PREFACIO

Los libros son como cimas de montañas que sobresalen del mar. Aun-
que parezcan islas independientes, son en realidad estribaciones de una
geografía subyacente que es, al mismo tiempo, local y parte de un patrón
universal. De esta manera, aunque es inevitable que los libros sean reflejo
de un tiempo y un lugar determinados, forman parte de una geografía inte-
lectual más general. Este libro no es una excepción.
Lo he escrito en un momento en que la psicología, la ciencia de la
mente, como William James la llamó en una ocasión, ha llegado a frag-
mentarse como nunca antes en su historia, Ha perdido su centro y corre el
riesgo de perder la cohesión necesaria para asegurar que se produzca ese
intercambio interno que podría justificar la división del trabajo entre sus
partes. Y las partes, cada una con su propia identidad organizativa, su pro-
pio aparato teórico y, a menudo, sus propias revistas, se han convertido en
especialidades cuyos productos son cada vez menos exportables. Demasia-
do a menudo, las partes se encierran en su propia retórica y se afslan en su
propia parroquia de autoridades. Se corre el riesgo de que, con este auto-
encierro, cada parte (y el agregado que constituye la totalidad de la psico-
logía. cada vez más parecido a una especie de centón o jarapa) se encuen-
tre cada vez más lejos de otras investigaciones dedicadas a la comprensión
de la mente y la condición humana: investigaciones pertenecientes al cam-
po de las humanidades y otras ciencias sociales.
Puede que existan buenas razones para lo que ha ocurrido; quizá inclu-
so sea reflejo de un «cambio de paradigma» en las ciencias humanas. El
lado «biológico» de la psicología ha abandonado su viejo cuartel general
para unir sus fuerzas con las neurociencias. Las «ciencias cognitivas», de
nuevo cuño, han absorbido a muchos de aquellos que antes trabajaban en
11
12 Actos de significado
las villas de la percepción, la memoria o el pensamiento, que ahora se con-
ciben como variedades de «procesamiento de información». Estos nuevos
alineamientos pueden ser para bien; podrían aportar un vigor teórico nue-
vo e inesperado a la tarea de comprender al ser humano.
Pero, a pesar de las particiones y la fragmentación que parecen estar
produciéndose, no creo ni que la psicología esté llegando a su fin ni que
esté eternamente condenada a vivir en provincias segregadas. Ya que la
psicología como empresa es muy anterior a su conversión «oficial» en un
conjunto de divisiones autónomas. Sus grandes temas e interrogantes aún
están vivos. La fundación, en 1879, del laboratorio de psicología «experi-
mental» de Wundt en Leipzig no eliminó estos interrogantes. Se limitó a
revestirlos de ropajes nuevos: el «nuevo» estilo positivista, tan caro a los
corazones de nuestros precursores de finales del siglo XIX. El propio
Wundt, en sus últimos años, reconoció hasta qué punto el nuevo estilo de
«laboratorio» podía ser restrictivo y, al proponer su «psicología cultural»,
nos exhortó a abrazar un enfoque más histórico e interpretativo para enten-
der los productos culturales del hombre.
Los psicólogos actuales obtenemos todavía un generoso sustento de
nuestro distante pasado preposirivista: Chomsky reconoce su deuda con
Descartes, Piaget no puede concebirse sin Kant; ni Vygotsky, sin Hegel o
Marx; y lo que un día fuera formidable bastión de la psicología, la «teoría
del aprendizaje», se construyó sobre los cimientos que había puesto John
Locke. Y, si los seguidores de Freud hubieran conseguido liberarse del
modelo de la «bioenergética», que era el aspecto más superficial de su teo-
ría, la estatura teórica del psiconanálisis habría seguido creciendo. La
revolución cognitiva, más reciente, habría resultado inconcebible en
ausencia del clima filosófico de su tiempo, sobre el que se sustentaba. Y,
ciertamente, si echamos un vistazo más allá de las fronteras de la psicolo-
gía «oficial» a nuestras disciplinas hermanas de las ciencias sociales, nos
sorprenderá el renovado y vivo interés actual por cuestiones clásicas plan-
teadas durante el siglo que siguió a la fundación del laboratorio de Leipzig
por hombres como Peirce y Nietzsche, Austin y Wittgenstein, Jakobson y
de Saussure, Husserl y Cassirer, Foucault y Searle.
No tiene nada de extraño, por consiguiente, que se haya producido una
reacción contra el estrechamiento y el «encerramiento» en sí misma que
aflige" a la psicología. La comunidad intelectual más amplia tiende cada
vez más a hacer caso omiso de nuestras revistas, que a los legos en la
materia les parece que contienen principalmente estudios de poca monta e
Prefacio 13
intelectualmente desubicados, cada uno de los cuales no es más que una
respuesta 4 un puñado de pequeños estudios similares. En el interior de la
psicología, hay inquietud y preocupación por el estado en que se encuentra
nuestra disciplina, y se ha producido ya el comienzo de la búsqueda de
nuevos medios para refonnularla. A despecho de la ética predominante,
favorable a la realización de «estudios pequeños y primorosos», y de 10
que Gordon Allport denominó en una ocasión la «metodolatrta», las gran-
des cuestiones psicológicas se están volviendo a formular; cuestiones que
atañen a la naturaleza de la mente y sus procesos, cuestiones sobre cómo
construimos nuestros significados y nuestras realidades, cuestiones sobre
la formación de la mente por la historia y la cultura.
y estas cuestiones, que a menudo se investigan con más vigor fuera de
la psicología «oficial», se están reformulando con la sutileza y el rigor
necesarios para producir respuestas ricas y fecundas. Actualmente, sabe-
mos mucho mejor cómo enfocar las grandes comparaciones cuya resolu-
ción siempre ha constituido un reto para la psicología. La comparación del
hombre y.sus precursores en la evolución, el hombre como niño inmaduro
y el hombre en plena madurez, el hombre en estado de buena salud y el
hombre afectado por la enfermedad mental o la alienación, la. «naturaleza
humana» expresada en diferentes culturas, y, por supuesto, también la
comparación entre el hombre de carne y hueso y las máquinas construidas
para imitarlo. Todas y cada una de estas cuestiones han avanzado cuando
nos hemos decidido a formular preguntas sobre temas tan tabú como la
mente, los estados intencionales, el significado, la construcción de la reali-
dad, las reglas mentales, las formas culturales, y cosas por el estilo. No
cabe duda de que la navaja de Occam, al advertimos que no multiplicáse-
mos las entidades conceptuales más de «lo necesario», no pretendía deste-
rrar de las ciencias de lo mental a la mente misma. Ni los principios induc-
tivos de John Stuart Mili querían sofocar todas las formas de curiosidad
intelectual salvo aquellas que pudieran ser reducidas mediante experimen-
tos controlados.
Este libro está escrito en contra del trasfondo en que se encuentra
situada la psicología actuel, con sus confusiones, sus dislocaciones y sus
nuevas simplificaciones. Le he puesto el título de Actos de significado
para subrayar su tema principal: la naturaleza de la construcción del signi-
ficado, su conformación cultural, y el papel esencial que desempeña en la
acción humana. El hecho de que escriba un libro como éste justo en este
momento no es un capricho autobiográfico, aunque el lector no tardará en
14 Actos de significado
darse cuenta de que proyecta mi propia historia como psicólogo, ya pro-
longada. Pero toda voz individual, como nos ha enseñado Bajtin, está abs-
traída de un diálogo. He tenido la inmensa fortuna de participar prolonga-
damente en los diálogos que han formado y reformado la psicología. Lo
que vaya decir en los capítulos que vienen a continuación refleja mi punto
de vista acerca de en dónde se encuentra situado el diálogo en la actuali-
dad.
Este libro no pretende ser un estudio «exhaustivo» de todos y cada uno
de los aspectos del proceso de construcción del significado. Esa sería, de
todos modos, una empresa imposible. Más bien, es un intento de mostrar
cómo debe ser una psicología que se ocupe esencialmente del significado,
cómo esta se convierte inevitablemente en una psicología cultural, y cómo
debe aventurarse más allá de los objetivos convencionales de la ciencia
positivista, con sus ideales de reduccionismo, explicación causal y predic-
cián, No es necesario tratar estos tres ideales como si fuesen la Santísima
Trinidad. Porque, cuando nos ocupamos del significado y de la cultura,
inevitablemente nos movemos en dirección a otro ideal. Reducir el signifi-
cado o la cultura a una base material, decir que «dependen». pongamos
por caso, del hemisferio izquierdo, es trivializar ambos fenómenos al ser-
vicio de un concretismo mal entendido. Aferrarnos a la explicación en fun-
ción de las «causas» nos impide intentar comprender cómo interpretan sus
mundos los seres humanos y cómo interpretamos nosotros sus actos de
interpretación. Y, si damos por supuesto que el objeto de la psicología
(como el de cualquier empresa intelectual) es lograr la comprensión, ¿por
qué nos resulta siempre necesario comprender con antelación a los fenó-
menos que hay que observar (que es a lo que se reduce la predicción)?
¿No son preferibles las interpretaciones plausibles a las explicaciones cau-
sales, sobre todo cuando para lograr una explicación causal nos vemos
obligados a artificializar lo que estudiamos hasta tal punto que casi no
podemos reconocerlo como representativo de la vida humana?
El estudio de la mente humana es tan difícil, se encuentra tan inmerso
en el dilema de ser a la vez el objeto y el sujeto de su propio estudio. que
no puede limitar sus indagaciones a las formas de pensamiento que se
desarrollaron a partir de la física de ayer. La tarea es tan apremiantemente
importante que merece toda la rica variedad de inteligencia y perspicacia
que seamos capaces de aportar a la comprensión de lo que el hombrepíen-
sa de su inundo, de sus congéneres y de sí mismo. Este es el espíritu con el
que hemos de avanzar.
AGRADECIMIENTOS
Apenas puedo empezar a enumerar a todas las personas e instituciones
que han dado forma a.este libro. Porque, en muchos aspectos, representan
no sólo mis pensamientos más actuales sino también, por así decir, un
«retorno de lo reprimido». Algunas influencias, por consiguiente, Se
encuentran en el pasado lejano, como las del Department of Social Rela-
tions de Harvard donde, a lo largo de una década que comenzó a mediados
de los años 50, me nutrí de la compañía de personas como Clyde Kluck-
hohn y Gordon Allport, Talcott Parsons y Henry Murray. Era un departa-
mento que tenía un propósito, y todos los meses nos reuníamos en un
para intentar desvelar ese propósito: cómo conciliar los puntos
de sobre el Hombre como individuo particular con los puntos de vista
como de la cultura y como organismo biológico. Las
discusiones que sostemamos aquellos miércoles por la tarde están refleja-
das de algún modo en las páginas que vienen a continuación.
y después vino la «Soc Sci 8», Concepciones del Hombre, en la que
George Miller y yo intentamos convencer a una generación de estudiantes
de Harvard y Radcliffe de que, para conocer al Hombre, hay que verlo en
el contexto del reino animal a partir del cual evolucionó, en el contexto de
cultura y el lenguaje que proporcionan el mundo simbólico en el que
Vive, y a la luz de los procesos de crecimiento que coordinan estas dos
fuerzas tan poderosas. Por aquel entonces habíamos llegado al convenci-
miento de que la psicología no podía enfrentarse a la tarea por sí sola. Eso
nos llevó a desarrollar nuestra propia versión de una ciencia humana inter-
disciplinaria de Educación General. y durante la mayor parte de la década
de los 60, de septiembre a mayo, nos las arreglamos para ir un paso por
delante de nuestros estudiantes.
15
18 Actos de significado
y en medio de todo esto se fundó el Centro de Estudios Cognitivos,
sobre el cual tendré ocasión de hablar mucho más en el primer capítulo. Si
lo menciono aquí es sólo para reconocer mi deuda a otra comunidad que
contribuyó a convencerme (a estas alturas no precisamente en contra de mi
voluntad) de que las fronteras que separaban campos tales como la psico-
logía, la antropología, la lingüística y la filosofía eran cuestión de conve-
niencia administrativa y no de sustancia intelectual.
y también están esos contertulios vitalicios que constituyen nuestro
Otro Generalizado: George Miller, David Krech, Alexander Luria, Barbel
lnhelder, Clifford Geertz, Albert Guerard, Roman Jakobson, Morton Whi-
te, Elting Morison, David Olson. Y la lista no está completa, porque he
dejado fuera a mis antiguos estudiantes: los más recientes, de Nueva York;
los primeros, de Harvard; y, en medio, los de Oxford.
Varios amigos leyeron los primeros borradores de este libro y me
hicieron sugerencias muy útiles: Michael Cale, Howard Gardner, Robert
Lifton, Daniel Robinson y Donald Spence. Les agradezco mucho su ayu-
da.
Tengo una deuda muy especial con mis anfitriones de Jerusalén que,
en diciembre de 1989, me hicieron la vida tan extraordinariamente agrada-
ble cuando pronuncié las conferencias que llevan el nombre de «Jerusa-
lem-Harvard Lecrures» en la Hebrew University; mi deuda se refiere espe-
cialmente al presidente, Amnon Pazi, el rector Yoram Ben-Porath, el
profesor Shmuel Eisenstadt y Ms. Liat Mayberg. Las conferencias que
pronuncié en Jerusalén dieron lugar al primer borrador de este libro.
Pocas veces he hablado a una audiencia tan sumamente implicada y tan
bien informada como la que se reunía aquellas tardes de diciembre en
Monte Scopus. Sus comentarios y preguntas marcaron el comienzo de una
fructífera revisión. También quiero agradecer sinceramente la subvención
de la Fundación Spencer con la que se financió el trabajo en que se basa
este libro.
Por fin puedo expresar mi agradecimiento a mi editor, Arthur Rosen-
thal, que, a lo largo de los años, ha censurado cualquier intento de mencio-
nar su nombre en los prefacios por parte mía y de otros autores agradeci-
dos. Hemos conseguido, por fin, eludir la censura de su lápiz por el hecho
de que está a punto de abandonar la dirección de Harvard Universiry Press
para pasar a dirigir otros asuntos en otra parte. Arthur Rosenthal, como
editor, constituye una recompensa al trabajo tenaz, una forma de vida. Y,
por si esto fuera poco, también están las otras figuras en que se encarna la
Agradecimientos 17
editorial: Angela van der Lippe, siempre animando con su característica
habilidad, y Camille Smith
l
, correctora de manuscritos llena de paciencia e
imaginación.
He dedicado este libro a Carol Pleisher Feldman, mi esposa y colega.
Es algo que no puede sorprender a nadie.
Capítulo 1
EL ESTUDIO APROPIADO
DEL HOMBRE
1
Quiero comenzar adoptando como punto de partida la Revolución
Cognitiva. El objetivo de esta revolución era recuperar la «mente» en las
ciencias humanas después de un prolongado y frío invierno de objetivis-
rno. Pero lo que voy a contar a continuación no es la típica historia del
progreso que avanza siempre hacia adelante'. porque, al menos en mi opi-
nión, actualmente esa revolución se ha desviado hacia problemas que son
marginales en relación con el impulso que originalmente la desencadenó.
De hecho, se ha tecnicalizado de tal manera que incluso ha socavado aquel
impulso original. ~ s t o no quiere decir que haya fracasado: ni mucho
menos, puesto que la ciencia cognitiva se encuentra sin duda entre las
acciones más cotizadas de la bolsa académica. Más bien, puede que se
haya visto desviada por el éxito, un éxito cuyo virtuosismo técnico le ha
costado caro. Algunos críticos sostienen incluso, quizá injustamente, que
la nueva ciencia cognitiva; la criatura nacida de aquella revolución, ha
conseguido sus éxitos técnicos al precio de deshumanizar el concepto mis-
mo de mente que había intentado reinstaurar en la psicología, y que, de
esta forma, ha alejado a buena parte de la psicología de las otras ciencias
humanas y de-lashurnanídades.?
En breve me extenderé más sobre estas cuestiones. Pero, antes de
seguir adelante, quiero explicar cuál es el plan de este capítulo y de los
que vienen a continuación. Una vez echada una mirada retrospectiva a la
revolución, quiero pasar directamente a hacer una exploración preliminar
de una nueva revolución cognitiva, que se basa en un enfoque más inter-
pretativo del conocimiento cuyo centro de interés es la «construcción de
19
20 Actos de significado
significados». Este enfoque ha proliferado durante los últimos años en la
antropología, la lingüística, la filosofía, la teoría literaria, la psicología, y
da la impresión de que en cualquier parte a la que miremos hoy en día.
3
Tengo la sospecha de que este vigoroso crecimiento es un esfuerzo por
recuperar el impulso original de la primera revolución cognitiva. En capí-
tulos posteriores, intentaré desarrollar este esquema preliminar con algu-
nos ejemplos concretos de investigaciones situadas en las fronteras entre la
psicología y sus vecinos de las humanidades y las ciencias sociales, inves-
tigaciones que recuperan aquello a lo que me he referido como el impulso
originario de la revolución cognitiva.
Pero, para empezar, vaya contarles sobre qué creíamos yo y mis ami-
gos que trataba la revolución allá a finales de los años 50. Creíamos que se
trataba de un decidido esfuerzo por instaurar el significado como el con-
cepto fundamental de la psicología; no los estímulos y las respuestas, ni la
conducta observable, ni los impulsos biológicos y su trans-
formación, sino el significado. No era una revol ución contra el conductis-
mo, animada por el propósito de transformarlo en una versión más adecua-
da que permitiese proseguir con la psicología añadiéndole un poco de
mentalismo. Edward Tolman ya 10 había hecho, con escasos resultados."
Era una revolución mucho más profunda que todo eso."Su meta era descu-
brir y describir formalmente los significados que los seres humanos crea-
ban a partir de sus encuentros con el mundo, para luego proponer hipótesis
acerca de los procesos de construcción de significado en que se basaban.
Se centraba en las actividades simbólicas empleadas por los seres huma-
nos para construir y dar sentido no sólo al mundo, sino también a ellos
mismos' Su meta era instar a la psicología a unir fuerzas con sus discipli-
nas hermanas de las humanidades y las ciencias sociales, de carácter inter-
pretativo. Ciertamente, bajosla superficie de la ciencia cognitiva, de orien-
tación más computacional, esto es precisamente 10 que ha ocurrido; al
principio, con lentitud, y ahora cada vez con más ímpetu. Y así, hoy en día
encontramos florecientes centros de psicología cultural, antropología cog-
nitiva e interpretativa, lingüística cognitiva y, sobre todo, una próspera
industria de ámbito mundial que se ocupa, como nunca había sucedido
desde los tiempos de Kant, de la filosofía de la mente y del lenguaje. Pro-
bablemente sea un signo de Jos tiempos el que las dos personas encargadas
de pronunciar las Jerusalem-Harvard Lectures del año 1989-90
fuésemos representantes precisamente de esta tradición: el profesor
Geertz, en el ámbito de la antropología; y yo mismo, en el de la psicología.
El estudio apropíado del hombre 21
La revolución cognitiva, tal y como se coacibió originalmente, venía a
exigir prácticamente qU\( la psicología uniera fuerzas con la antropología y
la lingüística, la filosofía y la historia-incluso con la disciplina del Dere-
cho. No es sorprendente y, desde luego no fue una casualidad, el que en
aquellos primeros años el comité asesor del Centro de Estudios Cognitivos
de Harvard estuviera compuesto por un filósofo, W. V. Quine, un historia-
dor del pensamiento, H. Stuart Hughes, y un lingüista, Roman Jakobson.
O que entre los miembros del Centro hubiera casi tantos filósofos, antro-
pólogos y lingüistas como psicólogos propiamente dichos (entre. otros,
exponentes del nuevo constructivismo como Nelson Goodman). Y por lo
que se refiere al Derecho, tengo que decir que varios miembros distingui-
dos de esa facultad acudían ocasionalmente a nuestros coloquios. Uno de
ellos, Paul Freund, reconoció que acudía por que le parecía que en el Cen-
tro estábamos interesados en cómo afectan las reglas (reglas como las de
la gramática, más que leyes científicas) a la acción humana, y, en resumi-
das cuentas, ese es tanibién el objeto de la jurisprudencia.'
Creo que a estas alturas debería haber quedado totalmente claro que lo
que pretendíamos no era «reformar» el conductismo sino sustituirlo. Como
dijo algunos años después mi colega George Miller: «Colgamos en la
puerta nuestro nuevo credo y esperamos a ver qué pasaba. Todo fue muy
bien; tan bien, en realidad, que puede que en última instancia hayamos
sido víctimas de nuestro propio éxito»."
Podría escribirse un ensayo absorbente sobre la historia intelectual del
último cuarto de siglo intentando averiguar qué sucedió con el impulso
originario de la revolución cognitiva, cómo llegó a fraccionarse y tecnica-
lizarse. Quizá sea mejor que la redacción de la historia completa quede
para los historiadores del pensamiento. Basta con que ahora nos fijemos en
algunos indicadores del camino, los suficientes para que podamos hacer-
nos una idea de cuál era el terreno intelectual sobre el que nos movíamos
todos nosotros. Por ejemplo, algo que sucedió muy temprano fue el cam-
bio de énfasis del «significado H» a la «información», de la construcción
del significado al procesamiento de la información. Estos dos temas son
profundamente diferentes. El factor clave de este cambio fue la adopción
de la computación como metáfora dominante y de la computabilidad como
criterio imprescindible de un buen modelo teórico. La información es indi-
ferente con respecto al significado. Desde el punto de vista computacional,
la información comprende un mensaje que ya ha sido previamente codifi-
cado en el sistema. El significado se asigna a los mensajes con antelación.
22 Actos de signHicadO
No es el resultado del proceso de computación ni tiene nada que ver con
esta última salvo en el sentido arbitrario de asignación.
El procesamiento de la información inscribe los mensajes en una direc-
ción determinada de la memoria o los toma de ella siguiendo las instruc-
ciones de una unidad de control central, o los mantiene temporalmente en
un almacén amortiguador, manipulándolos de formas prescritas: enumera,
ordena, combina o compara la información previamente codificada. El sis-
tema que hace todas estas eosas permanece ciego respecto al hecho de si
lo que se almacena son sonetos de Shakespeare o cifras de una tabla de
números aleatorios. Según la teoría clásica de la información, un mensaje
es informativo si reduce el número de elecciones alternativas. Esto implica
la existencia de un código de elecciones posibles establecidas. Las catego-
rías de la posibilidad y los ejemplos concretos que comprenden se proce-
san de acuerdo con la «sintaxis» del sistema, es decir, de acuerdo con sus
posibles movimientos. De acuerdo con esta disposición, la información
sólo puede tener algo que ver con el significado en el sentido de un diccio-
nario: el de acceder a la información léxica almacenada siguiendo un siste-
ma codificado de direcciones. Hay otras operaciones que guardan algún
parecido con el significado, tales como permutar un conjunto de entradas
con el fin de contrastar los resultados con un criterio determinado, como
sucede en el caso de los anagramas o en el juego del Scrabble. Pero el pro-
cesamiento de información no puede enfrentarse a nada que vaya más allá
de las entradas precisas y arbitrarias que pueden entrar en relaciones espe-
cíficas estrictamente gobernadas por un programa de operaciones elemen-
tales. Un sistema como este no puede hacer nada frente a la vaguedad, la
polisemia o las conexiones metafóricas y connotativas. Cuando parece que
lo hace, es como un mono en el Museo Británico, dando can la solución
del problema mediante la aplicación de demoledor o embar-
cándose en la aventura de aplicar un heurístico arriesgado. El procesa-
miento de información tiene necesidad de planificación previa y reglas
precisas." Excluye preguntas de formación tan anómala como estas:
«¿Cómo está organizado el' mundo en la mente de un fundamentalista islé-
mico?» o «¿En qué se diferencian el concepto del yo de la Grecia homéri-
ca y el del mundo postíndustrial?». Y favorece, en cambio, preguntas de
este tipo: «¿Cuál es la mejor estrategia para proporcionar información de
control a Un operador con el fin de asegurar que mi vehículo se mantenga
en una órbita predeterminada?». Más adelante, tendremos más cosas que-
decir sobre el significado y los procesos que lo crean. Estos procesos están'
El estudio apropiado del hombr9 23
sorprendentemente alejados de 10 que normalmente recibe el nombre de
«procesamiento de información».
Dado que en el mundo postindustrial se estaba produciendo una Revo-
Informativa, no es sorprendente que se produjese esa acentuación.
psícologfa y las sociales en general siempre han sido muy sen-
sibles. veces hipersensibles, a las necesidades de la sociedad que
las acoge. Y SIempre ha SIdo una especie de reflejo intelectual de la psico-
logía académica el redefinir al hombre y su mente a la luz de las nuevas
necesidades y no es sorprendente que, dadas estas condiciones,
se haya producido un cambio de interés correlativo, que ha llevado de la
y el a los ordenadores y la información. Porque, a prin-
cipros de los anos 50, los ordenadores y la teoría computacional se habían
convertido en la metáfora matriz del procesamiento de la información
Dado un número de categorías de significado lo bastante bien formadas
dentro de un dominio determinado como para ser la base de un código de
operación, un ordenador adecuadamente programado habría de ser capaz
de hacer verdaderos prodigios de procesamiento de información con un
conjunto mínimo de operaciones; y este es el reino de los cielos tecnológi-
co. Muy pronto, la computación se convirtió en el modelo de la mente, y
en el lugar ocupaba el concepto de significado se instaló el concepto
de .. Los procesos cognitivos se equipararon con los progra-
mas que podíae ejecutarse en un dispositivo computacional, y nuestros
por esemprender», pongamos por caso, la memoria o la forma-
de conceptos, eran fructíferos en la medida en que éramos capaces de
srmular de forma realista la memorización o la conceptualización humanas
con un programa de ordenadorf Esta línea de pensamiento se vio enorme-
mente auxiliada la idea de Turing de que cualquier pro-
con independencia de lo complejo que fuera. podía
«Imitarse» mediante una Máquina Universal de Turing, mucho más senci-
lla, y que efectuaría sus cálculos con un conjunto finito de operaciones
bas.tante primitivas. Si adoptamos la costumbre de pensar que esos com-
programas son «mentes virtuales» (por tornar prestada la frase de
Daniel Dennet), no tenemos ya más que dar un pequeño pero crucial paso
para acabar que las «mentes reales» y sus procesos, al igual que
las «mentes VIrtuales» y los suyos, podrían «explicarse» de la misma
manera?
reduccionismo proporcionó un programa sorprendentemen-
te hbertano para la ciencia cognitiva que estaba naciendo. Su grado de
24 Aetos de significado
permisividad era tan elevado que incluso los antiguos teóricos del aprendi-
zaje E-R y los investigadores asociacionistas de la memoria pudieron vol-
ver al redil de la revolución cognitiva, en la medida en que envolvieron
sus viejos conceptos con el ropaje proporcionado por los nuevos términos
del procesamiento de la información. No había ninguna necesidad de tra-
pichear con los procesos «mentales» o con el significado. El lugar de los
estímulos y las respuestas estaba ocupado ahora por la entrada (input) y la
salida (output), en tanto que el refuerzo se veía lavado de su tinte afectivo
convirtiéndose en un elemento de control que retroalimentaba al sistema,
haciéndole llegar información sobre el resultado de las operaciones efec-
tuadas. En la medida en que hubiese un programa computable, había
«mente».
Al principio, esta especie de retruécano de la mente no pareció provo-
car el tradicional pánico antimentalista entre unos conductistas aparente-
mente conversos. A su debido tiempo, sin embargo, comenzaron a resur-'
gir nuevas versiones de antiguas controversias ya clásicas y familiares,
especialmente en relación con las discusiones sobre la denominada
«arquitectura del conocimiento»: el problema de si esta debe ser concebi-
da como un conjunto de estructuras de reglas jerárquicamente organiza-
das, como las de la gramática, mediante las cuales se acepta, se rechaza o
se combina la entrada de información, o si, más bien, debería concebirse
como una red conexionista organizada de abajo a arriba cuyo control se
encuentra completamente distribuido, como en los modelos PDP (Proce-
samiento Distribuido en Paralelo), modelos muy parecidos a la antigua
doctrina asociacionista pero a la que se habría sustraído la síntesis creati-
va de Herbart. La primera opción simulaba la tradición psicológica racio-
nalista-mentalista o de arriba a abajo, yendo y viniendo (on toda facilidad
entre las mentes «reales» y las «virtuales»; la segunda ela una nueva ver-
sión de aquellas posturas de las que Gordon Allport se mofaba en sus
charlas tachándolas de «empirismo baldío». El computacionalismo de la
Costa Este de Estados Unidos trabajaba con términos mentalistas. como
«reglas», «gramáticas» y cosas por el estilo. Los de la Costa Oeste no
querían tener nada que ver con este mentalismo simulado. El campo de
batalla no tardó mucho en empezar a presentar un aire cada vez más tradi-
cional y familiar, aunque los vehículos que lo recoman eran mucho más
veloces y gozaban de un número de caballos de potencia formalista,
mucho mayor. Pero el hecho de si sus maniobras tenían algo que ver con'
la mente o sólo con la teoría de la computación siguió siendo una cuestión
El estudio apropiado del hombre 25
que ambas partes consideraban infinitamente posponible. A quienes se
atrevían a formular la pregunta se les aseguraba que el tiempo diría si,
como reza el dicho anglosajón, con-la oreja de un cerdo se"podía o no
hacer un bolso de seda. lO
Era inevitable que, siendo la computacion la metáfora de la nueva
ciencia cognitiva y la computabilidad el criterio necesario, aunque no sufi-
ciente, de la funcionalidad de una teoría en la nueva ciencia, se produjese
un resurgimiento del antiguo malestar respecto al mentalismo. Con la
mente equiparada a un programa, ¿cuál sería el status de los estados roen.
tales (estados mentales a la vieja usanza, identificables no por sus caracte-
rísticas programáticas en un sistema computacional, sino por su vitola sub-
jetiva)? En estos sistemas no había sitio para la «mente» (emente» en el
sentldó de estados intencionales como creer, desear, pretender, captar un
significado). No tardó mucho en alzarse la voz que pedía la erradicación
de estos estados intencionales dentro de la nueva ciencia. Y probablemen-
te no hay ningún libro publicado, ni siquiera en el apogeo de los primeros
tiempos del conductismo, que pueda igualar el celo antimentalista de From
Folk Psychology to Cognitive Science [De la psicología popular a la cien-
cia cognitivaJ de Stephen Srích.!! Ciertamente no faltaron esfuerzos diplo-
máticos para hacer las paces entre los viejos y quisquillosos cognitivistas
de corte mentalista y los flamantes antimentalistas. Pero todos estos inten-
tos se reducían, o a seguir la corriente a los mentalistas o a intentar engatu-
sarlos. Por ejemplo, Dennett propuso que lo que había que hacer era sim-
plemente actuar como si la gente tuviera estados intencionales que les
hicieran comportarse de determinadas maneras; más adelante, descubriría-
mos que no necesitamos esas nociones tan imprecisas.U Paul Churchland' .
admitió a regañadientes que, aunque era un problema interesante el por
qué la gente se aferra a ese mentalismo erróneo y simple, la cuestión es
que esto era algo que había que explicar, y no algo que había que dar por
supuesto. Quizá, como decía Churchland, la psicología popular parece
describir cómo suceden realmente las cosas, pero ¿cómo podrían una creen-
cia un deseo o una actitud ser causa de alto en el mundo físico, es decir.
en el mundo de la compuractonf!' La mente, en sentido subjetivo, era o un
epi fenómeno que surgía del sistema computacional bajo determinadas
condiciones, en cuyo caso no podía ser causa de nada, o no era más que
una manera en que la gente hablaba sobre la conducta después. de haber
ocurrido (es decir, otra salida del sistema), en cuyo caso era una conducta
más, que simplemente necesitaba un grado mayor de análisis lingüístico.
26 Actos d!t significado
y, por supuesto, no voy a dejar de hacer mención del natívismo de Jq:ry
Fodor: la mente también podría ser un subproducto de procesos innatos
incorporados en el sistema, en cuyo caso sería un efecto más que una cau-
sa.!"
El renovado ataque a los estados mentales y la intencionalidad venía
acompañado.de un ataque parecido al concepto de agentívidad. Los cientí-
ficos cognitivos, en general, no tienen nada que objetar a la idea de que la
conducta está dirigida, incluso dirigida a metas. Si la direccionalidad está
gobernada por los resultados de computar la utilidad de resultados altema-
tivos, ésta resulta perfectamente admisible y, de hecho, constituye incluso
la pieza maestra de la «seoría de la elección racional». Pero la ciencia cog-
nitiva, en su nueva modalidad, a pesar de la hospitalidad que exhibe hacia
la conducta dirigida a metas, se muestra aún cautelosa respecto al concep-
.ro de agentividad. Porque la «agentívidad» supone la conducta de la
acción bajo el dominio de estados intencionales. De manera que, actual-
mente..la acción basada en creencias, deseos o compromisos morales -a
menos que sea puramente estipulativa en el sentido de Dennett- es consi-
derada por los científicos cognitivos bienpensantes como algo que hay que
evitar a toda costa. Es algo así como el libre albedrío para los determinis-
tas.t
5
No faltaron arrojados guerrilleros que se rebelaron contra el nuevo
antiintencionalismo, como los filósofos John Searle y Charles Taylor, o el
psicólogo Kenneth Gergen, o el antropólogo Clifford Geertz, pero sus pun-
tos de vista fueron marginados por el grupo mayoritario de científicos ads-
critos al computacionalismo.!''
Me doy perfecta cuenta de que posiblemente estoy dando una imagen
exagerada de 10 que sucedió con la revolución cognitiva cuando se vio
subordinada al ideal de la computabilidad en el edificio de la ciencii cog-
nitiva. He notado que, cuando un científico cognitivo ortodoxo utiliza la
expresión «Inteligencia Artificial» (aunque sea sólo una vez), casi siempre
añade en mayúsculas las iniciales IA entre paréntesis: «(IA)>>. Me parece
que este acto de abreviación puede indicar dos cosas. La forma abreviada
podría ser la reducción que prescribe la ley de Zipf según la cual el tama-
ño de una palabra o una expresión es inversamente proporcional a su fre-
cuencía -c-como en el caso de «televisión» que acaba por abreviarse en
«TV»--, lo cual indicaría que la abreviatura «(IA)>> es una forma de cele-
brar una ubicuidad y difusión de mercado similares en ambos productos.
Lo que proclaman con orgullo las iniciales lA es que son aplicables a
todos los artefactos mentaloídes, incluso a la mente misma, si considera-
El estudio apropiado del hombre 27
mos que esta no es más que otro artefacto, yriartefacto que responde a las
leyes de la computación. 'Pero, por otra yarte, la abreviatura puede ser un
signo de vergüenza: ya sea porque hay un aura de obscenidad en el hecho
de artificializar algo tan natural como la inteligencia (en Irlanda, dicho sea
de paso, lA es la pudorosa abreviatura de Inseminación Artificial), o por-
que lA es una forma de abreviar una expresión que, en versión
podría parecer un oxímoron (la viveza de la inteligencia unida a la languí-
dez de la artificialidad). El orgullo de la ley de Zipf y la vergüenza del
ocultamiento son, ambos, merecidos. No cabe ninguna duda de que la
ciencia cognitiva ha contribuido a nuestra comprensión de cómo se hace
circular la infonnación y cómo se procesa. Como tampoco le puede caber
duda alguna a nadie que se lo piense detenidamente de que en su mayor
parte ha dejado sin explicar precisamente los problemas fundamentales
que inspiraron originalmente la revolución cognitiva, e incluso ha llegado
a oscurecerlos un poco. Por eso, vamos a volver a la cuestión de
puede construirse una ciencia de lo mental en tomo al concepto de signifi-
cado y los procesos mediante los cuales se crean y se negocian los signifi-
cados dentro de una comunidad
11
Comencemos por el concepto mismo de cultura, especialmente su
papel constitutivo. Lo que era obvio desde el primer momento era quizá
demasiado obvio para ser apreciado en su totalidad, al menos por nosotros,
los psicólogos, que tenemos el hábito y la tradición de pensar
de vista más bien individualistas.rLos sistemas simbólicos que los indivi-
duos utilizaban al construir el significado eran sistemas que estaban ya en
su sitio. que estaban ya «allí», profundamente arraigados en el lenguaje y
la cultura. Constituían un tipo muy especial de juego de herramientas
comunal, cuyos utensilios, una vez utilizados, hacían del usuario un reflejo
de la comunidad. Los psicólogos nos concentrábamos en estudiar cómo
«adquirían» los individuos estos sistemas, cómo los hacían suyos, más o
menos igual que podríamos preguntamos cómo adquirían los organismos
en general sus adaptaciones especializadas al entorno natural. Incluso nos
sentíamos interesados (una vez más, de forma individualista) por la dispo-
sición innata y específica del hombre para el lenguaje.' Pero con pocas
excepciones, entre las que hay que destacar a Vygotsky, no prestamos
28 Actos de significado
atención al impacto que la utilización del lenguaje tenía sobre la naturale-
za del hombre como especie.!"
Tardamos mucho en damos cuenta plenamente de lo que la aparición
de la cultura significaba para la adaptación y el funcionamiento del ser
humano. No se trataba sólo del aumento de tamaño y potencia de nuestro
cerebro, ni de la bipedestación y la liberación de las manos. Estos no eran
más que pasos morfológicos de la evolución que no habrían tenido dema-
siada importancia si no fuera por la aparición simultánea de sistemas sim-
bélicos compartidos, de formas tradicionales de vivir y trabajar juntos; en
una palabra, de la cultura bumanaj Sl Rubicón de la evolucion humana se
cruzó cuando la cultura se convirtió en el factor principal a la hora de con-
formar las mentes de quienes vivían bajo su férula. Como producto de la
historia más que de la naturaleza, la cultura se había convertido en el mun-
do al que teníamos que adaptamos y en el juego de herramientas que nos
permitía hacerlo. Una vez cruzada la línea divisoria, ya no podía hablarse
de una mente «natural» que se limitaba a adquirir el lenguaje como un
accesorio. Ni podía hablarse de la cultura como afinadora o moduladora de
las necesidades biológicas. Como diceClifford Geertz, sin el papel consti-
tutivo de la cultura somos «monstruosidades imposibles... animales incom-
pletos, sin terminar, que nos completamos o terminamos a través de la cul-
tura».18
Estas conclusiones son actualmente banales en la antropología, pero no
en la psicología! Hay tres buenas razones para mencionarlas ahora, al prin-
cipio mismo de nuestra exposición. La primera es una cuestión metodoló-
gica de hondo calado: el argumento constitutivo., La participación del
hombre en la cultura y la realización de sus potencialidades mentales a
través de la cultura hacen que sea imposible construir la psicología huma-
na basándonos sólo en el indivíduo.Xomo mi colega de hace tantos años,
Clyde Kluckhohn, decía con insistencia, los seres humanos no terminan en
su propia piel; son expresión de la cultura. Considerar el mundo como un
flujo indiferente de información que es procesada por individuos, cada uno
actuando a su manera, supone perder de vista cómo se forman los indivi-
duos y cómo funcionan. O, por citar de nuevo a Geertz, «no existe una
;
naturaleza humana independiente de la culturae.J?
La segunda razón es consecuencia de lo que acabamos de decir, y no
menos convincente/Dado que la psicología se encuentra tan inmersa en
la cultura, debe estar organizada en torno a esos procesos de construc-
ción y utilización del significado que conectan al hombre con la cultura.
El estudio apropiado del hombre 29
Esto no nos conduce a un mayor~ r a d o ¿bjetividad en la psicología;·
es exactamente todo lo contrario. En virtud de nuestra participación en fa
cultura, el significado se hace público y compartido. Nuestra forma de
vida, adaptada culturalmente, depende de significados y concepros com-
partidos, y depende también de formas de discurso compartidas que sir-
ven para negociar las diferencias de significado e interpretación. Como
intentaré describir en el capítulo tercero, el niño no entra en la vida de su
grupo mediante la ejercitación privada y autista de procesos primarios,
sino como participante en un proceso público más amplio en el que se
negocian significados públicos. y, en este proceso, 'los significados no le
sirven de nada a menos que consiga compartirlos con los demás: Incluso
fenómenos aparentemente tan privados como los «secretos» (que tam-
bién son en sí mismos una categoría cultural mente definida), una vez
revelados, resultan ser públicamente interpretables e incluso banales;
exactamente igual de estructurados que cuestiones admitidas abiertamen-
te. Existen incluso procedimientos normalizados para «presentar excu-
sas» por nuestra excepcionalidad, cuando los significados que pretenden
nuestros actos resultan oscuros, formas típicas de hacer público el signi-
ficado relegitimando de esta forma lo que pretendemos.é" Por ambiguo o
polisémico que sea nuestro discurso, seguimos siendo capaces de llevar
nuestros significados al dominio público y negociarlos en él. Es decir,
vivimos públicamente mediante significados públicos y mediante proce-
dimientos de interpretación y negociación compartidos. La interpreta-
ción, por «densa» que llegue a ser, debe ser públicamente accesible, o la
cultura caerá en la desorganización y sus miembros individuales con
ella.
L ~ tercera razón por la que la cultura ha de ser un concepto fundamen-
tal de la psicología radica en el poder de lo que voy a denominar Folk psy-
chology (epsicoíogía popular».) La psicología popular, a la que está dedi-
cada el segundo capítulo de este libro, es la explicación que da la cultura
de qué es lo que hace que los seres humanos funcionen. Consta de una teo-
ría de la mente, la propia y la de los demás, una teoría de la motivación, y
todo lo demás. Debería llamarla «etnopsicología» por el paralelismo ter-
minológico con expresiones como «etnobotémca», «etnofarmacologfa» y
esas otras disciplinas indígenas que terminan por ser desplazadas por el
conocimiento científico. Pero la psicología popular, aunque cambie, nunca
se ve sustituida por paradigmas científicos. Y ello se debe a que la psicolo-
gía popular se ocupa de la naturaleza, causas y consecuencias de aquellos,
,
30 Actos de significado
estados intencionales -c-creencias. deseos, intenciones, compromisos-e
despreciados por el grueso de la psicología científica en su esfuerzo por
explicar la acción del hombre desde un punto de vista que esté fuera de la
subjetividad humana, lo que Thomas Nagel denominaba, en feliz expre-
sión, «el punto de vista de ninguna parte».21 De manera que la psicología
popular sigue dominando las transacciones de la vida cotidiana. Y aunque
experimente cambios, se resiste a ser domesticada y pasar al ámbito de la
objetividad. Porque se encuentra enraizada en un lenguaje y una estructura
conceptual compartida que están impregnados de estados conceptuales: de
creeencias, deseos y compromisos. "Y, como es reflejo de la cultura, parti-
cipa tanto en la manera que la cultura tiene de valorar las cosas como en
su manera de conocerlas. De hecho, tiene que hacerlo así, porque las insti-
tuciones culturales orientadas normativamente ley-es, las institucio-
nes educativas, las estructuras familiares-e- sirven para inculcar la psicolo-
gía popular. Ciertamente, la psicología popular, a su vez, sirve para
justificar esa inculcación. Pero esta es una historia de la que nos ocupare-.
mas más adelante.
La psicología popular no es inmutable. Varía al tiempo que cambian
las respuestas que la cultura da al mundo y a las personas que se encuen-
tran en él. Merece la pena plantearse la pregunta de cómo los puntos de
vista de héroes intelectuales como Darwin, Marx y Freud se van transfor-
mando gradualmente y terminan por ser absorbidos por la psicología
popular, y digo esto para dejar claro que (como veremos en el último capí-
tulo) tía psicología cultural resulta a menudo indistinguible de la historia
cultural.
La furia antimentalista contra la psicología popular sencillamente
yerra el blanco. La idea de desprendernos de ella, como quien suelta las-
tre en aras de liberarnos de los estados mentales en nuestras explicaciones ,
cotidianas de la conducta humana equivale a tirar a la basura los fenóme-
nos mismos que la psicología necesita explicar. Nos a
nosotros mismos y a los demás mediante categorías de la: psicología popu-
lar. Es a través de la psicología popular como Ia se anticipa y juzga
mutuamente, extrae conclusiones sobre si su vida merece o no la pena,
etc. etc. Su poder sobre el funcionamiento mental del hombre y la vida
humana radica en que proporcicea el medio mismo mediante el cual la
cultura conforma a los seres humanos de acuerdo con sus requerimientos.
Al fin y al cabo, la psicología científica forma parte de ese mismo proceso
cultural, y su postura hacia la psicología popular tiene consecuencias para
la cultura en que existe, cuestión esta de la que vamos a ocuparnos a con.
tinuación.
III
Pero estoy yendo demasiado lejos y demasiado rápido, y estoy pasan-
do atropelladamente sobre los reparos que suelen hacer que los científicos
de la conducta eludan una psicología centrada en el significado, orientada
culruralmente. Sospecho que se trata de los mismos reparos que facilitaron
el que la Revolución Cognitiva eludiese algunas de sus metas originales.
Estos reparos se refieren fundamentalmente a dos cuestiones, que son,
ambas, «cuestiones fundamentales» de la psicología científica. El primero
tiene que ver con la restricción y depuración de los estados subjetivos, no
tanto como datos de la psicología, ya que el operacionalismo nos permite
aceptarlos, por ejemplo, como «respuestas discriminativas», sino como
conceptos explicativos. Y, ciertamente, lo que acabo de decir acerca del
papel mediador del significado y de la cultura y su encarnación en la psi-
cología popular parece cometer el «pecado» de elevar la subjetividad a un
status explicativo. Los psicólogos nacimos en el positivismo y no nos gus-
tan fas nociones relativas a estados intencionales, tales como la creencia,
el deseo o las intenciones, como explicaciones. El otro reparo se refiere al
relativismo y el papel de los universales. Una psicología basada en la cul-
tura suena corno si inevitablemente tuviera que atascarse en el cenagal del
relativismo precisando una teoría psicológica distinta para cada cultura que
estudiemos. Voy a ocuparme de cada uno de estos dos reparos por tumo.
En mi opinión, buena parte de la desconfianza que provoca el subjeti-
vismo de nuestros conceptos explicativos tiene gue ver con la supuesta
discrepancia que existe entre lo que las personas dicen y lo que hacen de
verdad. Una psicología sensible a la cultura (especialmente si otorga un
papel fundamental a la psicología popular como factor mediador) está 'y
debe estar basada no sólo en lo que hace I¡l gente, sino también en lo que
dicen que hacen, y en lo que dicen que los llevó a hacer lo que hicieron,
También se oCUJ>a de lo que la gente dice que han hecho los otros y por
qué. Y, porencima de todo, se ocupa de cómo dice la gente que es su mun-
do. Desde el rechazo de la introspección canto método fundamental de la
psicología, hemos aprendido a considerar que esos «relatos verbales» no
son de fiar; incluso que, de alguna extraña manera filosófica, no son ver-
32 Actos de significadO
dad. Nuestra preocupación por los criterios verificaci?nistas del significa-
do como ha señalado Richard Rorty, nos ha convertido en devotos la
como criterio de la «buena» ciencia, la 'pSICO-
logía».22 Por consiguiente, juzgamos lo que la gente dice s,obre y
sobre su mundo, o sobre los demás y sus mundos respectivos, en función
casi exclusivamente de si predice o proporciona una explicación verifica-
ble de lo que hace, ha hecho o hará, Si no es así, entonces, con ferocidad
filosófica «humeana», tratamos 10 que se ha dicho como «nada más que
eITOr e ilusíon.s O quizá lo consideramos como un mero «síntoma» que,
adecuadamente interpretado, nos llevará a la verdadera «causa» de la con-
ducta cuya predicción era nuestro legítitr,1O objetiv? . .
Incluso Freud con su devoción ocasional a la Idea de «realidad psíqui-
ca», alimentó esta actitud mental, ya que, como tan agudamente dice Paul
Ricoeur Freud se adhería a veces a un modelo fisicalista del siglo XIX
que fruncía el ceño ante explicaciones que diesen cabida estados inten-
'cionales.P Por consiguiente, forma parte de nuestra herencía de modernos
hombres y mujeres postfreudianos el oponer una mueca de desdén a 10 que
dice la gente. Eso no es más que contenido manifiesto. Las causas reales
puede que ni siquiera sean accesibles a nuestra conciencia corriente. Lo
sabemos todo sobre la defensa del yo y la racionalización. Y, en cuanto a
nuestro Yo, sabemos que es un síntoma de compromiso que a partir
de la interacción entre la inhibición y la ansiedad, una formación que; para
ser conocida, ha de ser excavada arqueológicamente con las herramientas
del psicoanálisis.
O, en términos más contemporáneos, como muestran Lee Ross y
Richard Nisbett en sus minuciosos estudios, es obvio que la gente no es
capaz de describir correctamente ni la base de sus elecciones ni los
que afectan a la distribución de esas Y si necesanas
pruebas aún más contundentes de esta generalización, podrían
en el trabajo de Amos Tversky y Daniel Kahneman que, por Cierto, Citan
como antecedente de su trabajo un conocido-libro de Bruner, Goodnow y
Austin.
25
La acusación de que «lo que la gente dice no es necesariamente lo que
hace» lleva consigo una curiosa implicación. Esta es que lo que la gente
hace es más importante, más «real», que lo que dice, o último
sólo es importante por lo que pueda revelarnos sobre lo pnmero. Es como
si el psicólogo quisiera lavarse totalmente las manos a los estados
mentales y su organización, como si afirmásemos que, al fin y al cabo,
El estu.dio apropiado del hombre 33
«decir» es algo que versa sólo sobre lo que uno piensa, siente, cree o expe-
rimenta. Es curioso que haya tan pocos estudios que vayan en la dirección
opuesta: ver cómo lo Que uno hace Jevela lo que piensa, siente o cree.
Todo ello a pesar del hecho de que.erirestra psicología popular es tan atrae-
tivamente rica en categorías tales como «hipocresía», «insinceridad», y
otras por el estilo.
Esta acentuación sesgada de la psicología científica ciertamente no
deja de ser curiosa a la luz de nuestras formas cotidianas de enfrentarnos a
la relación entre decir y hacer. Para empezar, cuando alguien actúa de una
manera ofensiva, lo primero que hacemos para enfrentarnos a esta situa-
ción es averiguar si lo que parece que ha hecho es lo que pretendía hacer
realmente; es decir, intentamos enterarnos de si su estado mental (tal y
como se pone de manifiesto por lo que nos dice) está o no de acuerdo con
sus obras (tal y como se ponen de manifiesto en lo que ha hecho). Y
persona nos dice que lo ha hecho sin querer, la exoneramos de culpa. En
cambio, si el acto ofensivo fue a propósito, podemos intentar «razonar con
ella», es decir, «hablarle para que 'deje de comportarse de esa manera». O
quizá esa persona puede intentar persuadirnos de que no hay razón para
que nos disgustemos por su acción «presentándonos excusas», que es una
forma verbal de explicar que su conducta está exenta de culpa y, por consi-
guiente, de legitimarla. Cuando una persona insiste en mostrarse ofensiva
hacia un número suficientemente grande de gente, puede que alguien
intente incluso convencerla para que vaya a un psiquiatra, que, mediante
una terapia oral, intentará enderezar su conducta.
No cabe duda de que el significado que los participantes en una inte-
racción cotidiana atribuyen a la mayor parte de los actos depende de lo
que se dicen mutuamente antes, durante o después de actuar; o de lo que
son capaces de presuponer acerca de lo que el otro habría dicho en un
contexto determinado} Todo esto es obvio, no sólo en el nivel del diálogo
informal sino también en el nivel de un diálogo formal privilegiado como,
por ejemplo, los diálogos codificados del sistema legal. Las leyes contrac-
tuales versan enteramente sobre la relación entre lo que se hace y lo que se
dijo. Lo mismo sucede, en un nivel menos formal, con las conductas de
matrimonio, parentesco, amistad y compañerismo.
El fenómeno se da en las dos direcciones, El significado de la palabra
se encuentra poderosamente determinado por el tren de acción en que ocu-
rre (ejsonrfa al h\blar!»), exactamente igual que el significado de la acción
sólo puede interpretarse en función de lo que los actores dicen quepreten-
34 Actos de significado
den lCdecir «lo siento» al empujar accidentalmente a alguien). Al fin y al
cabo, se acaba de cumplir un cuarto de siglo desde la publicación de la
teoría de los actos de habla de John Austin.
26
La única respuesta posible a
aquellos que quieren concentrarse en si lo que la gente dice sirve o no para
pretlecir lo que va a hacer es que separar ambas cosas de esa manera es
hacer mala filosofía, mala antropología, mala psicología y un derecho qui-
méricor 'Decir y hacer constituyen una unidad funcionalmente inseparable
-en una psicología orientada culturalmentel Cuando, en el siguiente capítu-
lo, entremos a discutir algunas de las «máximas operativas» de la psicolo-
gía popular, esta reflexión resultará crucial.
rLa psicología orientada culturalmente ni desprecia lo que la gente dice
sobre sus estados mentales, ni trata lo que dicen sólo como si fueran indi-
cios predictivos de su conducta visible, El supuesto fundamental de este
tipo de psicología es, más bien, que la relación entre lo que se hace y lo
que se dice es, en el proceder nonnal de la vida, interpretable.Esta psico-
logía adopta la postura de que existe una congruencia públicamente inter-
pretable entre decir, hacer y las circunstancias. en que ocurren lo que s ~
dice y lo que se hace. Es decir, existen setacíones canónicas establecidas
por mutuo acuerdo entre el significado de lo que decimos y lo que hace-
mos en determinadas circunstancias, y esas relaciones gobiernan cómo
conducimos nuestras vidas unos con otros. Existen, además, procedimien-
tos de negociación para desandar el camino cuando esas relaciones canó-
nicas son violadas. Esto es lo que hace que la interpretación y el significa-
do sean fundamentales en la psicología cultural, o en cualquier psicología
o ciencia de lo mental, si a eso vamos.
'La psicología cultural, casi por definición, no se puede preocupar de la
«conducta» sino de la «acción», que es su equivalente intencional; y, más
concretamente, se preocupa de la acción situada (situada en un escenario
cultural y en 19s estados intencionales mutuamente interactuantes de los
participantes):' Lo que no.signiflca que la psicología cultural tenga que
prescindir definitivamente de los experimentos de laboratorio o de la bús-
queda de los universales hunianos, cuestión de la que nos vamos a ocupar
a continuación.
El estudio apropiado del hombm 3&
IV
He propugnado que la psicología deje de intentar «liberarse del signifi-
cado» en su sistema de explicación. Las personas y las culturas que son su
objeto de estudio están gobernadas por significados y valores compartidos.
La gente consagra su vida a su búsqueda y realización, muere por ellos.' Se
ha dicho que la psicología debe «liberarse de la cultura» si aspira a descu-
brir algún día un conjunto de universales humanos trascendentales, .aun
cuando esos universales estén acotados por precisiones relativas a varia-
ciones «transculturalee-P? Voy a sugerir una manera de concebir los uni->
versales humanos que es coherente con la psicología cultural y que, sin
embargo, elude tanto las indeterminaciones del relativismo como las tri-
vialidades de la psicología transculruralzLa psicología cultural no puede
reducirse a una psicología transcultural que proporcione unos cuantos
parámetros que permitan explicar la aparición de variaciones locales en las
leyes universales de la conducta. Ni, como vamos a ver ahora mismo, nos
condena a la elasticidad acomodaticia del relativismo.
La solución del problema de los universales radica en denunciar una
falacia, ampliamente difundida.y bastante anticuada, heredada del siglo
XIX por las ciencias humanas, que hace referencia a la relación entre bio-
logía y cultura. De acuerdo con esta idea, la cultura vendría a ser una espe-
cie de «capa superpuesta» sobre la naturaleza humana, que estaría deter-
minada biológicamente. Se daba por supuesto que las causas de la
conducta humana radicaban en ese sustrato biológico. En cambio, lo que
yo me propongo sostener es que las verdaderas causas de la acción huma-
na son la cultura y la búsqueda del significado dentro de la cultura, El sus-
trato biológico, los denominados «universales de la naturaleza humana»,
no es una causa de la acción sino, como mucho, una restricción o una con-
dición de ella. De la misma manera que el motor no es la «causa» por la
que vamos en coche al supermercado para hacer la compra del fin de
semana, nuestro sistema reproductor biológico no es la «causa» que, casi
infaliblemente, hace que nos casemos con alguien de nuestra propia clase
social, nuestro mismo grupo étnico, etc. Admitiendo, por supuesto, que sin
el motor no podríamos desplazarnos en coche hasta el supermercado y
que, quizá, tampoco habría matrimonios en ausencia de un sistema repro-
ductor.
Pero la palabra «restricción» es una manera demasiado negativa de
abordar la cuestión. Las limitaciones de origen biológico que operan
38 Actos de significado
sobre el funcionamiento humano son también retos a la invención cultu-
Tal. Las herramientas de cualquier cultura pueden describirse como un
conjunto de prótesis mediante las cuales los seres humanos pueden supe-
rar, e incluso redefinir, los «límites naturales» del funcionamiento huma-
no. Las herramientas humanas son precisamente de este género, tanto las
tangibles como las inmateriales. Por ejemplo, existe una limitación bioló-
gica que afecta a la memoria inmediata, el famoso «número siete más o
menos dos» de George Miller.
28
Pero los seres humanos hemos construi-
do dispositivos simbólicos para superar esta limitación: sistemas de codi-
ficación como los números octales, procedimientos mnemotécnicos o tru-
cos lingüísticos. Recuérdese que la idea más importante que defendía
Miller en aquel artículo que marcó un hito era que, reconvirtiendo la
información mediante esos sistemas de codificación, como seres huma-
nos dotados de cultura, estábamos capacitados para enfrentarnos a siete
«porciones» variables [chunks] de información en lugar de a siete «unida-
des» mínimas [bits]. Nuestro conocimiento, por consiguiente, se convier-
te en conocimiento aculturado, que no puede definirse como no sea
mediante un sistema de notación basado culturalmente. Mientras tanto,
hemos conseguido soltar las amarras originales establecidas por la deno-
minada biología de la memoria. La biología pone límites, pero no por
-srempre jamás.
O fijémonos en los denominados «motivos humanos naturales». Sería
del género tonto negar que a la gente le entra hambre o se excita sexual-
mente, o que hay un sustrato biológico sobre el que se asientan esos esta-
dos. Pero el compromiso de los judíos devotos de ayunar durante el Yom
Kippur, o el de los musulmanes creyentes de respetar el Ramadán, escapa
totalmente a cualquier disertación sobre la fisiología del hambre. Y el tabú
del incesto posee un poder y una capacidad prescriptiva que no se encuen-
tran en las gonadotropínas. Ni el compromiso cultural de consumir ciertas
comidas o comer en determinadas ocasiones puede reducirse a un proceso
de «conversión» de impulsos biológicos en preferencias psicológicas.
Nuestros deseos y las acciones que realizamos en su nombre están media-
dos por medios simbólicos. Como dice Charles Taylor .en su último y
espléndido libro, Sources of the Self, un compromiso no es simplemente
una preferencia. Es una creencia, una «ontología», como dice él, de acuer-
do con la cual run determinado modo de vida merece nuestro apoyo, aun
cuando nos resulte difícil vivir de acuerdo con él. Nuestras vidas, como
veremos en el Capítulo 4, se entregan a encontrar la mayor realización
El estudio apropiado del hombre :n
posible dentro de esas formas de vida, llegando a sufrir por ello si es nece-
sano.
Obviamente, también hay limitaciones que afectan al compromiso con
una forma de vida que son más biológicas que culturales. El agotamiento
físico, el hambre, la enfermedad y el dolor pueden quebrar nuestras cone-
xiones o truncar su crecimiento, Elaine Scarry señala en su emocionante
libro The body in pain que el poder del dolor (como en los casos de tortu-
ra) reside en que destruye nuestra conexión con el mundo personal y cultu-
ral, borrando el contexto significativo que da sentido a nuestras esperanzas
y anhelos.P El dolor reduce la conciencia humana hasta el punto de que,
como bien saben los torturadores, el hombre se convierte prácticamente en
una bestia. Y aun así, el dolor no siempre triunfa, tan poderosos son los
vínculos que nos unen a esos significados que dan sentido a la vida. La
espantosa bestialización del holocausto con sus campos de la muerte esta-
ba planificada para. deshumanizar tanto como para matar, yeso fue 10 que
la convirtió en el momento más tenebroso de la historia humana. Los hom-
bres se habían matado antes, aunque nunca a esa escala y con tal nivel de
burocratización. Pero nunca se había producido un esfuerzo concertado
comparable con el fin de deshumanizar mediante el sufrimiento, el dolor y
la humillación intolerable.
Es un mérito que hay que atribuir a Wilhelm Dilthey y su Geisteswis-
senschaft, su ciencia del hombre basada en la cultura, el que reconociese el
poder de la cultura para formar y guiar a una especie nueva, en perpetuo
cambio.é'' Yo deseo alinearme con sus aspiraciones. ~ que quiero demos-
trar en este libro es que son la cultura y la búsqueda del significado las que
constituyen la mano moldeadora, en tanto que la biología es la que impone'
limitaciones, pero que, como hemos visto, la cultura tiene incluso el poder
de ablandar esas limitaciones.
Pero, para que esto no parezca el prefacio a una nueva forma de opti-
mismo sobre el género humano y su futuro, me voy a permitir decir algo
más antes de pasar a ocuparme, como he prometido, de la cuestión del
relativismo. A pesar de toda la creatividad de su inventiva, la cultura
humana no es necesariamente benigna ni se caracteriza por su extrema
maleabilidad en respuesta a los problemas. Todavía escostumbre, a la
manera de las antiguas tradiciones, echar laculpa de los fracasos de la cul-
tura humana a la «naturaleza humana», ya sea en forma de instintos, de
pecado original o de cualquier otra cosa. Hasta Freud, a pesar de su pene-
trante olfato para la insensatez humana, cayó a menudo en esta trampa,
38 Actos de significado
sobre todo en su doctrina del instinto. Pero no cabe la menor duda de que
se trata de una forma conveniente y autocompasiva de disculparse. ¿Pode-
mos realmente invocar nuestra herencia biológica para justificar, ponga-
mos por caso, la agresiva burocratización de la vida que se produce en
nuestros días, con la consiguiente erosión de nuestro sentido de la identi-
dad y la compasión? Invocar a diablos biológicos o a «Pedro Botero» es
eludir nuestra responsabilidad por algo que hemos creado nosotros mis-
mos.A pesar de nuestro poder para construir culturas simbólicas y estable-
cer las fuerzas institucionales necesarias para su ejecución, no parece que
seamos muy expertos en enderezar el rumbo de nuestras creaciones hacia
las metas que manifestamos desear. Haríamos mejor en cuestionar nuestra
capacidad de construcción y reconstrucción de formas comunales de vida
que invocar las deficiencias del genoma humano. Lo cual no quiere decir
que las formas comunales de vida sean fáciles de cambiar, aun en ausencia
de limitaciones biológicas; se trata sólo de dirigir nuestra atención al lugar
adecuado, no sobre nuestras limitaciones biológicas sino sobre nuestra
inventiva cultural.
v
y esto nos lleva inevitablemente al problema del relativismo. ¿Porque
qué queremos decir cuando afirmamos que no estamos demasiado «capa-
citados» o no somos demasiado «ingeniosos» en la construcción de nues-
leos mundos sociales? ¿Quién hace ese juicio y de acuerdo con qué nor-
mas? Si la cultura da forma a la mente, y si las mentes hacen esos juicios
de valor, ¿no nos vemos abocados a quedar encerrados en un relativismo
sin escapatoria posible? Sería mejor que examinásemos lo que esto puede
significar. Lo que debe preocuparnos en primer lugar es el lado epistemo-
lógico del relativismo más que el evaluativo. ¿Lo que conocemos es
«absoluto» o es siempre relativo a alguna perspectiva, a algún punto de
vista? ¿Existe una «realidad aborigen» o, como decía Nelson Goodman, la
realidad es una construcción'P! La mayoría de los intelectuales optaría
hoy en día por alguna postura medianamente perspectivista. Pero muy
pocos están en condiciones de abandonar completamente la noción de que
existe una realidad aborigen singular. Carol Feldman ha llegado a sugerir
un posible universal humano cuya tesis principal es que dotamos a las con-
clusiones de nuestros cálculos cognitivos de un estatus ontológico espe-
B estudio apropiado del hombre 39
cial, externo a nosotros mismos.V Nuestros pensamientos están, como si
dijéramos, «aquí dentro». Nuestras conclusiones están «allá afuera». Carel
Feldman denomina a este error tan humano «dumping' óntico», y nunca le
ha costado demasiado trabajo encontrar ejemplos de este universal. Sin
embargo, en la mayor parte de Ia.,s interacciones humanas, la «realidad» es
el resultado de prolongados e intl1ncados procesos de construcción y nego-
ciación profundamente implantados en la cultura.
¿Son las consecuencias de practicar este constructivismo y de recono-
cer que lo hacemos tan espantosas como se las hace aparecer? ¿De verdad
nos lleva esta práctica a un relativismo del tipo «todo vale»(Lll tesis bási-
ca del constructivismo es simplemente que el conocimiento es «correcto»
o «incorrecto» dependiendo de la perspectiva que hayamos decidido
lomar. Los aciertos y los errores de este tipo <-con independencia de lo
bien que podamos verificarlos- no equivalen a verdades o falsedades
absolutas. Lo mejor a que podemos aspirar es a ser conscientes de nuestra
propia perspectiva y de las de 10s demás cuando decimos que algo es
«correcto» o «incorrecto». Expresado de esta manera, el constructivismo
no parece algo tan exótico. Es lo que los especialistas en derecho llaman
«el aspecto interpretativo» o, corno dijo uno de ellos, una huida del «signi-
ficado autoritario».
Según Richard Rorty, en su exploración de las consecuencias del
pragmatismo, el interpretativismo forma parte de un movimiento profun-
do y lento cuyo objetivo es desposeer a la filosofía de su status «funda-
cional».33 Según él, el pragmatismo -y el punto de vista que he presen-
tado cae dentro de esta categoría- no es «más que antiesencialismo '
aplicado a nociones como 'verdad', 'conocimiento', 'lenguaje.', 'morali-
dad' y otros objetos semejantes de la teorización filosófica». Como ejem-
plo de esta idea, Rorty cita una definición de William James, de acuerdo
con la cual «verdadero» es «lo que es bueno en materia de creencias». A
favor de James, Rorty añade que «lo que quiere decir es que no sirve de
nada que nos digan que la verdad es 'correspondencia con la realidad' ...
Ciertamente, uno puede emparejar fragmentos de lo que cree que es el
mundo de tal manera que las oraciones en las que uno cree tengan estruc-
* Carol Fe1dman recurre a un término mercantil, aumpíng, que se utiliza para referirse a la
práctica comercial de inundar el mercado, principalmente en un país extranjero, con produc-
tos vendidos a bajo precio, con el fin tanto de ganar un mercado nuevo como de mantener los
precios en el propio. {N. del r.}
40 Actos de significado
turas internas isomórficas con las relaciones entre las cosas del mundo».
Pero tan pronto como vamos más allá de oraciones tan sencillas como «el
gato está en la alfombra» y empezamos a enfrentarnos a universales,
hipótesis o teorías, esos emparejamientos resultan «confusos y ad hoc»,
Esos ejercicios de emparejamiento son de muy poca .ayuda a la hora de
determinar «si nuestra idea actual del mundo es, más o menos, la que
deberíamos tener, y por qué». Llevar estos ejercicios a un extremo supo-
ne, como bien advierte Rorty, «querer que la verdad tenga una esencia»,
estar en lo cierto en algún sentido absoluto. Pero decir algo útil acerca de
la verdad, añade, es «explorar la práctica en lugar de la teoría... la acción
en )ugar de la contemplación». Afirmaciones abstractas como «La Histo-
ria es la crónica de la lucha de clases» no han de juzgarse limitándonos a
formular preguntas como «¿Capta esa frase adecuadamente la cuestión?».
Sería mejor formular cuestiones pragmáticas, perspectivistas: «¿Qué
supondría creer esa frase?» o «¿A qué me estaría comprometiendo si la
creyese?». Y esta actitud está muy alejada del tipo de esencialismo kan-
tiano que busca principios que establezcan la esencia definidora del
«conocimiento» o la «representación» o la «racionalidadsH
Me vaya permitir ilustrar estas ideas con un pequeño estudio de caso.
Queremos saber más sobre la valía intelectual. Y decidimos, sin pensarlo
dos veces, utilizar el rendimiento escolar para evaluar esta capacidad y
predecir «su» desarrollo. Al fin y al cabo, en lo que a la valía intelectual
se refiere, el rendimiento escolar es de importancia capital. Entonces, des-
de la perspectiva que hemos elegido, resulta que en Norteamérica los
negros tienen menos «valía» que los blancos, que, a su vez, tienen un poco
menos que los asiáticos. «¿Qué tipo de resultado es ese?», preguntaría un
crítico de orientación pragmática. Si en la discusión subsiguiente prevale-
ciese la buena voluntad, se produciría un proceso de lo que sólo podemos
)lamar destrucción y reconstrucción sucesivas. ¿Qué significa el rendi-
miento escolar y cómo se relaciona con otras fonnas de rendimiento? Y,
en cuanto a la valía intelectual, ¿qué significa «ese» concepto? ¿Es singu-
lar o plural? ¿Y no podría su misma definición depender de algún proceso.
sutil mediante el cual una cultura seleccione determinados rasgos para:
honrarlos, recompensarlos y cultivarlos. como ha propuesto Howard
Gardner?35 O, desde un punto de vista político, ¿no se habrá amañado el
rendimiento escolar mediante una selección del currículum encaminada a
legitimar la descendencia de los que «tienen» y marginar a los que «no tie-
nen»? Muy pronto, la cuestión de qué es la «valía intelectual» se verá sus-
- El estudio apropiado del hombre 41
títuida por cuestiones relativas a cómo deseamos usar el concepto a la luz
de distintas circunstancias: políticas, sociales, económicas e incluso cientí-
ficas.
Esta es una discusión típicamente constructivista y un método típica-
mente pragmático de resolverla. ¿Es esto relativismo? ¿Se trata de esa
temida forma de relativismo segUn la cual una creencia es tan buena como
cualquier otra? ¿Hay realmente alguien que sostenga un punto de vista así,
o el relativismo es más bien algo que invocan los filósofos esencialistas
para apuntalar su fe en la «verdad lisa y llana» (ese compañero de juegos
imaginario que tiene perpetuamente asignado el papel de aguafiestas en el
juego de la razón pura)? Creo que Rorty tiene razón al decir que el relati-
vismo no es el obstáculo al que se enfrentan el constructivismo y el prag-
matismo. Es indudable que formular las preguntas del pragmatista _
¿cómo afecta este punto de vista a mi punto de vista sobre el mundo o a
mis compromisos con él?- no puede llevar a la postura del «todo vale».
A lo que puede llevar es a un desembalaje de presuposiciones, tanto mejor
para explorar nuestros propios compromisos.
En su hondo y reflexivo libro The Predicament 01 Culture, James
Clifford señala que las culturas, si alguna vez fueron homogéneas, han
dejado de serlo, y que el estudio de la antropología se ha convertido for-
zosamente en un instrumento para manejar la díversidad.X Podría inclu-
so suceder que los argumentos basados en esencias y «realidades aborí-
genes», al cubrir la tradición con el manto de la «realidad», sean medios
de crear estancamiento y alienación cultural. ¿Pero qué puededecirse de
la acusación de que el constructivismo debilita o socava los compromi-
sos?
Si. el conocimiento depende de la perspectiva, ¿qué pasa con la cues-
tión del valor, con la elección de perspectiva que uno hace? ¿No es más
que una cuestión de preferencia? ¿Son los valores únicamente preferen-
cias? Si no, ¿cómo elegimos entre valores distintos? En tomo a esta cues-
tión, .existen dos puntos de vista psicológicos seductoramente erróneos:
uno de ellos se basa en un aparato aparentemente racionalista; el otro es
románticamente irracional. Este último sostiene que los valores están en
función de reacciones viscerales, conflictos psíquicos desplazados, el tem-
peramento y cosas por el estilo. En la fu.edida en que los irracionalistas
toman en cuenta la cultura, lo hacen como una fuente de aprovisionamien-
to, una especie de restaurante autoservicio de valores entre los que uno eli-
ge en función de sus impulsos o conflictos individuales. Los valores no se
42 Actos de significado
ven en función de cómo relacionan al individuo con la cultura; su estabili-
dad se explica recurriendo a fijadores tales como los programas de refor-
zamiento, la rigidez neurótica, etc."
Los racionalistas adoptan un punto de vista muy diferente, que deriva
fundamentalmente de la teoría económica y cuyo ejemplo más característi-
co es, quizá, la teoría de la elección racional. 38 De acuerdo con la teoría de
la elección racional, nuestros valores se ponen de manifiesto en nuestras
elecciones, situación por situación, y guiados por modelos racionales,
como la teoría de la utilidad, las reglas de optimización, la minimización
del dolor, o 10 que sea. Estas elecciones (en condiciones apropiadas) reve-
lan notables regularidades, que recuerdan mucho el tipo de funciones que
pueden observarse en los experimentos de condicionamiento operante con
palomas. Pero, para un psicólogo, la bibliografía sobre la «elección racio-
nal» es interesante principalmente por sus vívidas anomalías, por sus vio-
laciones de las reglas de la utilidad. (La utilidad es el resultado de multi-
plicar el valor de una elección determinada por su probabilidad subjetiva
de ser ejecutada provechosamente, y ha constituido la piedra angular de
las teorías económicas formales desde Adam Smith.) Veamos las anomalí-
as. Richard Hermstein, por ejemplo, describe una que tiene el divertido
nombre de «mejor por docenas», y que consiste en que se ha demostrado
que la gente prefiere comprar abonos para la temporada de música aunque
sepan que 10 más probable es que sólo vayan a la mitad de los concier-
tos.
39
La manera de afrontar esta anomalía es asignar al «esnobismo» o al
«compromiso» o a la «pereza» un valor en la situación de elección. El
valor asignado es aquel que hace que el resultado se ajuste a la teoría de la
utilidad. Esto, por supuesto, deja al descubierto cuál es su juego. Si acepta-
mos la teoría de la utilidad (o alguna de sus variantes), no hacemos más
que asignar valores a las elecciones de tal manera que la conducta de elec-
ción se ajuste a sus postulados. La teoría de la elección racional tiene poco
o nada que decir sobre cómo se forman los valores: si se trata de reaccio-
nes viscerales, si están históricamente determinados, o qué.
Tanto el enfoque irracionalista de los valores como el racionalista pier-
den de vista algo que es crucial: el compromiso con «formas de vida»
determinadas es inherente a los valores, y las formas de vida, en su com-
pleja interacción, constituyen una cultura. Ni nos sacamos de la manga los
valores en cada situación de elección que se nos plantea, ni estos son pro-
ducto de individuos aislados dotados de impulsos férreos y neurosis apre-
miantes. Más bien, los valores son comunales y consecuentes desde el
e estudio apropiado del hombre 43
punto de vista de nuestras relaciones con una comunidad. cultural detenni-
nada. Cumplen funciones en interés nuestro en el seno de esa comunidad.
Los valores que subyacen a una forma de vida determinada, como señala
Charles Taylor; se encuentran tan sólo ligeramenre abiertos a la «reflexión
radical».4o Se incorporan a nuestra propia identidad y, al mismo tiempo,
nos sitúan en una cultura. En 13; medida en que una cultura no es, en el sen-
tido de Sapir, «espuria», los¡cdwpromisos de valor de sus miembros pro-
porcionan, o bien la base para llevar satisfactoriamente una forma de.zída
0, por lo menos, una base para la negociación.41
Pero el pluralismo de la vida moderna -podría objetarse- y los rápi-
dos cambios que impone crean conflictos que afectan A los compromisos,
conflictos que afectan a los valores y, por consiguiente, cceñictos que tie-
nen que ver con la «validez» de distintos postulados relativos a nuestro
conocimiento de los valores. Sencillamente no sabemos cómo predecir el
«futuro del compromiso» en estas circunstancias. Pero resulta un poco
chistoso suponer que, en las actuales condiciones mundiales, .iD:sistir con
obstinación en la noción de valor absoluto vaya a hacer que las incerti-
dumbres desaparezcan. Lo único que cabe esperar es un pluralismo viable
respaldado por la voluntad de negociar nuestras diferencias en Í"it manera
de ver el mundo.
Lo cual me lleva directamente a una última cuestión general de la que-
me tengo que ocupar, que constituye otra razón por la que creo que una
psicología cultural como la que propongo no necesita preocuparse poréf·
espectro del relativismo. Esta cuestión tiene que ver con la receptivided'y
el liberalismo, ya sea en la política, la ciencia, la literatura, la fdosoffa o
las artes. La receptividad de la que hablo es la voluntad de construir el
conocimiento y los valores desde múltiples perspectivas sin perder el com-
promiso con los propios valores. Esta receptividad es la piedra angular de
lo que llamamos una cultura democrática. Hemos aprendido, a base de
sufrimiento, que ni la cultura democrática ocurre por prescripción divina,
ni debe darse por supuesto que va a durar para síempre.x'omo todas las
culturas, descansa sobre valores que generan formas características de v i ~
con sus correspondientes concepciones de la realidad.. Aunque valora los
soplos de aire fresco que puede aportar la sorpresa, no siempre está a salvo
de las conmociones que la receptividad a veces inflige. Su misma recepti-
vidad genera sus propios enemigos, porque no cabe duda de que hay una
limitación biológica que afecta a nuestro apetito de novedad.. En mi opi-
nión, el constructivismo de la psicología cultural es una expresión profun...
44 Actos de significado
da de la cultura democrérica.é? Exige que nos hagamos conscientes de
cómo desarrollamos nuestro conocimiento y todo lo conscientes que poda-
mos de los valores que nos llevan a adoptar nuestras perspectivas. Exige
que nos hagamos responsables de cómo conocemos y por qué. Pero no
pretende que haya una sola forma de construir el significado, o una sola
fonna correcta. Se basa en valores que, en mi opinión, son los que mejor
se adecuan para hacer frente a los cambios y fracturas que se han converti-
do en un rasgo tan característico de la vida moderna.
VI
Para terminar, me vaya permitir volver a la postura de animadversión
de la «psicología científica» positivista hacia la «psicología popular». La
psicología científica reitera, con razón, que tiene derecho a atacar, discutir
e incluso reemplazar los postulados de la psicología popular. Insiste en su
derecho a negar la eficacia causal de los estados mentales y de la cultura
misma. Llega incluso al extremo de asignar conceptos tales como la
«libertad» y la «dignidad» al reino de la ilusión, aunque sean conceptos
esenciales del sistema de creencias de una cultura democrática. En esta
posición extrema, se dice a veces de la psicología que es anticultural,
antihistórica, y que su reduccionismo es antiintelectual. Quizá. Pero tam-
bién es verdad que esa especie de celo de «ateo del pueblo» exhibido por
muchos positivistas extremos ha alentado discusiones sobre la naturaleza
del hombre, y que su insistencia sobre los procedimientos de investigación
«objetivos» u «operacionales» ha tenido un saludable efecto astringente
sobre nuestras especulaciones. Pero, sin embargo, sigue existiendo una
preocupación un poco puntillosa.
Todavía recuerdo la primera conferencia de las William James Lectu-
res que Wolfgang Kohler pronunció en Harvard bajo el título de The Place
01Values in a World of Facts. 43 Kohler narra una conversación imaginaria
con un amigo que se queja del carácter de «nada más que» de que adolece
la psicología: de que represente la naturaleza humana como nada más que
una concatenación de reflejos condicionados, vínculos asociativos o
impulsos animales transformados. Y ese amigo imaginario se pregunta
entonces, preocupado, qué sucederá cuando el cartero y el primer ministro
también lleguen a pensar de ese modo. A mí también me preocupa. saber
El estudio apropiado del hombre 45
qué sucede cuando el modelo empieza a pensar que es como aparece en su
retrato. Recordemos la respuesta que .dio Picasso a los amigos de Gertrude
5tein cuando le dijeron que pensaba que el retrato que le había hecho no se
le parecía mucho. «Decidle que espere», respondió el pintor, «ya se pare-
cerá». Pero la otra posibilidad, desde luego, es que el modelo acabe por
apartarse de esa clase de pintor.
44
En palabras de Adrienne Rich, «cuando
alguien que tiene la autoridad de ~ n profesor, pongamos por caso, describe
el mundo y tú no estás en él, hay" un momento de desequilibrio psíquico,
como si te mirases a un espejo y no vieses nada».45
En una sociedad democrática, los intelectuales constituyen una comu-
nidad de críticos culturales. Pero los psicólogos, desgraciadamente, pocas
veces se han visto a sí mismos de esa manera, en gran medida por lo atra-
pados que están en esa autoimagen generada por la ciencia positivista. Des-
de este punto de vista, la psicología se ocupa sólo de verdades objetivas y
rehuye la crítica cultural. Pero hasta la psicología científica se moverá
mejor cuando reconozca que sus verdades, como todas las verdades acerca
de la condición humana, son relativas al punto de vista que adopte respecto
a esa condición. Y conseguirá una posición más eficaz hacia la cultura en
general cuando llegue a reconocer que la psicología popular de la gente
corriente no es simplemente un conjunto de ilusiones tranquilizadoras, sino
las creencias e hipótesis de trabajo de la cultura acerca de qué es 10 que
hace posible y satisfactorio el que la gente viva junta, aun a costa de gran-
des sacrificios personales. Este es el punto de partida de la psicología y el
punto en que es inseparable de la antropología y las otras ciencias de la
cultura. La psicología popular necesita ser explicada, no descalificada. >
Capítulo 2
LA PSICOLOGIA POPULAR COMO
INSTRUMENTO DE LA CULTURA
1
En el primer capítulo he contado la historia de cómo la revolución
cognitiva se vio desviada de su impulso originario por la metáfora del
ordenador, y he defendido la idéa de que es necesario renovar y reanimar
la revolución original revolución inspirada por la convicción de que el
concepto fundamental de la psicología humana es el de significado y Jos
procesos y transacciones que se dan en la construcción de los significa-
rlos..
Esta convicción se basa en dos argumentos relacionados entre sí. El
primero es que. para comprender af hombre, es preciso comprender cómo
sus experiencias y sus actos 'están moldeados por Sus estados íntenciona-
les; y el segundo es que la fauna de esos estados intencionales sólo puede
plasmarse mediante la participación en los sistemas simbólicos de la cul-
tura. En efecto, la forma misma de nuestras vidas --ese borrador prelimi-
nar de nuestra autobiografía, sujeto a cambios incesantes, que llevamos
en la cabeza- nos resulta comprensible a nosotros mismos y a los demás
sólo en virtud de esos sistemas culturales de interpretación. Pero la cultu-
ra es también constitutiva de la mente. En virtud de su actualización en la
cultura, el significado adopta una forma que es pública y comunitaria en
lugar de privada y autista, Sólo al reemplazar este modelo transaccional
de la mente por otro aislado e individualista, han sido capaces los filóso-
fos angloamericanos de hacer que las Mentes de los Demás parezcan tan
opacas e impenetrables. Al entrar en la vida, es como si saliéramos a un
escenario ]Jara participar en una obra de teatro que se encuentra en plena
representación. una obra cuya trama algo abierta determina qué papeles
47
48 Actos de significado
podemos interpretar y en dirección a qué desenlaces podemos encaminar-
nos. Otros personajes que hay en el escenario tienen ya una idea acerca
de sobre qué va la obra, una idea lo suficientemente elaborada como para
que la negociación con el recién llegado sea posible.
La idea que propongo invierte la relación tradicional entre la biología
y la cultura con respecto a la naturaleza humana. La herencia biológica
del hombre se caracteriza, como he dicho antes, porque no dirige o mol-
dea la acción o la experiencia del hombre, porque no actúa como causa
universal. En lugar de ello, lo que hace es imponer límites sobre la
acción, límites cuyos efectos son modificables. Las culturas se caracteri-
zan porque crean «prótesis» que nos permiten trascender nuestras limita-
ciones biológicas «en bruto»: por ejemplo, los límites de nuestra capaci-
dad de memoria o los límites de nuestra capacidad de audición. El punto
de vista inverso que yo propongo es que es la cultura, y no la biología, la
que moldea la vida y la mente humanas, la que confiere significado a la
acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema inter-
pretativo, Y esto lo consigue imponiendo patrones inherentes a los siste-
mas simbólicos de la cultura: sus modalidades de lenguaje y discurso, las
formas de explicación lógica y narrativa. y los patrones de vida comunita-
ria mutuamente interdependientes. En efecto. los neurocientíficos y los
antrópologos físicos dedican cada vez más atención a la idea de que las
necesidades y las oportunidades culturales desempeñaron un papel crítico
a la hora de seleccionar las características neuronales de la evolución
humana; esta tesis ha sido adoptada muy recientemente por Gerald Edel-
man, desde el punto de vista neoroanatómico; por Yemon Reynolds,
basándose en datos procedentes de la antropología física; y por Roger
Lewin y Nicholas Humphrey a partir de datos relativos a la evolución de
los primates.
I
Este es el esqueleto desnudo de los argumentos a favor de lo que he
denominactopsicología «cultural», que constituye un esfuerzo no sólo por
recuperar el impulso originario de la Revolución Cognitiva, sino también
el del programa que Dilthey denominó hace un siglo Geisteswissenschaf-
ten, las ciencias de la vida mentaL
2
En este capítulo vamos a ocupamos
esencialmente de un rasgo crucial de la psicología cultural. Le he puesto el
nombre de «psicología popular» o «psicología intuitiva» (Folk
Psychology), o quizá sería preferible decir «ciencias sociales populares o
intuitivas» o, incluso, sencillamente el «sentido común» En todas las cul-
turas hay una psicología popular, que es uno de sus instrumentos constitu-
La psicología popular como instrumento de la cultura 49
tivos más poderosos y que consiste en un conjunto de descripciones más o
menos normativas y más o menos conexas sobre cómo «funcionan» los
seres humanos, cómo son nuestra propia mente y las mentes de los demás.
cómo cabe esperar que sea la acción situada, qué formas de vida son posi-
bles, cómo se compromete uno a estas últimas, etc., etc. El aprendizaje de
la psicología popular que caracteriza a nuestra cultura se produce muy
pronto; la aprendemos al tiempo que aprendemos a usar el lenguaje que
adquirimos y a realizar las transacciones interpersonales que requiere la
vida comunitaria.
Vaya exponer el esqueleto del razonamiento que desarrollaré a conti-
nuación. Lo primero que quiero hacer es explicar qué es lo que entiendo
por «psicología popular» como sistema mediante el cual la gente organi-
za su experiencia, conocimiento y transacciones relativos al mundo
social. Tendré que detenerme un poco en la historia de esta idea para
dejar más claro cuál es su papel en la psicología cultural. A continuación,
pasaré a ocuparme de algunos de los componentes cruciales de la psico-
logía popular, lo cual me llevará finalmente a ocuparme de la cuestión de
qué clase de sistema cognitivo es la psicología popular. Como su princi-
pio de organización es narrativo en vez de conceptual, me ocuparé de la
naturaleza de la narración y cómo se construye en tomo a expectativas
establecidas o canónicas, y el manejo mental de las desviaciones respecto
a dichas expectativas. Pertrechados con estas armas, echaremos un vista-
zo más detenido a cómo organiza la narración nuestra experiencia, utili-
zando como ejemplo la memoria humana. Y, finalmente, explicaré el pro-
ceso de «construcción del significado» a la luz de todo lo dicho hasta
ahora.
11
Acuñada como término burlesco por los nuevos científicos cognitivos
a causa de la hospitalidad que dispensaba a estados intencionales tales
como las creencias, los deseos y.los significados, la expresión «psicología
popular» (Folk psychology) no podría ser más apropiada para la utilización
que yo quiero hacer de ella.
3
Voy a empezar por esbozar brevemente la
historia intelectual de esta expresión, ya que eso nos ayudará a poner las
Cosas en un contexto más amplio.
Su uso actual comenzó con un elaborado renacimiento del interés por
50 Actos de significado
la «mente salvaje», especialmente por la estructura de los sistemas indí-
genas de clasificación.- C. O. Frake publicó su célebre estudio sobre el
sistema de clasificación de las enfermedades de la piel que poseen los
subanun de Mindanao, al que siguieron detallados estudios realizados
por otros investigadores sobre etnobotánica, etnonavegación, y temas
semejantes. El estudio sobre la etnonavegación pormenorizaba cómo los
nativos de las Islas Marshall eran capaces de ir y venir del Atolón de
Pulluwat atravesando con sus canoas de botalones el mar abierto median-
te el uso de las estrellas, signos de la superficie marina, plantas flotantes,
troncos de árbol y singulares formas de adivinación. Este trabajo se ocu-
paba de la navegación de los Pulluwat tal como ellos la veían y la com-
prendían."
Pero, aun antes de que el prefijo ezeo se añadiese a estas empresas, los
antropólogos se habían interesado por la organización subyacente de la
experiencia en los pueblos no alfabetizados; por qué algunos pueblos,
como los talansi, estudiados por Meyes Portes en los años treinta, no tení-
an ninguna definición de crisis ligada al tiempo. Las cosas sucedían cuan-
do estaban «listas». Y había incluso estudios anteriores -por ejemplo, los
de Margaret Mead- en los que se planteaban cuestiones tales como algu-
nos estadios de desarrollo vital, como la adolescencia, se definían de for-
ma tan diferente por los nativos de Samoa.>
Como, por regla general, los antropólogos (salvo unas pocas excepcio-
nes llamativas) no se habían visto nunca demasiado castigados por el ideal
de una ciencia objetiva y positivista, no tardaron mucho en verse enfrenta-
dos a la cuestión de si las formas de conciencia y experiencia de otras cul-
turas no' diferirían de tal manera y ha.sta tal punto que se produjese un pro-
blema esencial de traducción. ¿Era posible transmitir la experiencia de un
piloto puluwat a lenguaje y el pensamiento de un antropólogo occidental;
o, al contrario, la del antropólogo occidental a la de los Nuer del Nilo,
cuya religión fue estudiada por Edward Evans-Pritchard? (Cuando Evans-
Pritchard terminaba de entrevistar a sus informantes acerca de sus creen-
cias religiosas, les preguntaba cortésmente si les gustaría preguntarle algo
acerca de las suyas. Uno de ellos le preguntó tímidamente sobre la divini-
dad que llevaba en su muñeca, a la que consultaba cada vez que parecía
tomar una decisión importante. A Evans-Pritchard, católico devoto, le sor-
prendió lo difícil que le resultó explicar a sus interlocutores que su reloj de
pulsera no era una deidad tanto como la pregunta misma que le formula-
ron)."
La psicología popular como instrumento de la cultura 51
Un poco más tarde, un grupo de jóvenes sociólogos, a cuyo frente se
encontraba Harold Garfinkel, preocupados por el tipo de problemas episte-
mológicos que planteaban estas cuestiones, dio el paso radical de proponer
que, en lugar del método sociológico clásico -postular clases sociales,
.roles y cosas por el estilo ex hypothesi-:-, las ciencias sociales podrían
avanzar mejor usando las reglas, de la «etnometodologfa», creando una
ciencia social en referencia a las dtstinciones sociales, políticas y humanas
que las personas sometidas a estudio hacían en su vida cotidiana. Lo que
Garfinkel y sus compañeros proponían era, de hecho, una emosociología.
Y. más o menos al mismo tiempo, el psicólogo Fritz Heider empezó a
defender elocuentemente que, puesto que los seres humanos reaccionaban
mutuamente en función de su propia psicología (en lugar de, por así decir
la psicología del sería mejor que esrudíasemos la naturaleza. y
orígenes de la psicología «intuitiva» que otorgaba significado a sus expe-
riencias. En realidad, ni las propuestas de Garfinkel ni las de Heider eran
tan innovadoras. Garfinkel citaba al distinguido economista y sociólogo
Alfred Schutz, cuyos escritos sistemáticos, inspirados en la fenomenología
europea, habían prefigurado los programas de Garfinkel y de Heider como
reforma antipositivista de las ciencias humanas."
En el enunciado schutzíano (si se me permite poner esta etiqueta al
punto de vista que estamos considerando) hay un poderoso argumento ins-
titucional."Según él, las instituciones culturales se construyen de tal mane-
ra,que reflejan las creencias de sentido común sobre la conducta humana.
Por más que la actitud de «ateo del pueblo» de un B. F. Skinner intente dar
por explicadas la libertad y la dignidad del hombre, siempre queda la reali-
dad de la ley de daños y perjuicios, el principio de los contratos libremente
pactados y la inexorable solidez de las cárceles, los tribunales, las señales
de propiedad y demás. Stich (probablemente el crítico más radical de la
psicología popular) regaña a Skinner por intentar «explican> términos
intuitivos como «deseo», «intención» y «creencia»: lo que hay que hacer,
insiste Stich, es sencillamente ignorarlos, sin desviamos de la magna tarea
de establecer una psicología sin estados íntencionales.f Pero ignorar los
significados institucionalizados atribuidos a los actos humanos viene a ser
tan eficaz como ignorar al guardia civil que, permaneciendo fríamente en
pie frente a la ventanilla de nuestro coche, nos informa de que íbamos a la
temeraria velocidad de 140 Km por hora, y nos pide el camet. «Ternera-
río», «camet», «guardia civil»... son todos términos que derivan de la
matriz institucional que la sociedad construye para imponer una versión
52 Actos de significado
determinada de lo que constituye la realidad. Son -signíflcados culturales
que-guían y controlan nuestros actos individuales.
III
Puesto que lo que propongo es que la psicología popular debe estar en
la base de cualquier psicología cultural. me vaya permitir, en calidad de
«observador participante», seleccionar algunos componentes fundamenta-
les de nuestra psicología popular para ilustrar mis propias ideas. Quiero
subrayar que se trata simplemente de componentes es decir: las creencias
o premisas elementales que forman parte de las narraciones sobre situacio-
nes humanas de que consta la psicología popular. Por ejemplo, es obvio
que una premisa de nuestra psicología popular es que la gente tiene creen-
cias y deseos: creemos que el mundo está organizado de determinada
manera, que queremos determinadas cosas, que algunas cosas importan
más que otras, etc. Creemos (o esabemos») que la gente tiene creencias no
s610·sobre el presente sino también sobre el pasado y el futuro, creencias
que nos ponen en relación con el tiempo concebido de una determinada
manera: nuestra manera, no la de los talensi de Fortes o los samoanos de
Mead. Creemos, también, que nuestras creencias deben mantener algún
tipo de coherencia, que la gente no debe creer (o querer) cosas aparente-
mente incompatibles, aunque el principio de coherencia sea ligeramente
confuso. Ciertamente, también creemos que las creencias y deseos de la
gente llegan a ser lo suficientemente coherentes y bien organizados como
para merecer el nombre de «compromisos» o «formas de vida», y esas
coherencias se consideran como «disposiciones) que caracterizan a las
personas: una mujer leal, un padre dedicado, un amigo fiel..El concepto de
persona es en sí mismo un componente de nuestra psicología popular y,
como señala Charles Taylor, se atribuye de forma selectiva, ya menudo se
les niega a quienes forman parte de un grupo distinto del nuesrro.? Hay
que tener en cuenta que las narraciones se construyen sólo cuando las cre-
encias constitutivas de, la psicología popular se violan, cuestión sobre la
que vaya tener ocasión de extenderme más adelante. La menciono aquí
para llamar la atención del lector sobre el carácter can6nico de la psicolo-
gía popular: el hecho de que no se limita a resumir cómo son las cosas
sino-también (muchas veces de forma implícita) c6mo deberían ser. Cuan;
La psicologia popular como instrotnento de la cultura 63
do las cosas «son romo deben ser». las narraciones de la psicologíapopu-
Lar son Innecesarias.
La psicología popular también postula la existencia de un mundo fuera
de nosotrm. que modifica la expresión de nuestros deseos y creencias. Este
mundo es el contexto en el que se sitúan nuestros actos y el estado en que
se encuentre el mundo puede proporcionar razones para nuestros deseos y
como Hillary. que escaló el Everest porque estaba ahí, por
poner un ejemplo extremo de corno la oferta puede crear la Pero
sabemos también que los -deseos pueden llevarnos a encontrar significados
en contextos en los que otros no encontrarían ninguno. Resulta idiosincrá-
tico, pero explicable, el que algunas personas disfruten atravesando el
Sahara a pie o el Atlántico en barca. Esta relación.recíproca entre les esta-
dos que percibimos en el mundo y nuestros propios deseos, según la cual
ambos se afectan mutuamente, crea un sutil dramatismo en torno a la
acción humana. que también informa la estructura narrativa de la psicolo-
gía popular. Cuando se ve a alguien creyendo, deseando o actuando de una
manera tal que no parece tener en cuenta el estado del mundo. realizando
un acto verdaderamente gratuito, se-le considera un demente desde el pun-
to de vista de la psicología popular, a menos que pueda efectuarse una
reconstrucción narrativa de él como agente en la que aparezca como vícti-
ma de algún conflicto atenuante o de circunstancias sumamente adversas.
Una reconstrucción de este tipo puede efectuarse en la vida real mediante
las indagaciones de un proceso judicial o puede dar lugar, en la ficción, a
toda una novela (como sucede en Los Sótanos del Vaticano de André
Gide).10 Pero la psicología popular deja sitio a estas reconstrucciones: «la
verdad es más extraña que la ficción). Por consiguiente, en la psicología
popular se da por supuesto que la gente posee un conocimiento del mundo
que adopta la forma de creencias )! se supone que todo -d. mundo utiliza
ese ccaocimientc del mundo a la hora de llevar a cabo cualquier programa
de deseos o acciones.
La división entre un mundo «interior» de experiencia y un mundo
«exterior», que es autónomo respecto a la experiencia. crea tres dominios,
cada uno de los cuales requiere una forma distinta de interpretación.'! El
primero es un dominio que se encuentra bajo el control de nuestros pro-
pios estados intencionales: un dominio en el que el Yo como agente opera
con conocimiento del mundo y con deseos que se expresan de una manera
congruente con el contexto y las creencias. El tercer tipo de acontecimien-
tos se produce «desde fuera», de una manera que escapa a nuestro control.
54 Actos de significado
Es el dominio de la «naturaleza», En el primer dominio, somos de alguna
manera «responsables» del curso de los acontecimientos, mientras que en
el tercero no lo somos.
Existe una segunda clase de acontecimientos que es problemática;
comprende una mezcla .indeterminada de la primera y de la tercera, Y
requiere una forma más elaborada de interpretación para poder distribuir
adecuadamente la parte de responsabilidad que corresponde al agente indi-
vidual y la que corresponde a la «naturaleza». Si la psicología popular
encama los principios interpretativos del primer dominio; y una «física
cum biología», los del tercero; el segundo se suele considerar gobernado
ya sea por alguna forma de magia o, en la cultura occidental contemporá-
nea, por el cientificismo de la psicología fisicalista y reduccionista o de la
Inteligencia Artificial. Cuando el antropólogo regaló a los navegantes
puluwat un compás (objeto que les pareció interesante pero que rechaza-
ron por superfluo), estos tuvieron ocasión de vivir brevemente en el segun-
do dominio. 12
En su fuero interno, todas las psicologías populares contienen una
noción sorprendentemente compleja del Yo agente. Los llongotes, pueblo
no alfabetizado estudiado por Michel1e y Renato Rosaldo, nos proporcio-
nan un ejemplo muy revelador y en modo alguno atípico. Lo que da lugar
a la complejidad es la elaboración por parte de la cultura de unos requisi-
tos personales; por ejemplo, el hecho de que los ilongotes sólo puedan
alcanzar la identidad masculina plenamente agente cuando toman la cabe-
za de un «enemigo» en un estado apropiado de ira; o, expresado de forma
abstracta, el hecho de que la identidad plena supone una mezcla adecuada
de pasión y conocimiento. En uno de los últimos artículos que escribió
antes de su prematura desaparición durante una investigación de campo,
titulado «Hacia una ·antropología del yo y de los sentimientos», Michelle
Rosaldo sostiene que nociones como las de «yo»' o «afecto» «no surgen de
una esencia 'interior' relativamente independiente del mundo social, sino
de la experiencia en un mundo de significados, imágenes)' VÍnculos socia-
les en el que todo el mundo se encuentra inevitablemente implicados.U
En un trabajo especialmente penetrante sobre el yo americano, Hazel
Markus y Paula Nurius sostienen que no pensamos en un Yo sino en varios
Yoes posibles junto con un Yo actual. «Los Yoes posibles representan las
ideas que tiene la gente acerca de lo que podría llegar a ser lo que le gus-
taría llegar a ser y lo que teme llegar a ser,» Aunque su pretensión no sea
esa, el análisis de estos autores pone de manifiesto hasta qué punto la iden-
Lapsicología popular como instrumento de la cultura 55
tidad americana refleja-el valor que se concede en la cultura de este país al
hecho de «mantener abiertas las opciones propias». En esa misma época,
empezó a producirse un goteo de artículos de carácter clínico acerca del
alarmante incremento de los casos de personalidad múltiple .como una
patología fundamentalmente americana, y que por aquel entonces estaba
ligada al sexo. Un análisis reciente de este fenómeno efectuado por Nicho-
las Humphrey y Daniel Dennett sugiere incluso que la patología podría
estar engendrada por los terapeutas que aceptan la idea de que el Yo es
divisible)' que, sin darse cuenta, en el curso de la terapia ofrecen a sus
pacientes este modelo de identidad como una forma de contener y aliviar
sus conflictos. El propio Sigmund Freud señaló en «El poeta y la fantasía»
que cada uno de nosotros es un elenco de personajes, pero Freud los man-
tenía dentro de una sola obra o novela donde, todos en conjunto, podían
representar el drama de la neurosis sobre un solo escenario.!"
He puesto estos dos ejemplos, bastante extensos, de la manera en que
se concibe el Yo en las psicologías populares correspondientes a dos cultu-
ras distintas para subrayar una vez más un aspecto crítico relativo al prin-
cipio organizativo de la psicología popular: el hecho de que es de naturale-
za narrativa en lugar de lógica o categórica. La psicología popular trata de
agentes human_os que hacen cosas basándose en sus creencias y deseos,
que se esfuerzan por alcanzar metas y encuentran obstáculos que superan
o que les doblegan, todo io cual ocurre en un período prolongado de tiem-
po. Es sobre, los jóvenes Ilongotes que encuentran en sí mismos la sufi-
ciente ira para obtener una cabeza humana y sobre cómo recorren el cami-
no de ese esfuerzo sobrecogedor; es sobre cómo las jóvenes americanas,
enfrentadas a demandas conflictivas que les producen sensación de culpa
en sus sentidos de identidad, finalmente resuelven su dilema (posiblemen-
te con la involuntaria ayuda de su médico) dividiéndose en un ego y un
alter; y sobre la batalla para que ambas partes vuelvan a ponerse en comu- .
nicacion entre sí.
IV
Tenemos que concentrarnos ahora de forma más directa en las narra-
ciones: qué son, en qué se diferencian de otras formas de discurso y otros
modos de organizar la experiencia, qué funciones pueden desempeñar, y el
porqué de su poder de atracción sobre la imaginación del hombre; ya que
5& Actos de significado
nos va a resultar necesario comprender mejor estas cuestiones si queremos
captar la naturaleza y el poderío de la psicología popular. Por consiguien-
te, me vaya permitir exponer, de forma preliminar, algunas de las propie-
dades que presentan las narraciones.
Quizá su propiedad más importante sea el hecho de gue son inherente-
mente secuenciales: una narración consta de una secuencia singular de
sucesos, estados mentales, acontecimientos en los que participan seres
humanos como personajes o actores. Estos son sus componentes. Pero
estos componentes no poseen, por así decir, una vida o significado pro-
pios. Su significado viene dado por el lugar que ocupan en la configura-
ción global de la totalidad de la secuencia: su trama o fábula. El acto de
comprender una narración es, por consiguiente, dual: tenemos que captar
la trama que configura la narración para poder dar sentido a sus compo-
nentes, que hemos de poner en relación con la trama. Pero la configura-
ción de la trama debe, a su vez, extraerse a partir de la secuencia de acon-
tecimientos. Paul Ricoeur, parafraseando al filósofo de la historia británico
w. B. Gallie, expresa sucintamente la cuestión:
Una historia describe una secuencia de acciones y experiencias de un determi-
nado número de personajes, ya sean reales o imaginarios. Estos personajes se
representan en situaciones que cambian... [a] las que reaccionan. Estos cam-
bios, a su vez, revelan aspectos ocultos de las situaciones y de los personajes,
que dan lugar a una situación problemática que requiere nuevos pensamientos
o acciones, o ambas cosas a la vez. La respuesta que se da a esta situación hace
'que concluya la hlstoria.U
Más adelante diré muchas más cosas sobre estos cambios, situaciones
problemáticas y demás, pero por ahora es suficiente con lo dicho.
Una segunda característica de las narraciones es que pueden ser «rea-
les» o «imaginarías» sin menoscabo de SIl poder como relatos. Es decir, el
sentidoy. la referencia de un relato guardan entre sí una relación anómala.
La indiferencia del relato a la realidad extralingüística subraya el hecho de
que posee una estructura interna -respecto al discurso mismo. En otras
palabras, lo que determina su configuración global o trama es la secuencia
de sus oraciones, no la verdad o falsedad de. esas oracione.s. Es esta pecu-
liar secuencialidad la que resulta indispensable para el significado de un
relato y para la forma de organización mental mediante la cual es captado.
Los esfuerzos por destronar esta «regla de secuencialidad» como la piedra
La psicologia popular como ínstrumento de la cultura &7
de toque de las narraciones han llevado a explicaciones de las mismas que
sacrifican su peculiaridad en aras de alguna otra meta. El famoso ensayo
de Carl Hempel «La función de las leyes generales en la historia» es un
ejemplo típico. Al intentar «descronologizar» las descripciones históricas
diacrónicas analizándolas en proposiciones sincrónicas «científico-socia-
les», lo único que consigue Hempel es perder particularidad, confundir
interpretación y explicación, y relegar falsamente la voz retórica del narra-
dor al dominio de la «objetividade.l''
El hecho de que la descripción «empírica» del historiador y el relato
imaginario del novelista compdrtan--la forma narrativa resulta, si lo pensa-
mos detenidamente, bastante sorprendente. Desde Aristóteles, esta cues-
tión ha constituido un reto para los sesudos investigadores tanto de la lite-
ratura imaginativa como de la historia. ¿Por qué aplicar la misma forma a
la realidad que a la ficción? ¿Es que la primera imita a la segunda, o al
revés? ¿Cómo adquiere su fonna la narración? Una respuesta a esta pre-
gunta es, por supuesto, la «tradición». Y resulta difícil negar que las for-
mas de la narración son, como si dijéramos, residuos sedimentarios de for-
mas tradicionales de relatar, como sucede con la tesis de Albert Lord,
según la cual toda narración hunde sus raíces en nuestra herencia ancestral
de relatar historias. En la misma vena, Northrop Frye sostiene que la lite-
ratura se forma a partir de sus propias tradiciones, de tal manera que inclu-
so sus innovaciones crecen a partir de raíces tradicionales. También Paul
Ricoeur considera que la tradición proporciona lo que denomina «la lógica
imposible de las estructuras narrativas», mediante la cual miriadas de
• .. . 11
secuencias se enlazan entre SI para constmur narraciones.
Pero, aunque no cabe duda de que las convenciones y las tradiciones
desempeñan un papel importante a la hora de conferir a la narración sus
estructuras, confieso que me producen un cierto malestar todos los tradi-
cionalismos minuciosos. ¿Es irrazonable suponer que exista en el ser
humano alguna forma de «disposición» para la narración que sea respon-
sable de la conservación y elaboración de esa tradición originalmente (ya
sea, en términos kantianos, como «un arte escondido en el alma humana»,
ya sea como una característica de nuestra capacidad lingüística, o incluso
como una capacidad psicológica similar, pongamos por caso, a la disposi-
ción a convertir nuestro mundo visual en figura y fondo)? No quiero decir
con esto que «almacenemos» historias o mitos arquetípicos específicos,
como proponía C. G. rung.'! Esta idea parece un concretismo fuera-de
lugar. A lo que yo me refiero es a una facilidad o predisposición a organi-
58 Actos de significado
zar la experiencia de forma narrativa, mediante estructuras de tramas y
demás. En el siguiente capítulo presentaré algunos datos que apoyan esta
hipótesis. En mi opinión, esta idea es irresistible. Y otros investigadores
que se han ocupado del problema de las narraciones se han visto tentados
por este camino.
La mayor parte de los esfuerzos por encontrar esa «disposición» han
derivado de la noción aristotélica de mimesis. Aristóteles utilizó esta idea
en su Poética para describir la manera en que el drama imitaba la «vida»,
intentando aparentemente sugerir que, de alguna manera, la narración con-
sistía en contar las cosas tal y como habían sucedido, de tal manera que el
orden de la narración vendría determinado por el orden de los aconteci-
mientos en la vida real. Pero una lectura detenida de la Poética sugiere que
Aristóteles tenía otra cosa en mente. La mimesis consistía en captar «la
vida en acción», elaborando y mejorando lo que sucedía. El mismo Paul
Ricoeur; quizá el más profundo e infatigable de los modernos investigado-
res de la narración, tiene dificultades con esta idea. A Ricoeur le gusta lla-
mar la atención sobre el parentesco que existe entre «estar en la historia» y
«contar algo acerca de ella», señalando que entre ambos casos hay una
especie de «mutua correspondencia». «La forma de vida a la que corres-
ponde el discurso narrativo es nuestra condición histórica misma». Pero
Ricoeur tiene también problemas para mantener su figura lingüística. «La
mimesis», afirma, «es una especie de metáfora de la realidad). «Se refiere
a la realidad no para copiarla, sino para otorgarle una nueva lectura». Yes
en virtud de esta relación metafórica, según argumenta después,' por lo que
la narración puede seguir adelante aun «con la suspensión de la exigencia
referencial del lenguaje normal», o, lo que es lo mismo, sin la obligación
de tener que «corresponderse) con el mundo de la realidad extralingüísti-
ca.
19
Si la función de la mimesis consiste en interpretar la «vida en acción»,
entonces se trata de una forma muy compleja de lo que C. S. Peirce llamó
hace mucho un eínterpretante». un esquema simbólico para mediar entre
el signo y el «mundo», un interpretante que existe en algún nivel superior
al de la palabra o la oración, en el nivel del discurse mismo.
20
Tenemos
que ocupamos aún del problema de cuál es el origen de la capacidad de
crear unos interpretantes simbólicos can complejos si no se trata simple-
mente de que el arte copie .la vida. De este problema es del que nos vamos
a ocupar en el siguiente capítulo. Pero antes hemos de prestar atención a
otras cuestiones.
La psicologfa popular como instrumento de te cultura 59
v
Otra característica crucial de la narración, como ya hemos señalado de
pasada, es su especialización en la elaboración de vínculos entre lo excep-
cional y lo corriente. De esta cuestión vamos a ocuparnos ahora. Me voy a
pennitir comenzar planteando un dilema aparente. La psicología popular
se encuentra investida de canonicidad. Se centra en lo esperable '110 lo
usual de la condición humana. Dota a ambos de legitimidad o autoridad.U
Sin embargo posee medios muy poderosos construidos a propósito para
hacer que lo excepcional y lo inusual adopten una forma comprensible.
porque, como he reiterado en el capítulo introductorio, la viabilidad de
una cultura radica en su capacidad para resolver conflictos, para explicar
las diferencias y renegociar los significados comunitarios. Los «significa-
dos negociados», que según los antropólogos sociales y los críticos cultu-
rales son esenciales para la conducta de una cultura, son posibles gracias
al aparato narrativo de que disponemos para hacer frente simultáneamente
a la canonicidad y la excepcionalidad. Así, aunque una cultura debe conte-
ner un conjunto de normas, también debe contener un conjunto de procedi-
mientos de interpretación que permitan que las desviaciones de esas nor-
mas cobren significado en función de patrones de creencias establecidos.
La psicología popular recurre a la narración y la interpretación narrativa
para lograr este tipo de significados. Los relatos alcanzan su significado
explicando las desviaciones de lo habitual de forma comprensible, propor-
cionando la «lógica imposible» a la que hacíamos referencia.en la sección
anterior. Lo mejor es que examinemos esta cuestión con más detenimiento
ahora.
Comencemos por lo ecorrientes o lo «habitual», lo que la gente da por
supuesto en relación con la conducta que se produce a su alrededor. En
cualquier cultura, por ejemplo, damos por supuesto que la gente se com-
porta de manera adecuada respecto a la situación en que se encuentra.
Roger Barker dedicó 20 años de sagaz investigación a demostrar el poder
de esta regla social aparentemente tan banal.
22
Se espera que la gente se
comporte de acuerdo con las situaciones con independencia de cuáles sean
sus «papeles», de que sean extrovertidos o introvertidos, independiente-
mente de cuáles sean sus puntuaciones en el MM"PI o de cuáles sean sus
ideas políticas. En palabras de Barker, cuando entramos en una oficina de
correos, nos comportamos en plan de «oficina de correos».
80 Actos de significado
Esta «regla de situación» rige tanto para el discurso como para la
acción. El Principio de Cooperación de Paul Grice capta bien la idea. Gri-
ce propuso cuatro máximas sobre la manera en que los intercambios con-
versacionales son y/o deberían ser mantenidos: las máximas de cualidad,
cantidad, relevancia y manera, según las cuales nuestras intervenciones en
una conversacion deberían ser breves, claras, relevantes y veraces. Cuando
nos desviamos de estas máximas, creamos significados adicionales, produ-
ciendo lo que Grice denomina eimplicaturas conversacionales»; se desen-
cadena una busqueda del «significado» en 10excepcional, significados que
radican en la naturaleza de su desviación respecto al uso corríente.P
Cuando la gente se comporta de acuerdo con el principio situacional
de Barker o con las máximas de interacción conversacional de Grice, no.
preguntamos por qué: sencillamente la conducta se da por supuesta. corno
si no tuviera necesidad de más explicaciones. Corno es lo corriente, se
experimenta como algo canónico y, por consiguiente, que se explica a sí
mismo. Damos por supuesto que, si le preguntamos a alguien dónde se
encuentran los Almacenes Macy, nos dará las señas de una manera rele-
vante, correcta, clara y breve; ese tipo de respuesta no requiere ninguna
explicación. A cualquier persona le parecería extraordinariamente extraño
que nos planteásemos la pregunta de por qué se comporta la gente de esa
manera: en plan de «oficina de correos» en la oficina de correos, y de for-
ma breve, clara, relevante y sincera al responder a una persona que ha
pedido unas señas. Si les presionamos para que den una explicáción de lo
que parece que se explica a sí mismo, nuestros interlocutores nos respon-
derán, o con un cuantificador (etodo el mundo lo hace») y/o con una
expresión modal deóntica (ees 10 que se supone que hay que hacer»). El
peso de su explicación radicará en resaltar lo apropiado del contexto como
escenario para el acto en cuestión.
En cambio, cuando nos encontramos ante una excepción de lo corrien-
te y le pedimos a alguien que nos explique qué está pasando, la persona .a
la que interpelamos nos contará prácticamente siempre una historia en la
que habrá razones (o alguna otra especificación de un estado intencional).
Además, la historia, casi invariablemente, consistirá en la descripción de
un mundo posible en el que se hace que, de algún modo, la excepcián..que
se ha encontrado tenga sentido o esigniñcado.» Si alguien entra en la esta-
feta de correos, despliega una bandera americana y empieza a agitarla,
nuestro interlocutor, desde su psicología popular, en respuesta a la pregun-
ta que nuestra perplejidad nos hace formularle, nos dirá que probablemen-
