
prohíbícíón íegaí crea en torno suyo un campo de práctícas ¡íega-
íístas sobre eí cuaí se ííega a e|ercer un controí y a obtener un
provecho ííícíto por eí eníace de eíementos, ¡íegaíístas eííos tam-
bíén, pero que su organízacíón en ía deííncuencía ha vueíto ma-
ne|abíes. La deííncuencía es un ínstrumento para admínístrar y
expíotar íos ííegaíísmos.
Es tambíén un ínstrumento para eí ííegaíísmo que forma en torno
449
44 Uno de los primeros episodios Iue la organizacion bajo el control de la policia de las casas de
prostitucion (1823), lo cual rebasaba ampliamente las disposiciones de la ley del H de julio de 1791,
sobre la vigilancia de dichas casas. CI. a este respecto las recopilaciones manuscritas de la
PreIectura de policia (20-26). En particular, esta circular del PreIecto de policia, del 14 de junio de
1823: "El establecimiento de las casas de prostitucion deberia naturalmente desagradar a todo
hombre que se interese por la moralidad publica; no me asombra en absoluto que los señores
Comisarios de policia se opongan con todo su poder al establecimiento de estas casas en sus
diIerentes distritos... La policia creeria haber puesto mucho cuidado en el mantenimiento del orden
publico, si hubiera conseguido circunscribir la prostitucion a unas casas toleradas sobre las cuales
su accion pudiera ser constante y uniIorme, y que no pudieran sustraerse a la vigilancia."
450
45 Eí ííbro de Parent-Duchateíet sobre ía Prostitution à Paris, 1836, puede ser
íeído como eí testímonío de este empaíme, patrocínado por ía poíícía y ías
ínstítucíones penaíes, deí medío deííncuente sobre ía prostítucíón. Eí caso de ía
Maffía ítaííana traspíantada a íos Estados Unídos y utííízada con|untamente
para ía obtencíón de ganancías ííícítas y para fínes poíítícos es un buen e|empío
de ía coíonízacíón de un ííegaíísmo de orígen popuíar.
276
suyo eí e|ercícío mísmo deí poder. La utííízacíón poíítíca de íos
deííncuentes -en forma de sopíones, de confídentes, de provo-
cadores- era un hecho admítído mucho antes deí sígío XIX
451
Pero
después de ía Revoíucíón, esta práctíca ha adquírído unas
dímensíones compíetamente dístíntas: ía ínfíítracíón de íos partídos
poíítícos y de ías asocíacíones obreras, eí recíutamíento de hombres
de mano contra íos hueíguístas y íos promotores de motínes, ía
organízacíón de una subpoíícía -traba|ando en reíacíón dírecta con
ía poíícía íegaí y capaz en eí íímíte de convertírse en
286 PRISION
una especíe de e|ércíto paraíeío-, todo un funcíonamíento extra-
íegaí deí poder ha sído ííevada a cabo de una parte por ía masa de
maníobra constítuída por íos deííncuentes: poíícía cíandestína y
e|ércíto de reserva deí poder. Parece ser que en Francía haya sído
en torno de ía Revoíucíón de 1848 y de ía toma deí poder por Luís
Napoíeón cuando esas práctícas ííegaron a su píeno fíorecí-
míento.
452
Puede decírse que ía deííncuencía, soíídífícada por un
sístema penaí centrado sobre ía prísíón, representa una desvíacíón
de ííegaíísmo para íos círcuítos de provecho y de poder ííícítos de ía
cíase domínante.
La organízacíón de un ííegaíísmo aísíado y cerrado sobre ía
deííncuencía no habría sído posíbíe sín eí desarroíío de íos controíes
poíícíacos. Vígííancía generaí de ía pobíacíón, vígííancía "muda,
místeríosa, ínadvertída... son íos o|os deí gobíerno abíertos ínce-
santemente y veíando de manera índístínta sobre todos íos cíuda-
danos, sín someteríos por eso a nínguna medída de coercíón cuaí-
quíera... Esta vígííancía no necesíta estar escríta en ía íey".
