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pensar, otra vez, la democracia

gerardo de la fuente lora

E

l mayor desafío actual para el pensamiento crítico consiste en repensar la democracia. Pero hacerlo realmente, a profundidad y sin concesiones, en su concepto y en lo que se sigue de la necesidad de su idea: el gobierno del pueblo por sí y para sí. No se trata, entonces, de repetir una vez mas los dichos de Norberto Bobbio, de Robert Dahl, o Giovanni Sartori, por mencionar algunos representantes conspicuos de un vocabulario al uso –y tremendamente desgastado– de algo que incluso ha dado en llamarse “teoría democrática”, como si realmente lo fuera. Tampoco, dentro del mismo marco, la tarea del pensamiento crítico ha de reducirse al examen de los diseños institucionales que podrían dar mayor fluidez a las definiciones mínimas de democracia propuestas por Dahl o Bobbio: si el parlamentarismo o el presidencialismo, el uni o el bicameralismo, las formas de emisión del voto, los dispositivos para la rendición de cuentas y la contraloría social, etcétera. No que estas cuestiones sean menores o poco urgentes. Pero este campo temático de las formas institucionales del dispositivo gubernamental actual, no sólo dan por sentado que de democracia es de lo que hablamos (como si ello no fuera precisamente lo problemático) sino que se trata de discursos que lejos de ubicarse en el ámbito del saber –del conocimiento, de la búsqueda de la verdad–, son narrativas que viven en el mundo de los políticos y administradores,

y que tienen la función de otorgarles un léxico, una autoconciencia ideal para su mutuo reconocimiento. La tarea del intelectual crítico ante la democracia consiste en aprehender lo perimido, lo nublado por las teorías al uso, lo ausente en su lógica sin embargo clara y convincente. Una primera forma de indicar eso a pensar, es atender la interrogación que hace C.B. Macpherson en su ya clásico La Democracia Liberal y su Época, a saber, si la democracia es el gobierno de la mayoría, y si la mayoría son los pobres, ¿por qué los de abajo nunca han ganado democráticamente el gobierno de la democracia? El mismo Macpherson, en su libro, indica que la causa de la no victoria de los pobres radica en el aparato de los partidos políticos: serían estos, al final, los responsables del fracaso democrático de la democracia. Esta respuesta, no muy lejana de los planteamientos gramscianos, ha tenido éxito entre un sector importante de la izquierda latinoamericana: en lugar de los partidos y la representación a ellos asociada, habría que desarrollar la democracia participativa y directa. Por una extraña deriva conceptual, podríamos considerarnos los más democráticos aún cuando en nuestras elecciones, si las hubiere, sólo pudiéramos optar por representantes del mismo signo. El reflejo de rechazar a los partidos como la podredumbre, y con ellos a toda la clase política y a la política misma, es

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con partidos o sin ellos. rendirse a su imposibilidad. la orientación de la vida hacia alguna finalidad. una potenciación del Ser mismo. Los pobres gobernarán la democracia. territoriales. Si el ciudadano fue el actor de esta democracia moderna por medio de la cual los pobres nunca han podido mandar. no sería el sustento de una representación.pensar. otra vez. ¿por qué no ganan ellos? Asumir en su radicalidad la cuestión democrática supone retomar su concepto: el gobierno. de Dialéctica. nacionales o económicos. la democracia debería constituir el arreglo social con vistas a que cada vez más personas ejerzan efectivamente el gobierno. pero no cabe duda que es una vía que implica simplemente renunciar a pensar la democracia. desde luego. de sí mismas. E implica reenfocar nuevamente su Sujeto: ¿quién es el que ha de gobernar? ¿Y sobre quién. ha de ejercer su soberanía? Mas allá de ser un dispositivo para renovar las administraciones públicas. de la comunidad de los hombres que se gobiernan cada uno a sí mismo. sino el ejercicio efectivo. la constitución actual y a cada momento. si es que sobre alguien. sino como la constitución de un poder: en vena spinoziana. siempre y cuando se vuelvan poderosos. La tarea del pensamiento crítico consiste en volver a pensar la democracia no como una forma de representación. Las formas de ese acontecimiento. con presidencialismo o parlamentarismo. pero no a la entidad serializada. en el concepto mismo de la democracia. en primer y fundamental lugar. declararse inhabilitado para dar respuesta a la pregunta tan simple de Macpherson: si los pobres son la mayoría. El demos que ha de gobernarse en sí y para sí. la conducción de las acciones humanas. a los que somos únicos e irrepetibles. las condiciones puras y empíricas de su posibilidad. siempre y cuando cada uno de ellos ejerza el acto de gobernar y gobernarse. son los objetos del pensamiento crítico y como parte de él. sino al singular. un gesto comprensible por parte de los izquierdistas. a cada uno. la democracia radical hoy tiene que tener como sujeto al individuo. la democracia 1 encasillada en marcos administrativos. 1 . con Boobio y Sartori o sin ellos.