La psicologíapopularcomo instflJmento de /a cuftura 81
te hoy se celebra alguna fiesta nacional y que se le había olvidado, que tal
vez alguna sociedad benéfica de Correos está realizando una cuestación, o
puede que sencillamente diga que el hombre de la bandera es algún chifla-
do nacionalista cuya imaginación se ha debido de ver inflamada por algo
que haya leído en la prensa sensacionalista matutina.
Todas estas historias parecen estar concebidas para otorgar significado
a la conducta excepcional, de una manera que implica tanto un estado
tmencional en el protagonista (una creencia o un deseo) como algún ele-
mento canónico de la cultura (una tiesta nacional, una cuestación o el
nacionalismo radical). La función de la historia es encontrar un. estado
intencional que mitigue o al menos haga comprensible la desviación res-
pecto al patrón cultural canónico. Este objetivo es el que presta verosiruí-
Iitud a una historia. También puede otorgarle una función pacificadora,
pero esta cuestión puede esperar hasta un capítulo posterior.
Tras haber examinado tres características. de la narración -su secuen-
cialidad, su «indiferencia» fáctica, y su peculiar forma de enfrentarse a las
desviaciones de lo canónico-- pasaremos ahora a ocuparnos de su carácter
dramático. El análisis clásico de Kenneth Burke sobre el «dramatismo».
como lo bautizó él mismo hace casi medio siglo, aún nos sirve como punto
de partida.e' Las historias bien construidas, según Burke, constan de cinco
elementos: un Actor, una Acción, una Meta, un Escenario y un Instrumen-
to, a los que hay que sumar un Problema. El Problema consiste en la exis-
tencia de un desequilibrio entre cualquiera de los cinco elementos anterio-
res: la Acción hacia una Meta resulta inadecuada en un Escenario
determinado, como sucedía con las extravagantes maniobras de Don Qui-
jote persiguiendo fines caballerescos; también puede ser que un Actor no
encaje en el Escenario, como sucedía con Portnoy en Jerusalem o con
Nora en Casa de Muñecas; o existe un Escenario doble, como sucede en
las historias de espías; o una confusión de las Metas, como pasaba con
Ernma Bovary.
El dramatismo, en el sentido de Burke, se centra en desviaciones res-
pecto a lo canónico que tienen consecuencias morales, desviaciones que
tienen que ver con la legitimidad, el compromiso moral o los valores. Por
consiguiente, las historias tienen que relacionarse necesariamente con lo
lS2 Actos de significado
que es moralmente valorado, moralmente apropiado o moralmente
incierto. La noción misma de Problema presupone que las Acciones
deben ajustarse adecuadamente a las Metas, los Escenarios deben corres-
a los Instrumen.tos, y así sucesivamente. Las historias, llevadas a
término, son exploraciones de los límites de la legitimidad, como ha
señalado Hayden White. 25 Resultan «semejantes a la vida»; en ellas se
explica o, incluso, se corrige moralmente un problema. Y, si el relato está
plagado de desproporciones ambiguas, como sucede con frecuencia en la
novela postmodema, es porque los narradores intentan subvertir los
convencionales mediante los cuales las historias adoptan una
actitud moral. Narrar una historia supone ineludiblemente adoptar una-
postura moral, aun cuando sea una postura moral contra las posturas
morales.
Hay otra característica de las narraciones bien construidas; lo que en
otro lugar he llamado su «paisaje dual»26. Esto quiere decir Quelos acon-
tecimientos y las acciones del mundo supuestamente «real» ocurren al
mismo tiempo que una serie de acontecimientos mentales en la concien-
cia de los protagonistas. La existencia de un vínculo discordante entre
partes, como el Problema de los cinco elementos burkianos, pro-
porcrona fuerza motriz a la narración, como sucede con Píramo y Tisbe,
y Julieta, o Edipo y su esposa/madre Yocasta. Porque las historias
que ver con cómo interpretan las cosas los protagonistas, qué sig-
nifican las cosas para ellos. Esto es algo que se encuentra incorporado al
aparato de la historia: el hecho de que esta implica tanto una convención
como una desviación respecto a esta última que puede explicarse
a partir del estado intencional de un individuo. E.sta otorga a las. historias
no sólo un status moral sino también un status epistémicn
Las narraciones literarias modernistas, por usar la expresión de Eric
Kahler, han adoptado un «giro interior» destronando al narrador omnis-
ciente conocía, por un lado, el mundo «tal y como era» y, por otro,
cómo 10 mterpretaban sus proragonístas.é? Al prescindir de él, la novela
ha agudizado la sensibilidad contemporánea hacia el conflicto
inherente a dos personas que intentan conocer el mundo «exterior» desde
distintas. Es algo que merece la pena tener en cuenta, ya que
ilustra hasta qué punto distintas culturas históricas se enfrentan a la rela-
ción entre los dos «paisajes». Erich Auerbach, que en su Mimesis recons-
truye la historia de la representación de la realidad en la literatura occi-
dental, comienza con las realidades narratívamente ciertas de la Odisea y
LapsiC%gfa popularcomo instrumento-dela cuUwa e3
termina con la fenomenología atenuada de Virginia Woolf en Al Faro.
28
Merece la pena dedicar algo más que una consideración pasajera al hecho
de que, desde, pongamos por caso, Flaubert y Conrad hasta el presente,
el Problema que mueve la narración literaria se ha hecho, por así decir,
más el'istémico, se ha viseo más atrapado en el choque de significados
alternativos, menos implicado en las realidades establecidas de un paisaje
de acción. Y quizá haya sucedido lo mismo con las narraciones cotidia-
nas. A este respecto, seguramente la vida debe de haber imitado ya al
arte.
Empieza a quedar claro por qué la narración resulta un vehículo tan
natural para la psicología popular. La narración trata (casi desde las prime-
ras palabras del niño, como veremos en el siguiente capítulo) del tejido de
la acción y la intencionalidad humanas. Media entre el mundo canónico de
la cultura y el mundo más idiosincrático de las creencias, los deseos y las
esperanzas. Hace que lo excepcional sea comprensible y mantiene a raya a
lo siniestro, salvo cuando lo siniestro se necesita como tropo. Reitera las
normas de la sociedad sin ser didáctica. y, como pronto quedará claro,
proporciona una base para la retórica sin confrontación. Puede incluso
enseñar, conservar recuerdos o alterar el pasado.
vn
Hasta ahora, he dicho muy poco acerca del parentesco estructural o la
afinidad entre las narraciones «ficticias» y las «empíricas», cuestión que
saqué a la palestra anteriormente al ocuparme de la indiferencia de las
narraciones con respecto a la referencia. Dada la especialización de. los
lenguajes normales para establecer contrastes binarios, ¿por qué ninguno
de ellos impone una distinción gramatical o léxica, radical y definitiva,
entre las historias que son verdad y las que son imaginarias? Como si se
burlara de la distinción, muchas veces la ficción se disfraza con la «retóri-
ca de lo real» para conseguir su verosimilitud imaginaria. ,y sabemos,
especialmente por los estudios sobre la forma autobiográfica. que las for-
mas ficticias proporcionan muchas veces las líneas estructurales mediante
las cuales se organizan las «vidas reales». Curiosamente, la mayoría de las
lenguas occidentales retienen en su vocabulario palabras que parecen sub-
vertir perversamente la distinción entre Dichtung y Wahrheit: storia en ita-
84 Actos de significs.do
liano, histoire en francés, story en inglés, historia en castellano. Si la ver-
dad y la posibilidad resultan inextricables en las narraciones, este hecho
debería poner las narraciones de la psicología popular a una extraña luz,
dejando al oyente, como si dijéramos, perplejo respecto a qué pertenece al
mundo y qué a la imaginación. y, ciertamente, muchas veces eso es lo que
sucede; ¿es una determinada explicación narrativa simplemente un «buen
relato» o es la «realidad» misma? Quiero detenerme brevemente en esta
curiosa ambigüedad, porque creo que revela algo importante sobre la psi-
cología popular,
Volvamos a nuestra anterior discusión de la mimesis. Recordemos la
idea de Ricoeur según la cual una «historia» (ya sea real o imaginaria)
invita a la reconstrucción de Io que podría haber sucedido. Wolfgang Iser
viene a decir lo. mismo cuando señala que una característica de la. ficción
es que coloca los acontecimientos en un «horizonte» más amplio de posi-
bilidades. 29 En mi libro Actual Minds, Possible Worlds intenté mostrar
hasta qué punto el lenguaje de una narración bien hecha difiere del de una
exposición bien elaborada por el empleo que hace de las «transformacío-
~ t : . s subjuntivizadoras». Estas son usos léxicos y gramaticales que realzan
estados subjetivos, circunstancias atenuantes y posibilidades alternativas.
En aquel libro mostraba que existía un contraste radical entre un relato
corto de James Joyce y una descripción etnográfica ejemplar de Martha
Weigel sobre la hermandad de sangre entre los penitentes, no sólo por el
uso que los autores hacen de esos «subjuntívizadoress sino también en la
incorporación que de ellos hacen los lectores al hablar sobre lo que habían
leído. La «historia» terminaba por estar incluso más subjuntivizada en la
memoria de 10 que fue escrita; la exposición terminaba en un estado más
semejante al del texto original. Es como si, para que una historia fuera
buena, hubiera que hacerla algo incierta, abierta de algún modo a lecturas
alternativas, sujeta a los caprichos de los estados intencionales•.indetermi-
nada.
Una historia que consigue alcanzar la incertidumbre o subjuntividad
necesaria ---que consigue 10 que los críticos formalistas rusos denomina-
ban literaturnost o «Iiterariedade-c- debe cumplir unas funciones muy
especiales para aquellos que caen bajo su dominio. Desgraciadamente,
sabemos muy poco sobre esta cuestión, pero me gustaría ofrecer algunas
hipótesis puramente especulativas al respecto, si el lector escéptico es
indulgente conmigo.
La psicologfa popular como instromento de la cultura 85
La primera es que entrar en las historias «subjuntivas» es más fácil,
resulta más sencillo identificarse con ellas. Con este tipo de historias es
posible, como si dijéramos, que «nos las probemos» para ver si su talla
psicológica encaja con la nuestra. Si nos sientan bien, las aceptamos-; pero,
si nos aprietan en nuestra identidad o compiten con compromisos estable-
cidos, las rechazamos. Sospecho que la «omnipotencia de pensamiento"
del niño permanece lo suficientemente intacta cuando somos adultos como
para que nos encaramemos al proscenio para convertirnos (aunque sólo
sea por un momento) en quienquiera ¡Que sea que se encuentre sobre el
escenario y nos metamos en el aprieto de que se trate. En una palabra, una
historia es experiencia vicaria, y el tesoro de narraciones en que podemos
entrar incluye, ambiguamente, «relatos de experiencias reales) u ofertas
de una imaginación culturalmente conformada.
La segunda hipótesis tiene que ver con cómo se aprende a distinguir,
por usar la expresión de Yeats, «entre el baile y el bailarín". Una historia
es la historia de alguien. A pesar de los esfuerzos literarios del pasado por
estilizar al narrador en un «Yo omnisciente», las historias tienen inevita-
blemente una voz narrativa: los acontecimientos se contemplan a través de
un conjunto peculiar de prismas personales; Y, sobre todo, cuando las his-
torias adoptan la forma, como sucede tan a menudo (tal y como veremos
en el siguiente capítulo), de justificaciones o «excusas», su tono retórico
es evidente. Carecen del carácter de «muerte súbita" de las exposiciones
construidas de forma objetiva, en las que las cosas se reflejan «como son".
Cuando queremos llevar un relato acerca de algo al dominio de los signifi-
cados negociados, decimos, irónicamente, que ha sido un «buen cuento" o
una «buena historia». Las historias, por consiguiente, son instrumentos
especialmente indicados para la negociación social. Y su status, aun cuan-
do se consideren historias «veraces», permanece siempre en un terreno a
medio camino entre lo real y 10 imaginario. El revisionismo perpetuo de
los historiadores, él surgimiento de los «docudramas», la invención litera-
ria de la faction en contraposición a la fiction * las conversaciones de
almohada de los padres intentando revisar la interpretación de los actos de
sus hijos, son todos ejemplos que dan testimonio de esta epistemología
• En inglés, los relatos literarios reciben el nombre genérico de [iction: «ficción...
Recientemente, se ha acuñado la expresión faction, concebida como un juego de palabras,
para referirse a los relatos verídicos, realistas. En castellano el efecto de este retruécano es
mucho menor, dada la utilización menos frecuente del término ficción en el sentido inglés, y
la más frecuente del térmmo facción en el sentido de «división intema.» [N. del T.]
88 Actos de significado
ambigua del relato. Ciertamente, la existencia del relato o la historia como
forma es una garantía perpetua de que la humanidad siempre «irá más
allá» de las versiones recibidas de la realidad. ¿No será por esto por lo que
los dictadores tienen que tomar medidas tan draconianas contra los nove-
listas de una cultura?
y una última especulación. Es más fácil vivir con versiones alternati-
vas de una historia que con premisas alternativas de una explicación
«científica». No tengo respuesta, en ningún sentido psicológicamente pro-
fundo, a la cuestión de por qué esto es aSÍ, pero tengo una sospecha. Sabe-
mos por nuestra propia experiencia de- contar historias consecuentes sobre
nosotros mismos que existe un lado ineludiblemente «humano» en el
hecho de dar sentido a algo. Y estamos dispuestos a aceptar una versión
diferente simplemente como algo «humano». El espíritu de la ilustración
que llevó a Carl Hempel, como mencionamos antes, a defender la idea de
que la historia debería «reducirse» a formas proposicionales verificables
había perdido de vista la función negociadora y hermenéutica de la histo-
ria.
VID
Quiero ocuparme ahora del papel que desempeña la psicología popular
en forma narrativa en 10 que, en términos generales, podríamos llamar la
«organización de la experiencia». Me interesan especialmente dos cuestio-
nes. Una de ellas, de carácter más bien tradicional, suele recibir el nombre
de elaboración de marcos o esquematización; la otra es la regulación afec-
tiva. La elaboración de marcos proporciona un medio de «construir» el
mundo, de caracterizar su curso, de segmentar los acontecimientos que
ocurren en.él, etc. Si no fuésemos capaces de elaborar esos marcos, estarí-
amos perdidos en las tinieblas de una experiencia caótica, y probablemen-
te nuestra especie nunca hubiera sobrevivido.
La manera típica de enmarcar la experiencia (y nuestros recuerdos dI.'
ella) es la modalidad narrativa, y Jean Maruller DOS ha hecho el favor ~
acumular las pruebas que demuestran que lo que no se estructura de forma
narrativa se pierde en la memone.P La elaboración de marcos prolonga La
experiencia en la memoria, en donde, como sabemos desde los estudios
clásipos de Bartlett, se ve alterada sistemáticamente para adaptarse 8 nues-
La psicología popular como instrumento de la cultura fi1
tras representaciones canónicas del mundo social, y. si no puede alterarse,
o bien se olvida o bien se destaca por su excepcionalided.
Todo esto nos resulta una historia familiar. pero se ha visto algo trivia-
lizada haciéndola parecer un fenómeno completamente individual, simple-
mente una cuestión de establecer trazos y esquemas en el cerebro de cada
individuo, por así decir. El mismo Bartlett, que desapareció hace tiempo,
ha sido acusado recientemente por algunos críticos de haber abandonado
una postura inicialmente «cultural» sobre la elaboración de marcos en la
memoria, en favor de otra más psicológica e individualista. John Shotter
analiza en un ensayo el supuesto cambio de las ideas de Bartlett entre un
artículo poco conocido, publicado en 1923, y su renombrado libro de
1932. Shotter insiste con fuerza en que la elaboración de marcos es una
actividad social, cuyo objetivo es compartir la memoria en una cultura en
lugar de servir meramente para garantizar el almacenamiento individual.31
Cita unas palabras de la temible crítica y antropóloga social Mary Dou-
glas, según las cuales «el autor del mejor libro sobre el recuerdo olvidó sus
convicciones originales [y] se vio absorbido por el marco institucional de
la psicología de la Universidad de Cambridge y limitado por las condicio-
nes del laboratorio experimentals.V
Pero no cabe duda de que, en realidad, Bartlett no había olvidado la
parte cultural de aquello cuya exploración había emprendido. En una sec-
ción fmal de su conocido libro. dedicada a la «psicología social del recuer-
do», Bartlett dice:
Todo grupo social se ve organizado y mantenido por alguna tendencia psico-
lógica específica o por un grupo de estas, que confieren al grupo un sesgo en
su relación con las circunstancias externas. E s ~ sesgo construye las caracte-
rísticas especiales y duraderas de la cultura del grupo ... [y esto] determina
inmediatamente lo que el individuo va a observar en su ambiente y las cone-
xiones que establecerá entre su vida pasada y esta respuesta directa. Este
efecto del sesgo se produce especialmente de dos maneras. En primer lugar,
proporcionando esas condiciones de interés. excitación y emoción que favo-
recen el desarrollpde imágenes específicas; y, en segundo lugar, proporcio-
nando un merco" permanente de instituciones y costumbres que actúa como
base esquemática para la memoria consrructíve.P
A propósito del poder «esquematizador» de las instituciones al que-se
refiere Bart1ett, voy a replantear una cuestión a la que he aludido enteríor-
B8 Actos de signifiCado
mente. La experiencia y la memoria del mundo social están fuertemente
estructuradas no sólo por concepciones profundamente intemalizadas y
narratlvizadas de la psicología popular sino también por las instituciones
históricamente enraizadas que una cultura elabora para apoyarlas e incul-
carlas. Scott Fitzgerald tenía razón al decir que los más ricos son «diferen-
tes», y no sólo porque posean una fortuna: se les ve diferentes y, en efecto,
actúan como si lo fueran. La «ciencia» misma refuerza estas percepciones
y sus transformaciones en la memoria, como sabemos gracias a libros
recientes como el de Cynthia Fuchs Bpstein Deceptive Disunctions. que
demuestra cómo los estereotipos sexuales se han visto acentuados y exage-
rados de forma sistemática por la elección de los instrumentos con que se
medían.é" La estructura misma de nuestro vocabulario, aunque puede que
no nos fuerce a codificar los acontecimientos humanos de una forma
determinada, ciertamente nos predispone a ser cultural mente canónicos.
Detengámonos a considerar esas maneras cultural mente impuestas de
dirigir y regular el afecto en interés de la cohesión cultural a las que se
refiere Bartlett. En El Recuerdo insiste en que lo más característico de los
«esquemas de memoria», tal y como él los concibe, es que se encuentran
bajo el control de una «actitud» afectiva. En efecto, según él, cualquier
«tendencia conflictiva» capaz de alterar el equilibrio individual o amena-
zar la vida social es igualmente capaz de desestabilizar la organización de
la memoria. Es como si la unidad de afecto (en contraste con el «conflic-
to») fuese una condición para la esquematizacion económica de la memo-
na.
Pero Bartlett va aún más lejos. Según él, cuando nos esforzamos por
recordar algo, normalmente lo primero que nos viene a la mente es un
afecto o una eacutud cargada», es decir, que lo que estamos intentando
recordar era algo desagradable, algo que nos resultó embarazoso, algo
emocionante, etc. El afecto es algo así como una huella dactilar general
del esquema que hay que reconstruir. «El recuerdo es, entonces, una cons-
trucción efectuada en gran medida sobre la base de esta actitud, y su efecto
general es el de una justificación de Ja actitud». Según esto, el recuerdo
sirve para justificar un afecto, una actitud. El acto de recordar está «carga-
do», por consiguiente, y cumple una función «retórica» en el proceso de
reconstrucción del pasado. Es una reconstrucción concebida para justificar.
La retórica, por así decir, determina incluso la forma de «invención» en
que nos deslizamos al reconstruir el pasado: «el sujeto confiado se justifi-
ca a sí mismo -alcanza una racionalización, por así decir- proporcio-
La pSicología popular como instrumento de la cultura 89
nando más detalles de los que en realidad hubo; en tanto que el sujeto pre-
cavido y dubitativo reacciona de manera opuesta, y encuentra su justifica-
ción reduciendo los detalles presentados [en el experimento] en lugar de-
aumenténdolose.P
Pero me gustaría añadir una dimensión ínterperscnal, o cultural a la
descripción de Bartlett. No intentamos sólo convencernos a nosotras. mis-
mos con nuestras reconstrucciones de memoria. Recordar el pasado tam-
bién cumple una función de diálogo. El interlocutor de la persona que
recuerda (ya sea estando presente en carne y hueso o en la forma abstracta
de un grupo de referencia) ejerce un.a presión sutil pero continua. Esta es,
sin duda, la clave de los brillantes experimentos del propio, Bartlett sobre
la reproducción serial, en los que un cuento amerindio, en principio ajeno
a la cultura de los sujetos, se convencionaliza culturalmente cuando pasa
sucesivamente de un estudiante universitario de Cambridge a otro. Según
la expresión de Bartlett, en nuestras reconstrucciones memorísticas crea-
mos un «clima simpático». Pero es un clima simpático no sólo respecto a
nosotros sino también respecto a nuestros interlocutores.
En una palabra. IQS procesos implicados en «tener y retener» experien-
cias están informados por esquemas impregnados de concepciones de la
psicología popular sobre nuestro mundo: las creencias constituyentes y las
narraciones a mayor escala que los contienen en esas configuraciones tem-
porales o tramas a las que hicimos referencia anteriormente.
IX
Pero las narraciones no pueden reducirse meramente a la estructura de
su trama o al dramatismo. Ni puede decirse que no sean más que «histori-
cidad» o diacronicidad. También son una manera de usar el lenguaje. Ya
que parece que su efectividad depende (como ya he ~ ñ a l a d o al analizar
su «subjuntividad») de su «literariedad», incluso al relatar sucesos coti-
dianos. Las narraciones dependen en una medida sorprendente del poder
de los tropos, es decir, de la metáfora, la metonimia la sinécdoque, la
implicaci6n y demás figuras. Sin ellos, ras narraciones pierden su poder
de «ampliar el horizonte de posibilidades», de explorar todo el espectro
de conexiones entre 10 excepcional y 10 corríente.é" En efecto, recorde-
mos que Ricoeur se refiere incluso a la mimesis como «metáfora de la rea-
lidad».
70 Actos de significado
Las narraciones, además, deben ser concretas: deben «ascender a lo
particular», corno en una ocasión dijo Karl Marx.'? Una vez conseguidas
sus particularidades, las convierte en tropos: sus Agentes, Acciones, Esce-
narios, Metas e Instrumentos (y también sus Problemas) se convierten en
emblemas. Schweitzer se convierte en la «compasión», Talleyrand, en la
«astucia», la campaña de Rusia de Napoleón, en la tragedia de la ambición
desmedida; el Congreso de Viena, en un ejercicio de maniobras imperiales.
Hay una propiedad descollante compartida por todos estos «emble-
mas» que los diferencia de las proposiciones lógicas. Impenetrables tanto
a la inferencia como a la inducción, se resisten a los procedimientos lógi-
cos para establecer lo que significan. Los emblemas, como hemos dicho,
se ímerpretau. Leamos tres de las obras de Ibsen: El Pato Salvaje, Casa de
Muñecas y Hedda Gabler. No hay manera de llegar lógicamente a-sus
condiciones de «verdad». No pueden descomponerse en un conjunto de
proposiciones atómicas que nos permitan aplicarles operaeiones lógicas.
Ni podemos extraer sin ambigüedad su «sustancia». ¿Es el hijo que vuelve
en El Pato Salvaje un emblema de la envidia, del idealismo o, como se
sugiere veladamente en sus últimas líneas, representa a todos aquellos que
están «destinados a ser el decimotercer invitado de la cena»? ¿Es Nora, en
Casa de Muñecas, una feminista prematura, una narcisista frustrada o una
mujer que paga el elevado precio de la respetabilidad? Y Hedda: ¿Es una
historia sobre el hijo malcriado de un padre famoso, sobre la muerte implí-
cita en la esperanza de perfección, sobre la inevitable complicidad que se
da en el autoengaño? La interpretación que ofrecemos, con independencia
de que sea histórica, literaria o-judicial, siempre es, como ya hemos seña-
lado, normativa. No se puede defender ninguna de estas interpretaciones
sin adoptar una postura moral y una actitud retórica. Igual que no podemos
interpretar unfvocamente las versiones de las dos partes en una disputa
familiar, o los argumentos de ambas partes en una causa sobre la Primera
Enmienda en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. En efecto, el
actóde habla mismo que supone «contar una historia» -ya sea de la vida
real o imaginaria-e- advierte al espectador de que su significado no puede
establecerse recurriendo a las reglas de Frege y Russell sobre el sentido y
la reterencía." Interpretamos las historias por su verosimilitud, por su
«apariencia de verdad», o, para ser más exactos, por su «similitud a la
vida».
Los significados interpretativos del tipo a que nos referimos son meta-
fóricos, alusivos. nwy sensibles al contexto Pero son la moneda de la cul-
La psicología popular como instrumento de la cultura 71
tura y de su psicología popular narrativizada. El significado, en este senti-
do, difiere de una fonna fundamental de lo que para los filósofos de la tra-
dición angloamericana dominante quiere decir la palabra «significado».
¿Quiere esto decir que el «significado cultural» tiene que ser, por consi-
guiente, una categoría totalmente impresionista o literaria? Si así fuera, no
habría demasiado buenos -augurios para una psicología cultural que tendría
como piedra angular el concepto «más impreciso» de significado. Pero no
creo que esto sea así, y voy a explicar por qué.
A comienzos de este siglo, la filosofía angloamericana dio la espalda a
lo que tradicionalmente se conoce con el nombre de «psicologismo». No
hay que confundir el proceso de pensar, por un lado, y el «pensamiento
puro», por otro. El primero es totalmente irrelevante para el ámbito del
significado en su sentido filosófico: es subjetivo, privado, sensible al con-
texto e idiosincrático; mientras que los pensamientos puros, encamados en
proposiciones, son compartidos, públicos y susceptibles de escrutinio rigu-
roso. L9S primeros filósofos angloamericanos (e incluyo a Gottlob Frege
entre ellos, dado que él fue quien inspiró el movimiento) veían con recelo
el lenguaje natural, y prefirieron desárrollar su cometido en el medio des-
contextualizado de la lógica tormaí.>? Nadie dudaba de que el modo en
que las mentes individuales llegaban a captar los significados idiosincráti-
cos constituyese un problema genuino, pero se consideraba que este no era
un problema esencial de la filosofía. El problema filosófico era, más bien,
determinar los significados de las oraciones o las proposiciones escritas.
Para hacerlo, había que establecer su referencia y sentido: la referencia,
determinando las condiciones de verdad de una oración; el sentido, esta-
bleciendo con qué otras oraciones podría relacionarse. La verdad era obje-
tiva: las oraciones son verdaderas o falsas con independencia de que noso-
tros nos demos cuenta o no de que lo son. El sentido en general era
independiente de cualquier sentido particular o privado cuestión que nun-
ca llegó a desarrollarse del todo, probablemente porque era imposible
hacerlo. En estas condiciones, el significado se convirtió en una herra-
mienta de los filósofos, un instrumento formal de análisis lógico.
Las oraciones descontextualizedas de la tradición lógica formal apare-
cen como «emitidas por nadie en ninguna parte», son como textos autóno-
mos, «huérfanoss.F' Para establecer el significado de este tipo de textos
hay que recurrir. a un conjunto de operaciones formales sumamente abs-
tractas. Muchos psicólogos, lingüistas, antropólogos y un número cada vez
mayor de filósofos empezaron a quejarse de que la dependencia del sigui-
72 Actos de sJgnJffcado
flcado 'respecto a las condiciones de «verificación» hacía que el concepto
humano, más amplio, de significado relacionado con el uso quedase vír-
tualmente fuera de juego.
Conducidos por la teoría de los a(;:'1S de habla, bajo la inspiración
directa de John Austin y la indirecta de wntgenstein, durante los últimos
30 años, los investigadores de la mente han concentrado sus esfuerzos en
restaurar el contexto comunicativo en el análisis del significado.f Aunque
en la tradición clásica, las emisiones lingüísticas se trataban como locucio-
nes descontextualizadasy «huérfanas», también podían tratarse de manera
sistemática como la expresión de la intención comunicativa del hablante.
Y, en la misma línea, podía plantearse la cuestión de si el significado del
hablante era captado o «absorbido» por el oyente y qué era lo que determi-
naba esa captación. Como todos nosotros sabemos, esa captación depende
de que el hablante y el oyente compartan un conjunto de convenciones
para comunicar diferentes tipos de significado. Y estos significados no se
limitaban a cuestiones relativas a la referencia yla verdad.
Las emisiones lingüísticas encamaban muchas más intenciones que la
mera referencia: pedir, prometer, advertir e incluso, a veces, realizar una
función cultural de carácter ritual, como sucede en el bautismo. Las con-
venciones compartidas que hacían que la emisión lingüística de un hablan-
te encajase con las condiciones de su utilización no eran condiciones de
verdad sino condiciones de felicidad: reglas relativas no sólo al contenido
proposicional de una oración sino también a unas precondiciones contex-
tuales necesarias, a la sinceridad del intercambio, y a las condiciones esen-
ciales que definen la naturaleza del acto de habla (por ejemplo, para poder
«prometer» hay que ser capaz de cumplir). Más adelante, Paul Grice enri-
queció esta descripción poniendo de manifiesto que todas estas convencio-
nes estaban, a su vez, limitadas por el Principio de Cooperación, al que me
he referido con anterioridad (un conjunto de máximas relativas ala breve-
dad, pertinencia, claridad y sinceridad de los intercambios conversaciona-
les).42 Y, a partir de todo esto, se desarrolló la magnífica idea de que el
significado también puede generarse violando esas máximas de una forma
convencional.
Con la introducción de las condiciones de felicidad y de las máximas
de Grice, el «texto huérfano» escrito en la pizarra del lógico dejó su sitio
al habla localizada en un contexto, portadora de la fuerza ilocutiva de la
intención de un hablante. El significado del habla localizada se hizo cultu-
ral y convencional. Y su análisis pasó a estar empíricamente basado y jus-
La psicología popular como instrumento de la cultur's 73
tificado en lugar de ser meramente intuitivo; 'Es en este sentido en el que
he propuesto la restauración del proceso de construir significados como la
esencia de la psicología cultural, de una Revolución Cognitiva renovada.
Creo que el concepto de «significado», entendido de esta manera y según
estos principios, ha vuelto a conectar las convenciones lingüísticas con la
red de convenciones que constituyen una cultura.
Una última palabra acerca del significado, especialmente porque puede
depender de la capacidad de captar una narración de la que forme parte.
He introducido el concepto de narración en deferencia al hecho obvio de
que, al comprender los fenómenos culturales, la gente no se enfrenta al
mundo acontecimiento por acontecimiento; o a un texto, frase por frase.
Los acontecimientos Xlas frases se enmarcan en estructuras mayores, va
sean los esquemas de la teoría de la memoria de Bartlett. los «planes» de
Schank y Abelson, o los marcos propuestos por Van Dijk.
43
Estas estructu-
ras mayores proporcionan un contexto interpretativo para los componentes
que abarcan. Así, por ejemplo, Elizabeth Bruss y Wolfgang Iser dan cada
uno una descripción de principio del «superacto de habla) que constituye
un relato de ficción, o Philippe Lejeune describe sistemáticamente la
empresa en que uno se embarca como escritor o como lector al entrar en-lo
que él ha bautizado con el nombre de «pacto autobiográficoe.t" O pode-
mos imaginamos intentando especificar las condiciones relativas al signi-
ficado de determinadas frases que siguen a la exhortación inicial «ore-
mos». Bajo el signo de esta, la expresión «el pan nuestro de cada día
dénoslo hoy» no debe tomarse como una petición, sino, digamos, como un
acto de reverencia o de fe. Y, para entenderlo en su contexto, hay que
interpretado como un tropo.
Creo que sólo podremos comprender los principios que rigen la inter-
pretación y elaboración de los significados, en la medida en que seamos
capaces de especificar la estructura y coherencia de los contextos más
amplios en que se crean y transmiten significados específicos. Y ese es el
motivo por el que he querido cerrar este capítulo con una clarificación del
problema del significado. Lo cierto es que rechazar la importancia teórica
que el significado tiene para la psicología argumentando que es un concep-
to «vago» nOnos va a llevar a ninguna parte. Su vaguedad estaba en el ojo
del lógico formal de ayer. Hoy hemos superado ya esa postura.
Capítulo 3
LA ENTRADA EN EL
SIGNIFICADO
1
En el último capítulo, me ocupé especialmente de describir lo que he
llamado «psicología popular,» o quizá habría sido más adecuado el rérmi-
no de «ciencias humanas populares». He querido mostrar cómo'Íos seres
humanos, !!J interactuar entre sí, crean UD sentido de lo canónico-y lo ordi-
nario que se constituye en telón de fondo sobre el que poder interpretar y
narrar el significado de lo inusual, de aquello que se desvía de lo estados
«normales» en la condición humana¡ Estas explicaciones narrativas produ-
cen el efecto de enmarcar lo idiosincrático en un molde «vital» o cotidiano
que favorece la negociación y evita las interrupciones y divisiones de la
confrontación. Por último, planteé una concepción de la creación cultural
del significado, según la cual se trataría de un sistema que se ocupa no
sólo del sentido y de la referencia sino también de las «condiciones de
felicidad», es decir, las condiciones mediante las cuales las diferencias de
significado pueden resolverse invocando las circunstancias atenuantes que
dan cuenta de las interpretaciones divergentes de la «realidad».
Este método de negociar y renegociar los significados jnediante la
interpretación narrativa me parece que es uno de los logros m"ls sobresa-
lientes del desarrollo humano, en los sentidos ontogenétíco, cultural y filo-
genético de esa expresión. Culturalmente, el desarrollo se ve enormemente
ayudado por los recursos narrativos acumulados por la comunidad y por
los instrumentos igualmente preciosos que suponen las técnicas interpreta-
tivas: los mitos, las tipologías de los dramas humanos y, también, sus tra-
diciones para localizar y resolver narraciones divergentes. Filogenética-
mente, como veremos enseguida, este desarrollo se ve apoyado en el curso
de la evolución por la aparición en los primates superiores (incluso antes
75
78 Actos de signifiCado
., de la existencia del Homo) de una capacidad cognitiva primordial para
reconocer y explotar las creencias y deseos de sus congéneres. David Pre-
mack fue el primero en calificar esta capacidad cognitiva con el término
de «teoría de la mente».'
En el presente capítulo, me propongo examinar algunos de los caminos
que conducen a los jóvenes seres humanos a lograr (o a hacer realidad) su
poder narrativo, su capacidad no sólo para marcar lo que es culturalmente
canónico sino también para poder dar cuenta de las desviaciones incorpo-
rándolas a una narración. Espero poder demostrar que el logro de tal habi-
lidad no es sólo mental sino también social, un logro de práctica social que
proporciona estabilidad en la vida social del niño. Porque, junto al conoci-
do sistema de intercambios que nos señalara Levi-Strauss, una de las for-
mas más poderosas de estabilidad social radica en la tendencia de los seres
humanos a compartir historias que versan sobre la diversidad de Jo huma-
no, y a proporcionar interpretaciones congruentes con los distintos com-
promisos morales y obligaciones institucionales que imperan en cada cul-
tura.é
II
Pero debemos recorrer un amplio camino antes de llegar a ocupamos
de estas grandes generalidades. Ya que lo que quiero hacer es analizar
cómo entran en el significado los niños desde muy pequeños, cómo apren-
den a dar sentido, especialmente sentido narrativo, al mundo que los
rodea. Decimos de los recién nacidos que no pueden captar los «significa-
dos». Y, sin embargo, en un período de tiempo muy corto (como veremos,
en nuestra opinión, desde el momento en que comienzan a utilizar el len-
guaje) llegarán a ser capaces de entender esos significados. Por ello quiero
empezar esta sección con una necesaria digresión en torno a lo que, a falta
de un término más adecuado, tendré que llamar «la biología del significa-
do».
Esta expresión puede parecer a primera vista un oxímoron, puesto que
el significado es ya un fenómeno mediado culturalmente cuya existencia
depende de un sistema previo de símbolos compartidos, Por eso, ¿cómo
podría hablarse de una «biología» del significado? Desde C. S. Peirce,
reconocemos quefel significado depende DO sólo de un signo y de su refe-
rente, sino también de un interpretante: una representación mediadora del
La entrada en el significado 77
mundo en función de la cual se establece la relación entre signo y referen-
te.3 Recordemos que Peírce distinguía entre iconos, indicios y símbolos.
Para él, el icono tenía una relación de «parecido» con su referente, como
en el caso de un dibujo o una fotografía; el índice tenía una relación de
contingencia. como la del humo con el fuego; y el símbolo dependía de un
sistema de signos en el que la relación de éstos con sus referentes es arbi-
traria y está gobernada únicamente por el lugar que aquellos ocupan en el
sistema, de acuerdo con el cual se define qué es lo que «representan». En
este sentido, los símbolos dependen de la existencia de un «lenguaje» que
contiene un sistema de signos ordenado o gobernado por reglas.
El significado simbólico, por tanto, depende críticamente de la capaci-
dad. humana para intemalizar ese lenguaje y usar su sistema de signos
como interpretante de estas relaciones de «representación». La única for-
ma en que podríamos concebir una biología del significado seria por refe-
rencia a algún tipo de sistema precursor que preparara al organismo prelin-
güístico para entrar en tratos con el lenguaje, algún tipo de. sistema
protolingüístico. Entenderlo así 'sería equivaleñte a invocar' lo innato, a
decir que tenemos una capacidad innata para el lenguaje.
Estas apelaciones a lo innato no son nuevas, y pueden adoptar diversas
formas. Hace una generación, por ejemplo, Noam Chomsky propuso un
«mecanismo de adquisición del lenguaje» innatoc.que operaba aceptando
sólo aquellas entradas de información lingüística procedentes del medio
infantil que se ajustaran a las características de una supuesta estructura
profunda subyacente a todas las lenguas humanas." Su noción de estructu-
ra profunda era completamente sintáctica y no tenía nada que. ver con el
«significado» ni con el uso concreto que se hiciera del lenguaje. EJ:8 una
capacidad totalmente lingüística, una competencia para el lenguaje. Su
tesis se basaba en la supuesta capacidad del niño para captar las reglas de
formación y transformación de las emisiones lingüísticas mediante su
exposición a una experiencia puramente lingüística, experiencia que era:
incluso insuficiente para deducir tales reglas por constar de datos «degene-
rados» o esemigramaticales». El significado de las emisiones o la manera
en que se utilizaban no tenían ninguna influencia.. .
En los años que han transcurrido desde entonces han corndo ríos de
tinta sobre esta disposición sintáctica innata que postulaba Chomsky. No es
necesario pasar revista a la historia de esta controversia puesto que sólo
nos afecta aquí de un modo indirecto. Pero, al menos, logró despertamos
del sueño 'empirista que, desde San Agustín, había dominado todas las
78 Actos de significado
especulaciones sobre la adquisición del lenguaje. Y, además, provocó un
torrente de investigaciones empíricas sobre las condiciones en que se pro-
duce la adquisición infantil de la lengua matema.S De esta enorme cantidad
de literatura científica surgieron tres ideas sobre la adquisición del lenguaje
que pueden guiarnos en nuestra búsqueda de una biología del significado.
La primera se refiere al hecho de que, para adquirir el lenguaje, el niño
requiere mucha más ayuda e interacción con los adultos que le cuidan de
lo que había supuesto Chomsky (y muchos otros). El lenguaje se adquiere
utilizándolo y no. adoptando el papel de mero espectador. Estar «expuesto»
al flujo del lenguaje no es tan importante como utilizarlo mientras se
«hace» algo. Aprender una lengua es equivalente a aprender scomo hacer
cosas con palabras»" por usar la célebre expresión de John Austin. El niño
a ~ n d e no sólo qué hay que decir sino también cómo, dónde, a quién, y
bajo qué circunstancias.s Sin duda, es una ocupación legítima de los lin-
güistas examinar exclusivamente qué reglas caracterizan lo que un niño
dice de una semana a otra, pero el estudio de estas reglas no puede propor-
cionarnos en modo alguno una explicación de las condiciones de las que
depende la-adquisición del lenguaje.
) La segunda conclusión de los estudios sobre la adquisición del lengua-
je es muy importante y se puede expresar de fonna muy sencilla. Determi-
nadas funciones o intenciones comunicativas están muy bien establecidas
antes de que el niño domine el lenguaje formal con el que puede expresar-
las lingüísticamente. Entre ellas habría que incluir, al menos, las de indi-
car, etiquetar, pedir y despistar-,Desde una perspectiva naturalista, parece
como si el niño estuviese parcialmente motivado para aprender el lenguaje
con el fin de pode! realizar mejor estas funciones in vivo. De hecho, hay
algunas habilidades comunicativas generales que parecen estar bien asen-
tadas antes de que aparezca el lenguaje propiamente dicho, y que se incor-
poran al habla infantil una vez que ésta se establece. Entre las más impor-
tantes están la atención conjunta a un referente putativo, la adopción de
tumos y el intercambio mutuo.
La' tercera conclusión es, en realidad, un apretado resumen de las dos
pri.meras: ~ a adquisición del lenguaje es muy sensible al contexto; lo que
quiere decir que el progreso es mayor cuando el niño capta de un moée
prelingüístico el significado de aquello de lo que se le está hablando e.de
la situación en la que se produce la conversación. Dándose cuenta del con-
texto, el niño parece más capaz de captar no sólo el léxico sino también'
los aspectos apropiados de la gramática del lenguaje.
La entrada en el significado 79
Esto nos devuelve directamente a la pregunta original de cómo «capta
el niño el significado» de las situaciones (o de los contextos) de tal manera
que le sirva de ayuda para llegar a dominar el léxico y la gramática
correspondientes a esas situaciones. ¿Qué tipo de interpretante, en el senti-
do de Peirce, puede estar actuando para que se produzca esa captación del
significado? Me vaya permitir retrasar la respuesta a esta pregunta para
intentar aclarar antes qué es lo que me propongo hacer.
Para abordar la cuestión de la predisposición humana para el lenguaje,
a la luz de las investigaciones de las dos últimas décadas ( y especialmente
en relación con las tres conclusiones a las que tales investigaciones nos
han conducido), vaya proponer un enfoque muy distinto del de Chomsky.
Sin pretender menospreciar la importancia de la forma sintáctica en el len-
guaje, me concentraré casi exclusivamente en lafunción y en lo que he lla-
mado la «captación del contexto». La sutileza y complejidad de las reglas
sintácticas me inclinan a creer que sólo pueden aprenderse instrumental-
mente, es decir, como instrumentos con los que llevar a cabo ciertos obje-
tivos y funciones operativas. En el reino de los animales superiores no hay
ninguna habilidad sumamente específica y relativa a actos susceptibles de
combinaciones muy diversas que pueda ser aprendida «automáticamente»,
o de memoria, ni siquiera cuando existen fuertes predisposiciones biológi-
cas para su adquisición. No sucede así ni con la conducta sexual, ni con la
alimentación, ni con las conductas agresivas o agonísticas, ni con la distri-
bución espacial." Para desarrollarse por completo, todas estas conductas
necesitan ser practicadas y moldeadas por el uso.
- "Por ello, pienso que no es sorprendente que el modo como «entramos
en el lenguaje» descanse en una «disposición prelingüística para el signifi-
cado» de naturaleza selectiva. ~ ~ t o quiere decir que habría ciertas clases
de significados para los que los seres humanos estaríamos innatamente
orientados o sintonizados. y que buscaríamos de un modo activo. Con
anterioridad a la aparición del lenguaje, estos significados existirían de un
modo primitivo, como representaciones protolingüísticas del mundo, cuya
plena realización dependería del instrumento cultural que es el lenguaje.
Dejemos bien claro que esto no supone, en absoluto, negar la existencia de
lo que Derek Bickerton ha llamado -siguiendo a Chomsky- un «biopro-
grama» que nos alerta sobre determinadas estructuras smtéctícas.! Si exis-
te ese bioprograma, su puesta en funcionamiento no puede depender úni-
camente de la presencia en el medio infantil de ejemplares lingüísticos
apropiados, sino también de la «sensibilidad del niño al contexto», la cual
80 Actos de significado
sólo puede surgir a partir de esas predisposiciones a los significados cultu-
ralmente relevantes que estoy proponiendo. Es necesario haber adquirido
ya el lenguaje para que uno pueda adquirir más lenguaje adoptando el
papel de mero «espectador». La primera vez, el lenguaje sólo puede llegar
a dominarse participando en él como instrumento de comunicación.
¿En qué consiste entonces esa disposición prelingüística para determi-
nadas clases de significado? La hemos caracterizado como una forma de
representación mental. Pero ¿qué es lo que representa? Creo que se trata
de una representación muy maleable, pero innata, que se pone en funcio-
namiento con las acciones y las expresiones de otros seres humanos y con
determinados contextos sociales, muy básicos, en los que interactuamos.
~ E n otras palabras, no venimos al mundo equipados con una «teoría» de ia
mente, pero sí con un conjunto de predisposiciones para construir el mun-
do social de un modo determinado y para actuar de acuerdo con tal 'Cons-
trucción. Esto equivale a afirmar que llegamos al mundo equipados con
una forma primitiva de psicología popular. Volveremos a ocuparnos ense-
guida de la naturaleza de las predisposiciones que la constituyen.
No soy el primero en sugerir que esta «disposición para el significado),
social es producto de nuestro pasado evolutivo. Nicholas Humphrey ha
propuesto que la disposición del hombre hacia la cultura puede depender
de algún tipo de «sintonización» diferencial hacia los otros. Y Roger
Lewin, después de pasar revista a la literatura científica sobre los primates
publicada en las últimas décadas, llega a la conclusión de que el criterio
selectivo para la evolución de los primates superiores ha sido probable-
mente la sensibilidad a los requisitos que plantea la vida en grupos? Cierta-
mente, los estudios sobre el carácter cambiante y oportunista de las coali-
ciones sociales en los primates, sobre la utilización que hacen del
«engaño» y la «desinformación- para mantener y fomentar esas coalicio-
nes, hablan en favor del origen prehumano del tipo de representaciones de
psicología popular que estoy proponiendo. lO
Pero primero quisiera ilustrar qué es lo que quiero decir cuando afirmo
que existe en la praxis una captación protolingüfstica de la psicología
popular, antes de que el niño pueda expresar o comprender estas mismas
cnestiones mediante el lenguaje. La comprensión práctica se manifiesta
inicialmente en la regulación infantil de las interacciones sociales. El
material del ejemplo con que voy a ilustrar esta idea procede fundamental-
mente de una demostración experimental muy bien argumentada, publica-
da recientemente por Michael Chandler y sus colaboradores.
La entrada en el significado 81
«Poseer una teoría de la mente es», según ellos, «adoptar un determi-
nado marco explicativo, común a la psicología intuitiva de la mayor parte
de los adultos, de acuerdo con el cual se entiende que ciertas clases de
conducta están predicadas a partir de deseos y creencias particulares adop-
tados por aquellos de cuyas acciones se trata»;'! Ha habido una controver-
sia muy viva en la literatura que versa sobre «el desarrollo de las teoría" de
la mente» acerca de si los niños tif.-nen tales teorías antes de la edad de 4
años,12 y, como suele suceder en los estudios sobre el desarrollo infantil,
buena parte del debate se ha centrado en «cómo puede medirse» esa capa-
cidad. Si se utiliza un procedimiento que requiera que el niño «explique»
que alguien ha hecho algo porque creía erróneamente que había sucedido
una cosa, el niño menor de 4 años no consigue hacerlo, especialmente si él
no está directamente involucrado en la acción. Parece que, antes de esa
edad, los niños son incapaces de predecir las acciones apropiadas que rea-
, --- , , ' n
lizará una persona en función de sus falsas creencias..
Sin embargo, los datos aportados recientemente por Chandler y sus
colaboradores demuestran que, si Ponemos a los niños en una situación en
la que deben ser ellos mismos quienes impidan a otros descubrir- algo que
han escondido, entre los dos y tres años de edad son ya capaces de ocultar
la información relevante, e incluso de crear y proporcionar información
falsa, como, por ejemplo, poner huellas de pisadas en dirección errónea,
para confundir a quienes buscan el tesoro escondido. Los autores señalan
que esta tarea del escondite «afectaba claramente a los intereses del propio
sujeto... contraponiéndolos a los de otra persona real» y «les permitía
poner de manifiesto directamente en la acción las falsas creencias de los
otros ... en lugar de tener que hablar sobre ellas».14 Nadie duda de que los
niños de cuatro o seis años posean teorías de la mente mas maduras que
les permiten abordar 10 que piensan o sienten otros sujetos con quienes no
estén interactuando. Sin embargo, la cuestión crítica es que no es posible
interactuar humanamente con los demás, ni siquiera antes de que el len-
guaje se convierta en el instrumento de esa interacción, sin poseer alguna
forma protolingüística de «teoría de la mente». Esta es inherente a la con-
ducta social humana y se expresa en consonancia con el nivel de madurez
del sujeto en cuestión; como, por ejemplo, cuando el niño de 9 meses
sigue ocularmente la trayectoria señalada por la mano del adulto y, no
encontrando nada, vuelve para comprobar no sólo la dirección en la que el
adulto señala con el dedo sino también la dirección de su mirada. De estos
antecedentes de psicología popular surgirán en su momento logros Iingüís-
82 Actos de significado
ticos como los demostrativos, los etiquetados y otros parecídos.U Una vez
que el niño haya dominado mediante la interacción las formas prelingüístí-
cas apropiadas para manejar la referencia ostensiva, avanzará hasta operar
dentro de los límites del lenguaje propiamente dicho.
m
Esto no quiere decir que las formas lingüísticas «crezcan» de las prác-
ticas prelingüísticas. Creo que, en principio, es imposible establecer nin-
gún tipo de continuidad formal entre una forma «preverbal» y una forma
lingüística posterior funcionalmente «equivalente». ¿En qué sentido. por
ejemplo. podría decirse que la forma sintáctica de petición con inversión
del sujeto en inglés (como en «Can 1 have the apple?»; literalmente,
{(¿Puedo yo coger la manzana?») es una continuación del gesto de petición
con la mano extendida que le precede? Lo más que podemos decir es que
ambos, el gesto y la estructura sintáctica invertida, cumplen una misma
función de «petición». Las reglas sintácticas tienen una relación arbitraria
con las funciones que cumplen. Y hay muchas reglas sintácticas distintas
que desempeñan la misma función en lenguas diferentes.
Pero esto no es todo. De hecho, es sólo la mitad de la historia. Aun
admitiendo que las reglas gramaticales sean arbitrarias respecto- a cómo
cumplen sus funciones, podría ocurrir que el-orden de adquisición de las
formas gramaticales reflejara una cierta prioridad, por así decir, de las nece-
sidades comunicativas, prioridad que, a su vez. reflejaría una necesidad de
comunicación de orden superior. La mejor analogía es la adquisición de la
fonología del lenguaje. Los fonemas se adquieren no por ellos mismos sino
porque constituyen los elementos con los que se construyen los lexemas, y
se llegan a dominar los primeros en el proceso de adquisición de los segun-
dos. Lo que me gustaría argumentar es que, de un modo análogo, las for-
mas y las distinciones gramaticales no se adquieren ni por ellas mismas ni
meramente en interés de «una comunicación más eficaz». Las oraciones, en
tanto que entidades gramaticales. son el fetiche de los gramáticos formales,
pero no constituyen las unidades «naturales» de la comunicación. Las for-
mas naturales son las unidades del discursa que cumplen funciones 'prag-
máticas' o 'matéticas', por utilizar la terminología de Helliday.I? Las fun-
ciones pragmáticas implican típicamente hacer que los otros actúen en
La entrada en el significado 83
nuestro nombre. Las matéticas tienen que ver con «dejar claros nuestros
pensamientos acerca del mundo», por usar la antigua definición de John
Dewey. Ambas usan oraciones, pero ninguna de las dos funciones está con-
finada en ningún sentido dentro de los límites de la oración. Sin embargo,
las funciones del discurso, para su realización, requieren que sean accesi-
bles determinadas formas gramaticales, por arbitrarias que sean, del mismo
modo que las «palabras» del léxico, para ser utilizadas. dependen de que se
establezcan ciertas distinciones fonológicas arbitrarias.
Me he esforzado denodadamente por demostrar (y lo seguiré haciendo
más adelante en este capítulo) que una de las formas más frecuentes y
poderosas de discurso en la comunicación humana es la narración. La
estructura narrativa está presente incluso en la praxis de la interacción
social antes de adquirir su expresión lingüística. Quisiera defender ahora
un punto de vista aún más radical, de acuerdo con el cual lo que determina
el orden de prioridad con que el niño domina las formas gramaticales es el
«impulso» de construir nerreciones.!"
Para que las narraciones puedan realizarse de forma eficaz, son nece-
sarios, como señalábamos en el capítulo anterior, cuatro constituyentes
gramaticales fundamentales. En primer lugar, se necesita un medio que
enfatice la acción humana o la «agentividad», es decir, la acción dirigida a
determinadas nietas controladas por agentes. En segundo lugar, es necesa-
rio que se establezca y se mantenga un orden secuencial, que aconteci-
mientos y estados se encuentren «alineados» de un modo típico. En tercer
lugar, la narración requiere una sensibilidad para lo que es canónico y lo
que viola dicha canonicidad en la interacción humana. Por último, la
narración requiere algo parecido a 10 que seria la perspectiva de un narra-
dor. En la jerga de la narratologfa, una narración no puede carecer de una
voz que la cuente.
Si existiese un impulso narrativo que operase en el nivel del discurso,
estos cuatro requisitos deberían reflejarse en el ordende adquisición de las
formas gramaticales. ¿Hasta qué punto sucede así? Afortunadamente para
nuestra investigación, buena parte de los trabajos sobre la adquisición del
lenguaje efectúan sus descripciones utilizando las categorías de la gramáti-
ca de casos, cargadas de significado y basadas en relaciones semánticas.
Esto nos permite saber a qué categorías de significado es más sensible el
niño pequeño al principio.
Una vez que los niños captan la idea básica de la referencia, necesaria
para usar cualquier lenguaje --es decir. una vez que pueden nombrar,
84 Actos de significado
señalar la recurrencia, y registrar el cese de la existencia de algo-- su
principal interés lingüístico se centra en la acción humana y sus conse-
cuencias, especialmente en la interacción humana. Agente y acción,
acción y objeto, agente y objeto, acción y localización, poseedor y pose-
sión constituyen la mayor parte de las relaciones semánticas que aparecen
en la primera etapa del lenguaje. J8 Estas formas aparecen no sólo en los
actos de referencia sino también en los de petición, en los intercambios de
posesión, en los actos de dar o al hacer comentarios sobre las interacciones
de los demás. Además, el niño pequeño es, desde muy temprano, profun-
damente sensible a las «metas» y a su consecución. Por eso, también lo es
a variantes de expresiones como «ya está» o «se fue» para referirse a
acciones completas, o como «huy» para referirse a acciones incompletas.
Las personas y sus acciones dominan el interés y la atención del niño. Este
es el primer requisito de la narracíon.I"
Un segundo requisito consiste en la existencia de una predisposición
temprana para marcar lo que es inusual y dejar de marcar lo habitual, para
fijar la atención y el procesamiento de la información en lo insólito. De
hecho, los niños pequeños se sienten tan cautivados por lo inusual que
quienes trabajamos con bebés nos hemos aprovechado de esta característi-
ca. El procedimiento experimental de la «habituación» se basa en esta
poderosa tendencia de los niños. Ante lo que es inusual el bebé abre los
ojos, mira más fijamente, deja de succionar, muestra una desaceleración
del ritmo cardíaco, etc.
20
Por ello no es sorprendente que, al comenzar a
adquirir el lenguaje, los niños dediquen sus esfuerzos lingüísticos a lo que
es inusual en su mundo. Ante lo infrecuente, no sólo abren los ojos sino
que gesticulan, vocalizan y, finalmente, hablan de ello. Como nos decía
Roman Jakobson hace años, el acto mismo de hablar es un modo de mar-
car lo inusual frente a lo habitual. Patricia Greenfield y Joshua Smith se
encuentran entre los primeros investigadores que lograron demostrar
empíricamente esta cuestión tan importante.U
Respecto al tercer requisito, la «linealidad» y el mantenimiento de una
secuencia típica, se trata de una característica inherente a la estructura de
todas las gramáticas conocíces.P Con todo, hay que señalar que la mayor
parte de las gramáticas naturales conocidas facilitan esta tarea de alinear
utilizando el orden SVO (sujeto-verbo-objeto: alguien hace algo) en las
emisiones indicativas, que preserva el orden fenomenológico. Además, en
la mayoría de los casos, estas formas SVO son las primeras que se domi-
nao en- una lengua. Los niños empiezan pronto a dominar las formas gra-
Laentrada en el significado 85
maticales y léxicas para «ligar» las frases que dicen, utilizando adverbios
temporales como «entonces» y «después», hasta que terminan por utilizar
las partículas causales, tema sobre el que volveremos luego.
En cuanto al cuarto requisito de las narraciones, la voz que narra o la
«perspectiva» ---.-..de la que luego encontraremos ejemplos interesantes-
sospecho que funciona más mediante el llanto y otras expresiones afecti-
vas, mediante el nivel de entonación y otros rasgos prosódicos del habla
temprana, que mediante procedimientos léxicos o gramaticales. Pero de lo
que no cabe duda es de que se utiliza desde muy temprano, como ha
demostrado abundantemente Daniel Stem en sus trabajos sobre las «pri-
meras retacíones-.P
Estos cuatro rasgos gramaticales/léxicos/prosódicos, que son de los
primeros en aparecer, proporcionan al niño un equipamiento abundante y
temprano de instrumentos narrativos. Mi tesis, cuya radicalidad he de
admitir, sostiene sencillamente que es el impulso humano para organizar la
experiencia de un modo narrativo Io que asegura la elevada prioridad de
estos rasgos en el programa de adquisición del lenguaje. Vale la pena seña-
lar, aunque sea casi demasiado evidente, que, como resultado de ello, los
niños comprenden y producen historias y se tranquilizan o asustan al escu-
charlas, mucho antes de que sean capaces de manejar las proposiciones
lógicas más elementales dePiaget, susceptibles de ser expresadas lingüís-
ticamente. Sabemos, de hecho, gracias a los innovadores trabajos de A. R.
Luria o de Margaret Donaldson que los niños entienden más fácilmente las
proposiciones lógicas si forman parte del curso de una historia. El gran
morfólogo del folklore ruso, Vladimir Propp, fue uno de los primeros en
señalar que las «partes» de una historia son «funciones», como él las deno-
mina, de esa historia y no «temas» o «elementos» autónomos, Por ello,
basándose en trabajos como los de Luria o Donaldson, le tienta a uno la
idea de que las narraciones podrían quizá servir como los primeros «ínter-
pretantes» de las proposiciones «lógicas», antes de que el niño disponga
del equipamiento mental necesario para manipularlas mediante los cálcu-
los lógicos que llegan a utilizar los adultos más adelante en el desarrollo.
24
Sin embargo, al sostener que una disposición «protolingüístíca» para la
organización y el discurso narrativos establece la prioridad del orden de
adquisición gramatical, 110 estoy afirmando que las formas narrativas de la
cultura en la que crece el niño no tengan un efecto potenciador sobre el
discurso narrativo del niño. Por el contrario, mi razonamiento es que, aun-
que tengamos una predisposición primitiva e «innata» para la organización
88 Actos de significado
narrativa que nos permite comprenderla y utilizarla de modo fácil y rápi-
do, la cultura nos equipa enseguida con nuevos poderes narrativos gracias
al conjunto de herramientas que la caracterizan y a las tradiciones de con-
tar e interpretar en las que comenzamos a participar muy pronto. Espero
tener ocasión de demostrar este razonamiento reiteradamente en lo que
queda de este capítulo.
IV
A continuación, quiero ocuparme de varios aspectos distintos relativos
a la socialización de las prácticas narrativas de los niños que aparecen más
adelante en su desarrollo. Vaya adelantar algunas notas del programa de
mi exposición. En primer lugar, y un poco como prueba de su existencia
quiero demostrar el poder de los acontecimientos no canónicos para desen-
cadenar narraciones en niños muy pequeños. A continuación, quiero mos-
trar muy brevemente lo frecuentes y densas que son las narraciones
«modelo» en el entorno inmediato del niño. Hecho esto, quiero examinar a
continuación dos ejemplos sorprendentes de socialización de la narración
en el niño pequeño: mostraré narrativamente in vivo lo que Chandler y sus
colegas han mostrado in vi/ro con sus trabajos experimentales.A Estos
ejemplos mostrarán cómo los niños reconocen desde muy temprano que
aqueIllo que han realizado, o planeaban realizar, será interpretado no sólo
por los actos mismos sino también por el modo como lo cuenten. Lagos r
praxis son inseparables culturalmente. El marco cultural de nuestras pro-
pias acciones nos fuerza a ser narradores. Lo que pretendo hacer ahora no
es únicamente examinar cómo se involucra el niño en la narración, sino
también mostrar lo importante que resulta esta implicación para vivir en
una cultura.
Comencemos con la demostración del poder de los acontecimientos no
canónicos. Se trata de un pequeño experimento con niños de preescolar,
muy sencillo y elegante, realizado por loan Lucariello.é" Su único objeti-
vo era descubrir qué tipo de cosas desencadenaban una actividad narrativa
en niños de 4 y 5 años. Lucariello les contaba a los niños una historia, en
unos casos sobre una fiesta típica de cumpleaños, con regalos y velas para
apagar soplando; y en otros; sobre la visita de un primo de la misma edad
del niño y sobre cómo jugaban juntos. Algunas de las historias de cumple-
años violaban la canonicidad: la niña del cumpleaños estaba triste, o echa-
La entrada en el significado 87
ba agua en las velas en lugar de soplar, etc... Las violaciones estaban pla-
neadas para introducir un desequilibrio en la,péntada de Burke, flue discu-
timos en el capítulo anterior: un desequilibrio entre Agente y Acción, o
entre Agente y Escena. Había también variaciones similares en la historia
del primo, pero, como no existe una versión canónica de este tipo de histo-
rias, las variaciones no contenían ninguna «violación» verdadera, aunque
parecieran un poco raras. Después de contarles la historia, el experimenta-
dor hacía a los niños algunas preguntas sobre lo que había sucedido en la
historia que acababan de oír. Lo primero que se descubrió fue que las his-
torias anticanónicas, comparadas con las canónicas, producían un torrente
de invenciones narrativas diez veces superior. Uno de los sujetos explicaba
la tristeza de la niña del cumpleaños diciendo que probablemente se le
había olvidado la fecha y no se había puesto el vestido adecuado para la
fiesta, otro hablaba de una disputa con su madre, etc... Si se les preguntaba
directamente por qué estaba feliz la niña del cumpleaños en la versión
canónica de la historia, los niños se mostraban absolutamente perplejos.
Todo lo que se les ocurría decir era que se trataba de su cumpleaños y, en
algunos casos, se encogían de hombros como avergonzados por la fingida
inocencia del adulto. Incluso las versiones ligeramente excéntricas de la
historia del «primo que venía a jugar» provocaban cuatro veces más elabo-
raciones narrativas que la historia normal. Las elaboraciones adoptaban las
formas discutidas en el capítulo anterior: aludían a un estado intencional
(como la confusión de fechas de la niña del cumpleaños) en yuxtaposición
con un imperativo cultural (el requisito de llevar un vestido apropiado para
una fiesta). Las narraciones lograban su objetivo: proporcionar sentido a
una aberración cultural aludiendo a un estado subjetivo del protagonista..
No cuento estos resultados con la intención de sorprender al lector. Lo
que me interesa de ellos es precisamente su carácter obvio. Los niños de 4
años pueden no saber mucho acerca de la cultura pero saben lo que es
canónico y están dispuestos a proporcionar una historia que pueda explicar
aquello que no lo es. Como demuestra un estudio de Peggy Miller, tampo-
co es sorprendente que los niños sepan tanto como saben."
El estudio de Miller es sobre el medio narrativo que rodea a los niños
negros de un gueto de Baltimore. Miller grabó en los hogares las conver-
saciones entre niños de edad preescolar y sus madres, así como las conver-
saciones entre éstas y otros adultos que tenían lugar a una distancia tal que
resultaban audibles para los niños. En estas condiciones de intimidad, el
flujo de historias que recrean las experiencias cotidianas es, parafraseando
88 Actos de significado
a Miller, «incesante». En cada hora de conversaciones grabadas había, de
media, unas 8,5 narraciones, una cada siete minutos, de las cuales tres
cuartas partes eran narradas por la madre. Se trata de narraciones sencillas,
muy utilizadas en el uso cotidiano del inglés americano hablado. Es una
forma narrativa que suele encontrarse en el habla del niño a partir de los 3
años. Consiste en una orientación sencilla, una descripción lineal de un
acontecimiento que se precipita, una resolución y, a veces, una coda.
28
Puesto que el niño las utiliza ya en el habla, también puede entenderlas.
Una cuarta parte de ellas se refieren a las actividades del propio niño.
Un considerable número de estas narraciones trata de violencias, agre-
siones o amenazas, e incluso, en una proporción no desdeñable, se ocu-
pan explícitamente de la muerte, del maltrato infantil, de la agresión físi-
ca a mujeres o de tiroteos. Esta ausencia de censura, este desfile de
«crudas realidades», forma parte de un énfasis deliberado para «endure-
cer» a los niños y prepararles pronto para la vida, característico de la cul-
tura negra de las clases bajas. Shirley Brice Heath se ha referido al mismo
fenómeno en sus estudios sobre los niños negros de pequeñas ciudades
rurales.é''
Las historias, por otra parte, suelen dejar siempre bien parado al narra-
dor. El triunfo de éste consiste, con frecuencia, en quedar por encima de
alguien en un diálogo. Esto sucede, por ejemplo, con el uso del estilo direc-
to, estilo directo que no sólo es dramático sino que además resulta apropia-
do retóricamente para la presentación de una versión dura e inmediata de
uno mismo, como sucede en el siguiente fragmento: «y dijo ella, 'Mira esa
B-R-U-J-A de nariz larga'. Y me volví y digo, 'Ah, ¿me hablas a mí?'.
Dije yo '¿ME ESTAS HABLANDO A MI? Digo, 'Bueno, gordo asquero-
so, te pongo en una cacerola hasta que te encojas a tamaño normal, si te
metes conmigo'».30 El corpus contiene pocos ejemplos de «contar historias
de uno mismo». En lo que se hace hincapié es en los peligros que se cier-
nen sobre la Agentividad en un mundo duro, y en cómo afrontarlo de pala-
bra y de obra. En los pocos casos en los que Miller tuvo la suerte de grabar
a los niños contando historias que habían sido grabadas previamente en la
versión adulta, los niños exageraban tanto la trama como las rasgos para-
lingüísticos del original.
No pretendo singularizar a los niños negros del gueto de Baltimore
como si estuvieran rodeados de un medio narrativo especial. Los medios
narrativos están todos especializados para necesidades culturales determi-
nadas, todos estilizan al narrador como una forma del Yo, todos definen
La entrada en el significado 89
algún tipo de relación-entre narrador e interlocutor..Podría haber utilizado
la descripción de Shirley Brice Heath sobre las narraciones literales y
expurgatorias de la pequeña ciudad blanca de Roadville.é! Cualquier ejem-
plo de medio narrativo que examinemos de cerca nos mostrará la presen-
cia continua de narraciones en el mundo de los niños (yen el de los adul-
tos, si a eso vamos), así como su importancia funcional para incorporar a
los niños a la cultura.
v
Podemos pasar a ocupamos ahora de la utilización que los niños hacen
de sus narraciones. Para ello, no hay mejor lugar en que comenzar que el
libro de Judy Dunn The Beginnings of Social Understanding -Los Inicios
de la Comprensión Social-o Dice Dunn que «rara vez se ha estudiado a los
niños en el mundo en el que se produce su desarrollo, o en un contexto en
el que podamos darnos cuenta -de las sutilezas de su comprensión
social».32. Lo que Dunn quiere no es simplemente un enfoque naturalista
que garantice la «validez ecológica» de la investigación psicológica. Su
tesis es, más bien, que la comprensión social, con independencia de lo abs-
tracta que pueda llegar a ser, comienza siempre como una praxis en un con-
texto determinado en el que el niño es protagonista: ya sea como agente
víctima o cómplice. El niño aprende a representar un papel en el «dramas
familiar cotidiano antes de que tenga que contarlo, justificarlo o disculpar-
lo. Lo que es permisible y lo que no lo es, lo que conduce a determinados
resultados y los resultados a que conducen determinadas cosas, es algo que
se aprende inicialmente en la acción. La transformación de este conoci-
miento enactivo en lenguaje sólo se producirá más tarde y, como ya sabe-
mos por otras discusiones anteriores, el niño es lingüísticamente sensible a
estos «objetivos referenciales». vinculados a la acción. Pero hay algo más
que caracteriza a los actos de habla de los niños cuando se refieren a las
interacciones en las que están involucrados ellos mismos. Es algo muy
importante y sobre lo que Dunn también nos llama la atención.
Los niños frecuentemente oyen relatos de sus propias interacciones
contados por sus hermanos mayores o sus padres, relatos integrados por la
familiar péntada de Burke: la Acción de un Agente hacia una Meta
mediante algún Instrumento delimitada en un Escenario determmado.P
Pero el relato se proporciona en una versión que es contraria a los intere-
90 Actos de significado
ses e interpretación del niño. A menudo se hace desde la perspectiva de
otro protagonista y de su meta, que puede entrar en conflicto ya sea con su
versión de lo que «había sucedido», ya sea con su versión del «problema».
En estas circunstancias, las narraciones ya no son neutrales. Tienen objeti-
vos retóricos e intenciones ilocutivas que no son exposítivas sino clara-
mente partidistas, concebidas para plantear la situación, si no de forma
antagonista, sí al menos convincentemente desde el punto de vista de una
interpretación En estos precoces conflictos familiares. las narra-
convierten en un instrumento no sólo para contar 10 que ha suce-
dido, silla también para justificar la acción relatada. Como sucede con la
en sentido amplio, «lo sucedido» se recorta y ajusta hasta que
encaja con el «por eso».
ve esto como un reflejo de lo que podríamos llamar la «política
familiar», no la de los dramas freudianos de altos vuelos sino la de las
necesidades cotidianas. El niño, como es natural. tiene sus propios deseos
pero, dada la dependencia familiar de su afecto, estos deseos crean fre-
cuentemente un conflicto al entrar en colisión con los de los padres o los
hermanos. Ante el conflicto, la tarea del niño consiste en equilibrar sus
deseos con sus compromisos hacia otros miembros de la familia. Y pronto
aprende que la acción no es suficiente para lograrlo. Tan importante como
actuar es apropiada, situar sus acciones y sus metas bajo
una luz de legitimidad. Lograr lo que uno quiere significa, muchas veces,
dar con la historia apropiada. Como dijo John Austin hace muchos años en
S? famoso ensayo «Un alegato en pro de las excusas», la justificación con-
siste en relatar una historia de circunstancias atenuantes.Y Pero dar con la
historia apropiada, oponerla con éxito a la del hermano pequeño, requiere
saber cuál es la versión canónica aceptable. La historia «apropiada» es
aquella que conecta tu versión, a través de los atenuantes, con la versión
canónica.
y así. como en el caso de los niños negros de Baltimore, estos niños
también llegan a entender la narrativa «cotidiana» no sólo como una forma
de contar sino también como una forrna de retórica. Cuando tienen tres o
cuatro años, vemos a IQs niños aprender a usar sus narraciones para hala-
gar, adular, justificar, obtener lo que pretenden sin provocar una
confrontación con aquellos a los que quieren. Y, de paso; se encuentran en
camino de convertirse en conocedores expertos del género de historias que
producen el mismo resultado. Abordando el tema desde la perspectiva de
la teoría de los actos de habla, conocer la estructura generativa de las
La entrada en e/ significado 91
narraciones les permite construir locuciones que cumplan con los requisi-
tos de un amplio abanico de intenciones ilocutivas. Este mismo conjunto
de habilidades proporciona a los niños una empatía más penetrante. A
menudo, son capaces de interpretar para sus padres el significado y las
intenciones de un hermano menor que trata de hacerse oír, especialmente
cuando no hay un conflicto de intereses planteado entre ambos hermanos.
Resumiendo! la captación del drama familiar cotidiano se logra prime-
ro en la praxis. El niño, como ya sabemos, domina pronto las formas lin-
güísticas para referirse a las acciones y a sus consecuencias. Muy pronto
aprende que lo que uno hace se ve profundamente afectado por el modo
como uno cuenta lo que hace, lo que ha hecho o lo que va a hacer. Narrar
se convierte entonces en un.acto no sólo expositívo sino también retórico.
Para narrar de una manera convincente nuestra versión de los hechos, no
se necesita sólo el lenguaje sino también dominar las formas canónicas,
puesto que debemos intentar que nuestras acciones aparezcan tomo una
prolongación de lo canónico, transformado por circunstancias atenuantes.
Mientras adquiere estas habilidades, el niño aprende también a utilizar
algunos de los instrumentos menos atractivos del mercado retórico: el
engaño, la adulación, y demás argucias. Pero aprende también muchas de
las formas útiles de interpretación y, gracias a ello, desarrolla una empatía
más penetrante. Y así entra en la cultura humana.
VI
Volvamos ahora hacia atrás en la cronología del desarrollo: a Bmily,
cuyos soliloquios, grabados en diferentes momentos entre los 18 meses y
los tres años de edad, dieron lugar al libro Narratives from the Crib
[Narraciones desde la Cuna].35 A pesar de su corta edad, Emily sufría los
avatares de la vida. Tuvo un hermano. Stephen, que la desplazó no sólo de
su condición de hija única de la familia sino también de su propia habita-
ción y de su cuna. Si, como dice Vladimir ProPP. los cuentos tradicionales
se originan en la ausencia y el desplazamiento, este fue sin ninguna duda
un tiempo enarrarogenétíco» para Emily.36 Además, al poco tiempo de la
llegada de su hermano, se vio introducida en la aparatosa vida de una
escuela infantil. Como sus dos padres trabajaban. también pasó por las
manos de cuidadores; y todo ello. en el marco de una ciudad mal planifica-
da en la que incluso los recorridos del autobús escolar podían llegar a ser
92 Actos de sígnificado
tensos y erráticos. La expresión «los avatares de la vida» no es una exage-
ración.
Tuvimos la suerte de que Emily estuviera mejorando en el uso de su
lengua nativa mientras sucedían todos estos acontecimientos de su vida.
Ese hecho nos permitió observar el desarrollo de su lengua no sólo como
instrumento comunicativo sino también como vehículo para reflexionar en
voz alta al fina! de sus atareadas jornadas. Sus soliloquios eran de una gran
riqueza. En realidad, desafiando a! principio vygotskiano «establecido»,
sus soliloquios eran más complejos gramaticalmente que su habla conver-
sacional; presentaban emisiones de una longitud mayor y se referían
menos al «aquí y ahora.» Posiblemente ello se debía a que, al hablar consi-
go misma, sus emisiones no tenían que adaptarse a los intersticios que
suponen los comentarios e interrupciones de un interlocutor.
¿Por qué nos hablamos a nosotros mismos? Y, sobre todo, ¿por qué 10
hará un niño pequeño, aunque se trate de una niña un tanto precoz? John
Dewey propuso que el lenguaje era un procedimiento para clasificar y
organizar nuestros pensamientos sobre el mundo, y hay capítulos en
Narratives from the Crib que confirman esta especulación. Volveremos
sobre esta cuestión más adelante. Emily también hablaba a sus animales de
peluche y daba variados recitales sobre los libros favoritos que le habían
leído o sobre las .canciones que había aprendido. Aproximadamente una
cuarta parte de sus soliloquios eran relatos narrativos: narraciones autobio-
gráficas sobre 10 que había hecho o sobre 10 que pensaba que iba a hacer al
día siguiente. Al escuchar las cintas grabadas y leer varias veces las trans-
cripciones de las mismas, nos sorprendía la función constituyente que tení-
an estas narraciones monológicas. No se limitaba a contar sin más lo suce-
dido, sino que trataba de encontrar sentido en su vida cotidiana. Parecía
estar buscando una estructura global que pudiera dar cuenta simultánea-
mente de lo que hacía, de lo que sentía y de lo que creía.
Como el habla léxico-gramatical de casi todos los niños mejora sin
cesar durante los primeros años de su vida, tendemos a dar por supuesto
que la adquisición del lenguaje es «autónoma». De acuerdo con este dog-
ma, que forma parte de la herencia chomskiana a la que nos referimos
antes, la adquisición del lenguaje no precisa de ninguna motivación extrín-
seca, ni de ningún apoyo explícito y especializado del medio; no necesita
nada más que el despliegue de algún tipo de «bioprcgrama». cargado de
forma independiente. Sin embargo, mirando con detenimiento las trans-
cripciones y escuchando las cintas, había momentos en los que teníamos la
Laentrada en el significado 93
irresistible impresión de que los saltos hacia adelante en el habla de Emily
estaban alimentados por una necesidad de construir significados, más con-
cretamente significados narrativos. Y, aunque tengamos que admitir que
para lograr la construcción del significado se requiere el uso de una gra-
mática y de un léxico, puede que para la búsqueda del mismo estos no
sean necesarios. Lois Bloom señaló al final de uno de sus trabajos, al igual
que nosotros, que el dominio que el niño llega a conseguir de, por ejem-
plo. las expresiones causales parece estar dirigido por su interés en-las
razones por las que la gente hace las cosas. En un sentido muy parecido, el
impulso que lleva a mejorar la construcción gramatical y ampliar el léxico
parece provenir de la necesidad de organizar las cosas en un orden secuen-
cial apropiado, marcarlas por 10 que tienen de especial, adoptar una cierta
postura respecto a ellas. Sin duda, los niños llegan a interesarse con el
tiempo por el lenguaje en cuanto tal, como si fuera una forma de juego. Al
igual que Anthony en la obra de Ruth Weir, Emily sólo parecía «jugar con
el lenguaje» en algunos de sus últimos monólogos, pero aun entonces
parecía haber algo más.
37
¿De qué podría tratarse?
Decimos en lingüística evolutiva que «la función precede a la forma».
Hay, por ejemplo, formas gestuales de pedir e indicar muy anteriores al
habla léxico-gramatical que permite expresar dichas funciones. Y son
estas intenciones prelingüisticas de pedir e indicar las que parecen guiar la
búsqueda y el dominio de las expresiones lingüísticas apropiadas. Yeso
mismo debe suceder con el impulso infantil de dar significado o «estructu-
ra» a la experiencia. Muchas de las primeras adquisiciones de Bmily pare-
cen estar dirigidas por una necesidad de fijar y expresar una estructura
narrativa: el orden de los acontecimientos humanos y su importancia para
el narrador protagonista. Ya sé que esta no es la versión oficial de la
adquisición del lenguaje, pero me gustaría especificar algunos detalles de
ella.
Los tres logros más precoces y notables de los soliloquios narrativos
de Emily tuvieron como resultado fijar sus narraciones más firmemente al
lenguaje. En primer lugar, se produjo un dominio cada vez mayor de for-
mas lingüísticas que le permitían alinear y secuenciar sus relatos de «lo
que había pasado». Sus primeros relatos comenzaban ligando los sucesos
mediante simples conjunciones. Luego empezó a usar adverbios tempora-
les como y entonces para pasar a utilizar finalmente partículas causales,
como los porqués. tan frecuentes en su lenguaje. ¿Por qué era tan cuidado-
sa en esta labor de ordenar, hasta el punto de autocorregirse a veces res-
14 Actos de signlfícac/o
pecto a quién o qué precedió o siguió a quién o a qué? Al fin y al cabo, no
estaba más que hablándose a sí misma. Comenta William Labov, en su his-
tórico artículo sobre la estructura de las narraciones, que el significado de
lo que «ha sucedido» está estrictamente determinado por el orden y la for-
ma de su secuencíación.V Este parece ser el significado que busca Emily,
En segundo lugar, hay un progreso muy rápido del interés de Emily,
por lo canónico y habitual y por las formas para lograr distinguirlo de Ic-
inusual. Palabras como a veces o siempre aparecen en los soliloquios del.
segundo año y son utilizadas de forma deliberada y haciendo hincapié en
ellas. Emily muestra un claro interés por lo que le parece estable, fiable,
ordinario. El conocimiento de ello le sirve como telón de fondo para expli-
car lo excepcional. Trabajaba deliberadamente para aclarar este tipo de.
cosas. En ello se parece mucho a los niños estudiados por Dunn en Cam-
bridge.
Sin embargo, una vez que Emily hubo logrado establecer y expresar lo
que era cuantitativamente fiable, comenzó a introducir algunos apuntes de
necesidad óntica. Hay que aparece en su léxico y sirve para marcar aque-
llos acontecimientos que no sólo son frecuentes sino que son, como si
dijéramos, comme il faut. Esto es lo que sucede cuando anuncia en uno de
sus soliloquios, tras una visita en avión a su abuela, que «hay que tener
equipaje» para poder subir al avión. Y, a partir de ese momento de su desa-
rrollo, comenzó a utilizar el tiempo verbal del presente atemporal para
referirse a los acontecimientos canónicos rituales. Ya no le basta con rela-
tar el desayuno de un domingo como Papá hizo pan de maíz para que lo
tomara Emily. A partir de ahora, los domingos son una especie de aconte-
cimiento atemporal: cuando te despiertas. pero los domingos por la maña-
na nos despertamos... a veces nos despertamos por la mañana. Estos rela-
tos atemporales aumentan su frecuencia relativa al doble entre los 22 y los
33 meses. Tienen un significado especial 'Sobre el que volveremos eh bre-
ve.
En tercer y último lugar, Emily introducía una perspectiva y una eva-
luación personal en sus narraciones, que es la manera habitual de añadir al
paisaje de acción de una narración un paisaje de conciencia. Bmily hacía
esto de una manera cada vez más frecuente a lo largo del período estudia-
do, normalmente mediante la expresión de sus propios sentimientos acerca
de lo que estaba narrando. Pero también establecía una perspectiva episté-
mica, por ejemplo sobre su incapacidad para entender por qué su padre no
había sido admitido en una maratón local. En sus últimos soliloquios pare-
La entrada en el significado 96
cía distinguir claramente entre sus propias dudas (pienso que quizá ..) y los
estados de incertidumbre del mundo (a veces, Carl viene a jugar... ).
Ambos tienen significados diferentes en sus soliloquios. El primero se
refiere a estados mentales del Actor-Narrador (es decir del autobiógrafo).
El otro se refiere al Escenario. Ambos tienen perspectiva y ambos tienen
que ver con los «y por eso...» de los relatos sobre sucesos.
El motor de todo este esfuerzo lingüístico no es tanto un ímpulso hacia
la coherencia lógica, aunque és'te también esté présente, como una necesi-
dad de «construir bien la historia»: quién hizo qué",a quién y dónde, si fue
lo que sucedió «realmente», si era lo habitual,o algo singular, y qué es
que siento acerca de ello. El lenguaje de Emily la ayudaba pero no la óbli-
gaba a hablar y pensar de esa manera. Utilizaba un género, al que había
accedido de modo fácil y, quizá, natural. Sin embargo, como nos muestra
Carol Feldman en su análisis de los soliloquios de Emily mientras resuelve
problemas, ésta ya poseía previamente otro género que utilizaba y perfec-
cionaba" En aquellos, Bmily se entretiene con las categorías de un mun-
do cambiante, sus causas, atributos e identidades, con los «por qué» de las
cosas. Este género, tal y como lo describe Feldman, «plantea un patrón
ordenado e intrincado de rompecabezas que se plantean, consideraciones
que se sugieren y soluciones que se alcanzan». Fijémonos en el
ejemplo de Emily, en el que trata de entender por qué su padre no ha SIdo
admitido en el maratón:
Hoy papá fue, intentaba ir en la carrera, pero la gente dijo que no así que
tuvo que verla por la televisión. No sé por qué se lo dijeron, a lo mejor por-
que había mucha gente. Creo que era por eso, por eso no pudo correrla... Me
hubiera gustado verle. Me hubiera gustado haber podido verle. Pero ellos
dijeron que no, no, no, papá, papá, papá. No, no, no. Tengo que, tengo que
verla por la televisión.
Por supuesto que, al final, Emily aprende a intercalar estos dos géneros
básicos (como el resto de nosotros), utilizando uno para clarificar o
al otro. Tenemos un ejemplo sorprendente de ello a los 32 meses. Convie-
ne fijarse en ,pe de que vi.ene a continuación se
ocupa de lo que de lo excepcional. Sín embargo, esta cano-
nicidad se superpone a otro acontecimiento bastante preocupante: haber
sido dejado porlos padres, aunque sea en una escuela infantil:
18 Actos de significado
Mañana, cuando nos levantemos de la cama, primero yo y luego papá y mamá;
tú, toma el desayuno, toma el desayuno como hacemos normalmente y, luego
vamos a j-u-g-a-r, y luego cuando venga enseguida papá va a venir Carl y
entonces vamos a jugar un poco. Y luego Carl y Emily van a ir en coche con
alguien, y nos van a llevar a la escuela (susurrando), y luego cuando lleguemos
allí vamos a bajar todos del coche y vamos a entrar en la escuela y papá nos va
a dar besos y luego se va y luego dice adiós, y luego va a trabajar y vamos á.
jugar a las escuelas. ¿A que va a ser muy divertido?
E inmediatamente cambia al género de resolución de problemas:
Porque algunas veces voy a la escuela porque es un día de ir a la escuela. Algu-
nas veces me quedo con Tanta toda la semana. Y algunas veces jugamos a las
mamás. Pero normalmente, algunas veces, voy... hum... a la escuela.
De modo que, a sus tres años de edad, Emily sabe cómo poner al serví-
cío de su capacidad para narrar experiencias la secuenciacion. la canonici-
d_ad y la perspectiva. El género sirve para organizar su experiencia de las
interacciones humanas de una forma narrativa y natural al mismo tiempo.
Su entorno narrativo era, a su manera, tan característico como el de los
niños negros del gueto de Baltimore. Sabemos, por las entrevistas con sus
padres, previas a los soliloquios, que este entorno hacía mucho hincapié en
«hacer bien las cosas», en ser capaz de dar «razones» y entender las opcio-
nes que se ofrecen. ¡Después de todo es hija de padres universitarios!
Como los niños de Cambridge que estudió Dunn, Emily aprende a hablar
y pensar retóricamente, a diseñar sus emisiones de forma más convincente
para que expresen su posición.
Como vemos, con el tiempo incorpora a sus narraciones otro género, el
de solucionar problemas. Y, muy pronto, este género importado con-
vierte en un obbligato de sus narraciones. Utilizo el término musical
expresamente. Como señala el Diccionario Oxford, el obbligato es algo
«que no puede omitirse... una parte esencial para completar una composi-
ción». No es que los modos de discurso narrativo y paradigmático se fun-
dan. No lo hacen. Sucede, más bien, que se utiliza el modo lógico o para-
digmático para explicar las rupturas de la narración. La explicación se da
en forma de «razones», y es interesante que esas razones se expresen en un
presente atemporal, que es el más adecuado para distinguirlas del curso de
los acontecimientos pasados. Pero, cuando se utilizan así las razones, con-
La entrada en el significado 97
viene que no sean únicamente lógicas sino que se. parezcan a las
de la vida real, puesto que los requisitos de la narración siguen pesando.
Esta es la intersección crítica en que verificabilidad y verosimilitud se
unen. Lograr una buena convergencia de ambas equivale a lograr una bue-
na retórica. El próximo avance importante en nuestra comprensión del
proceso de adquisición del lenguaje se cuando este
intrincado tema sea iluminado por la investigación evolutiva.
VII
El punto de vista que he propuesto es interpretativo, tanto en lo que
respecta a cómo ve a quienes practican las ciencias humanas como en lo
relativo a los sujetos que estas ciencias estudian. De acuerdo con este pun-
to de vista, lo que constituye una comunidad cultural no es sólo el compar-
tir creencias acerca de cómo son las personas y el- mundo o acerca de
cómo valorar las cosas. Evidentemente, debe existir algún tipo de consen-
so que asegure la convivencia civilizada. Pero hay algo que puede s.er.
igual de importante para lograr la coherencia de una y es la
tencia de procedimientos interpretativos.que nos permitan Juzgar !as
sas construcciones de la realidad que son inevitables en cualquíer socie-
dad. Posiblemente tenga razón Michelle Rosaldo cuando habla de la
• 40 S'
solidaridad creada por un acervo cultural de dramas y personajes. ID
embargo, dudo que eso sea suficiente y quisiera explicar por qué. .
Es muy probable que los seres humanos sufran de
intereses con las consiguientes riñas, facciones, coaliciones y cambios de
alianzas. Pero lo interesante de estos fraccionamientos no es tanto lo que
consiguen separamos como la frecuencia con que son olvi-
dados o excusados. El primatólogo Frans de Waal advierte contra la ten-
dencia de los etólogos a exagerar la agresividad de los primates (incluido
el hombre) y a infravalorar (y no observar adecuadamente) l.aenonne.can-
tidad de procedimientos mediante los cuales estas especies supenores
mantienen la paz.
41
En el caso de los seres humanos, con su prodigiosa
capacidad para narrar, uno de los principales me<.iios de la paz
consiste en presentar, dramatizar y explicar las circunstancias atenuantes
que rodean las rupturas originadoras de conflictos en .vida
objetivo de tales narraciones no es tanto el de reconciliar o ID
siquiera el de excusar, como el de explicar. Y las explicaciones ofrecidas
11 Actos de significado
en los relatos habituales de estas narraciones no siempre perdonan al pro-
tagonista objeto de la narración. Al contrario, suele ser el narrador quien
sale mejor parado en ellas. En cualquier caso; la narración hace compren-
sible lo sucedido, contrastándolo con el telón de fondo de lo que es habi-
tual y aceptamos como el estado básico de la vida, aun cuando el hecho
de comprender lo sucedido no haga que nos resulte más agradable. Perte-
necer a una cultura viable es estar ligado a un conjunto de historias inter-
conectadas, aunque esa interconexión no suponga necesariamente un con-
senso.
Cuando se produce una ruptura en una cultura (o incluso en una micro-
cultura.como es la familia), esta puede vincularse con varias causas. La
primera sería la existencia de una profunda discrepancia sobre.lo que es Io
ordinario y lo canónico en la vida, y qué es lo excepcional o divergente.
De ello sabemos bastante hoy en día por lo que podríamos llamar las
«batallas por los estilos de vida», tan exacerbadas por los conflictos inter-
generacionales. Hay una segunda amenaza que es inherente a la excesiva
especialización retórica de las narraeíenes, cuando Ias.hisrorias se bacen
tan ideológicas y de motivación tan egoísta que la desconfianza sustituye a
la Interpretación, y «lasucedido» se descalifica como puramente fabrica-
do. Esto es lo que sucede a gran escala en los regímenes totalitarios, y los
novelistas contemporáneos de Europa Central lo han documentado con
una dolorosa exquisitez (Milan Kundera, Danilo Kis y muchos otroS).42 El
mismo fenómeno se manifiesta en las burocracias modernas en las que se
silencia y oculta todo lo que no sea la versión oficial. Finalmente, hay una
ruptura que proviene directamente del empobrecimiento extremo de los
recursos narrativos, como sucede con el subproletariado permanente de los
guetos urbanos, con la segunda y tercera generaciones de los campos de
refugiados palestinos, con los pueblos permanentemente hambrientos de
las aldeas azotadas por las sequías del Sabara inferior africano. No es <fue
se haya perdido totalmente la capacidad para narrar la propia experiencia,
sino que el «peor de los escenarios» se ha vuelto tan dominante en la vida
diaria que las variaciones ya no parecen posibles.
Confío en que esto no parezca excesivamente alejado del detallado
análisis de las primeras narraciones infantiles que constituyen el núcleo de
este capítulo. He querido dejar bien claro que nuestra capacidad para con"
tar nuestras experiencias en forma de narración no es sólo un juego de
niños, sino también un instrumento para proporcionar significado que
domina gran parte de la vida en una cultura, desde los soliloquios a la hora
Laentrada en el significado 99
de dormir hasta los testimonios de los testigos en nuestro sistema legal. En
último término, no resulta tan sorprendente que Ronald Dworkin compare
el proceso de interpretación jurídica con el de interpretación literaria, ni
. . ., 43
que muchos estudiosos de la jurisprudencia le sigan en e s ~ ,comparaclOn:
Nuestro sentido de lo normativo se alimenta en la narración, pero lo rrus-
mo sucede con nuestra concepción de la ruptura y de lo excepcional. Las
historias hacen de la «realidad» una realidad atenuada. En mi opinión, los
niños están naturalmente predispuestos a comenzar sus carreras como
narradores con ese espíritu. Y nosotros les equipamos con modelos y p ~ ­
cedimientos para que perfeccionen esas habilidades. Sin ellas. nU.fica sena-
mes capaces de sobreponernos a los conflictos y contradiccIOnes que
genera la vida en sociedad, y nos convertiríamos en incompetentes para
vivir dentro de una cultura.
Capítulo 4
LA AUTOBIOGRAFIA DEL YO
1
Lo que me gustaría hacer en este capítulo final es ilustrar lo que he
llamado «psicología cultural.» Voy a hacerlo aplicando su forma de pen-
sar a un concepto clásico y fundamental de la psicología. El concepto que
he seleccionado para realizar este ejercicio es «el Yo», tan fundamental,
clásico e intratable como el que más en nuestro vocabulario conceptual.
¿Puede la psicología cultural arrojar alguna luz sobre este tema tan com-
plicado?
Como qualia de la experiencia humana «directa», el Yo posee una his-
toria peculiar y atormentada. Sospecho que parte de las tribulaciones teóri-
cas que ha generado provienen del «esencialismo» que ha marcado tantas
veces la búsqueda de su elucidación. como si el Yo fuera una sustancia o
una esencia que existiese con anterioridad a nuestro esfuerzo por describir-
lo, como si todo lo que uno tuviese que hacer para descubrir su naturaleza
fuese inspeccionarlo. Pero la idea misma de hacerlo de esta manera resulta
sospechosa por muchas razones. Lo que finalmente llevó al hijo intelectual
favorito de E. B. Titchener, Edwin G. Boring, a abandonar por completoJa
empresa introspeccionista fue precisamente eso: el hecho de que, como
nos enseñó a todos nosotros cuando éramos estudiantes, la introspección
es, en el mejor de los casos, una «retrospección inmediata» y está sujeta a
los mismos procesos de selectividad y construcción que cualquier otro tipo
de memoria.' La introspección está tan sujeta al proceso de esquematiza-
ción «de arriba a abajo» como la memoria misma.
De manera que la alternativa que surgió a la idea de que existía un Yo
directamente observable fue la noción de un Yo conceptual, el Yo como
101
102 Actos de significado
concepto creado por la reflexión, un concepto construido más o menos
como construimos otros conceptos. Pero el «realismo del yo» persistía.é
Ya que la cuestión se convirtió ahora en si el concepto de Yo construido de
esa forma era un concepto verdadero, si reflejaba el Yo «real» o esencial.
El psicoanálisis, como no, cometió el pecado capital del esencialismo: su
topografía del yo, el superyó y elello era la realidad, y el método psicoa-
nalítico era el' microscopio electrónico que la desnudaba a nuestros ojos,
Las cuestiones ontológicas acerca del «Yo conceptual» no tardaron en
ser reemplazadas por un conjunto de preocupaciones más interesantes:
¿Mediante qué procesos yen referencia a qué tipos de experiencia formu-
lan los seres humanos su propio concepto de Yo, y qué tipos de Yo formu-
lan? ¿Consta el Yo (como había sugerido William James) de un Yo «exten-
so» que comprende la propia familia, los amigos, las posesiones, etc.?3
¿O, como sugerían Hazel Markus y Paula Nurius, somos una colonia de
Yoes Posibles, entre los que se encuentran algunos temidos y otros desea-
dos, todos ellos aglomerados para tomar posesión de un Yo actual?"
Tengo la sospecha de que en el clima intelectual hubo algo aún más
trascendente que provocó el rechazo del realismo en nuestra visión del Yo.
Eso sucedió durante el mismo medio siglo que había contemplado una
ascencion semejante del antirrealismo en la física moderna, del perspecti-
vismo escéptico en la filosofía. del constructivismo en las ciencias socia-
les, y la propuesta de los «cambios de paradigma» en la historia intelec-
tual. Con la metafísica cada vez más pasada de moda, la epistemología se
convirtió en una especie de réplica secular de ella: las ideas ontológicas
resultaban digeribles en la medida en que podían convertirse en problemas
relativos a la naturaleza del conocimiento. La consecuencia fue que el Yo
Esencial dejó su sitio al Yo Conceptual sin que se disparase apenas un solo
tiro.>
Después de liberarnos de los grilletes del realismo ontológico, comen-
zó a surgir una serie de nuevas preocupaciones sobre la naturaleza del Yo,
preocupaciones de carácter más «transaccíonal.» ¿No es el Yo una relación
transaccional entre un hablante y un Otro; de hecho, un Otro Generaliza-
do?6 ¿No es una manera de enmarcar la propia conciencia, la postura, la
identidad, el compromiso de uno mismo con respecto a otro? El Yo, desde
este punto de vista, se hace «dependiente del diálogo», concebido tanto
para el receptor de nuestro discurso como para fines intrapsíquicos.? Pero
estos esfuerzos por una psicología cultural tuvieron un efecto muy limita-
do sobre la psicología en general.
LaBUtobiograffs del Yo 103
Creo que lo que impidió que la psicología siguiese desarrollándose en
esta dirección tan prometedora fue su recalcitrante postura antífilosófica,
que la mantuvo aislada de las corrientes de pensamiento que se producían
en sus disciplinas vecinas dentro de las ciencias humanas. En lugar de
intentar hacer causa común con nuestros vecinos para definir ideas tan
fundamentales como las de «mente» o «Yo», nosotros, los psicólogos,
hemos preferido recurrir a paradigmas de investigación normalizados
para «definir» nuestros «propios» conceptos. Aceptamos que estos para-
digmas de investigación son las operaciones que definen el concepto que
estudiamos: pruebas psicométricas, procedimientos experimentales y
cosas por el estilo. Con el tiempo, estos métodos se convierten, por así
decir, en una especie de marca registrada, y llegan a definir rígidamente
el fenómeno en cuestión: «La inteligencia es lo que miden las pruebas de
inteligencia». Lo mismo sucedió con el estudio del Yo: es 10 que semíde
con las pruebas de autoconcepto. De esta manera ha prosperado una
pujante industria psicométrica construida en tomo a un conjunto de con-
ceptos del Yo estrechamente definidos. cada uno de los cuales tiene su
propia prueba; recientemente se ha publicado incluso un manual en dos
volúmenes dedicado más a las complejidades metodológicas que a los
problemas sustantivos.f Cada prueba crea su propio módulo de investiga-
ción separado de los demás. cada uno de los cuales viene a considerarse
como un «aspecto» de una noción más amplia del Yo que, de momento,
sigue sin formularse.
Hasta la mejor parte de estas investigaciones ha sufrido las consecuen-
cias de estar atada al yugo de su propio paradigma psicométrico. Torne-
mas, por ejemplo, el aspecto del Yo encarnado en los estudios sobre el
«nivel de aspiración», que se mide pidiendo a los sujetos que predigan
cuál creen que va a ser su rendimiento en una tarea después de que hayan
conseguido o no resolver tareas similares en ensayos anteriores. Inicial-
mente formulada por Kurt Lewin, esta idea al menos se encontraba locali-
zada teóricamente en su sistema de pensamiento. Generó muchas investi-
gaciones, algunas de ellas muy interesantes. Pero, sospecho que murió a
causa de su singular paradigma de laboratorio. Procedimentalmente, se
había «endurecido» demasiado como para poder ser ampliada, pongamos
por caso, a una teoría general de la «autoesüma», y, sin duda, se encontra-
ba demasiado aislada como para poder ser incorporada a una teoría más
general del YO.9 Además, creció sin prestar demasiada atención a los avan-
ces conceptuales más amplios que se estaban produciendo en las otras
104 Actos de signfflCtldo
ciencias humanas: el antipositivismo, el transaccionalismo y la valoración
del contexto.
Esto ha cambiado en la actualidad, o, al menos, está en proceso de
cambiar. Pero para apreciar este cambio va a resultamos de ayuda, en mi
opinión, que analicemos un cambio semejante en otro concepto germinal
de la psicología, concepto que, a primera vista, podría parecer bastante
alejado del concepto de yo. Este ejemplo podría servir además para mos-
trar cómo los avances que se producen en la comunidad intelectual más
amplia terminan por penetrar incluso en los estrechos canales por los que
navegan nuestros paradigmas experimentales típicos. Me voy a permitir
tomar como ejemplo la historia reciente del concepto de «aprendizaje», y
vaya intentar demostrar cómo este concepto terminó por ser absorbido
por una cultura más amplia de ideas cuando llegó a ser definido como el
estudio de «la adquisición del conocimiento». Esta historia contiene lige-
ros paralelismos (¿o se trata de réplicas?) fascinantes con nuestro tema del
Yo.
Tenemos que comenzar con el «aprendizaje animal» porque ese fue el
anfiteatro paradigmático en el que, durante al menos medio siglo, se libra-
ron las principales batallas relativas a los problemas de la teoría del apren-
dizaje. Dentro de esta esfera, las teorías beligerantes construían sus mode-
los del proceso de aprendizaje sobre procedimientos paradigmáticos
concretos para el estudio del aprendizaje, llegando incluso a diseñar algu-
nos que cumplían el requisito especial de trabajar con una especie determi-
nada. Clark Hull y sus discípulos, por ejemplo, eligieron el laberinto en T
múltiple como su instrumento favorito. Era un artilugio que se adaptaba.
muy bien a la rata y a la medición de los efectos acumulativos del refuerzo
terminal en la reducción de errores. La teoría hulliana, de hecho, fue con-
cebida para dar cuenta de los datos generados por este paradigma de inves-
tigación. A pesar de su conductismo draconiano, la «teoría del aprendizaje
de Yale» tuvo incluso que producir un simulacro mecanicista de la teleolo-
gía para explicar por qué los errores que ocurrían casi al final del laberinto
(donde se encontraba la recompensa) se eliminaban antes durante el proce-
so de aprendizaje. ¡Uno vivía de acuerdo con su propio paradigma!
Edward Tolman, más cognitivo y «propositivista» en su enfoque, también
utilizó ratas y laberintos (casi como si pretendiese nevar el juego a la can-
cha de Hull), pero él y sus discípulos preferían los laberintos abiertos de
varios brazos situados en un ambiente visual rico, en lugar de los laberin-
tos simples y cerrados que Hull usaba en Vale. Los californianos querían
Laautobiograffa del Yo 106
que sus animales tuvieran acceso a un abanico más amplio de claves,
sobre todo las espaciales situadas fuera del laberinto. No tiene nada de
extraño, por consiguiente, que la teoría de Tolman terminase por asimilar
el aprendizaje con la construcción de un mapa, un «mapa cognitivo» que
representaba el mundo de las posibles «relaciones medios-fines». Hull ter-
minó por desarrollar una teoría que trataba los efectos acumulativos del
refuerzo que «fortalecía» las respuestas a los estímulos. En el lenguaje de
aquella época, la de Tolman era una teoría de «habitación con mapa», en
tanto que la de Hull era una teoría de «tablero de interruptoresw'?
Obviamente, sea 10 que sea 10 que investiguemos, nuestros resultados
reflejarán los procedimientos de observación y medición que usemos. La
ciencia siempre inventa una realidad acorde de esa manera. Cuando «con-
firmamos» nuestra teoría mediante «observaciones», diseñamos procedi-
mientos que favorezcan la plausibilidad de la teoría. Cualquiera que tenga
una objeción contra ella puede echárnosla a perder diseñando variantes de
nuestros propios procedimientos para demostrar que existen excepciones y
pruebas en contra. Y así fue como se libraron las batallas de la teoría del
aprendizaje. Así fue, por ejemplo, como 1. Krechevsky pudo demostrar
que la teoría de la conducta desarrollada en Yale tenía que ser errónea,
mostrando que las ratas en los laberintos en T parecían impulsadas aparen-
temente por distintos tipos de «hipótesis» espontáneamente generadas,
como las de torcer a la derecha o torcer a la izquierda, y que los refuerzos
sólo eran efectivos sobre respuestas guiadas por hipótesis que tuviesen
fuerza en ese momento, lo que significaba que el refuerzo no era más que
la «confirmación de una hipótesis». Pero es raro que se produzcan cam-
bios radicales a partir de luchas intestinas como estas, aunque la diferencia
entre una teoría basada en el refuerzo de respuestas y otra basada en la
confirmación de hipótesis no es en absoluto trivial. Incluso, retrospectiva-
mente, la batalla del «reforzamiento de hipótesis frente al reforzamiento al
azar» podría considerarse como un precursor de la revolución cognitiva.
Pero en la medida en que ellocus classicus de la disputa era el laberinto
de las ratas, abierto o cerrado, no fue más que un precursor sin consecuen-
cias.
Finalmente, la «teoría del aprendizaje» murió, o quizá sería mejor
decir que se marchitó, dejando tras de sí fundainentalmeote huellas tecno-
lógicas. El aburrimiento desempeñó su habitual papel saludable: las discu-
siones se hicieron demasiado especializadas como para atraer el interés
general. Pero dos movimientos históricos se encontraban ya en marcha.Jos
108 Actos de signifICado
cuales, en una década o dos, habrían de relegar a un1!.anel marginal la teo-
ría clásica del aprendizaje. Uno era la revolución cognitiva; el otro, el tran-
saccionalismo. La revolución cognitiva se limitó a absorber el concepto de
aprendizaje dentro del concepto más amplio de «adquisición del conoci-
miento.» Hasta los esfuerzos de la teoría del aprendizaje por ampliar su
base intentando reducir las teorías de la personalidad a sus propios térmi-
nos se vieron interrumpidos, cuestión de la que nos volveremos a ocupar
más adelante. Antes de esa revolución, las teorías de la personalidad se
habían concentrado casi exclusivamente sobre la motivación, el afecto y
sus transformaciones, cuestiones que parecían encontrarse al alcance de la
teoría del aprendizaje. De hecho, hubo un período en la década de los cua-
renta en que esas «traducciones a la teoría del aprendizaje llegaron a cons-
tituir una especie de industria casera»1J. Pero, con el advenimiento de la
revolución cognitiva, el interés de la teoría de la personalidad también
cambió a aspectos más cognitivos; por ejemplo, qué tipo de «constructos
personales» usaba la gente para dar sentido a su mundo y a sí mismos.U
.. Pero el segundo movimiento histórico al que he aludido antes no había
llegado aún a la psicología: el nuevo contextualismo transaccional que se
expresaba en la sociología y la antropología con doctrinas tales como la
«ernometodologfa» y demás avances analizados en el Capítulo 2. Se trata:'
ba de la idea de que la acción humana no podía explicarse por completo ni
de "forma adecuada en la dirección de dentro hacia afuera, es decir, refi-
riéndonos sólo a factores íntrapsfquicos: disposiciones, rasgos, capacida-
des de aprendizaje, motivos, o cualquier otra cosa semejante. Para poder
ser explicada, la acción necesitaba estar situada, ser concebida como WI'
continuo con un mundo cultural. Las realidades que la gente construía eran
realidades sociales, negociadas con otros, distribuidas entre ellos. El mun-
do social en el que vivíamos no estaba, por así decir, ni «en la cabeza» ni
«en el exterior» de algún primitivo modo positivista. Y tanto la mente
como el Yo formaban parte de ese mundo social. Si la revolución cogniti-
va hizo erupción en 1956, la revolución contextual (al menos en psicolo-
gía) se está produciendo ahora.
Detengámonos a considerar en primer lugar cómo afecta el contextua-
lismo a nuestras ideas sobre el conocimiento y acerca de cómo lo adquiri-
mos. Como dicen actualmente Roy Pea, David Perkins y otros, el conoci-
miento de una «persona» no se encuentra simplemente en su cabeza, en un
«solo de persona», sino también en las anotaciones que uno ha tomado en
cuadernos accesibles, en los libros con pasajes subrayados que almacena-
La autobiografía del Yo 107
mas en nuestras estanterías, en los manuales que hemos aprendido a con-
sultar, en las fuentes de información que hemos conectado a nuestro orde-
nador, en los amigos a los que podemos recurrir en busca de una referen-
cia o un consejo, y así sucesiva y casi infinitamente. Todos estos
elementos, como señala Perkins, son parte del flujo de conocimiento del
que uno ha llegado a formar parte. y ese flujo incluye incluso formas
sumamente convencionales de retórica que utilizamos para Justificar y
explicar lo que hacemos, cada una de ellas convenientemente ajustada y
«apuntalada» para la ocasión en que la usamos. Llegar a saber algo, en
este sentido, es una acción a la vez situada y (por usar el término de Pea y
Perkins) distríbuida.P Pasar por alto la naturaleza situada y distribuida del
conocimiento y del conocer supone perder de vista no sólo la naturaleza
cultural del conocimiento sino también la correspondiente naturaleza cul-
tural de la adquisición del conocimiento.
Ann Brown y Joseph Campione añaden otra dimensión a esta imagen
distribuida. Los colegios, según ellos, son «comunidades de aprendizaje o
'pensamiento» en las que hay procedimientos, modelos, canales de retroali-
mentación, y otras cosas por el estilo, que determinan cómo, qué, cuánto y
de qué manera «aprende» un niño. La palabra aprende merece
entre comillas, puesto que lo que hace el niño que aprende es parncrpar
uná especie de geografía cultural que sostiene y conforma lo que hace, y
sin la cual DO habría, por así decir, ningún aprendizaje. Como dice David
Perkins al ñnal de su análisis, quizá la «persona propiamente dicha deba
concebirse... no como el núcleo puro y permanente, sino [como] la suma y
enjambre de parti¿ipaciones»14. De un solo golpe, las «teorías
zaje» de los años treinta se han situado en una nueva perspectiva dístribu-
tiva
l 5
.
La marea alta que se avecinaba no tardó en lamer las faldas de la bús-
queda del Yo en la psicologfa.l'' ¿Debe considerarse el un
permanente y subjetivo, o sería mejor considerarlo también como «disrri-
buido»? De hecho, la concepción «distribuida» del Yo no era tan nueva
fuera de la psicología: tenía una larga tradición en la investigación históri-
ca y antropológica, es decir, en la antigua tradición la interpre-
tativa y en la más reciente, pero pujante, tradición interpretanvrsta de la
antropología cultural. Por supuesto, tengo en mente trabajos como el estu-
dio histórico sobre la individualidad de Karl Joachim Weintraub, El Valor
del Individuo, y la obra clásica de E. R. Dodd Los Griegos y los
Irracional, y más recientemente el estudio antropológico de Michelle
108 Actos de significado
Rosaldo sobre el «Yo» en los ilongotes, o eí de Fred Mayer sobre el «Yo»
de los Pinrupí. Y podríamos mencionar también trabajos dirigidos a cues-
tiones históricas más concretas, tales como las indagaciones de Brian
Stock acerca de si la introducción de la «lectura silenciosa» no podría
haber cambiado las concepciones occidentales del Yo, o el trabajo de la
escuela francesa de los Annales sobre la historia de la vida privada. Más
adelanté, nos ocuparemos de los estudios monumentales de esta-última en
los que se aborda la interesante cuestión de si la «historia de lo privado»
en el mundo occidental no podría considerarse también un ejercicio para
comprender la aparición del Yo occidental. i7 ~ o que todos estos trabajos
tienen en común es la meta (y la virtud) de localizar el Yo, no en la rapi-
dez de la conciencia privada inmediata, sino también en una situación his-
tórico-cultural. Y, como ya hemos señalado, los filósofos sociales contem-
poráneos no van muy a la zaga a este respecto. Porque, tan pronto como
habían comenzado a cuestionar la tesis previamente aceptada del verifica-
cionismo positivista sobre las ciencias sociales -la noción de que existe
una realidad «objetiva» y autónoma cuya verdad puede descubrirse usando
'métodos apropiados-e, se hizo evidente que también el Yo debía conside-
rarse como una construcción que, por así decir, procede del exterior, al
interior tanto como del interior al exterior; de la cultura a la mente, tantó
como de la mente a la cultura.
Aunque no sean «verificables» en el sentido puro y duro del psicólogo
positivista, al menos la plausibilidad de estos estudios antropológicos e
históricos francamente interpretativos merecería ser explorada. Y hasta un
guardián tan austero de la pureza metodológica de la psicología como Lee
Cronbach nos recuerda que «la validez es subjetiva más que objetiva: la
plausibilidad de la conclusión es lo que cuenta. Y la plausibilidad, por
modificar el dicho, reside en el oído del espectador»!", En una palabra, la
validez es un concepto interpretativo, no un ejercicio de diseño metodolÓ-
gico.
Voy a resumir brevemente cómo este nuevo impulso parece haberse
abierto camino en las concepciones contemporáneas más importantes
sobre el Yo. No voy ~ poder aquí hacerle justicia plenamente, pero puedo
decir lo-bastante para indicar por qué (al menos en mi opinión) marca un
nuevo hito en el concepto de psicología cultural, el cual espero ser capaz
de ilustrar mejor en la segunda parte de este capítulo.
El nuevo punto de vista surgió originalmente en protesta contra un
objetivismo engañoso tanto en la psicología social como en el estudio de
La autobiografía del Yo 109
la personalidad. Entre los psicólogos sociales, Kenneth Gergen fue uno de
los primeros en darse cuenta de cómo podría cambiar la psicología social
adoptando una concepción interpretativa, constructivista y edistributivax
de los fenómenos psicológicos, y algunos de sus primeros trabajos aborda-
ron precisamente el problema de la construcción del YO.IEn este trabajo,
que data de hace dos décadas, se propuso mostrar cómo la autoestima y el
autoconcepto de las personas cambiaban abruptamente en reacción a los
tipos de gente entre los que se encontraban, y cambiaban más aún en res-
puesta a las observaciones"positivas o negativas que la gente hacía sobre
ellos. Aunque se les pidiese simplemente que desempeñasen un determina-
do papel público en un grupo, su autoimagen solía cambiar de forma con-
gruente con ese papel. En presencia de otras personas de más edad o a las
que se percibía como más poderosas, la gente tendía a considerar su «Yo»
de forma muy distinta, rebajada. respecto a la manera en que se veían a sí
mismos en presencia de personas más jóvenes u objeto de menor estima.
y si- se les hacía interactuar con ególatras, se veían a sí mismos de una
manera, mientras que con personas humildes se veían de otra. 19En sentido
distributivo, por consiguiente, el Yo puede considerarse como producto de
las situaciones en las que opera, un «enjambre de sus participaciones»
como dice Perkins.
"Gergen insistía, además, en que estos «resultados» no podían en
modo alguno generalizarse más allá de la ocasión histórica en que fueron
obtenidos. «Ninguno de estos resultados debería considerarse fiable des-
de un punto de vista transhistórico. Todos dependían de manera funda-
mental del conocimiento que tenía el investigador de qué cambios con-
ceptuales estaban sujetos a alteración dentro de un contexto histórico
dado»20. Pero a esto añadía que hay dos generalidades que, no obstante,
hay que tomar en cuenta a la hora de interpretar resultados como esos:
ambos son rasgos universales que tienen que ver con la manera en que el
hombre se orienta hacia la cultura y el pasado. \La primera esla refíexiví-
dad humana, nuestra capacidad de volvemos al pasado 'Y-alterar el pre-
sente en función de él, o de alterar el pasado en función del p t e s e n ~ Ni
el pasado ni el presente permanecen fijos al enfrentarse a esta reflexivi-