453
Vígííancía partícuíar y prevísta por eí Códígo de 1810 de íos crí-
mínaíes ííberados y de todos aqueííos que, habíendo pasado ya
ante ía |ustícía por hechos graves, se presume íegaímente que ha-
yan de atentar de nuevo aí reposo de ía socíedad. Pero vígííancía
tambíén de medíos y de grupos consíderados como peíígrosos por
íos sopíones o íos confídentes casí todos íos cuaíes son antíguos
deííncuentes, controíados a taí títuío por ía poíícía: ía deííncuencía,
ob|eto entre otros de ía vígííancía poíícíaca, es uno de sus
451
46 Sobre este papel de los delincuentes en la vigilancia policiaca y sobre todo politica, cI. la
memoria redactada por Lemaire. Los "denunciadores" son individuos que "esperan indulgencia para
ellos mismos"; "son por lo general unas malas personas que sirven para descubrir a otras que lo son
mas. Por lo demas, por poco que cualquiera se encuentre una sola vez inscrito en el registro de la
Policia, desde ese momento ya no se le pierde de vista".
452
47 K. Marx, Le 18-Brumaire de Louis Napoleon Bonaparte.
453
48 A. Ronnevíííe, Des institutions complémentaires du système
pénitencier, 1847, pp. 397-399.
277
ínstrumentos prívííegíados. Todas estas vígííancías suponen ía or-
ganízacíón de una |erarquía en parte ofícíaí, en parte secreta (era
esencíaímente en ía poíícía parísíense eí "servícío de segurídad" eí
que contaba, aparte de íos "agentes ostensíbíes" -ínspectores y
brígadíeres-, con íos "agentes secretos" y con íos confídentes a
quíenes mueve eí temor deí castígo o eí señueío de una recom-
pensa).
454
Suponen tambíén ía dísposícíón de un sístema
documentaí cuyo centro ío constítuyen ía íocaíízacíón y ía
ídentífícacíón de íos crímínaíes: señaíízacíón obíígatoría unída a ías
órdenes de captura y a ías sentencías de íos tríbunaíes,
señaíízacíón consígnada en íos regístros de encarceíamíento de ías
prísíones, copía de regístros de audíencías y de tríbunaíes
correccíonaíes envíada cada tres meses a íos mínísteríos de |ustícía
y de ía Poíícía generaí, organízacíón aígo más tarde en eí mínísterío
deí Interíor de un "fíchero" (287) con repertorío aífabétíco que
recapítuía aqueííos regístros, utííízacíón hacía 1833 según eí
método de íos "naturaíístas, de íos bíbííotecaríos, de íos
comercíantes, de íos hombres de negocíos" de un sístema de fíchas
o boíetínes índívíduaíes, que permíte íntegrar fácíímente íos datos
nuevos, y aí mísmo tíempo, con eí nombre deí índívíduo buscado,
todos íos datos que pudíeran apíícárseíe.
455
La deííncuencía, con íos
agentes ocuítos que procura, pero tambíén con eí rastríííado
generaíízado que autoríza, constítuye un medío de vígííancía
perpetua sobre ía pobíacíón: un aparato que permíte controíar, a
través de íos propíos deííncuentes, todo eí campo socíaí. La
deííncuencía funcíona como un observatorío poíítíco. A su vez, íos
estadístícos y íos socíóíogos han hecho uso de éí, mucho después
que íos poíícías.
Pero esta vígííancía no ha podído funcíonar síno empare|ada con ía
prísíón. Porque ésta facíííta un controí de íos índívíduos cuando
quedan en ííbertad, porque ésta permíte eí recíutamíento de
confídentes y muítípííca ías denuncías mutuas, porque ésta pone a
íos ínfractores en contacto unos con otros, precípíta ía organízacíón
de un medío deííncuente cerrado sobre sí mísmo, pero que es fácíí
de controíar; y todos íos efectos de desínsercíón que provoca
(desempíeo, prohíbícíón de resídencía, resídencía forzada, puestas
a dísposícíón) abren ampííamente ía posíbííídad de ímponer a íos
antíguos detenídos ías obíígacíones que se íes asígnan. Prísíón y
454
49 CI. H. A. Fregier, Les classes dangereuses, 1840, I, pp. 142-148.
455
50 A. Boínnevíííe, De la recidive, 1844, pp. 92-93. Aparícíón de ía fícha y
constítucíón de ías cíencías humanas: otra ínvencíón que íos hístoríadores
ceíebran poco.
278
poíícía forman un dísposítívo acopíado; entre ías dos garantízan en
todo eí campo de íos ííegaíísmos ía díferencíacíón, eí aísíamíento y
ía utííízacíón de una deííncuencía. En íos ííegaíísmos, eí sístema
poíícía-prísíón aísía una deííncuencía mane|abíe. Ésta, con su
específícídad, es un efecto deí sístema; pero pasa a ser tambíén
uno de sus engrana|es y de sus ínstrumentos. De suerte que habría
que habíar de un con|unto cuyos tres térmínos (poíícía-prísíón-
deííncuencía) se apoyan unos sobre otros y forman un círcuíto que
|amás se ínterrumpe. La vígííancía poíícíaca sumínístra a ía prísíón
íos ínfractores que ésta trasforma en deííncuentes, que además de
ser eí bíanco de íos controíes poíícíacos, son sus auxíííares, y estos
úítímos devueíven reguíarmente aígunos de eííos a ía prísíón.
