ABUSO DE AUTORIDAD EN EL PERÚ

El pasado 24 de abril, el joven Gerson Falla fue detenido por efectivos de la Comisaría de San Borja, bajo los cargos de haber ocasionado daños materiales en una panadería ubicada en el mismo distrito y por una supuesta posesión de drogas, siendo luego conducido a dicha dependencia policial donde permaneció detenido 4 horas aproximadamente. Después de su salida, fue conducido al Hospital Casimiro Ulloa donde se determinó su estado como “policontuso”. Posteriormente hizo su ingreso al Hospital Arzobispo Loayza, donde falleció el 26 de abril. En “Reporte Semanal”, un programa periodístico en televisión local, se presentó un video donde se muestra a los implicados en la muerte del joven, el suboficial Cristian Sánchez Méndez y el alférez Manuel Navarro Valdivieso. Según el informe de dicho programa Sánchez Méndez fue pasado al retiro, pero Navarro Valdivieso solo fue sancionado con cuatro meses de disponibilidad. Dicho video lo habría grabado el suboficial Alfredo Huamán Álvarez, precisamente el primero en intervenir a Gerson y el primero en negar que algún miembro lo hubiera golpeado. Se ha sabido también de actos de violencia, tortura y muerte de ciudadanos peruanos en manos de otros miembros de la Policía Nacional, como el caso de Wilhem Calero, quien fue asesinado brutalmente, después de haber sido torturado, en julio del 2010 luego de una intervención de las ‘Águilas Negras’. Wilhem simplemente fue a solicitar ayuda y lo único que encontró fue la muerte. ¿Es acaso justo que un asesinato sea castigado sólo con el retiro de funciones? Según el Art. 321 del Código Penal, el funcionario o servidor público, por causar sufrimientos graves, físico mental, o psíquico, serán sancionados con cinco a diez años de pena privativa de la libertad. La tortura es un grave delito, que vulnera lo más esencial de la persona humana, dejando severas secuelas en las víctimas, generando en muchos casos la muerte. Tengo entendido que el Estado peruano es firmante de importantes instrumentos internacionales de protección, como la Convención contra la tortura y otros tratos crueles o degradantes y su Protocolo Facultativo, que prohíben dicha práctica y establecen la obligación de implementar medidas concretas de prevención. Pese a esta legislación, aún no he conocido que en el Perú esta clase de abusos sea penada de acuerdo a ley. ¿Acaso el hecho de ser un servidor o funcionario público les exonera de ser sancionados como un ciudadano común? Hay efectivos quienes aprovechan el uniforme y sienten la ventaja de tener a una persona detenida para atreverse a golpearla hasta dejarla en coma; éstos no merecen vestir el uniforme policial y deben estar recluidos en un penal recibiendo el castigo que merecen. Dadas estas circunstancias, se hace más que evidente el incumplimiento por parte del Estado peruano de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, pues es obligación de éste, a través de sus respectivas instituciones, investigar de manera urgente, eficiente e imparcial esta clase de hechos, así como evaluar exhaustivamente las pruebas presentadas en las respectivas investigaciones, como la del caso de Gerson Falla que se viene desarrollando en la Segunda Fiscalía Supraprovincial de Lima.

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