dad. El «inmenso depósito» de nuestras experiencias pasadas puede des-
tacarse de distintas maneras cuando le pasamos, revista reflexivamente, o
podemos cambiarlo mediante una reconceptualización.
21
El segundo uni-
versal es nuestra «deslumbrante» capacidad intelectual para imaginar
alternativas:' idear otras formas de ser, actuar, luchar. De manera que,
110 Actos de significado
aunque en un sentido puede que seamos «criaturas de la historia», en otro
también somos agentes autónomos. El Yo, por consiguiente, como cual-
quier otro aspecto de la naturaleza humana, es tanto un guardián de la
permanencia como un barómetro que responde al clima cultural local. La
cultura, asimismo, nos procura guías y estratagemas para encontrar un
nicho entre la estabilidad y el cambio: exhorta, prohíbe, tienta, deniega o
recompensa los compromisos emprendidos por el Yo. Y el Yo, utilizando
su capacidad de reflexión y de imaginar alternativas, rehúye o abraza o
reevalua y reformula lo que la cultura le ofrece. Por consiguiente, cual-
quier intento por comprender la naturaleza y orígenes del Yo es un
esfuerzo interpretativo semejante al que realiza un historiador o un antro-
pólogo al tratar de comprender un «período» o un «pueblo». Y no deja de
ser irónico que, tan pronto como en una cultura se proclama una historia
o una antropología oficial que pasan a ser de dominio público, el hecho
mismo altera el proceso de construcción del Yo. No tiene nada de extraño
que el primer ensayo de Gergen que llamó la atención de sus colegas
dentro de la psicología social llevase el título de «La Psicología Social
como HistoriaeV,
A Gergen --como a Garfinkel, Schutz y demás autores cuyos progra-
mas «etno» dentro de la sociología y la antropología encontramos en el
Capítulo 2- le interesaban inicialmente las' «reglas» mediante las cuales
, construimos y negociamos las realidades sociales. El ego o el Yo se conce-
bía como una especie de mezcla de tomador de decisiones, estratega y
jugador de ventaja que calcula sus compromisos, incluso el compromiso,
por usar la expresión de Erwin Goffinan, de cómo presentar el Yoa los
Demás. Se trataba de una visión del Yo sumamente calculadora e intelec-
tual, y creo que reflejaba un poco el racionalismo de los primeros tiempos
de la revolución cognitíva.éé Fue probablemente la creciente revuelta con-
tra la epistemología de corte verificacionista la que liberó a los científicos
sociales, permitiéndoles explorar otras formas de concebir el Yo aparte de
la que lo consideraba como un agente calculador gobernado por reglas
lógicas. Pero eso nos lleva a la siguiente parte de la historia.
A finales de la década de los setenta y principios de los años ochenta,
saltó a la palestra la noción del Yo como narrador: el Yo cuenta historias
en las que se incluye un bosquejo del Yo como parte de la historia. Sospe-
cho que este cambio fue provocado por la teoría literaria y por las nuevas
teorías sobre el conocimiento narrativo. Pero este no es el lugar adecuado
para examinar esta interesante transición en las ciencias humanas.P Sea
Laautobiografía del Yo 111'
como fuere, la narración no tardó mucho en pasar a ocupar el centro del
escenario.
SIn duda, Donald Spence (junto con Roy Schafer, del que nos ocupare-
mos en un momento) fue uno de los primeros en salir a escemi.
25
Hablan-
do desde el psicoanálisis, Spence abordó la cuestión de si un paciente
s'ometido a análisis recobraba el pasado en su memoria igual que un
arqueólogo desentierra los artefactos de una civilización enterrada, o si,
más bien: el análisis nos permite crear una nueva narración que, aunque
no sea más que un recuerdo encubridor o incluso una ficción, esté no obs-
tante 10 suficientemente cerca de la realidad como para permitir el comien-
zo de un proceso de reconstrucción. La «verdad» que importaba, según su
razonamiento, no era la verdad histórica sino lo que decidió llamar la ver-
dad narrativa. Esta verdad narrativa, con independencia de que sea o no
un recuerdo o una ficción encubridores, es válida si se ajusta a la historia
«real» del paciente, sise las arregla para captar en su código de algún
modo el verdadero problema del pacíente.é"
Por consiguiente, de acuerdo con Spence, en el reparto al ego (o al Yo)
le corresponde el papel de un narrador que elabora relatos sobre una vida.
La labor del analista es ayudar al paciente a construir esta narración, una
narración en cuyo centro se encuentra un Yo. En esta teoría hay una dificul-
tad'sin resolver. Ya que, según Spence, ni el analista ni el analizando pue-
den saber cuál es el «verdadero» problema. Según él, el problema está
«ahí» pero no puede describirse. «Podría decirse que una interpretación
proporciona un glosa útil de algo que es, por definición, inenarrables-". A
pesar de este persistente positivismo (o, posiblemente, a causa de él), el
libro de Spence fue objeto de mucha atención tanto dentro como fuera de
los círculos psicoanalíticos. En general, se interpretó que lo que quería
decir era que la tarea fundamental del psicoanálisis y del «funcionamiento
del ego» era la construcción de una historia de la vida que se ajustase a las
circunstancias presentes del paciente, sin preocuparse de si era o no «arqueo-
lógicamente cierta respecto a la memoria». Ciertamente fue en esta línea
en la que David Polonoff retomó el debate algunos años después, intentan-
do establecer la idea de que el «Yo de una vida» era. producto de nuestra
narración, en lugar de una «cosa» fija pero oculta que sería su referente: La
meta de una narración del Yo no era que encajase con alguna «realidad»
oculta., sino lograr que fuese «coherente, viable y apropiada tanto externa
como internamente». El autoengaño consiste en no conseguir esto, na en
no conseguir una correspondencia con alguna «realidad» inespecificable.P
112 Actosdesignificado
Roy Schafer adoptó una postura más radical que Spence. Ya que su
meta incluía no sólo, por así decir, la sustancia o el contenido de los Yoes
en relaci?n a la p:opia vida, sino también el modo en que se
construían. Schafer dice, por ejemplo, cosas como la siguiente:
Estamos siempre contando historias sobre nosotros mismos. Cuando contamos
esr.a:' a los demás, puede decirse, a casi todos los efectos, que estamos
realizando simples acciones narrativas. Sin embargo, al decir que también nos
contamos las mismas historias a nosotros mismos, encerramos una historia
dentro de otra. Esta es la historia de que hay un yo al que se le puede contar
algo, un. que actúa de audiencia y que es uno mismo o el yo de uno. Cuan-
do las histerias que contamos a los demás sobre nosotros mismos versan sobre
es?s otros yoes nuestros; por ejemplo, cuando decimos <<110 soy dueño de mí
de nuevo encerramos una historia dentro de otra. Desde este punto de
Vista, el yo es un cuento. De un momento a otro y de una persona a otra este
cuento varía en el grado en que resulta unificac!o, estable y aceptable como fia-
ble y válido a observadores informados.29
Schafer incluso a señalar que los otros también se presentan de
forma narrauva, de manera que la narración sobre nosotros mismos que
contamos a otra persona es, de hecho, una «narración doble». «Como pro-
yecto de desarrollo personal, el análisis personal cambia las cuestiones
principales que. uno formula a la narración de su propia vida y las vidas de
otras personas Importantes para uno». El reto al que se enfrentan el analis-
ta, y el analizando se convierte, por consiguiente, en este: «Vamos a ver
come pod:mos a contarlo de una manera que le permita compren-
der los ongenes, e importancia de sus dificultades actuales, y
de manera que el cambio resulte concebible y alcanzables-v, Y, durante
este proceso, el analista y el analizando se concentran no sólo en el conte-
nido sino también en la forma de la narración (Schafer la llama la
«acción» de la narración), en la que el acto mismo de relatar es tratado
como el objeto. que hay que describir, en lugar de tratarlo. por así decir,'
un «medio transparente», La opacidad de la narración, su circuns-
tanctahdad, su género, se consideran tan importantes como su contenido o
de cualquier manera, inseparables del mismo. El Yo del analizando se con-
vierte, por consiguiente, no sólo en un hacedor de relatos sino además en
un narrador con un estilo peculiar. Y, bajo las circunstancias del análisis el
analista viene a desempeñar cada vez más el papel de un redactor solícito
o el de amanuense provisional. De cualquier manera, el arialista se hace
La autobiograffa del Yo 113
cómplice del proceso de construcción. Y de este modo comienza un proce-
so mediante el cual se elabora un Yo distribuido.
Siguiendo básicamente la misma línea, los psicólogos comenzaron a
formular la pregunta de si el amplio círculo de gente que le importa a una
persona o en las que tiene confianza no podría considerarse también cóm-
plice de nuestras narraciones y nuestras construcciones de nosotros mis-
mos. ¿No podría, entonces, el círculo de nuestros cómplices ser algo pare-
cido a un «Yo distribuido», de la misma manera en que nuestras notas y
nuestros procedimientos de buscar información pasan a ser parte de nues-
tro conocimiento distribuido? Y exactamente igual que de esta manera el
conocimiento cae en las redes de la cultura, el Yo también se ve enredado
en una red constituida por otros. Esta imagen distribuida del Yo es la que
prevaleció entre los «constructivistas sociales» y los «científicos sociales
interpretativistas»31.
El «viraje narrativos tuvo algunos efectos sorprendentes. Dio nuevo
aliento a las ya de por sí activas voces contrarias a la universalidad de la
denominada «concepción occidental de la individualidad», esa concepción
de «la persona como un universo motivacional y cognitivo compacto, úni-
co y más o menos integrado, un centro dinámico de conciencia, emoción,
juicio y acción, organizado en una totalidad peculiar y en contraste con
otras totalidades semejantes y con un trasfondo social y naturab-V. Aun-
que la concepción del Yo como calculador y estratégico puede, de algún
modo, abrigar pretensiones de universalidad apelando a la universalidad
de la razón, la universalidad no resulta tan obvia cuando invocamos la
actividad de contar historias. Las historias son muchas y variadas; la razón
está gobernada por una lógica única e ineludible.
Una vez adoptado mi punto de vista narrativo, podemos preguntarnos.
por qué una historia y no otra. Y este tipo de preguntas no tardó mucho en
llevar a la sospecha de que las concepciones «oficiales» o «inculcadas»
del Yo podrían utilizarse para establecer un control político o hegemónico
de un grupo sobre otro. Incluso en la cultura occidental, una concepción
masculina del Yo, activo y atareado, podría de hecho marginar a las muje-
res haciendo a sus Yoes parecer inferiores. Voces críticas feministas han,
escrito copiosamente en los últimos años sobre la manera en que la auto-
biografía de las mujeres se ha visto marginada por la adopción de un
canon masculino de escritura autobiográfica.P
Sin duda, el «reciente» reconocimiento de oue las oersonas narratívs;
zan su experiencia del mundo y del papel que desempeñan en él ha obliga-
114 Actos de significado
da incluso a los científicos sociales a replantearse la manera en que utili-
zan su principal instrumento de investigación: la entrevista. El sociólogo
ElIiot Mishler nos recuerda que en la mayoría de las entrevistas esperamos
que nuestros entrevistados respondan a las preguntas de la manera categó-
rica que se exige en los encuentros formales, más que siguiendo las formas
narrativas de las conversaciones naturales, Esperamos respuestas como
«hacer frente a las dificultades financieras» ante preguntas como ¿«CuMes
fueron los peores momentos al comienzo de su matrimonio»? Como entre-
vistadores, lo típico es que interrumpamos a nuestros entrevistados cuando
empiezan a contamos una historia, o, en todo caso, no nos molestamos en
codificar las historias, ya que no encajan en nuestras categorías convencio-
nales. De esta manera, los Yoes humanos que surgen de nuestras entrevis-
tas son artificiales como consecuencia de nuestro método de entrevistar.
Míshler ilustra esta cuesti6n con una entrevista en la que un sujeto cuenta
con gran autenticidad lo que «pagar sus deudas a tiempo» significaba para
su autoestíma al principio de su matrimonio. Su narración en ningún
momento responde literalmente a la pregunta sobre «los momentos más
difíciles en su matrimonioeé".
Quizá la situación actual en este terreno no pueda ser resumida mejor
de lo que lo hace Donald Polkinghome en su libro Narrative Knowíng and:
tne Human Sciences [«El conocimiento narrativo y las ciencias huma-
nas»]. Refiriéndose al Va, dice lo siguiente:
Las herramientas que utilizan las disciplinas humanaspara acceder al concepto
de sí mismo son, por lo general, los tradicionales instrumentos de investiga-
ción concebidos por la ciencia formal para localizar y medir objetos y cosas...
Logramos nuestra identidad personal y el concepto de nososrros mismos
mediante el uso de la configuración narrativa, y damos unidad a nuestra exís-
tencia entendiéndola como laexpresión de una historia singularque se desplie-
ga y desarrolla. Estamos en medio de nuestras historias y no podemos estar
seguros de cómo van a terminar; tenemos que revisar constantementeel argu-
mento a medida que se añaden nuevos acontecimientos a nuestras vidas. El
Yo, por consiguiente, no es una cosa estática o una sustancia, sino una confi-
guración de acontecimientos personales en una unidad histórica, que incluye
no sólo lo que uno ha sido sino también previsiones de lo que uno va a ser.
35
La autobiograffa del Yo 115
u
¿Qué pasaría entonces con esa psicología cultural del tipo que pro-
puesto? ¿Cómo le iría a la hora de plantear el'problema del Yo? Sin duda
alguna, congeniaría con los nuevos avances que de relatar. Me
parece que una psicología cultural impone dos requerimientos estrecha-
mente relacionados entre sí sobre el estudio del Yo Uno de es que
estos estudios deben centrarse sobre los significados en función de los
cuales se define el Yo tanto por parte del individuo por parte de la
cultura en que este participa. Pero esto no es suficiente SI queremos enten-
der cómo se negocia un «Yo», ya que el Yo no es un mero la
reflexión contemplativa: El segundo requirimiento es, por consíguíente.
prestar atención a las prácticas ee qne «el significado del Yo» se y
pone en funcionamiento. Estas nos proporcionan, de hecho, una VISIón
más «distribuida» del VA.
Voy a ocuparme de cada uno de ellos. v,a visto
'_.J' id os sus propios Yoes. Por una deñnición cultural de la índividuali-
IfWIVI U " d ís d 1 qne
dad (parte del primer requerimiento mencionado) entren o . e o .
los Otros contempcréneos, por así decir, adoptan como su defimcIón .proVI-
. . y -, y de un Yo en particular (como en los mtere-
sioaal de los oes en generar .
santes estudios de Gergen que hemos mencionado anteriormente). Ya que
existe también una dimensión histórica, Si el VA de tjergen es un «Va de
afuera a adentro», el Yo histérico es un «Va desde el pasado .hasta el pre-
sente». En nuestra propia cultura, por ejemplo, las del y:
tén conformadas y apuntaladas por nuestra teología judeocnsuana Ypo
nuevo humanismo que surgió en el Renacimiento. Se confor-
madas también por una sociedad, una economía y ,todos
cuales poseen «realidades» históricas que, aunque a ser revr-
d han
creado un andamiaje que sostiene nuestras actividades como
sa as, " . .d alid d tá n:fi
agentes humanos- Nuestra concepción i.ndlYI u a es ca -
- urada por las garantías legales de su mVlOlabilldad, sucede e": :1
del habeas corpus Yla Cuarta Enmienda de la
d nse q
ue delinea minuciosamente nuestro derecho a la privacided". Una
e • tas snones
psicología cultural que na fuese capaz ,de tener en cuenta es cue
perpetuaría el sesgo antihistórico y anticultural al 9-ue se debe
de las dificultades por las que atraviesa la
Volvamos ahora al segundo criterio de la psicología cultural> el hecho
118 Actos de significado
de que haya de explorar no sólo el significado sino también su utilización
en la práctica. ¿Qué puede querer decir la «práctica» del Yo? Por ejemplo,
en prácticas era corriente en las universidades americanas a finales de la
atribulada década de los 60 que los estudiantes pidiesen permiso para mar-
charse a vivir durante un trimestre o un año entero a, pongamos por caso,
un pueblecito de Vennont o una cabaña en los bosques de Maine, con el
fin de «apartarse de todo» y poder «encontrarse a sí mismos». Estas creen-
cias, deseos o razones sobre el Yo y cómo encontrarlo eran tan reales para
quienes estaban metidos en ellas como las normas de la universidad por
las que se sentían tan frustrados, y tan reales también como la geografía
psíquica de aquellas regiones en que los jóvenes de entonces creían que
podrían encontrar el «aislamiento» que buscaban. Esto era el Yo puesto en
práctica, «el significado en la praxis». Era el Yo distribuido en la acción,
en-proyectos y en la práctica. Uno iba a alguna parte a hacer algo con una
meta prevista en mente, algo que no se podía hacer en otra parte y seguir
siendo el mismo Yo. Más aún, se hablaba con los demás sobre ello de una
determinada manera. Para que resulten viables en una psicología cultural,
los conceptos (incluido el «YO}» deben llevar consigo una especificación
acerca de cómo hay que usarlos tanto en la acción como en el discurso que
rodea a la acción. Si se me permite usar un ejemplo literario, es como ti
joven capitán del relato de Conrad The Secret Sharer, que tiene que poner
a prueba su sentido de autonomía haciendo navegar con pericia a su barco
peligrosamente cerca de la oscura y ominosa roca de Koh-ring, con el fin
de que Leggatr, el Doppelgiinger al que el capitán ha escondido a bordo a
pesar de que sabe que está acusado del asesinato de un marinero cobarde a
bordo de su propio barco, pueda descolgarse por la borda y huir a tierra
finne, siendo «un hombre libre, un soberbio nadadof»37. Al final, no es la
«autonomía» del joven capitán, como rasgo aislado, lo que importa para
comprender su conducta. sino cómo ese sentido de autonomía entra en la
narración de su vida. Y, al igual que comenté dos capítulos atrás a proposi-
to de la indeterminación interpretativa de Ies tres obras teatrales de Ibsen,
tampoco es posible encontrar una interpretación ontológicamente definíti-
va de la acción del joven capitán. Ya que. en lo que al acto de crear signifi-
cados se refiere, no hay causas de las que se pueda echar mano con certe-
za, s6lo actos, expresiones y contextos que hay que interpretar. Y esto nos
lleva al núcleo de la cuestión.
La psicología cultural es una psicología interpretativa. précacamente
en el mismo sentido en que la historia, la antropología y la lingüística son
Laautobiografia,deI Yo 117
disciplinas interpretativas. Pero eso no significa que tenga que carecer de
principios o prescindir de métodos, ni siquiera los más duros. Su objetivo
son las reglas a las que recurren los seres humanos a la hora de crear signi-
ficados en contextos culturales. Estos contextos son siempre contextos
prácticos: siempre es necesario formular la pregunta de qué hace o intenta
hacer la gente en ese contexto. No puede decirse que la idea de que el sig-
nificado surge del uso sea especialmente original, pero, a pesar de la fre-
cuencia con que se utiliza como si fuese un eslogan, sus consecuencias
tienden a pasar desapercibidas.
¿Cuándo se invoca al «YO}}, de qué manera y con qué fin? La mayoría
<Se la gente, por poner un ejemplo general, no considera que la gravedad
actúe sobre sus Yoes (salvo quizá en casos extremos). Pero si otra persona
los agarra o los empuja o les arrebata su cartera a la fuerza, sentirán que
sus Yoes han sido «violados», e invocarán su Yo para describir lo sucedi-
do. La agentividad está presente, la propia y la de alguien más. Es más o
menos como lo planteaba en el capítulo sobre la psicología popular. El
'abanico de cosas que la gente considera que está bajo la influencia de su
propia agentividad varía, como sabemos gracias a los estudios sobre el
«Iocus de control», de.una persona a otra, y, como también sabemos, varía
con el lugar que uno siente que ocupa dentro de la cultura.
38
Por otra par-
te,"sentimos que determinadas situaciones son «impersonales», y en esas
situaciones creemos que nuestros propios Yoes y los Yoes de los demás no
son operativos, y no pueden invocarse «legítimamente». Para tener ':lla
noción general de un «YO}} determinado en la práctica, debemos obtener
una muestra de sus actividades prácticas en distintos contextos. contextos
que sean culturalmente especificables.
Es evidente que, en pos de esta meta, no podemos seguir a la gente a lo
largo de toda su vida y observarles e interrogarles en cada paso del cami-
no. 'Y, aunque pudiéramos. el mero hecho de hacerlo transformaría el sig-
nificado de lo que hiciesen. Y, en cualquier caso, no sabríamos cómo com-
poner los fragmentos y las piezas al flnal de nuestra investigaci6n.-Existe
una alternativa obvia y viable: efectuar la investigación retrospectivamen-
te, a través de laautobiografia. Y no me refiero-a una autobiografía en el
sentido de un «registro» o «grabación» (ya que eso no existe)._Me refiero
sencillamente a una descripción de lo que uno cree que ha hecho, en qué
situaciones, de qué maneras y por qué razones, en su opinión: Tendrá que
ser inevitablemente una narración, como señala Polkinghorne, y, para
retormar la idea de Schafer, su forma será tan reveladora como su sustan-
118 Actos de slgnfflcsdo
cía, No importa si el relato coincide o no con lo que dirían otras personas,
testigos de los hechos, ni es nuestra meta ocupamos de cuestiones ontoló-
gícamente tan oscuras como saber si la descripción es «auroengañosa» o
«verídica». Nuestro interés está en lo que la persona piensa que hizo, por
qué piensa que lo hizo, en qué tipo de situación creía que se encontraba.
etc.
m
A continuación, vaya mostrar, muy brevemente, cómo puede uno
emprender un estudio del Yo de esa manera con el necesario rigor interpre-
tativo. Tengo que empezar de una manera ligeramente autobiográfica.
Hace algunos años, mis colegas y yo nos interesamos por la naturaleza de
la narración como texto y como modo de pensamiento. Como otros auto-
res, nosotros nos concentramos en cómo reproducía la gente historias de
cuyos textos disponíamos para efectuar las comparaciones oportunas.
Como es lógico, terminamos por interesarnos en cómo cuenta la gente sus
propias historias, con independencia de 10 que haya oído. En la creencia de
que sus propias vidas podrían proporcionar un buen material para ese tipo
de relatos, nos pusimos a recoger algunas biografías espontáneas. Dejamos
que cada sujeto se guiase por lo que Philippe Lejeune llama «un borrador
aproximado, constantemente rehecho, de la historia de su vida», y no tar-
damos mucho en darnos cuenta de que estábamos escuchando a la gente
en el proceso de construir una versión longitudinal de su Yo.39 Lo que
observábamos no era en modo alguno una construcción «libre». Por
supuesto, estaba restringida por los acontecimientos de la vida de su autor,
pero también estaba fuertemente restringida por los requerimientos de la
historia que el narrador estaba en proceso de construir. Era, inevitablemen-
te, una historia de desarrollo, pero las formas que adoptaba (aunque podí-
an reconocerse como culturales) eran mucho más variadas de lo que nunca
habríamos esperado.
En cuanto historias de desarrollo, estas «autobiografías espontáneas»
constaban de historias más reducidas (relativas a sucesos, acontecimientos,
proyectos); cada una de las cuales adquiría significado por el hecho de ser
parte de una «vida» a mayor escala. A este respecto, compartían una
característica universal de todas las narraciones. Las narraciones generales
más grandes se contaban en géneros fácilmente reconocibles: el relato de
Laautobiografía de! Yo 119
una víctima, un Bildungsroman, las formas del antihéroe, historias de
Wanderung. comedia negra, etc. Los acontecimientos narrados que com-
prendían sólo tenían sentido en función de un cuadro más amplio. En el
centro de cada relato había un Yo protagonista en proceso de construcción:
ya fuera un agente activo. un paciente pasivo o el vehículo de un destino
mal definido. Y, en momentos críticos, se producían «giros» en su vida, de
nuevo culturalmente identificables, producidos casi invariablemente por la
irrupción de una toma de conciencia provocada por el triunfo o el
por la traición de la conflanza depositada en alguien, y cosas por el estilo.
Pronto quedó claro que la vida no sólo imitaba al arte, sino que además lo
hacía eligiendo los géneros artísticos y sus otros procedimientos de narra-
ción como modos de expresión.
Hay algo curioso en la autobiografía. Es un relato efectuado por un
narrador en el aquí y ahora sobre un protagonista que lleva su nombre y
que existía en el allí y entonces, y la historia termina en el presente, cuan-
do el protagonista se funde con el narrador. Los episodios narrativos que
componen la historia de una vida presentan una estructura típicamente
laboviana, adhiriéndose estrictamente a la secuencia y a la justificación en
función de la excepcionalidad. Pero la historia mayor revela una fuerte
vena retórica, como justificando¡ por qué era necesario (no en un sentido
causal, sino moral, social, psicológico) que la vida siguiese un camino
determinado. El Yo. cuando narra, no se limita a contar, sino que además
justifica. Y el Yo, cuando es protagonis:a, está, por decir.
apuntando hacia el futuro. Cuando alguien dice. como resumiendo su
infancia, «yo era un encantador niño rebelde», generalmente puede tomar-
se como una profecía además de como un resumen.
Se produce una enorme cantidad de trabajo en el aquí y ahora mientras
la historia se hilvana. No tiene nada de extraño, por consiguiente, que, en las
docenas de autobiografías que hemos recogido y analizado, haya aproxima-
damente entre un tercio y !!!Lcincuenta por ciento de nuclea-
res» en tiempo presente; es decir. el narrador no está hablando del pasado, al
que casi siempre se refiere en tiempo pasado, sino decidiendo qué sentido
narrativo puede dar al pasado en el momento en que lo está contando.
Las presuposiciones que entrelazamos al contar nuestras vidas son pro-
fundas y virtualmente ilimitadas. Aparecen cada línea,:
modesta», «muchacho soñador», etc. Y los motivos por los que se inclu-
yen las cosas permanecen la mayor parte del tiempo implícitos, en lo que
parece un pacto tácito que rige la entrevista, de acuerdo con el cual el
120 Actos de signfficado
entrevistador, cuya actividad se reduce casi por completo a escuchar, será
capaz de imaginarlos por sí mismo. Y, si al entrevistador se le ocurre pedir
se hagan explícitas las razones, casi con toda seguridad la pregunta
el relato en dirección que, si no, no habría tomado. Ya que el
se convierte en parte de ese «enjambre de participaciones»
que distribuye el «Yo» entre sus ocasiones de uso.
. Esta densa maleza de presuposiciones que se da en la autobiografía
hizo nuestra tarea difícil pero, como reacción, dimos con unas cuantas
idea¡ defensivas felices. La mejor de todas fue el concentramos en miem-
bros ,de la familia. De esa manera podríamos entender mejor lo que
quena decir el hecho de que un miembro dijera «Eramos una familia uni-
da». Pero esa decisión pragmática nos trajo otros beneficios que nunca
habríamos previsto. Una familia, al fin y al cabo, es (como a los autores
se ocupado del tema les gusta decir) el vicario de la cultura y, al
tiempo, un microcosmos de ella. De manera que, en lugar de
seguir recogiendo biografías de individuos aislados, decidimos concen-
trarnos en seis miembros de la misma familia. Lo que empezó siendo una
de conveniencia terminó por convertirse en un principio de
mvesügacíon.
Y.así hizo su aparición la familia Goodhertz: el padre y la madre, sexa-
genenos, con dos hijos y dos hijas ya mayores. Los entrevistamos de for-
ma individual e independiente preguntándoles acerca de sus vidas; dedica-
año a hacer un análisis preliminar de sus autobiografías
y después los reunimos, en familia, para mantener una
«sesión de discusión», que duró más de tres horas, y en la que se habló
sobre «en qué consiste crecer siendo un Goodhertz». Afortunadamente
la s:sión en vídeo, ya que una familia sin sus gestos y
indicio de a quién se está mirando es como una puesta de sol sin color.
Estábamos convencidos también de que podríamos sacar a la luz las
presuposiciones sepultadas en las historias sobre la vida de cada uno
un minucioso estudio del lenguaje que se utilizara en ellas, TJna
al fin y al cabo, no es solamente una trama, una fábula, sino
también una forma de contar, un sjuzet. Así que analizamos el discurso
mismo, descubriendo palabras reveladoras, expresiones tan características
c?mo las firmas, las formas gramaticales del relato. Y contamos las expre-
siones de6nticas y epistémicas para comprobar hasta qué punto
cada miembro de la familia recurría a la contingencia o a la necesidad a la
hora de estructurar sus descripciones. Examinamos los contextos de utili-
La autobiografía del Yo 121
zacién de los verbos mentales para enriquecer nuestra imagen de la subje-
tividad de los Goodhertz. Afortunadamente, los ordenadores permiten
efectuar recuentos y búsquedas específicas con gran facilidad; Pero las
ideas acerca de cómo se pueden interpretar son, una vez más, harina de
otro costal. Para esta tarea, nuestra guía más útil fue la lingüística literaria
y-del discurso.
IV
Nuestro procedimiento para realizar las entrevistas fue informal; esta-
ba concebido para favorecer la creación de significados mediante el relato
de narraciones, en lugar de las respuestas de tipo más categórico que se
obtienen en las entrevistas habituales. Al empezar cada entrevista, les
explicábamos que nos interesaban las autobiografías espontáneas y cómo
cuenta la gente su propia vida, a su manera.f' Nosotros -mi colega Susan
Weisser, profesora de literatura inglesa, y yo--- comentábamos lo interesa-
dos que estábamos desde hacía tiempo en este tema, y dejábamos claro
que no nos interesaba hacer juicios de valor o hacer terapia, que lo que nos
interesaba era la «vida» de las personas. Después, la Dra. Weisser realizó
ella sola las entrevistas en su despacho a lo largo de un período de varios
meses.
A pesar de las dificultades epistemológicas que los modernos teóricos
de la autobiografía han analizado durante los últimos quince años, las per-
sonas corrientes, o incluso las excepcionales, una vez puestas a la tarea, no
tienen demasiadas dificultades para contar su historia. No cabe la menor
duda de que las historias que escuchamos estaban estructuradas en alguna
medida por nuestro interés en-cómo contaba la gente su propia vida. Y"ñó
nos hacíamos ninguna ilusión respecto a la posibilidad de que el entrevis-
tador pudiera permanecer neutral durante las entrevistas' la Dra. Weisser
se reía cuando le contaban algo gracioso, respondía de forma apropiada a
los sucesos que le contaban eon los habituales «uhrnm» y «Dios mío», e
incluso pedía aclaraciones cuando algo de lo que le decían realmente no' le
había quedado claro. Para ella, haber actuado de otra manera habría
supuesto sin duda romper las reglas de un diálogo normal. La Dra. Weisser
es una mujer de cuarenta años, informal, cálida y afable en el trato, obvia-
mente fascinada, tanto personal como profesionahnente, por las «vidas».
de la gente, y se limitó a actuar conforme a su manera de ser. Obviamente,
122 Actos de significado
nuestros sujetos respondieron de una manera que reflejaba el estilo
«atento» de su entrevistadora, y no cabe duda de que hubiesen reacciona-
do de forma distinta ante un entrevistador que se hubiese comportado,
digamos, de manera más «formal» o cuya personalidad fuese distinta en
algún otro aspecto, o, simplemente, ante un entrevistador de sexo mascu-
lino en lugar de femenino. Ciertamente, podría (y debería) emprenderse
una investigación detallada acerca de este tipo de cuestiones, pero decidí-
mas que un proyecto de esa índole no era el más indicado para una pri-
mera incursión en la materia. Evidentemente, la «historia de una vida»
contada a una persona determinada es, en sentido profundo, el producto
'Común de quien la cuenta y quien la escucha. El Yo, cualquiera que sea la
postura metafísica que uno adopte sobre la «realidad», sólo puede reve-
larse mediante una transacción entre alguien que habla y alguien que
escucha. y, como nos recuerda Mishler, cualquier tema que abordemos en
una entrevista debe evaluarse a la luz de esa transaccíon." Dicho esto-el.
único consejo que puede darse es el de ejercer una cierta precaución
interpretativa.
Confeccionamos una lista de doce «preguntas guía» que formulábamos
cuando los sujetos finalizaban su primera descripción espontánea, que
ocupaban entre un cuarto de hora y una hora en la entrevista y que siempre
se formulaban en el mismo orden. Abarcaban desde preguntas iniciales
muy abiertas, como «¿Qué idea diría que tenían sus padres de usted cuan-
do era pequeño?», a indagaciones posteriores más orientativas, como «¿Ha
habido algo en su vida que le parezca poco típico de usted?» o «¿Si tuviera
que describir su vida como una novela, una obra de teatro o un cuento, a
qué diría usted que se parece más?». Las entrevistas duraban desde un
hora hasta casi dos horas y, como es lógico, eran grabadas. Los seis míem-
bros de la familia Goodhertz comentaron más adelante espontáneamente,
en un contexto u otro, que habíandisfrutado de la entrevista -o que, persa-
nalrnente, les había resultado muy útil. Algunos dijeron que les había sor-
prendido bastante lo que había salido a la luz. Esto último, dicho sea de
paso, es algo bastante corriente en las entrevistas autobiográficas, y1"eSUlta
muy interesante en relación con la naturaleza constructiva de la actividad
de «contarla propia vida».
EÍl cuanto a la «sesión de familia», la comencé yo mismo diciéndoles
que habíamos estudiado sus autobiografías y estábamos deseando oír su
opinión acerca de qué es crecer siendo un Goodhertz. La sesión se exten-
dió a 10 largo de tres horas sin que se nos presentase ninguna ocasión-en
La autobiograffa del Yo 123
la que fuese necesario hacer uso de las que ,había-
mos tenido la precaución de planear por SI acaso. La sesión segura
lante con toda su fuerza cuando la dimos por finalizada; habíamos decidi-
do de antemano que tres horas eran suficientes. Nos juntamos en torno a
una mesa de reunieres, con café y otros refrigerios a nuestra disposición.
No era una entrevista, aunque no cabe duda de que los Goodhertz nos
tenían presentes en todo momento y, en cierto modo, hablaban a
nosotros, aun cuando pareciese que se dirigían sus comentarlos entre
con tanta frecuencia como nos los dirigían directamente a nosotros. CIer-
tamente, hubo momentos en que parecían ignoramos por completo a
nosotros, los investigadores. .
Sabíamos que eran una familia «unida» que la Iíbertad
con que eran capaces de discutir «cualquier tema» en Y actuaban
Con la suficiente naturalidad como para que su conversación en torno a la
mesa de reuniones adoptara algunos tintes de confrontación, especiaImen.-
te acerca de problemas ínrergeneracionales. En un momento dado, Debby,
la hija más joven, que rondaba los 25 años pero aún tratada como
niña pequeña de la familia», acusó a sus padres de «racismo» ,su aetI:
tud hacia un antiguo novio suyo¡que:era negro. Su madrerespondio que, SI
Dios hubiera querido que las razas se mezclasen, no las habría hecho de
diferentes colores. Como cualquier persona interesada en mantener una
atmósfera agradable, aproveché la pausa que se produj.o después de esto
para anunciar que acababa de llegar una nueva jarra Sólo después
me di cuenta de que me estaba comportando «en como
me indicó Clifford Geertz en los comienzos de nuestra Investigación, las
familias son sistemas que sirven para evitar que la gente se vea
centrífugamente por intereses inevitablemente encontrados, y
tenía dos técnicas para alcanzar este fin. Una consistía en el ejercicio de
hábiles maniobras interpersonales: hacer chistes, desviar la atención, y
cosas por el estilo (como en el caso de mi anuncio de había más
La otra consistía en adoptar y desempeñar papeles familiares establecidos,
llegando incluso a usar historias familiares típicas que sir:en resaltar
eses papeles. Todas las familias tienen unas cuantas hístonas de estas
almacenadas, Y la que nos ocupa las usaba con mucha habilidad, como
veremos. a-continuacign.
124 Actos de signiffcado
v
. Comenzaré por hacer un breve bosquejo de la familia Goodhertz, lo
Justo para que lo que sigue resulte comprensible. El cabeza de familia es
George Goodhertz: un que se hizo a sí mismo y que ya ha cumpli-
do los sesenta. Su. oficio es el de contratista de sistemas de calefacción, y
es un hombre dedicado a su trabajo, pero que se siente igual de orgulloso
en .su papel de hombre de confianza de la comunidad al que acuden los
que encuentran an algún apuro, ya sea en busca de consejo o a.
pedir pequenos préstamos. Su padre, según su propio testimonio, era un
«borracho» no aportaba nada a la familia, y, cuando los abandonó,
fue enviado a una escuela parroquial gratuita. Según él, se convir-
uó en el alumno favorito de las monjas, que sabían apreciar sus ganas de
ayudar en la escuela. Se hizo católico; hasta entonces, su familia sólo
había conexiones protestantes. Confiesa que ya no es creyen-
te, SIgue consciente de las obligaciones morales que
en la iglesia, e intenta vivir de acuerdo con ellas. Es un hombre
a pesar de que no llegó a terminar los estudios secundarios, y el
de su autobiografía contiene una elevada densidad de palabras o
expresiones que distinguen entre «lo que parece seo>y «lo que es». Es una
e pero le preocupa el que su vida haya per-
dido intimidad. FalSIficando 'su fecha de nacimiento, entró en el ejército
de la edad reglamentaria; lo dejó cinco años después cuando
aun no cumplido 25 años, con el grado de sargento mayor. Pero no
se COnSl?era en modo alguno un «tipo duro», a pesar de que se muestra
de que, para salir adelante en este mundo, hay que poseer la
astucia de la calle.
Su Rose, es una americana de ascendencia italiana de segunda
volcada en su familia, muy relacionada con los viejos
amigos del barrío de Brooklyn en el que vivieron durante 30 años «católi-
ca y demócrata». Como su marido, es hija de un padre que, en sus propias
palabras, era «de l.a.vieja escuela»: fanfarrón, borracho, desleal y un pobre
sostén para la familia. Los dos, marido y mujer, comparten su dedicación a
a sus hijos una vida mejor que la que ellos tuvieron. Le gusta la reputa-
ción de testaruda de que disfruta en la familia. Cuando sus hijos se hicie-
ron mayores,. «volvió al trabajo»: contable de su marido, pero con paga.
No tan reflexiva como su marido, cree firmemente en el destino, un desti-
no que puede verse muy influido por el propio esfuerzo, como cuando
La autobiografía del Yo 125
decía que «con ayuda del destino crié a mis hijos sin que a ninguno le die-
se por las drogas». La transcripción de su entrevista autobiográfica está
llena de expresiones en realismo indicativo, y presenta muy pocos esfuer-
zos de «interpretar el significado». «Es» precede a «parece».
El hijo mayor, Carl, que participó activamente en el Catlwlic Peace
Movement en sus años de estudiante preuniversitario, fue el primero de la
familia que acudió a la universidad, a una universidad católica que aban-
donó al obtener su licenciatura para irse «fuera» a hacer la tesis, sobre el
tema de la fisiología de los sentidos, a una universidad decididamente
secular. Su relato autobiográfico es reflexivo, secuencial y didáctico, y su
espíritu se refleja en expresiones tales como «si hubiera sabido entonces lo
que sé ahora». Aunque es consciente de hasta qué punto ha el
nivel de educación familiar, mantiene un contacto estrecho con los nuem-
bros de su familia. Pero hacia el fmal de su autobiografía se pregunta, un
poco en el papel de Icaro y burlándose de sí mismo tan sólo a medias,
«¿Qué hace un chico de Brooklyn acá arriba?». Cree que hay algo «espe-
cial» en él que le permite ver a través de la hipocresía y el fingimiento y
seguir su propio camino. Es el aliado natural de su hermana Debby,
miembro menos lineal y más espontáneo de la familia. Cercano a cumplir
los cuarenta, permanece soltero; vive en Manhauan, donde trabaja en un
pdesto de investigador, pero los domingos suele ir a Brooklyn a cenar en
casa.
Nina es la siguiente hermana. Según ella, era una niña obediente y gor-
dita. pero empezó a rebelarse ante los problemas que le ponía su padre por
la informalidad de sus vestidos y su despreocupada extroversión. «Se daba
por supuesto que tenía que vestirme de negroy marrón y estarme callada».
No tardó mucho en casarse con un hombre que acabó alcohólico, con el
que tuvo una hija y del que se separó para volver a casa. Entonces
brió su espíritu emprendedor dedicándose a vender tartas caseras a tiendas
de la vecindad. Su vida cambió, según ella. Pertrechada con una confianza
en sí misma inédita hasta entonces, entró a trabajar en una empresa de
atención de llamadas telefónicas, y no tardó mucho en crear su propia
empresa con la que ahora le va muy bien. Cuando, al final de la entreVista
autobiográfica, le preguntamos qué era lo que más le gustaría obtener de
vida, nos respondió riéndose que «Más». Nina tiene una risa fácil, y la uu-
liza para ayudar a sus padres y sus hermanos a salir de los atolladeros en
que se meten. Durante el enfrentamiento que Debby tuvo con sus padres
sobre el tema del racismo, pueden oírse al fondo sus jocosos esfuerzos de
128 Actos de significado
VI
En esta sección voy a volver al problema que me había planteado abor-
dar al principio: la fonnación y distribución del Yo en las prácticas de una
familia, siendo la función de la familia la de vicario de la cultura. Sólo voy
a poder ocuparme de un tema: la distinción que todos los miembros de la
familia Goodhertz hacen entre lo público y lo privado, distinción cultural
que desde la sociedad en la ideología de la familia y se ve final-
mente incorporada en los Yoes de sus miembros. Mi objetivo no es tanto
unos «resultados» como transmitir la idea de cómo se puede
mvestrgar dentro del espíritu de la psicología cultural.
Como sin duda habrá ya captado el lector, el contraste entre el «hogar»
y, por la expresión de los Goodhertz, «el mundo real» es esencial para
esta famílía y para cada uno de sus miembros. De todos los «temas» discu-
tidos en las autobiografías y en la sesión familiar, este es el dominante. Es
se con más frecuencia, y es también el que se encuentra
implícito mas a menudo en la resolución de los desequilibrios de la pénta-
da que comprenden las «historias» narradas por ellos, y es la
cuestión que suele dar lugar a lo que en un capítulo anterior denominé
con P mayúscula. Es también el tema que genera la frecuen-
CJa más elevada de proposiciones deónticas, es decir, pronunciamientos
acerc.a de los que debe ser, de aquello con lo que se puede contar, lo que
uno tiene que tener en cuenta.
Esta distinción ha adoptado muchas formas distintas en diferentes épo-
cas. En esta familia se expresa de una forma contemporánea. Ya que los
autobiográficos de los Goodhertz son, por así decir, documentos
y sociológicos al mismo tiempo que personales. Ciertamente, la
«personal» de esta familia refleja incluso de manera profunda la
hist?fIa de la en América, de los inmigrantes italianos que
ventan a América, por un lado de la familia, y de la emigración a la ciudad
desde el interior, por el otro. George y Rose Goodhertz vivieron infancias
que, en sus propias palabras, estuvieron marcadas por las lindes de la
pobreza y sus desgraciadas consecuencias. Los dos estaban tan decididos a
proteger a sus hijos de una infancia como esa que, sin pretenderlo, exage-
raron el entre el «hogar» y el «mundo real» hasta tal punto que
provocaron tenSIón. en sus hijos, tensión sobre «lo seguro frente. a lo peli-
groso» y «lo abumdo frente a lo emocionante». Tanto el padre como la
La autobiognJffa del Yo 121
madre hicieron hincapié en que su más ferviente deseo era «evitar» a sus
hijos una infancia como la suya.
Pero también hay una verdad sociológica en relación con esta dístin-
ción. Los neoyorquinos contemporáneos ven su ciudad y hablan sobre ella
diciendo que está dominada por el crimen y la droga, que es extraordina-
riamente insolidaria, explotadora y, al mismo tiempo, emocionante e inno-
vadora. La expresión «astucia de la calle» es típica de los neoyorquinos, y
constituye una invitación a distinguir entre lo público y lo privado de una
manera determinada. Es la expresión de una historia y una sociología
determinadas, tanto como de una psicología individual. La psicología cul-
tural, obviamente, no se inclina a «confundir» los diferentes niveles de
análisis que representan estos tres campos, cada uno de los cuales tiene sus
propias bases de datos, necesariamente distintas. Pero uno de sus objetivos
principales es explorar la manera en que cada uno de estos niveles propor-
ciona un contexto a los demás.
El «hogar», para los Goodhertz, es la intimidad, la confianza, la ayuda
mutua, el perdón, la flexibilidad. Es la prescripción de un compromiso, una
manera de relacionarse con los demás, una forma de discurso, incluso un
tipo de afecto. Como cabría esperar, se encuentra encarnado en historias'
emblemáticas que los miembros de la familia cuentan sobre «la familia»;
que ilustran apuros simbólicos y soluciones simbólicas (o
divertidas faltas de solución). Cada miembro tiene sus propias historias que
contar. Debby, por ejemplo, se ha especializado en historias de desamparo.
incluso de «desamparo del pobre animalito», siendo esta la característica
que desencadena la simpatía de la familia Goodhertz. Está «su» historia de
la gaviota que tenía un ala partida posándose desamparada en el patio de'
los Goodhertz; años después, los miembros de la familia cuentan los exa-
gerados mimos que prodigaron al animal hasta que murió como una exage-
ración absurda de lo sentimentales que son. Debby la contó en la reunión
familiar, y todos aportaron sus propios adornos a la historia. También está
su relato autobiográfico del pollo que se cayó de un camión en la autopista
de Brooklyn a Queens, con un giro narrativo que simboliza su lealtu;t adul-
ta al mismo ideal. Su amigo se niega a detener el coche para rescatar al
pollo: «Vamos a matarnos todos». Ella se pone hecha 11'ID. faria: el «mundo
real», la horrenda autopista, ha dado al traste con la bondad humana.
El «mundo real» de Carl presenta una crueldad y una hipocresía más
deliberadas, es un mundo más corrupto que el de Debby. El entrenador de
su colegio le daba instrucciones para que «cazase» a un rival, «haz que ten-
130 Actos de significado
ga que abandonar el campo». El deja el equipo, en silencio y sin armar
jaleo. Carl se ajusta a su versión del «mundo real» buscando enclaves
benévolos, de ideas similares a las suyas, como el Movimiento Católico
para la Paz, institución a la que dedicaba su tiempo libre durante sus años
de estudiante universitario. En la universidad, una vez acabados sus estu-
dios, en lugar de dejarse desanimar por la «competitividad encarnizada) y
el «aislamiento de las facultades», intenta hacer que las cosas sucedan de
manera que «todos podamos sentamos a hablar de los problemas como
iguales», que es la metáfora clave del hogar familiar. En sus historias,
«aguantar» las presiones requiere algo especial. «Somos una familia
moral», fue lo que dijo durante la sesión familiar sin que viniese demasia-
do a cuento.
Todos los miembros de la familia tienen su propia versión narrativa del
conflicto, hasta el reservadoSr. Goodhertz al contamos la historia de su
intimidad amenazada por las demandas de confianza y confidencialidad de
sus amigos. U otro enfrentamiento que se produjo en la sesión familiar y
que tiene visos de llegar a convertirse en otra «historia». Debby echa en
cara a su padre no haberse mostrado más compasivo con ella unos meses
antes, cuando le comunicó por teléfono la muerte de una amiga. El padte
fe responde: «Mira, la verdad es que no la conocía. En este mundo a uno
no se le puede partir el corazón por todo». Es consciente de que está cami-
nando peligrosamente cerca de la espinosa frontera que separa la intimidad
paternal de la astucia del mundo real de la calle. Al fin y al cabo, como
acérrimo patriota antiliberal y antiguo sargento mayor, dio a Carl sus ben-
diciones cuando este decidió eludir ser reclutado para ir a Vietnam. Y
Debby vuelve siempre al tema de «perderse a sí misma», que significa
dedicarse por completo a su carrera.
Lo cual no quiere decir que los Goodhertz hayan renunciado a sus
ambiciones en el «mundo real». Ni mucho menos. Pero en una medida
sorprendente, sus sentimientos de autolegitimación no provienen del
hecho de «tener éxito fuera» sino de su identificación y participación en
el mundo de confianza e intimidad del «hogar». Y, en este sentido, esta
familia refleja sin duda lo que muchos escritores denominan la «privati-
zación» contemporánea del significado y del Yo. Tanto en las sesiones
&uniliares como en las autobiografías, no cabe la menor duda de que, tal
y como lo pintan, el «Yo real» no es la «persona externa», sino los senti-
mientos y creencias ligados a los valores de privacidad. intimidad e inter-
cambio mutuo. Los Yoes de los Goodhertz, si se me permite utilizar una
La autobiografía del Yo 131
metáfora emblemática, se encuentran distribuidos en tomo a la famosa
mesa del comedor. Cuando la Dra. Weisser y yo fuimos vagamente invita-
dos por la Sra. Goodhertz a una cena italiana en su casa, lo interpretamos
como el acto semiótico que era: nosotros nos habíamos convertido tam-
bién en personas reales, yoes residentes en ese mundo que es el «hogar».
La estructura primaria del Yo de cada uno de los miembros de la fami-
lia Goodhertz es esta división entre el «Yo real» legitimador y el Yo instru-
mental dotado de «astucia de la calle» que les protege del «mundo real».
Ambos se encuentran en un equilibrio mutuo inestable. Una historia pro-
cedente de la autobiografía de Carl nos proporciona una ilustración muy
signiÍi.cativa de este hecho. Un verano, en California. conoce a una chica
con la que tiene una historia. Ella describe como una persona «indolente y
despreocupada». Una tarde, charlando en la cama, la chica le dice que no
se tome las cosas tan a pecho. A la mañana siguiente, Carl se tem-
prano, recoge' sus cosas y coge el primer avión de vuelta a Nueva ,,:"ork,
, antes de que ella se despierte. Lo que él quiere no es un dolee far mente
sino la cómoda incomodidad de vivir con el conflicto que le define.
VD
Ahora es el momento de volver a una perspectiva histórica. Los psicó-
logos olvidamos a nuestro propio riesgo que, en tan reciente.
el siglo XVllI, el dominio privado no era tan real, m tan autodefirndor m
tan estabilizador como el mundo público del trabajo y del poder. Como el
historiador inglés Keith Thomas nos recuerda en su recensión del
tercer volumen de la Historia de la Vida Privada de la escuela de los
Annales:
En períodos posteriores de la historia europea, la privacidad se consideraba
equivalente al secreto, el ocultamiento y un deseo de cubrirse ,a
los ojos de la comunidad. Como decía-un sacerdote en el siglo XVl: «el asesr-,
no y el adúltero desean por ¡gualla privacidad». En el siglo xvm Ijenís Dide-
rot creía que la proliferación demuebles fabricados con compartimentos secre--
tos era señal del deterioro moral de la época... Para Jean-Jaccues Rousseau.
una sociedad sin privacidad sería una sociedad sin vicios.
42
132 Actos de significado
No cabe duda de que las vidas y los Yoes que hemos explorado están
por fuerzas intrapsíquicas que operan en el aquí y el ahora.
La distinción que comparten, esa abrupta separación entre en Hogar y el
Real, es su distinción, de la que se han apropiado en sus propias
Es algo, en todos los sentidos, rabiosamente contemporáneo. Pero.
SI dejamos que la cuestión concluya aquí, estaremos sustrayendo a los
de la historia y empobreciendo nuestra comprensión de su vida
y. vicisitudes. Ya que como individuos y como familia son, siempre han
y nunca podrán dejar de ser expresiones de fuerzas sociales e históri-
cas. que sean los elementos que constituyeron esas «fuer-
zas», con de sea el punto de vista que queramos adop-
tar sobre esas fuerzas históncas, se han visto convertidas en significados
humanos, en lenguaje, en narraciones. y han penetrado en las mentes de
hombres Fue este proceso de conversión el que terminó por
crear la psicología popular y el mundo experimentado de la cultura.
El campo de la psicología cultural está constituido por estas cuestio-
nes. No se ocupa de ellas, como no he dejado de repetir en más de unas
prescindiendo o negando la existencia de límites bioló-
gicos y fíSlCOS o de necesidades económicas. Pero, por otra parte, insiste
en la «metodología de la causacíón» no puede ni captar la riqueza
y personal de las vidas que transcurren en una cultura ni empezat
slqute:a a. s?ndear su profundidad histórica. Los psicólogos sólo podemos
justícía al mundo de la cultura mediante la aplicación de la interpre-
tación.
VIII
Ha llegado el momento de concluir estos cuatro capítulos. Empecé
a la Revolución Cognitiva por abandonar la construcción del
su pri.ncipal objetivo, optando en su lugar por el «pro-
de y la computación. En el segundo capítulo,
hice un llamamiento para que tomásemos en cuenta en nuestros estudios
de l.a condición humana lo que he llamado «psicología popular», esas
culturalmente en función de las cuales la gente
,?slon que tiene de sí misma, de los demás y del mundo en que
viven. Insistí en que la psicología popular es una base esencial no sólo del
significado personal sino también de la cohesión cultural. Ya que creamos
Laautobiograffa del Yo 133
nuestras instituciones en apoyo de sus postulados, aunque la psicología
popular, a su vez. cambia en respuesta a los cambios Tam-
bién intenté mostrar que la psicología popular no es tanto un conjunto de
proposiciones lógicas como un' ejercicio de narración,. de histo?as.
Se apoya en una poderosa estructura de cultura narrativa: historias, nutos,
géneros de literatura. . ,.
En el capítulo tercero, he explorado los orígenesée la predlsposlCtÓn a
participar en la cultura humana y usar sus narraciones. He tratado de
trar cómo el niño, por dotación genética y por exposición, llega a parncr-
par en la cultura usando el lenguaje y su discurso narrativo in vivo. Llegué
incluso a especular con la idea de que la gramática humana podría haber
surgido a partir de la presión protolingüística de narrar.
Por último, he intentado mostrar cómo las vidas y los Yoes que cons-
truimos son el resultado de este proceso de construcción de significados.
Pero también he intentado dejar claro que los Yoes no son núcleos aislados
de conciencia encerrados en nuestras cabezas, sino que se encuentran «dis-
tribuidos» de forma ínterpersonal. Ni tampoco los Yoes surgen desarraiga-
dos en respuesta sólo al presente; también toman significado de las cir-
cunstancias históricas que dan forma a la cultura de la que son expresión.
El programa de una psicología cultural no es negar la biología o
economía, sino mostrar cómo las mentes y las vidu humanas son reflejo
de la cultura y la historia tanto como de la biología y los recursos físicos.
Necesariamente, utiliza las herramientas de interpretación de las que siem-
pre se ha servido el investigador de la cultura y la No :x,iste
sola «explicación» del hombre, ni biológica ni de otro tipo. En ultima
tancia. ni siquiera las explicaciones causales más poderosas de la condi-
ción humana pueden tener sentido y plausibilidad sin ser interpretadas a la
luz del mundo simbólico que constituye la culeara humana.
Notas
Capitulo 1
1 Huward Gardner, TIu: Mind's New Sciern:e: a History 01 the Cognitive Revolution
(Nueva York, Basic gooks, 1985; traducción castellana: La Nueva Oencia de la Ments...Bar-
celona; Paidés, 1988). Earl Hunt, «Cognitive science: definition, status and questíons,»
AnnuaI Review of Psychology 40 (1989): 603-629.
1 Hubert L. Dreyfus y Sruart E. Dreyfus, ron Tom Athanasiou, Mindover Machine: lhe
Power Di Human Intuition and Expertise in the Era oj the Computer (Nueva York: Free
P!J:ss, 1986). Terry Winograd, Understanding Ccomputers and Cognition a New Foundation
for Design(Reading, Mass.: Addisoa-wesley, 1987).
, Clifford Oeertz, The lnterpretanon of Cultures (Nueva York, Basic Bocks, 1973; tra-
ducción castellana: La Interpretación de las Culturas. aarceítma: Oedisa, 1988). Clifford
Geertz, Local Knowledge: further essays in iruerpretive anthro¡wÍogy (Nueva York, Basic
Books. 1983). Georg Lakoff y Mark Johnson, Metaphors we Uve by (Chicago: University of
Chicago Press, 1980). John R. Searle, lntetuionality: an essay in the philosophy of mind
(Nueva York, Cambridge University Press. 1983). Nelson Goodman, Of Mind and Other.
Manen¡ (Cambridge, Mass.: Harvard Uníversity Press, 1984). Wolfgang Iser, TheACtof Rea-
ding: a Theory of Aeuhetic Response (Bajrimore: Johns Hopkins University Press, 1978).
Kenneth J. Gergeo, Towards Transforma/ion in Social Knowíedge (Nueva York: Springer
Verlag, 1982). Kenneth J. Gergen y Keith E. Davts, The Social Cónstructíon of the Penan
(Nueva York, Springer Verlag, 1985). Donald P. Spence, Narrative Truth and Historical
Truth: meardng and ínierpretation in psychoanalisis (Nueva York: w. W, Norton, 1982).
Donald E. Polkrnghorne, Narrauve Knowíng and the Human Sciences (Albany, SUNY Press,
1988).
, Edward C. Tolman, «Cognitive maps in rats and rneü», Psychological Review 55
(1948): 189-208. Tolman, Purposíve Behavior in Animals and Men (Nueva York: CentUJy,
1932).
, AnnllQI Reports of the Harvard Uníversíty cauer for Cognitive Studies (Cambcldge,
Mass.,1961-1969).
• George A. Miller, comunicación personal.
, véase-por ejemplo, Roy Lachman, Janer L Lachman y Earl C. Butterfie1d, Cognmw
135
138 Actos de significado
Psychotogv and Infonnation Processíngr an íntroductían (Hillsdale, N. J L o•.
.. .: awrence Earl-
boom Assocíates, 1979).
• Simón, The Sciences ofthe Artificial, 2." Ed. (Cambridge, Mass.: MIT Press,
1981). Traducción castellana de la primera edición inglesa: Las Ciencias de lo Artificial. Bar.
celona: Ed. AlE, 1979.
, Daniel C. Dennen, «Evofutionof ccnciousness», The Jakobsen Lecture, Universiiy oC
13 de mayo de 1988; Alan M. Turing, «computing machinery and intelligence»
59 (1950): 433-460'. Traducción castellana: «Maquinaria de cómputo e inteligencia»;
H. y otros Perspectivas de la Revolución de los Computadores. Madrid: Alianza, 1975.
El lector puede comparar el libro de Noam Chomsky Language and the Problems of
Knowledge: the MtuUlgua lectures (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1988; traducción castella-
;a: El Lenguaje y los Problemas del Conocimiento. Madrid: Visor, 1989) y el de David E.
umelhart, James L. McClelland y el grupo PDP de investigación Parallel Distributed Pro.
cessln'!: Bxpíorattans in the Mícrostmciure of Cognitiun, Vol. 1: Fuundations (Cambridge,
Press. 1986? Y.James L. McClelland, David E. Rume1hart y el grupo PDP de
Parallel o.lstnbuled Explorations in the Mícrostructure of Cogni-
non, 2. Psychologlcal and Biological Models (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1986).
Traduccíon castellana de una selección de ambos volúmenes a cargo de Juan A. Garda
Madruga: Introducción al Procesamiento Distribuido en Paralelo. Madrid: Alianza Editori I
en prensa. a ,
Ll P. Sticb, Frorn Folk Psychology to Cognitive Science: The case against belief
(Cambndge, Mass.: MIT Press, 1983).
". Daniel C. Dennett, The lntentional Stance (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1987). Tra-
duccion castellana: La Actitud Intencional, Barcelona: Oedisa en nrP-
L3 P I M Ch ' prensa.
au . urchland, «.TheOntological Status of Inrenríonat States: Nailing Folk Psy-
to Its Porch», Behavioral and Brain Sciences 11 (1988): 507-508.
Jerry A. The Language of Thought (New York: Crowell, 1975; traducción cas-
tellana: El Lengua.le Pensamiento. Madrid: Alianza, 1985). Fodor, Psychosemanucs The
Prm:,lem of Mealllng the Philosophy ofMind (Cambridge, Mass. : MIT Press, 1987).
Dennen, Intelltlonal Staru:e.
10 Charles TayJor, Sources of the Self (Cambridge, Mass. : Harvard UniversÍly Press
1989). Y también la nota 3 citada anteriormente. '
". Lev S. Vygotsky, ami Language (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1962). Tra-
dUCCión castellana: y Lenguaje. Buenos Aires: La Pléyade, 1977; traducción
de la Vetslon completa: Obras Escogidas de L. S. Vyg01sky. Tomo 1I Madrid'
Visor, en prensa. . .
" Geertz, Interpretation ofCultures, pág. 49.
" !bid.
ro L. Austin, «A Plea for Excuses», en Austin, Philosophical Papers, 20 edición
(Oxford. Clarendon 1970), 175-204. Ttaduccióll castellana: "VII alegato en pro de
En AUStlll, J. L., Ensayos Filos6ficos (pp. 169-192). Madrid: Alianza Edito-
n•.
T?omas Nagel, View from Nowhere (New York: Oxford University Press, 1986).
Richard Rorty, Phllosophy ami the Mirror of Nature (Princeton: Princeton University
Press, 1979).
Nofa$ 137
" Paul Ricoeur, Freud ami Philosophy: An Essay on Interpretation, traducido por Denis
Savage (New Haven: Yale UmversiryPress. 1970).
" Richard E. Nisbett y Lee Ross, Human Inference: Strategies and Shortcomings o[
Social ludgment (Englewood Cliñs, N. J.: Prentice-Hall, 1980).
Z> Daniel Kahnemann, Paul Slovic y Amos Tversky, Judgment under Uncertainty: Heu-
ristics and Biases (New York: Cambridge University Press, 1982). Jerome S. Bruner, Jac-
queline J. Goodnow y George A. Austin, A Study o[Thinking (New York: John Wiley and
Sons, 1956). Traducción castellana: El Proceso Memal en el Aprendizaje.. Madrid: Narcea,
1978.
lO John L. Austin, How to Do Things with Words (Cambridge, Mass.: Harvard University
Press, 1962). Traducción castellana: Palabras y Acciones. Buenos Aires: Paidós, 1971.
21 Un enfoque especialmente minucioso y bien documentado de este mismo campo puede
encontrarse en Michael Cele, «Cultural Psycbology», en Nebraska Symposlurn: 1989 (Lin-
coln: University of Nebraska Press, 1990).
'" G. A. Miller, «The Magical Number Seven, Plus or Minus Two: Some Litnits on Our
Capacity for Processiug Infonnation», Psychological Review 63 (1956): 81·97. Traducción
castellana: «El mágico número 7 ± 2. Algunas limitaciones en nuestra capacidad para el pro-
cesamiento de la información». En M. V. Sebastián (comp.) Lecturas de la Psícotogia de la
Merrwria (pp.131-153). Madrid: Alianza, 1983.
" Elaine Scarry. The Body in Pain: The Making ami Unmaking of the World (New York.:
Oxford Universíty Press, 1985).
'" Hans Peter Rickman, Wilhelm Dilthey: ríoneer of the Human Studies (8erkeley: Uní-
versity of California Press, 1979). Wilhelm Dilthey, Descriptive Psychology ana Historical
Understanding (1911), traducido por Richard M. Zaner y Kenneth L. Heiges (The Hague:
Mjhoff, 1977).
" Véase Goodrnan, O[ Mind and Other Mal/ers, para una exposición bien
los fundamentos filosóficos de esta postura.
>2 Carel Fleisher feldman, «Thought from Lenguage: The Linguistic Ccnstruction of
Cognitive representatíons». en Jerome Bruner y Helen Haste, editores, Making Sense: The
Child's Construction of/he World (London: Metbuen, 1987; traducción castellana: Úl Elabo-
ración del Sentido. Barcelona: Paidós: 1989.
." Richard Rony, Consequences of Pmgmatism: Essays, 1972-1980 (Minneapolis: Uni-
versity of Minnesota Press, 1982).
" Richard Rorty, «Pragmatism, Relativism, and Irrationalism», en Consequences of
Pragmatismo Citas de las páginas 162 y siguientes.
" Howard Gardner, Frames of Mind: The Theory of Multiple Jmelligences (New York:
Basic Books, 1983).
'" James Clifford, The Predicarnent o[ Culture: Twentieth·Cemury Et1uwgraphy, Utera-
ture, and Art (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1988).
" Véase, por ejemplo, Sandor Ferenczi, Thalassa: A Theory o[ Genitality, traducido por
Henry A. Bunker (New York: W. W. Norton, 1968). '
" Véase Debra Friedman y Michael Hechter, «The Contribution of Rationai Cboice 1be-
ory to Macrosociological Research», Sociological Theory 6 (1988): 201-218, para
sión sobre cómo hacer general la aplicabilidad de la teoría de la elección raciona! a la doci-
sión social.
138 Actosde significado
lO Doy las gracias a Richard Hermstein por' .
«anomalía racional». proporcionarme este ejemplo concreto de
'" Taylor, Sources ofthe Self
. "Edward Sapir, «Culture, Genuíne and Spurious», en Culture
lity: Setecsed Essays, comp. de David G. Mandelbaum .' and Persona-
Press, 1956), 78-119. (Berkeley. University of California
., B. F. Skinner, Beyond Freedom ami Di . (N
ducción castellana: Md,r Allá de la libe g,mty. .ew York: AJfred A. Knopf, 1972; Ira-
., r..... y a Dignidad Barcelona; Marn Roca
1938).WO!fgan
g
Kohler, The Place of Value in a WorÚ of Facts (New
.. J. Kirk T. Yarnedoe, «Introduction», en Varnedoe (ed .
Others (New York: Columbia Uni ity n..... .) Modem Portraits: The Selfami
., . versr , i-epartment of Art Histo d
Adrienne Rich, «Invtsibility in Academe,," citado R ry an ArchaeJogy,1976).
Tnuh: TheRemakmgofSocialAnal "(B B' en eüato Rosaldo, Culture and
YSIS osron. eacon Press, 1989), ix.
Capítulo 2
I Gerald M. Edelman, Neural Darwinism: The Theo
(New York: Basic Books, 1987). Gerald M. Edelman The ry of Neuronal Group SeleClion
cal Theory of Consciousness (New Y k- B . B' Remembered Present. A Biologi-
logy of Human Action 2. edición (Soc ·F ooks,
19
90). vemon Reynclds, The Bio-
, . ""-'. • an raucISCO: W. H F .
HUJIUln Evolution: An Illustrated lntroduction 2. edi _" reeman, 1980). Roger Lewin,
Publications, 1989). Nícholas Hum hre Th ,. Clon (Boston: B1ackwell Scientific
Traducción castellana' La M'rada 1 P . y, M e lnner Eye (Bosron: Faber and Faber, 1986)
'H P .' 1 menor. adrjd: Alianza Editorial en prensa .
. ans eter Rlckman, Wilhelm Dilthey: Pioneer of the H ' .' .
versrry of California Press 1979) Wilh I D.lth _ uman Studies (Berkeley: Uni-
, • 1 erm I ey Descrtpr' P ho
(1911), traducido por Richard M' Ive syc ami Hístoncai
Nljhoff, 1977). . Zaner y Kenneth L. Helges (The Hague:
] Stephen P. Stich, From Folk Psycholo to C . . .
(Cambridge, Mass.: MIT Press, 1983). gy ogmtlve SCltmce: The Case agaim·t Belief
• Claude Lévi-Strauss, The Savage Mind (Chica o' Uni . '.
traducción castellana: El Pensamiento S l . M" g .' verslty of Chicago Press, 1966;
C. O. Frake, «Tbe Diagnosis of Fondo de Cultura Económica, 1984).
ropology 63; también en D. Hymes (00) La e . u anun of Mindanao», American Anth-
per aud Row, 1964), 193-206. Tbomas IR a:ut (New YOrk: Har-
Puluwat Atoll (Cambridge Mass . H d U Brg Bmi: NaVlgation and Logic on
«Understanding Micronesian ne:;lverslt
y
Press, 1970). Edwin Huttchins,
tal Models (Hillsda1e N J. Lawrence Erlba A re ':k
ntner
y Albert L. Stevens (eds.) Men-
, M F , .. " um ssocIates, 1983), 191-226
eyer ortes, «SOCIal and Psychological As ts of Ed . . .
(1938), suplemento. Margaret Mead, Comm ofApee. ucatlon lOTaleland», Africa 1I
traducción castellana: Adolescencia ge (New York: Morrow, 1928);
, E. E. Evans-Pritchard Nuer . ra en . Barcelona: Laia, 1981.
dhcción castellana: York: Oxford University Press, 1974); Ira-
, Harold Garfinkel Sr . _.' . aurus, 1982.
, udles In Ethnomethodology (Englewood CI'f[, .• N.
•.• J.: Prentice_HalI,
Notas 139
1967). Garfinkel (ed.) Ethnomethodological Studies of Work (London y New York: Routled-
ge and Kegan Paul, 1986), Fritz Heider. The Psychology of lnterpersonal Relatíons (New
York: Jobo Wiley and Sons. 1958), Alfred Schutz, The Problem of Social Reality, ed. M.
Natauson (1be Hague: Nijhoff, 1962; traducción castellana: El Problema de la Realidad
Social. Buenos Aires: Amorrortu). Schurz, On Phenomenology and Social Relations: setec-
ted Writings of Alfred Schutz, ed. Helmut R. Wagner (Chicago: University of Chicago Press,
1970). Un enfoque más contemporáneo y de orientación más antropológica de estas cuestio-
nes es presentado por Richard A. Shwecer, «Cultural Psycbojogy: What Is It?» en 1. W. Sti-
gler, R. A. Shweder y G. Herdt (eds.) Cultural Psychology: TheChicago Symposium on Cul-
tureand Human Deveíopment (New York: Cambridge University Press, 1989).
• B. P. Skinner, Beyond Freedom and Dignity (New York: Alfred A. Knopf 1972; tra-
ducción castellana: Más Allá de la libertad y la Dignidad. Barcelona: Martínez Roca, 1986).
Stich, From Folk Psychology ro Cognisive Scíence.
• Charles Taylor, Sources of the SeIf (Cambridge, Mass.: Harvard University Press,
1989).
10 André Gide, Los Sotanas del Vaticano. Madrid: Alianza, 1974.
" Daniel C. Dennett y Jobn C. Haugeland, «lmenrionehty», en Richard L. Gregory, edi-
tor, The Oxford Companion to the Mind (Oxford y New York: Oxford Ijniversiry Press,
1987), 383-386; traducción castellana: Diccionario Oxford de la Mente. Madrid: Alianza
'Editorial, en prensa.
L2 Gladwin, East ls a Big Bird.
" Michelle Rosaldo, «Toward an Antbropology of self and Feeling». en Richard A.
Sbweder y Robert A. LeVine (eds.) Culture Theory: Bssays on Mind, Self, and Emotion
(Cambridge: Cambridge University Press, 1984), 137-157, pág. 139. Como antecedente de
este artículo, véase también Michelle Rosaldo, Knowledge and Passíon: Ilongot Notíons of
self and Social Life (Cambridge y New York: Cambridge University Press. 1980);ReifUO
Rosakío, llongot Headhunting, 1883-/974: A Study in Society and History (Stanford, alif.:
Slanforo University Press, 1980.
14 Hazel Markus y Paula Nurius, «Possible Selves», American Psychologist 41 (1986):
954-969, pág. 954. Nicholas Humphrey y Daniel Dennett, «Speaking for Ourselves: An
Assessment of Multiple Personality Disorder», Rarilan: A Quarterly Rev{ew (Primavera,
1989): 68-98. Sigmund Freud, «The Relation of the Poet to Day-Dreaming», en Collected
Papers, vol. IV, oo, ErnestJones (London: Hogarth Press, 1950), 183. Traducción caste-
llana: «El poeta y la fantasía.» En S. Freud, Psicoanálisis Aplicado (pp. 9-19). Madrid:
Alianza Editorial. 1972.
" Paul Ricoeur, «The Narrative"Punction», en Ricoeur, Hermeneurics and lhe Human
Sciences, editado y traducido por John B. Thompson (Cambridge: Cambridge University
Press, 1981), 277.
" Carl Hempel, «The Punction of General Laws in History», en Hempel, Aspects of
Sciemifíc Explanatíon and Olher Essays in the Philosophy of Science (New York: Free Press,
1942; traducción castellana: Ú1 Explicación Cient(fica y Otros Ensayos sobre Filoso{Wde la
Ciencia. Barcelona: Paidós, 1988). Ricoeur proporciona. una vez más, UD resumen sucinto.
Según él, lo que Hempel afrrma es que «los acontecimientos singulares pueden deducitsC a
partir de dos premisas. La primera describe las condiciones iniciales: acontecimientos anteee-
dentes, condiciones prevalentes, etc. La segunda postula una regularidad, una hipótesis uni-
140 Actas de significado
versal que, una vez verificada, merece el nombre de «ley». Si las dos premisas se pueden
establecer adecuadamente, entonces el acontecimiento en cuestión se puede deducir lógica-
mente, y se dice, por ello, que ha sido expucedo». (Ricoeur, en «La función narrativa». pág.
275.) Hempel admite, desde luego, que la historia tiene problemas para establecer esas pre-
misas, que la mayoría de las veces debe trabajar con bosquejos explícatívos. Pero la cuestión,
en realidad, no es esa. La cuestión, más bien, es si las secuencias y las tramas son relevantes
en latarea del historiador. Las objeciones no provienen sólo de W. B. Gallie, sino también de
historiadores en activo Como, por ejemplo, Laweence Stone, que Considera la forma narrativa
como una de las hernunientas más importlmtes de la historia, y sostiene que la historia es
descriptiva e interpretativa, en lugar de analítica y «explicativa». (W. B. Gallie, PhiJosophy
ana Historical Understanding. Nueva York: Schocken Books, 1964; Lawrence Stone, «The
revival of naITative: reñections on a new old history», Past and Presem. 85 (1979); 3-24).
Stone insiste, además, en que la historia debe implicarse en una «retórica.. mediante la cual
se utilizan como demostraciones en casos Concretos «principios pregnanress, como cuando
Tucfdides intenta mostrar la secuencia de acomecimientos mediante la cual la Guerra del
Peloponeso tuvo efectos desastrosos sobre la sociedad y la potis griega.
" Albert Lord, The Singer ofTales, Harvard Studies in Comparative Luerasure. 24 (cam-
bridge, Mass.: Harvard Universiry Press, 19(0). Northrop Prye, Anatomy of Críticism: Four
Essays (Princeton: Pronceton Uruversity Press, 1957), Ricoeur, «The narrative suncnon»,
pág. 287.
" C. G. Jung, Collected Wom, vol. 9, parte 1: Archetypes and the Collective Uncons-
cíous (New York: Bollingen, 1959).
" Aristotle, Poetics, traducido por James Hutton (New York: Nerton, 1982; traducción
castellana: Poética. Barcelona: Bosch, 1977). Ricoeur, «TheNarrative Function», págs. 288,
292.
'" «Un signo, o reoresemamen; es algo que está, para alguien, en lugar de algo en algún
aspecto o capacidad. Estádirigido a alguien, es decir, crea en la mente de esa persona un sig-
IlO equivalente, o quizá un signo más desarrollado. Al signo que crea lo denomino el ínter-
pretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar del objeto,
no en todos los aspectos, sino en referencia a una especie de idea, que algunas veces he deno-
minado eltrasjoruW del representaIDen. La palabra «idea» debe entenden¡e aquí en una espe,
cíe de sentido platónico muy familiar en el habla cotidiana; quiero decir en el sentido en que
decimos que una persona Coge la idea de otra». C. S. Peirce, Colleeted Papers of Charles
Sanders Peirce, Vol. 2 (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1960), p. 228.
II Por qué lo que cabe esperar o lo usual ha de estar dotado de «valor» o legitimidad es
una cuestión interesante. Quizá la respuesta más interesante a esta pregunta es la de G. W.
Al1pon (Personality: a Prychologica/ lnterpretation. Nueva York; Henry Holt and Co.,
1937) en su teoría de la «autonomía funcional». Su idea era que los hábitos, una vez estable,
cidos, adoptan el papel de motivos: el marinero Veterano desarrolla el deseo de ir al mar,etc.
WiIliam James defiende la misma idea en su conocido capítulo «el hábito.. de los Principies
of Psychol
ogy
(Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1983; ttaducción castellana:
Principios de Psicología. Madrid: Jorro, 1909). Y, probablemente, una idea parecida es la
que defiende Emile Durkheim cuando dice que las creencias compartidas de una comunidad
'lo sólo alcanzan «exterioridad» sino que además constríiien, en el sentido de que regulan el
deseo. (Durkheim, The Elemental)' Fonn of the Religious Lije, traducido por Joseph Ward
Notas 141
Swain. Nueva York: Collter Books, 1961; traducción castellana: Las Formas Elementales de
la Vida Religiosa. Madrid: Mal, 1982).. and Human Behavior (San Francisco; Jos-
'" Roger G. Barker, Habitats, Environments.
sey-Bass, 1978). .. W rds (Cambridge, Mass.: Harvard University
" H. Paul Grice, Studles In tne ..ayo) o
Press, 1989). M' (N w York: Prentice Hall, 1945). Estoy agrade-
,. K.enneth Burke, A of Asiáticos y Africanos de la Universidad
cido a David Shulman, del Instituto '00 L_ n posible sesgo emccénrríco en esta
J 1
""'" llatnanne la atener SOuu" u .. . '00"-
Hebrea de erusa em, .. " I de hasta qué punto la descrípcí uc
. . . Sh I pi tea una cuestión interesante; a .
descripción. u man an . demasiado hcmecstática» para ser umver-
ke de la tórí ca de la narración no es uemasi « l
Kenneth Bur . n d he h hay que imaginarlo porque existen ejemp os
sal. «Podríamos rmagmar -aunque, e c o, no .._ ilibrio o falta de armonía inicial,
., que comenzase con un uesequ
.en la India-- una narración do el estado problemático original. La
procediese a resolverlo, y concluyese restauran ., .._ iclo dinámico quizá en espiral, de
· 'ente en la reafirmacién uc un c , dra--
sión consistiría, por conslgol., 'da la memoria es el Sakantaía de Kalidase, el
transformación. Lo que nos viene ensegui a . I '¡" sánscrita trata esta obra de una
ma más famoso de la literatura en sánscrito: lectura de ella seria algo
. . 1 ton más estable e mteg........ , nu ._.... .
manera distinta (una conc USI. • ,__ lfi acíones NO,.,. el conocimiento salen
lo bo de sugenr. Por CIerto, lilb rano c ..__ .
así como que aca. o final de esta obra, cuando el protagonísta compara su
explícitamente a la superficie en el act . tras contempla un elefante de verdad
propio universo mental con el de un hombre que, rruen 1 ti te' sólo después cuando el
. delante de él dice 'Esto no es un e e an y ,
que se encuentra Justo , Ii duda en su mente. basta que, finalmente, cuan-
elefante empieza a marcharse, surge una gera las huellas que' ha dejado tras de sí, y deda-
do el elefante ha desaparecido, el hombre obser:
a
(Cana personal, 15 de diciembre de 1989).
nicon toda seguridad: 'Un elefante estuvo aquí »'. . Shulman) coI'"
· de B k pueda concebirse (como sugiere
Puede ser que el «dramatismo» Uf e .. eda comenzar en cualquier pon del
. I deeendiendo de la tradición, uno pu -'-
círculo o CIC o, y que, .......1'" .. I totalidad del ciclo, Un aDlUlSIS r.-
"
TPn isito que la historia recorra a ......_
ciclo siendo el ruco ' .....u . V. T From Ritual to Theatre: J ne
' ió ede ncontrarse en retor urnet,
elaborado de esta cuesu n pu e rform¡ Arts Joumal Publications 1982).
Human Seriousness of Play (New York: Pe . o.rml.n
g
th
presentation of Wty», en W. J. T.
" Hayden White, «The Value ot narrativíty m Ce Pre 1981) 1-24
· (Chicago' University of hicago ss, ,. .
Mitchell (ed.) On Narrauve .1 . • 1 Worlds (Cambridge, Mass.: Harvard University
,. Jerome Bruner. Actual MlndS, e I Mundos Posibles. Barcelona: Gedisa,
Press, 1986). Traducción castellana: Realidad Menta y
1989 . ducid Richard Winston y Clara
,; . h V The lnward Tum of Narratíve, tra UCI o por
Eric .. 1973)
wínston (Princeton: Reality in Westem Laerarure. tradu-
211 Erich Auerbacb, Mlmests. The p '. Pre 1953)
. k (Princeton' Princeton Urnver¡;¡ty ss, . .
cido por WilLard R. Tras 'oo. .A Theory Aesthetic Response (Balumore:. Jobns
:riI Wolfgang lser, The Act of Re mg. ás iente Prospecting: From Reader
Hopkins University Press, 1978). La Ho;CkinS University PreS5, 1989), desa-
Response to Literary Anthropology (Ballimore.
rrolla esta cuestión de manera completa. . A t of Schema Theory (Hil1sdale, N. J.:
]O] Jean Mandler, Stories, ScnpIs, and Scenes. spec s
Lawrence Erlbaum Associates, 1984).
142 Actos de significado
" John ShotteJ', «The Social Conetrucnon of Forgetting and Remembering», en David
Middleton y Derek Bdwards (OOs.) Collective Memory (London: Sage Publications, 1990).
120-138.
" Los libros en cuestión son, naturalmente, F. C. Barden, Psychology ami Primitive Cul-'
ture (Cambridge: Cambridge University Press, 1923), y el clásico Remembering: A Study in
Experimental ami Social Psychology (Cambridge: Cambridge Universicy Press, 1932; traduc-
ción castellana: El Recuerdo. Madrid: Alianza Editorial, en prensa). Mal)' Douglas hace esa
afirmación en HowInstinuions ThinJe (Lcndon: Rouüedge and Kegan Paul, 1987), pág. 25.
" Bartlett, El Recuerdo, pág. 255.
J4 Cynthia Fuchs Epstein, Deceptíve Dístmctions: Sex, Gender, and the Social Order
(New Haven: Yale University.Press, 1988).
"Bartlen, El RecuerikJ, pág. 21,
'" Iser, The Act o/Reading.
" Marx citado por Oliver Sacks en su introducción a A. R. Luria, TheMan with a Shatte-
red Mind: The History o/ a Brain Wound (Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
1987).
'" Una discusión muy interesante de los límites del sentido y la referencia al definir el
significado puede encontrarse en el libro compilado por Umberto &0, Marco Santambrogio
y Patrizia Violi Meaning and Mental Represematíons (Bloomington: Indiana University
Press,1988).
JO Véase especialmente Marco Santambrogio y Patrizia Violi, «lnrroducnon», en &0,
Santambrogio y Violi, Meaning and Mental Represenzanons, 3-22.
.., Roy Harris, «Hnw Does Writing Restrucrure Thought?» Language and Communica-
tíon 9 (1989): 99-106.
" John L. Austin, How to do Things with Worm (Cambridge, Mass.: Harvard Ueíversíry
Press, 1962; traducción castellana: Palabras y Acciones. Buenos Aires: Paid6s, 1971). Lud-
wig Wittgenstein, TheBlue ami Brown Books (New York: Harper and Row, 1958; traducción
castellana: Los Cuadernos Azul y Marrón. Madrid: Tecnos, 1968). Wittgenstein, Philosophi-
cal Investigations, traducido por G. E. M. Anscomte (New York: Macmillan, 1953; traduc-
ción castellana: Investigaciones Filosóficas Madrid: Crítica, 1988).
42 H. Paul Grice, Studies in the Way of Worm (Cambridge, Mass.: Harvard University
Press, 1989). Un análisis conciso puede encontrarse en Stephen C. Levinson, Pragrrwtics
(Cambridge y New York.: Cambridge Universicy Press, 1983). Traducción castellana: Prag-
mática. Barcelona: Teide, 1989.
" Bartlett, El Recuerdo. Roger Schank y Robert Abelson, Scripts, Plans, Goals, and
Understamiing (Hillsctale, N. J.: Lawrence Erlbaum Associates, 1977); traducción castellana:
Guiones, planes, Metas y Entendimiento. Barcelona: Paid6s, 1988). T. A. van Dijk, Macros-
tructures: An InterdisciplinaryStudy o/ Gwbal Structures in Discourse, Interaction, and
Cognition (HiIlsdaJe, N. J.: Lawrence Erlbaum Associates, 1980), 233-235.
.... EJizabeth W, Bruss, Beautiful Theories: The Spectade of Discourse in Conremporary
Criticisrn (Baltimore: Jobns Hopkins UniversiCY Press, 1982). Iser, The Ad o/ Reading. f'bi-
Jippe Lejeune, On Autobiography, traducido por Katherine Leary (Minneapolis: Universicy of
Minnesota Press, 1989).
Notas 143
CDpItulo3
1 David Premack y G. Woodruff, «Does the chimpenzee have a theory ofmind?», Beha-
Worol ami Brain Sciences, 1 (1978): 515-526.
1 Claude Lévi-Strauss, Structural Anthropology, Nueva York: Basic gooks, 1968. Tra-
ducciÓIl castellana: Antropología Estructural. Barcelona: Paid6s, 1987.
, Véase la nota 20 del capítulo 2.
• Véase, por ejemplo, L.mguage and Mind de Noam Cbomsky (Nue.va.York.: Harcourt:
Brare y World, 1968). Traducción castellana: El Lenguaje y el Entendimiento. Barcelona.
Seix Barra!, 1977. .
• El lector interesado en esta cuestión puede consultar trabajos como los de Derek B1C-
kerron Roots of Language (Ann Arbor, Mich.: Karoma, 1981); Pinker,
Cognition (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1989); Dan Isaac Slobm (ed.) The Crosslm-
guistic Study of Language Acquisition, 2 vols, (HiJlsdale, N.J.: LEA, 1985);. Kenneth Wexler
y Peter W. Culicover, Fomwl Principies o/ Acquísínon (Cambridge, Mass.: MIT
Press,198O). . .
• Un muestrario de libros estimulados por How to Do Thíngs with Words incluiría los
siguientes: Chi!d's Talk: Leaming to Use Language de Jerome S. (Nueva York: W.
W. Norton, 1983; traducción castellana: El Habla lrifantU; Barcelona: PlUdós,
H. Clark y Eve V. Clark. Psychoíogv and Language: An to
(Nueva York: Harcourt Broce Jcvanovích, 1977); M. A. K. Halliday, Leammg How. to
(Londres: Amold, 1975); YP. M. Qreenfield YJ. Smith. The Structure ojCommunlcatlon m
Early Language Development (Nueva York: Academic Press. 1976). .
, Véase, por ejemplo, Roben A. Hinde, Individuals. RelationshiI!s Culture: Links
betweenEthology ami the Social Sciences (Cambridge: Universsty Press, !9:t:1.'!
Frank A. Beach (ed.) Human Sexuality in Four Perspectlves (Baltimcre: Johns Hopkios 01-
versity Press, 1977). -
• J.S. Bruner y Carol F. Feldman, «W1lere Does Language Come From?» (recensión del
libro de Derek Bickerton, The Roots 01 Language. New York Review of Books, n," 29 (24 de
junio de 1982): 34-36. .
• Nicholas Humphrey, The lnner Eye (Boston: Faber and Faber, 1986: caste-
llana: La Mirada Interior. Madrid: Alianza Editorial, en prensa): Roger Lewm, In the Age of
Mankimi (Washington, D.C.: Smitbsonian Books, 1988) .'
10 A. Whiten y R. W, Byme, «Tactical Deception in Bralr!
Sciences II (1988): 233-273. R.W. Mitchell, «A Framework for Discussmg Deceptlon», en
R. W. MitcheJl y N. S. Thompson, Deception: Perspectives 0'1 Hurrwn and Non-hurrwn
Deceit (Albany. State Universicy of New York Press, 1986).. .
11 M. Chandler, A. S, Fritz y S. Hala «SmaJl-Scale Decelt: Deceptlon as a Marker of
Two-, Three- and Four-year-olds' Theories of Mind», Chi/d 60 (1989): 1.263.
" Véase, por ejemplo, el libro de J. W. Astington. P. L. Hams y D. R. Oloon (eds.)lJe¡Je-
loping Theories of Mind. (Nueva York.: Cambridge Universicy Press, 1988). .
" Este resultado fue obtenido originalmente por H. Wimmer y J. Pemer, «Belief.s
Beliefs: Representation and Constraining Function of Wrong in Young
Understanding of Deception,., Cognition 13 (1983): 103-128. ha repetI-
do muchas veces. Véase Astington. Harris y Olson (eds.) Developing Theones ofMituL
144 Actos de signfficado
" Chandler, Fritz y Hala, «Small-Scale Deceit», 1275.
" M. Scaife y J. S. Bruner, «The Capacity for Joint Visual Attention in the Infant», Natu-
re 253 (1975): 265-266. George Bunerworth y M. Castillo, «Coordination of Auditory ami
Visual Space in Newborn Human Infants», Perception 5 (1976): 155-160. A. Ninio y J. S.
Bruner. «The Achievemenr and Aruecedenrs of Labelling», Joumal of Child l.anguage 5
(1978): 1-15.
l. Halliday, Leaming How to Mean.
" Soy consciente de que lo más frecuente es decir que las formas gramaticales se van
dominando en función de su simplicidad «sintáctica» o «computacional», y que resultan tan.
to más fáciles de aprender cuanto menos profunda sea su derivación o más simple sea su
computación. Puede consultarse el punto de vista de Kenneth wexler y Peter W. Culícover,
Formal Prínciples of Languoge Acquisition (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1980); o el de
Languoge Leamability and Language Development (Cambridge: Cambridge
University Press, 1984). Esta idea puede resultar formalmente atractiva, pero todos los ejem-
plos propuestos hasta ahora adolecen del mismo problema. No hay modo de establecer la
«simplicidad» o la «computabilidad» independientemente de la propia teoría de la gramática
o la La evaluación de la «teoría» viene asr determinada por la propia teoría.
mtento recuerda otro que se realizó anteriormente para tratar de demostrar que las ora-
ciones «transformadas» eran más sencillas que las oraciones «110 transformadas», comparán-
dolas entre sí mediante negaciones, formas pasivas o interrogativas; se suponía que cuanto
más sencillas fueran las oraciones menos tiempo de procesamiento mental requerirían. Las
predicciones no sólo resultaron erróneas sino que lo fueron de modo sistemático e irremedia-
ble".Esta teoría del «procesamiento de oraciones» no tenía en cuenta, por ejemplo, la impar-
del contexto, y eso hacía qlJe.no pudiese ni siquiera esbozar una explicación de por
que las frases transformadasen negativas. y presentadas en un «contexto de negación plausi-
ble», erau comprendidas mucho más rápidamente que las indicativas que no habían sufrido
ninguna transformación y tenían el mismo número de elementos. Véase, por ejemplo, P. C.
wason «The Context of Plausible Dental», Joumal of Verbal Leamíng ana Verbal Behavior
4 (1%5): 7-11. Véase también el análisis de la «sencillez» de Nelson Goodman en su libro
The Structure ofAppearence (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1951).
" Roger Brown, A First Language: The Early Stages (Cambridge:,Mas.: Cambridge Uni-
versity Press, 1973).
. "Al menos un tan notable como Charles Fillmore ha llegado a especular con la
Idea de la gramática de casos, en tomo a la cual está organizado el lenguaje -las catego-
rías farruliares de agente, acción, dirección, localización, etc...-, podría ser una abstracciÓD
de algún tipo de comprensión conceptual previa de los «argumentos de la accióu»,
que sirven para organizar nuestra experiencia sobre la actividad humana. Véase el artículo de
Charles Filmore «The Case for Case», en el libro de E. Bach y R. T. Harms (oos.) Universals
in ungui$tic Theory (Nueva York: Holt, Rinehart and Winston, 1968), 1-88; véase también
el artículo del propio Filhnore, «The Case for Case Reopened», en P. Cole y J. M. Sadock
(eds.) Syntcu and Ser1UlntiC$: Grammatical RelatioflS, vol. 8 (Nueva York y Londres: Acade-
mic Press, 1977): 59-81.
'" Véase, por ejemplo, el artículo de J. S. Bruner «Pacifier-Produced Visual Buffering in
Human D.evelopmental Psychobjology 6 (1973): 45-51. William Kessen, P. Salapa-
Iek y M. Haith, «Visual response of Human Newborn to Linear Contour,» Joumal of Experj.
Notas 146
mental Child Psychalogy 13 (1972): 9-20. l. Kalnins y J. S. Bruner, «The Coordination of
Visual Observatíons and Instrumental Behavior in early Infancy», Perception 2 (1973): 307-
314. Kathleen M. Berg, W. Keith Berg y granees K. Graham, «jntaut HeartRate Response as
a Fuction od Stimulus ami State,» P$)'chop1rysiology8 (1971): 30-44.
" «Markedness», en Selected Writing$ of Roman Iakobson. vol 8, Cap. 2, p.4 (Berlín,
Nueva York, Amsterdan: Mouton De Gruyter, 1988). Greenfield y Smith, The Structure of
Communication in Early Languoge Development.
" Willem J. M. Levelt, Speaking: From tmenuon to Articularíon (Cambridge, Mass.:
MIT Press, 1989). Joseph H. Greenberg {ed.) Universals of Human Language (Stanford,
Calif.: Stanford University Press, 1978). Brown, A First Language.
" Daniel N, Stem, The First RelaJionship: Infant ana Mother (Cambridge, Mass.: Cam-
bridge University Press, 1977); traducción castellana: La Primera Relación Madre-Hijo:
Madrid: Morata, 1984. Véase también el artículo de Oiga K. Gamika, «Sorne prosodíc and
parallnguisüc features of speech to young chikíren», en el libro de C. E. y C. A. Fergu-
son (eds.) Talking to Children: Language Input and Acquisition (Cambridge y Nueva York:
Cambridge University Press, 1977), 63-88, Yel de Ann Fema1d et al., «A cross-Ianguage
study of prosodlc modificaticna in mother's and father''s speech to preverbal infants», Jour-
nal of Chi/d Language. en prensa.
" The Role of Speech in the Regulation ofNormal and Abnonnal Behavior (Nueva York:
Uveright, 1961; traducción castellana: Lenguaje y Comportamiento. Madrid:
1974). Margaret Doualdson. Children's Minds (Nueva York: Norton, 1978). Traducción CM-
tellana: La Mente de los Niños. Madrid: Morara, 1984. V. Propp. The Morphology of the
Folktaie (Austin: University of Texas Press, 1968); traducción castellana: Morfología del
Cuerno. Madrid: Akal, 1985.
1> Chandler, Fritz, y Hala, «Small scale deceit».
,. Comunicación personal.
" Peggy J. Miller, Amy, Wendy ond Beth: Leaming Language in South
tin: University uf Texas Press, 1982). Peggy J. Miller y Linda L. Sperry, «The socíafizauon
of anger and aggressíou», Merril/-Palmer Quarterly 33 (1987): 1-31. Peggy J. Miller y Linda
L. Speny, «Early talk about the past: the origins of conversational storíes of personal expe-
rience», Joumal of Child Language 15 (1988): 293-315. Peggy J. Miller, «Pers.onal srones as
respurces for the culture-acquirmg child,» comunicación presentada en la Socíety for Cult6-
ral Anthropology, Phoenix, Arizona, 18 de Noviembre de 1988. ..
" Véase el artículo de Peggy J. MilIer y Barbara Byhouver Moore, «NarratIve conJUllC-
tions of caregiver and child: a comparative perspective of socialization through stories,»
Ethos 17, na 4,1989: 428-449. La forma narrativa en cuestión fue descrita por vez primera
por W. Labov y J. Waletzky, en su artículo «Narrative analysis: oral ver:sions of personal
experience,» publicado en el libro de J. Helm (oo.) Essay in the Verbal and Visual Ar/$ (Seat-
tle: University oí Washington Press, 1967), 12-24. ,
" Shirley Brice Heam, Ways with Words: Úlnguage, Lije and Work in Communities aru1
Classroom$ (Cambridge y Nueva York: Cambridge Univer:sity Press, 1983).
JO Miller y Moore, «Narrative conjunctions ofcaregivers and child,» 436.
" Heath, Ways with Word5. .
" Judy Dunn, The Beginnings of Social Understanding (Cambridge, Mass.: Harnard Um-
ver:sityPress, 1988), pág. 5
141 Actos de significado
" Kenneth Burke, A Grammar 01Motives (Nueva York, Prentice-Hall, 1945),
,. 1000 L. Austin, «A Plea for Excuses», en Austín, Philosophical Papers, 2° edici6n
(Oxford: Clarendon Press, 1970), 175-204; traducción castellana: «Un alegato en pro de las
excusa..» En Austm, J. L. Ensayos Filosóficos (pp. 169-192). Madrid: Alianza Editorial.
" Katherine Nelson (ed.) Narratives from the Crib (Cambridge, Mass.: Harvard Uníver-
siryPress, 1989).
}I; Vladimir Propp, Theory and History of Folklore, traducido por Ariadua Y, Martin y
Richard P. Martin (Minneapolis: Uuiversityof Minnesota Press, 1984).
.17 Ruth weir, Language in the Crib {The Hague: Mouton, 1962).
" Labov y Waletzky, «Narrative analysis».
,. Carol Fleisher Feldman, «Monologue as problem solving narrauve,» en Nelson (ed.),
Narrativesfrom the Cribo
'" Michelle Rosaldo, Knowíedge aOO Passion: llongot Nottons 01 Self aOO Social Life
(Cambridge y Nueva York: Cambridge UniversityPress). •
4L Frans de Waal,Peacemaking among Primates (Cambridge, Mass.: Harvard University
Press,1989).
.., Milan Kundera, The Book of Laughter aná Forgetting, traducido por Michael Heruy
Heim (Nueva York, Alfred A. Knopf, 1980; versión castellana: El Libro de la Risa y del
Olvido; Barcelona: Seix Barral, 1982). Kundera, The Unbearable Ughtness ufBeing, traduci-
do por Michael Henry Heim (Nueva York, Harper and Row, 1984; versión castellana: La
insoportable Levedad del Ser. Barcelona: Tusquets, 1987). Danilo Kie, A Tomb for Borís
Davidovich, traducido por Duska Mikic-Mitchell (Nueva York: Harcourt Brace Jovanovich,
1978).
., Ronald Dworkin, Law's Empire (Cambridge, Mass.; Harvard Universlty Press. 1986).
Para obtener más información sobre el papel de las narraciones en el Derecho véase la Michi-
gan Law Revíew 87, n" 8, (Agosto de 1989), número dedicado por entero al tema de la
«narración legal». Estoy especialmente agradecido a Martha Minow de la Harvard Law
por informarme de la existencia de este trabajo, y también a Peggy Davis, David
Richards y Tony Amsterdamde la New York Universiry Law School por discutir conmigo
sobre su significado.
Cap(tulo 4
I Edwin G. Boring, The Physical Dimensions of Consciousness (New York: Dover,
1963).
, Probablemente, el «realismo» del Yo se encuenlre incorporado en la psicología popular
un derivado de la noci6n de agentividad. También se encuentra incorporado a la lengua
¡nglesa, aunque de una manera solllreridentemente idiosincrática: decimos «control your-
sel!», «contrólate a ti mismo», pero no «bring YOl.lrself to dinner next Wednesday» «tráete a
ti mismo a casa a. cenar el próximo miércoles». Y, normalmente, dejamos que la palabra
"Self», Yo, sea sUjeto y objeto de oraciones, tanto con verbos mentales como de acción: se
,puede decir «you CUI yourself», «le has cortado», oración cuyo último ténnino se traduce
convencionalmente por alguna parte del cuerpo; pero, en inglés, también puede decirse "you
doubt yourself» «dudas de ti mismo»; [literalmente, «te dudas»], lo que al fin y al cabo cons-
TNotas 147
tituye una exigencia excesiva de la metafísica popular como paraser aceptada sin reparos por
una lengua. Un caso intermedio es el constituido por expresiones tales como «I hurt myself»,
«me duele» [literalmente, «me duelo a mí mísmo»], en lugar de decir simplemente «I
[liternlmente, «dueto»]. Pero, en este caso, ambas fOllIU1S suelen utilizarse en inglés dis-
tinguir entre lo agudo y lo duradero. Por lo que yo he podido averiguar, no se ha
ningún estudio realmente sistemático de los requisitos lingüísticos y cognitivos de la
ci6n de los pronombres personales como predicados reflexivos. necesano
que se realizase un estudio sobre este tema. No obstante, algunas refleXIOnes.interesantes
sobre la encarnación del realismo del yo en esos usos pueden encontrarse en el libro de Perer
Strawson lndividuals (Londres, Methueu, 1959); el de George A. Miller YPbilip
Laird, Language and Percepnon (Cambridge, Mass.: Belknap Pres.s of
Press, 1976); y el de Bernard Williams, Problems ofthe Seif(Cambridge: Cambridge Umver-
sity Press, 1973). .
. 'William James, Prtnctptes of Prychology (New York: Macmil1an, 1890). Traducción
castellana: Principios de Psicología. Madrid: Jorro, 1909. .
• Véase Hazel Markus y Paula Nurius, «Possible gelves», American 41
(1986): 954-969. Se han propuesto otros modelos, más o menos similares, de personalidad.
Véase, por ejemplo, Anihony R. Pratkanis, Steven J. greckler, y Anihony G.
(eds.) Attitude Strudure and Functian (Hillsdale, N.J.: Lawrence Erlbaum
1989); Robhie Case, lntellectual Development: Birth to AdultJwod (Orland.o:
Press, 1985; traducción castellana: El Desarrollo Intelectunl; Barcelona: Paidós, y
Tory E. Higgins, eSelf-Díscrepancy: A Theory Relating Self and Affect», Prychologlcal
Review 94 (1987): 319-340.
, Los trabajos de Richard Rorty constiruyen un buen ejemplo de esto: o/
pragmatism (Minneapolis, Ijniversity of Minnesoia Press, 1982); PlUlosophy.and rhe M¡nvr
of Nature (Princeton: Princeton University Press. 1979). El del pers-
pectivismc nietzscheano se analiza en Alexander Nehamas, Life as
(Cambridge, Mass.; Harvard University Presa, 1985). Pero la ínñueacia del
sobre la psicología también proviene del antirrealismn de Ernest Mach, TheAnalysls of Sen-
sanons. and the Reuuions ofthe Physkal to the Prychkal (Chicago: OpenCourt, El
escepticismo de Karl Popper también tuvo un efecto considerable; por ejemplo, en Ob!?·
tive Knowledge: an Evoluti01lllry Approach (Oxford: Clarendon Press, 1978;
tellana: C01UJCimiento Objerivo; Madrid: Tecnos, 1974); como, por supueslO, lo tuvo el análi-
sis de Thomas Kuhn sobre los cambios de paradigma en la ciencia en The Structure of
Scientific Revolutions (Chicago: UniversilY of Chicago Press, 1962; traducci?n .castellana: W.
Estructura de las Revoluciones Científicas; México: Fondo de Cultura 1971). MI
propia generación IUVO incluso un «texto de cullO» en tomo a esta cuestión: el libro
Vaihinger The Philosophy of 'As Ir: A System uf the Theoretkal, Practical. and RellgwllS
Fictions of Mankind, Segunda Edici6n, traducido por C. K. Opn (Londres: Routledge and
Kegan Paul, 1935). El operacionalismo de Percy Bridgman hizo mucho socavar
el realismo simplista e ingenuo de la ciencia anterior: The LoglC of Modem PhYSICS (Nueva
York: Macmillan, 1927).
• George Herbert Mead, Mind, Self, and Society (Chicago: University of Chicagn Press,
1934). Traducci6n castellana: Espíritu, Persona Y Sociedad. México: Paid6s, 1990. . .
1 Se puede observar un desarrollo paralelo de esta idea en el trabajo de Mijail BajbD
148 Actos de significado
sobre.la -The Dia/ogic Imagination- Four Essays, ed. por Michael Holqaíst
Umverslty.ofTexas Presa, 1981}-- Yde Lev Vygotsky sobre la «interiorización» del
en la creación del «habla interior» y el pensamiento: Thought and Language (Cam,
Mass.: MIT Press, 1962). Traducción castellana: Pensamiento y Lenguaje. Buenos
Aires: La Pléyade, 1977; traducción castellana de la versión completa: Obras Escogidas de
L S. Vygotsky. Tomo Ii. Madrid: Visor, en prensa.
• Ruth C: Wylie, The Self-Concept, vol. 1: A Review of MethodologicaJ Considerations
and Measunng lnstruments (Lincoin: Uníversity of Nebraska Press, 1974); vol. 2: Theory
and .Research on Selected Tapies (Lincoln: University of Nebraska Press, 1979). También
of SelfConcept (Lincoln: University oí Nebraska Press, 1989).
K. Lewl.n, T. Dembc, L. Festinger y P. Sears, «Leve] of Aspiration», en J. McV. Hum,
ed., Personahry ami the Behavior Disorders (New York: Ronald 1944)
·W ' .
. ase Clark L. Hull, Principies of Behavior (New York: Appleton-Century, 1943); tra-
dUCCIón Los Principios de la Conducta. Madrid: Debate, 1988; Edward C. Tol-
man, in Antmals andMen (New York: Appleton...century, 1932).
• ?na divIslon de .profunda separó a aquellas teorías del aprendizaje que caían bajo la
del Pavlov estudiaba la salivación en perros sujetos con arneses
que sonido o veían una luz que presagiaba la administración de un poco de comida.
Esta SItuación llegó a conocerse con el nombre de «condicionamiento clásico». B. F. Skinner,
rechazando este tan pasivo, introdujo la idea de «respuesta operante», que consistía
en una paloma que picoteaba, por ejemplo, sobre un botón que se señalaba díscnmmaríva.
mente de cuando daba un grano de trigo, y carecía de esa señal cuando no lo
El condícíonamíemo clásico de Pavlov y el Operante de Skinner nos dan por supuesto
muy di " •• ". I • .
..., . s m....s U<' o que es el aprendizaie. El primero está repí t .. inhibi ,
desinhibi . . .. e o U<' I"ul lClOnes y
I serones, de la excitación y cosas semejantes. El segundo, en cambio, se
ocupa de las condiciones que aumentan o disminuyen la probabilidad de una respuesta.
. Karl zener demostró que, se a los perros pavlovianos de sus arneses y se les
dejaba moverse por_ellalloratono, el comienzo de la salivación condicionada era muy distin-
de la en que funcionaba en las rígidas condiciones del Instituto de Moscú. Por
ejemplo, SI pare-ueger a la bandeja de la comida había que dar un rodeo complicado í
. ..
perros te an «en mente» otras cuestiones distmtas de la salivación. Posteriormente
demostró que los condicionamientos clásico y operante operaban bajo
clones distintas- el primero d ' ,
, , en con uctas mediadas por el sistema nervioso autónomo' el
segundo, en respuestas más «voluntarias». '
importante para el prestigio de Tolman el que terminase por publicar su artí I
clásico titulado «10 . '. cu o
ere ISmore Iban one kínd or learning», Psychological Review 56 (949):
Pero la persistió, ya que cada teórico estaba convencido
que la forma básica de aprendizaje era la que se producía bajo su paradigma experimental
en tanto demás constituían excepciones que había que descartar «explicándolas». '
disllnclón entre las teorías de «habitación con mapa» y de«tablero de interruptores» se
analiza en el artfculo de Tolman «Cognitive maps in rats and men,» PrychologicaJ Review 55
(1948): 189-208.
" Entre los tudi ..
. .es os tlplCos de esta clase se encuentran los de NeaJ E. MilIer, «Experi-
Studles m Conflict», en J. McV. Hunt (ed.) PersOnality and the Beho.vior Disorders
( ew York:: Ronald, 1944); y estudios de investigación tan específicos COmo el de O. Hobart
Mowrer, «Anxiety Reductícn and Leaming», JoumaJ of Experimental Psychology 27 (1940):
497-516; Edward C. Tolman, «A Stimulus-Expectaney Need-Cathexis Psychology», Science
101 (1945): 160-166; John Dollard y N. E. Miller, Persoll(Jlity and Psychotherapy (New
York: McGraw-Hill, 1950).
" Un ejemplo típico de este período era la obra en dos volúmenes de George H. Kelly,
The Prychology of Persoll(Jl Constructs (New York: Norton) que apareció en 1955, un año
antes de la fecha oficial de «comienzo» de la revolución cognitiva. Hice una reseña de esta
obra en Contemporary Psychology 1, nO 12 (1956): 355-358, y la acogí como el primer
«esfuerzo por construir una teoría de la personalidad desde una teoría del conocimiento:
cómo llega la gente a conocer el mundo combinando sus diversas apariencias para fonnar sis-
temas organizados de constructos» (pág. 355).
" Véase Roy Pea y D. M. Kurland, «On the Cognitive Effects of Learning Ccmputer
Programming». New Ideas in Psychology 2 (I984): 137-168; R. Pea, «Distributed lntelligen-
ce and Bducation,» en D. Perkíns, J. Schwartz y M. M. West (OOs.) Teaching jor Unáersum-
ding in the Age ofTechnology (en preparación); D. N. Perkíns, «petson Plus: a Distributed
View of Thinkíng and Learning», comunicación leída en el simposio sobre «Distributed
Learning» en la reunión anual de la A.E.R.A., Bosrcn, 18 de Abril de 1m. Aunque la idea
de «Aprendizaje Distribuido» ha estado en el aire durante mucho tiempo -los antropólogos
le ban prestado especial atención, como también lo ha becho Micbael Cole, por ejemplo en
'Su «Cultural Psychojogy: a Once and Future Discipline,», en J. J. Berman (ed.) Nebraska
Symposium on Motivation, 1989, Cross-cutrural Perspectives (Lincoln: Univeraity oí
Nebraska Press, 1990)-----, esta concepción ha recibido un nuevo impulso al ser aplicada a las
relaciones del hombre con las nuevas tecnologias de la información. Véase especialmente
Jobo Seeley Brown, AJan ColJins y P. Duguid «Situated Cognition andthe Culture of Lear-
ning,» Educational Researcher ts: 32-42.
'4 Ann L. Brown, «Distributed Expertise in the Classroom», ponencia presentada en el
Simposium sobre Distributed Learning en el A.E.R.A., Boston. 1990. Para un informe más
completo de este trabajo, véase también Ann Brown y Joseph Campíone. «Communitíes of
Learning and Thinking: Or a Context by Any Otber Name»,» Hunum Development, de próxi-
ma publicación. La cita es dePerkins, «Person Plus», pág. 24.
" Por supuesto, también fueron consideraciones de tipo cuntextual las que cerraron el
anfiteatro del «aprendizaje animal» en el que se libraban típicamente las batallas sobre las
teorías del aprendizaje. Los etélogos dejaron claro que, desde el punto de vista de la evoplu-
cíón, el aprendizaje estaba ligado a unas condiciones determinadas en el ambiente de cada
especie. No podía abordarse de manera aislada, sin tener en cuenta los hábitats y las predis-
posiciones instintivas que se habían seleccionado a lo largo de la evolución en respuesta a
esos hábitats. El aprendizaje, cualquiera que fuera su forma, siempre estaba sesgado y filtra-
do mediante esas predisposiciones seleccionadas por la evolución, y no era posible entender-
lo sin especificar muchas más cosas que el hecho de que un animal hubiese estado eexpues-
to» a un ambiente determinado. De manera que, unavez más, el aprendizaje y el aprendizno
podían separarse del hábitat del animal o, si a esa vamos, de la bistoria evolutiva que había
hecho el ambiente «adaptativo» re!>-pecto a las predisposiciones del animal. Véase especial-
mente la obra de Niko Tinbergen The Animo.l in its World, Vols. 1 y 2 (Londres: George
Alten 0.00 Unwin, 1972, 1973). Traducción castellana: Estudios de Etologia, Vols. 1 y 2.
Madrid: Alianz.a Editorial, 1975, 1979.
150 Actos de significado
lO No pretendo decir que la idea de pensamiento «distribuido» haya estado por completo
ausente de la psicología. vygotsky tenía en mente una noción semejante en su formulación
de la pedagogía y en el papel que asignaba a la historia en la formación del pensamiento
(véase Pensamiento y Lenguaje). David Wood y yo también hicimos algunos tanteos en bus-
ca de una forma de caracterizar el «andamiaje» de la actividad intelectual que tiene lugar en
los intercambios de conocimiento: Waod., Bruner y Gail Ross, «The Role of Tutoring in Pro-
blem Solving», Joumal of Child Psychology and Psychiatry 17 (1976): 89-100. Por otro
lado, desde muy pronto el trabajo de Michael Cale y Sylvia Scribner estuvo caracterizado por
una concepción distributiva; por ejemplo, en su Culture and Thought: An lntroducüon (Nue-
va York: Wiley, 1974); traducción castellana: Cultura y Pensamiento. México: Limusa,
1977.
" Karl Joacbim Weimraub, The Value of the Individual: Self and Circumstance in Auto-
biography (Chicago: University uf Chicago Press, 1978); E. R. Dodds, The Greeks and the
lrrational [Berkeley: University of California Press, 1951); traducción castellana: Los Grie-
gos y lo Irracional; Madrid: Alianza Editorial, 1986;Michelle Rosaldo, Knowledge ami Pas-
síon: Ilongot Notíons ofSelf and Social lije (Cambridge and New York: Cambridge Uníver-
sity Press, 1980); y Fred Myers, Pítuupi Country, Pintúpi Self (Washington: Smithsonian
Institution Press, 1986). Hasta la fecha, se ban publicado cuatro volúmenes de A History of
Privase Ufe por Harvard University Press: el primero en 1987 bajo la dirección de Paul Vey-
ne, From Pagan Rome to Byzaraium; el segundo en 1988 por Georges Duby, Revelations of
the Medieval World; el tercero en 1989 por Roger Chartíer, Passíons 01 the Renoissance; el
cuarto en 1990 por Michelle Perror, From the Fíres 01 Revolutton to lhe Oreas War. Hay en
preparacién uno más. Traducción castellana: Historia de la Vida Privada. Madrid: Tauros,
1990.
" Lee J. Crcnbach, Designing Evaluations 01 Educationai ana Social Programs (San
Francisco: Jossey-Bass, 1982), pág. 108.
,. Véase Kenneth J. Gergen, Toward Transformatian in Social Knowledge (New York:
Springer-Verlag, 1982), pág. 17 Y siguientes. La investigación original es presentada en
varios artículos a los que se remite en este volumen, en particular Gergen y M. G. Taylor,
«Social Bxpectancy ans Self-Presentation in a Status Hierarchy», Joumal 01 Experimental
Social Psychology 5 (1969): 79-92; y S. J. Morse y K. J. Gergen, «Social Comparison, Self-
Consistency , and tbe Presentation of Self», Joumal 01Personaíity and Social Psychology 16
(1970): 148-159.
2JJ Gergen, Towara Transformation in Social Knowledge, pág. 18.
" Esta idea de Gergen, natura1mente, estaba influida por la obra de Bartlett El Recuerdo,
a la que nos referimos en el Capítulo 2.
" Kennetb Gergen, "Social Psychology as History», Journal 01 Personalíty and Social
Psychology 26 (1973): 309-320.
1l No digo esto por criticar. Uno de loo objetivos de loo primeros «revolucionarios» cog-
nitivos fue sustituir la imagen ..de-mente» del bombre que había surgido durante el largo rei-
nado del conductismo. De hecho, yo formaba parte de esos racionalistas, como atestigua la
importancia esencial que tiene el concepto de estrategia en Bruner, J. J. Goodnow y G. A
Austin, A Study 01 Thinking (New York: Wiley, 1956). Traducción castellana: El Proceso
Mental en el Aprendizaje. Madrid: Narcea, 1978.
,. Entre las publicaciones criticas que establecieron el clima de este período estaban, sin
- ""
duda, las siguientes: W. J. T. Mitcbell (ed.) On Narrauve (Chicago: University oí Chicago
Press, 1981); Paul Rabinow y William Sullivan (eds.) lnterpretive Social Scíence: A Reader
(Berkeley: Universiry of California Press, 1979); Clifford Geenz, Interpretation 01
(New York: Basíc Books, 1973); traducción castellana; La Interpretacwlf de las Culturas.
Barcelona: Gedisa, 1988; Richard Rorty, Philosophy and the Mirror 01 NaJure (Princeton
University Press, 1979); traducción castellana: La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza.
Madrid: Cátedra, 1983; Ylos escritos de críticos postestrucnrralistas franceses tales' como
Roland Barthes y Micbel Foucault.
" Donald Spence, Narrauve Truth ami Histotical Truth: Meaning ami lnterpretation in
Psychoanalysis (New York: Norton, 1984). Como cuestión de interés histórico, está claro
que Roland Barthes ha tenido una fuerte influencia en las fonnulaciones de Spence: Speoce
cita sus palabras para apoyar su idea central acerca del papel de los códigos alternativos en la
interpretación.
,. Spence quiere decir con «código» algo que se aproxima bastante a la idea de RoIand
Barthes sobre la existencia de varios códigos semióticos que extraen distintos tipos de sigtÚ"
ñcados de un texto, concepción que se analiza en profundidad en el libro de Bartbes [mate,
Music, Text (Nueva York: HiIl and Wang, 1977). Pero Spence no intentaba en modo alguno
borrar del psicoanálisis la idea de recuerdos «reales» o «arqueológicos». Las verdades narra-
tivas representan, más bien, (en el sentido psicoanalítico clásico) compromisos que surgen
del «conflicto que se produce entre lo: que es verdad y lo que se puede relatar» (Narrative
Truth, pág. 6.2): De hecho, la postura de Spence sobre: la «realidad» de los recuerdos Irene-
rrables sugiere que, aunque es un «consuuctívrsre heurístico» en lo que se refiere a la tneIIlO-
ría, no está ni mucho menos dispuesto a abandonar la creencia positivista de que existen
recuerdos «realess.Bsto le sitúa en una posición anómala respecto a los psicoanalistas clási·
cos-que. por regla general, le acusan de echar por la borda la realidad de un eUoen el que. de
hecho, se almacenan recuerdos traumáticos como especímenes arqueológicos bien 00DllflI'I11l-
dos.
21 Spence, Narrauve Truth, pág. 63.
lO David Polonoff, «Self-Deception», Social Research 54 (1987): 53. Un enfoque muy
similar al de Polonoff se encuentra también muy extendido en las teorías autobiográficas
contemporáneas. Una exposición especialmente lúcida de esta es la de Janet Vamer Dunn,
Autobiography: Toward a Poetícs 01 Expenence (Philade1pbia: University of Pennsylvania
Press,1982).
'" Roy Scbafer, «Narratíon in tbe Psychoanalytic Dialogue», en W. J. T. Mitchell (ea)
Ontearroave (Chicago: University of Chicago Press, 1981), pág. 31.
'" Ibid., pág. 38.
-" Véase, por ejemplo, la colección de artículos en el volumen compilado por Theodore
G. Sarbin Narrauve Psychology: TheStorieá Nature of Human Conduct (New York: Prae-
ger, 1986). Un notable ejemplo de este enfoque aparece en la obra de Micbelle RosaIdo
Krwwledge and Pasnon. de la que hemos hablado en el Capítulo 2. En ciertos aspectos, esta
nueva tendencia «interpretativista» puede remontarse a George Herben Mead, especialmente
a su Mind, Self, and Society (Chicago: University of Press, 1934; traducción caste-
llana: Espíritu., Per"$ona y Sociedad. México: Paidós, 1990). Pero, en otros aspectos, Me.d
estaba tan aferrado a la idea clásica de finales del siglo XIX de la interacción entre
mo y entorno» que es mejor, en mi opinión, considerarlo como el capítulo final delcoocep-
152 Actos de signmcado
tualismo en la última fase de la historia del positivismo, más que como el capítulo inicial del
interpretacicnismo. Véase, por ejemplo, la discusión de Mead «Organism, Community, and
Environrnenl» en Mind, Self, and Society, págs. 245 y siguientes.
'" Clifford Geenz, egrom the Native's Poíar of vtew: On Ibe Nature of Anlhropological
Understandmg». en Rabinow y W. M. Sullivan (eds.) lnterpretaJive Social Sctence (Becke-
ley: Universiry of California Press, 1979). págs. 225-241, cita de la página 229. Resulta lnte-
resante que, unadécada después, E. E. Sampson comience un debate titulado «TheDecous-
truction of me Selfe con el rechazo de Geertz casi como epígrafe: véase Sampson, en Iohn
Shotler y Kenneth Gergen (eds.) Texts.ojldentity (Loodon: Sage, 1989).
" Un ejemplo reciente y excelente es el de Sidonie Smith, A Paetics o/ Women 's Auto-
biography: Margirmlity and the Fictions o/ Self-Representation (Bloomington: Indiana Uni-
versíryPress. 1987).
34 Véase Ellict G. Mish1er, «The Analysis of Imerview-Narratíves», en Theodore R. Sar-
bín (ed.) Narrative P:ryco%gy: The Storied rmture o/ Human Conduet (New York: Praeger,
1986). Un informe !fiás completo de algunas de las técnicas usadas para analizar dichas
entrevistas-narraciones puede encontrarse en MishIer, Research lnterviewing: Conzexr and
Narrative (Cambridge, Mass.: Harvard University Press. 1986).
" Dcnald Polkinghome, Narraüve Knowing and the Human Scíences (Albany: SUNY
Press, 1988, pág. 150.
lO Los psicólogos, incluso aquellos que gozaban de buenos conocimientos de filosofía, se
han mostrado siempre extremadamente recelosos en relación con la «explicación histórica».
Creo que este recelo surge de un malentendido bastante común en relación con la diferencia
entre «explicación» en el sentido causal analizado en los dos primeros capítulos, e «interpre-
tación» en el sentido histórico o cultural. Dos psicólogos de la generación anterior nos pro-
porcionan un contraste muy interesante: Kurt Lewin y Lev Vygotsky. En un conocido ensayo
titulado «Aristotelian aitd Galilean Modes of Thought» -véase su Dynamíc Theory o/ Per-
sonality (Nueva York,: MacGraw-Hill, 1935}- Lewin condena la «causacíon» histérica
tachándola de etefeológica» por necesidad y por implicar «acción a distancia». Lo que deter-
mina el comportamiento ahora es 10 que hay presente en el «campo conductual» del actor
individual en el momento de la acción. A esta idea «galileana» se debía, en su opinión, el
granéxito de las ciencias físicas. Sin duda, hay un sentido en el que este mismo ideal podría
ser relevante paralas ciencias humanas: no deberíamos invocar la «tradición» sin especificar
de algún modo cómo se encuentra representada esa tradición en el corazón y la mente de los
participantes en un acto que ocurre en el aquí y el ahora. Pero la manera en que una tradición
que ha perdurado opera paradefinir y alterar los significados en el aquí y el ahora no es la
misma en que un campo de fuerzas refleja las resultantes de los acontecimientos físicos que
lo han creado.
Vygotsky, por supuesto, siguió un camino muy distinto. Su idea era que el método de la
psicología, con independencia de lo experimental o empírico que pudiera llegar a ser, en sus
raíces era necesariamente «histérico-cultural»..Ya que las herramientas e instnnnentos que
los seres humanos emplean en la «capacitación de la mente» son esencialmente herramientas
'culturales que se han transformado históricamente por las circunstancias de la vida social y
económica. Su historia aparece reflejada, por consiguiente, en la naturaleza de su uso en la
actualidad. No carece de interés el becho de que Lewín, cuando pensaba en la posibilidad de
dejar Alemania para huir del fascismo, visitase a Vygotsky en Moscú, siendo presentado por
Notas 153
su estudiante ruso Zeitgamik (véase Guillermo Blanck, Vygotsky, Buenos Aires: en
ción; ccmunicncién personal, octubre de 1989). Desgraciadamente, no se co.nserva mng
ún
registro de su conversación, aunque se dice que se entendieron.a mil a
la enorme diferencia en sus actitudes respecto al papel de la historia en la mterpretacron pSI-
cológic¡' . .
" En un estudio que todavía no se ha publicado, hice que más de una docena de lectores
. te.......etaran esta historia mientras la leían por vez primera, y creo que conozco también la
ID 'r . d di 'dad
mayoría de las interpretaciones de los críticos. Las i.nterpretaClones, a pesar e su IVerst ,
arten una característica extraordinariamente importante: todas ellas se esfuerzan por
eomp 1 '..0:_1 • Lo
invocar un estado intencional (un motivo o estado mental) en e s
lectores más cultivados también intentaban comprender de qué manera la historia emble-
mática de nuestra cultura o de la situación de Conrad en ella.
']O Véase, por ejemplo, Bllen Langer, The Psychology o/ Control (New York: Sage,
1983).
,. Philippe Lejeune, On Autobiography (Minneapolis: University cf Minnesota Press,
..' d
"" La Dra. Weisser y yo estamos a punto de tenrunar un libro sobre este trabajo que se
publicado por Harvard Ijníversiry Press. y cuyo título es «Autobiography and the
uon of SeIC». Ni que decir tiene que, si hubiésemos enfocado la entrevista un modo diStlD-
to, hubiéramos obtenido distintas formas de narrar. Por ejemplo, si se le pi&: a la gente que
nos cuente «recuerdos del pasado», es mucho más probable que obtengamos listas s.u
cesos
se recuerdan con muy .........os intentos de especificar lo que estos sucesos «sígnificae»
.'
parala persona que los cuenta. Otras formas de enfrentarse a la tarea de r:euer os
pasado en las personas se comentan en David C. Rubin (ed.) AutoblOgraphlcal Memory
(Cambridge: Cambridge University Press, 1985), . . .
4' Mish1er Research lnterviewing. Es mejor dejar esta cuestión para un anensts más com-
pleto en Brun;r y Weisser, «Autobiography and the Construction of self». . .
" Keith Thomas, recensión del libro de Roger Chartier (ed.) A Hístory oI Prívate Li/e,
vol. 3, New York Review oIeooes. 9 de Noviembre de 1989, pág. 15. Los volúmenes de esta
serie son uno de los grandes triunfos de la escuela de historiadores francesa de los Annales.
el más conocido de estos historiadores entre los es Philippe Aries, que,
su libro Ceruunes of Chtlhood: A Social Hístary oI Fwmly Lije (Nueva York, 1962,
traducción casteIlana: El Niño y la Vida Familiar en el Antiguo Régimen: Tauros,
. "' 1 oun
1987), defendía la idea de que el concepto de infancia era una SOCta y n
hecho, y que estaba sujeto a revisión constante. La postura de los historiadores Anna-
les comenzando con uno de sus fundadores, Lucien Febvre, ha sido que la .«pnvaCldad,. ha
de'ser entendida como un «subproducto» de acuerdos sociopolíticos postmedlevales; en lugar
<le como la expresión de alguna necesidad biológica o psicológica básica.