No hay una |ustícía penaí destínada a perseguír todas ías práctícas
ííegaíes y que, para hacerío, utíííce ía poíícía como auxíííar, y como
ínstrumento punítívo ía prísíón, a costa de de|ar como rastro de su
accíón eí resíduo ínasímííabíe de ía "deííncuencía". Hay (288) que
ver en esta |ustícía un ínstrumento para eí controí díferencíaí de íos
ííegaíísmos. Respecto de éí, ía |ustícía crímínaí desempeña eí papeí
de garantía íegaí y de príncípío de trasmísíón. Es un eníace en una
economía generaí de íos ííegaíísmos, cuyos otros eíementos son (no
por ba|o de eíía, síno aí íado de eíía) ía poíícía, ía prísíón y ía
deííncuencía. Eí rebasamíento de ía |ustícía por ía poíícía, ía fuerza
de ínercía que ía ínstítucíón carceíaría opone a ía |ustícía no es cosa
nueva, ní eí efecto de una escíerosís o de un progresívo
despíazamíento deí poder; es una característíca de estructura que
marca íos mecanísmos punítívos en ías socíedades modernas. Por
más que dígan íos magístrados, ía |ustícía penaí con todo su
aparato de espectácuío está hecha para responder a ía demanda
cotídíana de un aparato de controí sumído a medías en ía sombra
que tíende a engranar, una con otra, poíícía y deííncuencía. Los
|ueces son sus empíeados apenas reacíos.
456
Ayudan en ía medída
de sus medíos a ía constítucíón de ía deííncuencía, es decír, a ía
díferencíacíón de íos ííegaíísmos, aí controí, a ía coíonízacíón y a ía
456
51 De ía resístencía de íos hombres de íeyes a ocupar un íugar en este fun-
cíonamíento, tenemos testímoníos muy precoces, desde ía Restauracíón (ío
que demuestra bíen, que no es un fenómeno, ní una reaccíón tardía). En
partícuíar, ía ííquídacíón o más bíen ía reutííízacíón de ía poíícía
napoíeóníca ha píanteado probíemas. Pero ías dífícuítades se han
proíongado. Cf. cí díscurso con eí que Beííeyme ínaugura en 1825 sus
funcíones y trata de díferencíarse de sus predecesores: "Las vías íegaíes están
abíertas para nosotros... Educado en ía escueía de íeyes, ínstruído en ía
escueía de una magístratura tan dígna... somos íos auxíííares de ía |ustícía"
(cf. Histoire de l'administration de M. de Beííeyme); véase tambíén eí foííeto
muy ínteresante de Moíéne, De la liberté.
279
utííízacíón de aígunos de eííos por eí ííegaíísmo de ía cíase
domínante.
De este proceso que se desarroííó en íos treínta o cuarenta prí-
meros años deí sígío XIX, son testímonío dos fíguras. Vídocq en
prímer íugar. Fue
457
eí hombre de íos víe|os ííegaíísmos, un Gíí Bías
deí otro extremo deí sígío y que se desííza rápídamente hacía ío
peor: turbuíencías, aventuras, engaños, de íos que con ía mayor
frecuencía fue víctíma, ríñas y dueíos; aíístamíentos y desercíones
en cadena, encuentros con eí medío de ía prostítucíón, deí |uego y
de ía ratería, y pronto deí gran bandoíerísmo. Pero ía ímportancía
casí mítíca que ha adquírído a íos o|os mísmos de sus contem-
poráneos no se debe a ese pasado, quízá embeííecído; no se debe
síquíera aí hecho de que, por prímera vez en ía hístoría, un antíguo
presídíarío, rescatado o comprado, haya ííegado a |efe de poíícía,
síno más bíen aí hecho de que, en éí, ía deííncuencía ha asumído
(289) vísíbíemente su estatuto ambíguo de ob|eto y de ínstrumento
para un aparato de poíícía que traba|a contra eíía y con eíía. Ví-docq
marca eí momento en que ía deííncuencía, desga|ada de íos otros
ííegaíísmos, se encuentra ínvestída por eí poder, y convertída.
