You are on page 1of 2

SEMANA SANTA

Me han dicho que en Jerusalén hay mucho revuelo,


Que han detenido a Jesús Nazareno
Que lo apresaron en un huerto
Donde horas antes se escucharon lamentos.

¿Qué ha hecho? ¿Cuál es el delito?


¿Sanar a los ciegos y dar vida a los muertos?

Me han dicho que en Jerusalén hay mucho revuelo,


Que ya se han llevado a Jesús Nazareno.
Y un hombre se lavó las manos de sangre inocente
Ante los gritos de la gente.

¿Qué ha hecho? ¿Cuál es el delito?


¿Predicar la verdad? ¿Hacer el bién a los demás?

Me han dicho que en Jerusalén hay mucho revuelo,


Que sentencian a muerte a Jesús Nazareno.
Que lo tratan como a un malhechor y le golpean
Ante la indiferencia de algunos, y el llanto de otros.

Las calles están repletas de gente


Unos miran tristes, otros sonrientes.
Me han dicho que en Jerusalen hay mucho revuelo,
Que ya carga con su cruz, Jesús Nazareno.

Avanza entre las gentes,


Unos lloran, otros rien alegres,
Unos sufren dolientes, otros indiferentes,
Unos sienten la muerte, otros se burlan inhumanamente.

Me han dicho que en Jerusalén hay mucho revuelo,


Que ya crucificaron a Jesús Nazareno,
Que no dijo nada, sólo pidió perdon por ellos
sin demasiado lamento.

Me han dicho que en Jerusalén hay mucho revuelo,


Que ya expiró Jesús Nazareno.
Muerto, si, pero no por siempre, al tercer día resucitará de entre los muertos.

CELEBRACIONES

El jueves santo por la mañana asistímos por primera vez a la celebración


comunitaria de la Penitencia. Fue en la S.I.Catedral. La celebración de este
sacramento consiste en un acto muy parecido al de la misa, pero hacia el
final los sacerdotes (muchos), se colocan en sus lugares y los fieles acuden a
confesar sus pecados. La sensación durante la mañana fue buena. Yo no
había hecho esto nunca, y menos en la Catedral. Ana Mª se fue por un lado y
yo por otro, como es tan grande el lugar, y busqué a uno de los sacerdotes, y
mi sorpresa fue ver cola para confesar. Con un poco de nerviosismo por la
experiencia, hice un breve examen de conciencia de lo que yo consideraba
que era confesable en aquella mañana, y cuando me tocó el turno, me
acerqué a un hombre anciano, el cual me esperaba sentado en una silla. En
ningún momento me miró a la cara, sino que me acercaba el oido para
escuchar mi confesión. Dije mis pecados, y a continuación me dio algún
breve consejo y me puso la penitencia, la cual consistía en rezar un rosario a
la Virgen. Otra novedad, ya que nunca antes he rezado el rosario completo,
y menos en mi casa. Tuve que preguntarle a Ana Mª que como era eso, ya
que no sabía muy bién. En cuanto llegué a mi casa, me encerré en mi
habitación y me dispuse a rezar. Debo decir que la experiencia fue positiva y
resulta sorprendente yo que tantas veces critiqué a los que rezaban el rosario
por considerarlo una forma de rezar sin sentido, ahora lo veo todo distinto.

En la tarde del jueves santo, vivimos otra experiencia primera, como es la


llamada “Cena del Señor”. La Catedral estaba llena, y nos sentamos cerca
del altar. El acto tuvo toda la solemnidad, con los cantos de la coral de Santa
María de la Victoria y el acompañamiento del organo. Mientras oía la
música, miraba al altar y veía al Obispo y a los presbíteros, al menos una
docena, y me daba cuenta de lo imporante que es la liturgia dentro de la
Iglesia. Fue una experiencia muy bonita. Al final de la misa comulgamos y
el obispo llevó bajo palio una urna con el Cuerpo del Señor para colocarla
en otro lugar de la catedral, a su paso algunas personas se arrodillaban ante
el Señor, lo llaman monumento, y lo hacen además en otras iglesias. Mas
tarde fuimos a visitar otros “monumentos”, especialmente llamativo el de
las hermanas de la cruz, el cual era una representación de lo mas exacta del
cenáculo donde Jesucristo realizó la última cena con sus apóstoles.

El viernes santo en la mañana volvimos a la Catedral para oir el sermón de


las “Siete Palabras”. También era para nosotros una experiencia primera.
Salía un sacerdote y predicaba acerca de una de las últimas palabras dichas
por el Señor en la cruz, y luego exponía una reflexión, así hasta siete. El
acto duró unas dos horas. Después quitaron la imagen del crucificicado que
presidía el altar, y fue también un acto emotivo, ya que al ser viernes santo,
pues se siente el momento como muy real.

El sábado, la Vigilia Pascual.