sus propias revistas. son realidad estribaciones de una geografía subyacente que es. cada parte (y el agregado que constituye la totalidad de la psicología. Puede que existan buenas razones para lo que ha ocurrido. Y las partes. ha llegado a fragmentarse como nunca antes en su historia. forman parte de una geografía intelectual más general. de nuevo cuño. De esta manera. han absorbido a muchos de aquellos que antes trabajaban en 11 . Se corre el riesgo de que. Ha perdido su centro y corre el riesgo de perder la cohesión necesaria para asegurar que se produzca ese intercambio interno que podría justificar la división del trabajo entre sus partes. cada una con su propia identidad organizativa.PREFACIO Los libros son como cimas de montañas que sobresalen del mar. la ciencia de la mente. Aunque parezcan islas independientes. Las «ciencias cognitivas». en Lo he escrito en un momento en que la psicología. las partes se encierran en su propia retórica y se afslan en su propia parroquia de autoridades. quizá incluso sea reflejo de un «cambio de paradigma» en las ciencias humanas. Este libro no es una excepción. su propio aparato teórico y. cada vez más parecido a una especie de centón o jarapa) se encuentre cada vez más lejos de otras investigaciones dedicadas a la comprensión de la mente y la condición humana: investigaciones pertenecientes al campo de las humanidades y otras ciencias sociales. a menudo. Demasiado a menudo. local y parte de un patrón universal. aunque es inevitable que los libros sean reflejo de un tiempo y un lugar determinados. El lado «biológico» de la psicología ha abandonado su viejo cuartel general para unir sus fuerzas con las neurociencias. con este autoencierro. se han convertido en especialidades cuyos productos son cada vez menos exportables. al mismo tiempo. como William James la llamó en una ocasión.