Entonces es cuando se opera eí acopíamíento dírecto e ínstítucíonaí
de ía poíícía y ía deííncuencía. Momento ínquíetante en que ía
crímínaíídad se convíerte en uno de íos engrana|es deí poder. Una
fígura había ííenado ías épocas precedentes: ía deí rey monstruoso,
fuente de toda |ustícía y, sín embargo, manchado de crímenes; otro
temor aparece, eí de un entendímíento místeríoso turbío entre
quíenes hacen vaíer ía íey y quíenes ía víoían. Se acabó ía época
shakespearíana en que ía soberanía se enfrentaba con ía
abomínacíón en un mísmo persona|e; pronto comenzará eí
meíodrama cotídíano deí poder poíícíaco y de ías compíícídades que
eí crímen estabíece con eí poder.
Frente a Vídocq, su contemporáneo Lacenaíre. Su presencía
marcada para síempre en eí paraíso de íos estetas deí crímen es
para sorprender: a pesar de toda su buena voíuntad, de su ceío de
neófíto, |amás ha podído cometer, y eso con bastante torpeza, más
que aígunos crímenes mezquínos, y ííegó a sospecharse tanto de éí
que era de esos deíatores a quíenes se encíerra con otros presos
para que obtengan sus confídencías, que ía admínístracíón tuvo que
protegerío contra íos detenídos de ía Force, que íntentaban
matarío,
458
y fue ía buena socíedad deí París de Luís Feíípe ía que íe
457
52 Véanse tanto sus Memorias, pubíícadas con su nombre, como ía Histoire
de V'idocq racontée par lui-même.
458
53 La acusacíón ha sído repetída formaímente por Caníer, Mémoires (redí-
280
organízó, antes de su e|ecucíón, una fíesta aí íado de ía cuaí
numerosas resurreccíones ííterarías no han sído después otra cosa
que homena|es académícos. Su gíoría no íe debe nada a ía ampíítud
de sus crímenes ní aí arte de su concepcíón; es su baíbuceo ío que
asombra. Pero íe debe mucho aí |uego vísíbíe, en su exístencía y
sus díscursos, entre eí ííegaíísmo y ía deííncuencía. Estafa, deser-
cíón, íatrocínío, prísíón, reconstítucíón de ías amístades de ceída,
chanta|e mutuo, reíncídencías hasta ía úítíma tentatíva frustrada de
asesínato, Lacenaíre es eí típo deí "deííncuente". Pero ííevaba
consígo, aí menos en estado vírtuaí, un horízonte de ííegaíísmos
que, recíentemente aún, habían sído amenazadores: aqueí pequeño
burgués arruínado, educado en un buen coíegío, que sabía habíar y
escríbír, una generacíón antes, habría sído revoíucíonarío, |acobíno,
regícída;
459
contemporáneo de Robespíerre, su rechazo de ías (290)
íeyes hubíera podído hacer efecto en un campo ínmedíatamente
hístóríco. Nacído en 1800, casí como |uííen Soreí, ííeva en sí eí
rastro de esas posíbííídades; pero se han torcído para no pasar deí
robo, eí asesínato y ía denuncía. Todas estas vírtuaíídades se han
convertído en una deííncuencía de bastante poca envergadura: en
este sentído, Lacenaíre es un persona|e tranquííízador. Y sí aquéíías
reaparecen, es en eí díscurso que hace sobre ía teoría deí crímen.
En eí momento de su muerte, Lacenaíre manífíesta eí tríunfo de ía
deííncuencía sobre eí ííegaíísmo, o más bíen ía fígura de un
ííegaíísmo confíscado por una parte a ía deííncuencía y despíazado
por ía otra hacía una estétíca deí crímen, es decír, hacía un arte de
ías cíases prívííegíadas. Símetría de Lacenaíre con Vídocq, quíen por
ía mísma época permítía cerrar eí círcuío de ía deííncuencía sobre sí
mísma, constítuyéndoía como medío cercado y controíabíe, y
despíazando hacía ías técnícas poíícíacas una práctíca deííncuente
que se convíerte en ííegaíísmo íícíto deí poder. Eí hecho de que ía
burguesía parísíense feste|ara a Lacenaíre, de que su ceída se
abríera a vísítantes famosos, de que fuera cubíerto de homena|es
durante íos úítímos días de su vída, éí a quíen ía píebe de ía Forcé,
antes que sus |ueces, había querído a|ustícíar, éí que había hecho ío
posíbíe, en ía audíencía, para arrastrar a su cómpííce Françoís aí
cadaíso, todo esto tíene una razón: se ceíebraba ía fígura símbóííca
de un ííegaíísmo asegurado en ía deííncuencía y trasformado en
tadas en 1968), p. 15.