No cabe duda de que la navaja de Occam. del laboratorio de psicología «experimental» de Wundt en Leipzig no eliminó estos interrogantes. y se ha producido ya el comienzo de la búsqueda de nuevos medios para refonnularla. nos sorprenderá el renovado y vivo interés actual por cuestiones clásicas planteadas durante el siglo que siguió a la fundación del laboratorio de Leipzig por hombres como Peirce y Nietzsche. que a menudo se investigan con más vigor fuera de la psicología «oficial». las reglas mentales. la estatura teórica del psiconanálisis habría seguido creciendo. La comunidad intelectual más amplia tiende cada vez más a hacer caso omiso de nuestras revistas. al advertimos que no multiplicásemos las entidades conceptuales más de «lo necesario». Ya que la psicología como empresa es muy anterior a su conversión «oficial» en un conjunto de divisiones autónomas.12 Actos de significado Prefacio 13 las villas de la percepción. «naturaleza humana» expresada en diferentes culturas. con sus confusiones. al proponer su «psicología cultural». su conformación cultural. que se haya producido una reacción contra el estrechamiento y el «encerramiento» en sí misma que aflige" a la psicología. Todas y cada una de estas cuestiones han avanzado cuando nos hemos decidido a formular preguntas sobre temas tan tabú como la mente. se están reformulando con la sutileza y el rigor necesarios para producir respuestas ricas y fecundas. la. Pero. El hecho de que escriba un libro como éste justo en este momento no es un capricho autobiográfico. no pretendía desterrar de las ciencias de lo mental a la mente misma. reconoció hasta qué punto el nuevo estilo de «laboratorio» podía ser restrictivo y. que ahora se conciben como variedades de «procesamiento de información». si los seguidores de Freud hubieran conseguido liberarse del modelo de la «bioenergética». en sus últimos años. La revolución cognitiva. Foucault y Searle. A despecho de la ética predominante. se construyó sobre los cimientos que había puesto John Locke. tan caro a los corazones de nuestros precursores de finales del siglo XIX. a pesar de las particiones y la fragmentación que parecen estar produciéndose. Y. cada uno de los cuales no es más que una respuesta 4 un puñado de pequeños estudios similares. La comparación del hombre y. en 1879. y cosas por el estilo. el significado. Jakobson y de Saussure. cuestiones sobre cómo construimos nuestros significados y nuestras realidades. En el interior de la psicología. sabemos mucho mejor cómo enfocar las grandes comparaciones cuya resolución siempre ha constituido un reto para la psicología. sus precursores en la evolución. la construcción de la realidad. la «teoría del aprendizaje». habría resultado inconcebible en ausencia del clima filosófico de su tiempo. y. Se limitó a revestirlos de ropajes nuevos: el «nuevo» estilo positivista. el hombre como niño inmaduro y el hombre en plena madurez. Estos nuevos alineamientos pueden ser para bien. cuestiones sobre la formación de la mente por la historia y la cultura. y de 10 que Gordon Allport denominó en una ocasión la «metodolatrta». Y. aunque el lector no tardará en . ciertamente. no creo ni que la psicología esté llegando a su fin ni que esté eternamente condenada a vivir en provincias segregadas. La fundación. que a los legos en la materia les parece que contienen principalmente estudios de poca monta e intelectualmente desubicados. si echamos un vistazo más allá de las fronteras de la psicología «oficial» a nuestras disciplinas hermanas de las ciencias sociales. Husserl y Cassirer. por consiguiente. El propio Wundt. y estas cuestiones. y lo que un día fuera formidable bastión de la psicología. los estados intencionales. Le he puesto el título de Actos de significado para subrayar su tema principal: la naturaleza de la construcción del significado. podrían aportar un vigor teórico nuevo e inesperado a la tarea de comprender al ser humano. favorable a la realización de «estudios pequeños y primorosos». y el papel esencial que desempeña en la acción humana. Piaget no puede concebirse sin Kant. que era el aspecto más superficial de su teoría. Este libro está escrito en contra del trasfondo en que se encuentra situada la psicología actuel. cuestiones que atañen a la naturaleza de la mente y sus procesos. Austin y Wittgenstein. más reciente. por supuesto. también la comparación entre el hombre de carne y hueso y las máquinas construidas para imitarlo. Los psicólogos actuales obtenemos todavía un generoso sustento de nuestro distante pasado preposirivista: Chomsky reconoce su deuda con Descartes. sobre el que se sustentaba. Sus grandes temas e interrogantes aún están vivos. hay inquietud y preocupación por el estado en que se encuentra nuestra disciplina. nos exhortó a abrazar un enfoque más histórico e interpretativo para entender los productos culturales del hombre. sus dislocaciones y sus nuevas simplificaciones. las grandes cuestiones psicológicas se están volviendo a formular. el hombre en estado de buena salud y el hombre afectado por la enfermedad mental o la alienación. Actualmente. la memoria o el pensamiento. No tiene nada de extraño. las formas culturales. Ni los principios inductivos de John Stuart Mili querían sofocar todas las formas de curiosidad intelectual salvo aquellas que pudieran ser reducidas mediante experimentos controlados. sin Hegel o Marx. ni Vygotsky.

Eso nos llevó a desarrollar nuestra propia versión de una ciencia humana interdisciplinaria de Educación General. sobre todo cuando para lograr una explicación causal nos vemos obligados a artificializar lo que estudiamos hasta tal punto que casi no podemos reconocerlo como representativo de la vida humana? El estudio de la mente humana es tan difícil. Algunas influencias. Esa sería. Más bien. una empresa imposible. como las del Department of Social Relations de Harvard donde. se encuentra tan inmerso en el dilema de ser a la vez el objeto y el sujeto de su propio estudio. como nos ha enseñado Bajtin. Era un departamento que tenía un propósito. de septiembre a mayo. He tenido la inmensa fortuna de participar prolongadamente en los diálogos que han formado y reformado la psicología. y todos los meses nos reuníamos en un se~nario para intentar desvelar ese propósito: cómo conciliar los puntos de vls~a sobre el Hombre como individuo particular con los puntos de vista d~l ffil~mo como expre~ión de la cultura y como organismo biológico. en la que George Miller y yo intentamos convencer a una generación de estudiantes de Harvard y Radcliffe de que. en el contexto de l~ cultura y el lenguaje que proporcionan el mundo simbólico en el que Vive. Y. cómo esta se convierte inevitablemente en una psicología cultural. Las discusiones que sostemamos aquellos miércoles por la tarde están reflejadas de algún modo en las páginas que vienen a continuación. por consiguiente. y a la luz de los procesos de crecimiento que coordinan estas dos fuerzas tan poderosas. Este libro no pretende ser un estudio «exhaustivo» de todos y cada uno de los aspectos del proceso de construcción del significado. de sus congéneres y de sí mismo.este libro. es un intento de mostrar cómo debe ser una psicología que se ocupe esencialmente del significado. está abstraída de un diálogo. Se encuentran en el pasado lejano. Reducir el significado o la cultura a una base material. con sus ideales de reduccionismo. de todos modos. Este es el espíritu con el que hemos de avanzar. si damos por supuesto que el objeto de la psicología (como el de cualquier empresa intelectual) es lograr la comprensión. Pero toda voz individual. Porque. No es necesario tratar estos tres ideales como si fuesen la Santísima Trinidad. Por aquel entonces habíamos llegado al convencimiento de que la psicología no podía enfrentarse a la tarea por sí sola. ya prolongada. me nutrí de la compañía de personas como Clyde Kluckhohn y Gordon Allport. cuando nos ocupamos del significado y de la cultura. explicación causal y prediccián. un «retorno de lo reprimido». Concepciones del Hombre. en muchos aspectos. La tarea es tan apremiantemente importante que merece toda la rica variedad de inteligencia y perspicacia que seamos capaces de aportar a la comprensión de lo que el hombrepíensa de su inundo. es trivializar ambos fenómenos al servicio de un concretismo mal entendido. y durante la mayor parte de la década de los 60. pongamos por caso. del hemisferio izquierdo. representan no sólo mis pensamientos más actuales sino también. inevitablemente nos movemos en dirección a otro ideal. Talcott Parsons y Henry Murray. Aferrarnos a la explicación en función de las «causas» nos impide intentar comprender cómo interpretan sus mundos los seres humanos y cómo interpretamos nosotros sus actos de interpretación. Lo que vaya decir en los capítulos que vienen a continuación refleja mi punto de vista acerca de en dónde se encuentra situado el diálogo en la actualidad. y después vino la «Soc Sci 8». nos las arreglamos para ir un paso por delante de nuestros estudiantes. hay que verlo en el contexto del reino animal a partir del cual evolucionó.14 Actos de significado darse cuenta de que proyecta mi propia historia como psicólogo. y cómo debe aventurarse más allá de los objetivos convencionales de la ciencia positivista. AGRADECIMIENTOS Apenas puedo empezar a enumerar a todas las personas e instituciones que han dado forma a. Porque. decir que «dependen». que no puede limitar sus indagaciones a las formas de pensamiento que se desarrollaron a partir de la física de ayer. por así decir. ¿por qué nos resulta siempre necesario comprender con antelación a los fenómenos que hay que observar (que es a lo que se reduce la predicción)? ¿No son preferibles las interpretaciones plausibles a las explicaciones causales. para conocer al Hombre. a lo largo de una década que comenzó a mediados de los años 50. 15 .

como editor. Morton White. Liat Mayberg. David Krech. . sobre el cual tendré ocasión de hablar mucho más en el primer capítulo. a lo largo de los años. Si lo menciono aquí es sólo para reconocer mi deuda a otra comunidad que contribuyó a convencerme (a estas alturas no precisamente en contra de mi voluntad) de que las fronteras que separaban campos tales como la psicología. constituye una recompensa al trabajo tenaz. Alexander Luria. por si esto fuera poco. Les agradezco mucho su ayuda. David Olson. Robert Lifton. en diciembre de 1989. ha censurado cualquier intento de mencionar su nombre en los prefacios por parte mía y de otros autores agradecidos. Sus comentarios y preguntas marcaron el comienzo de una fructífera revisión. y. el rector Yoram Ben-Porath. También quiero agradecer sinceramente la subvención de la Fundación Spencer con la que se financió el trabajo en que se basa este libro. Tengo una deuda muy especial con mis anfitriones de Jerusalén que. de Harvard. eludir la censura de su lápiz por el hecho de que está a punto de abandonar la dirección de Harvard Universiry Press para pasar a dirigir otros asuntos en otra parte. los de Oxford. Hemos conseguido. por fin. me hicieron la vida tan extraordinariamente agradable cuando pronuncié las conferencias que llevan el nombre de «Jerusalem-Harvard Lecrures» en la Hebrew University. los primeros.18 Actos de significado Agradecimientos 17 y en medio de todo esto se fundó el Centro de Estudios Cognitivos. Albert Guerard. Elting Morison. Howard Gardner. Las conferencias que pronuncié en Jerusalén dieron lugar al primer borrador de este libro. y también están esos contertulios vitalicios que constituyen nuestro Otro Generalizado: George Miller. Daniel Robinson y Donald Spence. mi esposa y colega. Roman Jakobson. Por fin puedo expresar mi agradecimiento a mi editor. la antropología. también están las otras figuras en que se encarna la editorial: Angela van der Lippe. Arthur Rosenthal. Clifford Geertz. mi deuda se refiere especialmente al presidente. Varios amigos leyeron los primeros borradores de este libro y me hicieron sugerencias muy útiles: Michael Cale. He dedicado este libro a Carol Pleisher Feldman. porque he dejado fuera a mis antiguos estudiantes: los más recientes. Y la lista no está completa. siempre animando con su característica l habilidad. el profesor Shmuel Eisenstadt y Ms. que. la lingüística y la filosofía eran cuestión de conveniencia administrativa y no de sustancia intelectual. Amnon Pazi. Y. Arthur Rosenthal. Es algo que no puede sorprender a nadie. de Nueva York. Pocas veces he hablado a una audiencia tan sumamente implicada y tan bien informada como la que se reunía aquellas tardes de diciembre en Monte Scopus. una forma de vida. en medio. y Camille Smith . correctora de manuscritos llena de paciencia e imaginación. Barbel lnhelder.

antes de seguir adelante.? En breve me extenderé más sobre estas cuestiones. que la nueva ciencia cognitiva. ~sto no quiere decir que haya fracasado: ni mucho menos. porque. un éxito cuyo virtuosismo técnico le ha costado caro. ha conseguido sus éxitos técnicos al precio de deshumanizar el concepto mismo de mente que había intentado reinstaurar en la psicología.Capítulo 1 EL ESTUDIO APROPIADO DEL HOMBRE 1 Quiero comenzar adoptando como punto de partida la Revolución Cognitiva. al menos en mi opinión. Una vez echada una mirada retrospectiva a la revolución. actualmente esa revolución se ha desviado hacia problemas que son marginales en relación con el impulso que originalmente la desencadenó. quiero pasar directamente a hacer una exploración preliminar de una nueva revolución cognitiva. de esta forma. El objetivo de esta revolución era recuperar la «mente» en las ciencias humanas después de un prolongado y frío invierno de objetivis- rno. Más bien. quiero explicar cuál es el plan de este capítulo y de los que vienen a continuación. De hecho. ha alejado a buena parte de la psicología de las otras ciencias humanas y de-las hurnanídades. Pero. se ha tecnicalizado de tal manera que incluso ha socavado aquel impulso original. y que. puede que se haya visto desviada por el éxito. Algunos críticos sostienen incluso. quizá injustamente. puesto que la ciencia cognitiva se encuentra sin duda entre las acciones más cotizadas de la bolsa académica. la criatura nacida de aquella revolución. Pero lo que voy a contar a continuación no es la típica historia del progreso que avanza siempre hacia adelante'. que se basa en un enfoque más interpretativo del conocimiento cuyo centro de interés es la «construcción de 19 .

Stuart Hughes. Edward Tolman ya 10 había hecho. La revolución cognitiva. venía a exigir prácticamente qU\( la psicología uniera fuerzas con la antropología y la lingüística. la psicología. Basta con que ahora nos fijemos en algunos indicadores del camino. como nunca había sucedido desde los tiempos de Kant. N o era una revol ución contra el conductismo. la teoría literaria. hoy en día encontramos florecientes centros de psicología cultural. Roman Jakobson. El factor clave de este cambio fue la adopción de la computación como metáfora dominante y de la computabilidad como criterio imprescindible de un buen modelo teórico. no los estímulos y las respuestas. de orientación más computacional. y un lingüista. el que en aquellos primeros años el comité asesor del Centro de Estudios Cognitivos de Harvard estuviera compuesto por un filósofo. en realidad. un historiador del pensamiento. la filosofía. investigaciones que recuperan aquello a lo que me he referido como el impulso originario de la revolución cognitiva." Podría escribirse un ensayo absorbente sobre la historia intelectual del último cuarto de siglo intentando averiguar qué sucedió con el impulso originario de la revolución cognitiva.20 Actos de significado El estudio apropíado del hombre 21 significados». Probablemente sea un signo de Jos tiempos el que las dos personas encargadas de pronunciar las Jerusalem-Harvard Lectures del año ~cadémico 1989-90 fuésemos representantes precisamente de esta tradición: el profesor Geertz. más que leyes científicas) a la acción humana. Desde el punto de vista computacional. 3 Tengo la sospecha de que este vigoroso crecimiento es un esfuerzo por recuperar el impulso original de la primera revolución cognitiva. la lingüística. la filosofía y la historia-incluso con la disciplina del Derecho. Paul Freund. para empezar. en el de la psicología. sino el significado. antropología cognitiva e interpretativa. Quine. animada por el propósito de transformarlo en una versión más adecuada que permitiese proseguir con la psicología añadiéndole un poco de mentalismo. y yo mismo. Y por lo que se refiere al Derecho." Era una revolución mucho más profunda que todo eso. antropólogos y lingüistas como psicólogos propiamente dichos (entre. y ahora cada vez con más ímpetu. La información es indiferente con respecto al significado. sino también a ellos mismos' Su meta era instar a la psicología a unir fuerzas con sus disciplinas hermanas de las humanidades y las ciencias sociales. Por ejemplo. W. Uno de ellos. En capítulos posteriores. ni la conducta abierta~ente observable. Se centraba en las actividades simbólicas empleadas por los seres humanos para construir y dar sentido no sólo al mundo. una próspera industria de ámbito mundial que se ocupa. No es sorprendente y. Quizá sea mejor que la redacción de la historia completa quede para los historiadores del pensamiento. sobre todo. Como dijo algunos años después mi colega George Miller: «Colgamos en la puerta nuestro nuevo credo y esperamos a ver qué pasaba. con lentitud. bajosla superficie de la ciencia cognitiva. Creíamos que se trataba de un decidido esfuerzo por instaurar el significado como el concepto fundamental de la psicología. la información comprende un mensaje que ya ha sido previamente codificado en el sistema. tal y como se coacibió originalmente. reconoció que acudía por que le parecía que en el Centro estábamos interesados en cómo afectan las reglas (reglas como las de la gramática. H. cómo llegó a fraccionarse y tecnicalizarse. otros. ni los impulsos biológicos y su transformación. vaya contarles sobre qué creíamos yo y mis amigos que trataba la revolución allá a finales de los años 50. de carácter interpretativo. tan bien. y da la impresión de que en cualquier parte a la que miremos hoy en día. esto es precisamente 10 que ha ocurrido. Estos dos temas son profundamente diferentes."Su meta era descubrir y describir formalmente los significados que los seres humanos creaban a partir de sus encuentros con el mundo. exponentes del nuevo constructivismo como Nelson Goodman). . Todo fue muy bien. con escasos resultados. para luego proponer hipótesis acerca de los procesos de construcción de significado en que se basaban. Este enfoque ha proliferado durante los últimos años en la antropología. algo que sucedió muy temprano fue el cambio de énfasis del «significado H» a la «información». desde luego no fue una casualidad. O que entre los miembros del Centro hubiera casi tantos filósofos. en resumidas cuentas. lingüística cognitiva y. Ciertamente. al principio. en el ámbito de la antropología. intentaré desarrollar este esquema preliminar con algunos ejemplos concretos de investigaciones situadas en las fronteras entre la psicología y sus vecinos de las humanidades y las ciencias sociales. que puede que en última instancia hayamos sido víctimas de nuestro propio éxito». de la filosofía de la mente y del lenguaje. El significado se asigna a los mensajes con antelación. ese es tanibién el objeto de la jurisprudencia. Pero. Y así. los suficientes para que podamos hacernos una idea de cuál era el terreno intelectual sobre el que nos movíamos todos nosotros.' Creo que a estas alturas debería haber quedado totalmente claro que lo que pretendíamos no era «reformar» el conductismo sino sustituirlo. de la construcción del significado al procesamiento de la información. y. V. tengo que decir que varios miembros distinguidos de esa facultad acudían ocasionalmente a nuestros coloquios.

no es sorprendente que se produjese esa acentuación. Estos procesos están' sorprendentemente alejados de 10 que normalmente recibe el nombre de «procesamiento de información». Cuando parece que lo hace. Los procesos cognitivos se equipararon con los programas que podíae ejecutarse en un dispositivo computacional. no tenemos ya más que dar un pequeño pero crucial paso para acabar cr~yendo que las «mentes reales» y sus procesos. y nuestros e~fuerzos por esemprender». ~a psícologfa y las cie~cias sociales en general siempre han sido muy sensibles. a principros de los anos 50. Porque. tendremos más cosas quedecir sobre el significado y los procesos que lo crean. Muy pronto. dadas estas condiciones." Excluye preguntas de formación tan anómala como estas: «¿Cómo está organizado el' mundo en la mente de un fundamentalista islémico?» o «¿En qué se diferencian el concepto del yo de la Grecia homérica y el del mundo postíndustrial?». la computación se convirtió en el modelo de la mente. Su grado de . que ha llevado de la ~e?te y el sig~ificado a los ordenadores y la información. es como un mono en el Museo Británico. Y SIempre ha SIdo una especie de reflejo intelectual de la psicología académica el redefinir al hombre y su mente a la luz de las nuevas necesidades so~iales. Hay otras operaciones que guardan algún parecido con el significado. El sistema que hace todas estas eosas permanece ciego respecto al hecho de si lo que se almacena son sonetos de Shakespeare o cifras de una tabla de números aleatorios. Más adelante. tales como permutar un conjunto de entradas con el fin de contrastar los resultados con un criterio determinado. de acuerdo con sus posibles movimientos. y que efectuaría sus cálculos con un conjunto finito de operaciones bas. y este es el reino de los cielos tecnológico. y no es sorprendente que. De acuerdo con esta disposición. al igual que las «mentes VIrtuales» y los suyos. pongamos por caso. o los mantiene temporalmente en un almacén amortiguador.tante primitivas. un mensaje es informativo si reduce el número de elecciones alternativas. Esto implica la existencia de un código de elecciones posibles establecidas. a las necesidades de la sociedad que las acoge. la memoria o la formac~ón de conceptos. Las categorías de la posibilidad y los ejemplos concretos que comprenden se procesan de acuerdo con la «sintaxis» del sistema. Dado que en el mundo postindustrial se estaba produciendo una Revolució~ Informativa. es decir. mucho más sencilla. podrían «explicarse» de la misma manera? ~ste n~evo reduccionismo proporcionó un programa sorprendentemente hbertano para la ciencia cognitiva que estaba naciendo. la información sólo puede tener algo que ver con el significado en el sentido de un diccionario: el de acceder a la información léxica almacenada siguiendo un sistema codificado de direcciones. combina o compara la información previamente codificada. podía «Imitarse» mediante una Máquina Universal de Turing. eran fructíferos en la medida en que éramos capaces de srmu lar de forma realista la memorización o la conceptualización humanas con un programa de ordenadorf Esta línea de pensamiento se vio enormemente auxiliada ~or la revo~ucionaria idea de Turing de que cualquier prog~~a computa~lOnal. Si adoptamos la costumbre de pensar que esos compleJ~s programas son «mentes virtuales» (por tornar prestada la frase de Daniel Dennet). mucha~ veces hipersensibles. un ordenador adecuadamente programado habría de ser capaz de hacer verdaderos prodigios de procesamiento de información con un conjunto mínimo de operaciones. El procesamiento de información tiene necesidad de planificación previa y reglas precisas. preguntas de este tipo: «¿Cuál es la mejor estrategia para proporcionar información de control a Un operador con el fin de asegurar que mi vehículo se mantenga en una órbita predeterminada?». con independencia de lo complejo que fuera. y en el lugar q. Y favorece. como sucede en el caso de los anagramas o en el juego del Scrabble. la polisemia o las conexiones metafóricas y connotativas. El procesamiento de la información inscribe los mensajes en una dirección determinada de la memoria o los toma de ella siguiendo las instrucciones de una unidad de control central. dando can la solución del problema mediante la aplicación de un~goritmo demoledor o embarcándose en la aventura de aplicar un heurístico arriesgado. los ordenadores y la teoría computacional se habían convertido en la metáfora matriz del procesamiento de la información Dado un número de categorías de significado lo bastante bien formadas dentro de un dominio determinado como para ser la base de un código de operación.u~ ocupaba el concepto de significado se instaló el concepto de computabl~ldad . se haya producido un cambio de interés correlativo.22 Actos de signHicadO El estudio apropiado del hombr9 23 No es el resultado del proceso de computación ni tiene nada que ver con esta última salvo en el sentido arbitrario de asignación. manipulándolos de formas prescritas: enumera. ordena. Según la teoría clásica de la información. en cambio. Un sistema como este no puede hacer nada frente a la vaguedad. Pero el procesamiento de información no puede enfrentarse a nada que vaya más allá de las entradas precisas y arbitrarias que pueden entrar en relaciones específicas estrictamente gobernadas por un programa de operaciones elementales.

Al principio. sino por su vitola subjetiva)? En estos sistemas no había sitio para la «mente» (emente» en el sentldó de estados intencionales como creer. comenzaron a resur-' gir nuevas versiones de antiguas controversias ya clásicas y familiares. de la funcionalidad de una teoría en la nueva ciencia. modelos muy parecidos a la antigua doctrina asociacionista pero a la que se habría sustraído la síntesis creativa de Herbart. aunque los vehículos que lo recoman eran mucho más veloces y gozaban de un número de caballos de potencia formalista. Por ejemplo. como las de la gramática. Quizá.24 Aetos de significado El estudio apropiado del hombre 25 permisividad era tan elevado que incluso los antiguos teóricos del aprendizaje E-R y los investigadores asociacionistas de la memoria pudieron volver al redil de la revolución cognitiva. que pueda igualar el celo antimentalista de From Folk Psychology to Cognitive Science [De la psicología popular a la ciencia cognitivaJ de Stephen Srích. A su debido tiempo. identificables no por sus características programáticas en un sistema computacional. ¿cuál sería el status de los estados roen. en tanto que el refuerzo se veía lavado de su tinte afectivo convirtiéndose en un elemento de control que retroalimentaba al sistema. había «mente». Con la mente equiparada a un programa. como reza el dicho anglosajón. en la medida en que envolvieron sus viejos conceptos con el ropaje proporcionado por los nuevos términos del procesamiento de la información. ni siquiera en el apogeo de los primeros tiempos del conductismo. o no era más que una manera en que la gente hablaba sobre la conducta después. pero ¿cómo podrían una creencia un deseo o una actitud ser causa de alto en el mundo físico. No tardó mucho en alzarse la voz que pedía la erradicación de estos estados intencionales dentro de la nueva ciencia. Y probablemente no hay ningún libro publicado. debería concebirse como una red conexionista organizada de abajo a arriba cuyo control se encuentra completamente distribuido. que simplemente necesitaba un grado mayor de análisis lingüístico. La primera opción simulaba la tradición psicológica racionalista-mentalista o de arriba a abajo. es decir. No había ninguna necesidad de trapichear con los procesos «mentales» o con el significado. esta especie de retruécano de la mente no pareció provocar el tradicional pánico antimentalista entre unos conductistas aparentemente conversos. mediante las cuales se acepta.U Paul Churchland' . «gramáticas» y cosas por el estilo. descubriríamos que no necesitamos esas nociones tan imprecisas. Pero todos estos intentos se reducían. la psicología popular parece describir cómo suceden realmente las cosas. en el mundo de la compuractonf!' La mente. haciéndole llegar información sobre el resultado de las operaciones efectuadas. la cuestión es que esto era algo que había que explicar. pretender. se rechaza o se combina la entrada de información. la segunda ela una nueva versión de aquellas posturas de las que Gordon Allport se mofaba en sus charlas tachándolas de «empirismo baldío». mucho mayor. siendo la computacion la metáfora de la nueva ciencia cognitiva y la computabilidad el criterio necesario. yendo y viniendo (on toda facilidad entre las mentes «reales» y las «virtuales». más bien. aunque no suficiente. como decía Churchland. sin embargo. desear. con-la oreja de un cerdo se"podía o no hacer un bolso de seda. o a seguir la corriente a los mentalistas o a intentar engatusarlos. como en los modelos PDP (Procesamiento Distribuido en Paralelo). Los de la Costa Oeste no querían tener nada que ver con este mentalismo simulado. o si. El computacionalismo de la Costa Este de Estados Unidos trabajaba con términos mentalistas. captar un significado). A quienes se atrevían a formular la pregunta se les aseguraba que el tiempo diría si. . admitió a regañadientes que. otra salida del sistema). En la medida en que hubiese un programa computable. como «reglas». más adelante. en cuyo caso era una conducta más.!! Ciertamente no faltaron esfuerzos diplomáticos para hacer las paces entre los viejos y quisquillosos cognitivistas de corte mentalista y los flamantes antimentalistas. en cuyo caso no podía ser causa de nada. tales (estados mentales a la vieja usanza. El lugar de los estímulos y las respuestas estaba ocupado ahora por la entrada (input) y la salida (output). Dennett propuso que lo que había que hacer era simplemente actuar como si la gente tuviera estados intencionales que les hicieran comportarse de determinadas maneras. especialmente en relación con las discusiones sobre la denominada «arquitectura del conocimiento»: el problema de si esta debe ser concebida como un conjunto de estructuras de reglas jerárquicamente organizadas. lO Era inevitable que. aunque era un problema interesante el por qué la gente se aferra a ese mentalismo erróneo y simple. de haber ocurrido (es decir. El campo de batalla no tardó mucho en empezar a presentar un aire cada vez más tradicional y familiar. en sentido subjetivo. se produjese un resurgimiento del antiguo malestar respecto al mentalismo. era o un epi fenómeno que surgía del sistema computacional bajo determinadas condiciones. y no algo que había que dar por supuesto. Pero el hecho de si sus maniobras tenían algo que ver con' la mente o sólo con la teoría de la computación siguió siendo una cuestión que ambas partes consideraban infinitamente posponible.

lA es la pudorosa abreviatura de Inseminación Artificial). se muestra aún cautelosa respecto al concep. deseos o compromisos morales -a menos que sea puramente estipulativa en el sentido de Dennett. o el antropólogo Clifford Geertz. en general.t 5 No faltaron arrojados guerrilleros que se rebelaron contra el nuevo antiintencionalismo.es considerada por los científicos cognitivos bienpensantes como algo que hay que evitar a toda costa. No cabe ninguna duda de que la ciencia cognitiva ha contribuido a nuestra comprensión de cómo se hace circular la infonnación y cómo se procesa. Si la direccionalidad está gobernada por los resultados de computar la utilidad de resultados altemativos. como los filósofos John Searle y Charles Taylor. La forma abreviada podría ser la reducción que prescribe la ley de Zipf según la cual el tamaño de una palabra o una expresión es inversamente proporcional a su frecuencía -c-como en el caso de «televisión» que acaba por abreviarse en «TV»--. ambos. Pero la ciencia cognitiva. no voy a dejar de hacer mención del natívismo de Jq:ry Fodor: la mente también podría ser un subproducto de procesos innatos incorporados en el sistema. en versión íntegr~. o el psicólogo Kenneth Gergen. al menos por nosotros.26 Actos d!t significado El estudio apropiado del hombre 27 y. los psicólogos. lo cual indicaría que la abreviatura «(IA)>> es una forma de celebrar una ubicuidad y difusión de mercado similares en ambos productos. de forma individualista) por la disposición innata y específica del hombre para el lenguaje. cómo los hacían suyos.de un ataque parecido al concepto de agentívidad. Incluso nos sentíamos interesados (una vez más. De manera que. vamos a volver a la cuestión de có~o puede construirse una ciencia de lo mental en tomo al concepto de significado y los procesos mediante los cuales se crean y se negocian los significados dentro de una comunidad 11 Comencemos por el concepto mismo de cultura.' Pero con pocas excepciones. Los científicos cognitivos. incluso a la mente misma. merecidos.ro de agentividad. 'Pero. dicho sea de paso. Porque la «agentívidad» supone la conducta de la acción bajo el dominio de estados intencionales. no tienen nada que objetar a la idea de que la conducta está dirigida. Constituían un tipo muy especial de juego de herramientas comunal. He notado que. en su nueva modalidad. Lo que era obvio desde el primer momento era quizá demasiado obvio para ser apreciado en su totalidad. Es algo así como el libre albedrío para los deterministas. la abreviatura puede ser un signo de vergüenza: ya sea porque hay un aura de obscenidad en el hecho de artificializar algo tan natural como la inteligencia (en Irlanda. e incluso ha llegado a oscurecerlos un poco. a pesar de la hospitalidad que exhibe hacia la conducta dirigida a metas. no prestamos . cuando un científico cognitivo ortodoxo utiliza la expresión «Inteligencia Artificial» (aunque sea sólo una vez). si considera- mos que esta no es más que otro artefacto. que tenemos el hábito y la tradición de pensar desde-. ésta resulta perfectamente admisible y. Los psicólogos nos concentrábamos en estudiar cómo «adquirían» los individuos estos sistemas. cuyos utensilios. yri artefacto que responde a las leyes de la computación. hacían del usuario un reflejo de la comunidad. de hecho. El orgullo de la ley de Zipf y la vergüenza del ocultamiento son.!'' Me doy perfecta cuenta de que posiblemente estoy dando una imagen exagerada de 10 que sucedió con la revolución cognitiva cuando se vio subordinada al ideal de la computabilidad en el edificio de la ciencii cognitiva. pero sus puntos de vista fueron marginados por el grupo mayoritario de científicos adscritos al computacionalismo.!" El renovado ataque a los estados mentales y la intencionalidad venía acompañado. Como tampoco le puede caber duda alguna a nadie que se lo piense detenidamente de que en su mayor parte ha dejado sin explicar precisamente los problemas fundamentales que inspiraron originalmente la revolución cognitiva. especialmente su papel constitutivo. por supuesto. actualmente. más o menos igual que podríamos preguntamos cómo adquirían los organismos en general sus adaptaciones especializadas al entorno natural. constituye incluso la pieza maestra de la «seoría de la elección racional».rLos sistemas simbólicos que los individuos utilizaban al construir el significado eran sistemas que estaban ya en su sitio. Me parece que este acto de abreviación puede indicar dos cosas. podría parecer un oxímoron (la viveza de la inteligencia unida a la languídez de la artificialidad).la acción basada en creencias. en cuyo caso sería un efecto más que una cau- sa. Por eso.. por otra yarte. incluso dirigida a metas. que estaban ya «allí». entre las que hay que destacar a Vygotsky. Lo que proclaman con orgullo las iniciales lA es que son aplicables a todos los artefactos mentaloídes.pun~s de vista más bien individualistas. o porque lA es una forma de abreviar una expresión que. profundamente arraigados en el lenguaje y la cultura. una vez utilizados. casi siempre añade en mayúsculas las iniciales IA entre paréntesis: «(IA)>>.

'los significados no le sirven de nada a menos que consiga compartirlos con los demás: Incluso fenómenos aparentemente tan privados como los «secretos» (que también son en sí mismos una categoría cultural mente definida).. una vez revelados. una teoría de la motivación. ya no podía hablarse de una mente «natural» que se limitaba a adquirir el lenguaje como un accesorio. Consta de una teoría de la mente. O. Una vez cruzada la línea divisoria. debe ser públicamente accesible. cada uno actuando a su manera. La participación del hombre en la cultura y la realización de sus potencialidades mentales a través de la cultura hacen que sea imposible construir la psicología humana basándonos sólo en el indivíduo.J? La segunda razón es consecuencia de lo que acabamos de decir. «no existe una . formas típicas de hacer público el significado relegitimando de esta forma lo que pretendemos. Esto no nos conduce a un mayor ¿bjetividad en la psicología.18 Estas conclusiones son actualmente banales en la antropología. y todo lo demás. adaptada culturalmente. Nuestra forma de vida. causas y consecuencias de aquellos. ~rado . No se trataba sólo del aumento de tamaño y potencia de nuestro cerebro. la cultura se había convertido en el mundo al que teníamos que adaptamos y en el juego de herramientas que nos permitía hacerlo. Clyde Kluckhohn. que nos completamos o terminamos a través de la cultura». son expresión de la cultura.) La psicología popular. La primera es una cuestión metodológica de hondo calado: el argumento constitutivo.. cuando los significados que pretenden nuestros actos resultan oscuros. Como producto de la historia más que de la naturaleza. por «densa» que llegue a ser.é" Por ambiguo o polisémico que sea nuestro discurso. o la cultura caerá en la desorganización y sus miembros individuales con ella. el niño no entra en la vida de su grupo mediante la ejercitación privada y autista de procesos primarios. el significado se hace público y compartido. los seres humanos no terminan en su propia piel. depende de significados y concepros compartidos. Es decir. animales incompletos. nunca se ve sustituida por paradigmas científicos. pero no en la psicología! Hay tres buenas razones para mencionarlas ahora. y.. por citar de nuevo a Geertz. supone perder de vista cómo se forman los individuos y cómo funcionan. Y ello se debe a que la psicología popular se ocupa de la naturaleza. exactamente igual de estructurados que cuestiones admitidas abiertamente. Como diceClifford Geertz. a la que está dedicada el segundo capítulo de este libro. y no menos convincente/Dado que la psicología se encuentra tan inmersa en la cultura. sin terminar. «etnofarmacologfa» y esas otras disciplinas indígenas que terminan por ser desplazadas por el conocimiento científico. naturaleza humana independiente de la culturae. la propia y la de los demás. Pero la psicología popular. ni de la bipedestación y la liberación de las manos. debe estar organizada en torno a esos procesos de construcción y utilización del significado que conectan al hombre con la cultura. Existen incluso procedimientos normalizados para «presentar excusas» por nuestra excepcionalidad.28 Actos de significado El estudio apropiado del hombre 29 atención al impacto que la utilización del lenguaje tenía sobre la naturaleza del hombre como especie. de la cultura bumanaj Sl Rubicón de la evolucion humana se cruzó cuando la cultura se convirtió en el factor principal a la hora de conformar las mentes de quienes vivían bajo su férula. Estos no eran más que pasos morfológicos de la evolución que no habrían tenido demasiada importancia si no fuera por la aparición simultánea de sistemas simbélicos compartidos. en este proceso. sino como participante en un proceso público más amplio en el que se negocian significados públicos. La interpretación. de formas tradicionales de vivir y trabajar juntos. Debería llamarla «etnopsicología» por el paralelismo terminológico con expresiones como «etnobotémca».Xomo mi colega de hace tantos años.. al principio mismo de nuestra exposición. Ni podía hablarse de la cultura como afinadora o moduladora de las necesidades biológicas.· es exactamente todo lo contrario. Considerar el mundo como un flujo indiferente de información que es procesada por individuos. vivimos públicamente mediante significados públicos y mediante procedimientos de interpretación y negociación compartidos. L~ tercera razón por la que la cultura ha de ser un concepto fundamental de la psicología radica en el poder de lo que voy a denominar Folk psychology (epsicoíogía popular». Como intentaré describir en el capítulo tercero. aunque cambie. y depende también de formas de discurso compartidas que sirven para negociar las diferencias de significado e interpretación. sin el papel constitutivo de la cultura somos «monstruosidades imposibles. decía con insistencia. En virtud de nuestra participación en fa cultura. seguimos siendo capaces de llevar nuestros significados al dominio público y negociarlos en él. resultan ser públicamente interpretables e incluso banales. es la explicación que da la cultura de qué es lo que hace que los seres humanos funcionen.!" Tardamos mucho en damos cuenta plenamente de lo que la aparición de la cultura significaba para la adaptación y el funcionamiento del ser humano. en una palabra.

como es reflejo de la cultura. la psicología científica forma parte de ese mismo proceso cultural. Los psicólogos nacimos en el positivismo y no nos gustan fas nociones relativas a estados intencionales. Es a través de la psicología popular como Ia g~nt: se anticipa y juzga mutuamente. Nos e~perimentamos a nosotros mismos y a los demás mediante categorías de la: psicología popular. El primero tiene que ver con la restricción y depuración de los estados subjetivos. deseos y compromisos. La psicología popular no es inmutable. las instituciones educativas.30 Actos de significado estados intencionales -c-creencias. Y. porque las instituciones culturales orientadas normativamente ~Ias ley-es.21 De manera que la psicología popular sigue dominando las transacciones de la vida cotidiana. «cuestiones fundamentales» de la psicología científica. Al fin y al cabo. También se oCUJ>a de lo que la gente dice que han hecho los otros y por qué. mas más adelante. no son ver- . Desde el rechazo de la introspección canto método fundamental de la psicología. no tanto como datos de la psicología. a su vez. como quien suelta lastre. que son. tiene que hacerlo así. Marx y Freud se van transformando gradualmente y terminan por ser absorbidos por la psicología popular. por encima de todo. y su postura hacia la psicología popular tiene consecuencias para la cultura en que existe. De hecho. las estructuras familiares-e. Pero esta es una historia de la que nos ocupare-. sirve para justificar esa inculcación. se ocupa de cómo dice la gente que es su mundo. participa tanto en la manera que la cultura tiene de valorar las cosas como en su manera de conocerlas. hemos aprendido a considerar que esos «relatos verbales» no son de fiar. ya que el operacionalismo nos permite aceptarlos. en feliz expresión. tinuación. sino también en lo que dicen que hacen. y estoy pasando atropelladamente sobre los reparos que suelen hacer que los científicos de la conducta eludan una psicología centrada en el significado. El otro reparo se refiere al relativismo y el papel de los universales. incluso que. el deseo o las intenciones. por ejemplo. "Y. Y. Una psicología basada en la cultura suena corno si inevitablemente tuviera que atascarse en el cenagal del relativismo precisando una teoría psicológica distinta para cada cultura que estudiemos.sirven para inculcar la psicología popular. Una psicología sensible a la cultura (especialmente si otorga un papel fundamental a la psicología popular como factor mediador) está 'y debe estar basada no sólo en lo que hace I¡l gente. como explicaciones. Su poder sobre el funcionamiento mental del hombre y la vida humana radica en que proporcicea el medio mismo mediante el cual la cultura conforma a los seres humanos de acuerdo con sus requerimientos. compromisos-e despreciados por el grueso de la psicología científica en su esfuerzo por explicar la acción del hombre desde un punto de vista que esté fuera de la subjetividad humana. y en lo que dicen que los llevó a hacer lo que hicieron. tales como la creencia. «el punto de vista de ninguna parte». Y aunque experimente cambios. La idea de desprendernos de ella. intenciones. En mi opinión. Estos reparos se refieren fundamentalmente a dos cuestiones. la psicología popular. III Pero estoy yendo demasiado lejos y demasiado rápido. lo que Thomas Nagel denominaba. extrae conclusiones sobre si su vida merece o no la pena. etc. sino como conceptos explicativos. ambas. como «respuestas discriminativas». y digo esto para dejar claro que (como veremos en el último capítulo) tía psicología cultural resulta a menudo indistinguible de la historia cultural. orientada culruralmente. ciertamente. La furia antimentalista contra la psicología popular sencillamente yerra el blanco. cuestión esta de la que vamos a ocuparnos a con. Sospecho que se trata de los mismos reparos que facilitaron el que la Revolución Cognitiva eludiese algunas de sus metas originales. Merece la pena plantearse la pregunta de cómo los puntos de vista de héroes intelectuales como Darwin. lo que acabo de decir acerca del papel mediador del significado y de la cultura y su encarnación en la psicología popular parece cometer el «pecado» de elevar la subjetividad a un status explicativo. se resiste a ser domesticada y pasar al ámbito de la objetividad. Voy a ocuparme de cada uno de estos dos reparos por tumo. buena parte de la desconfianza que provoca el subjetivismo de nuestros conceptos explicativos tiene gue ver con la supuesta discrepancia que existe entre lo que las personas dicen y lo que hacen de verdad. de alguna extraña manera filosófica. Varía al tiempo que cambian las respuestas que la cultura da al mundo y a las personas que se encuentran en él. etc. Porque se encuentra enraizada en un lenguaje y una estructura conceptual compartida que están impregnados de estados conceptuales: de creeencias. Ciertamente. en aras de liberarnos de los estados mentales en nuestras explicaciones cotidianas de la conducta humana equivale a tirar a la basura los fenómenos mismos que la psicología necesita explicar. deseos.

para ser conocida.~ Y si fu~sen necesanas pruebas aún más contundentes de esta generalización. siente. entonces. y sobre su mundo. Todo ello a pesar del hecho de que. El fenómeno se da en las dos direcciones. una formación que. en cuanto a nuestro Yo. cree o experimenta.erirestra psicología popular es tan atraetivamente rica en categorías tales como «hipocresía». o ~ue e~to último sólo es importante por lo que pueda revelarnos sobre lo pnmero. no sólo en el nivel del diálogo informal sino también en el nivel de un diálogo formal privilegiado como. Incluso Freud con su devoción ocasional a la Idea de «realidad psíquica». Es como si el psicólogo quisiera lavarse totalmente las manos res~cto a los estados mentales y su organización. que es una forma verbal de explicar que su conducta está exenta de culpa y. de legitimarla.s O quizá lo consideramos como un mero «síntoma» que. cuando alguien actúa de una manera ofensiva. con las conductas de matrimonio. adecuadamente interpretado. puede que alguien intente incluso convencerla para que vaya a un psiquiatra. en función casi exclusivamente de si predice o proporciona una explicación verificable de lo que hace. forma parte de nuestra herencía de modernos hombres y mujeres postfreudianos el oponer una mueca de desdén a 10 que dice la gente. O quizá esa persona puede intentar persuadirnos de que no hay razón para que nos disgustemos por su acción «presentándonos excusas». mediante una terapia oral. ha hecho o hará. por Cierto. por consiguiente. inclu~da la «bu~na 'pSICOlogía». al fin y al cabo. Si no es así. ha de ser excavada arqueológicamente con las herramientas del psicoanálisis. Y. como muestran Lee Ross y Richard Nisbett en sus minuciosos estudios. podrían ~ncontr~se en el trabajo de Amos Tversky y Daniel Kahneman que. Y siJ~ persona nos dice que lo ha hecho sin querer. Es curioso que haya tan pocos estudios que vayan en la dirección opuesta: ver cómo lo Que uno hace Jevela lo que piensa. Lo sabemos todo sobre la defensa del yo y la racionalización. Esta acentuación sesgada de la psicología científica ciertamente no deja de ser curiosa a la luz de nuestras formas cotidianas de enfrentarnos a la relación entre decir y hacer. tratamos 10 que se ha dicho como «nada más que eITOr e ilusíon. ya que. es obvio que la gente no es capaz de describir correctamente ni la base de sus elecciones ni los ses~os que afectan a la distribución de esas eleccion~s. «decir» es algo que versa sólo sobre lo que uno piensa. es decir. Citan como antecedente de su trabajo un conocido-libro de Bruner. Esta es que lo que la gente hace es más importante. amistad y compañerismo. o sobre los demás y sus mundos respectivos. parentesco. o de lo que son capaces de presuponer acerca de lo que el otro habría dicho en un contexto determinado} Todo esto es obvio. Nuestra preocupación por los criterios verificaci?nistas del significado como ha señalado Richard Rorty. El significado de la palabra se encuentra poderosamente determinado por el tren de acción en que ocurre (ejsonrfa al h\blar!»). intentará enderezar su conducta. Lo mismo sucede. los diálogos codificados del sistema legal. lo primero que hacemos para enfrentarnos a esta situación es averiguar si lo que parece que ha hecho es lo que pretendía hacer realmente. más «real». Eso no es más que contenido manifiesto. Goodnow y Austin. exactamente igual que el significado de la acción sólo puede interpretarse en función de lo que los actores dicen quepreten- . alimentó esta actitud mental. Cuando una persona insiste en mostrarse ofensiva hacia un número suficientemente grande de gente. O. intentamos enterarnos de si su estado mental (tal y como se pone de manifiesto por lo que nos dice) está o no de acuerdo con sus obras (tal y como se ponen de manifiesto en lo que ha hecho). que. como tan agudamente dice Paul Ricoeur Freud se adhería a veces a un modelo fisicalista del siglo XIX que fruncía el ceño ante explicaciones que diesen cabida ~ estados inten'cionales. en términos más contemporáneos. . la exoneramos de culpa. nos llevará a la verdadera «causa» de la conducta cuya predicción era nuestro legítitr. Las causas reales puede que ni siquiera sean accesibles a nuestra conciencia corriente.P Por consiguiente. como si afirmásemos que. juzgamos lo que la gente dice s. En cambio. «insinceridad». si el acto ofensivo fue a propósito. y otras por el estilo.22 Por consiguiente.dio apropiado del hombre 33 dad. podemos intentar «razonar con ella». es decir. Las leyes contractuales versan enteramente sobre la relación entre lo que se hace y lo que se dijo. siente o cree. No cabe duda de que el significado que los participantes en una interacción cotidiana atribuyen a la mayor parte de los actos depende de lo que se dicen mutuamente antes. nos ha convertido en devotos d~ la pr~icción como criterio de la «buena» ciencia. durante o después de actuar. 25 La acusación de que «lo que la gente dice no es necesariamente lo que hace» lleva consigo una curiosa implicación. sabemos que es un síntoma de compromiso que ~uaja a partir de la interacción entre la inhibición y la ansiedad. en un nivel menos formal.1O objetiv? . «hablarle para que 'deje de comportarse de esa manera».obre SIID1Sm~. que lo que dice. con ferocidad filosófica «humeana». Para empezar. por ejemplo.32 Actos de significadO El estu.

mala psicología y un derecho quiméricor 'Decir y hacer constituyen una unidad funcionalmente inseparable -en una psicología orientada culturalmentel Cuando. nuestro sistema reproductor biológico no es la «causa» que.34 Actos de significado El estudio apropiado del hombm 3& den lCdecir «lo siento» al empujar accidentalmente a alguien). El sustrato biológico. Es decir. hacer y las circunstancias. ni trata lo que dicen sólo como si fueran indicios predictivos de su conducta visible. Se daba por supuesto que las causas de la conducta humana radicaban en ese sustrato biológico. que la relación entre lo que se hace y lo que se dice es. los denominados «universales de la naturaleza humana». Esto es lo que hace que la interpretación y el significado sean fundamentales en la psicología cultural. IV He propugnado que la psicología deje de intentar «liberarse del significado» en su sistema de explicación. De la misma manera que el motor no es la «causa» por la que vamos en coche al supermercado para hacer la compra del fin de semana. Al fin y al cabo. procedimientos de negociación para desandar el camino cuando esas relaciones canónicas son violadas. Admitiendo. nuestro mismo grupo étnico. En cambio. muere por ellos. que es su equivalente intencional. que hace referencia a la relación entre biología y cultura. heredada del siglo XIX por las ciencias humanas. no es una causa de la acción sino. en el proceder nonnal de la vida. y. más concretamente. esta reflexión resultará crucial. Las limitaciones de origen biológico que operan . se acaba de cumplir un cuarto de siglo desde la publicación de la teoría de los actos de habla de John Austin. tampoco habría matrimonios en ausencia de un sistema reproductor.' Se ha dicho que la psicología debe «liberarse de la cultura» si aspira a descubrir algún día un conjunto de universales humanos trascendentales. casi infaliblemente. . sin embargo. o en cualquier psicología o ciencia de lo mental. se preocupa de la acción situada (situada en un escenario cultural y en 19s estados intencionales mutuamente interactuantes de los participantes):' Lo que no. por supuesto. hace que nos casemos con alguien de nuestra propia clase social. nos condena a la elasticidad acomodaticia del relativismo. interpretable. si a eso vamos. y esas relaciones gobiernan cómo conducimos nuestras vidas unos con otros. Ni. como mucho.aun cuando esos universales estén acotados por precisiones relativas a variaciones «transculturalee-P? Voy a sugerir una manera de concebir los uni-> versales humanos que es coherente con la psicología cultural y que.Esta psicología adopta la postura de que existe una congruencia públicamente interpretable entre decir. elude tanto las indeterminaciones del relativismo como las trivialidades de la psicología transculruralz La psicología cultural no puede reducirse a una psicología transcultural que proporcione unos cuantos parámetros que permitan explicar la aparición de variaciones locales en las leyes universales de la conducta. en que ocurren lo que s~ dice y lo que se hace. más bien. no se puede preocupar de la «conducta» sino de la «acción». una restricción o una condición de ella.signiflca que la psicología cultural tenga que prescindir definitivamente de los experimentos de laboratorio o de la búsqueda de los universales hunianos. la cultura vendría a ser una especie de «capa superpuesta» sobre la naturaleza humana. casi por definición. en el siguiente capítulo. mala antropología. entremos a discutir algunas de las «máximas operativas» de la psicología popular. De acuerdo con esta idea. La solución del problema de los universales radica en denunciar una falacia. 26 La única respuesta posible a aquellos que quieren concentrarse en si lo que la gente dice sirve o no para pretlecir lo que va a hacer es que separar ambas cosas de esa manera es hacer mala filosofía. lo que yo me propongo sostener es que las verdaderas causas de la acción humana son la cultura y la búsqueda del significado dentro de la cultura. Pero la palabra «restricción» es una manera demasiado negativa de abordar la cuestión. El supuesto fundamental de este tipo de psicología es. además. como vamos a ver ahora mismo. que sin el motor no podríamos desplazarnos en coche hasta el supermercado y que. La gente consagra su vida a su búsqueda y realización. cuestión de la que nos vamos a ocupar a continuación. existen setacíones canónicas establecidas por mutuo acuerdo entre el significado de lo que decimos y lo que hacemos en determinadas circunstancias. etc. Existen. 'La psicología cultural. r La psicología orientada culturalmente ni desprecia lo que la gente dice sobre sus estados mentales. Las personas y las culturas que son su objeto de estudio están gobernadas por significados y valores compartidos.y bastante anticuada. que estaría determinada biológicamente. quizá. ampliamente difundida.

Nuestras vidas. reconvirtiendo la información mediante esos sistemas de codificación. el famoso «número siete más o menos dos» de George Miller. los «límites naturales» del funcionamiento humano. estábamos capacitados para enfrentarnos a siete «porciones» variables [chunks] de información en lugar de a siete «unidades» mínimas [bits]. llegando a sufrir por ello si es necesano. para que esto no parezca el prefacio a una nueva forma de optimismo sobre el género humano y su futuro. Todavía es costumbre. de la cuestión del relativismo. como dice él. también hay limitaciones que afectan al compromiso con una forma de vida que son más biológicas que culturales. 28 Pero los seres humanos hemos construido dispositivos simbólicos para superar esta limitación: sistemas de codificación como los números octales. en perpetuo cambio. de acuerdo con la cual run determinado modo de vida merece nuestro apoyo. Mientras tanto. me voy a permitir decir algo más antes de pasar a ocuparme. el dolor no siempre triunfa. yeso fue 10 que la convirtió en el momento más tenebroso de la historia humana. Nuestros deseos y las acciones que realizamos en su nombre están mediados por medios simbólicos. Pero el compromiso de los judíos devotos de ayunar durante el Yom Kippur. deshumanizar tanto como para matar.38 Actos de significado El estudio apropiado del hombre :n sobre el funcionamiento humano son también retos a la invención cultuTal. Es un mérito que hay que atribuir a Wilhelm Dilthey y su Geisteswissenschaft. aunque nunca a esa escala y con tal nivel de burocratización. que no puede definirse como no sea mediante un sistema de notación basado culturalmente. a pesar de su penetrante olfato para la insensatez humana. Pero nunca se había producido un esfuerzo concertado comparable con el fin de deshumanizar mediante el sufrimiento. aun cuando nos resulte difícil vivir de acuerdo con él. La espantosa bestialización del holocausto con sus campos de la muerte estaba planificada para. un compromiso no es simplemente una preferencia. Ni el compromiso cultural de consumir ciertas comidas o comer en determinadas ocasiones puede reducirse a un proceso de «conversión» de impulsos biológicos en preferencias psicológicas. existe una limitación biológica que afecta a la memoria inmediata. cayó a menudo en esta trampa. el dolor y la humillación intolerable. Hasta Freud. como veremos en el Capítulo 4. se entregan a encontrar la mayor realización posible dentro de esas formas de vida.P El dolor reduce la conciencia humana hasta el punto de que. el que reconociese el poder de la cultura para formar y guiar a una especie nueva. Elaine Scarry señala en su emocionante libro The body in pain que el poder del dolor (como en los casos de tortura) reside en que destruye nuestra conexión con el mundo personal y cultural. borrando el contexto significativo que da sentido a nuestras esperanzas y anhelos. La biología pone límites. procedimientos mnemotécnicos o trucos lingüísticos. hemos conseguido soltar las amarras originales establecidas por la denominada biología de la memoria. pero no por -srempre jamás.en su último y espléndido libro. ya sea en forma de instintos. en tanto que la biología es la que impone' limitaciones. la cultura humana no es necesariamente benigna ni se caracteriza por su extrema maleabilidad en respuesta a los problemas. la enfermedad y el dolor pueden quebrar nuestras conexiones o truncar su crecimiento. e incluso redefinir. Y aun así. echar laculpa de los fracasos de la cultura humana a la «naturaleza humana». tanto las tangibles como las inmateriales. de pecado original o de cualquier otra cosa. A pesar de toda la creatividad de su inventiva. Los hombres se habían matado antes. como hemos visto. como he prometido. el hambre. como bien saben los torturadores. tan poderosos son los vínculos que nos unen a esos significados que dan sentido a la vida. El agotamiento físico. Por ejemplo. a la manera de las antiguas tradiciones. pero que. Nuestro conocimiento. O fijémonos en los denominados «motivos humanos naturales». la cultura tiene incluso el poder de ablandar esas limitaciones.é'' Yo deseo alinearme con sus aspiraciones. su ciencia del hombre basada en la cultura. o el de los musulmanes creyentes de respetar el Ramadán. por consiguiente. Pero. el hombre se convierte prácticamente en una bestia. Es una creencia. una «ontología». Recuérdese que la idea más importante que defendía Miller en aquel artículo que marcó un hito era que. Las herramientas humanas son precisamente de este género. como seres humanos dotados de cultura. ~ que quiero demostrar en este libro es que son la cultura y la búsqueda del significado las que constituyen la mano moldeadora. Obviamente. Sería del género tonto negar que a la gente le entra hambre o se excita sexualmente. Como dice Charles Taylor . se convierte en conocimiento aculturado. . Las herramientas de cualquier cultura pueden describirse como un conjunto de prótesis mediante las cuales los seres humanos pueden superar. Y el tabú del incesto posee un poder y una capacidad prescriptiva que no se encuentran en las gonadotropínas. o que hay un sustrato biológico sobre el que se asientan esos estados. escapa totalmente a cualquier disertación sobre la fisiología del hambre. Sources of the Self.

externo a nosotros mismos.38 Actos de significado B estudio apropiado del hombre 39 sobre todo en su doctrina del instinto.s interacciones humanas. Rorty cita una definición de William James.'. 'moralidad' y otros objetos semejantes de la teorización filosófica». y si las mentes hacen esos juicios de valor. Nuestras conclusiones están «allá afuera». Ciertamente.no equivalen a verdades o falsedades absolutas. la «realidad» es el resultado de prolongados e intl1ncados procesos de construcción y negociación profundamente implantados en la cultura. aun en ausencia de limitaciones biológicas. Como ejemplo de esta idea. Lo cual no quiere decir que las formas comunales de vida sean fáciles de cambiar. con la consiguiente erosión de nuestro sentido de la identidad y la compasión? Invocar a diablos biológicos o a «Pedro Botero» es eludir nuestra responsabilidad por algo que hemos creado nosotros mismos. la agresiva burocratización de la vida que se produce en nuestros días. 'conocimiento'. Expresado de esta manera. Haríamos mejor en cuestionar nuestra capacidad de construcción y reconstrucción de formas comunales de vida que invocar las deficiencias del genoma humano. Rorty añade que «lo que quiere decir es que no sirve de nada que nos digan que la verdad es 'correspondencia con la realidad' .} .33 Según él.A pesar de nuestro poder para construir culturas simbólicas y establecer las fuerzas institucionales necesarias para su ejecución. no parece que seamos muy expertos en enderezar el rumbo de nuestras creaciones hacia las metas que manifestamos desear.no es «más que antiesencialismo ' aplicado a nociones como 'verdad'. el pragmatismo -y el punto de vista que he presentado cae dentro de esta categoría. ¿no nos vemos abocados a quedar encerrados en un relativismo sin escapatoria posible? Sería mejor que examinásemos lo que esto puede significar. como si dijéramos. Es lo que los especialistas en derecho llaman «el aspecto interpretativo» o. Carol Feldman ha llegado a sugerir un posible universal humano cuya tesis principal es que dotamos a las conclusiones de nuestros cálculos cognitivos de un estatus ontológico espe- cial.V Nuestros pensamientos están. aumpíng. del r. Según Richard Rorty. no sobre nuestras limitaciones biológicas sino sobre nuestra inventiva cultural. la realidad es una construcción'P! La mayoría de los intelectuales optaría hoy en día por alguna postura medianamente perspectivista. una huida del «significado autoritario». Pero muy pocos están en condiciones de abandonar completamente la noción de que existe una realidad aborigen singular. y nunca le ha costado demasiado trabajo encontrar ejemplos de este universal. Lo mejor a que podemos aspirar es a ser conscientes de nuestra propia perspectiva y de las de 10s demás cuando decimos que algo es «correcto» o «incorrecto». se trata sólo de dirigir nuestra atención al lugar adecuado. con el fin tanto de ganar un mercado nuevo como de mantener los precios en el propio. ¿Son las consecuencias de practicar este constructivismo y de reconocer que lo hacemos tan espantosas como se las hace aparecer? ¿De verdad nos lleva esta práctica a un relativismo del tipo «todo vale»(Lll tesis básica del constructivismo es simplemente que el conocimiento es «correcto» o «incorrecto» dependiendo de la perspectiva que hayamos decidido lomar. que se utiliza para referirse a la práctica comercial de inundar el mercado. como decía Nelson Goodman. Lo que debe preocuparnos en primer lugar es el lado epistemológico del relativismo más que el evaluativo. de acuerdo con la cual «verdadero» es «lo que es bueno en materia de creencias». en su exploración de las consecuencias del pragmatismo. pongamos por caso.. ¿Podemos realmente invocar nuestra herencia biológica para justificar. Los aciertos y los errores de este tipo <-con independencia de lo bien que podamos verificarlos. en la mayor parte de Ia. {N. A favor de James. principalmente en un país extranjero.. Sin embargo. uno puede emparejar fragmentos de lo que cree que es el mundo de tal manera que las oraciones en las que uno cree tengan estruc- * Carol Fe1dman recurre a un término mercantil. con productos vendidos a bajo precio. 'lenguaje.. corno dijo uno de ellos. el interpretativismo forma parte de un movimiento profundo y lento cuyo objetivo es desposeer a la filosofía de su status «fundacional». v y esto nos lleva inevitablemente al problema del relativismo. a algún punto de vista? ¿Existe una «realidad aborigen» o. Pero no cabe la menor duda de que se trata de una forma conveniente y autocompasiva de disculparse. ¿Lo que conocemos es «absoluto» o es siempre relativo a alguna perspectiva. «aquí dentro». Carel Feldman denomina a este error tan humano «dumping' óntico». el constructivismo no parece algo tan exótico. ¿Porque qué queremos decir cuando afirmamos que no estamos demasiado «capacitados» o no somos demasiado «ingeniosos» en la construcción de nuesleos mundos sociales? ¿Quién hace ese juicio y de acuerdo con qué normas? Si la cultura da forma a la mente.

como ha propuesto Howard Gardner?35 O. ¿no se habrá amañado el rendimiento escolar mediante una selección del currículum encaminada a legitimar la descendencia de los que «tienen» y marginar a los que «no tienen»? Muy pronto. más o menos. desde un punto de vista político. Y esta actitud está muy alejada del tipo de esencialismo kantiano que busca principios que establezcan la esencia definidora del «conocimiento» o la «representación» o la «racionalidadsH Me vaya permitir ilustrar estas ideas con un pequeño estudio de caso.ayuda a la hora de determinar «si nuestra idea actual del mundo es. Pero decir algo útil acerca de la verdad. preguntaría un crítico de orientación pragmática.no puede llevar a la postura del «todo vale». ¿Pero qué puede decirse de la acusación de que el constructivismo debilita o socava los compromisos? Si. al cubrir la tradición con el manto de la «realidad». Los valores no se . el conocimiento depende de la perspectiva.. ¿qué significa «ese» concepto? ¿Es singular o plural? ¿Y no podría su misma definición depender de algún proceso. o el relativismo es más bien algo que invocan los filósofos esencialistas para apuntalar su fe en la «verdad lisa y llana» (ese compañero de juegos imaginario que tiene perpetuamente asignado el papel de aguafiestas en el juego de la razón pura)? Creo que Rorty tiene razón al decir que el relativismo no es el obstáculo al que se enfrentan el constructivismo y el pragmatismo.40 Actos de significado . lo hacen como una fuente de aprovisionamiento. estar en lo cierto en algún sentido absoluto. Queremos saber más sobre la valía intelectual. en lo que a la valía intelectual se refiere. como bien advierte Rorty. que. desde la perspectiva que hemos elegido.X Podría incluso suceder que los argumentos basados en esencias y «realidades aborígenes». si alguna vez fueron homogéneas. sin pensarlo dos veces. Entonces. añade. En su hondo y reflexivo libro The Predicament 01 Culture. es «explorar la práctica en lugar de la teoría. James Clifford señala que las culturas. Esta es una discusión típicamente constructivista y un método típicamente pragmático de resolverla.existen dos puntos de vista psicológicos seductoramente erróneos: uno de ellos se basa en un aparato aparentemente racionalista.edida en que los irracionalistas toman en cuenta la cultura. Si en la discusión subsiguiente prevaleciese la buena voluntad. recompensarlos y cultivarlos. ¿Es esto relativismo? ¿Se trata de esa temida forma de relativismo segUn la cual una creencia es tan buena como cualquier otra? ¿Hay realmente alguien que sostenga un punto de vista así. Y decidimos. el otro es románticamente irracional. conflictos psíquicos desplazados. la acción en )ugar de la contemplación». el temperamento y cosas por el estilo. con la elección de perspectiva que uno hace? ¿No es más que una cuestión de preferencia? ¿Son los valores únicamente preferencias? Si no. Llevar estos ejercicios a un extremo supone. sociales. «querer que la verdad tenga una esencia». Al fin y al cabo. el rendimiento escolar es de importancia capital. Pero tan pronto como vamos más allá de oraciones tan sencillas como «el gato está en la alfombra» y empezamos a enfrentarnos a universales. económicas e incluso científicas.. han dejado de serlo. a su vez. y por qué». Esos ejercicios de emparejamiento son de muy poca . Sería mejor formular cuestiones pragmáticas. hipótesis o teorías. Este último sostiene que los valores están en función de reacciones viscerales. en cuanto a la valía intelectual. ¿cómo elegimos entre valores distintos? En tomo a esta cuestión. tienen un poco menos que los asiáticos. sutil mediante el cual una cultura seleccione determinados rasgos para: honrarlos. y que el estudio de la antropología se ha convertido forzosamente en un instrumento para manejar la díversidad. ¿qué pasa con la cuestión del valor.El estudio apropiado del hombre 41 turas internas isomórficas con las relaciones entre las cosas del mundo». la cuestión de qué es la «valía intelectual» se verá sus- títuida por cuestiones relativas a cómo deseamos usar el concepto a la luz de distintas circunstancias: políticas. ¿Qué significa el rendimiento escolar y cómo se relaciona con otras fonnas de rendimiento? Y. Es indudable que formular las preguntas del pragmatista _ ¿cómo afecta este punto de vista a mi punto de vista sobre el mundo o a mis compromisos con él?. la que deberíamos tener. En la fu. . Afirmaciones abstractas como «La Historia es la crónica de la lucha de clases» no han de juzgarse limitándonos a formular preguntas como «¿Capta esa frase adecuadamente la cuestión?». «¿Qué tipo de resultado es ese?». perspectivistas: «¿Qué supondría creer esa frase?» o «¿A qué me estaría comprometiendo si la creyese?». sean medios de crear estancamiento y alienación cultural. resulta que en Norteamérica los negros tienen menos «valía» que los blancos. una especie de restaurante autoservicio de valores entre los que uno elige en función de sus impulsos o conflictos individuales. se produciría un proceso de lo que sólo podemos )lamar destrucción y reconstrucción sucesivas. utilizar el rendimiento escolar para evaluar esta capacidad y predecir «su» desarrollo. tanto mejor para explorar nuestros propios compromisos. esos emparejamientos resultan «confusos y ad hoc». A lo que puede llevar es a un desembalaje de presuposiciones.

Tanto el enfoque irracionalista de los valores como el racionalista pierden de vista algo que es crucial: el compromiso con «formas de vida» determinadas es inherente a los valores.4o Se incorporan a nuestra propia identidad y. nos sitúan en una cultura. Su misma receptividad genera sus propios enemigos. la ciencia. En 13. Lo cual me lleva directamente a una última cuestión general de la queme tengo que ocupar. Los valores que subyacen a una forma de vida determinada.42 Actos de significado e estudio apropiado del hombre 43 ven en función de cómo relacionan al individuo con la cultura. los valores son comunales y consecuentes desde el punto de vista de nuestras relaciones con una comunidad. la rigidez neurótica. la teoría de la elección racional. Pero. 41 Pero el pluralismo de la vida moderna -podría objetarse. o qué. Richard Hermstein. y las formas de vida. conflictos que afectan a los valores y. La receptividad de la que hablo es la voluntad de construir el conocimiento y los valores desde múltiples perspectivas sin perder el compromiso con los propios valores. Sencillamente no sabemos cómo predecir el «futuro del compromiso» en estas circunstancias. cultural detenninada. se encuentran tan sólo ligeramenre abiertos a la «reflexión radical». porque no cabe duda de que hay una limitación biológica que afecta a nuestro apetito de novedad. que deriva fundamentalmente de la teoría económica y cuyo ejemplo más característico es. por supuesto. que constituye otra razón por la que creo que una psicología cultural como la que propongo no necesita preocuparse poréf· espectro del relativismo. Esta receptividad es la piedra angular de lo que llamamos una cultura democrática. Estas elecciones (en condiciones apropiadas) revelan notables regularidades. ni estos son producto de individuos aislados dotados de impulsos férreos y neurosis apremiantes. 39 La manera de afrontar esta anomalía es asignar al «esnobismo» o al «compromiso» o a la «pereza» un valor en la situación de elección.. (La utilidad es el resultado de multiplicar el valor de una elección determinada por su probabilidad subjetiva de ser ejecutada provechosamente. no hacemos más que asignar valores a las elecciones de tal manera que la conducta de elección se ajuste a sus postulados." Los racionalistas adoptan un punto de vista muy diferente. ya sea en la política. las reglas de optimización. Lo único que cabe esperar es un pluralismo viable respaldado por la voluntad de negociar nuestras diferencias en Í"it manera de ver el mundo. cceñictos que tienen que ver con la «validez» de distintos postulados relativos a nuestro conocimiento de los valores. y ha constituido la piedra angular de las teorías económicas formales desde Adam Smith.. Ni nos sacamos de la manga los valores en cada situación de elección que se nos plantea. Aunque valora los soplos de aire fresco que puede aportar la sorpresa. o bien la base para llevar satisfactoriamente una forma de.y los rápidos cambios que impone crean conflictos que afectan A los compromisos. al mismo tiempo. no siempre está a salvo de las conmociones que la receptividad a veces inflige. En mi opinión. en las actuales condiciones mundiales..) Veamos las anomalías.zída 0. Esta cuestión tiene que ver con la receptivided'y el liberalismo. el constructivismo de la psicología cultural es una expresión profun. . una base para la negociación. la literatura. su estabilidad se explica recurriendo a fijadores tales como los programas de reforzamiento. en el sentido de Sapir. Pero resulta un poco chistoso suponer que. La teoría de la elección racional tiene poco o nada que decir sobre cómo se forman los valores: si se trata de reacciones viscerales.38 De acuerdo con la teoría de la elección racional.. etc. «espuria». y que consiste en que se ha demostrado que la gente prefiere comprar abonos para la temporada de música aunque sepan que 10 más probable es que sólo vayan a la mitad de los conciertos. para un psicólogo.x'omo todas las culturas. que ni la cultura democrática ocurre por prescripción divina. si están históricamente determinados. . o 10 que sea. los¡cdwpromisos de valor de sus miembros proporcionan. por sus violaciones de las reglas de la utilidad. descansa sobre valores que generan formas características de vi~ con sus correspondientes concepciones de la realidad. Cumplen funciones en interés nuestro en el seno de esa comunidad. ni debe darse por supuesto que va a durar para síempre. situación por situación. constituyen una cultura. El valor asignado es aquel que hace que el resultado se ajuste a la teoría de la utilidad. como señala Charles Taylor. y guiados por modelos racionales. Si aceptamos la teoría de la utilidad (o alguna de sus variantes). Más bien. en su compleja interacción. la bibliografía sobre la «elección racional» es interesante principalmente por sus vívidas anomalías. por ejemplo. como la teoría de la utilidad. Esto. a base de sufrimiento. Hemos aprendido. que recuerdan mucho el tipo de funciones que pueden observarse en los experimentos de condicionamiento operante con palomas. la fdosoffa o las artes. deja al descubierto cuál es su juego. por lo menos. quizá. por consiguiente. nuestros valores se ponen de manifiesto en nuestras elecciones.iD:sistir con obstinación en la noción de valor absoluto vaya a hacer que las incertidumbres desaparezcan. describe una que tiene el divertido nombre de «mejor por docenas». la minimización del dolor. medida en que una cultura no es.

pongamos por caso. los intelectuales constituyen una comunidad de críticos culturales. «cuando alguien que tiene la autoridad de ~n profesor. hay" un momento de desequilibrio psíquico. «Decidle que espere». > . en mi opinión. no descalificada. Todavía recuerdo la primera conferencia de las William James Lectures que Wolfgang Kohler pronunció en Harvard bajo el título de The Place 01Values in a World of Facts. VI Para terminar. son los que mejor se adecuan para hacer frente a los cambios y fracturas que se han convertido en un rasgo tan característico de la vida moderna. Y conseguirá una posición más eficaz hacia la cultura en general cuando llegue a reconocer que la psicología popular de la gente corriente no es simplemente un conjunto de ilusiones tranquilizadoras.é? Exige que nos hagamos conscientes de cómo desarrollamos nuestro conocimiento y todo lo conscientes que podamos de los valores que nos llevan a adoptar nuestras perspectivas. la psicología se ocupa sólo de verdades objetivas y rehuye la crítica cultural. 43 Kohler narra una conversación imaginaria con un amigo que se queja del carácter de «nada más que» de que adolece la psicología: de que represente la naturaleza humana como nada más que una concatenación de reflejos condicionados. Pero los psicólogos. vínculos asociativos o impulsos animales transformados. antihistórica. A mí también me preocupa. es que el modelo acabe por apartarse de esa clase de pintor. con razón. y que su insistencia sobre los procedimientos de investigación «objetivos» u «operacionales» ha tenido un saludable efecto astringente sobre nuestras especulaciones. La psicología científica reitera. 44 En palabras de Adrienne Rich. Desde este punto de vista. o una sola fonna correcta. respondió el pintor. Exige que nos hagamos responsables de cómo conocemos y por qué. saber qué sucede cuando el modelo empieza a pensar que es como aparece en su retrato. preocupado. Pero también es verdad que esa especie de celo de «ateo del pueblo» exhibido por muchos positivistas extremos ha alentado discusiones sobre la naturaleza del hombre. En esta posición extrema. discutir e incluso reemplazar los postulados de la psicología popular. y que su reduccionismo es antiintelectual. La psicología popular necesita ser explicada. aun a costa de grandes sacrificios personales. Se basa en valores que. como todas las verdades acerca de la condición humana. Pero no pretende que haya una sola forma de construir el significado. desde luego. Pero hasta la psicología científica se moverá mejor cuando reconozca que sus verdades. sigue existiendo una preocupación un poco puntillosa. en gran medida por lo atrapados que están en esa autoimagen generada por la ciencia positivista.45 En una sociedad democrática. Quizá. que tiene derecho a atacar. describe el mundo y tú no estás en él. Insiste en su derecho a negar la eficacia causal de los estados mentales y de la cultura misma. «ya se parecerá».dio Picasso a los amigos de Gertrude 5tein cuando le dijeron que pensaba que el retrato que le había hecho no se le parecía mucho.44 Actos de significado El estudio apropiado del hombre 45 da de la cultura democrérica. Pero la otra posibilidad. Pero. Recordemos la respuesta que . aunque sean conceptos esenciales del sistema de creencias de una cultura democrática. son relativas al punto de vista que adopte respecto a esa condición. Y ese amigo imaginario se pregunta entonces. como si te mirases a un espejo y no vieses nada». sino las creencias e hipótesis de trabajo de la cultura acerca de qué es 10 que hace posible y satisfactorio el que la gente viva junta. me vaya permitir volver a la postura de animadversión de la «psicología científica» positivista hacia la «psicología popular». sin embargo. se dice a veces de la psicología que es anticultural. Llega incluso al extremo de asignar conceptos tales como la «libertad» y la «dignidad» al reino de la ilusión. qué sucederá cuando el cartero y el primer ministro también lleguen a pensar de ese modo. pocas veces se han visto a sí mismos de esa manera. Este es el punto de partida de la psicología y el punto en que es inseparable de la antropología y las otras ciencias de la cultura. desgraciadamente.

el significado adopta una forma que es pública y comunitaria en lugar de privada y autista. En efecto. y he defendido la idéa de que es necesario renovar y reanimar la revolución original revolución inspirada por la convicción de que el concepto fundamental de la psicología humana es el de significado y Jos procesos y transacciones que se dan en la construcción de los significarlos. y el segundo es que la fauna de esos estados intencionales sólo puede plasmarse mediante la participación en los sistemas simbólicos de la cultura. es como si saliéramos a un escenario ]Jara participar en una obra de teatro que se encuentra en plena representación. la forma misma de nuestras vidas --ese borrador preliminar de nuestra autobiografía. Esta convicción se basa en dos argumentos relacionados entre sí. Al entrar en la vida. En virtud de su actualización en la cultura.. que llevamos en la cabeza. Sólo al reemplazar este modelo transaccional de la mente por otro aislado e individualista. han sido capaces los filósofos angloamericanos de hacer que las Mentes de los Demás parezcan tan opacas e impenetrables. una obra cuya trama algo abierta determina qué papeles 47 . Pero la cultura es también constitutiva de la mente.Capítulo 2 LA PSICOLOGIA POPULAR COMO INSTRUMENTO DE LA CULTURA 1 En el primer capítulo he contado la historia de cómo la revolución cognitiva se vio desviada de su impulso originario por la metáfora del ordenador. es preciso comprender cómo sus experiencias y sus actos 'están moldeados por Sus estados íntencionales. para comprender af hombre.nos resulta comprensible a nosotros mismos y a los demás sólo en virtud de esos sistemas culturales de interpretación. sujeto a cambios incesantes. El primero es que.

lo cual me llevará finalmente a ocuparme de la cuestión de qué clase de sistema cognitivo es la psicología popular. los deseos y. o quizá sería preferible decir «ciencias sociales populares o intuitivas» o. etc. Su uso actual comenzó con un elaborado renacimiento del interés por . Otros personajes que hay en el escenario tienen ya una idea acerca de sobre qué va la obra. límites cuyos efectos son modificables. 11 Acuñada como término burlesco por los nuevos científicos cognitivos a causa de la hospitalidad que dispensaba a estados intencionales tales como las creencias. incluso. basándose en datos procedentes de la antropología física.48 Actos de significado La psicología popular como instrumento de la cultura 49 podemos interpretar y en dirección a qué desenlaces podemos encaminarnos. Lo primero que quiero hacer es explicar qué es lo que entiendo por «psicología popular» como sistema mediante el cual la gente organiza su experiencia. porque no actúa como causa universal. y el manejo mental de las desviaciones respecto a dichas expectativas. etc. y no la biología. que constituye un esfuerzo no sólo por recuperar el impulso originario de la Revolución Cognitiva. la que moldea la vida y la mente humanas. porque no dirige o moldea la acción o la experiencia del hombre. y por Roger Lewin y Nicholas Humphrey a partir de datos relativos a la evolución de los primates..los significados. como he dicho antes. Vaya exponer el esqueleto del razonamiento que desarrollaré a continuación. cómo cabe esperar que sea la acción situada. El punto de vista inverso que yo propongo es que es la cultura. 3 Voy a empezar por esbozar brevemente la historia intelectual de esta expresión. A continuación. qué formas de vida son posibles. lo que hace es imponer límites sobre la acción. finalmente. Pertrechados con estas armas. cómo son nuestra propia mente y las mentes de los demás. por Yemon Reynolds. los neurocientíficos y los antrópologos físicos dedican cada vez más atención a la idea de que las necesidades y las oportunidades culturales desempeñaron un papel crítico a la hora de seleccionar las características neuronales de la evolución humana. y los patrones de vida comunitaria mutuamente interdependientes. El aprendizaje de la psicología popular que caracteriza a nuestra cultura se produce muy pronto. desde el punto de vista neoroanatómico. Le he puesto el nombre de «psicología popular» o «psicología intuitiva» (Folk Psychology). la expresión «psicología popular» (Folk psychology) no podría ser más apropiada para la utilización que yo quiero hacer de ella. esta tesis ha sido adoptada muy recientemente por Gerald Edelman. Y esto lo consigue imponiendo patrones inherentes a los sistemas simbólicos de la cultura: sus modalidades de lenguaje y discurso. las formas de explicación lógica y narrativa. Las culturas se caracterizan porque crean «prótesis» que nos permiten trascender nuestras limitaciones biológicas «en bruto»: por ejemplo. utilizando como ejemplo la memoria humana. Tendré que detenerme un poco en la historia de esta idea para dejar más claro cuál es su papel en la psicología cultural. me ocuparé de la naturaleza de la narración y cómo se construye en tomo a expectativas establecidas o canónicas. las ciencias de la vida mentaL 2 En este capítulo vamos a ocupamos esencialmente de un rasgo crucial de la psicología cultural. la aprendemos al tiempo que aprendemos a usar el lenguaje que adquirimos y a realizar las transacciones interpersonales que requiere la vida comunitaria. pasaré a ocuparme de algunos de los componentes cruciales de la psicología popular. I Este es el esqueleto desnudo de los argumentos a favor de lo que he denominactopsicología «cultural». La herencia biológica del hombre se caracteriza. conocimiento y transacciones relativos al mundo social. explicaré el proceso de «construcción del significado» a la luz de todo lo dicho hasta ahora. la que confiere significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema interpretativo. que es uno de sus instrumentos constitu- tivos más poderosos y que consiste en un conjunto de descripciones más o menos normativas y más o menos conexas sobre cómo «funcionan» los seres humanos. sencillamente el «sentido común» En todas las culturas hay una psicología popular. cómo se compromete uno a estas últimas. los límites de nuestra capacidad de memoria o los límites de nuestra capacidad de audición. La idea que propongo invierte la relación tradicional entre la biología y la cultura con respecto a la naturaleza humana. Y. echaremos un vistazo más detenido a cómo organiza la narración nuestra experiencia. Como su principio de organización es narrativo en vez de conceptual. una idea lo suficientemente elaborada como para que la negociación con el recién llegado sea posible. ya que eso nos ayudará a poner las Cosas en un contexto más amplio. En lugar de ello. sino también el del programa que Dilthey denominó hace un siglo Geisteswissenschaften. En efecto.

un grupo de jóvenes sociólogos. católico devoto. estudiados por Meyes Portes en los años treinta. por regla general. las señales de propiedad y demás. y temas semejantes.en los que se planteaban cuestiones tales como algunos estadios de desarrollo vital. inspirados en la fenomenología europea. Uno de ellos le preguntó tímidamente sobre la divinidad que llevaba en su muñeca. y orígenes de la psicología «intuitiva» que otorgaba significado a sus experiencias. nos informa de que íbamos a la temeraria velocidad de 140 Km por hora. políticas y humanas que las personas sometidas a estudio hacían en su vida cotidiana. aun antes de que el prefijo ezeo se añadiese a estas empresas. Skinner intente dar por explicadas la libertad y la dignidad del hombre.> Como. insiste Stich. puesto que los seres humanos reaccionaban mutuamente en función de su propia psicología (en lugar de. como los talansi. etnonavegación. cuyos escritos sistemáticos. ¿Era posible transmitir la experiencia de un piloto puluwat a lenguaje y el pensamiento de un antropólogo occidental. Lo que Garfinkel y sus compañeros proponían era."Según él. de la «etnometodologfa». Las cosas sucedían cuando estaban «listas». es sencillamente ignorarlos. «guardia civil» . siempre queda la realidad de la ley de daños y perjuicios. no tenían ninguna definición de crisis ligada al tiempo. los antropólogos (salvo unas pocas excepciones llamativas) no se habían visto nunca demasiado castigados por el ideal de una ciencia objetiva y positivista." En el enunciado schutzíano (si se me permite poner esta etiqueta al punto de vista que estamos considerando) hay un poderoso argumento institucional. El estudio sobre la etnonavegación pormenorizaba cómo los nativos de las Islas Marshall eran capaces de ir y venir del Atolón de Pulluwat atravesando con sus canoas de botalones el mar abierto mediante el uso de las estrellas. a la que consultaba cada vez que parecía tomar una decisión importante. especialmente por la estructura de los sistemas indígenas de clasificación. al que siguieron detallados estudios realizados por otros investigadores sobre etnobotánica. en lugar del método sociológico clásico -postular clases sociales. Garfinkel citaba al distinguido economista y sociólogo Alfred Schutz.f Pero ignorar los significados institucionalizados atribuidos a los actos humanos viene a ser tan eficaz como ignorar al guardia civil que. «Ternerarío». . «intención» y «creencia»: lo que hay que hacer. o. y nos pide el camet. las ciencias sociales podrían avanzar mejor usando las reglas. como la adolescencia. Y había incluso estudios anteriores -por ejemplo. En realidad. A Evans-Pritchard.. F. se definían de forma tan diferente por los nativos de Samoa. «camet». la del antropólogo occidental a la de los Nuer del Nilo.C. signos de la superficie marina. Y. ta tal punto que se produjese un pros blema esencial de traducción. plantas flotantes. permaneciendo fríamente en pie frente a la ventanilla de nuestro coche. una emosociología.roles y cosas por el estilo ex hypothesi-:-. los tribunales. Este trabajo se ocupaba de la navegación de los Pulluwat tal como ellos la veían y la comprendían. Stich (probablemente el crítico más radical de la psicología popular) regaña a Skinner por intentar «explican> términos intuitivos como «deseo». habían prefigurado los programas de Garfinkel y de Heider como reforma antipositivista de las ciencias humanas. son todos términos que derivan de la matriz institucional que la sociedad construye para imponer una versión . el psicólogo Fritz Heider empezó a defender elocuentemente que. más o menos al mismo tiempo. sin desviamos de la magna tarea de establecer una psicología sin estados íntencionales." Un poco más tarde. le sorprendió lo difícil que le resultó explicar a sus interlocutores que su reloj de pulsera no era una deidad tanto como la pregunta misma que le formularon).que reflejan las creencias de sentido común sobre la conducta humana. O. los antropólogos se habían interesado por la organización subyacente de la experiencia en los pueblos no alfabetizados. les preguntaba cortésmente si les gustaría preguntarle algo acerca de las suyas. dio el paso radical de proponer que. por así decir la psicología del psicólogo)~ sería mejor que esrudíasemos la naturaleza. a cuyo frente se encontraba Harold Garfinkel. ni las propuestas de Garfinkel ni las de Heider eran tan innovadoras.. creando una ciencia social en referencia a las dtstinciones sociales. al contrario. Frake publicó su célebre estudio sobre el sistema de clasificación de las enfermedades de la piel que poseen los subanun de Mindanao. las instituciones culturales se construyen de tal manera." Pero.50 Actos de significado La psicología popular como instrumento de la cultura 51 la «mente salvaje». preocupados por el tipo de problemas epistemológicos que planteaban estas cuestiones. no tardaron mucho en verse enfrentados a la cuestión de si las formas de conciencia y experiencia de otras culturas no' diferirían de tal manera y ha. troncos de árbol y singulares formas de adivinación. el principio de los contratos libremente pactados y la inexorable solidez de las cárceles. Por más que la actitud de «ateo del pueblo» de un B. por qué algunos pueblos. los de Margaret Mead. cuya religión fue estudiada por Edward Evans-Pritchard? (Cuando EvansPritchard terminaba de entrevistar a sus informantes acerca de sus creencias religiosas.. de hecho.

seleccionar algunos componentes fundamentales de nuestra psicología popular para ilustrar mis propias ideas. un amigo fiel. do las cosas «son romo deben ser». cada uno de los cuales requiere una forma distinta de interpretación. también creemos que las creencias y deseos de la gente llegan a ser lo suficientemente coherentes y bien organizados como para merecer el nombre de «compromisos» o «formas de vida».El concepto de persona es en sí mismo un componente de nuestra psicología popular y. que escaló el Everest porque estaba ahí. a toda una novela (como sucede en Los Sótanos del Vaticano de André Gide ).recíproca entre les estados que percibimos en el mundo y nuestros propios deseos. mundo utiliza ese ccaocimientc del mundo a la hora de llevar a cabo cualquier programa de deseos o acciones. ya menudo se les niega a quienes forman parte de un grupo distinto del nuesrro. Cuando se ve a alguien creyendo. que nuestras creencias deben mantener algún tipo de coherencia. crea tres dominios. es obvio que una premisa de nuestra psicología popular es que la gente tiene creencias y deseos: creemos que el mundo está organizado de determinada manera. Pero sabemos también que los -deseos pueden llevarnos a encontrar significados en contextos en los que otros no encontrarían ninguno. Creemos. Creemos (o esabemos») que la gente tiene creencias no s610·sobre el presente sino también sobre el pasado y el futuro. III Puesto que lo que propongo es que la psicología popular debe estar en la base de cualquier psicología cultural. Ciertamente. El tercer tipo de acontecimientos se produce «desde fuera».52 Actos de significado La psicologia popular como instrotnento de la cultura 63 determinada de lo que constituye la realidad. por poner un ejemplo extremo de corno la oferta puede crear la de~an~a. me vaya permitir.? Hay que tener en cuenta que las narraciones se construyen sólo cuando las creencias constitutivas de. en la psicología popular se da por supuesto que la gente posee un conocimiento del mundo que adopta la forma de creencias )! se supone que todo -d.. Quiero subrayar que se trata simplemente de componentes es decir: las creencias o premisas elementales que forman parte de las narraciones sobre situaciones humanas de que consta la psicología popular. que queremos determinadas cosas. de una manera que escapa a nuestro control. que modifica la expresión de nuestros deseos y creencias. etc. y esas coherencias se consideran como «disposiciones) que caracterizan a las personas: una mujer leal. como señala Charles Taylor. la psicología popular se violan. también. cuestión sobre la que vaya tener ocasión de extenderme más adelante. Este mundo es el contexto en el que se sitúan nuestros actos y el estado en que se encuentre el mundo puede proporcionar razones para nuestros deseos y creencias~ como Hillary. La división entre un mundo «interior» de experiencia y un mundo «exterior». deseando o actuando de una manera tal que no parece tener en cuenta el estado del mundo. crea un sutil dramatismo en torno a la acción humana. en la ficción. La psicología popular también postula la existencia de un mundo fuera de nosotrm. Por consiguiente. se-le considera un demente desde el punto de vista de la psicología popular.10 Pero la psicología popular deja sitio a estas reconstrucciones: «la verdad es más extraña que la ficción). un padre dedicado. en calidad de «observador participante». Cuan. Resulta idiosincrático. pero explicable. que algunas cosas importan más que otras. creencias que nos ponen en relación con el tiempo concebido de una determinada manera: nuestra manera. Esta relación. se atribuye de forma selectiva. según la cual ambos se afectan mutuamente. que es autónomo respecto a la experiencia. que la gente no debe creer (o querer) cosas aparentemente incompatibles. Una reconstrucción de este tipo puede efectuarse en la vida real mediante las indagaciones de un proceso judicial o puede dar lugar. Son -signíflcados culturales que-guían y controlan nuestros actos individuales. aunque el principio de coherencia sea ligeramente confuso. . las narraciones de la psicologíapopuLar son Innecesarias. no la de los talensi de Fortes o los samoanos de Mead. Por ejemplo. realizando un acto verdaderamente gratuito.'! El primero es un dominio que se encuentra bajo el control de nuestros propios estados intencionales: un dominio en el que el Yo como agente opera con conocimiento del mundo y con deseos que se expresan de una manera congruente con el contexto y las creencias. La menciono aquí para llamar la atención del lector sobre el carácter can6nico de la psicología popular: el hecho de que no se limita a resumir cómo son las cosas sino-también (muchas veces de forma implícita) c6mo deberían ser. el que algunas personas disfruten atravesando el Sahara a pie o el Atlántico en barca. a menos que pueda efectuarse una reconstrucción narrativa de él como agente en la que aparezca como víctima de algún conflicto atenuante o de circunstancias sumamente adversas. que también informa la estructura narrativa de la psicología popular.