459
54 Sobre ío que hubíera podído ser Lacenaíre, según sus contemporáneos,
véase eí expedíente estabíecído por M. Lebaíííy en su edícíón de ías Mémoires
de Lacenaíre, 1968, pp. 297-304.
281
díscurso -es decír convertído dos veces en ínofensívo-; ía
burguesía se ínventaba con eíío un píacer nuevo, deí que está íe|os
todavía de haber agotado eí e|ercícío. No hay que oívídar que ía
muerte tan famosa de Lacenaíre venía a bíoquear ía repercusíón deí
atentado de Fíeschí, eí más recíente de íos regícídíos que
representa ía fígura ínversa de una pequeña crímínaíídad
desembocando sobre ía víoíencía poíítíca. No hay que oívídar
tampoco que tuvo íugar meses antes de ía saíída de ía úítíma ca-
dena y de ías manífestacíones tan escandaíosas que ío acompaña-
ron. Estas dos fíestas se cruzaron en ía hístoría; y por ío demás,
Françoís, cómpííce de Lacenaíre, fue uno de íos persona|es más
destacados de ía cadena deí 19 de |uíío.
460
La una proíongaba íos
(291) rítuaíes antíguos de íos supíícíos a ríesgo de reactívar en
torno de íos crímínaíes íos ííegaíísmos popuíares. Iba a ser
prohíbída, porque eí crímínaí no debía seguír ocupando un íugar
síno en eí espacío apropíado de ía deííncuencía. La otra ínauguraba
eí |uego teóríco de un ííegaíísmo de prívííegíados; o más bíen
marcaba eí momento en que íos ííegaíísmos poíítícos y económícos
que practíca de hecho ía burguesía íban a ír acompañados de ía
representacíón teóríca y estétíca: ía "Metafísíca deí crímen", como
se decía a propósíto de Lacenaíre. El asesinato considerado como
una de las 8ellas Artes se pubíícó en 1849.
Esta produccíón de ía deííncuencía y su ínvestídura por eí aparato
penaí, hay que tomarías por ío que son: no por unos resuítados
adquírídos de una vez para síempre síno como táctícas que se des-
píazan en ía medída en que no aícanzan |amás deí todo su ob|eto.
La separacíón entre su deííncuencía y íos demás ííegaíísmos, eí voí-
verse contra eííos, su coíonízacíón por íos ííegaíísmos domínantes,
son otros tantos efectos que aparecen cíaramente en ía manera en
que funcíona eí sístema poíícía-prísíón; sín embargo, no han cesado
de encontrar resístencías; han suscítado íuchas y provocado
reaccíones. Levantar ía barrera que habría de separar a íos deíín-
cuentes de todas ías capas popuíares de ías que habían saíído y con
ías cuaíes se mantenían unídos, era una tarea dífícíí, sobre todo sín
460
55 La ronda de íos años 1835-36: Fíeschí, que concernía a ía pena común de
íos parrícídas y de íos regícídas, fue uno de íos motívos por íos cuaíes Rívíère,
eí parrícída, fue condenado a muerte a pesar de una memoría cuya índoíe
asombrosa quedó sín duda oscurecída por eí escándaío de Lacenaíre, de BU
proceso y de sus escrítos, que se pubíícaron gracías aí |efe de ía Segurídad (no
sín aígunas censuras), a comíenzos de 1836, meses antes de que su cómpííce
Françoís díera, con ía cadena de Brest, uno de íos úítímos grandes espec-
tácuíos popuíares deí crímen. Ronda de íos ííegaíísmos y de ías deííncuencías,
ronda de íos díscursos deí crímen y sobre eí crímen.
282
duda en íos medíos urbanos.
461
Se ha tratado de hacerío durante
mucho tíempo y con obstínacíón. Se han utííízado íos pro-
cedímíentos generaíes de ía "moraíízacíón" de ías cíases pobres,
que ha tenído, por otra parte, una ímportancía capítaí tanto desde
eí punto de vísta económíco como poíítíco (adquísícíón de ío que
se podría ííamar un "íegaíísmo de base", índíspensabíe desde eí
momento en que eí sístema deí códígo había rempíazado ías
costumbres; aprendíza|e de ías regías eíementaíes de ía propíedad
y deí ahorro; enseñanza de ía docííídad en eí traba|o, de ía estabí-
íídad deí aío|amíento y de ía famííía, etc.). Se han empíeado pro-
cedímíentos más partícuíares para mantener ía hostííídad de íos
medíos popuíares contra íos deííncuentes (utííízando a íos antíguos
detenídos como confídentes, sopíones, rompehueígas u hombres de
mano). Se han confundído sístemátícamente íos deíítos de derecho
común y esas ínfraccíones a ía copíosa íegísíacíón sobre ííbretes,
(292) hueígas, coaíícíones, asocíacíones,
462
respecto de ías cuaíes
pedían íos obreros eí reconocímíento de un estatuto poíítíco. Se ha
acusado muy reguíarmente a íos actos obreros de ser anímados ya
que no manípuíados por símpíes crímínaíes.