Existe una segunda clase de acontecimientos que es problemática. y una «física cum biología». todo io cual ocurre en un período prolongado de tiempo. pueblo no alfabetizado estudiado por Michel1e y Renato Rosaldo. titulado «Hacia una ·antropología del yo y de los sentimientos». Michelle Rosaldo sostiene que nociones como las de «yo»' o «afecto» «no surgen de una esencia 'interior' relativamente independiente del mundo social. enfrentadas a demandas conflictivas que les producen sensación de culpa en sus sentidos de identidad. comprende una mezcla . por ejemplo. finalmente resuelven su dilema (posiblemente con la involuntaria ayuda de su médico) dividiéndose en un ego y un alter. ya que . Cuando el antropólogo regaló a los navegantes puluwat un compás (objeto que les pareció interesante pero que rechazaron por superfluo). empezó a producirse un goteo de artículos de carácter clínico acerca del alarmante incremento de los casos de personalidad múltiple . es sobre cómo las jóvenes americanas. estos tuvieron ocasión de vivir brevemente en el segundo dominio. el segundo se suele considerar gobernado ya sea por alguna forma de magia o.54 Actos de significado La psicología popular como instrumento de la cultura 55 Es el dominio de la «naturaleza». En uno de los últimos artículos que escribió antes de su prematura desaparición durante una investigación de campo. en el curso de la terapia ofrecen a sus pacientes este modelo de identidad como una forma de contener y aliviar sus conflictos. Y requiere una forma más elaborada de interpretación para poder distribuir adecuadamente la parte de responsabilidad que corresponde al agente individual y la que corresponde a la «naturaleza». los jóvenes Ilongotes que encuentran en sí mismos la suficiente ira para obtener una cabeza humana y sobre cómo recorren el camino de ese esfuerzo sobrecogedor. todos en conjunto. de la manera en que se concibe el Yo en las psicologías populares correspondientes a dos culturas distintas para subrayar una vez más un aspecto crítico relativo al principio organizativo de la psicología popular: el hecho de que es de naturaleza narrativa en lugar de lógica o categórica. en la cultura occidental contemporánea. La psicología popular trata de agentes human_os que hacen cosas basándose en sus creencias y deseos. nos proporcionan un ejemplo muy revelador y en modo alguno atípico. el análisis de estos autores pone de manifiesto hasta qué punto la iden- tidad americana refleja-el valor que se concede en la cultura de este país al hecho de «mantener abiertas las opciones propias». por el cientificismo de la psicología fisicalista y reduccionista o de la Inteligencia Artificial.U En un trabajo especialmente penetrante sobre el yo americano. todas las psicologías populares contienen una noción sorprendentemente compleja del Yo agente. somos de alguna manera «responsables» del curso de los acontecimientos. imágenes)' VÍnculos sociales en el que todo el mundo se encuentra inevitablemente implicados. qué funciones pueden desempeñar.indeterminada de la primera y de la tercera. «Los Yoes posibles representan las ideas que tiene la gente acerca de lo que podría llegar a ser lo que le gustaría llegar a ser y lo que teme llegar a ser. 12 En su fuero interno.como una patología fundamentalmente americana. que se esfuerzan por alcanzar metas y encuentran obstáculos que superan o que les doblegan. Un análisis reciente de este fenómeno efectuado por Nicholas Humphrey y Daniel Dennett sugiere incluso que la patología podría estar engendrada por los terapeutas que aceptan la idea de que el Yo es divisible)' que. En esa misma época.» Aunque su pretensión no sea esa. y sobre la batalla para que ambas partes vuelvan a ponerse en comu. en qué se diferencian de otras formas de discurso y otros modos de organizar la experiencia. Si la psicología popular encama los principios interpretativos del primer dominio. Lo que da lugar a la complejidad es la elaboración por parte de la cultura de unos requisitos personales. el hecho de que la identidad plena supone una mezcla adecuada de pasión y conocimiento. sin darse cuenta. o. El propio Sigmund Freud señaló en «El poeta y la fantasía» que cada uno de nosotros es un elenco de personajes. Los llongotes. Es sobre. Hazel Markus y Paula Nurius sostienen que no pensamos en un Yo sino en varios Yoes posibles junto con un Yo actual. los del tercero. expresado de forma abstracta. IV Tenemos que concentrarnos ahora de forma más directa en las narraciones: qué son. En el primer dominio. pero Freud los mantenía dentro de una sola obra o novela donde. el hecho de que los ilongotes sólo puedan alcanzar la identidad masculina plenamente agente cuando toman la cabeza de un «enemigo» en un estado apropiado de ira. y que por aquel entonces estaba ligada al sexo. bastante extensos.. y el porqué de su poder de atracción sobre la imaginación del hombre. mientras que en el tercero no lo somos. podían representar el drama de la neurosis sobre un solo escenario.!" He puesto estos dos ejemplos. sino de la experiencia en un mundo de significados. nicacion entre sí.

. La indiferencia del relato a la realidad extralingüística subraya el hecho de que posee una estructura interna -respecto al discurso mismo. situaciones problemáticas y demás. esas oracione. o ambas cosas a la vez. acontecimientos en los que participan seres humanos como personajes o actores. por supuesto. una vida o significado propios. dual: tenemos que captar la trama que configura la narración para poder dar sentido a sus componentes. pero por ahora es suficiente con lo dicho. ya sea como una característica de nuestra capacidad lingüística. residuos sedimentarios de formas tradicionales de relatar. Pero estos componentes no poseen. G. Estos personajes se representan en situaciones que cambian. A lo que yo me refiero es a una facilidad o predisposición a organi- . Estos cambios. Al intentar «descronologizar» las descripciones históricas diacrónicas analizándolas en proposiciones sincrónicas «científico-sociales». algunas de las propiedades que presentan las narraciones. pongamos por caso. a la disposición a convertir nuestro mundo visual en figura y fondo)? No quiero decir con esto que «almacenemos» historias o mitos arquetípicos específicos. Los esfuerzos por destronar esta «regla de secuencialidad» como la piedra de toque de las narraciones han llevado a explicaciones de las mismas que sacrifican su peculiaridad en aras de alguna otra meta. Una segunda característica de las narraciones es que pueden ser «reales» o «imaginarías» sin menoscabo de SIl poder como relatos. lo que determina su configuración global o trama es la secuencia de sus oraciones. aunque no cabe duda de que las convenciones y las tradiciones desempeñan un papel importante a la hora de conferir a la narración sus estructuras. Y resulta difícil negar que las formas de la narración son. en términos kantianos. la referencia de un relato guardan entre sí una relación anómala. Por consiguiente.. si lo pensamos detenidamente. Gallie. Northrop Frye sostiene que la literatura se forma a partir de sus propias tradiciones. por consiguiente. no la verdad o falsedad de. mediante la cual miriadas de • . bastante sorprendente.'! Esta idea parece un concretismo fuera-de lugar. parafraseando al filósofo de la historia británico w. el sentido y. En la misma vena. la «tradición». . confundir interpretación y explicación. como sucede con la tesis de Albert Lord. que hemos de poner en relación con la trama. a su vez. confieso que me producen un cierto malestar todos los tradicionalismos minuciosos. lo único que consigue Hempel es perder particularidad. de tal manera que incluso sus innovaciones crecen a partir de raíces tradicionales. Pero la configuración de la trama debe. o incluso como una capacidad psicológica similar. expresa sucintamente la cuestión: Una historia describe una secuencia de acciones y experiencias de un determinado número de personajes. que dan lugar a una situación problemática que requiere nuevos pensamientos o acciones. Quizá su propiedad más importante sea el hecho de gue son inherentemente secuenciales: una narración consta de una secuencia singular de sucesos. ya sean reales o imaginarios. El acto de comprender una narración es. En otras palabras.s. esta cuestión ha constituido un reto para los sesudos investigadores tanto de la literatura imaginativa como de la historia. ¿Por qué aplicar la misma forma a la realidad que a la ficción? ¿Es que la primera imita a la segunda.5& Actos de significado La psicologia popular como ínstrumento de la cultura &7 nos va a resultar necesario comprender mejor estas cuestiones si queremos captar la naturaleza y el poderío de la psicología popular. ¿Es irrazonable suponer que exista en el ser humano alguna forma de «disposición» para la narración que sea responsable de la conservación y elaboración de esa tradición originalmente (ya sea. Su significado viene dado por el lugar que ocupan en la configuración global de la totalidad de la secuencia: su trama o fábula. por así decir. y relegar falsamente la voz retórica del narrador al dominio de la «objetividade. como proponía C. Estos son sus componentes. Desde Aristóteles. como si dijéramos. También Paul Ricoeur considera que la tradición proporciona lo que denomina «la lógica imposible de las estructuras narrativas».l'' El hecho de que la descripción «empírica» del historiador y el relato imaginario del novelista compdrtan--la forma narrativa resulta. me vaya permitir exponer. según la cual toda narración hunde sus raíces en nuestra herencia ancestral de relatar historias. Es esta peculiar secuencialidad la que resulta indispensable para el significado de un relato y para la forma de organización mental mediante la cual es captado. revelan aspectos ocultos de las situaciones y de los personajes. [a] las que reaccionan. extraerse a partir de la secuencia de acontecimientos. Es decir. Pero. La respuesta que se da a esta situación hace 'que concluya la hlstoria. 11 secuencias se enlazan entre SI para constmur narraciones. rung. Paul Ricoeur.U Más adelante diré muchas más cosas sobre estos cambios. o al revés? ¿Cómo adquiere su fonna la narración? Una respuesta a esta pregunta es.. como «un arte escondido en el alma humana». El famoso ensayo de Carl Hempel «La función de las leyes generales en la historia» es un ejemplo típico. de forma preliminar. estados mentales. a su vez. B.

Los relatos alcanzan su significado explicando las desviaciones de lo habitual de forma comprensible. La psicología popular se encuentra investida de canonicidad. que según los antropólogos sociales y los críticos culturales son esenciales para la conducta de una cultura. Comencemos por lo ecorrientes o lo «habitual». por ejemplo. porque. S. En mi opinión. de que sean extrovertidos o introvertidos. tiene dificultades con esta idea.U Sin embargo posee medios muy poderosos construidos a propósito para hacer que lo excepcional y lo inusual adopten una forma comprensible. 22 Se espera que la gente se comporte de acuerdo con las situaciones con independencia de cuáles sean sus «papeles». proporcionando la «lógica imposible» a la que hacíamos referencia. El mismo Paul Ricoeur. sin la obligación de tener que «corresponderse) con el mundo de la realidad extralingüística. o. La mayor parte de los esfuerzos por encontrar esa «disposición» han derivado de la noción aristotélica de mimesis. es su especialización en la elaboración de vínculos entre lo excepcional y lo corriente. «La mimesis».la vida. Pero Ricoeur tiene también problemas para mantener su figura lingüística. Pero una lectura detenida de la Poética sugiere que Aristóteles tenía otra cosa en mente. intentando aparentemente sugerir que. quizá el más profundo e infatigable de los modernos investigadores de la narración. Yes en virtud de esta relación metafórica. son posibles gracias al aparato narrativo de que disponemos para hacer frente simultáneamente a la canonicidad y la excepcionalidad. según argumenta después. señalando que entre ambos casos hay una especie de «mutua correspondencia». un interpretante que existe en algún nivel superior al de la palabra o la oración. lo que es lo mismo. En cualquier cultura. como he reiterado en el capítulo introductorio. Dota a ambos de legitimidad o autoridad. de alguna manera. entonces se trata de una forma muy compleja de lo que C. En palabras de Barker. nos comportamos en plan de «oficina de correos». mediante estructuras de tramas y demás. La mimesis consistía en captar «la vida en acción». damos por supuesto que la gente se comporta de manera adecuada respecto a la situación en que se encuentra. afirma. v Otra característica crucial de la narración. lo que la gente da por supuesto en relación con la conducta que se produce a su alrededor. Lo mejor es que examinemos esta cuestión con más detenimiento ahora. un esquema simbólico para mediar entre el signo y el «mundo». Se centra en lo esperable '110 lo usual de la condición humana. 20 Tenemos que ocupamos aún del problema de cuál es el origen de la capacidad de crear unos interpretantes simbólicos can complejos si no se trata simplemente de que el arte copie . De este problema es del que nos vamos a ocupar en el siguiente capítulo. Y otros investigadores que se han ocupado del problema de las narraciones se han visto tentados por este camino. «Se refiere a la realidad no para copiarla.en la sección anterior.58 Actos de significado La psicologfa popular como instrumento de te cultura 59 zar la experiencia de forma narrativa. la viabilidad de una cultura radica en su capacidad para resolver conflictos. De esta cuestión vamos a ocuparnos ahora. de tal manera que el orden de la narración vendría determinado por el orden de los acontecimientos en la vida real. elaborando y mejorando lo que sucedía. Así. Peirce llamó hace mucho un eínterpretante». Me voy a pennitir comenzar planteando un dilema aparente. independientemente de cuáles sean sus puntuaciones en el MM"PI o de cuáles sean sus ideas políticas. En el siguiente capítulo presentaré algunos datos que apoyan esta hipótesis. . como ya hemos señalado de pasada. en el nivel del discurse mismo. también debe contener un conjunto de procedimientos de interpretación que permitan que las desviaciones de esas normas cobren significado en función de patrones de creencias establecidos. la narración consistía en contar las cosas tal y como habían sucedido. «es una especie de metáfora de la realidad). cuando entramos en una oficina de correos. «La forma de vida a la que corresponde el discurso narrativo es nuestra condición histórica misma». aunque una cultura debe contener un conjunto de normas.' por lo que la narración puede seguir adelante aun «con la suspensión de la exigencia referencial del lenguaje normal». 19 Si la función de la mimesis consiste en interpretar la «vida en acción». Aristóteles utilizó esta idea en su Poética para describir la manera en que el drama imitaba la «vida». Pero antes hemos de prestar atención a otras cuestiones. esta idea es irresistible. para explicar las diferencias y renegociar los significados comunitarios. Los «significados negociados». sino para otorgarle una nueva lectura». Roger Barker dedicó 20 años de sagaz investigación a demostrar el poder de esta regla social aparentemente tan banal. La psicología popular recurre a la narración y la interpretación narrativa para lograr este tipo de significados. A Ricoeur le gusta llamar la atención sobre el parentesco que existe entre «estar en la historia» y «contar algo acerca de ella».

cantidad. clara.80 Actos de significado La psicologíapopular como instflJmento de /a cuftura 81 Esta «regla de situación» rige tanto para el discurso como para la acción. Grice propuso cuatro máximas sobre la manera en que los intercambios conversacionales son y/o deberían ser mantenidos: las máximas de cualidad. significados que radican en la naturaleza de su desviación respecto al uso corríente. su «indiferencia» fáctica.e' Las historias bien construidas. Tras haber examinado tres características. como pasaba con Ernma Bovary. en respuesta a la pregunta que nuestra perplejidad nos hace formularle.» Si alguien entra en la estafeta de correos. no. que tal vez alguna sociedad benéfica de Correos está realizando una cuestación. o existe un Escenario doble. nos dirá que probablemen- te hoy se celebra alguna fiesta nacional y que se le había olvidado. y su peculiar forma de enfrentarse a las desviaciones de lo canónico-. Damos por supuesto que. como sucede en las historias de espías. según las cuales nuestras intervenciones en una conversacion deberían ser breves. un Escenario y un Instrumento. Si les presionamos para que den una explicáción de lo que parece que se explica a sí mismo. una Meta. la persona . nuestro interlocutor. aún nos sirve como punto de partida. según Burke. por consiguiente. corno si no tuviera necesidad de más explicaciones. o con un cuantificador (etodo el mundo lo hace») y/o con una expresión modal deóntica (ees 10 que se supone que hay que hacer»). despliega una bandera americana y empieza a agitarla. desviaciones que tienen que ver con la legitimidad. la excepcián. si le preguntamos a alguien dónde se encuentran los Almacenes Macy..P Cuando la gente se comporta de acuerdo con el principio situacional de Barker o con las máximas de interacción conversacional de Grice. se centra en desviaciones respecto a lo canónico que tienen consecuencias morales. El dramatismo. casi invariablemente. las historias tienen que relacionarse necesariamente con lo . estado intencional que mitigue o al menos haga comprensible la desviación respecto al patrón cultural canónico. también puede ser que un Actor no encaje en el Escenario. nos dará las señas de una manera relevante. preguntamos por qué: sencillamente la conducta se da por supuesta. Este objetivo es el que presta verosiruíIitud a una historia. en el sentido de Burke. Además. produciendo lo que Grice denomina eimplicaturas conversacionales». creamos significados adicionales. a los que hay que sumar un Problema. En cambio. relevantes y veraces. una Acción. nuestros interlocutores nos responderán. una cuestación o el nacionalismo radical). ese tipo de respuesta no requiere ninguna explicación.pasaremos ahora a ocuparnos de su carácter dramático. relevancia y manera. El Problema consiste en la existencia de un desequilibrio entre cualquiera de los cinco elementos anteriores: la Acción hacia una Meta resulta inadecuada en un Escenario determinado. de la narración -su secuencialidad. El peso de su explicación radicará en resaltar lo apropiado del contexto como escenario para el acto en cuestión. consistirá en la descripción de un mundo posible en el que se hace que. clara y breve. pero esta cuestión puede esperar hasta un capítulo posterior. También puede otorgarle una función pacificadora. claras. relevante y sincera al responder a una persona que ha pedido unas señas. la historia. que se explica a sí mismo. correcta. Cuando nos desviamos de estas máximas. como sucedía con Portnoy en Jerusalem o con Nora en Casa de Muñecas.que se ha encontrado tenga sentido o esigniñcado. El Principio de Cooperación de Paul Grice capta bien la idea. se desencadena una busqueda del «significado» en 10 excepcional. Corno es lo corriente. y de forma breve. de una manera que implica tanto un estado tmencional en el protagonista (una creencia o un deseo) como algún elemento canónico de la cultura (una tiesta nacional. constan de cinco elementos: un Actor. Todas estas historias parecen estar concebidas para otorgar significado a la conducta excepcional. como lo bautizó él mismo hace casi medio siglo. desde su psicología popular. se experimenta como algo canónico y. A cualquier persona le parecería extraordinariamente extraño que nos planteásemos la pregunta de por qué se comporta la gente de esa manera: en plan de «oficina de correos» en la oficina de correos. o una confusión de las Metas. El análisis clásico de Kenneth Burke sobre el «dramatismo». cuando nos encontramos ante una excepción de lo corriente y le pedimos a alguien que nos explique qué está pasando. de algún modo. Por consiguiente. o puede que sencillamente diga que el hombre de la bandera es algún chiflado nacionalista cuya imaginación se ha debido de ver inflamada por algo que haya leído en la prensa sensacionalista matutina. el compromiso moral o los valores. La función de la historia es encontrar un. como sucedía con las extravagantes maniobras de Don Quijote persiguiendo fines caballerescos.a la que interpelamos nos contará prácticamente siempre una historia en la que habrá razones (o alguna otra especificación de un estado intencional).

entre las historias que son verdad y las que son imaginarias? Como si se burlara de la distinción. pongamos por caso. que en su Mimesis reconstruye la historia de la representación de la realidad en la literatura occidental. especialmente por los estudios sobre la forma autobiográfica. moralmente apropiado o moralmente incierto. los Escenarios deben correspond~r a los Instrumen. llevadas a término. cómo 10 mterpretaban sus proragonístas. vn Hasta ahora. el Problema que mueve la narración literaria se ha hecho. son exploraciones de los límites de la legitimidad. incluso. ya que ilustra hasta qué punto distintas culturas históricas se enfrentan a la relación entre los dos «paisajes». como veremos en el siguiente capítulo) del tejido de la acción y la intencionalidad humanas. Es algo que merece la pena tener en cuenta. menos implicado en las realidades establecidas de un paisaje de acción. más el'istémico. A este respecto. Curiosamente. que las formas ficticias proporcionan muchas veces las líneas estructurales mediante las cuales se organizan las «vidas reales».y sabemos. salvo cuando lo siniestro se necesita como tropo. ~omeo y Julieta. como ha señalado Hayden White. aun cuando sea una postura moral contra las posturas morales. comienza con las realidades narratívamente ciertas de la Odisea y termina con la fenomenología atenuada de Virginia Woolf en Al Faro. Flaubert y Conrad hasta el presente. como pronto quedará claro.tos. La existencia de un vínculo discordante entre amb~ partes. la mayoría de las lenguas occidentales retienen en su vocabulario palabras que parecen subvertir perversamente la distinción entre Dichtung y Wahrheit: storia en ita- . como el Problema de los cinco elementos burkianos. qué significan las cosas para ellos. radical y definitiva. historias no sólo un status moral sino también un status epistémicn Las narraciones literarias modernistas. Reitera las normas de la sociedad sin ser didáctica. se ha viseo más atrapado en el choque de significados alternativos. es porque los narradores intentan subvertir los me~ios convencionales mediante los cuales las historias adoptan una actitud moral. Esto quiere decir Que los acontecimientos y las acciones del mundo supuestamente «real» ocurren al mismo tiempo que una serie de acontecimientos mentales en la conciencia de los protagonistas. La narración trata (casi desde las primeras palabras del niño. por usar la expresión de Eric Kahler. Porque las historias t¡~en que ver con cómo interpretan las cosas los protagonistas. por otro. como sucede con Píramo y Tisbe.é? Al prescindir de él. E. en ellas se explica o.sta otorga a las.lS2 Actos de significado La psiC%gfa popular como instrumento -dela cuUwa e3 que es moralmente valorado. Erich Auerbach. ¿por qué ninguno de ellos impone una distinción gramatical o léxica. Hay otra característica de las narraciones bien construidas. por así decir. Dada la especialización de. Hace que lo excepcional sea comprensible y mantiene a raya a lo siniestro. por un lado. Media entre el mundo canónico de la cultura y el mundo más idiosincrático de las creencias. si el relato está plagado de desproporciones ambiguas. 25 Resultan «semejantes a la vida». los lenguajes normales para establecer contrastes binarios. Empieza a quedar claro por qué la narración resulta un vehículo tan natural para la psicología popular. y así sucesivamente. los deseos y las esperanzas. Esto es algo que se encuentra incorporado al aparato de la historia: el hecho de que esta implica tanto una convención cu1tur~ como una desviación respecto a esta última que puede explicarse a partir del estado intencional de un individuo. Y. lo que en otro lugar he llamado su «paisaje dual»26. proporciona una base para la retórica sin confrontación. Puede incluso enseñar. como sucede con frecuencia en la novela postmodema. . el mundo «tal y como era» y. desde. conservar recuerdos o alterar el pasado. 28 Merece la pena dedicar algo más que una consideración pasajera al hecho de que. o Edipo y su esposa/madre Yocasta. la novela ~oderna ha agudizado la sensibilidad contemporánea hacia el conflicto inherente a dos personas que intentan conocer el mundo «exterior» desde ~rspectivas distintas. he dicho muy poco acerca del parentesco estructural o la afinidad entre las narraciones «ficticias» y las «empíricas». Y quizá haya sucedido lo mismo con las narraciones cotidianas. muchas veces la ficción se disfraza con la «retórica de lo real» para conseguir su verosimilitud imaginaria. cuestión que saqué a la palestra anteriormente al ocuparme de la indiferencia de las narraciones con respecto a la referencia. Narrar una historia supone ineludiblemente adoptar unapostura moral. han adoptado un «giro interior» destronando al narrador omnisciente qu~ conocía. Las historias. seguramente la vida debe de haber imitado ya al arte. y. proporcrona fuerza motriz a la narración. La noción misma de Problema presupone que las Acciones deben ajustarse adecuadamente a las Metas. se corrige moralmente un problema.

de justificaciones o «excusas». por consiguiente. él surgimiento de los «docudramas». que ha sido un «buen cuento" o una «buena historia». son todos ejemplos que dan testimonio de esta epistemología • En inglés. las aceptamos-. la exposición terminaba en un estado más semejante al del texto original. resulta más sencillo identificarse con ellas. Wolfgang Iser viene a decir lo. en las que las cosas se reflejan «como son".indeterminada. muchas veces eso es lo que sucede. La segunda hipótesis tiene que ver con cómo se aprende a distinguir. El revisionismo perpetuo de los historiadores. ambiguamente. Si la verdad y la posibilidad resultan inextricables en las narraciones. Las historias. La «historia» terminaba por estar incluso más subjuntivizada en la memoria de 10 que fue escrita. para que una historia fuera buena. su tono retórico es evidente. story en inglés. pero me gustaría ofrecer algunas hipótesis puramente especulativas al respecto. concebida como un juego de palabras. las historias tienen inevitablemente una voz narrativa: los acontecimientos se contemplan a través de un conjunto peculiar de prismas personales. Una historia es la historia de alguien. A pesar de los esfuerzos literarios del pasado por estilizar al narrador en un «Yo omnisciente». abierta de algún modo a lecturas alternativas. Sospecho que la «omnipotencia de pensamiento" del niño permanece lo suficientemente intacta cuando somos adultos como para que nos encaramemos al proscenio para convertirnos (aunque sólo sea por un momento) en quienquiera ¡Que sea que se encuentre sobre el escenario y nos metamos en el aprieto de que se trate. una historia es experiencia vicaria. Con este tipo de historias es posible. permanece siempre en un terreno a medio camino entre lo real y 10 imaginario. como sucede tan a menudo (tal y como veremos en el siguiente capítulo). historia en castellano. y. los relatos literarios reciben el nombre genérico de [iction: «ficción. En una palabra. dada la utilización menos frecuente del término ficción en el sentido inglés. sabemos muy poco sobre esta cuestión. como si dijéramos. ¿es una determinada explicación narrativa simplemente un «buen relato» o es la «realidad» misma? Quiero detenerme brevemente en esta curiosa ambigüedad. «relatos de experiencias reales) u ofertas de una imaginación culturalmente conformada. 29 En mi libro Actual Minds. por usar la expresión de Yeats. ficción es que coloca los acontecimientos en un «horizonte» más amplio de posibilidades.. ciertamente. cuando las historias adoptan la forma.s subjuntivizadoras».84 Actos de significs. sujeta a los caprichos de los estados intencionales• . porque creo que revela algo importante sobre la psicología popular.] . Si nos sientan bien. Y. como si dijéramos. Possible Worlds intenté mostrar hasta qué punto el lenguaje de una narración bien hecha difiere del de una exposición bien elaborada por el empleo que hace de las «transformacío~t:. Es como si. si el lector escéptico es indulgente conmigo. Desgraciadamente. Cuando queremos llevar un relato acerca de algo al dominio de los significados negociados. aun cuando se consideren historias «veraces». sobre todo. irónicamente. y la más frecuente del térmmo facción en el sentido de «división intema. la invención literaria de la faction en contraposición a la fiction * las conversaciones de almohada de los padres intentando revisar la interpretación de los actos de sus hijos. Recientemente. Volvamos a nuestra anterior discusión de la mimesis. realistas. mismo cuando señala que una característica de la. del T. circunstancias atenuantes y posibilidades alternativas. pero. son instrumentos especialmente indicados para la negociación social. «entre el baile y el bailarín". decimos. Y su status. dejando al oyente. Una historia que consigue alcanzar la incertidumbre o subjuntividad necesaria ---que consigue 10 que los críticos formalistas rusos denominaban literaturnost o «Iiterariedade-c. Estas son usos léxicos y gramaticales que realzan estados subjetivos. para referirse a los relatos verídicos. no sólo por el uso que los autores hacen de esos «subjuntívizadoress sino también en la incorporación que de ellos hacen los lectores al hablar sobre lo que habían leído. En castellano el efecto de este retruécano es mucho menor. Recordemos la idea de Ricoeur según la cual una «historia» (ya sea real o imaginaria) invita a la reconstrucción de Io que podría haber sucedido. hubiera que hacerla algo incierta. La primera es que entrar en las historias «subjuntivas» es más fácil.. este hecho debería poner las narraciones de la psicología popular a una extraña luz.do La psicologfa popular como instromento de la cultura 85 liano. histoire en francés.» [N. y el tesoro de narraciones en que podemos entrar incluye. Carecen del carácter de «muerte súbita" de las exposiciones construidas de forma objetiva.debe cumplir unas funciones muy especiales para aquellos que caen bajo su dominio. si nos aprietan en nuestra identidad o compiten con compromisos establecidos. que «nos las probemos» para ver si su talla psicológica encaja con la nuestra. se ha acuñado la expresión faction. En aquel libro mostraba que existía un contraste radical entre un relato corto de James Joyce y una descripción etnográfica ejemplar de Martha Weigel sobre la hermandad de sangre entre los penitentes. las rechazamos. perplejo respecto a qué pertenece al mundo y qué a la imaginación.

voy a replantear una cuestión a la que he aludido enteríor- . Bartlett no había olvidado la parte cultural de aquello cuya exploración había emprendido. por así decir. en ningún sentido psicológicamente profundo. ha sido acusado recientemente por algunos críticos de haber abandonado una postura inicialmente «cultural» sobre la elaboración de marcos en la memoria. la existencia del relato o la historia como forma es una garantía perpetua de que la humanidad siempre «irá más allá» de las versiones recibidas de la realidad. John Shotter analiza en un ensayo el supuesto cambio de las ideas de Bartlett entre un artículo poco conocido. en segundo lugar. Ciertamente. en favor de otra más psicológica e individualista. podríamos llamar la «organización de la experiencia». según las cuales «el autor del mejor libro sobre el recuerdo olvidó sus convicciones originales [y] se vio absorbido por el marco institucional de la psicología de la Universidad de Cambridge y limitado por las condiciones del laboratorio experimentals.P A propósito del poder «esquematizador» de las instituciones al que-se refiere Bart1ett. en términos generales. VID Quiero ocuparme ahora del papel que desempeña la psicología popular en forma narrativa en 10 que. y probablemente nuestra especie nunca hubiera sobrevivido. se ve alterada sistemáticamente para adaptarse 8 nues- tras representaciones canónicas del mundo social. y. Es más fácil vivir con versiones alternativas de una historia que con premisas alternativas de una explicación «científica». Sabemos por nuestra propia experiencia de. ¿No será por esto por lo que los dictadores tienen que tomar medidas tan draconianas contra los novelistas de una cultura? y una última especulación.88 Actos de significado La psicología popular como instrumento de la cultura fi1 ambigua del relato. La elaboración de marcos proporciona un medio de «construir» el mundo. El mismo Bartlett. Es~ sesgo construye las características especiales y duraderas de la cultura del grupo .contar historias consecuentes sobre nosotros mismos que existe un lado ineludiblemente «humano» en el hecho de dar sentido a algo. que desapareció hace tiempo. Shotter insiste con fuerza en que la elaboración de marcos es una actividad social. etc. La manera típica de enmarcar la experiencia (y nuestros recuerdos dI. suele recibir el nombre de elaboración de marcos o esquematización. como sabemos desde los estudios clásipos de Bartlett. de segmentar los acontecimientos que ocurren en. Me interesan especialmente dos cuestiones. publicado en 1923. dedicada a la «psicología social del recuerdo». y Jean Maruller DOS ha hecho el favor ~ acumular las pruebas que demuestran que lo que no se estructura de forma narrativa se pierde en la memone. Todo esto nos resulta una historia familiar. a defender la idea de que la historia debería «reducirse» a formas proposicionales verificables había perdido de vista la función negociadora y hermenéutica de la historia. En primer lugar. en realidad.. a la cuestión de por qué esto es aSÍ. excitación y emoción que favorecen el desarrollp de imágenes específicas. pero tengo una sospecha. si no puede alterarse. Una de ellas. cuyo objetivo es compartir la memoria en una cultura en lugar de servir meramente para garantizar el almacenamiento individual. o bien se olvida o bien se destaca por su excepcionalided. la otra es la regulación afectiva. En una sección fmal de su conocido libro. proporcionando un merco" permanente de instituciones y costumbres que actúa como base esquemática para la memoria consrructíve. Bartlett dice: Todo grupo social se ve organizado y mantenido por alguna tendencia psicológica específica o por un grupo de estas. 31 Cita unas palabras de la temible crítica y antropóloga social Mary Douglas.él. [y esto] determina inmediatamente lo que el individuo va a observar en su ambiente y las conexiones que establecerá entre su vida pasada y esta respuesta directa. y su renombrado libro de 1932. No tengo respuesta.P La elaboración de marcos prolonga La experiencia en la memoria. y..' ella) es la modalidad narrativa. como mencionamos antes. de caracterizar su curso. estaríamos perdidos en las tinieblas de una experiencia caótica. proporcionando esas condiciones de interés. que confieren al grupo un sesgo en su relación con las circunstancias externas. Y estamos dispuestos a aceptar una versión diferente simplemente como algo «humano». de carácter más bien tradicional. simplemente una cuestión de establecer trazos y esquemas en el cerebro de cada individuo. El espíritu de la ilustración que llevó a Carl Hempel. Si no fuésemos capaces de elaborar esos marcos. en donde. Este efecto del sesgo se produce especialmente de dos maneras.V Pero no cabe duda de que. pero se ha visto algo trivializada haciéndola parecer un fenómeno completamente individual.

El afecto es algo así como una huella dactilar general del esquema que hay que reconstruir. No intentamos sólo convencernos a nosotras. ras narraciones pierden su poder de «ampliar el horizonte de posibilidades». que lo que estamos intentando recordar era algo desagradable.é" La estructura misma de nuestro vocabulario. y no sólo porque posean una fortuna: se les ve diferentes y. y cumple una función «retórica» en el proceso de reconstrucción del pasado. la metonimia la sinécdoque. entonces. una actitud. que demuestra cómo los estereotipos sexuales se han visto acentuados y exagerados de forma sistemática por la elección de los instrumentos con que se medían. determina incluso la forma de «invención» en que nos deslizamos al reconstruir el pasado: «el sujeto confiado se justifica a sí mismo -alcanza una racionalización. actúan como si lo fueran. Sin ellos. aunque puede que no nos fuerce a codificar los acontecimientos humanos de una forma determinada. La experiencia y la memoria del mundo social están fuertemente estructuradas no sólo por concepciones profundamente intemalizadas y narratlvizadas de la psicología popular sino también por las instituciones históricamente enraizadas que una cultura elabora para apoyarlas e inculcarlas. en tanto que el sujeto precavido y dubitativo reacciona de manera opuesta. por consiguiente. cualquier «tendencia conflictiva» capaz de alterar el equilibrio individual o amenazar la vida social es igualmente capaz de desestabilizar la organización de la memoria. en los que un cuento amerindio. «El recuerdo es. en efecto. por así decir. Es una reconstrucción concebida para justificar. Scott Fitzgerald tenía razón al decir que los más ricos son «diferentes». recordemos que Ricoeur se refiere incluso a la mimesis como «metáfora de la realidad». algo que nos resultó embarazoso. Detengámonos a considerar esas maneras cultural mente impuestas de dirigir y regular el afecto en interés de la cohesión cultural a las que se refiere Bartlett. IX Pero las narraciones no pueden reducirse meramente a la estructura de su trama o al dramatismo. es decir. una construcción efectuada en gran medida sobre la base de esta actitud. tal y como él los concibe. se convencionaliza culturalmente cuando pasa sucesivamente de un estudiante universitario de Cambridge a otro. de la metáfora. por así decir. También son una manera de usar el lenguaje. según él. y su efecto general es el de una justificación de Ja actitud». como sabemos gracias a libros recientes como el de Cynthia Fuchs Bpstein Deceptive Disunctions. La «ciencia» misma refuerza estas percepciones y sus transformaciones en la memoria. Es como si la unidad de afecto (en contraste con el «conflicto») fuese una condición para la esquematizacion económica de la memona. en nuestras reconstrucciones memorísticas creamos un «clima simpático». normalmente lo primero que nos viene a la mente es un afecto o una eacutud cargada». etc. Según la expresión de Bartlett.P Pero me gustaría añadir una dimensión ínterperscnal. la implicaci6n y demás figuras.é" En efecto.a presión sutil pero continua. es decir. de explorar todo el espectro de conexiones entre 10 excepcional y 10 corríente. y encuentra su justificación reduciendo los detalles presentados [en el experimento] en lugar deaumenténdolose. el recuerdo sirve para justificar un afecto.B8 Actos de signifiCado La pSicología popular como instrumento de la cultura 89 mente. Según él. El acto de recordar está «cargado». es que se encuentran bajo el control de una «actitud» afectiva. en principio ajeno a la cultura de los sujetos. En efecto. mismos con nuestras reconstrucciones de memoria.proporcio- nando más detalles de los que en realidad hubo. Ni puede decirse que no sean más que «historicidad» o diacronicidad. Pero es un clima simpático no sólo respecto a nosotros sino también respecto a nuestros interlocutores. algo emocionante. incluso al relatar sucesos cotidianos. ciertamente nos predispone a ser cultural mente canónicos. . El interlocutor de la persona que recuerda (ya sea estando presente en carne y hueso o en la forma abstracta de un grupo de referencia) ejerce un. la clave de los brillantes experimentos del propio. o cultural a la descripción de Bartlett. En una palabra. Las narraciones dependen en una medida sorprendente del poder de los tropos. cuando nos esforzamos por recordar algo. Bartlett sobre la reproducción serial. Esta es. Ya que parece que su efectividad depende (como ya he ~ñalado al analizar su «subjuntividad») de su «literariedad». Pero Bartlett va aún más lejos. sin duda. En El Recuerdo insiste en que lo más característico de los «esquemas de memoria». IQS procesos implicados en «tener y retener» experiencias están informados por esquemas impregnados de concepciones de la psicología popular sobre nuestro mundo: las creencias constituyentes y las narraciones a mayor escala que los contienen en esas configuraciones temporales o tramas a las que hicimos referencia anteriormente. Recordar el pasado también cumple una función de diálogo. La retórica. Según esto.

70 Actos de significado

La psicología popular como instrumento de la cultura

71

Las narraciones, además, deben ser concretas: deben «ascender a lo particular», corno en una ocasión dijo Karl Marx.'? Una vez conseguidas sus particularidades, las convierte en tropos: sus Agentes, Acciones, Escenarios, Metas e Instrumentos (y también sus Problemas) se convierten en emblemas. Schweitzer se convierte en la «compasión», Talleyrand, en la «astucia», la campaña de Rusia de Napoleón, en la tragedia de la ambición desmedida; el Congreso de Viena, en un ejercicio de maniobras imperiales. Hay una propiedad descollante compartida por todos estos «emblemas» que los diferencia de las proposiciones lógicas. Impenetrables tanto a la inferencia como a la inducción, se resisten a los procedimientos lógicos para establecer lo que significan. Los emblemas, como hemos dicho, se ímerpretau. Leamos tres de las obras de Ibsen: El Pato Salvaje, Casa de Muñecas y Hedda Gabler. No hay manera de llegar lógicamente a-sus condiciones de «verdad». No pueden descomponerse en un conjunto de proposiciones atómicas que nos permitan aplicarles operaeiones lógicas. Ni podemos extraer sin ambigüedad su «sustancia». ¿Es el hijo que vuelve en El Pato Salvaje un emblema de la envidia, del idealismo o, como se sugiere veladamente en sus últimas líneas, representa a todos aquellos que están «destinados a ser el decimotercer invitado de la cena»? ¿Es Nora, en Casa de Muñecas, una feminista prematura, una narcisista frustrada o una mujer que paga el elevado precio de la respetabilidad? Y Hedda: ¿Es una historia sobre el hijo malcriado de un padre famoso, sobre la muerte implícita en la esperanza de perfección, sobre la inevitable complicidad que se da en el autoengaño? La interpretación que ofrecemos, con independencia de que sea histórica, literaria o-judicial, siempre es, como ya hemos señalado, normativa. No se puede defender ninguna de estas interpretaciones sin adoptar una postura moral y una actitud retórica. Igual que no podemos interpretar unfvocamente las versiones de las dos partes en una disputa familiar, o los argumentos de ambas partes en una causa sobre la Primera Enmienda en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. En efecto, el actó de habla mismo que supone «contar una historia» -ya sea de la vida real o imaginaria-e- advierte al espectador de que su significado no puede establecerse recurriendo a las reglas de Frege y Russell sobre el sentido y la reterencía." Interpretamos las historias por su verosimilitud, por su «apariencia de verdad», o, para ser más exactos, por su «similitud a la vida». Los significados interpretativos del tipo a que nos referimos son metafóricos, alusivos. nwy sensibles al contexto Pero son la moneda de la cul-

tura y de su psicología popular narrativizada. El significado, en este sentido, difiere de una fonna fundamental de lo que para los filósofos de la tradición angloamericana dominante quiere decir la palabra «significado». ¿Quiere esto decir que el «significado cultural» tiene que ser, por consiguiente, una categoría totalmente impresionista o literaria? Si así fuera, no habría demasiado buenos -augurios para una psicología cultural que tendría como piedra angular el concepto «más impreciso» de significado. Pero no creo que esto sea así, y voy a explicar por qué. A comienzos de este siglo, la filosofía angloamericana dio la espalda a lo que tradicionalmente se conoce con el nombre de «psicologismo». No hay que confundir el proceso de pensar, por un lado, y el «pensamiento puro», por otro. El primero es totalmente irrelevante para el ámbito del significado en su sentido filosófico: es subjetivo, privado, sensible al contexto e idiosincrático; mientras que los pensamientos puros, encamados en proposiciones, son compartidos, públicos y susceptibles de escrutinio riguroso. L9S primeros filósofos angloamericanos (e incluyo a Gottlob Frege entre ellos, dado que él fue quien inspiró el movimiento) veían con recelo el lenguaje natural, y prefirieron desárrollar su cometido en el medio descontextualizado de la lógica tormaí.>? Nadie dudaba de que el modo en que las mentes individuales llegaban a captar los significados idiosincráticos constituyese un problema genuino, pero se consideraba que este no era un problema esencial de la filosofía. El problema filosófico era, más bien, determinar los significados de las oraciones o las proposiciones escritas. Para hacerlo, había que establecer su referencia y sentido: la referencia, determinando las condiciones de verdad de una oración; el sentido, estableciendo con qué otras oraciones podría relacionarse. La verdad era objetiva: las oraciones son verdaderas o falsas con independencia de que nosotros nos demos cuenta o no de que lo son. El sentido en general era independiente de cualquier sentido particular o privado cuestión que nunca llegó a desarrollarse del todo, probablemente porque era imposible hacerlo. En estas condiciones, el significado se convirtió en una herramienta de los filósofos, un instrumento formal de análisis lógico. Las oraciones descontextualizedas de la tradición lógica formal aparecen como «emitidas por nadie en ninguna parte», son como textos autónomos, «huérfanoss.F' Para establecer el significado de este tipo de textos hay que recurrir. a un conjunto de operaciones formales sumamente abstractas. Muchos psicólogos, lingüistas, antropólogos y un número cada vez mayor de filósofos empezaron a quejarse de que la dependencia del sigui-

72 Actos de sJgnJffcado

La psicología popular como instrumento de la cultur's

73

flcado 'respecto a las condiciones de «verificación» hacía que el concepto humano, más amplio, de significado relacionado con el uso quedase vírtualmente fuera de juego. Conducidos por la teoría de los a(;:'1S de habla, bajo la inspiración directa de John Austin y la indirecta de wntgenstein, durante los últimos 30 años, los investigadores de la mente han concentrado sus esfuerzos en restaurar el contexto comunicativo en el análisis del significado.f Aunque en la tradición clásica, las emisiones lingüísticas se trataban como locuciones descontextualizadasy «huérfanas», también podían tratarse de manera sistemática como la expresión de la intención comunicativa del hablante. Y, en la misma línea, podía plantearse la cuestión de si el significado del hablante era captado o «absorbido» por el oyente y qué era lo que determinaba esa captación. Como todos nosotros sabemos, esa captación depende de que el hablante y el oyente compartan un conjunto de convenciones para comunicar diferentes tipos de significado. Y estos significados no se limitaban a cuestiones relativas a la referencia la verdad. Las emisiones lingüísticas encamaban muchas más intenciones que la mera referencia: pedir, prometer, advertir e incluso, a veces, realizar una función cultural de carácter ritual, como sucede en el bautismo. Las convenciones compartidas que hacían que la emisión lingüística de un hablante encajase con las condiciones de su utilización no eran condiciones de verdad sino condiciones de felicidad: reglas relativas no sólo al contenido proposicional de una oración sino también a unas precondiciones contextuales necesarias, a la sinceridad del intercambio, y a las condiciones esenciales que definen la naturaleza del acto de habla (por ejemplo, para poder «prometer» hay que ser capaz de cumplir). Más adelante, Paul Grice enriqueció esta descripción poniendo de manifiesto que todas estas convenciones estaban, a su vez, limitadas por el Principio de Cooperación, al que me he referido con anterioridad (un conjunto de máximas relativas ala brevedad, pertinencia, claridad y sinceridad de los intercambios conversacionales).42 Y, a partir de todo esto, se desarrolló la magnífica idea de que el significado también puede generarse violando esas máximas de una forma convencional. Con la introducción de las condiciones de felicidad y de las máximas de Grice, el «texto huérfano» escrito en la pizarra del lógico dejó su sitio al habla localizada en un contexto, portadora de la fuerza ilocutiva de la intención de un hablante. El significado del habla localizada se hizo cultural y convencional. Y su análisis pasó a estar empíricamente basado y jus-

y

tificado en lugar de ser meramente intuitivo; 'Es en este sentido en el que he propuesto la restauración del proceso de construir significados como la esencia de la psicología cultural, de una Revolución Cognitiva renovada. Creo que el concepto de «significado», entendido de esta manera y según estos principios, ha vuelto a conectar las convenciones lingüísticas con la red de convenciones que constituyen una cultura. Una última palabra acerca del significado, especialmente porque puede depender de la capacidad de captar una narración de la que forme parte. He introducido el concepto de narración en deferencia al hecho obvio de que, al comprender los fenómenos culturales, la gente no se enfrenta al mundo acontecimiento por acontecimiento; o a un texto, frase por frase. Los acontecimientos X las frases se enmarcan en estructuras mayores, va sean los esquemas de la teoría de la memoria de Bartlett. los «planes» de Schank y Abelson, o los marcos propuestos por Van Dijk. 43 Estas estructuras mayores proporcionan un contexto interpretativo para los componentes que abarcan. Así, por ejemplo, Elizabeth Bruss y Wolfgang Iser dan cada uno una descripción de principio del «superacto de habla) que constituye un relato de ficción, o Philippe Lejeune describe sistemáticamente la empresa en que uno se embarca como escritor o como lector al entrar en-lo que él ha bautizado con el nombre de «pacto autobiográficoe.t" O podemos imaginamos intentando especificar las condiciones relativas al significado de determinadas frases que siguen a la exhortación inicial «oremos». Bajo el signo de esta, la expresión «el pan nuestro de cada día dénoslo hoy» no debe tomarse como una petición, sino, digamos, como un acto de reverencia o de fe. Y, para entenderlo en su contexto, hay que interpretado como un tropo. Creo que sólo podremos comprender los principios que rigen la interpretación y elaboración de los significados, en la medida en que seamos capaces de especificar la estructura y coherencia de los contextos más amplios en que se crean y transmiten significados específicos. Y ese es el motivo por el que he querido cerrar este capítulo con una clarificación del problema del significado. Lo cierto es que rechazar la importancia teórica que el significado tiene para la psicología argumentando que es un concepto «vago» nOnos va a llevar a ninguna parte. Su vaguedad estaba en el ojo del lógico formal de ayer. Hoy hemos superado ya esa postura.

Capítulo 3 LA ENTRADA EN EL SIGNIFICADO

1
En el último capítulo, me ocupé especialmente de describir lo que he llamado «psicología popular,» o quizá habría sido más adecuado el rérmino de «ciencias humanas populares». He querido mostrar cómo'Íos seres humanos, !!J interactuar entre sí, crean UD sentido de lo canónico-y lo ordinario que se constituye en telón de fondo sobre el que poder interpretar y narrar el significado de lo inusual, de aquello que se desvía de lo estados «normales» en la condición humana¡ Estas explicaciones narrativas producen el efecto de enmarcar lo idiosincrático en un molde «vital» o cotidiano que favorece la negociación y evita las interrupciones y divisiones de la confrontación. Por último, planteé una concepción de la creación cultural del significado, según la cual se trataría de un sistema que se ocupa no sólo del sentido y de la referencia sino también de las «condiciones de felicidad», es decir, las condiciones mediante las cuales las diferencias de significado pueden resolverse invocando las circunstancias atenuantes que dan cuenta de las interpretaciones divergentes de la «realidad». Este método de negociar y renegociar los significados jnediante la interpretación narrativa me parece que es uno de los logros m"ls sobresalientes del desarrollo humano, en los sentidos ontogenétíco, cultural y filogenético de esa expresión. Culturalmente, el desarrollo se ve enormemente ayudado por los recursos narrativos acumulados por la comunidad y por los instrumentos igualmente preciosos que suponen las técnicas interpretativas: los mitos, las tipologías de los dramas humanos y, también, sus tradiciones para localizar y resolver narraciones divergentes. Filogenéticamente, como veremos enseguida, este desarrollo se ve apoyado en el curso de la evolución por la aparición en los primates superiores (incluso antes
75

78 Actos de signifiCado La entrada en el significado 77 . humana para intemalizar ese lenguaje y usar su sistema de signos como interpretante de estas relaciones de «representación».' En el presente capítulo. Pero. capacidad totalmente lingüística. a falta de un término más adecuado. el índice tenía una relación de contingencia." Su noción de estructura profunda era completamente sintáctica y no tenía nada que. . Entenderlo así 'sería equivaleñte a invocar' lo innato. El significado de las emisiones o la manera en que se utilizaban no tenían ninguna influencia. a decir que tenemos una capacidad innata para el lenguaje. en un período de tiempo muy corto (como veremos.. como en el caso de un dibujo o una fotografía. Ya que lo que quiero hacer es analizar cómo entran en el significado los niños desde muy pequeños. en nuestra opinión. sino también de un interpretante: una representación mediadora del mundo en función de la cual se establece la relación entre signo y referente. puesto que el significado es ya un fenómeno mediado culturalmente cuya existencia depende de un sistema previo de símbolos compartidos.é II Pero debemos recorrer un amplio camino antes de llegar a ocupamos de estas grandes generalidades. No es necesario pasar revista a la historia de esta controversia puesto que sólo nos afecta aquí de un modo indirecto. sin embargo. y a proporcionar interpretaciones congruentes con los distintos compromisos morales y obligaciones institucionales que imperan en cada cultura. al menos. por ejemplo. su capacidad no sólo para marcar lo que es culturalmente canónico sino también para poder dar cuenta de las desviaciones incorporándolas a una narración. La única forma en que podríamos concebir una biología del significado seria por referencia a algún tipo de sistema precursor que preparara al organismo prelingüístico para entrar en tratos con el lenguaje. Peirce. me propongo examinar algunos de los caminos que conducen a los jóvenes seres humanos a lograr (o a hacer realidad) su poder narrativo. Espero poder demostrar que el logro de tal habilidad no es sólo mental sino también social. Esta expresión puede parecer a primera vista un oxímoron. tendré que llamar «la biología del significado». y pueden adoptar diversas formas. logró despertamos del sueño 'empirista que. y el símbolo dependía de un sistema de signos en el que la relación de éstos con sus referentes es arbitraria y está gobernada únicamente por el lugar que aquellos ocupan en el sistema. Porque. un logro de práctica social que proporciona estabilidad en la vida social del niño. S. sistema protolingüístico. experiencia que era: incluso insuficiente para deducir tales reglas por constar de datos «degenerados» o esemigramaticales». Para él. ver con el una «significado» ni con el uso concreto que se hiciera del lenguaje. por tanto. especialmente sentido narrativo. de la existencia del Homo) de una capacidad cognitiva primordial para reconocer y explotar las creencias y deseos de sus congéneres. de acuerdo con el cual se define qué es lo que «representan». En los años que han transcurrido desde entonces han corndo ríos de tinta sobre esta disposición sintáctica innata que postulaba Chomsky. una competencia para el lenguaje. Decimos de los recién nacidos que no pueden captar los «significados». El significado simbólico. cómo aprenden a dar sentido. depende críticamente de la capacidad. al mundo que los rodea. Y. una de las formas más poderosas de estabilidad social radica en la tendencia de los seres humanos a compartir historias que versan sobre la diversidad de Jo humano. junto al conocido sistema de intercambios que nos señalara Levi-Strauss. En este sentido. David Premack fue el primero en calificar esta capacidad cognitiva con el término de «teoría de la mente». reconocemos que fel significado depende DO sólo de un signo y de su referente. Su tesis se basaba en la supuesta capacidad del niño para captar las reglas de formación y transformación de las emisiones lingüísticas mediante su exposición a una experiencia puramente lingüística. los símbolos dependen de la existencia de un «lenguaje» que contiene un sistema de signos ordenado o gobernado por reglas. había dominado todas las EJ:8 ..3 Recordemos que Peírce distinguía entre iconos. desde San Agustín. el icono tenía una relación de «parecido» con su referente. Por ello quiero empezar esta sección con una necesaria digresión en torno a lo que. desde el momento en que comienzan a utilizar el lenguaje) llegarán a ser capaces de entender esos significados. algún tipo de. Hace una generación. como la del humo con el fuego. ¿cómo podría hablarse de una «biología» del significado? Desde C. Estas apelaciones a lo innato no son nuevas. indicios y símbolos. Noam Chomsky propuso un «mecanismo de adquisición del lenguaje» innatoc.que operaba aceptando sólo aquellas entradas de información lingüística procedentes del medio infantil que se ajustaran a las características de una supuesta estructura profunda subyacente a todas las lenguas humanas. Por eso.

s Sin duda.S De esta enorme cantidad de literatura científica surgieron tres ideas sobre la adquisición del lenguaje que pueden guiarnos en nuestra búsqueda de una biología del significado. a la luz de las investigaciones de las dos últimas décadas ( y especialmente en relación con las tres conclusiones a las que tales investigaciones nos han conducido). ~~to quiere decir que habría ciertas clases de significados para los que los seres humanos estaríamos innatamente orientados o sintonizados. al menos. Entre ellas habría que incluir. pienso que no es sorprendente que el modo como «entramos en el lenguaje» descanse en una «disposición prelingüística para el significado» de naturaleza selectiva. Dejemos bien claro que esto no supone. La sutileza y complejidad de las reglas sintácticas me inclinan a creer que sólo pueden aprenderse instrumentalmente. pedir y despistar-. Estar «expuesto» al flujo del lenguaje no es tan importante como utilizarlo mientras se «hace» algo. cuya plena realización dependería del instrumento cultural que es el lenguaje. ni con la alimentación. hay algunas habilidades comunicativas generales que parecen estar bien asentadas antes de que aparezca el lenguaje propiamente dicho. para adquirir el lenguaje.adoptando el papel de mero espectador.un «bioprograma» que nos alerta sobre determinadas estructuras smtéctícas." Para desarrollarse por completo. a quién."Por ello. como instrumentos con los que llevar a cabo ciertos objetivos y funciones operativas. El niño a~nde no sólo qué hay que decir sino también cómo. En el reino de los animales superiores no hay ninguna habilidad sumamente específica y relativa a actos susceptibles de combinaciones muy diversas que pueda ser aprendida «automáticamente». . Entre las más importantes están la atención conjunta a un referente putativo. ni con las conductas agresivas o agonísticas. la cual . además. en el sentido de Peirce. Determinadas funciones o intenciones comunicativas están muy bien establecidas antes de que el niño domine el lenguaje formal con el que puede expresarlas lingüísticamente. y bajo qué circunstancias.de la situación en la que se produce la conversación.Desde una perspectiva naturalista. ¿Qué tipo de interpretante. vaya proponer un enfoque muy distinto del de Chomsky. La' tercera conclusión es. y que se incorporan al habla infantil una vez que ésta se establece. es una ocupación legítima de los lingüistas examinar exclusivamente qué reglas caracterizan lo que un niño dice de una semana a otra. me concentraré casi exclusivamente en lafunción y en lo que he llamado la «captación del contexto». Sin pretender menospreciar la importancia de la forma sintáctica en el lenguaje. De hecho. La primera se refiere al hecho de que.! Si existe ese bioprograma. su puesta en funcionamiento no puede depender únicamente de la presencia en el medio infantil de ejemplares lingüísticos apropiados. Y. o de memoria. El lenguaje se adquiere utilizándolo y no. y que buscaríamos de un modo activo. puede estar actuando para que se produzca esa captación del significado? Me vaya permitir retrasar la respuesta a esta pregunta para intentar aclarar antes qué es lo que me propongo hacer. sino también de la «sensibilidad del niño al contexto». Esto nos devuelve directamente a la pregunta original de cómo «capta el niño el significado» de las situaciones (o de los contextos) de tal manera que le sirva de ayuda para llegar a dominar el léxico y la gramática correspondientes a esas situaciones. Para abordar la cuestión de la predisposición humana para el lenguaje.meras: ~a adquisición del lenguaje es muy sensible al contexto. la adopción de tumos y el intercambio mutuo. ni con la distribución espacial. dónde. ) La segunda conclusión de los estudios sobre la adquisición del lenguaje es muy importante y se puede expresar de fonna muy sencilla. ni siquiera cuando existen fuertes predisposiciones biológicas para su adquisición. un apretado resumen de las dos pri. parece como si el niño estuviese parcialmente motivado para aprender el lenguaje con el fin de pode! realizar mejor estas funciones in vivo. en absoluto. como representaciones protolingüísticas del mundo. el niño requiere mucha más ayuda e interacción con los adultos que le cuidan de lo que había supuesto Chomsky (y muchos otros). es decir. Aprender una lengua es equivalente a aprender scomo hacer cosas con palabras»" por usar la célebre expresión de John Austin. en realidad. el niño parece más capaz de captar no sólo el léxico sino también' los aspectos apropiados de la gramática del lenguaje. etiquetar. estos significados existirían de un modo primitivo. las de indicar. lo que quiere decir que el progreso es mayor cuando el niño capta de un moée prelingüístico el significado de aquello de lo que se le está hablando e. Con anterioridad a la aparición del lenguaje.78 Actos de significado La entrada en el significado 79 especulaciones sobre la adquisición del lenguaje. pero el estudio de estas reglas no puede proporcionarnos en modo alguno una explicación de las condiciones de las que depende la-adquisición del lenguaje. provocó un torrente de investigaciones empíricas sobre las condiciones en que se produce la adquisición infantil de la lengua matema. todas estas conductas necesitan ser practicadas y moldeadas por el uso. negar la existencia de lo que Derek Bickerton ha llamado -siguiendo a Chomsky. No sucede así ni con la conducta sexual. Dándose cuenta del contexto.

12 y. Nicholas Humphrey ha propuesto que la disposición del hombre hacia la cultura puede depender de algún tipo de «sintonización» diferencial hacia los otros. Y Roger Lewin... hablan en favor del origen prehumano del tipo de representaciones de psicología popular que estoy proponiendo. Esta es inherente a la conducta social humana y se expresa en consonancia con el nivel de madurez del sujeto en cuestión. contraponiéndolos a los de otra persona real» y «les permitía poner de manifiesto directamente en la acción las falsas creencias de los otros . no encontrando nada. .algo que han escondido. antes de esa edad. después de pasar revista a la literatura científica sobre los primates publicada en las últimas décadas. Los autores señalan que esta tarea del escondite «afectaba claramente a los intereses del propio sujeto. entre los dos y tres años de edad son ya capaces de ocultar la información relevante. por ejemplo. Volveremos a ocuparnos enseguida de la naturaleza de las predisposiciones que la constituyen.80 Actos de significado La entrada en el significado 81 sólo puede surgir a partir de esas predisposiciones a los significados culturalmente relevantes que estoy proponiendo. e incluso de crear y proporcionar información falsa. de acuerdo con el cual se entiende que ciertas clases de conducta están predicadas a partir de deseos y creencias particulares adoptados por aquellos de cuyas acciones se trata». como suele suceder en los estudios sobre el desarrollo infantil. no venimos al mundo equipados con una «teoría» de ia mente. ¿En qué consiste entonces esa disposición prelingüística para determinadas clases de significado? La hemos caracterizado como una forma de representación mental. lO Pero primero quisiera ilustrar qué es lo que quiero decir cuando afirmo que existe en la praxis una captación protolingüfstica de la psicología popular. --. pero innata. ni siquiera antes de que el lenguaje se convierta en el instrumento de esa interacción. Si se utiliza un procedimiento que requiera que el niño «explique» que alguien ha hecho algo porque creía erróneamente que había sucedido una cosa. los datos aportados recientemente por Chandler y sus colaboradores demuestran que. «Poseer una teoría de la mente es». si Ponemos a los niños en una situación en la que deben ser ellos mismos quienes impidan a otros descubrir. La comprensión práctica se manifiesta inicialmente en la regulación infantil de las interacciones sociales. muy básicos. Es necesario haber adquirido ya el lenguaje para que uno pueda adquirir más lenguaje adoptando el papel de mero «espectador». vuelve para comprobar no sólo la dirección en la que el adulto señala con el dedo sino también la dirección de su mirada. buena parte del debate se ha centrado en «cómo puede medirse» esa capacidad.para mantener y fomentar esas coaliciones. El material del ejemplo con que voy a ilustrar esta idea procede fundamentalmente de una demostración experimental muy bien argumentada. los niños son incapaces de predecir las acciones apropiadas que rea. «adoptar un determinado marco explicativo. Pero ¿qué es lo que representa? Creo que se trata de una representación muy maleable. De estos antecedentes de psicología popular surgirán en su momento logros Iingüís- . sin poseer alguna forma protolingüística de «teoría de la mente». ' n lizará una persona en función de sus falsas creencias. ~En otras palabras. los estudios sobre el carácter cambiante y oportunista de las coaliciones sociales en los primates.14 Nadie duda de que los niños de cuatro o seis años posean teorías de la mente mas maduras que les permiten abordar 10 que piensan o sienten otros sujetos con quienes no estén interactuando. sobre la utilización que hacen del «engaño» y la «desinformación. como. No soy el primero en sugerir que esta «disposición para el significado).-nen tales teorías antes de la edad de 4 años. como. Sin embargo. poner huellas de pisadas en dirección errónea.'! Ha habido una controversia muy viva en la literatura que versa sobre «el desarrollo de las teoría" de la mente» acerca de si los niños tif. La primera vez. publicada recientemente por Michael Chandler y sus colaboradores. pero sí con un conjunto de predisposiciones para construir el mundo social de un modo determinado y para actuar de acuerdo con tal 'Construcción. común a la psicología intuitiva de la mayor parte de los adultos. social es producto de nuestro pasado evolutivo. en lugar de tener que hablar sobre ellas». especialmente si él no está directamente involucrado en la acción. que se pone en funcionamiento con las acciones y las expresiones de otros seres humanos y con determinados contextos sociales.. según ellos. en los que interactuamos.. cuando el niño de 9 meses sigue ocularmente la trayectoria señalada por la mano del adulto y. Sin embargo. llega a la conclusión de que el criterio selectivo para la evolución de los primates superiores ha sido probablemente la sensibilidad a los requisitos que plantea la vida en grupos? Ciertamente.. para confundir a quienes buscan el tesoro escondido. Parece que. el lenguaje sólo puede llegar a dominarse participando en él como instrumento de comunicación. Esto equivale a afirmar que llegamos al mundo equipados con una forma primitiva de psicología popular. antes de que el niño pueda expresar o comprender estas mismas cnestiones mediante el lenguaje.. por ejemplo. la cuestión crítica es que no es posible interactuar humanamente con los demás. el niño menor de 4 años no consigue hacerlo.

U Una vez que el niño haya dominado mediante la interacción las formas prelingüístícas apropiadas para manejar la referencia ostensiva. En tercer lugar. los etiquetados y otros parecídos. ¿En qué sentido. podría decirse que la forma sintáctica de petición con inversión del sujeto en inglés (como en «Can 1 have the apple?». a su vez. de un modo análogo. La mejor analogía es la adquisición de la fonología del lenguaje. para ser utilizadas. es sólo la mitad de la historia.82 Actos de significado La entrada en el significado 83 ticos como los demostrativos. Por último. que acontecimientos y estados se encuentren «alineados» de un modo típico. del mismo modo que las «palabras» del léxico. se necesita un medio que enfatice la acción humana o la «agentividad». por usar la antigua definición de John Dewey. para su realización. pero ninguna de las dos funciones está confinada en ningún sentido dentro de los límites de la oración. como señalábamos en el capítulo anterior. podría ocurrir que el-orden de adquisición de las formas gramaticales reflejara una cierta prioridad. Las matéticas tienen que ver con «dejar claros nuestros pensamientos acerca del mundo». en principio. Creo que. el gesto y la estructura sintáctica invertida. avanzará hasta operar dentro de los límites del lenguaje propiamente dicho. La estructura narrativa está presente incluso en la praxis de la interacción social antes de adquirir su expresión lingüística. Los fonemas se adquieren no por ellos mismos sino porque constituyen los elementos con los que se construyen los lexemas. {(¿Puedo yo coger la manzana?») es una continuación del gesto de petición con la mano extendida que le precede? Lo más que podemos decir es que ambos. es decir. una narración no puede carecer de una voz que la cuente. En la jerga de la narratologfa. las funciones del discurso. En segundo lugar. es necesario que se establezca y se mantenga un orden secuencial. la acción dirigida a determinadas nietas controladas por agentes. pero no constituyen las unidades «naturales» de la comunicación. por utilizar la terminología de Helliday. por arbitrarias que sean. Una vez que los niños captan la idea básica de la referencia. es imposible establecer ningún tipo de continuidad formal entre una forma «preverbal» y una forma lingüística posterior funcionalmente «equivalente». son necesarios. la narración requiere algo parecido a 10 que seria la perspectiva de un narrador. las formas y las distinciones gramaticales no se adquieren ni por ellas mismas ni meramente en interés de «una comunicación más eficaz». prioridad que. Las formas naturales son las unidades del discursa que cumplen funciones 'pragmáticas' o 'matéticas'. son el fetiche de los gramáticos formales. de las necesidades comunicativas. Si existiese un impulso narrativo que operase en el nivel del discurso. de acuerdo con el cual lo que determina el orden de prioridad con que el niño domina las formas gramaticales es el «impulso» de construir nerreciones. literalmente. sucede . Y hay muchas reglas sintácticas distintas que desempeñan la misma función en lenguas diferentes. m Esto no quiere decir que las formas lingüísticas «crezcan» de las prácticas prelingüísticas. estos cuatro requisitos deberían reflejarse en el orden de adquisición de las así? Afortunadamente para formas gramaticales. Aun admitiendo que las reglas gramaticales sean arbitrarias respecto. necesaria para usar cualquier lenguaje --es decir. Las reglas sintácticas tienen una relación arbitraria con las funciones que cumplen. Me he esforzado denodadamente por demostrar (y lo seguiré haciendo más adelante en este capítulo) que una de las formas más frecuentes y poderosas de discurso en la comunicación humana es la narración. por así decir. reflejaría una necesidad de comunicación de orden superior. Lo que me gustaría argumentar es que.a cómo cumplen sus funciones. buena parte de los trabajos sobre la adquisición del lenguaje efectúan sus descripciones utilizando las categorías de la gramática de casos. En primer lugar. cumplen una misma función de «petición». De hecho. en tanto que entidades gramaticales. Las oraciones. y se llegan a dominar los primeros en el proceso de adquisición de los segundos. cargadas de significado y basadas en relaciones semánticas. Esto nos permite saber a qué categorías de significado es más sensible el niño pequeño al principio. la narración requiere una sensibilidad para lo que es canónico y lo que viola dicha canonicidad en la interacción humana.!" Para que las narraciones puedan realizarse de forma eficaz. requieren que sean accesibles determinadas formas gramaticales. Ambas usan oraciones. dependen de que se establezcan ciertas distinciones fonológicas arbitrarias.I? Las funciones pragmáticas implican típicamente hacer que los otros actúen en nuestro nombre. por ejemplo. cuatro constituyentes gramaticales fundamentales. una vez que pueden nombrar. Sin embargo. ¿Hasta qué punto nuestra investigación. Quisiera defender ahora un punto de vista aún más radical. Pero esto no es todo.

Además. Este es el primer requisito de la narracíon. Por eso. como resultado de ello. no sólo abren los ojos sino que gesticulan. De hecho. los niños pequeños se sienten tan cautivados por lo inusual que quienes trabajamos con bebés nos hemos aprovechado de esta característica.-. finalmente. utilizando adverbios temporales como «entonces» y «después». vocalizan y. Los niños empiezan pronto a dominar las formas gra- maticales y léxicas para «ligar» las frases que dicen. especialmente en la interacción humana. gracias a los innovadores trabajos de A. el acto mismo de hablar es un modo de marcar lo inusual frente a lo habitual. al sostener que una disposición «protolingüístíca» para la organización y el discurso narrativos establece la prioridad del orden de adquisición gramatical. antes de que el niño disponga del equipamiento mental necesario para manipularlas mediante los cálculos lógicos que llegan a utilizar los adultos más adelante en el desarrollo. para fijar la atención y el procesamiento de la información en lo insólito. sostiene sencillamente que es el impulso humano para organizar la experiencia de un modo narrativo Io que asegura la elevada prioridad de estos rasgos en el programa de adquisición del lenguaje. desde muy temprano. basándose en trabajos como los de Luria o Donaldson. deja de succionar. Luria o de Margaret Donaldson que los niños entienden más fácilmente las proposiciones lógicas si forman parte del curso de una historia. estas formas SVO son las primeras que se dominao en. acción y localización. fue uno de los primeros en señalar que las «partes» de una historia son «funciones». Además. etc. los niños comprenden y producen historias y se tranquilizan o asustan al escucharlas. Ante lo infrecuente. en los intercambios de posesión.I" Un segundo requisito consiste en la existencia de una predisposición temprana para marcar lo que es inusual y dejar de marcar lo habitual. 20 Por ello no es sorprendente que. en la mayoría de los casos. Las personas y sus acciones dominan el interés y la atención del niño. que preserva el orden fenomenológico. Sabemos. Ante lo que es inusual el bebé abre los ojos. J 8 Estas formas aparecen no sólo en los actos de referencia sino también en los de petición. cuya radicalidad he de admitir. Patricia Greenfield y Joshua Smith se encuentran entre los primeros investigadores que lograron demostrar empíricamente esta cuestión tan importante. agente y objeto. susceptibles de ser expresadas lingüísticamente. poseedor y posesión constituyen la mayor parte de las relaciones semánticas que aparecen en la primera etapa del lenguaje. y registrar el cese de la existencia de algo-. de hecho. R. Pero de lo que no cabe duda es de que se utiliza desde muy temprano. Por el contrario. mediante el nivel de entonación y otros rasgos prosódicos del habla temprana. que. también lo es a variantes de expresiones como «ya está» o «se fue» para referirse a acciones completas. Mi tesis. profundamente sensible a las «metas» y a su consecución.una lengua..P Con todo. acción y objeto. mira más fijamente. los niños dediquen sus esfuerzos lingüísticos a lo que es inusual en su mundo. aunque tengamos una predisposición primitiva e «innata» para la organización . Vale la pena señalar. El gran morfólogo del folklore ruso. El procedimiento experimental de la «habituación» se basa en esta poderosa tendencia de los niños. se trata de una característica inherente a la estructura de todas las gramáticas conocíces.su principal interés lingüístico se centra en la acción humana y sus consecuencias. la voz que narra o la «perspectiva» ---. tema sobre el que volveremos luego. le tienta a uno la idea de que las narraciones podrían quizá servir como los primeros «ínterpretantes» de las proposiciones «lógicas». hay que señalar que la mayor parte de las gramáticas naturales conocidas facilitan esta tarea de alinear utilizando el orden SVO (sujeto-verbo-objeto: alguien hace algo) en las emisiones indicativas. Por ello. la «linealidad» y el mantenimiento de una secuencia típica. aunque sea casi demasiado evidente. como ha demostrado abundantemente Daniel Stem en sus trabajos sobre las «primeras retacíones-. que son de los primeros en aparecer.P Estos cuatro rasgos gramaticales/léxicos/prosódicos. hasta que terminan por utilizar las partículas causales. el niño pequeño es. mucho antes de que sean capaces de manejar las proposiciones lógicas más elementales dePiaget. muestra una desaceleración del ritmo cardíaco. de esa historia y no «temas» o «elementos» autónomos. Como nos decía Roman Jakobson hace años. como él las denomina. En cuanto al cuarto requisito de las narraciones. proporcionan al niño un equipamiento abundante y temprano de instrumentos narrativos.84 Actos de significado La entrada en el significado 85 señalar la recurrencia.U Respecto al tercer requisito. hablan de ello. 24 Sin embargo. Agente y acción. o como «huy» para referirse a acciones incompletas.de la que luego encontraremos ejemplos interesantessospecho que funciona más mediante el llanto y otras expresiones afectivas. al comenzar a adquirir el lenguaje. 110 estoy afirmando que las formas narrativas de la cultura en la que crece el niño no tengan un efecto potenciador sobre el discurso narrativo del niño. que mediante procedimientos léxicos o gramaticales. mi razonamiento es que. en los actos de dar o al hacer comentarios sobre las interacciones de los demás. Vladimir Propp.

é" Su único objetivo era descubrir qué tipo de cosas desencadenaban una actividad narrativa en niños de 4 y 5 años. etc. en algunos casos. realizado por loan Lucariello. Hecho esto. En estas condiciones de intimidad. Las violaciones estaban planeadas para introducir un desequilibrio en la. En primer lugar. tampoco es sorprendente que los niños sepan tanto como saben. etc. Espero tener ocasión de demostrar este razonamiento reiteradamente en lo que queda de este capítulo. Después de contarles la historia." El estudio de Miller es sobre el medio narrativo que rodea a los niños negros de un gueto de Baltimore. aunque parecieran un poco raras. Uno de los sujetos explicaba la tristeza de la niña del cumpleaños diciendo que probablemente se le había olvidado la fecha y no se había puesto el vestido adecuado para la fiesta. los niños se mostraban absolutamente perplejos.péntada de Burke. y un poco como prueba de su existencia quiero demostrar el poder de los acontecimientos no canónicos para desencadenar narraciones en niños muy pequeños. o echa- ba agua en las velas en lugar de soplar.. quiero examinar a continuación dos ejemplos sorprendentes de socialización de la narración en el niño pequeño: mostraré narrativamente in vivo lo que Chandler y sus colegas han mostrado in vi/ro con sus trabajos experimentales. el flujo de historias que recrean las experiencias cotidianas es. o entre Agente y Escena. Todo lo que se les ocurría decir era que se trataba de su cumpleaños y. quiero mostrar muy brevemente lo frecuentes y densas que son las narraciones «modelo» en el entorno inmediato del niño. Las narraciones lograban su objetivo: proporcionar sentido a una aberración cultural aludiendo a un estado subjetivo del protagonista.. como no existe una versión canónica de este tipo de historias. Había también variaciones similares en la historia del primo.. Si se les preguntaba directamente por qué estaba feliz la niña del cumpleaños en la versión canónica de la historia. o planeaban realizar. comparadas con las canónicas. parafraseando . producían un torrente de invenciones narrativas diez veces superior. las variaciones no contenían ninguna «violación» verdadera. pero. será interpretado no sólo por los actos mismos sino también por el modo como lo cuenten. Algunas de las historias de cumpleaños violaban la canonicidad: la niña del cumpleaños estaba triste.88 Actos de significado narrativa que nos permite comprenderla y utilizarla de modo fácil y rápido. flue discutimos en el capítulo anterior: un desequilibrio entre Agente y Acción. Lucariello les contaba a los niños una historia. A continuación.. y en otros.A Estos ejemplos mostrarán cómo los niños reconocen desde muy temprano que aqueIllo que han realizado. Las elaboraciones adoptaban las formas discutidas en el capítulo anterior: aludían a un estado intencional (como la confusión de fechas de la niña del cumpleaños) en yuxtaposición con un imperativo cultural (el requisito de llevar un vestido apropiado para una fiesta). Lo que pretendo hacer ahora no es únicamente examinar cómo se involucra el niño en la narración.. Se trata de un pequeño experimento con niños de preescolar. La entrada en el significado 87 IV A continuación. la cultura nos equipa enseguida con nuevos poderes narrativos gracias al conjunto de herramientas que la caracterizan y a las tradiciones de contar e interpretar en las que comenzamos a participar muy pronto. Lo que me interesa de ellos es precisamente su carácter obvio. Lo primero que se descubrió fue que las historias anticanónicas. con regalos y velas para apagar soplando. Como demuestra un estudio de Peggy Miller. Vaya adelantar algunas notas del programa de mi exposición. No cuento estos resultados con la intención de sorprender al lector. el experimentador hacía a los niños algunas preguntas sobre lo que había sucedido en la historia que acababan de oír. El marco cultural de nuestras propias acciones nos fuerza a ser narradores. sino también mostrar lo importante que resulta esta implicación para vivir en una cultura. r Comencemos con la demostración del poder de los acontecimientos no canónicos. Incluso las versiones ligeramente excéntricas de la historia del «primo que venía a jugar» provocaban cuatro veces más elaboraciones narrativas que la historia normal. Los niños de 4 años pueden no saber mucho acerca de la cultura pero saben lo que es canónico y están dispuestos a proporcionar una historia que pueda explicar aquello que no lo es. en unos casos sobre una fiesta típica de cumpleaños. Miller grabó en los hogares las conversaciones entre niños de edad preescolar y sus madres. Lagos praxis son inseparables culturalmente. otro hablaba de una disputa con su madre. se encogían de hombros como avergonzados por la fingida inocencia del adulto. sobre la visita de un primo de la misma edad del niño y sobre cómo jugaban juntos. muy sencillo y elegante. así como las conversaciones entre éstas y otros adultos que tenían lugar a una distancia tal que resultaban audibles para los niños. quiero ocuparme de varios aspectos distintos relativos a la socialización de las prácticas narrativas de los niños que aparecen más adelante en su desarrollo.