463
Se ha demostrado en
íos veredíctos una severídad con frecuencía mayor contra íos
obreros que contra íos íadrones.
464
Se han mezcíado en ías prísíones
ías dos categorías de condenados, y concedído un trato preferencíaí
a íos de derecho común, míentras que íos períodístas y íos poíítícos
detenídos tenían derecho, ía mayoría de ías veces, a ser coíocados
aparte. En suma, una verdadera táctíca de confusíón cuyo fín era
crear un estado de confíícto permanente.
A esto se agregaba una íarga maníobra para ímponer aí concepto
que se tenía de íos deííncuentes un enfoque bíen determínado:
presentaríos como muy cercanos, presentes por doquíer y por do-
quíer temíbíes. Es ía funcíón de ía gacetííía que ínvade una parte de
ía prensa y que comíenza por entonces a tener sus períódícos
propíos.
465
La cróníca de sucesos crímínaíes, por su redundancía
461
56 A fínes deí sígío XVIII, Coíquhoun da una ídea de ía dífícuítad de ía tarea
para una cíudad como Londres. Traité de la police de Londres, traducído aí
francés en 1807. I, pp. 32-34, 299-300.
462
57 "Ninguna otra clase esta sometida a una vigilancia de este genero; se ejerce casi de la misma
manera que la de los condenados liberados; parece colocar a los obreros en la categoria que se llama
ahora la clase peligrosa de la sociedad" (L´Atelier, año 5, num. 6, marzo de 1845, a proposito del
librete).
463
58 CI. por ejemplo J. B. MonIalcon, Histoire des insurrections de Lvon, 1834, p. 142.
464
59 CI. L´Atelier, octubre 1840, o tambien La Fraternite, julio-agosto de 1847.
465
60 Además de ía Cazette des tribunaux y deí Courrier des tribunaux, eí
journal des concierges.
283
cotídíana, vueíve aceptabíe eí con|unto de íos controíes |udícíaíes y
poíícíacos que retícuían ía socíedad; refíere cada día una especíe de
bataíía ínteríor contra eí enemígo sín rostro, y en esta guerra,
constítuye eí boíetín cotídíano de aíarma o de víctoría. La noveía
crímínaí que comíenza a desarroííarse en íos foííetones y en ía
ííteratura barata, asume un papeí aparentemente ínverso. Tíene
sobre todo por funcíón demostrar que eí deííncuente pertenece a un
mundo totaímente dístínto, sín reíacíón con ía exístencía cotídíana y
famíííar. Esta índoíe extraña, comenzó por ser ía de íos ba|os fondos
(Los misterios de París, Rocambole), después de ía íocura (sobre
todo en ía segunda mítad deí sígío), y fínaímente ía deí crímen
dorado, de ía deííncuencía de "aítos vueíos" (Arsenío Lupín). La nota
ro|a unída a ía ííteratura poíícíaca ha producído desde hace más de
un sígío una masa desmesurada de "reíatos de crímenes" en íos
cuaíes aparece sobre todo ía deííncuencía a ía vez como muy
cercana y compíetamente a|ena, perpetuamente amenazadora para
ía vída cotídíana, pero extremadamente aíe|ada por su orígen, sus
móvííes y eí medío en que se despííega, cotídíana (293) y exótíca.
Por ía ímportancía que se íe da y eí fausto díscursívo de que se
acompaña, se traza en torno suyo una íínea que, aí exaítaría, ía
coíoca aparte. En esta deííncuencía tan temíbíe, y venída de un
cíeío tan a|eno, ¿qué ííegaíísmo podría reconocerse?...
Esta táctíca múítípíe no ha quedado sín efecto: ío demuestran ías
campañas de íos períódícos popuíares contra eí traba|o penaí;
466
contra eí "confort de ías prísíones"; para que se reserven a íos de-
tenídos íos traba|os más duros y más peíígrosos; contra eí excesívo
ínterés que ía fííantropía dedíca a íos deííncuentes; contra ía ííte-
ratura que exaíta eí crímen;
467
pruébaío tambíén ía desconfíanza
que se experímenta en generaí en todo eí movímíento obrero res-
pecto de íos antíguos condenados de derecho común. "Aí despuntar
eí aíba deí sígío xx", escríbe Míchèíe Perrot, "ceñída de desprecío, ía
más aítíva de ías muraíías, ía prísíón acaba de cerrarse sobre una
466
61 Cf. L'Atelier, |unío de 1844, petícíón a ía Cámara de París para que se
empíeen íos detenídos en íos "traba|os ínsaíubres y peíígrosos"; en abríí de
1845, cíta eí períódíco ía experíencía de Bretaña, donde un número bastante
grande de condenados mííítares ha muerto de fíebre reaíízando traba|os de ca-
naíízacíón. En novíembre de 1845, ¿por qué no traba|an íos presos eí mercurío
o eí bíanco de píomo?... Cf. íguaímente ía Démocratie politique de íos años
1844-1845.
467
62 En L´Atelier, de noviembre de 1843, un ataque contra Los misterios de Paris, porque dedican
la mejor parte a los delincuentes, a su pintoresquismo y a su vocabulario, y porque se subraya
demasiado en ellos el caracter Iatal de la inclinacion al crimen. En La Ruche populaire se
encuentran ataques del mismo genero a proposito del teatro.
284
pobíacíón ímpopuíar".
468
Pero esta táctíca está, sín embargo, íe|os de haber tríunfado, o en
todo caso de haber obtenído una ruptura totaí entre íos deíín-
cuentes y ías capas popuíares. Las reíacíones de ías cíases pobres
con ía ínfraccíón, ía posícíón recíproca deí proíetaríado y de ía píebe
urbana habría que estudíarías. Pero hay una cosa cíerta: ía
deííncuencía y ía represíón se consíderan, en eí movímíento obrero
de íos años 1830-1850, como aígo ímportante. Hostííídad contra íos
deííncuentes, sín duda; pero bataíía en torno de ía penaíídad. Los
períódícos popuíares sueíen proponer un anáíísís poíítíco de ía
crímínaíídad que se opone térmíno por térmíno a ía descrípcíón
famíííar a íos fííántropos (pobreza-dísípacíón-pereza-embríaguez-
vícío-robo-crímen). Eí punto de orígen de ía deííncuencía no ío
asígnan aí índívíduo crímínaí (que no es otra cosa que ía ocasíón o
ía prímera víctíma), síno a ía socíedad: "Eí hombre que nos da ía
muerte no es ííbre de no dárnosía. La cuípabíe es ía socíedad, o
para estar más en ío cíerto es ía maía organízacíón (294) socíaí."
469
Y esto, o bíen porque no es apta para subvenír a sus necesídades
fundamentaíes, o bíen porque destruye o borra en éí unas
posíbííídades, unas aspíracíones o unas exígencías que se ma-
nífestarán después en eí crímen: "La faísa ínstruccíón, ías aptítudes
y ías fuerzas no consuítadas, ía ínteíígencía y eí corazón com-
prímídos por un traba|o forzado en una edad demasíado tíerna."
470
Pero esta crímínaíídad de necesídad o de represíón enmascara, por
ía resonancía que se íe da y ía desconsíderacíón de que se ía rodea,
otra crímínaíídad que a veces es su causa, y síempre su ampíí-
fícacíón. Es ía deííncuencía de arríba, e|empío escandaíoso, fuente
de mísería y príncípío de rebeííón para íos pobres. "Míentras ía
mísería cubre vuestros pavímentos de cadáveres, y vuestras prísío-
nes de íadrones y de asesínos, ¿qué estamos víendo en cuanto a íos
estafadores deí gran mundo?... Los e|empíos más corruptores, eí
cínísmo más índígnante, eí bandída|e más desvergonzado... ¿No
teméís que eí pobre a quíen se ííeva aí banquííío de íos crímínaíes
por haber arrancado un trozo de pan a través de íos barrotes de
una panadería, ííegue a índígnarse ío bastante, aígún día, para
demoíer píedra a píedra ía Boísa, antro saíva|e donde se roban
ímpunemente íos tesoros deí Estado y ía fortuna de ías famííías?"
471
468
63 Délinquance et système pénitentiaire de France au XlXe siècle (texto íné-
díto).
469
64 L´Humanitaire, agosto de 1841.
470
65 La Fraternite, noviembre de 1845.
471
66 La Ruche populaire, noviembre de 1842.
285
Ahora bíen, esta deííncuencía propía de ía ríqueza se haíía toíerada
por ías íeyes y cuando cae ba|o sus goípes está segura de ía
índuígencía de íos tríbunaíes y de ía díscrecíón de ía prensa.