Dije yo '¿ME ESTAS HABLANDO A MI? Digo. Lo que es permisible y lo que no lo es. con el uso del estilo directo.P Pero el relato se proporciona en una versión que es contraria a los intere- . Es una forma narrativa que suele encontrarse en el habla del niño a partir de los 3 años. agresiones o amenazas. El niño aprende a representar un papel en el «dramas familiar cotidiano antes de que tenga que contarlo. Lo que Dunn quiere no es simplemente un enfoque naturalista que garantice la «validez ecológica» de la investigación psicológica. 'Bueno. como sucede en el siguiente fragmento: «y dijo ella.5 narraciones. el niño es lingüísticamente sensible a estos «objetivos referenciales». No pretendo singularizar a los niños negros del gueto de Baltimore como si estuvieran rodeados de un medio narrativo especial. Y me volví y digo. lo que conduce a determinados resultados y los resultados a que conducen determinadas cosas. ¿me hablas a mí?'. 'Ah. e incluso. como ya sabemos por otras discusiones anteriores. gordo asqueroso. en una proporción no desdeñable. no hay mejor lugar en que comenzar que el libro de Judy Dunn The Beginnings of Social Understanding -Los Inicios de la Comprensión Social-o Dice Dunn que «rara vez se ha estudiado a los niños en el mundo en el que se produce su desarrollo. si te metes conmigo'». 28 Puesto que el niño las utiliza ya en el habla. con independencia de lo abstracta que pueda llegar a ser.Podría haber utilizado la descripción de Shirley Brice Heath sobre las narraciones literales y expurgatorias de la pequeña ciudad blanca de Roadville. Su tesis es. este desfile de «crudas realidades». forma parte de un énfasis deliberado para «endurecer» a los niños y prepararles pronto para la vida. todos definen algún tipo de relación-entre narrador e interlocutor. por otra parte. de media. es algo que se aprende inicialmente en la acción. vinculados a la acción. una resolución y. En los pocos casos en los que Miller tuvo la suerte de grabar a los niños contando historias que habían sido grabadas previamente en la versión adulta. todos estilizan al narrador como una forma del Yo. Esta ausencia de censura. en quedar por encima de alguien en un diálogo. del maltrato infantil. por ejemplo. Esto sucede. comienza siempre como una praxis en un contexto determinado en el que el niño es protagonista: ya sea como agente víctima o cómplice. 'Mira esa B-R-U-J-A de nariz larga'. estilo directo que no sólo es dramático sino que además resulta apropiado retóricamente para la presentación de una versión dura e inmediata de uno mismo. a veces. En lo que se hace hincapié es en los peligros que se ciernen sobre la Agentividad en un mundo duro. Una cuarta parte de ellas se refieren a las actividades del propio niño.é! Cualquier ejemplo de medio narrativo que examinemos de cerca nos mostrará la presencia continua de narraciones en el mundo de los niños (yen el de los adultos.32.é'' Las historias. La transformación de este conocimiento enactivo en lenguaje sólo se producirá más tarde y. así como su importancia funcional para incorporar a los niños a la cultura. relatos integrados por la familiar péntada de Burke: la Acción de un Agente hacia una Meta mediante algún Instrumento delimitada en un Escenario determmado. una descripción lineal de un acontecimiento que se precipita. una cada siete minutos. Se trata de narraciones sencillas. Es algo muy importante y sobre lo que Dunn también nos llama la atención. Consiste en una orientación sencilla. unas 8. y en cómo afrontarlo de palabra y de obra. En cada hora de conversaciones grabadas había.30 El corpus contiene pocos ejemplos de «contar historias de uno mismo». que la comprensión social. de las cuales tres cuartas partes eran narradas por la madre. también puede entenderlas. si a eso vamos).. Los niños frecuentemente oyen relatos de sus propias interacciones contados por sus hermanos mayores o sus padres. más bien. de la agresión física a mujeres o de tiroteos. con frecuencia. El triunfo de éste consiste. Shirley Brice Heath se ha referido al mismo fenómeno en sus estudios sobre los niños negros de pequeñas ciudades rurales. los niños exageraban tanto la trama como las rasgos paralingüísticos del original.88 Actos de significado La entrada en el significado 89 a Miller. te pongo en una cacerola hasta que te encojas a tamaño normal. Para ello. Pero hay algo más que caracteriza a los actos de habla de los niños cuando se refieren a las interacciones en las que están involucrados ellos mismos. Un considerable número de estas narraciones trata de violencias. v Podemos pasar a ocupamos ahora de la utilización que los niños hacen de sus narraciones. Los medios narrativos están todos especializados para necesidades culturales determinadas. una coda. característico de la cultura negra de las clases bajas. muy utilizadas en el uso cotidiano del inglés americano hablado. se ocupan explícitamente de la muerte. suelen dejar siempre bien parado al narrador. justificarlo o disculparlo. o en un contexto en el que podamos darnos cuenta -de las sutilezas de su comprensión social». «incesante».

con la versión canónica. que puede entrar en conflicto ya sea con su versión de lo que «había sucedido». narraciones les permite construir locuciones que cumplan con los requisitos de un amplio abanico de intenciones ilocutivas. especialmente cuando no hay un conflicto de intereses planteado entre ambos hermanos. sí al menos convincentemente desde el punto de vista de una interpretación ~oncreta. este fue sin ninguna duda un tiempo enarrarogenétíco» para Emily. dada la dependencia familiar de su afecto. como en el caso de los niños negros de Baltimore. A menudo. y todo ello. Como dijo John Austin hace muchos años en famoso ensayo «Un alegato en pro de las excusas». lo que ha hecho o lo que va a hacer. las narraciones ya no son neutrales. ~. ya sea con su versión del «problema». grabados en diferentes momentos entre los 18 meses y los tres años de edad.la. Ante el conflicto. Tan importante como actuar es con~. no la de los dramas freudianos de altos vuelos sino la de las necesidades cotidianas. En estos precoces conflictos familiares. justificar. Como sus dos padres trabajaban. cuyos soliloquios. en el marco de una ciudad mal planificada en la que incluso los recorridos del autobús escolar podían llegar a ser y así. Tuvo un hermano. obtener lo que pretenden sin provocar una confrontación con aquellos a los que quieren. En estas circunstancias. El niño. transformado por circunstancias atenuantes. situar sus acciones y sus metas bajo una luz de legitimidad.acto no sólo expositívo sino también retórico. oponerla con éxito a la del hermano pequeño. y demás argucias. se encuentran en camino de convertirse en conocedores expertos del género de historias que producen el mismo resultado.Y Pero dar con la historia apropiada. conocer la estructura generativa de las . muchas veces. puesto que debemos intentar que nuestras acciones aparezcan tomo una prolongación de lo canónico. Para narrar de una manera convincente nuestra versión de los hechos. gracias a ello. Y pronto aprende que la acción no es suficiente para lograrlo. concebidas para plantear la situación. se vio introducida en la aparatosa vida de una escuela infantil. tiene sus propios deseos pero. la justificación consiste en relatar una historia de circunstancias atenuantes. requiere saber cuál es la versión canónica aceptable. Muy pronto aprende que lo que uno hace se ve profundamente afectado por el modo como uno cuenta lo que hace. como es natural. El niño. al poco tiempo de la llegada de su hermano. como ya sabemos. Tienen objetivos retóricos e intenciones ilocutivas que no son exposítivas sino claramente partidistas. dar con la historia apropiada. la adulación. domina pronto las formas lingüísticas para referirse a las acciones y a sus consecuencias. estos deseos crean frecuentemente un conflicto al entrar en colisión con los de los padres o los hermanos. el niño aprende también a utilizar algunos de los instrumentos menos atractivos del mercado retórico: el engaño. «lo sucedido» se recorta y ajusta hasta que encaja con el «por eso». Pero aprende también muchas de las formas útiles de interpretación y. Y así entra en la cultura humana. Y. si no de forma antagonista. no se necesita sólo el lenguaje sino también dominar las formas canónicas. Lograr lo que uno quiere significa. también pasó por las manos de cuidadores.historia apropiada. Stephen. las narrac~ones ~e convierten en un instrumento no sólo para contar 10 que ha sucedido. son capaces de interpretar para sus padres el significado y las intenciones de un hermano menor que trata de hacerse oír. los cuentos tradicionales se originan en la ausencia y el desplazamiento. silla también para justificar la acción relatada. A menudo se hace desde la perspectiva de otro protagonista y de su meta. vemos a IQs niños aprender a usar sus narraciones para halagar. la tarea del niño consiste en equilibrar sus deseos con sus compromisos hacia otros miembros de la familia.90 Actos de significado La entrada en e/ significado 91 ses e interpretación del niño. que la desplazó no sólo de su condición de hija única de la familia sino también de su propia habitación y de su cuna. de paso.unn ve esto como un reflejo de lo que podríamos llamar la «política familiar». Emily sufría los avatares de la vida.36 Además. Abordando el tema desde la perspectiva de la teoría de los actos de habla. como dice Vladimir ProPP. Resumiendo! la captación del drama familiar cotidiano se logra primero en la praxis. adular. Narrar se convierte entonces en un. La historia «apropiada» es aquella que conecta tu versión. desarrolla una empatía más penetrante.35 A pesar de su corta edad. dieron lugar al libro Narratives from the Crib [Narraciones desde la Cuna]. Cuando tienen tres o cuatro años. Este mismo conjunto de habilidades proporciona a los niños una empatía más penetrante. Mientras adquiere estas habilidades. engañ~. S? VI Volvamos ahora hacia atrás en la cronología del desarrollo: a Bmily. Como sucede con la narr~tiva en sentido amplio. estos niños también llegan a entender la narrativa «cotidiana» no sólo como una forma de contar sino también como una forrna de retórica. Si. a través de los atenuantes.

por ejemplo. al igual que nosotros. La expresión «los avatares de la vida» no es una exageración. Al escuchar las cintas grabadas y leer varias veces las transcripciones de las mismas.canciones que había aprendido. formas gestuales de pedir e indicar muy anteriores al habla léxico-gramatical que permite expresar dichas funciones. Lois Bloom señaló al final de uno de sus trabajos. 37 ¿De qué podría tratarse? Decimos en lingüística evolutiva que «la función precede a la forma». Volveremos sobre esta cuestión más adelante. Ya sé que esta no es la versión oficial de la adquisición del lenguaje. que el dominio que el niño llega a conseguir de. nos sorprendía la función constituyente que tenían estas narraciones monológicas. tan frecuentes en su lenguaje. sus soliloquios eran más complejos gramaticalmente que su habla conversacional. De acuerdo con este dogma. que forma parte de la herencia chomskiana a la que nos referimos antes.» Posiblemente ello se debía a que. Sus soliloquios eran de una gran riqueza.92 Actos de sígnificado La entrada en el significado 93 tensos y erráticos. Sus primeros relatos comenzaban ligando los sucesos mediante simples conjunciones. tendemos a dar por supuesto que la adquisición del lenguaje es «autónoma». hasta el punto de autocorregirse a veces res- . puede que para la búsqueda del mismo estos no sean necesarios. Al igual que Anthony en la obra de Ruth Weir. Emily también hablaba a sus animales de peluche y daba variados recitales sobre los libros favoritos que le habían leído o sobre las . ¿por qué 10 hará un niño pequeño. adoptar una cierta postura respecto a ellas. como los porqués. la adquisición del lenguaje no precisa de ninguna motivación extrínseca. En un sentido muy parecido. ¿Por qué era tan cuidadosa en esta labor de ordenar. los niños llegan a interesarse con el tiempo por el lenguaje en cuanto tal. por ejemplo. Emily sólo parecía «jugar con el lenguaje» en algunos de sus últimos monólogos. Y. mirando con detenimiento las transcripciones y escuchando las cintas. marcarlas por 10 que tienen de especial. presentaban emisiones de una longitud mayor y se referían menos al «aquí y ahora. había momentos en los que teníamos la irresistible impresión de que los saltos hacia adelante en el habla de Emily estaban alimentados por una necesidad de construir significados. las expresiones causales parece estar dirigido por su interés en-las razones por las que la gente hace las cosas. No se limitaba a contar sin más lo sucedido. desafiando a! principio vygotskiano «establecido». sobre todo. el impulso que lleva a mejorar la construcción gramatical y ampliar el léxico parece provenir de la necesidad de organizar las cosas en un orden secuencial apropiado. pero aun entonces parecía haber algo más. ¿Por qué nos hablamos a nosotros mismos? Y. Muchas de las primeras adquisiciones de Bmily parecen estar dirigidas por una necesidad de fijar y expresar una estructura narrativa: el orden de los acontecimientos humanos y su importancia para el narrador protagonista. y hay capítulos en Narratives from the Crib que confirman esta especulación. Luego empezó a usar adverbios temporales como y entonces para pasar a utilizar finalmente partículas causales. Como el habla léxico-gramatical de casi todos los niños mejora sin cesar durante los primeros años de su vida. Sin embargo. Los tres logros más precoces y notables de los soliloquios narrativos de Emily tuvieron como resultado fijar sus narraciones más firmemente al lenguaje. de lo que sentía y de lo que creía. no necesita nada más que el despliegue de algún tipo de «bioprcgrama». sino que trataba de encontrar sentido en su vida cotidiana. Sin duda. más concretamente significados narrativos. ni de ningún apoyo explícito y especializado del medio. Ese hecho nos permitió observar el desarrollo de su lengua no sólo como instrumento comunicativo sino también como vehículo para reflexionar en voz alta al fina! de sus atareadas jornadas. al hablar consigo misma. Parecía estar buscando una estructura global que pudiera dar cuenta simultáneamente de lo que hacía. aunque tengamos que admitir que para lograr la construcción del significado se requiere el uso de una gramática y de un léxico. Aproximadamente una cuarta parte de sus soliloquios eran relatos narrativos: narraciones autobiográficas sobre 10 que había hecho o sobre 10 que pensaba que iba a hacer al día siguiente. Tuvimos la suerte de que Emily estuviera mejorando en el uso de su lengua nativa mientras sucedían todos estos acontecimientos de su vida. En primer lugar. Yeso mismo debe suceder con el impulso infantil de dar significado o «estructura» a la experiencia. En realidad. aunque se trate de una niña un tanto precoz? John Dewey propuso que el lenguaje era un procedimiento para clasificar y organizar nuestros pensamientos sobre el mundo. sus emisiones no tenían que adaptarse a los intersticios que suponen los comentarios e interrupciones de un interlocutor. se produjo un dominio cada vez mayor de formas lingüísticas que le permitían alinear y secuenciar sus relatos de «lo que había pasado». como si fuera una forma de juego. pero me gustaría especificar algunos detalles de ella. Y son estas intenciones prelingüisticas de pedir e indicar las que parecen guiar la búsqueda y el dominio de las expresiones lingüísticas apropiadas. cargado de forma independiente. Hay.

Emily introducía una perspectiva y una evaluación personal en sus narraciones. al que había accedido de modo fácil y.. ). comme ilfaut. El otro se refiere al Escenario.V Este parece ser el significado que busca Emily. con los «por qué» de las cosas.. papá. que «hay que tener equipaje» para poder subir al avión. una vez que Emily hubo logrado establecer y expresar lo que era cuantitativamente fiable. Palabras como a veces o siempre aparecen en los soliloquios del. hay un progreso muy rápido del interés de Emily. como una necesidad de «construir bien la historia»: quién hizo qué". El motor de todo este esfuerzo lingüístico no es tanto un ímpulso hacia la coherencia lógica. fiable. comenzó a introducir algunos apuntes de necesidad óntica. en su histórico artículo sobre la estructura de las narraciones. ordinario. Por supuesto que. consideraciones que se sugieren y soluciones que se alcanzan».. no. A partir de ahora. No. En segundo lugar.pe e~ . Pero también establecía una perspectiva epistémica. pero los domingos por la mañana nos despertamos. aunque és'te también esté présente. por lo canónico y habitual y por las formas para lograr distinguirlo de Icinusual. si era lo habitual. en el que trata de entender por qué su padre no ha SIdo admitido en el maratón: Hoy papá fue. esta canonicidad se superpone a otro acontecimiento bastante preocupante: haber sido dejado por los padres. tengo que verla por la televisión. tras una visita en avión a su abuela. no estaba más que hablándose a sí misma. Emily muestra un claro interés por lo que le parece estable. Tenemos un ejemplo sorprendente de ello a los 32 meses. comenzó a utilizar el tiempo verbal del presente atemporal para referirse a los acontecimientos canónicos rituales. Bmily hacía esto de una manera cada vez más frecuente a lo largo del período estudiado. no. aunque sea en una escuela infantil: . Trabajaba deliberadamente para aclarar este tipo de. Ambos tienen perspectiva y ambos tienen que ver con los «y por eso. Emily aprende a intercalar estos dos géneros básicos (como el resto de nosotros). y qué es l~ que siento acerca de ello. papá.o algo singular. Sin embargo. pero la gente dijo que no así que tuvo que verla por la televisión. Y. natural. cosas. Conviene fijarse en . no. al final. intentaba ir en la carrera. quizá. no. En ello se parece mucho a los niños estudiados por Dunn en Cambridge. sus causas. que el significado de lo que «ha sucedido» está estrictamente determinado por el orden y la forma de su secuencíación. segundo año y son utilizadas de forma deliberada y haciendo hincapié en ellas. Bmily se entretiene con las categorías de un mundo cambiante. Tienen un significado especial 'Sobre el que volveremos eh breve. Creo que era por eso. por eso no pudo correrla.» de los relatos sobre sucesos. a partir de ese momento de su desarrollo. Me hubiera gustado haber podido verle. Sín embargo... Comenta William Labov. El lenguaje de Emily la ayudaba pero no la óbligaba a hablar y pensar de esa manera. En tercer y último lugar. papá. si fue lo que sucedió «realmente». como si dijéramos. Tengo que. por ejemplo sobre su incapacidad para entender por qué su padre no había sido admitido en una maratón local. El conocimiento de ello le sirve como telón de fondo para explicar lo excepcional. utilizando uno para clarificar o ilus~ al otro. Estos relatos atemporales aumentan su frecuencia relativa al doble entre los 22 y los 33 meses. Utilizaba un género. Fijémonos en el siguie~te ejemplo de Emily. Pero ellos dijeron que no. Me hubiera gustado verle. No sé por qué se lo dijeron.. Carl viene a jugar. a lo mejor porque había mucha gente. los domingos son una especie de acontecimiento atemporal: cuando te despiertas.. como nos muestra Carol Feldman en su análisis de los soliloquios de Emily mientras resuelve problemas. ésta ya poseía previamente otro género que utilizaba y perfeccionaba" En aquellos.La entrada en el significado 96 14 Actos de signlfícac/o pecto a quién o qué precedió o siguió a quién o a qué? Al fin y al cabo. a veces nos despertamos por la mañana. Sin embargo. Este género. atributos e identidades. El primero se refiere a estados mentales del Actor-Narrador (es decir del autobiógrafo). Hay que aparece en su léxico y sirve para marcar aquellos acontecimientos que no sólo son frecuentes sino que son.fr~~ento de narració~ que vi. tal y como lo describe Feldman.) y los estados de incertidumbre del mundo (a veces.ene a continuación se ocupa de lo ~andtlíc'tl:ñiás que de lo excepcional.. Esto es lo que sucede cuando anuncia en uno de sus soliloquios. En sus últimos soliloquios pare- cía distinguir claramente entre sus propias dudas (pienso que quizá . «plantea un patrón ordenado e intrincado de rompecabezas que se plantean. Ambos tienen significados diferentes en sus soliloquios. que es la manera habitual de añadir al paisaje de acción de una narración un paisaje de conciencia. Ya no le basta con relatar el desayuno de un domingo como Papá hizo pan de maíz para que lo tomara Emily..a quién y dónde. normalmente mediante la expresión de sus propios sentimientos acerca de lo que estaba narrando.

debe existir algún tipo de consenso que asegure la convivencia civilizada. parezcan a las de la vida real. algunas veces. Como vemos.er. Sucede. facciones. con el tiempo incorpora a sus narraciones otro género. Su entorno narrativo era.vida o~aría. Y. olvidados o excusados.18 Actos de significado La entrada en el significado 97 Mañana. El próximo avance importante en nuestra comprensión del proceso de adquisición del lenguaje se lo~á ~.robable~ente cuando este intrincado tema sea iluminado por la investigación evolutiva.. y es interesante que esas razones se expresen en un presente atemporal.cantidad de procedimientos mediante los cuales estas especies supenores mantienen la paz.. primero yo y luego papá y mamá. una parte esencial para completar una composición». puesto que los requisitos de la narración siguen pesando. ¿A que va a ser muy divertido? viene que no sean únicamente lógicas sino que ad~ se. toma el desayuno. con su prodigiosa capacidad para narrar. cuando se utilizan así las razones. la canonicid_ad y la perspectiva. Algunas veces me quedo con Tanta toda la semana. De acuerdo con este punto de vista. a sus tres años de edad. previas a los soliloquios. Emily sabe cómo poner al servícío de su capacidad para narrar experiencias la secuenciacion.. tan característico como el de los niños negros del gueto de Baltimore. más bien. Esta es la intersección crítica en que verificabilidad y verosimilitud se unen. dudo que eso sea suficiente y quisiera explicar por qué. E~ objetivo de tales narraciones no es tanto el de reconciliar o legI~. Y luego Carl y Emily van a ir en coche con alguien. coaliciones y cambios de alianzas. Posiblemente tenga razón Michelle Rosaldo cuando habla de la • 40 S' solidaridad creada por un acervo cultural de dramas y personajes. Y algunas veces jugamos a las mamás. Pero lo interesante de estos fraccionamientos no es tanto lo que consiguen separamos como la frecuencia con que son ~eutralizados. Emily aprende a hablar y pensar retóricamente.iios de m~tener la paz consiste en presentar. a su manera. a la escuela. y es la ~Xls­ tencia de procedimientos interpretativos. cuando nos levantemos de la cama. el de solucionar problemas. y luego cuando lleguemos allí vamos a bajar todos del coche y vamos a entrar en la escuela y papá nos va a dar besos y luego se va y luego dice adiós. tú. La explicación se da en forma de «razones». jugar a las escuelas. y luego cuando venga enseguida papá va a venir Carl y entonces vamos a jugar un poco. con- !as . el obbligato es algo «que no puede omitirse. voy. como el de explicar. ID siquiera el de excusar. No lo hacen. VII El punto de vista que he propuesto es interpretativo. que es el más adecuado para distinguirlas del curso de los acontecimientos pasados. Pero normalmente.. a diseñar sus emisiones de forma más convincente para que expresen su posición. este género importado ~ convierte en un obbligato de sus narraciones.ra. E inmediatamente cambia al género de resolución de problemas: Porque algunas veces voy a la escuela porque es un día de ir a la escuela.que nos permitan Juzgar div~­ sas construcciones de la realidad que son inevitables en cualquíer sociedad. igual de importante para lograr la coherencia de una ~ultu. hum. . y nos van a llevar a la escuela (susurrando).aenonne. Pero hay algo que puede s. en ser capaz de dar «razones» y entender las opciones que se ofrecen. tanto en lo que respecta a cómo ve a quienes practican las ciencias humanas como en lo relativo a los sujetos que estas ciencias estudian. por las entrevistas con sus padres. No es que los modos de discurso narrativo y paradigmático se fundan. que se utiliza el modo lógico o paradigmático para explicar las rupturas de la narración. Evidentemente. muy pronto. Lograr una buena convergencia de ambas equivale a lograr una buena retórica. Pero.mundo o acerca de cómo valorar las cosas. Y las explicaciones ofrecidas De modo que. ¡Después de todo es hija de padres universitarios! Como los niños de Cambridge que estudió Dunn. y luego va a trabajar y vamos á. Sabemos. que este entorno hacía mucho hincapié en «hacer bien las cosas». 41 En el caso de los seres humanos. Utilizo el término musical expresamente. El género sirve para organizar su experiencia de las interacciones humanas de una forma narrativa y natural al mismo tiempo. dramatizar y explicar las circunstancias atenuantes que rodean las rupturas originadoras de conflictos en l~ . Es muy probable que los seres humanos sufran ~i~mpre confllc~os de intereses con las consiguientes riñas. El primatólogo Frans de Waal advierte contra la tendencia de los etólogos a exagerar la agresividad de los primates (incluido el hombre) y a infravalorar (y no observar adecuadamente) l.. Como señala el Diccionario Oxford. uno de los principales me<. luego vamos a j-u-g-a-r. lo que constituye una comunidad cultural no es sólo el compartir creencias acerca de cómo son las personas y el. toma el desayuno como hacemos normalmente y.. ID embargo.

hisrorias se bacen tan ideológicas y de motivación tan egoísta que la desconfianza sustituye a la Interpretación. hay una ruptura que proviene directamente del empobrecimiento extremo de los recursos narrativos. cuando Ias. y qué es lo excepcional o divergente.comparaclOn: Nuestro sentido de lo normativo se alimenta en la narración. con los pueblos permanentemente hambrientos de las aldeas azotadas por las sequías del Sabara inferior africano. La primera sería la existencia de una profunda discrepancia sobre. Las historias hacen de la «realidad» una realidad atenuada. Confío en que esto no parezca excesivamente alejado del detallado análisis de las primeras narraciones infantiles que constituyen el núcleo de este capítulo.11 Actos de significado La entrada en el significado 99 en los relatos habituales de estas narraciones no siempre perdonan al protagonista objeto de la narración. De ello sabemos bastante hoy en día por lo que podríamos llamar las «batallas por los estilos de vida». sino que el «peor de los escenarios» se ha vuelto tan dominante en la vida diaria que las variaciones ya no parecen posibles. desde los soliloquios a la hora de dormir hasta los testimonios de los testigos en nuestro sistema legal. No es <fue se haya perdido totalmente la capacidad para narrar la propia experiencia. sino también un instrumento para proporcionar significado que domina gran parte de la vida en una cultura. nU. la narración hace comprensible lo sucedido. En último término. con la segunda y tercera generaciones de los campos de refugiados palestinos. . y nos convertiríamos en incompetentes para vivir dentro de una cultura.como es la familia). En mi opinión. los niños están naturalmente predispuestos a comenzar sus carreras como narradores con ese espíritu. Sin ellas. pero lo rrusmo sucede con nuestra concepción de la ruptura y de lo excepcional. Cuando se produce una ruptura en una cultura (o incluso en una microcultura. En cualquier caso. Danilo Kis y muchos otroS). tan exacerbadas por los conflictos intergeneracionales. y «la sucedido» se descalifica como puramente fabricado.lo que es Io ordinario y lo canónico en la vida. y los novelistas contemporáneos de Europa Central lo han documentado con una dolorosa exquisitez (Milan Kundera. esta puede vincularse con varias causas. contrastándolo con el telón de fondo de lo que es habitual y aceptamos como el estado básico de la vida. Pertenecer a una cultura viable es estar ligado a un conjunto de historias interconectadas. Finalmente. aunque esa interconexión no suponga necesariamente un consenso. suele ser el narrador quien sale mejor parado en ellas. aun cuando el hecho de comprender lo sucedido no haga que nos resulte más agradable. ni . Esto es lo que sucede a gran escala en los regímenes totalitarios.fica senames capaces de sobreponernos a los conflictos y contradiccIOnes que genera la vida en sociedad. . como sucede con el subproletariado permanente de los guetos urbanos. no resulta tan sorprendente que Ronald Dworkin compare el proceso de interpretación jurídica con el de interpretación literaria. . Hay una segunda amenaza que es inherente a la excesiva especialización retórica de las narraeíenes. He querido dejar bien claro que nuestra capacidad para con" tar nuestras experiencias en forma de narración no es sólo un juego de niños.. Y nosotros les equipamos con modelos y p~­ cedimientos para que perfeccionen esas habilidades.42 El mismo fenómeno se manifiesta en las burocracias modernas en las que se silencia y oculta todo lo que no sea la versión oficial. 43 que muchos estudiosos de la jurisprudencia le sigan en es~ . Al contrario.

De manera que la alternativa que surgió a la idea de que existía un Yo directamente observable fue la noción de un Yo conceptual. El concepto que he seleccionado para realizar este ejercicio es «el Yo». Pero la idea misma de hacerlo de esta manera resulta sospechosa por muchas razones. el Yo posee una historia peculiar y atormentada. Titchener. Lo que finalmente llevó al hijo intelectual favorito de E. B.» Voy a hacerlo aplicando su forma de pensar a un concepto clásico y fundamental de la psicología. a abandonar por completoJa empresa introspeccionista fue precisamente eso: el hecho de que. Edwin G. Boring. una «retrospección inmediata» y está sujeta a los mismos procesos de selectividad y construcción que cualquier otro tipo de memoria. el Yo como 101 .' La introspección está tan sujeta al proceso de esquematización «de arriba a abajo» como la memoria misma.Capítulo 4 LA AUTOBIOGRAFIA DEL YO 1 Lo que me gustaría hacer en este capítulo final es ilustrar lo que he llamado «psicología cultural. como nos enseñó a todos nosotros cuando éramos estudiantes. tan fundamental. como si todo lo que uno tuviese que hacer para descubrir su naturaleza fuese inspeccionarlo. como si el Yo fuera una sustancia o una esencia que existiese con anterioridad a nuestro esfuerzo por describirlo. en el mejor de los casos. clásico e intratable como el que más en nuestro vocabulario conceptual. Sospecho que parte de las tribulaciones teóricas que ha generado provienen del «esencialismo» que ha marcado tantas veces la búsqueda de su elucidación. la introspección es. ¿Puede la psicología cultural arrojar alguna luz sobre este tema tan complicado? Como qualia de la experiencia humana «directa».

Tornemas. cada uno de los cuales viene a considerarse como un «aspecto» de una noción más amplia del Yo que. se hace «dependiente del diálogo». y el método psicoanalítico era el' microscopio electrónico que la desnudaba a nuestros ojos. como no. por así decir. Generó muchas investigaciones. y qué tipos de Yo formulan? ¿Consta el Yo (como había sugerido William James) de un Yo «extenso» que comprende la propia familia. Procedimentalmente. somos una colonia de Yoes Posibles. y la propuesta de los «cambios de paradigma» en la historia intelectual. que se mide pidiendo a los sujetos que predigan cuál creen que va a ser su rendimiento en una tarea después de que hayan conseguido o no resolver tareas similares en ensayos anteriores. nosotros. recientemente se ha publicado incluso un manual en dos volúmenes dedicado más a las complejidades metodológicas que a los problemas sustantivos. un concepto construido más o menos como construimos otros conceptos.102 Actos de significado La BUtobiograffs del Yo 103 concepto creado por la reflexión. preocupaciones de carácter más «transaccíonal. entre los que se encuentran algunos temidos y otros deseados. la identidad. sospecho que murió a causa de su singular paradigma de laboratorio. la postura. algunas de ellas muy interesantes.» ¿No es el Yo una relación transaccional entre un hablante y un Otro. etc. Lo mismo sucedió con el estudio del Yo: es 10 que semíde con las pruebas de autoconcepto. el compromiso de uno mismo con respecto a otro? El Yo. el superyó y el ello era la realidad. las posesiones. Inicialmente formulada por Kurt Lewin. se encontraba demasiado aislada como para poder ser incorporada a una teoría más general del YO. de hecho.> Después de liberarnos de los grilletes del realismo ontológico. De esta manera ha prosperado una pujante industria psicométrica construida en tomo a un conjunto de conceptos del Yo estrechamente definidos.? Pero estos esfuerzos por una psicología cultural tuvieron un efecto muy limitado sobre la psicología en general.f Cada prueba crea su propio módulo de investigación separado de los demás. Pero el «realismo del yo» persistía. pongamos por caso. En lugar de intentar hacer causa común con nuestros vecinos para definir ideas tan fundamentales como las de «mente» o «Yo». Las cuestiones ontológicas acerca del «Yo conceptual» no tardaron en ser reemplazadas por un conjunto de preocupaciones más interesantes: ¿Mediante qué procesos yen referencia a qué tipos de experiencia formulan los seres humanos su propio concepto de Yo. un Otro Generalizado?6 ¿No es una manera de enmarcar la propia conciencia. a una teoría general de la «autoesüma». en una especie de marca registrada. si reflejaba el Yo «real» o esencial. creció sin prestar demasiada atención a los avances conceptuales más amplios que se estaban produciendo en las otras . procedimientos experimentales y cosas por el estilo. del constructivismo en las ciencias sociales. Eso sucedió durante el mismo medio siglo que había contemplado una ascencion semejante del antirrealismo en la física moderna. cada uno de los cuales tiene su propia prueba. concebido tanto para el receptor de nuestro discurso como para fines intrapsíquicos. por ejemplo.9 Además. Hasta la mejor parte de estas investigaciones ha sufrido las consecuencias de estar atada al yugo de su propio paradigma psicométrico. de momento. que la mantuvo aislada de las corrientes de pensamiento que se producían en sus disciplinas vecinas dentro de las ciencias humanas. y.?3 ¿O. del perspectivismo escéptico en la filosofía. estos métodos se convierten. Con la metafísica cada vez más pasada de moda. sigue sin formularse. comenzó a surgir una serie de nuevas preocupaciones sobre la naturaleza del Yo.é Ya que la cuestión se convirtió ahora en si el concepto de Yo construido de esa forma era un concepto verdadero. esta idea al menos se encontraba localizada teóricamente en su sistema de pensamiento. todos ellos aglomerados para tomar posesión de un Yo actual?" Tengo la sospecha de que en el clima intelectual hubo algo aún más trascendente que provocó el rechazo del realismo en nuestra visión del Yo. Con el tiempo. La consecuencia fue que el Yo Esencial dejó su sitio al Yo Conceptual sin que se disparase apenas un solo tiro. los amigos. Pero. sin duda. Creo que lo que impidió que la psicología siguiese desarrollándose en esta dirección tan prometedora fue su recalcitrante postura antífilosófica. el aspecto del Yo encarnado en los estudios sobre el «nivel de aspiración». se había «endurecido» demasiado como para poder ser ampliada. la epistemología se convirtió en una especie de réplica secular de ella: las ideas ontológicas resultaban digeribles en la medida en que podían convertirse en problemas relativos a la naturaleza del conocimiento. cometió el pecado capital del esencialismo: su topografía del yo. los psicólogos. El psicoanálisis. como sugerían Hazel Markus y Paula Nurius. y llegan a definir rígidamente el fenómeno en cuestión: «La inteligencia es lo que miden las pruebas de inteligencia». hemos preferido recurrir a paradigmas de investigación normalizados para «definir» nuestros «propios» conceptos. desde este punto de vista. Aceptamos que estos paradigmas de investigación son las operaciones que definen el concepto que estudiamos: pruebas psicométricas.

Hull terminó por desarrollar una teoría que trataba los efectos acumulativos del refuerzo que «fortalecía» las respuestas a los estímulos. Tenemos que comenzar con el «aprendizaje animal» porque ese fue el anfiteatro paradigmático en el que. y vaya intentar demostrar cómo este concepto terminó por ser absorbido por una cultura más amplia de ideas cuando llegó a ser definido como el estudio de «la adquisición del conocimiento». como las de torcer a la derecha o torcer a la izquierda. un «mapa cognitivo» que representaba el mundo de las posibles «relaciones medios-fines». en mi opinión. podría parecer bastante alejado del concepto de yo. llegando incluso a diseñar algunos que cumplían el requisito especial de trabajar con una especie determinada. de hecho. Este ejemplo podría servir además para mostrar cómo los avances que se producen en la comunidad intelectual más amplia terminan por penetrar incluso en los estrechos canales por los que navegan nuestros paradigmas experimentales típicos. la batalla del «reforzamiento de hipótesis frente al reforzamiento al azar» podría considerarse como un precursor de la revolución cognitiva. o. retrospectivamente. La ciencia siempre inventa una realidad acorde de esa manera. que la teoría de Tolman terminase por asimilar el aprendizaje con la construcción de un mapa. Dentro de esta esfera. Esta historia contiene ligeros paralelismos (¿o se trata de réplicas?) fascinantes con nuestro tema del Yo. muy bien a la rata y a la medición de los efectos acumulativos del refuerzo terminal en la reducción de errores. a primera vista. Esto ha cambiado en la actualidad. Me voy a permitir tomar como ejemplo la historia reciente del concepto de «aprendizaje». sobre todo las espaciales situadas fuera del laberinto. Pero para apreciar este cambio va a resultamos de ayuda. aunque la diferencia entre una teoría basada en el refuerzo de respuestas y otra basada en la confirmación de hipótesis no es en absoluto trivial. durante al menos medio siglo. el transaccionalismo y la valoración del contexto. en tanto que la de Hull era una teoría de «tablero de interruptoresw'? Obviamente. Cualquiera que tenga una objeción contra ella puede echárnosla a perder diseñando variantes de nuestros propios procedimientos para demostrar que existen excepciones y pruebas en contra. como 1. Era un artilugio que se adaptaba. dejando tras de sí fundainentalmeote huellas tecnológicas. Así fue. Cuando «confirmamos» nuestra teoría mediante «observaciones». Incluso. Los californianos querían que sus animales tuvieran acceso a un abanico más amplio de claves. Pero en la medida en que ellocus classicus de la disputa era el laberinto de las ratas. también utilizó ratas y laberintos (casi como si pretendiese nevar el juego a la cancha de Hull). fue concebida para dar cuenta de los datos generados por este paradigma de investigación. nuestros resultados reflejarán los procedimientos de observación y medición que usemos.Jos . En el lenguaje de aquella época. en lugar de los laberintos simples y cerrados que Hull usaba en Vale. la «teoría del aprendizaje» murió. concepto que. al menos. o quizá sería mejor decir que se marchitó. Pero es raro que se produzcan cambios radicales a partir de luchas intestinas como estas. sea 10 que sea 10 que investiguemos. La teoría hulliana. lo que significaba que el refuerzo no era más que la «confirmación de una hipótesis». Finalmente. no fue más que un precursor sin consecuencias. eligieron el laberinto en T múltiple como su instrumento favorito. está en proceso de cambiar. ¡Uno vivía de acuerdo con su propio paradigma! Edward Tolman. pero él y sus discípulos preferían los laberintos abiertos de varios brazos situados en un ambiente visual rico. que analicemos un cambio semejante en otro concepto germinal de la psicología. y que los refuerzos sólo eran efectivos sobre respuestas guiadas por hipótesis que tuviesen fuerza en ese momento.104 Actos de signfflCtldo La autobiograffa del Yo 106 ciencias humanas: el antipositivismo. por ejemplo. Clark Hull y sus discípulos. Pero dos movimientos históricos se encontraban ya en marcha. No tiene nada de extraño. abierto o cerrado. se libraron las principales batallas relativas a los problemas de la teoría del aprendizaje. El aburrimiento desempeñó su habitual papel saludable: las discusiones se hicieron demasiado especializadas como para atraer el interés general. por consiguiente. A pesar de su conductismo draconiano. diseñamos procedimientos que favorezcan la plausibilidad de la teoría. la de Tolman era una teoría de «habitación con mapa». mostrando que las ratas en los laberintos en T parecían impulsadas aparentemente por distintos tipos de «hipótesis» espontáneamente generadas. Krechevsky pudo demostrar que la teoría de la conducta desarrollada en Yale tenía que ser errónea. por ejemplo. más cognitivo y «propositivista» en su enfoque. la «teoría del aprendizaje de Yale» tuvo incluso que producir un simulacro mecanicista de la teleología para explicar por qué los errores que ocurrían casi al final del laberinto (donde se encontraba la recompensa) se eliminaban antes durante el proceso de aprendizaje. las teorías beligerantes construían sus modelos del proceso de aprendizaje sobre procedimientos paradigmáticos concretos para el estudio del aprendizaje. Y así fue como se libraron las batallas de la teoría del aprendizaje.

las teorías de la personalidad se habían concentrado casi exclusivamente sobre la motivación. ningún aprendizaje. hubo un período en la década de los cuarenta en que esas «traducciones a la teoría del aprendizaje llegaron a constituir una especie de industria casera» 1J. en la antigua tradición ~e la histo~a. cada una de ellas convenientemente ajustada y «apuntalada» para la ocasión en que la usamos. son parte del flujo de conocimiento del que uno ha llegado a formar parte. capacidades de aprendizaje. que determinan cómo. cuánto y de qué manera «aprende» un niño. Como dicen actualmente Roy Pea. con el advenimiento de la revolución cognitiva. Dodd Los Griegos y los Irracional. rasgos. o cualquier otra cosa semejante. o sería mejor considerarlo también como «disrribuido»? De hecho. el interés de la teoría de la personalidad también cambió a aspectos más cognitivos. distribuidas entre ellos. sino también en las anotaciones que uno ha tomado en cuadernos accesibles. De un solo golpe. la revolución contextual (al menos en psicología) se está produciendo ahora. negociadas con otros. El mundo social en el que vivíamos no estaba. Antes de esa revolución.P Pasar por alto la naturaleza situada y distribuida del conocimiento y del conocer supone perder de vista no sólo la naturaleza cultural del conocimiento sino también la correspondiente naturaleza cultural de la adquisición del conocimiento. puesto que lo que hace el niño que aprende es parncrpar ~n uná especie de geografía cultural que sostiene y conforma lo que hace. pero pujante. qué tipo de «constructos personales» usaba la gente para dar sentido a su mundo y a sí mismos. Llegar a saber algo. en las fuentes de información que hemos conectado a nuestro ordenador. canales de retroalimentación. cuestiones que parecían encontrarse al alcance de la teoría del aprendizaje. y otras cosas por el estilo. la acción necesitaba estar situada. en los amigos a los que podemos recurrir en busca de una referencia o un consejo. es una acción a la vez situada y (por usar el término de Pea y Perkins) distríbuida. De hecho. en los libros con pasajes subrayados que almacena- mas en nuestras estanterías. es decir.U . La palabra aprende merece ~~arecer entre comillas. no como el núcleo puro y permanente. Como dice David Perkins al ñnal de su análisis. en los manuales que hemos aprendido a consultar. Uno era la revolución cognitiva. tengo en mente trabajos como el estudio histórico sobre la individualidad de Karl Joachim Weintraub. en un «solo de persona». Detengámonos a considerar en primer lugar cómo afecta el contextualismo a nuestras ideas sobre el conocimiento y acerca de cómo lo adquirimos. la concepción «distribuida» del Yo no era tan nueva fuera de la psicología: tenía una larga tradición en la investigación histórica y antropológica. por así decir.108 Actos de signifICado La autobiografía del Yo 107 cuales. Por supuesto. y ese flujo incluye incluso ~sas. en este sentido. cuestión de la que nos volveremos a ocupar más adelante. Y tanto la mente como el Yo formaban parte de ese mundo social. El Valor del Individuo. La marea alta que se avecinaba no tardó en lamer las faldas de la búsqueda del Yo en la psicologfa. Pero el segundo movimiento histórico al que he aludido antes no había llegado aún a la psicología: el nuevo contextualismo transaccional que se expresaba en la sociología y la antropología con doctrinas tales como la «ernometodologfa» y demás avances analizados en el Capítulo 2. Para poder ser explicada. son «comunidades de aprendizaje o 'pensamiento» en las que hay procedimientos. y así sucesiva y casi infinitamente.. Si la revolución cognitiva hizo erupción en 1956.. sino [como] la suma y enjambre de parti¿ipaciones»14. qué. por ejemplo. Pero. ni «en la cabeza» ni «en el exterior» de algún primitivo modo positivista. en una década o dos. interpretativa y en la más reciente.. por así decir.anel marginal la teoría clásica del aprendizaje. Los colegios.» Hasta los esfuerzos de la teoría del aprendizaje por ampliar su base intentando reducir las teorías de la personalidad a sus propios términos se vieron interrumpidos. como señala Perkins. Se trata:' ba de la idea de que la acción humana no podía explicarse por completo ni de "forma adecuada en la dirección de dentro hacia afuera. David Perkins y otros. y más recientemente el estudio antropológico de Michelle . La revolución cognitiva se limitó a absorber el concepto de aprendizaje dentro del concepto más amplio de «adquisición del conocimiento. y la obra clásica de E.l'' ¿Debe considerarse el y~ ~omo un n~cle? permanente y subjetivo. habrían de relegar a un 1!. las «teorías ~el a~re~di­ zaje» de los años treinta se han situado en una nueva perspectiva dístributiva l 5 . R. Las realidades que la gente construía eran realidades sociales. el transaccionalismo. Ann Brown y Joseph Campione añaden otra dimensión a esta imagen distribuida. y sin la cual DO habría. quizá la «persona propiamente dicha deba concebirse . refiriéndonos sólo a factores íntrapsfquicos: disposiciones. tradición interpretanvrsta de la antropología cultural. Todos estos elementos. según ellos. el conocimiento de una «persona» no se encuentra simplemente en su cabeza. formas sumamente convencionales de retórica que utilizamos para Justificar y explicar lo que hacemos. modelos. el afecto y sus transformaciones. ser concebida como WI' continuo con un mundo cultural. motivos. el otro. es decir.

que data de hace dos décadas. su autoimagen solía cambiar de forma congruente con ese papel. Aunque no sean «verificables» en el sentido puro y duro del psicólogo positivista. se veían a sí mismos de una manera. Pero a esto añadía que hay dos generalidades que. «Ninguno de estos resultados debería considerarse fiable desde un punto de vista transhistórico. Y podríamos mencionar también trabajos dirigidos a cuestiones históricas más concretas. tantó como de la mente a la cultura. tan pronto como habían comenzado a cuestionar la tesis previamente aceptada del verificacionismo positivista sobre las ciencias sociales -la noción de que existe una realidad «objetiva» y autónoma cuya verdad puede descubrirse usando 'métodos apropiados-e.IEn este trabajo. en que estos «resultados» no podían en modo alguno generalizarse más allá de la ocasión histórica en que fueron obtenidos. la gente tendía a considerar su «Yo» de forma muy distinta. o podemos cambiarlo mediante una reconceptualización. revista reflexivamente. sino también en una situación histórico-cultural. Aunque se les pidiese simplemente que desempeñasen un determinado papel público en un grupo. por modificar el dicho. procede del exterior. Porque. no un ejercicio de diseño metodolÓgico. rebajada. además. 21 El segundo universal es nuestra «deslumbrante» capacidad intelectual para imaginar alternativas:' idear otras formas de ser. no obstante. Y hasta un guardián tan austero de la pureza metodológica de la psicología como Lee Cronbach nos recuerda que «la validez es subjetiva más que objetiva: la plausibilidad de la conclusión es lo que cuenta. hay que tomar en cuenta a la hora de interpretar resultados como esos: ambos son rasgos universales que tienen que ver con la manera en que el hombre se orienta hacia la cultura y el pasado.se les hacía interactuar con ególatras. y si. Kenneth Gergen fue uno de los primeros en darse cuenta de cómo podría cambiar la psicología social adoptando una concepción interpretativa. "Gergen insistía. actuar. reside en el oído del espectador»!". tales como las indagaciones de Brian Stock acerca de si la introducción de la «lectura silenciosa» no podría haber cambiado las concepciones occidentales del Yo. En una palabra. 19 En sentido distributivo. Voy a resumir brevemente cómo este nuevo impulso parece haberse abierto camino en las concepciones contemporáneas más importantes sobre el Yo. al interior tanto como del interior al exterior. luchar. Y la plausibilidad. o eí de Fred Mayer sobre el «Yo» de los Pinrupí. los filósofos sociales contemporáneos no van muy a la zaga a este respecto. nos ocuparemos de los estudios monumentales de esta-última en los que se aborda la interesante cuestión de si la «historia de lo privado» en el mundo occidental no podría considerarse también un ejercicio para comprender la aparición del Yo occidental. De manera que. El «inmenso depósito» de nuestras experiencias pasadas puede destacarse de distintas maneras cuando le pasamos. al menos la plausibilidad de estos estudios antropológicos e históricos francamente interpretativos merecería ser explorada. No voy ~ poder aquí hacerle justicia plenamente. mientras que con personas humildes se veían de otra. se propuso mostrar cómo la autoestima y el autoconcepto de las personas cambiaban abruptamente en reacción a los tipos de gente entre los que se encontraban. constructivista y edistributivax de los fenómenos psicológicos. . i7 ~o que todos estos trabajos tienen en común es la meta (y la virtud) de localizar el Yo. Entre los psicólogos sociales. y cambiaban más aún en respuesta a las observaciones"positivas o negativas que la gente hacía sobre ellos. Todos dependían de manera fundamental del conocimiento que tenía el investigador de qué cambios conceptuales estaban sujetos a alteración dentro de un contexto histórico dado»20. de la cultura a la mente. Y. por así decir. \La primera esla refíexivídad humana. nuestra capacidad de volvemos al pasado 'Y-alterar el presente en función de él. pero puedo decir lo-bastante para indicar por qué (al menos en mi opinión) marca un nuevo hito en el concepto de psicología cultural. el Yo puede considerarse como producto de las situaciones en las que opera. como ya hemos señalado. respecto a la manera en que se veían a sí mismos en presencia de personas más jóvenes u objeto de menor estima. En presencia de otras personas de más edad o a las que se percibía como más poderosas. no en la rapidez de la conciencia privada inmediata. El nuevo punto de vista surgió originalmente en protesta contra un objetivismo engañoso tanto en la psicología social como en el estudio de la personalidad. el cual espero ser capaz de ilustrar mejor en la segunda parte de este capítulo. un «enjambre de sus participaciones» como dice Perkins. la validez es un concepto interpretativo. se hizo evidente que también el Yo debía considerarse como una construcción que. o el trabajo de la escuela francesa de los Annales sobre la historia de la vida privada. y algunos de sus primeros trabajos abordaron precisamente el problema de la construcción del YO. por consiguiente. o de alterar el pasado en función del ptesen~ Ni el pasado ni el presente permanecen fijos al enfrentarse a esta reflexividad.108 Actos de significado La autobiografía del Yo 109 Rosaldo sobre el «Yo» en los ilongotes. Más adelanté.

éé Fue probablemente la creciente revuelta contra la epistemología de corte verificacionista la que liberó a los científicos sociales. El ego o el Yo se concebía como una especie de mezcla de tomador de decisiones. aunque no sea más que un recuerdo encubridor o incluso una ficción. 25 Hablando desde el psicoanálisis. «Podría decirse que una interpretación proporciona un glosa útil de algo que es. sise las arregla para captar en su código de algún modo el verdadero problema del pacíente. estratega y jugador de ventaja que calcula sus compromisos. producto de nuestra narración. Ya que. sino lograr que fuese «coherente. Por consiguiente. inenarrables-".110 Actos de significado La autobiografía del Yo 111' aunque en un sentido puede que seamos «criaturas de la historia». Donald Spence (junto con Roy Schafer. nos procura guías y estratagemas para encontrar un nicho entre la estabilidad y el cambio: exhorta.é" Por consiguiente. de acuerdo con Spence. el libro de Spence fue objeto de mucha atención tanto dentro como fuera de los círculos psicoanalíticos. SIn duda. no era la verdad histórica sino lo que decidió llamar la verdad narrativa. Y no deja de ser irónico que. tienta. asimismo. Schutz y demás autores cuyos programas «etno» dentro de la sociología y la antropología encontramos en el Capítulo 2. del que nos ocuparemos en un momento) fue uno de los primeros en salir a escemi. cualquier intento por comprender la naturaleza y orígenes del Yo es un esfuerzo interpretativo semejante al que realiza un historiador o un antropólogo al tratar de comprender un «período» o un «pueblo». En general. es tanto un guardián de la permanencia como un barómetro que responde al clima cultural local. Spence abordó la cuestión de si un paciente s'ometido a análisis recobraba el pasado en su memoria igual que un arqueólogo desentierra los artefactos de una civilización enterrada. de cómo presentar el Yoa los Demás. incluso el compromiso. intentando establecer la idea de que el «Yo de una vida» era. el hecho mismo altera el proceso de construcción del Yo. como cualquier otro aspecto de la naturaleza humana. La cultura. por usar la expresión de Erwin Goffinan. esté no obstante 10 suficientemente cerca de la realidad como para permitir el comienzo de un proceso de reconstrucción. Pero este no es el lugar adecuado para examinar esta interesante transición en las ciencias humanas. na en no conseguir una correspondencia con alguna «realidad» inespecificable. Sospecho que este cambio fue provocado por la teoría literaria y por las nuevas teorías sobre el conocimiento narrativo. permitiéndoles explorar otras formas de concebir el Yo aparte de la que lo consideraba como un agente calculador gobernado por reglas lógicas. y creo que reflejaba un poco el racionalismo de los primeros tiempos de la revolución cognitíva. prohíbe. sin preocuparse de si era o no «arqueológicamente cierta respecto a la memoria». la narración no tardó mucho en pasar a ocupar el centro del escenario. en otro también somos agentes autónomos.P Sea como fuere. Se trataba de una visión del Yo sumamente calculadora e intelectual. No tiene nada de extraño que el primer ensayo de Gergen que llamó la atención de sus colegas dentro de la psicología social llevase el título de «La Psicología Social como HistoriaeV. viable y apropiada tanto externa como internamente». El autoengaño consiste en no conseguir esto. El Yo. en el reparto al ego (o al Yo) le corresponde el papel de un narrador que elabora relatos sobre una vida. más bien: el análisis nos permite crear una nueva narración que.le interesaban inicialmente las' «reglas» mediante las cuales . utilizando su capacidad de reflexión y de imaginar alternativas. con independencia de que sea o no un recuerdo o una ficción encubridores. o si. una narración en cuyo centro se encuentra un Yo. según Spence. En esta teoría hay una dificultad'sin resolver. Según él. A Gergen --como a Garfinkel.P . La «verdad» que importaba. rehúye o abraza o reevalua y reformula lo que la cultura le ofrece. Ciertamente fue en esta línea en la que David Polonoff retomó el debate algunos años después. Pero eso nos lleva a la siguiente parte de la historia. A finales de la década de los setenta y principios de los años ochenta. se interpretó que lo que quería decir era que la tarea fundamental del psicoanálisis y del «funcionamiento del ego» era la construcción de una historia de la vida que se ajustase a las circunstancias presentes del paciente. por consiguiente. tan pronto como en una cultura se proclama una historia o una antropología oficial que pasan a ser de dominio público. deniega o recompensa los compromisos emprendidos por el Yo. por definición. Esta verdad narrativa. ni el analista ni el analizando pueden saber cuál es el «verdadero» problema. La labor del analista es ayudar al paciente a construir esta narración. A pesar de este persistente positivismo (o. saltó a la palestra la noción del Yo como narrador: el Yo cuenta historias en las que se incluye un bosquejo del Yo como parte de la historia. Y el Yo. en lugar de una «cosa» fija pero oculta que sería su referente: La meta de una narración del Yo no era que encajase con alguna «realidad» oculta.. posiblemente. según su razonamiento. el problema está «ahí» pero no puede describirse. a causa de él). es válida si se ajusta a la historia «real» del paciente. construimos y negociamos las realidades sociales.

el analista y el analizando se concentran no sólo en el contenido sino también en la forma de la narración (Schafer la llama la «acción» de la narración). una «narración doble». de algún modo. una concepción masculina del Yo. por ejemplo. inseparables del mismo. cuando decimos <<110 soy dueño de mí ~smo». de hecho. Cuando contamos esr. al decir que también nos contamos las mismas historias a nosotros mismos. el «reciente» reconocimiento de oue las oersonas narratívs. podría de hecho marginar a las mujeres haciendo a sus Yoes parecer inferiores. La opacidad de la narración. en este: «Vamos a ver come pod:mos vo!ve~ a contarlo de una manera que le permita comprender los ongenes. a casi todos los efectos. Sin embargo. por consiguiente.' com~ un «medio transparente». por así decir.29 Schafer ~ega incluso a señalar que los otros también se presentan de forma narrauva. por ejemplo. el yo es un cuento. que estamos realizando simples acciones narrativas. Desde este punto de Vista. por consiguiente. activo y atareado. su género. El «viraje narrativos tuvo algunos efectos sorprendentes. «Como proyecto de desarrollo personal. podemos preguntarnos. De cualquier manera. un centro dinámico de conciencia. sino también el modo en que se construían. el Yo también se ve enredado en una red constituida por otros. de la misma manera en que nuestras notas y nuestros procedimientos de buscar información pasan a ser parte de nuestro conocimiento distribuido? Y exactamente igual que de esta manera el conocimiento cae en las redes de la cultura. y de manera que el cambio resulte concebible y alcanzables-v. el círculo de nuestros cómplices ser algo parecido a un «Yo distribuido». no sólo en un hacedor de relatos sino además en un narrador con un estilo peculiar. Aunque la concepción del Yo como calculador y estratégico puede. zan su experiencia del mundo y del papel que desempeñan en él ha obliga- .a:' histori~s a los demás. Una vez adoptado mi punto de vista narrativo. organizado en una totalidad peculiar y en contraste con otras totalidades semejantes y con un trasfondo social y naturab-V. un. único y más o menos integrado. Las historias son muchas y variadas. la sustancia o el contenido de los Yoes constru~dos en relaci?n a la p:opia vida. la universalidad no resulta tan obvia cuando invocamos la actividad de contar historias. juicio y acción. su circunstanctahdad. El reto al que se enfrentan el analista. y el analizando se convierte. estable y aceptable como fiable y válido a observadores informados. Ya que su meta incluía no sólo. puede decirse.P Sin duda. sIgmfi~ados e importancia de sus dificultades actuales. por así decir. De un momento a otro y de una persona a otra este cuento varía en el grado en que resulta unificac!o. Y este tipo de preguntas no tardó mucho en llevar a la sospecha de que las concepciones «oficiales» o «inculcadas» del Yo podrían utilizarse para establecer un control político o hegemónico de un grupo sobre otro. durante este proceso. Y de este modo comienza un proceso mediante el cual se elabora un Yo distribuido. Incluso en la cultura occidental. el análisis personal cambia las cuestiones principales que. cosas como la siguiente: Estamos siempre contando historias sobre nosotros mismos. la razón está gobernada por una lógica única e ineludible. de manera que la narración sobre nosotros mismos que contamos a otra persona es. uno formula a la narración de su propia vida y las vidas de otras personas Importantes para uno». ¿No podría. el arialista se hace cómplice del proceso de construcción. Schafer dice. Voces críticas feministas han. de nuevo encerramos una historia dentro de otra. esa concepción de «la persona como un universo motivacional y cognitivo compacto. los psicólogos comenzaron a formular la pregunta de si el amplio círculo de gente que le importa a una persona o en las que tiene confianza no podría considerarse también cómplice de nuestras narraciones y nuestras construcciones de nosotros mismos. o~ que actúa de audiencia y que es uno mismo o el yo de uno. se consideran tan importantes como su contenido o de cualquier manera. que hay que describir. Esta es la historia de que hay un yo al que se le puede contar algo. Y. emoción. El Yo del analizando se convierte. Dio nuevo aliento a las ya de por sí activas voces contrarias a la universalidad de la denominada «concepción occidental de la individualidad». Cuando las histerias que contamos a los demás sobre nosotros mismos versan sobre es?s otros yoes nuestros. abrigar pretensiones de universalidad apelando a la universalidad de la razón. Y. entonces. encerramos una historia dentro de otra. en la que el acto mismo de relatar es tratado como el objeto. por qué una historia y no otra. en lugar de tratarlo. bajo las circunstancias del análisis el analista viene a desempeñar cada vez más el papel de un redactor solícito o el de amanuense provisional. escrito copiosamente en los últimos años sobre la manera en que la autobiografía de las mujeres se ha visto marginada por la adopción de un canon masculino de escritura autobiográfica. Siguiendo básicamente la misma línea. Esta imagen distribuida del Yo es la que prevaleció entre los «constructivistas sociales» y los «científicos sociales interpretativistas»31.112 Actosdesignificado La autobiograffa del Yo 113 Roy Schafer adoptó una postura más radical que Spence.

Me parece que una psicología cultural impone dos requerimientos estrechamente relacionados entre sí sobre el estudio del Yo Uno de el~~s es que estos estudios deben centrarse sobre los significados en función de los cuales se define el Yo tanto por parte del individuo co~o por parte de la cultura en que este participa. Refiriéndose al Va. ya que el Yo no es un mero resul~do. no nos molestamos en codificar las historias. no es una cosa estática o una sustancia. prestar atención a las prácticas ee qne «el significado del Yo» se alc~z. que incluye no sólo lo que uno ha sido sino también previsiones de lo que uno va a ser.. los Yoes humanos que surgen de nuestras entrevistas son artificiales como consecuencia de nuestro método de entrevistar. las c~ncepcl~~es del tén conformadas y apuntaladas por nuestra teología judeocnsuana Y po ~: nuevo humanismo que surgió en el Renacimiento. Se encue~tran conformadas también por una sociedad. lo típico es que interrumpamos a nuestros entrevistados cuando empiezan a contamos una historia. una economía y u~ len~uaJe. c~mo.todos l~s cuales poseen «realidades» históricas que.a y pone en funcionamiento. sucede e": ~aso del habeas corpus Yla Cuarta Enmienda de la con5utuc~ón ~stadoumue delinea minuciosamente nuestro derecho a la privacided". tenemos que revisar constantemente el argumento a medida que se añaden nuevos acontecimientos a nuestras vidas. Esperamos respuestas como «hacer frente a las dificultades financieras» ante preguntas como ¿ «CuMes fueron los peores momentos al comienzo de su matrimonio»? Como entrevistadores. Estamos en medio de nuestras historias y no podemos estar seguros de cómo van a terminar. El sociólogo ElIiot Mishler nos recuerda que en la mayoría de las entrevistas esperamos que nuestros entrevistados respondan a las preguntas de la manera categórica que se exige en los encuentros formales. Quizá la situación actual en este terreno no pueda ser resumida mejor de lo que lo hace Donald Polkinghome en su libro Narrative Knowíng and: tne Human Sciences [«El conocimiento narrativo y las ciencias humanas»].J' id os sus propios Yoes. aunque este~ abl~~ a ser revrcreado un andamiaje que sostiene nuestras actividades como sa d as.a ~.d alid d tá n:fi agentes humanos. por ejemplo. Míshler ilustra esta cuesti6n con una entrevista en la que un sujeto cuenta con gran autenticidad lo que «pagar sus deudas a tiempo» significaba para su autoestíma al principio de su matrimonio. e o . Voy a ocuparme de cada uno de ellos. . . y damos unidad a nuestra exístencia entendiéndola como laexpresión de una historia singularque se despliega y desarrolla. Estas nos proporcionan.Nuestra concepción ~s~a d~. v.ndlYI u a es ca . y -. los tradicionales instrumentos de investigación concebidos por la ciencia formal para localizar y medir objetos y cosas. congeniaría con los nuevos avances que acab~o~ de relatar. Ya que existe también una dimensión histórica. por consiguiente. han " . en todo caso. de hecho. i. una VISIón más «distribuida» del VA.La autobiograffa del Yo 114 115 Actos de significado da incluso a los científicos sociales a replantearse la manera en que utilizan su principal instrumento de investigación: la entrevista.emos visto cómo. Volvamos ahora al segundo criterio de la psicología cultural> el hecho y: :1 . Si el VA de tjergen es un «Va de afuera a adentro».. . Su narración en ningún momento responde literalmente a la pregunta sobre «los momentos más difíciles en su matrimonioeé". y de un Yo en particular (como en los mteresioaal de los oes en generar .de tener en cuenta es cue perpetuaría el sesgo antihistórico y anticultural al 9-ue se debe ~uenar de las dificultades por las que atraviesa la psicol~gía co~temporanea. sino una configuración de acontecimientos personales en una unidad histórica. De esta manera. el Yo histérico es un «Va desde el pasado . adoptan como su defimcIón . por consíguíente.de la reflexión contemplativa: El segundo requirimiento es. o.urada por las garantías legales de su mVlOlabilldad. santes estudios de Gergen que hemos mencionado anteriormente).hasta el presente». dice lo siguiente: Las herramientas que utilizan las disciplinas humanaspara acceder al concepto de sí mismo son. En nuestra propia cultura. los Otros contempcréneos. El Yo. por así decir. Pero esto no es suficiente SI queremos entender cómo se negocia un «Yo». ya que no encajan en nuestras categorías convencionales. Por una deñnición cultural de la índividualiIfWIVI U " d ís d 1 qne dad (parte del primer requerimiento mencionado) entren o ~ . por lo general.35 u ¿Qué pasaría entonces con esa psicología cultural del tipo que ~e propuesto? ¿Cómo le iría a la hora de plantear el'problema del Yo? Sin duda alguna.de~~enl~s '_. Logramos nuestra identidad personal y el concepto de nososrros mismos mediante el uso de la configuración narrativa. más que siguiendo las formas narrativas de las conversaciones naturales. Una de nse • q tas snones psicología cultural que na fuese capaz .proVI.

una persona a otra.118 Actos de significado La autobiografia. como también sabemos. en su opinión: Tendrá que ser inevitablemente una narración. su forma será tan reveladora como su sustan- . en lo que al acto de crear significados se refiere. en prácticas era corriente en las universidades americanas a finales de la atribulada década de los 60 que los estudiantes pidiesen permiso para marcharse a vivir durante un trimestre o un año entero a. no sabríamos cómo componer los fragmentos y las piezas al flnal de nuestra investigaci6n. deseos o razones sobre el Yo y cómo encontrarlo eran tan reales para quienes estaban metidos en ellas como las normas de la universidad por las que se sentían tan frustrados. y no pueden invocarse «legítimamente». 'Y. pueda descolgarse por la borda y huir a tierra finne.-Existe una alternativa obvia y viable: efectuar la investigación retrospectivamente. con el fin de «apartarse de todo» y poder «encontrarse a sí mismos». lo que importa para comprender su conducta. Estos contextos son siempre contextos prácticos: siempre es necesario formular la pregunta de qué hace o intenta hacer la gente en ese contexto. e invocarán su Yo para describir lo sucedido. pongamos por caso. Pero si otra persona los agarra o los empuja o les arrebata su cartera a la fuerza. por poner un ejemplo general. El 'abanico de cosas que la gente considera que está bajo la influencia de su propia agentividad varía. Y. los conceptos (incluido el «YO}» deben llevar consigo una especificación acerca de cómo hay que usarlos tanto en la acción como en el discurso que rodea a la acción. que tiene que poner a prueba su sentido de autonomía haciendo navegar con pericia a su barco peligrosamente cerca de la oscura y ominosa roca de Koh-ring. y. Si se me permite usar un ejemplo literario. ni siquiera los más duros. varía con el lugar que uno siente que ocupa dentro de la cultura. la propia y la de alguien más. aunque pudiéramos. s6lo actos. Para tener ':lla noción general de un «YO}} determinado en la práctica. sino cómo ese sentido de autonomía entra en la narración de su vida. como sabemos gracias a los estudios sobre el «Iocus de control». Y. Su objetivo son las reglas a las que recurren los seres humanos a la hora de crear significados en contextos culturales. Es más o menos como lo planteaba en el capítulo sobre la psicología popular. Era el Yo distribuido en la acción. La agentividad está presente. ¿Qué puede querer decir la «práctica» del Yo? Por ejemplo. es como ti joven capitán del relato de Conrad The Secret Sharer. al igual que comenté dos capítulos atrás a proposito de la indeterminación interpretativa de Ies tres obras teatrales de Ibsen. Uno iba a alguna parte a hacer algo con una meta prevista en mente. como rasgo aislado. de qué maneras y por qué razones. Y esto nos lleva al núcleo de la cuestión. un pueblecito de Vennont o una cabaña en los bosques de Maine. como señala Polkinghorne. el Doppelgiinger al que el capitán ha escondido a bordo a pesar de que sabe que está acusado del asesinato de un marinero cobarde a bordo de su propio barco. Más aún. Ya que. en cualquier caso. Esto era el Yo puesto en práctica. no considera que la gravedad actúe sobre sus Yoes (salvo quizá en casos extremos). con el fin de que Leggatr. en pos de esta meta. no es la «autonomía» del joven capitán. Es evidente que. tampoco es posible encontrar una interpretación ontológicamente definítiva de la acción del joven capitán. y en esas situaciones creemos que nuestros propios Yoes y los Yoes de los demás no son operativos. y tan reales también como la geografía psíquica de aquellas regiones en que los jóvenes de entonces creían que podrían encontrar el «aislamiento» que buscaban. se hablaba con los demás sobre ello de una determinada manera. algo que no se podía hacer en otra parte y seguir siendo el mismo Yo. No puede decirse que la idea de que el significado surge del uso sea especialmente original. Pero eso no significa que tenga que carecer de principios o prescindir de métodos. sus consecuencias tienden a pasar desapercibidas. a través de laautobiografia. La psicología cultural es una psicología interpretativa. el mero hecho de hacerlo transformaría el significado de lo que hiciesen. précacamente en el mismo sentido en que la historia. a pesar de la frecuencia con que se utiliza como si fuese un eslogan. Al final. un soberbio nadadof»37.deI Yo 117 de que haya de explorar no sólo el significado sino también su utilización en la práctica. la antropología y la lingüística son disciplinas interpretativas. pero."sentimos que determinadas situaciones son «impersonales». no hay causas de las que se pueda echar mano con certeza. contextos que sean culturalmente especificables. Y no me refiero-a una autobiografía en el sentido de un «registro» o «grabación» (ya que eso no existe). 38 Por otra parte. Estas creencias. expresiones y contextos que hay que interpretar. en-proyectos y en la práctica. siendo «un hombre libre. para retormar la idea de Schafer. no podemos seguir a la gente a lo largo de toda su vida y observarles e interrogarles en cada paso del camino._Me refiero sencillamente a una descripción de lo que uno cree que ha hecho. «el significado en la praxis». y. de. ¿Cuándo se invoca al «YO}}. en qué situaciones. Para que resulten viables en una psicología cultural. de qué manera y con qué fin? La mayoría <Se la gente. sentirán que sus Yoes han sido «violados». debemos obtener una muestra de sus actividades prácticas en distintos contextos.

ni es nuestra meta ocupamos de cuestiones ontológícamente tan oscuras como saber si la descripción es «auroengañosa» o «verídica». se producían «giros» en su vida. en las docenas de autobiografías que hemos recogido y analizado. No importa si el relato coincide o no con lo que dirían otras personas. no se limita a contar. pero las formas que adoptaba (aunque podían reconocerse como culturales) eran mucho más variadas de lo que nunca habríamos esperado. comedia negra. acontecimientos. de nuevo culturalmente identificables. sino que además lo hacía eligiendo los géneros artísticos y sus otros procedimientos de narración como modos de expresión. por qué piensa que lo hizo. adhiriéndose estrictamente a la secuencia y a la justificación en función de la excepcionalidad. etc. de la historia de su vida». es decir. producidos casi invariablemente por la irrupción de una toma de conciencia provocada por el triunfo o el frac~so. el narrador no está hablando del pasado. Y los motivos por los que se incluyen las cosas permanecen la mayor parte del tiempo implícitos. un Bildungsroman. como justificando¡ por qué era necesario (no en un sentido causal. estas «autobiografías espontáneas» constaban de historias más reducidas (relativas a sucesos. proyectos). Se produce una enorme cantidad de trabajo en el aquí y ahora mientras la historia se hilvana. Los episodios narrativos que componen la historia de una vida presentan una estructura típicamente laboviana. en lo que parece un pacto tácito que rige la entrevista. sino que además justifica. Y el Yo. Es un relato efectuado por un narrador en el aquí y ahora sobre un protagonista que lleva su nombre y que existía en el allí y entonces. terminamos por interesarnos en cómo cuenta la gente sus propias historias. testigos de los hechos. cuando es protagonis:a. El Yo. apuntando hacia el futuro. que. cada una de las cuales adquiría significado por el hecho de ser parte de una «vida» a mayor escala. compartían una característica universal de todas las narraciones. si~mpre está. nosotros nos concentramos en cómo reproducía la gente historias de cuyos textos disponíamos para efectuar las comparaciones oportunas.: «inf~ncia modesta». Nuestro interés está en lo que la persona piensa que hizo. En la creencia de que sus propias vidas podrían proporcionar un buen material para ese tipo de relatos. pero también estaba fuertemente restringida por los requerimientos de la historia que el narrador estaba en proceso de construir. cómo puede uno emprender un estudio del Yo de esa manera con el necesario rigor interpretativo. Y. un paciente pasivo o el vehículo de un destino mal definido. Por supuesto. muy brevemente. mis colegas y yo nos interesamos por la naturaleza de la narración como texto y como modo de pensamiento. de acuerdo con el cual el . por ~sí decir. etc. por la traición de la conflanza depositada en alguien. Pero la historia mayor revela una fuerte vena retórica. social. Era. y no tardamos mucho en darnos cuenta de que estábamos escuchando a la gente en el proceso de construir una versión longitudinal de su Yo. m A continuación. Dejamos que cada sujeto se guiase por lo que Philippe Lejeune llama «un borrador aproximado. Como otros autores. historias de Wanderung.39 Lo que observábamos no era en modo alguno una construcción «libre». Las narraciones generales más grandes se contaban en géneros fácilmente reconocibles: el relato de una víctima. y la historia termina en el presente. nos pusimos a recoger algunas biografías espontáneas. haya aproximadamente entre un tercio y !!!Lcincuenta por ciento de «proposi~iones nucleares» en tiempo presente. en qué tipo de situación creía que se encontraba. No tiene nada de extraño. sino moral. vaya mostrar. «muchacho soñador». Aparecen ~n cada línea. etc. estaba restringida por los acontecimientos de la vida de su autor.118 Actos de slgnfflcsdo La autobiografía de! Yo 119 cía. y cosas por el estilo. Hace algunos años. En el centro de cada relato había un Yo protagonista en proceso de construcción: ya fuera un agente activo. «yo era un encantador niño rebelde». constantemente rehecho. cuando el protagonista se funde con el narrador. Tengo que empezar de una manera ligeramente autobiográfica. Pronto quedó claro que la vida no sólo imitaba al arte. A este respecto. las formas del antihéroe. por consiguiente. con independencia de 10 que haya oído. inevitablemente. Hay algo curioso en la autobiografía. en momentos críticos. En cuanto historias de desarrollo. Cuando alguien dice. generalmente puede tomarse como una profecía además de como un resumen. Como es lógico. como resumiendo su infancia. una historia de desarrollo. sino decidiendo qué sentido narrativo puede dar al pasado en el momento en que lo está contando. Las presuposiciones que entrelazamos al contar nuestras vidas son profundas y virtualmente ilimitadas. cuando narra. al que casi siempre se refiere en tiempo pasado. Los acontecimientos narrados que comprendían sólo tenían sentido en función de un cuadro más amplio. psicológico) que la vida siguiese un camino determinado.

Y"ñó nos hacíamos ninguna ilusión respecto a la posibilidad de que el entrevistador pudiera permanecer neutral durante las entrevistas' la Dra. Ya que el entre:ls~dor se convierte en parte de ese «enjambre de participaciones» que distribuye el «Yo» entre sus ocasiones de uso. una vez más. tanto personal como profesionahnente. Afortunadamente ~a?~os la s:sión en vídeo. si no. y se limitó a actuar conforme a su manera de ser. en lugar de las respuestas de tipo más categórico que se obtienen en las entrevistas habituales. sino también una forma de contar. para mantener una «sesión de discusión».f' Nosotros -mi colega Susan Weisser. y en la que se habló sobre «en qué consiste crecer siendo un Goodhertz».de la ~sma familia.comentábamos lo interesados que estábamos desde hacía tiempo en este tema. al fin y al cabo. harina de otro costal. Lo que empezó siendo una ~era ~ues~ón de conveniencia terminó por convertirse en un principio de mvesügacíon. y dejábamos claro que no nos interesaba hacer juicios de valor o hacer terapia. Y contamos las expresiones ~odales de6nticas y epistémicas para comprobar hasta qué punto cada miembro de la familia recurría a la contingencia o a la necesidad a la hora de estructurar sus descripciones.120 Actos de signfficado La autobiografía del Yo 121 entrevistador. no habría tomado. casi con toda seguridad la pregunta onent~á el relato en ~na dirección que. los ordenadores permiten efectuar recuentos y búsquedas específicas con gran facilidad. Pero esa decisión pragmática nos trajo otros beneficios que nunca habríamos previsto. A pesar de las dificultades epistemológicas que los modernos teóricos de la autobiografía han analizado durante los últimos quince años. las personas corrientes. Y. ya que una familia sin sus gestos y algú~ indicio de a quién se está mirando es como una puesta de sol sin color. nuestra guía más útil fue la lingüística literaria y-del discurso. estaba concebido para favorecer la creación de significados mediante el relato de narraciones. De manera que. TJna narr~!ón. es (como a los autores q~e se h~ ocupado del tema les gusta decir) el vicario de la cultura y. Estábamos convencidos también de que podríamos sacar a la luz las presuposiciones sepultadas en las historias sobre la vida de cada uno medi~te un minucioso estudio del lenguaje que se utilizara en ellas. . será capaz de imaginarlos por sí mismo. las formas gramaticales del relato. en familia. al fin y al cabo. Al empezar cada entrevista. la Dra. descubriendo palabras reveladoras. una fábula. Una familia. Los entrevistamos de forma individual e independiente preguntándoles acerca de sus vidas. les explicábamos que nos interesaban las autobiografías espontáneas y cómo cuenta la gente su propia vida. y yo--. Esta densa maleza de presuposiciones que se da en la autobiografía hizo nuestra tarea difícil pero. una vez puestas a la tarea. De esa manera podríamos entender mejor lo que quena decir el hecho de que un miembro dijera «Eramos una familia unida». cálida y afable en el trato. Para ella. no es solamente una trama. decidimos concentrarnos en seis miembros de la misma familia. con dos hijos y dos hijas ya mayores. y después los reunimos. Después. al mlSl~O tiempo. o incluso las excepcionales. un microcosmos de ella. a su manera. Weisser es una mujer de cuarenta años. e incluso pedía aclaraciones cuando algo de lo que le decían realmente no' le había quedado claro. que duró más de tres horas. Weisser realizó ella sola las entrevistas en su despacho a lo largo de un período de varios meses. no tienen demasiadas dificultades para contar su historia. La Dra. en lugar de seguir recogiendo biografías de individuos aislados. expresiones tan características c?mo las firmas. un sjuzet. Y. No cabe la menor duda de que las historias que escuchamos estaban estructuradas en alguna medida por nuestro interés en-cómo contaba la gente su propia vida. sexagenenos. cuya actividad se reduce casi por completo a escuchar. La mejor de todas fue el concentramos en miembros . dimos con unas cuantas idea¡ defensivas felices. respondía de forma apropiada a los sucesos que le contaban eon los habituales «uhrnm» y «Dios mío». si al entrevistador se le ocurre pedir q~e se hagan explícitas las razones. dedica~o~ ~n año a hacer un análisis preliminar de sus autobiografías IDdl~lduales. IV Nuestro procedimiento para realizar las entrevistas fue informal. que lo que nos interesaba era la «vida» de las personas. Afortunadamente. Weisser se reía cuando le contaban algo gracioso. Pero las ideas acerca de cómo se pueden interpretar son. Obviamente. Examinamos los contextos de utili- zacién de los verbos mentales para enriquecer nuestra imagen de la subjetividad de los Goodhertz. . de la gente. profesora de literatura inglesa. por las «vidas».así hizo su aparición la familia Goodhertz: el padre y la madre. Así que analizamos el discurso mismo. como reacción. informal. Para esta tarea. obviamente fascinada. haber actuado de otra manera habría supuesto sin duda romper las reglas de un diálogo normal.

los investigadores. la «historia de una vida» contada a una persona determinada es. simplemente. Confeccionamos una lista de doce «preguntas guía» que formulábamos cuando los sujetos finalizaban su primera descripción espontánea. llegando incluso a usar historias familiares típicas que sir:en ~ara resaltar eses papeles. como aetI: veremos. La otra consistía en adoptar y desempeñar papeles familiares establecidos. o. Una consistía en el ejercicio de hábiles maniobras interpersonales: hacer chistes. aun cuando pareciese que se dirigían sus comentarlos entre e~os con tanta frecuencia como nos los dirigían directamente a nosotros. aunque no cabe duda de que los Goodhertz nos tenían presentes en todo momento y. EÍl cuanto a la «sesión de familia». Todas las familias tienen unas cuantas hístonas de estas almacenadas. Debby. único consejo que puede darse es el de ejercer una cierta precaución interpretativa.o después de esto para anunciar que acababa de llegar una nueva jarra d~ ~afé. la hija más joven. como es lógico. La sesión se extendió a 10 largo de tres horas sin que se nos presentase ninguna ocasión-en la que fuese necesario hacer uso de las cue~titmes orienta~vas que . Nos juntamos en torno a una mesa de reunieres. habíamos decidido de antemano que tres horas eran suficientes. dicho sea de paso. es algo bastante corriente en las entrevistas autobiográficas. sólo puede revelarse mediante una transacción entre alguien que habla y alguien que escucha. CIertamente. en un contexto u otro. Y la que nos ocupa las usaba con mucha habilidad. cualquiera que sea la postura metafísica que uno adopte sobre la «realidad». digamos. con café y otros refrigerios a nuestra disposición. Evidentemente. eran grabadas. Como cualquier persona interesada en mantener una atmósfera agradable.de la Iíbertad con que eran capaces de discutir «cualquier tema» en f~a. como me indicó Clifford Geertz en los comienzos de nuestra Investigación. en sentido profundo.122 Actos de significado La autobiograffa del Yo 123 nuestros sujetos respondieron de una manera que reflejaba el estilo «atento» de su entrevistadora. n~s hablaban a nosotros. que habían disfrutado de la entrevista -o que. Su madrerespondio que. ante un entrevistador de sexo masculino en lugar de femenino. como nos recuerda Mishler. acusó a sus padres de «racismo» ~ . una obra de teatro o un cuento. Y actuaban Con la suficiente naturalidad como para que su conversación en torno a la mesa de reuniones adoptara algunos tintes de confrontación. Esto último. a indagaciones posteriores más orientativas.su tud hacia un antiguo novio suyo¡que:era negro. . En un momento dado. Ciertamente. El Yo. y cosas por el estilo (como en el caso de mi anuncio de q~ había más c~é). Sabíamos que eran una familia «unida» que presunú~. como «¿Qué idea diría que tenían sus padres de usted cuando era pequeño?».te acerca de problemas ínrergeneracionales. Algunos dijeron que les había sorprendido bastante lo que había salido a la luz. las familias son sistemas que sirven para evitar que la gente se vea arras~ centrífugamente por intereses inevitablemente encontrados. La sesión segura a~~­ lante con toda su fuerza cuando la dimos por finalizada. SI Dios hubiera querido que las razas se mezclasen. que ocupaban entre un cuarto de hora y una hora en la entrevista y que siempre se formulaban en el mismo orden. que rondaba los 25 años pero aún er~ tratada como «~ niña pequeña de la familia». Po~u~. Los seis míembros de la familia Goodhertz comentaron más adelante espontáneamente." Dicho esto-el. en cierto modo. persanalrnente. y1"eSUlta muy interesante en relación con la naturaleza constructiva de la actividad de «contarla propia vida». Las entrevistas duraban desde un hora hasta casi dos horas y. aproveché la pausa que se produj.habíamos tenido la precaución de planear por SI acaso. de manera más «formal» o cuya personalidad fuese distinta en algún otro aspecto. les había resultado muy útil. cualquier tema que abordemos en una entrevista debe evaluarse a la luz de esa transaccíon. podría (y debería) emprenderse una investigación detallada acerca de este tipo de cuestiones. pero decidímas que un proyecto de esa índole no era el más indicado para una primera incursión en la materia. No era una entrevista. a qué diría usted que se parece más?». Abarcaban desde preguntas iniciales muy abiertas. Sólo después me di cuenta de que me estaba comportando «en famili~. y e~ta ~~lia tenía dos técnicas para alcanzar este fin. no las habría hecho de diferentes colores. la comencé yo mismo diciéndoles que habíamos estudiado sus autobiografías y estábamos deseando oír su opinión acerca de qué es crecer siendo un Goodhertz. desviar la atención. como «¿Ha habido algo en su vida que le parezca poco típico de usted?» o «¿Si tuviera que describir su vida como una novela. hubo momentos en que parecían ignoramos por completo a nosotros. especiaImen. y no cabe duda de que hubiesen reaccionado de forma distinta ante un entrevistador que se hubiese comportado. a-continuacign. . el producto 'Común de quien la cuenta y quien la escucha. y.

y presenta muy pocos esfuerzos de «interpretar el significado». mantiene un contacto estrecho con los nuembros de su familia. con el que tuvo una hija y del que se separó para volver a casa. ~rge fue enviado a una escuela parroquial gratuita. m~y volcada en su familia. «Se daba por supuesto que tenía que vestirme de negro y marrón y estarme callada». le preguntamos qué era lo que más le gustaría obtener de ~a vida. es una americana de ascendencia italiana de segunda ge~eraclOn. y. pero le preocupa el que su vida haya perdido intimidad. era una niña obediente y gordita. hay que poseer la astucia de la calle. No tardó mucho en casarse con un hombre que acabó alcohólico. Su. y no tardó mucho en crear su propia empresa con la que ahora le va muy bien. Le gusta la reputación de testaruda de que disfruta en la familia. El cabeza de familia es George Goodhertz: un ~ombre que se hizo a sí mismo y que ya ha cumplido los sesenta.su papel de hombre de confianza de la comunidad al que acuden los amI~os que ~e encuentran an algún apuro. secuencial y didáctico. muy relacionada con los viejos amigos del barrío de Brooklyn en el que vivieron durante 30 años «católica y demócrata». cree firmemente en el destino. nos respondió riéndose que «Más». Según él. a pesar de que no llegó a terminar los estudios secundarios. entró a trabajar en una empresa de atención de llamadas telefónicas. Cercano a cumplir los cuarenta. lo dejó cinco años después cuando aun no ~abla cumplido 25 años. ya sea en busca de consejo o a. Aunque es consciente de hasta qué punto ha supe~ el nivel de educación familiar. entró en el ejército ~tes de te~er la edad reglamentaria. a una universidad católica que abandonó al obtener su licenciatura para irse «fuera» a hacer la tesis. Entonces ~escu­ brió su espíritu emprendedor dedicándose a vender tartas caseras a tiendas de la vecindad. a una universidad decididamente secular. Cree que hay algo «especial» en él que le permite ver a través de la hipocresía y el fingimiento y seguir su propio camino. para salir adelante en este mundo. Nina es la siguiente hermana. ~l miembro menos lineal y más espontáneo de la familia. y su espíritu se refleja en expresiones tales como «si hubiera sabido entonces lo que sé ahora». pero que se siente igual de orgulloso en . lo Justo para que lo que sigue resulte comprensible. Es el aliado natural de su hermana Debby. sobre el tema de la fisiología de los sentidos. Carl. y el lengua~e de su autobiografía contiene una elevada densidad de palabras o expresiones que distinguen entre «lo que parece seo> y «lo que es». al final de la entreVista autobiográfica. FalSIficando 'su fecha de nacimiento. pero con paga. era un «borracho» qu~ no aportaba nada a la familia. «volvió al trabajo»: contable de su marido. El hijo mayor. Como su marido. un destino que puede verse muy influido por el propio esfuerzo.e~caz e in~pendiente. cuando los abandonó. pueden oírse al fondo sus jocosos esfuerzos de .vieja escuela»: fanfarrón. con el grado de sargento mayor. Pertrechada con una confianza en sí misma inédita hasta entonces. un poco en el papel de Icaro y burlándose de sí mismo tan sólo a medias. Durante el enfrentamiento que Debby tuvo con sus padres sobre el tema del racismo. Es un hombre refleXl~o. pero los domingos suele ir a Brooklyn a cenar en casa. «¿Qué hace un chico de Brooklyn acá arriba?». Nina tiene una risa fácil. en sus propias palabras.124 Actos de signiffcado La autobiografía del Yo 125 v . comparten su dedicación a d~ a sus hijos una vida mejor que la que ellos tuvieron. Los dos. Cuando sus hijos se hicieron mayores. que participó activamente en el Catlwlic Peace Movement en sus años de estudiante preuniversitario. según su propio testimonio. borracho. fue el primero de la familia que acudió a la universidad. Se hizo católico. hasta entonces. desleal y un pobre sostén para la familia. marido y mujer. Confiesa que ya no es creyente. como cuando decía que «con ayuda del destino crié a mis hijos sin que a ninguno le diese por las drogas». pedir pequenos préstamos. y es un hombre dedicado a su trabajo. SIgue ~Ien~o m~y consciente de las obligaciones morales que apren~lo en la iglesia. e intenta vivir de acuerdo con ellas. No tan reflexiva como su marido. Su relato autobiográfico es reflexivo. oficio es el de contratista de sistemas de calefacción. a pesar de que se muestra conv~ncldo de que. Es una ~so~. La transcripción de su entrevista autobiográfica está llena de expresiones en realismo indicativo. pe~. su familia sólo había teni~o vag~s conexiones protestantes. Comenzaré por hacer un breve bosquejo de la familia Goodhertz. según ella. Cuando. donde trabaja en un pdesto de investigador. pero empezó a rebelarse ante los problemas que le ponía su padre por la informalidad de sus vestidos y su despreocupada extroversión.. y la uuliza para ayudar a sus padres y sus hermanos a salir de los atolladeros en que se meten. Su vida cambió. Según ella. permanece soltero. Su ~~jer. es hija de un padre que. que sabían apreciar sus ganas de ayudar en la escuela. Pero hacia el fmal de su autobiografía se pregunta.a. «Es» precede a «parece». Pero no se COnSl?era en modo alguno un «tipo duro». era «de l. vive en Manhauan. Su padre. Rose. se conviruó en el alumno favorito de las monjas.