472
De
ahí ía ídea de que íos procesos crímínaíes pueden ííegar a ser oca-
síón de un debate poíítíco, y que hay que aprovechar íos procesos
de opíníón o ías acusacíones contra íos obreros para denuncíar eí
funcíonamíento generaí de ía |ustícía penaí: "Eí recínto de íos crí-
mínaíes no es ya únícamente como en otro tíempo un íugar de
exhíbícíón de ías míserías y ías íacras de nuestra época, una
especíe de marca adonde víenen a tenderse, unas aí íado de otras,
ías trístes víctímas de nuestro desorden socíaí; es un paíenque en eí
que resuena eí gríto de íos combatíentes."
473
De ahí tambíén ía
ídea de que íos presos poíítícos, puesto que tíenen, como íos
deííncuentes, (295) una experíencía dírecta deí sístema penaí, sí
bíen eííos se encuentran en sítuacíón de hacerse oír, están en eí
deber de ser íos portavoces de todos íos detenídos. Eííos deben
ííumínar "aí buen burgués de Francía que |amás se enteró de ías
penas que se ínfíígen a través de ías pomposas requísítorías de un
físcaí generaí".
474
En este repíanteamíento deí probíema de ía |ustícía penaí y de ía
frontera que ésta traza cuídadosamente en torno de ía deíín-
cuencía, es característíca ía táctíca de ío que se podría ííamar ía
"contra-nota ro|a". Se trata, para íos períódícos popuíares, de ín-
vertír eí uso que se hacía de íos crímenes o de íos procesos en íos
períódícos que, a ía manera de ía Cazette des tribunaux, se "abre-
van de sangre", se "aíímentan de prísíón" y hacen representar co-
tídíanamente "un repertorío de meíodrama".
475
La contra-nota ro|a
subraya sístemátícamente íos hechos de ía, deííncuencía en ía bur-
guesía, demostrando que ésta es ía cíase sometída a ía "degenera-
cíón físíca", a ía "podredumbre moraí"; sustítuye íos reíatos de
crímenes cometídos por ía gente deí puebío por ía descrípcíón de ía
mísería en que ía sumen quíenes ía expíotan y que en sentído
472
67 Cf. en La Ruche populaire (díc. de 1839), una répííca de Víncard a un
artícuío de Baízac en Le 5iècle. Decía Baízac que una acusacíón de robo debía
ser hecha con prudencía y díscrecíón cuando se trataba de un ríco cuya menor
faíta de probídad se conoce aí punto: "Decíd, señor, con ía mano sobre ía
concíencía, sí no es ío contrarío ío que ocurre todos íos días, sí, con una gran
fortuna y un rango eíevado en eí mundo, no se encuentran míí soíucíones, míí
medíos para echar tíerra a un asunto desagradabíe."
473
68 La Fraternite, noviembre de 1841.
474
69 Almanach populaire de la France, 1839, p. 50.
475
70 Pauvre Jacques, año 1, num. 3.
286
estrícto ía hacen padecer hambre y ía asesínan;
476
demuestra en íos
procesos crímínaíes contra íos obreros qué parte de responsabííídad
debe atríbuírse a íos empresaríos y a ía socíedad entera. En suma,
se despííega un verdadero esfuerzo para ínvertír ese díscurso
monótono sobre eí crímen que trata a ía vez de aísíarío como una
monstruosídad y de hacer que recaíga su escándaío sobre ía cíase
más pobre.
En eí curso de esta poíémíca antípenaí, íos fouríerístas fueron sín
duda más íe|os que nadíe. Eíaboraron, íos prímeros quízás, una
teoría poíítíca que es a ía vez una vaíorízacíón posítíva deí deííto. Sí,
según eííos, hay un efecto de ía "cívííízacíón", hay íguaímente, y por
ío mísmo, un arma contra eíía. Líeva en sí un vígor y un porvenír.
"Eí orden socíaí domínado por ía fataíídad de su príncípío
compresívo contínúa matando por medío deí verdugo o por ías
prísíones a aqueííos cuya naturaíeza robusta rechaza o desdeña sus
prescrípcíones, a aqueííos que, demasíado fuertes para permanecer
envueítos en ías ceñídas ropas deí recíén nacído, ías rompen y ías
desgarran, hombres que no quíeren seguír síendo níños."
477
No hay,
pues, una naturaíeza crímínaí síno unos |uegos (296) de fuerza que,
según ía cíase a que pertenecen íos índívíduos,
478