El «mundo real» de Carl presenta una crueldad y una hipocresía más deliberadas. años después. se m~nciona con más frecuencia. sin pretenderlo. de aquello con lo que se puede contar. El «hogar». lo que uno tiene que tener en cuenta. Debby la contó en la reunión familiar. la horrenda autopista. Esta distinción ha adoptado muchas formas distintas en diferentes épocas. La psicología cultural. por us~ la expresión de los Goodhertz. por un lado de la familia. con P mayúscula.t adulta al mismo ideal. para los Goodhertz. una manera de relacionarse con los demás. Mi objetivo no es tanto ~rese~tar unos «resultados» como transmitir la idea de cómo se puede mvestrgar dentro del espíritu de la psicología cultural. Como cabría esperar. Debby. faria: el «mundo real». de los inmigrantes italianos que ventan a América. y es también el que se encuentra implícito mas a menudo en la resolución de los desequilibrios de la péntada b~~keana que comprenden las «historias» narradas por ellos. Es la expresión de una historia y una sociología determinadas. Tanto el padre como la madre hicieron hincapié en que su más ferviente deseo era «evitar» a sus hijos una infancia como la suya. incluso un tipo de afecto. George y Rose Goodhertz vivieron infancias que. estuvieron marcadas por las lindes de la pobreza y sus desgraciadas consecuencias. documentos ~sto~cos y sociológicos al mismo tiempo que personales. Cada miembro tiene sus propias historias que contar. es la intimidad. «el mundo real» es esencial para esta famílía y para cada uno de sus miembros. Es ~l q~e. La expresión «astucia de la calle» es típica de los neoyorquinos.a de los que debe ser. es decir. siendo la función de la familia la de vicario de la cultura. Sólo voy a poder ocuparme de un tema: la distinción que todos los miembros de la familia Goodhertz hacen entre lo público y lo privado. y de la emigración a la ciudad desde el interior. El entrenador de su colegio le daba instrucciones para que «cazase» a un rival. emocionante e innovadora. este es el dominante. Pero uno de sus objetivos principales es explorar la manera en que cada uno de estos niveles proporciona un contexto a los demás. se encuentra encarnado en historias' emblemáticas que los miembros de la familia cuentan sobre «la familia». siendo esta la característica que desencadena la simpatía de la familia Goodhertz. «haz que ten- . necesariamente distintas. incluso de «desamparo del pobre animalito». exageraron el contras~e entre el «hogar» y el «mundo real» hasta tal punto que provocaron tenSIón. la confianza. es un mundo más corrupto que el de Debby. y constituye una invitación a distinguir entre lo público y lo privado de una manera determinada. por el otro. tensión sobre «lo seguro frente. la ~sto~a «personal» de esta familia refleja incluso de manera profunda la hist?fIa de la ~nmigración en América. con un giro narrativo que simboliza su lealtu.128 Actos de significado La autobiognJffa del Yo 121 VI En esta sección voy a volver al problema que me había planteado abordar al principio: la fonnación y distribución del Yo en las prácticas de una familia. tanto como de una psicología individual. cada uno de los cuales tiene sus propias bases de datos. en sus propias palabras. Ciertamente. Su amigo se niega a detener el coche para rescatar al pollo: «Vamos a matarnos todos». se ha especializado en historias de desamparo. Ella se pone hecha 11'ID. ~arraciones que ilustran apuros simbólicos y soluciones simbólicas (o divertidas faltas de solución). Los dos estaban tan decididos a proteger a sus hijos de una infancia como esa que. explotadora y. los miembros de la familia cuentan los exagerados mimos que prodigaron al animal hasta que murió como una exageración absurda de lo sentimentales que son. y es la cuestión que suele dar lugar a lo que en un capítulo anterior denominé «~blema». una forma de discurso. a lo peligroso» y «lo abumdo frente a lo emocionante». Es la prescripción de un compromiso. De todos los «temas» discutidos en las autobiografías y en la sesión familiar. Ya que los u:xt~~ autobiográficos de los Goodhertz son. y todos aportaron sus propios adornos a la historia. pronunciamientos acerc. ha dado al traste con la bondad humana. Es también el tema que genera la frecuenCJa más elevada de proposiciones deónticas. Está «su» historia de la gaviota que tenía un ala partida posándose desamparada en el patio de' los Goodhertz. por ejemplo. que es extraordinariamente insolidaria. Como sin duda habrá ya captado el lector. Pero también hay una verdad sociológica en relación con esta dístinción. no se inclina a «confundir» los diferentes niveles de análisis que representan estos tres campos. la ayuda mutua. distinción cultural que pe~etra desde la sociedad en la ideología de la familia y se ve finalmente incorporada en los Yoes de sus miembros. En esta familia se expresa de una forma contemporánea. También está su relato autobiográfico del pollo que se cayó de un camión en la autopista de Brooklyn a Queens. obviamente. la flexibilidad. al mismo tiempo. Los neoyorquinos contemporáneos ven su ciudad y hablan sobre ella diciendo que está dominada por el crimen y la droga. por así decir. el contraste entre el «hogar» y.en sus hijos. el perdón.

Ambos se encuentran en un equilibrio mutuo inestable. que es la metáfora clave del hogar familiar. intenta hacer que las cosas sucedan de manera que «todos podamos sentamos a hablar de los problemas como iguales». En el siglo xvm Ijenís Diderot creía que la proliferación de muebles fabricados con compartimentos secre-tos era señal del deterioro moral de la época . en lugar de dejarse desanimar por la «competitividad encarnizada) y el «aislamiento de las facultades». El padte fe responde: «Mira. Una historia procedente de la autobiografía de Carl nos proporciona una ilustración muy signiÍi. En sus historias. fue lo que dijo durante la sesión familiar sin que viniese demasiado a cuento. Carl se ajusta a su versión del «mundo real» buscando enclaves benévolos. que significa dedicarse por completo a su carrera. Al fin y al cabo. la chica le dice que no se tome las cosas tan a pecho. Todos los miembros de la familia tienen su propia versión narrativa del conflicto. esta familia refleja sin duda lo que muchos escritores denominan la «privatización» contemporánea del significado y del Yo. VD Ahora es el momento de volver a una perspectiva histórica. en este sentido. El deja el equipo. Como decía-un sacerdote en el siglo XVl: «el asesr-.130 Actos de significado La autobiografía del Yo 131 ga que abandonar el campo». charlando en la cama.:"ork. Goodhertz al contamos la historia de su intimidad amenazada por las demandas de confianza y confidencialidad de sus amigos. Para Jean-Jaccues Rousseau. la privacidad se consideraba equivalente al secreto. Ni mucho menos. Tanto en las sesiones &uniliares como en las autobiografías. si se me permite utilizar una metáfora emblemática.cativa de este hecho. yoes residentes en ese mundo que es el «hogar». recoge' sus cosas y coge el primer avión de vuelta a Nueva . La estructura primaria del Yo de cada uno de los miembros de la familia Goodhertz es esta división entre el «Yo real» legitimador y el Yo instrumental dotado de «astucia de la calle» que les protege del «mundo real». Carl se ~vanta temprano.. Debby echa en cara a su padre no haberse mostrado más compasivo con ella unos meses antes. hasta el reservado Sr.. Y. no y el adúltero desean por ¡gualla privacidad». de ideas similares a las suyas. como acérrimo patriota antiliberal y antiguo sargento mayor. conoce a una chica con la que tiene una historia. Es consciente de que está caminando peligrosamente cerca de la espinosa frontera que separa la intimidad paternal de la astucia del mundo real de la calle. el dominio privado no era tan real. . dio a Carl sus bendiciones cuando este decidió eludir ser reclutado para ir a Vietnam. «aguantar» las presiones requiere algo especial. tal y como lo pintan. antes de que ella se despierte. Una tarde. Lo que él quiere no es un dolee far mente sino la cómoda incomodidad de vivir con el conflicto que le define. 42 una sociedad sin privacidad sería una sociedad sin vicios. A la mañana siguiente. en silencio y sin armar jaleo. Ella describe como una persona «indolente y despreocupada». el ocultamiento y un deseo vergo~te de cubrirse . Como el historiador inglés Keith Thomas nos recuerda en su ~nda recensión del tercer volumen de la Historia de la Vida Privada de la escuela de los Annales: En períodos posteriores de la historia europea. cuando le comunicó por teléfono la muerte de una amiga. se encuentran distribuidos en tomo a la famosa mesa del comedor. sino los sentimientos y creencias ligados a los valores de privacidad. . Y Debby vuelve siempre al tema de «perderse a sí misma». En este mundo a uno no se le puede partir el corazón por todo». en ép~a tan reciente. Los Yoes de los Goodhertz. com~ el siglo XVllI. como el Movimiento Católico para la Paz. lo interpretamos como el acto semiótico que era: nosotros nos habíamos convertido también en personas reales. Los psicólogos olvidamos a nuestro propio riesgo que. En la universidad. m tan autodefirndor m tan estabilizador como el mundo público del trabajo y del poder. en California. intimidad e intercambio mutuo.. institución a la que dedicaba su tiempo libre durante sus años de estudiante universitario.a los ojos de la comunidad. Goodhertz a una cena italiana en su casa. sus sentimientos de autolegitimación no provienen del hecho de «tener éxito fuera» sino de su identificación y participación en el mundo de confianza e intimidad del «hogar». Un verano. Cuando la Dra. no cabe la menor duda de que. U otro enfrentamiento que se produjo en la sesión familiar y que tiene visos de llegar a convertirse en otra «historia». la verdad es que no la conocía. Weisser y yo fuimos vagamente invitados por la Sra. Lo cual no quiere decir que los Goodhertz hayan renunciado a sus ambiciones en el «mundo real». el «Yo real» no es la «persona externa». una vez acabados sus estudios. «Somos una familia moral». Pero en una medida sorprendente.

también toman significado de las circunstancias históricas que dan forma a la cultura de la que son expresión.132 Actos de significado Laautobiograffa del Yo 133 No cabe duda de que las vidas y los Yoes que hemos explorado están conf~~~os por fuerzas intrapsíquicas que operan en el aquí y el ahora. aunque la psicología popular. sino que se encuentran «distribuidos» de forma ínterpersonal. es su distinción.iste ~a sola «explicación» del hombre. No se ocupa de ellas. ni biológica ni de otro tipo. s?ndear su profundidad histórica. cambia en respuesta a los cambios institucional~s. Pero. He tratado de m~~­ trar cómo el niño. En el capítulo tercero. El programa de una psicología cultural no es negar la biología o ~a economía. ni siquiera las explicaciones causales más poderosas de la condición humana pueden tener sentido y plausibilidad sin ser interpretadas a la luz del mundo simbólico que constituye la culeara humana. y han penetrado en las mentes de hombres ~ muje~res. Los psicólogos sólo podemos h~er justícía al mundo de la cultura mediante la aplicación de la interpretación. vicisitudes. nutos.?slon que tiene de sí misma.. se han visto convertidas en significados humanos. de los demás y del mundo en que viven. esa abrupta separación entre en Hogar y el ~undo Real. También intenté mostrar que la psicología popular no es tanto un conjunto de proposiciones lógicas como un' ejercicio de narración. por dotación genética y por exposición. Ya que como individuos y como familia son. SI dejamos que la cuestión concluya aquí.ncipal objetivo. en narraciones. En el segundo capítulo. en todos los sentidos. Insistí en que la psicología popular es una base esencial no sólo del significado personal sino también de la cohesión cultural. esas noclO~es co~~~rmadas culturalmente en función de las cuales la gente ~gamza l~ .a condición humana lo que he llamado «psicología popular». a su vez. llega a parncrpar en la cultura usando el lenguaje y su discurso narrativo in vivo. Ni tampoco los Yoes surgen desarraigados en respuesta sólo al presente. estaremos sustrayendo a los ~~rtz de la historia y empobreciendo nuestra comprensión de su vida y. Fue este proceso de conversión el que terminó por crear la psicología popular y el mundo experimentado de la cultura. hice un llamamiento para que tomásemos en cuenta en nuestros estudios de l.urando a la Revolución Cognitiva por abandonar la construcción del slgrufi~ado» co~o su pri. rabiosamente contemporáneo. En ultima m~­ tancia. utiliza las herramientas de interpretación de las que siempre se ha servido el investigador de la cultura y la hist~ria.. Se apoya en una poderosa estructura de cultura narrativa: historias.. de c~ntm: histo?as. . como no he dejado de repetir en más de unas c~antas ~es. Pero. en lenguaje. siempre han ~tdo y nunca podrán dejar de ser expresiones de fuerzas sociales e históricas. con 1Ddependea:¡:i~ de ~uál sea el punto de vista que queramos adoptar sobre esas fuerzas históncas. géneros de literatura. Empecé c~ns. de la que se han apropiado en sus propias v~das: Es algo. he intentado mostrar cómo las vidas y los Yoes que construimos son el resultado de este proceso de construcción de significados. No :x. El campo de la psicología cultural está constituido por estas cuestiones. Ya que creamos nuestras instituciones en apoyo de sus postulados. La distinción que comparten. Necesariamente. . insiste en ~e la «metodología de la causacíón» no puede ni captar la riqueza S~t~ y personal de las vidas que transcurren en una cultura ni empezat slqute:a a. por otra parte. Cual~squiera que sean los elementos que constituyeron esas «fuerzas». sino mostrar cómo las mentes y las vidu humanas son reflejo de la cultura y la historia tanto como de la biología y los recursos físicos. prescindiendo o negando la existencia de límites biológicos y fíSlCOS o de necesidades económicas. Llegué incluso a especular con la idea de que la gramática humana podría haber surgido a partir de la presión protolingüística de narrar. . Por último. VIII Ha llegado el momento de concluir estos cuatro capítulos. optando en su lugar por el «proc~sarrnento de ~nfonnaclón» y la computación. Pero también he intentado dejar claro que los Yoes no son núcleos aislados de conciencia encerrados en nuestras cabezas. he explorado los orígenesée la predlsposlCtÓn a participar en la cultura humana y usar sus narraciones.

Springer Verlag. Terry Winograd. Donald E. 1983). lntetuionality: an essay in the philosophy of mind (Nueva York. . Tolman. Gergen y Keith E. Paidés. Understanding Ccomputers and Cognition a New Foundation for Design (Reading. 1988).: Harvard Uníversity Press. TIu: Mind's New Sciern:e: a History 01 the Cognitive Revolution (Nueva York. AnnllQI Reports of the Harvard Uníversíty cauer for Cognitive Studies (Cambcldge. Clifford Geertz. . Roy Lachman. Spence. véase-por ejemplo. 1980). traducción castellana: La Nueva Oencia de la Ments. 1932). SUNY Press. 1978). Kenneth J.. Towards Transforma/ion in Social Knowíedge (Nueva York: Springer Verlag. Butterfie1d. 1986). Local Knowledge: further essays in iruerpretive anthro¡wÍogy (Nueva York. Mind over Machine: lhe Power Di Human Intuition and Expertise in the Era oj the Computer (Nueva York: Free P!J:ss. 1985). Miller. Basic Books. 1982). 1985. Mass. 1988). Norton. Davts.. Mass. Edward C. . Narrauve Knowíng and the Human Sciences (Albany. «Cognitive science: definition. Donald P. Gergeo. John R. Wolfgang Iser. Searle. Metaphors we Uve by (Chicago: University of Chicago Press. 1973. Of Mind and Other. Kenneth J. traducción castellana: La Interpretación de las Culturas. 1984).1961-1969).» AnnuaI Review of Psychology 40 (1989): 603-629. 1983). Dreyfus. Cognmw 135 . ron Tom Athanasiou. Georg Lakoff y Mark Johnson. Polkrnghorne. Purposíve Behavior in Animals and Men (Nueva York: CentUJy. Cambridge University Press. 1987). The ACtofReading: a Theory of Aeuhetic Response (Bajrimore: Johns Hopkins University Press. comunicación personal. The Social Cónstructíon of the Penan (Nueva York. Mass. Clifford Oeertz. W. 1 Hubert L. . The lnterpretanon of Cultures (Nueva York. 1988). Janer L Lachman y Earl C. Barcelona. aarceítma: Oedisa. Dreyfus y Sruart E. «Cognitive maps in rats and rneü». Manen¡ (Cambridge.Notas Capitulo 1 1 Huward Gardner. Psychological Review 55 (1948): 189-208. Tolman. Nelson Goodman. • George A. Narrative Truth and Historical Truth: meardng and ínierpretation in psychoanalisis (Nueva York: w.. status and questíons. Basic gooks. 1982). Earl Hunt.: Addisoa-wesley. Basic Bocks.

lem of Mealllng ~n the Philosophy ofMind (Cambridge. Simón. J. Algunas limitaciones en nuestra capacidad para el procesamiento de la información». Mass. ". Wilhelm Dilthey: ríoneer of the Human Studies (8erkeley: Uníversity of California Press. Mass. Richard Rorty. and Irrationalism». '" G. para una~­ sión sobre cómo hacer general la aplicabilidad de la teoría de la elección raciona! a la docisión social. Miller. Vygotsky. 1972-1980 (Minneapolis: University of Minnesota Press. Ensayos Filos6ficos (pp. 1970). Mass. Vo~. Rume1hart y el grupo PDP de ~VeSt:lgacló~ Parallel o. The Sciences ofthe Artificial. Universiiy oC ". Wilhelm Dilthey. Vol. Madrid: Visor. editores. Lev S. 1985). Barcelona: Paidós: 1989. Turing. 1988. The Body in Pain: The Making ami Unmaking of the World (New York. '" James Clifford. 2. McClelland. Jerry A. Ll S~hen P. The lntentional Stance (Cambridge. «A Plea for Excuses». ' " Véase Debra Friedman y Michael Hechter. . . Sources of the Self (Cambridge. 1977). boom Assocíates. Zaner y Kenneth L.: MIT Press. Mass. Madrid: Alianza. 1981). Heiges (The Hague: Mjhoff. «Pragmatism. e~ . traducido por Henry A. David E. Behavioral and Brain Sciences 11 (1988): 507-508. Z> Daniel Kahnemann. Traduccíon castellana de una selección de ambos volúmenes a cargo de Juan A. celona: Ed. 1987). Barcelona: Oedisa en nrPL3 P I M Ch ' prensa. 1982).: MIT Press. en prensa. 20 edición (Oxford. Dennen.138 Actos de significado Nofa$ 137 Psychotogv and Infonnation Processíngr an íntroductían (Hillsdale. Making Sense: The Child's Construction of/he World (London: Metbuen. Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases (New York: Cambridge University Press. En AUStlll. Traduccion castellana: La Actitud Intencional. Philosophical Papers. McClelland y el grupo PDP de investigación Parallel Distributed Pro. «Evofution of ccnciousness». Bruner. • Herbert~. " !bid.. Tomo 1I Madrid' Visor. Sociological Theory 6 (1988): 201-218. El lector puede comparar el libro de Noam Chomsky Language and the Problems of Knowledge: the MtuUlgua lectures (Cambridge. Bar. Traducción castellana: Palabras y Acciones. >2 Carel Fleisher feldman. Mass. Paul Slovic y Amos Tversky.. ~ndon. O[ Mind and Other Mal/ers. Sebastián (comp. Alan M. TradUCCión castellana: ~~nsamlento y Lenguaje. Traducción castellana: El Proceso Memal en el Aprendizaje. urchland. Madrid: Alianza. AlE. umelhart. ~ View from Nowhere (New York: Oxford University Press. traducción castellana: Úl Elaboración del Sentido. 1956). Goodnow y George A. Austin. Daniel C. en Nebraska Symposlurn: 1989 (Lincoln: University of Nebraska Press. Vyg01sky. traducción c~stellana de la Vetslon completa: Obras Escogidas de L. traducido por Richard M. L. (Cambridge. Mass. 1979). Phllosophy ami the Mirror of Nature (Princeton: Princeton University Press. Jacqueline J. 1979). . Jerome S. Human Inference: Strategies and Shortcomings o[ Social ludgment (Englewood Cliñs. para una exposición bien raz~ ~ los fundamentos filosóficos de esta postura. Clarendon ~ess.Traducción castellana: «Maquinaria de cómputo e inteligencia». " Véase. Uterature. 1986? Y. ~Iken y otros Perspectivas de la Revolución de los Computadores. «The Magical Number Seven. Frorn Folk Psychology to Cognitive Science: The case against belief (Cambndge. 1985). 1978. en Jerome Bruner y Helen Haste. James L. cessln'!: Bxpíorattans in the Mícrostmciure of Cognitiun. " Howard Gardner. ~ T?omas Nagel. 1968). pág. «.: M~T Press.a: El Lenguaje y los Problemas del Conocimiento. 175-204. and Art (Cambridge. a. 1979. 1986). Consequences of Pmgmatism: Essays. Sticb. Nisbett y Lee Ross. traducción castella. 1983). .: MIT Press. Ttaduccióll castellana: "VII alegato en pro de I~s(excusas». traducido por Denis Savage (New Haven: Yale Umversiry Press. Mass. Interpretation ofCultures. J . 10 Charles TayJor. S. «computing machinery and intelligence» Mm~ 59 (1950): 433-460'. Mass. ~ass. 13 de mayo de 1988. En M." Ed. 1989) y el de David E. Madrid: Narcea. Traducción castellana de la primera edición inglesa: Las Ciencias de lo Artificial. 169-192). The Jakobsen Lecture. W. ro J~hn L. " Richard E. 1987. 1983. en Austin. " Véase Goodrnan. 1987). en Consequences of Pragmatismo Citas de las páginas 162 y siguientes. " Geertz. Mass.: Oxford Universíty Press. Garda Madruga: Introducción al Procesamiento Distribuido en Paralelo. H. traducción castellana: El Lengua. Bunker (New York: W. lO John L.le ~el Pensamiento. Norton. 1982).lstnbuled :roc~ssing: Explorations in the Mícrostructure of Cogninon.James L. 1990).: MIT Press. Sandor Ferenczi.TheOntological Status of Inrenríonat States: Nailing Folk Psycho~~ to Its Porch». 1962). . Daniel C. Freud ami Philosophy: An Essay on Interpretation.: MIT Press. Dennett. Mass. " Elaine Scarry.. Y véa~e también la nota 3 citada anteriormente. Dennen. The Predicarnent o[ Culture: Twentieth·Cemury Et1uwgraphy. 1970). N. Buenos Aires: Paidós. Relativism. : Harvard UniversÍly Press ' 1989).: Prentice-Hall. J. 1980). Intelltlonal Staru:e. N. Traducción castellana: «El mágico número 7 ± 2.: Harvard University Press. 1983). Plus or Minus Two: Some Litnits on Our Capacity for Processiug Infonnation». The Language of Thought (New York: Crowell.: MIT Press. " Richard Rorty. au .131-153). 1962). Madrid: Alianza Editori I en prensa. Thalassa: A Theory o[ Genitality." Richard Rony. 1977. A Study o[Thinking (New York: John Wiley and Sons. «Cultural Psycbology». Frames of Mind: The Theory of Multiple Jmelligences (New York: Basic Books. A. 49. Fodor. «The Contribution of Rationai Cboice 1beory to Macrosociological Research». 1979). 1975. V.) Lecturas de la Psícotogia de la Merrwria (pp. 1: Fuundations (Cambridge. " Paul Ricoeur. TJw~ght ami Language (Cambridge. 1975.: L awrence Earlo •. Madrid: Alianza.: Harvard University Press. Buenos Aires: La Pléyade. How to Do Things with Words (Cambridge. 1971. '" Hans Peter Rickman. 21 Un enfoque especialmente minucioso y bien documentado de este mismo campo puede encontrarse en Michael Cele.. F~r. Psychological Review 63 (1956): 81·97. 1988). Austin. Psychologlcal and Biological Models (Cambridge. 2. 1986). Descriptive Psychology ana Historical Understanding (1911). «Thought from Lenguage: The Linguistic Ccnstruction of Cognitive representatíons». por ejemplo. Psychosemanucs The Prm:. Madrid: Alianza Edito- n •. : MIT Press. Austin.

M F . «Cultural Psycbojogy: What Is It?» en 1. edi _" reeman. 1981). W. «The Punction of General Laws in History». Yarnedoe. ucatlon lO Taleland». Barcelona: Laia. Ricoeur proporciona. 173~ 183. From Folk Psychology ro Cognisive Scíence.lverslt y Press. Knopf 1972. «Invtsibility in Academe. . traducción castellana: El Pensamiento S l . en Hempel. B ' Remembered Present. East ls a Big Bird. 1989).) Men. 10 André Gide. Garfinkel (ed. . 954.ge IR CulJ~re Soci~ty (New YOrk: HarPuluwat Atoll (Cambridge Mass . " Paul Ricoeur.. Freud. C.' verslty of Chicago Press.1976). Comm of Apee.» En S. Stigler.' 1 menor..ReifUO Rosakío. •. • Charles Taylor. Roger Lewin. «Toward an Antbropology of self and Feeling». Culture and YSIS osron. (1938). en Collected Papers. University of California . traducido por Richard M ' Ive syc Io~y ami Hístoncai Nljhoff. Dennett y Jobn C. 137-157. 1987). Margaret Mead. B. ans eter Rlckman.: Harvard University Press. Un enfoque más contemporáneo y de orientación más antropológica de estas cuestiones es presentado por Richard A.: Prentice_HalI. 1977). Sbweder y Robert A. Others (New York: Columbia Uni ity n. suplemento. Madrid: Alianza 'Editorial.. Stich. «SOCIal and Psychological As ts of Ed .) Culture Theory: Bssays on Mind. Buenos Aires: Amorrortu). 1980). 1966. Zaner y Kenneth L. lo que Hempel afrrma es que «los acontecimientos singulares pueden deducitsC a partir de dos premisas. Alfred Schutz. 1958). M e lnner Eye (Bosron: Faber and Faber. 1984). J. Herdt (eds. Evans-Pritchard Nuer ~eli . . «lmenrionehty». 1987).. Knowledge and Passíon: Ilongot Notíons of self and Social Life (Cambridge y New York: Cambridge University Press. From Folk Psycholo to C (Cambridge. ' . Edelman The ry of Neuronal Group SeleClion cal Theory of Consciousness (New Y k. ed. Haugeland. LeVine (eds. . 193-206. 1928). 1970). Helges (The Hague: . ErnestJones (London: Hogarth Press. IV. udles In Ethnomethodology (Englewood CI'f[. Lawrence Erlba A re y Albert L..mty. 1974. 1980. «Introduction»._~ g. J. Helmut R. R.) Ethnomethodological Studies of Work (London y New York: Routledge and Kegan Paul. 1972. i-epartment of Art Histo d Adrienne Rich. comp. en Richard L. Stich. " Michelle Rosaldo. proporcionarme este ejemplo concreto de lO 139 '" Taylor. Sigmund Freud. adrjd: Alianza Editorial en prensa . . Marn Roca 1938).. . eacon Press. Madrid: Alianza. American Psychologist 41 (1986): 954-969. véase también Michelle Rosaldo. traducción castellana: Diccionario Oxford de la Mente. 1964).. • B. Barcelona: Martínez Roca.. «Possible Selves». Aspects of Sciemifíc Explanatíon and Olher Essays in the Philosophy ofScience (New York: Free Press. traducción castellana: Más Allá de la libertad y la Dignidad. . 1956). 1950). Los Sotanas del Vaticano. '. llongot Headhunting. • an raucISCO: W. ra en .:v:n ne:. 1942. Beyond Freedom ami Di . 1989). Gerald M.. «anomalía racional». (N ducción castellana: Md. traducción castellana: El Problema de la Realidad Social. Africa 1I traducción castellana: Adolescencia SeXOy~ultu ge l~oa (New York: Morrow. .ew York: AJfred A. " Daniel C. F.. en Varnedoe (ed . Frake. en Culture lity: Setecsed Essays. Hermeneurics and lhe Human Sciences.. Ira. 383-386. H F .: MIT Press. edición (Soc ·F aSI~ ooks. de David G. 139.) Modem Portraits: The Self ami . and Emotion (Cambridge: Cambridge University Press. editor. Self. Ira. Traducción castellana' La M'rada 1 P . Rarilan: A Quarterly Rev{ew (Primavera.WO!fgan g Kohler. 1986). 277.. The Oxford Companion to the Mind (Oxford y New York: Oxford Ijniversiry Press. American Anthper aud Row. alif. L2 Gladwin. «Speaking for Ourselves: An Assessment of Multiple Personality Disorder». 1984). Thompson (Cambridge: Cambridge University Press.• U a:ut ':k 1967). Madrid: Alianza Editorial. • 1 erm I ey Descrtpr' P ho U~rstanding (1911)." citado R ry an ArchaeJogy.. condiciones prevalentes. gy ogmtlve SCltmce: The Case agaim·t Belief • Claude Lévi-Strauss. aurus.lth _ uman Studies (Berkeley: Uni. «The Relation of the Poet to Day-Dreaming». oo. ix. dhcción castellana: LaReli~iónNuer :. r. E. editado y traducido por John B. . ropology 63.138 Actosde significado Notas Doy las gracias a Richard Hermstein p o r ' . Como antecedente de este artículo. Wagner (Chicago: University of Chicago Press. Gregory. Edwin Huttchins. «The Narrative"Punction». ntner tal Models (Hillsda1e N J. etc. ed. Psicoanálisis Aplicado (pp. 1989). H d ~st l~a Brg Bmi: NaVlgation and Logic on «Understanding Micronesian NaVi~~tia::. . pág. HUJIUln Evolution: An Illustrated lntroduction 2. Shweder y G. .B . The Problem of Social Reality. Skinner. Mandelbaum . " um ssocIates.• N. en Richard A. 1982. La primera describe las condiciones iniciales: acontecimientos anteeedentes. Kirk T. A. 9-19). Capítulo 2 I Gerald M. «Culture. Mass. Mass. versrry of California Press 1979) Wilh I D. The Savage Mind (Chica o' Uni . Fritz Heider. Según él. A Biologilogy of Human Action 2. O. 1970).. Natauson (1be Hague: Nijhoff. (Berkeley. The Psychology of lnterpersonal Relatíons (New York: Jobo Wiley and Sons. Barcelona: Paidós. Sources of the SeIf (Cambridge. también en D. 1980). . Genuíne and Spurious». 1989). Clon (Boston: B1ackwell Scientific Publications. Knopf. vemon Reynclds. P. 78-119. " Carl Hempel. Nicholas Humphrey y Daniel Dennett. Tnuh: TheRemakmgofSocialAnal "(B B' en eüato Rosaldo. Nícholas Hum hre Th . Stevens (eds. y a Dignidad Barcelona. 1986). The Place of Value in a WorÚ of Facts (New ~:k: LiV~:i:~: .) Cultural Psychology: The Chicago Symposium on Culture and Human Deveíopment (New York: Cambridge University Press. E. ] Stephen P. 1983). _ . . 1974). ""-'. "Edward Sapir. pág.' ~gua~e and PersonaPress. «Tbe Diagnosis of Diseaseaa:~:g:X1~obFondo de Cultura Económica.:ln~~~w York: Oxford University Press. 1972.: Slanforo University Press. una hipótesis uni- . 1883-/974: A Study in Society and History (Stanford. La segunda postula una regularidad. en Ricoeur. On Phenomenology and Social Relations: setected Writings of Alfred Schutz. Tbomas ~lad:7. versr . vol. Beyond Freedom and Dignity (New York: Alfred A. 191-226 eyer ortes. Harold Garfinkel Sr . 1986) 'H P . y. Hymes (00) La e . 14 Hazel Markus y Paula Nurius. M" g . Sources ofthe Self . 1981. 1989): 68-98. una vez más. Edelman.' . 1983). en prensa. Shwecer.r Allá de la libe . u anun of Mindanao». Wilhelm Dilthey: Pioneer of the H ' . . traducción castellana: Ú1 Explicación Cient(fica y Otros Ensayos sobre Filoso{W de la Ciencia. Schurz. 1962. Traducción castellana: «El poeta y la fantasía.. Skinner. 1988). M. Neural Darwinism: The Theo (New York: Basic Books. 1990). UD resumen sucinto. The Bio.

que algunas veces he denominado eltrasjoruW del representaIDen. The Elemental)' Fonn of the Religious Lije. Collected Wom. and Human Behavior (San Francisco.: . Press.. adoptan el papel de motivos: el marinero Veterano desarrolla el deseo de ir al mar.. Ii duda en su mente. 1978). Mlmests. en realidad. traducido por James Hutton (New York: Nerton. Lawrence Stone. Gallie. p. Está dirigido a alguien.~llIve~7:::~. basta que. La procediese a resolverlo. ni con toda seguridad: 'Un elefante estuvo aquí » ' . y concluyese restauran . elaborado de esta cuesu n pu g presentation of Wty». Studles. Eric . -'círculo o CIC o.una narración do el estado problemático original. como cuando Tucfdides intenta mostrar la secuencia de acomecimientos mediante la cual la Guerra del Peloponeso tuvo efectos desastrosos sobre la sociedad y la potis griega. Stone insiste. que comenzase con un uesequ . Jos'" Roger G. 19(0). I '¡" sánscrita trata esta obra de una ma más famoso de la literatura en sánscrito: au~qu~a. es si las secuencias y las tramas son relevantes en la tarea del historiador. 1973) 'oo.. y que. de · 'ente en la reafirmacién uc un c . Mass. (W..u ede ncontrarse en V.enneth Burke. demasiado hcmecstática» para ser umverke de la tórí ca de la narración no es uemasi « l Kenneth Bur . Anatomy of Críticism: Four Essays (Princeton: Pronceton Uruversity Press. en que la historia debe implicarse en una «retórica. Mass.. . a~ ió retor Turnet. Barcelona: Gedisa. . o final de esta obra. sino en referencia a una especie de idea.. «The Narrative Function»..: Harvard University Press. Barcelona: Bosch. crea en la mente de esa persona un sigIlO equivalente. manera distinta (una conc USI._ iclo dinámico quizá en espiral. pág. Traducción castellana: Realidad Menta y Gr~r ~ ~nclu­ coI'" 1989 . Environments. .. La palabra «idea» debe entenden¡e aquí en una espe.. La o~ra de. cuanque se encuentra Justo elefante empieza a marcharse.. que la mayoría de las veces debe trabajar con bosquejos explícatívos. pág.: Harvard University Press.... Jung. una vez verificada.) On Narrauve ..alion. uno pu ~. 1983. 1977). TPn isito que la historia recorra a . El signo está en lugar de algo. cíous (New York: Bollingen. Human Seriousness of Play (New York: Pe . en lugar de algo en algún aspecto o capacidad. 24 (cambridge. y se dice. tras contempla un elefante de verdad propio universo mental con el de un hombre que. . e c o. el transformación. llatnanne la atener " .. vol.. Nueva York: Collter Books. etc. I deeendiendo de la tradición. Mass. spec s Lawrence Erlbaum Associates.140 Actas de significado Notas 141 versal que. ttaducción castellana: Principios de Psicología. ~. 2 (Cambridge. Las objeciones no provienen sólo de W. From Ritual to Theatre: J ne " e rform¡ Arts Joumal Publications 1982). k (Princeton' Princeton Urnver¡. Madrid: Jorro. . 'da la memoria es el Sakantaía de Kalidase. 228. es algo que está. Tras A Theory Aesthetic Response (Balumore:. 1957). traducción castellana: Poética. 275. N. G. una vez estable.. wínston (Princeton: Princ. el conocimiento salen lo bo de sugenr. and Scenes. ]O] . tne Uf. B. tradu211 Erich Auerbacb. una idea parecida es la que defiende Emile Durkheim cuando dice que las creencias compartidas de una comunidad 'lo sólo alcanzan «exterioridad» sino que además constríiien. La cuestión. 1982. Harvard Studies in Comparative Luerasure. y sostiene que la historia es descriptiva e interpretativa. surge una gera las huellas que' ha dejado tras de sí. que la historia tiene problemas para establecer esas premisas. (Durkheim. " C. Pre 1953) .. cido por WilLard R._ ilibrio o falta de armonía inicial. 1986). Northrop Prye. que Considera la forma narrativa como una de las hernunientas más importlmtes de la historia. en W. 1978). . hasta qué punto la descrípcí uc . Barker. I totalidad del ciclo. . Y. «Podríamos rmagmar -aunque. PhiJosophy Historical Understanding. B. Poss~b e I Mundos Posibles. lilb rano c ... Mass. no en todos los aspectos. In " H. por conslgol. 1989). .. 1989). sey-Bass. en el sentido de que regulan el deseo. no es esa.1 .. Jerome Bruner. Swain. sino también de historiadores en activo Como. S. • .A t ofSchema Theory (Hil1sdale. 287. finalmente. '00"Hebrea de erusa em._. descripción.en la India-. . . cuando el protagonísta compara su explícitamente a la superficie en el act . merece el nombre de «ley».. The Act of Re mg.. Poetics. C. . ~L' The lnward Tum of Narratíve.. que ha sido expucedo». (Ricoeur.n " Hayden White.1'" . 1961. u man an . The Singer ofTales.: rrolla esta cuestión de manera m~ completa. Colleeted Papers of Charles Sanders Peirce. Por CIerto.rml. así como que a c a . Press. entonces el acontecimiento en cuestión se puede deducir lógicamente. A of Asiáticos y Africanos de la Universidad cido a David Shulman. . 9. 1 ton más estable e mteg. Actual MlndS. Past and Presem. 1937) en su teoría de la «autonomía funcional». por ejemplo. 1984). Al signo que crea lo denomino el ínterpretante del primer signo.ayo) d~/l~~di:s Harvard University ana " Albert Lord.eton.. en lugar de analítica y «explicativa». 1945). . traducido por Joseph Ward M' (N w York: Prentice Hall.¡ty ss. . Gallie... dra-sión consistiría. 3-24).) Hempel admite. Si las dos premisas se pueden establecer adecuadamente.~:~: Ho... Madrid: Mal. por ello. Henry Holt and Co. traducido por Richard Winston y Clara UCI ~ller. eda comenzar en cualquier pon del . págs. II Por qué lo que cabe esperar o lo usual ha de estar dotado de «valor» o legitimidad es una cuestión interesante. Al1pon (Personality: a Prychologica/ lnterpretation.. rruen 1 ti te' sólo después cuando el .. Nueva York. sal.. Mitchell (ed. . Quizá la respuesta más interesante a esta pregunta es la de G. 85 (1979). Su idea era que los hábitos. Está en lugar del objeto. Nueva York: Schocken Books. desde luego... Ricoeur.__ . . su objeto. del Instituto '00 L _ n posible sesgo emccénrríco en esta J 1 ""'" SOuu" Iu de ~~ . The p ' . K. W. a .. nu . Lo que nos viene ensegui a . parte 1: Archetypes and the Collective Uncons- " Aristotle... 288. cíe de sentido platónico muy familiar en el habla cotidiana. cidos. o quizá un signo más desarrollado.. traducción castellana: Las Formas Elementales de la Vida Religiosa. Laweence Stone.: Harvard Universiry Press. no . Shulman) · de B k pueda concebirse (como sugiere Puede ser que el «dramatismo» Uf e . Un aDlUlSIS r . Peirce. probablemente.. . desaResponse to Literary Anthropology (Ballimore. h V . «The revival of naITative: reñections on a new old history». «The Value ot narrativíty m thCe ~ Pre 1981) 1-24 · (Chicago' University of hicago ss... 1909). más bien.. es decir.~ Words (Cambridge.: Harvard University . «The narrative suncnon». J. ScnpIs.__ lfi acíones NO. Jobns :riI Wolfgang lser. quiero decir en el sentido en que decimos que una persona Coge la idea de otra». el hombre obser: (Cana personal. mediante la cual se utilizan como demostraciones en casos Concretos «principios pregnanress. 1982). T.. J. • 1 Worlds (Cambridge. Paul Grice. 15 de diciembre de 1989). y dedaa do el elefante ha desaparecido. Estoy agrade.l:) 'rnp~a lectura de ella seria algo . Pero la cuestión. Vol.. Jean Mandler. Stories. delante de él dice 'Esto no es un e e an y .f Reality in Westem Laerarure. 1960). . Sh I pi tea una cuestión interesante. '" «Un signo... o reoresemamen. en «La función narrativa».. 1959). o. Mass.. . ás iente Prospecting: From Reader Hopkins University Press. además. 1964.._ ciclo ' siendo el ruco '.. Habitats.CkinS University PreS5. Ricoeur. 292. de los Principies ogy of Psychol (Cambridge. WiIliam James defiende la misma idea en su conocido capítulo «el hábito .. para alguien. n d he h hay que imaginarlo porque existen ejemp os .

Mitchell. Interaction. Mich. Mass. 120-138. Wittgenstein. traducción castellana: El Recuerdo. 1962. f'biJippe Lejeune. 1 Claude Lévi-Strauss. 1988). Marco Santambrogio y Patrizia Violi Meaning and Mental Represematíons (Bloomington: Indiana University Press. H~ H. A. Seix Barra!. 1988~. Leamabil~ty ~ Cognition (Cambridge. traducción castellana: Palabras y Acciones. Halliday.) Human Sexuality in Four Perspectlves (Baltimcre: Johns Hopkios 01- '! versity Press. Meaning and Mental Represenzanons. «Belief. R. . 1988). Mal)' Douglas hace esa afirmación en How Instinuions ThinJe (Lcndon: Rouüedge and Kegan Paul. 1975). On Autobiography. Culicover. and the Social Order (New Haven: Yale University. How to do Things with Worm (Cambridge. EJizabeth W. Studies in the Way of Worm (Cambridge. . Smith. Barcelona: PlUdós. . naturalmente. Beach (ed. Madrid: Alianza Editorial. 1988) . planes. " Los libros en cuestión son. Bruss. Y P. " Bartlett. • Véase. M. Postenonne~te ha Sl~ repetIdo muchas veces. El Recuerdo. Madrid: Tecnos.)lJe¡Jeloping Theories of Mind. Psychoíogv and Language: An Int~tion to ~sycholmgulstu:s (Nueva York: Harcourt Broce Jcvanovích. and Cognition (HiIlsdaJe. JO Véase especialmente Marco Santambrogio y Patrizia Violi. L. Whiten y R. pág. y el clásico Remembering: A Study in Experimental ami Social Psychology (Cambridge: Cambridge Universicy Press. Leammg How. Chandler. Wimmer y J. RelationshiI!s a~ Culture: Links between Ethology ami the Social Sciences (Cambridge: <¿unbrid~ Universsty Press. Un análisis conciso puede encontrarse en Stephen C. Deceptíve Dístmctions: Sex. Gender. Paul Grice. New York Review of Books. El Recuerdo. traducción castellana: Los Cuadernos Azul y Marrón.: Smitbsonian Books. 1977). 3-22. Fomwl Principies o/ Languag~ Acquísínon (Cambridge. E. traducción castellana: El Habla lrifantU. «A Framework for Discussmg Deceptlon». Thompson. . Clark.) The Crosslmguistic Study of Language Acquisition.n (Londres: Amold. 1977). Pragrrwtics (Cambridge y New York. El RecuerikJ. 1980). Ludwig Wittgenstein. Beautiful Theories: The Spectade of Discourse in Conremporary Criticisrn (Baltimore: Jobns Hopkins UniversiCY Press. Deception: Perspectives 0'1 Hurrwn and Non-hurrwn Deceit (Albany.J. Luria. Barcelona: Teide. traducido por Katherine Leary (Minneapolis: Universicy of Minnesota Press. The Ad o/ Reading. 1968). Austin. por ejemplo.. • El lector interesado en esta cuestión puede consultar trabajos como los de Derek B1Ckerron Roots of Language (Ann Arbor. Kenneth Wexler y Peter W. Byme. 1971).: Cambridge Universicy Press. S.: LEA. . '" Iser. Levinson. K. " John L. Bruner y Carol F.. Frank A. Barcelona: Paid6s. 1977). 1987. Cognition 13 (1983): 103-128. n. T. 11 M. !9:t:1. Véase la nota 20 del capítulo 2. TraducciÓIl castellana: Antropología Estructural. 1987). 233-235. 1923). «Does the chimpenzee have a theory ofmind?». 1968.York. traducido por G. Psychology ami Primitive Cul-' ture (Cambridge: Cambridge University Press. Nueva York: Basic gooks. Roger Schank y Robert Abelson. 1953. • J. . 1968). Macrostructures: An InterdisciplinaryStudy o/ Gwbal Structures in Discourse. 21.: Harvard University Press. The Blue ami Brown Books (New York: Harper and Row. Clark y Eve V. Buenos Aires: Paid6s.. Madrid: Alianza Editorial. Hinde. In the Age of Mankimi (Washington.. 1976). «The Social Conetrucnon of Forgetting and Remembering». J4 Cynthia Fuchs Epstein. Traducción castellana: El Lenguaje y el Entendimiento. Oloon (eds. 1988). «Hnw Does Writing Restrucrure Thought?» Language and Communicatíon 9 (1989): 99-106. " Véase. 1987). • Nicholas Humphrey. State Universicy of New York Press. 2 vols. (HiJlsdale. The Structure ojCommunlcatlon m Early Language Development (Nueva York: Academic Press. Barcelona. Roben A. N. Mass. Bm~ (Nueva York: W. 1990). Santambrogio y Violi. 25. CDpItulo3 1 Notas 143 David Premack y G.W. 1981).: Harvard University Press. (Nueva York." 29 (24 de junio de 1982): 34-36. Hala «SmaJl-Scale Decelt: Deceptlon as a Marker of Two-. Plans.and Four-year-olds' Theories of Mind». W.: Cambridge Universicy Press.va. Structural Anthropology. «lnrroducnon». The Roots 01 Language. 1989). N. Anscomte (New York: Macmillan. 1932. pág. L. 255. Astington. en prensa).1988). Véase. Traducción castellana: Pragmática. 1986: ~ucclón castellana: La Mirada Interior. Roy Harris. Fritz y S.: Lawrence Erlbaum Associates. Metas y Entendimiento.. A. Philosophical Investigations. .: Harcourt: Brare y World. "Bartlen. en R. The Man with a Shattered Mind: The History o/ a Brain Wound (Cambridge. 1989. traducción castellana: Guiones. Feldman. pág. Hams y D.263. en &0. M. «W1lere Does Language Come From?» (recensión del libro de Derek Bickerton. Harris y Olson (eds. Individuals. S. W. Mass.: MIT Press.. D. Mass.s ~t Beliefs: Representation and Constraining Function of Wrong Belie~s in Young ~lldren. 1988). Barcelona: Paid6s. «Tactical Deception in Primates~. Chi/d D~velopment 60 (1989): 1. . 42 H. Iser. 1989).) Developing Theones ofMituL .: Harvard Ueíversíry Press.198O). Véase Astington. Goals.C. MitcheJl y N. Dan Isaac Slobm (ed. '" Una discusión muy interesante de los límites del sentido y la referencia al definir el significado puede encontrarse en el libro compilado por Umberto &0. 1989). 1983.: Karoma. " Marx citado por Oliver Sacks en su introducción a A. " Este resultado fue obtenido originalmente por H.Press. por ejemplo. Pemer. 1958. to ~ea. F. Mass. en prensa): Roger Lewm.. A. Beha- Worol ami Brain Sciences. C. 1982). Norton. The Act o/Reading.142 Actos de significado " John ShotteJ'. R. . el libro de J. 1977. van Dijk. Three. Woodruff. N.: Lawrence Erlbaum Associates. Barden. por ejemplo. The lnner Eye (Boston: Faber and Faber. W.. Steve~ Pinker.) Collective Memory (London: Sage Publications.mguage and Mind de Noam Cbomsky (Nue. M. 1985). Be~vlOraI a~ Bralr! Sciences II (1988): 233-273. 1983).: MIT Press. ' 10 A. • Un muestrario de libros estimulados por How to Do Thíngs with Words incluiría los siguientes: Chi!d's Talk: Leaming to Use Language de Jerome S.S. 1 (1978): 515-526. . " Bartlett.. J. and Understamiing (Hillsctale. Qreenfield YJ. W. traducción castellana: Investigaciones Filosóficas Madrid: Crítica. . en David Middleton y Derek Bdwards (OOs. J. 1986). R.s Understanding of Deception. P. Scripts.

» publicado en el libro de J. traducción castellana: Morfología del Cuerno. Bach y R. . Greenfield y Smith.. SalapaIek y M. «The Coordination of Visual Observatíons and Instrumental Behavior in early Infancy». Bruner «Pacifier-Produced Visual Buffering in Human Inf~IS». Madrid: Fund~ntos. 63-88. W. acción. «A cross-Ianguage study of prosodlc modificaticna in mother's and father''s speech to preverbal infants». Haith. Notas 146 " M. " Willem J. Mass. Stem. " Soy consciente de que lo más frecuente es decir que las formas gramaticales se van dominando en función de su simplicidad «sintáctica» o «computacional». Mass. Esta idea puede resultar formalmente atractiva. " «Markedness». pero todos los ejemplos propuestos hasta ahora adolecen del mismo problema. Keith Berg y granees K. Merril/-Palmer Quarterly 33 (1987): 1-31. (A~s­ tin: University uf Texas Press. MilIer y Barbara Byhouver Moore. Perception 5 (1976): 155-160. The Beginnings of Social Understanding (Cambridge. Véase. en tomo a la cual está organizado el lenguaje -las categorías farruliares de agente. «The Achievemenr and Aruecedenrs of Labelling». en Selected Writing$ of Roman Iakobson.» comunicación presentada en la Socíety for Cult6ral Anthropology. V. "Al menos un li~gilista tan notable como Charles Fillmore ha llegado a especular con la Idea de ~~e la gramática de casos. vol. Perception 2 (1973): 307314. Ways with Word5. mental Child Psychalogy 13 (1972): 9-20. Phoenix. «Small scale deceit». en el libro de C.: Cambridge University Press.» Ethos na 4. '" Véase. Madrid: Morara. «The Case for Case Reopened». 1275. D. 1967). La forma narrativa en cuestión fue descrita por vez primera por W.: MIT Press. " Heath. Mass. T. 1-88. Madrid: Akal. traducción castellana: Lenguaje y Comportamiento. etc . " Peggy J. Berg. «Sorne prosodíc and parallnguisüc features of speech to young chikíren». Castillo.: Cambridge University Press. traducción castellana: La Primera Relación Madre-Hijo: Madrid: Morata. Waletzky. 1977): 59-81. Cole y J. Traducción CMtellana: La Mente de los Niños. 8 (Nueva York y Londres: Academic Press. Helm (oo. 18 de Noviembre de 1988. Propp. George Bunerworth y M. .: Harvard University Press. ~te mtento recuerda otro que se realizó anteriormente para tratar de demostrar que las oraciones «transformadas» eran más sencillas que las oraciones «110 transformadas».) Universals in ungui$tic Theory (Nueva York: Holt. Scaife y J. The First RelaJionship: Infant ana Mother (Cambridge. Véase también el artículo de Oiga K. 1980). Kalnins y J.evelopmental Psychobjology 6 (1973): 45-51. " Judy Dunn. 1974). M.Esta teoría del «procesamiento de oraciones» no tenía en cuenta. Ways with Words: Úlnguage. 1977).. Ninio y J. . Joumal of Child Language 15 (1988): 293-315. Miller y Linda L. 1968).anguage 5 (1978): 1-15. The Structure of Communication in Early Languoge Development. p. 1951). podría ser una abstracciÓD ¡¡n~stica de algún tipo de comprensión conceptual previa de los «argumentos de la accióu». pág. S.) Universals of Human Language (Stanford.: Harnard Umver:sity Press. JO Miller y Moore. Sperry. Speaking: From tmenuon to Articularíon (Cambridge. 1973).. A First Language. S. Fritz. Harms (oos. Ferguson (eds. Nature 253 (1975): 265-266.. No hay modo de establecer la «simplicidad» o la «computabilidad» independientemente de la propia teoría de la gramática o la ~omputación. 1988). The Morphology of the Folktaie (Austin: University of Texas Press. 12-24. " Roger Brown. Gamika. La evaluación de la «teoría» viene asr determinada por la propia teoría. 1978). la impar~Ia del contexto. 1983). Mass.onal srones as respurces for the culture-acquirmg child. Bruner. 1984.» 436. «The socíafizauon of anger and aggressíou». Rinehart and Winston. erau comprendidas mucho más rápidamente que las indicativas que no habían sufrido ninguna transformación y tenían el mismo número de elementos.: Stanford University Press. Formal Prínciples of Languoge Acquisition (Cambridge. Mass. localización. «Small-Scale Deceit».) Syntcu and Ser1UlntiC$: Grammatical RelatioflS. Miller. «jntaut HeartRate Response as a Fuction od Stimulus ami State. por ejemplo.: MIT Press. Kathleen M. y que resultan tan. Brown. . Joseph H. formas pasivas o interrogativas. «Visual response of Human Newborn to Linear Contour..1989: 428-449. Véase también el análisis de la «sencillez» de Nelson Goodman en su libro The Structure ofAppearence (Cambridge. Comunicación personal. Nueva York. 1985. Miller. «Coordination of Auditory ami Visual Space in Newborn Human Infants». en el libro de E. 1989).» Joumal of Experj. 1982). Leaming How to Mean. 1988). William Kessen. que sirven para organizar nuestra experiencia sobre la actividad humana. se suponía que cuanto más sencillas fueran las oraciones menos tiempo de procesamiento mental requerirían. " The Role of Speech in the Regulation ofNormal and Abnonnal Behavior (Nueva York: Uveright. Greenberg {ed. «Early talk about the past: the origins of conversational storíes of personal experience».. por ejemplo. y presentadas en un «contexto de negación plausible». y eso hacía qlJe. en P. Y el de Ann Fema1d et al. E. S. . Culícover. Puede consultarse el punto de vista de Kenneth wexler y Peter W. Peggy J. Languoge Leamability and Language Development (Cambridge: Cambridge University Press. Fritz y Hala. 1968). P. " Daniel N. Wendy ond Beth: Leaming Language in South Baltim~re. 1> Chandler. «Pers. Graham. por ejemplo. o el de Ste~en ~nker.) Talking to Children: Language Input and Acquisition (Cambridge y Nueva York: Cambridge University Press. 1961.144 Actos de signfficado " Chandler. A. Calif. Amsterdan: Mouton De Gruyter. 1984). M. y Hala. . en prensa. 1978). Halliday. Bruner. Amy. Miller y Linda L. dirección. Sadock (eds. vol 8. P. Peggy J. Joumal of Child l. Las predicciones no sólo resultaron erróneas sino que lo fueron de modo sistemático e irremediable". to más fáciles de aprender cuanto menos profunda sea su derivación o más simple sea su computación. el artículo de J. Lije and Work in Communities aru1 Classroom$ (Cambridge y Nueva York: Cambridge Univer:sity Press.. «The Capacity for Joint Visual Attention in the Infant». Arizona. C. Peggy J. Journal of Chi/d Language. S. A. véase también el artículo del propio Filhnore. l. «NarratIve conJUllCtions of caregiver and child: a comparative perspective of socialization through stories. Véase el artículo de Charles Filmore «The Case for Case». 2. l.4 (Berlín.» P$)'chop1rysiology8 (1971): 30-44. Speny. Cap. Bruner.Mas. comparándolas entre sí mediante negaciones. wason «The Context of Plausible Dental». " Shirley Brice Heam. Joumal of Verbal Leamíng ana Verbal Behavior 4 (1%5): 7-11. " Véase el artículo de Peggy J. 1984.) Essay in the Verbal and Visual Ar/$ (Seattle: University oí Washington Press.no pudiese ni siquiera esbozar una explicación de por que las frases transformadas en negativas. 5 17. Children 's Minds (Nueva York: Norton. Levelt. A First Language: The Early Stages (Cambridge:. 1977). «Narrative conjunctions ofcaregivers and child. en su artículo «Narrative analysis: oral ver:sions of personal experience. ~now y C. Labov y J. Margaret Doualdson.

1959). eSelf-Díscrepancy: A Theory Relating Self and Affect». Martin (Minneapolis: Uuiversity of Minnesota Press. Mass. sea sUjeto y objeto de oraciones. Prentice-Hall. dejamos que la palabra "Self».» En Austm. algunas refleXIOnes. Prtnctptes of Prychology (New York: Macmil1an. México: Fondo de Cultura Economlc~ 1971). Narrativesfrom the Cribo TNotas 147 tituye una exigencia excesiva de la metafísica popular como para ser aceptada sin reparos por una lengua. oración cuyo último ténnino se traduce convencionalmente por alguna parte del cuerpo. aunque de una manera solllreridentemente idiosincrática: decimos «control yoursel!». Traducci6n castellana: Espíritu. 1979)..: Lawrence Erlbaum Assoclate~. Knopf. . Mass. 1980. 1985.: Harvard Uníversiry Press. «dueto»]. traducido por Duska Mikic-Mitchell (Nueva York: Harcourt Brace Jovanovich. Barcelona: Seix Barral. «le has cortado». Vladimir Propp. no se ha reali.. Opn (Londres: Routledge and Kegan Paul.castellana: Estructura de las Revoluciones Científicas.. 1945). Los trabajos de Richard Rorty constiruyen un buen ejemplo de esto: Consequeoc~s o/ pragmatism (Minneapolis. Se han propuesto otros modelos. 1982). The Unbearable Ughtness uf Being.» en Nelson (ed. " Labov y Waletzky. 1973). 2° edici6n (Oxford: Clarendon Press. traducido por C. 169-192).: Harvard University Press. ~a necesano que se realizase un estudio sobre este tema. Milan Kundera. American Prycholog'~t 41 (1986): 954-969. Steven J. Life as Lire. 1978. versión castellana: La insoportable Levedad del Ser. 1935). «Possible gelves».. Y. Prychologlcal Review 94 (1987): 319-340. en lugar de decir simplemente «I h~ [liternlmente. PlUlosophy. Ciertamen~. greckler. . Ijniversity of Minnesoia Press. y también a Peggy Davis. Carol Fleisher Feldman. The Analysls of Sensanons. cenar el próximo miércoles».) Narratives from the Crib (Cambridge. The Book of Laughter aná Forgetting. Véase. 1934). También se encuentra incorporado a la lengua ¡nglesa. El operacionalismo de Percy Bridgman ~n hizo mucho ~ socavar el realismo simplista e ingenuo de la ciencia anterior: The LoglC of Modem PhYSICS (Nueva '" Michelle Rosaldo.s of Harv~ Umve~~. normalmente. de personalidad. • Véase Hazel Markus y Paula Nurius. lntellectual Development: Birth to AdultJwod (Orland.and rhe M¡nvr of Nature (Princeton: Princeton University Press. [literalmente.. Theory and History of Folklore. Pero la ínñueacia del pers~l1V1smo sobre la psicología también proviene del antirrealismn de Ernest Mach.Peacemaking among Primates (Cambridge.J.: Belknap Pres. El «ef~ del dun~l1ente» ~I perspectivismc nietzscheano se analiza en Alexander Nehamas. «me duelo a mí mísmo»]. 1982). Mass. David Richards y Tony Amsterdam de la New York Universiry Law School por discutir conmigo sobre su significado. lo tuvo el análisis de Thomas Kuhn sobre los cambios de paradigma en la ciencia en The Structure of Scientific Revolutions (Chicago: UniversilY of Chicago Press. A Grammar 01 Motives (Nueva York. «Narrative analysis». Language in the Crib {The Hague: Mouton. Martin y Richard P. 1986). 1976).r~ture (Cambridge. No obstante.. Higgins. K. " Katherine Nelson (ed. Gree~wald (eds.1989).lrself to dinner next Wednesday» «tráete a ti mismo a casa a. Robhie Case. • 4L Frans de Waal. . y Anihony G. 175-204. Austin. and RellgwllS Fictions of Mankind. . Practical. traducción castellana: «Un alegato en pro de las excusa. y el de Bernard Williams.141 Actos de significado " Kenneth Burke. 1984. traducci?n .puede decir «you CUI yourself». Barcelona: Tusquets. 1989). }I. N. Philosophical Papers. Mind. «me duele» [literalmente. Knowíedge aOO Passion: llongot Nottons 01 Self aOO Social Life (Cambridge y Nueva York: Cambridge University Press). Madrid: Jorro.) Attitude Strudure and Functian (Hillsdale. Methueu. también puede decirse "you doubt yourself» «dudas de ti mismo». and the Reuuions ofthe Physkal to the Prychkal (Chicago: Open Court. en este caso. Pratkanis.. 1974). .!Ietzs~h. Para obtener más información sobre el papel de las narraciones en el Derecho véase la Michigan Law Revíew 87. Probablemente. 1909. Alfred A. en s~ Ob!?· tive Knowledge: an Evoluti01lllry Approach (Oxford: Clarendon Press. Harvard Universlty Press. Pero. Barcelona: Paidós. 1 Se puede observar un desarrollo paralelo de esta idea en el trabajo de Mijail BajbD .o: Acade~lc Press. 1962. México: Paid6s. . el «realismo» del Yo se encuenlre incorporado en la psicología popular ~omo un derivado de la noci6n de agentividad. pero. como. por supueslO. • George Herbert Mead. Traducción . Harper and Row. Yo. «A Plea for Excuses». ambas fOllIU1S suelen utilizarse en inglés ~ distinguir entre lo agudo y lo duradero. 1927). . más o menos similares. Mass. 1990. Segunda Edici6n. 1914)~ El escepticismo de Karl Popper también tuvo un efecto considerable. 1970). Language and Percepnon (Cambridge.n­ Laird. lo que al fin y al cabo cons- York: Macmillan. Ronald Dworkin.).17 Ruth weir. Mass. 1962). Anihony R. 1989).¡ty Press. Madrid: Alianza Editorial. pero no «bring YOl. 1978). 1984). 1890). Kundera.~ ningún estudio realmente sistemático de los requisitos lingüísticos y cognitivos de la u~­ ci6n de los pronombres personales como predicados reflexivos. 1987). L. Law's Empire (Cambridge. Problems ofthe Seif(Cambridge: Cambridge Umversity Press. 1963). MI propia generación IUVO incluso un «texto de cullO» en tomo a esta cuestión: el libro de. . tradUCCl6n~­ tellana: C01UJCimiento Objerivo. versión castellana: El Libro de la Risa y del Olvido. . «Monologue as problem solving narrauve.e. Ensayos Filosóficos (pp. Estoy especialmente agradecido a Martha Minow de la Harvard Law S~hool por informarme de la existencia de este trabajo. The Physical Dimensions of Consciousness (New York: Dover. (Agosto de 1989). Persona Y Sociedad. traducido por Michael Heruy Heim (Nueva York. «te dudas»]. traducido por Michael Henry Heim (Nueva York. en inglés. y Tory E. Madrid: Tecnos. . por ejemplo. número dedicado por entero al tema de la «narración legal». Harvard University Presa. «contrólate a ti mismo». por ejemplo. en Austín. n" 8. 1000 L. castellana: Principios de Psicología. Por lo que yo he podido averiguar. tanto con verbos mentales como de acción: se ..~ Vaihinger The Philosophy of 'As Ir: A System uf the Theoretkal. 198~. Cap(tulo 4 I Edwin G.. Self.interesantes sobre la encarnación del realismo del yo en esos usos pueden encontrarse en el libro de Perer Strawson lndividuals (Londres. el de George A.. traducción castellana: El Desarrollo Intelectunl. 'William James. Boring. Miller Y Pbilip J~hnso. Un caso intermedio es el constituido por expresiones tales como «I hurt myself». W. traducido por Ariadua Y. and Society (Chicago: University of Chicagn Press. Danilo Kie. A Tomb for Borís Davidovich. J. . 1985).

Madrid: Visor. «On the Cognitive Effects of Learning Ccmputer Programming». ~ I"ul . Karl zener demostró que.) PersOnality and the Beho. 1972. Cross-cutrural Perspectives (Lincoln: Univeraity oí Nebraska Press. '4 Ann L. por Michael Holqaíst (~ustlD: Umverslty. 1990.errazón para~~ticll» persistió.century.. Mass. 1 y 2. el aprendizaje estaba ligado a unas condiciones determinadas en el ambiente de cada especie. ed. D. ~ disllnclón entre las teorías de «habitación con mapa» y de«tablero de interruptores» se analiza en el artfculo de Tolman «Cognitive maps in rats and men. sin tener en cuenta los hábitats y las predisposiciones instintivas que se habían seleccionado a lo largo de la evolución en respuesta a esos hábitats. 1: A Review of MethodologicaJ Considerations and Measunng lnstruments (Lincoin: Uníversity of Nebraska Press. SI pare-ueger a la bandeja de la comida había que dar un rodeo complicado í ~b ~ . Perkíns. Edward C. Dembc.E.R. 1974). b~dge. . PUTP. ed. Duguid «Situated Cognition and the Culture of Learning. Sears. El primero está repíe t o U<' •inhibilClOnes y. K. siempre estaba sesgado y filtrado mediante esas predisposiciones seleccionadas por la evolución. .vior Disorders ( ew York:: Ronald. 1973). 1988. . 1981}-. «Person Plus». Vols. J. como también lo ha becho Micbael Cole. «Anxiety Reductícn and Leaming».00 Unwin. Schwartz y M. Posteriormente ~obart ~o~ demostró que los condicionamientos clásico y operante operaban bajo condi~ clones distintas. en J. No podía abordarse de manera aislada. Meas~res of SelfConcept (Lincoln: University oí Nebraska Press. en prensa. ' ~ue ~uy importante para el prestigio de Tolman el que terminase por publicar su artí I clásico titulado «10 .) Teaching jor Unáersumding in the Age ofTechnology (en preparación). De manera que. 18 de Abril de 1m. Hobart Mowrer. si a esa vamos. y no era posible entenderlo sin especificar muchas más cosas que el hecho de que un animal hubiese estado eexpuesto» a un ambiente determinado. U<' o que es el . una vez más. .a Editorial. Lewl. AJan ColJins y P. Aunque la idea de «Aprendizaje Distribuido» ha estado en el aire durante mucho tiempo -los antropólogos le ban prestado especial atención. L. Festinger y P.» PrychologicaJ Review 55 (1948): 189-208. vol. 1977.» Hunum Development. La cita es de Perkins.~a perros te an «en mente» otras cuestiones distmtas de la salivación. Pavlov estudiaba la salivación en perros sujetos con arneses que o~an u~ sonido o veían una luz que presagiaba la administración de un poco de comida. E. B. . 1944). .) Nebraska Symposium on Motivation. también fueron consideraciones de tipo cuntextual las que cerraron el anfiteatro del «aprendizaje animal» en el que se libraban típicamente las batallas sobre las teorías del aprendizaje. vol. " Por supuesto.n. R. El condícíonamíemo clásico de Pavlov y el Operante de Skinner nos dan por supuesto Im~oenes muy di " •• ". por ejemplo.E. ~ desinhibi . Berman (ed. por ejemplo en 'Su «Cultural Psychojogy: a Once and Future Discipline. Hice una reseña de esta obra en Contemporary Psychology 1. " Un ejemplo típico de este período era la obra en dos volúmenes de George H.A. Vygotsky. New Ideas in Psychology 2 (I984): 137-168.~pagaClón de la excitación y cosas semejantes. en con uctas mediadas por el sistema nervioso autónomo' el segundo. 1932). nO 12 (1956): 355-358. que consistía en una paloma que picoteaba.. " Entre los tudi . Miller. • Ruth C: Wylie. J. T. 1962). Hull.Y de Lev Vygotsky sobre la «interiorización» del di~ogo en la creación del «habla interior» y el pensamiento: Thought and Language (Cam. . Por ejemplo. 1990)-----. cualquiera que fuera su forma.q~e I~ demás constituían excepciones que había que descartar «explicándolas».0~I~~ ~ehavior in Antmals and Men (New York: Appleton. Perkíns. Edward C. «A Stimulus-Expectaney Need-Cathexis Psychology». «petson Plus: a Distributed View of Thinkíng and Learning». 1950). M. • ?na divIslon l.g~aJ de . Traducción castellana: Pensamiento y Lenguaje.. . . en cambio. Boston. un año antes de la fecha oficial de «comienzo» de la revolución cognitiva. aprendizaie. Véase especialmente Jobo Seeley Brown. Pea. 1943). s . s~ se libera~a a los perros pavlovianos de sus arneses y se les dejaba moverse por_ellalloratono..es os tlplCos de esta clase se encuentran los de NeaJ E.. I serones. El aprendizaje. 1989.. s m..profunda separó a aquellas teorías del aprendizaje que caían bajo la mbnc~ del «con~clonamlento». «Distributed lntelligence and Bducation.Four Essays. McV.: MIT Press.. Tomo Ii. MilIer. de la bistoria evolutiva que había hecho el ambiente «adaptativo» re!>-pecto a las predisposiciones del animal. en J. comunicación leída en el simposio sobre «Distributed Learning» en la reunión anual de la A. «Experi~ntal Studles m Conflict».l in its World. el comienzo de la salivación condicionada era muy distin~ de la ~anera en que funcionaba en las rígidas condiciones del Instituto de Moscú. el aprendizaje y el aprendiz no podían separarse del hábitat del animal o. y la acogí como el primer «esfuerzo por construir una teoría de la personalidad desde una teoría del conocimiento: cómo llega la gente a conocer el mundo combinando sus diversas apariencias para fonnar sistemas organizados de constructos» (pág. John Dollard y N.. ya que cada teórico estaba convencido que la forma básica de aprendizaje era la que se producía bajo su paradigma experimental ' en tanto . JoumaJ of Experimental Psychology 27 (1940): 497-516. 1989). p. Persoll(Jlity and Psychotherapy (New York: McGraw-Hill. Para un informe más completo de este trabajo. rechazando este enf~ue tan pasivo. I . F.» en D. El segundo.. ponencia presentada en el Simposium sobre Distributed Learning en el A. 1975. " Véase Roy Pea y D. «Communitíes of Learning and Thinking: Or a Context by Any Otber Name». se ocupa de las condiciones que aumentan o disminuyen la probabilidad de una respuesta. Esta SItuación llegó a conocerse con el nombre de «condicionamiento clásico». Véase especialmente la obra de Niko Tinbergen The Animo. The Prychology of Persoll(Jl Constructs (New York: Norton) que apareció en 1955. Buenos Aires: La Pléyade. véase también Ann Brown y Joseph Campíone. 1979). Hunt (ed.la ~Iosill» -The Dia/ogic Imagination. También WY~le. 2: Theory and . Madrid: Alianz. . Science 101 (1945): 160-166. Kelly.148 Actos de significado sobre.. de próxima publicación. Los etélogos dejaron claro que. McV. . introdujo la idea de «respuesta operante». «Leve] of Aspiration».. y estudios de investigación tan específicos COmo el de O. N. pág. Tolman. M.» Educational Researcher ts: 32-42.el primero d ' . mente de al~n~ fo~ cuando daba un grano de trigo. desde el punto de vista de la evoplucíón. sobre un botón que se señalaba díscnmmaríva. Madrid: Debate.A. Tolman.ofTexas Presa. Traducción castellana: Estudios de Etologia. ' .».Research on Selected Tapies (Lincoln: University of Nebraska Press. Skinner. West (OOs.. Hum. Pero la ~c. Psychological Review 56 (949): ~44-155. The Self-Concept. Bosrcn.. esta concepción ha recibido un nuevo impulso al ser aplicada a las relaciones del hombre con las nuevas tecnologias de la información.R.. Brown. 355). 1 y 2 (Londres: George Alten 0. «Distributed Expertise in the Classroom». ase Clark L. Personahry ami the Behavior Disorders (New York: Ronald 1944) ·W ' . y carecía de esa señal cuando no lo ~~a. cu o ere IS more Iban one kínd or learning». 1979. en J. Kurland. tradUCCIón cast~llana: Los Principios de la Conducta. traducción castellana de la versión completa: Obras Escogidas de L S. en respuestas más «voluntarias». Vols. Principies of Behavior (New York: Appleton-Century. 24.

Journal 01 Personalíty and Social Psychology 26 (1973): 309-320. vygotsky tenía en mente una noción semejante en su formulación de la pedagogía y en el papel que asignaba a la historia en la formación del pensamiento (véase Pensamiento y Lenguaje). desde muy pronto el trabajo de Michael Cale y Sylvia Scribner estuvo caracterizado por una concepción distributiva. el cuarto en 1990 por Michelle Perror.. E. 1981). Towara Transformation in Social Knowledge. 1934. R.) lnterpretive Social Scíence: A Reader (Berkeley: Universiry of California Press. The Value of the Individual: Self and Circumstance in Autobiography (Chicago: University uf Chicago Press. 1977). Richard Rorty. From the Fíres 01 Revolutton to lhe Oreas War. más bien. pág. Madrid: Cátedra. T. 63. 1984). " Kennetb Gergen. 1956). Traducción castellana: El Proceso Mental en el Aprendizaje. el segundo en 1988 por Georges Duby. Autobiography: Toward a Poetícs 01 Expenence (Philade1pbia: University of Pennsylvania Press.de-mente» del bombre que había surgido durante el largo reinado del conductismo. " Karl Joacbim Weimraub. La investigación original es presentada en varios artículos a los que se remite en este volumen. . Mitcbell (ed. 1979). 1l No digo esto por criticar. Passíons 01 the Renoissance. 1974).. pág. de la que hemos hablado en el Capítulo 2. Self. «Social Comparison. México: Paidós. and Society (Chicago: University of Chi~o Press. Hasta la fecha. (en el sentido psicoanalítico clásico) compromisos que surgen del «conflicto que se produce entre lo: que es verdad y lo que se puede relatar» (Narrative Truth. SelfConsistency . traducción castellana: Espíritu. Hay en preparacién uno más. De hecho. «Narratíon in tbe Psychoanalytic Dialogue». Philosophy and the Mirror 01 NaJure (Princeton University Press. Uno de loo objetivos de loo primeros «revolucionarios» cognitivos fue sustituir la imagen .Bsto le sitúa en una posición anómala respecto a los psicoanalistas clási· cos-que. 1988. en mi opinión. Gergen. 1986). La Interpretacwlf de las Culturas. Spence quiere decir con «código» algo que se aproxima bastante a la idea de RoIand Barthes sobre la existencia de varios códigos semióticos que extraen distintos tipos de sigtÚ" ñcados de un texto. Madrid: Tauros. 1977. como atestigua la importancia esencial que tiene el concepto de estrategia en Bruner. J. Entre las publicaciones criticas que establecieron el clima de este período estaban. Dodds. el tercero en 1989 por Roger Chartíer.. Las verdades narrativas representan. estaba influida por la obra de Bartlett El Recuerdo. Paul Rabinow y William Sullivan (eds. Un enfoque muy similar al de Polonoff se encuentra también muy extendido en las teorías autobiográficas contemporáneas. se ban publicado cuatro volúmenes de A History of Privase Ufe por Harvard University Press: el primero en 1987 bajo la dirección de Paul Veyne. Joumal 01 Personaíity and Social Psychology 16 (1970): 148-159. se almacenan recuerdos traumáticos como especímenes arqueológicos bien 00DllflI'I11l- - "" dos. pág. Sarbin Narrauve Psychology: The Storieá Nature of Human Conduct (New York: Praeger. las siguientes: W. " Lee J. «Social Bxpectancy ans Self-Presentation in a Status Hierarchy». 1983. pág.. «Self-Deception». G. " Esta idea de Gergen. . considerarlo como el capítulo final delcoocep21 lO . 1973). está claro que Roland Barthes ha tenido una fuerte influencia en las fonnulaciones de Spence: Speoce cita sus palabras para apoyar su idea central acerca del papel de los códigos alternativos en la interpretación. 108. Knowledge ami Passíon: Ilongot Notíons of Self and Social lije (Cambridge and New York: Cambridge Uníversity Press. Designing Evaluations 01 Educationai Social Programs (San Francisco: Jossey-Bass. Toward Transformatian in Social Knowledge (New York: Springer-Verlag. Crcnbach. y Fred Myers. no está ni mucho menos dispuesto a abandonar la creencia positivista de que existen recuerdos «realess. Como cuestión de interés histórico. Taylor. 1986. 1986). The Greeks and the lrrational [Berkeley: University of California Press. Mitchell (ea) On tearroave (Chicago: University of Chicago Press. En ciertos aspectos. le acusan de echar por la borda la realidad de un eUo en el que. -" Véase. Goodnow y G. "Social Psychology as History».) On Narrauve (Chicago: University oí Chicago Press. J. concepción que se analiza en profundidad en el libro de Bartbes [mate. '" Ibid. Madrid: Alianza Editorial.. por ejemplo. en su Culture and Thought: An lntroducüon (Nueva York: Wiley.1982). 1951). 2JJ Gergen. 1978. Per"$ona y Sociedad. 1980). David Wood y yo también hicimos algunos tanteos en busca de una forma de caracterizar el «andamiaje» de la actividad intelectual que tiene lugar en los intercambios de conocimiento: Waod. Revelations of the Medieval World.. traducción castellana: Los Griegos y lo Irracional. especialmente a su Mind. pág. " Donald Spence. aunque es un «consuuctívrsre heurístico» en lo que se refiere a la tneIIlOría. pág. Pintúpi Self (Washington: Smithsonian Institution Press. sin ana duda.2): De hecho. traducción castellana: La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza. Clifford Geenz. 1982).150 lO Actos de significado No pretendo decir que la idea de pensamiento «distribuido» haya estado por completo ausente de la psicología. . la postura de Spence sobre: la «realidad» de los recuerdos Irenerrables sugiere que. pág. Traducción castellana: Historia de la Vida Privada. y S. 18. Social Research 54 (1987): 53. Un notable ejemplo de este enfoque aparece en la obra de Micbelle RosaIdo Krwwledge and Pasnon. Spence. México: Limusa. 17 Y siguientes.d estaba tan aferrado a la idea clásica de finales del siglo XIX de la interacción entre ~ mo y entorno» que es mejor. Bruner y Gail Ross. traducción castellana. 31. '" Roy Scbafer. Barcelona: Gedisa. traducción castellana: Cultura y Pensamiento. T. de hecho. 1990. Me. From Pagan Rome to Byzaraium. esta nueva tendencia «interpretativista» puede remontarse a George Herben Mead. en particular Gergen y M. 1982). Joumal of Child Psychology and Psychiatry 17 (1976): 89-100. Pero Spence no intentaba en modo alguno borrar del psicoanálisis la idea de recuerdos «reales» o «arqueológicos». la colección de artículos en el volumen compilado por Theodore G. A Study 01 Thinking (New York: Wiley. Una exposición especialmente lúcida de esta es la de Janet Vamer Dunn. en otros aspectos. en W. 38. and tbe Presentation of Self». Narrauve Truth. J. A Austin. 1990). a la que nos referimos en el Capítulo 2. Gergen. Interpretation 01 Cultur~' (New York: Basíc Books. 1978). Joumal 01 Experimental Social Psychology 5 (1969): 79-92. Véase Kenneth J. 1979). Narrauve Truth ami Histotical Truth: Meaning ami lnterpretation in Psychoanalysis (New York: Norton.. Y los escritos de críticos postestrucnrralistas franceses tales' como Roland Barthes y Micbel Foucault. por ejemplo. natura1mente. 1981). J. «The Role of Tutoring in Problem Solving». 6.Michelle Rosaldo. Madrid: Narcea. J. por regla general. David Polonoff. Pítuupi Country. Morse y K. yo formaba parte de esos racionalistas. Text (Nueva York: HiIl and Wang. Music. J. Pero. Por otro lado.

La postura de los historiadores ~ I~s Annales comenzando con uno de sus fundadores. 34 Véase Ellict G. lO Los psicólogos. hice que más de una docena de lectores . octubre de 1989). 1986). no se co. por supuesto. visitase a Vygotsky en Moscú.ojldentity (Loodon: Sage. y creo que conozco también la ID ' r . 1962. . Rubin (ed.. Mish1er. págs. 225-241. eooes. Su historia aparece reflejada. pág. "' 1 oun 1987). On Autobiography (Minneapolis: University cf Minnesota Press. ']O Véase. traducción casteIlana: El Niño y la Vida Familiar en el Antiguo Régimen: M~d. 1988. s lectores más cultivados también intentaban comprender de qué manera la historia ~ra emblemática de nuestra cultura o de la situación de Conrad en ella.) AutoblOgraphlcal Memory 1~. Su idea era que el método de la psicología. E.' d~ para la persona que los cuenta. «Autobiography and the Construction of self».~ln.. Sin duda. cita de la página 229. en sus raíces era necesariamente «histérico-cultural». Sampson comience un debate titulado «The Decoustruction of me Selfe con el rechazo de Geertz casi como epígrafe: véase Sampson. 150. ha sido que la . Self. Un informe !fiás completo de algunas de las técnicas usadas para analizar dichas entrevistas-narraciones puede encontrarse en MishIer.. Pero la manera en que una tradición que ha perdurado opera para definir y alterar los significados en el aquí y el ahora no es la misma en que un campo de fuerzas refleja las resultantes de los acontecimientos físicos que lo han creado. incluso aquellos que gozaban de buenos conocimientos de filosofía. Bllen Langer.) Narrative P:ryco%gy: The Storied rmture o/ Human Conduet (New York: Praeger. 1935}. Qui7~ el más conocido de estos historiadores entre los ~icól~gos es Philippe Aries. . «The Analysis of Imerview-Narratíves». A Paetics o/ Women 's Autobiography: Margirmlity and the Fictions o/ Self-Representation (Bloomington: Indiana Universíry Press. Sullivan (eds. . " Keith Thomas. se han mostrado siempre extremadamente recelosos en relación con la «explicación histórica». págs.. M. ' d "" La Dra. 1979). y que estaba sujeto a revisión constante. . 3. " Dcnald Polkinghome.. Narraüve Knowing and the Human Scíences (Albany: SUNY Press. Otras formas de enfrentarse a la tarea de ~llCltar r:euer os pasado en las personas se comentan en David C. . e~ su libro Ceruunes of Chtlhood: A Social Hístary oI Fwmly Lije (Nueva York. Sarbín (ed.. Los volúmenes de esta serie son uno de los grandes triunfos de la escuela de historiadores francesa de los Annales.os intentos de especificar lo que estos sucesos «sígnificae» ~' ~ .: MacGraw-Hill. " En un estudio que todavía no se ha publicado. Desgraciadamente.nserva mng ún registro de su conversación.. ~opf. 15.. que. una década después. and Environrnenl» en Mind. por ejemplo. si hubiésemos enfocado la entrevista ~ un modo diStlDto. por consiguiente. Vygotsky. e «interpretación» en el sentido histórico o cultural. aunque se dice que se entendieron. 1989).) lnterpretaJive Social Sctence (Beckeley: Universiry of California Press. egrom the Native's Poíar of vtew: On Ibe Nature of Anlhropological Understandmg». 4' Mish1er Research lnterviewing. . cuando pensaba en la posibilidad de dejar Alemania para huir del fascismo.. ..a I~ mil ~v¡Jlas a ~sar ~ la enorme diferencia en sus actitudes respecto al papel de la historia en la mterpretacron pSIcológic¡' . en la naturaleza de su uso en la actualidad. si se le a la gente que cesos nos cuente «recuerdos del pasado». y cuyo título es «Autobiography and the Cons~c­ uon of SeIC». New York Review oI 9 de Noviembre de 1989. . el gran éxito de las ciencias físicas. " Un ejemplo reciente y excelente es el de Sidonie Smith. recensión del libro de Roger Chartier (ed. The Psychology o/ Control (New York: Sage. siendo presentado por pi&: (Cambridge: Cambridge University Press. Es mejor dejar esta cuestión para un anensts más completo en Brun. Creo que este recelo surge de un malentendido bastante común en relación con la diferencia entre «explicación» en el sentido causal analizado en los dos primeros capítulos. Community. Resulta lnteresante que.. . en Iohn Shotler y Kenneth Gergen (eds. Research lnterviewing: Conzexr and Narrative (Cambridge.«pnvaCldad. 1985).r y Weisser. Lucien Febvre. No carece de interés el becho de que Lewín. arten una característica extraordinariamente importante: todas ellas se esfuerzan por eomp 1 '.etaran esta historia mientras la leían por vez primera.. tualismo en la última fase de la historia del positivismo. en su opinión.u se recuerdan con muy . En un conocido ensayo titulado «Aristotelian aitd Galilean Modes of Thought» -véase su Dynamíc Theory o/ Personality (Nueva York. en Rabinow y W. Weisser y yo estamos a punto de tenrunar un libro sobre este trabajo que se publicado por Harvard Ijníversiry Press. a pesar e su IVerst . d di 'dad mayoría de las interpretaciones de los críticos.. .: Harvard University Press.0:_1 • Lo invocar un estado intencional (un motivo o estado mental) en e Caph¡'J1/~~gODtsta. siguió un camino muy distinto.nterpretaClones.Lewin condena la «causacíon» histérica tachándola de etefeológica» por necesidad y por implicar «acción a distancia». ccmunicncién personal. es mucho más probable que obtengamos listas ~ s.152 Actos de signmcado Notas 153 su estudiante ruso Zeitgamik (véase Guillermo Blanck... E. Lo que determina el comportamiento ahora es 10 que hay presente en el «campo conductual» del actor individual en el momento de la acción.. en Theodore R. and Society. 1986). . la discusión de Mead «Organism. Dos psicólogos de la generación anterior nos proporcionan un contraste muy interesante: Kurt Lewin y Lev Vygotsky. A esta idea «galileana» se debía. te. 245 y siguientes. en lugar <le como la expresión de alguna necesidad biológica o psicológica básica. más que como el capítulo inicial del interpretacicnismo. por ejemplo. 1983). vol. Buenos Aires: en p~ara­ ción. ha de'ser entendida como un «subproducto» de acuerdos sociopolíticos postmedlevales. Mass.. Vygotsky. hay un sentido en el que este mismo ideal podría ser relevante para las ciencias humanas: no deberíamos invocar la «tradición» sin especificar de algún modo cómo se encuentra representada esa tradición en el corazón y la mente de los participantes en un acto que ocurre en el aquí y el ahora. con independencia de lo experimental o empírico que pudiera llegar a ser.) A Hístory oI Prívate Li/e. '" Clifford Geenz. Tauros. defendía la idea de que el concepto de infancia era una l~ven~lOn SOCta y n hecho. pág. Ni que decir tiene que. Philippe Lejeune.) Texts. Por ejemplo.. Las i. Véase.Ya que las herramientas e instnnnentos que los seres humanos emplean en la «capacitación de la mente» son esencialmente herramientas 'culturales que se han transformado históricamente por las circunstancias de la vida social y económica. hubiéramos obtenido distintas formas de narrar. 1987).

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful